Repliegue, Repliegue, Héroes y Mártires, caídos, del Repliegue Táctico de Managua a Masaya con sus biografías

Repliegue, Repliegue,  Héroes y Mártires, caídos, del Repliegue Táctico de Managua a Masaya con sus biografías

*Biografías de los Mártires, o caídos, en “Piedra Quemada”, durante el Repliegue de Managua a Masaya

*Pablo E. Barreto Pérez

Explicación indispensable:

El Repliegue Táctico de Managua a Masaya, ocurrido los días 27 en la noche, 28 en todo el día, y hasta el 29 de junio de 1979,  en la madrugada, en que participamos entre seis mil y siete mil managuas (y algunos y algunas de fuera de Managua), es un acontecimiento histórico nacional muy conocido, es una hazaña política y militar del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), todavía clandestino y en batalla militar a muerte contra el somocismo genocida en aquellos días angustiosos de los meses de marzo, abril, mayo y especialmente junio y julio de 1979, hasta que se registró la derrota total del régimen sanguinario genocida de Anastasio Somoza Debayle, de su Guardia Nacional, de su dictadura militar, la cual mató a no menos de 50,000 nicaragüenses y dejó destrozada a la Nicaragua del General Sandino y de Rubén Darío.

En la Ruta Original del Repliegue de Managua a Masaya hubo casi un centenar de muertos, y al menos un centenar de heridos, especialmente en un sitio llamado “Piedra Quemada”, situado al Norte del complejo volcánico del Volcán Masaya y al Norte de la Carretera a Masaya, la cual parte en dos, digásmolo así, la extensión de lava negra, endurecida y puntiaguda, que ha sido arrojada por este coloso volcánico en numerosas erupciones de siglos pasados.

En la primera edición de mi libro: “Repliegue a Masaya”, febrero de 1982, mayoritariamente testimonial, ya se publicaba una lista de 44 nombres de caídos o muertos, precisamente, en el lado de Norte de “Piedra Quemada” y  en el Camino Viejo a Nindirí, partiendo del kilómetro 22 de la Carretera a Masaya.

En su libro-informe “Un Pueblo en Armas”, destinado a la Dirección Nacional del FSLN, publicada su primera edición en 1982, el Comandante Carlos Núñez Téllez, el Jefe Guerrillero principal del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, indicaba que se habían registrado tan sólo seis muertos y 16 heridos en la Ruta Original que siguieron los replegados de Managua a Masaya.

En un libro elaborado posteriormente por el Departamento de Propaganda y Agitación Política del Frente Sandinista, titulado “Porque siempre vivirán entre nosotros”, se publicaban los mismos nombres registrados en mi libro.

En mi libro original, titulado “Repliegue a Masaya” (1982) y en la segunda edición de “Insurrección Sandinista Victoriosa y Repliegue Táctico de Managua a Masaya” (2009),  indico que las razones del Repliegue a Masaya fueron, entre otras, escasez de municiones, comida y medicinas; un poco desánimo entre Combatientes Populares y algunos Jefes Guerrilleros, la necesidad estratégica de evitar la posibilidad de que la Guardia Nacional somocista genocida ejecutara otra masacre, en este caso sería gigantesca, porque los combatientes estaban escasos de municiones para enfrentarlos, y también la necesidad urgente, estratégica, de defender la liberación de Masaya y fortalecer el Frente Oriental Carlos Roberto Huembes, que avanzaba encabezado por los Comandantes Luis Carrión Cruz y Henry Ruiz Hernández.

Asimismo, en ambas ediciones describo cuál fue la Ruta Original del Repliegue de Managua a Masaya; cómo empezó fue organizado en tres grandes columnas, cómo empezó a moverse en Managua el 27 de junio en la tardecita, cómo unos siete mil ciudadanos de Managua nos concentramos en la Calle de la Clínica Don Bosco (hoy Barrio Venezuela) y sobre que salimos de este lugar más o menos a las once de la noche.

Es conocida mi participación directa en la Insurrección Sandinista en Managua y en el Repliegue de Managua a Masaya, y que en ambos casos anduve tomando fotografías, registrando nombres y datos en mi libreta.

Tomé las dos fotos más famosas en que aparece el Comandante William Ramírez Solórzano, Jefe Guerrillero y uno de los tres jefes del Frente Interno,  a la cabeza del Repliegue  de Managua a Masaya, por una de las encajonadas alambradas, después de cruzar Veracruz; y en la que aparece Moisés Hassan Morales, en aquel momento de la Comisión de Propaganda insurreccional, igualmente en primer plano de una parte de la marcha del Repliegue, cuando ya íbamos llegando a un sitio identificado como “Piedra Menuda”, ya en territorio del Departamento de Masaya.

Precisamente,  durante el bombardeo aéreo somocista genocida en “Piedra Quemada”, también hice fotografías de jóvenes Combatientes Populares y pobladores capitalinos que caían fulminados mortalmente por los charneles de los morteros lanzados por aviones push and pull y bombas de 500 libras tiradas desde helicópteros.

En la edición original de mi libro “Repliegue a Masaya” digo que yo me parapetaba en huecos en “Piedra Quemada”, en troncos de árboles, en zanjas de los lados del camino, con el fin de evadir los charles de las bombas, lo cual aprendí en Managua, mientras muchos jóvenes (hombres y mujeres) corrían desesperados en busca de protección.

Recuerdo nítidamente que después que pasaban los aviones y habían estallado las bombas, yo me salía de donde estaba parapetado, y en esos instantes hacía las fotografías de jóvenes que estaban muriendo, que ya habían muerto, o que estaban gravemente heridos.

Al ocurrir estos momentos dramáticos, desesperantes, mortales, al mismo tiempo preguntaba por sus nombres y de ese modo recogí unos 35 nombres y seudónimos allí mismo   en “Piedra Quemada” y el resto los obtuve cuando ya estábamos en la Ciudad de Masaya. De ese modo, recogí muchos nombres, más los nombres que se publicaron en el Diario BARRICADA en los meses de agosto y septiembre de 1979, fundamentalmente.

Dos de los personajes que más me ayudaron en esta labor de recoger nombres de Combatientes Populares y pobladores caídos en “Piedra Quemada” fueron Alejandro “Comandante Huesito” Mairena Obando, Combatiente Popular de Managua; y Roberto González Rocha, periodista conocido de Masaya, y quien se convirtiera en el primer Coordinador de Junta de Gobierno Municipal, en plena Insurrección, en Masaya.

Al morir desangrados  Marta Lucía Corea Solís y Róger Ortiz Padilla en el Camino Viejo a Nindirí, un grupo de Combatientes Populares y pobladores capitalinos sobrevivientes de la gigantesca masacre ejecutada por la Guardia Nacional somocista genocida en “Piedra Quemada”, discutimos y valoramos acerca de la gran cantidad de muertos en ese bombardeo aéreo, y especialmente Alejandro Mairena “Comandante Huesito” afirmaba que los difuntos eran más de 100.

Yo sostenía que los muertos o caídos eran casi 100. “Huesito” Mairena Obando siempre le dijo en público al Comandante Núñez Téllez que “los muertos fueron más de cien”, y no los seis fallecidos y 16 heridos que decía el jefe revolucionario en su libro “Un Pueblo en Armas”.

La valoración mencionada, en medio de otro bombardeo aéreo somocista genocida, antes de que llegáramos al casco urbano de Nindirí, casi a las cuatro y media de la tarde, se produjo porque Róger Ortiz Padilla había fallecido en los brazos de un compañero de apellido Nicaragua; y Marta Lucía Corea Solís había muerto en brazos de  Dolores “Lola” Fonseca, ambas Combatientes Populares de Bello Horizonte. Aquella valoración agregaba que la mayoría de caídos en “Piedra Quemada” igualmente habían muerto desangrados, porque con nosotros no iba personal médico ni enfermeros para dar estos “primeros auxilios”.

Además, quienes valorábamos el asunto de la cantidad de muertos en “Piedra Quemada” habíamos participado activamente en dejar medio sepultados una gran cantidad de cadáveres, los cuales colocamos en zanjas pocos profundas y en huecos de la orilla del camino erizo de piedras. Tomamos arena, tierra, ramas, hojas secas y pedazos de trapos, y los tapamos, pensando en recuperarlos después. Una parte de los cadáveres fue recuperada. Una cantidad significativa de los cadáveres de aquellos Mártires generosos, no fueron encontrados. Hasta hoy no sabemos qué pasó realmente.

Al ampliar mi libro, editarlo e imprimirlo nuevamente en el año 2009, con nuevo título: “Insurrección Sandinista Victoriosa y Repliegue Táctico de Managua a Masaya”, pensé en que era indispensable efectuar una investigación paciente y cuidadosa para establecer, aunque fuese de forma aproximada, la cantidad de hombres y mujeres (Combatientes Populares y pobladores implicados en la Insurrección en Managua) que cayeron en “Piedra Quemada” por el bombardeo aéreo infernal, lanzado por Anastasio Somoza Debayle, su Guardia Nacional y su dictadura sanguinaria genocida, en contra de aquellos casi siete mil replegados de Managua a Masaya.

Hacer estas investigaciones históricas requiere de conocimientos directos, implicancia directa, en primer lugar, elevadísimo interés en rescatar la memoria de quienes entregaron sus vidas generosas por la causa de Revolución Popular Sandinista; se necesitan recursos financieros, aunque sean muy limitados, para dedicarse durante meses o años a descubrir los nombres de los caídos, sus historias personales, y lo que hicieron en la Batalla Militar Sandinista Revolucionaria para derrocar a la tiranía somocista genocida, en Managua, Masaya, Carazo y Granada.

Esa oportunidad histórica llegó, en mi caso personal, en el año 20013, cuando en abril fui llamado por uno de los jefes insurreccionales de Managua, el Comandante Guerrillero, Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz, quien hoy ostenta título profesional y era el Secretario Ejecutivo de la Asamblea Nacional.

Cabrales Aráuz me dio apoyo decidido para dedicarme a esta jornada de investigación de abril a octubre, en carrera maratónica, pues se hizo en homenaje a un aniversario más del fallecimiento del Comandante de la Revolución, Carlos Núñez Téllez, el Jefe Guerrillero principal de la Insurrección capitalina y del Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Mediante esa carrera maratónica logré establecer formalmente que durante el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, comenzando por los asesinados por la Guardia Nacional en el Reparto Schick Gutiérrez, en el lado Norte de “Piedra Quemada” y en Nindirí, cayeron 83 entre hombres y mujeres. Hubo 17 caídos a cuyas familias no fue posible encontrarlas para hacer la biografía de cada uno de ellos.

Esto no indica que la investigación esté terminada. Yo estoy convencido de que es posible que más hombres y mujeres hayan caídos durante el Repliegue a Masaya, y que todavía no lo sabemos. Es tarea de futuro inmediato y mediato.

Fueron fundamentales mis visitas y recorridos por decenas de barrios capitalinos, colonias, repartos y asentamientos de Managua, para recoger datos sobre caídos (Mártires) y sobrevivientes insurreccionales del Repliegue a Masaya.

En esta labor de investigación sobre los caídos del Repliegue Táctico de Managua a Masaya fueron fundamentales por la cantidad de nombres y datos aportados, Alejandro “Comandante Huesito” Mairena Obando, Frank “Machillo” González Morales, Juan Carlos “Marcial” Soza Aragón,  Isabel Aráuz Rugama, Ramiro Salvador García Ramírez, Santiago Núñez Solís, Víctor y Carlos Cienfuegos Aburto, Víctor “Bayardo”, Dientes de Lata” Romero Pérez, Arsenio “Walter” Solís González, Antonio López….todos ellos participantes directos en la Insurrección de Managua y en el Repliegue de Managua a Masaya.

“Huesito” Mairena Obando, quien siempre promovió el llamado “Replieguito” por la Ruta Original del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, cada año recogía más datos sobre los caídos en “Piedra Quemada”.

En los casos de Frank “Machillo” González Morales y Juan Carlos “Marcial” Soza Aragón son dirigentes de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos Carlos Fonseca Amador, y como tales tienen relaciones directas con una gran cantidad de quienes fueron Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares en Managua, que son quienes más conocen sobre los caídos en la Insurrección en Managua y en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Isabel Aráuz Rugama, una de las sobrevivientes de la Insurrección en Managua y del Repliegue a Masaya, fue una de las dirigentes de la Asociación de Mujeres Luisa Amanda Espinoza y de la Asociación de Mujeres Sandinistas y como tal hizo un trabajo de recolección de nombres de caídos en la Insurrección en Managua y en el Repliegue a Masaya.

El listado y las biografías (muy reducidas, deformadas  y mutiladas) de estos Mártires del Repliegue a Masaya se adicionaron en las páginas finales del libro “Un Pueblo en Armas”, en su tercera edición  e impresión, en homenaje al Comandante Carlos Núñez Téllez.

Como consecuencia de ser una adición a “Un Pueblo en Armas”, las biografías fueron reducidas drásticamente, lo cual les quita vitalidad, y la gran cantidad de datos personales relacionados con acciones heroicas que cada uno de estos Héroes y Mártires hicieron en la Batalla Militar de Managua para derrocar a la dictadura somocista genocida.

Por este motivo, me pareció justo y necesario juntar todas estas biografías en un solo libro, con el fin de que para la memoria histórica, los nombres de estos Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares, Milicianos y pobladores capitalinos heroicos, caídos, jamás sean olvidados.

Además, en la defensa sandinista revolucionaria de Masaya, después de ocurrido el Repliegue, cayó César Augusto “Moisés” Silva, un Jefe Guerrillero de primerísima calidad, de los más valientes, de los más eficientes, de los más audaces en la Batalla Militar de Managua. En mi libro “Insurrección Sandinista Victoriosa y Repliegue Táctico de Managua a Masaya”  cuento cómo y por qué cayó este legendario Jefe Guerrillero, quien era obrero de la construcción y estudiante universitario cuando estalla la Insurrección en Managua, en junio de 1979.

En la propia Ciudad de Masaya, en defensa de Masaya, caen también los Combatientes Populares capitalinos, replegados, Danilo Aguirre Aragón y Santos Sobalbarro Blandón.

También caen los compañeros Walter Mendoza Martínez, Jefe Guerrillero GPP; Frank Toruño Porras y el Combatiente Popular Ismael Castillo. Mendoza Martínez había quedado en Managua como uno de los jefes de la resistencia militar activa en contra de la Guardia Nacional y EEBI somocistas genocidas, especialmente después de producirse el Repliegue Táctico de Managua a Masaya. Los tres fueron capturados cuando se desplazaban clandestinamente por las cercanías del Cerro Barranca, donde la GN todavía tenía un contingente militar. Posteriormente los asesinan en el Cerro Coyotepe.

En la liberación de Jinotepe caen también los Jefes Guerrilleros, replegados de Managua, Rolando “Carlos”, “Cara Manchada” Orozco Mendoza, Justo Rufino Garay Mejía y Martín “Paco” Castellón Ayón.

Después del Triunfo de la Revolución, fallecen en distintas circunstancias Jefes Guerrilleros de la Batalla Militar de Managua y Masaya: Marcos Somarriba García, Walter “Chombo” Ferrety Fonseca, Sergio Gómez Vargas, William Ramírez Solórzano y el Comandante de la Revolución, Carlos Núñez Téllez, quien como miembro de la Dirección Nacional Conjunta del FSLN, era virtualmente el Jefe de la Insurrección en Managua y del Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

El listado de nombres, producto de la investigación mencionada, es el siguiente:

Marlene Fátima “Modesta”, Mary” Aguilar Uzaga, Carlos José Alvarado Aragón, Cela Patricia “Mercedes” Amador Cisneros, Raúl “Pelito” Areas Chamorro, Manuel Barrantes Miranda, Artisteo “Sebastián” Benavidez,  Carlos “Paco” Miranda, Jorge Antonio “Yorbis” Bermúdez García, Eva Margarita Bonilla Zúniga, María Daniela “China Tica” Bravo Medina, Bosco Javier Cáseres Altamirano, Ronald Fisher Ferrufino, Alejandra Emelina Campos Escobar, Raymundo José Canales Baltodano, Irma de Jesús Castellón Cerrato, Pabla “Claudia” Corea Campos, Marta Lucía “Lucy” Corea Solís, Manuel Salvador Cuadra Pérez,  Ariel “Trapito” Darce Rivera, Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez, Marta Lorena “Cleo” López Mojica, Manuel Esteban Flores Oporta, José Bladimir “Rigoberto”, “Chino” Fuertes Guadamuz, Mario Ramón Gabuardi Castillo, Carlos Manuel Gómez Sequeira, Óscar Antonio Gutiérrez Serrano, Julio César “Bamba” Juárez Roa, Osbaldo Antonio Largaespada Lagos, Mario Antonio “Ñaña” Macías Paredes, Edmundo José “Comandante Valentino” Maltez Delgado, José Dolores “Chele Ladilla” Maltez Flores, Norman José Maravilla Navas, José Luis “Oso” Marín Gaitán,  Rolando José “Condorito” Rivera, José Santos “Cerro Negro” Mayorga Alemán, Domingo “Cirilo” Matus Méndez, Felipa Mejía Membreño,  Andrés Edgard Mendoza Martínez, Denis Miranda Corrales, Gustavo Elías “Carcache” Morales Mayorga, Ernesto Navarro Jiménez,  César José Ortiz Flores, Róger Ortiz Padilla, Julián de Jesús Palacios Herrera, Juvenal Palacios Morales, Francisco René “Sastrecillo” Polanco Chamagua, Manuel Salvador Reyes Montiel, Ronald Rizo Huerta, Juan Ramón “Ringo” Rizo Villagra, Róger “Ramón” Rodríguez Rivas, Luis Antonio “Sherman” Romero Orozco, Freddy “Buitre” Sandoval Cáseres, Francisco Iván “Chéster, “Perú”, “Renco” Salgado Gómez, Roberto José Sirias Acevedo, Ricardo Sú Aguilar, Miguel Ángel y Marcos Antonio “Burros” Tapia Gutiérrez, José Téllez Alvarado, Joaquín “José” Valle Corea, Miguel Ángel Bonilla Obando, Marta Villanueva Román y Mario Ramón Jiménez.

Listado de caídos en el Repliegue de Managua a Masaya, todavía sin biografías, porque sus familiares no han sido localizados:

Augusto César “Kabia” Almendárez Telica, Rogelio de Jesús Avilés Pérez, Jacinto Dávila Zeledón, Mauricio Enrique Fajardo Pérez, Luis Noel “Cachete” Hernández Polanco, Carlos Alberto Jarquín Silva, Freddy Arsenio “Pancho Villa” Jiménez Pérez, Valerio Antonio Madriz, Marlene Mena Peña, Denis Gertrudis Muñoz Centeno, María Teresa Orozco Peña, Gerardo Alberto Rocha Lugo, Denis Ruiz Flores, Guillermo Antonio “Joroba” Sáenz Salas, Marcos José Sánchez Zárate, Orlando Talavera Alaniz y Roberto “Pescadito” Zamora Loáisiga.

 

Marlene Fátima “Modesta” y “Mary” Aguilar Uzaga.

Marlene Fátima “Modesta” y “Mary” Aguilar Uzaga. Esta muchacha de 20 años vivía con su madre y cinco hermanos, todos integrados en la Insurrección Sandinista, u Ofensiva Final,  en la Colonia Nicarao. Era uno de esos seres excepcionales en aquellos momentos durísimos de la lucha política y militar para derrumbar a la tiranía somocista.

Su vivienda en la Colonia Nicarao era Casa de Seguridad y de fabricación de explosivos de Combatientes Populares y de Jefes Guerrilleros, era uno de los tantos pasadizos clandestinos de pobladores enfrentados a la guardia somocista, y como consecuencia los mandos dictatoriales le dejaron caer desde helicópteros artillados varias  bombas de 1,000 libras, rockette lanzados desde aviones Push and Pull y constantemente era sometida a fuego de metralla por francotiradores de la Guardia Nacional del tirano Anastasio  Somoza Debayle.

Su madre Eloísa Uzaga Flores, mujer de 81 años actualmente, asegura que ya desde 1978 ella personalmente iba a dejarla y traerla al Colegio Salvador Mendieta, en la Colonia Centroamérica, porque guardias y “orejas” de la Oficina de Seguridad somocista ya la tenían amenazada de muerte por su involucramiento en trabajos clandestinos del Frente Sandinista, para derrocar a la dictadura. En el Colegio Salvador Mendieta estudiaba cuarto año de bachillerato.

Lo mismo ocurría con el resto de los hijos de Eloísa Uzaga Flores, porque todos se habían involucrado en trabajos clandestinos guerrilleros en busca afanosa de liberar Nicaragua de las garras del somocismo genocida, y de sus protectores criminales, los yanquis.

“Modesta” o “Mary” Aguilar Uzaga salía clandestinamente, con  un grupo numeroso de jóvenes, entre otros, Isabel Aráuz Rugama, Ricardo Sú Aguilar, Cela Patricia Amador Cisneros y Manuel Barrantes Aguilar, todos de la Colonia Nicarao, estudiantes de secundaria, a hacer “pintas revolucionarias” a la calle, “propaganda armada”, fogatas, emboscadas con explosivos a guardias nacionales, fabricaban bombas de contacto con otros grupos, hacían labores de correos clandestinos con sus responsables (jefes guerrilleros) Mario Barrantes Aguilar, Iván Escobar e Iván Peña (sobrevivientes del Repliegue a Masaya), aprendían arme y desarme de numerosos tipos de armas, participaban juntos en reuniones de discusiones sobre por qué motivos debía ser derrocada la dictadura somocista genocida.

Jhonatán Amador era el responsable del grupo clandestino de la Nicarao y otros vecindarios, recuerda Eloísa Uzaga Flores, quien se muestra  orgullosa del papel que jugó su hija “Modesta” o “Mary” en la Insurrección para tumbar al régimen dictatorial de Anastasio Somoza Debayle.

“Por nuestra casa pasaban jefes guerrilleros clandestinos como Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz, Marcos Somarriba García, Walter Ferrety  Fonseca y Rolando “Cara Manchada” Orozco Mendoza, por ejemplo, quienes ocasionalmente se quedaban escondidos en varias casas de la Colonia Nicarao. Los muchachos y muchachas integrados a la lucha armada, incluyendo mi hija Marlene Fátima Aguilar Uzaga, pertenecían a grupos cristianos organizados y al mismo tiempo a estructuras militares de la Insurrección”, recuerda  Eloísa Uzaga Flores, madre de “Modesta” o “Mary”.

En días previos a la Insurrección, u Ofensiva Final, Eloísa Uzaga Flores fue detenida violentamente por  patrullas de guardias somocistas, jefeados por Alberto “Macho Negro” Gutiérrez, y llevada a la que fue llamada Central de Policía de Managua, jefeada por el feroz esbirro Nicolás Valle Salinas, quien ya  durante la Insurrección se ufanaba al decir mediante la radio de la Guardia Nacional: “Tenemos armas y municiones para combatir 100 años, si queremos”.

Madre e hijos capturados y torturados por GN

Antes que ella, habían estado presos sus otros dos hijos: Jorge Douglas y Luis Rodolfo Aguilar Uzaga, porque los guardias de la Treceava Sección de Policía (“Sierra 13”), ubicada frente al Cementerio Oriental, afirmaban que andaban “alterando el orden público y en actividades Sandino-comunista-terroristas”.

Uzaga Flores fue encarcelada y torturada, debido a denuncias de “orejas” de la Oficina de Seguridad en la misma Colonia Nicarao.  Eloísa tenía algunos amigos influyentes cercanos a la estructura de la Guardia Nacional somocista genocida, y de ese modo logró salir.

Tuvo que pagar varios miles de córdobas de “multa” por sus dos hijos y ella. Ese dinero tuvo que prestarlo en un banco, “y de ese modo, quedé “enjaranada”. “Andate de esa casa de la Nicarao, con toda tu familia… si no te vas, te hacemos el “pisa y corre” (es decir, matarla de una vez), le dijeron a  Eloísa en la Central de Policía GN somocista.

Un poco después de quedar libre Eloísa, la casa le fue “cateada” por otros guardias somocistas genocidas, que afirmaban llegaban desde la Central de Policía, es decir, enviados directamente por Nicolás Valle Salinas.

Ya desencadenada la Insurrección, u Ofensiva Final, cuando Anastasio Somoza  Debayle y el alto mando de la Guardia Nacional deciden bombardear vecindarios de Managua con helicópteros y aviones artillados con rockette y ametralladoras calibre 50, la casa de  Eloísa Uzaga Flores sufre la caída y estallido de varias bombas de 1,000 y 500 libras, las cuales no mataron a nadie, “porque todos andábamos fuera; estábamos todos en labores de combate en las trincheras que estaban frente a la Fábrica Rolter, en la Carretera Norte”, recuerda la madre de “Modesta” o “Mary”.

Este grupo de la Nicarao “iba y venía” a las zonas de Bello Horizonte, Santa Rosa, Costa Rica y Larreynaga por orientaciones del jefe guerrillero Marcos Somarriba García, quien coordinaba la lucha armada contra el somocismo genocida en este Sector del lado de la Carretera Norte.

Al momento de producirse el Repliegue Táctico de Managua  a Masaya, este grupo en que iban los hijos de  Eloísa, entre ellos, “Modesta” o “Mary”, salen de la trinchera que estaba frente a la Fábrica Rolter, cruzan Bello Horizonte de Norte a Sur, atraviesan también el cauce entre “Santa Bárbara” (hoy Barrio Venezuela) y finalmente llegan a la Calle de la Clínica Don Bosco, donde se concentraron alrededor de 7, 000 managuas para iniciar el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

La salida del Repliegue a Masaya se produjo un poco después de las diez de la noche. Según Isabel Aráuz Rugama van juntos:  Marlene Fátima “Modesta” o Mary”, Cela Patricia Amador Cisneros, Manuel Barrantes, Ricardo Sú Aguilar y la propia Isabel Aráuz Rugama.

Al llegar a “Piedra Quemada”, a las once de la mañana del 28 de junio de 1979, el bombardeo aéreo con bombas de 1,000 y 500 libras, rockttes y ametralladoras calibre 50, está en lo “fino”, matando gente y animales domésticos, destruyendo casas, convirtiendo en miles o millones de pedazos los pocos árboles del lado Norte de  “Piedra Quemada”, mayoritariamente mamones, mangos, jocotes, naranjos, guanacastes,  ceibos, espinos negros y algunos chilamates.

El trayecto de bombardeo sostenido se produjo en un trecho de unos 750 metros entre el llamado Cruce Real de Caminos y el Kilómetro 22 de la Carretera a Masaya, conocido como “Piedra Quemada”, frente a la entrada antigua hacia el Volcán Masaya.

“Piedra Quemada” es un colchón de piedra volcánica, puntuda, eriza, que se prolonga más de dos kilómetros de Sur a Norte, desde los cuatro cráteres del Volcán Masaya, con rumbo Norte, cruzando la Carretera a Masaya.

Fulminado por bombas casi todo el grupo

Según Isabel Aráuz Rugama, coordinadora actual de la Asociación de Mujeres Sandinistas, el bombardeo aéreo no cesaba, ya casi a la una de la tarde, cuando el grupo decidió seguir caminando hacia la salida de la Carretera Managua-Masaya por el Kilómetro 22, cuando se encontraron con una pila en que bebía agua el ganado.

Isabel se dispuso a beber agua de la pila. Se alejó un poco. El grupo se quedó un poco atrás, cuando, una vez más, cayó otro rockette, cuya explosión y charneles, mataron en el acto a Marlene Fátima “Modesta” o “Mary” Aguilar Uzaga, a Ricardo Su Aguilar, a Cela Patricia Amador Cisneros y a Manuel Barrantes.  Es decir, casi todo el grupo cayó en ese lugar de la pila de agua para el ganado. Isabel Aráuz Rugama se salvó por haberse retirado del grupo.

Estos  cadáveres de “Modesta” o “Mary”, de Celia Patricia, de Manuel Barrantes Aguilar, de Ricardo Sú Aguilar y decenas de cuerpos ya fallecidos por el bombardeo en este trecho de unos 750 metros del lado Norte de  “Piedra Quemada”,  fueron acomodados en oquedades o zanjas muy pequeñas en los alrededores y en la orilla del camino pedregoso, y los cubrimos con piedras y arena, para que no quedaran al descubierto.

Isabel Aráuz Rugama lloró inconsolable en ese pedazo de terreno cubierto de piedras volcánicas, y hasta “renegó de Dios”, “porque cómo es posible que permita que una pandilla de asesinos somocistas estén matando a todo un pueblo”.

Doña Eloísa Uzaga Flores y su esposo Rodolfo Antonio Aguilar y un grupo numeroso de padres y madres de Héroes y Mártires caídos en “Piedra Quemada”, fueron llevados por Isabel Aráuz Rugama y otros a reconocer el sitio en que habían quedado sepultados superficialmente los cuatro inseparables amigos de lucha y revolucionarios sandinistas, incluyendo “Modesta” o “Mary” Aguilar Uzaga.

Cadáveres recuperados después del 19 de julio

Sus cadáveres fueron recuperados casi un mes después, es decir, casi a finales de agosto de 1979. Los restos de “Modesta” o “Mary” están sepultados en el cementerio pequeño de la orilla de la Casa Comunal de la Colonia Nicarao. Es precisamente doña José Eloísa quien cuida ese cementerio, donde hay sepultados 17 Héroes y Mártires de la Insurrección y del Repliegue de Managua a Masaya, todos de la Nicarao. Hay una placa en que están sus nombres.

Eloísa tiene ahora (en 2017) 81 años. Sobreviven a “Modesta” sus hermanos: Luis Rodolfo, médico; Jorge Douglas, Combatiente Histórico organizado, José del Carmen, oficinista y Mario Antonio, también oficinista.

Eloísa solicita encarecidamente que le ayuden  desde el gobierno en el arreglo y sostén del Cementerio de los Héroes y Mártires de la Colonia Nicarao, donde cayeron 72 combatientes, con el arreglo también la de la Galería de Fotos de estos  Mártires, y que a ella mismo le ayuden en el mejoramiento de su vivienda, la cual era “casa de seguridad” durante  la Insurrección y que fue bombardeada por la Guardia Nacional somocista genocida.

Uzaga Flores vive, o reside,  de la Escuela de la Colonia Nicarao dos cuadras al Norte y media al Oeste,  y tiene los teléfonos: 22481960 y 85543128.

 Cela Patricia “Mercedes” Amador Cisneros

Cela Patricia “Mercedes” Amador Cisneros era una chavala jovencita, de apenas 14 años cumplidos. Estudiaba en el Liceo Franciscano, en el Reparto Altamira. Era una revolucionaria sandinista convencida, pertenecía a grupos de centenares de jóvenes rebeldes antisomocistas, cuyos padres y ellos mismos habían sido encarcelados, torturados y amenazados de muerte por las bandas de asesinos y torturadores de la Guardia Nacional somocista genocida, especialmente los guardias de la “Treceava Sección de Policía GN” (“Sierra 13”, decían los guardias), uno de cuyos jefes era el sargento Alberto “Macho Negro” Gutiérrez, quien llegaba a la Colonia Nicarao a sembrar el terror, especialmente por las noches.

Cela Patricia “Mercedes” Amador Cisneros era hija de José Leonardo Amador y de María del Socorro Cisneros Méndez, “yunta” de Eloísa Uzaga Flores, la mamá de “Modesta” o Mary” Aguilar Uzaga.

“Mercedes” Amador Cisneros vivía en la casa número E-275 de la Colonia Nicarao, donde ahora reside su primahermana Giselle Ebans Amador, quien guarda amorosamente los recuerdos revolucionarios consecuentes de Cela Patricia “Mercedes” Amador Cisneros, guiada, de algún modo, por Eloísa Uzaga e Isabel Aráuz Rugama..

Cela Patricia Amador Cisneros era de la “pelota” de Marlene Fátima “Modesta” o “Mary” Aguilar Uzaga y de Isabel Aráuz Rugama. Se juntaban para estudiar, se unían para enfrentar militarmente a los guardias que llegaban a aterrorizar a la Colonia Nicarao, se juntaron al estallar la Insurrección, u Ofensiva Final, en junio de 1979, y andaban juntas haciendo labores de Combatientes Populares, correos clandestinos de Jefes Guerrilleros, fabricaban bombas de contacto, perfeccionaban juntas las formas de evadir a los guardias, a los “orejas” de la Oficina de Seguridad y a los informadores oficiosos del somocismo genocida en la Colonia Nicarao, y también, a escondidas,  practicaban arme y desarme de armas de todo tipo y calibre, incluyendo fusiles automáticos como los Fal, Garand, M-16  y Galil.

Además del horror impuesto por los opresores somocistas en Managua, como motivo para insurreccionarse, Cela Patricia contaba con el ejemplo de su hermano Emilio Jhonatán “Comandante Chepe” Amador Cisneros, quien había caído antes en Jinotepe, durante un asalto del Frente Sandinista clandestino en la Renta de esa cabecera departamental de Carazo. Su hermano “Comandante Chepe” le decía que era necesario enrolarse en la lucha armada, para derrocar militarmente a la dictadura somocista genocida.

“Ahí va Celita” comentaban en la Nicarao

“Ahí va Celita”, comentaban en el vecindario de la Nicarao cuando su rostro y cuerpo adolescente atravesaban sombras, huecos y callejones, rumbo a cumplir una tarea de orden militar insurreccional, sola o en compañía de “Modesta” Aguilar Uzaga y de Isabel Aráuz Rugama, actual coordinadora de la Asociación de Mujeres Sandinistas de Managua.

Las historias de boca en boca en la Colonia Nicarao y en la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos, encabezada por Frank “Machillo” González Morales, indican que Cela Patricia Amador y Marlene Aguilar Uzaga operaban juntas como correos clandestinos y portadoras de armas, municiones y bombas de contacto, ya en la Insurrección u Ofensiva Final, por encargos de sus responsables en la Colonia Nicarao, entre otros: Iván Escobar, Iván Peña y Manuel Barrantes Aguilar, quienes eran dirigidos a su vez por Jefes Guerrilleros como Ramón “Nacho”  Cabrales Aráuz y Marcos “Salvador” Somarriba García.

Cela “Mercedes” y Marlene “Modesta” se movían sigilosamente en vecindarios como la misma Nicarao, Reparto Santa Julia, Don Bosco, “Meneses” y “Santa Bárbara”, hoy Barrio Venezuela;  “Salvadorita” (hoy Cristhian Pérez Leiva), Costa Rica (antes Barrio Blandón), Bello Horizonte, Santa Rosa y por el lado del Puente Larreynaga, en la Pista de la Resistencia Sandinista.

Con Cela Patricia trabajaban también en la clandestinidad “José del Carmen Camiche”, también Mario Aguilar y “Manotas”.

Estas tres muchachas mencionadas participaban inclusive en combates contra la guardia somocista genocida en barricadas en la misma Colonia Nicarao, en el Puente El Edén y en Santa Rosa, pero en sus casas  eran pocos los familiares que sabían o conocían de las actividades clandestinas de Cela, Marlene e Isabel Aráuz Rugama.

La madre más integrada de todas ellas en la Nicarao era Eloísa Uzaga Flores, madre de “Modesta” o “Mary”, porque todos sus hijos e hijas y ella misma estaban plenamente integrados en la Insurrección y debido a que la chela Eloísa Uzaga Flores inclusive había sido hecha prisionera por la guardia, en varias ocasiones, y tuvo que pagar multas de hasta 10,000 córdobas, lo cual la dejó “enjaranada”  en el banco.

Guerrilleras clandestinas muy estudiosas

Según sus familiares, quienes se muestran orgullosos de Cela Patricia “Mercedes” Amador Cisneros, ésta nunca dijo nada acerca de las actividades guerrilleras clandestinas en que andaba metida, pues el grupo, días antes de la Insurrección, llegaba en horario correspondiente de las clases, se les veía estudiar, pero se iban, dejaban dicho que andaban haciendo “un  mandado” donde Marlene, por ejemplo.

Volvían a la hora acostumbrada para continuar estudiando. Cuando estalló  la Insurrección u Ofensiva Final, todas ellas andaban plenamente integradas, se les veía sudadas, sucias, cansadas, chimadas en los brazos y piernas, llegaban sólo a comer y cambiarse de ropas un poco oscuras. Cela Patricia no comentaba con nadie que andaba plenamente integrada en la Insurrección, comenta una familiar, aunque se sospechaba que el grupo en eso andaba.

Retirada, ¿para dónde?

Cuando llegó el momento de partir en el Repliegue Táctico a Masaya, el grupo numeroso de la Nicarao, por separado, cada uno y una, llegaron a sus casas y les dijeron a sus madres, padres, hermanos y otros familiares, que se iban en retirada (¿para dónde?), porque hacían falta municiones, aunque no sabían hacia dónde era ese Repliegue ordenado por el Estado Mayor General del Frente Interno, integrado por los Comandante Carlos Núñez Téllez, Joaquín Cuadra Lacayo y William Ramírez Solórzano.

En su casita de la Colonia Nicarao recuerdan que Cela Patricia llegó a despedirse cuando ya estaba un poco oscuro, después de las seis y media de la tarde, cuando el Sol se había ocultado en el horizonte y debido a que Anastasio Somoza Debayle, el tirano genocida, había mandado a cortar la energía eléctrica en todos los vecindarios insurreccionados en Managua.

Cela Patricia se puso una ropa oscura y zapatos también oscuros. Le ofrecieron un reloj y ella contestó que no, “porque no debemos llevar puesto nada que brille en la oscuridad, para que los guardias no nos detecten”, respondió Cela Patricia Amador Cisneros cuando ya su silueta delgadita de jovencita adolescente de 14 desaparecía en la oscuridad de las calles de la Colonia Nicarao. Iba a juntarse con “la pelota”  de compañeras y compañeros Combatientes Populares para irse rumbo a la Calle de la Clínica Don Bosco, situada en el “Reparto Meneses”, también conocido como “Santa Bárbara”, hoy Barrio Venezuela.

Su cadáver quedó cubierto con arena y cal

Cela Patricia Amador Cisneros cayó con un grupo de jóvenes Combatientes Populares en el lado Norte de “Piedra Quemada” por el feroz bombardeo aéreo somocista genocida el 28 de junio de 1979, cuando el  grueso del Repliegue Táctico de Managua Masaya se desplazaba por este sector del lado Norte del Volcán Masaya.

Las versiones de compañeros de viaje en el Repliegue indican que a Cela Patricia “Mercedes” Amador Cisneros fue “partida” por los charneles de una de las miles de bombas que lanzaron los pilotos somocistas genocidas contra el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, a la altura de “Piedra Quemada”, frente a la entrada antigua al Complejo Volcánico del Volcán Masaya.

Su cadáver, dichosamente, fue bien colocado en una oquedad de la orilla del camino pedregoso, lleno de piedras erizas o puntiagudas. Al cuerpo de Cela Patricia se le echaron piedras, arena y un poco de cal encima, pues en ese momento ni se supo de dónde salió un saco de cal.

Esto permitió que un grupo de cadáveres de caídos, incluyendo el de Cela Patricia se conservaran en buen estado.

Al retornar de Masaya a Managua con el triunfo de la Revolución Sandinista el 19 de julio en la tardecita, el grupo sobreviviente de la Colonia Nicarao fue donde las madres de Cela Patricia, de Marlene “Modesta” y de Manuel Barrantes Aguilar, a comunicarles que los tres habían caído en “Piedra Quemada”.

Los mismos jóvenes, hombres y mujeres, con las respectivas Madres y Padres de estos y estas Héroes y Mártires caídos en el célebre Repliegue de Managua a Masaya, organizaron inmediatamente un grupo, consiguieron vehículos y permisos para moverse, y el 21 de julio de 1979, mediante la localización que habían dejado los sobrevivientes, fueron a “Piedra Quemada” y rápido encontraron sus cadáveres, sepultados en oquedades poco profundas y cubiertos con piedras, arena y un poco de cal encima.

Sus cuerpos estaban casi intactos. A doña María del Socorro Cisneros no le fue difícil identificar a su hija Cela Patricia, pues el cadáver tenía sanitas las prendas de vestir que se había puesto al salir de su casa entre las sombras de la noche del 27 de junio de 1979.  Es decir, había pasado un poco menos del mes de aquel día 27 de junio de 1979.

María del Socorro, Eloísa Uzaga Flores, don Manuel Barrantes, los sobrevivientes del Repliegue de la Colonia Nicarao y dirigentes comunales, tomaron la decisión de ir a comprar ataúdes en Masaya, colocaron los cadáveres dentro de los ataúdes allí en “Piedra Quemada”, y en caravana fúnebre los condujeron a la Colonia Nicarao, en el Oriente de Managua.

La inmensa mayoría de estos vecinos siempre fueron rebeldes, opositores sólidos contra el régimen somocista genocida. Al llegar los cadáveres de Cela Patricia, Marlene “Modesta” o Mary” Aguilar Uzaga y Manuel Barrantes Aguilar, tomaron la decisión de que los 17 Héroes y Mártires de la Colonia Nicarao, caídos en la Insurrección en la Zona Oriental de Mangua y en el Repliegue de Managua a Masaya, fuesen sepultados todos en el lado Este de la Casa Comunal e Iglesia de la misma Colonia Nicarao.

Mediante una ceremonia solemne, llena de lágrimas de familiares y amigos, y al mismo tiempo de alegría por estar ya en una Patria Liberada, los cadáveres fueron colocados de uno en uno en sus tumbas, las cuales se conservan hasta hoy con sus respectivas cruces y nombres en el costado Este de la Iglesia y Casa Comunal de la Colonia Nicarao, incluyendo los nombres de Cela Patricia Amador Cisneros, Marlene Fátima Aguilar Uzaga y Manuel Barrantes Aguilar.

En el centro de este Cementerio de Héroes y Mártires, está erigido un monumento, en cuyo centro hay una placa metálica con los 17 nombres de Héroes y Mártires de la Colonia Nicarao. Esa placa se colocó,  nuevamente hace poco tiempo, con apoyo de la Embajada de Venezuela.

Eloísa Uzaga Flores, madre de Marlene “Modesta” o “Mary” Aguilar Uzaga, es quien cuida y limpia cada tres días el local y entrada de la Galería de los Héroes y Mártires y el Cementerio mencionado. Eloísa Uzaga, quien tiene ya 81 años, se queja de que tanto vecinos como personas de fuera de la Colonia Nicarao ensucian el frente de la Galería y también han dañado las instalaciones del Cementerio. Señala que no recibe apoyo de ningún tipo ni de los dirigentes comunales ni de los dirigentes políticos FSLN de la Colonia Nicarao.

Eloísa solicita ayuda y responde a los teléfonos: 22481960 y 85543128. En este caso de Cela Patricia se puede consultar más datos a Eloísa Uzaga, quien reside del portón Norte de la Escuela de la Nicarao, dos cuadras al Norte y media al Oeste. También a Giselle Ebans Amador en la casa No. 275.

Manuel Barrantes Aguilar

Manuel Barrantes Aguilar estudiaba su quinto año de bachillerato en el Instituto Franciscano, en el Reparto Altamira.  Tenía apenas 19 años, y consideraba indispensable enrolarse en la lucha armada para derrocar al régimen somocista genocida,  porque éste impedía las libertades más elementales al pueblo nicaragüense. Mario José Barrantes Aguilar, su hermano mayor, tenía la categoría de responsable de grupos en la estructura político-militar clandestina del FSLN, en la Colonia Nicarao.

Manuel era empleado  en la Farmacia Managua y Mario José ya había coronado su carrera de electricista industrial,  en el INTECNA, en Granada. No logró empleo en ninguna parte, en ese momento, porque la Insurrección estalló en esos días de junio de 1979.

La vivienda de Manuel Barrantes Rueda, el padre, y Rosa María Miranda, la madre, era “casa de seguridad” de jefes guerrilleros como Marcos “Salvador” Somarriba García, Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz y otros;  estaba convertida en buzón de armas, en paso de Combatientes Populares que hacían labor de correos clandestinos y hasta de dormitorio ocasional de Marcos “Salvador” Somarriba García, quien allí en la casa de Barrantes, en un cuarto del fondo, usaba un radio de ocho bandas de aquellos días para localizar el radio de la Guardia Nacional somocista y también el medio electrónico radial usado por la estructura político-militar del Frente Interno del FSLN, en Managua. Manuel Barrantes Rueda, padre, venía organizado desde los tiempo de Movilización Republicana. Así que él mismo era la mejor escuela de lucha para sus hijos.

También escuchaban Radio Sandino clandestina en ese radioreceptor, mencionado arriba,  de Manuel Barrantes Rueda.

Manuelito Barrantes hijo era algo así como un especialista en conseguir los materiales químicos y físicos para fabricar bombas de contacto en coordinación con otros colaboradores, entre los cuales estaban “Tigre” Pavón del Barrio Larreynaga. Pavón tenía una fábrica de bombas y cohetes del Puente El Edén tres cuadras al Oeste.

Dentro de la casa, padre e hijo y otros Combatientes Populares, tenían un hueco, en el cual colocaban materiales explosivos y las bombas de contacto, ya elaboradas para ser usadas contra patrullas de guardias somocistas genocidas en toda la Zona Oriental-norte de Mangua.

A la orilla del hueco estaba un perro bravo amarrado, llamado “Lobo”,  para que nadie se acercara. Manuelito Barrantes hijo también tenía como misión fundamental conseguir medicinas y medios para aplicar “Primeros Auxilios”  a heridos.

Lleva bombas de contacto y medicina en Repliegue

Al producirse el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, Manuelito hijo todavía llega a la casa de su padre, llena una caja con medicinas y otra caja con bombas de contacto; se puso unas botas nuevas; su madre, Rosa María Miranda, le aliñó una colcha en una bolsa, un pantalón, una camisa, varios pañuelos, un calzoncillo; y ceremonioso, antes de salir de la casa, les dijo a su padre y a su madre: “Tomen este dinero, compren comida, cuídense… vamos en Repliegue, no sé adónde, ¡volveremos¡”.

Manuel era el hijo menor. También estaban integrados a la Insurrección y se fueron en el Repliegue de Managua Masaya: Mario, Víctor y Marvin. Mario tenía responsabilidades de jefe guerrillero en la Insurrección y también en el Repliegue. Los cuatro llegaron a despedirse de sus padres, cuando eran las seis de la tarde del 27 de junio de 1979, día  y noche en que se inició el Repliegue de Managua a Masaya.

La versión de sus hermanos es que iban juntos al salir el Repliegue de Managua a Masaya. Al llegar a “Piedra Quemada”, por el feroz y mortal bombardeo de la Guardia Nacional somocista genocida, se separaron.  Manuel, debido a que era nervioso por ser el más joven, presuntamente no siguió las instrucciones que daban los jefes: Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano, Walter Ferrety Fonseca, Joaquín Cuadra Lacayo y Osvaldo Lacayo Gabuardi, de que todo mundo permaneciera “pecho en tierra” contra troncos, piedras grandes y en zanjas, para evadir un poco los charneles de las bombas, y debido a eso, posiblemente, fue impactado por los explosivos en el lado Norte de  “Piedra Quemada”.

Al llegar a Masaya, sus tres hermanos, estaban desconsolados. Víctor llegó primero a Masaya. Al volver a Managua el 19 de julio de 1979, sus tres hermanos sobrevivientes trajeron a sus padres la noticia de  la desaparición de Manuelito.

Don Manuel se fue a “Piedra Quemada” con una foto de Manuelito, para mostrársela a campesinos de ese sitio Norte del Volcán Masaya, y de ese modo, dio con su cadáver. La versión campesina indica que Manuelito iba con una muchacha ya casi cruzando hacia la Carretera a Masaya, cuando fueron descubiertos por el piloto somocista asesino, quien les descargó su carga mortal de rocktte y los mató a los dos.

El campesino no identificado tomó los cadáveres, los metió en una zanjita rocosa y los cubrió con piedras y arenas del mismo Volcán Masaya. Allí estaban los dos cuerpos. Don Manuel no supo quién era la muchacha. No tenía el dinero en el bolsillo. La colcha que su madre le aliñó a Manuel, la tenía encima, como para cobijarlo. Don Manuel, su padre, lo reconoció por el pelo y las muelas, las cuales tenían calzas recientes; por un anillo de oro, por sus botas recién estrenadas.

Don Manuel y su esposa, ambos con más de 80 años de edad, residen en la Colonia Nicarao, del llamado “Cacique Nicarao”, tres cuadras  al Lago, segundo callejón al Oeste, casa número E-447. Sus hijos sobrevivientes: Mario es mayor retirado del Ejército, Víctor Hugo es teniente retirado del mismo Ejército, y presidente de una Asociación de Militares Retirados. Tienen el teléfono: 22498269.

 Aristeo “Sebastián” Benavidez y Carlos “Paco” Miranda

Aristeo “Sebastián”  Benavidez y Carlos “Paco” Miranda se hicieron conocidos en la marcha del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, porque ambos cayeron heroicamente durante un combate contra una patrulla de guardias somocistas genocidas unos 150 metros antes del Cruce de Veracruz, en medio de un plantío de chagüites, donde los soldados GN asesinos estaban escondidos con una ametralladora calibre 50, montada en un camión. Aristeo Benavidez era cuadro orgánico o militante entrenado y probado del Frente Sandinista clandestino

El llamado Cruce de Veracruz es en realidad un cruce de caminos con la Carretera que va de la Comarca Veracruz, Municipio de Nindirí, hacia el Puente de Ticuantepe, del Municipio de Ticuantepe, en la Carretera a Managua-Masaya.

