Insurrección Sandinista en Managua; Insurrección Sandinista en Managua, Repliegue, Repliegue Táctico de Managua a Masaya, Batalla de Managua para derrocar a la dictadura somocista genocida, en junio-julio de 1979.

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Repliegue  de Managua a Masaya

*Este libro tiene ahora más de 800 páginas, en su cuarta edición. La tercera edición contó con 290 páginas. Esto se debe a que hice una investigación de casi tres años, para ampliarlo. Se combinan mi testimonio personal y la investigación de este capítulo histórico que me permitió adentrarme en los entretelones de la Batalla Insurreccional de Managua para derrocar, demoler por siempre a la dictadura somocista genocida, cruel y sanguinaria, criatura monstruosa creada por el gobierno imperialista de Estados Unidos, en 1927, cuando éste intervino militarmente por tercera vez por petición de vendidos y traidores nicaragüenses.

*En 1979 se contaban ya 45 años de dictadura sanguinaria del somocismo genocida. Para entonces, aquella dictadura militar somocista había matado, asesinado, masacrado, a casi 50 mil nicaragüenses. Se consideró que en los meses de marzo, abril, mayo, junio y julio de 1979, cayeron en combates y asesinados unos 20,000 nicaragüenses en todo el país durante la Insurrección Sandinista, u Ofensiva Final.

*En Managua, cayeron un poco más de mil (Héroes y Mártires) Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares, Milicianos y población involucrada en la Insurrección (y también no involucrados), porque Anastasio Somoza Debayle y su Guardia Nacional yanqui genocida masacraron la Ciudad-Capital de Managua con bombardeos aéreos constantes entre el 11 y 27 de junio de 1979, todo lo cual está contado al detalle en este mi libro sobre  la Insurrección Sandinista y Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

*Por ejemplo, cayeron casi 100 (hombres y mujeres jóvenes) en la masacre de Batahola, casi 100 en el Repliegue a Masaya. Sólo en la Colonia Nicarao, por ejemplo, cayeron, cayeron 72 Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares en esta Batalla de Managua, para que finalmente fuésemos libres de la opresión somocista yanqui el 19 de julio de 1979.

Pablo E. Barreto Pérez

Presentación original de Federico López Argüello

En los últimos meses de la guerra revolucionaria del pueblo nicaragüense contra la dictadura somocista  y el imperialismo, se ubica la Insurrección armada de la Ciudad de Managua. “La Toma de Managua” ejecutada en difíciles condiciones, cuando las fuerzas de la genocida Guardia Nacional  somocista eran todavía infinitamente superiores en el terreno militar, llegó a crear una Zona Liberada que abarcaba la mayor parte de la Capital del país. Ocurrió en junio de 1979, el año de la Liberación de Nicaragua.

I

La dictadura somocista se debatía mortalmente. La Guerra de Guerrillas, de maniobras, organizada y dirigida por el Frente Sandinista de Liberación Nacional atenazaba por todos lados al régimen opresor. El Frente Norte “Carlos Fonseca Amador” había ocupado las zonas rurales y varios municipios de Jinotega, Matagalpa, Estelí, y se preparaba para el Asalto Final de las cabeceras departamentales. El Frente Occidental “Rigoberto López Pérez” libraba cruentas batallas en las zonas rurales de León y Chinandega, y preparaba la Insurrección Popular en las principales ciudades occidentales.

Había nacido el Frente Oriental “Carlos Roberto Huembes” en la zona de Chontales y Boaco, heroicos continuadores de la Columna “Jacinto Hernández”, jefeada por Iván Montenegro Báez, que habían muerto o caído en el empeño de crear ese Frente hacía muchos meses atrás. El Frente Sur “Benjamín Zeledón Rodríguez”, poderoso ejército revolucionario, tenía maniatadas al grueso de las tropas de la dictadura somocista en el Departamento de Rivas y le daba devastadoramente a sus tropas selectas: las tropas de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI).

II

La burguesía y el imperialismo habían fracasado en sus esfuerzos  por modernizar “democráticamente” su dictadura de clase. Durante los últimos tres años habían realizado ingentes maniobras para conseguir que el grupo principal de la burguesía, representado por Somoza Debayle, y los otros dos grupos explotadores de las clases dominantes llegaran al acuerdo para compartir el poder, superar sus contradicciones interburguesas y “flexibilizar” la imagen del régimen genocida. Habían fracasado. No hubo acuerdo entre las distintas fracciones de la burguesía. No habían podido crear una alternativa política fuerte para sustituir al somocismo, conservando los instrumentos fundamentales de poder (la GN y la estructura estatal y del Partido de gobierno: Partido Liberal Nacionalista). Los trabajadores nicaragüenses habían comprendido y combativo heroicamente la maniobra política. La burguesía estaba políticamente agotada.

El pueblo  había entendido y estaba dando su vida por la alternativa que representaba el Frente Sandinista de Liberación Nacional. Su objetivo estaba claro: Derrocar revolucionariamente a la dictadura somocista (destruyendo todos sus aparatos de poder, en especial la Guardia Nacional somocista: ejército interventor organizado e impuesto por el imperialismo yanqui desde el asesinato traicionero de Sandino desde 1934), y la organización de un gobierno revolucionario, hegemonizado por la vanguardia de los trabajadores, el FSLN.

Por eso, el FSLN se había transformado de una pequeña organización político-militar que era apenas hace apenas tres años, en un poderoso ejército irregular compuesto  por los sectores más avanzados de las clases trabajadores. Era un Pueblo en Armas que combatía en ciudades y montañas.

Los últimos dos años, la vanguardia había tomado pueblos y ciudades de donde salía extraordinariamente fortalecida tanto por la asimilación de muchos hijos del pueblo a sus filas como en experiencia militar a nivel de masas. Había preparado magistralmente, especialmente en septiembre de 1978, al pueblo nicaragüense para la insurrección armada, para el asalto final a las posiciones de la dictadura somocista. La Ofensiva Final contra la dictadura estaba desarrollándose.

III

En este contexto, la insurrección popular sandinista iba a ser el remate de la dictadura. Estaba llamada a desmovilizar sus fuerzas, desgastarlas y desorganizarlas, mientras que la destrucción de la Guardia Nacional la aseguraban los golpes decisivos que le descargaba el Ejército Guerrillero Sandinista, que, entonces, ya se había formado.

Managua representaba entonces para el régimen somocista su retaguardia segura y el centro de su poder. Aquí estaban sus principales medios de comunicación y abastecimiento, conservando en ella una fuerza de maniobra considerable.

Estaba en Managua su gobierno central y los principales mandos militares. Insurreccionar Managua era “golpear el corazón del enemigo”. El pueblo de Managua estaba en pie de lucha. Una vez más se manifestó la sabiduría del Frente Sandinista. Incorporar los deseos de lucha y las energías revolucionarias del pueblo, en este caso de Managua, dentro del desarrollo de la estrategia de la Victoria. Poco más de un centenar de combatientes  (“Yeicos”) del FSLN le dieron cauce a las gigantescas energías combativas de las masas de Managua, y con el apoyo total y la participación generalizada de los habitantes  se protagonizó en la toma de Managua.

Fueron ataques generalizados en toda la Ciudad Capital contra las fuerzas militares de la Guardia Nacional (GN). El Occidente de Managua insurreccionado sirvió para que las fuerzas revolucionarias en el sector oriental consolidaran y fortificaran sus posiciones militares en los Barrios de los Trabajadores. ¡Más de la mitad de Managua fue libre!

Las fuerzas revolucionarias del Occidente de la Ciudad de Managua se retiraron en encarnizados combates, primero al Sur (Repliegue a El Vapor) y después a la Zona Liberada de la Capital (de Monseñor Lezcano a San Judas- Masacre de Batahola). Fueron 23 días de sangre, al costo de cientos de muertos por el cañoneo y bombardeo genocida sobre estas poblaciones insurrectas de Managua.

Todas las fuerzas y medios con que contaban los genocidas de la Guardia Nacional fueron descargadas contra el pueblo de Managua, mal armado con pistolas y rifles 22, sin preparación militar, cercado por el hambre y la destrucción masiva, ocasionada por el fuego de morteros, uso de cañones en tanques,  ametralladoras calibre 50 y 30 y fusilería automática moderna.

Pero fueron 23 días de sacrificios y heroísmo sin límites, de resistencia revolucionaria que ni los aviones, ni los tanques y los cañones, ni las bien entrenadas y armadas tropas élites de la dictadura somocista, pudieron quebrar o doblegar en Managua.

El objetivo político fue alcanzado: la dictadura somocista se venía al suelo, su patio trasero, el de los barrios más poblados de la Capital,  lo había perdido. El objetivo militar se realizó: la dictadura ya no pudo maniobrar oportunamente concentrando sus fuerzas en ninguna de las direcciones principales de la guerra, ya sea en el Norte, el Occidente o en el Sur del país.

Había perdido la iniciativa militar completamente. Apoyados en la Insurrección de Managua, se habían consolidado las posiciones de las fuerzas revolucionarias sandinistas en todas las direcciones: se tomaban ciudades del Norte y del Occidente de Nicaragua, se afianzaban los territorios liberados del Departamento de Rivas.

Todos los Frentes de Guerra de la Guardia Nacional  pedían tropas al mando genocida ante el incontenible embate del Ejército Sandinista, pero la GN estaba al límite de sus fuerzas; la Insurrección de Managua consumía sus reservas y paralizaba la capacidad de maniobras militares de la GN somocista.

IV

La lucha en Managua tomó la modalidad de una guerra de posiciones, en que el desgaste y la resistencia a las fuerzas enemigas era el principal instrumento para el triunfo revolucionario. Se enfrentaban, por un lado, un ejército moderno, dirigido, armado, entrenado y sostenido por el imperialismo norteamericano, pero corrompido y criminal, carente por completo de moral combativa; y por otra parte, el otro ejército, el del pueblo, que, casi lo único que tenía era su moral revolucionaria y una portentosa fe en el Triunfo, y con ella la decisión de morir combatiendo por la libertad, por la Liberación Nacional, antes que seguir viviendo como esclavos en medio del terror estatal genocida.

Pero para llegar a la Victoria, al aniquilamiento total de las fuerzas vivas enemigas del somocismo, más que pistolitas transformadas en cañones por la moral y el sacrificio del pueblo revolucionario,  hacían falta verdaderas armas de guerra.

Por eso, no se podían asaltar las posiciones (verdaderos bastiones o fortalezas militares) ocupadas por el odiado enemigo en la Capital nicaragüense. Objetivo militar que por demás no se propuso la lucha militar revolucionaria en Managua. Llegó el momento en que el pueblo estaba exhausto, sin alimentos, ni armas, sin municiones. Los principales objetivos habían sido alcanzados, era necesario salvar a las masas de un sacrificio innecesarios, de una masacre, probablemente la última que cometería la dictadura somocista.

V

Eso sí, la tiranía estaba paralizada, aunque conservaba capacidad de fuego y destrucción. Ante la incapacidad para maniobrar, consciente de su derrota, el régimen genocida decidió organizar la huida de sus principales dirigentes, y la formación de un gobierno proimperialista de la “última hora”, como el que con claudicaciones fuerzas burguesas “opositoras” trató de formar en Caracas sólo unos pocos días antes del Triunfo de la Revolución.

Las fuerzas militares que tenía la guardia en las principales direcciones se transformaron así en escalones de una defensa que a nivel nacional debía asegurar la huida de los asesinos. Al primer escalón: Rivas, seguían Granada y Jinotepe; después El Coyotepe, en Masaya; León y su Fortín de Acosasco; y por último, Managua. Eran escalones defensivos que cual poderosas curvas de un resorte contraído al máximo por la ofensiva de la Revolución, había que romper en mil pedazos para cristalizar la ansiada victoria revolucionaria.

Para quebrar las posiciones del enemigo somocista en Managua era necesario concentrar poderosas fuerzas sobre ella, fuerzas que estaban empeñadas en distintas direcciones a lo largo del país. Se hacían necesario, entonces, romper la resistencia del enemigo en los escalones defensivos de la periferia (Rivas, Carazo, Granada, Masaya y Occidente), que impedían en ese momento la concentración de las fuerzas revolucionarias sobre la Capital del país.

En esta situación, la Retirada o Repliegue Táctico de las fuerzas revolucionarias sandinistas de Managua hacia Masaya, el 27 de junio de 1979, no significaba la huida en derrota. Era el desplazamiento de las fuerzas militares revolucionaria en la dirección de las acciones principales de la guerra que se libraba: sobre Masaya, Granada, Jinotepe, para crear una enorme brecha  entre el frente sur de la Guardia Nacional y el centro: Managua.

Ese es el contexto y los objetivos de la “Retirada” de Managua a Masaya, que Pablo Emilio Barreto Pérez, relata en su libro “El Repliegue Táctico de Managua a Masaya”, en cuyas entrañas como participante activo directo de este acontecimiento histórico-militar, como sobreviviente de esta hazaña del Frente Sandinista en junio de 1979, se convierte al mismo tiempo en Cronista de comienzo a fin

Es así como las fuerzas del FSLN, llegadas de Managua, asumieron casi por completo la defensa de la Ciudad de Masaya, una parte de ella se transformó en el eje de las tomas o asaltos a las ciudades de Jinotepe y Granada, allanando el paso triunfal del Frente Sur Benjamín Zeledón Rodríguez hacia la Capital de Nicaragua; casi al unísono con el avance del Frente Occidental Rigoberto López Pérez, cristalizándose con ello la victoria del 19 de julio de 1979, la Victoria de la Revolución Popular Sandinista.

En este libro “Repliegue Táctico de Managua a Masaya”, aparecen cuatro parte: una compilación monitoreada, que presenta un ángulo de la realidad, la GN “por dentro”, en las comunicaciones llenas de órdenes criminales que giraban a sus huestes asesinas por parte del tirano Anastasio Somoza Debayle y sus sicarios: generales, coroneles, mayores, capitanes, tenientes y “orejas” con enorme poder de mando; la cobarde actitud de las bestias somocistas ante el empuje revolucionario del pueblo, la angustia del enemigo ante la importancia de detener una Revolución Popular en marcha.

La segunda parte, que es una “fotografía” de la Managua revolucionaria en fiera lucha contra el enemigo, refleja la realidad cruda y heroica de aquellos días de la Insurrección Sandinista Final, en la presentación de la cual, Pablo Emilio Barreto Pérez, continúa su obra de periodismo rebelde y revolucionario: antes denunciaba en artículos y fotografías la miseria o pobreza extrema en los vecindarios capitalinos, y el saqueo de que era víctima nuestro pueblo por parte de la dictadura y sicarios; hoy, con absoluto realismo Barreto Pérez destaca la personalidad transformadora del pueblo.

En la tercera parte, Barreto Pérez incluye el relato del médico Alberto González Ortega. Este galeno  puso al servicio de la Revolución sus conocimientos médicos y su vida en el Hospital clandestino “Silvia Ferrufino Sobalbarro” y en el otro Hospital clandestino del Instituto Experimental “Méjico”, también improvisado, daba igual, ambos eran improvisados para salvar la vida del pueblo herido en combate o por los bombardeos aéreos y terrestres de la guardia somocista en contra de los pobladores capitalinos.

En la cuarta parte, Barreto Pérez hace un relato pormenorizado propiamente del “Repliegue a Masaya”, en el cual el periodista que habíamos conocido en el Diario LA PRENSA,  se ha convertido en corresponsal de guerra, de la guerra revolucionaria del pueblo de Nicaragua por su Liberación Nacional y Social.

Cabe decir por último, que en este libro no se pretende crear una obra literaria. Se Trata de un testimonio extraordinario del heroísmo del principal protagonista de nuestra Revolución: el Pueblo Nicaragüense. Tampoco  pretende ser la última palabra sobre estas históricas páginas de nuestra guerra de Liberación Nacional. Es un esfuerzo modesto por rescatar para nuestros hijos semblanzas de esta gesta heroica de los managuas y del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Federico López Argüello, 20 de febrero de 1980.

Introducción o explicación necesaria

Han transcurrido 38 años desde cuando libramos aquellas batallas epopéyicas de la Insurrección, u Ofensiva Final, contra la tiranía somocista genocida y de la ocurrencia del audaz y magistral movimiento ajedrecístico militar del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, que al final se convirtió en la marcha estratégica envolvente, para derrocar y demoler al sistema dinástico opresor, organizado, tecnificado, armado, financiado y sostenido hasta el final por el gobierno criminal de Estados Unidos, cuyas políticas exteriores de expansionismo y dominación militar en América Latina le dieron vida y convirtieron a la Guardia Nacional en ejército interventor permanente, después de asesinar vilmente al General Sandino y a casi todos los miembros del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, que era el Ejército de los Patriotas, de los que no se venden ni se rinden, ni piden nada para ellos cuando defienden la Patria.

Sí, han pasado ya 38 años. Recuerdo como si fuese hoy mismo el inicio de la Insurrección Sandinista Revolucionaria en todo el país, en aquellos primeros días de junio de 1979; el ocho de junio en San Judas, Loma Linda, Torres Molina, Vista Hermosa, Comunidad Los Meneses;  y en los Barrios Noroccidentales de Monseñor Lezcano, Acahualinca, Morazán, Santa Ana, San Sebastián, Barrio Frixiones (hoy Julio Buitrago Urroz), Mánchester, Linda Vista, Loma Verde, Las Brisas, Altagracia; y en el OPEN TRES (hoy Ciudad Sandino), y el nueve de junio en la noche en la Zona Oriental-norte de Managua, específicamente en Santa Rosa, Bello Horizonte, Maestro Gabriel, Salvadorita (Cristian Pérez Leiva), Blandón (Costa Rica), Santa Bárbara (Barrio Venezuela),  Nicarao, Colonia Catorce de Septiembre, Ducualí,  Larreynaga,  El Edén,  San José Oriental, Colonia Managua, “La Rebusca”  (14 de Junio), México, “Campo Bruce” (hoy Rigoberto López Pérez),  Paraisito, María Auxiliadora, San Cristóbal, Barrio México, Riguero, Riguero Norte, Colonia Xolotán, Villa Progreso, Américas Uno, Américas Tres, Américas Dos, Américas Cuatro, Manuel Fernández Mora, Luis Somoza (Diez de Junio), Reparto El Dorado, Don Bosco, Colonia Colombia, Santa Julia, Barrio Omar Torrijos Herrera..

No se me olvida y sigue resonando en mis oídos aquel grito  prolongado en la calle Este de Bello Horizonte, a las diez de la noche  del  nueve de junio de  1979, de jóvenes guerrilleros y Combatientes Populares, desplazándose raudos en motocicletas ruidosas: ¡!Patriaa Libre o Morir! Patria o Muerte, Venceros!¡

Y la misma noche del nueve de junio se produjeron los primeros enfrentamientos armados con patrullas móviles de la guardia somocista genocida, entre otros sitios, en el Aserrío Carlos Morales Orozco.

A las cuatro de la mañana del diez de junio un grupo de vecinos de la Etapa II de Bello Horizonte nos unimos a una tropa de jefes guerrilleros sandinistas para prenderle fuego a la Doceava Sección de Policía (“Sierra 12”), la cual había sido “hostigada” por fuerzas revolucionarias en la noche anterior. Al parecer, los guardias se llenaron de miedo y prefirieron huir a media noche.

De esa forma comenzó la Insurrección en Managua. Muy de mañana, antes de las siete, los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares se andaban moviendo en las calles de los vecindarios mencionados, invitando a los pobladores a integrarse a esta gran jornada de vida o muerte; y me quedé realmente sorprendido al ver cómo centenares de vecinos, hombres y mujeres, especialmente jóvenes, salían de sus casas y comenzaban a organizarse y ponerse a disposición de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, y de ese modo comenzaron a cavarse las zanjas, los pozos tiradores y a edificarse las barricadas con adoquines, vehículos atravesados, piedras canteras, cayeron árboles tumbados con hachas y sierras eléctricas  para cruzarlos en las calles, todo con el fin de impedir el ingreso del ejército criminal somocista.

Más sorprendido quedé cuando asimismo comenzaron a salir armas de cacería, pistolas, revólveres, rifles 30-30 y escopetas, como los aportados por mi vecino Raúl Munguía. Me causó impresión reverente ver salir a la calle a jovencitas como Marta Lucía Corea Solís, una muchacha de 17 años, que se convirtió en una de las mejores Combatientes Populares en la Zona Oriental de Managua.

Como estos dos ejemplos fueron miles los que brotaron como hongos insurreccionales  en las Zonas Suroccidental, Noroccidental y Oriental-Norte de Mangua.

Esta explosión de patriotismo, de arrechura colectiva, de convencimiento de que era necesario emprender esta tarea popular heroica para acabar con el régimen somocista genocida, me hizo recordar en aquellos momentos aquel dicho popular: “No hay mal que dure 100 años, ni cuerpo que lo resista”.

Ya eran 45 años de opresión tiránica, durante los cuales la “Estirpe Sangrienta: los Somoza”, comenzando con Anastasio Somoza García, siguiendo con su hijo Luis Anastasio Somoza Debayle y ahora Anastasio Somoza Debayle, se había dado el lujo ya de matar a casi 50,000 nicaragüenses, saquear el país de manera permanente y descarada con  sus hermanos de clase los oligarcas vende patria, terratenientes latifundistas, comerciantes e industriales grandotes;  de ponerse al mismo tiempo “por encima de las clases capitalistas-oligárquicas también opresoras” con su dictadura, y de paso ponerse como los “salvadores” de Nicaragua mientras robaban, mataban, despojaban de sus tierras y otras propiedades a los campesinos, intoxicaban los suelos y aguas del país con plaguicidas, y para entronizarse, además, hacían elecciones amañadas y usaban a los conservadores como “zancudos” en la estructura del Estado y de gobierno genocidas.

Para mantener esa opresión genocida “bien aceitada”, para que causara pánico generalizado en todo el país, el tirano y su aparataje de maleantes, fortalecieron la Guardia Nacional, organizaron la Oficina de Seguridad (policía política de torturas y muerte segura) o de persecusión sistemática con alrededor de 12 mil “orejas” y “jueces de mesta” o “jueces de cañada”, unos pagados y otros “adhonorem”; tenían el llamado Servicio Anticomunista, un cuerpo especializado de persecusión a intelectuales y periodistas; torturadores crueles, desalmados y sanguinarios, los escuadrones de la muerte (“Mano Blanca”, era el nombre elegante que los somocistas le habían puesto), los “soplones”, los AMROCS o militares retirados, la Nicolasa Sevilla, apaleadora de vecindarios y opositores al régimen; y un grupo de periodistas o intelectuales que se encargaba de la guerra sicológica por medio de NOVEDADES, la Radio  Difusora Nacional y la Estación “X”, por ejemplo, mediante las cuales situaban a los sandinistas todavía clandestinos y con las armas en las manos como “agentes del comunismo internacional” y  “sandino-comunistas-terroristas”.

Estos intelectuales o periodistas, al mejor estilo nazifacista alemán,  eran los encargados de hacer creer a la población en general que la Revolución Sandinista, el socialismo, el comunismo, o sencillamente ser opositor al régimen somocista, era “un pecado mortal”, es decir, los malos no eran los asesinos de la dictadura, los malos eran sus víctimas, los malos eran los perseguidos, los torturados, los encarcelados y los asesinados, especialmente si eran jóvenes estudiantes universitarios, estudiantes de secundaria, jóvenes campesinos…!bastaba con ser joven y pobre, para ser sospechoso de atentar contra el régimen de somocistas genocidas!

Si un joven (hombre o mujer) o un grupo de jóvenes iban caminando por la calle,  eran ya sospechosos de andar atentando contra el régimen dinástico criminal. Ese joven, o esos jóvenes, ya en 1978 era común que los guardias, “orejas”, “jueces de mesta”, agentes de la Oficina de Seguridad, o cualquiera de los integrantes de los “escuadrones de la muerte”, los obligaran a subirse a una tenebrosa patrulla BECATS (Brigadas Antiterrorista  le llamaban  los terroristas desalmados de la dictadura), sin mediar ninguna acusación formal, simplemente se los llevaban y aparecían encarcelados en la Loma de Tiscapa, en la Aviación, por ejemplo, o muertos en la Cuesta del Plomo,  en el caso de Managua, o en cualquier otro sitio en el país.

Si ese joven, o cualquier opositor, aparecía preso, entonces era normal que mostrara señales de tortura y al mismo tiempo los guardias somocistas genocidas, o la Oficina de Seguridad, informaban que “son subversivos… atentan contra el orden público…atentan contra la autoridad y sus agentes.. “son sandino-comunistas-terroristas”. Esa era la acusación, y eso era, porque “la guardia hace lo que quiere y lee como quiere”, decían algunos guardias.

Ya para el año 1977 el terror estatal somocista genocida era generalizado en todo el  país. Estar vivo, especialmente si era uno antisomocista, era ya un milagro. Somoza Debayle y su Guardia Nacional de asesinos y ladrones tenían  Nicaragua en permanente “Estado de Sitio” y “Ley Marcial”, pues en cualquier parte del país te detenían, registraban, te golpeaban o te torturaban, y si querían ahí no más te mataban.

Además, nunca hubo ningún juicio en contra de los guardias, de los agentes de la Oficina de Seguridad, o de “orejas” o de “jueces de mesta” porque habían matado a un opositor, a un antisomocista, especialmente si era joven, y peor aún  si era militante clandestino  del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Los guardias somocistas, los “orejas” de la Oficina de Seguridad, los funcionarios políticos y administrativos del Estado somocista invadían universidades, mataban estudiantes, masacraban vecindarios enteros, habían cometido unas 400 masacres conocidas en todo el país, en los caminos y montañas violaban mujeres, lanzaban a campesinos desde helicópteros sobre Cerros como el Musún, tenían campos de concentración en las montañas  y se  ufanaban por ser torturadores  oficiosos y asesinos  despiadados.

Fuera de Nicaragua nos veían como una gran cárcel, como un gran cementerio de los Somoza y su Guardia Nacional genocida, creada, sostenida y entrenada de forma permanente por el gobierno agresor y genocida de Estados Unidos.

Este terror estatal somocista, apoyado totalmente por el gobierno genocida de Estados Unidos, era sencillamente horrible.

El Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), fundado por Carlos Fonseca Amador, Tomás Borge Martínez, Jorge Navarro, José Benito Escobar Pérez, Jorge Navarro, Francisco Buitrago, Faustino Ruiz, Germán Pomares Ordóñez,  y otros, en 1961, venía luchando contra viento y marea, con unos pocos jefes y combatientes guerrilleros desde la clandestinidad más rigurosa, mostrando el camino que debíamos seguir los demás nicaragüenses patriotas, para insurreccionarnos y demoler este sistema de opresión espantosa, que ya acumulaba casi 50,000 muertos en junio de 1979.

Ya era insoportable este régimen de asesinos y ladrones. Para colmo de ruindades somocistas, cuando cualquiera de las Ciudades se rebelaba en protesta por estos crímenes mencionados, entonces Somoza Debayle, sus generales, coroneles, mayores y capitanes de la GN genocida echaban a funcionar lo que ellos mismos llamaban “operaciones limpieza”, consistentes en lanzar toda una maquinaria de guerra en contra de los pobladores, lo cual incluía tanquetas, ametralladoras calibre 50, lanza morteros, cañones de tanques, granadas de fragmentación, al mismo tiempo el bombardeo aéreo sobre las Ciudades como Estelí, León, Managua, Masaya, Rivas, Matagalpa, Chinandega, es decir, contra todo lo rebelde, y para cerrar con “broche de oro”, a la par iban robando en las casas que centenares o miles de familia sufrían o eran víctima de la represión mortal de Anastasio Somoza Debayle y su GN de exterminio en Nicaragua.

Así era de tenso el ambiente político militar al momento de esta la Insurrección u Ofensiva Final contra el somocismo genocida en junio de 1979.

Por los motivos apuntados arriba, una enorme cantidad de pobladores humildes, en la mayoría de los casos, se sumaron a estos combates bélicos populares decisivos en contra de la tiranía o dinastía somocista en todo el país.

Así ocurrió también en las zonas Suroccidental, Noroccidental y Oriental-norte de Managua. Al Estallar la Insurrección u Ofensiva Final en la Capital, los jefes guerrilleros, comandados por el Comandante Carlos Núñez Téllez, eran unos 110 y los Combatientes Populares ya entrenados un poco más de mil, todos voluntarios, sin la formación académica profesional de los militares de carrera de la GN somocista.

Ese puñado de hombres y mujeres, portando unos cuantos fusiles automáticos, unas cuantas ametralladoras calibre 30, no más de seis lanza-morteros, con una decisión determinante “de al menos resistir tres días en Managua”, y con la estrategia de obstaculizar a la soldadesca somocista genocida en los cauces, en los puentes, y fabricar barricadas, zanjas o trincheras de combate, pozos tiradores, refugios antiaéreos para los pobladores, hacerles “la vida imposible” a un ejército profesional de varios miles de hombres en Managua, donde contaban con decenas de tanques, tanquetas, numerosos aviones y helicópteros artillados, con centenares de lanzamorteros y “con armas y municiones para combatir 100 años, si queremos”, se ufanaba el coronel Nicolás Valle Salinas,  jefe de la Central de Policía y de todas 16 las secciones de policía GN, regadas por Managua, incluyendo la Treceava Sección Policía (“Sierra 13”) o la cueva del multiasesino y torturador Alberto “Macho Negro” Gutiérrez.

Tuvimos la suerte revolucionaria de que la Dirección Nacional Conjunta del FSLN guerrillero, clandestino, designara un Estado Mayor General del Frente Interno con las calidades de estrategas del Comandante Carlos Núñez Téllez (ya fallecido), William Ramírez Solórzano (ya fallecido) y Joaquín Cuadra Lacayo, y un Estado Mayor de Managua con las calidades militares de hombres y mujeres excepcionales como: Mónica Baltodano Marcenaros, Oswaldo Lacayo Gabuardi y Raúl Venerio Granera; y Jefes Guerrilleros diestros en el manejo de las armas y en la conducción de combates populares contra genocidas, maestros en el arte guerrillero para darle en el codillo o en el corazón al enemigo, entre otros: Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz, Walter Mendoza Martínez, Marcos Somarriba García, Sergio “Marcio 13” Gómez Vargas, Francisco Meza Rojas (asesinado cuando comenzaba la Insurrección en la Carretera Norte), Walter “Chombo” Ferreti Fonseca, Rolando “Cara Manchada” Orozco Mendoza, Francisco “Chico Garand” Guzmán Fonseca, César Augusto Silva, José Ángel Benavídez, Douglas “Domingo” López Niño, César Largaespada Palaviccini, Marcos  Largaespada Prado, Claudio “106” Picasso Ardito, Javier “99” López Lowery, Isabel “Venancia” Castillo, Mayra González,  Sergio Martínez Vega, Danilo Norori, Jorge “Norman” Roustan Reyes, William “Juan Grande” Montalván, Federico López Argüello, Róger “Aniceto”, “Camastrón” Cabezas Gómez, Eduardo Cuadra Ferrey, Gabriel Cardenal Caldera (asesinado  por la GN), Cristóbal “Gersán” Guevara Casaya, Víctor “Bayardo”, ”Dientes de Lata” Romero Pérez, Douglas Mejía Obando, (asesinado por la GN), René Cisneros Vanegas (caído en San Judas), Mauricio del Carmen Kiel, William Antonio “Salvadoreño” Pascasio, Justo Rufino Garay Mejía, Martin Castellón Ayón, Silvio Porras García (caído en Batahola), Arnoldo Real Espinoza (caído en Batahola), Jorge Corea Briones (caído en Batahola), Jorge Esquivel Acevedo (caído en Batahola), Alba Luz Portocarrero Ramos (caída en Batahola), Soraya Hassan Morales (caída en Batahola), Pedro “Chaparro Henry” Meza Vílchez, Efraim “Challuya” Téllez, hermanos “Piojos” Sánchez, Alejandro “Marciano” Díaz Meza, Salvador Ramiro García Ramírez, Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez, Frank “Machillo González Morales, Lucío Jiménez Guzmán, Darmalila Carrasquilla, Humberto del Palacio González, Iván García Abarca, Pedro Ortiz Sequeira, Adolfo Aguirre Estathadgen, Eva Adilia Solís, José Alexander “Pepe Loco” Estrada Fonseca, Antonio “Julio” López, Marlene Álvarez, Gustavo “Loco” Cerna González,  por ejemplo, y una comisión política- propagandística de las diligentes y hábiles calidades de Glenda Monterrey Vásquez, Lea Guido López, Moisés Hassan Morales, Julio López Campos y Marcos Valle Martínez.

Estos cuadros políticos-guerrilleros valiosos, combinados con el arrojo, valentía, audacia e inteligencia de Combatientes Populares y Milicianos barriales,  y la decidida y convencida integración de varios miles de ciudadanos capitalinos a las tareas insurreccionales en Managua, permitió mantenerse 18 días de heroicos combates contra el enemigo somocista, a pesar de la escasez de municiones y de los intentos de  romper el cerco insurreccional en la Zona Oriental-norte de Managua por parte de la soldadesca sanguinaria genocida.

El enemigo somocista superarmado no pudo evitar la Insurrección u Ofensiva Final, tampoco pudo vencerla, al revés, se vio derrotado en cada intento que hacía por desbaratar las barricadas, las trincheras de combate o los pozos tiradores en Santa Rosa, en El Dorado, en los cruces de Portezuelo y Rubenia; en los Puentes de El Edén y Larreynaga, en los Puentes Paraisito y San Cristóbal, etc. Además, la Guardia Nacional genocida se vio inclusive obligada a salir derrotada de sus 16 cuarteles GN policiales.

Algunas de estas secciones policiales fueron totalmente destruidas como “Sierra 13”, “Sierra 10” en el lado Sur de la Colonia Centroamérica, “Sierra 12”  en Bello Horizonte,  la que tenían en Las Jinotepes (Carretera Sur, kilómetro doce y medio), en Monseñor Lezcano, en San Judas, en el Reparto Schick Gutiérrez, en el Barrio Mombacho (hoy Freddy Herrera), etc.

El alto mando GN somocista genocida se vio obligado a dar la orden de que todas estas guarniciones de los 16 cuarteles mencionados, más la escuela de asesinos EEBI y otros Batallones élites del Ejército somocista, pasaran a funcionar de manera móvil en los sectores que geográficamente les habían asignado, porque dentro de sus guarniciones y en las calles fueron derrotados una y otra vez por los Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y Milicianos vecinales como queda apuntado.

Sin embargo, la Dirección Nacional Conjunta del FSLN, el Estado Mayor General del Frente Interno (Comandantes Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra Lacayo) y el Estado Mayor de Managua (Mónica Baltodano Marcenaros, Oswaldo Lacayo Gabuardi y Raúl Venerio Granera), después de 18 días combatiendo a esta pandilla de asesinos somocistas y sus mercenarios salvadoreños, coreanos y de otros lados de América del Sur, por la falta de medios de transporte y condiciones de circulación para procurarse municiones y más armas de guerra, y teniendo en el teatro de guerra la necesidad impostergable de asestarle el golpe militar final a la tiranía somocista genocida, ya acorralada y en desbandada por el empuje insurreccional sandinista en algunas  partes del  país, se vieron en la necesidad urgente, impostergable de organizar y ejecutar un Repliegue, salirse de la Zona Oriental y Norte de Managua, con las siguientes finalidades militares estratégicas:

Salvar a una masa grande de Combatientes Populares, Milicianos vecinales y a la mayoría de pobladores implicados directa o indirectamente en la Insurrección u Ofensiva Final; Mover la fuerza combatiente de Managua para fortalecer el Frente Oriental Carlos Roberto Huembes, Distribuir estas fuerzas combativas guerrilleras y populares para liberar gran parte de Carazo (Diriamba, Jinotepe y San Marcos); terminar de liberar la Meseta de los Pueblos, incluyendo Masatepe; asaltar y liberar Granada y los Municipios de Diriomo y Diriá; fortalecer la Defensa de la Ciudad de Masaya, porque los guardias genocidas, jefeados por Fermín Meneses Cantarero, como otros, ya habían huido de su cuartel GN (el cual fue destruido, quemado por la Insurrección Sandinista) y se habían encuevado en la Fortaleza del Cerro Coyotepe, en el Cerro La Barranca, dentro de la Fábrica de Clavos INCA y en la Hielera, todos  ubicados al Norte de la Ciudad de Masaya, en la orilla Norte de la Carretera Managua-Masaya-Granada; hacerse de más armas y municiones, porque en el teatro insurreccional de Managua ya estaban escasas, procurarse comida porque igualmente en las Zonas Oriental y Norte insurreccionada había escaseado y con el fin de no caer en el cansancio extremo de la tropa de Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares, Milicianos y población civil implicada en la Insurrección Sandinista.

Esta movilización popular clandestina, sigilosa, de Managua a Masaya, se convirtió en otra hazaña militar del Frente Sandinista guerrillero, y en muy poco tiempo, se demostró lo absolutamente razonable de mover estas fuerzas revolucionarias hacia el Oriente del país, porque, precisamente, con la liberación total de Jinotepe, Diriamba, San Marcos, Masatepe y resto de la Meseta de los Pueblos Blancos, se quebró para siempre toda iniciativa u ofensiva militar del somocismo genocida, y a partir de este momento comenzaron sólo a defender posiciones y a  huir desbandados por todo el país.

Esta hazaña militar revolucionaria del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, sin embargo, le costó a los pobladores rebeldes capitalinos y a Frente Sandinista de Liberación Nacional, todavía clandestino en junio y julio de 1979, casi 100 caídos o Mártires por la masacre somocista ejecutada por la Guardia Nacional genocida mediante bombardeo aéreo en “Piedra Quemada”, en el Complejo Volcánico Masaya, en el Camino Viejo y casco urbano de Nindirí y en los alrededores del Cerro Coyotepe, registrado en casi todo el día 28 de junio de 1979.

Después, los días 17 y 18 de julio, mediante golpes militares potentes con el Batallón Móvil Rolando Orozco Mendoza (de apenas 300 hombres y mujeres Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares), sin retroceso, sin darles lugar a reponerse en ningún sentido, se les cayeron también a los somocistas genocidas en los 16 cuarteles urbanos y el emblemático Cuartel La Pólvora en Granada, donde por decenas de años habían encarcelado, torturado y matado sandinistas y opositores como le había dado la gana al régimen sanguinario de los Somoza y del gobierno criminal de Estados Unidos.

El 19 de julio en la madrugada huyeron los asesinos que estaban encuevados en los cerros del Coyotepe y La Barranca, en la INCA y en la Hielera. Somoza Debayle, su hijo “Chigüin” Somoza Portocarrero, sus generales, coroneles y mayores más fieles, también ya habían huido. “El Tal Urcuyo” asimismo había subido en un avión y se fue para Guatemala.

El resto de guarditas, “orejas”, “jueces de mesta”, “jueces de cañada”, los “soplones”, los jueces civiles y penales que Somoza Debayle había puesto para condenar a todos aquéllos ciudadanos opositores, los funcionarios del gobierno dictatorial, los miembros del Partido Liberal Nacionalista somocista, los que pertenecieron a los “escuadrones de la muerte”, los AMROCS, la Nicolasa Sevilla, los torturadores, todos andaban como las ratas asustadas buscando cuevas en que meterse esa mañana del 19 de julio de 1979.

Muchos se escaparon. Otros, no. Por ejemplo, al mismísimo Alberto “Macho negro” Gutiérrez, uno de los más feroces asesinos de la tiranía, lo capturamos en su escondite, en su cueva de roedor en fuga, en los Altos de Masaya, a las siete de la mañana del 19 de julio de 1979.

Francisco “Chico Garand” Guzmán Fonseca y Abraam Delgado Romero jefearon la escuadra sandinista  que lo capturó. En Masaya y todo el país ya se celebraba jubilosamente el Triunfo de la Revolución Popular Sandinista. “Macho Negro” capturado, por primera vez con sus manos atadas con un alambre eléctrico y sujetadas a una parte metálica del jeep en que era conducido, fue llevado al centro de Masaya en medio de una alborada de juegos pirotécnicos que se elevaban al cielo y explotaban saltarines también al ras del suelo, que antes había sido herido vilmente por las balas y cañonazos somocistas contra los pobladores de la Ciudad de las Flores.

A “Macho Negro” Gutiérrez se le hizo un juicio público sumario en la entrada al Barrio Indígena de Monimbó. La gente pedía a gritos que fuese fusilado, y los Estados Mayores del Frente Interno, de Managua y de Masaya dieron la orden de que fuese fusilado por una escuadra de Guerrilleros y Combatientes en una casa esquinera, frente a Don Bosco, en la entrada al Barrio Monimbó. Este relato sobre la captura y fusilamiento de “Macho Negro” también está en el contenido de este libro sobre el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

El día anterior, 18 de julio, en Granada, había sido también capturado el “Gato” Colindres, otro de los célebres torturadores y asesinos de la Guardia Nacional y de la Oficina de Seguridad (OSN) somocista. Igualmente fue fusilado en una de las calles de Granada.

En aquellos momentos de júbilo popular, jamás vistos en la Historia Nacional, todos teníamos la sensación de haber salido de un túnel muy oscuro, tenebroso, mortal, donde estábamos con cadenas en los tobillos y en la muñecas, torturados, excluidos, hambrientos, en el desempleo, despojados de nuestros bienes materiales (suministrados por la Madre Tierra), y que, dichosamente, Carlos Fonseca Amador, Tomás Borge Martínez, Jorge Navarro, José Benito Escobar Pérez, Germán Pomares Ordóñez, Santos López, Faustino Ruiz, fundaron el Frente Sandinista de Liberación Nacional, y con un puñado de patriotas excepcionales iniciaron una lucha política y militar clandestina heroica, de epopeyas como La Ilíada y la Eneida, de grandes sacrificios, de privaciones severísimas, hasta llegar a este momento glorioso, repleto de lágrimas de alegría, de palpitares fuertes del corazón  en centenares de miles de nicaragüenses, que finalmente podían ver derrumbada a la tiranía somocista genocida, la cual formó parte integrante de la plaga de dictaduras militares impuestas por Estados Unidos en América Latina.

Los Frentes de Guerra: Occidental Rigoberto López Pérez, Norte Carlos Fonseca Amador, Oriental Carlos Roberto Huembes, Sur Benjamín Zeledón Rodríguez, el Frente Central Pablo Úbeda,  y el Frente Interno (nosotros, los de Managua, Masaya y Carazo), llenos de una alegría inmensa, sentida desde el cerebro hasta los pies, aunque teníamos ya dos meses de no bañarnos regularmente ni cambiarnos de ropa, ni comer como debíamos, ni dormir tranquilos, aunque también teníamos tristeza por los hermanos y hermanas caídas en combate, ahora, aquel 19 de julio de 1979, nos apretujábamos alegres en los camiones, automóviles, camionetas y tractores, para llegar a Managua, a darle el golpe final, el remate, el tiro de gracia, a la tiranía somocista genocida.

Para los sicarios de la tiranía somocistas, los managuas replegados a Masaya el 27 de junio de 1979, íbamos derrotados, pero el 19 de julio de 1979 retornamos triunfantes, con un Triunfo Revolucionario que demolió por siempre a una dictadura sangrienta de 45 años de años de genocidio.

Esta tercera edición Insurrección Sandinista Victoriosa y Repliegue Táctico de Managua a Masaya, la he dividido en varios capítulos: Monitoreo de las órdenes criminales de la Guardia Nacional. Es un trabajo de escucha radial que me fue facilitado por el periodista Hermógenes Balladares, quien fue mi compañero de labores en el Diario LA PRENSA; 18 Días de Heroicos Combates Insurreccionales en Managua, antes del Repliegue a Masaya; Relato del Repliegue Táctico de Managua a Masaya;  sobre los Repliegues  de San Judas a  la Hacienda El Vapor, de Ciudad Sandino a San Andrés de La Palanca, de Monseñor Lezcano a Batahola,  y del Barrio Santa Ana al casco urbano del Municipio de Mateare; un trabajo investigativo sobre el accionar de los “orejas”, jueces de mesta”, “escuadrones de la muerte” y demás “soplones” de la dictadura somocista; y una cronología de sucesos ocurridos en todo el año de 1979.

Igualito que el capitalismo saqueador salvaje, los somocistas genocidas no han pagado realmente por todos los crímenes genocidas cometidos en 45 años de matanzas y robos descarados en Nicaragua.

Managua, noviembre del 2016.

Pablo E. Barreto Pérez: periodista, fotógrafo, Cronista de la Capital, Orden Independencia Cultural Rubén Darío, Hijo Dilecto de Managua, Orden Servidor de la Comunidad del Movimiento Comunal Nicaragüense, Orden José Benito Escobar Pérez de la CST nacional, Orden Juan Ramón Avilés de la Alcaldía de Managua, participante directo, cronista, testigo y sobreviviente de la Insurrección Sandinista de Managua y del Repliegue a Masaya.

Colonia del Periodista No. 97, Managua. Teléfonos: 88466187, 86533771 y 22703077.

 

 

Insurrección  revolucionaria sandinista en Managua

Pablo Emilio Barreto Pérez

*18 días de heroicos combates liberadores en zonas oriental y occidental capitalino, entre el ocho de junio y el 27 de junio de 1979

*Desde abril de 1979 a la dictadura somocista genocida le llovían fuego de balas libertarias y explosiones de bombas de contacto

*Desde el nueve de septiembre de 1978, la inmensa mayoría de los nicaragüenses padecíamos, nuevamente,   Estado de Sitio, Ley Marcial, censura de prensa, matanza de seres humanos en calles, caminos y pueblos; secuestros masivos de campesinos, asesinatos también masivos ejecutados por “escuadrones de la muerte”, encarcelamientos masivos y torturas, lanzamiento de seres humanos desde helicópteros y aviones en el Norte de Nicaragua, todo esto en forma permanente por parte de la tiranía somocista genocida.

La opresión y represión somocista genocida eran ya insoportables, inaguantables por la población en general. La dictadura somocista era un sistema de opresión político, militar, económico, social, ideológico y propagandístico desde que fue fundada la Guardia Nacional, e instalado o impuesto Anastasio Somoza García como su jefe,  por el gobierno genocida norteamericano y su ejército interventor (agresor e invasor) en 1926, especialmente después que fueron asesinados traidoramente el General Augusto C. Sandino y casi  todos los miembros del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, en 1934.

Eran los primeros días de junio de 1979 cuando los vientos insurreccionales, guiados, dirigidos por el Frente Sandinista Guerrillero, clandestino, convertido en Ejército Liberador Revolucionario, estaban  tocando a las puertas cuartelarias y asesinas  de los opresores en Managua, León, Masaya, Estelí, Chinandega, Matagalpa, Masaya, Carazo, Rivas, Granada, Chontales, Boaco, Nueva Segovia, Jinotega, Madriz, Boaco, Chontales, Costa Atlántica, etc.

Eran ya casi 45 años de dictadura y cerca de 50 mil muertos, asesinados por la Guardia Nacional (GN), la Oficina de Seguridad Nacional o policía política somocista, sus “escuadrones de la muerte”, sus 12 mil “orejas” o espías  y “jueces de mesta”, cuyos miembros eran ya repudiados, odiados,  de forma generalizada por los pobladores de Nicaragua, y por tal motivo a la dictadura militar somocista ya le llovía fuego de balas libertarias y de explosiones de bombas de contacto en prácticamente todas las ciudades y pueblos  urbanos de Nicaragua.

El sábado 26 de marzo de 1979, un grupo numeroso de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares del Frente Norte Carlos Fonseca Amador, jefeados por el Comandante Germán “El Danto” Pomares Ordóñez, uno de los fundadores del FSLN y jefe del Frente Norte Carlos Fonseca Amador, se toman por sorpresa y temporalmente el  poblado de El Jícaro, en el Departamento de Nueve Segovia, montaña adentro, en el Norte elevado de Nicaragua.

Esta acción militar del Frente Sandinista Guerrillero, clandestino, convertido en Ejército de Liberación Nacional, fue considerada como el inicio de la  Insurrección Sandinista, u Ofensiva Final de la Revolución Popular Sandinista, para derrocar definitivamente a la dictadura somocista genocida.

El sábado siete de abril de 1979, en la noche, se había insurreccionado, nuevamente, casi toda  la Ciudad de Estelí. El “Zorro” Francisco Rivera y otros Jefes Guerrilleros del FSLN clandestino y unificado, jefeaba el estallido insurreccional esteliano.

Doscientos Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares habían bajado de las montañas de los alrededores de Estelí, e insurreccionado a centenares de pobladores estelianos, quienes por la noche se tomaron oficinas públicas del régimen somocista, hicieron mítines callejeros, chocaron militarmente con patrullas y contingentes de soldados en las calles, y anunciaron que la Huelga General y Ofensiva Final venían, y que el somocismo genocida debía pagar por sus crímenes, por más de 400 masacres, matanza de 50,000 nicaragüenses y por la robadera imparable de 45 años de la “Estirpe Sangrienta: Los Somoza” y dictadura militar somocista.

La Guardia Nacional somocista movilizó no menos de mil efectivos militares al escenario de batalla dentro de la Ciudad de Estelí, apoyados por tanques, lanzamorteros, lanzagranadas, y aún así no pudieron detener la lluvia de balas que les empezaban a ser disparadas hábilmente por hombres y mujeres, jovencitos y viejos, convertidos en guerrilleros y Combatientes Populares, y bien entrenados militarmente para darles batalla justiciera a los gendarmes de la dictadura militar somocista.

Aquellos doscientos Combatientes Populares, “chapiollos”, sin entrenamiento de las Academias Militares opresoras, llenaron de angustia y miedo a los altos mandos de la Guardia Nacional, cuyos jefes ya quedaban claros de que unos cuantos (varios cientos) Guerrilleros y Combatientes Populares desafiaban con pocas armas en las manos a no menos de mil soldados bien armados, apoyados por artillería pesada, y que se les tomaban una Ciudad como Estelí, lo cual ocurría por segunda vez en este sector urbano norteño.

Pobladores de numerosos barrios de Estelí se insurreccionaron, apoyaron sin vacilaciones la toma militar de una parte de esta Ciudad norteña, conocida ya como la “Mil veces Heroica Estelí”. Aquella Insurrección de Estelí fue como un ensayo de lo que ya venía para el mes de junio próximo:  la Insurrección Sandinista, u Ofensiva Final.

Los doscientos Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares del FSLN clandestino enloquecieron a los soldados y esbirros de la Guardia Nacional, como fantasmas se les filtraron en medio del cerco que habían tendido para aniquilarlos, y entre los mismos guardias superarmados cruzaron el anillo y se retiraron el 14 de abril en la noche a las mismas montañas, de donde habían bajado el siete de abril de 1979, también de noche.

Al mismo tiempo en que caía esta lluvia de balazos y explosiones de bombas de contacto contra la soldadesca de la Guardia Nacional en Estelí, aquella noche del sábado siete de abril, también se registraban ataques militares guerrilleros en las ciudades de Ocotal (Nueva Segovia), El Sauce (León),  Condega (Estelí) y en la Ciudad de Chinandega.

En mayo estalló la Insurrección Sandinista en Jinotega, comandada por Germán Pomares Ordóñez, uno de los fundadores del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Casi al mismo tiempo se lanzaban a la Insurrección Popular Sandinista, u Ofensiva Final, los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares de la Ciudad de Matagalpa, comandados por Bayardo Arce Castaño, uno de los miembros de la Dirección Nacional Histórica por parte de la Tendencia “Guerra Popular Prolongada” (GPP).

El cinco de Junio de 1979 se desata la Huelga General Revolucionaria contra el régimen  somocista genocida, convocada por la Dirección Nacional Conjunta del FSLN (de las tres Tendencias: GPP, Terceristas y Proletarios) como parte de la Insurrección Sandinista u Ofensiva Final, para derrocar definitivamente  por la vía de las armas a la dictadura militar somocista.

Un día antes, el cuatro de junio de 1979 se registran ataques relámpagos a cuarteles militares de la Guardia Nacional somocista  en todo el país. Se producen emboscadas a patrullas de guardias y a convoyes militares, montados en camiones, que patrullaban dentro de zonas urbanas y en caminos rurales.

En Managua aparecen las primeras barricadas, construidas con adoquines, piedras canteras, troncos de árboles y latas viejas, particularmente en las entradas a las Colonias Américas Uno, Américas Tres y Américas Cuatro (Zona Oriental capitalina), en San Judas, en la Zona Suroccidental,  y bajo el semáforo del Reparto Linda Vista, Zona Noroccidental de Managua.

Estado de Sitio y Ley Marcial, más censura de prensa, especialmente de noche, han sido impuestos  por Anastasio Somoza Debayle y su dictadura militar en todo el territorio nacional.

El cinco de junio de 1979 Nicaragua es ya  un inmenso campo de batalla en contra de la dictadura militar somocista. “Por todas partes, la hoguera revolucionaria se enciende, golpeando con fuerza al régimen y las masas se reúnen como un solo hombre, como un solo brazo, como un solo puño de acero justiciero, para alcanzar la victoria sobre sus opresores.

“La Huelga General Revolucionaria es el preludio de la Insurrección armada de las masas, la antesala de grandes jornadas; desde todos los puntos debemos lanzarnos al combate, ¡a vencer o morir¡, a la batalla final, al asalto de la fortaleza enemiga. Que ninguna organización popular se quede atrás, las organizaciones populares, obreras, juveniles, femeninas, estudiantiles, deben estar adelante, en la primera fila de combate, al frente del pueblo, en la hora que habrá que decidir su destino”, expresaba un comunicado oficial del Frente Sandinista unido, clandestino, guerrillero, convertido ya en ejército popular revolucionario para el derrocamiento del aparato opresor somocista.

“Ha llegado la hora de ajustar cuentas. Para las masas es el preludio de la Ofensiva Final, del combate definitivo. Es el momento de lanzarse al asalto de la fortaleza enemiga”, expresaba otro comunicado de la Dirección Nacional Conjunta del FSLN, trasmitido por  Radio Sandino clandestina, que hacía labor agitadora, organizadora y de guía política y militar, en trasmisiones nocturnas, desde territorio costarricense, donde había sido instalada cerca de la frontera Norte de Costa Rica con Nicaragua.

“!Es  ahora o nunca. Vamos ¡Ya¡ al asalto de los cuarteles somocistas¡”, se gritaba en mítines relámpagos populares, de propaganda militar guerrillera sandinista, en Barrios, Colonias, Repartos y Asentamientos Humanos Espontáneos en Managua.

Estados Mayores del Frente Interno y Conjunto de Managua

110 Jefes Guerrilleros jefean Batalla Militar para derrocar a la dictadura en Managua

El Estado Mayor General del Frente Interno del FSLN, integrado por los Comandantes Carlos Núñez Téllez (Proletario), William Ramírez Solórzano (GPP) y Joaquín Cuadra Lacayo (Tercerista), (uno por cada una de las tres Tendencias), da la orden al Estado Mayor Conjunto de Managua de concentrarse (ubicarse) en la Zona Oriental-norte de la Capital;  y al Estado Mayor del FSLN de Masaya (también a los Estados Mayores Conjuntos de Carazo y Granada), les ordenan  pasar de inmediato a levantar o insurreccionar  a los pobladores de estas ciudades, especialmente en Masaya,  en contra del aparato opresor somocista  genocida.

El Mando militar y político del Estado Mayor General del Frente Interno del FSLN abarcaba, en junio de 1979,  Managua,  Masaya, Granada y Carazo.

Inicialmente, el Frente Interno del Frente Sandinista Guerrillero, clandestino, abarcaba casi todas las ciudades más importantes de la faja del Pacífico de Nicaragua y también pertenecía a este Frente Interno el Comandante Bayardo Arce Castaño, uno de los miembros de la Dirección Nacional Histórica del FSLN. Por la lucha insurreccional que ya estaba dándose en los primeros  días junio de 1979, Arce Castaño tuvo que trasladarse al Frente Norte “Carlos Fonseca Amador”, para hacerse cargo de sus operaciones militares insurreccionales. El Comandante de la Revolución, Luis Carrión Cruz (Tendencia Proletaria), de la Dirección Nacional Conjunta, en esos mismos primeros días de junio, se hizo cargo del Frente Oriental Carlos Roberto Huembes.

El Estado Mayor Conjunto del FSLN en Managua estaba integrado por Mónica Baltodano Marcenaros (GPP), Raúl Venerio Granera (Tercerista) y Oswaldo Lacayo Gabuardi (Proletario). El resto de integrantes de esta estructura  guerrillera para jefear la batalla militar revolucionaria justiciera contra la dictadura somocista genocida en Managua, eran, entre otros:

Ramón Cabrales Aráuz, José Ángel Benavidez, Marcos Somarriba García, Walter Ferrety Fonseca, Rolando “Cara Manchada” Orozco Mendoza, Walter Mendoza Martínez, Javier López Lowery, César Augusto “Moisés” Silva, Marcos “Taolamba” Largaespada Prado, Francisco “Chico Garand” Guzmán Fonseca, Róger “Camastrón” Cabezas Gómez, Federico López Argüello, William Antonio Pascassio (salvadoreño), Eduardo Cuadra Ferrey, Jorge Roustan Reyes, Claudio Picasso Ardito, Edgard Guerrero, Sergio Gómez Vargas, Douglas López Niño, Humberto del Palacio González, César Largaespada Palaviccini, William “Juan Grande” Montalván, Víctor Boitano Coleman,  Sergio “Liebre” Martínez Vega, Gabriel “Payo” Cardenal Caldera, Genie  Soto Vásquez, Adrián Meza Soza, Cristóbal “Gersán” Guevara Casaya, Douglas Mejía Obando, Mauricio del Carmen “Chepe Liebre” Kiel, Justo Rufino “Andrés” Garay Mejía, Martín Castellón Ayón, René Cisneros Vanegas, Miguel Ángel y Manuel Navarrete, Víctor “Bayardo, Dientes de Lata” Romero Pérez, Boanerges Munguía  Martínez, Wiliam Díaz Romero, Víctor, Carlos  y Mario Cienfuegos Aburto, Iván García Abarca, Arnoldo Real Espinoza, Silvio Porras García, Alba Luz Portocarrero Ramos, Soraya Hassan Flores, Jorge Corea Briones, Jorge Esquivel Acevedo, Adolfo Aguirre Sthatadgen y Eva Adilia Solís.

También se distinguieron Combatientes orgánicos sandinistas, bien entrenados política y militarmente, con dotes de jefes y con cargos militares asignados (hombres y mujeres), como: Rafael Solís Cerda, Moisés Hassan Morales, Marcos Valle Martínez, Lea Guido López, Glenda Monterrey Vásquez, Julio López Campos, Aristeo Benavidez, Carlos “Paco” Miranda, Carlos Duarte, Oscar Lino Paz Cubas, Iván García Abarca, Justo Rufino Garay Mejía, Alejandro Mairena Obando,  Erick “Martín” Castellón Ayón, Frank “Machillo” González Morales, Juan Carlos Soza Aragón, Humberto del Palacio González, Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez, Lucío Jiménez Guzmán, Elizabeth Pinell,  Ibis “Negra” Hernández, Darmalila Carrasquilla, Isabel “Venancia” Castillo, Mayra González, Danilo Norori; Víctor, Mario y Carlos Cienfuegos Aburto; Pedro Ortiz Sequeira, Salvador Ramiro García Ramírez, Santiago Núñez Solís.

La Comisión Política y de Propaganda Revolucionaria la integraban:   Julio López Campos, Marcos Valle, Glenda Monterrey Vásquez, Lea Guido López y Moisés Hassan Morales. El general Humberto Ortega Saavedra, uno de los tres miembros de  la Dirección Nacional por la Tendencia Tercerista, en su libro “La Odisea por Nicaragua”, asegura que también eran miembros de esta Comisión Política y de Propaganda el profesor Pedro Ortiz Sequeira y Lucío Jiménez Guzmán. Ortiz Sequeira fue el primer secretario general de la Central Sandinista de Trabajadores (CST) y Jiménez Guzmán Secretario General de la misma CST en casi toda la década del 80.

En esos mismos días insurreccionales de junio de 1979 se había publicado en medios informativos locales que la Guardia Nacional tenía alrededor de 13 mil efectivos entre soldados y oficiales, más 12 mil “orejas” (agentes oficiales emplanillados y espías pagados y “voluntarios”) de la Oficina de Seguridad (OSN, policía política) y del llamado “Servicio Anticomunista” (SAC), centenares o varios miles de “jueces de mesta”, centenares de paramilitares, los grupos organizados de AMROCS o militares somocistas retirados, centenares de militantes del Partido Liberal Nacionalista (PLN) o partido político oficial de la familia Somoza y de la dictadura somocista, los “escuadrones de la muerte” (“Mano Blanca”, le decían los somocistas), los torturadores, ¿cuántos eran?, los matones a sueldo como aquellas bandas de asesinos llamados López, Acevedos, “Socorreños” y Chavarrías en León; las escuadras de matones de Juan Palacios en Matagalpa, por ejemplo, todos  al servicio mercenario completo del aparato dictatorial; la “Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería” (EEBI), que era casi otro ejército dentro de la Guardia Nacional, jefeada personalmente por Anastasio Somoza Portocarrero (“Chigüin”), hijo del tirano Anastasio Somoza Debayle, entrenados sus miembros para matar gente  u opositores al régimen, y convertidos en convencidos enemigos a muerte de la población nicaragüense; mercenarios coreanos, hondureños, salvadoreños, argentinos, etc., como aquel tal Echanis, quienes eran especialistas en matar seres humanos mediante degollamientos con cuchillos y bayonetas, descuartizamientos y desapariciones de cuerpos mediante incineraciones; y “turbas nicolasianas”, en realidad llamadas  “Frentes Populares Somocistas”, encabezadas por Nicolasa Sevilla, especializados en atacar gente en vecindarios y cárceles, para sembrar miedo colectivo en nombre y representación  del aparato monstruoso opresor del somocismo genocida.

Vale recordar aquí que una cantidad, seguramente mayoritaria, de soldados rasos y oficiales de rangos bajos, habían salido de las haciendas de Anastasio Somoza García y de la Familia Somoza, donde eran operarios y empleados, e incorporados como “alistados” de la Guardia Nacional. Los colocaban en entrenamientos breves en la Academia Militar del somocismo genocida y luego los ubicaban en cuarteles y patrullas móviles, mientras permanecían analfabetas.

Muchos de aquellos guardias fueron sacados de la Hacienda Montelimar, en Villa del Carmen (Villa Carlos Fonseca Amador), de los alrededores de Somoto, en el Departamento de Madriz; y provenientes de sectores humildes, aprovechándose la tiranía del desempleo reinante y de la pobreza inducida por el mismo saqueo de la dictadura somocista y de la oligarquía de terratenientes, comerciantes e industriales grandotes y banqueros de Nicaragua, todos ellos amigazos de Anastasio Somoza Debayle.

También hubo coroneles, como Alesio Gutiérrez, esbirro somocista muy malvado y extraordinariamente represivo, que no había egresado de la Academia Militar. Llegó a ese rango por su accionar represivo, de torturador y de ladrón. Igual eran los “orejas” y “soplones”, los agentes de la Oficina de Seguridad, los “jueces de mesta”, los paramilitares y los integrantes de los “escuadrones de la muerte”.

¿Cuántos eran, en realidad, la cantidad de soldados y oficiales de la Guardia Nacional e integrantes del aparato opresor del somocismo en junio de 1979?  No hay datos precisos. ¿serían unos 100,000 en total? ¿Tal vez más?

Este sistema opresor del somocismo genocida perseguía especialmente a jóvenes, ya fuesen estudiantes de secundaria y universitarios; opositores políticos al régimen, obreros organizados en sindicatos y campesinos involucrados en la lucha contra el somocismo; a todos los que fuesen “sospechosos” de atentar contra el “orden establecido”, incluyendo a niños como Luis Alfonso Velásquez Flores y Manuel de Jesús “Mascota” Rivera, asesinados ambos, respectivamente en Managua y Jinotepe. Todos, por ser “sospechosos”,  eran apresados, torturados, desaparecidos y asesinados de manera atroz por estas bandas de asesinos del engendro monstruoso del somocismo, especialmente ya en los años 1975, 1976, 1977, 1978 y, por supuesto, en 1979.

El doctor Emilio Álvarez Montalván (recién fallecido), conservador, y  miembro de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua, asegura  en su libro “Las Fuerzas Armadas en Nicaragua”, que desde su fundación formal en 1926 hasta 1975, la Guardia Nacional mediante su Academia Militar había producido 30 promociones con un total de 702 oficiales. Claro, no se contaban quienes eran oficiales que llegaban a esos cargos y rangos por medio de su demostración de verdaderos asesinos despiadados, torturadores de oficio, represores sin escrúpulos, como fue el caso de Alberto “Macho Negro” Gutiérrez,  y el esbirro coronel Alesio Gutiérrez, por ejemplo.

Además, en esos mimos días de junio de 1979, por medio de publicaciones periodísticas, se decía también que la Guardia Nacional con sus batallones élites, comandos sedes en cada una de las ciudades cabeceras departamentales y municipales, tenía centenares de toneladas de armas automáticas de guerra y municiones, y que sólo el régimen sionista criminal de Israel le había traído recientemente, en secreto, cinco mil fusiles nuevecitos, muchos de los cuales eran M-16, Galiles,  y no menos de un millar de ametralladoras calibres 50 y 30.

Otro dato publicado después del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista es que Anastasio Somoza Debayle hizo también una compra de 10,000 fusiles Galil en 1977, los cuales fueron encontrados en su bunker de la Loma de Tiscapa, después de su huida cobarde el 17 de julio de 1979. Estos fusiles, más municiones, artillería, tanques y tanquetas, le eran suministrados a Anastasio Somoza Debayle y su guardia somocista genocida por Estados Unidos y el régimen sionista racista de Israel.

Es decir, varios miles de fusiles y municiones no fueron usados para repeler la Insurrección Popular Sandinista porque no les dio tiempo, o porque, como se ufanaba el esbirro coronel Nicolás Valle Salinas: “Tenemos armas y municiones para combatir 100 años, si queremos”. Sin embargo, fueron derrotados por la “chapiollada” de Combatientes Populares, que saltaron insurrectos y disparando a las calles decididos a expulsarlos del poder político, definitivamente.

Se afirmaba en los primeros meses del año 1979 que esa misma Guardia Nacional somocista genocida tenía decenas de miles de morteros y rockettes, decenas de miles de bombas de fragmentación, varios miles de bombas de 500 y mil libras,  para lanzarlos desde aviones y edificios altos contra la población civil del país, más, ¿cuántos?, centenares de tanques  y tanquetas dotados de ametralladoras y cañones, aviones Push and Pull artillados con rockettes, aviones con ametralladoras calibres 50 y 30, instaladas en sus lados para disparar ráfagas desde arriba a las poblaciones civiles; helicópteros listos para dejar caer bombas de 500 y mil libras sobre las ciudades de Managua, León, Masaya, Jinotepe, Jinotega, Estelí, Condega, Matagalpa, Ocotal, Chinandega, Rivas, etc.

Estos aviones eran, entre otros, varios jets T33, numerosos Push and Pull, varios Douglas C-47 Dakota, decenas de helicópteros UH-1H, H34s y OH-6As, también decenas de avionetas CESNAS 337, CASAS C.212, IAI-201 Aravas, todos los cuales habían sido acondicionados para lanzar bombas, morteros, rockettes y ráfagas de ametralladoras desde el aire contra las poblaciones civiles, en contra de movimientos de guerrilleros y trincheras de combates del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Y claro por estos motivos coroneles de la Guardia Nacional somocista genocida, como Nicolás Valle Salinas, jefe de la llamada “Central de Policía”, o Cárceles tenebrosas y mortales de “La Aviación”, que en realidad eran dependencias de la misma Guardia Nacional, se ufanaban al declarar y amenazar con “tenemos armas y municiones para combatir 100 años, si queremos”, lo cual se le escuchaba decirlo mediante el sistema de radiocomunicaciones cuartelarias de la GN.

En Managua, además de la sede de los batallones, incluyendo a la “Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería” (EEBI), la Guardia Nacional tenía regados 16 cuarteles o comandos llamados “Secciones de Policía”, incluyendo la “Treceava Sección de Policía” (“Sierra 13”, le decían los guardias”), centro tenebroso de encarcelamientos masivos de pobladores del Oriente capitalino, más torturas y asesinatos ejecutados por el sargento GN Alberto “Macho Negro” Gutiérrez, uno de los personajes más odiados por la población de Managua.

Managua, Capital de Nicaragua, por supuesto era como el “corazón” del aparato opresor del somocismo dictatorial genocida desde hacía ya casi 45 años.

“La idea de la Ofensiva Final había prendido entre las masas populares; se intensifican las acciones de boicot y hostigamientos militares, la idea de la Huelga General está presente y todo el mundo espera atento su estallido”, señala el Comandante Carlos Núñez Téllez en un informe  convertido  en el libro: “Un Pueblo en Armas”, cuando la batalla insurreccional está por comenzar en Managua.

“Se hace necesario dar pasos audaces, pasos rápidos, para evitar que la dictadura concentre toda su capacidad de fuego, todo su poder de aniquilamiento, todo su aparataje militar, para desalojar de las posiciones a los combatientes del Frente Sur Benjamín Zeledón y expulsarlos fuera del territorio”, analizaba en aquellos momentos el Comandante Núñez Téllez, jefe del Estado Mayor General del Frente Interno del FSLN, cuyos miembros clandestinos tenían la misión de desencadenar la Insurrección Popular, u Ofensiva Final, en Managua, Masaya, Carazo y Granada.

El Frente Interno (Comandantes Núñez Téllez, Ramírez Solórzano y Cuadra Lacayo), el cinco de junio de 1979 le da orden al Estado Mayor de Masaya, jefeado por Hilario Sánchez Vásquez y  Alma Luby Morales (ya fallecida), que procedan a desatar la batalla revolucionaria libertaria en Masaya, mediante acciones militares inmediatas, para que los guardias genocidas, comandados por el general GN somocista genocida, Fermín Meneses Cantarero, con el fin de obligarlos a que se reconcentren en su cuartel, ubicado frente al parque central, para que se inmovilicen y no entorpezcan el desencadenamiento de la  Insurrección Sandinista Libertaria en Managua.

¿Cuántos Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, o milicianos, tenía el Frente andinista guerrillero, unificado, convertido en Ejército Guerrillero Libertario potente, en los primeros días de junio de 1979? ¿Cuántos hombres ( mujeres también) y armas tienen en Managua el Estado Mayor Conjunto del Frente Interno y el Estado Mayor de Managua al momento de hacer explotar la Insurrección Popular Sandinista, u Ofensiva Final, en los primeros días de junio de 1979?

Según William Ramírez Solórzano (ya fallecido), uno de los tres jefes revolucionarios del Frente Interno: “En ese momento nosotros contábamos con quinientos hombres-armas: doscientos cincuenta con armas orgánicas de guerra y doscientos cincuenta con armas de cacería, potentes.

“Las armas de guerra más eficaces que poseíamos eran cinco lanza-cohetes RPG-2 antitanques con cinco tiros cada uno, tres ametralladoras de cinta calibre 30 y dos ametralladora MAC de cinta con cincuenta tiros cada una.

“El resto eran fusiles Garand y Fal, y carabinas. Entre las armas de cacería, potentes, estaban las escopetas de repetición, los fusiles (rifles) 22 de repetición semiautomáticos y las armas con miras telescópicas.

“Existían otros quinientos hombres con armas auxiliares como revólveres, pistolas automáticas, escopetas y fusiles de tiro. Una gran gama de armas de esa naturaleza. Entre éstas no se incluían las bombas de fabricación casera. Ahora bien, es necesario aclarar que sólo el setenta por ciento de estos elementos pudieron ser concretados en la Zona principal de combate”, indicaba el Comandante Ramírez Solórzano cuando fue entrevistado sobre este tema en particular por la periodista y escritora chilena Marta Harnecker, en los primeros meses de 1980, para publicarlo  en su libro “Pueblos en Armas”.

A la cantidad de “hombres-armas” y los tipos de armas en las manos de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares ya entrenados, debe agregarse una enorme cantidad de bombas de contacto, potentes, poderosas, temibles, ya en manos de las columnas combativas y que tanto daño mortal y material le causaban a la Guardia Nacional somocista genocida y a sus agentes opresores.

¿De dónde habían salido los Jefes Guerrilleros, o militantes del FSLN clandestinos ya entrenados política y militarmente? ¿De dónde estaban apareciendo los Combatientes Populares y Milicianos en aquellos primeros días de junio de 1979?

Los Jefes Guerrilleros en rigurosa clandestinidad, después de abandonar voluntariamente comodidades, con profundo sentido patriótico y revolucionario, y dejar en sus comunidades a sus familias pobres y acomodadas, habían pasado por varios meses y años, recién pasados, entrenándose en montañas, en sitios muy aislados y aquí mismo en los Lomos de El Crucero (Cordillera Sur de Managua), en el Complejo Volcánico de Masaya y en la Península de Chiltepe, también volcánica, en cuyo interior hay numerosas fincas ganaderas, más la Laguna misteriosa de Apoyeque,  y rodeada Chiltepe por el legendario Lago Xolotlán o de Managua, por ejemplo.

Inclusive, en el mes de mayo y primeros días de junio de 1979, estos Jefes Guerrilleros ya formados, entrenaban aceleradamente en manejo de armas de guerra y de cacería a varios centenares o miles de Combatientes Populares y Milicianos dentro de centenares casas de seguridad y en sitios en que tenían buzones de armas en Managua, León, Chinandega, Masaya, Granada, Carazo, Rivas, Matagalpa, Estelí, Somoto, Ocotal, Boaco, Juigalpa, Bluefields, etc., incluyendo en casas de seguridad en pueblos como La Paz Centro, Nagarote, Tipitapa…

Cabe decir también que estos integrantes del Frente Sandinista de Liberación Nacional, revolucionario, clandestino, con el plan de derrocar a la dictadura militar somocista y establecer un nuevo sistema político, económico, de gobierno y de justicia social en favor de los oprimidos, habían salido precisamente del seno de los oprimidos: Obreros fabriles y agrícolas, campesinos pobres, estudiantes universitarios, estudiantes de secundaria, intelectuales progresistas, profesionales y técnicos, empresarios medianos y pequeños, niños como Luis Alfonso Velásquez Flores y Manuel de Jesús “La Mascota” Rivera, nicaragüenses totalmente marginados por la dictadura somocista y hasta delincuentes que también tomaron  las armas en las manos y se fundieron en la contienda militar popular, para derrocar al régimen sanguinario somocista y proyanqui instalado en Nicaragua desde 1927 por el gobierno de Estados Unidos de Norteamérica.

En esas casas de seguridad mencionadas se les enseñaba asimismo cómo desplazarse disparando, cómo disparar parapetados, cómo arrastrarse, cómo no desperdiciar los escasos tiros existentes,  formas de comunicarse con sus compañeros y compañeras de combate, cómo ir haciendo para arrebatarles armas a los enemigos somocistas.

Así de práctica, “sobre la marcha”, fue la lucha armada insurreccional revolucionaria, sandinista, en Managua, dirigida audaz, valiente y genialmente por 110 Jefes Guerrilleros en Managua,  Capital de Nicaragua. Sólo en San Judas, Suroccidente de Managua,  había 53 casas de seguridad, lo cual me dejó sorprendido cuando lo supe.

El Comandante Carlos Núñez Téllez y la Comandante Mónica Baltodano Marcenaros, respectivamente integrantes del Frente Interno y del Estado Mayor Conjunto del FSLN en Managua, coinciden en sus informes a la Dirección Nacional Conjunta de que en la toma e Insurrección de Managua participan directamente 110 Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares bien entrenados militar y políticamente, para dirigir las acciones insurreccionales en la Capital, para desarrollar el Plan Militar Insurreccional, destinado a sostenerse tres días en territorio capitalino, con el fin de empantanar a la Guardia Nacional, para que no pueda mover tropas ni al Sur, ni al Oriente, ni al Norte, ni a Occidente.

La toma de las Zonas Oriental y Occidental y resistencia insurreccional en Managua duró 18 días con combates, hostigamientos, emboscadas y persecución y ejecución sistemática a los esbirros o guardias (“orejas”, “jueces de mesta”, paramilitares, matones a sueldo),  que enloquecieron al mando militar somocista genocida, hasta que se produjo el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, el 27 de junio de 1979, en la noche.

El Comandante Humberto Ortega Saavedra, uno de los tres Comandantes de la Revolución de los Terceristas en el Frente Sandinista de Liberación unificado, informaba al momento de desatarse la Insurrección, u Ofensiva Final en todo el país,  que el FSLN tenía (en todo el país) un contingente de unos cinco mil combatientes organizados (Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares); unos dos mil con fusiles de guerra, y el resto con armas cortas y de cacería.

Como parte del aparato de guerra popular estaba también en Managua y resto de ciudades de Nicaragua el Movimiento Pueblo Unido (MPU), integrado por centenares de activistas políticos y propagandistas insurreccionales, encargados de la propaganda revolucionaria ante la población civil y para levantar la moral de los Combatientes Populares.

Se contaba asimismo con una red amplísima de correos clandestinos, de espías y colaboradores,  más varios miles de miembros de los Comités de Defensa Civil (fundados durante la Insurrección experimental de septiembre de 1978). Estos últimos eran los encargados de conseguir comida para los combatientes, de obtener medicinas para curar heridos, de trasladar los heridos de los escenarios de combates hacia hospitales clandestinos.

Y también se contaban, por supuesto, y eran vitales, los hombres y mujeres, centenares de familias enteras, que prestaban sus viviendas para convertirlas en casas de seguridad para Jefes Guerrilleros y Combatientes, y para tener escondidos buzones de armas y municiones en patios, en árboles, en paredones de cauces y dentro de las viviendas, y, al mismo tiempo, trasladar esas armas y municiones de un lugar a otro para ser usadas en los combates contra los guardias nacionales sus esbirros y sicarios.

Inclusive, se contaba también con las trasmisiones clandestinas de Radio Sandino, la cual estaba instalada en territorio costarricense, según informes oficiales del Comandante Humberto Ortega Saavedra. Radio Sandino había comenzado sus trasmisiones, mayoritariamente nocturnas, en noviembre del 1978.

Entre noviembre de 1978 y junio de 1979, por medio de Radio Sandino clandestina, se agitaba con argumentos convincentes acerca de que ya era el momento de insurreccionarse en Nicaragua para derrumbar el aparato opresor somocista monstruoso; se daban instrucciones para lanzarse a la Huelga General contra el somocismo; se trasmitían lecciones sobre manejo y desarme de armas de guerra y de cacería, y al mismo tiempo se indicaba cómo defenderse de los bombardeos aéreos del somocismo genocida, y se indicaba qué hacer al momento de la Insurrección Sandinista en todo el país.

En Radio Sandino clandestina se afirmaba que la Insurrección Sandinista contra el somocismo genocida debían protagonizarla juntos el Frente Sandinista clandestino, los Combatientes Populares y Milicianos, las masas populares organizadas o población en general y todos aquellos que voluntariamente se integraran a los combates libertarios que se avecinaban de forma irremediable.

Por medio de Radio Sandino clandestina se informaba cómo avanzaba  la organización insurreccional en todo el país. Se emitían relatos pormenorizados de emboscadas a la Guardia Nacional, de combates y hostigamientos, de ejecuciones sumarias o fusilamientos a  “orejas”, a torturadores de la Oficina de Seguridad (OSN, policía política con cárceles horribles en la Loma de Tiscapa), a “jueces de mesta”, se anunciaba la Insurrección, u Ofensiva Final, se trasmitían instrucciones  sobre cómo hacer barricadas y trincheras de combate, sobre cómo hacer bombas de contacto, y se afirmaba:  “De esta no se escapa ningún somocista”.

En Managua, por ejemplo, captábamos Radio Sandino clandestina en radios comunes, pequeños, mientras al mismo tiempo con radios de varias bandas y especiales captábamos las trasmisiones de la Guardia Nacional somocista genocida. En esas trasmisiones se daban las órdenes criminales para continuar matando gente en todo el país.

El Comandante Carlos Núñez Téllez le dijo a Marta Harnecker, periodista y socióloga chilena,  autora de “Pueblos en Armas”, que un grupo de Jefes Guerrilleros del FSLN clandestino, entre otros Cristian “Inca” Pérez Leiva,  se habían dedicado a la tarea heroica y peligrosa de hacer un mapa de los cauces de Managua, entre otros los de San Judas, Loma Linda, Torres Molina, San Patricio, Acahualinca, Santa Ana, Altagracia (Zona Occidental de Managua) y los vecindarios orientales capitalinos: Paraisito, Riguero, Larreynaga, San José Oriental, Campo Bruce, Larreynaga, El Edén, San Cristóbal, María Auxiliadora, El Dorado, Santa Julia, Jardines de Veracruz, Colonia Primero de Mayo, Omar Torrijos Herrera, Catorce de Septiembre, Nicarao, Don Bosco, Ducualí, Diez de Junio, Bello Horizonte, Santa Rosa, Blandón, Puente El Porvenir, Santa Bárbara, Maestro Gabriel, Salvadorita, Américas I, III y IV, más la descripción de edificios, Barrios, Colonias y Repartos.

También se incluían en el mapa los cauces del Barrio Los Laureles y Villa Libertad en el extremo Oriental de Managua, y los de Américas Dos, Las Mercedes, San Jacinto, Primavera, Waspán, Colonia Pedro Joaquín Chamorro y Riguero Norte, por el lado de la Carretera Norte.

Marta Harnecker es una socióloga y periodista marxista-leninista, de origen austríaco, autora de 82 libros sobre temas sociales y revolucionarios, es Directora del Centro de Investigaciones Memoria Popular Latinoamericana de La Habana y directora del Centro Internacional Miranda de Caracas, Venezuela.

Este mapa de interés militar insurreccional sandinista contemplaba sobre cómo usar los cauces como defensa natural frente a ataques de la Guardia Nacional somocista genocida, dónde ubicar barricadas o trincheras de combates, pozos tiradores, dónde hacer zanjas para impedir el paso de equipos militares pesados y livianos de la Guardia criminal.

Este equipo de revolucionarios sandinistas estuvo durante varios meses haciendo ese mapa, en el terreno de Managua, con la visión objetiva clara de dónde posesionarse en las Zonas Occidental y Oriental al momento de desatar la Insurrección, u Ofensiva Final de junio de 1979.

Estos mapas militares cayeron en poder de la Guardia Nacional somocista genocida el 12 de mayo de 1979, día en que numerosas patrullas de asesinos y sicarios hicieron una orgía de sangre en el Balneario de Xiloá, en el Oeste de Managua,  donde masacraron a Cristian “Inca” Pérez Leiva, Ricardo Orúe Navarro y a Omar Hassan Morales, y a los niños Constantino Chamorro Mejía y Juan Bosco González Chamorro. También asesinaron ese día al conocido empresario capitalino Alfonso González Pasos, a Francisco Jarquín y Sandra Delgado.

A pesar de este revés peligrosísimo para los planes militares insurreccionales, el plan militar insurreccional en Managua siguió su marcha, según los Comandantes Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra Lacayo, los tres miembros integrantes del Estado Mayor General del Frente Interno, ubicado ya en esos momentos en Managua.

Este Plan Militar contemplaba, antes de ser capturado por la Guardia Nacional genocida, que las Zonas Suroccidental y Noroccidental capitalinas serían la Zona Principal de combates insurreccionales, y que la Zona Oriental-norte quedaría como Zona Secundaria, de distracción contra la soldadesca de la dictadura somocista. Al caer el Plan Militar, o Mapa, en manos de la tiranía somocista, el Estado Mayor General del Frente  Interno cambia el Plan Militar y convierte la Zona Oriental-norte de Managua en la Zona Principal de la Insurrección Popular Sandinista.

Sobre ese Plan Militar Insurreccional, el Comandante Ramírez Solórzano expresó lo siguiente: “En primer lugar, tener una visión objetiva de la realidad, de las fuerzas con que cuenta el enemigo y de las fuerzas propias; saber cuál es la misión militar que va a cumplir cada grupo de hombres, cada lugar, dentro del plan general; tomar en cuenta fundamentalmente el papel de las masas populares.

“El problema de las armas es sin duda vital, pero más vital es el problema de las masas populares. Sin la participación de las masas, nosotros no hubiéramos triunfado. Es importante que todo movimiento revolucionario se ligue a las masas populares, que se identifique totalmente con el pueblo.

“Lo primero que hicimos, por lo tanto, al elaborar el plan militar, fue un recuento de nuestras fuerzas y del tipo de armamento que teníamos; luego señalar las particularidades de las Zonas donde íbamos a combatir; la Zona Principal y la Zona Secundaria; el tipo de combate que se iba a librar allí y la disposición de armas para este tipo de combate.

“Lógicamente, se analizó las fuerzas del enemigo, los puntos débiles nuestros; las formas internas de organización y disciplina que íbamos a poner en práctica. Asimismo, la definición correcta del plan, la explicación del plan a los jefes principales, la forma en que este plan debe bajar a los compañeros que lo van a ejecutar; tratar de garantizar el abastecimiento necesario para los combates que se iban a realizar.

“Además de esto existió un trabajo político militar anterior, de meses de por medio, del cual nosotros llegamos a tener clínicas clandestinas, depósitos o buzones de armas”, explicaba el Comandante Ramírez Solórzano.

La Insurrección Popular es un arte revolucionario

Sobre  la Insurrección Sandinista, el Comandante Humberto Ortega Saavedra, integrante del grupo de los Terceristas, en su libro “Sobre la Insurrección”,  sostiene y analiza:

“La Insurrección armada es un tipo especial de lucha política, sujeta a leyes específicas, y al igual que la guerra, es un arte. El Arte Insurreccional tiene su regla principal en la ofensiva. La Insurrección siempre es la explosión de una presión económico-política insoportable.  Su esencia reside en escoger la oportunidad propicia para volcar todas las fuerzas disponibles sobre el enemigo, asestándole golpes demoledores y decisivos”.

Continúa Humberto Ortega Saavedra: “Desde un punto de vista más práctico, la Insurrección es el hecho militar, la batalla en las calles, mediante las cuales la Revolución se apodera del Poder. Es un acto durante el cual una parte de la población impone su voluntad a otra, mediante los fusiles, las bayonetas, los cañones, es  mediante elementos extraordinariamente autoritarios”.

Añade Humberto Ortega Saavedra: “La ofensiva no es sólo la última acción para el ataque final, sino toda una serie de actividades que preparan el remate decisivo. Ésta no se desencadena en un día, por el contrario es el fruto de una preparación constante de meses y años, y viene a ser el resultado de muchos esfuerzos positivos y negativos en busca del golpe estratégico determinante. El combate será móvil y flexible, las masas populares deberán eliminar tanto a los jefes civiles como militares enemigos”.

El Plan Militar Insurreccional de Managua contemplaba desatar la insurrección contra la Guardia Nacional somocista genocida y sostenerse tres días, y luego retirarse. Sin embargo, la población insurreccionada, los Combatientes Populares o Milicianos aún sin buenas armas  de guerra, sin suficientes municiones, sí, aun  así, protagonizaron una batalla, con decenas de combates ofensivos y defensivos, que duró  18 días en Managua, la Capital de Nicaragua.

Mediante una entrevista  con la mencionada periodista Marta Harnecker, el Comandante Carlos Núñez Téllez describió el Plan Militar Insurreccional de Managua, de la siguiente manera:

“La lucha militar en Managua no podía ser pensada como una lucha insurreccional típica con sus leyes políticas y militares de permanente ofensiva, sino como una lucha de resistencia cuyo objetivo fundamental era el empantanamiento de las fuerzas enemigas. Managua sólo podía lanzarse a la ofensiva cuando las fuerzas estratégicas de los Frentes Guerrilleros avanzaran sobre la Capital. Por ello se elabora un plan militar eminentemente defensivo: resistir durante dos  o tres días hasta que se logre el avance hacia la Capital de las fuerzas estratégicas.

“El plan militar contemplaba inicialmente la concentración de nuestras fuerzas en dos áreas principales de la Ciudad (de Managua), que debían transformarse en Zonas Liberadas: el área Oriental y el área Occidental

“Posteriormente, se decide concentrar las fuerzas sólo en la Región Oriental. Lo que nos hizo adoptar esta determinación fueron varias razones, entre ellas las particularidades geográficas de la Zona, donde existían cauces que eran verdaderas defensas naturales. Por otra parte, esa Zona (Oriental) se caracterizaba  por su mayor combatividad, por más altos niveles de organización, producto de un trabajo más largo del FSLN entre sus pobladores.

“Tomando en cuenta estos cauces y las escasas entradas que debido a ello tenía esta Zona, se determinaron los puntos donde debían ser colocados los grupos armados y las trincheras defensivas.

“Estas fuerzas  disponían de fusiles y ametralladoras M-30 o MG-42.

“En la Zona Occidental (de Managua) las fuerzas sandinistas debían implementar una actividad militar móvil, de hostigamiento, de golpes fulminantes, de estancamiento de las fuerzas enemigas, basada fundamentalmente en el apoyo de combativos sectores de masas, ubicados en los Barrios”.

Despistar  y golpear a los guardias

El Comandante Joaquín Cuadra Lacayo agrega:

“La función de nuestras fuerzas sandinistas en la Zona Occidental (de Managua) era fundamentalmente despistar al enemigo y evitar que en las primeras horas descubriera cuál era nuestro movimiento principal. Mientras tanto, nosotros debíamos hacernos fuertes en el área (Oriental-norte) que habíamos escogido, debíamos atrincherarnos, organizarnos cuidadosamente para los combates que se avecinaban.

“El Plan militar de Managua fue el mejor elaborado de todos los del Frente Interno. (El Frente Interno del FSLN clandestino comprendía: Managua, León, Masaya, Carazo y Granada). Casi todos los que trabajaron en él,  están muertos.

“Era gente con una extraordinaria capacidad. Se dedicaban por la mañana a hacer el Plan Militar y por la tarde a recorrer el terreno palmo a palmo. Estudiaban dónde debía situarse cada Barricada, de qué a qué esquina, dónde estaban los cauces, el tipo de construcciones existentes allí, si había o no edificios altos, los nudos de comunicaciones, de dónde viene esta calle y para dónde va.

“Todo este estudio de planificación militar minucioso era un estudio eminentemente artístico. El Plan militar iba al detalle de determinar la cantidad de hombres y el número y el tipo de armas que se necesitaba para defender de tal punto a tal punto.

“Tenía  una parte real y una parte táctica. Allí se planteaba que para atender una determinada actividad se necesitaban determinados elementos que en ese momento no existían, pero que podían ser conseguidos posteriormente”, recuerda el Comandante Cuadra Lacayo.

Interviene nuevamente el Comandante Carlos Núñez Téllez: “Pero los hechos no ocurrieron tal como los habíamos planificado. Antes de que se lance la Huelga General se inicia la Ofensiva militar sandinista en el Frente Sur Benjamín Zeledón.

“El Frente Interno empieza a efectuar los movimientos militares planificados. El Plan militar para Chinandega en cuanto al cerco no funciona; estalla la Insurrección en León y Masaya, y luego se inicia la Huelga General.

“Una experiencia importante en el diseño del Plan Militar —añade el  Comandante Cuadra Lacayo-  fue la decisión de aguantar al máximo cada nuevo golpe propinado al enemigo, cada nueva ciudad que se insurreccionaba. La lucha en El Naranjo, Rivas, se aguanta al máximo; cuando ya no se podía, se aparece el Frente Norte, y cuando éste estaba a punto de ceder, aparece Occidente, y luego se tira (insurrecciona) Masaya.

“Por supuesto que esto significaba estar frenando a las masas populares (organizadas y no organizadas), deseosas de entrar en combate contra la tiranía somocista. Ellas, esas masas populares, no saben que el FSLN tiene un Plan  Militar de desencadenamiento  sucesivo de la Insurrección, u Ofensiva Final.

“Imaginate  cómo estaba la situación anímica de las masas populares en Managua: Occidente Insurreccionado, el Norte insurreccionado, todos los alrededores de Managua: ¡Masaya, Granada y Carazo, insurreccionados¡

“Había casi que amarrar a los Combatientes Populares, tenerles encerrados para que no se salieran fuera del Plan. Y como de  Managua salían muchos refuerzos de la Guardia Nacional hacia Occidente y Masaya, la situación se torna difícil en esos lugares.

“A pesar de que el FSLN implementa en cada lugar el Combate al enemigo en movimiento, sacando grandes contingentes de las ciudades hacia las carreteras para enfrentar allí a las fuerzas enemigas, no logra definir la guerra a su favor.

“Esto hace que se presione a la Dirección Sandinista en Managua cumpla su papel, para que impida la salida de refuerzos militares GN hacia los departamentos (o ciudades fuera de Managua).  Ésta (la Dirección de Managua) advierte que le es muy difícil realizar acciones militares en la Capital y luego replegarse, tanto por el grado de alerta en que está el enemigo (somocista) que teme que Managua se le venga encima en cualquier momento, como por la efervescencia popular (pobladores listos para lanzarse a la Insurrección) que puede interpretar esas acciones armadas como el comienzo de la Insurrección, u Ofensiva Final.

“A pesar de eso, la Dirección del Frente Interno insiste ante el Estado Mayor de Managua  en que  en la noche del ocho de junio saque al menos el 30 por ciento de sus fuerzas, a combatir en las calles. Esas fuerzas salen, pero no pueden replegarse, al día siguiente, el 9 de junio, continúan combatiendo. Se empiezan a insurreccionar numerosos Barrios Populares. Ya el pueblo no resiste más  quedarse en sus casas.

Masas populares desatan  la Insurrección

“En esos momentos, el Estado Mayor del FSLN  de Managua, como la máxima dirección del Movimiento Pueblo Unido (MPU), como nosotros, los máximos dirigentes del Frente Interno, estábamos concentrados en casas de seguridad en zonas fuera del área principal de combate.

“La Insurrección se nos había adelantado. Todo Managua estaba prendido, ya  había barricadas por todos lados, carros quemados en las calles. Ya era una situación de guerra generalizada.

“Entonces, decidimos trasladarnos a la Zona Principal. Pero como el estallido insurreccional popular se nos adelantó, no logramos concentrar la cantidad de hombres y de armas que habíamos previsto para esa Zona.

“Durante los dos días posteriores a nuestra llegada, se hacen todos los trabajos: atrincherarnos bien, cerrar los últimos huecos, disponer ordenadamente nuestras fuerzas, distribuir correctamente las armas, recorrer el lugar muchas veces. Tuvimos que presionar a muchos compañeros que estaban luchando en los barrios adyacentes para que entraran a la Zona Principal, donde, de acuerdo al Plan Militar Insurreccional, se había decidido concentrar el máximo de fuerzas combativas nuestras.

“Se resistían a venir porque eso significaba agarrar a sus hombres (y mujeres) y sus armas y dejar abandonadas a las masas populares. Esos jefes militares decían: “Éste es mi barrio, ésta es mi gente, se han pasado tres o cuatro días combatiendo, ¿cómo los voy a abandonar, ¿cómo los voy a dejar desguarnecidos frente a la represión somocista? Nosotros entendíamos que era una situación muy difícil, pero era necesario dar ese paso para asegurar el éxito de nuestro Plan Militar.

“Esto se hace evidente –continúa el Comandante Núñez Téllez—sobre todo cuando el enemigo empieza a neutralizar todas las áreas insurreccionales restantes hasta que no queda sino el área principal. Heroicos compañeros murieron en esos combates, sabiendo de antemano que esas eran áreas secundarias, que su objetivo era asegurar el  Área Principal”.

Plan insurreccional de 3  días  convertido  en 18 días

Cabe detenerse un poco en esta parte para indicar que los Comandantes Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra Lacayo, los tres miembros del Estado Mayor General del Frente Interno, se instalaron inicialmente en una casa del Barrio Paraisito, en las cercanías del Puente del mismo nombre, en la orilla de la Pista de la Resistencia Sandinista, o “By Pass”, entonces y colindante con los Barrios “Campo Bruce”, hoy Rigoberto López Pérez y San José Oriental.

La Comandante Mónica Baltodano Marcenaros relata por su lado que el Estado Mayor Conjunto del FSLN en Managua entró, ingresó, por el Barrio Riguero, de donde cruzaron al Reparto El Dorado, donde también se alojó posteriormente el Estado Mayor General del Frente Interno. Este cruce del Estado Mayor de Managua (Mónica Baltodano Marcenaros, Raúl Venerio Granera y Oswaldo Lacayo Gabuardi) se hizo por medio de un puente metálico colgante que había entre el Barrio Riguero, por el Este, y la Pista El Dorado, colindante con el Reparto El Dorado, el cual a su vez colinda con el Barrio San Cristóbal y las Colonias Diez de Junio, Don Bosco y Colombia. El Estado Mayor Conjunto de Managua  cruza del Reparto El Dorado a la Escuela María Auxiliadora, en el Barrio del mismo nombre.

“El Área Principal” de la Insurrección en Managua era la Zona Oriental-norte, donde la rebelión popular amada resistió del nueve de junio al 27 de junio de 1979, en la noche, que es cuando se produce el célebre Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Es decir, en vez de tres días de resistencia insurreccional, fueron 18 días de resistencia en trincheras, ofensivas móviles y combates en posiciones y móviles, tomando en cuenta que los choques armados comenzaron el nueve, en el día, tanto en la Zona Oriental-norte y en el Suroccidente y Noroccidente de Managua:  Entradas al Barrio La Fuente y Reparto Schick Gutiérrez; San Judas, Loma Linda, Vista Hermosa, Villa Roma y Torres Molina; Monseñor Lezcano, Acahualinca, Morazán, Loma Verde, Linda Vista, Altagracia, Santa Ana, Balcanes y OPEN III (hoy Ciudad Sandino).

“El Área Secundaria” eran las Zonas Suroccidental y Noroccidental de Managua, para distraer a la Guardia Nacional somocista genocida, para empantanarla, impedir que movilizara tropas hacia Carazo, Rivas, Masaya, Granada, León, Matagalpa, Estelí, Jinotepe, por ejemplo.

Continúa su relato el Comandante Carlos Núñez Téllez: “Gente valiosísima iba a combatir a ese lugar, sabiendo que iba encontrar la muerte porque no había capacidad de resistir. Así era de duro y terrible la realidad en estos momentos insurreccionales históricos.

“Al poco tiempo nos encontramos cercados tal como lo habíamos previsto, pero en el Plan Militar lo habíamos previsto tan sólo para tres o cuatro días, y no más. Comenzamos  a presentar un combate eminentemente defensivo, el enemigo no debía penetrar nuestras líneas defensivas, costara lo que costara”.

Papel revolucionario de  los Comités de Defensa Civil

Esta parte del relato histórico sobre estos momentos cruciales en la Insurrección Sandinista Victoriosa de Managua, lo continúa el Comandante William Ramírez Solórzano:

“Los Comités de Defensa Civil fueron los que jugaron el papel principal en la organización de las masas populares a nivel de los Barrios. Ellos prepararon los botiquines para los guerrilleros, levantaron las barricadas, construyeron refugios antiaéreos, hicieron comunicaciones de casas por dentro, incluyendo por patios; hacían las fogatas callejeras, distribuían las papeletas o propaganda revolucionaria, enseñaban la higiene para enfrentar la guerra insurreccional, conseguían y concentraban alimentos para combatientes y pobladores, racionaban el agua porque el régimen genocida la mandó a suspender o cortar; se las ingeniaban para que funcionaran correos y comunicaciones de un lado a otro”.

Cauces, pistas y trincheras convertidos en fortalezas militares

Sigue el relato del Comandante Ramírez Solórzano: “A cargo de los Comités de Defensa Civil estaban también la clarificación de la coyuntura que estábamos viviendo, los avances de los combates en las calles, la difusión de los partes de guerra, la organización interna cuadra por cuadra en el Barrio, Colonia o Reparto;  la selección e incorporación de nuevos compañeros y compañeras al FSLN guerrillero, el reclutamiento selectivo, el aunmento de la politización dentro de las masas populares, la publicación de órganos de difusión. Todo el Barrio participaba en estas tareas, pero el Comité de Defensa Civil estaba dirigido por compañeros y compañeras orientados por el FSLN.

“Mientras los combatientes y milicianos regulares estaban en los puestos de combate, donde se esperan los golpes más duros del enemigo somocista, con su desbordante espíritu ofensivo, los apoyan las masas no armadas, se dedican a estas tareas. La actividad es frenética por los deseos de combatir”.

Añade el Comandante Núñez Téllez: “En el Plan Militar habíamos contemplado la existencia de una barrera natural insalvable para la guardia, que eran los cauces producidos por el Terremoto de 1972, que servían para impedir que ésta atacara concentrada por todos los puntos geográficos. Posteriormente estaban las pistas (carreteras de circunvalación) o grandes avenidas de adoquines que dividen la Capital y separan los Barrios y es necesario pasar por ellas para llegar a determinados lugares”.

En esta parte del relato cabe indicar o aclarar que Managua, Capital, antes del Terremoto de 1972, era una Ciudad concentrada entre la orilla Sur del Lago Xolotlán (o de Managua) y la Calle Colón. Hacia el Sur, “hacia la montaña”, decía la gente,  existían Repartos, Colonias y Asentamientos Humanos de lotificadores muy dispersos, como Altamira, Centroamérica, Los Robles, ligados a la Zona Oriental, por ejemplo. Aquella Managua de antes del Terremoto de 1972 era una Ciudad pequeña, de apenas 404, 500 habitantes, con un poco más de 50 Barrios, Repartos y Colonias.

Después del Terremoto del 23 de diciembre de 1972, Managua creció en forma desordenada, en forma de abanico, y al mismo tiempo hubo una explosión demográfica inusitada. En 1973, por ejemplo, fueron construidas las Américas Uno, América Dos, Américas Tres y Américas Cuatro.

Por el fabuloso negocio posterremoto, negociado en el que estaban juntos, mancornados la burguesía, u oligarquía y la dictadura somocista, estaban en plena expansión o construcción algunos Repartos y Colonias, por ejemplo: Bello Horizonte, Altamira, Bolonia, Los Robles, Cinco de Diciembre, Primero de Mayo, Las Sabanas, Villa Libertad, El Dorado, Luis Somoza Debayle (Diez de Junio), Don Bosco, Colombia, Jardines de Veracruz, Rubenia, Santa Clara.

Y también en expansión los vecindarios o Asentamientos que lotificaban (como fabuloso negocio también) lotificadores como Héctor Argüello (“La Fuente”), Riguero con los Barrios “Riguero”; Humberto Torres Molina con los terrenos de “Torres Molina”, “Loma Linda” y “Villa Roma”, y Julio Blandón con la lotificación del “OPEN TRES”, por ejemplo.

Al mismo tiempo de aquel  desarrollo constructivo de Repartos y Colonias nuevas, estaban las construcciones de pistas y avenidas nuevas con los adoquines propiedad de la familia  Somoza. Ejemplos eran en esos momentos: Pista o “Bypass” del Siete Sur hasta los semáforos de “La Robelo” en la Carretera Norte, la 35 Avenida Oeste, Pista Larreynaga, la Pista de la hoy Plaza España hasta frente a Acahualinca, la Pista de la Colonia Centroamérica hasta Portezuelo en la Carretera Norte; la Pista Buenos Aires del Motel Dancing hasta donde es hoy el Mercado Iván Montenegro Báez; la Pista Sabana Grande, de los semáforos de Rubenia hacia el hoy también Mercado Iván Montenegro Báez, más otras pistas y calles secundarias llenas de adoquines, fabricados por una empresa de Anastasio Somoza Debayle, quien se los vendía al Distrito Nacional y al Estado, mientras él era al mismo tiempo el presidente de la República y dominaba totalmente en el Distrito Nacional y todas las instituciones del gobierno somocista.

Describamos, en relación al territorio de la Insurrección de junio de 1979, sólo las tierras de la Hacienda El Retiro, de la familia Somoza, o “Estirpe Sangrienta”, ubicadas, por ejemplo, desde donde es hoy la Rotonda Cristo Rey hasta el Kilómetro Siete Sur, colindando con el Cerro Motastepe, la Laguna  de Nejapa y la Laguna de Asososca, por el Oeste de Managua.

En estas tierras de la familia Somoza, a un lado y otro del “Bypass”, o Pista de la Resistencia Sandinista, no existían los vecindarios, Hoteles, negocios de Pizzerías, ni la Universidad de Ingeniería, ni ENEL, ni los Barrios Jorge Dimitrov, ni el Barrio Catorce de Junio, René Cisneros Vanegas, Colonia del Periodista, ni Hialeah, (“Hayalía”, dice la gente); Edgard “Gato” Munguía, ni 3-80, ni Andrés Castro, ni Tierra Prometida, ni Asentamiento anexo al Reparto Belmonte, ni el “Pali” del ZUMEN, ni el Mercado Israel Lewites, ni las instalaciones del Banco Central y de la Contraloría General de la República, ni la Biblioteca del Banco Central, ni los Asentamientos cercanos al Cerro Motastepe y el Kilómetro Siete y Medio de la Carretera Sur.

El Barrio Andrés Castro se llamaba entonces “Barrio El Espanto”. Tampoco existían las dos Colonias Batahola, ni el Asentamiento Héroes y Mártires de Batahola, ni el Asentamientos Nora Astorga, ni el Asentamiento Daniel Enrique Chavarría, ni otros vecindarios cercanos hoy al Barrio Acahualinca.

Sólo existían la Universidad Centroamericana, el Club Social de la burguesía de Managua, donde había un campo de golf para los ricachones, y por allá lejos, el Centro Comercial Nejapa, donde funcionaron los Juzgados después del Triunfo de la Revolución.

Es decir, eran tierras baldías y cuidadas por los guardias nacionales de la dictadura somocista genocida.

Además, estaban (y están allí) los dos cauces que cruzan la Pista “Bypass”,  el Barrio San Judas y Altagracia, procedentes de los Lomos de El Crucero; atraviesan Acahualinca y desembocan en el Lago Xolotlán o de Managua.

Asimismo, estaban allí  (y siguen estando) los cauces El Arroyo, en las cercanías de “Raspados Loli”, el cauce que cruza paralelo al ZUMEN, el que cruza la Pista de la Resistencia Sandinista a la altura de la Plaza Julio Martínez, llamado “Camino de Bolas”;  el de la hoy Colonia del Periodista, el que atraviesa por debajo los semáforos de ENEL, el cauce que atraviesa el lado Oeste de la Colonia Centroamérica y el Reparto Altamira; el que cruza el Este de Metrocentro y se interna en el actual Barrio Jorge Dimitrov, el que atraviesa por debajo la Rotonda Cristo Rey (David Tejada Peralta o Santo Domingo de Guzmán), el cauce que cruza el Puente Paraisito, el cauce que cruza el Puente San Cristóbal y que pasa a formar parte del Cauce Oriental (se juntan varios cauces aquí), el cual a su vez, en su viaje hacia el Lago de Managua cruza los puentes de El Edén, Larreynaga y El Porvenir, este último en la Carretera Norte, prolongándose a lo largo, paralelo, a la Colonia Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, hasta desembocar en el Lago Xolotlán o de Managua.

Por supuesto, se tomaron en cuenta también los cauces que atraviesan la Colonia Centroamérica, los que atraviesan el Reparto Schick Gutiérrez, los que atraviesan las Américas Uno, Américas Tres, Américas Cuatro, el de Jardines de Veracruz y Rubenia (por el Este de ambos Repartos), los cauces de Waspán Sur, los cauces que están entre Villa San Jacinto y Villa Progreso, etc.

35 cauces explosivos

(Managua tiene 35 cauces conocidos, grandes, entre el Puente de Ticuantepe y el Oeste del casco urbano de Mateare, todos procedentes de los “Lomos de El Crucero” o Sierras, o Cordillera Sur de Managua, y todos estos cauces van a desembocar al Lago de Managua o Xolotlán, ubicado al Norte de la Capital nicaragüense. Algunos de estos cauces tienen centenares o miles de años de existencia).

Inclusive, para elaborar el Mapa o Plan Militar de la Insurrección en Managua, por supuesto, asimismo,  fueron minuciosamente tomados en cuenta los cauces de Bello Horizonte-Santa Bárbara-Cementerio Oriental-Barrio Blandón, el cual cruza la Carretera Norte, a la altura del antiguo Restaurante Trébol; los dos cauces que atraviesan el Barrio Santa Rosa y se ubican también por donde fue el Aserrío Carlos Morales Orozco y una parte de Villa Progreso, el cauce que cruza paralelo por el lado Norte del  hoy Mercado Carlos Roberto Huembes, entonces edificándose; el cauce que cruza del lado del hoy Barrio Grenada hacia el Hospital Oriental (“Manolo Morales Peralta”).

Inclusive, en el Plan Militar de la Insurrección de Managua fueron tomados en cuenta el llamado Cauce Occidental, el que atraviesa el Barrio Altagracia, el Barrio Monseñor Lezcano, el Puente León, el Barrio Acahualinca, hasta desembocar por el Norte de Acahualinca en el Lago de Managua.

Fueron tomados en cuenta los predios baldíos en que hoy se asientan Barrios como Georgino Andrade, al Sur de Villa Progreso; Barrio Unión Soviética, al Sureste del Reparto Bello Horizonte, y los predios sin construir del mismo Reparto Bello Horizonte.

De acuerdo con esta descripción, queda claro que los Barrios Suroccidentales insurreccionados estaban separados casi totalmente de los Barrios Orientales  y de la Carretera Norte por estos predios, o tierras vacías, sin población humana ni edificaciones, propiedad de la familia Somoza. Esas tierras, además, eran cuidadas por soldados de la Guardia Nacional somocista genocida.

Esta separación, o distancia, era de más o menos dos kilómetros y medio, ubicándonos entre la actual Rotonda Cristo Rey y el  cruce del Kilómetro Siete Sur. Tampoco estaba habitado el trecho de la esquina Noreste de la Rotonda Cristo Rey hasta el Puente Paraisito, en la entrada Sur del Barrio “Campo Bruce”, hoy Rigoberto López Pérez.

Continúa informando el Comandante Carlos Núñez Téllez ante preguntas de Marta Harneker: “Se colocaron nidos de ametralladoras en los posibles puntos de entrada y a lo largo de las pistas se levantaron barricadas con adoquines y se colocaron unidades de combate. La guardia sólo entraba a la “Zona Principal” por poquísimos puntos y estos lugares estaban resguardados por unidades de combate con armas de guerra y nidos de ametralladoras, y en muchos casos hasta tenían bazukas o tubos portátiles lanzacohetes.

“Esta situación causa temor a la guardia, especialmente a la infantería que venía detrás de los tanques; por ello el combate se realizó a distancia, a unas dos o tres cuadras (Es decir, a unos 200 metros, tal vez a trescientos metros).

“Las masas se preocupaban más de protegerse contra la aviación que contra los blindados (tanques y tanquetas). Los bombardeos aéreos a veces se dirigían contra  los barrios y otras veces contra las postas (guerrilleros o combatientes populares) donde estaban las trincheras de combate, y se levantaban grandes barricadas con adoquines. También había barricadas dentro de los barrios, incluso para combatir a los francotiradores de la Guardia Nacional.

¿Cómo es eso de las trincheras y barricadas?

“Los compañeros (y compañeras) construían barricadas y detrás hacían trincheras para que cuando llegara el tanquetazo (disparo de tanqueta) sobre la barricada y saltaran los adoquines, pudieran protegerse y seguir conteniendo a la guardia. Por la noche, cuando ésta (la guardia) se retiraba, volvían a construir las barricadas. A veces se construían varias barricadas, una detrás de las otras.

¿Con qué elementos se realizaba el bombardeo aéreo?

“Con rockettes, con ametralladoras calibre 50, con morteros y con bombas de 500 libras. Las mismas experiencias de Defensa Civil que habíamos acumulado permitían que al producirse los bombardeos de la aviación, que la población se reuniera en los refugios antiaéreos, de tal modo que la onda expansiva y los charneles, o el mismo efecto del estallido del rockettes,  no los dañara.

“Existían muchísimos de estos refugios antiaéreos, ya sea dentro de las casas, en los patios, en las calles y andenes. Eran una especie de túneles con una entrada y salida.  En ellos cabía una familia entera, o más. Estos refugios antiaéreos fueron obra de los Comités de Defensa Civil (después convertidos en Comités de Defensa Sandinistas).

“Sólo sentíamos sensación de impotencia cuando los helicópteros bombardeaban con bombas de quinientas libras. Estas producían unos hoyos de un metro y medio de profundidad. La población prefería observar dónde el helicóptero iba a dejar caer la bomba antes de meterse en un refugio en el que podía morir enterrado”.

¿Cómo lograron organizar el ejército político-militar del mando de Managua, no sólo en relación con los militantes sino con el resto de población?

Responde el Comandante Núñez Téllez: “Los barrios estaban divididos en sectores, trechos de línea cuyo tamaño dependía de cada situación. Cada sector tenía un jefe (guerrillero) que debía conducir entre doscientos y trescientos Combatientes Populares. La calidad de las armas dependía del sector, de su importancia estratégica; si eran calles grandes o pequeñas, si existían o no cauces naturales. El mando se comunicaba con cada sector a través de mensajeros” (o correos clandestinos).

¿Estos jefes eran miembros del FSLN?

Comandante Núñez Téllez: “Sí, eran viejos militantes del Frente Sandinista. La comunicación con las masas de Combatientes Populares era a través de ellos. Con el resto de las masas populares la comunicación se realizaba a través de los cuadros del Movimiento Pueblo Unido. Éste tenía estructuras que llegaban hasta las barricadas o trincheras de combate. Allí se iban a dar las informaciones acerca de la evolución de la guerra, se organizaban determinados trabajos…

“El mando político del Movimiento Pueblo Unido (MPU) estaba junto a la máxima dirección político-militar: la Dirección Nacional Conjunta del Frente Interno y del Estado Mayor FSLN de Managua. También los dirigentes realizábamos visitas a los distintos sectores. Cada mañana recorríamos toda la zona de defensa. Se procuraba que alguno de nosotros les hablara directamente a los compañeros (Combatientes Populares y población involucrada”).

¿Ustedes estaban completamente cercados?

Contesta la pregunta el Comandante Joaquín Cuadra Lacayo: “Sí, completamente cercados tanto por el enemigo como por nuestras propias barricadas. Las barricadas no se convirtieron en puntos de apoyo para el avance, como habíamos pensado, sino en nuestras propias tumbas. La guardia ya estaba empezando a debilitar algunas de nuestras trincheras”.

“Por eso –agrega el Comandante Núñez Téllez—nos procuramos un instrumento que estando bajo el mando directo del Estado Mayor General, permitiera realizar pequeñas maniobras ofensivas en los puntos de mayor concentración de ataque por parte de los esbirros somocistas. Así se forma la Unidad de Combate “La Liebre” (experiencia recogida de las enseñanzas vietnamitas cuando formaron el “Batallón Invencible”), compuesta por combatientes selectos, de carácter móvil, con alto espíritu ofensivo, dotada del mejor armamento: Fusiles Fal, Galiles, Bazucas RPG2 y morteros.

“Su misión consistía en apoyar la labor de defensa en aquellas trincheras que estuvieran recibiendo el mayor peso de la ofensiva enemiga somocista, debían auxiliarla realizando operaciones comandos de acción rápida y fulminante, aún cuando esto pudiera conllevar un mayor peligro de aniquilamiento. El jefe de esta Columna fue el Comandante Walter Ferrty Fonseca (Chombo). Después de unos días, “La Liebre” se amplía.

“Se constituye la Columna Óscar Pérez Cassar, formada por cuarenta y dos combatientes selectos, muy bien entrenados, con el Comandante “Chombo” Ferrety Fonseca a la cabeza.

“Esta nueva Columna no sólo resolvía situaciones críticas en algunos puntos de resistencia, sino que fundamentalmente tenía por misión combatir fuera del Área Principal (Zona Oriental de Managua), atacando de noche al enemigo en movimiento. El paso de la defensa pasiva a la fuerza activa –sacando fuerzas a combatir fuera de nuestras líneas, pero manteniendo siempre el Área Liberada como zona de descanso, de recuperación de fuerzas, de abastecimiento–, nos dio la posibilidad de aniquilar al enemigo somocista en sus nidos y recuperar armas, especialmente municiones, que tanta falta nos hacían.

“Esto nos dio oxígeno para unos días más de combate. Después de un tiempo, el enemigo, lógicamente, descubrió nuestra táctica y tomó sus medidas: trató de fortificarse y moverse menos. El tiempo estaba, en lo táctico, a favor del enemigo somocista. La escasez de municiones se nos estaba haciendo crítica. Ya habían pasado doce días desde el comienzo de la Insurrección y la situación de guerra en el país no lograba definirse en favor de las fuerzas revolucionarias, de forma de que pronto pudiésemos contar en Managua con refuerzos provenientes de los otros Frentes de Guerra nuestros. Había que implementar rápidamente otra cosa.

“Fue entonces que decidimos suprimir en algunos lugares la defensa visible y replegar las fuerzas hasta las líneas de las casas aledañas a las pistas; es decir,  volver invisible la defensa para confundir al enemigo, obligarlo a acercarse, batirlo, infligirle fuertes golpes y combatir casa por casa si era necesario.

“Preparamos el terreno en algunos puntos donde veíamos que el enemigo estaba haciendo esfuerzos por romper nuestras defensa. Se hace un trabajo de milicias, se preparan todas las casas por dentro como un solo corredor, con huecos entre casa y casa, y salidas para otros barrios.

“Comienza el ataque enemigo, como siempre, desde la una de la tarde hasta la noche. El enemigo tira en un punto determinado. De antemano ofrecemos un mínimo de resistencia y luego lo dejamos entrar. Lo que encuentra a ambos lados de la calle es a decenas de Combatientes con bombas de contacto que se lanzan a mano y son como verdaderas granadas de fragmentación, con cocteles (bombas incendiarias) que sacaban desde las ventanas para tirarlas a la calle.

“Un combate a tan corta distancia, para el cual los medios con que contaba la guardia resultaban inadecuados. Sus hombres entran con ametralladoras 50, con un cañón, con morteros, con un camión blindado, con un tanque Sherman.

“Los encerramos cortándoles la retirada y nos “comemos” (matamos o eliminamos) el convoy entero. En ese momento se dan los actos heroicos. Decenas de compañeros subiendo al tanque, pegándole palos, pegándole fuego. Lo taparon como hormigas, le arrancaron pieza por pieza y luego lo incendiaron. Con esta operación militar, recuperamos bastantes armas y municiones”.

¿Cuántos guardias entraron?

Interviene el Comandante Joaquín Cuadra Lacayo: “Por lo menos  setenta y cinco. Fueron fusiles con bastantes municiones, un cañón de 75 milímetros, un tanque Sherman y otro carro blindado para transporte de tropas. Ellos (los guardias) fueron completamente aniquilados por fuerzas (revolucionarias) que estaban combatiendo en su propio terreno, preparado de antemano y a una distancia donde las armas populares, el puño popular es mortal.

“Los guardias estaban al alcance de las manos de las masas populares. Se desesperaron, se volvieron locos, terminaron de matarse entre ellos, al verse rodeados de tanta gente. Había centenares de personas gritando a su alrededor.

“Por supuesto que ningún otro convoy de guardias somocistas se atrevió, nuevamente, a entrar a nuestra zona de combate. Cayeron en la trampa una sola vez.

“En los días posteriores lograron penetrar algunas de nuestras defensas y usaron nuestros propios corredores, dándose combates casa por casa. Ese avance lento les producía mucho desgaste y los aterraba. Cualquiera de los Combatientes Populares podía salirles por detrás de un muro con una pistolita y los mataba.

“En medio de esta situación, el resto de la Ciudad (de Managua) comienza a normalizarse: empiezan a circular vehículos, se abren las primeras tiendas, la gente comienza a sacar la cabeza. Muchas se van de la Zona (Oriental) huyendo de los ataques enemigos concentrados en ella. Lo que más pánico causaba en la población eran los bombardeos aéreos del somocismo. Tiraron bombas de quinientas libras, rockettes…”

Además de estos ataques físicos, ¿realizó la Guardia Nacional algún tipo de acción sicológica para aislar al FSLN de la población?

Responde el Comandante Núñez Téllez: “Acompañando al inclemente bombardeo aéreo, morteros y ataques diarios a las posiciones militares sandinistas, el enemigo somocista comienza a utilizar los medios de comunicación que controla masivamente con el fin de generar zozobra en la población civil. Además de anunciar  supuestas victorias en otros frentes de guerra a través de sus órganos radiales, la dictadura  anuncia en forma insistente el comienzo de la “operación limpieza” de los Barrios Orientales, señalando horas y fechas, llamando a la población a abandonar a los sandinistas y ponerse a salvo, trasladándose a otras zonas de Managua, y prometiendo una y mil formas de vida mejor.

“Para contrarrestar esta campaña, nosotros intensificamos la labor propagandística del Movimiento Pueblo Unido (MPU) entre las masas populares, esclarecemos a la población, le indicamos las consecuencias que podría tener caer en manos del enemigo, recordándoles dolorosas experiencias de la Insurrección de Septiembre” (de 1978).

Por lo visto, ustedes no tenían un plan de emergencia en el caso de que fallara la Insurrección en Managua.

Responde el Comandante Joaquín Cuadra Lacayo: “No, no lo teníamos. El Repliegue (a Masaya) surge producto de la situación misma. Esta deficiencia fue producto, en parte, de nuestra inmadurez y, en parte, producto de que no teníamos tiempo para pensar en alternativas negativas.

“El ritmo de los acontecimientos iba tan rápido, sentías que la casa se te venía encima, que estabas viviendo una oportunidad única, que quizás no se iba a repetir. Ni siquiera en octubre de 1977 se pensó en una posible derrota. El punto de reunión de todo el mundo (de los Frentes FSLN  de Guerra  Sandinistas)  era Managua, nuestro objetivo final. En Septiembre de 1978 sólo se establecieron esos puntos de contacto de los que te hablé”.

Fogueo de masas: la mejor escuela

¿Cuál es, según tu opinión, la mejor forma de preparar a los conductores de la Insurrección?

