Masacres somocistas, Masacres somocistas en Managua, en 1979

Primero de enero de 1979

Masacre de Waspán Sur

Seis  jóvenes fueron cruelmente asesinados  por la GN  somocista

Tamarindo  era  sitio de matanzas  y botadero  de cadáveres

*Convoy   de unos 30 guardias  emboscados   por  16 jóvenes mal armados (y desarmados), esa  noche del primero de enero

*Pablo E. Barreto Pérez

Al comenzar el año 1979, la dictadura somocista, encabezada  por Anastasio Somoza Debayle, la Guardia Nacional y la Oficina de Seguridad con sus “escuadrones de la muerte” (“Mano Blanca”, decían los somocistas), sus 12 mil orejas o espías a sueldo y “voluntarios”, sus grupos de paramilitares, entre otros guardias rasos y oficiales retirados, los llamados “jueces de mesta” rurales y miembros del Partido Liberal Nacionalista (PLN), tenían ya acumulados la monstruosa cifra de 50,000 seres humanos nicaragüenses asesinados alevosamente,  y más de 400 masacres conocidas, en 45 años de terror desde que Anastasio Somoza García asaltó el poder político nacional y asesinó al General Augusto C. Sandino y a casi todos los miembros del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, por supuesto, con la dirección política y militar del gobierno genocida de Estados Unidos.

Acostumbrados a capturar seres humanos, considerados enemigos por ellos; torturarlos sin piedad y matarlos con crueldad inaudita, esta banda de asesinos sanguinarios, jefeada por Anastasio Somoza Debayle y sus oficiales de la Guardia Nacional, inauguró, comenzó el año nuevo, el primero de enero de 1979, ejecutando otra masacre en el llamado “Árbol de Tamarindo”  y el  lado Norte del Barrio Waspán Sur,  del Kilómetro Siete de la Carretera Norte  para el lado del Lago de Managua, en Managua.

Fueron seis jóvenes los asesinados sin piedad  por esta banda cruel de morfinómanos de la dictadura somocista:   Berta “Fany” Díaz Hernández (19 años), Marta Gioconda García (17),  Edgard Sandoval Mendoza (18), Mauricio Lara Detrinidad (17),   Armando Bonilla Cuarezma (19) y Ramón Sánchez Urbina (17).

Según el Diario NOVEDADES, propiedad de la familia Somoza, esta masacre ocurrió el lunes primero de enero, en la noche, porque “según los informe suministrados  por la Comandancia de la Policía de Managua, los miembros del grupo subversivo son responsables de los últimos atentados  perpetrados contra oficiales y soldados del ejército”.

“…murieron cuando los miembros de la patrulla a la que atacaron, respondieron al fuego, en el Barrio Waspán”, se publicó en una nota informativa del Diario NOVEDADES del tres de enero de 1979.  Agregaba la información (siempre eran informaciones deformadas y mentirosas) que los seis jovencitos habían matado a varios asesinos sanguinarios de la Guardia Nacional: Sargento Germán Morales, raso José Arróliga, teniente Carlos Peralta Sáenz y sargento Eduardo Vallecillo, este último del OPEN Tres, hoy Ciudad Sandino.

La información de NOVEDADES se publicó de ese modo, tal como acostumbraban sus periodistas sicarios, y sus propietarios,  la  familia Somoza Debayle.

De  acuerdo con versiones   testimoniales  una escuadra de 16 Combatientes Populares, jefeados por Douglas “Domingo” López Niño, Emiliano “Emir” Gómez, Mauricio Sotomayor,    René Ruiz Juárez y Carlos Guillén, en condiciones totalmente desiguales emboscaron y trabaron combate  con alrededor de 30 guardias y oficiales de la Guardia Nacional que se desplazaban en un convoy  de  tres patrullas BECATS (Brigada Especial  contra Actos Terroristas) entre el Cuerpo de Bomberos Voluntarios y la Gasolinera Shell Waspán, a eso de las ocho de la noche de ese  primero de enero, precisamente en el lado Norte del Barrio Waspán Sur.

Los guardias  portaban en sus manos  un fusil automático moderno cada uno, más ametralladoras y decenas de miles de tiros o municiones dentro de los jeeps patrullas, mientras el grupo de jóvenes disparaban con revólveres viejos, pistolas automáticas, riflitos  30-30  y 22 y escopetas calibre 12, según   el testimonio  de Virgilio Javier  López Detrinidad, de   56  años, uno de los diez  sobrevivientes  de esta Masacre de Waspán Sur.

Aunque con varias variantes,  son similares los testimonios de Francisco  Arana, Colaborador Histórico de la Colonia Unidad de Propósitos; Arsenio Solís González, quien formó parte de la “Columna José Ángel Benavidez” en la Insurrección de Managua;  y Rogelia Sevilla Ramos, Colaboradora Histórica en la Carretera Norte, Madre de dos Héroes y Mártires y dirigenta de la Asociación de Madres de Héroes y Mártires  Camilo Ortega Saavedra.

Varios guardias resultaron muertos en el enfrentamiento a tiros, lo cual, por supuesto, fue ocultado  por la Oficina de Leyes y Relaciones Públicas de la Guardia Nacional; mientras de los  muchachos resultaron seis  muertos y cinco heridos, en la masacre posterior, apunta Rogelia Sevilla Ramos, quien en ese momento hacía labores de enfermera improvisada y a la vez de colaboradora clandestina del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

¿La masacre fue ejecutada  por venganza de la Guardia Nacional y sus “orejas” en este lado de la Carretera Norte en Managua?  Veremos el asunto con los relatos testimoniales existentes de Virgilio Javier López  Detrinidad, sobreviviente; de Francisco Arana, de Arsenio Solís González, del ex teniente coronel  Douglas Bonilla López,  de Rogelia Sevilla Ramos  y de Emilio Ruiz Celiz, Combatiente y  Colaborador  Histórico  del Barrio Waspán Sur.

Los seis jóvenes asesinados tenían edades promedio de 17 a 19 años. Pertenecían  al grupo de la Tendencia Proletaria del Frente Sandinista de Liberación Nacional, jefeada ya en Managua en esos momentos por los compañeros Carlos Núñez Téllez, Luis Carrión Cruz, Jaime Weelock Román, Carlos Carrión Cruz, Osbaldo Lacayo Gabuardi, Marcos Somarriba  García, Francisco Meza Rojas, René Cisneros Vanegas, Gabriel Cardenal Caldera, Douglas Mejía Obando, Arnoldo Real Espinoza, César Augusto “Moisés” Silva, César Largaespada  Palavicini, Sergio Gómez Vargas, Humberto del Palacio González, entre otros.

Estos jefes revolucionarios, con un grupo  numeroso de jóvenes estudiantes, obreros  y pobladores, habían organizado las Brigadas Populares,  Comandos Revolucionarios del Pueblo y Comandos Cristianos Revolucionarios  en casi todos los centros fabriles de la Carretera Norte y OPEN TRES, en colegios de secundaria, en Asentamientos Humanos Espontáneos, en Colonias Populares y Repartos  como Bello Horizonte, vecindarios en los cuales actuaban también grupos organizados clandestinos de las Tendencias Guerra Popular Prolongada (GPP)  y Terceristas.

En el caso de la Tendencia Proletaria del FSLN, la mayoría eran obreros, estudiantes universitarios, estudiantes de secundaria, algunos profesionales, amas de casas, jardineros y colaboradores que prestaban sus viviendas como  casas de seguridad  para resguardar a los grupos ya organizados de jóvenes rebeldes, antisomocistas, militantes sandinistas clandestinos muchos de ellos.

Al momento del primero de enero de 1979, estos grupos antisomocistas rebeldes, que siempre tuvieron como objetivo la guerra revolucionaria necesaria y justa por el derrocamiento de la dictadura somocista, por medio de las armas  y de una Revolución Popular, estaban organizados desde los puntos de vista de propaganda política  y armada, labores clandestinas de organización entre la población humillada por el somocismo genocida y también algunos grupos que ya  tenían entrenamiento en arme y desarme de armas como pistolas, escopetas, rifles 30-30 y riflitos 22; y ya formaban parte de escuadras y brigadas  de propaganda armada y  de combates, para enfrentarse a las llamadas “Brigadas Especiales contra Actos de Terrorismo” (BECATS) de la Guardia Nacional, cuyos integrantes sembraban terror matando seres humanos, de día y de noche, en Managua y en todo el país.

Algunos de los jefes de estas escuadras y brigadas  de combate guerrillero en Managua, específicamente en   las zonas Norte, Suroeste y Noroeste capitalino, eran Gabriel “Payo” Cardenal Caldera,  Emiliano “Emir” Gómez, Mauricio “Enano” Sotomayor, Humberto “Cucharita” del Palacio González, Douglas “Domingo” López Niño, René Ruiz Juárez,  Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez y Frank “Machillo” González Morales.

Rogelia Sevilla Ramos y Francisco Arana, residentes respectivamente en el Barrio José Dolores Estrada y Colonia Unidad de Propósitos, ambos vecindarios  ubicados en la orilla Norte de la Carretera Norte, muy cerca del Lago de Managua y a pocas cuadras del Barrio Waspán Sur, recuerdan  que efectivamente en aquellos  días de diciembre de 1978 y comienzos de 1979, había mucha agitación antisomocista  y a la vez acciones rigurosamente clandestinas  de grupos de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, que se entrenaban en la costa del Lago de Managua, en predios baldíos, montosos  y boscosos  y actuaban  para entrar en lucha frontal contra la tiranía somocista.

Sevilla Ramos y Francisco Arana ya eran propietarios de viviendas humildes  convertidas en casas de seguridad  para estos grupos de jóvenes rebeldes que inicialmente se organizaron desde 1977 en la Asociación de Estudiantes de Secundaria (AES)  y Movimiento Estudiantil de Secundaria (MES) en Colegios  como el Modesto Armijo,   en Unidad de Propósitos; Alfonso Cortez, en el Barrio La Primavera;  en el Instituto Experimental México, situado  en el Reparto Bello Horizonte; Instituto Maestro Gabriel, en el Barrio Larreynaga;  y Escuela Santa Clara, en el Reparto Santa Clara, entre otros.

Todos los jóvenes eran de la Tendencia Proletaria del FSLN

Unas cuantas decenas de estos jóvenes estudiantes de secundaria y universitarios, obreros, amas de casa y algunos profesionales, al momento de esta Masacre, conocida como la Masacre de Waspán,  ya eran cuadros políticos, cuadros militares y cuadros propagandísticos de las tres tendencias del Frente Sandinista: Proletarios, Guerra Popular Prolongada y Terceristas.

Este grupo de  Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, organizados en dos escuadras, jefeados por Douglas “Domingo” López Niño, Mauricio Sotomayor, Emiliano “Emir” Gómez, René Ruiz Juárez y Carlos Guillén, más los seis jóvenes asesinados en la masacre de Waspán Sur, y otros, quizás  unos 30 en total, andaban activísimos ese día primero de enero de 1979, en vecindarios de la Carretera Norte.

Douglas “Domingo” López Niño se había entrenado en Cuba  en el manejo de armas de guerra y de cacería, y al mismo tiempo aprendió a manejar y disparar con bazukas, es decir, lanza morteros manejados manualmente.

Vale recordar aquí que en la orilla de la Carretera existían grandes extensiones de tierras  baldías (vacías) y también llenas de cultivos de algodón. Por ejemplo, no se habían formado completamente los Asentamientos Humanos José Dolores Estrada, Waspán Norte, Camilo Chamorro, Berta Díaz Hernández y, mucho menos, los vecindarios Jorge Casali  y  Hugo Chávez Frías.

Donde es hoy el Barrio Hugo Chávez Frías, hacia el Norte, hacia la costa del Lago de Managua, era una zona boscosa, con matorrales y árboles muy altos, tupido de hierbas verdes y secas, y en ese mismo pedazo, a la a orilla de la Carretera Norte, ya existía una instalación del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Managua, para el control de incendios en las fábricas, en el Aeropuerto Las Mercedes, en Hoteles, Restaurantes, Colonias y la Fuerza Aérea del somocismo sanguinario, en ese sector Norte de Managua.

En ese pedazo geográfico, entre el Este de La Subasta (venta de ganado y parada de autobuses interlocales) y los semáforos de Portezuelo, ya existían los vecindarios: Unidad de Propósitos, Reparto Las Mercedes, Américas  Dos (Villa José Benito Escobar Pérez), Reparto Amanda, Horizonte  Norte y Barrio La Primavera.  Donde hay barrios nuevos actualmente, en 1979 eran predios  montosos y con algodonales.

Emboscada a convoy GN  y combate relámpago

Según el testimonio del ex teniente coronel Douglas Bonilla López, autor del libro “El rostro combativo de Managua, a la luz de Sandino”, por orientaciones del mando Proletario del FSLN clandestino este grupo de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, jefeados por Douglas “Domingo”  López Niño, ya con algún entrenamiento político y militar,  se habían dado a la tarea de investigar el itinerario de las patrullas BECATS  de la Guardia Nacional  en la Carretera Norte, con el fin de enfrentarse a sus integrantes mediante un ataque militar sorpresa en las inmediaciones de la Gasolinera Shell de Waspán.

Los jefes escogieron el trecho entre el Cuerpo de Bomberos Voluntarios y la Gasolinera Shell de Waspán. En esta Gasolinera de Waspán había un puente  para entrar a ella procedente del lado derecho de la Carretera Norte, mientras se entraba directo  a la misma gasolinera por medio de la Calle paralela a la Carretera Norte.