Eran un poco después de las seis de la mañana del 28 de junio de 1979. En ese sitio se desplazaba sigilosamente  el grueso del Repliegue Táctico de Managua a Masaya. Todos, sin excepción, íbamos hurgando con las miradas nerviosas por entre árboles,  chagüitales (plátanos, guineos, bananos) y matorrales en las cercanías del Cruce de Veracruz.

Aristeo “Sebastián” Benavidez y “Paco” Miranda, dos diestros Jefes Guerrilleros, formaban parte de un grupo selecto de combatientes que iban en la vanguardia, explorando, limpiando el camino de guardias somocistas genocidas, de “orejas”, “soplones” y “paramilitares”, cuando, repentinamente, explotó una balacera sonora que cortaba matorrales y ramas por centenares.

Precisamente, en ese momento, en medio del tiroteo, apareció William “Aureliano” Ramírez Solórzano, miembro del Estado Mayor General del Frente Interno, con un fusil automático en las manos, desplazándose  agachado, rápido como una gacela, dando órdenes de que todo mundo se tendiera “pecho en tierra” en el suelo, y a la vez distribuyendo a los mejores combatientes para que hicieran un anillo militar en torno al sitio en que se escuchaba que estaba vomitando balas por centenares la ametralladora calibre 50.

El combate o balacera duró unos siete minutos. Los matorrales y arboleda nutrida impedían ver lo que realmente estaba pasando, y además, todavía estaba un poco oscuro, pues el Sol  no iluminaba totalmente.

Se supo después del combate rápido que Aristeo y “Paco” Miranda estaban con sus fusiles automáticos, disparándolos, parapetados en árboles, en la primera línea de fuego en contra de los guardias somocistas genocidas.

Este combate rápido sacudió y alarmó a todos los integrantes del Repliegue Táctico de Managua a Masaya. No se supo cuántos guardias eran, pues huyeron entre los matorrales hacia el lado Norte de Veracruz.

Tres caídos y Aristeo con la cara partida

No se oyeron más disparos. Al concluir la balacera, un grupo de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares aparecieron en medio de los matorrales cargando tres cuerpos sin vida. A los Jefes y Combatientes se les notaban los ojos llenos de lágrimas y al mismo tiempo, furiosos porque habían caído heroicamente tres compañeros, dos ellos jefes  guerrilleros valiosísimos.

El tercer cadáver, perforado por las balas de la ametralladora calibre 50, era de un jovencito Combatiente Popular del Barrio Riguero Norte y de la Colonia Nicarao, llamado Juan Ramón “Ringo” Rizo Villagra.

Los tres ellos, Aristeo “Sebastián”, “Paco” Miranda y “Ringo” Rizo, se enfrentaron prácticamente a pecho descubierto a la patrulla de asesinos GN en medio del chagüital, matorrales tupidos y hierbas crecidas.

“Ringo”, “Paco” y “Sebastián”  Benavídez, con su accionar valiente y decidido evitaron, posiblemente, una matanza mayor del grueso del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, pues en ese momento, en ese sitio lleno de chagüites y matorrales, estábamos el grueso de la marcha revolucionaria hacia Masaya, quizás unos cuatro mil managuas.

Uno de ellos, Aristeo, tenía la cara partida por un balazo de la ametralladora calibre 50.  La noticia de los tres caídos se propagó como hilo de pólvora agarrando fuego. Virtualmente, todos los participantes en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya estábamos allí en ese momento, en el Cruce de Veracruz, antes de meternos en una encajonada, rumbo a “Piedra Quemada”, en el Complejo Volcánico del Volcán Masaya.

No podíamos ir cargando muertos. Esa era la orden del Estado Mayor del Frente Interno. La carga de heridos era de casi 200, entre hombres y mujeres, todos jóvenes, algunos casi niños.

Sepultados al pie de un ceibo

“Aureliano” Ramírez Solórzano ordenó que los tres revolucionarios sandinistas caídos fuesen sepultados al pie de un árbol de ceiba. Un árbol antiguo, de raíces profundas. Se hizo una zanja, de forma rápida, y ahí quedaron sepultados.

Pregunté cómo se llamaban y no fue posible saberlo en aquel momento. Casi todos los participantes del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, de los días 27, 28 y 29 de junio de 1979, no daban sus nombres, y eran conocidos sólo por seudónimos, o sencillamente, ni seudónimo, ni nombre alguno.

Fue hasta que el Diario BARRICADA del 31 de agosto de 1979, en su página tres, publicó una nota periodística sobre Aristeo “Sebastián” Benavidez, pude darme cuenta que se trataba de uno de los dos caídos en combate frontal contra la guardia somocista genocida en el Cruce de Veracruz.

Fue varios años, quizás 12 años después del 28 de junio de 1979, que Alejandro “Comandante Huesito” Mairena Obando, me dijo que el segundo caído en combate en el Cruce de Veracruz era Carlos “Paco” Miranda.

Y fue 36 años después, cuando investigaba sobre los caídos en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, que pude establecer claramente que el tercer caído fue Juan Ramón “Ringo” Rizo Villagra.

Aristeo Benavidez era de Estelí, del Barrio San Antonio; y “Paco” Miranda era de Matagalpa, supuestamente del Barrio Guanuca. Los tres cadáveres fueron recuperados, porque la inmensa mayoría de replegados sabíamos que habían sido enterrados al pie del ceibón, situado a unos 100 metros al Oeste del Cruce de Veracruz.

Aristeo era un cuadro extraordinario del FSLN en Estelí, Matagalpa y Managua

Según parte del historial publicado por BARRICADA en agosto de 1979,  Artisteo Benavidez era un cuadro orgánico o militante del Frente Sandinista clandestino,  formidablemente bien preparado desde 1971. Poseía entrenamiento militar guerrillero, preparación política e ideológica, estudiaba historia y analizaba cuidadosamente lo que ocurría en Nicaragua con la opresión militar somocista genocida.

Sin embargo, su integración plena, total a la lucha, se efectúa hasta en los primeros meses de 1977, en Estelí. En la Ciudad y en el Campo distribuye propaganda política y armada, participa en mitines relámpagos en vecindarios y dentro de autobuses urbanos e Interlocales, en Estelí, en Matagalpa y en Managua.

Participa en emboscadas a patrullas de la guardia somocista, gestiona casas de seguridad para Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, organiza buzones de armas en Estelí, se especializa también en fabricación de explosivos, y al mismo tiempo hace labor de correo clandestino del FSLN en el Norte de Nicaragua.

En el mismo año 1977 lo meten preso en Estelí por quebrar los vidrios de una camioneta de un político somocista. Los vecinos de su Barrio San Antonio gestionan para sacarlo de la cárcel y lo logran. Después caen presos varios vecinos, y entonces es él quien se mete a realizar gestiones para que sus amigos y vecinos sean liberados de las cárceles somocistas.

La persecución de la opresión somocista en su contra, no se ha terminado. En el mismo año 1977, según el relato periodístico de BARRICADA, la guardia lo vuelve a meter preso, y ahora lo obligan a recorrer calles, preso por supuesto, para que señale dónde están escondidos el doctor Alejandro Dávila Bolaños,  Marcelino Valenzuela y Luis Irías, todos de Estelí y buscados por el somocismo genocida. No logran sacarle ninguna información vinculada al quehacer del FSLN clandestino, a pesar de la hirientes torturas que le aplican en los comando opresivos y sanguinarios de la GN somocista.

Logra salir libre. En septiembre de 1978 aparece con su hermano Rodolfo metido en la Insurrección de Estelí, precisamente, en septiembre de 1978. En esos días es nombrado por el Frente Sandinista clandestino, encabezado por el “Zorro” Rivera, como Comandante de una escuadra de Combatientes Populares, la cual él ubica en la “Ladrillería Hermanos Rayo”.

La Insurrección de Septiembre en Estelí, así como en el resto del país, fue como un gran ensayo de lo que pasaría después con la Insurrección u Ofensiva Final de junio de 1979.

Al participar en la Insurrección de Septiembre de 1978, Aristeo Benavidez aparece con el nombre de “Comandante 13”. Los participantes en esta Insurrección  se ven obligados a retirarse, pues ya habían cumplido sus objetivos de hostigar a la guardia somocista genocida, de poner a prueba el arrojo de los Combatientes Populares y los deseos de la población de lanzarse definitivamente a la lucha armada, para derrumbar a la tiranía  de Anastasio Somoza Debayle.

Con los insurrectos, encabezados por Jefes Guerrilleros antiguos, subieron a los cerros de los alrededores de la Ciudad de Estelí, para evadir a los guardias criminales.

Benavídez con dedo cercenado en asalto a la Pepsi-Cola

En enero de 1979, refiere el reportaje indicado de BARRICADA, trasladan a Aristeo Benavidez a Managua, para realizar operativos político-militares de gran envergadura.

Y efectivamente, es uno de los integrantes de la escuadra guerrillera del FSLN clandestino que asaltó la casa de José “Papa Chepe” Somoza en la Loma de “Chico Pelón”, situada de la Shell de Ciudad Jardín al tope Norte, en el barrio Los Ángeles, en Managua.

Ese asalto a la casa de “Papa Chepe” Somoza, hermano de Anastasio Somoza Debayle, dio como consecuencia una enorme recuperación de armas de guerra, incluyendo artillería pesada, más municiones y pertrechos militares.

Además, Aristeo Benavidez, en estos primeros meses del año 1979, trabajó también como agitador sindical en la Carretera Norte, en Managua,  y distribuidor de propaganda política y armada entre trabajadores fabriles y pobladores barriales.

Es nombrado jefe de varias escuadras que hacen “tomas militares y propagandísticas” relámpagos en numerosos vecindarios de Managua, entre otros Waspán, Santa Rosa, Blandón (Costa Rica), Larreynaga y Bello Horizonte.

En mayo, ya a las puertas de la Insurrección u Ofensiva, al mando de una escuadra militar del FSLN clandestino aparece Aristeo Benavidez asaltando la empresa trasnacional PEPSI-COLA, ubicada de la Shell Waspán varias cuadras al Sur. Hace recuperación económica o de dinero, y en su discurso ante los trabajadores de la PEPSICOLA afirma que esa escuadra es del “Movimiento Pueblo Trabajador”.

En la balacera en la PEPSICOLA resulta herido en una mano y pierde  un dedo, pero a pesar de eso, no ceja en el asalto y tampoco retrocede para echarse el discurso frente a los trabajadores, mientras un hilillo de sangre chorreaba de su mano hacia el piso.

Ya en plena Insurrección, tomando en cuenta sus cualidades de Combatiente extraordinario, es designado jefe de una “Unidad Móvil de Combate José Benito Escobar Pérez”, con la cual realiza combates en Ducualí, en El Dorado, en Larreynaga, en El Edén, en el Barrio Blandón (Costa Rica), y le asignaron también un papel significativo para que esta “Unidad Móvil de Combate José Benito Escobar Pérez” fuese una de las que participara en la destrucción definitiva de la superodiada “Treceava Sección de Policía”, en la que estaba el multiasesino y torturador de la guardia somocista genocida, Alberto “Macho Negro” Gutiérrez.

Aristeo era un maestro en el manejo de armas

Era un Jefe Guerrillero valiente, inteligente, intrépido, audaz, cuidadoso en su accionar combativo, y esas cualidades las demostró una vez más al ocurrir un combate feroz con la Guardia Nacional en el Barrio San Cristóbal, donde a punta de temeridad, audacia y certeza en disparos y ráfagas de ametralladora, le arrebató una tanqueta artillada a los soldados criminales de la dictadura somocista.

Entre sus compañeros de combate se decía que era como “un maestro en el manejo de armas de todo tipo, y, sobre todo, cómo disparaba con tanta certeza, sin desperdiciar municiones”.

Sus armas favoritas en los combates en la Zona Oriental de Managua eran un fusil fal y una pistola calibre 32. Se las ingeniaba para conseguir los tiros, y se ufanaba de que él, con su escuadra, le quitaba las armas y municiones a los guardias somocistas genocidas.

Con ese fusil fal y la pistola 32 se enfrentó a la patrulla de la GN, que con una ametralladora calibre 50 parecía estar emboscada en ese chagüital del Cruce de Veracruz.

El relato de BARRICADA del 31 de agosto de 1979 indica que Aristeo “Sebastián” Benavidez cayó allí, en el cruce de Veracruz, durante ese combate mencionado. Carlos “Paco” Miranda era Jefe Guerrillero de Matagalpa, y sinceramente sobre él no conseguí muchos datos en torno a su vida.

Los guardias criminales huyeron. El Repliegue Táctico de Managua a Masaya perdió en el Cruce de Veracruz a tres de sus mejores Combatientes Populares e hijos revolucionarios. Se recuperaron la ametralladora y el camión en que estaba montada sobre un trípode. El camión estaba lleno de tiros variados, especialmente para la ametralladora calibre 50. También había en el camión una enorme cantidad de paquetes de cigarrillos y monedas de distintos valores en córdobas.

Esta ametralladora calibre 50 en manos del Estado Mayor del Frente Interno y de los replegados se convirtió en un elemento valiosísimo para mantener muy elevados a los helicópteros que lanzaban bombas de 1,000 libras y a los Push and Pull, lo cual, de alguna manera, contribuyó a que hubieran menos muertos y heridos en el lado Norte de “Piedra Quemada”, frente al Volcán Masaya.

BARRICADA indicaba que los restos de Aristeo Benavidez habían sido llevados a Estelí, para sepultarlos allá con los honores correspondientes.

Sobre Aristeo Benavidez se le puede consultar al Comandante Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz y a Frank “Machillo” González Morales, coordinador de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador”, situada de la “Racachaca” cuadra y media al Sur, en el Barrio Altagracia.

 Miguel Ángel Bonilla Obando

Miguel Ángel Bonilla Obando era un intelectual universitario encumbrado, de 33 años, rebelde, revolucionario, antisomocista y educador profundo y labrador de conciencias con sus discursos conmovedores en los auditorios de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, en Managua; y en centros fabriles capitalinos y fuera de Managua.

Esto ocurría por su posición política revolucionaria contra la tiranía somocista  genocida, mientras al mismo tiempo era presidente del Frente Estudiantil Revolucionario (FER) y del Centro Universitario de la Universidad Nacional (CUUN).

Miguel Ángel Bonilla Obando era profesor de inglés en el Recinto Rubén Darío, de la UNAN-Managua. Había sido antes maestro en colegios famosos como el Miguel Ramírez Goyena,  en el Instituto Maestro Gabriel, en el Colegio Calasanz, en el Instituto Pedagógico de Managua y en el Instituto Faustino Sarmientos.

Además, como su familia era pobre y su padre había fallecido cuando él estaba en el vientre de su madre, Miguel Ángel Bonilla Obando se había graduado también como técnico básico en electricidad  y refrigeración en el Instituto Técnico Vocacional, ubicado siempre de La Subasta hacia el Norte, en la orilla del Lago de Managua.

Discursos como imanes electrizantes

Para los estudiantes luchadores de la UNAN-Managua y en León, también en la Universidad Centroamericana, era como un imán repleto de conciencia política antisomocista hacerse presente a los auditorios, especialmente el Fernando Gordillo, cuando Miguel Ángel Bonilla Obando iba a pronunciar un discurso, o sencillamente haría una disertación académica, porque siempre la convertía en un poderoso y coherente discurso político antisomocista y antidictatorial.

Miles de estudiantes universitarios y de secundaria se veían sacudidos positivamente para meterse en la lucha política y armada antidictatorial cuando escuchaban a este recio intelectual revolucionario, formado en la lucha a punta de sacrificios personales y colectivos en la Universidad Nacional Autónoma (UNAN) y en centros fabriles de Managua, León, Carazo y Chinandega, adonde también acudía invitado para pronunciar discursos encendidos en contra de la opresión-yanqui-somocista de más de 40 años en  Nicaragua.

A esos auditorios de la UNAN-Managua acudía a escucharlo y verlo el niño Mártir Luis Alfonso Velásquez Flores. Después de oírlo, Luis Alfonso Velásquez Flores se subía a un asiento para hacerse ver, e imitaba a Bonilla Obando lanzándose una arenga en medio de la multitud estudiantil universitaria, la cual se ponía de pies y los aplaudía largamente.

Recuerdo una vez que Luis Alfonso Velásquez Flores se subió a la azotea de uno de los pabellones de la UNAN-Managua, con un megáfono en mano, y desde  allí se lanzó un discurso antisomocista encendido ante centenares de estudiantes universitarios, instándolos a continuar la lucha, a organizarse, a entrenarse para enfrentar militarmente al somocismo genocida. Abajo del pabellón estaba Miguel Bonilla Obando observando a Luis Alfonso y aplaudiéndolo.

Labrador de conciencia política

Se puede afirmar que Miguel Bonilla Obando jugó un papel excepcional en elevar la conciencia política y revolucionaria de varios miles de estudiantes universitarios y de secundaria, y de obreros fabriles y de pobladores, para que éstos se integraran a la lucha antisomocista sin vacilaciones, y con las armas en las manos.

Miguel Ángel Bonilla Obando aparece en el listado oficial de Mártires del libro “Porque viven siempre entre nosotros”, del Instituto de Estudios del Sandinismo; y de “Insurrección Sandinista Victoriosa y Repliegue Táctico de Managua a Masaya”, de Pablo E. Barreto Pérez.

La Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador” ubica a Bonilla Obando como otro de los caídos en la Jornada del Repliegue de Managua a Masaya (realizado los días 27, 28 y 29 de junio de 1979) porque también cumplía misiones designadas por el Estado Mayor del Frente Interno, encabezado por los Comandantes Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra Lacayo, en torno al Repliegue de más de seis mil managuas, que iban rumbo a la “Ciudad de Las Flores” o Ciudad de Masaya.

El testimonio de la dirigencia de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador” añade que Miguel Bonilla Obando regresó a su casa el 28 de junio, después de cumplir tareas de inteligencia y militares del Repliegue de Managua a Masaya. Se había ya acostado esperanzado de que la guardia somocista genocida no llegaría a buscarlo.

Sin embargo, numerosos guardias, “orejas” y soplones del régimen somocista genocida llegaron pateando las puertas de su casa, y se metieron a sacarlo para matarlo atrozmente, como acostumbraban, dentro de su vivienda, donde lo balearon y luego de forma feroz lo remataron estampándole bloques y ladrillos en la cabeza y en todo el cuerpo. Seguramente creían que matándolo detendrían el derrumbe del régimen sanguinario somocista.

Es conocido en Managua que hay una Colonia con su nombre, ubicada en el costado sur de la UNAN-Managua. Esta Colonia antes se llamaba ZOGAIB, y sus casas eran de guardias somocistas genocidas.

Su hermano Jorge A. Bonilla Obando, residente en Estados Unidos, escribió un esbozo biográfico sobre Miguel Ángel Bonilla Obando, el cual presentamos textualmente:

Jorge A. Bonilla Obando*

Miguel Ángel nació el 31 de marzo de 1946, en Managua, en la casa número 21 de la Colonia Somoza. Fue el quinto hijo de nuestros padres: Antonio Bonilla Cárcamo, de Nandaime, líder obrero; y Zoila Sebastiana Obando Trejos, ama de casa, nacida en Managua.

Cuando nuestro padre falleció, el 3 de enero de 1946, Miguel estaba en el vientre de su madre. Pienso que este nacimiento, sin el cuido y protección de su padre, con una madre viuda, sola y con la carga ya de cuatro niños, determinó que Miguel se desarrollara en la vida como una persona capaz de todo, independiente, audaz, hábil, cariñoso, sencillo, siempre sonriente y amable.

Miguel estudió en varias escuelitas que había en la Colonia Somoza y sus alrededores. En la Escuela Normal Central de Varones terminó sus estudios de primaria, y sus estudios de secundaria los realizó en el Instituto Nocturno Miguel de Cervantes, en Managua. Paralelamente estudió electricidad y refrigeración en el Instituto Técnico Vocacional, cuando salió de este centro tenía 15 años de edad.

Su madre y su hermano mayor, Ciro, trabajaban duro para alimentar y educar a la tropa Bonilla Obando. Durante los años 1959 al 63 estudió inglés y viajó a Estados Unidos varias veces donde unos primos que vivían en Los Ángeles. Luego trabajó como profesor en los Colegios Calasanz, Maestro Gabriel, Pedagógico de Managua, y el Colegio Faustino Sarmiento.

Su filosofía se nutrió de los escritores hispanoamericanos, los clásicos del viejo mundo, y de la vanguardia, además del existencialismo de Sartre y Camus. Su mentalidad de combatiente intelectual fue marcada por su lectura, los movimientos políticos posteriores a la Segunda Guerra Mundial, y la Revolución de Fidel Castro (en Cuba).

El 21 de febrero de 1967, frente a casi 1,600 personas, en el Instituto Ramírez Goyena, dio el discurso de su graduación de bachiller, y su voz y su pensamiento político contra la tiranía de Tacho Somoza Debayle marcaron el proceso de un nuevo político e intelectual que iba a apuntalar la Revolución de Nicaragua.

Profesor de inglés en la UNAN-Managua y aglutinador de multitudes

Los años del 72 al 79 fueron acelerados para Miguel. Participó en diversas organizaciones anti-somocistas que le nutrieron políticamente.  Para esa época se convirtió en profesor de inglés en el Recinto Universitario Rubén Darío, y continuó su carrera de sociólogo que no pudo certificar por su muerte en la guerra.

Fue en este período presidente del Frente Estudiantil Revolucionario (FER) y del Centro Universitario de la Universidad Nacional (CUUN). Participó en las protestas beligerantes y peligrosas contra el régimen, viajó continuamente a los departamentos a reuniones con estudiantes, obreros y empresarios que promovían la caída del somocismo.

La familia sufría por Miguel. Su madre y su tía Felipa, pasaban días tristes y llenos de angustia, esperando que él regresara de pronto y sigilosamente a la casa de las Delicias del Volga. Para las primeras horas del terremoto del 72, desapareció de momento y volvió hasta las 6:30 a.m. a la casa de doña Tana, nuestra madre, diciendo que estaba con la Cruz Roja socorriendo a las familias de los muertos y heridos en Managua.

A partir del año 74 hasta 1979 nadie faltaba a los discursos de Miguel en la UNAN-Managua. Su voz fue el mensaje sólido, emocionante, vibrante y profundo de un líder político, con fuerza y contenido filosófico, que penetró en la comunidad estudiantil y profesorado, coadyuvando para acelerar la victoria sobre el militarismo.

El módulo Fernando Gordillo de la UNAN, fue el principal escenario de su ideología y pasión revolucionaria. Ese lugar explotó centenares de veces de júbilo, esperanzas y vigor nacionalista. Nicaragua tenía entonces un líder genuino, joven, valiente, lleno de vigor, honesto, íntegro y autóctono, con el compromiso de ver a las nuevas generaciones viviendo en un mundo social más digno y conveniente para los tiempos modernos. Continuó trabajando en el Recinto Universitario Rubén Darío hasta su muerte.

Después de la toma de la casa de Chema Castillo, estuvo con mi esposa Heidi y yo, en nuestro hogar de la Colonia Centroamérica, los agentes de la Guardia lo buscaron durante un mes. En 1979 lo miraba pocas veces, algunas veces donde mi mamá o donde Ileana Ordóñez, su compañera y madre de sus dos hijas Ilvaleska y Stuchenka. Un día había un gran tiroteo cerca de Jardines de Veracruz, yo iba caminando y él me alcanzó, no sé de dónde venía, y nos fuimos en su carro por las calles de la Colonia 14 de Septiembre, me dejó en la casa y no supe dónde fue después. Me dijo, cuídese licenciado que la cosa arde y viene la etapa final. Sus manos estaban sudadas, como siempre. Me sonrió con una preocupante expresión que venía de su alma, y sus ojos grandes y muy negros que jugaban en conjunto con su juvenil sonrisa, trataron de decirme que no me acercara mucho a él, porque el peligro estaba cerca.

Miguel y yo fuimos los pequeños de nuestra familia, siempre estuvimos muy juntos, yo canté con él en las casas de los amigos, en los cumpleaños de nuestra familia, conversábamos de la revolución que se desarrollaba, pero nunca me comunicó, con grandes detalles, qué estaba haciendo.

El 26 de junio del 79 hablé con él, eran las 8:15 pm. Me dijo que había un “cachimbeo” terrible en toda la avenida del Ejército, desde hace muchos días. Él estaba en la casa de mi mamá, ahí estaba también mi hermano Gonzalo, quien estuvo con él más tiempo en los días de la guerra.

El 28 de junio me encontraba en Juigalpa con mi familia. A las 7:30 p.m. mi cuñado, Barney Montiel, me avisó de su muerte. Desde ese momento traté de salir para Managua. Fue imposible, nadie tomaba las carreteras, yo no tenía gasolina y nadie me quiso llevar a Managua. Horas continuas lloré a mi hermano menor y no podía aceptar esta terrible verdad. El dos de julio pude, con ayuda de mi cuñado Luis Duarte, llegar a la casa de mi mamá, ella estaba destrozada, y me dijo: “Mataron a mi muchachito, fue terrible Jorgito”. Nos quedamos ese momento abrazados en el centro de la casa, yo temblaba y lloraba como un niño, sentía a mi madre profundamente desbaratada.

En la casa estaban los vecinos rezando el rosario, también estaban mis tíos Felipa y Benjamín, y mis hermanos. Yo regresé ese día a Juigalpa, mi hermano Gonzalo me dijo que no era conveniente quedarnos mucho tiempo en la casa, pues la Guardia rondaba el vecindario, pero también mis hermanos ahí corrían riesgo, quizá la idea era evitar que se agrandara nuestra tragedia.

Asesinado atrozmente por guardias crueles y sanguinarios

Según mi hermano Gonzalo, que en paz descanse, quien posteriormente reconstruyó el brutal asesinato, el 28 de junio de 1979 Miguel ya estaba acostado cuando los guardias entraron empujando la puerta. Miguel se sobresaltó y se levantó. Mi madre grita ¿Qué pasa? Miguel la aparta a un lado. La tía Felipa de 91 años, se levanta de su silla y toma su andarivel que le sirve para caminar. Los guardias preguntan si él es el profesor Bonilla, él responde que sí y los invita a sentarse, pretendiendo que esos animales dialoguen. Ellos le ordenan que se ponga la camisa y los acompañe.

Miguel trata de hacer uso de subterfugios prometiéndoles que se presentará al día siguiente donde le indiquen. No hay trato –le dice uno de ellos– ¡o se va con nosotros o lo llevamos a verga! Él se opone. Trata de alegar sus derechos. Pide incluso, el pobre, la orden de detención, sabiendo que para esta gente eso era inexistente. Uno de ellos lo hala del cabello, que usaba bastante largo. Otro lo aferra de la faja del pantalón y otros dos lo empujan con sus metralletas puestas en sus costillas, sacándolo hasta la puertecita del porche. Él se resiste, aferrado a la puerta, en un lógico momento de rebeldía ante la inevitable tragedia que está viviendo.

Ve a su mujer en la acera de enfrente y en un impulso irrefrenable se impulsa hacia atrás, en un momento se libera de los verdugos. Dos de ellos caen al piso, otros dos se abalanzan sobre él y uno de ellos dispara su arma. Él se inclina hacia delante, el balazo le penetró al lado derecho de la pelvis. Otro de los atacantes toma un bloque de concreto y le da golpes en la parte inferior de la cabeza. Él se resiste aún, otro de los esbirros toma otro bloque y con gran saña le golpea por la espalda. Luego otro le dispara en la región del brazo. Luego uno de los asesinos le da el golpe máximo, con un ladrillo en la cabeza. Ahí flaquea el Titán, y en un último esfuerzo por no salir de su casa, se libera un instante de sus agresores y corre hacia adentro, donde mi madre está tirada en el suelo, lo mismo que la tía, que han tratado de defenderlo, pero alguien penetró en la casa y se los impide, inutilizándolas con sus golpes.

Los asesinos persiguen a Miguel, uno de ellos de anteojos le dispara un balazo que se incrusta en la parte inferior de su ojo izquierdo. Este balazo fue innecesario, el gigante ya no lo necesitaba para dejarnos.

Hoy, yo soy el único hermano vivo de los Bonilla Obando. Pido a mis sobrinos y sus descendientes que recuerden a este hombre excepcional y único, que mantengan su llama encendida en sus corazones y en su vigor y decisiones, y hagan honor de su inteligencia, personalidad, carácter, alegría, humanismo, sencillez y tranquilidad.

*El autor es economista, único hermano vivo de Miguel Bonilla Obando. Vive en Estados Unidos.

 Eva Margarita Bonilla Zúniga

Eva Margarita Bonilla Zúniga era una muchacha de 15 años. Había estudiado su primaria en el Colegio Madre del Divino Pastor, en el Barrio Altagracia. Era alegre y profundamente analítica de la realidad nacional y estaba estudiando secundaria en el Colegio Teresiano.

Vivía con sus padres en el Reparto El Dorado, donde se instalaron, muy cerca de su casa,  los tres miembros del Estado Mayor General del Frente Interno del FSLN todavía clandestino en junio de 1979.

Sus padres son: Alfonso Enrique Bonilla López, catedrático universitario en la UNAN-Managua desde hacía mucho tiempo; y de la también profesora Celia Gloria Zúniga (o Celia Ráudez). La casa en que habitaban con Eva Margarita en El Dorado está alquilada actualmente.

Los datos biográficos sobre Eva Margarita Bonilla Zúniga fueron suministrados, mayoritariamente, por Josefina Bonilla, hermana mayor y profundamente admiradora de Evita; y por Francisco Javier Zúniga Alvarado, familiar cercano de los Bonilla Zúniga. Francisco Javier Zúniga Alvarado tiene los teléfonos: 86935885 y 88837592.

Le sobreviven sus hermanas mayores: Celia, Josefina y Glenda Bonilla Zúniga.

Eva Margarita cayó y desapareció durante el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, a la altura de “Piedra Quemada”, Masaya, el 28 de junio de 1979, a la hora del bombardeo aéreo mortal de la Guardia Nacional somocista contra los replegados de Managua, según testimonian algunos de sus vecinos en el Reparto El Dorado, entre otros, el ingeniero Manuel Matus Méndez, y la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador”, encabezada por Frank “Machillo” González Morales y Juan Carlos Soza Aragón.

Esta muchacha extraordinaria, era una niña de apenas 15 años  cumplidos, se integró a una escuadra de Combatientes Populares del Barrio San José Oriental, donde participó en uno de los combates memorables el 21 de junio de 1979 contra la guardia somocista genocida, la cual entró al vecindario con varias tanquetas, ametralladoras calibre 50, lanzamorteros, con un grupo de infantería de más de 500 hombres y apoyo de la aviación, pero esos Combatientes Populares, sin entrenamiento militar formal, vencieron a los soldados del régimen dictatorial, los cuales se retiraron con sus muertos y heridos. Ese combate le costó al Barrio San José Oriental y vecindarios aledaños alrededor de 40 muertos y destrucción generalizada.

Mediante un escrito biográfico, su hermana Josefina Bonilla califica a Eva Margarita Bonilla Zúniga como una jovencita profundamente inquieta por las injusticias sociales y económicas impuestas por la dictadura somocista y el sistema imperante, a pesar de que era todavía una niña de apenas 15 años  recién cumplidos en febrero de 1979.

Eva Margarita era la hija menor de este matrimonio. Después del Terremoto de diciembre de 1972, la familia fue a vivir al Barrio Altagracia, donde Evita pasó a estudiar primaria en el Colegio Madre del Divino Pastor. Posteriormente fue ubicada en el Colegio Teresiano, donde comenzó a dialogar con sus amiguitas alumnas compañeras de clase sobre las injusticias sociales, políticas y económicas que imponía el régimen somocista.

Pronto pasó de las simples conversaciones a los discursos con ideas desafiantes, que contagiaban a sus demás compañeras de estudios secundarios, lo cual preocupaba a las monjas del Colegio Teresiano, indica Josefina Bonilla en su escrito sobre Eva Margarita Bonilla Zúniga.

Josefina asegura que Eva se organizaba de diferentes formas, en el Colegio y en el vecindario donde vivía, para discutir sobre el tema de la opresión dictatorial somocista en Nicaragua. La familia se pasó a vivir en el Reparto El Dorado, y ya en 1977, Eva Margarita  seguía de cerca al liderazgo clandestino del Frente Sandinista de Liberación nacional, y ella misma buscaba cómo contactarse con gente que estuviera cerca de las labores guerrilleras sandinistas clandestinas.

Horas tras horas leía, era amante de los libros, escuchaba radio, noticias, análisis sobre la realidad política nacional, escuchaba a su padre conversar con sus amigos profesores universitarios de la UNAN, sobre la insoportable “realidad nacional”. Leía los escritos del director del Diario LA PRENSA, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, devoraba escritos cristianos de escritores famosos sobre injusticias sociales y pobreza en el mundo, especialmente en Nicaragua, señala Josefina sobre su hermana menor.

Líder juvenil revolucionaria

En ese año de 1977, cuando ya están trasladados al Reparto El Dorado (donde se instalaron el Estado Mayor del Frente y el Estado Mayor Conjunto de Managua), en la casa número 272, indica Josefina, Evita pronto se convierte en la líder juvenil, en la guía de chavalos y chavalas de su misma edad (y de mayores edades), los mete a discusiones sobre la lucha social y armada del Frente Sandinista, se conseguía comunicados clandestinos del FSLN y los leía.

A esos chavalos y chavalas, incluso mayores que Eva, les decía que debíamos tener “Patria Libre o Morir”, “tenía sed y hambre de justicia”, enfatiza Josefina en su escrito, admirada profundamente de aquel comportamiento patriótico excepcional de su hermana menor, Eva Margarita Bonilla Zúniga.

“También le escribía al Padre Gabriel, quien estaba en Roma y había tenido influencia en Eva con sus sermones”, añade Josefina Bonilla.

Cuando los miembros del Estado Mayor del Frente Interno del FSLN clandestino, encabezados por los Comandantes Carlos Núñez Téllez, Joaquín Cuadra Lacayo y William Ramírez Solórzano, se instalan en el Reparto El Dorado, muy cerca de la casa de Evita, ella se acercó a conversar con ellos por donde era la casa de Lea Guido López, donde se instaló aquel Estado Mayor libertador en Managua.

Evita: Combatiente Popular multifuncional en la Insurrección

Cuenta Josefina en su escrito biográfico sobre su hermana Eva Margarita que ella personalmente, desafiando peligros atendía a los “compas”, les servía comida, les conseguía utensilios materiales de todo tipo, cuando la Insurrección ya estaba en lo fino en junio de 1979.

Con su familia, incluyendo su padre y su madre, Eva Margarita construyó refugios aéreos en El Dorado y en vecindarios aledaños para resguardar a niños, mujeres y ancianos de los bombardeos aéreos somocistas genocidas, mientras al mismo tiempo desafiante iba de un lado a otro en ayuda de Combatientes Populares, de los vecinos, e incluso ayudando a su abuelita discapacitada, en silla de ruedas.

La misma Eva Margarita se había procurado un aprendizaje de Primero Auxilios, en los meses anteriores, como si estuviese segura de que algo así como la Insurrección viniese pronto. En medio de los bombardeos y combates recios contra la Guardia Nacional somocista genocida,  Eva Margarita andaba curando gente herida, ayudando a trasladar esos heridos a los hospitales clandestinos del mismo Reparto El Dorado, en la Sagrada Familia en Ducualí y en los hospitales clandestinos México y Silvia Ferrufino de Bello Horizonte.

Mientras tanto, por el bombardeo aéreo mortal, el mortereo de la Guardia Nacional somocista genocida desde el Edificio Armando Guido, por ejemplo, en contra de todos los vecindarios insurreccionados, la familia de Eva decidió trasladarse adonde amigos, fuera del ámbito de la Insurrección en la Zona Oriental de Managua.

Eva Margarita Bonilla Zúniga, de apenas 15 años recién cumplidos, decidió quedarse dentro de la Insurrección y correr la misma suerte de centenares de miles de nicaragüenses que estaban siendo brutalmente masacrados por el régimen somocista, y que al mismo tiempo luchaban por derrocarlo.

De ese modo, aparece integrada en escuadras de Combatientes Populares en el Barrio San José Oriental, en el Barrio El Paraisito y en el Barrio “Campo Bruce” (hoy Rigoberto López Pérez), combatiendo frontalmente contra las tropas del tirano Anastasio Somoza Debayle.

Eva Margarita desapareció en bombardeo aéreo de “Piedra Quemada”

Eva Margarita no volvió a tener contacto alguno con sus padres, ni familiares, ni amigos conocidos en El Dorado, ni en Altagracia. Es en la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos del Frente Sandinista en donde aseguran que Eva Margarita se fue en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya y que desaparece en el bombardeo aéreo mortal en el lado Norte de “Piedra Quemada”, frente a la entrada del Volcán Masaya, en el Departamento de Masaya.

“Sus padres la buscaron día tras día por rincones de Nicaragua, cercanos y no cercanos a El Dorado. La buscaron en Barrios, puestos de mando y cualquier rincón, antes y después del 19 de Julio de 1979. Los padres, ayudados por sus hijas, Celia, Josefina, Glenda y amigos, desenterraron cadáveres junto con tantos padres y familias que buscaban a sus seres queridos desaparecidos durante años 78 y 79.

Se desenterraron centenares de cadáveres en la Ruta del Repliegue y otros lugares. La decisión final de su padre, de dar por fallecida a su hija Eva Margarita, fue cuando sacaron los restos humanos de una joven quinceañera de una letrina en Masaya y le dieron cristiana sepultura. No eran los restos de Eva Margarita, pero era tanto el dolor que ya no podía soportarse más. Sus padres decidieron que deseaban que así como ellos sepultaron cristianamente los restos de una joven, alguien hubiera tomado la acción similar con los restos de Eva”, escribe emocionada Josefina Bonilla sobre su hermana menor, aquella Evita Margarita extraordinaria, patriota ejemplar, hija de Sandino y de Carlos Fonseca Amador.

“El padre de Eva, don Alfonso, pidió a sus hijas que se integraran a la Cruzada Nacional de Alfabetización y otras tareas sociales en memoria de Eva y que trabajaran doblemente para hacer lo que  ella hubiera hecho”, agrega Josefina.

En diciembre de 1979 se inauguró una calle con el nombre de Evita Margarita en el Reparto El Dorado, donde destacaron su ejemplo extraordinario, pues a pesar de que apenas tenía 15 años dejó una huella patriótica imborrable en su familia, en amigos y vecinos.

Eva Margarita Bonilla Zúniga soñaba con ser doctora en medicina y catedrática universitaria como su padre.

A Josefina Bonilla Zúniga se le puede localizar en Nicasalud, situada del PHARAHOS media cuadra al Oeste. También se puede consultar a Francisco Javier Zúniga Alvarado en la sede del Movimiento Comunal Nicaragüense en San Judas, del Ceibo una cuadra al Sur y una cuadra y media al Este. Tiene los teléfonos: 86935885 y 88837592.

 Raymundo José Canales Baltodano

Raymundo José Canales Baltodano tenía 20 años al momento de estallar la Insurrección Sandinista en Managua y al producirse el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, el 27 de junio de 1979, en la noche, en el cual se fue y cayó en los alrededores de Nindirí, por charnelazos de los bombardeos aéreos GN contra los replegados capitalinos.

Según dirigentes de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador”, encabezada por Frank “Machillo” González Morales, este joven Canales Baltodano era uno de los cuadros más importantes de los Combatientes Populares en la Zona del Barrio Riguero, Colonia Máximo Jerez, Barrio “La Luz” (hoy Isaías Gómez), Barrio México y Paraisito.

Raymundo José Canales Baltodano, además, era de la “pelota” de unos 300 estudiantes rebeldes antisomocistas del Instituto Maestro Gabriel, donde estudiaba su quinto año de bachillerato.

Según sus hermanas Carmen María, Fátima, Aura Inés y Aurora, allí en el Instituto Maestro Gabriel, situado entre los Barrios Larreynaga y San Luis Sur, Canales Baltodano entra en contacto con el grupo o tendencia de los Proletarios del Frente Sandinista en Managua, y al mismo tiempo lo ven en reuniones clandestinas con el “Machillo” González Morales, con Walter “Chombo” Ferrety Fonseca, con uno al que le decían “Muco” y otro al que llamaban “Chuga”, hijo de don Jesús Castillo, a quien también le dicen “Chuga”.

Doña Aura Lila Baltodano, de 83 años actualmente y con la memoria lúcida todavía, hace recordar que su casa, contiguo al Cine Trébol (cerca de los “Repuestos La Quince”), en el lado Noroeste del Barrio Riguero, tenía un patio enorme en el lado trasero, y  que lo mismo ocurría hacia el Oeste, Norte y Sur, lo cual permitía que su hijo Raymundo José y estos Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros se reunieran de forma clandestina en su vivienda, mucho antes de que estallara la Insurrección Sandinista en los Barrios Orientales-norte de Managua.

Recuerda esta Madre que su hijo Raymundo José convirtió su vivienda en Casa de Seguridad y Buzón de Armas, pues el grupo había acondicionado en el patio del fondo para hacer reuniones y hasta construyeron una zanja, en la cual escondían armas, municiones, bombas y propaganda escrita en mimeógrafos, pues su hijo Raymundo José hasta estos mimeógrafos llevaba a la casita, para hacer impresiones propagandísticas conspirativas.

Don José Canales Montano, ya fallecido hacía varios años, padre de Raymundo, conocía de las actividades de su hijo y se las apoyaba, afirma doña Aura Lila Baltodano.

Según Fátima Canales Baltodano, una de las hermanas menores de  Raymundo José, este y el grupo de Combatientes Populares se reunían en su casa de noche y de día, y dichosamente la guardia somocista genocida nunca detectó la Casa de Seguridad, ni el Buzón de armas, ni las reuniones que se hacían en el patio del fondo de la casa, ubicada unos 50 metros al Este de la Rotonda Cristo Rey, pegado adonde fue el Cine Trébol.

Recuerdan Aura Lila Baltodano y Fátima Canales Baltodano que ya en plena Insurrección de junio de 1979 llegaron a su casa, en compañía de Raymundo José, los Comandantes Joaquín Cuadra Lacayo y Walter “Chombo” Ferrety Fonseca.

Su madre, su padre y sus hermanas menores sabían que Raymundo José Canales Baltodano andaba cumpliendo misiones combativas en trincheras de combate, como correo clandestino, trasladando armas y municiones, y en ocasiones transportando a heridos en carretones de mano, pero ellas y su padre don José Canales Montano, ya fallecido, no sabían exactamente en qué lugares se movía Raymundo José Canales Baltodano.

Cuando el sonado combate de los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares en el Barrio Paraisito, “Campo Bruce” (hoy Rigoberto López Pérez) y el Barrio San José Oriental, contra una invasión de guardias somocistas genocidas, el 21 de junio de 1979, durante casi todo el día, Raymundo estuvo allí en ese combate, porque se los comentó cuando llegó a la casa “todo sucio, revolcado, con la ropa destruida porque se había arrastrado… se cambió de ropa, pidió comida, sacó armas y municiones del Buzón de armas y se volvió a ir… dijo que iba para el Reparto El Dorado”, relata Fátima Canales Baltodano.

Un poco antes de este combate sonadísimo, porque allí fueron destruidas tanquetas y tanques de la guardia sanguinaria, y Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez cayó herido gravemente, Raymundo José les llegó a contar cómo  la soldadesca de Anastasio Somoza Debayle había invadido el Barrio  Riguero con un contingente de más de 1,000 oficiales y soldados GN, y de cómo los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares los habían detenido y vencido en combates casa por casa en el Reparto El Dorado.

El 27 de junio de 1979, día del inicio del Repliegue Táctico de Managua a Masaya,  Raymundo  José llegó sofocado a su casa en la mañana. Comió, se bañó rápido, se vistió con una camisa camuflada o verdeolivo, se ajustó un pantalón azulón, se puso unas botas regulares que tenía, pidió comida para otros compañeros de trincheras de combate, y sólo comentó cuando salía por el patio trasero de la casa: “Se especula que vamos en retirada… no sé para dónde. Yo les aviso si me voy”.

Cuando eran las seis y media de la tarde de ese 27 de junio, su madre Aura Lila Baltodano, con las niñas menores, decidió ir a buscarlo adonde tenían una trinchera de combate en el Puente Paraisito. Ya no había nadie en ese sitio. Decidió ir a buscarlo a la Iglesia Sagrada Familia, en el Barrio Ducualí, porque ella sabía que allí había un comando sandinista. Se encontró con la novedad de que ya todos los Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros  se habían ido, pero no le dijeron hacia dónde.

Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y Civiles implicados en la Insurrección Sandinista de Managua, jefeados por los Comandantes Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano, Joaquín Cuadra Lacayo, Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz, Marcos Somarriba García, Walter “Chombo” Ferrety Fonseca, Osvaldo Lacayo Gabuardi, Mónica Baltodano Marcenaros, Raúl Venerio Granera, Rolando “Cara Manchada” Orozco Mendoza, entre otros, ya estaban llegando a la Calle de la Clínica Don Bosco, donde se produjo la salida del grueso del Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Allí en el arranque del Repliegue a Masaya estaba ya Raymundo José Canales Baltodano. Aura Lila Baltodano y sus hijas menores anduvieron indagando, en silencio, el 28 de junio en los barrios aledaños, y nadie les dijo nada. No supieron hacia dónde fue la Retirada de la que habló Raymundo José.

Al producirse el Triunfo de la Revolución Sandinista el 19 de julio de 1979, Aura Lila Baltodano fue al siguiente día 20 de julio a la Plaza de la Revolución a buscar a su hijo Raymundo José. Hurgó en miles de rostros, pero su hijo Raymundo no apareció.

Fue hasta el 22 de julio que una familiar, la tía Flor de María Montano,  le llegó a decir que unos muchachos guerrilleros le habían informado que Raymundo José Canales Baltodano había caído durante los bombardeos aéreos somocistas genocidas, en las cercanías de Nindirí, donde lo habían sepultado.

Buscaron a los informadores de la familiar mencionada, armaron una brigada en los últimos días de julio de 1979, fueron al sitio y “fue fácil encontrar el cadáver, pues hasta lo reconocimos de inmediato por la vestimenta que se puso cuando llegó a comer y bañarse el 27 de junio en la mañana”, comenta Fátima Canales Baltodano.

Su cuerpo está entre los sepulcros de los Héroes y Mártires del Cementerio Oriental de Managua, dice Fátima.

Aura Lila Baltodano, de 83 años, todavía está viva y sigue residiendo con sus hijas en la misma casa en que vivió Raymundo José Canales Baltodano, pegado adonde fue el Cine Trébol. En el sitio del Cine Trébol hoy está un Supermercado de La Colonia. Tiene el teléfono: 82744774.

 Alejandra Emelina Campos Escobar

Alejandra Emelina Campos Escobar era una muchacha de apenas 17 años, hija de un trabajador destacado en el Diario LA PRENSA, llamado Ramón Campos, ya fallecido, y de Socorro del Carmen “Coquito” Escobar Carballo, costurera y comerciante “por cuenta propia” desde siempre, en su casa del Barrio El Edén, del Cine Rex una cuadra al Norte y dos cuadras al Oeste.

Alejandra era estudiante de secundaria en la “Escuela de Comercio Patria”, de la Iglesia Santa Faz, en el Barrio Costa Rica, entonces llamado “Barrio Blandón”. No le conocieron seudónimo. Su madre se enteró de que andaba enrolada en la Insurrección Sandinista en la Zona Oriental de Managua porque le encontró apuntes en un cuaderno, en el cual argumentaba por qué razones se debía luchar con las armas en las manos, para derrocar a la dictadura somocista, y debido a que incluso mencionaba las tareas guerrilleras clandestinas conjuntas con su marido o esposo, Ronald Fisher Ferrufino, otro joven de la misma edad de ella.

Asimismo, en esos apuntes mencionaba el calvario que había sufrido el Comandante Tomás Borge Martínez cuando había sido hecho prisionero por la dictadura somocista genocida.

Ella, Alejandra,  mencionaba los seudónimos de “Aureliano” Ramírez Solórzano, “Roque” Núñez Téllez, “99” (Javier López), a “Chico Garand” Guzmán Fonseca, y por su nombre completo a Marcos Somarriba García.

Padre e hijas juntos en combates contra la tiranía somocista

Se enteró por la misma Alejandra de que también andaba en quehaceres guerrilleros clandestinos su hermana Josefa Campos Escobar, mayor que ella. Las dos salían juntas y por separado, durante la Insurrección, a cumplir tareas de correos, de combates en las trincheras y barricadas del Barrio Larreynaga, en el Puente El Edén, frente a la Fábrica Rolter y en la Esquina de Santa Rosa, frente al semáforo de  Portezuelo, en la Carretera Norte.

Su padre, Ramón Campos, también andaba integrado plenamente en tareas similares. “Así que padre e hijas andaban en la lucha armada para derrocar a la dictadura somocista, de lo cual me siento muy orgullosa”, comenta ahora “Coquito” Escobar Carballo.

Esta junta de lucha de padre e hijas, incluía al esposo de Alejandra Emelina, Ronald Fisher Ferrufino, con quien andaban juntos, combatían juntos, se repartían la poca comida que conseguían, se cuidaban mutuamente en todas las trincheras de combate en la Zona Oriental-norte de Managua, especialmente en El Edén, Blandón (Costa Rica), Larreynaga, Santa Rosa y Bello Horizonte.