Joaquín Cuadra Lacayo: “Creo que es fundamental el fogueo (entrenamiento, práctica). Casi todos los que dirigían sectores, los que estaban en los puntos de mayor resistencia, habían sido jefes de Unidades Tácticas de Combate, o de Escuadras Tácticas. Habían tenido una escuelita de cuatro o cinco días, estudio político, discusión de la línea… Y te hablo del fogueo no sólo en acciones armadas, sino, sobre todo,  en la conducción de las milicias (populares). Eso adquiere otra dimensión, otro carácter.

“Cada uno de los Jefes de la Insurrección debía planificar la actividad de sus milicianos que eran más masa, más desorganizados, más aventureros que los cuadros político-militares del Frente (FSLN). La experiencia exterior les permitió conducir a grupos grandes en actividades masivas violentas. También se convirtieron en agitadores”.

Y los dirigentes de mayor nivel, ¿estudiaron las experiencias insurreccionales de otros países?

Joaquín Cuadra Lacayo: “Las estudiamos, pero poco, por las limitaciones de materiales de estudio que teníamos. Sobre todo después de Septiembre (de 1978), los principales cuadros del FSLN empezamos a estudiar con gran pasión algunos textos: las cosas que leíamos ahí, acaban de pasar. Hubo dos libros que nos ayudaron enormemente: La Insurrección armada, de Neuberg; y, especialmente: Teoría de los procesos insurreccionales contemporáneos, de Emilio Lussu.

“También algunos textos de Lenin sobre la Insurrección. Estudiábamos estos textos combinándolos con la experiencia. Hicimos mucho hincapié en que los compañeros escribieran sobre las experiencias vividas. No se trataba de una cuestión académica, sino de un esfuerzo por asimilar experiencias concretas”.

¿Podrías explicarme cómo lograron tener éxito en el llamado a la Huelga General si el FSLN tenía  tan escaso trabajo a nivel sindical?

Carlos Núñez Téllez: “Lo importante es que el llamado a la Huelga General se hace en el contexto de una lucha nacional contra la dictadura y cuando ya se ha iniciado la Ofensiva Final tanto en el Frente Sur como en el Frente Interno. Por otra parte, existía previamente un trabajo propagandístico del Movimiento Pueblo Unido (MPU) en los centros de trabajo y en los Barrios y Colonias a nivel del país, y especialmente en la Capital, que fue creando condiciones  (anímicas, efervescencia sicológica popular) para que el llamado a paralizar las actividades laborales, realizado por nuestra Dirección Nacional Conjunta, fuera inmediatamente acatado por todos aquellos sectores que aún no se encontraban combatiendo. El gobierno somocista estaba en profunda crisis social, económica y política.

“Nosotros explicamos a la población que la paralización económica era el primer paso para el desencadenamiento de una lucha nacional de todo el pueblo por derrocar con las armas en las manos a la dictadura somocista. Seis o siete días después de ese llamado realizado por el FSLN todo el país se encuentra encendido en lucha. Nada valieron las amenazas de patrullas GN somocistas, en las calles, tanto a los trabajadores como a los estudiantes, para que estos se integraran a sus labores”.

¿Y cómo se pudo mantener tanto tiempo? Un mes y medio, o algo más, ¿no? ¿Cómo se aprovisionaba de alimentos la población?

Carlos Núñez Téllez: “Previamente a la Ofensiva Final se había acumulado gran cantidad de alimentos. Ese era uno de los trabajos del Movimiento Pueblo Unido (MPU). Había mentalidad de guerra. Nosotros, la Vanguardia FSLN,  habíamos comprado varios quintales de arroz, de frijol, de trigo, de sal, de azúcar, que teníamos guardados en diferentes puntos (de Managua).

“Pero eso no bastó. Hubo que improvisar ante la escasez. Comimos caballos de los carretoneros, perros…”

¿Conocieron algún plan de defensa contra la Insurrección Popular y de contraofensiva de la Guardia Nacional?

Comandante Carlos Núñez Téllez: “No conocimos ningún plan específico de defensa. Lo que sí, ellos prepararon sus tropas para el combate callejero. Por ejemplo, los polígonos que reacondicionaron a última hora eran para tiros de corta distancia, para combatir en ciudades y reprimir manifestaciones, combates cercanos de menos de doscientos metros, no el polígono de tiro típico del ejército, preparado para disparar a trescientos o cuatrocientos metros”.

¿Sabían ustedes con exactitud cuáles eran los efectivos de la Guardia Nacional concentrados en Managua?

Carlos Núñez Téllez: “No, con precisión no. Sólo una aproximación. Unos tres mil hombres provistos de elementos blindados y de aviación. Una verdadera fortaleza”. (El Comandante Núñez Téllez se refería a la cantidad de guardias en Managua).

En Nicaragua se da un proceso insurreccional victorioso que al parecer  rompe con una condición que los clásicos consideraban indispensable para que un proceso armado de este tipo triunfara:  la división del ejército enemigo. ¿Es correcta esta afirmación?

Joaquín Cuadra Lacayo: “Pienso que sí lo es. Nicaragua ha demostrado que es posible una Insurrección Triunfante contra un ejército enemigo monolítico, que muere completo en la Insurrección. Indudablemente que para que esto haya ocurrido hay que tomar en cuenta las características propias del ejército nicaragüense: nace con Somoza García y se hace a su imagen y semejanza, es su pilar de dominación y, por lo tanto,  está históricamente condenado a desaparecer junto con ella (la dictadura somocista).

“No ocurre lo mismo en el caso de las dictaduras donde el ejército tiene una cierta autonomía en relación al dictador en turno que es puesto o sacado por las fuerzas armadas, de acuerdo a los intereses de la clase dominante”.

No sé, me parece que esa afirmación de que si no se logra dividir al ejército enemigo no  puede triunfar la Insurrección es una afirmación aplicable sólo a procesos insurreccionales típicos, es decir, a levantamientos urbanos armados donde las masas populares son los principales actores. ¿No crees tú que fue justamente porque se logró dividir a la Guardia Nacional somocista que ustedes tuvieron que combinar los Movimientos Insurreccionales Urbanos con las Columnas Guerrilleras en el Campo?

Joaquín Cuadra Lacayo: “Indudablemente, porque la posibilidad de desarrollar fuerzas militares muy cohesionadas en las zonas urbanas es muy limitada”.

Volviendo al tema de la división del ejército enemigo, ¿partieron ustedes de la convicción de que la Guardia Nacional no se iba a dividir?

Joaquín Cuadra Lacayo: “En octubre del 77 nosotros pensábamos en esa posibilidad, sobre todo en el momento en que el ejército (somocista) empezara a enfrentarse a las masas directamente. Luego nos dimos cuenta de que eso no iba a ocurrir”.

¿Tenían trabajo dentro del ejército somocista?

“No. O más bien, era insigficante”

¿Por qué?

“En parte porque no nos preocupamos a tiempo y en parte porque era muy difícil de realizar. Somoza Debayle tenía un enorme control sobre su ejército. Infiltramos algunos militantes en la Escuela de Entrenamiento Básico (EEBI), pero fueron detectados y asesinados. La inteligencia del enemigo trabajaba mucho sobre sí mismo. Eso nos quitó las ganas de seguir metiendo gente allí y no encontrábamos que tuviese sentido a nivel de soldado raso”.

¿Qué papel jugó la Unidad del Frente Sandinista de Liberación Nacional para lograr la Victoria?

Carlos Núñez Téllez: “Nosotros diríamos que jugó un papel decisivo. Ningún Movimiento Revolucionario que se encuentre disperso, descohesionado, será capaz de conseguir sus objetivos políticos.

“Aunque el FSLN sufrió una crisis en octubre de 1975, las Tendencias  que surgieron de ella se mantuvieron asidas a su tronco común: el sandinismo; a un medio común: la lucha armada; y a un objetivo en común: el derrocamiento de la dictadura somocista, lo que facilitó su reunificación posterior.

“El logro de la Unidad  fue un requerimiento constante del pueblo nicaragüense. A través de cada una de sus acciones exigía la confirmación de una Vanguardia monolítica, capacitada para conducirlo al Triunfo sobre su enemigo encarnizado.

“Al conseguir su Unidad, el sandinismo se constituyó en motor imprescindible para mover a todas las fuerzas políticas democráticas, progresistas, revolucionarias de nuestro país contra la dictadura somocista.

“Si no hubiese existido la Unidad del sandinismo, no hubiera sido posible constituir el Movimiento Pueblo Unido y sin el MPU no hubiera sido posible el Frente Patriótico Nicaragüense como expresión de la Unidad de toda la Nación.

“Pero para nosotros la Unidad no fue una simple frase mágica, tuvimos que batallar muy duro para conseguirla, resolver diferencias, encontrar puntos de coincidencia basados en un Programa y un Plan Estratégicos conjuntos, que aseguró para siempre la acción unida, monolítica, cohesionada de las Tendencias del FSLN y lo decidió a lanzarse a la Ofensiva Final.

“La Unidad fue decisiva para lograr el Triunfo y es decisiva para mantener la Victoria”.

A pesar de la crisis general en la que se encuentra sumido el país y la rapidez con que se desencadenan los hechos después de la Ofensiva de Octubre del 77, ¿crees tú que hubiera sido posible el Triunfo del proceso insurreccional en Julio de 1979 si durante años el FSLN no hubiera realizado un trabajo de hormiga?

Joaquín Cuadra Lacayo: “Difícil, porque producto de ese trabajo de años existe una gran autoridad moral y política del Frente Sandinista, que suple la falta de vinculaciones orgánicas más fuertes con las masas. Sólo gracias al prestigio adquirido por el FSLN durante esos años, fue posible conducir el proceso revolucionario”.

“No cabe duda de que el Triunfo insurreccional es la culminación de toda la Historia del FSLN”, añade el Comandante William Ramírez Solórzano, y concluye:

“Nosotros sabíamos que para llegar a la Insurrección debíamos pasar por determinadas etapas. Es ahí donde se combinan los Frentes Guerrilleros con las actividades insurreccionales propiamente tales. Prácticamente los Frentes de Guerra del FSLN lo que hacen es venir a apoyar la Insurrección. El Triunfo Insurreccional no es una obra mágica, sino el resultado del trabajo político organizativo de muchos años”. (De 1961 a 1979).

Con esta explicación histórica de los tres jefes del Estados Mayor General del Frente Interno: integrado por los Comandantes Carlos Núñez Téllez (Comandante de la Revolución de la Revolución), William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra Lacayo, que abarcaban Managua, León, Masaya, Carazo y Granada, queda claro cómo estaba ejecutándose (en junio de 1979) el Plan Militar Insurreccional del FSLN clandestino en Managua al momento de desencadenar la Ofensiva Final, o Insurrección General,  para derrocar a la dictadura militar somocista, fundada u organizada como ejército de intervención militar extranjera, permanente,  por el gobierno agresor e invasor de Estados Unidos, desde 1927, por la traición de José María Moncada Tapia y del Partido Liberal, que éste jefeaba durante la llamada “Guerra Constitucionalista”, lo cual dio paso a que el gobierno yanqui instalara a Anastasio Somoza García como jefe de la Guardia Nacional después de asesinar al General Sandino y a casi todos los miembros del Ejército Defensor de la Soberanía.

Mediante la explicación histórica de Núñez Téllez, Ramírez Solórzano y Cuadra Lacayo también queda claro que para llegar a este momento cumbre de la Insurrección Popular Sandinista, del convencimiento pleno de los pobladores y Combatientes Populares de que debían lanzarse en ofensiva militar sin retroceso para derrocar definitivamente a la tiranía somocista genocida, debieron pasarse enormes sacrificios de vida y muerte por parte de la militancia sandinista clandestina y guerrillera del Frente Sandinista de Liberación, desde su fundación en 1961, hasta este momento en que el FSLN está ya convertido en un Ejército Guerrillero (todavía clandestino),   listo, preparado para librar la Batalla Final, la más importante de todo su historia de Lucha de Liberación Nacional de la Patria de Sandino.

Una sola Insurrección Sandinista, Frentes de Guerra y Combates Móviles

El Frente Interno Conjunto del FSLN y el Estado Mayor  Conjunto de Managua, y la Dirección Nacional Conjunta, toman la decisión de que  la Insurrección Sandinista en la Zona Occidental de Managua queda como secundaria, para distraer, empantanar, llenar de pánico inclusive a los guardias nacionales genocidas, impedirles que manden tropas e instrumentos militares hacia los lados de Matagalpa, León, Rivas, Masaya misma, Granada, y que incluso el accionar militar insurreccional les impida mover el grueso de las tropas hacia la Zona Oriental-norte  de Managua, con el fin de afianzar la Insurrección Sandinista en este lado capitalino por al menos tres días, según el Plan Militar original, que en realidad se convierten en 18 días de combates móviles ofensivos y defensivos heroicos tanto en las Zonas Suroccidental, Noroccidental, así como en la Zona Oriental-norte de Managua.

Desde el comienzo el Plan Militar Insurreccional sandinista deja establecido o claro que en la Zona Oriental de Managua se instalaría la Insurrección Revolucionaria sandinista con varios Frentes de Guerra, o de Combates,  en varios sectores liberados, con combates de posiciones, es decir, defensivos, y que a la vez numerosas columnas móviles le harían guerra de guerrilla a los guardias somocistas genocidas cuando estos intentaran  romper el cerco de la Insurrección en los Barrios orientales capitalinos.

Asimismo, desde el inicio  el Estado Mayor General del Frente Interno y del Estado Mayor Conjunto del FSLN en Managua, los 110 Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares entrenados militarmente dejan claro, y quedan claritos, de que al ser descubiertos los planos militares insurreccionales, la  Zona Suroccidental y la Zona Noroccidental pasan a ocupar el papel insurreccional de diversión, de provocar combates móviles, efectuar emboscadas relámpagos o rápidas, obligar  a los guardias somocistas genocidas a que persigan de forma permanente a los Combatientes, con el fin de que se empantanen allí, que no puedan movilizar tropas ni equipos militares hacia los Frente de Guerra en el Sur de Nicaragua, hacia León, Chinandega, Matagalpa, Estelí, Boaco, Chontales, Masaya y Granda, y tampoco permitirles al tirano Anastasio Somoza Debayle y su Guardia de asesinos que muevan tropas hacia la Zona Oriental de Managua, donde la Insurrección Popular Sandinista debe estar ya instalada el nueve de junio, lo cual realmente así ocurrió.

Esto deja demostrado al mismo tiempo que el Plan Militar Insurreccional del FSLN guerrillero es uno solo, que la Insurrección Sandinista es una sola, cohesionada, unida, sin retroceso, invencible, de golpes militares demoledores al régimen somocista genocida, todo destinado a derrocarlo en una sola Ofensiva militar.

Por este descubrimiento del Plan Militar Insurreccional Sandinista, los Batallones de la Guardia Nacional en Managua, especialmente los de la EEBI movilizan sus tropas,  unos tres mil hombres (o más)  con centenares de ametralladoras, varios miles de fusiles, lanzamorteros, cañones, tanques y tanquetas, se movilizan y se instalan en el Estadio Nacional, en la Central de Policía, en las instalaciones del ZUMEN (entrada al Barrio San Judas), en las instalaciones del llamado “Centro Cívico”, en la parte Sur de la Colonia Independencia, en las Lomas de San Judas, en Acahualinca, en el Plantel Batahola, en el trecho del Siete Sur al Ocho Sur y el Nueve Sur Carretera, en la Zona Occidental; en el Distrito Nacional, ubicado en Acahualinca; más tropas en todas las 16 Secciones de Policía, y también instalan tropas en el Aeropuerto Las Mercedes (hoy Aeropuerto Sandino), en distintos puntos de la Carretera Norte, en la Loma de Tiscapa, en “Camino de Oriente”, en las cercanías de la Universidad Centroamericana, en los edificios de Telcor (escombros terremoteados), en las cercanías del Supermercado de la Colonia Centroamérica y Centro Comercial-Managua, en el Edificio Armando Guido, en el antiguo edificio del Banco de América (donde funciona hoy la Asamblea Nacional); en el Palacio Nacional, en las instalaciones de la Escuela de Arte y Talleres del Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua, en el Contry Club de la burguesía capitalina, en los Hospitales Oriental, Occidental, Vélez Páiz y de la Mujer “Bertha Calderón Roque”; en las entradas al OPEN III (hoy Ciudad Sandino), en casi todo el Reparto Schick Gutiérrez y Reparto Las Colinas, en la Hacienda El Retiro, propiedad de Somoza Debayle; más patrullas y convoyes militares móviles en toda Managua, en prevención de que “los Sandino-comunistas-terroristas” hagan acciones militares en la Ciudad de Managua.

Estas Secciones de Policía de la Guardia Nacional estaban ubicadas en sectores poblacionales como: San Judas, Monseñor Lezcano, en la Colonia Centroamérica,  Las Jinotepes, en la Carretera Sur; en el OPEN III, en el Reparto Schick Gutiérrez, en Bello Horizonte, en el Edén, en Barrio Mombacho, en el Gancho de Caminos,  por ejemplo.

Plan Militar insurreccional descubierto y combatientes “rascaban” por combatir a guardias

Según el Comandante Carlos Núñez Téllez, mediante un informe oficial posterior a la Dirección Nacional Conjunta del FSLN, y publicado después en su libro “Un Pueblo en Armas”, tanto los Jefes Guerrilleros como los Combatientes Populares y pobladores organizados militarmente (y no organizados) en Columnas y Escuadras de Combate, “rascaban”, “ya no se aguantaban”, “estaban desesperados, había que detenerlos”, porque querían ¡ya irse a enfrentar a tiros con los guardias nacionales somocistas genocidas, cuyo número era calculado cercano a los cuatro mil o cinco mil en Managua, ubicados en sedes de Batallones como el Batallón Somoza, el Batallón Blindado, el Batallón Presidencial, jefeado por Humberto Corrales; los Batallones de la Escuela de Entrenamiento Básico (EEBI), en realidad escuela de asesinos que inclusive mandaban a matar también a guardias nacionales; más la Central de Policía, o “Cárceles de la Aviación”, comandada por el esbirro coronel Nicolás Valle Salinas, incluyendo las 16 Secciones de Policía, también de la GN, regadas por distintos puntos de Managua.

Ocurría al mismo tiempo que el Movimiento Pueblo Unido (MPU) hacía su labor propagandística de guerra revolucionaria en no menos de 50 Barrios, Repartos, Colonias y Asentamientos de Managua, en los cuales, de forma clandestina, llamando a la Insurrección u Ofensiva Final, se entregaban “mosquitas” en las calles, en Mercados, dentro de Tiendas Comerciales, dentro de los autobuses urbanos y camionetas del transporte colectivo, en mitines diurnos y nocturnos, dentro de las fábricas y centros laborales.

Esto ocurría al mismo tiempo que columnas y escuadras móviles del Frente Sandinista clandestino atacaban a las patrullas militares movilizándose en convoyes (camiones grandes con ametralladoras encima) y BECAT (Brigadas “antiterroristas” de los terroristas del somocismo genocida), y también estas mismas columnas y escuadras guerrilleras móviles atacaban con fusilería y bombas de contacto a las 16 Secciones de Policía de la Guardia Nacional en Managua.

En los primeros días de junio de 1979, antes de explotar formalmente la Insurrección Sandinista Revolucionaria en Managua, ya había sido destruida la Sección de Policía que estaba en “Las Jinotepes”, un poco antes de la entrada a “Monte Tabor”, en el kilómetro 12 y medio de la Carretera Sur.

En estas 16 Secciones de Policía se contaba el cuartel o comando GN que estaba en la entrada Norte del OPEN III (hoy Ciudad Sandino), la cual fue atacada ya en plena Insurrección. También había una Sección de Policía en la entrada al casco urbano de El Crucero, en una lomita, en la orilla de la calle que lleva al Hotel Las Nubes, la cual en realidad era la número 17 en Managua, pero que casi nunca se echaba a cuenta. Los guardias de esta Sección de Policía tenían dos retenes en los primeros días de junio: uno sobre la Carretera Sur misma y el otro en la Calle de rumbo a Las Nubes, por donde está ubicado el famoso Hotel Las Nubes.

Las Nubes, en El Crucero, es la parte más alta de la Cordillera montañosa sureña de Managua, llamada “Sierras de Managua”, cuya altura máxima es de 925 metros sobre el nivel del mar.

En estos momentos cruciales de la Insurrección en Managua, según el Comandante Carlos Núñez Téllez y la Comandante Mónica Baltodano Marcenaros, el Estado Mayor General del Frente Interno y el Estado Mayor Conjunto del Frente Sandinista, integrado por la misma Baltodano Marcenaros (de la Tendencia Guerra Popular Prolongada), Raúl Venerio Granera (de la Tendencia Tercerista) y Oswaldo Lacayo Gabuardi (de la Tendencia Proletaria), ambos mandos militares insurreccionales (en realidad era un solo mando) contaban con 110 Jefes Guerrilleros o Combatientes con entrenamiento militar y político, capaces de hacerse cargo de las operaciones militares insurreccionales por sectores o Frentes de Guerra en las dos Zonas: Principal y Secundaria, Oriental-norte y Occidental de Managua.

Estos 110 Jefes Guerrilleros tenían capacidad o liderazgo militar para conducir a más de 2000 Combatientes Populares y Milicianos Populares Barriales.

Según los Comandantes Núñez Téllez, Ramírez Solórzano y Cuadra Lacayo, jefes del Frente Interno, en realidad los Combatientes Populares, las Milicias Populares Barriales, se lanzan a la Insurrección, a las operaciones militares contra los guardias somocistas, aún antes de que ambos Estados Mayores se instalen en ambas Zonas: Principal y Secundaria.

Este estado de agitación y ánimo insurreccional es confirmado por Víctor Cienfuegos Aburto, uno de los jefes de las siete columnas iniciales de Combatientes Populares en San Judas, quien indica que el cuatro de junio de 1979, en la mañana, ya fue imposible detener a milicianos y pobladores organizados y desorganizados, pues por su cuenta se fueron a emboscar un camión de TELCOR en la vuelta de “Los Cocos”, en la entrada Norte de San Judas, ¡y le prendieron fuego¡

Por medio de radioaficionados identificados como colaboradores de la Guardia Nacional somocista, como “Blanca Nieves”, “Gasparín”, “Lulú” y “Tobie”, alertaban a sus jefes, por medio de radiocumunicaciones, acerca de que habían detectado movimientos guerrilleros sandinistas para “hostigar” o atacar a las 16 Secciones de Policía de la GN, lo cual ocurría también el cuatro de junio de 1979. Los jefes y soldados de la Guardia Nacional llamaban “Sierras” a estas Secciones de Policía. “Sierra Trece”, por ejemplo, era la Treceava Sección de Policía, ubicada en el Mercado Periférico, donde estaba el multiasesino y torturador Alberto “Macho Negro” Gutiérrez.

Ese mismo cuatro de junio, numerosos Combatientes Populares, milicianos y pobladores aparecieron construyendo barricadas con adoquines, piedras canteras, troncos de árboles y latas viejas en las entradas principales de las Colonias Américas Uno, Américas Tres y Américas Cuatro, especialmente en la orilla de la Pista Sabana Grande.

Según César Augusto “El Chino” Ampié,  sobreviviente de la masacre de la Colina 110, esas acciones de construir barricadas en esta zona de Managua eran parte de las orientaciones de César Augusto “Moisés” Silva y de los jefes de la Columna Manuel Fernández, radicada operacionalmente en el naciente Barrio Los Laureles, contiguo a la Colina 110.

El jueves 7 de junio de 1979 los integrantes de la Columna “Manuel Fernández”, durante todo el día y la noche, operaron de forma móvil hostigando a patrullas BECAT (Brigadas Antiterroristas somocistas, en realidad eran las que practicaban el terrorismo de Estado somocista en forma móvil)  en las Colonias Cinco de Diciembre, Américas Uno, Américas Tres y Américas Cuatro, en la Colonia Primero de Mayo, en la Colonia Catorce de Septiembre, y al mismo tiempo buscando cómo recuperar armas de guerra, armas cortas y de cacería, más municiones.

En otras palabras, la Insurrección Sandinista u Ofensiva Final estaba en marcha, y virtualmente se había adelantado a los planes militares insurreccionales del Estado Mayor General del Frente Interno y del Estado Mayor Conjunto de Managua.

Siete convoyes militares demolidos

La Comandante Mónica Baltodano Marcenaros, una de los tres integrantes del Estado Mayor Conjunto del FSLN en Managua, asegura que en esos primeros días de junio también se ejecutaron ataques militares guerrilleros, u hostigamientos, a la Guardia Nacional somocista genocida en Las Brisas, cerca de la Refinería, por la Cuesta del Plomo, en la Carretera Sur, en la Carretera Norte, concretamente al ser demolidos siete convoyes de guardias en las cercanías de la ROCARGO, en las proximidades del antiguo Aserrío Carlos Morales Orozco, en el “Camino de Bolas”, en el Aserrío del Este de San Judas, por ejemplo, con el fin de “distraer” y empantanar a los guardias genocidas mientras al mismo tiempo se desarrollaban las operaciones militares insurreccionales en las Zonas Occidental y Oriental de Managua.

El ataque militar revolucionario en la Carretera Norte fue la emboscada ejecutada contra siete convoyes de guardias en las cercanías de la ROCARGO, en el kilómetro ocho de la Carretera Norte,  por la KATIVO,  donde murieron no menos de 20 guardias somocistas genocidas. Este ataque fue ejecutado por los llamados “Comandos Revolucionarios del Pueblo”, jefeados por Gabriel Cardenal Caldera, jefe del Estado Mayor Conjunto de la Insurrección en la Zona Suroccidental de Managua.

Estas acciones militares sandinistas, clandestinas, se venían ejecutando desde hacía varios meses, anteriores a los primeros días de junio de 1979, porque el Estado Mayor Conjunto del FSLN en Managua tenía un centro de operaciones clandestinas en las faldas de la Cordillera de El Crucero (o de Managua), en las cercanías de la llamada “Casa Embrujada”, es decir, del casco urbano de El Crucero unos tres kilómetros al Norte, en la zanjonada típica de este sector montañoso y cafetalero del Sur de Managua.

Estas operaciones militares, previas, casi inmediatas, al estallido Insurreccional en Managua, fueron jefeadas, de acuerdo con la versión histórica de la Comandante Baltodano Marcenaros, entre otros, por Marcos “Will” Largaespada Prado, Marcos Somarriba García, Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz y Gabriel “Payo” Cardenal Caldera.

Según cuenta Mónica Baltodano Marcenaros en “Memorias de la Lucha Sandinista”, el Estado Mayor Conjunto de Managua se instaló inicialmente en una casa del Reparto Altamira, de  donde fue la Comercial VIKY siete cuadras al Lago (Norte) y una cuadra al Este, por donde hoy se ubica SINSA. En este lugar instalaron aparatos de radiocomunicaciones, planos o mapas sobre los escenarios de la Insurrección Sandinista en Managua, y estaban allí las unidades militares de combate, de apoyo, de seguridad para el Estado Mayor mencionado.

Baltodano Marcenaros recuerda que entre otros jefes combatientes en esa casa de Altamira tenía a Isabel “Venancia” Castillo, a Francis Araica y a “Ernesto”.

Todo esto ocurría mientras la efervescencia revolucionaria, la agitación insurreccional, los brotes de violencia antiguardias somocistas genocidas, explotaban por centenares o miles en la calles de Managua, especialmente en aquellos sitios: Repartos, Colonias, Barrios tradicionales y Asentamientos en que ya eran notorios los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares Armados, a quienes los pobladores organizados y desorganizados, les pedían armas e ir a los combates contra las patrullas, convoyes y cuarteles de los soldados o guardias nacionales.

Agitación  Popular e Insurrección se adelanta

Debido a la agitación popular, al ardor de los pobladores en busca de acción militar revolucionaria, por la exitación, el entusiasmo, por la furia e ira popular barrial contenida hasta ese momento, el Estado Mayor Conjunto del FSLN clandestino todavía, se ve obligado a meterse de inmediato “al teatro de operaciones militares” populares contra la dictadura somocista, es decir, la Insurrección planificada cuidosa y sacrificadamente por  militantes valiosísimos del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

“Había una gran efervescencia, hasta el punto que, con cualquier acción, mucha gente pensaba que ya era la Insurrección. Cuando se dan estos ataques el nueve de junio, la gente se lanza a las calles creyendo que ya es la Insurrección, y ¡empiezan a hacer barricadas¡”, relata Mónica Baltodano Marcenaros en el tomo cuatro de su libro “Memorias de la Lucha Sandinista”.

Continúa Baltodano Marcenaros: “Cabrales (Ramón, “Nacho”) me manda a decir que el asunto es incontenible, ya la gente comienza a hacer barricadas, aunque algunos les decían que se retiraran. Igual cosa reporta Marcos Somarriba García a Oswaldo Lacayo Gabuardi”.

“!Así comenzó la Insurrección en Managua¡ Todavía  no habíamos terminado de trasladar las armas que estaban en los Barrios Occidentales. Entonces, decidimos meternos al teatro de operaciones de la Insurrección el día 10 de junio por la tarde”, expresaba Baltodano Marcenaros durante una conversación sobre el tema con el Comandante William Ramírez Solórzano, a quien le agregaba:

“Vos pasaste buscándome en un vehículo de tu estructura militar; ahí metimos fusiles y subametralladoras del Estado Mayor, pero casi no pudimos usarlos, porque ahí no más ya no se podía pasar. Estaba lleno de barricadas con gente desarmada. El compañero conductor tuvo que dejar su vehículo, y luego la guardia se lo quemó”.

Continúa el relato de Baltodano Marcenaros: “Cargamos todas las armas, los radios y lo que llevábamos, y entramos a pie atravesando el Barrio Riguero; cruzamos el cauce por un puente peatonal, llegamos a la Pista de El Dorado y entramos a ese Reparto (El Dorado). La gente se puso eufórica cuando nos vio llegar, vestidos de verde olivo, con nuestros pañuelos rojinegros en el rostro y con buenas armas”.

El cauce a que se refiere Baltodano Marcenaros es el que colinda con el Barrio Riguero por el Noreste y que se une con el otro cauce situado frente al hoy Mercado Carlos Roberto Huembes, por el lado Norte. El Puente peatonal colgante estaba casi frente a los tanques de agua potable, situados en el lado Noroeste del Reparto El Dorado. Este Reparto está situado contiguo a las Colonias Diez de Junio, Don Bosco y Colombia.

En su relato ante la Comandante Baltodano Marcenaros, mediante entrevistas en Radio La Primerísima, el Comandante William Ramírez Solórzano, aseguraba por su lado: “La gente del Barrio Riguero fue increíble cómo nos recibió; cuando nosotros entramos, éramos Joaquín (Cuadra Lacayo), Carlos Núñez y yo, después vos, Oswaldo (Lacayo Gabuardi) y Raúl (Venerio Granera), que íbamos juntos todos, los pasamos llevando, más otro compañero que andaba con nosotros, en total éramos unos diez o doce personas que llegamos, que éramos los jefes de la Insurrección”.

Continúa el recuerdo del Comandante Ramírez Solórzano: “Y entonces la gente se entusiasmó, comenzó a levantar barricadas, y de allí nosotros seguimos organizando a la gente en escuadras, la gente comenzó a buscar medicamentos, y los muchachos comenzaron a entusiasmarse y a organizarse, aquello era como en las primeras escuelitas. en los Repuestos La Quince se hizo una gran barricada”. (“Repuestos La Quince” era una Ferretería que se ubicaba frente adonde es hoy la Rotonda Cristo Rey, Santo Domingo o David Tejada Peralta).

Ducualí: Cuna de la Insurrección en Barrios Orientales

Mónica Baltodano Marcenaros hace una especie de cierre sobre esta entrada del Estado Mayor General del Frente Interno Conjunto del FSLN y del Estado Mayor de Managua: “La primera noche (el 10 de junio) nosotros nos vamos a la calle central de Ducualí; en la Sagrada Familia (Iglesia Católica y Colegio en el Barrio Ducualí) nos organizamos un poco”.

Por este ingreso de los dos Estados Mayores del Frente Interno y de Managua a Ducualí se le ha bautizado a este Barrio Ducualí Oriental, contiguo a la Colonia Diez de Junio, con el glorioso nombre de “Cuna de la Insurrección en los Barrios Orientales de Managua”.

El Barrio Ducualí es uno de los vecindarios más antiguos en la Zona Oriental de Managua. Está situado al Norte de la Colonia Diez de Junio, colinda por el Norte con el Barrio El Edén y Puente El Edén, y dentro de su territorio, en el extremo Noreste estaba ubicada ola Treceava Sección de Policía (Comando superarmado de la Guardia Nacional). Esta Treceava, o “Sierra Trece”, estaba ubicada en el edificio monolítico del Mercado Periférico, una construcción sólida, gruesa, de cemento armado, convertida por Somoza Debayle en centro comercial o mercado después del Terremoto de diciembre de 1972.

Este Barrio Ducualí al mismo tiempo colinda con los muros del Cementerio Oriental y con el Barrio Venezuela por el Este y con el Asentamiento Habana por el Sureste. Por el Oeste, el Barrio Ducualí colinda con el Barrio María Auxiliadora. Además, Ducualí de algún modo fronterizo también con el Reparto Bello Horizonte por medio del Cementerio Oriental de Managua.

Estados Mayores Conjuntos en Ducualí

La Iglesia Sagrada Familia sigue ubicada en el lado Suroeste del Barrio Ducualí. Frente a esta famosa Iglesia y Colegio de la Sagrada Familia fue donde se juntaron los Estados Mayores del Frente Interno y de Managua FSLN, el mismo diez de junio de 1979, lo que dio como consecuencia el estallido formal de la Insurrección Sandinista, u Ofensiva Final, en Managua. Por este motivo, después del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista el Barrio Ducualí fue bautizado como “Cuna de la Insurrección” en los Barrios Orientales de Managua.

Era de noche. Allí estaban presentes, con fusiles en las manos, vestidos de verde olivo, con salveques de tiros fajados a la cintura, con pañuelos rojinegros ceñidos al cuello, con boinas negras o gorritas verdeolivo, los miembros del Estado Mayor General del Frente Interno y del Estado Mayor Conjunto de Managua, respectivamente: Comandantes Carlos Núñez Téllez, miembro de la Dirección Nacional Conjunta del FSLN; Wiliam Ramírez Solórzano, Joaquín Cuadra Lacayo, Mónica Baltodano Marcenaros, Raúl Venerio Granera y Oswaldo Lacayo Gabuardi, representantes respectivos de las tres tendencias del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).

En esa calle, frente a la Iglesia Sagrada Familia, donde posteriormente estuvo ubicado el Frente Interno y además se convirtió en el primer cementerio insurreccional en la Zona Oriental de Managua, sí, allí estaban los jefes principales de la Insurrección Sandinista en Managua, con los fusiles libertarios alzados en alto, sujetando hacia arriba los fusiles y puños cerrados al grito de ¡!Patria Libre o Morir, Patria o Muerte, Venceremos¡¡

Estaban allí rodeados de otras decenas de jefes guerrilleros insurreccionales, de las tres tendencias del FSLN; y de centenares de Combatientes Populares y pobladores que pedían armas de guerra y de cacería y tiros para irse a fajar en combates contra los guardias, esbirros, “orejas”, “soplones”, “jueces de mesta”, paramilitares y agentes de la monstruosa Oficina de Seguridad (policía política somocista, coordinadora de los “escuadrones de la muerte” y de torturadores).

Los Combatientes Populares y pobladores organizados y no organizados rascaban de rabia, exigían les dieran armas y tiros, para irle a cobrar las cuentas pendientes a todos los somocistas genocidas que desde hacía 45 años mataban gente, robaban sin parar, sembraban el terror, asesinaban a miles de seres humanos, secuestraban campesinos y opositores en el campo y la ciudad, y luego éstos aparecían muertos en cualquier parte del territorio nacional, sin que se conociera qué había pasado con ellos antes de perder la vida. Ya se contaban 50 mil muertos, todos asesinados por sicarios de la tiranía somocista genocida. Eran muy pocas las familias que no habían padecido esta pesadilla histórica y mortal  del somocismo genocida.

Insurrección en marcha y el parto revolucionario también en marcha

La Insurrección Sandinista Revolucionaria, para derrocar a la dictadura somocista genocida, estaba en marcha, pues la decisión colectiva consciente, nacional: obreros, campesinos, profesionales, técnicos, amas de casa o trabajadoras del hogar, empresarios medios y pequeños, e inclusive una parte de la gran burguesía explotadora, estaban ya en huelga general, nacional, en labores de sabotajes contra propiedades del Estado y particulares de los somocistas genocidas; se incendiaban vehículos del gobierno y autobuses propiedad de coroneles y generales, se construían barricadas en las calles, se asaltaban oficinas de TELCOR y del Departamento de Carreteras y equipos o maquinaria del Distrito Nacional (Alcaldía) en Managua. Esto ya ocurría también en todo el territorio nacional de Nicaragua.

Estaban ya dadas las condiciones sicológicas insurreccionales contra la tiranía somocista genocida. Las masas populares enardecidas, ya convencidas plenamente de que no podía seguir soportando un mal social, político, económico e ideológico monstruoso, de casi 45 años de existencia, ya absolutamente insoportable, porque al mismo tiempo oprimían, mataban o masacraban de forma selectiva y colectiva por medio de guardias asesinos y de integrantes de los “escuadrones de la muerte”, y se robaban virtualmente todas las riquezas nacionales de Nicaragua, mientras la población en general permanecía en la miseria, en el hambre, especialmente en el campo; en el desempleo generalizado, muy mal de salud, con el analfabetismo al 52 por ciento general y 75 por ciento en Río San Juan, más las cárceles repletas de opositores al régimen  criminal; y en especial  estos ocupantes del territorio nacional en representación del gobierno de Estados Unidos se ensañaban con particular crueldad sanguinaria en las humanidades de sandinistas perseguidos, especialmente si éstos eran ya guerrilleros del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Sí, la Insurrección Sandinista para derrocar el sistema dictatorial somocista, soñada y planificada  por el Comandante Jefe Carlos Fonseca Amador y demás  fundadores del Frente Sandinista de Liberación Nacional en 1961, estaba ya desencadenada, ardiendo fulgurante como la pólvora en todo el país y en Managua.

Sí, el parto revolucionario de la Revolución Popular Sandinista ya se estaba produciendo. Este momento Histórico del Barrio  Ducualí era ya la alborada de la Insurrección Sandinista que comenzó a gestarse en medio de represión espantosa desde 1961, pues con paciencia de santos Carlos Fonseca Amador, Silvio Mayorga, Jorge Navarro, José Benito Escobar Pérez, Francisco Buitrago, Germán Pomares Ordóñez, Santos López, Faustino Ruiz, los fundadores; el resto de miembros de la Dirección Nacional Histórica: Ricardo Morales Avilés, Pedro Aráuz Palacios, Bayardo Arce Castaño, Henry Ruiz Hernández, Eduardo Contreras Escobar, Daniel Ortega Saavedra, Humberto Ortega Saavedra y Víctor Tirado López; y resto de miembros de la Dirección Nacional Conjunta, concretada en marzo de 1979, tres miembros de cada una de las tendencias: Bayardo Arce Castaño, Henry Ruiz Hernández y Tomás Borge Martínez por la Tendencia Guerra Popular Prolongada; Daniel y Humberto Ortega Saavedra y Víctor Tirado López por la Tendencia Tercerista; y Carlos Núñez Téllez, Luis Carrión Cruz y Jaime Weelock Román por la Tendencia Proletaria, todos unidos en estos momentos con un solo Plan Insurreccional, habían trabajado sacrificadamente, en la clandestinidad rigurosa, de forma totalmente voluntaria, sin pago de nadie y en lucha abierta y mortal en defensa de la Patria humillada por los somocistas y el gobierno criminal gringo, exponiendo el pellejo y la vida frente al aparato opresor del somocismo, entrenando política y militarmente al Ejército Guerrillero todavía clandestino, llamado Frente Sandinista de Liberación Nacional, ya desplegado con armas y municiones en manos en todo el país, dirigiendo en el terreno la batalla insurreccional decisiva para cumplir el objetivo esencial del FSLN de derrocar a la dictadura somocista por la vía de las armas  y con ello dar paso a un nuevo sistema político democrático popular.

Según Carlos Núñez Téllez y William Ramírez Solórzano en ese momento del estallido insurreccional de junio de 1979 eran unos cinco mil hombres-armas, entre Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares  entrenados política y militarmente los que estaban ya desplegados, listos con sus planes militares respectivos, para dirigir la batalla insurreccional en cada una de las ciudades grandes y pequeñas, y también en las montañas y caminos, en las dos modalidades combativas, para derrumbar a la dictadura somocista genocida.

Vindicta popular por 50 mil mártires

En ese momento se decía que la dictadura somocista había matado a 50 mil nicaragüenses. De estos 50,000 muertos una gran cantidad habían sido guerrilleros sandinistas entrenados, fogueados en mil combates, entre ellos el mismísimo Jefe de la Revolución Popular Sandinista, Carlos Fonseca Amador; Ricardo Morales Avilés, Pedro Aráuz Palacios, José Benito Escobar Pérez, Germán Pomares Ordóñez, Eduardo Contreras Escobar, Arlen Siú, Claudia Chamorro, Luisa Amanda Espinoza, Angelita Morales Avilés, Luis Alfonso Velásquez Flores, Manuel de Jesús “La Mascota” Rivera, Óscar Turcios Chavarría, Leonel Rugama, Julio Buitrago Urroz, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, Jonathán González, Camilo Ortega Saavedra, Edgard Lang Sacasa, Óscar Pérez Cassar, Aracely Pérez, Alejandro Dávila Bolaños, Jacinto Baca Jerez, Filemón Rivera, Santos Medina Rodríguez, José Francisco Moreno Avilés, William Fuertes Olivares, Fausto García Aráuz, Cristhian Pérez Leiva, David y René Tejada Peralta, Carlos Roberto Huembes, …

De forma sacrificada, en la clandestinidad más rigurosa, en condiciones de hambre y sacrificios extremos, los Jefes Guerrilleros del Frente Sandinista se habían venido entrenando desde hacía  casi 20 años, en montañas, zonas rurales y dentro de ciudades, habían combatido también en numerosas ocasiones contra la Guardia Nacional y sus esbirros, habían asaltado bancos en jornadas de recuperaciones económicas, le habían arrebatado armas y municiones a los guardias nacionales,  todo de forma voluntaria, mediante el abandono de sus familias, de sus estudios y trabajos o empleos, habían pasado hambre, angustias individuales y colectivas, desnudez y enfermedades, hasta llegar a este momento cumbre, glorioso, insurreccional de junio de 1979.

Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares ya distribuidos

Los 110 Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares estaban ya distribuidos, con sus planes militares y políticos, en los sectores correspondientes de la Zona Principal y Zona Secundaria, por ejemplo: Francisco Meza Rojas (asesinado el nueve de junio, en la Carretera Norte, cuando iniciaba la Insurrección) y Marcos Somarriba García ya estaban ubicados en el lado de la Carretera Norte; Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz en el sector de Villa Progreso, Aserrío Carlos Morales Orozco, Colonia Xolotlán, Colonia San Jacinto, Colonia Miguel Gutiérrez, Barrios Mombacho y Waspán Sur, Américas Uno hasta Rubenia (inicialmente sus combates fueron en La Fuente y Reparto Schick Gutiérrez); Sergio Gómez Vargas en las Colonias Nicarao, Catorce de Septiembre, Don Bosco, Luis Somoza (Diez de Junio), Colombia, y Reparto Santa Julia; Mónica Baltodano Marcenaros del Puente Larreynaga al Puente El Edén; Rolando “Cara Manchada” Orozco Mendoza en la Zona del Puente El Edén al Puente Paraisito, Carlos Duarte del Puente Paraisito al Puente San Cristóbal; Marcos “Wil” Largaespada Prado del Puente Larreynaga a los llamados Semáforos de la Robelo, en el cruce de la Pista de la Resistencia Sandinista y la Carretera Norte; un Frente de Guerra Especial para proteger al Estado Mayor del Frente Interno, ubicado en contorno del Reparto El Dorado, especialmente por los lados Sureste y Suroeste; Javier “99” López Lowery en el centro de la tormenta en Bello Horizonte y Santa Rosa; Francisco “Chico Garand” Guzmán Fonseca en otro Frente de Guerra Revolucionario Móvil que abarcaba Bello Horizonte, Barrio Santa Rosa, Colonias Maestro Gabriel y Salvadorita (Cristhian Pérez Leiva), en el Barrio El Edén, en el Barrio Santa Bárbara (hoy Barrio Venezuela), en la Zona Oriental y Norte, por ejemplo.

Con similares o diferentes responsabilidades militares, coordinando columnas y escuadras móviles de Combatientes Populares y Comités de Defensa Civil, estaban también, en la Zona Principal, los Jefes Guerrilleros: César Augusto Silva, Walter Ferrety Fonseca, Róger Cabezas Gómez, Federico López Argüello, Jorge Roustan Reyes, Eduardo Cuadra Ferrey, Edgard “JC” Guerrero, César Largaespada Palaviccini, William “Juan Grande” Montalván, Víctor Boitano Coleman, Humberto del Palacio González, Douglas López Niño, entre otros.

Otros y otras destacados también como jefes en la Zona Oriental de Managua fueron: Rafael Solís Cerda, Walter Mendoza Martínez, Douglas Duarte, Carlos Duarte, Óscar Lino Paz Cubas, Justo Rufino Garay Mejía, Alejandro Mairena Obando, Aristeo Benavidez, Martín Castellón Ayón, Elizabeth Pinell, Isabel Castillo, Ligia Alemán, Danilo Norori, Frank “Machillo” González Morales, Carlos “Sobrino” Dávila Sánchez, Marta Lorena López Mojica…

Aquí en la Zona Principal, la Comisión Política y de Propaganda estuvo integrada por Julio López Campos, Marcos Valle Martínez, Glenda Monterrey Vásquez, Lea Guido López y Moisés Hassan Morales. Esta Comisión Política y de Propaganda se movía en torno a los sitios en que estaban ubicados el Estado Mayor General del Frente Interno y el Estado Mayor de Managua, con el fin de estar pendientes de lo que debía denunciarse frente a la población, o informar de los triunfos que se iban obteniendo en los enfrentamientos armados contra los enemigos somocistas genocidas.

En la Zona Suroccidental (parte de la Zona insurreccional Secundaria de Managua), el Estado Mayor Conjunto se había integrado por Gabriel Cardenal Caldera, Adrián Meza Soza, Víctor  “Bayardo”, “Dientes de Lata”  Romero Pérez, Genie Soto Vásquez, Mauricio del Carmen Kiel y René Cisneros Vanegas por los Proletarios; Juan y Miguel Navarrete por los Terceristas; Boanerges Munguía, William Díaz Romero, Cristóbal Guevara Casaya y Eduardo Cuadra Ferrey por  la Tendencia Guerra Popular Prolongada. Eduardo Cuadra Ferrey (“el Chele Cuadra”) se integra a este Estado Mayor cuando los combates están en pleno apogeo en San Judas.

Además, hubo dos grupos llamados “Comandos Cristianos Revolucionarios” y de Antonio “Chele” Zepeda Fonseca que no se sujetaron orgánicamente al Estado Mayor Conjunto mencionado, y que operaron de forma “independiente”, lo cual causó algunas dificultades de coordinación militar en la Insurrección de San Judas, Vista Hermosa, Loma Linda, Villa Roma, San Patricio y Torres Molina.

Este Estado Mayor Conjunto del FSLN, integrado en una reunión clandestina en la Colonia Vista Hermosa, procede inmediatamente a formar siete columnas. “En total éramos unos 300 hombres y mujeres, Combatientes Populares, con entrenamiento militar rápido, relámpago, con armas de cacería, como escopetas, rifles 30-30, rifles 22, pistolas nueve milímetros, revólveres calibre 38, mientras los fusiles automáticos y ametralladoras eran portados por los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares seleccionados por el mando debido al nivel de entrenamiento militar y político que ya tenían, más una masa popular enorme, que sobrepasaba los mil y pedían armas para irse a enfrentar con los guardias somocistas asesinos”, recuerda Víctor Cienfuegos Aburto, uno de los jefes de columnas y escuadras.

Ya para el cuatro de junio se conocían también algunos Combatientes Populares con mandos o jefaturas en columnas y escuadras de combate en esta Zona Suroccidental, , como: Julio Ruiz Flores, Víctor, Carlos y Mario Cienfuegos Aburto; Mauricio Somarriba, Yuri Valle Olivares, Johana Córdova, Franklin Montenegro, Ileana Zamora, Cintya, Aura Lila Mendoza,  Ramiro Córdova, Manuel Mendoza, Gurvin Dinarte, los hermanos Navarrete, Óscar Huezo, los Hermanos Rosales, Emma Provedor, Julio Flores, Onofre Guevara, Antonio Salgado, Bruno Lorío, Sergio González, Carlos Flores, Mario Lorío, Walter López,  Máximo López, Edgard Hernández Cruz, Wilfredo Baca, “El Vikingo”, Luis Salgado y Carlos Flores, Santiago Núñez Solís, Arnoldo Real Espinoza, Salvador Ramiro García Ramírez, Pedro Meza, Roberto y Edwin “Piojo” Sánchez  Baltodano, entre otros.

Entre más de 300 Combatientes Populares, integrantes de columnas y escuadras revolucionarias, estaban también integrados, entre otros: Francisco Javier Zúniga Alvarado, Modesto Munguía Martínez, Ronald “Pollón” López, David Hernández, Antonio Padilla, Mauricio Icaza, Ramiro Córdova, Ángela Largaespada, Miguel Fornos, Luis Salgado, Mario Montenegro, Sergio Guevara, Sebastián y Rodolfo Blanco, Manuel Guadamuz, Segundo Samayoa, Nelson Vargas, William Espinoza, Manuel Calderón, Francisco Martínez, José Cordero, Gustavo Padilla, René Blandón, Douglas Mejía, Israel Medina, Alejandro López, Bayardo Ordóñez, Felipe Rayo, Medardo Hurtado, Héctor Luis Obregón, Beatriz Narváez, José Francisco Mayorga,  Ramón López, Manuel Cruz, César Ramírez, Mario Téllez, Cristóbal Martínez, Francisco Morales Alvarado, Cruz Hernández, Camilo Membreño Zapata, Luis Rodríguez Alvarado, Óscar Vargas, Ramón Castro, Carlos Malespín, Fernando Zepeda, Tomás Rosales, Milton Rosales Lorío, Bolívar Torres Sequeira, Iván Torres, Aníbal Bendaña, Reynaldo Sevilla, Ignacio Munguía, Julio Peineta, Roberto Alvarado, Gloria González, Gustavo Meneses, Milcíades Murillo, Juan Manuel Navarrete, Roberto Lorío, Guillermo Tinoco y Roberto Salazar.

Según Víctor y Carlos Cienfuegos Aburto, todos los Jefes Guerrilleros integrantes del Estado Mayor Conjunto mencionado y los Combatientes Populares seleccionados como responsables de columnas y escuadras de combate, sí, todos estaban clarísimos de que el papel que ellos y las masas populares iban a desempeñar en las Zonas Suroccidental y Noroccidental (o Secundaria) era de distracción, de organizar combates móviles, de emboscadas veloces, de empantanamiento, de impedir que la Guardia Nacional somocista genocida se desplazara hacia el Sur de Nicaragua, para que no moviera tropas a Occidente y al Norte del país, tampoco a Masaya ni a Carazo, y con especial énfasis en que se impidiera movilización de tropas hacia la Zona Oriental de Managua, la Zona Principal en que se instalaría la Insurrección Sandinista, u Ofensiva Final, y donde estarían los  principales dirigentes revolucionarios del Frente Sandinista de Liberación Nacional, ubicados en Managua en ese momento.

Al mismo tiempo se integra en Acahualinca el Estado Mayor Conjunto del FSLN clandestino en la Zona Noroccidental de Managua: Monseñor Lezcano, Loma Verde, Acahualinca, Colonia Morazán, Santa Ana, Balcanes, San Sebastián,  Linda Vista, Las Brisas, Valle Dorado y Altagracia, integrado según testimonios de Combatientes Populares, por: Silvio “Israel” Porras García, Arnoldo “Viejo” Real Espinoza, Jorge Esquivel Acevedo, Jorge Corea Briones,  Alba Luz Portocarrero Ramos,  Soraya Hassan Flores, asesinados  por sicarios genocidas de la EEBI en la Masacre de Batahola el 15 de junio de 1979; y Roberto y Edwin “Piojo” Sánchez Baltodano, Efraín “Challuya” Téllez, Pedro “Chaparro Henry” Meza y Alejandro “Marciano” Díaz Meza, estos últimos de la Tendencia Guerra Popular Prolongada (GPP).

Además, en el caso de la Zona Noroccidental fue notorio que este Estado Mayor Conjunto del FSLN no estuvo unido en la práctica. Los más notorios durante la contienda insurreccional en esta Zona Noroccidental de Managua, fueron: Silvio Porras García, Arnoldo “Viejo” Real Espinoza, Jorge Esquivel Acevedo y Jorge Corea Briones.

“A nosotros, integrantes de la Columna “Óscar Turcios Chavarría”, en una reunión clandestina nos dijeron clarito que el papel insurreccional de los Combatientes Populares, Jefes Guerrilleros y población en general, sería de diversión, de provocar combates móviles, efectuar emboscadas rápidas, de hostigamientos también relámpagos, para empantanar a la guardia somocista, para que no saliera de Managua, para que no moviera tropas ni artillería hacia la Zona Oriental de Managua, mientras se instalaban allí los Estados Mayores del Frente Interno y de Managua y se desataba la Insurrección en la Zona Principal, según el Plan Militar Insurreccional, para atacar a los guardias de forma móvil con columnas y escuadras móviles, y al mismo tiempo haciendo resistencia a tiros y bombazos en las barricadas y trincheras de combate, también ubicados nosotros en muros, cauces y encima de árboles y techos de casas”, recuerda Ramiro Salvador García Ramírez, uno de los jefes de  escuadras en Monseñor Lezcano.

“Además, a nosotros en la Zona Noroccidental de Managua se nos asignó la tarea militar de levantar barricadas  en todas las esquinas y calles principales de Monseñor Lezcano, Reparto Linda Vista,  en el semáforo de Linda Vista, en la Pista rumbo a la Refinería, en la Colonia Morazán, en la esquina de entrada al Seminario Nacional (de la Iglesia Católica), en el Barrio Santa Ana, en las esquinas cercanas a Gadala María, por La Ceibita, en Acahualinca; todo esto después que ya en casas de seguridad habíamos embuzonado unas pocas armas de guerra y municiones, más las armas de cacería, las bombas de contacto, y que nos disponíamos a planificar cómo haríamos el ataque y destrucción de la Tercera Sección de Policía, cuyos guardias imponían terror en estos vecindarios occidentales de Managua, ubicada esa guarnición en la casa de una familia de guardias y “orejas” de la tenebrosa y mortal Oficina de Seguridad Nacional (OSN)”, añade Ramiro Salvador García Ramírez.

Según César Augusto “Chino” Ampíé y César “Mou” Téllez Sánchez, dos de los ocho sobrevivientes de la masacre en la Colina 110,  el 13 de junio de 1979, por orientaciones directas de César Augusto “Moisés” Silva, un grupo de más de 30 jóvenes Combatientes Populares ya entrenados en el Asentamiento Los Laureles, ubicados al Este de Villa Libertad, habían formado la Columna Manuel Fernández desde abril de 1979, con la finalidad de hostigar a los guardias somocistas en este sector oriental de Managua y para tener una visión privilegiada del Aeropuerto Las Mercedes desde la Colina 110, ubicada unos cinco kilómetros al Sur. También se intentaba armar un plan de asalto a la Fuerza Aérea somocista, a partir de esta Colina 110, lo cual resultaba imposible por distancia, escasez de armas de artillería y por mediar un terreno demasiado plano desde el Asentamiento Los Laureles.

Esta Columna combativa la integraban, entre otros: Marvin Luis “El Viejón” Úbeda Acuña, César Augusto “Chino” Ampié Rivas, César “Mou” Téllez Sánchez, miembros del Estado Mayor Conjunto;  Antonio “Chino Cebolla” Cruz Gómez, Ernesto “Tito” Sánchez, Lorenzo “Lencho Calilla” García, Carlos “Mono” Juárez Cruz, Raúl “Lunar” Vivas Quintero, los hermanos “Gatos” Marvin, Raúl y Carlos Vanegas y Heberto “Sapo Tuerto” Bonilla.

“Chino” Ampié Rivas y “Mou” Téllez Sánchez  relatan que desde abril de 1979 por orientaciones de César Augusto Silva y Mónica Baltodano Marcenaros, los miembros de esta Columna Manuel Fernández tenían como misión sistemática fabricar bombas de contacto para emboscadas a los guardias en Managua, hostigar con escuadras móviles a las patrullas BECAT de la GN, recoger información permanente de los movimientos de los guardias nacionales y sus esbirros en rumbo del Aeropuerto Las Mercedes, desde la Colina 110, y asimismo recoger información de inteligencia de esos mismos movimientos hacia la Comarca Sabana Grande y en rumbo a las Colonias Américas, Villa Libertad, Villa las Sabanas, Villa Fraternidad, Cinco de Diciembre, etc.

Asimismo, los integrantes de esta Columna Manuel Fernández le daban importancia especial a la  casa de seguridad que tenían donde doña Petronila  “Nila” Hernández, adonde llegaban con frecuencia a hospedarse y en labores conspirativas revolucionarias los Comandantes William Ramírez Solórzano y Mónica Baltodano Marcenaros.

También cuidaban, día y noche, un buzón de armas de guerra y de cacería, escondido en un predio montoso, donde hoy funciona el Colegio Omar Téllez. Esta Columna de Combatientes Populares Manuel Fernández jugó un papel militar importante en este extremo de la Zona Oriental de Managua, pues en ese paso de forma móvil hostigaban a los convoyes de guardias y patrullas BECATS, lo que impidió el libre paso de la Guardia Nacional somocista genocida hacia el resto de vecindarios orientales en que se asentaba la Insurrección Sandinista, u Ofensiva Final.

La Guardia masacró a la mayoría de los integrantes de esta Columna en la Colina 110 usando aviones artillados, helicópteros lanza bombas de 500 libras, tanques y tanquetas, ametralladoras, fusilería portadas todas por unos 300 guardias, más una retroexcavadora, de lo cual hablaremos más adelante.

Unos 400 guardias cierran todas las entradas al OPEN III

En el OPEN III (hoy Ciudad Sandino), ubicado 12 kilómetros y medio al Oeste del casco urbano Suroeste de Managua,  al mismo tiempo se había formado el Estado Mayor Conjunto del FSLN, integrado por Adolfo Aguirre Stathadgen, Adilia Eva Solís y  Víctor Mauricio Membreño Morales (llegó a ser coronel del Ejército); y jefes de escuadras y Comandos: José Alexander Estrada Fonseca, Nelson Romero Lanzas, Héctor Antonio Martínez, Gustavo (hijo) Cerna González, Marlene Álvarez, Pablo Alberto Selva Ortega; Carlos Vivas  y Antonio “Julio” López González, responsables de entrenamiento militar, y respaldados por casi 150 Combatientes Populares con poco entrenamiento militar y escasísima cantidad de armas de guerra.

Hubo otros Combatientes Populares destacados como: Julio César Avilés, los tres hermanos Treminio:   Amparo, José y Raúl; Carlos Morales hijo, Gerónimo Cruz Vanegas, Margarito Ocampos, Patricia Orozco, Harry Chávez, Concepción “Aldo” Pérez, Franco Vallecillo, Gerardo Vallecillo, Mercedes Duarte, Heriberto Bolaños, Juana Álvarez Herrera, Lola Norori, Isabel Aróstegui.

El cuatro de junio, día en que comienza la Huelga o Paro Nacional contra la tiranía somocista, la  Guardia Nacional y la Escuela de Entrenamiento Básico (EEBI) instalan un campamento, o Comando, en la subida de la Carretera en la Cuesta del Plomo (Cuesta de los Mártires) por la vía de la Refinería Esso, más un retén en la salida de la misma Cuesta del Plomo hacia la Carretera Nueva a León; un retén militar más Campamento en “Las Piedrecitas”, o inicio de la Carretera Nueva a León; un retén en la entrada y salida del Reparto Satélite Asososca, otros dos retenes de guardias en las dos entradas del lado Norte del OPEN III (Ciudad Sandino); un Campamento con alrededor de 60 guardias en las proximidades  del Tanque de Agua Potable, ubicado en la Colina  Oro Verde, en el lado Norte; más la propia Sección de Policía GN (“Sierra 2”) donde hoy se ubica ENATREL en el Norte del OPEN III, en la orilla de la Carretera y enfrente de la entrada principal, y, finalmente, es reforzado con más soldados el Comando GN que permanece donde fue después “Pescafrito” en una esquina de la Plaza de los Cabros.

José Alexander Estrada Fonseca, quien fue en el OPEN III uno de los jefes de escuadras, calcula que en todos estos comandos GN habían aproximadamente unos 400 guardias, dotados de dos tanquetas, en cada comando tenían fusiles y al menos una ametralladora, bazukas, camiones para transportar tropas, jeepones para montar y operar las ametralladoras, cárceles improvisadas, equipos de “orejas”, “soplones”, “jueces de mesta”, torturadores, miembros de los “escuadrones de la muerte” (“Mano Blanca”), agentes de la Oficina de Seguridad, con el fin de hacer la guerra a muerte en contra de los pobladores de este sector poblacional muy pobre, luchador social inclaudicable, y recién fundado (en 1969, con damnificados de “Miralagos”, Lago de Managua) a ambos lados del kilómetro doce de la Carretera Nueva a León.

Los Jefes Guerrilleros, encabezados por Adolfo Aguirre Estathadgen, Eva Adilia Solís y Víctor Membreño Morales, ya tenían formados dos Comandos Revolucionarios del Pueblo y las escuadras correspondientes: José Estrada Fonseca, jefe de la Escuadra “Germán Bojorge”; Nelson Romero Lanzas, jefe de la Escuadra “Mártires de Solectra”; Héctor Antonio Martínez, jefe de la Escuadra “Ulises Rodríguez”; Gustavo Cerna González (hijo), jefe de la Escuadra “Gonzalo Jarquín”, y contaban  con Antonio López González y Carlos Vivas como entrenadores de Combatientes Populares.

Se debe tomar en cuenta, para efecto de coordinaciones militares revolucionarias en la Insurrección Sandinista, que el territorio del OPEN TRES estaba separado trece kilómetros de la Zona Oriental de Managua y seis kilómetros de las Zonas Suroccidental y Noroccidental capitalino. Esto aisló totalmente a estos Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y pobladores del resto de insurreccionados en la Capital nicaragüense.

De acuerdo con los testimonios de  José Estrada Fonseca y Antonio “Julio” López González, al momento de estallar la Insurrección Sandinista en el OPEN TRES, estaban ya organizados unos 150 Combatientes Populares, de los cuales sólo 15 contaban con armamento regular: un fusil Garand, un  fusil Fal, tres escopetas de mazorca o semiautomáticas, y el resto eran rifles 22 y 30-30, revólveres y pistolas.

Estos testimonios históricos indican  que en el OPEN III se precipitan los acontecimientos militares por parte de la Guardia Nacional y de la EEBI porque los “altos mandos” de la GN estaban convencidos de que el estallido principal de la Insurrección Sandinista comenzaría en los Barrios Occidentales, especialmente en el OPEN III y que por este lado se comenzaría bloqueando la Carretera Nueva a León, para que Somoza Debayle genocida no pudiera mover tropas al Occidente de Nicaragua.

“Aquí en el OPEN III antes del cuatro de junio, antes de la Huelga Nacional, la guardia ya tiene tomados todos los cerros, las entradas al Barrio y andaban intimidando a la gente en los cuatro costados del OPEN.  El estado de terror impuesto por la GN era espantoso, angustioso, de amenazas mortales”, recuerda José Estrada Fonseca.

Por medio de Radio Sandino clandestina, mediante noticieros radiales y periódicos de circulación nacional se conocía de algunas informaciones sobre los estallidos insurreccionales de El Jícaro (Nueva Segovia), de Estelí, de Jinotega, de Matagalpa, y del accionar de una columna guerrillera sandinista móvil en Nueva Guinea en el Sur Atlántico de Nicaragua, y de que Masaya y León se alistaban para lanzarse a la Insurrección Sandinista, más  el funcionamiento pleno de la Huelga General contra el régimen somocista.

En Managua se conoce, en esos primeros cuatro días de junio de 1979, se ve claramente, que cuando estalla la Huelga General el cuatro de junio de 1979, centenares o miles de guardias y sus esbirros (“orejas”, “soplones”, “jueces de mesta”, torturadores, miembros de los “escuadrones de la muerte”, agentes de la Oficina de Seguridad, paramilitares conocidos y políticos somocistas extremistas) están desplazándose con artillería, tanques y tanquetas, ametralladoras calibre 50 y 30, lanzamorteros portátiles, camiones blindados, retroexcavadoras del Distrito Nacional o Alcaldía…. y tomando posiciones estratégicas en sitios geográficos poblados como el ZUMEN en la entrada a San Judas, en los edificios del Centro Cívico, especialmente los que ocupan actualmente el Ministerio de Educación y el Concejo Municipal de la Alcaldía de Managua;  al Sur de la Colonia Independencia, en el Plantel de Limpieza Pública conocido como “Los Cocos”, en la entrada a San Judas; en las Lomas de San Judas, están reforzando la guarnición o Sección de Policía, ubicada por el llamado “Nancite”; ya tienen tropas dentro y fuera del Estadio Nacional (sólo aquí tienen unos 500 hombres), ubican tropas en el Taller Batahola del Distrito Nacional, aunmentan tropas en torno a la Casa Hacienda El Retiro del tirano Anastasio Somoza Debayle, refuerzan la presencia de tropas en el Contry Club de la burguesía y en ENACAL, en el Plantel que el Distrito Nacional tiene en Acahualinca, en las instalaciones del Distrito Nacional en Acahualinca, en el Aserrío de Acahualinca,  en la Fábrica Gadala María, de los Somoza, contiguo a las Huellas de Acahualinca; en la Refinería Esso, en los Talleres del Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua, más conocido como “Escuela de Arte”, en la orilla del Lago de Managua; en los kilómetros Siete, Ocho y Nueve de la Carretera Sur, en las entradas principales del OPEN III, en la llamada Plaza Julio Martínez, en el conocido “Camino de Bolas” y el Aserrío Santa Fé de Heliodoro Alfaro por el Este de San Judas, tienen ya reforzadas todas las 16 guarniciones o Secciones de Policía en San Judas, Monseñor Lezcano, en el OPEN III, etc., lo cual da una idea de que ya tenían instalado un anillo militar en toda la Zona Occidental de Managua.

Al mismo tiempo es notorio un patrullaje  intenso con convoyes blindados (varios camiones altos, de barandas), en cuyos tráilers y techos de los vehículos andan ya instaladas ametralladoras calibre 50 y 30, y también se desplaza infantería por en medio de los vecindarios, con el fin de provocar miedo, terror colectivo.

En la Zona Oriental de Managua, en los primeros cuatro días de junio, antes de la instalación de los Estados Mayores Conjuntos del Frente Interno y de Managua del FSLN, especialmente el cinco de junio, cuando ya está en pleno apogeo la Huelga General Nacional, es notorísima la actividad militar de la Guardia Nacional y sus esbirros, igualmente moviéndose en convoyes de camiones de la “Acción Cívica”, del Distrito Nacional y del Departamento de Carreteras;  en tanques y tanquetas,  en  camionetas, en jeeps BECATS y a pie, e instalándose con fusilería, ametralladoras calibre 30 y 50, con lanzamorteros y lanzagranadas en sitios como el Edificio Armando Guido, en toda la Carretera Norte, en la Planta Eléctrica, ubicada contiguo al Barrio Quinta Nina; están reforzando las 16 guarniciones o Secciones de Policía como la Doceava, en Bello Horizonte; en la Treceava, entre los Barrios Edén y Ducualí;  más tropas en “16va.”, en el Barrio Mombacho, en la Carretera Norte; una Sección de Policía o Cuartel en el Gancho de Caminos, en la entrada al Mercado Oriental; en las del Reparto Schick Gutiérrez y la Colonia Centroamérica, están instalando tropas y artillerías en los edificios del Hospital Oriental, en las construcciones de lo que hoy es el Mercado Carlos Roberto Huembes, en el Aserrío Carlos Morales Orozco, en las instalaciones del Hotel Estrella,  en las instalaciones de ENACAL, contiguo a la empresa Simens; en la empresa Ludeca, frente a los semáforos de Portezuelo; instalan tropas en la Shell Waspán y la Fábrica Maber, en el Aeropuerto Las Mercedes, en La Subasta y las entradas a ROCARGO, están colocando tropas y tanquetas en las cercanías del cruce de Portezuelo, en la esquina Noreste del Barrio Santa Rosa; en la Pista Sabana Grande desde Rubenia, están instalando tropas en el parque infantil del Reparto Jardines de Veracruz, en el costado  Este de la Colonia Catorce de Septiembre, instalan tropas y francotiradores en el edificio en construcción de la Escuela de Comercio Independencia en el lado Noreste de la Colonia Nicarao; asimismo instalan tropas, ametralladoras y francotiradores en el edificio en construcción del Hospital del Niño y también se meten al Centro Juvenil Don Bosco, refuerzan con otros 40 soldados,  tanquetas, ametralladoras y fusiles en la Treceava Sección de Policía, también colocan tropas por la Clínica Santa María, en la esquina Sureste de Ciudad Jardín; llevan tropas hasta cerca del Puente El Edén, igualmente en las cercanías del Cine Colonial, en la Pista Larreynaga; y refuerzan con más soldados la Sección de Policía GN en el Gancho de Caminos, en la entrada Sur al Mercado Oriental.

Al mismo tiempo, estas tropas de infantería catean casas, van en tropel dentro de los vecindarios, capturan a jóvenes (hombres y mujeres), los montan en los camiones, jeepones y jeeps patrullas BECATS; estos capturados son  torturados y aparecen asesinados en distintos sitios de Managua. El ambiente es de terror escalofriante, y por este motivo el fervor revolucionario, la arrechura colectiva de la gente es inmensa, y están exigiendo armas y municiones para ir a combatir en las calles a esta banda de asesinos de la dictadura somocista genocida.

Los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares selectos, ya organizados en columnas y escuadras, en los casos de San Judas, los Asentamientos Loma Linda, Villa Roma y Torres Molina, Reparto Vista Hermosa, en Monseñor Lezcano, en Acahualinca, Colonia Morazán, en Loma Verde, en Santa Ana y Linda Vista, Barrio Cuba, San Sebastián y Balcanes, reciben la orden del Estado Mayor Conjunto, encabezado por Gabriel Cardenal Caldera, de irse a sus sectores barriales respectivos, guardar sus armas de guerra y de cacería en buzones, y esperar la orden para salir a las calles y enfrentarse a tiros y “bombazos de contacto” con los guardias somocistas y sus esbirros.

Ya están listas, entonces, las condiciones anímicas humanas y materiales para lanzar la ofensiva insurreccional sin retroceso, con ataques móviles potentes, para causarle pánico y retrocesos al enemigo somocista, pues está la Huelga Nacional en su apogeo, la tropa militar sandinista está organizada, con planes específicos  y armada (aunque las armas y municiones eran insuficientes) y hay ya sublevación popular creciente en todo el país, y en este caso en Managua, Capital de Nicaragua.

Pobladores salen a las calles y queman camión de correos

Guardias EEBI entran asesinando en San Judas, el 4 de junio

“Mientras esta orden a los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares selectos se ejecuta en San Judas, Loma Linda, Villa Roma y Torres Molina, por ejemplo, es ya cuatro de junio de 1979, y entonces es la gente, es casi todo el Barrio San Judas, hombres, mujeres, jóvenes, niños y viejos, salen a las calles a desafiar a la guardia, nos exigen armas y municiones, proceden a fabricar barricadas en las esquinas, algunos Combatientes Populares  nos sumamos y entonces se le prende fuego a una camioneta, parecida a camioncito, de TELCOR o Correos, del Ceibo dos  cuadras hacia el Sur”, relata Víctor Cienfuegos Aburto.

Un grupo numeroso de unos 30 jóvenes detuvieron el camioncito, y no se sabe de dónde al mismo tiempo aparecieron dos latas con gasolina, se las rociaron al vehículo, y le prendieron fuego, a plena luz del día, un poco después del medio día del cuatro de junio de 1979. Centenares de hombres y mujeres, civiles, sin entrenamientos alguno, de forma espontánea, también se lanzaron  a las calles principal y adyacentes de San Judas, a darle apoyo, o respaldo moral y político a los casi 30 jóvenes (hombres y mujeres) que le habían prendido fuego al camioncito de TELCOR, o de Correos de Nicaragua.

Estos mismos pobladores comenzaron a tirar objetos a las calles para fabricar barricadas de forma improvisada, sin dirección de los Combatientes Populares… eran objetos poco sólidos y por tanto barricadas débiles.

Casi al instante, según Víctor Cienfuegos Aburto, se aparecieron unos 300 guardias de los que estaban ya acantonados en el Sur de la Colonia Independencia y en el Plantel de Limpieza Pública Municipal de “Los Cocos”, en camiones y a pie, portando fusilería y ametralladoras  calibre 30 en las manos, iban capturando a jóvenes que estaban en las calles, se metían dentro de las casas, examinaban las manos de los que tenían olor a gasolina y de inmediato  los subían a culatazo limpio en los camiones y jeeps. “Capturaron a unos 20 jóvenes, que todavía no eran Combatientes Populares, se los llevaron y desaparecieron para siempre”, relata Víctor Cienfuegos Aburto.

La soldadesca somocista, portadora de la furia antipopular de la Guardia Nacional,  del tirano Anastasio Somoza Debayle y de su hijo Anastasio “Chigüin” Somoza Portocarrero, jefe de los batallones de asesinos y mercenarios de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI), la cual estaba desplegada precisamente en toda la Zona Suroccidental de Managua, y en ese momento marchaba con tropel hiriente en el pavimento y suelo de San Judas, además procedieron a obligar a varias decenas de ciudadanos civiles, hombres y mujeres, con la amenaza de dispararles, para que removieran los objetos metálicos, piedras canteras, ramas de árboles, etc., con que habían hecho improvisadamente las barricadas mencionadas.

Secuestran a niños, ancianos y mujeres

Los colocan delante de las tanquetas y los suben donde llevaban ametralladoras

Además, usando elementos de terror colectivo, secuestraron en ese momento a casi un centenar de mujeres, niños y ancianos, a los cuales los colocaron por delante de donde ellos iban avanzando en la calle principal de San Judas, y a otros, los subieron por la fuerza encima de las tanquetas y jeepones en que llevaban montadas las ametralladoras calibre 50 y 30, con la finalidad de que los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares armados no les fueran a disparar. Así era la crueldad monstruosa de la Guardia Nacional somocista y de Somoza Debayle, su jefe asesino genocida.

En esta incursión, bautizada por los mismos somocistas como “operación limpieza”, el tropel de guardias llegó hasta las construcciones de lo que es hoy el Complejo Comunitario Róger Deshón Argüello y el Mercado de San Judas, donde ubicaron un llamado “puesto de mando móvil”, es decir, que ese era punto de reunión de donde salían y se reportaban las patrullas de soldados opresores hacia los Barrios San Judas, Villa Roma, Loma Linda, Torres Molina y otros vecindarios aledaños.

Los Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y Milicianos, unos 300 en total,  ya organizados con su Estado Mayor Conjunto del FSLN y sus siete Columnas, no podían, ni debían todavía  lanzarse al combate frontal contra los guardias por las órdenes que tenían del jefe del Estado Mayor Conjunto, Comandante Gabriel “Payo” Cardenal Caldera, quien al mismo tiempo coordinaba acciones militares y políticas con el Estado Mayor General del Frente Interno y también con el Estado Mayor Conjunto de Managua, cuyos miembros se instalaban y organizaban en esos momentos en el Barrio Paraisito, en el Reparto El Dorado, en el Barrio María Auxiliadora y en el Barrio Ducualí, Zona Oriental-norte capitalina.

Ese mismo día  cuatro de junio se conoció que la soldadesca de la EEBI también convirtió en cuartel y cárcel las aulas del Instituto Miguel de Cervantes Saavedra, ubicado en una manzana del costado Sur del Centro Comercial ZUMEN, en la entrada principal al Barrio San Judas.

Ambulancias de la muerte

Cuerpos descuartizados y quemados por guardias somocistas

Inclusive al ocurrir esto último en el Instituto Miguel de Cervantes Saavedra comenzó a circular la versión terrible y mortal de que este sitio y de la llamada Central de Policía (ubicada en las cercanías del Edificio Armando Guido, en el Barrio San Luis, Carretera Norte) empezaron a salir, o aunmentaron sus salidas, unos vehículos cerrados, de distintos colores, con una Cruz Roja en los costados y parte delantera, a los que Gabriel “Payo” Cardenal Caldera bautizó como las ambulancias de la muerte.

Y es que efectivamente después se comprobó, al menos en la Zona Occidental de Managua, que en estos vehículos los guardias y torturadores montaban a los ciudadanos capturados en diferentes partes de Managua, los torturaban dentro de estas “ambulancias de la muerte”, o los subían a estas camionetas mortales cuando ya los habían matado a balazos, puñaladas y golpes, y en estos mismos vehículos iban a tirar sus cadáveres a la “Cuesta del Plomo”, en las Lomas de San Judas, en la costa del Lago de Managua, frente al Teatro Rubén Darío, en los Lomos de El Crucero, en los llamados “Escombros de Managua”, etc.

Túneles de la muerte en Cerro Mokorón

También se conocía que centenares de jóvenes capturados, hombres y mujeres, habían sido llevados a túneles secretos  del Cerro Mokorón, ubicado en el lado Oeste de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), donde también asesinaron a centenares de ciudadanos capturados en la Capital. Uno de estos jóvenes capturados y metidos en los túneles de Mokorón fue Salvador “Chava” Pérez Alemán, quien después del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista fue coordinador de los Combatientes y Colaboradores Históricos en Managua.

Se conoció en esos días que a este sitio de Mokorón fue llevada la doctora Erlinda López Osorio, después de ser capturada en una de las “operaciones limpieza” en San Judas. El cadáver de la doctora López nunca apareció. La doctora Erlinda López Osorio curaba  en San Judas a los heridos, tanto a Combatientes Populares como civiles, que resultaban lesionados por los ataques a balazos y bombardeos aéreos de la Guardia Nacional somocista.

En ese mismo sitio del Cerro Mokorón, en 1968, se afirma que el Mayor GN asesino Óscar Morales Sotomayor  despedazó el cuerpo de David Tejada Peralta, y después hicieron circular la versión malvada de que el cadáver de Tejada Peralta había sido lanzado dentro del Cráter Santiago del Volcán Masaya.

De acuerdo con un relato escrito de Cristóbal “Gersán” Guevara Casaya, uno de los miembros del Estado Mayor Conjunto FSLN de la Zona Occidental de Managua, el tropel de guardias mencionados del día cuatro de junio, frente a la casa de la familia Toruño, atrapan a un jovencito moreno llamado Francisco Gómez Fonseca, a quien tumban a culatazos y balazos al suelo, y después le desbaratan el cráneo con una piedra.

Esto causó más indignación en la Zona Suroccidental de Managua, porque, inclusive, Anastasio Somoza Debayle y su Guardia Nacional de asesinos al mismo tiempo en las radioemisoras del Estado y en su Diario NOVEDADES acusaban a los sandinistas de “subversivos”, de “Sandino-comunistas-terroristas”, de “ladrones”, de “violadores”, de “provocadores de pánico” y de “poner en peligro la democracia nicaragüense”, y a la vez se ponían ellos, Somoza Debayle, sus guardias masacradores genocidas, sus asesinos y ladrones, como los mejores defensores de la “democracia” y de la “vida” y “seguridad” de los nicaragüenses.

Masacran y queman a Isidro Centeno

Casi al mismo tiempo, el cinco de junio en la tarde, ocurrió otro hecho espantoso, frente a los Billares Shanguelo”, en la entrada al Barrio o Asentamiento La Fuente (hoy se llama Ariel Darce Rivera), muy cerca de la calle que conduce hacia el Reparto Schick  Gutiérrez, entonces polvorienta.

Había miedo colectivo mezclado con arrechura, o cólera, también colectiva. Según las versiones que recogí esa misma tarde, una patrulla de guardias en un BECATS había capturado a un grupo de jóvenes, hombres y mujeres, cerca de la entonces Escuela Normal de formación de profesores.

Isidro Centeno estaba dentro de los Billares Shanguelo, jugando carambola, cuando se enteró de que los guardias somocistas habían hecho la redada. Se salió a la acera, donde ya había no menos de 100 personas observando. Cuando la patrulla de guardias iba pasando, preguntó por qué se llevaban prisioneros a los jóvenes y reclamó respeto para sus vidas.

Iracundos, furiosos, los guardias se bajaron de la patrulla, y se dirigieron violentos hacia donde estaba Centeno. Lo atacaron a patadas y culatazos violentísimos en su cabeza, en el rostro, en las espaldas, en el estómago. Reventado por golpes metálicos tan violentos, Centeno cayó sobre el suelo polvoso, manando abundante sangre.

Todavía no contentos del descargue de su furia mediante culatazos en el cuerpo de Centeno, esos mismos guardias lo ametrallaron en el suelo, y como para dejar muy sentado el terror mortal que andaban repartiendo en la calle, procedieron a hacer pedazos el cuerpo, le echaron gasolina encima y le prendieron fuego frente a una multitud de seres humanos que observaba estupefacta, llena de terror y furia al mismo tiempo, y sin poder hacer nada para impedir estos crímenes de lesa humanidad. Lo mismo hicieron un poco después con los cuerpos de varios jóvenes capturados por estas patrullas en el Reparto Schick Gutiérrez, entre otros, el de Domingo “Cirilo” Matus Méndez.

Esto encendía más los ánimos insurreccionales sandinistas

Se integra Estado Mayor Conjunto de Zona Noroccidental de Managua.

Al unísono, o paralelamente, se forma el Estado Mayor Conjunto del FSLN en el lado Noroccidental de Managua, específicamente de los Barrios Monseñor Lezcano, Acahualinca,  Loma Verde, Callejones del Barrio  Santa Ana, Colonia Morazán, Balcanes, Cuba (orilla costera del Lago Xolotlán), San Sebastián, Linda Vista y Las Brisas.

Según diferentes testimonios (no hay registros escritos), como ya dije antes, este Estado Mayor Conjunto lo integraron Silvio Porras García, Arnoldo “Viejo” Real Espinoza, Jorge “Roberto” Esquivel Acevedo, Jorge Corea Briones,  Alba Luz “Flor” Portocarrero Ramos,  Soraya Hassan Flores, Edwin y Roberto “Piojo”, “Chacho”  Sánchez Baltodano, Efraim “Challuya” Téllez, Pedro “Chaparro Henry” Meza y Alejandro “Marciano”” Díaz Meza; todos ellos coordinados con el Estado Mayor Conjunto, jefeado por Gabriel Cardenal Caldera, en San Judas, Loma Linda, Villa Roma y Torres Molina.

Parte de Estado Mayor Conjunto se ubicó de la Estatua Monseñor Lezcano tres cuadras al Oeste. De acuerdo con las versiones recogidas Combatientes Históricos, este Estado Mayor situado en esa dirección mencionada era mayoritariamente “Tercerista”, encabezado por Silvio Porras García, Jorge Esquivel Acevedo, Alba Luz Portocarrero Flores y Soraya Hasan Morales.

Arnoldo “Viejo” Real Espinoza se supone que era de la Tendencia Proletaria. Siempre estuvo pegado o junto a Silvio Porras García. Se me dijo  que era  notorio que no había unidad plena en este Estado Mayor, porque Roberto Sánchez Baltodano, Efraín “Challuya” Téllez, Pedro Meza y Alejandro Díaz Meza, de la Tendencia Guerra Popular Prolongada (GPP) no permanecían en el mismo  local en que estaba Silvio Porras. Ubicaron su centro de operaciones en otro sitio de la Zona Noroccidental de Managua.

Santiago “Muerto” Núñez Solís y Salvador Ramiro “Salvador” García Ramírez, quienes alternativamente fueron jefes de columnas y escuadras de Combatientes Populares, en esta Zona Noroccidental de Managua, aseguran que este Estado Mayor Conjunto organizó tres grandes columnas con un poco más de 150 Combatientes Populares, cuyo 80 por ciento no tenía armas de guerra.

La mayoría tenía en sus manos armas de cacería: escopetas, rifles, pistolas y revólveres, y desarmados. Muchos andaban machetes, cuchillos, bates, pedazos de metal, como tubos,  y bombas de contacto, a las cuales los guardias y sus esbirros ya les tenían mucho miedo.

Unos tres días antes de la Masacre de Batahola, este Estado Mayor Noroccidental del FSLN en Managua llegó a contar con casi 300 Combatientes Populares, quienes habían sido entrenados de forma acelerada por Jefes Guerrilleros en la costa del Lago Xolotlán o de Managua, en casas de seguridad de Monseñor Lezcano, en Acahualinca, en Los Balcanes y en los Callejones del Barrio Santa Ana.

Entre otros, esos Combatientes Populares, hombres y mujeres, eran: Salvador Ramiro “Salvador”  García Ramírez, Santiago Núñez Solís, Allan “Sherman” Álvarez, Antonio Maldonado Medina, Armando Ibarra González, Fanor Ibarra González (estos dos eran hermanos, integrantes del grupo musical Los Rambler y dueños del Cine León), Carlos Alberto Martínez Rayo, Carlos “Pequeño” Mendoza Montano, Carlos “Juan” Ortiz, Denis “Peludo” Argeñal, Eduardo “El Ñato” Argüello Bohórquez, Linda Graciela Barreto Orozco, Zulema Baltodano Marcenaros, Eduardo García, Edwin Gutiérrez, Edwin Sánchez Baltodano, Samuel  “Samuelillo” Barreto, Elías Alfredo Pérez, Eddy Meléndez Morales, Enrique y Marcos Gutiérrez Serrano, José Enrique Bermúdez, Ernesto Cedeño, Félix Estrada Sandoval, Francisco Hernández, Francisco  de León Gutiérrez Velásquez, Gerardo Marcos López, Gustavo González, Horacio José Lorío, Ignacio Varela, José Domingo Romero, José Ramón Rayo Suárez, José David Rocha, José Enrique Bermúdez, José Gonzalo Largaespada Martínez,  Jazmina Carballo Peña, José Peña Gutiérrez, Juan Rafael Bermúdez,  Róger Benito Martínez, Roberto Díaz Meza, Nelson Berríos Parra y Luis Felipe “Bomberito” Montano Blandón.

Montano Blandón era músico del grupo Los Rambler y bombero del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Managua. Fue el primero en ser capturado y brutalmente asesinado por guardias sanguinarios genocidas cuando el Estado Mayor Conjunto de la Zona Noroccidental buscaba desesperadamente comunicación con el Estado Mayor Conjunto de San Judas, con el fin de que estos últimos les abrieran un camino, un especie de túnel, para el Repliegue Táctico de Monseñor Lezcano a San Judas.

Organizados en columnas y escuadras, antes de comenzar en firme la Insurrección Popular Sandinista, estos Combatientes Populares ya tenían claro igualmente el papel de diversión, de ataques móviles, emboscadas, hostigamientos, persecución y aniquilamiento de esbirros, que jugarían mientras se instalaba firmemente la Insurrección en los Barrios Orientales y del Norte de Managua, debido a lo cual desde muy pronto se pusieron de acuerdo con las monjitas de Acahualinca, con algunas enfermeras y médicos amigos, para instalar dos hospitales clandestinos: uno en la Bodega de la Aceitera Corona y otro en el local que usaban, precisamente, las monjitas en Acahualinca. En otras casas de seguridad  se dispusieron acopios de comida, armas y municiones.

“Muerto” Núñez Solís y Salvador Ramiro “Salvador” García Ramírez resultaron heridos graves, jefeando combates cara a cara con la soldadesca criminal de la EBBI, horas antes de producirse la masacre de Batahola, ocurrida el 15 de junio al medio día.

Estos dos Combatientes Históricos, Núñez Solís y García Ramírez, heroicos, sobrevivientes de la masacre de Batahola, igualmente aseguran que ellos estaban listos antes del nueve de junio, pero que por órdenes del Estado Mayor Conjunto FSLN, coordinado por Gabriel Cardenal Caldera, quien a su vez recibía órdenes militares de los Estados Mayores del Frente Interno y de Managua, también permanecieron “embuzonados”, esperando la señal de ataque para lanzarse a las calles y contra la Tercera Sección de Policía, la cual estaba ubicada en Monseñor Lezcano, en la casa de una familia de guardias con rangos de oficiales, soldados y “orejas” de la Oficina de Seguridad, o policía política del somocismo genocida.

Los pobladores civiles, en cambio, no se aguantaron y salieron a las calles el ocho de junio, y comenzaron a edificar barricadas en todas las esquinas de Monseñor Lezcano, especialmente en las cercanías del Cine León; en Acahualinca, en el semáforo de Linda Vista, en las cercanías de la Refinería, frente a la Estatua de Monseñor Lezcano, en la esquina del Seminario, en el Cruce de La Ceibita, en el Puente León, en la esquina de la Iglesia de Santa Ana, por donde fue el Banco Popular, frente al Restaurante Los Tinajones y dentro de la Colonia Morazán.

Desde el cuatro de junio de 1979, recuerdan algunos Combatientes y Colaboradores Históricos de Monseñor Lezcano, la Guardia Nacional y especialmente la EEBBI, aunmentó su presencia militar con grandes cantidades de soldados y armas, incluyendo ametralladoras y lanzamorteros (bazukas), en la Carretera Sur (desde Montoya hasta el Siete Sur), en los muros del Cementerio Occidental, en la Tercera Sección de Policía, en la Refinería ESSO, en la Fábrica Gadala María, en los locales del Distrito Nacional (Alcaldía, en Acahualinca estaba su sede), en el Estadio Nacional, entonces llamado “Estadio General Somoza”;  en el llamado Departamento de Carreteras, en la Embajada Norteamericana (en la orilla de la Carretera Sur), en el Cerro Batahola (contiguo a la residencia del embajador yanqui), en el antiguo Instituto de la Vivienda, en ENACAL (contiguo a la Laguna de Asososca, única fuente de agua potable en esos momentos), dentro y fuera del Instituto o Escuela Nacional de Comercio (hoy Manuel Olivares, en Las Brisas), etc.

Cabe aquí explicar, nuevamente, que estos vecindarios Suroccidentales y Noroccidentales capitalinos estaban entonces, en junio de 1979, separados por grandes extensiones de predios vacíos y montosos. Vuelvo, recuerdo: no existían el Mercado Israel Lewites, Tierra Prometida, ni el Asentamiento Daniel Enrique Chavarría, ninguna de las dos Colonias Batahola, ni el Barrio Héroes y Mártires de Batahola, ni el Asentamiento Nora Astorga, ni el Asentamiento ubicado al Este de Batahola Norte, ni Villa Austria, es decir, todos estos vecindarios de hoy eran entonces tierras vacías y llenas de hierbas altas, o peladas. Sólo estaba  un “cuadro de béisbol” casi contiguo a la Embajada Norteamericana,  por el Sureste.

Esta condición determinó que estos vecindarios de Monseñor Lezcano, Acahualinca, Santa Ana, Linda Vista, Las Brisas, Loma Verde, Morazán, Balcanes, San Sebastián, etc., estuvieran separados por una distancia de casi dos kilómetros de la entrada Norte de San Judas, y del OPEN TRES (Ciudad Sandino) por casi siete kilómetros.

Este virtual aislamiento (por patios vacíos y presencia abundante de la guardia) fue determinante para que las comunicaciones entre los Combatientes Populares, Jefes Guerrilleros, Milicianos  y población civil involucrada, fueran prácticamente nulas, inclusive entre el Estado Mayor Conjunto FSLN, jefeado por Gabriel “Payo” Cardenal Caldera y el Estado Mayor Conjunto de este sector Noroccidental de Managua, el cual, para colmo, según Santiago Núñez Solís y Ramiro Salvador García Ramírez, no le fue designado un jefe o jefa.

Esta condición de aislamiento, quizás, fue determinante para que ocurriera la monstruosa Masacre de Batahola, ejecutada por la EEBI somocista genocida, jefeada por el “Chigüin” sanguinario Anastasio Somoza Portocarrero. Igual en el OPEN TRES (Ciudad Sandino), pues desde el cuatro de junio no lograron comunicarse con el Estado Mayor Conjunto en San Judas, ni con el Estado Mayor General del Frente Interno. No existían los teléfonos móviles de hoy.

Mientras tanto, las columnas y escuadras militares revolucionarias  móviles ya formadas en la Zona Oriental-norte de Managua, días antes del cinco de junio, entre otras las que coordinaban César “Moisés” Augusto Silva, Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz, José Ángel Benavidez y Gabriel “Payo” Cardenal Caldera, ya operaban, precisamente de forma móvil, para atacar mediante emboscadas a estas patrullas GN de asesinos en sitios como el Reparto Schick Gutiérrez, en la Pista Sabana Grande, dentro de las calles estrechas de las Colonias Américas Uno, Américas Tres, Américas Cuatro, Colonia Cinco de Diciembre, Colonia Primero de Mayo, en el Barrio Los Laureles Norte (Manuel Fernández Mora), en las Pistas que van de Portezuelo y “Dancing” (Carretera Norte) a la Pista Sabana Grande por el Sur;  en las Américas Dos (Villa José Benito Escobar Pérez), en la entrada a la ROCARGO (Km. 8, Carretera Norte), en el “Camino de Bolas” (de Plaza Julio Martínez hacia el Sur), emboscadas dentro del Reparto René Schick Gutiérrez, ataque con fuego balístico nutrido y bombas de contacto a la Sección de Policía (guardias) en la Colonia Centroamérica, ubicada en la orilla de la Carretera a Masaya, frente al llamado “Camino de Oriente”.

Columnas de Combatientes Populares atacan a guardias en el ZUMEN

El Estado Mayor Conjunto del FSLN de la Zona Suroccidental de Managua se reúne en la Colonia “Vista Hermosa” el nueve de junio muy de mañana y sus miembros deciden iniciar las acciones insurreccionales, ese mismo día 9,  con un ataque militar frontal al contingente de unos 300 guardias somocistas, instalados en los edificios frontales del Centro Cívico, especialmente los que ocupa hoy el Ministerio de Educación, frente al Centro Comercial ZUMEN, para comenzar a darle cumplimiento al Plan Militar Insurreccional.

En este momento, allí mismo en Vista Hermosa, el Estado Mayor Conjunto toma otras decisiones militares importantes: Queda como jefe Gabriel “Payo” Cardenal Caldera, las columnas de Combatientes Populares (unos 200) son jefeadas por miembros del Estado Mayor y Jefes Guerrilleros, los cuales eran aproximadamente unos 30 en total; se forman escuadras de Jefes Guerrilleros para protección del Estado Mayor Conjunto y para dirección política y militar en las columnas y escuadras de Combatientes Populares; las columnas al mismo tiempo se organizan en escuadras, a cada columna se le fija un sector de operaciones y combates contra la guardia, se establece, igual que en la Zona Oriental-norte (Zona Principal Insurreccional) de Managua, una escuadra móvil de alta capacidad combativa, movilidad y habilidades potentes para neutralizar enemigos como la “Óscar Pérez Casar”,  o la “Liebre” o la “Caza Perros”, con la finalidad de auxiliar con fuego balístico potente y especializado a las columnas y escuadras, y finalmente, el Estado Mayor fija su puesto de mando en la Escuela Cuba, en Loma Linda, con la decisión de que deba moverse rápido hacia cualquier otro punto, según necesidades militares.

También se organizan los Hospitales clandestinos, el acopio de comida, elaboración de la comida, atención a los heridos, obtención de medicinas y médicos, atención a la población civil lesionada por los tiros y bombas lanzados por los guardias, todo esto bajo la responsabilidad de los Comités de Defensa Civil, integrados por sandinistas y antisomocistas no sandinistas.

Era la ejecución del Plan de diversión militar para mientras se instalaba la Insurrección Sandinista en la Zona Oriental-norte de Managua, o Zona Principal.

En el Centro Cívico y en el Sur de la Colonia Independencia, los contingentes de guardias, eran casi todos de la EEBI, tenían desplegadas no menos de seis ametralladoras calibre 50 y 30, lanzamorteros o bazukas, centenares de fusiles automáticos, dos tanquetas,  centenares de granadas de fragmentación y patrullas móviles, en jeepones y camionetas, que ya andaban operando, con patrullas móviles,  dentro de estos vecindarios, lo repito: San Judas, Vista Hermosa, Villa Roma, Loma Linda,  San Patricio, Torres Molina y los caseríos de la Carretera Sur. También contaban con una “pala mecánica” del Distrito Nacional para desbaratar barricadas, especialmente después de lo ocurrido el cuatro de junio, cuando fue quemada la camioneta de Correos de Nicaragua.

Este centro comercial ZUMEN era entonces propiedad de dos coroneles de la Guardia Nacional, y también estaba custodiado por soldados de la GN. En el lado Oeste, frente al semáforo, había una gran “Z” dibujada en un rótulo metálico y de vidrios iluminados,  que indicaba el nombre de ZUMEN.

El ataque militar guerrillero se organizó en tres columnas. En total eran unos 120 Combatientes, entre ellos unos 15 Jefes Guerrilleros. Contaban quizás, recuerdan Carlos y Víctor Cienfuegos Aburto, con apenas  de 25 a 30 fusiles de guerra, automáticos, entre ellos varios Fal y Garand, más una ametralladora calibre 30, que era manejada por Víctor “Bayardo”, “Dientes de Lata” Romero Pérez, uno de los Jefes Guerrilleros y miembro del Estado Mayor Conjunto.

Una columna guerrillera se situó de frente, en el lado Norte del Centro Comercial ZUMEN, sólo separada por la Pista o “By Pass”. Una segunda columna llegó hasta la esquina Sureste, donde es hoy el otro semáforo, en la orilla del cauce; y la tercera columna se ubicó por el lado Este, donde ahora hay un restaurante. Allí no habían casas, sólo el cauce de por medio.

Eran más o menos las cuatro una de la tarde. Al parecer, los guardias no esperaban ser atacados tan pronto, especialmente después de la demostración terrorista (“operación limpieza”) que habían dado en las calles de San Judas el cuatro de junio recién pasado.

Por órdenes del Estado Mayor Conjunto, Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares organizados y entrenados, disparaban racionalmente, conforme necesidades militares. No se sabe si por miedo o pánico, los guardias en cambio disparaban una verdadera lluvia de balas, incluyendo de ametralladoras. “Era un diluvio de balazos, quizás millones de balas las que nos lanzaron en ese combate”, señala Víctor Cienfuegos Aburto.

El combate posicional, inicialmente, cara a cara, parapetados los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares en muros, aceras, cauces, en troncos de árboles y las edificaciones del ZUMEN, duró un poco más de dos horas. La sorpresa ya se había terminado.

Guardias “muerden anzuelo” y sufren muchas bajas

Ya para este tiempo, pasadas dos horas, la Guardia Nacional somocista genocida, recuerdan los Combatientes y Colaboradores Históricos de San Judas, movilizó hacia el Centro Cívico y “By Pass” una impresionante cantidad de tropas, que quizás sobrepasaban los 600 hombres, más varias ametralladoras, lanzamorteros, aunmentó el número de tanquetas…La balacera se hizo nutridísima.

La guardia ya tenía numerosas  bajas, entre muertos y heridos, por la efectividad de los disparos de los rebeldes sandinistas, pero la presión del fuego y cantidad extraordinaria de gendarmes somocistas genocidas, obligó a que los integrantes de las tres columnas guerrilleras comenzaran ordenadamente a replegarse hacia el Sur por la calle central de San Judas, en rumbo al Ceibo, y hacia el Este, por el “By Pass”, para el  lado de donde  funcionan actualmente los “Raspados Loli” y la Plaza Comercial Julio Martínez, en la entrada al “Camino de Bolas”.

Ya se estaba cumpliendo uno de los objetivos esenciales del Plan Militar Insurreccional de Managua, pues los mandos de la guardia somocista genocida “mordieron el anzuelo” e iba detrás de los Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros,  en territorio de San Judas, rumbo a los lomos de El Crucero, o Cordillera en arco en el Sur de Managua.

Un grupo de unos 60 Jefes Guerrilleros, Milicianos y Combatientes Populares, conocedores cuidadosos del terreno, doblaron hacia el Sur de los “Raspados Loli”, en un  callejón con tope, obligando a los guardias a trabar combate a corta distancia, de muro a muro, y entonces tenían gran efectividad las escopetas recortadas en manos de los Milicianos. Los guardias iban encima, pero a la vez iban cayendo uno tras otro, recuerda Cienfuegos Aburto. Los Combatientes y Jefes Guerrilleros, en cambio, se escabullían por los patios, por huecos abiertos en las casas, por encima de los techos, por caminitos estrechos y desconocidos para la soldadesca somocista genocida.

Los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares iban retrocediendo hacia la profundidad del Barrio San Judas, y a la vez causándoles numerosas bajas a los guardias, pues las escuadras móviles de los sandinistas les salían disparando por donde menos esperaban, al mismo tiempo que les lanzaban, de forma también nutrida, bombas de contacto.

La balacera era un verdadero infierno. Los Jefes Guerrilleros, Milicianos y Combatientes Populares, hombres y mujeres, casi todos jovencitos, ágiles y rápidos como las gacelas, retrocedían, se cruzaban de un muro a otro, se hacían invisibles, disparaban desde el ras del suelo, desde el techo o por encima de los muros, por huecos en las paredes, mientras los guardias eran casi todos visibles, fáciles blanco a corta distancia.

Los recuerdos de Combatientes y Colaboradores Históricos indican que el diluvio de balazos lanzados por la soldadesca somocista se oía como una descarga explosiva permanente de juegos pirotécnicos, y a la vez se sentían como un infierno los impactos de esas balas en los muros de las casitas de bloques y madera de la Calle Central de San Judas, la única pavimentada en ese momento.

Mientras tanto, los guardias que daban persecución a los jefes Guerrilleros y Combatientes Populares de los “Raspados Loli” hacia el Sur, se encontraron con que esos combatientes se les diluyeron, se les desaparecieron en el tope, “pues los muchachos se evadieron por dentro de las casas, porque estas ya tenían huecos para que ellos pasaran atravesando paredes, mientras si los guardias se metían por esos patios, allí quedarían fulminados por tiros a corta distancia.

De la Plaza Julio Martínez, hacia el “Camino de Bolas”, otros dos o tres centenares de guardias perseguían a balazos a otro grupo numeroso de combatientes, quienes finalmente hicieron una especie de “retén militar” y se parapetaron en los muros exteriores del Aserrío Santa Rita, propiedad de Heliodoro Flores.

Combate memorable en aserrío de Heliodoro Flores

Ya eran pasadas las siete de la tarde o de la noche. Aquí en este Aserrío de Heliodoro Flores se trabó uno de los combates militares más memorables de la lucha heroica, ejemplar y genial de los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares del Frente Sandinista de Liberación, pues unos  pocos hombres y mujeres mal armados, sin entrenamientos militares académicos, despreciados por la soldadesca de la dictadura somocista genocida, pero con una elevadísima moral combativa, combatientes voluntarios, patrióticos, los tenían ya locos furiosos, porque siendo ellos (los guardias) una enormidad en cantidad de soldados, en cantidad de fusiles, ametralladoras, lanzamorteros, tanquetas, con vehículos blindados de apoyo y hasta una pala mecánica detrás para apoyarlos; y siendo tan pocos los Combatientes Populares y mal armados, sin embargo no podían cazarlos según los planes de exterminio que tenían los mandos de la Guardia Nacional y del jefe de la tiranía, Anastasio Somoza Debayle.

Este Aserrío estaba situado unos 500 metros al Sur de la Plaza Julio Martínez, en la orilla del llamado “Camino de Bolas”, que en realidad es un cauce que atraviesa el Este de San Judas y baja desde los lomos de El Crucero, o montañas en arco de Managua.

El combate en el Aserrío, ya en las sombras de la noche, duró poco tiempo, pero fue mortal para los guardias somocistas genocidas. Los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares fueron certeros en sus disparos, causando numerosos muertos y heridos a este contingente de la Guardia Nacional, que furioso, iba en persecución de los rebeldes revolucionarios.

Los Jefes Guerrilleros, Milicianos y Combatientes Populares se parapetaban, se movían rápido, disparaban con certeza, y a la vez iban en retroceso virtualmente planificado, porque el objetivo esencial del ataque militar insurreccional a los guardias era de diversión, para empantanarlos, para que no fueran a mover más tropas hacia la Zona Oriental de Managua, donde en esos momentos estaba en pleno desarrollo organizativo el Plan Militar Insurreccional capitalino.

El repliegue escalonado sigue hacia el Sur, mientras los guardias van detrás, desesperados, y se traba otro combate de más de media hora en la Escuela de Sordomudos, ubicada al Sureste de San Judas, en la orilla del mismo “Camino de Bolas”, que lleva hacia los Lomos de El Crucero.

Mientras Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares van combatiendo frontalmente a los guardias y a la vez replegándose de manera escalonada hacia el Sur, los guardias EEBI logran instalar una ametralladora y un lanzamorteros en el Ceibo de San Judas, en la Calle principal, más una de las tanquetas, y con estos elementos de artillería pesada causan estragos en las viviendas y en los pobladores civiles, especialmente en niños y ancianos. Debido a esto, mueren varios niños y ancianos en esta calle esa noche nueve del 9  junio de 1979.

Pánico en los guardias, y abandonan la guarnición policial GN de San Judas

Repliegue Táctico hacia Comunidad Meneses

Sin embargo, era evidente que aquellos  casi 700 guardias iban lentos, llenos de miedo porque a pesar de su enorme superioridad en equipos militares y cantidades de hombres combatientes, ya estaban claros de que los Jefes Guerrilleros y los Combatientes Populares andaban una ametralladora calibre 30 y una gran cantidad de bombas de contacto, las que hacían estragos como si fueran  granadas de fragmentación, y que además, los jóvenes rebeldes lanzaban como si fueran bolas de béisbol. Por esto, los guardias procuraban ya no acercase mucho a los Jefes Guerrilleros y a los Combatientes Populares.

En medio de estos enfrentamientos militares revolucionarios contra la soldadesca somocista, se produce otro hecho, al mismo tiempo,  en que se ven involucrados más de un centenar de pobladores civiles y Combatientes Populares. Los integrantes de la guarnición que tenía la Guardia en San Judas, conocida como “la Sección de Policía”, es abandonada precipitadamente por los guardias, e inmediatamente centenares de pobladores de los alrededores intentan prenderle fuego, pero no lo consiguen  porque la soldadesca GN está todavía en los alrededores.

Esta Sección de Policía estaba en las cercanías del “Nancite”, donde había una cantina y prostíbulo, adonde llegaban muchos guardias.

Esa misma tarde y noche se producen otros dos combates entre la soldadesca criminal, ya acompañada por mercenarios salvadoreños, hondureños, argentinos, coreanos y hasta chinos, en las cercanías del Cine de San Judas, ubicado del Ceibo una cuadra al Este y media cuadra al Sur; y casi al mismo tiempo en la llamada  Tomatera, en el Barrio Loma Linda, hoy Sierra Maestra.

Uno de los combates más singulares de esa noche del nueve de junio se produjo en la llamada Laguna Negra, que en realidad era una piscina, que estuvo situada de donde es hoy el Complejo Comunitario Róger Deshón Argüello un poco al Sur.

Ese Complejo Comunitario Róger Deshón Argüello, donde hoy se ubican el Mercado, la Biblioteca Municipal, el Centro de Salud Edgard Lang Salmerón y tiendas comerciales; y allí también hubo combates o enfrentamiento militar con los guardias somocistas, pues como ya dije en ese lugar la EEBI o Guardia Nacional había instalado una especie de “puesto de mando” móvil con equipos militares pesados.

El Estado Mayor Conjunto, jefeado por Gabriel Cardenal Caldera, en medio del fragor de los combates mencionados, estaba consciente de que debían replegarse escalonadamente hacia el Sur, subiendo para el lado de los lomos de El Crucero, hasta a un lugar llamado “Los Meneses”, que en realidad es una comunidad o conjunto de casas de una misma familia, adonde llegaron replegados ya muy noche de ese nueve de junio.

Este fue el primer Repliegue Táctico, y a la vez estratégico por las características imprimidas a la lucha militar insurreccional en Managua. Allí en “Los Meneses”, en los Lomos del Crucero, se reunieron los mandos unificados de las tres tendencias del Frente Sandinista de Liberación, evaluaron lo que había ocurrido en estas confrontaciones militares con la soldadesca de la Guardia Nacional y EEBI, genocidas. Habían muerto muchos guardias, ¿cuántos?, no se pudo establecer, pero eran muchos, quizás más de 50, según los recuerdos de Combatientes y Colaboradores Históricos de San Judas.

Los caídos por parte de las fuerzas revolucionarias eran relativamente pocos, menos de diez, pero la población civil estaba sufriendo angustias profundas por el nivel de crueldad de los guardias en su “operación limpieza” que iba tras los replegados Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares en esta Zona, en las que estaban involucrados los vecindarios de San Judas, Vista Hermosa, Villa Roma, Loma Linda (Sierra Maestra) y Torres Molina (Camilo Ortega Saavedra), más la comunidad de “Los Meneses” y otras Comarcas ubicadas al pie de los  Lomos de El Crucero, entre otros: San Isidro y Jocote Dulce (Silvia Ferrufino).

Esta reunión mencionada duró desde la media noche hasta en la mañanita del diez de junio de 1979. El resto de Combatientes Populares y Milicianos cuidaban los alrededores  mientras los miembros del Estado Mayor Conjunto y demás jefes estaban reunidos en una casita rosada de la Comunidad de “Los Meneses”.

La evaluación militar insurreccional estableció que la cantidad de Combatientes Populares, más Milicianos voluntarios, había crecido a más del doble, es decir, a casi 400 hombres y mujeres dispuestos a tomar las armas en sus manos, para darle cumplimiento al Plan Militar Insurreccional Sandinista de derrocar definitivamente a la dictadura somocista genocida.

La evaluación determinó, también, que igualmente el nivel de involucramiento de la población civil era ya casi masivo, pero que no había armas de guerra y que las armas de cacería igualmente eran insuficientes. Convienen en la necesidad imperante de arrebatarles armas de guerra en combate a los enemigos y buscar más armas de cacería en los vecindarios mencionados.

Distribución de Frentes de Guerra revolucionaria

Acordaron retornar al Barrio San Judas, a Loma Linda, a Villa Roma, a Vista Hermosa y al Barrio Torres Molina, organizaron otra columna, la número ocho;  se estableció que cada una de las columnas, conducidas por un miembro del Estado Mayor Conjunto o un Jefe Guerrillero, se haría cargo de sectores geográficos ya bien definidos, por ejemplo la columna que iba para la zona del Kilómetro Ocho de la Carretera Sur (Reparto San Patricio, de burgueses), comandada por Cristóbal “Gersán” Guevara Casaya, la cual  allí libró dos combates frontales, terribles, con unos 300 guardias somocistas genocidas en diferentes fechas posteriores. Esta columna, la número ocho,  tenía como finalidad impedir el acceso de la Guardia Nacional genocida por esa vía hacia San Judas y Loma Linda, y por eso la orden de que la jefeara un miembro del Estado Mayor Conjunto, en este caso Cristóbal “Gersán” Guevara Casaya.

Los integrantes de una de las  columnas que se ubicaría en las alturas de Loma Linda y Torres Molina, se abrirían paso a tiro limpio también hacia la Lomas de San Judas, por el Oeste de San Judas; y la mayoría de las columnas de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares operarían móviles, para emboscar el patrullaje de los guardias somocistas, e irlos a combatir donde estaban acantonados, es decir, mantenerlos en movimiento, empantanados, para que no salgan de Managua, ni muevan más tropas hacia la Zona Oriental-norte, o Zona Principal Insurreccional capitalina. Uno de los objetivos esenciales era retornar al Barrio San Judas, y continuar hostigando, combatiendo y golpeando sin cuartel a los guardias somocistas genocidas, en el terreno que habían obtenido con su enorme poder de fuego.

El resto de columnas quedaron distribuidas de la siguiente manera: Una columna, al mando de Gabriel Cardenal Caldera, queda en el Colegio Cuba. Allí se ubican varios miembros del Estado Mayor, entre ellos, Genie “Tavariche” Soto Vásquez.

Esta columna era al mismo tiempo una especie de Puesto de Mando, ubicado en Loma Linda; una tercera columna se ubica en el camino viejo a la Comarca Pochocuape, en la Escuela Santa Fé, y tiene como finalidad impedir que los guardias somocistas genocidas se metan por allí y encierren al Estado Mayor Conjunto y al resto de Combatientes Populares. Quedó jefeada por Víctor “Bayardo”, “Dientes de Lata”  Romero Pérez; una cuarta se ubicaría en la calle principal, del Complejo Comunitario hacia el Norte, hacia el Ceibón, comandada por Miguel Navarrete, Mauricio del Carmen Kiel, Yuri Valle Olivares y Víctor Cienfuegos Aburto.

Una quinta columna en realidad es la mezcla de dos columnas pertenecientes al grupo de los Comando Sandinistas Cristianos y del llamado Antonio “Chele” Zepeda, acompañado de “Carlitin”, a quienes se les asigna la misión de operar de forma móvil entre el Aserrío Santa Rita, de Heliodo Flores, y la calle principal de San Judas, más en la Colonia Vista Hermosa y cercanías del Contry Club, que era prácticamente un acceso directo a la  Hacienda El Retiro, de Anastasio Somoza Debayle; una sexta columna se fija directamente para montar operativos militares antiguardias directamente en el Aserrío, en la orilla del “Camino de Bolas”, al que tanto le temían los guardias somocistas genocidas.

Esta última columna era jefeada por Mario Cienfuegos Aburto, Adrián Meza Soza y Medardo “Primo” Hurtado; una séptima columna, que en realidad son otras dos juntas, organizadas así por el Estado Mayor Conjunto, es una que operaría en las construcciones del Centro Comunitario, integrada por 25 cuadros políticos, propagandistas y militares, cuya finalidad esencial era hacer propaganda política revolucionaria armada entre los pobladores de estos vecindarios, sobre los avances de la lucha armada, y de cómo debían todos aportar cómo fuese para derrocar a la dictadura militar somocista genocida; y a la vez batirse a tiros con los guardias, si era necesario. Estas dos columnas quedaron comandadas por Mauricio Aguilar, por Aurora, por René Cisneros Vanegas y Eduardo Cuadra Ferrey.

Un dato impresionante es que este Estado Mayor Conjunto del FSLN en estos vecindarios mencionados del Suroeste de Managua, contaba con 55 casas de seguridad en toda la zona, es decir, que Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares tenían esta cantidad de locales o viviendas para esconderse, para embuzonar armas, bombas de contacto y municiones, más comida y medicinas.

En toda la jornada insurreccional, del cuatro al 16 de junio, hubo aproximadamente 40 muertos entre la población civil, Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares en esta Zona de San Judas, Vista Hermosa, Loma Linda,  Villa Roma y Torres Molina. Uno de esos caídos fue el Jefe Guerrillero proletario René Cisneros Vanegas, quien era miembro del Estado Mayor Conjunto.

OPEN TRES  insurreccionado

Un sector considerable de pobladores antisomocistas, que ya no soportan al régimen genocida, y los Combatientes Populares que ya poseen algún grado de entrenamiento militar, se adelantan, como hemos visto, a los planes militares del Estado Mayor General del Frente Interno y del Estado Mayor Conjunto de Managua.

Ya dije, por ejemplo, que en el OPEN TRES (Ciudad Sandino) la guardia se ha lanzado contra la población organizada y no organizada, pues el cuatro de junio los soldados tienen tomados los cerros, todas las entradas y salidas y  el interior del vecindario.

El Estado Mayor Conjunto del FSLN en el OPEN TRES (hoy Ciudad Sandino) estaba ya integrado por Adolfo Aguirre Estathadgen, Eva Adilia Solís, Víctor Mauricio Membreño Morales, José Alexander “Pepe Loco” Estrada Fonseca, Antonio “Julio” López, Marlene Álvarez, Gustavo “Loco” Cerna González, Nelson Romero Lanzas, Gonzalo Jarquín, Julio César Vílchez, Héctor Martínez Pacheco y Francisco Cedeño, según datos suministrados por la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos del FSLN y “Ciudad Sandino: 30 años cumplidos” de Pablo E. Barreto Pérez.

Los testimonios de José Alexander “Pepe” Estrada Fonseca y Carlos Jiménez Reyes (Combatiente Histórico) indican que además de organizar militarmente varias escuadras de combate, también en forma clandestina y acelerada trabajan en la organización de los Comités de Defensa Civil, entre cuyos miembros distribuyen responsabilidades de organizar buzones de armas, fabricación de bombas de contacto, de ubicar locales para Hospitales clandestinos, búsqueda de medicinas para curar heridos, agrupar médicos y enfermeras, acumular comida, prepararse para lanzarse a la calle para hacer barricadas y trincheras de combate.

El Estado Mayor Conjunto y los jefes de Escuadras Tácticas de Combate del OPEN III, más los dos Comandos Revolucionarios del Pueblo, se reúnen clandestinamente, de emergencia, y acuerdan que por las pocas armas y municiones que poseen, harán resistencia militar en movimientos, enfrentamientos rápidos y retiradas también rápidas, pues no tienen capacidad militar para enfrentar a casi 400 guardias superarmados.

El siete de junio empiezan a construirse barricadas y zanjas en la calle principal de entrada del OPEN TRES. Varias de las escuadras organizadas, ya mencionadas, dirigidas por el Estado Mayor Conjunto, deciden atacar simultáneamente, ese mismo día,  al comando GN que tienen los guardias por donde es hoy el Cuerpo de Bomberos y la Segunda Sección de Policía (“Sierra 2”), situada en la orilla de la Carretera, donde es hoy la Empresa de Trasmisión Eléctrica (ENATREL). Atacan y se retiran. Le causan bajas a los guardias en el comando GN por el Cuerpo de Bomberos, pero no saben de cuántos heridos y muertos han ocasionado.

En apoyo a estas acciones militares, centenares de pobladores del OPEN TRES salen de sus casas, actuando rápidamente hacen barricadas en las calles y al mismo tiempo hieren la tierra con barras, macanas y piochas, para hacer zanjas, todo lo cual se convierte en obstáculo para el paso de equipos militares de la Guardia Nacional.

Las Escuadras van en busca de los guardias, los atacan y se retiran una y otra vez, pues los Jefes Guerrilleros y los Combatientes Populares están claros, clarísimos, de que no podrán entablar combates sostenidos, porque sólo tienen dos fusiles automáticos con pocos tiros, más una cantidad escasa de armas de cacería.

La dictadura somocista y su Guardia Nacional de asesinos tiene ya tomados todos los cerros de los alrededores, todas las entradas al OPEN TRES, la entonces “Plaza de los Cabros”, la Estación del Cuerpo de Bomberos Voluntarios;  inclusive ha colocado retenes en esas entradas, en la entrada Sur de la Carretera al poblado y Balneario de Xiloá, en la entrada a la Carretera  hacia la Cuesta del Plomo (Cuesta de los Mártires), y en la propia Carretera Nueva a León, en la entrada de Satélite Asososca (Eduardo Contreras Escobar), frente al Parque Infantil “Las Piedrecitas” y el trecho de Carretera en que tiene ubicada la llamada “Segunda Estación de Policía” GN (“Sierra 2”), donde se ubica en esos momentos el contingente principal de soldados  y oficiales de la Guardia Nacional somocista genocida en este sector geográfico de Managua.

La soldadesca somocista sanguinaria lanza una arrolladora ofensiva el nueve de junio todo el día. Desbaratan barricadas, cierran zanjas, lanzan “al aire” y por entre las calles un diluvio de ráfagas  intimidatorias de ametralladoras y fusiles durante casi todo el día nueve, y al mismo tiempo, precisamente, las Escuadras de Combate del FSLN clandestino les salen por las “boca calles”, en las esquinas, por encima de las casas, y los atacan de forma relámpago, les tiran bombas de contacto, las cuales les causan destrozos en los equipos militares automáticos que andan los guardias,  y los Combatientes Populares  se baten en retirada.

A las cinco y media de la tarde, los guardias abandonan el interior del OPEN TRES, incluyendo los que antes estaban en el comando GN en la “Plaza de los Cabros”, por el Cuerpo de Bomberos, pues esta soldadesca y sus jefes ya le temen a las emboscadas y a las bombas de contacto, especialmente cuando se aproxima la noche.

Los Jefes Guerrilleros, Milicianos y Combatientes Populares, en cambio, siguen operando de noche, organizando a los pobladores, planificando lo que harán al siguiente día y al mismo tiempo recuperando armas y ajusticiando “orejas”, “soplones”, “jueces de mesta”, infiltrados, agentes de la Oficina de Seguridad y guardias somocistas genocidas.

El 10 de junio en la mañana,  la  Guardia lanza nuevamente  una ofensiva enorme, pareciera que lanzaron todos los comandos GN ubicados en la zona al mismo tiempo, y entran al interior del OPEN TRES con tanquetas, camiones blindados, jeepones con ametralladoras encima, la infantería con dos fusiles (uno en manos y el otro cruzado en las espaldas), registrando casa por casa, de las cuales sacaban a sus habitantes, los colocaban contra las paredes de sus viviendas y los amenazaban con matarlos “por ser colaboradores de los “sandino-comunistas-terroristas”.

Guardias imponen terror en todo el vecindario

Se produce Repliegue de más de dos mil hacia San Andrés de La Palanca

El registro incluye revisar si los machetes, cobas, barras, palas y piochas tienen lodo pegado o señales de haber sido usadas en la apertura de zanjas en las calles, o que alguno de los miembros de la familia tuviese lodo en la ropa.