De acuerdo con la versión escrita de referencia de  Douglas Bonilla López, la idea de enfrentar a tiros a las patrullas BECATS surge cuando el mismo grupo, compuesto de unos 30 jóvenes, hombres y mujeres, están en el semáforo de Portezuelo (Carretera Norte, en la esquina Noreste del Barrio Santa Rosa), precisamente esperando el paso  de los guardias somocistas,  para atacarlos a balazos.

Debido a que no pasan  por allí en Portezuelo (esquina Noreste del Barrio Santa Rosa) al comenzar la noche del primero de enero de 1979, deciden trasladarse al sector de la Gasolinera Shell de Waspán, en la misma Carretera Norte, donde varios contingentes de guardias se están moviendo en jeeps BECATS y en camiones de la Acción Cívica de la Guardia Nacional.

Bonilla López asegura en su referencia a la Masacre de Waspán que fueron seleccionados 12 de los 30 jóvenes, considerando primordialmente la integración de  los que ya habían sido fogueados o entrenados en otros enfrentamientos militares, en acciones políticas y de propaganda.

Testimonio de sobreviviente  de la masacre

Virgilio  Javier López  Detrinidad, sobreviviente, primohermano de Mauricio Lara Detrinidad  (uno de los seis asesinados), asegura que efectivamente  se dispuso  hacer la emboscada  “de forma casi espontánea,  sin investigación previa   acerca de con cuántos guardias nos  enfrentaríamos  en ese momento, tomando en cuenta de que la GN  se movía  hasta con artillería  pesada  en esta zona de la Carretera Norte, mientras  nosotros  sólo contábamos  con escopetas, pistolas y riflitos”.

López Detrinidad  recuerda  que efectivamente  el grupo de jóvenes rebeldes, ya clandestinos unos y otros  todavía no, estaba citado  inicialmente  para ir a distintos vecindarios  (Bello Horizonte, Santa Rosa, semáforos de Portezuelo, Waspán Sur, etc.)  a realizar  mítines  relámpagos  con pobladores, propaganda armada y política, agitación, elaboración de fogatas, entrega de “mosquitas”  que incitaban  a organizarse   para combatir a la dictadura, hacer pintas en muros, árboles y  postes,  con la misma finalidad. “Transformamos esta tarea  política propagandística clandestina  en una emboscada  a una patrulla BECATS”, relata  López Detrinidad.

Los testimonios recogidos  indican que efectivamente las escuadras jefeadas por Douglas “Domingo” López Niño y “Emir”   Gómez fueron a  emboscarse  y trabaron combate con unos  30 guardias de un convoy  de tres patrullas BECATS, cuando estas circulaban exactamente  entre el Cuerpo de Bomberos  y la Gasolinera Shell de Waspán Sur, situada en un borde de terreno entre la Carretera Norte y la Calle Paralela  a la Carretera Norte, la cual permite la entrada a los vecindarios del lado Sur de la Carretera Norte.

Era un poco después de las ocho de la noche del primero de enero 1979. Douglas “Domingo”  López Niño  era  el jefe  de este  grupo de jóvenes  antisomocistas que cumplían  tareas  clandestinas diversas  en el enfrentamiento  político y militar  para derrocar a la dictadura  somocista.

Arsenio Solís González, quien ya estaba organizado en escuadras clandestinas parecidas, asegura  que los jefes de estas escuadras  planearon provocar el enfrentamiento militar en este trecho de la Carretera Norte, “en saludo al 20 aniversario del Triunfo de la Revolución Cubana  y para foguear cuadros  políticos y militares clandestinos del FSLN, casi todos jovencitos,  en Managua”.

Efectivamente, estos jóvenes se parapetaron  en ambos lados de la Carretera Norte,  en condiciones totalmente desventajosas  porque sólo portaban armas cortas y de cacería, como pistolas, revólveres, escopetas, rifles calibres  30-30 y  22, y  con pocas municiones, recuerda Arsenio Solís González, quien en junio del mismo año 1979  pasaría a formar parte de la  Columna José Ángel Benavidez, jefeada por el Comandante Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz, que le propinaría derrotas militares memorables a los guardias sanguinarios  en ese  mismo sector geográfico de Managua.

Virgilio  Javier López Detrinidad  asegura  que efectivamente  se reunieron  clandestinamente  en varios  puntos  de la Carretera Norte  y que “entusiasmados    por las armas de cacería  que andábamos, guiados  por “Domingo”  López Niño, nos dispusimos  a efectuar emboscada a una patrulla BECATS. Fue una decisión colectiva orientada   pero casi espontánea  de todos los 16  del grupo, 12 de los cuales teníamos  armas de cacería con muy pocos tiros”.

Douglas Bonilla López, ya  mencionado, indica   que el resto de los jóvenes rebeldes antisomocistas, en este caso serían 14 (después  de la selección de entre los 30),   fueron  despachados por Douglas López Niño  a cumplir otras tareas  revolucionarias, y a ubicarse en sus casas de seguridad respectivas.

Recuerda  López Detrinidad  que se pusieron de acuerdo   en que el mejor lugar  para emboscar a una patrulla de guardias en BECATS  era  entre  el Cuartel de Bomberos Voluntarios  y la Shell de Waspán, antes del Kilómetro Ocho de la Carretera Norte.

Se  emboscaron  en árboles de chilamate, ceibos, guanacastes y en muros pequeños cuando eran  las ocho de la noche. “La idea  que teníamos era  la de emboscar  a una patrulla BECATS, en la cual caminaban  entre cinco  y diez  guardias. Pero para sorpresa  nuestra, en medio de la semioscuridad, efectivamente delante  iba una patrulla BECATS  y detrás  otras  dos patrullas,  llenas de guardias, tal vez unos 30, y hasta con ametralladoras  emplazadas  en la parte delantera  de  algunos de esos jeeps”, señala López Detrinidad.

“Atacamos  a la patrulla delantera  y casi de inmediato  los guardias nos replicaron  con una tormenta  de balazos. Por  la efectividad  inicial  nuestra con las escopetas y rifles 30—30,  les hicimos varias  bajas  a los guardias, pero ante la desigualdad  total  en armamento  y cantidad de hombres, nos vimos obligados  a replegarnos  corriendo,  unos  hacia el Norte  por entre los matorrales y bosques, y otros hacia  el Sur  por el cauce de Waspán Sur”, añade  López Detrinidad.

Según Bonilla López, fue Douglas López Niño  quien  comenzó  el fuego balístico contra los guardias  con una pistola calibre 45.  Añade  que la emboscada tomó por sorpresa  a los guardias,  y que los choferes de las  patrullas  BECATS  en forma desesperada aceleraron la marcha  y se fueron a replegar  a 75 metros más allá del Puente Waspán, desde  donde iniciaron  la réplica de balazos  contra los  jóvenes rebeldes,   miembros de la escuadra  que les había trabado una emboscada sorpresiva.

Asegura Bonilla López  que la balacera  duró aproximadamente  siete minutos, y que terminada la sorpresa,   Douglas López Niño  ordenó retirada  rápida  de un grupo hacia el Norte y el otro hacia el interior del Barrio Waspán Sur, para  ubicarse todos en sus respectivas casas de seguridad.

El relato breve de Bonilla López, en su libro  ya mencionado, indica  que antes de esta emboscada de Waspán Sur  hubo coordinación, o acuerdos, con  una escuadra de la Tendencia Tercerista, la que se encargaría  de atacar al mismo tiempo  las instalaciones  de la 16ava  (“Sierra 16”, decían los guardias) Sección de Policía GN,  en apoyo  a los emboscados  en las cercanías de la Gasolinera de Waspán Sur, pero ese ataque  u hostigamiento guerrillero   no se efectuó.

Este ataque tenía como finalidad  distraer  la atención de otros contingentes de guardias  y de “orejas”  de la Oficina de Seguridad  mientras se efectuaba la emboscada del grupo de Douglas  López Niño.  Según Bonilla  López  no hubo explicación del por qué no se efectuó el ataque  militar  a la “Sierra 16”.

Pasada  la sorpresa  y con muertos y heridos dentro de sus patrullas GN, los guardias  inmediatamente emprendieron  persecución  con vehículos  y a pie, y al mismo tiempo disparando  en ráfagas sus   numerosas armas automáticas  hacia donde  los jóvenes caminaban apresurados, o corrían,   buscando protección  y en busca de evadir  la posibilidad de  que los atrapasen y matasen.

Este sector  de la Carretera Norte hacia el Norte, o Lago de Managua, estaba completamente cubierto  por matorrales, hierbas altas  y árboles frondosos, pues entonces  había varias  fincas, una de ellas llamada “Los Placeres”. El hoy Barrio Camilo Chamorro  estaba en formación  como Asentamiento, llamado “Nuevo Horizonte”, y el Reparto Amanda (Asentamiento  también), donde es hoy el Barrio Berta Díaz Hernández.

Por donde es  hoy  el Motel Salamandra  era un camino  medio fangoso  y cauce pluvial al mismo tiempo.

Según  Virgilio Javier López Detrinidad, él y los otros jóvenes  que iban  huyendo de los guardias, tomaron  este  rumbo  en busca de refugios, pues en ese sector  ya contaban con casas  de seguridad.

Por la veloz  carrera  que llevaban  entre matorrales  y árboles  se dispersaron  mucho  más. “Yo iba  veloz por una de las  calles   o caminos polvorientos  cuando noté  que el dueño  de una panadería  abrió  la puerta de su casa  y me invitó  a pasar dentro de ella. “Entrá rápido, si no  te matan, me dijo”, recuerda  López Detrinidad.

“Al ratito, tal vez  unos cuatro minutos después, un convoy de guardias  iba  rápido  hacia el Norte. Ya  era un convoy  en que iban  varias patrullas  BECATS  y jeepones  de la GN. Unos guardias  corrían  y otros iban dentro de los BECATS y jeepones. Por  rendijas  de la casa del panadero  pude  ver que ya llevaban  detenidos a varios  de los muchachos  con los cuales yo había estado emboscado  por la Gasolinera de Waspán”, añade López Detrinidad a sus recuerdos.

“Me quedé  quieto, en silencio total  dentro de la panadería. Lo mismo hicieron  el panadero y su familia, por miedo a que los mataran a ellos también”, apunta Virgilio Javier.

“Unos 20  minutos  después  escuché  las descargas de balazos  que los guardias hicieron  al Norte, casi  en la orilla del Lago de Managua, por el sitio del tamarindo,   cuando estaban matando a Berta Díaz  Hernández, Mauricio Lara Detrinidad, Marta Gioconda García, Edgard Sandoval, Armando  Bonilla Cuarezma  y Ramón Sánchez Urbina”, relata  López  Detrinidad.

Emilio Ruiz Celiz, Combatiente Popular  de esta Zona Norte de Managua  (hoy Combatiente Histórico  y divulgador  de la Asociación de Combatientes y Coladores Históricos  del FSLN de la Carretera Norte)  hizo una investigación posterior  y pudo confirmar  que efectivamente los seis jóvenes  fueron capturados  en el bosque, después torturados  salvajemente, violadas las dos mujeres, y finalmente asesinados  fríamente  minutos antes de la  nueve de la noche del primero de enero de  1979.

Ruiz Celiz  asegura  que como ya era  costumbre  los guardias  utilizaban  el árbol de  tamarindo y sus alrededores  para asesinar  a jóvenes que  habían capturados, o para botar sus cadáveres allí, cuando ya los habían matado  en otros lados de la Carretera Norte.  “Los cadáveres de estos seis jóvenes tenían balazos a quema ropa  y perforaciones de balas en sus cabezas”, sostiene Emilio Ruiz Celiz.

Aquel árbol de tamarindo  frondoso  desapareció  al ampliarse, después de 1979,   los vecindarios  Camilo Chamorro y Reparto Amanda, convertido posteriormente en el Barrio Berta Díaz Hernández; y también  por la fundación del Barrio Hugo Chávez  Frías. Estos terrenos  eran  matorrales, hierbas altas  y bosque un poco tupidos,   entre la Carretera Norte y el Lago de Managua.

El tamarindo  estaba cerca de la costa del   Lago de Managua. De acuerdo  con numerosos testimonios, el tamarindo, sus alrededores y todo este  bosque  eran usados por la Guardia Nacional  para torturar  y matar  jóvenes (hombres y mujeres), como asimismo ocurría   en los alrededores del Teatro Nacional Rubén Darío, Talleres  del Ferrocarril (“Escuela de Arte”), en las cercanías del Colegio Centroamérica, en Lomas de San Judas  y en la Cuesta del Plomo, por ejemplo, en Managua.

Según Francisco Arana, residente en Unidad de Propósitos, por el encontronazo  o emboscada  por la Gasolinera Shell de Waspán, la balacera fue muy nutrida, y duró unos siete minutos.

“Los  muchachos se fueron de allí muy rápido, porque sabían que los podían  cazar  con toda la enorme cantidad de tropas que ya tenía regada la Guardia Nacional en numerosos puntos geográficos de la Carretera Norte”, rememora Francisco Arana.

Rogelia Sevilla Ramos  por su lado  indica que otras madres y ella misma se movilizaron esa noche del primero de enero  para curar los heridos y ubicar a todos los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares en casas de seguridad en los vecindarios de La Primavera, en  los nacientes Barrios José Dolores Estrada y  Waspán Norte, en el fondo del naciente Asentamiento Camilo Chamorro, en el Reparto Las Mercedes, en  la Colonia  Unidad de Propósitos, en Waspán Sur, en el Barrio La Primavera y otras colonias del lado Sur de la Carretera Norte.

