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Managua: sus arboledas tupidas, sus pájaros y frutas

 Managua: sus arboledas tupidas, sus pájaros y frutas

Pablo Emilio Barreto Pérez

Cuando conocí el casco urbano de Managua-Capital, en 1968, quedé francamente asombrado. Era una Ciudad pequeña, con Avenidas de Norte a Sur y Calles de Este a Oeste, estrechas todas, con construcciones mayoritariamente de taquezal las casas de viviendas y comercios, con numerosos bancos y algunos edificios nuevos de varios pisos como los Bancos Central y Banco de América,  con decenas de cárceles llamadas Secciones de Policía, la Casa Presidencial en la Loma de Tiscapa (donde tenían su residencia el tirano genocida Anastasio Somoza Debayle y el Estado Mayor de la Guardia Nacional, sostén genocida de la dictadura), instituciones educativas de primaria, secundaria y superiores, clubes nocturnos, restaurantes, el llamado Malecón de Managua, prostíbulos a granel, decenas de salas de cines, cantinas de distintos niveles, etc.,todos enclavados en una zona desértica de árboles, repleta de cemento, calurosa en extremo, con muy pocos parques o centros de diversión popular.

La Managua de entonces, la que conocí recién llegado de León, era una Ciudad Capital como un valle lleno de cemento, un sitio árido, situado entre la orilla Sur del Lago Xolotlán o de Managua y la Calle Colón, en el Sur, cuyos límites eran conocidos La Montaña.

En aquellos días anteriores al Terremoto del 23 de diciembre de 1972, si te dirigías al Norte, decías hacia el Lago. Si ibas al Sur, entonces la expresión era hacia la Montaña.

Era cierto. En el Norte de la Managua bulliciosa de aquellos días, te encontrabas el Lago de Managua, en cuyas orillas estaban (y están todavía) numerosos Barrios antiguos, el Malecón con sus juegos mecánicos, prostíbulos, restaurantes famosos, clubes nocturnos para todo mundo; el Palacio Nacional, el Distrito Nacional, la Estación del Ferrocarril, el Puerto de Managua, las bodegas del Banco Nacional, la Colonia Dambach, el Taller de Mecánica del Ferrocarril (conocido como “Escuela de Arte”), el Teatro Nacional Rubén Darío, el Teatro González, el Cine Alcázar, el Teatro Margot, La Lotería Nacional, el Club Social de la burguesía, el Club Terraza Nocturno (para todo mundo)…

Aquel era el centro urbano de Managua, con menos de 500,000 habitantes. Se haría muy largo contar detallar todo lo que había.

Según recuerdo, eran muy pocos los pajaritos que uno podía ver en esa Managua Vieja, ya desaparecida por el portentoso Terremoto del 23 de diciembre de 1972. (En otros reportajes, colocados en esta misma página Web, relato cómo y de cuánto fueron los daños ocasionados por el Terremoto, incluyendo al Terremoto del 31 de marzo de 1931).

En 1969, yo llegué de visita a Managua cuando todavía era Corresponsal del Diario LA PRENSA en Malpaisillo, primero, y después Corresponsal en Occidente y todo el país, del mismo Diario, mientras me ubicaba en la Ciudad Universitaria de León, como reportero en varias radioemisoras locales.

Como periodista de planta del Diario LA PRENSA, llegué a su Redacción Central en Managua, el 5 de mayo de 1970. Una de mis primeras impresiones negativas fue conocer esa Managua antigua de sólo cemento, taquezal y adoquines, virtualmente sin árboles en su centro urbano.

En 1970 me causó impresión profunda presenciar cómo miles de golondrinas migratorias se amontonaban en cables de alta tensión, postes de pino y cemento y en los metales que sujetaban las luminarias de las Avenidas Roossevelt, del Centenario y Bolívar, cuando ya eran las seis de la tarde.

Estas golondrinas hacían ruido tremendo. Ningún mortal capitalino se atrevía a espantarlas o tocarlas, porque eran parte del espectáculo nocturno en ese centro árido de Managua. Esos cables y postes lucían oscuros por las decenas de miles de golondrinas, las cuales a veces ocupaban varias cuadras del tendido eléctrico capitalino. Las aceras de estas Avenidas amanecían repletas de heces de estas golondrinas.

Sé que algunas golondrinas son de barrancos, además de migratorias en todo el Continente Americano, pero nunca nadie me explicó por qué motivos preferían los cables eléctricos de alta tensión y los postes y, precisamente, ¡en Managua¡

Repito: Managua era como un valle de cemento y adoquines en ese centro urbano que yo conocí, porque al Sur, de la Calle Colón hacia el Sur, efectivamente había un bosque ralo, no exactamente una montaña, pues los empresarios urbanizadores privados, mancornados en negocios sucios con el mismo Anastasio Somoza Debayle y su familia por medio de la llamada Sucesión Somoza, más empresarios algodoneros, iban, en esos momentos, tumbando millones de árboles hacia el Sur, hacia los Lomos de El Crucero o Cordillera de Managua,  cuya cúspide mide 925 metros de altura sobre el nivel del mar.

Ese derrumbe de árboles era para dar paso a la construcción de repartos habitacionales lujosos nuevos y cultivos de algodón.

Sí había bosque, pero ya era poco. Al ocurrir el Terremoto del 23 de diciembre de 1972, aquel centro bullicioso de Managua, árido de árboles como digo, quedó en el suelo, en peores condiciones, en medio de un valle de lágrimas.

Como es sabido nacional e internacionalmente, Anastasio Somoza Debayle y su pandilla de asesinos y ladrones hicieron  fabuloso negocio con el Terremoto y la llamada “reconstrucción de Managua”, cuya tal reconstrucción en realidad no la hubo, pues en realidad, tanto el mismo Somoza Debayle como los empresarios mencionados aceleraron las construcciones de repartos y colonias. En el caso de los repartos, fueron adquiridos o comprados al crédito por empresarios y profesionales con salarios muy elevados, y los pobres terremoteados fueron en busca de las colonias populares o a fundar Asentamientos Espontáneos, o crecieron los “Repartos Ilegales” de negociantes de lotes como “Torres Molina”, “Riguero”, “La Fuente”, “Open Tres”, “Reparto Schick”,  “San Luis Norte”, sólo para citar algunos ejemplos.

Como no hubo soluciones oficiales desde el gobierno somocista al problema de quienes quedaron sin casas al ocurrir el Terremoto, decenas de miles de ciudadanos se lanzaron a comprar lotes a estos lotificadores, o se tomaron tierras baldías y las convirtieron en nuevos Asentamientos Humanos Espontáneos.

Managua creció en forma de abanico hacia el Norte, el Este, al Sur, al Suroeste, e inclusive hacia el Noreste en la orilla de la Costa del Lago de Managua. Lo único que hizo el gobierno somocista en construcción fueron las casas prefabricadas de las “Américas”: Américas I, Américas II, Américas III y Américas IV.  Esta operación fue algo así como lanzar cajas prefabricadas sobre un terreno donde antes hubo algodonales. De este operativo salieron dos grandes robos: Somoza Debayle cobró las casas de madera, las cuales habían sido regaladas a los terremoteados, y Cornelio Hüeck Sálomon, presidente del Congreso le vendió estos terrenos al Estado en 13 millones de córdobas, mientras él los había comprado en 12 mil córdobas.

Cuando conocí y recorrí Managua, en 1970, era chiquita. Después del Terremoto, creció en forma de abanico y se hizo enorme. Ahora tiene 15 kilómetros de largo y un poco más de ocho kilómetros de ancho. Tiene ahora 602 Vecindarios, 400 de los cuales son Asentamientos Humanos Espontáneos, ordenándose, legalizándose mediante escrituras otorgadas por el Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Managua es hoy una Ciudad Capital de casi dos millones de habitantes. Requiere un porcentaje enorme de servicios elementales tanto del Estado central como de la Alcaldía Capitalina.

Managua ahora llena de árboles, automóviles y pájaros

Describir al detalle la Managua de hoy ya dije que es un asunto para utilizar mucho espacio en esta Página Web. Me interesa comunicarles varios aspectos positivos para el Medio Ambiente Saludable de los seres humanos que habitamos la Capital de Nicaragua.

Al triunfar la Revolución Sandinista, en julio de 1979, hubo una explosión en la demanda popular por servicios como agua potable, construcciones de calles nuevas en Asentamientos Espontáneos y Barrios Progresivos, instalaciones de tubería de desagües pluviales y “aguas negras”, de limpieza de calles y recolección de las basuras, de construcciones y enchapados de cauces grandes y pequeños, incluyendo los de El Crucero y Ciudad Sandino; se instalaron números Mercados nuevos, se ampliaron los Hospitales, se construyeron decenas de Centros de Salud, Escuelas, Institutos de Secundaria, etc.

Al mismo tiempo, creció una demanda especial de los pobladores capitalinos ante la aridez de la Managua de la década del 80: sembrar árboles. Estaba de Alcalde todavía Samuel Santos López, actual Canciller de la República, cuando se dispuso quefuesen sembrados varios millones de arbolitos frutales, ornamentales y maderables por manos de trabajadores de la Alcaldía y de otras instituciones del Estado y pobladores organizados en los Comités de Defensa Sandinistas (CDS), Batallones de Reserva y Milicias Populares Sandinistas, lo cual se hizo en numerosas jornadas de trabajo voluntario de fines de semana. En los trabajos de siembra de árboles anduvo personalmente el Alcalde Samuel Santos López y conocidos militantes del Frente Sandinista, mientras al mismo tiempo yo sembraba también árboles y le daba cobertura periodística a estas jornadas por parte del Diario BARRICADA, entonces órgano oficial del FSLN.

Algunos opositores al régimen revolucionario se burlaron de nosotros cuando andábamos sembrando árboles en los andenes, en los parques, en los bulevares, dentro de Hospitales y Centros de Salud, dentro de Colegios y escuelas, y hasta en algunos patios, en toda Managua.

Recuerdo que el vivero de la Alcaldía, situado una parte en el costado Este del Teatro Rubén Darío, y el otro en las cercanías del Aeropuerto Sandino, no daba abasto y fue necesario buscar arbolitos en otros lados.

La mayoría de esos arbolitos sembrados, echaron raíces en el suelo, porque muchísimos pobladores cuidaron las plantitas, les suministraron agua y nutrientes.

El Frente Sandinista de Liberación Nacional perdió las elecciones nacionales en 1990. Los árboles siguieron creciendo frondosos hacia el cielo. Cada que camino por bulevares me acuerdo de cómo anduvimos sembrando los arbolitos, y de vez en cuando corto mangos, limones agrios o almendras  en algunos sitios de Managua.

Y lo que más me alegra es que hoy Managua es conocida ya como la Capital Verde de Centroamérica, porque, además, las arboledas hacia Las Sierritas de Managua también han crecido, aunque todavía no se llega al nivel de los bosquecitos que habían antes del Terremoto de 1972.

Pues como hay árboles en abundancia en el casco urbano de Managua, hay también vida para los pajaritos. Veo personalmente que hoy abundan en las arboledas de Managua: los zanates, palomas alas blancas, “palomas de castilla”, “palomas san nicolás”, güises, urracas, pájaros carpinteros, zenzontles, chiltotas, pijules, codornices, guardabarrancos (Pájaro Nacional de Nicaragua), chocoyos, loras, gorriones, alcaravanes, en fin numerosos pajaritos alegran ahora el ambiente capitalino, y hasta garrobos he visto ahora subiéndose a espinos negros en el Parque de la Colonia del Periodista.

Indudablemente, el pájaro más abundante es el zanate o quíscalo, una de las 7 especies de la subfamilia del mirlo americano. Me atrevo a decir que en toda Managua Capital hay zanates por decenas de miles (los hay en todo Nicaragua). Se despiertan muy temprano, y a las cinco y media de la mañana los veo buscando comida en los suelos de los parques, en bulevares y hurgando en la basura en las calles de Managua.

Es un animalito inofensivo, cariñoso, busca cómo acercarse donde uno está, al parecer en busca de comida. Como de todo: pan, verduras cocidas, tortillas, galletas…Lo digo porque a la puerta de mi casa llegan, tanto hembras como machos, les tiro todo tipo de comida, agarran pedacitos con el pico, vuelan, y se lo llevan a comer en el suelo del parque o en las ramas de los árboles. Es bonito ver a las hembras construyendo nidos para poner sus huevos.

Frente a mi casa está el parque de la Colonia del Periodista, donde hay muchos árboles en dentro del parque y en andenes. Frente a mi casa sembré dos árboles de nim, un coco y un eucalipto, en los cuales juguetean y hacen sus nidos estos zanates y las palomas alas blancas.

Estos zanates son mancitos.  Tienen un plumaje negro lustroso azulado, los machos, inclusive con reflejos metálicos verdosos, púrpura o bronce. En el parque revoletean a mi lado cuando ando paseando los perritos a las cinco y media de la mañana. Al mismo tiempo, casi junto a mis pies, donde voy caminando, me encuentro con las palomas alas blancas, también buscando comida. Y encima de donde voy caminando, van las urracas como en “plan de denuncia”.

Todo esto es bonito por cuanto refleja que el Medio Ambiente ha mejorado, al menos con esa enorme cantidad de árboles en el casco urbano de Managua. Si hay árboles, agua y nutrientes en el suelo, ¡hay vida¡

Según he podido ver, estos zanates, con sus hembras respectivas, duermen todos juntos, en manadas, en determinados sitios en Managua. Es decir, no duermen dispersos.  En el Parque de la Colonia del Periodista no he podido ver uno solo durmiendo en los árboles ni del parque ni de los andenes de la Colonia.

En cambio, cuando ya son las cinco y media de la tarde los veo formando “nubes” volando sobre los árboles, por ejemplo, del Centro Cívico Camino Ortega Saavedra (donde se ubica la Alcaldía de Managua), donde por decenas de miles se acomodan en las ramas de los árboles de acacia. Hacen tremenda bulla  cuando se están acomodando.

El mismo espectáculo he visto en el Parque del Reparto El Dorado, en el antiguo Parque Luis Alfonso Velásquez Flores y en las arboledas cercanas a las Américas Uno, Américas Tres y Américas Cuatro, y en las arboledas de la Colonia Centroamérica. Supongo que hay otros sitios donde duermen en manadas.

Muy de mañanita, a las cinco y media, alzan vuelo y se van a sitios como el Parque de la Colonia del Periodista.

Las palomitas alas blancas, los pájaros carpinteros, las urracas, los güises, zenzontles, el guardabarranco, etc., sí duermen en los árboles del parque y de la Colonia del Periodista.

Estoy contento de haber sembrado árboles en la década del 80, para que este Medio Ambiente de Managua sea hoy un poco más sano, aunque de por medio están más de 200,000 automóviles echando gases contaminantes venenosos, que al mismo tiempo contribuyen a contaminar la atmósfera y al calentamiento global.

Mis hijos Pedro Pablo, Nelson Alberto y Elisa María, nacieron cuando Managua no tenía esa enorme cantidad de árboles de ahora. Sofana Orquídea, la menor de mis hijos, tiene 16 años, y nació cuando esa arboleda ya era hermosa en Managua. También ellos están contentos de que Managua tenga muchos árboles y pajaritos.

 

Pablo E. Barreto Pérez: periodista, editor, investigador histórico, fotógrafo, Cronista de la Capital, Orden Independencia Cultural Rubén Darío, Hijo Dilecto de Managua, Orden Servidor de la Comunidad del Movimiento Comunal Nicaragüense, Orden José Benito Escobar Pérez de la Central Sandinista de Trabajadores (CST nacional) y Orden Juan Ramón Avilés de la Alcaldía de Managua.

Residente en la Colonia del Periodista No.97, frente al portón del parque, en Managua. Teléfonos: 88466187, 88418126 y 22703077.

 

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Meanguera, Meanguera, isla salvadoreña en el Golfo de Fonseca, visitada y habitada por chinandeganos

Actividad religiosa anual la une a pobladores de El Viejo    

 Meanguera: Isla misteriosa del Golfo de Fonseca

*Fue incursionada por piratas

*Honduras pretendió quitársela a El Salvador

*Mil nicaragüenses viven en Meanguera, unida a El Viejo y Chinandega

Pablo Emilio Barreto P.

Atraído por la curiosidad periodística, acompañé el Día de San José, hace poco tiempo, al ex-Alcalde sandinista de El Viejo (Chinandega), Narciso Salazar Castillo, a “Meanguera”, Islita rocosa salvadoreña de apenas 25.13 kilómetros cuadrados, ubicada al Noroeste del Golfo Chorotega o de Fonseca, donde hace varios meses se produjeron fuertes temblores, ocasionados por movimientos de las Placas Coco y Caribe en las profundidades del Océano Pacífico.

“Meanguera” fue nido de piratas europeos cuando los españoles tenían invadida con su colonización a Centroamérica, y en sus alrededores se produjeron numerosos combates entre las tripulaciones piratescas y las fuerzas coloniales de España, hace ya más de cuatro siglos.

“Meanguera” fue motivo de confrontación diplomática entre El Salvador y Honduras, porque este último país pretendía soberanía sobre la Islita, pero finalmente, hace dos años, la Corte Internacional de Justicia (de las Naciones Unidas) le dio la razón histórica-geográfica a los salvadoreños.

Forma parte del conjunto de islas salvadoreñas en el Golfo de Fonseca o Chorotega, llamadas Martín Pérez, Punta Zacate, Conchagua y “Meanguerita” o “Pirigayo”, separada esta última apenas unos 100 metros de “Meanguera”.

Casi nos damos vuelta varias veces en un botecito, parecido a cayuco, en el cual íbamos casi 30 personas, entre otros, el  Ex-Alcalde Salazar, varios concejales, funcionarios de la  Alcaldía de El Viejo y deportistas viejanos, todos los cuales habían sido invitados a las Fiestas de San José en “Meanguera”, islita poblada desde comienzos del siglo pasado, según afirman los ancianos.

“Esta invitación es por un intercambio cultural-religioso de todos los años, desde hace muchas décadas, entre pobladores de El Viejo y “Meanguera”. Nosotros vamos a festejar a San José y de “Meanguera” viene una delegación cada año a celebrar San Roque y a la Vírgen del Hato”, comenta Salazar Castillo.

Al llegar a las ocho de la mañana al puerto nicaragüense de Potosí en el Golfo de Fonseca (compartido por Nicaragua, El Salvador y Honduras), la delegación de la Alcaldía de El Viejo se encontró con que ya habían casi 200 viejanos y chinandeganos esperando partir para “Meanguera”.

“Allá está “Meanguera”, en línea recta al Norte”, me señala Salazar Castillo, mientras dirige la mirada hacia la lejanía en el Golfo Chorotega o de Fonseca. Cerca, hacia el Este, está la Isla del Tigre, donde se ubica el Puerto de Amapala (Honduras) y estuvo la base militar contrarevolucionaria de Estados Unidos, para agredir a Nicaragua en los 80.

Origen de la tradición

Se afirma que esta tradición de viajar a “Meanguera”, la comenzaron, entre otros, Abigail González de Cruz y Julia Baquedano, quienes llevaban hasta la Gigantona leonesa, después de que varios pescadores encontraran la Imagen de San José en Punta San José, un accidente geográfico que sobresale en los farallones de la Península Cosigüina, ubicada en el lado de Nicaragua en el Golfo de Fonseca.

A las once de la mañana, sudando por un calor sofocante, llegamos a “Meanguera”, donde recibieron a la delegación de El Viejo con explosiones de cohetes y música de “chicheros”.

La pachanga ya estaba en lo fino, y parte de los 4,000 habitantes de la islita andaban alborotados con su reina de las fiestas de San José en la única callecita estrecha, de sube y bajas, que arranca del pequeño muelle lleno de botes de pescadores, hace un giro con subida a la derecha, y otro giro a la izquierda, también para ir subiendo a pie.

No se ve ni automóviles, ni camionetas, por ninguna parte, porque la callecita empinada no lo permite.

En la orilla de la callecita estrecha están ubicados el edificio de la Alcaldía y del Juzgado, la edificación de la única escuela, la casa comunal, una clínica médica oficial, una cancha deportiva, la iglesia católica única y un puente peatonal.

Pozos en media calle

Las casitas son modestas, unas pocas con hierro y cemento, y la mayoría de adobes o ranchos de paja.

En media callecita hay varios pozos con brocales de cemento, en los cuales todo el vecindario saca agua para tomar y los quehaceres hogareños.

A las once de la mañana, hora de la llegada de la delegación de El Viejo, la iglesia está llena de fieles por la fiesta de San José.

Para ir al único Hotel de “Meanguera”, tomamos un callejón lleno de peñascos y caídas bruscas, donde vamos auxiliándonos para no caer en huecos profundos de hasta 15 metros.

Llegamos al Hotel, cuyas habitaciones están ubicadas con puertas y ventanales hacia “Meanguerita” o “Pirigayo”. La delegación es recibida allí por Julio César Ramos, propietario del hospedaje y ex-acalde de “Meanguera, y los Regidores (concejales) Juan Baustista  Galea, Rafael Eduardo Zelaya y Modesto Andrade.

El Alcalde de “Meanguera”, Juan Edgard Avilés García, del partido derechista salvadoreño ARENA, no llegó a recibir a la numerosa delegación de El Viejo.

Mil nicaragüenses meanguereños

 Los Regidores afirman que en “Meanguera” viven por lo menos 1,000 ciudadanos nicaragüenses, los cuales tienen familiares en El Viejo y Chinandega. “A eso, y a un fenómeno cultural-religioso, se debe el intercambio anual entre “Meanguera” y  El Viejo”, aclara Julio Cesar Ramos.

Casi 500 pobladores, entre nicaragüenses y meanguereños, se dedican a la pesca con 100 botecitos. Pescan allí mismo en el Golfo Chorotega o de Fonseca, y los pescados los van a vender a la ciudad portuaria de La Unión (allí mismo en el Golfo) y a San Miguel,  otra población cercana.

En “Meanguera” se producen bananos, plátanos, aguacates, naranjas, limones, un poco de maíz y frijoles, todo lo cual es vendido en las dos ciudades mencionadas, o consumido allí mismo en “Meanguera”, una población muy pobre.

Doña Asunción Almendárez Cruz, de 70 años, fue Alcaldesa de “Meanguera” hace más de 40 años. “El primer Alcalde, en 1917, fue donde Antonio Ramírez. Recuerdo que fueron alcaldes también Mario Valdés, Julio Ramos, Enrique Avilés y Cándido Villalobos”, añade Almendarez Cruz.

Regidores sin sueldo

Rafael Eduardo Zelaya, uno de los Regidores (o concejal), dice que el presupuesto anual de la Alcaldía de “Meanguera” es de apenas nueve mil colones (un poco más de mil dólares).

“Ninguno de nosotros, los Regidores, tiene sueldo. Para invitar a la delegación edilicia y futbolistas de El Viejo a nuestras fiestas, pasamos recogiendo dinero todo el año”, explica Zelaya.

En la orilla de la callecita, hay un mercadito pequeño. En un comedor también pequeño almorzamos pescado pargo. En la tarde, hubo una competencia futbolística, y en la noche una movida fiesta danzante con discomóvil, a la cual llegaron hasta militares de alto rango del Ejército salvadoreño.

“Hasta hace poco tenemos teléfono. En dos ocasiones, un barco ha roto los cables eléctricos submarinos que nos traen la luz desde el Puerto de La Unión”, dice Rafael Eduardo Zelaya, mientras indica que frente a la Iglesia hay todavía una de las dos plantas viejas, de diesel, que se ocupaban hasta hace poco tiempo para producir energía eléctrica.

“Los maestros de la escuela primaria vienen el lunes en la tarde de La Unión y se van el jueves o viernes temprano. Los estudiantes de secundaria, viajan todas las semanas, o todos los días en la madrugada, a La Unión y San Miguel, porque aquí no hay un instituto, el cual pensamos construir a finales del 2004”, añade Zelaya.

Los pescadores, asegura Zelaya, se quejan de que los nicaragüenses no los dejan pescar libremente frente a Cosigüina y Potosí, debido a lo cual, ocasionalmente se ven obligados a atrapar tiburones pequeños.

Managua, abril del 2004.

Pablo E. Barreto Pérez: periodista, editor, investigador histórico, fotógrafo, Cronista de la Capital, Hijo Dilecto de Managua, Orden Servidor de la Comunidad del Movimiento Comunal Nicaragüense, Orden José Benito Escobar Pérez de la Central Sandinista de Trabajadores (CST  nacional), Orden Juan Ramón Avilés de la Alcaldía de Managua y actual concejal del Frente Sandinista en Managua.

Residente en la Colonia del Periodista No. 97, frente al portón del parque, en Managua. Teléfonos: 8466187 y 2703077.

 

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Catacumbas, periodismo de catacumbas en Nicaragua

Periodismo de Catacumbas en Nicaragua

 

Escrito por Editor Web
Domingo, 02 de Septiembre de 2012 06:47
Pablo Emilio reconstruye la historia

A pocos días de celebrarse el Día Internacional del Periodista, recibimos en DIARIONICA un aporte sumamente valioso del colega periodista Pablo Emilio Barreto Pérez para la reconstrucción de la historia del Periodismo de Catacumbas.

Managua, 31 de agosto del 2012.

Honorable amigo y paisano de Malpaisillo,
Freddy Rostrán Aráuz,
Director del Noticiero El Despertar y del DiarioNica en Internet.
Por este medio, le remito saludos cordiales a usted y a su familia, honorable amigo Rostrán Aráuz.

He oído en tu noticiero radial “El Despertar” y leído en tu “DiarioNica” electrónico el abordaje del ya conocido Periodismo de Catacumbas, ocurrido, según mis anotaciones en libretas, del 31 de enero al 11 de febrero de 1978, debido a la persecución sistemática y de censura de prensa que desató la dictadura somocista genocida, encabezada por Anastasio Somoza Debayle, después del asesinato vil o magnicidio del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, entonces Director del Diario LA PRENSA, aquel 10 de enero fatídico, que terminó de encender la llamarada popular  para el derrocamiento total del régimen sanguinario  dinástico, fundado por Anastasio Somoza García, después de que éste y sus guardias nacionales asesinaran al General Augusto C. Sandino en febrero de 1934.

Además de algunas anotaciones breves que he rescatado, sí recuerdo muchos detalles de aquel accionar valiente y desafiante de un grupo nutrido de periodistas (hombres y mujeres) antisomocistas, o sencillamente no somocistas, que frente a la censura del régimen somocista opresor mortal, decidimos acudir a los atrios y patios de las iglesias católicas, a los recintos universitarios de la UNAN-Managua y en León, y de la Universidad Centroamericana, a los auditorios de centros laborales fabriles en Managua, en León, en Chinandega, en Estelí, en asambleas en el Diario LA PRENSA, en los locales de centrales sindicales como la CGT (i) y del Sindicato de Albañiles, Armadores y Similares; en callejones del Mercado Oriental, en reuniones clandestinas del entonces poderoso Movimiento de Trabajadores Hospitalarios,  quienes ya habían protagonizado varias huelgas que pusieron nervioso al régimen somocista genocida tanto en Managua, como en León, Masaya, Granada y Chinandega, por ejemplo; acudíamos, sobre todo, a leer las noticias censuradas sobre la huelga general, sobre las represiones, torturas y encarcelamientos de opositores a la dictadura somocista; sí, íbamos a dar a conocer esas informaciones a vecindarios combativos como las Colonias Nicarao, Catorce de Septiembre, Bello Horizonte; en el Barrio Riguero, Barrio Santa Rosa, Barrio El Tempisque, OPEN-III (hoy Ciudad Sandino), en Colonia Maestro Gabriel, en la Iglesia Santa Faz del Barrio Costa Rica, en el Barrio El Edén, en la Colonia Diez de Junio, etc.

Recuerdo perfectamente esta parte del Periodismo de Catacumbas porque yo, además de periodista o reportero cotidiano y fotógrafo del Diario LA PRENSA, era Secretario General de la Asociación de Vecinos de Bello Horizonte, la cual tenía relaciones abiertas o públicas y también clandestinas, con numerosas Juntas Comunitarias de los sitios que he mencionado. Yo le daba cobertura al accionar del Periodismo de Catacumbas y al mismo tiempo iba en mi carrito Datsun 100-A, color azul, a leer las informaciones y distribuirlas entre los miembros de las Juntas Comunitarias mencionadas.  También las divulgaba con altoparlantes en el Reparto Bello Horizonte.

La lucha frontal contra la dictadura somocista genocida, además del Frente Sandinista clandestino, organizaciones sindicales, empresariales, de profesionales, de campesinos, trabajadores de la salud, estudiantes universitarios, etc., la librábamos nosotros los periodistas también a través del Sindicato de Radioperiodistas de Managua, las Asociaciones de Periodistas del Norte, del Oriente, del Sur y de Occidente (León y Chinandega). Numerosos miembros del Sindicato de Radioperiodistas de Managua habían sufrido el cierre de sus noticiero por parte del coronel Alberto Luna Solórzano, jefe de Radio y Televisión, quien aplicaba el llamado “Código Negro” de la dictadura somocista.

En esos días de enero de 1978 éramos miembros y directivos del Sindicato de Radioperiodistas de Managua, entre otros recuerdo a: Manuel Eugarrios, César Cortez Téllez, Mercedes Solís Delgadillo, Maritza Cordero Ardila, Freddy Rostrán Aráuz y Pablo E. Barreto Pérez.

Recuerdo que el Sindicato de Radioperiodistas de Managua, funcionando entonces en un local chiquito, lleno de escombros, donde fue la Cruz Roja, frente al Ministerio del Trabajo, después del Terremoto de 1972, acordó que se formara un Comité de Huelga, el cual estuvo integrado por Manuel Espinoza Henríquez, Juan Alberto Henríquez, Alejandro Romero Monterrey, Ada Luz Monterrey, Lilly Soto Vásquez, Carlos García Castillo y César Cortez Téllez.

El Sindicato le confió a este Comité de Huelga que ideara, u organizara formas de vencer el cerco de la censura y persecución sistemática de la dictadura somocista contra la labor cotidiana de informar de los periodistas en todo el país, especialmente en Managua.

Esta decisión del Sindicato de Radioperiodistas de Managua fue comunicada a los dirigentes de organizaciones populares, sindicales, empresariales, a trabajadores de la salud, a dirigentes comunales barriales, etc. Estas organizaciones manifestaron su apoyo decidido a los periodistas, y también lo hicieron, según recuerdo, las Asociaciones de Periodistas del Norte, de Oriente, de Occidente y Sur de Nicaragua, más igualmente el respaldo decidido de la “Unión de Directores de Radio y Televisión”, “Organización Nicaragüense de Publicidad”, “Asociación de Anunciantes de Nicaragua” y “Empresas Radiodifusoras de Radio y Televisión”, y la Iglesia Católica, por medio de su Curia en Managua, dirigida por el Cardenal Miguel Obando y Bravo, igualmente emitió un comunicado dándonos su respaldo para iniciar esta forma de periodismo callejero, bautizado por la misma gente como Periodismo de Catacumbas”.

La Iglesia Católica, inclusive, expresaba su admiración por el temple de lucha de los periodistas nicaragüenses en aquellos momentos durísimos para la nación nicaragüenses, pues la dictadura somocista con su Guardia Nacional, y sus 12 mil “orejas”, “soplones” y “escuadrones de la muerte”, ya habían matado a casi 50 mil ciudadanos nicaragüenses, mientras al mismo tiempo torturaban y encarcelaban a otros miles.

Espero que mis recuerdos no me traicionen, pues según lo que tengo en algunas anotaciones y guardado en mi memoria, el profesor Gustavo A. Montalbán, catedrático universitario, fue seleccionado como Jefe de Redacción por el Sindicato de Radioperiodistas de Managua, Juan Alberto Henríquez fue el encargado del Departamento de Distribución de las informaciones que recopilaban los periodistas sobre la huelga general, sobre las represiones de la Guardia Nacional, torturas, encarcelamientos, sobre las noticias censuradas, etc.;  las relaciones con organizaciones sociales, sindicales u obreras, populares, comunitarias, empresariales, universitarias estuvieron a cargo de Lilly Soto Vásquez; fueron designados formalmente redactores de planta del Comité de Huelga los colegas Enrique Argüello Prado, Alberto Reyes, Ada Luz Monterrey, Manuel Espinoza Henríquez, Pablo Candia Latino y Manuel Eugarrios.

Uno de los aspectos inolvidables para la mayoría de nosotros fue el papel que jugaron el periodista Guillermo Treminio y su esposa. Treminio fue seleccionado como Tesorero del Comité de Huelga por el Sindicato de Radioperiodistas de Managua. Ambos conseguían dinero entre sindicalistas y pobladores y les  llevaban la comida a los redactores formales de las noticias.
Clarisa A. Cabrera, no recuerdo si era o no periodista, era la encargada de la agilización del Banco de Noticias que suministraban los periodistas o reporteros al cuerpo de redactores de planta.

En mi caso personal, como periodista y fotógrafo del Diario LA PRENSA (además de miembro directivo del Sindicato de Radioperiodistas de Managua), le daba cobertura periodística y fotográfica a las reuniones del Sindicato nuestro y a  las reuniones de sus directivos con otras organizaciones populares. Tomé centenares de fotos, unas se publicaron, otras no; la mayor parte de esas fotos se  quemaron cuando la Guardia Nacional somocista bombardeó las instalaciones del Diario LA PRENSA en junio de 1979; una buena cantidad de fotos se las regalé a algunos directivos del Sindicato, de las cuales he visto varias fotos  en un Blog llamado “Peña del Periodista”, y una buena cantidad de fotos (varios miles), incluyendo algunas del Periodismo de Catacumbas, que después del Triunfo de la Revolución Sandinista me dio por perdidas la compañera Lilly Soto Vásquez, cuando ésta era presidente de la Unión de Periodistas de Nicaragua.

Para hacer un listado de los periodistas que participamos como reporteros, o recogedores de información sobre la Huelga General, represiones callejeras, torturas, encarcelamientos y combates guerrilleros sandinistas contra la dictadura somocista, será necesario recurrir a la memoria histórica de todos los que participamos en el Periodismo de Catacumbas, yo al menos recuerdo a los siguientes:

David Gutiérrez, Dolores Rugama, Marcos Valle, Mercedes Solís Delgadillo, Maritza Cordero Ardila, Isabel Gómez, Freddy Rostrán Aráuz, Michelle Castellón, Vivian Torrez, Matilde Rocha, Juan José Lacayo, Xiomara Chamorro, Antonio Luna Centeno, Guillermo Treminio, Enrique Argüello Prado, Pablo Candia Latino, Manuel Eugarrios, Manuel Espinoza Henríquez, Juan Alberto Henríquez, Ada Luz Monterrey, Alejandro Romero Monterrey, Carlos García Castillo, César Cortez Téllez, Lilly Soto Vásquez, Abel Calero Reyes, Gustavo A. Montalbán, Gustavo Valle, César Estrada, Eduardo López Meza, Maynor Curtis, Joaquín Absalón Pastora, y este servidor: Pablo E. Barreto Pérez.

Éramos más de 40 periodistas en Managua. No recuerdo los nombres de todos. Repito: debemos recurrir a la memoria histórica de esos más de 40 periodistas para elaborar una lista lo más completa posible. También participaron otros no menos de 40 periodistas o corresponsables en los departamentos de León, Granada, Masaya, Matagalpa, Jinotega, Somoto, Chinandega, Rivas, entre otros recuerdo a: Luis Aragón Pastora, Pedro José Vindel Matus, Roberto González Rocha, etc.
La “inauguración” o inicio de este Periodismo de Catacumbas, ocurrió el 31 de enero de 1978 en la Iglesia Fátima, del Barrio Riguero, donde el Padre Uriel Molina, amigo entonces del Comandante Tomás Borge Martínez y de Carlos Mejía Godoy, nos daba apoyo facilitando el local de esta famosa Iglesia Católica capitalina.

La Iglesia estaba repleta de gente. Afuera, en el patio y la calle, también había mucha gente. Yo espero no estar equivocado en esa fecha del 31 de enero, porque allí en la Iglesia Fátima o del Riguero comenzó una de las hazañas más valiosas del periodismo nicaragüense, llamada históricamente Periodismo de Catacumbas. Fuera de la Iglesia Fátima, un grupo vigilaba ante la posible llegada de los guardias opresores somocistas.

El lector de las noticias ese día fue don Eduardo López Meza, una de las voces locutoras más valiosas de noticieros de Managua como del Noticiero “Extra”, con entonaciones melodiosas y que le daba el tono correspondiente a la importancia que tenían las noticias en ese momento sobre la huelga general, manifestaciones callejeras, represiones mortales de la Guardia Nacional o dictadura somocista en todo el país.

Don Eduardo López Meza fue siempre un devoto religioso católico, aunque nunca fanático, y por tanto conocía, por lecturas de la Biblia y relatos de historiadores, sobre cómo los primitivos cristianos (y otros perseguidos en la Antigüedad) se reunían para intercambiar informaciones en subterráneos en Roma y otros lugares de Europa, porque eran perseguidos por emperadores romanos y otros grupos de la Nobleza criminal europea.

López Meza habló de esta historia cuando leía las informaciones en el Barrio El Riguero. Estaban allí con nosotros algunos periodistas de Agencias Informativas Extranjeras, las cuales empezaron a hablar del Periodismo de Catacumbas en Nicaragua.

Entre esos locutores, lectores de esas noticias del “Periodismo de Catacumbas”, recuerdo a don Eduardo López Meza, César Estrada, Gustavo Valle, Maynor Curtis y Joaquín Absalón Pastora.

Otro asunto que recuerdo es que, como para entonces no habían computadoras ni impresoras, las copias de las informaciones las hacíamos con papel carbón en las máquinas de escribir mecánicas, les sacábamos fotocopias en negocios de fotocopiado, o recurríamos a los mimeógrafos de sindicatos y de organizaciones populares.

Por ejemplo, Abel Calero y yo teníamos arreglos secretos en la Iglesia Don Bosco y con los miembros directivos del Movimiento de Trabajadores Hospitalarios, con quienes conseguíamos prestado el mimeógrafo para imprimir centenares o miles de copias de una o varias informaciones, las cuales después íbamos a distribuir en hospitales, sedes de sindicatos, en los hospitales, donde Juntas Comunitarias y en la Asociación de Vecinos de Bello Horizonte.

Espero que estos datos o aportes personales sirvan para ir elaborando la Historia oficial del glorioso Periodismo de Catacumbas, en el cual participamos, como digo, más de 40 periodistas en Managua, quienes cumplimos la obligación de informar a los ciudadanos, mientras estos eran reprimidos por la dictadura militar somocista genocida en Managua y resto de Nicaragua.

Servidor y amigo,

Pablo Emilio Barreto Pérez: periodista, fotógrafo, Cronista de la Capital, Orden Independencia Cultural Rubén Darío, Hijo Dilecto de Managua, Orden Servidor de la Comunidad del Movimiento Comunal Nicaragüense, Orden José Benito Escobar Pérez y Orden Juan Ramón Avilés de la Alcaldía de Managua.
Residente en la Colonia del Periodista No. 97, frente al portón del parque, en Managua. Teléfonos: 22703077 y 88466187.

Última actualización el Domingo, 02 de Septiembre de 2012 07:30

 

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Basura, basura explosiva y mortal

 

“Chepes” o “Zopilotes”, les dicen a los recogedores de basura en Managua.

Basura explosiva y mortal

Pablo Emilio Barreto P.

*  Muchos han muerto aplastados por camiones, otros quedaron inválidos: sin piernas, sin ojos y  sordos o murieron de cáncer.

La población de Managua produce centenares de toneladas de basuras de todo tipo desde cuando se organizó como pueblo, mucho antes de registrarse la Independencia de Nicaragua y de Centroamérica, ocurrida en 1821.

Los relatos de algunos historiadores nicaragüenses y cronistas españoles, indican que las poblaciones indígenas chorotegas vivían en la faja costera del Lago Xolotlán o de Managua. Esta población chorotega se extendía desde La Bocana de Tipitapa, en el Norte, le daba una vuelta completa a la Península de Chiltepe, se agrandaba en Mateare y continuaba en la orilla del Xolotlán hasta frente al Volcán Momotombo, donde fue León Viejo (Capital Provincial de los invasores genocidas españoles), en cuyas vecindades habitaban los indígenas Imabites, masacrados a machetazos y balazos por el sanguinario gobernador Pedrarias Dávila, en nombre de Dios, las tres Divinas Personas y el Rey de España, hace ya más de 500 años.

.La población chorotega de frente a Managua se extendía hacia la Loma de Tiscapa, donde, según algunos historiadores nacionales, se registraban inclusive sacrificios humanos rituales, dedicados a los dioses naturales inventados por el pensamiento mágico de nuestros indígenas.

Desde entonces, se supone, se acumulaba basura en aquellos senderitos o caminos de tierra, caminos hechos por el andar secular de los indígenas chorotegas nuestros, pero, ¡claro¡, esos desechos o basuras no tenían el nivel de cuando la población se fue agrupando en calles y  urbanizaciones o poblaciones agrupadas aún mucho antes de producirse la Independencia de Nicaragua y de Centroamérica.

No existe una documentación sistemática en las Bibliotecas de Managua sobre este asunto de la acumulación y recogida de la basura en la Capital nicaragüense..

Tomemos en cuenta, eso sí, distintas etapas del Desarrollo geográfico y poblacional de Managua Capital. Censos registrados por distintos historiadores nacionales, entre otros, Frutos Halftermeyer y Julián N. Guerrero, indican que, por ejemplo, Managua como Departamento tenía 27, 839 pobladores en 1920; 62, 516 en 1940; 109, 352 en 1950;     274, 278 en 1963; 404, 634 en 1971, es decir, al borde del Terremoto del 23 de diciembre de 1972.

Julián N. Guerrero, al mismo tiempo, en su “Monografía de Managua” asegura que “la población actual de la Ciudad de Managua (Capital-Municipio), según datos oficiales, es de Doscientos Treinta y Cuatro Mil Seiscientos habitantes  (234, 600 habitantes), para el año 1963”.

Se estimaba que la Ciudad de Managua tendría  235,000 habitantes en 1974, es decir, un poco después del Terremoto del 72.

 Reinaldo Antonio Téfel (recién fallecido), socialcristiano primero y sandinista al Triunfo de la Revolución Popular Sandinista, escribió en su libro “Infierno de los Pobres”, que la Ciudad Capital (Managua) tenía 404, 634 habitantes al ocurrir el Terremoto del 23 de diciembre de 1972.

Téfel cita el censo más reciente del gobierno somocista genocida e indica que Managua-Capital urbana estaba ubicada entonces en 43 kilómetros cuadrados, en los cuales se ubicaban 70 mil viviendas, de las cuales fueron destruidas 53,000 casas por el brutal sacudión terráqueo del 23 de diciembre de 1972.

 El Terremoto de 1972 destruyó totalmente un área de casas ubicadas en 13 kilómetros cuadrados y afectó una extensión total de 27 kilómetros cuadrados, es decir, más de la mitad de los 43 kilómetros cuadrados en que estaba ubicado el casco urbano de la Capital nicaragüense.

Por el Terremoto de 1972 murieron diez mil o más personas y resultaron heridos un poco más de 20 mil ciudadanos capitalinos, mientras 51, 700 managuas perdieron sus empleos porque las empresas fueron destruidas o desarticuladas por el sacudión o sismo de ese 23 de diciembre de 1972.

Estos datos geográficos y poblacionales indican claramente que entonces Managua era una Ciudad relativamente pequeña. Ciertamente. Por el Norte, colindaba con la mera orilla del Lago de Managua. Por el Sur, se extendía hasta los alrededores del actual Colegio Cristo Rey, donde comenzaba lo que se conocía como La Montaña.

 Era común oir decir en Managua, al dar una dirección: “Del Cine León, dos cuadras al Lago” o “De la Tienda Carlos Cardenal tres cuadras a la Montaña”.

 En el centro y hacia Noroeste, los Barrios más conocidos en 1972, eran, entre otros: Los Angeles, Santo Domingo, Candelaria, San Antonio, El Calvario, San Miguel, Böer, Colonias Cristian Pérez (“Salvadorita”), Maestro Gabriel, El Edén, Ducualí, Diez de Junio (“Luis Somoza”), Don Bosco, Ciudad Jardín, San Sebastián, etc.

Hacia el Este-Sur: Bello Horizonte, Santa Rosa, Villa Progreso, Colonia Catorce de Septiembre, Nicarao, Centroamérica, Esquipulas, San Judas…Norte: Quinta Nina, Los Pescadores, La Tejera, Domitila Lugo, “Chorizo”, La Primavera, Waspán, el hoy Camilo Chamorro, Las Mercedes, Unidad de Propósitos, El Rodeo y Rodeíto, Sabanagrande..

 Por el Oeste, Managua se extendía hasta el Barrio Monseñor Lezcano, Javier Cuadra, Altagracia, Las Brisas y nacían Linda Vista y Valle Dorado. Por el Oriente, Managua ya se extendía hasta las Colonias Primero de Mayo, el “Reparto Schick” y “La Fuente”, hoy llamado “Ariel Darce”.

Por el lado Norte, se extendía, como en la época de los Indígenas Chorotegas, una cinta costera larga de Barrios pobres, desde Acahualinca hasta el Barrio El Rodeo, frente al Aeropuerto Las Mercedes (hoy Aeropuerto General Augusto C. Sandino), todos los cuales, por supuesto, también producían grandes cantidades de basuras o desechos de todo tipo, en los cuales se incluían químicos, vidrios, pedazos de hierro, papeles, cartones, plásticos, cueros, huesos, vísceras, clavos, desechos de construcciones, ramas de árboles, hierbas, matorrales segados, chatarras de electrodomésticos, chatarras de vehículos, carretones de bueyes y caballos, etc.

 Los mayores productores de basura, se ha sostenido siempre, son: Mercados Minoristas, Hospitales, domicilios de repartos, colonias y Asentamientos Humanos; industrias de tejidos y de la construcción, las calles y avenidas mismas, los mataderos, las plazas públicas al momento de concentraciones políticas, sociales o religiosas, los restaurantes, los bares, las cantinas, los Diarios nacionales, las lecherías como La Perfecta y la Parmalat ahora; los talleres de mecánicas, los talleres de carpinterías, las panaderías, fábricas de todo tipo, los fabricantes de tortillas y nacatamales, los aserríos o aserraderos, los vendedores ambulantes en las calles, Mercados (San Miguel, Central y Böer antes del Terremoto del 72),  cuarteles militares y policiales, cárceles y Hospitales.

Estas eran y son las áreas o sitios en que se recogían basuras, las cuales se clasifican en: Desechos Orgánicos y Desechos inorgánicos.

Los desechos orgánicos son de origen vegetal, como: cáscaras de numerosas frutas y árboles; semillas, hojas, huesos, carnes podridas, quesos, comidas cocinadas, vísceras de animales, cueros de semovientes y cerdos, etc.

 Estos desechos orgánicos son biodegradables por la acción de microorganismos (hongos y bacterias), más el oxígeno, la luz solar y la humedad, todo lo cual los descompone en sustancias sencillas, inofensivas para el medio ambiente, aprovechables como “nutrientes del suelo”, pero a la vez se convierten en un problema peligroso para la salud humana y animal al almacenarse y descomponerse sin control en basureros ilegales, en los cauces, patios baldíos y en los mismos solares de las viviendas, donde, al mismo tiempo, permiten la incubación de insectos y enfermedades como las diarreas, etc.

 Los desechos inorgánicos son, entre otros:

 Plásticos. Envases para medicamentos, productos alimenticios, utensilios de cocina, galones, botellas, pachas, envases para refrescos y la leche, artículos de oficinas, juguetes, carteras, bolsas de todo tamaño, cajas plásticas…

 Metales. Láminas de zinc, latas de gaseosas y cervezas, comidas enlatadas, piezas de automóviles, radios, grabadoras, televisores…

 Metales inertes. Escombros de construcción como bloques, ladrillos y cemento.

Vidrios: botellas, bombillos y lámparas eléctricas, envases de medicinas, utensilios de cocina como platos, vasos, picheles, panitas, etc.

Estos tipos de desechos o basuras se vienen recogiendo sistemáticamente por hombres sencillos, operarios, “zopilotes” o “chepes”, sencillamente “recogedores de basuras” desde hace varias décadas en Managua.
Creación del Distrito Nacional

El Distrito Nacional fue creado el 31 de octubre de 1929, en sustitución de lo que se llamó “Corporación Municipal de Managua” (Alcaldía), la cual era encabezada por un Alcalde, un Alcalde suplente y regidores o concejales, todos los cuales eran electos en la Capital de Nicaragua.

Fue José María “Chema” Moncada Tapia, el traidor del Espino Negro en Tipitapa, quien decretó la creación del Distrito Nacional, y de esa forma canceló la Alcaldía desde 1929 hasta que la rehabilitó el Triunfo de la Revolución Popular Sandinista. El primer ministro del Distrito Nacional, creado por Moncada Tapia,  fue Hernán Robleto, periodista liberal, defensor del sistema explotador de los liberales y conservadores.

El ministro del Distrito Nacional empezó a ser designado desde la Presidencia de la República.

Límites rurales

Ya vimos cuáles eran, más o menos, los límites del casco urbano de la Capital. Sin embargo, según las jurisdicciones otorgadas por el Decreto de creación del Distrito Nacional, la Managua de entonces se extendía: Barrio Nuevo Sabana Grande, Los Brasiles (jurisdicción de Mateare hoy), Casa Colorada (jurisdicción de El Crucero), Cedro Galán (perteneciente al Municipio de Villa Carlos Fonseca), Filos de Cuajachillo (Ciudad Sandino hoy), Chiquilistagua, Esquipulas, Jocote Dulce o Silvia Ferrufino Sobalbarro, Los Ladinos, Nandayosi, Pochocuape, San Andrés de los Sánchez (San Andrés de La Palanca, Mateare), Ticuantepe, Ticomo, La Trinidad Central y Valle Gothel (este último en la Carretera a Masaya), del Puente de (entrada) Ticuantepe hacia el Norte.

A pesar de que no existen datos precisos, recogidos sistemáticamente, es fácil suponer cómo eran las acumulaciones de basuras de todo tipo, comenzando desde 1920, pues ha sido costumbre histórica echar la basura en recipientes o sencillamente lanzarla a la calle, al cauce, al desagüe, al hoyo, dentro del autobús, en el interior del carro, sobre los cañizos de la carreta, en los huecos de los árboles, en el predio comunal, echarla al camino o al techo mismo de la casa y en el solar familiar.

En cambio, hoy, en el año 2003, hay 596 Barrios, la mayoría de ellos son Asentamientos Humanos superpoblados, Repartos de lujo, Colonias Populares y Barrios Progresivos, en todos los cuales brotan decenas de toneladas de basura hasta completar las 1200 toneladas métricas que diariamente se recogen mediante el llamado “Sistema de recolección de basura de la Alcaldía de Managua”.

Esta basura sale en sacos, costales, bolsas, recipientes plásticos, barriles o sencillamente se tira a la calle, al desagüe, al Cauce, al patio, al techo de la vivienda, etc.

La Managua de hoy tiene un millón 500 mil habitantes y está extendida en un área en forma de abanico, y es unas seis veces más grandes que al momento del Terremoto del 23 de diciembre de 1972.

En estos 596 Barrios de Managua, más sus Comarcas, existen ahora, en el 2003, millón y medio de habitantes (valga la reiteración), los cuales producen más de mil 200 toneladas de toneladas de basura al día, al menos es lo que se registra formalmente en la Alcaldía Capitalina, según veremos más adelante en este librito sobre los “recogedores de basura” de la Capital.

 “Chepes” entrevistados

Como no hay libros, folletos o revistas que describan este importante asunto de la basura en Managua, decidí recurrir a entrevistas con los recogedores de basura más antiguos de la Capital, conocidos también con el “mote” o “apodo” despreciativo de “Chepes” o “Zopilotes” porque andan recogiendo lo sucio, lo hediondo, lo despreciable para su sociedad burguesa dominante que es mojigata e hipócrita, que vive, precisamente, en un mar de hipocresías y dándoselas de tener “manos de marqueses” o “piel de príncipes”, cuando en realidad son “hijos legítimos” de nuestros Indígenas Chorotegas o del “mestizaje” dejado por los genocidas invasores españoles.

Uno de los primeros entrevistados fue don Luis Felipe Corea Ríos, de 78 años, uno de los más antiguos recogedores de basura, conocido también con el “mote” despreciativo de “chepe” o “zopilote”, precisamente, porque andaba efectuando una labor considerada “chancha” y peligrosa para la salud.

Corea Ríos tuvo cuatro hijos, de los cuales quedan dos vivos. Está jubilado desde 1985. El Seguro Social le daba una parte de la jubilación y otra la Alcaldía, pero esta parte se la quitaron. Su hermano Justo Corea Ríos, residente en Tipitapa, fue también uno de los recogedores de basura de Managua, muchos de los cuales han quedado mutilados de piernas, brazos y dedos, o quedaron inválidos por una fractura en la cabeza, o “tuertos” al caerles un chorro de químico ácido en el ojo o en ambos ojos, o quemados por los mismos químicos de las basuras.

 “Cuando yo entré a trabajar como recogedor de basuras en el Distrito Nacional, el jefe era un general G.N. Murillo. Trabajé más de 30 años seguidos en el Distrito Nacional. Siempre dedicado a ese trabajo peligroso de recoger la basura de las calles, callejones, patios, caminos, mataderos, esquinas, Mercados, empresas textileras, tiendas de todo tipo, centros comerciales como el Centro Comercial Managua, supermercados, Hospitales, Cementerios Occidental y Oriental, fábricas de ropa confeccionada, clubes de la burguesía y la Oligarquía, vecindarios,  Diarios como LA PRENSA y NOVEDADES, talleres de todo tipo, centros papeleros, centros deportivos, panaderías, aserríos, cuarteles policiales y del Ejército, etc.”, señala Corea Ríos.

Hace 38 años, según Santos Rivera Pasquier, se registraban tres turnos en la recolección de basura de Managua. El primero era de siete de la mañana a doce del día, de las doce del día a las siete de la noche y de las siete de la noche hasta las once de la noche, con el fin de que la antigua Capital siempre estuviese limpia.

“Casi igual que hoy, recogíamos basuras de todo tipo: papeles, periódicos, botellas quebradas, llantas viejas o inservibles, desechos de comida de los Mercados, Hoteles, Restaurantes, casas y clubes, ropa inservible, colchones, muebles viejos, hierros retorcidos, escombros de construcciones, químicos peligrosos en botellas y bolsas plásticas, pedazos de cuero, platos quebrados, zapatos hediondos, calzoncillos y calzones llenos de tufos, bolsas conteniendo defecaciones de niños y adultos, gassas de Hospitales con olores agrios o pestilentes en que seguramente podían ir enfermedades como hepatitis y SIDA; calcetines con sabores ecológicos a callos llenos de pús, cáscaras de frutas y las mismas frutas ya muy podridas, camisas y blusas viejas con tufos a “zahíno” o “perfumes siete machos”, añade Corea Ríos.

Señala Corea Ríos: “Esos tufos nos caían como “lluvias” encima de la ropa y de nuestros cuerpos, muchos de nosotros quedamos con los ojos, manos o piernas mutiladas, otros murieron en accidentes, pero como siempre hemos hecho el “trabajo más sucio de la Capital”, nadie se fija en nosotros, le han dado poca importancia a esta labor para que la Ciudad se mantenga limpia o al menos un poco “aseada”.

Añade: En ese mi trabajo de 30 años, conocí a numerosos personajes: Gustavo Raskosky, Guillermo “Chato” Lang, a Frixiones, José Quintana, Humberto Ramírez Estrada, Andrés Largaespada, Arturo Cruz Porras, Luis Valle Olivares, Orlando Montenegro Medrano… todos ellos ministros del Distrito Nacional. Montenegro Medrano fue el último en 1979, cuando llegó la Revolución Sandinista como huracán demoledor de la dictadura genocida del somocismo”.

“Yo—agrega Corea– entré a trabajar en el Distrito Nacional el 9 de noviembre de 1955 y salí el 15 de diciembre de 1985. ¡Pasados los 30 años¡ Estuve en la propia sede del Distrito Nacional, conocida como Ayuntamiento, frente al Parque Central, antes que lo derribara el Terremoto del 23 de diciembre de 1972 y donde es hoy el llamado Plantel Central “Jackson Jácamo Vanegas”, el mismo de hoy, del “Arbolito”, una cuadra al Oeste y una cuadra al Norte.

Los camiones, “colochos” barrenadores y huecos peligrosos

 En ese tiempo, cuando yo entré en 1955, se recogía basura en unos camiones marca “Mack”, eran verdes; después vinieron unos rojos marca “Internacional”; luego unos amarillos, chiquitos, y unos llamados “Mahiros”, “Henchels”, “Super Wide”, “Chevrollette”, “Ford”, y los Mercedes Benz (“Cucaparatininga”, de “colocho” o barreno muy potente) ya después del Terremoto del 23 de diciembre de 1972.

Los llamados “Super Wide” eran los camiones más viejos en la historia de la recogida de la basura en Managua. En estos camiones, la basura se cargaba con palas manuales o cargando barriles al hombro, como si se tratara de un cualquier camión volquete, de los que hoy tiene la Alcaldía de Managua para otros fines.

Los camiones “Internacionales” tenían otra modalidad. Se hacía el montón de basura, al pie del cual se situaba el camión como un volquete. Bajaba el cargador frontal hasta el ras del suelo y los recogedores de basura se encargaban de llenarlo con palas y otros instrumentos manuales.

También podía el mismo camión cargar parte de la basura. Tenía el inconveniente de que sólo amontonando la basura se podía cargar en él con facilidad o llevándolo móvil, pero cargándolo por encima al mismo tiempo. Era un proceso lento, muy lento. De estos camiones sólo hubo dos en Managua y eran de gasolina, resultaban caros, fueron eliminados por completo después del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista en 1979.

Se usaban, especialmente, en sitios en que la basura ya estaba amontonada, como en Hospitales, Hoteles, Cines, Mercados, Teatro Popular Rubén Darío, la Estación del Ferrocarril, etc., no en las calles porque la gente la ubicaba en “montoncitos” muy pequeños.

En estos amarillos, chiquitos, llamados “Mahiros”, los “chepes” trabajaban “encogido” dentro del camión. Esos camiones tenían un hueco por encima. Arriba y adentro, precisamente, iba uno de ellos recibiendo los costales, sacos o barriles de basura que tiraban los que iban abajo, caminando y recogiendo la basura mientras el camión circulaba por las calles de Managua, de antes del Terremoto de 1972, o al momento de entrar a los Hospitales El Retiro, del Seguro Social, Vélez Páiz y Siquiátrico Nacional; Mercados Oriental, San Miguel, Central y Böer; Barrios: San Antonio, San Sebastián, Santo Domingo, Frixiones o “Maldito”, la llamada “Quinta Nina”, propiedad de los alemanes (Benedicto Valverde hoy); “Los Pescadores” (hoy Carlos Reyna), “El Chorizo” (de Portezuelo hacia el Lago), La Primavera, Ciudad Jardín, Jardines de Santa Clara, El Tempisque, Monseñor Lezcano, Altagracia; clubes nocturnos como el que tenía el coronel genocida Iván Alegret en Las Piedrecitas; Club Plaza en el Parque Central, La Inmobiliaria de Ahorro y Préstamo, la Tienda Carlos Cardenal, donde estaba la “escalera eléctrica”; el Banco Nacional, las tiendas de los “turcos” mañosos (prende-fuego) y de los árabes y de chinos, el conocido Club Social de la oligarquía y de los simpatizantes de la tiranía somocista; cines Margot, Salazar, Aguerri, Trébol, Tropical, América, Luciérnaga, González, Cine León, Cine Salinas; la Estación del Ferrocarril, los “Dormitorios Públicos”, la Cervecería Victoria, la Casa Pellas, Edficio Zacarías Guerra, la Casa del Aguila, la “Escuela de Arte” o Taller mecánico y eléctrico del Ferrocarril, el Teatro Rubén Darío, en las radioemisoras como Radio Difusora Nacional de Nicaragua, Radio Mundial, Radio Corporación, Radio Centauro, Unión Radio, Radio “La Voz de la Victoria”; Diarios nacionales como LA PRENSA y NOVEDADES, las televisoras como Canales Cuatro y Seis, en el estacionamiento del Banco Central, en los Hoteles como el Reisel, Balmoral, Gran Hotel, Hotel Intercontinental, Hotel Estrella, Hotel del Pacífico, El Club Internacional, el Palacio Nacional, la Cruz Roja, el INFONAC..!hum…aquello era un trabajal endemoniado¡

¿Cómo eran esos camiones “chiquitos”?

 Eran camiones –recuerda Corea Ríos–, que tenían un hoyo en el centro, arriba…Uno de nosotros, los recogedores de basura, iba encima del camión, sentado o parado, como “trapecista”, agarrando los sacos o recipientes con basuras que tirábamos desde abajo. Quien iba encima, a la orilla del peligroso hueco, agarraba “en el aire” la basura, abría los sacos, costales o recipientes y echaba los desechos dentro del hoyo del camión…!era riesgoso, porque, en un descuido, uno podía caer en ese hueco, donde un barreno iba triturando y comprimiendo la basura¡

Los costales, panas o barriles, eran devueltos por quien iba arriba hacia la calle o a las manos de los que íbamos a la par del camión, ¡abajo¡

¿Dónde fueron los primeros basureros de Managua?

 Recuerdo que uno de los primeros basureros públicos y grandes de la Capital era en las cercanías de la Catedral, por donde fue un tiempo el Plantel de los camiones recolectores de basura, ¿se acuerda usted?, allí, en los alrededores de donde estuvo el famoso y alegre Malecón de Managua, en la ¡mera orilla del Lago Xolotlán¡, señala Corea Ríos.

 Otro basurero público grande estuvo ubicado, de lo que se conoció como “La Favorita”, en las cercanías del “Arbolito”, hacia la orilla del Lago de Managua. Este basurero duró bastante tiempo.

Según recuerda Corea Ríos, poco a poco, en 1967, antes del Terremoto del 23 de diciembre de 1972, el basurero grande se fue moviendo hacia el Barrio Acahualinca, donde es hoy la llamada “Chureca” o “Relleno Sanitario”.

 Comenzaron depositando la basura en torno al cerrito, a la orilla de la Laguna de Acahualianca, un poco al Norte de los rieles del Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua. Se fue haciendo cada vez más grande, más hediendo, más metido dentro de las aguas del Lago Xolotlán o de Managua, frente a la “Isla del Amor” y a los pies de la misteriosa e imponente Península de Chiltepe, donde permanecen escondidos y amenazantes los Volcanes Apoyeque, Xiloá y Chiltepe

Cuando se comenzó echando la basura cerca de la Catedral, nadie pensaba en “pesarla” como ahora. Se contaban las “camionadas”. En el caso nuestro, diariamente, llenábamos ocho veces un camión plomo, que era pequeño. Íbamos y veníamos con las camionadas llenas de basuras hediondas, regando el tufo (y en parte, los desperdicios) por las calles de Managua, informa Corea Ríos.

Los “Mack” rojos, en cambio, eran grandes, alcanzaba mucha basura dentro de ellos, porque estos camiones ya tenían capacidad para “compactar” los desechos con un barreno mecánico poderoso.

En estos camiones “Mack” rojos hacían sólo dos viajes al botadero, Relleno Sanitario o “La Chureca”. Alcanzaba una “zona” dentro de ese camión. Comprimía la basura de tal manera, que en realidad botaba una especie de “marqueta” en el botadero, hoy conocido en Acahualinca como “Relleno Sanitario”.

Después llegaron los “Mercedes Benz”, de orígen brasileño. Todos estos tenían movimientos mecánicos para mover los “colochos”. Eran 23 equipos recolectores de basura en ese tiempo en que Corea Ríos laboraba en el Distrito Nacional.

Ahora son los llamados “IVECOS”, anaranjados y los blancos, japoneses. Ambos son de  “colochos” o barrenos hidráulicos, los cuales mueven la basura hacia el interior del camión, donde la compactan para llevarla al Relleno Sanitario.

En cada uno de estos camiones andaban seis hombres, recogedores de basura, ya conocidos como “Chepes” y “Zopilotes”, recuerdan algunos vecinos de la Managua de antes del Terremoto del 23 de diciembre de 1979. Andaban dos sobre el camión, al borde del hueco mencionado y cuatro abajo, moviéndose a pie, recogiendo la basura y la lanzaban en dirección al hoyo del vehículo.

 Además, cada uno de las “cuadrillas”, con su camión respectivo, tenían su “zona”, es decir, los Barrios en que recogían la basura en la Managua de antes del Terremoto del 23 de diciembre de 1972.

Por ejemplo, si en la zona de una “cuadrilla” estaban los Mercados San Miguel y Central, entonces debían recoger la basura en esos centros comerciales populares.

Durante sus 30 años de recoger basura, don Felipe Corea Ríos estuvo en tres “zonas”: en la llamada “Zona del Mercado Böer”, en la “Zona del Mercado Oriental” y finalmente, del año 72 al 85, terminó en la llamada “Zona del Reparto Las Colinas”, o sea, en los vecindarios cercanos a la Carretera a Masaya, incluyendo la Comarca Esquipulas, frente a donde comienza el Municipio de Ticuantepe.

¿Cuál era el sitio más difícil para recoger la basura?

 No era tan difícil, antes del Terremoto del 72, en cuanto a la recogida misma de la basura en las calles. Había una diferencia esencial. Antes del Terremoto del 72 se corría a la par de los camiones, se sudaba a chorros, porque la tarea era bien definida y había que cumplirla en un horario determinado.

Había un compañero llamado Ignacio Lechado, quien sudaba a “torrentes” y con frecuencia, sofocado y palpitándole el corazón aceleradamente,  retorcía su camisa mientras se iba recogiendo la basura en las estrechas calles de la Managua de escaparates lujosos y de saturamiento de tránsito en las vías estrechas de antes del Terremoto de 1972.

¿Andaban guantes en las manos, uniformes, botas de hule?

Se empezaron a suministrar guantes en la época en que el Guillermo “Chato” Lang, cuando éste fue ministro del Distrito Nacional. En esa época se pusieron de “moda” unas botas de hule para los recogedores de basura, quienes las recibían cada seis meses. También daban un uniforme, muy parecido al de ahora (2003).

¿Cuáles eran las diferencias esenciales entre aquellos camiones de 1972, por ejemplo, y los de ahora en el 2003?

 Mucho antes de 1972, en la década del 60, ya existían los camiones que tenían hueco en la parte superior. Allí se colocaban uno o dos hombres, que atrapaban los sacos, costales o barriles de basura y los echaban al hoyo.

Estos camiones desaparecieron. Llegaron otros, a los cuales se les echa la basura por detrás, mediante una especie de puerta grande, dentro de la cual se va moviendo un mecanismo barrenado que “jala” la basura y la va comprimiendo hacia el interior de un depósito. Los hombres, que generalmente ahora son tres o cuatro, van caminando por los lados y por detrás del camión, mientras van echando la basura de todo tipo.

Hasta 1972, por ejemplo, era menor la cantidad de recogedores de basura. En la Oficina principal, uno de los principales burócratas era Roberto González, el mismo que le hacía el “volado” a los Somoza Debayle (Luis y Anastasio) de dirigirles la “central” de “sindicatos blancos” de la dictadura genocida del somocismo.

César Barahona era como el inspector de los mencionados recogedores de basura, conocidos también como “chepes”o “zopilotes”, debido, precisamente, a que hasta animales muertos como perros, cerdos, gatos, gallinas, ratones, conejos, culebras, víboras, gallos y vacas, echaban dentro de los camiones recolectores de basura. Entonces, no habían “ingenieros” ni jefes de “rutas” ni “inspectores especiales”.

Otro burócrata connotado y conocido del Distrito Nacional era Otto de La Rocha, cantante, músico, actor de radio y narrador de cuentos en la hoy La Nueva Radio Ya. Hacía labor de planillero.

 Las muertes de “Comidita” y “Mi Juan”

 “Comidita”, recogedor de basura, de cuyo nombre no hay datos, se “desnucó” al caer de uno de los camiones amarrillos, de los que tenían hueco en la parte superior, en las cercanías del ya conocido “Cine Salinas”, en ese Barrio hoy llamado Rigoberto López Pérez (antes “Campo Bruce”). Bruce era uno de los pilotos yanquis que vino a bombardear al Ejército Defensor de la Soberanía Nacional del General Sandino. “Comidita” iba de pies en la parte superior del camión, capturando las bolsas y sacos de basura, mientras el camión  se desplazaba rápido y saltando por los hoyos y piedras de las calles.

En uno de esos “brincos”, “Comidita” escapó hacia un lado, resbaló por la carrocería del camión y cayó de cabeza en la calle polvorienta, fracturándose los huesos del cráneo. Quedó inconsciente, lo llevaron al Hospital El Retiro, donde murió en medio de la consternación de sus compañeros..

“Mi Juan”, cuyo nombre tampoco se conoce, murió prensado por uno de estos camiones amarillos, basureros, en las cercanías del Cementerio Occidental. Los datos indican que el camión retrocedía, mientras él, “Mi Juan”,  guiaba al conductor haciéndole señas hacia atrás. Tanto el chofer del camión como “Mi Juan” se descuidaron y el asunto es que el camión lo prensó contra una pared en las cercanías del Cementerio Occidental. El camión lo destripó y “Mi Juan” murió al instante. Por supuesto, su familia no fue indemnizada por el accidente.

En esos días murieron otros recogedores de basura, uno de apellido Tercero, cuñado de Magdaleno Conde. Justo Corea Ríos, otro recogedor de basura, comenta: “Hubo muchos muertos, amigo”.

En este trabajo sacrificado han resultado lesionados centenares de recogedores de basura en sus piernas, ojos, oídos (sordera), manos, brazos, hombros y también han muerto, comenta don Luis Felipe Corea.

Moisés “Bullita” Arróliga (ya fallecido hace 10 años), por ejemplo, perdió un ojo. Le cayó un chorro de agua sucia en el ojo, el cual le quedó ardiendo. Se lo examinaron y resultó que en realidad le había caído un químico potente, que le hizo perder el ojo, el cual le quedó como “calcinado”.

 Miguel Contreras igualmente perdió la visión por una astilla de madera que le cayó en uno de los ojos mientras laboraba recogiendo basura en Managua. Según don Felipe Corea Ríos, su amigo Contreras manipulaba pedazos de tablas que habían sido dejadas en un montón de basura en uno de los vecindarios de Managua. Al lanzar las tablas viejas hacia el camión basurero, una astilla saltó y se le clavó en uno de los ojos, dejándolo “tuerto”.

Otro hombre recogedor de basura, en carretones de la Corporación Municipal de Mercados en el Mercado Oriental, perdió la audición (en 1992), igualmente al caerle un chorro de  agua sucia revuelta con químicos en el oído derecho. Echaba la basura al carretón con una pala cuando el chorrito de químico, mezclado con la basura, salpicó hacia su oreja derecha. Le comenzó un dolor insoportable y a los tres días ya no oía nada, a pesar de las atenciones médicas y medicinas para neutralizarle el dolor.

“Muchos compañeros resultaron con los hombros cortados por vidrios cuando iban cargando una caja llena de basura de la acera, de una casa, o de la calle misma hacia el camión recolector de basura”, recuerda Santos Rivera Pasquier, 55 años, ya jubilado. Rivera Pasquier entró a laborar en el Distrito Nacional como recogedor de basura unos días antes del Terremoto del 23 de diciembre de 1972.

Roberto Rodríguez, hombre joven, se metió debajo de un camión recolector de basura, para embancarlo. En eso estaba, cuando le cayeron en la cabeza unas gotas de químicos, provenientes de la basura, las cuales le ocasionaron un hoyo y le botaron parte del pelo, el cual nunca volvió a “retoñar”.

Se recuerdan trabajadores viejos como Pablo Fonseca, Jesús López Dávila, Carlos Robleto, Andrés Zapata, Mariano Chévez, Martín García, Víctor García (recién muerto), César Barahona, Tomás Urbina (fallecido por la contaminación de la basura y exceso de fumado), Tomás Loáisiga (ya muerto), Guillermo “Ropa Nueva” Hernández, Gilberto “Chungo” Velásquez, Gregorio Alvarado, Jhony Ibarra y Magdaleno Conde.

También Ricardo Almendárez, 65 años, ya jubilado, laboró más de 30 años recogiendo basura en las calles de Managua. Vive en Ciudad Sandino. Amancio Juárez, 75 años, otro que laboró más de 30 años recogiendo desechos de todo tipo en la Capital. Este vive actualmente con su familia en el Barrio San Sebastián.

¿Enfermedades?, ¿cuáles?

Martín Corea estaba muy débil. Tenía una enfermedad desconocida. Fue examinado hasta que llegaron de “la sanidad” (así le llamaban al remedo de Ministerio de Salud del somocismo genocida), al plantel de recogedores de basura. Uno de los “representantes” de “la sanidad” le dijo: “Tenés tuberculosis”, lo cual provocaba espanto en esos días anteriores al Terremoto de 1972  entre la población nicaragüense y los trabajadores del Distrito Nacional.

Martín Corea se acercó alarmado, afligido, donde Gregorio “Goyo” Alvarado. “Tengo “pasconeado” los “cartones”, le dijo casi llorando. “!No joda, no se aflija, pendejo¡…nosotros lo vamos a curar aquí mismo en el Plantel. Te haremos “cocimientos”, beberás agua tibia, te daremos unas pastillitas, comerás bien..no jodás, entre pobres nos curamos, ¡babosó¡.”, le añadió “Goyo”, y efectivamente al poco tiempo Martín Corea ya estaba bien y trabajando “al 100” en el mismo Plantel de los recogedores de basura de Managua. Más adelante, detallamos sobre este asunto de las enfermedades entre los trabajadores recogedores de basura, ubicados en el llamado “Plantel Los Cocos” y en el “Relleno Sanitario”.

 Le cortan piernas al “Boby” Vallejos y el “Gorila” está enfermo

 Un carro le “cortó” los pies a Gilberto “Boby” Vallejos, de 53 años, otro recogedor de basura, quien iba con los pies colgados mientras su camión se dirigía con la carga de basura al “Botadero” de Acahualinca o “La Chureca” o “Relleno Sanitario”.

 Según los datos recogidos, el camión recolector de basura iba circulando cerca de la Casa Pellas, antes de doblar al Botadero o “Chureca” cuando un automovilista particular, como un bólido, se fue a estrellar en la parte trasera del camión recolector de basura, en el cual “Boby” iba sentado y confiado en el pescante trasero y con los  pies colgados. Esto ocurrió en 1984.

Aquel cuadro fue doloroso, aterrador, pues las piernas del “Boby” quedaron “fundidas” con la parte superior del automóvil, mientras el resto del cuerpo del pobre recogedor de basuras quedó sobre la capota del carro.

 Al “Boby” lo llevaron al Hospital, donde se le engangrenaron las fracturas en las piernas y murió poco tiempo después. ¿Quién lo indemnizó? ¿Pagó justamente el criminal del volante por este nuevo crimen?

 Felipe Picado Herrera quedó inválido, ¿quién lo ayuda ahora?

 Felipe Picado Herrera, de 48 años, es hoy inválido de las dos piernas porque se le reventó un mecate y al mismo tiempo lo embistió un “endemoniado” conductor particular mientras (Felipe) laboraba en uno de los camiones de la Limpieza Pública de Managua. Entró a laborar en el Distrito Nacional en 1977. Lo mandaron a recoger la basura en los domicilios de Managua, cuando el Plantel de la Limpieza era todavía en las cercanías de Catedral, en el costado Este del Teatro Popular Rubén Darío, antes del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista.

Lo enviaron a los domicilios del Barrio Monseñor Lezcano, ubicado en el costado Sur de Acahualinca, donde ya funcionaba el “Botadero”, hoy conocido con el pomposo nombre  de Relleno Sanitario, donde lo que se hace es “compactar” la basura, mientras al mismo tiempo se contamina esa parte del suelo de Managua y se le echan más desperdicios contaminantes al Lago Xolotlán o de Managua.

 El accidente fue el 25 de abril de 1980, menos de un año después del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista. Picado Herrera iba sostenido de un mecate en uno de los pescantes traseros del camión recolector de basura. El mecate era viejo y estaba podrido. Al reventarse ese mecate, Felipe cayó al suelo mientras se desplazaba como bólido un automóvil, de esos cuyos conductores creen que son “dioses” con los motores en sus manos.

El automóvil embistió a Picado Herrera, cuya cabeza se estrelló contra la cuneta. Quedó inconsciente en el pavimento, en las cercanías de la Casa Pellas, en una de las entradas al Botadero, Relleno Sanitario o “Chureca” de Acahualinca.

 Picado Herrera estuvo 19 días en el Hospital, donde no conocía a nadie, Se le fracturó el brazo derecho, y como consecuencia del golpe en la cabeza, le quedaron una lesión cerebral e inválidas las dos piernas y tiene deficiencias para articular palabras. Ahora se moviliza dificultosamente con muletas y en una bicicleta especial de dos ruedas adelante.

En toda la década de los “80” le mantuvieron su salarito mensual de 600 córdobas mensuales, más el derecho de atenderse en el Seguro Social y su Paquete AFA o alimenticio durante todo ese tiempo, pero no lo jubilaron o pensionaron.

Al perder las elecciones el Frente Sandinista en 1990 e ingresar como Alcalde de Managua el archicorrompido saqueador don Arnoldo Alemán Lacayo, Picado Herrera dejó de percibir la ayudita que le daba la Alcaldía capitalina como consecuencia del accidente de que fue víctima mientras trabajaba como recogedor de la basura en la Capital.

Ha solicitado que lo jubilen o que le den una pensión especial por ese accidente que lo dejó inválido para siempre. Sin embargo, sólo ha podido lograr, desde la época del también corrompido Roberto Cedeño Borgen,  que lo dejen entrar al Plantel Central “Jackson Jácamo Vanegas”, para tomar el aceite quemado de alguna maquinaria pesada, para irlo a vender donde compran “chatarra” en “fundiciones”. De esa manera se defiende un poco en la compra de la comida y el sostenimiento hogareño de sus ocho hijos y su esposa, quienes residen con él en los alrededores del Relleno Sanitario o “Chureca” de Acahualinca.

Al vender este aceite quemado, gana muy poco, unos 500, si acaso 600 córdobas mensuales, “lo cual sólo me da para comprarme unas cuantas libras de arroz y frijoles en la pulpería”, señala Picado Herrera, quien, además, solicita que le ayuden con una bicicleta nueva para movilizarse. Me resulta asombroso verlo con las muletas, las cuales utiliza mientras se sube a la bicicleta vieja, que mueve a pesar de sus piernas inválidas.

Otros “chepes” ya inválidos

Joven aplastado por camión

Diarios nacionales, noticieros radiales y televisivos publicaron la noticia fatal de que  el joven Douglas Rafael Bordas Bermúdez, de apenas 19 años, uno de los centenares de miles de desempleados y hambrientos del país por las políticas de desempleo, y criminales de los últimos gobiernos neoliberales del 90 hacia el 2003, murió aplastado por uno de los camiones recolectores de la basura de Managua.

 El camión se movía, repleto de basura,  en el “Relleno Sanitario”, para depositar los desechos en un sitio de las 40.44 hectáreas del “Botadero” de Acahualinca.

 Eran las 11:30 de la mañana del 28 de junio  (2003) cuando Bordas Bermúdez se lanzó a la parte baja del camión en busca de aluminio viejo y dañado, que sus ojos habían “detectado”. En su mente, seguramente, pasó como relámpago la idea de que ese pedazo de aluminio serviría para ganarse unos cuantos centavos para darle de comer a sus hermanitos, a su madre y a su padre, Juan Rafael Bordas Baca, todos ellos desempleados y en el hambre como él (Douglas Rafael).

 No midió las consecuencias de su lanzamiento, pues en ese momento Alfonso Ramírez Gámez, conductor del camión recolector de basura, lo echaba hacia adelante por indicaciones de uno de los “señaladores” o “banderero” del Plantel Los Cocos y empleado de la Alcaldía de Managua.

El lanzamiento de Douglas Rafael fue repentino, empujado por la necesidad de sobrevivencia de él mismo y de sus familiares. Al ponerse en marcha de nuevo, el camión lo aplastó en el pecho y en la cabeza, quedando muerto de forma instantánea.

 Douglas Rafael no era empleado de la Alcaldía. Era, más bien, miembro del “ejército de desempleados”. Era también miembro del grupo numeroso de hombres, mujeres, niños, niñas y ancianos de Managua, de casi mil seres humanos, que todos los días llegan al “Relleno Sanitario” o “Botadero” o “La Chureca”, donde se disputan determinados desechos o basuras con centenares de animales: zopilotes, “querques”, vacas, terneros, bueyes, caballos, cerdos, ratones, cucarachas y perros.

 Jamás se imaginó Douglas Rafael que lanzarse precipitadamente a sacar el aluminio de debajo del camión, le cortaría para siempre su joven y valiosa vida, que bien pudo darle mucho al país si hubiese estado empleado o estudiando.

 Sus hermanitos y su madre y su padre lo estaban esperando, esperanzados en que llevaría dinerito para la comida, pero fue la fatal noticia de su muerte la que recibieron. Unas dos horas antes Douglas les había llevado carne para la comida de ese día 28 de junio del 2003.

Su cadáver, como el de otros miles de nicaragüenses, queda ya sepultado sin que nadie pague por este nuevo crimen del sistema capitalista brutal imperante, mientras los ideólogos de este sistema te dicen: “Todos son “libres” de hacer lo que quieran”.

 El culpable no es, por supuesto, Alfonso Ramírez Gámez, quien también es víctima del sistema imperante. El tampoco querría andar recogiendo las basuras o desechos de Managua, pero el desempleo no le deja alternativa posible.

Para colmo de males, casi al mismo tiempo de la muerte de Douglas Rafael Bordas Bermúdez, se anunciaba otra noticia trágica: una cantidad elevada de los habitantes o residentes o pobladores del Asentamiento Humano de  “La Chureca” (donde viven 70 familias), ubicado cerca de donde el camión aplastó a Bordas, tiene plomo y mercurio en la sangre, según un estudio reciente de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN).

 El plomo se les ha metido en la sangre por la aspiración de los humos y vapores de baterías (acumuladores) que son tirados en la basura acumulada todos los días en el explosivo “Relleno Sanitario” de Acahualinca. Esos vapores les entran por las narices y la piel.

El mercurio lo han adquirido por la ingesta o comidas de pescados mojarras y guapotes, capturados un poco al Norte del “Relleno Sanitario”, en el Lago Xolotlán o de Managua, entre la “Isla del Amor” y la orilla de la Península o Cordillera de Chiltepe, la cual se ve imponente frente al “Botadero” y al Noroeste de la Capital.

 Efectivamente, todos los días muchos de los pobladores de “La Chureca” se adentran en las aguas del Lago Xolotlán, contaminado, en busca de esos pescaditos para la comida.

¿De dónde sale el mercurio que contamina los pescados?

¡Sencillísimo, amigos de Managua y Nicaragua! Un poco al Oeste de donde está el “Relleno Sanitario”, en un bajo, en un vallecito profundo, entre varios cerros del inicio de la Cordillera o Península de Chiltepe, estuvo la famosa fábrica “Penwal”, la cual, precisamente, fue acusada de lanzar toneladas de mercurio por medio de un cauce hacia las aguas del Lago Xolotlán.

 Anastasio Somoza Debayle siempre se hizo “el loco” por este asunto. En la época del gobierno revolucionario sandinista se tomaron algunas medidas, que no fueron suficientes, mientras la contaminación de mercurio en esta zona del Lago de Managua ya era irreversible.

Hoy las consecuencias son gravísimas para la salud de estos pobladores. La obligación elemental del gobierno sería buscar cómo trasladar a estos pobladores a otro lugar seguro, para que no se sigan contaminando con plomo y mercurio.

 El plomo se aloja en la sangre y ocasiona trastornos nerviosos, renales y alteraciones en la visión humana. El mercurio es un veneno potente.

Camión se lo “traga”

 Un poco antes de la muerte de Bordas Bermúdez, en Ciudad Sandino, Municipio nuevecito del Departamento de Managua, un camión recolector de basura se “tragó” el cuerpo del joven Walter José Delgado Blandón, de 23 años.

 Delgado Blandón estaba limpiando el camión, muy cerca del hueco en que está ubicado el “barreno” o “colocho”, del recolector de basura, cuando repentinamente, en un descuido el vehículo puso en marcha el instrumento mecánico, “tragándose” rápidamente el cuerpo del joven mencionado.

Debido  a que el “barreno” o “colocho” ya era viejo y el cuerpo de Bordas Bermúdez bastante delgado, pues entonces fue “fácil” el “tragado” de Walter José. Dichosamente, el conductor del camión y demás compañeros trabajadores se dieron cuenta en segundos, y también en segundo detuvieron la marcha del camión recolector de basura, el cual estaba siendo usado en las cercanías del Mercado y de la misma Alcaldía de Ciudad Sandino.

El cuerpo de Bordas Bermúdez quedó entrampado entre la masa mecánica del camión.

Por instrucciones del Alcalde sandinista, Manuel Pinel Garay, el camión fue cortado con potentes sierras por el centro, con la finalidad de rescatar el cuerpo prensado de Bordas Bermúdez.

El cuerpo de Bordas Bermúdez fue sacado del camión y llevado al Hospital, donde le salvaron la vida, pero quedó inválido. Actualmente (agosto del 2003) está acudiendo a rehabilitación en el Hospital Aldo Chavarría, porque son irreparables los daños dejados en él por el camión recolector de basura.

El Seguro Social pensionó a Bordas Bermúdez por invalidez, pero esa pensión es de apenas 200 córdobas mensuales. ¿Cuánto de la canasta básica compra con 200 córdobas mensuales?

Debido a esa notoria injusticia (ejercida por el gobierno “honesto”, “transparente” y “moralista” de don Enrique Bolaños Geyer), la Alcaldía le ayuda como puede a Bordar Bermúdez.

Este camión recolector de basura era uno del paquete total del Departamento de Limpieza Pública de la Alcaldía de Managua, cuyas autoridades se lo trasladaron a la Alcaldía de Ciudad Sandino con motivo de la creación del Municipio y porque este Municipio era el Distrito I de la Comuna capitalina.

Dañados por humos y gases

Félix Salinas Mora, bachiller, joven todavía, tiene apenas un poco más de año de estar trabajando como “banderero” en el llamado Relleno Sanitario, Botadero o “Chureca” de Acahualinca, y ya padece de “opresión en el pecho, dificultades de respiración cuando duerme, sudoración incontenible en la noche cuando está dormido, mientras en el día, en medio de la contaminación enorme del basurero, le tiemblan las piernas o siente “un fogazo” en todo el cuerpo por los gases que flotan en este ambiente explosivo de Managua.

Este “Relleno Sanitario” de Acahualinca mide 40.44 hectáreas de extensión, según informe oficial de la Alcaldía de Managua.

 Hace poco tiempo se conoció que un botadero similar a “La Chureca” explotó en Brasil, debido a la descomposición de desechos orgánicos, los cuales se trasforman en gas metano (“gas de los pantanos y de las minas”, Diccionario LAROUSE), lo cual se presume está ocurriendo actualmente por debajo de este “Relleno Sanitario” de la Capital, ubicado en el extremo Oeste Capitalino.

 Salinas Mora está convencido de que los males de salud de él y otros compañeros suyos están relacionados directamente con la contaminación brutal del “Relleno Sanitario”, pues son afectados por “nubes de polvo” que se levantan cuando los camiones recolectores de basura ingresan o están volcando los desechos orgánicos (e inorgánicos), o sencillamente en los momentos en que vientos “remolinados” levantan “tolvaneras” extendidas en todo el basurero.

Al polvo se agrega el humo, constante también, porque al mismo tiempo se quema basura en el mismo “Relleno Sanitario”. Ese humo, asimismo, es como “chorros” de gases filtrándose hacia los pulmones de estos pobres trabajadores de Managua. Las “lenguas de humo” se aunmentan al momento en que se queman centenares de llantas viejas.

Estos “chorros de humo, polvo y gases invisibles” afectan los ojos y los pulmones. La mayoría de estos trabajadores permanecen con los ojos rojos, irritados por tantos humos, polvo y gases en ese medio ambiente absolutamente contaminado.