Llegó el momento de la Retirada, o Repliegue Táctico de Managua Masaya,  y los cuatro, las dos mujeres y los dos varones, tomaron la decisión de irse en el Repliegue, aliñaron un poco de ropa, un poco de comida, medicinas, pastas y cepillos de dientes. No sabían hacia dónde iban, pero estaban seguros de que “era más seguro irse con los muchachos, con sus hermanos Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros, que quedarse en el Barrio El Edén y en la casa, porque sabían que los matarían. Yo también, con los niños menores, tuve que irme de inmediato hacia donde unos amigos. La casa quedó solita”, recuerda “Coquito”  Escobar Carballo, 38 años después de ocurrido el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Ramón Campos, sus dos hijas: Alejandra Emelina y Josefa y Ronald Fisher Ferrufino se juntaron con el resto de Combatientes Populares de El Edén, y marcharon hacia la Iglesia Sagrada Familia, en Ducualí (“Cuna de la Insurrección”), de donde marcharon a concentrarse en la Calle de la Clínica Don Bosco, en el Barrio Santa Bárbara (hoy Barrio Venezuela), para irse en el Repliegue a Masaya.

Junto a los seis mil replegados de Managua pasaron las peripecias de ir marchando dentro de cauces, evadiendo cuarteles y pasando por la orilla de esos mismos cuarteles de la Guardia Nacional somocista, pasaron  el combate con soldados genocidas en Veracruz, ya era 28 de junio en la mañanita, y finalmente llegaron al lado Norte de  “Piedra Quemada”, donde se registró el infernal y mortal bombardeo aéreo  contra el Repliegue Táctico de Managua Masaya, frente a la entrada antigua del Volcán Masaya.

Alejandra cae junto a su marido en “Piedra Quemada”

Ramón Campos y Josefa Campos Escobar, padre e hija mayor, contaron a “Coquito” Escobar Carballo que ellos dos se pusieron “pecho en tierra” en una zanja, para evadir los charnelazos, a eso de las doce del día, mientras Alejandra Emelina y Ronald Fisher Ferrufino, su esposo, corrían agachados en busca de otro refugio cercano,  e igualmente al pie de unas rocas, pero con tan mala suerte que, precisamente,  los charneles de una bomba de 1,000 libras los “partió” a los dos y cayeron encima de las piedras volcánicas erizas y puntudas del Volcán Masaya.

Los dos murieron casi instantáneamente. Andaban juntos, cayeron juntos, y estaban por tener un hijo, pues Alejandra Emelina estaba embarazada cuando se fue en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Según el relato de Ramón Campos y su hija Josefa, uno de los charneles le abrió el vientre a Alejandra Emelina. A Fisher Ferrufino, el rockette lo partió por la mitad del cuerpo. Como en el caso de otras decenas de caídos en “Piedra Quemada”, los cuerpos sin vida de Alejandra Emelina y Ronald Fisher Ferrufino, fueron colocados en oquedades casi superficiales y tapados con pedazos de piedras y arena volcánica regada en el sector de los 750 metros en “Piedra Quemada”, frente a la entrada antigua al Volcán Masaya, donde fue lo más horrible del bombardeo aéreo somocista genocida.

Su madre, “Coquito”, admiraba mucho a su hija Alejandra

Los restos de Alejandra Emelina y Ronald Fisher Ferrufino fueron rescatados un mes después. Según “Coquito” Escobar Carballo, parte de los huesos de Alejandra Emelina, los tiene guardados para que su hija Josefa y familiares los coloquen dentro de su ataúd, “cuando yo muera. Esa es mi voluntad. Mi hija Alejandra era admirable, extraordinaria”, dice “Coquito” Escobar Carballo.

La otra  parte de la osamenta  de Alejandra Emelina está sepultada en la misma tumba de Ronald Fisher Ferrufino, en el Cementerio Oriental de Managua. Ramón Campos y su hija Josefa se integraron plenamente a los Comités de Defensa Sandinistas, mientras el mismo Ramón continuaba entregando periódicos de El Nuevo Diario, a domicilio, para su venta cotidiana. Llegó a ser presidente de la Cooperativa, propietaria inicial de El Nuevo Diario.

Ramón Campos falleció en 1989 por insuficiencia renal y diabetes

“Coquito” Escobar Carballo vive del Cine Rex una cuadra al Norte y dos cuadras al Oeste, en el Barrio El Edén. Tiene el teléfono 22493574.

Bosco Javier Cáseres Altamirano

Bosco Javier Cáseres Altamirano.  El Diario BARRICADA del  9 de agosto de 1979 informa en un reportaje pequeño que Bosco Javier Cáseres Altamirano, jovencito, había participado activamente en la Insurrección de los Barrios Orientales de Managua, que se había ido en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, que  cayó en el bombardeo aéreo infernal de “Piedra Quemada”, frente al Volcán Masaya, donde su cadáver desapareció.

Exponía esta nota informativa del Diario BARRICADA que familiares cercanos se habían presentado en la Redacción del periódico sandinista para informar que Bosco Javier anduvo plenamente integrado a la lucha armada en trincheras de combate en la Zona Oriental de Managua, y que  se había despedido de ellos el 10 de junio de 1979, y desde entonces no lo volvieron a ver.

Mencionaba la nota informativa que Bosco Javier Cáseres Altamirano había combatido contra la guardia somocista genocida, por ejemplo, en los combates “casa por casa” en el Reparto El Dorado, cuando oficiales los soldados GN asesinos de Anastasio Somoza Debayle habían logrado penetrar al anillo insurreccional de este vecindario, de donde fueron rechazados a balazos, cuchilladas y patadas en ese mencionado combate “casa por casa”, en el que participó este jovencito Cáseres Altamirano.

“Lo vieron combatiendo en el Reparto Schick, en los Barrios “La Fuente” (Ariel Darce Rivera) y Ducualí”, indicaba esa nota informativa del 9 de agosto en el Diario BARRICADA.

En el Diario BARRICADA trabajaba en esos días un compañero llamado José Cáseres, y se supone que él brindó esa información mencionada. Se indicaba que el cadáver de Bosco Javier Cáseres Altamirano jamás apareció. Lo buscaron en “Piedra Quemada”, en el casco urbano de Nindirí, en fosas comunes de Masaya, en las fosas comunes que hizo la Guardia Nacional somocista genocida para lanzar a los asesinados por ellos en los  Cerros del Coyotepe y Barranca, donde mataron a varios centenares de Combatientes Populares de Masaya y de Managua.

La Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos Carlos Fonseca Amador, encabezada por Frank “Machillo” González Morales y Juan  Carlos “Marcial” Soza Aragón, confirma que Bosco Javier Cáseres Altamirano era Combatiente Popular en la Zona Oriental de Managua y que se fue en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Se supone que falleció, como muchos otros y otras, por los charnelazos en el bombardeo aéreo infernal con que la Guardia Nacional somocista genocida masacró al Repliegue a Masaya en el lado Norte de “Piedra Quemada”, el 28 de junio de 1979, al medio día.

Daniel Enrique Chavarría

Daniel Enrique Chavarría es un nombre conocido en Managua, pues existe con ese nombre un Barrio situado de la Empresa NICALIT hacia el Sur, entre el Barrio Nora Astorga y el Mercado Israel Lewites Rodríguez, en el Distrito III de Managua.

Al momento de la Insurrección Sandinista, u Ofensiva Final contra la tiranía somocista en Managua, Daniel Enrique Chavarría tenía 18 años. Era estudiante de secundaria en el Instituto Fernando Gordillo y ayudante de mecánica en los planteles Batahola y ECONS, según su madre María de los Ángeles Chavarría, quien aparece como Colaboradora  Histórica en la Asociación de Combatientes Históricos de Managua.

Su hermano Noel Ernesto dice que las primeras noticias de la integración de Daniel Enrique Chavarría a la lucha indican que anduvo con Enrique Lorente, en Estelí. Se vino a Managua y se enroló con el grupo de rebeldes que protagonizaron la Insurrección en la Zona Occidental  capitalina, en los barrios de San Judas, Sierra Maestra, Camilo Ortega, Monseñor Lezcano, Santa Ana, Altagracia, Linda Vista, Las Brisas, etc.

Su madre, María de los Ángeles Chavarría,  y su hermano Noel Ernesto, añaden que Daniel Enrique Chavarría andaba con los hijos de Blanca Estela Moreno, quienes residían en el Reparto Belmonte, cerca del Kilómetro Siete Sur y  también próximo al sitio en que vivía el mismo Daniel Enrique Chavarría. Esta familia Moreno se fue posteriormente a Estados Unidos de Norteamérica.

María de los Ángeles apunta que Daniel Enrique le hacía trabajos a esta familia Moreno, y que sus hijos andaban enrolados, primero, con guerrilleros de Estelí, encabezados por  Francisco “Zorro” Rivera, y que después, sin conocer el motivo, tanto los Moreno como Daniel Enrique Chavarría aparecen involucrados en la Insurrección de San Judas y Monseñor Lezcano.

Al ser derrotada la Insurrección por la guardia somocista en el Occidente de Managua, supuestamente, porque su mamá y sus hermanos no tienen pruebas, Daniel Enrique Chavarría logró llegar a los barrios orientales insurreccionados y se fue en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya. Ya se habían registrado las masacres de Batahola y el “Kilocho Sur” por parte de la EEBI de la guardia somocista genocida.

Daniel Enrique desapareció en “Piedra Quemada”

María de los Ángeles Chavarría, su madre, dice que de él no volvieron a saber nada. Supuestamente, como muchos otros y otras, Daniel Enrique Chavarría habría caído en el bombardeo aéreo infernal de “Piedra Quemada”, pero que nadie supo dónde quedó su cadáver.

Su madre  buscó su cadáver en muchas partes, incluyendo “Piedra Quemada” y la Ciudad de Masaya. También le dijeron que su hijo había sido capturado por la Guardia Nacional cerca de Masaya y que lo habrían torturado, trasladado a Managua y finalmente asesinado, pero que su cadáver jamás apareció.

La Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos Carlos Fonseca Amador confirma que efectivamente Daniel Enrique Chavarría fue Combatiente Popular en la Zona Suroccidental de Managua y que se fue en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, en cuyo trayecto desapareció en “Piedra Quemada”.

Le sobreviven sus hermanas y hermanos: Ángela, Rosaura, Elena, José Ángel, Uriel y Noel Ernesto.

María de los Ángeles Chavarría tiene ya más de 83 años. La afecta un padecimiento de Parkison, más otros problemas de salud. Ella vive en una casita humilde situada en el Barrio Enrique Chavarría, de la NICALIT tres y media cuadras al Sur, en la orilla de la Calle que va del Oeste del Mercado Israel Lewites a salir por el Norte en la Carretera Sur, cerca del antiguo Banco de la Vivienda.

María de los Ángeles Chavarría laboró toda la década del 80 como jefa de cocina en campamentos del Ejército Popular Sandinista cerca de Xiloá, donde le habían dado una casa para vivir con sus hijos.

En 1990 la despidieron por el revanchismo político del gobierno de doña Violeta Barrios viuda de Chamorro. Tuvo que abandonar esa casa, y solicitó que le dieran un lote en el Barrio Daniel Enrique Chavarría, el nombre de su hijo, y allí construyó su casita, en la cual vive actualmente, de la NICALIT tres y media cuadras al Sur.  Le pasan una pensión mínima.

Su hijo Noel Ernesto labora como barredor de calles actualmente en la Alcaldía de Managua, mientras los otros hacen distintas labores para sobrevivir.

 Pabla “Claudia” Corea Campos

Pabla “Claudia” Corea Campos, de apenas 17 años,  cayó en el infierno de charneles del bombardeo aéreo criminal de la Guardia Nacional somocista genocida, en contra del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, en el lado Norte de “Piedra Quemada”, el 28 de junio de 1979,  cuando eran las once y media de la mañana, testimonia Eduardo “Cuñado” Gutiérrez Chávez, quien hoy tiene 55 años, sobreviviente del Repliegue Táctico de Managua Masaya. “Cuñado” Gutiérrez Chávez tenía 15 años en 1979.

El cadáver de Pabla Corea Campos no fue encontrado después del Triunfo de la Revolución. Desapareció.

Según Gutiérrez Chávez, la política FSLN actual del Barrio “Pabla Corea Campos” y familiares de esta valiosísima muchacha del Barrio María Auxiliadora, esta tenía 17 años cuando se integró plenamente a la Insurrección Sandinista, u Ofensiva Final, en su propio vecindario (ubicado entre la Colonia Diez de Junio y el Barrio Ducualí) y en los Barrios Ducualí, El Edén y Larreynaga.

El testimonio de Eduardo “Cuñado” Gutiérrez Chávez añade que Pabla Corea Campos se había integrado plenamente a la Insurrección como Combatiente Popular en las trincheras de combate en los barrios mencionados, y que además también se había especializado en fabricación de bombas de contacto en la Fábrica de Pólvora “Tigre”, propiedad de Rosendo Pavón Estrada, quien suministró una gran cantidad de material explosivo para fabricar estas bombas y también se fue en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya. Esta Fábrica de bombas y cohetes “Tigre” estaba ubicada del Puente El Edén dos cuadra y media al Oeste, en el Barrio Larreynaga.

El testimonio  de Gutiérrez Chávez y otros familiares de Pabla Corea Campos indica que esta jovencita andaba charneleada en varias partes del cuerpo, con heridas leves, con la ropa oliente a pólvora el propio día del Repliegue de Managua a Masaya (27 de junio de 1979) en la tardecita, y que ella llegó a la casa de su familia y de ella misma, y no encontró a nadie, pues casi todos se habían marchado, unos donde amigos, los menos implicados en la Insurrección, y los otros se habían ido para el lado de la Iglesia Sagrada Familia, la cual le quedaba pocas cuadras al Este, en el Barrio Ducualí.

Tomó ese rumbo de la Sagrada Familia, según Gutiérrez Chávez, y allí se juntaron: Pabla, Felipe, Roberto y Moisés, todos del Barrio María Auxiliadora, más “Cuñado” Gutiérrez Chávez. De ese lugar, entre la multitud de Combatientes Populares, Jefes Guerrilleros y civiles implicados insurreccionales, enrumbaron hacia la Calle de la Clínica Don Bosco, conocido este lugar entonces como Barrio “Santa Bárbara”, hoy Barrio Venezuela.

De acuerdo con “Cuñado” Gutiérrez Chávez, entonces sólo conocido de Pabla Corea Campos y de su familia (porque “Cuñado” era de la Colonia Unidad de Propósitos), al momento del infernal bombardeo aéreo en el lado Norte de “Piedra Quemada”, frente a la entrada antigua del Volcán Masaya, los cuatro amigos y familiares se dispersaron por miedo, o para protegerse, para lo cual corrían sobre las piedras erizas e hirientes de “Piedra Quemada”.

Pablita desapareció en “Piedra Quemada”

Según Gutiérrez Chávez, los otros amigos y él, se reencontraron en Masaya, menos Pabla Corea Campos. Preguntaron por ella y nadie les dio razón. Desapareció. Después del Triunfo de la Revolución Sandinista, iniciaron una búsqueda intensa, que duró varios meses, sin resultado positivo alguno.

Pablita, como le decían cariñosamente, jamás volvió a aparecer. Tampoco su cadáver. No encontraron rastro. Esta versión testimonial de Gutiérrez Chávez es respaldada por Rafael Corea Jiménez, tío de Pabla Corea Campos. Marcia Corea Campos, hermana de Pabla, residente en el casco urbano del Municipio de Mateare, igualmente da testimonio parecido sobre la desaparición de su hermana Pabla durante el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

“Anduvimos desenterrando otros cadáveres durante varios meses, para ver si encontrábamos el de Pablita, pero nunca la hallamos”, expresa hoy todavía desconsolado Rafael Corea Jiménez, tío en primer grado de Pabla Corea Campos.

La Asociación de Combatientes Históricos del Frente Sandinista de Liberación Nacional, encabezada por Frank “Machillo” González Morales, por su parte, testimonia también acerca de que sí Pabla Corea Campos iba en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, y que cayó en “Piedra Quemada”, donde desapareció.

El padre y la madre de Pabla Corea Campos: Alfonso Campos y Ángela Corea Jiménez, están todavía vivos, en Mateare. Le sobreviven a Pabla sus hermanos: Marcia, Genie, Juan y Alejandro, quienes la recuerdan vivamente en su quehacer estudiantil y revolucionario cuando estudiaba secundaria en el Colegio Juan Ramón Avilés del Barrio María Auxiliadora, colindante con el vecindario en que ella vivía con sus familiares.

Hoy existe un barrio relativamente nuevo con el nombre de Pabla Corea Campos, situado entre la Colonia Diez de Junio, el Barrio María Auxiliadora y el Barrio Ducualí, considerado “Cuna de la Insurrección” en la Zona Oriental de Managua.

Eduardo “Cuñado” Gutiérrez Chávez reside en ese mismo Barrio Pabla Corea. Allí mismo reside Clara Corea, prima de Pabla Corea Campos. Responden a los números telefónicos celulares: 88608852 y 87783006. Esta dirección del Barrio Pabla Corea Campos es de la esquina Noroeste del muro del Colegio de la Colonia Diez de Junio, hacia el Oeste. También se puede consultar a su padre. Alfonso Corea al teléfono celular: 88980083. Alfonso residente en Mateare.  

 Marta Lucía “Lucy” Corea Solís

Marta Lucía “Lucy” Corea Solís, caída a las cinco de la tarde del 28 de junio de 1979, después de sobrevivir al feroz y mortal bombardeo aéreo desatado por la GN sanguinaria en el lado Norte de “Piedra Quemada” contra el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.  Marta Lucía fue alcanzada en varias partes del cuerpo por charneles de un mortero (artillería) o rockette disparado desde uno de los aviones Push and Pull del gobierno dictatorial de Anastasio Somoza Debayle.

Los charnelazos impactaron en el cuerpo de Marta Lucía Corea Solís cuando, precisamente, ella disparaba con un fusil hacia uno de los aviones cargados de bombas de 1,000 y 500 libras y de morteros, para dejarlos caer nuevamente encima de los managuas replegados, cuando ya iban en el llamado “Camino de Nindirí”, a menos de dos kilómetros del casco urbano de la pequeña ciudad de Nindirí.

Marta Lucía Corea Solís fue impactada por charneles en la ingle, en el costado izquierdo, en las piernas y en la cabeza. Varias combatientes populares que iban junto a ella, la auxiliaron, entre otras, Dolores “Lola” Mercado Fonseca, quien tenía tan sólo 16 años, y fue impactada también por charneles de rokettes.

El grupo de mujeres Combatientes Populares improvisaron, en medio del feroz bombardeo de entre las tres y cinco de la tarde, una camilla hecha de ramas del mismo camino, y fueron corriendo hasta el casco urbano de Nindirí, con la esperanza de salvarle la vida a esta valiosísima Combatiente Popular.

Por supuesto, no había un médico, ni enfermera, ni hospital que la atendiera. Igual les ocurrió a los caídos o muertos (y heridos también) en “Piedra Quemada” y otros puntos del recorrido original del Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Marta Lucía “Lucy” Corea Solís murió desangrada en brazos de Dolores “Lola” Mercado” Fonseca. “Temblaba, sólo se quejaba del dolor, pedía que le salváramos la vida para seguir combatiendo a la dictadura, se fue poniendo muy pálida en poco tiempo, y finalmente expiró en mis brazos”, relata “Lola” Mercado Fonseca.

Sepultada en ceremonia solemne en Nindirí

Cuando, finalmente, un poco después de las cinco de la tarde, todos los replegados capitalinos, de la columna inmensa bombardea en “Piedra Quemada”, estábamos en Nindirí, un grupo numeroso de hombres y mujeres, incluida Dolores Mercado Fonseca y Alejandro “Comandante Huesito” Mairena Obando, decidieron sepultar el cadáver de Marta Lucía Corea en una esquinita de la Iglesia de Nindirí, donde sus restos permanecen hasta hoy en día.

Este funeral de Marta Lucía Corea Solís fue solemne y al mismo tiempo triste, pues casi todos y todas lloramos de pesar y arrechura cada que uno de nuestros compañeros caía impactado por charneles de bombas de mil y 500 libras y de rokettes, que eran lanzados desde el aire por aviones push and pull de la Guardia Nacional de Anastasio Somoza Debayle, porque como siempre estos cobardes tuvieron miedo de enfrentar a los Jefes Guerrilleros y Combatientes Popular en tierra firme.

Este funeral triste ocurrió minutos antes de que estos varios miles de integrantes del Repliegue a Masaya,  jefeados por el Comandante Guerrillero William Ramírez Solórzano, continuaran la marcha por los desfiladeros o paredones verticales del Este de la Laguna de Masaya, hasta salir frente al Cementerio, donde esta parte del Repliegue fue recibida por miembros del Estado Mayor FSLN de Masaya, encabezados por Hilario Sánchez, Alma Luby Morales y Ramón “Macaco” Moncada Colindres.

Marta Lucía Corea Solís tenía tan sólo 21 años de edad, no cumplidos todavía. Era estudiante universitaria. Vivía con su madre, Sonia Solís de Corea, en la Tercera Etapa de Bello Horizonte,  uno de los Repartos insurreccionados en la Zona Oriental de Managua.

Hacía menos de un mes de su caída en el Repliegue a Masaya, el seis de junio de 1979, la guardia somocista genocida había matado impunemente a su hermano Javier Corea Solís en las cercanías de la Rotonda de Bello Horizonte.

Javier también era estudiante universitario y músico. Como ya había estallado la huelga general contra el régimen somocista genocida, la Guardia Nacional tenía instalado un “retén” de registros abusivos de vehículos y de todo el que pasaba a pie. Javier pasó por el andén derecho de los centros comerciales, mientras los guardias registraban afanosamente. Javier iba caminando, le gritaron “!parate¡” y al mismo tiempo le descargaron una ráfaga de metralla, matándolo en el instante.

El asesinato de su hermano Javier fue como un incendio explosivo en el ánimo antidictorial y rebelde de Marta Lucía “Lucy” Corea Solís, quien no vaciló en convertirse en Combatiente Popular al estallar la Insurrección Sandinista Victoriosa, u Ofensiva Final, en Managua contra la oprobiosa tiranía somocista.

Se le rindieron y siguen homenajes para Marta Lucía Corea

Marta Lucía Corea Solís ya estaba integrada en tareas de lucha antidictatorial desde la Insurrección de Septiembre de 1978. Desde entonces ya trabajaba en tareas sociales y organizativas de la Asociación de Vecinos y el Comité de Defensa Civil, ambos de Bello Horizonte, encabezados por los compañeros Guillermo Baltodano Serrano, Pablo E. Barreto Pérez, Gilberto Calderón, Howar Soza Castro, Benito Espinoza, Ernesto Chacón Blandón, Ivette Soza Castro, Auxiliadora Meza, Lesbia Oviedo, Raúl Munguía y Yoyce Ebans.

Le fue colocado, en la década del 80,  el nombre de Marta Lucía Corea Solís al parque deportivo e infantil del Sur de la Etapa II de Bello Horizonte y a la calle que va del tope Sur del Bulevar de Bello Horizonte hasta el semáforo del cruce Villa Progreso-Bello Horizonte. Además, se construyó un monumento a su memoria en una calle de la Etapa III, cerca de donde ella vivía con su madre Sonia Solís Bermúdez.

Asimismo, a la Escuela Primaria de la Comarca Altos de Masaya, cerca de donde cayó Marta Lucía Corea Solís en Nindirí, le pusieron su nombre en homenaje a esta heroica Combatiente Popular capitalina.

Igualmente tienen su nombre la Escuela Primaria del Ingenio Julio Buitrago, en San Rafael del Sur; un pabellón del Instituto Francés-Nicaragüense, situado en el Reparto Belmonte, en Managua, donde ella estudió su bachillerato; también se colocó su nombre a una calle de la Colonia Centroamérica, a una calle del Barrio  Primavera, en Managua y se le hicieron numerosos homenajes en Nindirí, donde cayó; en la Ciudad de Masaya y especialmente en el Reparto Bello Horizonte, de Managua, de donde era originaria.

El Diario BARRICADA, cuando era órgano oficial del Frente Sandinista de Liberación Nacional, publicó numerosas notas informativas sobre los variados homenajes a Marta Lucía “Lucy” Corea en Nindirí, Altos de Masaya y en  Managua.

Sobre Marta Lucía Corea Solís se puede hablar con su madre, Sonia Solís Bermúdez, quien sigue residiendo en la misma casa, situada de la Rotonda “Juan Ramón Amador” de Bello Horizonte, tres cuadras al Sur y  cuadra y media al Este, en la Etapa Tres. Tiene los teléfonos: 22440224 y 86984730.

Manuel Salvador Cuadra Pérez

Manuel Salvador Cuadra Pérez era parte de la “pelota” de jóvenes rebeldes antisomocistas del Reparto Schick. Tenía 19 años cuando estalló la Insurrección Sandinista en los Barrios, Repartos y Colonias Orientales de Managua.

Su familia y él mismo vivían (y viven allí todavía) a tan sólo una cuadra al Oeste de donde estaba uno de los Comandos represivos y antisubversivos de la Guardia Nacional somocista genocida, el cual estaba del Tanque Rojo dos cuadras al Oeste y media cuadra al Norte.

Las represiones constantes, los cateos dentro de las casas, la persecución sistemática a los jóvenes, más las amenazas de muerte a centenares de familias del Reparto Schick Gutiérrez por parte de guardias, “orejas” de la Oficina de Seguridad, soplones como Bismark “Sapo”, la presencia de los “escuadrones de la muerte”, todo esto labró rápido la conciencia política y revolucionaria de Manuel Salvador Cuadra Pérez, quien estudiaba secundaria en el Instituto René Schick Gutiérrez.

Su hermana Leticia Coralia Cuadra Pérez testimonia que Manuel Salvador pronunciaba discursos antidictatoriales dentro del Colegio, cuando estaban en clases, lo cual motivó para que maestros “orejas” y soplones del somocismo genocida le montaran persecución permanente, y hasta llegaban a amenazar de muerte a la familia, jefeada por don Concepción Cuadra Matamoros (fallecido hace 23 años) y Rosa Herminia Pérez (fallecida hace 15 años), quienes residían en el mismo sitio en que hoy está la familia, de la Vulcanizadora una cuadra al Norte y media cuadra al Este.

Sus padres y hermanos menores sabían que Manuel Salvador andaba metido en actividades políticas antisomocistas, pero no habían comprendido el nivel de su involucramiento hasta que el 10 de junio de 1979, el día en que estalló la Insurrección Sandinista en la Zona Oriental de Managua, cuando llegó al vecindario con un microbús lleno de jóvenes con pañuelos rojinegros en sus rostros, y portando armas cortas, todos preparados para los combates populares contra los guardias somocistas genocidas.

Inmediatamente, estos jóvenes del microbús se conectaron  con el resto de la “pelota” de jóvenes rebeldes del Reparto Schick Gutiérrez, entre otros:   Óscar Antonio Gutiérrez Serrano, Joaquín Valle Corea, “Oso” Marín Gaitán, Francisco René Polanco Chamagua, José Santos Mayorga Alemán, Domingo Matus Méndez y Osvaldo Largaespada Lagos, y comienzan a construir barricadas, pozos tiradores, refugios antiaéreos, para enfrentar a los guardias somocistas genocidas.

Familiares y vecinos estaban sorprendidos ese 10 de junio de 1979, porque jamás se imaginaron que Manuel Salvador Cuadra Pérez llegaría con un nutrido grupo de Combatientes Populares, ya dispuestos a emprender los combates libertadores contra los guardias, “orejas” y soplones del Reparto Schick Gutiérrez.

Según Leticia Coralia, en realidad esta “pelota” de chavalos rebeldes antisomocistas del Reparto Schick Gutiérrez eran muy unidos y actuaban como si tuviesen un plan cuidadosamente elaborados entre ellos y Jefes Guerrilleros, tal como se supo que así era después del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista.

Manuel Salvador Cuadra Pérez rápidamente tendió a los Combatientes Populares conforme ya tenían planeado. Al mismo tiempo también organizó a su familia, incluyendo a su padre y madre, para que pasaran a dormir en el suelo, y que dentro de la casa construyeran un refugio antiaéreo, porque era seguro que la guardia somocista genocida procedería a bombardear el Reparto Schick, y efectivamente así ocurrió los días 13, 14, 15, 16 y 17 de junio de 1979.

Leticia Coralia señala, 38 años después, que su hermano Manuel Salvador Cuadra Pérez parecía un Jefe Guerrillero consumado, pues lo vio desplegar organización, órdenes precisas, orientaciones y formas de enfrentar a la guardia somocista genocida.

En esos días insurreccionales supieron que en numerosas ocasiones, especialmente de noche, se unía al “Oso” Marín Gaitán, para irse a subir en árboles de chilamates en las orillas de las calles, para emboscar a los guardias y dejarles caer cajas llenas de bombas de contacto,  para aniquilarlos.

Parecían ardillas o felinos en emboscadas contra la GN

Parecían monos, ardillas o felinos saltando de una rama a otra, en la oscuridad, con las bombas en las manos, para dejarlas caer sobre los guardias, testimonia Leticia Coralia Cuadra Pérez.

Manuel Salvador se hizo una celebridad por estas operaciones militares de los Combatientes Populares, guiados por Jefes Guerrilleros, en el Reparto Schick.

Según la familia de Manuel Salvador Cuadra Pérez y la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador”, encabezada por Frank “Machillo” González Morales, este joven rebelde revolucionario igualmente participó en lo que se conoce históricamente como “La Jornada del Repliegue Táctico de Managua a Masaya”, pues igualmente le tocó primero explorar y vigilar a los enemigos asesinos somocistas cuando se desplazaba la Vanguardia del Repliegue a Masaya por el Reparto Schick Gutiérrez, entre las seis de la tarde y las doce de la noche del 27 de junio de 1979, y después dándole cobertura a la seguridad de la Vanguardia del mismo Repliegue a Masaya, entre la una y las cinco de la mañana del 28 de junio de 1979.

Leticia Coralia testimonia que cumpliendo otras tareas relacionadas con el mismo Repliegue a Masaya, muy de mañanita, después de las seis de la mañana del 28, fue para el lado del Centro Comercial-Managua, donde fue capturado por guardias somocistas genocidas, y desapareció también. No reapareció ni  vivo ni muerto.

Las sospechas igualmente recaen en los “orejas” y soplones del Reparto Schick Gutiérrez, pues esa misma mañanita fueron capturados y desaparecidos no menos de 20 de los jóvenes que habían estado implicados en la Insurrección y en las operaciones de seguridad del Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Su padre, su madre, sus hermanos, compañeros Combatientes Populares, sus amigos cercanos, sus vecinos, buscaron por todo Managua, en hospitales, en la Cruz Roja, en sitios en que la guardia criminal acostumbraba tirar cadáveres de jóvenes asesinados, pero no lo encontraron ni vivo ni muerto.

A Manuel Salvador le sobreviven sus hermanos: Pánfilo Alcides, Genaro Concepción y Leticia Cuadra Pérez. Esta familia reside de donde fue el Tanque Rojo del Reparto Schick tres cuadras al Oeste, una cuadra al Norte y media cuadra al Este.

 Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez

Carlos Alberto  “Sobrino” Dávila Sánchez. Tenía 24 años. A esa edad ya era Contador Público y cuadro político militar del FSLN clandestino.  Mucho antes de la Insurrección de Junio de 1979 estaba ya enrolado en “la pelota” de estudiantes de secundaria rebeldes antisomocistas y sandinistas del Instituto Maestro Gabriel, el cual le quedaba a un kilómetro de su casa.

Sus datos biográficos esenciales indican que era “un cuadro político y militar ya formado por el grupo del FSLN clandestino “Guerra Popular Prolongada” (otros aseguran que era del grupo del FSLN Proletario), una de las tres “tendencias” del Frente Sandinista de Liberación Nacional en plena Insurrección de junio de 1979.

Vivía “Sobrino” de la Fábrica de “Cohetes La Caimana” una cuadra al Este y media al Norte, en el Barrio “Campo Bruce” (Rigoberto López Pérez actualmente). En esa casa vivía con sus padres:   Antonio Dávila y Rosa Amelia Sánchez Portillo, ya fallecidos los dos hace unos 18 años.

Allí mismo “Sobrino” Dávila Sánchez habitaba la misma casa con sus hermanos: Elba,  César, ya fallecido en Estados Unidos; Lesbia, fallecida; Antonio, fallecido; y Jorge, todavía vivo y residiendo en el Reparto Bello Horizonte.

En la casita en que vivió “Sobrino” Dávila Sánchez reside ahora su cuñado viudo Ricardo Ordeñana Solórzano, quien era el esposo de Lesbia Dávila Sánchez, fallecida hace poco tiempo.

Los datos biográficos esenciales de “Sobrino” Dávila Sánchez fueron suministrados por la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador”, dirigida actualmente por Frank “Machillo” González Morales, y ubicada de la “Racachaca” cuadra y media al Sur, en el Barrio Altagracia; por la Familia Cajina, situada en “Las Cuatro Esquinas” de la Comarca “Jagüitas”, donde “Sobrino” tuvo que quedarse porque con casi 30 heridas en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, y por su cuñado viudo Ricardo Ordeñana Solórzano, quien no tiene teléfono. El “Machillo” González Morales tiene los teléfonos: 86782410 y 88417562.

Asesinado atrozmente por sanguinarios EEBI en “Cuatro Esquinas”

Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez fue asesinado vilmente por un batallón de la Escuela de Entrenamiento Básico (EEBI) de la Guardia Nacional somocista genocida, al mando de un tal Gersán Romero, el 28 de junio de 1979, en horas de la mañana, cuando el Repliegue Táctico de Managua a Masaya iba aproximándose a “Piedra Quemada”, en el lado Norte del Volcán Masaya.

“Sobrino” Dávila Sánchez tenía  24 años al momento de producirse el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, según las narraciones de Alejandro “Comandante Huesito” Mairena Obando, de Frank “Machillo” González Morales (ambos de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador”) y miembros de la familia Cajina Fonseca, residentes en “Cuatro Esquinas”, al Sur de la Comarca “Jaguitas”, por donde pasó la marcha histórica política-militar del Repliegue a Masaya.

Dávila Sánchez o “Sobrino” fue asimismo un Combatiente Popular emblemático en la Insurrección en la Zona Oriental de Managua por sus cualidades de visión estratégica en  las trincheras de combate, por su arrojo, valentía, rapidez de movimientos, puntería fina con su ametralladora calibre 30 y  con los fusiles, por su carácter afable y porque incluso le “pegó” o perforó con balazos a uno de los aviones Push and Pull que lanzaban el criminal bombardeo sobre la Ciudad de Managua, especialmente en la Zona Oriental-norte insurreccionada. Ese avión “pegado” fue a caer por el lado de la Comarca Sabana Grande, ubicada al Oriente de Managua.

“Sobrino” Dávila Sánchez era un hombre alto y un poco gordo, pesado, pero ágil y rápido. Formaba parte de la “pelota” o “manada” de estudiantes de secundaria del Instituto Maestro Gabriel, del Instituto Experimental México y de la UNAN-Managua, todos residentes en los barrios Larreynaga, Tenderí, Costa Rica (Barrio Blandón, se llamaba antes), Maestro Gabriel, El Edén, Paraisito, San José Oriental, San Cristóbal, María Auxiliadora, Santa Rosa, Ducualí y Bello Horizonte.

Casado en plena Insurrección

Inclusive, en uno de esos arranques de júbilo, la escuadra de Combatientes Populares que jefeaba Frank “Machillo” González Morales, hizo una ceremonia especial, armada, en una calle del Reparto El Dorado, colindante con la Pista Héroes y Mártires de Mayo, y casaron a Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez con su entonces novia Marta Lorena López Mojica, quien también era Combatiente Popular del Barrio “Campo Bruce” (hoy Rigoberto López Pérez), de donde también era “Sobrino” Dávila Sánchez.

Como tales, juntos, se habían integrado a la Insurrección u Ofensiva Final, donde Dávila Sánchez resultó herido por charneles en varias partes del cuerpo, incluyendo una pierna, lo que le impedía caminar por sí sólo cuando se aproximaba la fecha del famoso Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

“Sobrino” Dávila Sánchez, recuerdan “Comandante Huesito” Mairena Obando y Melba “Pinta” Orozco, era uno de los casi 200 heridos que la marcha del Repliegue silencioso y clandestino llevaba en su marcha de Managua hacia Masaya, el 27 de junio de 1979, en la noche y madrugada del 28 de junio de 1979.

Se había hecho una camilla especial para llevarlo entre cuatro Combatientes Populares. “Sobrino” Dávila Sánchez pesaba casi 300 libras. El primer gran lío fue cruzar con él en hombros por encima del puente colgante que había en el cauce de cruce de Bello Horizonte hacia “Santa Bárbara”, hoy Barrio Venezuela. El puente colgante se mecía y crujía al paso tambaleante de quienes cargaban la camilla con Carlos Alberto encima.

Entre los Combatientes Populares y Colaboradores Históricos, integrantes del Repliegue, nos turnábamos para ir cargando los heridos en medio de cauces, zanjones, barrancos, matorrales, espinas y potreros.

Cerca del Tanque Rojo, en el extremo Sureste del Reparto Schick, la guardia somocista genocida, acantonada en dos sitios distintos, asesinó a varios compañeros replegados, entre otros, a  Francisco René Polanco Chamagua, quien era de origen salvadoreño, y que se había integrado a la lucha revolucionaria antidictorial en esa zona de Managua.

Cuando el Repliegue Táctico de Managua a Masaya va pasando por las “Cuatro Esquinas”, ubicadas en el Sur del Camino de la Comarca “Jagüitas” (todavía en territorio departamental de Managua), la mayoría de los cargadores de los heridos afirman que “ya no aguantamos al Sobrino”. Eran ya  las tres de la mañana del 28 de junio de 1979.

“Sobrino” Dávila ya tampoco resistía el ritmo de ser cargado en “sangoloteo” permanente. Entonces, recuerda “Comandante Huesito” Mairena Obando, se toma la decisión conjunta con Carlos Alberto de dejarlo allí en “Cuatro Esquinas”, donde la familia Cajina, cuyos miembros conocían a su esposa Marta Lorena “Cleo” López Mojica, quien también había fungido como Combatiente Popular en los territorios de los Barrios “Campo Bruce” (hoy Rigoberto López Pérez),  Paraisito y San José Oriental.

“Sobrino” descubre presencia de guardias y “orejas” OSN

Por información de los familiares de Marta, “Sobrino” Dávila Sánchez se entera de que hay guardias somocistas genocidas y “orejas” de la Oficina de Seguridad en los alrededores de “Cuatro Esquinas”, y comunica a sus compañeros que se queda para defender la retaguardia del Repliegue a Masaya. Marta Lorena “Cleo” López Mojica, su esposa, una jovencita Combatiente Popular de 19 años, decide quedarse con él, acompañándolo y atendiéndole las heridas.

Eduardo Cajina  (ya fallecido), jefe de la familia Cajina Fonseca, consigue que Jacob Cortez, esconda a “Sobrino” Sánchez Dávila en un furgón que tenían en los alrededores de “Cuatro Esquinas”.

Según Mercedes Otilia Pineda Quiroz, de 75 años en 2013, ya ciega actualmente por enfermedades en los ojos, los guardias sospechaban o tenían información de que mucha gente había pasado de madrugada por el camino viejo hacia Masaya, y empezaron a registrar a todo mundo desde muy de mañana del 28 de junio de 1979.

A Mercedes Otilia Pineda Quiroz los guardias la obligaban a cocinarles desde hacía varios días, bajo la amenaza de matarla a ella y a los miembros de la familia Cajina (ella siempre fue parte de esta familia en “Cuatro Esquinas”.

Los descubren y los asesinan de forma atroz

Según relatan Mercedes Otilia y Efraim Rojas Urbina, los guardias descubrieron escondida a Marta Lorena López Mojica, dentro de la casa, y al registrarla le encontraron un papelito con un mensaje escrito de “Sobrino” Dávila Sánchez. Además, al registrarla minuciosamente le descubrieron chimaduras en los codos, rodillas y piernas, y de inmediato se la llevaron donde tenían instalado el comando GN-EEBI de asesinos.

La búsqueda se intensificó cuando eran un poco después de las siete de la mañana. Los guardias se dirigieron al  furgón, para registrarlo. “Sobrino” Dávila Sánchez estaba allí esperando ese momento, boca abajo, en el piso interior del furgón. Abrió fuego ante la presencia de los guardias y se armó un tiroteo que duró casi un minuto. Se quedó sin tiros, y entonces lo sacaron a culatazo limpio del furgón, tirándolo al suelo, pateándolo, tal como era el estilo bestial de la guardia somocista genocida.

Los miembros de la familia Cajina Fonseca recuerdan cómo Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez, su esposa Marta Lorena “Cleo” López Mojica  y otros desconocidos capturados en los alrededores por los guardias somocistas genocidas, fueron encapuchados con unos trapos negros, los montaron en un camión y los condujeron por un camino, hacia el lado Este, al “Camino del Río”, donde los torturaron, los arrastraron, a Marta Lorena  “Cleo” López Mojica la violaron la mayoría de los guardias, le cortaron los pechos y por último los asesinaron a balazos.

Se conoció después que al “Sobrino” Dávila Sánchez primero terminaron  de destruirle las piernas a balazos, y después le dispararon al pecho y la cabeza. A Marta Lorena López Mojica le dispararon varias veces a la cabeza y en las piernas.

Después del Triunfo de la Revolución Sandinista, después del 19 de julio de 1979, fueron recuperados sus cadáveres por sus familiares. Se hizo una gran ceremonia popular sandinista, masiva, en el Puente Paraisito (Managua), con los cuerpos inermes de “Sobrino” Dávila y Marta Lorena López Mojica, dentro de ataúdes sellados, y en esa actividad se dio a conocer cómo y dónde habían sido asesinados por guardias somocistas genocidas.

En esa activad política, que incluyó una misa campal en el Puente mencionado, se anunció que los cuerpos de “Sobrino” Dávila Sánchez y Marta Lorena López Mojica serían sepultados juntos en el Cementerio Oriental de Managua, donde reposan para siempre como Héroes y Mártires de la Revolución Popular Sandinista.

Los familiares de Carlos Alberto Dávila vivían en las cercanías de la Fábrica de Pólvora “Caimana”, en el Barrio Rigoberto López Pérez. Ya ninguno de ellos vive en esa casita en que se crió y vivió Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez. En esa casita queda residiendo Ricardo Ordeñana Solórzano, el cuñado viudo. La dirección es de la “Fábrica de Cohetes La Caima”  una cuadra al Este y media cuadra al Norte. No tiene teléfono.

Se puede consultar también a “Machillo” González Morales en la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador”, ubicados de la “Racachacha” cuadra y media al  Sur, y a los teléfonos: 86782410 y 88417562.

 Ariel “Trapito” Darce Rivera

Ariel “Trapito”, “Comandante Niño” Darce Rivera. El famoso y  antiguo Barrio Intervenido “La Fuente”, se llama hoy “Ariel Darce Rivera”, situado del Mercado Carlos Roberto Huembes hacia el Este. Este Barrio La Fuente fue un negociado de lotificación y cobros onerosos de Héctor Argüello, uno de los brutales lotificadores, aliados del somocismo genocida en Managua. A sus familiares les decían por sobrenombre “Trapos”, y como era el menor de los hermanos, entonces, a Ariel le pusieron “Trapito”.

Inmediatamente después del Triunfo de la Revolución Sandinista, en julio de 1979, en asamblea popular masiva de los Comités de Defensa Sandinistas (CDS, el Barrio La Fuente fue rebautizado con el nombre de Ariel Darce Rivera en homenaje a aquel niño o jovencito de 15 años, que parecía tener espíritu y paciencia de Santo cuando cumplía tareas guerrilleras clandestinas al llevar correos, sacos con bombas de contacto, municiones, propaganda revolucionaria agitadora del Frente Sandinista clandestino, entre el Barrio La Fuente,  la Colonia Don Bosco, la Colonia Diez de Junio, el Barrio Ducualí y el Reparto El Dorado, donde estaban ubicados inicialmente el Estado Mayor General del Frente Interno y el Estado Mayor de Managua.

Ariel Darce Rivera, muchacho alto, muy desarrollado, que parecía tener más de 15 años porque ya tenía el rostro curtido por la lucha, vivía con sus padres: Filiberto Darce Ballesteros y Rosa Rivera de Darce (ya fallecida) en la Colonia Don Bosco, exactamente en la esquina Noreste de esta Colonia, contiguo al portón posterior del Centro Juvenil Don Bosco.

Ariel Darce Rivera era el hermano menor. En orden eran: Filiberto, ya fallecido; Piedad, ya fallecida; Jaime René, Rosa Argentina, Sergio, León Isidro, Marta y Ariel Darce Rivera. Todos vivían juntos en esa misma casa cuando estalla la Insurrección u Ofensiva Final contra la dictadura somocista genocida, en Managua.

Ariel Darce Rivera se había integrado a la lucha opositora al régimen de Anastasio Somoza Debayle desde cuando tenía 12 años. A pesar de estar tan pequeño, Ariel Darce Rivera decía que era indispensable luchar para derrumbar al régimen somocista.

Estudiaba secundaria en el Instituto René Schick Gutiérrez, hoy llamado Elvis Díaz Romero (situado al Sur del Barrio Riguero y al Oeste de la Colonia Máximo Jerez), donde se había integrado a la Federación Estudiantil de Secundaria y a los Comandos Revolucionarios del Pueblo, los cuales operaban en los Barrios “La Luz” o “Rebusca”, México, Riguero y la Colonia Máximo Jerez.

Revolucionario juvenil completo, ejemplar

Antes de estallar la Insurrección Sandinista en junio de 1979, Ariel Darce Rivera actuaba en grupos con otros estudiantes de secundaria haciendo mítines propagandísticos invitando a los pobladores a integrarse a la lucha política y militar contra el régimen somocista; al mismo tiempo distribuían papeletas, hacían pintas en paredes y muros de vecindarios, dejaban colocados explosivos propagandísticos en algunos sitios, se subían a los autobuses y camionetas de transporte de pasajeros en las calles de Managua, y arengaban a organizarse en  Barrios y Colonias, y a arreciar la lucha contra los guardias somocistas.

Rosa Argentina Darce Rivera, su hermana, residente siempre en Don Bosco, relata que todos en la casa sabían que Ariel andaba metido de lleno en la lucha armada, y que recibía instrucciones de sus jefes de escuadras y de grupos políticos propagandísticos. “Todos, al mismo tiempo, estaban metidos en la lucha, pero era Ariel quien estaba de lleno, plenamente en actividades armadas en la Zona Oriental de Managua. Se sabía que participaba, inclusive, en labores de distracción para ejecutar emboscadas a patrullas de la guardia somocista”, recuerda Rosa Argentina.

Cumplía plenamente con sus estudios y las tareas políticas y militares que le daban los mandos guerrilleros del Frente Sandinista clandestino en Managua, según Rosa Argentina, pues Ariel Darce Rivera llegaba todos los días a la casa, sin perderse de las orientaciones familiares de su madre, de su padre y de sus hermanos mayores, antes de la Insurrección Sandinista de junio de 1979.  Sin embargo,  cuando estalla la Insurrección en la Zona Oriental-norte de Managua el nueve de junio de 1979, Ariel Darce Rivera, desaparece de su casa en la Colonia Don Bosco. No lo volvieron a ver, según Rosa Argentina Darce Rivera.

Por amigos, vecinos y familiares conocieron que cumplía funciones de Combatiente Popular de trinchera en trinchera en el Barrio “La Fuente”, en el “Reparto Schick”, en Don Bosco, en Ducualí, en San Cristóbal, en el Puente El Edén y hasta se informó que había participado en los combates casa por casa contra guardias somocistas genocidas en el Reparto El Dorado, donde estaba el Comando del Estado Mayor General Frente Interno, jefeado por los Comandantes Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra Lacayo.

Combatió cuerpo a cuerpo a guardias en Reparto Dorado

La guardia se había logrado meter al Reparto El Dorado a mediados de junio, y según se dijo Ariel Darce Rivera y otros combatientes jovencitos, los más ágiles, los más veloces para correr y desplazarse por encima de las casas y de los árboles, fueron quienes pusieron “locos, llenos de pánico” a los guardias que se habían logrado meter a este famoso centro habitacional de Managua.

Tampoco llegó a despedirse de sus padres y hermanos cuando se produjo el Repliegue Táctico de Managua a Masaya. Quienes lo vieron en el Repliegue aseguran que cargaba un saco de bombas de contacto y una escopeta calibre 16.

Según algunos sobrevivientes que iban con Ariel Darce Rivera, este con las habilidades aprendidas durante los combates populares y bombardeos aéreos en Managua, pudo sobrevivir al bombardeo infernal desatado por el somocismo genocida en el lado Norte de “Piedra Quemada” contra el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, pero no pudo sobrevivir a otro  lanzamiento de rockette, desde aviones Push and Pull, o morteros,  en el Camino de Nindirí,  donde fue sepultado y posteriormente recuperado su cadáver por sus hermanos, su padre y vecinos de la Colonia Don Bosco y del Barrio La Fuente.

La noticia de su caída en el Repliegue a Masaya le fue comunicada a su familia por otros replegados y sobrevivientes que iban con Ariel Darce Rivera hacia Masaya.

Ariel Darce Rivera, casi un niño al estallar la Insurrección Sandinista en Managua y darse el Repliegue a Masaya, dejó una huella impactante y profunda en la memoria popular de los pobladores del Barrio La Fuente. Inmediatamente después del Triunfo de la Revolución los vecinos, ya organizados en los Comités de Defensa Sandinistas a finales de julio de 1979, se reunieron en asamblea masiva y acordaron cambiar el nombre del Barrio  “La Fuente” por Ariel Darce Rivera. El Barrio Ariel Darce Rivera es uno de los vecindarios más famosos, ubicados en el Oriente de Managua.