Precisamente a una familia de la calle principal del OPEN TRES (Ciudad Sandino) le encontraron una coba y una pala llenas de lodo, y de inmediato lanzaron al jefe familiar contra una pared y lo mataron de varios balazos.

Este nuevo asesinato de la Guardia Nacional en el OPEN TRES provocó una especie de histeria colectiva, miedo colectivo, lo cual motivó a que de forma masiva, unas dos mil personas, buscaran el lado Oeste del vecindario, donde estaban replegados en ese momento los Jefes Guerrilleros, Milicianos y Combatientes Populares, y por esta propagación de terror se inició el también famoso Repliegue Táctico del OPEN TRES a los Lomos de El Crucero, a la altura de la Comarca de San Andrés de  La Palanca, un poco al Sur del casco urbano de Mateare.

El Estado Mayor Conjunto, de las tres Tendencias del FSLN en ese momento, encabezado por Adolfo Aguirre Estathadgen, Eva Adilia Solís y Víctor Mauricio Membreño Morales, queda sorprendido ante la avalancha de pobladores, ya implicados en la Insurrección, que buscan cómo salirse de sus casas “porque la guardia viene matando gente”.

Al Estado Mayor Conjunto no le queda más remedio que organizar el  Repliegue Táctico del OPEN TRES a la Comarca San Andrés de la Palanca y Filos de Cuajachillo, ubicados ambos a nueve kilómetros al Oeste en las faldas o Lomos de la Cordillera Montañosa de Managua, que precisamente termina en la orilla del Lago de Managua, o Xolotlán, y en la orilla Oeste del casco urbano del Municipio de Mateare.

Los vecinos del OPEN TRES y de la entonces Comarca Bella Cruz comenzaron a abandonar sus viviendas un poco después de las diez de la mañana. Cuando eran las doce del medio día, la romería humana iba caminando por caminos y potreros paralelos al camino carretero que conduce a la Comarca de San Andrés de la Palanca. Dichosamente no fueron perseguidos por la soldadesca somocista sanguinaria, porque los guardias les temían a las emboscadas en caminos como éste de San Andrés de la  Palanca.

En el Repliegue se fueron mujeres de distintas edades, hombres, ancianos, niños, y prácticamente todos pedían armas de guerra para enfrentarse a los guardias, pero ya dije no habían armas, y las armas de cacería eran también muy pocas.

Los guardias, mientras el Repliegue Táctico caminaba bajo Sol muy caliente, se dedicaron a invadir y registrar casas, donde iban robando todo lo que podían llevarse.

Campamento del Repliegue y ejecuciones de “orejas” y guardias en las noches

Puestos en San Andrés de la Palanca, el Estado Mayor Conjunto decidió organizar la instalación de un campamento gigante para todos los replegados del OPEN TRES, y al mismo tiempo los organizó en una especie de Asociación de Trabajadores del Campo, en varios Comités de Defensa Civil, y los más aptos para combates, pasaron a entrenarse en tácticas de combate, en arme y desarme de las armas de cacería, “porque no vamos a  quedarnos de brazos cruzados aquí.  Tenemos que luchar contra los guardias, como sea, con lo que sea, porque el objetivo esencial de esta lucha insurreccional es derrocar al régimen de asesinos que nos oprime desde hace 45  años”, les dijo Adolfo Aguirre Stathadgen cuando estaban reunidos en una especie de asamblea en el camino vecinal de San Andrés de la Palanca.

Se ampliaron las Escuadras de Combatientes Populares. El Estado Mayor Conjunto dispuso que esas escuadras ampliadas cuidarían el campamento de replegados por los cuatro costados, custodiarían a los grupos que anduvieran buscando y cocinando la comida; se organizó un grupo disciplinario, un Comité de Primeros Auxilios, un Hospital, un Comedor para todo mundo, controlado para racionar la comida, dando prioridad a niños, niñas, ancianos y mujeres embarazadas; fueron seleccionados los Combatientes Populares mejor entrenados y más hábiles en el manejo de armas de cacería para salir todas las noches hacia el casco urbano del OPEN TRES, con el fin de cazar o capturar “orejas”, soplones”, “jueces de mes”, miembros de los “escuadrones de la muerte”, agentes de la Oficina de Seguridad y guardias, para enjuiciarlos y fusilarlos por ser autores de crímenes horrendos en esta Zona Oeste de Managua.

Además, durante las noches siguientes, hasta el 19 de julio de 1979, estas escuadras se dedicaron a recuperar armas de cacería en empresas y casas particulares, una de las cuales fue la casona del esbirro general Fermín Meneses Cantarero, quien era el jefe del Comando GN derrotado por la Insurrección Sandinista en la Ciudad de Masaya.

Los contingentes de la Guardia Nacional y de la EEBI de asesinos entraban a operar de día dentro del OPEN TRES con su enorme aparato militar, virtualmente sólo en venganza por el ajusticiamiento de sus “angelitos” “orejas” y “soplones”.

Pocos días después de ocurrido el Repliegue Táctico del OPEN TRES a San Andrés de la Palanca, el Estado Mayor Conjunto toma la decisión de que su Jefe o coordinador, Adolfo Aguirre Stathadgen, vaya en busca del Comandante Carlos Núñez Téllez, en la Zona Oriental de Managua; o de Gabriel Cardenal Caldera, en San Judas, con el fin de pedirles apoyo militar, armas de guerra y municiones, para poder combatir contra la enorme cantidad de gendarmes GN sanguinarios ubicados en este lado Oeste de Managua.

Aguirre Stathadgen, muy joven, de la Tendencia Proletaria, de extracción burguesa, identificado plenamente con la clase de obreros y campesinos, toma la decisión de cumplir esa orden militar en pleno día. Empaqueta una pistola 45 entre su cuerpo y la ropa que lleva puesta. Lleva otros tres magazines con tiros, guardados en las bolsas del pantalón.

Matan a Adolfo Aguirre Estathagen, jefe del Estado Mayor del OPEN TRES

A sus compañeros y compañeras les ha dicho una y otra vez que no se dejen capturar vivos, que mueran en combate contra la guardia somocista sanguinaria genocida, “porque de todas maneras te van a matar”.

Baja de los “Filones de  Cuajachillo” y de San Andrés de la Palanca. Se interna en el camino polvoso, zanjonoso y sombroso de San Andrés de la Palanca hacia el OPEN TRES. Va caminando solo, ya dentro del OPEN TRES. Cuando sale por cada esquina de calles, se detiene a observar si hay o no hay guardias u “orejas” que lo persigan. Va caminando de la Iglesia de la Cruz Grande una cuadra al Norte y una cuadra al Oeste, cuando repentinamente desemboca por allí un contingente de guardias circulando en tres camiones llenos de sicarios del somocismo.

Le dan al “¡Alto¡ ¡Párese ahí¡” a Aguirre Stathadgen. No se corre, no huye. Desde hace mucho tiempo está claro de lo que debe hacer cuando llegara este momento crucial y mortal. Se parapeta en un murito, desenfunda su pistola y deja que los guardias se le acerquen para tenerlos a tiro efectivo de los disparos de su pistola. Como lo ven parapetado, los guardias se acercan y abren fuego balístico. Adolfo dispara calmadamente,  apuntando  cuidadosamente aún en esa situación de muerte, mata a dos guardias y hiere a varios. Entonces, rabiosos los gendarmes sanguinarios porque aquel joven rebelde, solitario en ese momento, les había disparado certeramente, desatan una balacera nutrida hasta dejarlo muerto,  en ese lugar.

Por tanto, no hubo forma, no fue posible la comunicación militar insurreccional entre el Estado Mayor Conjunto del OPEN TRES con el Estado Mayor General del Frente Interno,  y tampoco con Gabriel “Payo” Cardenal Caldera, en San Judas, quedando los replegados del OPEN TRES aislados en San Andrés de la Palanca hasta que se produjo el Triunfo de la Revolución Popular Sandinista el 19 de julio de 1979.

Se mantuvieron operando de noche, hostigando a los guardias en sus comandos, en rastreo de “orejas”, “soplones”, miembros de “escuadrones de la muerte”, todos los cuales, al ser capturados, eran sometidos a juicio popular público por sus crímenes, y fusilados también en público.

Fue necesario mantener vivo y en movimiento el campamento militar insurreccional de los replegados en San Andrés de la Palanca. Unos grupos buscaban comida y medicinas, otros iban en busca de leña para cocinar, las escuadras de combate se turnaban en el cuido del Campamento Revolucionario Sandinista, las mismas escuadras exploraban constantemente en los alrededores y hacían labor de inteligencia militar por si los enemigos intentaban infiltrárseles, y grupos de mujeres se encargaban de cuidar y controlar a los niños; se formó una unidad de salud con médicos y enfermeras a la cabeza; y una escuadra especializada en recuperar armas de cacería, municiones y reparaciones de las mismas armas.

Además, la moral combativa se mantuvo viva porque se anunció que pronto llegaría la “Columna Pedro Altamirano” con refuerzos en hombres, armas de guerra y municiones desde el lado de León, lo cual, por supuesto, nunca ocurrió, pero que mantuvo esperanzados a estos 2,000 replegados hasta que se dio el Triunfo de la Revolución Popular Sandinista, el 19 de julio de 1979.

En el mismo día 9 de junio de 1979:

Destrucción de Sección de Policía en Reparto Schick Gutiérrez

Caen El Palestino y Adolfo Reyes

Antes de que entraran a funcionar plenamente los Frentes de Guerra, o de Combates, bien definidos en la Insurrección Sandinista en los Barrios Orientales y del Norte de Managua, el nueve de junio, a las cuatro de la mañana,  salen en formación militar los doce miembros de la Columna Guerrillera “Juan de Dios Muñoz”, de la Escuela “La Salle” (Barrio La Fuente, hoy Ariel Darce Rivera) encabezados por el Jefe Guerrillero Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz (GPP), rumbo a tomarse la calle de entrada principal al Barrio La Fuente y a operar contra los guardias en todo el Reparto Schick Gutiérrez.

Cabrales Aráuz ya tenía entrenados y organizados en escuadras de combate a numerosos jóvenes del Reparto Schick Gutiérrez y del Asentamiento La Fuente, entre otros: “Palestino” Castillo, Francisco Talavera Alaníz, Adolfo Reyes, Francisco René Polanco Chamagua, Juan Carlos Soza Aragón, Joaquín Valle Corea, José Santos Mayorga Alemán, Ariel Darce Rivera, Domingo Matus Méndez, Miguel Ángel y Marcos Antonio Tapia Gutiérrez, entre otros.

38 años después, Juan Carlos Soza Aragón recuerda que “Nacho” Cabrales Aráuz ordenó que la pequeña tropa de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares se tendiera de la esquina de los actuales semáforos de entrada al Hospital del Niño hacia la entrada de La Fuente, donde todavía no había semáforo. De la entrada del Hospital del  Niño hacia el Norte ya estaba tendida la tropa revolucionaria sandinista jefeada por Sergio “Marcio 13” Gómez Vargas.

Esa mañana del nueve de junio, con el accionar operacional de esta Columna “Juan de Dios Muñoz”, en realidad se estaban iniciando los combates insurreccionales en contra de la dictadura somocista en la Zona Oriental de Managua, o Zona Principal de la Insurrección Popular Sandinista.

“Palestino” Castillo, conforme  plan militar, se dispuso a colocar una mina de explosivos en el Puente de cruce, en la Pista,  en la entrada al entonces Hospital Oriental, hoy Manolo Morales Peralta.

La Guardia Nacional genocida tenía un comando o contingente de gendarmes dentro del Centro Comercial Managua, de donde salieron un poco después de las nueve y media de la mañana, de cruzada por los predios montosos del hoy Barrio Grenada, rumbo al Hospital Oriental, cuyas edificaciones no se habían terminado de construir.

El contingente de gendarmes, quizás de unos 60 guardias, con camiones blindados y fusilería, salieron a la Pista por la orilla del “Supermercado Más X Menos”, el cual funcionaba del Hospital Oriental 200 metros al Oeste, donde al menos un centenar de ciudadanos sacaban comida, mientras Francisco Talavera Alaníz les daba protección militar.

Un grupo de guardias abre fuego balístico contra Talavera Alaniz, quien resiste varios minutos parapetado dentro de la bodega del “Supermercado X por Menos”, y finalmente lo matan. Otro grupo de gendarmes se dirige al Puente y le disparan al “Palestino” Castillo, quien ya empezaba a colocar los detonantes de la mina, cuando lo “pegan” en un costado y muere allí debajo del puente. “Palestino” era un jovencito que se había entrenado en Palestina en fabricación y colocación de explosivos. Talavera Alaniz y “Palestino”  fueron de los primeros caídos en la Insurrección de los Barrios Orientales y del Norte de Managua.

Reforzados por Combatientes Populares de la Colonia Nicarao, jefeados por Sergio “Marcio 13” Gómez Vargas, los integrantes de la Columna “Juan de Dios Muñoz” retroceden combatiendo un poco al Este de la entrada del Barrio La Fuente, donde también cae el “Chiri”, quien disparaba con una escopeta de mazorca o semiautomática.

La escopeta del “Chiri” es tomada por Juan Carlos Soza Aragón. Ya en este momento del inicio de la Insurrección se está poniendo en práctica el combate de resistencia móvil, de hostigamientos, emboscadas y retrocesos, para mantener ocupados y confundidos a los guardias sanguinarios.

Llegan más del doble de refuerzos a los guardias, incluyendo una tanqueta, dos ametralladoras montadas en jeepones, y los miembros de la Columna “Juan de Dios Muñoz” se ven obligados a ir retrocediendo en combates sostenidos, en movimientos rápidos, haciendo emboscadas, hacia el Este del Reparto Schick Gutiérrez, cuya parte final está a más de cuatro kilómetros al Este de la entrada del Barrio La Fuente (hoy Ariel Darce).

Destruyen Sección de Policía GN

Guardias rodean Reparto Schick en busca de guerrilleros

Cuando ya son casi las cuatro de la tarde de ese nueve de junio de 1979, la Columna “Juan de Dios Muñoz” tiene  más refuerzos o auxilio de otros Combatientes Populares de la Colonia Nicarao y de la Colonia Américas Uno, pero siguen retrocediendo, y llegan hasta donde está la “Quinceava Sección de Policía GN” (“Sierra 15”), la cual se ubicaba en la orilla del Cauce situado de donde fue el Tanque Rojo dos cuadras al Oeste.

Con apoyo de pobladores atacan a balazos a los guardias de “Sierra 15” y le prenden fuego a la Sección policial GN. Allí mueren cuatro guardias.  El resto, unos 15,  huyen despavoridos. El combate en movimiento sigue sin parar.

Al mismo tiempo otros cuatro contingentes de guardias, sin conocerse qué cantidades, están entrando al fondo del Reparto Schick Gutiérrez desde el “Cebollal” (predio baldío, lleno de cebollas por el lado Norte del Reparto lujoso Las Colinas), por el lado de la Terminal de Autobuses EMITESA y del Colegio de las Monjas, y desde el lado de Baterías Hasbani (lado Noroeste del Reparto Schick Gutiérrez), donde había un contingente de guardias en forma permanente; y un cuarto grupo de gendarmes entra por los predios del Barrio Isabel Urbina (hoy Adolfo Reyes), y ubican tropas donde está el Monumento a René Schick Gutiérrez.

Desde todas estas direcciones, por los cuatro puntos cardinales, en cantidades incontables en esos momentos, los guardias somocistas genocidas inician lo que llamaban ellos “operación limpieza” (“tierra arrasada”, decía el esbirro coronel Nicolás Valle Salinas), para desbaratar todas las barricadas y zanjas que habían hecho los pobladores insurrectos en las calles de este populoso vecindario del Oriente de Managua.

Guiados por Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz, los Combatientes Populares habían determinado combatir casa por casa, para darle la batalla militar revolucionaria a la gendarmería sanguinaria durante toda la noche de ese nueve de junio, si era posible. Se apostaron en muros con huecos hacia las calles, sobre techos y escondidos en árboles dentro de los patios de las casas, tal como habían realizado emboscadas contra los guardias en días anteriores.

Serían ya las cinco y media de la tarde. Dentro del Reparto Schick Gutiérrez los guardias andaban dos tanquetas, no menos de diez camiones blindados, centenares, o tal vez más de 500 soldados, varias ametralladoras montadas en jeepones, y para asegurarse de que las Columnas Guerrilleras no fueran a atacarlos a balazos, convirtieron en rehenes a centenares de mujeres, hombres, ancianos y niños, a los cuales colocaron delante de los contingentes, subidos en las tanquetas, camiones y jeepones, mientras con dos palas mecánicas iban desbaratando barricadas y rellenando zanjas.

Los Combatientes Populares se vieron obligados a retirarse por donde es hoy el Colegio Carlos Rugama, entonces llamado “Hope de Somoza No. 1”. Completan el Repliegue Táctico interno, dentro del Reparto Schick Gutiérrez, ubicándose en los cauces de la orilla del Tanque Rojo y por donde estuvo la “Sierra 15”, en espera de que la soldadesca sanguinaria los buscara allí, para  emboscarlos, pero no se atrevieron a meterse.

Llega de refuerzo la Columna de “Bertilda, “la 121”, cuyos miembros, entre otros: “Bertilda”, “Bigote”, “Negro Ebi”, “Negro Tom”, “Marvin Cucaracha”, “Venancia” o Isabel Castillo, todos con fusiles Fal, también  se tienden dentro de los cauces esa noche del nueve de junio. Los guardias se retiran de noche a sus cuarteles, pues les tenían miedo profundo a los ataques nocturnos con bombas de contacto.

El diez de junio temprano, estos grupos guerrilleros insurreccionales se vuelven a tomar las calles del Reparto Schick Gutiérrez, especialmente por los lados Este y Sur. Construyen de nuevo barricadas, zanjas, refugios antiaéreos, y se disponen a continuar los combates de forma móvil.

Al mismo tiempo, Ramón Cabrales Aráuz orienta la puesta en funcionamiento de una Escuela de Entrenamiento Militar rápido, para Combatientes Populares y Milicianos, en una casa conseguida por Francisco René “Sastrecillo” Polanco Chamagua. Santos Sobalbarro Blandón y Juan Carlos Soza Aragón se hacen cargo de los entrenamientos durante dos días. En esta Escuela, orientada también por María Linette “Rita” Martínez y María de los Ángeles “Yahoska” Cajina Rojas, se entrenaron, entre otros: Joaquín Valle Corea, Juvenal Palacios Morales, Mario Antonio Macías Paredes y Osbaldo Antonio Largaespada Lagos, caídos en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya (27, 28 y 29 de junio de 1979).

La resistencia insurreccional activa, móvil, de hostigamientos y emboscadas se pudo mantener hasta el 12 de junio, cuando la Guardia Nacional sanguinaria lanza nuevamente una ofensiva gigantesca por los lados del Cebollal, por la entrada principal (Monumento a René Schick Gutiérrez), por el Norte (desde Baterías Hasbani) y desde el lado de Villa Libertad, obligando a Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares a replegarse hacia rumbos de las Colonias Américas Uno, Américas Cuatro, Colonia Primero de Mayo, Reparto Rubenia, Colonia Catorce de Septiembre y Colonia Nicarao.

En uno de estos combates cae Adolfo Reyes, miembro de una familia humilde del entonces Asentamiento llamado “Isabel Urbina”, lotificadora, quien era precisamente una de las colaboradoras más activas del sargento GN sanguinario Alberto “Macho Negro” Gutiérrez.

En uno de estos combates, Adolfo Reyes corre para esquivar una ráfaga de metralla en su contra, tropieza accidentalmente y cae sobre el costal de bombas de contacto que portaba para lanzarlas contra los guardias somocistas sanguinarios genocidas. La explosión de la bomba le destroza el costado izquierdo y un  guardia llega a rematarlo.

Ataque a Tercera Sección de Policía GN en Monseñor Lezcano

Como queda relatado, en Monseñor Lezcano, en Acahualinca, Barrio Cuba, Balcanes, Lomas de Guadalupe, Linda Vista, Las Brisas, Callejones de Santa Ana y Barrio San Sebastián, pobladores civiles y Combatientes Populares, acompañados por apenas unos 15 Jefes Guerrilleros, también se están moviendo en columnas armadas móviles emboscando a los guardias, levantando barricadas en casi todas las esquinas, con adoquines, vehículos viejos, piedras canteras, árboles cortados para tal propósito.

El nueve de junio todavía habían comunicaciones, mediante correos clandestinos,  entre los Jefes del Estado Mayor Conjunto, coordinado por Gabriel Cardenal Caldera y el Estado Mayor de la Zona Noroccidental de Managua: Monseñor Lezcano, Acahualinca, Loma Verde, Colonia Morazán, Barrio Los Balcanes, Linda Vista, Reparto Las Brisas, etc. En cuanto a actividad insurreccional abierta, pública, están a la cabeza Acahualinca, Colonia Morazán, Los Balcanes (en la orilla Sur del Lago de Managua) y Monseñor Lezcano.

El Estado Mayor Conjunto de esta Zona Noroccidental, encabezado por Silvio “Israel” Porras García y Arnoldo “Viejo” Real Espinoza, decide atacar y destruir la Tercera Sección de Policía el 10 de junio en la mañana. Cuentan con varios fusiles automáticos y un RPG-2, o lanzamorteros, el cual estaba en poder del grupo de los terceristas.

El combate dura menos de dos horas. A la casa en que se alojaba la Tercera Sección de Policía, propiedad de una familia de oficiales, soldados y “orejas” o soplones de la Guardia nacional, le es lanzado un mortero, el cual entra derecho hasta el interior de la vivienda, y se produce una poderosa explosión que deja la casa en escombros. Parte de los guardias son capturados y fusilados posteriormente, mientras otros huyen por medio de un subterráneo que ya tenían  preparado para el escape.

10 de junio: fuerzas tensadas al máximo

Versión del Comandante Núñez  sobre levantamientos armados en Managua

“Los levantamientos en Managua se inician a partir del nueve de junio en barrios como la Nicarao, la Centroamérica, Acahualinca, hasta ir culminando el levantamiento generalizado de la población, mediante las tomas y  levantamientos de barricadas. Para el 10 de junio las fuerzas sandinistas se encontraban tensadas al máximo, los combates militares se generalizan prácticamente en los barrios y la Capital se levanta en pie de lucha”, dice el Comandante Carlos Núñez Téllez, jefe del Estado Mayor General del Frente Interno, en su libro “Un Pueblo en Armas”, en la página 85, de la segunda edición, el cual en realidad fue un informe, escrito por él, del Frente Interno  a la Dirección Nacional Conjunta, en 1979, después del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista.

“Las zonas oriental y occidental –continúa el Comandante Núñez Téllez—son tomadas por la población, se levantan barricadas, se arman trincheras, se crean las redes de abastecimiento, surgen las tropas y las unidades milicianas a combatir al enemigo”.

El Comandante Núñez Téllez indica en su libro “Un Pueblo en Armas” que en estos momentos insurreccionales en el Estado Mayor General del Frente Interno del FSLN se cuenta con 125 armas de guerra, más numerosas ametralladoras livianas para “instalar nidos de ametralladoras” en sitios estratégicos, especialmente por donde están ya levantadas las barricadas más grandes de la Zona Oriental de Managua, incluyendo unos pocos lanzamorteros, conocidos como RPG-2 o bazukas.

El mismo Comandante Núñez asegura sobre el inicio de la Insurrección en Managua: “El Frente Interno decide lanzarse a la lucha en Managua. La lucha en Managua, a diferencia de otros departamentos o de algunos Frentes de Guerra del FSLN, va dirigida a entorpecer sus fuentes de abastecimientos (a la guardia) hacia otros departamentos y a la vez, mantener la resistencia armada a la espera de que las fuerzas de los diferentes Frentes de Guerra avanzaran hacia la Capital, para tomarla”. 

“El Plan Militar de Managua perseguía en lo fundamental estos objetivos, pretendiendo hacerse fuertes sobre determinadas posiciones, y no tenía, digamos, su táctica, un espíritu ofensivo, sino más bien de obstaculizar al enemigo, dispersarlo en toda la Ciudad y desde allí batirlo con golpes militares  audaces y efectivos”, analiza el Comandante Núñez Téllez.

“La Capital –expresa el Comandante Núñez Téllez—sería un tremendo laboratorio y una tremenda escuela para poder enfrentar la lucha, haciendo uso de todos los medios y de todas las fuerzas. Sobre tres consideraciones importantísimas se basó la Dirección Nacional al del Frente Interno para poder utilizar al máximo sus fuerzas contra el enemigo y para golpearlo lo más contundentemente posible.

“En primer lugar, se expresó en la integración de un solo mando político-militar, que se sintetizaba en la autoridad que ejercían los tres compañeros que formábamos la Dirección del Frente Interno; en esta dirección se sintetizaba la conducta general de todas y cada una de las fuerzas, desde los cuadros hasta los militantes, desde los jefes hasta los combatientes, porque habíamos señalado y hasta habíamos desarrollado el principio de que para mantenerse en la zona de combate señalada por el Frente Interno era necesario lograr máximo de unidad de esfuerzos para afrontar una responsabilidad de la magnitud que tenía Managua.

“En este sentido, desde los primeros momentos se dio toda una política de difusión, toda una serie de pasos con el fin de lograr que los distintos combatientes, los distintos jefes se percataran de esta indispensable labor, de esta indispensable necesidad.

“En segundo lugar, se expresa en la articulación de un solo mando militar práctico, integrado por los compañeros Raúl Venerio, Mónica Baltodano y Osbaldo Lacayo, quienes tenían a su cargo la responsabilidad de conducir todas las operaciones militares que fueran necesarias, y en tercer lugar, se integró una Comisión Política formada por Julio López, Marcos Valle Martínez, Moisés Hassan Morales, Glenda Monterrey Vásquez y Lea Guido López, encargada de lanzar todas las orientaciones en torno al trabajo político-organizativo en la población.

“Esta última estructura tenía bajo su dirección a la Comisión de Propaganda, los equipos de agitadores, los equipos de organizaciones de masas y tenían como orientación la de trasmitir las orientaciones políticas del Estado Mayor General del Frente Interno (Núñez Téllez,  Ramírez Solórzano y Cuadra Lacayo) a todos los militantes FSLN bajo su dirección.

“Estos equipos cumplirían la importante labor de mantener muy en alto la moral combativa de todas las fuerzas, la de preparar el material propagandístico que les permitiera a todos los organismos estar informados de la marcha de la lucha insurreccional en todo el país, los movimientos que se realizaban a nivel internacional para atraer la solidaridad de todas las organizaciones hermanas y países democráticos, la orientación a la población en cuanto a las distintas formas de defensa de los bombardeos de la aviación, de los blindados y de los morteristas; en fin, andar de trinchera en trinchera llevando el mensaje y la orientación revolucionaria.

“Finalmente se cristaliza en la formación de unidades militares independientes de la tendencia a la que pertenecía. Se contemplaba más su calidad, su capacidad, su experiencia, su ímpetu combativo. Pudimos formar así unidades militares con un solo mando, cuyos jefes eran los mejores compañeros”, argumentaba el Comandante Núñez Téllez sobre cómo se organizaban los mandos superiores y combatientes al momento de producirse el levantamiento insurreccional en Managua y todo el país.

Plan Militar de Managua, de sólo tres días

Nidos de ametralladoras para repeler avance de guardias

Indica el Comandante Núñez Téllez que “el Frente Interno pasa al combate teniendo como orden general (de la Dirección Nacional Conjunta) la de sostenerse en Managua, cueste lo que cueste, durante tres días”. Ese era el Plan Militar inicial. Sin embargo, la resistencia y ofensiva al mismo tiempo duró 18 días en Managua.

Para comprender cuáles fueron las características militares esenciales de la Insurrección en Managua, es absolutamente valedero, antes de continuar relatando sobre el desarrollo de la Insurrección en la Zona Principal y la Zona Secundaria, leer lo que escribió el Comandante Núñez en “Un Pueblo en Armas” sobre estos momentos cruciales de la lucha con las armas en las manos contra la dictadura militar somocista en la Capital.

“¿Cuál era el plan defensivo de Managua”?, se pregunta el Comandante Núñez Téllez en la página 77 de la segunda edición de “Un Pueblo en Armas”, y continúa: “El Estado Mayor General del Frente Interno en su primer momento consideró todas las posibilidades en Managua. Sostenía en ese momento que de ninguna manera la lucha debía tener las características insurreccionales propias de un constante movimiento ofensivo con miras a tomarse por asalto al Capital.

“Estaba totalmente claro de que la Ciudad de Managua no podía ser tomada con las fuerzas (revolucionarias sandinistas y de pobladores armados) que en ese momento manteníamos y por consiguiente sería un error gravísimo pretender derrumbar las fuerzas del enemigo, que estaban concentradas en la Capital.

“Contempló dentro de sus fuerzas las distintas modalidades de lucha que habíamos de tener y pudo determinar cuáles iban a ser las zonas de combate principal y la zona de combate secundaria, pero marchando sobre la idea de que al enemigo había que batirlo, dispersarlo mediante la implementación de una táctica audaz que permitiera recuperar armas, integrar a nuevos combatientes, a la vez que se estancaba al enemigo sin dejarlo moverse libremente por todo el territorio de la Capital.

“Esto indudablemente tendría resultados adversos para el enemigo, expresados en una mayor desmoralización, en un mayor desgaste físico, en una mayor repercusión política y tendría para las fuerzas combatientes un mayor fortalecimiento, un mayor apertrechamiento desde el punto de vista militar y grandes avances en cuanto a la concretización del Plan Militar y los objetivos que el Estado Mayor General del Frente Interno había trazado para Managua”.

Continúa Núñez Téllez: “Los cauces que atraviesan la Zona Oriental hasta converger en la Carretera Norte, fueron, sin duda alguna, uno de los principales impedimentos, la barrera natural, con que se encontró el enemigo para desatar su actividad militar ofensiva contra las posiciones Sandinistas, puesto que desde el terreno que ellos podían dominar, al iniciar sus operaciones, indudablemente salvar el obstáculo que significa cruzar los cauces, ya de por sí los colocaría en una situación de inferioridad”.

“Contemplando a los cauces como una defensa natural, el Estado Mayor General del Frente Interno procede a ubicar los distintos puntos desde donde serán colocados los grupos armados y las trincheras defensivas para evitar la entrada del enemigo en una vasta zona, las fuerzas son dispuestas de tal forma, que mediante fusilería y ametralladoras, ya bien sea M-30 o MG-42, les imposibilitara al enemigo un avance permanente.

“De esta manera, las fuerzas nuestras comienzan a disponerse y tienen como orientación, además de tener como forma defensiva natural los cauces, la implementación de barricadas lo suficientemente fortificadas en puntos estratégicos, colocando nidos de ametralladoras que pusieran a raya al enemigo cuando este tratara de avanzar.

“La Zona de Combate Principal comprendía el territorio siguiente:  desde la intersección del Puente San Cristóbal pasando por la Pista de El Dorado hacia los Transportes Modernos, de allí doblando hacia el Este, pasando por la Intersección de Rubenia hasta desembocar en el Kilómetro 5 de la Carretera Norte (esquina del semáforo de Portezuelo), esquina arriba de SOVIPE. De SOVIPE hasta la Farmacia Esperanza (semáforo de la Robelo) había un trecho de carretera tomado, luego toda la pista que roda la Zona Oriental, pasando por el Puente Paraisito hasta culminar nuevamente con el Puente San Cristóbal.

“Esta era la Zona de Combate Principal escogida por el Estado Mayor General del Frente Interno y en su interior se encontraban todos los Barrios de la Zona Oriental y algunos de la Carretera Norte. En el Puente San Cristóbal, El Paraisito, la Pista Larreynaga, Kilómetros 4 y 5 de la Carretera Norte, en Rubenia, entradas a las Colonias 14 de Septiembre y Nicarao, en Transportes Modernos, en la Pista de El Dorado, se colocarían nidos de ametralladoras, enormes barricadas, bazucas y por lo menos una unidad de combate, para contener los intentos de la guardia somocista al tratar de penetrar por las vías de comunicación a la Zona Oriental.

Zona Secundaria para golpes militares fulminantes

“En la Zona de Combate Secundaria no habría un solo frente de lucha visible, las fuerzas Sandinistas destacadas en ese terreno implementarían una actividad militar móvil, de hostigamientos, de golpes militares fulminantes, de estancamiento de las fuerzas enemigas, basados fundamentalmente en el apoyo de sectores de masas combativos, ubicados en Barrios como San Judas, Ciudad Sandino, Monseñor Lezcano, Acahualinca, etc.

“Algunos de sus jefes, caídos posteriormente en la lucha, eran René Cisneros, Arnoldo Real Espinoza, Adolfo Aguirre. Su labor difería enormemente en relación al Plan Militar contemplado para la Zona Principal. Los aires insurreccionales, sin embargo, aceleraban cada día el estallido de la lucha, que tenía como factor agitativo constante la Huelga General y el extraordinario espíritu de combate de las masas.

“Esta predisposición de las masas era de sumo interés para nosotros. A la Comisión Política se le trazó la orientación de mantener vigente, en plena guerra insurreccional, la presencia política del Movimiento Pueblo Unido, partiendo de su configuración como alternativa revolucionaria.

“Las labores de agitación política, de propaganda, de movilización interna para auxiliar a los combatientes de las trincheras, debía ser abordada como parte de las tareas que con antelación el MPU se había propuesto realizar, aunque de previo quedaba absolutamente claro que su actividad sería dirigida por el Frente Sandinista de Liberación Nacional. Esta fue una decisión política del Estado Mayor General del Frente Interno, preocupado por asegurar la vigencia de la alternativa revolucionaria entre las masas, evitando así su sepultamiento, su estancamiento.

“Es decir, los compañeros delegados para cumplir su labor, de hecho actuarían en la Zona de Managua como representantes del Movimiento Pueblo Unido. Con esta orientación, con los organismos de dirección y mandos militares anteriormente descritos, con aproximadamente 125 armas de guerra, con una docena de ametralladoras livianas y bazukas, nos dispusimos a pasar al Combate, claramente dispuestos a hacer realidad los lineamientos de la Dirección Nacional Conjunta del FSLN y los anhelos libertarios de nuestro pueblo”.

Comienzo insurreccional angustioso y muy peligroso en Managua

Sobre este momento histórico crucial con la Insurrección Sandinista en Managua, en los primeros días de junio de 1979, la Comandante Mónica Baltodano Marcenaros en su libro “Memorias de la Lucha Sandinista”, en la página 276 del Tomo 2, relata las angustias que les tocó vivir a Jefes Guerrilleros, a Combatientes Populares y Colaboradores Históricos,  cuando los Mandos del Frente Interno y del Estado Mayor de Managua cambian la decisión de convertir la Zona Oriental en Principal de Combates, debido a que los planes y planos militares insurreccionales, elaborados por Cristhian “Inca” Pérez Leiva, habían caído en poder de la Guardia Nacional al ser masacrados en Xiloá el propio “Inca”, Ricardo Orúe Navarro, Omar Hassan Morales y otros revolucionarios del Frente Sandinista de Liberación Nacional (todavía clandestino en ese momento).

Baltodano Marcenaros (Guerra Popular Prolongada, GPP) hace el siguiente relato dramático y angustioso: “Yo originalmente coordino acciones con Rafael Solís, Tercerista, y Gabriel Cardenal “Payo” de los Proletarios. Gabriel era muy lindo, fraterno, de lo mejor como compañero.- Pero cuando se acerca la Insurrección, cambiaron los representantes, Aparece Raúl Venerio, por los Terces, y Oswaldo Lacayo, por los Proles. Juntos éramos el Estado  Mayor de Managua”.

Continúa Baltodano Marcenaros: “En la masacre de Xiloá, la Guardia Nacional asesina a los compañeros Cristhian Pérez Leiva, Omar Hasan y Ricardo Orúe Navarro, y también captura los planes de la Insurrección de Managua.

“En estos planes, el teatro principal de la Insurrección estaba en los barrios occidentales, mientras los barrios orientales serían el teatro secundario. Al caer los planos, la EEBI se acuartela en el Estadio Nacional e inicia unos patrullajes salvajes en ese sector (Noroeste capitalino). Decidimos voltear los planes, y el teatro principal estaría en los  barrios orientales; por ello iniciamos el traslado de armas y combatientes que estaban en casas de seguridad y buzones (de armas) de los barrios occidentales. Era una carrera de locos, porque era trasladar armas en medio del despliegue militar de la Guardia, en carros, en carretones (de caballos y de manos), y yo me acuerdo que decidimos trasladar toda una unidad (de combate) que teníamos en Altagracia (Barrio occidental) en medio de retenes y el guarderío  patrullando”.

Insurrección Sandinista: Sostenerse tres días en Managua, cueste lo que cueste

Dictadura somocista preparada con enormes recursos técnicos y militares

El Comandante Núñez Téllez describe: “La Ciudad (Managua) estaba quieta, como presagiando la avalancha que se avecinaba. Los esbirros dentro de sus cuarteles permanecían reconcentrados, sin atreverse a realizar sus usuales demostraciones de fuerza. Las vías de comunicación principales se encontraban vacías, con pocos vehículos, mientras en los cuarteles sandinistas, en las casas de seguridad, en los buzones (de armas), en los Barrios, en los Repartos, los Combatientes se alistaron para iniciar la lucha, y otros mientras tanto, se preparaban para rendir cuentas frente al pueblo por los crímenes cometidos.

“Sobre nuestra conciencia estaba fresca la sangre derramada por dos entrañables compañeros, asesinados hacía pocas horas: Francisco Meza Rojas, digno hijo de la clase obrera;  había sido capturado por el enemigo y asesinado, mientras realizaba tareas clandestinas de organización y preparación combativa en la Zona Norte, y Antonio Guzmán, destacado jefe militar organizador de la Insurrección, mientras coordinaba el trasiego de armamento hacia las zonas escogidas para el combate.

“Atardecía en Managua el 8 de junio, se acercaba la noche velozmente como un anuncio de los nuevos acontecimientos, como campanazo de aviso al enemigo, como advertencia de que muy pronto, dentro de pocas horas, los miles y miles de asesinados reencarnarían en los Combatientes del Pueblo, alargando sus manos para empuñar las armas.

“Por la noche, las primeras manifestaciones se presentaron. Por todas partes estallaban bombas de contacto, los gritos libertarios. Como un gigante se sentía la protesta de la población en los Barrios.

“Las fogatas populares iluminaban los Barrios combativos como si con ello estuvieran anunciando la terminación de la oscurana, soñada por Sandino y Carlos Fonseca Amador. Eran esos los únicos gritos que se oían en medio del silencio, eran los gritos de las madres, los gritos de los niños, los gritos de los jóvenes, los gritos de los ancianos recordando a sus Mártires, a sus Héroes, era el deseo contenido por mucho tiempo saliendo a flote, exigiendo castigo para sus asesinos.

“En los primeros momentos, en la Capital se generaliza la lucha armada y se expresó en el levantamiento generalizado tanto de los Barrios que se encontraban dentro del casco urbano como de Barrios combativos como Ciudad Sandino, Américas Uno, Tres y Cuatro, Acahualinca, Monseñor Lezcano, en los primeros días de la Insurrección dieron extraordinarios y eficaces ejemplos de combate. Con esta organización y con estas fuerzas combativas, el Estado Mayor General del Frente Interno pasa al combate teniendo como orden general la de sostenerse en Managua, cueste lo que cueste, durante tres días”.

 (La verdad fue que la lucha insurreccional en Managua se sostuvo en movimientos militares ofensivos y defensivos, enloqueciendo y aniquilando a los guardias somocistas genocidas, durante 18 días).

Sigue su relato el Comandante Núñez Téllez: “Es conveniente señalar que la dictadura, enemigo feroz de nuestro pueblo, al momento de darse los levantamientos populares, enfrentaba una situación irreversible que inexorablemente lo llevaba a su desaparición. Su aparato militar había sido golpeado profundamente en todas sus escalas y al probar su capacidad militar en todo el campo nacional, dejaba revelado en esos momentos su baja moral combativa, su descomposición, su espíritu de combate eminentemente defensivo y su incapacidad de contener el avance de un pueblo empeñado en destruirlo.

“Pero además de sus debilidades, la dictadura dejaba mostrado que se había preparado para la contienda, acumulando cuantiosos medios técnicos y militares, a la vez que hacía uso de los fondos públicos para procurarse arsenales de guerra definitivamente superiores a los de la Insurrección de Septiembre de 1978. Debemos señalar, sin embargo, que el Sandinismo en alguna forma subestimó la capacidad militar de la Guardia Nacional y consideró que no resistiría el embate de las fuerzas sandinistas; lo cierto fue que la resistencia de la GN, al darse los levantamientos populares, superaba todos los cálculos, presentando aunque fuera defensivamente, una tenaz resistencia a las fuerzas revolucionarias.

“Los levantamientos populares en Managua se inician a partir del 9 de junio en los Barrios la Nicarao, la Centroamérica, Acahualinca, hasta ir culminando el levantamiento generalizado de la población, mediante tomas y el levantamiento de barricadas. Para el 10 de junio las fuerzas se encontraban tensadas al máximo, los combates militares se generalizaban prácticamente en los Barrios y la Capital se levantaba en pie de lucha.

“Las Zonas Oriental y Occidental son tomadas por la población, se levantan barricadas, se arman trincheras, se crean redes de abastecimiento militar, de comida y medicinas, surgen las tropas populares y las unidades milicianas a combatir”.

Llegada del Estado Mayor del Frente Interno a Zona Principal de Combates

Orden militar revolucionaria: sostenerse tres días, “cueste lo que cueste”

Comandante Núñez Téllez: “Sabedores de que cualquier acontecimiento que pasara en la Capital de hecho debilitaba su capacidad operativa, capacidad de abastecimiento, debilitaba su capacidad de coordinar con las distintas fuerzas sandinistas que tenían ubicadas en los distintos Frentes de Guerra; pero mucho más importante todavía, le impedía su desplazamiento continuo hacia los otros departamentos, puesto que la Capital era el centro de dirección, la dictadura lanza su ofensiva en un vano intento de evitar el destino y la sepultura que las masas ya tenían cavadas.

“El lunes 11 de junio el Estado Mayor General del Frente Interno (Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra Lacayo) abandona el Cuartel en donde estaba reconcentrado y pasa a la Zona de Combate Oriental. Esto sucede al medio día. Ya en las primeras horas de la mañana, el Estado Mayor Conjunto de Managua (Mónica Baltodano Marcenaros, Raúl Venerio Granera y Oswaldo Lacayo Gabuardi) ha pasado directamente a las Zonas de Combate, a ubicarse en sus posiciones, a seleccionar su Cuartel, a establecer todas sus Redes de Comunicación con las distintas fuerzas combatientes y a construir la defensa militar en toda la Zona, de acuerdo con el Plan Militar Insurreccional elaborado.

“Para ese entonces nos encontramos con los primeros reveses tácticos en Chichigalpa y Chinandega. El enemigo ha logrado evitar el cerco de nuestras fuerzas en la ciudad y ha logrado que los compañeros se retiren (replieguen) a los alrededores, Cuando entramos a Managua, la orden que trazamos es la de sostenernos, cueste lo que cueste,  durante tres días y mantenerse a la espera del avance de las fuerzas provenientes de los distintos Frentes de Guerra sobre Managua.

“Al iniciarse las primeras escaramuzas, la primera gran lección es la disposición unitaria de las fuerzas (de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares). Nosotros fuimos hermanados por la lucha y por sus exigencias constantes en el país, a tal punto el Frente Sandinista en la Capital, aparece monolíticamente unido en torno a la lucha contra el enemigo común. Los dirigentes, los cuadros políticos y militares, los mismos militantes habían aprendido a tratarse fraternamente, a trabajar en función de la Revolución y el proceso revolucionario, a pesar de haber estado separados durante más de tres años.

“Ahí comprobamos cómo los sandinistas se unen para unir al pueblo en lucha contra el opresor que inmisericordemente les golpea la espalda y estas demostraciones unitarias del Estado Mayor General del Frente Interno y sus Mandos, son el más alto ejemplo que podíamos, en esos momentos, haber dado las tendencias. De tal forma, que en esas circunstancias, una gran cantidad de potenciales dirigentes sandinistas poseían la suficiente autoridad para dirigirse a los militantes de las distintas tendencias sin que privara el sectarismo y  el espíritu competitivo; un ejemplo claro de ello es la unidad alcanzada por el Estado Mayor Conjunto Regional de Managua que trabajando sin descanso, se habían dado a la tarea de cumplir fielmente las orientaciones que el Estado Mayor General del Frente Interno les  encomendó.

“Esta experiencia unitaria enriquecedora nos permitió posteriormente nuclear a nuestro alrededor a un grupo de militantes selectos de las distintas tendencias, que sin sectarismo de ninguna índole acataban las orientaciones de cualquiera de nosotros.

“El Estado Mayor General del Frente Interno del FSLN penetró a la Zona de Combates el lunes 11 (de junio). En cuatro vehículos entramos por el Barrio Rebusca (hoy Catorce de Junio) prácticamente cuando toda la Ciudad (Managua) estaba ya levantada. El recibimiento de ese barrio tan combativo y del Riguero no tiene precedentes; para nosotros fue realmente emocionante contemplar la confianza de nuestro pueblo en su vanguardia, el Frente Sandinista de Liberación Nacional.

“Los pobladores levantaban las barricadas para dejar paso a los vehículos y aplaudían vehementemente a la columna de Combatientes que detrás nuestro marchaban buscando la Zona Principal de Combates. Sus esperanzas, sus anhelos, sus deseos de Triunfo se expresaban en la solicitud de armas de guerra para combatir (al enemigo somocista genocida) y en sus gritos de ¡!Patria Libre o Morir¡¡, ¡Sandino Vive¡, ¡Muerte al somocismo¡¡, y en su disposición combativa contra la dictadura”.

Sigue relato del Comandante Núñez: “Luego de atravesar la Zona del Barrio Riguero nos dirigimos hacia el Reparto El Dorado; allí estaban asentados una gran cantidad de milicianos que a gritos pedían que se les proporcionaran armas y municiones para integrarse al combate. Antes de llegar a El Dorado fuimos recibidos jubilosamente por compañeros Combatientes que se encontraban en la fortificación del Puente San Cristóbal (ubicado en una de las entradas al Barrio San Cristóbal) con una ametralladora 30 (portada por Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez y su esposa Marta Lorena López Mojica) y unidades militares regulares Sandinistas que protegían la fortificación a la espera de las embestidas de los enemigos somocistas, para rechazarlos.

“Al llegar al Dorado, lo primero que hicimos fue abocarnos con los miembros del Estado Mayor Conjunto del FSLN de Managua para conocer la situación de los levantamientos insurreccionales. Al finalizar la reunión con ellos (Mónica Baltodano Marcenaros, Raúl Venerio Granera y Oswaldo Lacayo Gabuardi), procedimos a buscar un lugar adecuado para la instalación del Cuartel, lográndolo en las primeras horas de la tarde.

“A diferencia del Barrio Riguero, uno no puede sentir  más la sensación de rechazo al observar el carácter timorato, hostil e hipócrita de la pequeña burguesía: unos elogiándonos porque no tenían más remedio, otros escondidos en sus casas, sacando la cabeza con evidente temor y una minoría que amablemente ofrecían sus viviendas a los Combatientes”.

El Comandante Carlos Núñez Téllez se refiere a la conducta (tal vez mayoritaria) hipócrita y cínica de los residentes o pobladores de este Reparto El Dorado, situado contiguo a las Colonias Diez de Junio, Colombia y Don Bosco. Dichosamente, esta actitud de algún modo fue reivindicada por Eva Margarita Bonilla Zúniga, de apenas 16 años, una de las Combatientes Populares más conocidas de la Insurrección en Managua y que cayó en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya; por Manuel Matus Méndez, uno de los Combatientes selectos en el Frente Sur Benjamín Zeledón Rodríguez, y por la doctora Lea Guido López, en cuya casa de El Dorado estuvo el Estado Mayor General del Frente Interno y que además formó parte de la Comisión Política y de Propaganda del Frente Interno en Managua, en el Repliegue a Masaya y en la continuación de la Guerra de Liberación en Masaya, Carazo y Granada.

Cabe recordar aquí que el Estado Mayor General del Frente Interno del FSLN, más una columna de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, muy bien entrenados para resguardar su seguridad, jefeada por Claudio “106” Picasso Ardito, estuvo inicialmente, antes del 10 de junio de 1979, en un sitio del Barrio Paraisito, ubicado contiguo al Barrio Larreynaga por el lado Sur, y enfrente del Barrio San Cristóbal, aunque separado por la Pista de la Resistencia Sandinista, entonces llamada “By Pass”.

Una de las casas ocupadas como Cuartel y Puesto de Mando por el Estado Mayor General del Frente Interno fue una que queda exactamente detrás de la vivienda que ocupan hoy los Scout, y que por el lado Oeste colinda con los tanques de agua potable de ENACAL; otra casa que prestó servicios al Estado Mayor General del Frente Interno fue la vivienda de la doctora Lea Guido López en el Reparto El Dorado, situada en la vuelta Noreste y tope  de la última fila de viviendas colindantes con el Barrio San Cristóbal.

Además, los miembros del Estado Mayor General del Frente Interno y los integrantes del Estado Mayor Conjunto de Managua se juntaron, se ubicaron, casi al borde de producirse el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, en el local amplísimo y patio amplio de la Iglesia y Colegio Sagrada Familia, situadas ambas en la Avenida Oeste del Barrio Ducualí (“Cuna de la Insurrección en los Barrios Orientales”), la cual conduce hacia el Sur a las Colonias Diez de Junio, Colombia, Don Bosco y el Centro Juvenil Don Bosco, y por el lado Oeste Ducualí colinda con el Barrio María Auxiliadora, donde se ubicó inicialmente el Estado Mayor Conjunto del FSLN en Managua, valga la repetición: integrado por Mónica Baltodano Marcenaros, Raúl Venerio Granera y Oswaldo Lacayo Gabuardi..

En el patio de la Sagrada Familia hay decenas de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares sepultados allí después de caídos en estos combates insurreccionales en la Zona Oriental-norte de Managua.

110 Jefes Guerrilleros ya distribuidos

Aquel 9 de junio de 1979, ya estaban distribuidos en sus sectores de combates respectivos aquellos 110 Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares muy bien entrenados en el arte de la guerra insurreccional revolucionaria, según datos históricos aportados por el Comandante Carlos Núñez Téllez y la Comandante Mónica Baltodano Marcenaros, tanto en la Zona Secundaria como en la Zona Principal.

Esos 110 Jefes Guerrilleros, entrenados en rigurosa clandestinidad, sin financiamiento de nadie, con espíritu patriótico sandinista revolucionario, conocían las tácticas y estrategias guerrilleras del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, guiado por el General Sandino, sobre los ataques militares relámpagos a los enemigos y emprender la retirada de forma ordenada, cómo efectuar las emboscadas, la efectividad en los disparos para no desperdiciar tiros, la de que al momento del ataque militar mismo se debía arrebatarles armas, municiones, ropa y otras vituallas a los enemigos; nunca ser visibles a los enemigos, estar siempre alertas, tener y desarrollar un eficiente sistema de espionaje para saber o conocer con anticipación cada movimiento del enemigo somocista genocida en este caso.

Cómo parapetarse en los muros, en árboles, en piedras, en zanjas, en vehículos; cómo arrastrarse, cómo desplazarse disparando de forma eficiente… Ésto también ya lo habían  o lo estaban aprendiendo rápido los Combatientes Populares en Managua y todo el país.

La mayoría de esos 110 Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares estaban ya operando desde el 9 de junio de 1979 en zonas asignadas de la Zona Oriental y Norte de Managua. Esos Jefes Guerrilleros eran, entre otros: Walter “Chombo” Ferrety Fonseca, Marcos Somarriba García, Rolando “Carlos, “Cara Manchada” Orozco Mendoza, Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz, José Ángel Benavidez, Javier “99” López Lowery, César Augusto “Moisés” Silva, Marcos Largaespada Prado, Francisco “Chico Garand” Guzmán Fonseca, Roger “Aniceto”, “Camastrón” Cabezas Gómez, Federico “Chato” López Argüello, William Antonio “Salvadoreño” Pascassio, Eduardo “Chele” Cuadra Ferrey, Jorge “Norman” Roustan Reyes, Claudio Picasso Ardito, Edgard Guerrero, Sergio “Marcio 13” Gómez Vargas, César Largaespada Palaviccini, William “Juan Grande” Montalván, Víctor Boitano Coleman, entre otros, quienes  actuaron como jefes de columnas móviles y fijas, y en sectores de combates defensivos y ofensivos, incluyendo emboscadas y hostigamientos militares constantes contra la soldadesca somocista genocida, en la Zona Oriental y Norte de Managua.

Se destacaron también allí mismo como Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares: Rafael Solís Cerda, Walter Mendoza Martínez,  Isabel Castillo, Carlos Duarte, Óscar Lino Paz Cubas, Justo Rufino Garay García, Alejandro Mairena Obando, Aristeo Benavidez, Carlos “Paco” Miranda, Erick Castellón, Martín  Castellón Ayón, Elizabeth Pinell, Isabel Castillo, Ligia Alemán y Mayra González.

Fue muy importante la labor que efectuaron al frente de la Comisión Política y de Propaganda del Frente Interno del FSLN: Julio López Campos, Marcos Valle Martínez, Glenda Monterrey Vásquez, Lea Guido López y Moisés Hassan Morales.

Marcos Somarriba García, del grupo o Tendencia Proletaria,  ya estaba operando con su columna, escuadras móviles de combates ofensivos y defensivos,  el nueve de junio, en la Carretera Norte, desde la orilla Noreste del barrio Santa Rosa, desde el kilómetro cinco, abarcando todo el Barrio Santa Rosa, el lado Norte de Bello Horizonte, el Barrio Blandón (Costa Rica), incluyendo incursiones armadas al Barrio Riguero Norte, contiguo a la Colonia Pedro Joaquín Chamorro Cardenal (al lado Norte de la Carretera Norte) hasta la Farmacia Esperanza, ubicada en la entrada y salida Norte de la Pista o “By Pass”, en los llamados “semáforos de la Robelo”.

Este grupo de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, corajudos, intrépidos, arrojados y hasta temerarios, trabaron decenas combates contra unos 500 guardias somocistas genocidas que hicieron numerosos  intentos para romper o desbaratar las trincheras, barricadas de adoquines y árboles cruzados, más zanjas profundas y anchas, que los combatientes habían hecho, especialmente en la esquina Noreste del Barrio Santa Rosa, exactamente frente a los semáforos de Portezuelo y de la Empresa LUDECA.

Las barricadas estaban también cruzadas en la Carretera Norte, en las esquinas hacia el Sur y Oeste de Santa Rosa, en la orilla de la Carretera Norte, lo cual les impidió el paso a la soldadesca de asesinos de la dictadura somocista, más la potencia del rechazo a tiros con que siempre los recibieron los Combatientes Populares, quienes  al mismo tiempo tenían el auxilio permanente de las potentes y rápidas columnas y escuadras móviles jefeadas por el Comandante Ramón Cabrales Aráuz y Mónica Baltodano Marcenaros.

La Guardia Nacional somocista genocida, en este caso, estaba tendida a lo largo de la Carretera Norte, en la orilla del cauce que separa la última hilera de casas, por el Este del Barrio Santa Rosa, un poco al Este de LUDECA, en las instalaciones de  ENACAL (kilómetro  cinco y medio), en unas construcciones nuevas cercanas a ENACAL, en el cuartel de la “Sierra 16”, en la esquina del “Dancing” (inicio de la Pista “Buenos Aires” hacia el Mercado Iván Montenegro Báez), cerca de la antigua gasolinera Shell Waspán, en la entrada a la Empresa Rocargo de furgones (kilómetro ocho), en las instalaciones de la Fuerza Aérea (FAN) y en el Aeropuerto Las Mercedes (Aeropuerto Sandino, ahora, kilómetro 12).

El cauce mencionado está ubicado entre la última hilera de casas del Barrio Santa Rosa, por el Este, y la Calle o Pista que comienza en los semáforos de Portezuelo hacia el Sur, rumbo a los semáforos de Rubenia, es la misma Pista que divide en dos a la Colonia Nicarao, y finalmente concluye en la Carretera a Masaya.

Entre el cauce mencionado y la Calle o Pista hay unos 30 metros, que era lo que separaba a la soldadesca GN sanguinaria y las tropas revolucionarias sandinistas jefeadas por Marcos Somarriba García, en el Barrio Santa Rosa.

En todo este trayecto contaban los guardias somocistas con varios tanques, tanquetas, numerosas ametralladoras, fusilería en enormes cantidades, no menos de diez camiones blindados para transportar tropas y armas, especialmente ametralladoras con sus trípodes y cananas correspondientes; grandes depósitos de bombas de fragmentación, numerosos lanza morteros o bazukas, todos los cuales eran lanzados con demasiada frecuencia hacia este sitio del Barrio Santa Rosa, cuyas casas eran bombardeadas desde el aire  todos los días (desde el 11 de junio) por los mandos sanguinarios de la Guardia Nacional, y también atacadas con balas de los cañones de los tanques que la soldadesca criminal lanzaba desde ENACAL, Ludeca, esquina de la Empresa Siemens,  en la Carretera Norte.

Valga dejar clara la afirmación de que este Frente de Guerra Insurreccional Sandinista, comandado por Marcos Somarriba García, fue acosado todos los días, desde el inicio de la Insurrección hasta el día del Repliegue Táctico de Managua a Masaya,  porque la Guardia Nacional intentó cotidianamente romper el cerco insurreccional por la vía de la Carretera Norte, con la finalidad de liquidar a Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y Milicianos; y a la vez para tener libre la Carretera Norte para el traslado de tropas de infantería y equipos militares blindados de un lado a otro en Managua y, desde luego, tener paso libre para movilizar tropas hacia los lados de Boaco, Chontales, Matagalpa, Jinotega, Estelí, Madriz y Nueva Segovia.

Matan a Chico Meza Rojas y se producen primeros Repliegues Tácticos de la Insurrección

Este Frente de Guerra Insurreccional Sandinista jamás fue doblegado por la enorme cantidad de guardias mencionados arriba, a pesar del enorme poder de fuego balístico que tenían desplegado los gendarmes somocistas en todo el trayecto de la Carretera Norte hasta el Aeropuerto Las Mercedes (hoy Augusto C. Sandino).

Mucho antes del estallido insurreccional del nueve de junio de 1979, en el sector fabril de la Carretera Norte ya operaban los “Comités Obreros Revolucionarios”, conocidos también como “Comandos Revolucionarios del Pueblo”, organizados o fundados por la Tendencia Proletaria, específicamente por los Comandantes Carlos Núñez Téllez, Marcos Somarriba García, Francisco Meza Rojas, René Cisneros Vanegas y Gabriel Cardenal Caldera. Estos Comandos Revolucionarios del Pueblo habían hecho, antes de la Insurrección en Managua, numerosas emboscadas mortales y destructivas a la soldadesca criminal somocista, entre otras: en la ROCARGO, Carretera Norte,  y en el “Camino de Bolas”, en San Judas.

Además, funcionaban también en las fábricas y centros de trabajo, también entre pobladores barriales, los Comités de Lucha de los Trabajadores y el Movimiento Sindical Pueblo Trabajador, este último de la Tendencia Guerra Popular Prolongada (GPP), todos los cuales se habían fusionado para formar los Comandos Revolucionarios del Pueblo, que después del Triunfo de la Revolución pasaron a fundar la Central Sandinista de Trabajadores (CST).

En este sector se destacaron Combatientes y Propagandistas Populares, como: Lucío Jiménez Guzmán, Ricardo Robleto Espinoza, Carlos Borge Galeano, Iván García Abarca, Freddy “Pancho Villa” Jiménez, “Cristo de Lata”,  Felipa Mejía Membreño,  Douglas Duarte, Erlo Vanegas, Donald Silva, Pedro Ortiz Sequeira, Rolando López, Pedro Rodríguez, Sergio Mendoza, Augusto Quintana, Mirna Zeledón,  Róger Ramos, Óscar Sandoval, Pedro Delgadillo, Daniel y Eva Téller Paz, Alfonso y Benjamín Cáseres, Marlon Sid, Janina Guerrero Robleto, Edmundo Castellón, Mercedes Vigil, César Mayorga, José Dolores Maltez Flores, Gustavo Elías Morales Mayorga,  José García, Sergio Mendoza, Ronald Rizo Huerta, Juan Ramón Amador, Edgard Rivera Laínez, Domingo Martínez, Ramón Medrano, Marcelo Mayorga, Rosalba Carrasco, Alberto Vásquez, Mario Martínez, Ronaldo Membreño, Alicia Zúniga, Higinio y Francisco Iván Salgado Gómez y Denis Meléndez.

Formaban parte de este grupo de la Carretera: Darmalila Carrasquilla e Iván García Abarca, quienes cumplían tareas de dirección política y militar en los vecindarios María Auxiliadora, San Cristóbal  y Reparto El Dorado, al momento de la Insurrección Sandinista en Managua.

En este caso concreto del Barrio Santa Rosa la orden del Estado Mayor General del Frente Interno, jefeado por Núñez Téllez, Ramírez Solórzano y Cuadra Lacayo, la misión fundamental era impedir el paso de la Guardia Nacional somocista sanguinaria por la Carretera Norte, costara lo que costara.

Debido a esa orden militar revolucionaria, este Frente de Guerra Sandinista debía resistir de forma sistemática y potente, y al mismo tiempo hacer guerra de movimientos, hostigamientos, emboscadas, guerra sicológica, guerra de confusión y embustes a los guardias, simulación de que allí había una enorme cantidad de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares.

El Jefe de este Frente de Guerra, de Combates,  sería Francisco Meza Rojas, quien cae el ocho de junio. Meza Rojas era uno de los Jefes Guerrilleros más importantes de la Tendencia Proletaria, de la cual eran los jefes el Comandante Carlos Núñez Téllez, Jaime Weelock Román y Luis Carrión Cruz.

“Chico” Meza Rojas era un hombre alto, bien vestido, de camisa manga larga, de calzado presentable, muy educadito y solidario. Fue capturado por una patrulla BECAT de la Guardia Nacional de asesinos frente a la Fábrica de Pinturas KATIVO, en el kilómetro ocho de la Carretera Norte, después de salir de una reunión de planificación de la Insurrección Sandinista en el Barrio Santa Rosa, a la que asistieron, entre otros, Marcos Somarriba García, Lucío Jiménez Guzmán, Darma Lila Carrasquilla y César Largaespada Palaviccini.

Al parecer, los esbirros, “orejas” y miembros de los “escuadrones de la muerte”, lo andaban siguiendo de cerca en ese momento, precisamente, unos tres días antes de estallar la Insurrección Sandinista, u Ofensiva Final, el nueve de 1979.

Sobre esa reunión clandestina en el Barrio Santa Rosa, Lucío Jiménez Guzmán recuerda que abordaron detalladamente cómo y qué día estarían allí, en ese vecindario, los Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y Milicianos, para desatar la Insurrección Sandinista en compañía  de la mayoría de los pobladores, pues ellos estaban seguros de que este sector poblacional se insurreccionaría por el trabajo político que ellos habían hecho previamente.

Francisco Meza Roja estaría allí en el Barrio Santa Rosa dirigiendo las operaciones de combate. Lucío Jiménez Guzmán recuerda que en aquella reunión clandestina de Santa Rosa sólo quedó pendiente la hora en que se desataría la Insurrección, pues todos habían quedado de acuerdo en que sería el nueve de junio en la mañana.

“Chico” Meza Rojas traería esa información militar insurreccional precisa de la hora en que los mandos guerrilleros clandestinos (Frente Interno y Estado Mayor Conjunto de Managua) darían la orden de salir a las calles el nueve de junio en los Barrios Santa Rosa y Blandón, y el costado Norte del Reparto Bello Horizonte.

Por supuesto, “Chico” Meza Roja ya no se presentó a comandar las tropas insurreccionales porque una patrulla de guardias sanguinarios lo capturó frente a la KATIVO. Seguramente, inicialmente fue torturado y después asesinado, tal como era la costumbre cotidiana de la Guardia Nacional somocista y de sus “escuadrones de la muerte”. Su cadáver fue lanzado a predios montosos al Sur de la KATIVO, donde fue encontrado por un grupo de Combatientes Populares jefeados por Julio Acuña.

En tal situación lamentable, asume el mando insurreccional otro audaz y brillante Jefe Guerrillero de la misma Tendencia Proletaria: Marcos Somarriba García, teniendo como su segundo a “Lucas” Paz Acevedo, quien a su vez tenía a su lado Jefes Guerrilleros como Javier Meynard, Mauricio “Pigmeo” Sotomayor, Francisco “Aquileo” Luna, Ronald “Peludo” Moraga, René Ruiz y Herminio “Samuel” Guadamuz. Aquí fue ubicado también, inicialmente, Arsenio Solís González, Combatiente Popular, quien el 14 de junio pasó formar parte de la Columna “José Ángel Benavídez”, comandada por Ramón Cabrales Aráuz.

Las tres Tendencias del FSLN todavía guerrillero y clandestino tenían ya organizados a más de 200 pobladores de Santa Rosa, vecindario que siempre fue rebelde en contra de la dictadura somocista, y siempre coordinado con la estructura organizativa de Bello Horizonte, del Barrio Blandón (Costa Rica) y Riguero Norte, de donde salieron numerosos notorios Combatientes Populares como Ronald Rizo Huerta, Juan Ramón “Ringo” Rizo Villagra, Marta Lucía Corea Solís, Ronald Fisher Ferrufino y Alejandra Emelina Campos Escobar.

Lucío Jiménez Guzmán, quien después fue Secretario General de la Central Sandinista de Trabajadores (CST nacional), recuerda que Combatientes Populares eran casi 200, pero que en realidad armados con fusiles automáticos y armas de cacería tan sólo eran unos diez.

Efectivamente se lanzan a la Insurrección Sandinista el nueve de junio en la tarde, pero el mando militar sandinista, el Estado Mayor Conjunto, encabezado por Marcos Somarriba García, se da cuenta de que en esas condiciones no podrían sostener ni las más mínima embestida a balazos de la Guardia Nacional, al extremo de que ese mismo día por dentro del Barrio Santa Rosa pasa libremente un convoy (camiones blindados) llenos de guardias muy bien armados de Este a Oeste, y que precisamente no pudieron repelerlo, atacarlo, porque estaban prácticamente desarmados.

Ante esta realidad aplastante, recuerda Lucío Jiménez Guzmán, quien fungía como jefe político y propagandista revolucionario de este Frente de Guerra jefeado por Marcos Somarriba García, el mando militar toma la decisión de que los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares hagan un Repliegue Táctico en procura de armas de guerra hasta Américas Cuatro (Villa Venezuela), convirtiéndose este en el cuarto Repliegue Táctico de los primeros días de la Insurrección Sandinista: Repliegue de San Judas a la Comunidad Meneses, del OPEN TRES a San Andrés de la Palanca, de la entrada del Barrio La Fuente (Ariel Darce) al fondo del Reparto Schick Gutiérrez, y en ese mismo nueve de junio, este de Santa Rosa a Américas Cuatro.

Repliegues al “Chorizo” y Barrio Blandón

Replegados encuentran insurreccionado el Barrio Santa Rosa

Y además, dos grupos pequeños de Combatientes Populares de este mismo grupo de combatientes de Santa Rosa por cuestiones tácticas se replieguen en dos direcciones diferentes: hacia el Norte, en el Barrio “El Chorizo”, en la orilla del Lago de Managua; y un segundo hacia el interior del Barrio Blandón (Costa Rica).

Los recuerdos de Lucío Jiménez Guzmán indican que las armas de guerra y de cacería, entre ellas un Fusil de Alta Potencia (tiro a tiro, para francotiradores), se las había ofrecido un grupo de Jefes Guerrilleros y fueron a traerlas clandestinamente a Américas Cuatro (Villa Venezuela).

Retornaron al día siguiente, 10 de junio,  con las armas al Barrio Santa Rosa. Al regresar, se encontraron con la sorpresa de que virtualmente todo el Barrio Santa Rosa estaba insurreccionado, con barricadas y zanjas en todas las esquinas, especialmente por la orilla de la Carretera Norte. Asimismo, habían levantado dos barricadas enormes frente al semáforo de Portezuelo y en la esquina Noreste del mismo Barrio Santa Rosa, más una zanja enorme, cruzada en la Carretera, un poco al Oeste del semáforo de Portezuelo, y más zanjas y barricadas que ya cerraban el paso a la infantería, tanques y tanquetas y a los camiones y jeepones blindados de la Guardia Nacional, cuyos soldados sanguinarios, como queda señalado, estaban  acantonados o tendidos a lo largo del cauce paralelo a la última fila de casas del lado Este del Barrio Santa Rosa, en el Aserrío Carlos Morales Orozco, en las instalaciones de ENACAL, en el edificio de LUDECA, en las cercanías de la SIEMENS, en las instalaciones de la “Sierra 16”, por la Fábrica Maber, en los predios de la gasolinera Shell Waspán, en la entrada a la ROCARGO, en la Fuerza Aérea Nacional (FAN), en el Aeropuerto “Las Mercedes” y desplegados sobre la Carretera Norte.

Para los Jefes Guerrilleros y unos 200 Combatientes Populares, entre otros Juan Ramón Amador, especialista en pirotecnia, la situación militar de frente al enorme despliegue de gendarmes y artillería pesada de la Guardia Nacional seguía siendo muy difícil, porque a pesar de haber conseguido armas en Américas Cuatro, tan sólo unos 25 estaban armados con fusiles, escopetas, pistolas y sólo tenían el Fusil de Alta Potencia, para francotiradores.

Una parte de las armas de cacería, inclusive, las habían recuperado durante un operativo armado de un grupo de Combatientes Populares, encabezados por Ronald “Polo” Rizo Huerta, en SOVIPE Ingenieros, empresa de construcción, ubicada frente al Barrio Santa Rosa, pero al otro lado de la Carretera Norte.

De la misma SOPIVE Ingenieros, propiedad de Enrique “Tiburón” Pereira Denueda, empresario amiguísimo del tirano Anastasio Somoza Debayle, habían sacado un patrol (tractor grande, potente) con retroexcavadora, varios barrenos eléctricos manuales para perforar pavimentos, varios camiones, decenas de piochas, palas, barras, macanas, etc. Con estos instrumentos mecánicos y eléctricos habían hecho decenas de zanjas profundas, especialmente la que ya estaba cruzada en la Carretera Norte, frente a Portezuelo, y varios de esos camiones los habían colocado de barricadas en algunas esquinas colindantes del Barrio Santa Rosa con la Carretera Norte.

También se habían tomado las instalaciones de la Fábrica de Galletas NABISCO Cristal, donde se apoderaron de las galletas y se dio la orden de que servirían esas galletas para usarlas como comida en los próximos días; instalaron allí en la NABISCO una cocina para elaborar  la comida de los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, y en una especie de auditorio de la NABISCO ubicaron una “Cárcel del Pueblo”, en la cual comenzaron a meter presos a los “orejas”, “soplones”, agentes de la Oficina de Seguridad somocista y miembros de los “escuadrones de la muerte”, todos pertenecientes al aparato opresor mortal del somocismo genocida.

Esta cárcel y este comedor guerrillero estuvieron controlados por Ricardo “Robletón” Robleto Espinoza, quien pertenecía a los Comités Obreros Revolucionarios en la Carretera Norte. Inclusive, el mismo 10 de junio instalaron un Hospital Clandestino al Sur del Barrio Santa Rosa, contiguo al Reparto Bello Horizonte.

Ese mismo día 10 de junio, Lucío Jiménez Guzmán puso en práctica su táctica de guerra sicológica con 200 Combatientes Populares del Barrio Santa Rosa, a los cuales los hizo calzar zapatos y botas que hicieran mucho ruido al marchar sobre el adoquinado y pavimento. Los puso a marchar desde muy temprano en la calle contiguo a la última hilera de casas, ubicadas en la orilla del cauce al Este del Barrio Santa Rosa, con lo cual le daba la idea a los guardias sanguinarios de que en este vecindario Norte de Managua había un poderoso grupo militar popular que podría hacerlos trizas si se metían.

“La grandísima verdad es que éramos muy pocos los Combatientes armados, pero con esta maniobra de guerra sicológica le hicimos creer al enemigo que estaban centenares de hombres y mujeres armados en el Barrio Santa Rosa; y es que esos guardias no nos veían, estaban al otro lado del cauce, no se atrevían a cruzar el cauce, porque temían que nosotros estuviéramos esperándolos al otro lado de la fila de casas; y es verdad, los estábamos esperando, pero no en el volumen que ellos se imaginaban.

“Gracias a esta estrategia de guerra sicológica jamás se nos metieron a Santa Rosa por aquí, ni antes del nueve de junio, ni después. ¡No entraron, mano¡, porque además en sus intentos cotidianos de desalojarnos les hicimos decenas de bajas, y nuestros dos francotiradores, Mauricio “Pigmeo” Sotomayor y  Carlos “Chele Garand” Rodríguez con sus fusiles eliminaron a no menos 60 guardias de esos que querían matarnos a nosotros”, recuerda Lucío Jiménez Guzmán.

Integrantes de Columna “José Ángel Benavidez”

“Nacho” Cabrales Aráuz con más responsabilidades militares

Juan Ramón Amador, Combatiente Popular,  por su parte, en combinación con dueños de Fábricas de Pólvora, ya estaba fabricando unos tubos o morteros caseros para lanzárselos a los guardias sanguinarios cuando intentaran penetrar al Barrio Santa Rosa.

Casi al mismo tiempo, empezó a operar una Columna Móvil jefeada por la Comandante Mónica Baltodano Marcenaros en el llamado “corredor”, en esta Pista de Portezuelo a los semáforos de Rubenia, con cuyos miembros coordinaban los Frentes de Combate de  Marcos Somarriba García y Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz.

Ramón “Nacho”  Cabrales Aráuz, uno de los responsables militares de la Tendencia Guerra Popular Prolongada (GPP) en Managua,  igualmente con sus columnas y escuadras ya operaba desde los sectores aledaños a la Colonia Villa Progreso, Colonias Xolotlán, San Jacinto y Miguel Gutiérrez, Barrio Waspán Sur, especialmente en el cauce profundo que hay allí; también por el lado Norte de la Colonia Catorce de Septiembre y Reparto Rubenia hasta el cauce que atraviesa la Pista Sabana Grande en las cercanías del Ministerio de Salud; en las Colonias Américas Uno y Américas Tres hasta por el Puente Madroño; todo el lado Este del Reparto  Bello Horizonte, en la zona cercana del Aserrío Carlos Morales Orozco (por donde es hoy la Curacao), hasta la esquina Noreste del Barrio Santa Rosa, enfrente del semáforo de Portezuelo.

Los guardias tenían tomado el Aserrío Carlos Morales Orozco y el cauce paralelo a  la última fila de casas del Barrio Santa Rosa.

Desde antes del nueve de junio, el propio nueve de junio, hasta el 12 de junio, como queda relatado arriba, en el inicio de las batallas insurreccionales, Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz estuvo jefeando la contienda militar en “La Fuente”, en el Barrio Isabel Urbina (Adolfo Reyes), en el Barrio La Fuente (Ariel Darce Rivera) y el Reparto Schick Gutiérrez, contra la gendarmería sanguinaria GN.

Inclusive, el contingente de combate jefeado por Cabrales Aráuz también realizaba operaciones militares hasta en el Barrio Riguero Norte, contiguo a la Colonia Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, al lado Norte de la Carretera Norte, y coordinaba acciones militares con el contingente de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares del Barrio Santa Rosa, jefeados por Marcos Somarriba García.

Esta columna  o contingente de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, conducidos por Cabrales Aráuz,  todos (y todas) con formidable entrenamiento militar guerrillero, comenzó con 32 hombres y mujeres y ya en pleno desarrollo insurreccional sandinista llegó a tener unos 300 Combatientes Populares y Milicianos (con responsabilidades y misiones militares diferentes: correos, especialistas en explosivos), porque durante la contienda militar se fueron agregando muchos hombres y mujeres de estos vecindarios, recuerdan Arsenio “Walter” y “Rosendo” Solís González y Rafael “Mariano” Molina, quienes 38 años después todavía se acuerdan de ocho combates memorables contra contingentes de hasta 300 guardias somocistas genocidas en sitios como: Fábrica Maber y gasolinera Shell Waspán, en ENACAL, en el Aserrío Carlos Morales Orozco, en el Puente del Madroño, frente a la entrada principal de Américas Cuatro (Villa Venezuela), en el cruce de Rubenia y Catorce de Septiembre, en la Colonia Xolotlán y en auxilio permanente de los Combatientes del Barrio Santa Rosa y del Reparto Bello Horizonte.

Una parte de esta columna estuvo inicialmente al mando de José Ángel Benavidez, uno de sus más valientes y hábiles Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, quien cae en el lado Sur del semáforo de Rubenia y Catorce de Septiembre el 14 de junio, en la tarde, cuando la soldadesca somocista genocida desarrolla una contraofensiva desde la Comarca Sabana Grande, pasando por Laureles Norte (Leonel Fernández Mora), donde masacran a los integrantes de la Columna Manuel Fernández Mora en la Colina 110; la ofensiva militar dictatorial sigue con más de 500 guardias, tanques y tanquetas, varias  ametralladoras calibre 50 y 30, montadas en jeepones, bombardeo aéreo intenso con aviones Push and Pull, continuó por las Colonias Villa Libertad, Villa Fraternidad, Colonia Primero de Mayo, Reparto Jardines de Veracruz, Asentamiento Santa Emilia (hoy Omar Torrijos Herrera) y esquina Norte de la Colonia Catorce de Septiembre, donde la soldadesca criminal somocista fue detenida en seco, a punta de balas de variados calibres, con bombas de contacto y bazukazos, que les dispararon numerosas escuadras y columnas móviles provenientes de distintos sectores de combate, entre otros, el grupo jefeado por Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz.

José Ángel Benavídez era el jefe de la Columna “Jorge Navarro”, la cual operaba antes del nueve de junio desde las Colonias Nicarao y Catorce de Septiembre hasta las Colonias Jardines de Veracruz,  Primero de Mayo, Américas Uno, Américas Tres y Américas Cuatro, en combinación con la columna que jefeaba el audaz Jefe Guerrillero César Augusto “Moisés” Silva, quien era nacido en los alrededores del Barrio Ducualí y se conocía como su mano todos estos vecindarios, pues en ellos había trabajado como obrero de la construcción.

A raíz de la caída de José Ángel Benavidez, las columnas Juan de Dios Muñoz y Jorge Navarro,  móviles,  de ataques fulminantes, potentes, rápidos, mortales, de ofensiva y defensiva, se fusionan y toman el nombre de “Columna José Ángel Benavidez”, jefeada por Ramón Cabrales Aráuz, por órdenes del Estado Mayor General del Frente Interno; y sus integrantes, todos Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, continuaron librando la contienda militar contra el aparato opresor del somocismo, en la Insurrección de Managua, en el Repliegue a Masaya y en las tareas militares y políticas de Liberación Nacional en la misma Masaya, en Carazo y en Granada.

Entre otros, sus integrantes eran: Ligia “Marta” Álvarez (era la enfermera de la columna), Arsenio “Rosendo” y “Walter” Solís González, Rafael “Mariano” Molina, Argentina García, Nidia “Claudia” Castillo, Miriam Chávez, Mario Antonio “Alberto” González, Encarnación “Adán” Nicaragua García, Ernesto Pérez Romero, Ariel Bendaña Medina, Dolores Ileana “Magali” Valera Murillo, Felipe Torres Meneses, Ruth del Carmen Morales Ocampo, Salvador Alvarado, Sergio “Leo” Jiménez López, Mario Antonio González, José “Gato” Moraga  Lazo, Diana, Dominga Rivera,  Julio César  “Galil” Morales Aragón, Marta Rivera, Eduardo Robles, Yessi Huete Mejía, Eliz Alí Campos, Diego José Contreras, Mario Vega González, Juan Rivera Salgado, Juan Gutiérrez, Allan Vallecillo (actual Comisionado en la Policía), Armando Martínez Mora y José Yamil Ruiz.

(Es válido explicar aquí que entre el Reparto Bello Horizonte, Colonia Villa Progreso, del Aserrío Carlos Morales Orozco hacia el Norte y Este, Santa Rosa, el Asentamiento Santa Bárbara (Edmundo Matamoros), Asentamiento Meneses (Barrio Venezuela), Colonia Nicarao y la esquina Norte de la Colonia Catorce de Septiembre, existía una faja de terreno baldío, vacío, el cual era más ancho entre Bello Horizonte y el Aserrío Carlos Morales Orozco. La soldadesca somocista siempre trató de apoderarse de este sector de la Zona Oriental-Norte de Managua).

César Augusto “Moisés” Silva y su cuartel general

César Augusto “Moisés” Silva, dirigente obrero en la construcción, operaba con sus escuadras móviles de Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros igualmente, desde antes del nueve de junio, desde el Asentamiento Laureles Norte (Manuel Fernández Mora), Villa Libertad,  Villa Cinco de Diciembre, Villa Las Sabanas, Colonia Primero de Mayo, Jardines de Veracruz y Asentamiento Santa Emilia (Omar Torrijos Herrera), hasta las orillas Este de las Colonias Catorce de Septiembre y Nicarao. Todos estos vecindarios están situados al Sur de la Pista Sabana Grande, la cual se extiende desde el lado Este del Barrio Ducualí hasta la Comarca Sabana Grande, ubicada en el Este-Oriente de Managua.

César Augusto “Moisés” Silva tenía su cuartel general de la Clínica Don Bosco dos cuadras al Oeste, en un tope, en un callejón, donde sólo había viviendas muy humildes, dentro del Barrio Ducualí. Era un hombre muy estricto con la seguridad de todo su grupo de Combatientes Populares y la suya misma.

“Moisés” Silva era uno de los principales proveedores de tiros para distintos Frentes de Combates FSLN revolucionarios en movimiento. Con frecuencia, antes y durante la Insurrección Sandinista, se aparecía con sacos llenos de tiros, los cuales repartía entre los jefes de las columnas de Combatientes Populares.

Después de que el 14 de junio un contingente de unos 500 guardias y esbirros somocistas, contando con tanques, tanquetas, aviones Push and Pull y helicópteros artillados, cañones, lanza morteros, bombas de fragmentación, más numerosas ametralladoras, y todos con fusiles automáticos nuevecitos, rompen el cerco insurreccional desde el Reparto  Laureles Norte hasta el lado Este de la Colonia Nicarao, donde son frenados a punta de balas y bombas de contacto, a partir de ese día, las escuadras móviles muy rápidas y temerarias del Jefe Guerrillero César Augusto Silva, pasan a ser de plenos movimientos de hostigamientos a los enemigos, ataques relámpagos y emboscadas contra los guardias, especialmente en auxilio de los contingentes de Combatientes Populares de Sergio “Marcio 13” Gómez Vargas, del propio Estado Mayor General del Frente Interno, del “Cara Manchada” Orozco Mendoza  y de Mónica Baltodano Marcenaros.

Desde casi un mes antes del estallido insurreccional del nueve de junio, César Augusto “Moisés” Silva   ya operaba con José Segundo “Gato Moraga” Moraga Lovo, Cecilio Armengol “Vaca Chota” López Traña, con los hermanos Chávez y hermanos Marín en la Colonia Primero de Mayo, con Luis Torrealba; en Las Sabanas y Jardines de Veracruz, todos hombres excepcionales en combates móviles, de hostigamientos y emboscadas.

Frentes de Combate revolucionarios en Pista de la Resistencia Sandinista

El grupo numeroso de  casi 100 Combatientes Populares del Barrio Larreynaga, Barrio Blandón y Barrio El Edén,  controlaban desde la Farmacia Esperanza, el Puente Larreynaga, el Barrio Larreynaga, Barrio El Edén, incluyendo el Cauce Oriental en este trecho, hasta el Puente El Edén, donde comenzaba otro sector que corría  por la Pista o “By Pass”, abarcando el lado Noroeste del  Ducualí y las cercanías de la “Treceava Sección de Policía GN (“Sierra 13”), por el lado Oeste. Este grupo operaba entonces entre la Farmacia Esperanza, el Puente Larreynaga y el Puente El Edén, y era comandando alternativamente por la Comandante Mónica Baltodano Marcenaros, una de los jefes del Estado Mayor Conjunto del FSLN- Managua,  y un joven al que le decían “El Salvadoreño”.

En este trecho y en la barricada y pozo tirador enormes del Puente Larreynaga al Puente El Edén, comandados por Mónica Baltodano Marcenaros, estaban, entre otros Combatientes Populares:  Denis y Marcos  Sánchez, Mario Casaya, Melba Orozco, Javier Moreno, Ramón Amoretti, Miguel Antonio Barrios Gutiérrez, Óscar Sobalbarro (hoy Comisionado de la Policía), Juan Pablo Solano, Andrés Gonzalo López, Ronald Fisher Ferrufino, Alejandra Emelina Campos Escobar, Juan Bernardino Cruz, Gerardo Gallo Loáisiga, Carlos “Renco” Solís y un gordito llamado Terencio.

Del Puente El Edén al Puente del Paraisito, en la misma  Pista o “By Pass”, las tropas de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares eran comandada por el famoso Rolando “Cara Manchada” Orozco Mendoza, uno de los valientes, audaces y hábiles Jefes Guerrilleros con que contaban los miembros del Estado Mayor General del Frente Interno y del Estado Mayor de Managua.

“Cara Manchada” Orozco Mendoza  y su tropa sandinista revolucionaria tenía como misiones defender posiciones y atacar con contundencia y precisión de forma móvil  a los enemigos somocistas en este trecho entre los dos puentes mencionados y el Barrio  Ducualí, en sus lados Norte y Oeste;  todo el lado Sur del Barrio Larreynaga, especialmente la Calle Catorce de Septiembre, pasando por la “Tiendona” hasta la esquina Este de la Clínica Santa María, y de este sitio hacia el Sur hasta el Cauce Oriental; el lado Norte del Barrio María Auxiliadora y una parte del Barrio San Cristóbal, colindante con el Reparto El Dorado, donde estaban alojados en un Puesto de Mando los Jefes Insurreccionales: Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra Lacayo.

Con “Carlos”,  “Cara Manchada” Orozco Mendoza operaban numerosos Combatientes Populares intrépidos, valientes y osados, como: Jorge “Norman” Roustan Reyes, (francotirador), Alejandro “Huesito” Mairena Obando, Justo Rufino Garay García, Erick Castellón Ayón, Eduardo Gutiérrez Chávez, Pabla Corea Campos, Ernesto José Cerna, Daniel “Profeta” Aragón Sobalbarro, Luis Torrealba, José Aparicio Martínez, Denis Antonio Aragón, Rosendo Pavón, padre e hijo, (propietarios de una fábrica de pólvora, aportaron varios barriles de explosivos y eran Combatientes Populares los dos); Jairo Blandón, Antonio Pineda, Iván y Luis Alberto Cardoza, William Pérez, Carmen “Chilenita” Aguirre, José Aparicio Martínez, “Chino” Vallejos, Anselmo Solano,  Mario Casaya, Emilio “Pescado”, Ramón Amoreti, Denis Antonio Aragón Vanegas, Juan Pablo Solano y Pedro Gaitán.

En el estratégico sector del  Puente Paraisito a la entonces esquina del Puente San Cristóbal  era comandada o jefeada por Carlos “Taolamba” Duarte Orozco, quien actualmente es uno de los generales del Ejército Nacional. En esta zona, del Barrio Riguero hacia el Sur,  también operó como jefe de columnas móviles César Largaespada Palaviccini (general retirado), quien en ese momento era el Responsable Militar de la Tendencia Proletaria en Managua, y también llegó a ser general del Ejército Popular Sandinista y del Ejército Nacional de Nicaragua.

Estas columnas, con sus escuadras correspondientes, eran numerosas y contaban con Jefes Guerrilleros y Combatientes muy hábiles en el manejo de armas de guerra y de cacería, pues se estaba claros desde el comienzo que la Guardia Nacional somocista genocida intentaría romper el cerco de la Insurrección Sandinista por esta vía del “By Pass”, tal como realmente ocurrió el 17 de junio en horas de la tarde, cuando se metieron por esta vía, causaron mucho daño, pero salieron derrotados y cargando a no menos de 50 guardias muertos.

“Taolamba” Duarte Orozco tenía como responsabilidad combatir resueltamente a los enemigos en defensa de las posiciones liberadas en la propia Pista o “By Pass”, en el Barrio Paraisito, en “Campo Bruce” (Rigoberto López Pérez) y San José Oriental (situados al lado Norte de la Pista mencionada); los Barrios Riguero, La Rebusca (Catorce de Junio), Máximo Jerez y parte del Barrio México.

Aquí en estas posiciones militares sandinistas guerrilleras estaban con Carlos “Taolamba” Duarte Orozco  y Largaespada Palaviccini combatientes audaces y hábiles como Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez y su esposa Marta Lorena López Mojica; Eva Margarita Bonilla Zúniga, Frank “Machillo” González Morales, Alfonso Inés “Mascota” Mejía González, “La Dos Dientes” (nunca se supo el nombre), la familia Tercero completa, especialmente Julio, Ramón, Leonardo y Manuel Tercero; Sergio González Morales, Manuel Salvador Reyes Montiel, Julio Palma Chavarría (este cae en el Puente Paraisito),  Marta “Gorda” Meza Sánchez, Luis Hernández Jerez, José Bladimir Fuertes Guadamuz, Manuel Pinell, Freddy Aburto Ruiz, “Periquita” Pinell (fue de la Columna “Liebre” con Largaespada Palaviccini), Isabel (hombre) Mayorga, Óscar Quintana, Guillermo “Niño Dios” Rivas Maltez, Ernesto José “Nicasio” López Sandoval, Vilma Maltez (era enfermera), Patricia Rivas Maltez, Nelson “Cuyusa” Mercado Ruiz,  Guillermo Mercado Ruiz, William “Kalimán” Duarte, Ernesto José López Sandoval,  Denis “Moño” Muñoz Centeno, Enrique José “Bizco Chávez” Chávez, Miguel Antonio “Toni” Barrios Gutiérrez, Aldo Chavarría…

Sergio Gómez Vargas o “Marcio 13” al frente de Colonias Rebeldes

Asimismo, el nueve de junio igualmente ya operaba con su tropa militar sandinista revolucionaria el compañero Sergio “Marcio 13” Gómez  Vargas, Jefe Guerrillero (fallecido después del Triunfo de la Revolución), quien controlaba desde el lado del Hospital Oriental (Manolo Morales Peralta), las entradas al Barrio  La Fuente y Reparto Schick Gutiérrez, toda la faja Este hacia el Reparto Schick, las entradas por el Oeste de la Colonia Nicarao y Catorce de Septiembre, la zona en construcción del Hospital del Niño (hoy llamado “Mascota” Manuel de Jesús Rivera), el sector del Asentamiento Santa Emilia (Omar Torrijos Herrera), donde estaba ubicada  la Escuela de Comercio Independencia (donde la Guardia ya tenía francotiradores) y de lo que es hoy el Mercado Carlos Roberto Huembes, la Pista El Dorado (Pista Mártires de Mayo) y los costados Sur y Este de la Colonia Don Bosco, más el Asentamiento Santa Julia, situado al Este del Centro Juvenil  Don Bosco y colindante por el Sureste con la Colonia Nicarao.

Vale decir o relatar que entre el Centro Juvenil Don Bosco y costado Este de la Colonia Don Bosco y el Asentamiento Santa Emilia, donde hoy es el Barrio Agustín Farabundo Martí, se extendía una zona larga y ancha baldía, vacía, montosa, por donde la soldadesca somocista sanguinaria se metía y allí torturaban y mataban a opositores antisomocistas y especialmente a jóvenes sandinistas, y también violaban mujeres.

Sergio Gómez Vargas, era estudiante universitario, contaba en esa zona mencionada con los chavalos aguerridos, temerarios y audaces Combatientes Populares del Reparto Schick Gutiérrez, La Fuente, Nicarao, Don Bosco, Diez de Junio, Colombia, entre otros:  Humberto del Palacio González (del Estado Mayor de la Tendencia Proletaria), Juan Carlos Soza Aragón, Jackson Jácamo Alvarado, Manuel Salvador Cuadra Pérez, Ariel Darce Rivera, Manuel Esteban Flores Oporta, Óscar Antonio Gutiérrez Serrano, Mario Ramón Gabuardi Castillo, Oswaldo Antonio Largaespada Lagos, Julio César Juárez Roa, Mario Antonio Macías Paredes, José Luis Marín Gaitán, José Santos Mayorga Alemán, Rolando José Rivera, Domingo Matus Méndez, Juvenal  Palacios Morales, Francisco René Palanco Chamagua, Miguel Ángel y Marcos Antonio Tapia Gutiérrez, a quienes les decían “Burros”,  y Joaquín Valle Corea.

Asimismo, contaba Sergio Gómez Vargas con los  audaces y hábiles Combatientes Populares de la Colonia Nicarao, entre otros: Cela Patricia Amador Cisneros, Isabel Aráuz Rugama, Ricardo Sú Aguilar, Marlene Fátima Aguilar Uzaga, Manuel Barrantes Miranda, Julio César Juárez Roa, Denis Miranda Corrales, Juan Ramón Rizo Villagra, Danilo Aguirre Aragón, Freddy Sandoval Cáseres, Pedrito y Luis Dávila Gómez, hermanos menores de Sergio Gómez Vargas; Douglas Duarte Niño, Roberto Prado (jefe de los Comandos Revolucionarios en esta zona); Ernesto “Bujía” Cerna, “Gato Rommel” Suárez, Vilma Catón (enfermera) y Marta Villanueva Román, y el listado de Combatientes Populares sigue:

José Arcadio “Tupac”, “el 25” Acosta García, Francisco Vásquez Estrada, William Mendoza, Osbaldo Manzanares López (ya fallecido, caído en San José de las Mulas), Marcos “Porfirio” Miranda, Etanislao Cruz Luna, Eduardo González, Carlos Matamoros, Simón “Lenin” Reyes Cedeño, Marcos Gutiérrez Tapia (caído en la Insurrección), Rigo y Rodolfo Reyes Cedeño (ya fallecidos los dos), Álvaro Gutiérrez Tapia, Óscar Manuel “El Mao” López Cerda, Armando “Tiscapa”, Filemón “Juan “Negrura” Prado (ya fallecido), Guillermo “Jerónimo” Largaespada Lara, Noel “Polvasal” Hernández, Wilfredo “Macario” Canales Argeñal, Wilfredo “Wil Loco” Martínez Largaespada,  Wilfredo Aguilar, Andrés “Masayita” López Mayorga, Ricardo “Juanito” Berríos, Enrique “Bizco Chávez” Chávez Mojica, Marvin Rosales,  Esteban Zúniga,  Novack Fernando Manzanares López (ya fallecido), Juan “Tocino”, Juan Ignacio “Yango”, Mario “Mario Pelón” Altamirano, Luis “Yarol” Reyes Murillo, Luis “Roberto” Cortez del Palacio, Horacio “Flaco”, Carlos Andrés, Santos Sobalbarro Blandón, José “El Coto” Canales, Raúl “Toni” Quiroz Carrero, Wilfredo Aguilar Martínez, Wilfredo “Macario” Canales Argeñal, Raúl “Toni” Quiroz Carrero, Andrés “Masaya” González López, Juan Pablo Solano, Armando “Canoso” Juárez y Luis Torrealba.

Estos hombres y mujeres, el 90 por ciento de ellos jovencitos de entre 16 y 25 años, era la tropa jefeada por Sergio “Marcio 13” Gómez Vargas en este sector mencionado durante la Insurrección Sandinista Victoriosa, en Managua.

En este sector de Sergio Gómez Vargas hubo varios combates memorables, extraordinarios, entre otros, cuando un contingente de casi 300 guardias somocistas genocidas lanzan una ofensiva extraordinaria desde el lado de la Colonia Centroamérica, Hospital Oriental (Manolo Morales Peralta) y construcción del Mercado (Carlos Roberto Huembes, ahora), y llegaron hasta el Hospital Infantil (“La Mascota”, hoy) en construcción, donde fueron rodeados y aniquilados totalmente casi 60 de aquellos guardias somocistas y del CONDECA.

En esta misma zona se produjo el famoso combate de “Río Seco”, en el lado Noroeste de la Colonia Nicarao, donde igualmente casi 30 guardias perecieron por su atrevimiento de meterse  donde estaban estos aguerridos Combatientes Populares del potente Frente Interno del FSLN en Managua.

Columnas y escuadras móviles, jefeadas por Javier “99” López Lowery y “Chico Garand” Guzmán Fonseca

También ya estaban operando grupos militares móviles y defensores de bulevares y esquinas dentro del Reparto Bello Horizonte, la parte Suroeste del Barrio Santa Rosa, toda la zona de los Asentamientos (entonces) Meneses y Santa Bárbara (hoy Barrio Venezuela),incluido el cauce ubicado entre el lado Oeste de Rubenia y el Barrio Venezuela  hasta desembocar en Bello Horizonte; el  cauce entre el Reparto Bello Horizonte y las Colonias Maestro Gabriel y “Salvadorita” (Cristian Pérez Leiva), toda la zona de la Rotonda de Bello Horizonte hasta el entonces Cine Colonial (hoy Semáforos del Colonial), todo Bello Horizonte por la Rotonda, por el Norte y el Este; asimismo operaban hacia el lado Este del Barrio El Edén, muy cerca de la “Treceava Sección de Policía GN”; donde se hicieron notorios jefes Guerrilleros como Francisco “Chico Garand” Guzmán Fonseca, uno de los jefes del grupo de la Organización Militar del Pueblo, fusionada ya en ese momento con el Frente Sandinista de Liberación Nacional; Mauricio “Momia” Riguero, a quien recuerdo yo porque a pocos metros, tenía como casa de seguridad la vivienda de Cliffor Scott en el Sur de Bello Horizonte; Javier “99” López Lowery, Danilo Norori, Juan “Tonatiú” Rivera, Isabel “Venancia” Castillo, del grupo o Tendencia GPP, quienes operaban igualmente en esta zona mencionada. Uno de los jefes de este grupo era “99” López Lowery, quien era uno de los Jefes Guerrilleros de la Tendencia GPP.

Yo era el Secretario General de la Asociación de Vecinos de Bello Horizonte, enfrentada a Anastasio Somoza Debayle, por los robos con el asunto de las casas, y tenía conocimiento de los movimientos revolucionarios sandinistas en Bello Horizonte y sus alrededores.

Columnas móviles y defensa circular en Bello Horizonte

“Chico Garand” Guzmán Fonseca con su grupo armado se combinaba con el grupo también armado de Mauricio “Momia” Riguero Cortez. Con estos Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares eran con quienes yo más contacto diario tenía –me movía en toda la Zona Oriental y Norte insurreccionada–, porque tengo una casa en Bello Horizonte, la H-II-20, muy cercana adonde los grupos de “Chico Garand” Guzmán Fonseca  y “Momia” Riguero tenían sus casas de seguridad.

Este grupo de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares de la Organización Militar del Pueblo (OMP), jefeada en Managua por “Chico Garand” Guzmán Fonseca y Róger (“Aniceto” y “Camastrón”) Cabezas Gómez, eran, entre otros: Armando “Capiró” Oconnor Miranda, Carlos Emilio “Aguja” Cuadra Rodríguez, Salvador “Iguana” Oporta Stathagen, Adilia María Miranda,  Marta Lucía Corea Solís, Amada Pineda Aráuz, Bernardo “Toño” Aráuz, María Eugenia Solís, Denis Ayerdis Miranda (asesinado por la guardia en plena Insurrección en Managua), Mario “Pedro” Espinoza, Róger Cabezas hijo, Ausberto “Marcos” Casanova Fuertes, Silvio “Muerto” Casanova Fuertes, Luis Manuel “Muertito” Casanova Fuertes, Mauricio “Momia” Riguero Cortez, Erick “Machete” Míxter, Félix “Joaquín” Oconnor Miranda, César Núñez, Patricia Moreno Silva, Leonor “Leo” Moreno Silva, Emilio Moreno Silva (era un niño de 14 años), Marjorie Chica Larios, Dolores “Lola” Mercado Fonseca, Óscar “Asesino” Reyes, René “Nítido” Martínez, Alberto Gutiérrez, Darwin “Negro” Rosales, Víctor José “Camilo” Mercado Cortez, Hugo César “Chele” Rizo Bermúdez,  Jorge “Casimiro” Prado, Augusto César “Cheche” Ráudez,  Lissette “Negra” Ruiz y Nelson José Mercado Silva..

Varios de ellos habían recibido entrenamiento en Cuba (“Aguja”, Ausberto, Silvio “Muerto”, “Muertito”, “Camilo” y César Núñez), especialmente en fabricación de explosivos y técnicas de combate.

Eran colaboradores (correos, casas de seguridad) de esta columna de la Organización Militar del Pueblo (OMP): Jimy  “Palo Seco” Palacios González, Carlos “Pecho de Gallo” Ballesteros, Dr. Eduardo Rugama Paz, Graciela Oconnor Miranda y Edgardo Jerez Talavera.

Este grupo de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares de Bello Horizonte y Santa Rosa dispusieron (y así lo hacían) prestarle cooperación permanente con sus columnas y escuadras móviles al Estado Mayor General del Frente Interno en los distintos Frentes de Guerra insurreccionales, o sectores en la Zona Oriental de Managua, y de ese modo estuvieron en  la destrucción y eliminación total de las “Sierra 12” y “Sierra 13”, en combates sonadísimos como el del 14 de junio entre la Colonia Catorce de Septiembre y Colonia Nicarao; también en el combate del 17 de junio en el Paraisito, en San Cristóbal, en María Auxiliadora, en El Dorado, en Colonia Luis Somoza (Diez de Junio), en Colonia Don Bosco y Colonia Colombia; y también en el famoso combate de “Río Seco”, en la Colonia Nicarao.

Combatieron en repetidas ocasiones al lado de los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares comandados por Marcos Somarriba García, en la Carretera Norte, en el Barrio Santa Rosa y para el lado del Barrio Riguero Norte y de la Colonia Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.

Antes del nueve de junio, recuerdo que Francisco “Chico Garand” Guzmán Fonseca se apareció en la casa del profesor Edgardo Jerez Talavera–una de sus casas de seguridad—con cuatro sacos llenos de fusiles Garand, M-16, escopetas 12 y 16, rifles 22, rifles 30-30 con miras telescópicas, revólveres calibre 38 y pistolas, todo lo cual llegó montado en un carretón de manos y en el automóvil del profesor Jerez Talavera.

Ese automóvil del profesor Jerez se movía de un lado a otro con esas armas. “Chico Garand” Guzmán Fonseca había llegado con esas armas procedentes de León y de Chontales, donde tenía amigos que le ayudaron a juntar dinero para comprar armas, unas, y otras, habían sido arrebatadas en operativos a guardias somocistas genocidas.

Al ocurrir esto de las armas en la casa del profesor Edgardo Jerez Talavera, recuerdo, llegaron decenas de Combatientes Populares en busca de que les dieran armas para irse a combatir en las numerosas trincheras de combate contra la dictadura somocista.

Uno de los primeros operativos de estos grupos, antes del nueve y el mismo nueve en la noche, fue hostigar y finalmente prenderle fuego el 10 de junio en la tarde a la Doceava Sección de Policía que la Guardia Nacional tenía en el lado Noreste del Parque Marta Lucía Corea Solís, a tan sólo 60 metros de mi casa y en el costado Norte de la vivienda de Víctor “Juan Pequeño” Boitano Coleman.

“Chico Garand” Guzmán Fonseca jefeaba al grupo de Combatientes Populares de la “Organización Militar del Pueblo”, en Bello Horizonte y alrededores.  En esos momentos, en 1979, el jefe de la OMP, a nivel general,  era el periodista Álvaro Montoya Lara, quien ya estaba combatiendo en el Frente Sur Benjamín Zeledón Rodríguez, donde cayó enfrentando a tiros a la soldadesca somocista genocida.

Esta agrupación, bastante numerosa, era parte del Partido Socialista Nicaragüense  que estaba de acuerdo con la lucha armada, pues una parte del PSN se oponía al uso de las armas para derrocar a la tiranía somocista. Este Partido Socialista Nicaragüense desprendido fundó la “Organización Militar del Pueblo”, y al momento de la Insurrección ya estaba fusionada con el Estado Mayor General Conjunto del Frente Interno del FSLN, en Managua, comandado este por Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra Lacayo.

Expliqué arriba que antes de  tenderse y establecerse toda esta tropa de Combatientes Populares en las calles orientales y occidentales de Managua, Capital de Nicaragua, ya funcionaban numerosas columnas y escuadras móviles, fulminantes, potentes, las cuales efectuaban emboscadas relámpagos y mortíferas  en numerosos puntos geográficos de Managua, entre otros: Rocargo en el Kilómetro Ocho de la Carretera Norte, dentro de Villa José Benito Escobar, en el “Camino de Bolas”, por el Aserrío Carlos Morales Orozco, en Los Laureles, en la Colonia Primero de Mayo, en ataques relámpagos y muy violentos contra Secciones policiales (todo era Guardia Nacional somocista genocida) en San Judas, Colonia Centroamérica, en Bello Horizonte, en “Sierra 13” El Edén, en el Barrio Mombacho, en el OPEN III, en el Reparto Schick Gutiérrez, etc.

Al instalarse el Estado Mayor General del Frente Interno y el Estado Mayor Conjunto de Managua, inmediatamente forman la columna “Liebre” (móvil, de ofensiva, emboscadas, y hostigamientos muy violentos) con los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares más diestros en el manejo de armas de guerra, explosivos, lanzamorteros y de combates, para que se muevan a dar golpes violentos, mortales, en contra de la soldadesca somocista, en cualquier parte del teatro de operaciones militares insurreccionales, en la Zona Oriental de Managua.

La “Liebre” también fue conocida como “Caza Perros”, porque además de las características militares mencionadas también se dedicaban a perseguir a esbirros somocistas genocidas connotados, a capturarlos, enjuiciarlos públicamente y después fusilarlos, como efectivamente se hizo con muchos guardias, orejas, soplones, entre otros, Pedro Pablo “Poeta Carpintero” Espinoza, uno de los defensores más descarados de la tiranía somocista por medio de un su noticiero que tenía en “Estación X”, propiedad de Anastasio Somoza Debayle, ubicada sobre el Cerro de las Piedrecitas.

Posteriormente, con los mismos y nuevos integrantes de La ”Liebre” se formó la “Columna Óscar Pérez Cassar”, controlada directamente por los miembros del Estado Mayor General del Frente Interno (Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra Lacayo), con finalidades similares al inicio de la “Liebre”, pero además con funciones de inteligencia militar, para después montar y desarrollar los operativos militares fulminantes, mortales, realmente destructivos en contra del aparato militar del somocismo y de su soldadesca criminal genocida.

Con características parecidas surgieron otras columnas en el teatro de guerra Oriental y Occidental, como la de los “Perros Negros” en el Barrio San José Oriental, la cual se forma al estallar la Insurrección en los primeros días de junio de 1979, comandada por Daniel Chávez González.

Inicialmente eran tan sólo 12 jovencitos, de entre 17 y 22 años, dispuestos a morir o vencer en la contienda militar contra el somocismo genocida en Managua. Esta columna de los “Perros Negros”, llegó a tener en sus filas a 52 integrantes, hombres y mujeres, todos Combatientes Populares entrenados. 38 de ellos cayeron en combates, la mayoría dentro del mismo Barrio San José Oriental, Barrio este colindante con Ciudad Jardín por el Norte y con el Barrio Rigoberto López Pérez por el Sur.

Decidieron operar de forma móvil en su propio vecindario San José Oriental y en los Barrios: Riguero, “Campo Bruce” (Rigoberto López Pérez), Paraisito, Reparto El Dorado y el lado Oeste del Barrio Larreynaga, colindante con Ciudad Jardín y Paraisito, y se pusieron a la orden militar y política del Estado Mayor de Managua (Mónica Baltodano Marcenaros, Raúl Venerio Granera y Osbaldo Lacayo Gabuardi).

Los 38 caídos de esta columna de “Perros Negros” fueron: Marta Lorena López Mojica, esposa  de Carlos Alberto “El Sobrino” Dávila Sánchez; José Alberto Vásquez, Ricardo Membreño Morales, Jorge Luis Orozco García, Denis Alfaro López, Walter Morales Espinoza, Octavio Sandino Valle, Alfonso Alvarado Rivas, Francisco Fuertes Guadamuz, Roberto Hernández, Rolando Martínez, Isidro Montes; Rafael, Sergio y Julio Lacayo Membreño; Rosa Martínez Ubieta, Douglania Calero, José Arnoldo Hernández, Berta Martínez Ramírez, Sucre y Elena Rosales, Azucena Delgadillo Rodríguez, Moisés Rodríguez, Mauricio Briones, Jerónimo Canales, Enrique Cortez Solano, Bolívar Alberto Sequeira, Emilio Andrade González, Antonio Hernández Salmerón, Francisco Ortega García Eberando Godoy, Manuel Sánchez, Juan López García, Carlos López Gómez, Ángela Delgado Silva, Genaro Oporta, Carlos José Ramírez Bermúdez, Ricardo Oviedo Roa y Carlos Armando Sevilla.

Todos estos Frentes de Guerra Revolucionaria Sandinista Insurreccional en la Zona Principal de Combates, todos, sí todos los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, Milicianos y pobladores civiles colaboradores, estaban comandados por el Estado Mayor General del Frente Interno y por el Estado Mayor Conjunto del FSLN en Managua, integrado por Mónica Baltodano Marcenaros, Oswaldo Lacayo Gabuardi y Raúl Venerio Granera.

Estos seis Jefes supervisaban, dirigían y participaban directamente en algunos combates, por ejemplo al momento en que fue destrozada la “Treceava Sección de Policía”, en el Mercado Periférico, donde estaba el tenebroso asesino y torturador Alberto “Macho Negro” Gutiérrez, hecho ocurrido el 11 de junio todo el día y parte de la madrugada del 12.

Incendio insurreccional generalizado

El nueve de junio de 1979, como queda relatado, en el día y en la noche, Managua se encendía insurrecta por los cuatro costados en los Barrios  populares tradicionales, Asentamientos Humanos de lotificadores (como La Fuente, Loma Linda, Villa Roma, Torres Molina, OPEN Tres,  Riguero Norte, Colonias y Repartos orientales y una parte de los vecindarios situados al Norte, propiamente algunos ubicados en la orilla de la Carretera Norte.

Centenares de jóvenes, hombres y mujeres, Guerrilleros y Combatientes Populares, ancianos y hasta adolescentes (todos voluntarios, patriotas, defensores de la Soberanía Nacional y sacrificados por las libertades más elementales de la Patria), lanzándose a las calles con el grito de ¡!Patria Libre o Morir, Patria o Muerte, Venceros¡¡

Este grito prolongado, lleno de fervor patriótico y revolucionario sandinista, se produjo, por ejemplo,  en la Avenida Este del Reparto  Bello Horizonte, cuando eran un poco después de las siete de la noche. Eran jóvenes con el pecho descubierto, lleno de amor por la Patria, portando unas pocas, poquísimas, armas de guerra y los otros, la mayoría, pistolas, rifles 22 y 30-30, escopetas calibre 12, 16 y 20, unas tiro a tiro y otras con capacidad de repetición, y bombas de contacto en abundancia.

Recuerdo aquella noche del nueve de junio, estaba ya anocheciendo, como uno de los momentos más memorables de la Historia Patria de Nicaragua. Vi y vimos cómo un grupo nutrido de jóvenes desde la oscuridad callejera, con voz clara, diáfana, fuerte como un altoparlante, a pecho desnudo, desafiando el inmenso poder de fuego balístico de la Guardia Nacional genocida, invitaban al pueblo a insurreccionarse contra el inmenso aparato opresor y criminal de la dictadura militar somocista, fundada  (en 1927), educada, entrenada y financiada hasta su final (julio, 1979) por el gobierno criminal de Estados Unidos.

Los mandos superiores de la Guardia Nacional somocista genocida, enterados ya porque habían capturado los planes militares insurreccionales y por los fieros combates móviles, de ofensivas potentes y de resistencia también, muy mortales inclusive en contra de la soldadesca y oficiales somocistas genocidas, ese mismo día temprano, al medio día y en la noche del nueve de junio de 1979, habían mandado a reforzar las sedes de sus batallones élites y las 16 Secciones de Policía (guarniciones de la GN en zonas y vecindarios), y también estaban ya operando de forma móvil en convoyes, es decir, a bordo de camiones con ametralladoras calibre 50 y 30, instaladas por encima de las barandas de los camiones. En algunos casos, eran convoyes de hasta siete camiones repletos de guardias, todos armados con fusiles nuevecitos y mochilas llenas de tiros, más  bombas de fragmentación y lanzamorteros o bazukas.

Una de esas Secciones de Policía reforzada con más soldados, armas de guerra, más radiocomunicadores y comida,  era la llamada “Treceava Sección de Policía” (“Sierra 13”, le decían los oficiales de la GN), la cual estaba ubicada en el lado Suroeste del Mercado Periférico, una construcción sólida de cemento armado y hierro, y preparada anticipadamente con huecos pequeños para sacar por ahí los calibres de los fusiles y ametralladoras.

En esta Sección de Policía estaba el odiadísimo (por pobladores) torturador y asesino Alberto “Macho Negro” Gutiérrez, quien había sembrado el terror por mucho tiempo en Barrios Orientales y en casi toda Managua. Este cuartel y centro de torturas y muerte del somocismo genocida estaba entre el extremo Norte del Barrio Ducualí y en el extremo Sureste del Barrio El Edén, y de frente a los muros del Cementerio Oriental de Managua.

Todos estos 16 cuarteles habían sido reforzados ese mismo día nueve de junio, por la mañana, incluyendo la  Doceava Sección de Policía, ubicada en el lado Sur  (dentro) del Reparto Bello Horizonte, en una esquina del lado Noreste del Parque Marta Lucía Corea; los guardias salían todas las noches de esta Sección a catear casas dentro de Bello Horizonte; también la “Sierra 16” del Barrio Mombacho, cuyos gendarmes sembraban el terror en vecindarios de la Carretera Norte, en Villa Progreso, Villa San Jacinto, en la Colonia Xolotlán, en el Barrio La Primavera, en el Barrio Waspán  Sur; también  llevaron más gendarmes, soplones y paramilitares a la Sección de Policía y  otro contingente de gendarmes que tenían en dos Colegios cercanos al Tanque Rojo del Reparto Schick, donde las columnas de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares ya les habían hecho varias emboscadas nocturnas, muy mortíferas, pues los Combatientes emboscados habían usado profusamente bombas de contacto para destruirles los vehículos en que se movilizaban estos guardias asesinos.

Sábado 9 de junio

Combates Populares provocan pánico en soldados GN-EEBI

Caía una llovizna ligera al anochecer de aquel viernes 9 de junio de 1979 cuando se escuchaban aquellos gritos libertarios de “¡!Patria Libre o Morir¡¡, ¡!Patria o Muerte, Venceremos¡¡, Muerte al somocismo¡¡, ¡De esta no se salva ningún somocista¡”, por las calles de Managua, repitiéndose con ecos vibrantes de montañas en vecindarios del Oriente hacia el lado Oeste capitalino, como: Reparto Laureles Norte (Manuel Fernández Mora), Villa Libertad, Colonias Las Sabanas y Cinco de Diciembre, Américas Cuatro, Américas Tres, Américas Uno, Colonia Primero de Mayo, Reparto Santa Emilia (Omar Torrijos Herrera), Catorce de Septiembre, Colonia Nicarao, Reparto Santa Julia, Colonia Don Bosco, Colonia Colombia, Luis Somoza (Diez de Junio),  Bello Horizonte, Santa Rosa, Barrio Blandón (Costa Rica), Maestro Gabriel, “Salvadorita” (Cristian Pérez Leiva), Reparto El Dorado, Barrios Ducualí, El Edén, María Auxiliadora, San Cristóbal, Santa Bárbara y Meneses (hoy Venezuela), Barrio Primero de Mayo, Barrio Paraisito, Barrios Larreynaga y San Luis, Barrio San José Oriental, Campo Bruce (Rigoberto López Pérez), Colonia Managua, y otros vecindarios en la orilla del Lago de Managua, en la Carretera Norte, al otro lado de la Carretera, como: Riguero Norte, Colonia Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, Colonia  Américas II (Villa José Benito Escobar Pérez), Colonia Unidad de Propósitos (en las cercanías del Aeropuerto Las Mercedes, hoy Aeropuerto Sandino), etc.

Al mismo tiempo se registraban centenares de explosiones de bombas de contacto, fogatas enormes con mítines relámpagos a su alrededor, acompañados éstos por agitadores y propagandistas del Frente Sandinista de Liberación Nacional invitando a lanzarse ¡ya¡ a la lucha armada insurreccional contra el monstruoso aparato opresor somocista, marchas de centenares de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares dentro de los Barrios, Colonias, Asentamientos y Repartos residenciales; esos Combatientes (hombres y mujeres, jóvenes, adolescentes y ancianos), guerrilleros libertarios, se desplazaban con fusiles y armas de cacería cruzados en sus pechos o cargados en los hombros; lucían boinas negras, vestimentas verdeolivo, pañuelos rojinegros atados al cuello o en las cabezas, y algunos con salveques fajados en la cintura y mochilas para cargar los tiros, cuchillos y machetes para los combates contra el enemigo, los cuales se desarrollaban ¡ya¡ exitosamente en aquellos momentos en la Zona Occidental, o Secundaria de Managua, pues ese nueve de junio de 1979, como queda relatado arriba, los Jefes Guerrilleros, Milicianos y Combatientes Populares habían ya trabado numerosos combates contra la soldadesca somocista genocida, comenzando en el ZUMEN, y provocando a la EEBI-GN, que los seguía hacia el Sur, trabando combates por donde son hoy “Raspados Loli”, Plaza Julio Martínez, Aserrío de Heliodoro Flores, en “Laguna Negra”, en el Complejo Comunitario en construcción, en “La Tomatera”, en Loma Linda, es decir, “habían mordido el anzuelo” del Plan Insurreccional Sandinista en Managua, trazado por el Estado Mayor General del Frente Interno, cuyos tres jefes ya dirigían la contienda militar libertaria en Managua.

En el Noroccidente de Managua, en la misma Zona Secundaria se combatía también de forma móvil y  ferozmente esa misma tarde y noche  contra los guardias somocistas genocidas en  Acahualinca, Monseñor Lezcano, Balcanes, Colonia Morazán, San Sebastián, Repartos Linda Vista y Las Brisas, Lomas de Guadalupe y callejones del Barrio Santa Ana.

Guerra de guerrillas, hostigamientos militares desesperantes, ataques balísticos relámpagos y emboscadas mortales, más recuperación de armas de guerra, municiones y vehículos que pudieran servir para la movilización de los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, esa era la estrategia u orden dada por el Estado Mayor General del Frente Interno del FSLN guerrillero, todavía clandestino, en la Insurrección Popular u Ofensiva Final, en este teatro de operaciones militares revolucionarias sandinistas en Managua.

Especialmente al Sur de San Judas, los pobladores estaban insurreccionados ese día y noche del nueve, y le habían prendido fuego a la Sección de Policía GN y al prostíbulo, propiedad de un guardia somocista, mientras Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares habían hecho “morder el anzuelo” a los mandos militares somocistas para que casi mil soldados salieran a las calles a perseguirlos, y de ese modo se le daba cumplimiento al Plan Militar Insurreccional Sandinista de que los Combatientes de la Zona Secundaria los obligaran a “ocuparse” tras las fuerzas revolucionarias y que de esa manera se empantanaran allí para no salir de Managua ni mover más tropas hacia el Oriente y Norte capitalino, o Zona Primaria de la lucha insurreccional libertaria, donde la Insurrección, u Ofensiva Final, se estaba instalando esa noche del nueve de junio de 1979.

El mismo sistema de radiocomunicaciones de la Guardia Nacional, en este caso ubicado en la Central de Policía GN, comandada por el esbirro coronel Nicolás Valle Salinas, informaba a las dos de la tarde del nueve de junio que la Décima Sexta Sección de Policía, ubicada en el Barrio Mombacho, en el kilómetro seis de la Carretera Norte, estaba siendo atacada con fuego balístico nutrido por alrededor de 20 Combatientes Populares. El ataque relámpago  y combate duró unos 20 minutos.

A las tres de la tarde, una hora después, el mismo sistema de radiocomunicaciones de la GN reporta que un grupo numeroso de Combatientes Populares (“Yeicos”, “Sandino-comunistas-terroristas”, decían angustiados los guardias y Anastasio Somoza Debayle), armados todos, y pobladores de la Colonia Xolotlán ya insurrectos o rebelados, quemaban vehículos, levantaban barricadas callejeras, hacían zanjas en las esquinas y calles, estallaban bombas de contacto y realizaban mítines en la comunidad.

Esta Colonia Xolotlán está ubicada de la empresa Siemens (Carretera Norte) hacia el Sur, muy cerca de la “Sierra 16” de la Guardia Nacional. Los guardias, paralizados de pánico, no se movieron.

A la misma hora, tres de la tarde, los guardias de “Sierra 16” informan a su jefe, Nicolás Valle Salinas (“Sol 22”, le decían en sus radiocomunicaciones) que unos 100 jóvenes armados se desplazaban de Sur a Norte por el “Motel Dancing”, (comienzo de la Pista Buenos Aires hacia el lado del hoy Mercado Iván Montenegro Báez), ubicado este Motel a 150 metros al Este de donde estaba ubicada la “Sierra 16”, en el Barrio Mombacho (Freddy Herrera).

El mismo reporte decía que estos 100 jóvenes portaban fusiles automáticos, escopetas y una ametralladora calibre 30. A las cinco de la tarde del nueve, por medio de las comunicaciones radiales de la GN, se conoce también que ha habido al menos cinco combates durante el día dentro del Reparto Schick Gutiérrez, especialmente contra los contingentes de guardias acantonados en Baterías Hasbani, en el Colegio José. R Somoza, en la Sección de Policía y en el Colegio Hope Portocarrero de Somoza, este último situado en la entrada al Camino de las Comarca Las Jaguitas.