 Al mismo tiempo, hay allí entre 500 y 600 “trabajadores” o visitantes diarios en el “Relleno Sanitario”, los cuales son personas particulares, que nada tienen que ver con la Alcaldía de Managua. Son, la mayoría de ellos, jovencitos y niños, que oscilan entre los 10 años y 25 años y unos cuantos adultos, tal vez mayores de 40 años.

Estos llegan a buscar desechos como latas de cervezas, plásticos como galones, bidones, o piezas metálicas, que recogen para venderlas y de ese modo ganarse unos cuantos centavos para que sus familias y ellos mismos no se “mueran de hambre”.

Estos 500 ó 600 “trabajadores” externos de “La Chureca”, en la mayoría de los casos, permanecen allí todo el día y soportan la misma contaminación que los trabajadores de la Alcaldía de Managua. ¿Quién los auxilia, quién les ayuda en su salud? ¿Puede hacerlo el Estado por medio del Ministerio de Salud?

La mayoría de estos 500 ó 600 “trabajadores” no son de “La Chureca” (población de la orilla del basurero), pues  llegan de fuera. Es decir, no se incluyen las decenas de familias excluidas de los centros laborales, compuestas por niños y niñas, adultos y ancianos, que viven allí todo el tiempo, gracias a que la extrema pobreza avanza como cáncer lanzado por la globalización imperialista yanqui, apoyada localmente por la oligarquía y burguesía cada vez más servil y vende patria en el país, pues los miembros de este zoológico criminal venden las empresas estatales de la Nación sin ningún escrúpulo, como efectivamente hicieron con ENEL, ENITEL y ahora hasta quieren vender el agua de nuestro subsuelo, Ríos y Lagos, mientras nuestra gente se muere lenta y seguramente con estos niveles de contaminación en muchos rumbos de Managua y resto del país.

Esas familias, residentes en “La Chureca”, además de padecer esta contaminación por plomo, mercurio, humos, gases y vapores, de día y de noche, conviven con las vísceras de semovientes (vacas, bueyes, toros, cerdos), procedentes del Matadero IFAGAN, las cuales salen por las cloacas o tubos de “aguas negras” hacia la llamada “Laguna de Oxidación” o de Acahualinca.

Disputas entre ganado, cerdos, zopilotes y seres humanos

En el caso de los 500 ó 600 “trabajadores” (desempleados todos), como ya queda dicho, en medio de los nubarrones de polvo, humo y gases, desafiando al hato de ganado, perros, cerdos y bandadas de zopilotes hambrientos, se mueven agitados y esperanzados como seres extraños de un lado a otro, cuando llegan los camiones recolectores, volquetes, camionetas y trailers con la basura, porque de ella extraen, inclusive, pedazos de ropa, zapatos, colchones rotos, galones viejos, platos ya inservibles, vasos y telas raídas, para llevarlos como “trofeo” a sus casas invadidas de pobreza extrema y agobiante.

Se ha informado de que Organismos No Gubernamentales como la Organización Internacional del Trabajo y el IPEC, han luchado durante varios años para que estos niños, niñas, jóvenes y adultos, salgan de ese basurero de Managua, porque la salud se les deteriora rápidamente y corren peligros de muerte como el ocurrido a Douglas Rafael Bordas Bermúdez.

 Mediante una Revista, llamada Un Cambio Necesario, y fechada a finales del año 2002, se asegura que se han retirado 428 niños y niñas de “La Chureca”, también 67 adolescentes y otros 1,500 niños y niñas han sido “prevenidos” de que es riesgoso para ellos estar llegando diaria o esporádicamente a este sitio repleto de peligros mortales.

 200 familias han sido beneficiadas por los programas que realizan y otros 1, 875 niñas y niños reciben atención de salud y nutricional, es decir, alimentación por parte de Organismos No Gubernamentales nacionales y extranjeros.

Operarios también hacen su “prepa” en camiones y en el “Relleno”

También los operarios y conductores de los camiones recolectores de basura hacen su “prepa” o “trofeo” de objetos que van acumulando en el recorrido de una “Ruta” mientras se dedican a recoger la basura en los Repartos, Barrios, Colonias y Asentamientos de Managua. Esta “prepa”, similar a la de los (y las) visitantes o “trabajadores” que llegan al “Relleno Sanitario”, la colocan en sacos, cajas y bolsas plásticas, y al final de la jornada de seis horas, los “chepes” o recogedores de basura  cargan estos “trofeos” hacia sus casitas llenas de pobreza en cualquiera de los Barrios o Asentamientos de Managua.

Esa “prepa” consiste en recoger todo aquello que les parece “útil” para el hogar. Recogen galones vacíos, botellas, zapatos, colchones, pedazos de madera, ropa que consideran todavía “usable”, pedazos de hierros, refrigeradoras viejas, radiotransistores también viejos, grabadoras, asientos, camas, utensilios de cocina, etc. La mayoría de estos objetos (considerados “basura” por familias burguesas de La Colinas, Los Robles, por ejemplo) son echados a los camiones y “repartidos” al final de la Jornada de Seis Horas diarias de labor, según la reglamentación interna de la Alcaldía capitalina.

Se ha dicho, sin embargo, que estas “rutas” de la “prepa”, las de mejor calidad, las que tienen algo así como “filetes”, como en Los Robles, Las Colinas, Bolonia, Belmonte, etc., han sido manipuladas por grupitos de empleados mafiosos desde la época de Arnoldo Alemán Lacayo, Roberto Cedeño Borgen y Herty Lewites Rodríguez se encargó de perfeccionar ese “sistema” con los llamados “Parrales-Vallejos”-Edgardo Cuarezma García, Elmer, Leonel, Renato,  Chombo y compañía, quienes, se ha investigado, decidían quiénes debían ir a esas “rutas buenas” y quiénes no.

Los condenados o excluidos por este grupito, ya en época de Lewites Rodríguez, eran (y son actualmente) mandados a sitios como San Judas, Asentamientos Humanos recién formados, de los cuales no sale ni basura por el nivel de pobreza que embarga a los pobladores sencillos.

Mediante investigaciones periodísticas y de especialistas de la Alcaldía de Managua, se ha descubierto, inclusive, que en algunos casos las “rutas” han incluido cobros personales de un impuesto a empresas conocidas, a las cuales se les da el servicio de retirar la basura por parte de la Comuna capitalina. ¿Cómo ha funcionado esto? Se afirma que ha sido una forma de apropiarse de bienes de la Alcaldía o de evadir los impuestos correspondientes.

Este asunto bochornoso, por supuesto, entra en las cosas que deben limpiarse en la Alcaldía de Managua, para que realmente funcione el lema de “Manos Limpias”.

Disputa entre seres humanos, ganado, cerdos, perros, ratas…

Sí, ganado, cerdos, perros, zopilotes, ratas, cucarachas y seres humanos se disputan esa basura todos los días, mientras los trabajadores de la Alcaldía con maquinaria pesada apresuradamente la “compactan” para que forme “parte integral” de una masa explosiva que se está acumulando allí en el sector Noroccidental de Managua.

Es hasta en estos momentos (mayo del 2003) en que hay una preocupación acentuada por la salud de estos trabajadores del “Relleno Sanitario” de la Alcaldía de Managua, al menos en relación a hacerles “chequeos médicos detallados”, para establecer los tipos de enfermedades que padecen, según informa María Luisa Castillo, responsable de la Oficina de Atención al Trabajador en la Comuna Capitalina.

En el caso de Félix Salinas Mora, él personalmente ha decidido “chequearse” médicamente cada mes, “porque yo me siento mal y no quiero que me sorprenda la muerte tan temprano”.

En cuanto entran al Relleno Sanitario, todos los días, a las seis de la mañana, sienten el “tufo” sofocante, el cual se vuelve ácido, picante y afixiante en las fosas nasales y garganta y, al mismo tiempo, confirman todos los “bandereros”, “se siente un calor raro, que  al parecer es provocado por gases, producto de la descomposición orgánica gigantesca, que poco a poco nos produce una sensación de nerviosismo y debilitamiento muscular”, analiza Félix Salinas Mora.

Cabe explicar brevemente que allí la basura es echada y compactada en el suelo así como llega en camiones, camionetas, trailers jalados por tractores, volquetes y recolectores de la Alcaldía, en carretones jalados por caballos y en carretas tiradas por bueyes.

 Esos vehículos, repletos de basura orgánica e inorgánica, entran y salen todo el día. Levantan nubes de polvo en la época seca o de “verano” y se atascan en el lodo en  “invierno” o periodo lluvioso en Managua.

Ciertamente, allí en el “Relleno Sanitario”, “Botadero de Basura” o La Chureca” hiede mucho, es sofocante permanecer allí un rato, lo cual se agrava por los tufos salidos de la “Laguna de Oxidación”, o “Laguna de Acahualinca”, que es, en realidad, el cráter de un Volcán antiguo de Managua.

Los trabajadores del Departamento de Limpieza Pública, más conocido como Plantel Los Cocos, unos operarios y otros conductores o choferes, que entran y salen de del “Relleno Sanitario” o “La Chureca”, ya se han visto  envueltos en accidentes de tránsito, porque sus camiones chocaron mientras el basurero estaba cubierto por una nube de polvo y de humo.

Es tanta la polvareda y humareda que ocasionalmente no se ve la llamada “Báscula”, mediante la cual se pesa la basura en la entrada al “Relleno Sanitario”, ubicado en el lado Sur, donde se siente una sensación de peligro por el ambiente profundamente contaminado.

Mientras tanto, los “bandereros” permanecen allí desde las seis de la mañana a las doce del día. Trabajan dos horas menos de las normales y les dan “un 25 por ciento por “contaminación”, y algunos de ellos tienen ya más de 15 años seguidos de permanecer laborando dentro del Relleno Sanitario.

El mismo 25 por ciento “por contaminación” o por trabajar en “condiciones anormales” se les reconoce a todos los conductores, operarios y ayudantes de los camiones recolectores de basura, ubicados en el Plantel Los Cocos y en las Delegaciones Distritales de Managua, mientras sus salarios bajos mensuales oscilan en apenas 1,440 córdobas, los operarios, y 2,340 córdobas los choferes o conductores de camiones como el pobre Alfonso Ramírez Gámez, quien conducía el camión recolector de basura que mató al joven Douglas Rafael Bordas Bermúdez.

 Entre otros, los bandereros y desviadores son: Rufino, Luis y Carlos Guido. La misión de estos bandereros es orientar a los conductores de los camiones recolectores y particulares, del rumbo que deben tomar para ir a botar la basura, con la finalidad de que allí quede en un solo sitio, donde es “compactada” con maquinaria pesada, conocida como “pata de cabro”.

“Yo apenas tengo año y medio de estar en el botadero y ya me siento mal. Usted se imagina el estado de salud de los que tienen más de 15 años de estar, todos los días, “conviviendo” con esta basura explosiva y mortal”, comentó Salinas Mora.

Cáncer, úlceras, osteosporosis y opresión pulmonar

Las enfermedades son variadas. Gonzalo Díaz Díaz, por ejemplo, padece cáncer en el colon. Sus compañeros, entre ellos Salinas Mora, sostienen que la causa esencial de ese cáncer se originó en “las chanchadas” que afectan la salud de ellos en el “Relleno Sanitario”. Al mes de mayo del 2003, Gonzalo tenía dos meses de estar de “subsidio”, debido a esta enfermedad de cáncer en el colon.

 Un operario de apellido Jácamo tiene  úlceras en los pies, que supuestamente se le han desarrollado porque durante seis horas seguidas, todos los días, machucan sólo “chanchadas” en el llamado botadero de Managua.

 Bismark padece osteosporosis, contraída en el “Relleno Sanitario”, sostienen sus compañeros de labores en este “centro laboral” peligroso, explosivo, ubicado al Oeste de Managua.

Los trabajadores sostienen que este mal en los huesos de Bismark se originó en el calentamiento ambiental del basurero, “donde uno siente un calor sofocante, afixiante, a pesar de estar en la orilla del Lago Xolotán o de Managua”.

Relatan que en la época seca, o de “verano”, en la Alcaldía o Plantel “Los Cocos” no les dan ni la pipa de agua, para que sea regado el botadero y que de ese modo no se levanten “polvaredas”, las cuales son la causa principal de afectaciones en las vías respiratorias de los “bandereros”, “desviadores” de los choferes y sus camiones cuando llegan llenos de basura. Son unos 30 los “bandereros” y “desviadores”, más los que controlan la “Báscula”, fiscales, otros hacen limpieza en la báscula, afanadores en las oficinas, conductores o choferes, todos los cuales permanecen seis horas diarias en el “Relleno Sanitario”.

Estas “humazones” y polvaredas han provocado accidentes (choques) entre los mismos camiones recolectores de la Alcaldía de Managua, pues los conductores o choferes no se detuvieron al estar “cerrado” el espacio del camino de entrada y salida por el humo y el polvo.

Estos trabajadores relatan que al entrar y salir los camiones recolectores de basura, camionetas, camiones de volquete y trailers, levantan las nubes de polvo contaminado, ya mencionado, les cae encima a ellos, lo cual les provoca dificultades para respirar, les llena el cuerpo de tierra, grasas malolientes y un lodo pegajoso, que también se les mete en la boca, las orejas y narices.

“En los mismos momentos en que estas “tolvaneras” ocurren, hasta escupimos tierra y al salir, a las doce del día, tenemos que quitarnos de encima esta tierra, grasas y lodo con trapos húmedos o recurrimos a bañarnos agitados, lo cual también nos hace daño”, señala Salinas Mora.

Directivos de los Sindicatos de Los Cocos “Rodolfo Fonseca Hernández” y Plantel Central “Jackson Jácamo Vanegas”, entre otros Jerónimo  “Chombo” Blandón Leiva y Ramón Sevilla Obando, sostienen que estos trabajadores debieran estar tan sólo de seis meses a un año dentro del Botadero o “Relleno Sanitario” para impedir que esa contaminación brutal los mate poco a poco o rápidamente como ocurre actualmente.

 Piden que haya rotación, es decir, estar en el “Relleno Sanitario” sólo seis meses o un año, y luego ser transferido a otro puesto de trabajo en la misma área de “Los Cocos”, uno de los planteles más importantes en la Alcaldía Capitalina.

Acumulación explosiva

“Es necesario que nuestros cuerpos “descansen” de esa contaminación, porque al botadero vienen a botar químicos de todo tipo, provenientes de empresas farmacéuticas y químicas;  desechos contaminantes de los Hospitales, de Mercados, de Centros de Salud, tintas o colorantes y “cromos” de la Zona Franca; botan también ácidos, “aerosoles”, plomo y placas con plomo de baterías, provenientes de talleres y fábricas de reparaciones de baterías; combustibles y aceites ya usados, todo esto es una bomba de tiempo, que puede explotar en cualquier momento”, expresa William Jiménez Burgos, responsable de Higiene y Seguridad Ocupacional del Sindicato del Plantel Central “Jackson Jácamo Alvarado”, el cual tiene afiliados en el “Relleno Sanitario”.

 Los desechos de Hospitales incluyen una masa maloliente o mezcla de gassas, líquidos o químicos usados en la “cura de pacientes”, que podrían contener hasta la posibilidad de enfermedades como la hepatitis y el SIDA, las seudomonas y otras enfermedades peligrosas.

Todos estos químicos y basuras en descomposición se entierran, se compactan en el botadero, lo cual acumula gases (“metano” es uno de ellos) por debajo de las “capas de basura”, añade William Jiménez Burgos, quien considera que podría producirse una explosión trágica en este Relleno Sanitario.

 Un informe-análisis de la Dirección General del Medio Ambiente de la Alcaldía de Managua indica que el Relleno Sanitario tiene ya ocupadas 33. 43 hectáreas de las 40.44 hectáreas de extensión total que tiene desde la Laguna de Acahualinca hasta sus límites Norte y Oeste con el Lago Xolotlán o de Managua y los Cerros San Carlos y Los Martínez, ambos de la Cordillera o Península de Chiltepe, cuya faja montañosa y volcánica se adentra hacia el interior del Xolotlán o Lago de Managua.

1.74 hectáreas del terreno corresponden a oficinas administrativas y parqueo y 2. 27 hectáreas están ocupadas por los “materiales selectos” que se ocupan en la compactación y cobertura de la basura.

 El mismo análisis de la Dirección General del Medio Ambiente de la Alcaldía de Managua señala que este Relleno Sanitario podría tener una vida útil, máxima, de cinco años. Es decir, se debe buscar otro sitio para darle “tratamiento” a la basura de Managua.

En otras palabras, al año 2008 se debe estar usando otro sitio como “Relleno Sanitario” de Managua.

 Incendios brotan “espontáneos”

Caminando sobre este infierno de contaminación, uno puede ver cómo estallan los incendios por todos lados, sin que nadie los haya provocado, en época seca o de “verano”. Efectivamente, pude presenciar cómo explotan los incendios como si alguien hubiera echado gasolina y después lanzó una chispa o una llamita para que el fuego apareciera.

Pero ¡que va¡, ¡nadie¡ ha prendido ese fuego¡, es decir, ningún ser humano lo ha encendido con fósforo, tizón o chispa. Esos incendios brotan en los sitios menos esperados. Los llamados bandereros y desviadores (trabajadores del Plantel Los Cocos) se asustan frecuentemente porque los incendios les explotan en los pies o en las cercanías de donde están “dirigiendo” a los conductores de la Alcaldía y particulares..

Por ejemplo, “Goyo” estaba “desviando” el viernes 23 de mayo (2003) a las diez de la mañana, cuando repentinamente en la orilla de sus pies estalló un incendio, que duró hasta casi las dos de la tarde.

En lo que yo andábamos recorriendo el Oeste y Norte (contiguo a las aguas del Lago Xolotlán) del Botadero, vi brotar varios incendios sobre basura que estaba “muy húmeda” y llena de tierra encima. Estaba seco el ambiente, no había llovido todavía.

En unos casos, los incendios eran con columnas de humo negro, como quemas de llantas viejas, y en otros, la humazón se apreciaba “blanca”, pero como “cortina” que impedía la visión  de un lado a otro, especialmente hacia el lado Oeste, donde un zanjón estrecho separa al Relleno Sanitario del comienzo de la Cordillera o Península de Chiltepe..

Por supuesto, el calor y los “tufos” intensos son sofocantes. Además, al caminar uno siente una molestia como de “calor” brotando desde debajo de la superficie del Botadero o “Relleno Sanitario”.

Mientras caminábamos, de repente me hundía hasta las rodillas como si aquello fuese fango movedizo. Este fenómeno de hundimientos se acentúa mientras uno camina hacia sitios antiguos del Relleno Sanitario, por ejemplo hacia el Norte, contiguo a las aguas del Lago Xolotlán o de Managua, donde el mismo “Botadero” ha “subido” más de cinco metros de altura por las acumulaciones de basura, desde hace más de 30 años, concretamente desde 1967.

Es impresionante, además, observar cómo el nivel del Botadero va alcanzando la altura de los cerros aledaños como el San Carlos y el llamado “Cerro Los Martínez”, ubicados ambos al Oeste y Suroeste del Relleno Sanitario de Acahualinca.

 Se queda uno “boquiabierto” observando el zanjón o abismo profundo entre el Botadero y los cerros mencionados. Lo mismo ocurre en el borde Norte, a la orilla de las aguas del Lago Xolotlán o de Managua, frente a la “Isla del Amor” y la Península-cordillera de Chiltepe, donde están ubicados los Volcanes Apoyeque, Xiloá y Chiltepe.

¿”Hervideros” en el “botadero”?

A pocos metros, al Este de donde estaba “Goyo”, mientras tanto brotaban “chorros de humo” en una especie de cráter. “Ese lugar se ha estado hundiendo…por encima se ve “pura” tierra, pero seguramente abajo hay gases y basuras acumuladas que están ardiendo hace mucho tiempo. ¡Esto de repente puede explotar y nos va a matar a todos¡”, expresó “Goyo” muy alarmado.

Por esta contaminación salvaje, como queda señalado, la Alcaldía les reconoce un 20 por ciento a estos trabajadores del “Relleno Sanitario”, lo cual es considerado como “una minucia”, pues una buena cantidad de ellos devengan un salario mensual de apenas 1,222 córdobas. La “canasta básica” de 52 productos tiene un valor (mayo del 2003) de 5,000 córdobas, según la Central Sandinista de Trabajadores y el Frente Nacional de los Trabajadores.

¿Es justo ese 25 por ciento por “contaminación”, mientras lenta o rápidamente se le está acortando la vida?

Los directivos de los Sindicatos  de Los Cocos y del Plantel Central “Jackson Jácamo Vanegas” insisten que estos trabajadores del “Relleno Sanitario” “sean rotados” y que a lo sumo permanezcan seis meses en el “Botadero”, y que los trasladen a otros sitios de la misma Alcaldía de Managua, para evitar, precisamente, que se mueran en poco tiempo por estos niveles de contaminación.

 También piden equipos de protección de buena calidad, pues citan como ejemplo, que las mascarillas que les dan (mayo del 2003) para protegerse del polvo y del humo, “se desbaratan en poco tiempo por el sudor que chorrea como ríos de nuestros rostros, pues como le dije laboramos en medio de un calor insoportable sobre esta masa explosiva de basura del “Relleno Sanitario”, sostiene Salinas Mora.

Esas mascarillas son de cartón. Solicitan también la presencia permanente de una enfermera y si es posible un médico por estos niveles de contaminación peligrosa. Afirman que en el pasado reciente, de las épocas del archicorrupto Arnoldo Alemán Lacayo y Roberto Cedeño Borgen (otro saqueador de la Alcaldía), les mandaban a hacer “chequeos fingidos” y después los médicos sólo les recetaban “Acetominofén” para calenturas y “Diclofenac” para dolores.

“Un día, uno de esos médicos le dijo a Gonzalo Díaz Díaz: “Vos no tenés nada. Estás muy bien. Tu salud está poderosa”, mientras ahora el pobre Díaz Díaz  aparece hasta con cáncer en el colon.

Wiliam Jiménez Burgos y Salinas Mora  recuerdan que hace algún tiempo todavía estaban clavados profundos unos tubos de varias pulgadas de diámetro en el basurero, por medio de los cuales salían unos gases transparentes y calientes, que se supone son producto de la descomposición acelerada de químicos y desechos orgánicos compactados en el llamado “Relleno Sanitario”.

Esos gases hacían el ruido característico de gases al escaparse por medio de los tubos mencionados, pero desaparecieron.

 ¿Trasladar el basurero? ¿Adónde? ¿Producir energía eléctrica?

 Estos tubos fueron quitados de allí o sepultados por centenares de toneladas de basura. Nadie dio explicación alguna sobre para qué fueron colocados los tubos, ni por qué fueron eliminados o tapados.

Se ha sostenido también que existe un proyecto para aprovechar energéticamente esta acumulación de basura en el Relleno Sanitario, pero todo ha estado cubierto de la misma hipocresía que ha rodeado al anunciadísimo “saneamiento” del Lago Xolotlán o de Managua.

En el caso del Lago Xolotlán se han hecho “megaproyectos”, rodeados de la “mielita” de grandes cantidades de dinero, pero ha sido sólo eso…luego, ni se limpia el Lago Xolotlán, ni se ve para dónde cogieron el dinero y los trabajos anunciados.

Las aguas del Lago Xolotlán están distanciadas apenas a unos 15  metros de la orilla del “Relleno Sanitario”, lo cual indica que la humedad se “está metiendo por debajo” del Botadero. Este hecho, afirman especialista, torna más explosivo a este famoso Basurero de Managua.

Algunos especialistas en producción de energía eléctrica, ambientalistas y el mismo Alcalde de Managua, Herty Lewites Rodríguez, han estado hablando de producir energía eléctrica a partir de la “quema” industrializada de la basura en la Capital.

Hasta se han hecho los cálculos de que se necesitan 2,000 toneladas métricas diarias de basura para producir de 15 a 20 megavatios diarios de energía eléctrica para Managua y sus alrededores. En esta parte del proyecto, inclusive, se involucraría a los Municipios de Ciudad Sandino, El Crucero, Mateare, Ticuantepe, Masaya, La Concha y Masatepe, es lo que se ha dicho aunque no de manera oficial.

¿Es posible esa producción de energía eléctrica usando las enormes cantidades de basura que producen los managuas?

Lo cierto, por otro lado, es que el Alcalde camaleón y traidor, Lewites Rodríguez, provocó un tremendo alboroto publicitario al anunciar “la posibilidad” de convertir el Cráter Santiago del Volcán Masaya en “incinerador natural” de la basura de Managua.

El argumento inesperado es que, presuntamente, un técnico (¿quién es?) le habría recomendado al Alcalde Lewites Rodríguez que la basura podría ser “quemada” al echarla al Cráter Santiago del Volcán Masaya, situado a 27 kilómetros de Managua, lo cual implicaría costos elevadísimos por el combustible y deterioro de los camiones recolectores de basura.

El Director del Instituto de Estudios Territoriales (INEER), Claudio Gutiérrez Huete, ripostó que eso de que convertir en basurero el Cráter Santiago del Volcán Masaya no es posible por tratarse de un Parque Nacional y que además eso vendría a complicar el grado de contaminación por gases hacia Ticuantepe, El Crucero y San Rafael del Sur.

El Volcán Masaya tiene otros cráteres: San Pedro, Nindirí y Ventarrón.

Esto tiene otros “bemoles”, pues, en primer lugar, esa “entrada al infierno lávico” del  Cráter Santiago está a casi 100 metros de profundidad de la superficie. A ese técnico, o al mismo Alcalde Lewites, se le ocurrió “la idea” de incinerar la basura en esa “boca del infierno” porque desde la superficie se puede ver la lava al rojo vivo.

Esta lava al rojo vivo es lo que provoca la emanación o emisión de gases sulfurosos en forma permanente del Volcán Masaya hacia las tierras planas, valles y elevaciones de Las Sierras de Managua, en las cuales afecta cultivos de piña, frijoles, maíz, cafetales y hasta la misma flora en general, la cual, inclusive, se ha quedado “chaparra” en un radio amplio de El Crucero, y que esa afectación se prolonga rumbo a San Rafael del Sur, Masachapa y resto de comunidades de la orilla del Océano Pacífico.

Ante la propuesta inesperada de Lewites, reaccionaron de inmediato la diputada Jacaranda Fernández, y los Alcaldes de Masaya  y Ticuantepe (Salvador Ampié Pérez), quienes, por supuesto, se oponen y la califican de un “error grave” el anuncio por parte del Alcalde de Managua.

Especialmente, Jacaranda Fernández, diputada sandinista, sostuvo que los gases de la basura se agregarían a los gases afixiantes que permanentemente lanza el Volcán Masaya por medio de su Cráter Santiago, y que el viento arrastra hacia el Oeste, es decir, para el lado de El Crucero.

Vale la pena recordar que casi todo el radio principal del Volcán Masaya es un Centro Turístico Nacional desde hace casi 30 años, debido a que este coloso volcánico presenta un atractivo permanente para turistas nacionales y extranjeros y una posibilidad de estudio sistemático para vulcanólogos y geólogos.

Estas actividades eruptivas del Volcán Masaya son conocidas desde la llegada de seres ambiciosos y criminales españoles como la de Fray Francisco de Bobadilla, quien creyó, primero, que lo rojo de lava era “la boca del infierno” y se dedicó a “exorcizar” hacia el interior del Cráter y después pensó que era oro y hasta metió peroles  para sacar ese oro, pero el recipiente metálico se le derritió.

 Otros historiadores aseguran que en realidad fue fray Blass del Castillo quien descendió al Cráter del Santiago, para extraer el oro, encontrándose con la sorpresa de que ese “oro” en realidad era lava ardiente y que al instante le derretía los peroles metálicos que metió.

Se ha informado en crónicas españolas que allí estuvo el famosísimo Fray Bartolomé de las Casas  (defensor hasta su muerte de los indígenas de América) admirando ese fragor natural de las entrañas de la Tierra, y que asimismo escribió sobre ese magma el también célebre cronista español Fernández de Oviedo.

 Este suceso ocurrió cuando la feroz conquista española estaba en su apogeo de matanzas de indígenas en Nicaragua y América Latina. Estaban haciendo erupción el Volcán Masaya y el Volcán San Cristóbal, al menos eso informaban los colonizadores por medio de sus cronistas oficiales, entre otros, Fernández de Oviedo.

William Jiménez Burgos y Félix Salinas Mora, mientras tanto,  aseguran: “Las autoridades superiores de la Alcaldía nunca vienen por aquí, pareciera que les da vergüenza visitar este centro de trabajo, donde padecemos enfermedades peligrosas por distintas razones. No vienen ni el Alcalde ni el Vicealcalde ni el secretario del Concejo Municipal  ni los concejales sandinistas, liberales y conservadores. Ojalá se compadezcan un día y vengan a constatar esta realidad horrorosa y explosiva de la basura de Managua”.

¿Trasladar el “Relleno” a “Filos de Cuajachillo”?

 Otra “idea” que anda pululando en el ambiente de los “asesores” y  “especialistas”, como el ecólogo Kamilo Lara, es la de trasladar el “Relleno Sanitario” a los “Filos de Cuajachillo”, territorio que es como un “lomo” elevado entre los Municipios de Managua, Ciudad Sandino y Villa Carlos Fonseca, al Suroeste del Departamento de Managua.

“Los Filos de Cuajachillo” es exactamente eso: un “lomo” o “filo”, cuya elevación geográfica va entre la Comarca Trinidad Central y propiamente “el filo”, por encima del cual hay camino carretero para circular entre Ciudad Sandino, la Carretera Vieja a León y Villa Carlos Fonseca Amador.

 “Filos de Cuajachillo” es parte de la prolongación de Las Sierras de Managua, las cuales nacen en las vecindades del Complejo Volcánico Masaya y terminan o desembocan en el Lago de Managua, al Oste de Mateare.

Kamilo Lara ha sostenido que este lugar elevado “es un buen sitio para el Relleno Sanitario porque se trata de una elevación geográfica de Las Sierras de Managua”, que evitaría, presuntamente, la contaminación de las aguas subterráneas.

Es también un lugar lejano y de camino muy difícil, mediante “cuestas elevadas”, lo cual asimismo elevaría los costos de traslado de los recolectores de basura. Sólo imaginemos un camión recolector de basura viajando desde Villa Libertad hasta los  “lomos” de los Filos de Cuajachillo.

Otros personajes, como el ingeniero Víctor Guerrero, el del “Ticomazo” con Arnoldo Alemán Lacayo, asegura que ya existe un estudio detallado para  que el Relleno Sanitario sea ubicado al sur de la Cordillera de Chiltepe, a partir del año 2008.

Sin embargo, Guerrero no indica en qué parte del lado Sur de Chiltepe sería esa posible ubicación del Relleno Sanitario, porque esta cordillera de Managua es ancha por el Sur y también ancha por el Norte, donde, por supuesto, colinda con el Lago Xolotlán o de Managua.

¿Recoger basura es trabajo feo o bonito?

 Lo más feo fue siempre la manipulación de animales muertos, ya hediondos; la basura podrida, descompuesta; los químicos salidos de bolsas, botellas y galones.

Mucha gente arruga la cara, se tapa las narices, o expresan: ¡!ufa¡¡, ¡!qué tufo tan insoportable¡¡, cuando un camión cargado de basuras va circulando por cualquier calle de Managua hacia el llamado Relleno Sanitario de Acahualinca.

Santos Rivera Pasquier, 55 años. Entró a trabajar en la recolección de basura después del Terremoto del 23 de diciembre de 1972. Juan Saúl López Méndez, 49 años (recién fallecido por cáncer) y 30 años de laborar en el Distrito Nacional y la Alcaldía de Managua, y Jesús  “Macho” López Dávila, Gustavo Poveda Meza, quien perdió un pie por un prensón de la llamada “pantalla” o compuerta metálica de un camión recogedor de basura;  en ese momento iba recogiendo botellas y no se dio cuenta que la pieza mecánica se estaba cerrando.

Juan Saúl ingresó a la recolección de basura el 6 de marzo de 1973, en el Distrito Nacional. Valga la repetición, otros accidentados son Gilberto “Boby” Vallejos, quien perdió las dos piernas al prensarlo un autobús de la Ruta 112 y después falleció por complicaciones de diabetes. El entierro del “Boby” Vallejos fue concurridísimo.

Isidoro “Potrillo” Mejía Cano cayó de un camión de estos recolectores de basura, antes del Terremoto. Dichosamente sólo resultó con raspones, heridas leves, golpes en todo el cuerpo y asustado, por supuesto.

El sueldo era entonces de apenas 13 córdobas diarios.

 Los problemas más controversiales y agudos en la recolección de basura en Managua han sido los accidentes de tránsito, ocasionados por personas particulares, pues muchos de estos trabajadores han resultados muertos, mutilados, heridos, golpeados y raspados, mientras realizaban la labor nunca elogiada de recoger desechos de todo tipo en las calles de la Capital.

Gilberto “Boby” Vallejos, por ejemplo, fue muerto en un accidente de tránsito en las cercanías del Teatro González. Un autobús de la Ruta 112 sufrió una avería en el sistema de frenos, se fue “encima como mula desenfrenada”  y lo pasó atropellando, mientras Vallejos cargaba sacos de basura rumbo al camión de desechos de la Alcaldía de Managua.

Vallejos, inclusive, murió por falta de atención médica, afirman hoy sus compañeros de trabajo. Han sido decenas de compañeros trabajadores golpeados, heridos y hasta arrastrados por automovilistas irresponsables cuando se dedicaban a su trabajo de recoger la basura en las calles capitalinas. En el pasado reciente, muchos de estos trabajadores han sido prensados por llantas, fracturados de las piernas o brazos…

Moisés “Bulla” Arróliga, Vicente “Chalina” Martínez, ambos murieron mientras prestaban servicios de recogedores de basura al Distrito Nacional. Se cuenta que “Chalina” Martínez murió aterrado por una camionada de basura en el llamado Relleno Sanitario de Acahualinca.

 Antes del Terremoto del 23 de diciembre de 1972, era común que la gente usara barriles pequeños y grandes con la basura, o recipientes plásticos, baldes…En los Mercados Central, San Miguel, Böer y Oriental era común que los camiones recolectores de basura fuesen colocados en las entradas, para que los trabajadores recogedores de basura sacaran cargando o “rodando” los barriles hacia la calle, para echar la basura dentro del mencionado camión.

En los casos de las llamadas “zonas” o grupos de Barrios en la Managua de antes de 1972, los camiones circulaban, especialmente de mañana, haciendo sonar una campanita, para que todo mundo, particularmente las “amas de casa”, sacaran las bolsas  o recipientes con basuras del interior de las viviendas.

Ha sido común, desde antes de 1972, que la “ama de casa”, los niños, las niñas, ancianos y hombres, salieran como enjambres a la calle, al momento en que el camión sonaba su campanita, para entregar la basura y al mismo tiempo pedir la devolución de los sacos, costales, barriles o recipientes plásticos en que se había echado la basura, ya fuese hedionda o sin olor alguno porque eran papeles.

Ya era común también que el Distrito Nacional (Alcaldía de Managua) cobrara por este servicio de recolección de basura, el cual, en muchos casos, se incluyó en los recibos del consumo de agua potable.

Esas recogidas de basura ocurrían, como he dicho:  en los Hospitales, clubes, hoteles, farmacias, Estación del Ferrocarril, Colegios grandes, Escuelas, discotecas, iglesias, Juzgados, ministerios, Corte Suprema de Justicia, la Academia Militar de la guardia genocida del somocismo, la Loma de Tiscapa o Casa Presidencial, la casa hacienda de Somoza Debayle (conocida como El Retiro),  los casinos, entre ellos el Casino Militar;  moteles, restaurantes, hospedajes, el Estadio Nacional General Somoza  (rebautizado con el nombre de Rigoberto López Pérez), el Estadio Cranschaw, la Casa o Club del Obrero (hoy Central Sandinista de los Trabajadores José Benito Escobar Pérez), Malecón de Managua, fritanguerías, “Carne Asada del Gran Hotel”, el Palacio Nacional, la Plaza de la República, el Club de la Burguesía, la Catedral de Managua, Iglesias Católicas de Managua, el Club de Clases de los guardias genocidas, el Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua, los cines, los teatros, los Ministerios, centros comerciales, tiendas, colegios, escuelas, radioemisoras, Diarios nacionales, clínicas médicas, centros deportivos, bibliotecas, talleres de todo tipo, carpinterías, ebanisterías, etc., etc.

Después del Terremoto del 72, los camiones y los trabajadores entraban a los Hospitales, por ejemplo, se dirigían a determinado sitio, donde estaban arpillados en fila los barriles o recipientes como “conteiners” llenos de basura. Este mismo método ocurría en los Mercados, en fábricas, en los Cines, en los Casinos o sitios de juegos, en el Malecón de Managua, en los prostíbulos de “lujo” y de “mala muerte”, en los Cementerios Occidental y Oriental.

Un poco después del Terremoto del 72, comenzaron a aparecer los llamados “contenedores”, los cuales eran colocados en aquellos sitios en que brotaban  basureros “espontáneos” o “planificados”, algunos legales y la mayoría ilegales.

Estos “contenedores”, cuando ya estaban llenos o rebalsados, eran vaciados por los trabajadores recolectores de basura, ya fuese con palas manuales o mediante acciones mecánicas de los mismos camiones recolectores de basura, especialmente los llamados “Mercedes Benz”. Esto continúa y se ha mejorado en Managua.

En muchos casos, los “contenedores” pasaban  meses sin que fuesen vaciados de basura, lo cual ponía más fea la Ciudad de Managua.

Los “medio pelo” y los proletarios

En cuanto a los Barrios, tanto antes del Terremoto del 72 como después, ha sido común que en los Repartos: Ciudad Jardín, Bello Horizonte, Las Colinas, Los Robles, Pancasán, Bosques de Altamira, Altamira, El Dorado, Valle Dorado, Las Brisas, Linda Vista, Xolotlán, Santa Clara, Cinco de Diciembre, Mántica, El Carmen, Eduardo Contreras, (donde residen burgueses, oligarcas, profesionales y técnicos), las “trabajadoras domésticas”, las “amas de casas”, los niños y niñas o los “mozos”, sean quienes saquen los barriles, sacos, costales o simplemente recipientes llenos de basura hacia el frente de la vivienda, donde se amontona esa basura, para que se la lleven los “Chepes” o “Zopilotes” o recogedores de basura de Managua.

En los Barrios de calles anchas, como Monseñor Lezcano, Altagracia, San Judas, Riguero, San Luis, Santo Domingo, Camilo Ortega, Costa Rica, El Edén, Ducualí, Don Bosco, Venezuela, Larreynaga, Primero de Mayo, El Calvario, Los Angeles, El Paraisito, San Cristóbal, San Sebastián, María Auxiliadora, Omar Torrijos, la recogida de la basura ha sido parecida a la de los repartos, aunque asimismo los vecinos la sacan a determinado sitio o sencillamente la echan en forma desordenada a la vía.

En los casos de las Colonias: Primero de Mayo, Américas, Progreso, Rubén Darío, Batahola Sur y Norte, Unidad de Propósitos, Diez de Junio, Máximo Jerez, Cristian Pérez (antes llamada “Salvadorita”) y Maestro Gabriel, por ejemplo, la costumbre es sacar la basura y colocarla en los sitios más accesibles, debido a que sus vías internas son callejones estrechos, en los cuales no entran los camiones recolectores de basura, porque se quedan entrampados y desbaratarían los canalitos de desagües.

En algunos de los Asentamientos Humanos (hay más de 300 en Managua), la dificultad es mayor, por cuanto las calles o remedos de calles son inservibles, llenas de hoyos, lo cual impide que entren los camiones recolectores de basura. Se ha optado por poner la basura en sitios determinados para que los recogedores la echen en los camiones.

Basuras que cortan y “sacan ojos”

Los trabajadores relatan que sus botas o zapatos son “trozados” (desbaratados) por los ácidos de las basuras, especialmente cuando éstas tienen ya varios días de estar depositadas en los “contenedores”, sacos, barriles y costales.

Centenares de estos trabajadores han resultados heridos en las manos, brazos y hombros al cargar, tirar o echar los sacos de basura hacia el interior del camión recogedor de basura de Managua.

Actualmente, el asunto sigue siendo tan peligroso como hasta antes del Terremoto del 72, pues los trabajadores “tienen que meterse dentro del camión, como si buscasen cusucos, garrobos o víboras en una cueva, para echar la basura o sacarla de allí cuando se llega al “Relleno Sanitario”.

 Conviven con la basura desde que comienzan la jornada laboral hasta que la terminan, ya sea en la tarde, en la mañana o en la noche.

La contaminación es salvaje. Los riesgos son constantes, porque puede saltar un chorro de químico dañino y desconocido, puede clavarse un vidrio en las manos y los pies, en el pecho, en los hombros, o un clavo y la punta de una botella puede saltar hacia los ojos o el rostro.

Estos peligros o riesgos han sido siempre constantes, de todos los días, pues hubo épocas en que la gente en Managua: las “trabajadoras domésticas”, las “amas de casa”, los “mozos” o los niños, tiraban platos viejos, pailas viejas, tazas, panas y otros objetos por encima de los autobuses hacia donde estaban los recogedores de basura, muchos de los cuales resultaron golpeados y heridos.

 Ha sido común también que los recogedores de basura sean tratados mal, despreciados o considerados seres humanos inferiores por el tipo de trabajo que andan realizando, según denuncian los entrevistados para elaborar este libro, encargado al autor por los Sindicatos “Rodolfo Fonseca Hernández”, del Plantel  Los Cocos y del Plantel “Jackson Jácamo Vanegas” y por la Secretaría del Concejo Municipal, cuyo responsable es el licenciado Modesto Munguía Martínez.

Este trato de alguna manera sigue igual, aunque también se tienen denuncias de que algunos recogedores de basura son “vulgarcitos” también. En algunos casos, estos trabajadores son elogiados por vecindarios, según asimismo el comportamiento que observen ante los pobladores.

Los camiones nuevitos (nuevecitos), los japoneses, por ejemplo, no tienen ni pescante para que los trabajadores recolectores de basura se puedan subir en ellos, para acomodar la basura…tienen que hacerlo haciendo peripecias peligrosas.

 Se registran casos de que los trabajadores recogedores de basura reciben andanadas de ofensas porque algunos contenedores llenos de basura, hieden, especialmente cuando son detenidos en un semáforo o pasan por un sitio concurrido de gente como el ZUMEN,  Siete Sur, Centro Comercial Managua,  Mercado Carlos Roberto Huembes, alrededores del Mercado Oriental, entrada a la Colonia Américas Dos o Villa José Benito Escobar Pérez, entrada al Mercado Iván Montenegro Báez, la entrada al Reparto Bello Horizonte, la calle principal de Ciudad Jardín….

Ocurre también que algunos de estos contenedores son despojados de los candados o seguros, por vagos o delincuentes comunes, lo cual motiva que la basura se vaya cayendo al pavimento o adoquinado, mientras es conducida en camiones hacia el Relleno Sanitario y entonces quienes reciben las ofensas públicas son los recogedores de basura y la Alcaldía de Managua.

Un relato de Juan Saúl López Méndez indica que, “todo cambió en la recolección de basura en 1973, después del Terremoto del 23 de diciembre de 1972”.

¿Por qué?

Responde Juan Saúl López Méndez

Juan Saúl López Méndez fue entrevistado por el autor de este libro un poco antes de que muriera por cáncer en el estómago. Sus compañeros de labores dijeron que fue a consecuencia de la contaminación por la basura.

El mismo comenzó en un servicio de lavado de los equipos recolectores de basura, que antes no existía. Del 78 al 80 pasó a “trabajos varios”. Del 80 al 81 fue vulcanizador y del 81 hasta 1995, y en los primeros meses del 2003 se desempeñaba como “fiscal vulcanizador”.

Antes del Terremoto del 23 de diciembre de 1972, Managua era una Ciudad Capital muy reducida, con un perímetro corto. Sin embargo, después del Terremoto del 72, en los primeros meses de 1973, el asunto comienza a cambiar drásticamente en cuanto a la recolección de la basura en la Managua de hoy, que se vuelve periférica, como abanico inmenso, con distancias enormes, de muchos kilómetros entre los Repartos, Colonias, Barrios Progresivos y más de 300 Asentamientos Humanos, que son los más numerosos en la Capital nicaragüense..

Esa expansión posterremoto fue desordenada, sin orden urbanístico, sin rumbo definido porque el gobierno somocista genocida así lo determinó. Las rutas de la recolección de basura se volvieron larguísimas, complicadas, agotadoras, de gran gasto en combustible, más esfuerzos, más pérdida de tiempo en recoger determinadas cantidades de basura, que antes se recogían en poco tiempo.

Además, de lo largo, ahora resultaba que prácticamente no había pavimento en los nuevos Barrios y Colonias de Managua. Comienzan a surgir por centenares los Asentamientos Humanos, las Colonias Américas, las Colonias Progreso, Miguel Gutiérrez, Rubén Darío, Unidad de Propósitos,  el OPEN III (Ciudad Sandino), Torres Molina (Camilo Ortega), Loma Linda (Sierra Maestra), Villa Roma, La Fuente (Ariel Darce), por ejemplo, de calles muy difíciles, en los cuales había que meterse a recoger la basura en callejones estrechos o sencillamente en calles inexistentes.

Era una nueva realidad a partir del año 1973, pues vecindarios como San Judas, Asentamiento Largaespada, Altagracia, Monseñor Lezcano, Riguero, San Cristóbal, María Auxiliadora, El Paraisito, Larreynaga, Santa Rosa, Ducualí, Costa Rica, Santa Bárbara (hoy Barrio Venezuela), los hoy Barrios Domitila Lugo, La Tejera, Los Pescadores (Carlos Reyna), Las Torres y La Quinta Nina ( “Benedicto Valverde”, antigua quinta de alemanes, robada por Anastasio Somoza García), y colonias como la Nicarao, Catorce de Septiembre, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, Proyecto Piloto, Diez de Junio (antes “Luis Somoza), Cinco de Diciembre, las nuevas colonias Don Bosco y Colombia; OPEN III (Ciudad Sandino), el “Reparto Schik”, el Barrio San Rafael del Tipitapa, Comarca Esquipulas, Comarca de Las Sierras de Santo Domingo de Guzmán, Barrios de Ticuantepe, por ejemplo, sufren una explosión demográfica y hacia estos sitios se desplaza la recolección de basura de Managua.

Ya en 1973 las distancias para recoger basura son lejanas y más difíciles, mientras el Plantel de los equipos y trabajadores de la Basura seguía ubicado un poco al Norte de la Catedral, en la orilla Norte del Teatro Nacional Rubén Darío y en el borde del Lago de Managua.

Las Oficinas centrales del Distrito Nacional, antes del Terremoto del 72, estaban ubicadas en el llamado Ayuntamiento, frente al Parque Central.  En cambio, ya en marzo de 1973, esas Oficinas del Distrito Nacional habían sido trasladadas al local donde es hoy el conocido Plantel  Central “Jackson Jácamo Vanegas”, en Acahualinca, en el extremo Noroeste de Managua, en la mera orilla en que se ubica el “Relleno Sanitario”.

Antes del Terremoto del 72, el Plantel de los equipos recolectores de basura se movían a Barrios cercanos de la “vieja Managua”, ubicados un poco al Sur, a poca distancia “hacia la montaña”, por calles pavimentadas que no alcanzaban ni los dos kilómetros de distancia.

 Cambios bruscos después del Terremoto

En cambio, ese mismo camión tenía que desplazarse ahora desde su “plantel” en la Plaza de la República (cero kilómetro, después Plaza de la Revolución) hasta el Barrio La Primavera, por ejemplo, donde se ubica el kilómetro 6 de la Carretera Norte, o hasta la América No. 4, ubicada a unos ocho kilómetros al Oriente o “hacia la montaña” en Managua.

Y más lejos todavía era viajar con ese equipo de recolección de basura hasta el “Reparto Shick”, situado a unos 11 kilómetros al Oriente de la Capital, la cual había perdido su centro urbano por el Terremoto del 23 de diciembre de 1972.

El Aeropuerto “Las Mercedes” (“Aeropuerto  General Sandino” ahora) está ubicado en el kilómetro 13 de la Carretera Norte. Ya en 1973 era necesario ir hasta allí todos los días, recuerda Juan Saúl López Méndez. Y ahora también a la Zona Franca, situada en el kilómetro 14 de la Carretera Norte.

En estos vecindarios mencionados era común ahora que los camiones se “pegaran” en las calles de tierra, en el fango y zanjones de las vías, lo cual atrasaba mucho más la recolección de la basura, añadía Juan Saúl López Méndez antes de morir de cáncer hace poco tiempo, en los primeros meses del 2003..

Se puso de “moda” que las autoridades somocistas del Distrito Nacional enviaban patroles para que emparejaran las calles de tierra, con la finalidad de que pudieran transitar los camiones en la “recogida de la basura”, pero si estaba lloviendo (estación lluviosa) esos “emparejados” no servían de nada, pues los camiones se seguían “pegando”. No obstante, había un equipo de mantenimiento, consistente en patroles y compactadoras, para este fin específico, indicaba López Méndez.

En esa época, se conocía como “zona” el área específica de un equipo y su camión recolector de basura. Hoy se conoce como “ruta”. López Méndez anduvo trabajando en el camión numerado O4K123 con un amigo que se llamó Vicente Martínez, ya fallecido también. Estos camiones eran numerados de la O4K100 al O4K 123. Estos camiones dieron su “vida útil” y después los vendieron como “chatarra”. Algunos de estos camiones todavía andan funcionando en Tipitapa y Ciudad Sandino.

Al equipo de recolección del camión 04K123 les tocaba recoger basura de la Estatua de Montoya al Estadio Rigoberto López Pérez, del entonces “Depósito (de guaro, por el Cine Blanco) hasta la Fábrica Gadala María”, de allí al tope del Cementerio Occidental, de Montoya a la Clínica Las Palmas, de la Clínica Las Palmas hacia toda la mitad del Barrio Monseñor Lezcano, es decir, una “zona” relativamente corta o “pequeña” comparada con las “rutas” actuales.

En esos meses de 1973, la recogida de la basura se hacía diariamente. Se limpiaban calles y avenidas, callejones, canales, cunetas y andenes, y por último se echaba a eliminar basura una “escoba” mecánica, parecida a una compactadora.

Esta “escoba” daba vueltas sobre el pavimento y se iba “tragando” la basura hacia el interior de un depósito, o la dejaba lista para ser cargada por otros recogedores de basura.

Actualmente los equipos recolectores de basura son marcas NISSAN, IVECO, MACK, Mercedes Benz. Son unos 60 equipos, lo cual resulta poco para la recolección de basura en Managua.

Ahora se transita “tres veces por semana” en las rutas en vez de hacerlo diario hasta hace unos pocos años.

También las llantas de los camiones son “víctimas” propicias del agudo problema de la basura, pues con frecuencia las llantas se “ponchan” porque las agujereó un pedazo de vidrio, un clavo, una estaca o un pedazo de varilla de hierro.

En “La Chureca” se “ponchan” las llantas

En la misma entrada a La Chureca o Relleno Sanitario se ponchan las llantas porque bajo la basura lodosa o fangosa están los clavos, vidrios, huesos de vacas y cerdos, latas, varillas puntudas y pedazos de tabla.

 La basura del llamado “Palo de Gato”, en el Mercado Oriental, es “traicionera” porque tiene de todo: huesos grandes y chiquitos, puntudos; pedazos de cuchillos, platos viejos, botellas quebradas, puntas de tablas y reglas…es decir, el recogedor de basura debe tener extremo cuidado para no dañarse las manos, brazos, pies, ojos, oídos…

A los Mercados entran, actualmente, estos camiones recogedores de basura a recoger la basura, ya depositada en un basurero autorizado o en contenedores grandotes. En el caso del Mercado Oriental hay un basurero enorme, llamado “Palo Gato”, el cual se pone repleto y hediondo todos los días.

 En los casos de los Mercados Carlos Roberto Huembes, Iván Montenegro Báez, Róger Deshón Argüello, Leonel Gutiérrez (Candelaria)  y Jonathan González o “Periférico”, las administraciones de estos centros comerciales pagan recogedores de basura, con carretillas o carretones, para que transporten del interior de los centros de expendios hacia unos “contenedores”, situados en las instalaciones de cargue y descargue de estos Mercados. Hasta allí llegan los recogedores de basura con sus camiones, para llevarla al “Relleno Sanitario”.

Miguel “Polvorita” Torres Valdivia, 53 años,  entró como ayudante de mecánico en el  Distrito Nacional, en la época del ministro Humberto Ramírez Estrada. Entonces les pagaban 10 córdobas a unos, 15 a otros y 16 córdobas a los más “especializados”, es decir, devengaban entre uno y dos dólares diarios, más o menos lo mismo que ahora con los neoliberales saqueadores de Arnoldo Alemán Lacayo y Enrique Bolaños Geyer.

“Polvorita” tenía 14 años cuando ingresó al Distrito Nacional. Lo entrenaron para conducir un tractor “Dénter”, una especie de caterpilar. Después lo pusieron a conducir un camión “volquete” y al final quedó en los camiones recolectores de basura.

La historia de “Polvorita” es común entre los trabajadores antiguos del Distrito Nacional y de la Alcaldía de Managua, algunos de los cuales, recuerda Torres Valdivia, caminaban “gaseados”, es decir, “tomaditos de licor”.

 Recuerda una vez una anécdota con  Rafael “Chomporoco” Martínez, quien con su camión partió por la mitad un autobús de pasajeros.  Rafael “Chomporoco” iba “picado” manejando el camión y se corrió. Estacionó el camión, rápidamente,  en el Distrito Nacional y volvió hasta el siguiente día. Su versión fue que el autobús se le cruzó, era cierto, pero también era cierto que iba “picado” o medio”bolo”. “Me corrí porque me podían “linchar”, explicó ante la policía de la guardia genocida del somocismo.

Huelga del 78, y Orlando Montenegro los manda a reprimir

Estos recogedores de basura se enfrentaron mediante huelga laboral al somocismo genocida en 1978, es decir, casi al borde del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista.

En el plantel central en que funcionaba el Distrito Nacional (el Jackson Jácamo Vanegas hoy) había un tal “mayor” de la guardia genocida, llamado Ruiz Palacios, quien fungía como jefe de los recogedores de basura.

Al mismo tiempo, allí mismo funcionaba Oscar “Celestino” Cruz, sobrino de Ruiz Palacios, directivo sindical y metido en las actividades antisomocistas. Con “Celestino” a la cabeza, los “chepes” o “zopilotes”  decidieron irse a la huelga en reclamo por aumento de salarios, mientras Orlando Montenegro Medrano, el ministro del somocismo genocida en el Distrito Nacional, ya había advertido que les echaría la guardia si intentaban declararse en huelga, lo que virtualmente nunca había ocurrido en este sector de trabajadores de la comuna capitalina.

Después de introducir el pliego petitorio ante Montenegro Medrano y el Ministerio del Trabajo, los trabajadores se lanzaron a huelga y se quedaron dentro y fuera del plantel de los basureros, en las cercanías de la Iglesia Catedral, el Teatro Rubén Darío y la Estación del Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua.

En la noche misma del estallido de la huelga fueron sacados a culatazo limpio por la guardia genocida del somocismo, y al siguiente día ya estaban sus repuestos con los llamados “esquiroles” que Somoza Debayle ponía en forma inmediata.

Los trabajadores se vieron obligados a irse a refugiar en la Iglesia Católica de Santa Ana, ubicada tan sólo a una cuadra al Sur del local del Distrito Nacional. Esa huelga duró varias semanas, mientras Somoza Debayle y su pandilla de  asesinos no cedían en absolutamente nada.

Al contrario, una noche, después de las diez p.m., Somoza Debayle les mandó a “estacionar” un helicóptero lleno de luces por encima de la Iglesia Santa Ana. El piloto y sus compinches daban vueltas sobre la Iglesia, lanzaban haces de luces potentes hacia el techo e interior del templo religioso católico, cuyo sacerdote protestó, pero a los representantes de la tiranía genocida “les valió un pito”.

La gente sencilla se desbordó a llevarles comida, bebidas y medicinas a más de dos centenares de trabajadores recogedores de basura en huelga. A los tres días, Somoza Debayle se las mandó a declarar la huelga “ilegal, ilícita e inexistente”.

 A pesar de esa declaratoria de ilegalidad, la huelga se prolongó 45 días. Varios centenares de los recogedores de basura se iban a pie a recorrer las “rutas” que les tocaba en labores normales de trabajo, donde le solicitaban apoyo económico a los vecinos, muchísimos de los cuales efectivamente les ayudaban con 10 córdobas, 20 córdobas y en algunos casos hasta 100 córdobas.

Los buseros del transporte colectivo, las  comerciantes minoristas de los Mercados, los trabajadores de otros sindicatos, llegaban a dejarles ayuda en comida y dinero a la Iglesia de Santa Ana.

La huelga estaba durando mucho tiempo. Ya eran más de 40 días. No le convenía al somocismo genocida ni a los huelguistas. Orlando Montenegro Medrano, mediante conferencia de prensa, hizo llamados públicos para que los trabajadores dispuestos a “regresar”, lo hicieran y que no se desatarían represalias.

Los somocistas, encabezados por Montenegro Medrano, hicieron “mil promesas” y la verdad es que la mayoría de los huelguistas regresaron a sus puestos laborales de recogedores de basura 45 días después.

En esa huelga surgieron valores sindicales como uno que le decían “el peludo vulgar”, Rafael “Chomporoco”, Oscar “Celestino” Cruz y uno de apellido Nicaragua.

Historia contada por Gerardo “Abuelo” Ayerdis Herrera, 60 años, mecánico, chofer, recogedor de basura.

 Comenzó a trabajar en la recogida de basura de Managua cuando era ministro Andrés Largaespada, quien era el viceministro somocista del Distrito Nacional en época de Gustavo Raskosky.

“Abuelo” aYERDIS laboró 50 años en el Distrito Nacional, Junta de Reconstrucción de Managua y Alcaldía de Managua. Fue jubilado en 1998. Entró a laborar el 8 de junio de 1954, según sus recuerdos.

Conoció recogedores de basura famosos como los hermanos Corea, a quienes les decían “Los Amiguitos”,  Zacarías “El Caballo” Mendoza…

En la conducción de los basureros la guardia tenía al teniente Chavarría y al teniente Manuel Calderón…Uno de los primeros basureros fue donde es hoy la Presidencia. “Allí botábamos basura”. En 1967 (antes del Terremoto de 1972), cuando se comenzó a construir el Teatro Popular Rubén Darío, entonces decidieron trasladar ese basurero grande a Acahualinca, donde es hoy el llamado Relleno Sanitario.

 Al trasladarse este basurero a Acahualinca, se hizo todo un movimiento enorme de tierra. Se emparejó una loma, se echó tierra y piedra sobre el agua de la orilla del Lago Xolotlán o de Managua, con la finalidad de que allí quedara sólido, lo cual nunca se logró, porque la humedad se mete por debajo y en ese sitio siempre hay descomposición salvaje por la basura de orIgen orgánico.

Las famosas “barredoras”, traídas de Costa Rica, desaparecieron en 1979, se dijo que por falta de repuestos. Tenían la “novedad” de que poseían “dos timones” volantes. No era necesario darles vuelta en una calle como la Avenida Roossevelt, pues sólo era asunto de abandonar el volante del Norte y ubicarse en el volante del Sur. En otras palabras, circulaba lo mismo hacia delante que para atrás.

Este “Abuelo” era uno de los operadores de las “barredoras”. Una de estas barredoras fue chocada en la Calle de Quince de Septiembre, cerca de la Tienda Lugo, donde hubo tres muertos, recogedores de basura, todos empleados del Distrito Nacional. El accidente fue a las once de la noche. El conductor de un vehículo particular no respetó el ¡alto¡ y se produjo el encontronazo. A la “barredora”, por supuesto, no le pasó nada, pero ocurrió que los ayudantes circulaban a pie, a la orilla de la “barredora”.

Ocurría que estas “barredoras” comenzaban a barrer las calles de Managua casi a las doce de la noche, precisamente para evitar este tipo de accidentes de tránsito, pues eran anchas y muy lentas.

Estas “barredoras” permitían acumular la basura en determinados lugares, para que los recogedores con el camión la levantaran muy de mañana. Por este trajinar, “El Abuelo” se conocía prácticamente todos los negocios o comercios existentes entonces en la Calle Quince de Septiembre.

“La Sopa de doña Angelita”, “La Crucita”, “Manuelón”, Hotel Reisel, Tienda Alicia…recuerda. “El Abuelo” llegaba a recoger basura a la Presidencia en La Loma de Tiscapa, al Gran Hotel, a los Mercados Central, San Miguel, Candelaria (hoy Leonel Gutiérrez) y Böer.

Las calles más difíciles de limpiar eran la Roossevelt y la Bolívar, debido a que eran angostas y estaban siempre llenas de gente y de vehículos, recuerda “El Abuelo”. En la mañanita, a las seis de la mañana, ambas Avenidas debían estar limpias como ocurre cuando llegan los burócratas a las Oficinas del Estado.

“Managua era una Ciudad pequeña antes del Terremoto de 1972. La gente o los usuarios se mantenían de alguna manera satisfechos. Eso sí, nosotros, los recogedores de basura trabajábamos de día y de noche”, señala el “Abuelo” Ayerdis.

“Si yo andaba en la “barredora”, comenzaba a las doce de la noche y terminaba a las cinco de la mañana. Buscaba cómo terminar temprano, para que la calle estuviese limpia a las seis de la mañana”, añade el “Abuelo” Ayerdis.

¿Quiénes eran Pepeyeyeque y “Maximiliano”?

¿”Peyeyeque” era “oreja” de la guardia genocida?

 Raúl “Peyeyeque” era un famoso “empleado”, limpiador de basura de Mercados  del Distrito Nacional y dicen que era “espía” de la guardia genocida, pero esto último nunca fue probado, Lo que sí se probó es que “Peyeyeque” lavaba los Mercados con una manguera y cuando se “arrechaba” con las comerciantes y empleados de los Mercados, les enderezaba la manguera encima y los bañaba con agua. Era un personaje popular indiscutible, con el que todo mundo se topaba en los Mercados de antes del Terremoto del 72 en Managua.

 Cuando caía preso por “bolo” en las cárceles de El Hormiguero, los guardias lo ponían a barrer las calles de la Capital y entonces él se burlaba de los oficiales de la GN diciendo: “baboso, pendejo, hijueputa…si barrer es mi fueite”.

 Decían que “Peyeyeque” robaba mangueras plásticas. “Las ocupo para mi trabajo de lavado y limpieza en los Mercados”, explicaba él cuando lo estaban acusando en la Central de Policía de las cárceles de El Hormiguero.

“Peyeyeque” era chaparrito,  barbudito, blanquito, siempre andaba de short, en chinelas, su familia vivía allí en una colonia popular por el Mercado Böer, donde es hoy, precisamente, el Barrio Böer en la zona escombrosa de Managua.

 “Maximiliano” era “loco”, un poco parecido a “Peyeyeque”. “Maximiliano” llegaba hasta donde uno estaba comiendo, comprando o caminando y te jincaba las costillas y te decía: “oye…aquí estoy, oístes”, lo cual significaba que te estaba pidiendo algo de comer o de beber.

“Maxiliano”, moreno, un poco alto, andaba de pantalón largo, se quitaba la camisa, casi siempre limpia, y con una dignidad imponente. Decía: “Yo pido porque no me gusta robar. Démen para comer y beberme un fresquito”, especialmente cuando llegaba de noche a los teatros o cines. Ayudaba, de vez en cuando, en la limpieza de los Mercados de Managua. Nunca se supo dónde vivía su familia.

 Raúl “Peyeyeque” era coto de una mano. Se afirmaba que en una ocasión andaba una bomba casera en la mano, en una manifestación del Partido Liberal Nacionalista (el de la dictadura genocida del somocismo), y que “Maximiliano” se la encendió en un descuido, explotándole, y arrancándole la mano y la “muñeca” del brazo.

Nunca se supo cuándo murieron, dónde quedaron enterrados “Peyeyeque” y “Maximiliano”, pero la verdad es que “El Gato Aguilar” le hizo una canción famosa a “Peyeyeque”. “El Gato Aguilar” fue quién le puso el nombre a “Ciudad Sandino”el 17 de Julio de 1979.

Ambos, “Peyeyeque” y “Maximiliano”, dormían en los aleros o dentro de la Catedral de Managua o en las aceras de los Mercados de la Managua de antes del Terremoto del 72. Nadie los molestaba. Eran de esos personajes que todo el mundo conocía en la Capital.

Al final de la dictadura genocida del somocismo (julio de 1979), “Peyeyeque” era una especie de “inspector” en la limpieza de los Mercados de Managua

 Volviendo a “El Abuelo” Ayerdis, éste  comenzó en el Distrito Nacional como mecánico y chofer, y por ambas cosas inició devengando un sueldo o salario de 16 córdobas diarios. Un poquito más de dos dólares. ¡Sueldazo¡, decían los somocistas genocidas en aquellos días, mientras un ministro devengaba diez mil, 20 mil dólares mensuales.

“El Abuelo” Ayerdis  y un grupo fue enviado a Panamá y Costa Rica a prepararse en mecánica diesell y automotriz y en “sistemas hidráulicos”, y específicamente en el manejo de estos camiones recogedores de basura del Distrito Nacional.

Junta de Reconstrucción de Managua y Distritos Capitalinos

 Al Triunfo de la Revolución Sandinista, en julio de 1979, fue creada, mediante Decreto, la Junta de Reconstrucción de Managua, en sustitución del llamado Distrito Nacional. Su responsable o Alcalde era ahora designado por la Junta de Reconstrucción Nacional, integrada por un colectivo de cinco personas. El primer Coordinador de la Junta de Reconstrucción de Managua (Alcalde) fue Paúl Atha, el segundo Samuel Santos López, Moisés Hasan Morales (tercero) y Carlos Carrión Cruz (el último en el gobierno revolucionario, en 1990).

 El mismo régimen revolucionario creó la Ley 40, mediante la Asamblea Nacional, la cual permitió la elección de concejales. Estos reunidos en Concejo, eligieron, en 1990, en el Auditorio Miguel Larreynaga,  al archicorrompido somocista y saqueador Arnoldo Alemán Lacayo, uno de los hombres más deshonestos y malvados en la administración pública nacional.

Ya en 1996, el Alcalde fue electo directamente por el voto popular. El primero fue Roberto Cedeño Borgen, también archicorrompido y cínico como no ha habido otro, pues éste hasta tuvo el descaro de que con dinero de la Alcaldía se pagaban la luz y el agua potable de su casa, según denuncias en los Diarios nacionales.

 Antes de esto último, el gobierno revolucionario sandinista creó los llamados “Distritos de Managua”, siete en total, el cuatro de abril de 1989. El Distrito I representaba lo que es hoy el Municipio de Ciudad Sandino; Distrito II, Distrito III, Distrito IV, Distrito V, Distrito VI y Distrito VII. Este último era lo que es hoy el Municipio de El Crucero.

Hago la referencia anterior, para comparar esta época de hoy (2003) con la de los años previos al Terremoto de 1972 y posteriores al año 1973, cuando comienza la nueva etapa difícil de la recolección de la basura en Managua.

El Distrito I

Cuando todavía pertenecía al Municipio de Managua, tenía los siguientes vecindarios: La Gruta, Satélite Asososca, Ciudad Sandino u OPEN III (17 Zonas), Bella Cruz, Bello Amanecer, Villa Democracia, Enrique Smchidt, Carolina Calero Norte, Carlina Calero Sur, Vida Nueva, Anexo Villa Amanecer, Vista Hermosa, San Joaquín, Roberto Clemente, Tangará, Oro Verde, Anexo Carolina Calero, Motastepe Norte, El Porvenir, Cuajachillo I, Cuajachillo II, Filos de Cuajachillo, Trinidad Norte y Trinidad Central.

Distrito II:

Motastepe, Jardines de Managua, Las Palmas, El Carmen, Linda Vista Sur, Los Arcos, Loma Verde, Valle Dorado, Las Brisas, Miraflores, El Cortijo, Cristo del Rosario, San Sebastián, La Cruz, Santa Ana Norte y Sur, Monseñor Lezcano, Javier Cuadra, Acahualinca, Barrio Cuba, Marta Angélica Quezada, General Francisco Morazán, San Antonio, Llamas del Bosque, Batahola Norte, Batahola Sur, Complejo de Ninusválidos, Rafael Ríos, Juan Emilio Menocal, Reparto España, Daniel Chavarría, Carlos Ulloa (piloto revolucionario fallecido en Cuba), Oscar Robelo I y II, Sélfida Miranda, Francisco y Ramón Sánchez, Modesto Bejarano, Damnificados Huracán Joan, Sector Santa Ana, Alfredo Silva, Barrio Cuba y Darío, Acahualinca Aserrío, Alemania Democrática, Sector D-1, 18 de Mayo, San Sebastián, Cristo del Rosario, La Cruz, Julio Buitrago Norte y Sur, Dignidad Cuatro de Mayo, Manuel Olivares, Edgard Lang, Sector Monseñor Lezcano, William Díaz, San Pedro, Bella Vista y Anexo, Anexo Juan Emilio Menocal, Anexo Las Brisas, Anexo Linda Vista Norte, Anexo Los Arcos, Los Martínez, Batahola I y II, Oeste Batahola Sur, Norte Daniel Chavarría, Pepe y Pepito, Dinamarca, Cristo del Rosario, El Rastro, Casco Urbano de San Sebastián, Mánchester, Ferrocarril, Gadala María, Bajos de Acahualinca, “La Chureca” en el “Relleno Sanitario”, San José,  Böer, Motastepe, Anexo Edgard Lang, La Bolsa y Asentamiento “Coprenic”.

Distrito III

Los Robles, Planes de Altamira I, II y III; Bellair, Marcel Pallais Checa, Planetarium, Belmonte, Bolonia y Bosques de Bolonia, Lomas de Monserrat,  Tiscapa, Lomas de Guadalupe, Reparto San Juan, Villa Fontana, Reisel, Frawley, San Patricio, San Martín, Las Flores (La Cañada), Héroes y Mártires del Bocay, Santa Fé, Lomas de San Juan, Reparto San Angel, Casa Fontana,  Lomas del Sur, Lomas de Ticomo, Altagracia, Duzzi, San Pablo, Andrés Castro Estrada, El Pilar Norte, Helena, Vista Hermosa, Camilo Ortega Saavedra, El Pilar, San Judas, Sierra Maestra Norte (Loma Linda), Sierra Maestra Sur, El Recreo I y II, San Pedro, Villa Roma, Miguel Bonilla, Colonia Militar Tiscapa, Colonia del Periodista, William Díaz Romero, Mirna Ugarte, Recreo Sur, Enrique Smichdt, Recreo Norte, Nora Astorga, Waslala I y II, 25 Aniversario, Berta Calderón Roque, Leonel Rugama I y II, Montoya I y II, René Cisneros Vanegas, Jonathán González, Edgard “El Gato” Munguía Alvarez No. I, Edgard Munguía No. 2, Anexo San Juan, Norte de Ticomo (Kilocho), Germán Pomares Ordóñez (Ticomo), Germán Pomares Ordóñez (Nejapa), Martín Luther King, Marvin Marín I y II, Los Martínez, Luis Alfonso Velásquez Flores,  La Esperanza I y II, Carlos Calero, Hilario Sánchez I y II, Mirna Ugarte, Héroes y Mártires de Ayapal, David Tejada Peralta, Costado Sur Enrique Smichdt, Pantanal, Carlos Núñez, El Böer, Leonardo García Jara, Reparto Plaza España, Golfo Pérsico, 3-80, Santa Ana (25 Aniversario), Villa Argentina, Bolonia No. 2, Aquiles Morales, Hialeah, Memorial Sandino, Casimiro Sotelo, Edgard Munguía, Arges Sequeira, Frawley Sur, Tierra Prometida, Erlinda López de Fletes, Lomas de San Judas, El Bosque, Jorge Casaly, Area Comunal de Sierra Maestra,  General Omar Torrijos Herrera, Luis Alfonso Velásquez No. I, Villa Nueva, Buena Vista, Anexo Camilo Ortega Saavedra, Pilar Sur, El Perú, Lomas de Buenos Aires, Los Trejos, Los Fonsecas, Las Tomateras, Reparto Carolina, El Rifle, César Jerez, Anexo La Esperanza, Sector Cauce de Bolas, Al Sur de Tierra Prometida, Anexo Lomas de Buenos Aires, Jonathán González V Etapa, Este de Villa Roma V Etapa, Anexo Independencia, Nejapa, Héroes y Mártires de Las Lomas, Chiquilistagua, San José de La Cañada, Cedro Galán, Nejapa Sur-Norte, Pochocuape, San Isidro Libertador, Ticomo Sur, Monte Fresco y Los Altos de Ticomo.

Distrito IV

 Largaespada, Reparto Serrano, San Lucas (La Aviación), Jardines de Santa Clara, Ciudad Jardín, Bello Horizonte, Rigoberto López Pérez (antiguo Campo Bruce), Sajonia, San José Oriental, Los Angeles, Riguero Norte, Domitila Lugo, Selim Shible, Carlos Reyna (Los Pescadores), Quinta Nina (Benedicto Valverde), San Luis Norte, Largaespada, Venezuela, Ducualí, Santa Rosa, Primero de Mayo, San Cristóbal, María Auxiliadora, El Paraisito, San Luis Sur, Larreynaga, Costa Rica, El Edén, Pedro Joaquín Chamorro, Colonia Managua, Leonel Rugama (Colonia Militar), Edgard Lang, Silvio Mayorga, Hogar Propio, Blas Real Espinales, Maestro Gabriel, Cristian Pérez Leiva, Romin Manrique, Tenderí, Hilario Sánchez, Domitila Lugo, Selim Shible, Oscar Turcios Chavarría, Francisco Meza Rojas, Jorge Dimitrov, Rigoberto López Pérez, Nueva Libia, Primero de Mayo, Unión Soviética, Paula Corea, San José Oriental, Bello Horizonte VI Etapa, Pedro Aráuz Palacios, El Paraisito, Anexo Ducualí, Gaspar García Laviana, Las Torres, Hilario Sánchez, Pedro Joaquín Chamorro Norte, Domitila Lugo (Pista Costanera), Enrique Smchidt, Buenos Aires, Barrio 19 de Julio, Candelaria, San Luis Sur y Parrales Vallejos.

Distrito V

Lomas de Santo Domingo, Altos de Santo Domingo, Las Praderas, Jardín de Las Colinas, Los Palmares, El Mirador, Santa Mónica, Las Colinas, Lomas de Las Colinas, La Colina, La Estancia Santo Domingo I y II, Intermezo del Bosque, Colonia Los Robles, Altamira y Bosques de Altamira, Planes de Altamira, Anexo de Jardines de Veracruz, El Dorado, Proyecto Fátima, Urbanización Villa España, La Alameda, Lomas del Valle, Planes de Puntaaldía, Las Cumbres, Villas Italianas, Villa Fontana Este, Villa Palermo, Portal del Carmen, Bosques de Santa María, Urbanización Las Azucenas, Lomas de San Angel I, II y III, Urbanización Campo Bello Oeste, Lomas del Prado, Urbanización Los Madroños II, Santo Domingo, Schick No. 3 (Enrique Torrentes), Sócrates Sandino, Blanca Segovia (Bariloche), Cuba Libre, Salomón Moreno (OPEN II), Shick No. 2 (Angel Valentino Barrios), Germán Pomares Ordóñez, René Polanco (Schick No. 1), Eduardo Contreras Escobar (Santa Elisa), Macaraly, Ariel Darce o La Fuente, Adolfo Reyes (Reparto Urbina), México, Liberia, Habana Los Campos, Revolución (Colegio del Periodista), l4 de Junio o La Luz, Riguero, Reparto Cuadra, Edmundo Matamoros, Omar Torrijos Herrera, Reparto Aguilar, Complejo Miguel Angel Ortez, Habana o María, Santa Julia, Santa Margarita, Colonia Centroamérica, Máximo Jerez, Nicarao, 14 de Septiembre, Colonia Proyecto Piloto, Diez de Junio, Reparto Colombia, José Isaías Gómez, Colonia Don Bosco, Villa Finlandia, Alfredo Nóbel (del Premio Nóbel, sueco), Germán Pomares Ordóñez II Etapa, Georgino Andrade, Walter Ferrety, Grenada, 22 de Enero, La Morita, Villa Amor, 28 de Mayo, Omar Torrijos Herrera, Agustín Farabundo Martí, Anexo Sierritas, Domingo Matus, Nicaragua Libre, Pablo Ubeda, Carlos Fonseca, Augusto César Sandino, Fernando Manzanares, Hasbani, Lomas de Centroamérica, Sector 17, Madres Mártires de Pantasma, Grenada II, Olof Palme, José Santos López, 11 de Mayo, Milagros de Dios, Vista Xolotlán, Sol de Libertad, Aldo Chavarría, Heidi Mayorga, Los Ángeles, Naciones Unidas, Anexo Cruz del Paraíso, Francisco Salazar, 18 de Mayo, 13 de Mayo, 12 de Octubre-Sector Sur del Walter Ferrety,  16 de Marzo, Barrio Nuevo, Esquipulas, Las Jagüitas, Santo Domingo, San Antonio Sur, San Isidro de la Cruz Verde, Jocote Dulce (Silvia Ferrufino)  y Germán Silva.

Distrito VI

Ciudad Xolotlán, Residencial Las Mercedes, Reparto Rubenia, José Dolores Estrada, Carlos Sánchez (La Primavera), Camilo Chamorro (Horizonte Norte), Berta Díaz, Freddy Herrera o Mombacho, Los López (Anexo Villa Revolución), Waspán Sur, Sabana Grande, El Bosque Norte y Sur, Sol de Libertad (Américas I), Villa Revolución (Américas III), Villa Venezuela (Américas IV), José Benito Escobar Pérez (América II), Manuel Fernández  (Los Laureles), Municipalidad I, Reparto Mántica, Unidad de Propósitos, Colonia Rafaela Herrera, Villa Progreso, Colonia 9 de Junio, Pacto Andino, Villa Miguel Gutiérrez,  Villa San Jacinto Libre, Villa Fraternidad, Curva Sabanagrande, Reparto Villa Flor, Colonia Primero de Mayo, Nabucodonosor (fue un rey de Babilonia, donde es  hoy Irak, pueblo masacrado por los yanquis genocidas y ladrones), Nueva Esperanza (Jorge Casaly), Anexo de Villa Libertad, Ramón Sánchez, Jorge Ulises Cardoza, Waspán Norte, Urbanización Vallarta, Héroes y Mártires de La Primavera, 14 de Septiembre, Quinta Pacheco, Carlos Núñez Téllez, Anexo de Unidad de Propósitos, Unidad de Propósitos Anexo No. 2, Germán Pomares Ordóñez, Jimy Vásquez o Berta Díaz, Javier Laguna o Berta Díaz, Oscar Lino Paz Cuba, Carlos Marx, Oswaldo Manzanares, Villa Bulgaria, Villa Austria, Anexo Waspán, Laureno Mairena, Anexo de Villa San Jacinto Libre, Anexo de Villa Fraternidad, Reparto Segovia, Villa Reconciliación, Georgino Andrade, Mártires de Ayapal, Cuatro de Noviembre, Leningrado, Enrique Smchidt, Cooperativa Manolo Morales Peralta, 10 de Enero, Las Alamedas, Ocho de Marzo, Arlen Siú, Concepción de María, Norte de Héroes de La Primavera, Anexo Texaco, El Rodeo, El Rodeito, Monte Fresco, Escuela Quemada, Asentamiento Pista Camino Solo, Eduardo Ordóñez, Anexo Laureano Mairena, Los Chagüites, Tramo Pista Anexo Waspán, Tangará, Omar Torrijos Herrera, Villa Japón, Alemania, Línea Férrea, 14 de Febrero, Jorge Salazar, Arlen Siú, Anexo Leníngrado, Ciudadela Nicaragua, Norte de la Primero de Mayo, Oeste Enrique Smchidt, 25 de Febrero, Sur Villa Venezuela, Ana María, Canadá Sureste, Zona 14-Anexo Los Laureles, Urbanización Progresiva de Villa Libertad, Tramos Carlos Marx, El Roble, San Cristóbal, Camino del Río, Los Corteses, El Bosque Norte, Cooperativa Ernesto Pérez Briones, El Bosque Norte, Villa Feliz, 18 de Agosto, 31 de Diciembre, Anexo Villa Bulgaria, Anexo Primavera Norte (El Potrero), Barceló, Palestina, Villa Canadá y Villa Israel.

Distrito VII

Estos son vecindarios que pertenecieron al Distrito VII, hoy convertido en nuevo Municipio del Departamento de Managua. Antes fueron parte del casco urbano Capitalino.

Cristo Rey, El Crucero Norte, El Crucero Sur, El Chorizo Este, San Ramón, Barrio Nuevo, Barrio Las Conchitas, El Ventarrón, Barrio Callejón Lourdes, El Chorizo, Pacaya, Las Jagüitas, Berlín, Los Hidalgos, Las Pilas, Chichigualtepe, Los Fierros, San José de Acoto, Candelaria, Marcio Morazán o Nueva York, Barba de Tigre, Los Chocoyos (una de las fincas del archicorrupto Arnoldo Alemán Lacayo), Temoá, Las Nubes y Nubes Norte.

Basura por toneladas

¿Cuánto se recogía, en toneladas, en 1929 cuando comenzó a funcionar el Distrito Nacional? No hay datos. Los Historiadores de Managua nunca se preocuparon por este “despreciable”, pero indispensable quehacer cotidiano de la Alcaldía Capitalina.

En Registros Históricos recientes, ordenados por la Dirección General del Medio Ambiente de la Alcaldía de Managua, al 2003, se indica que en 1995 se recogieron 252, 598.11 toneladas de basura al año; en 1996: 259, 023.79 toneladas; 1997: 265, 493.01 toneladas; 1998: 288, 218. 07 toneladas; 1999: 298, 120.60 toneladas; 2000: 309, 495.43 toneladas; 2001: 489, 764. 75 toneladas; 2002: 324, 510. 89 toneladas en el año.

El año récord en recogida de basura fue en el 2001 con 489, 764.75 toneladas. En la Dirección General del Medio Ambiente se asegura que la meta es superar este récord por parte de la Alcaldía de Managua, en particular la Dirección de Limpieza Pública, ubicada en el Plantel Los Cocos.

En la Memoria del 2001 se informa que en el año se recogieron  473, 800 toneladas, procedentes de las calles, Barrios, Colonias, Repartos, Asentamientos, Mercados, Hospitales, Industrias, centros privados, comercios, supermercados, etc. Toda esta basura, por supuesto, fue movida, manipulada, cargada, transportada y colocada por los recogedores de basura de Managua en el llamado Relleno Sanitario de Acahualinca.

 A lo anterior se agregaron las cinco Delegaciones Distritales en las cuales se recogieron  264, 787 toneladas métricas de basura en los primeros seis meses del año 2001, añade el informe de la “Memoria Anual” de la Alcaldía de Managua.

Se limpiaron, añade: 54, 955 kilómetros de calles, 10, 182 tragantes, 108, 938 metros lineales de canaletas, y 81, 351 metros lineales de cauces, todo lo cual generó un total de 192,000 toneladas métricas de basura.

Basura en el 2002

En el año 2002, sólo los 208 hombres (operarios y conductores de camiones), mediante 52 Rutas, recogieron 324, 510.89 toneladas métricas de basura, según datos obtenidos en el llamado Plantel Los Cocos, donde se concentra la actividad de Limpieza Pública de la Capital en todo el Municipio de Managua.

Esta cantidad de 324, 510.89 toneladas se dividen de la siguiente manera, según el informe obtenido: Domiciliar, 150. 611.22 toneladas; Hospitales y Centros de Salud: 3, 965.65 toneladas; Industrial y Comercio: 1, 943.17; “Estaciones de Transferencia”: 22, 854.58 toneladas; Microbotaderos: 23, 683.85 toneladas; Mercados: 28, 325.44 toneladas; Distritos o Delegaciones de la Alcaldía: 73, 083.35 toneladas; empresas privadas o particulares: 13, 319. 79 toneladas; Ecología 2000: 6, 72. 84 toneladas, y Cauces: 7, 272. 99 toneladas. Los Cauces son, con una longitud aproximada de 100 kilómetros. Se le da atención a 56 kilómetros dentro del casco urbano capitalino, de los cuales están revestidos 47.38 kilómetros.

 Al 2001, estos Cauces eran limpiados manualmente por cuadrillas de trabajadores de la Limpieza, los cuales utilizaban carretones de manos y tirados por caballos y camiones volquetes.

En el año 2002, basándose en las experiencias de años anteriores, se programó la limpieza de 36.6 kilómetros, con una duración de 36 días, lográndose eliminar 8,000 toneladas de basura domiciliar, industrial y sedimentos, los cuales, mayoritariamente, son tirados a los cauces por los mismos vecinos al lecho  de estos desagües naturales de Managua.

 En “otras actividades de Limpieza Pública”, por ejemplo en limpieza de tragantes y chapodas de predios baldíos y áreas comunales, se recogieron otras 1, 893 toneladas métricas de basura, las cuales también fueron a parar al llamado Relleno Sanitario de Acahualinca, situado en el Noroeste de Managua.

Por otro lado, en el Primer Trimestre del 2003, ya se habían recogido 81,749 toneladas métricas de basura en la Capital, para un cumplimiento del 98 por ciento, lo cual da una idea del interés en la Alcaldía de Managua por eliminar esta basura que se produce diariamente en la Capital.

Está previsto en el Presupuesto del 2003 que sean “recogidos” 26, 370.000.00 (millones) de córdobas en impuestos por este servicio de recolección de basura en Managua. En el 2002 produjo una recaudación de 22, 062, 818.00 (millones) de córdobas en impuestos a la Alcaldía capitalina.

 Un “Informe Ejecutivo” de la Alcaldía señala que en el Primer Trimestre del 2003, este mismo servicio de la recolección de basura produjo una recaudación de 6, 416, 494 (millones) de córdobas, lo cual indica que de alguna manera es “lucrativo” para la Comuna prestar este servicio de recolección de basura en Managua.

Toda esta basura mencionada, como siempre, fue llevada a triturar, almacenar y “compactar” en el llamado Relleno Sanitario de Acahualinca, el cual  tiene una extensión de 40.44 hectáreas, lo que da una idea del volumen de contaminación en el Lago Xolotlán o de Managua.

Un Folleto titulado “¡Oye, Managua¡”, de la Dirección General del Medio Ambiente de ALMA, indica que al 2001 existían 171 microbotaderos en el Municipio de Managua, de los cuales quedan 68, debido a las políticas de asignación de equipos y personal a las Delegaciones Distritales, para que recojan la basura de su territorio distrital.

 El Folleto indicado que por medio de la Dirección General de Limpieza Pública, la recolección domiciliar está organizada de la siguiente manera a partir de marzo del 2001:

“El sistema de recolección domiciliar fue reestructurada en el mes de marzo del año 2001, se atendían 93 puntos, que conformaban 224 barrios, representando el 62% del total de barrios y 76 asentamientos que representaban el 34% del total de asentamientos, 43 zonas residenciales, 51 colonias y 34 repartos. En el año 2002, se reestructuraron  las rutas de atención, pasando de 6 rutas a 14, con (los horarios de 6:00 a.m. a 12:00m. y de 12:00m. a 6:00 p.m. y de 00: a 100 a. m. en frecuencia de veces por semana en tres turnos”.

Añade el Folleto de la Dirección General del Medio Ambiente:

“Actualmente se cuenta con 110 Rutas trazadas técnicamente, que conforman 332 que representa el 93% del total de barrios y 68% de asentamientos espontáneos que representan el 23% del total de asentamientos, 115 urbanizaciones progresivas, 96 barrios populares, 30 colonias, 87 zonas residenciales y 2 comarcas”.

Mediante la organización de este sistema, en el enero del 2002 se reestructuraron las rutas de atención a las Zonas Comerciales, Mercados, pasando de 6 rutas a 10 rutas de evacuación de desechos sólidos, “a puestos fijos”, indica la publicación mencionada, la cual cito textualmente:

“Se destinaron 2 rutas con turnos nocturnos con frecuencia diaria de tres veces por semana y con un horario de las 7: 00 p.m. a la 1:00 a.m., en la cual una de estas rutas atienda con un camión recolector 65 contenedores de 1.0m3 y la segunda ruta con 2 a 3 camiones porta contenedores atendiendo 28 contenedores de 15 m3 en los 8 mercados del Municipio: Mayoreo, Iván Montenegro Báez, Periférico, Oriental, Huembes, Candelaria, Böer y Róger Deshón Argüello”.