Mediante las informaciones de sobrevivientes del Repliegue a Masaya, los padres, hermanos, amigos y vecinos, localizaron con facilidad el cadáver o restos de Ariel Darce Rivera, y los fueron a sepultar a Chinandega, porque todos los miembros de esta familia son originarios de Chinandega, incluyendo su mamá, ya fallecida.

Según el Diario BARRICADA, Órgano Oficial del Frente Sandinista, al recordarse la hazaña militar del Repliegue a Masaya en junio de 1980, a Ariel Darce Rivera le decían “Comandante Niño”, debido a que estaba muy jovencito, o era un niño cuando andaba metido plenamente en la Insurrección Sandinista, u Ofensiva Final, de junio de 1979.

En ese reportaje de junio de 1980, BARRICADA ubicaba a Ariel Darce Rivera como caído en Nindirí, durante el Repliegue Táctico de Managua a Masaya

Esta familia sigue siendo sandinista. Su casa está ubicada en la Colonia Don Bosco, de la Licorería Don Bosco, ocho andenes al Norte, en una casa esquinera y en la orilla del Portón trasero del Centro Juvenil Don Bosco.

Rosa Argentina Darce Rivera, su hermana mayor, responde al teléfono convencional: 22482352.

 Ronald Fisher Ferrufino

Ronald  Fisher Ferrufino. Este joven revolucionario de 18 años y su esposa Alejandra Emelina Campos Escobar protagonizaron juntos una de las páginas históricas más bellas de la Insurrección, u Ofensiva Final, en Managua. Eran esposos muy jóvenes, y Alejandra ya estaba embarazada. Ronald vivía con su madre en el Barrio Blandón (Costa Rica) y Alejandra Emelina en el Barrio El Edén, es decir, en vecindarios contiguos e integrados plenamente en la lucha armada por el derrocamiento de la tiranía somocista genocida.

Los dos eran Combatientes Populares, correos clandestinos, distribuidores de “propaganda armada”,  sostenían combates en las trincheras y pozos tiradores del Puente Larreynaga, en el Puente El Edén, dentro del Reparto Bello Horizonte, en el Barrio Santa Rosa y también mandaron a Ronald Fisher Ferrufino hasta el barrio Monseñor Lezcano, con otros compañeros Combatientes Populares, a enfrentar a tiros a “orejas”, “soplones” y a soldados somocista genocidas.

Ronald Fisher era contador. Se había graduado en la “Escuela de Comercio Patria”, en la Iglesia Santa Faz del Barrio Costa Rica, donde también había estudiado su esposa Alejandra Emelina Campos Escobar. Al estallar la Insurrección, Ronald Fisher Ferrufino laboraba como contador en la Aceitera Corona, la cual estuvo ubicada en las cercanías del Cementerio Occidental de Managua, en el Barrio Monseñor Lezcano.

Poco antes de la Insurrección, u Ofensiva Final, a Ronald Fisher Ferrufino lo dejaron solo cuidando las instalaciones de la Aceitera Corona. Los guardias somocistas genocidas se metieron dentro de la empresa, como en busca de cosas subversivas. A Ronald lo retuvieron en la calle. Tuvo miedo de que se lo llevaran preso, porque tal vez sospecharan de que ya andaba metido en operaciones armadas contra el régimen de asesinos somocistas, pero no pasó nada, lo dejaron libre.

Sermón político y militar a su madre y hermanas

En estos mismos días, Ronald se lanzó un “sermón político” ante su madre, Débora Ferrufino, 83 años en 2013,  y su hermana mayor, Juana María, dándoles a conocer que él andaba metido de lleno  en la lucha armada para derrocar al régimen somocista, para que en el país hubiesen libertades plenas, que los niños pudiesen estudiar libres al amparo del Estado, y que mujeres como su hermana ya no tuvieran temor de andar en la calle, porque los guardias te agarraban, te montaban en una patrulla, te iban a torturar, te violaban y después te asesinaban de forma atroz.

Ese día les dijo que él y su esposa Alejandra Emelina habían ya recibido entrenamiento militar en numerosas armas de guerra y que ambos andaban ya en operaciones militares contra la guardia somocista. “He aprendido también, les dijo, que no debo dejarme agarrar vivo por guardias, pues de todas maneras te matan, y por eso, en el arma siempre dejo un tiro “bala en boca”, para disparárselo al guardia o al “oreja” que intente agarrarme”.

“Esto tiene que cambiar, en cuanto Somoza Debayle sea echado a balazos del poder”, añadía Fisher Ferrufino en el “sermón político” a sus familiares.

Su madre era su apoyo para traslado de armas y bombas de contacto

Además, para disimular en muchas ocasiones, ya cuando la Insurrección estaba en lo fino después del nueve de junio de 1979,  Ronald Fisher enviaba a su madre en función de correo clandestino al Reparto  Bello Horizonte y Barrio Santa Rosa,  a dejar paquetes, mensajes y cajas con bombas de contacto, para los Jefes Guerrilleros que estaban ubicados en esta zona, entre otros, Marcos “Salvador” Somarriba García, Javier “el 99” López, Francisco “Chico Garand” Guzmán Fonseca, Isabel “Venancia” Castillo, Danilo Norori y Lucío Jiménez Guzmán.

“Una vez, en el “Callejón del Guayabo”, casi me agarran los guardias. Me iban a registrar lo que llevaba en un carretón de manos, pero se distrajeron ante una balacera hacia el lado del Barrio Larreynaga y se fueron”, relata la Madre de este Héroe y Mártir, Débora Ferrufino.

En otra ocasión, cumpliendo misión parecida de correo clandestino, le tocó irle a dejar un paquete a su propio hijo en la trinchera de combate del Barrio  Santa Rosa, y cuando iba en el camino, por el lado de la Fábrica Rolter, en la Carretera Norte, se encontró con camiones repletos de guardias. Dichosamente, en el mismo sector se encontró a un conocido del vecindario Blandón (Costa Rica), ambos disimularon conversando, se fueron alejando, mientras Ronald Fisher Ferrufino, quien sabía que su madre le llevaba bombas de contacto  y recados de Jefes Guerrilleros, temió que “la agarren”, pues se había enterado de la presencia de los guardias en ese rumbo.

Para disimulo acentuado, doña Débora siempre llevaba encima de la cabeza una toalla, y cuando los guardias le preguntaban: “Vos vieja, ¿de dónde venís?”, ella respondía: “De planchar. Me pongo esta toalla para no quedarme tiesa en la nuca”.

Los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares esperaban a doña Débora en las cercanías de la Gasolinera Shell de la Rotonda de Bello Horizonte, para que les entregara los paquetes remitidos por otros grupos de Combatientes Populares de los lados de Larreynaga, Puente El Edén y Ducualí.

“Nos vamos en Retirada, no sé para dónde”, le dijo a su madre

El 27 de junio de 1979, en la tardecita, Ronald Fisher Ferrufino llegó a su casa, donde su madre y su hermana, a despedirse. “Ya nos vamos en Retirada. No sé para dónde. Van conmigo Alejandra Emelina, su padre Ramón Campos y Josefina Campos Escobar. Vamos juntos. Volveremos triunfantes, no se preocupen, pues el triunfo contra este régimen somocista oprobioso está próximo por llegar”, les dijo a la luz de una candela, pues Somoza Debayle había mandado a cortar el agua y la luz en todos los vecindarios insurreccionados de la Zona Oriental-norte de Managua.

“¿Vas a comer, hijito?”, le preguntó su  madre, Débora Ferrufino. “No, madre, ya nos vamos”, cuando eran casi las seis y media de la tarde. Ronald Fisher Ferrufino se fue cruzando patios hasta llegar a la casa de Alejandra Emelina Campos Escobar, de donde partieron ambos, con sus armas respectivas en manos, hacia el sitio de concentración del Repliegue Táctico de Managua Masaya: en la Calle de la Clínica Don Bosco al tope Este, en la Gasolinera San Rafael, en lo que antes se conocía como Barrio Santa Bárbara, hoy llamado Barrio Venezuela.

Ronald y Alejandra Emelina combatían juntos y cayeron juntos en “Piedra Quemada”

Se fueron en el Repliegue de Managua a Masaya. Durante el bombardeo aéreo infernal del somocismo genocida contra el Repliegue en el lado Norte de “Piedra Quemada”, más o menos a las doce del día del 28 de junio de 1979, cuando estaba nutridísimo el lanzamiento de bombas de 500 y 1,000 libras, de rockettes o morteros y balas de ametralladoras calibre 50, Ramón Campos y su hija mayor, Josefina Campos Escobar, estaban “pecho en tierra” en una oquedad pequeña y protegidos por piedras a los lados.

En ese lugarcito, o zanja,  no alcanzaban los cuatro; entonces Alejandra Emelina Campos Escobar le pidió a Ronald Fisher Ferrufino, su esposo, que se trasladaran corriendo, agachados,  a otra oquedad cercana y piedras grandes para protegerse del bombardeo aéreo infernal, y en lo que corrían,  a  la corta distancia escogida, un rockette cayó junto a ellos y les destrozó los cuerpos, muriendo casi instantáneamente.

El bombardeo continuó nutridísimo por más de una hora. En ese hueco, Ramón Campos y su hija Josefa Campos Escobar lloraron desconsolados por largo rato. Los cuerpos de Ronald y Alejandra quedaron partidos. Andaban siempre juntos en la lucha armada en Mangua, se fueron juntos al Repliegue de Managua a Masaya y cayeron juntos  en “Piedra Quemada”, frente al coloso volcánico llamado Volcán Masaya.

Cuando cesó un poco el bombardeo aéreo somocista genocida, Ramón Campos y su hija Josefa, ayudados por otros Combatientes Populares, y un “juez de mesta” de la zona, se dispusieron a profundizar una oquedad en la roca volcánica, negra y eriza; colocaron los cadáveres de Ronald y Alejandra en ese hueco, los taparon con piedras y arena, y se fijaron  atentamente en el lugar de “Piedra Quemada”,  para irlos a rescatar después del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista.

El caso de estos dos Héroes y Mártires fue, de algún modo, especial, pues Ramón Campos y su hija Josefa, lograron comunicarse telefónicamente desde Masaya con “Coquito” Escobar Carballo, la madre de Alejandra Emelina, y le contaron lo que había pasado en “Piedra Quemada”, y de cómo habían cubierto sus cadáveres con piedra y arena de la misma “Piedra Quemada”, frente a la entrada del camino antiguo del Volcán Masaya, en la orilla de la Carretera a Masaya, a la altura del kilómetro 22.

Además, la trascendencia de lo especial con estos dos Combatientes Populares, esposos,  fue más allá de “lo normal”, pues hasta al “juez de mesta” de “Piedra Quemada” y a su hijo le impactaron tanto, que ellos dos se dieron a la tarea de cubrirlos bien con piedras y arenas, después de desaparecido el Repliegue de la zona de “Piedra Quemada”, lo que permitió que sus cuerpos estuviesen intactos al momento de rescatarlos en los primeros días de agosto de 1979.

Estos dos cadáveres, posiblemente, fueron los de más fácil localización, pues Ramón Campos y su hija Josefa Campos Escobar se habían fijado atentamente dónde los habían “enterrado”. Sin embargo, tuvieron que acudir donde el hijo del “juez de mesta” para que los guiara en los primeros días de agosto de 1979, para liberar los cuerpos de “Piedra Quemada” y darles “cristiana sepultura” en  el Cementerio Oriental, en Managua.

“Fuimos las dos familias a rescatar los cadáveres de Ronald y Alejandra Emelina, quien estaba embarazada al momento de morir. Juntos se enrolaron en operaciones guerrilleras clandestinas del FSLN, juntos anduvieron combatiendo en estos barrios orientales y norteños capitalinos, juntos lanzaron bombas de contacto contra los guardias, juntos  se fueron en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, juntos cayeron heroicamente en “Piedra Quemada”, en Masaya; juntos quedaron enterrados allí en “Piedra Quemada”, juntos fueron rescatados sus cadáveres por sus familias juntas, y juntos fueron sepultados finalmente, están en la misma tumba en el Cementerio Oriental, donde están los Héroes y Mártires”, expuso Débora Ferrufino, Madre de este Héroe y Mártir revolucionario.

Esta Madre de Héroe y Mártir, Débora Ferrufino, de 83 años al 2013, sigue residiendo en el mismo sitio de hace 34 años, de los “Semáforos del Colonial”, dos cuadras al Oeste, media cuadra al Sur, en el llamado “Pedazo Sur” del barrio Costa Rica.

Con ella viven Rolando y Juana María, hermanos de Ronald Fisher Ferrufino.

José Bladimir Fuertes Guadamuz

José Bladimir “Rigoberto, “Chino” Fuertes Guadamuz.  En algunos libros de historia y notas periodísticas de diarios como BARRICADA, aparece como Bladimir Fuentes Guadamuz. Su mamá, Denia Rosa Guadamuz Espinoza, de 72 años, aclara que se llamaba José Bladimir Fuertes Guadamuz, 19 años, estudiante en el Instituto Nacional Miguel Ramírez Goyena y en el INTECNA de Granada,  caído en el lado Norte de “Piedra Quemada” el 28 de junio de 1979, más o menos a las doce del día, por el infernal bombardeo aéreo desatado por el tirano Anastasio  Somoza Debayle contra el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

El papá era  Francisco Luis Fuertes Olivera, quien estuvo en Pancasán con Carlos Reyna, y conoció personalmente a José Benito Escobar Pérez, uno de los fundadores del Frente Sandinista de Liberación Nacional, en 1961.

Denia Rosa Guadamuz Espinoza vive actualmente en la Colonia Villa San Jacinto, en la casa número C-I-157, en la esquina Norte de la entrada principal de esta colonia del Distrito VI, o del semáforo de la Colonia Miguel Gutiérrez dos cuadras al Este, a mano derecha, en Managua.

“Rigoberto”, “Chino” Fuertes Guadamuz se integró como Combatiente Popular  en el Barrio  María Auxiliadora, bajo las órdenes de Rolando “Carlos”, “Cara Manchada” Orozco  Mendoza. Para disimular inicialmente sobre su integración a la lucha revolucionaria armada para derrocar a la dictadura somocista genocida, su padre,  Francisco Luis Fuertes  Olivera, lo colocó en un taller de artesanías y ebanistería española en el Mercado Oriental, de donde José Bladimir salía “chineado” con “propaganda armada”  que le entregaban Jefes Guerrilleros sandinistas  para irla a distribuir a vecindarios como los Barrios María Auxiliadora, San Cristóbal, El Edén, Larreynaga y Bello Horizonte.

Combatiente Popular y orador antisomocista dentro de autobuses urbanos

Al estallar la Insurrección, u Ofensiva Final, José Bladimir “Rigoberto”, ”Chino”, aparece integrado en escuadras de Combates Populares en el Barrio María Auxiliadora, ubicado contiguo a los vecindarios San Cristóbal, Diez de Junio y Ducualí. Además, por sus características oratorias, era enviado a subirse a los autobuses urbano colectivos, dentro de los cuales arengaba a los pasajeros a integrarse a la lucha armada para derrocar a la dictadura somocista genocida.

“Rigoberto”, “Chino” Fuertes Guadamuz era multifacético en la lucha armada, pues participaba con escuadras en emboscadas militares a los guardias somocistas genocidas y en “recupere” de armas en casas de “orejas” o “soplones” connotados en numerosos vecindarios, especialmente en la Zona Oriental-norte insurreccionada. También fabricaba explosivos o bombas de contacto.

Su hermano Óscar Javier Guadamuz, de apenas 14 años, también andaba regando “propaganda armada” en estos mismos vecindarios insurreccionados en Managua, incluso en la Colonia Morazán, en Linda Vista, Las Brisas y Monseñor Lezcano, cuando estalló la Insurrección en estos vecindarios del Noroeste de Managua, el 8 y 17 de junio de 1979.

El responsable de “Rigoberto”, “Chino” era el hoy subcomisionado Cubillo, según contaba José Bladimir a su madre, antes de irse en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya. “Rigoberto”, “Chino” Fuertes Guadamuz ya había caído preso antes, logró salir, y a raíz de eso trasladó a su madre para otro lado, el 14 de mayo de 1979, porque los habían amenazado con matarlos a todos.

Cuando ya se produjo el Repliegue a Masaya, doña Denia Rosa Guadamuz Espinoza, de 69 años en 2013, recibió emisarios de Jefes Guerrilleros de la Insurrección, u Ofensiva Final, quienes le llevaron una cajita de música para su hermanita menor y una radiograbadora, para que su madre oyera noticias y música, más el mensaje de que se había ido en un Repliegue con destino desconocido hasta ese momento.

El triunfo será muy pronto, profetizaba en carta a su madre

Dejó una carta dirigida a su madre, antes de irse en el Repliegue con destino a Masaya. En esa carta, además de pedirle que se cuidara y resguardara a su hermana menor, le decía que ya no comprara las botas, porque ya había recuperado botas, vestuario y pertrechos militares al asaltar con armas en manos a una patrulla de guardias somocistas genocidas.

“Ocupe esos realitos para la comida, madre mía”, le decía en la carta. “Nos veremos muy pronto, el triunfo revolucionario contra la dictadura llegará muy pronto”, le profetizaba a su madre en la carta. Su madre lavaba y planchaba ropa ajena, para ganarse la comida, los vestuarios de sus hijos y de ella misma.

Cuando ya se dio el triunfo revolucionario, después del 19 de julio de 1979, le trajeron la noticia fatal de que su hijo había caído en el Repliegue Táctico de Managua Masaya, en “Piedra Quemada”, enfrente del camino viejo al Volcán Masaya, cerca de la orilla de la Carretera a Masaya, en los 750 metros del infernal bombardeo aéreo somocista genocida en contra de los replegados de Managua.

Igual que a otros replegados, los charneles de las bombas de 1,000 libras y de los rockette le partieron el cuerpo a “Rigoberto”, ”Chino” Fuertes Guadamuz.

El cadáver de “Rigoberto”, “Chino” fue colocado en una oquedad pedregosa poco profunda. Se le colocaron piedras y arena encima, donde fue encontrado por su madre. Fue desenterrado el cuatro de agosto de 1979 y trasladados sus restos al Cementerio Oriental de Managua, donde están sepultados casi un centenar de Héroes y Mártires de la Revolución Popular Sandinista.

Denia Rosa Guadamuz Espinoza va todos los años a acompañar el “Replieguito por la Ruta Original” que  Alejandro “Comandante Huesito” Mairena Obando realiza todos los años en compañía de unos mil sobrevivientes del Repliegue de Managua a Masaya y jóvenes que  se suman a esta gesta histórica revolucionaria.

Le sobreviven tres hermanos: Brenda Meléndez Guadamuz,  Griselda Meléndez Guadamuz y Oscar Javier Guadamuz, quien fue a estudiar a la Unión Soviética y es abogado actualmente. Griselda ha sido secretaria política del FSLN en la Colonia San Jacinto.

Doña Denia cuida a los nietos en la casa mencionada de Villa San Jacinto y tiene el número telefónico: 22480198.

 Mario Ramón Gabuardi Castillo

Mario Ramón Gabuardi Castillo, de 21 años, fue algo especial en la “pelota” de jóvenes rebeldes antisomocistas del Reparto Schick Gutiérrez al momento de la Insurrección Sandinista y del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, por cuya seguridad en la Retaguardia cae el 28 junio de 1979.

Formaba parte de un grupo organizado en la estructura del FSLN clandestino que se encargaba inicialmente de montar operativos militares para recuperar químicos, pólvora, gasolina y candelas de dinamita para fabricar explosivos dentro de su casa F-10, ubicada en el Barrio Ángel Valentino Barrios (es parte del Reparto Schick Gutiérrez), de la Parada de Autobús Urbano “Chaparral” dos cuadras al Norte y media al Oeste.

Su madre, Emelina Castillo, de 93 años actualmente y con la mente muy lúcida, asegura que su hijo Mario Ramón Gabuardi Castillo, “mucho antes de la Insurrección ya tenía convertida esta mi casa en casa de seguridad, en buzón de armas, en fábrica de explosivos y en sitio de reuniones con jóvenes como Luis Castillo, Alfredo Canales, Javier Canales, René Polanco Chamagua, José Santos “Cerro Negro” Mayorga, Joaquín Valle Corea, con Manuel Solano y una muchacha  a la que le decían “Telma”.

Su padre era Mario Gabuardi Schitfman (este apellido es alemán), quien falleció hace más de una década. Su padre y su madre lo apoyaban sin vacilaciones. “Yo les servía de correo clandestino, en un montón de ocasiones. Mi hijo me metió de lleno en el asunto de conspirar contra la guardia somocista. Además de cuidar el buzón de armas aquí en la casa, yo les hacía comida también”, recuerda doña Emelina de 93 años ya cumplidos.

Esta madre ejemplar recuerda que su mayor calvario era que contiguo a su casa había un guardia de la Escuela de Entrenamiento Básico (EEBI) y varios “orejas” y “soplones” en la misma cuadra, lo que motivó que muy pronto la Guardia Nacional y la Oficina de Seguridad persiguieran sistemáticamente a su hijo Mario Ramón Gabuardi Castillo, quien, en realidad, se las ingeniaba para burlar a estos “orejas”.

Doña Emelina se muestra admirada por la capacidad y astucia de su hijo Mario Ramón Gabuardi Castillo para combinar su trabajo de vendedor cotidiano y callejero de licores y cigarrillos por parte de una empresa, de la cual era empleado, y a la vez participando activamente en operativos militares del Frente Sandinista clandestino, para recuperar armas y los químicos mencionados.

Ya en ese momento había abandonado sus estudios secundarios en la Escuela “Hope Portocarrero de Somoza”, en el mismo Reparto Schick Gutiérrez.

Jóvenes rebeldes contaban con buenos escondites

Su hermana menor, Marta Gabuardi Castillo, analiza que en aquellos días favorecía a estas actividades conspirativas el hecho de que en el Reparto Schick Gutiérrez habían potreros extensos y patios de fincas con matorrales nutridos y árboles altos, en los cuales estos muchachos rebeldes se escondían y espiaban a los guardias somocistas genocidas, a los “orejas” y “soplones” de la Oficina de Seguridad.

Marta relata que veía salir a su hermano cargado con sacos de bombas de contacto y bombas molotov. Mario Ramón decía que iba a reunirse con sus amigos, porque las bombas las iban a ocupar para quemar el Comando GN de la Guardia Nacional en Baterías Hasbani y la “Quinceava Sección de Policía” (cuartel de guardias), que estuvo ubicada del Tanque Rojo dos cuadras al Oeste y una cuadra al Norte, en la orilla del cauce.

Efectivamente esta Sección de Policía GN fue destruida y quemada por un grupo de Combatientes Populares del Reparto Schick Gutiérrez, en plena Insurrección Sandinista de junio de 1979, jefeados todos ellos por el Comandante Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz.

En la casa de doña Emelina Castillo se hicieron numerosas reuniones en las que estos jóvenes planearon emboscadas a BECAT (Brigadas Antiterroristas GN genocidas), a camiones repletos de guardias, quemas de casas de “orejas” y “soplones” de la Oficina de Seguridad.

Precisamente, uno de estos “soplones” lo denunció en los tres comandos que tenía la guardia en el Reparto Schick Gutiérrez. Este “soplón” (informador) se llamaba Antonio “Cara de Moto” López. Sus familiares están convencidos de que este “Cara de Moto”  López fue uno de los “soplones” que andaban el 28 de junio en la mañana con los guardias, indicando dónde se movían estos muchachos rebeldes.

Capturados y asesinados cuando garantizaban seguridad del Repliegue

Según la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador”, dirigida actualmente por Frank “Machillo” González Morales y Juan Carlos “Marcial” Soza Aragón,  Gabuardi Castillo formó parte de la llamada Jornada del Repliegue táctico de Managua a Masaya, consistente en explorar el camino para que la Vanguardia del Repliegue Táctico de Managua a Masaya pasara sin ser emboscado, y luego, después de la una de la mañana del 28 de junio de 1979, garantizar la Retaguardia del Repliegue a Masaya, para que no fuese atacado por detrás por la Guardia Nacional somocista, la cual tenía tres comandos en el Reparto Schick Gutiérrez, un Batallón en los alrededores de las “Cuatro Esquinas”, al Sur de la Comarca “Jaguitas”; una patrulla superarmada con ametralladoras calibre 50 en el Cruce de Veracruz y otra patrulla superarmada con ametralladoras calibre 30 y fusiles automáticos en la colina o Cerro Arenero en “Piedra Menuda”, unos cuatro kilómetros antes de entrar a “Piedra Quemada” por el Camino Buena Vista.

Después de este operativo militar de resguardo del Repliegue, según la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador” y Marta Gabuardi Castillo,  Mario Ramón regresa a su casa muy de madrugada, aparentemente, con el fin de agenciarse de ropa y zapatos, para seguir al Repliegue Táctico de Managua a Masaya, el cual estiman iría ya cerca de Veracruz, y es cuando lo atrapan los grupos de asesinos de la guardia somocista, y a partir de ese momento, Mario Ramón Gabuardi Castillo desaparece para siempre.

A doña Emelina le llegaron a informar que su hijo Mario Ramón y otros jóvenes rebeldes, como René Polanco Chamagua, José Santos Mayorga Alemán, “Oso” Marín, Joaquín Valle Corea, Domingo Matus Méndez, Óscar Gutiérrez Solano, entre otros, habían sido capturados mediante un operativo gigantesco montado por la Guardia Nacional con varios centenares de guardias asesinos, “orejas” y “soplones” del Reparto Schick Gutiérrez, entre los cuales se mencionan a Bismark “Sapo” Prado  y a “Cara de Moto” como los responsables de que este grupo numeroso de jóvenes haya sido capturado, asesinados y desaparecidos sus cuerpos.

Sus cadáveres fueron desaparecidos por la Guardia Nacional

Doña Emelina, repito de 93 años cumplidos en 2017, con la mente muy lúcida, sentada en una silla mecedora, relata igualmente que el cadáver de su hijo Mario Ramón y del resto de jóvenes capturados y asesinados, fueron buscados en el trayecto de la Ruta Original del Repliegue a Masaya, en “Lomas de San Judas”, por la “Escuela de Arte”, frente al Teatro Rubén Darío, en la “Cuesta del Plomo”, en el Cerro Mokorón, donde vieron centenares de cadáveres de jóvenes asesinados, pero en ninguna parte hallaron sus cadáveres.

Suponen que además de asesinarlos atrozmente, les quemaron sus cuerpos para que no fuesen reconocidos en ninguna parte. “Con esa atrocidad primitiva, brutal, sanguinaria, lo que hicieron estos asesinos implacables de la dictadura somocista fue convertir en gloriosos Héroes y Mártires de la Patria Azul y Blanca a nuestros hijos, mientras ellos (los guardias, “orejas” y “soplones”) se convertían en fango asqueroso, hediondo, que nadie quiere tener a su lado”, comentó doña Emelina Castillo.

A Mario Ramón le sobreviven sus hermanos: Carlos, Rosario, Javier, Ronaldo, Víctor Manuel, Marta, Rosa y Enrique.

Doña Emelina sigue residiendo en la misma casa F-10, situada de la Pulpería Chaparral, en el Barrio René Polanco del mismo Reparto Schick Gutiérrez, dos cuadras al Norte y media al Oeste. Tiene el teléfono:   86796998.

 Óscar Antonio Gutiérrez Serrano

Óscar Antonio Gutiérrez Serrano era del grupo de jovencitos, adolescentes, rebeldes antisomocistas ejemplares del Reparto Schick Gutiérrez, en otras palabras, de la “pelota” de José Santos Mayor Alemán, Joaquín Valle Corea, “Oso” Marín Gaitán, Osvaldo Largaespada Lagos, Domingo Matus Méndez, René Polanco Chamagua, Manuel Salvador Cuadra Pérez, etc.

Tenía 15 años de edad, era casi un niño, y estudiaba su primer año de bachillerato en el Instituto José R. Somoza, del mismo Reparto Schick Gutiérrez, cuando estalló la Insurrección Sandinista en junio de 1979.

La Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador” ubica su caída en “La Jornada del Repliegue Táctico de Managua a Masaya”, pues cayó cumpliendo misiones militares y de inteligencia popular cuando el Repliegue de Managua a Masaya de más de seis mil capitalinos se movilizaba hacia Masaya los días 27, 28 y 29 de junio de 1979.

Cuando Óscar Antonio Gutiérrez Serrano cae, su hermano Enrique Gutiérrez Serrano ya estaba convertido en uno de los Héroes y Mártires de la atroz masacre de Batahola, cometida por feroces guardias somocistas sanguinarios el 15 de junio de 1979, cuando aproximadamente unos 150 jóvenes Combatientes Populares, Jefes Guerrilleros y pobladores implicados en la Insurrección se replegaban, en pleno día, a las once de la mañana, entre el Barrio Monseñor Lezcano y el Barrio San Judas.

Esa horrenda masacre fue cometida por soldados de la Escuela de Entrenamiento Básico (EEBI, “escuela de asesinos” le llamaba la población) de la GN desde el Cerro Batahola, donde está ubicada la residencia del Embajador Norteamericano y en la orilla de las instalaciones de la Embajada de Estados Unidos, de donde también les dispararon a los jóvenes que cruzaban por predios montosos, sin parapeto alguno que los protegiera.

Allí cayó Enrique Gutiérrez Serrano, después de combatir y destruirles varios comandos a los guardias somocistas genocidas en Monseñor Lezcano, Altagracia y Las Brisas.

Mientras tanto, Óscar Antonio Gutiérrez Serrano, el hermano menor, también andaba con las armas en las manos, en compañía del grupo mencionado de jóvenes rebeldes, ejecutando emboscadas a patrullas BECAT de la Guardia Nacional y hostigando en contra de los tres Comandos que tenía el alto mando de la  dictadura somocista en el Reparto Schick Gutiérrez.

Guerrillero y orador consumado en su colegio de secundaria

Este jovencito de 15 años era ya un consumado orador arengando con discursos encendidos a sus compañeritos de clases en el Instituto José R. Somoza, en su barrio, para que se sumaran a la lucha política y militar en contra de la dictadura somocista genocida.

La casa de su madre, Andrea Serrano Gutiérrez y de su padre, Esteban Gutiérrez Escobar, estaba (y está ahí mismo) casi enfrente de uno de los tres comandos que tenía la guardia somocista genocida en el Reparto Schick Gutiérrez. Este comando GN estaba ubicado del Tanque Rojo dos cuadras al Oeste y una cuadra al Norte, donde es hoy uno de los colegios del Reparto Schick.

Doña Andrea Serrano Gutiérrez está viva y forma parte del equipo político sandinista en el sector del antiguo Tanque Rojo del Reparto Schick, conocido como “Primera Etapa”. Don Esteban Gutiérrez Escobar ya falleció hace varios años.

Fabricaba explosivos y manejaba buzones de armas

En su vecindario se cuentan numerosas historias heroicas sobre este jovencito de 15 años de edad. Se lo ubica en combates frontales contra guardias de los comandos mencionados. Fabricaba explosivos, elaboraba bombas de contacto dentro de su vivienda humilde, la cual  al mismo tiempo era casa de seguridad de Jefes Guerrilleros y de la “pelota” de chavalos rebeldes del Reparto Schick Gutiérrez y dentro de la misma casa tenía un buzón de armas y municiones.

En una ocasión, según su madre Andrea Serrano Gutiérrez, su hijo guardó un paquete de bombas de contacto en uno de los roperos, y por el calor intenso, la bomba explotó y casi la mata a ella que estaba dentro de la vivienda.

Andrea relata que su hijo mayor, Enrique Gutiérrez Serrano, varios años antes de la Insurrección de Junio de 1979, se había convertido en algo así como “la mascota de Carlos Fonseca Amador”, jefe de la Revolución Popular Sandinista, cuando este se llegaba a esconder en varias casas del Reparto Schick Gutiérrez, entre otras, donde Andrea Solano Gutiérrez y en la casa del “Oso” Marín, ambas cercanas a los comandos de la Guardia Nacional somocista genocida.

Asimismo doña Andrea recuerda cómo su hijo mayor, Enrique Gutiérrez Serrano, había convertido su vivienda en casa de seguridad, buzón de armas y centro de entrenamientos de arme y desarme de armas de todo tipo, en los cuales participaba Óscar Gutiérrez Serrano y virtualmente toda “la pelota” de jóvenes rebeldes antisomocistas del Reparto Schick Gutiérrez.

En una ocasión, relata Andrea Serrano Gutiérrez, Óscar con un grupo de chavalos fue a asaltar el Centro de Salud del vecindario, de donde sustrajeron gassas, frascos grandes mertiolate, galones de alcohol, desinfectantes varios, paquetes de algodones, etc., todo lo cual se utilizó para curar heridos cuando estalló la Insurrección u Ofensiva Final de junio de 1979, en Managua.

Capturado, asesinado y desaparecido por GN cuando andaba en misiones del Repliegue

Igual que el resto de la “pelota” de chavalos rebeldes del Reparto Schick Gutiérrez, Óscar Antonio Gutiérrez Serrano fue designado por el mando del Estado Mayor del Frente Interno, encabezado por los Comandantes Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra Lacayo, para darle protección al Repliegue Táctico de Managua a Masaya, primero, en la Vanguardia y después  en la Retaguardia.

En esas misiones combativas andaban cuando fueron capturados, torturados, masacrados, despedazados y desaparecidos por guardias somocistas y “orejas” de la Oficina de Seguridad, en la noche del 27 de junio, el 28 de junio en la madrugada, el mismo 28 de junio a lo largo del día y al amanecer del 29 de junio de 1979.

Óscar Antonio Gutiérrez Serrano desapareció. No reapareció vivo ni muerto. Fue asesinado por la dictadura somocista genocida. Su cadáver fue buscado minuciosamente en numerosos sitios de Managua, ¡y nada, no se encontró¡

Con Óscar Antonio y Enrique, los hijos de doña Andrea Serrano Gutiérrez son 12 en total: Sebastiana, Enrique, Manuel, Ricardo, Gloria, Ronald, Óscar Antonio, Blanca, Denis, Marlon, Marisol y Andrea. Esta última es la menor.

Doña Andrea Serrano Gutiérrez, madre de estos dos hermanos caídos del Reparto Schick, reside de donde fue el Tanque Rojo tres cuadras al Oeste, una cuadra al Norte y una cuadra al Este. Tiene el teléfono:   22892142.

Julio César “Bamba” Juárez Roa

Julio César “Bamba” Juárez Roa.  Este jovencito de 22 años, también era estudiante  del Instituto Miguel Ramírez Goyena cuando estalló la Insurrección, u Ofensiva Final, en Managua.  En su casa, con la complicidad de su mamá Dora Roa Medrano, fallecida hace seis años (2013), en el Barrio conocido como “La Habana”, ubicado entre los vecindarios de la Colonia Nicarao, Barrio Ducualí y Barrio Venezuela, se efectuaban reuniones clandestinas y se distribuían trabajos conspirativos en contra de la tiranía somocista.

Esta viejita, Dora Roa Medrado, participó todos los años en la reedición del Replieguito “por la ruta original”, encabezado por Alejandro “Comandante Huesito” Mairena Obando, hasta que falleció hace tan sólo seis años, cuando ya andaba en silla de ruedas, por problemas artríticos en las rodillas.

Según Marta Chavarría Roa, hermana menor de Julio César “Bamba” Juárez Roa, la casa de doña Dora en “La Habana” era buzón de armas, pertrechos militares, escondite de numerosos jefes guerrilleros, se cambiaban de ropa allí, elaboraban propaganda armada dentro de la casa, y en todo eso participaba “Bamba”, indica Marta.

Según los relatos de familiares y amigos de aquellos días, “Bamba” Juárez Roa, además, perteneció a la Columna Oscar Pérez Cassar, la que fue jefeada primero por Roberto “Zarco” Castellón y después por Walter “Chombo” Ferrety Fonseca. A esta columna asimismo se le conoció como “Caza Perros” en la Zona Oriental-norte de Managua.

En realidad era una columna móvil para combatir a los guardias nacionales somocistas genocidas, con el fin de impedirles su ingreso a la zona insurreccionada y mantenerlos “maneados”, es decir, que no pudieran tomar la iniciativa militar ni en contra de la Insurrección en la Zona Oriental-norte de Managua ni hacia otros lados del país.

En la casa de “Bamba” Juárez, casi todas eran  mujeres, y muy niñas, con excepción de doña Dora. Al saber que su hijo se había ido con rumbo desconocido y que los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares ya no estaban en la Zona Oriental de Managua, ella, Dora, tomó la decisión de irse donde unos familiares, para evitar que los mataran a todos, pues sabía que la guardia somocista y los “orejas” buscaban a su hijo Julio “Bamba” Juárez para matarlo.

Marta asegura que efectivamente durante la “operación limpieza” de la guardia somocista, después del Repliegue de Managua a Masaya, catearon la casa, la dejaron “patas arriba”, s e robaron todo lo que había dentro, aunque no encontraron  nada de los guerrilleros y Combatientes Populares, porque éstos sacaron todo y se lo llevaron en Retirada hacia Masaya.

Julio no pudo decirles hacia dónde iban. “Vamos en Repliegue, no sé adónde”, les dijo a su madre y hermanas pequeñas. Al irse, esperanzado, “Bamba” les dijo: “!El triunfo de la Revolución está cerquita, ya viene¡”, y se alejó en la oscuridad, el 27 de junio de 1979, a las seis y media de la tarde, cargando una mochila en la que llevaba un pantalón, una camisa, una toalla, unos jabones, un cepillo de dientes, medicinas y una caja de bombas de contacto, rumbo hacia la Calle de la Clínica Don Bosco, en el entonces Barrio “Meneses” y “Santa Bárbara”, hoy Barrio Venezuela. La Calle de la Clínica Don Bosco está tan sólo a dos cuadras de donde vivía “Bamba” Juárez Roa, en el Barrio “La Habana”.

Sin embargo, nunca volvieron a verlo. Sus amigos y compañeros de columna trajeron la noticia, después del triunfo revolucionario del 19 de julio de 1979, de que Julio César “Bamba” Juárez Roa había caído durante el bombardeo aéreo mortal de la guardia somocista genocida en “Piedra Quemada” contra el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

“Quedó como desaparecido. Su cadáver nunca apareció. Mi madre  buscó su cadáver en todo el lado Norte de “Piedra Quemada” durante varios meses. Hasta se nos dijo que una bomba lo había destrozado por completo, y que los restos de su cuerpo quedaron carbonizados. Sí supimos que él se fue al Repliegue a Masaya, porque él  vino a la casa, se vistió, aliñó su mochila, comió, envolvió comida en papeles, y cuando se iba, ya en la oscuridad de la noche, dijo: “Vamos en Repliegue,  no sé para dónde”, y sus amigos y  conocidos, al regreso de Masaya, después del 19 de julio, nos trajeron la noticia de que realmente iba en el Repliegue y que cayó en “Piedra Quemada”, dice Marta Chavarría Roa, su hermana menor.

Por su parte, Alejandro “Comandante Huesito” Mairena Obando asegura que doña Dora Roa Medrano, madre de Julio “Bamba” Juárez Roa, nunca falló a las reediciones del Replieguito “por la ruta original” que la Asociación de Combatientes Históricos del Distrito IV realiza todos los años, “sin haber faltado ni una sola vez”.

Esto último es confirmado por Isabel Aráuz Rugama, sobreviviente del Repliegue de Managua a Masaya y coordinadora actual de la Asociación de Mujeres Sandinistas y de Madres de Héroes y Mártires. Isabel, inclusive, actualmente recoge datos históricos y biográficos de los Héroes y Mártires de Managua, incluyendo los del Repliegue a Masaya.

Doña  Dora Roa Medrano falleció hace tres años. Varios años, antes de morir, andaba en silla de ruedas, por dos derrames cerebrales y porque sus rodillas andaban mal. Para ir al Replieguito la llegaban a traer en un microbús. Su hija menor es quien vive en la misma casa, en el Barrio La Habana,  con varios hijos menores y su marido,  de la Clínica Don Bosco, dos cuadras al Este y media cuadra al Sur. Tiene los teléfonos: 22481263 y 88751492.

Le sobreviven a “Bamba” Juárez sus hermanas y hermano:   Elisa, Rosario, Doris,  Isabel, Vanessa, Marta, Karla,  y Jorge.

Según Marta Chavarría Roa lo que más necesitan en ayuda por parte del gobierno es en la mejora de su casita y becas para sus hijos, nietos de doña Dora Roa Medrano.

 Osvaldo Antonio Largaespada Lagos

Osvaldo Antonio Largaespada Lagos, de 21 años,  cayó en el Reparto Schick Gutiérrez en lo que la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador” denomina “Jornada del Repliegue Táctico de Managua a Masaya”.

La “Jornada del Repliegue a Masaya”, según Frank “Machillo” González Morales,  consistió en que varios centenares de jóvenes Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros fueron designados para cumplir numerosas tareas militares, conspirativas, de exploración, de vigilancia de los enemigos (guardias, agentes de la Oficina de Seguridad o “escuadrones de la muerte”, soplones, “orejas”, “jueces de mesta”), con el fin de asegurar, primero, la Vanguardia y Retaguardia del Repliegue a Masaya en la Ruta Trazada, la cual comenzó en la Calle de la Clínica Don Bosco, siguió por Rubenia, Catorce de Septiembre, cauce del Reparto Schick (donde habían tres Comandos de guardias de la Guardia Nacional) y luego continuó por la entrada del Camino Viejo de la Comarca Jaguitas, rumbo a “Cuatro Esquinas”, “Piedra Menuda” y “Piedra Quemada”.

En todo este trayecto, o Ruta, fue el trabajo de exploración y vigilancia de estos Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros, para que la masa humana de seis mil managuas no fuese emboscada a mansalva por la guardia somocista genocida, y precisamente alrededor de 20 de estos jóvenes fueron delatados por varios soplones, entre otros, Bismark “Sapo”, quien se hizo pasar por “amigo” y “compañero de lucha” de todos ellos y, precisamente, el 27 a media noche y el 28 en la madrugada, se apareció con tres camiones repletos de guardias y armas, para darle cacería a estos jóvenes rebeldes, revolucionarios sandinistas, Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros, entre ellos: Osvaldo Antonio Largaespada Lagos.

“Además, asegura Frank “Machillo” González Morales, numerosos de estos jóvenes Combatientes Populares fueron regresados a cumplir otras misiones combativas cuando el Repliegue de Managua a Masaya ya iba acercándose al Cruce de Veracruz, donde hubo otro  combate con una patrulla de la guardia somocista genocida.

Según sus hermanas vivas todavía, Yadira del Socorro y Concepción del Carmen Largaespada Lagos, residentes de donde fue el Tanque Rojo del Reparto Schick desde mucho antes de la Insurrección  Sandinista de junio de 1979, precisamente a tan sólo una cuadra al Oeste, en la orilla del cauce, estaba uno de los tres Comandos de la Guardia Nacional, a cuyos soldados vigilaban estos muchachos al momento del paso del Repliegue Táctico de Managua a Masaya. El Repliegue a Masaya, con más de seis mil ciudadanos de Managua caminando en sigilo, pasó por en medio de estos tres Comandos de guardias somocistas genocidas.

Yadira del Socorro y Concepción del Carmen Largaespada Lagos y “Machillo” González Morales, coordinador de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador”, coinciden en que gracias a esta labor de exploración y espionaje de estos jóvenes rebeldes, el Repliegue Táctico de Managua a Masaya pudo pasar en sigilo por esta Ruta Original trazada por el Estado Mayor del Frente Interno, encabezado por los Comandantes Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra Lacayo.

Capturado, asesinado y desaparecido cuando iba en busca de unirse al Repliegue

De acuerdo con Yadira del Socorro y Concepción del Carmen, Osvaldo Antonio Largaespada Lagos andaba terminando de cumplir estas tareas asignadas, muy de mañanita del 28 de junio de 1979, cuando a su casa llegaron centenares de guardias superarmados en tres camiones, a capturarlo.

Osvaldo Antonio ya no estaba en su casa, pues había llegado de madrugada, rápido, se cambió de ropas, comió un poco, y salió. Sólo dijo que iba a unirse a sus compañeros que iban “en retirada” por el rumbo de la Comarca “Jagüitas”, después de asegurar el paso de la Retaguardia del Repliegue por esta parte del Reparto Schick, donde abundaban los guardias asesinos, los “soplones”, miembros de “escuadrones de la muerte” y “orejas” de la Oficina de Seguridad (OSN).

Yadira del Socorro y Concepción del Carmen observaron que con los centenares de guardias asesinos andaban los soplones Bismark “Sapo” Prado y “Los Luchos”, quienes inicialmente se hicieron pasar como “amigos” de los chavalos rebeldes, jugaban béisbol con estos jóvenes, pero en realidad los andaban espiando, y esa noche del 27 de junio de 1979, además, los siguieron para saber qué andaban haciendo cuando, precisamente, vigilaban para que el Repliegue de Managua a Masaya pasara sin problemas entre los tres Comandos GN referidos, ubicados: uno del Tanque Rojo  tres cuadras al Oeste, en la orilla del cauce; el segundo, en la entrada al Camino de  la Comarca “Jagüitas”, o del Cine Ideal dos cuadras al Este, y el tercero era un Batallón de la EEBI ubicado en Baterías Hasbani, en la orilla del mismo cauce del Reparto Schick Gutiérrez.

Se afirma ahora que por instrucciones de Jefes Guerrilleros, las casas de estos soplones fueron incendiadas cuando la Insurrección Sandinista estaba en pleno apogeo en la Zona Oriental-norte de Managua.

Se supone que Osvaldo Antonio Largaespada Lagos fue capturado por este grupo de asesinos cuando iba rumbo a “Cuatro Esquinas”, en la Comarca “Jagüitas”, o tal vez ya estaba en “Piedra Menuda”, detrás de la marcha del Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Todos los chavalos o jóvenes capturados en ese operativo somocista gigantesco del 28 en la madrugada, y en la mañanita, fueron asesinados y desparecidos. Sus cadáveres no aparecieron nunca. Hay certeza entre familiares, amigos y vecinos de que fueron torturados, despedazados y quemados por la soldadesca bestial del somocismo genocida, jefeado por Anastasio Somoza Debayle.

Estudiaba secundaria en el Miguel de Cervantes Saavedra

Osvaldo Antonio Largaespada Lagos estudiaba quinto año de bachillerato en el Instituto Miguel de Cervantes Saavedra, en el ZUMEN, en la entrada Norte al Barrio San Judas; y al mismo tiempo laboraba en gestiones de partidas de nacimiento en Alcaldía de Managua o Distrito Nacional.

Los relatos familiares y de compañeros de combates rebeldes en contra de la dictadura militar somocista, Osvaldo Antonio Largaespada Lagos se había organizado con el grupo de los hermanos Solano en el Barrio Ducualí, Cuna de la Insurrección Oriental, y de paso se coordinaban con los Combatientes Populares de las Colonias Nicarao, Catorce de Septiembre, Don Bosco, Colombia y Luis Somoza (Diez de Junio).

Yadira del Socorro Largaespada Lagos recuerda que su hermano en media insurrección llegó a su casa, de noche, herido levemente, y que fue curado allí mismo en la casa. Las dos hermanas sabían que Osvaldo Antonio había participado en emboscadas a patrullas de la guardia somocista, en fabricación de explosivos, en traslado de los mismos explosivos de una trinchera de combate a otra en la Zona Oriental de Managua, en utilización de bombas de contacto contra convoyes de guardias, hacía labores de correo clandestino, y por último la designación para que vigilaran a los enemigos por el paso del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, por el Reparto Schick Gutiérrez.

Antes de trasladarse al Reparto Schick en 1967, Francisco Antonio Largaespada Orozco (fallecido hace 10 años) y Mercedes del  Carmen Lagos García (fallecida hace cuatro años), padre y madre respectivamente de Osvaldo Antonio Largaespada Lagos, vivían en una colonia contigua a la Estación del Ferrocarril, en las cercanías del Teatro Rubén Darío, antes del Terremoto de 1972.

Se compraron ese lotecito en que viven hoy, situado de donde fue el Tanque Rojo, una cuadra al Oeste y media cuadra al Norte, donde posteriormente la Guardia Nacional somocista genocida instaló uno de los Comandos referidos, para controlar a esta pobretería, considerada desde siempre enemiga de la dictadura somocista, jefeada por Anastasio Somoza Debayle.

En esa dirección  le sobreviven a Osvaldo Antonio sus hermanas Yadira del Socorro, Concepción del Carmen, Francisco Alberto y José Luis Largaespada Lagos, quienes tienen el teléfono convencional: 22553446. Osvaldo Antonio tenía una novia, llamada Zoila, quien estudiaba en la Escuela Nacional de Comercio.

 Marta Lorena “Cleo” López Mojica

Marta Lorena “Cleo” López Mojica. Según datos biográficos incompletos, Marta Lorena vivía con su mamá, María Adilia Mojica, en el Barrio San José Oriental, donde se conoció con Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez, mientras ambos participaban en la lucha política y militar organizada en contra de la dictadura somocista.

Marta Lorena estudiaba su quinto año de bachillerato en el Colegio Miguel Bonilla Obando. Su mamá ya falleció hace varios años y el resto de su familia ya no vive en el Barrio San José Oriental.