A las seis y 47 minutos de la tarde los gendarmes de la Tercera Sección de Policía GN (“Sierra Tres”), ubicada en Monseñor Lezcano, Zona Noroccidental de Managua, reportan que una patrulla GN sostiene un combate con unos 15 “Yeicos” (Combatientes Populares) en uno de los callejones del Barrio Santa Ana.

A las siete y 16 minutos, ya es de noche, los mismos gendarmes de la “Sierra Tres”, informan que un grupo de unos 30 “Yeicos” o Combatientes Populares atacan de manera sorpresiva al contingente de  unos 100 guardias en la Fábrica o Telar Gadala María, situado en una construcción antigua y en un predio baldío contiguo a las famosas Huellas de Acahualinca, en el Barrio Acahualinca. Esto indica que los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares ya echaron a andar  audazmente el Plan Militar Insurreccional en la Zona Noroccidental de Managua.

Este combate, fundamentalmente de hostigamiento relámpago  a la soldadesca criminal somocista, dura poco tiempo porque los Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros no tienen donde parapetarse, y pasados unos 15 minutos deciden retirarse por el Cauce Occidental hacia el Sur, específicamente por el Puente León, por donde entraron José Santos Zelaya López y su tropa de liberales triunfantes el 11 de julio de 1893.

Casi al mismo tiempo, los agentes de la GN en la Cuarta Sección de Policía (“Sierra Cuatro”), ubicada en las cercanías del “Destilatorio Nacional” (guaro lija) y Cine Blanco, cerca del Arbolito, informan por radiocomunicadores que también fueron atacados a balazos y bombazos por unos 20 “Yeicos” que se desplazaban a pie, vestidos de verde olivo, con boinas negras y pañoletas rojinegras atacadas en el cuello.

Esta “Sierra Cuatro” fue atacada con fuego balístico nutrido desde un predio de la llamada “Escuela de Arte” (Taller de reparaciones mecánicas y eléctricas del Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua). Los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares hicieron dos ataques relámpagos y después se retiraron.

Eran ya las ocho y 50 minutos de la noche cuando las columnas guerrilleras jefeadas por Sergio Gómez Vargas y César Augusto “Moisés” Silva estaban atacando de forma sostenida, con fusiles, ametralladoras y bombas de contacto, la llamada “Sierra Diez”, o Décima Sección de Policía, la cual funcionaba en el lado Suroeste de la Colonia Centroamérica, en la mera orilla de la Carretera a Masaya y de frente al Centro Comercial Camino de Oriente, contiguo al “Autocinema” y enfrente de los “Cinemas” en ese Camino de Oriente.

Para los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares aquí es una zona despoblada. No hay muchos lugares en qué parapetarse. Sin embargo, la orden del mando militar del Estado Mayor General del Frente Interno es que se actúe como una tormenta de balazos y bombazos, lo cual produce un estampido de gente civil en la zona, pues a esa hora hay gente viendo películas en el “Autocinema” y en los “Cinemas” del Camino de Oriente.

Domingo 10 de junio

Guardias cañonean calles solitarias en Monseñor Lezcano y Santa Ana

A las ocho de la mañana del diez de junio por radiocomunicaciones de la Guardia Nacional se informa que presuntamente la EEBI de asesinos retomó la Colina del Naranjo, en Rivas. Al mismo tiempo ordenan la entrega de tres cadáveres de guardias que fueron baleados por “confusión” en un tiroteo entre dos patrullas de BECATS o Brigadas Antiterroristas del Estado terrorista somocista genocida.

A las 11 y 20 minutos de la mañana la Guardia Nacional, por órdenes de Anastasio Somoza Debayle, pone en marcha sus planes de terror en contra de los vecindarios de Managua al hacer volar avionetas equipadas con altoparlantes, mediante los cuales un locutor arrastrado del somocismo conmina a los pobladores de los Barrios San Judas, Altagracia y Monseñor Lezcano a que abandonen de inmediato estos sectores geográficos porque la Guardia Nacional va a proceder a bombardearlos por la presencia de guerrilleros Sandino-comunistas-terroristas.

O sea, estaban poniendo en marcha una nueva “operación limpieza”. Así le llamaban los mandos militares somocistas al paso de 500, 1, 000 ó más guardias, acompañados de tanques, tanquetas con ametralladoras, cañones, granadas de fragmentación, aviones push and pull, ametralladoras calibre 50 y 30, todas estas armas siendo disparadas contra  pobladores civiles, más tractores o patroles que iban desbaratando barricadas y zanjas o pozos tiradores, incluyendo lo de asesinar atrozmente como había ocurrido, hacía pocos días, en San Judas, en el Reparto Schick Gutiérrez y en las cercanías de los “Billares Shanguelo”, donde habían descuartizado  a machetazos y quemado el cuerpo de Isidro Centeno, frente a centenares de pobladores del Barrio La Fuente. La crueldad de la Guardia Nacional somocista genocida era francamente inaudita, sólo comparada, quizás, con los nazifascistas alemanes de Hitler.

Cabe mencionar aquí que estas “operaciones limpieza” eran realizadas por un grupo numeroso selecto de guardias nacionales apodados “Pumas”, que en realidad eran una banda de asesinos muy crueles, sanguinarios y ladrones, pues al mismo tiempo en que hacían funcionar el aplastante aparato opresor del somocismo, iban robando joyas, dinero y todo lo que consideraban de valor lo iban arrastrando al mismo tiempo que torturaban y mataban seres humanos y animales en los vecindarios que sufrían estas “operaciones limpieza”.

A las once y media de la mañana de ese diez de junio en los callejones del Barrio Santa Ana, situado al Noroeste de Managua, los pobladores, hombres y mujeres, ya insurrectos, le prendían fuego a vehículos de “soplones” y” orejas” del somocismo, y al mismo tiempo edificaban barricadas y construían zanjas, para que los Combatientes Populares enfrentaran a tiros a la soldadesca de la Guardia Nacional y que esta no se metiera en los callejones mencionados

Un poco después, a las once y 45 minutos, según se escucha en las radiocomunicaciones de la Guardia Nacional,  envalentonados y para sembrar pánico, unos 300 soldados GN,  en camiones blindados, caminando a pie, acompañados de un tanque y dos tanquetas, ametralladoras calibre 50 y 30 montadas en jeepones y con RPG-7, o bazukas, recorren las calles de Monseñor Lezcano y Santa Ana,  y disparan sus cañones y metrallas en las calles vacías, pues la gente civil y los Combatientes Populares se habían ocultado temporal y tácticamente por orientaciones del Estado Mayor FSLN en este sector de Managua.

Sin embargo, por otro lado en las mismas radiocomunicaciones se les sale el nerviosismo, se nota que están “acalambrados”, que tiemblan de miedo, pues con voz entrecortada el radio-operador de “Sierra 16”, en el Barrio Mombacho, vuelve a informar que muy cerca, en el Aserrío Carlos Morales Orozco hay unos 100 “Yeicos” armados hasta los dientes. Recuerda el radio-operador de la GN de “Sierra 16” que este mismo grupo de Combatientes Populares los había atacado hacía poco tiempo, y recomienda irlos a enfrentar en el Aserrío Carlos Morales Orozco.  No hay respuesta de los mandos superiores de la Guardia Nacional

A las 12:30 minutos el jefe de la “Sierra Trece”, o Treceava Sección de Policía, Teniente Gaitán,  donde estaba el multiasesino y torturador Alberto “Macho Negro” Gutiérrez, informa nervioso igualmente que a unos 100 metros en contorno de la “13” se mueven unos 100 hombres y mujeres (todos jóvenes) con fusiles, ametralladoras y lanzamorteros, y cree que en poco tiempo lo estarán atacando

Adentro del cuartel de la “13” habían unos 60 guardias, todos con fusiles automáticos Galil, Garand y M-16, más tres ametralladoras (una calibre 50 y dos calibre 30), más una Bazuka, mientras en los contornos, alrededor, y hasta la esquina Norte en la “Gasolinera Salvadorita” (así la siguen llamando sus dueños, el somocismo genocida se quedó con ellos, en lo más profundo de sus almas), estaban apostados otros, más o menos, 100 guardias, los cuales inclusive tenían una tanqueta con dos ametralladoras allí frente a la Gasolinera ESSO, más algunos cañones portátiles, según los recuerdos de Melba Orozco y Alejandro “Huesito” Mairena Obando, Combatiente Popular, quien fue uno de los participantes en el combate para destruir la “13” el 11 de junio de 1979, durante todo el día y la noche.

Insurrección Popular armada se extiende como tormenta liberadora

A la 1:35  de la tarde del diez de junio, el operador de radio de la “Sierra Trece” comunica a sus superiores GN que la Sección de Policía ya está siendo hostigada desde distintos lados geográficos por los Combatientes Populares ya mencionados. Esto indica que la Insurrección Sandinista, u Ofensiva Final, sigue propagándose como tormenta indetenible en Managua.

A la 1:45 pm. Se produce un ataque armado veloz, violento, mortal, contra dos patrullas GN de una Brigada Contra Actos de Terrorismo (BECAT) en Américas Uno, en el lado Oriente de Managua, frente a la entrada de la Colonia Primero de Mayo. Las patrullas atacadas por fuego de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, jefeados por César Augusto Silva, son las nos. 1361 y 1359, según el operador de radiocomunicaciones de la llamada Central de Policía.

A la 1:55 pm. Es agitadísimo dentro del Reparto Bello Horizonte, donde centenares de pobladores, guiados por Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, andan en labores de “recuperación de armas”, haciendo zanjas profundas con una retroexcavadora recuperada, construyendo barricadas en todas las esquinas de entradas de Bello Horizonte, por el Sur, por el Norte colindante con el barrio Santa Rosa, en el semáforo de cruce de Villa Progreso y Bello Horizonte, en la Rotonda de Bello Horizonte, en los cruces del cauce hacia el Cementerio Oriental y las Colonias Maestro Gabriel y “Salvadorita” (Cristhian Pérez Leiva).

Personalmente recuerdo que entre los primeros vecinos en sacar armas de cacería a las calles  en Bello Horizonte fue Raúl Munguía, quien era vendedor de automóviles en CATERAN y cazador de venados y poseía varias escopetas. “!Vamos a la “runga” contra estos guardias, hijueputas¡”, gritó Munguía cuando iba cargando las escopetas y un salveque de tiros.

Recuerdo en estas labores insurreccionales a vecinos como Benito Espinoza, Elizabeth Mejía Rivas, Arnulfo Oviedo y su esposa Lesbia Cuadra, Edgardo Jerez Talavera, la mismísima Marta Lucía Corea Solís (caída en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya), René “Nítido” Martínez, Juan “Tonatiú” Rivera, Ivette y Howard Soza Castro, Vitalia Rojas, Guillermo Baltodano Serrano, los hermanos Ariel, Tobías y Kairo Jiménez; Marjorie Chica Larios, Ernesto Chacón Blandón, Ernestina Navarro (hermana de Jorge Navarro, uno de los fundadores del Frente Sandinista), por ejemplo.

Estos vecinos, encabezados por numerosos Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros, procedieron a prenderle fuego a la “Sierra Doce”, la cual estuvo ubicada en la esquina Noreste del Parque Infantil y Recreativo de la Etapa II de Bello Horizonte, a tan sólo 60 metros de la casa de Pablo E. Barreto Pérez.

Los guardias o soldados de estas “Sierra 12” habían huido el nueve de junio en la noche, temprano, debido a los hostigamientos y ataques militares relámpagos constantes de los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares ya mencionados.

Las instalaciones de esta “Sierra 12” eran de tablas, del mismo estilo de piezas prefabricadas con que se habían construido las Américas Uno, Américas Dos, Américas Tres y Américas Cuatro. Estas tablas, rodeadas de piedras canteras, fueron rociadas de gasolina, y ardieron muy rápido, el 10 en la madrugada, mientras centenares de pobladores, ya insurrectos, observaban de frente, en el parque, y lanzando gritos de “!Muerte al somocismo¡, ¡de esta no se escapa ningún somocista¡” Este parque de la Etapa Dos después del Triunfo de la Revolución fue bautizado con el nombre de  Marta Lucía Corea Solís.

También había estallado la Insurrección sandinista en el OPEN TRES y Bella Cruz (Ciudad Sandino al Triunfo de la Revolución Sandinista), ubicado en el kilómetro doce y medio de la Carretera Nueva a León, después convertido en uno de los Barrios occidentales, más tarde en Distrito I y finalmente es hoy Municipio del Departamento de Managua.

En el OPEN TRES o Ciudad Sandino el Estado Mayor estaba integrado el Estado Mayor por:  Adolfo Aguirre Stadthagen (caído combatiendo durante esa Insurrección), Eva Adilia Solís, estos dos eran los jefes; y eran miembros de este Estado Mayor los compañeros: José “Pepe Loco” Estrada Fonseca, Nelson Romero Lanzas, Gustavo Cerna González (hijo de uno de los fundadores de Ciudad Sandino), Marlene Álvarez, Carlos Vivas Ramírez, Mauricio Membreño, Antonio “Julio” López, Gonzalo Jarquín, Julio César Vílchez, Héctor Martínez Pacheco y Francisco Cedeño..

En Ciudad Sandino se formaron dos frentes de combate: uno en el sector llamado propiamente OPEN TRES (Ciudad Sandino) y el otro, en Bella Cruz. La guardia tenía sus destacamentos militares en las cercanías del Cuerpo de Bomberos y  en la orilla de la Carretera Nueva a León, cerca de la entrada por el lado Norte, desde donde desplazaban las tropas calle por calle, y de esa forma, el 9 y 10 de  junio de 1979, también se habían generalizado los enfrentamientos a tiros entre las fuerzas militares somocistas de la Guardia Nacional y el grupo de Jefes Guerrilleros y de Combatientes Populares de unos 300, entre hombres y mujeres, la inmensa mayoría jóvenes, en este sector Oeste de la Capital de Nicaragua, ubicado entre los kilómetros doce y 13 de la Carretera Nueva a León.

Masas insurrectas, barricadas y zanjas enloquecen a guardias GN-EEBI

2:40 pm. A esta hora, mediante radio-comunicaciones de la Central de Policía, centenares de soldados que andan en patrullas móviles, reciben orden de “limpiar de barricadas” la “Pista Media de Circunvalación”, ubicada del “Dancing, kilómetro seis de la Carretera Norte, hacia donde es hoy el Mercado Iván Montenegro Báez. Y también mandan a destruir las barricadas que pobladores insurrectos han levantado en las entradas a la Terminal de Autobuses de Masaya y Granada, ubicada al Sur de las instalaciones en construcción de lo que sería después el Mercado Carlos Roberto Huembes.

2.45 pm. Los gendarmes de la “Sierra Tres”, en Monseñor Lezcano, vuelven a informar, llenos de angustia, que están siendo atacados con fuego balístico nutrido el Telar de Gadala María, frente a las Huellas de Acahualinca, por un grupo numerosos de Jefes y Combatientes Populares del sector Noroccidental de Managua, jefeados por Silvio “Israel” Porras García y Arnoldo “Viejo Ernesto” Real Espinoza..

El contingente de soldados GN de este sector se parapetan, pero no salen de dónde están escondidos. Los Combatientes Populares efectúan el ataque relámpago durante 10 minutos y se retiran hacia el centro del Barrio Acahualinca, donde hay barricadas y zanjas en cada una de las esquinas del vecindario costero del Lago Xolotlán o de Managua.

A esta misma hora, el comando GN de Tipitapa reporta que unos 30 guerrilleros se movilizan armados en las calles de los Repartos o Asentamientos Molina y San Rafael, este último casi frente al Balneario El Trapiche.

2:55 pm. Por orden del esbirro coronel Nicolás Valle Salinas  salen varias patrullas GN de la Central de Policía (Cárceles de la Aviación, en la orilla de la Carretera Norte) hacia las Colonias Don Bosco, Luis Somoza y Colombia, y el Barrio Larreynaga, donde ya igualmente se mueven centenares de Jefes Guerrilleros, Milicianos, Combatientes Populares y pobladores insurrectos, levantando barricadas, construyendo zanjas, trasladando armas en carretones de manos, transportando comida, construyendo refugios antiaéreos y moviéndose, para emboscar a los guardias. Al parecer, los guardias llenos de miedo no llegaron a estos vecindarios, pues dentro de ellos no hubo enfrentamientos armados a esta hora del día.

3:05 pm. El lenguaje de los operadores de radiocomunicaciones de la Guardia Nacional va cambiando un poco, pues de vez en cuando las órdenes de mando no son específicas para una  o dos patrullas, sino que la orden, o alertas, es para todas las patrullas, como ocurrió al momento en que se levantaban barricadas en el Reparto Altamira, de Inmobiliaria tres cuadras al Oeste, donde alrededor de los pobladores insurrectos habían decenas de jóvenes armados con fusiles de guerra, escopetas, riflitos 22 y revólveres calibre 38. Los guardias tampoco llegaron a este lugar. ¿Tenían miedo a las bombas de contacto?

3:10 pm. En la radio de la Central de Policía, Guardia Nacional, se escucha que fue emboscada de forma fulminante una patrulla de la GN en uno de los callejones de la Colonia Tenderí por un grupo numeroso de Combatientes del Barrio Larreynaga, quienes en ese momento ya son comandados por Mónica Baltodano Marcenaros, una de los tres jefes del Estado Mayor Conjunto del FSLN en  Managua.

Como la Colonia Tenderí, ubicada al Este de Ciudad Jardín y al Oeste del Barrio Larreynaga, está cerca de la Central de Policía, pronto llegan otras patrullas en su auxilio. Por versiones de vecinos se conoció que la contundente emboscada guerrillera les dejó por lo menos dos muertos y tres heridos a la soldadesca somocista genocida. Los Combatientes Populares al enterarse de que los guardias estaban recibiendo refuerzos, se retiraron en forma ordenada hacia el lado de la hoy “Tiendona”, en la Calle Catorce de Septiembre, donde tenían ya una zona liberada. La soldadesca GN no se atrevió a seguirlos.

3:15 pm. A más o menos un kilómetro al Oeste del sitio de la emboscada en la Colonia Tenderí, se estaba registrando rebelión masiva de los habitantes del lado Noroeste del Barrio Campo Bruce (Rigoberto López Pérez), quienes levantaban barricadas y hacían zanjas en todas las calles y callejones de este sector del Gancho de Caminos, entrada al Mercado Oriental por el Sur, y por donde, además, había una Sección o “Sierra” de Policía GN exactamente donde es hoy el “Semáforo de Repuestos Böer”. Por solicitud de los guardias de esta “Sierra” (no preciso su número), llegaron varias patrullas BECATS y conminaron a la gente a retirarse de allí, pues en ese sitio no habían Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, precisamente por las cercanías de la “Sierra” policial.

3:30 pm. Desde sus radio-comunicadores, los integrantes de varias patrullas de “hombres Pumas cazadores” informan desesperados que decenas de “Yeicos” (Combatientes Populares) los están atacando de forma feroz, potente, relampagueante, en callejos de la Colonia Primero de Mayo, situada al Oriente de Managua, exactamente en la orilla de la Pista Sabana Grande y frente a la entrada de la Colonia Américas Uno.

Esta emboscada combate, relámpago, potente, dirigido a causarle siempre numerosas bajas al enemigo somocista, es coordinado por los Combatientes Populares jefeados por César “Moisés” Augusto Silva, y le causa numerosas bajas entre heridos y muertos a los fanfarrones “Pumas cazadores”, que antes de ser atacados audazmente por guerrilleros sandinistas, se creían invencibles, “intocables” por las balas.

Estos Combatientes Populares inclusive recuperan armas y municiones, y se retiran ordenadamente en menos de 15 minutos de combate demoledor. Los “Pumas cazadores” y radiocomunicadores de la GN en la Central de Policía no informan nada de los resultados de esta emboscada y combate en callejones de la Colonia Primero de Mayo. Sólo informaron que estaban siendo atacados por “Yeicos”.

3.35 pm. La radio central de la Policía informa que fue herido de bala el Teniente Juan Ignacio Arias, conocido dentro de la GN como “Químico Uno”. Aparentemente fue herido en un pie. Se encontraba patrullando por el Aserrío Carlos Morales Orozco cuando su unidad o patrulla policial BECATS fue atacada con fuego balístico nutrido de las escuadras y columnas guerrilleras combativas jefeadas por Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz.

Este Teniente Arias, o “Químico Uno”, era también farmacéutico. Ingresó a la Central de Policía a raíz de la formación del  Laboratorio Policial que comenzaría a funcionar el 23 de diciembre de 1972, el día del Terremoto que destruyó Managua. Este Arias, “enamorado” de la corrupción y de la tiranía somocista genocida, decidió quedarse en la Guardia Nacional ya como oficial de línea.

Al comienzo de su carrera militar repentina, sin preparación técnica, fue amable (asunto extraño en estos elementos) con la gente y los periodistas que le dábamos cobertura a las actividades cotidianas de la Central de Policía, incluido, por supuesto, las represiones, torturas y otras denuncias, pero después este Arias cambió, sí, y externaba de forma feroz, hiriente, su odio contra los reporteros capitalinos en general y en particular contra aquellos que éramos opositores a la “Estirpe Sangrienta: los Somoza”. Era, para colmo, propietario de cantinas y prostíbulos, y eso explicaba por qué motivos buscaba el apoyo decidido de la Guardia Nacional.

4:00 pm. A plena luz del día un grupo numeroso de Combatientes Populares, jefeados por Javier “99” López Lowery y Francisco “Chico Garand” Guzmán Fonseca, atacan de forma fulminante a balazos y bombazos a varias patrullas BECATS-GN que osaron meterse por la Pista Larreynaga hasta la Rotonda de Bello Horizonte, donde Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares los esperaron, al mejor estilo guerrillero del General Sandino, con  una sorpresa consistente en una lluvia de balas y explosiones de bombas de contacto.

Los  radio-patrullas GN móviles quedan virtualmente destruidos. Por la radio de la Central de Policía se escucha cuando les dan orden a los guardias para que destruyan los equipos de radio-comunicación que andan los jeeps, para que no caigan en poder de los Jefes Guerrilleros y Combatientes Sandinistas, a los que siguen llamando “Yeicos” y “Sandino-comunistas-terroristas”.

Cabe relatar que el combate dura unos diez minutos, y a pesar del miedo evidente de los guardias, unos 30 en total, se aprecia que manejan hábilmente sus armas de guerra mientras se van en retirada, de retroceso por entre casas y un predio montoso hacia al Norte de la Gasolinera Shell. Se escucha por la radio que van pidiendo refuerzos urgentes y anunciando que van “en guinda”, rumbo hacia el lado de la Fábrica Rolter, en la Carretera Norte, donde al mismo tiempo les salen disparando los Combatientes Populares jefeados por Marcos Salvador” Somarriba García.

4:20 pm. Aunque  los mandos GN no dicen nada por sus radio-comunicadores, por la cercanía del Reparto Bello Horizonte con la Colonia Maestro Gabriel, donde funciona una de las sucursales más grandes de TELCOR (teléfonos y correos) de Nicaragua, se escucha que hay una balacera, y de inmediato se cortan los teléfonos. Estas instalaciones de TELCOR estaban convertidas en un gran cuartel de la Guardia Nacional y en ese momento lo seguían ocupando, y lo que se supuso fue que entre los mismos guardias se lanzaron tiros.

En la radio de  la Central de Policía se reporta que andan unos 50 “Yeicos”, Combatientes Populares, armados, vestidos de verde olivo, luciendo boinas negras y pañuelos rojinegros atados en la cabeza, sí, circulando y arengando a los pobladores en el Barrio Largaespada, muy cercano a la Loma de Tiscapa, donde están concentrados los Batallones de la Guardia Nacional y de la EEBI de asesinos. No mandan a ninguna patrulla tras ellos.

Ataque fulminante a la Décima Sección de Policía GN

4:45 pm. A esta hora, un grupo numeroso de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares atacan la ”Sierra 10”, en el lado Sur de la Colonia Centroamérica, con fuego balístico nutridísimo, fulminante, violento y con bombas de contacto a granel, lo cual produce pánico terrible entre la soldadesca  (unos 50 en total) de esta Sección de Policía, desde donde piden refuerzos urgentes por radio, pero en la Central de Policía les contestan que se preparen para abandonar este otro cuartel de guardias represivos, que hasta este momento sembraban el terror en todos los vecindarios de la orilla de la Carretera a Masaya.

Este ataque fulminante fue una acción militar coordinada por varias escuadras y columnas jefeadas en este sector de Managua Oriental por Sergio Gómez Vargas, más columnas móviles especializadas en este tipo de combates relámpagos, fulminantes y violentísimos, dispuestas por el Estado Mayor General el Frente Interno del FSLN, que además de numerosos fusiles automáticos, ametralladoras calibre 50 y 30, también usaron contra esta “Sierra 10” varios disparos de Bazuka RPG-2, debido a lo cual la Sección Policial GN quedó virtualmente destruida. Se presume que varios guardias murieron, mientras la mayoría de ellos huyeron precipitadamente, aunque combatían en retirada, y procuraron llevarse a los soldados heridos y muertos y, sobre todo, los radiocomunicadores que había dentro de la “Sierra 10” y en los jeeps destruidos por el fuego balístico libertario de los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares.

Aunque el Centro Comercial Camino de Oriente y el Centro Comercial-Managua estaban cerrados por la Huelga Nacional, en los alrededores circulaba gente a pie y en vehículos en busca de transitar hacia el lado de Masaya. Estos seres humanos salieron huyendo en distintas direcciones, menos  por este sector de la Carretera a Masaya, donde las balas y las explosiones se escuchaban a granel.

Igual que el General Augusto C. Sandino y los Generales del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, estos Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares Insurreccionales en Managua, aplicaban estrategias militares similares a aquellos combatientes de entre 1927 y 1933, quienes entablaban un combate fulminante, o emboscada, relámpago, potente nutridísimo en balas y bombas, y a los pocos minutos emprendían la retirada ordenada, para evitar ser rodeados por el enemigo somocista, especialmente como en este caso que los guardias iban en retirada, lo cual podía ser una estratagema, precisamente, para hacerles una operación envolvente. Los Combatientes Populares se retiraron, mientras los guardias volvieron, posteriormente,  a ocupar las instalaciones semidestruidas de la “Sierra 10” de Policía GN, en este sector Suroriental de Managua.

A esta misma hora, a las cuatro y 45 minutos de la tarde, estaba siendo atacada también la “Sierra Tres”, en Monseñor Lezcano, igualmente con fuego de fusilería y un lanzacohete RPG-2, el cual era portado en este sector Noroccidental de Managua, en la Zona Secundaria de la Insurrección, por un compañero Combatiente Popular de la Tendencia Tercerista.

Los mandos militares superiores de la Guardia Nacional estaban acalambrados ya en ese momento, pues mientras la “Sierra Tres” estaba siendo atacada de manera potente, de frente, con fuego balístico nutridísimo, con bombas de contacto, con escopetas y rifles 30-30, más el lanzacohetes, por unos 30 Combatientes Populares, jefeados en ese ataque por Silvio Porras García, Arnoldo “Viejo” Real Espinoza, Jorge Corea Briones, Jorge Esquivel Acevedo y Alba Luz Portocarrero Ramos, desde la radio de la Central de Policía les decían que abandonaran las instalaciones de la Sección de Policía GN, que destruyeran los radio-comunicadores que estaban dentro de la “Sierra Tres” y en los jeeps y camiones de patrullaje.

En este combate guerrillero para destruir la “Sierra Tres” participan numerosos Combatientes Populares y jefes de escuadras, entre otros, Salvador Ramiro “Salvador” García Ramírez y Santiago Núñez Solís, más una columna que había llegado especialmente del Barrio Acahualinca.

Aquí en esta “Sierra Tres” no hubo posibilidad de escape por las calles aledañas, porque los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares de Acahualinca, Monseñor Lezcano, Santa Ana, Balcanes, Loma Verde, Linda Vista y Colonia Morazán, dispusieron un  anillo de fuego, que no permitió la escapada o huida por sitio conocido.

Además, un disparo certero con el RPG-2 introdujo el cohete por el centro de la casa, produciendo una explosión terrible, que destruyó la mayor parte del inmueble. Antes de este momento de la explosión del cohete, los guardias disparaban sus fusiles Garand, Galil, M-16 y una ametralladora desde distintos puntos acondicionados en la casa para sacar los calibres de las armas de guerra por allí.

Esta “Sierra Tres” estaba ubicada en una casa de una familia de apellido Ruiz, cuyos miembros, hombres y mujeres, eran todos somocistas. Uno de ellos inclusive era teniente de la Guardia Nacional, y se supone que allí estaba al momento del ataque mortífero a las instalaciones de esta otra Sección de Policía GN.

Los integrantes de esta “Sierra Tres”, incluyendo la familia Ruiz, tenían fama parecida a la de Alberto “Macho Negro” Gutiérrez en la famosa “Sierra Trece”  o Treceava Sección de Policía GN, ubicada frente al Cementerio Oriental de Managua. Estos guardias eran los que imponían terror en estos vecindarios noroccidentales, en los cuales capturaban a jóvenes estudiantes se secundaria, los torturaban y después los mataban, tal como hicieron con Manuel Olivares, días antes de la Insurrección de junio de 1979.

Estos guardias se metían dentro de los colegios Nacional de Comercio, Miguel Ramírez Goyena, San Martín, en Barrios rebeldes como Acahualinca, Loma Verde, en Balcanes, en San Sebastián, en Altagracia, en Las Brisas, en Linda Vista, donde la mayoría de los pobladores estaban aterrorizados  porque en cualquier momento del día o de la noche estos guardias se les metían a sus casas, con el pretexto de que andaban patrullando.

Esta “Sierra Tres” quedó virtualmente destruida, pero los guardias, incluyendo la familia Ruiz, ya tenían preparado su escape, se supone que por patios de otras familias cómplices. Se dijo que inclusive en esta “Sierra Tres” habían mercenarios coreanos, hondureños y salvadoreños.

Los oficiales y soldados GN dejaron abandonados allí numerosos fusiles Aka y M-16, más una cantidad considerable de tiros, otros equipos militares como botas y uniformes. La mayor cantidad de fusiles y municiones se las llevaron los Combatientes Populares de Acahualinca, según los relatos de Ramiro Salvador García Ramírez y Santiago Núñez Solís.

Espionaje como en tiempos de Sandino, ahora en zonas urbanas

La Insurrección Sandinista, u Ofensiva Final, se ha instalado en las dos Zonas: Principal y Secundaria, según el Plan Militar del Estado Mayor General del Frente Interno. Como parte del Plan Militar, funciona también a plenitud un sistema de espionaje popular, mediante correos clandestinos (hombres y mujeres, jóvenes, niños, adultos y ancianos) controlados por los dos Estados Mayores del Frente Interno y Conjunto de Managua, los Estados Mayores en San Judas y en Acahualinca, más cada uno de los Jefes Guerrilleros de sectores.

En este sentido, o rumbo insurreccional, estrechan la cooperación los correos especializados y pobladores civiles implicados en la Insurrección Sandinista. Debido a este sistema de espionaje popular, guerrillero, más algunas informaciones que los mismos mandos de la Guardia Nacional dan por medio de sus radiocomunicadores, prácticamente se conocían la mayoría de movimientos militares de la Guardia Nacional, parecido, de algún modo, a los métodos de espionaje de los Combatientes del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional (1927 a 1933) y de los campesinos que apoyaban al General Sandino en su lucha militar para expulsar a los yanquis invasores y poner en su lugar, precisamente, también a los guardias nacionales somocistas.

Este espionaje popular, ahora en junio de 1979, en zonas urbanas, mayoritariamente, perseguía tener información fresca y precisa de los movimientos de patrullajes a pie, en jeeps y en camiones de la GN, más sobre cómo al mismo tiempo se movían los “orejas”, “soplones”, agentes de la Oficina de Seguridad y quiénes se infiltraban en las filas de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares. Se capturaron centenares de estos esbirros y fueron fusilados, después de hacerles juicios públicos ante centenares de pobladores, en cada caso.

Usando las informaciones de este sistema de espionaje popular, fue posible en Managua y todo el país, ponerles centenares de emboscadas a los esbirros somocistas cuando se movían en contingentes a pie, o caminando al mismo tiempo y circulando en jeeps, camiones, camionetas, camiones volquetes del Distrito Nacional y hasta en tractores retroexcavadores del Departamento de Carreteras, equipos que usaban los guardias “pumas cazadores” en  “operaciones limpieza”, que en realidad eran operaciones para matar gente, encarcelar, torturar y robar lo más que podían mientras iban destruyendo todo a su paso.

Los Jefes Guerrilleros usaban las mismas tácticas guerrilleras móviles de Sandino: El ataque relámpago, la emboscada mortífera y la retirada inmediata para no caer en una operación envolvente del enemigo somocista genocida.

Destruida también “Sierra Seis”, en  San Judas

5:45 pm. Voceros de la radio de la Central de Policía GN dicen que sus informantes les comunican que unos 50 “Yeicos” o Combatientes Populares enmascarados se mueven en las cercanías de la Clínica Don Bosco, en el Barrio Meneses (hoy Venezuela), a tan sólo tres cuadras de la “Sierra Trece”, a cuya soldadesca de unos 60 en total les avisan que estén alertas por cualquier ataque militar. “Sierra 13” es una de las cuevas de torturadores y asesinos más odiados, precisamente, en la Zona Oriental de Managua.

Ninguno de los soldados, ni el “Macho Negro” Gutiérrez mismo se atreven a salir de sus instalaciones fortificadas con cemento armado, barricadas de piedras canteras enfrente, más decenas de fusiles, ametralladoras y lanzamorteros que asoman por ventanitas pequeñas laterales y frontales.

5:50 pm. Desde la Central de Policía informan que un grupo de “insurgentes” o Combatientes Populares atacan a balazos la casa del licenciado Manuel Centeno Cantillano, en el Reparto Altamira D Este, ubicada de Farmacia Durán una cuadra al Este y dos cuadras al Norte. Centeno Cantillano era el secretario de Anastasio Somoza Debayle, jefe tiránico genocida de la “Estirpe Sangrienta: Los Somoza”. Por radio, oficiales superiores de la Guardia Nacional ordenan custodia permanente para la vivienda de Centeno Cantillano. En este Reparto Altamira no tenía dominio la Insurrección Sandinista en el Oriente de Managua.

5:50 pm. Los integrantes desesperados de una patrulla de guardias nacionales se refugian en las instalaciones de la Aduana, ubicada en la esquina Noroeste el Barrio Santa Rosa y del Reparto Bello Horizonte y frente a la Fábrica Rolter (en la orilla de la Carretera Norte), porque eran perseguidos a tiros por una escuadra de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, jefeados por Marcos Somarriba García en este sector insurreccionado.

Por radio, instalada en la patrulla GN o BECATS, los guardias reclaman que les manden refuerzos militares, ya que están recibiendo una lluvia de balazos desde fuera, “desde todos lados”, decían, “y no podemos abandonar el edificio sin la protección debida”. Los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares precisamente a esa hora se estaban tomando militarmente esta parte de la Carretera Norte, e instalando una barricada enorme frente a la Fábrica de Zapatos Rolter. Al final, no se supo cómo salieron los guardias de la Aduana.

5:50 pm. Operadores de la radio de la Central de Policía informan que numerosos Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y pobladores civiles de San Judas, han iniciado el ataque militar insurgente contra la  “Sierra Seis”, ubicada del Ceibón hacia el Suroeste, donde también es atacado un prostíbulo propiedad de sujetos relacionados con esbirros, “orejas” y guardias somocistas genocidas en este sector Suroccidental de Managua.

El responsable de la radio en esta “Sierra 6” les reclama a los mandos en  la Central de Policía porque, afirma, ha estado pidiendo refuerzos militares desde las 5:20 pm. Y que no le han respondido ni resuelto nada.

Los guardias, finalmente, huyen, llevándose radios y todos aquellos equipos que no deben caer en manos de Combatientes Populares y de pobladores insurrectos. Son quemadas las instalaciones de esta “Sierra Seis” GN y también se le prende fuego al prostíbulo, situado cerca del llamado “Nancite”, en la orilla de un cauce de poca profundidad.

Los guardias de esta “Sierra 6” fueron los responsables de la captura y asesinato posterior de la doctora Erlinda López de Osorio y de su marido, también médico, Róger Osorio, quien fue asimismo asesinado por gendarmes de la dictadura somocista genocida y “Estirpe Sangrienta: los Somoza”. El cadáver de la doctora Osorio fue llevado por estos sicarios diabólicos a las cuevas del Cerro Mokorón, donde lo despedazaron y lo hicieron desaparecer, igual que con otros más de 200 jóvenes capturados en esta zona Sur de Managua.

La destrucción de ambos antros de corrupción somocista genocida se dio a pesar de que más de 500 guardias asesinos de la EEBI operaban en ese momento en el lado Norte de San Judas, concretamente en el Plantel Los Cocos, en la Colonia Independencia, en el ZUMEN y el Centro Cívico. Estos gendarmes criminales no pudieron  detener la ira popular del Sur de San Judas y de los vecindarios de Loma Linda (Sierra Maestra), Villa Roma y Torres Molina (Camilo Ortega Saavedra).

7:55 pm. Le son ponchadas las llantas a una ambulancia militar GN que trasladaba al Hospital Militar de la Guardia Nacional a tres lesionados, baleados, que habían sido traídos de fuera de Managua en aviones al Aeropuerto Las Mercedes. El ataque militar insurgente por una escuadra móvil, manejada directamente por el Estado Mayor General del Frente Interno, se produjo frente a ENABAS, en la Carretera Norte, en la entrada Norte del Mercado Oriental, en la propia Carretera Norte.

Mediante la radio de la Central de Policía se pedía que mandaran refuerzos militares y otro  vehículo para llevar a los heridos, miembros o soldados de la Guardia Nacional somocista genocida. Los insurgentes sandinistas  atacaron de forma relámpago, sembraron miedo en los guardias y se retiraron veloces hacia la costa del Lago Xolotlán o de Managua, para evitar caer en una emboscada.

Lunes 11 de junio de 1979

Barrios Orientales y Norteños de Managua, liberados

Combates estremecen a los mandos narcisistas de la GN, ¿agua envenenada?

En este día, 11 de junio de 1979, la mayoría de los vecindarios del Oriente y Norte de Managua están ya insurreccionados contra la dictadura somocista genocida. Ya son Zonas Liberadas. El Movimiento de Insurrectos sandinistas, de Guerrilleros, de Combatientes Populares, de pobladores civiles rebeldes, en casi todo el sector Oriental-norte, Zona Principal de la Insurrección, puede considerarse operando sin obstáculos, pues en este día 11 de junio de 1979, tienen dominio militar del Barrio o Asentamiento Laureles (Manuel Fernández Mora), al Este de Villa Libertad,  Reparto Schick Gutiérrez hasta el Barrio La Fuente, Riguero, Colonia Máximo Jerez, Asentamiento “Rebusca”, una parte del Barrio México,  Barrios Paraisito y Larreynaga, al Sureste de Ciudad Jardín, San José Oriental, Dorado, Don Bosco y por el lado Norte hasta Santa Rosa, Villa Progreso, Villa San Jacinto, Barrio Waspán Sur, Américas Uno, quedando en el centro vecindarios como Bello Horizonte, Blandón (Costa Rica), Santa Bárbara y Meneses (Barrio Venezuela), Ducualí, Colonias Nicarao y Catorce de Septiembre, Reparto Santa Emilia, Reparto Santa Julia, Barrio La Fuente, Colonias Don Bosco, Colombia y Luis Somoza (Diez de Junio); Reparto El Dorado, Barrio San Cristóbal, Barrio María Auxiliadora,  Colonias Salvadorita (Cristhian Pérez Leiva) y Maestro Gabriel; al mismo tiempo que se combatía, ferozmente, de forma móvil, con ataques balísticos  relámpagos y con bombas de contacto, en la Zona Occidental, Secundaria, de Managua.

Mientras tanto, las órdenes salvajes o criminales continuaban registrándose mediante los radio-comunicadores instalados en los cuarteles o puestos de mando de la guardia somocista genocida

6:10 am. Se registra aviso circular a los integrantes de Secciones policiales GN (“Sierras”, son  o eran 16 en Managua), indicándoles que no tomen agua de las cañerías domiciliares existentes, y el llamado es “especial” para “Sierra 13”, la que ya estaba “entrampada” por Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, quienes armados con fusiles, ametralladoras calibre 50 y 30, escopetas calibre 12, 16 y 20, rifles 30-30 con miras telescópicas, se acercan, formando una especie de anillo, cada vez más hacia las instalaciones fortificadas de la Treceava Sección de Policía.

Esta “Sierra 13”, es necesario repetirlo, estaba ubicada en instalaciones de cemento armado en el lado Suroeste del Mercado Periférico, edificio situado frente al muro del Cementerio Oriental y colindante por El Sur, el Oeste y Noreste con los Barrios Ducualí, El Edén y la esquina Sur de la  Gasolinera Salvadorita. Tenía un sótano que servía de cárcel y de centro de torturas y una azotea, también de cemento armado. Esta parte del Mercado Periférico había sido acondicionada por la Guardia Nacional somocista para que por los costados Este, Oeste y Sur, estas instalaciones tuvieran por donde observar hacia el exterior y sacar los calibres de armas de guerra, incluyendo ametralladoras y lanzamorteros.

Dentro de las instalaciones de la “Sierra 13” había dos radio-comunicadores: uno para comunicarse con los jefes de la Central de Policía, donde estaba el esbirro coronel Nicolás Valle Salinas, y el otro, con las patrullas móviles, una de las cuales era comandada por Alberto “Macho Negro” Gutiérrez, uno de los guardias infames más aborrecidos por los pobladores en Managua.

“Macho Negro” Gutiérrez casi nunca andaba él a bordo de la patrulla. Era común verlo en su carro viejo Chevrolet, el cual hacía mucho ruido, o en otros automóviles pertenecientes a la Guardia Nacional, a la Oficina de Seguridad o de instituciones del Estado o gobierno somocista. Tenía una casa cerca de la “Sierra 13”, en el Barrio El Edén, y también otra en el Asentamiento Isabel Urbina (hoy Adolfo Reyes), donde tenía familiares. Se afirma que tenía otras casas en Managua y en “Los Altos de Masaya”, donde fue capturado el 19 de julio de 1979.

Además, en los tres costados mencionados, los guardias habían colocado barricadas, edificadas con piedras canteras de varias hileras y de casi metro y medio de alto. Era muy evidente que tenían miedo a un ataque balístico violento por parte de Combatientes Populares, los cuales, como digo, esa mañanita ya se movían sigilosamente, parapetándose en muros, arrastrándose sobre el pavimento de calles y dentro de los patios de viviendas, caminando sobre techos de casas, procedentes de escuadras y columnas jefeadas por Rolando “Cara Manchada” Orozco Mendoza, Mónica Baltodano Marcenaros, Francisco “Chico Garand”  Guzmán Fonseca, más escuadras móviles comandadas personalmente por los Comandantes Carlos Núñez Téllez, Joaquín Cuadra Lacayo y William Ramírez Solórzano.

Se aproximaba, entonces, como tormenta balística huracanada, el ataque mortal a  la odiada “Sierra 13”, donde estaban “Macho Negro” Gutiérrez y sus compinches torturadores y asesinos GN.

Según “Chico Garand” Guzmán Fonseca y Alejandro “Huesito” Mairena Obando, ambos participantes directos en este ataque militar y destrucción de “Sierra 13”, los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares que se acercaban eran casi 200. Era una orden militar terminante de los Estados Mayor General del Frente Interno y del Estado Mayor Conjunto de Managua de que la “Sierra Trece” debía ser destruida ese mismo día lunes 11 de junio de 1979, para que los somocistas genocidas comenzaran a pagar por sus crímenes con esta forma justiciera revolucionaria de acabar con ellos para siempre.

Son las 6:10 am. A esta misma hora, muy de mañanita, centenares de hombres y mujeres, niños y ancianos, guiados por los Comités de Defensa Civil y dirigentes del Movimiento Pueblo Unido, siguen, con piochas, cobas, machetes y serruchos en manos, levantando barricadas, haciendo pozos tiradores y refugios antiaéreos, especialmente en las orillas de los cauces Oriental, el de Bello Horizonte, el de Santa Rosa y del Barrio Meneses, María Auxiliadora, San Cristóbal, Ducualí, Luis Somoza, Dorado, Don Bosco, etc., porque el Estado Mayor Conjunto del FSLN de  Managua ha dado la orden de hacerlo rápido, en prevención de que los guardias intenten meterse a estos vecindarios y que inicien un bombardeo aéreo masivo (con rockettes y bombas de 500 y 1,000 libras), tal como ocurrió ese mismo día  11 de junio, un poco después de las diez de la mañana, cuando ya comenzó en firme el ataque  guerrillero mortífero a la “Sierra Trece”.

El anuncio mencionado arriba de que los guardias no bebieran agua de las cañerías domiciliares fue interpretado por los pobladores en general, y también por los Combatientes Populares, como que el agua había sido envenenada por alguien, ¿por quién, por los somocistas genocidas? ¿Somoza Debayle había ordenado echar veneno al agua?

Volvamos a la cronología de la radio de la Guardia Nacional, antes de continuar con el ataque a “Sierra 13”.

6:44 am. Se imparte la orden militar de rescatar a un Cabo GN. (no dieron su nombre), que había quedado entrampado en un callejón del OPEN Tres (Ciudad Sandino), porque en ese momento de la mañana los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares del Frente Sandinista habían tomado el control de las calles de entrada, en el lado Norte, y obligado a los guardias genocidas a irse a su cuartel o Sección de Policía GN, ubicado al Norte, contiguo adonde es hoy ENATREL, en la orilla de la Carretera Nueva a León, en el kilómetro doce.

6:50 am. Voceros oficiales de la Guardia Nacional informan, alarmados, que se levantan barricadas enormes con adoquines, árboles derrumbados, piedras canteras y carros viejos atravesados, en la primera entrada del Reparto Las Colinas, donde, en ese momento, viven ricachones, oligarcas, terratenientes, grandes comerciantes, situado en el lado Norte de la Carretera a Masaya, cerca de donde la Guarda Nacional tenía la Sección de Policía en la Colonia Centroamérica.

En el Reparto Las Colinas residían también numerosos funcionarios del gobierno somocista, entre otros, el ministro de Gobernación José Antonio Mora Rostrán; el hermanastro de Anastasio Somoza Debayle, llamado José R. Somoza, apodado “Papa Chepe”; asimismo vivían allí coroneles, generales y mayores de la Guardia Nacional.

Como vemos, la actividad insurreccional masiva de los pobladores que ya no soportan al sistema opresivo somocista, incluyendo a gente que viven en Repartos de lujo y carísimos como Las Colinas, es agitadísimo, desde muy de mañana de  ese 11 de junio de 1979.

También es agitadísima, angustiosa, llena de miedo y de represión violentísima por parte de la Guardia Nacional, pues desde la Central de Policía GN, su comandante el esbirro coronel Nicolás Valle Salinas, da la orden terminante de que sean lanzadas a las calles más tropas móviles en camiones de la llamada “Acción Cívica”, “Cuartel de Ingenieros”  de la GN, con tanques y tanquetas, más equipos pesados como palas mecánicas y retroexcavadoras, porque la orden del Estado Mayor de la Guardia Nacional, encabezada por Anastasio Somoza Debayle, es desbaratar todas las barricadas y zanjas que se han levantado, desarticular y matar a los insurgentes, es decir, reiniciar otra “operación limpieza” o matanza generalizada en Managua.

Esa es la orden criminal de Nicolás Valle Salinas trasmitidas por radio en nombre de Anastasio Somoza Debayle, Jefe Director de la Guardia Nacional y jefe de la tiranía del somocismo genocida.

Sin embargo, y para ponerlos más nerviosos y llenos de miedo, en la misma radio de la  GN se informa que han visto a unos 50 “Yeicos” o Combatientes Populares muy bien armados cerca de la Central de Policía y de la “Acción Cívica”, al parecer con intenciones de emprender un ataque armado  contra ambos lugares. La Central de Policía de la Guardia Nacional estaba donde es hoy el Centro Policial Ajax Delgado, ubicado del Edificio Armando Guido dos cuadras al Oeste, y la “Acción Cívica” o “Cuartel de Ingenieros” estaba en la esquina opuesta adonde es hoy el Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales, es decir, estaban cerca.

(“Yeicos” y “Piricuacos” eran dos palabras con significado desconocido, usadas por los jefes de la Guardia Nacional para referirse despectiva y burlescamente a Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares del Frente Sandinista de Liberación Nacional, todavía clandestino).

7:40 am. Más nerviosos se ponen los mandos superiores de la Guardia Nacional cuando descubren esa mañana del 11 de que “una gran cantidad de francotiradores comunistas-sandinistas-terroristas” se estaban posesionando desde CATERAN, kilómetro cuatro y medio de la Carretera Norte hacia el Este, yendo para el lado del semáforo de Portezuelo, territorio ya totalmente tomado y liberado por las columnas y escuadras de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, comandados por Marcos “Salvador” Somarriba García.

Guardias salen “en guinda” por miedo

Se generalizan combates en la Carretera Norte y en OPEN TRES

Las mismas escuadras de Combatientes Revolucionarios, jefeados por Marcos Somarriba García, atacaron a balazos a una patrulla GN, con rótulo de tránsito en uno de los lados de un jeeps color anaranjado, y que andaba en labores represivas en los Barrios Santa Rosa, entrada a Jardines de Santa Clara y en el Barrio Blandón (Costa Rica). Aparentemente, los integrantes de esta patrulla andan en misión de exploración, viendo cómo la gente en forma masiva está en labores insurreccionales. Santa Clara está ubicada de la antigua Lechería La Perfecta hacia el Norte, en la orilla del Lago Xolotlán o de Managua.

7:50 am. Según la radio de la Central de Policía, se entabla un combate entre los miembros de esta patrulla GN de tránsito y Combatientes Populares dentro de la Colonia Salvadorita (hoy “Cristhian Pérez Leiva”). Al sentir el tableteo de metralla popular, los guardias mencionados salen “en guinda” hacia el lado de la Carretera Norte, al parecer por temor a quedar emboscados por los Combatientes Populares.

7: 57 am. Se desata un incendio en Plásticos Modernos, situado una cuadra al Este de la Farmacia Esperanza, sitio en el cual los pobladores del Barrio Blandón y escuadras móviles del FSLN tienen levantada una barricada enorme a esa hora de la mañana, suceso mencionado también en las comunicaciones de la radio de la Guardia Nacional. No mencionan si mandarán a destruir esas barricadas.

8:05 am. Operadores del radio policial  informan que ha sido atacada a balazos la patrulla GN 1249 por parte de fuerzas insurgentes sandinistas; se reporta que hay varios soldados o guardias heridos. No se dice cuántos son los guardias heridos en la balacera, ni sobre dónde fue el encontronazo con Combatientes Populares.

8.15 am. Los mandos de la Central de Policía no responden a los urgentes y continuados llamados que les hacen por radio desde la “Sierra 16”, ubicada en el Barrio Mombacho (Freddy Herrera), en el kilómetro siete de la Carretera Norte. El operador del radio afirma que los integrantes del contingente en la Sección 16 GN temen ser atacados nuevamente por un grupo numeroso de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, en este caso jefeados por Ramón Cabrales Aráuz, que andan cerquita y amenazantes con atacar a tiros las instalaciones de esta “Sierra” del somocismo genocida.

8.20 am. Sin ofrecer detalles mediante la radio policial, se reportan combates entre la soldadesca somocista y Combatientes Populares en el OPEN Tres (Ciudad Sandino), donde las tropas insurreccionales son comandadas por Adilia Eva Solís y Adolfo Aguirre Stadthagen, un joven de origen burgués, pero con elevadísimo sentido clasista proletario, igual que Gabriel “Payo” Cardenal Caldera.

La comunicación radial indica que los combates de guardias con Combatientes Populares son en el kilómetro 13 y medio de la Carretera al Balneario de Xiloá, es decir, casi a campo abierto, como yendo hacia el Aeropuerto de entrenamientos Los Brasiles, dominado plenamente en esos días por los feroces asesinos jefes de la Guardia Nacional.

8:30 am. Continúa el ataque militar insurgente a la patrulla 1249, la que fue emboscada en el kilómetro cuatro y medio de la Carretera Norte (cerca de donde es hoy El Nuevo Diario), donde tienen ya dominio del terreno las columnas jefeadas por Marcos Somarriba García. Por medio de la radio policial se dice que hay ya varios soldados heridos, entre ellos un oficial de alto rango de la GN, aunque no mencionan su nombre. Los demás ocupantes del vehículo o patrulla, y otro automotor con soldados que le seguían, han abandonado ambas unidades policiales motorizadas y a sus compañeros heridos, y buscaron refugio y facilidades de tiro en edificios  vecinos, entre otros, en el Restaurante Trébol. Finalmente, en la comunicación radial se deduce que los integrantes de las dos patrullas, huyen de ese sitio.

8:35 am. Se reporta un soldado herido en la “Sierra 16”, en el Barrio Mombacho, Carretera Norte, la que está siendo sometida a intenso tiroteo y bombardeo por varias escuadras de la columna jefeada por Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz. Este mismo operador del radio comunicador de la “Sierra 16” añadía que los atacantes eran un grupo numeroso de hombres y mujeres (“Yeicos”, decía) con poderosas armas de guerra, vestidos de verde olivo y con cintillos rojinegros atados en sus cabezas, y que andaban “merodeando” la Sección policial GN desde antes que amaneciera.

8:45 am. Desde la Central de Policía y por la misma vía radiofónica, piden, o exigen, a los soldados y oficiales GN que acompañan a la patrulla 1249, que fue atacada a balazos por fuerzas guerrilleras frente a CATERAN, Carretera Norte, de que “se las jueguen”, para recuperar el arma y el radio trasmisor que portaba el capitán GN José del Carmen Cordero Gómez, quien era el comandante o jefe de la patrulla. Cordero fue uno de los primeros heridos en los ataques de los Combatientes Populares a estas patrullas de la Guardia Nacional cuando transitaban por el kilómetro cuatro y medio de la Carretera Norte, ¡claro¡ en afanes de represión contra los pobladores que levantaban barricadas y construían zanjas antipaso de guardias.

Hasta ahora se habla, mediante la radio referida, de que Cordero es herido grave, junto a otro militar, cuyo nombre no se revela, pero en realidad como siempre, a los altos mandos de la Guardia Nacional somocista genocida no les importaban sus propios hombres, como en este caso sólo les interesaba rescatar el equipo de radiocomunicaciones. Al final, no pudieron rescatar ese radio trasmisor de la patrulla, porque el fuego balístico nutrido de los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares se los impidió.

Ataque mortífero a la “Sierra 13”, cueva del asesino “Macho Negro”

Somoza Debayle inicia la masacre aérea contra Managua este 11 de junio de 1979

9:40 am.  11 de junio de 1979.  Como una oleada de neblina desplazándose lentamente al ras del suelo, aquellos alrededor de 200 Jefes Guerrilleros, Milicianos  y Combatientes Populares capitalinos, guiados militarmente por el Estado Mayor General del Frente Interno y del Estado Mayor Conjunto del FSLN en Managua, sí, avanzan parapetados en muros de casas, en árboles, circulando por dentro de patios, caminando por encima de casas, formando una especie de anillo trunco por el lado Norte: van todos hacia las instalaciones de la “Sierra Trece” o “Treceava Sección de Policía  GN”, con la misión militar u orden de destruir este centro de torturas, encarcelamientos masivos y asesinatos de de pobladores por parte de la dictadura militar somocista genocida en la Zona Oriental de Managua, y también la orden es aniquilar toda su guarnición”.

Estos Jefes Guerrilleros, incluidos William Ramírez Solórzano, Joaquín Cuadra Lacayo, Oswaldo Lacayo Gabuardi, Mónica Baltodano Marcenaros, Rolando “Carlos”, “Cara Manchada” Orozco Mendoza, Jorge Roustan Reyes (francotirador), “Chico Garand” Guzmán Fonseca (Jefe Guerrillero y francotirador), William Antonio “Salvadoreño” Pascassio, y los Combatientes Populares van todos portando fusiles automáticos como M-16, Garand y Galiles; numerosos rifles 30-30 de alto poder con miras telescópicas, decenas de escopetas calibres 12, 16 y 20; dos ametralladoras, una calibre 50 y la otra, calibre 30; sacos llenos de bombas de contacto y una Bazuka, RPG-2, o lanzamorteros.

El estimado es que dentro de la “Sierra Trece” habían unos 60 guardias muy bien armados con fusiles automáticos, dos o tres ametralladoras calibre 50 y 30, lanzamorteros, bombas de fragmentación. Además de que la construcción del Mercado Periférico es de cemento armado, los jefes asesinos de la Guardia Nacional conociendo el odio popular infinito que había contra estas Secciones Policiales GN, en particular la “Sierra Trece”, la habían fortalecido con tres hileras de piedras canteras en los tres costados visibles: Oeste, Este y Sur. Inclusive, también habían mejorado las ventanitas por donde se sacaban los calibres de los fusiles y ametralladoras hacia las calles aledañas.

Como los mandos superiores de la Guardia Nacional estaban claros de que este momento mortífero le llegaría a la “Sierra Trece”, porque dentro de ella tenían a un multiasesino y torturador llamado Alberto “Macho Negro” Gutiérrez, entonces también dispusieron tener activos a sus esbirros, “orejas” o espías en los alrededores y también colocaron un contingente de unos 60 guardias y una tanqueta con dos ametralladoras por el lado Norte, en la esquina de la “Gasolinera Salvadorita”, cuyos dueños eran somocistas; y otras tres patrullas en el lado Sur, yendo hacia la Clínica Don Bosco, en el Barrio Meneses (hoy Venezuela).

Los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, procedentes de las columnas y escuadras que estaban ubicadas en los trechos de los Puentes Larreynaga y El Edén, del Barrio El Edén, del Barrio Ducualí,  se aproximaron por los callejones del lado Oeste, parapetándose en los muros, por dentro de patios y por encima de las casas.

Un segundo grupo avanzaba igualmente por patios y callejones de los Barrios o Asentamientos Santa Bárbara (Edmundo Matamoros) y Meneses (Venezuela), por el lado Sur, y las escuadras de Bello Horizonte cruzaron el cauce entre Bello Horizonte y las Colonias Maestro Gabriel y Salvadorita, avanzaron por dentro del Cementerio Oriental y se colocaron por detrás y encima del muro Oeste de este Cementerio, situado exactamente enfrente del Mercado Periférico, y más de frente al lado Este de la “Sierra Trece” y separados por apenas unos 60 metros.

A esa hora, 9:40 am., el Sol es muy claro. Hace calor sofocante en Managua. Las figuras humanas se ven de lejos mientras circulan temerosamente por las calles invadidas de Combatientes Populares y de guardias somocistas genocidas en esos momentos. Se oyen balaceras o combates contra los guardias hacia los lados del Barrio Santa Rosa, específicamente en Portezuelo, por donde los guardias intentan de forma permanente romper el cerco de la Insurrección; en Villa Progreso, en dirección del Aserrío Carlos Morales Orozco, en rumbo a Ciudad Jardín y para el lado del Barrio Riguero, en la orilla del “By Pass” (Pista de la Resistencia Sandinista).

Y también se oye clarito el tableteo de metrallas en el lado Oeste de Managua, en las Zonas Suroccidental y Noroccidental capitalina, en la Zona Secundaria de la Insurrección revolucionaria, donde también se libran fieros combates libertarios en contra de la  Guardia Nacional, desiguales por supuesto, porque el ejército de Anastasio Somoza Debayle y de los gringos, o yanquis, cuenta con decenas de miles de soldados, paramilitares y “orejas”, los cuales poseen, posiblemente, centenares de miles de fusiles, ametralladoras, bombas de fragmentación, tanques y tanquetas, aviones y helicópteros artillados, muchas cárceles, técnicas refinadas para matar opositores y sandinistas, porque ya lo decía en las radiocomunicaciones el esbirro coronel Nicolás Valle Salinas:

“Ternemos armas y municiones para combatir 100 años, si queremos”, repetía el esbirro coronel Nicolás Valle Salinas, mientras los Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y Milicianos eran relativamente pocos, en Managua tal vez unos  tres mil en total, mal armados y buscando cómo arrebatarles las armas a los enemigos en combates relámpagos, en emboscadas, por las huidas de estos criminales, para continuar la lucha y derrocar a este horrendo y monstruoso régimen opresor somocista”.

El operador de la radio de la “Sierra 13” logra una oportunidad para reportar a sus jefes de la Guardia Nacional que la Sección policial está completamente rodeada por elementos insurgentes armados; informa que debido al ataque con armas ligeras, ametralladoras y bombas de contacto, ya comienza a salir humo por el lado Norte del Mercado Periférico y que dentro de la “Sierra 13” hay ya un soldado herido en un pie.

Es decir, comenzó el esperado ataque guerrillero, popular, justiciero, contra la “Treceava Sección de Policía GN”, o “Sierra 13” somocista.

Es necesario explicar aquí que la Décima Tercera Sección de Policía de la  Guardia Nacional, o “Sierra Trece”, se caracterizó siempre desde su creación en 1973,  porque a ella enviaban sólo gente o guardias sanguinarios para que se hicieran cargo de su jefatura y también de las ocupaciones represivas de menos jerarquía.

Entre otros sujetos sanguinarios, torturadores y asesinos feroces, fue ubicado en la “Sierra 13” el Sargento GN Alberto “Macho Negro” Gutiérrez, un sujeto que parecía muy complacido capturando jóvenes estudiantes, opositores y sandinistas, para después torturarlos y matarlos dentro de las celdas tenebrosas que habían en sótanos de la “Sierra Trece” y de las otras 16 secciones policiales en Managua.

Esta “Sierra 13” tenía el número telefónico 40193 y ocupaba un módulo completo del Mercado Periférico de Managua, abierto al público en 1973, después del Terremoto de 1972. La creación de estas 16 seccionales policiales, precisamente, tenía la lógica de ajustar la opresión somocista a la expansión, o ensanchamiento, en forma de abanico de Managua después del Terremoto del 23 de diciembre de 1972.

Los Barrios San Cristóbal, María Auxiliadora, Reparto Schick Gutiérrez, La Fuente, Nicarao, Catorce de Septiembre, Ducualí, El Edén, Luis Somoza, Colombia, Don Bosco, El Dorado, Bello Horizonte, Santa Rosa, “Rebusca”, Riguero, Paraisito, Larreynaga, San José Oriental, “Campo Bruce”, Bosques de Altamira, Barrio Blandón, Barrio Meneses, por ejemplo, recuerdan con horror el paso aterrorizante y espeluznante de las patrullas de esta “Sección 13” policial, a la cabeza de las cuales andaba “Macho Negro” Gutiérrez, metido él dentro de un carro Chevrolet viejo, que sonaba como chatarras o latas viejas  arrastradas sobre un pedregal, mientras los calibres de los fusiles Garand salían por las ventanas de este  automotor ruidoso.

9:45 am. Mientras tanto, se reporta en la radio GN que algo raro ocurre en la Aduana, kilómetro cinco de la Carretera Norte, frente a la Fábrica de Calzado Rolter.  Una patrulla GN se aproxima para averiguar qué pasaba y con intenciones de penetrar por esa calle hacia Bello Horizonte, pero los guardias se ven obligados a dar la vuelta en redondo porque son atacados con fuego balístico nutrido por Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares que ya tenían tomado también este sector, y habían construido una barricada enorme frente a la Fábrica Rolter, en la calle paralela Sur a la Carretera Norte.

10 am. El drama, el miedo de los soldados, el terror a los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares contra la “Sierra 16”, en el Barrio Mombacho, recrudece, pues en este momento se ha intensificado el ataque militar insurgente contra esta sección policial. Todo el grupo de soldados, unos 40 en total,  de la “Sierra 16” deciden abandonar las instalaciones de la Sección, toman todas sus armas portátiles, el radiocomunicador y con armas en manos, disparándolas, retroceden, huyen, hacia las instalaciones de un bar que está en la mera orilla de la calle paralela Sur de la Carretera Norte.

Allí en ese bar, o cantina, se parapetan porque hay muros gruesos, y además, de ese modo, están a la orilla de la Carretera Norte, donde, en ese trecho, se están moviendo casi 1,000 guardias que con tanques, tanquetas, ametralladoras, fusilería, aviación artillada y bombas de fragmentación, intentan romper el cerco de la Insurrección Sandinista Revolucionaria en el cruce del semáforo de Portezuelo, o esquina Noreste del Barrio Santa Rosa.

10:40 am. El drama, el miedo o pánico de los soldados y oficiales GN, el terror a los sectores populares, recrudece en la “Treceava Sección de Policía”, o ”Sierra 13”, Los guardias encerrados y asomándose sólo por huecos en las paredes, “sienten en carne propia” por primera vez, los nutridos impactos de balas de potentes calibres, dirigidas contra ellos.

Ha aparecido una arma poderosa, es una de las primeras, una ametralladora calibre 50, colocada sobre el lado Sureste del muro del Cementerio Oriental. El Combatiente Popular que maneja esta ametralladora es quien inicia el poderoso y fulminante ataque balístico justiciero en contra de los guardias de la “Sierra 13”, dentro de la cual está “Macho Negro” Gutiérrez, según habían establecido los informadores de los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares.

Desde más o menos a las nueve de la mañana habían llegado a los alrededores, hacia el lado Sur dentro del Barrio Ducualí, un grupo de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares en un microbús, del cual bajaron otra ametralladora y una Bazuka o lanzamorteros.

El operador del radiocomunicador que está dentro de “Sierra 13” comunica a sus jefes en la Central de Policía y un batallón de la Guardia Nacional que ya no pueden detener el ataque militar de los Combatientes Populares.

10:45 am. El operador de la radio de “Sierra 13” deja escapar al reportar a sus jefes (situados cómodamente en la “Central de Policía GN”) que ha sido herido de gravedad el Cabo García. “Tiene un balazo en el abdomen y sus vísceras están de fuera”, dice alarmado el operador de la radio mencionada.

Al parecer, los jefes GN somocistas ni se imaginaban que  la “Sierra 13” era ya una isla, un cuartel acorralado y tal vez sin posibilidad de rescate en la Zona Oriental de Managua. El ataque justiciero popular estaba creciendo en cantidad de tiros de todo calibre, dirigidos hacia las ventanas donde los guardias sacaban los calibres de sus fusiles y ametralladoras (sin asomar sus rostros), más bombas de contacto lanzadas a la parte frontal y en los dos costados visibles. Este soldado, operador del radio, desesperado solicita una ambulancia, con carácter de urgencia, para sacar de allí al herido grave, mientras al mismo tiempo, informa que ya tienen un muerto y otro herido en un pie, dentro de la “Sierra 13”.

10:50 am. El mismo operador de radio de la “Sierra 13” hace ver al encargado oficial de la Radio Central, en la Comandancia General de la Policía, un sujeto apodado “Gayán”, de que están completamente rodeados, y que la gente, Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, ya están muy cerca de la puerta principal de la “Sierra 13”, y que no pueden ni asomarse por algunos huecos, pues les disparan hacia esos sitios de la Sección de Policía. Menciona, desesperado,  que ya anda gente sobre el techo (es techo macizo, de cemento armado también) del edificio contiguo, o sea, en la azotea del mismo Mercado Periférico.

En el mismo canal radial se escucha que los integrantes de la patrulla 1249, atacada por jefes insurgentes y milicianos populares, comandada por el Capitán Cordero, reciben la orden de ir en auxilio del contingente de guardias desesperados de la “Sierra 13”. No hubo respuesta, ni positiva ni negativa, de los patrulleros de la 1249.

A dos cuadras al Norte, mientras tanto, en la esquina de la “Gasolinera Salvadorita” y en uno de los callejones adyacentes del Barrio El Edén al Mercado Periférico, hay un contingente de unos 50 guardias con una tanqueta y varias ametralladoras que todavía no entran en acción, al parecer por miedo a caer en una emboscada al mejor estilo del General Augusto C. Sandino.

11:00 am. El operador de radio de la “Sierra Trece” con voz temblorosa, angustiado, pregunta: ¿Qué pasa?, ¿por qué nadie ha venido en ayuda de nosotros?

11:05 am. Se produce una llamada, no se sabe de quién, desde la Central de Policía, para darles “ánimos” a los soldados acantonados en la “Sierra 13”. Les aseguran que sale la ambulancia con cinco “golfos” (guardias). Los “golfos” de la ambulancia, se oye por la radio, los desconsuelan porque se convencen de que la zona o alrededores de “Sierra 13” es impenetrable, y que se necesita una tanqueta y mucha infantería para llegar hasta allí, debido a que los Combatientes Populares tienen tomado todo el sector cercano a la Sección de Policía, entre otros: el sector Sureste del Barrio El Edén, el lado Sur de la Colonia Salvadorita  (Cristhian Pérez Leiva), todo el lado Norte del Barrio Meneses (Venezuela) y todo el muro del Cementerio Oriental. Además, les dicen los “golfos” a los angustiados guardias de la “Sierra 13” que el sector está rodeado de barricadas enormes, detrás de las cuales están los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares.

11:30 am. Desesperado el operador de  radio comunicación de la “Sierra 13” reporta por su radio que los Combatientes Populares ya están encima del techo de la Sección de Policía y que les dejan caer bombas de contacto en el patio frontal y trasero. Señala que los insurgentes están a punto de entrar en las instalaciones de la Sección de Policía, por el lado ocupado por comerciantes minoristas en el Mercado Periférico, es decir, esto pudo ocurrir por los lados Norte, Este y Oeste, donde hay entradas hacia el interior del Mercado.

De la Central de Policía un sujeto no identificado les responde: “No se preocupen… que el “papalote” (avión) tratará de ayudar en el “rescate” de los soldados de la “Sierra 13”.

Mientras este acontecimiento de ataque militar insurreccional está ocurriendo, en medio de la balacera y las explosiones, incluyendo las de no menos de diez morterazos lanzados con bazukas hacia la fortaleza de la “Sierra 13”, en el techo mismo de esta maldita Sección policial, se produce un grito a todo pulmón de uno de los Combatientes Populares:

“!Ríndanse,  les vamos a perdonar la vida.

Salgan con los brazos en alto¡”.

No hubo respuesta de  los que estaban dentro de la “Sierra 13”.

11: 40 am. Por la misma radio de la Guardia Nacional se conoce que el avión artillado con ametralladoras y morteros, o rockettes, despega del Aeropuerto las Mercedes (hoy Aeropuerto Augusto C. Sandino), y va para el Cementerio Oriental, en cuyo frente Oeste está la sitiada “Sierra 13”.

Algunos minutos después, tal vez unos 10,  los pilotos de este avión, un  Jet T-36, más sus ayudantes y francotiradores de la GN, comienzan el ataque aéreo con dos ametralladoras calibre 50, cuyos disparos terribles se estrellan en los mismos muros de la Treceava Sección de Policía, en los muros del Mercado Periférico, dentro del Cementerio Oriental, sobre las casas de los Barrios y Colonias Ducualí, El Edén, Salvadorita, Maestro Gabriel y Bello Horizonte, en el pavimento y adoquinado de los de los alrededores, todo dirigido a matar a los Jefes Guerrilleros, Milicianos,  Combatientes Populares y pobladores insurrectos, pero ni siquiera hieren a ninguno de estos, sino que causan destrucción material en viviendas y pánico entre los pobladores civiles, los cuales se vieron obligados a meterse en los refugios antiaéreos que precisamente habían sido excavados en forma acelerada mientras se edificaban las barricadas en las calles y esquinas de estos vecindarios.

En pocos minutos, quizás, unos cinco, apareció también un Push and Pull lanzando rockettes en contra de las supuestas posiciones de los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, quienes, por supuesto, ya estaban preparados para estos ataques con ametralladoras y morteros, lanzados desde el aire, práctica criminal genocida que Somoza Debayle y la Guardia Nacional ya habían puesto en práctica en septiembre de 1978 cuando se insurreccionaron León, Estelí, Masaya, Chinandega, Matagalpa y Managua misma, aunque en esa oportunidad Managua no fue bombardeada Managua desde el aire.

Somoza Debayle desató masacre general en Managua

De ese modo, ese día 11 de junio de 1979, a las 11:40 am. Anastasio Somoza Debayle y su Guardia Nacional de asesinos y ladrones, iniciaron la destrucción de Managua-Capital por medio de un ataque aéreo con ametralladoras calibre 50, rockettes o morteros, y poco después también lanzaron las destructoras y mortales bombas de 500 y 1,000 libras por medio de varios helicópteros, artillados para este fin sanguinario y genocida.

Ese momento horrible era la confirmación para los pobladores insurrectos de hasta dónde podía llegar la crueldad sanguinaria y mortal de la Guardia Nacional y de su jefe genocida Anastasio Somoza Debayle.

En el área sobrevuela también otro avión Push and Pull, cuyo piloto por medio de la radio pide instrucciones, y descaradamente sugiere lanzar las bombas que carga en su avión contra los pobladores de este sector de Managua.

Y hay otro que se mete en la conversación por radiocomunicadores de la Guardia Nacional, que sugiere se usen ya las bombas de 500 y 1,000 libras, “para acabar con estos hijueputas “piricuacos” “sandino-comunistas-terroristas” (se refieren a Guerrilleros y Combatientes Populares).

Desde adentro de “Sierra 13”, por medio del radiocomunicador que todavía les funciona, le reclaman a sus jefes somocistas genocidas que los pilotos son unos “chapuceros” (inútiles), porque los rockettes y metrallas calibre 50 lanzadas por ellos, están cayendo dentro del Cementerio Oriental y no dónde están los “Yeicos” que les disparan hacia las instalaciones de la Sección policial GN.

Las bombas, o morteros, y las balas calibre 50 están cayendo también sobre centenares o miles de casas en los Barrios Ducualí, El Edén, Salvadorita, Maestro Gabriel, en los Asentamientos Meneses y Santa Bárbara (Venezuela), en el Reparto Bello Horizonte y el Barrio Santa Rosa, causando algunos muertos y heridos (pocos, dichosamente)  entre pobladores, pues la mayoría de estos estaban cumpliendo las orientaciones de meterse en los refugios antiaéreos a la hora de bombardeos criminales, y eso sí, la destrucción material en las viviendas era generalizada. Los pobladores estaban metiendo en sus refugios antiaéreos  sus perritos, cerdos, gallinas y hasta loras y chocoyos, porque francamente el bombardeo aéreo era espantoso.

Los dos pilotos se largan con sus aviones unos 20 minutos después de haber iniciado el ataque mortal y destructivo, seguramente porque ya se les habían agotado las bombas y las balas calibre 50. Ninguno de los Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y Milicianos fueron alcanzados por las bombas ni las balas, pues todos ellos sabían cómo defenderse al momento de estos ataques aéreos por los entrenamientos militares guerrilleros recibidos.

Balas y morteros mortales “en picada”

Es bueno describir un poco sobre cómo en el caso del avión Jet, el piloto criminal lo lanzaba en “picada” y de un lado, podía ser el lado derecho o el lado izquierdo, para facilitar que el criminal que manejaba la ametralladora calibre 50 pudiera disparar desde el aire sin problemas, por la puerta lateral del avión. Era uno a la vez disparando, porque el avión debía ser puesto de lado.

En el caso del Push and Pull, este se dejaba venir “a pique” y descargaba los morteros cuando ya estaba, quizás, a unos 100 metros de altura. En algunos casos, el piloto de este Push and Pull lanzaba hasta cuatro morteros de un solo disparo en “picada”. En ambos casos, los Jefes Guerrilleros les dispararon tiros con fusiles, pero no les dieron.

12: 30 pm. Ya audiblemente descontrolado, el operador de la radio de la “Sierra 13”, reclama porque no llega la ayuda militar o refuerzos militares terrestres  solicitados y al mismo tiempo critica el ataque aéreo porque había fracasado.

Exige que manden una o más tanquetas contra los Combatientes Populares que les rodean peligrosamente, y suplicante  les hace ver a sus jefes que los han abandonado, y que no hacen nada por ellos.

Reporta este operador del radio que dentro de la Sección de Policía hay otro herido. En estos momentos, por medio del radio de la propia Central de Policía, se informa que fueron  destruidos por los insurgentes sandinistas los dos vehículos de la patrulla 1249, cuyos integrantes habían recibido la orden de ir en auxilio de los soldados sitiados de la “Sierra 13”. Agregan que los soldados de esta patrulla se habían salvado del ataque de metralla y bombas de contacto por parte de los Combatientes Populares, quienes eran de las columnas y escuadras jefeadas por Marcos Somarriba García en este sector de la Carretera Norte.

Antes de huir, eso sí,  los guardias somocistas genocidas destruyeron con disparos los radiocomunicadores de los dos vehículos de la patrulla mencionada.

12: 45 pm.  Una voz llena de miedo desde la radio de la “Treceava Sección de Policía GN, o “Sierra 13”, dice: “Por favor manden los refuerzos militares, nada de darnos auxilio, ¿dónde están los refuerzos?”

12:55 pm. Se desarrolla un intenso y muy ruidoso combate en la calle, o Avenida,  frente a la Colonia Salvadorita (Cristhian “Inca” Pérez Leiva), es decir, en la vía que comienza en la Carretera Norte, a la altura de la Ferretería Reynaldo Hernández, rumbo al Mercado Periférico y Cementerio Oriental de Managua.

Combate muy ruidoso y feroz en la Avenida que conduce a la “Sierre Trece” y Cementerio Oriental

Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y pobladores del Barrio El Edén y de la Colonia Salvadorita relataron después que eran unos 300 guardias con una tanqueta por delante, dos ametralladoras montadas en jeepones, y todos los soldados GN somocistas portaban fusiles automáticos, nuevecitos,  incluidos en este contingente militar GN mercenarios del CONDECA, norcoreanos, argentinos y de otras nacionalidades, intentando penetrar por esa Calle o Avenida hacia el sector de la “Sierra 13”, con el fin de rescatar a sus soldados entrampados dentro de la Sección de Policía, según se escucha en ese momento por la misma radio de la Central de Policía. Las tanquetas portan dos ametralladoras cada una, y en este caso también andaban un lanzamorteros.

El tiroteo se oye nutridísimo, acompañado de explosiones potentes de bombas de contacto y granadas de fragmentación. Es una contraofensiva violentísima por parte de los gendarmes de la “Estirpe Sangrienta: los Somoza”, y se van a abriendo paso, se supone,  con centenares de armas de guerra y artillería pesada, inclusive, cumpliendo de algún modo lo que el esbirro coronel Nicolás Valle salinas decía por esta misma radio de la Central de Policía: “Tenemos armas y municiones para combatir 100 años, si queremos”, pero al mismo tiempo era evidente que esta trenada de guardias iban con miedo, llenos de pánico, pues temían  caer en una emboscada relámpago y mortal como ya les había ocurrido antes en varios puntos de la Zona Oriental-norte y de la Zona Suroccidental de Managua.

El operador del radio de la Central de Policía no dice por dónde va exactamente el contingente de guardias y mercenarios, pues en ese momento en esta Avenida hay varios puntos conocidos: Cine Colonial, Farmacia Manzanares, Carne Asada de la Salvadorita, Comidería de la Salvadorita, Cine Rex y Gasolinera Salvadorita, antes de llegar al Mercado Periférico y al Cementerio Oriental de Managua.

Los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares no contaban con esta cantidad de armas de guerra, ni con tanquetas, ni tanques con cañones, ni la enorme cantidad de granadas que andaban colgadas a los lados y dentro de mochilas, pero ya con mucha frecuencia estos Combatientes Populares les hacían emboscadas potentes y mortales, las cuales permitían arrebatarles precisamente este tipo de armas de guerra, para después usarlas contra los mismos guardias, tal como hacían Sandino y el Ejército Defensor de la Soberanía cuando se combatía a los yanquis agresores, invasores y opresores  entre 1927 y 1933.

La misma radio policial alerta nerviosamente a los patrulleros policiales en la Carretera a Masaya que tomen medidas especiales de precaución, porque otros grupos de pobladores han salido a la Carretera y le están partiendo el pavimento con piochas, para impedir el paso de equipos militares opresores somocistas.

Guardias de “Sierra Trece” proponen rendición

1:05 pm. Los soldados de la “Sierra 13”  siguen implorando auxilio militar, y hasta proponen a sus jefes que les ¡permitan  entregarse¡, ¡rendirse¡, a los insurgentes sandinistas que mantienen sostenido y cada vez más fuerte el ataque a balazos y bombazos contra la Sección de Policía. Añaden los operadores del radio de “Sierra 13” que los Combatientes sandinistas les han gritado que les van a respetar la vida, mientras al mismo tiempo unos 50 Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares responden gallardamente al nutridísimo tiroteo que se traen los alrededor de 300 guardias del lado de la Carretera Norte.

Según supe después, los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares de los Frentes de Guerra de Marcos Somarriba García y los grupos GPP (Guerra Popular Prolongadas) y OMP (Organización Militar del Pueblo) de Bello Horizonte les hacían guerra de guerrilla por los costados a esta trenada de guardias mencionados.

El sujeto del radio de la Central de Policía les sugiere que “aguanten otro poquito más… que ya llegan por el Norte las “fuerzas de exterminio” (¿¿??).Las “fuerzas de exterminio” eran los miembros de la patrulla o contingente de guardias y mercenarios, encabezados por una tanqueta y dos ametralladoras, que van abriéndose paso en la Calle o Avenida mencionada hacia la “Sierra 13”.

Estos integrantes de las  “fuerzas de exterminio” venían de bordear Managua por los Barrios periféricos del Sur y Oriente. Cuando les dijeron u ordenaron a la 1:00 pm., que procedieran a rescatar a los soldados de la “Sierra 13”, respondió el que comandaba este contingente, quien se identificaba como “Sol 25 (como “soles” numerados se identificaban los jefes de la Guardia Nacional en esta etapa de la Insurrección Sandinista), de que sus hombres estaban hambrientos, cansados, y que mandaran a otros, que ellos iban a la Central de Policía para cambiarse de ropas, comer y “descansar un poco”. De todas maneras fueron para el lado de “Sierra 13”, por órdenes de sus jefes sanguinarios genocidas.

Deciden bombardear LA PRENSA de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal

1:15 pm. Un reporte por radio de la tanqueta que estaba ya  por la Colonia Salvadorita, dirigido el mensaje a los jefes “soles” de la Central de Policía: “Nos hostigan desde LA PRENSA”, lo cual era falso, pues las trincheras de combates populares estaban frente a la Fábrica Rolter, en Portezuelo y de los semáforos de la Robelo hacia el Sur, ya cerca del Puente Larreynaga.

Esta comunicación radial fue la justificación de la Guardia Nacional para desatar el ataque aéreo con rockettes a las instalaciones del Diario LA PRENSA del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, provocando su destrucción casi total, ese mismo día 11 de junio.

Con ese incendio fueron destruidas la rotativa, la Redacción Central, los despachos de procesado y producción del periódico, el Laboratorio y Archivo  Fotográfico. Sólo al autor de este libro, porque yo era uno de los periodistas-redactores y fotógrafos del Diario LA PRENSA de aquellos días (de enero de 1970 al 19 de julio de 1979) le quemaron no menos de 20,000 negativos y fotos en ese incendio. Eran fotos de la Managua Vieja, destruida por el Terremoto de 1972 y de miles de acontecimientos populares en Managua, de manifestaciones callejeras contra la tiranía somocista genocida, luchas de estudiantes, campesinos, el accionar del Frente Sandinista de Liberación Nacional clandestino, etc.

Los guardias de la “Estirpe Sangrienta: los Somoza” además se metieron al resto de instalaciones del Diario LA PRENSA, por ejemplo, a las bodegas, de donde robaron la mitad de la edición del libro “44 años de dictadura somocista”, de Pablo E. Barreto Pérez. Eran unos tres mil ejemplares del libro, los cuales lanzaron a las aguas del lago de Managua. Dichosamente, antes del cinco de junio, la mitad de la edición del libro había sido llevada a mi casa en Bello Horizonte, de donde se tomó para distribuirlo entre pobladores y en las trincheras de combate.

Terminada la “obra” terrorista del incendio contra LA PRENSA, los guardias además iniciaron inmediatamente lo que llamaban “operación limpieza” en las instalaciones del periódico, donde robaron todo lo que pudieron. Inclusive, colocaron gente armada, apostada en el Restaurante Trébol, ubicado en la orilla de la Carretera Norte, mientras todavía ardían las instalaciones del Diario en que Pedro Joaquín Chamorro Cardenal trabajó, dirigiéndolo durante más de 30 años.

Muere  teniente Gaitán, jefe de la “Sierra Trece”

Operador de radio de “Sierra 13” reclama porque los han engañado

1:30 pm. Por radio se reporta la muerte del Teniente Gaitán, quien fungía como jefe de la Treceava Sección de Policía GN o “Sierra 13”, y que trabajaba de la mano con el Sargento Alberto “Macho Negro” Gutiérrez en las torturas y asesinatos dentro de esta unidad policial de la Guardia Nacional del somocismo genocida.

El relato angustiado del operador de radio indica que el Teniente Gaitán asomó la cabeza por sobre una trinchera de piedras que estaban en la entrada de la “Sierra Trece”, y ahí fue impactado en la frente por una de las balas disparadas por los Combatientes Populares desde el lado Sur. Un soldado raso que estaba al lado de Gaitán, también fue alcanzado por otra bala, y estaba herido gravemente.

El operador de radio de la “Sierra 13” deja escuchar su rabia contenida por la falta de atención a sus exigencias de refuerzos militares, para salvarlos de una muerte segura. Suplica, una vez más,  que envíen los aviones, que saquen los tanques y tanquetas, que manden tropas a rescatarlos, que saquen los “fierros” y hombres que están ensarrados en la Loma de Tiscapa.

Cuando hacían estas exigencias, el operador del radio-trasmisor exclama que ya les están cayendo bombas de fragmentación dentro de las instalaciones de la “Sierra 13”.

1:55 pm. Después de algunos minutos de silencio, el operador radial de “Sierra 13” insiste en que les envíen los refuerzos prometidos como “fuerzas de exterminio”. “!Cuidado¡, no nos vuelvan a engañar como siempre¡”, reclama con voz temblorosa.

Por otro lado, desde el radio-trasmisor de la Central de Policía se podía captar que los refuerzos de la guardia para rescatar a sus “angelitos” de la “Sierra 13” no pudieron pasar más allá de la Colonia Salvadorita (Cristhian “El Inca” Pérez Leiva), porque se los impedían a balazos y bombazos  los Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y Milicianos Sandinistas.

2:00 pm. El tiempo pasa, y la desesperación atenazante se ha apoderado de los guardias acantonados en la “Sierra 13”. Uno de ellos (se oye en el radio-trasmisor) grita a los demás que se entreguen a los Combatientes Sandinistas insurrectos, en el momento en que el operador de radio está contactando con la Central de Policía para pedirles, nuevamente, el envío de aviones y tropas. “!Ya no sirven esos jodidos¡”, gritó el mismo soldado que exclamaba o sugería rendición ante los insurgentes que tenía totalmente rodeada la Sección de Policía. El operador  radial de la Central de Policía les pide “paciencia, mucha paciencia” y les reclama diciendo que “Quien piense entregarse, es un “contrario”.

2: 30 pm. La “Sierra 13”, asediada militarmente al máximo, reporta otro herido. Además, se informa que la parte frontal del edificio ya está muy dañado por los balazos y bombazos que lanzan los insurrectos sandinistas. Uno de los que aún quedan ilesos en la “Sierra 13” pidió que les permitieran entregarse a los insurrectos, pues la situación militar se les hacía totalmente insostenible, y sostenía que a ese paso todos quedarían muertos.

El operador de la radio de la Central de Policía, el tal “Gayán”, desde la comodidad y tranquilidad donde él se encuentra sentado, sin peligro alguno,  le dijo al que hizo el reclamo que se dejara “de pendejadas”, y que si era “contrario” que las iba a pagar.

2:40 pm. Los soldados de la “Sierra 13” comunican a sus jefes que están cortos de municiones, que no han comido y tienen escasez de agua potable. El fuego de metralla de los sitiadores continúa fiero desde afuera.  Dentro de “la 13, no hallan cómo atender a los heridos, ni dónde acomodar a los muertos, que se supone sobrepasan los 20, aunque oficialmente no se reporta nada.

“Fuerzas de exterminio” somocista “paradas en seco” y “exterminadores” muertos y heridos también

También han resultados heridos numerosos guardias (“fuerzas de exterminio”, decían los mismos jefes de la Guardia Nacional) que vienen al rescate de la Sección de Policía. Estos guardias somocistas genocidas “rescatistas”, “exterminadores”, están todavía a cuatro cuadras hacia el Norte de la Sección de Policía, es decir, casi por el Cine Colonial.

O sea, han recorrido la mitad del camino desde la Carretera Norte, en la Avenida  hacia el Mercado Periférico, de  donde Reynaldo Hernández hacia el Sur, según se deduce de lo que dicen por medio del radio trasmisor de la Central de Policía. Estas son las “fuerzas de exterminio” del esbirro coronel Nicolás Valle Salinas, jefe de la Central de Policía GN.

2:45 pm. El drama que les tocó vivir a los soldados de la “Sección 13” está llegando al clímax y al final. Solamente quedan tres soldados ilesos, si nos atenemos a lo que informa el operador radial desde dentro de la Sección policial. En el instante de la comunicación radial a esta hora, los insurrectos sandinistas están rociando gasolina en todos los alrededores de la parte del edificio que ocupa la “Sierra 13” en el Mercado Periférico, ubicada frente al Cementerio Oriental de Managua.

“¡Hay cinco muertos…¡”, grita el operador de radio de la “Sierra Trece”

“!!Ríndanse¡¡ ¡!Les vamos a perdonar la vida¡¡”, les gritan Jefes Guerrilleros desde el lado Sur

“!Hay cinco muertos”¡, repiten por la radio. Todavía se escucha por la misma radio policial que desde afuera les gritan, nuevamente: “!Ríndanse.   Les vamos a perdonar la vida¡”, gritos que provienen de pechos henchidos de patriotismo revolucionario de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares de Managua, ubicados, disparando ráfagas de metralla y lanza cohetes o morteros móviles desde los Muros del Cementerio Oriental, desde el lado Sur, dentro del Barrio Ducualí y por el lado Oeste, dentro del Barrio El Edén..

Desde la radio central les mienten, otra vez, diciéndoles que las “fuerzas militares de exterminio” de la Guardia Nacional van en su rescate, “ya van a llegar”, les repiten. Vana esperanza. El operador radial de la “Sierra 13” insiste en su reclamo de que jamás les prestaron protección. Ante esto, el operador radial de la Central de Policía les dice que se “aguanten”.

“!Cayó  otro, ya estamos perdidos. Todos estamos muriendo. No tenemos apoyo de nadie¡”

Sobrevuela una avioneta la Zona y el de la Central de Policía los engaña diciéndoles que tienen informes de que los insurrectos atacantes están huyendo en desbandada. ¡Mentira enorme y descarada¡  La respuesta se la dio el mismo operador de “Sierra 13” al expresar por medio del radio: “!Otro herido, señor¡”, mientras se escuchaban los disparos y ráfagas de tiros mediante el sistema radial de la Guardia Nacional.

3:00 pm. Explota una bomba de fragmentación dentro de la “Sierra 13”, y por la radio, una vez más, exclama el operador de la radio: “!Cayó  otro, ya estamos perdidos. No tenemos apoyo de nadie¡” El sujeto del radio de la Central de Policía, desde su comodidad acolchonada, les vuelve a decir: “!Aguántense, hombre, aguántense por Nicaragua¡” (¿¿??) “No, señor”, le replica uno de los que están junto al radio dentro de la “Sierra 13”.

“…Ya no quedamos nadie. Así nos tienen desde la mañana de ayer que comenzamos a pedir refuerzos militares, y nunca los dieron”, añade el que está en la radio en la Treceava Sección de Policía GN.

El de la Central de Policía vuelve a la carga: “Así es, hermano…pero no se sabe qué es que lo pasa”. En la voz del operador de la radio de la “Sierra 13” todo es desánimo: “Nos disparan desde una camioneta. ¿Qué dice “Sol 23”? “Sol 23” es el segundo jefe de la Central de Policía, después del esbirro coronel Nicolás Valle Salinas. Añade el operador:  “Todos estamos muriendo y nadie nos ayuda. Ya estamos perdidos”.

El de la Central de Policía vuelve: “5-4, hermano.  Ahí va el “papalote” (avión). No se “agueve” que ya vuela sobre los tanques”. La clave “5-4” es algo así como “espere”. ¡Allí, dentro de la “Sierra 13” está Alberto “Macho Negro” Gutiérrez?, afuera no se sabe.

3:10 pm. “Tiraron a otro, señor, ya quedamos con vida sólo cuatro en la Sección”, se queja amargamente el hombre que está en la radio dentro de la “Sierra 13”.

3:11 pm. “Pilaron” (mataron) a otro, señor… mande al Push and Pull. ¿Ya va a venir el “chunchito”?, ¿qué pasó, ¿qué pasó?, ¡no hemos comido ni bebido nada¡ Los de aquí de la Sección están perdiendo los nervios¡”, expresa nervioso y con palabras entrecortadas el hombre del radio dentro de la “Sierra 13”. En ese momento, el piloto criminal del Push and Pull inicia un nuevo bombardeo con rockettes en contra de los insurrectos sandinistas frente a la Sección de Policía, pero vuelve a fallar completamente.

3: 20 pm.  El operador del radio de la Sección reporta: “En estos momentos acaban  de herir a otro soldado. El Teniente (era el jefe Gaitán) está muerto”.

Informa el operador del radio de la Central de Policía que está con ellos, dentro de la “Sierra 13”, un civil que fue capturado por ellos la noche anterior. Sin preguntar absolutamente nada, el de la Central de Policía le dice: “!Fusílenlo¡”.  No se supo qué pasó con este civil mencionado.

4: 00 pm. Unos 300 guardias, incluyendo mercenarios del CONDECA, apoyados con tanquetas, tanques Sherman, ametralladoras y aviones artillados y lanzando nuevamente bombas desde el aire, van, se oye por la radio de la Central de Policía, al “rescate” de la “Sierra 13”, y logran “colarse” por el lado Oeste del Cine Rex, es decir, por una calle de tope y a la vez con vuelta paralela hacia el lado Sureste del Barrio El Edén, ubicado en el lado opuesto de la calle en que se encuentra la Colonia “Salvadorita (Cristhian “Inca” Pérez Leiva).

Se escucha el intenso tiroteo  porque se desata un combate frontal entre los guardias genocidas y el grupo de insurrectos o Combatientes Populares que estaban ya sobre los muros o techos superiores de la “Sierra 13”, en los muros del Cementerio Oriental, encima de techos de las casas del lado Norte en el barrio El Edén, también parapetados en las esquinas frontales de la “Treceava Sección de Policía”, correspondientes estas esquinas a los Barrios Ducualí, Meneses (hoy Venezuela) y El Edén, que virtualmente rodean en ubicación al Mercado Periférico.

Tanqueta GN destruida con bombas de contacto frente al Cementerio

Este tiroteo intenso dura, aproximadamente, dos horas, y durante el mismo es destruida completamente una tanqueta a los guardias frente a la “Gasolinera “Salvadorita”, situada dos cuadras al Norte del Mercado Periférico. La tanqueta, desde la cual disparaban dos ametralladoras calibre 50,  fue destruida por disparos certeros de Bazuka (RPG-2), manejada por un compañero identificado como  “Chino” Mercado Cortez; más disparos hechos con un lanza-morteros “hechizo”, construido por Juan Ramón Amador, y bombas de contacto, las cuales causaban verdadero pánico a estas “fuerzas de exterminio” del régimen sanguinario de Anastasio Somoza Debayle. También fueron usadas candelas de dinamita contra la tanqueta mencionada.

Según relatos de los vecinos o pobladores, eran entre 250 y 300 guardias, quienes llegaron hasta allí con un tanque y dos tanquetas, más varias ametralladoras montadas con trípode sobre jeepones, más una retroexcavadora de esas rápidas, mientras los Jefes Guerrilleros, Milicianos y Combatientes Populares en este sector Norte eran unos pocos, con escasos fusiles automáticos, con dos ametralladoras calibre 30 en movimiento, pero eso sí moviéndose como gacelas y gatos veloces por entre los patios, encima de los techos, parapetándose en piedras, troncos caídos, arrastrándose rápidos por el  suelo, saliéndoles a los guardias de repente, disparándoles a corta distancia con armas cortas,  por un callejón o una esquina y al mismo tiempo lanzándoles racimos de bombas de contacto, debido a lo cual las explosiones se escuchaban como un verdadero infierno a la hora de este combate memorable para destruir completamente a la temida y odiada “Sierra 13”.

Un relato de Francisco “Chico” Garand Guzmán Fonseca, uno de los Jefes Guerrilleros y francotiradores en Bello Horizonte, indica que hubo un momento crucial en este combate en que los guardias formaron numerosas escuadras para abrirse paso disparando en forma de abanico, lo que produjo una especie de vacío entre la esquina del Cine Rex y la esquina Norte del Mercado Periférico, lo cual, analiza “Chico Garand” Guzmán, fue aprovechado para lanzar corriendo, veloz, a una escuadra de guardias para que intentara rescatar el radio-trasmisor y documentos que todavía estaban dentro de la “Sierra 13” o  Treceava Sección de Policía GN, repudiada en Managua por las torturas y asesinatos que ocurrían dentro de ella, de lo cual se acusaba al teniente Gaitán y al Sargento Alberto “Macho Negro” Gutiérrez

Los insurgentes sandinistas, o Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, por la potencia de fuego balístico que andaban estos casi 300 guardias de las “fuerzas de exterminio” de la “Estirpe Sangrienta”: los Somoza”, se vieron obligados a hacer un Repliegue Táctico, rápido, hacia el Sur, dentro de los Barrios Ducualí y Meneses (hoy Venezuela).

Guardias crean tormenta de fuego sólo para destruir radiocomunicador y papeles comprometedores

6:40 pm. Amparados en la copiosa balacera, una parte de los guardias, quizás una escuadra de unos cinco, lograron entrar veloces a la “Sierra 13”, al producirse el Repliegue Táctico de los Combatientes Populares hacia el Sur de la Sección de Policía. La operación de desalojo fue muy  rápida, pues al parecer, como siempre, a los altos oficiales (generales y coroneles) de la GN somocista les interesaba sólo rescatar los radiocomunicadores, documentación comprometedora, tal vez algunos fusiles,  ¡y nada más¡, porque por informaciones de los mismos Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares sandinistas, los “rescatadores” de las “fuerzas de exterminio” de la Guardia Nacional mediante este escandalosísimo operativo militar sólo lograron rescatar vivo a uno de los soldados que estaba dentro de la “Sierra 13”, pues todo el resto estaban ya muertos  cuando ellos llegaron, o ¿se habían escapado por algún túnel?, mientras la instalación de la Sección de Policía también ya había sido destruida con las bombas de contacto, bombas de fragmentación, los bazukazos y la lluvia de balas de fusiles y ametralladoras que les habían tirado los Combatientes Populares.

¿Ese soldado vivo y rescatado por estas “fuerzas de exterminio” era Alberto “Macho Negro” Gutiérrez? No se pudo conocer quién era el soldado único salvado por las “fuerzas de exterminio”, las cuales llegaron cuando ya estaba destruida  la “Sierra 13”.

El Repliegue Táctico de los Jefes Guerrilleros  y Combatientes Populares sólo duró unos pocos minutos, mientras reordenaban su fuerza combativa, especialmente, con los integrantes de columnas móviles, especialistas en golpear militarmente de forma fulminante por los costados, retaguardia, por encima de los techos y saliendo de repente por patios y huecos de las casas, para hacerles una operación envolvente a estos sicarios del régimen sangriento de Anastasio Somoza Debayle y su Guardia Nacional de asesinos.

Efectivamente, cuando los guardias de la “fuerza de exterminio” intentaron el regreso hacia el lado de la Carretera Norte, se encontraron con que un  poco al Norte del Cine Rex, les apareció, precisamente, una especie de anillo envolvente que les obligó a entablar combates feroces contra al menos 50 Combatientes Populares que los mantuvieron a sangre y fuego balístico durante más de una hora en este sector de Managua, específicamente en la Avenida que comienza en la Carretera Norte, por donde era la Ferretería Reynaldo Hernández rumbo al Cementerio Oriental. A estas llamadas “fuerzas de exterminio” les costó muchas bajas, entre heridos y muertos;  mucha destrucción material, para poder salir de esta trampa militar en que se habían metido.

Inclusive, en esa retirada, envuelta en pánico, estas “fuerzas de exterminio” perdieron una segunda tanqueta a la altura del Cine Colonial, exactamente en el cruce de los semáforos de entrada a Bello Horizonte. Igualmente fue neutralizada esa tanqueta con bombas de contacto, lanzadas por los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares ubicados en el Reparto Bello Horizonte y el Barrio Santa Rosa, encabezados por Javier “99” López Lowery y Marcos Somarriba García..

Al mismo tiempo, al desalojarse la “Sierra Trece” y quedar virtualmente destruida, una multitud de Combatientes Populares y pobladores de los Barrios El Edén, Ducualí, María Auxiliadora, Meneses, Santa Bárbara y de Bello Horizonte, procedieron a prenderle fuego por dentro y fuera a las instalaciones de lo que había sido la “Sierra 13”, uno de los sitios más emblemáticos de la opresión sanguinaria somocista genocida en Managua y una de las cárceles más odiadas por pobladores y sandinistas en el sector Oriental capitalino.

Cadáveres carbonizados frente a donde fue “Sierra 13”

Rociaron de gasolina por dentro y fuera y les prendieron fuego inclusive a los cadáveres de unos doce guardias que habían quedado muertos dentro y fuera de la “Sierra Trece”, según testimonios de “Chico Garand” Guzmán Fonseca  y de Combatientes Populares  participantes directos en este memorable combate para destruir aquella infame Sección de Policía GN, conocida simplemente como “la trece”

Yo personalmente conté ocho cadáveres carbonizados. Combatientes Populares como Alejandro “Huesito” Mairena Obando aseguran que los guardias muertos fueron no menos de 25, y que tal vez ocurrió que los guardias de las “fuerzas de exterminio” lograron llevarse algunos cadáveres.

De los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, enfrentados a los soldados de la “Sierra 13” y de las “fuerzas de exterminio”, no resultó ninguno muerto, según el reporte oficial entregado al Estado Mayor General del Frente Interno del FSLN, integrado por los Comandantes Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra Lacayo.

De la población civil, sí hubo varios heridos por el bombardeo aéreo, a pesar de los refugios antiaéreos. A raíz de este ruidoso y justiciero combate contra la “Sierra 13”, en Managua comienzan a funcionar también los Hospitales clandestinos insurreccionales en el local de la Iglesia Sagrada Familia, en el Reparto El Dorado, en el Instituto Experimental México, el Hospital Silvia Ferrufino Sobalbarro, también en Bello Horizonte; en el lado Sur del Barrio Santa Rosa, estos últimos situados  cerca de  la Cuarta Etapa de Bello Horizonte.

En San Judas, Loma Linda y Torres Molina los Hospitales clandestinos comenzaron a funcionar el cuatro de junio, uno de ellos atendido por la doctora Erlinda López Osorio y su marido Róger Osorio, ambos asesinados atrozmente por un contingente de la Guardia Nacional somocista genocida. Aquí los Hospitales clandestinos se organizaron tempranamente por órdenes de Gabriel “Payo” Cardenal Caldera, jefe del Estado Mayor Conjunto de la Insurrección en los Barrios Suroccidentales y Noroccidentales de Managua.

En el sector Noroccidental de Managua: Monseñor Lezcano, Acahualinca, Loma Verde, Barrio Cuba, Morazán, Linda Vista, Loma de Guadalupe y Balcanes, los Hospitales clandestinos empezaron a funcionar el 10 de junio en la Escuela o local de las Monjitas en el lado Noroeste de Acahualinca, en la Bodega de la Aceitera Corona y en “Las Tucas” o Aserrío, todos ubicados en el Barrio Acahualinca, donde residían los Jefes Guerrilleros Arnoldo “Viejo” Real Espinoza y René Cisneros Vanegas. Cisneros Vanegas cayó combatiendo en San Judas, frente al Cine.

Se aseguraba que cuando comenzó el combate contra la “Sierra 13” había más de 60 guardias dentro y fuera de la Sección policial. Quienes afirman esto fueron algunos Combatientes Populares que desde el nueve de junio, en la noche, habían tomado posesión, clandestinamente, de sitios estratégicos, en techos y patios de casas vecinas (de amigos, casas de seguridad), ubicadas tanto un poco al Sur dentro del Barrio Ducualí como dentro del Barrio El Edén, en viviendas situadas a unos 100 metros al Norte y Oeste del Mercado Periférico.

Estos Combatientes Populares han supuesto, inclusive, que algunos de esos guardias, cuando el combate era crudísimo contra ellos, es posible que hayan escapado por algunas de las alcantarillas pluviales madres, las cuales tienen varios manjoles exactamente enfrente por el Oeste, el Este y Sur del Mercado Periférico. Se asegura, además, que estas alcantarillas (en tubos madres) tienen entradas por el lado Norte del muro del Cementerio Oriental y salidas en el Cauce Oriental, específicamente a la altura del Puente El Edén.

Esto es muy difícil de  comprobar ahora, pues prácticamente todos aquellos guardias que estaban en la “Sierra Trece” murieron en ese combate memorable, cuya balacera y estallidos de bombas durante todo el día, fueron escuchados en todo Managua.

Olor sofocante a pólvora en todo el sector de “la trece”

Fuertísimo tufo a carne quemada

A las siete de la noche se sentía un olor intenso a pólvora, muy fuerte, casi afixiante, que provocaba escosor en las vías respiratorias como cuando uno es atacado por urticaria o alergia respiratoria, en todo el sector geográfico de los vecindarios Ducualí, El Edén, María Auxiliadora, Colonia “Salvadorita (Cristhian “Inca” Pérez Leiva), Maestro Gabriel Morales, Blandón (Costa Rica) y Bello Horizonte, debido al prolongado combate a tiros, bombas de contacto y de fragmentación, más el uso de gases lacrimógenos, entre los Combatientes Populares y los guardias genocidas, quienes,  finalmente, habían emprendido veloz huida hacia la Central de Policía, donde estaban alojados varios de los jefes sicarios del somocismo genocida.

En la orilla de las instalaciones de lo que había sido la “Sierra 13” se sentía, además, un fuertísimo olor a carne quemada. Dentro de los muros gruesos, de concreto armado, en que estuvo esta emblemática y diabólica Sección policial era francamente irrespirable, pues allí los gases lacrimógenos habían quedado pegados y mezclados con carbón en las paredes. Las paredes y el piso estaban todavía calientes por las explosiones de bombas. Antes del combate, el color de la “Sierra 13” era un blanco hueso, y al concluir la balacera casi todo era carbón por las explosiones y el incendio.

Afuera, en el parqueo o estacionamiento adoquinado en los lados Sur y Oeste, el espectáculo era dantesco, pues estaban allí los cadáveres quemados, huecos en los adoquines por los estallidos de bombas, fusiles y ametralladoras retorcidas, pedazos de metal de catres para dormir, cantimploras hechas pedazos, pedazos de zapatos regados por todo el parqueo, trapos en trizas de lo que parecieron haber sido pantalones y camisas, vasos y platos metálicos igualmente retorcidos, mecates manilas chamuscados por el fuego. Estos mecates, se asegura, eran usados por los torturadores para colgar a los presos, especialmente si eran “sandino-comunistas-terroristas”, que en realidad eran los luchadores organizados del Frente Sandinista de Liberación Nacional,  todavía clandestino en ese momento.

Era ya de noche, había peligro mortal en las calles, pero centenares de vecinos llegaron personalmente a ver cómo había quedado la “Sierra 13” después del ataque balístico mortífero hecho por Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares. El bombardeo aéreo de los pilotos somocistas genocidas sobre la Zona Oriental-norte de Managua, había cesado al caer la noche.

Alfombra de casquillos de balas de todo calibre

El pavimento y adoquinado del frente de lo que fue “Sierra 13”, la Avenida por donde entraron los guardias de las “fuerzas de exterminio”, las calles y callejones cercanos al Mercado Periférico, quedaron repletos de casquillos de tiros, inclusive yo pude ver centenares, quizás miles, de cápsulas de cañones de tanques, que también fueron disparados contra las posiciones móviles y fijas de los Combatientes Populares.

Aquello parecía una alfombra enorme, larga, color de oro y anaranjado, extendida a lo largo de las calles periféricas del Mercado Periférico y del Cementerio Oriental de Managua. Especialmente en la Avenida del Mercado Periférico hacia el Norte, rumbo a la Carretera Norte, hasta era difícil dar pasos en la calle, porque uno escapaba a caerse porque el nutrido colchón de cápsulas de tiros resbalaban bajo los zapatos de uno.

“En la toma de la “Sierra 13”, de nada sirvieron los refuerzos de infantería, ni las tanquetas, pues los esbirros prefirieron huir antes que mantener la resistencia; el local de “la 13” fue tomado, arrasado por la furia popular y sus ocupantes castigados como asesinos del pueblo. Como una cuestión premonitoria, la palabra “Yeico”, usada comúnmente como un gesto despectivo de la GN para referirse a los Combatientes Sandinistas, se estaba volviendo contra ellos; en adelante sería signo de terror, de fuerza, de valentía, de eficiencia en los combates, de victoria, de presencia Sandinista.

En adelante, “Yeicos” y “Piricuacos”, serían señal de ataque, de emboscada, desesperación, de pesadillas para los esbirros somocistas, pues por millares comenzaban a brotar de todas partes para atacarlos, aniquilarlos y castigarlos”, escribió el Comandante Carlos Núñez Téllez en su informe a la Dirección Nacional Conjunta del FSLN, en julio de 1979, al comentar sobre este sonadísimo combate en la “Sierra 13”, y publicado en la página 91 de su libro “Un Pueblo en Armas”, segunda edición.

En la dirección y supervisión del combate y destrucción de la “Sierra 13” estuvieron presentes los miembros del Estado Mayor General del Frente Interno: Núñez Téllez, Ramírez Solórzano, Cuadra Lacayo,  y del Estado Mayor Conjunto del FSLN en Managua: Mónica Baltodano Marcenaros, Oswaldo Lacayo Gabuardi y Raúl Venerio Granera.

Barricadas y trincheras por todos lados

A estas alturas del desarrollo del conflicto militar,  por el avance desafiante de los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, el asunto se le presentaba complicadísimo a la Guardia Nacional, pues desde el mismo día 10 de junio se habían construido barricadas y trincheras de combate en sitios como el cruce de Portezuelo, en el Asentamiento Laureles Norte (Manuel Fernández Mora), en la esquina Noreste del Barrio Santa Rosa, en todas las entradas del Norte del mismo Santa Rosa, en las entradas a Bello Horizonte, frente a la Fábrica Rolter;  en el cruce del semáforo de “La Robelo”, en la Carretera Norte; en el Puente Larreynaga, en el Puente El Edén, Colonia Luis Somoza (hoy Diez de Junio), en los cruces y entradas de los Barrios Paraisito, San Cristóbal, María Auxiliadora, en el Barrio Blandón a la altura del Cine Colonial,  en el cruce de Bello Horizonte y Villa Progreso, en el cruce de Rubenia, en las entradas Norte y Sur de la Colonia Catorce de Septiembre, en varias entradas a la Colonia Nicarao, en casi todas las esquinas de vecindarios como La Fuente, Reparto Schick Gutiérrez, en Américas Cuatro, Américas Tres, Américas Uno, en la entrada a la Colonia Primero de Mayo, habían varias barricadas en Ducualí, en Don Bosco, en la Pista Mártires de El Dorado, en las Colonias Colombia y Don Bosco, en el Puente Paraisito, en el Puente San Cristóbal, en todas las entradas y salidas del Barrio San Cristóbal hacia el Reparto El Dorado, en los entonces llamados Barrios Santa Bárbara y Blandón (hoy Venezuela y Costa Rica, respectivamente), habían tres barricadas en torno a los llamados “Repuestos La Quince”, otras tres barricadas dentro del Barrio Riguero, había otras numerosas en el Asentamiento Rebusca y Colonia Máximo Jerez; más barricadas cerca de donde es hoy “La Tiendona” en la Calle Catorce de Septiembre, en las cercanías de la Clínica Santa María, en algunas calles de los Barrios San José Oriental y “Campo Bruce” (Rigoberto López Pérez), entre otros sitios ya fortificados para detener a los guardias genocidas y a los “orejas” o espías, “jueces de mesta”, miembros de “escuadrones de la muerte”, AMROCS y otros sicarios de la dinastía somocista sangrienta.

Eran unas 200 barricadas, tal vez más, y unas 100 trincheras o zanjas de combate las que pude ver en mis recorridos por los vecindarios insurreccionados en la Zona Oriental-norte de Managua. Por supuesto, habían barricadas, pozos tiradores especiales y trincheras de combate también en las Zonas Suroccidental y Noroccidental de Managua (San Judas Loma Linda, Las Brisas, Villa Roma, Torres Molina, Vista Hermosa, Altagracia, Monseñor Lezcano, Linda Vista, Santa Ana, Loma Verde, Colonia Morazán y en el OPEN TRES (Ciudad Sandino).

Con esta derrota militar en la “Sierra 13” se le estaba dando un golpe político y militar muy fuerte a la dictadura somocista, que ya estaba quedando reducida, por esta Ofensiva Insurreccional Sandinista,  en Managua al Campo de Marte y al bunker en que se escondía el tirano sangriento: Anastasio Somoza Debayle con su Guardia Nacional, en las cercanías de donde fue capturado el General Sandino y después asesinado vilmente por el fundador de la dinastía: Anastasio Somoza García.

Quienes estaban dentro de refugios antiaéreos y antibalas, salieron de ellos a tomar aire fresco y a contarse unos a otros las peripecias por las que habían pasado, y de paso solicitaban información de lo que podría pasar más noche o al día siguiente.

Martes 12 de junio

Destrucción generalizada por incursión de guardias sanguinarios hasta “Sierra 13”

Queda una “alfombra” de cartuchos  por balacera y destrucción de “Sierra 13”

Guardias robaron y destruyeron negocios

Como en la noche era extremadamente peligroso andarse moviendo en medio de la contienda militar contra la dictadura, decidí volver muy de mañana el martes 12 de junio, para ver personalmente cómo habían quedado los alrededores de la “Sierra 13”.

Para circular en la noche, era necesario saberse el “santo y seña” nocturno, pues de lo contrario uno no pasaba por las barricadas y trincheras de combate. Dichosamente, yo estaba plenamente conectado con Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, porque, con raras excepciones, todos habíamos andado juntos en las luchas callejeras en contra de la dictadura somocista y, en mi caso, además, me favorecía el hecho de ser periodista de LA PRENSA de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal y porque los escuadrones de la muerte (“Mano Blanca”, decían los somocistas) habían informado públicamente que me buscaban para matarme por andar de rebelde antisomocista.

En las  calles cercanas a mi casa, en la zona Suroeste de Bello Horizonte, contiguo al cauce divisorio con las Colonias Maestro Gabriel Morales y “Salvadorita” (Cristhian “Inca” Pérez Leiva), había numerosas zanjas o trincheras de combate. En la medida en que uno caminaba hacia la Rotonda de Bello Horizonte, las zanjas y trincheras eran cada vez más profundas y más largas. En ellas estaban aquellos jóvenes valientes (hombres y mujeres), audaces, con mente y corazón de ¡Patria Libre o Morir, Patria o Muerte, Venceremos¡ decididos, con unos cuantos fusiles de guerra, con pistolitas, rifles 22, escopetas y 30-30, escopetas y una determinación de vencer o morir similar a la del General Augusto C. Sandino o la de Simón Bolívar enfrentado al ejército colonial español en el Sur de América, a comienzos del siglo 19.

Eran las 7 de la mañana del martes 12  de junio. Todavía se sentía sofocante el olor a pólvora en el ambiente cercano al sitio en que fue “Sierra 13”, después del combate popular del 11 todo el día en contra de los guardias genocidas. Comencé a recorrer la avenida del Cine Colonial a la Clínica Don Bosco, arrancando del cruce con la Pista Larreynaga.

Desde ahí mismo, frente al Cine Colonial, la Avenida parecía una alfombra larguísima color oro o bronce porque prácticamente no había un centímetro del pavimento que no estuviera cubierto de casquillos de fusiles, ametralladoras y también cápsulas o casquillos enormes de las balas de los cañones de tanques Sherman, usados por los casi 300 guardias  (eran más de 400, aseguran algunos Combatientes Históricos que estuvieron en ese combate)  en contra de los guerrilleros y combatientes que sitiaron y destruyeron la “Sierra 13” aquel 11 de junio de 1979.

Asimismo, abundaban los charneles de bombas, vidrios de negocios o casas comerciales hechos miles o millones de pedazos por las explosiones de bombas e impactos de cañonazos de los tanques y tanquetas y por las balas de ametralladoras calibre 50 y los proyectiles de fusilería de ambos lados.

Se debe tomar en cuenta que a ambos lados de esta Avenida están situadas casas o viviendas del Barrio Blandón (Costa Rica), de las Colonias Maestro Gabriel Morales y “Salvadorita” (Cristian Pérez Leiva) y una parte esquinera del Barrio El Edén, el Cine Rex, varios comedores o negocios comerciales entre el Cine Rex, Cementerio Oriental y la gasolinera Esso “Salvadorita”.

En todas esas casas o negocios no había una sola pared, muros, cunetas y orillas de techos que no estuviesen marcadas o perforadas por las balas, cañonazos y charneles de bombas  de contacto o granadas de fragmentación.

En la esquina para doblar hacia el Puente El Edén, la misma esquina de la “Gasolinera Salvadorita”, ahí, unos pocos metros al Oeste, en la calle, estaba la mayor evidencia de la derrota de la soldadesca de la Guardia Nacional: la tanqueta, destruida y quemada por los Combatientes Populares y los Jefes Guerrilleros que estaban dirigiendo exitosamente los combates de demolición a la dictadura somocista.

De esa gasolinera a la esquina Norte del Mercado Periférico, hay una cuadra. Todo igual. Incluso, por los portones sencillos de la casa en que cayeron Leonel Rugama Rugama, Mauricio Hernández Baldizón y Róger Núñez Dávila,  frente al muro del Cementerio Oriental. Todos estos sectores fueron destruidos por las metrallas. El mismo muro del Cementerio Oriental tenía agujeros pequeños y huecos grandes por todas partes.

El edificio del Mercado Periférico tiene una cuadra completa. Y el local de la “Sierra 13” estaba en el extremo Suroeste de ese edificio. En la medida en que llegaba a la parte frontal de lo que había sido la “Sierra 13”, se me tornaba insoportable un escozor irritante en las narices y los ojos por el intenso olor a pólvora, más la acumulación en el ambiente de gases lacrimógenos.

Esto me dejó claro que la soldadesca GN de “fuerzas de exterminio” para abrirse paso el día anterior, en su labor de “rescate” de sus “angelitos” asesinos, entre ellos el sargento Alberto “Macho Negro” Gutiérrez;  también usó centenares o miles de bombas lacrimógenas para que el ambiente se volviera insoportable para Jefes Guerrilleros, Milicianos sandinistas, Combatientes Populares y vecinos civiles.

Además, el testimonio de los vecinos me confirmó que algunos guardias andaban puestas máscaras antigases, y me contaron que también usaron bombas de humo, para tirar, precisamente, cortinas de humo, que les permitieran abrirse paso ya cerca de las instalaciones de la Treceava Sección de Policía (“Sierra 13”).

Efectivamente, en el pavimento y suelo había centenares de casquetes de bombas lacrimógenas, especialmente en los lados Sur, Oeste y Norte  de lo que había sido la “Sierra 13”.

Ya puesto en el propio frente de la “Sierra 13”, se respiraba una combinación de olores o tufos muy fuertes. Se mezclaban los característicos olores o tufos a pólvora, gases lacrimógenos, a quemado, a defecaciones humanas, y para colmo estaban allí todavía, en el parqueo frontal, los ocho cadáveres de supuestos guardias genocidas, muertos todos en el combate del 11 de junio de 1979.

Los cadáveres fueron enterrados esa misma mañana. La otra tanqueta destruida supuestamente la guardia genocida logró sacarla cuando iba huyendo hacia el lado de la Carretera Norte.

Allí mismo, frente a la “Sierra 13” destruida, un grupo de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, todos jefeados por el Comandante Carlos Núñez Téllez, jefe del Estado Mayor del Frente Interno FSLN, le relataron al vecindario y a mí durante un mítin esa mañana, que unas 30 veces les habían pedido a gritos a los soldados de la guarnición que se rindieran, y que al no hacerlo, el mando revolucionario libertador sandinista tomó la decisión de lanzar morteros y granadas a las instalaciones frontales y por encima de la Treceava Sección de Policía.

Esta última parte, relacionada con lanzamorteros y lanzagranadas, indica que por este motivo la soldadesca de la Guardia Nacional  se desplazó con mucho miedo por la avenida mencionada y en las cercanías de la “Sierra 13”.

Asimismo, durante el combate sostenido le habían arrebatado numerosos fusiles garand a los guardias que caían muertos, me contaron los jóvenes Combatientes Populares que habían participado en esta memorable demolición de una de las más tenebrosas guarniciones de la Guardia Nacional en Managua.

“Lo que más nos enfureció fue cuando una bala de cañón de una  de las tanquetas, desbarató a la niña Yanett Sánchez”, relató uno de los Jefes Guerrilleros. Uno de los ocho cadáveres quemados, fue el de uno de los guardias que intentó fugarse vestido de civil, y lo aniquilamos en el acto cuando iba saliendo”, añadió el guerrillero. “Hubo otro de los guardias, que igualmente vestido de civil, se nos quiso cruzar por encima del Muro del Cementerio Oriental, pero éste lo que buscaba era cómo matarnos a nosotros por la retaguardia. A ese guardia lo pasconeamos a tiros de metralla cuando intentaba ubicársenos por detrás”, agregó el Jefe Guerrillero “Chico Garand” Guzmán Fonseca.