Sigue la exposición del Folleto:

“Para los 8 Mercados existentes en Managua se requiere asignarles uno o dos camiones compactadores por cada Mercado, dependiendo del volumen evacuado diario, planificando los recorridos de manera que cuando se llene el primero, de inmediato llegue el segundo, además, colocar barriles con el fin de que permitir que la basura se deposite en el suelo”.

Operarios y conductores (choferes) antiguos y nuevos

Jaime Pérez Chávez,  Elmer Pérez García, Pablo Elviro Pinell Campos, Mario Pomart Rivas, Julio César Quezada Aráuz, Pablo Quintana, Daniel Quintanilla Urroz, Alfonso Ramírez Gámez, Gregorio Ramírez Mendoza, José Domingo Ramírez Murillo, Pedro Joaquín Ramírez, Luis Guillermo Ramírez Ruiz, Ismael de Jesús Ramos Sánchez, Marta Alicia Reyes Jarquín, Luis Alfonso Ríos Hernández, Pablo Rivas Valdivia, Daniel Rivera Jarquín, Noel Rocha, Douglas Rodríguez Castillo, Marcos Rodríguez Herrera, Juan Carlos Rodríguez, Alex Antonio Rodríguez López, Luis Alfredo Rodríguez López, Denis Rodríguez Moreno, Pedro Javier Rodríguez Oporta, Giovanni Rodríguez Rivera, Francisco Rojas López, Gregorio Rojas López, Julio Aurelio Rojas Mendoza, José Luis Rojas Molina, Gregorio Rojas Ríos, Carlos Romero García…

Milton Rosales Lorío, Alberto José Ruiz Membreño, Luis Emilio Saballos, Dionisio Sáenz García, Víctor Salablanca Elizondo, Donald Salazar Acevedo, Carlos Salazar Aguilar, Félix Antonio Salinas Morán, Santiago Sánchez Guzmán, Luis Antonio Sánchez, José Miguel Sánchez Mendoza, Pablo Rafael Sánchez, Eduardo Sánchez Pérez, Julio José Sánchez Silva, Alfonso Sándigo Pérez, Bismark Ayestas Sequeira, William Solórzano Flores, Pedro Javier Tapia Rivas, Carlos Alberto Téllez Cruz, Marcos José Téllez Páramo, Maynors José Torrez González, Luis Manuel Torrez Urbina, José Miguel Torrez Valdivia…

Edgard Martínez Boniche, Sergio Martínez Estrada, Julio Martínez López, Luis Martínez Machado, Edwin Martínez Vallecillo, Adolfo Mayorga Henry, Adonis Mayorga Vanegas, Augusto Medina Caballero, Julio Antonio Medina, Sergio Manuel Medina, Edwin Medina Sevilla, Donald Medrano Avendaño, Gerald Mejía Gutiérrez, José Luis Meléndez Torrez, Augusto César Mendiola Díaz, Gilberto Ramiro Mendoza Díaz, Douglas Mendoza González, Anselmo Mendoza Ibarra, José Mendoza Mayorga, Róger Armando Mendoza, Marlon Jesús Mendoza Téllez, José René Meneses Alemán, Denis José Mercado Calero, Henry Antonio Meza López, Bladimir de la Cruz Molina Baca, Francisco Antonio Molina, Pedro Rafael Molina, Nelson Molina Zelaya, Roberto Moncada García, Julio César Montalbán Palacios, Henry Martín Montano Calero, Léster José Montoya Andino, Lorenzo Javier Moraga, Juan Francisco Morales, Francisco José Navarrete, José Navarrete Gutiérrez, Eduardo José Navarro Vanegas, Jairo Antonio Neyra Martínez, Juan Novoa Mejía, José Alberto Ñamendis Hondoy, Angel Ramón Ojeda Balmaceda, José Ordóñez Avendaño, Allan Enrique Orozco Avilés, Carlos Manuel Ortega Vega, Reynaldo José Ortiz Calero, Enrique Javier Ortiz Medrano, Jorge Antonio Padilla, Justo Arsenio Padilla, Pastor Socorro Páiz Montoya, Oscar Palacios Membreño, Jairo Palacios Pérez, Porfirio “Pío” Antonio Palacios, Oscar Palacios Reyes, José Paniagua Maltez, José Pérez Aguilar…

Angel Andrés Díaz, Gonzalo Luis Díaz, Juan Gonzalo Díaz Gutiérrez, Domingo Danilo Escobar González, Ronald Mauricio Estrada Hernández, Noel Ambrosio  Estrada, José Tomás Estrada Ugarte, Gerardo de los Santos Fitoria Miranda, Reynaldo Flores Flores, Carlos José Flores Pérez, Francisco Gaitán Mercado, Lino García Areas, Rolando García Estrada, José Vicente García González, José Javier García, Manuel de Jesús García Vásquez, José Rafael Gómez, José Alejandro González Alemán, Alejandro Martín González Alvarez, Juan José González, Noel Reynaldo González López, Wilfredo González Rodríguez, Elvin Moisés Guadamuz Martínez, José Angel Guerrero Barbas, José de la Cruz Guerrero Díaz, Jairo Guevara Maltez, Ernesto José Guevara Morales, Carlos José Guido González, Evertz Antonio Guillén Silva, Carlos Javier Gutiérrez Díaz, Leonardo Gutiérrez Estrada, Luis Manuel Gutiérrez, Francisco Ricardo Hernández Rodríguez, Noel Hurtado Brizuela, Santiago Hurtado García, Pablo Liberato Hurtado, Pedro Pablo Jarquin Villagra, José Andrés Jirón Morales, Carlos Juárez Mendoza, Salvador Antonio Laguna Laguna, William José Laguna Laguna, William Larios Córdova, Carlos Enrique Leiva, José Antonio Leiva Leiva, Andrés Abelino López, José Leiva Pérez, Miguel Angel López Morales, Luis Humberto López Palacios, Ramón Enrique López, Tiffer Erick López, Pedro Lovo Molina, José Luis Manzanares Arellano, Carmen Antonio  Marenco, Benjamín Marenco Lacayo, Raúl Antonio Marín López, Manuel Márquez Maltez, Marta del Carmen Martínez Altamirano…

Leopoldo Abeas Solís, Alejandro Acevedo Bonilla, José Denis Aguilera Cabrera, Germán Antonio Aguirre Bravo, Víctor Antonio Alemán Morales, José Elías Alemán Sánchez,  Aarón Almendarez Meza, José Esteban Almendarez, Juan Carlos Alonso Flores, Franklyn Alvarado Espinoza, Domingo José Arana Martínez, Manuel Arana Sevilla, Rudy Noel Aráuz Mendieta, Danilo Ardila Gaitán, Juan Argeñal Navarrete, Ricardo Argeñal Navarrete, Deeing Argüello Cavaría, Ronald José Alvarez Ramírez, Santiago Avendaño Ramírez, Jacinto Baca, Santiago Baca Mora, Sebastián Baltodano Vado, Mauricio Baltodano Corea, Samuel de Jesús Baquedano Castillo, Carlos Manuel Belli Flores, Manuel Antonio Berríos Figueroa, Jerómino Miguel Blandón Leiva, Henry  Geovay Brenes Gutiérrez, Luis Armando Burgalín Rugama, , Edgard Caballero Silva, Ricardo José Cabrera Gutiérrez, Luis Calero Hernández, Roberto José Calero Pineda, Francisco Javier Campos, Julio Canales Bonilla, Francisco José Cano Muñoz, Brígido Alejandro Carranza Villalta, Pedro Carrión Mendoza, Luis Adán Carrión Vanegas, Mario Castellón Betanco, Pastor Castellón Llanes, Domingo Antonio Castillo Bravo, Jorge Wiliam Castillo Morales, Léster Antonio Córdova Obando, Róger Antonio Corea Juarro, Luis Alfredo Corea, Vidal Cruz Molina, Leonardo Arturo Cuadra Gutiérrez, Luis José Cuadra, Héctor Chévez  Jarquín, Francisco José Dávila Espinoza, Ervin José Delgadillo, Jeremías Delgado Ramírez, William Trejos Mercado, Sergio Martín Ulloa Velásquez, José Antonio Urroz Vásquez, Miguel Angel Vanegas, Fernando Vanegas Mora, Augusto César Vásquez Reyes, Luis Vega Flores, Manuel Vega Mongalo, Roberto Villalobos Medrano, Denis Antonio Zamora Orozco, Noel Zelaya Corea y Juan José Zepeda…

Muchos de estos hombres tienen hasta 30 años de trabajar en la recolección de basura. Muchos han muerto por enfermedades originadas en la basura, y en otros casos, fueron prensados por autobuseros y choferes particulares que iban como “endomoniados” por las calles de Managua, mientras estos hombres se dedicaban a la labor paciente de limpiar las calles, cauces, canales, aceras, tragantes y patios de la Capital.

208 hombres en 52 rutas

En el ya célebre Plantel Los Cocos hay 208 hombres, Chepes recogedores de basura, entre operarios y conductores, los cuales recorren diariamente 52 Rutas en los Barrios, Repartos, Colonias y Asentamientos mencionados antes en este librito sobre el quehacer de andar recogiendo los desechos hediondos e inodoros, algunos de los cuales son altamente peligrosos para la salud de estos pobres hombres, que limpian Managua todos los días.

Estos 208 hombres se distribuyen o se dislocan en cuatro por camión recolector de basura: un conductor y tres ayudantes o recogedores de la basura.

 Hasta junio del 2003 se contaban 25 camiones recolectores Mack nuevos; 15 Mercedes Benz, también nuevos; 5 Bobcap en buen estado; 5 tractores Belarús nuevos; 13 camiones Nissan ya viejos, de los cuales 9 andan funcionando; 2 marca Internacional, viejos y funcionando; 4 IVECOS viejos y funcionando; 8 portacontenedores de basura; y en los Distritos: Delegación II, un camión volquete marca Maz; Distrito VI, dos camiones volquetes marca Mercedes Benz; Distrito V, un camión Maz volquete; Distrito III, dos camiones Maz y un camión Kamaz, todos para recoger la basura que todos los días barren y recogen más de 100 operarios en las calles de Managua y que al mismo tiempo la extraen de tragantes, canales, zanjones y patios baldíos capitalinos.

Un informe-análisis de la Dirección General del Medio Ambiente asegura: “En total contamos con 67 camiones activos”.

 En el año 2002 recogieron un total de 324, 510.89 toneladas de basura, las cuales fueron depositadas en el llamado Relleno Sanitario, ubicado en el extremo oeste del Barrio Acahualinca y que ya mide 42 hectáreas, es decir, ha rebasado las 40 hectáreas originales, mientras espera su sustitución a un plazo que podría ser el año 2008, según especialistas en este asunto de la basura.

Estos especialistas sostienes que la vida útil de un basurero como este “Relleno Sanitario” es de 30 años, porque si va más allá de ese edad, puede explotar o sencillamente causar un desastre ambiental.

 Este Relleno Sanitario comenzó pequeño en 1967, en el borde de las aguas del Lago de Managua y frente y en la orilla de la Laguna de Acahualinca. Como queda expresado, estas 324 mil toneladas de basura se echan allí, se apelmazan con compactadoras, o sea, que allí van  quedando la basura comprimida en la orilla del Lago Xolotlán, cuyas aguas están cada vez más contaminadas por estas enormes cantidades de basuras, aguas negras y otras “chanchadas” que los managuas echan a este cuerpo de agua milenario por medio de 26 cauces enormes, 12 cloacas o tubos madres de “aguas negras” y las “aguas pluviales” que se resbalan cuando llueve hacia el pobre Lago de Managua, el cual tuvo numerosos “balnearios populares, de los “palmados”, hasta entrada la década de los 80.

 Esos balnearios eran conocidos como “la playa de los palmados” y para centenares de niños y adultos el basurero y el Lago de Managua siguen siendo fuente de “vida”, para matar el hambre, pues al  “Relleno Sanitario” llegan centenares de personas diariamente a recoger basura y a las aguas del Xolotlán entran otro tanto en busca de pescaditos para la comida.

 Esta recolección de basura se divide de la siguiente manera, en el 2003:

150, 611.22 toneladas métricas procedentes de los domicilios o casas; Hospitales y Centros de Salud,  3, 965.65 toneladas; Industria y Comercio, 1, 943.17 toneladas; 22, 854. 58 toneladas en las llamadas “Estaciones de Transferencia”; 23, 683.58 toneladas en los “Microbotaderos”; 28, 325.87 toneladas en los Mercados capitalinos (Oriental, Huembes, Iván Montenegro Báez, Jonathan González “Periférico”, Leonel Gutiérrez o Candelaria y Róger Deshón Argüello o San Judas); 73, 083.35 toneladas en los Distritos de la Alcaldía; 13, 319. 79 toneladas entre los llamados “Particulares”; 6, 723.84 toneladas en la llamada “Ecología”;  y 7, 272.99 toneladas en los cauces Oriental, Occidental y resto de cauces de Managua.

Estos equipos de cuatro hombres, un conductor y tres ayudantes, llenan el camión en su Ruta correspondiente. Si están en Sabana Grande, por ejemplo, desde allí viajan a botar la basura en el llamado Relleno Sanitario, situado unos 14 kilómetros al Oeste de Managua, en el extremo opuesto.

Esto representa grandes costos en combustible y deterioro de camiones para la Alcaldía y un esfuerzo excepcional de estos hombres sencillos, que hacen una labor sanitaria y de higiene de primerísimo orden, pero que la sociedad en general y la misma Alcaldía de Managua no se los reconoce tal como es.

Estos hombres, como queda señalado, van corriendo riesgos graves de salud y de accidentes mientras van recogiendo la basura de los domicilios, de los Hospitales, Centros de Salud, Mercados, Centros Comerciales, estacionamientos, callejones estrechos, en los bordes de los cauces, etc.

Además, se exponen a las embestidas irresponsables de los conductores de automóviles, camionetas, camiones y autobuses, que se creen “dioses”, personas “divinas” mientras van conduciendo sus automotores por las calles pavimentadas, adoquinadas y polvosas de la Ciudad Capital, donde estos hombres son Héroes Anónimos todos los días, porque esta labor heroica no se les reconoce cabalmente.

También laboran, todos los días, un poco más de 100 barredores de basura en los 5 Distritos o Delegaciones de la Alcaldía de Managua, donde, inclusive, asimismo, trabajan más de 20 mujeres en la recogida de basura en las calles, cunetas y andenes del Municipio de Managua.

Estos hombres y mujeres empujan un  carretón de manos, en el cual echan la basura que van recogiendo con un rastrillo, una pala y las manos mismas. Esa basura la transportan al llamado “microbotadero”, donde la recogen los camiones recolectores de basura, de los cuales hemos hablado ampliamente en este libro.

En el año 2002, al cual está referido el informe o Folleto presentado en páginas anteriores, estos recogedores de basura sacrificados fueron víctimas de  32 accidentes de tránsito y de otra índole, uno de ellos mortal.

En cambio, en el año 2001 sólo hubo cinco accidentes leves.

Muerte por cáncer estomacal

 Hace poco tiempo causó alarma la muerte repentina de Saúl López, quien falleció por cáncer en el estómago, atribuido por sus compañeros de labores en el Plantel Los Cocos a la influencia contaminante y horrorosa de la basura que los managuas tiran a la calle, o depositan en bolsas, o que lanzan a los cauces, tragantes, alcantarillas y canales en toda la Capital de Nicaragua.

Saúl López apareció con dolores agudos en el estómago y francamente en poco tiempo falleció.

No existe un estudio cuidadoso de las afectaciones de salud en este mundo de la recolección de la basura, pero un reciente operativo de control “médico periódico”, en los años 2002 y 2003, desarrollado por Seguridad e Higiene Ocupacional de la Alcaldía de Managua  y la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional, encontró lo siguiente:

De 324 examinados, el 25 por ciento tenía padecimientos de parasitosis; dos estaban con anemia, 42 presentaron sepsis urinaria, 89 tenían cristaluria, 12 presentaron glucosuria, 30 estaban con micosis, uno tenía T. Piruvica elevada, 4 presentaron espirometría anormal, 42 tienen diabetes, 38 padecen hipertensión arterial, cuatro tenían gastritis y uno fue encontrando con hepatitis viral.

“Gorila de Parque” con cáncer en la piel

Uno de estos hombres recogedores de basura, llamado José “Gorila de Parque” Martínez Rayo, quien es conductor de camiones recolectores, padece actualmente de una especie de cáncer en los pies, los cuales se le rajan y le pican y le arden. Ya no aguanta andar manejando el camión, pues constantemente debe andar haciendo fuerza con los pies en los pedales del pesado automotor de la Alcaldía de Managua.

 “Gorila de Parque” tiene prohibido andar manejando los camiones, en vista de que al apretar los pedales del vehículo, la piel de los pies se le agrieta, se le irrita, le duele y le pican los pies mientras anda en las labores de recolección de basura.

 “Gorila de Parque” fue dirigente sindical en la década de los “80” cuando ocupó la “cartera” de Seguridad e Higiene Ocupacional del Sindicato Unico Héroes y Mártires de la Alcaldía de Managua, el cual era conducido por Ramiro Mejía Ortiz, J osé de la Cruz López Zamora y Armando Areas Jarquín.

Según algunos dirigentes sindicales sandinistas, muchos compañeros de la recolección de basura han muerto por esta brutal contaminación, mientras no hay un estudio serio sobre este problema en Managua.

 Bacterias peligrosas y hongos contaminantes

 El informe mencionado de Seguridad e Higiene Ocupacional, señala al mismo tiempo que en general son poco usados los equipos de protección personal, hay poca higiene personal, existe proliferación de vectores, temperatura elevada a cielo abierto, humedad constante, especialmente en época lluviosa o “invierno”; ruidos de más de un centenar de decibeles por parte de la maquinaria en que trabajan o las vibraciones de las mismas; bacterias peligrosas y hongos contaminantes, accidentes de tránsito y cortaduras, “sobreesfuerzo físico”, parasitosis intestinal por falta de higiene, infecciones de vías urinarias por deshidratación (falta de agua), químicos o gases metanos por descomposición de la basura, humos y nubes de polvo, especialmente en el Relleno Sanitario o “Chureca”;  repetición de movimientos forzados, fatiga y estrés sin cura alguna; vidrios quebrados en la basura, cuchillas filosas en la misma basura, puntas de metal filosas, espinas, agujas y cuchillos desechados en los hogares van dentro de las bolsas de basura.

Y para colmo: horario de trabajo inestable, servicios higiénicos en mal estado y en mala ubicación, poco conocimiento sobre las normas elementales de trabajo en todo el quehacer del Plantel Los Cocos, no existe un mapa de riesgos y daños, vestidores inseguros y deteriorados, proliferación de moscas, cucarachas y ratones en el mismo centro de trabajo, los trabajadores no se bañan después de concluir su jornada laboral, la cual se ve repleta de contaminación; el “Relleno Sanitario” está contiguo a una laguna de oxidación (Laguna cratérica de Acahualinca), la oficina de allí mismo es semioscura, no se usan las macarillas de protección por parte de los operarios y conductores o “choferes”, se utilizan (para colmo de males) sustancias irritantes para “lavarse” las manos como el diessel y la gasolina, los soldadores no usan los medios de protección en los ojos y resto del cuerpo.

Este tipo de “riesgos” ocasionan, entre otras enfermedades: problemas respiratorios, heridas, quemaduras por químicos y gases, parasitosis , dermatosis o problemas en la piel,  infecciones urinarias e intestinales, faringitis, dolores osteoarticulares, micosis, entre otras enfermedades evitables mediante medidas higiénico-sanitarias.

La Alcaldía de Managua ya tomó la decisión de construir, dentro del mismo Plantel Los Cocos, una clínica para atender a sus trabajadores, la cual, ojalá, funcione eficientemente.

Quienes hicieron el estudio mencionado, recomiendan, entre otras cosas:

Poner  botiquines en los camiones recolectores de basura; dotar de agua limpia y jabón para que los trabajadores se laven las manos en el mismo camión; aunmentar la capacidad de los “contenedores”, para que los “camiones ruteros” hagan menos viajes al Relleno Sanitario, mediante lo cual se gastaría menos combustible, se dañarían menos las unidades y se evitaría la fatiga extrema de los operarios y conductores; dar un horario de recreación para practicar deportes, dar seguimiento médico a todos los trabajadores, fumigar frecuentemente, aplicar medidas correctivas a lo ya mencionado, “acondicionar botiquín de Primeros Auxilios, apoyado por medios de movilización automotora para casos de urgencia”, buscarle soluciones a la amenaza de la “laguna de oxidación”, crear un área de lavado de camiones antes de introducirlos en el Plantel Los Cocos, aunmentar la higiene personal en los baños, para lo cual se debe facilitar jabón y los medios necesarios; aplicar el reglamento disciplinario por el no uso de los medios de protección; investigar la posibilidad de usar medios  menos calientes que los guantes o chalecos, plan de evacuación y rotulación de riesgos y salidas de escape, lavar los camiones antes de la inspección mecánica o reparaciones, dar mantenimiento  sistemático a los servicios higiénicos y vestidores, no permitir el uso de gasolina o diessel para lavarse las manos, o sea, quitarse los aceites y químicos de las manos, brazos, pecho, piernas y pies.

Ya fueron acondicionados los servicios higiénicos del Plantel Los Cocos y ya se construyó la Clínica Médica también.

Repito algunos párrafos del Folleto de la Dirección General del Medio Ambiente: “Actualmente se cuenta con 110 Rutas trazadas técnicamente, que conforman 32, que representa el 93 por ciento (de cobertura) del total de Barrios, y 68 por ciento de Asentamientos Humanos Espontáneos, que representan el 23 por ciento del total de Asentamientos; 115 Urbanizaciones Progresivas, 96 Barrios Populares, 30 Colonias, 87 Zonas Residenciales y 2 Comarcas”.

Hasta el año 2001, añade, un documento de la Dirección General del Medio Ambiente, se atendían sólo 93 puntos en 224 Barrios, 43 Zonas residenciales, lo cual representaba el 62 por ciento, es decir, ha aumentado significativamente el ámbito de la recolección de la basura en Managua.

En el año 2002, se estructuraron las Rutas de recolección de basura de tal manera que se trabaja en tres turnos: de seis de la mañana a las doce del día; de las 12 del día a las seis de la tarde, y de las seis de la tarde a la una de la madrugada.

En los ocho Mercados Minoristas, mientras tanto, se establecieron, a partir del 2002, 10 Rutas (antes eran sólo 6) de evacuación de los desechos sólidos a puestos fijos.

Se destinaron 2 Rutas con turnos nocturnos y con frecuencias diarias de tres veces por semana y con un horario de siete de la noche a las diez de la mañana del día siguiente, indica los documentos mencionados de la Dirección General del Medio Ambiente de la Alcaldía de Managua.

Para este servicio en los ocho Mercados Minoristas, incluyendo los más grandes: Oriental y Huembes, se han destinado 65 contenedores de 1.3  y 15 metros cúbicos metros cúbicos, movidos por dos o tres camiones con características técnicas especiales para moverlos cuando están repletos de basura.

Esos Mercados son: Oriental, Carlos Roberto Huembes, Mayoreo, Iván Montenegro Báez, “Periférico”, Leonel González o Candelaria, Israel Lewites, Róger Deshón Argüello.

Bioenergética “Chureca”

Proponen generar 4 megavatios de de energía eléctrica

 Este asunto de la producción de basuras (orgánicas y no orgánicas) seguirá produciéndose, aunmentando y continuará siendo un problema de salud pública en Managua.

El nuevo (futuro) Alcalde sandinista Dionisio “Nicho” Marenco Gutiérrez ha propuesto que la Alcaldía se convierta “en mayorista de la basura”, es decir, en acopiadora de lo que recojan pequeñas empresas o grupos de vecinos organizados para recoger los desechos sólidos, como ya ocurre en el Asentamiento “Tierra Prometida”, donde numerosos vecinos se agruparon y financiados por un banco privado, prestan ahora el servicio de limpiar en la calle, para que la basura no se acumule ni represente peligro para la salud de los pobladores de este sector Suroccidental de Managua.

Al mismo tiempo, un empresarial denominado  “Grupo Conjuris”, ya propuso al Alcalde Marenco y al Concejo Municipal de Managua la instalación de una productora de energía eléctrica en “La Chureca”, aprovechando el gas metano que está bajo la superficie del basurero y que produce, como dije antes, incendios permanentes en todo el llamado “Relleno Sanitario”.

 Esta empresa asegura que con el potencial energético de este metano, producirá cuatro megavatios de energía eléctrica diariamente, a un costo de 6 centavos dólar el kilovatio hora.

 Proponen el “cierre técnico del basurero”, cubrirlo con una capa de tierra arcillosa y una grama, sobre lo cual se construiría una planta moderna que sería motiva por una compleja red de tubos internos, es decir, metidos, ensartado donde está el gas metano acumulado por descomposición de la basura.

Mediante un estudio técnico-científico, Conjuris asegura que en “La Chureca” hay acumuladas 200,000 toneladas de emisiones de gases de efecto invernadero, causantes del recalentamiento global del planeta, y que lo mejor es utilizarlo en producción de energía eléctrica y a la vez organizar un sistema que lo vuelva completamente inofensivo a la salud humana y a la naturaleza circundante.

Señalan que la cobertura de tierra arcillosa y de grama tendrá un costo de un millón de dólares. Proponen aislar e impermeabilizar los límites del basurero, para que no se sigan perjudicando “el espejo de agua del Lago de Managua”. Esto  tendría un costo de 500,000 mil dólares.

Plantarían un “parque botánico” que incluye árboles agrupados, según su origen regional, a un costo de 40,000 dólares.

Proponen, además, “un servicio social” para educación, salud y capacitación de quienes viven y trabajan en el sector de “La Chureca”, lo cual costaría 70,000 dólares.

De acuerdo con el plan de Conjuris, la Alcaldía de Managua no pagaría ni un centavo, sólo le tocaría autorizar el funcionamiento de este proyecto energético, construir un nuevo basurero para Managua y recibir un millón 200,000 dólares de beneficios financieros al año, más una inversión de 700,000 dólares por la construcción de 280 casas o viviendas para igual número de familiares residentes en “La Chureca”.

 Managua, diciembre del 2004.

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Ticuantepe, Ticuantepe, territorio siempre disputado

 

Ticuantepe

Territorio siempre disputado

Pablo Emilio Barreto P.

Por los petroglifos de La Borgoña, de La Quebradita y La Zorra, más la cerámica encontrada donde hubo cementerios indígenas en varias comarcas, se puede afirmar que el suelo del Municipio de Ticuantepe fue uno de los asientos indígenas pre-colombinos, tal vez de similar antigüedad a las tribus de los nicaraos y chorotegas o mejicanos.

Distintos historiadores nacionales e internacionales consideran que estas tribus de nicaraos y chorotegas se instalaron en el suelo nicaragüense hace más de dos mil años, e inclusive algunos sostienen que estos asentamientos humanos datan de no menos de cuatro mil años, desde que llegaron del lado de Alaska y México, después de que sus tatarabuelos originales cruzaron el heladísimo llamado hoy Estrecho de Bering en el Polo Norte.

Esos petroglifos de La Borgoña representan serpientes muy largas, una especie de “sacerdote sin cabeza” y animales, imágenes típicas también encontradas en otros sectores geográficos que fueron asientos de otras civilizaciones indígenas, posiblemente chorotegas o mejicanos, los cuales se ubicaron en Managua, Mateare, toda la Península de Chiltepe y Tipitapa.

Por ejemplo, en los paredones rocosos de la Laguna de Asososca, al oeste de Managua, se encuentra asimismo una famosa “serpiente emplumada”, esculpida en una piedra firme de la pared vertical del cuerpo de agua.

Los petroglifos de La Borgoña están a una distancia relativamente corta del centro principal de cerámica o cementerios indígenas, situados al oeste, al pie del Cerro Ticuantepe, el cual forma parte de los llamados Filones de El Crucero.

La cerámica indígena es variada, multicolor, funeraria, utilitaria y representativa de rostros de seres humanos, especialmente femeninos y también representan imágenes de animales silvestres y domésticos.

Esto indica, según veremos más adelante, que el territorio oeste, al pie del Cerro Ticuantepe o en sus empinadas cúspides, habitaron grupos indígenas hace centenares o miles de años.

Estos indígenas eran los Mazagalpas. Como en casi todos los casos, no hay documentación acerca de cuándo aparecieron en estas tierras frescas de los Filones de El Crucero de Managua (eran originalmente de Masaya).

Este grupo indígena Mazagalpa sostenía relaciones comerciales y culturales con los nahuas o nicaraos, de acuerdo con investigaciones realizadas por Carlos Ampié Pérez, estudioso de estos asuntos indígenas en Ticuantepe.

Se establece plenamente la presencia de los Mazagalpas en el siglo 18 cuando aparece haciendo medidas de tierras en Managua el encomendero español Juan Bautista Almendárez, quien había recibido en “encomienda” (esclavos, tierras y cosechas regaladas) Tipitapa en 1755, según los historiadores Julián N. Guerrero, Lolita Soriano de Guerrero y Gratus Halftermeyer, este último autor de “Managua en la Historia”.

Por supuestas órdenes del sistema colonial español, Almendárez trazó líneas entre el Cerro Ticuantepe, la Península de Chiltepe y distintos puntos de Managua y Nindirí, debido a peticiones de grupos indígenas.

Al tomarse las medidas y hacer Almendárez el informe correspondiente, el encomendero español menciona que los indígenas Mazagalpas residen entre Managua y el Cerro Ticuantepe.

La palabra Ticuantepe quiere decir: “Cerro de las Fieras”. Según crónicas españolas de finales del Siglo 18, especialmente cuando Almendárez anduvo tomando las “medidas” de tierras mencionadas, se menciona una gran cantidad de fiera o animales salvajes existentes en Los Filones de El Crucero y los bosques ubicados en lo plano, y en ambos escenarios se incluía el territorio de Ticuantepe.

Entrevista con Carlos Ampié Pérez

Mazagalpa significa: “Casa de los venados”, según Urtecho y Carlos Mántica, lo cual confirma Carlos Ampié Pérez, uno de los estudiosos del pasado aborígen de Ticuantepe.

Algunas crónicas dispersas y muy limitadas indican que esta comunidad indígena de los mazagalpas existía en esta zona de Ticuantepe (y posiblemente de “La Concha”) cuando llegaron los conquistadores españoles al Lago de Nicaragua (“…la mar dulce”), jefeados por Gil González Dávila.

Según los estudios y afirmaciones de Carlos Ampié Pérez, la comunidad indígena de los mazagalpas era de unos 5,000 indígenas en aquella época de la llegada de los españoles al Gran Lago Cocibolca o de Nicaragua.

Esta relación se saca, al mismo tiempo, por los restos arqueológicos encontrados en distintos sitios del territorio de Ticuantepe, especialmente en comunidades rurales actuales como San Felipe y El Edén, situados al borde de las faldas del Cerro Ticuantepe.

Por medio de la arqueología se ha podido determinar que vivían de la agricultura porque sembraban maíz, frijoles, yuca, algodón, pitahaya, chagüites (plátanos, guineos).

Del algodón tejían sus telas para sus vestidos. Los mismos españoles obligaron a los indígenas mazagalpas a que les tejieran telas de algodón para confeccionar los vestidos de los colonizadores, hacer ver Ampié Pérez.

Esta comunidad indígena de los mazagalpas estaba íntimamente relacionada con los nahualts, que también es el mismo pueblo nicarao o Nicaragua, grupo llegado a nuestro territorio unos tres siglos antes que los españoles.

Los nicaraos o nicaraguas fueron los últimos en llegar a este sector geográfico antes de la conquista española, porque primero, varios siglos antes, llegaron los chorotegas o mejicanos, de los cuales también existen bastantes vestigios arqueológicos.

Por supuesto, es bien marcada la diferencia arqueológica entre los chorotegas y nicaraos o nicaraguas.

Se ha estudiado y establecido que entre los chorotegas y nicaraguas ya tenían diferencias grandes. Por ejemplo, entre las tumbas de los nicaraguas se han encontrado restos humanos en los sarcófagos, en las ollas, inclusive calaveras (huesos del rostro y la cabeza) y casi todos sus objetos utilitarios usados por ellos, por ejemplo, las piedras de moler a mano, bien trabajadas, con rostros esculpidos de personajes importantes.

La piedra de moler se conoce como “metate” la piedra de moler, la cual, según se aprecia, era tallada pacientemente hasta darle una forma honda en el centro y alta en los extremos, para que se pudiesen moler el maíz, para la fabricación de las tortillas.

En cambio, es notorio que los chorotegas no tenían la delicadeza artística, porque su cerámica es menos artística, un poco rústica. Sin embargo, sus rasgos era más hacia lo escultural, esculpido, aunque en sus figuras de cerámica plasmaban cómo era la gente… Si se trataba de una muchacha, pues en la figura de barro se nota que era joven. Si se trataba de una persona adulta también lo hacían bien. Representaban asimismo a los ancianos.

Se nota que los ancianos eran jorobaditos, tal como es un anciano.

Otro rasgo característico de los chorotegas es que no se enterraban en vasijas u ollas…se enterraban en el puro suelo.

Diriangén derrota a Gil González

El idioma de los chorotegas poco se conoce, sólo en algunos pueblos de oriente como Nindirí, Monimbó, Niquinohomo, Diriomo y Diriá. Diriá era el pueblo más importante de esa época de los chorotegas y mazagalpas, porque el pueblo de Diriá organizó el ataque a Gil González Dávila, encabezado por el Cacique Diriangén.

La relación que tiene el pueblo de los dirianes se conoce más por ese encontronazo con Gil González Dávida…Se informa en crónica que fue un día sábado a las doce del día que les tocó atacar a los españoles.

Los indígenas salieron de Diriá ese día sábado. El lugar del encuentro, como se sabe, fue en Nandaime, donde los españoles fueron derrotados por los dirianes, jefeados por el Cacique Diriangén.

Ese día los españoles levantaron el campo y Gil González Dávila y su ejército de invasores criminales se retiraron hacia Costa Rica.

Los nicaraos eran un pueblo de más empuje económico, cultural, racial y al parecer hasta militar, porque esta tribu impuso si idioma en esta zona del territorio nacional.

En Nicaragua se pronuncian unas 600 palabras de orígen nahualts, las cuales sirven para comunicarnos diariamente entre los nicaragüenses.

“Pepenar”, “celeque” y “tetelque” son tres palabras nahualts. La primera significa recoger, la segunda verde y “tetelque” expresa que algo está amargo.

“Cumiche” se refiere al último hermano o hermana. “Pipe” indica el hermano o hermana mayor.

El mismo nombre de Ticuantepe procede del nahualt, cuyo significado es “Cerro de las Fieras”. Alguna crónicas españolas y relatos trasmitidos de generación en generación señalan que en los cerros de Ticuantepe abundaban los leones, tigres, venados, mapachines, tigrillos, garrobos, chanchos de monte (zahínos)…

Mazagalpa es también de origen nahualt o nahua. Significa “Tierra o casa de los Venados”.

Ha quedado demostrado que los Mazagalpas poblaron el oeste del territorio actual de Ticuantepe, en una zona alargada paralela (en el valle) al Cerro Ticuantepe y en sus faldas, en las cuales abundaban los ríos, ojos de agua y lagunetas, según se ha venido descubriendo con el paso del tiempo.

Artistas finos

Los Mazagalpas eran artistas finos, de gusto exquisito, de acuerdo con los vestigios arqueológicos que se han venido descubriendo a lo largo de decenas de años, especialmente por el paso de arados de tractores, roturas de zanjas, aperturas de huecos para sembrar árboles o construir casas en la zona oeste del actual Ticuantepe.

Los arados, en tiempos de los algodonales en Ticuantepe, hacían brotar quebrados y enteras distintas piezas arqueológicas como ollas con osamentas humanas, platos, vasijas ornamentales..

Al hacerse zanjas para instalar tubos de agua potable ha ocurrido lo mismo, e igualmente al cavar huecos para construcciones de casas o perforaciones para pozos, pero lo lamentable es que nunca hubo preocupación por recoger y ordenar esta arqueología de Ticuantepe en un museo, ni mucho menos que los gobiernos hayan enviado a arqueólogos a estudiar esta riqueza de historia de los indígenas Mazagalpas.

Por las piezas arqueológicas encontradas, la mayoría de ellas dañadas, se puede apreciar que eran grandes artistas en la cerámica, la escultura y especialmente en la pintura estampada en las vasijas de barro, pintura que perdura casi intacta hasta hoy.

Esa cerámica era muy bella, con colores muy vivos, con figuras femeninas impactantes en “ídolos” pequeños, en los cuales las mujeres se ven delgadas, de rostros finos, cabellos largos, ropas coloridas, todo lo cual indica que las mujeres eran muy bonitas y atraían como imán a los hombres.

En muchos casos, las figuras femeninas aparecen embarazadas como para representar a la diosa de la fertilidad.

Hay ceramistas que han intentado falsificar estos trabajos originales de los indígenas Mazagalpas, pero son tan burdos, que inmediatamente se detectan, no son legítimos, no aparecen algunas características como la mujer embarazada…Se nota que los Mazagalpas veneraban a la mujer porque para ellos era símbolo de la creación y de la fertilidad, era la que traía los hijos al mundo de los vivos.

La cerámica que se conoce como “Luna”, aparecida en Ometepe (“Dos Cerros”), es la misma que aparece en Ticuantepe en vasijas, “ídolos” o estatuillas.

El fondo es crema, rojo y negro, amarillo, celeste, café. Esta pintura era de orígen vegetal, es decir, los indígenas la fabricaban de las plantas con potencial colorante de los alrededores. Esos colores se han mantenido por siglos en entierros en el puso suelo.

 

Las vasijas y ollas de barro de El Raizón, una de las zonas arqueológicas en Ticuantepe, de origen nicarao, tienen muy vivos los colores, quizás por la resequedad del ambiente, ya que están cerca del Volcán Masaya (al sureste del poblado-ciudad de Ticuantepe), lo cual ha contribuido a que se conserve mejor la pintura.

 

En cambio, al oeste de Ticuantepe, la arqueología mazagalpina ha sido muy deteriorada, especialmente por la agricultura, y en particular por los algodonales que hubo en una faja paralela de una 10 kilómetros al pie del Cerro Ticuantepe, de sur a norte o viceversa.

Estos 1o kilómetros se extienden en los terrenos de las fincas y comunidades La Borgoña, San José, Los Ríos, El Edén, San José y San Felipe, todos al oeste del casco urbano de Ticuantepe.

En el mismo suelo del casco urbano de Ticuantepe y el Barrio Buenos Aires alojan cerámica de los mazagalpas, pero, por supuesto, no eran los asientos principales.

Estos suelos, en esa faja mencionada de 10 kilómetros al Este del Cerro Ticuantepe, han sido cultivado con tabaco, algodón, arroz, frijoles, maíz, chagüites, piñas, guayabas amargas para fresco, hortalizas, yucas…para lo cual los finqueros usaron tractores con arados y gradas. Estos arados y gradas destruyeron casi en su totalidad los entierros indígenas en esta zona de 10 kilómetros de largo por unos cuatro kilómetros de ancho.

Allí habían cementerios indígenas, lo cual es ya comprobado por los hallazgos mencionados, pero las cerámicas fueron trituradas por estas prácticas agrícolas.

 

Sólo quedan sitios reducidos que no fueron tocados por los arados de los tractores o por las cobas para hacer zanjas para construcciones de casas o instalaciones de tubos para el agua potable en sitios como El Edén, San Felipe…

Hay esperanzas de que todavía se encuentren ollas y vasijas enterradas profundas. Se hará una investigación, con el fin de tener más elementos analíticos para el estudio de esta cerámica de los mazagalpas en Ticuantepe.

 

Cerámica Usulután

 

Aquí en Ticuantepe, a pesar de la destrucción mencionada, en distintas épocas se han encontrado también cerámica conocida como “Usulután”.

“Usulután” es una ciudad salvadoreña, ubicada al pie del Volcán del mismo nombre en la orilla del Océano Pacífico. “Usulután” es uno de los departamentos con mayor producción de café en El Salvador.

A esta cerámica “Usulután” se la conoce como “cera perdida”. Es una cerámica muy artística porque se sabe que fue elaborada que fue elaborada con cera, antes de quemarla, y luego era lacada.

Laca es una resina color encarnada oscuro que se saca de ciertos árboles. O sea, éste era un esmalte especial, debajo del cual aparece una figurilla similar a una trenza muy pequeña.

Algunos arqueólogos indican que esta cerámica “Usulután” es más antigua que la cerámica nicarao y chorotegas. Entre era cerámica de “cera perdida” aparecen objetos como picheles, platos y figuras de animales como cusucos muy lindos, cazuelas con formas de mujer.

 

“Pipiles” y La Borgoña

 

Se presume que esta cerámica fue traída a este sector de Ticuantepe por la tribu de “Los Pipiles”, los cuales eran artistas consumados y al mismo tiempo aguerridos. “Los Pipiles” anduvieron por distintos lugares de Centroamérica, y se afirma que los conquistadores sanguinarios Hernán Cortés y Pedro de Alvarado no pudieron someterlos al presentarse las tropas asesinas españolas al Valle de Las Hamacas (territorio de San Salvador).

Cortés condenó a muerte y a la esclavitud a “Los Pipiles”, pero éstos prefirieron subirse al Cerro de Las Pavas, donde presuntamente permanecieron varios siglos.

 

Se supone, además, que “Los Pipiles” estuvieron en el sector de Ticuantepe mucho antes que los nicaraos y chorotegas, debido a lo cual se encuentra aquí la llamada “Cerámica Usulután”, también conocida como “cera perdida”.

 

Esta “Cerámica Usulután” se ha encontrado asimismo en León y en el Municipio de Managua. Se han encontrado figuras de cerditos pequeños como las que hoy se hacen para alcancías en hogares nicaragüenses.

 

Se han encontrado figuras de “cera perdida” con mezcla de animales con máscaras humanas.

Se han encontrado bastantes piezas de “Cerámica Usulután” en San Juan de Oriente, donde, aparentemente, es la más abundante en los hallazgos arqueológicos.

El centro de estas actividades culturales de los indígenas nicaraos y mazagalpas era La Borgoña, donde quizás era un “Centro Ceremonial” de los nahualts, porque las figuras de la llamada “pared de las serpientes” es de orígen mejicano, es decir, chorotegas.

Los Mazagalpas eran descendientes directos de los nahualts.

Algunos arqueólogos sostienen que estos petroglifos de las rocas o “paredes de La Borgoña” son similares a unos encontrados en Tula, de México, que fue la capital del reino de los toltecas.

Tula fue fundada en 677 y destruida en 1116, mucho antes de la llegada de los españoles genocidas a México.

 

Algunos arqueólogos afirman, además, que de Tula eran originarios los “Pipiles” ya mencionados.

Esta figura de “las serpientes” era el dios de los Toltecas, una de las grandes agrupaciones indígenas de México antes de la llegada de los españoles.

En los petroglifos de La Borgoña hay algunas imágenes difíciles de descifrar. Por ejemplo, una especie de sacerdote decapitado, luciendo una túnica, que aparece con una herida en el pecho.

Las demás son figuras de caras humanas. Las que sobresale, por supuesto, es la serpiente larguísima esculpida en cuatro metros de la roca de origen volcánico.

Esa serpiente aparece con dos cabezas. En la cola presenta una especie de nudo.

Esta serpiente esculpida en piedra es la más famosa de Nicaragua, porque la de Asososca (“Serpiente Emplumada”), parecida también a las que hay en Tula, México, es decir, seguramente esta imagen formaba parte de la cultura tolteca o mejicana.

Esta zona de La Borgoña tiene unas 20 manzanas de tierras implicadas en los cementerios arqueológicos indígenas de Ticuantepe.

El sitio en que están los petroglifos de La Borgoña es un cauce profundo, dentro del cual existe una roca volcánica inmensa, en la que están talladas las figuras mencionadas.

 

Estas joyas arqueológicas han sido descuidadas por decenas de años, al extremo de que la roca está siendo erosionada por la tierra, lodo, polvo y químicos que le caen procedentes de un solar contiguo en que se siembran piñas.

Las raíces de arbustos también están dañando los sitios en que están tallados los petroglifos.

Ante ésto, la Alcaldía (en manos del Frente Sandinista en el año 2002), encabezada por Salvador Ampié Pérez se ha mostrado preocupada para proceder a salvar este patrimonio nacional y municipal de forma inmediata.

Ha quedado claro, asimismo, que este sitio de La Borgoña fue habitado por los chorotegas posiblemente hace más de mil años. En otras palabras, mucho antes de la llegada de los españoles genocidas a América.

Los chorotegas habitaron también Nindirí, Managua, Mateare, pueblos de oriente y en cuanto a Ticuantepe, aparentemente, estuvieron reducidos al sitio de La Borgoña.

 

En cambio, al mismo tiempo se ha establecido que el sector arqueológicamente planteado se encuentra en San José, San Francisco y Buenos Aires, al pie, al este del Cerro Ticuantepe.

Es una faja horizontal, un terreno plano, donde finalizan las llamadas “Cuchillas” de Ticuantepe, donde habitaron también los nicaraos, de los cuales eran descendientes los indígenas mazagalpas.

Estos pobladores indígenas mazagalpas aparecen claramente mencionados en el Siglo 18, porque los encomenderos españoles (por la encomienda esclava) recibían de ellos las contribuciones obligatorias de maíz, algodón, henequén, frijoles, pieles de animales, todo medido por fanegas, y como queda referido el encomendero Juan Bautista Almendárez los menciona al tomar unas medidas limítrofes entre el Cerro Ticuantepe, un punto de Managua, Mateare y la Península de Chiltepe.

 

Mazagalpas descendientes de nahuas

 

Se considera que los mazagalpas eran los últimos descendientes de las tribus o comunidades nacionales nahualts (o nahuas) y herederos, supuestamente, al mismo tiempo, de los nicaraos, cuyo asiento principal estuvo en Rivas.

Estos indígenas mazagalpas, igual que el resto de comunidades indígenas masacradas masivamente (50 millones de indígenas fueron asesinados) por toda América por españoles, ingleses y portugueses, se vieron obligados a cultivar granos básicos, frutas y legumbres para sostener a los parásitos españoles que los sometían con armas, religión y analfabetismo generalizado en el caso de Nicaragua.

Los mazagalpas fueron también esclavos de los españoles, a los cuales les suministraban también grandes cantidades de miel de abejas, extraídas de los huecos de los árboles inmensos del Cerro Ticuantepe, de Cerrón Grande, del Volcán Masaya y de todos los Filones de El Crucero.

En las crónicas del Siglo 18 se establece también que se veían obligados a entregar gallinas, cueros de tigres, tejidos de algodón, todo para los parásitos españoles.

 

Sin embargo, se ha comprobado, inclusive, que ya ha mediados del Siglo 18 los mazagalpas huyeron de los españoles hacia el lado del territorio actual de “La Concha”, es decir, buscando San Marcos y Jinotepe, donde las montañas eran más nutridas en esa época. Ya no soportaban la carga de ser esclavo, de estar alimentando a bandidos, ladrones y saqueadores, y posiblemente participaron en las sublevaciones antiespañolas de Masaya, Managua, Granada y León.

Es necesario dejar claro que Ticuantepe, como territorio del dominio español, siempre formó parte de la llamada Villa de Santa Ana de Nindirí en 1770 por el Rey de España.

 

Se conoce que ya en 1535 Nindirí era paso obligado de indígenas y españoles entre Granada, Managua, Mateare, Nagarote y León Viejo.

En 1545 Nindirí fue entregado en “encomienda” por los colonialistas europeos a españoles, lo cual significaba, en aquellos tiempo, una forma de esclavitud y contribuciones en maíz, algodón, frijoles, cueros de animales silvestres a los encomenderos por estarlos explotando salvajemente por medio de las armas.

Existe la leyenda de que el Cacique Tenderí o Lenderí fue capturado por los españoles, quienes presuntamente lo amarraron a un árbol de mango (¿¿existían los mangos en Nicaragua en esa época??) durante ocho día, para domarle la voluntad y obligarlo a que se convirtiera en “católico”.

 

 

No es comprobado que Tenderí o Lenderí existiera, pero la leyenda añade que al final de los ocho días, el Cacique llamó a los jefes españoles para pedirles que lo soltaran por un momento para irle a consultar al Consejo del Cacicazgo si él (Tenderí) se “evangelizaba”.

La leyenda afirma que Tenderí o Lenderí en realidad no fue ante el Consejo del Cacicazgo, pues aprovechó que lo soltaron y se fugó. Se concluye con que prefirió morir peleando que dejarse someter por los brutales conquistadores rubios de Europa.

Se ha sostenido también que sobre este asunto, posiblemente, hay una confusión armada por los cronistas españoles, pues con el pasar de los siglos se ha establecido que más bien la Laguna de Masaya era llamada “Nindirí” por los grupos indígenas chorotegas de esta zona, y que posiblemente el Cacique de nombre Tenderí o Lenderí nunca existió.

 

Se ha dicho, al mismo tiempo, que los españoles nombraron al último Cacique llamado Nacacime o Nacatime, el cual andaría “acompañando” a los opresores coloniales en esta zona de dominación española hace más de 500 años.

 

No se ha estudiado cuáles o quiénes serían los descendientes étnicos directos de los mazagalpas en Ticuantepe. Se presume que éstos estarían ubicados, precisamente, en territorio de Nindirí.

Los habitantes más antiguos de Ticuantepe, como Ruperto “Conejo” Hernández, mencionan que ellos son descendientes directos de los pobladores más antiguos de Nindirí, donde, como se ha visto, estuvo uno de los asientos indígenas más importantes de Nicaragua.

 

¿Cómo establecer a estas alturas quiénes son los descendientes de los mazagalpas?

Chorotegas y nahuas o nicaraos, según el cronista español Oviedo y Valdez, eran distintos, pues indica que los chorotegas eran bajos y menos delgados, tal como se ve a la mayoría de los pobladores de esta zona de Nindirí, Ticuantepe y Masaya.

Inclusive, se ha expresado que los chorotegas vinieron de Chiapas (Península de Yucatán, México) y que les decían “chapanecos”. Casualidad o no, se ha escrito también que eran bajos y recios de cuerpo.

Los nicaraos o nahuas, también venidos de México, eran más altos, “de regular tamaño”, delgados, y descripción parecida existe del Cacique Agateyte por parte de los cronistas españoles, especialmente de Oviedo y Valdez.

Se diferenciaban también por la lengua. Los nicaraos impusieron su idioma, su comercio y su lengua perdura hoy con muchos nombres geográficos como Masaya y Chinandega, por ejemplo.

Los actuales pobladores de Ticuantepe ya son una mezcla de diferentes partes del país, pues ahora existen pobladores de Nindirí, de Masaya, de Managua, de Carazo, rivenses, granadinos, incluyendo pobladores de origen extranjero.

 

 

De los antiguos pobladores: nicaraos o nahuas, chorotegas y mazagalpas, seguramente han desaparecido, según opinión de Carlos Ampié Pérez, uno de los hombres más estudiosos de la Historia de este poblado, Municipio y pequeña ciudad perteneciente, primero, a la jurisdicción de Nindirí, a Masaya en segundo lugar y por último al Departamento de Managua desde el 4 de julio de 1974, día en que fue creado oficialmente Municipio de Managua.

 

Existe una coincidencia generalizada entre los pobladores mayores de 80 años en Ticuantepe y es que afirman haber llegado de Nindirí cuando sus padres ya eran seres humanos de 30, 40 y 50 años.

Otro asunto que al parecer quedó claro, al desaparecer la brutal dominación española en Nicaragua, es que los pueblos chorotega, nicaraos o nahuas y los mazagalpas, ya se habían mezclados, ya formaban un solo pueblo, una sola raza: la nicaragüense.

 

Ticuantepe perdido en el tiempo

 

Comienza una disputa interminable

 

Después de las mencionadas “medidas” de tierras por parte del “encomendero” (esclavista español) Juan Bautista Almendárez, allá por 1760, los indígenas mazagalpas y el poblado de Ticuantepe no vuelven a ser mencionados hasta que surge una disputa en 1884 por su posesión territorial entre Managua y Masaya.

Algunos ancianos, como Ruperto “Conejo” Hernández, de 115 años (al mes de febrero del 2002), afirman que el territorio de Ticuantepe siempre estuvo habitado por finqueros y campesinos, a pesar de que no fuese mencionado por historiadores, periodistas, paisajistas o intelectuales.

 

“Conejo” Hernández no es de Nindirí, porque según él nació en San Marcos, Carazo, pero su padre, afirma él, venía a trabajar en fincas o haciendas cafetaleras de terratenientes  de Ticuantepe a mediados del Siglo 19, es decir, antes de 1884.

 

Un dato curioso es que ya en ese tiempo, la Iglesia Católica de Nindirí era la “propietaria” de las tierras de Ticuantepe. Quien quería usar tierras y convertirse en terrateniente, precisamente, debía pedirle permiso a la Iglesia Católica de Nindirí, pues de lo contrario no podría poseerlas.

 

Recordemos que, precisamente, este asunto del poder omnímodo de la Iglesia Católica por posesiones de tierras y otras propiedades, fue, en parte, el origen del conflicto político entre los curas y el gobierno de José Santos Zelaya, quien, inclusive, mandó a expulsar del país a numerosos sacerdotes.

 

Se informa, además, que, por ejemplo, gran parte de las tierras de la Comarca Cofradías (territorio noroeste de Nindirí) era propiedad de la Iglesia Católica de Nindirí.

 

La Iglesia Católica daba “permisos” para que sus aliados o gente de confianza midiera la cantidad de tierras que quisieran, se asentaran y de ese modo algunos se convirtieron en terratenientes en Ticuantepe.

Por supuesto, estos “apermisados” le pagaban “diezmos” a la Iglesia de Nindirí.

No hay seguridad en cuanto a fechas, pero se presume que al mismo tiempo aparecieron las fincas de café en las faldas de los Cerros Ticuantepe y Grande y en Las Cuchillas.

 

Estas fincas fueron convirtiéndose en fuentes de una relación laboral casi esclava entre los finqueros o hacendados y los obreros agrícolas o llamados mozos o jornaleros.

 

Eso sí, Ticuantepe siempre formó parte del dominio territorial de Nindirí, antiguo cacicazgo indígena y dominio español.

 

Antes de 1884, relatan los ancianos, los ríos brotaban desde las alturas del Cerro Ticuantepe, ya conocidos como ríos Jordán, Chocoyeros y Brujo.

No eran ríos potentes, pero suministraban agua a los finqueros y mozos de la zona cercana a los cerros mencionados.

 

Le surgió la necesidad de agua potable a la ciudad de Masaya en el año de 1884.

En su propia orilla, como se sabe, estuvo siempre la Laguna de Masaya semilunar en un hueco de 80 metros de profundidad, pero sucia, contaminada con heces fecales y basura, más corrientes de aguas pluviales.

Además, no existía posibilidad alguna de subir el agua desde ese hueco profundo hacia las casas de Masaya.

Ya Nindirí formaba parte del dominio territorial de Masaya. Y Ticuantepe era parte del territorio de Nindirí.

 

Ya se tenía pleno conocimiento de las bondades, de las maravillas de brotes de agua pura, cristalina, fresca, heladita, en las alturas de los Filones de El Crucero, allí en las alturas de 900 metros en el Cerro Ticuantepe, a la altura de las llamadas “Las Cuchillas”.

 

Estas aguas brotaban entre bosques espesos, en medio de árboles gigantescos de hasta 70 metros de altura, como guayabones, ceibones, caobas, cedros, pochotes, los cuales crecían tan altos por estar ubicados en zanjones o cañones profundos, característicos de Las Sierras o Cordillera de Managua, la cual comienza en las orillas del Volcán Masaya y termina frente a la Isla de Momotombito, al oeste de Mateare en el Lago de Managua.

Los masayas hicieron las gestiones pertinentes ante el gobierno conservador de Roberto Sacasa para que se les instalara el agua “por gravedad” desde el Río Jordán hasta Masaya, bautizada en esos días como la “Ciudad de las Flores” por Rubén Darío.

¿Cuántos kilómetros de tubería serían?

Ese Río Jordán, hoy desaparecido, brotaba potente en el extremo oeste de uno de los cañones (zanjones profundos) del Cerro Canta Gallo, ubicado a unos 12 kilómetros al oeste del casco urbano actual de Ticuantepe.

 

Ticuantepe como poblado no existía en 1884.

Habían fincas subdesarrolladas, nada más.

 

Por la petición de los masayas, el gobierno de Roberto Sacasa mandó a contratar los servicios de una compañía francesa, encabezada por los ingenieros William Climie y Gil Pimentel para que hicieran un estudio de las posibilidades de instalar tubería para el agua potable a Masaya, desde el sitio en que brotaba el agua del Río Jordán.

 

No fue posible encontrar historias escritas sobre dónde habían algunas casitas en el Valle de Ticuantepe y en los Cerros Ticuantepe y Canta Gallo en aquellos meses de 1884, pero Ruperto “Conejo” Hernández relata que ya existían “caminos”, “encajonadas” y casitas dispersas entre La Concha y el actual territorio ticuantepeño, según le contaba a él su padre a finales del Siglo 19.

Es de suponer, entonces, que los ingenieros franceses Climie y Pimentel sí encontraron traficados los caminos hacia los cañones y Filones de El Crucero, es decir, a los Cerros Ticuantepe y Canta Gallo, específicamente por las orillas del Río Jordán.

 

Los documentos históricos encontrados sí indican que los propietarios de esta “Compañía Aguadora”, de franceses, encontraron los guías para recorrer el trayecto del Río Jordán y estudiar por qué lugares del cañón instalarían la cañería para trasladar el agua potable entubada y llevada por gravedad hasta la Ciudad de las Flores.

No se menciona cuánto tiempo duró el estudio de la trayectoria para la tubería, ni cómo, ni de dónde fueron traídos los tubos metálicos  de 6 y 8 pulgadas de diámetro para tomar el agua desde el brote mismo del Río Jordán.

Es de suponer que los materiales para la instalación de tubos fueron traídos desde Francia por los ingenieros William Climie y Gil Pimentel.

Al parecer, la construcción de las pilas, zanjeo y acomodamiento de los tubos, duró más de un año, según veremos más adelante.

Abordaré este asunto con alguna amplitud, debido a que la instalación del agua potable hacia Masaya fue lo que realmente dio origen a la aparición del caserío inicial del actual Municipio de Ticuantepe.

Roberto Sacasa, el presidente de la República, dio a conocer en la Gaceta del 27 de marzo de 1889, el siguiente decreto del Senado y Cámara de Diputados:

 

Ratifícase el contrato sobre abastecimiento de agua, celebrado el 18 de julio de 1888 entre la Municipalidad de Masaya y los señores W. Climie y Jil Pimentel, aprobado por el Gobierno el 31 del mismo mes, el que, con las modificaciones de la contrata adicional de 6 del mes corriente y las acordadas por la Cámara, es del tenor siguiente:

 

La Municipalidad concede a los señores Climie y Pimentel el privilegio exclusivo, por cincuenta años, el introducir y vender en esta población, el agua de la fuente “Ticuantepe” o “Río Grande”, o de otra cualquiera elegida de común acuerdo con la Municipalidad, exceptuándose la de la Laguna de esta ciudad. La introducción del agua debe hacerse por su propio peso y por medio de cañería de hierro.

 

II

El presente contrato en nada afecta los derechos adquiridos por la actual Compañía Aguadora, ni los que ésta reservó a los particulares para proveerse de agua por otros medios.

 

III

 

La Municipalidad cede a los señores Climie y Pimentel, los terrenos que necesiten para la empresa, pero si fuesen de propiedad particular, los señores Climie y Pimentel solicitarán la expropiación  conforme a la ley, siendo de su cuenta los gastos  que fuesen necesarios. La Municipalidad cede especialmente a los empresarios todos los derechos que tiene adquiridos en la fuente llamada “Ticuantepe” o “Río Grande”, siendo ellos obligados a construir una pila separada de esa fuente, en donde los vecinos que ocupan la mencionada fuente, puedan hacer usos que necesiten para su consumo y el de los animales.

IV

 

La Municipalidad  solicitará del Supremo Gobierno la introducción libre de derechos de Aduana, muellaje y demás impuestos fiscales y municipales, de los tubos, libros, llaves y demás materiales indispensables para la instalación y mantenimiento de la obra durante el término de este contrato. Asimismo solicitará del Supremo Gobierno, la cesión de los terrenos nacionales que los empresarios necesiten para la instalación de su empresa.

 

V

 

Los contratistas pueden también abastecer de agua, cualquier sitio, finca o propiedad, dentro o fuera de los límites jurisdiccionales de la Municipalidad, así como a cualquiera otra población, con tal que éso no redunde en perjuicio de esta Ciudad.

 

VI

Los contratistas tienen derecho de formar sus reglamentos y manejar la empresa como les parezca más conveniente, con tal que no afecten los derechos de particulares, ni infrinjan las leyes del país o las ordenanzas municipales.

 

VII

Los señores Climie y Pimentel se comprometen a tener permanentemente el agua necesaria para el consumo de la ciudad, y a poner llaves o pilas para la venta de agua, destinada para el consumo público en la plaza principal, en la de San Jerónimo y en la de Monimbó, lo mismo que en cualquiera otro lugar que fuese necesario a juicio de la Municipalidad y de los contratistas.

Cuando sin mediar caso fortuito  o fuerza  mayor faltare el agua, los empresarios pagarán una multa de veinticinco pesos por cada día de falta. No se entenderá que hay caso fortuito o fuerza mayor, cuando la falta de agua dependa de que los empresarios no tengan los repuestos indispensables. Si la falta durase un año, la empresa pasara a ser propiedad de la Municipalidad sin indemnización alguna.

 

VIII

Si por algún fenómeno natural, el agua faltase en absoluto en la fuente o río, quedará sin efecto  el presente contrato, a menos que dentro de los dieciocho meses, contados las de la fecha de ese acontecimiento, los contratistas pudiesen abastecer  de agua a la población de cualquier otra parte, elegida de acuerdo con la Municipalidad, con la excepción hecha de la Laguna de Masaya. Si por cualquier accidente una parte de la obra se destruyere sin culpa de los contratistas, podrán disponer del tiempo que sea necesario al hacer la reparación , sin ser responsables por la falta que el accidente ocasione.

 

IX

Los puestos de venta de que se habla  en el artículo VII y los más que en los sucesivo se establecieren, deberán  estar abiertos al público todos los días, desde la seis a.m., hasta la seis p.m. El precio del agua no podrá exceder un centavo por cada seis galones.

 

X

Los señores Climie y Pimentel se obligan a llevar el agua a domicilio  de las personas que la soliciten, y cuyas casas se hallen situadas en la calle por donde pase la tubería, entendiéndose por casa, cada familia independiente.

 

XI

El valor de cada paja será el de cuatro pesos fuertes mensuales, y la luz del tubo  tendrá media pulgada de diámetro, teniendo una presión bastante para elevar el agua a una casa de dos pisos. Los dueños de pajas no podrán  hacer uso del agua para el riego de jardines o de calles, si no es previo arreglo con los empresarios. Los gastos de instalación, es decir, el precio de los materiales y de la maniobra, serán de cuenta de los dueños de casa.

 

XII

 

En aquellas casas en que habiten inquilinos con comunicación interior, el precio de la paja será el de seis pesos.

 

XIII

 

El propietario de una paja de agua tiene derecho de colocar cuantas llaves quiera, pagando como se ha dicho atrás, los gastos de instalación.

 

XIV

 

Para la introducción del agua a los hoteles, posadas, mercados u otros establecimientos similares, se requerirá arreglo especial con los empresarios.

 

XV

 

La Municipalidad tendrá derecho del agua necesaria para la construcción de sus edificios, para las cárceles, hospitales y demás establecimientos piadosos y de beneficencia. Igual concesión  le hacen gratuitamente del agua necesaria para el riego de las calles, en tanto que este servicio no perjudique el abasto de agua que debe tener siempre la preferencia; pero si la Municipalidad necesita pajas para los dichos establecimientos, será de su cuenta el costo  de los materiales y maniobra.

 

XVI

 

Los señores Climie y Pimentel se obligan a poner el agua en los lugares mencionados dentro de tres años contados desde la omisión  de la presente ley, a no ser que por pérdida del buque que traiga los tubos, o por cualquiera otra causa que no esté en poder de los contratistas evitar, la conclusión de la obra tenga que atrasarse, pues entonces el tiempo arriba estipulado, se extenderá por seis meses más, debiendo dar aviso lo contratistas a la Municipalidad de que esa prolongación de tiempo es necesaria.

 

XVII

 

Como garantía del cumplimiento de este contrato, los señores Climie y Pimentel se obligan  a depositar en la Tesorería Municipal la cantidad de dos mil pesos en moneda corriente, luego que el presente contrato sea aprobado por el Gobierno.

Esa suma pertenecerá a la Municipalidad. Si los empresarios no cumplen  con las obligaciones que les impone el presente contrato, en cuanto a la época en que la empresa debe ser instalada formalmente. A más de esa multa, la falta de cumplimiento de que acaba de hablarse, producirá la caducidad de la presente concesión; y si cumplen, la suma depositada será imputable al pago de las acciones que la Municipalidad tiene en la Compañía Aguadora, y cuyo traspaso debe hacerse con las formalidades legales, el día en que la empresa quede establecida. Además, en esa misma fecha los empresarios darán a la Municipalidad ochocientos pesos como complemento del valor de las dichas acciones.

 

XVIII

 

La Municipalidad permitirá que se hagan los trabajos que demanda la empresa, con tal de que se dejen las calles y caminos en el estado en que antes se encontraban, y vigilará por medio de la Policía, las fuentes, depósitos y demás obras de propiedad de la empresa, a fin de corregir las faltas contra la higiene pública que en ella se notaren, pues los empresarios se obligan a mantener el agua en buenas condiciones de limpieza.

 

19

 

Los señores Climie y Pimentel tienen derecho a traspasar la presente concesión  a otra persona o Compañía Nacional o extranjera, quien tendrá los mismos derechos y acciones concedidos a los señores Climie y Pimentel; pero quedando obligado el empresario, quien quiera que sea, a tener un domicilio en Masaya, para el efecto de arreglar toda cuestión judicial o extrajudicial que pueda ocurrir con motivo de este contrato y/o estar sujeto además a las leyes de Nicaragua exclusivamente.

 

XX

 

Si la Compañía llegase a formarse con la concurrencia de accionistas nicaragüenses, la Municipalidad tendrá la preferencia en la acciones que se vendan; y después de ella tendrán este mismo  derecho los habitantes de Masaya.

 

XXI

 

En el caso de que ocurriese alguna diferencia entre la Municipalidad y la Compañía, cada parte nombrará un árbitro  para resolver la cuestión, y si los árbitros no se aviniesen nombrarán los dos un tercero, cuya decisión será definitiva.

 

XXII

 

En compensación  del privilegio, los señores Climie y Pimentel  convienen en que, a los cincuenta años de estar instalada formalmente la empresa, toda ella con sus enseres, repuestos y accesorios, pase a ser propiedad de la Municipalidad, sin indemnización.

 

XXIII

 

Los señores Climie y Pimentel darán a la Municipalidad, sin remuneración alguna, el agua necesaria para una fuente de adorno en la plaza principal, la que será abierta solamente los domingos y días festivos.

 

Este contrato será Ley de la República, si los señores Climie y Pimentel aceptan las modificaciones en él introducidas, inmediatamente que les sea notificada por el T.E.

 

Dado en la Cámara del Senado.–Managua, primero de marzo de 1889. Publicado en La Gaceta Oficial del 27 de marzo de 1889.

 

Sobre la misma instalación de la tubería de agua potable desde el brote del Río Jordán a Masaya, la Gaceta Oficial del 21 de octubre de 1891, publicaba lo siguiente:

 

Ministerio de Fomento.

El Gobierno, acuerda:

 

Aprobar en los términos que siguen el contrato celebrado el 8 de agosto próximo pasado entre la Honorable Corporación de Masaya y los señores William Climie y Gil Pimentel.

 

William Climie y Gil Pimentel se obligan a dar el agua a domicilio a todos los habitantes de Masaya que la soliciten a la Compañía, con las restricciones que adelante se expresarán, a razón de ocho galones por centavo, y los más que consuman los solicitantes, les serán medidos por medio de metros, debiendo pagar a la Compañía, a más del agua, el instrumento medidor, los tubos de conexión y los codos, llaves, mangueras, y demás útiles que se inviertan en la introducción  del agua en las casas.

La Compañía se obliga a dar el agua a domicilio, con tal que no pase de los puntos en que se obligó a ponerla en el contrato de 1888, estos, en las plazas de San Jerónimo y San Sebastián, pudiendo extender los ramales más afuera, con tal que el agua de Ticuantepe sea suficiente para la población y para los potreros, y que al tubo conductor, en el último caso, sea pagado por los solicitantes. La Municipalidad se obliga a recabar del Supremo Gobierno la aprobación de esta adición, lo mismo que a solicitar la exención del servicio militar de los peones que la Compañía ocupe en dicha empresa de agua de Ticuantepe.

El presente contrato es adicional al celebrado entre las mismas partes el 18 de julio de 1888 y aprobado por acuerdo ejecutivo del 31 de julio del mismo año.

Para que el citado contrato pueda tener efecto los señores Climie y Pimentel, deberán declarar que lo aceptan en los términos que proceden, dentro del término de un mes a contar de la fecha.

Managua, 4 de septiembre de 1891. Roberto Sacasa. El ministro de Fomento–Medina.

Aparece aceptando este contrato un tal R. Ag. Moncada, apoderado general de Climie y Gil Pimentel. Publicado en la Gaceta Oficial del 21 de octubre de 1891.

 

Contrato con la Municipalidad de Nindirí

 

El Gobierno acuerda aprobar el contrato que dice:

 

En la Villa de Nindirí, a las diez de la mañana del día cinco de abril de mil ochocientos noventa y uno. La Municipalidad que suscribe y los señores William Climie y Gil Pimentel, han convenido en el siguiente contrato:

Los señores Climie y Pimentel se comprometen a dejar una venta de agua de la que van a introducir a la Ciudad de Masaya, en los mismos términos del contrato celebrado con la Municipalidad de aquella población , es decir, que la venta del agua se hará a razón de cinco cántaros de a seis galones cada uno, por cinco centavos.

 

El lugar de la venta será en la plaza principal, y en el punto que los señores Climie y Pimentel designen. La venta será diaria y por el tiempo o término que la Compañía Climie y Pimentel tienen celebrado con la Municipalidad de Masaya, que es el de cincuenta años.

La Municipalidad  concede a los empresarios Climie y Pimentel el derecho  de hacer pasar por su terrenos y caminos de uso público vecinal, el tubo de cañería, lo mismo que el uso del terreno en que se ponga la venta de agua, por todo el tiempo que dure el presente contrato.

En el caso  que el tubo tenga que pasar por propiedades particulares, la Municipalidad garantiza que los dueños de estas propiedades no embarazarán los trabajos que la Compañía tenga que hacer para reparar la cañería. Es entendido, que tanto para la colocación de tubos, como para reparos y mejoras, la Compañía es obligada a reparar las cercas que abra, cerrar las zanjas y componer los desperfectos, dejando los terrenos expeditos para el servicio de sus dueños.

 

Los empresarios tienen obligación  de poner pajas de agua en los terrenos por donde pasa el tubo, previo arreglo especial con los propietarios o poseedores que las soliciten.

 

Los señores Climie y Pimentel conceden gratis a la Municipalidad el derecho de disponer de cinco cántaros de agua diarios para uso de sus empleados y presos. Y leído que fue este contrato, fue aprobado en todas sus partes por los señores Municipales concurrentes y los señores Climie y Pimentel; elevándose al conocimiento del Supremo Gobierno para su aprobación por el órgano respectivo; y firman:

 

Alcalde José María Gutiérrez.- Regidor José Aguilar.– Regidor Manuel Pravia.– El Juez de Agricultura José María Membreño.– William Climie y Gil Pimentel. Ante mí, secretario interino, Justo Jirón.

Managua, 28 de abril de 1891.- Roberto Sacasa.– Ministro de Fomento, Medina.

Publicado en La Gaceta Oficial el 20 de mayo de 1891.

 

 

 

No he podido encontrar una publicación sobre la fecha exacta del día en que el agua del Río Jordán llegó a Ticuantepe, Masaya y Nindirí por medio de la tubería metálica instalada por los franceses Wiliam Climie y Gil Pimentel.

 

Sin embargo, este acontecimiento transformó radicalmente la hasta entonces historia casi solitaria del territorio de Ticuantepe.

Una de las condiciones impuestas a las nueva y novedosa Empresa Aguadora de Ticuantepe (propiedad de franceses y sometida a leyes nacionales) era que debían instalar una paja o llave para un puesto público de distribución de agua potable, la cual fue colocada en un predio donde es hoy el Parque del casco urbano de Ticuantepe.

El “tubo madre” quedó instalado en un camino vecinal donde es hoy la calle ubicada una cuadra al sur de la calle principal del casco urbano de Ticuantepe.

Allí está enterrado el “tubo madre”, metálico, el mismo que siguió el mismo rumbo del “camino viejo” a Masaya y Nindirí, es decir, por donde circularon frecuentemente los colonizadores españoles, los indígenas mazagalpas, y posteriormente los campesinos a pie, los finqueros en sus caballos y carretas.

Antes de llegar a este sitio, el “tubo madre” bajaba desde el cañón o zanjón en que brotaba el Río Jordán en medio de palizadas elevadísimas, como guayabones, ceibones, cedros, caobas, algunos de ellos de hasta 70 metros de altura.

 

Tomando en consideración la época de finales del siglo 19, aquella obra de ingeniería era novedosa, portentosa, diría yo, porque fue necesario derrumbar pedazos de faldones del cañón, hacer zanjones profundos, partir rocas enormes, construir pilastras elevadas de cemento y hierro, edificar la pila o represa en que se almacenaba el agua antes de entrar por el “tubo madre” y “correr” por gravedad, pasar por donde hoy es el casco urbano de Ticuantepe, seguir hacia el lado del Cerro de La Barranca, doblar rumbo a la plaza de Nindirí, y en el caso de Masaya continuó el rumbo del hoy Barrio San Carlos hasta llegar a la plaza de San Jerónimo, donde fue construida una pila enorme de almacenamiento.

De esta pila de San Jerónimo salían otros “tubos madres” de menor envergadura hacia las calles de la Ciudad de Masaya (llamada “de las Flores” por Rubén Darío), para distribuir el agua en las casas mediante cañería metálica, de una forma “ramificada” como se hace actualmente.

Según los relatos periodísticos de la época, aquello de la instalación y distribución del agua potable en Masaya y Nindirí fue una verdadera fiesta popular, pues hasta entonces los vecinos de estas poblaciones tomaban el agua de pozos o de las orillas de la Laguna de Masaya, tal como lo hicieron los indígenas de Nindirí antes de la llegada de los colonizadores bárbaros y después cuando ya éstos impusieron su régimen de terror y de esclavitud en el territorio de los chorotegas, nicaraos o nahuas y los masagalpas.

Se colocaron tubos de agua con llaves hacia el interior y patios de las viviendas, de pobres y ricos, de Masaya, de acuerdo con la referencias del mismo contrato entre la Empresa Aguadora de Ticuantepe, las Alcaldías, el Congreso y el gobierno de Roberto Sacasa.

Se relata que quien sugirió inicialmente la instalación del agua potable por medio de tuberías fue José María Alvarado, quien en aquellos días compró una porción elevadísima de tierras en Ticuantepe.

Alvarado, como es sabido, era Masaya, y estaba interesado en que llegara el agua hasta su ciudad, además de que la instalación de la tubería también le permitió llevar agua a sus grandes extensiones de tierras en el valle y lomas de Ticuantepe.

La “tubería madre” fue instalada más o menos en línea recta desde el cañón del Río Jordán, cuyas aguas brotaban a una altura de casi 500 metros sobre el nivel del mar, en la parte sur del filón de El Crucero, donde está el famoso Cerro Ticuantepe, también llamado “Cerro de las Fieras”.

 

Desde los límites sureste de Ticuantepe (en los Filones de El Crucero) con el Municipio de La Concha hasta el extremo norte del Cerro de Ticuantepe, conté 25 de estos cañones o zanjones mencionados.

En uno de estos cañones, en el extremo sur, brotaba el Río Jordán y desde allí el agua bajaba rauda, impulsada por gravedad, y brotaba potente en los grifos o llaves públicas de Ticuantepe, según recuerdan ancianos como Ruperto “Conejo” Hernández, quien conoció el funcionamiento de este asunto del agua prácticamente desde que comenzó hasta que desapareció en la década del 50.

 

Una de las primeras casas-haciendas ganaderas en tener cañería de agua potable fue la de don Pedro Burlette, un francés, quien al parecer vino al mismo tiempo que los ingenieros Climie y Pimentel.

Este construyó una casona, con madera fina de los mismos cañones de El Crucero. La casa, cuya fecha exacta de edificación no se conoce, fue construida al mismo tiempo que la instalación de la tubería de agua potable, según estima Carlos Ampié Pérez, barbero de oficio y uno de los hombres más estudiosos de la Historia de Ticuantepe.

Esta casa está en pie todavía en el año 2002. Contaba con una habitación grande, una cocina, un horno afuera, baños con tubos de agua potable y en el centro de la oficina de Pedro Burllette, existe todavía intacto un cuadrado de ladrillos de distintos colores, supuestamente traídos por él desde Francia en aquellos finales del Siglo 19.

Esta casona, hacienda ganadera en aquel tiempo, está en la misma dirección en que fue instalada la “tubería madre” para el agua de Ticuantepe.

Burllette construyó numerosas pilas especiales, las cuales eran llenadas de agua para que el ganado bebiera este líquido vital bajo techo y en corrales edificados de manera especializada, para la producción de leche.

El mencionado Burllette, inclusive, construyó unas pilas rectangulares y largas, destinadas especialmente para los toros del hato ganadero.

El ramal de distribución de agua de la casona iba hasta una piscina, construída en la parte norte, donde, afirman los habitantes más viejos, se bañaban las hijas de Burllette, unas mujeres hermosas, blancas, altas, bonitas, las cuales hacían soñar a los “indios” (hombres) de Ticuantepe.

 

Los ticuantepeños sólo podían ver de lejos a las mujeres empaquetadas en trajes de baño “a la antigua” y metidas dentro de la piscina, situada, por supuesto, dentro de la finca de Pedro Burllette.

La piscina está prácticamente intacta (en el año 2002) entre árboles de mango y matorrales, mientras el resto de pilas se encuentran semienterradas y desaparecieron las instalaciones para los techos del ganado.

Las informaciones históricas indican que esta casona-hacienda de Burllette fue la primera vivienda firme y fuerte construida en territorio de Ticuantepe, pues las anteriores a ella eran casitas de paja, parecidas a las de los indígenas masagalpas.

 

Ancianos como Ruperto “Conejo” Hernández y estudiosos como Carlos Ampié Pérez indican que el asunto del agua “revolucionó” el territorio de Ticuantepe, pues casi al mismo tiempo aparecieron otras casonas en fincas de ganaderos y cultivadores de granos básicos.

 

Los datos históricos añaden que al instalarse, en 1891, el tubo con su llave para el puesto público de agua, aparecieron como “por arte de magia” decenas de casitas de paredes y techos de zacate y también viviendas edificadas con tablas y tejas, en torno al sitio en que se vendía el agua por latas, galones, baldones y barriles.

Se formaban filas de vecinos en espera de que les llenaran con agua sus recipientes.

Inclusive, muchos campesinos o mozos o jornaleros esclavizados  llegaban de fincas cercanas con carretas jaladas por bueyes, en las cuales se cargaban barriles llenos de agua.

 

Se ha llegado a sostener que a partir de la instalación de la tubería para el agua potable desde el nacimiento del Río Jordán, comenzó una disputa política y geófaga “sin tregua” por la posesión del territorio de Ticuantepe entre Masaya y Managua.

Las autoridades municipales, judiciales y civiles de Masaya siempre reclamaron que como Departamento organizado legalmente, tenían dominio pleno del territorio de Nindirí, en cuyos límites estuvo ubicado Ticuantepe hasta el 4 de julio de 1974, fecha en que fue elevado a la categoría de Municipio por el gobierno dictatorial de los dos Somoza Debayle: Luis Anastasio y Anastasio.

Esta pelea o disputa fue larguísima. Como digo, al parecer comenzó al instalarse el tubo de agua y tomó fuerza avasalladora ya en 1920.

Este asunto es política, religiosa y socialmente complejo, pues debemos recordar que la Iglesia Católica de Nindirí era una de las propietarias más importantes de las tierras de Ticuantepe, lo cual, por supuesto, era parte de las herencias de los colonizadores españoles.

Recordemos también que la lógica colonial española fue, además de los asesinatos en masa, el apoderarse de las tierras comunales de los indígenas, las cuales eran repartidas entre los jefes militares españoles, entre los sacerdotes y la Iglesia Católica.

Es bien conocido, por tanto, que la Iglesia Católica de Nindirí repartía “permisos” para que algunos adeptos en particular agarraran lo más que pudieran de tierras en suelo de Ticuantepe.

Este asunto particularísimo de grandes posesiones de tierras y otras influencias por parte de la Iglesia Católica, fue lo que motivó los enfrentamientos políticos entre obispos, Ordenes religiosas y sacerdotes con el gobierno de José Santos Zelaya a finales del Siglo 19 y comienzos del Siglo 20, al extremo de que Zelaya se vio precisado a expulsar a numerosos religiosos del país.

Aparecieron, entonces, en Ticuantepe propietarios de grandes extensiones de tierras, incluyendo José Somoza, la familia Somoza con Las Enramadas y numerosos extranjeros, según veremos más adelante en este relato o breve historia de este Municipio de Managua.

 

Los defensores de este territorio de Ticuantepe, como parte integral de Nindirí, primero, y de Masaya al ser creado este Departamento, aseguran que “los derechos de Nindirí sobre las tierras de Ticuantepe arrancan desde 1692/4, cuando el escribano real don Jacinto O. Barrios y don Nicolás Valenzuela, Secretario Primero del Rey, en la Chancillería (Cancillería, parecido a Ministerio de Relaciones Exteriores) de Guatemala le extendieron el correspondiente título de esas tierras, el que más tarde, en 1895, fue inscrito en el Asiento 23 a folio 453 al 454 en este Registro Conservatorio de Masaya”.

Se agrega a ésto lo siguiente: “Ya en 1873/4, el señor Cura Presbítero Pascual Rodríguez y el Síndico Municipal de Nindirí solicitaron al ingeniero Tomás Guzmán, el deslinde y remedida de las tierras de la Iglesia de Nindirí y la de los Ejidos de dicho pueblo. En esa ocasión se le notificó al Comisionado especial de Managua, don Faustino Martínez y al Síndico mismo, que la línea señalada como lindero de los ejidos de Managua era la recta que va desde la base meridional  de “Cerro Grande” sobre el arroyo, hasta la Punta de Ticuantepe, teniendo esa línea recta 31 grados S.O. Y aunque la protestó el Comisionado Martínez, fueron aprobadas las operaciones del ingeniero Guzmán el 10 de febrero de 1874, por el Revisor de medidas de León, licenciado don Gregorio Juárez, quedando así firme la medida”.

Un senador somocista de apellido Carrillo, habitante de Ticuantepe, fue acusado reiteradamente por abogados y personalidades de Masaya de conspirar mediante el poder que acumulaba en el Senado para que el dominio territorial de Ticuantepe fuese trasladado legalmente de Masaya al Departamento de Managua, lo cual ocurrió, de hecho, mucho antes de la creación del Municipio por el gobierno somocista el 4 de julio de 1974.

Esto ocurría, en la la práctica, especialmente, al organizarse los cantones electorales (cuando la dictadura somocista efectuaba elecciones), al ser nombrados los directores y maestros de escuelas, y también los guardias y oficiales de la Guardia Nacional actuaban bajo el mando militar de Managua en el cuartel de Ticuantepe.

Esta pelea fue al más alto nivel. Se formaron Comités de Ciudadanos Notables en Masaya con el fin de pelear la posesión del territorio de Ticuantepe en favor de Masaya, pero en los medios de poder y oficiales de Managua creció la ofensiva para darle forma legal a la “incorporación de hecho” de Ticuantepe al territorio departamental de Managua.

En Masaya se hizo una investigación amplia y se escribió hasta se organizó un libro con documentación en defensa de que Masaya no perdiera su dominio en Ticuantepe.

 

Humberto Porta Sánders, abogado de Masaya y miembro del Comité mencionado, escribió una introducción larguísima a ese libro, fechada el 25 de agosto de 1965, mientras continuaba el pugilato al rojo vivo por Ticuantepe.

 

Por considerarla de importancia histórica especial, la introduzco textual en estos Apuntes de Historia de Ticuantepe, donde he encontrado una riqueza polémica de datos históricos, culturales, arqueológicos, económicos, sociales, religiosos y políticos, dignos de estudiarse detenidamente mediante una investigación especializada.

Dice Porta Sánders:

“Se me ha pedido y con gusto accedo a escribir unas líneas como introducción al presente trabajo o Libro sobre Límites entre Managua y Masaya, entre los mojones de “Cerro Grande” y el de Ticuantepe, que es la única parte en que se ha estado en desacuerdo desde 1896/7, lo que dio origen al statu-quo del 10 de marzo de 1897, por el trazo de línea divisoria entre ambos mojones.

La diferencia ha consistido en creer unos que el mojón de Ticuantepe está en la cima o cúspide de dicho cerro  y otros, en que debería estar en la falda occidental  del mismo. Sin embargo, cualquiera  de esos dos lugares que ocuparan  ese mojón, siempre quedaría  el poblado de Ticuantepe y anexos en jurisdicción de Nindirí, del Departamento de Masaya; como claramente se puede comprobar con una simple inspección  ocular, o través de los títulos, remedidas y demás documentos que compilados forman este libro, y que son y han sido el fundamento del legítimo derecho que Masaya tiene y ha tenido siempre en el poblado y aledaños de Ticuantepe.

 

Este legítimo derecho de Masaya nunca se le ha discutido y más bien siempre se le ha reconocido, expresa y tácitamente, en abundantes sentencias, acuerdos y demás actos de jurisdicción que ha ejercido  como parte integrante de su territorio departamental; hasta que últimamente  ha venido Managua a perturbar ese ejercicio  y tranquila posesión  por medio de actos arbitrarios  y por los cuales siempre Masaya ha protestado, manteniendo así vivo su derecho, y procurando evitar en lo posible mayores consecuencias, para no crearles problemas al gobierno con quien siempre ha sido leal, obrando con prudencia.

Con este libro Masaya no trata de probar lo que tiene probado, que es su derecho, y tan sólo proclama su legítimo derecho para que las generaciones presentes y futuras lo conozcan mejor y lo sepan mantener y defender siempre por los medios de persuación y justicia, como cabe entre pueblos hermanos que se identifican en sentimientos y aspiraciones de justa convivencia política y social; pero también Masaya reclama el respeto que se le debe en el libre ejercicio de su derecho, el cual  ha sido violado por autoridades locales de Managua en varias ocasiones, por medio de actuaciones de agentes de policía y nombramientos de maestros de escuela, jefes de cantón, Jueces de Mesta, etc., o cobrando impuestos indebidamente y hasta abriendo Oficina de Registro Civil de las Personas, lo que además de arbitrario y atentatorio es perjudicial  para los que inocentemente inscriben en ella, ya que son nulas esas inscripciones, que trascriben a Managua, seguramente, por no estar hechas en Nindirí, que es su jurisdicción.

 

Masaya, con su elevado espíritu de conciliación y de justicia que siempre ha mantenido cuando se trata de diferencias  que deben arreglarse como en familia, podríamos decir, se ha limitado a protestar de tales violaciones y ha pedido la intervención de las Autoridades Superiores y competentes para poner fin al desacuerdo de límites y para que se abstenga Managua de seguir perturbando a Masaya en el libre ejercicio de sus legítimos derechos en Ticuantepe, con actos ilegales como los anotados anteriormente.

