Burguesía reaccionaria, burguesía reaccionaria

Burguesía contrarrevolucionaria

Pablo Emilio Barreto Pérez

La burguesía es la clase dominante, explotadora y gobernante de la sociedad capitalista. “Por burguesía  se comprende a la clase de los capitalistas modernos, que son los propietarios de los medios de producción social y emplean trabajo asalariado”. (Carlos Marx y Federico Engels en “Manifiesto del Partido Comunista”.

Surgida de las entrañas de la sociedad feudal como portadora de un modo de producción más progresivo, el capitalista, la burguesía subió al poder en la mayoría de países de Europa Occidental y en los Estados Unidos como resultado de las revoluciones (burguesas) de los siglos 16 hasta la primera mitad del siglo 19 y en algunos otros países (Austria-Hungría, Rusia Japón) en la segunda mitad del siglo 19  y principios del siglo 20.

En las fases iniciales de desarrollo del capitalismo, la burguesía contribuyó al rápido crecimiento de las fuerzas productivas y afianzó su dominio económico y político. Desde mediados del siglo 19, con la salida, o aparición, del proletariado al escenario histórico, la burguesía se hizo cada vez más reaccionaria y se convierte en la época del imperialismo en principal freno del progreso social por ser ahora contrarrevolucionaria.

Con la transformación de la burguesía en monopolista (finales del siglo 19) y, luego, en monopolista estatal (desde la Primera Guerra Mundial) y con la aparición del proletariado en el escenario histórico, el papel de la burguesía ha cambiado radicalmente. “De clase de avanzada en ascenso, la burguesía se ha transformado en una clase declinante, decadente, interiormente carcomida y reaccionaria. La clase que está en ascenso (clase obrera), en amplia escala histórica es otra clase completamente distinta”, escribió Lenin cuando iniciaba el siglo 20 y ya se asomaba la aurora de la Revolución Rusa.

La lucha del proletariado de  vanguardia contra la burguesía reaccionaria es el contenido de la época contemporánea. En esta lucha, el proletariado y sus partidos revolucionarios tienen en cuenta los cambios y desplazamientos que se realizan en el interior de la burguesía en la época actual.

El proceso de concentración y centralización de la producción ha conducido a la ruina a muchos capitalistas pequeños, medios y en parte,  grandes, a la reducción de la proporción de la burguesía tanto en la población activa, como en toda la población de los países capitalistas. Actualmente, en los países altamente desarrollados, la burguesía constituye el 1-3% de la población ocupada, es decir, que la cantidad de burgueses o capitalistas en absolutamente ínfima en comparación con la población total del país y en relación a la población empleada o asalariada.

Transformada de una clase  en otros tiempos bastante numerosa, en un poco numerosa, y finalmente concentrada en una élite dominante, la burguesía ha afianzado sus posiciones económicas en la sociedad, precisamente, capitalista. Dentro de la burguesía, en el desarrollo de las distintas formas del capitalismo monopolista de Estado y de desenvolvimiento de  la revolución científico-técnica, ha habido una diferenciación muy notoria. Los pequeños capitalistas, la capa más numerosa y menos fuerte, son los propietarios de pequeñas casas industriales y comerciales y de empresas del servicio público, y la burguesía agrícola; éstos viven de la explotación del trabajo de un pequeño número de asalariados (aproximadamente entre cuatro y 50 personas).

A la burguesía media pertenecen los propietarios, capitalistas, de empresas mayores de 50 a 500 obreros y empleados oficinistas. La gran burguesía utiliza el trabajo de millares de asalariados, con la particularidad de que la poca numerosa burguesía monopolista, jerarcas de los grandes (empresas trasnacionales o multinacionales, o monopólicas como la de los Pellas en Nicaragua, por ejemplo), grandes corporaciones y bancos también monopolistas, de hecho explota a los trabajadores no sólo de su país, sino también a los proletarios de otros países.

Dentro de la propia burguesía monopolista, el lugar predominante lo ocupa la oligarquía financiera. Esta parte de la burguesía acapara las posiciones claves de la vida económica y política de los países capitalistas. En realidad es la que determina en interés propio la política interior y exterior de dichos países. En América Latina, por ejemplo, la oligarquía financiera son los dueños o propietario de los bancos explotadores, inmisericordes.

Muchos capitalistas pequeños, medianos y, en parte, grandes se han transformado en una especie de contratistas de los monopolios capitalistas, han perdido su independencia. Todo esto junto con la desigual distribución de las ganancias, intensifica la diferencia de intereses de la burguesía monopolista y la no monopolista.