“Nos causó repudio también que esta misma soldadesca, enviada en “rescate” de los equipos que estaban en la “Sierra 13”, se metieron a la casa No. B-36 de la Colonia “Salvadorita” (Cristian “Inca” Pérez Leiva) y descaradamente la saquearon, robaron todo, estando dentro sus dueños. Al pasar por el Bar “La Toña”, en la orilla de la Avenida por donde entraron, asimismo se hartaron todas las cervezas y robaron todo lo que pudieron, estando allí dentro sus propietarios. Es decir, entraron matando y robando esos asesinos de la dictadura somocista”, apuntó Alejandro “Huesito” Mairena Obando, uno de los Combatientes Populares de esta demolición de la “Sierra 13”, aquella mañana del 12 de junio de 1979.

A la hora de mi llegada hasta el frente de la “Sierra 13”, se hacían preparativos para sepultar los cadáveres quemados en una tumba colectiva del Cementerio Oriental. También se echaron en esa tumba colectiva otros cadáveres de otros guardias, “orejas” y “jueces de mesta” que habían muerto en combate en los alrededores de la “Treceava Sección de Policía”.

“Vos andás corriendo grave peligro aquí. La guardia genocida tiene trancotiradores ubicados en edificios, casas, árboles, se han ubicado en muros, y desde allí han estado “hostigándonos” y han logrado matar a algunos civiles. Usan fusiles poderosos, con silenciadores, de manera que no escuchamos dónde están”, me advirtió el Jefe Guerrillero “Chico Garand” Guzmán Fonseca, mientras unos 30 Combatientes Populares y él mismo recogían adoquines y piedras canteras para construir barricadas en las cercanías del Cementerio Oriental.

Las barricadas, mayoritariamente, se construían con adoquines.  Esos adoquines eran usados para la construcción de pistas, calles, callejones y avenidas en Managua y resto del  país. La fabricación de adoquines era un negocio exclusivo de la Familia Somoza”.

“Tené cuidado. No te vayas caminando a media calle. Andate recostando a los muros, a los árboles. No te pongás de “blanco” de los francotiradores de la guardia. Cuidá tus cámaras fotográficas. Seguí combatiendo en tu sector”, me recomendó el Jefe Guerrillero Guzmán Fonseca.

Estábamos allí frente a la desaparecida “Sierra 13” cuando llegó un grupo de unos 40 Combatientes Populares de los Barrios Ducualí, Blandón (hoy Barrio Costa Rica), y Meneses (Venezuela) jefeados por “Chico Garand” Guzmán Fonseca,  a contarnos que la noche anterior había entrado al Cementerio Oriental, por el lado Sur, un camión misterioso, cuyos ocupantes supuestamente llegaron a lanzar, en silencio, al amparo de la noche oscura,  numerosos cadáveres en una tumba colectiva. Hicieron ver que no les ofrecieron combate porque estaban ocupados en continuar la demolición de la odiada “Sierra 13”. Supusieron se trataba de guardias genocidas muertos en enfrentamientos a tiros con miembros del Frente Interno del Frente Sandinista en Managua.

Guardias genocidas también queman cadáveres

Al desplazarme hacia las barricadas y trincheras de combate de la Carretera Norte, me enteré de que también la soldadesca somocista estaba quemando y sepultando cadáveres en tumbas colectivas que habían improvisadas cerca de la costa del Lago Xolotlán o de Managua, en los alrededores del Teatro Popular Rubén Darío.

Era común en esos días, asimismo, que la guardia  capturarse, torturase y finalmente asesinaba a centenares de jóvenes (por el “delito” de ser jóvenes), cuyos cuerpos perforados a balazos aparecían precisamente en la orilla del Teatro Rubén Darío, en parte de la costa del Lago Xolotlán, frente a Managua, y especialmente en la orilla de la llamada “Escuela de Arte” o Taller del Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua. También aparecían por decenas los cadáveres de jóvenes asesinados por la GN en la llamada “Cuesta del Plomo”, hoy bautizada como “Cuesta de los Mártires”.

No pude llegar hasta esos sitios porque era peligroso, era dominio de los asesinos de la Guardia Nacional. Eso sí, de lejos se veían, manchando el azul celeste, bandadas de zopilotes que andaban ya a la caza de carroña, es decir, de cadáveres de seres humanos.

Aunque violando las recomendaciones del Jefe Guerrillero mencionado antes, retorné hacia el lado Sur, metiéndome al entonces Barrio “Meneses” (Venezuela)  porque allí se velaban dos de los muertos por los cañonazos y balas de ametralladoras, disparados por los guardias genocidas somocistas desde el lado Norte, durante el combate por la demolición guerrillera libertaria y por el “rescate” que intentaron los guardias somocistas en la “Sierra 13”.

Efectivamente, estaban siendo velados todavía en sus casas Francisco Flores Machado y la niña Yanett Sánchez. Sus cuerpos habían quedado destrozados por los cañonazos del tanque Sherman, los cuales asimismo desbarataron sus casas y las de centenares de vecinos, que tuvieron la dicha de que los charneles y las balas no los alcanzaron.

Tumbas en patios de  casas

En los patios de ambas casas humildes se habían hecho ya, respectivamente, las dos tumbas correspondientes. Carpinteros amigos habían fabricado los ataúdes con tablas de las mismas paredes de las casitas, porque no se podía salir hacia ningún lado a buscar ataúdes ni tablas nuevas, porque los combates con la guardia genocida lo impedían.

Las lágrimas de la madre de Yanett Sánchez, de ocho años, caían con sentimiento de cólera y pesar porque aquel luto pobre era parte de la tragedia que aún vivía el pueblo nicaragüense. Sentimientos similares habían en la casita de Francisco Flores Machado, quien había colaborado con los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares.

Antes de sepultar los cadáveres de Sánchez y Flores Machado, un grupo de Combatientes Populares hicieron guardia de honor ante los féretros. La madre de Yanett le colocó flores a la caja mortuoria y encima de la tumba en el patio trasero de la vivienda. Otro tanto se hizo sobre el ataúd de Flores Machado.

Anastasio Somoza Debayle, el jefe de la tiranía sangrienta, mientras tanto, aparecía en las pantallas de televisores y en audiciones de radio del dominio somocista y en su Diario NOVEDADES, afirmando: “Todo está bajo control… los terroristas “sandino-comunistas” ya están derrotados”, mentía este sujeto vendepatria, ladrón y asesino, dedicado a matar gente, a robarle sistemáticamente al país y a mentir descaradamente.

En estos Barrios, Asentamientos, Colonias y Repartos de los alrededores de la “Sierra 13” habían centenares de heridos y golpeados en esa mañana del 12 de junio. La destrucción material estaba presente por todos lados, pues los bombardeos aéreos  y ametrallamientos por parte de la Guardia Nacional eran constante, sistemáticos, y no importaba sobre quiénes cayeran las bombas y penetraran las balas.

No se podían llevar a los hospitales manejados por el gobierno somocista, porque ya habían dado la orden de que todo herido era sospechoso de ser guerrillero y por tanto debía ser fusilado ahí mismo dentro de los hospitales, controlados directamente por coroneles de la Guardia Nacional.

Ataques a Hospitales clandestinos

Debido a esto, el Estado Mayor General del Frente Interno del Frente Sandinista tuvo que improvisar los Hospitales clandestinos “Silvia Ferrufino Sobalbarro” y en el Instituto Experimental México. Este último se ubicó en las instalaciones del Instituto Experimental México, en la Etapa IV de Bello Horizonte. El “Silvia Ferrufino Sobalbarro” estuvo situado inicialmente en el Reparto El Dorado, de donde tuvo que ser trasladado a Bello Horizonte porque estaba siendo sometido a intensos ataques con bombazos y balazos por parte de la soldadesca genocida somocista.

El Hospital Silvia Ferrufino Sobalbarro fue ubicado en una casa, situada del Instituto Experimental México dos cuadras al Norte y media al Este.

También había un Hospital clandestino dentro de la Iglesia Sagrada Familia, donde tuvo una de sus tres ubicaciones el Estado Mayor General del Frente Interno y del Estado Mayor Conjunto del Frente Sandinista en Managua. Primero estuvo en una casa del Reparto El Dorado. Por medidas de seguridad, por el bombardeo aéreo genocida y porque los “orejas” ya lo habían descubierto, se vio precisado a trasladarse a la Iglesia Sagrada Familia. Por último, ya al borde del “Repliegue” a Masaya, se ubicó en una casa de la Colonia Don Bosco.

Al ubicarse estos hospitales clandestinos en Bello Horizonte, inmediatamente, por supuesto, la noticia era propagada por un sistema de información interno en las barricadas, trincheras de combate y entre los pobladores de los vecindarios liberados.

Con este conocimiento, los heridos y fracturados eran llevados de inmediato a estos hospitales clandestinos en carretillas, en camillas improvisadas, o sencillamente en los hombros de familiares, amigos o de Combatientes Populares. Esta coordinación de trasladar heridos de los vecindarios  a los hospitales clandestinos, conseguir medicinas, buscar comida elaborada o sin cocinar, convencer a médicos amigos para que atendiesen al pueblo herido, eran parte de las actividades realizadas por los Comités de Defensa Civil y Comités de Acción Popular, entre cuyos miembros estaba este servidor.

Recorridos por trincheras de combate en Zona Oriental

Reunión de mandos insurreccionales en Iglesia Sagrada Familia

Quise conocer personalmente lo que estaba pasando en la Zona Oriental-norte liberada por la Insurrección u Ofensiva Final Sandinista, y seguí caminando por el interior de estos vecindarios. Al atravesar callejones de los Barrios Meneses,  Santa Bárbara y Blandón, me encontré con numerosos amigos y conocidos de mi actividad reporteril o periodística, entre los cuales destacaba Sebastián Castro, uno de los más famosos sindicalistas de la entonces CGT(I) o Central General de Trabajadores Independientes, y a la vez uno de los perseguidos de manera permanente por el somocismo genocida.

Castro estaba en uno de los callejones del Barrio Meneses con Esmeralda Dávila (hoy  abogada y sandinista), Gabriela Rivera de Román e Isabel (varón) Galeano, en cooperación plena con la Insurrección u Ofensiva Final contra el somocismo genocida. Encontré a numerosos conocidos, entre otros, Ronald Paredes Villanueva, Perfecto Arróliga Flores, José Perfecto Arróliga Guerrero, Flavio Galo Montenegro, Elizabeth Galo Montenegro, Isabel Aráuz Rugama, Douglas  Aguilar Uzaga,  todos ellos de la Colonia Nicarao, moviéndose en plan militar insurreccional por este sector; y otros cuyos nombres no recuerdo. El encuentro en aquellas circunstancias decisivas para la Historia de la Patria era como preguntarse: ¿Todavía estás vivo, hermano?

Eso sí, recuerdo bien que doña Gabriela Rivera de Román me regaló un vaso de limonada, sacada de una gran baldada, que iba rumbo a una de las trincheras de combate.

El hacer este recorrido por los vecindarios insurreccionados era como ir por una gran escuela de patriotismo, pues la mayoría de la gente humilde en esos momentos sólo pensaba en cómo ayudar, cómo cooperar, cómo contribuir a la demolición definitiva del sistema dictatorial, cómo defenderse de mejor manera de los bombardeos aéreos y ametrallamientos de la Guardia Nacional genocida.

En el extremo Sur del mismo Barrio Blandón, me encontré con que un grupo de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares estaban repartiendo “productos DIANA” a los pobladores humildes de este sector insurreccionado de Managua. No supe cómo habían capturado el furgón lleno de bocadillos, granos básicos como arroz, etc.

Llegué al Barrio Ducualí en el momento en que el Estado Mayor del Frente Interno del FSLN sostenía una reunión con unos 50 Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares. Se discutía y  a la vez se daban instrucciones sobre cómo conducir los ataques y combates móviles en contra de las patrullas y contingentes armados de la soldadesca de la Guardia Nacional, de cómo enfrentar a los “francotiradores” y de cómo debía operar la Escuadra o Columna “Liebre”,  “Caza perros”, también conocida como “Óscar Pérez Cassar”, después.

En esa reunión, en un patio de la Iglesia Sagrada Familia, estaban casi todos los miembros del Estado Mayor General del Frente Interno y del Estado Mayor Conjunto de Managua, al menos los que pude identificar: Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano, Joaquín Cuadra Lacayo,  Mónica Baltodano Marcenaros, Oswaldo Lacayo Gabuardi, Raúl Venerio Granera; y además, estaban allí también otros Jefes Guerrilleros: Marcos Somarriba García, Ramón Cabrales Aráuz, Rolando “Cara Manchada” Orozco Mendoza, Carlos “Taolamba” Duarte Orozco, Sergio Gómez Vargas, César Augusto Silva, Francisco “Chico Garand” Guzmán Fonseca, Javier “99” López Lowery, Eduardo Cuadra Ferrey, César Largaespada Palaviccini, Walter Ferrety Fonseca, Jorge Roustan Reyes, William Antonio “Salvadoreño” Pascasio, Claudio Francisco Picasso Ardito, Walter Mendoza Martínez, Mayra González, Isabel “Venancia” Castillo;  dos compañeros a los que les decían “Norman” y “Sherman” y al misterioso “JC” (Edgard Guerrero), quien después del Triunfo de la Revolución seguía auto llamándose “JC”.

También pude ver Combatientes Populares conocidos para mí como: Frank “Machillo” González Morales, Alejandro “Comandante Huesito” Mairena Obando, Alfonso “Mascota” Mejía, Darma Lila Carrasquilla, Marcos Antonio “Payo Runga” Solano  y Jairo Blandón.

Asimismo, se me dijo que allí estaban los integrantes de la Comisión Política, Propaganda, Agitación y conducción del Movimiento Pueblo Unido del Frente Interno: Moisés Hassan Morales, Julio López Campos, Lea Guido López,  Glenda “Segovia” Monterrey Vásquez y Marcos Valle Martínez.

Por medio de compañeros guerrilleros o jefes, supe que Iván García Abarca (después fue uno de los primeros secretarios generales de la CST), Danilo Norori, el doctor Rafael Solís Cerda, Francisco “Chico Garand” Guzmán Fonseca y Walter “Chombo” Ferrety Fonseca, cumplían, todos ellos, misiones especiales en la Insurrección Sandinista u Ofensiva Final contra la tiranía somocista en Managua.

En esta reunión me enteré, por la confianza con Francisco “Chico Garand” Guzmán Fonseca, que él mismo jefeaba una Escuadra Móvil de Francotiradores  (caza guardias, “orejas”, “jueces de mesta”, “soplones”, paramilitares, miembros de “escuadrones de la muerte”). Esta escuadra se desplazaba a pie y en  vehículos  livianos.

La misión de los francotiradores revolucionarios era la eliminación de los francotiradores asesinos de la Guardia Nacional somocista. Uno de esos francotiradores sandinistas, revolucionario, era “Chino” Mercado Cortez, del grupo de “Chico Garand” Guzmán Fonseca. Este “Chino” Mercado y sus compañeros habían recibido entrenamiento especial, antes de integrar esta célebre columna Óscar Pérez Cassar bautizada inicialmente como “Liebre”, conducida directamente por el Estado Mayor  General del Frente Interno..

“Chico Garand” Guzmán Fonseca había pertenecido a los selectos francotiradores de la Guardia Nacional, antes de que le hicieran un juicio y lo expulsaran de la GN genocida. “Chico Garand” había sido compañero de lucha del Teniente y Abogado David Tejada Peralta, sandinista, asesinado atrozmente por la GN genocida al descubrir que trabajaba con el Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Por supuesto, yo iba haciendo fotografías y tomando “notas” de lo que iba viendo en esta travesía de participante, testigo y cronista de la Insurrección u Ofensiva Final contra la tiranía en Managua.

Asimismo, ese día llevaba como objetivo llegar a la casa de mi madre, Rosa Pérez Juárez, en la Colonia Luis Somoza (Diez de Junio), donde ella ya residía desde 1971 con el resto de mis hermanos y hermanas: Ángela, Julio, Mauricio, Josefina, Leopoldo y Anita.

Estaban bien. A la casa no le había ocurrido nada. Eso sí, me encontré con la novedad de que Josefina, Mauricio y Leopoldo Barreto Pérez, tres de mis seis hermanos menores, andaban involucrados en el Comité de Defensa Civil,  consiguiendo alimentos, medicinas, médicos y viendo cómo curaban a los heridos en las trincheras de combate. En esto les ayudaba Josefa “Chepita” Briceño Picado, la esposa de Leopoldo.

Uno de los combatientes populares más activos en la Luis Somoza (Diez de Junio) era Jackson Jácamo Vanegas, caído el 17 de junio durante un combate cuando la guardia genocida somocista intentaba introducirse a estos vecindarios por el lado de la Colonia Colombia. Jácamo cayó combatiendo de frente con una tanqueta, a la cual inutilizó con bombas de contacto y ráfagas de ametralladora, pero murió en esta acción heroica. Lo había conocido yo cuando Jackson era mecánico y chofer en el Distrito Nacional.

En las Colonias  Luis Somoza (Diez de Junio), Colombia y Don Bosco (pegadas o contiguas al Reparto El Dorado), la Insurrección era total. Las barricadas y trincheras de combate estaban  calle por calle, igual que en los alrededores del sitio en que se encontraba el Estado Mayor del Frente Interno del FSLN en El Dorado.

Crucé el Cauce San Cristóbal hacia el Barrio Riguero, donde en la entrada principal había una barricada enorme; otra barricada en las cercanías de los Transportes Modernos. Había tres barricadas seguidas en la esquina de los “Repuestos La Quince”, donde después se construyó la Rotonda David Tejada Peralta o Rotonda Santo Domingo o Rotonda Cristo Rey, en el cruce de la Pista de la Resistencia Sandinista hacia el Barrio Jorge Dimitrov.

Era peligrosa esta travesía porque si me encontraba la guardia genocida somocista, después de anunciar que yo estaba en el listado de los escuadrones de la muerte, para matarme; sin embargo, me pareció necesario para dar una idea de lo que pasaba, aunque se publicara después de ser resuelto este conflicto militar revolucionario contra la dictadura somocista.

Tomé la ruta de la Avenida principal de Altamira, rumbo a la Colonia Centroamérica, donde había una barricada grande en el tope de Lozelsa. No pude seguir hacia el Sur, porque, precisamente, la Décima Sección de Policía (“Sierra 10”), ubicada casi contiguo a los antiguos Autocinemas, en el lado Sur de la Colonia Centroamérica y frente a la Carretera a Masaya, estaba siendo atacada a balazos por un grupo de Jefes guerrilleros y Combatientes Populares sandinistas. Es decir, la “Sierra 10” estaba fuera de la Colonia Centroamérica, aunque contiguo al mismo complejo habitacional.

Debido a esto, la guardia genocida estaba tendida en la Carretera a Masaya y toda la parte comercial del Supermercado y los bancos que había allí.

No pude seguir caminando en rumbo a la Centroamérica. Supe que los guardias  tenían en su poder parte de la Pista Naciones Unidas, entre LOZELSA y el Hospital Oriental (Manolo Morales Peralta). Tampoco podía irse por ese lado. Tuve que regresar por el Riguero, tomar la Pista Mártires de Mayo (recién construida por el Distrito Nacional) y buscar la Colonia Nicarao.

Me encontré con que la entrada al Hospital Infantil (todavía no tenía el nombre de Manuel de Jesús “La Mascota” Rivera) había una barricada enorme. Algunos Combatientes Populares me reconocieron. Yo no reconocí a ninguno de ellos por sus nombres, aunque me hablaron familiarmente.

Seguí hacia la Colonia Nicarao. Por el lado de la Pista hay tres entradas a la Colonia Nicarao. Se habían hecho numerosas barricadas y zanjas o trincheras de combate, especialmente enormes las que estaban por la Escuela de Comercio Independencia, la Farmacia González y en la entrada al “Río Seco” (así se le nombraba a una calle de la Colonia Nicarao), y encontré que la mayoría de los pobladores estaban enardecidos porque varios de sus hijos habían caído en combate y otros fueron asesinados por sicarios del somocismo genocida. Estaban sepultándolos en la orilla de la Iglesia y Casa Comunal, donde para siempre quedó un cementerio pequeño en que están 17 de estos Mártires y Héroes de la Revolución Popular Sandinista.

Las condenas por estas muertes estaban dirigidas fundamentalmente en contra de Alberto “Macho Negro” Gutiérrez, quien con frecuencia llegaba por la Colonia en labor de represión en su ya conocido carro viejo Chevrollet, destartalado, sin placas y haciendo ruido como chatarra vieja. Adelante o atrás de este carro de “Macho Negro” Gutiérrez andaban no menos de 20 guardias genocidas con fusiles automáticos, montados en un camión de la Guardia Nacional, también destartalado, en el cual subían a los capturados en estos vecindarios. En ese camión eran llevados los presos a la guarnición  “Sierra 13”, ya mencionada.

En la Colonia Nicarao me encontré integrados en las barricadas y trincheras de combate a compañeros como Humberto del Palacio González, Perfecto Arróliga Flores, a Perfecto Arróliga Guerrero,  Manuel Roque, Luis Torres, Iván Pino, Iván Escobar Pereira, Isabel Aráuz Rugama, Douglas Aguilar Uzaga, “Mery” Aguilar Uzaga, Cela Patricia Amador Cisneros, Manuel Barrantes Miranda, Douglas Duarte Niño, Guillermo Antonio Navarro, Jonathán Amador Cisneros, Luis Felipe Nicaragua, Marta del Socorro Barbosa Cerda, María de los Ángeles Cajina, María Linert Martínez, María del Socorro Salablanca H., Rodolfo López Mendoza, Carlos José Solís Rugama, Julio Aráuz Rugama, Luis Alberto Duarte Talavera, Carlos Calero, Emilio Robelo Mendoza, Marta Barbosa Cerda, Julio Rodríguez Gámez, y Flavio Galo Montenegro y toda su familia.

De la Colonia Nicarao subí al Reparto Schick Gutiérrez (antes conocido como “Bariloche”) y ahí me encontré a Combatientes Populares como Elías Chévez Obando, Juan Carlos “Marcial” Soza Aragón, Santos Sobalbarro Blandón, Francisco René Polanco Chamagua, Juvenal Palacios Morales, Miguel Ángel y Marcos Antonio Gutiérrez Tapia, Joaquín Valle Corea, Óscar Gutiérrez Serrano, Ariel Darce Rivera, Manuel Esteban Flores Oporta, Manuel Salvador Cuadra Pérez, Mario Ramón Gabuardi Castillo, Domingo Matus Méndez, Osbaldo Antonio Largaespada Lagos, José Luis Marín Gaitán y José Santos Mayorga Alemán, más los compañeros  Ronald Paredes Villanueva y Enrique y Miguel “Chupa Dedo” Alvarado Torres, quienes, estos dos últimos, se convertirían, después del Triunfo de la Revolución Sandinista, en parte de la dirigencia de los Comités de Defensa Sandinistas, en Managua.

En Río Seco, un sector de la misma Colonia Nicarao, había numerosas zanjas abiertas, para que la guardia genocida no se fuera a meter por allí.  En la Esquina de la Farmacia González, en el lado Noreste de la Colonia Nicarao, numerosos Combatientes Populares esperaban, detrás de una barricada enorme, la llegada de la guardia somocista genocida.

No pude llegar hasta donde estaban en las Américas I y III los compañeros Federico “Chato” López Argüello, Róger “Aniceto” y “Camastrón”  Cabezas Orozco, Bernardo Aráuz y su esposa Amada Pineda, quienes estaban combatiendo a la guardia somocista genocida con el apoyo de numerosos estudiantes del Instituto Experimental México.

Aparecen los francotiradores de la GN-EEBI genocidas y también los infiltrados

Giré hacia el semáforo de Rubenia, donde la barricada era realmente enorme. Esta barricada tenía zanjas a los lados. Estaba convertida en una de las trincheras de combate más grandes, una verdadera fortaleza insurreccional sandinista.

La situación militar aquí era muy tensa. Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares estaban a la espera de una nueva embestida de la Guardia Nacional, pues para los soldados de la dictadura somocista era crucial, vital, romper el cerco por este sector, para golpear severamente a los insurreccionados revolucionarios en los sectores de Bello Horizonte, Santa Rosa, el cruce de Villa Progreso con Bello Horizonte, el cruce de Portezuelo, las fortalezas de barricadas en la esquina Noreste del Barrio Santa Rosa y el Barrio Blandón (Costa Rica), para hacer una operación envolvente y aniquilar el movimiento Insurreccional ascendente y consolidándose ese día martes 12 de junio de 1979

Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares ya estaban siendo “hostigados” por los francotiradores de la Guardia Nacional somocista. Todavía no tenían las ubicaciones de estos los “francotiradores” somocistas, pues esos, al parecer, se movían con la complicidad de algunos vecinos, se subían a árboles altos, edificaciones también altas, disparaban con fusiles y rifles potentes y con silenciadores.

Debido a esto, en esa barricada me encontré al grupo de francotiradores revolucionarios, jefeados por Francisco “Chico Garand” Guzmán Fonseca, quien coordinaba acciones con Jorge Roustan Reyes, uno de los mejores tiradores del Frente Sandinista clandestino en ese momento.

Seguí camino hacia donde después se instaló ENABUS. En ese sector estaba el Plantel de AISA, la compañía constructora de los Teranes, “Tiburones” Pereira, socios de Centroamericana de Ahorro y Préstamo y VIVISA, propiedad de los Somoza, para la construcción de las casas del Reparto Bello Horizonte, el cual todavía estaba en desarrollo constructivo, especialmente en las Etapas V y VI, situadas al Este.

Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares sospechaban de la complicidad de los dueños de esta Empresa AISA con los Somoza y su guardia genocida, y por tanto se pensaba  podían utilizar estas instalaciones para hacer intentos de meterse a Bello Horizonte por un sector del Barrio Primero de Mayo y los predios baldíos y montosos en este sector, situados al Este del Barrio Meneses (Venezuela) y el Sur de Bello Horizonte. Los hechos posteriores confirmaron esta sospecha.

En este sector se levantaron varias barricadas, la más grande de ellas en el cruce del semáforo de Villa Progreso y Bello Horizonte, con el fin de contener la posibilidad de una embestida militar de la guardia genocida por este lado.

Regresé a Bello Horizonte apurado porque había dejado solos a mi primera esposa, María Elizabeth Mejía Rivas, y a mis primeros dos hijos: Pedro Pablo y Nelson Alberto, de seis y cuatro años respectivamente. Me encontré con la novedad de que mi casa estaba convertida en blanco de francotiradores, ubicados dentro del mismo Reparto Bello Horizonte, pero que no habían sido localizados. Además, varias balas de ametralladora calibre 50 habían penetrado hasta el interior de la casa, dejando huecos en las paredes. Dichosamente no habían impactado en los cuerpos de los dos chavalos, ni en el de  Elizabeth Mejía Rivas.

Los impactos de balas se registraron mientras en el patio trasero de mi casa se desarrollaba una reunión de varios Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, entre otros, Glenda “Segovia” Monterrey Vásquez, Isabel “Venancia” Castillo y Juan “Tonatiú” Rivera.

Las viviendas de otros compañeros y compañeras, conocidos por su lucha antisomocista, también estaban siendo sometidas a hostigamiento de francotiradores de la Guardia Nacional genocida, entre otras, la del profesor Edgard Jerez Talavera, la de Leonardo Chamorro y la de Howard Soza Castro.

Me encontré también con la sorpresa de que dos sujetos, identificados sólo como los B-1 y B-2, ubicados en “puestos de mando” insurreccionales en Bello Horizonte, resultó que eran guardias somocistas infiltrados en las trincheras de combate.

Asimismo, se había descubierto que otro sujeto llamado Adolfo Torrez, quien se presentaba como gran “colaborador” de todos nosotros, era, en realidad, agente de la Oficina de Seguridad somocista (OSN), y se tuvo que meterlo preso, porque no fue fusilado, según supe después. Este sujeto, se supone, pasó mucha información a la Guardia Nacional sobre las ubicaciones de las barricadas, trincheras de combate, y sobre quiénes de todos los vecinos estaban participando en la Insurrección armada contra el somocismo genocida.

En la calle de mi casa asimismo me estaban esperando los vecinos Raúl Munguía, Benito Espinoza, Isabel “Shabelo” González, Arnulfo Oviedo y sus hijos, la familia de Alfredo Díaz, residentes en la esquina Norte, Miguel Ángel Muñoz, David Morales, Francisco Blanco, Rigoberto Alguera, para mostrarme cómo estaban desarmando una bomba de 1,000 libras que había caído en la orilla de la casa de los vecinos Díaz. La bomba fue desarmada y convertida en una gran cantidad de bombas pequeñas por un grupo de especialistas, que igualmente se movían de forma parecida a la escuadra de francotiradores de “Chico Garand” Guzmán Fonseca.

Se organizan Comités de Defensa Civil, convertidos en CDS al triunfo revolucionario

Ya para entonces, se habían formado numerosos Comités de Defensa Civil en Bello Horizonte. En estas estructuras de apoyo combativo aparecían compañeros y compañeras como los hermanos Tobías, Ariel y Cairo Jiménez, Gilberto Calderón, Raúl  Munguía, Howard Soza Castro, Ernesto Chacón Blandón, Ivette Soza Castro, Toña Tiffer, la familia de Esteban Solís, Leonardo Chamorro, Juan “Tonatiú” Rivera, los Coleman, Guillermo Baltodano Serrano, Fátima Echegoyen, una jovencita de 17 años llamada Marta Lucía Corea Solís, María Eugenia Solís, Vitalia Rojas y su hija Ofelia, Carlos “Aguja” Cuadra Rodríguez y  Salvador “Iguana” Oporta Stathadgen..

Los Comités de Defensa Civil, convertidos en Comités de Defensa Sandinistas después del Triunfo de la Revolución, eran los encargados directos de conseguir alimentos y medicinas para Combatientes y pobladores; eran responsables de que se construyeran los refugios antiaéreos, de la seguridad de niños, mujeres y ancianos; de llevar los heridos a los Hospitales Clandestinos, de ir en busca de los médicos y enfermeras, de contactarse con la Cruz Roja, ubicada en la Colonia Luis Somoza (Diez de Junio), si era necesario.

Estaban allí, activísimos, los Jefes y Jefas Guerrilleros Javier “99” López Lowery, Isabel “Venancia” Castillo, Mayra González y Glenda “Segovia” Monterrey Vásquez; estaban trabajando en la defensa de Bello Horizonte y detección de “orejas” o espías, francotiradores,  infiltrados y analizando por qué sector se podían meter los guardias genocidas a Bello Horizonte, por su extensión y población una verdadera Ciudadela y una fortaleza militar para los insurrectos, pues aquí habían buenas construcciones para parapetarse a la hora de un combate cuerpo a cuerpo.

Seguí camino hacia el Barrio Santa Rosa, yéndome a salir por las cercanías del Aserrío Carlos Morales Orozco, un sitio solitario, donde se habían registrado ya varios combates entre patrullas de la guardia genocida y unidades móviles de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, jefeados por Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz.

El Aserrío había sido incendiado. Gruesas columnas de humo se elevaban al cielo, mientras se decía que  un nutrido grupo de soldados ubicados  por el Este del Aserrío,  buscaba cómo meterse por ese lado a Bello Horizonte y al Barrio Santa Rosa, pero se los impedía un cauce paralelo a la última fila de casas del Barrio Santa Rosa, por el lado Este..

En las calles del Barrio Santa Rosa se sentía un penetrante olor a pólvora quemada. Todos los Barrios, Colonias y Repartos de la Zona Oriental-norte de Managua, insurreccionados,  habían sido bombardeados  durante todo el día  por la Fuerza Aérea somocista cuando se combatía por la demolición de la “Sierra 13”, especialmente los vecindarios de Santa Rosa, Bello Horizonte, El Edén, Meneses, María Auxiliadora, San Cristóbal, El Dorado y Ducualí, y lo mismo había ocurrido este día 12 de junio de 1979.

La guardia había concentrado, quizás, el mayor peso de lanzamiento de bombas de 500 y 1,000 libras, rocketts, morteros y balazos calibre 50, debido a que, a lo mejor, consideraban que era clave romper la resistencia insurreccional en las barricadas y zanjas o trincheras de combate en el cruce de Portezuelo (Carretera Norte) y la Esquina Noreste del Barrio Santa Rosa, donde varias decenas de Guerrilleros y Combatientes Populares, jefeados por Marcos Somarriba García, resistían heroicamente, sin cederles una sola pulgada de terreno al contingente de unos de 500 guardias que intentaban romper el cerco provenientes del Este por la Carretera Norte, es decir del Aeropuerto hacia el centro de Managua, pero se estrellaban una y otra vez con la poderosa resistencia de los insurrectos mencionados, a pesar de que la soldadesca somocista se hacía acompañar con varios tanques y tanquetas, numerosas ametralladoras calibre 50, centenares de fusiles automáticos, más el bombardeo aéreo incesante con aviones Push and Pull, helicópteros y el llamado “Dundo Ulalio”, desde el cual lanzaban ráfagas de ametralladoras calibre 50.

Prácticamente no había lugar en este sitio del cruce de Portezuelo y la Esquina Noreste del Barrio Santa Rosa, que uno no sintiera silbándole cerca del oído las balas de ametralladoras, de fusiles y de tanquetas, tiradas por los centenares de guardias tendidos allí  del cruce de Portezuelo, del semáforo hacia el Este, en la Carretera Norte.

Frente al semáforo de Portezuelo, donde hay un cruce con la Carretera Norte, uno que te conduce hacia una zona de empresas comerciales e industriales y bodegas de las mismas, y otro, que te conduce hacia el Sur, rumbo al  cruce de Bello Horizonte-Villa Progreso, Rubenia, colonias Catorce de Septiembre y Nicarao, Reparto Santa Julia, entrada al antiguo Barrio La Fuente, el hoy Mercado Carlos Roberto Huembes, Hospital Manolo Morales Peralta, Centro Comercial-Managua, Colonia Centroamérica y Carretera a Masaya.

LUDECA destruida por explosiones de bombas

Atacan casa de Nicolasa Sevilla

Las armas de guerra bramaban por encima de la barricada y al ras del suelo en contra de los guardias que se parapetaban en las tanquetas y camiones blindados de la Acción Cívica de la Guardia Nacional. Las bombas de 500 y 1,000 libras y los rocketts caían sobre las instalaciones de edificios de empresas conocidas, situadas a pocos metros de Portezuelo, dejando una huella de destrucción terrible. También en viviendas dentro del Barrio Santa Rosa.

Enfrente del semáforo de Portezuelo, en el lado Noreste, estaban las instalaciones de una empresa llamada LUDECA, en la cual habían caído centenares de morteros o rockettes y bombas de 500 libras, lanzados desde aviones push and pull y helicópteros, en contra de los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares ubicados en las barricadas y trincheras de combate. Los morteros y las bombas jamás cayeron en las barricadas. Siempre iban a estrellarse en las instalaciones de LUDECA. Por este motivo, en este sector era sofocante el tufo a pólvora, en forma permanente.

En la barricada de esa esquina Noreste de Santa Rosa me encontré a Lucío Jiménez Guzmán (quien fuera secretario general de la CST después),  a Marcos Somarriba García, uno de los Jefes Guerrilleros más conocidos, y a Juan Ramón Amador, Combatiente Popular autor de la fabricación de un cañón hechizo para lanzar morteros caseros contra patrullas y tanquetas de la guardia genocida. Amador cayó combatiendo unos días después.

En algunas barricadas y trincheras de combate tenían radios para escuchar las órdenes criminales de los oficiales (generales, coroneles, mayores, capitanes y tenientes) de la Guardia Nacional. De ese modo, mientras continuaba mi peregrinar por las trincheras de combate,  una unidad o escuadra móvil, guerrillera, había atacado la casa de la Nicolasa Sevilla, personaje siniestro que la dictadura somocista usaba (con turbas pagadas a su disposición) para apalear opositores a Somoza Debayle y para destruir instituciones de adversarios del régimen somociano, como le ocurrió a la Radio Mundial.

Esta casa de la Nicolasa Sevilla, situada de la Iglesia de El Calvario dos cuadras al Este, siempre estaba custodiada por guardias u “orejas” del somocismo genocida. La escuadra guerrillera sandinista atacó y se fue. Doña Nicolasa, ya viejita, quedó “muerta de nervios”, pues esta vez ella ya no podía salir a “penquear” a nadie.

Reaparece “Macho Negro” Gutiérrez, ahora con el seudónimo de “Halcón”

Era ya tarde, después de medio día. Por medio del radio de la Central de Policía se supo asimismo que Alberto “Macho Negro” Gutiérrez, el genocida de “Sierra 13”, había reaparecido ahora con el seudónimo de “Halcón”, pidieron desesperadamente que lo fueran a rescatar de las instalaciones de la Aduana, que entonces estaba ubicada frente a la Gasolinera Kenedy, contiguo a la Central Eléctrica de Managua, a tan sólo dos cuadras de la Central de Policía GN.

La comunicación radial indicaba que un grupo de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares móviles habían descubierto al genocida “Macho Negro” Gutiérrez y que le estaban disparando desde un sitio de “Loma de Chico Pelón”. “Macho Negro” estaba allí, no se sabe en que misión criminal, con otros guardias, cuando fue descubierto. De la Central de Policía GN no llegaron a auxiliarlo, y él y los otros guardias optaron por disfrazarse de “civil” para salir de las instalaciones de la Aduana, táctica cobarde que también usaron cuando ya estaba en agonía la “Sierra 13” el día anterior.

La situación de pánico y agonía de la Guardia Nacional se volvía desesperante en Managua. En su radio-comunicaciones también se oía en ese momento que el ataque de Jefes Guerrilleros y de Combatientes Populares a la “Sierra 10”, en la Colonia Centroamérica, estaba creciendo y se volvía desesperante para los guardias que todavía quedaban dentro. “No nos abandonen. No hagan lo que hicieron con la “Sierra 13”, que los abandonaron y los mataron los “piricuacos”…manden el refuerzo, manden los aviones, hijos de la gran puta”, se quejaba quien estaba manejando la radio en la Décima Sección de Policía o “Sierra 10”, al Sur de la Colonia Centroamérica, en la orilla de la Carretera a Masaya, frente al Centro Comercial Camino de Oriente.

Casi al mismo tiempo, una patrulla GN apodada “Candilejas” informa por radio que está siendo atacada por nutrido fuego de fusiles en las cercanías de las  3-F, empresa situada en la orilla Norte de la Carretera Norte y muy cerca del cruce de Portezuelo. Este ataque militar revolucionario era efectuado por las columnas y escuadras jefeadas por Marcos Somarriba García.

Guarniciones GN destruidas y abandonadas

Guardias roban “44 años de dictadura somocista”

Un poco después de estas comunicaciones radiales, se trasmite una orden militar de que algunas Secciones de Policía serán desocupadas, aunque no dicen cuáles, debido al permanente hostigamiento de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares en Managua. Ya habían sido destruidas las Secciones policiales de Bello Horizonte (“Sierra 12”), la “Sierra 13”, la del Reparto Schick Gutiérrez, la “Sierra” de Las Jinotepes, en la Carretera Sur; la “Sierra” de San Judas,  y estaba a punto de ser destruida la “Sierra 10”, en la Colonia Centroamérica.

En los límites de Santa Rosa y Bello Horizonte había numerosas barricadas, zanjas cruzadas en las calles y árboles atravesados en las vías. Incluso, los Combatientes Populares estaban preparados con grandes cargas de pólvora y dinamita por si los guardias somocistas entraban con sus equipos de guerra.

Llegué a la barricada frente a la Fábrica Rolter, ubicada la trinchera  de combate en la calle paralela a la Carretera Norte. Allí me encontré con Juan Cruz. Era uno de los jefes y combatientes en esta barricada, instalada a unos 200 metros al Este del Diario LA PRENSA, quemado  por la Guardia Nacional. Juan Cruz había sido mi compañero de trabajo o de labores en el Diario LA PRENSA.

Juan Cruz y otros compañeros de labores, y vecinos también, me habían ayudado a rescatar unos dos mil ejemplares de mi primer libro “44 años de dictadura somocista”, el cual había sido guardado en una de las bodegas del Diario LA PRENSA. El resto del libro, unos tres mil ejemplares, fueron capturados por la guardia somocista y lanzados a las aguas del Lago Xolotlán o de Managua. La guardia genocida ya había entrado a las instalaciones del Diario LA PRENSA, el cual, como dije, fue bombardeo con la aviación y le prendieron fuego también desde abajo.

Los dos mil ejemplares rescatados fueron distribuidos por guerrilleros y combatientes populares en las barricadas y trincheras de combate. Me contaron que después de ocurrido el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, centenares de vecinos de los Barrios insurreccionados enterraron mi libro en cauces y patios, para que no fuesen encontrados por los sicarios de la Guardia Nacional.

Ráfagas esporádicas de ametralladoras y de fusiles automáticos eran disparados hacia las barricadas y trincheras en que me encontraba, aunque no había un combate sostenido. Giré hacia las barricadas y zanjas que estaban construidas en la calle paralela a la Carretera Norte, frente a la Ferretería Reynaldo Hernández y en la esquina de los semáforos de La Robelo, concretamente en la Farmacia Esperanza,  ambos en territorio del Barrio Blandón (hoy Barrio Costa Rica).

Aquí todos los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, unos 30 en total, estaban a la expectativa, “chivas”, ante la posibilidad de aparición de la guardia  somocista, de manera repentina. Eso sí, sabían que estaban “en la mira”, en línea recta y a menos de un kilómetro del Edifico Armando Guido, donde los guardias sanguinarios tenían emplazado un lanzamortero y una ametralladora calibre 50.

Entre los Combatientes Populares de esta barricada reconocí a Juan García, un panadero del Barrio María Auxiliadora. “Aquí me ubicaron…estoy con este garand. En este lugar trabamos combate violentísimo con los guardias genocidas cuando huían de la “Treceava Sección de Policía”, me comentó el panadero, quien era Combatiente Popular y Colaborador  en el Barrio mencionado.

Seguí hasta la barricada enorme del Puente Larreynaga, donde, inclusive, en el propio puente se había hecho una zanja para evitar el paso de los guardias genocidas con vehículos. Hacia a ambos lados de la Pista Larreynaga, al Oeste y al Este, habían varios furgones y camiones atravesados, para impedir el acceso a la Guardia Nacional.

Aquí me encontré a un compañero sólo identificado como “Terencio”, un hombre gordo, joven, enérgico, se movía como una fiera de un lado a otro a lo ancho de la barricada, dando órdenes a sus compañeros sobre cómo debían estar listos para combatir a los soldados genocidas, si de repente se presentaban. Allí reconocí también a Alfonso “Mascota” Mejía González (ya fallecido), a Melba Orozco del Barrio Larreynaga.

La barricada había sido atacada varias veces con tanquetas desde el lado Oeste, es decir, por la Calle que da a la Colonia Tenderí y al Reparto Ciudad Jardín. En el puente había huellas de los cañonazos de tanques y balazos de ametralladoras calibre 50.

“Aquí los estamos esperando. Los recibiremos como se merecen a estos asesinos de la dictadura somocista. Les tenemos preparados hasta una dosis muy grande de explosivos TNT”, me dijo “Terencio”, con quien nos vimos después en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya. Este sector, o Frente de Combate, era jefeado personalmente por la Comandante Mónica Baltodano Marcenaros, una de los tres miembros del Estado Mayor Conjunto del FSLN en Managua.

Emblemático Puente El Edén y “Cara Manchada” Orozco Mendoza

Llegué al Puente de El Edén, donde la barricada enorme tenía réplicas hacia el Oeste por la Pista de la Resistencia Sandinista y también para el Oeste por la Calle 14 de Septiembre. Asimismo, numerosos camiones, camionetas y tractores estaban atravesados en la Pista de la Resistencia Sandinista y hacia el lado de la Calle 14 de Septiembre.

Allí encontré a Rolando “Carlos”, “Cara Manchada” Orozco Mendoza,  jefe  de este Frente de Combate entre el Puente el Edén y el Puente Paraisito. Estaban también en este sector  Walter Mejía, vecino del Barrio El Edén, entusiasta sandinista, a quien la guardia genocida del somocismo le mató a casi toda su familia con un mortero que explotó dentro de su casa.

Las barricadas y trincheras de combates, de resistencia con fusiles automáticos, armas de cacería y rifles 30-30, en los Puentes Edén, Paraisito y Larreynaga, se convirtieron en centros emblemáticos de la Insurrección Popular Sandinista porque eran constantemente bordeados por la Guardia Nacional genocida con aviones push and pull y helicópteros, que les lanzaban morteros y bombas de 500 libras, con ametralladoras calibre 50 desde el avión amarillo, que la gente bautizó como “Dundo Ulalio”, debido a que  eran muy visibles desde el aire por la Pista de la Resistencia. Además, eran bombardeados  también desde el edificio Armando Guido, ubicado de la Central de la Policía GN, una cuadra al Este, en el Barrio San Luis. El caso del Puente Paraisito era al mismo tiempo víctima de estallidos de morteros y balas de tanquetas y ametralladoras calibre 50 que eran disparadas por los guardias somocistas y sus mercenarios desde el llamado “Puente Shano” y desde los llamados entonces “Repuestos La Quince”.

Aquí me pidieron que fuera a ver personalmente un microbús y un camión quemados por una escuadra insurrecta en las cercanías de donde es hoy “La Tiendona”, en la Calle Catorce de Septiembre. Eran dos vehículos comerciales. Al ocurrir la quemada, los pilotos genocidas de la Fuerza Aérea somocista bombardearon el sector con morteros lanzados con aviones Push and Pull y bombas de 500 libras  dejadas caer desde helicópteros en vuelo muy elevado.

En este sector, colindante al Sureste, queda el Barrio Paraisito, donde también había barricadas y zanjas o trincheras de combates. Casi al final de la Insurrección se produjo en el Barrio Paraisito y en el Barrio San José Oriental, un combate memorable, en el cual cayeron numerosos Combatientes Populares, y se le inutilizaron tanques, tanquetas, camiones  y jeeps patrullas a la Guardia Nacional, y  a la vez, los soldados genocidas tuvieron que salir huyendo también de este sector de Managua, cargando muertos y heridos, y dejando abandonados los vehículos destruidos por los insurrectos sandinistas.

En el Puente “Paraisito”, colindante con la Pista de la Resistencia Sandinista, me encontré con Carlos “Taolamba” Duarte, uno de los jefes de este Frente de Guerra revolucionario, a César Largaespada Palaviccini (fue general en el EPS); a Frank “Machillo” González Morales y  Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez, Combatientes Populares ambos, quienes eran los únicos que tenían una ametralladora calibre 30 allí mismo en el Puente “Paraisito”.

¿Agua envenenada? “!Santo  y seña¡” de la noche

Cuando atardecía, en medio de un ambiente tenso, la guardia genocida lanzó el rumor de que el agua potable del Reparto Schick Gutiérrez había sido envenenada. Me imagino que los guardias estaban furiosos porque en este sector pobre de Managua, al Este del hoy Mercado Carlos Roberto Huembes, también habían sido derrotados el día anterior al entablarse un combate en una de las calles de este sector pobre de la Capital.

Esto del supuesto envenenamiento del agua potable provocó pánico en otros Barrios, Colonias y Repartos liberados en la Zona Oriental de Managua.

Al mismo tiempo, yo debía darme prisa porque la noche estaba cayendo. Recuerdo que ya de tardecita se pedía en cada retén armado, barricada o trinchera de combate, se pedía “el santo y seña” de esa noche. Esa noche, recuerdo era William Duarte, un compañero Combatiente Popular que había caído heroicamente en combate en esos días. ¿Cuál  es el “santo y seña de hoy?, era la pregunta cuando uno estaba llegando a cada “retén” guerrillero. “William Duarte”, debía ser la respuesta. Pues esa noche, numerosos compañeros y compañeras combatientes populares cayeron “presos” por no recordar la consigna de esa noche. Hasta Javier “99” López Lowery, Jefe Guerrillero GPP en Bello Horizonte, tuvo problemas esa noche.

Esa misma noche llegaron a mi casa Francisco “Chico Garand” Guzmán Fonseca y el “Chino” Mercado Cortez, a comunicarme que debía tener extremo cuidado porque se había detectado que en medio de la Insurrección andaban infiltrados supuestos guardias salvadoreños, guatemaltecos, argentinos, contratados como mercenarios por el tirano Anastasio Somoza Debayle.

La alarma había cundido ese día porque ya estaban operando de lleno los “francotiradores” de la guardia genocida, y “Chico Garand” Guzmán Fonseca llegó a recomendarme tomar precauciones extremas, porque se sabía que los “francotiradores” tenían como misión fundamental matar a los miembros del Estado Mayor del Frente Interno y del Estado Mayor Conjunto del GSLN, a Jefes Guerrilleros experimentados, a Combatientes Populares y “personajes conocidos como vos”, me dijo “Chico Garand” Guzmán Fonseca.

Había el temor generalizado de que tanto los mercenarios mencionados como los “francotiradores”, en complicidad con algunos vecinos en todo el sector Oriental-norte de Managua, estuviesen ya infiltrados dentro de los Barrios, Colonias y Repartos, lo cual se vino a confirmar un poco después.

No era posible dormirse por completo. Se dormía ratitos, y ese ratito era oculto en  la orilla de un muro, pues cada uno de los Colaboradores  y Combatientes Populares tenían que pasar alertas por una incursión repentina de guardias, “orejas”, “jueces de mesta”, los mercenarios y “francotiradores” ya mencionados.

Luces de bengala y durmiendo ratitos pegados a muros

Esa noche del 12 de junio nos juntamos un grupo grande en una de las calles de la Etapa Dos de Bello Horizonte. Estaban entre otros: Raúl Munguía, Arnulfo Oviedo, Benito Espinoza, Ernesto Chacón Blandón, Marta Lucía Corea Solís, María Eugenia Solís, Vitalia Rojas, Auxiliadora Meza, Elizabeth Mejía Rivas, Cairo Jiménez, Juan “Tonatiú” Rivera, Howard Soza Castro, Gilberto Calderón, Alfredo Díaz, Noel Salmerón, Miguel Ángel Muñoz, David Morales, Francisco Blanco, Rigoberto  Alguera, Leonardo Chamorro… todos con la misma preocupación de los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares: el asunto de los “orejas” infiltrados, los “francotiradores”, los mercenarios, y se discutía también sobre qué hacer en caso de que la guardia genocida lograra romper el cerco insurreccional de Bello Horizonte “por cualquiera de los flancos”. Todos cumplíamos tareas combativas, ya fuese con el arma en la mano, o buscando cómo cazar a los “orejas” e infiltrados, o buscando medicinas y comida para todo mundo en el vecindario. “La solidaridad es vital para que triunfemos en esta lucha”, les decía yo, para animarlos.

Con frecuencia, en la noche, la guardia genocida lanzaba luces de bengala desde aviones y helicópteros por encima de los vecindarios insurreccionados, me imagino que con la finalidad de poner nerviosos a los pobladores y de paso en búsqueda de grupos rebelados contra la dictadura somocista.

No había otra solución. Teníamos que resistir y morir si era preciso junto a los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, era la conclusión que sacábamos. Junto a nosotros, en la reunión, sentados en el suelo o en el pavimento, había dos radios por medio de los cuales captábamos las comunicaciones radiales de la GN y del propio Anastasio Somoza Debayle.

Uno de esos radios era de Benito Espinoza, el otro era mío, de 14 bandadas, muy potente. Al lado también teníamos café caliente, tibio caliente, atol caliente, hecho por las mujeres, a quienes les habíamos pedido que descansaran mientras nosotros pasábamos vigilando.

“Vos andás corriendo demasiado riesgo mortal…mañana no debieras salir a ningún lado. Te van a matar”, decía Raúl Munguía en tono de reclamo, dirigiéndose a mí. “No te preocupés, no me entran las balas, ni me hacen nada las bombas”, le respondía, aunque yo sabía que tenía razón de sobra.

Aquel martes 12:  Insurrección Sandinista sólida; enemigo incrementa ataques, consideraba Comandante Núñez

En su informe “Un Pueblo en Armas”, dirigido a la Dirección Nacional Conjunta del FSLN, un poco después del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista, el Comandante Carlos Núñez Téllez, escribe:

“Ya para el martes 12 de junio estábamos insertados dentro de la red nacional y conociendo ampliamente el desenvolvimiento de la Insurrección en todo el país;  para el revolucionario es una cuestión vital conocer la marcha de todo el movimiento en su conjunto y esto permite mover sus fuerzas dentro del marco de una dirección global.

“Durante este día (12 de junio) los embates del enemigo por desalojarnos de las posiciones tomadas y de romper el cordón defensivo, fue adquiriendo un recrudecimiento sistemático, pero las masas habían asimilado la experiencia de septiembre (1978); los morterazos constantes, el tanqueteo, el bombardeo de la aviación y la introducción de fusilería enemiga no bastaban para amilanarlas.

“Embestidas tras embestidas  no lograban conmover a las fuerzas revolucionarias que resistían heroicamente, confiadas en el pronto ingreso de las fuerzas estratégicas a la Capital, para definir de una vez por todas el conflicto nacional”.

(En esta parte, el Comandante Núñez se refiere a que Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y pobladores, o masas insurreccionadas, esperaban que los distintos Frentes de Guerra del Frente Sandinista, combatiendo fuera de Managua: Frente Sur Benjamín Zeledón Rodríguez, Frente Occidental Rigoberto López Pérez, Frente Norte Carlos Fonseca Amador, Frente Central Pablo Úbeda,  Frente Oriental Carlos Roberto Huembes, ingresaran rápido a la Capital nicaragüense después de haber derrotado a la Guardia Nacional en sus sectores respectivos, para derrotar pronto también a la Guardia Nacional en Managua).

“Desde las barricadas –continúa el Comandante Núñez Téllez—y trincheras, los milicianos con armas cortas y largas, de bajo calibre, mantenían el control de los Barrios; en este día (12 de junio) se intensificó la actividad de limpieza de toda la escoria somocista en los barrios, comenzando a aplicarse la justicia revolucionaria en las zonas tomadas (liberadas).

“De esta forma se cumplía la advertencia hecha al momento de llamar a nuestro pueblo a la huelga general revolucionaria; había llegado la hora de ajustar cuentas frente al pueblo, en este día la GN comenzó su actividad ofensiva y sus intentos por tomarse las vías de comunicación principales; comenzó por sembrar el terror en el Barrio Riguero, defendido solamente por milicianos; ubicó francotiradores en los puntos principales y desde allí comenzó sus hostigamientos y ataques (balazos, morterazos) contra las posiciones sandinistas.

“Desde este día (12) la GN no descansaría su bombardeo criminal por medio de la aviación y de la artillería. A cuatro días de la Insurrección, en la Capital las Fuerzas Sandinistas se encontraban más firmes que nunca; con la Ciudad prácticamente bajo el control del Sandinismo, a excepción de Residencial Las Colinas, Las Brisas, Los Robles, Altamira y parte de la Carretera Norte, de Portezuelo en adelante.

“El martes 12 la dictadura incrementó su ofensiva en la Capital con la clara intención de iniciar labor de limpieza, eliminando primero los focos de resistencia más fáciles, para después encargarse de los focos de mayor resistencia.

“Sus recursos humanos y materiales se tensaron al máximo y en medio del estallido de los disparos de tanquetas en las paredes de las casas, de las explosiones provocadas por el bombardeo de la aviación, del mortereo inclemente, comenzó la masacre y la carnicería ejecutada con saña por la infantería en los Barrios Occidentales.

“San Judas, Ciudad Sandino (OPEN III) y Monseñor Lezcano particularmente, sufrieron la ofensiva inclemente del ejército somocista que, como en los tiempos de Hitler, se daba a la macabra tarea de asesinar a la población indefensa, sin importarles las edades y el sexo. Miles de niños, ancianos, mujeres, adultos, jóvenes, fueron pasados por las armas genocidas, provocando éxodo masivo de los pobladores hacia campos aledaños.

“Pero a partir del estallido de la Insurrección en todo el país se intensificaron también las deserciones en la GN y entre ellos cabe anotar la valerosa acción realizada por el excapitán Armengol Lara, quien luego de bombardear los terrenos de la Fuerza Aérea (FAN), se llevó un avión Push and Pull con dirección a Costa Rica”, indicaba el Comandante Núñez Téllez.

Miércoles 13 de junio

Esbirros ajusticiados; también el “poeta carpintero”

Se forma Columna “Liebre”  demoledora de esbirros

Crece crueldad sanguinaria de la Guardia Nacional

Columna “Liebre” para golpear mortalmente a enemigos somocistas

Continúa el Comandante Núñez Téllez, páginas 96 y 97 de “Un Pueblo en Armas”, segunda edición: “El miércoles 13  nos abocamos a cumplir una serie de tareas relacionadas con el lugar donde nos encontramos acuartelados y a reconocer algunas de las líneas de combate; ya para ese momento habían sido capturados y ejecutados en el acto el “poeta carpintero” (Pedro Pablo Espinoza) y el administrador general de Aduanas.

“Era evidente que al mismo tiempo que la guardia lanzaba ataques contra la Zona Occidental, intensificaba su acción de aislamiento a la Zona Principal (Oriente y Norte de Managua). Toda la muralla de defensa, desde el Puente de San Cristóbal hasta los Transportes Modernos (dentro del Barrio Riguero), estaba sometida a una intensa acción de ablandamiento a través del bombardeo de la aviación, el mortereo desde el Polideportivo España y los ataques combinados de la infantería y los bombardeos por la tarde.

“El objetivo es obvio, se pretendía minar al máximo la Zona Oriental, aislada del resto de la Ciudad, provocar el éxodo de la población y aniquilar a los destacamentos sandinistas armados. Una de las preocupaciones nuestras, al analizar la situación, especialmente los ataques por la tarde, fue la de procurarnos un instrumento que estando al servicio de los mandos directamente, nos permitiera realizar pequeñas maniobras ofensivas en los puntos de mayor concentración de ataque por parte de los esbirros somocistas.

“Así se realiza el primer experimento con la formación “La Liebre” (columna), experiencia recogida de las enseñanzas vietnamitas, cuando se formó el “Batallón Invencible”. “La Liebre” era una Unidad de Combate integrada por Combatientes Selectos, de carácter móvil, con un alto espíritu ofensivo, dotada del mejor armamento, en donde se incluían los fusiles Fal, Galil, bazukas, RPG-2 y morteros.

“Su misión consistía en apoyar la labor de defensa de aquellas Unidades de Combate que en sus trincheras estuvieran resistiendo el mayor peso de la ofensiva de la guardia somocista; se encargaba de auxiliarnos por medio de operaciones comando de acción rápida y fulminante, aun cuando esto conllevara un mayor peligro de aniquilamiento. Su jefe era el Comandante Walter “Chombo” Ferrety Fonseca y como segundo Carlos Salgado, militante sandinista desde hacía muchos meses”, indica  Núñez Téllez en su libro “Un Pueblo en Armas”.

“La Liebre” fue integrada por Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares selectos, con un nivel de entrenamiento militar elevado, con arrojo muy ofensivo en combate, audaces, hábiles en el manejo de numerosas armas de guerra, temerarios inclusive, entre otros:  “Payo Runga” Solano, Rolando “Carlos”, “Cara Manchada” Orozco Mendoza, César Largaespada Palaviccini, Carlos “Taolamba” Duarte Orozco, Claudio “106” Picasso Ardito y Jorge “Norman”  Roustan Reyes.

“Con la formación de “La Liebre” –añade el Comandante Núñez Téllez–, además de desarrollar una nueva experiencia, pretendíamos combinar adecuadamente las formas de lucha de resistencia activa con las formas de lucha ofensiva y de esta manera desconcertar a la guardia, provocarles bajas, procurarnos armamento y lograr victorias tácticas.

“La población de El Dorado, por sus mismas características de clase, tendían a permanecer encerradas en sus casas y a no prestar ningún tipo de colaboración; más bien algunos les daban alojo a los francotiradores, quienes posteriormente eran aniquilados por los Combatientes Populares”, apuntaba el Comandante Carlos Núñez Téllez.

La Columna “Liebre”, conocida también como “Caza Perros” y “Óscar Pérez Cassar”, estuvo integrada inicialmente por 42 Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares selectos, de los mejores entrenados en manejo de armas de guerra y de todo tipo, y en el arte de la guerra de guerrillas, para hacer ataques fulminantes, potentes, aniquiladores, sin retroceso, especializados para golpear por los costados, por la retaguardia, desde los techos de las casas, atravesando paredes si fuese necesario, saliendo de cualquier rincón en cualquier instante: ese era el espíritu de combate de la Columna “Liebre”, la que inmediatamente, como dice el Comandante Núñez Téllez, pasó a ser dirigida directamente por el Estado Mayor Conjunto de Managua, y al mismo tiempo por Joaquín Cuadra Lacayo, uno de los tres miembros del Estado Mayor General del Frente Interno del FSLN.

“Liebre” en operaciones comandos mortales

De inmediato, la “Liebre” pasó a efectuar operaciones militares tipo comando en los Frentes de Guerra, o Sectores, que ya estaban siendo acosados por los intentos de la Guardia Nacional somocista genocida, más su EEBI de asesinos, de romper el  anillo insurreccional en sitios como Santa Rosa, Waspán Sur, Paraisito y la contraofensiva arrolladora que la GN había ya iniciado contra las columnas de Combatientes Populares en el Asentamiento Laureles Norte (Manuel Fernández Mora), Villa Libertad, Américas Cuatro, Américas Uno y la Colonia Primero de Mayo.

Además de que inmediatamente la “Libre” acudió en auxilio de los Frentes de Guerra FSLN en la Zona Oriental y Norte de Managua, también, sin perder tiempo, veloz, para localizar, capturar, enjuiciar públicamente y ejecutar, o fusilar, a conocidos esbirros somocistas, “soplones”, “orejas”, paramilitares, miembros de “escuadrones de la muerte”, agentes de la Oficina de Seguridad y guardias implicados en crímenes y masacres contra la población civil.

Varios días después, el Estado Mayor General del Frente Interno convirtió la Columna “Liebre” en una columna más amplia y más especializada, conocida como “Óscar Pérez Cassar”, la cual era ya más numerosa en Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, siempre móvil, altísimamente ofensiva, y al mismo tiempo dedicada a labores de inteligencia militar, para después montar los operativos tipo comando. Ambas llegaron a ser conocidas como “Caza Perros”; así identificaban los pobladores a los guardias, a “orejas” y “soplones”, a los agentes de la Oficina de Seguridad o policía política somocista.

Ese día 13 de junio la dictadura somocista genocida y su Guardia Nacional mostraron ya su grado de cobardía, su incapacidad  para enfrentar una situación militar insurreccional popular, que en sólo la entrada, tres días después, le había quitado la iniciativa, pero al mismo tiempo comenzó a mostrar su grado de crueldad sanguinaria y de implantar terror como nunca antes, mediante el incremento salvaje de los bombardeos aéreos incesantes sobre la mayoría de los Barrios Occidentales, Orientales y del Norte de Managua.

Caían, desde las cinco y media de la mañana de ese 13 de junio de 1979, centenares o miles de bombas: rockettes, bombas de 500 y 1,000 libras sobre las casas, sobre Managua-Capital, pues los pilotos genocidas casi nunca acertaron un solo mortero o una de estas bombas en las barricadas y trincheras de combate, y además ya andaban dos aviones lanzando balas de ametralladoras desde una altura de más 100 metros, lo cual producía más terror entre los ciudadanos de Managua, porque aquellas ráfagas de ametralladoras calibre 50 comenzaban, por ejemplo, en la Colonia Nicarao y en línea recta terminaban en el Barrio Santa Rosa, pasando por encima de los Barrios Ducualí, Edén, Santa Bárbara, Meneses, Bello Horizonte, Blandón, Salvadorita, Maestro Gabriel.

¿Hemos visto todos nosotros cómo dos hileras de estas balas van perforando muros, animales domésticos y silvestres, árboles, construcciones y seres humanos cuando las disparan desde aviones como estos mencionados? ¿Hemos visto esto en películas de guerra, o en documentales precisamente de las guerras de agresión del gobierno criminal de Estados Unidos, o lo que hacían los nazifascistas alemanes en Europa?  Era horrible y mortal  esta balacera desde arriba, lanzada por estos sanguinarios asesinos somocistas, sobre la Ciudad de Managua, lo cual, como digo, desde el 11 que se inició el bombardeo y ametrallamiento, ya no cesó hasta que se produjo el Repliegue Táctico de Managua a Masaya (27, 28 y 29 de junio), el que también fue bombardeado en el lado Norte de “Piedra Quemada”, en Nindirí y en la propia Ciudad de Masaya.

Este ametrallamiento con calibre 50, en línea recta o en curvas, se efectuaban una y otra vez, pues estos sanguinarios pilotos asesinos, jefeados por Anastasio Somoza Debayle y sus esbirros generales, coroneles, mayores y capitanes, utilizaban la técnica de los aviadores fumigadores, que comenzaban por el Este en el plantío y terminaban por el Oeste, haciendo los vuelos de Norte a Sur, por ejemplo, hasta que, en este caso, habían rociado de balas a toda la Zona Oriental-norte y a las dos Zonas Suroccidental y Noroccidental de Managua..

Así era la crueldad sanguinaria, infernal de la Guardia Nacional, creada por los agresores genocidas del gobierno norteamericano en 1927.

La noche anterior, como dije, empezaron también a operar los “francotiradores”, los espías o infiltrados, los “orejas” igualmente se movían para informar a los guardias sobre las posiciones y ubicaciones de las barricadas y trincheras de combate; y especialmente comenzaron a informar dónde y cómo se movían los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, sobre quiénes cooperaban con ellos, y también, como queda relatado, asimismo empezó a funcionar el sistema de espionaje guerrillero, el cual de inmediato inició las detecciones de los enemigos infiltrados, y fueron fusilados de uno en uno, de dos  en dos, de tres en tres.

En sólo la entrada, sólo tres días después de iniciada la Insurrección u Ofensiva Final del Frente Sandinista en Managua, por ejemplo, tan sólo 110 guerrilleros (con muy pocas armas de guerra) y unos 2,000 Combatientes Populares mal armados, con pistolitas, escopetas 16 y 20, rifles 22, rifles 30-30, revólveres calibre 38 y algunas pistolas automáticas, casi todas estas armas aportadas por vecinos de los Barrios, Colonias y Repartos Insurreccionados, y ¡claro!, ¡la masividad de pueblo en la calle, insurreccionado, con machetes, cobas, barras, palas y piochas en las manos,  enfrentando a la tiranía genocida del somocismo, empantanándola, obligándola a recurrir al terror fascista de Estado.

Repito: muy de mañana del 13 de junio de 1979 se reiniciaron los ataques aéreos generalizados, no importaba dónde cayeran las bombas de 500 y 1,000 libras, no importaba en qué casas, escuelas, hospitales, centros comerciales, calles o encima de la gente, ¡no, no, no importaba!, les importaba sembrar el terror, porque las bombas y tiros de ametralladoras, cañonazos de tanques y tanquetas, morterazos lanzados desde edificios como Armando Guido, del ZUMEN, o de los edificios nuevos en las cercanías del Hospital Oriental, incluyendo el Polideportivo España, mayoritariamente no daban en los blancos de barricadas y zanjas o trincheras de combate; iban a dar esas bombas en viviendas habitadas por niños, ancianos, mujeres embarazadas, y también de paso mataban animales domésticos como perros y gatos.

Bombardeos GN aéreos mortales y desfile de muertos y heridos en carretones

Pues esa mañana del 13 de junio los bombardeos y ametrallamientos indiscriminados comenzaron encima del Barrio Waspán, donde, en días anteriores, ya la Guardia Nacional había ejecutado una masacre de más de diez managuas en las cercanías de la Fábrica Chontal.

El bombardeo se desplazaba como una lluvia mortal hacia el cruce de Portezuelo, Barrio Santa Rosa, la orilla de la Costa del Lago de Managua, Villa Progreso, San Jacinto, Colonia Xolotlán, Waspán Sur, Bello Horizonte, Barrio Blandón (Costa Rica), los puentes Larreynaga y El Edén, los Barrios El Edén, Ducualí, Meneses, Santa Bárbara, Santa Julia, María Auxiliadora, San Cristóbal, Riguero, Paraisito, “Campo Bruce” (Rigoberto López Pérez), Colonia Managua, San José Oriental; Colonias Nicarao, Catorce de Septiembre, Don Bosco, Colombia, Luis Somoza (Diez de Junio), El Dorado, María Auxiliadora, San Cristóbal, Paraisito, Larreynaga, San José Oriental, etc.

Casi al mismo tiempo del bombardeo, la Radio Difusora Nacional de Nicaragua (la Radio del Estado somocista terrorista), además de toda la propaganda venenosa contra los insurrectos “sandino-comunistas-terroristas”, publicaba un anuncio oficial del régimen genocida. Aseguraba que a partir de ese momento, podían salir “libremente” de los Barrios Orientales y Occidentales, los ancianos, los niños y niñas, las mujeres “muy adultas”, menos los jóvenes. De entrada, los jóvenes, hombres y mujeres, estaban sentenciados a muerte por este régimen de asesinos, ladrones y sicarios, quienes en su propaganda oficial decían que “defendemos la democracia” (¿¿??)

En esos mismos instantes, en muchos sitios de Managua, fuera del ámbito insurreccional, para acrecentar el terror estatal militar, detenían a los pobladores que andaban circulando en las calles, a pie o en vehículos, los obligaban a mostrar las rodillas, los codos y hombros, para ver si no andaban “en actividades terroristas con los sandino-comunistas” insurreccionados.

Como los ataques aéreos, no cesaban, entonces los heridos y muertos pasaban en desfile, cargados por familiares, amigos y vecinos, hacia los Hospitales clandestinos del Instituto Experimental México y el Silvia Ferrufino Sobalbarro, y al de la Sagrada Familia, en la Zona Oriental de Managua.

En la Zona Suroccidental los heridos eran llevados al Hospital Clandestino en la Escuela Cuba, en Loma Linda (Sierra Maestra). En la Zona Noroccidental los heridos eran llevados, en hombros, en carretones o en caballos, al local o Escuela de las Monjitas, a la Bodega de la Aceitera Corona y al Aserrío, en Acahualinca.

La Guardia Nacional, formada y desarrollada en prácticas de crímenes atroces, en genocidio y robos, se calificaba asimismo como “invicta, invencible”, aunque nunca había sostenido combates con otro ejército, por ejemplo.

Llegado este momento insurreccional se dieron cuenta de que eran suceptibles a que las balas comunes y corrientes les penetraran el cuerpo. Les quedó demostrado con la destrucción de la “Treceava Sección de Policía” (“Sierra 13”) y la derrota vergonzante sufrida cuando intentaban rescatar a sus “angelitos” criminales de la misma “Sierra 13”.

Para colmo de males, como para meterles más miedo, sólo en Managua, de manera urgente, muy de mañana, por medio de la Radio de la Central de Policía GN, se solicitaba la presencia de “la camioneta azul”, la cual estaba destinada fundamentalmente al traslado de guardias muertos en cualquier parte de la Capital. Los guardias de la radio pedían la camioneta azul al Este de Portezuelo y al Oeste del edificio Armando Guido.

Hubo combates rápidos con la guardia genocida en distintos puntos de la Zona Oriental de Managua y especialmente en Monseñor Lezcano, en San Judas, Loma Linda (Sierra Maestra), Villa Roma y Torres Molina, porque los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, unos 300 en total, convertidos ahora en ocho columnas organizadas y distribuidas en Sectores o Frentes de Combate por Gabriel “Payo” Cardenal Caldera, estaban bajando de la Comunidad Meneses (Lomos de la Cordillera del Crucero o de Managua), adonde se habían ido en Repliegue Táctico hacía muy poco tiempo. Estaban regresando a enfrentar a tiros nuevamente a los guardias que estaban posesionados de todo San Judas, del ZUMEN, Centro Cívico, Lomas de San Judas y toda la banda de la Carretera Sur.

En Zona Suroccidental  desatan más combates móviles contra GN

La orden militar del Estado Mayor Conjunto del FSLN en el Suroccidente de Managua, jefeado por Gabriel “Payo” Cardenal Caldera, Genie Soto, Adrián Meza Soza, René Cisneros Vanegas, Cristóbal “Gersán” Guevara Casaya, Eduardo Cuadra Ferrey, Víctor “Bayardo”, “Dientes de Lata”  Romero Pérez, entre otros, era volver al escenario de guerra para continuar combatiendo de forma móvil a los guardias, hostigándolos donde estuvieran, organizando y efectuando emboscas, hacerlos salir de donde estaban metidos, para que siguieran ocupados y no pudieran mover tropas a los Frentes de Guerra fuera de Managua, y especialmente impedirles movilización de tropas y equipos militares hacia la Zona Oriental, o Principal, insurreccionada.

Asimismo, las ocho columnas bajan con la instructiva militar, aunque con una relación de una arma de guerra por cada 20 Combatientes Populares, más escasez de tiros, para tomarse nuevamente el Barrio San Judas, Loma Linda, Villa Roma, Torres Molina (Camilo Ortega Saavedra) y toda la faja habitacional, de carretera y de negocios entre los kilómetros Siete Sur y Ocho Sur, donde están ubicados tanques de agua potable de ENACAL, el Club Nocturno Tropicana, el Reparto San Patricio (de ricachones y hoteles), el Puesto o Comando GN en el empalme de las Carreteras Vieja a León y Carretera Sur, más los caminos que conducen, por la Ruta del Valle de Ticomo, hacia el lado Oeste elevado de San Judas, Loma Linda, Villa Roma y Torres Molina.

La situación era tan dramática, reflejada en un informe escrito por Cristóbal “Gersán” Guevara Casaya, miembro del Estado Mayor en este Frente de Guerra Insurreccional Suroccidental, que las ocho columnas tan sólo contaban con diez fusiles Fal, cuatro fusiles Garand, una subametralladora Thompson y una ametralladora calibre 30, más numerosos rifles 22, 30-30, escopetas, pistolas y revólveres, mientras los contingentes de la Guardia Nacional, específicamente la EEBI, en este sector de Managua contaban con por lo menos 500 fusiles, no menos de 10 ametralladoras, al menos cinco tanquetas, les vieron dos tanques Sherman, numerosas bazukas con las que ya bombardeaban permanentemente estos vecindarios desde edificios altos como el ZUMEN y Lomas de San Judas, más una enorme cantidad de granadas de fragmentación, y unos 500 guardias, coinciden casi todos los Jefes Guerrilleros y Combatientes que sobrevivieron en esta contienda militar insurreccional en los Barrios Suroccidentales.

Sin embargo, la orden terminante de “Payo” Cardenal Caldera era seguir con el Plan Militar Insurreccional, enfrentar a los guardias de forma móvil, guerra en movimientos,  con lo que se tiene en las manos, a vencer o morir, porque los Frentes de Guerra del Sur (Benjamín Zeledón Rodríguez), Occidente (Rigoberto López Pérez), Norte: Carlos Fonseca Amador, Frente Oriental: Carlos Roberto Huembes, no han vencido a la guardia todavía en sus frentes respectivos, y por tanto aún no avanzan hacia Managua, donde la Insurrección, de acuerdo con el Plan Militar Insurreccional, debía durar sólo tres días, pero ya va por los nueve días, si tomamos en cuenta los estallidos populares iniciales del cuatro de junio en San Judas, las Américas Uno, Américas Tres, Américas Cuatro, Barrio Laureles Norte (Manuel Fernández Mora), Colonia Primero de Mayo, Reparto Schick Gutiérrez, Isabel Urbina (Adolfo Reyes) y los también brotes insurreccionales en Santa Rosa, Waspán Sur y Villa Progreso.

“Guerra de guerrillas en movimiento, columnas y escuadras móviles, buscando cómo asestar golpes militares fulminantes, rápidos, y emprender la retirada también de inmediato. Ese era el papel de la Zona Suroccidental de Managua.  Esa era la orden del Estado Mayor General del Frente Interno del FSLN”, recuerdan Víctor Cienfuegos Aburto y José de Jesús “Chepe Chú” Zamora Solórzano.

Este día miércoles 13 de junio de 1979 la guardia somocista genocida  ha incrementado al menos al doble su cantidad de tropas y armamento liviano y pesado, incluyendo artillería,  en las dos Zonas: Oriental y Occidental (Zona Principal y Zona Secundaria).

Es también en este día 13 de junio cuando la Guardia Nacional en Managua agiganta sus calidades sanguinarias al efectuar masacres  terribles como la del Barrio Laureles Norte, en la Colina 110, y al día siguiente en el Kilómetro Ocho Sur, y el 15 en Batahola, contiguo a la Embajada Norteamericana, en la Carretera Sur.

Destrucción de la “Sierra Tres”

Además del inicio del bombardeo aéreo muy de mañanita sobre casi toda la Capital, escuadras de la Columna “Manuel Fernández Mora”, ubicada en el Barrio Laureles Norte (Manuel Fernández Mora), en el extremo Oriental de Managua, detectan que del lado de la Comarca Sabana Grande viene entrando un contingente de alrededor de 400 guardias, los cuales traen consigo nueve camiones, de unos altotes, especiales para transporte de tropas; dos tanquetas, un tanque Sherman, cuatro jeepones con igual número de ametralladoras calibre 50 encima, más una retroexcavadora de cuchillas poderosas atrás y adelante (de esas veloces, de ruedas de hule), y cada uno de los guardias y mercenarios del CONDECA portaban en los hombros y en las manos hasta dos fusiles automáticos  cada uno, y era evidente una pesada carga de municiones dentro de los camiones. Este enorme despliegue militar somocista genocida confirmaba lo que decía con frecuencia el esbirro coronel Nicolás Valle Salinas, por medio de la radio de la Central de Policía: “Tenemos armas y municiones para combatir 100 años, si queremos”.

Este fue el preludio de la horrenda masacre de la Colina 110. Por los miserables y despreciables “orejas”, “soplones” y agentes de la Oficina de Seguridad (OSN, policía política manejada directamente por Somoza Debayle), los oficiales de la  Guardia Nacional acantonados en el Aeropuerto Las Mercedes, en la Fuerza Aérea (somocista), en el comando GN de Sabana Grande, tenían pleno conocimiento del accionar móvil de la Columna “Manuel Fernández Mora”, integrada por un poco más de 40 Combatientes Populares, jefeados por Marvin “Viejón” Úbeda Acuña y César “Chino” Ampié Rivas, y sabían asimismo en qué sitios estaban ubicados y cómo se movían desde abril de 1979.

El contingente de asesinos avanzó hasta los alrededores del Barrio Manuel Fernández, entonces conocido como “Laureles Norte”..

En Monseñor Lezcano, Acahualinca, Santa Ana, Los Balcanes, Morazán, Loma Verde y Linda Vista, la represión de la Guardia Nacional es masiva desde el día anterior, 12 de junio, e inclusive esta mañana del 13  hasta han colocado una tanqueta y dos ametralladoras disparando desde las esquinas de la Gasolinera Shell y la Iglesia Católica de Monseñor Lezcano hacia el lado del Cine León, lo cual hacen sin cesar, como en plan de implantar terror en todos estos vecindarios del Noroccidente de Managua.

Combatientes Populares que sobrevivieron a esta contienda militar aseguran que eran unos 400 guardias con varias ametralladoras, centenares de fusiles automáticos, nuevecitos, lanzamorteros y también andaban detrás con una retroexcavadora, o pala mecánica,  para desbaratar barricadas y trincheras de combate.

Los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares que portaban armas de guerra no pasaban de unos 20, incluyendo un RPG-2, lanzamorteros,  con que contaban, más escopetas, rifles 22 y 30-30, pistolas y revólveres, y eso sí, andaban una buena cantidad de bombas de contacto.

Mientras tanto, a las nueve de la mañana de ese 13 de junio de 1979, de forma mejor organizada, ya con un plan militar más cuidadoso, discutido por los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares de las tres Tendencias del FSLN,  en medio de la represión generalizada de los guardias, se lanza un nuevo ataque militar fulminante contra las instalaciones de la “Sierra Tres”, ubicada de La Ceibita un poco al Sur, en Monseñor Lezcano.

Esta Sección policial GN “Sierra 3” estaba alojada en la casa de una familia Ruiz, “la casa del Teniente Ruiz”, donde casi todos eran guardias, “orejas” de la Guardia Nacional y de la Oficina de Seguridad, paramilitares y miembros de los “escuadrones de la muerte” del somocismo genocida.

Además de los dos jefes principales del Estado Mayor Conjunto del Noroccidente de Managua, Silvio “Israel” Porras García, Arnoldo el “Viejo Ernesto” Real Espinoza, Jorge Corea Briones, Jorge Esquivel Acevedo y Alba Luz “Flor” Portocarrero Ramos, en la primera línea de ataque se ubicaron parapetados: Salvador Ramiro “Salvador” García Ramírez, Santiago Núñez Solís, Ramiro Martínez Miranda, Efraim “Challuya” Téllez, el “Chele” Richard, Antonio Pedregal, el “Negro Clifford”, José Domingo “Chanchero” Martínez,  Félix “Cumba” Estrada Sandoval, Roberto “Piojo” Sánchez, José Alejandro “Marciano” Díaz Meza, Leonardo Díaz Meza y José David Rocha Hernández.

El  “Chele” Richard, Tercerista, andaba el RPG-2. El cuartel de “orejas”, “soplones” y asesinos fue atacado sin tregua, de forma fulminante, desde las nueve y media de la mañana, mientras otras escuadras móviles le hacían guerra de guerrillas al resto de guardias que andaban en las calles de Monseñor Lezcano, para que no entraran al sitio en que estaba siendo atacada la “Sierra 3”, para destruirla definitivamente, porque allí en ese cuartel o Sección policial, igual que en la “Sierra 13”, se habían encarcelado, torturado y asesinado a centenares de pobladores de los Barrios Noroccidentales de Managua.

La “Sierra 3” fue atacada de frente, por los lados, por detrás y por encima de los techos de las casas contiguas. El “Chele” Richard había hecho ya no menos de cuatro disparos con el RPG-2, pero no habían dado donde justamente se necesitaban, hasta que a la una de la tarde tuvo la oportunidad de que se abriera por segundos una puerta, por donde metió el proyectil hasta el centro de la casona, provocando una explosión destructiva y que causó pánico completo a los guardias, quienes hicieron el simulacro de que se rendían, pero fue para ganar tiempo, porque, se presume, que unos se escaparon por un túnel que ya tenían preparado hacia otras viviendas, y otros se vistieron de civil y salieron por casas contiguas del vecindario, cuyos dueños eran cómplices a estos guardias.

En los alrededores, mediante una investigación, lograron capturar a varios de los guardias que estaban dentro de la “Sierra 3”, los llevaron a Acahualinca, donde les hicieron juicio público sobre sus crímenes en el sector con centenares de pobladores, quienes exigieron que fuesen fusilados. Se les escapó, eso sí, un sujeto de apellido Padilla, tan malo y asesino como “Macho Negro” Gutiérrez en la “Sierra 13”.

¿Cuántos guardias había en la “Sierra 3”? Algunos Combatientes Populares de aquel momento histórico extraordinario aseguran que eran unos 40. ¿Cómo pudieron escaparse casi todos?

La “Sierra 3” quedó destruida y abandonada por los guardias. Esto permitió capturar numerosos fusiles, entre otros, un Galil, pero la mayoría de ellos sin municiones. Los guardias hasta habían destruido el radiocomunicador cuando hicieron el simulacro de rendición y se escaparon. La mayoría de las armas y municiones recuperadas en “Sierra Tres” fueron conducidas hacia el Aserrío de Acahualinca.

Sin embargo, la contienda militar no terminó con la destrucción de la “Sierra 3”, pues ya en otras calles del Barrio Monseñor Lezcano, incluyendo en los muros y dentro del Cementerio General u Occidental, el resto de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, unos 100 en total, con muy pocas armas de guerra, con escasez de tiros para las pocas armas de guerra que andaban en las manos, y también escasas las municiones para las armas de cacería, andaban moviéndose en plan de emboscar a los guardias. “Teníamos bastantes fusiles arrebatados a los guardias en combates, pero muy pocos tiros”, me comentó Salvador Ramiro “Salvador” García Ramírez, Jefe de Escuadra y uno de los sobrevivientes de la Masacre de Batahola.

Los combates continuaron sin cesar hasta eso de las siete de la noche. A esa hora, aparentemente, los guardias hacen un repliegue, porque tenían terror de continuar el enfrentamiento a Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros de noche, dentro de casas y patios, porque sabían que estos, los Combatientes, les salían como gacelas en sus propias narices disparándoles armas cortas y tirándoles bombas de contacto.

Evadieron el combate pero se dirigieron a la Escuela San Martín, donde casi un batallón de la EEBI de asesinos abrió un hueco por los muros, y se metieron dentro del Colegio. Con ayuda de vecinos somocistas cómplices, un grupo de guardias también retoma el sector de la destruida “Sierra 3”. Siguen combates esporádicos y de menor escala. Un grupo de guardias somocistas genocidas encuentra herido a Reynaldo Escobar Tapia, en un callejón, y lo rematan con un disparo a quema ropa.

Masacre de la Colina 110 y “tierra arrasada” hacia la Catorce de Septiembre

Volvamos al Reparto Manuel Fernández Mora, entonces conocido como “Laureles Norte”. La Columna “Manuel Fernández Mora” estaba organizada en cuatro escuadras, e integrada por 43 Combatientes Populares, todos jovencitos, jefeados por Marvin “Viejón” Úbeda Acuña y César “Chino” Ampié Rivas. Cada una de las escuadras tenía una función: organización de todos los hombres del Reparto Manuel Fernández Mora, aseguramiento táctico defensivo, francotiradores en sitios estratégicos y la del Puesto de Mando, o cuartel de  operaciones, ubicado en la llamada Colina 110, situada exactamente al Sur del Reparto referido.

El ocho de junio, igual que en San Judas, esta columna, de algún modo influida también por el Jefe Guerrillero César Augusto “Moisés” Silva, cuya mayoría de Combatientes Populares eran de Ticuantepe, insurrecciona los vecindarios de las Américas Uno, Américas Tres, Américas Cuatro, Reparto Laureles Norte, Villa Flor y Cinco de Diciembre.

Desde la Colina 110 se observaba, con binoculares, casi todo el movimiento militar que tenía la Guardia Nacional en el Aeropuerto Las Mercedes y en la Fuerza Aérea Nacional somocista. Inclusive, hubo un proyecto de irse a tomar las instalaciones del Aeropuerto cuando explotara la insurrección sandinista, pero se abandonó por considerarlo peligroso, sin posibilidades de éxito, por la enorme cantidad de guardias y armamentos pesados, y porque el terreno es demasiado plano en esta zona Norte de Managua.

Esta Columna “Manuel Fernández Mora” inclusive tenía un plan de retirada hacia el Sur, en caso de que fuera descubierta u obligada por una ofensiva militar de la Guardia Nacional.

La ofensiva que la Guardia Nacional traía del lado de Sabana Grande era enorme, según pudimos ver en párrafos anteriores.

No se conoce exactamente qué pasó, sobre por qué no pudieron salirse a tiempo de las trincheras de combate y efectuar el repliegue que tenían planificado, en caso fuese necesario.

El asunto es que uno de los Combatientes Populares llevó el aviso, a eso de las nueve de la mañana, de que el contingente enorme de guardias avanzaba por el Camino Viejo de Sabana Grande, y que además había hecho el giro un poco al Sur, hacia los caminos que llevan al Reparto “Manuel Fernández Mora”.

Los relatos de sobrevivientes de esta Masacre de la Colina 110 indican que cuando se percataron los Combatientes Populares, decenas de guardias ya tenían virtualmente rodeado el Reparto Manuel Fernández Mora más o menos a las doce del día, y que además ya también tenían colocados francotiradores por los cuatro costados.

César “Mou” Téllez Sánchez, uno de los jefes de la Columna “Manuel Fernández Mora” y sobreviviente de esta masacre,  señala que los guardias como en avalancha rompieron una defensa que los Combatientes Populares tenían en “La Cañada” y también un puesto de observación en la casa de Fanor Jáen.  Después de esto, les tendieron el cerco por el frente, por los lados derecho e izquierdo, “pero nadie creía que ya los guardias estaban a una cuadra, y subiendo la pendiente hacia la Colina 110”, recuerda “Mou” Téllez Sánchez.

Casi al mismo tiempo, cuando se enteran plenamente de esta situación militar, aparecen cuatro aviones Push and Pull y el Jet T-33, y de inmediato les bombardean las trincheras que tienen en la propia Colina 110 y en otros sitios, lo cual indica que los guardias y pilotos hasta coordenadas precisas tenían de esas ubicaciones, nuevamente gracias a los despreciables “orejas”, “soplones” y miembros de los “escuadrones de la muerte”, del vecindario.

Los aviones pasaban rasitos descargando las bombas, lo cual obligó a los Combatientes Populares a permanecer dentro de las trincheras de combate y detrás de las barricadas que habían hecho. Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares quedaron prácticamente inmovilizados.

Precisamente, estos momentos de desconcierto, provocados por el bombardeo, fueron aprovechados por el contingente de guardias para avanzar rápido con las tanquetas, fusilería y ametralladoras montadas en jeepones.

Todo fue muy rápido. Los pilotos somocista genocidas, al parecer con un plan cuidadosamente elaborado, cuando ya se les  acabó la carga de morteros y balas, siguieron bajando en “picada” hacia las trincheras de combate en la Colina 110, en simulacro de que iban a seguir tirando bombas, para que los Combatientes Populares permanecieran inmóviles dentro de ellas. Estas trincheras de combate, zanjas con parapetos, estaban cubiertas con piedra cantera, tablas y láminas de cinz, todo lo cual era parte de la vulnerabilidad que tenían como Combatientes.

Los guardias por montones y con una enorme cantidad de fusiles automáticos, varias ametralladoras calibre 30, las dos tanquetas, el tanque, y la retroexcavadora, o pala mecánica cerca, les fueron formando un anillo y subieron hasta estar a escasos 15 metros de las trincheras de combate, desde donde abrieron fuego nutridísimo contra todos los Combatientes Populares que estaban fuera de las trincheras de combate.

Se entabló un combate feroz, en desventaja  total  para los pocos Combatientes Populares que estaban fuera de las trincheras de combate,  veloz, casi cuerpo a cuerpo, entre otros,  Marvin “Viejón” Úbeda Acuña, quien cae en ese instante.

Fueron precisamente los Combatientes Populares que estaban fuera de las trincheras, quienes retrocedieron disparando sus fusiles automáticos y arrastrando algunos heridos, los que lograron salvarse de la bestial masacre somocista genocida. Uno de los que iba retrocediendo y disparando era César “Mou” Téllez Sánchez. Fueron a salir a callejones por una Iglesia, donde también les ocurrió algo terrible. Nadie les quiso abrir las puertas para curar a uno de los heridos, que se desangraba, hasta que murió.

El resto de Combatientes Populares, 35 en total, fueron masacrados con ráfagas de fusiles y ametralladoras hacia las trincheras de combate, e inmediatamente detrás, en segundos, el operador, también asesino genocida, de la pala mecánica arrancó grandes cantidades de tierra de la Colina 110 y las lanzó sobre los cuerpos ensangrentados, algunos todavía con vida, dentro de las zanjas. No les bastó echar la tierra encima de los cuerpos que estaban dentro de la zanja, sino que la pala mecánica fue pasada encima de donde estuvo la zanja, para que quedara  compactada la tierra, como quien dice, “para que no vayan a salirse de aquí”.

Los sobrevivientes fueron ocho: César “Chino” Augusto Ampié, los hermanos César y Javier Téllez Sánchez, uno al que le decían “Patitas”, Leonardo “Purito” Cabrales,  Pájaro Azul, Miguel “Válvula  Quemada” y Eduardo Julio Areas Aguilar.

La Columna “Manuel Fernández Mora” la integraban, debo repetirlo: Marvin “Viejón” Úbeda Acuña, César “Chino” Ampié Rivas, Ernesto “Tito” Sánchez,  Carlos “Monito” Juárez Cruz, Lorenzo “Lencho Canilla” García,  Raúl “Marcos” Rivas Quintero, César “Mou” Téllez Sánchez, Antonio “Chino Cebolla” Cruz Gómez, Ángel “Cara de Piña” Cruz, Javier “Chintano” Martínez, Germán “Perro Mocho” Miranda Toledo, Saturnino “Mimado” Ortiz, Víctor “Pelón” Osorio, Carlos “Carlos Tico” Tuco, Ricardo “Flaco” Flores, Omar “Judito” Téllez Sánchez, Leonardo “Julián Cham” López, Denis Dionisio “Chele” Guerrero, Leonardo “Purito” Cabrales, Ernesto “Pata de Chile” Pérez Briones, Javier “Ñato” Téllez Sánchez, José Hildebrando  “Shaquespeare” Sancho, José Félix “Frijol” Bracamonte, Ramón “Manchón” Martínez, Héctor “Retoita” Martínez, Carlos “Tusa” Acosta, “Papita”, “Válvula Quemada”, Miguel “Manito”, William “Guerrillero”, Walter “Guerrillero”, Guátemoc “El Muco” Martínez, José Luis “Joe” Martínez, Mario “Mario Loco” Martínez, Wilfredo Mendoza, Heberto Bonilla,  “Sapo Tuerto”,  Carlos “Meón” Vanegas, Raúl “Gato” Vanegas, Marvin “Tribilin” Vanegas, Orlando Cuéllar, Javier “Pato” Taleno, Julio Acuña Martínez, Milton “Panzón” Lezama,  y José “Chema” Quintero.

“Operación limpieza” o “tierra arrasada”  hacia el Oeste

Por supuesto, este contingente de guardias sembró el terror en el caserío del Asentamiento “Manuel Fernández Mora”, entonces llamado “Laureles”, a cuyos pobladores acusaron insistentemente de “cómplices de los sandino-comunistas-terroristas”.

Este contingente de guardias asesinos genocidas era parte de la ofensiva enorme desatada por la Guardia Nacional y la Escuela de Entrenamiento Básico (EEBI) desde el día anterior, 12. El plan de los oficiales GN era de “operación limpieza” y  de “tierra arrasada” le llamaron descaradamente por la radio de la Central de Policía.

Y efectivamente después de masacrar a los Combatientes de la Columna “Manuel Fernández Mora”, hicieron girar el convoy de gendarmes un poco al Oeste y se lanzaron contra pobladores insurrectos de la Colonia Primero de Mayo, donde efectivamente desataron la llamada “operación limpieza” y “tierra arrasada”, calle por calle, casa por casa..

En apoyo militar a la Columna “Manuel Fernández Mora”, Guerrillero Sergio Gómez Vargas, jefe del Frente de Guerra Sandinista en la Zona de las Colonias Nicarao, Catorce de Septiembre, Don Bosco, por ejemplo, envió una columna pequeña, de 12 Combatientes Populares, hacia donde se estaba produciendo la masacre ejecutada por la Guardia Nacional en el Reparto Laureles Norte. Esta columna estaba integrada, entre otros, por: Humberto “Cucharita” del Palacios González, Douglas “Domingo” López Niño, Ernesto “Bujía” Cerna, “Carmen” y “Damián”,  quien era entrenado en manejar bazukas RPG-2 y portaba una en ese momento.

Palacios González era miembro del Estado Mayor FSLN de la Tendencia Proletaria en Managua, y uno de los subordinados militarmente de Sergio “Marcio 13” Gómez Vargas.

Acudieron asimismo en auxilio de la Columna “Manuel Fernández Mora” los miembros de la Columna “Juan de Dios Muñoz”,  jefeada inicialmente por Ramón Cabrales Aráuz; la cual todavía operaba militarmente en el Frente de Guerra, o Sector, del Barrio La Fuente, Asentamiento Isabel Urbina,  hasta el fondo del Reparto Schick Gutiérrez; la Columna de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares “Jorge Navarro” que jefeaba José Ángel Benavidez desde las Colonias  Américas Uno, Américas Tres, Américas Cuatro, Primero de Mayo, Santa Emilia y Jardines de Veracruz hasta la orilla Este de la Colonia Catorce de Septiembre.

Los integrantes de la escuadra de del Palacios González lograron llegar hasta los alrededores, muy cerca de la Colina 110, y se ubicaron emboscados en uno de los callejones de Villa Libertad. Un poco después de las dos de la tarde, el convoy de centenares de guardias, continuó su marcha de “tierra arrasada” por dentro de las Colonias Villa Libertad y Primero de Mayo, vecindarios cercanos al Reparto Los Laureles (“Manuel Fernández”).

La pretensión de la columna pequeña de Humberto del Palacios González y Douglas “Domingo” López Niño era hacer una emboscada fugaz, violenta, rápida, a la “avanzada” de guardias asesinos, y al mismo tiempo emprender veloz retirada hacia la Colonia Américas Cuatro, situada, colindante, al Oeste de Villa Libertad.  Pretendían destruir  al menos una de las dos tanquetas y la pala mecánica con los morteros de la Bazuka. Pero los “orejas” y “soplones” despreciables no faltaban en estos sectores de clase media, y le informaron a los guardias que los Guerrilleros y Combatientes Populares estaban emboscados, y dichosamente los medios de inteligencia de la columna también detectaron que los habían delatado y se retiraron  a tiempo.

Entonces, coordinaron con los integrantes de las Columnas “Juan de Dios Muñoz”, la “ Jorge Navarro” de José Ángel Benavidez y otros grupos de Combatientes Populares de las Colonias Américas Cuatro y Primero de Mayo, para hacerle guerra de guerrillas al contingente de guardias asesinos que llevaban la orden de “tierra arrasada”, “arrase” que no pudieron hacer los guardias en Villa Libertad, ni en Américas Cuatro, ni en la Primero de Mayo, porque estos grupos de Combatientes los iban hostigando, les ofrecían combates relámpagos y desaparecían por entre los callejones, patios, por encima de las casas, o por zanjones dentro de los mismos vecindarios.

El contingente de sicarios del somocismo genocida era muy grande y con enorme poder de fuego de fusiles y artillería, como para ofrecerles combate sostenido por parte de estas columnas y escuadras que habían estrechado la cooperación militar desde Villa Libertad hasta la Colonia Primero de Mayo, pasando también por Villa Flor y Villa Sabana, todo el Reparto Schick Gutiérrez, el Barrio “Isabel Urbina” (Pablo Úbeda-Adolfo Reyes) y Asentamiento “La Fuente” (Ariel Darce Rivera). Las columnas y escuadras jefeadas por César Augusto “Moisés” Silva también vienen de retroceso, combatiendo, haciendo guerrilla,  por la ofensiva de la Guardia Nacional.

Durante esta ofensiva de la Guardia Nacional sanguinaria causó mucha destrucción material a su paso por la Colonia Primero de Mayo, donde al mismo tiempo las columnas guerrilleras mencionadas les hicieron resistencia, les montaron emboscadas relámpagos, los hostigaron con balaceras que salían de huecos de casas, de los techos y en las esquinas de estas colonias del Oriente de Managua.

Los guardias vienen asimismo derrumbando barricadas, matando a gente “sospechosa” de colaborar con los Combatientes Populares, destruyendo trincheras de combates con la pala mecánica, capturando a mujeres y niños que traen como rehenes, para garantizarse que los Combatientes Populares no los ataquen de frente y sembrando terror a su paso. De este modo salieron de la Colonia Primero de Mayo, pero no les valió de nada porque los Combatientes Populares los atacaron por la retaguardia y por los costados.

Este movimiento de combates rápidos, ya de casi un centenar de Combatientes Populares, finalmente llega al Reparto Jardines de Veracruz, situado contiguo al Asentamiento Santa Emilia (hoy Omar Torrijos Herrera), y ya enfrente, al lado Norte de la Pista Sabana Grande, está el Reparto Rubenia. Pegada  a Santa Emilia, por el lado Oeste, está la Colonia Catorce de Septiembre.

En ese trajinar heroico vienen los Jefes Guerrilleros y Combatientes cuando entran a una casa del centro del Reparto  Jardines de Veracruz y se encuentran con que están dentro de ella decenas de sicarios de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI), al parecer en “descanso” o esperando algún momento para ir a matar más ciudadanos en las calles de Managua.

Se produce un combate rápido, y los Combatientes Sandinistas salen ilesos de allí, pero no así al llegar a un alambrado de púas que hay colocado en un sitio entre dos calles, una de Jardines de Veracruz y la otra del Barrio Santa Emilia. En el alambrado se enreda “El Taxista” (Combatiente Popular que viene combatiendo) y ahí lo matan con una ráfaga de tiros.

El “Chele” Zepeda está ubicado como francotirador de estas escuadras móviles en una casa del costado Sur del Reparto Rubenia, por donde los guardias sanguinarios vienen avanzando.

La noche frena por miedo a oficiales y soldados GN y se quedan frente a TELCOR

Ya es de nochecita, tal vez las seis y media de la tarde de ese  miércoles de junio de 1979. El contingente de guardias llega hasta donde es hoy TELCOR o ENITEL, ubicado al Suroeste de Jardines de Veracruz,  al Sureste de Santa Emilia (Omar Torrijos Herrera) y al Sureste de las casas de la Colonia Catorce de Septiembre, una de las más rebeldes en la Zona Oriental de Managua.

Los guardias se instalan allí en una especie de campamento, como en círculo, colocan las cinco ametralladoras (montadas en jeepones) con los calibres hacia las boca calles de los tres vecindarios, ubican  numerosos hombres, con dos fusiles cada uno en las manos, en todas estas esquinas, sitúan en medio del círculo las dos tanquetas, el tanque, la pala mecánica y todos los camiones del convoy, y también colocan francotiradores en el árbol de ceibo, en los muros y techos aledaños. Apagan los motores de las tanquetas, del tanque, de la pala mecánica y de todos los vehículos.

Los guardias en ofensiva llegan también hasta la entrada Norte del Reparto Jardines de Veracruz, donde instalan un campamento GN en el parque infantil del vecindario, ubicado al frente de la Pista Sabana Grande y el lado Sur de Rubenia, por donde está ubicado el francotirador “Chele” Zepeda.

Situación militar similar ocurre con otro contingente de guardias que vienen ejecutando “tierra arrasada” (nuevamente, ya lo habían hecho el nueve de junio) del Este al Oeste del Reparto Schick Gutiérrez, y se habían instalado en el predio en que estaba instalado un monumento a René Schick Gutiérrez. Prácticamente todos los Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros de este Frente de Guerra Insurreccional  también han retrocedido, y están ya unidos a los Combatientes Populares, jefeados por Sergio “Marcio 13” Gómez Vargas en los sectores aledaños de la Colonia Nicarao.

Mientras tanto, la columna mencionada de Humberto del Palacios González y Douglas “Domingo” López Niño, deciden quedarse en una casa de seguridad del Frente Sandinista de la Colonia Catorce de Septiembre, muy cerca de donde estaban los guardias instalados en el predio mencionado.

Ya dije que para el 12 de junio, al siguiente día de la destrucción total de la “Sierra 13”, la Guardia Nacional había doblado o triplicado su cantidad de tropas y equipos artilleros pesados en todo Managua, de forma fija y móvil, más la colocación de centenares de francotiradores en edificios y árboles altos, que ese 13 de junio ya estaban matando a mucha gente inocente, especialmente, como había ocurrido ya con el niño Poesí, en Bello Horizonte.

Ocurrieron hechos realmente curiosos en este enfrentamiento insurreccional del Frente Sandinista contra el enorme aparato opresor del somocismo genocida. Resulta que esta columna mencionada, combativa, móvil, ofensiva y defensiva, decide quedarse en esa casa de la Colonia Catorce de Septiembre.

Ya estaba bastante oscuro, y además, el tirano  Anastasio Somoza Debayle había mandado a suspender o cortar la luz eléctrica. “Carmen”, una de las integrantes de la columna, tuvo urgencia de salir al patio para hacer sus necesidades fisiológicas. Llevaba su escopeta semiautomática cargada de tiros y “bala en boca”.

Oyó un ruidito, como de alguien que se deslizaba desde arriba del árbol de almendras hacia abajo. Se quedó quieta en la oscuridad, observando hacia la cumbre del árbol. Su sorpresa fue grande al ver que del árbol bajaba un francotirador de la Guardia Nacional, con un fusil dotado de mira telescópica y un silenciador.

Al parecer, el francotirador decidió bajarse e irse porque ya era de noche. Antes que alcanzara el suelo, “Carmen” le disparó la escopeta y el sujeto cayó moribundo al suelo, donde confirmaron que se trataba de un francotirador de la Guardia Nacional.

Es decir, los miembros de esta Columna Guerrillera se fueron a ubicar en una casa y patio que ya había sido invadido por francotiradores somocistas genocidas. Esto, al parecer, les permitió al contingente de guardias tener ubicados al grupo de Combatientes Populares en esa casa de la Colonia Catorce de Septiembre.  Del Palacios González envió un correo, o enlace, para que el Estado Mayor del Frente de Guerra, jefeado por Sergio Gómez Vargas, se enteraran de lo que ya estaba pasando militarmente con la presencia del contingente de guardias al borde de la Colonia Catorce de Septiembre, y dónde estaban ubicados estos Combatientes Populares, los cuales son atacados con cañonazos de tanques muy de mañanita del 14 de junio de 1979.

Las Columnas de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares de la Columna “Jorge Navarro” de José Ángel Benavidez y la “Juan de Dios Muñoz”, en su repliegue finalmente se detienen y se instalan en dos casas esquineras de la Colonia Catorce de Septiembre, exactamente del semáforo del cruce de Rubenia unos cuantos metros al Este, en la orilla de la orilla de la Pista Sabana Grande. En una de estas casas de seguridad, el FSLN clandestino tiene un taller de reparación de armas de guerra y de cacería. (Estas casas esquineras desaparecieron al ser construida la Rotonda de Rubenia).

Con los Jefes del Estado Mayor General del Frente Interno, en particular con uno de sus miembros, William Ramírez Solórzano, los integrantes de estas dos Columnas Guerrilleras Móviles trazan un plan de combate cuando los guardias reinicien su ofensiva el 14 de junio en la mañana, pues los mandos sandinistas guerrilleros ya estaban convencidos de que los guardias no seguirían avanzando de noche, y que reiniciarían el ataque militar muy de mañana.

Igualmente, en el caso de la escuadra de Humberto del Palacios González, el plan militar de estos Jefes y Combatientes Populares era trabar combate rápido nuevamente con los guardias, muy de mañanita del 14, con el fin de destruir una de las tanquetas con  el RPG-2 que portaba “Damián”, Jefe Guerrillero  sandinista de la Tendencia Tercerista.

Combate violento en “Kilocho” de la Carretera Sur el 13 de junio

Mientras ocurría este combate móvil desde Villa Libertad hasta la orilla de la Colonia Catorce de Septiembre, en el llamado “Kilocho” (kilómetro ocho) de la Carretera Sur se estaba desarrollando lo que sería uno de los más violentos combates entre Combatientes Populares Sandinistas y otro contingente de unos 200 soldados de la Guardia Nacional, más EEBI, que se trasladaban, no se sabe para dónde. El choque balístico ocurre a las  ocho de la noche, exactamente frente al Club Nocturno Tropicana, los tanques del agua potable de ENACAL y en la propia entrada al Reparto San Patricio, habitado por burgueses y funcionarios del régimen somocista, por donde también se entra a los vecindarios de San Judas, Loma Linda, Villa Roma y Torres Molina, por el lado Oeste.

Como ya queda relatado, los Jefes Guerrilleros, encabezados por Gabriel “Payo” Cardenal Caldera, y unos 300 Combatientes Populares de esta Zona Suroccidental de Managua, después de replegarse a la Comunidad Meneses, se habían reorganizado en ocho columnas, y bajado a los vecindarios mencionados desde la noche del 12, y en la mañana del 13 de junio, con el fin de retomar las posiciones originales del 9 de junio, y continuar hostigando a los contingentes de guardias, obligarlos a combatir de forma móvil, para que no continuaran moviendo tropas hacia el Oriente de Managua.

“Payo” Cardenal Caldera le ordena a Cristóbal “Gersán” Guevara Casaya, miembro del Estado Mayor Conjunto del FSLN y jefe militar de la columna No. 8, que proceda a tomarse la Colina de San Patricio, paralela a la Carretera Sur por el “Kilocho Sur”, que bloquee la entrada del Reparto San Patricio y el mismo Camino Viejo (antiguo) de San Patricio hacia San Judas, Loma Linda y Torres Molina, y que además ponga barricadas en media Carretera Sur, con doble finalidad: proteger las operaciones militares insurreccionales que ya están desarrollando nuevamente el resto de columnas móviles dentro de estos vecindarios mencionados, e impedir que la Guardia Nacional mueva tropas por  la Carretera Sur hacia Carazo, Rivas y hacia León.

Allí, en el “Kilocho”,  también había una Terminal de Buses Urbanos “TUN”, unos azules, que transportaban pasajeros del “Kilocho Sur” hacia varios lugares de Managua. Enfrente está también el enorme hueco de la Laguna de Nejapa, en cuyos barrancos, por el Oeste, hay una antena parabólica de comunicaciones, que era cuidada por la Guardia Nacional.

La columna estaba formada por un poco más de 40 jóvenes, algunos casi niños, entre otros: Alfonso Flores, Manuel Mendoza, Mario Montenegro, Ramiro Córdova, Róger Martínez, Manuel Calderón, “Milocho”, Mario “Galleta”, Juan “Pelo Liso de  Loma Linda”, Sergio Mercado, Polin Delgadillo, César Cubillo, “Lico” Rubio, hijo de la Juanita Rubio; Leonel, un Jefe Guerrillero del OPEN III.

Los fusiles automáticos eran pocos y estaban en manos de los Jefes Guerrilleros y Combatientes más experimentados. Al menos, recuerda “Gersán” Guevara Casaya, tenían dos fusiles Fal, un Garand, 20 escopetas, varios rifles 30-30, varias pistolas, dos granadas de fragmentación y un costalito de bombas de contacto.

 Preparándose para combate memorable y heroico.

Gersán los organizó en tres grupos o escuadras. En un informe elaborado por “Gersán” Guevara Casaya, este indica que le ordenó al “Chino” Manuel Mendoza que bajara con un Comando Revolucionario Cristiano (eran similares a los Comandos Revolucionarios del Pueblo, de la Tendencia Proletaria) hacia el Kilómetro Siete y Medio (en la gasolinera), y que se ubicaran allí por si se trababa combate con la guardia, con el fin de atacarlos por la retaguardia.

Con toda la columna, “Gersán” Guevara Casaya llega al “Kilocho Sur” un poco después de las cinco de la tarde. Para entonces, ya han derribado un ceibón y lo cruzan en el camino de ingreso a San Judas, han conseguido cinco vehículos para hacer una retirada rápida hacia Loma Linda, en caso de necesidad. Revisan todo el sector del Reparto San Patricio, donde, por supuesto, no hay apoyo social a esta labor insurreccional, pues aquí viven burgueses y se esconden.

Arrancan los adoquines de la calle de entrada a San Patricio, edifican las barricadas de tres escalones, quitan parte del alambrado que rodea el Club Nocturno Tropicana, donde encuentran gran cantidad de comida, la cual echan en uno de los vehículos y se la mandan a Gabriel “Payo” Cardenal Caldera, para que alimente a parte de la tropa insurreccionada en San Judas.

Sin embargo, no quitan  todo el alambrado, lo cual se les convierte en una trampa mortal al día siguiente, como vamos a ver después.

En San Judas, Loma Linda, Villa Roma y  Torres Molina se escuchaban las balaceras a las siete de la noche, pues el resto de columnas móviles estaban combatiendo contra los guardias que habían ocupado estos territorios después de que Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares se habían replegado a la Comunidad Meneses.

La columna No. ocho estaba tendida en el “Kilocho Sur” a la espera de la posibilidad de que un contingente de guardias pasara por allí e intentara meterse por la calle del Reparto San Patricio hacia San Judas, Loma Linda y Torres Molina.

Efectivamente, a las ocho de la noche el contingente de guardias, en plena oscuridad, sólo con las luces a la vista de camiones en que iban las tropas, en cuatro jeepones  llevaban montadas cuatro ametralladoras, una tanqueta con dos ametralladoras y  una pala mecánica detrás.

“Efectivamente, a eso de las 8 pm.  se aproxima el animalero (guardias). Nosotros esperamos que ellos terminen de alcanzar la cima que se forma antes de llegar al Tropicana (Club Nocturno). El jeep que viene de frente trae una ametralladora 50, montada, es el que se desplaza más rápido, y cuando divisan la barricada, medio se detienen, y avanzan lentos los GN, quieren saltar del jeep, pero nosotros les caemos y quedan tirados en el pavimento”, escribió “Gersán” Guevara Casaya en su informe.

Continúa “Gersán” Guevara Casaya: “El “Chino” Manuel, en el flanco izquierdo de la Carretera les pone las escopetas. “Sam” desde el torreón tiene un ángulo perfecto y los está quebrando a todos los GN  que quieren alcanzar la 50 del jeeps que ya está vencido a unos 70 metros. Róger Mendoza y el “Chino” Manuel, junto con otros “compas” del flanco  izquierdo, impactan a las fuerzas del centro. Las luces del jeeps se mantienen encendidas, lo que no nos permite ver muy bien, pero nosotros le disparamos al bulto que se mueve, de pronto las luces explotan y la situación es más a favor nuestro”, relata “Gersán”.

Este jefe militar Guerrillero añade:  “La guardia nos responde con proyectiles de Galil. Tan concentrado era el volumen de fuego, que los tarros de gaseosas y la comida enlatada eran lanzados por todos lados. “Lico”, Leonel, Manuel Calderón, “Sam”, Ramiro, Toñito y yo, les apretamos con los fales y los garañones (fusiles Garand). El enemigo está desconcertado. Así, al mismo tiempo, de pronto suenan las escopetas nuevamente disparando de continuo cañoneo, a la velocidad del dedo en el disparador”.

Continúa “Gersán” Guevara Casaya: “El enemigo se retira en reversa. Están desesperados. Esperamos algunos instantes, luego nos dedicamos al recupere de fierros” (fusiles y municiones). El combate fue rápido, fulminante, el contingente de guardia se vio obligado a retroceder hacia el lado del Kilómetro Siete Sur, según el relato de Cristóbal “Gersán” Guevara Casaya.

De acuerdo con este informe, en ese combate rápido, los guardias tuvieron numerosas bajas, muertos, quizás unos 25, los cuales fueron sacados de allí en los mismos camiones, tanquetas y una pala mecánica que los guardias llevaban consigo. De los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares no hubo muertos ni heridos en ese combate.

“Gersán” Guevara Casaya y demás compañeros opinaron después que seguramente la misión del contingente de guardias era meterse por San Patricio hacia San Judas, Loma Linda, Villa Roma y Torres Molina, por la vía baja del Valle de Ticomo.

En su huida en reversa, los guardias dejaron tirados en el pavimento de la Carretera Sur, varios proyectiles de RPG-2 (bazukas), un fusil Cal nuevecito, “unos puñales superfilosos y extraños, nada parecidos a las bayonetas de la Guardia Nacional. Todo esto fue llevado al Estado Mayor, jefeado por “Payo” Cardenal Caldera. Cuando se analiza la procedencia de estos puñales, nos damos cuenta que son de fuerzas mercenarias del CONDECA. Nosotros en este sitio no volvimos a tener combates con los guardias esta noche del 13, pero en San Judas los combates no cesaron en toda la noche”, indica “Gersán” Guevara Casaya en su informe dirigido, precisamente al Estado Mayor Conjunto del FSLN en la Zona Suroccidental de Managua.

Además, “Gersán” Guevara Casaya concluye diciendo que después del combate con la guardia en el “Kilocho Sur”, la columna se repliega hacia dentro del camino, es decir, rumbo a San Judas, para no caer en una emboscada. A eso de las dos de la mañana del 14 de junio dejan la mitad de la columna al Este del Reparto San Patricio, hacia el Sur, con instrucciones de no dejar pasar a ningún guardia hacia San Judas.

Jueves 14 de junio

Fieros combates en Zona Noroccidental y Oriental

“Dormimos muy poco por la tensión militar en el ambiente y por el cuido permanente de las barricadas, trincheras de combate, retenes y viendo que ningún infiltrado se nos metiera por algún hueco”, indica el relato de “Gersán” Guevara Casaya..

Eso sí, los ataques aéreos volvieron a comenzar muy de mañana. No había amanecido cuando ya los estruendos de las explosiones de bombas de 500 y 1,000 libras, más los morterazos y rocketazos, eran lanzados como con un afán de matar, matar, matar y matar, y destruir de manera odiosa todo lo que estaba abajo, o no se podía vencer con el aparato militar opresor.

Esta vez, 14 de junio de 1979,  los bombardeos aéreos nutridísimos, destructivos, mortales, se centraron en una faja geográfica de Managua que abarcaba desde la entrada al Asentamiento La Fuente hasta el Paraisito, de aquí hasta el Norte del Barrio Larreynaga, de este sitio en rumbo al Este del Barrio Santa Rosa y Bello Horizonte hasta Waspán Sur, de aquí hasta el Este de la Colonia Catorce Septiembre y Colonia Nicarao, es decir un radio de unos tres kilómetros de largo por dos kilómetros de ancho, donde estaba lo más sólido de la Insurrección Sandinista en la Zona Oriental de Managua.

En la Zona Suroccidental y Noroccidental, desde Torres Molina hasta Acahualinca, el bombardeo aéreo somocista genocida igualmente inició muy de mañanita. Las bombas caían por centenares en viviendas habitadas por seres humanos, menos en las trincheras de combate, porque esos endemoniados pilotos no daban en los blancos, que según ellos mismos eran las barricadas, trincheras de combate o los sitios en que supuestamente estaban escondidos los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares. Las bombas y balas las dejaban caer desde muy alto, debido a que ya algunos de los aviones habían sido perforados a balazos desde abajo por los Combatientes.

Los guardias somocistas genocidas y su jefe sanguinario, Anastasio Somoza Debayle, consideraban estos bombardeos aéreos de “ablandamiento” de las fuerzas combativas insurreccionales y al mismo tiempo para sembrar miedo en la población, lo que asimismo tenía como objetivo que los pobladores abandonaran a los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares rebeldes, y de paso abrirse paso y romper el cerco insurreccional.

Arriba queda relatado sobre cómo fue destruida la “Sierra Tres”, en Monseñor Lezcano. Los enfrentamientos armados se generalizaron en Acahualinca, Monseñor Lezcano, Loma Verde, Barrio Cuba, Morazán, Santa Ana y Balcanes, pues mientras un grupo de Combatientes Populares procedían a demoler la Tercera Sección de Policía GN, el resto de combatientes sandinistas se batían a tiros y bombazos en las calles de estos vecindarios, cumpliendo de ese modo con el Plan Militar Insurreccional de mantener ocupada a la gendarmería somocista genocida en este sector de Managua, para que no fuese a mover más tropas y equipos militares hacia la Zona Oriental o Principal Insurreccional.

La Guardia Nacional y la EEBI, repito, habían casi triplicado la cantidad de tropas y equipos militares para el lado de la  Zona Oriental-Norte de Managua y también en las dos Zonas occidentales.

Los guardias de la “Sierra 3” habían huido, unos; y otros fueron capturados y fusilados. Otro numeroso grupo del contingente móvil de guardias que se movía en esta Zona Noroccidental de Managua abrió huecos en el muro de la Escuela San Martín y se metieron.

Para comprender la envergadura de esta situación militar, se debe decir que la Guardia Nacional, reforzada con sicarios del CONDECA y mercenarios coreanos y salvadoreños, tenían contingentes de 300, o más, soldados en la Fábrica Gadala María, cantidad similar en el Cerro Batahola, otro tanto en ENACAL (frente a la Laguna de Asososca), otros 300 ó más soldados en todo el sector de la Embajada Norteamericana (en la Carretera Sur), asimismo otro contingente que avanzaba de la Refinería hacia Linda Vista y Monseñor Lezcano.

Los Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros no eran más de 50 los que contaban con unas pocas armas de guerra, portaban armas de cacería y ya para ese 14 de junio con escasez de tiros, según afirman Salvador Ramiro “Salvador” García Ramírez, José A y Santiago “Muerto” Núñez Solís. En total los Combatientes Populares sumaron unos 300 con todos los que se sumaron durante la Insurrección, y que recibieron algún entrenamiento rápido, deficiente.

Combate violentísimo y mortal, cuerpo a cuerpo,  dentro de Escuela San Martín

Conscientes del papel histórico que estaban jugando en el rol del Plan Militar Insurreccional, y a pesar de las limitaciones balísticas ya mencionadas, el Estado Mayor Conjunto del FSLN insurreccionado en esta Zona Noroccidental tomó la decisión de asaltar la Escuela San Martin muy de mañana del 14 de junio, combatir a los guardias somocistas genocidas allí mismo donde estaban metidos. Se calcula que eran unos 70 guardias, incluyendo los sicarios y mercenarios mencionados, los que se habían metido a la Escuela San Martin, ubicada  del Semáforo de Linda Vista  cuatro cuadras al Este y dos cuadras al Sur.

Aparentemente, los guardias intentaban tomarse y convertir en cuarteles esta Escuela San Martín, otros Colegios y edificios altos en esta Zona, para atrincherarse.

Los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, entre otros, Silvio Porras García, Arnoldo “Viejo” Real Espinoza, Alba Luz Portocarrero Flores, Efraim “Challuya” Téllez, Julián Vidaurre, Henry Mayorga Torres, José David Rocha, Félix “Cumba” Estrada Sandoval, José Alejandro “Marciano” Díaz Meza, Steve “Silvio Rodríguez” Mcqueen, Rodolfo Torres y Domingo “Chanchero” Martínez, inician el ataque militar sandinista guerrillero, a las ocho de la mañana,  contra la banda de asesinos somocistas que se han metido y atrincherado dentro de la Escuela San Martin.