Creyendo interpretar el sentir de Masaya, quiero aprovechar esta oportunidad para pedir o solicitar, de la manera más atenta, a las Autoridades Superiores y competentes para que proclamen de manera oficial, que la línea definitiva divisoria entre Managua y Masaya, en la parte en desacuerdo, es la que une el mojón de “Cerro Grande” con el de Ticuantepe, situado en la cúspide o cima, de conformidad del tercer perito en discordia, Ing. Juan Paulino Rodríguez Moreira, emitido en causa que hubo entre el Distrito Nacional y la Srita. Micaela (Lita) Mayorga, rendido el 30 de julio de 1940, que corre debidamente analizado en la escritura pública autorizada en Managua por el Dr. Dionisio Casco, a las 8:00 a.m., del 18 de agosto de 1940, cuyo testimonio fue inscrito con el No. 13716, a folio 119 del Tomo LXVIII (68) del Registro Público de Managua, al pie propiamente de la inscripción del Título de los Ejidos de Managua. (Ver también la sentencia de la Hon. Corte Suprema de Justicia, publicada en el “Boletín Judicial” de 1950, a página 15368 y siguientes, recaída en la misma causa antes aludida).

Cabe aclarar que ese dictámen fue dictado por acuerdo del Distrito Nacional y la Srita. Mayorga, es lo cierto que fue aceptado por Managua y por tanto es obligatorio para ella, y solamente sería también obligatorio para Masaya si ésta lo aceptara, por no haber si parte de su causa, pero que de hecho lo acepta, o no lo impugna, por cuanto esa línea divisoria, trazada por el ingeniero Petorz de acuerdo con dicho dictamen, define o coincide con la que Masaya presente, define y mantiene, como más adelante se podrá apreciar.

 

No olvidemos que en la escritura antes referida y en la parte conducente, se lee: “Continúan diciendo los otorgantes: que para que conste de un medio auténtico y quede fijada de manera científica y permanente, la línea que delimita los Ejedidos de Managua con las tierras de la otorgante, señorita Mayorga, suscriben la presente escritura pública, aceptando ambos comparecientes todas las operaciones  legales y técnicas que han sido transcritas, quedando así señalados los mojones y líneas que sirven de base a tal delimitación”.

 

Y también tengamos presente que esa escritura fue otorgada por Managua, por medio de su Síndico debidamente autorizado por su Ejecutivo, según el acuerdo que a la letra dice: “No. 74.- El presidente de la República, en uso de sus facultades, acuerda: Unico: Autorizar al señor Síndico  del Distrito Nacional, Dr. Juan Estrada Mayorga, para que en nombre de la institución que representa, comparezca al otorgamiento de la escritura pública, sobre la limitación de los Ejidos de Managua con los terrenos de la señorita Micaela Mayorga, a fin de dar cumplimiento al convenio suscrito entre ésta y el Ministerio del Distrito Nacional el día veintiuno de Mayo de mil novecientos cuarenta, al dictamen en discordia del Ingeniero Juan R. Rodríguez M., de 30 de julio  de este año y al trazo material  hecho por el ingeniero Julio Poterz, por orden del Ministerio Distrito Nacional, siendo los gastos de escritura, testimonio, timbres, inscripción, etc., por cuenta de la señorita Micaela Mayorga. Comuníquese. Casa Presidencial, Managua, D.N., diecisiete de agosto de mil novecientos cuarenta.- Somoza.- El Ministro del D.N.- Hernán Robleto”.

Para mayor claridad, veamos las partes pertinentes. En efecto, el referido dictamen, en lo conducente, dice: “…el mojón de la punta del “Cerro de Ticuantepe, a que se refieren los títulos de las tierras de la Iglesia de Nindirí y los Ejidos del pueblo de Nindirí, el de los Ejidos de Managua y la consulta de Ustedes es el que se halla o debería hallarse en la cumbre, cima o cúspide del “Cerro Ticuantepe”, de 7.900 vargas de longitud y la línea 18 grados 30′ N.O., y 9.000 varas que sale de la cuchilla noroeste del Cerro Ventarrón, por donde pasa el camino que va de Managua a los pueblos (Departamento de Carazo).

Ya en 1873/4, el Ing. Tomás Guzmán  al medir las tierras de la Iglesia de Nindirí y los Ejidos de dicho pueblo, en la parte conducente, dice: “…de Cerro Grande siguiendo la dirección de un arroyo, cuya margen septemtrional divide estas tierras de los Ejidos de Managua, se llega a la punta del “Cerro Ticuantepe” con 7.900 varas, 31 grados S.O.”, etc.

 

Y en 1881 el mismo Ing. Guzmán al practicar el deslinde y remedida de los Ejidos de Managua, dice: “…de Nancitepe se va al pie de “Cerro Grande” entre su base y la “Quebrada Honda” con 2.940 vs. 64 grados S.O.; de este paraje se llega a la punta de la cuchilla de Las Sierras donde llaman “Punta de Ticuantepe”, con 7.900 varas 31 grados S.O.”, etc. (Este deslinde fue pedido por el propio Managua, y fue revisado y aprobado por la autoridad competente el 26 de abril de 1881, quedando por tanto firme y obligatorio para Managua. Este lindero coincide con el de Nindirí, y con el del dictamen del perito  en discordia, antes referido, y por tanto ya propiamente no hay razón para mantener el desacuerdo  que hubo  en 1896/7, pues sólo Masaya podría impugnar ese dictamen, por no haber sido parte en la causa con la señorita Mayorga, pero que no impugnaría nunca por ser la línea trazada la misma que ella ha pretendido y defendido).

 

Antes de seguir adelante, quiero hacer público reconocimiento a las personas que en una u otra forma han cooperado en la formación de este libro, ayudando a conseguir documentos o datos pertinentes, entre los cuales están los doctores Mariano y Andrés Vega Bolaños, Juan Huembes H., y señores Alfonso Delgadillo C., César Velásquez A., Roberto Baca B. y otros que no menciono por no pecar de prolijo.

 

Ahora bien, con el propósito de facilitar el conocimiento y comprensión del contenido de este libro, haré un breve resumen de los documentos más importantes que proclaman con luz meridiana los legítimos derechos de Masaya sobre Ticuantepe y anexos, para que se evite en lo sucesivo el seguir cometiendo actos indebidos por parte de Managua y mantener la armonía en la convivencia de pueblos hermanos y vecinos.

 

A consecuencia de esos repetidos actos violatorios de Managua en Ticuantepe, se produjo una reunión, el 28 de abril de 1964, en los corredores interiores de la Alcaldía Municipal de esta ciudad, a la que asistieron  varias autoridades locales y vecinos de Nindirí y de Ticuantepe y de abogados de Masaya, para protestar una vez más por tales actos violatorios y tomar medidas o acuerdos necesarios para que no se sigan repitiendo y para gestionar ante las autoridades superiores y competentes a fin de que se termine con tan enojosa situación  e ilegal proceder, cuanto antes.

Al efecto, en esa reunión se formó una Comisión Jurídica en Pro Defensa de Ticuantepe, que tuve el honor y gusto de presidir, y en cuyo nombre visitamos al excelentísimo Señor Presidente Doctor René Schick Gutiérrez, quien, atento y generoso como siempre, ofreció ayudar a zanjar esas diferencias cuanto antes, y ordenaría no se siguiera perturbando a Masaya y manteniendo mientras tanto en vigor el statu-quo de 1897, que le fue leído, que corre publicado en La Gaceta, Diario Oficial No. 184 de ese año.

 

Luego hubo otra reunión en la Jefatura Política, a principios de Mayo de 1964, donde leyó el doctor Mariano Vega Bolaños un interesante trabajo sobre Ticuantepe, en presencia del Jefe Político don Francisco Jiménez R., el Alcalde Municipal don Carlos Iván Hüeck P., el doctor Juan Huembes H. y el suscrito, y así nació la idea de formar este libro, cuyos gastos los asumió de momento la Alcaldía Municipal de Masaya, por ofrecimiento del propio Alcalde Hüeck Plata.

 

Y entrando ya en materia, diremos que los derechos de Nindirí sobre tierras de Ticuantepe arrancan desde 1692/4, cuando el escribano real don Jacinto O. Barrios y don Nicolás Valenzuela, Secretario Primero del Rey, en la Chancillería de Guatemala, le extendieron el correspondiente título de esas tierras, el que más tarde, en 1895, fue inscrito en el Asiento 23, a folio 453 al 454 en este Registro Conservatorio de Masaya.

Ya en 1873/4, el señor Cura Presbítero Pascual Rodríguez y el Síndico  Municipal  de Nindirí, solicitaron al ingeniero Tomás Guzmán, el deslinde y remedida de las tierras de la Iglesia de Nindirí y la de los Ejidos de dicho pueblo. En esa ocasión se le notificó al Comisionado Especial del Municipio de Managua, don Faustino Martínez y al Síndico del mismo, que la línea señalada como lindero de los Ejidos de Managua era la recta que va desde la base meridional  de “Cerro Grande” sobre el arroyo hasta la “Punta de Ticuantepe”, teniendo esa línea recta 31 grados S.O. Y aunque la protesté al Comisionado Martínez, fueron aprobadas las operaciones del ingeniero Guzmán, el 10 de febrero de 1874 por el Revisor de Medidas de León, licenciado Gregorio Juárez, quedando así firme la medida.

Más tarde, el propio Managua pidió, en 1881, al mismo ingeniero Guzmán, el deslinde y medida de los Ejidos de Managua, cuyo título se guardaba en el Archivo Nacional; y en el acta del 3 de marzo de ese año, se lee: “…de Nancitepe se a al pie del “Cerro Grande”, entre su base  y la “Quebrada Honda”, con 2.940 varas 64 grados al S.O.; de este paraje se llega a la punta de la cuchilla de las Sierras donde llaman “Punta de Ticuantepe”, con 7.900 varas 31 grados S.O., etc. (Y hagamos hincapié en que esa línea o lindero de los Ejidos de Managua, es la misma señalada a los de Nindirí y coincide igualmente con la del ingeniero Peterz, en esa parte, trazada de acuerdo con el dictamen del perito  en discordia antes dicho, ingeniero Rodríguez Moreira, o sea 31 grados S.O.).

 

Reforzando todo lo anterior, debemos recordar que el Congreso Nacional, en tiempos del doctor Pedro Joaquín Chamorro (presidente conservador de Nicaragua de 1875 a 1879), el 4 de abril de 1875, al erigir a Managua en Departamento dice: “Se erige en Departamento el Distrito Electoral de Managua, con la denominación  de Departamento de Managua; tendrá anexos los valles de Telpochapa, San Benito, San Francisco del Carnicero (llamado hoy San Francisco Libre), Laurel Galán hasta el Río Grande. La línea divisoria será la de la jurisdicción de los pueblos y valles que comprende”. (Fijémonos que esa línea es la de 31 grados S.O. y que el Río Grande es el mismo llamado Río de Ticuantepe), remarca Porta Sánders.

 

Posteriormente, el mismo Congreso Nacional, el 10 de marzo de 1883, tiempos de don Adán Cárdenas (presidente conservador de Nicaragua de 1883 a 1887), al erigir a Masaya en Departamento, dice: “Erígese en Departamento  el Distrito Electoral de Masaya, y constante de las poblaciones siguientes: Masaya, Masatepe, Nandasmo, Nindirí, y el cantón de Tisma y Tismita”. (Más tarde se le agregaron a Masaya otras poblaciones).

Claramente se están viendo las líneas demarcatorias de ambos Departamentos que fueron fijadas en los propios decretos legislativos en sus respectivas creaciones; o sea que entre Nindirí y Managua sigue siendo legalmente su línea demarcatoria la que señala el 31 grados S.O.

 

Más tarde por diferencia de hecho en ciertas causas en que se discutía la jurisdicción de Ticuantepe, en causas civiles y criminales, se dispuso revisar sus mojones y linderos y, en efecto, los jefes políticos de Managua y Masaya, coronel don Félix Pedro Zelaya R. y doctor Francisco J. Wasmer, respectivamente, asociados con el agrimensor don Silviano Matamoros, iniciaron  las operaciones de amojonamiento en Tisma, el día 21 de octubre de 1896, habiéndose llegado  de acuerdo hasta el mojón  de “Cerro Grande” (finca de los Solano), y quedando en desacuerdo entre este mojón y el de Ticuantepe, pues uno pretendía que debía de estar en la falda occidental y el otro que en la punta o cima de Ticuantepe.

 

Por ese desacuerdo se procedió a suscribir el statu-quo de 1897, entre los jefes políticos doctor José María Pérez Suárez, por Masaya, y don Francisco Guerrero P., por Managua y aprobado por el Ejecutivo el 10 de marzo de 1897.

 

En el artículo dos, dicho statu-quo, dice: “Del punto en que dichos jefes políticos  estuvieron de desacuerdo, que es el mojón de la finca de los Solano, en adelante, se tomará el punto medio hacia occidente, para determinar la jurisdicción que corresponde a cada Departamento, por sus respectivos lados”, etc.

Cabe observar aquí que, según esa línea provisional demarcatoria se comprende al poblado de Ticuantepe y anexos en jurisdicción de Masaya, y por tanto están equivocados los datos  estadísticos en cuanto a la ubicación que le dan a Ticuantepe Agro, Ticuantepe Aldea, Ticuantepe Arroyo, Cuatro Esquinas, Madrigales, etc., y que aparecen publicados  en el “Folleto Población y Viviendas del Censo de 196”.

 

Otras razones que proclaman  el derecho de Masaya sobre Ticuantepe, se encuentran en otras, las siguientes: siempre se han pedido  y resuelto ante las autoridades de Masaya, los títulos por denuncias de tierras baldías, lo cual siempre se han inscrito en el Registro Público, entre las que podemos mencionar, el señor Francisco Bárcenas en 1873 y el licenciado José María Alvarado, quien fue el primero en sugerir la idea de traer el agua de Ticuantepe para abastecer a Masaya y Nindirí, como así sucedió mediante las concesiones  de ambos Municipios  a los ingenieros William Climie y Gil Pimentel, aprobados por el gobierno, sin protesta alguna de Managua por no tener derecho alguno, en acuerdos del 31 de julio de 1888 y del 28 de abril de 1891, respectivamente.

 

 

Así se formó la antigua Empresa Aguadora de Ticuantepe, en Masaya, trayendo el agua de aquel río por su propio peso  a través  de cañería que al pasar por el Valle de Ticuantepe se fur formando el poblado  del mismo nombre, cuya Iglesia la empezaron a construir en 1915, por el señor cura de la Ciudad de Masaya.

Siempre mantuvo Masaya la tranquila posesión  de Ticuantepe y siempre se le ha reconocido su legítimo derecho, hasta que últimamente han empezado las autoridades locales de Managua  a perturbar su libre ejercicio, como antes se ha expresado, y siempre Masaya ha protestado de tales actos violatorios, evitando nombrar autoridades que le corresponde, tan sólo con el prudente objeto de no dar lugar a mayores roces con las nombradas por Managua, mientras el gobierno termina con ellos, dejando, en tal caso, las mejoras que hubiere hecho Managua en compensación a los impuestos que por tantos años ha cobrado indebidamente y por los agravios causados sin derecho alguno.

 

Y siguiendo nuestro resumen, diremos que todavía en 1904 fue nombrada directora de la Escuela Mixta de Ticuantepe la señora Gerarda López, entre las que correspondían a Masaya; surgiendo propiamente las dificultades  en 1923 por las actuaciones del Agente de Policía de Ticuantepe, las que provocaron justa protesta de Nindirí y Masaya, llegando a tal grado  el descontento del pueblo, que estuvo a punto de convertirse en motín, por lo cual el gobierno envió al General don Bartolomé Víquez, en presencia de los doctores Juan Huembes H. y Enrique Alemán F., en 1964. De esa protesta quedó también exposición en el Libro de Actas del Consejo Electoral Departamental a página 31 acápite 5.

Tanto en lo judicial como en lo electoral se han presentado casos en cuanto a Ticuantepe y siempre se han resuelto a favor de Masaya, como puede verse, entre otros, actas del referido Consejo en el año de 1924, a páginas 2 y 3, donde se lee: “Cantón de Ticuantepe, linda: al norte, Cantón de El Portillo y terrenos de Managua; al sur, el Ventarrón y terrenos del pueblo de La Concepción; al este: cantón de Nindirí y al oeste: terrenos del Departamento de Managua, trazando la línea divisoria en este rumbo el mojón de La Joya, al mojón de Ticuantepe; de allí a “Isabel Grande”.

 

En esta misma forma se ha mantenido el Cantón de Ticuantepe, correspondiente al Distrito Electoral de San Jerónimo, Departamento de Masaya, hasta en 1928 en que Managua trató de perturbar nuevamente, como lo había hecho en 1924, y en cuya ocasión protestó Nindirí en la célebre nota del 2 de marzo de ese año, 1924, cuya final se expresa así:

“Ese deslinde urge y debe solucionarse ya porque no es justo y de ningún provecho para nosotros continuar en ese estado de cosas que privan de mucho, principalmente de los impuestos municipales que pertenecen a esta localidad”. (Esta nota se insertó  en el Acta No. 16 de este Consejo Electoral Departamental  con fecha 3 de marzo de 1924).

 

Siempre en razón de guardar la mayor armonía entre pueblos hermanos y con fines meramente políticos o electorales, Masaya ha prestado a Managua ese Cantón de Ticuantepe, pero nunca con fines administrativos, a los que jamás ha renunciado  y más bien siempre los ha mantenido vivos, a través de las protestas y reclamos que siempre se le han resuelto a su favor.

 

Como ejemplos tenemos en casos electorales, tenemos actas de los 1924, 1928, 1930, 1950 y 1956, en una de las cuales, fecha del 19 de septiembre de 1956, el Presidente del Consejo Departamental, señor don Alfonso Delgadillo Cortés se dirige al Presidente del Consejo Nacional, Dr. Modesto Salmerón, empezando así: “Recibí su telegrama que mata a ras nuestros esfuerzos por recuperar lo que por una condescendencia venía permitiendo Masaya a Managua desde la elección de 1930, según datos históricos en los libros del Consejo Electoral. Si es por prelación  que se nos indica estamos a la práctica de 1930, entonces ¿qué vale lo hecho en 1928? Por una condescencia política de 1930 se cedió ese poblado, etc., etc. Con motivo de esa condescendencia se cambiaron los linderos de ese Cantón Electoral y de otros, tan sólo para fines políticos”.

En lo judicial existen muchas sentencias que declaran que Ticuantepe es de jurisdicción de Nindirí, Departamento de Masaya, entre las cuales se podrán mencionar: la de la Suprema, de 9:00 a.m. del 18 de marzo de 1955; las de la Corte de Apelaciones de 9:00 a.m. del 7 de febrero de 1942, por destrucción de cercas y hurto en la finca “San Antonio”, en Ticuantepe, que linda: oriente, Pedro Burllette; poniente, Víctor M. Fonseca y general Anastasio Somoza; norte, Ángela Murillo y sur: Sucesores Federico K. Morris. La de 10: 25 a.m. del 19 de febrero de 1942 en que Víctor M. Fonseca denunció  en Managua el hurto de un macho negro de su finca Prinzapolka, situada como a tres leguas al occidente de Ticuantepe, y en todas ellas se ha resuelto que este poblado está en jurisdicción de Nindirí, Departamento de Masaya.

 

En otras ocasiones se ha buscado solución al desacuerdo antes referido por medio de árbitros nombrados por cada parte, de conformidad con la Ley anterior del 16 de febrero de 1885, la que fue derogada por la del 2 de agosto de 1941, que da competencia al Ministerio de Gobernación para dirimir discordias de límites municipales o departamentales, procediendo de acuerdo con los títulos , leyes o datos demarcatorios, etc.

En tiempos de Adolfo Díaz Resinos (vende patria conservador), 1926/7, fueron nombrados árbitros para el deslinde pendiente entre “Cerro Grande” y Ticuantepe, al ingeniero J.J. Morales Cruz por Managua y don J. Augusto Flores Z., por Masaya, quienes con el Secretario  de Actuaciones, don Rodolfo Poessy, reconocieron el mojón de Ticuantepe en la cima de dicho cerro. (Este relato fue confirmado al suscrito por el propio  Sr. Flores Z., nuestro laureado poeta de grata memoria, pocos meses antes de su muerte).

En 1930 y en 1936 se volvió a tratar del mismo asunto y luego fue quedando como dormido, hasta que últimamente, después de las cuestiones electorales de 1956, el Síndico Municipal de Nindirí, don Isidro Barboza, a nombre de ese Municipio, presentó escrito fechado el 20 de noviembre de 1959, acompañado de varios documentos probatorios ante el señor Ministro de Gobernación, Dr. Julio . Quintana, para que se arreglaran esas diferencias de límites y sobre todo “previniera al Distrito Nacional  abstenerse de seguir causando  desorden al nombrar empleados en Ticuantepe, Los Madrigales, etc., y se dejaran en libertad de funcionamiento a los nombrados por Masaya y Nindirí; de acuerdo con los artículos 1 y 6 de dicha Ley de  1941. (El señor  Barboza cuenta que el expediente se ha confundido o se habrá encarpetado, según  supone, en vista de la abundante prueba de Masaya y la falta de la misma por Managua).

 

En conclusión cabe decir, que el asunto de límites de referencia está en manos de las autoridades superiores y competentes para definirle oficialmente, con los datos que arrojan los títulos, medidas y demás documentos que contiene este libro y que proclaman  a la luz meridiana los legítimos derechos de Masaya en Ticuantepe y anexos; como también están en  esas manos el poder determinar, de una vez por todas, con los abusos cometidos por vías de hecho, de parte de Managua, ordenando que no se sigan cometiendo y mandando a que se respete la línea divisoria trazada por el ingeniero Poterz, de acuerdo con el dictamen del perito en discordia, ingeniero Rodríguez Moreira, por ser obligatoria para Managua, como se ha dicho.

Que no se siga sacrificando Masaya y Nindirí con la abstención de nombrar empleados en Ticuantepe, como les corresponde, abstención que han mantenido en aras de la armonía política y social entre vecinos y en la esperanza de que ha pronto se les sabrá hacer justicia por el gobierno, como lo tiene prometido.

 

Quiero recordar y recomendar una vez más, la lectura atenta de la escritura pública del Dr. Dionisio Casto, de 1940 y también la razonada sentencia de la Suprema Corte de Justicia, que corre a página 15368 y siguientes del Boletín Judicial de 1950, la cual confirma la línea divisoria entre Managua y las tierras de la señorita Mayorga, que está situada en jurisdicción de Nindirí, Departamento de Masaya (línea 31 grados S.O.).

Aprovecho esta coyuntura para sugerir a los Boy Scouts organicen excursiones a lugares limítrofes, para que conozcan mejor sus líneas y mojones y puedan más tarde ayudar a resolver diferencias, como ésta, por los medios amistosos de persuación y justicia, y así mantener vivo  el sentido de unidad y sentimiento elevado de Patria, que tanto se necesita para ser buen ciudadano y patriota.

Con ello se evitan sentimientos que sólo dejan herencias  y consecuencias nefastas y contraproducentes. Además, de la bendita armonía y amistosa convivencia, se procura el conocimiento  de las bellezas naturales  que nuestro suelo encierra u que debemos aprovechar a través del turismo e industria sin chimeneas, que es una de las mejores para incrementar nuestra economía nacional.

 

Si he sido demasiado extenso en esta introducción, que he procurado reducir en lo posible, pido excusas al benévolo lector”.

 

Humberto Porta Sánders

Masaya, 25 de agosto de 1965.

Hasta aquí el escrito de Porta Sánders, abogado y defensor de la posesión de Ticuantepe por parte de Masaya.

 

Por supuesto, Porta Sánders no menciona en esa introducción en que de por medio estaban los intereses particulares de los Somoza, cuya familia y José Somoza personalmente tenían grandes extensiones de tierras en las llamadas “Enramadas”, y que de paso estaba el Senador Carrillo, otro terrateniente de Ticuantepe, quien, seguramente, obtuvo esas tierras por los  “permisos” de la Iglesia Católica de Nindirí.

 

Este libro de sentencias de la Corte Suprema de Justicia, Tribunal de Apelaciones y judiciales a favor de Masaya, más las famosas medidas y remedidas, de los trazos de las líneas fronterizas entre Nindirí y Managua, el asunto del funcionamiento y demarcaciones de los cantones electorales durante las elecciones del somocismo genocida, encabezado por los tres Somoza, es valioso porque releva datos sobre cómo se imponían los caprichos de funcionarios del régimen dictatorial por encima de la “buena vecindad” y de las leyes nacionales, que ellos mismos habían hecho.

A pesar de estas argumentaciones histórica y legales de Porta Sánders y del libro mismo con abundancia de documentación sobre los derechos de Nindirí y Masaya, Anastasio Somoza Debayle y el Congreso somocista ordenaron la creación del Municipio de Ticuantepe el 4 de julio de 1974 y su territorio, además, lo trasladaron definitivamente al Departamento de Managua, basándose en el argumento de que está más cercano a Managua (la Capital) por medio de territorios o comarcas como Las Sierritas de Santo Domingo y Esquipulas.

 

Hubo nuevas protestas de Masaya, las cuales no prosperaron y cerraron un capítulo histórico polémico, iniciado, virtualmente, con la instalación de la “tubería madre” del agua potable para Masaya y Nindirí a finales del Siglo 19.

 

Entre 1880 y 1890 no se conocía el poblado de Ticuantepe. Se le llamaba “Ticuantepe” al Cerro, colocado geológicamente como un Filón de la arqueada cordillera de El Crucero, la cual comienza, precisamente, un poco al sur del Cerro  Ventarrón, ubicado a escaso medio kilómetro al suroeste de los cráteres Santiago, Masaya y Nindirí del Volcán Masaya.

 

Ese Filón del Cerro Ticuantepe se inicia a pocos kilómetros al noroeste de los terrenos escarpados del Cerro Ventarrón, en cuya parte occidental, precisamente, se fija uno de los mojones que señalan los límites del Municipio en relación a Masaya y el Municipio de La Concha.

Las fronteras antiguas indican, conforme las medidas y coordenadas mencionadas, que del Cerro Ventarrón la línea divisoria iba en línea recta, por encima de filones y cañones de El Crucero, hasta la que fuera famosa hacienda cafetalera “Isabel Grande” del alemán Federico Morris, ubicada en uno de los puntos geográficos más altos de la cordillera montañosa o Filones de El Crucero.

 

De acuerdo con las medidas antiguas

 

Por los relatos de ancianos, cuyos padres ya murieron o están muy viejitos como el caso de Ruperto “Conejo” Hernández, se conoce que sí habían casitas de “paja” en las faldas del Cerro Ticuantepe o en el bajo del vallecito, propiedad de campesinos agricultores y mozos de los finqueros. Los dueños de fincas o haciendas usaban las tierras, mayoritariamente, para crianza de ganado y café al comienzo del siglo 20.

 

Como he dicho, al mismo tiempo de la aparición de la tubería de agua potable, a finales del siglo 19 (1890) comenzaron a fincarse numerosas familias pobres y acomodadas en lo que es hoy el casco urbano de Ticuantepe, específicamente cerca de donde estaba el “puesto público de agua”.

 

Numerosos ancianos son coincidentes acerca de que todavía ya avanzado el Siglo 20, un poco después de 1925, al poblado se le conocía más como “Las Pajas” que como Ticuantepe, debido, precisamente, a la presencia de las llamadas “llaves” del agua potable en el “puesto público”.

Con esta parte de la historia continuaremos más adelante.

Aquí, incluyo parte de la documentación del libro presentado por Humberto Porta Sánders, para que quede más claro cómo eran los roces oficiales y públicos por la posesión de Ticuantepe entre Masaya y Managua.

 

Como prueba del dominio de Masaya sobre Ticuantepe en aquellos años, el libro mencionado tiene el siguiente comentario y la citación de un documento:

 

“Masaya, en ansias de mejoramiento y en procura de un mejor servicio de agua potable, piensa en el Río Ticuantepe y pacíficamente y con gran optimismo, la Municipalidad de Masaya dicta el siguiente acuerdo:

Sala consistorial, Masaya, julio veintitres de mil ochocientos ochenta y seis.– Acordó: –Que aprobado en absoluto por esta Corporación el contrato Climie y Pimentel, para el abastecimiento de agua, se comisiona a los señores  Alcalde 1ro. licenciado Rafael Zurita y Síndico Municipal licenciado don Francisco Luna, para que con los señores Climie y Pimentel eleven dicho contrato al conocimiento del Supremo Gobierno en solicitud de su aprobación facultando a los comisionados para aceptar toda la modificación conveniente, a fin de que el Supremo Gobierno, pueda ratificar el referido contrato; cuyas modificaciones se entenderán hechas y aprobadas por esta Corporación, sin necesidad de dar cuenta con ellas. La Sria. trascribirá a los señores Zurita y Luna el presente acuerdo  que leído fue aprobado por los que firman.– Zurita. Pio Quinto Carrión. Fernando Abaunza. Franco. Luna. Franco. J. Salazar. Ante mí José María Vega.–Srio.

 

Según documentación histórica, este contrato fue aprobado por el Congreso Nacional y ratificado por el Poder Ejecutivo el 9 de marzo de 1889.

 

En este punto, el libro citado comenta:

 

“Lógico y de orden era que las Jefaturas Políticas de Managua y Masaya trataran, en algún momento, de determinar la línea divisoria entre ambos departamentos; pero desgraciadamente las autoridades departamentales que realizaban el deslinde entraron en desacuerdo en el mojón que hay en el extremo  occidental de la finca de los Solano Dávila, lo que fue motivo para la suspensión del trazo definitivo, por lo que hubo de suscribirse después el convenio de Statu quo de 1897.

 

Continúa:

Pacífica, tranquila y en armonía era la vida de ambos departamentos vecinos, el Poder Ejecutivo siempre respetó los derechos de Masaya en Ticuantepe, tanto que en 1904 dictó el acuerdo que literalmente dice:

“El presidente de la República, acuerda: -Nombrarse Directora de la Escuela Mixta de Ticuantepe, Departamento de Masaya, a la señorita Gerarda López, con el sueldo de Ley.–Comúniquese.–Managua, 23 de diciembre de 1904. Rubricado por el Presidente.–El ministro de instrucción.– Altamirano”.

 

Por supuesto, debo dejar claro que cito estos acontecimientos históricos para el estudio de la Historia de Ticuantepe. En aquellos años de finales del Siglo 19 y comienzo del Siglo 20, el pleito, la disputa era entre Masaya y Managua. Las autoridades de Managua siempre presionaron por anexionar Ticuantepe al territorio del Departamento de Managua, aparentemente, debido a que algunos terratenientes y ciertos funcionarios del gobierno nacional tenían intereses económicos personales en el territorio ticuantepeño.

 

Esto se acentuó con la llegada del régimen dictatorial somocista después de 1934.

 

Se comenta en el libro referido:

“No fue sino hasta el mes de julio de 1920 que Managua  principió a poner en juego sus pretensiones de posesión  sobre Ticuantepe, según se desprende de la comunicación  de la cual  copio un párrafo:

“Nindirí, 26 de enero de 1921.- Señor Jefe Político.–Masaya.–Estoy plenamente informado que el agente de policía que reside en Ticuantepe, de esta jurisdicción con nombramiento del Ejecutivo desde el año anterior y que actualmente  ejerce funciones indebidas, porque es puesto por parte del departamento de Managua sin pertenecer a Ticuantepe a ésta última ciudad, obliga a los habitantes de la comarca a que sólo en la Tesoería de Managua estableció en aquel lugar se compren boletos de impuestos municipales que exclusivamente  corresponden  a este Municipio.

Suscribe esta comunicación, a que se hace referencia, el señor Rafael Gutiérrez.

Como se ve –al par que nacen las pretensiones anexionistas de Managua–también surge inmediatamente la protesta de la autoridad de Nindirí, reclamando sus derechos vulnerados por un agente de la policía y el Ministerio de Gobernación arbitrariamente lo había nombrado para ejercer autoridad en un lugar que nunca había pertenecido, ni aún hoy pertenece al Departamento de Managua; esa arbitraria disposición ha sido el origen del desacuerdo entre Managua y Masaya por la posesión de Ticuantepe y desde esa fecha Masaya ha mantenido  firme su protesta, ostentando una abundante y rica documentación que ponen de manifiesto sus derechos sobre Ticuantepe; en cambio Managua solamente ha usado de la fuerza y la arbitrariedad para respaldar sus vanas pretensiones, sin ostentar nunca un solo documento que le haga justicia.

 

En años recientes, las autoridades electorales han venido negando a los habitantes de Ticuantepe el derecho  de sufragar (votar) dentro de su Departamento, acto injusto del que se ha hecho también la oportuna e inmediata protesta.

 

A este respecto, cabe observar que el acto de sufragar no es únicamente la obligación de hacerlo el ciudadano en el lugar o Cantón que se le indique, sino también el derecho de hacerlo en el Cantón que se le indique, sino también el derecho de hacerlo por el candidato de su agrado y simpatías y con esa arbitraria disposición se les está violando a los vecinos de Ticuantepe uno de los más sagrados derechos de que goza el ciudadano.

También hay que apuntar que esas medidas están violando el Statu quo de 1896.

 

Octubre de 2008

 

 

 

Pablo E. Barreto Pérez: periodista, editor, investigador histórico, fotógrafo, Cronista de la Capital, Orden Independencia Cultural Rubén Darío, Hijo Dilecto de Managua, Orden Servidor de la Comunidad del Movimiento Comunal Nicaragüense, Orden José Benito Escobar Pérez de la Central Sandinista de los Trabajadores (CST  nacional), Orden Juan Ramón Avilés de la Alcaldía de Managua y actual concejal del Frente Sandinista en la Capital nicaragüense.

 

Colonia del Periodista No. 97, frente al portón del Parque, en Managua. Teléfonos: 88466187 y 22703077.

 

Mail: pablo_e2005@hotmail.com

pabloemiliobarreto@yahoo.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Tipitapa, Tipitapa, suelo cubierto de Historia Nacional

Tipitapa,

Suelo cubierto de Historia Nacional

En Tipitapa se registró la Batalla de San Jacinto

Pablo Emilio Barreto P.

Tipitapa: “Lugar de los petates de piedra”, según las toponimias nicaragüenses. Es un nombre de orígen mejicano, es decir, lo trajeron consigo los chorotegas cuando avanzaban de México hacia Centroamérica.

Tipitapa ya existía cuando llegaron los conquistadores españoles repartiendo machetazos y balazos en nombre de Dios, las Tres Divinas Personas y el rey de España, y asesinaron a alrededor de 50 millones de indígenas en América y un millón de indios nicaragüenses, entre los cuales se contaron los miembros de la Tribu del Cacique Tipitapa.

¿Mataron también al Cacique Tipitapa?

Aunque no existe precisión de fechas, los historiadores nacionales, entre otros Gratus Halftermeyer, Julián N. Guerrero y Lolita Soriano de Guerrero, afirman que los primeros pobladores indígenas de Managua, de la orilla del Lago Xolotlán, formaban parte de tribus de origen mejicano (nahuas o nahoas), las cuales llegaron por oleadas a los territorios de Centroamérica, presuntamente hace más de mil años.

Otros historiadores señalan que el territorio de Managua estuvo poblado desde hace más de cuatro mil años, es decir, aún antes del pleno desarrollo del Imperio Maya, cuyas ciudades y poblados se regaron por México, Guatemala, Belice, Honduras y El Salvador.

Se supone que una de esas “oleadas” de indígenas, autonombrados chorotegas, se produjo en el año 596, es decir, casi mil años antes de la llegada de los españoles genocidas.

Por crónicas de los mismos colonizadores españoles, se establece que una de las últimas “oleadas” de indígenas mejicanos se produjo en 1505, trece años después del arribo de Cristóbal Colón a nuestras tierras.

Ha quedado plenamente establecido que estos pobladores indígenas, con distintos nombres: mames, mangues, chiapanecos, totoneccas y chorotegas, se fincaron en toda la región del territorio noroeste de Nicaragua, desde el Golfo Chorotega (Fonseca) hacia el Este, lo cual incluía la costa o faja sur del Lago Xolotlán.

A la llegada de los españoles a Managua en junio de 1524, jefeados por Francisco Hernández de Córdoba, los colonizadores se encontraron con que había una nutrida población indígena desde lo que fue la orilla de León Viejo (al frente sur del Volcán Momotombo), pasando por “Piedras Azules”, Mateare (o Matiari), toda la Península de Chiltepe y toda la costa frente a Managua hasta La Bocana de Tipitapa.

Es decir, una población alargada, “de tres leguas”, decía Francisco Hernández de Córdoba en su “informe secreto y sellado” a Pedrarias Dávila, Gobernador de Castilla de Oro  (en Panamá).

Inclusive, esta población indígena le daba una vuelta completa a toda la Península de Chiltepe, por el extenso vallecito alargado y puntiagudo existente en ambos lados de la Península, pasando por las llamadas “Punta Chiltepe” y “Punta Cimarrón o del Cardón”.

Existían poblaciones indígenas también en la Isla Momotombito, situada frente al Volcán Momotombo, donde ambos forman, prácticamente, un solo complejo volcánico.

La existencia de población indígena en Momotombito ha quedado comprobado por los hallazgos arqueológicos, los cuales revelan la presencia humana en esta parte del Lago de Managua, donde se encuentra lo más profundo de las aguas del Xolotlán, nombre colocado por los mejicanos o mangues.

Allí, en Momotombito y los alrededores del Volcán Momotombo, vivieron indios identificados como “Imabites”, según el doctor Alfonso Argüello Argüello, autor del libro “León Viejo”, en el cual se relata que estos indios fueron sometidos a machetazoslatigazos y balazos por las huestes armadas de Hernández de Córdoba, primero, y después por Pedrarias Dávila, el primer gobernador de la Provincia de Nicaragua por parte del rey de España.

Algunos autores nacionales aseguran que, inclusive, frente y en la orilla sur del Volcán Momotombo había una especie de Ciudad de los Imabites.

Por los informes españoles ha quedado establecido para la Historia que en Mateare, por ejemplo, habían, aproximadamente, 13, 500 indígenas cuando ellos llegaron en 1524 al Lago Xolotlán; existían unos 40 mil habitantes indígenas frente a Managua y un poco más de “ocho mil almas en Tipitapa”.

Las crónicas españolas indican que los caseríos indígenas se extendían por la orilla de la costa del Lago Xolotlán, y que en el caso de Managua, las habitaciones de los indios se prolongaban hasta la Laguna de Tiscapa, en medio de bosques nutridos o espesos.

Esta hilera de habitaciones o ranchos de paja indígenas se extendía hasta la Bocana de Tipitapa y la orilla del Río Tipitapa, donde abunda un “colchón de rocas” a ambos lados de “La Bocana” y quizás por este motivo es que su significado es “lugar de los petates de piedra”.

Esas crónicas refieren que Mateare, Managua y Tipitapa formaban parte del Cacicazgo de Tipitapa, ubicado a la llegada de los españoles en las cercanías del Río Sábalos, es decir, de donde es la actual Garita de la Policía, en la carretera norte, hacia el noroeste, donde está la llamada “Presa-piscina de los Sábalos”.

Los mismos cronistas españoles, especialmente el mismísimo Francisco Fernández de Oviedo y Valdez, cronista justificador de las matanzas de los conquistadores, señalan que cuatro años después de la llegada de los colonizadores, en Managua y Mateare (o Matiari) prácticamente no quedaba nadie,

pues la inmensa mayoría, o todos, habían sido cruelmente asesinados, esclavizados o habían “huido a los montes…”

Genocidio justificado

Un tal Licenciado Francisco de Castañeda, Alcalde Mayor de la Provincia de Nicaragua y Teniente del Gobernador Pedrarias Dávila, en una carta dirigida al rey de España, escrita el 30 de marzo de 1529 (cinco años después de la llegada de Francisco Hernández de Córdoba al Lago Xolotlán), exponiendo su vocación natural de exterminador de seres humanos, de genocidio, de esclavizadores por naturaleza, decía:

“…los indios de esta tierra, con poco favor que se les dé, no servirán, porque muchos de los chorotegas, por no servir se han dejado morir y huido, porque son la mala gente que en el mundo hay…”

Y agregaba, seguramente en torno a los indígenas de Managua, Tipitapa, Mateare y Momotombo:

 

“En unas Sierras cerca de esta ciudad y de la ciudad de Granada, andan cantidad de indios levantados, que no quieren servir ni obedecer. El Gobernador Pedrarias, como buen servidor de Vuestra Majestad, provee que vayan a sojuzgarlos y tiene proveído que vaya un Capitán a éllo”.

 

Esta bota feroz y de cruel persecusión era ya similar en casi todo el Continente Americano, recién “descubierto” por españoles.

En El Salvador, por ejemplo, casi al mismo tiempo, Hernán Cortés y Pedro de Alvarado, por medio de “un bando del rey de España” condenaba a muerte a los indígenas pipiles, una parte de los cuales ya habían sido asesinados por ellos y el resto optó por abandonar el Valle de Las Hamacas y huir hacia el célebre Cerro de Las Pavas, donde resistieron a los 300 años de esclavitud e ignominia de la dominación española.

 

Oviedo y Valdez, el más célebre de los cronistas de la barbarie rubia, española, en América y en Nicaragua, trató de encubrir el genocidio de los conquistadores en “la polilla de la guerra”, cuando en realidad los hombres de Hernández de Córdoba, por ejemplo, llegaron repartiendo balazos y machetazos por el caserío alargado en que vivían pacíficamente los indígenas chorotegas de Momotombo, Mateare, Chiltepe, Managua y Tipitapa.

Los visitantes inesperados, apocalípticos, venían acorazados, vomitando fuego y balas, cortando cabezas, manos, brazos y pedazos de cuerpo con espadas, traían caballos, mientras los indígenas apenas portaban flechas de madera, con las cuales se auxiliaban en la caza de venados y otros animales silvestres para la comida de la colectividad pacífica de Momotombo, Mateare, Chiltepe, Managua y Tipitapa.

Atraído por la curiosidad de que Managua era una población alargadísima, de varias leguas, como una soga extendida en el lado sur del Lago Xolotlán (“laguna”, le llamaban los españoles), según las descripciones de Francisco Hernández de Córdoba, Oviedo y  Valdez visitó el Lago Xolotlán en 1,529, de acuerdo con su propia versión, aparecida en uno de los tomos de su Crónica de Indias.

En primer lugar, niega en forma categórica que hubiese ciudad indígena tan larga, pero al fin de cuentas acepta y cuenta lo siguiente:

“…en fin, porque queremos en esto no nos cansemos, digo que en el tiempo en que el Capitán Gil González fue a aquella tierra y después de él, el Capitán Francisco Fernández, Teniente de Pedrarias, parecía que hervía la gente en aquella tierra, según yo lo supe en élla, de los que los vieron…”

 

Sigue Oviedo y Valdez: “Desde Managua a Itipitapa hay dos leguas de camino, en el cual (trayecto) hay veintiun arroyos de agua caliente, que entran en la Laguna de León (Lago Xolotlán de los aborígenes), en la costa de la cual están Managua e Itipitapa, de la banda sur y más de lejos nacen (los ríos y arroyos), una legua de dicha laguna y todos ellos vienen de hacia la parte y montes de Masaya”.

 

Al hablar Oviedo y Valdez de “dos leguas de camino” trataba de desmentir las dimensiones del poblado descritas por Hernández de Córdoba al Gobernador Pedrarias y al rey de España en aquellos días fatales para nuestros primeros pobladores de Managua, Tipitapa, Mateare, Chiltepe y Momotombo.

 

Oviedo habla de “aguas calientes”, lo cual confirma versiones recientes de que en los alrededores de Tipitapa abundaban entonces los brotes de fuentes termales, como los que todavía fluyen hacia la superficie en los llamados “Termales de Tipitapa” y en los Termales de San Francisco Libre.

 

Sigamos leyendo esta parte interesantísima de la obra de Oviedo y Valdez:

“Había en Mateari, mil flecheros, que eran de doce mil ánimas; y en aquella cacique de Itipitapa, habían tres mil quinientas ánimas y de ellas ochocientos arqueros”.

Continúa: “De la otra parte del Cacique Tipitapa, en la otra costa de la laguna, en seis leguas, habían bien seis mil ánimas  y ochocientos arqueros”.

Oviedo, se supone, se refería a que al otro lado del Lago de Managua también estaba poblado por indígenas, es decir, el territorio que hoy ocupa San Francisco Libre, con cuyo municipio colinda Tipitapa.

 

“Como he dicho, en aquellas adversidades de lenguas que hay en esta Gobernación, por necesidad, además de diferir en los vocablos, en los ritos hay diferencias. En Matiari llaman a Dios, Tipotani y dicen que hubo un hombre y una mujer, de los cuales todos los mortales hubieron princio:  que al hombre llaman Nembithia y a la mujer, Nenguitamali…”

 

Estas afirmaciones de Oviedo y Valdez (1,529), las de Hernández de Córdoba (1,524) y las de Fray Alonso Ponce (1,585), prueban en forma absoluta la existencia de poblados indígenas en el sur del Lago de Managua desde frente al Momotombo hasta La Bocana de Tipitapa, mucho antes de la llegada de los españoles genocidas.

Sobre esta criminalidad genocida en Nicaragua, Managua, Tipitapa, Mateare, Chiltepe y Momotombo, el primer historiador nicaragüense Tomás Ayón, uno de los más prestigiosos del país, afirma:

“Los indios capturados en la guerra eran reducidos a la esclavitud; los que vivían en sus casas, sometidos al despotismo de los castellanos, pasaban a ser tributarios de éstos y les eran dejados en encomienda. Pero no había diferencia en la suerte de aquellos infelices, como lo afirma el arzobispo García Peláez para quienes “esclavitud, tributo, encomienda, confiscación, destierro y muerte era todo uno; y lo mismo la paz que la guerra”.

 

Ayón añade a su denuncia: “Los naturales dados en encomienda eran herrados, como los esclavos; y al repartirlos entre los señores, sucedía que correspondiendo un solo pueblo a tres o cuatreo encomenderos, cada cual tomaba el número de indios que se les señalaba. sin fijarse en la inhumana división que hacían de una misma familia, dejando al marido separado de la esposa y a la madre lejos de sus tiernos hijos”.

 

“Con el pretexto del tributo, los indios, quienes quizás por sarcasmo llamaban libres, eran sometidos a un tratamiento tan cruel y a tan duros trabajos como esclavos. Les ponían cargas que sólo las bestias pueden soportar y los alquilaban como récuas, para que cargados caminasen cierto número de leguas al día, mediante el pago que percibía su dueño”, finaliza Ayón, cuyas afirmaciones de orden histórico he colocado en esta parte del librito para que quede bien claro cómo fueron criminalmente aniquilados nuestros abuelos o bisabuelos de Nicaragua, particularmente en Managua, Momotombo, Mateare, Chiltepe y Tipitapa.

 

Relatos históricas escritos por los conquistadores españoles, indican que Hernández de Córdoba fundó León Viejo (al pie del Volcán Momotombo), el domingo 19 de junio de 1,524.

 

Un poco antes del 19 de junio de  1,524 fundó la ciudad de Granada, y después de León Viejo, fundaría Nueva Segovia (hoy Ciudad Antigua) y otras poblaciones  o ciudades de Centroamérica.

Se supone, entonces, que Hernández de Córdoba con su soldadesca de criminales, llegó al Lago Xolotlán o de Managua un poco antes de esa fecha del 19 de junio de 1,524, porque fundar León, para convertirlo en Capital Provincial debió costar cierto trabajo por el sometimiento de los indígenas Imabites a sangre y fuego y porque debieron levantar las fortificaciones correspondientes.

 

Se presume, además, que los colonizadores llegaron del lado   de Granada navegando  por el Río Tipitapa, vaciante natural del Lago Xolotlán hacia el Lago Cocibolca o de Nicaragua, donde habían fundado Granada.

 

(Cabe explicar, en paréntesis, que el Lago Xolotlán desde hace varios miles de años ha sido parte de una cuenca natural que comienza en Jinotega, de donde se origina el Río Viejo. Otros Ríos como el Sinecapa, el San Antonio y Pacora, por ejemplo, siempre desembocaron en el Lago Xolotlán por el lado de San Francisco Libre. Estos ríos, más las corrientes pluviales, ocasionaron siempre la llema del Lago Xolotlán, el cual vacía por medio del Río Tipitapa hacia el Lago Cocibolca por el llamado Paso de Panaloya. Este fenómeno contribuye a la llena del Lago Cocibolca, el cual vacía, a su vez por medio del Río San Juan hacia el Atlántico en su desembocadura de la Barra del Colorado).

 

El Río Tipitapa sigue siendo navegable (actualmente, año 2001) en un trecho considerable hasta el Paso de Panaloya.

 

Ha quedado demostrado que posterior a la brutal conquista de los poblados indígenas del territorio de Managua, las distintas “autoridades” coloniales de Granada y León, tanto militares como eclesiásticas, se desplazaban en embarcaciones acuáticas por medio del Lago de Managua, el Río Tipitapa y el Lago Cocibolca.

Los conquistadores evitaron, como parte de los planes de conquista, describir cómo fueron recibidos por los indígenas en Momotombo, Mateare, Chiltepe, Managua y Tipitapa, por ejemplo, o cómo y cuáles fueron las crueldades de ellos para someter a los indígenas a balazos y machetazos limpios en la orilla muda de las aguas del celebrado Lago Xolotlán.

 

 

…Pues “como malas gentes”, los indígenas habían huído a los montes, lo cual supone, en realidad, que todos los indios fueron asesinados, o sencillamente escaparon hacia los Filones Zanjones y Cañonesde El Crucero, tal vez frente a San Andrés de La Palanca, donde construyeron sus refugios en paredores altos y rocosos, de piedra cantera.

 

Los relatos de los colonizadores indican, asimismo, que de los indígenas de Managua sólo quedaban “unas ocho mil almas” de las 40 mil referidas.

 

¿Mataron al Cacique Tipitapa?

 

¿Qué pasó con su tribu?

 

Los indígenas de Managua tenían como centro de sacrificios humanos la Loma de Tiscapa y la misma Laguna de Tiscapa, es decir, un poco al sur de la orilla del Lago Xolotlán o de Managua.

Prácticamente no se cuenta nada de lo que pasó con las “ocho mil almas de Tipitapa”, donde, curiosamente, estaba ubicado el asiento principal del Cacique Tipitapa.

 

¿Qué pasó con el Cacique Tipitapa y su tribu? ¿Los mataron a todos? ¿Los esclavizaron? ¿Huyeron de los españoles?

Los cronistas españoles admiten que los pobladores sobrevivientes de Mateare (o Matiari) huyeron hacia “las montañas…”

Esas montañas eran los Filones y Cañones de El Crucero, donde yo encontré las Cuevas del Cacique en 1993, según escribo en mi libro “Mateare Misterioso”, el cual no ha sido impreso todavía.

 

Se presume que los indígenas sobrevivientes, incluyendo el Cacique Mateare (o Matiari) se fueron a vivir en esos Filones y Cañones de El Crucero, donde construyeron las Cuevas en piedra cantera bastante porosa.

Los pobladores sobrevivientes de Managua, es decir, los que habitaban las orillas de lo que es hoy Managua, fueron virtualmente esclavizados, según admiten los relatos de los cronistas españoles.

Es de suponer, entonces, que la misma suerte de horror y muerte corrieron los indígenas situados hacia el lado de Tipitapa, donde estaba el asiento principal del Cacicazgo, cuyo Cacique, aparentemente, era el jefe de los indígenas desde Mateare, Chiltepe, Managua, y  hasta Tipitapa.

 

Como es conocido por el mundo entero, los “civilizados” rubios españoles también destruyeron monumentos indígenas en piedras, escrituras en cáscaras, grabados en piedras, además de matar a los indios con machetes filosos y balazos disparados con las armas de fuego que traían para imponer el “orden” en nombre de Dios, las tres Divinas Personas y el Rey de España.

 

Por la descripción de los cronistas españoles se supone que el asiento del Cacicazgo estaba en la orilla del llamado Río Sábalos, de trayectoria corta, que desemboca en las aguas del Lago Xolotlán o de Managua, formando una especie de gran charco semifangoso.

El llamado Río Sábalos serpentea, precisamente, desde el lado en que está la Garita de la Policía hacia el noroeste hasta desembocar en las cercanías de donde hoy es “CARNIC”, ubicada de la Aduana Sandino hacia el norte.

Algunos autores nacionales han señalado, sin pruebas, que en este sitio del Río Sábalos estuvo ubicada la población de “Tepetlapán”, donde, presuntamente, residía el Cacique Tipitapa.

 

Cerámica y cementerios indígenas

 

Según investigaciones arqueológicas, se han encontrado restos humanos y cerámicas de colores variados en distintos sectores de Managua, entre otros: cercanías del Café Soluble, ubicado de La Subasta hacia el norte; y camino a la Comarca Cofradías, lo cual puede ser indicio también de los asentamientos indígenas de Tipitapa.

No existe, sin embargo, una investigación sistemática de los arqueólogos nacionales como para establecer más claramente dónde estuvieron los asentamientos indígenas nuestros, ya mencionados.

Han sido los arados rudimentarios, las excavaciones para construir casas o edificios, las que se han encargado de poner al descubierto vasijas de barro, multicolores, con osamentas dentro, en evidencia de que sí hubo esos poblados indígenas en la orilla del Lago de Managua.

Se han encontrado especies de cementerios indígenas en el parque de Mateare, en canales o cauces cercanos al Lago de Managua en Momotombo (cerquita de León Viejo) y en cauces casi colindantes con los Filones y Cañones de El Crucero frente a San Andrés de la Palanca.

Mientras la colonización brutal, rubia, española, europea y “civilizada”, se desarrollaba entre Granada y León (Viejo), al pie del Volcán Momotombo, los pocos pobladores sobrevivientes en Mateare, Managua y Tipitapa, eran sometidos a las peores penalidades, a condiciones de esclavos, o sencillamente eran perseguidos hacia el interior de las montañas, recuerdan algunos autores nacionales como Julián N. Guerrero.

 

“Los managuas de siglos pasados, como hombres libres, prefirieron la muerte y la huída a los montes, antes que someterse servil y dócilmente a los conquistadores españoles, por más que éstos les hablaran de una fe religiosa que no entendían”, sostiene Julián N. Guerrero en su Monografía de Managua.

 

Ayón, Halftermyer, Julián N. Guerrero y Lolita Soriano de Guerrero, historiadores todos, coinciden en que 19 años después de la llegada de Francisco Hernández de Córdoba a Managua, gran parte de los pobladores indígenas habían sido asesinados, unos lograron huir y los capturados estaban ya convertidos en esclavos.

Al cumplirse esos 19 años, los “Magistrados de la Real Audiencia de los Confines”, cuyo Tribunal tuvo su asiento en la Ciudad de Gracias (en territorio occidental de Honduras), decidieron entregar en “encomienda” estas poblaciones esclavizadas a otros españoles brutales, llamados: Francisco Téllez, Cristóbal de San Martín, Diego de Pastrana y Luis de La Rocha.

El tal Diego de Pastrana fue el “encomendero” inicial de Tipitapa. En una acta fecha el 4 de diciembre de 1,548, en el mencionado “Tribunal de la Audiencia de los Confines”, se dice que los pobladores esclavizados de Tipitapa debían aportarle a Pastrana: dos sementeras de dos fanegas de maíz; media fanega de algodón; doce mantas blancas; docena y media de gallinas de Castilla; dos cántaros de miel; doce libras de cera; cuatro petates y diez carguillas de sal.

 

Tres siglos de genocidio

 

Hay un período de alrededor de tres siglos, de silencio criminal impuesto, de genocidio sistemático de los colonizadores rubios, de resistencia heroica y casi sobrehumana de nuestros indígenas, en los cuales prácticamente no se sabe nada acerca de cómo se desarrollaba la vida de penurias y angustias de los pobladores indígenas en Mateare, Managua y Tipitapa.

 

¿Por qué este desconocimiento casi absoluto?

 

En primer lugar, los colonizadores destruyeron todas las evidencias históricas, culturales, pictóricas y de escrituras, como ocurrió en la Isla Zapatera (Lago de Nicaragua), donde los conquistadores rubios “civilizados” les destruyeron sus monumentos tallados en piedras y se los echaron dentro de las aguas profundas de la Laguna de la misma Zapatera.

 

Sobre este particular, los historiadores Julián N. Guerrero y su esposa Lolita Soriano de Guerrero, exponen lo siguiente:

“Durante el largo período que transcurrió entre el año 1548, en que fueron detallados los tributos mencionados, hasta el año de 1811, época de los primeros movimientos independentistas en Nicaragua, o sea durante más de dos y medio siglos, no se encuentran en nuestra historia ni documentos investigados, sucesos notables que, relacionados directamente con el territorio del Departamento que estudiamos, ameriten su mención ni comentario”.

 

Añaden Guerrero y Soriano: “En trescientos años de dominación, no pueden señalarse en los dos primeros siglos, terriblemente largos para un pueblo avasallado y sometido a crueldades y exterminios, una escuela, un centro de enseñanza para artes y oficios, un nicaragüense graduado en España por disposiciones de la Corona ni nada que pudiera ridículamente compensar la imperfecta enseñanza de un idioma que el aborígen nunca logró aprender y de una religión que no entendió y le permitió, con más doloroso procedimiento, mistificar con sus antiguas creencias, resultando una híbrida fe, que aún sus descendientes esperan conocer de verdad”.

 

La existencia oficial de Tipitapa se conoce, nuevamente, hasta que el 17 de febrero de 1755 le es entregada en “encomienda” al encomendero Juan Bautista Almendárez y a su esposa Josefa Sierra de Almendárez.

Este dato lo aportan los historiadores Gratus Halftermeyer y Julián N. Guerrero, mientras José Dolores Gámez, fogoso historiador liberal, indica que esa entrega en “encomienda” de Tipitapa a Almendárez se produjo en 1753.

 

Por otro lado, según otros datos históricos, Almendárez se hace cargo de la “encomienda” cuando ya Tipitapa estaba en el sitio actual con apenas 400 casas, frente o alrededor de la Iglesia Católica, presuntamente construida en la época de este encomendero, cuyo origen y destino final no se conocen.

 

En los escritos existentes, para colmo de males históricos, se hace aparecer a Almendárez como “fundador” de Tipitapa. Es decir, presuntamente un español “encomendero” fundó Tipitapa y no los pobres indígenas de Tipitapa-Managua.

 

El Rey de España. por la vía de la Capitanía General de Guatemala, ya le había dado el título de “Villa San José de Tipitapa” en 1755, y no se sabe por qué motivos.

 

Como es conocido, estas “encomiendas” significaban que el “encomendero” era el dueño absoluto de los pueblos indígenas, a los cuales les esclavizaban, vendían y les cobraban impuestos, especies de diezmos por ningùn tipo de servicio.

 

En muchos casos, los indígenas entregaban sus cosechas completas de maíz y otros granos a los “encomenderos”, quedándose ellos, los indios, prácticamente sin comida.

 

¿Ocurrió esto último con los indígenas de Mateare, Managua y Tipitapa? ¿Esclavizaron al Cacique Tipitapa, jefe de este Cacicazgo, en los primeros años de la colonización?

 

No hay datos históricos, pues los cronistas españoles  escondieron de sus informes estas matanzas, las cuales fueron denunciadas por Fray Bartolomé de las Casas y el Obispo Valdivieso, de León Viejo, donde los Contreras procedieron a asesinarlo.

En su época, las denuncias de Fray Bartolomé de las Casas y Valdivieso causaron revuelo impresionante en el mundillo explotador del dominio colonial-feudal en la España colonialista (en los albores del capitalismo), la cual competía en estas lides con Inglaterra, Portugal, Holanda, Francia y otras potenciaes coloniales europeas.

 

Bartolomé de las Casas estuvo en la América colonizada desde 1502 a 1545, período durante el cual denunció las tropelías de sujetos salvajes y genocidas como Pedrarias Dávila, primer gobernardo español en Nicaragua.

“Vrevísima relación de la destrucción de las Indias” se tituló su informe demoledor al Rey de España acerca de los horrores cometidos en contra de los indígenas americanos. En la misma época hizo sus denuncias el Obispo Valdivieso.

 

El dato de que Almendárez recibió Tipitapa en “encomienda” en 1755, significa que esto se produjo después del traslado de la Capital Provincial de León Viejo a León actual en 1610.

 

León Viejo fue destruido por una erupción violenta del Volcán Momotombo, seguida de terremotos continuos, los cuales provocaron pánico entre los pobladores españoles, mestizos e indígenas, en este caso los diezmados Imabites.

 

Cabe preguntarse, entonces, si aquella erupción del Momotombo y Terremotos provocaron también pánico entre las poblaciones indígenas y mestizas, dominadas por los españoles en Mateare, Managua y Tipitapa, ubicadas también en la orilla del Lago de Managua como lo estaba León Viejo.

Esta “encomienda” de la “Villa San José de Tipitapa” confirma la plena dominación de los españoles en todo el Lago de Managua y el Río Tipitapa, que en esos días era navegable y comunicaba a los dos lagos por la vía del Paso de Panaloya hacia el Lago Cocibolca o de Nicaragua, hasta llegar a la orilla de Granada, la primera ciudad fundada por los colonizadores españoles, encabezados por Francisco Hernández de Córdoba.

Un dato curioso es que en esos años cercanos a 1755 el curso del Río Tipitapa fue desviado como consecuencia de Terremotos ocurridos en Managua.

¿Dónde fue ese lecho del Río Tipitapa, desviado por un terremoto en Managua?

¿Los mismos pobladores (mestizos e indígenas) se desplazaron al sitio actual de la ciudad de Tipitapa, o el poblado fue organizado por los colonizadores españoles?

 

Puente de 208 varas

 

Una crónica de los españoles, recogida por los historiadores Gratus Halftermeyer y Julián N. Guerrero, indica que el encomendero Juan Baustista Almendárez fundó el poblado de Tipitapa donde es hoy el Parque Rubén Darío, es decir frente a la Iglesia y en los alrededores de la sede actual del Distrito VIII de la Policía Nacional.

Almendárez fue autorizado, según esas crónicas españolas, a construir la Iglesia, el Puente de Tablas para cruzar el Río Tipitapa, edificar el Cabildo, los primeros ranchos de paja, la calle o camino de tierra entre la Iglesia y el caserío, todo con el fin de que sus negocios de encomendero fuesen fructíferos para él (Almendárez) y la corona de España, la cual debía enfrentar deudas con Francia y las rivalidades con Inglaterra, cuyos piratas, corsarios y bucaneros seguían utilizando a los indígenas miskitos en  la Costa Atlántica o Caribe en contra de las posiciones oficiales de la colonización española.

 

La Iglesia original se llamó “Veracruz”. Esa Iglesia tenía 45 varas de largo. No se menciona el ancho. Tenía techo de maderas labradas, cubiertas de tejas.

El Altar Mayor estaba cubierto con ornamentos de telas coloridas, de oro y plata, según se desprende de un informe de Don Matías Oropesa, corregidor español en Matagalpa, cuando visitó el poblado y la Iglesia “Veracruz” el 18 de agosto de 1756, es decir, un año después de la mencionada fundación por parte de Juan Baustista Almendárez, según, repito, las crónicas de los mismos colonizadores, porque nuestros indígenas o pobladores no contaban con cronistas ni escritores, pues habían sido asesinados, primero, y esclavizados después por 300 años.

 

En esos 300 años de esclavitud, tampoco hubo escuelas, ni academias ni estímulo alguno para que los indígenas se educaran como se educaban los españoles, o los hijos de españoles, quienes iban a prepararse en escuelas y universidades europeas.

Esto significa, indudablemente, que casi todos los indígenas esclavizados eran analfabetas gracias a la colonización española.

La Iglesia actual, se supone es aquella misma descrita por Oropesa, y situada actualmente en el costado sur de la sede del Distrito VIII de la Policía y en lado Este del Parque Rubén Darío, donde estuvo el caserío presuntamente fundado por Juan Baustista Almendárez.

La Iglesia, por supuesto, se construyó como parte de la estructura colonial de dominación, porque los sacerdotes siempre jugaron el papel ideológico (espiritual) del dominio y sometimiento mental y físico de los pobladores conquistados.

 

La esposa de Almendárez, se registra en datos históricos, mandó a tallar el Cristo de Esquipulas de la Iglesia donde un escultor español, llamado Quirino Castaño, ubicado en ese entonces en la Ciudad de Guatemala, residencia de la Capitanía General del reino español.

 

El informe de Oropesa señala que el puente de tablones (muy gruesos) tenía 208 metros.

 

Esa distancia resulta impresionante, tomando en consideración el desarrollo tecnológico de aquellos días. Sin embargo, Oropesa menciona en su informe que el puente ya estaba siendo edificado con madera cortada en los mismos alrededores de la “Villa de San José de Tipitapa”.

No se especifica el sitio exacto de la construcción de ese puente inmenso de maderas preciosas. Tampoco se dice quiénes lo construyeron.

Es de suponer, por supuesto, tal como ocurría en esos años brutales de la colonización española, que los trabajos más duros y rudos corrían por cuenta de los indígenas de la “Villa San José de Tipitapa”, porque si no lo hacían, allí estaba presto el látigo de los jefes militares españoles.

 

Si el puente original estuvo donde es hoy el puente metálico, es posible, entonces, que los tablones estuviesen asentados en la rocas inmensas que están en medio del lecho actual del Río Tipitapa.

Estas rocas enormes, con petroglifos, están situadas entre el lecho principal del Rio y los Baños Termales de Tipitapa, es decir, donde brotan chorros de agua caliente.

 

Casualidad o no, en estas rocas aparece calcada una imagen de Santiago, a la cual le disparaban tiros los soldados conservadores y liberales durante las campañas militares de la Guerra Constitucionalista en 1926-1927.

Las razones para construir el puente de tablones (madera) eran, esencialmente, tres: 1) los españoles estaban interesados en el paso de un lado a otro para que cruzaran sus tropas leales al Rey de España; 2) asimismo, deseaban que el intercambio comercial se diera entre los colonizados del norte y de Managua, Granada y Masaya, fundamentalmente; y 3) con el fin de que los pobladores, objeto de la encomienda de Almendárez, fueran a trabajar a haciendas de colonizadores para el lado de Boaco y Chontales, para que pudieran cumplir con los pagos de impuestos al encomendero y los diezmo para la Iglesia “Veracruz” de la Villa San José de Tipitapa”.

 

Si nos atenemos a la afirmación de que ese puente era de 208 varas, ello indica que debieron construir bases fuertes de piedras canteras acomodadas, las cuales eran abundantes en los alredores, según se aprecia en la orilla del legendario Río Tipitapa.

Donde es actualmente el puente metálico se aprecia que hay enterrado un trecho apreciable de piedras canteras muy gruesas en la parte sur, es decir, hacia el lado del camino o calle que iba a dar al caserío fundado por Juan Baustista Almendárez, el encomendero español.

 

Este colchón de piedras canteras se encuentra al oeste de las piscinas de los Termales de Tipitapa.

No se precisa a partir de cuando los pobladores empezaron a identificar el puente como “puente del diablo”. ¿Por qué motivos? ¿Por las 208 varas? ¿Porque el “diablo” salía allí en la noche o en el día?

Oropesa  menciona que el Cabildo fue construído “en la parte más central”. ¿Sería en el centro del caserío? ¿Frente o al lado de la Iglesia “Veracruz”?

 

El Cabildo era usado para darle un aspecto de participación ciudadana a la dominación colonial española.

En las crónicas españolas se describen los bosques que rodeaban Tipitapa y las orillas del Lago de Managua o Xolotlán.

En los informes lacónicos, se menciona con una especie de admiración el hecho de que el Río Tipitapa fuese navegable y que facilitaba la comunicación por navegación acuática hacia el Lago Cocibolca, de Granada o de Nicaragua.

Describían esas crónicas que Tipitapa estaba ubicada en la orilla de un gran río y entre dos lagunas o lagos, a doce leguas de Granada, donde estaban asentadas poderosas autoridades de los colonialistas españoles.

 

Se informa que había recelo por parte de Granada porque se le escapaban parte de los impuestos al ser construído el puente de madera en Tipitapa.

Esto indica, seguramente, que también era un negocio jugoso para otros encomenderos el hecho de que los mestizos y los indígenas en general tuvieran dificultades para cruzar ríos caudalosos como el de Tipitapa.

 

Seguramente, me imagino ubicándome en la época del siglo 18, que el negocio consistía, precisamente, en que determinados personajes usaran sus influencias y medios de navegación para transportar mercancías y alguna gente por medio del Río Tipitapa, es decir, entre los Lagos Cocibolca (orilla de Granada) y Xolotlán en el costado de Managua.

 

Los colonizadores cuentan en forma abundante que estos asentamientos indígenas eran pescadores por excelencia. Mencionan que abundaban los pescados y lagartos en la orilla del Lago de Managua y en el Río Tipitapa, donde sólo se metían pequeñas redes, las  cuales se repletaban de peces mojarras, guapotes y otros pescados.

Inclusive, uno de los cronistas españoles cuenta una anécdota acerca de que un día, al pasar por Mateare, se encontraron con la noticia de que una mujer indígena había sido “tragada” por un lagarto.

Entre todos los hombres se dedicaron a perseguir el lagarto, hasta que lo agarraron y le sacaron del estómago el cadáver todavía fresco de la mujer indígena.

 

Se señala en la crónica que la mujer estaba lavando ropa en la orilla, metida en el agua, cuando fue devorada por el lagarto. Esto motivó de inmediato que todos los hombres de Mateare se juntaran y procedieran a capturar al lagarto, y agregaba la crónica que estos reptiles acuáticos  y carnívoros eran tan abundante como los peces mojarras y guapotes en el Lago de Managua.

Fray Alonso Ponce, uno de los cronistas españoles llegados a Managua en 1585, relata que los indígenas de Mateare, Managua y Tipitapa, curtían cueros de venado, tigres, otros animales terrestres y acuáticos. Estos cueros curtidos servían para dibujar símbolos importantes.

 

Servían de vestimentas a sacerdotes y caciques y las llamadas “clases nobiliarias del señorío”.

 

Tejían redes y petates con fibras de cabulla, palma y henequén. Tejían magníficas telas de algodón, usando ruecas para el arte de los tejidos, añade Fray Alonso Ponce, cuyas afirmaciones son recogidas por los historidores Gratus Halftermeyer y Julián N. Guerrero.

 

Extraían colorantes vivos de animales acuáticos, de plantas y semillas, para usarlas en trajes y cerámica, la cual, por supuesto, se ha encontrado tanto en Managua como en Tipitapa al irse perforando el terreno para construcciones de casas y edificios nuevos.

“Cogían muy buena grana en polvo”, indicaba Fray Alonso Ponce, al mostrarse admirado de cómo pintaban coloridamente jícaras y huacales, por ejemplo.

Para Ponce era admirable aquella pintura por su firmeza al paso del tiempo.

“Es lamentable referir que los libros de los aborígenes de Managua (y de Tipitapa, Mateare y Momotombo, agrego yo), fueron quemados en la plaza pública por el Frayle Francisco de Bobadilla, durante el gobierno de Pedrarias Dávila. Es una infamia tan grande, que todo calificativo para enjuiciarlo sería poco, pues hoy, probablemente, tendríamos en tales libros, la verdadera historia de nuestros antepasados, desde la prehistoria o más remotos tiempos de la Humanidad”, sostienen airados los historiadores Julián N. Guerrero y Lola Soriano de Guerrero en su “Monografía de Managua”, publicada en 1964.

“Igual como incalificable actitud tomaron con los libros aborígenes en México, el Obispo Landa de Yucatán y el arzobispo Zumárraga de la capital mejicana”, continúa la protesta de Guerrero y su esposa Lolita Soriano de Guerrero, autores de la Monografía mencionada.

 

Oviedo y Valdez, ya mencionado, señala que los aborígenes de Managua tenían abundantes cultivos de tabaco, cacao, maíz, frijoles y frutas tropicales deliciosas.

Esto indica que los pobladores precolombinos tenían ya por costumbre cultivar la tierra colectivamente para usar sus frutos, sistema cultural que los españoles desbarataron, expropiaron y la tierra finalmente fue a parar a propiedad de ellos, tal como quedó al  ocurrir la llamada Independencia de 1821, que en realidad sólo trasladó el poder a los criollos o hijos de españoles nacidos en Centroamérica y Nicaragua, por ejemplo.

Oviedo se muestra admirado también por los cultivos de algodón en medio de los bosques. Este algodón era tejido para convertirlo en ropa o vestuario, coloreado bellamente, para intercambiarlo en mercados indígenas del interior, es decir, en las poblaciones de la misma Managua, Tipitapa, Mateare y Momotombo o León Viejo.

Un elemento que vale la pena destacar en este asunto es que las características seminómadas o nómadas (movimientos de un lado a otro) determinaron que las construcciones de casas desde tiempos remotos no fueran tan fuertes como ahora, según el análisis que hace el doctor Francis Richardson  (médico y arqueólogo inglés) al escribir sobre el hallazgo de las Huellas de Acahualinca.

Cuando llegaron los españoles a Managua y Tipitapa, los indígenas nuestros ya comían tortillas fabricadas de yuca y maíz, ingerían pan de harina, elaborada por ellos mismos; consumían pescados y carne de animales cazados, según los cronistas Fray Alonso Ponce y Oviedo y Valdez.

 

Richardson y Julián N. Guerrero sacan la conclusión de que los pies de los  indígenas nuestros eran grandes, porque se alimentaban bien con frutas y cereales cultivados por ellos, especialmente al reflexionar sobre el tamaño de los pies estampados en las Huellas milenarias de Acahualinca, ubicadas en el Oeste de Managua.

En sus comidas usaban condimentos como chile, achiote,  cilantro, quelite, yerbabuena…”dándole un sabor exquisito, contrariando así la tesis de un salvajismo crudo que nunca tuvieron”, sostiene Julián N. Guerrero.

 

“Las aves silvestres y las de corral, como ahora decimos, fueron también fuente de su alimentación. Entre los animales domésticos tenían y comían una clase de perros, sin pelambre, a los que daban el nombre de “Xulos”, añade Guerrero en su Monografía de Managua.

El mobiliario doméstico de los indígenas era muy pobre, muy sencillo. Se reducía a los tapescos de varas o reglas para dormir, cubiertos con colchones de zacate o paste, y ya cerca de la Independencia se usaban los petates.

 

En la cocina familiar se encontraban los llamados “tenamastes” para el fogón, los “metlates” o piedras de moler, maravillosamente labradas y con motivos de animales; los “molenderos” que labraron después con destreza, y con canales para el escape del agua usada en la preparación de las tortillas.

Las jícaras y huacales les servían de vaso para las bebidas. Ellos y ellas mismas se construían los “comales” de barro para cocer las tortillas en el fogón. Se construían “ollas” para cocer las carnes y nacatamales.

Se afirma que ya tenían “hamacas” o “redes para dormir”, como las llamó Cristóbal Colón al llegar al Caribe.

 

Los historiadores nuestros afirman que los indígenas de Managua, igual que los de México y Mayas, tenían conocimientos astronómicos.

Los pobladores aborígenes de Managua y Tipitapa eran aficionados a la danza. “Las habían sagradas, lúgubres y festivas, según se tratara de honrar a los dioses, a los muertos o expansionar el espíritu”, expresa Julián N. Guerrero.

En cuanto a la defensa de sus territorios contra los invasores españoles, acometían con furor desenfrenado, mientras el jefe o cacique arengaba y daba ejemplos en el combate, relata el historiador Tomás Ayón.

Seguramente, uno de los ejemplos más sonados de defensa del suelo patrio de esos días era el Cacique Diriangén, quien prefirió morir combatiendo a los invasores españoles que entregarse a ellos.

Cuando regresaban a sus territorios o casas, victoriosos o derrotados, eran recibidos por el resto de indígenas, quienes generalmente tenían lágrimas en los ojos, pues sabían que los enemigos españoles eran muy superiores en armas, porque eran de fuego, espadas y contaban en su haber con un arte militar centenario al someter a otros pueblos en Europa.

 

Confiscan tierras a indígenas

 

Como afirmamos, hubo casi 300 años de esclavitud, silencio impuesto por militares genocidas al servicio del imperio español, al extremo de que pareciera que sólo los gobernadores, los sacerdotes, los encomenderos, los escribanos de la Colonia, los empleados del sistema colonial, o las prostituas como Doña María de Peñalosa, eran los únicos que existían en nuestras tierras, de las cuales se apoderaron, dando origen a los grandes latifundios, después de confiscar a las Comunidades Indígenas.

 

Con la colonización comienzan las confiscaciones de tierras a los indígenas. En la bárbara colonización española se origina la apropiación de las mejores tierras que por siglos o milenios habían ocupados nuestros indígenas desde México hasta la  Tierra del Fuego en Argentina.

 

Neutralidad fingida

 

Queda claro que prácticamente no se sabe nada de lo que hacían nuestros indígenas para progresar como seres humanos desde la llegada de los españoles al Lago Xolotlán, en el caso de Managua y Tipitapa.

De 1 755 hasta 1856, en las vísperas de la Guerra Nacional contra los filibusteros esclavistas yanquis, tampoco se sabe nada de la vida en Tipitapa.

No conocemos cuál fue el comportamiento de los pobladores mestizos e indígenas de Tipitapa durante los movimientos libertarios independentistas de los años 1811, 1812 y 1814, tanto en León, como en Granada, Masaya y Rivas.

 

Parte del asunto se despeja en las afirmaciones de Julián N. Guerrero y Lolita Soriano de Guerrero acerca de que los pobladores indígenas y mestizos de Managua (y seguramente Tipitapa también), debido a la represión española, adoptaron una neutralidad presuntamente fingida al convertirse en refugio clandestino o semiclandestino de los que luchaban contra los colonizadores en León, Masaya, Granada y la Rivas del Cacique Nicarao y del maestro Emmanuel Mongalo.

 

Managua quedaba en medio de las dos ciudades principales, León y Granada, antes de la Independencia en 1821, y por ella pasaban y se refugiaban los luchadores anticoloniales heroicos, afirman los historiadores mencionados.

 

Managua, como población o ciudad,  no se metió abiertamente en la cada vez más revolucionaria lucha anticolonialista, entonces el rey de España le concedió el título de “Villa Leal de Managua”.

El asunto es que de Tipitapa se vuelve a saber hasta en 1856 cuando los esclavistas del sur de Estados Unidos, los filibusteros jefeados por William Walker, ya habían enterrado sus garras en la garganta joven del territorio de Nicaragua, al que intentaban convertir en parte de un imperio esclavista, del cual formarían parte México, toda Centroamérica y la Isla de Cuba, donde aún no aparecía la estrella libertadora y revolucionaria de José Martí.

 

Por lo que hemos relatado de que Tipitapa era paso obligado de comerciantes, finqueros, vaqueros y trabajadores de fincas, tanto del lado de Matagalpa o Estelí o de Managua hacia el centro y norte del territorio nacional, se supone que ya existía un camino carretero, a la orilla del cual se habían construído numerosas casitas de paja o de tejas con taquezal, según veremos más adelante.

 

Gracias a la Guerra Nacional se vuelve a saber un poco de Tipitapa.

Como es ya sabido, los criollos (hijos de españoles en Nicaragua) y mestizos con alguna influencia política o cercanos al poder colonial de Centroamérica y Nicaragua son quienes reciben el poder de manos de los colonizadores al darse el grito de !Independencia, Independencia¡ el 15 de septiembre de 1821.

La Independencia de Centroamérica estaba, de alguna manera, inducida o influida por las ideas filosóficas y económicas liberales de la Revolución Burguesa de Francia, del 14 de Julio de 1786 (es decir, el triunfo del naciente capitalismo expoliador contra el feudalismo en la Europa colonialista en América, Africa, Asia, Oceanía y la misma Europa “civilizada”).

Hacía poco tiempo, en 1776, se había producido el triunfo de la Revolución Independista de las Colonias británicas, hoy conocidas como Estados Unidos, lo cual también había generado un estado de ánimo generalizado adverso a los colonizadores españoles, ingleses, franceses, holandeses, portugueses, japoneses, rusos…y todo parecía que empezaba a arder como un polvorín político por el mundo entero.

 

En el caso de Nicaragua, sin embargo, quienes asumen el poder después de 1821,  ostentan más ideas conservadoras que liberales, son los terratenientes, los comerciantes y dueños de grandes propiedades, obtenidas  (despojos) al amparo terrorista del poder colonial…son los que en realidad gobiernan con estilo despótico, al mejor estilo colonial.

 

De esa manera, se van generando contradicciones entre los terratenientes y oligarcas de Granada y los que podrían ser como “ilustrados liberales” de León.

Los granadinos gobernaban como si fueran los españoles brutales, desalmados, querían que los nicaragüenses siguieran a la usanza de esclavos o siervos de los feudales-patrones de las grandes haciendas encomenderas.

 

Granada y León se convierten en dos ciudades rivales.

 

En el escenario político nacional aparecen dos fuerzas claramente delimitadas: los “legitimistas” (conservadores), ubicados en Granada y “democráticos” (liberales), situados en León, donde crecen  los Ateneos (corporaciones científicas y literarias), la naciente universidad en el Colegio San Ramón tiene cada vez más prestigio y la ilustración liberal (eruditos que se creen herederos de Diderot, uno de los enciclopedistas liberales europeos).

Granada, mientras tanto, es la sede del gobierno de tendencia conservadora, encabezado, entre otros, por Fernando Guzmán, un hombre que mantiene el terror, mediante argumentos de que se debe impedir la anarquía.

Los liberales, encabezados por Máximo Jerez y Francisco Castellón, exigen libertades y ejercer el gobierno acorde con ideas liberales.

En este escenario de peleas por el control del poder político, estalla una revuelva política-militar entre los bandos de “legitimistas” y “democráticos”.

 

“Destino manifiesto” y esclavismo filibustero

 

Mientras esta pelea “toma vuelo”, en el Sur de Estados Unidos, los llamados esclavistas sureños, arman un plan  de conquista por medio de la fuerza, para crear un “imperio esclavista” (llamado por ellos “Imperio del Círculo Dorado”), el cual estaría ubicado en los Estados del Sur de Estados Unidos, México, toda Centroamérica, las Antillas, Cuba y seguramente parte del resto de países recién liberados del yugo colonial en América Latina.

Este plan tenía como respaldo ideológico los postulados de Jamen Monroe (presidente yanqui) de que América entera debía ser de los “americanos”, es decir ellos, y no de los europeos y al mismo tiempo el “Destino Manifiesto”, el cual ponía como “predestinados” a los Estados Unidos para dominar a los “brutos” de América Latina.

 

La pandilla de esclavistas yanquis de Walker hizo suyos los puntos más esenciales de las políticas intervencionistas de James Monroe, presidente de Estados Unidos de 1817 a 1825, autor del llamado “Destino Manifiesto”, entre los cuales se mencionan los siguientes:

1- La incapacidad de los pueblos hispanoamericanos para gobernarse a sí mismos.

2-La autovaloración de creerse los Estados Unidos un pueblo “escogido” y “superior” que podía y debía dominar a los países situados al Sur del Río Bravo, es decir, desde el norte de México hasta la Tierra del Fuego en Argentina.

 

3- La atribución de la incapacidad referida al mestizaje entre blancos españoles e indígenas, es decir, desprecio absoluto a los demás y autovaloración de ser ellos los únicos escogidos por Dios y las Tres Divinas Personas, razonamiento parecido al que traían los españoles al momento de la conquista a machetazos y balazos.

4- La necesidad, en consecuencia, de eliminar esa base mestiza y sustituir por la esclavitud negra e indígena, únicas fuerzas capaces de hacer marchar el progreso de la sociedad bajo la dirección de la raza blanca.

 

Habrase visto como pensaban estos miserables asesinos e intervencionistas esclavistas del sur de Estados Unidos. El mismo William Walker escribió el 17 de septiembre de 1857, después de ser derrotado en Nicaragua:

 

“Aunque nacido y educado en un ambiente sureño, confío en no ser tan loco como para propagar la esclavitud sin tomar en cuenta su adaptación al clima, al suelo y a los productos de éste (…) El decreto que restablecía la esclavitud en Nicaragua fue el resultado de la observación y no de la especulación a priori. Fue después de una residencia de quince meses en aquel Estado, después de haber observado atentamente el suelo, el clima y los productos del país; después de haber estudiado muy de cerca el carácter de sus habitantes junto con sus organizaciones políticas y sociales, cuando determiné revocar la ley de la Asamblea Federal Constituyente que abolía la esclavitud”.

 

Es decir, Walker y su pandilla yanqui de filibusteros, bucaneros, piratas, corsarios, contrabandistas (ladrones, saqueadores y asesinos), querían que volviéramos a ser esclavos otros 300 años, como nos tuvieron los españoles hasta 1821, debido a lo cual la Historia, incluida la de Tipitapa, Managua, Mateare, Chiltepe y Momotombo, la de Nicaragua y América Latina entera, fue retorcida y contada a la manera de ellos (colonizadores) en este período larguísimo de 1492 a 1821.

Mediante una carta a un tal Chas. J. Jenkins, sin fecha precisada, Walker señalaba a todo lo anterior: “La esclavitud del negro en este continente trae su origen, como usted sabe, de un espíritu de benevolencia y filantropía…Y su restablecimiento constituye el medio más rápido y eficiente para que pueda establecerse permanentemente la raza blanca en Centroamérica”.

 

¿Qué les parece? Convertir a negros, mestizos e indígenas en esclavos era “un espíritu de benevolencia y filantropía” de la raza blanca.

 

Qué generosa la raza blanca de Walker y los esclavistas del sur de Estados Unidos. Por éstos y otros motivos llegaron los españoles repartiendo machetazos y balazos, y mataron a 50 millones de indígenas entre 1492 y 1821. La historia quería repetirla alegremente este pirata miserable del sur de Estados Unidos.

Con descaro singular, creyéndose mesías nazzi-fascista adelantado, Walker se ufana en uno de sus escritos de haber venido a Centroamérica a abolir el decreto que abolía (cancelaba) la esclavitud en América Central por parte de la Asamblea Federal Constituyente en 1824, es decir, más de 30 años antes de su nefasta presencia en Nicaragua.

 

El decreto de abolición de la esclavitud se produjo tres años después de la proclamación formal de la Independencia el 15 de septiembre de 1821, en la Ciudad de Guatemala, la que fungió como Capital del Reino por más de 300 años.

 

En la práctica, el imperio esclavista perseguía apoderarse de territorios fértiles, con abundancia de oro, plata, madera, recursos pesqueros, etc., destinados a las arcas personales de los los esclavistas del sur de Estados Unidos.

 

Esas ideas eran las que dominaban entre los esclavistas y sus filibusteros, jefeados por el Comodoro Cornelius Vanderbilt y William Walker y respaldados disimuladamente por el gobierno de Estados Unidos.

Esos mercenarios, hampones y asaltantes  de países que no son los suyos, fueron contratados por los “democráticos” (liberales) para combatir y derrocar al gobierno, a los “legimistas” (conservadores).

Es larguísimo contar toda esta historia, pero como es sabido en Nicaragua, estos filisbusteros yanquis, representantes genuinos del expansionismo esclavista de Estados Unidos en 1852-1856, mataron a centenares de nicaragüenses, quemaron y saquearon Granada, provocaron terror en Rivas, en Belén, en Masaya, en Managua… !y llegaron a Tipitapa el 14 de septiembre de 1856, particularmente a la Hacienda San Jacinto, donde fueron derrotados por un grupo de patriotas nicaragüenses, jefeados por José Dolores Estrada.

 

William Walker y su pandilla hicieron cuatro intentos por tomarse definitivamente a Centroamérica y en particular Nicaragua, especialmente Nicaragua, porque nuestro país les permitiría el paso libre del Atlántico al Pacífico por el Río San Juan, con el fin de ir en busca de oro a California, territorio dentro de Estados Unidos, pero muy distante entre Nueva York (Este) y California (Oeste).

 

Estrada: ejemplo de patriotismo

 

Al momento de estos hechos, José Dolores Estrada (“legitimista” o conservador) tenía 64 años. Estando muy joven había participado en las rebeliones populares en contra de los españoles en las ciudades de Granada, León y Masaya. Era originario de Nandaime, Granada, donde nació y falleció cuando labraba la tierra.