Ricardo Ordeñana Solórzano, cuñado viudo de Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez, indica que no se sabe qué rumbo tomó el resto de la familia de Marta Lorena “Cleo” López Mojica, después de fallecida doña María Adilia Mojica. No se conoce quién era su papá.

Frank “Machillo” González Morales y Alejandro “Comandante Huesito” Mairena Obando,  ambos de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador”, elogian abundantemente el comportamiento combativo de Marta Lorena López Mojica y su decisión valiente, audaz y solidaria de quedarse cuidando a su marido en las “Cuatro Esquinas” de la Comarca Jagüitas, “a sabiendas de que la matarían, porque un batallón de la guardia somocista genocida estaba en los alrededores”.

Marta Lorena era una muchacha jovencita de unos 19 años, bonita, graciosa, esbelta,  amable, Combatiente Popular en vecindarios como “Campo Bruce” (hoy Rigoberto López Pérez), San José Oriental y Paraisito, iba en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Ella  personalmente se había implicado en la Insurrección, u Ofensiva Final, y no podía quedarse fuera del Repliegue de Managua a Masaya por doble razón: su implicación en los combates, de trinchera en trinchera, con las armas en las manos, para derrumbar a la dictadura somocista genocida, y porque su esposo Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez había sido herido gravemente, estaba hospitalizado en el Hospital Clandestino del Instituto Experimental México, en Bello Horizonte, y era conducido en camilla durante el célebre Repliegue Táctico de Managua Masaya.

Marta Lorena López Mojica y “Sobrino” Dávila Sánchez se quedan donde la familia Cajina Fonseca, en las “Cuatro Esquinas”, al Sur de la Comarca “Jaguitas”, donde ambos eran conocidos y amigos.

Descubiertos y asesinados atrozmente por GN-EEBI en “Cuatro Esquinas”

Ambos fueron escondidos allí en una casa y en un furgón, donde los guardias somocistas genocidas de la EEBI los descubrieron y después los asesinaron a eso de las siete de la mañana del 28 de junio de 1979, unas pocas horas después del paso del Repliegue Táctico de Managua a Masaya por este sitio de  las “Cuatro Esquinas”, en el extremo Sur de la Comarca “Jagüitas”.

Existe un monumento en homenaje a Marta Lorena López Mojica, en una de las calles del Barrio Rigoberto López.

César Sánchez, periodista y hermano mayor de Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez, escribió un libro sobre parte de la gesta revolucionaria de su adorado y respetado hermano, aunque no revela detalles de cómo “Sobrino” Dávila Sánchez ingresa al Frente Sandinista, de la Tendencia Proletaria, y tampoco detalla sobre los combates en que participó en la Zona Oriental-norte de Managua.

Elogia César Sánchez a Marta Lorena “Cleo” López Mojica por haber acompañado sin vacilaciones a su marido Carlos Alberto Dávila Sánchez cuando este fue herido gravemente en un combate en el Barrio Paraisito, donde a punta de disparar con su ametralladora calibre 30 neutralizó y arrebató una tanqueta a la guardia somocista genocida. Los elogios de César Sánchez son abundantes al exponer cómo Marta Lorena López Mojica sin vacilar un instante se queda con su marido en las  “Cuatro Esquinas” para cuidarlo y protegerlo de la posibilidad de que lo asesinaran. Al final, los guardias los asesinaron a ellos dos y a otros capturados en “Cuatro Esquinas”, en la Ruta original del Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

En el libro mencionado se publican fotos del homenaje popular, u honras fúnebres, a Carlos Alberto Dávila Sánchez y a su esposa Marta Lorena López Mojica, en el Puente Paraisito, el 29 de agosto de 1979, después de haber recuperado sus cadáveres en “Camino del Río”, cerca de la Comarca Sabana Grande, en el Oriente de Managua. Fueron sepultados juntos en el Cementerio Oriental de Managua.

Esa ceremonia fúnebre y de contenido político revolucionario, con los cadáveres de ambos presentes allí, fue registrada por el Diario BARRICADA en los primeros días del mes de agosto de 1979.

Cerca de este mismo sitio, “Sobrino” Dávila Sánchez y Marta Lorena “Cleo” López Mojica, fueron casados en una ceremonia militar revolucionaria por Frank “Machillo” González Morales, Jefe Guerrillero de la Tendencia Proletaria en ese momento, con la presencia de centenares de Combatientes Populares de los Barrios Paraisito,  San José Oriental y de “Campo Bruce” (hoy Rigoberto López Pérez), antes de que se produjera el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Sobre “Sobrino” Dávila Sánchez y Marta Lorena “Cleo” López Mojica se puede consultar a Frank “Machillo” González Morales en la Asociación de Combatientes Históricos “Carlos Fonseca Amador”, situada de la Racachaca cuadra y media al Sur, en el Barrio Altagracia.

 José Luis “Oso”  Marín Gaitán

José Luis “Oso” Marín Gaitán tenía 19 años y era Técnico Electricista Industrial, graduado en el Instituto Técnico Vocacional, ubicado de “La Subasta” cinco cuadras al Norte, en la orilla del Lago de Managua.

Este joven de 19 años era ya una leyenda en el Reparto Schick Gutiérrez, pues además de trabajar en instalaciones de sistemas eléctricos en los Repartos y Colonias que se construían en la década del 70 en Managua, lo veían jugando béisbol los fines de semana, haciendo propaganda revolucionaria guerrillera en las noches en su vecindario, en otros barrios cercanos y dentro de autobuses y camionetas de pasajeros, y también organizando a la “pelota” de jóvenes rebeldes antisomocistas del Reparto Schick Gutiérrez, con el fin de enfilarlos en la lucha armada.

Se conoce que en su casa y la de los Centeno, ambas ubicadas del antiguo Tanque Rojo tres cuadras al Oeste y cuadra y media al Norte, se hospedó clandestinamente varias veces Carlos Fonseca Amador, jefe de la Revolución Popular Sandinista.

“Oso” Marín Gaitán andaba con la “pelota” de jóvenes rebeldes antisomocistas del Reparto Schick Gutiérrez, entre otros: Joaquín Valle, José Santos Mayorga Alemán, Francisco René Polanco Chamagua, Domingo Matus Méndez y Osvaldo Antonio Largaespada Lagos, todos los cuales fueron asesinados atrozmente por guardias somocistas genocidas.

Su padre, Luis Armando Marín López (de 80 años en 2013), señala que su vivienda se convirtió en casa de seguridad  de Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros, más buzón de armas y explosivos, pues “Oso” Marín Gaitán se reunía allí con la “pelota” de jóvenes rebeldes antisomocistas, y en realidad las casas de cada uno de ellos, era sitio de reuniones clandestinas, buzones de armas y lugares donde planeaban las emboscadas contra patrullas de la guardia, o ataques a los Comandos GN en el Reparto Schick Gutiérrez y Zona Oriental de Managua.

Ángela Gaitán Lezama, madre de “Oso”, fallecida hace varios años, también colaboraba en las actividades guerrilleras clandestinas de su hijo José Luis “Oso” Marín Gaitán.

Se emboscaba en ramas de árboles para lanzar bombas a BECAT

En su vecindario se afirma que “Oso” inclusive se subía, solito, a árboles  frondosos de chilamates, con cajas de bombas de contacto, en los sitios por donde pasaban patrullas BECAT de la Guardia Nacional en el Reparto Schick, les  lanzaba esos explosivos a los guardias, se bajaba velozmente y se corría. De esa forma, destruyó numerosos  jeeps BECAT en la Zona del Reparto Schick.

“Oso” Marín Gaitán entraba y salía de su casa, cuando la Insurrección Sandinista estaba en pleno apogeo en junio de 1979. Siempre procuraba que nadie lo siguiera. Le llegaba contando a su padre que había participado en enfrentamientos armados en trincheras de combate en el propio Reparto Schick, en las Colonias Nicarao, Catorce de Septiembre, en los barrios Ducualí, El Edén y para el lado de Santa Rosa.

La propia noche de salida del Repliegue Táctico de Managua Masaya, el 27 de junio cerca de las doce de la noche, el grupo de Combatientes Populares de “Oso” Marín Gaitán sostuvo un combate rápido contra guardias somocistas y “orejas” y “soplones” de las Oficina de Seguridad cerca del Cine Ideal, donde andaban operando soldados de la GN y soplones, mientras el Repliegue a Masaya ya se desplazaba por el Reparto Schick.

Resguardaba al Repliegue cuando fue capturado y asesinado

“Oso” Marín andaba en operaciones de exploración, vigilancia y controles de los enemigos somocistas, la noche del 27 y madrugada del 28 de junio, para que el grueso de casi siete mil ciudadanos capitalinos del Repliegue de Managua a Masaya pasaran sin ser emboscados a mansalva por la Guardia Nacional somocista genocida, en este sitio del Oriente de  Managua.

Este grupo de jóvenes rebeldes, como queda expresado, fue infiltrado por soplones u “orejas” de la Oficina de Seguridad y de la Guardia Nacional. Se supone que “Oso” Marín Gaitán fue capturado precisamente en la madrugada del 28 cuando se movía afanosamente en protección del Repliegue a Masaya, primero en su Vanguardia temprano, antes de la media noche, y después en la Retaguardia del mismo Repliegue cuando ya era pasada la una de la mañana del 28 de junio de 1979.

Su padre, su madre, sus hermanas menores, sus familiares, sus compañeros rebeldes antisomocistas y amigos, no volvieron a saber nada de “Oso” Marín Gaitán. Se supone que lo agarraron junto a Joaquín Valle y José Santos “Cerro Negro” Mayorga Alemán.

Su padre, Luis Armando Marín López, de 80 años al 2013, asegura que él, sus familiares y vecinos tuvieron noticias de que este grupo de jóvenes fueron capturados, por las delaciones de los soplones somocistas, la madrugada del 28 de junio, cuando aseguraban el paso de la Retaguardia del Repliegue a Masaya por la parte oriental del Reparto Schick, antes de salir al Camino de la Comarca Jagüitas, rumbo al Cruce de Veracruz,  “Piedra Menuda” y “Piedra Quemada”, en el lado Norte del Volcán Masaya.

No aparecieron ni vivos ni muertos

Don Luis Armando  Marín López indica que inicialmente creyeron que encontrarían vivos a este grupo de jóvenes revolucionarios sandinistas, pero poco a poco esa idea se fue desvaneciendo, especialmente al darse el Triunfo de la Revolución Popular Sandinista, el 19 de julio de 1979, pues en realidad la búsqueda organizada, amplia, no los encontró ni vivos ni muertos.

Marín López recuerda que numerosas familias del Reparto Schick Gutiérrez se juntaron, de forma organizada, para buscar a sus hijos vivos o muertos, durante varios meses, y no encontraron nada. Fueron a “Piedra Quemada”, recorrieron Nindirí, anduvieron en los sitios en que la guardia somocista genocida tiraba cadáveres de asesinados, entre otros: Cuesta del Plomo, Escuela de Arte, Lomas de San Judas, frente al Teatro Popular Rubén Darío, por donde es hoy el Club Terraza, en la costa del Lago de Managua, etc.

El último sitio que visitaron fue el Cerro Mokorón, frente a la UNAN-Managua, donde los jefes del naciente Ejército Popular Sandinista les mostraron las tumbas colectivas en que centenares de cuerpos asesinados fueron echados por la Guardia Nacional somocista genocida, y allí no estaban los cuerpos de sus hijos. Encontraron algunas ropas parecidas a las que andaban puestas sus hijos, nada más.

Sospechan que los cuerpos de estos jóvenes fueron quemados, como iban a hacer un grupo de guardias asesinos con el cuerpo de Manuel Matus Méndez, cuyo cadáver fue rescatado por una mujer del mismo Reparto Schick Gutiérrez.

“Oso” Marín Gaitán dejó una niña, pues su esposa estaba embarazada cuando él fue asesinado el 28 de junio de 1979, en la madrugada. Esa niña es enfermita, es discapacitada, informa el abuelo Luis Armando Marín López. La madre de “Oso” Marín Gaitán, Ángela Gaitán Lezama, falleció hace varios años.

A “Oso” Marín Gaitán le sobreviven sus hermanos menores: Sonia, Martín, Ana Julia, Petrona y Carla. Esta familia reside en el mismo sitio, de donde fue la “Casa de la Mujer”, una cuadra al Este y una cuadra al Norte, en la casa No. A-95.  Don Luis Armando Marín López tiene el teléfono celular:   86132204.

 Hermanos Martínez, o Hipólito Martínez Guzmán

Los Hermanos Martínez, o Hipólito Martínez Guzmán.  Finalmente, después de una larga búsqueda de casi un mes, encontré a Daniel Gregorio Martínez Velásquez, hermano mayor de Hipólito Martínez Guzmán, este último caído y desaparecido durante el bombardeo aéreo infernal de la guardia somocista genocida en el lado Norte de “Piedra Quemada”,  frente al Volcán Masaya, el 28 de junio de 1979, entre las diez y media de la mañana y las dos de la tarde.

Hipólito Martínez Guzmán era un niño Combatiente Popular, de apenas 14 años cumplidos, de esos chavalos excepcionales que hubo durante los combates de la Ofensiva Final contra la dictadura somocista genocida.

Este caso singular se conoció durante más de 30 años como el de los “Hermanos Martínez”, caídos en “Piedra Quemada”, durante el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, pues la madre de ambos, Victoria Guzmán Velásquez (ya fallecida hace cuatro años) siempre dijo que dos de sus hijos habían caído en el Repliegue a Masaya,  en el lado Norte de  “Piedra Quemada”.

Doña Victoria Guzmán repetía ese dicho convencido cada año que acompañaba al “Replieguito por la Ruta Original”, organizado y ejecutado por unos mil acompañantes de Alejandro “Comandante Huesito” Mairena Obando, quien lo lleva, precisamente, hasta “Piedra Quemada”,  todos los años desde 1980.

Daniel Gregorio Martínez Velásquez, quien tenía 16 años al momento del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, indica que en realidad el caído en “Piedra Quemada” fue su hermano menor Hipólito Martínez Guzmán, cuyo cadáver jamás fue encontrado.

Ocurre, según Daniel Gregorio, que doña Victoria Guzmán Velásquez hacía tal afirmación porque su otro hijo Faustino Martínez Guzmán también cayó combatiendo contra la dictadura somocista durante la Insurrección de junio de 1979, en el Ingenio San Antonio, en Chichigalpa, Chinandega.

También llegaba a “Piedra Quemada” don Simeón Donato Martínez, padre de los tres Hermanos Martínez, implicados en la lucha armada contra el somocismo genocida primero en Santa Lucía, Boaco, de donde son originarios, y después en la Insurrección Sandinista en Managua.

Organizaron buzones de armas en Reparto Amanda

Daniel Gregorio Martínez relata que los tres Hermanos Martínez estaban organizados en estructuras juveniles escolares y del Frente Sandinista guerrillero clandestino en Santa Lucía, Boaco, con Andrés Mendoza Pérez, Lucy Mayorga Obando y otros jóvenes y chavalos como Hipólito, y que como sus padres tenían casa en el Reparto Amanda (hoy Berta Díaz, cerca del Aeropuerto Sandino), entonces esto facilitó que los dirigentes guerrilleros  sandinistas los remitieran a Managua, y que se ubicaran en las dos casas de seguridad de los Martínez y de Andrés Mendoza padre.

Puestos aquí en el Reparto Amanda, recuerda Daniel Gregorio Martínez, organizaron de mejor manera las casas de seguridad, con la finalidad de que la guardia somocista, los “orejas”, “soplones”  y paramilitares no los fueran a detectar. También organizaron dos buzones de armas, municiones y bombas de contacto en los canales de los techos de ambas viviendas, ubicadas entre fincas y las cercanías del Lago de Managua.

Por disposiciones del Estado Mayor del Frente Interno, encabezado por los Comandantes Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra Lacayo, los dos Hermanos Martínez y Andrés Mendoza Pérez fueron enviados a combatir inicialmente en la Insurrección de los Barrios Occidentales, específicamente en los vecindarios Monseñor Lezcano, Santa Ana, Linda Vista, Las Brisas, Altagracia y Loma Verde.

Participaron en los violentos combates para destruir el Cuartel militar o Sección de Policía que la Guardia Nacional somocista genocida tenía en el Barrio Monseñor Lezcano. También en los enfrentamientos a balazos que hubo con soldados o guardias en el Sur de San Judas, Torres Molina, Villa Roma y Loma Linda.

Sobrevivieron en la masacre de Batahola

Participaron en el Repliegue Táctico de Monseñor Lezcano a San Judas el 15 de junio de 1979, el cual fue masacrado por la GN-EEBI en Batahola, en el lado Suroeste de la Embajada Norteamericana, ejecutada por un batallón de la Escuela de Entrenamientos Básico (EEBI) de la Guardia Nacional, cuyos efectivos militares dispararon centenares  de ráfagas de ametralladora 50 contra casi 300 combatientes replegados.

Casi 100 de esos jóvenes replegados fueron masacrados a mansalva por los guardias somocistas genocidas, quienes dispararon las ametralladoras desde el Cerro Batahola, cerca de la Residencia del Embajador gringo.

Desde dentro de los muros de la Embajada Norteamericana también dispararon contra los jóvenes que iban en Repliegue de Monseñor Lezcano a San Judas.

Los Hermanos Martínez y Andrés Mendoza Pérez sobrevivieron a la masacre de Batahola. .

Los dos Hermanos Martínez y Andrés Mendoza Pérez, sobrevivientes de la masacre, fueron enviados entonces a la Zona Oriental de Managua, donde el mando del Estado Mayor del Frente Interno se los ubicó en trincheras de combate de vecindarios como Paraisito, San José Oriental, María Auxiliadora y San Cristóbal, donde uno de los jefes de columnas combativas era Frank “Machillo” González Morales, perteneciente al Frente Sandinista Proletario clandestino.

Estos tres jovencitos participaron en el famoso combate contra contingentes de la Guardia Nacional el 21 de junio en los barrios Paraisito, San José Oriental y Rigoberto López Pérez, pues la GN intentaba romper el cerco de la Insurrección por esta vía, pero más bien fue derrotada y se le destruyeron tanques, tanquetas, camiones de transporte de infantería y municiones y se les arrebataron numerosas armas de guerra.

Ambos Hermanos Martínez se van en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya aquella noche del 27 de junio de 1979. Don Daniel Gregorio Martínez recuerda que iban en el centro de las columnas; en las que iban jefeadas por William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra Lacayo.

Hipólito desapareció en el bombardeo aéreo de “Piedra Quemada”

Sin embargo, después del Cruce de Veracruz, donde se registró un combate con una patrulla de la Guardia Nacional somocista genocida, y que hubo tres caídos del Repliegue a Masaya y se le arrebató una ametralladora 50 a los guardias, los dos Hermanos Martínez no se volvieron a ver nunca más.

Daniel Gregorio Martínez indica que Andrés Mendoza Pérez y él siguieron caminando juntos hasta “Piedra Quemada”, frente al Volcán Masaya, donde Daniel Gregorio vio caer a Mendoza Pérez partido por los charnelazos de un mortero.

No supo nada de su hermano Hipólito Martínez Guzmán. Estando ya en Masaya el 29 de junio de 1979, varios compañeros Combatientes Populares del Repliegue, originarios de Managua, le informaron a Daniel Gregorio que su Hermano Hipólito había sido partido por charneles de rockette lanzados desde aviones Push and Pull en “Piedra Quemada”.

Le dijeron también que el cadáver de Hipólito Martínez Guzmán había quedado sepultado a medias en la orilla del camino en el lado Norte de “Piedra Quemada”, y que lo habían tapado con piedras, arenas y pedazos de ramas secas.

El cadáver de Hipólito Martínez Guzmán jamás fue encontrado. Su madre y su padre organizaron brigadas de búsqueda en los meses de julio, agosto y septiembre del mismo año 1979, pero no lo encontraron.

Su madre, Victoria Guzmán, venía todos los años al “Replieguito por la Ruta original” y siempre decía que tenía la esperanza de que su hijo Hipólito algún día apareciera vivo. Dejó de venir a Managua y “Piedra Quemada” hasta que la muerte la sorprendió hace siete años, en la Santa Lucía, Departamento de Boaco.

Su padre, Simeón Donato Martínez, se ha quedado viviendo en Managua. Está muy enfermo, según Daniel Gregorio Martínez Velásquez, quien reside actualmente en la entrada a “Pajarito Azul”, en el Kilómetro Diez de la Carretera Nueva a León, en Ciudad Sandino. Tiene el teléfono:   83674359.

Cuando se registró la Insurrección Sandinista Victoriosa de junio de 1979, los tres Hermanos Martínez eran estudiantes de secundaria en Santa Lucía, Ciudad de Boaco. Estaban por bachillerarse.

Daniel Gregorio Martínez Velásquez ha tenido que aprender numerosos oficios para sobrevivir en Managua. Hace de electricista, albañil, carpintero, ebanista, fontanero, y sale todos los días de su casa, en la dirección mencionada, a realizar “trabajos por cuenta propia” y “a domicilio” también.

 Rolando José “Condorito” Martínez Rivera

Rolando José “Condorito” Martínez Rivera fue de esos Combatientes Populares multifacéticos, a quienes los Jefes Guerrilleros Proletarios ponían a hacer “mil tareas diferentes” encaminadas todas al socavamiento militar de la dictadura somocista genocida.

Hacía “pintas” en paredes y muros, en las carrocerías de los autobuses urbano colectivos, distribuía propaganda política y armada en vecindarios como Paraisito, San Cristóbal, María Auxiliadora, El Edén, Ducualí, en las colonias  Diez de Junio, en Don Bosco; trasladaba armas de un lado a otro, fabricaba explosivos y bombas de contacto, tenía a su cargo una casa de seguridad, un buzón de armas de guerra y municiones, y era un joven conectado plenamente con otros Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros como Frank “Machillo” González Morales, Alfonso “Mascota” García González, con “Bujía”, con “Indio Jerónimo”, con “el nueve dedos”, “Chelín” y Salvador “Chava ”Pérez Alemán, Bayardo Berríos (hoy Comisionado de la Policía),  por ejemplo, quienes operaban contra la guardia somocista antes y durante la Insurrección Sandinista en vecindarios como Paraisito, San José Oriental, “Campo Bruce” (hoy Rigoberto López Pérez), Larreynaga, El Edén y  Ducualí.

“Machillo” González Morales era, antes de la Insurrección Final, uno de los jefes principales de este grupo mencionado, en el cual estaba metido a fondo “Condorito” Martínez Rivera.

Al estallar la Insurrección Sandinista el nueve de junio de 1979, “Condorito” Martínez Rivera tenía 17 años, residía en el Barrio Paraisito y estudiaba secundaria en el Instituto Maestro Gabriel  (situado al Noroeste del barrio Larreynaga, contiguo a al Barrio San Luis), donde unos 300 estudiantes formaban una “pelota” revolucionaria antisomocista, incluyendo a Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez y Marta Lorena López, quienes ya en ese momento actuaban de manera organizada con el FSLN clandestino y con las armas en las manos, en Managua.

La madre de “Condorito” Martínez Rivera, Narcisa Eusebia Rivera Munguía, de 81 años actualmente, dice que su hijo era un sujeto alegre, y parecía andar divertido en sus conspiraciones organizadas en contra del régimen somocista genocida.

“Condorito” tenía buzón de armas y bombas en canal de desagüe

Recuerda que su vivienda en el Barrio Paraisito fue convertida “en casa de seguridad de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares y en buzón de armas” por su hijo “Condorito” Martínez Rivera. “No hay dónde esconder estas armas, mamá…voy a acondicionar el canal de desagüe en el techo de la casa, para esconder las armas”, le dijo “Condorito” Martínez Rivera a su madre, e inmediatamente se puso a trabajar con pedazos de zinc, y allí colocó armas, municiones, bolsas de explosivos, propaganda escrita.

Según Narcisa Eusebia Rivera Munguía, los demás Combatientes Populares, “Condorito” y sus hermanos José Ortiz Rivera y Francisco Luis Rivera, por “señas” se indicaban unos a otros dónde estaban las armas, las cuales tomaban y metían en sacos, canastos, cartones, costales de manta, etc., y salían a las calles como que iban de compras, cuando en realidad se dirigían a hacer “operativos militares con esas armas”.

Cuando todo el grupo se juntaba en la casa de Narcisa Eusebia, en el Barrio Paraisito, casi en silencio se les oía decir que estaban organizados en los  Comandos Revolucionarios del Pueblo (CRP).

“Condorito” Martínez Rivera llegaba a su casa, en medio de la Insurrección y de los tiroteos generalizados,  a comer; se cambiaba de ropas, se bañaba, y volvía rápido hacia las trincheras de combates en Paraisito, en San Cristóbal, María Auxiliadora, El Edén y el San José Oriental, que eran los vecindarios más cercanos a su casa en el Barrio Paraisito.

El 27 de junio de 1979, día o noche en que arrancó el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, su madre y sus hermanos ya no vieron a “Condorito” Martínez Rivera. “Seguramente su situación combativa se lo impidió”, comenta uno de sus hermanos, todavía vivo.

Su cadáver desapareció en “Piedra Quemada”

En la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos de Managua, brazo político histórico del Frente Sandinista, encabezados por Frank “Machillo” González Morales y Juan Carlos “Marcial” Soza Aragón, testimonian que “Condorito” se fue en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

No sobrevivió al bombardeo aéreo infernal de la guardia somocista genocida contra el Repliegue Táctico de Managua a Masaya en “Piedra Quemada”, frente a la entrada antigua del Volcán Masaya. El cadáver de “Condorito” Martínez Rivera desapareció.

Su madre, Narcisa Eusebia Rivera Munguía, vecinos, familiares y amigos, formaron una brigada de búsqueda en “Piedra Quemada”, en el Camino Viejo al casco urbano de  Nindirí, por los desfiladeros del lado Este de  la Laguna de Masaya, por donde pasó el Repliegue a Masaya en plena oscuridad y en silencio sepulcral; recorrieron también la “Ruta Original del Repliegue” hacia atrás, para el lado de “Piedra Menuda”, “Cuatro Esquinas”, el Cruce de Veracruz, Reparto Schick Gutiérrez, pero encontraron el cadáver de “Condorito” Martínez Rivera.

 Narcisa Eusebia Rivera Munguía vive con uno de sus hijos en una casita que le mandó a construir el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional, ubicada del portón del Hospital “Manolo Morales Peralta”, cinco cuadras al Sur, una cuadra al Oeste y 80 varas al Sur, en el Barrio Grenada, en Managua. Tiene los teléfonos: 89105109 y 89536940.

José Santos “Cerro Negro” Mayorga Alemán

José Santos “Cerro Negro” Mayorga Alemán  era un jovencito de 17 años, perteneciente a la “pelota” de unos 500 jóvenes rebeldes antisomocistas de los vecindarios René Schick Gutiérrez, “La Fuente” (Ariel Darce), Reparto Santa Julia y Colonia Nicarao. Estaba organizado en la “Juventud Revolucionaria”.

José Santos Mayorga Alemán aparece en los listados oficiales y no oficiales de caídos o Héroes y Mártires del Repliegue de Managua a Masaya, por ejemplo en los libros: “Porque viven siempre entre nosotros”, del Instituto de Estudios del Sandinismo; e “Insurrección Sandinista Victoriosa y Repliegue de Managua a Masaya” de Pablo E. Barreto Pérez.

José Santos Mayorga Alemán estudiaba su secundaria en el Instituto René Schick Gutiérrez, el cual pasó a nombrarse “José Santos Mayorga Alemán” después del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista. Al mismo tiempo, José Santos, a pesar de su corta edad, era obrero soldador en la Ferretería Reynaldo Hernández, donde fue contactado y organizado en la estructura guerrillera militar por el Frente Sandinista Proletario.

La familia de José Santos Mayorga Alemán vivía casi en enfrente de donde tenía un Comando la Guardia Nacional somocista genocida, específicamente del Tanque Rojo del Reparto Schick Gutiérrez, dos cuadras al Oeste y unas 60 varas al Norte, en la orilla del cauce, donde después de 1979 se edificó el Instituto “José Santos Mayorga Alemán”.

Un poco al Sureste, cinco cuadras al Sur y cuadra y media al Este, en la entrada del Camino Viejo  a la Comarca “Jagüitas”, estaba otro Comando de la Guardia Nacional. Y antes de estos dos lugares, en la orilla del cauce que va a dar al antiguo “Tanque Rojo”, en la Fábrica de Baterías Hasbani, estaba un Batallón de la Escuela de Entrenamiento Básico (EEBI) de la Guardia Nacional.

Por estos tres sitios, en sus orillas, en sus costados, pasó el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, integrado por un poco más de seis mil ciudadanos de Managua, entre Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y civiles implicados en la Insurrección u Ofensiva Final, entre las diez y media y las once de la noche del 27 de junio de 1979.

El Repliegue Táctico de Managua a Masaya comenzó a moverse de cada uno de los Barrios, Repartos y Colonias implicados en la Insurrección Oriental-norte, un poco después de las seis de la tarde de ese 27 de junio de 1979.

El Reparto Schick Gutiérrez (Oriente de Managua urbana)  fue parte de la Ruta Original escogida por los miembros del Frente Interno, jefeado por los Comandantes Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra Lacayo, y el Estado Mayor de Managua, integrado, entre otros, por los comandantes Osvaldo Lacayo Gabuardi, Walter Ferrety Fonseca, Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz, Marcos Somarriba García, Mónica Baltodano Marcenaros, Rolando “Cara Manchada” Orozco Mendoza, Raúl Venerio Granera, Sergio Gómez Vargas, Humberto del Palacio González, etc.

El Reparto Schick Gutiérrez fue en realidad el sitio más mortalmente peligroso para el paso del Repliegue Táctico de Managua a Masaya. Y así quedó demostrado, pues casi a media noche, cuando íbamos acercándonos al Tanque Rojo, por el cauce, se produjeron encontronazos a tiros con guardias, “soplones” y “orejas” de la Oficina de Seguridad y de la Guardia Nacional somocista genocida.

“Cerro Negro” participó en combates y ajusticiamientos de “orejas”

Además de haber participado activamente en emboscadas, en colocaciones de explosivos, ajusticiamientos de guardias y orejas, en combates en trincheras combativas de las Colonias Nicarao y Catorce de Septiembre, frente a la “Treceava Sección de Policía”, al momento en que el Repliegue Táctico de Managua a Masaya se movía hacia la Ruta Original, cargando casi 200 heridos, un grupo de jovencitos Combatientes Populares del Reparto Schick Gutiérrez fue asignado por el mando del Repliegue para que vigilaran los movimientos de los guardias en los Comandos GN mencionados arriba.

Según Freddy Mayorga Alemán, hermano de José Santos, e Isidro Collado, padrastro de “Cerro Negro”, esta tarea guerrillera la estaban desempeñando unos 12 muchachos del Reparto Schick, un poco después de las siete de la noche del 27 de junio de 1979, entre otros: Joaquín Valle, Luis Marín, Mario Masías Paredes, Domingo Matus Méndez y José Santos Mayorga Alemán.

El grupo de jóvenes rebeldes guerrilleros se habían dividido el trabajo de espionaje, para garantizar la seguridad de la Vanguardia y Retaguardia del Repliegue a Masaya. Usaban los patios, techos de sus casas, árboles altos, el cauce mismo, más disimulos y disfraces en las calles, con el fin de  observar cómo se estaban moviendo los guardias y “orejas” de la Oficina de Seguridad entre el Barrio  “La Fuente” y el Reparto Schick Gutiérrez, hasta la altura del Tanque Rojo (este ya desapareció. Estaba ubicado del Cine Ideal cuatro cuadras al Norte)

“Orejas” asquerosos facilitaron el genocidio de la GN

Sin embargo, el grupo de jovencitos no sabían que la guardia somocista genocida les había infiltrado un asqueroso agente, llamado Bismarck “Sapo” Prado, quien pasó información de cómo y en qué zonas se andaban moviendo estos muchachos.

Los testimonio de Freddy Mayorga Alemán y de isidro Collado indican que el grupo de muchachos, incluyendo José Santos, Joaquín Valle, Luis Marín, Mario Masías Paredes y Domingo Matus Méndez, fueron “cazados” de uno en uno en sus patios propios y ajenos, en las calles oscuras y entre matorrales, cuando el Repliegue de Managua a Masaya se estaba moviendo, pues “Sapo” Prado inclusive hasta había hecho un mapa, en el cual indicaba a los guardias y “orejas” cuáles eran esas rutas entre patios y calles del Reparto Schick, el cual entonces estaba todavía lleno de árboles, solares vacíos y cauces oscuros como el que usamos los casi  siete mil replegados de Managua a Masaya.

Freddy Mayorga Alemán e Isidro Collado no recuerdan al resto de nombres de los chavalos capturados por traición de “Sapo” Prado. Todos desaparecieron. Sus cadáveres nunca aparecieron, con excepción del cuerpo de  Domingo Matus Méndez, porque éste tuvo la “suerte” de que un grupo numerosos de vecinos de este sector de Managua presenció, en medio de la oscuridad, cuando estaba siendo asesinado por los guardias somocistas genocidas.

Domingo Matus Méndez descuartizado

Según doña Ana Mercedes García, de 77 años actualmente, Domingo Matus Méndez asesinado con saña inaudita, le desbarataron la cabeza a golpes y balazos, y con un machete le descuartizaron todo el cuerpo.

Domingo Matus Méndez tuvo “suerte” porque ese grupo de vecinos desafiando a los guardias se salió a la calle, y pidieron “piedad” para el cuerpo del jovencito Matus Méndez, de apenas 17 años de edad.

Ana Mercedes García llevó una bolsa plástica y un carretón de manos hasta el sitio en que los guardias inclusive se disponían a prenderle fuego, con gasolina, al cuerpo desbaratado de Domingo Matus Méndez. “No hombre, no lo quemen… Démenlo, yo le voy a dar cristiana sepultura”, suplicó Ana Mercedes a los guardias somocistas genocidas.

“Ah, con que vos sos familiar de este revoltoso, hijueputa…!Llevátelo ya, o lo quemamos¡”, le respondieron. Unas dos horas antes, en las cercanías de los Billares “Shanguello”, otro grupo de guardias había matado a balazos a un ciudadano, y frente a su casa le prendieron fuego, ese mismo día 27 de junio de 1979, en la tardecita, cuando el Repliegue Táctico de Managua a Masaya ya se movía o desplazaba hacia el lado del Reparto Schick Gutiérrez, para irse por el Camino Viejo de la Comarca “Jaguitas” hacia el rumbo de “Piedra Quemada”.

Ese fue el ambiente de terror, pánico espantoso impuesto por los guardias somocistas genocidas, era como un ejército invasor, enemigo, que andaba en labor de matanza furibunda en el Sector Oriental de los Barrios “La Fuente” y del Reparto Schick Gutiérrez, mientras el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, precisamente, se movía por su ruta original hacia la Ciudad de las Flores.

En ese ambiente de terror, de opresión dictatorial, como si estuviese allí arrasando en matanza planificada el ejército nazifascista alemán de Hitler, o de Pinochet en Chile, o de Videla en Argentina, o de Strosner en Paraguay, o del ejército boliviano ocupado por la CIA y el “Pentágono” yanqui para matar al  Guerrillero Ernesto “Ché” Guevara de la Serna, en ese ambiente capturaron y desaparecieron a José Santos Mayorga Alemán, a Joaquín Valle Corea,  a Luis Marín y a Mario Masías Paredes.

Eran un poco más de 12 jóvenes los que participaban en el operativo de seguridad de la Vanguardia y Retaguardia del Repliegue Táctico de Managua a Masaya. Además, todos ellos, incluyendo a José Santos Mayorga Alemán, esperaban el paso del grueso del Repliegue, para irse en él en el rumbo que llevara, hasta ese momento destino desconocido, pues el destino acordado sólo lo conocían los miembros del Estado Mayor del Frente Interno y del Estado Mayor de Managua.

Cadáver de “Cerro Negro” desapareció

Isidro Collado y Freddy Mayorga Alemán aseguran que su madre y su padre: Elba Alemán, ya fallecida hace 12 años; y Ariel Mayorga Ramírez, fenecido hace diez años, con amigos, familiares y vecinos, buscaron palmo a palmo el cadáver de José Santos Mayorga Alemán en sitios como el mismo Reparto Schick, en “La Fuente”, en la Comarca “Jagüitas”, en “Cuatro Esquinas” (donde también asesinaron a Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez y a su esposa Marta Lorena López Mojica), en la “Cuesta del Plomo”, en las cercanías del Teatro Popular Rubén Darío, en las Lomas de San Judas, y por último fueron a las tumbas colectivas que tenían los guardias somocistas genocidas en el Cerro de Mokorón.

Allí se encontraron vestimentas parecidas a las que andaba José Santos Mayorga Alemán la noche del 27 de junio de 1979. Doña Elba y don Ariel tenían la esperanza de encontrar vivo a José Santos y fueron al acto en la Plaza de la Revolución, el 20 de julio de 1979. Hurgaron en todos los rostros curtidos que pudieron ver, y no encontraron a su adorado hijo José Santos Mayorga Alemán. Nunca más lo volvieron a ver.

Cesaron  esa búsqueda del cadáver de José Santos hasta en octubre del mismo año 1979. Se convencieron de que su hijo José Santos fue asesinado por el accionar del soplón Bismarck “Sapo” Prado.

Parte de la familia sigue residiendo de donde fue el “Tanque Rojo” dos cuadras al Oeste, en una esquina, en la mera orilla del cauce.  Freddy Mayorga Alemán, ya retirado de la Policía Nacional, reside del Cine Salinas dos cuadras al Oeste, cuatro cuadras al Sur y una cuadra al Oeste. Tiene el teléfono: 87537765. Isidro Collado, por su parte, pone como dirección para hablar con él la Tapicería situada exactamente enfrente del Semáforo del Böer, en el Gancho de Caminos.

 Felipa Mejía Membreño

Felipa Mejía Membreño, de 20 años, cayó durante el bombardeo criminal del somocismo genocida contra los participantes del Repliegue Táctico de Managua Masaya, el 28 de junio, a las once y media de la mañana, según el testimonio de Ricardo Robleto Espinoza, quien era del grupo de los “proletarios” en la Insurrección, u Ofensiva Final, para derrocar a la dictadura oprobiosa de los Somoza.

Felipa Mejía Membreño, igual que todo el resto de los casi siete mil replegados de Managua a Masaya, intentó protegerse de los charneles de las bombas de 500 y 1,000 y de los rockett que lanzaban los aviones Push and Pull, pero varios charneles le alcanzaron el cuerpo cuando  se protegía detrás de uno de los troncos de árboles de mamones en el lado Norte de “Piedra Quemada”, cuando faltaban tan sólo 700 metros para llegar a la Carretera a Masaya, a la altura del kilómetro 22, frente a la entrada antigua (sobre el colchón de piedra quemada y puntuda) al Volcán Masaya.

El cadáver de Felipa Mejía Membreño quedó allí en “Piedra Quemada” semisepultado  en una zanja poco profunda. Se le echaron piedras, arena y pedazos de ramas encima. Fue recuperado su cadáver por sus familiares casi dos meses después del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista, según el testimonio de Ricardo Robleto Espinoza, quien fue uno de los fundadores de la Central Sandinista de Trabajadores (CST), en la cual ocupó diversos cargos, en varios períodos, fue diputado suplente a la Asamblea Nacional por el FSLN y actualmente tiene un cargo administrativo en el Distrito VI de la Alcaldía de Managua.

Felipa Mejía Membreño, indica este testimonio de Robleto Espinoza, fue reclutada por Lucío Jiménez Guzmán, Darma Lila Carrasquilla y Carlos Borge Galeano en el “Barrio La Luz”, “La Rebusca”, hoy llamado “Isaías Gómez”, cuando los cuatro eran al mismo tiempo parte de los organizadores de los Comités Obreros Revolucionarios (COR) clandestinos en Managua, y regidos por el grupo de los proletarios en el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) clandestino en aquel momento.

Felipa Mejía Membreño fue  destinada por este grupo de los proletarios sandinistas clandestinos a trabajos organizativos, políticos, militares y propagandísticos en Américas Dos (hoy Villa José Benito Escobar Pérez), donde vivía con su familia.

Era una de las mejores Combatientes Populares. Cumplió innumerables tareas revolucionarias, asegura Ricardo Robleto Espinoza. No dejó hijos. Una de las calles de Villa José Benito Escobar tiene su nombre, y en ese vecindario se la ha puesto como ejemplo de lucha inclaudicable.

Ricardo Robleto Espinoza puede ser consultado en la Delegación VI de la Alcaldía de Managua, del Hospital Alemán-Nicaragüense al tope Sur. Tiene el teléfono: 89777020.

 Andrés Edgard Mendoza Pérez

Andrés Edgard Mendoza Pérez. Tenía 17 años y era estudiante del quinto año de  secundaria al estallar la Insurrección en Managua.  Aparece en los libros de Historia: “Porque Viven Siempre entre Nosotros” e “Insurrección Sandinista Victoriosa y Repliegue Táctico de Managua a Masaya”, del Instituto de Estudios del Sandinismo y de Pablo E. Barreto Pérez, respectivamente, como Andrés Edgard Mendoza Martínez, originario de Santa Lucía, Boaco, y caído en “Piedra Quemada” durante el Repliegue a Masaya, el 28 de junio de 1979, al medio día.

Daniel Gregorio Martínez Velásquez, sobreviviente del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, paisano y compañero de lucha de Mendoza Pérez y de Lucy “Lula” Mayorga Obando, también combatiente insurreccional en Managua y originaria de Santa Lucía, Boaco, aclaran ambos que Mendoza Pérez era boaqueño y que su segundo apellido era Pérez y no Martínez.

Mendoza Pérez era un Combatiente Popular convencido de que era indispensable “jugarse el pellejo” con valentía y audacia para combatir al aparato militar opresor del somocismo genocida, para derrocarlo y de ese modo liberar a Nicaragua del dominio yanqui  por medio de la tiranía de los Somoza Debayle.

Daniel Gregorio Martínez Velásquez asegura que fue triste, muy triste para él, ver cómo el cuerpo de Andrés Edgard Mendoza Pérez quedó destrozado, hecho pedazos, por los charneles de centenares de bombas infernales lanzadas por los guardias somocistas genocidas en “Piedra Quemada”, en el frente Norte del Volcán Masaya, cerca de la orilla de la Carretera a Masaya aquel 28 de junio de 1979, entre las diez y media de la mañana y las dos de la tarde.

Numerosos boaqueños en la Insurrección de Managua

Daniel Gregorio Martínez Velásquez relata, 38 años después, que en realidad en la Insurrección Sandinista de Managua habían numerosos boaqueños, entre ellos él mismo, Lucy “Lula” Mayorga Obando, un hombre al que sólo recuerdan como “Torrez” y el mismo Andrés Edgard Mendoza Pérez.

Lucy “Lula” no participó en el Repliegue a Masaya, pero conoce parte de la historia de lo que pasó con Mendoza Pérez. Según Martínez Velásquez, Mendoza Pérez y él se fueron juntos en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Ambos aprendieron a moverse en la clandestinidad en Managua, partiendo de que vivían en el “Reparto Amanda”, hoy nombrado “Berta Díaz”, contiguo a la Colonia Las Mercedes, en la orilla de la Carretera Norte, cerca del Aeropuerto Augusto C. Sandino.

“Torrez” reclutó al grupo y lo puso a disposición de quienes dirigían las operaciones guerrilleras clandestinas, previas a la Insurrección de junio de 1979. La casa de Andrés Mendoza y Francisca Pérez (padre y madre de Andrés Edgard Mendoza Pérez) se convirtió en casa de seguridad de guerrilleros y en buzón de armas, tiros o municiones, bombas de contacto, propaganda política y armada, recuerda Lucy “Lula” Mayorga Obando, política sandinista actual de un sector del Barrio Berta Díaz.

Manejaba buzones de armas y emboscadas contra GN

Como cuadro orgánico joven, recién organizado, Andrés Mendoza Pérez, el hijo, era uno de los encargados de hacer funcionar el buzón de armas, municiones y bombas de contacto. El funcionamiento seguro de la casa de seguridad era responsabilidad de todo el grupo, señala Lucy “Lula” Mayorga Obando, quien reside de “La Subasta” tres cuadras al Norte, en el Barrio Berta Díaz.

Al grupo lo enviaron inicialmente a operar en emboscadas a la guardia somocista, a atacar las secciones de Policía que tenía la GN en los barrios Monseñor Lezcano y San Judas. Ambas secciones de Policía o de guardias nacionales fueron destruidas en ataques guerrilleros a balazos y bombazos. Allí andaba Andrés Edgard Mendoza Pérez, hace notar Lucy “Lula” Mayorga Obando.

Después de los fieros combates en la Zona Suroccidental  de Managua y de ocurridas las masacres de la Escuela de Entrenamiento Básico (escuela de asesinos) de la Guardia Nacional en Batahola, “Kilocho” y “Hacienda El Vapor”, los mandos del Frente Interno y del Estado Mayor de Managua, ordenan que un grupo de sobrevivientes de estas masacres, entre otros Andrés Mendoza Pérez, se trasladen a la Zona Oriental-norte de Managua.

Daniel Gregorio Martínez Velásquez indica que él y Mendoza Pérez fueron enviados a combatir con fusiles y bombas de contacto  en trincheras de combate en vecindarios como Paraisito, San José Oriental y San Cristóbal, y que ahí no más llegó la fecha del Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Ellos dos, Gregorio y Andrés Mendoza Pérez, se fueron en el Repliegue a Masaya. Ambos llevaban sus fusiles respectivos  y formaron parte de columnas armadas, ubicadas en el centro del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, jefeado por los Comandantes Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra Lacayo.

Partido por charneles en “Piedra Quemada”

Puestos en “Piedra Quemada”, frente al Volcán Masaya, igual que todo el resto de los casi siete mil replegados de Managua a Masaya, fueron víctimas del infernal bombardeo aéreo desatado por la Guardia Nacional somocista en ese sitio cercano al kilómetro 21 de la  Carretera a Masaya, en un trecho de un poco más de 750 metros, donde fue lo más crudo del lanzamiento de centenares de bombas de 1,000 y 500 libras, más los morterazos lanzados desde aviones Push and Pull y las balas de ametralladoras calibre 50, disparadas desde un avión amarillo, llamado “Dundo Ulalio” por la gente.

Una de esas  bombas de 1,000 libras destrozó el cuerpo de Andrés Mendoza Pérez. Como pudo, con ayuda de otros compañeros, Daniel Gregorio Martínez Velásquez, colocó en una oquedad los pedazos de cuerpo de aquel joven boaqueño y los cubrió con piedras, arena y pedazos de palo de allí mismo de “Piedra Quemada”, territorio de Masaya.

Martínez Velásquez sobrevivió ileso al bombardeo aéreo infernal en “Piedra Quemada”, en Nindirí el mismo 28 de junio y después a los bombardeos continuos sobre la Ciudad de Masaya, hasta el 18 de julio de 1979, en la noche, cuando lanzaron desde el Cerro del Coyotepe el último ataque mortal que dejó ocho muertos a la caravana proveniente de Granada, encabezada por el Comandante Carlos Núñez Téllez, después de la liberación total de la “Gran Sultana” o sencillamente, Granada.

Su cadáver también desapareció en “Piedra Quemada”

Al retornar a Managua el 19 de julio de 1979, en la tardecita, Daniel Gregorio Martínez Velásquez se fue al Reparto Amanda (Berta Díaz hoy), donde Andrés Mendoza padre y Francisca Pérez, la mamá, a darles la noticia triste de la caída de Andrés Edgard Mendoza Pérez, en “Piedra Quemada”.

Fueron a buscar el cuerpo destrozado de Andrés Edgar Mendoza Pérez, pero no lo hallaron. Desapareció.

Lo buscaron palmo a palmo en los aproximadamente 750 metros de lo más fuerte del bombardeo, y no lo encontraron. Pasó igual que con otros cuerpos de Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros caídos allí en “Piedra Quemada”, porque cuando sus cuerpos fueron buscados, había pasado casi un mes de aquel bombardeo aéreo infernal del somocismo genocida contra el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Doña Francisca Pérez ya falleció hace cuatro años. Don Andrés Mendoza todavía vive en Santa Lucía, Boaco. Toda la familia ha retornado a Boaco. Lucy “Lula” Mayorga Obando, amiga cercana de la familia de Andrés Mendoza Pérez y política del FSLN en un sector del Barrio Berta Díaz, vive de “La Subasta” cuatro cuadras al Norte y responde a los teléfonos: 22632250,  83774359 y 85179966.

 Ernesto Navarro Jiménez

Ernesto Navarro Jiménez.  Era un jovencito de 16 años cuando se integró a grupos insurreccionales del Barrio  Waspán Sur, de las Colonias Villa Fraternidad, Américas Uno, Américas Tres (Villa Revolución) y Américas Cuatro (Villa Venezuela). Estudiaba su bachillerato en el Instituto de Unidad de Propósitos, uno de los centros educativos más beligerantes en la lucha antisomocista y a la vez más reprimido por la Guardia Nacional.

Arsenio Solís González, uno de los Combatientes Populares del FSLN en aquellos momentos insurreccionales de 1979 y miembro de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador”, agrega que Ernesto Navarro Jiménez estuvo integrado a las escuadras de combates frontales contra los guardias somocistas genocidas en el Barrio Santa Rosa y en el Reparto Bello Horizonte, donde la lucha armada era coordinada por Marcos Somarriba García, Javier “99” López, Lucío Jiménez Guzmán, Francisco “Chico Garand” Guzmán Fonseca y otros compañeros.