Estos testimonios  también  indican  que una parte de los integrantes de las patrullas BECATS, que no iban en la persecución  hacia el Norte y al lado Sur  de la Carretera Norte,  se  retiraron de los alrededores de la Gasolinera Shell de Waspán, seguramente por temor asimismo a caer en otra emboscada.

La orden inmediata recibida asimismo por   Douglas “Domingo” López Niño,   fue igualmente la de retirarse  velozmente tomando rumbos hacia el Norte y Sur, para ubicarse en casas de seguridad y curar a los heridos.

El patrullaje  de la Guardia Nacional, sus “orejas” de la Oficina de Seguridad   y sus BECATS se multiplicó  inmediatamente en todo el trecho de la Carretera  entre la llamada Plaza de la República y el Aeropuerto Las Mercedes, ubicados en la orilla de la Carretera Norte.

Espías u “orejas” los denunciaron ante guardias

De acuerdo con la versión de Francisco  Arana y Arsenio Solís  González, ambos miembros directivos de la Asociación de Combatientes Históricos de la Carretera Norte, ese mismo primero de enero de 1979, unos 20 jóvenes estudiantes de secundaria, semiclandestinos, y recién iniciados en una Escuela Política  de la Tendencia Proletaria, sin entrenamiento militar adecuado todavía,  se reunieron  en varias casas de seguridad de la Colonia Unidad de Propósitos, entre otras, en la vivienda del propio Francisco Arana, quien era miembro del grupo.

Puestos en esas casas de seguridad  se les comunicó que ya estaba planificado ese día primero de enero ir en grupos  a entregar, en vecindarios rebeldes,  propaganda escrita y gráfica de arme y desarme de fusiles de guerra como el Fal y armas comunes y de cacería como revólveres, escopetas calibre 12, rifles 30-30 y rifles 22.  Eran unos folletitos muy pequeños, sencillísimos, con  las instrucciones sobre cómo desarmar y  armar  estas armas, y cómo disparar con ellas.

También  participarían  en acciones militares, posiblemente en una emboscada a patrullas BECATS esa misma noche, como la que  ya habían ejecutado en la Colonia Américas Dos (Villa José Benito Escobar) casi a finales del año 1978.

Este grupo de unos 20 jóvenes  a su vez se iban a coordinar  con otros grupos ya organizados de vecindarios como Waspán Sur, Barrio La Primavera, Américas Dos (Villa José Benito Escobar Pérez), Américas Uno, Américas Tres (Villa Revolución), Barrio Santa Rosa, Reparto Bello Horizonte, Reparto Santa Clara y Asentamiento Tempisque.

Con esa propaganda revolucionaria armada  todos los miembros de estos grupos organizados del Frente Sandinista Proletario, irían a su vez en grupitos de tres y cuatro a efectuar mítines relámpagos en sitios como Waspán Sur,  Barrio José Dolores Estrada Vado, Santa Rosa, Bello Horizonte, Colonia Salvadorita (Cristhian Pérez Leiva), Colonia Maestro Gabriel, Barrio Blandón (Costa Rica),  Riguero Norte y  Colonia Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, todos ubicados  en la orilla y cerca de la Carretera Norte.

El punto de reunión fijada para este trabajo político era, precisamente, de la Gasolinera Shell de Waspán unos 150 metros al Sur, donde estaban unos árboles enormes de chilamates, y eran las entradas a las empresas Nicaragua Machineri y Company  y la Embotelladora Pepsi-Cola.

La hora fijada de la reunión, o encuentro en el lado Norte de Waspán Sur,  era las siete de la noche de aquel primero de enero 1979. El grupo de  Unidad de Propósitos y vecindarios aledaños, eran los encargados de llevar escondida la propaganda revolucionaria armada y de distribuirla al resto de hombres y mujeres jóvenes, organizados en la Tendencia Proletaria del FSLN, con quienes se iban a juntar en el punto mencionado de Waspán Sur.

Según Francisco Arana, aquellos casi 20 jóvenes salieron de su casa y de las viviendas de Virgilio López Detrinidad (sobreviviente de la masacre), Nely Detrinidad y de una tía de Mauricio Lara Detrinidad, un poco antes de  las seis de la tarde. Con los paquetes de propaganda, llevados escondidos  entre la ropa y los calcetines, todos salieron a pie, por callejones de la Colonia Unidad de Propósitos  y del Reparto Las mercedes, por cauces y montes de los predios vacíos  ya mencionados.

Entre ellos iban: Berta Díaz Hernández, Armando Bonilla Cuarezma, Edgard Ramón Sandoval Mendoza, Mauricio Lara Detrinidad, Marta Gioconda García y Ramón Sánchez Urbina.

“Yo no vi que llevaran armas. Claro… el clandestinaje revolucionario FSLN era compartimentado. A mí me tocaba  coordinar la entrega y distribución de propaganda  para mitines relámpagos. Yo no tenía conocimiento de que hubiese un plan para emboscar y trabar combate con guardias esa noche en la Carretera Norte”, comenta 37 años después Francisco Arana.

Entre la Colonia Unidad de Propósitos y la Gasolinera Shell Waspán  hay un poco más de un kilómetro. Según Francisco Arana, los jóvenes (hombres y mujeres)  caminaron por entre cauces, predios montosos y visibles  por la orilla de la Carretera Norte, mientras en realidad eran observados y perseguidos  por guardias somocistas  y “orejas” de los “escuadrones de la muerte” de la Oficina de Seguridad (OSN) y de la Guardia Nacional  genocida.

Esto de que eran observados  por agentes de la Oficina de Seguridad, por orejas   oficiosos  o colaboradores de la Guardia Nacional, hace  pensar  y sacar la conclusión  de que  debido a esta información  de orden militar, los oficiales de la  GN  decidieron  patrullar la Carretera Norte en convoy  de varios Jeeps BECATS, en vez de un solo vehículo  o patrulla BECATS.

Ya eran después  de las siete de la noche cuando el grupo de jóvenes llega a los alrededores de la Gasolinera Shell de Waspán, donde presuntamente se encuentran  con Douglas “Domingo” López Niño, “Emir” Gómez y Mauricio “Pigmeo” Sotomayor, quienes los organizan en dos escuadras  listas para entrar en combate.

En este lugar estaba previsto que se encontraran con otros grupos de jóvenes rebeldes de los vecindario Santa Rosa, Asentamiento José Dolores Estrada, del Asentamiento Humano llamado hoy Barrio Domitila Lugo y Asentamiento Ojoche, ubicado contiguo al Reparto Santa Clara, testimonia Francisco Arana.

Versiones testimoniales

Otra versión, respaldada  por  Douglas Bonilla López y Arsenio Solís González, señala que en realidad ocurrió algo  distinto   con la retirada de prisa hacia el lado Norte. Resulta que supuestamente los jóvenes  participantes en la  embosca  y combate  relámpago contra las patrullas BECATS y que se replegaron hacia el lado Norte (por medio del bosque y del cauce), específicamente al entonces Asentamiento José Dolores Estrada, no fueron a  ubicarse a las casas de seguridad señaladas, sino que supuestamente para disimular se fueron a meter a una fiesta dentro de una vivienda, que era  usada  como “Hospedaje Tú y Yo”, propiedad de Maritza Rocha, ubicada casi al fondo de donde es hoy el Barrio Camilo Chamorro.

Se  supone  que la persecución brutal  y veloz de la GN  somocista genocida  no les dio tiempo  a estos jóvenes sandinistas  clandestino,  de irse  a casas de seguridad.

Se asegura también  que dos orejas  de la Oficina de Seguridad, llamados Juana Carrión  y  un boxeador identificado como  Marvin Bucardo  (ya fallecido),  guiaron  a los guardias  para que atraparan y mataran a los seis jóvenes de la Colonia Unidad de Propósitos  y del Reparto Amanda.

La grandísima realidad fue también, testimonia Arsenio Solís González, que “la Guardia Nacional, la Oficina de Seguridad (OSN)  y todos los orejas que la dictadura somocista tenía en el sector de la Carretera Norte, se abalanzaron  sobre las   calles y bosques como fieras  vengativas para localizar como fuese a los jóvenes Combatientes Populares que con armas de cacería les habían propinado varias bajas  mediante una emboscada relámpago, precisamente  donde los mandos de la GN tenían a varios centenares de soldados y oficiales entrenados precisamente para matar gente, y con armamento pesado, tanques, tanquetas, ametralladoras calibre 50 y 30, lanzamorteros portátiles y centenares o miles de fusiles automáticos”.

Arsenio Solís González, Francisco Arana y Rogelia Sevilla Ramos coinciden en que todos estos vecindarios de la Carretera Norte, especialmente Waspán Sur, Reparto Amanda (donde vivía Berta Díaz Hernández con su mamá y sus hermanas), el naciente Barrio Camilo Chamorro (antes Horizonte Norte), La Primavera, José Dolores Estrada, el naciente Asentamiento Waspán Norte, fueron totalmente rodeados por tropas de la GN y “orejas” de la Oficina de Seguridad cuando eran las nueve de la noche de ese primero de enero de 1979.

¿Los masacraron en el árbol de tamarindo?

Otra  versión indica   que supuestamente este grupo de seis jóvenes asesinados o masacrados, en busca de protección, se salen de una fiesta, donde  presuntamente se habían metido para  disimular, y mediante callejones oscuros y oscuridad ofrecida por árboles y matorrales, abandonan el caserío del Asentamiento José Dolores Estrada y se internan en el predio montoso, o boscoso, donde es hoy el Barrio Hugo Chávez Frías, un poco al Este  de donde estaba la supuesta fiesta.

En esta parte del relato  Douglas Bonilla López  indica en su libro mencionado “El rostro combativo de Managua, a la luz de Sandino”, que los seis jóvenes fueron asesinados o masacrados en el  Barrio José Dolores Estrada, después de ser denunciados, precisamente, por despreciables “orejas” de la Oficina de Seguridad en este sector de Managua.  El Barrio José Dolores  Estrada  está ubicado, precisamente, un poco al Este de donde  los seis  jóvenes fueron capturados  y asesinados.

Otra versión señala  que fueron asesinados en una casa del Barrio Waspán Sur, hacia donde, precisamente, uno de los dos  grupos  había ido después de  la emboscada  y combate desigual para buscar refugio en otra casa de seguridad.

La versión de “Emir” Gómez indica que los  jóvenes fueron capturados,  unos en la fiesta del Barrio José Dolores Estrada y otros en predios montosos de los alrededores, y que en esos sectores matorralosos y boscosos los patearon, culatearon, torturaron, violaron a las mujeres y finalmente los ejecutaron a balazos a los seis jóvenes  mencionados arriba.

“Emir” Gómez indica que Douglas López Niño, Mauricio Sotomayor y demás Jefes Guerrilleros no estaban allí con el grupo de jóvenes, al momento en que fueron capturados y asesinados, porque inmediatamente después de dada  por concluida   la emboscada contra los guardias somocistas  entre el Cuerpo de Bomberos y la Gasolinera Shell Waspán, ellos, los jefes, recibieron la orden superior de la Dirección FSLN Proletaria de trasladarse veloz  al sitio de seguridad correspondiente.

En el caso de “Emir” Gómez, le ordenaron que después de dejar a su tropa en casas de seguridad del Barrio Waspán Sur, se trasladara inmediatamente  a la Colonia Américas Uno, para hacerse cargo de otra misión militar.

Los testimonios de Emilio Ruiz Celiz, secretario de comunicación de la Asociación de Combatientes y Colabores Históricos del FSLN en este sector Norte de Managua, y la de Arsenio Solís González, señalan que para evadir el cerco mortal que los guardias somocistas les estaban tendiendo en todos los predios montosos Barrios y Asentamientos señalados, los seis jóvenes presuntamente  duraron muy poco tiempo  en la fiesta (o casa de seguridad), de donde se habrían salido, en busca de evadir la persecución  militar  genocida.

Tomando medidas rigurosas de seguridad, aprovechando sombras de árboles, oscuridad boscosa, complicidad de amigos y de militantes clandestinos del FSLN, lograron, presuntamente,  internarse en el predio boscoso al Este del Asentamiento José Dolores Estrada, hasta llegar a un sitio conocido como “Finca los Placeres”, la cual estaba ubicada exactamente al Norte de Productos Atmosféricos, donde hoy se asienta el Barrio Hugo Chávez Frías.

Especialmente Emilio Ruiz Celiz  razona  que los seis jóvenes para ocultarse de forma más efectiva, y de esa forma evadir el cerco mortal de la Guardia Nacional y sus “orejas”, decidieron ocultarse en el frondoso  árbol  de tamarindo, ubicado dentro de la “Finca los Placeres”.

Se asegura  además hoy  que dos ancianos de la finca, presuntamente eran “orejas” de la Oficina de Seguridad, le informaron oficiosamente a los guardias   sobre la presencia de los seis jóvenes revolucionarios en la oscuridad  brindada   por la  sombra del tamarindo.

Se indica que fue así  porque  unos 20 guardias llegaron directo al árbol de tamarindo  y sus alrededores, alumbrando con focos potentes, e instantes después se  escucharon  las detonaciones o balazos  que usaron para matarlos.