Sobre esta lucha, Estrada escribió una carta en octubre de 1860 (cuatro años después de la Batalla de San Jacinto), en la cual se ve claro su comportamiento en torno a la defensa de la patria amenazada por los filibusteros esclavistas:

 

“Llamados por el Supremo Gobierno para ponerme al mando de vosotros, pudieran haberme excusado por mi avanzada edad e invalidez; pero, comprendiendo lo grave del peligro con que está amenazada por los filibusteros nuestra Independencia, me consideraría criminal si no tomase en su defensa, para lo cual me siento con el vigor y la fuerza de un joven.

A tan perentorio llamamiento del Supremo Gobierno, en nombre de la patria, no podíamos menos que correr presurosos a empuñar el arma; debemos, pues, estar listos para ocurrir a donde nos llame el peligro; acaso a nosotros esté reservada la dicha de dar principio a la campaña y quemar las primeras cebas contra esos salvajes blancos, oprobio de la civilización. Nuestros compañeros de armas de Occidente, Septemtrión y Mediodía, se preparan también para tan gloriosa lucha, y pronto celebraremos unidos el triunfo de la Patria.

 

Soldados: espero seréis fieles a la causa que vamos a sostener; ella es santa, como que consiste en la defensa de nuestra religión, de nuestras instituciones y del honor y bienestar de nuestras familias. Por desgracia carezco de conocimientos en el arte de la guerra; pero tengo un corazón que es todo de mi patria, y resuelto estoy a sacrificarle en sus sacrosantas aras.

En los riesgos y penalidades de la guerra, siempre estará con vosotros y por vosotros vuestro compañero y amigo”.

 

José Dolores Estrada

 

Comandante de la Fuerza Expedicionaria”.

 

Con esta carta, José Dolores Estrada quedó estampado en la Historia de Nicaragua como el antecesor glorioso de Benjamín Zeledón Rodríguez y de Augusto César Sandino, los tres combatiendo al mismo enemigo yanqui en tres épocas distintas y por las mismas causas.

Hago esta explicación amplia, porque debido a este acontecimiento histórico de la Guerra Nacional, en el país el nombre de Tipitapa vuelve a ser sonado en la Historia de Nicaragua.

Los filibusteros estaban causando pánico y tropelías en distintos puntos de Nicaragua, especialmente en Granada, Rivas, Masaya y la misma Managua.

Al comprobar y convencerse de los planes de conquista de los filibusteros, los “democráticos” (liberales) rectifican, se produce el 12 de septiembre de 1856 el “Pacto de los Partidos”, es decir, entre “legitismistas” y “democráticos”, para combatir y expulsar a los filibusteros del territorio nacional.

El resto de países centroamericanos ven también el peligro y deciden, igualmente, lanzarse al combate frontal para expulsar a los filibusteros.

 

Filibusteros en Tipitapa

 

Con descaro singular, William Walker hizo su plan de elecciones, se autonombró “presidente” de Nicaragua y de El Salvador y de paso “destituyó” al presidente nicaragüense Patricio Rivas.

Así estaba el polvorín político nacional, cuando el 13 de septiembre de 1856, en la noche, un grupo de casi 300 hombres, bien armados, al mando de Byron Cole, jefe militar filibustero, merodeaban sigilosa y clandestinamente en los alrededores de la Tipitapa de fincas ganaderas y un caserío de campesinos trabajadores de los finqueros- propietarios, entre ellos don Miguel Bolaños, propietario de la Hacienda San Jacinto.

Enterados de la presencia de los filibusteros en Managua, el mando militar supremo de los “legitimistas” y “democráticos” habían tomado la decisión de movilizar al entonces coronel José Dolores Estrada desde el Regimiento Militar de Matagalpa hacia la Hacienda San Jacinto.

 

Según entendidos en artes militares, ese movimiento militar se había hecho en prevención de que los filibusteros podían tomar ese rumbo hacia Matagalpa o Estelí y se pretendía detenerlos, ofrecerles combate y si era posible, derrotarlos en este sector, situado geográficamente al norte de Managua y de la misma Tipitapa, al pie Oeste del Cerro San Jacinto, el cual es como el inicio de la Meseta de Estrada, donde están también ubicadas las Mesas de Acicaya, hacia el norte, por donde es  hoy la Comarca de Las Maderas.

 

Hay algunos autores que aseguran que José Dolores Estrada había recibido la orden de ofrecer combate a los filibusteros sólo si era irremediable

San Jacinto era una de las Haciendas ganaderas más conocidas del sector de Tipitapa. Esta Hacienda está situada en un sector plano, en un llano amplio, entre en el Cerro de San Jacinto y el Lago de Managua.

Al llegar a ella, Estrada en forma precipitada ordenó atrincheramiento con piedras alrededor de la Casa-Hacienda, entonces rodeada de bosquecitos en el llano o valle Oeste y Suroeste del Cerro San Jacinto.

En este sector abundaban (y abundan) las piedras lisas de todo tamaño, parecidas a las de ríos, por la cercanía inmediata al Cerro San Jacinto, donde hay por miles o millones en sus faldas de los cuatro costados.

Terminada esta Batalla, de trascendencia histórica nacional y centroamericana, José Dolores Estrada escribió un informe breve dirigido a su jefe superior, Fernando Chamorro:

 

“Antes de rayar el alba se me presentó el enemigo, no ya como el 5 memorable, sino en número de más de 200 hombres y con las prevenciones para darme esforzado  y decisivo ataque. En efecto, empeñaron todas sus fuerzas sobre nuestra ala izquierda, desplegando al mismo tiempo, guerrillas que atacaban nuestro frente, y logran, no a poca costa, ocupar el punto del corral que cubría nuestro flanco, merced a la muerte del heroico oficial don Ignacio Jarquín, que supo sostener su puesto con honor hasta perder la vida, peleando pecho a pecho con el enemigo. Esta pérdida nos produjo otras, porque nuestras fuerzas eran batidas ya muy en blanco, por la superioridad del terreno que ocupaba el enemigo, quien hacía fuegos en firme y sostenido, pero observando y ésto y lo imposible que se hacía recobrar el punto perdido, atacándolo de frente, porque no había guerrilla que pudiera penetrar en tal multitud de balas, ordené que el capitán graduado, don Liberato Cisne, con el teniente José Ciero, subteniente don Juan Fonseca y sus escuadras, salieran a flanquearlos por la izquierda, como acostumbrados y valientes, les hicieron una carga formidable, haciendo desalojar al enemigo que despavorido y lleno de terror, salió en carrera, después de 4 horas de fuego vivo y tan reñido, que ha hecho resaltar el valor y denuedo de nuestros oficiales y soldados que nada han dejado de desear.

A la sombra del humo hicieron su fuga, que se las hizo más veloz el siempre distinguido capitán don Bartolomé Sandoval, que con el recomendable teniente don Miguel Vélez y otros infantes, los persiguieron montados en las mismas bestias que les habían avanzado, hasta de aquel lado de San Ildefonso, más de cuatro leguas distantes de este cantón. En el camino se les hicieron nueve muertos, fuera de diez y ocho que aquí dejaron, de suerte que la pérdida de ellos ha sido de 27 muertos, fuera de heridos, según las huellas de sangre que por varias direcciones se han observado.

Se les tomaron, además, 20 bestias, entre ellas algunas bien aperadas, y otras muertas que quedaron; 25 pistolas de cilindro y hasta ahora se han recogido 32 rifles, 47 paradas, fuera de buenas chamarras de color, una buena capa, sombreros, gorras y varios papeles que se remiten. En la lista que le incluyo, constan los muertos y heridos que tuvimos, sobre lo que daré un parte circunstanciado cuando mejor se haya registrado el campo. Sin embargo, de la recomendación general que todos merecen, debo hacer especialamente del Capitán graduado don Liberato Cisne, Teniente José Ciero, la de don Miguel Vélez, don Alejandro Eva, don Adán Solís y don Manuel Marenco, que aún después de herido , permaneció en su punto, sosteniéndolo; y la del Subteniente don Juan Fonseca y Sargentos primeros  Macedonio García, Francisco Estrada, Vicente Vijil, Catarino Rodríguez y Manuel Paredes, Cabos Primeros, Julián Artola y Faustino Salmerón, y soldados Basilio Lezama y Espidión Galeano.

Se hizo igualmente muy recomendable el muy valiente Sargento Primero Andrés Castro, quien por faltarle fuego a su carabina, botó a pedradas a un americano que de atrevido se saltó la trinchera para recibir su muerte.

Yo me congratulo al participar al Sr. General, el triunfo adquirido este día sobre los aventureros: y felicito por su medio al Supremo Gobierno por el nuevo lustre de sus armas triunfadoras, J.D. Estrada”.

 

Movimiento envolvente

 

Jorge Eduardo Arellano en su Historia Básica de Nicaragua, vólumen 2, sostiene en torno a la Batalla de San Jacinto:

 

“En términos militares, la Batalla de San Jacinto consistió en un ataque de penetración de los filibusteros –al mando de Byron Cole, firmante del contrato que trajo a Walker y su falange de mercenarios– sin tratar de envolver ni rebasar al contrario, que sólo resistían.

El ataque tuvo dos momentos: el primero de tanteo, por las tres columnas –dirigidas por O’Neill, Watkins y Milligan–; y luego de esfuerzo por el punto vulnerable: la trinchera del lado izquierdo de los defensores. Estos se organizaron también en tres grupos, aprovechando las características del sitio, rechazando tres veces la embestida; pero, penetrados en el cuarto asalto, Estrada concibió un efectivo movimiento envolvente enviando a Cisne, Siero y Fonseca con 17 hombres, detrás de la Casa Hacienda, para atacar sorpresivamente por el Este”.

El mismo Walker reconocería después que la retirada de sus compinches fue irregular y desordenada al ser derrotados en San Jacinto, lo cual permitió, inclusive, que fuese capturado en la Hacienda San Ildefonso y colgado de un árbol Byron Cole, el jefe de la agrupación armada de los filibusteros en la Batalla de San Jacinto, lo cual ocurrió un poco al norte de la Hacienda San Jacinto según contaron los soldados que lo capturaron mientras iba “en guinda”, presuntamente buscando el norte.

Un informe escrito en Rivas por Alejandro Eva, el 21 de agosto de 1889 y publicado en el Diario Nicaragüense (Granada) el 14 de septiembre de 1890, dice textualmente lo siguiente:

 

“En los primeros días del mes de septiembre de 1856, una columna de 160 hombres, pésimamente armados con fusiles antiguos de peine, hambrientos, casi desnudos, al mando del coronel don José Dolores Estrada, ocupaban la Hacienda San Jacinto, de don Miguel Bolaños, en el Departamento de Granada, con objeto de proporcionarse víveres y descansar de las fatigas de una ruda campaña.

Esta pequeña fuerza estaba dividida en tres compañías ligeras comandadas por los capitanes Cisne, Francisco Sacasa y Francisco de Dios Avilés.

La casa de la hacienda era grande, de tejas y con dos corredores, estaba ubicada en el centro de un extensísimo llano, y solamente a retaguardia de la casa, como a 100 varas. había un pequeño bosquecillo.

Inmediatamente se puso la casa en estado de defensa, claraboyando las paredes del lado de los corredores y con la madera de los dos corrales que se desbarataron  formamos un círculo de trincheras.

Tres días después  de nuestra llegada, 60 jinetes yanquis de las mejores fuerzas del audaz y el aventurero William Walker, se acercaron  a practicar un reconocimiento  del cual  resultó una pequeña escaramuza, en que murió un cabo, Justo Rocha, de los nuestros y un filibustero, el mismo que mató a éste, y que según confiesa Walker  en su “Guerra en Nicaragua”, fue el capitán Jarvis.

Al amanecer del 14 de septiembre tomábamos un frugal desayuno, cuando Salmerón, un espía nuestro, llegó a escape (corriendo) al campamento participando  que el enemigo, en número de 300 hombres, se aproximaba por el sur.

 

En el acto  el Coronel Estrada dispuso que solamente  quedase en el interior de la casa una escuadra que comandaba el teniente Miguel Vélez, y que el resto de la tropa ocupase la línea exterior. Se hizo así, y en esa disposición  esperamos, con orden de no hacer fuego  sino hasta que los agresores estuviesen a tiro de pistola.

 

A las 7:00 a.m. divisamos al enemigo como a 2 mil varas de distancia; marchaba a discresión y no traía cabalgaduras. Los jefes y oficiales vestían de paisano: levita, pantalón, chaleco, y sombreros negros; algunos portaban espada y revólver y otros rifles; y la tropa iba uniformada con pantalón y camisa de lana negros, sombreros del mismo color e iban armados  de rifles “sharp” y “negritos”: hicieron alto a tiro de fusil y se destacaron  en tres columnas paralelas de 100 hombres cada una.

Cuando estuvieron  a una distancia conveniente, rompimos el fuego. Al recibir la descarga, en vez de vacilar se lanzaron impetuosamente  sobre las trincheras: una columna atacó de frente, otra por la izquierda y la última por la derecha. Todas fueron rechazadas por tres veces; y hasta el cuarto asalto no lograron apoderarse de la trinchera por el lado izquierdo, cuando el valiente oficial Jarquín y toda la escuadra que defendía  ese punto tan importante, hacían un nutrido y certero fuego  sobre el resto de las líneas.

 

Cortados de esta manera, teníamos que comunicarnos las órdenes a gritos. El infrascrito, con los Tenientes don Miguel Vélez y don Adán Solís, defendían el ala derecha; y yo como primer Teniente recibí la orden de defender el punto, hasta morir, si era necesario.

Mis compañeros se batían con admirable sangre fría.

Los yanquis multiplicaban los asaltos pero tuvimos la fortuna de rechazarlos siempre.

Uno de ellos logró subir a la trinchera y allí fue muerto  por el intrépido oficial Solís.

Eran ya las 10:00 a.m. y el fuego seguía vivísimo.

Los americanos, desalentados sin duda por lo infructuoso de sus ataques, se retiraron momentáneamente y se unieron a las 3 columnas; pero pocos momentos después al grito de !Hurra Walker¡ se lanzaron  con ímpetu sobre el punto disputado.

 

Se trabó una lucha terrible, se peleaba con ardor por ambas partes, cuerpo a cuerpo.

Desesperábamos ya de vencer a aquellos hombres tenaces, cuando el grito de !Viva Martínez¡, dado por una voz muy conocida de nosotros, nos reanimó súbitamente.

El Coronel Estrada, comprendiendo la gravedad de nuestra situación, mandó al Capitán Bartolo Sandoval, nombrado  ese segundo día, jefe en el lugar del Teniente Coronel Patricio Centeno, que procurase atacar a los yanquis por la retaguardia.

Este bizarro militar se puso a la cabeza de los valientes oficiales Siero y Estrada y 17 individuos de la tropa, saltó la trinchera por detrás de la casa, logró colocarse a retaguardia de los asaltantes; les hizo una descarga y lanzando con su potente voz los gritos de !Viva Martínez¡ !Viva Nicaragua¡, cargó a la bayoneta con arrojo admirable.

 

Los bravos soldados del bucanero del norte retrocedieron espantados y se pusieron en desordenada fuga.

 

Nosotros, llevando a la cabeza al intrépido Coronel Estrada, que montó el caballo de Salmerón, único que había, perseguimos al enemigo 4 leguas hasta la Hacienda “San Ildefonso”.

 

Allí mató Salmerón con su cutacha al jefe de los americanos Coronel Byron Cole y lo despojó de un rifle y dos pistolas.

 

Nuestra pequeña fuerza tuvo 28 bajas entre muertos y heridos; entre los primeros figuraban el Capitán don Francisco Sacasa y el Subteniente Jarquín, y entre los últimos, el ahora Coronel don Carlos Alegría.

Los filibusteros perdieron al Coronel Cole, al mayor cuyo apellido no recuerdo y que era el segundo jefe y 35 muertos más, 18 prisioneros, contándose entre ellos el cirujano y muchos heridos que después hallaron muertos en los campos inmediatos.

 

Tal fue el memorable combate que abatió  a los invasores y despertó loco entusiasmo  en el ejército que defendía la Independencia de Centroamérica. Rivas, agosto 21, 1889. Alejandro Vega”.

En la Historia escrita por Gratus Halftermeyer confirma, según su investigación, que los filibusteros yanquis eran 300 mientras los combatientes nicaragüenses apenas ascendían a 160, incluido su jefe José Dolores Estrada.

El libro de Halftermeyer describe, de acuerdo con el informe oficial de José Dolores Estrada, que los 160 hombres se dividieron en tres compañías: una al mando del Capitán Liberato Cisne, una segunda al mando del Capitán Francisco Sacasa y la tercera jefeada por Francisco Dios Avilés.

 

Con alguna amplitud de detalles, la Historia de Halftermeyer confirma también que el Coronel Estrada ordenó fortificar apresuradamnte la casa Hacienda San Jacinto, propiedad de Miguel Bolaños, con piedras sueltas acomodadas unas sobre otras.

Estas piedras eran abundantes en los alrededores de la casa Hacienda por las cercanías inmediatas del Cerro San Jacinto, en el cual se inicia la Meseta de Estrada, la cual fue llamada “Totumbla” hasta un poco después de 1,960.

 

Se señala que la noche anterior al ataque sorpresivo de los filibusteros, dirigidos en ese sitio por Byron Cole, el Coronel Estrada envió como espía al soldado Faustino Salmerón, quien, por supuesto, buscó la parte más alta del Cerro San Jacinto para cumplir con esa misión.

 

Desde la cúspide este Cerro San Jacinto uno puede ver lo que se mueve hacia el Sur, el Oeste y Noroeste, porque por el Este era imposible llegar hasta la Hacienda San Jacinto, a menos que los filibusteros llegaran subiendo los Cerros.

 

La tropa de 160 hombres patriotas, mal vestidos, casi descalzos, habrientos, con armas de pésima calidad, sin un entrenamiento realmente profesional, “pero con el corazón lleno de patriotismo”, según escribiría después José Dolores Estrada, estaban alertas a la orilla y encima de las trincheras improvisadas e ingiriendo un desayuno sencillo a las siete de la mañana…

 

De repente vieron que Faustino Salmerón salía sofocado de entre el bosque de las orilla del Cerro San Jacinto. “Ahí vienen los enemigos”, comunicó a José Dolores Estrada y a toda la tropa, virtualmente fatigada por los trabajos de fortificación en la casa hacienda y porque tenían ya varios días de no dormir, desde que fueron movilizados del Regimiento de Matagalpa hacia Managua.

Sigilosamente se movieron hacia sitios por donde podían ver el acercamiento de los filibusteros asaltantes, enviados diabólicos de los capitalistas esclavistas del sur de Estados Unidos, cuyo gobierno les daba pleno apoyo diplomático, económico y militar.

Vieron a los filibusteros cuando estaban “a unas dos mil varas al sur” en el amplio valle, que se extiende hacia el Oeste y Noroeste a partir del comienzo de la Meseta de Estrada, cuya edificación geológica describe una especie de serpiente estacionaria hacia de sur a norte.

 

El momento ansiosa y nerviosamente esperado habia llegado. Era un momento patrio decisivo en la Guerra Nacional contra la pandilla de asesinos filibusteros llegados de entre los blancos, rubios y odiosos esclavistas del sur de Estados Unidos, cuyos gobernante ya para entonces desplegaban bandas de criminales para apoderarse de territorios ajenos como los centroamericanos.

Estrada no vaciló en desplegar a tres compañías de combatientes en el centro, al lado izquierdo y por el lado derecho, más un grupo ubicado dentro de la Casa Hacienda, todos con órdenes de combatir hasta morir defendiendo cada punto asignado en torno a la pequeña casa, la cual se supone estaba rodeada de chilamates, genízaros y matorrales.

 

José Dolores Estrada tenía 60 años. El mismo escribió posteriormente que no era un miltar de carrera, “no he estudiado el arte militar”, pero que llevaba dentro un ardiente patriotismo y ardor por la defensa de la patria ante la “amenaza rubia arrogante” y que la edad no era impedimento para tomar las armas en esa defensa patriótica, comportamiento humano crucial de Estrada en ese combate memorable, pues sus mismos soldados relataron posteriormente que en medio del peligro personalmente Estrada estaba combatiendo y animando a los soldados a luchar, morir si era preciso y con la decisión de vencer a los enemigos, no importando que fueran mucho más que ellos ni las mejores armas de fuego de los filibusteros yanquis.

Eso convencimiento patriótico, más la astucia militar, el sentido común de Estrada, fueron decisivos en la victoria de esta memorable Batalla de San Jacinto, registrada en la Historia Universal como una hazaña y el ejemplo de valientes decididos a vencer a los enemigos por muy fuertes que éstos sean.

La astucia de Estrada se puso a prueba cuando en medio del peligro mortal inminente manda a un grupo de jefes y 17 solados, jefeados por Bartolo Sandoval, para que sorprendan sigilosamente a los filibusteros por la retaguardia. Este ataque sorpresivo a los yanquis arrogantes, les produjo desconcierto total, pánico y descontrol absoluto, al extremo de que salieron huyendo hacia el sur, es decir, por donde habían llegado con la creencia de que se “comerían vivos” a los soldados descalzos, semidesnudos y hambrientos del Ejército Nacional.

En informes de los mismos soldados, escritos después de la Batalla, algunos de los soldados sobrevivientes señalan que este ataque sorpresivo por la retaguardia de los filibusteros, fue tan explosivo y escandaloso, que provocó una estampida de caballos, que supuestamente estaban amarrados entre los matorrales y árboles del norte de la Casa Hacienda San Jacinto.

Este tropel de numerosos caballos, aparentemente, hizo creer a los filibusteros, que además del fulminante ataque a balazos y cuhilladas por la retaguardia, se acercaba un supuesto refuerzo militar por ese lado de la Casa Hacienda San Jacinto, sitio bastante solitario en esa época, sólo lleno del ganado de Miguel Bolaños.

Los informes añaden que el mismo Faustino Salmerón, el espía, fue quien dio alcance al coronel yanqui Byron Cole, lo capturó, le colocó una soga al cuello y lo colgó de un árbol con la ayuda de varios compañeros, cuando ya se acercaban a la Hacienda San Ildefonso.

Otros relatos indican que Salmerón lo mató a Cole con los filazos de una cutacha. Lo confirmado es que Salmerón tuvo el honor de matar a este jefe de banda de asesinos filibusteros estadounidenses.

Este ocurrió cuando los filibusteros huían despavoridos por el amplio llano ya mencionado, donde dejaron regados muertos, heridos y capturados, según el informe del Coronel José Dolores Estrada.

En su informe oficial, Estrada hace mención de la acción heroica de Andrés Castro Estrada, quien ante la falta de municiones tomó una piedra y la estampó en la cabeza de uno de los yanquis cuando éste intentaba cruzar la hilera de piedras de la trinchera improvisada.

Andrés Castro, todos estos soldados y oficiales, especialmente José Dolores Estrada, se llenaron de gloria para siempre, porque no vacilaron en defender la patria en peligro por la invasión filibustera.

Más adelante me voy a referir a otros detalles de Andrés Castro y José Dolores Estrada.

En este librito hemos colocado dos informes breves, uno de Estrada y otro de Alejandro Eva, los cuales describen lo qué pasó en esta célebre Batalla de San Jacinto, las cuales publicamos aquí porque son parte de la Historia más importante de Tipitapa.

Me limito ahora a colocar nombres de algunos de los combatientes mencionados en los informes oficiales, pues al parecer nunca se elaboró una lista completa de los 160 combatientes de Batalla memorable de la nación nicaragüense, la cual puso a prueba su patriotismo en esos fatídicos días de 1856.

Combatientes rasos:

Basilio Lezama, Espirión Galeano.

 

Cabos: Julián Artola y Faustino Salmerón (el espía, el matador de Byron Cole).

Sargentos Primeros: Andrés Castro Estrada, Macedonio García, Francisco Estrada, Vicente Vigil, Francisco Gómez (quien murió de fatiga cuando corrían a pie en persecusión de los filibusteros yanquis).

Oficiales sin especificación de grados:

Ignacio Jarquín (muerto en la memorable Batalla), Salvador Bolaños, Venancio Saragoza, Abelardo Vega, Carlos Alegría y Juan Estrada.

 

Subtenientes:

Juan Fonseca.

 

Tenientes:

Miguel Vélez, Adán Solís, Alejandro Eva (escritor de uno de los informes sobre la Batalla), Manuel Marenco y José Siero.

 

Capitanes:

Liberato Cisne, Bartolo Sandoval (jefe del ataque por la retaguardia de los filibusteros), Francisco Sacasa y Francisco de Dios Avilés.

 

Teniente Coronel Patricio Centeno, uno de los jefes de la Batalla de San Jacinto. Era como el segundo al mando de José Dolores Estrada.

 

Y el propio José Dolores Estrada, quien después fue ascendido a General, jefe del Ejército y declarado Héroe Nacional de la patria que defendió sin vacilar.

Tanto Halftermeyer como Francisco Ortega Arancibia, autor de Historia de Nicaragua, describen que esos días de 1856 las Haciendas y negocios más conocidos de Tipitapa, eran, entre otras y otros: Zapotal, Sucesión Cabrera, San Cristóbal, Las Mercedes, Testamentaría de don Tomás Weelock, El Rodeo, El Hotelito, La Calera, Los Tercios, San Juan, San Roque, Pacora y San Jacinto, esta última de Miguel Bolaños.

 

¿Dónde quedó enterrado Andrés Castro Estrada?

 

Muy poco se escribió sobre estos Héroes de San Jacinto. En el caso de Andrés Castro Estrada se conoce que tenía 24 años cuando combatió en San Jacinto.

Castro Estrada era trigueño, bajo, delgado y agricultor. Sus padres, presuntamente originarios de Tipitapa, eran: Regino Castro y Javiera Estrada, cuyo destino no se conoce para nada porque casi nada se escribió sobre ellos.

 

En una revista leí hace tiempo que Regino Estrada se casó con una joven de Tipitapa llamada Gertrudis Pérez, con quien tuvo una hija llamada Anastasia, la cual presuntamente se fue a Costa Rica, de donde nunca retornó.

 

En el caso del propio Andrés Castro Estrada se ha dicho que murió asesinado en una cantina de Tipitapa. Presuntamente lo mataron por asuntos pasionales, lo cual no es confirmado.

 

Anduve buscando rastros de sus restos en el Cementerio local de Tipitapa, donde no encontré nada. Tampoco nadie me dio razón de si aparece o no en los registros de los muertos de Tipitapa.

Terminada la Guerra Nacional, José Dolores Estrada volvió a su tierra natal, Nandaime, donde se dedicó a cultivar la tierra, de la cual había salido para convertirse en combatiente por la defensa de la patria.

Murió cubierto de gloria. En su caso, sí se supo dón fue sepultado con honores civiles y militares. Posteriormente, sus restos fueron colocados en una cripta de la antigua Catedral de Managua, de donde fueron trasladados en 1999 a la Iglesia de Nandaime, Municipio de Granada.

Sin embargo, algunos ancianos de Ticuantepe aseguran que José Dolores Estrada murió abandonado y que su cadáver presuntamente fue enterrado en el cementerio de La Borgoña, lo cual, por supuesto, no es comprobado.

 

Se conoce que en la época del gobierno liberal de José Santos Zelaya se desbarató el puente de madera ya mencionado, para cruzar el Río Tipitapa, se y mandó a construir el actual de estructura de metal.

Este puente fue construído sobre basamentos de piedra cantera muy gruesa, en los extremos, mientras las piezas de metal permanecen aseguradas con pernos metálicos muy gruesos.

 

Por decenas de años, los pobladores de Tipitapa y de fuera han llamado a este paso metálico “puente del diablo”, desconociéndose por qué motivos le pusieron ese apodo peligroso.

 

Tipitapa en el Siglo 20

 

 

Sin embargo, sobre Tipitapa prácticamente se sabe muy poco desde aquellos sucesos de 1856.

No se conoce, por ejemplo, cómo se fue desarrollando el poblado, pero los hombres y mujeres de más de 70 años, todavía vivos, sostienen que desde los primeros años del siglo 20 (de 1900 en adelante), siguieron funcionando lo que ellos identifican como las grandes Haciendas ganaderas, los potreros, los corrales para ganado, los chiquerones para cerdos, especies de granjas avícolas (para producción de gallinas, gallos de pelea, chompipes, pajarracos como loras, chocoyos, pavos…) las tiendones de familias de terratenientes, especialmente conservadoras.

 

En esos primeros años del siglo 20, según los relatos de Carlos Guillermo Flores Sequeira, 82 años en el año 2001, en Tipitapa se producía una especie de “capital-centro del comercio” entre productores y pobladores de Estelí, Matagalpa, Sébaco, Chontales y Boaco, con habitantes de Managua, Masaya y Granada.

Estos productores del norte y oriente, por ejemplo, venían en carretas, mulas, en caballos y a pie hasta Tipitapa, trayendo consigo frijoles, maíz, trigo, cerdos, ganado, gallinas, gallos, animales silvestres como cusucos, venados, cueros de tigres y de venados, todo lo cual era vendido en las tiendonas de los terratenientes y comerciantes conservadores y liberales en Tipitapa.

Según Flores Sequeira, estas carretas, caballos y gente a pie cruzaban el mencionado puente de metal hacia el sector poblado de Tipitapa, donde estaban las Casas-haciendas, las tiendonas, corrales, potreros, casas de “sesteo” y chiqueros para los cerdos.

Estos propietarios de Haciendas y Tiendas, por ejemplo, alquilaban potreros para las partidas de ganado y chiqueros para alojar los cerdos, mientras al mismo tiempo ofrecían locales para hospedaje a los productores y campesinos viajeros.

Muchos de estos productores-comerciantes tendían hamacas en los árboles de espino negro, guanacastes, genízaros, guayacanes, tamarindos, guayabos, mangos, naranjos, limones, los cuales abundaban entonces en Tipitapa.

 

En las Tiendas se ofrecían ropa confeccionada, artículos para aperar caballos, mecates, cintas para uncir bueyes, zapatos, sandalias, comida, refrescos, guaro, “chicha bruja”, jabones de lavar, “jabones de olor”, medicinas corrientes, “consejos médicos”, algunos libros (muy raros, por cierto), pañuelos, sábanas, colchas o perrajes, platos de china, tazas, jícaras, huacales labrados, pantalones y zapatos para “vaqueros”, semillas para siembras.

Este tipo de artículos eran llevados de Managua, Masaya y Granada.

Los comerciantes de Managua, Granada y Masaya, compraban los cerdos, el ganado, los granos y otros productos agrícolas cultivados en el norte del país.

 

En el caso de Managua, los comerciantes ingresaban a Tipitapa por un camino de tierra en rumbo de lo que es hoy la Cárcel Modelo de Tipitapa, pasaban por detrás del actual Aeropuerto General Augusto César Sandino (Las Mercedes) y finalmente salían cerca de donde fue la Estación del Ferrocarril, allí en las cercanías del Teatro Popular Rubén Darío.

 

Mientras tanto, el mismo Flores Sequeira recuerda que sólo habían dos calles largas en el poblado, pero no precisa qué cantidad de casas, negocios, ni la cantidad de potreros. Una de las Haciendas era la llamada Palmita, la cual se extendía entre un poco al norte del actual Parque de Tipitapa y un poco más allá de donde hoy se ubica el Centro Penitenciario o Cárcel Modelo de Tipitapa.

 

Para entonces, Tipitapa tenía la forma de una escalera, ¿por qué? Era larga de norte a sur y con callecitas cortas, atravesándolas de este a oeste.

Flores Sequeira es un hombre que ha vivido al rítmo de la Historia de Tipitapa y al mismo tiempo mucho lee periódicos, libros y revistas, lo cual le permite vivir actualizado, y recordar muchos acontecimientos de aquellos tiempos ya lejanos en Tipitapa, sitio que siempre ha sido una especie de “puerto comercial”, como un hotel de Managua, ubicado en el costado norte capitalino, a una distancia de 27 kilómetros de la capital nicaragüense.

 

La traición del Espino Negro

 

Por esos destinos raros impuestos por la Historia Nacional, Tipitapa fue escenario de una de las más perversas traiciones a la patria, protagonizada por dóciles ambiciosos como José María “Chema” Moncada, los liberales y conservadores, guiados o dirigidos, por supuesto, por los yanquis invasores, el cuatro de mayo de 1927.

La llamada “Guerra Constitucionalista”, entre los vendepatria conservadores y liberales (otra vez), nada tiene que ver con el desarrollo histórico municipal de Tipitapa, pero nuevamente por circunstancias inesperadas su suelo se vio envuelto en uno de los sucesos más infames en la Historia Nacional.

 

Esta “Guerra Constitucionalista” estalló, como siempre, por pugnas entre los bandos oligárquicos en disputa por el control del poder político y económico, mientras tenían dominio pleno del país las trasnacionales mineras, bananeras y los plenipotenciarios yanquis, encabezados todos por el embajador estadounidense del momento.

El pretexto para la nueva guerra interoligárquica (“Guerra Constitucionalista”) fue el “lomazo” (fue en la Loma de Tiscapa) del vendepatria Emiliano Chamorro Vargas en contra del liberal Carlos José Solórzano.

 

Estas pugnas estaban ocurriendo, en realidad, desde antes del derrocamiento de José Santos Zelaya y José Madriz, los cuales fueron sustituidos por una pandilla de vendepatrias, encabezados por Adolfo Díaz Recinos, Emiliano Chamorro Vargas y el mismísimo José María “Chema” Moncada, identificados después por el General Augusto César Sandino como la “trinidad de traidores” de la patria.

 

Adolfo Díaz era empleado importante de una de las empresas mineras en la Costa Atlántica, uno de cuyos dueños era, precismaente Filander Knox, el antiguo secretario de Estado o canciller estadounidense, involucrado directamente en el derrocamiento de José Santos Zelaya.

En representación de los conservadores en Nicaragua, Emiliano Chamorro Vargas había firmado el llamado Tratado Chamorro-Bryan, en 1914, mediante el cual se le otorgaba por 99 años prorrogables a Estados Unidos el uso del suelo nacional para construir un Canal Interoceánico, más la posibilidad de instalar una base naval en la Península de Cosigüina, en el  Golfo de Fonseca (Chorotega) nicaragüense.

 

Esos tratados incluían controles en los bancos, aduanas, ferrocarriles, control de los recursos naturales, es decir, la continuación de los Pactos Dawson, impuestos por la intervención militar de Estados Unidos después del derrocamiento de Zelaya en 1909.

Los conservadores participaron en la petición directa para que la marinería del gobierno de Estados Unidos interviniese en el  país en 1912, cuando, precisamente, fueron asesinados centenares de patriotas, incluído el General, abogado y patriota Benjamín Zeledón Rodríguez, quien jefeó la resistencia para defender la Soberanía y el decoro nacional, como el mismo Zeledón llamó a su comportamiento patriótico con las armas en la mano.

Este asesinato masivo fue presenciado por Sandino en Catarina y Masaya cuando apenas tenía 15 años.

Esa ocupación armada yanqui sólo aparentó cesar en 1925. Al Producirse levantamientos populares, esencialmente de trabajadores superexplotados en mineras y bananeras en el Atlántico, en favor de los liberales y en contra de los conservadores, comenzó, virtualmente, la llamada “Guerra Constitucionalista”.

Juan Bautista Sacasa, representante de los liberales, por su lado, fue a Washington a rogar que les ayudaran a quitar del camino a los conservadores, pero no les hicieron caso, porque los vendepatria estaban haciendo muy bien su papel de entreguistas de la Soberanía Nacional nicaragüense al imperialismo estadounidense.

Sin embargo, la llamada “Guerra Constitucionalista” siguió su curso. El jefe militar de los liberales era “Chema” Moncada, quien en una ocasión reciente ya había dado muestra de su incondicionalidad con Estados Unidos al sumarse a “orientaciones” del Cónsul yanqui en Bluefields durante uno de los movimientos o rebeliones militares contra José Madríz, sucesor de Zelaya y liberal como Moncada.

 

En el escenario de esta “Guerra Constitucionalista”, como es sabido, aparece el General Sandino dándole el toque “popular, revolucionario y antiimperialista” a la lucha entre los oligarcas conservadores y liberales.

Hago esta otra explicación necesaria, en torno a la Historia de Tipitapa, porque en este suelo se produjo una de las traiciones más infames: la de “Chema” Moncada en el llamado “Pacto del Espino Negro”, suscrito por este traidor con los invasores de Estados Unidos.

En distintos libros se ha relatado cómo Moncada trató de impedir, desde el principio, la entrega de armas al pequeño grupo de combatientes de Sandino, quienes peleaban en ese momento en favor de los liberales, porque entre los dos males, el de los liberales era el menor.

 

Moncada cuestionó a Sandino por el hecho de que haya formado un grupo de combatientes populares sin la “autorización de él (Moncada), “el jefe supremo”.

Y fue más duro todavía en el cuestionamiento de las pretensiones de Sandino de combatir a los conservadores en el sector de Las Segovias (Madriz, Estelí, Nueva Segovia), y por último le cuestionó el hecho de que su grupo de combatientes lo llamara General Sandino.

 

¿Quién lo nombró general a usted?, lo interrogó burlonamente Moncada a Sandino. “Mis hombres”, le respondió Sandino sin vacilaciones.

A pesar de todos estos cuestionamientos, Sandino fue crucial en numerosos combates militares que favorecieron a los liberales.

Moncada, hombre ambicioso, traidor, vendepatria por naturaleza, tenía su planes, al extremo de que, sin rubor alguno, le dijo a Sandino que el pueblo no agradece sacrificios, que él (Moncada) ya estaba viejo y no podía enfrentar al poder de Estados Unidos.

 

Los yanquis también tenían sus planes, y para hacerlos cumplir aumentaron su intervención armada y declararon “territorios neutrales” sitios como Bluefields.

 

Chapoda y espinos negros

 

La victorias de los “liberales constitucionalistas” ya eran sucesivas en contra de los conservadoras, los cuales ya estaban siendo acechados cerca de Managua.

 

Uno de los planes yanquis concretos era impedir una derrota militar aplastante de los conservadores, que tanto les habían servido vendiéndoles la patria en la década pasada, después del derrocamiento de José Santos Zelaya.

 

Los liberales en general querían la derrota militar de los conservadores, pero los yanquis no querían esta posibilidad, y por este motivo Calvin Coolidge, presidente de Estados Unidos, envió al Coronel Henry Stimpson, quien previamente, por supuesto, estudió las ambiciones del “tal “Chema” Moncada”.

 

Lo primero que hizo este coronel gringo fue poner tropas en el borde sur del Río Tipitapa, para que los liberales no fuesen a pasarse “la raya de agua” de La Bocana y el Río Tipitapa, rumbo a Managua, donde estaban los conservadores en la presidencia al amparo de los interventores yanquis.

 

Los marinos, jefeados por Stimpson, instalaron su cuartel donde son hoy  las piscinas de los Baños Termales de Tipitapa.

 

Carlos Guillermo Flores Sequeira (ya mencionado) tenía ocho años cuando se produjo el  repugnante e infame “Pacto del Espino Negro”.

Según Flores Sequeira, él no recuerda el nombre del Vapor o Barco en que desembarcaron centenares de militares de la marinería yanquis en La Bocana, al Oeste de donde es hoy la casa sede de la Alcaldía de Tipitapa.

En ese tiempo (1927) todavía existían los Barcos Amelia, Isabel, Progreso, Managua y “Cachete”. También las lanchas “Pluma Blanca”, “Estela”, “Felícita”, “La Reforma”, “La Violeta”, “La Gloria”, “La Vírgen”, “Doña María”, “La Patria” y “La Chocoya”. Esta última era propiedad del traidor y vendepatria Emiliano Chamorro Vargas, según me relató Maximino Padilla Velásquez, quien fue marinero y cocinero, precisamente en el Barco “Cachete” por más de 25 años. Padilla Velásquez todavía está vivo en San Francisco Libre.

 

Estos Barcos y Lanchas, privadas o particulares y de servicio público o comercial, se desplazaban por los distintos puertos pequeños del Lago Xolotlán o de Managua, entre los cuales se destacaban los que estaban: 1) frente a la ciudad de Managua; 2) en la orilla de San Francisco Libre; 3) en el borde del poblado de Momotombo (al pie del Volcán Momotombo); 4) muellecitos en la ribera de La Bocana, la cual se extendía en gran parte del curso del Río Tipitapa y un poco más allá del puente metálico en esos días, según relata Carlos Guillermo Flores Sequeira.

Estas afirmaciones coinciden con los señalamientos de los historiadores Julián N. Guerrero y Lolita Soriano de Guerrero, quienes mencionan que en aquellos años el Río Tipitapa era navegable en esta zona y que, inclusive, había un balneario popular en La Bocana.

 

El Río Tipitapa, según se establece, era entonces todavía navegable en esta zona. Los marines yanquis atracaron el Barco en el costado sur, desde donde tiraron una cadena metálica muy larga y la amarraron en uno de los espinos negros, los cuales abundaban allí en la ribera de La Bocana y borde del Río Tipitapa.

En esa época de 1927, ciertamente, estos Barcos o Vapores abundaban en las aguas del Lago de Managua. Inclusive, Emiliano  Chamorro Vargas era dueño de uno de esos barcos, en el cual iba a Mateare y a una de sus fincas, situadas en la margen derecha del Río Viejo, el cual desemboca en el norte del Lago Xolotlán o de Managua, confirma Maximiliano Padilla Velásquez, quien menciona a otros propietarios de lanchas como: Rafael Cabrera, Alejandro Solórzano, José Argüello, Rubén Cárcamo, José “Chepe” Díaz y Lorenzo Ampié.

 

Estos propietarios de lanchas, asegura Padilla Velásquez, transportaban seres humanos, carga como madera, cerdos, gallinas, perros y huevos de gallina, por ejemplo, en esas embarcaciones hacia lugares como La Bocana, Puerto Momotombo y Managua, cuyo puerto estaba un poco al Este de la Estación del Ferrocarril, por donde es hoy el Barrio La Tejera.

 

Estos Barcos y lanchas empezaron a desaparecer cuando se amplió la red del Ferrocarril a Managua y por la construcción de las Carreteras a León y la Panamericana.

 

De acuerdo con Flores Sequeira, centenares de militares yanquis bajaron de ese Barco, tomaron posesión de las tres únicas calles de Tipitapa, rodearon los principales negocios del poblado, sitiaron el telégrafo, entradas y salidas de Tipitapa, es decir, ocupación total del pueblo “con el visto bueno de ambos bandos (conservadores y liberales), menos el de Sandino, por supuesto.

Los marines estadounidenses llegaron también por el camino o carretera de tierra del lado de Managua.

 

Algunas publicaciones de la época indican que Stimpson llegó en automóvil, lo cual es un poco dudoso, porque según Flores Sequeira el camino entre Managua y Tipitapa estaba en pésimas condiciones en esa época.

Flores Sequeira deja claro que los espinos negros eran abundantes en todo el sector norte de Tipitapa, especialmente en la ribera derecha de La Bocana y del Río.

 

“Si te fijás, aún hoy en el año 2001, los espinos siguen siendo comunes en este sector de Tipitapa”, añade Flores Sequeira.

Había también un árbol de tamarindo enorme, unas 15 varas al oeste del Espino Negro usado por los traidores. Este tamarindo fue destruido por un rayo un poco después de la firma del Pacto del Espino Negro.

No precisa Flores a qué hora de la mañana del cuatro de mayo de 1927 llegó Moncada al sitio, ni cómo vestía, pero sí recuerda que fue personalmente “Chema” Moncada quién ordenó a un grupo de soldados liberales que limpiaran (chapodaran con machetes) de monte bajo uno de los espinos negros, que según él estaba exactamente en la esquina en que hay ahora un monumento a un Héroe y Mártir sandinista frente a la Alcaldía de Tipitapa.

La casa actual de la Alcaldía no existía, por supuesto. Allí era un solar vacío. Sí estaban construídas varias casas-tiendas, o especies de Haciendas hacia el sur y Este.

 

Al mismo tiempo que se chapodaba, también se producían explosiones de pólvora por la supuesta alegría de que se iba a firmar “la paz”.

Desde en la mañana, los yanquis y liberales de Moncada repartieron comida, bebidas enlatadas, y al mismo tiempo llegaban campesinos que parecían soldados portando rifles viejos y fusiles.

Unos llegaron en mulas, en caballos y a pie. Unos calzaban caites, botas ya rotas y la vestimenta en general se notaba sucia y raída también. Todos cruzaron el puente metálico (“Puente del Diablo”), procedentes del norte y oriente hacia el interior del caserío o poblado de Tipitapa.

 

Cuando ya estuvo limpio de monte bajo el Espino Negro, Moncada fue a sentarse con Stimpson para consumar su traición a la patria.

En la foto publicada en periódicos yanquis y libros de denuncia de este pacto vergonzozo e infame, aparecen 6 personajes, sentados en sillas de madera, entre ellos Moncada y Stimpson.

El contenido esencial del pacto de la vergüenza y la traición es el siguiente:

1- Declarar una paz general inmediata y proceder a la recolección de las armas que portaban ambos bandos. Ofrecer diez dólares por cada fusil entregado, los cuales quedarían bajo la “custodia” norteamericana.

2- Amnistía general, regreso de todos aquellos que se encontraban expatriados y restitución de las propiedades confiscadas.

3-Permanencia de Adolfo Díaz en el poder hasta 1928 y participación de los liberales en el gabinete de éste, es decir, de Adolfo Díaz Recinos.

4- Creación de la Constabularia (la Guardia Nacional genocida del somocismo) de carácter “apolítico”, bajo la acción y comando de oficiales del cuerpo de marinos de Estados Unidos.

 

5-Reconocimiento o reafirmación del Tratado Chamorro-Bryan.

6-Supervisión norteamericana de las elecciones de 1928 y de los subsiguientes procesos electorales a realizarse en el país.

 

7- A fin de hacer efectivo todo lo anterior, una fuerza militar norteamericana permanecerá ocupando Nicaragua por el tiempo que sea necesario.

Así era de infame, de traidor, lo firmado por Moncada con Stimpson en suelo de Tipitapa, tierra de indígenas rebeldes y suelo en que 160 hombres jefeados por José Dolores Estrada habían hecho morder el polvo de la derrota a los también invasores filibusteros el 14 de septiembre de 1856.

 

Ese pacto maldito fue el origen de la Guardia Nacional, organizada, entrenada y dirigida por Estados Unidos en contra de los patriotas jefeados posteriormente por el General Augusto César Sandino.

Y fue Sandino, precisamente, quien de inmediato y sin vacilaciones cuestionó el pacto, pues mediante él se estaba autorizando la permanencia de la intervención extranjera armada de Estados Unidos en suelo nicaragüense, otra vez propiciada por conservadores y liberales.

 

De acuerdo con el pacto infame, firmado en Tipitapa, las fuerzas armadas gringas eran las garantes de las elecciones de 1928 y de todas las que vinieran después.

 

Ordenaban los yanquis invasores por medio del Pacto del Espino Negro que los dos grupos oligárquicos se arreglaran en el gabinete de gobierno conservador, para mientras le cumplían la promesa a Moncada de nombrarlo “presidente” a cambio de la traición, no importando, por supuesto, cuántos nicaragüenses humildes habían muerto en la “Guerra Constitucionalista”, inventada por los dos grupos oligárquicos en pugna.

 

Todo el Pacto del Espino Negro es vergonzozo, pero más infame todavía es confirmar por su medio la ocupación militar del país por una potencia extranjera, reafirmar el Tratado Chamorro-Bryan y la creación de la Guardia Nacional, sustituta de los interventores yanquis cuando se vieron derrotados por el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional (fundado y jefeado por Sandino).

Esa Guardia Nacional fue la autora de asesinar a más de 50,000 nicaragüenses desde 1934 a julio de 1979, cuando fue derrocada y desarticulada por el Frente Sandinista de Liberación Nacional.

En el mismo suelo de Tipitapa,  “el tal “Chema” Moncada” dijo que los yanquis lo habían “presionado” en forma terrible por medio de Stimpson para que firmara el Pacto del Espino Negro, discurso que fue a repetir a los oficiales y soldados de su ejército liberal en Boaco.

Este era el “pacto público”. Allí bajo el Espino Negro de Tipitapa, Moncada recibió de Stimson la promesa secreta, no pública, de que a cambio de su traición sería nombrado “presidente” de Nicaragua en las elecciones, fijadas por los mismos yanquis para 1928, para dar lugar a que los conservadores salieran también airosos de sus traiciones recientes.

Después de firmado el Pacto del Espino Negro en Tipitapa, Sandino visitó a Moncada en Boaco, donde ocurrió el famoso último diálogo entre el valeroso General de Hombres Libres y don “Chema” Moncada.

Don “Chema” invitó a Sandino a firmar los “acuerdos de paz” o Pacto del Espino Negro, pero como es conocido el General de Hombres Libres le respondió: “firme usted por mí…”

 

Sandino lucía, como siempre, su pañoleta rojinegra, sus botas altas ajustadas con cordones muy largos, más su arma de combate, usada, precisamente en numerosos combates contra el grupo de los conservadores.

Moncada le dijo: “No hombre, ¿cómo se va a sacrificar usted por el pueblo…? El pueblo no agradece…la vida se acaba y la patria queda…el deber de todo ser humano es gozar y vivir bien, sin sacrificarse mucho”.

En ese momento fue cuando Sandino sintió profundo desprecio por aquel miserable llamado José María “Chema” Moncada por lo que había firmado en Tipitapa.

Es muy conocido en la Historia Nacional y en el mundo entero lo qué hizo Sandino a partir de la firma de ese pacto vergonzozo, cuya suscripción tuvo lugar bajo uno de los espinos negros de Tipitapa.

 

   Infierno en Tipitapa

 

Tipitapa quedó ocupada por militares yanquis a partir de aquel 4 de mayo de 1927, bautizado por Sandino como Día de la Dignidad Nacional y por la revolución antiimperialista iniciada por él ese mismo día.

Una anécdota interesante y curiosa es que los dos bandos armados (conservadores y liberales) cuando cruzaban por encima del puente metálico o del “Diablo” disparaban tiros o ráfagas de metralla sobre las rocas en que está calcada una imagen de Santiago.

Esas rocas están en medio del lecho del Río Tipitapa y se supone que soportaron el puente inicial de madera, construído por órdenes de los españoles y del corregidor de Matagalpa, después de la llegada del encomendero Juan Bautista Almendárez en 1755.

Vuelvo a la memoria de Flores Sequeira, quien afirma que los yanquis invasores instalaron su cuartel al este de la lomita en que brotaban los chorros de agua caliente y de vapor más fuerte de los Termales de Tipitapa, ubicados al sur del Río y frente al puente de metal o del “Diablo”.

 

Los militares yanquis hacían labores de policía y sustituían al Ejército Nacional, pues eran ellos los que patrullaban, los que echaban presos a ciudadanos nacionals, los que imponían penas leves o grandes, y según Flores Sequeira las cárceles estaban allí mismo donde son hoy las fuentes Termales de Tipitapa.

Hasta ese lugar se llevaban a borrachos y a los acusados de algún delito común, según se les ocurriera a los “machos”, como los llamaba la gente en Tipitapa.

 

“En una ocasión, un grupo de militares yanquis agarraron a un pobre borracho, le prensaron las orejas con una tenaza o alicate y lo llevaron de arrastrada hasta las cárceles del cuartel gringo”, recuerda Flores Sequeira.

Estos militares invasores tenían tanta comida enlatada, añade Flores Sequeira, que ocasionalmente la botaban entera hacia unos matorrales nutridos que habían entre el “puente del diablo” y los Termales.

“Otros niños y yo llegábamos a recoger comida a ese sitio…claro sin que nos vieran los gringos”, relata Flores Sequeira.

 

Moncada cambia nombre a Tipitapa

Le puso Villa Stimpson

 

Por supuesto, Moncada consiguió el “cumplimiento” de la promesa interventora yanqui de nombrarlo presidente de Nicaragua, mientras el General Sandino combatía a la intervención norteamericana en Las Segovias, en el Atlántico y las mismas cercanías de Managua.

Moncada siguió mostrando su vocación de traidor al cambiarle el nombre a Tipitapa en 1929. Le puso “Villa Stimpson”, lo cual, por supuesto, causó indignación en Tipitapa y en el país entero.

Las protestas y burlas de la gente en contra de Moncada y de los yanquis llegaron al extremo de mandarle a decir por escrito a los traidores, que Tipitapa se seguiría llamando Tipitapa y que al coronel yanqui (Henry A. Stimpson) le pusieran “Mïster Tipitapa”.

El padre de Flores Sequeira era el telegrafista de Tipitapa. Don Carlos Flores Sequeira, su hijo, de 10 años en 1929, le hacía la función de mensajero, es decir, iba a entregar los telegramas recibidos en Tipitapa.

 

“Inclusive mi padre se resistía a ese nombre de “Villa Stimpson”, amigo Barreto, porque él me decía: “estos cabrones son sinvergüenzas…”

En cambio, la gente al escribir telegramas o cartas ponían el nombre de Tipitapa, señala Flores Sequeira.

 

Uno de los sucesos que Flores Sequeira recuerda con nitidez fue la inundación de 1933, la cual provocó la destrucción de “Miralagos” frente a la ciudad de Managua.

 

Este “Miralagos” es anterior al Barrio “Miralagos”, inundado completamente en octubre de 1970, lo cual dio lugar a la fundación de la hoy Ciudad Sandino, entonces llamada “OPEN III” (Operación de Emergencia Nacional No.III).

 

“Esa inundación de 1933 fue tremenda, amigo Barreto…Yo sostengo que mucho más grande que la inundación provocada por el Huracán “Mitch” en octubre de 1998…Durante aquella llena de 1933, la correntada salida del Lago de Managua y La Bocana por el Río Tipitapa alcanzó a una vara del nivel del puente metálico del “Diablo”…usted puede ver que ese puente tiene unos 10 metros de alto en relación al lecho del Río Tipitapa”, indica Flores Sequeira.

 

El desborde del Lago Xolotlán por medio de La Bocana llegó hasta las cercanías de donde es hoy el Parque Rubén Darío, es decir por donde estuvo el cuartel de la guardia genocida del somocismo y en las cercanías de la Iglesia Católica, ubicados a casi un kilómetro de la orilla de La Bocana.

 

Estos relatos destacan que esta llena de La Bocana y del Río duró varias semanas, y que resultaba fácil atrapar pescados con anzuelos y redes estando sobre el puente metálico (“del Diablo”) mencionado.

Los yanquis desaparecieron de los Termales de Tipitapa en 1933.

Después de esta desaparición de los gringos, Flores Sequeira dice que tendría entre 15 y 16 años cuando lo buscaron como ayudante de albañilería para comenzar la construcción de las famosas piscinas de los Termales de Tipitapa.

 

Esta decisión de construir las piscinas en los Termales fue tomada por el gobierno liberal proyanqui porque llegaban centenares de personas de Managua, Masaya, Granada, Boaco, Chontales, Estelí, etc. en busca de curaciones naturales con las aguas calientes, o sencillamente debido a que les gustaba ver el espectáculo de vapores neblinados, especialmente cuando llovía o al momento de despuntar el alba del Astro Rey por el Este.

Este trabajo de construir las piscinas duró entre seis meses y un año.

Son dos piscinas para adultos y una piscina para niños.

De acuerdo con Carlos Guillermo Flores Sequeira, las corrientes de aguas calientes o “Termales” brotaban en varios puntos de los lomos de la pequeña colina en que están ubicados los Baños Termales de Tipitapa.

 

Desde siempre, estos brotes de aguas calientes o “Termales” fueron atracción de la curiosidad  de españoles, indígenas y visitantes importantes de Nicaragua, como aquel famoso embajador yanqui, Míster Squier, quien los menciona en uno de sus libros, escritos a finales del siglo 19.

 

No pude encontrar un documento oficial que precise la fecha de construcción de las piscinas de los “Baños Termales” de Tipitapa, pero sí existe el registro de una Escritura Pública No. 4 del 17 de abril de 1939, asentada en el Registro Público de la Propiedad de Managua bajo el No. 14,143, Tomo 171, folio 194, Asiento No. 1.

La propiedad de los “Baños Termales” aparece registrada a nombre del Estado, pero siempre estuvo regentada por propietarios privados, según un relato oficial del Ministerio de Turismo en la década de “los 80”.

Esta descripción de Turismo indica que desde siempre muchos nicaragüenses llegaron hasta los “Baños Termales” buscando sanación a afecciones cutáneas o de la piel y reumáticas, es decir, dolores en las articulaciones: rodillas, dedos, muñecas, brazos…

También en busca de diversión turística.

La misma narración oficial indica que actualmente (ya en los años 2000 y 2001), médicos de Managua y del resto del país, envían a sus pacientes con padecimientos cutáneos y reumáticos, para que se den baños en las Aguas Termales de Tipitapa.

Estas prescripciones médicas, aparentemente, han elevado la asistencia de nicaragüenses a los Termales de Tipitapa, los cuales están ubicados al pie del Puente Metálico (o del “Diablo”) y en la mera orilla del Río Tipitapa.

 

Las piscinas tienen compuertas de entradas y salidas de aguas calientes.

Además de las piscinas, en “Los Termales” siempre existió un hotelito, un bar-restaurante, andenes, gradas de acceso a las piscinas, canales de desagües, duchas, vestidores y servicios higiénicos o sanitarios.

Fuentes Termales como las de Tipitapa hay también en San Francisco Libre, exactamente al norte de Tipitapa, pero al otro lado del Lago Xolotlán.

Son famosos los Hervideros de San Jacinto (León), donde las aguas calientes saltan en los boquetes (cráteres) con colores rojizos, plomos oscuros y verdosos, mientras por debajo del suelo se escucha un ruido infernal, parecido al de un perol hirviendo con los nacatamales dentro.

 

Según libros especializados, estas “aguas termales” contienen anhídrido carbónico, atraviesan regiones subterráneas calizas, lo cual las vuelve curativas para afecciones cutáneas (piel) y reumáticas.

Otro análisis especializado del Instituto de Estudios Territoriales (INETER) indica que en el caso de los “Termales de Tipitapa”, estas aguas subterráneas pasan rosando la Caldera Volcánica inmensa del Volcán Masaya, cuya ubicación es en línea recta hacia el sur.

Se ha dicho que las aguas subterráneas de Managua y Tipitapa corren de sur a norte, es decir, que la cuenca o ríos subterráneos se mueven de sur a norte.

 

Entonces, parte de las aguas subterráneas pasan “tocando”, “rosando”, la caldera infernal del Volcán Masaya, la cual mide un poco más de 12 kilómetros hacia el norte, yendo rumbo a Los Altos de Masaya y a Tipitapa.

Un estudio reciente del INETER, encabezado por la vulcanóloga Marta Navarro, indica que esta Caldera del Masaya se prolonga, mediante un quiebre o giro hacia el oeste, hasta las oquedades volcánicas de Tiscapa y Asososca.

 

Esta parte de la Caldera ha sido bautizada como “La Estrella”, y según las conclusiones científicas dentro de ella existe otro Volcán, que antes no había sido detectado. Este Volcán fue nombrado también “La Estrella”.

 

El asunto es que, se afirma, las aguas termales de Tipitapa son “calentadas” en la Caldera del Masaya.

Brotan a una temperatura de 93 grados. Al echarlas a los canales hacia las piscinas se bajan a temperaturas de 33 y 37 grados, según los registros oficiales del Ministerio de Turismo.

La dictadura somocista mantuvo en virtual abandono los “Baños Termales de Tipitapa” en la década del 70.

El gobierno revolucionario sandinista les dio algún impulso rehabilitador en la década del 80-90, pero prácticamente volvieron a quedar en el abandono.

Más recientemente, INTURISMO formuló un proyecto de mejoramiento de las piscinas, los andenes, las escaleras, bar, del hotelito, de las duchas, vestidores, etc., todo valorado en 929, 109 córdobas.

La Alcaldía de Tipitapa, ganada por el Frente Sandinista en las elecciones municipales del 2000, ya hizo un arreglo con Turismo, para hacerse cargo de su ensanchamiento, administración y mejoramiento del servicio.

 

Volviendo a Flores Sequeira, éste participó en la construcción de numerosas casas de los ricachones de entonces en Tipitapa, entre otros: Guillermo Colomer, José Vílchez, Eliseo Núñez, Arturo Espinales, Nacho Guerrero, los Cuadra Vega, todos los cuales fueron Alcaldes de Tipitapa.

Después se trasladó a Managua, donde participó en la construcción del Estadio Nacional, llamado “General Somoza” por los somocistas genocidas y bautizado después de 1979 con el nombre de Rigoberto López Pérez.

Flores Sequeira también participó en la construcción del Teatro Popular Rubén Darío, el cual fue inaugurado con gran estruendo cultural en el centenario del nacimiento del grande y genial panida en 1967.

En 1933, según Flores Sequeira, Tipitapa sólo tenía tres calles: la principal de ahora, de norte a sur; la del este, ubicada de METASA hasta el tope en que es hoy el local de la Alcaldía y una por el oeste, que era corta, que no llegaba hasta el actual empalme.

En algo Flores Sequeira es categórico: Tipitapa siempre fue (hasta el triunfo de la Revolución Sandinista en 1979) una población alargada, desde donde es hoy el empalme de las Carreteras a Managua y Masaya hacia el norte, hasta topar con la ribera del Río Tipitapa y La Bocana del Lago Xolotlán o de Managua.

Señala que los lodazales reinaban en esas calles, hasta que Moncada mandó a pavimentar la Carretera Panamericana, en esa parte de Tipitapa, pero no recuerda si fue antes del cambio de nombre o después de poner “Villa Stimpson”.

 

Caracterización Municipal

 

Según una caracterización del Instituto de Fomento Municipal, Tipitapa fue fundada en 1755, su posición geográfica está ubicada entre las coordenadas 12 y 11, latitud norte y 86 y 05′ longitud oeste, tiene 973 kilómetros cuadrados y se encuentra 22 kilómetros al norte de Managua (capital).

 

Límites

 

Al Norte: Municipio de Ciudad Darío, perteneciente al Departamento de Matagalpa; al Sur: Municipio de Granada (Departamento de Granada), y los municipios de Tisma, Masaya y Nindirí en el Departamento de Masaya; al Este: Municipios de Teustepe y San Lorenzo, Departamento de Boaco; al Oeste: Municipio de Managua y Lago de Managua o Xolotlán y el Municipio de San Francisco Libre.

 

Clima

 

El clima del Municipio de Tipitapa generalmente es seco (Sabana Tropical), con temperaturas promedio de 23 grados centígrados en la parte de la zona norte, o sea, en el día se registran temperaturas de hasta 35 grados centígrados y por las noches de hasta 20 grados centígrados, especialmente en la Mesas de Acicaya.

La precipitación varía entre los 1,000 y 1,500 mm. anuales, propiciando suelos aptos para el cultivo de caña de azúcar, ajonjolí, sorgo y ganadería.

 

Accidentes geográficos

 

El sistema hidrográfico del Municipio está representado en gran parte por las costas orientales del Lago de Managua, por el Río Tipitapa que sirve de unión entre éste y el Xolotlán y el Gran Lago de Nicaragua o Cocibolca, una sección del Río Malacatoya y el Río Teocinal o de las Mesas de Acicaya.

 

En materia orográfica, Tipitapa presenta las estribaciones del sureste de la Meseta de Estrada y las históricas lomas o cerros de San Jacinto, al oeste de los cuales está la famosa Hacienda-Museo de San Jacinto.

 

Altitud sobre el nivel del mar

 

La caracterización mencionada indica que Tipitapa tiene 50.44 metros sobre el nivel del mar.

 

Territorios del Municipio

 

El Municipio de Tipitapa está dividido en sectores urbano y rural. El sector urbano se encuentra dividido en ocho Barrios céntricos, cinco Barrios de la periferia y siete Asentamientos Humanos.

Barrios del casco urbano: Noel Morales, Orontes Centeno, Villa Victoria de Julio, Juan Castro, Francisco Rojas, Yuri Ordóñez, Roberto Vargas y Augusto César Sandino.

 

Barrios de la perriferia urbana:

 

Ciudadela San Martín, San Luis, San Juan de la Plywood, Camilo Ortega y Zambrano.

 

Asentamientos Humanos urbanos:

Rubén Ulloa, Gaspar García Laviana o Tangará, Los Trejos, Antonio Mendoza, El Chaparral, Lomas de Esquipulas, Pedro Joaquín Chamorro I y II, Aleyda Delgado y una Vivienda Digna P/ Maestro.

 

             Comarcas

 

Comarca Las Banderas, integrada por 12 comunidades, entre las cuales destacan:

Las Banderas, Brasil, La Luz, La Empanada y Colama.

 

Comarca el Empalme de San Benito y comunidades:

 

Empalme de San Benito, Quebrada Honda, Ulises Tapia Roa, Los Novios, Los Roques y San Benito Agrícola.

 

              Comarca Las Maderas con sus comunidades:

 

Las Maderas, Mesas de la Flor, Las Lajas, San Blass, Cacalotepe, Mesas de Acicaya, Cerro Pando, El Madroño, El Naranjo, Las Avellanas, Cuesta del Coyol, La Pita y La Palma. Estas comunidades están situadas al norte del Municipio, colindante con Matagalpa, la mayoría de ellas ubicadas en las faldas y cúspides de la Meseta de Estrada  (Totumbla) y Mesas de Acicaya.

 

              Población

 

La caracterización referida menciona que a 1996, Tipitapa tenía 108, 457 habitantes, distribuídos de la siguiente manera: 63,989 (59%) en la zona urbana y 44,468 (41%) en las zonas rurales del Municipio.

En 1995 la población era de 81,106.

Con esta población (la citada de 1996), el Municipio tiene una densidad de 112 habitantes por kilómetro cuadrado.

Distribución de la población por sexo: hombres, 53,139 (49%) y mujeres 54, 430 (50.6%).

 

Tradiciones culturales e históricas

 

En el Municipio se celebra a Esquipulas, Cristo Negro, del 6 al 30 de enero, lo cual constituye la Fiesta Patronal cada año. Estas festividades religiosas se realizan en el antiguo Templo Parroquial, ante el cual se producen procesiones o romerías de promesantes.

Sobre la Hacienda de San Jacinto, la caracterización indica: “El Municipio de Tipitapa es célebre por necear en su jurisdicción la histórica Hacienda de San Jacinto, sitio donde se libró la famosa batalla del 14 de septiembre de 1856 entre fuerzas militares (filibusteras) estadounidenses y nicaragüenses, comandadas por el Héroe Nacional Coronel José Dolores Estrada.

La Casa y los corrales de la Hacienda San Jacinto son monumentos nacionales visitados año con año en la misma fecha por miles de nicaragüenses que celebran la heroica victoria.

 

En la entrada de la carretera, que conduce a la Hacienda, se encuentra el monumento al Sargento Andrés Castro Estrada, quien derribó de una pedrada a un miembro del ejército contrario que pretendía saltar los corrales de la Hacienda, haciendo patente de esta forma el patriotismo y valentía del ejército de la época.

 

Aspectos económicos

 

Durante las décadas de los 70 y 80, el Municipio se destacó por contar con un fuerte sector ganadero, se estableció como zona de desarrollo ganadero, debido a la cercanía del agua y buenos pastizales.

Dentro de la agricultura, los principales cultivos eran el algodón, caña de azúcar, sorgo, ajonjolí, maíz, frijoles y hortalizas.

Los primeros años de la década de los 90 significaron un descenso en los niveles productivos y en el aprovechamiento de la tierra de la jurisdicción.

 

Para 1995 el Municipio contaba con 18,400 manzanas sembradas, distribuidas de la siguiente forma:

Caña 14,700 manzanas; Hortaliza 200 manzanas; maíz 500 manzanas y sorgo 3,000 manzanas.

Estadísticas del Ministerio de Acción Social de 1995 indican que existen 1,200 productores con y sin títulos de propiedad, otros alquilan la tierra para siembra y 130 productores se encuentran asociados en 32 cooperativas agrícolas.

 

Sector pecuario

 

El Municipio cuenta con 5,000 cabezas de ganado destinadas, mayoritariamente, a la producción de carne. La producción de leche abastece el consumo local.

 

        Industrias

 

Tipitapa cuenta con las siguientes industrias:

INDUMETASA, PLYWOOD, MADESA, PEDRERA, PROINCASA, INDEGRASA, AVICOLA LA ESTRELLA, ACEITERA CHILAMATILLO, AVICOLA TAMI, QUIMICA BORDEN, ALTISA, TIPITAPA POWER, AGROINSA, HUGO AREVALO, INSECCSA, PROINCO Y EVOMENSA.

Por falta de financiamiento y la utilización de maquinaria obsoleta, algunas de estas empresas trabajan medio tiempo.

 

Religión (%) en el Municipio

 

Entre las organizaciones religiosas existentes en el Municipio se pueden mencionar las siguientes:

Asambleas de Dios, Iglesia Católica, Mormones, Adventistas y Bautistas.

 

 

Situación de Servicios Sociales Básicos

 

 

Educación: El sistema educativo del Municipio está constituido por 122 centros educativos, distribuidos de la siguiente manera: Urbanos 52 y rurales 70.

Autónomos son 51, no Autónomos 2, privados 29. comunitarios 40, modalidad de Secundaria 30 y modalidad de Primaria 92.

 

El personal docente del Municipio lo integran 940 maestros de la siguiente forma:

Primaria 529, Secundaria 223, Preescolar 134 y Educación de Adultos 54.

La población estudiantil del Municipio es de aproximadamente  31,000, distrubuídos así:

Primaria 18, 992, Secundaria 7,377, Prescolar 3,600 y Educación de Adultos 1,031.

 

              Problemas del sector

 

Deserción escolar (¿cuántos?); falta de docentes (¿cuántos?); falta de pupitres (¿cuántos?); y falta de de servicios básicos en la mayoría de los Centros Escolares.

 

Salud

 

El Municipio cuenta con 11 Unidades de Salud, un Centro de Salud con 25 camas, siete puestos médicos y tres Puestos de Salud.

El personal de salud, que atiende a la población, lo constituyen: 38 médicos, 69 paramédicos, 63 trabajadores administrativos, 47 parteras y 470 brigadistas voluntarios de salud.

El Centro de Salud cuenta con una ambulancia y un Laboratorio Clínico para realizar exámenes básicos.

Los servicios que se prestan a nivel municipal son: consulta externa, atención de labor y parto, emergencias, inmunizaciones, rehidratación oral, programas de capacitación, erradicación de la malaria, servicio maternoinfantil, odontología, cirugía mayor, farmacia y otros.

Las causas de consulta más frecuente en el Municipio se refieren a las enfermedades diarreicas, respiratorias, tuberculosis y malaria.

 

Problemas del sector

 

Alto índice de insalubridad ambiental, malas condiciones de las Unidades de Salud, especialmente en las Comarcas del Municipio, falta de personal médico y paramédico en las mismas Unidades de Salud.

 

Agua y saneamiento ambiental

 

Tipitapa cuenta con servicio público de agua potable, cuya administración está a cargo de la Empresa Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillados (ENACAL).

En el Municipio se abastece sistemáticamente al sector urbano de la cabecera municipal y las cabeceras comarcales; son  12,345 conexiones domiciliares, es decir, el 85.6% de cobertura del total de las viviendas del Municipio.

 

En Tipitapa se brinda este servicio por medio de 17 pozos artesianos, cuatro puestos públicos y 268 miniacueductos.

Sin embargo, el Municipio no cuenta con un sistema de acueductos que permita cubrir la demanda de forma eficiente.

 

 

En el Municipio existen seis acueductos distribuídos en la parte urbana del mismo y cinco acueductos en las comunidades de Las Banderas, Las Maderas, Empalme de San Benito, comunidad de Zambrano y Barrio San Luis.

A nivel municipal la población que no tiene acceso  al servicio de agua potable, utiliza 6,000 pozos caseros en el sector urbano y otros 1,000 pozos en la zona rural.

 

En relación al servicio de alcantarillado sanitario, el Municipio no tiene acceso al mismo, y la población utiliza letrinas y sumideros en la parte urbana y rural de Tipitapa.

 

Existen 11,130 letrinas en el Municipio, de las cuales 3,450 se hallan localizadas en malas condiciones, mientras se presenta un déficit de 5, 260 letrinas.

 

Por causa del terreno plano del Municipio y la falta de un buen sistema de drenaje pluvial, se producen constantes inundaciones, especialmente en la cabecera municipal, situación que acarrea problemas de salud y del medio ambiente, ya que gran parte de las aguas residuales corren por las calles del Municipio.

Problemas del sector

 

Falta de cobertura del servicio de agua potable en los Barrios Augusto César Sandino, San Juan del Chagüite y Mesas de Acicaya.

Cultura y Deportes

 

En el Municipio de Tipitapa existen un total de 11 áreas verdes y 5 campos de béisbol, los cuales están ubicados en el área urbana. En el sector rural existen campos de juegos o áreas verdes en cada una de las comunidades.

 

               Viviendas

 

El Municipio de Tipitapa cuenta con 23, 750 viviendas, con un índice habitacional de seis personas por vivienda, las que están distribuídas de la forma siguiente:

 

13,500 en el área urbana, para un porcentaje del 60 por ciento; 10,250 en el sector rural, 40% del total.

 

Problemas del sector

 

Mala construcción de las viviendas en los Asentamientos Humanos del casco urbano y algunas comunidades rurales. Hay un déficit, aproximado, de 10,000 viviendas en el Municipio de Tipitapa.

Telecomunicaciones

 

El Municipio tiene una sucursal de la Empresa Nicaragüense de Telecomunicaciones (ENITEL). Esta sucursal presta servicios postales, telegráfico, mensajería, servicio de correos y llamadas internacionales.

El servicio telefónico domiciliar presta atención a 4, 250 abonados, diseminados en el casco urbano de Tipitapa.

 

Proyectos del sector

 

La instalación de una nueva planta telefónica para atender una demanda de 8,500 nuevos abonados.

 

             Energía eléctrica

 

El Municipio tiene servicio público de energía domiciliar con administración a cargo de la Empresa Nicaragüense de Electricidad (ENEL) (Actualmente es Unión Fenosa al producirse la privatización de ENEL).

El servicio de energía domiciliar se presta a 14,516 viviendas del Municipio, es decir, el 72% de cobertura. Este servicio eléctrico existe principalmente en los sectores urbanos del Municipio y en las cabeceras comarcales.

 

Transporte

 

Tipitapa tiene una buena flota de autobuses. Prestan servicio de transporte colectivo seis rutas con aproximadamente 50 unidades. Estas salen de la cabecera municipal cada cinco minutos. Lasa rutas comunican al Municipio  con las Regiones III, IV, V y VI. Hay una Terminal de Autobuses en la cabecera del Municipio.

Existen varias Cooperativas de Transporte que cubren las Rutas hacia otras Regiones del país y a nivel local. En este sentido, la población a nivel interno utiliza el servicio de taxis, camionetas y otros.

 

              Vías de acceso

 

Las principales vías de acceso al Municipio son: la Carretera pavimentada a El Rama, Carretera Tipitapa-Masaya, Carretera macadanizada de Tipitapa al Municipio de San Francisco Libre, Carretera Tipitapa-Managua y otras.

El Municipio cuenta con 6,000 metros lineales de calles asfaltadas en las afueras de la ciudad y adoquinadas en el casco urbano. Tiene, además, 60,000 metros de calles de tierra hacia sus comarcas.

 

En el sector rural, principalmente en la zona norte, existen caminos de todo tiempo, algunos en mal estado.

 

               Bienestar social

 

Tipitapa tiene o cuenta con 60 Comedores comunales con atención a 350 niños, principalmente en el sector urbano del Municipio.

Recolección de los servicios sólidos

 

La municipalidad presta este servicio en el casco urbano. La recolección de basura que se realiza es deficiente, ya que no cubre al resto de comunidades de Tipitapa.

 

El personal que labora en esta actividad lo constituyen 20 personas, entre conductores y operarios. El volúmen de basura recolectada es de 51,68 metros cúbicos por día, lo que equivale a 15.50 toneladas métricas. Esta limpieza se realiza únicamente en el casco urbano del Municipio.

Hace falta cobertura del servicio en las zonas periféricas y comunidades rurales del Municipio.

 

                Cementerios

 

En el Municipio de Tipitapa existen 25 cementerios, dos de los cuales están en el área urbana (el primero junto a las instalaciones de INDUMETASA y el segundo al suroeste del Barrio Orontes Centeno), a los que la Alcaldías les brinda mantenimiento o limpieza. En el área rural existen un total de 23 cementerios.

 

Parques

 

En el casco urbano existe un parque en buenas condiciones. Dispone de juegos mecánicos infantiles, hay bancas y canchas de basket ball y próximamente se creará una Biblioteca Municipal.

En este Parque fue el asiento original (fundación) del poblado de Tipitapa en 1755 y también existió allí un cementerio antes de la fundación del actual, situado a la orilla de la fábrica metalúrgica INDUMETASA.

En el sector rural solamente hay dos parques.

 

                 Mercado

 

Existe un Mercado de cobertura municipal. Alberga 325 comerciantes de diferentes rubros. Se encuentra actualmente saturado, no hay espacio para ensancharlo, por el contrario los tramos comerciales están apretujados, debido a lo cual será construído otro Mercado que satisfaga las necesidades de la población de Tipitapa.

 

                 Rastro

 

En el Municipio existe un rastro de cobertura municipal, el cual se encuentra bajo arriendo con el propósito de asegurar la higiene en el proceso de destace de reses y cerdos.

 

Aspectos económicos

 

Durante la década de los 70 y 80, el Municipio se destacó por contar con un fuerte sector ganadero. Se estableció como zona de desarrollo ganadero, debido a la cercanía del agua (Lago de Managua, aguas superficiales y ríos) y buenos pastizales.

 

En la agricultura, los principales cultivos eran el algodón (dañino para los suelos, bosques, aguas subterráneas, fauna, bosques y animales silvestres y domésticos), caña de azúcar, sorgo, ajonjolí, maíz, frijoles y hortalizas.

 

Los primeros años de la década del 90 significaron un descenso en los niveles productivos y en el aprovechamiento de la tierra de la jurisdicción.

Para 1995 el Municipio contaba con 18,400 manzanas sembradas, distribuidas de la siguiente forma:

14,700 manzanas de caña, 200 manzanas de hortalizas, 500 manzanas de maíz y 3,000 manzanas de sorgo. Las 14, 700 manzanas corresponden al Ingenio Victoria de Julio (TIMAL), el cual actualmente (noviembre del 2001) está en vía de fracasar, porque, supuestamente, están sin financiamiento, acosado por deudas, ha sido saqueado por supuestos dueños y extraños, las tierras no están cultivadas y en abandono, etc.

 

Sector Agropecuario

 

Estadísticas del Ministerio de Acción Social de 1995 indican que existen 1,200 productores con títulos y sin títulos de propiedad, otros alquilan la tierra para la siembra y 130 productores se encuentran asociados en 32 cooperativas agrícolas.

 

Sector Pecuario

 

El Municipio tiene 5,000 cabezas de ganado destinadas mayoritariamente a la producción de carne. La producción de leche abastece el consumo local.

 

                 Industrias

 

Tipitapa tiene las siguientes Industrias:

 

INDUMETASA, PLYWOOD, MADESA, PEDRERA, PROINCASA, INDEGRASA, TECNIESPONJAS, AVICOLA LA ESTRELLA, ACEITERA CHILAMATILLO, AVICOLA TAMI, QUMICA BORDEN, ALTISA, TIPITAPA POWER, ROTAPA, AGROINSA, HUGO AREVALO, INSECCSA, PROINCO, EVOMENSA Y TRILLO RISE.

Algunas de estas empresas trabajan sólo medio tiempo, debido a que laboran con maquinarias obsoletas.

 

Delegaciones institucionales

 

En el Municipio existen las siguientes instituciones:

 

Instituto Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillados, Empresa Nicaragüense de Electricidad, Empresa Nicaragüense de Telecomunicaciones, Ministerio de Educación, Ministerio de Salud, Policía Nacional, Juzgado Local, Banco de Finanzas, Instituto Nicaragüense de Seguridad Social.

 

Medio Ambiente y Recursos Naturales

 

 

La vegetación del Municipio varía según sus zonas. En la zona norte la vegetación es esencialmente de matorral bajo, especialmente hacia la costa del Lago de Managua. El uso potencial del suelo es para ganadería de carácter extensivo y de cultivos de pastos para la protección de los suelos y árboles con fines energéticos.

La vegetación de la zona central o noreste ha sido sustituída por cultivos anuales. El suelo es apto para cultivos de caña de azúcar, ajonjolí, sorgo y ganadería tecnificada.

 

La zona sur conserva la mayor parte de la vegetación del Municipio. Allí predominan árboles peremnes y arbustos.

Se conservan árboles antiguos como ceibos, genízaros, chilamates, guanacastes, guásimos, chapernos, mangos, acetunos…

Los suelos son propios para el cultivo de maíz, yuca, sorgo, ajonjolí y la crianza de ganado, así como los cultivos de musáceas.

Entre los problemas de medio ambiente más serios que enfrenta el Municipio encontramos el despale indiscriminado que se registra por parte de comercializadores de leña, razón por la que se hace necesario impulsar proyectos de reforestación que mejoren las condiciones del ambiente y que a su vez protejan las especies de flora y fauna del Municipio, que se encuentran en peligro de extinción.

 

Derroteros o fronteras municipales

 

Tipitapa-Ciudad Darío (Departamento de Matagalpa).

 

Este límite se inicia al norte de la localidad de Sabana Grande, en un punto con coordenada 86 07 06 W y 12 35 18 N., continúa en dirección Este 1.1 kilómetros hasta Cerro Pilón (667 metros), luego gira en dirección  sureste 6.8 kilómetros, pasando por la localidad. El terreno intercepta la Carretera Panamericana con coordenadas 86 03 00 W. Y de 12 34 00 N. En la localidad de San Agustín, luego toma dirección sur sobre dicha carretera hasta un punto con coordenadas 86 03 00 W y 12 32 48 N A O.5 kilómetros al oeste de la localidad El Bejuco (El Bejucal), de este punto toma dirección sureste 5.6 kilómetros, pasando por la localidad La Pita, Cerro La Tronquera (741 metros de altura) hasta la cabecera de Quebrada Los Llanos, sobre la que sigue aguas abajo hasta su confluencia con Río Teocintal (El Guineo) o La Acicaya. Punto final del límite.

 

Tipitapa-Teustepe (Departamento de Boaco).

 

Se inicia en la confluencia del Río Teocintal (El Guineo) o La Acicaya con Quebrada de Los Llanos, continúa aguas debajo de este río, tomando más adelante el nombre de El Barco, llegando a su desembocadura en el embalse de Las Canoas, el cual bordea en la parte Oeste hasta el Río Malacatoya, luego sigue abajo 1.5 kilómetros de dicho río, para luego tomar dirección Sureste 14.1 kilómetros pasando por la cima del Cerro el Pilón (221 metros), una altura de 294 metros Cerro Polo (421 metros), otra altura de 291 metros, la localidad de San Luis, hasta loma del Cerro Pelón (357 metros), para luego tomar dirección  Este 4.1 kilómetros hasta un punto de Quebrada El Verde, situado en la localidad El Chagüite, con coordenadas 85 47 42″ W. Y 12 16 40″ N. Punto final del límite.

 

Tipitapa- San Lorenzo (Departamento de Boaco).

 

Se inicia el límite en un punto de Quebrada de Los Potreros o El Verde, con coordenadas 85 49 29″ W. Y 12 12 38″ N., se dirige aguas arriba de Quebrada El Verde hasta llegar a la localidad El Chagüite, punto con coordenadas 85 47 y 42″ W. Y 12 16 40″ N. Punto final del límite.

 

          Tipitapa-Granada (Departamento de Granada).

 

Este límite se inicia en un punto de Quebrada de Los Potreros o El Verde, con coordenadas 85 49 29″ W. Y 12 12 38× N. A partir de este punto gira en dirección Suroeste 3.5 kilómetros hasta la confluencia del Río Ayoja con el Río Malacatoya, sigue aguas arriba de este último hasta un lugar llamado Santa María, continúa en dirección  Oeste 2 kilómetros hasta la localidad Finlandia, en un punto con coordenadas 85 55 00″ W, Y 12 12 36″ N, de aquí continúa en dirección Sur 1.3 kilómetros hasta un punto con coordenadas 85 55 00″ W. Y 12 11 54″, para luego tomar dirección Suroeste 12 kilómetros pasando por las localidades de San Nicolás, La Gloria, hasta llegar a la confluencia de los esteros La Loma, El Caballo y Chico Pipe con el Río Tipitapa. Punto final del límite.

 

           Tipitapa-Tisma (Departamento de Masaya).

 

Este límite se origina en un punto del camino que une la localidad de Zambrano con Tisma con coordenadas 86 04 12″ W. y 12 08 12″ N. Continúa en dirección Noreste hasta la confluencia  de los Ríos Viejo y El Achotillo, siguen aguas debajo de este último hasta la confluencia con el Río Tipitapa. Prosigue sobre dicho  río aguas abajo hasta llegar a la confluencia de los Esteros El Caballo, La Loma y Chico Pipe. Punto final del límite.

 

           Tipitapa-Masaya (Departamento de Masaya).

 

Este límite tiene su origen en el Empalme de la Carretera Tipitapa-Masaya con el camino que conduce a la localidad de El Paraíso. Continúa en dirección Sureste 2.5 kilómetros hasta interceptar un punto del camino que une la localidad de Zambrano con Tisma con coordenadas de 86 04 12″ N. 1km. al Sureste de la localidad de Zambrano. Punto final del límite.

 

            Tipitapa-Nindirí (Departamento de Masaya).

 

Este límite tiene su origen en el Empalme de la Carretera a Masaya-Tipitapa con el camino que conduce a la Comunidad de El Paraíso. Continúa sobre este camino hasta llegar al costado Oeste de dicha localidad, en un punto con coordenadas 86 07 35″ W, y 12 08 27″ N. Punto final del límite.

 

            Tipitapa-Managua

 

Este límite tiene su orígen en el cruce de caminos del costado Este de la localidad de El Paraíso, en un punto con coordenadas 86 07 35″ W, y 12 08 27″ N, se dirige al Noroeste 1.3 kilómetros hasta el nacimiento del Río Lodoso, sobre el que se dirige aguas abajo hasta su desembocadura en el Lago de Managua (Xolotlán). Punto final de este límite.

 

Tipitapa-Lago de Managua (Xolotlán).

 

Comprende desde la desembocadura del Estero San Antonio hasta la desembocadura del Río Lodoso.

 

Tipitapa- San Francisco Libre

 

Este límite tiene su orígen al norte de la localidad de Sabana Grande, en un punto con coordenadas 86 07 06″ W, y 12 35 18″ N, continúa sobre un camino en dirección Sur pasando por la localidad de La Cañita hasta llegar a un punto con coordenadas 86 07 30″ W, y 12 34 24″ N, para luego dirigirse 9.5 kilómetros en dirección  Sur franco hasta una altura de 346 metros. Toma luego dirección Sureste 4.5 kilómetros pasando sobre la cima del Cerro Punta El Ojoche (394 metros) hasta la cabecera de uno de los afluentes del Río Las Maderas, sigue aguas debajo de éste hasta la confluencia con el Estero San Antonio, continúa aguas debajo de dicho Estero hasta su desembocadura en el Lago de Managua (Xolotlán). Punto final del límite.

Hasta aquí llega la “caracterización” elaborada por el Instituto de Fomento Municipal (INIFOM).

 

Pablo E. Barreto Pérez: periodista, editor, investigador histórico, fotógrafo, Cronista de la Capital, Orden Independencia Cultural Rubén Darío, Hijo Dilecto de Managua, Orden Servidor de la Comunidad del Movimiento Comunal Nicaragüense, Orden José Benito Escobar Pérez de la Central Sandinista de los Trabajadores (CST  nacional), Orden Juan Ramón Avilés de la Alcaldía de Managua y actual concejal del Frente Sandinista en la Capital nicaragüense.

 

Colonia del Periodista No. 97, frente al portón del Parque, en Managua. Teléfonos: 8466187 y 2703077.

Mail: pablo_e2005@hotmail.com

pabloemiliobarreto@yahoo.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Malpaisillo, Malpaisillo, pueblo joven, arrasado por algodoneros

Malpaisillo,

pueblo joven

Arrasado por algodoneros

Mineros mutilados y destripados

 

Pablo Emilio Barreto P.