La madre de este joven se llama Margarita Navarro Molina,  y vive en la Ciudad de  Rivas. Quien cuidó de Ernesto en Managua es su tío Enrique Navarro, todavía vivo.  Según Enrique Navarro Somarriba, hermano menor, Ernesto Navarro Jiménez no contó en ningún momento con el apoyo de su familia, y tuvo que jugárselas solo, yéndose a juntar con los grupos antisomocistas ya mencionados.

Arsenio Solís González, perteneciente ahora a la estructura organizativa de la Asociación de Combatientes Históricos de Managua, añade que Navarro Jiménez fue uno de los mejores Combatientes Populares en Santa Rosa y Bello Horizonte, adonde fue asignado por el Estado Mayor del FSLN guerrillero que operaba en esta zona insurreccional, en junio de 1979.

Navarro Somarriba, su hermano,  indica que Ernesto se fue en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya. La información suministrada por Arsenio Solís González y el mismo

Fue herido mortalmente en “Piedra Quemada”

Navarro Somarriba indican que durante el bombardeo aéreo criminal del somocismo genocida en “Piedra Quemada” contra el Repliegue de Managua a Masaya, Ernesto y otros cuatro Combatientes Populares que iban juntos, resultaron heridos gravemente por los charneles de los rockette o de las bombas de 1,000 y 500 libras.

Estos cinco Combatientes Populares heridos gravemente, incluyendo Ernesto,  fueron subidos en microbuses recuperados en casas de guardias en la salida de “Piedra Quemada” al Kilómetro 22 de la Carretera a Masaya.

El relato suministrado a Navarro Somarriba, su hermano menor, por otros Combatientes Populares de Waspán y las Américas, incluyendo a Arsenio Solís González, indica que Ernesto Navarro Jiménez falleció en el intento de llegar al Hospital de Masaya, ya tomado por Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares de la Ciudad de las Flores.

Navarro Jiménez y otros Combatientes Populares heridos graves en “Piedra Quemada” y que eran transportados en vehículos en medio de la represión salvaje de los guardias nacionales mediante el bombardeo aéreo y los ataques a mansalva desde los Cerros del Coyotepe y Barranca y por los lados de la Fábrica de Clavos INCA y de la Hielera en Santa Rosa, y que murieron en el camino e intento de salvarles la vida, fueron sepultados en algunos sitios de Masaya.

En el caso de Navarro Jiménez, este fue sepultado en las cercanías de la Iglesia San Jerónimo, en el lado Norte de Masaya. Según su hermano Enrique Antonio Navarro Somarriba, el cadáver de Ernesto Navarro Jiménez fue recuperado sin dificultades pocos días después del Triunfo de la Revolución Sandinista, pues estaba plenamente identificado el sitio en que había sido sepultado.

Fue sepultado en el Cementerio de los Mártires de Waspán Sur

En este caso también se tomó la decisión de sepultarlo en el Cementerio de los Héroes y Mártires del Barrio Waspán Sur de Managua, donde hay enterrados 32 mártires, incluyendo el de Ernesto Navarro Jiménez.

En este Cementerio de los Héroes y Mártires de Waspán también están sepultados alfabetizadores que fueron asesinados por bandas contrarrevolucionarias somocistas-yanquis,  en la década del 80.

Este Cementerio de los Héroes y Mártires de Waspán estuvo totalmente abandonado en la década del 90. Fue hasta que se organizó la Brigada de Desarrollo Municipal de Managua, encabezada por Ramiro José Mejía, Manuel Cerpas Centeno, Arsenio Solís González y Pablo E. Barreto Pérez, en 2001, hasta entonces, este Cementerio fue limpiado, ordenado y se le construyó el muro actual, pues hasta ese año 2001 era defecadero público, centro de consumo de drogas y hasta apareció un sujeto ahorcado en uno de los chilamates.

Ahora el Cementerio de los Héroes y Mártires de Waspán se conserva dentro del muro que construyeron personalmente los miembros de esta Brigada de Desarrollo Municipal de Managua, hoy transformada en el Consejo de Fortalecimiento de la Participación Ciudadana del Municipio de Managua.

En Waspán hay una Asociación de Madres de Héroes y Mártires, entre las cuales se encuentra  Margarita Navarro Molina, madre de Ernesto Navarro Jiménez. Sin embargo, Margarita vive hasta en Rivas, desde donde viene con frecuencia a limpiar y enflorar la tumba de su hijo Ernesto.

Los familiares más cercanos de Ernesto Navarro Jiménez residen de la Shell Waspán cuatro cuadras al Sur, a mano derecha. Allí se puede consultar a Enrique Navarro Somarriba, hermano menor de Ernesto. Tienen el teléfono convencional:   22516417.

 César José Ortiz Flores

César José Ortiz Flores. Tenía 17 años y estudiaba su tercer año de secundaria. Al momento de la Insurrección, u Ofensiva Final, estaba integrado a los grupos de Combatientes Populares, propagandistas armados y fabricantes de explosivos de la Colonia Nicarao y barrios El Edén, María Auxiliadora y San Cristóbal, según su madre Josefa Auxiliadora Ortiz Vallejos, quien actualmente sobrevive “en aprietos económicos” con sus hijas, unas adultas y otras  menores de edad,  y nietas en la casa número B-242, en la calle principal de Villa Nueve de Junio, en el Distrito VI de Managua.

A esta Madre de Héroe y Mártir, Josefa Auxiliadora Ortiz Vallejos, le contaban que su hijo César José andaba en la lucha armada durante la Insurrección, en los barrios mencionados,  cumpliendo tareas de Combatiente Popular, correo clandestino, repartidor de papeletas y elaborador de bombas de contacto,  para usarlas en emboscadas contra los guardias nacionales somocistas genocidas, en sitios cercanos al Barrio Riguero y en las cercanías de la Fábrica Rolter, por el lado del Lago de Managua.

Precisamente, en esos días de la Insurrección de junio de 1979, Josefa Ortiz Vallejos vivía con su hijo César José en el asentamiento que estaba situado de la Fábrica Rolter hacia el Lago de Managua, donde hoy se conoce como Barrio Domitila Lugo.  César José se conocía “como la palma de su mano” todos los caminitos y desfiladeros, huecos, pasadizos secretos, predios abandonados, por donde podía caminar sin ser visto o localizado por los guardias somocistas genocidas.

En la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos de Managua, especialmente los compañeros Frank “Machillo” González Morales y Alejandro “Comandante Huesito” Mairena Obando, aseguran que este joven cumplió numerosas tareas de Combatiente Popular en los vecindarios referidos. Por su lado, la Asociación de Madres de  Mujeres Sandinistas, coordinada por Isabel Aráuz Rugama, una de los casi siete mil sobrevivientes del Repliegue, lo tiene en el listado de Héroes y Mártires caídos en “Piedra Quemada”, en el Repliegue a Masaya de los días 27, 28 y 29 de junio de 1979.  Ambas organizaciones indican que cayó durante el infernal bombardeo aéreo somocista genocida contra el Repliegue de Managua a Masaya.

Ella, Josefa Ortiz Vallejos, laboraba como comerciante minorista en el Mercado Oriental, para ganarse la comida de sus hijos y de ella misma. Recuerda que su hijo César José llegó a su casa el 27 de junio,  en la mañana, por veredas de la costa del Lago de Managua, comió, se cambió de ropas, y le dijo que pronto volvería.

No le mencionó nada de irse en Repliegue con destino desconocido. Al día siguiente, el 28 de junio, unos amigos cercanos le llegaron a decir a ella, alarmados, que “los muchachos se retiraron, no se sabe para dónde. Hemos quedado solos”. Sus amigos, por supuesto, no sabían nada de César José.

Josefa Ortiz Vallejos continuó yendo al Mercado Oriental, esperanzada en que su hijo volvería, como lo hacía siempre que salía de la casa.

Ortiz Flores cayó en “Piedra Quemada”, donde desapareció

Al producirse el Triunfo de la Revolución y cuando ya volvieron de Masaya los Combatientes Populares de Managua, encabezados por los 110 Jefes Guerrilleros que habían dirigido la Insurrección en Managua, a Josefa Ortiz Vallejos le llegaron a comunicar que su hijo César José había caído en “Piedra Quemada”, durante el bombardeo aéreo desatado en contra de los integrantes del Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Familiares y amigos fueron con ella a buscar el cadáver de César José en “Piedra Quemada”. “Buscamos “palmo a palmo” en toda “Piedra Quemada” durante varias semanas, anduvimos dentro de la Ciudad de Masaya,  en las cercanías de la Fábrica INCA, por la Hielera  de Santa Rosa y el Cerro Barranca… no, no encontramos el cadáver de mi hijo, quedó desaparecido para siempre, porque imagínese, han pasado ya 38 años”, dijo Josefa Ortiz Vallejos al ser abordada sobre el destino final de su hijo César José Ortiz.

Cuando anduvo buscando a su hijo, Josefa Ortiz Vallejos se pudo delgadita, no comía y enfermó.  Poco tiempo después, el régimen revolucionario sandinista, a través del Ministerio de la Vivienda y Asentamientos Humanos, le otorgó la propiedad  de su actual casa B-242 en Villa Nueve de Junio, situada en la orilla derecha de la calle principal de esta Colonia, ubicada un poco al Norte del Mercado Iván Montenegro Báez. La terminó de pagar hace casi 20 años. Sin embargo, hace falta que le den su escritura en el INVUR.

A César José le sobreviven los siguientes hermanos:  Róger Ortiz, el mayor, quien se fue a Estados Unidos;  Róger Eduardo Ortiz, Ángela, Aydalina, Rosario, Carmen y Zenita.  Róger Eduardo y las mujeres están todas con ella en la casita de la Colonia Villa Nueve de Junio.

Según esta Madre Héroe y Mártir, para vivir, comer, vestirse, movilizarse, todos hacen labores distintas, mientras al mismo tiempo estudian carreras técnicas, secundaria y primara en colegios de los alrededores.

Han sostenido durante largo tiempo también una pulpería, muy pequeña, con el fin de ganarse unos cuantos centavos para la comida.

De salud también ha estado mal. No puede caminar bien  por aparente artritis. Reside en Villa Nueve de Junio casa B-242, en la cal principal. Tiene el teléfono celular: 89686853

 Róger Ortiz Padilla                                          

Róger Ortiz Padilla, caído en “Piedra Quemada”,  perforado por charneles del bombardeo  feroz e infernal desatado por la Guardia Nacional somocista contra el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, el 28 de junio de 1979.

Los charneles de una explosión de mortero o rockette le desbarataron las dos piernas a Róger Ortiz Padilla en el trayecto de los 750 metros en que el bombardeo aéreo fue más intenso, entre un sitio llamado “Los Zanjones” y la Carretera a Masaya, a la altura del kilómetro 22.

Al ser impactado por los charneles, Róger cayó y ya no pudo seguir caminando. Entonces, uno de sus compañeros, que caminaba junto a él, identificado como Alex Nicaragua (sobreviviente del Repliegue) lo cargó en sus brazos en busca de salvarle la vida, pero Róger Ortiz Padilla, como decenas de Combatientes Populares, hombres y mujeres, murió desangrado en brazos de Alex Nicaragua.

Su hermana, Aura Ortiz Padilla, había caído antes que él un 7 de junio de 1979 durante  los combates guerrilleros y populares contra la Guardia Nacional por la toma o liberación de Diriamba, en Carazo.

Róger Ortiz Padilla se convirtió en algo parecido a una leyenda, como la de Pablo Úbeda,  de la Revolución Sandinista en el teatro de operaciones militares de la Insurrección Sandinista, u Ofensiva final, contra la dictadura somocista, en la Zona Oriental-norte de Managua, particularmente en las trincheras de combate en la Diez de Junio, en Ducualí, en El Dorado, en Santa Rosa, en Bello Horizonte, etc.

En esos días de la Insurrección en la Zona Oriental de Managua funcionaba como Correo clandestino del Estado Mayor del Frente Interno, del Comandante William Ramírez Solórzano y especialmente del Comandante Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz, quien jefeaba una de las columnas combativas más fieras de los enfrentamientos armados en contra de los guardias genocidas al momento de la Insurrección en la Zona Oriental de Managua.

Róger Ortiz Padilla iba de trinchera en trinchera, de jefe en jefe guerrillero en los pozos tiradores, burlando francotiradores de la Guardia Nacional y de “orejas” de la Oficina de Seguridad, y de matones de la “Mano Blanca” o “Escuadrones de la Muerte” del somocismo genocida.  Sí, Róger Ortiz Padilla llevaba órdenes a esas trincheras de combate y regresaba con informaciones de contenido militar y político donde Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz y resto del Estado Mayor del Frente Interno, jefeado por el Comandante de la Revolución Carlos Núñez Téllez.

Esa labor de Correo clandestino la cumplía con la eficiencia propia de un revolucionario a carta cabal.

Era como un Pablo Úbeda urbano

“Estaba flaquito, casi  no comía. Por aquí pasaba sólo diciéndonos “estoy bien, cuídense”, era un “Pablo Úbeda” en zonas urbanas, se metía por solares, cruzaba paredes, subía techos, pasaba por escondrijos sólo conocidos por unos pocos y él, con el fin de cumplir la tarea inmensa de correo clandestino que le habían dado por medio del Comandante Ramón Cabrales Aráuz, relata su hermana Yolanda, maestra actualmente, residente en la Colonia Diez de Junio, entonces nombrada “Colonia Luis Somoza”.

Su hermana Lorena Ortiz Padilla se muestra más admirada todavía, “pues era como un santo, tenía un espíritu y comportamiento casi místico para cumplir las tareas revolucionarias que le delegaban en aquellos momentos difíciles de la Insurrección en Managua”, señala mientras muestra documentos que acreditan los estudios, profesión y lugares de trabajo, más fotos de Roger Ortiz Padilla.

Mientras ya andaba integrado plenamente a la lucha guerrillera para tumbar a la dictadura somocista, Róger Ortiz Padilla laboraba como contador y auditor en la empresa “Hermoso Vigil y Caligaris”, la cual estuvo ubicada en la Carretera Sur, por donde fue el Guanacastón, en las cercanías de donde fue la Embajada Norteamericana.

Tenía 34 años al caer en “Piedra Quemada”, Masaya.  Tenía esposa, pero no dejó hijos. Su progenitora, una de las Madres de Héroes y Mártires más activas durante el régimen revolucionario sandinista, Aura Celestia Padilla, falleció en abril del 2011. Y su padre, Guillermo Ortiz, también muy activo, murió en noviembre del 2012.

Le sobreviven a Róger sus hermanos y hermanas: Luis Felipe, Guillermo, René, Yolanda, maestra, residente en la Colonia Diez de Junio; Lorena, secretaria ejecutiva, residente en el Barrio San Antonio, en Managua; y  Melba, quien tiene un negocio de comedor popular en la Carretera Vieja a León. Róger era el tercer en orden de edades y René el menor de todos.

Lorena, Melba y Yolanda Ortiz Padilla responden a los teléfonos: 86322660, 88386300 y 84101367.

Julián de Jesús Palacios Herrera

Julián de Jesús Palacios Herrera. Tenía tan sólo 16 años cuando estalla la Insurrección en los Barrios Orientales-norte de Managua. Estudiaba bachillerato en el Colegio “11 de Julio”, ubicado en un asentamiento llamado “Horizontes”, hoy   Barrio  “Óscar Lino Paz Cubas”, situado de “La Subasta” hacia el Norte, cerca del Lago de Managua.

Los Palacios Herrera eran seis hermanos integrados de lleno a las labores de Combatientes Populares, a la par de Jefes Guerrilleros, operando para hacer emboscadas mortales a la Guardia Nacional en la Carretera Norte, cuando ya estaba por estallar la Insurrección Sandinista en Managua.

Esos hermanos eran: Oscar Napoleón, Reynaldo Antonio, María Elena, Julián de Jesús, Salvador Armando e Hildebrando José, y estaban con ellos dos menores de edad, muy niñas: Sandra Isabel y Carol, todos viviendo con su madre, Hilda Herrera Zapata,  en una vivienda de “Horizontes” (hoy Barrio Óscar Lino Paz Cubas), convertida en casa de seguridad y buzón de armas, municiones, propaganda o papeletas arengadoras del FSLN clandestino, bombas de contacto, vestuarios verde olivo y candelas de dinamita; y de vez en cuando hasta un mimeógrafo estaba guardado en ese canal de la casa de seguridad.

La  casa de seguridad era posible mantenerla segura porque mientras unos andaban cumpliendo tareas operativas en la calle, los otros hermanos estaban en la casa vigilando tan sólo la posibilidad de la llegada a las cercanías de un “oreja”, un “soplón”, un “paramilitar”, un guardia somocista genocida, o una patrulla de esos guardias criminales, recuerda María Elena Palacios Herrera, 38 años después.

Hasta candelas de dinamita tenía Julián en el buzón de armas

La casa era como una casa hacienda un poco grande y un patio también grande,  tenía un canal metálico grande, por detrás, para que el agua del techo a la hora de la lluvia, se fuera hacia el fondo de un predio vacío. En ese canal estaban las armas, las municiones, las bombas de contacto, la vestimenta para cambiarse y las candelas de dinamita.

La casa de seguridad y buzón de armas en el canal de la vivienda funcionaban con el consentimiento pleno de Hilda Herrera Zapata, madre de estos seis revolucionarios sandinistas, quien para mantener el hogar humilde lavaba ropa ajena y echaba tortillas en el mismo vecindario o en otros barrios cercanos al suyo.

Palacios Herrera y todos sus hermanos mayores y menores se habían integrado a la lucha armada contra la tiranía somocista por medio de la Federación Estudiantil de Secundaria, liderados por el grupo de unos 300 estudiantes del Instituto Maestro Gabriel, donde al mismo tiempo había influencia de estudiantes universitarios de la UNAN-Managua, de la UCA y de los Comités Obreros Revolucionarios (COR), que fue el semillero para que naciera la Central Sandinista de Trabajadores.

Operaban en esta zona también el Movimiento Sindical Pueblo Trabajador, los Comités Obreros Revolucionarios y los Comandos Revolucionarios del Pueblos, los cuales eran dirigidos por las tendencias Proletaria y Guerra Popular Prolongada, encabezadas estas por los Comandantes Carlos Núñez Téllez, Luis Carrión Cruz, Jaime Weelock Román, Tomás Borge Martínez, Bayardo Arce Castaño y Henry Ruiz Hernández.

Según María Elena Palacios Herrera, en forma clandestina se reunían en esa casa dirigentes revolucionarios guerrilleros como Francisco Meza Rojas, Camilo Chamorro y Douglas López Niño, Sergio Mendoza, Freddy “Pancho Villa” Jiménez y otro al que sólo le conocían el seudónimo de “Cristo de Lata”.

Estos revolucionarios sandinistas y Jefes Guerrilleros operaban en vecindarios de la Carretera Norte y se reunían con Combatientes Populares en distintos barrios, incluyendo en la casa de seguridad mencionada.

Emboscada mortales de los hermanos Palacios

Francisco Meza Rojas fue capturado y asesinado por la guardia somocista genocida en las cercanías del Barrio Waspán Sur.

Los hermanos Palacios Herrera cumplían numerosas tareas, consistentes en emboscadas a patrullas de la guardia somocista. Una de estas emboscadas fue la ocurrida un poco antes de estallar la Insurrección, u Ofensiva Final,  en la entrada a la empresa de furgones ROCARGO, donde dos camiones de la Guardia Nacional con todo y sus ocupantes fueron destruidos con una nutrida balacera guerrillera, más bombas de contacto y explosivos de dinamita.

La ROCARGO está situada en el kilómetro ocho de la Carretera Norte, un poco hacia el Norte. En ese ataque guerrillero y de Combatientes Populares, murieron casi todos los guardias somocistas genocidas que iban en  dos camiones, los cuales quedaron destruidos en la calle, frente a ROCARGO.

En esa emboscada jugaron un rol de Combatientes Populares, fusiles y bombas de contacto en manos, los hermanos Palacios Herrera, incluyendo, por supuesto, a Julián de Jesús Palacios Herrera. También participaron en la otra emboscada a dos patrullas de la guardia somociana en la calla principal de Villa José Benito Escobar Pérez, antes llamada América Dos, en esos mismos días anteriores a la Insurrección de Junio de 1979.

Es María Elena quien se encarga de describir a su hermano menor como un revolucionario y Combatientes Popular entregado por completo a la estructura político-militar del FSLN clandestino y guerrillero, pues día y noche se la pasaba cumpliendo tareas de difundir “propaganda armada” en mitines relámpagos en vecindarios cercanos, en distribuir esas papeletas casa por casa, mientras al mismo tiempo de forma clandestina trasladaba armas y tiros de un lado a otro. “Lo mismo ocurría con bombas de contacto y dinamita, las cuales usábamos en emboscadas a patrullas de la guardia”, recuerda María Elena Palacios Herrera.

Su madre, Hilda, también fue correo clandestino

Todos los hermanos, según María Elena, eran también correos clandestinos. “Hubo muchas ocasiones en que mi madre,  Hilda Herrera Zapata, también hacía de correo clandestino de Julián, de cualquiera de nosotros, o de los Jefes Guerrilleros en la zona, especialmente cuando considerábamos que  nosotros por ser jóvenes no cumpliríamos un objetivo de pasar frente a los guardias sin ser detenidos”, señala María Elena.

Julián de Jesús Palacios asimismo tenía conexiones de coordinación de Combatiente Popular con Arsenio Solís González, del Barrio Waspán Sur, Combatiente también, sobreviviente del Repliegue Táctico de Managua a Masaya y uno de los dirigentes de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador”, de Managua.

Poco a poco, las armas, municiones, bombas de contacto, candelas de dinamita, fueron transportándose en hombros de los hermanos Palacios Herrera y de otros Combatientes Populares hacia zonas a insurreccionarse como el Barrio Santa Rosa, Reparto Bello Horizonte, barrios Blandón (Costa Rica) y Larreynaga, por ejemplo.

Con este grupo de jóvenes Combatientes Populares se juntaba Felipa Mejía Membreño, residente en Américas Dos y caída en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Al estallar la Insurrección Sandinista en la Zona Oriental de Managua, Julián de Jesús Palacios Herrera combatió en las trincheras de combate de Santa Rosa, en las cercanías de la Fábrica Rolter y hacia el lado del Barrio Larreynaga.

Al plantearse la posibilidad de replegarse, o retirarse, sin saberse adónde, Julián de Jesús Palacios Herrera, toma la decisión de irse en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, “porque no puedo quedarme, no puedo dejar solos a mis compañeros y compañeras de combate para derrocar a la dictadura somocista”.

Arsenio lo vio varias veces antes de caer en “Piedra Quemada”

Se va con “la pelota” del Barrio Santa Rosa, jefeada por Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz, lo cual es confirmado por Arsenio Solís González, de la Asociación de Combatientes y Colabor3adores Históricos de Managua. Arsenio Solís lo ve varias veces durante la marcha del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, especialmente el 28 de junio de 1979, en la mañana, después de pasar por el llamado “Cruce de Veracruz”.

En el Cruce de Veracruz cayeron en combate contra una patrulla de la guardia somocista genocida los compañeros Jefes Guerrilleros Aristeo Benavidez y Francisco “Paco” Miranda (de Estelí y Matagalpa, respectivamente), y el Combatiente Popular Juan Ramón “Ringo” Rizo Villagra. Allí fue visto Julián de Jesús Palacios Herrera cargando un fusil y un saco pequeño con bombas de contacto y candelas de dinamita.

El Repliegue de Managua a Masaya siguió su marcha por una encajonada rumbo al Sureste, y llegamos a “Piedra Menuda” y después a la Comunidad Buena Vista.

Al llegar al lado Norte de “Piedra Quemada”, frente a la entrada antigua del Volcán Masaya, en los 750 metros de bombardeo aéreo intensísimo, Julián de Jesús Palacios Herrera fue impactado por numerosos charneles  de las bombas de 1, 000 libras y de rocketazos lanzados contra el Repliegue a Masaya.

Como muchos otros hombres y mujeres jóvenes, Julián de Jesús Palacios Herrera cayó mortalmente herido y murió sobre el colchón de piedras erizas de “Piedra Quemada”, en los llamados 750 metros en que ese bombardeo infernal somocista fue particularmente intenso y mortal.

Su cadáver fue rescatado por una brigada de familiares y vecinos

Palacios Herrera fue colocado en una oquedad a un lado del camino. Fue cubierto su cadáver con piedras, arenas, ramas secas y tierras.

La noticia de la muerte de Julián de Jesús Palacios Herrera le fue informada a su madre, Hilda Herrera Zapata y a sus hermanos, al producirse el Triunfo de la Revolución Popular Sandinista, después del 19 de Julio de 1979.

Hilda Herrera Zapata y sus hijos, con vecinos, formaron una brigada de búsqueda del cadáver de Julián de Jesús. En camiones y camionetas se fueron a “Piedra Quemada”, rescataron su cadáver, lo velaron en su vecindario y después lo sepultaron en el Cementerio de los Héroes y Mártires del Barrio Waspán Sur, situado en el costado Sureste de la gasolinera Shell Waspán.

Allí fue sepultado junto a otros 35 Héroes y Mártires de la Revolución Popular Sandinista.

Este Cementerio  fue rescatado en el año 2003 por la Brigada de Desarrollo Municipal, encabezada por los compañeros Ramiro José Mejía, Pablo E. Barreto Pérez, Arsenio Solís González y Manuel Cerpas Centeno.

María Helena Palacios Herrera, una de los hermanos de Julián de Jesús Palacios Herrera, puede ser consultada para más datos, de “La Subasta” tres cuadras al Norte, una cuadra al Oeste y una cuadra al Norte, nuevamente. También se puede consultar a Arsenio Solís González, quien responde al teléfono: 86842691

Juvenal Palacios Morales

Juvenal Palacios Morales tenía 19 años, trabajaba en el INCEI (hoy ENABAS, Empresa de Alimentos Básicos) y a la vez estudiaba en el Instituto René Schick Gutiérrez. Sus padres, Juvenal Palacios Gutiérrez y Magdalena Morales López, ya fallecieron hace más de una década.

Este joven rebelde antisomocista convencido vivía en una casita humilde del Reparto Schick Gutiérrez, donde se procrearon 11 hermanos: Oilda, Odilí, Juvenal, Rosario, Hilbetia, Patricia, Silvia, Yalila, María Asunción, Rubén, Marjorie, Andrea y Juvenal junior en homenaje al Juvenal caído el 28 de junio de 1979.

La Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador”, encabezada por Frank “Machillo” González Morales y Juan Carlos “Marcial” Soza Aragón, ubica su caída en “la Jornada del Repliegue Táctico de Managua a Masaya”, el 28 de junio de 1979, en el mismo Reparto Schick Gutiérrez

Oilda Palacios Morales, la hermana mayor, dice que sus padres y ella misma se mostraban inquietos, porque varios meses antes de estallar la Insurrección Sandinista, u Ofensiva Final de junio de 1979, Juvenal ya había convertido la vivienda en Casa de Seguridad, en sitio de reuniones con René Polanco Chamagua, “Oso” Marín, José Santos “Cerro Negro” Mayorga Alemán, Joaquín Valle Corea y otros, más centro de fabricación de bombas de contacto y molotov.

Nosotros veíamos que Juvenal se reunía con estos muchachos en el fondo de la casa, en el patio, porque acuérdese que antes del Triunfo de la Revolución aquí eran potreros, fincas, caminos solitarios, mientras la guardia andaba aquí como en plan de caza de seres humanos”, recuerda Oilda Palacios Morales.

Añade: “Realmente nos enteramos plenamente de que andaba en actividades insurreccionales cuando accidentalmente se le disparó un balazo que atravesó una parte del techo de nuestra casita. Él contó, entonces, a mis padres que andaba en la lucha armada. Nos dijo que ya habían emboscado a varias patrullas de la Guardia Nacional en el camino de entrada al Reparto Schick Gutiérrez y que además tenían planes de destruir los comandos de la guardia somocista en el Reparto Schick”.

Antes de la huelga del cinco de junio de 1979, convocada por el Frente Sandinista clandestino, Juvenal Palacios Morales ya había renunciado a su trabajo de repartidor de granos por quintal por parte del INCEI. Su hermana Oilda seguía yendo a su empleo en el mismo INCEI, pero ya el 10 de junio no pudo seguir yendo porque en el mismo Reparto Schick Gutiérrez aparecieron decenas de barricadas y zanjas en el camino de entrada, para impedirle el ingreso a las patrullas BECAT y camiones de la Guardia Nacional, cargados con soldados, fusiles, ametralladoras y municiones, destinados a los tres comandos de la guardia somocistas, entre otros, la “Quinceava Sección de Policía”, la cual estuvo ubicada del Tanque Rojo dos cuadras al Oeste y una cuadra al Norte, en el borde del cauce por donde  pasó el Repliegue Táctico de Managua a Masaya el 27 de junio de 1979, entre las doce de la noche y la una de la mañana del 28 de junio del mismo 1979.

Convierte vivienda en buzón de armas, apoyado por su familia

Ya cuando los familiares descubrieron la plena participación de Juvenal Palacios Morales en la Insurrección de junio de 1979, según Oilda, se dispusieron a apoyarlo, especialmente en disimular lo mejor que podían en torno al funcionamiento de casa de seguridad, buzón de armas y fabricación de explosivos. En la misma casa almacenaban también la propaganda escrita, en forma de boletines, para distribuirlos en las casas, dentro de los autobuses o camionetas de pasajeros y en los mitines callejeros.

Oilda veía salir a su hermano cargado de bombas de contacto y bombas molotov. Él decía que sus amigos rebeldes, mencionados arriba, lo estaban esperando en algún lugar del Reparto Schick Gutiérrez, para irse juntos a una emboscada u otro operativo contra los “orejas” y “soplones” de la guardia somocista y de la Oficina de Seguridad, a cuyas casas les prendían fuego o les lanzaban bombas de contacto.

El 27 de junio en la noche desapareció por completo. No llegó a la casa como acostumbraba, pues llegaba a comer, vestirse y de paso hacía saber a sus padres: “Ando bien, estoy bien”.

Traicionados por infiltrados de la OSN

No dijo si se iba en Retirada. Lo vieron partir temprano de la tarde del 27 de junio. La versión de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador” indica que Juvenal Palacios Morales formó parte del grupo de jóvenes Combatientes Populares del Reparto Schick Gutiérrez que les fue encomendada la misión de explorar y abrir camino a la Vanguardia del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, porque eran buenos conocedores (o “guías”, “baqueanos”) del terreno y de cómo se movían los guardias, “orejas” y “soplones” del Reparto Schick, y finalmente el Estado Mayor del Frente Interno les encomendó garantizar igualmente la seguridad de la Retaguardia del mismo Repliegue de Managua a Masaya, donde iban más de seis mil ciudadanos de Managua.

Los familiares de Juvenal y dirigentes de la Asociación de Combatientes y Colabores Históricos suponen que este joven Palacios Morales fue, como en los casos de casi 20 muchachos del Reparto Schick Gutiérrez, delatado por los “orejas” y “soplones” de la Guardia Nacional y capturado en las primeras horas de la madrugada del 28 de junio de 1979, cuando ya el Repliegue de Managua a Masaya iba llegando al Cruce de Veracruz.

La grandísima verdad para Oilda es que las versiones de sus demás compañeros sobrevivientes indican que Juvenal participó activa y decisivamente en el operativo de la seguridad de la Retaguardia del Repliegue, que iba en él en la media noche del 27 y la madrugada del 28, y que en la mañanita del 28 fue capturado mediante un operativo gigantesco montado por la Guardia Nacional somocista con varios camiones llenos de guardias, “orejas” y “soplones” de la Oficina de Seguridad de la tiranía encabezada por Anastasio Somoza Debayle.

Desapareció y desaparecieron, asesinados por la GN

Juvenal Palacios Morales no apareció nunca más. Tampoco su cadáver. Oilda recuerda que sus padres, ella misma, numerosos familiares y vecinos buscaron su cadáver en todo el Reparto Schick Gutiérrez, en el Camino Viejo de la Comarca “Jaguitas” o Ruta Original del Repliegue a Masaya, en “Piedra Menuda”, en “Piedra Quemada”, en el Camino Viejo al casco urbano de Nindirí, en la “Cuesta del Plomo”, en las cercanías del Teatro Rubén Darío, en “Lomas de San Judas”, por la Escuela de Arte, en todos aquellos lugares en que la guardia somocista genocida acostumbrada tirar o botar los cadáveres de jóvenes opositores asesinados por ellos.

Fueron también a las zanjas que la Guardia Nacional tenía en la Colina o Cerro de Mokorón, frente a la Universidad Nacional en Managua. No encontraron nada. Juvenal Palacios Morales desapareció. Hay una calle con su nombre en el Barrio René Polanco Chamagua, del Reparto Schick.

Los hermanos que le sobreviven, encabezados por Oilda Palacios Morales, residen de la Pulpería  Chaparral siete cuadras al Norte, en el Barrio René Polanco, en la casa B-17, en el mismo Reparto Schick Gutiérrez. Oilda tiene el teléfono:   87401783.

 Ronald “Polo” Rizo Huerta

Ronald “Polo” Rizo Huerta. Este era un joven de 17 años realmente excepcional. Vivía en el heroico Barrio Santa Rosa. Era trabajador en la PEPSI-COLA y al mismo tiempo estudiaba su secundaria en la noche, porque durante el día andaba cargando productos gaseosos y de agua embotellada en los camiones de esta conocida empresa trasnacional norteamericana, radicada al Este del Barrio Waspán, en Managua.

Su padre era Manuel de Jesús Rizo y su madre Dora Huerta Centeno, residente en el Barrio Santa Rosa, de NABISCO  CRISTAL dos y media cuadras al Sur.

Según su madre, Dora Huerta Centeno, todavía viva, le sorprendía ver a su hijo todavía repartiendo papeletas o “propaganda armada” del Frente Sandinista clandestino durante las noches, en el Barrio Santa Rosa, aun después de regresar del trabajo en la PEPSI-COLA y del colegio en que estudiaba secundaria. Esos paquetes de propaganda también los repartía sigilosamente entre estudiantes de secundaria, en la noche.

Antes de la Insurrección, u Ofensiva Final, asimismo le sorprendía ver y oírlo en discusiones sobre la situación política y de represión generalizada en contra de trabajadores y pobladores pobres por parte de la dictadura somocista, y argumentaba que era necesario pasar a la etapa de confrontación armada para derrocar a la tiranía de Anastasio Somoza Debayle y su guardia genocida.

Recuperaron numerosas armas en SOVIPE, del “Tiburón” Pereira

Más sorprendida quedó todavía cuando una noche en su casa, en reunión con un grupo de rebeldes antisomocistas del Barrio Santa Rosa, incluyendo Juan Ramón Amador, hablaban de asaltar las instalaciones de SOVIPE Ingenieros S.A., propiedad de Enrique “Tiburón” Pereira (pipito de Somoza Debayle), para recuperar todas las armas que allí habían, con la finalidad de que al momento de la Insurrección Sandinista hubiesen suficientes armas en el Barrio Santa Rosa para enfrentar a los guardias de Somoza Debayle.

En la casa de doña Dora Huerta Centeno y de su hijo “Polo” Rizo Huerta se alojaba Pablo Ojeda, uno de los vigilantes de SOVIPE Ingenieros S.A.  Pablo Ojeda también estaba integrado al grupo de rebeldes antisomocista del Barrio  Santa Rosa.

Entonces, se pusieron de acuerdo, como en “compadre hablado”, para que cuando Pablo Ojeda estuviera de turno en SOVIPE, él facilitara el asalto y recupere de armas, y así fue. Obtuvieron casi 20 escopetas con una gran cantidad de tiros, con las cuales empezaron a armarse los Combatientes Populares del Barrio Santa Rosa.

Asaltaban camiones repartidores y distribuían la comida

Su madre, Dora Huerta Centeno, recuerda que posteriormente el mismo grupo de rebeldes de Santa Rosa asaltaron varios camiones de reparto de leche pasteurizada de Managua y de camiones cargados con verduras, frutas y legumbres, provenientes del Norte de Nicaragua, y que pusieron a la gente del Barrio en fila, para repartir esos productos.

Mucho antes de la Insurrección, u Ofensiva Final, Ronald “Polo” Rizo Huerta, según su madre, se estaba preparando y a la vez organizando la lucha armada en el Barrio Santa Rosa, vecindario situado contiguo a Bello Horizonte, en el lado Norte de Managua y en la orilla de la Carretera Norte.

Además,  también a su madre, Dora Huerta Centeno, la convirtió en su correo clandestino y de algunos Jefes guerrilleros. Cuando, según análisis práctico, consideraba que era muy peligroso para él ir a entregar propaganda, mensajes o llevar paquetes con bombas, tiros o pertrechos, entonces enviaba a su madre a cumplir esa tarea.

Doña Dora Huerta Centeno se siente orgullosa de haber desempeñado ese papel y de haber apoyado resueltamente a su hijo en esos menesteres para derrocar a la dictadura somocista.

Cuando la Insurrección estaba en desarrollo pleno, su hijo Ronald “Polo” Rizo Huerta pasó, como Combatientes Popular, a formar parte de las trincheras de combate en Santa Rosa, frente a la Fábrica Rolter, en la Carretera Norte.

Hizo refugios antiaéreos para familiares y vecinos

Al lanzar Somoza Debayle  los bombardeos aéreos genocidas en contra de la Ciudad de Managua y la población civil, y en particular Santa Rosa, Ronald “Polo” Rizo Huerta ya le tenía preparados dos refugios antiaéreos, uno dentro de la casa y otro enfrente, en la calle, para que su madre, su padre, hermanos menores, familiares y vecinos se refugiaran, evadieran los charneles de las bombas tiradas por el tirano contra seres humanos en la Capital.

Doña Dora  recuerda que efectivamente todos, familiares y vecinos, se metían en esos huecos o  refugios antiaéreos a la hora de los bombardeos incesantes contra vecindarios como Santa Rosa, Bello Horizonte, Costa Rica, El Edén, Ducualí, Diez de Junio, Nicarao, Catorce de Septiembre, “Meneses” o “Santa Bárbara”, “Salvadorita”, Maestro Gabriel, etc.

“Polo” Rizo Huerta andaba con vestimenta camuflada  mientras estaba combatiendo tras la enorme barricada del Este del Barrio Santa Rosa, ubicada frente a los semáforos de Portezuelo, donde estaban Marcos Somarriba García, Javier “99” López Lowery y Lucío Jiménez Guzmán, recuerda doña Dora Huerta Centeno, quien a ese lugar le llegaba a dejar comida a su hijo, en la mañana o en la noche.

En el Barrio Santa Rosa se establecieron varios sitios para alojar al Estado Mayor del FSLN guerrillero en esta zona de Managua, y al mismo tiempo se ocuparon varias casas de somocistas para Comandos Guerrilleros, como ocurrió con la casa del coronel GN Juan Lee Wong, quien al mismo tiempo era uno de los jefes de la Oficina de Seguridad y de la “Mano Blanca” o “escuadrones de la muerte” del somocismo genocida.

A esa casa confiscada durante la Insurrección a Juan Lee Wong iba doña Dora Huerta Centeno a dejarle comida a “Polo” Rizo Huerta y resto del Estado Mayor y Comando Guerrillero en el Barrio  Santa Rosa.

Ronald “Polo” Rizo Huerta llegaba  a su casa unas dos veces al día a conocer cómo estaban su madre, sus hermanos y demás familiares. Daba orientaciones para que al momento de un combate contra los guardias, o un bombardeo aéreo, todos se metieran dentro de los refugios. “Esos refugios nos salvaron de morir o de ser heridos”, expresa doña Dora Huerta Centeno cuando habla orgullosamente de su hijo Ronald, aunque recuerda que esos charneles le cortaron un brazo a doña Sonia.

Antes de arrancar el Repliegue Táctico de Managua a Masaya el 27 de junio de 1979, Ronald llegó a su casa unos minutos antes de las seis de la tarde. “Nos vamos en retirada. No sé para dónde”, le dijo a su madre, quien recuerda que se puso unas botas, se colocó una camisa verdeolivo encima de la que andaba, y también una gorra oscura.  Su madre le dijo que se llevara los 50 córdobas que tenía guardados, “por cualquier necesidad en el camino”.

En ese momento llegó solo. Andaba portando un fusil. Empezaba a oscurecer, y además no habían luces en las calles porque Somoza Debayle mandó a suspender la energía eléctrica, cuando doña Dora Huerta Centeno  lo vio desaparecer con pasos rápidos, rumbo al Sur, es decir, para el lado de Bello Horizonte, donde los Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros de Santa Rosa se juntaron en el Boulevar Roberto Bárcenas Terán y tomaron rumbo a la Calle de la Clínica Don Bosco, para iniciar el célebre Repliegue de Managua Masaya, aquella noche del 27 de junio de 1979.

Un charnel de rokettes le perforó mortalmente la garganta

“Polo” Rizo Huerta se fue en el Repliegue a Masaya. Según el relato de sus compañeros insurreccionales de Santa Rosa, incluyendo a Scándar Cerna Juárez, hermano del coronel retirado Lenin Cerna Juárez, cuando la lluvia infernal de bombas y rockette contra los replegados en el lado Norte de “Piedra Quemada”, “Polo” Rizo y un grupo de Combatientes se refugiaron parepetados bajo unos árboles de mamón.

Un rockette cayó y explotó cerca del grupo y mató a dos muchachas Combatientes Populares, en el famoso trecho de 750 metros en que fue más violento el bombardeo aéreo, antes de la salida al kilómetro 21 y medio de la Carretera a Masaya, frente a la entrada antigua al Volcán Masaya.

Varios de los jóvenes fueron en auxilio de las jóvenes caídas por los charneles. Pusieron sus cadáveres bajo unos árboles de mamón.  En esos movimientos defensivos estaban, protegiéndose al mismo tiempo, cuando cayó otro rockette cerquita de ellos. Uno de los charneles traspasó la garganta de Ronald “Polo” Rizo Huerta, quien se desplomó mortalmente herido. Falleció en poco tiempo, a pesar de los esfuerzos que hicieron sus compañeros por salvarle la vida.

Como en casi un centenar de casos, el cadáver de Ronald “Polo” Rizo Huerta fue colocado en una oquedad poco profunda y encima se le echaron piedras volcánicas erizas, arena también volcánica y ramas de árboles de mamón.

Sus camaradas se fijaron bien en el sitio en que quedaba el cadáver de “Polo” Rizo Huerta. El Repliegue Táctico de Managua a Masaya, con unos 200 heridos y muertos, llegó a Masaya en los días 28, una parte, la que jefeaba el Comandante Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz;  y el 29 de junio de 1979 a las dos de la mañana, las otras dos columnas jefeadas por William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra (fue la bombardeada en “Piedra Quemada”) y la que coordinaba el Comandante Carlos Núñez Téllez, jefe del Repliegue, la cual ingresó a Masaya por el lado Oestesur de la Laguna de Masaya.

Combatientes Populares dan noticia fatal a su madre

Inquietos, varios de sus antiguos compañeros Combatientes Populares, todos del Barrio Santa Rosa, entre ellos Scándar Cerna Juárez, buscaron la forma de salir de Masaya para irle a avisar a doña  Dora Huerta Centeno sobre la caída en su hijo “Polo” Rizo Huerta en “Piedra Quemada”.

Finalmente, llegaron a Managua el ocho de julio de 1979, 11 días antes de que se produjera el Triunfo de la Revolución Sandinista. Llegaron al Barrio Santa Rosa, pero no encontraban la forma de decirle a doña Dora Huerta Centeno que su hijo “Polo” Rizo Huerta había caído en “Piedra Quemada”.

Cuando finalmente le dijeron, doña Dora se soltó en llantos incontenibles. “Eso no es cierto. Ustedes son mentirosos. Mi hijo está vivo. Ronald está vivo”, les respondió en los primeros instantes en que le dieron la noticia fatal y triste.

Llegó el 19 de Julio de 1979. En la Plaza de la Revolución había júbilo incontenible por el triunfo revolucionario. Incrédula de la noticia que le habían dado, doña Dora Huerta Centeno, mientras se desarrollaban los discursos electrizantes de los Comandantes Humberto Ortega, Daniel Ortega y Tomás Borge Martínez, ella se dedicó a buscar el rostro de su hijo “Polo” Rizo Huerta entre aquella multitud delirante de aquel 20 de julio bajo el ardiente calor del Sol.

Su madre no lo vio entre rostros curtidos el 20 de julio

Pudo ver nítidas las caras, los rostros de decenas de miles de Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros sucios, hediondos a sudor acumulado, barbudos muchísimos de los hombres, con ropas arrugadas y rotas, con zapatos en harapos,  tanto hombres como mujeres, casi todos cargando fusiles, ametralladoras, rifles y pistolas, más bolsones de tiros, pero en ninguna parte de la multitud pudo ver el rostro de su adorado hijo “Polo” Rizo Huerta, aquel jovencito alegre, organizador excepcional, conspirador nato, militar guerrillero por vocación, trabajador y estudiante al mismo tiempo, siempre preocupado por su madre y sus hermanitos menores.

No, no lo encontró ese 20 de julio en la Plaza de la Revolución. Eso la hizo llorar mucho más desconsoladamente. Regresó a su querido Barrio Santa Rosa, donde su hijo “Polo” nació y luchó hasta ofrendar su vida.

En el vecindario se organizaron los familiares y vecinos, lo más rápido posible, consiguieron un camión y una camioneta doble cabina, para ir a “Piedra Quemada” a recuperar su cadáver. Fueron el 25 de julio de 1979. El cadáver de Ronald Rizo Huerta fue encontrado con facilidad porque sus compañeros Combatientes Populares se habían fijado atentamente dónde lo habían colocado.

El cadáver de “Polo” estaba debajo, en una zanja u oquedad,  bajo los cadáveres de dos de las mujeres que también cayeron allí  mismo  por charneles de rockette.

Le habían echado también cal encima, lo cual conservó el cadáver casi intacto. Doña Dora Huerta Centeno fue a  la  Ciudad de Masaya, ubicada a pocos kilómetros de “Piedra Quemada”, a comprar un ataúd para el cadáver de su hijo Ronald.

Lo trajeron al Barrio Santa Rosa, donde lo velaron una noche y lo fueron a sepultar muy de mañana al Cementerio Oriental de Managua. Allí tiene una placa de mármol con su nombre. Esta tumba siempre es limpiada y enflorada por su madre: Dora Huerta Centeno.

A “Polo” Rizo Huerta le sobreviven sus hermanos: Yamil y Roberto, Mirta, Rosario y Ángela.  La dirección en que vive esta familia, encabezada por Dora Huerta Centeno,  es la misma de junio de 1979: de NABISCO CRISTAL dos y media cuadras al Sur. Teléfono 22488085.

 Róger “Ramón” Rodríguez Rivas

Róger “Ramón” Rodríguez Rivas cayó el 28 de junio en “Piedra Quemada”, frente a la entrada antigua al Volcán Masaya. Iba en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, según una información muy breve del Diario BARRICADA, en el mes de agosto de 1979. Esa información lacónica de BARRICADA indicaba que los familiares de “Ramón” Rodríguez Rivas decían que este joven había desaparecido en “Piedra Quemada”.

Se informaba que Róger Rodríguez Rivas vivía con su familia en el “Barrio Santa Clara”, en el lado Sur de donde es hoy Villa Venezuela, antigua Américas Cuatro. De forma breve se señalaba que “Ramón” Rodríguez Rivas había participado en operativos militares en este sector de las Américas Uno,  Tres y Cuatro, en la Colonia Catorce de Septiembre y Colonia Nicarao, en contra de patrullas de la guardia somocista genocida.

Se indicaba que había sido correo clandestino de Jefes Guerrilleros y fabricante de explosivos como bombas de contacto. Dirigentes de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador”, ubicada en el Barrio Altagracia, indican por su lado que “Ramón” Rodríguez Rivas sí participó en operativos como emboscadas y combates en trincheras de combate durante la Insurrección Sandinista de  junio de 1979, y que se fue en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, que cayó en “Piedra Quemada”, pero no conocen dónde está ubicada su familia.

 Roberto José Sirias Acevedo

El nombre de este joven Combatiente Popular de 25 años aparece en los listados de caídos o muertos, en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya,  de los libros “Porque Viven Siempre entre Nosotros”, del Instituto de Estudios del Sandinismo; y de “Insurrección Sandinista Victoriosa, Repliegue a Masaya”, de Pablo E. Barreto Pérez.

También el Diario BARRICADA, Órgano Oficial del Frente Sandinista de Liberación Nacional, del mes de agosto de 1979, indica que Roberto José Sirias Acevedo, nacido el 24 de febrero de 1954,  cayó en “Piedra Quemada”, frente a la entrada antigua del Volcán Masaya, donde su cadáver  desapareció.

La nota informativa del Diario BARRICADA señala que Sirias Acevedo era un hombre multifacético, pues además de Combatiente Popular sandinista,  era barbero, mecánico, tapicero, electricista, albañil, carpintero y agricultor, “porque de mil formas se ganaba la vida” para ayudarle a sus padres: Luis Armando Sirias y Dora Haydeé Acevedo.

En la mencionada nota informativa no se informa dónde vivían Roberto José y sus padres.

Sin embargo, la nota periodística de BARRICADA señala que Sirias Acevedo durante la Insurrección Sandinista en los Barrios Orientales y norteños de Managua, hizo labores de propaganda armada, quema de llantas, arengas en mitines callejeros en vecindarios como “La Luz”, “La Rebusca”, “La Habana”, Riguero, El Dorado, Ducualí y Diez de Junio.