La oligarquía financiera (la dueña y manejadora del dinero en bancos) y la élite monopolista, al perder en muchas cuestiones el apoyo de los capitalistas pequeños y medianos, hacen aliados suyos, y con frecuencia los incluyen directamente en su seno, a grandes terratenientes aburguesados, a latifundistas, a la élite de los trusts  y consorcios monopolistas, a personalidades políticas burguesas, a jefes políticos y sindicales, a altos funcionarios del gobierno, altos mandos del ejército, altos mandos de la policía y del servicio secreto o camarilla militar.

En varios países capitalistas imperialistas desarrollados (Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Italia, Canadá, Alemania, Japón…) se asiste al aunmento del denominado complejo militar industrial (armamentos bélicos livianos y de gran envergadura), es decir, la unión de los grandes monopolistas y la élite militar en el aparato estatal burgués.

La burguesía monopolista contemporánea utiliza cada vez más el Estado en su propio interés o beneficio, acude a los métodos de programación y pronosticación de la producción de mercancías, a la financiación  estatal del progreso científico y técnico, a la producción militar (instrumentos bélicos) y la integración imperialista. Sin embargo, nada de esto le permite dominar las fuerzas espontáneas del mercado capitalista, evitar la agudización de la crisis general del capitalismo. El abismo  social entre esta burguesía y las masas trabajadoras se profundiza.

En la lucha contra la burguesía dominante, la clase obrera une a todos los trabajadores y a muchos pequeños y medianos propietarios capitalistas. La restricción del dominio y del poder del capital monopolista  y el establecimiento del control democrático del mismo respondería a los intereses de la inmensa mayoría de la sociedad y contribuiría a lograr  el objetivo final del proletariado: el derrocamiento  de la burguesía y la transición al socialismo.

En la lucha contra la burguesía, el proletariado toma en consideración  sus aspiraciones nacionales, el carácter de la línea política general que sigue la burguesía. Un factor importante es cómo se ha producido la formación de la burguesía, cómo se ha configurado en función de las condiciones históricas concretas: liberal, republicana o conservadora, reaccionaria. “Una burguesía reaccionaria y una burguesía más o menos progresista son tipos invariables en todos los países capitalistas”, parte de un escrito de Lenin para un Congreso Socialdemócrata Ruso,  cuando comenzaba el siglo 20.

En el interior de la burguesía de cada país se constituyen diferentes tendencias políticas. De un lado, las capas conservadoras y reaccionarias que generalmente  representan al gran capital y al capital monopolista de la industria y de la agricultura; de otro lado, los liberales, que frecuentemente representan al capital pequeño y mediano. Al mismo tiempo, la clase obrera no sobreestima estas diferencias, sobre todo en el período de incremento de la lucha de clases, recordando que en determinadas condiciones toda la burguesía se une  contra el proletariado.

En los países coloniales (colonizados, neocolonización moderna) y dependientes se forman dos tipos de burguesía: Burguesía compradora y burguesía nacional. La primera, la compradora, expresa la tendencia reaccionaria del desarrollo social; la segunda, la tendencia progresista. Al obtener la independencia y realizadas  las transformaciones progresivas en los países en desarrollo, la élite de la burguesía nacional generalmente empieza  a actuar contra el progreso social y contra el curso antiimperialista.

El derrocamiento del dominio de la burguesía es una necesidad histórica objetiva. Pero el  proletariado no proclama en absoluto la consigna de su aniquilación física. Lucha para que todos los medios de producción pasen a ser propiedad social, propiedad del pueblo, propiedad de toda la sociedad, y la elección de los caminos  de esta socialización  depende en grado no pequeño de la posición de la burguesía, del comportamiento de sus distintas capas sociales, es decir, de la resistencia que pongan al cambio y a la transformación del capitalismo al socialismo.

Fuentes documentales: “Comunismo Científico”, “Breve diccionario político”, Diccionario de Filosofía”, de la Editorial Progreso, Moscú, Rusia; y conocimiento personal del tema: Burguesía, capitalismo, imperialismo.

 

 

 

 

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Acerca de Pablo Emilio Barreto Pérez

Pablo Emilio Barreto Pérez es: *Orden Independencia Cultural Rubén Darío, *Orden Servidor de la Comunidad e Hijo Dilecto de Managua.
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