Larreynaga, conocida en todo el país con el sobrenombre popular de “Malpaisillo“, es una de las ciudades pequeñas mas jóvenes del presente siglo en Nicaragua, ubicada al borde y encima del Cinturón de Fuego de la Cordillera Volcánica Maribia del Océano Pacífico.

Su territorio es parte del célebre Volcán Cerro Negro, chaparro,  cuyo cono trunco chaparro azulado se levanta al sur de esta ciudad, siempre asustada cuando este coloso aterrador vuelve a lanzar humos, cenizas, gases y lavas, acción volcánica repitente desde 1850.

Su nacimiento el seis de septiembre de 1936 es un acontecimiento singular en la historia de Nicaragua, pues su fundación se produjo por dos hechos poco comunes: 1) el Prócer nacional y centroamericano Miguel Larreynaga Balmaceda, fallecido hace más de un siglo, dejó, presuntamente, donadas unas mil hectáreas de tierras que ocupan hoy gran parte de los pobladores del casco urbano y zonas rurales, situadas a 35 kilómetros al Noreste de León; 2) Don Manuel Ignacio Pereira Quintana voluntariamente decidió fundar este pueblo mientras

era Alcalde de Telica, de donde él supuso era originario(nacido) Miguel Larreynaga almaceda.

La constante en cuanto a fundacion de ciudades en Nicaragua, desde antes de la llegada de  los colonizadores españoles genocidas, ha sido que distintos grupos buscaron siempre la vera de los ríos, costas de ambos lagos (Cocibolca y Xolotllan), a la orilla de lagunas y  costas marítimas, como las ubicaciones de Managua, León, Corinto, Boaco, Blufields, Puerto Cabezas, San Carlos, Granada, Masaya, San Jorge, Moyogalpa, etc..

Conozco ciudades ubicadas a la orilla de ríos como Matagalpa, León, Estelí, Chinandega, Telica, Santa Rosa del Peñon, El Jicaral, Ocotal y Waspán, entre otras.

San Juan del Sur y Corinto están en la orilla del Océano Pacífico y Puerto Cabezas y Bluefields Junto al Océano Atlántico.

En Larreynaga o Malpaisillo se rompió esa “norma histórica” ya muy antigua, porque el pueblo fue fundado en medio del bosque tropical seco, sin ríos, en unas mil hectáreas de tierras que habían pertenecido, supuestamente, a uno de los primeros terratenientes leoneses: Miguel Larreynaga Balmaceda, uno de los próceres nacionales y  centroamericanos.

En Larreynaga existía ya entonces, en 1936, una “estación de bandera” del Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua, lo cual llevó a comprender a Pereira Quintana que este medio de transporte garantizaría el poder transportarse por lo menos a las comunidades situadas a la orilla de la línea férrea hacia El Sauce o para el lado de León, capital del departamento del mismo nombre.

Como Alcalde y hombre de influencias políticas significativas en el naciente régimen tiránico de los Somoza, Pereira Quintana estaba plenamente enterado, según él mismo, de la presunta donación que había hecho Larreynaga al Municipio de Telica.

No tenía en sus manos el Título Real de las tierras donadas por Larreynaga, pues ese documento estaba en manos de la Comunidad Indígena de Subtiaba, en León, pero hizo las consultas correspondientes, pidió apoyo a niveles oficiales del gobierno y se lanzó a la  original aventura de fundar un pueblo mas allá de los límites del Noreste de Telica, los cuales llegan un poco al Noreste de los renombrados Hervideros de San Jacinto.

Presuntamente, Larreynaga había recibido las tierras de la Corona Española, pero el famoso prócer centroamericano ni llegó a conocerlas, porque se mantuvo siempre ocupado en labores de gobierno y de justicia (Audiencias y Cortes) entre México y Guatemala, menos, por supuesto, en Nicaragua.

Al ser invadidas nuestras comunidades centroamericanas por los colonizadores  españoles, éstos se apoderaron de las tierras comunales de los indígenas y las convirtieron en enormes latifundios personales o de la Corona de los Reyes Católicos y Apostólicos.

Al proclamarse la Independencia en Centroamrica y América Latina, estas extensiones de tierras pasaron a posesión, especialmente, de los “criollos”, hijos de españoles nacidos

aquí, para convertirlos, de algún modo, en “sucesores” de los intereses de la Colonia Española o del naciente capitalismo de Europa, conocido en esos días como el naciente liberalismo.

Larreynaga Balmaceda, como veremos en otra parte de este libro, era criollo y funcionario del régimen colonial español en Guatemala, donde ejerció diversos cargos de confianza.

Entonces, se supone, Don Miguel Larreynaga Balmaceda decidió dejar las tierras donadas al ya antiguo pueblo de Telica, en el siglo pasado, tal vez por los recuerdos de su infancia, ya que allí, siendo huérfano de Madre y Padre, se crió con unas tías solteronas, quienes se aliaron con uno de los abuelos de Larreynaga, para que éste estudiara en la entonces naciente Universidad de León.

Larreynaga o Malpaisillo, entonces, es Ciudad “hija” de Telica y de don Manuel Ignacio Pereira Quintana, y “nieta” de Miguel Larreynaga Balmaceda, aquel Prócer centroamericano famoso, quien todavía sigue ejerciendo influencia histórica y provocando polémicas entre literatos, académicos, estudiantes y biógrafos suyos.

Mucho antes de la fecha de fundación de Malpaisillo, Pereira Quintana ya le había puesto nombre: Larreynaga, en honor a su  célebre coterráneo leonés y supuesto donante de las tierras que darían origen a uno de los pueblos leoneses más famosos del país.

Para sus adversarios políticos de la época, Pereira Quintana inventó esta historia fabulosa de las tierras supuestamente donadas por Larreynaga Balmaceda para quedarse él con parte de esas tierras.

Para algunas autoridades nacionales, era, nada menos, que el Alcalde de Telica el que se aventuraba a fundar un pueblo, en un territorio, donde lo único abundante eran los bosques llenos

de madera fina y una fauna repleta de venados, pavones, guatusas, pizotes, guardatinajas, tigrillos, garrobos, cusucos, serpientes de todo tipo, según me dijo Don Manuel Ignacio antes de morir el 31 de julio de 1982.

Esta abundancia de madera fina: mora, laureles, caoba, pochote, cortés, espino negro, cedro real, roble, madriado, guanacastes, genízaros, ceibos, guanacastes blancos y negros, todos árboles enormes, convencieron también a Don Manuel Ignacio de que sería fácil fundar el pueblo en la zona en que hoy es el casco urbano de Malpaisillo.

Ramón Urbina Betanco, uno de los primeros habitantes de Larreynaga, recuerda que toda la zona, desde Rota hasta El Sauce, era un bosque espeso de guanacastes, caobas, genízaros, pochotes, moras, etc.

“Cuando uno iba en tren, se podían tocar las ramas de los  árboles con solo sacar las manos por las ventanas de los vagones del Ferrocarril”, recuerda Urbina Betanco.

Pereira Quintana estaba acostumbrado a la lucha. Había sido Alcalde de Telica a partir de 1926 y participó en la “Guerra Constitucinalista” al lado de los liberales, con el rango de coronel, lo cual le había forjado el carácter de luchador y emprendedor de obras de primer orden como ésta de fundar un pueblo.

El mismo Pereira Quintana relata una anécdota decisiva en torno a la fundación de Malpaisillo. Un día, cuando él estudiaba primaria en Telica, el maestro les dijo a los alumnos que debían protestar porque unos terratenientes estaban “midiendo las tierras dejadas por Larreynaga, para robárselas”. Los chavalos, estudiantes todos, fueron a protestar, pero como respuesta en favor de los terratenientes y oligarcas locales, les echaron la Policía entonces manejada por los conservadores.

“Yo me detuve frente a los policías y el Alcalde, y les grité que algún día, mis compañeros y yo íbamos a recuperar esas tierras de Telica, y desde entonces le daba vueltas a la idea de que las tierras fuesen a parar a manos de gente humilde”, me dijo en 1970.

Las tierras, afirmaba don Manuel Ignacio, las había recibido Telica en donación por parte de Miguel Larreynaga Balmaceda en algo no precisado.

Otros historiadores, como Armando Amador, sostienen que estas tierras de Telica les fueron arrebatadas a las Comunidades Indígenas durante la guerra que inventaron en 1881 los oligarcas conservadores, encabezados por el presidente Joaquín Zavala, para despojar de sus extensiones de terrenos a grandes conglomerados de indígenas de Matagalpa, Jinotega, Chichigalpa, Subtiaba y Telica.

Sostiene Amador que los oligarcas despojaron a los indígenas de sus tierras para convertir éstas en las actuales enormes extensiones de café de Matagalpa y el enorme enclave oligárquico actual del Ingenio San Antonio, en cuyo nacimiento (en 1890) aparecían los Pellas, Benard, Palazios, César y Chamorro, familias todas confabuladas para robarse las tierras al amparo del poder omnímodo gubernamental conservador.

Los indios bajaron de los cerros, recuerda Armando Amador, para castigar a los ladrones de sus tierras, radicados en las ciudades de León y Granada, fundamentalmente, pero fue poco el éxito militar obtenido por ellos, debido a la enorme maquinaria militar del Ejército conservador armado hasta los dientes, el cual, finalmente, los masacró en caseríos rurales  y montañas.

Por supuesto, comenta Amador, estos episodios de genocidio oligárquico burgués, son “olvivados” a propósito por los más “iluminados” historiadores conservadores y liberales, los cuales intentan hoy nuevamente algo parecido con la Revolución Popular  Sandinista, pues insisten en que “no pasó nada”, que fue “la noche oscura”, a pesar de que este acontecimiento revolucionario provocó admiración mundial.

Aquellos días de 1881 fueron fatales para la Nación, pues esta pacotilla de oligarcas conservadores vendieron el suelo nacional a precio de guate mojado para que aquí se instalaran los enclaves mineros, bananeros y madereros, en la Costa Atlántica, especialmente, donde saquearon a su antojo los recursos naturales nacionales, con los cuales seríamos hoy un país próspero, añade Armando Amador.

Su idea, según me dijo don Manuel Ignacio Pereira, fue creciendo cuando participaba al lado del General Francisco Parajón en la “Guerra Constitucionalista” contra los conservadores.

Durante esa contienda de guerra, obtuvo el rango de Coronel, lo cual le dio mayor influencia política. Esa influencia le sirvió para convertirse en Alcalde de Telica en 1926, me dijo Pereira Quintana mediante una entrevista en 1970.

Del General Parajón, liberal, obtuvo la promesa de apoyarlo en la fundación de un pueblo en las tierras presuntamente donadas por Larreynaga.

Según el mismo Pereira Quintana, días antes de poner en práctica su idea de fundar Larreynaga, hizo dos consultas finales: una con el abogado, amigo suyo, José Wenceslao Mayorga y la otra con el  general Anastasio Somoza García, quien ya se perfilaba como el dictador sangriento en ciernes.

Ambos le respaldaron la idea de fundar el pueblo en algún sitio donde reinaban el bosque y la fauna silvestre en 1936, dos años después del vil asesinato del General de Hombres Libres, Augusto C. Sandino.

Pereira se rodeó de algunos amigos cercanos, los cuales montaron en caballos y fueron a abordar el Ferrocarril en la Estación de Los Pocitos, rumbo al territorio de lo que sería, en poco tiempo, Larreynaga o Malpaisillo.

Don Manuel fue recibido en la estación de bandera  por Pedro Soza, el único ser humano que habitaba la casita de madera de la Estación de Las Banderas, en medio del bosque.

El poblado más cercano era el conocido Valle de Las Zapatas, existente hacía más de 50 años al Norte de la Estación de Las Banderas.

Pedro Miguel Soza, conocedor de aquellas enormes extensiones de tierras boscosas, repletas de cantos de pájaros, carreras de animalitos silvestres y regeneración natural de plantas de todo tipo, condujo a don Manuel Ignacio por entre bejucos largos y zarzas enredadas, hasta un sitio un poco ralo de árboles centenarios.

Soza, don Manuel y sus intrépidos invitados, iban abriendo brecha, aquella mañana, con machetes, más varias pistolas en las manos, por si acaso los sorprendía un tigre o un león en medio del aquel bosque exhuberante.

“Aquí me parece bien, para iniciar los trabajos de fundación del pueblo”, sentenció Pereira Quintana el primero de agosto de 1936, cuando eran las doce del medio día, rodeado sólo por Pedro Soza y los amigos que le habían acompañado hasta ese sitio.

Ese sitio era a unos 200 metros al sur de la Estación de Bandera, donde encontraron rastros de tigres, venados, sahinos, coyotes, cusucos y de guatusas, por donde es hoy el llamado Arbolito.

Soza, Don Manuel Ignacio y los invitados, chapodaron la maleza, dejaron listo el comienzo de lo que después sería la edificación de un nuevo conglomerado humano.

Por pedimento de Pereira Quintana, Coronado Solórzano, el Juez de Mesta del Valle de Las Zapatas, ubicado un poco al norte, regó la noticia de que se iban a regalar tierras en torno a la Estación de Banderas del Ferrocarril.

Llegaron numerosos hombres y mujeres, ávidos de un terrenito legal y un solar para construir una casita.

Durante una reunión a la orilla de la Estación, Pereira Quintana explicó a los recién llegados que a los realmente interesados se les iban a regalar lotes de tierra de cinco manzanas a cada uno, hombres y mujeres, más un solar amplio.

La noticia de la idea de fundar un poblado corrió como reguero de pólvora hacia el mismo Telica, a El Sauce, Achuapa y las comunidades ya existentes en este territorio de Malpaisillo, donde abundaban las grandes extensiones de tierras con dueños que no les daban uso, en medio de los bosques.

Aquellas primeras reuniones fueron emocionantes. Surgió la pregunta, formulada a Don Manuel, sobre cómo se harían las medidas de los lotes en medio del bosque. “Ya veremos. Eso se resuelve de cualquier manera”, respondió el Alcalde teliqueño.

Según Ramón Urbina Betanco, hombre de más de 70 años actualmente, señala que entre los primeros en apuntarse a agarrar tierras en Larreynaga fueron su familia Urbina, encabezada por Rogelio; Raymundo Escorcia, Vicente Meza, Guadalupe Solís, Pablo Salazar, Martin Meneses, Herminia Sarria, los Morales, Morón, Matamoros Mendoza, López, Granados, Cisneros, Ríos, Centeno, entre otros.

Comenzaron los trabajos de derrumbamiento de  árboles para dar forma a los primeros solares. Las hachas empezaron a producir un sonido con eco intenso en el bosque, lo que anunciaba la aparición de un nuevo poblado y la pronta desaparición del bosque y sus miles de animales de cuatro patas, rastreros y aves como los pavones, zanates, codornices, cóndores, zopilotes, lechuzas, gavilanes, etc.

Ya se habían construido algunos ranchos, al mejor estilo campesino, con madera del mismo bosque, en otros, los de: los de María Madrigal, Raymundo Escorcia, Guadalupe Solís, en las cercanías de lo que se conocería después como El Arbolito;  tambin se habían levantado los ranchones de los Urbina y del mismo Don Manuel Pereira Quintana, frente adonde posteriormente sería la Plaza Central y Parque.

Estos nuevos vecinos, todos muy pobres, descalzos y en harapos, se alumbraban con ocotes encendidos, recuerda Aparicia Pereira Herrera, quien entonces tenía ocho años y acompañaba a su padre, Manuel Ignacio Pereira Quintana.

La comida era una combinación de frijolitos con animales cazados en el bosque todavía vírgen, más una tortillita hecha al calor del comal de barro, calentado con el fogón de varitas secas del bosque.

Se acercaba septiembre. Pereira Quintana divulgó ampliamente su proyecto de fundación del pueblo, en un lugar que consideraba excepcional por lo parejito, sin lomas, ni zanjones, aunque boyante de bosque, según me confió antes de fallecer.

Aún sin fundar el poblado, le comenzaron a llegar a Don Manuel  Pereira Quintana los augurios terribles de que Gabriel Salamanca y Federico Derbishire, dos poderosos terratenientes de León, amenazaban con incendiar los nuevos ranchos en medio del bosque.

También le tenía temores fundados al Cerro Negro, ubicado a menos de cinco kilómetros al Sur de donde estaba erigiendo una nueva comunidad humana, porque en ese sector ya se le tenían miedo a sus retumbos, a las gigantes columnas de cenizas, y a los vómitos infernales de magma al rojo vivo.

Además, personalmente había ido a ver la enorme capa de piedra “malpai” negra, originada de la erupción del Cerro Negro en 1850, que como anuncio fatídico se extendía una colada gruesa, negra, hiriente y prolongada hacia el lado en que se estaba levantando el nuevo poblado.

Cabe referir aquí, para la memoria histórica de Malpaisillo que las erupciones del volcán Cerro Negro en 1948 y 1950 fueron de las más violentas hasta ahora registradas por que durante ellas vomitó cantidades enorme de lava, la cual, precisamente,  formo la sábana negra de piedra “malpai” que se extiende en casi cinco kilómetro cuadrados entre la falda Norte de este coloso volcánico y los alrededores de ciudad de Larreynaga.

 Según registros históricos del Instituto de Estudios Territoriales (INETER), el volcán Cerro Negro ha tenido erupciones en 1850, 1867, 1899, 1914, 1923, 1947, 1950, 1954, 1957, 1960, 1968, 1969, 1971, 1992 y 1995

Una de las erupciones más violentas fue la de 1971, cuando sus cenizas gases y humo se elevaron a 5000 metros de altura.

Según Squier y datos recogidos por historiadores nacionales, el volcán Cerro Negro era apenas una colinita de 50 metros de altura, cuando inició sus erupciones en 1950. Hoy tiene, siglo  y medio después, más de 800 metros de altura por el apilamiento de arena, cennizas, piedras menudas y medianas, rocas y piroclastos, que se ha ido apelmazando en tono a su cráter original.

Volviendo con don Manuel Ignacio Pereira Quintana, le aterraba pensar que una erupción volcánica terminara con el pueblo que estaba fundando. En frente, en el mero costado Sur del bosque, estaba el Cerro de Rota, tan amenazante  para don Manuel Ignacio como el Cerro Negro. Sin embargo, siguió adelante.

Convenció a autoridades municipales, eclesiales, políticas y militares de León y Telica, para que acudieran a la inauguración formal de los trabajos de fundación el seis de septiembre de 1936.

También sus amigos y admiradores se apuntaron para ese acontecimiento, ocurrido durante casi todo el día seis de septiembre de 1936, según afirmaciones del mismo Pereira Quintana.

Hace más de 20 años me relató que a esa inauguración acudieron más de 400 personas, llegadas en varios vagones del tren de León, Telica y comunidades vecinas al nuevo poblado, entre ellos del Valle de las Zapatas.

Acudieron como invitados, entre otros, el General Jos María Sobalbarro, jefe político de León; Coronel Francisco Parajón, jefe del Area Occidental; el Alcalde de León, en ese momento, Rosendo Mayorga Valle; por supuesto, el abogado y amigo suyo José  Wencelao Mayorga, y los cofundadores: Cruz Antonio, Rogelio y Juan Urbina; Alfonso Arbizú, Lorenzo Salazar, Francisco Zapata, Raymundo Escorcia, Pastor Salazar y Gregorio Barberena.

También le acompañó su hija Aparicia Pereira Herrera, quien en esos días tenía apenas trece años.

Cuando eran las dos de la tarde, un sacerdote ofició una misa campal a la orilla de un  árbol de güiligüiste (hoy llamado Arbolito), donde fue colgado el retrato de Miguel Larreynaga Balmaceda, dando así por inaugurados los trabajos de construcción del nuevo pueblo nicaragüense.

Visitantes y futuros pobladores chapodaron la maleza, derrumbaron  árboles, mataron serpientes, charlaron sobre lo que sería el nuevo pueblo, cómo podía desarrollarse mejor, quiénes les darían apoyo y cuáles eran los peligros que se acechaban en esa zona del noreste leonés.

Hubo comida con sabor campestre. Las guitarras, mandolinas y acordeones echaron sus sones al viento, al interior del bosque y a lo mejor provocaron la atención de los animalitos silvestres. Los troncos, producto de la limpieza ya avanzada, no impidieron que algunos echaran una bailadita al calor de algunos traguitos.

Ya se habían hecho algunos caminitos hacia la “estación de bandera”, por donde habían entrado los invitados a la inauguración oficial de los trabajos de fundación de LarreynagaMalpaisillo.

Fue el mismo Pereira Quintana quien casi inmediatamente bautizó al pueblo con su segundo nombre: Malpaisillo, debido a que en esos mismos días, según me dijo, descubrió que esta palabra y nombre ya eran de uso común para identificar las  piedras negras (“malpai”, lava convertida en piedra) de las cercanías del Cerro Negro.

Se puso de moda una discusión sobre la “piedra malpai” del Cerro Negro, debido a que algunos intentaban usarla, sin éxito al mismo tiempo, para construir cercos o arranques de casas en aquellos días, me contaba Don Manuel.

¿Ha visto usted, estimado lector, las coladas de piedras “malpai”, erizas, filosas, cortantes, tan negras como el “contil”, de la llamada “Piedra Quemada” de las cercanías de Masaya?

En Masaya, en el costado Norte del Volcán Masaya (más conocido como Cráter del Santiago) se puede apreciar una sabana extensa de “Piedra Quemada”, exactamente encima de la Caldera de este célebre coloso de la continuidad de la Cordillera de los Maribios.

Parecida a esta inmensa sabana negra de Masaya, con puntas largas y filosas como de Puerco Espín, son las que también se aprecian de Sur hacia el Norte del Volcán Cerro Negro, yendo hacia la sabana de Malpaisillo.

Por tanto, el sobrenombre o apodo es razonable, bien puesto, digo yo.

Me imagino que los carreteros, viajantes hacia San Francisco Libre, El Sauce, Sébaco, Jinotega, Estelí o Matagalpa, de algún modo usaban esa “piedra malpai” y la conocían perfectamente, porque en las cercanías de este lugar “sesteaban” con sus carretas mientras se dirían con mercancías hacia los sitios mencionados, procedentes de León y otras poblaciones del Occidente del país.

Poco a poco, en aquellos meses de 1936, el mismo Pereira Quintana y sus amigos fueron acuñando, al mismo tiempo, la palabra Malpaisillo y la gente comenzó a llamarle también

Malpaisillo, al extremo de que unos años más tarde, la mayoría de la gente usaba más este nombre en vez de Larreynaga.

II

“Repartidor de tierras… Sos comunista”, le acusaban terratenientes y Somoza García

 Muy pronto surgieron los clavos políticos para el fundador de Larreynaga, pues los nacientes terratanientes de la zona y de León, comenzaron a tildarlo de “comunista” porque había regalado tierras a centenares de familias, y lo amenazaron con echarlo preso y quemarle los ranchos ya construidos en Malpaisillo.

Aparecieron reclamando los terrenos como suyos dos terrateniente llamados Federico Delbishiri y Gabriel Salamanca, quienes, además, profundizaron la campaña política anticomunista contra Pereira Quintana, al extremo de que lo llamaban “bolchevique”, “comunista”, “servidor de la “cortina de hierro” de la Unión Soviética.

Pereira Quintana me dijo que estos dos terratenientes eran “pipitos” de las más altas autoridades gubernamentales y del clero de León (¡siempre los curas católicos sirviendo a explotadores¡)  y, por supuesto, amigos del asesino de Sandino, el tirano genocida Anastasio Somoza García.

Otro de sus atacantes fue el Obispo de León, Monseñor Isidro Augusto Oviedo y Reyes, quien, presuntamente, tomó partido en su contra pretextando que la construcción de la iglesia católica se estaba haciendo lejos de la Estación del Ferrocarril. Oviedo y Reyes era acusado en esos días de haber “traicionado” a su amigazo Oliverio Castañeda, asesinado por la guardia de Somoza en el Barrio San Felipe, después de protagonizar varios escándalos con las “damitas distinguidas” de los terratenientes y burgueses leoneses.

Para enmascarar sus ataques verbales y sumarse al concierto de “sos anticomunista”, “hay que quitarle esas tierras a Manuel Ignacio”, “las casas de Malpaisillo deben ser quemadas ahora mismo”, el Obispo Oviedo y Reyes, exigió que su iglesia fuese construída a unas 100 varas de la Estación del Ferrocarril, en Malpaisillo.

Pereira le respondió que en todos los pueblos viejos y nuevos, las iglesias estaban construídas o se estaban edificando en el sector del parque y la plaza principal de la Ciudad, tal como se estaba haciendo en Malpaisillo. Esta enemistad del Obispo Oviedo y Reyes  duró más de cinco años en contra de Pereira Quintana.

Además de introducir una demanda judicial para despojarlo de los terrenos, Delbishiri y Salamanca casi provocan una tragedia dentro del primer pozo que estaba siendo excavado para obtener agua frente adonde es hoy el Parque Central de Malpaisillo.

Según Ramón Urbina Betanco, Delbishiri mandó a varios matones suyos con la misión específica de que, si era posible, mataran al hombre que estaba haciendo la excavación a casi 50 de varas de profundidad, frente al terreno en que se construiría el Parque.

El excavador del pozo comunal era Francisco Ríos, de Telica, amigo de Don Manuel Ignacio Pereira. Uno de los matones descargó una parada de tiros calibre 38 hacia el interior del pozo, pero milagrosamente ninguna de las balas dio en la humanidad de Ríos, porque, se asegura, el matón disparó con miedo y los tiros se hundieron en la pared del pozo.

Ríos exigió custodia para poder seguir haciendo el pozo. Esto obligó a Pereira a buscarse cuatro hombres armados con rifles 30-30, para que respondieran ante cualquier agresión física o militar.

El pozo comunal, ubicado en un solar que es hoy de Benigno Reyes Palacios, fue inaugurado después con la presencia de Monseñor Germán Zapata Guerrero, prelado de León, exactamente un año después de la fundación.

Mientras tanto, un doctor Granera, propietario de la Hacienda El Almendro, en el Valle de Las Zapatas, amigo de Pereira Quintana, convenció a un ingeniero civil hondureño, Carlos

Alvarado, para que ayudara al fundador en el trazado de las dos  calles principales del pueblo, con el auxilio de pobladores jóvenes del mismo Valle de Las Zapatas, todos ellos llevados por el Juez de Mesta.

Este ingeniero estaba residiendo en el Valle de Las Zapatas, recuerda Ramón Urbina Betanco, quien ayudó en las medidas del trazado de las dos calles principales, en una de las cuales estaba El Arbolito, del cual se colgó el retrato de Miguel Larreynaga.

Delbishiri siguió accionando judicialmente y con provocaciones directas, con intenciones de arrebatar las tierras a los nuevos pobladores, y algunas autoridades de León entraron también en acción, anunciando que echarían preso a Pereira Quintana y le prenderían fuego a los ranchos de palmas del nuevo pueblo.

Anastasio Somoza García se había hecho también eco de las acusaciones de “comunista” contra el fundador del poblado, pues los terratenientes, como Delbishiri, seguían afirmando que el reparto de tierras sólo la hacían los “comunistas” detrás de “la cortina de hierro” en la Unión Soviética, o el Partido Comunista Ruso de Bladimir Ilich Lenin y Josef Stanlin.

Somoza García llamó a Pereira a su despacho en Managua, en la “Casa Presidencial” o cueva de torturadores,  donde le dijo que abandonara esas tierras de Malpaisillo, “pues son de particulares, no son de Telica, porque de lo contrario te acusarán y meterán preso, o también permitiremos que quemen las casas de ese poblado si no hacés un desalojo inmediato de ese sitio”.

Somoza García le agregó: “Yo no he autorizado el reparto de tierras a pobres…Vos sabés que allí hay gente que reclama por tu conducta de estar regalando lotes”.

El fundador no respondió nada y se regresó a Malpaisillo. Pereira se dedicó a buscar el título original dejado por Miguel Larreynaga Balmaceda, cuyo paradero en aquellos días era un verdadero misterio, porque el Prócer no había dejado informes sobre a quién se lo había dejado, según me dijo Pereira Quintana antes de fallecer en 1982.

Finalmente lo encontró en poder de la Comunidad Indígena de Subtiaba y lo presentó en un Tribunal de Justicia de León, con lo cual derrumbó todas las aspiraciones de Delbishiri y Gabriel Salamanca, quienes ya tenían en su poder grandes extensiones de tierras en las cercanías del Valle de Las Zapatas.

Delbishiri y otros terratenientes continuaron las acusaciones de que Pereira Quintana era “comunista”.

El propio Pereira Quintana, en esos días, se construyó su casita frente a lo que sería el parque. Algunos dicen hoy que se reservó para él unas cuantas hectáreas de buenas tierras, aunque él siempre lo negó.

Poco a poco se iban midiendo los lotes de cinco manzanas, más los solares, la mayoría de los cuales son solarones en que se podían construir casas y sembrar árboles frutales.

El pueblo se fue agrandando. Los  árboles caían por centenares para dar paso a la gricultura. Estos  árboles derrumbados dieron lugar a un negocio de venta de maderas preciosas, las cuales salían de los solares hacia los vagones de carga del Ferrocarril, recuerda Ramón Urbina Betanco.

Se puede afirmar que esta fue, de algún modo, la primera manifestación comercial en Malpaisillo, que ayudó a crear los primeros fondos para ir haciendo el capital familiar de los nuevos pobladores.

El tren pasaba temprano para el lado Este, rumbo a El Sauce y Río Grande, con cuyas poblaciones se empezaron a establecer negocios de compra y venta de madera y objetos necesarios para los nuevos hogares.

La madera, mayoritariamente, iba a venderse a León, Ciudad que demandaba erigir nuevos vecindarios, o porque miles de familias demandaban materiales de construcción para levantar sus viviendas o reparar las ya existentes.

Detrás del derrumbe de miles de árboles, fueron apareciendo los siembros de frijoles, maiz, trigo, yuca, ayotes, sandías, etc., todos los cuales se daban en forma excepcional, porque las tierras estaban potentes, eran de excelente calidad, ubicadas en un valle-sabana parejito.

Cultivar estos siembros, en esa época, era rentable, pues las mazorcas del maíz, por ejemplo, eran enormes y la cantidad de quintales por manzana era respetable. Con una buena cosecha, daba para vender, obtener fondos, aunque fueran modestos, y quedaban granos almacenados en las “torrijas” para la comida familiar en todo el año.

Esta nutrida producción podía verse entre 1941 y 1946, describe en su relato Urbina Betanco. En esos días, recuerda Urbina, tenían su negocio de comida en la Estación Vicente Pedro Miguel Meza y Josefa Poveda, lo cual dio origen a este tipo de negocio callejero.

En esos años la Estación ya había sido ensanchada, pues la cantidad de pasajeros y de carga demandaba un servicio con más empleados y mayor capacidad de los vagones del Ferrocarril, me relató Don Manuel Ignacio Pereira Quintana.

A pesar de las acusaciones reiteradas en las esferas oficiales, Pereira Quintana, apoyado por pobladores, logró que mediante un decreto legislativo su recién fundado pueblo fuese elevado a Municipio  el 11 de agosto de 1944, convirtiéndose Manuel Ignacio Pereira Quintana en el primer Alcalde del poblado.

 Abandonó sus obligaciones edilicias en Telica y se trasladó definitivamente a Malpaisillo con todo y parte de su numerosa familia.

Al naciente Malpaisillo no le fue posible evadir el funesto y criminal auge algodonero, el cual empezó a imponerse más o menos en 1948.

Se empezaron sembrando de cinco a diez manzanas por cada uno de los agricultorers. Igualmente que con los cultivos mencionados, el algodón crecía enorme y daba gran cantidad de motas, debido a que las tierras estaban excepcionalmente buenas.

En esos primeros años los cultivos de algodón dieron resultados formidables a sus cultivadores, lo cual originó el fenómeno natural de enriquecimiento de propietarios con las más grandes extensiones de suelos.

Grandes extensiones de tierras de Malpaisillo pasaron a formar parte de las 250 mil manzanas dedicadas al cultivo del algodón de León, Chinandega, Managua, Rivas, Masaya y Granada, en las cuales hubo no  menos de 350 mil obreros cortadores de la mota blanca, algunos provenientes de El Salvador y Honduras. Algunos historiadores sostienen que la cifra de obreros agrícolas, cortadores de algodón, sobrepasó los 400 mil, especialmente por la consideración de que en torno a este rubro se movían trabajadores en las desmotadoras, en la elaboración de las pacas, en el procesado de la semilla para aceite y en el transporte hacia el Puerto de Corinto.

Este fenómeno incluyó a los pobladores de Malpaisillo y de sus comarcas ya existentes.

III

Propiedades barridas

La pequeña y mediana propiedad “fueron barridas” por los nuevos latifundios algodoneros, los cuales se impusieron con guardias o sin guardias, con permiso o sin permiso de los dueños, pues los nuevos y antiguos ricos llegaban a cualquier sitio de León, Chinandega o Managua, a decir  ante los finqueritos “vendeme esa tierra, para sembrar algodón” y aquello era una orden, que detrás tenía el amparo de la dictadura somocista y de la guardia genocida.

La otra manera de imponerse era endeudando a los finqueros pequeños con préstamos que no podían pagar y a la vuelta de cuatro o cinco año, perdían sus fincas, las cuales iban a parar a las manos de Mauricio Gurdián, Marcelo Langrand, Federico Argüello, Edgard Lacayo, César Arana, Flix Pedro Alfaro u Oscar Galo.

Estos cultivos del algodón motivaron asimismo un crecimiento acelerado de la construcción de casas en el casco urbano, de la aparición de manifestaciones de lujo en un reducido grupo de propietarios privados, compra de tractores, vehículos particulares y de transporte colectivo y, por supuesto, una mano de obra obrera agrícola de unos diez mil hombres y mujeres a sueldo en los algodonales y otras formas de cultivo en Malpaisillo y sus alrededores.

La producción de algodón motivó la aparición de un nutrido comercio interno del casco urbano de Malpaisillo hacia el Campo y del Campo a la Ciudad, al mismo tiempo, según decía el mismo Pereira Quintana, el fundador, quien por cierto, mientras tanto, permaneció relativamente  pobre y de algún modo todavía cargando el estigma de “comunista”, inventado por Somoza  García, Derbishire y resto de sus enemigos para destruirlo.

Se hicieron comunes las tiendas, en esta época algodonera de (más o menos) 1948 a 1976, las misceláneas, las ventas de pantalones, camisas, vestidos, de granos básicos importados de otros lados, medicinas sin recetas médicas, trastos de cocina, cosméticos para las mujeres del Campo y la Ciudad, los prostíbulos de “Pablino” y “Chepe” Poveda  con mujeres bonitas y feas abundaron en algunos sitios de la nueva Ciudad, y también se hicieron comunes las presuntas apariciones misteriosas de “Ceguas”, “Carretas Naguas”, “Cadejos”, “monas robando gallinas” y asuntando campesinos, “hombres sin cabezas”, el “Caballo de Arechavala” en las calles de  León y Malpaisillo; de todo ésto trajo el algodón a Malpaisillo, de todo lo cual no se volvió a hablar cuando este cultivo desapareció. (¿Fueron inventados estos espantos por la burguesía vende-patria, los curas y terratenientes, para mantener atemorizados a los obreros agrícolas y población en general?)

Valga decir, antes de continuar esta parte de la influencia algodonera, que mientras tanto don Manuel Pereira Quintana, siguió siendo perseguido polticamente, a pesar de que el poblado ya había “tomado vuelo” desde su fundación.

El, don Manuel Ignacio, me contó en varias ocasiones que políticos leoneses y el mismo Somoza Garca continuaron la campaña de  “sos comunista” en su contra, para lo cual utilizaron sistemticamente  a Raúl Valle Molina y Félix Pedro Alfaro, el primero convertido en terrateniente algodonero, patrón inmisericorde en contra de obreros agrícolas, ganadero, comerciante usurero y político somocista despiadado y el segundo en el politiquero somocista barato del pueblo.

Valle Molina llegó a proclamar públicamente que él era el fundador de LarreynagaMalpaisillo y no Pereira Quintana, cuando en realidad Valle Molina llegó al pueblo después de 1950, igual que Alfaro y los demás políticos somocistas como Antonio Urbina Debayle, personaje funesto y criminal, que se convirtió en el jefe de los asesinatos en contra de opositores al somocismo y especialmente miembros del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Otro algodonero, latifundista, comerciante y patrón brutal fue Benigno Reyes Palacios, quien fue Alcalde somocista y represor de pobladores al amparo de la Guardia Nacional genocida del somocismo.

Entre los primeros omerciantes fuertes, propietarios de tiendas de ropa confeccionada, abarrotes y venta de instrumentos para la agricultura y la ganadería, se cuentan Julio Castillo y Juan José “El Tico” Jiménez, me recuerda Ramón Urbina Betanco, refirindose a esta poca del auge algodonero.

Después aparecen como destazadores de ganado Demetrio y Pedro Barreto y Luis y Lizandro Parajón. Posteriormente, aunque no hay fecha exacta, aparece como comerciante más fuerte el mismo Raúl Valle Molina, ya mencionado, quien se convertiría en el diputado local del régimen genocida de los Somoza.

Pereira Quintana, mientras tanto, seguía defendiendo su obra contra los embates de terratenientes y politiqueros leoneses y locales y luchando para que el Congreso Nacional se lo declarara pueblo primero, municipio en agosto de 1944 y Ciudad posteriormente.

Antes de esta ya vida complicada de Ciudad naciente, después de la declaración de municipio, finalmente, relata Pereira Quintana, fueron convocadas elecciones en el mismo agosto de 1944 para elegir autoridades municipales.

Sin muchas complicaciones, Pereira Quintana gana las elecciones y se convierte en el primer Alcalde de Malpaisillo, cargo que había ejercido desde 1925, por varios periodos en Telica, su ciudad natal, ubicada en el costado Norte de León.

Trasladó a su familia de Telica a Malpaisillo y él tambin se convirtió en agricultor, además de ejercer las funciones de Alcalde.

Eran tiempos difíciles, pues ejercer ese cargo en un pueblo nuevo resultaba muy complicado, porque todo se estaba haciendo nuevo, el gobierno municipal, las calles, una nueva identidad de pobladores, un nuevo pueblo abriéndose paso en el concierto económico, social, agrícola, comercial y cultural del país.

Pronto, demasiado pronto, surgieron también los celos políticos y algunos de sus mismos protegidos, beneficiados por la fundación del pueblo, empezaron a atacar a Don Manuel Ignacio Pereira, por distintas razones, entre otras, por la centralización del poder y que seguía siendo “comunista”, lo cual siempre rechazó.

Sus dos principales atacantes polticos locales eran Raúl Valle Molina y Flix Pedro Alfaro, uno diputado y el otro senador, incondicionales de Somoza García.  Sus detractores políticos logran desalojarlo de la incipiente Alcaldía en 1947, tres años despus de su elección, y nombran a Salvador Narváez, otro de los enemigos políticos de Pereira Quintana.

Este duró cuatro años en el cargo, cuando estaba en su apogeo una nueva poderosa erupción del Cerro Negro, el cual, para alivio del fundador Pereira Quintana, lanzaba las toneladas de arena y cenizas hacia el Oeste y no al Norte, donde está  la ubicación de Malpaisillo.

Ya en esos años el algodón se había “comido” los bosques periféricos del nuevo poblado de Larreynaga, y habían aparecido algodoneros con grandes capitales y extensiones de tierras como Mauricio Gurdián, Yader Avilés Icaza, Oscar Galo, Félix Pedro Alfaro, Benigno Reyes Palacios, los Urbina y otros.  Con el algodón se volvieron comunes los tractores y los tráilers en las calles polvorientas y lodosas de Malpaisillo, ya fuese con trabajadores o cargas de algodón hacia la Estación del Ferrocarril, especialmente antes que apareciera la carretera León-San Isidro, la cual fue construida hasta en 1968.

Una anécdota histórica interesante es que cuando llegó el primer tractor a Malpaisillo, antes de 1960, específicamente llevado por Félix Pedro Alfaro a su casa, se formó una tremenda alharaca de pobladores urbanos y campesinos para ver personalmente el tractor marca Ferguson.

 Los pobladores se subieron a los techos aledaños y a los árboles, para ver el tractor, que estaba dentro del patio de la casa de Alfaro, donde, al mismo tiempo, ya funcionaba el Cine local.

Algo parecido ocurrió cuando aparecieron los primeros aviones fumigadores echando chorros de veneno sobre los algodonales, mientras las aves y animales terrestres caían envenenados.

Las cargas de algodón iban a la desmotadora local, donde centenares de trabajadores sudaban la gota gorda, para que el algodón fuese convertido en pacas para la exportación y la semilla para consumo del ganado o convertirla en aceite.

Eran los días en que el Sindicato de Obreros Algodoneros, en las desmotadoras, era presidido por Virgilio Silva, quien supuestamente, se inclinaba hacia los intereses de los propietarios de latifundios algodoneros.

IV

Infierno algodonero

Cuando yo llego  a Malpaisillo en 1967, adolescente, convertido en peón de los cortes de algodón, los conflictos entre los patrones algodoneros y los cortadores de la mota blanca, eran muy enconados, porque los amos y sus capataces hasta azotaban a los obreros en las orillas de las terrazas o en los sitios donde se colocaba “la pesa ladrona”.

Los cortadores se quejaban de que les robaban en la pesada de los sacos, debido a lo cual habían enfrentamientos con los capataces y pesadores de los sacos del algodón, que en algunos casos llegaban a los golpes o sencillamente el capataz azotaba al obrero, especialmente si eran mujeres.

Una de las primeras tareas que hice en los algodonales de Mauricio Gurdi n y Benigno Reyes Palacios eran las “deshijas”, la chapoda de las terrazas, lo cual se hacía “por tarea” y después me enrolé en los “cortes de mota blanca” directamente.

Despus me convertí en trailero o cargador de sacos de algodón en los trailers hacia las desmotadoras de Malpaisillo: Almazán o FECOMSA, San Jacinto y ANSCA de León. La de Malpaisillo era de una sociedad, integrada por José Federico Argüello, Edgard Lacayo, César Arana, Óscar Galo y Marcelo Langrand, y de ella hoy sólo quedan los escombros. De esta desmotadora salían entre 180 y 200 pacas de algodón diariamente, hacia el Puerto de Corinto, sin incluir una enorme cantidad de algodón en rama que se llevaba todos los días a las desmotadoras de San Jacinto y ANSCA de León.

Todas estas tareas comenzaban en Malpaisillo a las cinco de la mañana y terminaban a las seis de la tarde y siete de la noche, bajo sol intenso, mientras los potentados algodoneros llegaban en camionetones de lujo a los plantíos o tan sólo se presentabana en las sedes de las fincas algodoneras de vez en cuando, con ímpetus de magnates o gamonales.

Esta fue una de las etapas económicas más importantes de Malpaisillo, pues fue determinante para la aparición de una fuerza laboral impresionante, quizas de más de diez mil trabajadores temporales y de todo el año, y a la vez de una minoritaria pujante burguesía algodonera en este nuevo poblado y Municipio de Nicaragua.

En medio de ese infierno algodonero, tuve enfrentamientos serios con los capataces mencionados por el trato que nos daban, lo cual incluía pasar echando toneladas de venenos mientras nosotros, los obreros agrícolas, deshijábamos algodón o cortábamos la mota blanca.

Ya entonces, yo sostenía que los plaguicidas estaban intoxicando los suelos, matando los microorganismos o seres vivos vitales para la transformación natural del suelo, y más me disgustaba cuando al retornar a mi casita, las galllinas se habían muerto después de la pasada del avión fumigador.

Esa pujanza del algodón acarreó, al aparecer la carretera en 1968, una competencia comercial a muerte entre propietarios de autobuses, camionetas, taxis interlocales y el Ferrocarril, el cual, poco a poco, fue siendo utilizado sólo para transporte de carga entre Malpaisillo y León, y de transporte esencial para los más pobres, los que siempre viven arrinconados o abandonados por los gobiernos de derecha.

Para salirme de los algodonales, me convertí en cobrador de camionetas de pasajeros, entre otras, la de Timoteo Flores y posteriormente en taxista interlocal, durante un poco más de año.

Conducir taxis interlocales entre Malpaisillo y León por  un año, me produjo el capital invaluable de conocer mucha gente de las comarcas y del casco urbano de Larreynaga o “Malpaisillo”.

Esos taxis acarreaban estudiantes, comerciantes, trabajadores agrícolas, sacos de algodón, perros, cerdos, garrobos, gallinas, venados, cusucos, los últimos mapachines que quedaban, todo lo que se podía, con tal de ganar un sueldito cercano a los 20 córdobas diarios para sus conductores.

En estos años del 69 al 70 comienza el declive acelerado de los cultivos de algodón, por una doble razón, según se ha sostenido, baja en los precios internacionales y porque las tierras ya estaban cansadas, a lo cual se agrega: tierras destruidas, pues estos arrogantes cultivadores del oro blanco arrasaron los árboles, envenenaron los suelos, cansaron los terrenos con el monocultivo, contaminaron las aguas superficiales y subterráneas, mataron animales silvestres, tanto rastreros como aves y acuáticos, todo lo cual dio como consecuencia que hoy sean improductivas las mejores tierras que hubo en Nicaragua.

V

Crímenes sin castigo

A ésto le llamo yo “Crímenes sin castigo”, pues nadie ha castigado a  estos criminales algodoneros por esta destrucción y a los somocistas genocidas tampoco se les cobró esta cuenta que hoy nos tiene con hambre a todos los nicaragüenses pobres, especialmente a los que viven allí en esas tierras que fueron prodigiosas en Malpaisillo.

En ellas, en esas tierras, varios centenares de finqueros pequeños y medianos, desafiando a los poderosos cultivadores de algodón, sembraban siempre, cada uno, sus 20, 30 ó 40 manzanas de frijoles, maíz, trigo, yuca, ayotes, sandías.

También criaban ganado, cerdos, gallinas para los huevitos, mientras los plaguicidas mataban a esos animalitos, y al mismo tiempo aparecan intoxicados y muertos numerosos seres humanos.

Mientras el algodón brilló como medio principal de producir dinero para los pocos ricachones explotadores, y varios miles de obreros tenían empleo, aunque fuese temporal, brillaron también las casitas nuevas, pintadas allí en el casco urbano y de algún modo asimismo en el campo.

Eran comunes los rótulos anunciando negocios, tiendas en que se vendían ropa confeccionada, tanto fina como para usarla en los cortes de algodón, como los Blue Jeans (azulones y de dril), las camisas de manta y de dril, mangas cortas y largas, de todos colores, las camisitas de dracón para las fiestas, los zapatos burros, los zapatitos de cuero, telas, botas, los calzones baratos para las mujeres, los calzoncillos largos y cortos, de manta y finos, para los hombres.

Florecieron, me acuerdo, las sastrerías y costurerías en las cuales los cortadores de algodón y trabajadores de otro tipo, dábamos a confeccionar nuestros pantalones, camisas, vestidos, gorras, viseras, sombreros de trapo, fajas forradas.

Los pantalones y camisas, recuerdo, debían tener botones gruesos y de hueso, para que resistiesen los embates del saco de algodón, mientras éste era jalado en los surcos llenos de espinas  de bledo, “espinos negros” y “pica pica”.

En todo este período de los cultivos y cortes de algodón florecieron asimismo las ventas de galones plásticos, de calabazos de jícaros, para echar el agua que uno llevaba al plantío de algodón, porque ni ésto facilitaron nunca los voraces ricachones explotadores dueños de los algodonales.

En estos tiempos de bonanza, a costa de la destrucción de los bosques y suelos, en estos pueblos algodoneros como Malpaisillo, florecieron igualmente los aperos para caballos, pues gran cantidad de los cortadores de algodón eran también antiguos finqueros dejados en la pobreza, sin sus tierras, por los despojadores de tierras, que eran los mismos algodoneros.

Muchos cortadores pobres, sin solares y con sólo una casita en el casco urbano, también se dotaban de caballos, por si acaso les tocaba ir lejos a cortar aldogón.

En esos viajes no debía fallar el calabazo o galón de agua, la cual salía contaminada con cal y heces fecales del pozo artesiano del sistema de “agua potable” y de los pozos en los solares de Malpaisillo.

No debía fallar, por supuesto, el morralito de frijoles cocidos, un pedazo de tortilla y una masa de tiste o pozol, en el cargamento del cortador de algodón, el cual, frecuentemente, debia compartir su poquito de comida con aquél que no había podido comprar su comidita.

Eran comunes los adolescentes, jovencitos, cortadores de tres a cuatro quintales diarios, lo cual les daba “el lujo” de guardar un poco de dinero para la siguiente semana. Esto permitía comprar refrescos, golosinas y comida, que era vendida por mujeres humildes del pueblo.

Los pobladores de aquellos días en Malpaisillo, trabajaban mucho, de Sol a Sol, como se dice popularmente. Al final de la tarde, la inmensa mayoría de ellos, convertidos en obreros agrícolas, hedían a “sahíno” (cerdo  o chancho de monte)  porque durante el día habían sudado como si estuviesen dentro de una sauna.

Los obreros cortadores de algodón que llegaban de El Salvador u Honduras, por ejemplo, dormían como animales en cualquier parte, tal vez en las rondas de las fincas en que ya se había cortado el algodón, pues “ni quiera Dios, aparecieran asomomándose por donde el algodón estaba entero, les podían pegar un tiro y, por cierto, nadie decía nada, porque la vida de  esos cortadores de algodón, valía menos que la de un perro del patrón o patrones”.

Los hombres, después de llegar tan sudados, como si hubiesen tenido una pelea de “gladiadores romanos”, se limpiaban el cuerpo con un trapo húmedo, para irse a dar una paseadita por las aceras de las tiendas, por las pulperías, por la siempre alegre Estación del Ferrocarril y a las cantinas de prostitutas de “Pablino” y “Chepe” Poveda, donde iban a dejar parte del dinero ganado con tanto sacrificio en la semana.

Así era el mundillo creado a propósito por los politiqueros  locales, serviles de los grandes gamonales del algodón de León y del somocismo, por supuesto.

En las madrugadas de los días laborales, de lunes a sábado, eran comunes los ruidos de los tractores, camiones y camionetas, para transportar a los cortadores que iban a sitios alejados del casco urbano, y que al terrateniente algodonero le era imperativo transportarlos hasta su finca algodonera.

Los “pitazos” o sonidos de las bocinas de los camiones, camionetas y jeeps, ya comunes en la década del 60, comenzaban a las cuatro y media de la mañana, para que los cortadores estuviesen subiendo a los vehículos a las cinco de la mañana.

A esa hora, al mismo tiempo, mientras el ajetreo mañanero era apresurado, se contaban las historias con sabor anecdótico de la noche anterior, que podía ser sobre cómo “la Cegüa me salió en la esquina del tanque de agua”,  o “me robaron donde las putas”, “no me dejaron entrar a la casa porque llegué bolo”, etc.

En esos años, en las madrugadas, eran también comunes los pitazos de los autobuses y camionetas de pasajeros, apresurando a los comerciantes y estudiantes que iban de viaje a León, a El  Sauce y Achuapa, ya fuese por actividades comerciales, “mandados cualquieras” o porque todos los días iban a estudiar en colegios de secundaria de León.

Los pagos a los cortadores de algodón, en zafra plena de diciembre a marzo, se efectuaban cada quince días o cada semana, según las modalidades impuestas por los mismos patrones algodoneros, los cuales no siempre eran cumplidos en la entrega del salario miserable de los cortadores, quienes nunca fueron beneficiados con Seguro Social, ni otras prestaciones sociales.

En los fines de semana, especialmente el sábado en la noche y los domingos todo el día, los obreros agrícolas acudían en masa a las cantinas a beber licor, guarito lija.

Esas cantinas hervían, al mismo tiempo, de matones a sueldo, algunos de ellos pagados especialmente para ajustar cuentas, o sencillamente llegaban por allí elementos que guardaban rencillas entre sí y, entonces, se armaban las riñas, los tiroteos, las batallas a machetazos, puñaladas, patadas, botellazos, bofetadas, silletazos, etc.

A pesar de esta pujanza económica, este pueblo nunca contó con un hospital, lo cual se convirtió en determinante para que cualquiera, con una herida en el pecho, se muriera por desangramiento o falta de atención médica.

Otro sitio, casi siempre lleno por mujeres y niños, mayoritariamente, era el Cine, el cual fue negocio exclusivo  de Félix Pedro Alfaro.

En aquellos años, las casas y los pobladores de Malpaisillo se veían alegres, a pesar de los males que he referido, pues eso era parte de la alegría popular, porque no había otro tipo de diversiónes, debido al cómo funcionaba el sistema opresor y expoliador del somocismo genocida.

VI

Tierras intoxicadas

En 1975, el declive algodonero y económico ya era notorio. Ya es menos la demanda de compra de algodón por parte de los que le impusieron este rol servil y vengonzoso a Nicaragua: Estados Unidos y Japón.

 

Además, ya era notorio también que los llamados “inviernos” o épocas lluviosas son cada vez más ralos, debido al despale inmenso provocado por los algodonales y por el asimismo bestial negocio con maderas preciosas.

Las tierras ya estaban cansadas, destruidas, intoxicadas, por el monocultivo algodonero. En ésto se incluye, además, la contaminación de las aguas subterráneas y superficiales por las enormes cantidades de químicos: plaguicidas, hierbecidas, abonos y desfoliantes, rociados desde aviones, máquinas portátiles (en hombros de seres humanos)  y tractores.

Las tierras tampoco servían para otros cultivos. Por todas esas razones, el declive ecológico, productivo, económico y social era irremediable.

Los feroces destructores de la naturaleza, los algodoneros, se llevaron, seguramente, todas las ganancias a otra parte, tal vez a Estados Unidos, o la invirtieron en otros negocios y no en mejorar el medio ambiente, en la reforestación o en mejora de los suelos destruidos por los cultivos sistemáticos del algodón.

En cambio, al pueblo pobre, a aquellos miles de obreros agrícolas, sólo les quedaron los recuerdos de grandes sudadas o las secuelas de haberse envenenado con los plaguicidas echados por los gamonales del algodón en León, Chinandega, Rivas, El Viejo, Chichigalpa, Quezalguaque, Telica, Malpaisillo, El Sauce y otros poblados leoneses.

Este drama terminó de sellarse en la década de los 80, cuando se determinó que ya no era posible seguir cultivando grandes cantidades de algodón, porque los mercados se agotaron.

Hoy, los mismos que nos impusieron el cultivo del algodón, producen ropa sintética en vólumenes colosales y siguen siendo ellos, los principales beneficiados y los que imponen precios y productos desde sus centros de poder.

Nosotros quedamos con las tierras, bosques y aguas destruidas, soportando el desempleo, viviendo de aquellos recuerdos de una bonanza, que volverá , seguramente, cuando estos pueblos superen esa crisis económica y natural mediante esfuerzos extraordinarios, para volver a poblar de bosques los suelos, con el fin de que aquellos animales silvestres abundantes, encontrados por Pereira Quintana cuando fundaba el pueblo, vuelvan a habitar estas tierras hoy desoladas.

El pueblo, el casco urbano de Malpaisillo, hoy no tiene aquel hormiguero de gente que yo le conocí en sus calles de la época algodonera, tanto en la madrugada como en  la tarde y en la noche.

Testimonio dramático

Otoniel Pereira Mendoza, nieto del fundador de Malpaisillo y ex-Alcalde sandinista (fue coordinador de la Junta de Reconstrucción Municipal), testimonia y hace comparaciones de cómo vivían los pobladores en la época algodonera en Malpaisillo y la situación de hoy, y cómo en Costa Rica se gana un salario al doble o tres veces mayor que en Nicaragua.

Pereira Mendoza ha vivido en Costa Rica antes y después del Triunfo de la Revolución Sandinista, a la cual sirvió como Alcalde en Malpaisillo.

Según Pereira Mendoza, a los algodoneros de Nicaragua y los de Malpaisillo, en particular, “les rendía el algodón, se hicieron millonarios, porque pagaban salarios miserables durante las labores de cultivos y al momento de los cortes de la mota blanca”.

De esa forma, sostiene Pereira Mendoza, en Malpaisillo el algodón “era rendidor” por los niveles de explotación y esclavización de los obreros agrícolas, pues el dinero que debían destinar  para  salarios justos, se lo robaban.

“En cambio, los cultivos de algodón virtualmente fracasaron en Costa Rica, donde también estuve trabajando en algodonales, porque allí  desde el gobierno obligaban a los productores algodoneros a pagar salarios más justos, que eran el equivalente al doble o triple de lo se pagaba en Nicaragua por cortar un quintal, por ejemplo”, añade Otoniel Pereira Mendoza, el más famoso de los nietos del fundador de Malpaisillo.

Afirma que ciertamente el algodón le dio una poco de brillo económico a Malpaisillo, pero que aquello tuvo un final infeliz, como consecuencia de haberse impuesto el monocultivo en las tierras, las cuales quedaron virtualmente destruidas al mismo tiempo por el arrasamiento de los bosques, más intoxicación de los suelos y contaminación de las aguas subterráneas.

“Me fui a Costa Rica en 1960, época en la cual yo ganaba apenas diez córdobas por manejar un tractor durante todo el día, en Nicaragua.

Puesto allá , me topé con la sorpresa de que me pagaban el equivalente a más de 20 córdobas por manejar el mismo tractor, pero también con la novedad vergonzosa de que entonces nos llamaban “ahí están los hijos de Somoza” o “ahí vienen los hijos de Somoza”.

Somoza Debayle nos tenía convertidos en cerdos, dentro de un gran chiquero llamado Nicaragua.

Volví. Al Triunfar la Revolución Sandinista, me dediqué a organizar cooperativas, me convertí en Alcalde, desde cuya tribuna dije, ante miles de pobladores, que Nicaragua, no sería “una segunda Cuba”, ni “una segunda Costa Rica”, “Seremos una Primera Nicaragua”.

Como sabés, la Revolución Sandinista se fue decayendo por la guerra mercenaria impuesta por los gringos y porque, también, algunos dirigentes la fueron deformando, hasta que perdimos las elecciones en 1990; vino una nueva etapa, la de abundancia en los supermercados y mercados, mientras los pobres no podían comprar nada, al mismo tiempo por falta de dinero y empleo.

Antes, en los 90, se decía “no hay productos” y ahora es “no tengo dinero en los bolsillos”, lo cual es peor, porque en Malpaisillo la inmensa mayoría de aquellos que tenían empleo en abundancia para la época de la Revolución Sandinista, no tienen nada ahora, andan padeciendo hambre y calamidades inauditas, que no las vi ni en la poca más criminal y dura del somocismo, hombre Barreto.

En este momento, da pesar, hermano Barreto, cómo los nicaragüenses andan dando lástima en Costa Rica, porque de aquí de Malpaisillo y otros municipios, se van por miles, pues aquí en Nicaragua, ahora no hay empleo y por tanto la gente, como yo mismo, decimos “no tengo para comprar los frijolitos, ni para ponerme un par de zapatos nuevos”.

Guste o no, la única alternativa realista de gobierno para los pobres es el Frente Sandinista en Nicaragua, quitándole la forma de pensar equivocada de algunos, para que podamos tener empleo y no andar dando lástima en otros países, como nos ocurre otra vez en Costa Rica, donde yo estoy ahora ganándome la vida, la de mis hijos y la de parte de mi familia en Malpaisillo.

He llorado, hermano Barreto, al ver a nicaragüenses, también originarios de Malpaisillo, durmiendo en los parques públicos de Costa Rica.

Quiero decirte y deseo gritarlo para que lo oigan en todas partes, que aquí no ha habido mejor solvencia económica para los pobres, como yo, que en la época de la Revolución Sandinista, y en esos diez años de gobierno revolucionario no fue necesario ir a dar lástima en los parques públicos de Costa Rica.

Los que antes eran antisandinistas, me refiero a gente pobre, hoy que andan dando lástima en otros países de Centroamérica, ahora sí reconocen que jamás hubo en la Historia de Nicaragua mejor gobierno que el revolucionario en favor de los obreros, de los trabajadores, como yo.

Aquí ocurre todo lo contrario que en Costa Rica, pues allí  a los trabajadores les pagan salarios equivalentes al doble o al triple que los de aquí, a los productores los estimulan con préstamos blandos y a largo plazo, a la clase media, de técnicos y profesionales, les dan amplias facilidades en los empleos, para que puedan tener comodidades de transporte o sencillamente vivir cómodamente en sus viviendas.

Aquí, los agentes del gobierno actual te andan quitando las propiedades pequeñas en vez de ayudar a producir, lo cual es un contrasentido y no ocurrió nunca con la Revolución Sandinista.

Yo estoy en un proyecto en Upala, pueblo fundado hace 40 años en Costa Rica con pobladores nicaragüenses. Allí, fijate hombre Barreto, en ese pueblo pequeño hay ocho supermercados, en los cuales la gente compra, porque en Costa Rica hay empleo.

Un CPF, por ejemplo, tiene capacidad, él solito, para autofinanciarse la siembra de cinco manzanas de yuca, con sólo tomar del dinero parte de su sueldo mensual como empleado regularmente pagado.

Los bancos estatales y privados tienen capacidad de prestar, porque la gente, de todos los niveles: trabajadores, clase media, profesionales y técnicos, tienen dinero ahorrado o depositado en esos bancos.

Mirá , hombre Barreto, aquí la gente nuestra anda en harapos, los taxis botan los pedazos, porque a los taxistas apenas les da para la comida el día de trabajo, en cambio en Costa Rica, el asunto es distinto.

Digo ésto, porque ya es insoportable que en Nicaragua el gobierno se maneje sólo con mentiras, pues ofrecieron (don Arnoldo Alemán Lacayo) cien mil empleos al año, y a Malpaisillo no llegaron tales empleos, por ese motivo más del 30 por ciento de los hombres de aquí nos hemos ido buscando mejor vida a Costa Rica. Como va Nicaragua, con este gobierno, el país puede llegar a la desarticulación”, concluye Pereira Mendoza.

VII

Desolación boscosa

Hoy se ve poca gente en LarreynagaMalpaisillo. Y hasta la bulliciosa “Estación de Bandera”, del Ferrocarril, les mandó a quitar el gobierno burgués libero-conservador-neosomocista de doña Violeta Barrios de Chamorro.

Esa Estación del Ferrocarril era uno de los puntos vitales de Malpaisillo. Allí se montaban y bajaban centenares de pobladores. Subían y bajaban a aquellas góndolas y vagones de hierro del Ferrocarril, el cual les transportaba leña, cerdos, algodón, vacas, frijoles, maíz, etc.

Esa Estación del Ferrocarril hoy se ve sola, como bastante solas se ven ahora las calles, comparadas con aquel hormiguero de gente de la época de los cortes de algodón. (El Alcalde Bernabé Acosta Narváez, 2002, la ha convertido en Auditorio de la Alcaldía, sede del Concejo Municipal y de otras oficinas edilicias. Ampliaremos este asunto más adelante).

En los negocios comerciales grandes, los de Benito Iras y Raúl Valle Molina, por ejemplo, centenares de personas entraban diariamente y esas esquinas, frente a la Estación del Ferrocarril y de la Terminal de Taxis, se mantenían “al reventar!.

Hoy, en cambio, no hay Cine, el comercio es mucho menos, la circulación en las calles igualmente. No se ven ahora aquella multitud de tractores y trailers acarreando cortadores y algodón.

En estos momentos, por la sequía y la peste que representa el nuevo gobierno liberal neosomocista corrompido actual (Arnoldo Alemán Lacayo y Enrique Bolaños Geyer), la mayoría de pobladores todavía jóvenes están en el desempleo, lo cual le da al pueblo un aspecto distinto al que le conocí en aquellos años del 68 al 75.

Ya en esa época eran personajes conocidos de Malpaisillo Raúl Valle Molina, Octavio Madriz, Benito Irias,  Manuel Ignacio Pereira hijo, Félix Pedro Alfaro, Zoila Vindell, Antonio Urbina Debayle, quien se ufanaba de que era presunto hijo del Luis Manuel “Tío Luz” Debayle, el eterno director de “Enaluf” en la época somocista..

En esta historia de Malpaisillo han jugado un papel determinante los buenos y pésimos inviernos, el despale general ya mencionado y la destrucción de los suelos mediante los agroquímicos, especialmente los plaguicidas, que acabaron también con animales domésticos.

“Ya en 1960 se veían todas las tierras peladas, descubiertas de árboles y cubiertas de siembros de algodón”, testimonia Ramón Urbina Betanco.

Las erupciones del Cerro Negro de algún modo también han sido determinantes en la sicología de los pobladores, pues aunque han sido poco afectados por las cenizas, arena y gases, cada erupción siempre metió miedo a los moradores de Malpaisillo, porque este Volcán potente y joven está a tan sólo un poco más de cuatro kilómetros al Sur de la Ciudad de Larreynaga-Malpaisillo.

Una de las erupciones más impresionantes fue la de 1948, cuando el pueblo recién nacido todavía tambaleaba porque su crecimniento no terminaba de darse y debido a su Gobierno Municipal en ciernes.

La población de los alredores del Volcán Cerro Negro era escasa, pero igual que ahora en aquel entonces fueron evacuados hacia Malpaisillo, donde fueron alojados en las casonas y patios más grandes.

Don Manuel Ignacio Pereira Quintana y los otros dirigentes ya formados y en formación, prestaron ayuda a los damnificados con recursos de la Alcaldía y lo poco que pudieron aportar los pobladores.

En esos días de erupción pudo verse a un personaje popular, llamado Francisco “Pancho Ñato” Juárez Mendoa, quien después se haría famoso por sus enfrentamientos a tiros con la guardia genocida de “Estirpe Sangrienta: Los Somoza”. Llegó al pueblo a ayudar en la repartidera de comida a los damnificados.

Según registros históricos, al Alcalde Pereira Quintana le fue autorizado el funcionamiento de una escuela primaria en 1945, la cual inició con una matrícula de 80 alumnos. El primer alumno se llamó Alesio Castellón.

La escuelita comenzó funcionando hasta el quinto grado de primaria. Fue hasta en 1967 cuando se abrió matrícula para sexto grado de primaria.

En ese mismo año, el Ministerio de Educación autoriza la construcción de seis aulas formales, las cuales se inician a partir de orientaciones de la inspectora departamental de entonces, Ana María Herrera Cuarezma. El terreno de una manzana para la escuela, fue donado por el algodonero Mauricio Gurdián Herdocia.

Casi al mismo tiempo se forma el primer patronato escolar del pueblo, encabezado por Don Manuel Ignacio Pereira Quintana, y apoyado por el nuevo Alcalde Benigno Reyes Palacios.

Para construir esas seis aulas se contó con otras donaciones del mismo Mauricio Gurdián Herdocia, de Yader Avilés Icaza y de Jos Argüello.

El 20 de noviembre de ese año llega el mobiliario para la nueva escuela. Al iniciarse el año escolar de 1969 es nombrada directora del nuevo centro educativo la profesora Zoila Vindell de López.

Las dos escuelas fueron bautizadas con los nombres de René Shick Gutirrez, quien había sido presidente de la República, y Hope Portocarrero de Somoza, la que fuera esposa del tirano Anastasio Somoza Debayle.

Se acuerda la inauguración del nuevo edificio escolar para el cinco de marzo de 1969, acto al cual llegó el dictador Anastasio Somoza Debayle.

Como se ve, en medio de dificultades notorísimas se fue perfilando la personalidad de este pueblo leonés, situado a 35 kilómetros de distancia de la ciudad de León, donde existen escuelas tan antiguas como el Colegio San Ramón, donde dio clases Miguel Larreynaga Balmaceda, quien de algún modo es el co-fundador de Malpaisillo, porque él, al parecer, ya había pensado en la fundación de un pueblo antes de morir, después de la Declaración de la Independencia de 1821.

Los estudiantes de secundaria, mientras tanto, tenían que ir todos los días a León, o permanecer en la Ciudad Metropolitana, estudiando durante toda la semana o el mes, porque en Malpaisillo no había educación secundaria.

Esta limitación determinó que durante más de una década sólo pudieran estudiar secundaria los más acomodados,  los hijos de los finqueros, no así los chavalos hijos de los obreros agrícolas, por ejemplo.

A mí personalmente me tocó transportar a estudiantes de secundaria diaria o semanalmente a León, en el taxi interlocal que conducía.

Por supuesto, salía muy caro ir a estudiar hasta León, pero además crecía la demanda por la construcción de un instituto de secundaria.

Esto motivó gestiones de personajes locales ante el Ministerio de Educación en 1970, pero se fracasó en los intentos.

Entonces, un grupo de ciudadanos, encabezados por el Cura  párroco José María Oca Olasso, iniciaron un movimiento en diciembre de 1972 para crear el primer “ciclo básico” y  desarrollarlo con maestros voluntarios en la Escuela Hope de Somoza, ya existente.

Aquello pegó de inmediato por la necesidad de seguir estudiando por parte de los chavalos salidos de primaria.

Sin autorización de nadie, el grupo de voluntarios siguió con el segundo año básico, el cual comenzó el 19 de febrero de 1973.

Ante la insistencia terca de los maestros, autoridades, pobladores, estudiantes y autoridades municipales, al Ministerio de  Educación no le quedó más remedio que autorizar oficialmente el primero y segundo año básico en Malpaisillo, en abril de 1973.

En otras palabras: pobladores, maestros, estudiantes y autoridades municipales se abrían paso tercamente, sin ceder para nada en sus aspiraciones de progresar.

La lucha siguió en este terreno. El mismo grupo de voluntarios solicitó autorización para que en 1974 funcionara el tercer año básico de secundaria.

Con este ciclo básico de tres años aparece el Instituto España y empieza, otra vez, una nueva lucha, para construirle su edificio.

Para entonces, ya funcionaba como subdirector de este centro, el profesor Miguel Zapata Dávila, uno de los maestros y personajes más conocidos de este pueblo.

El 21 de febrero de 1975 se reunen los padres y madres de familia para conocer que se iniciarían los trabajos de construcción del edificio por parte de los obreros Avelino Mendoza, Celestino Caballero García, Pompilio Meza Poveda, Máximo Mendoza Castellón, Cristóbal Altamirano Palacios,  Ramón Flores Juárez, Donaldo Valdivia M., Mercedes Castellón y Concepción Ramírez.

Con esa lucha insistente, finalmente logran que en ese mismo año les aprueben el bachillerato completo en el Instituto España, cuando el edificio era recién estrenado en la entrada de Malpaisillo.

VII

Mineros sacrificados brutalmente

Uno de los aspectos históricos más impactantes de Malpaisillo ha sido la existencia de las Minas de El Limón y Santa Pancha, las cuales forman parte del drama de brutal explotación extranjera y nacional contra centenares de pobladores de Larreynaga y de otras partes del país.

Estas dos minas de oro, plata y níquel, están situadas del costado Norte del Cerro de Rota (el más antiguo Volcán de la Cordillera Maribia) hacia el norte, y se llega allí mediante una carretera de tierra, la cual nunca fue pavimentada a pesar de las enormes cantidades de oro sacadas de estos sitios desde la llegada de lo colonizadores españoles genocidas.

Presento a continuación una partecita de esta historia larga, tan larga como la existencia terrorista de la dictadura somocista:

Por ejemplo, Orlando Torres Rodríguez, 63 años, entró a la mina en 1957 y salió en 1996; Juan Antonio Cáseres Morales, 53 años, tenía 26 años cuando ingresó, salió en 96; Isaac Francisco Medina Gómez, 56 años, tenía 17 años; Gustavo Escalante Sánchez, 66 años;  Félix Faustino Olivas Meza, 53 años, entró de 18 años; Ernesto Baca Silva, 72 años, entró de 20 años; Alejandro Abraam Hernández Cruz, 63, entró en 1949; Antonio Ríos Vindell, 78 años, entró de 20 años; José de los Santos Pozo García, 51 años, ingresó de 18 años; Mercedes Rodríguez Ruiz, nacido en 1928, entró de 20 años.  

 Testimonio de mineros

Orlando Torres Rodríguez: “Sólo nos quedaron los “cartones” (pulmones) podridos, perdimos toda nuestra juventud y al final quedamos sin dinero, sin propiedades, abandonados y con la salud destruida.

Los trabajos de la mina son dañinos por el polvo, por la posibilidad de quedar con silicosis, tuberculosis, yo quedé con sombras en los pulmones, quedé con la columna vertebral partida y una pierna quebrada, al caer 70 pies al vacío dentro de una chimenea.

El maquinista y yo, íbamos a echar aire y agua, cuando se safó uno de los “machos” y yo me fui con él, hasta el fondo, donde quedé paralizado, sin poderme mover.

Los capataces Duley Munguía y Evaristo Ayala, me sacaron arrastras, nisiquiera usaron una camilla, porque dentro de la mina no exista una, ni equipos de primeros auxilios, ni médico,

ni enfermera. Me llevaron a un hospital, donde el doctor Enrique Sacasa y el practicante (enfermero) Julián Alemán. Este último está todava vivo, en este año 2000.

Sabe usted cuánto me pagaron por ese accidente laboral terrible? Asómbrese: !300 córdobas¡, y me dijeron: “si quiere agárrelos, sino ahí déjelos¡”.

Mi padre, cuando yo entré, él todavía trabajaba en la mina acarreando broza en zurrones de mecapal. Mi pobre viejo salió de la mina cuando virtualmente no servía para nada, como yo ahora…hoy ni me vuelven a ver los funcionarios de la mina El Limón.

Lo que nos pasó a todos nosotros, los ya viejos expulsados de la mina, no es nada justo, pues estos gamonales norteamericanos se llevaron toda nuestra riqueza, mientras yo, por ejemplo,  quedo con los hoyos en mis pulmones y las quebraduras en la columna vertebral y mis piernas”.

Orlando Torres Martínez: “En aquellos viejos tiempos de la época más reaccionaria de la tiranía somocista, en la Mina de El Limón había un sindicato, pero era patronalista, no teníamos apoyo.

Yo era fontanero. Sufrí un accidente trabajando en los molinos, donde se trituraba la broza. Un domingo en la mañana, como siempre nos dedicamos a “banquear” (una especie de parrilla, movida con una barra). Al penetrar dentro del tanque, para sacar la broza (restos de piedras, tierra y metales), hubo un resbalón inusitado de materiales y antes que pudiéramos reaccionar, quedamos aterrados Jerónimo Carazo y yo.

Por orden de unos gringos capataces, se echó a andar “la chancha”, una máquina que recibía abajo la broza, y salimos ya insconcientes, según nos contaron después. Resultamos con golpes y heridas en todo el cuerpo, pero dichosamente no pasó a más.  Al volver en sí, ya estábamos en el hospital.

Los trabajos en esa mina siempre fueron rústicos, pesadísimos, brutales, uno salía extenuado al final de la jornada, usted se imagina cuando nosotros trabajábamos a pura mano desbaratando piedras y transportándolas también a mano, empujadas con carretones.

El calor de más de 40 grados siempre fue insoportable dentro y fuera de esa mina, lo cual nos ponía a chorros de sudor siempre, ya fuese de día o de noche.

De repente tragábamos gases afixiantes, uno siente que se desvanece en los túneles, mientras a los gringos les vale “un pito” que vos o cualquiera se estuviera muriendo (ahora son canadienses). Esos gases provenían de maderas viejas y otros objetos en estado de descomposición dentro de la mina. Dichosamente quedé vivo.

Hace todavía tres décadas, los trabajos en la mina eran en túneles profundos, calientísimos, en cambio hoy los trabajos son “a tajo abierto” (cielo abierto) en los cerros con inclinaciones y acantilados, pero siempre peligrosos, por supuesto.

En Santa Pancha (parte del Complejo Minero Francisco Meza Rojas, un poco al  Norte), por ejemplo, en los pozos o túneles había agua hirviente y muchos, entre ellos yo, caíamos en charcos calientes, provocándonos quemaduras en el cuerpo, especialmente en los pies. Algunos murieron quemados, porque cayeron directamente en las solfataras.

Me acuerdo de gente que trabajaba conmigo en esos días, por ejemplo: Luis Ramos, Alfonso Torres, Antonio Torres, Rafael Pérez, Francisco Bonilla, Pedro Roque, Roberto Dávila, Roberto Gallo y Tito Barquero.

Yo llegué, proveniente de El Sauce a la mina, el 13 de mayo de 1957.

Juan Antonio Cáseres: “Llegué a la mina con la ilusión de recaudar dinero, por medio de mi trabajo, para comprarme una casita para mis hijos y resto de familia, pero al final, como les ocurrió a mis demás compañeros, quedé sólo con mi vejez, lisiado, con órganos internos afectados, entregué mi vida entera a los explotadores de la mina, y estoy aquí, sin nada.  Me quebré una costilla por un accidente, el cual me dejó dañada la columna vertebral. Yo trabajaba en la llamada labranza, lo cual es un oficio pesadísimo, porque se deben transportar en hombros grandes columnas de madera y metales hacia los sitios en que se usaban, o ponerlos en una rumera, para volverlos a usar.

En una ocasión, esa rumera de columnas de madera resbaló y casi un centenar de estos trozos de madera, me cayeron encima, causándome la quebradura de costillas, heridas y raspones en todo el cuerpo.

Yo le diría a usted, que este pueblo de la Mina de El Limón (Complejo Minero Francisco Meza Rojas, en la época del gobierno revolucionario sandinista), está quebrado, herido y muy enfermo, tal como nosotros los mineros, después de más de 60 años de bárbara explotación de norteamericanos, los cuales, en complicidad con la dictadura, se llevaron todas las riquezas que guardaba este suelo en sus entrañas.

Imagínese, mientras para nosotros no habían derechos sindicales, sociales, ni humanos; ellos, los yanquis, se daban el lujo de que aquí aterrizaban en una pista y en los aviones de la compañía montaban quintales tras quintales de oro, el cual se iba a Estados Unidos, o a las cuentas personales de esos gringos y de Anastasio Somoza Debayle.

Ya ve usted, de las entrañas de esos cerros rocosos, salían riquezas fabulosas en oro, sacadas por las manos callosas de nosotros, como para haber bañado de progreso económico y social a nuestro país, pero los obreros más bien padecíamos de hambre y todo tipo de enfermedades, porque el salario miserable que siempre nos pagaron, dio sólo para comprar arroz y frijoles, lo cual no es buena alimentación para gente que trabaja tan estoicamente como los mineros.

Cada quince del mes fundían el oro y lo montaban en los aviones, parecidos a los aeroplanos que habían bombardeado a pobladores del Norte de Nicaragua cuando el General Sandino combatía a los yanquis interventores.

El oro era fundido en cuartos especiales, superresguardados con armas por guardias de confianza y los propios administradores de la mina.

Allí nunca entró uno de  nosotros los mineros, jamás vimos cómo se fundía el oro, a pesar de que nosotros lo sacábamos de las entrañas infernales de la tierra, y para saberlo, le preguntábamos a esos vigilantes de esos cuartos especiales.  Nosotros, los mineros, sabíamos que cada quince dias se iban de ocho a quince barras de oro, de a quintal cada una, en esos aviones. Imagnese cuánto era eso en dinero, y cómo nos hubiera servido a nosotros para tener desarrollo ahora, en vez de que fuese robado por estos piratas del Norte.

Yo me imagino que alguno de nosotros soñaba con tener en sus manos, en posesión, en propiedad, una barra de oro de esas, para mejorar la situación de su familia y de su comunidad, pero como le digo, nisiquiera nos permitían entrar donde se fundía ese oro.

Solo nos quedó el hueco en la tierra, y los hoyos en los pulmones y otros órganos de nuestros cuerpos de mineros…”

Isaac Francisco Medina Gómez: “Si ese oro se hubiera quedado en Nicaragua, tal vez no estaríamos en la miseria extrema de hoy en Malpaisillo.  Yo trabajé en los molinos. Se sabía, realmente, que se iban entre doce y quince barras de oro cada quince días, en cuyo procesamiento directo nunca tuvimos que ver nada los mineros.  Recuerdo que llegaba un avión de cuatro motores, el cual movíamos nosotros a mano hasta determinados lugares, para que las barras de oro fuesen cargadas. Ese avión iba y volvía frecuentemente.

A esas barras de oro les ponan “Mina del Limón”,  primero, y “Mina del Setemptrión” en las décadas 60-70. En los primeros tiempos, fui de confianza de algunos jefes, lo cual me permitía acercarme a sitios cercanos de la fundición, pero al final no me gustó por las medidas extremas de seguridad que se tomaban en contra de nosotros mismos.

Además, me asustaba la posibilidad de salir envenenado por cianuro, el cual usaban en el procesamiento del oro. Trabajé también en Santa Pancha, mina vecina de El Limón, donde laboré con Pedro Roque, quien al poco tiempo falleció por silicosis. Sufrí un accidente grave, pues caí de una chimenea hasta una pila de agua caliente, donde me golpeé la cabeza, lo cual me produjo pérdida de la memoria por un tiempo.

Yo trabajé 33 años en esas minas, y como vé, quedé muy pobre, tengo dificultades para caminar, mientras los explotadores de las minas, seguramente, se enriquecieron en forma fabulosa a  costas de nuestro país y del trabajo heroico de nosotros los mineros.

Me acuerdo de compañeros de mi época como Pancho Olivas, Pedro Roque, Gilberto Valle, Filemón Zeledón, Macario Moreno, Tito Culebra, Isaac Hernández (murió dañado de los pulmones) y a uno que le decían “Pico de Chinche”.

Muertos en los túneles

Conocí a compañeros que murieron dentro de la mina, no me acuerdo de sus nombres, pero no se me olvida a uno que  lo mató una carreta de las transportadoras de broza. Sobre su muerte, nadie dijo nada, no le pagaron ni un centavo a sus familiares.

Era común que nosotros sacarámos a los muertos en un trencito, a botarlos a la estación del Ferrocarril, para que el tren se los llevara. En muchos casos, no sabíamos quiénes eran, porque no habían nacido en la Mina del Limón, ni en sus alrededores, sino que habian llegado de El Viejo, de Chinandega, León, Telica, El Sauce, Sébaco y otros sitios.

Volteábamos el carro y caían los cadáveres en la Estación s jefes de la mina, unos yanquis y otros nacionales, veían aquellas escenas como si se tratara de botar perros muertos.

Ese era el valor que nos daban, y ahora es peor, porque  hoy sencillamente no te esclavizan como en esos días, hoy te sacan de los puestos de trabajo con una crueldad sin igual en la Historia del país.

Imagínese que en ese entonces nosotros ganábamos 84 córdobas semanales, pero sólo pregúntese usted cuánto valía esa barra de oro en manos de los yanquis, o de los Somoza.

Los que ganaban mejor eran los buscadores de vetas, los cuales se metían a los túneles, quienes enfermaban más rápidamente, porque se ponían en contacto con gases, calores muy intensos y generalmente no tenían tiempo de beber agua.

Yo trabajé en los pozos cuatro, cinco, seis y siete, donde el calor era horrible. Trabajábamos con “chistata” permanente (disturbios renales), debido al calor intenso en los túneles profundos, donde los derrumbes amenazan a cada instante, nos ardían los ojos por el polvo y gases en el ambiente, el agua de los galones se nos ponían casi hirviendo, no la podamos beber, lo cual agravaba nuestra situación de salud.

Los yanquis, bien vestidos, perfumados, de corbata y saco, llegaban hasta ciertos lugares, donde había aire, de allí no pasaban.

Gustavo Escalante Sánchez: “Una de las experiencias más horribles que me tocó vivir en la Mina de El Limón, fue cuando a mi orilla murió aterrado el compañero minero Santos Contreras.  Caminábamos juntos, cuando repentinamente hubo un derrumbe.

Ambos quedamos aterrados, pero más él que yo. Un grupo de compañeros, de nosotros mismos, lograron sacarlo en cinco horas y por supuesto, ya estaba muerto por afixia y compresión de los materiales que le cayeron encima.

 Yo quedé con heridas, raspones y el tremendo impacto sicológico de haber sufrido un aterramiento enorme dentro de la mina.   El cadáver de Santos Contreras le fue entregado a su familia, pero nunca supimos si les pagaron por ese accidente de trabajo. Así les ocurrió a centenares de mineros, morían como cualquier animal, y nadie decía nada, ni los periódicos, ni los intelectuales, ni los poetas del país, nadie.

Nosotros hemos tenido siempre que guardarnos en silencio esta tragedia horrible de que hemos sido víctimas por parte de estos bárbaros explotadores norteamericanos, con la complicidad de la dictadura somocista.

Si cualquiera de nosotros reclamaba por una muerte de éstas, seguramente nos mandaban a “correr” (despedir) al siguiente día. Era terrible, porque un ejército de desempleados estaban esperando turno en la puerta de entrada a la mina.

Me acuerdo de compañeros de esos días en la mina, como Roberto Dávila, Pedro Roque, Benjamín Zeledón y Francisco Olivas, todos ellos fallecieron dañados de los pulmones o accidentados.  Las enfermedades más comunes entre nosotros, como usted sabe, son la silicosis, tuberculosis, complicaciones renales, problemas nerviosos por el cianuro, presión alta, disminución rápida de la visión, etc.

Beneficios para mí? Cuáles? Los salarios eran bajísimos, miserables, la explotación era casi de esclavistas y esclavos.  Aquí casi nadie conoció esas barras de oro. Sabíamos que eran montadas en los aviones que llegaban una y otra vez, mientras los huecos se iban agrandando en los cerros aledaños.

Como ve, otros se enriquecieron, nosotros, los mineros y la población estamos en la más completa miseria. Si me tocara volver a vivir, no iría jamás a trabajar a una mina, porque de mí sólo quedaron los guiñapos de ser humano. Los recuerdos son horribles, mortales, es como una maldición permanente“.

Félix Faustino Olivas Meza: “El oro era un botín permanente de los yanquis. Ellos se robaron muchísimas toneladas de oro durante varias décadas. En mi caso personal, me hago a la idea de que sólo me han quedado el mecate y el sebo para ahorcarme.

Trabajé 25 años en esa empresa, durante los cuales vi cosas terribles. Una de las ilusiones con que llegué a esa mina, era que con mi sueldo miserable recogería para comprarme una casita regular para mis hijos y mi mujer, pero que va, lo único que logré fueron enfermedades y vejez. El sueldo del mineral, por un trabajo de bestias, nunca me dio, ni para comer bien yo mismo.

Entré a los 18 años y mi vida quedó estampada en los subterráneos húmedos y calientísimos de Santa Pancha. Quedé peor que como entré, pues mi juventud desapareció y con mi enorme esfuerzo, contribuí a que los buitres yanquis se hicieran más ricos.

 Para colmo, si le caías mal a un jefe, en venganza te mandaba a trabajar a los sitios más peligrosos de ambas minas. Te daban trato de enemigo, no trato laboral, porque además jamás

respetaron ningún convenio colectivo, mucho menos que admitieran sindicatos en favor de los obreros mineros.

Cocido en la chimenea

Muchos hombres, como Eligio Guardado, Valentín Zamora y otro de apellido Carmona, murieron “cocidos” al caer al fondo de las chimeneas, donde se desbarataban la cabeza.

 Yo salía con Valentín Zamora de uno de los túneles, cuando juntos caímos accidentalmente al hoyo de la chimenea y nos fuimos hasta la pileta del fondo, la cual estaba llena de agua caliente y arena.

El se golpeó la cabeza y murió; yo tuve la suerte de que no pegué en ninguna parte sólida, lo cual me salvó, pero me costó reponerme después por los golpes, raspones y traumas en la cabeza y distintas partes del cuerpo.

Según me dijeron después,  el ”winchero” había dejado suelta una cubeta, en la cual nos paramos Zamora y yo cuando caminábamos desprevenidamente en una parte del túnel. Así se operaba en esas minas

Valentín quedó hecho pedazos. Ambrosio Arcia, un capataz, llegó preguntando: qué pasó?, en vez de llamar gente a ayudarnos,.

Nunca supe si a los familiares de Zamora les pagaron por ese accidente, supongo que no, porque esa era la costumbre.  Yo quedé o finalicé sordo, con disminución grave de la visión, tengo reventado un codo, problemas en los pulmones, y de los sueños que tenía al llegar allí, a esas minas, nada, quedé  con la salud deteriorada y sin ayuda del gobierno, porque ya me jubilaron con una pensión miserable, y sin las ilusiones jóvenes que tenía al llegar a esa leyenda de explotación de gringos en nuestro territorio. Eso es horrible, yo jamás volvería si fuera joven de nuevo”.

