Botijas, entierros legendarios de dinero de nuestros abuelos, ¿volveremos a las botijas?

¿Volveremos a enterrar el dinero?

¿Volverán las leyendas aterradoras de las botijas enterradas?

Pablo Emilio Barreto P.

(Este trabajito lo escribí a finales de 1998, cuando la robadera en las arcas del Estado, durante el gobierno neoliberal nefasto de Arnoldo Alemán Lacayo, y coincidió con una investigación periodística que hacía en Mateare y Somoto, ambas para dos libros, titulados después Mateare Misterioso y Bromistas de Somoto).

La corrupción descomunal de los gobiernos de Ña Violeta Barrios de Chamorro y Arnoldo Alemán Lacayo han sido como aquellas plagas de chapulines, que en el caso de Nicaragua arrasan hasta con los bancos estatales y privados, donde miles tienen guardado su dinerito ahorrado, obtenido mediante negocios comerciales o devengado en los empleos precarios de nuestro medio laboral.

Es esa plaga chapulinesca maldita de la corrupción de Alemán Lacayo la que induce más corrupción en el manejo de los bancos privados, en cuyas arcas relucientes de cien mil llaves quebradizas, se ha dicho una y otra vez, corre un río sucio, hediondo a lavado de dinero untado de drogas y mil maniobras fraudulentas, para hacer millonarios a unos pocos asaltantes del poder político nacional y del mundo oscuro y parasitario de la oligarquía local.

Esos intereses grupales corruptos entran en conflicto por el manejo del dinero en estos botines bancarios, porque, seguramente, cada uno busca cómo desplazar a los otros y de paso revuelcan con sus patas hediondas a los ahorrantes y depositantes honrados, a los cuales sólo les queda la libertad de pegar el grito al cielo, asombrarse hasta extremos en medio de palpitaciones aceleradas del corazón y permanecer repletos de dudas porque y, por supuesto, el gobierno alemanista no les resuelve nada.

La corrupción gigantesca del gobierno de Alemán Lacayo, seguramente, es el amparo perfecto para el desarrollo de anomalías en estos bancos privados, que el gobierno se apresura a cerrar forzosamente.

Por estas anomalías fue cerrado el INTERBANK.

Antes, don Arnoldo Alemán Lacayo mandó cerrar dos bancos estatales, y de esa forma echó al abismo una fuente gubernamental de financiamiento a productores agrícolas, comerciantes y a gente que presta servicios variados como transporte, reparaciones de equipos eléctricos, electrónicos y mecánicos, por ejemplo.

Tal como vamos, en el país sólo van a quedar ciertos bancos privados de algunos oligarcas, para guardar su dinero y el de los saqueadores del gobierno.

Para los comerciantes medianos y pequeños, para los trabajadores y todos aquellos que deseen guardar su dinerito de entre 1,000 y 50,000 córdobas, por ejemplo, al parecer ya no quedarán bancos estatales ni privados seguros, porque este tipo de clientes no cuentan con excedentes para pagar seguros por su dinero y, desde luego, por ser las sardinas del cuento, el tiburón burgués siempre se las comerá fácilmente, como dice la canción criolla nicaragüense.

Habremos de recurrir, seguramente, al entierro de cajas metálicas o botijas dentro de la casa o en los patios como en los tiempos recientes de nuestros abuelos, lo cual daba lugar a leyendas aterradoras de “almas en pena”, porque supuestamente los muertos “al salir de sus tumbas a media noche” querían indicar dónde habían dejado enterrado el dinero.

Me vienen a la memoria aquellos relatos de cómo familias leonesas millonarias como las de Gurdianes, Argüellos, Teranes, la del viejo terrateniente-casateniente Domingo Barreto Fonseca (mi abuelo) y de Moncha Juárez, enterraban botijas o cajones con fajones de billetes, monedas de oro y pedazos de diamantes, según se decía hasta hace unos 60 años antes que aparecieran los bancos en León, Managua y Granada, fundamentalmente.

Me acuerdo que hace unos 30 años eran comunes las discusiones entre chavalos “jugadores de chibolas” acerca del lugar en que una de estas familias podía tener enterrado su dinero y sus joyas.

Hace tan sólo 26 años un hombre pícaro, de un humor natural excepcional, llamado Julián Padilla Rodríguez, con el sobrenombre de “Marihuana”, inventó en Somoto, Madriz, la historia de que en la casa de un diputado de apellido Talavera había una botija llena de dinero y joyas.

Este hecho atrajo al sitio a centenares de personas somoteñas en busca de dinero, pero al final sólo era una broma.

En 1998, al escribir un librito sobre la Historia Misteriosa de Mateare (Municipio de Managua), me encontré con el relato de que Santos Linarte, Isabel Barillas, Julio Mayorga, Dolores Espino y David Blanco Mayorga, asoleaban su dinero en tijeras de lonas o en sacos viejos allá por los años de 1940, mientras en la orilla de los rieles sea paseaban los lagartos y saltaban juguetones millones de peces guapotes y mojarras.

Los bancos y el gobierno de Alemán Lacayo ya sembraron desconfianza profunda en el sistema bancario estatal y privado.

Entonces, ¿volverán estos entierros de botijas con  dinero, joyas y documentos importantes?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Acerca de Pablo Emilio Barreto Pérez

Pablo Emilio Barreto Pérez es: *Orden Independencia Cultural Rubén Darío, *Orden Servidor de la Comunidad e Hijo Dilecto de Managua.
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