El resto de Jefes Guerrilleros y Combatientes, Soraya Hassan Flores, Graciela Isabel “Linda” Barreto Orozco, Samuel “Samuelin”  Barreto, Leonardo Iglesias Medina, Salvador Ramiro “Salvador” García Ramírez, Santiago “Muerto” Núñez Solís, Enrique Gutiérrez Serrano, Armando Ibarra González, Eduardo Argüello Bohórquez, José Enrique Bermúdez, José Peña Gutiérrez, Pedro “Chaparro Henry” Meza, Pedro Antonio Túkler Rugama, Roberto “Gato” Díaz Meza, por ejemplo, en grupos, en escuadras militares sandinistas móviles, les hacían frente al resto de sicarios de la Guardia Nacional en los rumbos de Acahualinca, Santa Ana, Morazán, San Sebastián, Balcanes, Lomas de Guadalupe y el hoy Barrio Cuba, para que no lograran llevar tropas y equipos militares a la Escuela San Martin.

No había por dónde entrar al Colegio San Martin, porque los guardias habían cerrado los huecos con piedras canteras. Pero cometieron un error militar que les costó la derrota, una vez más. Dejaron fuera de la Escuela la pala mecánica con que andaban desbaratando barricadas y trincheras de combate.

En medio del tiroteo, José Domingo “Chanchero” Martínez, parapetado en muros y en la misma pala mecánica (estaba en la calle) se subió a ella y la encendió. Lanzó de forma violenta la pala mecánica con la enorme cuchilla hacia un punto del muro de la Escuela, derribándolo, metiéndose al predio, mientras sus compañeros Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares también ingresan abriéndose paso a balazos con fusiles Fal, Garand, Galil, rifles 22, rifles 30-30, revólveres calibre 38  y escopetas, parte de los cuales se habían recuperado en la destrucción de la “Sierra 3” o Tercera Sección de Policía GN”, hecho ocurrido el día anterior.

Eran las ocho de la mañana de ese día 14 de junio de 1979. Al instante se trabó un combate violentísimo, en algunos momentos casi cuerpo a cuerpo, aula por aula, por encima de los techos de los pabellones escolares.

“Fue un combate heroico, de aula a aula, en donde cayeron los compañeros que aún recuerdo:  Julián Vidaurre, Henry Mayorga Torres y Rodolfo Torres, eran primos. Cuando Rodolfo Torres ve caer a Henry Mayorga Torres, se levanta a quererlo socorrer y el francotirador le pegó un balazo en la cabeza, y lo mató”, recuerda Efraim “Challuya” Téllez, uno de los Combatientes Populares participantes en ese “descomunal combate”.

“Un combate que quedó grabado para la historia, recuerdo que los últimos  disparos fueron entre las cinco y seis de la tarde. Resultado en bajas: tres compañeros caídos heroicamente, ocho guardias de la EEBI fulminados a balazos, tres mercenarios asiáticos también abatidos (muertos), varios guardias se rindieron y se entregaron a los Combatientes Populares de Acahualinca”, añade  “Challuya” Téllez.

Otros guardias, al parecer la mayoría, lograron  huir cuando se vieron derrotados por menos de 20 Combatientes Populares que les asaltaron la posición militar en que estaban atrincherados dentro de la Escuela San Martin.

Escuadra de Combatientes Populares intenta abrirse paso por “Tinajones”

Al mismo tiempo, como la guardia estaba metiendo más tropas por el lado Sureste de Monseñor Lezcano, por medio de la Pista que atraviesa el vecindario y  ubicada al lado de la Iglesia de Monseñor Lezcano y del Cementerio Occidental (o General), y ya por la necesidad de buscar cómo hacer una Retirada o Repliegue de Monseñor Lezcano hacia San Judas, el Estado Mayor Conjunto del FSLN, jefeado por Silvio Porras García y Arnoldo “Viejo” Real Espinoza le dan orden a Salvador Ramiro “Salvador” García Ramírez para que con una escuadra móvil de Combatientes Populares explore  y se abra paso a tiros y bombazos por las cercanías del Restaurante “Tinajones”, entonces ubicado  esquina opuesta donde fue el Banco Nicaragüense, en Monseñor Lezcano, en rumbo a la Carretera Sur, por donde debía pasar, al siguiente día, el Repliegue Táctico de Monseñor Lezcano hacia el Barrio San Judas.

Un contingente de guardias, más soldados de refuerzo hacia el interior de Monseñor Lezcano, Salvador Ramiro no atina a precisar cuántos, pero dice que eran más de 100 con ametralladoras, una enorme cantidad de fusiles, granadas de fragmentación y una tanqueta. Quizás eran las cuatro y media de la tarde, cuando todavía se combatía ferozmente dentro de la Escuela San Martin.

La escuadra móvil, jefeada por Salvador Ramiro García Ramírez, pequeña, choca con el contingente de guardias. Se produce otro combate feroz, absolutamente desigual, pero ponen a raya a los guardias que iban avanzando hacia el lado de la Escuela San Martín. A la escuadra le lanzan una lluvia de granadas, los Combatientes Populares se protegen en muros que hay en el sector, pero uno de los charneles impacta en la cabeza de García Ramírez. En el mismo combate hieren de bala a Santiago Núñez Solís. En medio de la contienda militar, sus compañeros logran sacarlos a los dos y los conducen al Hospital clandestino del FSLN en Acahualinca.

Según Salvador Ramiro García Ramírez, uno de los sobrevivientes de la Masacre de Batahola, la situación militar se les ha complicado a los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares por la escasez de municiones, carencia de comida y complicaciones con los heridos civiles que llegaban en abundancia a los Hospitales Clandestinos, fundamentalmente por el bombardeo aéreo genocida de la Guardia Nacional somocista. Todo el día 14, igual que en días anteriores, caía una lluvia de morteros, bombas de 500 y 1, 000 libras, más ráfagas de ametralladoras calibre 50, eran lanzados por aviones desde el aire en contra de toda las dos Zonas: Noroccidental y Suroccidental de Managua.

Salvador Ramiro indica que a los guardias les habían arrebatado decenas de fusiles automáticos, muchos de ellos nuevecitos, pero sin balas. “Ya en esos momentos del combate con la guardia por el Restaurante “Tinajones”, quienes andamos con tiros en los fusiles somos apenas unos 15 Combatientes, y éramos en total unos 300 Combatientes…!Imaginate¡ Ya era indispensable buscar la Retirada o Repliegue Táctico hacia San Judas, u otro lado”, considera Salvador Ramiro “Salvador” García Ramírez, actualmente ya jubilado.

Los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares en esta Zona Noroccidental de Managua han derrotado nuevamente a los guardias somocistas genocidas y sus mercenarios coreanos y centroamericanos, pero la situación militar se les vuelve insostenible.

Combates muy violentos y mortales en Catorce de Septiembre y Colonia Nicarao

Dije antes que la Guardia Nacional somocista había lanzado una nueva ofensiva militar (12 y 13 de junio), de enorme envergadura, con el fin de romper el cerco de la Insurrección Sandinista en los Vecindarios Orientales. Esa ofensiva la iniciaron por el lado de la Comarca Sabana Grande, la ampliaron contra los vecindarios de la Carretera Norte, metieron un tercer contingente por los llamados “Cebollales” del Reparto Schick Gutiérrez  y el Asentamiento La Fuente; un cuarto contingente que el mismo 13 de junio en la tarde había desbaratado barricadas y trincheras de combate por el lado Oeste de La Fuente, se habían metido por las construcciones del Hospital Oriental (Manolo Morales Peralta) y del actual Mercado Carlos Roberto Huembes, donde instalan, en los edificios, a decenas de francotiradores; y otro contingente de guardias que igualmente avanza por encima del  Barrio “Rebusca”, una parte del Barrio México y la Colonia Máximo Jerez, en busca de cruzar por el Barrio Riguero hacia el Reparto El Dorado.

Por el lado de Rubenia, en la orilla de la Pista Sabana Grande, el  mismo contingente que han combatido las escuadras de Humberto del Palacios González, la  Columna “Jorge Navarro” de José Ángel Benavidez, las de Ramón Cabrales Aráuz, las de  César “Moisés” Augusto Silva y la Columna “Juan de Dios Muñoz”, encabezada en ese momento por Juan Carlos “Marcial” Soza Aragón, por ejemplo, está también tendido en el lado Norte (entrada Norte) de Jardines de Veracruz, frente al Reparto Rubenia.

¿Cuántos sicarios y mercenarios del somocismo genocida eran en total? En cada uno de los contingentes de gendarmes mencionados, los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares afirmaban que eran no menos de 400 efectivos militares, dotados de tanquetas, tanques, decenas de ametralladoras, cada uno de los guardias hasta con dos fusiles automáticos, nuevecitos; al menos uno de los camiones repletos de tiros y abundancia de comida enlatada;  con radiocomunicadores en cada uno de los camiones, una enorme cantidad de bombas de fragmentación, respaldados con una o dos palas mecánicas para destruir barricadas y trincheras de combate; bayonetas superafiladas, medicinas curativas en abundancia, al menos dos ambulancias con sus paramédicos en cada contingente.

Eran seis contingentes de guardias los que estaban en movimiento ofensivo sanguinario enorme, de “tierra arrasada”, porque iban matando seres humanos y robando,  ese día 13 de junio, y para el amanecer del 14 de junio, lo cual en realidad había recomenzado el 12 en la mañana.

“Tenemos armas y municiones para combatir 100 años, si queremos”, repetía en el radio comunicador de la Central de Policía el esbirro somocista coronel Nicolás Valle Salinas, mientras los patriotas, los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares (Patriotas voluntarios como Sandino y el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional) eran pocos en esta contienda, y contaban con muy pocas armas de guerra, con escasez de tiros, sólo con unas pocas ametralladoras en la Zona Oriental y Norte, o Zona Principal, con una sola ametralladora calibre 30 en la Zona Suroccidental, teniendo que transportar sus heridos en hombros, en carretones y arrastrados; tienen que enviar mensajes a sus jefes por medio de “correos” clandestinos (estos son Combatientes), porque no poseen radiocomunicadores como los de la guardia;  ya con muy poca comida, abrumados también por la escasez de medicinas y acosados en este momento por la gendarmería sanguinaria del régimen genocida de Anastasio Somoza Debayle: tirano, déspota, dictador, opresor, ladrón.

Ya es 14 de junio de 1979.  Relataba que las columnas o escuadras de Humberto “Cucharita, Alex” del Palacios González, la “Jorge Navarro” de José Ángel Benavidez,  la “Juan de Dios Muñoz”, etc.,  venían retrocediendo y haciendo guerra de guerrillas, móvil, golpeando, sorprendiendo a los guardias desde Villa Libertad, hasta llegar de nochecita al Este de la Colonia Catorce de Septiembre, donde el grupo de Palacios González se queda en una casa, donde, además, había un francotirador GN.

Precisamente, la presencia de este francotirador GN sanguinario le permite al contingente de guardias, acantonados al Suroeste del Reparto Jardines de Veracruz, establecer que la columna o escuadra de Palacios González se ha quedado en esa casa de la Colonia Catorce de Septiembre, y algo totalmente parecido hacen otras columnas como la “Juan de Dios Muñoz”, el propio José Ángel Benavidez y otro grupo numeroso de Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros que venían combatiendo a los gendarmes sanguinarios desde Villa Libertad.

Cada uno de estos grupos militares sandinistas envían “correos” clandestinos donde sus jefes militares respectivos, para dar a conocer lo que les pasó en todo el día 13; indican dónde se han quedado y con qué propósito, y al mismo tiempo piden orientaciones militares sobre qué hacer.

Según Humberto “Cucharita, Alex” del Palacios González, Jefe Guerrillero, dirigente barrial de la Tendencia Proletaria, indica que los “correos” clandestinos regresaron con orientaciones y un poco de comida para las escuadras o columnas respectivas, las cuales estaban ubicadas en distintos puntos de la Colonia Catorce de Septiembre. Palacios González estaba en el lado Sur, Juan Carlos “Marcial” Soza Aragón y José Ángel Benavidez estaban en la esquina Norte, frente al  Reparto Rubenia y los llamados Semáforos de Rubenia.

En esta situación militar de vida o muerte, cada una de las escuadras y columnas de Combatientes Populares, en todo el ámbito insurreccional sandinista de Managua, se turnaban o alternaban la llamada “posta” o vigilancia, para no ser sorprendidos dormidos por los enemigos, y además con una contraseña para poder ingresar donde ellos estaban ubicados.

Los grupos  militares revolucionarios de Juan Carlos “Marcial” Soza Aragón y José Ángel Benavidez, por medio de un trabajo de inteligencia, establecen con alguna claridad dónde quedan acuartelados los guardias dentro de Jardines de Veracruz, Asentamiento Santa Emilia (Omar Torrijos Herrera), tendidos en la propia Pista Sabana Grande, y de cómo “Chele” Zepeda, con labor de francotirador, ha quedado herido gravemente y entrampado en el lado Sur de Rubenia. Organizan un comando sandinista para rescatarlo, un poco después de las once de la noche, pero no es posible porque la Pista Sabana Grande y Jardines de Veracruz están repletos por el guarderío sanguinario genocida que venía matando gente desde Sabana Grande, pasando por la Colina 110.

Hacen un nuevo intento de rescate a la una de la mañana del 14 de junio, pero cuando van saliendo clandestinamente ven que “Chele” Zepeda viene caminando con dificultades en la oscuridad, con las piernas vendadas con pañuelos y pedazos de su camisa. Había evadido a los guardias arrastrándose por al menos un centenar de metros.

Humberto del Palacios González y los Combatientes comandados por él, estuvieron listos a las cinco de la mañana del 14 de junio de 1979, pues estaban claros de que la gendarmería sanguinaria del somocismo reiniciaría muy de mañana su ofensiva militar contra el cerco insurreccionado.

Efectivamente, a las cinco de la mañana el guarderío asesino estaba encendiendo los motores de las tanquetas, palas mecánicas, camiones, jeepones y camionetas que tenían en el campamento provisional de su marcha de “tierra arrasada”, en el Suroeste del Reparto Jardines de Veracruz.

En ese momento, a las cinco de la mañana, la columna o escuadra de Palacios González, cada uno de sus integrantes, alertas, con fusiles y escopetas en manos, ubicados en posiciones de combate, estaban bebiéndose un cafecito hecho por ellos mismos, más comiendo unos frijolitos con tortillas que les habían mandado sus Jefes Guerrilleros con los “correos” clandestinos.

Serían las cinco y media de la mañana, ya con el alba o amanecer muy claro, cuando repentinamente el techo de la casa en que estaban recibió el impacto brutal del cañonazo de un tanque. El techo se estremeció, y una parte se vino al suelo. Dichosamente, todos estaban en posiciones de combate, fuera de la casa. ¿Cómo fue posible que el techo recibiera el cañonazo?

Los integrantes de las Columnas y Escuadras jefeadas por José Ángel Benavidez y Juan Carlos “Marcial”  Soza Aragón, en la esquina Noroeste de la Colonia Catorce  de Septiembre, contiguo a la Ferretería “Joroba”, casi al mismo tiempo saborean un cafecito caliente y frijoles fritos calientes,  frente al Semáforo de Rubenia y frente a un predio montoso, donde hoy son la Gasolinera y el Barrio Unión Soviética, cuando son atacados por la gendarmería sanguinaria con fusilería, ametralladoras y tanquetas. En este momento del 14 de junio de 1979 comenzó uno de los combates de resistencia en movimientos más heroicos de la Insurrección Sandinista en la Zona Oriental, o Principal, de Managua.

Masacre sanguinaria del “Kilocho”

Este día 14 de junio fue horrible en matanzas ejecutadas por  la Guardia Nacional genocida. Iniciaron la mañana de ese 14 de junio con intenso bombardeo aéreo en las dos Zonas Insurreccionadas de Managua. Aquello, en el aire, en el espacio aéreo de Managua, parecía una zopilotera de aviones descargando una enorme cantidad de bombas mortíferas sobre la población indefensa de Managua, Capital de Nicaragua.  Era francamente horrible, pues apenas amanecía cada día, se reiniciaba el bombardeo aéreo sanguinario genocida del tirano asesino con su Guardia Nacional.

Continuaron matando a 35 jóvenes, casi todos de San Judas, en el llamado “Kilocho Sur”, en el kilómetro ocho de la Carretera Sur, muy temprano en la mañana.

De acuerdo con el relato de Cristóbal “Gersán” Guevara Casaya, miembro del Estado Mayor Conjunto del FSLN y jefe de la columna No. 8 de la Zona Suroccidental de Managua, cumpliendo las orientaciones militares del Estado Mayor General del Frente Interno, a su vez Gabriel “Payo” Cardenal Caldera, le orienta a él, “Gersán” Guevara Casaya, que vuelva a ocupar y a construir barricadas y trincheras de combate en el “Kilocho Sur”, porque un contingente de guardias podría meterse por allí y encerrar a los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares de San Judas, Loma Linda (Sierra Maestra), Villa Roma y Torres Molina (Camilo Ortega Saavedra), y matarlos a todos.

El día anterior, 13,  como hemos visto se había registrado en el “Kilocho Sur” un combate contra un contingente de guardias que, precisamente, intentaba meterse por el lado del Reparto San Patricio hacia San Judas, utilizando el camino  accidentado del lado de Valle de Ticomo.

“Debemos mantener esa posición del “Kilocho Sur” como sea, es estratégico para nosotros, para mantener los combates móviles en el Sur de San Judas, y para que no nos vayan a matar a todos”, le dice “Payo” Cardenal Caldera a “Gersán” Guevara Casaya.

La columna No. 8 estaba integrada, mayoritariamente,  por muchachos muy jovencitos, algunos de 15 y 16  años, tenían muy poco entrenamiento militar, y en total eran unos 43, de acuerdo con el testimonio de “Gersán” Guevara Casaya.

El testimonio de “Gersán” indica que él, muy de mañanita, fue hasta dónde estaban acantonados estos muchachos “en la antena de Torres Molina”.  Allí les habló de la nueva misión encomendada por el Estado Mayor, y entre todos analizaron que tenían muy pocos fusiles, sólo un Fal, un Galil y un Cal y, además, con pocos tiros; el resto eran escopetas, rifles 22 y pistolas.  Era una situación totalmente desventajosa, especialmente tomando en cuenta que durante la noche anterior habían obligado a huir a un contingente de guardias en se mismo sector, y que posiblemente esta vez llegarían con el triple de tropas y de equipos militares.

Sin embargo, esa era la lógica de la guerra en movimiento en la Zona Suroccidental de Managua, para que la Insurrección Sandinista se pudiese sostener más tiempo en la Zona Oriental de Managua.

Entre los Combatientes Populares se cuentan Ernesto Martínez H.,  Sergio Mercado, “Tierrita”, “Vitamina”, el “Hermano Chepe Bombón”, Róger Mendoza, Manuel Calderón, Alfonso y Ramiro, Antonio Salgado Montenegro, Ramiro Córdova, Alfonso Flores, Aura Lila “Verónica” Mendoza, David Guevara Casaya, César Cubillo, Juan, Domingo y Leonel (del OPEN TRES) y Polín Delgadillo.

“Gersán” Guevara Casaya llega con la columna al “Kilocho Sur” un poco después de las siete y media de la mañana. Los alrededores se ven limpios de guardias, sin embargo lo  que ocurre en pocos minutos pareció demostrar que allí mismo la gendarmería sanguinaria del somocismo genocida había dejado espías para que les informaran de la posible llegada de jóvenes s andinistas insurrectos.

Ya queda descrito que allí en el “Kilocho Sur” está una entrada adoquinada, al Este, del Reparto San Patricio, que es la entrada hacia San Judas, Loma Linda, Villa Roma y Torres Molina, por donde los guardias intentaban penetrar para encerrar a los Combatientes de San Judas y matarlos; también el Club Nocturno Tropicana, los tanques de agua potable de ENACAL, una antena de radiocomunicaciones en la falda Oeste de la Laguna de Nejapa, el Puesto de la Guardia en el Empalme hacia León y, por supuesto, el paso de la Carretera Sur.

Una de las orientaciones que debían poner en práctica “Gersán” Guevara Casaya con su columna No. 8, era reconstruir las barricadas, quitar un alambrado, instalarse allí en plan de combate para impedir la entrada de la gendarmería de asesinos de la GN.

Apenas se estaban acomodando para realizar estas tareas insurreccionales, minutos antes de las ocho de la mañana, cuando repentinamente aparece un helicóptero militar que sube desde el lado del hueco de la Laguna de Nejapa, y desde que asoma “narices” comienza a dispararles morteros (de bazukas) y ráfagas de ametralladora calibre 50. Hasta ese 14 de junio aparecen en escena de guerra, de ataques mortales a la población con morteros y ametralladoras, estos helicópteros, que hasta ese momento los tenían destinados a lanzar bombas de 500 y 1,000 libras y bombas incendiarias.

“Gersán” Guevara Casaya había tomado la decisión de colocar a los muchachos jovencitos y desarmados en labores de desmontar el alambrado y construir nuevamente las barricadas, todo lo cual ocurría en los lados del Tropicana. Los Combatientes más experimentados buscaban parapetos para en caso de que tuvieran que combatir.

La alambrada se convirtió en barrera para que los muchachos buscaran protección inmediata, y además quedaron sorprendidos por la aparición del helicóptero disparándoles morteros, y casi al instante aparecieron una tanqueta, una ametralladora calibre 50 montada en un jeepón, del lado Norte, es decir, del “Kilómetro Siete Sur”, más unos 300 guardias, todos con fusiles automáticos, que al parecer ya estaban emboscados en los bordes de la Laguna de Nejapa.

“De pronto sentimos los grandes rocketazos del helicóptero, que estallan al lado Sur de los tanques de agua. La tanqueta apenas asoma en la cima empieza a disparar y los adoquines salen volando como naipes. La ametralladora 50 que traen emplazada no se detiene de disparar. No nos permiten sacar ni la punta de uno de los fusiles, para responder”, relata “Gersán” Guevara Casaya en un informe escrito después del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista.

Continúa “Gersán” Guevara Casaya: “Son momentos de desconcierto. Yo no pude seguir diciendo nada. Manuel Calderón está disparando. Alfonso y Ramiro están protegidos por el torreón con los Garand.  Arriba del torreón estaba Leonel (compañero del OPEN III). Los chavalos que estaban frente a mí, corren media cuadra arriba, y se protegen en una casa, al lado derecho. Toñito Salgado Montenegro estaba disparando. Pude ver hacia el Sur y vi que muchos compas trataban de pasarse la alambrada que no se removió, ni la noche anterior ni hoy por la mañana. Esta fue una de las fallas que terminó cobrando las vidas de mis compañeros”.

“Dirigí la mirada a mi izquierda, y vi que está muerto un compa. Le digo a Manuel Calderón que tenemos que salir de aquí. Manuel se arrastra hacia mí, disparando. La barricada está muy ralita, casi derrumbada, y en ese movimiento lo impactan. No sé si está muerto, pero no se mueve. Yo no sé  nada de los otros compas en esos minutos, sólo sé que estamos muriendo. A mi izquierda está Domingo  (compa del OPEN TRES), acostado en el asfalto y cargando los magazines de mi Fal. Más allá está Juan, un compa de Loma Linda”.

“Les ordeno que salgamos corriendo para arriba, donde está el otro grupo de compañeros y nos protegemos detrás de la casa. Les ordeno a los muchachos que traten de cruzar el parque, mientras yo los protejo con disparos del Fal. Juan con un rifle 22 y  Domingo con una 38. Estamos en la parte de atrás de la casa. Les ordeno a los muchachos que traten de cruzar el parque mientras yo los protejo con el Fal.  Estamos en la parte de atrás de esta casa (la única del lado derecho), pegados a la pared escucho como si hubiese una trasmisión de radio, pero no sé de dónde porque los rocketazos del helicóptero, la tanqueta y las ametralladoras no permitían ninguna orientación”, relata “Gersán” Guevara Casaya en su informe.

“En la esquina que se forma en el límite Noroeste de la tapia, aparece un hombre chele, grande de aspecto como de gringo, vistiendo ropa civil y camina para el Sur, pegado a la tapia. En la esquina del Tropicana (en el parqueo) están Ramiro Córdova, Alfonso Flores, Aura Lila Mendoza, mi hermano David, César Cubillo, Polín Delgadillo y otros jóvenes, resistiendo frente a la tanqueta, la infantería, el helicóptero y todo lo que el enemigo trae. La barricada está desintegrada, ya no hay nada, sólo muertos”.

“El chele (gringo) que viene caminando no porta armas, lo que me hace pensar a mí que es uno de los moradores de la vecindad. De repente en la esquina de la tapia asoma un casco de malla color oscuro, casi negro…!!Hijueputa¡¡, son los mercenarios. Le pongo el Fal y le disparo. El chele retrocede y se ampara en la esquina. Al lado Oeste ya la GN ha logrado apoderarse de la esquina Norte, o intersección de la Carretera Sur. En la esquina Este del parque, una cuadra al Este, los mercenarios se están metiendo hacia el Sur del Reparto San Patricio. Siento que nos tienen acorralados en todas direcciones. No tenemos salvación”.

Una roca salvadora en el dreno

“En estos momentos de extrema tensión, uno actúa como por instinto. No hay tiempo para la elaboración de ideas, sólo para actuar a lo que el instinto indique, si es buena la decisión te salvas, y si no, te quedas. Les ordeno a Juan y a Domingo que corramos al dreno (canal muy superficial) que se forma al final de la bajada, en la salida del lugar. El dreno es una zanjita arenosa, nada profunda. La vegetación natural era un zacate parecido al de limón que cubría espesamente los bordes”.

“Cuando los mercenarios asiáticos y los GN nos ven en la zanjita, vienen rasurando el monte a punta de metralla, como una chapodadora encima de nuestras cabezas. Nosotros nos arrastramos besando el fondo del canalito, comiendo arena. Al avanzar 100 metros al Sur, ya no tenemos salida. Dichosamente, en este punto estaba una roca (de ½ metro) en el borde superior Este. El dreno en este punto tiene su máxima profundidad (H= 2 pies máximo), es el fin, después se encuentra el borde del pavimento”.

“Estamos vencidos. Completamente acorralados. Al Sur de una fila de casas formando noventa grados con la tapia (del fondo del patio) de las casas del lado Este de la Carretera Sur.  La terminal de esta tapia está atrás de nosotros y continúa para el lado de la Carretera Sur”.

“Al Noreste la guardia nos está ganando el parque. El enemigo se está parapetando en los árboles gruesos. Al Oeste un predio vacío. La infantería con los de la tanqueta se está ocupando sólo con los compañeros que se han podido replegar por las alambradas. Alfonso, Ramiro, David y Ernesto se están logrando salir del fuego enemigo. Por eso, el enemigo no pone atención a nosotros que nos tienen al fondo de la pendiente, camuflados por el monte del canalito. La concentración del fuego enemigo permitía ver minúsculas rayas (de las balas) en el aire”.

“Estamos disparando, respondiendo, pero ya no podemos mucho. Estamos dominados en todos los flancos, solamente protegidos por la roca. Puedo apreciar que unos guardias se están cruzando para las casas del lado Sur y les espero que pretendan cruzar  a la otra. Cuando quieren cruzar, pongo en ráfaga el Fal y me los echo. Justo entonces el Fal se enconcha. Trato de destrabarlo en estos segundos que pasan, el enemigo avanza y lo tenemos encima, muy, muy cerca. Ellos son muchos, en cada uno de los árboles se encuentra uno apostado, con toda la superioridad, con inmensa superioridad en relación con nosotros”.

“Los tres nos miramos angustiados, sentimos que la muerte ya nos está abrazando. ¡Patria Libre o Morir, aquí nos quedamos¡ Juan dispara su arma y Domingo su 38. Yo finalmente logro destrabar el Fal y disparo en ráfaga. Cambio el magazine del Fal, que significa el último, y les digo: Ya no tenemos municiones. Tratemos de saltar el muro de atrás. Es nuestra última posibilidad. Yo saldré primero y los cubriré desde detrás del muro con disparos del Fal, y luego ustedes traten de saltar”.

“Cuando salgo corriendo, puedo sentir los impactos de bala en el muro como una lluvia horizontal que emite sonidos bofos, que van perforando los bloques delante de mí y detrás de mi carrera. Cuando pretendo lanzar el Fal  al otro lado del muro, me impactan en la empuñadura y me hieren en la mano izquierda. A la orilla del muro estaban unas matas de chagüite, y en el montoncito de ellas que hace más altura, tomo impulso para saltar. En la cresta del muro tiene vidrios puntudos incrustados, pero creo que no los toqué porque caí de espaldas al otro lado y quedé unos segundos sin aire en los pulmones, sin poderme incorporar. Me levanto y corro en busca del Fal. El arma (el Fal) estaba llena de lodo, la tomo y disparo. Juan logra saltar. Yo pretendo quedarme a la espera de  Domingo, pero Juan ya va corriendo y me hace señas de que nos retiremos. Juan me dice: “Yo no sé, pero él (Domingo) no pudo correr, le dieron. Disparo una vez más y el Fal termina de enconcharse por completo.”.

“Juan y yo corrimos para el Sur. Cruzamos unas cercas y luego caímos a una zona montosa. Corrimos no sé ni cómo, casi por reventar nos detuvimos. La maldita ametralladora 50 no cesó de disparar ni un instante en la humanidad de nuestros compañeros que se ampararon en el Tropicana. Fuimos, quizás, de los últimos en escaparnos de esta masacre. El enfrentamiento, a pesar de ser totalmente desigual en cantidad de hombres, armamentos y entrenamiento militar, duró mucho tiempo, tal vez dos horas”.

“Las pérdidas humanas son casi todos los Combatientes Populares de San Judas (los de mi cuadra). Aura Lila “Verónica” Mendoza, Apolinar “Polín” Delgadillo, Ernesto Martínez H., César Cubillo, “Pepe” guerrillero inclaudicable;  “mi compa de la “Morita”, Domingo y Leonel, heroicos guerrilleros; mis hermanos del OPEN III, y otros jóvenes más de San Judas y Loma Linda”, concluye Cristóbal “Gersán” Guevara Casaya mediante un informe de lo que pasó cuando fueron masacrados por la Guardia Nacional somocista genocida, su EEBI de asesinos, mercenarios del CONDECA y mercenarios asiáticos que la GN había contratado para matar más nicaragüenses.

Otros testigos presenciales y sobrevivientes de esta masacre de la GN en el “Kilocho Sur” indican que los guardias sobrepasaban los 300. Señalan que inclusive la soldadesca criminal tenía otra tanqueta disparando desde el lado Sur (por el empalme), y que en realidad también fue  usado un segundo helicóptero artillado y un avión Push and Pull.

Esos mismos testigos señalan que una vez derrumbados a tiros y morterazos la mayoría de  jovencitos Combatientes Populares, desarmados, los guardias llegaron hasta el alambrado y por detrás del Club Tropicana, disparando balazos de remate en la cabeza de todos los que ya estaban muertos, inclusive a los que estaban vivos.

Terminada esta obra macabra, la nueva masacre al estilo nazifascista alemán de Hitler, estos grupos de sicarios sangrientos usaron otra pala mecánica para juntar los cadáveres en un solo sitio, y después con la poderosa “cuchara” o “cuchilla” metálica amontonaron los cuerpos de los jóvenes en un solo punto, y como cualquier puñado de basura los lanzaron dentro de un camión volquete. Lo mismo hicieron estas bestias del somocismo genocida en la Colina 110, y otra masacre mil veces peor ejecutaron al siguiente día, 15 de junio de 1979, en Batahola, a la orilla de la misma Carretera Sur, casi en los muros del lado Este de la Embajada Norteamericana, desde donde también les dispararon a estos otros masacrados.

Ya con los cadáveres en el tráiler del camión volquete, del Distrito Nacional, enrumbaron hacia el Sur, en la misma Carretera Sur, y lanzaron los cuerpos de los 35 jóvenes asesinados en una cuesta llamada “Vuelta de la Gallina”, en la Carretera que va de El Crucero hacia el Balneario de Masachapa, ubicado en el Sur del Departamento de Managua.  Esto fue confirmado plenamente porque el propietario de un restaurante italiano, ubicado en el mismo sector del “Kilocho “Sur”, siguió a los sicarios que fueron a botar los cadáveres unos 300 metros hacia adentro de un bosquecito, en la llamada “Vuelta de la Gallina”.

Después del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista, los restos de estos heroicos jovencitos Combatientes Populares de San Judas, Loma Linda, Villa Roma y OPEN III (Ciudad Sandino), fueron encontrados dispersos en unos 500 metros cuadrados allí en la “Vuelta de la Gallina”, incluyendo una cañada profunda de este sector de  El Crucero. Esto hace suponer que los cuerpos fueron devorados por animales silvestres, incluyendo zopilotes. Así era de cruel y sanguinario el somocismo genocida.

Guardias aniquilados  en San Patricio y en San Judas

Esta contienda militar contra el somocismo genocida en este sector geográfico de Managua, “Kilocho Sur”, Colinas de San Patricio, Suroeste de San Judas y centro de San Judas, no terminó al quedar concluida la masacre de los 35 jóvenes Combatientes Populares.

Al quedar “limpia” la entrada del camino a  San Judas por dentro de San Patricio, esta gendarmería sanguinaria pretendió meterse por esta vía a San Judas, y a menos de 200 metros se toparon con un recio recibimiento balístico de los Comando Revolucionarios Cristianos (CRC), cuyos Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares habían acudido  a este sitio, precisamente, para impedir que ingresaran por el Suroeste de San Judas.

Tan sólo pudieron llegar adonde los Combatientes Populares, jefeados por “Gersán” Guevara Casaya,  habían derribado el ceibo a punta de machete, pues allí en ese sitio fueron aniquilados más de 50 guardias. Similar situación militar les ocurrió a estos sicarios sanguinarios somocistas al intentar cruzar la Colina de San Patricio, igualmente hacia San Judas, pues allí se encontraron con el grupo de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares que jefeaba Miguel Ángel ”Pedro” Navarrete, según el relato escrito de Cristóbal “Gersán” Guevara Casaya.

La gendarmería que cometió la masacre en el “Kilocho Sur” retrocedió hacia el “Kilómetro Siete Sur”, donde también les salió disparando de forma fulminante otra columna de Combatientes Populares, enviada por “Payo” Cardenal Caldera con ese propósito. Los  Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares atacan por detrás, costados y desde árboles, y al mismo tiempo se repliegan en forma rápida para no caer en emboscadas. Los guardias están siendo golpeados severamente con este tipo de “guerra revolucionaria en movimiento para minar al enemigo, desmoralizarlo, cansarlo, empantanarlo”, analiza 38 años después Víctor Cienfuegos Aburto.

Los gendarmes sanguinarios reciben más refuerzos del lado del Cerro Batahola y de los alrededores de la Embajada Norteamericana, y finalmente se quedan posesionados del trecho de Carretera Sur entre los kilómetros Siete Sur y Nueve Sur. El Nueve Sur es en el Empalme de las Carreteras Sur y Vieja a León.

Las otras siete columnas organizadas por el Estado Mayor Conjunto del FSLN en la Zona Suroccidental, después del Repliegue a la Comunidad Meneses, descrita antes, como dije bajaron nuevamente a San Judas por órdenes de ese Estado Mayor y de su jefe Gabriel Cardenal Caldera, con el fin de “Mantener la Guerra revolucionaria de movimientos, de hostigamientos constantes a los guardias sanguinarios genocidas, para que no muevan estas tropas hacia la Zona Oriental, o Zona Principal Insurreccional”, donde también en estos momentos, en la mañana y al medio día del 14 de junio de 1979, los combates contra la ofensiva de la GN son muy violentos y heroicos por parte de los Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y Milicianos recién entrenados en los patios de las casas de las Colonias, Barrios, Asentamientos y Repartos de la Zona Oriental de Managua.

Las columnas de Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y Milicianos han bajado a San Judas y entrado en choque militar violento contra la soldadesca sanguinaria que se había tomado casi todo San Judas y Loma Linda mientras los Combatientes se habían replegado hacia los Lomos de El Crucero.

La gendarmería somocista, quizás otros 500 soldados GN y mercenarios, tenían ya tomadas las Lomas de San Judas, el Centro Comunitario en construcción, el Aserrío, la Colonia “Independencia” (Héroes y Mártires del Bocay), las entradas Norte de San Judas, estaban en el ZUMEN y el Centro Cívico, y avanzaban hacia el Sur con dos tanquetas, un tanque Sherman, cinco ametralladoras montadas en jeepones, la soldadesca con fusiles automáticos, nuevecitos, amparados en los camiones y en las tanquetas.

La nutridísima balacera en esta Zona Suroccidental de Managua se oía clarita en la Zona Oriental de Managua. En medio de estos combates dentro de San Judas cae combatiendo heroicamente René Cisneros Vanegas, uno de los miembros del Estado Mayor Conjunto y uno de los jefes principales del Estado Mayor de la Tendencia Proletaria en esta Zona Suroccidental de Managua. Son baleados Boanerges y Adrián Meza Soza, otro de los jefes principales del Estado Mayor.

Al mismo tiempo, las dos Zonas Suroccidental y Noroccidental eran sometidas a la barbarie del bombardeo aéreo somocista, lo cual estaba ocurriendo con salvajismo inaudito también en la Zona Oriental y Norte de Managua.

Precisamente ese día jueves 14 de junio el bombardeo aéreo fue extraordinariamente destructivo en viviendas de vecindarios como Catorce de Septiembre, Nicarao, Santa Julia, Bello Horizonte, Santa Rosa, Blandón (Costa Rica), Meneses (Venezuela), Santa Bárbara (Edmundo Matamoros), Salvadorita (Cristhian Pérez Leiva), Maestro Gabriel, Ducualí, Luis Somoza (Diez de Junio), Don Bosco, El Dorado, Larreynaga, Villa Progreso, Xolotlán, etc.

Matan a niños Gina y Pilin, en Bello Horizonte

Ese día 14 ese bombardeo aéreo somocista sanguinario mató a los niños hermanitos Gina y Pilín, en la Etapa III de Bello Horizonte, en las cercanías del Instituto Experimental México, el cual ya funcionaba como uno de los dos Hospitales clandestinos en este sector Oriental y Norte de Managua.

Ambos niñitos iban agarrados de las manitos y portando un salveque de comida para familiares suyos que estaban en trincheras de combate, cerca del Instituto Experimental México, cuando fueron impactados por charneles de rockettes lanzados desde aviones Push and Pull sobre Bello Horizonte y todo el sector mencionado.

Casi al mismo tiempo, una bomba de 500 libras explotó dentro de una casa de la Etapa II, contiguo al cauce, matando a varios miembros de una familia de ciudadanos de la Costa Atlántica. En el centro de la misma Etapa II, al Sur de Bello Horizonte, contiguo al Barrio Meneses (Venezuela), Salvadorita (Cristhian Pérez Leiva) y Maestro Gabriel, cayeron varias bombas de 1,000 libras dentro de viviendas, dejándola casi totalmente destruida. Dichosamente esas familias, propietarias de estas viviendas, no estaban: unos habían salido a buscar comida y otras andaban laborando en la Insurrección Sandinista. Estas familias eran vecinas de Juan “Tonatiú” Rivera, uno de los Combatientes Populares de Bello Horizonte, quien llegó a ser Comisionado de la Policía.

Decenas de estos rocketazos y bombas de 500 y 1,000 cayeron en las cercanías de la Rotonda de Bello Horizonte porque los pilotos sanguinarios genocidas habían detectado allí la presencia de Brigadas y Columnas Móviles de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares insurrectos, pero jamás daban en el blanco, y las bombas caían dentro de las viviendas.

Dos de esas bombas de 500 y 1,000 libras cayeron a media cuadra Norte de la casa de Pablo E. Barreto Pérez, en la Etapa II, exactamente en el andén de la casa de Alfredo Díaz. Estas bombas cilindrícas muy pesadas fueron las únicas, caídas en Bello Horizonte, que no explotaron ese día 14 de junio. Este tipo de bombas de 500 y 1,000 libras eran lanzadas desde helicópteros (eran varios) que se ubicaban a varios miles de pies de altura, para que no los alcanzaran las balas de fusiles y armas de cacería.

A este sitio donde no explotaron estas bombas llegó Róger “Aniceto”, Camastrón” Cabezas Gómez, sandinista insurrecto especialista en explosivos, para desactivarlas, “y utilizarlas para fabricar otros explosivos que usaremos contra los guardias somocistas”.

Fue la primera vez, digamos, desde el inicio de la Insurrección Sandinista, que hubo una gran cantidad de heridos y muertos, más destrucción generalizada por el bombardeo aéreo criminal del somocismo. Los  heridos por charneles fueron llevados por miembros de los Comités de Defensa Civil, en hombros y en carretones de manos, al Hospital clandestino en el Instituto Experimental México, donde ya había varios médicos y enfermeras voluntarios. También ya estaba funcionando el Hospital clandestino Silvia Ferrufino Sobalbarro en una casa de la Etapa IV de Bello Horizonte, una cuadra al Norte y media al Este del Experimental México.

La caída de rockettes y bombas de 500 y 1,000 libras fue generalizada, durante casi todo el día, en estos vecindarios mencionados, y fue común igualmente que miembros de los Comités de Defensa Civil y Combatientes Populares trasladaran de emergencia en hombros y en carretones de mano a centenares de heridos a otros Hospitales clandestinos en el Reparto Dorado, en la Iglesia Sagrada Familia, del Barrio Ducualí; y en el Sur del Barrio Santa Rosa, donde igualmente ese 14 de junio fueron destruidas  decenas de viviendas por las explosiones de bombas lanzadas por la Guardia Nacional.

Morterazo mata a familia del doctor Mendoza

Mientras se desarrollaba un combate feroz por los lados Este, Norte y Sur de la Colonia Catorce de Septiembre, precisamente, un rockettes cae dentro de la casa del doctor Mendoza (médico) y mata a varios miembros de su familia. Varios resultan heridos y son llevados en hombros al Hospital clandestino de la Iglesia Sagrada Familia.

La matanza de seres humanos, ejecutada por la Guardia Nacional somocista genocida, no paró allí, pues a las cinco de la tarde de ese mismo día 14 fue asesinado un niño de apellido Poesí, en el Sur de la Etapa II de Bello Horizonte. El niño, de cinco años, se cruzó la calle para visitar a un amiguito frente a su casa, cuando fue “pegado” por un francotirador GN sanguinario que estaba subido en el ceibón del lado Noreste del Barrio Meneses (Venezuela).

Los combates en la Zona Suroccidental de Managua cesan ya de noche, porque cuando es ya oscuro la soldadesca sanguinaria no se atreve a meterse a ningún lado, pues saben que los Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y Milicianos conocen el terreno como sus manos, porque allí viven, y en cambio los guardias son cazados con facilidad, especialmente en plena oscuridad.  

Como ya dije la ofensiva lanzada por la Guardia Nacional fue enorme en este día 14 de junio de 1979, quizás duplicada o triplicada en relación a los días 12 y 13.

“El Barrio San Judas y el OPEN III (Ciudad Sandino) son cruelmente bombardeados y la población masacrada por el enemigo. Aquí comienzan a superarse los cálculos de lo que  podía durar la Insurrección en Managua, y comienzan a urgir a los miembros de la Dirección Nacional Conjunta, para que presionen a los otros Frentes de Guerra (del FSLN guerrillero clandestino), para que avancen hacia Managua”, escribe el Comandante Carlos Núñez Téllez en su libro “Un Pueblo en Armas” al referirse en parte a lo que ocurrió aquel 14 de junio de 1979.

Guardias golpeados mortalmente en Hospital del Niño

Cae José Ángel Benavidez

Recordemos aquí que la columna o escuadra de Humberto del Palacios González es atacada a las cinco y media de la mañana del 14, y casi derrumbada por un cañonazo de la GN sanguinaria la casa en que se habían quedado alojados después de combatir, y hacer guerra de guerrilla móvil, de hostigamientos permanentes a una parte de los gendarmes que efectuaron la horrorosa masacre en la Colina 110. En este mismo instante son atacadas las Columnas “Jorge Navarro” y “Juan de Dios Muñoz”, en la esquina Noroeste de la Colonia Catorce de Septiembre, en el semáforo de Rubenia, donde hoy es una Rotonda.

Un poco después de las cinco y media de la mañana se traban nuevamente los combates entre las escuadras móviles mencionadas, y también entran en el escenario otras columnas y escuadras móviles del Frente de Guerra de  Bello Horizonte, del Frente de Guerra jefeado por Marcos Somarriba García (Santa Rosa), escuadras móviles jefeadas por Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz y columnas móviles controladas directamente por el Estado Mayor Conjunto del Frente Interno del FSLN, específicamente por el Comandante William Ramírez Solórzano, quien personalmente estaba jefeando el o los combates que se libraban ya ese 14 de junio en la mañanita.

El relato de “Cucharita” del Palacios González indica que los guardias se traen una ofensiva enorme que abarca desde la Carretera Norte hasta el fondo del Reparto Schick Gutiérrez, hacia el Oeste, “lo cual buscaba cómo romper y aniquilar todo el anillo insurreccional que nosotros teníamos ya establecido y fortalecido desde el nueve de junio en la madrugada”, señala del Palacios González.

Al mismo tiempo, estaban intentando también romper el cerco insurreccional por el lado del Hospital Oriental (Manolo Morales Peralta) y por las construcciones del hoy Mercado Carlos Roberto Huembes, y por  el   Oeste, en la Pista “By Pass” (“Pista de la Resistencia Sandinista”), específicamente mediante el Barrio Riguero, el Asentamiento “Rebusca”, la Colonia Máximo Jerez y por la Colonia Managua, donde la labor militar guerrillera, de las columnas móviles auxiliares de los Frentes de Combate, les neutralizaron completamente sus intenciones.

Los contingentes de gendarmes sanguinarios avanzaban desde el lado de “Laureles Norte” y Villa Libertad hacia el Oeste, específicamente ya en la Colonia Catorce de Septiembre, donde centenares de guardias penetran precedidos y amparados en tanquetas, tanques, palas mecánicas, numerosos camiones blindados y jeepones, también blindados,  en que llevan emplazadas varias ametralladoras calibre 50.

Este feroz combate de centenares de guardias con la columna (de11, sólo ha caído el taxista) de Humberto del Palacios González se inicia por el lado del antiguo Tanque de Agua Potable de la Colonia Catorce de Septiembre, por el lado Sur, donde cae herida “Carmen”, la joven Guerrillera que había liquidado al francotirador genocida, la noche anterior.

El combate se extiende hacia el centro y lado Norte de la Colonia Catorce de Septiembre. La columna presenta combate permanente, absolutamente móvil, desde los callejones, por encima de los techos de las casas, por los patios, mientras los gendarmes se ven obligados a ir avanzando por la calle  principal, debido al enorme aparato de guerra, de artillería.

Por el otro lado, por el Semáforo de Rubenia, dentro de la Colonia Catorce de Septiembre, en la propia Pista Sabana Grande y del Semáforo de Rubenia hacia el Oeste, en predios montosos, igualmente unos 60 Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares se baten heroicamente a tiros en contra de la gendarmería sanguinaria, quizás otros 400 guardias, estima 38 años después Juan Carlos “Marcial” Soza Aragón, que estaba allí jugándose la vida como parte de la Columna “Juan de Dios Muñoz”, jefeada por Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz.

Según “Marcial” Soza Aragón, la gendarmería somocista sanguinaria por la Pista de Sabana Grande traía la mayor concentración de tropas y equipos de artillería en esta ofensiva enorme contra el cerco insurreccional, y efectivamente en este sector se armó un combate de grandes proporciones, desde las siete y media de la mañana.

Juan Carlos “Marcial” Soza Aragón y su columna, el Jefe Guerrillero José Ángel Benavidez también con su columna, estaban parapetados en las casas esquineras, exactamente enfrente del Semáforo de Rubenia, donde los guardias concentraron las artillerías de dos tanquetas, al menos cinco ametralladoras calibre 50, varias bazukas y cada uno de los guardias, como ya he dicho, portando hasta dos fusiles automáticos, nuevecitos.

Además, unos 20 metros al Este del semáforo, sobre la Pista Sabana Grande, frente a la Ferretería “Joroba”, estaba ubicada una de las barricadas más grandes de la Insurrección en la Zona Oriental de Managua, cuyo derribamiento era uno de los objetivos esenciales de la gendarmería GN sanguinaria, para que avanzaran sus equipos blindados, las tanquetas y jeepones con ametralladoras. Un poco al Oeste, había una zanja profunda, destinada a impedir el paso de los equipos motorizados de la soldadesca criminal y a la vez servía de trinchera de combate, donde estaban metidos, disparando Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares.

Las dos Columnas Guerrilleras mencionadas se empeñaron ferozmente en impedir el avance de los gendarmes sanguinarios, especialmente José Ángel Benavidez, quien con su fusil en las manos, disparándolo tiro a tiro y en ráfagas, según las necesidades combativas en segundos cambiantes, trataba de impedir que los guardias desbarataran la barricada.

De acuerdo con “Chico Garand” Guzmán Fonseca, uno de los jefes de las columnas en Bello Horizonte, esa mañana y medio día del 14 de junio de 1979 acudieron a este lugar, en la esquina de Rubenia, varias columnas móviles auxiliadoras de los Frentes de Guerra en la Zona Oriental y Norte de Managua, y atacaron a la gendarmería por los costados, de frente, desde los tejados del Reparto Rubenia y de la misma Colonia Catorce Septiembre, causándoles numerosas bajas y destrucción abundante en sus equipos blindados y de artillería pesada.

Aquí en esta esquina de la Colonia Catorce de Septiembre, efectivamente, acuden escuadras selectas de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares de Bello Horizonte, de Santa Rosa, del Puente El Edén y del Puente Larreynaga, más la Columna “Liebre”, o “Caza Perros”, cuyas operaciones militares de comando ya se habían iniciado.

A pesar de su enorme poder de fuego balístico del guardierío sanguinario, de tanques y tanquetas, numerosas ametralladoras y una cantidad impresionante de fusiles automáticos disparando en ráfagas incesantes contra las posiciones móviles de sandinistas insurrectos, los soldados de la Guardia Nacional y de la EEBI no pudieron avanzar ni 200 metros, desde las cinco y media de la mañana hasta casi al medio día, de la entrada al Reparto Jardines de Veracruz y la esquina Noroeste de la Colonia Catorce de Septiembre, en el semáforo de Rubenia.

Desde las siete de la mañana han incrementado también el ya feroz bombardeo aéreo con varios aviones Push and Pull, lanzando estos morteros hacia las casas de las Colonias Catorce de Septiembre, Nicarao y Rubenia; más las bombas de 500 y 1,000 libras dejadas caer por helicópteros, cuyos pilotos los ubicaban a gran altura.

Desde el comienzo de los bombardeos aéreos, el 11 de junio cuando justicieramente se destruía la  “Sierra 13”, guarida de “Macho Negro Gutiérrez, ya se conocía que la concepción de los esbirros jefes de la Guardia Nacional era que “el bombardeo es de ablandamiento”, para que las tropas de infantería y equipos blindados se abran paso y masacren como hicieron el día anterior en la Colina 110, en el Asentamiento Laureles Norte.

Ese enorme poder de fuego balístico GN mencionado, más el bombardeo aéreo, obligan a Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares a lanzarse por encima de mallas que servían de muros en estas casas esquineras de la Catorce de Septiembre; van retrocediendo, parapetándose en muros y piedras, cruzándose la Pista que divide en dos la Colonia Nicarao, en busca de ganar el predio montoso donde es hoy la Gasolinera.

Aquí, en esta esquina, un poco al Sur del Semáforo de Rubenia, en el adoquinado de la Pista que parte en dos la Colonia Nicarao, mientras dispara su fusil en retirada, cae combatiendo heroicamente José Ángel Benavidez.

Benavidez fue baleado en ambas piernas y quedó inmóvil, en medio de la nutridísima balacera. “Marcial” Soza Aragón recuerda que sus compañeros, incluyendo el Jefe Guerrillero Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz, intentaron rescatar a José Ángel Benavidez de allí, pero no fue posible.  El mismo Benavidez hacía señas de que no intentaran rescatarlo por lo intenso de la balacera.

Después, los guardias sanguinarios se apoderaron de su cuerpo, lo descuartizaron y lo lanzaron dentro de un manjol de la misma Pista mencionada, la cual cruza de Sur a Norte en el Semáforo de Rubenia, partiendo también en dos la Colonia Nicarao.

Los contingentes de guardias sanguinarios no pudieron continuar al frente, es decir, del Semáforo de Rubenia hacia el Oeste, Barrio Meneses, Bello Horizonte, Ducualí, Colonia Salvadorita (Cristhian Pérez Leiva), Colonia Luis Somoza (Diez de Junio), etc., pero desalojaron a los Combatientes Populares que estaban en esta esquina Noroeste de la Colonia Catorce de Septiembre, avanzaron un poco sobre la Pista que parte en dos a la Colonia Nicarao, y se metieron por la calle del Barrio Santa Bárbara (“Edmundo Matamoros”), donde está la Escuela de Comercio Independencia, donde ya los guardias tenían francotiradores, y por esta vía se meten a la parte Noreste de la Colonia Nicarao, que está al Sur de la Pista.  Es decir, no pudieron meterse al lado Norte de la Colonia Nicarao, porque la potencia de respuesta balística de las Columnas Guerrilleras Móviles y Auxiliares, se lo impidieron.

Este contingente de gendarmes se mete hasta los alrededores de la Casa Comunal de la Colonia Nicarao, que al mismo tiempo era sitio de reuniones rebeldes antisomocistas y de asambleas comunitarias populares.

En el lado Sur de la Colonia Catorce de Septiembre continúa el combate popular contra estos sicarios del somocismo. La Columna de Humberto del Palacios González, y otras escuadras de Combatientes que le auxilian por el lado Oeste, van retrocediendo hacia el lado del Hospital del Niño y el Suroeste de la Colonia Nicarao. Los guardias sanguinarios  ya atravesaron toda la Colonia Nicarao por el lado Sur, y se adentran por las últimas casas del Suroeste de la Colonia Nicarao, donde varias escuadras de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, jefeados por Sergio “Marcio 13” Gómez Vargas, hace guerra de guerrilla desde patios, desde techos de casas, en las esquinas, causándoles numerosas bajas a los guardias genocidas.

Destruyen tanqueta y matan a decenas de guardias en Hospital Infantil

“Damián”, Jefe Guerrillero entrenado en Cuba, no ha podido dispararle ni un solo bazukazo a la tanqueta, porque van retrocediendo en condiciones precarias, en callejones, cauces, canales, por encima de las casas. Cuando hace un intento de disparar la bazuka, en las cercanías de la Escuela Catorce de Septiembre, en la calle principal, lo balean y cae. Ya son tres los muertos de la Columna: el taxista, “Carmen, “La Negra” y “Damián”, especialista en el manejo de la Bazuka o lanzamorteros portátil.

En medio de la balacera, la bazuka es recogida por Douglas “Domingo” Duarte Niño. Del grupo, de esta columna, sólo “Damián” y Douglas Duarte Niño estaban preparados para disparar la bazuka. Siguen retrocediendo porque el volumen de fuego de los guardias es enorme, especialmente por las dos ametralladoras de la tanqueta, más las ametralladoras que llevan los guardias  montadas en jeepones blindados. Son ya pasadas las dos de la tarde de ese memorable 14 de junio de 1979.

La columna de Palacios González retrocede y se atrinchera en una casa esquinera, de la Colonia Nicarao, enfrente del Hospital del Niño en construcción. La tanqueta y las ametralladoras no cesan de disparar, especialmente ya en este momento en que en esta Zona del Frente de Guerra jefeado por Sergio “Marcio 13” Gómez Vargas hacen una especie de muro de contención contra el contingente de guardias.

La tanqueta se les ubica enfrente y no cesa de disparar en ráfagas contra las casas y hacia dónde están los Combatientes Populares. Douglas “Domingo” Duarte Niño está ya desesperado y molesto porque no han podido dispararle un mortero a  la tanqueta, para desbaratarla.

Están dentro de la casa mencionada, la cual está siendo atacada con las metrallas de la tanqueta y la fusilería de los guardias. “Domingo” Duarte Niño le pide a del Palacios González que le pase una silla del comedor de la vivienda.

“Ponémela encima de este muro. Sostenela fuerte, porque aquí destruiremos esa maldita tanqueta, o me matan de una vez”, le dijo Douglas a “Cucharita”  Palacios González. Duarte Niño, en medio de la balacera, acomodó la bazuka por un hueco, apuntó, disparó y le dio en el centro a la tanqueta, produciéndose un estruendo por la explosión.

La tanqueta giró violentamente hacia un lado, y quedó disparando como “loca” hacia el cielo. “No se preocupen… esa tanqueta está ya destruida. Le dimos en el centro, donde se le debe colocar un cohete a una tanqueta. La  destruimos. Va a cesar de disparar hasta que se le acaben los tiros”, les dijo Duarte Niño a sus incrédulos compañeros y compañeras, que en los primeros segundos pensaron que el disparo había sido en vano.

Al ver la tanqueta destruida y sin el respaldo de ella (porque al amparo de estos equipos de artillería pesada iban haciendo “operaciones limpieza” y de “tierra arrasada”), los guardias sanguinarios corrieron a toda velocidad a meterse dentro del Hospital del Niño en construcción.

Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y población civil de los alrededores estallaron de júbilo de ¡”Viva la Revolución, Viva el Frente Sandinista”¡ y se aglomeraron en torno a la tanqueta destruida, lo cual fue aprovechado por más de 30 guardias que se habían metido dentro del Hospital del Niño, para dispararles en ráfagas, cayendo en el acto cuatro  Combatientes Populares y pobladores, entre otros: “Carlos” y “Enrique”, pertenecientes ambos a la columna de Humberto del Palacios González.

Esto llenó de furia incontrolable a los pobladores de este sector de la Colonia Nicarao y se fueron hasta dentro del Hospital del Niño y le prendieron fuego a toda la madera, papeles y desechos que había dentro por menesteres de la construcción.

Al momento, las llamaradas eran enormes, y los guardias se estaban quemando dentro. Por el fuego, los gendarmes sanguinarios se vieron obligados a salir despavoridos del Hospital, y entonces los ametrallaron a todos. “Yo estimo que eran más de 30 guardias los que murieron allí en el Hospital del Niño. Esos eran los soldados GN  que masacraron a los muchachos de la Colina 110, y son los mismos que mataron  al taxista, a “Carmen, a “La Negra”, a “Damián”, a “Carlos”, y a “Enrique”, recuerda Humberto del Palacio González.

De la tanqueta rescatan varios fusiles Fal y Galil, una gran cantidad de tiros de ametralladora calibre 50 y descubren que los guardias andan una enorme cantidad de drogas dentro de la tanqueta.

Rescatan cadáver de “Pradito” en medio de una lluvia de balas

También había caído Roberto “Pradito” Prado en los combates en las cercanías de la Casa Comunal e Iglesia de las Comunidades Cristianas de Base  de la Colonia Nicarao, donde “Pradito” tenía escondidas armas y municiones, que no pudo recuperar.

Para sacar a “Pradito” de allí, varias Columnas Móviles al mismo tiempo lanzan una ofensiva relámpago, potente, con nutridísimo fuego contra los guardias, los cuales retroceden, y entonces los Combatientes Populares sacan  el cadáver de “Pradito” de ese sitio. Esta ofensiva potente le provoca desconcierto a los guardias, pues se ven de repente “parados en seco” por una nutrida balacera, muy ofensiva.

Ya son las 4: 30 de la tarde de día 14 de junio. Otro contingente de la Guardia Nacional, con abundancia de mercenarios del CONDECA, coreanos, salvadoreños, hondureños y argentinos, viene avanzando, como queda relatado, por el lado de los edificios en construcción, del Hospital Oriental (Manolo Morales Peralta), por el hoy Mercado Carlos Roberto Huembes, se meten también por dentro del Centro Juvenil Don Bosco (ubicado al Sur y Este de las Colonias Diez de Junio, Colombia y Don Bosco), salen por el portón trasero del mismo Centro Juvenil Don Bosco, se meten a los matorrales y árboles que habían donde son hoy los Barrios Agustín Farabundo Martí y Santa Julia, buscando cómo hacer un anillo militar o “tenaza”, para aniquilar a los Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y Milicianos por el lado Noroeste de la Colonia Nicarao.

Mientras tanto, el grueso de la tropa jefeada por Sergio “Marcio 13” Gómez Vargas, y varias columnas móviles, especializadas en guerra de guerrillas, de ataques militares relámpagos, fulminantes, traban combate sostenido, muy violento, con el contingente de guardias que se metió por los lados de la Escuela Independencia (Barrio Santa Bárbara, hoy “Edmundo Matamoros”) y la Casa Comunal de la Nicarao, hacia el punto conocido como “Río Seco”, situado en el lado Noroeste de la Colonia Nicarao, tomando en cuenta la división geográfica que  hace la Pista o Calle Principal,  a partir del sitio conocido como “Monumento del Cacique”.

En este sector cercano a “Río Seco”, en este combate, la GN pierde a alrededor de otros 30 guardias, una gran cantidad de ellos mercenarios del CONDECA.

“Río Seco” es precisamente la calle que comienza en el Monumento del Cacique hacia el Norte, por el lado Noroeste de la Colonia Nicarao. Esta calle es ancha. Aquel  14 de junio de 1979 esta calle estaba llena de hoyos y piedras de todo tamaño, y por este motivo le decían “Río Seco”. Y la siguen llamando “Río Seco”.  Ya está adoquinada. Es una calle que atraviesa de Sur  a Norte el lado Oeste de la Colonia Nicarao.

Una parte del contingente de guardias con que se enfrentaban los miembros de la columna de Humberto del Palacios González, queda prácticamente eliminado. Quedan entonces, concentrados en esta zona geográfica de las Colonias Nicarao y Catorce de Septiembre, dos contingentes de guardias: el que avanza por el lado del Centro Juvenil Don Bosco y el que ha sido “detenido en seco” en las cercanías de “Río Seco”. Este último contingente es el mismo que entró por los semáforos de Rubenia, procedente de la Pista Sabana Grande y Jardines de Veracruz.

Una parte de los guardias integrantes de esta ofensiva enorme han dejado comandos GN, con retenes, radiocomunicadores, fusilería y ametralladoras, en el Asentamiento Laureles Norte (Colina 110), en Villa Libertad, dentro del Instituto de Secundaria de  la Colonia Primero de Mayo, en el Parque y entrada a Jardines de Veracruz y en dos puntos de la Colonia Catorce de Septiembre: en la Calle Principal y frente al Centro Escolar Catorce de Septiembre.

Este combate violento cesa un poco después de las seis de la tarde. Para entonces, ya estaba claro que los guardias y sus jefes somocistas genocidas, no se atrevían a combatir de noche, por temor a ser aniquilados en callejones, en esquinas, en patios, en lugares oscuros, pues los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares conocían muy bien el terreno, a ciegas, a oscuras, mientras que para los soldados GN era desconocido, terrible, especialmente para los mercenarios.

Matan a Douglas “Domingo” Duarte Niño, por confiarse

En este escenario mortal de guerra, una parte de los sobrevivientes de la Columna de Humberto del Palacios González han quedado resguardando los alrededores del Hospital del Niño y a la vez un poco aislados del grueso del Frente de Guerra, comandado por Sergio “Marcio 13” Gómez Vargas. Ya está oscureciendo. Douglas “Domingo” Duarte Niño está por el lado de “Río Seco”, y está preocupado porque “Cucharita” del Palacios González y demás compañeros, no han llegado. Decide cruzar la Pista para ir en busca de sus camaradas, y en ese cruce un francotirador GN lo pega y lo mata.

En estos momentos de la tardecita, allí en “Río Seco” y sus alrededores están varios de los Jefes del Estado Mayor General del Frente Interno, del Estado Mayor Conjunto de Managua y varios de los Comandantes de los Frentes de Guerra o de Combates, entre otros: Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano, Joaquín Cuadra Lacayo, Oswaldo Lacayo Gabuardi, Marcos Somarriba García, Ramón Cabrales Aráuz y César Augusto Silva, con el fin de evaluar la jornada de combates de todo el día 14 de junio,  en conjunto con los jefes de columnas y escuadras, y para decidir cuál será el paso militar siguiente contra la gendarmería sanguinaria, acantonada en los alrededores y buscando cómo  aniquilar a la Insurrección Sandinista en la Zona Oriental de Managua.

Evalúan cuidadosamente, analizan cómo están en disponibilidad de Combatientes Populares, de armas de guerra y municiones, y qué posibilidades les quedan para enfrentar a la soldadesca GN sanguinaria, la cual, al atardecer de ese 14 de junio, estaban desarrollando una especie de anillo militar, o “tenaza”, en busca de matar a los todos los Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares, Milicianos y pobladores implicados en la Insurrección, precisamente, aquí en los alrededores de “Río Seco”, en la Colonia Nicarao.

La labor de espionaje del Estado Mayor General del Frente Interno y de sus escuadras móviles especializadas en esta temática militar, indican que los guardias y sus jefes asesinos, tienen miedo a combatir de noche, pero están confiados en que al amanecer continuarán la ofensiva que traen del lado Este-Oriente de Managua, para aniquilar la Insurrección Sandinista por este rumbo geográfico, a pesar de que la misma práctica de combates de este día 14  les demostró que más bien les habían sido destruido numerosos equipos bélicos pesados y, al parecer, alrededor de 100 guardias muertos.

Golpe mortal a guardiãs en “Río Seco”, en Colonia  Nicarao

La Jefatura Suprema de la Insurrección Sandinista en Managua, encabezada por el Comandante Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra Lacayo, llega a la conclusión de que es preciso golpear severa y mortalmente al enemigo que está a las puertas de “Río Seco”.

Ordenan y disponen en posiciones de combate a la tropa de Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares, Milicianos y pobladores civiles a lo largo de la Calle “Río Seco” y alrededores, y que las columnas y escuadras móviles se dispongan a hacer guerra de guerrillas por los lados, por la retaguardia, de frente, por encima de las casas, mediante patios, por entre los matorrales y arbolitos crecidos entre la parte posterior del Centro Juvenil Don Bosco y los  lados Oeste y Noreste de la Colonia Nicarao.

Es decir, en  la noche del 14 y madrugada del 15 de junio la tropa revolucionaria queda lista para reiniciar aquellos feroces combates en cuanto los guardias comiencen a moverse muy de mañana por la Pista (divisoria de la Nicarao) y del lado del Centro Juvenil Don Bosco.

La soldadesca GN y sus jefes sanguinarios sabían por dónde había quedado la tropa revolucionaria sandinista. Los informes de inteligencia militar también le indicaban a la Jefatura Suprema del Frente Interno del FSLN en Managua de las ubicaciones de los dos contingentes y de los rumbos militares que tomarían muy de mañana del 15 de junio.

La noche del 14 y madrugada del 15 no hubo combates notorios, pues los gendarmes GN se dedicaron a disparar morteros y ráfagas de ametralladoras calibre 50 sobre los vecindarios de la Zona Oriental y Norte  de Managua, y de las dos Zonas en el Occidente capitalino, más balas trazadoras para iluminar trincheras de combate, lanzados todos estos elementos bélicos  desde edificios y árboles altos. Dichosamente, los pobladores ya habían acatado las instrucciones de mantenerse dentro de los refugios antiaéreos.

Antes de  reiniciarse la ofensiva de la GN contra los insurrectos, ocurrió un hecho curioso en este teatro de guerra. A las siete de la mañana del 15 de junio, los sobrevivientes de la columna de Humberto “Cucharita”, “Alex” del Palacios González, deciden salir de donde están atrincherados y aislados  y cruzarse la Pista de la Colonia Nicarao hacia la Calle de “Río Seco”.

En medio de este teatro de guerra, a los fusiles que andaban les pusieron una banderita blanca, a cada uno, en las puntas de los calibres, como en “son de paz”, y de ese modo alcanzaron “Río Seco”, para juntarse con toda la tropa ya tendida, en espera del combate.

“Cucharita”, “Alex” del Palacios González no se explica por qué los francotiradores de los guardias no les dispararon, “porque era muy visible que llevábamos las banderas blancas en las puntas de los calibres de  los fusiles”.

Igual que en los cuatro días anteriores, el bombardeo aéreo empezó a las seis de la mañana en las tres Zonas: Oriental-Norte,  Suroccidental y Noroccidental.

En los alrededores de la Calle de “Río Seco” parecía haber “medición de fuerzas militares” entre las seis y ocho de la mañana del 15. Finalmente, los gendarmes sanguinarios GN y mercenarios del CONDECA, coreanos, salvadoreños, hondureños y guatemaltecos, abrieron fuego de tanquetas, ametralladoras, fusilería y de morteros hacia donde estaban escondidos, parapetados los Combatientes Populares de la Insurrección Sandinista en este sector Oriental de Managua. Los Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares, Milicianos y pobladores civiles, ninguno, era visible. Todos estaban muy bien parapetados, detrás de muros, árboles, paredes de casas, en zanjones, encima de los techos y de los árboles.

Al amparo de tanquetas, tanques, tres camiones blindados, la pala mecánica y cinco jeepones en que operaban las ametralladoras calibre 50, el contingente de guardias que estaba dentro de la Colonia Nicarao (en el lado Sur) se lanzó en ofensiva hacia las proximidades de la Calle “Río Seco”.

El otro contingente GN, el que se había metido por el Centro Juvenil Don Bosco, también acompañado de tanquetas, camiones blindados y abundante fusilería, avanzan por entre los matorrales y árboles pequeños del predio situado entre la parte posterior del Centro Juvenil Don Bosco, el Barrio Santa Julia y el lado Oeste de la Colonia Nicarao, precisamente, donde se ubica “Río Seco”.

Esta torpeza militar le permitió al mando  del Frente Interno y del Estado Mayor Conjunto del FSLN Managua, hacerles una combinación de resistencia activísima, ofensiva potente y al mismo tiempo guerra de guerrilla con las columnas móviles, las cuales comenzaron a golpearlos severísima y mortalmente por los costados, por encima y por la retaguardia, es decir, por el lado del Centro Juvenil Don Bosco también.

Precisamente en esta zona del lado del Centro Juvenil Don Bosco, en una calle de las tres Colonias Luis Somoza (Diez de Junio), Colombia y Don Bosco, se trabó un combate feroz entre una escuadra comandada por Jackson Jácamo Alvarado y la retaguardia de este contingente GN. En la medida en que se desenvuelve el combate, los Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y Milicianos les van creando a los guardias un anillo militar cuando ya son más o menos las diez de la mañana. A esa hora también es destruida la tanqueta que traían por dentro de la Colonia Nicarao, una de las que usaron para masacrar a los Combatientes de la Colonia 110 en Laureles Norte, hoy Barrio Manuel Fernández Mora.

Poco a poco, de forma inexorable, el anillo se va cerrando a punta de balazos y bombazos (bombas de contacto) contra la soldadesca sanguinaria. “Especialmente entre los matorrales y árboles pequeños y medianos, del Centro Juvenil Don Bosco a Santa Julia, y al meterse los otros guardias a las calles cercanas a “Río Seco”… el guarderío fue cayendo porque ellos no conocían el terreno, y en cambio nosotros conocíamos palmo a palmo todo ese predio, donde quedaron muertos no menos de 100 guardias. Los otros se corrieron y se fueron hacia los sitios donde ya tenían instalados retenes y comandos hacia el lado Este de la Colonia Catorce de Septiembre, en  Jardines de Veracruz y Colonia Primero de Mayo”, relata Humberto del Palacios González.

El resultado final, según Palacios González y Juan Carlos “Marcial” Soza Aragón, uno de los Combatientes Populares participante en este suceso militar revolucionario, fueron unos 100 guardias muertos, la inmensa mayoría mercenarios del CONDECA y de otros lados; dos tanquetas destruidas, cuatro camiones blindados también destruidos, varios jeepones (en que andaban montadas las ametralladoras) igualmente destruidos, dejaron abandonada la pala mecánica frente al Colegio de la Colonia Catorce de Septiembre; recuperación de por lo menos 20 fusiles Fal y Galil, aunque sin tiros; comida que andaban en los camiones; y los guardias desaparecieron de las Colonias Nicarao, Don Bosco, Colombia, Luis Somoza (Diez de Junio), Santa Julia, y en gran parte de la Colonia Catorce de Septiembre, retrocedieron del Barrio La Fuente hacia el Este, yendo al Reparto Schick Gutiérrez.

Los guardias como queda relatado se quedaron instalados, en este rumbo del Oriente, en: Calle del Este (de Sur a Norte) de la Colonia Catorce de Septiembre, en Jardines de Veracruz, en Colonia Primero de Mayo, en Villa Libertad, en Villa Fraternidad y en Laureles Norte (Colina 110), donde reiniciaron la ofensiva por este lado de la Zona Oriental de Managua.

Redistribuyen Columnas y Escuadras de Combates

Le dan más responsabilidades militares a Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz

La Insurrección Sandinista perdió estos territorios que tenía en sus manos desde el nueve de junio, en la Zona Oriental de Managua. Después de este episodio militar sangriento, de combates realmente heroicos por parte de los Frentes de Combate y de las Columnas Móviles Auxiliares, el Estado Mayor General del Frente Interno del FSLN y del Estado Mayor Conjunto de Managua, reacomodan, redistribuyen, reorganizan de mejor manera sus fuerzas combatientes.

Al Comandante Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz, por ejemplo, le dan más responsabilidades al ubicarlo en el Frente de Combate del Reparto Rubenia al Barrio Santa Rosa, todo el Este de Bello Horizonte, Villa Progreso, del Barrio Santa Rosa a Waspán Sur, de Waspán Sur hasta el Sur de Américas Uno, Colonia Xolotlán, Barrio Mombacho (Freddy Herrera) y Colonias San Jacinto, Rafaela Herrera y Miguel Gutiérrez.

César Augusto “Moisés” Silva pasa a otras funciones militares guerrilleras. Las Columnas y escuadras móviles son cuidadosamente reforzadas con Combatientes Populares selectos, de los mejores en combates, de los más audaces, rápidos y precisos golpeando militarmente al enemigo, y se les dota de los mejores equipos militares existentes.

Es en este momento histórico de la Insurrección Sandinista en la Zona Oriental y Norte de Managua cuando se fusionan la Columna “Juan de Dios Muñoz” con los Combatientes de la “Columna Jorge Navarro” que jefeaba José Ángel Benavidez, y ya fusionada pasa a llamarse “Columna José Ángel Benavidez”, comandada por Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz.

Traban combates móviles, de hostigamientos y emboscadas con los guardias en la Colonia Xolotlán, en la Colonia Miguel Gutiérrez, donde operaba una escuadra a cargo de Carlos “Caballón” Gutiérrez; en las cercanías de los semáforos de la Colonia Rafaela Herrera, y finalmente cuando ya son casi las seis de la tarde se instalan dentro de la Colonia Villa Progreso, ubicada al Este del Reparto Bello Horizonte, según el testimonio de Arsenio “Walter” Solís González y de Rafael “Mariano” Moreno.

La escuadra de “Caballón” Gutiérrez estaba integrada por Isaac Bohórquez, Marvin Zeledón Chavarría, Manuel Solís Guzmán, Eddy Baltodano, Juan Vega, Miriam Chávez, María Eugenia Durán, Malú Durán, Óscar Pineda hijo, María de los Ángeles Largaespada, Mario Montano, Félix Altamirano y Javier “M-16, todos los cuales pasan al mando de Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz.

El mismo día 15 esta Columna “José Ángel Benavidez” lamenta la pérdida de dos sus integrantes: María de los Ángeles Largaespada y “Flor de Pino”, quienes son capturadas, torturadas, violadas, asesinadas y quemados sus cuerpos por los guardias sanguinarios que estaban acantonados en el Aserrío Carlos Morales Orozco y en el borde del cauce del Este del Barrio Santa Rosa.

Arsenio “Rosendo” Solís González, uno de los integrantes de la Columna “José Ángel Benavidez”, recuerda que ambas muchachas, valiosísimas Combatientes Populares, andaban en misiones combativas cuando fueron capturadas por la banda de asesinos que estaban al Este del Barrio Santa Rosa.

Ese mismo día 14 en medio del fuego balístico de combates móviles contra la gendarmería sanguinaria, el mando de la Columna “José Ángel Benavidez” comenzó sus coordinaciones militares y políticas con el Frente de Combates de Santa Rosa, comandado por Marcos “Salvador” Somarriba García. Esta Columna andaba un especialista en fabricar y explotar “minas vietnamitas” mortales, conocido sólo como “Amado Felipe”.

Los guardias atacaban a balazos a los pobladores insurreccionados en estas Colonias mencionadas en el día y luego de noche se retiraban a los sitios en que estaban acantonados.

Esa misma tarde esta Columna “José Ángel Benavidez” choca con un contingente de guardias sanguinarios que intentaban avanzar hacia el Norte con una tanqueta por detrás de la Universidad Politécnica (UPOLI),  en Américas Uno. Impiden el avance de la gendarmería genocida y neutralizan la tanqueta.

Al siguiente día viernes 15 esta Columna  “José Ángel Benavidez” sale de varias casas de seguridad, de cruzada por las Colonias  Miguel Gutiérrez, San Jacinto y Rafaela Herrera en busca de atacar a patrullas y contingentes de la GN, pero  no los encuentran y finalmente se emboscan cerca del Puente Madroño, en una de las entradas a la Colonia Américas Tres (Villa Revolución), en la orilla de la Pista Sabana Grande.

Sobre lo ocurrido y que estaba ocurriendo el día 14 de junio de 1979 con las ofensivas y masacres monstruosas ejecutadas por la Guardia Nacional somocista genocida, cruel, sanguinaria, el Comandante Carlos Núñez Téllez escribía en su informe “Un Pueblo en Armas”: “Monseñor Lezcano,  San Judas, OPEN TRES (Ciudad Sandino) y Acahualinca, prácticamente se habían convertido en campos de concentración (de la Guardia Nacional contra pobladores).  La población de San Judas y OPEN TRES se habían visto obligados a emigrar hacia unas montañitas aledañas, llevándose consigo a  centenares de heridos y combatientes”.

Comandante Núñez: Frentes de Guerra no han avanzado sobre Managua

Fuerza militar pequeña de Combatientes Populares no podría liberar Managua

Añade Núñez Téllez en un párrafo de la página 70, de la segunda edición de “Un Pueblo en Armas”:  “Al observar el vencimiento de los tres días y notando el empuje decidido de la guardia somocista que se apoyaba en la infantería y en los blindados, el Estado Mayor General del Frente Interno comienza  a hacer llamados a los distintos Frentes de Guerra (del FSLN) para que intensifiquen la lucha, se solucione la disputa del terreno y avancen sobre la Capital. Esta espera se volvía bastante desesperante, indudablemente porque estábamos enmarcados y convencidos de que el Plan Militar de Managua era defensivo y que de ninguna manera, a partir de los recursos y de las fuerzas nuestras, podía contemplarse la toma de la Capital y, más todavía,  porque se trataba de una fuerza pequeña de alrededor de 150 combatientes con armas de guerra y varios centenares de milicianos que estaban luchando y librando batalla en la retaguardia estratégica del enemigo (somocista), en el corazón del enemigo y, por supuesto, los sandinistas no nos equiparábamos ni numérica ni técnicamente al potencial de fuerza y volumen de fuego del enemigo”.

Así era  la realidad objetiva de este enfrentamiento militar totalmente desigual, totalmente desventajoso para los Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y Milicianos. El Comandante Núñez Téllez hace notar esta realidad aplastante, y recuerda que el Plan Militar de la Dirección Nacional Conjunta, de las tres Tendencias en el FSLN guerrillero, todavía clandestino, es que el estallido insurreccional en Managua dure tres días, sí tres días, mientras los otros Frentes de Guerra: Sur, Benjamín Zeledón Rodríguez; Occidental: Rigoberto López Pérez; Norte: Carlos Fonseca Amador; Central: Pablo Úbeda; y Nororiental Carlos Roberto Huembes, venzan la resistencia del somocismo genocida en sus Frentes de Guerra respectivos y que avancen rápido hacia la Capital, para derrocar al régimen sanguinario,  de una vez.

Sin embargo, el 15 de junio ya son seis días continuos de combates en Managua, mientras en realidad los mencionados Frentes de Guerra no han avanzado mucho en esa fecha, en rumbo a Managua, como estaba planeado.

El Comandante Núñez Téllez hace notar en su informe “Un Pueblo en Armas” que mientras tanto la soldadesca sanguinaria ya está desalojando barricadas y trincheras de combate en zonas como las descritas desde el Barrio Manuel Fernández hasta la Colonia Nicarao, Catorce de Septiembre, Don Bosco, Luis Somoza (Diez de Junio) y Colombia, y que la realidad aplastante al mismo tiempo es que estos contingentes de guardias asesinos están siendo detenidos por la audacia, heroísmo extraordinario, habilidades inauditas en el manejo de todo tipo de armas e inclusive la temeridad relampagueante con que Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y Milicianos están golpeando a los soldados GN  y sus mercenarios, a pesar de la inmensa superioridad que tienen en armamentos pesados y livianos, en municiones, su entrenamiento militar académico, la enorme cantidad de tanquetas, tanques y camiones blindados con que se auxilian, mientras la mayoría de Combatientes Populares apenas recibieron un entrenamiento en manejo de armas de cacería, apenas uno, dos o tres días, o tan sólo pocas horas,  escondidos, en casas de seguridad.

Núñez Téllez expresa también que la Guardia Nacional debido a estas desventajas militares mencionadas en las filas insurreccionales, está procediendo a cometer masacres horrendas como la recién ocurridas en la Colina 110 y en el “Kilocho Sur”, la masacre generalizada con el bombardeo aéreo sobre toda Managua, y lo que todavía faltaba al ocurrir las masacres de Batahola y en la Hacienda El Vapor, en los Lomos de El Crucero, y la masacre en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Viernes 15 de junio

En vísperas de la Masacre atroz  en Batahola

Soldadesca morfinómana muestra su rostro cruel y sanguinario

Precisamente sobre estas preocupaciones del Comandante Núñez Téllez, volvamos a la Insurrección en los Barrios Noroccidentales.

Después de ocurridos los combates heroicos contra la “Sierra Tres” y en la Escuela San Martín, ambos en Monseñor Lezcano, la situación militar de Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares, Milicianos y pobladores implicados en la Insurrección Sandinista, es realmente crítica, “porque teníamos bastantes fusiles automáticos, pero sin tiros”, recuerdan Salvador Ramiro “Salvador” García Ramírez y Santiago “Muerto” Núñez Solís.

Después de desalojar a la gendarmería sanguinaria de la Escuela San Martín y de combatir contra los guardias en distintos rumbos de las calles de Monseñor Lezcano, Acahualinca y Santa Ana, fundamentalmente, y que trataron de abrir un pasadizo por el rumbo del Restaurante “Tinajones”, sucesos ocurridos en todo el día 14, la jefatura del Estado Mayor Conjunto del FSLN en esta Zona Noroccidental de Managua, encabezada, entre otros,  por Arnoldo “Viejo” Real Espinoza, Silvio Porras García, Jorge Esquivel Acevedo, Jorge Corea Briones y Alba Luz “Marta” Portocarrero Ramos, estaba clara de que a este Frente de Guerra revolucionaria en estos momentos estaban llegando más tropas de la GN, tal vez otros 400 soldados, con mucho más artillería pesada.

La inteligencia militar insurreccional les indica que además de los tres contingentes de guardias ubicados en la Fábrica Gadala María (Suroeste de Acahualinca), el que se mueve por el Sureste del barrio Monseñor Lezcano y el que baja del lado de la Refinería, está también aproximándose un nuevo contingente por los lados de ENACAL, en la 35 Avenida Oeste; por la Carretera Sur y la Embajada Norteamericana, específicamente entre ENACAL y el Guanacastón y la entonces Ferretería Lang y hacia adentro del Barrio Altagracia..

Santiago Núñez Solís y García Ramírez, sobrevivientes, estiman que Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares eran, quizás, unos 150 en total, y a lo sumo 15 de ellos estaban realmente portando fusiles automáticos como Fal, Galil y Garand, y asimismo unos pocos andaban escopetas, rifles 22 y 30-30, pistolas y revólveres, más una buena cantidad de bombas de contacto.

Después de los combates contra la “Sierra Tres” y en la Escuela San Martín, la escasez de tiros de todo tipo se les volvió angustiosa. Asimismo, la situación ya era precaria por la gran cantidad de heridos en los tres Hospitales Clandestinos, tanto Combatientes como civiles.

Fue cuando parte del mando o Estado Mayor Conjunto contempló la necesidad urgente de efectuar un Repliegue Táctico hacia el Barrio San Judas, ubicado al Sur de Monseñor Lezcano; y separado, como ya expliqué, por predios baldíos amplios, donde hoy se ubican las Colonias Batahola Norte, Batahola Sur, Héroes y Mártires de Batahola, Carretera Sur, Asentamiento Nora Astorga, Asentamiento Daniel Enrique Chavarría y Mercado Israel Lewites; más la Pista “By Pass” y Colonia Independencia, donde los guardias estaban tendidos por centenares.

Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares se repliegan el 14 de junio en la noche de Monseñor Lezcano a Acahualinca, este último ubicado en la orilla del Lago Xolotlán o de Managua. Los guardias sanguinarios se quedan quietos porque a los Combatientes Populares les tienen horror durante la noche.

Según datos recabados, el Estado Mayor Conjunto se reúne clandestinamente en Acahualinca y empieza a discutir sobre las posibilidades reales de hacer un Repliegue Táctico de Monseñor Lezcano a San Judas. El asunto se presenta muy peligroso, debido a que varios contingentes de soldados somocistas sanguinarios está ya dentro de Monseñor Lezcano y rodeándolo, especialmente por el lado de la Carretera Sur.

Según Salvador Ramiro “Salvador” García Ramírez, uno de los Combatientes Populares heridos en ese momento, esos Jefes del Estado Mayor Conjunto se trasladan secretamente a una casa contiguo a Foto Lumington de Monseñor Lezcano, “donde el pequeño Adam”, donde continúa la discusión, desde casi  la media noche del 14 de junio y continúa en la madrugada del 15 de junio, y finalmente toman la decisión de intentar hacer el Repliegue Táctico de Monseñor Lezcano a San Judas. Ya se sabía que la situación era muy peligrosa.

Las dos Colonias Batahola Sur y Batahola Norte y el Asentamiento Austria, no existían. Tampoco el Asentamiento Héroes y Mártires de Batahola, ni el Asentamiento Nora Astorga. Todos estos territorios estaban cubiertos de matorrales, hierbas medianas y unos cuantos árboles. Sólo estaban allí, en el lado Sur de la Carretera Sur, por ejemplo,  las murallas de la Embajada Norteamericana y un poco al Sur el Taller Batahola del Distrito Nacional, ubicado al pie del Cerro Batahola, en cuya cúspide está la Residencia del Embajador Norteamericano.

En el lado Norte de la Carretera, un poco al Este de los muros de la Embajada Norteamericana, estaban unos talleres de la Mercedes Benz y de la KOMATSU. La Ferretería Lang estaba donde es hoy un Supermercado, frente al Guanacastón, y hacia al Noroeste de este lugar también era un sitio ocupado por matorrales, hierbas bajas y árboles no tan copiosos.

Supuestamente, el Estado Mayor Conjunto acordó efectuar  el Repliegue Táctico de Monseñor Lezcano a San Judas por los predios montosos de la hoy Batahola Norte, cruzar la Carretera Sur por el lado Oeste del muro de la Embajada Norteamericana, donde también estaba lleno de matorrales y hierbas crecidas; girar un poco al Este por el mismo muro circular de la sede diplomática del imperialismo yanqui genocida, y, además, de acuerdo con el plan trazado, una parte del Repliegue enrumbaría hacia el Este, por la orilla de la Cementera, para ir a tomar el cauce a la altura del Reparto San Martín; y la otra parte iría recto, por entre matorrales, por la orilla del Cerro Batahola, a salir por el Centro Comercial Nejapa, donde funcionaron los Juzgados de Managua hasta hace poco tiempo.

El mismo  acuerdo o plan del Repliegue Táctico de Monseñor Lezcano a San Judas indicaba que comenzarían a salir de un sector de Acahualinca, de las cercanías del Cine León, de los alrededores del “Leprocomio” (Hospital Dermatológico Nacional), donde también había un predio montoso, vacío, donde hoy se ubica el Reparto España; seguirían por dentro del Barrio Loma Verde, llegarían a una esquina, ubicada una cuadra al Este de la entrada al Seminario Nacional (de Iglesia Católica), y de allí cruzarían esa calle para adentrarse por entre los matorrales rumbo al Sur mediante caminitos vecinales “de a pie”, porque allí no habían calles.

Los heridos serían reubicados clandestinamente en casas de seguridad y, si se podía, llevados al Seminario Nacional, ubicado en una loma, de ENACAL hacia el Norte, en el borde de la Laguna de Asososca, para que fuesen atendidos.

Asesinan al “Bomberito” Montano y a Jorge Corea Briones

Inclusive, los Jefes del Estado Mayor Conjunto tomaron la decisión de enviar a Luis “Bomberito” Montano Blandón para que fuera como enlace o “correo clandestino” a informarle al Estado Mayor Conjunto del FSLN para la Insurrección en el Suroccidente de Managua, ubicado en Loma Linda (Sierra Maestra), jefeado por Gabriel “Payo” Cardenal Caldera, que se iniciaba el Repliegue Táctico de Monseñor Lezcano a San Judas, con la finalidad de que les brindaran apoyo militar, precisamente para cruzar la Carretera Sur.

“Bomberito” Montano Blandón fue capturado por la EEBI en el cruce cercano a la Fosforera Momotombo (en las cercanías de la Ferretería Lang), donde fue torturado y  asesinado igualmente de forma atroz porque se supone no les dijo nada a los guardias, e hicieron desaparecer su cadáver. “Bomberito” Montano Blandón, además de Combatiente Popular, era miembro del Conjunto Musical Los Rambler y bombero voluntario en Managua. Nadie volvió a verlo, ni fue encontrado su cadáver.

También fue enviado como enlace a San Judas, Jorge Corea Briones, miembro del Estado Mayor Conjunto del FSLN. No llegó a San Judas, ni retornó a Monseñor Lezcano. Se supone que fue capturado en una operación combinada de orejas de la Oficina de Seguridad y el contingente de oficiales y soldados GN y de la EEBI ya posesionados de este sector de la Carretera Sur, porque al parecer ya estaban informados de que el Repliegue Táctico de Monseñor Lezcano a San Judas se realizaría y que irremediablemente tendría que cruzar la Carretera Sur. Tampoco fue localizado su cadáver.

Aparentemente, de acuerdo a testimonios de sobrevivientes de la Masacre de Batahola, hubo algunos desacuerdos entre Jefes del Estado Mayor Conjunto, y se produjo un fuerte altercado entre Pedro “Chaparro Henry” Meza (sobreviviente y hoy abogado) y otros miembros del Estado Mayor Conjunto de esta Zona Noroccidental de Managua. “¿Quién autorizó este Repliegue?”, habría interrogado “Chaparro Henry” Meza.

Varios sobrevivientes de la Masacre de Batahola suponen que además por informaciones suministradas por “orejas” y “soplones” de la Guardia Nacional, esta discusión alterada pudo arrojarle mucho más información a los guardias sanguinarios y genocidas. Si embargo, la decisión fue que el Repliegue debía hacerse de día o de noche, y en este caso sería a plena luz del día.

En el Estado Mayor Conjunto del FSLN en esta Zona Noroccidental se valoró inclusive como irremediable efectuar el Repliegue Táctico de Monseñor Lezcano a San Judas, cruzando la Carretera Sur, porque ya no era posible sostenerse combatiendo a los guardias somocistas por falta de municiones de todo tipo, insuficiente cantidad de fusiles automáticos, porque la Guardia Nacional y EEBI genocidas estaban rodeando todos los vecindarios que se habían insurreccionado, los GN sanguinarios ya estaban dentro del Barrio Monseñor Lezcano, porque podrían matar a todos los Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y Milicianos y porque, además, la dictadura con sus sicarios podían también extender una masacre gigante contra los pobladores, especialmente en las familias de Combatientes Populares y Milicianos.

“Al paso de 38 años, hemos valorado que las condiciones militares precarias en que estábamos, quizás la masacre de Batahola  hubiera sido peor, pues nos hubieran matado a todos los Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y Milicianos, y de paso se habrían ensañado  en los pobladores de Monseñor Lezcano, Acahualinca y demás, porque acordate que para la dictadura somocista genocida y su Guardia Nacional-EEBI virtualmente todos los hombres y mujeres eran “sospechosos”, “enemigos”, “sandino-comunistas-terroristas”, y sólo merecían su confianza los orejas despreciables, o informantes de la Oficina de Seguridad y de la misma Guardia Nacional”, comenta Santiago Núñez Solís.

GN-EEBI genocida ejecutan masacre atroz de Batahola

Dos ametralladoras emplazadas en Mercedes Benz y KOMATSU y otras dos móviles

Cae casi todo el Estado Mayor Conjunto en esta encrucijada mortal

Un contingente de guardias, mercenarios del CONDECA y asesinos feroces de la EEBI, ya estaban tendidos en la propia Carretera Sur, en los Talleres de KOMATSU y la Mercedes Benz, en la llamada “Punta de Plancha” o vuelta, o entrada, de la Carretera Sur hacia el Sur frente a los Talleres Mercedes Benz, donde tenían ya emplazadas dos ametralladoras: una calibre 50 y una calibre 30.

En la propia Carretera Sur, de acuerdo con versiones de testigos sobrevivientes de la Masacre de Batahola,  otras dos ametralladoras eran movidas en dos jeepones de la Guardia Nacional, y en este caso específico de la EEBI, de Norte a Sur y viceversa. Esas versiones aseguran también que otra ametralladora calibre 50 estaba emplazada en la faldas del Cerro Batahola, exactamente un poco encima del Taller Batahola, en ese entonces del Distrito Nacional y de donde salían las palas mecánicas ya mencionadas arriba.

Para sumarle más angustia a los apuros militares que ya tenían, Efraim “Challuya” Téllez asegura en “Memoria Histórica: Héroes y Mártires de la Masacre de Batahola”, que por descuido de varios Combatientes Populares una embestida de los guardias sanguinarios les destruye una de las barricadas principales, ubicada del Cine León una cuadra al Norte, donde al mismo tiempo estaba una zanja ancha y profunda que impedía el paso de los enemigos somocistas. Esto ocurrió un poco después de las nueve de la mañana de ese 15 de junio.

Al ocurrir este desalojo militar, un grupo considerable de Combatientes Populares, Milicianos y pobladores quedan desprotegidos, y se ven obligados a replegarse rápidamente hacia el Sur, en rumbo al Seminario Nacional y Restaurante “Tinajones”, desplazándose por patios del Reparto Loma Verde.

Son coincidentes las versiones de Salvador Ramiro “Salvador”, “Pelón” García Ramírez, Santiago “Muerto” Núñez Solís, Ramiro Martínez Miranda, Armando Ibarra González y Efraim “Challuya” Téllez, de que los Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y Milicianos comenzaron a replegarse de Norte a Sur, caminando por entre patios, encima de techos y pegados a los muros de las calles, a eso de las doce del día del 15 de junio de 1979.

Mientras ellos caminaban clandestinamente, se fue sumando una gran cantidad de civiles: hombres, mujeres, niños y hasta ancianos, todos implicados en la Insurrección Sandinista de la Zona Noroccidental de Managua.

Los Combatientes Populares, Milicianos y Jefes Guerrilleros eran unos 150 en total, 15 de ellos regularmente armados con fusiles automáticos (ya prácticamente sin tiros en esos momentos). El resto portaban armas de cacería, inclusive pistolas y revólveres, ya sin municiones, especialmente después de los combates en la destrucción de la “Sierra Tres”, dentro de la Escuela San Martín y resto de combates móviles protagonizados los días 13 y 14 de junio en las calles de Monseñor Lezcano, Acahualinca, Colonia Morazán, San Sebastián, Balcanes, Santa Ana y en Loma Verde.

También son coincidentes las versiones de García Ramírez, Núñez Solís, Martínez Miranda y “Challuya” Téllez de que la mayoría de los replegados estaban congregados más o menos a la  una  de la tarde de la esquina de entrada al Seminario Nacional, dos y tres cuadras al Este, en la vía que conduce hacia donde fue el Banco Popular, y ya cerca de la entrada de uno de los caminitos por entre los matorrales, hierbas crecidas y unos pocos árboles donde hoy está asentada la Colonia Batahola Norte.

En esta zona donde es hoy Batahola Norte, existía en ese momento una Terminal de Autobuses Interlocales hacia León y Chinandega, sitio llamado también “Pancho Villa”.

Estas versiones indican que en ese momento estaban congregadas allí unas 400 personas en total, formadas en dos columnas. La inmensa mayoría eran civiles, desarmados, implicados en la Insurrección Sandinista.

Otro dato importante de este momento histórico crucial es que se afirma que Silvio “Israel” Porras García, Arnoldo “Viejo Ernesto” Real Espinoza, Alba Luz “Marta” Portocarrero Ramos y Soraya Hassan Morales, y otros tres Combatientes Populares, con sólo un fusil en manos de “Marta” Portocarrero Ramos y el resto con escopetas, por decisión del Estado Mayor Conjunto se suben en una camioneta roja recuperada y toman el rumbo de ENACAL por la 35 Avenida Oeste, con el fin de enfrentarse al contingente de guardias en este sector y tratar de abrirse paso a balazos, para que el Repliegue Táctico de Monseñor Lezcano a San Judas “ganara tiempo” y “espacio” para cruzar la Carretera Sur. Es decir, fue un intento de proteger con ráfagas de balazos el paso del Repliegue Táctico de Monseñor Lezcano a San Judas.

Una segunda versión añade que en realidad se subieron a un automóvil rojo, y que  los  calibres de los fusiles iban salidos por las ventanas del carro. Y una tercera versión, sin confirmación, señala que mientras se van replegando, pegados a muros, en una esquina de Loma Verde, Silvio Porras García  es impactado por una ráfaga de ametralladora calibre 50, disparada desde el lado de ENACAL, y casi le cercena el brazo derecho, y que esto motivó  más la urgencia de abrirse paso a balazos  hacia San Judas, cruzar la Carretera Sur era de vida o muerte.

Una versión testimonial de Armando Ibarra González, jefe de una escuadra de la Tendencia Tercerista, asegura que él personalmente vio al Comandante “Viejo Ernesto” Real Espinoza, en las cercanías de la KOMATSU, en posición de combate, unos cinco minutos antes de que se produjera la atroz Masacre de Batahola por parte de la Guardia Nacional somocista genocida en contra de los replegados de Monseñor Lezcano a San Judas.

Las versiones testimoniales de sobrevivientes de la Masacre de Batahola indican que efectivamente esta escuadra, todos miembros del Estado Mayor Conjunto, trabó combate con la soldadesca somocista genocida; que los mataron a todos y que posiblemente sus cadáveres fueron desaparecidos mediante cremación. Ninguno de los Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares, Milicianos y pobladores, supo lo que realmente pasó con estos miembros del Estado Mayor Conjunto del FSLN en esta Zona Noroccidental de Managua.

Las dos columnas del Repliegue Táctico de Monseñor Lezcano a San Judas se internaron en el predio montoso mencionado, en pleno medio día, quizás era la una y media de la tarde. Más o menos por el centro de este predio matorraloso y con hierbas crecidas estaba ubicada la Terminal de Autobuses Interlocales, por donde parte de los jóvenes (hombres y mujeres) cruzaron caminando hacia la Carretera Sur.

Convencidos de que presuntamente los contingentes de guardias sanguinarios genocidas no los habían detectado, caminaron sigilosamente, despacito por entre los matorrales y hierbas bajas, procurando no hacer ruido, hablar en voz muy baja, auxiliarse unos a otros, iban pendientes de que ninguno se quedara perdido o fuera de las dos columnas.

Los testimonios añaden que una columna, en medio de los matorrales, hizo un giro un poco al Este, para salir por la Calle en que se ubicaba Gallo y Villa y el actual INVUR, frente a la Embajada Norteamericana, y ya muy cerca de los Talleres de la Mercedes Benz.

La otra columna tomó rumbo Suroeste, como si fuera a cruzar y seguir por el centro de la actual Colonia Batahola Sur, bordeando el muro Oeste de la Embajada Norteamericana.

Supuestamente, los replegados que van buscando cómo cruzar .la Carretera Sur por la Calle de Gallo y Villa, envían   a la Combatiente Popular Graciela Isabel “Linda” Barreto Orozco, a indagar con familias del vecindario, para saber cómo estaba tendido el contingente de guardias en los alrededores y en la Carretera Sur. Graciela Isabel Barreto pidió agua en una casa familiar, y ante su pregunta, le respondieron que la situación en la Carretera Sur era  extremadamente peligrosa para ellos.

Siempre se denunció que cuando esta columna de replegados estaba ya en ese sitio, fue denunciada  por los “orejas” despreciables o informadores  de la Oficina de Seguridad, Ramón Valle Arancibia y Gabriel Valle, quienes presuntamente se movían en los alrededores, y que a la vez eran vigilantes en el Taller Mercedes Benz y en la KOMATSU.

Inclusive, hay una versión testimonial de que un tercer grupo de pobladores replegados, en hilera india, como un cien pies, se desplegaban pegados a los muros en la dirección de donde fue después el Banco Popular, esquina opuesta al Restaurante “Tinajones”, rumbo a salir a la Carretera Sur, frente a la Ferretería Lang, lo cual parecía imposible, debido a que el día anterior, 14, los guardias se habían metido a Monseñor Lezcano por esta vía, y en ese lugar, en combate de resistencia, habían resultado heridos Salvador Ramiro “Salvador” García Ramírez y Santiago “Muerto” Núñez Solís.

Los relatos recogidos entre sobrevivientes de esta Masacre de Batahola indican que los replegados, hombres y mujeres, casi todos jovencitos, esperaron tendidos en el suelo por un largo rato, antes de cruzar la Carretera Sur. Se supone era entre la una media del día y las dos la tarde de ese día 15 de junio de 1979.

Finalmente se cruzan en fila, en columna formada. Las versiones testimoniales añaden que una columna, estimada en unos 200, se cruza por el lado Oeste de los muros de la Embajada Norteamericana, y la otra, también de unos 200, se cruza por el lado Este de los muros de la sede diplomática gringa. Esta segunda columna se cruza unos 70 metros al Oeste de donde estaban los Talleres de la Mercedes Benz, donde estaban ya emplazadas las dos ametralladoras calibre 50 y 30, mencionadas.

Es necesario repetir que por todos los costados de los muros de la Embajada Norteamericana no había las casas que existen hoy. Lo que existía eran  matorrales, hierbas crecidas y unos pocos árboles. Enfrente de los muros circulares de la sede diplomática yanqui genocida, al Este, en la orilla Este de una calle de tierra, estaban ubicados la Cementera Canal y la NICALIT, empresa que vendía techos de asbesto cemento.

En la propia orilla Sur de la Carretera Sur hay un cauce de poca profundidad, y que siempre estuvo rodeado de árboles de chilamates. Un poco al Este de aquí se ubica otro cauce, en el  Reparto San Martin y hacia el Sur, un tercer cauce, también de poca profundidad, el cual es visible en la orilla Oeste del hoy Mercado Israel Lewites, el que tampoco existía en aquellos momentos del 15 de junio de 1979.

Supuestamente, los muchachos y muchachas replegados no ven guardias tendidos o desplegados en la Carretera Sur y se cruzan. Un poco al Sur de donde van cruzando había un espacio sin matorrales, como vacío, como campo de béisbol, al Este de los muros de la Embajada Norteamericana.

Cuando van caminando por allí, los guardias GN-EEBI les abren fuego balístico con todas las ametralladoras ya mencionadas, más la fusilería, quizás por centenares. Algunos sobrevivientes aseguran que también les dispararon desde encima de los muros de la Embajada Norteamericana.

 

“Los balazos partían los cuerpos de mis compañeros”: Leonardo Iglesias Medina

“Yo pasé encima de cadáveres para salvar mi vida”: Ramiro Martínez Miranda

Armando Ibarra González recuerda que su escuadra enfrentó a tiros a la GN en “cuadro de béisbol”

“Vi caer a Ernesto “Franklin” Cedeño y Soraya Hassan”, recuerda José Leonel Martínez Ruiz

“La sangre generosa de jóvenes quedó regada como semilla del Triunfo de la Revolución”: Ramiro Salvador García Ramírez

Los testimonios de sobrevivientes señalan que era un diluvio de balazos de gran poder. Leonardo Iglesias Medina, uno de los sobrevivientes de esta Masacre de Batahola, fallecido hace poco tiempo, me contó antes de morir:

“Aquello fue un infierno espantoso. Cuando comenzó ese feroz ataque a mansalva, porque prácticamente todos íbamos desarmados, yo me tiré al suelo porque así lo habíamos aprendido cuando nos entrenamos para combatir a aquellos asesinos del somocismo. Al mismo tiempo, me arrastraba con la boca rosando el suelo y escuchaba y sentía que las balas me rosaban  el cuerpo y cortaban el zacate y los matorrales como si llevara yo una chapodadora poderosa encima de mí”.

“En esos momentos de angustia indescriptible, porque ves la muerte encima, yo oía cómo los balazos partían los cuerpos de mis compañeros y compañeras y los sentía caer a mi lado, o sencillamente, de reojo también veía que otros que se iban arrastrando igual que yo, eran impactados por las balas y ahí quedaban heridos mortalmente o ya muertos”, recordaba Leonardo Iglesias Medina, sin poder detener lágrimas que brotaban de sus ojos.

“No sé de dónde saqué y sacamos fuerzas quienes sobrevivimos a esta Masacre, porque yo recuerdo que me arrastraba y arrastraba, tal vez fueron unos diez minutos que se me hicieron eternos y absolutamente desesperantes. Incluso, a ciegas, por instinto de sobrevivencia y direccional, yo tenía la idea de ir a salir por la NICALIT y finalmente lo conseguí.  Corrí lo más veloz que pude para cruzar la calle y meterme al cauce que está para el lado Sur, y por entre ese cauce crucé la Pista  o “Bypass”, y finalmente,  un grupo de sobrevivientes llegamos a San Judas”, me contaba Iglesias Medina antes de fallecer en el año 2004. Leonardo Iglesias Medina fue concejal del FSLN en el 2001, en el período de Herty Lewites Rodríguez.

“Al desatarse aquel diluvio de balazos en contra de nosotros, procedente de las ametralladoras que los guardias tenían en el Taller de la Mercedes Benz y la KOMATSU, yo disparé mi arma y al mismo tiempo me lancé al cauce que está en la propia orilla de la Carretera Sur. En medio de la balacera, me fui arrastrando sobre cadáveres de mis compañeros (hombres y mujeres) que precisamente iban quedando muertos, perforados a balazos, dentro de ese cauce. De ese modo, de arrastrada, pude salir por la NICALIT, y emprender veloz carrera hacia el Este, para meterme en el otro cauce del Reparto San Martín”, recuerda Ramiro Martínez Miranda.

“Segundos antes de que yo me lance al cauce, para salvarme de la balacera, vi caer, por ejemplo, a Zulema Baltodano Marcenaro, quien iba de la mano con su novio, y a la vez disparaban inútilmente con la esperanza de salvar sus vidas”, añade Martínez Miranda.

Armando Ibarra González, jefe de escuadra, coordinador del Conjunto de Música “Rambler”, perteneciente primero a la Guerra Popular Prolongada y después a la Tendencia Tercerista, recuerda que él y su escuadra logran cruzar la Carretera Sur por las cercanías de donde fue la Ferretería Lang, pero apenas cruzaron, cuando iban encaminándose al llamado “campo de béisbol”, los guardias les dispararon una lluvia de balazos de calibres de ametralladoras y fusilería.

“Yo iba con mi fusil Fal, con muy pocos tiros. Igualmente los integrantes de mi escuadra. Sin embargo, respondemos tiro a tiro, y a la vez doy orden a los miembros de mi escuadra y grito para que corramos hacia el cauce más cercano, hacia el lado del “Bar Buen Amigo”, en rumbo al Reparto San Martín, porque el acuerdo para hacer el Repliegue Táctico de Monseñor Lezcano a San Judas es que nos juntaríamos con los Combatientes Populares del Barrio Altagracia, para continuar hacia San Judas”, rememora Ibarra González, cuyos familiares más cercanos eran los propietarios del Cine León, ubicado en el centro del Barrio Monseñor Lezcano.

La escuadra jefeada por Ibarra González, portando fusiles automáticos y algunos tiros, logran evadir a tiros la sanguinaria masacre de la GN somocista contra los replegados de los barrios noroccidentales de Managua, y logran ingresar al Barrio Altagracia, donde al menos un centenar de replegados se reagrupan y deciden ir a salir por el entonces “Barrio El Espanto”, hoy conocido como “Barrio Andrés Castro”, donde al siguiente día los guardias somocistas sanguinarios genocidas capturan a Berta Calderón Roque y a Yolanda Mayorga Rivera, enfermeras las dos, y también las asesinan.

José Leonel Martínez Ruiz, 62 años actualmente, integrante de una escuadra jefeada por Juan Show Díaz, recuerda que como grupo logran cruzar la Carretera Sur, pero cuando van corriendo agachados rumbo a la NICALIT, igualmente van con la lluvia de balas encima, y a la vez disparando sus armas con los poquísimos tiros que les quedaban.

“Mientras vamos en veloz carrera, veo que una ráfaga de ametralladora 50 alcanza a Ernesto Franklin” Cedeño y a Soraya Hassan Morales, su novia, ambos miembros del Estado Mayor Conjunto. Soraya cae primero y Cedeño impactado mortalmente corre y abraza a Soraya, en un arranque instintivo de protegerla, que me dejó profundamente impactado por toda  mi vida posterior”, relata emocionado Martínez Ruiz.

Según Martínez Ruiz, minutos antes de la masacre al menos unos 200 replegados, entre hombres y mujeres jóvenes, Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, van caminando “en tres filas indias por donde fue Gallo y Villa, y en cuanto salimos a la Carretera Sur comenzó el diluvio de balazos de calibres 50, 30 y de fusilería en contra de nosotros, lo que nos obligó a emprender veloz carrera, unos agachados y otros de pies, y muchos también a rastras en el suelo, sin perder el rumbo que nos habíamos trazado: llegar a San Judas”.

“Aquel diluvio de balazos en contra de nosotros, aquella masacres de Batahola, fue francamente horrible, espantosa, y refleja la crueldad despiadada y sanguinaria de la Guardia Nacional somocista genocida, cuyos integrantes en esos momentos sólo pensaban en matar gente a mansalva”, comenta Martínez Ruiz, quien añade que un grupo numeroso, quizás de unos 100, lograron sobrevivir y corriendo por entre cauces y predios montos llegar a la altura de donde es hoy “Raspados Loli”, por donde cruzaron la Pista de la Resistencia Sandinista, o Bay Pass, hasta llegar a San Judas, donde igualmente la GN-EEBI genocidas ya estaban igualmente con una ofensiva militar gigantesca en contra de los Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y Milicianos, hasta obligarlos también a salir en Repliegue desesperado hacia los Lomos de El Crucero, específicamente a las Haciendas San Pancho, San Antonio y El Vapor.

Casi todos los sobrevivientes de la atroz masacre de Batahola se vieron involucrados en el Repliegue de San Judas hacia a estas Haciendas Cafetaleras el mismo 15 de junio de 1979, y estuvieron allí arriba, en los Lomos de Crucero, cuando la Guardia Nacional y EEBI genocidas ejecutan la masacre en la Hacienda El Vapor, donde matan a otros 12 pobladores de San Judas, que estaban heridos y desarmados.

“La sangre de nuestros hermanos quedó allí regada en Batahola como semilla del Triunfo de la Revolución”, comenta Ramiro “Salvador” García Ramírez. Testigos presenciales de esa Masacre terrible, ejecutada por la “democrática” Guardia Nacional somocista genocida, señalan que la sangre generosa y patriótica de casi 100 hombres y mujeres quedó estampada en matorrales, hierbas altas y enanas, en troncos de los árboles, en los tres cauces de los alrededores de la Embajada Norteamericana.

Los guardias de la EEBI no cesaron de disparar en ráfagas hacia donde los Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y pobladores civiles corrían y se arrastraban buscando cómo llegar a San Judas, que era un anhelo angustioso por salvarse y salvar la vida y enfrentando a los guardias mensajeros infernales de la muerte. Iglesias Medina afirmaba que fueron entre diez y 15 minutos de balacera nutridísima en contra de ellos. Otros sobrevivientes indican que quizás fueron unos 20 minutos de balacera contra una masa de jóvenes, hombres y mujeres, que no pudieron defenderse de este nuevo ataque somocista genocida  en contra de pobladores de Managua.

Iglesias Medina me decía que ninguno de los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares pudo hacerle frente a ese ataque genocida de la Guardia Nacional, pues, en primer lugar, virtualmente todos habían cruzado e ingresado al predio matorraloso, y en segundo lugar, casi todos iban desarmados y quienes llevaban fusiles automáticos, o de guerra, no portaban tiros consigo.

Leonardo Iglesias Medina me contaba que los sobrevivientes de la Masacre de Batahola al ganar la calle de la orilla de la Cementera y de NICALIT, se fueron corriendo, ya sin formación alguna de columnas, por tres vías: por el canalito que había en medio del predio, exactamente del lado Sur del muro de la Embajada Norteamericana hacia el Sur, en rumbo a pasar por la orilla del Plantel Batahola y también por el Centro Comercial Nejapa; un segundo grupo de sobrevivientes siguió por el cauce que está paralelo al hoy Mercado Israel Lewites Rodríguez y un tercero logró irse de cruzada por el Barrio Altagracia y tomar también como rumbo escondido el cauce que se ubica paralelo a las instalaciones de la Alcaldía de Managua, por el lado Este del “Centro Cívico Camilo Ortega Saavedra”.

Es precisamente en este último cauce que los guardias somocistas sanguinarios, acantonados en el Centro Cívico, detectan que Eduardo José “Ñato” Argüello Bohórquez, hermano menor de Alexis Argüello Bohórquez, cuando va corriendo por dentro del cauce y lo matan con ráfagas de fusiles por donde está el Semáforo en la Pista de la Resistencia Sandinista, entonces llamada “By Pass”.

“Corriendo por cauces, cruzando callejones y predios montosos, un grupo de  unos 60 compañeros, hombres y mujeres, finalmente llegamos a San Judas, cansados en extremo. Recuerdo que llegué a San Judas con la camisa y el pantalón ensangrentados. Creí, en los primeros momentos, que estaba herido. Me revisé todo el cuerpo, y ahí me di cuenta que aquella sangre era de mis compañeros que habían caído en el cauce, frente al Taller de la Mercedes Benz, donde yo me arrastré sobre ellos para salvar mi vida”, recuerda Ramiro Martínez Miranda.

Guardias mataban a los que quedaron vivos

Lanzan los cadáveres con palas mecánicas a camiones volquetes

Vecinos de los alrededores de Batahola contaron después que los sicarios sanguinarios del somocismo genocida que aún así, asesinando a mansalva, los guardias inicialmente entraron con miedo al predio matorraloso (al Este y Sur de los muros de la Embajada yanqui), donde con ráfagas de fusiles y tiros de pistolas remataban a todos los que encontraban muertos, o estaban vivos todavía.

Detrás de los guardias asesinos ya venían “muy diligentes” los conductores de las palas mecánicas y de los camiones volquetes. Después de convencerse de que ya los habían rematado a todos los masacrados, entonces entre los matorrales, para esconder este otro crimen espantoso, de lesa humanidad, los guardias de la GN-EEBI arrastraron los cadáveres hasta un punto cercano a la NICALIT, los pusieron en fila, y luego con la pala mecánica los lanzaban dentro de los tráilers de los camiones volquetes del Distrito Nacional.

Concluida esta obra macabra, espantosa, los cadáveres amontonados dentro de los camiones, fueron llevados a echarlos en una zanja que estos despreciables genocidas ya habían hecho muy cerca de donde tenían la Academia Militar y de los edificios del Banco de América y del Banco Central, y por donde después se construyó la Plaza de los No Alineados, porque estaban seguros de que iban a ocultar las huellas horribles de esta otra matanza, conocida hoy como Masacre de Batahola.

En ese sitio fue construido un monumento en memoria eterna a estos Héroes y Mártires de la Revolución Popular Sandinista. Este monumento está en el lado Este de la Asamblea Nacional, cuyas autoridades cuidan de él en forma permanente. En la parte baja, en un círculo, están más de 80 nombres de los que se ha confirmado cayeron abatidos por las balas disparadas a mansalva por estos asesinos del somocismo genocida.

En mi libro “Insurrección Sandinista Victoriosa y Repliegue Táctico de Managua a Masaya” ya se publicaba un listado no oficial de unos 20 de los Héroes y Mártires asesinados a mansalva por aquellos sicarios sanguinarios; y en otro libro de Patrimonio Histórico de la Alcaldía de Mangua, asimismo se publicó un listado en que se afirman fueron 72 los masacrados en Batahola.

En el monumento mencionado, en memoria de estos Héroes y Mártires de la Revolución Popular Sandinista, hay colocadas 87 placas con igual número de nombres. Es posible que mediante la investigación que he iniciado, este listado de Héroes y Mártires, masacrados en Batahola, crezca en número, como ocurrió cuando hice una investigación más cuidadosa y paciente sobre los caídos en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, ocurrido los días 27, 28 y 29 de junio de 1979.

Por mi parte, mediante pláticas con sobrevivientes de la Masacre de Batahola, y tomando en cuenta el listado oficial de la Asamblea Nacional, colocados cada uno de los nombres en el monumento mencionado, tenemos la siguiente lista:

Arnoldo “Viejo” Real Espinoza, Silvio Porras García, Alba Luz “Marta” Portocarrero Ramos, Soraya “Flor” Hassan Flores, Allan “Sherman” Álvarez Miranda, Antenor Aguilar, Antonio Maldonado,  Carlos Mendoza Montano, Carlos Ortiz, César Vidal Lara Tercero, Denis Argeñal, Eddy Meléndez Morales, Eduardo García, Eduardo José “Ñato” Argüello Bohórquez, Edwin Gutiérrez, Elías Alfredo Pérez, Enrique Gutiérrez Serrano, Ernesto “Franklyn” Cedeño, Fanor Gaitán, Fernando Javier Aguinaga, Francisco Hernández, Francisco Javier Zeledón López, Francisco Gutiérrez Velásquez, Francisco Rodríguez, Gerardo Omar López, Gustavo “Tortillero” González, Horacio José Lorío Hernández, Ignacio Varela, Javier Antonio Martínez Velásquez, Jorge “Bladimir” Corea Briones, Jorge Martínez, Jorge Zapata Borge, José David Rocha Hernández, José Domingo “Chanchero” Martínez, José Domingo Romero, José Enrique Bermúdez, Jorge José Esquivel Acevedo, José Gonzalo Largaespada Martínez, José Isabel Bermúdez, José Peña Gutiérrez, José Rafael Bermúdez, José Ramón Rayo Suárez, Juan Horacio Rivas Rodríguez, Juan Rafael Bermúdez, Juana María Torrez Espinoza, Julio Loáisiga, Julio Villalta, Leonel Morales, Graciela Isabel  “Linda” Barreto Orozco, Luis Martínez, Luis  “Bomberito” Montano, Manuel Espinoza Cabrera, María José Sáenz, Marta Olivia, Mary José Matus, Mauricio A. Gutiérrez R., Mauricio Alegría, Mauricio Mayorquín, Miguel José Matus, Miguel Velásquez López, Napoleón Lara, Nelson Berríos Parra, Noel Padilla Pérez, Orlando Núñez Hernández, Oswaldo Enrique López Alegría, Pablo Solórzano, Pedro Antonio Túkler Rugama, Raúl López Flores, René Gutiérrez, Reyna Carballo, Ricardo J. Munguía Talavera, Roberto Díaz Meza, Róger Benito Martínez, Róger Martínez Abarca, Ronaldo Antonio Velásquez Morales, Rubén Mendoza, Samuel Antonio Medal Ramírez, Samuel “Samuelillo” Barreto,  Víctor Manuel Aguirre Mendoza, Wilfredo Juan Rodríguez, Jazmina Bustamante Peña y Zulema Baltodano Marcenaros.

¿Cuántos eran realmente, entre varones y mujeres, los participantes en aquel Repliegue Táctico de Monseñor Lezcano a San Judas? ¿Cuántos fueron asesinados, o masacrados? ¿Cuántos sobrevivieron a esta balacera horrible?

Un grupo de los mismos sobrevivientes, entre otros, Salvador Ramiro García Ramírez, hicieron una investigación de varios años, mediante entrevistas a Combatientes Históricos, familiares y amigos, la cual dio como resultado este listado todavía incompleto de sobrevivientes de la Masacre de Batahola:

Salvador Ramiro “Salvador” García Ramírez, Santiago “Muerto” Núñez Solís, Pedro Benjamín José “Chepe” Medina Solís, Francisco Javier “Machigüe” Sánchez Suazo, Ramiro “Julio” Martínez Miranda, Emilio José “Monimbó” Mercado, Alejandro “Marciano” Díaz Meza, José Francisco Martínez Rayo, Pedro “Chaparro Henry”  Meza, Carlos “Mago” Díaz Moreira, Fanor Ibarra González, Lombardo Márquez Reyes, Roberto Antonio “Piojo” Sánchez, Efraim “Challuya” Téllez, Mario Antonio Barrera Beteta, Domingo Ernesto Tuckler, Wilfredo Mayorquín, Róger Almendárez Román, Álvaro Antonio Pérez Morales, Bismarck “Cumbita” Sandoval Estrada, Marvin “Chorro de Humo” Gutiérrez Mendoza, Orlando Díaz Meza, José María “Samuel” Ibarra González, Armando Ibarra González, Walter Almendárez Román, David Lorío Hernández, Álvaro “Manteca” Espinoza, Adolfo Reyes, Armando “Mono” Mendoza, César Sediles, Óscar “Pausado” Vargas Cruz, Róger Antonio “Gavilán” Bermúdez Morales, Chino “Braulio” Zepeda, Eduardo “Chacho”  Sánchez, Miguel Jerónimo “Chayotón” Vásquez López, Néstor “Gemelo” Castillo, William “Gemelo” Castillo, Enrique López Castillo, Gregorio Maldonado, Ricardo López Alegría, Ángela “Pata de Yuca” Vargas, Julio Paniagua, Abba “Abba” Medina, Edwin Antonio “Chicha”, “Loco” Cabrera, César de Jesús “Cachín”  Amador Zea, Óscar Mayorquín, Martín López, Uriel Antonio Tijerino Carrillo, Medardo Eliseo Tijerino Carrillo, Marlon José Tijerino Carrillo, Francisco “Chico Zorro” Mercado, Martín “Renco” Fonseca,  Antonio “Foca” Maldonado Medina, Leonardo Iglesias Medina (ya fallecido),  Eduardo “Iván” García, Óscar Antonio Gutiérrez Serrano (caído en el Repliegue a Masaya) y otros sólo conocidos por nombres: Rubén, Cairo, Psinga, Henry y Fernando.