De acuerdo con  versión testimonial de Adolfo García Amador  y Luis Ortega Escobar, secretarios políticos sandinistas de  la Colonia Unidad de Propósitos,  y la de Virgilio López Detrinidad (sobreviviente), los  cuerpos sin vida de  los seis jóvenes fueron lanzados al tráilers de un jeepón  y llevados a la Morgue  hospitalaria de El Retiro, donde fueron reconocidos por sus madres y padres.

Los cadáveres  fueron  retirados  de la Morgue  por sus familiares.  Oficiales  de la Guardia Nacional  les ordenaron que debían  sepultarlos de inmediato, testimonian Adolfo García Amador, Luis Ortega Escobar y  Virgilio López Detrinidad.

No hubo vela  por órdenes y amenazas mortales de la guardia. Sin acompañamiento fúnebre, madres, padres y familiares  cercanos  no jóvenes, sólo pudieron  ponerles  ropas  limpias, meterlos  en los ataúdes  y disponerse a ir a sepultarlos  en el Cementerio Oriental, con siete patrullas BECATS  de la GN detrás, muy cerca, recuerdan  García Amador, Ortega Escobar  y Virgilio López  Detrinidad.

Represión brutal fue traslada a Unidad de Propósitos

Sin embargo, el asunto de la represión mortal de la dictadura somocista y de sus órganos de la muerte, como eran la Guardia Nacional, la Oficina de Seguridad, los “escuadrones de la muerte”, sus 12 mil “orejas” o espías oficiosos y adhonorem, los “jueces de mesta”, los grupos de paramilitares en que estaban organizados guardias retirados y delincuentes; sí, la represión mortal no paró allí con la masacre en Waspán Sur, pues inmediatamente, un poco después de la media noche unas doce patrullas BECATS, con alrededor de 300 guardias, desataron un operativo militar gigantesco en la Colonia Unidad de Propósitos y todos los vecindarios de los alrededores.

Comenzaron con invasión y robos, o saqueo, en las casas de Francisco  Arana y donde Nely Detrinidad, tía de Mauricio Lara Detrinidad, uno de los jóvenes asesinados, porque los monstruosos “orejas” de la Colonia Unidad de Propósitos habían pasado la información a la Guardia Nacional y a la OSN de que los jóvenes habían salido (en la noche) de estas casas de seguridad.

Catearon, invadieron, agredieron y robaron en la mayoría de casas de Unidad de Propósitos. La redada de “sospechosos” de colaborar con los “subversivos-sandino-comunistas-terroristas” fue enorme. Uno de los capturados fue Virgilio López Detrinidad, familiar de los Detrinidad  y sobreviviente de la masacre.  No lo reconocieron como participante en la emboscada.  “Yo dije que andaba  ocupado  en asuntos familiares”, relata  López Detrinidad.

Francisco Arana no fue capturado  porque se fue antes de que llegaran los guardias, pues hubo amigos que le avisaron a tiempo. Salió por los callejones de Unidad de Propósitos, se introdujo  en el cauce  que divide Unidad de Propósitos del Reparto Las Mercedes, y fue a esconderse  en la orilla del Lago de Managua.

Doña Nely Detrinidad no tuvo la misma suerte. La agarraron y ahí dentro de su casa fue golpeada y torturada  por soldados  y “orejas”  genocidas de la Guardia Nacional.

La mayoría de cuadros militantes del FSLN Proletario  tuvieron que huir, escapar esa noche, como Ricardo “Robletón” Robleto Espinoza, quien durante la Insurrección u Ofensiva Final fue el encargado de las cárceles populares  en las instalaciones de la Galletería Nabisco Cristal, frente al Barrio Santa Rosa.

Los guardias mantuvieron virtualmente sitiada la Colonia Unidad de Propósitos toda la noche y madrugada del dos de enero de 1979. Se fueron  las patrullas de BECATS, pero dejaron varias “patrullas” o vehículos al servicio de  “orejas”  de la OSN vigilando a los sospechosos de  colaborar con los “subversivos-sandino-comunistas-terroristas”.

Según Rogelia Sevilla Ramos, Arsenio Solís González, Francisco Arana y Horacio Martín Arróliga Flores, este último sobreviviente de la Masacre de la Brigada Camilo Chamorro, ejecutada también por la Guardia Nacional genocida; esta masacre conocida como de Waspán Sur  les enseñó a los dirigentes clandestinos del FSLN que se debían desarrollar cuidados extremos  para que cuadros políticos, militares y propagandísticos como estos masacrados, no siguieran cayendo  por los ataques sanguinarios de los órganos represivos de la dictadura somocista.

Sobrevivieron a esta masacre somocista, entre otros:  Mauricio Sotomayor, “Emir” Gómez, Jorge Sánchez, Emilio Sánchez, René Ruiz Juárez, Carlos Guillén, Virgilio López Detrinidad,  Douglas López Niño, Marvin José López Niño y Jorge Castillo Acevedo. Los tres últimos cayeron durante la Insurrección Sandinista de junio de 1979.

En el caso de Douglas “Domingo” López Niño había jefeado   la emboscada, allí mismo en la entrada a Waspán Sur, contra un contingente de guardias, cayó el 14 de junio de 1979, en plena insurrección en la Colonia Nicarao.

Cabe mencionar asimismo que este grupo numeroso de jóvenes (hombres y mujeres), pertenecientes a la Tendencia Proletaria del FSLN, eran parte también de la Columna o Brigada Camilo Chamorro, la que a su vez cae casi completa el 28 de mayo de 1979, en la madrugada.

Fuentes documentales:

Diario NOVEDADES (del somocismo genocida) del tres de enero de 1979,  “El rostro combativo de Managua, a la luz de Sandino”, de  Douglas Bonilla López; Biografía de Berta Díaz Hernández, elaborada por  Emilio Ruiz Celiz  miembro y divulgador  de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Camilo Chamorro”);  “Un  Pueblo en Armas” del Comandante Carlos Núñez Téllez,  y   “Masacres somocistas” de Pablo E. Barreto Pérez.

Fuentes  orales:

Virgilio  López Detrinidad. Reside en la Colonia Unidad de Propósitos  y labora  en el pulguero  ubicado  en la esquina opuesta a la Rotonda de Rubenia.

Francisco Arana. Reside en la Colonia Unidad de Propósitos. Responde al teléfono: 78451140.

Arsenio Solís González. Vive de la entrada principal del Barrio Hugo Chávez  Frías,  23  andes al Norte. Tiene el teléfono: 86842691.

Francisco Arana,  reside en Unidad de Propósitos. Tiene el teléfono  celular:  87961538.

Adolfo García Amador,  residente en la Colonia Unidad de Propósitos.  Su teléfono celular es: 86567836.

Luis Ortega Escobar, habita en la Colonia Unidad de Propósitos. Su teléfono celular  es el número:  86538511.

Arsenio Solís González,   reside  en el Barrio Hugo Chávez Frías, de la KATIVO  23 andenes  al Norte, 75 varas al Oeste, en Pulpería Mirca. Su teléfono celular  es: 86842691.

Rogelia Sevilla Ramos,  reside de la entrada principal del Barrio José Dolores Estrada  dos cuadras al Norte. Su teléfonos celulares  son:  89176490 y 85793332.

Horacio Martin  Arróliga Flores. Vive  en el Barrio Waspán Sur, frente a la Iglesia Ebenezer. Su teléfono  celular es:   76235837.

 

Relatada  por Horacio Martín Arróliga Flores, uno de tres sobrevivientes

Masacre de la Brigada Camilo Chamorro

*Fueron sorprendidos y masacrados  por la GN somocista dentro de una casa de seguridad y en predios montosos del “Kilocho Norte”

En esta masacre monstruosa, ejecutada  por la Guardia Nacional somocista sanguinaria, genocida, cayeron doce jóvenes: Fidel Caldera Azmitia, Esmelda Torrez Valdivia, Durvin Torrez Valdivia, Marvin Torrez  Valdivia, Andrés Urbina, Luis Álvarez, César Augusto Solís, Juan Arcia  (Arce) Ordóñez, Mario Díaz, los dos hermanos Roberto “Toto”  y Denis Rivas, Carlos Ramírez Flores y Mario Zelaya.

Sobrevivieron a esta masacre somocista: Horacio Martin Arróliga Flores, el “Zurdo” Cadenas y “William”. Estos dos últimos ya fallecieron. Queda vivo Arróliga Flores, quien es propietario de una pulpería exitosa, ubicada  frente a la Iglesia Ebenezer en el Barrio Waspán Sur, situado a la orilla de la Carretera Norte.

Eran 16 jóvenes, hombres y mujeres, organizados en lo que aquel momento, a finales de mayo de 1979, se conoció como “Brigada Camilo Chamorro”,  uno de los cuadros políticos militares más destacado  de la Tendencia Proletaria del Frente Sandinista de Liberación Nacional, en los vecindarios  capitalinos  de la Carretera Norte, caído  antes  de esta masacre.

“Todos éramos de la Tendencia Proletaria”, asegura Horacio Martin Arróliga Flores, 37 años después de ocurrida la masacre  dentro  de una casa de seguridad  y en un predio montoso, lleno de cauces y de árboles altos, entre lo que son hoy los vecindarios Camilo Chamorro y Hugo Chávez Frías.

Esta “Brigada Camilo Chamorro”  formaba  parte de los llamados  Comités Obreros Revolucionarios y Comandos Revolucionarios del Pueblo, organizados por la Tendencia Proletaria del Frente Sandinista de Liberación Nacional clandestino, en la Zona Norte, Noroeste y Suroeste de Managua, incluyendo el OPEN TRES (hoy Ciudad Sandino), integrados  por estudiantes  de secundaria y universitarios, obreros, técnicos y profesionales, entre otros, el mismísimo Gabriel Cardenal Caldera, Carlos Núñez Téllez, René Cisneros Vanegas, Jaime Weelock Román, Luis Carrión Cruz, Carlos Carrión Cruz, Arnoldo Real Espinoza, Francisco Meza Rojas, Marcos Somarriba García, César Augusto Silva, Humberto del Palacio González, Douglas “Domingo” López Niño, Víctor “Bayardo”, “Dientes de Lata” Romero Pérez  Ricardo “Ricardón” Robleto Espinoza, Lucío Jiménez  Guzmán, Darmalila Carrasquilla, Mario y Víctor Cienfuegos Aburto, entre otros.

El grupo de seis jóvenes masacrados el primero de enero de 1979 en un predio montoso al Norte de Productos Atmosféricos, o en la entrada al Barrio Waspán Sur, frente a la Gasolinera Shell:  Berta Díaz Hernández, Edgard Ramón Sandoval Mendoza, Mauricio Lara Detrinidad, Armando Bonilla Cuarezma, Marta Gioconda García y Ramón Sánchez Urbina, también pertenecían a la Tendencia Proletaria del FSLN, asegura Arróliga Flores, versión que confirma Arsenio Solís González, quien fue  miembro de la Columna José Ángel Benavidez, la cual era comandada  en la Insurrección Sandinista  y Repliegue Táctico a Masaya por Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz.

Esta masacre de la Brigada Camilo Chamorro se produjo un día después  del aniquilamiento de un convoy  de guardias y camiones  en las cercanías de  la empresa furgonera ROCARGO,  el 27 de mayo de 1979.

“Esa emboscada de   la ROCARGO la planificó, la organizó, Gabriel “Payo” Cardenal Caldera, quien fue el jefe de la Insurrección en la Zona Suroccidental de Managua. “Payo” Cardenal Caldera nos reunió clandestinamente a los miembros de dos Brigadas. Nos instruyó sobre el papel que debíamos jugar cada uno en esa emboscada y enfrentamiento militar  con alrededor de 80 guardias, que andaban siempre en un convoy de siete camiones con ametralladoras montadas encima”, recuerda Arróliga Flores.

Un relato testimonial sobre esta emboscada y enfrentamiento militar del FSLN revolucionario, todavía clandestino, en los alrededores de la Empresa de Transporte ROCARGO, escrito en el libro “El Ángel de San Judas” (de Wiliam Agudelo), se indica que  Gabriel Cardenal Caldera  se dedicó durante varios días a estudiar el itinerario cotidiano y comportamiento de los guardias sanguinarios somocistas de este convoy, el cual hacía un recorrido terrorista infaltable, intimidante, a las siete de la mañana  y al comenzar  la noche, entre el campamento GN que tenían en ENACAL, la Fuerza Aérea (FAN), el Aeropuerto Las Mercedes (hoy Augusto C. Sandino), y finalmente se metían, precisamente  por la ROCARGO  hacia el fondo del Asentamiento  Horizonte, hoy llamado Camilo Chamorro.

“Payo” Cardenal Caldera escogió el 27 de mayo, día de la fundación Guardia Nacional por el aparato de agresión militar e intervención norteamericana en 1927, porque seguramente los guardias y la GN en general andarían enfiestados ese día, recuerda Arróliga Flores.

Es conocido por versiones periodísticas que unos 20 guardias murieron en ese ataque y combate militar contra la GN, y que cuatro de los siete camiones del convoy quedaron destruidos.

“Después de ese operativo militar en la ROCARGO, Gabriel Cardenal Caldera ordenó que  la Brigada  Camilo Chamorro, hiciera un operativo militar en empresas aduaneras, ubicadas  por Café Soluble, de La Subasta hacia el fondo Norte, casi en la orilla del Lago de Managua. Yo no recuerdo si ese intento de operativo militar se haría al siguiente día, o al tercer día del operativo en la ROCARGO. De lo que sí me acuerdo nítidamente es que la misión militar nuestra, falló”, añade Arróliga Flores, quien agrega: “El operativo se iba a hacer en conjunto con otra Brigada llamada “Che Guevara”, cuyos miembros eran todos del Barrio Santa Rosa”.

