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Ciudad y campo

Pablo Emilio Barreto Pérez

Ciudad y campo son formas relativamente aisladas de asentamiento social de la población, que surgieron en el período de transición de la sociedad preclasista a la clasista y que en las formaciones divididas en clases antagónicas adquirieron el carácter de contradicciones.

La base objetiva de la ciudad respecto del  campo son las necesidades del desarrollo de la producción material, que en determinada etapa origina obligatoriamente  la división del trabajo en la sociedad: la separación de la industria de la agricultura al comienzo interviene como separación  de la artesanía con relación a la agricultura y la separación del trabajo intelectual respecto del manual.

El carácter concreto de las relaciones entre la ciudad y el campo es distinto en las diferentes formaciones socioeconómicas. En las comunidades de tipo asiático, que no segregaron (separaron) todavía la producción artesana, las ciudades eran centros burocráticos-militares, administrativos y religiosos, organizadores de los trabajos sociales y explotadores supracomunitarios del campo.

En la formación esclavista, la ciudad, como la concentración de la clase los esclavistas, se forma, al mismo tiempo, no sólo como centro administrativo, militar y cultural, sino también como centro de producción artesana, que domina sobre el campo en aquel momento histórico del esclavismo.

Al surgir el feudalismo, el centro de la vida económica se traslada al campo. Una parte considerable de la clase dominante se concentra en las haciendas y bienes patrimoniales del campo. Ahora bien, esto no suprime el papel de la ciudad, como eslabón que los enlaza. A medida que se desarrolla el feudalismo, va aunmentando el papel histórico y político de la ciudad, no sólo como centro administrativo, sino, también artesano, comercial y cultural.

Al mismo tiempo, crece numéricamente la población de las ciudades. Se intensifica la explotación del campo por parte de la ciudad mediante el establecimiento de los precios de monopolio de los artículos de la producción artesana gremial, el sistema de impuestos, el engaño directo por parte de los mercaderes y la usura de la ciudad.

En la formación capitalista, la contradicción entre la ciudad y el campo se convierte en base de sus interrelaciones, y en la fase imperialista adquiere un carácter particularmente agudo.  El devenir y desarrollo del capitalismo estaban enlazados  en todas partes con el arruinamiento del productor directo y la expropiación del campesinado por parte de los explotadores (mercaderes) de la ciudad.

Los trabajadores del campo experimentan una doble opresión: por parte de la burguesía (capitalistas) tanto rural como urbana, que tiene en sus manos los resortes económicos y políticos para la explotación del campo.

Cuando en la época del imperialismo (fase superior y última del capitalismo expoliador) todo el mundo se incorpora a un sistema económico único; los países industrializados obligan a las colonias (y neocolonias) y a los países independientes a convertirse en sus apéndices agrícolas y suministradores de materias primas.

El desmoronamiento del sistema colonial y neocolonial en la época contemporánea no ha conducido aún a que la mayoría de esos países a su plena independencia económica. Únicamente los países de orientación socialista, con la ayuda de los países del socialismo, adquieren las posibilidades para lograr su independencia económica respecto a los Estados imperialistas como Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Italia, Alemania, Japón…

En el contexto del socialismo, primera fase de la formación del sistema socioeconómico comunista, se suprime ya definitivamente la contradicción entre la ciudad y el campo. La liquidación de la propiedad privada y de las clases explotadoras, y más tarde, la cooperativización socialista del campesinado, permiten a la ciudad  socialista organizar  el ascenso económico, cultural y doméstico del campo.

Pero al eliminar la contradicción entre la ciudad y el campo, el socialismo no suprime aún las diferencias entre ellas, que se manifiestan en el nivel desigual del desarrollo de la base técnico-material y de la cultura, en la existencia de formas de propiedad (la estatal y la cooperativa, que prevalece en el campo), en el carácter de la organización del trabajo, en la vida doméstica, en el descanso, etc.

El papel rector de la ciudad socialista en el proceso  de edificación de la sociedad comunista se mantiene  y se manifiesta en el desarrollo de las fuerzas productivas del campo, en el ascenso de la propiedad cooperativa al nivel de todo el pueblo, en la transformación del trabajo agrícola  en una variedad de trabajo industrial y en la elevación del bienestar material y el nivel espiritual de la población rural o del campo.

Únicamente el comunismo puede resolver los problemas –engendrados por el capitalismo y reforzados por la revolución técnico-científica- de la urbanización desenfrenada  y la conversión de las ciudades en megapolis, que tienen la longitud de centenares de kilómetros, carecen de aire fresco, vegetación y sol, y ejercen una influencia destructora en todo su medio ambiente. Las experiencias modernas en países socialistas muestran ya hoy que existe la posibilidad real de resolver armónicamente los problemas modernos de la urbanización, así como superar las antiguas contradicciones entre la ciudad y el campo.

Fuentes documentales: “Diccionario político breve”, “Diccionario de Filosofía”, “Diccionario de Comunismo científico” y conocimiento personal del tema de la ciudad y del campo.

 

 

 

 

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Acerca de Pablo Emilio Barreto Pérez

Pablo Emilio Barreto Pérez es: *Orden Independencia Cultural Rubén Darío, *Orden Servidor de la Comunidad e Hijo Dilecto de Managua.
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