Testimonios de algunos de estos sobrevivientes de la Masacre de Batahola, entre otros Leonardo Iglesias Medina (ya fallecido hace varios años; fue concejal del Frente Sandinista en Managua) y Salvador Ramiro García Ramírez,  la mayoría de los sobrevivientes que lograron llegar a San Judas, les tocó vivir el siguiente episodio de la otra masacre ejecutada por la Guardia Nacional en la Hacienda El Vapor, en los Lomos o Montañas de El Crucero, al Sur de Managua, los días 16 y 17 de junio.

Además, quienes lograron sobrevivir a esta otra masacre en la Cordillera Sur de Managua, se fueron a la Zona Oriental Insurreccionada y asimismo participaron en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, el cual fue también masacrado mediante bombardeo aéreo por la Guardia Nacional en el lado Norte de “Piedra Quemada”, Masaya, resultando más de 80 muertos o caídos, entre ellos Óscar Gutiérrez Serrano, uno de los sobrevivientes de Batahola. Su hermano Enrique Gutiérrez Serrano fue uno de los muertos en la Masacre de Batahola.

Repliegue o Éxodo de Santa Ana a Mateare

El mismo día 15 de junio se produce un Repliegue, o Éxodo, bastante masivo de pobladores civiles y Combatientes Populares heridos de los vecindarios Santa Ana, Acahualinca, Balcanes y San Sebastián hacia el casco urbano de Mateare.

Al conocerse de la Masacre de Batahola esa tarde del 15 de junio al medio día, centenares o miles de pobladores entraron en pánico, especialmente al notar que entraban más soldados sanguinarios a estos vecindarios, con más equipos de artillería pesada, al mismo tiempo que los pilotos somocistas seguían  bombardeando estos vecindarios, y en toda Managua.

Relatos testimoniales de José Dolores “Chepe Lolo” Galo Estrada y Santiago Núñez Solís, ambos sobrevivientes de la Masacre de Batahola, indican que unos 1,000 pobladores se organizaron en secreto y decidieron irse hacia Mateare por medio de los rieles del Ferrocarril, el cual pasaba, cuando existía, en la orilla de Acahualinca y Santa Ana.

“Muerto” Núñez Solís y “Chepe Lolo” Galo Estrada sobrevivieron a la Masacre de Batahola, pero no lograron cruzar hacia San Judas. Se fueron a refugiar en el Seminario Nacional, de donde partieron clandestinamente hacia el lado de Acahualinca. Núñez Solís andaba herido. ”Chepe Lolo” Galo estaba ileso, y formaba parte de los Comandos Revolucionarios Sandinistas del Pueblo, de Tendencia Proletaria. Un grupo de Combatientes de estos Comandos Revolucionarios se hicieron cargo el 16 de junio de acompañar a la multitud de gente hasta Mateare, ubicado a 21 kilómetros al Oeste de Managua, en la orilla del Lago Xolotlán o de Managua.

El testimonio de “Chepe Lolo” Galo Estrada  indica que a pesar del pánico reinante, el operativo para este Éxodo masivo a Mateare se organizó en secreto. Como en típico Repliegue de Combatientes Populares, los pobladores civiles, hombres, mujeres, ancianos y niños, salieron sigilosamente de sus casas cuando ya era de noche.

Por orientación de una escuadra de apenas seis Combatientes Populares, entre los que se contaba “Chepe Lolo” Galo Estrada y Núñez Solís, puestos en los rieles se formaron dos columnas, una a cada lado de las hileras metálicas del Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua. Como era de noche, a los participantes en el Éxodo o Repliegue se les pidió que procuraran no hacer ruido. Tampoco debían usar ropas blancas o claras, no debían llevar cosas que brillaran en la oscuridad, no encender focos de mano, ni fósforos, con el fin de evitar ser detectados por la Guardia Nacional somocista sanguinaria.

Al llegar a la Estación del Ferrocarril en Miraflores, ubicada entre Acahualinca y Los Brasiles, ya en la madrugada del 17, decidieron descansar y reanudar la marcha muy de mañanita. Unos cuantos se acostaron en el piso de ladrillos cuarterones sucios de la Estación del Ferrocarril, otros en el puro suelo, y una minoría acompañó a los Combatientes Populares para montar guardia en prevención de que los soldados enemigos los descubrieran.

Reanudaron la marcha a eso de las seis de la mañana. Cuando iban caminando en silencio por el cauce de Miraflores, a la altura del Puente de Cruce Xiloá-Miraflores (carretera pavimentada), a eso de las siete de la mañana, se toparon repentinamente con otra sorpresa horrible, pues un grupo de guardias tenían un retén allí, y estaban torturando, primero, y luego procediendo a matar con balas a varias personas que tenían capturadas.

“No podíamos darnos el lujo de que la guardia nos detectara, porque podía ejecutar en nosotros, en la multitud, una nueva masacre. Nos escondimos silenciosamente entre los matorrales y en el cauce. Un grupo de los Combatientes Populares  nos reunimos para discutir un plan, y acordamos desviarnos hacia el Norte con toda la gente, para salir como a  un kilómetro hacia el lado de Xiloá”, recuerda Santiago Núñez Solís.

Ya en pleno día, con sol abundante, continuaron la marcha por entre matorrales, en rumbo al poblado de Los Brasiles. Al llegar a este punto caminaron por la orilla del Lago de Managua hasta llegar al casco urbano de Mateare.

Entre Managua y Mateare estos rieles estaban ubicados en la orilla del Lago Xolotlán o de Managua, y cerca de la Laguna de Xiloá a la altura del Aeropuerto Escuela Los Brasiles.

Dichosamente fueron recibidos por el cura de la Iglesia Católica. En esa Iglesia los pobladores civiles  permanecieron refugiados hasta el Triunfo de la Revolución Popular Sandinista. Otros, como Santiago Núñez Solís, ya “quemado” como Combatiente Popular se regresó de forma clandestina y se fue a refugiar en la Embajada de México, en Managua.

Muralla de fuego balístico popular detenía a sicarios

Valoración militar del Comandante Carlos Núñez Téllez

Después de la horrenda y atroz Masacre de Batahola, el tirano sangriento genocida Anastasio Somoza Debayle, su Guardia Nacional y sus generales, coroneles, mayores y capitanes, incrementan, ese mismo día 15 de junio,  de manera extraordinaria la cantidad de tropas y equipos bélicos pesados en contra de la Insurrección Sandinista en Managua, en las tres Zonas: Oriental y Norte, Suroccidental y Noroccidental.

Con la Masacre de Batahola, el Repliegue Táctico masivo del OPEN TRES hacia San Andrés de La Palanca y el Éxodo de Santa Ana-Acahualinca hacia Mateare, la Insurrección Sandinista en la Zona Noroccidental quedaba virtualmente desarticulada. Al menos unos 50 de esos Combatientes Populares pasaron a engrosar las filas de columnas y escuadras en la Zona Suroccidental, donde la guerra de guerrillas contra el enemigo somocista genocida, de hostigamientos, emboscadas y retiradas rápidas, continuó sin parar todavía en la noche del 15 de junio. Igual ocurría en la Zona Oriental-Norte, o Principal Insurreccional, en Managua.

Sobre este 15 de junio de 1979  y las masacres en los barrios occidentales de Managua, el Comandante Carlos Núñez Téllez en su informe  titulado “Un Pueblo en Armas”, dirigido a la Dirección Nacional Conjunta del FSLN en aquel momento crucial de la Historia de Nicaragua, dice lo siguiente:

“Anteriormente señalábamos que al estudiar el Plan (Militar) de Managua habíamos partido de una resistencia activa de corta duración, con el objetivo de esperar el avance de los otros Frentes de Guerra (del FSLN) y todos juntos lanzarnos al asalto de la fortaleza enemiga (en Managua).

“Más de seis días llevamos de estar resistiendo al máximo la acción de la guardia genocida por distintos puntos. Era una acción insistente por el Puente San Cristóbal, Transporte Modernos y Carretera Norte, acción  militar que se paralizaba solamente cuando sentían en carne propia la vigorosa respuesta de los Combatientes y Milicianos Sandinistas.

“Comenzábamos a preocuparnos. Tal ritmo de lucha militar no podía resistirse indefinidamente, solamente con moral combativa. Se hacía necesaria la presencia de otros Frentes, de armas, de hombres experimentados, máxime que la resistencia en los Barrios Occidentales comenzaba a declinar, doblada por la ofensiva criminal del ejército somocista.

“Monseñor Lezcano, San Judas, OPEN III (Ciudad Sandino) y Acahualinca prácticamente se habían convertido en campos de concentración. La población de San Judas y Ciudad Sandino se habían visto obligados  a emigrar hacia unas montañitas aledañas, llevándose consigo a centenares de heridos y Combatientes.

“Ya para ese entonces habían caído heroicamente Combatientes como René Cisneros Vanegas, Arnoldo Real Espinoza y Adolfo Aguirre Stathadgen, destacados militantes sandinistas y solamente Gabriel Cardenal (Comandante “Payo”) y Eduardo Cuadra Ferrey habían logrado retirarse y ponerse en contacto con nosotros”.

Continúa el Comandante Núñez Téllez:

“Al observar el vencimiento de los tres días y notando el empuje decidido de la guardia somocista, que se apoyaba en la infantería y en los blindados, el Estado Mayor General del Frente Interno comienza a hacer llamados a los distintos Frentes de Guerra (del FSLN) para que intensifiquen la lucha, se solucione la disputa del terreno y avancen sobre la Capital (Managua).

“Esta espera a veces se volvía bastante desesperante, indudablemente porque estábamos enmarcados y convencidos de que el Plan Militar (Insurreccional) de Managua era defensivo y que de ninguna manera, a partir de los recursos materiales y de las fuerzas, podía contemplarse la toma de la Capital y más todavía, porque se trataba de una fuerza pequeña (la del FSLN) alrededor  de 150 Combatientes con armas de guerra y varios centenares de Milicianos que estaban luchando y librando batalla en la retaguardia estratégica del enemigo (Guardia Nacional), en el corazón del enemigo y por supuesto, los sandinistas no nos equiparábamos ni numérica ni técnicamente al potencial de fuerzas y volumen de fuego del enemigo.

“A partir del viernes 15, las barricadas del Barrio Riguero, defendidas por los Milicianos, comienzan a ser tomados por las tropas somocistas y los milicianos repelidos hasta las posiciones regulares; comienzan a presentarse los primeros problemas, la concepción del combate regular es asimilada pro los milicianos, pierden las perspectivas del combate callejero y comienzan a exigir armas automáticas para mantenerse.

“Esto es más grave por cuanto la guardia comienza a avanzar apoyada en su alto volumen de fuego y como es natural, las fuerzas milicianas faltas de armamento calificado, se ven obligados a abandonar las trincheras muchas veces en desorden.

“Claro, en parte nosotros somos responsables de esta situación. Esta actitud, esta conducta, es el resultado de un trabajo no concluido. También en esos se dan otros tipos de problemas, como es la competición entre el fusil Fal y el Rifle 22, con el consiguiente celo de los milicianos que se sentían como marginados.

“Lo cierto era que las difíciles condiciones que teníamos, que son las mismas con las que  habíamos entrado al combate, no nos posibilitaban poder armar a todos los compañeros que así lo deseaban.

“Y particularmente es más sentido porque el Miliciano era por naturaleza un Combatiente audaz y tanto más  si tomamos en cuenta que había sido fogueado en una modalidad de combate eminentemente defensivo, a  tal punto que en determinado momento llegaban a derrochar una gran audacia y arrojo en el combate.

“Su mentalidad de asalto, su capacidad de desplazamiento masiva, siempre lo habilitó para combatir hasta el fin, más o menos armados. Este problema se vería posteriormente más agudizado cuando comienza a faltarnos el parque (tiros) de los Milicianos y por las limitaciones objetivas para proporcionárselo.

“Es necesario que si bien es cierto que nosotros teníamos objetivamente delineado nuestro campo de defensa, por el mismo levantamiento general, existían focos de resistencia en el Barrio Riguero, en La Rebusca y en la Máximo Jerez desde los primeros días.

“Por allí comenzó el enemigo su actividad de cerco y aislamiento de la Zona Oriental. Sobre los barrios mencionados se hizo sentir el despliegue militar y el poder de fuego de los somocistas hasta lograr que quedara perfectamente delineado el  Teatro de Guerra Oriental.

“Es así como a partir de este momento, la acción de la guardia se concentra en la Zona que ha conseguido aislar del reto de la Ciudad, dando origen a una tónica común de los futuros días: el enemigo tratando de penetrar y los revolucionarios ceñidos a su empeño de no permitirlo, costara lo que costara.

“Eso sí, los cálculos del Estado Mayor General del Frente Interno y del Estado Mayor de Managua eran acertados: la muralla de fuego levantada (en trincheras de combate FSLN) se interponía como un gigante entre los contendientes, las inmensas barricadas de adoquines derribadas por los tanquetazos, resurgían al día siguiente más fortificadas, las recuperaciones de armas a la guardia aunmentaban, acompañadas de sensibles bajas (guardias muertos y heridos).

“Era como golpear una muralla impenetrable, con la diferencia de que estas barricadas habían sido levantadas con los adoquines fabricados por las empresas del dictador… el adoquín, expresión de lucha y rebeldía, se levantaban como una maldición que lo llevaría a la tumba política

“El sábado 16 (de junio) cumplíamos una semana de haber insurreccionado la Capital. Las fuerzas estratégicas (Frentes de Guerra del FSLN) seguían sin  llegar y en todos los sectores de Managua se seguía combatiendo”, expresaba el Comandante Carlos Núñez en su informe a la Dirección Nacional Conjunta del FSLN, titulado “Un Pueblo en Armas”.

16 de junio

En víspera de otra Masacre de la Guardia genocida, esta vez en Hacienda El Vapor

Diluvio de balazos y cañonazos contra replegados de San Judas a Lomos de El Crucero

Los Batallones élites de la Guardia Nacional y del grupo de asesinos y mercenarios de la EEBI, duplicaron o triplicaron su ofensiva contra las tropas sandinistas insurrectas, acompañadas estas por pobladores civiles,  como queda expresado, y al mismo tiempo arreciaron las “operaciones limpiezas” y “tierra arrasada”, en las Zonas Noroccidental y Suroccidental, especialmente después de ejecutadas por esos guardias sanguinarios genocidas las Masacres de la Colina 110, en Batahola y del “Kilocho Sur”.

La guardia había lanzado nuevamente otra ofensiva militar de enorme envergadura contra los Jefes Guerrilleros, Milicianos y Combatientes Populares, integrantes de ocho columnas con unos 300  miembros, la mayoría de ellos sin armas ni municiones, por el Frente de Guerra de San Judas, Loma Linda, Villa Roma, Vista Hermosa, Torres Molina y San Patricio.

Los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares hacían labor guerrillera de ofensiva móvil, defensiva al mismo tiempo, hostigando a los enemigos, montándoles emboscadas,  desesperándolos, poniéndolos nerviosos, pero al mismo tiempo, como afirmaba el Comandante Núñez Téllez, el volumen de fuego balístico, de artillería pesada y cantidad de hombres-infantería era impresionante, total y absolutamente desventajosa contra la Insurrección Sandinista, ante la poca cantidad de Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y Milicianos, que, además, estaban prácticamente desarmados.

Era una guerrilla heroica, temeraria, audaz, y tan genial como la de Sandino contra los yanquis (1927-1933), pero esa resistencia popular tenaz ya estaba resultando virtualmente imposible de sostener en ese otro Teatro de Guerra en el Suroccidente de Managua.

De acuerdo con los testimonios de Cristóbal “Gersán” Guevara Casaya, de Víctor “Bayardo”, “Dientes de Lata” Romero Pérez,  de Víctor y de Carlos Cienfuegos Aburto, el mismo 15 de junio al medio día, mientras la batalla era generalizada en San Judas, el Estado Mayor Conjunto, encabezado por Gabriel “Payo” Cardenal Caldera, ya tiene planeado reiniciar un Repliegue Táctico hacia los Lomos o montañas de El Crucero porque ya la situación militar les era insostenible: por la enorme ofensiva de la guardia, escasez de municiones para fusiles y armas de cacería,  existencia de muchos heridos, tanto civiles como Combatientes; carencia de utensilios y medicinas para curar los heridos, escasez de comida, cansancio notorio entre Combatientes y pobladores implicados en la Insurrección, y que la soldadesca sanguinaria los está cercando, les está formando una “U” mortal por los lados Suroeste, Norte y Este, pues ya se habían tomado toda la faja del  “Camino de Bolas” y el sector del Aserrío, en el Este de San Judas; además estaban desarrollando una ofensiva colosal del lado Norte (Colonia Independencia, Héroes y Mártires del Bocay hacia el  Sur)

Los mismos pobladores implicados en la Insurrección Sandinista están planteando la necesidad de replegarse nuevamente hacia los  Lomos montañosos de El Crucero. Gabriel “Payo” Cardenal Caldera les ordena a los jefes de las ocho columnas que resistan en posiciones claves como las lomas que comunican con el lado Oeste por San Patricio, por las Lomas de San Judas, al Oeste; y en rumbo a los sitios por donde avanzan los asesinos de la tiranía somocista; y que hagan guerrilla móvil constante, hostigamientos sorpresivos, emboscadas, golpes militares relámpagos y retiradas igualmente rápidas, para impedir el ingreso de los contingentes de guardias hacia las entradas de Loma Linda (Sierra Maestra) y las entradas al Barrio “Torres Molina” (Camilo Ortega Saavedra), y facilitar de ese modo el inicio del Repliegue Táctico hacia los Lomos de El Crucero.

“Soporten, en forma audaz y tenaz, hasta que hubiésemos salido con los heridos y pobladores”, les ordena “Payo” Cardenal Caldera a los jefes de su tropa heroica en San Judas, Loma Linda, Villa Roma y Torres Molina.

Era después del  medio  día  del 15 de junio de 1979. Este operativo militar insurreccional para salvar a la tropa guerrillera del Frente Sandinista y pobladores implicados se producía casi al mismo tiempo en que estaba produciéndose la Masacre de Batahola.

La orden militar de Gabriel Cardenal Caldera es terminante: Deben ser transportados los heridos menos graves en el Repliegue Táctico hacia los Lomos de El Crucero; debe procederse de inmediato a dejar muy bien resguardados los heridos graves en casas de seguridad, y debe ser organizado cuidadosamente el Repliegue o Retirada de los pobladores (hombres, mujeres, niños y niñas) implicados en el apoyo directo a la Insurrección en los Barrios del Suroeste de Managua.

Uno de los heridos es Adrián Meza Soza, de la Tendencia Proletaria, miembro del Estado Mayor Conjunto en la Zona Suroccidental. René Cisneros Vanegas, miembro del Estado Mayor Conjunto, uno de los Jefes en la Tendencia Proletaria, había caído ese mismo día en los fieros combates contra los guardias frente al Cine del Barrio San Judas, del Ceibón hacia el Este.

El Estado Mayor Conjunto del FSLN y algunos miembros en particular ya habían conseguido varios jeeps y camionetas para transportar los heridos, si era posible, hasta las Haciendas Cafetaleras San Blass, San Antonio, San Pancho y El Vapor, todas ubicadas a más de 700 metros de altura, en el costado Sur de Managua, en la Cordillera Montañosa de Managua, la cual comienza en el Complejo Volcánico de Masaya y termina en el borde del Lago de Managua, por el Oeste del casco urbano de Mateare.

“Un diluvio de morteros, rockettes, bombas de 500 y mil libras, ráfagas interminables de ametralladoras caen sobre todo San Judas, Loma Linda, Villa Roma y Torres Molina, mientras desde un sitio alto en que estamos resistiendo las embestidas del enemigo para el lado de San Patricio, también vemos que centenares de pobladores caminan y corren hacia el Sur, buscando las entradas o salidas del Barrio Torres Molina, porque el Repliegue Táctico de San Judas a los Lomos de El Crucero, ha comenzado”, escribió en su informe Cristóbal “Hersán”, o “Gersán” Guevara Casaya.

“Gersán” Guevara Casaya con su columna No. 8 está resistiendo el diluvio de balazos por el lado de San Patricio, en el Suroeste; mientras Víctor “Bayardo”, “Dientes de Lata”  Romero Pérez,  Mauricio del Carmen “Chepe Kiel” Kiel, William Díaz, Cairo Téllez, Julio Ruiz y Justo, Jefes Guerrilleros todos, con unos 50 Combatientes Populares mal armados, están resistiendo dentro de San Judas, para el lado Sur, de forma móvil, haciendo guerrilla, atacando desde patios y techos de casas, con el fin de cumplir la orden estratégica de Gabriel Cardenal Caldera de que “debemos salvar, cueste lo que cueste, a costa de nuestras vidas si es preciso, a los heridos, a los pobladores que nos han apoyado y a la tropa de Combatientes Populares”, así era de terminante la orden de Gabriel “Payo” Cardenal Caldera.

El Plan Militar de “Payo” Cardenal Caldera para esta Retirada o Repliegue Táctico era que las oleadas humanas de pobladores y Combatientes se irían en “tres impulsos”, protegidos por la resistencia de nuestras fuerzas combativas”, habría expuesto “Payo” Cardenal Caldera en una reunión clandestina para decidir el nuevo Repliegue Táctico de San Judas a los Lomos de El Crucero.

“La fila era un ciempiés larguísimo de patas humanas, curvo y recto en algunos momentos”, describe “Gersán” Guevara Casaya cuando habla de una fila inmensa que empezó a verse a eso de las tres de la tarde al Sur de Loma Linda, Villa Roma y Torres Molina.

“Juan Bautista”, “Juan Gato” Rojas y su cuñado con otro grupo de Combatientes Populares salen por Torres Molina, rumbo a los Lomos de El Crucero. Las olas humanas se incrementan cada vez más. Allí trotaban y corrían gentes de todos los Barrios Occidentales y de todas las edades. Pedro y su gente resiste fieramente a la embestida de la infantería GN en la entrada a Torres Molina”, recuerda “Gersán” Guevara Casaya.

Añade “Gersán”: “El enemigo se filtró por las hondonadas que están al Oeste del Barrio San Judas y suben al camino de entrada. Los GN se apostaban en unas casitas que estaban como a 100 metros de la entrada. Nosotros, mi grupo y yo, al Noroeste desde las Colinas, amortiguando con balas para que el enemigo no se tomara la Ceiba cruzada en el camino. Esta Ceiba la pretendían utilizar de trinchera. Soportamos los rocketazos y permanecemos allí casi dos horas, con el fin de que los soldados GN no tomen nuestras posiciones, de lo contrario, San Judas y Loma Linda, por el Sur, quedarían ya totalmente indefensos. Desde estas colinas, Loma Linda presenta un panorama amplio, completo, hacia el Norte”.

Enemigo mortal GN se les toma trincheras de combate mientras Repliegue avanza

Angustia de replegados porque GN los persigue con lluvia de balas y bombas

Sigue “Gersán” su relato: “Entre las tres y cuatro de la tarde, el enemigo somocista que se aproxima a San Judas, estaba ya a la entrada de Loma Linda, por el “Arandú”. Nosotros sentimos la lluvia de balas muy cerca por el Noroeste. Pedro y la “Piyuca” y su escuadra retroceden. Los guardias criminales se toman la entrada a Torres Molina. A nosotros, a mi columna y a mí, también el enemigo nos gana la Ceiba. Tiburcio me comenta: Hermano, por aquí ya todo mundo pasó, el Repliegue ya va saliendo por Torres Molina. Safémonos”, ordeno que nos repleguemos en orden, buscando el Este, para el lado de la Escuela”.

“En Loma Linda las carreras de pobladores y Combatientes Populares se dirigen del Norte al Sur. Nos detenemos para ayudar en el Puesto Médico en donde Gabriel Cardenal Caldera, Maritza Navarrete, y otras personas, estaban subiendo los últimos heridos en un vehículo. Después, yo no supe por dónde se fueron “Payo” Cardenal y la “Tavaricha” (Genie Soto, del Estado Mayor), con estos heridos y un grupo numeroso de Combatientes Populares. A la salida del Barrio, por el Sureste de San Judas, el desplazamiento, en medio de la balacera nutridísima que nos receta el enemigo, es rápido, cuando comienza la zona montañosa. El grupo de Combatientes Populares y pobladores que me acompaña en ese momento es de unos 150”, recuerda “Gersán” Guevara Casaya en su informe mencionado.

En total, según los estimados, iban más de 1, 000 pobladores y Combatientes Populares en este Repliegue Táctico hacia el Sur de la Zona montañosa de Managua.

Descripciones de “Gersán” Guevara, Víctor Cienfuegos Aburto, José de Jesús “Chepe Chú” Zamora, Aníbal Bendaña Artola, Ronald “Pollón” López, Francisco Javier Zúniga Alvarado, Verónica Cuadra y Medardo Hurtado, todos ellos Combatientes Populares, indican que la marcha del Repliegue Táctico de San Judas hacia los Lomos de El Crucero (Haciendas San Blass, San Pancho y El Vapor), a lo lejos y cerca se oía un eco que llegaba como golpes en los oídos de quienes iban detrás, en la Retaguardia. Eran los gritos de: “!Apúrense¡”, “!Caminen rápido¡”, “Corran”, “!No se detengan¡”, “!Tenemos que alejarnos de esos guardias asesinos¡, “!Vamos, no nos demos por vencidos¡”, “!Aligerate, vos mujer, corre, nuestras vidas dependen de que corramos en estos momentos¡”, pues el caminar era rápido, angustioso, desesperado y cuesta arriba hacia estas haciendas cafetaleras.

“Ya son, quizás, después de las cuatro y media de la tarde. Nosotros llevamos de punteros a un  grupo que es constante en su velocidad de caminata. Tenemos ya unos 30 minutos de marcha y no marcamos diferencia alguna en la distancia que nos separa del grupo delantero. Empiezan a producirse los calambres en las piernas, pues el miedo paraliza en dos aspectos: paraliza al extremo de no accionar, o impulsa a correr hasta que el cuerpo no responde”, analiza “Gersán” Guevara Casaya.

A estas alturas, por la tensión extrema, también comienzan los dolores en el hígado, en el bazo, se producen náuseas o vómitos y finalmente, especialmente mujeres, caen de rodillas y se desmayan en plena subida.

Para colmo, los guardias sanguinarios somocistas lanzan cañonazos y morterazos desde la entrada de Torres Molina hacia donde va la multitud replegada hacia los Lomos de El Crucero. También les lanzan la aviación encima.

Los pobladores  que van con menos miedo, o no lo sienten del todo, y Combatientes Populares van auxiliando a los desmayados y a los que tienen dificultades en la caminata. Los apoyan en sus hombros y los animan a continuar caminando sin parar, para alejarse de los guardias genocidas de la dictadura somocista.

Los guardias se quedan detenidos en las entradas de Torres Molina y Sureste de San Judas.  No se atreven a seguir al Repliegue por miedo a ser liquidados en estos caminos montañosos, conocidos por los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, pero los soldados no conocen nada de estos vericuetos de las montañas sureñas de Managua.

El camino se va volviendo arenoso y cada vez más cuesta arriba, con barrancos y zanjones profundos. El avance se torna lento, desesperante, pero ya sin los guardias en los talones. La larga fila humana se transformó en grupos que se auxiliaban unos a otros cuando ya anochecía, y el panorama se tornaba muy oscuro, característico de zonas montañosas.

Ya entrada la noche y sin el peligro de los guardias sanguinarios, pobladores y Combatientes Populares corrían distancias cortas, ya animados. Quienes llevaban focos de mano podían ver las huellas del resto de replegados que iban delante de ellos. En un punto cercano a Las Cuchillas, a unos 700 metros sobre el nivel del mar, “Gersán” Guevara Casaya le ordenó a “Pedro” que hiciera una subdivisión en pequeños grupos para continuar la marcha.

Aunque ya sin la angustia de tener encima a los guardias, la marcha se hacía lentísima porque iban subiendo y bajando barrancos profundos, siempre auxiliándose unos a otros en la oscuridad, y de repente un haz de luz de las pocas lamparitas de mano.

Al bajar a un cañón profundo sentían un poco de calor. Cuando subían del cañón a lo alto, resultaba que estaba cayendo una llovizna, soplaba un viento muy fuerte y se sentía frío. Según “Gersán” Guevara Casaya su grupo de aproximadamente 150 personas tuvo tres estaciones un poco largas, de descanso, en el camino, y finalmente llegaron a la Hacienda El Vapor casi a la una de la mañana del 16 de junio de 1979.

El grupo de “Gersán” Guevara Casaya fue, quizás, el último en llegar. El resto, ya se habían instalado en las tres Haciendas Cafetalera: San Blass, San Pancho y El Vapor. En este momento, a la una de la mañana del 16 de junio de 1979, “Payo” Cardenal Caldera, sin descanso, como aquellos Héroes Mitológicos griegos, bajaba por guindos profundos y subía empinados barrancos, y transitaba por cañones oscuros, visitando las tres Hacienda, enterándose de cómo estaban los heridos, los Jefes Guerrilleros, los pobladores en general y los Combatientes Populares. Siempre se hacía acompañar por un fusil M16 y una pistola 45.

Al momento de la llegada de “Gersán” Guevara Casaya a El Vapor, Gabriel Cardenal Caldera estaba en San Pancho, donde estaban al menos la mitad de  los heridos, incluyendo Adrián Meza Soza, del Estado Mayor, herido de bala en un pie. En El Vapor estaba Genie “Tavaricha” Soto, también miembro del Estado Mayor y en condiciones precarias de salud, pero aun en ese estado ella personalmente estaba atendiendo a los heridos que habían sido llevados en vehículos y en hombros hasta la Hacienda El Vapor.

Para sorpresa de los 150 que iban con “Gersán” Guevara Casaya, en El Vapor se encontraron con que Víctor “Bayardo”, “Dientes de Lata” Romero Pérez había subido con su ametralladora calibre 30 hasta ese lugar. Era la única ametralladora con que estaban estando allí en los Lomos de El Crucero.

Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares, Milicianos y pobladores replegados a estas Haciendas Cafetaleras de los Lomos de El Crucero, no habían dormido en varios días, andaban hambrientos, sedientos, muchos andaban descalzos, sólo habían salido de sus casas con lo que andaban puesto, porque no hubo tiempo, la salida fue angustiosa, terrible, en medio de una balacera feroz de los guardias sanguinarios contra la población, y para colmo estaban al borde del desmayo por el cansancio.

Por estas condiciones, muchos de estos replegados no se explicaban de dónde sacaban tanta energía Gabriel Cardenal Caldera y Genie Soto Vásquez, pues el primero no paraba de ir y venir solo, entre montañas, zanjones y subidas, para supervisar cómo estaba la situación de todos los replegados; y por su lado “Tavaricha” no cesaba de atender heridos, buscaba aunque fuesen hojas anchas de la arboleda para cubrirles las heridas; y pedía que le fuesen a buscar cáscaras de jiñocuabo para cocerlas y echarla como antiinflamatorio en las heridas superficiales y profundas.

“Gersán” Guevara Casaya relata en su informe que pudo notar que muchos de sus compañeros, hombres y mujeres, “cayeron dormidos como piedras en el suelo puro, recostados a las tablas de las paredes de la Hacienda El Vapor, o sentados contra los troncos de los árboles; y mientras dormían, deliraban, brincaban; y lo mismo me pasó a mí cuando me tocó dormir a las tres de la mañana, porque a las cuatro me tocaba “la posta” (vigilancia). Me tuvo que llegar a despertar “la China”, porque, me dijo ella, que brincaba  y hacía ademanes con las manos”.

Desorden incontrolable de grupos entre las Haciendas

Presas de crisis de nervios incontrolables, muchos jóvenes tomaron rumbos inciertos esa misma madrugada. Desarmados tomaron rumbo a El Crucero, y de regreso a San Judas, lo cual fue mortal para muchos de ellos, pues cayeron en manos de los sicarios asesinos del somocismo, y fueron asesinados como fue el caso de Argelia Lara y otra compañera Combatiente Popular.

El grupo de mando de “Gersán” Guevara Casaya, entre otros, Boanerges, “Benitin”, “Pedro”, Justo y Franklin Montenegro, preguntaban en reunión, muy de mañana, sobre qué harían a partir de ese momento, pues estaban ya huyendo, sin municiones, sin comida, con muchos heridos, en situación muy precaria y para colmo, sin comunicación con el Estado Mayor General  del Frente Interno, en  la Zona Oriental de Managua.

Las inquietudes se acentúan muy temprano de ese 16 de junio de 1979 porque en una de las fincas cercanas, donde están “Chepe Tompson” matan una vaca, la descuartizan, devoran la comida, pero esta no alcanza para los que están en  la Hacienda El Vapor.  “Ni los huesos pelados nos dejaron”, comentó furioso Justo, quien fue a buscar la comida muy de mañana. Como consecuencia de esto, Justo y su grupo, más los integrantes de los Comandos Cristianos Revolucionarios, se fueron de la Hacienda El Vapor y no se supo qué rumbo tomaron.

“En realidad la carne de una vaca era casi nada para tanta gente hambrienta. Otro irritado porque no halló comida fue Manuel Navarrete”, comenta “Gersán” Guevara Casaya en su informe.

La distancia entre San Pancho y El Vapor puede ser de 30 minutos caminando un poco rápido entre cafetales, abismos y subidas empinadas. Hay muchos árboles frutales silvestres, unos muy viejos y altos, y otros jóvenes como parte de la renovación natural. Era notorio que por la presencia de tanta gente (seres humanos), los animales silvestres, rastreros y aéreos, habían huido, desaparecido, quizás emigraron al Este o el Oeste en la misma montaña de El Crucero o de Managua, debido a los ruidos que producía tanta gente.

Muy de mañana, a pesar de haber estado delirando por el cansancio, “Gersán” Guevara Casaya ordenó una exploración circular de la Hacienda El Vapor, con el fin de estar preparados ante cualquier eventualidad militar sorpresiva, pues a pesar de su cobardía los guardias podrían llegar a buscarlos hasta ese lugar. En esa exploración fueron a dar a la Hacienda San Pancho, donde se encontraron con otros Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, entre otros: “Chepe Thompson”, “Cyntia”, “Marquitos Tapa”, Víctor y Mario Cienfuegos Aburto. Allí estaban una gran cantidad de heridos, entre otros: Boanerges y Adrián Meza Soza. No había  ni una sola pastilla contra dolores e infecciones. Las heridas sólo eran lavadas o limpiadas con agua y trapos.

El propio Gabriel Cardenal Caldera y “Gersán” Guevara Casaya caminaron por entre cañones profundos hacia El Vapor y dispusieron medidas de seguridad por si acaso los guardias somocistas llegaban hasta ese lugar. Se hicieron dos filas de vigilantes o postas en torno a la Casa-Hacienda El Vapor, más un cordón a unos 500 metros de distancia.

Mientras tanto, se conoció que se formaron varios grupos no controlados de pobladores y Combatientes Populares que desde temprano en la tarde decidieron irse por su cuenta hacia los lados del Crucero, por el Oeste de la Cordillera; y en rumbo a Ticuantepe, por el Este, también sobre la montaña de Managua. Nunca se supo en realidad cuántos de los replegados el 15 en la tarde y sábado 16 en la madrugada estaban todavía ubicados en las Haciendas San Blass, San Pancho y El Vapor.

Domingo 17 de junio

Masacre en Hacienda El Vapor,  más traición de “Judas” “Chele” Zepeda

Los heridos se quejaban. En general los pobladores, Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares ilesos pasaron una noche más o menos tranquila aquel 16 de junio de 1979  en las Haciendas Cafetaleras mencionadas.

Amaneció con un ambiente claro y sereno, calmado, en torno a las tres Haciendas Cafetaleras. Los rayos mañaneros del Sol se filtraban como rayones de luces por entre las ramas y las hojas de los árboles. Se escuchaban las voces y risas femeninas, mientras estas, encabezadas por Genie “Tavaricha” Soto Vásquez, atendían nuevamente a los heridos, ordenaban el interior de la casona, y al mismo tiempo buscaban frutas en los árboles para comer, o hacer comida para los heridos. Usaron los fogones y cocina de la Hacienda El Vapor.

Era tempranito, tal vez las ocho de la mañana del 17 de junio. Con un fusil al hombro y cargando tiros y bombas de contacto en un fajón, acompañado de un Combatiente Popular, se apareció Gabriel “Payo” Cardenal Caldera, en El Vapor. Venía de San Pancho. Llegó a convocar a una reunión urgente a los integrantes del Estado Mayor Conjunto, porque les iba a proponer un Repliegue especial hacia la Zona Oriental de Managua, o marcharse también en Repliegue por los cañones, subidas y precipicios de El Crucero rumbo a Ticuantepe; y de Ticuantepe irse por veredas a Masaya.

La reunión convocada por Gabriel Cardenal Caldera no se da porque de repente la situación cambió totalmente. Al parecer “Payo” o Gabriel Cardenal descubre una delación y se va rápido por zanjones hacia el lado de San Pancho, mientras muy cerca de la Hacienda El Vapor, el propio “Gersán” Guevara Casaya, Manuel Mendoza, “Benitin” y David Guevara Casaya, descubren que por el camino escabroso de las Haciendas se oye un ruido como de motores de camiones, y todos se crispan: “¡Hijueputa¡, ya nos descubrieron, ya tenemos a la guardia encima otra vez¡”.

El asunto era parecido, o quizás, peor.  Sigilosamente se bajan a la orilla del camino y ven que el tal Antonio “Chele” Zepeda, cuyo grupo y él mismo andaban operando con verdadera anarquía y jamás se sometieron o subordinaron al Estado Mayor Conjunto de la Zona Suroccidental, viene manejando un camión con numerosos hombres armados, sin haber participado en el angustioso Repliegue de San Judas hacia estas Haciendas Cafetaleras de los Lomos de El Crucero, el pasado 15 de junio en la tarde y noche, y en la madrugada del 16 de junio.

Dice “Gersán” Guevara Casaya que en el camión iban también unos 15 hombres, entre otros, Carlos “Carlitin” Gómez Fonseca, “Marvin Carita”, cuñado de Zepeda; Miriam, mujer de Zepeda y “Juan Gato”. Guevara califica a este Zepeda como anárquico, mentiroso, embustero, oportunista, astuto, bocón, y sobre todo recuerda que jamás se quiso someter a los lineamientos del Estado Mayor Conjunto, y que andaba operando sin control en el teatro de operaciones de la Insurrección Sandinista en los Barrios Suroccidentales de Managua. Presuntamente Zepeda y “Carlitin” Gómez Fonseca se habían infiltrado, usando la mampara de Combatientes Populares, en la columna de Víctor “Bayardo”, “Dientes de Lata” Romero Pérez, quien manejaba la ametralladora calibre 30.

Según “Gersán” Guevara Casaya, el Antonio “Chele” Zepeda se detuvo unos segundos y le lanzó un monólogo: “Mirá “Toby”… yo no soy mage para quedarme en este lugar.. aquí la guardia los va a reventar. Mejor sáfense de aquí. ¡Ay nos vemos, oístes¡”, y dicho esto arrancó el camión cuesta abajo y desapareció en las curvas del camino montañoso. Antonio “Chele” Zepeda conducía personalmente el camión, recuerda Guevara Casaya.

“Gersán” Guevara Casaya afirma  que esta fue la traición de Judas, pues resultó que en menos de 10 minutos ya tenían al contingente de guardias, quizás unos 250, que aparecieron por el camino y en la misma dirección en que venía el “Chele” Zepeda, prácticamente encima de las instalaciones de la Hacienda El Vapor.

Según “Gersán” Guevara, jefe de la columna No. 8 y miembro del Estado Mayor Conjunto, los guardias inclusive aparecieron desplegándose como si ya conocían sus posiciones en El Vapor. Al ocurrir esta invasión de guardias, Víctor “Bayardo”, “Dientes de Lata”  Romero Pérez acciona su ametralladora calibre 30, que en realidad era lo único respetable que tenían como arma de guerra en ese momento en El Vapor, además de andar muy pocos tiros para la misma ametralladora, frente a lanzamorteros, varias ametralladoras calibre 30 y la fusilería de los guardias..

Se arma un nutridísimo tiroteo. Los guardias agarran al grupo de “Gersán” Guevara Casaya por sus espaldas, como si de previo, conocieran cómo y dónde estaban ubicados. “Gersán” Guevara acusa en el sentido de que seguramente “Chele” Zepeda y “Carlitin” guiaron a los guardias hasta ese sitio de la Hacienda El Vapor, “porque de otra manera el grupo de Zepeda no hubiera entrado, pues la guardia tenía cerradas las entradas a los caminos hacia estas Fincas Cafetaleras. Zepeda entró y se regresó con su camión sin tener problema alguno, ¿Cómo fue posible que eso ocurriera?, sólo mediante una traición”.

Al parecer Gabriel Cardenal Caldera había detectado, o descubierto, a los guardias cuando iba caminando entre el bosque rumbo a San Pancho, para terminar de coordinar la reunión urgente de Jefes Guerrilleros, mencionada arriba; y para sorpresa del grupo de “Gersán” Guevara Casaya lo ven deslizarse por barrancos cercanos a la Casa-Hacienda El Vapor y ya disparando contra los guardias el fusil automático que caminaba consigo.

Sobre este momentito crucial, “Gersán” Guevara relata: “Nos detenemos gritándole: “!Aligerate, aligerate, cruzate rápido¡ Gabriel se pasa a gran velocidad al lado por donde estamos nosotros ya disparando y replegándonos. Nos replegamos en carrera desesperada, deslizándonos por abismos y subiendo como arañas en las depresiones rumbo al Suroeste. Logramos salir a un punto en donde ya habíamos explorado anteriormente. El grupo es pequeño: “Benitín”, Manuel Mendoza, David mi hermano, Gabriel Cardenal y yo”.

Continúa “Gersán”: “En este lugar cambiamos de rumbo y nos fuimos hacia el Este. Teníamos en marcha unos 10 minutos, y nos aproximamos a una curva del sendero. De pronto, viniendo de los arbustos y del bosque salió la “Tavaricha” (Genie Soto Vásquez, miembro del Estado Mayor Conjunto) corriendo con otros compañeros y con el fusil en las manos. En esos segundos nos alegramos de vernos con vida. Todos los del grupo ignoramos el destino del resto de compañeros y compañeras que habían quedado en la Hacienda El Vapor”.

Efectivamente, unos pocos Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares tenían armas automáticas y de cacería con muy pocas municiones, entre otros Víctor “Bayardo”, “Dientes de Lata” Romero Pérez, quien era el único que andaba una ametralladora calibre 30 (con escasos tiros), se dedicaron a resistir la ofensiva repentina de unos 250 guardias, mientras el resto de Combatientes y pobladores civiles organizaban la retirada forzada, especialmente hacia el Sur y Oeste, montaña arriba.

“Bayardo” Romero Pérez hizo labor heroica, extraordinaria, según relatan algunos de aquellos participantes de esta odisea histórica de Liberación Nacional, pues en ningún momento se desesperó en el uso racional de los pocos tiros que le quedaban en la ametralladora, precisamente pensando en dar “chance”, tiempo valiosísimo, fugaz, para que al menos la mayoría de sus compañeros y compañeras pudieran organizar la retirada desesperada, en veloz carrera, cargando a los heridos hacia los lados Sur y Oeste, cerro arriba, en medio del bosque nutrido del Sur de Managua.

Al agotarse los tiros de la ametralladora, “Bayardo” Romero Pérez también organizó su retirada veloz con un grupo de  Combatientes Populares que estaban con él en esa resistencia a balazo limpio. No fue  así, no fue esa la suerte, según testimonios de Combatientes Populares, de unos  12 jóvenes y mujeres, unos heridos graves y otros ilesos que no pudieron escapar, que fueron asesinados cruelmente como estilaban estos soldados sanguinarios del somocismo genocida.

“De mi columna no murió ninguno. Quedamos ilesos porque no nos desesperamos y organizamos nuestra retirada, lo cual fue muy bien aprendido cuando estábamos combatiendo a los guardias sanguinarios en San Judas, Loma Linda y Torres Molina”, considera 38 años después Romero Pérez.

Inclusive, cuatro de esos jóvenes desarmados se habían escondido bajo unas maletas de guate seco (pasto de ganado) que estaba dentro de una carreta. Allí los ametrallaron y después les prendieron fuego a los cuerpos. A lo mejor estaban vivos todavía. Esto ocurría, de forma atroz, sanguinaria, cuando el mismísimo Anastasio Somoza Debayle repetía ante periodistas extranjeros que estos Combatientes Populares del Frente Sandinista Guerrillero eran “sandino-comunistas-terroristas”, mientras ponía a su Guardia Nacional y a él mismo como los “más respetuosos de los Derechos Humanos” y como los mejores “demócratas” del Mundo Occidental.

“Gersán” Guevara Casaya asegura que fueron traicionados, entregados al enemigo somocista por el grupo del “Chele” Zepeda, quien después del monólogo citado antes, no lo volvieron a ver. Desapareció. Hasta después del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista lo vieron nuevamente.

Evadiendo al enemigo GN en plena oscuridad en montañas de El Crucero

En los dos grupos juntados en que van Gabriel Cardenal Caldera, Genie Soto Vásquez y Cristóbal Guevara Casaya, los tres son miembros del Estado Mayor Conjunto, van un total de 12.  Ninguno sabía qué había pasado con los heridos y todos los hombres y mujeres (casi todos jovencitos) que estaban en las Haciendas de San Pancho, San Blass y la misma El Vapor, pues de allí tuvieron que salir disparando sus fusiles en retirada como queda relatado. No sabían nada de “Chepe” y su escuadra, cuyos miembros estaban en San Pancho.

Suponen, y eso lo comprueban después, que la inmensa mayoría de Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y pobladores se retiraron velozmente en desorden en muchas direcciones por encima de las montañas del Sur de  Managua, más conocidas como Cordillera de El Crucero. “Gersán” Guevara supone que “Justo” y los integrantes de los Comandos Revolucionarios Cristianos ya se habían marchado de la Hacienda El Vapor, cuando este grupo de replegados fue atacado por sorpresa por la Guardia Nacional en esa Hacienda Cafetalera.

Mientras caminan por encima de la montaña con alerta máxima, pisando hojarasca seca en caminitos en medio del bosque y matorrales, se van encontrando a pequeños grupos de Combatientes Populares y heridos que van corriendo la misma suerte que estos tres miembros del Estado Mayor Conjunto de la Zona Suroccidental de Managua.

Uno de los heridos graves es “Frank, el de la Morita” con un balazo en el estómago. Se les van sumando grupos pequeños, que andaban dispersos, y que a la vez traen información, aunque no precisada, de cómo andan muchos perdidos en los zanjones y cuestas empinadas del Sur de los Lomos de El Crucero.

Las montañas del Sur de Managua estaban envueltas en penumbras porque el cielo estaba nublado, caía una llovizna y también se desplazaba una neblina a muy baja altura, por entre los árboles y matorrales. En horas de la tarde se despejó el cielo y los rayos del Sol iluminaron los caminitos en lomas y cañones de El Crucero. El grupo, ya numeroso, decidió enfilar su marcha hacia el Noreste, como quien va buscando cómo bajar para el lado de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN) y a las Colinas de Mokorón, pero yendo hacia el Este, por encima de las montañas.

Para una mejor marcha y con fines de seguridad también, organizaron varios grupos: uno de avanzada, en el centro el de los heridos y desarmados, y atrás una retaguardia muy alerta, con armas de cacería. El Sol se ocultó por detrás de las montañas y quedaron en sombra total por la noche. En este caso no había linternas de manos, porque todo había quedado en la Hacienda El Vapor, por el ataque militar sorpresa de la Guardia Nacional.

En la escuadra de avanzada, en plena oscuridad, van: Gabriel, Genie “Tavaricha” Soto Vásquez, Manuel “Chino” Mendoza,  Douglas Mejía Obando, David Guevara Casaya, “Benitin” y  “Gersán” Guevara Casaya. Por orden de Gabriel Cardenal Caldera los tres grupos se separan unos 300 metros unos de otros, “por medidas de seguridad”, por si acaso caen en una trampa o emboscada.

En plena oscuridad, guiados nada más por la experiencia de haber andado antes en estas zonas montañosas y por el instinto, caminan hacia el Norte, prácticamente sólo bajando, en rumbo a la Ciudad de Managua.

Cuando eran casi las doce de la noche, mientras bajaban, se encuentran con una casa de dos pisos, prácticamente sola. Sólo un anciano estaba dentro.  El anciano los invitó a pasar. Revisaron la casa palmo  a palmo, para evitar sorpresas y se instalaron dentro de ella. El anciano les preparó café caliente y unos frijolitos también calientes con tortillas. Genie “Tavaricha” Soto Vásquez estaba muy mal de salud por una hemorragia vaginal incontenible.

En cuanto se instalaron en la casona de dos pisos (no supieron de quién era), Gabriel Cardenal Caldera se mostró casi desesperado por los Combatientes heridos y pobladores desaparecidos en numerosos rumbos de la montaña Sur de Managua.

Los tres miembros del Estado Mayor Conjunto, en esas condiciones y con Genie Soto enferma, se reunieron para discutir sobre qué rumbo tomar en cuanto amaneciera el día lunes 18 de junio. En ese momento no se sabía nada del paradero de Víctor “Bayardo”, “Dientes de Lata”  Romero Pérez, de Eduardo “Chele” Cuadra Ferrey y de Adrián “Amílcar” Meza Soza, los otros tres miembros del Estado Mayor Conjunto de la Zona Suroccidental de Managua.

Había mucha incertidumbre. Acordaron en esa reunión, en la casa de dos pisos en la cumbre de la montaña de Managua, que “Gersán” Guevara Casaya se las jugaría bajando a San Judas con los heridos, para ver si era posible burlar a los guardias y llevar a esos heridos a una o varias de las 53 casas de seguridad que tenían. Con “Gersán” Guevara van, según el acuerdo, David Guevara Casaya, Manuel Mendoza, ”Benitin” y resto de Combatientes Populares, a los cuales “Gersán” Guevara Casaya no les conocía ni nombres propios ni seudónimos.

“Payo” Cardenal  Caldera buscaría cómo abrirse paso por entre montañas y luego por el casco urbano de Managua, hasta llegar donde estaba el Estado Mayor General del Frente Interno del FSLN, en ese momento ubicado en el Barrio Ducualí. “Payo” Cardenal Caldera se lleva consigo a Genie Soto Vásquez, a Douglas Mejía Obando, al “Chino” y Luis Felipe Rayo. Llevan consigo a “Frank”, quien presenta un balazo en el estómago y se queja por dolores intensos.

Además, acuerdan  que el grupo de “Gersán” Guevara Casaya irá en busca de los heridos que andan en esos momentos perdidos entre cañones, zanjones y subidas verticales montañosas de El Crucero. Inclusive se determina que los heridos “Boanerges” y Frank “Morita” serán ubicados en la casas de seguridad de don Evenor Martínez. Adrián “Amílcar” Meza Soza sería buscado en el monte y ubicado, con otros heridos, en la casa de “Chilolo”, que era donde vivía el propio “Gersán” Guevara; el resto de heridos se irían ubicando poco a poco, en sigilo total, en cualquiera de las 53 casas de seguridad. Gabriel “Payo” Cardenal Caldera los iría a visitar después de su gira en la Zona Oriental insurreccionada todavía.

Odisea increíble de los heridos, incluyendo Adrián Meza Soza

El ancianito de la casa de dos pisos se portó como si fuese familiar de todos estos replegados. Gabriel le agradeció una y otra vez. Eran más o menos las siete de la mañana cuando se estaban despidiendo. El grupo de Gabriel tomó rumbo Norte, mientras “Gersán” Guevara se dirigió al Noroeste, un poco en rumbo hacia las Haciendas Cafetaleras de donde los había sacado a balazos la Guardia Nacional somocista genocida.

Al poco tiempo de caminar, el grupo de “Gersán” Guevara fue encontrando a los Combatientes Populares, pobladores y heridos perdidos entre cañones profundos (algunos de más de 100 metros de profundidad o altura)  y subidas verticales de las montañas de Managua. En la medida en que se van reagrupando en media montaña, “Gersán” Guevara comienza a ser presionado sobre el rumbo que deben tomar, le piden comida y apurarse para curar a los heridos, pues es el único miembro del Estado Mayor Conjunto en buen estado allí, en ese momento.

En el fondo de un abismo muy profundo localizan a otros 20, entre los cuales está Adrián “Amílcar” Meza Soza, miembro del Estado Mayor Conjunto, quien anda muy mal un pie por un balazo recibido en uno de los  combates por el Cine de San Judas, donde cayó combatiendo René Cisneros Vanegas, de la Tendencia Proletaria e igualmente miembro del Estado Mayor Suroccidental de Managua. La mayoría de los 20 encontrados en el cañón estaban heridos: unos graves y otros, leves. Entre esos 20 estaban “Boanerges”, “Cintya”, Ileana Zamora, Cairo Téllez y uno al que le decían “Payaso”, residente en las cercanías del “Nancite”.

“Gersán” Guevara Casaya ordenó hacer una exploración en un kilómetro a la redonda de la cañada en que estaban con doble finalidad:  ver si todavía había compañeros perdidos y para detectar la posibilidad de enemigos en esa zona. Al final, a eso de las nueve y media de la mañana, estaban casi 40 en dentro del cañón.

Guevara Casaya ordenó formar dos columnas que irían en cuatro espacios diferenciados: En la vanguardia irían los que todavía andaban armas de guerra, aunque muy pocos tiros, incluyéndose el mismo “Gersán”; en el centro irían los pocos que portaban armas de cacería, en tercer lugar irían los heridos cargados en camillas y sostenidos en hombros; y finalmente una retaguardia armada, pequeña.

Dos hombres, dos heridos, gemían  alto por los dolores intensos en sus heridas: eran “Amílcar” Meza Soza, miembro del Estado Mayor Conjunto; y “Frank”, quien tenía su estómago prácticamente desbaratado. Estaban en el fondo del cañón, de paredones muy verticales. “Gersán” Guevara ordenó cortar varas de los árboles para armar varias camillas, y pidió que quienes andaban fajas, cordones, cinturones y pañuelos, los entregaran para poder sujetar las camillas improvisadas.

Colocaron a “Amílcar” Meza Soza y a “Frank” en dos de las camillas, porque eran los heridos más graves. A lo largo del barranco vertical, para subir a una especie de planicie boscosa de unos 60 metros de altura, “Gersán” colocó una fila de hombres y mujeres para que de uno en uno, de dos en dos, de tres en tres, se fueran pasando de mano en mano, por entre árboles y ramas espinosas, las camillas en que iban “Amílcar” y “Frank”.

Los cuerpos de ambos heridos, y sus heridas, por supuesto, iban rosando en ramas de los árboles, lo cual provocó que gritaran de dolor. Cuando ya estaban en la cima, fuera del cañón en que estaban heridos, pobladores y Combatientes Populares, “Amílcar” Meza Soza, al parecer por la desesperación que lo embargaba, comenzó a tratar mal verbalmente a la mayoría de hombres que lo habían subido hasta la cima, incluyendo a “Payaso”, quien en realidad había sido su mejor apoyo en esa subida.

Todos los heridos fueron subidos, de la misma forma, en las mismas camillas. Reiniciaron la marcha, muy lenta por entre el bosque, cargando heridos y a la vez alertas por si el enemigo GN los descubría. Como no andaban brújulas ni conocedores del camino por esa vía, equivocaron un poco el rumbo y fueron a salir por la Comunidad de los Meneses, lo cual les obligó a subir un poco nuevamente, cuando eran las seis de la tarde del 18 de junio. Este error les costó dos horas de atraso, mientras heridos y cargadores de los mismos ya no soportaban la caminata.

Cayó una noche nublada y neblinada, oscura, en los Lomos de El Crucero. En silencio completo, auxiliándose unos a otros cuidadosamente, llegaron finalmente a una alameda de árboles de jocote guaturco, cuando eran las diez de la noche, se precisó porque uno de los heridos andaba un reloj funcionando activamente.

Junto a esa alameda había una casita campesina, una choza de palmas. “Gersán” Guevara asegura que allí, en la oscuridad, se topó con un ancianito que para caminar se apoyaba en un bastón. Nadie más vio al anciano, admite “Gersán” Guevara, porque sus compañeros se lo hicieron ver. Sin embargo, el anciano le habría indicado a “Gersán” el caminito a seguir para salir, finalmente, por el Cementerio de Loma Linda (Sierra Maestra).

Allí se encontraron un carretón de manos, en el cual metieron a “Amílcar” Meza Soza y a “”Frank”, los heridos más graves, quienes todavía venían tratando mal a sus cargadores, según el relato de Guevara Casaya. A Adrián Meza Soza lo dejaron donde amigos en la Finca Los Mamones. “Gersán” ordena dejar allí el carretón y se llevan en una camilla a “Frank” a la finca de doña Telma Martínez, Colaboradora, casa de seguridad, porque pretenden dejar a “Frank” en este sitio, pero este herido por su cuenta toma la decisión de irse para “la Morita”, lo cual les pone en riesgo de seguridad a todos.

Llegan todos al “Camino de Bolas”, de Plaza Julio Martínez hacia el Sur, y en ese punto acuerdan a  cuál de las 53 casas de seguridad van cada uno. Al mismo tiempo, entran al Reparto Martínez, para dejar a “Boanerges”, también herido, en la casa de don Evenor Martínez, al cuido de Ileana Zamora, y toman otra decisión: trasladar a “Amílcar” Meza Soza a la Panadería de “Chilolo” por mayor seguridad. Era ya media noche, quizás de madrugada del martes 19 de junio de 1979. El grupo pequeño que ha quedado con “Gersán” Guevara Casaya se aloja en las casas de Jorge Cantillano y Lyla Santos.

Otros grupos que formaban columnas y escuadras, entre otros, Víctor, Mario y Carlos Cienfuegos Aburto; Víctor “Bayardo” Romero Pérez, regresan también clandestinamente a San Judas y Loma Linda, a la espera de nuevas órdenes militares revolucionarias, y para hacer resistencia activa frente a la Guardia Nacional, especialmente después de ocurrido el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

En grupos de menos cantidades tomaron rumbo a Nagarote y La Paz Centro, en León; Ticuantepe, en Managua; y a la Zona Oriental capitalina, donde se incorporaron a los combates insurreccionales y posteriormente en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Estando ahí, ya escondidos dentro de San Judas, donde la Guardia Nacional somocista genocida estaba regada en todo el Barrio, llega temprano del 19 William Díaz Romero, reclamando de por qué los heridos no estaban recibiendo la atención que necesitaban realmente, y por qué motivos Eduardo Cuadra Ferrey, Javier López Lowery y Cairo Téllez se habían llevado las armas. “Gersán” no supo responder nada, y la verdad es que Gabriel Cardenal Caldera había dado orden de recoger todas las armas de guerra, para trasladarlas a la orden del Estado Mayor General del Frente Interno en la Zona Oriental y Norte de Managua, donde la Insurrección Sandinista seguía batiéndose a tiros, resistiendo heroicamente contra los embates del régimen genocida de Anastasio Somoza Debayle.

William Díaz Romero salió molesto de San Judas ese día 19 de junio y no se supo del rumbo exacto que tomó. Supuestamente, cuando estaba por producirse el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, en medio del  guarderío imponiendo terror en Managua, y al parecer sin guardar medidas de seguridad elementales, se dirigió a su casa, la cual estaba ubicada de la Casa del Obrero (hoy CST José Benito Escobar Pérez) cuatro cuadras al Sur, y un poco al Este. Fue capturado y desapareció.

Gabriel Cardenal Caldera capturado y asesinado cuando trasladaba armas a Zona Oriental

El heroico jefe del Estado Mayor Conjunto de  la Zona Suroccidental de Managua, Gabriel Cardenal Caldera, genial cabecilla Guerrillero, audaz, temerario, planificador cuidadoso de acciones militares guerrilleras relámpagos, previsor de primera, mientras tanto él anda personalmente trasladando las armas de guerra y de cacería, en compañía de su fiel amigo y Jefe Guerrillero también, Douglas Mejía Obando, en un su carro viejo Volswagen y una camioneta de tina, color amarillo. Sin confirmación se asegura que logró hacer tres viajes con armas desde la Comarca San Isidro Libertador (Lomos de El Crucero), y de allí al Barrio Ducualí, donde estaban el Estado Mayor General del Frente Interno y el Estado Mayor Conjunto de Managua.

Las noticias eran confusas sobre el destino del “Comandante Payo” Cardenal Caldera –así lo llamaban los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares–. Por versión de sus familiares, se conoce que el 20 de junio en la mañana, tomó nuevamente una camioneta “de tina”, manejándola él personalmente y a su lado Douglas Mejía Obando, y se fueron nuevamente a la Comarca San Isidro, donde llenaron la parte trasera del vehículo con plátanos y hojas de chagüites y en medio otra cantidad no establecida de armas de guerra y de cacería. Él, “Payo”, había ordenado que esas armas se les quitaran a los Combatientes Populares para trasladarlas a la Zona Oriental y Norte de Managua.

En TELCOR de Villa Fontana (Villa Panamá) había un retén de guardias asesinos. Gabriel andaba buscando un sitio para  transitar con las armas hacia el Barrio Ducualí. Presuntamente en ese retén fueron detenidos Douglas y Gabriel, bajados de la camioneta, golpeados y torturados brutalmente allí mismo, montados después en un vehículo militar y llevados ambos a la Central de Policía GN, donde seguía al mando el esbirro coronel somocista Nicolás Valle Salinas.

Lo poco que se supo de Gabriel “Payo” Cardenal Caldera y de Douglas Mejía Obando después de esta captura, es que a ambos los vieron otros presos  cuando los tenían desnudos, bañados en sangre y con sus rostros desfigurados allí en la llamada Central de Policía de la Guardia Nacional, donde mataron a centenares de seres humanos en 45 años de tiranía somocista.

Hubo testigos presenciales, sandinistas que también estaban presos allí, de que a Gabriel Cardenal Caldera para ensañare más en él y burlarse de los demás presos, lo metieron precisamente, estando totalmente desnudo y desfigurado por los golpes, donde estaban los demás prisioneros, pero ni esta condición humillante y terrible detuvo el espíritu indomable de “Payo” Cardenal Caldera, “El Comandante Payo”, pues estando en esa condición sacó fuerzas de su espíritu revolucionario sandinista inclaudicable, y dio toda una charla histórica, política, ideológica y sociológica de por qué razones se debía continuar la lucha armada hasta el final, “para que este régimen de asesinos y ladrones desaparezca, para que los nicaragüenses puedan vivir en paz”.

“!La Revolución Popular Sandinista está ya a punto de triunfar, no lo duden ni un momento¡. Yo ya no podré verlo porque a los que ponen aquí los guardias somocistas genocidas en este estado en que ya me tienen preso, el siguiente paso es que los meten en las “ambulancias de la muerte”, los matan dentro de esas supuestas ambulancias y luego sus cadáveres aparecen tirados en cualquier lado”, dijo antes de que se lo llevaran en una “Ambulancia de la Muerte”, que era parte del arsenal mortal de los “Escuadrones de la Muerte”, o “Mano Blanca” de la Guardia Nacional genocida y de la Oficina de Seguridad, o policía política de aquel régimen sanguinario somocista genocida.

El cadáver de Gabriel Cardenal Caldera apareció en las cercanías del actual  Club Terraza, y del Colegio Centroamérica, por donde pasó centenares de veces en labores conspirativas del Frente Sandinista Guerrillero, a pesar de que era hijo de burgueses muy acomodados en Managua.

Impresionante cantidad de muertos en los Barrios Suroccidentales

Un registro, no completo todavía, elaborado por Carlos Cienfuegos Aburto y otros Combatientes y Colaboradores Históricos del Distrito III de Managua, pone de manifiesto una cantidad impresionante de caídos o muertos en la Insurrección Sandinista de la Zona Suroccidental de Managua.

Antes de estampar esta lista, recordemos que sólo en la Masacre de Batahola cayeron casi 100 Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y pobladores civiles comprometidos en la lucha insurreccional de los Barrios Noroccidentales.

El listado de caídos en San Judas, Villa Roma, Loma Linda, Torres Molina, en el “Kilocho Sur” y en la Hacienda El Vapor, es el siguiente, repito incompleto todavía:

Gabriel “Payo” Cardenal Caldera, Douglas “Peludo” Mejía Obando, René “Horacio” Cisneros Vanegas, Roberto Vargas Batres, Ramiro Córdova, Ángela “Lucy” Largaespada, Miguel “Marcio” Fornos, Luis “Liebre” Salgado, Mario “Raúl” Montenegro, Sergio Guevara, Sebastián “Chaca” Blanco, Rodolfo “Tito” Blanco, Manuel Guadamuz,  Ernesto  “Chino Tito” Hernández, Oswaldo “Cosa de Horno”, Segundo Samayoa, Nelson “Motorcito” Vargas, William “Niño Dios” Espinoza, Manuel “Pequeño” Calderón, Francisco “Pancho” Martínez, José Cordero, “Grampon”, Gustavo Padilla, “Edgard”, Marvin Guerra,  René “Pelado” Blandón, Ismael Medina, Alejandro “Palo Alto” López, Edgard “Cumba”, Bayardo Ordóñez, Armando Arce,  Franklin Grameño, “Carmen”, Marta Espinoza,  Humberto “Tatum” Salinas, Noel “Monta Toros” Salinas, dos Hermanos Santana María, Freddy “Mínimo” Téllez,  Donald Cristhian “Mandril”  Flores,  Ismael “Kara”, Roberto Alvarado Flores, Julio “Peineta”, Ramiro Martínez, Angélica, David “Pelón” Casaya,  Roberto “Pilinche” Álvarez Rosales, Alejandro Jirón, Marcos Morales, Norma Guevara, Marvin Carrión y Marvin García.

Listado incompleto de sobrevivientes:

Cristóbal “Gersán” Guevara Casaya, Genie “Tavaricha” Soto Vásquez, Adrián Amílcar” Meza Soza, Eduardo “Chele” Cuadra Ferrey, Víctor “Bayardo”, “Dientes de Lata”  Romero Pérez, Víctor, Mario y Carlos Cienfuegos Aburto; Medardo Hurtado, Modesto Munguía Martínez, Francisco “Chico” Javier Zúniga Alvarado, Yuri Valle Olivares, Héctor Luis “Motor” Obregón, Julio “Chano” Silva, José Francisco “Pacholo” Mayorga, Beatríz “Lesbia” Narváez, Manuel “Rana” Morales, Fernando “Francés” Hernández M., Róger “Ratón” Ramírez, Yunin Morales, Mario “Trapito” Téllez, Juan Manuel Navarrete, Justo Navarrete, Óscar “Huesito” Navarrete, Ramón “Ramoncillo” López, César “Renco” Ramírez, Manuel “Llanero” Cruz, Reynaldo “Pichón” Sevilla, Carlos “Carlitín Fonseca Gómez, Antonio “Chele”  Zepeda, René Zepeda, Marcos “Marquito” Castillo, Jazmina Obando, Mario Montenegro, Ronald “Pollón” López Gaitán,  Cristóbal “Cara de Gato” Martínez, Francisco Morales Alvarado, José de Jesús “Chepe Chú” Zamora Solórzano, Cruz Hernández, Camilo Hernández Zapata, Luis Rodríguez Alvarado, José René “Enchilada” Martinica, José María “Chema”,  Ramón “Moncho” Castro, Óscar Vargas, Carlos Malespín, Fernando Zepeda, Tomás “Tiburcio”  Rosales, Milton Rosales Lorío, Sergio “Patita”, Bolívar Torres Sequeira, Iván “Caimán” Torres, Aníbal Bendaña, Reynaldo “Pichón” Sevilla, Ignacio Munguía, Julio Peineta,  Roberto “Pelón” Alvarado, Gloria González, Gustavo “Gordo” Meneses, Milcíades Murillo, Juan Manuel “Justo” Navarrete, Pedro  Navarrete, Roberto “Fotógrafo” Lorío, Roberto “Mecha” Tinoco y Telma “Sonia” Ramos.

Sorprendente cantidad de Casas de Seguridad, entre otras:

Leonor Fonseca, Isabel; Amalia, Virginia y Moncha Baquedano; Ramón López, Manuel Cubillo, Manuel “Gallina”, Antonieta,  Enrique Murillo, Mayra Bravo Alegría, Francisco Alvarado, Carlos Malespín, Vidal Palacios, Mercedes Torres, Yelba Murillo, Mayra Rocha, Ramón Martínez, Carmen Rodríguez, Flor Lorío, Consuelo Bermúdez, Ester Aguilar, Pedro Reyes, Francisco Narváez, Isabel y Guadalupe Guillén; “El Tío”, Mario Meza, Don Arturo, Zoila, Familia de Francisco Villarreal, Olga Martínez, Familia Fornos, Familia de Jorge y Roberto Pérez, Casa de Bonifacia Castro, Roberto Donado, Lilí, Casa de Nicolasa Aburto y Víctor Cienfuegos Aburto; Donald y Dora Ramírez; Lilí Palacios Martínez, Norma y Antonio Torres; Emilia Martínez, Familia Quiñónez, Familia de Teresa Mendoza, Familia de los Meza, Gustavo Meneses,  Casa de Don Roberto, Casa de “Pin”, Luis Mena, Ruth “Soropeta” y Casa de Martinica.

Guardias crueles y sanguinarios se estrellan en Muro de Fuego y conciencia patriótica

17 y 18 de  junio también fueron violentísimos en Zona Oriental y Norte insurreccionada

A eso de las cinco de la tarde de ese mismo 17 de junio, varios contingentes de soldados GN sanguinarios, auxiliados por  mercenarios del CONDECA, lanzaron otra ofensiva enorme contra las líneas insurreccionales sandinistas en una especie de “media luna” que iba desde el lado Oeste de la Pista “By Pass”, por el Barrio San José Oriental, colindante con Ciudad Jardín, en línea del “Gancho de Caminos” al Sur del límite Norte de Altamira, abarcando el Barrio o Asentamiento “La Luz” (hoy Catorce de Junio), Colonia Máximo Jerez, Barrio Riguero, Pista del “By Pass” (Pista de la Resistencia Sandinista), y por el lado Sur en los edificios en construcción del Hospital Oriental (Manolo Morales Peralta) y el hoy Mercado Carlos Roberto Huembes, con la finalidad de romper el cerco de la Insurrección Sandinista, y de ese modo meterse al Reparto El Dorado, a los Barrios Paraisito, San Cristóbal, María Auxiliadora, Ducualí, Luis Somoza (Diez de Junio), Don Bosco y Colombia, que eran, digamos, los territorios insurreccionales céntricos en que se movían los miembros del Estado Mayor General del Frente Interno y del Estado Mayor Conjunto de Managua.

El ataque militar de los guardias comenzó al borde de las cinco de la tarde. Esa tarde se pudo verificar que los guardias somocistas movían consigo al menos dos tanquetas,  ocho camiones llenos de guardias y equipos militares, no menos de 6 ametralladoras calibre 50 montadas con trípodes en jeepones blindados, acondicionados para este fin y cargar tropas de infantería; más una gran cantidad de bazukas o lanzamorteros, y de paso, al mismo tiempo, fue arreciado  el cruel y mortal bombardeo aéreo de todos los días, para “ablandar”, doblegar.

La táctica de la Guardia Nacional somocista sanguinaria era “ablandar” primero con bombardeo aéreo y después lanzar la infantería con armas pesadas, o artillería, y centenares o miles de fusiles automáticos.

A estas alturas de la campaña militar insurreccional sandinista, el Estado Mayor General del Frente Interno había ordenado que los Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares, Milicianos y pobladores implicados en la Insurrección, fueran lo menos visibles en las trincheras de combate y en barricadas, para evitar ser “blanco” fácil de francotiradores GN y de ataques balísticos de la Guardia Nacional. Los Combatientes estaban ocultos en zanjas, tras de muros y troncos de árboles, detrás de piedras, protegidos por los muros de viviendas, y además cada vez más afinada la puntería contra los enemigos somocistas, para gastar menos tiros.

El Estado Mayor General del Frente Interno había ordenado al Estado Mayor Conjunto del FSLN en Managua que al mismo tiempo debían combinar labores combativas de resistencia activa, de ofensivas y emboscadas relámpagos, de hostigamientos veloces por donde andaban los guardias, lanzamientos de bombas de contacto en donde estaban metidos, porque esto les provocaba terror incontrolable; y asestarles golpes de tipo comando con varias columnas especializadas en este tipo de operaciones como la “Óscar Pérez Cassar” (extensión y ampliación de la “Liebre”), de la llamada  “Caza Perros”, la Columna ya famosa de los “Perros Negros” del Barrio San José Oriental, la Columna “José Ángel Benavidez”, jefeada esta última por Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz,  etc.

Los primeros en recibir una andanada de cañonazos fueron los Frentes de Guerra Sandinistas que estaban ubicados del Puente San Cristóbal al Puente Paraisito, situados en la Pista “By Pass”, y al mismo tiempo las columnas y escuadras que se movían por los lados del Barrio Riguero, “La Luz” y Colonia Máximo Jerez, territorios que habían sido retomados en parte después que la Guardia Nacional destruyó las barricadas durante los días 12 y 13 de junio. El 13 de junio los guardias se quedan instalados  y operando dentro del Instituto René Schick Gutiérrez (Elvis Díaz Romero), ubicado al Sur del Barrio Riguero y colindante con la Colonia Máximo Jerez.

Era domingo, repito. Los primeros cañonazos y morterazos GN-EEBI-CONDECA fueron disparados desde el llamado Puente Peatonal “Chano Somarriba” (de madera, colgante, entonces), cruzado sobre el Cauce Oriental de Managua, en cuyos alrededores en esos días no existían casas. Para su nueva ofensiva militar, con la intención de romper el cerco insurreccional por allí, uno de los contingentes de guardias se  posesionaron de ese lugar desde la noche anterior, 16 de junio.

Esta ofensiva, mientras eran masacrados  los replegados de San Judas en la Hacienda El Vapor, estaba desarrollándose por los cuatro costados, o Puntos Cardinales, en que estaba instalada la Insurrección Sandinista en la Zona Oriental y Norte, o Zona Principal, de Managua.

Esa embestida la hizo nuevamente la Guardia Nacional en la Carretera Norte, donde tenían unos 500 guardias operando con varias tanquetas, tanques, ametralladoras, bazukas o lanzamorteros, con el fin de romper la resistencia por el lado del Barrio Santa Rosa, Waspán Sur, Villa Progreso, por el Este de Bello Horizonte, pero igual que en todos los ocho días anteriores, encontraron resistencia tenaz y operaciones comandos móviles de los Jefes Guerrilleros Marcos Somarriba García y Ramón Cabrales Aráuz que los obligaron a retroceder, y meterse de nuevo en sitios como ENACAL, en patios donde se instaló después la Tienda Cruz Lorena S.A. y el predio de construcción de bloques y ladrillos, en la Carretera Norte, en la entrada al Barrio José Dolores Estrada.

Fue ese domingo 17, ocho días después de Iniciada la Insurrección Sandinista, u Ofensiva Final, que el bombardeo aéreo fue quizás más intenso, más brutal, más mortal contra la población civil, más destructivo, pues ese día con centenares de morteros y bombas de 500 libras destruyeron totalmente las instalaciones de varias empresas industriales de la zona de Portezuelo (Km. 5, Norte), ubicadas de forma opuesta al Barrio Santa Rosa, entre otras LUDECA. Un intenso olor o tufo irritante en las vías  respiratorias y en los ojos se sentía en un radio de al menos 500 metros a la redonda en Portezuelo, Kilómetro cinco de la Carretera Norte.

Asimismo, la embestida de los guardias este 17 de junio incluyó lanzarse contra las barricadas enormes que estaban edificadas en la esquina Noreste de la Colonia Nicarao y en las cercanías del cruce del semáforo de Rubenia, para meterse por el Sur a los vecindarios Meneses (Venezuela), Bello Horizonte, Maestro Gabriel y Colonia Salvadorita, pero se encontraron con una muralla de fuego balístico en posiciones fijas y móviles, en labores de guerrilla, emboscadas y de francotiradores de los grupos jefeados por  Francisco “Chico Garand” Guzmán Fonseca, Mauricio “Momia” Riguero Cortez, Javier “99”López Lewery, Jorge “Norman” Roustan Reyes y Rolando “Carlos”, “Cara Manchada” Orozco Mendoza, quienes movieron tropas móviles revolucionarias a enfrentarlos cuando intentaban meterse por el lado Noreste de la Colonia Nicarao.

Ese día 17 no osaron, no intentaron, meterse por el Noreste de la Colonia Catorce de Septiembre, ni por la entrada al Barrio La Fuente, ni por la vía de los edificios en construcción (Hospital Oriental y hoy Mercado Carlos Roberto Huembes) porque estaban demasiado recientes las dos potentes derrotas que les habían propinado Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares en las cercanías del Hospital del Niño y en “Río Seco” de la Colonia Nicarao, los días 14 y 15 de junio.

Enfrentamiento militar muy violento y destrucción de tanqueta en Puente Paraisito

Sin embargo, el volumen de fuego de tanquetas, ametralladoras, bazukas y de la aviación, era enorme en este sector de los Puentes San Cristóbal y Paraisito. Era como que la “estaban echando toda” en potencial de fuego balístico para romper el cerco insurreccional sandinista.

Es aquí, cuando comenzaba este memorable combate de resistencia insurreccional, y ofensiva al mismo tiempo, cuando Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez, con una ráfaga de ametralladora calibre 30 hacia el cielo logra impactar a uno de los aviones Push and Pull, el cual fue a caer en la Comarca Sabana Grande, en el Oriente de Managua.

El Jefe de la tropa, o Frente de Combate, entre el Puente San Cristóbal y el Puente Paraisito, era “Taolamba” Duarte Orozco. Del Paraisito al Puente El Edén el jefe era Rolando “Cara Manchada” Orozco Mendoza.

Por el nutrido volumen de fuego balístico que traen consigo los guardias, procedentes de la Pista “By Pass” y borde Norte del Barrio Riguero,  logran meterse al Barrio San Cristóbal por el lado del semáforo o cruce de la Pista “By “Pass” y Pista Dorado (Mártires de Mayo), exactamente por la entrada que hay frente donde está hoy instalada una estatua o monumento religioso dedicado a Don Bosco.

Pasada una media hora de combates, ya queda claro que la Guardia Nacional sanguinaria ha formado tres frentes en su intento de romper el cerco insurreccional Oriental por este lado: unos 100 soldados van entrando por la entrada Oeste del Barrio San Cristóbal, alrededor de 300 guardias avanzan por el “frente principal” sobre la Pista “By Pass”  y otros 100 vienen intentando abrirse paso con una tanqueta, procedentes del Barrio San José Oriental, por una calle del Barrio Paraisito hacia el Puente Paraisito, donde estaba una de las barricadas más grandes hasta ese momento de marcha insurreccional sandinista.

Este Barrio San Cristóbal colinda por el lado Sur con el Reparto El Dorado, donde había tenido su Cuartel General el Estado Mayor General del Frente Interno. Las escuadras móviles del Reparto El Dorado, entre otras las jefeadas por Claudio “106” Picasso Ardito y la Comandante Mónica Baltodano Marcenaros, entran en el escenario de guerra mientras las escuadras del Frente de Guerra de “Taolamba” Duarte Orozco  van retrocediendo, haciendo guerrillas y emboscadas calle por calle y patio por patio en el Barrio San Cristóbal, moviéndose del Oeste hacia el Este y el Sur, para no permitir que los guardias penetren, pase lo que pase, al interior del Reparto El Dorado.

En este movimiento guerrillero de emboscadas y ataques relámpagos dentro del Barrio San Cristóbal, la balacera es nutridísima y las explosiones de bombas de contacto también, pues ese día 17 las usaron en abundancia los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares contra los guardias, lanzándoles las bombas de repente en “boca-calles”, por encima de las casas y de una calle a otra. Esto aterrorizaba a los guardias.

Eran, quizás, las seis de la tarde, casi al mismo tiempo, cuando se produce otro combate violento en las cercanías de la llamada ITR de Ciudad Jardín, por donde viene metiéndose otro contingente de guardias hacia el lado Norte del Barrio San José Oriental. Los guardias son enfrentados a tiros en este sitio por la “Columna de Perros Negros”, del Barrio San José Oriental, los derrotan y les arrebatan una ametralladora calibre 30, la cual es llevada a los alrededores del Puente Paraisito ese día 17 por Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez y su esposa Marta Lorena “Cleo” López Mojica, miembro de la Columna “Perros Negros” e integrante del Frente de Combate en el sector del Puente Paraisito.

Interviene en la contienda también el Frente de Guerra de Sergio “Marcio 13” Gómez Vargas, en refuerzo, y de esa forma aparecen asimismo escuadras móviles de combate jefeadas por Humberto del Palacios González y Santos Sobalbarro Blandón, quienes hacen labor guerrillera de ataques y emboscadas relámpago dentro del Barrio San Cristóbal, en el Barrio Paraisito y hacia el lado del Barrio San José Oriental, donde los guardias siguen intentando penetración para romper el cerco insurreccional.

Entran en juego de refuerzo militar también los 42 miembros de la Columna “Liebre” (“Óscar Pérez Cassar”, “Caza Perros”), ya conocida por los guardias en la Zona Oriental de Managua por su portentosa capacidad operacional militar, rápida, contundente, con poderosa capacidad de fuego, con Jefes Guerrilleros de las capacidades de Walter “Chombo” Ferrety Fonseca, César Largaespada Palaviccini, el mismísimo Rolando “Cara Manchada” Orozco Mendoza, Jorge Roustan Reyes, Daniel “Profeta” Aragón Sobalbarro, Ibis “Negra” Hernández, José del Carmen Kiel, Mario “Caza Perros”, el misterioso “JC” (Edgard Guerrero).

Estos Jefes Guerrilleros comienzan a operar en estos tres frentes mencionados, y mientras de forma repentina también se ve involucrada la escuadra móvil de Juan Carlos “Marcial” Soza Aragón (del Frente jefeado por Sergio Gómez Vargas), en un callejón del Estilo de la Moda (Barrio Ducualí), dos cuadras al Oeste, por donde un grupo de guardias intentaban meterse al Reparto El Dorado. En ese sector estaba ya operando, de forma móvil, Claudio “106” Picasso Ardito con su escuadra de defensa circular. Se traba combate y los guardias se ven obligados a emprender retirada hacia el Sur.

También entra en escenario de combate con sus escuadras móviles aquí César “Moisés” Augusto Silva y su segundo al mando, José Segundo “Zarco” “Gato Moraga” Moraga Lovo y por Cecilio Armengol “Vaca Chota” López Traña. Por el lado de los tanques de ENACAL, en el Oeste del Reparto El Dorado, colindante con la Pista “Mártires de Mayo” está en movimientos de guerrilla móvil la Comandante Mónica Baltodano Marcenaros, miembro del Estado Mayor de Managua, con otras escuadras listas para entrar en combate.

En la posición del Frente de Guerra del Puente Paraisito estaban entre otros jefes: el propio Carlos “Taolamba” Duarte Orozco, Frank “Machillo” González Morales, Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez, Marta Lorena “Cleo” López Mojica, y Combatientes Populares como:  Jorge Luis “Chancha” Orozco, Ricardo “Huesito” Membreño, Freddy Aburto Ruiz, Guillermo Rivas Maltez, los tres Hermanos Pinell, Nelson “Memo”, los tres Hermanos Mercado Ruiz, los siete Hermanos Aburto, “Pelado Loco”, Aníbal Bendaña (hoy es Comisionado policial), Isabel “Marito” Mayorga, “Chelín”, “El Muco”, “Darling”, mujer; Luis Manuel “Cachetito” Marenco, “El doctor Chapatín”, Edgard Salomón “Águila” Espinoza, Alfonso “Mascota” Mejía González, “La Dos Dientes Menos” (nunca le supieron el nombre a esta mujer, era una mujer muy bonita a la que le faltaban dos dientes).

Frente al inmenso poder de fuego balístico de los guardias, todos estos Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares van retrocediendo parapetados en los muros de  las casas de la orilla de la Pista, hacia el Puente El Edén;  en los callejones de la Pista hacia el interior del Barrio San Cristóbal, y a la vez haciendo labor guerrillera, de ataques rápidos por esquinas, por encima de las casas, por huecos de las mismas casas, lanzando bombas de contacto como se lanza una bola de béisbol a regular distancia, las cuales empiezan a caerle a los guardias encima y muy cerca.

La Columna “Liebre”, integrada por Jefes Guerrilleros muy bien entrenados, asimismo va retrocediendo y lanzando al mismo tiempo fuego potente, nutrido y certeramente dirigido a los guardias que van en la avanzada.

Ya son, quizás, las seis y media de la tarde cuando estos Combatientes de la “Liebre” están disparando parapetados dentro y fuera de las instalaciones de la Funeraria “El Amparo”, cuando asoma “las narices” la tanqueta que traen unos 100 guardias por dentro del Barrio Paraisito hacia la propia estructura de cruce del Puente Paraisito.

Los guardias vienen protegiéndose en la tanqueta, la cual trae dos ametralladoras calibre 50 disparando en ráfagas. Y detrás vienen dos jeepones blindados de los que usaban los Batallones de la Guardia y de la EEBI para transportar tropas, pues los han acondicionado con asientos acolchonados, y al mismo tiempo tienen una base metálica para colocarle una ametralladora.

En la Columna “Liebre” andan una bazuka RPG-2. La Columna de los “Perros Negros” (son hombres y mujeres) del Barrio San José Oriental están moviéndose por encima del lado Norte del Cauce Oriental, por callejones estrechos de ese lado del Barrio Paraisito y por encima de las casas, desde donde ya les están disparando sus fusiles y  rifles 30-30 a los guardias que van con la tanqueta, y a la vez les lanzan una lluvia de bombas de contacto.

Los Jefes Guerrilleros de la “Liebre” esperan calmadamente a que la tanqueta termine de asomar “las narices” en la subidita del Puente Paraisito. El operador de la bazuka  RPG-2 ya está listo, apoyándose en uno de los muros, y a la espera de que sus compañeros lo protejan con ráfagas de fusiles, para que él pueda hacer el disparo del cohete. Los operadores de la tanqueta están afanados disparando las ametralladoras hacia los sitios móviles de los miembros de la Columna “Perros Negros”.

Efectivamente, la tanqueta con numerosos guardias detrás termina de asomar “las narices” en la subida hacia el Sur, hacia la Pista “By Pass” o “Pista de la Resistencia Sandinista”. En segundos queda un poco inclinada verticalmente hacia arriba, y es el momento justo en que le lanzan el disparo de la bazuka, dándole en el centro. Al instante se produce una explosión, y quedan las ametralladoras disparando a “lo loco” como ocurrió con la otra tanqueta que había sido destruida con un mortero frente al Hospital del Niño, el pasado 14 de junio, hacía tan sólo tres días.

Estos guardias de la tanqueta neutralizada retroceden despavoridos, pues ese aparato mecánico de artillería pesada era el amparo que traían consigo. Al retroceder traban combate con los “Perros Negros”, quizás unos 25 en total en ese momento, y comienzan a hacerles guerra de guerrilla dentro del vecindario del Paraisito, en la orilla del Cauce Oriental y para el lado del barrio San José Oriental.

Convoy militar GN casi aniquilado en Pista de la Resistencia Sandinista

Los “Perros Negros” y los Combatientes del Frente de “Taolamba” Duarte Orozco en el Puente Paraisito, tratan de empujar a una parte de los guardias a que se metan dentro del Cauce Oriental, porque allí, cerca del Puente Paraisito les tenían preparada dentro del Cauce una mina de dinamitas y varias tanques de gas, que estaban listos para explotar en caso de que se metieran. Pero no ocurrió.

Los otros dos contingentes de guardias, el más numeroso, el de la Pista “By Pass” sigue avanzando con su enorme volumen de fuego. Una parte de los que avanzan por la Pista también entran por callejones por el lado Oeste del Barrio San Cristóbal, entonces con calles de tierra.

Al ocurrir este avance feroz por la propia Pista “By Pass” y por dentro del Barrio San Cristóbal fue como meterse a una trampa militar inmensa. Los Combatientes Populares “Perros Negros” se movían por encima del Cauce Oriental, en el lado Norte; del Puente El Edén hacia el Oeste avanzaban a la vez numerosas columnas móviles que les atacaban de forma certera, y se apreciaba ya en medio de la oscuridad que los guardias caían uno tras otro sobre los adoquines de la Pista “By Pass” y en los callejones del Barrio San Cristóbal.

Todas las columnas móviles, en combinación con el Frente de Guerra de “Taolamba” Duarte, fueron  articulando rápidamente una forma de guerra totalmente móvil, de ataques potentes, certeros, brutales, especialmente por el lanzamiento de centenares de bombas de contacto desde esquinas, desde encima de las casas, todo lo cual iba produciendo heridas mortales a los guardias, quienes, además, no conocían el terreno, mientras los Combatientes Populares se conocían palmo a palmo cada uno de estos callejones con sus respectivos vericuetos.

Al convoy de aproximadamente ocho camiones que iba en la Pista “By Pass”, también le caen las bombas de contacto y los morteros del RPG-2, lanzados desde boca-calles, desde unos árboles de mamones altos (en la Calle de los Mamones).

Los guardias también usaban granadas de fragmentación, pero al parecer las lanzaban con miedo y no daban en los blancos móviles, porque las bombas de contacto les causaban terror infinito.

Cuando eran las ocho de la noche de aquel 17 de junio de 1979, de lejos se podían ver la multitud de cadáveres sobre el adoquinado de la Pista “By Pass”, más cuatro camiones que habían quedado destruidos en la vía.

Lo que quedaba de los dos contingentes GN se juntaron dentro de los callejones del Barrio San Cristóbal, mientras a esas alturas las Columnas Móviles mencionadas y los Combatientes del Frente de Guerra de “Taolamba” Duarte en el Puente Paraisito ya les habían hecho una especie de “tenaza militar” dentro del mismo Barrio. Los guardias lograron llegar hasta la Iglesia Católica, en plena oscuridad, pero sin descuidar la retaguardia para el lado del Semáforo del Dorado, por donde habían entrado, con el fin  de tener escape por allí y no caer en una emboscada.

Sin embargo, el Frente de Guerra del Paraisito y las Columnas mencionadas sí les prepararon una emboscada  hacia el Este del Barrio por si seguían avanzando más allá de la Iglesia Católica, ubicada en el lado Oeste, o sea, que los guardias no llegaron ni a la mitad del vecindario San Cristóbal, por donde pretendían entrar al Reparto El Dorado, con intenciones de aniquilar al Estado Mayor General del Frente Interno y al Estado Mayor Conjunto de Managua.

En realidad, sólo el Estado Mayor General del Frente Interno, comandado por los Comandantes Núñez Téllez, Ramírez Solórzano y Cuadra Lacayo, más varias escuadras especializadas, estaban en el Puente de Mando de El Dorado. Hasta el 19 en la mañana el Estado Mayor del Frente Interno se traslada al Barrio Ducualí, específicamente a la Iglesia Sagrada Familia.

En plena oscuridad, el combate sigue sostenido hasta más o menos las nueve de la noche, aunque ya las balaceras son esporádicas. Los guardias se posesionan de las instalaciones de la Iglesia Católica y de los alrededores. Mantienen el tiroteo en rumbo de calles y callejones, y en la Pista “By Pass”,  al parecer para darse tiempo de levantar sus muertos.

Se retiran de la Iglesia San Cristóbal, del Barrio y de la orilla de la Pista “By Pass” a las tres de la mañana del 18 de junio. Los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares mantuvieron su despliegue militar en forma de tenaza y emboscada hasta el amanecer de ese 18 de junio, por si los guardias volvían. De noche, o en la madrugada, los solados GN no se atrevían a avanzar o meterse en callejones, porque siempre eran emboscados por las Columnas y Escuadras Móviles del Frente Interno del FSLN.

Los resultados fueron fatales para la Guardia Nacional somocista genocida “invencible”. Los “Yeicos” –palabra sin sentido, pronunciada por jefes de la GN en tono burlesco contra Guerrilleros y Combatientes del Frente Sandinista clandestino todavía—les habían aniquilado en combate, una vez más, a más de 50 guardias, una tanqueta y cuatro de los siete camiones que andaban los tres contingentes de soldados, jefeados por los más sanguinarios asesinos de Batallones “elites” de la Guardia Nacional, de la EEBI y mercenarios del CONDECA.

En el interior de la tanqueta, los Combatientes Populares recuperaron una ametralladora calibre 30,  en total 30 fusiles Galil, sin tiros, porque los guardias se los llevaron.  Encontraron abundancia de morfina, pues al parecer siempre andaban drogados. A la ametralladora le habían quitado un pin, para que no funcionara. La hizo funcionar de nuevo el Combatiente Popular Guillermo “Niño Dios” Rivas Maltez.

Esa noche del 17 de junio fue herido gravemente “Sobrino” Dávila Sánchez mientras con maestría se movía y disparaba la ametralladora 30. Al amanecer del 18 era notoria la gran cantidad de sangre que habían dejado los guardias muertos y heridos sobre el adoquinado de la Pista “By Pass” y en los callejones del Barrio San Cristóbal. Los cuatro camiones estaban allí todavía. No se los llevaron.

Igual que cuando fue destruida la “Sierra 13”, el 11 de junio, el adoquinado de la Pista “By Pass” y los callejones mencionados del Barrio San Cristóbal, quedaron con una alfombra de cápsulas de tiros, de morteros y de charneles pegados y regados sobre el suelo de las vías y en patios de las casas de este vecindario.  En algunos sitios había hasta hoyos abiertos por las explosiones de bombas de contacto, usadas por Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares contra los guardias sanguinarios del somocismo.

Era notorio que los cuatro camiones, precisamente, habían sido impactados por cohetes RPG-2 y bombas de contacto.

Este combate fiero y mortal, iniciado por la soldadesca sanguinaria de asesinos, fue exitoso, una vez más, para la Insurrección Sandinista en Managua, pero profundizó la escasez de tiros para los pocos fusiles, armas de cacería y morteros RPG-2. Mientras tanto, se había descubierto, que en uno de los camiones de estos contingentes de guardias, andaban decenas de  miles de tiros de diversos calibres, incluyendo balas para los cañones de los tanques, y de ese modo se cumplía lo que decía el esbirro coronel Nicolás Valle Salinas: “Tenemos armas y municiones para combatir 100 años,  si queremos”.

Por supuesto, los guardias no volvieron esa mañana del 18 de junio. El  Estado Mayor General del Frente Interno y el Estado Mayor de Managua después de evaluar los resultados de la confrontación militar del día 17 en la tarde, hasta en la madrugada del 18, ordenaron a su tropa revolucionaria sandinista que retomaran sus anteriores posiciones militares desde el Puente San Cristóbal, Puente Paraisito, reforzar las entradas al Barrio San Cristóbal y al Barrio María Auxiliadora, todo el lado Oeste y Sur del Reparto El Dorado, la Colonia Don Bosco, la Colonia Colombia, la Colonia Luis Somoza (Diez de Junio), por los lados del Barrio San José Oriental y “Campo Bruce” (Rigoberto López Pérez).

La Guardia Nacional y su jefe Somoza Debayle, por supuesto, continuaron el 18 de junio los bombardeos aéreos crueles y sanguinarios contra toda la Ciudad de Managua, e hicieron intentos vacilantes y débiles para romper el cerco insurreccional por los lados de Santa Rosa, Colonia Nicarao y por el lado de los “Semáforos de la Robelo”, donde fueron rechazados rápidamente.

19 de junio en la madrugada: Caen municiones del cielo, lanzadas por avión del FSLN

El combate del 17 en la Pista “By Pass”, Barrio San Cristóbal, Barrio Paraisito y Barrio San José Oriental, además de guardias, tanquetas y camiones eliminados, había dejado como premio la victoria sandinista, una vez más, y recuperación  de numerosos fusiles automáticos y ametralladoras, pero sin municiones.

La falta de municiones, el cansancio acumulado entre Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y Milicianos, escasez de comida y medicinas, el hecho de que los Frentes de Guerra del FSLN en el Sur Benjamín Zeledón Rodríguez, en el Norte Carlos Fonseca Amador, en Occidente Rigoberto López Pérez, en el Centro Pablo Úbeda y en Oriente Carlos Roberto Huembes, no avanzaran a Managua como estaba previsto, para dar el asalto final juntos, con el Frente Interno, tenía  realmente preocupados a los  miembros del Estado Mayor General del Frente Interno del FSLN y del Estado Mayor Conjunto de Managua, pues el Plan Militar Insurreccional era que precisamente los Combatientes en Managua se iban a sostener tres días mientras los Frentes de Guerra mencionados avanzaban a Managua.

Ya habían pasado nueve días de resistencia activa, y a la vez de combates ofensivos, móviles, guerra de movimientos, hostigamientos, emboscadas y ajusticiamientos a los enemigos somocistas genocidas.

Y la orden de la Dirección Nacional Conjunta del FSLN era seguir resistiendo mientras los Frentes de Guerra mencionados vencían a los guardias en sus respectivos territorios.

Recuerdo que el 18 de junio, después de las seis de la tarde, se aparecieron “piquetes armados” de propagandistas del Movimiento Pueblo Unido (MPU), a explicar que la lucha armada, de resistencia y de combates móviles, debía seguir sin tregua, hasta derrumbar a la tiranía somocista, y que esa noche y madrugada del 19 todos debían cumplir una tarea realmente sorprendente: hacer fogatas abundantes en línea recta, de Sur a Norte. Pobladores, Combatientes Populares y Milicianos se dedicaron afanosamente a buscar llantas viejas, papeles, leña, maderas de todo tipo, trapos viejos, fósforos, y hasta combustible enlatado.

El Comandante Carlos Núñez Téllez lo explicó en su libro “Un Pueblo en Armas” de la siguiente manera:

“Las fuerzas del MPU se movilizaron de trinchera en trinchera, de Barrio en Barrio, orientando a la población a agrupar material inflamable para hacer fogatas en puntos específicos, sin revelarles las razones. A las cuatro de la mañana, diversos puntos de la Zona Oriental (y Norte) estaban alumbrados por gigantescas fogatas, premonitorio de algo especial que estaba por ocurrir,  como resultado del esfuerzo de toda la población. Los francotiradores sandinistas no atinaron a comprender la situación y permanecían a la  expectativa.

“A las seis de la mañana un Avión Navajo eludiendo el radar del Aeropuerto Las Mercedes (hoy Augusto C. Sandino), penetró hasta la Zona Oriental y en vuelos rasantes dejó caer preciosa carga. Francotiradores y Combatientes comenzaron a disparar, cada quien confundiéndolo con un avión enemigo; posteriormente el avión se retiró ileso, satisfechos los pilotos del éxito de la misión realizada.

“Al darse cuenta los Combatientes y la población del significado de esta acción, estallaron en gritos llenos de júbilo y con renovados bríos se dispusieron a continuar la lucha. Un anciano al observar  el avión arrojando municiones, esbozó una sonrisa de esperanza y dijo: “Ya hasta Fuerza Aérea tenemos”.

Efectivamente, el avión casi rosaba los árboles esa mañanita del 19 de junio de 1979. Como todos los implicados en la Insurrección Sandinista estaban en vigilia, atizando las fogatas para que levantaran llamas y humo, al escuchar el ruido rasante del avión, creyeron, incluyéndome yo en Bello Horizonte, que se trataba del reinicio del bombardeo aéreo cotidiano de la Guardia Nacional somocista genocida.

Los Combatientes Populares y Milicianos que no sabían de qué se trataba le dispararon sus armas al avión, dichosamente sin provocarle daño alguno. Recuerdo que el avión Navajo hizo un vuelo de Sur a Norte, pasando por encima de los vecindarios Don Bosco, Luis Somoza, Ducualí, María Auxiliadora, El Edén, Blandón (Costa Rica), y luego dio la vuelta en redondo sobre el Lago de Managua y regresó por encima de Santa Rosa, Bello Horizonte, Meneses (Venezuela), Santa Bárbara (Edmundo Matamoros); Nicarao y Catorce de Septiembre.

Aquel vuelo rasante de ida y vuelta fue veloz, pues ¡claro¡ los pilotos debían alejarse antes de que los pilotos asesinos genocidas del somocismo tuvieran tiempo de perseguirlos con sus aparatos aéreos de la muerte, con los cuales bombardeaban Managua todos los días desde el 11 de junio, a partir de las diez de la mañana.

Varios de los cajones y sacos llenos de municiones variadas cayeron sobre casas, en línea recta,  de los Barrios El Edén, Ducualí, María Auxiliadora y Luis Somoza (Diez de Junio).  Al caer, las cajas y sacos hicieron un estruendo como de pequeñas explosiones. Dichosamente, ninguna de las cajas y sacos de la “preciosa carga” cayeron encima de ninguno de los pobladores, Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y Milicianos.

  • Recuerdo también aquel júbilo incontenible. Y también recuerdo que muchísimas de las municiones se dañaron al caer. Inmediatamente, fue activado un Taller de reparaciones de armas y municiones, que el Estado Mayor Conjunto de Managua organizó en un local contiguo a un Supermercado que había del Puente El Edén una cuadra al Este, frente a una de las esquinas de entrada al Barrio Ducualí y frente al “Restaurante Jardín Central”, todavía existente en el 2015. Uno de los responsables de este taller era Jorge Roustan Reyes, uno de los jefes y francotiradores en esta Zona Insurreccional de Managua.

Fue al mismo tiempo a partir de este momento en que el Estado Mayor General del Frente Interno da la orden de usar municiones sólo cuando se estaba seguro de que se le iba a disparar a los guardias y orejas, si era posible, tiro a tiro, y fijando cuidadosamente el blanco.

De “Liebre” a “Óscar Pérez Cassar”, o “Caza Perros”;  Guardias le tenían miedo

Esa mañana del  19 de junio, los miembros de los dos Estados Mayores del Frente Interno FSLN y del Estado Mayor Conjunto de  Managua, se trasladan todos, custodiados por los miembros de la temida Columna guerrillera “Liebre”, hasta los Frentes de Guerra de las Colonias Nicarao y Catorce de Septiembre, para evaluar con sus jefes en el terreno, la situación militar que se le presenta a la Insurrección Sandinista en este sector del Oriente de Managua.

Sobre este acontecimiento en particular, el Comandante Carlos Núñez Téllez escribe:

“Han pasado nueve días desde el estallido de la batalla en Managua. Una breve evaluación de la jornada combativa nos permite ver la fortaleza de las fuerzas sandinistas y sus debilidades. De antemano, el Estado Mayor General del Frente Interno y del Estado Mayor Conjunto de Managua ya habían realizado un recorrido por las líneas de combate principales comprobando la moral combativa, la decisión de lucha, la disposición y la capacidad de mando de los jefes y las bajas sufridas, en los días anteriores.

“Este recorrido fue hecho por “La Liebre”, pasamos por la Pista del Dorado, nos fuimos por dentro de la Colonia Luis Somoza (Diez de Junio) y del Centro Juvenil Don Bosco hasta llegar al Cuartel Central de la Nicarao. Allí nos reunimos con el Mando Unificado de las Colonias Nicarao y 14 de Septiembre, para evaluar la situación y transmitirle nuestras consideraciones. A media mañana se intensifica el mortereo desde el Polideportivo España y la FAN sobre las posiciones sandinistas, obligándonos a retirarnos del local de la reunión.

“Nos internamos hacia el corazón de la Nicarao bajo una lluvia de morteros hasta llegar a la casa de uno de los pobladores; estando en ese lugar, la ofensiva de la guardia se intensifica por el lado de Rubenia, cuyas posiciones están resistiendo el ataque de la infantería, de un ataque proveniente del lado de la Pista las Américas (Pista Sabana Grande). Damos la orden a “La Liebre” de acudir en auxilio de nuestros hermanos y no retirarse hasta que los atacantes hayan sido repelidos. Su acción se hizo sentir en los primeros intercambios; de un morterazo lograron paralizar la tanqueta, poniendo en fuga a los esbirros somocistas.

“Posteriormente, nos regresamos por otro camino, reuniéndonos de previo con el Mando de la Carretera Norte, jefeados  por “Nacho” y “Salvador” (Ramón Cabrales Aráuz y Marcos Somarriba García); una vez conocida la situación nos regresamos al Cuartel General; tomamos la decisión de cambiar de lugar, descrito anteriormente.

“Por otra parte, nos reunimos con la Comisión Política para conocer de sus preocupaciones en torno a las razones por las cuales los Frentes de Guerra no avanzaban, trasmitir una impresión general sobre el estado de ánimo de las masas y conocer las orientaciones del Estado Mayor General del Frente Interno, para continuar la lucha. A los compañeros les preocupaba enormemente, no sin razón, el giro que estaba tomando la lucha militar en Managua, que con reducidas fuerzas mantenían una resistencia heroica al aparato militar enemigo y que tal situación no podría mantenerse por muchos días”.

Un análisis militar del Comandante Carlos Núñez, en su libro “Un Pueblo en Armas”, razona: “El enemigo somocista avanza, mientras Combatientes y población muestran agotamiento. Algunos puntos evaluativos de esos días de combate, podrían ser así:

-Era notorio el agotamiento de las fuerzas, el cansancio hacía presa de los Combatientes y de los Jefes, faltos de alimentación, de reposición de fuerzas. Aunque se mantenían firmemente en sus posiciones, el desgaste físico comenzaba a afectarlos.

-El estado de ánimo de la población, dentro de las limitaciones, se mantenían en buenos niveles, pero se indagaban constantemente del momento de la convergencia de las fuerzas estratégicas.

-Los Milicianos se encontraban prácticamente desarmados al agotarse las municiones de bajo calibre. Su labor se venía reduciendo a la vigilancia de las trincheras, a las tareas auxiliares, lo que les provocaba inconformidad.

-El enemigo ya comenzaba  a avanzar y romper las barricadas con mayor facilidad, mediante la táctica de concentración de fuerzas en puntos de defensa importantes como El Dorado, la Luis Somoza, Don Bosco y la Carretera Norte.

-Los mandos se mantenían monolíticamente unidos, entregados de lleno a cumplir sus responsabilidades, sin sectarismos de ninguna índole y más bien auxiliándose en todo lo necesario.

-La situación política internacional tendía a ser favorable a la lucha (armada) del pueblo nicaragüense y de aislamiento a la dictadura militar somocista, lo cual eliminaba poco a poco las posibilidades de una intervención directa en nuestro país para sofocar las ansias libertarias del pueblo nicaragüense.

-Se presentaba la necesidad de darle un salto cualitativo importante a las labores de auxilio de las trincheras que estuvieran sometidas a mayor acoso, multiplicando las energías para crear  Columnas Móviles mejor fortificadas que pudieran provocarles mayores golpes al enemigo”, valoró entonces el Comandante Núñez Téllez.

En ese momento, el Estado Mayor General del Frente Interno se encontraba instalado temporalmente en una casa del Barrio Paraisito, muy cerca de donde había sido destruida la tanqueta durante el combate recién pasado. El Estado Mayor Conjunto de Managua estaba funcionando en la Escuela María Auxiliadora, situado contiguo al Barrio San Cristóbal, por  el Este.

Después de estos recorridos de supervisión militar y de los estados de ánimo de Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares, Comisionados Políticos y población implicada en la Insurrección Sandinista, ambos Estados Mayores se reúnen allí en la Escuela María Auxiliadora y deciden integrar la “Columna Óscar Pérez Cassar”, “como instrumento ampliado de “La Liebre”. Este sería el símbolo del poderío militar del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Se encargaría de realizar operaciones militares de mayor envergadura que las realizadas por “La Liebre”.

La “Columna Óscar Pérez Cassar” quedó integrada por 42 de los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares de los más selectos, muy bien armados y entrenados, probados de mil maneras en el combate y guerra de guerrillas, e inmediatamente los seis Jefes de los Estados Mayores les nombraron a un Jefe y Segundo Jefe: Walter “Chombo” Ferrety Fonseca y Douglas Duarte Zeledón, respectivamente.

La Columna “Liebre”, de la cual se originaba en forma ampliada la “Óscar Pérez Cassar”, ya significaba terror o miedo para los guardias, “orejas”, “soplones”, agentes de la Oficina de Seguridad, pues además de aniquilarlos en combates relámpagos, potentes, sin retroceso, sólo de empuje feroz y encima, estos enemigos GN y “orejas” ya sabían que inclusive se dedicaba a cazar ese tipo de esbirros somocistas genocidas, y por este motivo comenzó también a ser conocida como la “Caza Perros”, porque los pobladores les decían “perros rabiosos” a los guardias, “orejas” y “soplones”.

La Columna “Óscar Pérez Cassar” fue formada en el corredor del Cuartel del Estado Mayor de Managua, y en medio del más impresionante y solemne silencio, el Comandante Joaquin Cuadra Lacayo procedió a explicarles las razones de su integración, las arriesgadas misiones que deberían cumplir  en el futuro y la confianza que en ellos depositaba la Dirección Nacional Conjunta del Frente Sandinista y los Mandos del Frente Interno.

En posición de “firmes”, con sus fusiles de guerra y llenos de fervor revolucionario, los 42 integrantes de la “Columna Óscar Pérez Cassar” hicieron el juramento correspondiente, e inmediatamente pasaron al combate contra los enemigos somocistas, mientras eran aplaudidos por decenas de Combatientes Populares reunidos en la Escuela María Auxiliadora en ese momento, y con el cierre de: ¡Patria Libre o Morir¡

Combatientes Populares invisibles, ocultos en las esquinas

El arte del camuflaje de los  francotiradores del FSLN, para eliminar a torturadores y asesinos

Después de estos combates ya mencionados, más las operaciones tipo comandos de las Columnas Móviles, especialmente de la “Óscar Pérez Cassar”, dirigida personalmente por miembros del Estado Mayor General del Frente Interno y encabezada por Walter “Chombo” Ferrety Fonseca, incluyendo las acciones silenciosas de los francotiradores de los distintos Frentes de Guerra, los contingentes de guardias sanguinarios y sus jefes pareciera que ya la “pensaban más” en lanzarse de frente a los sitios en que estaban parapetados, escondidos y moviéndose constantemente los Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y Milicianos, más los pobladores implicados en la Insurrección, ya mejor entrenados, porque el Estado Mayor General del Frente Interno dio la orden de que todos los combatientes se volvieran invisibles al enemigo, es decir, que se metieran o ubicaran tras los muros, en los callejones, ocultos en las esquinas, por encima de las casas, dentro de zanjas, mientras las calles aparecían como “solitarias” sin esos combatientes.

Al mismo tiempo, repito, funcionaban los francotiradores sandinistas, quienes igualmente con paciencia infinita afinaban la mira y tiro a tiro de larga distancia estaban eliminando a los guardias sanguinarios. Durante los entrenamientos en campamentos guerrilleros habían aprendido el arte del camuflaje y de permanecer quietos, en una sola posición, durante 72 horas, si era necesario, en procura de disparos certeros contra los guardias más malvados, los más crueles, especialmente si eran torturadores y asesinos como “Macho Negro” Gutiérrez, “Pipilacha” Obando, Samuel Genie Amaya, Nicolás Valle Salinas, Alesio Gutiérrez, el “Comandante Bravo”, etc.

Por ejemplo, esta labor militar revolucionaria la estaban ejecutando exitosamente, entre otros: Francisco “Chico Garand” Guzmán Fonseca, Jorge Roustan Reyes, Carlos “Chele Garand” Rodríguez y Mauricio “Pigmeo” Sotomayor. “Chico Garand” Guzmán, auxiliado por un grupo de la Organización Militar del Pueblo, se dedicó, precisamente, a bajar, eliminar, a los francotiradores que los guardias sanguinarios habían ubicado en los edificios en construcción del Hospital Oriental y el hoy Mercado Carlos Roberto Huembes, los cuales habían matado a numerosos vecinos de las Colonias Don Bosco, Colombia, Diez de Junio y del Reparto Dorado.

También eliminó los francotiradores GN sanguinarios que estaban ubicados en el ceibón del hoy Barrio Venezuela, contiguo a Bello Horizonte; y el que estaba en su casa, Carlos Miranda, quien se subía a las ramas altas de un árbol en el patio de su vivienda, para estar disparando contra Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, ubicados en Bello Horizonte, e incluso contra la vivienda de Pablo E. Barreto Pérez.

Roustan Reyes por su lado afinó su puntería eliminando francotiradores que igualmente mataban pobladores civiles hacia los lados del Barrio Riguero, Barrio María Auxiliadora y Barrio San Cristóbal, desde árboles y edificios situados en las cercanías de la Ferretería “Repuestos La Quince”, por donde es hoy la Rotonda Cristo Rey, Santo Domingo o David Tejada Peralta.

En el Barrio Santa Rosa, en el Frente de Guerra jefeado por Marcos Somarriba García, ocurría algo espectacular con dos francotiradores: Mauricio “Pigmeo” Sotomayor y a un compañero Combatiente Populares conocido como Carlos “Chele Garand” Rodríguez.

En el caso de “Pigmeo” Sotomayor, este por instrucciones de Marcos Somarriba García, era este chaparrito Sotomayor quien manejaba el Fusil Automático Pesado, con mira telescópica, regulado tiro a tiro, especial para francotiradores.

“Los dos eran tiradores finísimos. Cada tiro disparado por ellos era un guardia menos. El compañero del Fusil Automático Pesado eran tan fino, tan preciso, que un día, quizás fue el 16 de junio, que apuntando desde el Barrio Santa Rosa por la vía recta de la Carretera Norte hacia la Central de Policía, o Cárceles de la Aviación, vio que iba saliendo un vehículo con el rótulo de ambulancia, de esas que Gabriel “Payo” Cardenal Caldera bautizó como “ambulancias de la muerte”, y preguntó que si le disparaba, y el jefe lo autorizó a hacer el disparo. Lo hizo y segundos después, esa “ambulancia de la muerte” estallaba en llamas”, relató Lucío Jiménez Guzmán, quien era el jefe político de este Frente de Guerra en Santa Rosa.

“El “Chele Garand” Rodríguez no disparaba tan lejos, porque él disparaba con un Fusil Garand, de menor potencia que el Fusil Automático Pesado. Sin embargo, este compañero “Chele Garand” Rodríguez no desperdiciaba un solo tiro.  Cada guardia que estaba a su alcance en la Carretera Norte, era guardia muerto. Entre los dos mataron no menos de 60 guardias en este sector o Frente de Guerra de Santa Rosa y de la Carretera Norte”, señaló Jiménez Guzmán.

20 de junio

Orden terminante: Volver invisible la defensa y confundir al enemigo GN somocista

Sobre el miércoles 20 de junio, el Comandante Carlos Núñez Téllez escribe en su informe “Un Pueblo en Armas”:

“El miércoles 20 el tiempo transcurre bajo un intenso bombardeo y el acoso constante de las bestias somocistas. Nuestras fuerzas cada vez más van cayendo en la defensiva de una manera peligrosa. Los Jefes y Combatientes no logran comprender que la defensiva es la muerte y se empeñan en atrincherarse y desde allí librar el combate contra el enemigo en lugar de atraerlo y librar combate de calle.

“El Estado Mayor de Managua se reúne y trata de enterarse de la situación político-militar, a la vez que atiende las operaciones militares. La primera respuesta a los requerimientos de las municiones llevadas por el avión, nos permite tomar la iniciativa. Ese mismo día, por la noche, nos reunimos con los jefes para evaluar mejor la situación y tomar resoluciones en cuanto al hecho real, incuestionable, de que el agotamiento viene en aunmento entre los Combatientes y que la táctica del enemigo comenzaba a dar sus primeros frutos, a través de la penetración por El Dorado y en mayor escala por la Luis Somoza y por Don Bosco.

“La penetración del enemigo por los puntos mencionados es un campanazo de alerta, nuestras fuerzas van cediendo peligrosamente al empuje ofensivo y es necesario revisar cuidadosamente la táctica. De emergencia es convocado el Estado Mayor de Managua (EMM) y los jefes más cercanos para estudiar  la situación y tomar decisiones militares  para lograr la expulsión de la GN del territorio tomado. Después de discutir con mucho cuidado la situación, acordamos las siguientes medidas:

-Suprimir la defensa visible y replegar las fuerzas hasta las líneas de las casas aledañas a las Pistas; es decir,  volver invisible la defensa para confundir al enemigo, obligarlo a acercarse, batirlo, infringirle fuertes golpes y combatir casa por casa si era necesario. Esta orientación llevaba consigo la decisión de retirarse de las barricadas y protegerse en las casas que estaban edificadas para este tipo de táctica. Al compañero Claudio “106” Picasso, asediado  por los morteros que habían caído cerca de las trincheras que comandaba, se le tuvo que dar la  orden terminante de replegarse, porque se resistía  a abandonar su posición.

-Lanzar ofensiva fulminante en los lugares en donde la guardia había logrado penetrar y no detenerse hasta obligarlos a replegarse.

-Combinar la acción de resistencia con las emboscadas contundentes para detener el avance de las fuerzas enemigas.

-Continuar intensificando el trabajo dentro de los puntos tomados por la guardia y en la población.

“Una vez acordada la orientación para los días subsiguientes, fueron reunidos a media noche los jefes de los distintos sectores para trasmitírsela. En la madrugada cada quien estaba marchando a sus respectivos puntos, con la orden de iniciar la ofensiva en el menor tiempo posible”, indica el Comandante Núñez en “Un Pueblo en Armas”.

Guardias usaron a ancianas y mujeres elegantes para meter armas, e infiltrar asesinos

A pocos metros de esa Escuela de la Colonia “Salvadorita” (Cristian Pérez Leiva), había un retén en el puente peatonal para cruce del cauce entre esa Colonia y Bello Horizonte. Los Combatientes Populares se habían puesto “chivas” (alertas) por lo que estaba pasando y revisaban más cuidadosamente.

De repente llegó una mujer joven, bonita, esbelta y muy encantadora. Parecía inocente y una “santa paloma” blanca, “mensajera de paz”. Iba empujando un carretón de mano, sencillo, fingidor de planes mortales, dentro del cual llevaba dos sacos “de maíz y frijoles”, dijo ella. Efectivamente, llevaba, maíz, frijoles y otras cosas. “Abrilo”, le pidió uno de los Combatientes Populares. “No, hombré… se me va a caer y vaciar al suelo”, alegó elegantemente la mujer, al tiempo que se ponía nerviosa. Uno de los combatientes, entonces, procedió a abrir uno de los sacos, y resultó que la dama bien vestida llevaba tres fusiles galil desarmados, gran cantidad de municiones para el mismo fusil. Por medio de ella, se encontró a otro francotirador en Bello Horizonte.

Después, supongo esta mujer fue fusilada, pues se comprobó que formaba parte de una de las estructuras criminales, dedicadas a matar gente civil y Combatientes Populares patrióticos en Bello Horizonte y otros vecindarios insurreccionados en la Zona Oriental de Managua.

Abundaron los intentos de infiltrar espías y asesinos en la Zona Oriental Insurrecta, tanto ese día 20 de junio como antes y en días posteriores. A la misma hora en que fue descubierta la “dulce mujer” mencionada, se registró otro incidente con una anciana en el cruce del puente colgante entre el Barrio Meneses (Venezuela después) y el lado Sur de Bello Horizonte, es decir, en el mismo cauce.

La anciana no era conocida en este sector. Se procuraba que en cada retén, barricada y trinchera de combate, hubiese un combatiente popular o Colaborador vecinal, con el fin de identificar más fácilmente a los pobladores que salieran o entraran al vecindario.

La “honorable anciana”, de unos 70 años no era conocida. Lucía vestida normalmente. Sobre la cabeza firme, evidentemente acostumbrada a cargar por encima del hombro, llevaba un saco firmemente amarrado con un mecate delgado.

Disculpe usted… ¿Qué lleva en ese saco?, le preguntó uno de los Combatientes. “Ropa y comida, hijito… para mis hijos”, respondió un poco titubeante. ¿En qué casa vive en Bello Horizonte?, volvió a inquirir el jefe del retén. “Por ahí…para allá…para el lado de la Carretera”, dijo de manera incoherente.

“Le vamos a registrar ese saco. Nos disculpa”, le añadió el Combatiente, y le bajaron el saco de la cabeza. Efectivamente, llevaba ropa confeccionada, en medio de la cual había, nada menos, otro fusil galil desarmado, con gran cantidad de tiros. La anciana fue retenida en ese retén y al final no  supe qué destino tuvo.

Esa tarde fue como una gran arremetida para infiltrar asesinos. Según me contó Juan Ramón Amador, uno de los Combatientes Populares de Santa Rosa, antes de caer por un charnelazo, por el lado Oeste del Barrio capturaron a un hombre que iba montado en un carretón, jalado por un caballo.

Dentro del carretón estaban cuatro sacos. “Van llenos de maíz y trigo”, alegó el hombre del carretón a su favor. Al abrirlos, los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares encontraron que los sacos estaban llenos de aserrín y en medio de los desechos de madera, estaban escondidos tres fusiles y una ametralladora calibre 30, con municiones, se presume destinados a otros francotiradores y asesinos, seguramente, ubicados dentro del radio de la Insurrección de la Zona Oriental y Norte de Managua.

Estas capturas y descubrimientos llenaban de alegría a guerrilleros, combatientes y pobladores, pero a la vez eran preocupantes, porque se suponía, con razón, de que los guardias sanguinarios estaban buscando cómo matar más gente de manera traidora.