A los miembros de la Brigada Camilo Chamorro se les dio la orden de irse a ubicar sigilosamente en una casa de seguridad, donde funcionaba   el “Hospedaje Tú y Yo”  propiedad de Maritza Rocha, Colaboradora del Frente Sandinista clandestino. Este hospedaje  estaba ubicado  casi al fondo de este vecindario  Horizonte Norte, bautizado  con ese nombre  desde comienzos de   la década del 70.

Los miembros de la “Brigada Che Guevara” se ubicaron en otra casa de seguridad, situada cuatro viviendas al Norte de donde estaba la “Brigada Camilo Chamorro”, en el “Hospedaje Tú y Yo”.

Es preciso explicar aquí que el hoy Barrio Camilo Chamorro era un Asentamiento Horizonte Norte en formación  con terrenos que vendía un lotificador de apellido Riguero.  En el fondo, casi contiguo a la costa del Lago Xolotlán o de Managua, había un pozo del que  se extraía agua, que también era vendida por Riguero a los pobladores.

Existían grandes extensiones de tierras baldías, o vacías, hacia el Oeste y Sur de este vecindario, especialmente un terreno montoso en que hoy se asienta el Barrio Hugo Chávez Frías, muy cerca de la Carretera Norte y de Productos Atmosféricos, donde laboraba Lucío Jiménez Guzmán, otro de los miembros de los Comandos Revolucionarios del Pueblo.

Arróliga Flores, único sobreviviente vivo de esta masacre, relata que al fracasar la misión militar en las empresas  aduaneras mencionadas, el grupo de 16 miembros de la Brigada (hoy conocida como Brigada Camilo Chamorro) fueron  ubicados en  la casa de seguridad, donde la familia Rocha.

Fidel Caldera Azmitia,  jefe  de esta Brigada  Camilo Chamorro,  salió esa misma noche  de la casa de seguridad de la profesora Erlinda Carcache, residente desde  entonces  de la Gasolinera Shell de Waspán Sur  dos cuadra y media al Sur.

¿No se tomaron las medidas de seguridad correspondientes?

Estima Arróliga Flores que no se tomaron las medidas de seguridad y de sigilo correspondientes, pues algunos entraban y salían de la casa. En los alrededores habían “orejas” (espías) oficiosos de la Guardia Nacional, de la Oficina de Seguridad (OSN), como un tal boxeador Marvin Bucardo  y Juana Carrión, y de los “escuadrones de la muerte”. Suponen, según Arróliga Flores, que este  Bucardo y Juana Carrión  fueron  quienes los denunciaron  ante la Guardia genocida  y la Oficina de Seguridad, dando ellos con precisión a  la guardia la ubicación de la casa de seguridad, propiedad de Maritza Rocha.

Señala  que los miembros de la “Brigada Ernesto Che Guevara”, del Barrio Santa Rosa, tomaron todas las medidas de seguridad, extremas en estos casos, pues  con absoluto sigilo entraron a la vivienda y no volvieron a salir.

El jefe  y político  de la Brigada “Camilo  Chamorro” era Fidel Caldera Azmitia, quien se quedó con el resto de miembros de la Brigada, a pesar de que la orden era que se fuera a cumplir otra misión, y que  por las orientaciones de ese momento el jefe no debía quedarse en situaciones como esta.

La casa de seguridad tenía salida por el frente y por detrás.  Sin embargo, de acuerdo con Horacio Arróliga Flores, no fue estudiada la posibilidad de escape ante la presencia repentina de la Guardia Nacional somocista sanguinaria.

Todos  los 16 que estaban dentro de la casa de seguridad estaban desarmados, porque las  pocas armas existentes se estaban ocupando en otro lado en ese momento.

Guardia sanguinaria los masacra a las dos de la mañana

La mayoría de los 16 estaban dormidos  cuando a las dos de la mañana “la posta” o vigilancia de la Brigada  escuchó los ruidos de los motores de numerosas patrullas BECATS y camiones de la “Acción Cívica” de la Guardia Nacional, y al instante también se escucharon sonidos metálicos alborotados y golpes de culata contra la puerta frontal de la casa, y al mismo tiempo un grito: “!Es la Guardia Nacional…salgan con las manos en alto. Al que intente hacer algo, lo matamos¡”.

Aquellos 16 jóvenes, incluyendo Esmelda Torrez Valdivia, Marvin  José Torrez  Valdivia y Durvin Torrez Valdivia, hermanos,  despertaron sobresaltados.  La mayoría de forma inmediata  intentó salir corriendo por la parte posterior de la vivienda.

Sin embargo, Fidel Caldera Azmitia los “paró en 30”, diciéndoles: “Quedémonos quietos…vamos a decir que somos drogadictos”, pero apenas hubo dicho esto, los guardias iniciaron la balacera en contra de la vivienda, señala  Arróliga Flores.

Al menos unos seis de los 16 quedaron dentro de la vivienda y ahí no más les dispararon en ráfagas, falleciendo al instante por los impactos de balas de fusiles automáticos.

El resto, por sugerencia a gritos de Horacio Martin Arróliga Flores,  salió corriendo, por detrás de la casa, y se adentraron entre los matorrales, árboles pequeños y hierbas altas, hasta donde fueron impactados por las municiones de las ametralladoras, porque los guardias sanguinarios genocidas habían rodeado la casa y como que todo lo habían preparado  en cuanto a ubicación de ametralladoras y fusiles, para que ninguno de los 16 quedara vivo.

Cuerpos destripados  y Esmelda  violada  frente a sus hermanos

Inclusive, recuerda Arróliga Flores, dos de los muchachos fueron capturados vivos cuando iniciaban la veloz carrera hacia el monte; los amarraron  con mecates como si se tratara de manojos de leña, los ubicaron a la orilla de un muro, y ellos, los guardias, se subían al muro de dos metros de alto y desde allí se lanzaban contra los cuerpos de los dos muchachos. Los desbarataron de esa forma.

Se  maneja la versión  no confirmada de que  los hermanos Torrez  Valdivia: Esmelda, Marvin y Durvin, fueron capturados  vivos  cuando iniciaban  veloz  carrera  por detrás de la vivienda. Ahí  mismo fueron torturados, pateados, y Esmelda   violada  frente a sus dos  hermanos, antes de matarlos  a balazos a los tres.

Arróliga Flores, el “Zurdo Cadenas” y William  lograron evadir las balas de fusiles y ametralladoras, “tal vez porque  éramos rápidos a correr, y también debido a que estuvimos prestos, preparados, para lanzarnos rápido a la calle y hacia los montes de los alrededores. También nos desplazamos a rastras, hasta salir a la Carretera Norte, por Productos Atmosféricos”.

Igual que con otras masacres monstruosas, horrendas, cometidas por estos sujetos sanguinarios de la Guardia Nacional, se tomaron la casa, la catearon y le robaron

prácticamente todo lo que tenía allí la familia Rocha.

Los  cuerpos   sin vida, destrozados, fueron  lanzados por los guardias asesinos  en el predio montoso, donde es hoy  el Motel Salamandra, por el lado Suroeste  del Barrio Camilo Chamorro, donde se construyó  un monumento en homenaje  a estos  trece  Mártires  de la Revolución Popular  Sandinista.

Rogelia Sevilla Ramos, quien ya residía en el Asentamiento que después de 1979 se conocería como José Dolores Estrada, Madre de dos Mártires, y dirigente de la Asociación de Madres de Héroes y Mártires Camilo Ortega Saavedra, indica que al escuchar la balacera esa madrugada, y teniendo ya la experiencia de la Masacre de Waspán Sur, ella y otras madres se levantaron y se organizaron  para irse a informar de lo que había ocurrido.

Arróliga Flores, el “Zurdo Cadenas” y “William”, los tres sobrevivientes, se fueron a poner a salvo en otra casa de seguridad de Américas Dos, o Villa José Benito Escobar Pérez, donde amanecieron. Durante el día se trasladaron al lado Sur del Barrio Waspán, donde Arróliga  Flores tenía la casa de su familia.

En esta Masacre de la Brigada Camilo Chamorro fallecieron, como queda expresado arriba:  Esmelda Torrez Valdivia, Marvin Torrez Valdivia, Durvin Torrez Valdivia, José Andrés Urbina, Luis Álvarez, Fidel Caldera Azmitia, César Augusto Solís, Juan Arcia (Arce) Ordóñez, Mario Díaz,  los  hermanos Roberto “Toto”  y Denis Rivas, Carlos Ramírez Flores y Mario Zelaya.

En el monumento  en homenaje a estos caídos  aparece  el nombre de Mario Ayala, Mártir también, asesinado  el  19 de julio de 1979,  en  el Reparto  Las Mercedes, por un guardia  somocista  que  iba  en huida  hacia el Aeropuerto Las Mercedes, hoy Aeropuerto Augusto C. Sandino.

Padre  descubre los cadáveres  entre los matorrales

El  padre  de José Andrés Urbina  (del mismo nombre de su hijo)  no sabía nada  de lo que había pasado  a su hijo  esa madrugada.  Como siempre, salió  muy de mañana de su casa  en Horizonte Norte  y tomó  un camino  peatonal  en medio de los matorrales  y arboleda  mencionados, para tomar  autobús en la Carretera Norte, y dirigirse a  comprar en el Mercado Oriental.

En la semioscuridad  de la mañanita, como siempre, Urbina iba atento  a lo que pudiera salirle  en el camino  peatonal  matorraloso, fangoso  y lleno de árboles, pues era común que de repente  te encontraras  con una serpiente venenosa, o con algún toro suelto.

De  repente se topó  con los cadáveres  de los jóvenes, tirados  sobre el fango. Arce se detuvo  y para mayor sorpresa y desgracia, uno de los asesinados  era su hijo  José Andrés Urbina. Se regresó  a avisar a sus familiares y vecinos, para que fueran juntos  a recoger los cadáveres  de los jóvenes  asesinados   por miembros de los BECATS  de la Guardia Nacional somocista genocida.

La mayoría de estos jóvenes asesinados  o masacrados  eran del Barrio  Horizonte Norte (hoy  Camilo Chamorro).  Otros  eran de Waspán Sur, del Barrio Santa Rosa  y del Barrio La Primavera.

Arróliga Flores, el “Zurdo” Cadenas y William fueron después a reportarse  donde los jefes de los Comandos Revolucionarios del Pueblo. Les asignaron nuevas tareas, tuvieron participación directa en la Insurrección Sandinista y en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya. Cadenas y William ya fallecieron: sólo queda  vivo Horacio Martin Arróliga Flores.

Guardias  estuvieron  presos después del Triunfo de la Revolución

La mayoría de los guardias somocistas sanguinarios que participaron en esa masacre monstruosa  de  la Brigada Camilo Chamorro fueron capturados después del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista y estuvieron presos en la Zona Franca, en las cercanías del Aeropuerto Sandino, en Managua.

A estos Mártires se les construyó un memorial con sus nombres, que está situado exactamente frente a la entrada del Motel Salamandra.

Luis Eliseo Arce Ordóñez, abogado, relojero, viviendo actualmente en condiciones muy precarias, informa  que  su hermano Juan  andaba  plenamente  involucrado  en unidades  militares clandestinas  de la Tendencia  Proletaria del FSLN clandestino.

Xiomara  Argentina Torrez  Valdivia, hermana menor  de Esmelda, Durvin  y Marvin Torrez Valdivia, igualmente indica  que en la familia  se sabía  que los tres  andaban involucrados  en actividades  político-militares clandestinas  en contra de la dictadura somocista, pero  que no sabían  dónde estaban ubicados  ni qué hacían  esa madrugada del 28 de mayo de 1979.

Estas  dos familias vivían y residen  actualmente  del Colegio Camilo Zapata, en el Barrio Camilo Chamorro,  tres cuadras al Norte (o  al Lago Xolotlán)  y una cuadra  al Este.

Luis Eliseo  Arce Ordóñez  señala que   y  él  no sabían dónde andaba  esa noche Juan  Arce Ordóñez.

Los hermanos Roberto “Toto”  y Denis Rivas residían con su madre  de la ROCARGO  ocho  cuadras al Norte, o al Lago Xolotlán, y tres cuadras al Oeste, en el mismo Asentamiento Horizonte Norte, hoy Camilo Chamorro.

Fuentes documentales:

Monumento  a los Mártires de la Brigada Camilo Chamorro  y escritos dispersos  de la Asociación de Combatientes  y Colaboradores Históricos  “Camilo Chamorro”, de la Carretera Norte”.

Fuentes orales:

Horacio Martin Arróliga Flores, único sobreviviente vivo. Reside  frente  a la Iglesia Ebenezer, del Barrio Waspán Sur. Tiene el teléfono: 76235837.

Arsenio Solís González, Combatiente Histórico, quien formó parte de la “Columna José Ángel Benavidez”, la cual fue jefeada durante la Insurrección Sandinista  por Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz. Solís González, además, reside en el Barrio Waspán Sur, donde conoció esta historia directamente de los relatos del “Zurdo” Cadenas, de “William” y de Horacio Arróliga Flores. Arsenio vive  de la entrada Sur  del Barrio Hugo Chávez  Frías, 23  andenes al Norte. Tiene el teléfono:  86842691.