Ernesto Baca Silva: “Yo, minero, nunca pude conocer personalmente una barra de oro. De lejos, sólo podíamos ver los movimientos en los hornos de fundición y al momento en que eran montadas en los aviones.

Por un accidente dentro de la mina, sufrí un golpe en la cabeza y desde entonces no volví a ser el mismo. Hay cosas que yo no recuerdo.

Se me dañó también el ojo derecho  cuando me dedicaba a barrenar en los túneles. Una piedra disparada por el barreno, se estrelló en mi ojo. A los jefes poco les importó lo que me pasaba, más bien se burlaban de este tipo de cosas.  Se me hizo un nube en el ojo. Sólo veo con un ojo, oigo con un oído nada más y tengo silicosis dos y cuatro.

Vine por necesidad a la mina, ilusionado, por supuesto, mi familia siempre tuvo la esperanza de que yo mejorara el salario miserable que me pagaban, pero eso no fue posible.

El trabajo de minas es cruel, amigo Barreto, sólo queda la penqueada, la sudada a chorros como si uno estuviera dentro de un horno, la silicosis, tuberculosis, sordera, ceguera, trastornos nerviosos y crisis renales.

Alejandro Abraam Hernández Cruz, 63 años, empezó a los 14 años: “Era electricista, mecánico, fontanero, me dedicaba a reparar los ventolines, los llamados “topes”.

Vi cuando tuvo una muerte horrible Manuel “Chocoyo” Dávila. Se había ido la energía eléctrica. Como había mucho polvo en el ambiente, “Chocoyo” no vio la abertura de un pozo en que hervía mercurio.

 Se precipitó al pozo y se le oyeron los gritos al caer. Lo logramos sacar, pero en realidad aquello era horrible, pues al cadáver se le caían pedazos de carne como consecuencia de la acción  del agua hirviendo y del mercurio.

Esto ocurrió en el ámbito de los pozos seis y siete de la Mina El Limón. Al irse la energía, no funcionaban los abanicos, se paralizaba todo y el agua hervía a 120 grados en los túneles y los pozos. Cuando ocurría ésto, nosotros echábamos huevos y salían cocidos inmediatamente.

Lo único que me quedó al final, fue lo que reivindicó el gobierno revolucionario sandinista para nosotros los mineros antiguos, fundamentalmente acciones en la Cementera y en la Arenera de Managua, equivalente, nos dijeron, a diez mil dólares.

Tengo entendido que aquí en El Limón salimos beneficiados 450 mineros con éstos beneficios, lo cual nos ayuda un poquito ya en la vejez”. En total, al Triunfo de la Revolución Sandinista, eran 525 trabajadores mineros en estas Minas de El Limón y Santa Pancha, según me han dicho”.

Antonio Rivas Vindell: “Yo tuve alguna “influencia” en  El Limón, hablaba con Mister Hey, gerente de la mina y con algunos guardias cuidadores del sitio en que se fundía el oro.

Tenía el privilegio de ver, de vez en cuando, cómo fundían el oro y dónde ponían las barras ya hechas, pero de allí no pasaba, no permitían que uno se acercara tanto.

Esta “influencia” no impidió que una vez me cayera encima una piedra. Resulta que me detuve a descansar un ratito en uno de los túneles, porque andaba cansado y sofocado.

De repente sentí un terroncito que me cayó en el cuerpo, y comprendí que detrás venía la piedra y me lancé a un lado, lo cual me salvó de que la roca cayera directamente sobre mi cuerpo.  Eso me salvó, pues de lo contrario me hubiera aplastado. Resulté con heridas y golpes en espaldas, brazos y la cabeza.

Yo empecé de minero y terminé como mecánico, amigo Barreto. Empecé ganando 2.40 córdobas por hora de trabajo en la superficie; cuando entré al interior de la mina, a los túneles, entonces me pagaron 4.25, luego 5.25 como ayudante de maquinista, y finalmente ganaba seis córdobas como maquinista.  Iba a cortar, por encargo de la empresa minera, unos 33 mil palos en los bosques que habían aquí, porque los usaban en las labores internas de la mina. Eso era cada año. Íbamos a traer madera hasta por Somotillo y Madriz.

La empresa minera compraba los derechos para derrumbar miles de árboles en León, Chinandega, Madriz, Estelí, Matagalpa y Managua, para usar la madera dentro de la mina, y muchos de nosotros hacíamos también ese trabajo.

Ahora todo está pelado, como nosotros los mineros ya viejos, que a pesar de ese infierno, seguimos contando el cuento, amigo.

Se protegían mutuamente en túneles

Tengo silicosis, padezco de enfermedades en los riñones y trastornos nerviosos, como consecuencia de haber trabajado en esos hoyos infernales. La pensión por jubilación es apenas de 120 córdobas mensuales. Tengo que dedicarme ahora a trabajar en la agricultura, para poderle dar de comer a mis hijos.

Mire, no murieron más mineros, porque entre nosotros nos protegíamos dentro de los túneles. Aprendimos a usar señales, a identificar los peligros y a actuar en grupos para salvarnos de accidentes laborales graves, pero claro, fue imposible impedir todo.

Sólo el calor interior de la mina, te exprime como a una naranja, se te va el agua por el sudor. Cuando uno salía de los túneles, desesperado iba a los tubos de agua en la superficie y no quería despegar de ahí, tragando agua, porque  desesperado emergía uno de aquel infierno, amigo Pablo Barreto”.

Juan Jarqun Uriarte, 60 años: “Entré a esa mina cuando tena 18 años, entregué todas mis energías a los gringos, como les ocurría a los pobres esclavos (indígenas latinos y negros africanos) de los colonizadores españoles hace varios siglos.

Yo vi a un compañero, al que le decían Salvador “La Panzona”, a quien un poderoso barreno para perforar piedras, le atravesó el estómago, y lo mató.

“La Panzona” era ayudante. Estaba operando el barreno con ambas manos sobre una piedra, cuando de repente la máquina perforadora se le vino encima y le atravesó el estómago.

A mi personalmente me cayó encima una especie de andamio, el cual me fracturó una pierna. Recuerdo a numerosos mineros de mi época, como Guillermo Mairena, Abel Artica, “Pico de Chinche”, Pancho Olivas, Leopoldo “Polo” Tinoco, Macario Moreno, Juan Laguna, Manuel Hernández, todos éstos sufrieron algún tipo de accidente laboral dentro de las minas El Limón y  Santa Pancha, mientras yo estaba allí. Todos ellos ya murieron, y algunos de su misma época todavía estamos vivos.

Yo no volvería nunca a trabajar en esas minas, si me tocara nacer de nuevo. No me lo está preguntando, amigo Barreto, pero todavía hace pocos días arrojé nuevamente la sangre, como consecuencia de las secuelas que me dejó en los pulmones ese vil y brutal trabajo, a pesar de que ya no estoy ni en las entrañas de las minas, ni en sus oficinas en la superficie, y tampoco me dieron nada de pensiones, ni jubilaciones, fue como que si nunca existí como minero, pero mi sudor y mis esfuerzos se los robaron también.

Para varios miles de hombres de esta zona de León y Chinandega, de donde somos la mayoría de los mineros de El Limón, ha sido realmente espantoso, infernal trabajar en esos túneles, en esos cerros con piedras que tienen oro y otros metales, que nunca nos beneficiaron a nosotros”.

Juan Alejandro “Angelito” Varela Sánchez, maquinista, trabajó 32 años en las minas: “Los mineros tienen contacto directo en los molinos con cal, plomo, cianuro, ácido úrico; y la trituración de la piedra, suelta, además los metales en forma de polvito, el cual se les mete en las narices, los pulmones y por la boca.  Esto ocurre las 24 horas del día. Ese fue al comienzo, hace 20 años y actualmente igual, ahora que los canadienses son los nuevos bárbaros explotadores de la Mina de El Limón.

Los planteles de los molinos siempre se ven con un enorme manto plomizo, como una neblina, debido a esta contaminación, la cual respiran los mineros y todo este pueblo de las Minas de El Limón y Santa Pancha, es decir, este contagio es como cuando un fumador fuma en el cine o en el autobús, pues se contamina él y también a los demás.

Mire Barreto, esta historia bestial de explotación es larguísima, pues allá por 1948-1950, los primeros vehículos usados en el transporte en esta empresa, fueron carretones de mano y carretas con bueyes, cuando era el jefe era un tal Ketel Almasná Najar y Míster Spencer, quienes ensañaban sus botas en los pobres mineros de diversas maneras.

En estas carretas se fleteaba la misma piedra que se sacaba del subsuelo, para llevarla a los molinos. En las mismas carretas se llevaba la cal, en piedra sólida, para los mismos fines.

En las carretas llevaban también leña verde, para la mina y rajas para acuñar o construir “chutes” (para conducir la sacada de la broza) en la medida en que iban abriendo nuevos túneles o vetas en la mina.

 

Antes que llegaran camiones, estas carretas fueron vitales en los primeros tiempos de la explotación bárbara de la mina El Limón.  Los primeros camiones alquilados por la empresa minera eran unos cuadrados, a los cuales les decíamos “Los Potones”, para cargar piedra bolón en los llanos cercanos, para usarlas como balín para triturar la broza en busca de oro.

Los llanos fueron quedando pelados de piedras, entonces los señorones explotadores de la mina se vieron obligados a comprar balines metálicos, luego hicieron moldes para derretir hierro y fabricar los balines.

Se quebraron muchas carretas, mientras tanto, y los bueyes ya no servían lo mismo, pues se requería de mayor rapidez para que las minas cumplieran sus planes de más robo de oro en El Limón y Santa Pancha.  Muchos carreteros, aunque le asombre a usted, amigo, murieron en accidentes de sus carretas, y nadie les dio un centavo a sus familias e hijos, porque los explotadores de las minas decían que “para eso les pagamos”.

“Pobrecito” era lo único que se decía. En 1958, más o menos, recuerdo, la empresa compró el primer camión pesado, al que nosotros llamamos “El Indiano”.

En esos días explotó la presa en la Mina de La India y murió un montón de gente, por supuesto, todos eran obreros, gente pobre, la gente nuestra, y otra vez se vió la insensibilidad criminal de los yanquis explotadores de  estas minas.

Estas cosas se las cuento, porque han quedado olvidadas, como si nunca ocurrieron. Aquí hay una historia de película, imagínese sólo el hecho de que nosotros hemos sacado muchos miles de millones de dólares en oro, para que otros se los lleven del país, y que a nosotros sólo nos queden los hoyos en el suelo y en los pulmones de los mineros.

Las carretas desaparecieron. Hoy en día, usted puede ver camiones volquetes de alto poder, tractores orugas con cuchillas poderosas, pero detrás de todo ésto, hay historias no contadas.

Coronel somcista genocida les robó el oro

Vea, y no es broma, virtualmente ninguno de nosotros conoce “la pinta del oro” al momento de estarlo fundiendo, porque jamás nos dejaron entrar a los hornos, allí al sitio en que se hacen las barras, porque nosotros no somos de “confianza” de estos explotadores extranjeros, que permanecieron allí como si ellos fueran los dueños del territorio y nosotros sus esclavos.

Los mineros saben que las piedras que ellos sacan y montan en camiones o carretas contienen oro, cinz, antimonio, cobre, hierro, nikel, pero nada más. -Le voy a contar de un señor llamado Juan Matus Canales, quien era dueño de Santa Francisca, una finca extensa, donde es hoy toda la Mina Santa Pancha, al Norte de El Limón.

Supuestamente, la enorme finca fue heredada por uno de los españoles. En esa finca tenían unos cercos de piedras, como corrales para ganado, en las cuales había mucho oro.

Don Juan Matus Canales no sabía que en esas piedras había oro. Se dice que más o menos en 1940 llegó el padre de aquel genocida coronel Blesing y le ofreció construirle unos corrales de madera, pero que le regalara todas las piedras.

Matus regaló las piedras y de ese modo, el sinverguenza de Blesing se quedó con su oro. Aquí hay mil historias como ésta, amigo, como consecuencia de que los avaros, malvados como siempre desde la época de los españoles, han merodeado este sector invadido de oro.

Soy caterpilero. Entré a trabajar en las minas cuando tenía 14 años, como ayudante de transporte, para abastecer de agua a los minerales, ya fuese con carretas, caballos o tractores.

Yo dejé hecho todos esos tajos (caminos, túneles, cortes en los cerros) que tienen las minas, construí las pilas de residuación o desperdicios que salen de las fundiciones, lo cual, en realidad, es enorme contaminación ambiental para el poblado.  Le aseguro que de esas minas, de 1936 a 1979, los explotadores yanquis y los Somoza, bien pudieron llenar de oro, en forma apilada, una manzana de tierra, ubicando las rumeras unos cien metros hacia el cielo también.

Con esa enorme cantidad de oro robada a nosotros, a Nicaragua y a los mineros, tendríamos hoy una colosal cantidad de dinero para resolver los problemas económicos, sociales, de salud y educación, que tiene la nación nicaragüense.

A lo mejor podríamos tener en nuestras manos unos 400 mil millones de dólares, robados por los yanquis, seguramente usados para seguir explotando a otros pueblos.

Ese saqueo del oro en Nicaragua ha sido fabuloso, para enriquecer a otros y quedarnos nosotros como desgraciados, con mineros enfermos y gente muriéndose de hambre por desempleo en el país.

La tragedia nuestra es tal, amigo Barreto, que aquí nisiquiera existe una memoria de cuánto oro han procesado, de quiénes han sido todos los obreros que entregaron sus vidas en estas minas oficialmente desde 1936.

Sólo el fugaz gobierno revolucionario sandinista ha sido el único que se interesó realmente por la salud y situación miserable de los mineros, pues de no haber sido por sus gestiones no nos habrían reconocido jamás nuestro estatus de obreros, ni nos hubieran dado la humillante pensión que no da el gobierno neoliberal somocista de ahora.

Cuánto nos deben estos explotadores rubios y bárbaros de Estados Unidos? ¿Quién se va a encargar de castigarlos por estos crímenes en los obreros mineros muertos y los que han quedado al borde de la muerte por enfermedades incurables?”

Aquí nisiquiera fue como en una guerra, pues los oficiales, los generales, coroneles, mayores o tenientes están obligados a elaborar “un parte de guerra” sobre quienes fueron los muertos, heridos y desaparecidos.

Echado cuando vomitaba sangre

En este caso, los explotadores se dedicaron sólo al pillaje sobre los hombros de mineros esclavizados por el hambre como nosotros, como yo mismo.

Recuerdo ahora a Pedro Téllez, minero, vomitando la sangre porque sus pulmones estaban dañados, pero en la empresa minera nadie le ayudó. Lo vieron como a un perro flaco, enclenque, que ya no sirve al amo criminal.

 Pedro Téllez, ya dañado, fue echado de la mina. El pobrecito llegaba a pedir dinero a sus compañeros en el portón de la Mina de El Limón, de donde fue corrido una vez por Míster Heguee, uno de los gerentes de los malvados explotadores de las minas El Limón y San Pancha.

 “Ese señor contamina la mina”, le dijo el Míster malvado a Pedro Téllez, quien en realidad de allí, de los túneles salió contaminado, al borde de la muerte.

No se me olvida “Maroma”, nunca supimos su nombre. Así le decían sus compañeros de inforturnio, porque parecía “un mico” (mono) colgado de las paredes y soleras, para perforar hoyos que le habían encargado sus jefes en la mina.

Era maquinista también, manejaba magistralmente el barreno, pero eso no valió de nada cuando ya estuvo enfermo. De El Limón salió vomitando la sangre y, por supuesto, también fue echado sin compasión a la calle.

El colmo fue que este Míster malvado pagó a un grupo de hombres, para que por la fuerza montaran al moribundo  “Maroma” en una camioneta y que lo fuesen a botar al empalme de Malpaisillo. Dicen que “Maroma” falleció en poco tiempo. Nunca más lo volví a ver.

Nadie le reconoció ni un centavo, pero ayudó a enriquecer a estas compañías saqueadoras de los recursos naturales de Nicaragua.

Del mismo modo murieron Pedro Nicaragua, Simeón “Garrucha”, Gustavo Polanco, Abdón Vega, “Pacharaquito”, y muchos más, que fallecieron más o menos del mismo modo por causa de la contaminación en las Minas de El Limón y Santa Pancha.

“Garrucha” se acalambraba todo el pobrecito, porque las emanaciones gaseosas de los túneles y otros sitios de la El Limón, le habían afectado profundamente sus pulmones y órganos vitales.

Lo echaron a la calle sin contemplaciones. Estas historias crueles deben ser contadas, para que las nuevas generaciones de nicaragüenses se den cuenta de cómo han actuado estos brutales explotadores.

No se me olvida, hermano Barreto, cómo se esmeraban los funcionarios de la empresa minera en hacer la pantomima de “chequear” con médicos incondicionales, serviles negociantes, a los mineros enfermos, cuando se hacía una denuncia pública, pero los resultados finales eran sorprendentes: los médicos pagados por los yanquis salían diciendo que estos pobres mineros al borde de morir, estaban mejor de salud que los gerentes de la empresa y que los mismos galenos.

Era una burla sangrienta, criminal, hombre.  Abdón Vega, vomitaba la sangre, por ejemplo, debido a lesiones en sus pulmones y otros órganos internos, pero el médico lo palmoteó dentro del consultorio y le dijo: “No jodás…, hombre vos estar mejor de salud que yo. Vos estás como un chavalo, papito, estás diaverga, sos hombre poderoso, !jodido..!”

Ese mismo día de las palmaditas falleció Abdón Vega dentro de la mina, porque la vomitadera de sangre se volvió incontenible.   Su sangre quedó allí mezclada con el suelo húmedo, como testigo mudo de aquel drama, que sólo el relámpago de la Revolución Sandinista denunció al mundo como las crueldades que cometen estas compañías mineras en nuestros países pobres.

Vega había vuelto a los puntos donde barrenaba en seco y el polvo azotado por el barreno se le iba encima y virtualmente se lo tragaba, lo cual le provocó nuevamente la vomitadera de sangre y murió dentro de los túneles infernales de la mina.

Al ocurrir esta barrenación, por ejemplo, se contaminaban también los ayudantes del barrenador, los que pasaban al lado por los túneles, es decir, estaban todos en una contaminación gigantesca con gases, polvo y calor, lo cual sigue igual en esas minas.

Al médico nadie lo castigó y a la empresa minera tampoco. ¿Estos crímenes van a quedar impunes?, me pregunto, hermano Barreto, tal vez vos podés denunciarlos.

Así nos trataban en esas minas, y es igual o peor el trato de ahora, con la complicidad del gobierno neoliberal actual, hermano Barreto.

Esto es esclavitud, no ha dejado de ser un trabajo esclavizado, sólo que ahora le imprimen ténicas modernas a la esclavización.

Antes, los esclavos andaban grilletes, ahora no andan esas cadenas, pero el sistema de globalización económica, el TLC, el Plan Puebla Panamá,  empleado hoy, es peor que cargar una bola de hierro criminal, porque en estos momentos te excluyen y niegan todos tus derechos”.

VIII

 Formación del pueblo

Manuel Gómez Bejarano, productor agropecuario, antiguo habitante del poblado de Larreynaga, más conocido como El Charco, situado al Noreste de Malpaisillo, un poco lejos de la carretera.

El y un contingente de campesinos llegaron despavoridos, empujados hasta allí por la erupción del Cerro Negro en julio de 1948.

Relata: “Yo vivía en León. Las cenizas y arena de la erupción volcánica convirtieron en un infierno la estadía en la Ciudad de León, lo cual obligó a mis padres a emprender el traslado de sus hijos, con enseres domésticos hasta este sitio entonces despoblado.

Mi padre era agricultor y ya tenía tierras aquí, en Larreynaga o “Charco”. Aquí se conoció con el nombre del “Charco” porque existía una finca con ese nombre, en esta llanura del Noreste de “Malpaisillo“.

En esa finca, en 1947, había un teléfono de magneto, al que los campesinos le decían: “El teléfono del Charco”.

Al fundarse el pueblo, en 1947, se trasladó el teléfono de la finca hacia el poblado, pero la gente le siguió llamando “el teléfono del Charco” y al mismo tiempo le pusieron ese nombre al poblado, a pesar de que se le había bautizado como Larreynaga por parte de las autoridades del Ferrocarril del Pacfico de Nicaragua, es decir, que no fué la Alcaldía de Malpaisillo la autora de ese nombre.

Este nombre fue puesto por el Ferrocarril más o menos en 1933, tres años antes de la Fundación de Larreynaga, cabecera municipal de ahora, a la cual se le comenzó a llamar “Malpaisillo” al mismo tiempo.

A este poblado, perteneciente al territorio de Malpaisillo siempre se le llamó de las dos maneras: “Larreynaga” y El Charco”, porque, además, se volvió una costumbre nombrar “Malpaisillo” al pueblo cabecera municipal de “Larreynaga“.  En la finca yo no vi un charco en particular, porque en realidad aquí habían charcos por donde quiera, pero así la llamaban los campesinos productores de este sector de Malpaisillo.

Cuando mi padre nos trajo para acá, habían unas quince casita-fincas, contra 130 de hoy, la mayoría casonas, porque las familias de aquí son numerosas.

En este pueblo pequeño todos somos conocidos unos de otros, pero las familias más nombradas son las de los Bermúdez, porque son dueños de un negocio; los Portocarrero, Arandas, Gameras, Oliveras, Méndez, Gómez, María Coca Mendoza (quien llevó a la Virgen de Los Desamparados, patrona del “Charco”) y Vallejos.

En la poca del boom algodonero se produjo aquí algodón en mil manzanas, y cantidad similar de ajonjolí, en las décadas 60-70.  Antes de esa época, los campesinos vivían de lo que producían los bosques existentes, los cuales eran exhuberantes, por cierto, lo que era todo lo contrario al arrasamiento que vemos hoy, pues estas tierras no tienen árboles, están cansadas, sus capas fértiles fueron destruidas por los algodonales.

Los árboles centenarios abundaban. En las décadas del 50-60, en cada comarca de esta zona de León habían aserríos, en los cuales se procesaba la madera, para llevarla a vender a la Ciudad Metropolitana, a Telica, a Posoltega y en el mismo Malpaisillo, donde se necesitaba para edificar nuevas casas.  De aquí salía cedro real, caoba, pochote, brazil blanco y negro, mora, granadillo, todo iba, inclusive para fuera del país. Las tucas de madera salían en carretas, o jaladas a rastras por yuntas de bueyes hacia los aserríos, después de derrumbarlas con hachas bien afiladas.

Este saqueo de madera duró unos 30 años, hasta que todo fue dejado pelado, nadie reforestó y hoy estamos viviendo las consecuencias gravísimas, por cierto.

En “El Charco” hemos sembrado siempre ajonjolí, sorgo, maíz y frijoles, además del algodón y producción de ganado, todo lo cual practican la mayora de las familias residentes en este poblado leonés.

Quiero recordarle que el Ferrocarril era vital para nosotros. El gobierno (Violeta Barrios viuda de Chamorro) anterior nos lo quitó. En él nosotros, productores, comerciantes y pobladores, montábamos en los vagones el maíz, sorgo, cerdos, gallinas, huevos, leche, cuajada, mantequilla, leña, vacas, frutas de todo tipo, para irlas a vender a Malpaisillo o a León.

Usábamos el Ferrocarril para viajar de paseo, al estudio de los chavalos a Malpaisillo y León, o para ir a traer mercaderias para el consumo local.  Al suspender el Ferrocarril, nos perjudicaron gravemente, porque este pueblo queda lejos de la carretera, hasta donde debemos caminar para abordar autobuses.  Las diversiones aquí son las fiestas patronales de la Vïrgen de los Desamparados, en mayo; otras diversiones son los traguitos de guaro y nada más.

Aquí hubo también matanzas de familias rivales, en vendetas, se peleaban por tierras, por faldas de mujeres, ya borrachos los  hombres se liaban a tiros, a machetazos, se mataban, pero no les menciono apellidos para no revivir heridas de ese tipo.  Iglesia Católica sólo es una, evangélicas existen cuatro. Existe una escuela primaria y un instituto con enseñanza básica de secundaria”.

IV

Personajes

Justino Fonseca Mena, ex/concejal del Frente Sandinista, ex-alcalde de Malpaisillo, habla de los personajes más conocidos de este terruño de León:

“La lista de personajes de aquí comienza, como vos sabes bien con don Manuel Ignacio Pereira Quintana, el fundador de Malpaisillo, quien venciendo todo tipo de adversidades, inclusive de enfrentamientos con el propio Somoza, emprendió una de las obras de mayor envergadura socio-política del siglo XX en Nicaragua, pues que yo sepa nadie, a título personal, ha fundado otro pueblo tan conocido como Larreynaga en estos nuevos tiempos.

Pienso que el otro personaje más famoso de Malpaisillo, por su trascendencia nacional, fue Santiago “Indio Pan de Rosa” Páiz Carvajal, quien se hizo una celebridad, especialmente por su arte de músico y cantante popular dedicado a la Cruzada Nacional de Alfabetización, a Nicaragua y a personajes de su época como Francisco “Pancho Ñato” Juárez Mendoza, quien estuvo vinculado un tiempo con Malpaisillo. (Hablamos de “Indio Pan de Rosa” en capítulo aparte).

Luego están en orden otros personajes de importancia económica-social, por el capital que ostentaron y por la ubicación política que tenían, como Benito Irías, casado con la también personaje doña Efigenia Vásquez; Raúl Valle Molina, quien fue diputado en el régimen de Somoza y enemigo a muerte del fundador de Malpaisillo; Félix Pedro Alfaro, productor algodonero y senador en la época del somocismo, virtualmente uno de los jefes del poder local en esta Ciudad con Antonio Urbina Debayle y Benigno Reyes Palacios, quienes fueron Alcaldes en  periodos distinos con la dictadura.

Doña Zoila Vindell, conocida maestra de filiación liberal; César Mayorga, quien fue uno de los primeros alcaldes, después de Don Manuel Ignacio Pereira Quintana; don Virgilio Silva, Pablo Argeñal, Heriberto Pérez, todos los cuales han sido parte activa de la historia joven de este pueblo casi adolesecente del Departamento de León.

Aquí hubo personajes no del ámbito político, pero ampliamente reconocidos por todo el municipio como doña Chepa Poveda, la señora que vendía pozol y tiste sabrosos, bajo el sol o la sombra de la Estación del Ferrocarril.

Era imposible llegar al casco urbano de Malpaisillo, a pie, en caballos, burra, en una camioneta o en el trailers de un tractor, ya fuese sudado, cansado o fresco por un reciente baño, era imposible, sí, no pasar tomándose un pozolito de color oscuro, “licuado” con molinillo en una jícara de jícaro sabanero, repleto el pozolito de azúcar morena o refinada.

Aquello, el pozol de Josefa “Chepa Poveda”, era apetecido desde siempre. Miles de pobladores de este municipio lo bebimos por sed o por hambre, pues al mismo tiempo que te bebias aquella delicia manjarosa, quedaba un chingaste también riquísimo, el cual ayudaba a matar “el tigre” del estómago.

“Chepa” Poveda era artista en hacer el tiste también. Te ponía el tiste tan helado, que aquella jícara más bien parecía un vaso de cerveza, destilando vapores típicos de un frigorífico.

Algunos acompañaban el pozol o el tiste con un pico dulce (pan), de unos que “Chepa” Poveda compraba en León, en una panaderí de El Calvario, para venderlos en Malpaisillo.

“Chepa” Poveda era una persona tan conocida como el “Indio Pan de Rosa”, pues era difícil encontrarse a un campesino que no conociese a esta vendedora popular, donde quien llegaban centenares de pobladores urbanos y rurales a saciarse la sed con un pozol o un tiste en jicarita.

El doctor Francisco Alvarado, quien no logró graduarse de médico, pero era “el médico de las comunidades, de los humildes. Los campesinos decían “ahí viene el doctor Alvarado… andá, preguntale con qué te podés curar… vos estás jodido, el doctor Alvarado es buena gente”.

Y efectivamente, centenares lo buscaban, le salían al encuentro, para preguntarle cómo curarse, generalmente a cambio de nada, porque casi nunca cobraba.

Octavio “Telica” Madriz, “el curandero”, fue un personaje un poco oscuro, que se autodenomiba médico y curandero, y propietario de uno de los taxis interlocales entre Malpaisillo y León.

Don Francisco “Pancho” Castellón y Porfirio Picado, dos de los co-fundadores de este pueblo con don Manuel Ignacio Pereira, son personajes muy conocidos en Malpaisillo.

Raimundo Urbina Pereira, uno de esos co-fundadores, asegura que la vivienda de Raymundo Escorcia, fue la primera en construirse y que éste se convirtió en uno de tantos personajes conocidos en este nuevo pueblo leonés.

Son familias conocidas más conocidas: Pereira Herrera, Olivas, Urbina, Vindel Reyes y Meza.

Las primeras pulperías  fueron las de: Estebana Ruíz, Teresa Sandoval, José “Tico” Jiménez y Salvador Narváez. Uno de los tenderos más conocidos fue Narciso Bonilla, propietario de una ferretería, donde se compraban los clavos para construir las casas, el cemento; las grapas para echar nuevos cercos en potreros.

Los primeros barberos conocidos fueron: Rafael Castillo, Serafín Fletes, Concepción (varón) Navas, Lorenzo Salazar, Pedro Machado, Juan José Castellón, Gonzalo Ramírez, Pablo Pérez, Jairo Brenes, Lázaro Salgado y Lucas Morán. De esos barberos, sólo queda activo Jorge Rivera.

Los primeros agricultores fueron: Rogelio Urbina, Manuel Ignacio Pereira Herrera, hijo del fundador; Julio Castellón, Rafael Zamora, Norberto Arbizú, Francisco Zapata Munguía y Carlos Hernández.

Las primeras profesoras (maestras) del pueblo: Guadalupe Pereira Herrera, hija del fundador; Carmen Parajón y Elba Sevilla.

Los primeros carpinteros conocidos fueron: Jesús González, Felipe Vargas, Pedro Flores y José Lechado, quienes construyeron centenares de carretas, casas forradas con madera, yugos para uncir los bueyes, marcos para las tijeras de dormir, arados para arar la tierra con bueyes, carretillas de mano.

Gerardo “Platanillo” Barahona se convirtió en el primer albañil. Le ponía adobe a las casas “más modernas” de allá por los años 50, y todavía un poco antes de la década del 60.

El primer sacerdote del pueblo fue el Padre Porfirio Zapata Guerrero, quien, al mismo tiempo, celebró la misa campal, con la cual se dio por fundada Larreynaga (Malpaisillo) el seis de septiembre de 1936.

En las décadas 40-50 eran famosas dos galleras, unicos medios de diversión de hombres en los fines de semana, propiedad de Isidro Duarte y Amada de Barreto.

Han sido declarados “hijos dilectos” de Malpaisillo, los personajes siguientes: Petrona Páiz, madre de Santiago “Indio Pan de Rosa” Páiz Carvajal; Leonel Navarro Cáseres, (Alcalde año 2000) actual; profesor Miguel Zapata Dávila;  Tomás Vílchez Barrera, exvicealcalde y famoso minero de El Limón y Santa Pancha; José de la Cruz Bermúdez González, presidente de la Unión de Pequeños y Medianos Productores, Ramiro Baldizón Carvajal y Albertina Delgadillo de López.

El profesor Zapata Dávila comenzó su formación académica en escuelas nocturnas, trabajando y estudiando, hasta obtener dos licenciaturas en Ciencias de la Educación y Español, mediante esfuerzos de estudios los fines de semana y en la noche.

Hoy es uno de los mejores maestros del municipio, buscado insistentemente por alumnos de los colegios, quenes le consultan asuntos de matemáticas, español, química, física, etc.

Vílchez es uno de los gloriosos mineros de las Minas de El Limón y Santa Pancha, luchador inclaudicable.

Ramiro Baldizón Carvajal ha sido maestro de amplia trayerctoria en el mundo académico y en los deportes.

Mis reverencias para doña Petrona Paiz por haber parido a ese genial músico y cantor de la Alfabetización, llamado Santiago “Indio Pan de Rosa” Paiz Carvajal.

Ella cultivó a “Indio Pan de Rosa” por la senda de los pobres, por la ruta de Sandino y del Frente Sandinista.

José de la Cruz Bermúdez es de esos hombres que no hablan mucho, pero que construyendo sendas y caminos con sus ejemplos, en este caso en su lucha al lado de los medianos y pequeños agricultores y del pueblo en general en Malpaisillo.

Mis respetos por doña Albertina, esa maestra de generaciones en LarreynagaMalpaisillo.

Son personajes conocidos de Malpaisillo las parteras históricas, las que ayudaron a salir a la vida a personas conocidas, entre otras son ellas: Concepción Salazar Martínez (ya fallecida), Magdalena Picado de López, Elida Avilés, Manuela y Guillermina Trujillo, Matilde López Picado, Carmen Miranda Reyes, Cándida Morales, Mariana Morán y Socorro Aguirre.

Cantaautores populares, encabezados, por supuesto con Santiago “Indio Pan de Rosa” Paíz Carvajal (fallecido), Pablo Pérez Mendoza, Julio Pineda, Victorino Rojas González, Lucas Morán, Mariano Morán (fallecido), Pedro Romero Pozo, Herenio Carvajal Rizo (fallecido), Ramón Laguna Matamoros, Alfredo García, Moisés Urbina Moreno, Róger Vargas Páiz (hermano de “Indio Pan de Rosa”), Luis Valle Flores, Luis Pereira Herrera, Felimeón Munguía, Francisco Pereira Herrera, Santiago Martínez López, Francisco Romero López, Ligia Vargas Solís, Norman Medina Solís y Abraham Mayorga Castellón.

De los cantaautores, el más conocido, por supuesto, es Santiago “Indio Pan de Rosa Páiz” Carvajal, quien se hizo músico y cantor en forma natural, oyendo a guitarristas mayores que él, mientras laboraba en el campo arando la tierra y sacándole los frutos para la comida.

Testigos presenciales afirman que “Indio Pan de Rosa” se relacionó un tiempo con Francisco “Pancho Ñato” Juárez Mendoza, famoso personaje, casi novelesco, de las comarcas cercanas a Telica y del mismo Malpaisillo, donde vivía su madre.

“Pancho Ñato” puede ser incluido en esta lista larga de personajes, ya que en Malpaisillo fue capturado por la guardia genocida somocista, cuyos jefes asesinaron a Francisco  “Pancho Ñato” Juárez Mendoza con 200 más en el Fortín de Acosasco, en 1952, cuatro años antes de que Rigoberto López Pérez ejecutara al tirano Anastasio Somoza García, el fundador de “La Estirpe Sangrienta”.

“Pan de Rosa” le cantó con entusiasmo resuelto a la Gran Cruzada Nacional de Alfabetización, tal vez convencido de que su canto calaría masivamente para que sus hermanos campesinos fuesen todos alfabetizados, pues él, Santiago, no había tenido oportunidad de transitar como estudiante los pasillos de las universidades de León y Managua.

Murió en un accidente de tránsito cuando todavía estaba jóven. Iba dentro de un autobús de pasajeros, rumbo a Managua, donde tenía un programa musical artístico en Radio Sandino, cuando el vehículo fue impactado por otro.

Dejó pendiente su entrega más a fondo al arte nacional. En Malpaisillo, especialmente en la comarca de El Terrero, lo recuerdan con mucho cariño. Su tumba, situada bajo un frondoso guanacaste, está siempre llena de flores silvestres.

Profesores ya jubilados: Hilda Carvajal, Miguel Zapata Dávila, Ramiro Baldizón Carvajal, Zoyla Vindel de López y Albertina Castillo de López.

Maestros o profesores activos: Ester Novoa Guido, Engracia Mendoza Ramos, Irlanda Mendoza González, María Isabel Ramos, Auixliadora Ríos, Venancia González PaniaguaVirgilio Gómez Páiz, Esmeralda Salinas González y Elba Luz Rizo Rivera.

Licenciados en Teología: Leonel Navarro Cáseres, Leonel Navarro Rizo, Argentina Navarro Rizo y Mercedes García Arbizú.

Profesionales famosos en el pueblo y sus comarcas: Róger Argeñal Aráuz (físico y matemático); médicos: Juan Vargas Arbizú, Ligia Soza Tijerino, Manuel Baldizón Rojas, Teodolinda Navarro Rizo, Erick Fletes Cerón, Francisco Bonilla Solís, Fernando Reyes Barreto, Lucía Guido Novoa, Donald Vargas Páiz, Silvio Armando Jarquín, Mario Morales Morales y Félix Picado Escoto.

Odontólogos: Sonia Pérez Rojas, María Yolanda Navarro Rizo, Marvin Rugama Mondragón, Sandra Reyes Barreto y Enrique Gómez.

Ingenieros: Eddy Castellón Cisneros (fallecido), Carlos Reyes Barreto, Horacio Lechado López, Rodolfo Ramírez, Magdaleno Rojas Pérez, Norberto Arbizú Valencia, Rómulo Rodríguez Estrada, José María Pereira Briceño y Ronald Balmaceda Campos.

 

Abogados: Julio Acuña Martinez, Juana Dalia Rojas Pérez, Marcos Baldizón Rojas, Esmeralda Salinas González, Lorena Guerrero Ramos, Marcelina González Novoa, José Luis Calderón Olivas, Ileana Reyes Novoa y Secundino Calero Matamoros.

Periodistas: Pablo Emilio Barreto Pérez y Freddy Rostrán Aráuz.

Ciencias de la Educación: Rosa López Vindel, Miguel Zapata Dávila y Lorena Guerro.

Biólogos: Lesbia Padilla Bonilla, Aydalina Carvajal y Antonia Pereira Briceño.

Químicos: Juan Alberto Laguna Romero, María Elena Páiz López , Auxiliadora González Novoa y Mercedes Beteta.

Matemáticas:  Lorena Guerrero Ramos, Julia y Lucrecia Henríquez Dávila.

Enfermeras: Alba Rosa Balmaceda Gutiérrez, Verónica Torres Narváez, Teresa Zamora Medina, Andrea López Mendoza, Telma Picado Pineda, Juana Escobar, Pabla Morán Reyes, Juana Rivera Machado, Magda Granera Rojas, Lucía Rojas Godoy, Reyna González Medina, Josefa Rivera Jirón, Olga Pichardo, Ramon Vargas Vega, Alejandra Cano Orozco, Bersa Dávila Vásquez, Vilma Santos Rizo, María Ríos Granados, Marta Ramírez Mendoza, María Novoa Guerrero,Jazmina Vargas Valdivia, Claudia Vargas Cadenas, Zobeyda López, Karla y Maritza Cadenas Aragón.

Glorias del deporte: Jaime Meza Poveda (ya fallecido), Pompilio Meza Poveda, Eradio García Campos, José Bustillo Urbina, Modesto García Valverde, Mario Agapito Treminio Fonseca, Hilario Mendoza Morales, Jesús Soza, Julio Reyes, Salvador Valle, Camilo Aráuz, Edwin García Vargas, Marcos Aráuz, Víctor Novoa González, Miguel Vallejos y Duilio Sotelo.

Son personajes actuales, indiscutibles, los que han sido Alcaldes y concejales en los últimos 20 años:

Alcaldes: Otoniel Pereira Mendoza, Bayardo Juárez Torrez, Leonel Navarro Cáseres, Justino Fonseca Mena y Bernabé Acosta Narváez.

 Concejales de los dos últimos períodos, 1996 al 2000:

 Bernabé Acosta Narváez, Aura Estela Picado Escoto, Juan Francisco Paz Narváez, Justino Fonseca Menam Migdalia Zapata Bucardo, Jorge Luis Talavera, Benigno Reyes Palacios, Horacio Lechado López, Alejandro Matus Medina. Alcalde y Vicealcalde: Leonel Navarro Cáseres y Tomás Vílchez.

 Concejales del 2000 al 2004:

Secundino Calero Matamoros, William Silva Olivas, Socorro Sirias Vílchez, Marta Lorena Guerrero Ramos, Carlos Guerrero Pastora, Máximo Morales Pérez, Manuel Martínez Chiow, Freddy Barrera López y Teresa Narváez Mejía. Alcalde y Vicealcalde: Bernabé Acosta Narváez y Jorge Luis Vega García.

 

Son personajes conocidos: Carmen Vallejos Rojas, Porfirio Mendoza Chávez, Catalina Peralta Zapata, Aleyda Espinoza Narváez, Alejandro Matus Medina, Norman Castellón Cisneros,  Rigoberto Balmaceda, Jorge Luis Talavera Icabalceta, Justo Pastor Sánchez Amador.

En la lista de los famosos se incluyen algunos choferes de taxis y dueños de camionetas de pasajeros, renombrados en la década 60-70, entre otros: Timoteo Flores, Alberto Salinas, el gordo Félix Sarria, Inocencio Martínez, Esteban González, Luis Manuel Soza, Leonel Amador y Zacarías Vargas.

Estos taxis interlocales desaparecieron en los primeros años de la década de los 80, debido a que el algodón como cultivo, ya estaba desapareciendo.

Los primeros gasolineros, en la década del 50, fueron Roberto Baca y Ulises Vanegas, quienes eran los encargados de llenar los tanques de los lentos tractores agrícolas, camionetas de acarreo y camiones para transportar el algodón de las haciendas algoneras a las desmotadoras en la periferia del casco urbano, hacia San Jacinto o hasta la ANSCA, en el empalme de la carretera a Chinandega.

Después, en 1961, Raúl Valle Molina, instaló una nueva gasolinera, la cual pasó a poder de Pedro García Delgado en 1976. Hoy existen tres gasolineras: Shell, Chevron y Esso.

En esta historia de Malpaisillo jugaron también su papel, frente a la población, los terratenientes algodoneros y propietarios de desmotadoras, como Federico Argüello, Edgard Lacayo, César Arana, Óscar Galo, Mauricio Gurdián y Marcelo Langrand.

También Aquiles Montoya y Tomás Cerda Jarquín, quienes fungieron como administradores de las desmotadoras, donde se ventilaron huelgas obreras y diversos conflictos laborales.

El primer herrero del pueblo fue Narciso Saavedra, quien se encargaba de fabricar pailas, cucharones, comales metáticos y jarrones para cocer el café, el “tibio” de pinol, la sopa de res, de garrobo, cerdo, o para cocina el arroz con tomates monteros, todo destinado a los hogares urbanos y rurales de Malpaisillo.

Uno de los primeros mecánicos, empírico, pero bueno, fue Filemón Rostrán, a quien le decían “el maitro Rostrán”. Era preciso estar “bien con él”, porque era el único mecánico en las décadas 50-60, cuando reinaban los vehículos Chevrolet, Ford, todos de línea norteamericana.

Julio Castillo fue el primer farmacéutico conocido entre 1948 y 1952. Este mismo farmacéutico instaló una fábrica de jabón en la casa que hoy es propiedad de Francisco Alvarado. Esa fábrica suplía de jabón a gran parte del pueblo.

Esperanza Sotelo Salgado instaló una nueva farmacia en 1980 y Esperanza Vargas Raudes es propietaria de otra nueva, situada frente a Telcor, donde vende medicinas a toda hora, es decir, de día y de noche.

“El maitro Caña” era otro personaje famoso, que existió en los alrededores de la Mina de El Limón. Este tenía sociedades con Félix Pedro Alfaro y la compañía ALMAZAN, relacionada con el desmote de algodón, en la época de la destrucción de tierras por los cultivos algodoneros.

Los comerciantes Elba Baca y Zacarías Vargas son los pulperos o comerciantes más famosos, pues éstos se mantuvieron siempre  florecientes, a pesar de las  adversidades tanto antes como después del triunfo de la Revolución Sandinista.

Hubo otras tiendas o pulperías grandes, como las de doña Efigenia Irías, una de Raúl Valle Molina, otra de Narciso Bonilla, pero estos dos, marido y mujer, se las ingenieron, laborando día y noche, para tener siempre surtida la ferretería y negocio variado, analiza el concejal sandinista Justino Fonseca Mena, ex-alcalde de Malpaisillo.

En esa pulpería de Baca y Zacarías Vargas siempre hubo azúcar por quintales, dulce, mecates, jáquimas, gruperas, sacos, hamacas, sal, frijoles, arroz, aceite, medicinas, enlatados, tiros para rifles, ropa confeccionada, zapatos, calcetines, sábanas o colchas, galones, platos, tenedores, cazuelas para cocinar, bujías, baterías, radios, linternas, candiles, kerosin, carbón, leña, tinajas de barro, todo lo que necesitan los pobladores urbanos y rurales de municipios muy rurales como éste, me decía Fonseca Mena.

Los hermanos Freddy, Douglas y Denis Barrera, son tres de los comerciantes más pujantes de la actualidad en Malpaisillo. Los tres son profesionales, dedicados al comercio también por falta de oportunidades de empleo.

Entre estos personajes están también los que tienen apodos o sobrenombres, incluyendo familias enteras, como los García Castillo, a quines les dicen “Los Bailandito”.

“Los Socados”, familia Cisneros Ortíz; “Los Venados”, familia Juárez Carvajal; “Los Tigres”, familia Mayorga González; “Las Millonarias”, familia Solís Trujillo; “Los Peludos”, familia Castellón Chavarría; “Los Cuchillones”, familia Flores Quintero; “Los Cantaritos”, familia López Aguilar; “Los Mula”, familia Juárez Mendoza (son familiares de “Pancho Ñato”); “Los Cuatro Pelos”, familia Espinoza Valdivia; “Los Ceguastías o Ceguastes”, familia Rodríguez Salazar; “Los Chumecos”, familia Rojas Pérez; “Las Tamaleras”, familia Aráuz Poveda; y “Los Tarailas”, familia Barrera.

 

Los apodos abundan. Ahí te va “moronas”, como dice Carlos Mejía Godoy: Magdaleno “Chancho” Rojas Pérez, Pedro “Pellín” Miranda, Silvestre “Muñeco” Mendoza, Alcides “Pinto” Rojas, Alejandro “Bujía” Martínez, Francisco “Chico Ruco” Martínez,  Javier “Filito” López Vindel, Miguel “Pitirre” Martínez, Oscar “Gasparín” Figueroa, Danilo “Tapón” Valdivia Gutiérrez, Raúl “Macuya” Mairena.

Roberto “Vitrina” Valdivia, Francisco “Chica Rica” Vargas Arbizú, Juan “Juan Largo” Ruíz, Marcio “Waslala” Artola, Pedro Pablo “Pavo” Mendoza, Marlon “Maleta” García, Léster “Trompuda” Rodríguez, Alfredo “Toto” González, Luis Felipe “Loca” Mendoza, Alejandro “Alejandrón” Rodríguez, Pedro “Doblete” Aráuz, Juan “Canasta” Jiménez, Ricardo “Café” Orozco, Victorino “Chacalín” Juárez, Ramón “Tambula” Pérez, Benito “El Venado” Gómez, Carlos “Cabo Cabo” Vizcarra, Heriberto “Matías” Campos, Guadalupe “Abispón” Flores, Pablo Emilio “Capricho” Carvajal, Ramón “Chompololo” Laguna Matamoros, Juan “Bachiller” Carvajal Castillo, Sidar “Wincher” Zapata, Freddy “Manquiler”, Marlon “Zorro” Juárez…

Marvin “Carón” Zapata, Aníbal “Castizo” López, Guilllermo “Chavo” Carvajal,  José‚ “Gamba” Picado, Osman “Manso” López, Freddy “Chula” López, Silvio “Mona” Mondragón, Moisés “Cara de Paipa” García, Alfonso “Culica” García, Oscar “Timbales” López, Héctor “Toro” López, Yader “Chacú” Mondragón, Moisés “Chespirito” Chavarría…

Alfonso “Tijereta” Santos, Alfredo “Frito” Lechado, Mario “Mario Sahíno” Lechado, Bayardo “Tripa de Pollo” Narváez, Miguel “Pitijuy” Lechado, Francisco “Trompeta” Lechado, Armando “Monja” Lechado, Pedro “Camión” Lechado, Juan “Chicha” Lechado, Emilio “Conejo” García, César “Negro Pereira” Pereira, Humberto “Churumbelo” Carrero…

Gerardo “Platanito” Barahona, conocido personaje por sus borracheras de varios días.

Antonio “Malpaisillo” Rivera, famoso porque dicen come gatos, culebras y todo tipo de animales; Tula “Cuecho” Guerrero, renombrada por su capacidad de divulgación de “cuechos”; María “Mondonguera” o “Cachimba” Obando, Margarita “Dormilona” Navas, Hermenegildo “Merecho” Reyes, dueño de cantinas, famoso porque cuando había un pleito el salía diciendo “Yo pago todo, bebamos, para que estemos tranquilos…” y de ese modo se evitaba la vendeta.

Fanor Brenes (ya fallecido) es otro personaje famoso porque cuando andaba “arrancame la vida”, procedía a “cacharse” objetos de algún valor monetario donde amigos y los iba a vender, para continuar bebiendo y jugando en las cantinas locales.

Otra celebridad es Berta “Policía” Blanco, propietaria de prostíbulo en la época algodonera, se hizo famosa porque en forma ritual apaleaba a las prostitutas para que le fueran obedientes a ella.

Armando “Tamal” Mendoza es famoso actualmente porque de una sentada rápida se come dos docenas de elotes asados o tres platos de comida.

“Juancho,  billarero” o “Juan Patango”, no se le conoce el apellido, pero con sólo decir cualquiera de los dos apodos, ya se sabe de quién se trata en el pueblo.

Sinforosa “Mona” Rojas. Se especula de ella que “se convierte en mona” para asustar a la gente, lo cual es creído por unos y rechazado por otros.

Evangel “Castellana” López, garroteador de bolos; Juan “Bonito” Briceño; Francisca “Pancha” Valdivia, famosa jugadora de gallos y apostadora del “toro rabón” durante las fiestas del pueblo.

Dicen que “Pancha” se metía a los prostíbulos, en la época algodonera y allí jugaba al póker con los hombres.

Concepción “Concha, la vulgar”, una de las vendedoras de periódicos más conocidas del pueblo; Narciso “Chicho”, “!Bailen, jodidos” Munguía, famoso, porque, se afirma, se para en las esquinas, pone música y a los muchachos les dice: “!Bailen, cabrones­”.

Bruno “cargador del Autocarril” Centeno, renombrado con ese apodo popular cuando cargaba bultos o mercaderías hacia o del Ferrocarril y del Autocarril, los cuales eran los medios de transporte más importantes de los pobres de Malpaisillo.

Óscar “Canción” o “Miel de los Pajaritos” Estrada, también una personalidad popular en el casco urbano de Malpaisillo, porque tenía una cantina a la cual llegaban “!muy de mañana” los engomados a quitarse la goma con un traquito, mientras, les decía: “Aquí es la miel de los pajaritos”.

Otro parecido a “Miel de los Pajaritos” es Pedro Pablo “Bigote” González, cuya casa es como “un asilo” de los “bebedores sociales”, pues les facilita la posibilidad de “echarse un traguito” en su vivienda.

“Vos vas donde él y ya se arma la bebedera amistosa, en forma modesta, por supuesto”, confiesa Antonio “Cuatro Pelos” Urbina.

Roberto “Chilero” Pérez Mendoza se detiene en las esquinas y empieza a contar “chiles”, hasta el filo de la media noche o la madrugada, se afirma en el pueblo.

Concluyo con Manuel “Chele” Anduray, personaje conocidísimo por jóvenes, adultos y viejos, pues se trata del más antiguo pregonador callejero de periódicos. Es tan blanco que parece albino.

Siempre está  enterado de las “noticias buenas y malas”. Anuncia las misas, las muertes de vecinos, las bodas futuras, las sopas de mondongo de los domingos, la venta de nacatamales de los sábados, los velorios de muertos y cómo serán estas velas, con traguitos o sólo con café‚ y no falla en misa los domingos.

Ya se ha retirado de la venta de diarios nacionales por vejez, pero continúa pregonando el resto de cosas mencionadas.

X

SOMOCISTAS Y SANDINISTAS

Los personajes más connotados por pertenecer a las filas criminales del somocismo genocida, fueron: Antonio Urbina Debayle (Alcalde, ganadero y algodonero), Antonio “Toño” Villegas, productor agrícola campesino de la comarca de Rota, quien era jefe de los “orejas” de la Oficina de Seguridad y de los “jueces de mesta”, los cuales, juntos, integraban una especie de “escuadrón de la muerte” o “mano blanca” como se les llamaba en Managua; Félix Pedro Alfaro (senador algodonero), Raúl Valle Molina (diputado y negociante usurero), Benigno Reyes Palacios (Alcalde y productor algodonero y ganadero), Eleazar Moraga Cruz (Juez Único e ideolólogo liberal somocista), el jefe del comando G.N. de la Guardia Nacional, un tal Orlando, quien fue el último “marine” hasta el Triunfo de la Revolución Popular Sandinista.

Este “Toño” Urbina Debayle y “Toño” Villegas eran los jefes más  visibles del crimen somocista organizado e institucionalizado en Malpaisillo.

Ambos mostraban placer morboso ante la posibilidad de capturar, torturar y asesinar a sandinistas, opositores al régimen somocista y a todo aquel que les manifestara alguna divergencia de opinión en contra de lo que ellos hacían de malvado en Malpaisillo y sus comarcas aledañas.

A los asesinatos los echaban a un pozo de la finca de Urbina Debayle o los dejaban botados en zanjones del Municipio de Malpaillo.

En estas acciones criminales, por supuesto, eran auxiliados eficientemente por Benigno Reyes Palacios y Félix Pedro Alfaro, los dos más ardientes defensores del régimen somocista en el plano público de Malpaisillo.

¡Ah¡, por supuesto, el resto de personajes somocistas de Larreynaga-Malpaisillo, guardaban silencio cómplice ante los crímenes o asesinatos ejecutados en sitios como bajo puentes de la Carretera-León San Isidro.

 “Toño” Urbina Debayle y “Toño” Villegas mantenían oficiosamente informadas a la guardia genocida y a la Oficina de Seguridad  (comandas ambas por Anastasio Somoza Debyale) de los movimientos opositores al régimen y especialmente de la actividad del Frente Sandinista de Liberación Nacional en la zona.

Estos dos sujetos criminales fueron los causantes principales de decenas de asesinatos de quienes son hoy Héroes y Mártires de Malpaisillo, encabezados por Jacinto Baca Jerez, quien fue, precisamente, asesinado casi frente a la Estación del Ferrocarril en Rota cuando realizaba actividades clandestinas del Frente Sandinista.

Se conoció que “Toño” Villegas y la guardia genocida de un cuartelucho que había en la misma Estación del Ferrocarril, fueron quienes le prepararon la emboscada a Jacinto Baca Jerez, cuya placa conmemorativa estaba en mal estado en enero del 2003.

Villegas y Urbina Debayle fueron enjuiciados públicamente y fusilados días antes del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista por considerarlos personas realmente nefastas,  perversas, aunque en público se mostraban como “angelitos”, pues, inclusive Don “Toño” Villegas hasta colaboró en la construcción de la Iglesia Católica de Rota.

La casa del comando G.N. genocida estuvo frente a la parada de autobuses y taxis, a la orilla del ceibón centenario, frente a la sede de la Alcaldía, hasta que fueron desarmados unos guardias y los otros, huyeron.

Esta casa que ocupa hoy la Alcaldía de Malpaisillo era de Raúl Valle Molina, y la que fue de Félix Pedro Alfaro es ocupada para actividades culturales.

Como vos sabés -dice Justino Fonseca Mena-, el mando del somocismo se concentraba en tres personas en los municipios: el jefe de la guardia, el Alcalde, el Juez, los “orejas” y los “jueces de mesta”. En este caso de Malpaisillo, al final eran: el tal Orlando, el Alcalde Antonio Urbina, el Juez Unico Eleazar Moraga Cruz y Don “Toño” Villegas, quien residía unos cinco kilómeros al Sur, en la Comunidad o Comarca de Rota. Por supuesto, junto a ellos estaba Benigno Reyes Palacios, quien hoy es conccejal por la Alianza Liberal en Malpaisillo.

Los jefes de los partidos Liberal y Conservador también tenían parte del mando, en este caso era Benigno Reyes por los somocistas y Pedro Amador; Alexis Salazar, y don Narciso Bonilla por los conservadores.

En cuanto a lo que se afirma sobre desapariciones físicas de sandinistas por parte de “Toño Urbina Debayle”, son ciertas, por ejemplo a Alexis Salazar y Andrés Pérez, ‚él personalmente los hizo desaparecer, y en realidad hablemos de que era el somocismo como tal, del cual eran jefes los ya mencionados, señala Fonseca Mena.

En el llamado “puente”, aquí cerca, por ejemplo aparecieron un grupo de jóvenes asesinados por la guardias, aparecían los cadáveres de muchachos, como se hallaban en Managua en la Cuesta del Plomo, en la orilla del Teatro Rubén Darío o en el “Camino de Bolas”, añade.

Aquí aparecían los cadáveres de asesinados por la guardia genocida del somocismo en pozos, como uno allí por la entrada a la Mina del Limón, amigo.

El Frente Sandinista y algunos concejales del FSLN tienen proyectado hacerle una Galería a los Héroes y Mártires de la Revolución Sandinista, para conservar su memoria por siempre.

Personajes sandinistas conocidos, famosos porque fueron torturdos o muertos y desaparecidos por la guardia genocida: Duley Páiz, Danilo Picado y Alexis Salazar.

Otros mártires conocidos: Jorge Barreto Romero, Raúl Salgado, Cayetano Sánchez, Mariano Ramón y Manuel de Jesús Pérez Osorio, Erasmo Cuadra, René Machado, Alcides Padilla, Mario José Pereira, este último asesinado durante la Cruzada de Alfabetización en Santa Rosa de los Parrales, en los llamados Cerritos.

Cayetano Sánchez, Raúl Salgado, Pedro Roque Blandón, Irvin Olivas, Néstor Silva, Hermógenes Ramírez, Alberto Pichardo, Anastasio Mendoza, Jacinto Medina Picado, Ramón Larios, Wilfredo Granados, Flor de María Toruño, Luis Manuel Hernández, Rodrigo Díaz, Angel Alexis Acosta, Irving Espinoza, Róger Sarria Cavaría, Enrique Cavaría y Raúl Cabezas Lacayo. Este último hermano del comandante Omar Cabezas Lacayo, quien perdió a tres hermanos en la Guerra de Liberación o Revolución Sandinista.

 

Hubo más de cien caídos, tomando en cuenta los anteriores al Triunfo de la Revolución Sandinista y los muertos en la defensa de la patria en la década de los 80. Se les está haciendo una Galería para que sus nombres gloriosos no sean olvidados jamás por las nuevas generaciones.

 

Otoniel Pereira Mendoza

 

Un personaje conocido, polémico, brioso y coherente defensor del Frente Sandinista, Otoniel Pereira Mendoza, primer coordinador de la Junta Municipal durante el gobierno revolucionario sandinista; también Roberto Novoa, quien fuera funcionario municipal

 

No puedo dejar de mencionar a un personaje olvidado prácticamente, inclusive, por los co-fundadores, aquel abnegado Alcalde de Telica, de esos días, llamado Félix Medina, quien no vaciló en defender a Don Manuel Ignacio Pereira Quintana mientras era atacado por Somoza García, algunos generales de la guardia y, por supuesto, los terratenientes que trataban de impedir el asentamiento definitivo de Malpaisillo.

 

Al trasladarse a Malpaisillo, Pereira Quintana había depositado el poder edilicio de la comuna de Telica en Félix Medina, quien personalmente y con los recursos de la Alcaldía se metió a defender a los nuevos pobladores y al fundador de Larreynaga.

 

También son personajes en esta formación histórica joven los terratenientes Gabriel Salamanca y Alberto Derbyshire, quienes fueron usados por Somoza García para hacerle la guerra abierta a don Manuel Ignacio Pereira al reclamar en público y en juzgados locales de León que las tierras eran “suyas”, y sostenían que jamás habían pertenecido al Prócer Miguel Larreynaga.

 

Estos dos personajes sostenían que las tierras repartidas por el fundador Pereira, eran de ellos desde la comarca El  Terrero hasta la comunidad de El Apante, y desde el Valle de las Zapatas a Rota, es decir, todo el nuevo territorio, ya convertido en pueblo y municipio.

 

Salamanca y Derbishire, sobre los cuales no pude encontrar muchos datos, llegaron al colmo de disparar sus revólveres hacia el interior del pozo comunal, mediante el cual se obtuvo agua para los pobladores co-fundadores.

 

XI

Alcaldes y fusilamiento de Toño Urbina

 

Indiscutiblemente, los personajes más conocidos en toda esta historia son los alcaldes desde 1936 hasta estos días de 2003.

 

Manuel Ignacio Pereira Quintana fue Alcalde dos períodos seguidos desde 1936 (año de la fundación) hasta 1946; Salvador Narváez, de 1947 a 1948; Virgilio Silva Toruño, de 1948 a 1950; César Mayorga Jiménez (uno de los enemigos del fundador, según lo afirmaba Pereira) de 1950 a 1963; Benito Irías, en un período corto de meses en el año 1964; Efigenia Irías, esposa de Irías, de 1964 a 1966; Benigno Reyes Palacios, de 1966 a 1968; Pablo Argeñal Rivas, 1969 a 1970; Benigno Reyes Palacios, de 1970 a 1972; Alberto Williams, 1972 a 1974; Manuel Ignacio Pereira Herrera, hijo del fundador Pereira, durante un período corto de pocos meses en 1974; Antonio Urbina Debayle, hijo natural del que fuera “Tío Luz”, uno de los personajes tenebrosos de la dictadura, de 1975 a 1979, fue el último Alcalde del somocismo genocida en Malpaisillo.

 

Urbina fue fusilado al Triunfo de la Revolución por considerarlo uno de los elementos más nocivos y asesinos del somocismo en Malpaisillo.

 

Después están los coordinadores de la Junta de Gobierno Municipal, comenzando con Otoniel Pereira Mendoza., quien ejerció el cargo de 1979 a 1988, auxiliado en la administración municipal por Justino Fonseca Mena, Roberto Novoa y José Venancio Méndez.

 

Se afirma en el pueblo que Pereira Mendoza fue uno de los mejores Alcaldes en toda su historia. En 1989 es nombrado administrativamente jefe de la Junta Munnicipal Justino Adolfo Fonseca Mena, quien le entregó la Alcaldía a Bayardo Juárez Torrez, sandinista, al efectuarse elecciones generales en 1990.

 

A Justino Fonseca le tocó uno de los períodos más difíciles, en los momentos de transición, cuando el FSLN pierde las elecciones en 1990.

 

Juárez Torrez ejerció el cargo de Alcalde de 1990 a 1996, período en el cual hubo algún progreso significativo, pero en general el bloqueo, practicado por el Ministerio de Finanzas, para no pagar los impuestos de casi dos millones de córdobas del Complejo Minero de las minas El Limón y Santa Pancha, impidió e impide actualmente que la Alcaldía de Malpaisillo pueda desarrollar proyectos comunales y sociales de gran envergadura.

 

Es decir, una vez más la burguesía servil nuestra su inclinación y se arrastra como serpiente ante los intereses extranjeros.

 

Esta lista de personajes la puedo terminar en estas páginas con los nombres de Leonel Navarro Cáseres y Tomás Vílchez Barrera, Alcalde y Vicealcalde electos en octubre de 1997.

 

El último Alcalde electo, en el año 2000, es Bernabé Acosta Narváez y el Vicealcalde Luis Vega García, cuyo período finaliza en el año 2004.

 

A Justino Fonseca Mena le tocó volver a ser Alcalde interino, “de transición”, a finales del año 2000 y comienzos del 2001, debido a una situación política y administrativa incómoda, provocada por el Hermano Leonel Navarro Cáseres y Aura Estela Picado, quien fungía como Secretaria del Concejo Municipal.

 

Además, Navarro Cáseres, Alcalde por el FSLN, agarró hacia el Partido Camino Cristiano en las elecciones del 2000, y de paso apoyó a los candidatos de este movimiento político evangélico.

 

Navarro y Picado renunciaron a los cargos respectivos y se autopagaron con fondos de la Alcaldía de Malpaisillo, lo cual obligó al Concejo a tomar la decisión de integrar un equipo de transición, encabezado por Justino Fonseca Mena, quien fungía como concejal del Frente Sandinista.

 

Justino Fonseca Mena, ex-alcalde, personaje conocido, anda hoy nuevamente por los caminos parejos y zanjonosos del Municipio de Malpaisillo, visitando y trabajando con comunidades rurales, tal como lo hacía en el período de transición de 1989 a 1990.

 

Fueron sitios conocidos y son actualmente en Malpaisillo: El Cerro Negro, el cual está dentro de los límites del municipio; la que fuera Estación del Ferrocarril, la parada de los autobuses y los taxis interlocales, las antiguas Estaciones del Ferrocarril en Rota y el poblado de “Larreynaga”, el Cine de Félix Pedro Alfaro, el cuartel de los guardias genocidas somocistas; “el arbolito”, sembrado cuando el pueblo fue fundado por don Manuel Ignacio Pereira Quintana, las cantinas-prostíbulos de “Chepe” Poveda y de “Pablino” en la época de los cortes de algodón, las desmotadoras ALMAZAN, AGRA y FECOMSA, las tres gasolineras, los prostíbulos y cantinas para beber guaro, la Iglesia Católica, los Institutos de Secundaria, el tanque de agua potable, el Mercadito frente a la Alcaldía, la Alcaldía misma, la oficina de teléfonos, las barberías, el granero en la salida del pueblo, la Ferrtería de “Chicho” Bonilla, las casas de Raúl Valle Molina, Benito Irías, Zoila Vindell de López, la del Juez Eleazar Moraga Cruz y de Félix Pedro Alfaro, los comedores populares actuales de Yelba Poveda, María Urrutia, Marina Vargas y de Francisca Vallecillo, y los restaurantes, también populares, de Erlinda Vargas, Xiomara Picado, Marta Granados y Antonio Pérez.

 

En Malpaisillo, en comarcas cercanas, vivieron o llegaban de visita al casco urbano las famosas familias de los López, Chavarría,  Povedas, Barrera, Rizo, Blancos y Carvajales, las cuales se liaban a tiros frecuentemente por pleitos de tierras, gallos o apuestas o sencillamente porque se ofendían cada que se encontraban.

 

Estas vendetas y encuentros a tiros, machetazos, puñaladas, etc. hicieron famoso a un personaje que se llamó Alfredo Chavarría, quien mató a casi todos los López en varios encontronazos a tiros en Malpaisillo, Hervideros de San Jacinto y Avenida de los Mártires en León.

 

Estos encontronazos a tiros se volvieron comunes en cantinas, en la entrada al poblado de San Jacinto, en las Estación del Ferrocarril de León, donde los muertos caían en medio de centenares de personas que buscaban cómo subirse al tren, lo cual provocaba pánico y desbandadas impresionantes en estos sitios leoneses.

 

Yo personalmente presencié en una noche oscura, en una fiesta en la comunidad San Ildefonso (Malpaisillo), cómo los López mataron a un guardia genocida somocista, cuando éste intentó registrarlos y decomisarles revólveres.

 

Esos López tenían mucha influencia en la guardia genocida, pues a pesar de que mataron al guardia esa noche, nadie les hizo nada, pues se trataba de asesinos a sueldo, a los cuales Somoza usaba de vez en cuando para matar a “enemigos” del somocismo genocida.

 

Los Povedas, por ejemplo, eran gente “civilizada” de León, del casco urbano, pero como aquí tenían fincas-haciendas en zonas rurales, donde, por diversas razones se enfrentaban a tiros con otros finqueros.

 

XII

 

Accidentes geográficos

 

Accidentes geográficos más caracterizados: Cerro Negro, Cerro de Rota, Volcán Las Pilas,  Cerro o Cráter del Hoyo, cerros de la minería de El Limón, Cerro del Chúcaro, en la finca de Adolfo y Ramiro Poveda, a siete kilómetros al Noreste de Malpaisillo.

 

El Cerro Pantasma, ubicado en la propiedad El Blanquisco; los Cerros de Albania, los cuales hacen límite territorial con el municipio de El Sauce, las minas de El Limón y Santa Pancha.

 

En la Mina de El Limón está la industria, el procesamiento del oro; en cambio, Santa Pancha, casi colindante con El Limón, fue un sitio de abundantes pozos, es decir, un lugar de donde se extraía broza, materia prima, para sacar oro.

 

En torno a la Mina de El Limón hay cinco mil habitantes y en Santa Pancha hay dos mil pobladores. Los pozos fueron ya cerrados en Santa Pancha, mientras ahora en El Limón se trabaja a “tajo o cielo abierto”, se derrumban los cerros, para extraer la broza.

 

Ahora hay una especie de caracol llamado “Veta Talavera”, en la cual se trabaja “a tajo abierto”, sin meterse en túneles profundos, como ocurría antes. Este procedimiento se debe, supuestamente, a que en las partes profundas ya no hay mucho oro.

 

Según la Geografía del doctor Jaime Incer Barquero, en 1970 había una producción de oro de 113 mil onzas (al año, al mes?, no se sabe), valoradas en 27 millones de córdobas (¿¿??), presuntamente extraídas de todas las minas de El Limón, Santa Pancha, Santo Domingo, La Libertad, San Ramón, Murra, Dipilto, Macuelizo, Siuna y Bonanza.

 

En ese mismo año se estaban produciendo 127 mil onzas de plata, valoradas en un millón de córdobas, y 17 mil toneladas de cobre, cuyo valor era de 28 millones de córdobas.

 

En esos días de 1970 se habla de antimonio en Palacagüina, hierro en Rosita y molibdeno en Macuelizo, añade el doctor Incer Barquero.

 

Entonces se hablaba abundamentemente de las minas de piedra caliza en San Rafael del Sur, del yeso de Santa Rosa del Peñón, utilizado en los hospitales; del mármol de Mozonte; puzolana de La Trinidad; de harina fósil del Lago de Apanás, jaspe en Condega, arcillas especiales en la Península de Chiltepe y Las Maderas para bloques decorativos, arena cuarzosa en Ocotal, granito en Dipilto y arenas y tobas volcánicas en diversos puntos de la orilla del Océano Pacífico.

 

Durante el famoso presunto encuentro (¿inventado por españoles?) del conquistador español, llamado Gil González Dávila con el Cacique Nicarao, ëste le preguntó por qué tan pocos hombres avaramente buscaban tanto oro.

 

No era para menos. Una de las metas esenciales de los genocidas españoles era la búsqueda de abundante oro para sostener las guerras con otros países, y hacerse millonarios a costa de nosotros.

 

Fue así como, según relatos, el gobernador archicriminal Pedrarias Dávila, en León Viejo, sometió salvaje y mortalmente a los indígenas Imabites, a los cuales encadenó y obligó a transportar oro desde la Mina del Limón, la que presuntamente ellos conocieron desde esos tiempos de la colonización de Nicaragua.

 

“La minería en Nicaragua es tan antigua como su historia. Los aborígenes usaban prendas de oro y plata con propósitos ornamentales”, comenta Incer Barquero en su Geografía.

 

Añade: “Los colonizadores españoles, en su ambición por el oro, investigaron, descubrieron y explotaron algunas minas, especialmente en la zona de Nueva Segovia, muchas de las cuales están hoy agotadas”.

 

Datos oficiales del gobierno revolucionario sandinista, en 1980, indican que en el Complejo Minero Francisco Meza Rojas (de El Limón y Santa Pancha), habían 525 mineros, entre viejos y jóvenes, la inmensa mayoría de los cuales ya eran harapos humanos, pues estaban “tísicos”, con los pulmones, riñones, hígado, nervios, oídos y ojos destruídos, mientras los “místeres” yanquis y Somoza Debayle malvados, se enriquecieron en forma fabulosa con muchas toneladas de oro, extraídas de nuestro suelo prodigioso, cuyo prodigio de producción de estos metales preciosos nos sirvió sólo para enriquecer a unos pocos y empobrecer a la mayoría de los nicaragüenses.

 

Hoy, centenares de mineros, ya viejos, con más de 60 y 70 años, existen de algún modo, sólo para contar estas tristes historias de dolor, de vómitos de sangre, de hombres curtidos que dejaron su juventud y sus vidas valiosas en los túneles, entre la circulación mortal de gases y el afixiante calor, mientras el valor de ese oro sirvió para construir palacios de los criminales y ladrones españoles, primero, y yanquis también genocidas después.

 

¿Cuánto fue el oro robado entre los españoles, somocistas y yanquis invasores en Nicaragua? Tomemos en cuenta que las minas de metales preciosos eran numerosas desde la llegada de los españoles, y especialmente cuando los yanquis tomaron el control del país por medio de la guardia genocida, o sea el Ejército de ocupación, creado, entrenado y sostenido por ellos, a raíz del asesinato del General Augusto César Sandino.

 

¿Cuánto fue lo robado, por ejemplo, en las minas de Bonanza, Siuna y Rosita? ¿Cuánto de oro y otros metales se robaron en La Libertad, Santo Domingo, San Ramón, en El Limón, Santa Pancha y el norte de Chinandega? ¿Cuántos obreros y campesinos humildes murieron en esas minas sacando oro, plata, cobre y hierro?

 

En todas estas minas hubo varias generaciones de nicaragüenses que regaron allí sus vidas. El Padre de Orlando Pineda Flores,  jefe de la Asociación de Educación Popular “Carlos Fonseca Amador”, era también minero.

 

Don Orlando estaba dañado al Triunfo de la Revolución Sandinista. El colmo de la bestial, criminal explotación, es que estos hombres no eran empleados formales, no aparecían como tales desde los días en que el vende patria Adolfo Díaz era el gerente de las empresas mineras en Chontales y el Atlántico, en la década del 20-30.

 

Se tuvo que hacer todo un trabajo especial, durante el gobierno revolucionario, para convertirlos en trabajadores formales y que de ese modo, les reconocieran sus derechos a reclamos laborales y jubilaciones.

 

El colmo de esa brutal explotación, contra la cual elevo mi protesta airada, es que a la Alcaldía de Malpaisillo se le sigue escamoteando su Derecho Municipal de cobrar los impuestos correspondientes por este burdo saqueo de nuestros suelos.

 

El gobierno neosomocista anterior, identificado como de Doña Violeta Barrios de Chamorro, pretendió desconocer fallos judiciales que reconocían estos derechos.

 

Al ingresar al poder el neoliberalismo-somocista, encabezado por Arnoldo Alemán Lacayo, éste ordenó el cercenamiento del pago de una cuota tributaria de 100 mil córdobas al mes a tan sólo 50 mil córdobas mensuales.

 

Esto perjudica gravemente a la Alcaldía, por cuanto el Concejo Municipal y la comuna en general, contaban con estos 100 mil córdobas mensuales para ejecución de obras muncipales.

 

O sea, que además de cómplices de saqueadores, los gobernantes actuales dan el peor ejemplo en cuanto a reconocer la justicia legal y moral que le asiste a la Alcaldía de Malpaisillo, pues, mayoritariamente, su territorio ha aportado por décadas a los hombres que hicieron posible la sacada del oro, para que ladrones foráneos y genocidas somocistas se hicieron millonarios.

 

Supuestamente, con nuevos dueños de la Minera de Occidente (canadienses), la Lima de El Limón estaría produciendo cuatro mil onzas de oro al mes, según una denuncia reciente de El Nuevo Diario en torno a que allí se producen explosiones que causan especies de terremotos en el poblado minero. Trabajan 360 mineros, añadía esa información, no desmentida por los canadienses, ni por el gobierno neoliberal.

 

Aquellos mineros humildes, con el peso irremediable de los años encima, apenas reciben hoy pensiones de 150 córdobas, 200 córdobas, 300 córdobas, mientras los ladrones de cuello y cobarta, de carabinas, maletines de lujo y aviones fletados con el oro, ellos gozan de fabulosas riquezas en Estados Unidos, y particularmente en Miami los somocistas idos por el pánico a la Revolución Sandinista.

 

Ríos vivos y desaparecidos

 

La geografía de Malpaisillo cuenta con los ríos Galilao, el cual comienza en la finca de Sansón, y pasan sus aguas  por El Estero, Toro Pinto, Las Sirenas, el Río Sinecapa, que antes fue caudaloso, inclusive navegable en las cercanías de su desembocadura en el Lago de Managua.

 

Este río Sinecapa hace frontera con el muncipio de El Jicaral. Está bastante seco, especialmente en verano se ven peladas las piedras que les sirven de lecho.

 

El Río Tecomapa está ubicado en las cercanías de la Mina de El Limón, donde le sirve a miles de campesinos que en él lavan ropa, beben su agua y le permite vivir a millares de pajaritos y otros animales.

 

Hay una mina de piedra de marmolina en dos Cerros de Quebrada Honda. Se busca actualmente nueva tecnología para explotarla. Mientras tanto, estas piedras las tallas actualmente en San Juan de Limay, en Estelí.

 

888 kilómetros cuadrados

 

Una caracterización del Instituto de Fomento Municipal (INIFOM), de 1995, indica que Larreynaga-Malpaisillo) pertenece a la División Política Administrativa de León, con una extensión de 888 kilómetros cuadrados, situados entre los municipios El Sauce y Villanueva (al Norte), La Paz Centro al Sur, El Jicaral por el Este; Telica y León por el Oeste.

 

Esos datos oficiales del gobierno central, añaden que Larreynaga o Malpaisillo fue fundado el seis de septiembre de 1936 y declarado pueblo o Ciudad el 11 de agosto de 1944. En esta misma fecha fue creado el Municipio mediante decreto-ley del Congreso Nacional.

 

Cuenta actualmente con  36 mil 810 habitantes (al año 2000), 29 mil de los cuales se ubican en las comunidades rurales y el resto, nueve mil, en el casco urbano, asentado en un terreno parejito, envidiable, pero  (seco) caliente y poco desarrollado.

 

La Ciudad de Malpaisillo, profundamente bulliciosa en la época de los cortes de algodón, tiene tres avenidas largas de Norte a Sur y numerosas calles de Este a Oeste, las cuales lo llevan a uno a las salidas irremediablemente de caminos hacia comunidades rurales cercanas o lejanas, por ejemplo hacia los Volcanes de Rota, Cerro Negro y Las Pilas.

 

Malpaisillo tiene nueva fuente de agua potable, nuevecita, valorada en casi 700 mil dólares, obtenida de pozos artesianos, situados en lagos subterráneos abundantes al Este de la Ciudad, lo cual terminó con el agua llena de cal y heces fecales, que se consumía en el casco urbano de la Ciudad.

 

Otro sistema de agua en la Mina de El Limón, donado por la Agencia Sueca para el Desarrollo, en 1989, con un tanque de 120 mil galones.

 

El proyecto de agua se ha quedado chiquito, provocando un trastorno de escasez, que la Alcaldía busca cómo resolver actualmente en la Mina del Limón.

 

Hay un miniacueducto en el llamado Proyecto de La Esperanza, donado por la CIAV-OEA, para una población fundada a raíz de la última erupción del Cerro Negro.

 

Aquí funcionaba una de los latifundios algodoneras más importantes de Malpaisillo, cuyo propietario era Oscar Galo, quien ha comenzado a mejorar la casa-hacienda.

 

Este Proyecto La Esperanza, asentado en unas pocas manzanas de tierra, no tiene todavía sus escrituras, pues Galo se fue sólo en promesas de desmembrfar formalmente las tierras y entregarles las escrituras a los pobladores. La misma promesa le hizo Porfirio “Pío”…., electricista y mecánico de la hacienda, quien reside en la antigua casa-hacienda con su familia.

 

Otro sistema de agua potable son en Larreynaga o “El Charco”, donde hay dos pozos, uno de los cuales funciona con electricidad de Enel y el otro con un motor de diesell.

 

Otros dos miniacueductos en el Valle de las Zapatas y Calle Real de Tolapa, impulsados por el INAA através de PROCIMO.

 

Uno de los datos curiosos sobre Larreynaga-Malpaisillo es que los límites por el lado de La Paz Centro, se dirigen hacia las cúspides y centros de los cráteres  de los volcanes Cerro Negro y Las Pilas, cuyas otras mitades pertenecen al los  municipios de León y La Paz Centro, de acuerdo con la coordenadas trazadas por un estudio del Instituto de Estudios Territoriales (INETER).

 

Es decir, los límites de Larreynaga (Malpaisillo) se ubican en la mitad de los cráteres del Cerro Negro y del Cráter del Hoyo, en el caso del Volcán Las Pilas.

 

El exalcalde y concejal sandinista Justino Fonseca Mena y yo subimos a los dos cráteres en busca de los mojones fronterizos, pero no los encontramos.

 

“Sólo contamos con las coordenadas trazadas por el Instituto de Estudios Territoriales. En realidad está pendiente el mojonamiento”, comentó Fonseca Mena cuando estábamos en el antiguo Cráter del Volcán Cerro Negro.

 

Al subir y bajar del Cerro Negro, pudimos comprobar que se han ensanchado peligrosamente la antigua falla geológica, ubicada entre los tres últimos cráteres del Cerro Negro y la falda contigua del Volcán Las Pilas, ubicada unos 300 metros al Sureste del coloso azulado.

 

Esa falla geológica hoy presenta fracturas grandes más abiertas y notorias, mediante las cuales brotan potentes chorros de vapor de hervideros, que parecen surcos haciendo tremendo ruido entre los tres cráteres del Cerro Negro y la falda Oeste del Volcán Las Pilas.

 

Esta fractura o falla está a escasos 25 metros al Sur del Altar que se le ha hecho a la Virgen María de León, la cual ha sido llevada a ese sitio en numerosas ocasiones, con el fin de orar al Cielo para que el coloso negro se “calme” y deje de lanzar cenizas, gases, lava y rocas cuando hacía erupción todavía hace poco tiempo.

 

Al presenciar estos zanjones geológicos ardientes, uno presume empíricamente que el Volcán Cerro Negro ampliará sus cráteres en el rumbo de las fallas hacia las faldas del Volcán Las Pilas, pues ambos forman parte de la misma masa o edificio geológico, según la Geografía del doctor Jaime Incer Barquero.

 

La subida y bajada nuestra en los dos volcanes fue los días tres y cuatro de enero del 2003, y por supuesto Fonseca y Mario Martínez, otro acompañante, se asustaron al presenciar este fenómeno peligroso, pues al mismo tiempo el Volcán Cerro Negro echaba humo por el Cráter principal, ubicado en su cúspide.

 

Sobre las fracturas o fallas están enterrados unos tubos pláticos, por cuyos extremos superiores salen chorros de vapor, como los que brotan en los Hervideros de San Jacinto.

 

Se supone que estos tubos fueron colocados allí por vulcanólogos del Instituto de Estudios Territoriales (INETER), con el fin de estar midiendo cuidadosamente este fenómeno mencionado. En el lado Sureste del Volcán Cerro Negro hay también un sismógrafo con equipos digitales y de radio, para registrar y trasmitir hacia Managua lo que ocurre en el Volcán y la fractura mencionada.

 

Según el Instituto Nicaragüense de Estadísticas y Censos (INEC), Larreynaga cuenta actualmente con 36 mil 810 habitantes, de los cuales 28 mil 860 son rurales y el resto urbanos, ubicados en el propio Malpaisillo y en las Minas de El Limón y Santa Pancha.

 

Un 50.50 por ciento de la población es de mujeres, y se tiene un promedio de 36 habitantes por kilómetro cuadrado.

 

Una descripción geográfica del Instituto de Estuduios Territoriales (INETER) asegura que Larreynaga (Malpaisillo) está situado en una sabana con estaciones secas prolongadas, debido a lo cual se afirma pertenece a la llamada “región seca del país”, a lo cual debe agregarse el concepto  de ue es  “la zona que ha sido destruida por los terratenientes algodoneros desde 1948 (más o menos) hasta 1975.

 

Esta descripción divide el Municipal en 44 comarcas, y el territorio semiurbano de la Mina de El Limón, donde se ubican Galilao, Quebrada Honda, Lourdes, Puente de Oro, Tecomapa y Las Palancas.

 

Una lista oficial del Instituto de Fomento Municipal (INIFOM), señala los siguientes nombres de vecindarios urbanos: Marcos J. Pereira, Cayetano Sánchez, Róger Santos, Pedro Roque, Rigoberto López Pérez, Arlen Siú, Zona Tres, Santa Pancha 2, Alcides Padilla, Hermanos Mártires de El Porvenir, Arnulfo Laínez, Raúl Ruiz, Erwin Olivas, Zona 1, Zona 4, Raúl Salgado, Pancasán, Gaspar García Laviana, Fredy Sandoval, Augusto César Sandino, Zona 2 y Santa Pancha 1.

 

XIII

 

Organización comarcal

 

En otras páginas de este libro se publica una caracterización, hecha por la Alcaldía de Malpaisillo, en la cual se detallan cómo está actualmente la organización comarcal, la cantidad de habitantes y cómo se encuentran los recursos naturales. También un cuadro completo sobre cómo están organizadas en “Comarcas Ejes” las comunidades.

 

Por ejemplo:

 

La Comarca Valle de las Zapatas está dividido en “Valle de las Zapatas”, Piñuelar, Chúcaro y “Corre Vientos”. “Chúcaro es también el nombre de una cordillerita montañosa, situada al norte de Malpaisillo.

 

Al fundarse Malpaisillo, en 1936, el Valle de las Zapatas ya tenía más de 70 años de existencia, según Baltasar Novoa Martínez, quien actualmente tiene 86 años de edad.

 

Este Valle inmenso estuvo lleno de bosques y animales silvestres hasta la llegada de los algodonales, a partir de 1950, los cuales llegaron para destruir todo a su paso.

 

Era también zona ganadera. Se le llamó Valle de las Zapatas porque dominaba, en cantidad de gente, la familia Julián Zapata Matamoros, José María “Chema” Zapata, Simeona Zapata, Braulia Zapata e Ignacio “Nacho” Zapata.

 

Son ancianos conocidos, descendientes de otros, por ejemplo: Eusebio Matamoros, Juan de Dios Solís, Felipe Toruño, Fermín Novoa, Roberto “Riverón” Rivera, Macedonia Novoa, Balto y Eliseo Novoa. Roberto, Cleotide y Juana Novoa.

 

También Carlos y Bárbara Sunsín. Esta última murió a los 105 años hace poco tiempo. Ramona Rivera, iguamente, fall.eció a los 105 años, hace cinco años. Fue famosa doña Dolores “Lola” Donaire, a quien le decían “Mama Lola”. Por ser la más anciana, ya antes de la fundación de Malpaisillo, era conocida porque supuestamente era “media adivina” o “bruja”, y tenía tal influencia y coincidencia en pensamiento con los comerciantes y terratenientes, que ella llevó “la voz cantante” para que el Ferrocarril no pasase por en medio del Valle de las Zapatas, porque eso perjudicaría los intereses económicos de esos terratenientes. Y se hizo como lo planteó en público “Mama Lola”.

 

Están todavía vivos: Francisca Flores, 82 años; y Ramón Fonseca Obando, de 83 años, padre de Justino Fonseca Mena.

Ramón Fonseca Obando cuenta que él y numerosos de estos hombres, padres de dos generaciones, participaron en la construcción de calles de Malpaisillo cuando el pueblo era fundado por Manuel Ignacio Pereira. Hasta Malpaisillo fueron llevados por el Juerz de Mesta, Coronado Solórzano. Participaron en “abrir carriles”, dicen ellos: Toribio, Baltasar y Julio y Ambrosio Chévez, Ernesto Paniagua, Pedro Matamoros, Atanasio Donaire, Benito Paniagua y José María “Chema” Paniagua.

 

Aquello bonito sólo queda en los recuerdos de los más viejos. Por ejemplo, que la Iglesia Católica tiene más de 100 años, que inicialmente sólo habian 50 casas, que el pozo de la casa de Fermín Novoa tiene 107 años y que se construyó para “aguar el ganado”. Ese pozo está en la entrada Sur de la Comarca Valle de las Zapatas.

 

La luz eléctrica les llegó hasta en 1982 por medio del gobierno revolucionario sandinista. Antes se alumbraban con candiles y sólo habían dos motores eléctricos particulares de  dos hombres llamados David y Alfonso.

 

Se comprueba la existencia de más de 100 años del Valle de las Zapatas mediante una tumba o mausoleo del Cementerio local, fechada en 1870. En el pueblo dicen que los hombres más conocidos, muertos hace varias décadas, fueron Rosalío Medina y Abraham Aldubín.