Durante las arengas mencionadas, en mitines públicos y rápidos para evitar ser capturado por la guardia somocista genocida, Sirias Acevedo insistía en la necesidad de juntarse, organizarse y entrenarse militarmente para derrumbar a la tiranía de Anastasio Somoza Debayle, expresaba la nota informativa periodística del Diario BARRICADA.

El Diario revolucionario sandinista exponía que Sirias Acevedo había estudiado su primaria y secundaria en varios colegios públicos. La información mencionada señalaba que desde los nueve años se fue a vivir con su abuela materna, aunque no menciona su nombre.

Tampoco señala la nota informativa acerca de con cuál de los grupos o columnas iba Sirias Acevedo en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya. Es categórica BARRICADA al afirmar que familiares y compañeros de Retirada en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya informaban que había caído durante el bombardeo aéreo infernal de la Guardia Nacional contra los replegados capitalinos en “Piedra Quemada”, donde desapareció su cadáver.

Señalaba el Órgano Oficial del Frente Sandinista que familiares, amigos, vecinos y compañeros Combatientes Históricos en brigada y equipados con palas y cobas, anduvieron buscando su cadáver en “Piedra Quemada”, en el Camino Viejo de Nindirí, en el propio casco urbano de la pequeña Ciudad de Nindirí, en los desfiladeros de la Laguna de Masaya, por donde el Repliegue pasó en dificultades y silencio profundo el 29 de junio de 1979, en la madrugada, y tampoco encontraron nada.

Ricardo Sú Aguilar

Ricardo Sú Aguilar, caído el 28 de junio de 1979, más o menos a las 11 y media  de la mañana, en el lado Norte de “Piedra Quemada”, durante el feroz y criminal bombardeo aéreo de la Guardia Nacional somocista, con sus aviones y helicópteros artillados,  contra el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Según el testimonio presencial de Alejandro “Comandante Huesito” Mairena Obando, en medio del infernal bombardeo aéreo, Ricardo Sú Aguilar y otros 11 Combatientes Populares, entre ellos los Hermanos Martínez, se parapetaron en los muritos de una pila de agua para ganado, en el perímetro de los llamados 750 metros más horribles del ataque con bombas de 1,000 y 500 libras, y rockette.

Estaban “pecho en tierra” en la orilla del muro redondo de la pila, cuando el rocktte explosivo les cayó encima. Varios de ellos murieron casi instantáneamente. El mismo testimonio señala que Ricardo Sú Aguilar aún herido estuvo atendiendo a los otros compañeros heridos mortalmente, en la orilla de la pila de agua mencionada.

Como en otras decenas de caídos en “Piedra Quemada”, (jurisdicción del Departamento de Masaya), frente al Volcán Masaya por el lado Norte, de forma presurosa el cadáver perforado por charneles de Ricardo Sú Aguilar fue colocado por numerosos Combatientes Populares y jefes guerrilleros en hondonadas o zanjas pequeñas, y encima se les echó piedras, arena y tierra para taparlos.

Sus restos fueron desenterrados varios meses después.

Ricardo Sú Aguilar ya había alcanzado categoría de conductor revolucionario por su entrega completa a la causa sandinista y de lucha organizativa, política y militar, para derrocar a la dictadura somocista.

Vivía Ricardo en la Colonia Máximo Jerez, a la cual se le puso el nombre de Ricardo Sú Aguilar. Los pobladores de Managua y los residentes de la misma colonia, la llaman por los dos nombres.

Según una biografía breve, escrita por sus hermanos y familiares, Ricardo Sú Aguilar nació en Managua el 8 de octubre de 1959. Era hijo de Leopoldo Sú Llanes y Rosa Aguilar Villagra, quienes antes de fallecer hace poco tiempo, siempre llegaban a “Piedra Quemada”, donde la familia Solano, para encontrarse con el grupo numeroso del “Replieguito”, el cual sigue la “Ruta Original de 1979”, encabezado por Alejandro “Comandante Huesito” Mairena Obando.

Textualmente la mencionada biografía dice lo siguiente:

“Hace sus estudios primarios en el Instituto hoy llamado Rigoberto López Pérez y por su propios esfuerzos se bachillera en el Colegio “Andrés Bello” de Managua. Luego ingresa en la Universidad Nacional (UNAN) en el año académico 77-78, bajo el número 774478, donde por motivo de su dedicación a la causa del FSLN, decide abandonar las aulas para dedicarse a tiempo completo a tan noble tarea.

“En el año de 1973, pasado el Terremoto, se sintió brotar con más fuerza la necesidad de las organizaciones cristianas, que pudieran canalizar todo aquel espíritu comunitario desbordado de solidaridad con los demás hermanos que padecieron en esa catástrofe natural. Con esto dábamos pasos a levantar las primeras expresiones organizadas, que más tarde servirían para hostigar a la dictadura.

“Fue en estos precisos momentos que la participación de los jóvenes se hace presente por medio de los movimientos juveniles con disfraz de clubes juveniles en el Riguero y la Colonia Máximo Jerez. Ricardo para entonces era como los demás chavalos que se acercaron a los movimientos como curiosos, con la única diferencia que portaba con su presencia más responsabilidad social, que era lo que más se necesitaba.

“Las condiciones para la presión sistemática de la dictadura apenas empezaba en el sector, y los compañeros de la noche a la mañana abandonaban la organización por miedo de ser  detectados, lo cual traía constantes crisis, en las que el compañero Ricardo insistió para seguir nuestra postura. Sus labores pasan a ser casi de tiempo completo con el movimiento revolucionario; durante su trabajo se ocupa de pasar documentos, cartas y manifiestos contra la dictadura somocista.

Uno de los fundadores de la Federación de  Movimientos Juveniles

“Desde 1974 a 1976, nuestras reuniones son para planificar mitines y tomas de iglesias; para recaudar fondos para los presos políticos y para la guerrilla sandinista, también para hostigar a la guardia, repartir comunicados del FSLN, para hacer las primeras movilizaciones en el Barrio, las primeras quemas de autobuses urbanos, levantamientos y barricadas, y hasta sumarnos al repudio por el asesinato del compañero Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, donde Ricardo Sú Aguilar participa personalmente en la quema de negocios de la zona comercial de la Carretera Norte, incluido Plasmaféresis e Hilados y Tejidos El Porvenir de Anastasio Somoza Debayle.

“En 1976 Ricardo se inicia como dirigente del movimiento juvenil de la Colonia Máximo Jerez, donde vivía. Fue uno de los fundadores de la Federación de Movimientos Juveniles de Managua (FMJMO), donde su participación es sumamente destacada en las labores de agitación y movilización por los presos políticos en 1977.

“También siendo un militante destacado de la Juventud Revolucionaria Nicaragüense (JRN) y miembro de un Comité Zona de Managua.

“En febrero de 1978 es promovido a los Comando Revolucionarios del Pueblo (CRP),realizando operativos en la Zona del OPEN III, hoy Ciudad Sandino,  en Los Brasiles y Mateare; entre otros operativos están sabotajes con explosivos al oleoducto (petróleo sin refinar) que pasa por el OPEN iii en tiempo de  la primera huelga general. También realiza sabotajes con explosivos a la subestación eléctrica de Los Brasiles, cerca de Mateare; ataques a unidades militares de la guardia al frente del Comando Revolucionario del Pueblo (CRP) “Alberto Oronte”, ataque al Cuarte GN de Los Brasiles el 8 de septiembre de 1978.

Marcos Somarriba y César Largaespada fueron sus responsables

“En ese entonces,  sus responsables eran los compañeros Marcos Somarriba García (ya fallecido) y César Largaespada Palavicini (general retirado del Ejército Nacional). En 1978 pasa a integrarse a las organizaciones de masa y a organizar los movimientos juveniles de los barrios  El Riguero y Máximo Jerez; también organiza los Comités de Defensa Civil y las combativas Milicias Populares. Después pasa a ser responsable político de las Colonias combativas Nicarao, Catorce de Septiembre, Américas Tres y Cuatro y el entonces Barrio Meses, hoy llamado Barrio Venezuela.

“Durante la Insurrección, u Ofensiva Final,  se integró al Comando del Frente Interno, y participó como Comisario Político de una columna miliciana, demostrando siempre su alta moral y disposición combativa.

“Cae heroicamente el 28 de junio de 1979 en “Piedra Quemada”, Masaya, a la hora del Repliegue de las fuerzas sandinistas, dando muestras de una gran hermandad sandinista; cae atendiendo a unos compañeros que habían caído heridos por el bombardeo de los aviones”.

En medio de la lucha tenaz contra la dictadura somocista, Ricardo Sú Aguilar escribe el 8 de marzo de 1979, a su madre,  un poema titulado: “Madre Mía”, en cuyo comienzo dice: “Desde la fría y húmeda celda quiero escribirte estos versos y decirte, madre mía, capturado, que estoy prisionero, no para hacerte sufrir, jamás ha sido mi intención. Yo no quiero verte llorar, deseara que estuvieras orgullosa de este tu “muchachito”, como yo lo estoy de ti”.

El padre y la madre de Ricardo Sú Aguilar, Leopoldo Sú Llanes y Rosa Aguilar Villagra, fallecieron hace poco tiempo. Ambos llegaban religiosamente cada año, cada 27 de junio, a encontrarse en “Piedra Quemada” con el llamado “Replieguito por la Ruta Original”, organizado y emprendido por la Asociación de Combatientes Históricos del Distrito IV de Managua y por Alejandro “Comandante Huesito” Mairena Obando.  Se encontraban siempre donde la familia Solano, una de las víctimas del feroz bombardeo aéreo somocista contra el Repliegue Táctico de Managua a Masaya en “Piedra Quemada”.

Le sobreviven a Ricardo sus hermanos:   Mirna Marlene, Manuel Salvador, Leopoldo, Juan Carlos, Guillermo Ramón, Leonardo Agustín y Rosa María.

Juan Carlos sigue residiendo en la casa No. E-277 en que se criaron los hermanos mencionados en la Colonia Ricardo Sú Aguilar, o Máximo Jerez (su antiguo nombre), donde son muy conocidos.  Juan Carlos trabaja asimismo en la Contraloría General de la República, ubicada frente al Banco Central de Nicaragua. Responde al teléfono: 22780983.

 Miguel Ángel y Marcos Antonio Tapia Gutiérrez

Miguel Ángel Tapia Gutiérrez y Marcos Antonio Tapia Gutiérrez, a quienes les decían por sobrenombre “Burros” en el Barrio La Fuente, hoy Ariel Darce, ambos caídos en “Piedra Quemada” durante el Repliegue Táctico de Managua Masaya.

Miguel Ángel y Marcos Antonio Tapia Gutiérrez vivían de los que fueron “Billares Shanguelo” ocho cuadras al Este y media al Sur, en las cercanías del actual Supermercado “Pali”. El mayor de ellos era Miguel Ángel con un poco más de 20 años. Miguel Ángel era administrador de empresas y Marcos Antonio era maestro o profesor.

Eran cuatro hermanos integrados todos a la lucha armada en este sector oriental de Managua cuando estalla la Ofensiva Final contra la dictadura somocista, en junio de 1979. Los otros dos hermanos eran: Luis Manuel y César Augusto Tapia Gutiérrez, quienes sobrevivieron al infernal bombardeo aéreo de “Piedra Quemada” contra los replegados de Managua, y después fallecieron  por enfermedades comunes, en Managua, en su Barrio Ariel Darce.

La madre de los cuatro es Rosa del Carmen Gutiérrez, quien todavía reside en el mismo sitio que vivía con  sus cuatro hijos mencionados.

Álvaro Tapia Gutiérrez, otro de sus hijos, era  buscado por la guardia somocista y los “escuadrones de la muerte” o “Mano Blanca” de la Oficina de Seguridad somocista genocida, para matarlo. Es el único hijo vivo que ha quedado con doña Rosa del Carmen Gutiérrez.

Guardias sanguinarios casi matan al tercer hermano Tapia

Álvaro es “lisiado de guerra”. Según su madre, después de producirse el Repliegue de Managua  a Masaya el 27 de junio de 1979, ella encontró a Álvaro “con las tripas de fuera donde las monjas del Reparto Schick Gutiérrez”,  porque los guardias lo habían capturado, lo torturaron y lo apuñalaron, aunque no lo mataron porque unos vecinos lo salvaron de que terminaran de asesinarlo.

“Casi todos los días venía aquí la guardia a catearme la casa, en busca de mis hijos, quienes todos andaban metidos en la lucha armada aún antes que estallara la Insurrección en la Zona Oriental-norte de Managua”, recuerda doña Rosa del Carmen Gutiérrez, con lágrimas en los ojos, mientras también vienen a su mente los “orejas” de la Oficina de Seguridad del Barrio “La Fuente”, que nos echaban a la guardia somocista”.

Antes de estallar la Insurrección en la Zona Oriental de Managua, Miguel Ángel era empleado en “Gallo y Villa”, donde ganaba bastante dinero como vendedor de productos comerciales de esta empresa en el Oeste de Managua. Marcos Antonio también trabajaba en la Tienda de Gallo y Villa. Según doña Carmen, por el  buen salario de estos dos hijos, ella vivía bien. “Hoy vivo sola con mi hijo Álvaro, lisiado, que no puede trabajar, y yo tengo que arreglármelas con 1,500 córdobas de pensión y buscarme el resto “por cuenta propia”, mientras cada vez puedo moverme menos, pues por la edad hay ocasiones en que no puedo ni caminar”, dice esta Madre de Héroes y Mártires sandinistas.

“Cuando mis cuatro hijos se fueron en el Repliegue a Masaya, yo no supe nada de inmediato. Me quedé solita. El 28 de junio de 1979 me vinieron a informar unos amigos que Álvaro, mi quinto hijo, estaba grave de muerte donde las monjitas del Reparto Schick, donde lo habían atendido, pero era necesario buscar un médico con urgencia. Al mismo tiempo, los guardias asesinos de la EEBI me llegaron a catear la casa nuevamente. Tuve que huir hacia donde amigos y familiares en el mismo Reparto Schick”, recuerda Rosa del Carmen Gutiérrez, quien actualmente tiene ya 79 años. Álvaro, herido gravemente, le contó que sus otros cuatro hermanos se habían ido en el Repliegue Táctico de Managua Masaya.

Álvaro también cumplía tareas del Repliegue a Masaya

A Álvaro, el único que queda vivo, también cumplía tareas militares en  la llamada Jornada de Exploración en la Vanguardia y Retaguardia del Repliegue de Managua a Masaya, cuando fue capturado y casi asesinado por los sicarios del régimen somocista genocida en la parte Este del Reparto Schick Gutiérrez, cerca del Tanque Rojo y del cauce de las cercanías del mismo Tanque Rojo, por donde pasó el grueso de más de seis mil managuas en el Repliegue a Masaya, entre las once de la noche del 27 y la una y media de la mañana del 28 de junio de 1979.

Todos estos muchachos Tapia Gutiérrez formaban parte de las estructuras de Combatientes Populares, de correos guerrilleros clandestinos, de fabricantes de explosivos, de propagandistas armados, de emboscadores de patrullas de guardias somocistas genocidas. Los cinco se fueron en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya el 27 de junio de 1979. Según los reportes históricos, los cuatro se integran al  Repliegue en la calle misma de la Clínica Don Bosco, en el Barrio Santa Bárbara (hoy Barrio Venezuela), donde se sumaron a las columnas jefeadas por William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra Lacayo.

Al retornar a Managua el 19 de julio de 1979, Luis Manuel y César Augusto Tapia Gutiérrez, hermanos menores, le vinieron contando a su madre que Miguel Ángel y Marcos Antonio cayeron al ser partidos sus cuerpos por charneles de bombas de 1,000 libras.

Sus cadáveres no fueron encontrados

Sin embargo, al regresar  en busca de sus cadáveres, nunca fueron encontrados. Su madre, Rosa del Carmen Gutiérrez, dice que con sus hijos menores buscó “palmo a palmo” los cadáveres de sus dos hijos en “Piedra Quemada”, en Masaya, frente a la entrada antigua del Volcán Masaya.

“También anduve buscando afanosamente donde los guardias asesinos acostumbraban tirar cadáveres en Managua, como la “Cuesta del Plomo”, la “Escuela de Artes”, en las cercanías de Laguna de Xiloá, en los cráteres del Volcán Masaya, en la orilla de la Laguna de Masaya, frente al Teatro Rubén Darío, en las Lomas de San Judas, y !nada pude encontrar¡ Mis otros dos hijos aseguraban que Miguel Ángel y Marcos Antonio murieron en “Piedra Quemada”, pero sus restos nunca pudimos encontrarlos”, indica Rosa del Carmen Gutiérrez,

Mucho tiempo después del Triunfo de la Revolución,  fallecieron sus otros dos hijos: Luis Manuel y César Augusto, por causas naturales. Se ha quedado sólo con la compañía de Álvaro, quien no puede trabajar por su condición de lisiado de guerra.

Hay un monumento dedicado a Miguel Ángel y Marcos Antonio en la dirección mencionada arriba, de donde fueron los “Billares Shanguelo” ocho cuadras al Este y media al Sur.   Rosa del Carmen Gutiérrez reside en esa dirección y tiene el número de teléfono convencional: 22891862.

La casa donde vive actualmente no es de ella, alquila. Asegura que del gobierno le ofrecieron una casa nueva  y mejorarle su pensión y atenderle sus enfermedades crónicas, pero que ninguna de estas cosas ha ocurrido.

Mario Ramón Jiménez

Managua, Nicaragua, octubre del 2015.

Constancia Histórica

Según versiones históricas oficiales de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos del FSLN Carlos Fonseca Amador, Mario Ramón Jiménez, uno de los Combatientes Populares de la Insurrección Sandinista en Managua, en junio de 1979, cayó por el bombardeo aéreo  criminal durante el Repliegue Táctico de Managua de Managua a Masaya, el 28 de junio de 1979.

Efectivamente  por versiones, o relatos,  recogidos   por este servidor, se puede afirmar que esto de la caída de Mario Ramón Jiménez en “Piedra Quemada”, lado Norte del Volcán Masaya, fue verídica, pues inclusive  su cadáver  nunca apareció, hecho similar al de varias decenas de compañeros y compañeras, cuyos cadáveres no aparecieron después  en ese sector de “Piedra Quemada”.

Puedo asegurar, entonces, que Mario Ramón  Jiménez, cuya biografía  estoy elaborando, cayó allí  en “Piedra Quemada”, Masaya, el 28 de junio de 1979, un poco después de las once de la mañana.

Servidor y amigo,

Pablo Emilio Barreto Pérez,

Periodista, investigador histórico, participante directo en la Insurrección de Managua y en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya  los días 27, 28 y 29 de junio de 1979.

Colonia del Periodista No. 97, frente al portón del Parque. Teléfono 22703077 y 88466187.

María Daniela  “China Tica” Bravo Medina

María Daniela “China Tica” Bravo Medina era una jovencita enfermera y estudiante del quinto año de bachillerato, de 17 años,  al momento de caer mortalmente herida en “Piedra Quemada”, frente a la entrada antigua del Volcán Masaya, mientras al mismo tiempo iban ella y el doctor Juan Lezama atendiendo a los casi 200 heridos que iban en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, según datos aportados por la Asociación de Mujeres  y de Madres de Mártires Sandinistas, jefeada por Isabel Aráuz Rugama, una de las sobrevivientes del Repliegue a Masaya.

Su madre, doña Luisa Medina Mendoza, de 67 años en el 2013, asegura que “mi China Tica” Bravo Medina andaba plenamente integrada en la lucha política y armada, de forma clandestina, desde que tenía 14 años”.

Medina Mendoza sigue residiendo en su casita humilde de Américas I, Grupo A, Andén 10, casa No. 350, donde vivió con ella “mi China Tica” preciosa”, y de donde, según su madre, María Daniela se juntaba con el grupo guerrillero clandestino de Róger “Aniceto” Cabezas Gómez, Federico “Chato” López Argüello, el Jefe Guerrillero Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz y el doctor Lezama, quien era un médico que cooperaba clandestinamente con los grupos armados de la Insurrección Sandinista en junio de 1979.

Los datos aportados por la Asociación de Mujeres y Madres de Mártires Sandinistas y doña Luisa Medina Mendoza, indican que “China Tica” Bravo Medina se enroló con este grupo de cuadros políticos clandestinos mientras estudiaba su quinto año de bachillerato en el Instituto de Secundaria de la Colonia Primero de Mayo, donde estudiaban centenares de jóvenes (hombres y mujeres) de las Colonias Américas I, Tres y Cuadro, y que a ese Colegio llegaban “Aniceto” Cabezas Gómez y “Chato” López Argüello, quienes al mismo tiempo se coordinaban con los Jefes Guerrilleros Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz y Marcos “Salvador” Somarriba García.

“China Tica” Bravo Medina era la hija menor del médico Horacio Bravo (ya fallecido en 1983), quien tenía un consultorio privado, donde guardaba medicinas, inyecciones y material propio para curar heridos.

Según Luisa Medina Mendoza una noche, cuando ya había estallado la Insurrección, u Ofensiva Final en Managua, su hija “China Tica” Bravo Medina en compañía del también médico Juan Lezama se metieron al consultorio del doctor Horacio Bravo, en la Colonia Villa Libertad, y se llevaron todas las medicinas, jeringas, frassadas, alcoholes, desinfectantes y hasta una camilla, todo con el fin de atender los heridos que por centenares estaban siendo atendidos en los Hospitales clandestinos del Reparto El Dorado, en la Sagrada Familia del Barrio Ducualí y en los dos Hospitales de Bello Horizonte en el Instituto Experimental México y en una casa de la Etapa Cuatro, donde funcionó el   Hospital Silvia Ferrufino Sobalbarro.

Madre e hija estaban integradas en la Insurrección

Cuando la Insurrección Sandinista estaba en pleno apogeo, “China Tica” Bravo Medina se las arreglaba para ir a ver a su madre en Américas Uno. “En muchas ocasiones no me halló porque yo también andaba colaborando, haciendo de correo clandestino, trasladando comida de una trinchera a otra…Eso sí, yo siempre le dejaba comida hecha para que ella comiera y se la llevara”, recuerda su madre, mientras gruesas lágrimas resbalan de sus ojos hacia la mejillas.

Añade doña Luisa que su “China Tica” Bravo Medina le aseguraba que su labor guerrillera, revolucionaria, la desarrollaba plenamente en la atención a los heridos, colaborando con los médicos. “Nunca me dijo que estuviera en una trinchera de combate, con un fusil. Me contaba cómo se le hacía nudos el alma al ver y atender a centenares de jóvenes, niños, mujeres y ancianos destrozados por las bombas de 500 libras y por los charneles de los rockettes, y al contar esto lloraba de rabia, y decía que los guardias y Somoza Debayle debían ser eliminados todos porque eran asesinos genocidas, brutales, pues inclusive estaban desbaratando Managua con bombardeos aéreos”, recuerda doña Luisa Medina Mendoza.

Cae en “Piedra Quemada” mientras atendía heridos

Doña Luisa Medina Mendoza asegura que su hija “China Tica” Bravo Medina iba con el doctor Juan Lezama al momento en que un grupo numeroso de Combatientes Populares, entre otros Douglas Aguilar Uzaga y “Pajarito” España, al momento de ser impactada por numerosos charneles de rockettes en “Piedra Quemada”, donde ella  desafiando al peligro iba atendiendo al grupo de más de 100 heridos que llevaba consigo el Repliegue Táctico de Managua Masaya.

Según el relato de Lezama y de otros Combatientes Populares, “China Tica” Bravo Medina cayó allí en “Piedra Quemada” abatida por los charneles mencionados, y le aseguraron a doña Luisa que allí mismo fue sepultada en una zanjita poco profunda, y que le echaron piedras y arenas encima.

Su cadáver desapareció

Después del Triunfo de la Revolución Sandinista, después del 19 de julio de 1979, se formó un grupo de búsqueda de su cadáver, integrado por doña Luisa, el doctor Horacio Bravo (su padre médico, ya fallecido), familiares, vecinos, amigos y Combatientes Populares, incluyendo al doctor Juan Lezama, quienes buscaron su cadáver minuciosamente en “Piedra Quemada”, en el Camino Viejo de Nindirí, en las cercanías de los cerros del Coyotepe y  Barranca, en la propia Ciudad de Masaya, aquí en las Colonias Américas en Managua, en el Barrio Ducualí, en el Cementerio de los Mártires en Bello Horizonte, “!y nada¡ Busqué durante tres años el cadáver de mi hijita “China Tica”. No lo encontré. La hubiera querido viva aquí conmigo. Para colmo ni una foto de ella conservo, porque las que tenía desaparecieron al producirse el Repliegue a Masaya, pues todos aquí en la casa tuvimos que huir, escondernos y cuando volvimos, nuestra casita había sido saqueada, todo se llevaron, y también las  fotos de mi hijita desaparecieron”, se queja amargamente doña Luisa Medina Mendoza.

Doña Luisa tiene esperanzas de que una foto de su hija esté en la Galería de los Mártires de la Colonia Nicarao. “Mi hija estaba por graduarse de enfermera. Le gustaban el canto y el baile. Le encantaba vestirse bien. Era muy bonita. Era un encanto de muchacha. Era graciosa, educadita, nunca pronunciaba malas palabras, siempre decía: “Mejor pensémoslo bien mamá, antes de proceder”, recuerda con cariño doña Luisa de su hija “China Tica” Bravo Medina.

No tenía novio, no dejó hijos. “Me contaban que el doctor Lezama era enamorado de mi “China Tica”. Nunca lo confirmé porque ella siempre me contestaba: “No mamá, no tengo novio, ni marido… será cuando ya me haya graduado y tenga un buen empleo”, añade su madre a los recuerdos de su “China Tica” Bravo Medina.

Son hermanos de “China Tica” Bravo Medina: Sufragia (ya fallecida), Horacio y Danelia. Luisa Medina Mendoza sigue viviendo en su casita No. 350 de Américas Uno, Grupo A, Andén Diez, en las cercanías de la Escuela Secundaria. En su casa cría palomitas “de Castilla” y sobrevive con las ayudas de sus dos hijos vivos.

Manuel Salvador Reyes Montiel

Manuel Salvador Reyes Montiel, de 17 años, era uno de los casi 300 Combatientes Populares del Barrio Riguero, donde uno de los apoyos fundamentales de los pobladores insurreccionados contra la dictadura somocista en junio de 1979, eran la Iglesia Santa María de los Ángeles y su cura, o sacerdote progresista, amigo fiel de Tomás Borge Martínez, Uriel Molina Oliú. Unos oraban y cantaban dentro de la Iglesia y otros, aprendían arme y desarme en el patio del fondo.

Manuel Salvador Reyes Montiel era estudiante nocturno en el Instituto René Schick Gutiérrez (hoy Elvis Díaz Romero) y al mismo tiempo laboraba, en el día, como repartidor de hielo entre comerciantes del Mercado Oriental. De esa forma ayudaba a su madre en la manutención de sus hermanos y se pagaba sus estudios por la noche.

La familia de Reyes Montiel, encabezada por su madre Guadalupe Montiel Coca (en 2013 tenía 83 años), residía entonces de la Iglesia mencionada una cuadra al Norte y 80 varas al Este, donde funcionaban un  buzón grande de armas, era casa de seguridad, se fabricaban allí explosivos o bombas de contacto y mediante un mimeógrafo se imprimían miles de volantes o propaganda armada de la Insurrección Sandinista en los Barrios de la Zona Oriental-norte de Managua.

En ese Barrio Riguero, situado en la orilla de la Pista principal de Managua, fue donde la Guardia Nacional somocista genocida asesinó fríamente al periodista norteamericano Bill Steeward, el 20 de junio de 1979.

Ese mismo día 20 de junio fue asesinado Julio César Reyes Montiel, hermano mayor de Manuel Salvador, por un francotirador somocista, quien en el Barrio Riguero actuaba guiado por los Miranda, jefeados por Alfonso Miranda, quienes al mismo tiempo se presentaban como “amigos” de los insurrectos, cuando en realidad eran “orejas” y soplones” de la Oficina de Seguridad y de la Guardia Nacional.

Los Combatientes Populares se desplazaban por el cauce que atraviesa una parte del Barrio Riguero y cruza hacia el Barrio  Paraisito, lo cual fue descubierto por los “orejas” y soplones” mencionados.

Doña Guadalupe Montiel Corea desafiando a los francotiradores y guardias desplazándose por allí mismo, se llevó un carretón de manos al cauce y rescató el cadáver de su hijo Julio. Lo sepultó en el patio de su casa, donde funcionaban el buzón de armas y demás asuntos mencionados arriba. Julio está allí sepultado en el patio de la casa de su madre.

Dos hijos caídos y madre también estuvo insurreccionada

Según la profesora María Ester Díaz, una de esos alrededor de 300 Combatientes Populares (hoy directora de uno de los Institutos de Secundaria y Primaria de la Colonia Américas UNO), la caída de Julio desconsoló y “arrechó” más a Manuel Salvador Reyes Montiel, quien profundizó su accionar combativo y agilizó sin tregua las órdenes que daban los Jefes Guerrilleros del Estado Mayor del Frente Interno.

A pocos metros de distancia de la casa de doña Guadalupe Montiel Coca vivía María Lidia Díaz García, madre de María Ester Díaz, entonces una muchacha de 17 años, y plenamente integrada con su madre a los combates guerrilleros contra la Guardia Nacional somocista en este sector de Managua. María Lidia Díaz García era enfermera y como tal hacía funcionar botiquines para la cura de combatientes y pobladores heridos.

María Ester Díaz indica que además de todo lo señalado, un grupo de Combatientes Populares, guiados por el Jefe Guerrillero Rolando “Cara Manchada” Orozco Mendoza, entre los que estaban Manuel Salvador Reyes Montiel y la misma María Ester, ejecutaban “recuperes de armas, municiones, medicinas y camillas” para continuar la lucha armada en el mismo Barrio Riguero, en los Barrios Paraisito, Rigoberto López Pérez, San Cristóbal y Reparto El Dorado.

300 Combatientes Populares cruzan cauces, guiados por Rolando Orozco

María Ester Díaz y la propia doña Guadalupe Montiel Coca aseguran que la tardecita en que el Repliegue de Managua a Masaya empezaba a moverse, fue impresionante ver cómo alrededor de 300 Combatientes Populares (hombres y mujeres, casi todos jóvenes), jefeados por  Rolando “Cara Manchada” Orozco Mendoza, cruzaban el cauce mencionado, para dirigirse a las calles del Reparto El Dorado y de la Colonia Don Bosco.

Estos Combatientes Populares del Barrio Riguero fueron llevados hacia el Norte, hasta juntarse con los replegados de Bello Horizonte y Santa Rosa. En el grupo iban Manuel Salvador Reyes Montiel y María Ester Díaz.

Según la profesora María Ester Díaz, cuando el grupo del Repliegue de Managua a Masaya salió de la Calle de la Clínica Don Bosco, en el Barrio Santa Bárbara (hoy Barrio Venezuela), entre las diez y media y once de la noche del 27 de junio de 1979, el grupo de Combatientes Populares del Riguero, todavía iban juntos.

Reyes Montiel cayó en “Piedra Quemada”

Cuando se registró el combate con una patrulla de guardias emboscados en el Cruce de Veracruz, en ese momento ya hubo dispersión. El asunto es que unos supieron y otros no que Manuel Salvador Reyes Montiel cayó en el bombardeo aéreo de “Piedra Quemada”, frente a la entrada antigua del Volcán Masaya.

Nadie supo nada con exactitud. No hubo, al parecer, ni tumba improvisada en “Piedra Quemada” para Manuel Salvador Reyes Montiel. Su madre, Guadalupe Montiel Coca, al 2013, de 83 años, asegura que un grupo numeroso de los antiguos compañeros combatientes del Riguero fueron con ella a buscar su cadáver en “Piedra Quemada”, en el Camino Viejo a Nindirí, en las cercanías de los cerros del Coyotepe y Barranca, en la propia Ciudad de Masaya, en el Cauce del Barrio Riguero, en los vecindarios de El Dorado, en el Barrio Paraisito, en Bello Horizonte. Su cadáver no apareció, quedó como desaparecido en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Su única hermana, María del Socorro Reyes Montiel, quedó chiquita, gateando, en junio de 1979, cuando sus dos hermanos: Julio y Manuel Salvador, cayeron patrióticamente durante la Insurrección Sandinista, falleció hace poco tiempo en un accidente de tránsito. Ella le dejó varios nietos a doña Guadalupe Montiel Coca.

Doña Guadalupe Montiel Coca reside en la misma casita: de la Iglesia Santa María de los Ángeles, una cuadra al Norte, 80 varas al Este, en el Barrio Riguero. Tiene el teléfono: 84876286.

Carlos José Alvarado Aragón

Carlos José Alvarado Aragón tenía 20 años al caer  fulminado por charneles en el bombardeo infernal del lado Norte de  “Piedra Quemada”, frente a la entrada antigua al Volcán Masaya, el 28 de  junio de 1979, cuando se aproximaba la una de la tarde, según los registros oficiales de la Asociación de Mujeres y Madres de Mártires Sandinistas, coordinada por Isabel Aráuz Rugama.

Según sus hermanas Ana Cecilia y Silvia Elena, residentes siempre en la Colonia Villa Progreso (al Este del Reparto Bello Horizonte), Carlos José Alvarado Aragón fue cuadro político y Combatiente Popular del Frente Sandinista clandestino al estallar la Insurrección, u Ofensiva Final, de junio de 1979, y como tal estaba plenamente enrolado, coordinado y organizado con los Combatientes Populares de Villa Progreso, Bello Horizonte, Santa Rosa y para el lado del Barrio Blandón, hoy Barrio Costa Rica.

Doña Máxima Alvarado Salmerón, de 82 años en 2013, recuerda que su hijo Carlos José era al mismo tiempo cobrador por alquiler de tramos en el Mercado Oriental, estudiante nocturno de secundaria en la Escuela Nacional de Comercio (hoy Instituto Manuel Olivares) y luchador clandestino organizado para el derrocamiento de la dictadura somocista genocida.

Silvia Elena, quien tenía 21 años en 1979, recuerda que efectivamente su hermano Carlos José estaba organizado y coordinado política y militarmente con los grupos de jóvenes rebeldes antisomocistas de las Colonias Catorce de Septiembre, Nicarao, su propia Colonia Villa Progreso y con el grupo del Frente Sandinista Proletario en el Barrio Santa Rosa, coordinado por Marcos “Salvador” Somarriba García.

Distribuía propaganda armada dentro de autobuses urbanos

Antes de estallar la Insurrección el nueve de junio de 1979, Carlos José desaparecía en la tardecita y retornaba a su casa en Villa Progreso después de las diez de la noche, porque andaba efectuando “propaganda armada” en calles y dentro de autobuses urbano colectivos, andaba en mítines nocturnos, haciendo “pintas” antisomocistas en muros, postes, pavimentos y paredes de casas particulares; o andaba en algún operativo militar de emboscadas contra los guardias, recuerdan sus hermanas Ana Cecilia y Silvia Elena.

En la Asociación de Mujeres y Madres de Mártires Sandinistas se indica que Carlos José Alvarado Aragón fue uno de los Combatientes Populares que participó en los combates contra patrullas de guardias somocistas genocidas en el Aserrío Carlos Morales Orozco, al Norte de Villa Progreso, y al Este de Bello Horizonte,  la noche del nueve de junio de 1979.

Las comunicaciones radiales oficiales de la GN somocista, registradas por Combatientes Populares de Bello Horizonte, indican que las patrullas de la Guardia Nacional eran comandadas por un oficial llamado Bandor Bayer, allí en el Aserrío Carlos Morales Orozco, esa noche del nueve de junio de 1979.

A partir del nueve de junio,  no volvió a llegar a su casa

Los datos y recuerdos históricos de su mamá, Máxima Alvarado Salmerón, y de sus hermanas Ana Cecilia y Silvia Elena indican que, precisamente, ya esa noche del nueve de junio de 1979, Carlos José Alvarado Aragón dejó de llegar regularmente a su casa en Villa Progreso, porque ya andaba plenamente involucrado en la Insurrección antisomocista en la Zona Oriental-norte de Managua.

Los datos aportados por la Asociación de Mujeres y Madres de Mártires Sandinistas, su mamá, Máxima Alvarado Aragón y sus hermanas Ana Cecilia y Silvia Elena, coinciden en que Carlos José se fue con su grupo de Villa Progreso y del Barrio Santa Rosa en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, el 27 de junio de 1979, en la noche.

Sus familiares coinciden en que Carlos José Alvarado Aragón cayó mortalmente abatido por charneles en el bombardeo aéreo infernal de “Piedra Quemada”, el 28 de junio de 1979, al medio día o en la tarde, según la información que trajeron sus compañeros y compañeras Combatientes Populares, al retornar de Masaya a Managua el 19 de julio de 1979, en la tardecita.

Cayó en “Piedra Quemada”, pero no apareció ni vivo ni muerto

La información de sus camaradas Combatientes Populares sobre la ubicación exacta de en qué lugar de “”Piedra Quemada”, o del Camino Viejo al casco urbano de Nindirí, quedó sepultado el cadáver de Carlos José Alvarado Aragón, no fue precisa, y precisamente su madre, sus hermanas, amigos y vecinos, registraron “palmo a palmo” toda “Piedra Quemada”; también el Camino Viejo a Nindirí, frente al Cerro La Barranca, en Masaya, en la misma Managua, y ¡nada¡, Carlos José Alvarado Aragón no apareció ni vivo ni muerto. Quedó como desaparecido. “Buscamos su cadáver durante casi dos años. En algunos momentos tuvimos la esperanza de encontrarlo vivo en alguna parte”, externa con tono de pesar profundo su hermana Ana Cecilia, la menor de todos los hermanos.

Al caer en “Piedra Quemada”, Carlos José Alvarado Aragón ya tenía un hijo con la joven Rosa Calderón, llamado  Eddy José Alvarado Calderón, quien vive hoy con su madre en Estados Unidos.

Le sobreviven a Carlos José Alvarado Aragón sus hermanos: José León, Ramón, Victoria, Silvia Elena y Ana Cecilia. Ellos viven con su madre en la Calle Principal de Villa Progreso, de la Esquina Este del Estacionamiento público, 20 varas al Este, en la casa No. 163. Tienen los teléfonos:   22518156 y 87577335.

                                                                                                                                                                       

Joaquín “José” Valle  Corea 

Nació en león el 29 de marzo  de 1954, y se integra a la lucha revolucionaria en 1976. Con la tendencia G.P.P del FSLN recibe curso clandestino de preparación militar.

Participó en operaciones armadas de recuperación económica, de propagada y de hostigamiento a la G.N   y  connotados somocistas, bajo la dirección de  los compañeros Luis  “Roberto” Cortez y de José Arcadio “Túpac) Acosta.

Organiza los Comités de Acción Popular (CAP) y los Comités de Defensa Civil (CDS) en numerosos barrios orientales de Managua, durante la insurrección final  de junio del 1979  y participa en la lucha armada  insurreccional  y cae el 28 de junio de 1979, junto a los compañero José Santos “Cerro Negro” Mayorga Alemán, René “Sastrecito”  Polanco Chamagua, Mario Paredes  y José Luis “Oso” Marín  durante una operación militar  de la guardia somocista genocida, cuando se desplazaba sigilosamente el Repliegue Táctico de Managua a Masaya el 28 de junio de 1979, en la madrugada.

Según la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos, Carlos Fonseca Amador, encabezada por Frank “Machillo” González Morales y Juan Carlos “Marcial” Soza Aragón, Valle Corea fue uno de los capturados y asesinados atrozmente por la Guardia Nacional y la Oficina de Seguridad sanguinarias somocistas cuando él, Joaquín, y un grupo de jóvenes resguardaban la retaguardia del Repliegue de Managua a Masaya, el 28 de junio en la madrugada.

Su cadáver nunca apareció, pues la GN somocista genocida después de capturarlos se llevaron al grupo de jóvenes con rumbo desconocido, y nunca se supo dónde fueron asesinados y qué hicieron con sus cadáveres. Su lema: “morir por la patria… es vivir”

 Jorge Antonio “Yorbis” Bermúdez García

Jorge Antonio “Yorbis” Bermúdez García tenía tan sólo 15 años y era estudiante de secundaria en el “Centro Escolar Diriangén” de Américas III, o “Villa Revolución”, cuando cayó fulminado por charneles de rockettes en el Camino Viejo de Nindirí, el 28 de junio de 1979, en la tarde, aseguran dirigentes femeninas de la Asociación de Mujeres Sandinistas y de Madres de Héroes y Mártires, coordinadas por Isabel Aráuz Rugama;  y su cuñada Fredecinda Gutiérrez y su hermano mayor,  Armando García Bermúdez.

Al integrarse “Yorbis” Bermúdez García en la Insurrección Sandinista de la Zona Oriental de Managua, en junio de 1979, ya había sido asesinado su otro hermano mayor, Daniel José, en la Mina del Limón (en León), donde guardias somocistas genocidas hicieron pedazos su cuerpo a punta de machetazos y balazos.

De su integración a labores insurreccionales en las Américas III y Américas I sólo sabían su madre Irma del Socorro García Somarriba y su hermano Armando José, quien al mismo tiempo se había enrolado en el grupo de Combatientes y Colaboradores Populares, guiados por el Frente Sandinista Proletario y personalmente por el Jefe Guerrillero César Augusto “Moisés” Silva (caído en Masaya), residente en Américas Uno.

Según Armando José, una de las primeras acciones combativas públicas de su hermano menor, Jorge Antonio “Yorbis” Bermúdez García, fue cuando el cuatro de junio de 1979 un grupo de jovencito Combatientes Populares aparecen construyendo una barricada (con adoquines y troncos de árboles) en la entrada Sur de la Colonia América Tres, para impedir la entrada de patrullas de la guardia somocista hacia el Norte, donde estaban operando otros grupos de Combatientes Populares.

Su casita de madera el buzón de armas y casa de seguridad

La casita de madera en que vivían con su madre en Américas III, Sector B, Andén 1, casa número 1771-72, hacía varios meses que estaba convertida en casa de seguridad y buzón de armas, además de que era visitada con mucha frecuencia por César Augusto “Moisés” Silva, relata 38 años después su hermano Armando José, quien después del Triunfo de la Revolución se convirtió en Gerente de Producción de “El Nuevo Diario”.

Un siguiente operativo público en que apareció involucrado este jovencito, al que apodaban “Yorbis”,  fue el asalto y recuperación de dinero a un camión lechero de “La Perfecta”, cuando sus despachadores estaban entregando leche en una pulpería cercana al Centro Escolar Diriangén, en Américas III.

Según Armando José, su hermano “Yorbis” Bermúdez García, de apenas 15 años, dirigió al grupo de chavalos Combatientes Populares que asaltaron y retuvieron el camión lechero. “Era ya de tardecita. Me acuerdo bien que les quitaron unos cinco mil córdobas a los repartidores de leche, y la leche que todavía se cargaba en el camión fue repartida entre el vecindario. Ese dinero recuperado se le entregó a un grupo de guerrilleros, encabezados por César Augusto “Moisés” Silva”, añade Armando José.

Siendo un  niño, jefeó asaltos a camiones repartidores

La Insurrección Sandinista, u Ofensiva Final, no se había generalizado, antes del nueve de junio de 1979, cuando el grupo de Combatientes Populares encabezados por “Yorbis” Bermúdez García efectuó otro asalto y recupere a un camión de la empresa trasnacional o multinacional imperialista Coca Cola en la entrada a la Comarca “Jaguitas”, del Cine Ideal hacia el Sureste, en el Reparto Schick Gutiérrez, donde hubo un intercambio de disparos con orejas de la guardia y “Yorbis” Bermúdez García resultó herido  en la pierna y en el pie derecho, recuerda su hermano Armando José.

Según Armando José, en este “asalto y recupere” no se repartió productos de la Coca Cola, sólo se recuperó el dinero, unos cinco mil córdobas, puesto que los repartidores de la compañía trasnacional únicamente entregaban en ese momento unos cifones y termos llenos de gaseosa, para una fiesta en la casa de uno de los guardias somocistas residentes en el sector Este del Reparto Schick Gutiérrez.

Las heridas de “Yorbis” Bermúdez García no eran graves. Fue llevado a su casa en Américas III, donde fue curado por Marta Robleto, de ANPRONAC y Colaboradora, quien operaba clandestinamente en este sector de Managua. Robleto todavía labora en el Ejército Nacional.

Después de curado, de acuerdo con el testimonio de su hermano Armando José, “Yorbis” Bermúdez García se fue con el grupo de César Augusto “Moisés” Silva hacia el Barrio Ducualí, donde se integró a una de las escuadras móviles en los sectores del Reparto  El Dorado, barrios María Auxiliadora, San Cristóbal, Paraisito, en el mismo Ducualí, en la Colonia Diez de Junio y Colonia Don Bosco.

Estuvo en El Dorado, donde estaba el Comando del Frente Interno

Puesto en ese sector combativo insurreccional se encontró allí con Fredecinda Gutiérrez, su cuñada, esposa de su hermano Armando José. Fredecinda era Combatiente Popular y le relató a su familia que “Yorbis” Bermúdez estuvo en el Reparto El Dorado, operando como Combatiente Popular, jefeado por Claudio Picasso Ardito, en operaciones militares móviles y en labores de correo clandestino.

Es Fredecinda Gutiérrez  quien le relata a su esposo Armando José y resto de familia que vio a “Yorbis” Bermúdez García durante la marcha del Repliegue Táctico de Managua a Masaya en la Comarca “Jaguitas” y en “Piedra Quemada”, donde ocurrió el bombardeo mortal de la GN somocista contra los replegados capitalinos.

Después del bombardeo aéreo en el lado Norte de “Piedra Quemada” no se volvieron a ver Fredecinda con “Yorbis”.  A Fredecinda Gutiérrez le informaron, ya puesta en Masaya, que “Yorbis” Bermúdez había caído durante la continuación del bombardeo aéreo en el Camino Viejo de Nindirí, más o menos a las cuatro de la tarde del 28 de junio de 1979.

Su madre Irma del Socorro García Somarriba, su hermano Armando José, sus otros hermanos, familiares, amigos y funcionarios del nuevo régimen sandinista revolucionario buscaron su cadáver en “Piedra Quemada”, en el Camino Viejo a Nindirí, en las zanjas o tumbas colectivas que había hecho la guardia de asesinos en los Cerros del Coyotepe y  Barranca, en las cercanías de la Iglesia San Jerónimo en Masaya y ¡nada!, el cadáver de  “Yorbis” no fue encontrado. Quedó como desaparecido, indica Armando José, mientras los ojos se le humedecen de lágrimas.

“Mi madre no cesó de buscarlo durante seis años. Finalmente, se convenció de que no era posible hallarlo”, expresa Armando José.

El padre de “Yorbis” era don Armando Bermúdez. Y Doña Irma del Socorro García Somarriba falleció hace ocho años.

Sus hermanos sobrevivientes son: Francisco José, José Antonio y Armando José, quien reside en la misma casita en que vivió “Yorbis” en Américas III, Sector B, Andén Uno, casa No. 1771-72.  Tiene los teléfonos: 83282827 y 85291179.

Gustavo Elías “Carcache” Morales Mayorga

Gustavo Elías “Carcache” Morales Mayorga tenía 27 años, era estudiante de una carrera técnica y tenía el oficio de sastre, cuando se integró plenamente a la Insurrección Sandinista en el Barrio Santa Rosa y al irse en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya el 27 de junio de 1979, en la noche.  

Según los datos oficiales de la Asociación de Mujeres y Madres de Mártires Sandinistas, presidida por Isabel Aráuz Rugama; y María Elena Rodríguez, coordinadora de las Madres de Héroes y Mártires del Barrio Santa Rosa, “Carcache” Morales Mayorga cayó fulminado por charneles durante el bombardeo aéreo criminal de la GN sobre el Camino Viejo de Nindirí, contra los replegados de Managua, el 28 de junio de 1979, en la tarde.

Esta versión es confirmada por Martín y Raúl Ulloa Mayorga, ambos hermanos menores de “Carcache” Morales Mayorga, hijo de Pedro Pablo Morales González y Consuelo Mayorga Cajina, quien todavía está viva, pero padeciendo diabetes y pérdida de la memoria.

“Carcache” Morales Mayorga cuenta con otros tres hermanos llamados: Carlos, Alejandra e Ignacio Morales Mayorga, hijo de un primer matrimonio.

Esta familia sigue residiendo del “Restaurante Perla” 75 varas al Norte, en el combativo Barrio Santa Rosa.

Sus hermanos Martín y Raúl Ulloa Mayorga indican que ellos estaban muy pequeños, de seis y siete años, cuando “Carcache” Morales Mayorga andaba en labores “guerrilleras y combativas”, en 1979, en compañía de Combatientes Populares como Ronald Rizo Huerta, Francisco Iván Salgado Gómez, Juan Ramón Amador, Felipa  “Francis” Membreño Mejía, Roberto “Pescadito”  Zamora Loáisiga, entre otros, jefeados por el Jefe Guerrillero Marcos “Salvador” Somarriba García.

“Cuando mi mamá todavía tenía buena la memoria, nos contaba que mi hermano Gustavo Elías “Carcache” Morales estaba organizado en el Frente Sandinista clandestino desde hacía varios años, y hasta nos decía que había participado en la Insurrección de septiembre de 1978”, relata Raúl Ulloa Mayorga.