Xiomara Torrez  Valdivia, de la ROCARGO  tres cuadras al Este y dos cuadras al Norte, en el Barrio Camilo Chamorro,  o  del  Colegio Camilo Zapata  dos cuadras al Este. Su número de teléfono celular es:  75293925.

Rogelia Sevilla Ramos. Reside  de la entrada principal al Barrio José Dolores Estrada, una cuadra al Norte, en casa  esquinera.  Tiene los teléfonos  celulares: 89176490 y 85793332.

Luis Eliseo  Arce  Ordóñez. Reside  del Colegio Camilo Zapata  dos cuadras al Este, en el Barrio Camilo Chamorro.  Teléfono: 85878470.

También Moisés  Suazo Miranda, Augusto Rivera, Marta Medina,  y otros miembros de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Camilo Chamorro”, de la Carretera  Norte.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ejecutadas por la guardia sanguinaria somocista, aquel 12 de mayo de 1979

Cuatro masacres en Xiloá

*Plan político-militar y mapas de la Insurrección Sandinista en Managua se hicieron en Xiloá

*En Península de Chiltepe trabajaron unidas las tres Tendencias del FSLN clandestino

Pablo Emilio Barreto Pérez

Sí, fueron cuatro masacres  las ejecutadas  en Xiloá por la Guardia Nacional sanguinaria somocista genocida aquel 12 de mayo de 1979. Exhibiendo crueldad y atrocidad inauditas, parecían nazifascistas alemanes desbocados, dedicados  a matar, descuartizar  y quemar a todos aquellos seres humanos que  la dictadura somocista sangrienta  consideraba “sospechosos” o enemigos del sistema tiránico, fundado, organizado y entrenado  desde 1927  por el gobierno agresor de Estados Unidos.

Según el Diario BARRICADA (Órgano Oficial del Frente Sandinista) del 12 de mayo de 1980, los asesinados atroz, desalmada y despiadadamente, fueron: Alfonso González Pasos, el jardinero Francisco, los niños  Constantino Chamorro Mejía, Juan Bosco González Chamorro y Francisco (hijo del jardinero); el jardinero  y la trabajadora doméstica Sandra Salgado Roque, en el primer caso; Ricardo Orúe, Bayardo Martínez y una muchacha de seudónimo “Sandra”, llamada Carmen,  más un niño, en el segundo caso; Cristhian “Inca” Pérez Leiva y Omar Hassan Morales, en el tercer caso; y cuatro o cinco jóvenes que fueron rafagueados en la peña de la entrada a  la Finca Santa Margarita y lanzados sus cadáveres a unos barrancos, en el lado Suroeste de la Laguna de Xiloá.

Fue una monstruosa orgía sangrienta, planificada y ejecutada con sadismo  por casi 200 sicarios de la dictadura somocista genocida, pues las matanzas de seres humanos las comenzaron un poco después de las ocho de la mañana  y las finalizaron casi a las seis de la tarde en la Finca Santa Margarita.

En esta labor de masacres planificadas participaron juntos  unos 150 guardias efectivos, más incluyendo asesinos de la Escuela de Entrenamiento Básicos de Infantería (EEBI), “orejas” despreciables de la zona y miembros de los “escuadrones de la muerte” (“Mano Blanca”, decían los somocistas genocidas) de la Oficina de Seguridad, hasta completar  unos 200   criminales, según el testimonio de María del Socorro Pérez Sánchez, quien fue una de las capturadas en la casa del matrimonio Lucrecia Puentes-Sergio Lacayo (abogado), esposada y amarrada a un árbol de eucalipto, torturada  y obligada a presenciar  cómo desbarataban a balazos y cuchilladas a los masacrados en Xiloá aquel 12 de mayo de 1979.

Ese día  12 de mayo de 1979, al ejecutar esas masacres monstruosas en Xiloá, la Guardia Nacional y la Oficina de Seguridad (OSN) descubrieron los mapas y escritos sobre dónde y cuándo se desataría la Insurrección Sandinista, u Ofensiva Final, en Managua, los cuales habían sido elaborados por un grupo de compañeros (hombres y mujeres), encabezados  por Cristhian “Inca” Pérez Leiva, Omar Hassan Morales y Ricardo Orúe.

Además, ese mismo día  invadieron y catearon las casas de seguridad  donde vivía el ingeniero Miguel Maltez, en Colonial Los Robles, en el casco urbano de Managua; y la del ingeniero Francisco Figueroa, ubicada en la Carretera Sur. En ambas casas de seguridad también había mapas sobre cómo, dónde y cuándo se desataría la Insurrección Sandinista en Managua.

En la casa de seguridad de Los Robles estaban los Comandantes Guerrilleros Joaquín Cuadra Lacayo y Dora María Téllez, y Augusto Montealegre.   Se enteraron a tiempo de que los sicarios del somocismo genocida llegaban a catear la casa, y para salir, se hicieron “los locos”, como que iban ebrios, y salieron abrazados, y desaparecieron rápido de los alrededores.

Elia del Socorro Sánchez Centeno  recuerda que el operativo siniestro y mortal de la Guardia Nacional, sus “orejas” OSN y miembros de los “escuadrones de la muerte”, en realidad  comenzó a eso de las dos de la mañana, pues a esa hora se metieron a las instalaciones  de unas antenas de radioemisoras  propiedad de Jesús Miguel “Chuno” Blandón y de Frank Arana Valle. “Patearon y derrumbaron puertas, con el pretexto de que buscaban armas de los “sandino-comunistas-terroristas”,  recuerda Sánchez Centeno  35 años después.

Dice que ella y su marido  encendían las plantas eléctricas  para activar las antenas de las radioemisoras, y por ese motivo ya estaban levantados cuando al menos unos 50 guardias y “orejas” se metieron a las instalaciones privadas. No encontraron armas, ni nada sospechoso.

Este dato histórico indica  que la Guardia Nacional sanguinaria, somocista y genocida, con sus compinches “orejas” (espías a sueldo y adhonorem) y miembros de los “escuadrones de la muerte”, de forma planificada empezaron la operación mortal desde más o menos las dos de la mañana.

José Alexander “Pepe Loco” Estrada Fonseca y Antonio “Julio” López, dos de los dirigentes  de la Insurrección Sandinista en el OPEN TRES (Ciudad Sandino), por su lado rememoran que para el 12 de mayo de 1979, la Guardia Nacional, la EEBI, la Oficina de Seguridad, sus “orejas” compinches y “escuadrones de la muerte”, ya tenían tomados  todos los cerros frente al OPEN TRES y en las comarcas aledañas a la Laguna de Xiloá y Península de Chiltepe, más todas las entradas hacia estos lugares; inclusive ya habían instalado retenes militares en todas las entradas, especialmente hacia dentro de Xiloá, por el Aeropuerto Los Brasiles, en la Cuesta del Plomo (Cuesta de los Mártires), en todas las entradas del OPEN TRES; habían también fortalecido  con tropas y armamento pesado el campamento o cuartel que tenían donde es hoy ENATREL y a un lado del Cuartel de los Bomberos, dentro del OPEN TRES.

Hace notar “Pepe Loco”  Estrada Fonseca que en la jurisdicción del OPEN TRES (Ciudad Sandino) la misma Guardia Nacional había masacrado, unos meses antes,  a los trabajadores de SOLECTRA Comercial, don de mataron a los trabajadores Germán Antonio Bojorge Esquivel, Jorge Altamirano Hernández y Pablo Torrez Rivera.

SOLECTRA Comercial era una Fábrica de Escobas y Taller de Soldadura, donde había estallado una huelga y toma de instalaciones en demanda de aunmentos de salarios.  Llegaron unos 100 guardias a bordo de aquellos camiones enormes, altos, de la llamada “Acción Cívica” de la Guardia Nacional. Conminaron a los trabajadores a salir, “o los matamos”. Estos se corrieron por unos predios montosos, y allí les descargaron varias ráfagas de ametralladoras calibre 30 y de fusiles automáticos.

También recuerda  Estrada Fonseca que en la entrada al Reparto Satélite Asososca la misma Guardia Nacional sanguinaria mató el  7 de noviembre de 1976, a Eduardo Contreras Escobar, a Rogelio Picado y Silvio Reñazco.  Contreras Escobar fue el jefe del Comando  que asaltó la Casa de “Chema” Castillo Quant en diciembre de 1974.

Xiloá  es más conocido por su famosa Laguna cratérica, utilizada  como balneario de los managuas, ubicada en el lado Sureste de la Península de Chiltepe. Exactamente en lado opuesto, en el Noroeste, están ubicados la Laguna de Apoyeque, que en realidad es un cráter de dos kilómetros de diámetro del Volcán Apoyeque.

La Península de Chiltepe comienza por el lado Noreste de  la Comarca Los Brasiles, territorio del Municipio de Mateare. Todo el Territorio de Chiltepe, la Laguna de Xiloá  y Lagua de Apoyeque pertenecen al Territorio Municipal de Mateare, en el Departamento de Managua.

La Península de Chiltepe es una Reserva Natural, que tiene forma redondeada  y que termina como “metida” dentro del Lago Xolotlán  con las “Puntas” Chiltepe y Cardón  por el lado Oriental  frente a la Ciudad de Managua.

En el centro de esta Península están los llamados “Cerros Cuapes”, en cuyos lados  Este y Oeste  están ubicadas respectivamente las Lagunas de Xiloá y Apoyeque.

Según estudios del Ministerio de Recursos Naturales y del Ambiente (MARENA)  esta elevación geológica montañosa, conocida en Managua  como Península de Chiltepe, es de suelos francoarenosos, con grandes cárcavas en los “Cerros Cuapes” y en Punta Chiltepe; es de bosque latifoliado  muy variado, donde hubo abundancia de guayacanes, todos los cuales sucumbieron a los incendios veraneros de cada año  y por la acción de leñadores del OPEN TRES  (Ciudad Sandino).

Un estudio elaborado por Jaime Villa, quien fue catedrático de la UNAN en Managua, indica que en las dos lagunas cratéricas volcánicas  (Xiloá y Apoyeque)  abundan la sardina de Xiloá, una amplia variedad de peces, lagartos, y por encima del suelo de la Península abundan también las boas, puma o tigre negro, tigrillos, cusucos, serpientes cascabeles, coyotes, venados, mapachines, conejos, iguanas negras y verdes, garrobos, tortugas, cangrejos, piches, patos, garzas, zanates, güises, cenzontles, chocoyos, palomas alas blanca, palomas robadoras, abundan los zopilotes, etc.

A ambos lados  de la elevación geológica y montañosa  hay planicies  en las que siempre hubo fincas y haciendas  de conocidos personajes de Managua, especialmente por la planicie hacia la costa del Lago de Managua, que comienza  por el lado de la Comarca Los Brasiles y termina un poco al Sur de Punta Chiltepe.

De acuerdo con “Memoria de Chiltepe”, escrita por Luis Carrión Montoya, entre los primeros dueños de estas tierras de la Península de Chiltepe se cuentan David Antonio Fornos Díaz, Manuel Gutiérrez Peña y el doctor Julio Bonilla, según escrituras  de 1918.

En las décadas del 40-50  la cantidad de propietarios de fincas o haciendas lecheras y productoras de granos, eran: Julio Bonilla, Victorino Argüello, Matilde Bonilla Debayle y Luis Manuel Debayle (el “Tío Luz”, tío de Anastasio Somoza Debayle), Ernesto Martínez Solórzano, Fernando Solórzano, Alcibíades Fuentes, David Fornos, Manuel Gutiérrez Peña, Mélida de Henshil, Isabel von Rechwitz y Fernando Saballos.

Fueron propietarios más recientes: Donald Spencer, José María Zelaya, Rodolfo Mejía Ubilla, Eduardo Montealegre, Alberto Mendoza, Familia Urroz, Santiago Salgado, Chimilo Downin, Padres Jesuitas, Cony Weelock, Matilde Bonilla Debayle, Julio Bonilla Solórzano, el propio Luis Manuel “Tío Luz” Debayle, el ingeniero Alfonso González Pasos, Tomy Weelock  y Luis Carrión Montoya.

Las fincas o haciendas más conocidas en los lomos y planicies inmediatas de la Cordillera de Chiltepe, fueron:  Tamagás, Tempisque, Corpus Cristhi, San Isidro, San Carlos, El Cambio, San Pancho, Los Ángeles, Escobillal, Paraíso, Bella Vista, El Charco, Santa Margarita y “Los Cocos”, entre otras.

Algunos de estos propietarios de fincas  en las explanadas de la Península de Chiltepe, y de solarones y mansiones  en la orilla de la Laguna de Xiloá, eran connotados funcionarios del régimen somocista sanguinario genocida, entre otros:  Donald Spencer, director del INFONAC; Luis Manuel “Tío Luz” Debayle, director de la Empresa Nacional de Luz y Fuerza (ENALUF), del Estado; Luis Pallais Debayle, director del Diario NOVEDADES, propiedad de la familia Somoza Debayle; Ricardo Argüello Pravia, connotado somocista, propietario de varios cines y de negocios variados;  Rodolfo Mejía Ubilla, también funcionario del gobierno dictatorial; José María “Chema” Zelaya, secretario privado de Anastasio Somoza Debayle  por mucho tiempo.