Fusilado el “poeta carpintero”, o “punto y coma”, quien era oreja noticioso de la OSN

Más o menos a las seis de la tarde se conoció la noticia de que en el cauce que atraviesa parte del Barrio “Campo Bruce”, hoy Rigoberto López Pérez (“Bruce” era el apellido de uno de los pilotos yanquis  genocidas que bombardearon al General Sandino en el Norte), fue capturado por una escuadra insurrecta del Barrio Riguero, el conocido y nefasto Pedro Pablo “Poeta Carpintero” Espinoza, quien tenía un programa radial titulado “Punto y Coma”, mediante el cual ejercía una defensa feroz de la dictadura somocista y a la vez atacaba cruelmente al Frente Sandinista de Liberación Nacional y a todos aquellos opositores al régimen tiránico. También era informador oficioso de la Oficina de Seguridad del somocismo.

El “Poeta Carpintero” iba huyendo por medio del cauce, al parecer buscando cómo salir al Reparto Ciudad Jardín, donde la guardia tenía dominio completo. Decenas de vecinos identificaron al “Poeta Carpintero” Espinoza y se lo pusieron en conocimiento al Frente de Combate sandinista que estaba ubicado entre el Puente Paraisito y la entrada Norte del Barrio Riguero.

Estos montaron un operativo rápido para cortarle el paso por el Norte, lo capturaron y lo sacaron a la calle en que estaba situado el famoso Cine Salinas, donde una especie de asamblea rápida, con centenares de pobladores condenaron al “Poeta Carpintero” y  “Punto y Coma” para que fuese fusilado, porque era uno de los peores sicarios del somocismo genocida. El carro del “Poeta Carpintero” andaba por placas unas tablitas con los letreros: “Punto y Coma”.

Por la misma radio de la Central de Policía se conoció que el alto mando de la Guardia Nacional genocida mandó a un pelotón de soldados y “orejas” de la Oficina de Seguridad (OSN) a registrar minuciosamente la Clínica Santa María, donde había un Laboratorio Clínico del doctor Eleazar Galo. Esta Clínica siempre ha estado ubicada en el cruce del semáforo de las esquinas del Barrio El Paraisito, Ciudad Jardín y San José Oriental.

Los guardias iban en busca de guerrilleros y documentación “subversiva”, y con orden de matar a quienes encontraran dentro de la Clínica Santa María. Al final, no hallaron nada, pero robaron y todo lo dejaron revuelto.

Casi al mismo tiempo se denuncia que otro pelotón de guardias somocistas se había metido a robar en una empresa privada llamada BALCO.

Guardias lanzan bombas incendiarias contra población de Managua

Al medio día, la Radio Difusora Nacional de Nicaragua (voz oficial del somocismo genocida) arengaba otra vez, instando a que los pobladores en general abandonaran a los “sandino-comunistas-terroristas”, porque la “invicta” Guardia Nacional, defensora de la “democracia” y de la “moral”, procedería a efectuar una “operación limpieza” o “tierra arrasada”  en todos los Barrios, Colonias y Repartos insurrectos. Estas “operaciones limpieza” en el pasado reciente habían significado que se metían a los vecindarios, mataban gente, destruían, torturaban, secuestraban, robaban… eso era “operación limpieza” o “tierra arrasada”.

Esta vez invitaban a todos los pobladores, no sólo a los ancianos y a “mujeres muy adultas” para que abandonaran a los guerrilleros y combatientes populares. Solicitaban encarecidamente, con tono colérico desesperado, que todos los pobladores  de la Zona Oriental y Norte abandonaran a los “sandino-comunistas-terroristas (¿?), o sea, a los Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y Milicianos, cuyo accionar insurreccional ya los tenía desmoralizados.

Estas comunicaciones por medio de la Radio del Estado terrorista somocista era una forma de hacer guerra sicológica, terrorismo estatal en contra de los pobladores y del Frente Sandinista guerrillero, con la finalidad de sembrar pánico, confusión y en búsqueda desesperada de que los pobladores le quitaran apoyo al FSLN libertario.

Desde muy de mañana, al mismo tiempo, la guardia genocida escaló su agresión militar mediante bombardeo aéreo en contra de los pobladores de la Zona Oriental y Norte de Managua, pues además de las bombas y morteros ya mencionados, también procedieron a lanzar masivamente barriles llenos de gasolina y fósforo blanco, los cuales inmediatamente provocaron centenares de incendios en casas, edificios y predios baldíos en que caían. También los lanzaron en la orilla de la Costa del Lago Xolotlán o de Managua.

Hacia el cielo se elevaban centenares de gruesas columnas de humo negro, lo cual le dio un aspecto más trágico a la horrible agresión sangrienta de la dictadura somocista en contra de los pobladores en general, pues esos pobladores eran realmente los perjudicados, porque casi siempre, como he dicho, los pilotos sanguinarios del somocismo genocida no daban en los blancos de barricadas, zanjas y trincheras de combate en que estaban los 110 guerrilleros y Combatientes Populares voluntarios, patrióticos, revolucionarios, sandinistas que seguían el ejemplo del General Augusto C. Sandino.

Debido a los bombardeos aéreos incesantes, la cantidad de muertos y heridos era, sencillamente, enorme. El desfile de seres humanos cargando a sus heridos hacia el Instituto Experimental México, en la Etapa III de Bello Horizonte, era un asunto que llenaba de rabia a Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, porque la guardia  estaba bombardeando de manera cruel, sanguinaria y cobarde, en forma incesante, provocando más y más muertos, heridos y destrucción generalizada en Managua, León, Chinandega, Masaya, Rivas, en Estelí, Matagalpa, Ocotal, Somoto, Juigalpa, y centenares de ciudades y pueblos pequeños que también habían sido víctimas de las atrocidades del somocismo mediante bombardeos aéreos.

Los incendios, por centenares, provocados por las bombas de gasolina y fósforos, lanzados por pilotos genocidas somocistas  en Managua, continuaban al atardecer del 20 de junio. Ya dije que los bombardeos aéreos fueron iniciados en Managua el 11 de junio cuando era atacada y destruida militarmente la “Sierra 13” o “Treceava Sección de Policía GN”, y los bombardeos con tanques de gasolina y fósforos, lanzados desde helicópteros, los iniciaron desde el 15 de junio en la mañana, especialmente cuando ocurría el combate fatídico para la Guardia Nacional sanguinaria en “Río Seco”, en la Colonia Nicarao.

Ese día 15 los guardias provocaron decenas de incendios al caer estas bombas incendiarias entre la Colonia Nicarao, Cruce de Villa Progreso, Barrio Meneses (Venezuela), Bello Horizonte, Barrio Blandón (Costa Rica) y el Barrio Santa Rosa.

“Los miembros de los Comités de Defensa Civil y de los Comités de Acción Popular, como podíamos, en medio de los bombardeos y tiroteos, nos movíamos para auxiliar heridos, sacar a familias entrampadas en sus casas por el estallido de las bombas, y ayudábamos a sepultar a los muertos en los patios de las viviendas, en predios baldíos y en los andenes de las calles”, contaba Raúl Munguía después del Triunfo de la Revolución.

Fue así como un grupo del Comité de Defensa Civil (CDC) le ayudó a doña Coralia Jácamo Alvarado a enterrar el cadáver de su hijo Jackson Jácamo Vanegas en el patio de su casa, en el lado Oeste de la Colonia Diez de Junio, contiguo al Reparto El Dorado, muy cerca de donde tuvo ubicación el Estado Mayor del Frente Interno. Jácamo  Alvarado, ya dije, cayó heroicamente yendo de frente a una tanqueta de guardias genocidas, hasta que la inutilizó en una de las calles de la Colonia Colombia.

Fuimos también a ayudar a sepultar muertos en la Colonia “Salvadorita” (Cristian Pérez Leiva), entre otros a William Pacheco, cuyo cadáver agujereado por charneles de rocketts fue sepultado en uno de los callejones de su Colonia.

Repito: La crueldad inaudita del bombardeo aéreo causó más del 80 por ciento de los heridos y muertos, todos provocados, como siempre, por el aparato opresor dictatorial de la guardia del somocismo genocida. A estas alturas, en el patio Noreste del Instituto Experimental México ya se habían enterrado 60 caídos, unos en combate y otros charneleados, del total 36 jóvenes, hombres y mujeres, que fueron sepultados en este sitio de la Zona Oriental de Managua.

En el Cementerio de los Héroes y Mártires de la Colonia Nicarao, contiguo a la Casa Comunal,  ya se habían sepultado a 10 de los caídos (hombres y mujeres) en este famoso sector combativo de la Zona Oriental de Managua.

El Hospital clandestino en el Instituto Experimental México y su gemelo Silvia Ferrufino Sobalbarro se convirtieron en el principal objetivo militar de la aviación del régimen  somocista genocida, y por tanto eran sometidos constantemente a bombardeos aéreos, con bombas de 500 y 1,000 libras, rocketts, morteros y ametrallamientos con calibre 50, desde el aire, porque los guardias sanguinarios asesinos jamás se atrevieron a meterse por tierra. El Hospital clandestino Silvia Ferrufino Sobalbarro estaba ubicado del Instituto Experimental México una cuadra al Norte y media al Este, en la Cuarta Etapa de Bello Horizonte.

Al Noreste del Barrio Waspán Sur y al Sur del Barrio Waspán Norte, en un predio baldío, ya se había formado un Cementerio de Héroes y Mártires, con un  total de 32, unos asesinados por la guardia en los alrededores de la Fábrica Chontal (entonces de la Guardia Nacional somocista, en el lado Este del Reparto Santa Clara, en la orilla del Lago de Managua), y los otros caídos en combates totalmente desiguales  con soldados GN  en el Kilómetro Ocho de la Carretera Norte, y dentro de los Barrios  Camilo Chamorro y el hoy Barrio Berta Díaz Hernández.

Esa misma tarde del 20 de junio se comenzaron a capturar a mercenarios salvadoreños y coreanos en  los vecindarios de Bello Horizonte, Santa Rosa y Ducualí. Uno de los salvadoreños confesó que lo había enviado el jefe de la Policía de El Salvador.

Estos mercenarios capturados “infragantis” cuando hacían labor de francotiradores, ubicados dentro de casas de “orejas”, en cauces, en techos de viviendas y en ramas altas de árboles, eran enviados inmediatamente a manos de un comando especial de la Insurrección, jefeado por el Estado Mayor General del Frente Interno, situado en la Colonia Nicarao. Allí les hacían juicios y se decidía qué hacer con ellos.

Un poco después de las seis de la mañana estalló un incendio en la Litografía Robelo, supuestamente porque había caído dentro de las instalaciones una de las bombas incendiarias lanzadas de helicópteros de la guardia somocista genocida.

Agentes de OSN emboscados en la salida Norte de Colonia Primero de Mayo

A las  diez de la mañana se produjo una balacera nutrida, potente, y explosiones de RPG-2 en el cruce de entrada a la Colonia Primero de Mayo y Pista Sabana Grande, recién adoquinada, porque el grupo de francotiradores y cazaperros (caza guardias, “orejas”, “jueces de mesta”, “jueces de cañada” y demás asesinos del somocismo genocida), activó una emboscada contra un  grupo numeroso, tal vez de unos 40 agentes de la Oficina de Seguridad (OSN), que andaban operando para capturar, torturar y asesinar gente insurrecta en los vecindarios Orientales que los guardias habían retomado el 13 de junio, desde el Barrio Laureles Norte (Manuel Fernández Mora) hasta el Este de la Colonia Catorce de Septiembre, entre los cuales se contaban: Villa Libertad, Primero de Mayo, Las Sabanas, Villa Flor, Jardines de Veracruz, Santa Emilia (Omar Torrijos Herrera).

El testimonio de Francisco “Chico Garand” Guzmán Fonseca indica que para este operativo militar especial estrecharon la cooperación militar dos Columnas Móviles: la “Óscar Pérez Cassar”, o “Caza Perros”, jefeada por Walter “Chombo” Ferrety Fonseca;  y una de Bello Horizonte, perteneciente al grupo de la “Organización Militar del Pueblo”, jefeada por “Chico Garand” Guzmán Fonseca.

Los agentes de los “escuadrones de la muerte” andaban en cinco vehículos de vidrios oscuros, inconfundibles, que sólo los tenía la OSN en ese tiempo.  Me contaron que el aparato de inteligencia del Estado Mayor General del Frente Interno del FSLN ya los había detectado, les daba seguimiento hacía varios días, y finalmente decidieron ponerles una emboscada a ambos lados de la Pista Sabana Grande, en la entrada a la Colonia Primero de Mayo.

La grandísima realidad es que todo mundo, hasta los mismos generales, coroneles y mayores de la Guardia Nacional, le tenían terror a estos agentes de la Oficina de Seguridad, porque espiaban directamente  para Somoza Debayle y su hijo Anastasio “Chuigüin” Somoza Portocarrero. Estos mismos agentes eran quienes tenían dominio omnímodo, además, en la “Mano Blanca” (“escuadrones de la muerte”), y decidían a quiénes se debía matar sin contemplaciones, tanto sandinistas, como opositores al somocismo,  y también a aquellos guardias que se convertían en un peligro para algunos planes tenebrosos de la dinastía somocista sangrienta.

Los agentes asesinos de la OSN salieron de la calle de entrada a la Colonia Primero de Mayo. Giraron a la izquierda, ¡y se activó la emboscada bien coordinada, potente, sin vacilaciones! Ahí quedaron muertos todos estos asesinos de los “escuadrones de la muerte”. Los vehículos quedaron destruidos, y con centenares de perforaciones de balas en los costados y de frente. Los miembros de las Columnas Móviles del Frente Sandinista Guerrillero se habían desplazado clandestinamente hasta allí por medio del cauce del Este de Rubenia y por predios baldíos donde es hoy el Barrio Austria, donde entonces habían matorrales crecidos y árboles pequeños, y situándose contiguo a las casitas de la Colonia Américas Uno.

El ataque de la emboscada fue relámpago. La Guardia Nacional genocida llegó también rápido a retirar los cadáveres y los vehículos. Aún en la tardecita se sentía el fortísimo olor o tufo a pólvora que quedó en el sector, más charneles de bombas y manchas de sangre en el  adoquinado.

Después de este operativo justiciero en la Pista Sabana Grande, la guardia genocida acrecentó los bombardeos aéreos sobre la Zona Oriental.

Los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares que clandestinamente retornaron a San Judas el 18, habían logrado capturar a cuatro de los numerosos “orejas” más crueles de este sector de Managua: “PLI”, “Polvorón”, Pedro Pistola” y “Canoso” (así eran conocidos por la población), quienes eran los responsables de que la guardia  somocista matara a los médicos Erlinda López Osorio, a su marido el también médico Róger Osorio y al doctor José Dolores Fletes, y a centenares de pobladores rebeldes de la Zona Suroccidental de Managua.

Los torturados y asesinados, debido al accionar de estos “orejas” y de los guardias genocidas de la EEBI, aparecieron muertos en las llamadas “Lomas de San Judas”, situadas al Oeste de este populoso Barrio San Judas sureño capitalino. Allí aparecieron unos 200 cadáveres con señales de tortura, balazos, cuchilladas y mutilaciones de miembros superiores e inferiores.

Reuniones clandestinas para comer y sintonizar Radio Sandino clandestina

Esa noche del 20 volvimos a reunirnos el grupo de amigos insurrectos en Bello Horizonte, con Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, para intercambiar información sobre cómo andaba el panorama de resistencia militar rebelde sandinista en la Zona Oriental y Norte de Managua. Esta reunión amplia la veníamos haciendo todas las noches, clandestinamente, desde el 11 de junio, para informar e informarnos de cómo marchaba la lucha armada y del trabajo del Comité de Defensa Civil en Bello Horizonte, especialmente el que estaba atendiendo a los heridos en los Hospitales clandestinos México y Silvia Ferrufino Sobalbarro.

Allí estaban Raúl Munguía, Benito Espinoza, Noel Salmerón, Arnulfo Oviedo, Auxiliadora Meza, Vitalia Rojas, las Tiffer, Gilberto Calderón, Lesbia Cuadra Oviedo, Fátima Echegoyen, Howard Soza Castro, María Elizabeth Mejía Rivas, Ivette Soza Castro, Miguel Ángel Muñoz, Isabel “Shabelo” González, Guillermo Baltodano Serrano, Ernesto Chacón Blandón, los tres hermanos Jiménez, Angelita Baltodano, Antonio Salguera, un compañero de apellido Avendaño, entre otros.

Les conté lo que había visto e investigado en el día. Les informé que ya eran casi 60 Héroes y Mártires los sepultados en el predio Noreste del Instituto Experimental México, y que los heridos no cesaban de llegar a los hospitales clandestinos del mismo México y del Hospital Silvia Ferrufino Sobalbarro.

Hicimos café y tibio caliente para todos. Por primera vez, porque las mujeres “se pusieron las pilas”, estábamos comiendo o cenando juntos, en un lugar oscurito, detrás de un muro, con dos radios: uno localizando Radio Sandino clandestina, y en el otro, sintonizando las órdenes criminales de la Guardia Nacional genocida.

“!De la que viene, no se escapa ningún somocista. El Triunfo de la Revolución está cerca. Todos los esbirros del somocismo genocida, incluyendo Anastasio Somoza Debayle… todos pagarán por sus crímenes, latrocinios, robos, despojos de tierras, violaciones a mujeres, por los asesinatos de 50 mil nicaragüenses!”, arengaba Maritza Cordero Ardila, una de las locutoras de Radio Sandino desde la clandestinidad. La Radio Sandino clandestina y “Palo Alto” o Puesto de Mando estuvieron en Costa Rica.

Tal como en noches anteriores, todos vigilábamos en grupos o en forma individual, según fuesen  los acuerdos con los compañeros Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares. Cada uno debía saberse el “santo y seña” de esa noche, pues quien no lo supiera se convertía en sospechoso y podía hasta ser fusilado en medio de la tensión militar de muerte que se vivía en el enfrentamiento a muerte con la dictadura sangrienta.

Les conté que varios Jefes Guerrilleros me dijeron que las municiones estaban escaseando, y que había ya una orden de que a la hora de un combate se debían disparar sólo los tiros indispensables, sin ráfagas, tiro a tiro, con buena puntería, porque además eso se necesitaba de ese modo, más que andar disparando en ráfagas.

Juntamos el dinerito que nos quedaba y acordamos que un grupo, encabezado por Raúl Munguía intentaría meterse al Mercado Oriental, para comprar víveres. Raúl era el más campechano de nosotros, y le agregamos al grupo a “Shabelo” González, debido a que conocía a muchos guardias genocidas, y podía ser útil ese conocimiento a la hora de una dificultad. Irían en dos vehículos, y el grupo estaría bien claro de que la guardia genocida tenía tomado todo el Mercado Oriental, precisamente, para evitar, decían ellos, que los “sandino-comunistas-terroristas” lo saquearan.

Dormimos poco, como siempre. Yo decidí ir temprano, a las siete de la mañana, a ver a mi madre, Rosa Pérez Juárez, y a mis hermanos: Mauricio, Julio, Ángela, Leopoldo y Anita, quienes residían en la Colonia Luis Somoza (Diez de Junio).

Francotiradores de la GN te obligaban arrastrarte en las calles y correr en zig zag

No tenía obstáculos en los retenes rebeldes sandinistas porque me conocían, pero cuando cruzaba del Barrio El Edén al Barrio Ducualí, cerca del Puente El Edén, sentí que una nutrida balacera, sin las características explosiones que producen los disparos, casi me rozaba la cabeza. “!Tirate al suelo!”, me gritó uno de los Combatientes Populares que estaba tirado en el suelo, en posición de tiro,  en una de las trincheras de combate cercanas al Puente El Edén.

“Seguí de arrastrada, y luego girá hacia la calle de la izquierda, porque el francotirador de la guardia está en la calle Norte”, me volvió a gritar el Combatiente Popular. Ahí me detuve varios minutos, porque a pesar de que me arrastraba, el francotirador me tenía localizado y continuaba disparándome.

Estaba en esa dificultad, tirado en el adoquinado, cuando repentinamente sonaron varias ráfagas de ametralladora por el lado Oeste del Puente El Edén. Eran centenares de guardias genocidas, precedidos por varias tanquetas, que intentaban, una vez más, romper la resistencia rebelde por las barricadas y trincheras de combate de los puentes Paraisito y San Cristóbal

De inmediato se puso en disposición de fuego nutrido el grupo de combatientes y guerrilleros, desplegados como en abanico hacia ambos lados del Puente, metidos en el Cauce Oriental, subidos en árboles, colocados en muros a ambos lados también de la Calle Catorce de Septiembre, instalados en “boca calles” de los Barrios El Parasito y Larreynaga, de tal modo que si los guardias se acercaban al Puente quedarían entrampados entre varios fuegos.

Tuve que levantarme y correr en zigzag, porque las descargas de ametralladora de la guardia, en línea recta hacia donde yo estaba, me pasaban rozando también.

Encontré a mi madre y mis hermanos en buen estado. Al retornar a Bello Horizonte, me encontré con la buena noticia de que el viaje al Mercado Oriental había sido un éxito completo, pues el grupo encabezado por Raúl Munguía había logrado comprar bastantes víveres, para nuestras familias y los Combatientes Populares. Munguía contó que los guardias sólo los observaron dentro del Mercado Oriental.

Mediante la radio de la Guardia Nacional genocida nos enteramos de que un grupo de unos 90 Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares se había tomado  Corn Island, en el Atlántico Sur nicaragüense. Convirtieron en rehenes a las autoridades somocistas principales y empresarios al servicio de Anastasio Somoza Debayle, quien era prácticamente “el dueño” de la Isla.

En la tarde, por medio de la misma radio de la Central de Policía, se conoció que un grupo de jóvenes armados asaltaron el Supermercado del Nicarito, en el kilómetro 11 Sur, de donde se llevaron un vehículo. No se supo más de este asunto.

Noche festiva con pinolillo y cususa en el vecindario

La noche  fue relativamente “calma” otra vez. Los vecinos amigos, corriendo la misma suerte y acciones combativas desde que se inició la  Insurrección u Ofensiva Final contra la tiranía somocista, esa noche estábamos de fiesta, pues teníamos comida, pinolillo, avena, cigarrillos por cartones, gaseosas, galletas, golosinas para los chavalos, incluyendo mis dos hijos pequeños, Pedro Pablo y Nelson Alberto, que desesperados pedían comida.

“Inclusive, compré un galón de cususa,  una botella de guaro lija, para que la pasemos alegres esta noche…Tenemos derecho después de semejante vergueo a balazos contra la guardia somocista”, informó y comentó Raúl Munguía.

Efectivamente, estábamos contentos. Sin descuidar la vigilancia ni un segundo, todos bebimos un traguito de cususa, comimos, y volvimos a estar comentando la situación militar. “Disculpame, pero yo veo que estamos empantanados… ni la guardia ni nosotros avanzamos, estamos en el mismo lugar, hermano Pablo”, comentó Howard Soza Castro, mientras apuraba el fumado de un cigarrillo escondido, pegado al muro.

“Además, eso de que han escaseado las municiones a mí me pone nervioso, porque mientras tanto, mirá lo que dicen los guardias en sus radiocomunicaciones, de que tienen armas y municiones para 100 años”, añadió a los comentarios Raúl Munguía.

“Tenemos que vencer, hermano, aunque hayan pocos tiros y los guardias tengan armas y municiones para 100 años. La verdad es que decenas de miles de guardias criminales no han podido vencer, ni hacer retroceder a un poco más de mil Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros, a pesar de que nosotros no tenemos armas potentes ni municiones para 100 años”, reflexionó Benito Espinoza.

“Bueno…este conflicto militar tiene que resolverse a favor del pueblo oprimido, a favor de quienes sufrimos calamidades y opresión militar desde hace 45 años”, apuntó Arnulfo Oviedo.

Cuando terminamos de platicar en silencio y escondidos para no ser vistos por francotiradores asesinos somocistas, nos dedicamos también a limpiar las armas, a examinar la cantidad de tiros que quedaban. “Son pocas las municiones que tenemos… voy a buscar tiros para el 30-30 en una bodeguita que tengo por ahí”, comentó Raúl Munguía, quien era administrador de empresas, vendedor de automóviles y repuestos, mecánico y tirador deportivo. Excelente tirador, por cierto. Entrenó a mucha gente en tiro mientras de desarrollaba la Insurrección u Ofensiva Final contra la tiranía genocida somocista, en Bello Horizonte.

Se escuchaban explosiones y tiroteos esporádicos como en la noche anterior. Con frecuencia nos veíamos iluminados por disparos de luces de bengala, que parecían estrellas fugaces en la oscuridad de los vecindarios orientales de Managua.

Al amanecer, a las cinco y media de la mañana, se inició una potente  balacera en Rubenia. Las descargas de ametralladoras y fusilería estaban acompañadas de cañonazos de tanques y morteros, lanzados por la Guardia Nacional genocida hacia la barricada y trincheras de combate en las cercanías del semáforo de Rubenia, exactamente dos cuadras al Oeste del semáforo de Rubenia, frente a la Farmacia González, en la esquina Noreste de la Colonia Nicarao.  Estaban intentando, otra vez, de romper la resistencia rebelde sandinista.

Se trabó un prolongado combate, porque a pesar de la escasez de tiros, los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares les respondían con igual energía para hacerles saber que allí estaban esperándolos con igual volumen de fuego.

Los intentos de romper la resistencia en la Zona Oriental liberada se repitieron una y otra vez, por decenas de veces,  en los cuatro costados en que estaba firme la Insurrección u Ofensiva Final en estos Barrios, Colonias y Repartos Orientales.

Hospitales clandestinos sometidos a bombardeos terribles, el miércoles 20 de junio

El local del Instituto Experimental México, ubicado entre las Etapas Tres y Cuatro de Bello Horizonte, convertido en uno de los principales Hospitales Clandestinos de la Insurrección Popular Sandinista en Managua, fue sometido a intensos bombardeos aéreos (con bombas de 500 y 1,000 libras, rocketts y morteros, ráfagas de ametralladoras calibre  50, barriles de gasolina y fósforo); sí, todos los días, todo el día y de noche.

Sí, repito, todos los días. Sin embargo, ese día 20 los altos mandos de la Guardia Nacional genocida y su jefe sangriento Anastasio Somoza Debayle, volcaron todo su odio y deseos de venganza en contra de los médicos que generosamente trataban de salvar vidas bajo los techos endebles de este famoso Colegio de Secundaria en Managua, construido en Bello Horizonte después del Terremoto de 1972.

Dentro del México, un Colegio de secundaria de casi 3,000 estudiantes todos los días, con casi 50 aulas, habían casi 800  civiles refugiados, y alrededor de dos centenares de heridos, los cuales estaban siendo atendidos en aquellas condiciones de opresión y crueldad militar somocista, en la medida en que era posible, en medio del bombardeo incesante, sorteando charneles y balazos lanzados desde el aire por varios médicos, entre otros:  Alberto González, Jorge Irías, Emilio Vallecillo y Oscar Aragón Valdez.

Ese día 20 fue realmente horrible en este Hospital Clandestino. El bombardeo se inició un poco después de las seis y media de la mañana. Incluso, los guardias y pilotos genocidas somocistas habían sido “generosos”, porque casi siempre el bombardeo lo comenzaban un poco antes de las seis de la mañana.

El Estado Mayor General del Frente Interno del FSLN y las escuadras de combatientes populares de Bello Horizonte habían decidido poner en el propio México una escuadra de los mejores combatientes, para hacerle frente a esta situación de agresión militar permanente.

Uno de los heridos era Carlos “Sobrino” Dávila Sánchez, un hombre joven, alto, bastante gordo, agilísimo y combatiente audaz. Las bombas comenzaron a caer en chorro, una tras otra. Pareciera que los altos mandos genocidas lanzaron ese día 20 todas las baterías contra este Hospital Clandestino de la Insurrección Popular Sandinista en la Zona Oriental de Managua.

Las bombas de 500 libras, rocketts y morteros caían uno tras otros. Los combatientes atacaban a balazos a los aviones y helicópteros, pero no lograron bajar ni uno, debido a que cada vez se elevaban más sobre el horizonte…

Fue especialmente ese día cuando pude ver detenidamente, ubicándome con binoculares en el Bulevar de Bello Horizonte y cerca del Instituto Experimental México cómo, en el caso de los pilotos y ayudantes de los helicópteros, andaban también binoculares para ubicar los “blancos” u “objetivos”.

En el caso de los helicópteros, subían a gran altura, se quedaban “detenidos”, ubicaban los “blancos” u “objetivos” y dejaban caer la carga explosiva y mortal hacia abajo. En algunos momentos tuve la sensación de que la bombas de 500 y 1,000 libras venía sobre mí en el Bulevar o en las cercanías del México.

Había instantes en que tres aviones Push and Pull se alineaban, uno tras otro, y de esa manera los rockettes caían como en “chorro” en las instalaciones del Instituto Experimental México y en la mayoría de las viviendas de las Etapas Dos, Tres y Cuatro de Bello Horizonte, porque los pilotos genocidas somocistas casi nunca daban en los “blancos” u “objetivos” seleccionados.

Ese día hubo más heridos y muertos en el México. Allí fue herido nuevamente Carlos Alberto “El Sobrino” Dávila Sánchez, quien después se convertiría, como herido y asesinado por la GN, en una leyenda durante del Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Dichosamente, el otro Hospital Clandestino Silvia Ferrufino Sobalbarro no fue bombardeado directamente porque los guardias genocidas somocistas nunca pudieron ubicar la casa en que estaba metido, allí mismo a una cuadra al Norte y media al Este del Experimental México.

El hecho de que no lo descubrieran permitió atender a los heridos mientras las instalaciones del México eran sometidas cruelmente a bombardeos y ametrallamientos mortales por la Guardia Nacional genocida.

Al final de este  día ya se contaban casi 60 muertos en el México, la mayoría de ellos  Combatientes Populares. Se hizo una tumba para cada uno de ellos en un patio del Noreste del Colegio México. “Los enterramos en el Jardín del Colegio”, contaría después el doctor Alberto González Ortega, quien actuaba como médico jefe de este Hospital Clandestino durante la Insurrección revolucionaria en Managua.

Hubo otros combates fuertísimos, otros intentos de los guardias genocidas somocistas de romper la resistencia en el anillo insurreccional de la Zona Oriental y Norte de Managua, pero ¡no pasaron otra vez! Esos intentos los hacían siempre usando tanques, tanquetas, aviación, mortereo, inclusive desde el recién estrenado edificio del Polideportivo España (ubicado al Oeste del Hospital Oriental, o Manolo Morales Peralta, desde el hoy Mercado Carlos Roberto Huembes), en busca de “ablandar” o meter miedo entre los combatientes y población en general, pero no lograron nada nuevamente.

Ese día usaron tres aviones jet artillados con rocketts, que al parecer habían estado usando sobre otras Ciudades de Nicaragua. Todo ese día 20 intentaron meterse por el Cauce de Veracruz, que rosa los límites del Reparto Rubenia, y también hicieron intentos de romper la resistencia por lado de Villa Progreso, donde fueron rechazados una y otra vez por las Columnas Móviles de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, jefeadas por Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz.

Ese día 20 usaron ferozmente los lanzamorteros que tenían instalados en los edificios de Armando Guido y Lomas de San Judas.

Asesinan a casi toda la familia Mejía Sánchez con morteros

Periodista Bill Steeward también cae ese día 20

Esos morteros y rockettes hacían un ruidito como de jet volando cuando iban disparados desde el aire a tierra. Precisamente a las cinco de la tarde de ese día, Walter Mejía Sánchez escuchó que se acercaba a su casa velozmente un ruidito parecido al de un mortero, de los que estaba tirando la Guardia Nacional genocida desde el edificio Armando Guido.

Mejía Sánchez estaba en la calle, frente a su casa, en el Barrio El Edén, con un grupo de Combatientes Populares que estaban examinando cómo continuarían defendiéndose de los ataques a mansalva del somocismo genocida.

“!Viene un mortero…jodido!”, exclamó Mejía Sánchez. Apenas había terminado de exclamar lo anterior, cuando el mortero explotó dentro de su casa, donde estaban sus hijas, su esposa  Aura Clara Sánchez y otros familiares.

La explosión sorda hizo volar la casa en mil pedazos y al instante comenzó un voraz incendio. Se escucharon gritos de dolor profundo. Como pudieron, Walter Mejía Sánchez y el grupo de Combatientes Populares se abrieron paso por entre las llamas y lograron sacar los cuerpos desfigurados por charneles y calcinados de Marta Elena (20 años), Ruth del Carmen (13 años), Adela Esperanza (14 años), las tres hijas de Walter; y a doña Petrona Mejía, de 65 años, madre de Walter Mejía Sánchez, todas muertas. Doña Aura Clara Sánchez ( 45 años en 1979), esposa de don Walter Mejía Sánchez, y madre de las tres muchachas, quedó gravemente herida entre el amasijo de escombros dejados por la explosión del mortero, lanzado por los guardias sanguinarios del somocismo genocida desde el Edificio Armando Guido, ubicado en el lado Noroeste del Barrio San Luis.

También murió Wiston Valverde, de 24 años, por esa explosión del mortero, porque la onda expansiva igualmente destruyó la casa vecina, en el costado Sur, contiguo a la vivienda de la familia Mejía Sánchez

Doña Aura Clara Sánchez apenas se quejaba prensada por escombros y llegándole las llamas. La lograron sacar de los escombros. Y sacaron a otros tres amigos, también muertos, que estaban dentro de la vivienda.

Doña Aura Clara Sánchez tenía heridas grandes en casi todo el cuerpo. Además, tenía perforado los intestinos y un pulmón. Las tres hijas de Walter Mejía Sánchez eran jovencitas, integrantes del Grupo Folklórico y Combatientes Populares del Barrio El Edén, donde ya habían caído 14 jóvenes antes que ellas en los combates en contra de la Guardia Nacional genocida somocista. En total fueron 21 Héroes y Mártires de El Edén.

Por la explosión hubo también numerosos heridos, todos los cuales, con doña Aura Clara Sánchez, fueron llevados al Hospital México clandestino, en Bello Horizonte. Además, el mismo mortero alcanzó con su explosión la casa del lado Sur, donde también hirió de muerte a Walter Valverde. Doña Aura Clara y Valverde fueron montados en un carretón de manos y conducidos al Hospital México clandestino. Valverde murió en el camino y Aura Clara sobrevivió gracias a que en el Hospital México clandestino los médicos le practicaron varias operaciones quirúrgicas y le salvaron la vida, a pesar de las deplorables condiciones en que estaba trabajando los médicos amigos del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

En la mañana de ese día, una patrulla  de guardias somocistas genocidas  mató también a balazos al periodista Bill Steeward y a su ayudante y traductor Juan Francisco Espinoza. Steeward era periodista norteamericano, superestrella de la Americans Broadcastin Company, propiedad de la Cadena de Televisión Walt Disney Company, de Estados Unidos.

Steeward andaba con dos ayudantes en una furgoneta, llamados Jack Clark y Jim Cefalo, más el conductor Pablo Tiffer López. Espinoza y Tiffer eran nicaragüenses, los otros dos, norteamericanos.

Atraído por uno de tantos tiroteos y asesinatos de jóvenes en el Barrio Riguero, Steeward decidió entrar al vecindario, acompañado por Espinoza, los dos técnicos ubicados en la furgonera y el chofer Tiffer López. Steeward dispuso entrar al Barrio Riguero caminando y portando una bandera blanca, alzada con una mano, en señal de paz. Hacía  tan solo  unos 15 minutos antes los soldados (guardias) somocistas de un retén (convertido en contingente militar) en las cercanías de Transportes Modernos y bastante cerca de la Iglesia Católica, habían asesinado a un grupo de jóvenes que osaron pasar caminando por las cercanías. Los soldados sanguinarios era evidente que estaban drogados y fuera de control.

Bill Steeward y su equipo llegaron cerca del retén militar. Steeward y Espinoza a pie. Los otros tres en la furgoneta. Los guardias, por órdenes de sus jefes, u oficiales GN  asesinos, no podían permitir que se le diera cobertura periodística a las masacres que cometían en esos momentos en las calles de Managua.

Al llegar al retén, con identificaciones en manos, Bill Steeward y Espinoza, fueron conminados a ponerse manos arriba. A Steeward le arrebataron la bandera blanca y a Espinoza lo despojaron de un cuaderno que andaba en las manos. Los obligaron a arrodillarse.

Los dos técnicos televisivos, estaban grabando, filmando, todo desde dentro de la furgoneta, mientras Tiffer López permanecía al volante de este mismo vehículo.

El periodista Steeward fue empujado a patadas hacia un lado de la calle y a Juan Francisco Espinoza se lo llevaron a una media cuadra. Ambos fueron obligados a ponerse de rodillas nuevamente, y casi al mismo tiempo les descargaron una ráfaga de tiros, que los tumbó al suelo y ahí quedaron muertos. Todo fue filmado, pero los guardias no se dieron cuenta  porque estaban concentrados en asesinar  fríamente a los dos hombres.

Sencillamente, ¡fueron ejecutados por guardias del somocismo genocida!, por guardias desalmados de la “Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería” o escuela de asesinos, dirigida entonces por Anastasio “Chigüin” Somoza Portocarrero, hijo del tirano sangriento, Anastasio  Somoza Debayle.

Los tres hombres que estaban en la furgoneta estaban, por supuesto, llenos de pánico. Sin embargo, venciendo el miedo se fueron donde los guardias para que les entregaran los cadáveres de Bill Steeward y Juan Francisco Espinoza. Y con los cadáveres se fueron al entonces Hotel Intercontinental (hoy Crowne Plaza), donde todo el equipo televisivo estaba hospedado.

Desde allí se comunicaron con sus jefes en Estados Unidos, de donde mandaron un avión militar. En este avión se fueron a Panamá el mismo día y después a Estados Unidos. Steeward era de Virginia. En Estados Unidos se publicó la filmación que hicieron los técnicos ayudantes televisivos de Steeward, en el momento en que este famoso periodista norteamericano y su ayudante Espinoza, eran asesinados por la Guardia Nacional somocista, creación monstruosa del gobierno de Estados Unidos, durante su agresión militar contra Nicaragua en 1927.

Anastasio Somoza Debayle, el tirano genocida, mientras tanto trataba de justificar el asesinato de Steeward y Espinoza, amparado en su argumentación malvada de que quienes estaban insurreccionados contra su sistema dictatorial, opresor genocida, eran “sandino-comunistas-terrorista”, y a la vez se ponía como “campeón de la democracia y de los derechos humanos”. Así era la crueldad sanguinaria de la Guardia Nacional del somocismo genocida.

En recuerdo de Bill Steeward se le puso su nombre a uno de los parques infantiles del Barrio Riguero. A estos dos hombres, Steeward y Espinoza, se les considera Mártires del Barrio Riguero, en Managua.

Siete muertos y enterrados por bomba de 1,000 libras en El Edén

Doña Angélica González sepultada por la bomba, y se salvó milagrosamente

Casi al mismo tiempo, a las cinco de la tarde, los feroces asesinos, los pilotos genocidas de un helicóptero dejaron caer un chorro de bombas de 500 y 1,000 libras sobre el lado Noroeste del Barrio Ducualí.

Una de esas bombas cayó y explotó sobre tres viviendas, situadas del muro del Cementerio Oriental hacia el Oeste, yendo, digamos por la calle hacia el Puente El Edén. La explosión de esta bomba mató a siete adultos y niños, cuyos nombres son los siguientes: Germán Martínez, Julio Martínez, doña Aura Martínez, Ileana Jarquín y sus dos niñitas gemelas y el niño Roberto González. Las  dos gemelitas eran hijas de Germán Martínez e Ileana Jarquín. Don Manuel Jarquín, propietario de la Fábrica de Bloques y Adoquines, no estaba, porque andaba de visita donde su familia, y al estallar la Insurrección Sandinista ya no  pudo venir a Managua.

Una de esas tres casas había en el patio de una Fábrica de Bloques y Adoquines, propiedad de Manuel Jarquín. La explosión de la bomba dejó un cráter de unos 25 metros de diámetro.  En la Fábrica de Bloques y Adoquines estaba el único refugio antiaéreo de las tres familias, incluyendo a doña Angélica González González, abuela del niño Roberto González, muerto por la explosión de la bomba de 1,000 libras.

La explosión de la bomba de 1,000 afectó directamente las casas de la familia Jarquín Martínez y la de don Carlos Gutiérrez. Doña Angélica González vivía tres casas al Este de la Fábrica de Bloques y Adoquines.

Las tres familias estaban dentro del refugio antiaéreo, menos doña Angélica González, quien decidió quedarse sentada en el porche de la vivienda. Se había metido dentro del refugio su nieto Roberto González. Al explotar la bomba, desbarató en millones de pedazos las instalaciones de madera y ocasionó un  hueco como de un cráter, como si fuese abierto por un meteorito.

Cuando llegué al sitio eran más o menos las cinco y diez de la tarde. Quedé sorprendido al presenciar aquella imagen mortal horrible, ocasionada por la banda de asesinos y ladrones de la Loma de Tiscapa, jefeada por el tirano sangriento, Anastasio Somoza Debayle.

Los cuerpos sin vida de niños y adultos estaban sepultados, o enterrados unos, y otros, semienterrados por la tierra arrancada por la potente explosión de la bomba de 1,000 libras, cuyos charneles se veían chavalos en los cuerpecitos de los niños y en los pedazos de tablas que habían quedado esparcidos en el territorio de las que habían sido las tres viviendas, una de ella donde funcionaba la Fábrica de Bloques y Adoquines.

Quedé sorprendido al ver un rostro de mujer aturdido, envuelto en lodo, emitiendo quejidos inaudibles, cuya cabeza  apenas sobresalía del ras del suelo herido por la poderosa y mortal bomba de 1,000 libras.

“!Ayúdenme. Sáquenme de aquí. No aguanto, me estoy afixiando… quítenme el lodo de la cara, ¡ay! que dolor más horrible!”, exclamó la mujer, cuyo nombre pude establecer después: Angélica González González.

Doña Angélica González no podía hacer nada por auxiliarse ella misma, pues todo el cuerpo lo tenía enterrado hasta el nivel del cuello. ¡Fue un milagro que estuviese viva! Es decir, no contaba con las manos, ni pies, ¡nada!, porque los tenía también enterrados¡

Como ella, había otros enterrados hasta el nivel de los hombros o la mitad del cuerpo. Vecinos de los alrededores se unieron a socorristas de la Cruz Roja (del Puesto de Mando de Don Bosco), para desenterrar los cadáveres y a los que estaban vivos, para prestarles los primeros auxilios y después llevarlos donde los médicos del Hospital México Clandestino.

Los socorristas, los vecinos y  yo, tomamos palas metálicas y con cuidado empezamos a cavar alrededor de los cuerpos enterrados, para sacarlos de donde estaban entrampados por la explosión de la bomba. Aquello era sencillamente horrible, y mostraba el grado de maldad y crueldad mortal que habían alcanzado los somocistas genocidas.

Estábamos llenos de rabia impotente. Rápido y a la vez de manera prudente, fuimos poniendo al descubierto los cuerpos de los vivos y de los muertos. Todavía me faltaban sorpresas, pues en la medida en que fuimos sacando de su entierro a vivos y muertos, también nos fuimos dando cuenta que sus ropas estaban quemadas por la explosión de la bomba de 1,000 libras.

La misma tierra, supongo, apagó el fuego que había comenzado en la ropa. Los vivos y los muertos tenían charneles clavados en el cuerpo. Doña Angélica González González, dichosamente, tenía heridas leves. Sin embargo, a doña Angélica y resto de sobrevivientes de la explosión fueron llevados en carretones de manos al Hospital México Clandestino, ubicado en Bello Horizonte.

Allí hubo siete muertos, repito, entre niños y adultos. No pude obtener los nombres de los demás sobrevivientes, porque me dediqué, por un lado, a ayudar, y además se reanudó el bombardeo aéreo genocida de los guardias de Anastasio Somoza Debayle, quien decía que aquel pueblo insurrecto era “sandino-comunista-terrorista”. Niños y adultos muertos fueron sepultados en tumbas colectivas, en patios cercanos y en el Cementerio Oriental, donde fueron sepultadas todas estas víctimas del somocismo genocida.

Los restos del niño Roberto González fueron exhumados después del Triunfo de la Revolución Sandinista y enterrados en el Cementerio de Chichigalpa, pues la familia de doña Angélica es de aquel municipio chinandegano.

Las dos casas destruidas por la bomba de 1,000 libras están convertidas hoy (20016) en negocios diferentes. Después del Triunfo de la Revolución Sandinista busqué a doña Angélica González González, pero en el vecindario me dijeron que se fue, y no la volvieron a ver. Esto fue debido a que ella se trasladó al Reparto Bello Horizonte, donde uno de sus hijos. Doña Angélica murió   hace pocos años, precisamente allí en Bello Horizonte.

Al Triunfo de la Revolución Sandinista, cuando fundamos el Diario BARRICADA (Órgano Oficial del Frente Sandinista) el 26 de julio de 1979, mis fotos de doña Angélica González Morales enterrada, ilustraron la primera edición, precisamente, de BARRICADA. También otras mías de la Insurrección Sandinista, u Ofensiva Final,  en Managua.

Más bombas explotando sobre casas y miles de ráfagas de tiros desde el aire

Esa noche del 20 fue parecida a las anteriores. Bombardeo incesante, especialmente con los lanzamorteros instalados en los edificios ya mencionados. Era como una “ruleta rusa” o un “tómbola mortal”, pues los pobladores, Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares sabían que en cualquier momento les podía explotar un mortero, un rockette o una bomba de 500 libras encima del cuerpo, en el techo de la casa, dentro de la vivienda, en el patio, o en el andén de la calle.

Lo llenaba de terror a uno saber que podía correr la suerte horrible de estos niños del Barrio El Edén, donde milagrosamente doña Angélica González González y otros seres humanos resultaron vivos por la explosión de una bomba de 1,000 libras.

Se “sentían” y escuchaban los silbidos de las balas disparadas por francotiradores somocistas genocidas. Y también se iluminaba a cada momento el espacio por encima de nosotros, debido a las bengalas que estaban lanzando los guardias hacia los rumbos de barricadas y trincheras de combate, especialmente sobre Bello Horizonte, Santa Rosa, Larreynaga, El Edén, Ducualí, Luis Somoza (Diez de Junio), Don Bosco, El Dorado, San Cristóbal, María Auxiliadora, Paraisito, San José Oriental, etc., con el fin de mantener terror en el ambiente.

Por estos motivos siniestros, mortales, presentes a cada instante durante la Insurrección en la Zona Oriental y Norte  de Managua, el Estado Mayor General del Frente Interno del Frente Sandinista, los Jefes Guerrilleros y los Combatientes Populares insistían en que debían usarse todo el tiempo posible, especialmente para dormir, las zanjas antiaéreas, antibombas y antibalas, para evadir, precisamente, las explosiones de esas bombas y los impactos de balas, ya fuesen de fusiles y ametralladoras.  El uso de estos huecos antiaéreos en el suelo capitalino salvó a muchísima gente de la muerte en Managua.

Se hicieron en casi todos los patios y dentro de las viviendas mismas en toda la Zona Oriental y Norte de Managua; también en los Barrios Suroccidentales y Noroccidentales Insurreccionados, y en el OPEN TRES o Ciudad Sandino.

En algunas viviendas con patios grandes, ya fuese en el frente o por detrás, se hicieron huecos muy grandes, y dentro de ellos se colocaron las camas pequeñas, colchones y almohadas para que durmieran los niños, ancianos y mujeres embarazadas.

A estos huecos se les hicieron una armazón de madera encima, se dejaban aberturas para que entraran luz y aire, y de ese modo había protección para evadir charneles de bombas y de balas.

En la mayoría de los casos, las bombas caían encima o dentro de la casa, y la familia se salvaba porque estaba dentro del hueco antiaéreo y antibalas.

En mi caso personal, yo hasta derribé un árbol que había en el patio posterior de la vivienda, para que el hueco antiaéreo y antibalas fuera amplio, para que María Elizabeth Mejía Rivas (mi primera esposa) y mis dos hijos, Pedro Pablo y Nelson Alberto, estuvieran más o menos seguros. Mi casa fue blanco constante de francotiradores sanguinarios somocistas. Todavía hoy se conservan las huellas de balas calibre 50 en las paredes exteriores e interiores de mi casa, situada a media cuadra al Norte del Parque Marta Lucía Corea Solís.

Jueves 21 de junio

Expulsión de los enemigos somocistas mediante ofensiva potente

“Tal como lo previmos, la guardia somocista se ha quedado desconcertada”

Guardia genocida masacra a los Barrios San José Oriental y  Paraisito

Los Barrios Paraisito y San José Oriental también se habían insurreccionado desde el 9 de junio de 1979.  Estos dos vecindarios están ubicados del Puente El Edén hacia el Oeste, y son colindantes con el Reparto Ciudad Jardín.  El Barrio San José Oriental, además, colinda con el Barrio “Campo Bruce” (Rigoberto López Pérez), donde fue capturado y fusilado Pedro Pablo “Poeta Carpintero” Espinoza.

De alguna manera, por cuestiones geográficas y porque la Pista “By Pass” o Pista de la Resistencia Sandinista se interponía entre estos dos vecindarios y los Barrios El Edén y Ducualí, por ejemplo, no existía tan buena comunicación militar entre los pobladores insurrectos del Barrio San José Oriental y los cuadros guerrilleros del Frente Interno del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Sin embargo, el Estado Mayor General del Frente Interno designó a varios compañeros y compañeras para que se hicieran cargo de conducir el proceso insurreccional en estos vecindarios. Hombres, mujeres, ancianos y niños del San José Oriental se habían insurreccionado en apoyo a la lucha frontal contra la guardia somocista genocida en el resto de Barrios Orientales de Managua.

Construyeron alrededor de 15 barricadas y zanjas para trincheras de combate, cruzaron camiones y autobuses en las calles, regaron vidrios quebrados en las mismas calles, y a pesar de que no tenían suficientes armas de guerra ni muchas municiones, se dispusieron a hacerle frente a la guardia, que se había apoderado del Reparto Ciudad Jardín,  ahí no más, del Gancho de Caminos hacia el Noreste,  a tan sólo una cuadra, tenía una Sección de Policía GN, parecida a la “Sierra 13” del “Macho Negro” sanguinario.

Los guardias se habían metido antes del 21 varias veces al Barrio San José Oriental, con sólo infantería, pero también fueron rechazados en numerosas ocasiones por los Combatientes Populares, fundamentalmente por los integrantes de la temida “Columna Perros Negros”, formada por hombres y mujeres jóvenes del Barrio San José Oriental. Inclusive, ya se habían registrado varios muertos, entre civiles y Combatientes Populares que habían enfrentado a los soldados somocistas, quienes también se habían retirado con muertos y heridos.

Sin embargo, aquel 21 de junio fue terrible, y a la vez inmensamente heroico para los patriotas populares del Barrio San José Oriental. Ninguno de los pobladores del Barrio, ni los pocos Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, esperaban tan descomunal arremetida militar u ofensiva de la guardia somocista genocida, con la intención reiterada de romper el cerco insurreccional Oriental por estos tres flancos: San José Oriental, Paraisito y Pista “By Pass” o Pista de la Resistencia Sandinista.

Repentinamente, muy de mañana, penetró un contingente de no menos de 300 soldados sanguinarios genocidas por el lado de la Iglesia de San José de Tolentino, en el lado Noroeste del Barrio “Campo Bruce” (Rigoberto López Pérez), con tres tanquetas artilladas con cañones y ametralladoras calibre 50, cada uno de los gendarmes con fusiles automáticos y ametralladoras calibre 30, portaban varios lanzamorteros, y además llevaban también como apoyo unos 10 camiones blindados  de la “Acción “Cívica” de la Guardia Nacional y no menos de 20 jeeps BECAT (“Brigadas Antiterroristas”, así les llamaban los terroristas estatales somocistas).

Era notorio que llevaban la misión de romper el cerco insurreccional por este lado Oeste de la Zona Oriental de Managua, tomarse militarmente los vecindarios del San José Oriental, Paraisito, “Campo Bruce” (Rigoberto López Pérez), la Pista o “By Pass” (lo cual intentaron el pasado 17 de junio),  masacrar a todos los Combatientes Populares y a los pobladores insurrectos en el Barrio San José Oriental.

Sin embargo, de entrada se encontraron con que la resistencia, a pesar de las escasas armas de guerra –la mayoría andaba pistolas, escopetas, rifles 22 y 30-30, unos 200 Combatientes Populares y pobladores civiles, encabezados por la “Columna Perros Negros”,  resueltos a vencer o morir, de inmediato les hicieron guerra de guerrillas, pues les salían a los guardias sanguinarios en cada esquina, por encima de los techos, por aberturas de los muros de las casas, por entre los árboles, ¡por todos lados!

A pesar de las barricadas y trincheras de combates dentro del Barrio San José Oriental, que sí funcionaron, la grandísima verdad es que el enfrentamiento militar se libró en forma de guerra de guerrillas por parte de los Combatientes Populares y Columnas Móviles como la “Óscar Pérez Cassar” y del Frente de Guerra de “Taolamba” Duarte Orozco del Paraisito-San Cristóbal, quienes les hicieron frente moviéndose como gacelas y felinos respondiendo con eficiencia guerrillera ante el fuego balístico nutridísimo y potente de los guardias del tirano sangriento, Anastasio Somoza Debayle.

Los soldados del déspota, Anastasio Somoza Debayle, jefe de la tiranía somocista, entraron por el Oeste, por la Iglesia San José de Tolentino, cercana a la Fábrica de Cohetes “La Caimana”, y en su afán de matar gente, abriéndose paso a cañonazos, ráfagas de ametralladoras y bombazos de granadas, llegaron hasta el extremo Este del Barrio San José Oriental.

El combate guerrillero en contra de los guardias se fue haciendo cada vez más angustioso para los guardias. Cerca de medio día, se unieron en apoyo otras escuadras de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares selectos del Frente  Sandinista clandestino, ubicados del Puente El Edén al Paraisito, jefeado por Rolando “Cara Manchada” Orozco Mendoza y parte de las unidades especiales de francotiradores sandinistas, dirigidas por el Estado Mayor General del Frente Interno.

Estas escuadras insurrectas de refuerzo entraron por dos costados: por el lado Norte de la Clínica Santa María y del lado Sur, del Cine Salinas, específicamente usando el interior de los cauces cercanos y por encima de las casas, por patios, para moverse y causarles destrozos terribles con bombas de contacto a los equipos blindados y a los mismos guardias nacionales.

Este nutridísimo fuego balístico de armas de guerra en manos de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares ya con enorme experiencia asimilada en guerra de guerrillas, puso en situación más angustiosa a los guardias somocistas, los que se vieron obligados a comenzar retroceso hacia el Oeste, por donde se habían metido, pues por el Sur tenían una muralla de fuego balístico encima.

Uno de los recuerdos más impactantes para todos los pobladores fue cómo un guardia masacró con una ráfaga de ametralladora al niño Francisco Ortega, de 11 años, quien asimismo anduvo haciendo labor guerrillera para derrotar a los guardias somocistas genocidas. Su muerte se produjo donde es hoy el Parque Infantil, también dedicado a los 62 Héroes y Mártires del Barrio San José Oriental.

Los altos mandos de la Guardia Nacional genocida también usaron la aviación para bombardear el vecindario con bombas de 500 y 1,000 libras, lanzadas desde helicópteros;  más  rockettes disparados desde aviones Push and Pull.

Al caer la tarde, los Combatientes Populares, las Columnas Móviles mencionadas, Milicianos y civiles, les habían neutralizado dos de las tanquetas a los guardias. Les destruyeron varios camiones y jeeps BECAT. A los guardias la situación militar se les volvió desesperada, y según cuentan testigos presenciales y participantes de esta contienda militar en el Barrio San José Oriental y parte del Barrio  Paraisito, un sujeto al que conocían sólo como “Carlos EEBI”, quien parecía ser el jefe y coordinador de las tanquetas, más o menos a la cinco de la tarde dio la orden de retirada.

La cantidad de muertos por parte de los Combatientes Populares y de la población civil fue muy elevada ese día 21 de junio.  Se considera que ese día murió la mayor parte de los 62 Héroes y Mártires mencionados.

También los guardias genocidas registraron decenas de muertos y alrededor de 100 heridos, los cuales fueron recogidos en la retirada o huida de la soldadesca sanguinaria somocista.

La destrucción ocasionada por las bombas, los cañonazos de tanques y las balas de ametralladoras, dejaron una macabra estela de destrucción. En el ambiente se respiraba un olor o tufo fuerte y sofocante a pólvora y quemado, todo aquello mezclado con la sangre generosa de los combatientes y pobladores civiles, que combatieron ejemplarmente con la decisión de vencer o morir. ¡Y vencieron a los guardias genocidas, quienes tuvieron que retroceder, otra vez derrotados!

Inmediatamente que los guardias huyeron, se procedió a llevar a decenas de heridos al Hospital México Clandestino, en Bello Horizonte. Se procedió, asimismo, a velar y enterrar a los Héroes y Mártires en distintos sitios del Barrio San José Oriental y del Barrio El Paraisito.

Entre otros, los Héroes y Mártires caídos en combates contra la guardia ese día 21 y en días anteriores, son: José Alberto Velásquez, Ricardo Membreño Morales, Jorge Luis Orozco García, Denis Alfaro López, Walter Morales Espinoza, Octavio Sandino Valle, Alfonso Alvarado Rivas, Rafael Lacayo Membreño, Julio Lacayo López, Rosa Martínez Ubieta, José Arnoldo Hernández, Douglania Calero, Berta Martínez Martínez, Sucre y Elena Rosales, Azucena Delgadillo Rodríguez, Francisco Fuertes, Marta Lorena López, Rolando Martínez, Moisés Rodríguez, Mauricio Briones, Roberto Hernández, Jerónimo Canales, Enrique Cortez Solano, Isidro Montes, Emilio Andrade González, Antonio Hernández Salmerón, Francisco Ortega García, Eberando Godoy, Manuel Sánchez, Juan López García, Carlos López Gómez, Ángela Delgado Silva, Genaro Oporta, Carlos José Ramos Bermúdez, Ricardo Oviedo Roa y Carlos Armando Sevilla.

Otros caídos ese día 21 de junio, fueron: José Alberto Velásquez, Francisco Ortega, Jorge Luis Orozco, Alberto “Cacho Negro” Velásquez, Sucre Morales, Ricardo “Ché Huesito” Morales, Berta Ramírez, Rosa Uriarte, Julio Membreño (padre e hijo), Denis Alfaro, Walter “Perro Negro” Morales, Octaviano Sandino.

Mientras este combate memorable de desarrollaba, los altos mandos de la Guardia Nacional genocida, también mantuvieron bombardeo constante sobre los vecindarios del Riguero, El Dorado, Don Bosco, Colombia, Diez de Junio, Ducualí, Edén, Bello Horizonte, Maestro Gabriel, Costa Rica, Santa Rosa, Rubenia, Catorce de Septiembre, Nicarao, Santa Julia, Meneses, Santa Bárbara, y también lanzaron morteros y rocketts sobre el Sur de San Judas, a pesar de que los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares ya no estaban allí, pues se habían dislocado hacia la Zona Oriental de Managua, otros tomaron rumbo a Nagarote y La Paz Centro.

Los aviones de cola negra y arremetidas GN sanguinarias por el lado de Bello Horizonte

Al medio día se escuchó por medio de la radio de la Central de Policía que se daba orden de dispararles con ametralladoras antiaéreas, desde los aviones artillados y con fusiles, a “unas avionetas, con pinturas negras en la cola”. Los mandos somocistas estaban nerviosos, pues creían que eran avionetas sandinistas artilladas las que andaban sobrevolando Managua. Resultó que eran avionetas de la misma Fuerza Aérea somociana.

Como en días anteriores, la soldadesca criminal somocista intentaba meterse a Bello Horizonte por el lado del Aserrío Carlos Morales Orozco, lo que provocó un nuevo y ruidoso combate con Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares del Barrio Santa Rosa, del Frente de Guerra jefeado por Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz y Columnas Móviles de Bello Horizonte, jefeada por Javier “99” López Lowery y Francisco “Chico Garand” Guzmán Fonseca.

Para apoyar a sus “angelitos” diabólicos, la Guardia Nacional  desató asimismo un infierno de bombardeo en este sector de Managua, el cual se extendió hacia el cruce de Portezuelo, contra las barricadas de la Fábrica Rolter, frente a la Ferretería Reynaldo Hernández, en el cruce de los semáforos de La Robelo, en la Carretera Norte; en el Puente Larreynaga y el Puente El Edén.

A las tres de la tarde del 21 cayó una lluvia refrescante. Se necesitaba con urgencia para refrescar un poco. Las corrientes desatadas por la lluvia, lavaron sangre y arrastraron cenizas de los escombros dejados por la multitud de incendios y destrucción ocasionados por los bombardeos de la soldadesca somocista.

La tardecita de este 21 de junio fue relativamente “calma”. Como que la lluvia caída detuvo un poco los planes de combate. Aprovechando esa calma, Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares, Colaboradores Históricos y pobladores, se dedicaron unos a revisar armas y municiones; otros a averiguar cómo estaban los heridos en los cuatro Hospitales Clandestinos: México, Silvia Ferrufino Sobalbarro, (los dos en Bello Horizonte), en el Barrio Santa Rosa y el  de la Iglesia Sagrada Familia.

Asimismo, se aprovechó para revisar y mejorar los refugios antiaéreos y antibalísticos, ordenar alimentos y medicinas, averiguar el estado salud de los otros vecinos, buscar comida para quienes no tenían, etc.

Entre los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares se notaba preocupación creciente. Además de pocas armas de guerra, escaseaban más y más las municiones. Esto era un secreto de guerra revolucionaria. Nadie podía andar hablando de este asunto. Sin embargo, sí se daban instrucciones de que ya en este momento los disparos debían de ser “de uno en uno”, “apuntando cuidadosamente al blanco”, para aniquilar enemigos con las escasas municiones existentes.

El grupo del Comité de Defensa Civil y algunos Combatientes Populares de Bello Horizonte examinamos nuestras fuerzas, acordamos reforzarnos, organizarnos de mejor manera; intercambiamos información sobre las familias, el estado de salud de nuestros hijos; comimos o cenamos detrás de muros, y nos volvimos a turnar en grupos, en busca de dormir lo más que pudiéramos.

Se escuchaban explosiones esporádicas de morteros, lanzados por la GN desde los edificios ya mencionados; ráfagas de balazos en numerosos vecindarios y no faltaron, por supuesto, a cada momento, las luces de bengala sobre los vecindarios, como para mantener nerviosismo, es decir, la “calma” significaba al mismo tiempo guerra sicológica del somocismo contra sandinistas insurrectos y pobladores implicados en la Insurrección.

Misión fundamental de insurrectos: expulsar a los enemigos

Sobre el accionar insurreccional de este 21 de junio, el Comandante Carlos Núñez Téllez escribió en “Un Pueblo en Armas”: “Tal como lo previmos, la guardia somocista se ha quedado desconcertada por el empuje de nuestras fuerzas y no ha atinado a reaccionar y más todavía porque la línea de defensa se pierde y los compañeros (Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares) pasan de las barricadas a las casas.

“Esta ha venido a demostrar lo justo y correcto de la línea que habíamos indicado desde unos días atrás. En esta ofensiva la GN tiene muchas bajas y recuperamos algunas armas. A partir de aquí, entraríamos en una campaña ofensiva que no se detendría hasta sacar fuera de las posiciones nuestras al enemigo. La euforia de los Combatientes por la victoria obtenida es muy grande y estamos seguros de que en el futuro podemos ir aunmentando nuestras fuerzas militares y presentarle  mejores batallas a la guardia somocista.

“El paso más difícil, como era el poner en movimiento a las fuerzas (sandinistas), ya está dado. Ahora esperamos seguir adelante, sin detenernos”.

Operaciones militares mortíferas contra convoyes de guardias

Núñez Téllez destaca habilidades militares de “Nacho” Cabrales, “Salvador” Somarriba y “Moisés” Silva

Efectivamente, esta nueva ofensiva impulsada por el Estado Mayor General del Frente Interno en contra de la Guardia Nacional, fue mortífera el 22 de junio en todo el día. Veamos lo que describe el Comandante Núñez Téllez:

“Al día siguiente, el viernes 22, se prosigue la ofensiva, tendiendo a consolidarse. Progresivamente el enemigo comienza a desalojar las posiciones que había tomado y a replegarse. No ha podido contener el empuje de la ofensiva y en la Zona de Combate solamente se escuchaban los morteros, las tanquetas y el bombardeo de la aviación, sin que la infantería enemiga se decida a tirarse al asalto.

“Las veces que en esta oportunidad los guardias somocistas trataron de incrementar su espíritu ofensivo, se encuentran con un fuerte valladar, formado por las fuerzas revolucionarias. Uno de esos combates se libró en el Puente Paraisito. Los guardias se lanzaron al ataque apoyados por el fuego de una tanqueta; nuestros Combatientes, a uno de los lados de los cauces, los esperaron, los entramparon y los aniquilaron.

“Grande fue el entusiasmo en el Cuartel del Estado Mayor de Managua al presenciar la entrada de un grupo de Combatientes Populares portando muy en alto el material recuperado, consistente en dos ametralladoras calibre 30 y una 50.

“A esta alegría se sumó la acción victoriosa ejecutada por  el Comandante César Augusto Silva (Moisés) y sus escuadras contra un convoy de la EEBI. Sucedió esta valerosa acción por un exceso de confianza de la GN después de que nuestras fuerzas se replegaron hacia las casas cercanas y la GN logró penetrar un poco en ciertas colonias—de las cuales se retiraban por la noche–. Aparentemente la Pista de la Nicarao quedó desierta y desprotegida; esto quiso ser aprovechado por el enemigo, intentando convertirlo en red de abastecimiento de sus tropas.

“Envió un convoy repleto de municiones con su respectiva protección militar, en un alarde de subestimación de nuestras capacidades, siendo emboscado por “Moisés” y sus Combatientes Populares, quienes ignorando las cargas del convoy, confundiéndolo con tropas, la atacaron con bombas (de contacto) y fuego de fusilería, haciéndolo explotar; del cargamento solamente se pudieron recuperar algunas armas, una ametralladora 30 y una 50.

“Es comprensible, entonces, la euforia general, la alegría de los sandinistas, en medio de todas las dificultades y limitaciones, al conocer la recuperación de tan valioso armamento. “

“A ello se agregan las noticias provenientes de la Carretera Norte, que nos tenían saldos positivos en las operaciones militares realizadas por “Salvador” (Marcos Somarriba García) y “Nacho” (Ramón Cabrales Aráuz), cuyos resultados se materializaban en el rechazo de las embestidas de la guardia y en las recuperaciones de las armas automáticas, como eran Galil y los M-16, con sus respectivas detonaciones.

“Tanto “Nacho” y “Salvador” como “Moisés” en sus Zonas de Combate se venían distinguiendo por sus habilidades militares y por las operaciones exitosas realizadas a todo lo largo de la contienda. Un hecho real era que solamente en la Carretera Norte se habían recuperado por lo menos unas 100 armas de guerra y suficientes municiones como para alimentar  otras unidades”.

Viernes 22 de junio

Guardias demolidos en Carretera Norte por Frente de “Nacho” Cabrales Aráuz

“Guerra sicológica” en Frente de Combate de Santa Rosa

Explosiones de bombas y ametrallamientos GN somocistas como desayuno, almuerzo y cena

Amaneció despejado aquel 22 de junio. Las ráfagas de metralla se oían para el lado de la Carretera Norte. Muchos vecinos tomaron la decisión de irse a pie al Mercado Oriental en busca de alimentos. Algunos ya no volvieron, porque la guardia los hizo prisioneros por “ser sospechosos” de estar colaborando con los “sandino-comunistas-terroristas”.

Quienes fueron al Mercado Oriental, la mayoría, retornó a eso de las nueve y media de la mañana a Bello horizonte, Santa Rosa, Maestro Gabriel, El Edén y Ducualí, Luis Somoza (Diez de Junio), Don Bosco, Nicarao, Catorce de Septiembre, por ejemplo. Retornaron a sus casas cuando los pilotos somocistas genocidas habían desatado un bombardeo atroz, que parecía un festín pirotécnico mortal.

“Somoza Debayle nos receta bombardeos, cañoneos y ametrallamientos para el desayuno, almuerzo, cena, todo el día, toda la noche… a eso le llama “defender la democracia”, “la buena moral” y “amor a la patria”, comentaba Raúl Munguía.

Fueron rechazados otra vez los intentos de la soldadesca genocida por doblegar la resistencia en el círculo de acero de la Insurrección rebelde en la Zona Oriental y Norte de Managua, donde la preocupación giraba en torno a la posibilidad constante de morir “por una bala perdida”, “una bala disparada por un francotirador somocista”, “por charneles de bombas de 500 y 1,000 libras”.

Ocurría, entonces, que la inmensa mayoría de pobladores se metían en sus refugios antiaéreos y antibalas, con el fin de protegerse, mientras los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares sólo asomaban sus cabezas por rendijas en las barricadas, zanjas y trincheras de combate en los Barrios, Colonias y Repartos ya mencionados.

Especialmente en este día 22 de junio pude notar que muy poca gente se atrevió a salir de sus refugios. Las calles lucían solitarias, con la sola presencia de los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares. Hasta los Hospitales Clandestinos estuvieron menos agitados que en días anteriores.

Como todos los días, desde las cinco y media de la mañana, apenas el alba solar asomaba en el horizonte capitalino, se reinició el bombardeo aéreo genocida sobre la martirizada Managua en su Zona Oriental y Norte, y con particular violencia odiosa en un radio de un kilómetro de ancho por unos dos kilómetros de largo, comenzando por el Sur de la Colonia Nicarao y terminando en el Norte del Barrio Santa Rosa hasta las cercanías de la Gasolinera Shell de Waspán Sur, en la orilla de la Carretera Norte.

El alto mando de la Guardia Nacional estaba lleno de odio rabioso incontrolable porque no habían podido romper el cerco insurreccional, ni meterse ni una sola vez al interior del Barrio Santa Rosa, ni romper el Frente de Guerra Móvil, potente, audaz, temerario, sagaz y de maestría guerrillera de Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz entre Villa Progreso y Santa Rosa y de Santa Rosa a Waspán Sur y de aquí al Sur de Américas Uno.

Los guardias somocistas no habían podido desalojar a los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares de estos dos Frentes de Guerra Insurreccional Guerrillera, jefeados por Marcos “Salvador” Somarriba García y “Nacho” Cabrales Aráuz, a pesar de que, como queda ya relatado, en este sector de la Carretera Norte la Guardia Nacional habían concentrado enorme poder de fuego balístico: tanques con cañones, tanquetas con ametralladoras a ambos lados, decenas de ametralladoras calibre 50 y 30, centenares de fusiles automáticos, no menos de 500 soldados élites de los batallones más conocidos del somocismo genocida y de la EEBI, numerosos camiones y jeepones blindados para operar las ametralladoras desde encima, una enorme cantidad de granadas o bombas de fragmentación, más varios campamentos en que estaban concentrados, por ejemplo: en unas instalaciones nuevas un poco al Este de LUDECA, en ENACAL, en un predio donde es hoy Cruz Lorena S.A., en las instalaciones de “Sierra 16” o Décima Sexta Sección de Policía GN, frente a la Fábrica Maber, en la Gasolinera Shell Waspán, frente a la empresa de furgones ROCARGO, en la Subasta, en la Fuerza Aérea Nacional y en el Aeropuerto Las Mercedes (Augusto C. Sandino).

En todos estos lugares mencionados estaban instalados los guardias con sus equipos bélicos pesados, como para que quedase más claro lo que decía  frecuentemente el esbirro coronel Nicolás Valle Salinas mediante la radio de comunicaciones inalámbricas de la Guardia Nacional: “Tenemos armas y municiones para combatir 100 años, si queremos”.

Desde del interior del Barrio Santa Rosa, mientras tanto, los dos francotiradores del Frente de Guerra Insurreccional de Marcos “Salvador” Somarriba García, los Combatientes Populares: Mauricio “Pigmeo” Sotomayor y Carlos “Chele Garand”  Rodríguez, con sus fusiles “Fusil Automático Pesado” y “Garand”, estaban ya convertidos en una pesadilla mortal de estos guardias tendidos en la Carretera Norte, pues tiro a tiro, ya habían matado a unos 60 de los soldados y oficiales de la GN asesinos que presionaban por romper el cerco insurreccional en este lado Noreste de la Insurrección Sandinista en la Zona Oriental de Managua, de acuerdo con el testimonio histórico de Lucío Jiménez Guzmán, quien era el Político y Propagandista de este Frente Insurreccional FSLN capitalino.

Además, a pesar del bombardeo aéreo terrible y del cañoneo incesante por la vía limpia de la Carretera Norte contra las barricadas y trincheras de combate en el Barrio Santa Rosa, ese día 22 de junio de 1979, Lucío Jiménez Guzmán y sus más de 200 Combatientes Populares organizados para una misión constante de “Guerra Sicológica” planificada, casi todos desarmados, se dispusieron una vez más a marchar en la calle paralela a la última fila de casa por el Este del Barrio Santa Rosa, donde el cauce, valga la redundancia, está también paralelo a esta fila de casa.

Al otro lado de ese cauce permanecía tendido un contingente de guardias con tanquetas, ametralladoras y fusilería, listos a lanzarse al asalto del Barrio Santa Rosa por este lado y de esa manera romper el cerco insurreccional.

“Sin embargo, nunca se lanzaron al asalto por miedo de encontrarse, tal vez pensaban, frente a una tropa de unos 1,000 Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares…Eso les hicimos creer con esta “Guerra Sicológica” de que todos los días, en la mañana, tarde y noche, estos más de 200 Combatientes marchaban en esta calle paralela a la fila de casas, dando la idea de que éramos muchos. Los guardias no nos veían a nosotros. Conseguí unas botas y zapatos que tenían unos pedazos de planchas metálicas en los talones y adelante

“Estas láminas metálicas sonaban ruidosamente al rosar en los adoquines, y además también me conseguí unos fusiles viejos que también sonaban ruidosos al estampar sus culatas en el adoquinado”, recuerda Lucío Jiménez Guzmán 38 años después de aquella epopeya insurreccional sandinista.

“Ocurrió también –recuerda Lucío Jiménez Guzmán – que logramos otro “milagro” militar con esta estrategia de “Guerra Sicológica”. Seguramente, el “alto mando” de la Guardia Nacional estaba claro de que en esta faja de la orilla del cauce tenían a sus guardias, y entonces en este pedazo no lanzaban morteros ni bombas de 500 y 1,000 para no matar a sus asesinos, y de ese modo tampoco tocaban a nuestros Combatientes Populares que estaban en este pedazo disputado de la Insurrección Popular Sandinista. Así nos mantuvimos hasta el 27 en la noche, cuando nos vamos en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya”.

Mientras tanto, un grupo numeroso de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares al mando de Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz, cuya “Columna José Ángel Benavidez” se desplazaba en movimientos veloces atacando a los guardias en la Colonia Xolotlán, en Américas Uno, en las Colonias San Jacinto, Miguel Gutiérrez, Rafaela Herrera y en Waspán Sur, se movía sigilosamente por un  sitio del cauce de Waspán conocido como “Galillo”, en busca, nuevamente, de trabar combates con cualquiera de los contingentes del guarderío que se mueve en la Carretera Norte, o de tenderles otra emboscada mortal.

Algunos de los integrantes de la “Columna José Ángel Benavidez” son de esta zona de Managua, entre otros, Arsenio “Walter” Solís González, y se conocen a la perfección el terreno accidentado con dos cauces, bosquecitos, matorrales y árboles enormes de ceibos y guanacastes, por donde se mueven los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares mezclados con las aves, garrobos, roedores y ardillas.

Al comienzo de la Insurrección en Managua, Cabrales Aráuz era acompañado por “Palestino” Castillo como especialista en armado, colocación y explosión de explosivos. En este momento, cuando están en “el galillo” de uno de los dos cauces de Waspán el especialista en explosivos es “Amado Felipe”, testimonia Arsenio “Walter” Solís González.

Una parte de los terrenos del Barrio Waspán no estaban habitados, tampoco existían casas donde es hoy el Barrio Carlos Marx. Entonces, los Combatientes de la “Columna José Ángel Benavidez” se movieron por estos predios hasta la orilla de la Calle Paralela Sur de la Carretera Norte, y se emboscaron, tendidos en suelo irregular, agazapados, cerca de la Fábrica Maber (solitaria en ese momento) y la Gasolinera Shell de Waspán, ya cuando eran cerca de las tres de la tarde. La Shell Waspán está hoy convertida en UNO, en el mismo sitio Norte de Waspán Sur.

Ya habían estudiado el itinerario que hacían los guardias trasladándose de las instalaciones del Motel Dancing (donde hoy es una distribuidora de pollos) y de las instalaciones de “Sierra 16” hacia la Gasolinera Shell de Waspán, yéndose siempre por la Calle paralela Sur de la Carretera Norte.

Los Combatientes Populares jefeados por “Nacho” Cabrales Instalaron un explosivo “tipo vietnamita” al Oeste de la Fábrica Maber y el otro ya cerca de la Gasolinera Shell Waspán. A las cinco y 50 minutos de la tarde se puso en movimiento el convoy de camiones blindados con un poco más de 40 guardias sanguinarios encima, y aceleraron los motores circulando por esta Calle paralela mencionada. Los guardias iban dentro de los tráilers y encima de las cabinas  de los camiones con las ametralladoras y fusiles listos a dispararlos.

Pasó la vanguardia o delantera del convoy y se esperó que todos estuvieran ubicados dentro del radio en que ocurrirían las dos explosiones. Cuando ya estuvieron enmarcados en ese radio, “Amado Felipe” accionó los detonadores a control remoto, y las explosiones precisamente se produjeron debajo de dos de los camiones. Algunos cuerpos de guardias salieron volando, otros heridos, y se entabló un intenso tiroteo, y explosiones de bombas de contacto que eran lanzadas hacia los camiones y contra los guardias del somocismo sanguinario genocida.

El testimonio de Arsenio Solís González testimonia que los Jefes Guerrilleros guiados por Cabrales Aráuz y los Combatientes Populares estaban bien parapetados en muros, en paredes de casas, encima de los techos del lado Sur de la Calle paralela, mientras los guardias con dificultad se parapetaban en los camiones blindados neutralizados y dañados.

Este combate duró un poco más de una hora. Cuando ya oscureció totalmente, casi a las siete de la noche, los guardias todavía vivos y sus refuerzos retrocedieron apresuradamente cruzándose la Carretera Norte y tomando el rumbo del campamento que tenían por donde es hoy Cruz Lorena S.A. y hacia el fondo, donde asimismo hoy son las edificaciones de la Cervecería Toña, muy cerca del Lago Xolotlán o de Managua.

Al producirse el retiro o retroceso obligado de los guardias vivos y de sus refuerzos, inmediatamente “Nacho” Cabrales Aráuz ordenó que fuesen tomados los fusiles y ametralladoras que los guardias no pudieron llevarse, y que quedaban junto a los cadáveres y dentro de los camiones blindados, neutralizados y destruidos.

En el teatro o escenario de esta emboscada mortal, fulminante contra este contingente de guardias sanguinarios asesinos, más un combate de más de una hora, quedó un fuertísimo  olor o tufo a explosivos detonados, una sensación a molestia profunda por gases lacrimógenos regados por todo el sector, pues los guardias lanzaron una multitud de estas bombas y granadas de fragmentación, más un fuerte tufo a carne quemada, pues allí quedaron numerosos cadáveres de guardias calcinados por los explosivos y bombas de contacto usadas por la “Columna José  Ángel Benavidez”.

Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz ordenó a su tropa o  “Columna José Ángel Benavidez”, prácticamente ilesa, emprender Repliegue ordenado hacia el lado Sur, cruzando en caminata marcial por las Colonias Xolotlán, Miguel Gutiérrez, Rafaela Herrera, San Jacinto y por el Sur de la Colonia Américas Uno, sus dominios territoriales desde el 14 de junio, de donde los habían sacado y vuelto a recuperar estos territorios insurreccionales, hasta que llegaron a descansar en Villa Progreso, ubicada al Este de Bello Horizonte, donde esta Columna tenía su campamento.

Arsenio Solís González, uno de los miembros de la “Columna José Ángel Benavidez”, indica que los resultados mortales de esta emboscada y combate feroz, fueron más de 40 guardias muertos, 46 fusiles recuperados, entre ellos un Fal y dos ametralladoras más una cantidad no tan significativa de tiros y, por supuesto, una de las victorias militares más impactantes y moralizadoras de la Insurrección Sandinista, u Ofensiva Final,  en Managua.

Esta victoria militar fue celebrada con especial alegría en el Estado Mayor General del Frente Interno, en el Estado Mayor Conjunto de Managua y en la tropa de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares de todos los Frente de Guerra o de Combate Insurreccional en la Zona Oriental y Norte de Managua, lo cual le quitó más presión al Frente de Guerra jefeado por Marcos Somarriba García, precisamente allí en Santa Rosa, en la Carretera Norte, pues este Frente de Guerra fue acosado por la Guardia Nacional, embestido, atacado todos los días, constantemente, a cualquier hora del día, e inclusive de noche.

De acuerdo con la versión escrita del Comandante Carlos Núñez Téllez, jefe del Estado Mayor General del Frente Interno, en su libro “Un Pueblo en Armas”, en la segunda edición, página 124, los Frentes de Guerra de Marcos “Salvador” Somarriba García y de Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz, en estos combates y emboscadas a los guardias somocistas sanguinarios genocidas en la Carretera Norte, Barrios y Colonias aledañas a la misma Carretera, habían dado como resultados positivos derrotas continuas contra estos guardias asesinos y la recuperación “de por lo menos 100 armas de guerra y suficientes municiones como para alimentar a otras unidades”.

Después de elogiar abundantemente la emboscada organizada y ejecutada por el Jefe Guerrillero César “Moisés” Augusto Silva y su tropa de Columna y escuadras el jueves 21 de junio contra un convoy de la Guardia Nacional en la Pista que atraviesa por en medio la Colonia Nicarao, por haber destruido completamente ese convoy, por la eliminación de los guardias que iban en los camiones blindados, por haber recuperado dos ametralladoras calibre 30 y una ametralladora calibre 50, más una buena cantidad de tiros, el Comandante Núñez Téllez describe de esta forma lo ocurrido el 22 de junio en la Carretera Norte:

“Es comprensible, entonces, la euforia general, la alegría de los sandinistas, en medio de todas las dificultades y limitaciones, al conocer la recuperación de tan valioso armamento. A ello se agregan las noticias provenientes de la Carretera Norte, que nos traían saldos positivos en las operaciones militares realizadas por “Salvador” (Marcos Somarriba García) y “Nacho” (Ramón Cabrales Aráuz), cuyos resultados se materializaban en el rechazo de las embestidas de la guardia y en las recuperaciones de armas automáticas, como eran Galil y los M-16 con sus respectivas detonaciones.

“Tanto “Nacho” y “Salvador” como “Moisés (César Augusto Silva) en sus Zonas de Combate se venían distinguiendo por sus habilidades militares y por las operaciones exitosas realizadas a todo lo largo de la contienda.

“Un hecho real era –continúa el Comandante Núñez Téllez – que solamente en la Carretera Norte se habían recuperado por lo menos unas 100 armas de guerra y suficientes municiones como para alimentar otras unidades”.

Sobre el mismo tema de la ofensiva militar sandinista para expulsar a los enemigos del territorio que habían reconquistado, el Comandante Núñez Téllez señala:

“Lo cierto fue que al encontrarse con la ofensiva, ya bien fuera para contenerlos o para expulsarlos, tuvimos que orientar combates casa por casa, patio por patio, para conseguir los objetivos. Esta modalidad de combate, utilizada teniendo en el interior al enemigo, no es relevante por sus logros solamente, sino también por el impacto producido en las filas de la guardia, aunmentando su desmoralización e inefectividad.

“Esta lucha librada fundamentalmente en la Zona de El Dorado con armas largas y granadas, impidió en cierta medida el grado de penetración de las tropas del somocismo, le minó aún más su capacidad combativa, profundizó su espíritu defensivo y le fue restando poco a poco, toda posibilidad de romper con prontitud las murallas de defensa de la Zona Oriental.

“Y fue contundente, además, porque participaron Unidades de Combate y Unidades Milicianas, las primeras para hacer sentir su acción violenta, destruyendo la resistencia enemiga aunque ello conllevara la pérdida de valiosos Combatientes, y las segundas, marchando atrás, desarmadas o en el mejor de los casos con armas cortas, para asegurar que el fusil del Combatiente caído no cayera en manos del enemigo, sino que fuera recogido inmediatamente, reponiéndolo en su puesto de combate o ya bien sea para recuperar el fusil de los guardias que huían o caían abatidos por el fuego revolucionario”.

En la noche  del 22 de junio continuaron las explosiones, debido a los morteros lanzados por la Guardia Nacional sobre vecindarios, aunque menos nutridos; también ráfagas de ametralladoras, luces de bengala, combates esporádicos e intentos de penetración de  infiltrados a la Zona Oriental de Managua.

Sábado 23 de junio de 1979

Otros 25 guardias abatidos por Frentes de Guerra de “Salvador” y “Nacho”

25 gendarmes sanguinarios también abatidos en la “Colonia Luis Somoza”

Numerosos “orejas” capturados cuando intentaban infiltrarse en trincheras de combate

La mayoría de pobladores de la Zona Oriental y Norte de Managua, insurreccionada, liberada desde el nueve de junio en la noche, fue despertada de su dormir nervioso a las cinco de la mañana por un cañoneo, bombardeo y ametrallamiento violentísimo por parte de la guardia somocista en contra del cruce de Portezuelo, en contra de las barricadas y trincheras de combate del Barrio  Santa Rosa, al Este de Bello Horizonte, en Rubenia, en la Colonia Nicarao, por el lado de la barricada situada frente a la Ferretería Reynaldo Hernández, en la Carretera Norte y por los semáforos del cruce de la Robelo, en la misma Carretera Norte.

Todo parecía dirigido a “tomar por sorpresa” a Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, meterlos en miedo con una nueva arremetida violentísima de bombardeos, cañoneos y ráfagas cerradas de ametralladoras, todo encaminado, me imagino, a que se vieran obligados a retroceder por el sólo hecho de atacarlos con más y más bombas, lanzadas de manera errática por pilotos y guardias que las disparaban desde el suelo y desde el aire con aviones Push and Pull y helicópteros dejando caer bombas de 500 y 1, 000 libras.

Pero es que además, las barricadas, zanjas y trincheras de combate se habían vuelto inexpugnables, pues sus construcciones eran realmente fuertes, y habían probado su resistencia frente a los embates de los guardias genocidas. Y si las desbarataban con bombazos, en pocos minutos reaparecían en otro lugar y más fuertes todavía.

En esta mañana del 23 de junio un alto mando no identificado de la Guardia Nacional genocida aparecía ufanándose nuevamente de que la GN tenía “armas y municiones para combatir 100 años, si queremos”, y parecía que lo expresaba de nuevo para que lo oyeran por medio de la radio de la Central de Policía de la Guardia Nacional.

Inmediatamente después de sus fanfarronadas, el mismo alto mando de la guardia genocida anuncia la muerte del coronel Abea. Añadía que Abea fue repuesto por el coronel José Humberto Lagos, quien había sido jefe de tránsito en Managua. El fanfarrón no informaba si Abea había muerto en los combates contra los rebeldes sandinistas insurrectos de Managua. Tampoco mencionaba dónde había muerto, ni dónde lo habían sepultado.

Era evidente que al no poder romper el cerco insurreccional en la Zona Oriental y Norte de Managua, entonces los altos mandos de la GN genocidas incrementaban ferozmente, en venganza, el bombardeo aéreo con bombas de 500 y 1, 000 libras, el lanzamiento de morteros y de rocketts, ametrallamientos desde aviones bimotores y varios jet (aviones de propulsión a chorro) y también incrementaron en este día el lanzamiento de barriles con gasolina y fósforo blanco, lo que ocasionó nuevamente centenares de incendios en Managua, especialmente en el trecho, en línea recta, entre la Colonia Nicarao, Bello Horizonte, Barrio Blandón y Barrio Santa Rosa.

Al mismo tiempo del bombardeo incesante, en la Radio Difusora Nacional somocista (“de Nicaragua”, decían los somocistas) volvieron a conminar a la población civil de la Zona Oriental de Managua a que abandonaran sus casas, “porque la victoriosa Guardia Nacional de Nicaragua va a efectuar una “operación limpieza” de “sandino-comunistas- terroristas”, “hoy mismo, en cualquier momento”.

 

 

La conminación  de la Guardia Nacional genocida ahora era contra toda la población. Antes llamaban a irse de la Zona Oriental de Managua a los ancianos, niños y “mujeres muy adultas”. Es decir, ya estaban convencidos de que la inmensa mayoría de pobladores de esta Zona Oriental y Norte de Managua estaba apoyando la Insurrección u Ofensiva Final contra la tiranía del somocismo, fundada, entrenada,  financiada, sostenida con dinero y técnicas militares por el gobierno criminal genocida de Estados Unidos.

Por otro lado, a pesar de la prohibición de desperdiciar municiones, esta tarde centenares de Combatientes Populares no se aguantaron y le dispararon numerosas ráfagas de balas de fusiles Garand  y M-16 a los aviones bombarderos, los cuales pasaban cada vez más bajos arrojando sus cargas mortales de morteros y rockets.

El día fue agitadísimo militarmente hablando porque Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares estuvieron totalmente ocupados en rechazar los intentos de la guardia genocida de meterse a los vecindarios, y también para alejar a los pilotos somocistas bombarderos. Era evidente que los guardias andaban llenos de miedo por las grandes mortandades que habían sufrido en los días anteriores al enfrentarse a las Columnas Móviles de los Frentes de Combate en la Zona Oriental de Managua.

En estos intentos de meterse y romper el cerco insurreccional por la Carretera Norte, la Guardia Nacional perdió otros 25 soldados, según los estimados del Estado Mayor General del Frente Interno, basados en datos suministrados por Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares. Resultados mortales parecidos tuvo un contingente de guardias que intentó meterse con camiones blindados y jeepones con ametralladoras por el lado de las Colonias Don Bosco, Colombia y Luis Somoza (Diez de Junio), hacia el rumbo del Barrio Ducualí, donde en ese momento estaban asentados los Estados Mayores del Frente Interno y del Estado Mayor Conjunto de Managua. Los guardias fueron detenidos en seco, en forma relámpago, con contundencia terrible en poder y volumen de fuego de los Combatientes Populares, con resultados fatídicos aproximados de otros 25 guardias muertos.

En medio de las dificultades, volarle balas a los aviones y helicópteros bombarderos generaba críticas negativas de unos y elogios de otros, pues se afirmaba al mismo tiempo que mientras más bajo volaran esos aviones más acertados podían ser los lanzamientos de morteros y rocketts, por ejemplo.

Esa noche del sábado 23 de junio fueron capturados numerosos “orejas” y guardias genocidas que intentaron meterse solos o en grupos de tres al centro de la Insurrección Sandinista Rebelde, con el fin de matar a Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares. Estos sujetos eran metidos presos en las cárceles que tenía el Frente Interno en la Zona Oriental y Norte de Managua, especialmente en la cárcel improvisada en un local de la Fábrica NABISCO CRISTAL, en la Carretera Norte, controlada por el Frente de Guerra, o de Combate, de Marcos Somarriba García y personalmente por Ricardo “Robletón” Robleto Espinoza..

No cesaron de caer las bombas, y silbaban las balas disparadas por francotiradores desde edificios fuera del anillo insurreccional. En Bello Horizonte, Santa Rosa, El Edén, Maestro Gabriel, “Salvadorita” (Cristian Pérez Leiva), Nicarao, Catorce de Septiembre, Don Bosco, Dorado, Luis Somoza (Diez de Junio), Ducualí, Edén, Larreynaga, Blandón,  Meneses, etc., todos  los Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares, Milicianos, miembros de los Comités de Defensa Civil e implicados en la Insurrección Sandinista, coordinaron extremas  precauciones en la vigilancia nocturna, porque era evidente que la guardia somocista estaba buscando cómo infiltrar asesinos dentro de las barricadas y trincheras de combate.

Tras de muros se improvisaron fogones “a medio gas” y se colocaron barriles recortados, limpios, y en ellos cocieron tibio (pinol caliente) “para toda la tropa”. Comimos galletas dulces y saladas con frijolitos y tortillas calientes, y pasamos la noche entre “posta” o vigilancia y consumo de café, hervido también en los barriles mencionados.

¿Cómo te parecieron el tibio, el café y las galletas, compita?, era la pregunta un poco después de haberlas consumido. Era un lujo, un festín, hacer esto en colectivo, en la noche, mientras las dudas lo asaltaban a uno, porque tener vida en esos momentos “es una ganancia, una bendición, compita”, comentaba Raúl Munguía.

Domingo 24 de junio

Feroces intentos de desalojo mediante bombardeos aéreos masivos

Incendios por bombas de gasolina tiradas desde helicópteros

Incendian AISA en el Sureste de Bello Horizonte

Descubren más francotiradores, meten armas cortas para asesinar gente

Este día domingo 24 de junio fue como una pesadilla mortal por el bombardeo aéreo sobre Managua

Como “canto de gallo”, a las cinco de la mañana, se iniciaron los feroces intentos de desalojo en los cuatro costados de la Insurrección Sandinista Rebelde en esta célebre Zona Oriental y Norte de Managua, ahora mediante bombardeo aéreo nutridísimo, abundante, mortal, brutal.

La Guardia Nacional, cuyos jefes al parecer ya estaban claros de que no podían vencer con infantería, “taco a taco” en combates, amanecieron bombardeando también de forma nutrida desde edificios altos como Armando Guido, desde las instalaciones del hoy Hospital Manolo Morales Peralta, Mercado Carlos Roberto Huembes, Polideportivo España, desde LUDECA, y al parecer también desde árboles altos cercanos al área Insurreccional Sandinista. Aquello, lo de ese día 24 de junio fue una pesadilla horrible, pues Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares debían estar pendientes de sus trincheras de combates, protegerse de las bombas y estar atentos a que los pobladores ocuparan sus refugios antiaéreos.

Las ráfagas de ametralladoras disparadas también desde aviones por los guardias genocidas eran ya acompañados al mismo tiempo por un bombardeo aéreo sostenido con morteros, rockettes, bombas de 500 y 1,000 libras, bombas incendiarias (de gasolina y napalm) más la colocación de tanquetas y tanques, disparados desde lejos de las trincheras de combate, delante de la soldadesca cobarde y genocida, que no pudieron nunca vencer la resistencia popular, y al revés recurrían a mecanismos crueles de bombardeo aéreo en contra de los pobladores en general, para ver si de ese modo lograban que se doblegaran los mandos del Frente Interno del Frente Sandinista en Managua.

A las cinco y media de la mañana, después de comenzar los bombardeos aéreos, también iniciaron una jornada terrorista mediante la Radio Difusora Nacional, del somocismo genocida, mediante la cual conminaban a los pobladores de Bello Horizonte, Santa Rosa, Costa Rica, Maestro Gabriel, Nicarao, Don Bosco, Ducualí, Nicarao, Meneses, Santa Bárbara  y El Edén, a abandonar sus vecindarios “porque el señor presidente de la República, General de División Don Anastasio Somoza Debayle, Jefe Director de la Guardia Nacional y Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas de Nicaragua, ha ordenado que se haga una “operación limpieza” en estos vecindarios, “nidos de sandino-comunistas terroristas”.

En esta ocasión ya eran más precisos en conminar a pobladores de vecindarios específicos, porque estaban claros de que no había forma de vencer la Insurrección Popular Sandinista armada, aunque con pocas armas de guerra y escasez de municiones, y por eso lanzaban una nueva campaña de terror, de guerra sicológica, muy de mañana, todo al mismo tiempo que los bombardeos feroces, crueles, sanguinarios, mortales, mientras Somoza Debayle, el tirano sangriento, daba conferencias de prensa dándose aires de “patriota”, de lo cual él, su padre Somoza García, su hermano Luis y todo su sistema de opresión estuvo al servicio completo del gobierno agresor-genocida de Estados Unidos.

Los bombardeos, cañoneos con tanques y tanquetas, lanzamiento de bombas de 500 y 1,000 libras, el arrojamiento de morteros desde edificios y los rocketts de los aviones Push and Pull, los ametrallamientos desde el aire, todo fue multiplicado esa mañanita del 24 de junio de 1979.

Los somocistas sanguinarios genocidas suspendieron totalmente los servicios de agua potable, luz eléctrica y de teléfonos convencionales. Entonces no existían los teléfonos celulares.

Todo este bombardeo despiadado, implacable, tenía como objetivo ver por dónde encontraban un resquicio para meterse, pues al mismo tiempo lanzaron la soldadesca criminal especialmente por Rubenia, el Este de Bello Horizonte, por el Aserrío Carlos Morales Orozco y el cruce de Portezuelo. Es decir, pretendían formar una especie de “tenaza”, para ver por dónde rompían la resistencia insurreccional armada.

Tuve la impresión de que la guardia genocida somocista concentró en estos cinco puntos todas las fuerzas militares asesinas que le quedaban en Managua, pues todos los intentos anteriores no les habían dado resultados positivos.

Donde más concentraron fuerzas de infantería, quizás por miles; tanques y tanquetas con lanzamorteros y ametralladoras, lanzamorteros de manos, más al parecer todo el poder de aviación que tenían, sobre Rubenia, en el lado Este y centro de  Bello Horizonte, en el cruce de Portezuelo-Santa Rosa, para el lado de Waspán Sur y de las Colonias Xolotlán, Miguel Gutiérrez, San Jacinto, Rafaela Herrera, Américas Uno y Villa Progreso.

Las explosiones se sucedían por centenares, unas tras de otras; y la balacera parecía de unos 1,000 fusiles disparando al mismo tiempo, sólo en el sector de Bello Horizonte, Santa Rosa, Villa Progreso (que era por donde yo estaba más cerca),  lo que obligó a los pobladores de estos vecindarios a resguardarse totalmente en sus refugios antiaéreos y antibalas.

Los guardias sanguinarios se lanzaron como una sola masa en estos sectores mencionados de Bello Horizonte, Santa Rosa, Villa Progreso, etc., amparados en sus tanquetas y tanques; mientras los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares se movían como gacelas, haciendo labor guerrillera móvil, de emboscadas relámpago, en medio de la balacera, pues con esa labor guerrillera a los soldados somocistas les disparaban desde techos, desde esquinas, desde zanjones, desde los cauces, mientras ellos iban en plena calle al amparo de sus equipos blindados, los cuales también caían por las balas y bombas de contacto de los insurrectos.

De ese modo, una parte nutrida de guardias atroces lograron llegar al Plantel de AISA (la constructora de Bello Horizonte, uno de los negocios sucios de Somoza Debayle), situado al Sureste de Bello Horizonte.

Como ahí tenían cómplices (“orejas”, “soplones”), pretendían utilizar el Plantel para hacerse fuertes dentro, y de paso convertirlo en trampolín militar para vencer la resistencia por este lado de Rubenia, Villa Progreso y el Sureste de Bello Horizonte. Era evidente, repito, que los guardias andaban llenos de miedo, poseídos por el pánico que ya le tenían a los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares.

Con la audacia que les caracterizó siempre, los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares les lanzaron bombas incendiarias hacia adentro del Plantel de AISA cuando los guardias ya empezaban a meterse, y tuvieron que salir de retroceso. En ese combate  les fueron inutilizadas dos tanquetas. Resultaron  heridos numerosos guardias. Además de sacarlos de AISA, los Combatientes les ofrecieron combate de persecusión, cuando los guardias genocidas iban en retirada para el lado de la Pista Sabana Grande, Jardines de Veracruz y Colonia Primero de Mayo, donde tenían instalados varios campamentos.

Por el Aserrío Carlos Morales Orozco y el cruce de Portezuelo, la soldadesca sanguinaria no pudo entrar, pero causaron destrucción generalizada en viviendas y edificios en ambos sectores.

En esta defensa heroica y de ofensiva potente de la Insurrección Sandinista Rebelde en la Zona Oriental y Norte de Managua, cayeron algunos Combatientes Populares, según me informó ese mismo día 24 de junio Francisco “Chico Garand” Guzmán Fonseca, cuya Columna Móvil precisamente se había movido a combatir a los guardias en el sector del Plantel de AISA.

El plan somocista parecía tener distintos aspectos para meterse dentro del anillo irrompible de la Insurrección Sandinista libertaria, pues mientras los enfrentamientos militares eran feroces en los sitios mencionados, por los lados Oeste y Suroeste de El Dorado, Colombia, Diez de Junio, Riguero, Puente Larreynaga y Colonia “Salvadorita” (Cristian Pérez Leiva), trataron de introducir también alrededor de un centenar de supuestos “civiles” portando armas cortas como pistolas, revólveres, cuchillos especiales, armas que parecían estar destinadas a matar Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares a corta distancia, después de “haberse ganado alguna confianza” o haber simulado que eran “civiles inocentes”, pero en realidad eran los mismos asesinos de la Guardia Nacional genocida, sus mercenarios, “orejas”, “jueces de mesta” y miembros de los “escuadrones de la muerte” (“Mano Blanca”, le decían los somocistas).

Estos criminales “civiles” pretendían introducir también algunos tipos de venenos, según pude establecer después. Prácticamente todos fueron capturados y fusilados ese mismo día 24 de junio de 1979 allí en el Cauce que divide Bello Horizonte y la Colonia Salvadorita (Cristhian “Inca” Pérez Leiva) y por el lado de la Carretera Norte, en Santa Rosa, en el Barrio Blandón (Costa Rica), en El Edén, en Ducualí, en El Dorado, en el Barrio Paraisito, etc.

Dichosamente, como parte de la defensa cuidadosa en esta guerra revolucionaria justa y por la Liberación Nacional, los Jefes Guerrilleros habían dispuesto que en algunas barricadas y trincheras claves, por donde obligatoriamente pasaba gente, uno, dos o tres Combatientes Populares listos, avispados, con intuición de inteligencia militar, registraran minuciosamente a quienes intentaban cruzar por allí.

De ese modo se descubrieron las armas cortas mencionadas, venenos, químicos desconocidos, puñales, navajas filosas y especiales.  Algunos de estos maleantes capturados fueron también conducidos a las cárceles que tenía el Frente Interno del Frente Sandinista en estos Barrios Orientales liberados, especialmente en la Colonia Nicarao, para interrogarlos, cuando se descubría que tenían ligas directas con los altos mandos de la Guardia Nacional.

En los casos de cuchillos sólidos, de doble filo, de metales brillantes, se dijo que sus portadores eran supuestos especialistas en “defensa personal” (karate, kung fú, o boxeo), conocimientos que utilizarían, en combinación con los cuchillos, para matar a Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares.

Ese día 24 de junio se descubrieron otros numerosos francotiradores en casas de la Colonia “Salvadorita”, en viviendas de la orilla del Cauce de Bello Horizonte, en ceibones del Barrio Meneses (Venezuela) y en edificios situados al otro lado de la Carretera Norte, buscando la costa del Lago Xolotlán o de Managua, en los edificios en construcción del hoy Hospital Manolo Morales Peralta y el techo del actual Mercado Carlos Roberto Huembes.

En todos los casos, se pusieron en práctica operativos de especialistas en tiro (“Chico Garand” Guzmán Fonseca, “Chele Garand” Rodríguez, Mauricio “Pigmeo” Sotomayor, Jorge “Norman” Roustan Reyes, por ejemplo) y Combatientes Populares con pobladores. Algunos fueron liquidados, muertos a balazos, cuando estaban todavía encima de sus lugares de tiro, y otros fueron perseguidos y capturados en medio de los callejones de los vecindarios mencionados.

Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y pobladores hicieron gestos como quien finalmente respira tranquilo después de haber tenido oprimida la tráquea, pues la situación durante todo el día había estado difícil por los embates criminales de la Guardia Nacional, la cual multiplicó ese 24 de junio el uso del bombardeo aéreo, me imagino, en busca de que Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares, Milicianos y población en general salieran corriendo, huyendo del cerco Insurreccional, pero nuevamente les “salió el tiro por la culata”..

“Esta guerra revolucionaria es sobradamente justa. Estamos en lucha a muerte por la vida de nosotros los nicaragüenses y por la recuperación de Nicaragua para los nicaragüenses. Sin embargo, esta dictadura sangrienta ya ha matado a más de 50,000 nicaragüenses”, me comentó Francisco “Chico Garand” Guzmán cuando nos vimos esa noche del 24 de junio, como siempre en reuniones clandestinas detrás de muros, en lo oscuro, dentro de refugios, para evitar que los francotiradores de la guardia nos localizaran, o que una bala perdida nos perforara el cuerpo.

Efectivamente, estábamos entre la alegría y la incertidumbre, porque exitosamente se derrotaba a la soldadesca  somocista desalmada en sus intentos por doblegar la resistencia rebelde sandinista y popular en todo el poderoso anillo insurreccional de la Zona Oriental de Managua y la perplejidad o incertidumbre se daba porque sabíamos que las municiones habían escaseado de manera realmente alarmante.

Después de asegurarnos que los vecinos estaban en sus refugios antiaéreos y antibalas, el grupo de Bello Horizonte continuó sus reflexiones nocturnas, ordenó más cuidadosamente la vigilancia en las postas, distribuyó la dormida de cada uno, mientras seguían esporádicas las explosiones de morteros lanzados por la guardia criminal y de vez en cuando se escuchaba un avión Push and Pull, en medio de la noche, dejando caer “sus cagadas mortales”, decía la gente.

El mismo grupo de vecinos de Bello Horizonte (Raúl Munguía, Auxiliadora Meza, Arnulfo Oviedo, el profesor Salguera, el profesor Edgardo Jerez Talavera, la profesora María Elizabeth Mejía Rivas, Lesbia Oviedo, Howard Soza Castro, Ernesto Chacón Blandón, Guillermo Baltodano Serrano, etc.) se juntaron para cocinar frijolitos, calentar tortillas y café, juntar galletas, y comer juntos en la oscuridad, casi a media noche, para evaluar cómo había estado de cruel, despiadado y sanguinario el bombardeo aéreo de la Guardia Nacional contra la población civil de Managua, y de paso los fumadores se fumaban varios cigarrillos entre muros, para que no nos descubrieran.

Nos fuimos a dormir en nuestros refugios respectivos a las doce de la noche, mientras un grupo  quedaba haciendo “la posta” o vigilancia en coordinación con los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares.

Lunes 25 de junio

“Cagadas mortales” con “piruetas” genocidas

Huyen los guardias genocidas del cuartel de Masaya

“Están listas las 22 mil libras de jabón”, anuncia un  guardia; ¿jabón o más bombas?

El tren o Ferrocarril no ha llegado a Managua “porque tiene malas las baterías”

Como quien deja puesto un despertador ruidoso, a las cinco y media de la mañana se estaba produciendo el primer ataque de la guardia somocista genocida en Santa Rosa, cruce de Portezuelo, Este de Bello Horizonte, Aserrío Carlos Morales Orozco, Villa Progreso y en el Reparto Rubenia y los semáforos de Rubenia, con cañonazos de tanques Sherman, ráfagas de ametralladoras desde tanquetas, lanzamorteros RPG-2, todo ese poder de fuego dirigido contra las barricadas y trincheras de combate en estos lugares.

Todas estas barricadas, zanjas, trincheras de combate, más la movilidad felina rápida y audaz de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, se habían vuelto temibles para la soldadesca sanguinaria GN, y ya eran, al mismo tiempo, casi un mito de valentías y hazañas militares para los pobladores sencillos, que esperanzados anhelaban el pronto derrocamiento y demolición definitiva de la dictadura somocista sangrienta.

El bombardeo desde tierra y aire se mantiene violentísimo y sostenido en estos sectores mencionados. Los guardias, con sus jefes escondidos, sólo intentaron trabar combate en la dirección del Aserrío Carlos Morales Orozco con el Frente de Guerra de Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz, cuya temida y audaz “Columna José Ángel Benavidez” los hizo retroceder de inmediato. En todo el círculo de la Insurrección rebelde sólo hacían amagos, pues parecía que realmente tenían miedo, mucho pánico a ser aniquilados por la potente ofensiva militar móvil sandinista.

Ya como en un circo mortal, los pilotos somocistas genocidas hacían “piruetas” en el aire, especialmente los conductores de los Push and Pull y los Jet artillados, subían verticales muy altos y se dejaban venir en “picada” rápida, muy veloz, para descargar las “cagadas mortales” sobre los vecindarios insurrectos.

En el caso de los helicópteros parecía ocurrir lo contrario. Los pilotos, con los helicópteros elevadísimos, se quedaban “fijos”, como “estacionados” en el aire, y dos o tres minutos después dejaban caer las bombas de 500 y 1,000 libras. De esa forma, sembraban más terror en venganza porque los guardias sanguinarios habían sido derrotados una y otra vez.

A las nueve de la mañana, por medio de su sistema de radiocomunicaciones, la Guardia Nacional genocida daba a conocer que el tren o Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua no había salido de Corinto, ni llegado a Managua, “porque las baterías están bajas”, lo cual no era cierto, porque la verdad era que el Frente Occidental Rigoberto López Pérez tenía tomadas ya algunas ciudades del Occidente de Nicaragua, especialmente los rieles del Ferrocarril (tren), para que la GN no pudiera mover tropas hacia León y  Managua.

Por la frecuencia radial de la Cruz Roja se conoció que en su huida, el general Fermín Meneses Cantarero, el jefe asesino que tenía la dictadura somocista en Masaya, al ser derrotado por los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares insurreccionados en la Ciudad de las Flores, había huido del Comando GN (estuvo ubicado frente al Parque Central) hacia la Fortaleza del Coyotepe, situada al Norte de la Ciudad de Masaya, al pie de la Ciudad, en una posición geográfica extraordinariamente ventajosa para mantener bombardeos aéreos  y ametrallamientos en contra de los pobladores masayenses. Para colmo, la mayoría de las Avenidas de Masaya están construidas de Sur a Norte, o sea, en la mayoría de los casos son visibles quienes caminan por esas Avenidas.

Los guardias ya habían sido desalojados de sus 16 cuarteles regados en distintos rumbos de la Ciudad de Masaya, y se habían ido también a encuevarse en el Cerro La Barranca, en la Fábrica de Clavos y Alambres INCA y en la nombrada Hielera del Barrio Santa Rosa.  Coyotepe, INCA y Hielera se ubican al Norte de la Ciudad de Masaya y en la orilla Norte de la Carretera Managua-Masaya-Granada. El Cerro La Barranca está situado en un predio montoso del lado Noroeste de la Ciudad de Masaya, cerca de los precipicios de la Laguna de Masaya, mucho antes de llegar a la Carretera Managua-Masaya-Granada.

Esta soldadesca somocista en Masaya fue derrotada mediante combates violentos, ataques guerrilleros sandinistas desde los cuatro puntos cardinales del Comando GN Central que ocupaban frente al Parque Central de Masaya. Esas instalaciones militares fueron quemadas o incendiadas, y el mismo destino tuvieron los otros 16 cuarteles que la Guardia Nacional tenía regados en el casco urbano de Masaya, quedando, de esa forma, a balazo limpio liberada la “Ciudad de las Flores”.

Encabezados por su jefe asesino, Fermín Meneses Cantarero, estos guardias  derrotados y huidos iniciaron inmediatamente bombardeos aéreos y ametrallamientos constantes contra la Ciudad de Masaya, hasta que fueron desalojados el 19 de julio de 1979, en la madrugada.

Meneses Cantarero y la soldadesca somocista, en su huida desesperada, se habían llevado como rehenes a decenas de presos políticos sandinistas y comunes, con la finalidad de garantizarse “impunidad” en el cruce de calles y avenidas, porque Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares allí estaban esperándolos, pero no los pudieron aniquilar por ese motivo, y además también se garantizaban, de ese modo, impedir el asalto Insurreccional Sandinista armado a la famosa Fortaleza.

Estos guardias genocidas ya tenían un contingente de varios centenares de soldados en la llamada Barranca (Cerro de La Barranca), una loma situada a la derecha del Camino de las Diligencias, cerca del Reparto San Carlos, en rumbo al Colegio Don Bosco, en la entrada a Monimbó.

Esta Fortaleza del Coyotepe la dictadura somocista la convirtió en prisión y centro de torturas y asesinatos de opositores, especialmente sandinistas, y eso seguía siendo al momento en que Fermín Meneses Cantarero se fue huyendo para parapetarse  dentro de sus muros y faldas elevadas del Cerro Coyotepe.

Es decir, prácticamente toda la Ciudad de Masaya (“Ciudad de las Flores”, la llamó Rubén Darío), al Sur de la Carretera Managua-Masaya-Granada, había quedado totalmente liberada de guardias somocistas asesinos. Quedaban dentro del ámbito de dominio completo de los guardias genocidas las comunidades aledañas al Cerro Coyotepe, más  “Los Altos de Masaya”, una Comarca ubicada entre la Fortaleza y Tipitapa.

El problema ahora es que esa guardia criminal tenía dominio completo desde la Fortaleza del Coyotepe, donde contaba con helipuertos y bajadas  y subidas por los cuatro costados hacia la cúspide del Cerro, donde había instalado lanzamorteros y ametralladoras calibre 50.

Un tal “Jaime” por medio de la radio de la Central de Policía anuncia que “ya están listas las 22 mil libras de jabón”. ¿Qué era jabón en medio de la guerra de agresión de la dictadura somocista contra el pueblo nicaragüense? ¿Eran 22 mil libras de más bombas de 500 y 1,000 libras? ¿Eran más bombas de gasolina y fósforo en barriles incendiarios? ¿Eran más municiones para las ametralladoras 50 y la fusilería, cumpliendo así lo de “tenemos armas y municiones para combatir 100 años, si queremos”? ¡Era un misterio porque el mismo¡. “Jaime” no aclaró nada!

Los bombardeos aéreos y cañoneos con tanques desde tierra no cesaron en todo el día en Managua. Al atardecer, los bombardeos y cañoneos más fuertes contra las barricadas y trincheras de combate se registraron desde el Aserrío Carlos Morales Orozco, el cruce de Portezuelo y la esquina Noreste del Barrio Santa Rosa.

Como los médicos en los Hospitales, “al cambio de guardia”, temprano en la noche, los Jefes Guerrilleros pasaron inspeccionando cómo estaban dispuestas las posiciones combativas en las barricadas y trincheras de combate, porque se estaba siendo más cuidadosos  para evitar la posibilidad de infiltramientos de enemigos somocistas dentro del ámbito insurreccional sandinista.

En Bello Horizonte y Santa Rosa las mujeres integradas en los Comités de Defensa Civil se lucieron al darle a todo mundo un cacao helado (sin leche, por supuesto), más frijolitos fritos, tortillas calientes, “tibio” de pinolillo, cuando ya había caído la noche de ese 25 de junio de 1979, en medio de las precauciones más estrictas, severas, diría yo, porque todos debíamos estar atentos a meternos en los refugios antiaéreos y antibalas correspondientes, para evitar ser asesinados por los guardias sanguinarios somocistas.

Martes 26 de junio

El régimen genocida manda a cortar el agua, luz eléctrica y teléfonos

Reclutan por la fuerza para engrosar Guardia Nacional

Se conoce que muchos soldados están desertando y que la GN está llena de mercenarios

Ya nos habíamos acostumbrado. Después de dormir un rato, al amparo de las “postas” de nosotros mismos, estábamos despiertos minutos antes de las cinco de la mañana, quizás porque mentalmente ya estábamos claros que de todas maneras seríamos despertados por los bombardeos y cañoneos intensos de la soldadesca somocista genocida. ¡Así fue, nuevamente, a las cinco y media de la mañana se reiniciaron los bombardeos, cañoneos y ametrallamientos en contra de los pobladores y las barricadas y trincheras de combate¡

La primera noticia funesta fue cuando abrimos las pajas o grifos del agua potable. ¡La habían cortado o suspendido, nuevamente! Tampoco había luz eléctrica y los teléfonos convencionales estaban mudos! El agua ya la habían cortado en varios días anteriores, pero ahora aparecían cortes de agua, luz y teléfonos al mismo tiempo.

En el caso de los teléfonos domiciliares (entonces ni se soñaba con teléfonos celulares o móviles), decenas de vecinos los usaban para comunicarse con sus familiares a otras Ciudades, Pueblos y Departamentos, y en el caso de algunos periodistas, entre otros, yo mismo, usábamos esos teléfonos para informar de la marcha insurreccional en las Zonas Oriental, Norte, Suroccidental y Noroccidental de Managua.

Inclusive, con alguna frecuencia me llamaban a mi casa Maritza Cordero Ardilla  desde Radio Sandino clandestina, para que yo le informara cómo estaban desarrollándose los enfrentamientos armados en contra de la tiranía somocista genocida.

Mercedes “Merceditas” Solís de Hernández, colaboradora de Radio Sandino clandestina, también me llamaba por teléfono, y esa información se la pasaba a Maritza Cordero Ardila, una de las locutoras de Radio Sandino.

Estos cortes de agua, luz y teléfonos obligó a algunos centenares de vecinos a trasladarse donde amigos y familiares ubicados en el Oeste de Managua, en Tipitapa o en Mateare, ese mismo día 26 de junio de 1979.

Muy temprano, a las ocho y media, la radio de la Central de Policía GN estaba dando a conocer a todo el sistema dictatorial armado que el  Coronel Alberto Jarquín había sido nombrado por Anastasio Somoza Debayle como jefe de reclutamiento de ciudadanos “civiles”, para que engrosaran las filas de “la gloriosa Guardia Nacional” (¿?).

El decreto del jefe sangriento, Anastasio Somoza Debayle, incluía la orden de que los responsables del reclutamiento forzado en los Departamentos de fuera de Managua y Municipios, eran los Alcaldes, los cuales eran designados (no electos) por Anastasio Somoza Debayle.

Por medio de la misma radio de la Central de Policía se había conocido, 10 días antes, que Somoza Debayle había dado la orden de que los mozos de su hacienda cañera de Montelimar fuesen reclutados para la Guardia Nacional. En Managua, en Tipitapa, en León, Chinandega, en Somoto, etc.,  habían capturado a centenares de jóvenes, a los cuales los habían obligado a fajarse el uniforme caki de la GN genocida y a cargar fusiles para dispararlos contra el pueblo nicaragüense insurrecto.

Al mismo tiempo, se conocía por medio de esa radio de la Guardia Nacional que Gonzalo “Vulcano” Evertz, jefe del Comando GN somocista en León, también ya había huido hacia el Fortín de Acosasco, situado en el lado Oeste de la Ciudad Universitaria y en el lado Sur del Barrio Subtiaba de León, como quien va hacia el Balneario de Poneloya.

El bombardeo aéreo, cañoneo, mortereo y accionar de francotiradores somocistas fue terrible todo el día 26 de junio. Hubo decenas de muertos civiles en los vecindarios insurreccionados, porque las bombas de 500 y 1,000 libras inclusive dañaron refugios antiaéreos y antibalas.

Ya bastante tarde, se produjo un fortísimo enfrentamiento militar en el borde Sur del Barrio Paraisito (entre las últimas casas y el Cauce Oriental), por donde la guardia somocista intentaba meterse con camiones blindados de la Acción Cívica, dos tanquetas e infantería, en rumbo a las barricadas y trincheras de combate del Puente El Edén.

La soldadesca somocista quedó entrampada como un “sánguche”, debido a que le salieron como felinos en busca de presa los Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y pobladores por el frente (del Puente El Edén hacia el Oeste), por las esquinas y techos de las casas del Lado Norte, y desde las orillas de la Pista de la Resistencia Sandinista (By Pass), por el Sur. Muy rápido les fueron neutralizadas las tanquetas y los camiones. El combate fue violento, potente, y los guardias genocidas se vieron obligados a retroceder por donde habían llegado.

No hubo agua, ni luz ni teléfonos en todo el día 26. Vecinos del Barrio Santa Rosa reactivaron algunos pozos manuales antiguos y de esa manera se resolvió ese día, al menos para beber y cocinar. Igual ocurrió en vecindarios como el Meneses, Santa Bárbara, Santa Julia, Don Bosco, Luis Somoza, Colombia, María Auxiliadora, San Cristóbal, Dorado, El Edén y Ducualí.

Para transportar el agua potable en baldes, botellones, barriles pequeños y en galones de plástico, fue necesario caminar hasta los puntos referidos, lo que significaba desafiar el intenso bombardeo y a los francotiradores del somocismo genocida. Algunos grupos de vecinos incluso fueron a conseguirse carretillas de manos de empresas constructoras como la antigua AISA, para transportar el agua.

Todo ese día fue notorio que la gente andaba atenta a la dirección en que se oían los aviones, para parapetarse a tiempo en muros. Asimismo, alzaban la mirada al cielo, para ver en qué dirección venía la bomba de 500 y 1,000 libras.

Fue cansadísimo el día 26. Trabajamos más de la cuenta. Atendíamos la seguridad en las barricadas y trincheras de combate y al mismo tiempo era necesario orientar a la gente que buscaba agua, para que no fuesen a cometer errores peligrosos o mortales.

 

 

Miércoles 27 de junio

En vísperas del Repliegue Táctico de Managua a Masaya

Radio somocista vuelve a informar sobre decisión de matar a periodistas, entre otros: Pablo E. Barreto Pérez, Alejandro Romero Monterrey y Manuel Eugarrios Velásquez.

Guardias son rechazados una y otra vez en Santa Rosa, Rubenia, Don Bosco y “By Pass”

Somoza Debayle y su Guardia Nacional pretoriana mantenían el Estado de Sitio y retenes militares en toda la Ciudad de Managua, menos en la Zona Insurreccional

Combates y ajusticiamientos de “orejas” y “soplones” en Zona Suroccidental, Zona Noroccidental y en el OPEN TRES

Llegó el 27 de junio de 1979, día en que arrancó (en la noche) el Repliegue Táctico de Managua a Masaya. Aunque con menos intensidad que el día 26, de mañana, después de las 7:30 am., se inició el bombardeo aéreo genocida prácticamente en los mismos rumbos: Desde la Colonia Nicarao hasta Bello Horizonte, Sant