Cosía ropa y banderas para Combatientes Populares

Versiones de amigos de “Carcache” Morales Mayorga en el mismo Barrio Santa Rosa señalan que era admirable ver los sacrificios de Gustavo, pues cosía pantalones y camisas por encargo, realizaba reparaciones en ropa, iba a coser en talleres ajenos, con la finalidad de  comprar la comida de sus hijos pequeños Carlos y Gustavo Morales Vallejos y de su esposa Auxiliadora Vallejos.

Esos amigos señalan, inclusive, que “Carcache” Morales Mayorga fabricaba también banderas rojinegras en tela, bolsas especiales para fabricar bombas de contacto, y hasta pantalones para algunos Combatientes Populares del Barrio Santa Rosa.

Sus hermanos menores afirman que su  madre Consuelo Mayorga les contaba que “Carcache” Morales participó en operativos de emboscadas a guardias somocistas genocidas, hacía labores de correo clandestino mientras al mismo tiempo ejercía su oficio de sastre, se encargaba de alimentar y asegurar buzones de armas en el Barrio Santa Rosa, y que durante la Insurrección de junio de 1979 lo vieron con el fusil en las manos combatiendo en las trincheras de combate del Barrio Santa Rosa, frente a la fábrica Rolter, en la Carretera Norte; en el Puente Larreynaga, en los semáforos de la Litografía Robelo, y también cargando heridos hacia los hospitales clandestinos de Bello Horizonte, ubicados en el Centro Experimental México y en una casa particular de la Etapa IV del mismo Bello Horizonte.

En plena Insurrección llegaba a preguntar por hijos y familiares

Doña Consuelo Mayorga Cajina contaba, cuando todavía tenía buena su memoria, que su hijo “Carcache” Morales Mayorga llegaba a su casa todos los días que duró la Insurrección Sandinista de junio de 1979, para saber cómo estaban su madre, sus hermanos, su esposa Auxiliadora y sus dos hijos pequeños.

Doña Consuelo siempre dijo que el día en que se produjo el Repliegue Táctico de Managua a Masaya,  “Carcache” Morales Mayorga llegó a despedirse de ella. “Vamos en Retirada. No sé para dónde. Pronto nos volveremos a ver. Cuídense. Me cuidan a los niños y a mi esposa “Chilo”, recomendó antes de irse el 27 de junio de 1979, más o menos a las cinco de la tarde.

“Carcache” Morales Mayorga se fue en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, específicamente en el grupo o columnas jefeadas por Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz, Rolando “Carlos”, “Cara Manchada” Orozco Mendoza y Mónica “Isabel” Baltodano Marcenaros, las cuales salieron de Santa Rosa, Bello Horizonte, Villa Progreso, Colonia Xolotlán, Miguel Gutiérrez, San Jacinto, Américas Uno, por ejemplo.

Cayó en el Camino  Viejo a Nindirí

Sus compañeros de lucha armada para derrumbar a la dictadura somocista genocida, sobrevivientes del Repliegue a Masaya del Barrio Santa Rosa, le trajeron a doña Consuelo y a otras Madres de Héroes y Mártires, la trágica noticia de que “Carcache” Morales había caído en el Camino Viejo de Nindirí, debido a charneles del bombardeo aéreo de la GN contra los replegados capitalinos.

Sus compañeros y compañeras de viaje en el Repliegue a Masaya sepultaron su cadáver en un lugar que fue fácilmente localizado en el mes de agosto de 1979. El cadáver fue exhumado y reconocido. Fue colocado en una caja hermética, la cual fue llenada de cal porque el cadáver estaba descompuesto. Fue velado un ratito en su casa y luego lo fueron a sepultar en el Cementerio Occidental de Managua, donde su familia tenía un lote disponible.

Uno de sus hijos, Gustavo, el menor, ya falleció. Su esposa Auxiliadora se fue a Costa Rica en busca de empleo. Y aquí doña Consuelo necesita atención médica especializada por su diabetes, por su memoria, y también requiere ayuda para mejorar su casa en malas condiciones, ubicada en el mismo sitio: del “Restaurante Perla” 75 varas al Norte, en el Barrio Santa Rosa. Tienen el teléfono:  87321475.

Armando Martínez Mora

Armando Martínez Mora era un joven de 23 años cuando participó heroicamente en la Insurrección, u Ofensiva Final, en la Zona Oriental de Managua, y en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, en cuyo recorrido cayó el 28 de junio de 1979, en “Piedra Quemada”, frente a la entrada antigua al Volcán Masaya.

Este joven cuadro político, militar y guerrillero clandestino del Frente Sandinista  de Liberación Nacional era al mismo tiempo estudiante nocturno de bachillerato y obrero de la construcción cuando se construía el edificio del actual Hospital del Niño (hoy conocido como Hospital Manuel d Jesús “Mascota” Rivera, en 1978-1979, testimonia doña Rogelia Sevilla Ramos, miembro y directiva de la Asociación de Madres de Héroes y Mártires de Nicaragua.

Sevilla añade que don Emilio Martínez, padre de Armando, le acompañaba en muchas de las actividades de correo clandestino y de transportador de armas de un lugar a otro en Managua.

Según doña Rogelia Sevilla Ramos, Armando también tenía la colaboración plena de su madre, Cecilia Mora, quien había convertido en buzón  de armas, municiones y explosivos, su casa ubicada entonces de los semáforos del Dancing, hacia el Norte, en la orilla de uno de los cauces del Barrio Primavera.

Sevilla indica que Armando Martínez Mora, además, se ubicaba también en dos casas de seguridad de la Colonia Unidad de Propósitos, ubicada cerca del Aeropuerto Internacional Augusto C. Sandino, en la orilla de la Carretera Norte.

Era compañero cercano de Jefes Guerrilleros y de la Dirección Nacional del FSLN

Esta versión de Rogelia añade que Armando era sindicalista, integrante de los Comités Obreros Revolucionarios (COR), los cuales eran promovidos por un grupo de dirigentes revolucionarios del Frente Sandinista Proletario, encabezados por Carlos Núñez Téllez, Luis Carrión Cruz, Jaime Weelock Román, Francisco Meza Rojas, Camilo Chamorro, Raúl Areas Chamorro, Ricardo Robleto Espinoza, Carlos Borge Galeano, Marcos Somarriba García, Lucío Jiménez Guzmán, Iván García Abarca, Pedro Ortíz Sequeira, entre otros.

Era albañil, carpintero, fontanero y estudiante de secundaria en la noche. Según Rogelia Sevilla Ramos, antes de la Insurrección en Managua, Armando Martínez Mora estuvo acompañando un tiempo corto a Juan José Quezada y a Ricardo Morales Avilés, en Nandaime, antes de que estos fuesen asesinados por la Guardia Nacional somocista sanguinaria y genocida.

Estuvo lado de Gaspar García Laviana y del “Zorro” Rivera

Asimismo, estuvo cumpliendo tareas revolucionarias clandestinas en el Frente Sur Benjamín Zeledón Rodríguez a la par del Sacerdote Guerrillero Gaspar García Laviana. Asegura Rogelia que Armando Martínez Mora también fue enviado un tiempo corto a cumplir tareas guerrilleras junto al “Zorro” Rivera, en Estelí.

El testimonio de Sevilla Ramos añade que Armando cumplió funciones de Guerrillero y Combatiente Popular con el grupo de Raúl Areas Chamorro, en la Carretera Norte, y que se le vio combatiendo en las trincheras de combate del Barrio Santa Rosa, en la barricada frente a la Fábrica Rolter, en la barricada de las cercanías del Cruce del semáforo de “La Robelo”, en la misma Carretera Norte.

Según Sevilla Ramos, por testimonio de sus compañeros de labores guerrilleras y de combates populares en la Carretera Norte, se supo que Armando Martínez Mora se fue en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, que combatió en el Cruce de Veracruz (cuando fue emboscado el grueso del Repliegue por una patrulla de la GN) y después fue impactado por numerosos charneles del bombardeo aéreo somocista en “Piedra Quemada”, donde murió.

Rogelia Sevilla Ramos, Madre de tres Mártires y directiva de la Asociación de Madres de Héroes y Mártires, asegura que la llamada Brigada Camilo Chamorro rescató los restos de Armando Martínez Mora, después del Triunfo de la Revolución Sandinista, y los sepultó en el Cementerio de Mártires del Barrio Camilo Chamorro, donde también fue inhumado Raúl Areas Chamorro.

Rogelia Sevilla Ramos tiene todavía en sus registros la dirección antigua en que vivían don Emilio Martínez y Cecilia Mora. La propia Sevilla y este investigador histórico buscaron a esta familia en los barrios Primavera, en “Chorizo”, en el “Freddy Herrera” (antes Barrio  Mombacho) y en el Osvaldo Manzanares, pero, aparentemente, desaparecieron, no encontramos rastros de ellos.

Sus padres eran: Emilio Martínez y Cecilia Mora, se supone ya fallecidos. Sus hermanos son: Francisco y José Ángel. Además, tenía una esposa llamada María Ángeles Betanco, con quien procreó dos hijos, quienes viven en Estelí, según la versión de Rogelia Sevilla Ramos.

Para consulta sobre este caso de Armando Martínez Mora, doña Rogelia Sevilla Ramos reside de la Bloquera una cuadra al Norte, en el Barrio La Primavera. Tiene los teléfonos:  89176490 y  85793332.

Datos de otros Mártires del Repliegue a Masaya, de la lista oficial, suministrados por Rogelia Sevilla Ramos, en base a sus datos del Registro de la Asociación de Madres de Héroes y Mártires. Son direcciones antiguas, que hoy no se encuentran:

Orlando Talavera Alaniz, caído en el Repliegue a Masaya. Tiene un hermano supuestamente llamado Elvin, quien se supone vivió o residió del Ministerio del Trabajo, cuatro cuadras al Este, en el Reparto San Antonio. No se encuentra en esa dirección.

Jacinto Dávila Zeledón, también caído en el Repliegue de Managua a Masaya. Su madre: Margarita Dávila. Su padre: José Francisco Zeledón. Los datos de Rogelia indican que esta familia residió en Estelí, de la antigua Shell tres cuadras y media al Norte.

Guillermo Antonio Sáenz Salas, caído en el Repliegue a Masaya. Su madre se llamaría María o Margarita Salas, con dos direcciones:  en  la Colonia Catorce de Septiembre y en El Barrio El Paraisito, de donde fue la P. del H. dos cuadras al Sur y media al Este.  En ambos lugares recuerdan vagamente a la Madre, pero no hay rastros ni de ella ni de sus familiares.

 Roberto “Pescadito” Zamora Loáisiga, caído en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya. Hijo de Carmen Loáisiga. Algunos vecinos del Barrio Santa Rosa recuerdan que esta familia vivió de la Iglesia Católica dos cuadras al Sur. Lo recuerdan porque en muchas ocasiones fue buscado afanosamente por el sargento asesino Alberto “Macho Negro” Gutiérrez. No hay rastros de esta familia, la cual también fue buscada en La Primavera, en el Barrio Freddy Herrera y en Villa Progreso.

Rogelio de Jesús Avilés Pérez, caído en “Piedra Quemada”. Los registros indican que su madre era Emelina Avilés. Residió esta familia en el antiguo Barrio Mombacho, hoy Freddy Herrera, donde los recuerdos son vagos. Se asegura que esta familia residió un tiempo en el Barrio Osvaldo Manzanares después del Triunfo de la Revolución.

Augusto César Almendárez Telica, caído en “Piedra Quemada”, durante el Repliegue a Masaya. Su madre: Cecilia Telica. Esta familia residió un tiempo contiguo al antiguo Cine Salinas, en el Barrio Rigoberto López Pérez. Desaparecieron. Se le anduvo buscando en los Barrios Rigoberto López Pérez, San José Oriental y El Paraisito.

Francisco René “Sastrecito” Polanco Chamagua

Francisco René “Sastrecito” Polanco Chamagua fue uno de los militantes sandinistas clandestinos del Frente Sandinista de Liberación y Combatiente Popular de los más conocidos en el Reparto Shick Gutiérrez, donde residía con su familia y sus ocho hijos pequeños.

La Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos Carlos Fonseca Amador, a través de sus coordinadores Frank “Machillo” González Morales y  Juan Carlos “Marcial” Soza Aragón, indica que Polanco Chamagua era uno de los más sobresalientes Combatientes Populares del Reparto Schick Gutiérrez y de la Zona Oriental de Managua, y que fue asesinado atrozmente por la Guardia Nacional-EEBI somocista genocida cuando cumplía tareas militares y políticas en la Retaguardia del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, el 28 de junio de 1979, en la madrugada.

Era sastre de oficio y por eso le decían “Sastrecito”. Antecedentes al nueve de junio de 1979, día en que estalla la Insurrección Sandinista en Managua, señalan que Polanco Chamagua era militante clandestino del FSLN desde hacía varios años.

Su vivienda fue casa de seguridad de Jefes Guerrilleros y centro de entrenamientos

La investigación señala que su vivienda humilde era casa de seguridad de Jefes Guerrilleros como Ramón Cabrales Aráuz, Marcos Somarriba García, Tomás Borge Martínez, César Augusto Silva, y que en varias ocasiones estuvo escondido en su hogar el Jefe de la Revolución Popular Sandinista, Carlos Fonseca Amador, quien casi al mismo tiempo se escondía temporalmente en la casa de José Luis “Oso” Marín Gaitán, distanciadas las casas unas tres cuadras, en el Reparto Schick Gutiérrez.

En el Taller de Sastrería de Polanco Chamagua, ubicado en las cercanías de la calle principal (polvorienta en esos días),  se fabricaban banderas rojinegras, pantalones y camisas verdeolivo para Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares.

Su casita, con un patio amplio, era al mismo tiempo buzón de armas, fábrica de bombas de contacto y centro de entrenamientos militares a Combatientes Populares y Milicianos. Polanco Chamagua formaba parte de escuadras del FSLN clandestino que planificaban y ejecutaban emboscadas contra patrullas BECATS y contingentes de la GN somocista genocida, cuando estas se desplazaban en labores represivas y de asesinatos por estos vecindarios de la Zona Oriental de Managua. Asimismo, participó en ataques militares a la Quinceava Sección de Policía GN, la que estaba muy cerca de su casa.

Las investigaciones realizadas indican, además, que con frecuencia, meses antes de la Insurrección de junio de 1979, y días después de iniciada la misma Insurrección en Managua, Polanco Chamagua era visitado con regularidad por Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz,  quien llegaba a dirigir y supervisar los entrenamientos militares relámpagos a jóvenes, que casi inmediatamente se convertían en Combatientes Populares de este famoso sector geográfico de Managua.

Era como un felino subiendo árboles para emboscar a la GN genocida

Algunos Combatientes Históricos recuerdan que Polanco Chamagua era un hombre pequeño, delgado, morenito, y agilísimo para subirse a árboles de chilamates, ceibones, laureles y otros, y desde sus ramas tupidas, con otros compañeros Combatientes Populares, lanzaba diluvios de bombas de contacto y ráfagas de balazos contra las patrullas BECATS de la Guardia Nacional somocista genocida.

Regresaba a su casa, a reunirse con su esposa e hijos, y continuar su labor de sastre, porque de esa función laboral dependía diariamente su familia numerosa.

Ah, pero los traidores despreciables al parecer andaban cerca de numerosos Combatientes Populares del Reparto Schick Gutiérrez, y en particular espiaban a Polanco Chamagua. Estos “orejas” de la Oficina de Seguridad y de la Guardia Nacional-EEBI somocista genocidas fueron los responsables de numerosos asesinatos en el Reparto Schick Gutiérrez y Zona Oriental de Managua.

La Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos Carlos Fonseca Amador, por medio de sus coordinadores Frank “Machillo” González Morales y Juan Carlos “Marcial” Soza Aragón, asegura que Polanco Chamagua y numerosos jóvenes Combatientes Populares del Reparto Schick fueron capturados, torturados, asesinados de forma atroz y desaparecidos sus cadáveres cuando estos, incluyendo “Sastrecito” Polanco, andaban afanados en la seguridad de la Retaguardia del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, y por este motivo se les ubica como caídos en el Repliegue a Masaya.

Francisco René Polanco Chamagua era un hombre muy apreciado en su vecindario, era profundamente respetado por numerosos Combatientes Populares del Reparto Schick Gutiérrez y en particular por sus jefes, o responsables inmediatos, como el Jefe Guerrillero Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz.

Fue tal el cariño dispensado en su vecindario del Reparto Schick Gutiérrez, que al ocurrir el Triunfo de la Revolución Popular Sandinista, el 19 de julio de 1979, y después de búsqueda intensa de su cadáver, sin encontrarlo ni en “Piedra Quemada”, en Nindirí, ni en Masaya, ni en Managua, entonces se registró una asamblea popular, la cual bautizó con su nombre uno de los barrios del Reparto Schick Gutiérrez. Se llama René Polanco, sencillamente.

Diana Polanco escribe sobre su padre en esta carta llegada por medio de mi correo electrónico. He buscado la dirección de esta familia y no he dado con ella. A continuación la carta:

 “Me acordaba  hoy al mediodía de mi padre casualmente en esta fecha 30 de octubre, día en que empezaba a llegarle más clientela en su tallercito de sastrería, cuando la gente alistaba  los estrenos de diciembre,  su trabajo y su  participación en la lucha revolucionaria la cual, siempre supo combinar, su casa siempre a la disposición, era casa de seguridad del Frente Sandinista en los tiempos de la dictadura militar somocista.

Nunca tuvimos problemas con sospechas a pesar de que teníamos un vecino teniente de la Guardia Nacional que sólo recuerdo le decían “Don Lalo”, (la casa de Don Lalo  fue después del triunfo la Casa Sandinista). Nos enteramos que fue ajusticiado sobre los rieles del tren frente al Ajax Delgado). Y a pesar que yo pertenecía a la asociación de Estudiantes de Secundaria (AES), del Instituto Nacional Liceo Maestro Gabriel.

No sé como mi padre se integró al FSLN, si me acuerdo que en la casa se reunían algunos estudiantes universitarios. Yo tenía para ese entonces ocho años, en el año 1972, meses antes del terremoto. Se reunían  también en los años 1977, 1978 y hasta marzo del 79, después de esta fecha empezaron a cambiar las cosas, porque  la guardia se miró perdida y encrudeció  su  instinto asesino con más represión.

“Soy sandinista, estoy con Sandino”, decía Polanco Chamagua

Me acuerdo que cuando yo estaba en primer grado en el año 1971 mis compañeritas de clase hablaban de elecciones; una decía que su papá era del partido conservador, la otra del partido liberal, yo no decía nada, en mi casa no escuchaba  que mis padres hablaran de partidos, entonces una de ellas me preguntó y ¿tu papa de que partido es?, yo le dije “no sé”.

Al llegar a la casa,  a la hora de la cena le pregunté a mi padre cuál era su partido y me dijo, no se me olvida: “Yo soy sandinista, mis ideales son de izquierda, estoy con Sandino”.

Al día siguiente les dije a mis compañeritas de clase que mi papá era del partido de Sandino, una de ellas dijo “Sandino…pero ese es un bandolero”. Ese mismo día llegó el papá de una de las compañeritas en  BECATS con otro guardia, a preguntarle a mi padre que de dónde había sacado yo que él era del partido de Sandino, casi se llevan preso a mi padre por mi culpa, pero él no me  dijo que me quedara callada.

En mi casa confeccionaban mi madre y mi padre los pañuelos rojinegros que  amanecían colgados en los alambres eléctricos de los barrios;  no sé cuáles,  solo sé que en mi barrio amanecían de repente, volviendo loca a la Guardia Nacional, de la Quinceava Sección de Policía GN (Sierra 15),  la cual estaba ubicada a la orilla de la carretera o calle principal,  en la Cuarta Etapa del Reparto Schick, (Barrio Enrique Gutiérrez), antes de llegar donde estaba el Tanque Rojo, muy famoso en esos días.

Siempre recuerdo a mi padre porque soñaba con ver a Nicaragua con un Sistema Político y Social diferente al Sistema Capitalista y con aquel Triunfo soñado de nuestro glorioso Frente Sandinista, triunfo revolucionario que él no pudo ver, porque cayó en el camino a pocos días del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista. Su cuerpo nunca lo encontramos.

 Nosotros, sus hijos, honramos su memoria día a día con nuestro fortalecimiento y fidelidad al Frente Sandinista. Lucharemos toda la vida para que nuestro FSLN se mantenga por siempre en el poder, con nuestros dirigentes a la cabeza; Daniel Ortega Saavedra y Rosario Murillo Zambrana.

Acordándome de él busque en Google el nombre de mi padre  y fue así que leí la lista de caídos durante el Repliegue de Managua a Masaya, investigada por Pablo Emilio Barreto, y publicada el 20 de julio del 2013. Soy La hija mayor de Polanco Chamagua, Francisco René”.

Francisco Iván (“Chester”, “Perú”, “Renco”) Salgado Gómez.

Francisco Iván (“Chester”, “Perú”, “Renco”) Salgado Gómez  tenía 18 años, era estudiante de secundaria en el Colegio que tenía el Padre católico Luis Antonio Almendárez, en el Barrio Santa Rosa, cuando en junio de 1979 estaba ya convertido en una leyenda revolucionaria porque participaba en operativos de recuperación de armas, de municiones, de medicinas, hacía labores de correo clandestino, de fabricador de bombas de contacto, de trasladador de armas hacia distintos puntos insurreccionales en la Zona Oriental-norte de Managua, cuidaba celosamente la casa de seguridad y buzón de armas en su casa, ubicada del “Restaurante Perla” una cuadra al Sur y media al Este, en el Barrio Santa Rosa.

Con el consentimiento de su padre, Francisco Salgado, fallecido en el año 2008, más la complicidad de su hermano Higinio “Richard” Salgado Gómez, en la casa de ambos funcionaba una casa de seguridad y buzón de armas y municiones, ubicado en un túnel dentro de la vivienda y en los canales del techo de la misma.

María Graciela Gómez, su madre, de 82 años en el 2013, sospechaba sobre las implicaciones de sus dos hijos (Francisco Iván e Higinio) en los combates armados contra los guardias somocistas genocidas, porque estos no hablaban de este asunto con el resto de sus hermanos, mientras esa coordinación sí la mantenían con don Francisco Salgado, pero algo se sospechaba, pues “Chester” e Higinio se perdían todo el día, se aparecían sólo ratitos en la noche, y desaparecían por completo cuando ya estalló por completo la Insurrección Sandinista el 9 de junio en la noche, y en el mismo Barrio Santa Rosa, específicamente en el Aserrío Carlos Morales Orozco se produjo el primer combate contra una patrulla de la guardia somocista, el mismo 9 de junio en la noche.

Fue Combatiente Popular subordinado de “Nacho” Cabrales y “Salvador” Somarriba

Francisco Iván e Higinio estaban en ese enfrentamiento militar, dirigidos por los Comandantes Guerrilleros Marcos “Salvador” Somarriba García y Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz, y acompañados por los también Combatientes Populares Ronald Rizo Huerta, Felipa “Francis” Mejía Membreño, Fernando Borge Aguilar, Ricardo Robleto Espinoza, Carlos Borge Galeano, Juan Ramón Amador, Lucío Jiménez Guzmán, entre otros.

Según María Esperanza, hermana menor de Carlos Iván, este participó también en el asalto a la empresa constructora SOVIPE (propiedad de Enrique “Tiburón” Pereira Denueda), ubicada en la orilla de la Carretera Norte y al Norte del Barrio Santa Rosa, donde mediante un operativo, coordinado por Ronald Rizo Huerta, lograron someter al vigilante de la empresa, y recuperaron numerosas armas como escopetas con abundantes municiones.

María Esperanza indica que Higinio ha contado que su hermano  Francisco Iván era uno de los más hábiles Combatientes Populares lanzando bombas de contacto y bombas incendiarias contra las patrullas móviles de la Guardia Nacional y contra las tanquetas y tanques que la soldadesca somocista sanguinaria, en número de hasta mil, se lanzaban en contra de las trincheras de combate del Barrio Santa Rosa, del nueve al 27 de junio de 1979, tiempo que duró la Insurrección Sandinista en la Zona Oriental-norte  de Managua, antes que se produjera el Repliegue Táctico de Managua a Masaya el 27 de junio de 1979, en la noche.

Después del Triunfo de la Revolución Sandinista, Higinio, su hermano mayor, contó que se sorprendía al ver a Carlos Iván Salgado Gómez cumpliendo numerosas tareas de Combatientes Populares clandestinos en plena Insurrección, inclusive el verlo con el fusil en la mano en las trincheras del Barrio Santa Rosa, en las barricadas frente a la Fábrica Rolter, frente a la Litografía Robelo, en el Puente El Edén, dentro del Barrio Blandón y  de Bello Horizonte, a pesar de que cojeaba (era renco de la pierna y muslo derecho) porque había sido víctima de poliomelitis.

Felipa “Francis” Mejía Membreño, de América Dos (Villa José Benito Escobar Pérez), era la responsable política del grupo del FSLN Proletario en el Barrio Santa Rosa, y a la vez mentora y guía muy cercana de Francisco Iván Salgado Gómez, debido a lo cual se les veía juntos en combates y misiones guerrilleras, recuerda su hermana María Esperanza, quien tenía 16 años al producirse el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Su vivienda era casa de seguridad de Jefes Guerrilleros

A la casa de “Chester”, “Perú” y “Renco” (Francisco Iván), casa de seguridad y buzón de armas, llegaban Marcos Somarriba García, Francisco Meza Rojas  (antes que lo asesinaran en Waspán), Ramón Cabrales Aráuz, Felipa Mejía Membreño, Ricardo Robleto Espinoza, Lucío Jiménez Guzmán y Ronaldo Rizo Huerta, por ejemplo. “Una vez,  mucho antes de la Insurrección de 1979, vino también Tomás Borge Martínez”, recuerda María Esperanza.

Es de sobra conocido en la Historia de la Insurrección en Managua que la Guardia Nacional somocista genocida, jefeada directamente por Anastasio Somoza Debayle, bombardeó, masacró a la Ciudad de Managua, especialmente a los barrios occidentales y orientales, y con especial odio a vecindarios como Santa Rosa, Bello Horizonte, El Edén, Ducualí, Blandón, Larreynaga, Santa Bárbara (Venezuela), Maestro Gabriel, Salvadorita (Cristian Pérez), Villa Progreso, Nicarao, Catorce de Septiembre, Santa Julia, Santa Emilia, Don Bosco, El Dorado, Luis Somoza Debayle (Diez de Junio), Colombia, María Auxiliadora, San Cristóbal, Paraisito, “Campo Bruce” (Rigoberto López Pérez), San José Oriental.

Estos bombardeos  criminales, mortales, destructivos, los iniciaba la Guardia Nacional somocista en el Barrio Santa Rosa, todos los días, a las seis de la mañana y los terminaban a las seis y media de la tarde, e iniciaban otro bombardeo nocturno que era el lanzamiento de morteros, cuyas máquinas disparadoras las tenían ubicadas en edificios altos como “Armando Guido” y en el “ZUMEN”.

Santa Rosa era la primera víctima diaria de estos bombardeos aéreos genocidas, debido, quizás, a que en este sitio también diariamente chocaban unos mil soldados (amparados en tanquetas, tanques y cañones artillados), provenientes del Aeropuerto Las Mercedes (Sandino ahora), por la Carretera Norte, mientras eran ferozmente rechazados por decenas de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares en la esquina Noreste del Barrio Santa Rosa, exactamente frente al semáforo, donde estaba una trinchera de combate enorme, en la cual pude ver personalmente disparándole a estos guardias somocistas genocidas a hombres y mujeres como: Marcos Somarriba García, Felipa “Francis” Mejía Membreño, a Ronald Rizo Huerta, a Francisco Iván (“Chester”, “Perú”, “Renco”) Salgado Gómez, a Ricardo Robleto  Espinoza, a Fernando Borge Aguilar, a Lucío Jiménez Guzmán, a Juan Ramón Amador, a Carlos Borge Galeano, etc.

Por estos motivos del bombardeo aéreo y ataques cotidianos (de día y de noche) contra el Barrio  Santa Rosa, la familia de Francisco Iván se vio obligada a irse donde familiares en otros lados de Managua, “especialmente para salvar a los niños pequeños”, recuerda María Esperanza.

“Mi madre sorteando peligros se fue hasta a Chichigalpa, en Chinandega, en plena Insurrección de junio, para ir a socorrer a una de mis hermanas, que estaba por tener un hijo… tuvo ese hijo en medio de las balaceras entre guardias y Combatientes Populares en el casco urbano de Chichigalpa”, añade María Esperanza.

Aquí en la casa, en Santa Rosa, sólo quedaron Francisco Iván e Higinio, con su padre, y la verdad es que don Francisco Salgado se quedó solito, pues todos nos habíamos ido, mientras “Chester” e Higinio “Richard”  andaban en las trincheras de combate en la Zona Oriental-norte de Managua.

“Nos vamos en Retirada…no sé para dónde”, dijo en su casa

Según cuenta Anabelle Manzanares, una vecina nuestra, amiga desde siempre, Carlos Iván vino a la casa el 27 de junio temprano, antes de las cinco de la tarde, a informar que “nos vamos en Retirada, no sé para dónde… tenemos que irnos. Busquen ustedes cómo protegerse. Quizás sea mejor que se vayan para donde amigos y familiares en otros lados de Managua”, recomendó Carlos Iván antes de irse.

Higinio “Richard” no estaba con él. Al escuchar estas palabras de su hijo Carlos Iván, su padre, Francisco Salgado, tomó la decisión de irse, muy de mañanita del 28 de junio de 1979, para donde unos amigos por el Cine Dorado, de la hoy CST José Benito Escobar Pérez, hacia el Sur.

Las versiones recogidas por la familia indican que Carlos Iván Salgado Gómez se fue en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya con el grupo del Barrio Santa Rosa, aunque no iba con él su hermano Higinio “Richard” Salgado Gómez.

Se afirma que iban juntos: Ronald Rizo Huerta, Felipa “Francis” Mejía Membreño y Francisco Iván Salgado Gómez. Los vieron activísimos, disparando balas justicieras, en el Cruce de Veracruz, donde se produjo un combate famoso contra guardias somocistas genocidas emboscados en este sector de Managua.

Caen juntos en “Piedra Quemada”

Durante el bombardeo aéreo mortal desatado por la Guardia Nacional contra el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, en “Piedra Quemada”, el 28 al medio día, cayeron juntos Ronald Rizo Huerta, Felipa “Francis” Mejía Membreño y Francisco Salgado Gómez.

Según María Esperanza, su madre, María Graciela Gómez, inicialmente no creyó la versión de que su hijo Francisco Iván había caído en “Piedra Quemada”, frente a la entrada antigua al Volcán Masaya. Se resistió a creer durante más de 15 días. Ella, doña María Graciela, lo anduvo buscando en Managua, entre Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros, porque ella decía: “Mi hijo está vivo”.

Finalmente, participantes y sobrevivientes del Repliegue a Masaya la convencieron de que su hijo era uno de los Mártires del Repliegue a Masaya. Dichosamente, estos tres Mártires (Carlos Iván, Felipa y Ronald) fueron vistos cuando cayeron y sus compañeros los sepultaron en zanjas pedregosas de “Piedra Quemada”, les echaron piedras, arenas, ramas y tierra encima, y dejaron señas claras para encontrar sus cadáveres.

Efectivamente, su madre, hermanos, familiares, Combatientes Populares sobrevivientes del Repliegue y amigos, se fueron en vehículos, en los primeros días de agosto de 1979, para desenterrar el cadáver de Francisco Iván Salgado Gómez. Sus hermanos lo reconocieron por la dentadura recién reparada y por la cadera deformada, debido a la poliomelitis. Lo echaron en una caja, y encima del cadáver colocaron cal, para evitar la propagación de malos olores.

Trajeron su cadáver al Barrio Santa Rosa, donde lo velaron un ratito. Condujeron sus restos al Cementerio Oriental de Managua, donde está en el Altar de los Héroes y Mártires de la Revolución Popular Sandinista.

Sus hermanos son: Carlos Alberto, Higinio Alejandro, Silvia Elena, Luz Marina,  Aquiles, Carmen Cecilia y María Esperanza, quien continúa residiendo en la misma casa, del “Restaurante Perla”, una cuadra al Sur y media al Este, en el Barrio Santa Rosa.

Domingo “Cirilo” Matus Méndez

Era un jovencito de 17 años, estudiante en el Colegio Enrique de Osó, regentado por monjitas en el Reparto Schick Gutiérrez. Formaba  parte del grupo de Combatientes Populares clandestinos del Frente Sandinista en el Reparto Schick, cuando estalla la Insurrección el nueve de junio de 1979.

Algunos de sus compañeros sobrevivientes recuerdan que “Cirilo” Matus Méndez participó en numerosas emboscadas contra la Guardia Nacional genocida, en combates para el lado del Hospital Oriental (hoy Manolo Morales Peralta), en el ataque y destrucción de la Quinceava Sección de Policía GN, la cual estuvo ubicada de donde fue el Tanque Rojo dos cuadras al Oeste, en el Reparto Schick Gutiérrez.

La Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos Carlos Fonseca Amador indica que “Cirilo” Matus Méndez fue capturado, torturado, baleado y descuartizado a machetazos por guardias somocistas genocidas y “soplones” u “orejas” de la Oficina de Seguridad (OSN) el 28 de junio de 1979, en la mañanita, al momento en que “Cirilo” y un grupo numeroso de Combatientes Populares del Reparto Schick Gutiérrez le daban cobertura y seguridad a la Retaguardia del Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Los “orejas”, que se hicieron pasar como “amigos” y “colaboradores”, fueron quienes dieron las ubicaciones de estos jóvenes combatientes, incluyendo por dónde andaba moviéndose “Cirilo” Matus Méndez.

Descuartizados por guardias sanguinarios del somocismo

Doña Ana Mercedes García, madre adoptiva de Domingo Matus Méndez, relató posteriormente que los guardias somocistas sanguinarios, crueles y genocidas, que capturaron a “Cirilo”, antes de amanecer el 28 de junio, inmediatamente los patearon, le dieron de culatazos, lo torturaron para que dijera para dónde iba aquel montón de gente del Repliegue a Masaya; lo balearon y finalmente tomaron un machete y lo machetearon.

“Ya se disponían a prenderle fuego con gasolina cuando yo me armé de valor y fui hasta donde los guardias a pedirles que me dieran su cadáver, pues yo era su madre…y dichosamente me lo dieron con la advertencia de que inmediatamente debía enterrarlo en el mismo sector”, recuerda doña Ana Mercedes García.

Indica que efectivamente como pudo subió el cadáver macheteado y perforado a balazos en un carretón de manos, y con la ayuda de varias mujeres fue a enterrarlo en el patio de su casa.

A “Cirilo” Matus Méndez le ocurrió algo similar que a Isidro Centeno, quien días antes del estallido de la Insurrección en Managua, el nueve de junio de 1979, tuvo la desgracia mortal de toparse con una patrulla GN genocida en las cercanías de los Billares Shanguelo, en la antigua entrada al Barrio La Fuente, donde lo capturaron, y frente a un montón de gente lo rafaguearon, lo descuartizaron a machetazos y después le prendieron fuego al cadáver con gasolina. Así eran de crueles y sanguinarios los gendarmes de la dictadura somocista genocida.

Después del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista, los restos de “Cirilo” fueron exhumados y sepultados en el Cementerio Oriental de Managua.

Domingo “Cirilo” Matus Méndez era hermano menor de Manuel Matus Méndez, ingeniero, que en compañía del periodista Álvaro Montoya Lara, fue uno de los Combatientes Populares en el Frente Sur Benjamín Zeledón Rodríguez, en Rivas.

 Irma de Jesús Castellón Cerrato

Irma de Jesús Castellón Cerrato, de 35 años al 28 de junio de 1979, es una mártir circunstancial del Repliegue de Managua a Masaya. El grueso de los replegados ya estaban en el casco urbano de Nindirí, y la Guardia Nacional somocista genocida continuaba el bombardeo aéreo contra el Repliegue a Masaya. Uno de los rockettes lanzados desde aviones push and pull cayó en el patio de la casa de Irma de Jesús Castellón Cerrato.

Los charneles del rockettes partieron la vida de Castellón Cerrato, cuya vivienda está situada en la parte posterior de la Iglesia Católica del casco urbano de Nindirí. Según familiares suyos, el rockettes explotó casi en los pies de Irma, y uno de los charneles le penetró por debajo de la quijada, dejándola casi decapitada.

Ir cayó impactada por charneles en el solar de su casa en el preciso momento en que se efectuaba una ceremonia militar solemne de los replegados de Managua para sepultar el cadáver de Marta Lucía Corea Solís, quien igualmente había caído fulminada por charneles de rockettes en el Camino Viejo a Nindirí.

Irma era costurera y vendía sorbetes en la Ciudad de Masaya. El grueso del Repliegue de Managua a Masaya se reorganizó a las seis de la tarde y continuó su marcha para llegar a Masaya el 29 de junio de 1979, en la madrugada.

El cadáver de Irma Castellón Cerrato fue velado en otra vivienda cercana a los rieles del Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua y sepultado en el Cementerio de Nindirí, bajo la vigilancia de guardias somocistas genocidas y con el acompañamiento de su familia. Su padre  fue Seferino Castellón Sánchez  y su mamá Carmen Cerrato. Irma no dejó hijos.

Marta Villanueva Román

Marta Villanueva Román tenía 18 años, era estudiante universitaria y formaba  parte de los 180 Combatientes Populares insurreccionados de la Colonia Catorce de Septiembre, ubicada en la Zona Oriental de Managua.

Cayó en “Piedra Quemada”, frente al Volcán Masaya, durante el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, el 28 de junio de 1979, testimonian Eduardo “Ricardo Guayo” Vega Lanuza,  Silvia Morales Pérez, Omar Osorio, Cruz Luna, Marvin “Piojo” Cuadra, Danilo Ruiz y Erasmo Aguilar, todos ellos de la “pelota” de aquellos 180 Combatientes Populares durante la Insurrección, u Ofensiva Final de junio de 1979, y que hoy son miembros y directivos de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador”, presidida por Frank “Machillo” González Morales y Juan Carlos “Marcial” Soza Aragón.

Precisamente, Frank “Machillo” González Morales afirma que esta jovencita Villanueva  Román insurreccional, era una de las mejores Combatientes Populares de la Colonia Catorce de Septiembre, que al mismo tiempo trabajaban coordinados con sus similares de la Colonia Nicarao.

Según “Ricardo Guayo” Vega Lanuza, Marta Villanueva Román se fue en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya con todo el grupo de 180 Combatientes Populares de la Colonia Catorce d Septiembre, y asegura, inclusive, que son varios los caídos de este grupo de combatientes en el trayecto del Repliegue de Managua a Masaya.

Este grupo de 180 Combatientes Populares de la Colonia Catorce de Septiembre se coordinaban en acciones políticas y militares móviles con sus similares del Asentamiento Santa Emilia (hoy Omar Torrijos Herrera), Nicarao, Reparto Santa Julia, Colonia Don Bosco, Colonia Colombia y Colonia Luis Somoza (Diez de Junio), en cuyos territorios construyeron trincheras de combate, chocaron a balazos y bombazos contra la soldadesca somocista genocida, fabricaban explosivos y hacían labores de correos clandestinos, todo lo cual era parte de las acciones de Marta Villanueva Román.

Asegura “Ricardo Guayo” Vega  que precisamente el grupo de la Catorce de Septiembre iba más o menos compacto cuando Marta Villanueva Román cayó en “Piedra Quemada”, impactada por charneles de las bombas lanzadas desde aviones Push and Pull y helicópteros por la guardia somocista sobre los replegados de Managua.

“La vimos caer, luchamos por salvarle la vida…”

“La vimos caer, la auxiliamos, luchamos por salvarle la vida a Marta, pero no pudimos, se desangró rápido”, relató “Ricardo Guayo” durante una reunión de los directivos (de todo Managua) de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos, el jueves 14 de mayo de del 2013, en la tarde.

Recuerda que el grupo de Combatientes  Populares de la Colonia Catorce de Septiembre sepultó el cadáver de Marta Villanueva Aguilar allí mismo en “Piedra Quemada”, y que esto permitió que sus padres:  José Luis Villanueva y Bety Román, en compañía de sus antiguos hermanos y hermanas combatientes, la exhumaran después del Triunfo de la Revolución. Sus restos están sepultados en el Cementerio Oriental de Managua, donde hay inhumados decenas de Combatientes Populares de Managua.

Marta Villanueva Román no tenía novio, no dejó hijos. Ella vivía con sus padres en la casa No. 592 de la Colonia Catorce de Septiembre.  Dejó tres hermanos: Hernaldo, Lorena y Blanca. Sus padres ya fallecieron. Sus hermanos no están en Managua.

Para más información sobre Marta Villanueva Román se puede llamar a Silvia Morales Pérez, concejala del Frente Sandinista (2013-2017), a los números telefónicos: 22530766 y 89185943. Silvia Morales Pérez  vive de la Iglesia San Pablo Apóstol 50 metros al Oeste, en la Colonia Catorce de Septiembre.

Luis Antonio “Sherman” Romero Orozco

Luis Antonio “Sherman” Romero Orozco era un joven de 22 años cuando cayó en el Repliegue a Masaya. Al integrare a la Insurrección Sandinista en Managua era estudiante universitario de medicina en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, en León.

Romero Orozco era del grupo de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares que jefeaba Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez y su esposa Marta Lorena “Cleo” López Mojica en los vecindarios San José Oriental, Paraisito, San Cristóbal y María Auxiliadora.

Sus datos históricos indican que vivía con sus hermanos en el lado Norte del Barrio “Campo Bruce”, hoy Rigoberto López Pérez, muy cerca de donde residían los familiares de “Sobrino” Dávila Sánchez y “Cleo” López Mojica, ambos asesinados atrozmente durante el Repliegue de Managua a Masaya el 28 de junio de 1979.

“Sherman” Romero Sánchez sobrevivió la emboscada de la Guardia Nacional somocista genocida contra el Repliegue en el Cruce de Veracruz y al bombardeo aéreo o masacre desatada por la Guardia Nacional en el lado Norte de “Piedra Quemada”, donde cayeron más de 80 jóvenes capitalinos Combatientes Populares.

Romero Sánchez fue herido mortalmente por charneles de rockettes al continuar el bombardeo aéreo sobre el Camino Viejo a Nindirí, por donde se desplazaba el grueso del Repliegue a Masaya entre las dos y cuatro de la tarde del mismo día 28 de junio de 1979.

El cadáver de “Sherman” Romero Sánchez fue sepultado superficialmente en un lado del Camino Viejo a Nindirí, en medio del bombardeo aéreo,  mientras eran cargados en brazos de sus compañeros Róger Ortiz Padilla y Marta Lucía Corea Solís, ambos impactados mortalmente por charneles de rockettes lanzados por la GN somocista genocida desde aviones push and pull.

Después del Triunfo de la Revolución, en agosto de 1979, el cadáver o restos de “Sherman” Romero fueron encontrados con facilidad por otros Combatientes Populares que iban con él y familiares suyos. Fue sepultado en el Cementerio Oriental de Managua.

Su familia sigue residiendo en una casita muy humilde del Barrio Rigoberto López Pérez, en las cercanías de la Iglesia Tolentino, por donde “Sherman” Romero participó en varios combates memorables contra los guardias morfinómanos de la dictadura somocista.

 

Colaboradores en investigación sobre Insurrección Sandinista en Managua

Arsenio “Walter” Solís González. Reside  de la KATIVO 23 andes al  Norte, 75 varas al  Oeste, en Pulpería  Mirca. Tiene el teléfono: 86842691.

Humberto del Palacio González, conocido con los seudónimos de: “Cucharita” y “Alex”. Reside en el Barrio Revolución, de la Escuela Luis Alfonso Velásquez Flores, cuatro cuadras al Este y 40 varas al Norte. Tiene los teléfonos: 22782713 y 89665969.

Frank “Machillo” González Morales. Reside en Colonia Don Bosco, de donde fue Foto Castillo una cuadra al Sur y media cuadra al Oeste.  Tiene el teléfono  86782410. Es el coordinador nacional de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos  Carlos Fonseca Amador.

Juan Carlos “Marcial” Soza Aragón. Reside en Américas Uno, andén ocho, Grupo B, casa No. 2154. Tiene el teléfono: 89435872. Es directivo de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos Carlos Núñez Téllez.

Ernesto “Agustín” Cerna.  Reside en el Barrio San José Oriental, de la Clínica Santa María cuatro y media cuadras al Sur. Tiene el teléfono: 87960162.

Rafael Antonio “Mariano” Molina Santos. Reside en la Colonia Centroamérica, de “Tacos Charro” media cuadra al Norte, casa No. A-43. Tiene el teléfono: 84031449.

José Alexander “Pepe Loco” Estrada Fonseca. Reside en Ciudad Sandino, Kilómetro 12 de la Carretera Nueva a León. Tiene el teléfono: 87781881.

Antonio “Julio” López. Reside en Ciudad Sandino, Zona Once, del Colegio Enrique  Smith  una y media cuadra al Este.

Alejandro “Huesito” Mairena Obando. Reside en el Barrio Larreynaga, del Puente El Edén una cuadra al Oeste y cuadra y media al Norte. Tiene los teléfonos: 89884938 y 88786823. Es directivo de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos del Distrito Cuatro de Managua.

Francisco “Chico Garand” Guzmán Fonseca. No tiene residencia fija. Tiene el teléfono 57959265. Fue uno de los Jefes Guerrilleros en la Zona de Bello Horizonte, Maestro Gabriel, Salvadorita, Santa Bárbara y Barrio Primero de Mayo.

Róger Sobalvarro.  Barrio  Ducualí, frente a Suministros Eléctricos. Es el secretario político del FSLN en el Barrio Ducualí.

Cristóbal “Gersán” Guevara Casaya. Residió en San Judas. Ahora reside en Estados Unidos.  No hay número telefónico.

Víctor Cienfuegos Aburto. Reside en el costado Este del Centro Comercial ZUMEN.  Tiene el teléfono: 88021418.

Carlos Cienfuegos Aburto. Reside en el costado Este del centro Comercial ZUMEN. Tiene el teléfono:  88056363.

Víctor “Bayardo”, “Dientes de Lata”  Romero Pérez. Vive en el Barrio San Judas. No tiene número telefónico. Es localizable por medio de Víctor, Mario y Carlos Cienfuegos.

José de Jesús “Chepe Chú” Zamora. Reside en el Barrio El Recreo. Falta precisar dirección y número de teléfono. Es colaborador de los Cienfuegos.

María Elena Rodríguez López. Reside en el Barrio Santa Rosa. Tiene el número de teléfono: 22443873.

Carlos Emilio “Aguja” Cuadra Rodríguez. Reside en el Barrio Paraisito. Falta precisar dirección. Tiene el teléfono: 84653159.

Santiago “Muerto” Núñez Solís. Reside de donde fue el Cine León, en Monseñor Lezcano, dos cuadras al Norte. Tiene los teléfonos: 22502455 y 83843313.

Salvador Ramiro “Pelón” García Ramírez. Reside en el Reparto Loma Verde. Tiene el teléfono: 22501389.

Lucío Jiménez Guzmán. Fue uno de los jefes de la Insurrección en el Barrio Santa Rosa. Exsecretario General de la Central Sandinista de Trabajadores (CST). Reside en el costado Este del Instituto de Fomento Municipal (INIFOM), en el Reparto Los Arcos. Tiene el teléfono: 22663230.

Ricardo “Robletón” Robleto Espinoza. Labora en la Delegación VI de la Alcaldía de Managua, en la entrada a la Colonia Xolotlán. Tiene los teléfonos: 22334196, 22632049 y 89777020.

César Augusto Ampié Téllez. Reside en el Barrio Los Laureles o “Manuel Fernández, de la Terminal de la Ruta 118  tres cuadras al Norte y 200 metros al Este. Tiene el número de teléfono:  22807018.

Fuentes documentales:

“Insurrección Sandinista Victoriosa y Repliegue  Táctico de Managua a Masaya”. Autor: Pablo E. Barreto Pérez.

“Un Pueblo en Armas”. Autor: Comandante Carlos Núñez Téllez.

“Informe sobre la Insurrección en los Barrios Suroccidentales de Managua”. Autor: Cristóbal “Gersán” Guevara Casaya.

“Pueblos en Armas”. Autora: Marta Harnecker, periodista y socióloga chilena.

“Memorias de la Lucha Sandinista”. Autora: Mónica Baltodano Marcenaros.

“Héroes y Mártires de la Masacre de Batahola”. Autor Ramón Elías Gutiérrez Torrez.

“Colina 110, Insurrección de Los Laureles y Masacre GN”. Autor: Arnulfo Agüero Aguilar.

“El rostro combativo de Managua, a la luz de Sandino”: teniente coronel retirado Douglas Bonilla López.

“El Ángel de San Judas”. Autor: William Agudelo.

“Bordes Ocultos, el entretejido de nuestra Historia, Ensayos y artículos sobre la Historia de Nicaragua”. Autor: Rafael Casanova Fuertes.

“La Odisea por Nicaragua”. Autor: Humberto Ortega Saavedra.

“Estirpe Sangrienta: los Somoza”. Autor: Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.

“Las Fuerzas Armadas en Nicaragua”. Autor: Emilio Álvarez Montalván.

“Nicaragua, Revolución en Familia”.  Autora: Shirley Christian,  Premio Pulitzer en Estados Unidos.

 

 

 

 

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Acerca de Pablo Emilio Barreto Pérez

Pablo Emilio Barreto Pérez es: *Orden Independencia Cultural Rubén Darío, *Orden Servidor de la Comunidad e Hijo Dilecto de Managua.
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