Estaba allí también un tal coronel de la Guardia Nacional,  y médico, Edgard Meléndez, quien tenía una clínica médica allí en Xiloá, que al parecer era una pantalla para espionaje  de la Oficina de Seguridad (OSN); además, eran conocidos en Xiloá los siguientes “orejas” o espías de la Oficina de Seguridad y de la Guardia Nacional: Eugenio Green, Ernesto Dimas, Roberto Montalván y Orlando Heeslock.

Inclusive, cada uno de estos connotados funcionarios del gobierno somocista sanguinario tenía asignados uno o dos agentes de la Oficina de Seguridad (OSN) que se encargaba del cuido de ellos y al mismo tiempo de vigilarlos, por si osaban traicionar al régimen genocida de Anastasio Somoza Debayle.

Inclusive, la Guardia Nacional somocista sanguinaria genocida  tenía una base militar, campamento o cuartel en la Hacienda Tamagás de Luis Manuel  “Tío Luz” Debayle, donde hacían entrenamientos militares  y controlaban toda la zona de la Península de Chiltepe, desde hacía por lo menos dos años.

Se había hecho común  que los pobladores o vecinos de toda la Península de Chiltepe oyeran a los guardias (de la EEBI y del Batallón Somoza) que mientras corrían  por entre el vecindario, gritaban: “Somos perros. Estamos sedientos de sangre. Estamos listos para matar…”, era como una canción aterrorizante casi todos los días, mientras al mismo tiempo dejaban regadas en el suelo algunas granadas de fragmentación”.

En medio de este ambiente hostil, peligroso, mortal allí en Xiloá, estaban en ese sitio empresarios progresistas y profesionales progresistas y comprometidos con la causa de la Liberación Nacional, como: Alfonso González Pasos, Sergio Lacayo y su esposa Lucrecia Puentes López;  y el finquero Luis Carrión Montoya, padre, tío, primo, abuelo en la familia Carrión, entre otros: Luis Carrión Cruz, Carlos Carrión Cruz y general Javier Carrión Mc Donough.

En su “Memoria de Chiltepe”, Luis Carrión Montoya señala  que la finca “Corpus Cristhi”, propiedad del propio Carrión Montoya y de su esposa Leonor Cruz, fue escogida  desde octubre de 1973  por su hijo Luis Carrión Cruz y Bayardo Arce Castaño (Comandantes de la Revolución Sandinista, ambos, de Tendencia Proletario uno y de la Tendencia Guerra Popular Prolongada, el otro))  para desarrollar allí una escuela política militar guerrillera, la cual debía incluir prácticas de tiro, en forma muy discreta, y  para hacerlo debían aparecer  como “turistas” en busca de aventura montañosa, especialmente en busca de conejos, venados, cusucos, tigres, tigrillos, monos aulladores, etc.

Según el relato en “Memoria de Chiltepe” de Carrión Montoya, sus hijos, por supuesto, Luis y Carlos Carrión Cruz, y su sobrino Javier Carrión Mcdonough, siempre llegaban a la finca en labor de cacería y de “vacaciones”, pues “Corpus Cristhi” era una propiedad familiar allí  en la Península de Chiltepe.

Luis Carrión Cruz, quien después fuera uno de los tres jefes de la Tendencia Proletaria en el FSLN; y Bayardo Arce Castaño, periodista y uno de los jefes de  lo que Carlos Fonseca Amador bautizó como “Guerra Popular Prolongada” (GPP), tomaron la decisión de que la “Finca Corpus Cristhi” prestaba las condiciones adecuadas de disimulo, aislamiento, clandestinaje, posibilidad de disparar armas de guerra y de cacería sin ser descubiertos, abundancia de terreno para entrenarse, y, sobre todo, que sus dueños eran antisomocistas y amigos del sandinismo revolucionario clandestino, y que por tanto debían desarrollar allí una escuela política militar, guerrillera y clandestina.

Entre los primeros en llegar estuvieron  Carlos Roberto Huembes, suplente  en la Dirección Nacional Histórica del Frente Sandinista guerrillero y clandestino; y Carlos Zamora. Los siguientes en llegar en un jeep  fueron Álvaro Baltodano, quien después fuera general del Ejército Popular Sandinista;  Joaquín Cuadra  Lacayo, general y jefe del Ejército después;  Roberto Gutiérrez y Luis Carrión Cruz, Comandante de la Revolución  ya en 1979.

Con Bayardo Arce Castaño llegan casi inmediatamente  Ricardo Morales Avilés, también miembro de la Dirección Nacional Histórica del FSLN;  y Óscar Turcios Chavarría, uno de los hombres más cruciales en el crecimiento y desarrollo del FSLN guerrillero clandestino en aquel momento.

Mientras en la “Finca Corpus Cristhi”  todos se sentían orgullosos de estar allí, con escuela política y guerrillera y con armas de guerra y de cacería, el mandador de la misma Finca, al ver  que hacían estallar bombas en bosques, cañada y Laguna de Apoyeque, que disparaban con los fusiles, escopetas y rifles 30-30, se llenó de miedo e inmediatamente renunció diciendo: “Yo no quiero problemas con la Guardia Nacional… yo me voy”, y ¡se fue!

En los entrenamientos tuvieron un fusil automático AR-18, una subametralladora a la que nombraban “La Negra” y otra subametralladora M-3, que siempre cargaba consigo Óscar Turcios Chavarría.

“Memoria de Chiltepe” recuerda que en ese mismo mes de octubre cayó un aguacero diluvial, nocturno. Las correntadas atraparon al grupo   por el lado de la Comarca Los Brasiles, por donde circulaban en un jeep. El jeep fue arrastrado  por las correntadas, y dentro estaban Óscar Turcios Chavarría, Ricardo Morales Avilés, Bayardo Arce Castaño, Joaquín Cuadra Lacayo, Roberto Gutiérrez, Álvaro Baltodano…

El fusil  mencionado cayó a la correntada, la cual lo arrastró hasta dentro de las aguas del Lago de Managua. No fue recuperado. El jeep se detuvo  contra un barranco. Salieron de allí hasta que bajó la correntada.

Relato  estos episodios  históricos porque estos muestran que el régimen somocista sanguinario genocida tenía intereses marcados allí en la Península de Chiltepe, y que el Frente Sandinista de Liberación Nacional, revolucionario, guerrillero, clandestino, y en su afán de liberar al país de la tiranía de Anastasio Somoza Debayle y su familia, estaba recurriendo  a allí en Chiltepe a entrenarse, ocultarse,  organizarse, y hasta elaborar los planes y mapas insurreccionales sandinistas en Managua, por ejemplo, en medio de estas condiciones mortales  ya referidas.

Allí en la Península de Chiltepe, y particularmente en la orilla de la Laguna de Xiloá, estaban  trabajando ardua y sacrificadamente las tres Tendencias del Frente Sandinista de Liberación Nacional: Guerra Popular Prolongada, Tendencia Proletaria y Tendencia Tercerista, especialmente en la elaboración de mapas que describían  detalladamente  cómo, cuándo, dónde y por qué  en esos sitios demográficos poblados capitalinos debía desatarse la Insurrección Sandinista, u Ofensiva Final, en junio de 1979.

Precisamente, en estos planes insurreccionales, con sus mapas muy bien descritos, elaborados  sin descanso, día y noche, por militantes experimentados y probados (hombres y mujeres) como  Cristhian “Inca” Pérez Leiva, ingeniero; Omar Hasan Morales, ingeniero; Ricardo Orúe, químico y hábil fabricador de explosivos,  y otros.

Pérez Leiva  y Hassan Morales jefeaban un equipo de hombres y mujeres, cuadros políticos militares, guerrilleros, intelectuales capaces, muy bien formados en escuelas guerrilleras y formadores ellos de escuelas guerrilleras también;  tenían unos seis meses de estar elaborando los mapas correspondientes  sobre cómo, dónde y cuándo desatar la Insurrección Sandinista en los Barrios Occidentales y en los Barrios Orientales de Managua.

Según  el Comandante Carlos Núñez Téllez, en su libro-informe  de la Insurrección Sandinista en Managua y del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, titulado:  “Un Pueblo en Armas”, Pérez Leiva, Hasan Morales, Francisco Meza Rojas y todo un grupo selecto de militantes guerrilleros, de forma sigilosa estudiaron  todo el escenario geográfico de las Zonas Suroccidental, Noroccidental, Oriental y Nororiental de Managua, incluyendo los cauces, pistas, calles, muros, árboles, semáforos, etc., para indicar en los mapas  los sitios en que debían edificarse barricadas, zanjas o trincheras de combate, en qué pistas y calles debían ser colocadas las tropas revolucionarias, dónde colocar los fusiles, las pocas ametralladoras, las bazukas  o lanzamorteros portátiles, las armas de cacería, dónde se debían construir los refugios antiaéreos, cómo utilizar los cauces  para inmovilizar a las tropas sanguinarias genocidas de la Guardia Nacional somocista…

Además, se planteaba en los mapas  que las Zonas Suroccidental y Noroccidental debían ser el escenario principal de la Insurrección  porque  muchos jóvenes y adultos rebeldes de estas zonas geográficas, antisomocistas organizados,  ya tenían entrenamiento militar.

Las Zonas Suroccidental y Noroccidental debían ser la Zona Principal  y la Zona Oriental la Zona Secundaria.

Sin embargo, la Guardia Nacional sanguinaria genocida, la Oficina de Seguridad (OSN), los “escuadrones de la muerte”, los “orejas” a sueldo y “adhonorem”, la Escuela de Entrenamiento Básico (EEBI) de asesinos y ladrones, los “jueces de mesta” o asesinos de cañadas, descubren  todo el trabajo político militar, guerrillero, patriótico, revolucionario, de Liberación Nacional, que estaban haciendo Cristhian Pérez Leiva, Omar Hassan Morales, Ricardo Orúe, Alfonso González Pasos, Carmen Chamorro de Pasos, Sergio Lacayo, Lucrecia Puentes López,  Bayardo Martínez y otros cuadros FSLN valiosísimos en Xiloá; y toda aquella  pandilla GN de asesinos comienzan tomándose  todos los cerros de la Península de Chiltepe y todas las entradas al OPEN TRES y a Xiloá, más el reforzamiento de los cuarteles militares que ya tenían la Guardia Nacional en el OPEN Tres y en Xilóa, recuerdan José Alexander “Pepe Loco” Estrada Fonseca y Antonio “Julio” López, quienes fueron miembros de la dirigencia de la Insurrección Sandinista en  el OPEN Tres.

Acto seguido, ya con toda la banda de asesinos desplegada  como queda dicho, desatan la represión mortal y masacres planificadas por el alto mando de la Guardia Nacional, jefeada por Anastasio Somoza Debayle; y por su Oficina de Seguridad, sus “orejas” ya mencionados y “escuadrones de la muerte”.

Doña Elia del Socorro   Sánchez Centeno, entonces muy joven, recuerda que el operativo militar somocista de las Masacres en Xiloá  en realidad comenzó a eso de las dos de la mañana de aquel fatídico 12 de mayo de 1979, pues una gran cantidad de guardias invadieron  las propiedades  en que estaban las antenas de radioemisoras, donde ella encendía las plantas eléctricas   para que esas radioemisoras comenzaran a funcionar en sus estudios en Managua.

“Catearon, le dieron vuelta a todo dentro de las casas, lo ponían a uno contra las paredes y los árboles, con la amenaza de matarlo por “sospechoso” de colaborar con los “sandino-comunistas-terroristas”, rememora  Sánchez Centeno.

Aparentemente, el plan de la Guardia Nacional y de la Oficina de Seguridad, para sembrar terror  y cumplir lo planificado de matar a determinados seres humanos allí en Xiloá, consistió  en hacer un cateo general, el que sirvió, al mismo tiempo, para ir robando dentro de las casas, tal como hacían siempre.

Primera masacre

Testimonios vecinales indican que  a eso de las ocho y media de la mañana unos 60 guardias y “orejas”  rodearon la casona del ingeniero Alfonso González Pasos, ubicada   unos 150 metros al Noreste de la entrada principal al Balneario de la Laguna de Xiloá, y casi frente al Cerro que por decenas de años ha sido utilizado  como mina de arena para construcciones.

Los guardias, con un jefe no identificado al frente, no dejaron salir a nadie. Inmediatamente  acusaron a González Pasos de ser colaborador de los “sandino-comunistas-terroristas”  y de tener dentro de la casona una especie de equipos de primeros auxilios, que en realidad funcionaba  como una clínica médica en prevención de lo que pudiera ocurrirle a los cuadros políticos guerrilleros que ya estaban trabajando afanosamente en varias casas de Xiloá.

Los sicarios sanguinarios del somocismo genocida encontraron allí también algunas cajas de explosivos, mapas detallados de dónde sería la Insurrección Sandinista en Managua,  y centenares de pañoletas, banderas y cintillos rojinegros, finamente bordados  por doña Carmen Chamorro de Pasos, esposa de Alfonso González Pasos, quien era ingeniero agrícola (graduado en la Universidad Zamorano, en Honduras), vendedor de seguros y agricultor en la misma zona de la Península de Chiltepe.

Tanto la versión del Diario BARRICADA (Órgano Oficial del Frente Sandinista) del 12 de mayo de 1980  como de vecinos aledaños a la vivienda-casona de la Finca Los Cocos, de Alfonso González Pasos,  indican que con  crueldad  y atrocidad inauditas  entraron a la casa lanzando culatazos, patadas  y varillazos  metálicos en los cuerpos de los niños mencionados arriba, especialmente contra el jardinero, don Alfonso González Pasos y la trabajadora doméstica,  Sandra Salgado Roque, quien había venido del lado de León a trabajar en Managua, hacía tan sólo 15 días antes.