 

Tienen ya 100 años y están vivos: Aquilino Medina, Porfirio Palacios, Venancio Zapata, María Medina, Angela Peralta y María Toval.

 

El secreto para vivir tanto, se asegura, es que siempre han consumido miel de abejas, ajos, cebollas, frijolitos sin mucho aceite y carnita de animales del monte.

 

Es famoso allí un hombre, ya avanzado de edad, a quien le dicen “Toño Toro” curandero y otro, llamado Gabino, “el sobador”.

 

En el Valle de las Zapatas se han encontrado numerosos montículos arqueológicos o Cementerios Indígenas, lo cual demuestra que allí hubo poblaciones indígenas hace más de 500 años.

 

Específicamente estos montículos se han encontrado en la finca Guanacastillo, propiedad de Douglas Barrera López. En 1970 (época todavía del algodón), por ejemplo, cuando los arados mecánicos, tirados por tractores, hacían zanjones en la tierra, de ella brotaban ya quebradas centenas de tinajas, tinajones y ollas con osamentas dentro.

 

Asimismo, brotaron centenares de piedras labradas, para moler maiz, cacao, etc. Otro sitio donde hay montículos es en la finca de los Aráuz, en el Terrero.

En ambos casos, representantes de Patrimonio Cultural, del Instituto de Cultura, llegaron unas pocas veces y nunca se supo si profundizaron o no en estos estudios arqueológicos.

 

Terreros

 

La Comarca de los Terreros es también uno de los valles extensos, entre cerros y volcanes, al Sur de Malpaisillo.

 

Son Terrero I, Terrero II, Terrero III y Terrero IV. Se afirma que igualmente esta Comarca tiene más de 100 años, es decir, más antigua que la Ciudad de Malpaisillo,  pero tampoco hay datos de la fecha de fundación exacta.

 

Queda expresado ya que en la finca de los Aráuz hay montículos arqueológicos, en los cuales se ha encontrado cerámica antigua, aparentemente pertenecientes a grupos indígenas chorotegas o subtiabas.

 

Este territorio estuvo poblado de bosques nutridos con abundante fauna silvestre, especialmente tomando en consideración que está casi al pie Este y Norte de los Volcanes Las Pilas, Cerro Negro y Momotombo, más varios cerros ubicado en su costado Este.

 

Siempre ha tenido fincas llenas de ganado, cultivos de maiz, frijoles, trigo, sorgo y también hubo mucho algodón. Actualmente, debido a la sequía sistemática, los cultivos son deficientes, lo cual es una constante en casi todo el Municipio.

 

El o los Terreros están situados al Este del Volcán Las Pilas y Cráter de El Hoyo y son fronterizos con el Municipio de La Paz Centro.

 

Entre los ancianos más famosos se cuentan Róger Vargas (83 años), Justo Delgado, Daniel Saldaña (88 años), Elías Aráuz, Marcelino Aráuz y Leonor Narváez Velásquez, madre del Alcalde (2003) Bernabé Acosta Narváez.

 

Doña Leonor tiene 82 años al 2003. Es ella y Daniel Saldaña quienes aseguran que sus antecesores afirmaban que El Terrero se fundó hace más de 100 años.

 

Hace poco tiempo falleció Anita Rostrán cuando tenía 105 años. Otros ancianos de más de 90 años, recién fallecidos, son Petrona Velásquez, Nayo Velásquez y Leonardo Velásquez.

 

Se cuentan historias de que Laureano Páiz, familiar del cantaautor “Indio Pan de Rosa Páiz Carvajal, era “bueno al plomo” y aseguran que se enfrentó varias veces con el famoso Francisco “Pancho Ñato” Juárez Mendoza.

 

También se relata cómo doña Pastora Páiz fumaba puro a la orilla de un candil carretero, antes de acostarse a las nueve de la noche..

 

Otros ancianos conocidos de El Terrero son: Ruperto Saldaña, Asunción Velásquez, Eugenio Cavaría, Francisco Páiz, Jesús Narváez, Francisco Muñoz y Julia Páiz.

 

Daniel Saldaña, 88 años, todavía vivo, carga con el “mote” o sobrenombre de “Venado”. A pesar de sus 88 años, camina ágil, tiene movimientos vivaces y su lenguaje es tan vivo como el de un hombre de unos 40 años.

 

Sentado en su hamaca, ubicada debajo de un árbol de mango en su finca, asegura que él, cuando joven, anduvo en compañía de Francisco “Pancho Ñato” Juárez Mendoza.

 

Del o los Terreros era originario Santiago “Indio Pan de Rosa” Páiz Carvajal, cortador de algodón, arador, campisto, sembrador de todo tipo de cultivos allí en su finquita, donde lo parió doña Petrona Páiz.

 

Desde muy temprano, a pesar de que era analfabeta, el “Indio Pan de Rosa” le sacó música y canto a las historias cotidianas de El Terrero y Malpaisillo, donde inclusive conoció a “Pancho Ñato”, a quien le hizo varias canciones.

 

Su voz potente, su guitarra alegre y su bulicioso acordeón se escucharon en los algodonales, en las calles de El Terrero y Malpaisillo, y finalmente su talento lo puso el “Indio Pan de Rosa” al servicio de la Revolución Popular Sandinista y en particular de la Cruzada Nacional de Alfanetización, a la cual le cantó con vehemencia.

 

El “Indio Pan de Rosa” Páiz Carvajal murió de forma inesperada durante un accidente de tránsito enla Carretera León-Managua cuando se dirigía a realizar un programa artístico suyo en la Radio Sandino.

 

El Terrero produce ganado, maiz, sorgo, trigo y aves de corral, aunque estas producciones agrícolas han sido limitadas en los últimos años porque la sequía ha crecido.

 

De El Terrero es orginario el Alcalde Bernabé Acosta Narváez, finquero, militante del FSLN, en cuya representación ha sido concejal en periodo edilicios anteriores.

 

Tiene puestos de salud, luz eléctrica, escuelas, una Iglesia Católica, pulperías y bares, casas de buena calidad en las fincas, caminos o calles en buen estado, pero las calles siguen siendo de tierra, debido a la escasez de recursos financieros en la Alcaldía.

 

Sin enbargo, La Alcaldía, encabezada por Acosta Narváez, les acaba de resolver un problema engorroso: la construcción de un nuevo cementerio, para sustituir el anterior, ya saturado por completo. En el cementerio viejo está sepultado el “Indio Pan de Rosa” Páiz Carvajal.

 

Las Lomas

 

La Comarca llamada Las Lomas está integrada por las comunidades El Cambio, El Espino, La Unión y San Agustín, ubicadas en el Sureste de Malpaisillo.

 

Los pobladores más antiguos aseguran que Las Lomas sobrepasa los 100 años de existencia. En este sector hay fincas ganaderas  y agrícolas famosas como Santa Gertrudis, La Amistad y San Mauricio.Esta última pegada al famoso Río Sinecapa, el cual desemboca en el Lago de Managua, proveniente de los rumbos de El Jicaral y Santa Rosa del Peñón.

 

Este territorio es fronterizo con los Municipios de El Jicaral y La Paz Centro. Los pobladores no tienen Iglesia Católica y predominan los Templos Evangélicos. Un dato curioso es que los casamientos católicos  de jóvenes, hombres y mujeres, se registran hasta en Malpaisillo, debido a la ausencia del sacerdote católico.

 

Los ancianos, todavía vivos, son: Candelario Sotelo, Ramón Ocón Salgado, Isaac Salgado y Apolinar Brenes.

 

Tienen Escuela Primaria, se va a construir un instituto (colegio) de secundaria por gestiones del gobierno municipal de Bernabé Acosta Narváez y cuentan con cementerio todavía funcionando.

 

Calle Real de Tolapa

 

Esta famoso Comarca la integran La Calle Real, Las Brisas, Las Sabanetas, Charco de los Bueyes, San Claudio, El Madroño y El Barro.

 

Este es el territorio de las alfareras de Malpaisillo, especialmente en Las Sabanetas. Se afirma que son las más numerosas después de La Paz Centro, en territorio de León.

 

Esta labor de alfarería la hacen mayoritariamente  las mujeres, aunque los hombres ayudan, especialmente en la obtención del barro y en el transporte hasta las casas.

 

Por donde quiera se obervan los hornos familiares dentro de los patios de las viviendas campesinas. Hay familias caracterizadas por este oficio de artesanos: las de Blanca Andino Tapia, Marta Brenes, Laura Sandoval,  los Lindo.

 

En la Alcaldía de Malpaisillo existe la valoración de que en estas comunidades, especialmente en Las Sabanetas, siempre hay un poco de dinero entre la mayoría de sus pobladores, debido a que esta actividad laboral, que, por supuesto, el gobierno central no financia.

 

En la época del régimen revolucinario sandinista esta actividad era financiada desde el gobierno central, mediante un organismo llamado IMPIME.

 

Una de las principales productoras o alfareras es Blanca Nieves Andino Tapia, 43 años, quien tiene su horno y taller bien montado en su casa de la Comunidad de Las Sabanetas.

 

En Las Sabantes se formó una Cooperativa de Mujeres Alfareras, la cual fue apoyada por PAMI durante seis años con talleres en los cuales recibieron técnicas de diseño y pinturas para la elaboración de las cerámicas. Con sus tornos especiales fabrican ollas, tinajas, tinajones, peroles, comales, alcancías y figuras como gallinitas, chanchitos y vaquitas.

 

Estos productos son vendidos en Malpaisillo, Managua, León, Masaya y Chinandega. En el caso de Blanca Nienes Andino Tapia es ayudada por sus hijos e hijas, entre ellos Blanca Cecilia Brenes Andino, una jovencita de 13 años, quien estudia secundaria en la mañana en el Instituto de la Calle Real de Tolapa y en la tarde se junta con su madre en las laores de alfarería.

 

En la casa de una familia Andino, la cual vive en un ranchito de palmas, construido hace 50 años, en la orilla de la casita de pajas está el horno, en el cual cocen la cerámica fabricada a mano, porque no tienen los instrumentos técnicos que posee, por ejemplo, doña Blanca Nieves Andino Tapia.

 

El más viejito de los Andino es Joaquín. En la casita de pajas está vivo aún Ramiro Andino López, 77 años, quien con su esposa Eduarda Espinoza Rivera, 67 años, realizan diaria o cotidianamente esta labor de alfarería.

 

Dentro del rancho de palmas fabrican las ollas, tinajas, peroles, comales, etc. En la casita hay piedras de moler muy antiguas, en las cuales muelen la masa de maiz para echar las tortillas.

 

El ranchito tiene horcones de cortés y alfajías de roble. Están pensando en convertirlo en una especie de museo, apoyados por la Alcaldía de Malpaisillo.

 

Estebana Espinoza Rivera murió a los 104 años. Doña Estebana  decía que cuando ella llegó a Las Sabanetas habian sólo cuatro casas de paja. En cambio, hoy existen 250 viviendas, más la Casa Comunal, un Puesto de Salud, un local para escuela-taller de alfarería y prácticamente en cada hay un horno alfarero.

 

Allí tienen Iglesia Católica, Escuela primaria, pero los jóvenes estudiantes de secundaria caminan casi seis kilómetros diarios para asistir al Instituto (colegio) ubicado en Call Real de Tolapa, entre ellos, Blanca Cecilia Brenes Andino.

 

Blanca Cecilia se va y vuelve en bicicleta, y sostiene que la falta de transporte colectivo es uno de los mayores problemas de Las Sabanetas.

 

Como queda mostrado, en la Calle Real de Tolapa hay Colegio de Secundaria, llamado “Xilonem”; también Iglesia Católica, Escuela de Primaria Completa, agua potable, Cementerio todavía funcionando a plenitud, luz eléctrica, una gallera siempre activa, bares sencillos, pulperías, algunos vehículos particulares, abundancia de carretas tiradas por bueyes, caballos, ganado de ordeño, patios llenos de gallinas, algunos ganaderos, cultivos de maiz, frijoles, queso, cuajadas, huevos de gallinas, sorgo y varias vetas de barro al borde del agotamiento..

 

Los ciudadanos más antiguos son: Miguel Talavera, Jeónimo Blanco, Mariano Aróstegui, Boanerges Espinoza, quien es transportista y ganadero. Boanerges es el propietario del autobús que viaja todos los días con pasajeros de La Calle Real de Tolapa a León.

 

Comarca Larreynaga

 

En Malpaisillo hay también una Comarca llamada Larreynaga. Está dividida en las comunidades de: Jiñocuabo, Guásimo Macho, Portobanco, La Calera, Carreta Quemada, El Espino y Larreynaga. Esta última hace la función de cabecra comarcal.

 

Algunos dicen que esta Comarca tiene más de 100 años y otros que nació por el paso del Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua en los primeros años del Siglo 20.

 

La realidad es que los rieles del Ferrocarril (ya desaparecido) la partieron en dos, es decir, la mitad de la Comarca “eje” estaba a un lado de la vía férrea y la otra mitad en el otro lado. Esa división desapareció al ser eliminados los rieles del Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua.

 

Otra característica, además, es que estas comunidades están repletas de fincas ganaderas y agrícolas de productores pobres, endeudados con bancos, porque esa es la tónica impuesta por los gobiernos de derecha desde 1990 al 2003.

 

Estas comunidades están colindantes con una elevación montañosa mediana, llamada Chúcaro, en cuyas faldas se dice que abundan los venados,  cusucos, garrobos, guarditinajas, perdices, palomas y otros animalitos silvestres.

 

Es común ver salir de mañanita a las mujeres cargando canastos, sacos y costales llenos de queso y cuajada, rumbo a la Carretera León-San Isidro, para subir a los autobuses e ir a vender estos productos lácteos a la Ciudad de León o en la misma Ciudad de Malpaisillo.

 

Una característica de estas comunidades es que casi todos los jóvenes (varones) se han ido a Costa Rica, debido al desempleo y que la mayoría de las mujeres permanecen solas, es decir, sin los maridos.

 

Antes del Triunfo de la Revolución fueron una pesadilla algunos miembros de la familia Pozo, especialmente Sixto y Bienvenido, quienes fueron paramilitares somocistas temidos. Mataron mucha gente y fue necesario fusilarlos cuando triunfó la Revolución Sandinista en julio de 1979.

 

En Larreynaga tienen una gallera, Iglesia Católica, un Colegio de Secundaria, un Puesto de Salud, agua potable con un tanque de agua muy viejo, tiene calles adoquinadas y casas nuevas y viejas.

 

Los ciudadanos más antiguos son: Eleodoro Bermúdez, liberal, pulpero y preocupado por la comunidad, pues donó hace poco tiempo el terreno para el Puesto de Salud; don Manuel Gómez Bejarano, productor de ganado y granos básicos; Catalino Méndez, Francisco Noguera, ganadero y productor de granos básicos. Este último falleció el 25 de abril de 1990 por un ataque al corazón. Era concejal del Frente Sandinista, partido politico al cual apoyaba suministrando, por ejemplo, ganado para que fuese vendido y que el dinero se utilizara en labores partidarias del FSLN.

 

La antigua Estación del Ferrocarril fue virtualmente destruida por actos vandálicos. Esto le impidió a la Alcaldía convertirla en museo o utilizarla para otros menesteres municipales.

 

Santa Rosa de los Parrales

 

Sus comunidades son: Los Cerritos, Las Tablas y La Carbonera. Este territorio colinda con el Municipio de El Sauce. En el centro de la Comarca de Santa Rosa de los Parrales hay una colina de piedras muy llamativa.

 

Las Tablas es atravesada por la Carretera a la Ciudad de El Sauce, cabecera del Municipio. Por el lado Este, la comunidad de La Carbonera es atendida administrativamente por el Municipio de El Jicaral.

 

Santa Rosa de los Parrales es también partida por el Río Mexcali, el cual al mismo tiempo es límite fronterizo entre los Municipios de Larreynaga y El Sauce en un sitio llamado El Caimito.

 

Los ciudadanos más antiguos alegan que la Comarca Santa Rosa de los Parrales tiene más de 100 años, es decir, que al fundarse Malpaisillo ya existía en estos rumbos del lado del Sauce. Las familias más conocidas son aquí: Quiroces, Pichardos y Rizos.

Comarca Jorge Barreto Romero

 

Esta Comarca la forman las comunidades de La Esperanza, San Ildefonso Norte y San Ildefonso Sur. Tiene el nombre de Jorge Barreto Romero, Héroe y Mártir de la Revolución Popular Sandinista.

 

En estas tres comunidades están las mejores tierras (las que fueron) de Malpaisillo, pues se ubica en ella una planicie o sabana extensa, la cual comienza al Sur en el borde inferior de los Volcanes Cerro Negro y Rota y los Cerros del Cacao y Comal y se extiende hacia el Norte, rumbo al Valle de las Zapatas.

 

En esta Comarca Jorge Barreto Romero estuvieron ubicados extensos plantíos de algodón de Oscar Galo y otros productores latifundistas, responsables directos de la destrucción de los bosques, de la fauna silvestre, de la degración de los suelos y de la contaminación de las aguas subterráneas y superficiales, todo lo cual tiene hoy en condiciones paupérrimas (extrema pobreza) a los pobladores campesinos de este sector del Suroeste de Malpaisillo. La Tierra, por supuesto, está concentrada en pocas manos.

 

La Hacienda algodonera de Galo era llamada La Esperanza. Hasta ahí llegaban miles de cortadores a los algodonales en la época de zafra de la “mota blanca”. La explotación y el trato a los obreros agrícolas era tan brutal como donde Félix Pedro Alfaro y Benigno Reyes Palacios.

 

Ha sido asimismo zona ganadera y de otros cultivos agrícolas, porque la planicie siempre lo ha facilitado. El agua de los pozos siempre ha sido de mala calidad, debido a que contiene cal, lo que provoca enfermedades renales en la mayoría de los pobladores de la Jorge Barreto Romero.

 

Un dato histórico novedoso es que en San Ildefonso Sur vivió la famosa familia de los López, cuyos miembros frecuentemente se enfrentaban a tiros, en interminables vendetas,  con los Alfredo Chavaría Carvajal, con los Chavarrías como familia y con los Carvajales también como familia.

 

En una ocasión nocturna, en 1970, estos López también mataron a un guardia en una fiesta campesina de la misma comunidad de San Ildefonso. A raíz de este crimen, la guardia genocida del somocismo sólo procedió a quitarles los fusiles garand que se habían llegado de la fiesta, pues no los echaban presos ni enjuiciaban porque los López se ponían al servicio de la GN. Y de la Oficina de Seguridad de Anastasio Somoza Debayle.

 

En dos ocasiones, estos López se enfrentaron a tiros (escopetas, pistolas y rifles 30-30) con Alfredo Chavarría Carvajal en la entrada de San Jacinto y en la que fuera Avenida Debayle, de León. En ambos casos, los López resultaron con la peor parte. En el caso de León, murieron cinco en un cruce del Ferrocarril, de la Estación una cuadra al Norte.

 

La comunidad de Rota se hizo famosa por varias razones: Está ubicada al pie Este del Volcán Rota, donde estuvo la Estación del Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua.

 

En esta Estación, la guardia genocida del somocismo colocó soldados para mantener sistemáticamente el terror y la represión. En esa Estación fueron montados al tren los 200 campesinos que fueron asesinados con Francisco “Pancho Ñato” Juárez Mendoza en el Fortín de Acosasco, de León, en julio de 1952.

 

En esa misma Estación fue asesinado el militante sandinista Jacinto Baca Jerez. Baca fue emboscado por la guardia y otros elementos de la Oficina de Seguridad somocista.

 

En la comunidad de Rota vivió  Antonio “Toño” Villegas, uno de los orejas y asesinos más desalmados de la Guardia Nacional y de la Oficina de Seguridad. Por su comportamiento criminal, este Villegas dejó “cuentas pendientes” con un montón de gente. Fue fusilado por escuadras guerrilleras del FSLN.

 

En la mera comunidad de Rota uno camina entre los Volcanes de Rota y Cerro Negro y al mismo tiempo a la par de Cerros elevados como El Comal y El Cacao, de donde brotan “ojos de agua” que suministran agua a los pobladores.

 

En las faldas Norte y Este del Volcán Rota, por ejemplo, se toma agua de los ”ojos de agua” por parte de los pobladores más cercanos de La Esperanza y la misma comunidad de Rota. Esta agua es de mejor calidad que la subterránea, debido a que sale limpia.

 

En estos Cerros y Volcanes mencionados hay venados, coyotes, guardatinajas, garrobos, perdices, cusucos, chocoyos, pájaros de bellos colores, según refieren tiradores y agricultores como Porfirio Morán, quien tiene un plantío de papayas al pie del Volcán Rota.

 

Los coyotes bajan de noche y enla madrugada a las comunidades de Rota, La Esperanza y San Ildefonso, al parecer en busca de comida, y se meten hasta dentro de las casitas humildes, donde sostienen encontronazos con los perros.

 

Mientras finalizaba la investigación de estos Apuntes de Historia de Malpaisillo dormí varias noches en la casa de mi hermana Angela en el Proyecto La Esperanza, donde escuché los aullidos persistentes de los coyotes, de madrugada y a pocos metros de la casita. Los perros, mientras tanto, se quedaban aullando también casi hasta el amanecer.

 

En Rota existe una Iglesia Católica antigua y bonita, una escuela, un Puesto de Salud, un puesto público de agua donde fue la Estación del Ferrocarril; la casa de la Estación será convertida en sede comunal, se ha sostenido en la Alcaldía de Malpaisillo.

 

Las instalaciones físicas de lo que fue la sede de la Hacienda algodonera de La Esperanza, está ya en muy malas condiciones. Es un caserón de madera y tejas, rodeada de un solar grande, con árboles que se están secando por la seguía permanente.

 

En ella viven Porfirio “Pío” Barrera y Angela Barreto Pérez con sus hijos y nietos. Porfirio fue siempre el electricista y mecánico de la Hacienda La Esperanza.

 

Oscar Galo, el antiguo dueño algodonero, le prometió a “Pío” entregarle la escritura del solar y la casona, para que él sea el nuevo dueño, pero no se ha cumplido.

 

Igualmente Galo no ha cumplido con el compromiso formal de entregarle escrituras por el terreno a todos los propietarios de las casas del Asentamiento del llamado Proyecto de La Esperanza, donde vive parte de la familia de Jorge Barreto Romero.

 

Este nuevo asentamiento tiene energía eléctrica en el pozo, pero no la tiene hacia el interior de las casas, debido a lo cual se alumbran todavía con candiles, tal como les ocurre a “Pío” y Angela Barreto Pérez, a pesar de que las líneas eléctricas están a pocos metros de donde ellos viven.

 

Las Minas

 

La Comarca de la Mina de El Limón, rebautizada con el nombre de Complejo Minero Francisco Meza Rojas durante el gobierno revolucionario sandinista, es el nombre más conocido fuera de las fronteras de Malpaisillo.

 

Sus comunidades son: Galilao, Quebrada Honda, San Juan Viejo, Las Palancas, Las Ramadas, San Pancha y Mina de El Limón, la cual funge como cabecera de la Comarca.

 

Este nombre de la Mina de El Limón se conoce desde la década del 20-30, época en que ya se hablaba de darle las concesiones a empresas yanquis para que se robaran el oro, la plata y otros metales de nuestro suelo patrio.

 

Al comenzar su explotación formal en 1935, se comenzó a formar un poblado pobre, muy pobre, integrado fundamentalmente por los obreros mineros y algunos familiares suyos.

 

En un capítulo especial de este libro de Historia de Malpaisillo, incluímos narracines de horror de mineros que lograron sobrevivir en  esa infierno llamado Mina de El Limón.

 

 

Lo primero que hicieron fue despalar despiadamente la zona. Después, con barrenos poderosos, empezaron a extraer oro de los llamados pozos 6, 7, y 8, ubicados en Santa Pancha.

 

Santa Pancha era una mina a 6 kilómetros al Norte de El Limón. Camiones volquetes comenzaron a trasladar la llamada “broza” hacia la Mina de El Limón, donde estaban los molinos para separar el oro de otros metales, piedras y tierra.

 

Sal agotarse esas vetas, entonces se comenzó a extraer el oro “a cielo abierto”, es decir, ya no dentro de los túneles tradicionales y mortales, sino “a campo abierto”, derrumbando cerros, colinas y rocas con cargas de dinamitas y poderosos tractores orugas. Este método de extracción duró más de una década.

 

Finalmente, se trabaja ahora (al 2003) con tecnología especial en la llamada “Veta Talavera”, donde se opera con un sistema llamado”Caracol”.

 

El único momento en que los obreros mineros fueron tratrados como seres humanos fue el corto periodo del gobierno revolucionario sandinista, de 1979 a 1990.

 

La empresa minera es “dueña y señora” de una colosal cantidad de tierras que se extienden por los Municipios de Malpaisillo, Telica,  Villa Nueva y Chinandega. Las vetas de oro y otros metales están en territorio de Malpaisillo, pero la mina cuenta con una concesión que le permite meterse a los otros Municipios mencionados.

 

Con el paso del tiempo, la Comarca ha venido creciendo, al extremo de que es el segundo territorio más poblado de Malpaisillo. Supuestamente, se fundó casi al mismo tiempo que la Ciudad de Malpaisillo.

 

Tiene un Colegio de Secundaria, tres Puestos de Salud, un Hospital con Camas, escuelas primarias en todas las comunidades, tres Iglesias católicas y se han adoquinado varias calles.

 

Ha sido tal la importancia de esta Comarca, que de allí han salido los siguientes Alcaldes: Alberto Williams, en la época del somocismo genocida; Bayardo Juárez Tórrez, sandinista electo en 1990; y los Vicealcaldes: Tomás Vílchez Barrera, sandinista electo en 1996 y Luis Vega García, sandinista, Vicealcalde actual, fórmula de Bernabé Acosta Narváez. Vega es al mismo tiempo secretario general del Sindicato de la Central Sandinista de Trabajadores en la Mima de El Limón o Complejo Minero Francisco Meza Rojas.

 

En esta Mina han sido famosos los bares, los comedores populares para los mineros, los prostíbulos, las fiestas callejeras, los aviones aterrizando para llevarse el oro fuera del país, los mineros muriéndose en las calles y caminos, la contamnación repugnante provocada por las actividades mineras y el Ferrocarril local de la empresa minera.

 

Remito a los lectores al capítulo de relatos de los mineros, para que se “empapen” de este horror que ha venido ocurriendo desde hace casi un siglo en las Minas de Santa Pancha y El Limón. En Santa Pancha sólo quedan los hoyos e instalaciones que se usaron para extraer el oro.

 

XIV

 

Caracterización de AMUNIC

 

Una caracterización, efectuada por la Asociación de Municipios (AMUNIC), indica que en 1997 habían 7, 518 estudiantes, divididos en seis mil 074 de primaria, 982 de secundaria y 462 de preescolares. Había una cantidad de  241 maestros, 196 aulas, un promedio de 31.20 alumnos por maestro, 19 centros de educación primaria y apenas cuatro institutos de secundaria.

 

El Ministerio de Educación (MED) admite que actualmente hay escasez de aulas escolares, elevada deserción escolar y falta de mobiliario, debido a lo cual los niños y jóvenes se sientan en el suelo, en algunas de las escuelas.

 

En cuanto a la Salud, el Municipio cuenta con cuatro Centros de Salud, tres hospitales de atención primaria, ubicados en las minas; con apenas siete médicos, solamente siete enfermeras, 39 auxiliares de enfermería, cinco odontólogos y tres técnicos higiénicos.

 

En estos Centros de Salud se enfrentan problemas graves por falta de medicinas, de instrumentos y equipos médicos, ropa y mobiliario, más humillaciones por parte del MINSA a los trabajadores, señalan dirigentes sindicales nacionales y departamentales de la Federación de Traabajadores de la Salud (FETSALUD) de León.

 

El Instituto de Acueductos y Alcantarillados (INAA) abastece zonas urbanas con apenas mil conexiones domiciliares, y la Alcaldía ha ayudado a construir nueve pozos en comunidades, mientras 38 de las 44 comarcas no cuentan con agua potable.

 

Estas comarcas sin agua potable, se abastecen através de tres quebradas, cuartro vertientes (ojos de agua) y 1, 132 pozos privados o particulares.

 

En la comarca Paraguas, se perforó, hace poco tiempo, por parte de la Alcaldía, un pozo de 260 píes de profundidad, con capacidad de 10-15 litros por minuto, proyecto que beneficia a 40 familias.

 

En Malpaisillo no existe drenaje sanitario. El medio para echar las excretas son las letrinas comunes, las cuales representan el 81.6 por ciento en relación a la cantidad de casas.

 

Las aguas de lavanderos y lavamanos son echadas a las calles, manteniéndose un nivel de contaminación permanente en las calles y avenidas.

 

Con relación a este asunto de salud, precisamente, acaban de inaugurar (en marzo de 1998) un nuevo sistema de agua potable en la ciudad de Malpaisillo, valorado en casi 700 mil dólares.

 

Según las explicaciones oficiales del Director del INAA en León, Ramiro Castillo, la fase inaugurada en marzo pasado tenía un costo de 287 mil dólares, consistente en el funcionamiento de dos pozos, sus instalaciones eléctricas de bombeo respectivas, una tubería madre de ocho pulgadas por casi cuatro kilómetros de un sitio llamado “Las Trozas” a la Ciudad de Malpaisillo, donde se construyó un nuevo tanque de 120 mil galones.

 

Este proyecto gigante, para casi seis mil pobladores, se inició durante la administración del también Alcalde Sandinista Bayardo Juárez Torrez, quien hizo las gestiones de financiamiento ante la Diputación de Valencia (España) y la Fundación Popol-na, la cual fungió como mediadora.

 

El valor de los 700 mil dólares serán alcanzados cuando el INAA y la  Alcaldía sustituyan totalmente la tubería vieja, ya inservible, de casi 30 años, “la cual virtualmente ya no existe”.

 

Este proyecto del agua potable de Malpaisillo tuvo un significado especialísimo, como quien espera que le curen una grangrena para no perder los dedos o el pie.

 

Se trataba de que estos casi seis mil pobladores por casi 30 años bebieron agua contaminada con cal, coliformes fecales y fuertes concentraciones de bicarbonato y magnesio, provenientes de los Cerros Negro y Rota, situados ambos en dirección de la gravedad natural de la cuenca hídrica de LarreynagaMalpaisillo,  según estudios del Ministerio de Salud y de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua.

 

Visitación Arbizú Ruiz, uno de los técnicos que perforó los dos pozos en “Las Trozas”, asegura que ambos se perforaron exactamente en una inmensa laguna de aguas subterráneas, provenientes del lado del Volcán Momotombo en el Lago de Managua.

 

“Cada uno de esos pozos tiene una capacidad de 283 galones por minuto y sacándoles agua a ese ritmo, puede durar más de 50 años sin agotarse”, analizó Arbizú al ser interrogado.

 

“Esa agua es livianita, dulce, transparente, es agua buenísima”, añadió a su análisis el técnico mencionado.

 

En el caso urbano hay, apenas 800 conexiones domiciliares, las cuales deben ser ampliadas, para que todos los vecinos tengan agua potable.

 

Existe una Biblioteca Municipal, dotada de casi cuatro mil libros, los cuales, inclusive se prestan a domicilio. En el año de 1997, esta Biblioteca fue remodelada a un costo de más de diez mil córdobas.

 

Hay 22 campos deportivos, insuficientes para satisfacer las necesidades deportivas de varios miles de niños y jóvenes en todo el muncipio.

 

En Larreynaga (Malpaisillo) existen 5, 216 viviendas, distribuídas de la siguiente forma: 855 en la zona urbana y  4,361 en las zonas rurales. Hay un déficit elevado de viviendas, hay hacinamiento entre familias campesinas.

 

200 son apenas los abonados particulares de  Telecomunicaciones en Malpaisillo, y sólo dos líneas para dar servicio al público, lo cual resulta realmente deficiente cuando, repentinamente, hay avalancha de gente intentando llamar telefónicamente al mismo tiempo.

 

Sólo el 33.9 por ciento de la población tiene luz eléctrica, de acuerdo con un informe oficial de la Empresa Nicaragüense de Electricidad (Enel, hoy Unión Fenosa), la cual ha instalado 149 luminarias en el casco urbano y 52 en el área rural.

 

De acuerdo con estos datos de AMUNIC y el INIFOM, ni el 50 por ciento del Municipio tiene electricidad, a pesar de que éste ha sido uno de los sectores geográficos más productivos del país, especialmente por la explotación de los suelos con los algodonales, ajonjolí, frijoles y sorgo.

 

El transporte colectivo público, por medio de autobuses, camionetas y camiones, es costoso, pero hay, pues estos vehículos pasan cada quince minutos durante el día.

 

En la noche, es virtualmente imposible conseguir en qué viajar a León, y mucho menos a Managua. Antes existió un servicio de taxis interlocales, el cual desapareció al esfumarse la influencia del algodón.

 

Un informe de la Alcaldía señala que el municipio cuenta con 24 caminos rurales transitables todo el tiempo, otros diez de acceso en estación seca y cinco por veredas, como uno que va a salir a La Paz Centro, yéndose por el costado Este de los Volcanes Cerro Negro y El Hoyo.

 

Estos informes agregan que el Municipio cuenta con 224 pensionados, 85 huérfanos, 119 discapcitados y 20  hombres y mujeres viudos. Hay un Centro de Desarrollo Infantil para atención de varios centenares de niños y niñas.

 

Además –añaden estos informes—hay problemas de legalización con las casdas de: Alcaldía, Policía, Mercado, bodega de la comuna, terrenos del cuadro de béisbol, un predio deportivo en el Valle de las Zapatas, el terreno del Pozo del agua potable en Rota, Casa de la Mujer, Biblioteca Municipal, Centro Recreativo, Estadio de Béisbol de Larreynaga (Malpaisillo), lotes del llamado “Minvah”, Proyecto La Esperanza y Los Jardines, la subsede de la Alcaldía en la Mina de El Limón y el CDI.

 

Resolver completamente estas legalizaciones son prioridades de la nueva administravación edilicia del 2000 al 2004.

 

Los parques del casco urbano y el Cementerio funcionan con costos de 33 mil córdobas al año. El Registro Civil tiene un costo de sostenimiento de 45 mil córdobas al año y diez mil córdobas son los costos de funcionamiento de la Biblioteca local, ubicada en el casco urbano de Larreynaga.

 

Mientras tanto, las transferencias del gobierno central en 1998 apenas alcanzaban la rídicula suma anual de 2, 640 córdobas, de acuerdo con informes mostrados por la Alcaldía.

 

En el Municipio hay ocho cementerios, uno de los cuales está ubicado en la cabecera municipal. En el municipio existen sólo tres parques infantiles, dos en el casco urbano y uno, llamado San Jacinto, ubicado en una zona rural.

 

El Mercado, en la Terminal de Autobuses, frente a la Alcaldía, es inadecuado y se gestiona financimiento solidario inteternacional, para mejorarlo.

 

Un total de 25 matarifes destazan reses en el Rastro, llamado también matadero.

 

Una de las preocupaciones mayores son el despale desalodor, debido a lo cual han establecido un vivero público, en el cual se venden arbolitos a productores, campesinos y pobladores urbanos, para que reforesten en sus comunidades, barrios, cerros, cauces de ríos y quebradas.

 

Aunque no se conocen los datos oficiales de cuántas manzanas eran, se afirma que Larreynaga (Malpaisillo) concentraba el 90 por ciento de la producción algodonera de León, lo cual da una idea de cómo quedaron sus tierras de arrasadas por los insecticidas, la destrucción de sus árboles, suelos y de sus animales silvestres.

 

Ya no se cultiva el algodón y las tierras sencillamente no dan frutos por la destrucción causada por la “mota blanca” y por las intensas sequías de 1993 y 1994.

 

Además, el desempleo general alcanza el 70 por ciento, afirman en la Alcaldía, mientras funcionarios del Ministerio del Trabajo se empecinan en afirmar que el desempleo es menor del 40 por ciento en este año 1998.

 

Informes oficiales indican que la población económicamente activa es de 9, 326 personas (en 1998), la cual representa el 30 por ciento de la cantidad de pobladores.

 

La inmensa mayoría de las familias de Malpaisillo están en la extrema pobreza, “algunos apenas comen frutas cuando hallan, otros no ingieren nada”.

 

A pesar de esa desgracia general, los productores, mediante esfuerzos excepcionales, según José de la Cruz González, presidente de la Unión de Medianos y Pequeños Productores (UNAG), sembraron 6, 821 mnanzanas de maíz, sorgo, ajonjolí, millón y sorgo, para la sobrevivencia en 1998.

 

Nadie les facilitó préstamos en el gobierno. Mientras tanto, los productores de ganado han logrado sostener un hato ganadero de 20 mil cabezas, lo cual no es ni la mitad de lo que tradicionalmente ha existido en el Municipio.

 

En el Municipio, mayoritariamente en el casco urbano, se cuenta con 81 pulperías, 14 molinos, 25 talleres de mecánica, siete panaderías, cinco farmacias, cuatro carpinterías, nueve comedores, quince fábricas de materiales de construcción, tres gasolineras,  tres herrerías, 44 bares y cantinas, 25 matarifes, dos hoteles, tres almacenes y tiendas grandes, cuatro sastrerías y dos institutos agropecuarios, 20 Cooperativas Agrícolas con 392 socios.

 

En el casco urbano se instaló en 1991 el Centro Xóchilt-acal, de atención especializada a mujeres, con la ayuda de la ONG Mugarik Gabe del País Vasco.

 

En este Centro, situado del Arbolito media cuadra al sur, se dan servicios de planificación familiar, educación sexual, y además se cuenta con una clínica móvil, que da atención médica en zonas rurales.

 

Aunque no cuento con los datos específicos, se me dijo que el 30 por ciento de escrituras por lotes se hicieron en beneficio del 30 por ciento de mujeres jefas de hogar, beneficiarias de la Ley 86.

 

La Cooperación Externa y Hermanamientos está presente en Malpaisillo por medio de CEPAD, FACS, CIAV-OEA, UNAG, UNICEF, ITALIA-Nicaragua, EQUIPO LOGISTICO SUECO, NORAD, POPOL-NA, ASDI, NORAD, XOCHILT-ACA, MUGARIK GABE.

 

Existen hermanamientos con, por ejemplo, Berkshire-Amistad y Columbia County-Malpaisillo.

 

Hasta 1995, tenían presencia los partidos políticos siguientes: Frente Sandinista de Liberación Nacional, el partido mayoritario, revolucionario, antiimperialista del país y ganador de las elecciones en Malpaisillo desde 1990; Alianza Pan y Fuerza, Partido Camino Cristiano, Partido Socialista Nicaragüense, Partido Acción Democrática, Partido Liberal Independiente, Movimiento de Renovación Nacional, Partido Comunista de Nicaragua, Partido Integracionista de América Central, Proyecto Nacional (PRONAAL), Alianza Liberal (somocista), Movimiento Renovador Sandinista, Alianza Uno 96, Alianza Unidad, Alianza Nicaragüense, Partido Conservador de Nicaragua y Partido de Unidad Liberal.

XV

 

Patrimonios Municipales

 

Un reporte oficial de 1996 indica que el presupuesto anual era de un millón 060 mil córdobas, en el cual se incluían los 100 mil córdobas mensuales que por ley daban el Ministerio de Finanzas y la llamada Empresa Minera de Occidente, los cuales, sin fundamentación legal alguna, decidieron entregar sólo 50 mil córdobas mensuales.

 

Entre 1990-1996, se efectuaron las siguientes obras comunales: Adoquinamiento de otros 700 metros de calle, alumbrado del Barrio Héroes y Mártires y en la comarca Las Lomas, construcción de 62 viviendas para desplazados del Cerro Negro, mejoramiento del sistema de agua potable en el casco urbano, construcción de dos institutos de secundaria completa, uno en el casco urbano de Larreynaga (Malpaisillo) y el otro en Las Minas, reemplazo de 12 escuelas, instauración de la primera clínica de la mujer para el casco urbano y zonas rurales y construcción de un CDI para atender 120 niños.

 

Mediante Cabildo, en octubre de 1997, se informaba que ya para entonces se habían recaudado 838 mil córdobas, de los cuales ya estaban erogados 816 mil córdobas en gastos corrientes, en pagos de materiales para proyectos comunales de arrastre, en la recolección de la basura, en inversiones nuevas, becas, préstamos a corto plazo, donaciones.

 

Señala en el informe que, entre otras cosas, se efectuaron reparaciones en el Rastro Municipal, en los andenes del parque, reinstalación del agua potable en el mismo parque, se sembraron 255 arbolitos en el Cementerio, se construyó un Vdogaut en el campo de béisbol, se instalaron cuatro luminarias en la Cancha de Basquet Bol, reacondicionamiento de los servicios higiénicos e iluminación del Centro Recreativo, reparaciones de calles…

 

Se ejecutaron otros proyectos, entre otros, la demolición y construcciones de nuevos pabellones de la Escuela Germán Pomares Ordóñez, lo cual va a benefició a 320 alumnos.

 

Este proyecto está valorado en 704 mil córdobas y se recibió ayuda del Fondo de Inversiones de Emergencia (FISE).

 

Se repararon dos aulas de la Escuela Mártires del 20 de Septiembre, ubicada en la comunidad de Las Sabanetas. El proyecto incluye la construcción de una Cancha de Basquet Bol, más mobiliario escolar, todo valorado en 506 mil córdobas.

 

Se hicieron reparaciones y construcciones nuevas en las Escuelas Juan Ramón Martínez, de El Piñuelar; El Progreso, de San Ildefonso; Norberto Ríos, de la comunidad de Lourdes; Raúl Ruiz, de San Juan Viejo; San Agustín, de la comarca San Agustín; Instituto Ricardo Morales Avilés, en la Mina de El Limón; y Centro de Salud de El Terrero.

 

Se informó que la Alcaldía estaba financiando a 362 productores agropecuarios con 407 mil córdobas, por medio de una Unidad Técnica Municipal.

 

El mismo informe expresa que la Empresa Nicaragüense de Electricidad no cumplió en aportar el 30 por ciento del valor del proyecto de instalación de luz eléctrica en la comarca de Las Lomas. El valor total del proyecto es de 48 mil dólares.

 

Con el Ministerio de Acción Social (MAS) se ha acordado la ejecución de 22 proyectos, entre otros, rampas, reparaciones de caminos, construcción de comedores infantiles en el casco urbano de Larreynaga, mejoras de la casa museo y en el futuro Auditorio Municipal, el cual está situado donde fue la Estación del Ferrocarril. Este Auditorio ya fue acondicionado por la nueva administración de Bernabé Acosta Narváez.

 

La Alcaldía ya declaró Patrimonio Histórico Municipal la casa en que vivió don Manuel Ignacio Pereira Quintana, la Estación del Ferrocarril, el Arbolito y todas las pertenencias personales del fundador de Larreynaga-Malpaisillo.

 

También va a declarar Patrimonio Histórico Municipal el sitio en que estuvo el primer pozo comunal del pueblo.

 

Se van a construir un monumento al fundador del pueblo en el parque central y otro al General de Hombres Libres, Augusto César Sandino.

 

Se va a construir una avenida ancha en la entrada norte del pueblo, en homenaje a los luchadores por la libertad de Malpaisillo, y se harán trabajos especiales para conservar el ceibón de la parada de autobuses, junto al mercado, como único sobreviviente de las arboledas que hubo en Larreynaga cuando el pueblo se empezó a construir en 1936.

 

XVI

 

Larreynaga era funcionario gubernamental español

 

Don Manuel Ignacio Pereira Quintana falleció convencido de que Don Miguel Larreynaga Balmaceda, bachiller, licenciado, filósofo, matemático y Prócer de la Independencia Centroamericana, había nacido en Telica, la tierra natal del fundador de Malpaisillo.

 

Según Don Ignacio Gómez, biógrafo y alumno de Larreynaga en la universidad San Carlos de Guatemala, éste nació en la nueva Ciudad de León, el 29 de septiembre de 1771.

 

Por tanto, Larreynaga no era teliqueño como creyó don Manuel Ignacio Pereira Quintana.

El mismo Don Miguel confirma ese hecho en su obra: “Memoria sobre el fuego de los volcanes”, en la cual dice que era hijo legítimo de los españoles Don Joaquín de Larreynaga y Doña Manuela de Balmaceda y Silva, los cuales, presuntamente, llegaron de España en aquellos años anteriores al nacimiento del hoy Prócer de la Independencia de Centroamrica.

 

Es decir, era criollo, nacido en Nicaragua, hijo de padre y madre españoles.

 

Fue el mismo Don Miguel Larreynaga  quién relató estos datos en la Secretaría del Consejo y Cámara de España e Indias en 1810 y 1818, cuando, en ambas épocas, era funcionario del gobierno colonial español en Guatemala, capital del Virreinato de la colonización.

 

Era, al mismo tiempo, funcionario fiel del régimen colonial, hasta en los últimos momentos, lo cual era todo lo contrario de la lucha frontal sostenida por el Padre Indio Tomás Ruiz, Prócer revolucionario nicaragüense, quien era el Vicerector del Colegio San Ramón, donde se inició la Universidad Nacional.

 

El Padre Indio Tomás Ruíz no pudo ver la Independencia, porque fue sometido a bestiales torturas por los colonizadores, a raíz de ser descubierto involucrado en un plan revolucionario, llamado Plan de Belén, para tomarse las instituticiones del gobierno colonial, hacer prisioneros a los funcionarios civiles y militares coloniales, quitarles las armas, es decir, la revolución contra los genocidas opresores, saqueadores de recursos naturales y esclavizadores de nuestros indígenas.

 

Supuestamente, Ruíz, el Prócer Indio, académico, sabio, Vicerector de la naciente Universidad Nacional, murió en México.

 

Referiéndose a Larreynaga, Gómez dice: “Era hijo único y legítimo de don Joaquín de Larreynaga y de Doña Manuela de Balmaceda y Silva. Su nacimiento costó la vida a su madre, y antes de ver la luz, había perdido a su padre; de modo, que fué su hijo póstumo. Su abuelo paterno le recogió y crió”.

 

Don Manuel Ignacio Pereira Quintana me juró varias veces que por sus lecturas de Historia estaba convencido de que Don Miguel Larreynaga  había nacido en Telica, pero Gómez sostiene que en realidad lo que pasó es que “unas tías solteronas” de Larreynaga vivían en Telica.

 

Al perder a sus padres, el niño Larreynaga quedó al cuido de las “tías solteronas”, quienes lo llevaban a los entonces frondosos bosques exhuberantes de la orilla del Río Telica, situado un poco al sur de la pequeña ciudad leonesa.

 

Por supuesto, la educación de Don Miguel Larreynaga Balmaceda se registró en el Colegio Tridentino (San Ramón) de León, pero, seguramente, recorriendo, en caballos o a pie, todas las semanas los ocho kilómetros que separan León de Telica.

 

Francisco Pérez Valle, uno de los más conocidos historiadores de Nicaragua, de orígen indio, confirma por su parte que don Miguel Larreynaga  Balmaceda nació el 29 de septiembre de 1771.

 

Todos los biógrafos coinciden en que Larreynaga estudió ocho años en el Colegio San Ramón, donde brilló de tal manera que a los 18 años era catedrático de filosofía y geometría, lo cual era considerado excepcional en aquellos años de oscurantismo español.

 

Después pasó Don Miguel a la Universidad de San Carlos de Borromeo, en Guatemala, donde en 1798 obtuvo, en forma muy brillante, su bachillerato en derechos civil y esclesiástico, cuando apenas tenía 27 años.

 

Allí mismo, en Guatemala, inmediatemente después de su graduación de bachiller, fue nombrado catedrático de matemáticas por la “Sociedad Económica de Amigos del País”.

 

En 1801, cuando tenía tan sólo 30 años florecientes, se graduó de abogado en la misma Universidad de San Carlos.

 

En 1800 ya había sido nombrado “Relator Interino” de la Real Audiencia Territorial (cargo del gobierno colonial español), pese a que todavía no se había graduado, por lo cual fue necesario “permiso especial del Rey de España”, relata Ignacio Gómez, quien fue su discípulo en la Universidad de Guatemala.

 

En el Seminario Conciliar, ubicado en León y encabezado por el Obispo Fray Antonio de la Huerta y Casso y el Padre Rafael Agustín Ayestas (este último rector del Colegio Tridentino o San Ramón), lo nombraron “catedrá tico de Retórica” y luego de Filosofía, según un documento donado al doctor Carlos Tunnerman Berheim por la biznieta del Prócer Larreynaga, Esperanza Larreynaga de Zeceña.

 

Era tal la confianza y admiración que tenían por Larreynaga en la Relatoría del gobierno colonial español en Guatemala, que “Noticia Biográfica” guatemalteca, según el hostoriador Francisco Pérez Valle, decía: “Su vasta inteligencia parecía haber sido específicamente organizada para las funciones de la Relatoría, que comprendían primariamente el hacer  relación de los autos o expedientes en el tribunal, extractando y reduciendo a sus líneas esenciales el complicado edificio  de los procesos. Allí brillaron su inteligencia y probidad, la Audiencia depositó en él toda su confianza y desde entonces su opinión era regla de las sentencias y acuerdos”.

 

Fué también Asesor de Guerra del Escuadrón de Dragones de la Provincia de Sonsonate (El Salvador), designado por el Capitán General Antonio González y Saravia, en 1802.

 

Defensor General de los Bienes Intestados (que muere sin haber hecho el testamento), nombramiento que le fue dado por la Corona de invasores españoles en 1805.

 

En ese mismo año, según el doctor Carlos Tunnermann Berheim, Larreynaga fue nombrado Conjuez de la Audiencia y Asesor del Presidente del Reino de Guatemala, General Antonio González Saravia.

 

En esos días “arregló el archivo de la Audiencia y su inmenso y complicado cedulario (registro de ciudadanos), con el orden y todo que tanto facilitó su inteligencia y manejo”, dice otro biógrafo de Larreynaga.

 

Fue también Relator de la Junta Superior de Hacienda. Esta era la junta que recaudaba el dinero, los impuestos que imponían los invasores a los esclavizados en Centroamérica.

 

Uno de los cargos que desempeñó por 19 años fué el de “Relator, en propiedad, de la Real Audiencia, cargo que desempeñó por diez y nueve años “con pureza e integridad”, señala su biógrafo Ignacio Gómez.

 

Más o menos en 1807, catorce años antes de la Independencia, escribió su utilísimo “opúsculo (folleto) sobre “Método de extractar las causas”, que fue de uso común entre los estudiantes de Derecho de la Universidad de San Carlos de Guatemala, añade Gómez.

 

Este biógrafo de Larreynaga sostiene que gracias a los méritos de don Miguel, “fue propuesto para una plaza togada en la Real Audiencia, cargo que Larreynaga ambicionaba y por el cual hizo múltiples gestiones, que fueron apoyadas por la propia Audiencia (en Guatemala), que conocía perfectamente sus capacidades; por el Obispo de Nicaragua, Fray Nicolás García y Jerez, y por el Ayuntamiento de Guatemala.

 

La toga le fue conferida hasta el 29 de marzo de 1814 por las Cortes de Cádiz, pero no pudo tomar posesión de ella porque el Rey Fernando VII disolvió las Cortes y el nuevo Presidente del Reino de Guatemala, Bustamante y Guerra, lo informó a don Miguel.

 

Pérez Valle, célebre historiador, antropólogo y paleontólogo nicaragüense, afirma que Larreynaga acudió, inmediatamente, en súplica al Rey de España para que “declarase la nulidad de su plaza togada, que se extendiera con respecto a la Audiencia de Guatemala, y que estaba en aptitud (Don Miguel) para ser destinado a otra Audiencia, cosa que la Cámara Real hizo, pues aclaró que el impedimento legal para ser Magistrado en Guatemala se debía a que era natural del mismo distrito”.

 

Era tal la influencia que tenía Don Miguel en estas Audiencias del Reino Español, que se daba a la tarea de hacer “aclaraciones” en su favor, debido a que era fiel servidor de la Corona.

 

Los biógrafos afirman que esta influencia de Larreynaga tenía orígen, fundamentalmente, en su enorme capacidad intelectual, inteligencia brillante, sus dones de organizador de los servicios que prestaba y, por supuesto, por su lealtad hacia el Gobierno Español.

 

Sin embargo, al mismo tiempo, los gobernadores le tenían alguna desconfianza y desprecio por su orígen, pues decían de él que “es hijo de platero”, “se le creía “mulato” y que tenía relaciones con personas sospechosas”, indica Gómez, quien afirma que ésto era totalmente falso, pues Larreynaga siempre se empeñó en gestionar otro puesto, para lo cual decidió viajar a España en esos días.

 

Además, (recuerdan estos biógrafos) en 1814, Larreynaga fue electo diputado a las Cortes de Cádiz por la Provincia de Nicaragua, pero su viaje a España no tuvo que ver con las Cortes, pues éstas fueron disueltas en el mismo año 1814 por Fernando VII.

 

El viaje tenía como principal propósito hacer que se reconocieran sus méritos como funcionario colonial e insistir en la solicitud de una plaza togada.

 

El Viaje tuvo lugar en febrero de 1818, tres años antes de la Proclamación de la Independencia Centroamericana, mientras ya se había dado, a partir de 1811, la Liberación anticolonialista en el Sur de América, específicamente en Venezuela, Colombia, Perú, Bolivia y Ecuador, lucha titánica y colosal encabezada por Simón Bolívar.

 

Recuerdan sus biógrafos, que la travesía de regreso a Guatemala, por el Atlántico, le fue muy penosa a Don Miguel, pues la Fragata Dessireé, en que se embarcó, estuvo a punto de naufragar por causa de una terrible tormenta, de la cual Larreynaga mantuvo un tormentoso recuerdo.

 

Debido a ese accidente, Don Miguel se detuvo varios meses en Burdeos (Francia), de donde pasó a Madrid, España, y el 28 de marzo de 1821 salió para la Cortes de Cádiz, que eran como los juzgados en relación al poder colonial en América.

 

Este viaje se producía seis meses antes de la Proclamación de la Independencia de Centroamérica.

 

(Cádiz. En esos momentos era una Provincia, Ciudad y Puerto de España en el Atlántico. Era una salida y entrada de singular privilegio a los países más importantes de Europa, y, especialmente hacia América, donde los españoles tenían sus principales fuentes de robo y  explotación de los indígenas. Allí funcionaban las llamadas Cortes de Cádiz).

 

Después de exitosas gestiones ante el reinado colonial, Larreynaga pudo obtener, en Cádiz, el nombramiento de “Oídor Tercero de la Real Audiencia de Guatemala”.

 

Es decir, Don Miguel ambicionaba con vehemencia seguir siendo funcionario del gobierno colonial, mientras al mismo tiempo como volcanes en erupción los pueblos centroamericanos sacrificaban sus vidas en combates profundamente desiguales, pero frontales contra el imperio colonial, entre los cuales se destacaba el Padre Indio Tomás Ruiz, quien supuestamente en esos momentos moría en Chiapas, México, por las torturas propinadas en las cárceles mazmorrescas de los colonizadores.

 

Por las mismas gestiones mencionadas, el Rey de España, Fernando VII le hizo el nombramiento honorífico a Larreynaga de “Intendente Honorario de Provincia en atención a sus méritos y servicios”, lo cual refleja el nivel de confianza del poder colonial en Don Miguel.

 

El 16 de agosto, al día siguiente de su regreso a Guatemala, Don Miguel tomó posesión de su tan ambicionada magistratura, ocupando el tercer lugar en antigüedad, según registra en su edición del tres de septiembre de 1821, el boletín “El Genio de la Libertad”, en Guatemala, señalan los biógrafos.

 

Esos biógrafos sostienen que fue en este carácter de “Oídor Tercero de la Real Audiencia Colonial” que don Miguel Larreynaga  Balmaceda asiste a la precipitada reunión, convocada por el Gobernador español Capitán General Gabino Gaínza, en el Ayuntamiento de Guatemala, para abordar entre personalidades, ligadas al gobierno de España, el peligro revolucionario de masas presionando por la Independencia de Centroamérica.

 

Unos afirman que don Miguel Larreynaga  se echó un discurso encendido en favor de la Independencia, en esa reunión de personalidades, entre las cuales estaban, por supuesto, la crema y nata de los funcionarios del régimen colonial  español.

 

Otros, biógrafos y articulistas, dudan de que don Miguel se haya echado ese discurso vehemente que se le atribuye, pues más bien consideran que era un hombre  de tendencia conservadora, con la concepción de que los criollos (hijos de españoles nacidos en América) debían ser los nuevos jefes del gobierno, con la finalidad, al mismo tiempo, de conservar parte del poder de los colonizadores en América y garantizar la vía burguesa o capitalista que ya reinaba en Europa después de la Destrucción o “Toma de la Bastilla” en Francia.

 

Claro, los reinados feudales como el de España, Holanda, Portugal, etc., eran un freno al nuevo empuje del nuevo sistema socioeconómico mundial del capitalismo.

 

Especialistas centroamericanos, entre otros el doctor Tunnerman Berheim, califican a Larreynaga como un prócer sabio, prudente, con una visión distinta de la Independencia, quizás conservadora en relación a las concepciones revolucionarias que tenía el Padre Indio Tomás Ruíz, quien siempre abogó por el derrocamiento del sistema colonial por la vía de las armas, como había ocurrido, en gran medida, en el Sur de América mediante la lucha de Simón Bolívar y millones de hombres levantados en armas.

 

Se afirma también que Larreynaga y resto de próceres de Centroamérica con la influencia indiscutible que tenían, por el nivel de respeto hacia ellos por parte de la gente humilde, y funcionarios coloniales, lograron el objetivo de frenar la Revolución y finalmente entregar el poder civil y militar en manos de los criollos, o sean los hijos de españoles en América y en menos medida en manos de mestizos.

 

Sin embargo, esos mismos biógrafos sostienen que la opinión de Don Miguel en favor de la Independencia fue crucial ese día, debido a que siempre se tomaba “muy en cuenta” lo que decía para tomar decisiones colectivas o individuales.

 

Ese día, 15 de septiembre de 1521, asistieron a la reunión urgente, las siguientes personalidades, todas ellas del gobierno colonial español o vinculadas al mismo: Brigadier Gabino Gaínza, Capitán General; Arzobispo Fr. Ramón Cassaus y Torres; el Regente de la Audiencia, Dr. Francisco de Paula Vílchez; los Oidores don Miguel Larreynaga  y don Tomás O’Horn; el Auditor General, don José Cecilio del Valle; los miembros del Colegio de Abogados, doctores José Francisco Córdoba y José Santiago Milla; los miembros del Claustro de la Universidad, doctores Serapio Sánchez y Mariano Galvez; por el Cabildo Eclesiástico, el canónigo doctor José María Castillo, doctor Antonio García Redondo; por el Ayuntamiento de la capital del Reino, el Alcalde Primero Dr. Mariano Larrave, los Regidores don José Antonio Larrave, don Isidro del Valle y Castricciones, don Pedro de Arroyave y el Síndico don Mariano de Aycinena; por la Diputación Provincial los señores Antonio Rivera Cabezas, Mariano de Beltrana, José Mariano Calderón y los presbíteros José Matías Delgado y Manuel Antonio Molina; Dr. Mariano Pérez, prelado de los Recoletos; Fr. José Antonio Taboada, prelado de los Franciscanos; Fray Luis Escoto, prelado de los Dominicos; don Miguel Moreno y don José‚ Valdés, miembros de la Audiencia Pretorial; el Comandante del Batallón Fijo, Coronel Félix Lagrava; don Juan Bautista Jiuregui, Capitán de Ingenieros;  y los secretarios de Gobierno, don Lorenzo de Romaña y de la Diputación Provincial, don José‚ Domingo Diéguez.

 

Eran en total, aseguran historiadores “Cincuenta y cuatro personas que representaban al mundillo oficial de Guatemala”, mientras quienes atizaban la hoguera de la Independencia por parte del populacho o pueblo eran don Pedro Molina y su esposa Bedoya de Molina, quienes inclusive ese día inventaron ejecutar música callejera y provocar explosiones de bombas en las calles de Guatemala, para que la gente acudiera al Palacio de Gobierno, con el fin de exigir la Independencia, después de lo que acaba de ocurrir en Chiapas, donde se había producido la liberación del yugo español.

 

Los historiadores afirman que mientras José Cecilio del Valle (Auditor General de la Audiencia del gobierno colonial), uno de los llamados próceres, pedía la posposición o prolongación de la Independencia, el canónigo José María Castilla y el Padre Matías Delgado, don Mariano Gálvez, Molina, Barrundia, en cambio, solicitaban vehementemente la liberación inmediata del yugo español en la reunión referida.

Se afirma que Larreynaga fue uno de los primeros en apoyar la tesis de la Independencia inmediata.

 

En los instantes más agrios de la reunión, el Capitán General o Gobernador quiso mediatizar la Independencia, acomodándola al llamado “Plan de Iguala”, en México, mientras la barra encabezada por Pedro Molina y su esposa Bedoya, exigían desde adentro y afuera del Palacio que la Independencia debía ser absoluta de España, México y de cualquiera otra nación.

 

Gaínza se vio obligado a declarar la Independencia absoluta. El Acta de la Independencia se firmó hasta el día siguiente, el 16, en la casa del Gobernador Gaínza.

 

Ese mismo día, Gaínza y otros personajes fieles y proclives al gobierno colonial español, pretendieron que las sesiones de la Junta Provisional fuesen privadas, a lo cual se opuso Miguel Larreynaga  Balmaceda.

 

Afirman los biógrafos de Don Miguel que se impuso, finalmente, la opinión de Larreynaga acerca de que las sesiones debían ser públicas para que todo el pueblo se enterara de lo que se hablaba en la Junta Provisional.

 

Se sostiene que don Miguel redactó el reglamento correspondiente para que se diera publicidad amplia a todo lo que fuese discutido y aprobado en la Junta Provisional.

 

“Cierto es -señalan estos biógrafos- que Larreynaga firmó también el Acta de Anexión a México, el 5 de enero de 1822, lo cual le valió la enemistad de varios próceres que se opusieron a ese desafortunado paso”, debido a lo cual fue removido de la magistratura de la Audiencia.

 

Pérez Valle sostiene que Larreynaga aceptó integrarse al Congreso Imperial (de México) como diputado, con el claro  propósito de defender la justa causa de Centroamérica en el seno de este Congreso, “como efectivamente lo hizo. Fue lo que percibió el ojo penetrante del político y lo que sucedió al fin en las última etapa de esta infortunada aventura”.

 

La estrategia política le funcionó, pues Centroamérica volvió a ser independiente en 1823, asegura Pérez Valle.

 

“Pese a su dilatada (larga) vida pública, Larreynaga no fue un político de militancia partidarista, sino un político en el elevado concepto de la palabra: un ideólogo, un maestro de civismo, un patriota, un verdadero mentor de su generación. Es, sin duda, uno de los Padres de la Patria Centroamericana”, sostiene el doctor Carlos Tunnermann Berheim en la conclusión de un on el Padre Indextenso artículo comparativo de Larreynaga cio Tomás Ruiz.

 

Tomás Ruíz fue el elemento más interesante de la Independencia política de Centroamérica, uno de sus próceres decisivos y el único que funcionó durante ese proceso en dos ámbitos: tanto en la provincia de su nacimiento (Nicaragua) como en la Capital del Reino (Guatemala). Pero también aportó sus luces como filósofo moderno, reformador académico en Nicaragua y difusor del pensamiento ilustrado que proyectaba en otras provincias, como en Costa Rica, a través de sus discípulos… En su pensamiento pueden detectarse ideas teológicas, pedagógicas, de justicia social y políticas, las primeras tradicionales y las restantes, modernas y liberales; en este sentido, su aporte es bastante considerable y representativo de la ideología revolucionaria del proceso independentista”, escribe Jorge Eduardo Arellano sobre Tomás Ruíz, a quien también he mencionado en este librito a propósito de hablar de don Miguel Larreynaga Balmaceda, quien presuntamente dejó en herencia las tierras que hoy ocupa Malpaisillo para su existencia como pueblo y municipio de León.

 

El mismo 15 de septiembre, don Miguel Larreynaga  es nombrado miembro de la Junta Provisional Consultiva, creada en el Acta de Independencia, compuesta por miembros de la Diputación Provincial, más Larreynaga, don José Cecilio del Valle (uno de los próceres más conservadores), el Marqués de Aycinena, doctor José Valdés, el doctor Angel María Candina y el licenciado Antonio Robles, todos ellos funcionarios del gobierno colonial al momento de la Independencia de Centroamérica.

 

Después de ésto, don Migurel siguió en “las alturas”, por su indiscutible talento y servicios al régimen colonial, pues al producirse la anexión centroamericana al oportunista Imperio Mexicano de Iturbide, ocupó la diputación imperial de Sacatepéquez (Antigua Guatemala).

 

Destronado Iturbide, Larreynaga fue nombrado Magistrado de la Audiencia de Guanajuato (México), cargo que no pudo desempeñar.

 

Después fue Regente de la Suprema Corte de Justicia  del Estado de Oajaca, nombrado por el Congreso de este Estado mexicano, cargo que aceptó para acercarse, se afirma, a su querida Guatemala.

 

Fue Juez Letrado de Distrito del Estado de Oajaca, en 1826, cinco años después de proclamada la Independencia de Centroamérica.

 

Al salir de Oajaca, se añade, donó la biblioteca que había formado al Instituto de Ciencias y Artes del Estado.

 

En 1829 fue Asesor General del Estado de Chiapas, donde residía el Congreso General de México, cargo al cual renunció por razones de edad y deseos de visitar cuanto antes Centroamérica.

 

En 1833 fue electo Magistrado de la Corte Suprema de Justicia de Chiapas, México, cargo ocupado por él hasta mediados de 1835.

 

En noviembre de 1835 regresa a la ciudad de Guatemala, donde, apuntan sus biógrafos, es visitado por intelectuales, gobernantes y literatos, para consultarle sobre diversas temáticas, debido a que lo consideraban como “una biblioteca viviente”.

 

En 1838 fue nombrado Presidente del Supremo Tribunal de Apelaciones de Guatemala, cargo que desempeñó hasta el llamado nuevo “Estado de los Altos” como diputado electo de Güegüetenango y Suchitepéquez.

 

La Asamblea Legislativa del denominado “Sexto Estado” se instaló en Totonicapán, México, de la cual fue nombrado presidente el licenciado Miguel Larreynaga  Balmaceda, pero el cargo no pudo desempeñarlo porque tuvo que regresar a Guatemala.

 

En mayo de 1839, ya roto el Pacto Federal Centroamericano, se incorporó a la Asamblea Constituyente de Guatemala, como diputado por Cobán, cargo que desempeñó hasta abril de 1842.

 

En ese mismo año, organiza el Juzgado de Alzadas del Tribunal del Consulado, del cual se hace cargo.

 

En 1844, el Congreso de Guatemala lo designó regente de la Suprema Corte de Justicia, cargo que desempeñó durante un año.

 

Ese mismo año, asumió la Cátedra de Bellas Letras Latinas en la Universidad de San Carlos de Guatemala, donde la juventud sentía especial admiración por él, afirman sus biógrafos.

 

Al morir, el 28 de abril de 1847, se desempeñaba como Juez de las Alzadas del Consulado del Comercio en Guatemala. Murió como consecuencia de un fuerte resfriado a los 65 años.

 

Al fallecer se le consideraba, junto a Cecilio del Valle (prócer también), como los intelectuales más ilustrados de su tiempo en Centroamérica, donde ambos dejaron sus huellas marcadas, especialmente por la concepción conservadora que tuvieron de la Independencia Centroamericana.

 

XVII

 

Fundador al salón de la fama

 

Manuel Ignacio Pereira Quintana falleció el dos de febrero de 1982, en su casa, ubicada en el pueblo fundado por él en septiembre de 1936, según datos oficiales de la  Alcaldía de Malpaisillo, de la cual fue fundador y primer Alcalde.   Es y seguirá siendo, seguramente, la figura principal de LarreynagaMalpaisillo, Ciudad fundada por él para cumplir un juramento juvenil de que recuperaría las tierras que se estaban robando unos terratenientes avaros y malvados, tierras que resultaron ser las donadas por Miguel Larreynaga  Balmaceda, en el siglo pasado, y destinadas a la fundación de un poblado.  Esta idea de fundar un pueblo le fue secundada activamente por Pedro Soza, aquel olvidado cuidador de la Estación de Bandera del Ferrocarril, quien le dijera en varias ocasiones: “Apúrese, Don Manuel, yo le ayudaré a limpiar y poblar aquí, pues otros pueden adelantarse”.  Algunos de los co-fundadores afirman que Pedrito Soza “mataba parte de su tiempo olvidado” en limpiar la maleza bajo árboles centenarios, con el fin de ayudarle al apasionado fundador en su labor de iniciar la edificación del nuevo pueblo, situado a la orilla del  cinturón de fuego de la Cordillera de los Maribios.

 

Pedrito Soza, inclusive, les daba ánimo a los nuevos vecinos frente a los embates de los terratenientes Gabriel Salamanca y Federico Derbishiri, quienes, basados en su poder de relaciones con el naciente tirano genocida Anastasio Somoza García, anunciaban que quemarían los nuevos ranchos, situados junto a ceibones o guanacastes centenarios.

 

Numerosos co-fundadores han dicho que Pedrito Soza es el autor de la idea de dejar en pie el ceibón centenario que hay frente a la Estación del Ferrocarril, el cual sirve de sombra en la Terminal de Autobuses, frente a la Alcaldía y junto al Mercado público local.

 

Pedrito Soza forma parte de la biografía o historia personal (pública) más estrecha con el viejo  Manuel Ignacio Pereira Quintana.

 

Pedrito murió humildemente y sugiero desde las páginas de este librito, que la Alcaldía le brinde el homenaje histórico que le corresponde en la construcción de la historia jóven de Malpaisillo.

 

Don Manuel fue padre de nueve hijos: Francisco, Cándida Rosa, Manuel Ignacio de la Cruz, Excevia Salvadora, Aparicia, Guadalupe Enriqueta, Luis Adán, José‚ María Melitón y Emigdio Antonio.

 

Una biografía breve de Don Manuel, indica que Pereira Quintana nació en Telica el 31 de julio de 1890.

 

Sus padres fueron Santiago Pereira Mayorga y Bárbara Quintana Cervantes, ambos nacidos en Telica, ciudad cabecera municipal, ubicada a ocho kilómetros al norte de la ciudad del Departamento y ciudad de León.

 

Su padre era agricultor y su madre, campesina, hacía labores domésticas. A los siete años, Don Manuel fue a la Escuela Pública, y ya entonces era admirador de los liberales triunfantes de la Revolución Liberal de 1893, se afirma en la biografía breve.

 

Esa biografía registra que a los 14 años tuvo un incidente con el entonces Alcalde de Telica (cuyo nombre no se menciona), quien presuntamente estaba de cómplice al permitir que se vendieran a propietarios privados unas extensiones de tierras, pertenecientes a la comunidad teliqueña, según escrituras públicas.

 

Estas son las tierras supuestamente donadas al municipio de Telica por el Prócer Centroamericano Miguel Larreynaga  Balmaceda.

 

Los estudiantes de la escuela reclamaron al Alcalde y protestaron en las calles de Telica por los intentos de vender o regalar las tierras mencionadas.

 

A los chavalos estudiantes les echaron la Policía de aquel tiempo, para que desistieran de las protestas, pero él, Don Manuel, entonces de apenas 14 años, se paró frente al Alcalde agresor y le profetizó que algún día recuperaría esas tierras, para fundar un pueblo, lo cual cumplió unos 25 años después.

 

A los 18 años ya era Capitán en el Ejército Liberal, del cual llegó a ser Coronel, lo que fue decisivo en la fundación de Malpaisillo, pues si se ha tratado de un civil cualquiera, posiblemente Somoza García lo hubiera realmente mandado a reprimir, matarlo, o por lo menos, echarlo preso.

 

A los 22 años se casó con Salvadora Herrera Caballero, también de Telica, con quien procreó los hijos mencionados.

 

Según don Manuel me dijo en varias ocasiones antes de fallecer en 1982, él personalmente y otros teliqueños participaron en la defensa del gobierno liberal en 1912, al lado del glorioso antiintervencionista Benjamín Zeledón en Masaya, aunque su participación fue muy efímera.

 

En 1920 Don Manuel estuvo en Managua en la Banda Musical de los Supremos Poderes, después de estudiar música por un tiempo en la Capital.

 

En 1925 fue candidato a Alcalde de Telica, cuya Alcaldía dirigió por varios períodos, a partir de 1926.

 

En ese mismo año, el 22 de diciembre de 1926, se enlistó en el Ejército Liberal, bajo las órdenes del Coronel Francisco Parajón, para enfrentar a los conservadores durante la “Guerra Constitucionalista”.

 

Terminada la guerra civil entre liberales y conservadores, volvió a hacerse cargo de la Alcaldía de Telica, desde donde oficiosamente emprendió la fundación de Malpaisillo.

 

Según me contó antes de morir, el coronel Parajón fue decisivo en su aventura de fundar Malpaisillo, pues le dio apoyo y en su amparo pudo enfrentar los embates de los terratenientes (capitalistas, promotores de la propiedad privada de los medios de producción y de la tierra) y las acusaciones de “comunista” por parte de Somoza García, lo cual en aquellos viejos tiempos era casi una sentencia de muerte.

 

“Yo no soy comunista, tampoco me considero revolucionario, pero no me gusta ser injusto en el trato con la gente humilde, tal vez porque soy patriota”, dijo en varias ocasiones.

 

El cinco de septiembre de 1974, un día antes del aniversario del pueblo, Don Manuel estaba cumpliendo 84 años, lo recuerdo bien, porque me invitó a echarme “un traguito” con él, al llegar a visitarlo en su casa, declarada hoy Patrimonio Histórico Municipal por la Alcaldía.

 

Falleció a los 92 años, en 1982. A pesar de esa edad tan avanzada, don Manuel Ignacio Pereira Quintana murió consciente de la obra colosal a la que dedicó su vida entera.

 

No era una lumbrera intelectual, ni académica…Me asombraba su sencillez para hablar, pero ese lenguaje generalmente sencillo le brotaba con pasión, siempre en defensa de lo que había fundado con tanta vehemencia, contra numerosas adversidades, provocadas por los más poderosos terratenientes, como el mismo Anastasio Somoza García.

 

Canto al Pueblo de Larreynaga

 

Antenor Sandino Hernández

 

Pueblo de Larreynaga, pueblo niño

que aún tienes en tus labios la tibieza

del pezón maternal, nube de armiño

que te da el robledal, cuando te besa!

 

Al pie de tu volcán que te custodia,

del airoso Telica, que es tu abuelo

mientras te dice el viento su salmodia

eres para los tristes, un señuelo…

 

Pueblo que vive es pueblo que siembra

pueblo que siembra ideales y semillas,

que fecunda la tierra como una hembra,

le da dádivas Dios a maravillas…

 

Pueblo de ladradores, de cenizas

casitas aldeanas, yo te canto!

por lo humilde que sos, y por lo santo

que tu duro bregar, y por las brisas

que abanica tus bosques de laureles

 

Por tu banquete indio bajo el sol, y por los manes

de la raza aborígen, y por tus mieles

y por la cintura azul de tus volcanes!

 

Pueblo recién nacido, pueblo en gérmen

que tienes por inmáculos pañales

las nubes de tus cielos, y te duermen

la canción de las tórtolas rurales…

 

Piensa ahora que Dios está contigo…

Deja en su cólera al terrateniente;

los derechos también son como el trigo

que revientan al sol !áurea simiente!

 

Cuando el viejo Telica le platique

a los demás volcanes por cuidado:

Que estas tierras de mitote sagrado

las midió con sus flechas un cacique…

 

Sé vos como el volcán que no se apaga,

que su ígneo fervor es de insistencia

!Acuérdate que son de Larreynaga

las letras de oro de la Independencia!

 

Antenor Sandino Hernández era un poeta leonés; “chorotegano”, le decían por su aspecto de indio y por su defensa apasionada de los indígenas, que siempre tenía lista para lanzarla como dardos hirientes contra quienes osaban ofender nuestro pasado aborígen, destruido por sanguinarios y genocidas saqueadores españoles, quienes nos mantuvieron más de 300 años de esclavos suyos.

 

Este bello poema, dedicado al pueblo de Larreynaga, no tiene fecha, pero se supone que lo escribió pocos años después de la fundación, pues en él se refiere al “pueblo niño” y al “Deja en su cólera al terrateniente”, lo cual, presumo yo, se refiere a las intenciones de despojo de las tierras por parte de Gabriel Salamanca y Federico Derbishiri, quienes eran azuzados por el propio dictador Somoza García y autoridades gubernamentales civiles, militares y eclesiásticas de León.

 

El poeta Antenor Sandino Hernández fue, además, un luchador social y político entre los obreros leoneses, con los cuales participó en el desarrollo de huelgas y reclamos por mejoras salariales. Fue también uno de los primeros militantes socialistas del país.

 

 

Presentación

 

En Nicaragua es común encontrarse a centenares de hombres y mujeres, fundadores de colonias, repartos, barrios y asentamientos nuevos, debido al acelerado crecimiento poblacional del país.

 

En Managua, por ejemplo, están todavía vivos centenres de miles de fundadores de repartos y colonias como Cristian Pérez Leiva, Maestro Gabriel, Bello Horizonte, Altamira, Los Robles, Rubenia, Jardinez de Veracruz, Eduardo Contreras, Diez de Junio, El Dorado, Las Mercedes, Valle Dorado, Linda Vista, Las Brisas, Nicarao, Managua, Xolotlán, Camilo Ortega, Ciudad Sandino, Sierra Maestra, 3-80, Las Colinas, Camilo Chamorro, Américas I, II, III y IV, entre otros.

 

Igual ocurre en vecindarios de León, Matagalpa, Chinandega, Rivas, Carazo, Masaya y Granada, pero resulta difícil encontrarse con el privilegio de un hombre, otros hombres y mujeres que hayan fundado un pueblo, un municipio, como ocurrió en LarreynagaMalpaisillo .

 

En este sentido se impuso la terquedad y pasión de don Manuel Ignacio Pereira Quintana, pues numerosos terratenientes voraces amparados por el jefe de la “Estirpe Sangrienta” (Somoza García) intentaron encarcelarlo varias veces, lo amenazaron con pegarle fuego a los ranchos del nuevo poblado, más las acusaciones justificativas de que “sos comunista” por el hecho de haber donado las mil hectáreas de tierras, para que Malpaisillo fuese hoy una realidad viviente con más de 36 mil habitantes (en 1998).

 

Le metieron dentro de la camisa a los alacranes de Félix Pedro Alfaro y Raúl Valle Molina, quienes llegaron a sostener descaradamente que ellos eran los fundadores del pueblo; por aparentes órdenes de Somoza García, le mandaron a quitar el poder de la Alcaldía y virtualmente lo apartaron a un lado de la lucha política por algún tiempo.

 

Don Manuel era liberal, así lo decía él, pero aclaraba: “Yo no soy de esos liberales ciegos, que se sujetan al tren de las arbitrariedades gubernamentales”.

 

Por esa terquedad suya podemos contar hoy esta historia de LarreynagaMalpaisillo, la cual cuenta en su seno con el acompañamiento del glorioso nombre del Prócer de la Independencia Centroamericana, Miguel Larreynaga  Balmaceda.

 

Las acciones y hazañas como la que hizo don Manuel Ignacio Pereira no tienen color político, y se llenan de un valor aventurero práctico por el acompañamiento de Pedro Miguel Soza y otras familias y hombres y mujeres valerosos, mencionados en esta historia.

 

Es de justicia elemental encumbrar los valores históricos de Pereira Quintana, reivindicarlo para la historia patria y como ejemplo de las generaciones actuales y de las futuras.

 

Es justo declarar patrimonio municipal aquellas cosas de valor personal de don Manuel, como su casa, con el fin de convertirlas en piezas de museo y medio de estudio de la historia de LarreynagaMalpaisillo.

 

Me parece justo construirle un monumento público a don Manuel y que su obra sea estudiada, inclusive, como tema académico obligatorio en las escuelas de primaria e institutos de secundaria del municipio de Malpaisillo.

 

Pablo Emilio Barreto P.

               Enero del 2003

 

Del autor

 

Pablo Emilio Barreto Pérez es autor de otros libros ya publicados: “44 años de dictadura”, “Repliegue Táctico a Masaya”, “San Francisco Resucita del Desierto”, “La Pedagogía del Amor”, “Bromistas de Somoto”, “Masacres Somocistas”, “Ciudad Sandino: 30 aos”; “20 Años Cumplidos e Historia de tres Repliegues del FSLN”; “Mercados de Managua”, “Ticuantepe, Territorio siempre Codiciado”; Tipitapa, Suelo Cubierto de Historia Nacional”.

 

Y tiene ya listos para publicarse o imprimirse:  Mitch: Se Reventó el Cerro, Pancho Ñato, Mateare Misterioso o Cuevas del Cacique, FETSALUD Heroica, Psarrales Vallejos, Criminales sin Castillo, Historia de la CST y Recogedores de Basura de Managua.

 

Este librito se hizo con parte de sus vivencias personales en Malpaisillo, donde vivió varios años con su madre Rosa Pérez Juárez y sus hermanos Ángela, Mauricio, Leopoldo, Josefina, Julio,  Ana y Calimela.

 

Aquí fue cortador de algodón, trailero, tractorista, cobrador o ayudante en camionetas de pasajeros, taxista interlocal a León, corresponsal del Diario LA PRENSA y finalmente se trasladó a Managua, donde es uno de los periodistas más conocidos del país desde hace 30 años.

 

Fue amigo personal de don Manuel Ignacio Pereira Quintana, a quien entrevistó en numerosas ocasiones para publicar reportajes suyos en el Diario LA PRENSA de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.

 

 

Leyendas de fotos

 

Otoniel Pereira Mendoza famoso nieto de don Manuel Ignacio Pereira Quintana. Fue Alcalde de Malpaisillo en la época del gobierno revolucionario sandinista.

 

Hijos dilectos de Malpaisillo

 

1- Profesora Albertina

 

2- Profesor Miguel Zapata Dávila

 

3- Profesor Ramiro Baldizón Carvajal

 

4- Profesora Zoila Vindel de López

 

5- Doña Petrona Páiz, madre de Santiago “Pan de Rosa” Páiz Carvajal.

 

6- José de la Cruz González

 

 

8- Tomás Vílchez Barrera

 

 

25- Bailes folklóricos, o actividades culturales cuando se inauguraba el Instituto de la Mina del Limón.

 

Cabildos informativos y de discusión

 

1- Bajo las sombras del Ceibo centenario de la entrada de Malpaisillo, se efectuó este cabildo abierto en octubre de 1997.

 

2- Un aspecto de otro cabildo abierto en noviembre de 1997, nuevamente bajo las sombras del ceibón centenario, “testigo viviente” y mudo de la fundación de Malpaisillo.

 

“Pan de Rosa” y actividades culturales

 

1- Santiago “Indio Pan de Rosa” Páiz Carvajal, famoso cantaautor de Malpaisillo, compositor de canciones a la Cruzada Nacional de Alfabetización.

 

5- Al pie de este guanacaste está  la tumba de “Indio Pan de Rosa”, en el Cementerio del Terrero, donde se efectuó este otro homenaje cultural al célebre músico cantor, en febrero de 1998.

 

7- Esta gráfica muestra al famoso José de la Cruz González, dirigente de la Unión de Agricultores, “Hijo Dilecto de Malpaisillo“, al momento de rendir homenaje de aniversario a la Cooperativa Agropecuaria Ernesto “Che” Guevara.

 

13- Demostraciones gimnásticas de jovencitas escolares el 14 de septiembre, frente al mercado de Malpaisillo.

 

1- Carmelo Angulo, alto funcionario de las Naciones Unidas en Nicaragua, cuando visitó Malpaisillo en 1997, debido a la hambruna que estaban atravesando numerosos pueblos occidentales, entre ellos Larreynaga. Angulo fue captado aquí al momento de su visita en El Charco o Larreynaga, comunidad situada al noreste de Malpaisillo. Con él, aparecen el Alcalde Navarro Cáseres y campesinos.

 

2- Teodoro Campos Mireles, presidente municipal de Vetagrande en Zacatecas, México, firma convenio de Hermanamiento con el Hermano Leonel Navarro Cáseres, en Malpaisillo, el tres de marzo de 1997. Estos Hermanamientos con pueblos amigos han sido vitales para emprender, poco a poco, el desarrollo comunal de Malpaisillo.

 

2- Antonio “Cuatro Pelos” Urbina Carvajal y José de la Cruz González (centro), participan en el acto inaugural de una de las ligas de béisbol de Malpaisillo.

 

Imágenes del pueblo y su gente

 

1- Es la calle principal de Malpaisillo al caer la noche. Si esta foto se hubiese tomado en este mismo sitio y a la misma hora, en 1968, se habría registrado una gráfica con centenares o miles de personas en la vía, debido al nutrido tránsito local comercial y laboral, por aquella maléfica influencia algodonera.

 

2- Estos dos jóvenes muestran la placa mediante la cual se da a conocer que aquí es la casa del fundador Manuel Ignacio Pereira Quintana, convertida hoy en monumento municipal.

 

3- Otoniel Pereira Mendoza, nieto del fundador, “sandinista de los buenos”, ex-alcalde, fotografiado en el inicio de la calle principal del pueblo. Detrás suyo, el local que ocupa la Alcaldía y que fuera residencia del ex-diputado somocista Raúl Valle Molina.

 

4- Es la entrada del pueblo, por el lado norte, es decir, proveniente de la carretera. El autor de este libro vivió seis meses en la casa esquinera de la derecha.

 

5-Este ceibo centenario es de los pocos  árboles sobrevientes al despale para fundar Malpaisillo. Ha sido sombra y albergue de miles de pobladores y visitantes en la orilla del Mercado y frente a la Alcaldía.

 

6- Algunos aseguran que este ceibo tiene más o menos la misma edad de Malpaisillo. Está  también a la orilla del Mercado y frente a la que fue Estación del Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua.

 

7-Una de las calles principales del casco urbano de Malpaisillo, casi solitaria, al medio día.

 

8- Aquí estuvo “La Estación de Bandera”, donde el fundador, Manuel Ignacio Pereira, halló a Pedro Soza, una de las piezas esenciales en la fundación de Malpaisillo. La Estación ya fue convertida en “Monumento Municipal” por la Alcaldía y funciona como auditorio para reuniones del Concejo.

 

10- Esta gráfica fue tomada en el extremo sur del casco urbano de Malpaisillo, situado frente al Cerro Negro. En la casa esquinera, del fondo, vivió el autor de este libro durante dos años, antes de trasladarse a León.

 

12- La gente, especialmente vendedores, se alborotan al momento de pasar frente al mercado los autobuses interlocales.

 

13- En la periferia del pueblo son típicas estas imágenes de hombres, niños y mujeres rajando leña, para cocinar frijolitos y calentar el café‚ negro.

 

Bibliografía

 

Diarios: BARRICADA, LA PRENSA, El Centroamericano y El Nuevo Diario. Un artículo de Ramón Urbina Pereira, publicado en el Semanario Nuevo León, el tres de septiembre de 1996. Folleto escrito por la joven Susana Salgado Grijalba, publicado en agosto de 1974.

 

“León Viejo y otros escritos”, del doctor Carlos Túnnermann Berheim; “Memoria sobre el fuego de los volcanes”, de Miguel Larreynaga  Balmaceda; Biografía de Larreynaga, de Ignacio Gómez; “Comentarios” del historiador nicaragüense Francisco Pérez Valle; “Un siglo de lucha de los trabajadores de Nicaragua”, de Armando Amador.

 

El mayor volumen de la investigación se obtuvo por vivencias personales del autor, entrevistas en vida con el fundador Manuel Ignacio Pereira Quintana y testimonios de algunos de los co-fundadores de LarreynagaMalpaisillo.

 

Documentación histórica, en poder de la Alcaldía, relacionada con la fundación del pueblo el seis de septiembre de 1936.

 

Participaron activamente en la elaboración de esta historia el  concejal sandinista Justino Adolfo Fonseca Mena, ex-Alcalde; el profesor Miguel Zapata Dávila, maestro valioso de generaciones, Hijo Dilecto de Malpaisillo; y mi hijo Pedro Pablo Barreto Mejía, quien cumplió, asimismo, tareas de investigación y toma de fotografías del pueblo.

 

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