Los relatos indican que  todos fueron puestos  violentamente contra el piso de la casa.  Los niños se metieron debajo de las camas. En medio de la violencia sangrienta  por parte de aquellos morfinómanos asesinos GN., don Alfonso González Pasos  logró escaparse hasta donde estaba el teléfono convencional (entonces no habían teléfonos celulares) y se comunicó con su esposa Carmen Chamorro, quien andaba en diligencias en la zona urbana de Managua, específicamente en el Reparto Bolonia, en compañía de  Lucrecia Puentes López y de la periodista Ángela Saballos de Matamoros y de Edgardo Matamoros.

Sergio Lacayo, Ernesto Palacios y Rodrigo Reyes, se enteraron también telefónicamente de lo que estaba pasando en una oficina de abogado.

González Pasos  logró hablar con su esposa Carmen Chamorro, y le dijo: “La guardia  está entrando a la casa…hagan algo por nosotros”, y la llamada se cortó.  Doña Carmen Chamorro de Pasos por su lado tomó nuevamente el teléfono de la casa en Bolonia, y llamó a su casa en Xiloá, y ya entonces le contestó uno de los guardias asesinos, mientras se oían los culatazos, gritos iracundos de los sicarios sanguinarios  en contra de los ocupantes de la vivienda, e inclusive las explosiones de los tiros.

Hasta el sitio en que don Alfonso González Pasos estaba en el teléfono llegó el jefe de la banda de asesinos. Después de ambas llamadas telefónicas,  allí mismo le disparó una ráfaga de un fusil galil hacia la cabeza, quedando la sangre y los sesos de González Pasos estampados en una de las paredes de la vivienda y en el piso de la casa.

En la pared o muro interno de la vivienda casona, quedaron los huecos hechos por la balas, teñidos todos  por la sangre generosa de González Pasos.

Acto seguido, sin contemplaciones, de forma cruel, despiadada, también les dispararon varias ráfagas de tiros a los cuerpos de los niños  Constantino Chamorro Mejía, Juan Bosco González Chamorro  y Francisco, quienes estaban debajo de las camas, donde quedaron los cadáveres encima de grandes charcos rojos de sangre patriótica; también balacearon al jardinero  y a la trabajadora doméstica  Sandra Salgado Roque, a quien, además, le perforaron y descuartizaron el cuerpo con bayonetas de los fusiles que portaban los sicarios sanguinarios endemoniados.

También mataron a los perros, porque estos, cuando entraban esta pandilla de asesinos sanguinarios, se les tiraron encima, en defensa de sus dueños y amos.

Al terminar la orgía de sangre  saquearon, o robaron, todo lo que pudieron llevarse, dejaron los cuerpos de los asesinados dentro de la casa, y dejaron guardias cuidando la vivienda.

Segunda masacre

Según Jorge Alberto Alemán Palacios, él andaba en ocupaciones agrarias en la Finca de Julio Bonilla, cuando escuchó balaceras hacia el lado Sur desde muy de mañana.

Decidió regresar a su casa, ubicada en los llamados “Bosques de Xiloá, en la orilla Este de la Laguna de Xiloá, más o menos a las nueve de la mañana de ese 12 de mayo de 1979. Cuando se acercaba a su casa, precisamente  escuchó nuevamente una balacera muy nutrida, y creyó  que la  Guardia estaba atacando su vivienda.

Se apresuró  y descubrió que en realidad la casa que estaba siendo atacada con ametralladoras calibre 50 y fusilería, por unos 50 guardias y “orejas”, era una llamada “Los Loyes” o “Casas Gemelas”, la cual había sido alquilada por una pareja de jóvenes, que al parecer eran Ricardo Orúe  y una joven desconocida, quienes fingían ser un matrimonio recién formado.

Estas “Casas Gemelas” al verlas de lejos tienen forma de triángulo  en la parte superior del techo. Son tres casas, unidas la una a las otras, y con un techo en forma de triángulo. En realidad, aclara Lucrecia Puentes López, eran tres casas unidas, propiedad de un doctor Solórzano, quien se las había alquilado, supuestamente, a Ricardo Orúe y a la joven desconocida.

El murito frontal de estas “casas gemelas” era de las llamadas “losetas prefabricadas”, casi de puro cemento firme. La lluvia de balas contra las “Casas Gemelas” no lograban penetrar estas losetas. Esto puso más violentos o iracundos a la turba de asesinos de la Guardia Nacional, y cuando vieron que Alemán Palacios se acercaba lo “pararon en seco” y lo conminaron: “!No te movás de allí, o te matamos¡”.

Las “Casas Gemelas” estaban rodeadas  por aquella banda cruel y atroz de asesinos pertenecientes a la Guardia Nacional. Al ver que no entraban las balas, entonces lanzaron una maquinaria pesada contra las paredes frontales, las cuales fueron derribadas con sus ocupantes adentro.

Según Alemán Palacios, quienes parecían ser los jefes del operativo sangriento, les gritaban a los ocupantes de las “Casas Gemelas”: “!Salgan, hijueputas…ya de nada les sirve. Ya matamos a todos en la casa de González Pasos…todos están muertos¡”.

En las “Casas Gemelas” ocurrió algo similar a lo acontecido en la casa-finca de Alfonso González Pasos.

Los guardias y “orejas” entraron violentísimos con sus ametralladoras, fusiles y pistolas, e inmediatamente  mataron a varios de los que estaban dentro. Es decir, no andaban en afán de atrapar vivos a supuestos delincuentes, la orden era matarlos a todos.

Según la versión del Diario BARRICADA del 12 de mayo de 1980, en estas “Casas Gemelas” masacran a Ricardo Orúe, ingeniero químico y cuadro destacadísimo del Frente Sandinista de Liberación Nacional todavía clandestino; asesinan también a Bayardo Martínez y a  una muchacha de seudónimo “Sandra”.

Presuntamente, en estas “casas gemelas” capturan a varias personas desconocidas y las montan esposadas y encapuchadas en las patrullas de Brigadas Antiterroristas de la Guardia Nacional terrorista, somocista, sanguinaria y genocida.

De acuerdo con otra versión, Ricardo Orúe fue capturado vivo allí en las “casas gemelas” y asesinado en el peñón de la entrada a la Finca Santa Margarita, según veremos más adelante.

En estas “Casas Gemelas”  presuntamente el Frente Sandinista de Liberación Nacional, clandestino, con Ricardo Orúe (ingeniero químico)  como jefe de un grupo y responsable militar, estaba experimentando y fabricando explosivos o “bombas de tiempo” con relojes y bombas de contacto, para usarlos en el futuro ya cercanísimo de la Insurrección Sandinista, u Ofensiva  Final, la cual estalló en Managua  el nueve de junio de 1979, es decir, menos de un mes después de estas cuatro masacres horrendas del somocismo sanguinario genocida.

Estas “Casas Gemelas”  también quedan ocupadas por la Guardia Nacional. Se llevan los explosivos, químicos, mapas,   algunas armas livianas  y de cacería, y roban todo lo que había dentro de las viviendas “gemelas”.

Tercera Masacre

Los testigos históricos en Xiloá coinciden  en que más o menos a las tres de la tarde de ese día fatídico, llegan en automóvil a la entrada de Bosques de Xiloá, donde había una caseta de control, Cristhian “Inca” Pérez Leiva y Omar Hassan Morales. Aparentemente, no estaban enterados de las masacres que estaba ejecutando la Guardia Nacional sanguinaria y genocida.

Pérez Leiva y Hassan Morales son encañonados allí con varios fusiles. Los guardias sanguinarios los  conminan a bajarse del carro, un Volswagen,  y los obligan a poner las manos asidas a un alambrado de púas. Desde el portón de entrada llaman estos sicarios GN a supuestos oficiales del alto mando de la Guardia Nacional, y estos llegan.

Se producen acusaciones de que son “sandino-comunistas-terroristas” y que  seguramente estaban aliados con Alfonso González Pasos y los ocupantes de las “casas gemelas”. Descaradamente les dicen allí los guardias a Pérez Leiva y Hasan Morales  que don Alfonso  González Pasos “y sus compinches” ya estaban muertos, que también “están liquidados” los de las Casas Gemelas”.

Se produce una especie de diálogo rápido y muy violento entre Hassan Morales y uno de los supuestos oficiales, quien de una vez, allí mismo contra el alambrado, les descarga una ráfaga de unos 30 tiros.

Ya tumbados y ensangrentados en el suelo lodoso, en estertores de muerte, todavía les siguen disparando a los cuerpos de Cristhian Pérez Leiva y Omar Hasan Morales.

Según Lucrecia Puentes López, es posible  también que Pérez Leiva y Hassan Morales hayan sacado armas, pues ambos andaban pistolas  nueve milímetros y hasta una granada de fragmentación, listas para enfrentarse a los guardias, pues “Inca” Pérez Leiva y Hassan habían reiterado una y otra vez  que “no nos dejaremos capturar vivos, porque de todas maneras nos van a matar  cuando nos descubran”.

Cuarta Masacre

Antes de este episodio en que también asesinan fríamente a Cristhian Pérez Leiva y Omar Hasan Morales, más o menos a las doce del día, unos 50 guardias y “orejas” habían invadido  la casa-finca del matrimonio Sergio Lacayo-Lucrecia Puentes López,  militantes del  FSLN. Lucrecia Puentes trabajaba clandestinamente  con el grupo de la Tendencia Guerra Popular Prolongada y Lacayo, su esposo,  era de la Tendencia Tercerista.

Ambos, el matrimonio,  estaban de acuerdo en que la vivienda  prestara servicio sigiloso o clandestino como casa de seguridad.

En esta casa de seguridad de Lacayo-Puentes, que ocupa una manzana rodeada  por un muro con vidrios rotos  pegados  con cemento en la parte superior, estaban alojados los equipos de tres salas de operaciones recuperadas mediante un operativo militar por el Frente Sandinista GPP, unos pocos meses antes, en el Hospital Bautista, en el casco urbano de Managua;  varias cajas con bazukas o lanzamorteros, una gran cantidad de fusiles, cajas de municiones, instrumentos para fabricar folletos sencillos con instrucciones para arme y desarme de fusiles como el Fal, Galil y Garand, más  centenares de banderas rojinegras, pañoletas  para los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, brazaletes  y banderas también rojinegras; inclusive en esa casa de seguridad se hicieron los mapas insurreccionales de Managua, parte de los cuales también encontró allí la Guardia Nacional somocista sanguinaria genocida.

Esta casa con patio amplio y gran cantidad de árboles, estaba cerca de la casa-finca de Alfonso González Pasos.  Sergio Lacayo no estaba. Tampoco su esposa Lucrecia Puentes López. Lucrecia Puentes había salido temprano en compañía de Carmen Chamorro, esposa de Alfonso González Pasos, a hacer gestiones profesionales en el Reparto Bolonia, en el casco urbano de Managua.

Quien estaba  era la trabajadora doméstica,  María del Socorro Pérez Sánchez (52 años actualmente), entonces muy joven.

Pérez Sánchez se ocupaba de hacer limpieza en la casa, del lavado y planchado de la ropa, cocinaba y cuidaba a dos niñas pequeñas, llamadas Laura y Mónica, entonces de tan sólo 12 y 10 años respectivamente. Estaba cocinando la comida, porque pronto serían las doce del día, cuando  por el portón, forzándolo, entraron unos 50 guardias y varios “orejas” de civil.  Las dos niñas se encerraron en la cocina y a la vez llamaron a su madre, Lucrecia, y le dijeron: “La guardia está entrando por el patio”.

“!Aquí es donde vive ese hijo de p… de Lacayo¡”, gritó uno de los “orejas” cuando ya invadían la vivienda. Por culatazos y patadas, los guardias tiraron al  piso de la vivienda a  María del Socorro, mientras las  dos niñas gritaban  por miedo.

“¿Por qué invaden  la casa de ese modo?”, preguntó  María del Socorro. “¿Dónde está Lacayo?”, le respondió  y al mismo tiempo le preguntó el que parecía ser el jefe de la pandilla de asesinos sanguinarios somocistas.

Pérez Sánchez  no sabe cómo se enteró un tío de las niñas acerca de que la Guardia Nacional tenía  invadida la vivienda de Sergio Lacayo.  Dichosamente, ese tío, un  chele alto “que tenía voz de mando”,  logró permiso de los guardias para llevarse a las niñas Laura y Mónica. María del Socorro  recuerda que pensó que la iban a matar.

La comida, o almuerzo, ya estaba hecha. “Probá vos esa comida, antes que nosotros la comamos”, le ordenó el jefe de la pandilla de guardias.

Acto seguido, la esposaron con los brazos  hacia la espalda. Ya esposada, la amarraron a un árbol de eucalipto que había en el patio. ¿Dónde están tus jefes?, le preguntaron otra vez, mientras le llovían  patadas, bofetadas y culatazos, y al mismo tiempo  los “orejas” de civil se afanaban en registrar todo, en poner “patas arriba” muebles, ropa, archivadores, gavetas de escritorios, ¡todo¡.

Encontraron, según María del Socorro Pérez Sánchez, telas que se usaban para fabricar banderas rojinegras  y otras prendas distintivas del Frente Sandinista clandestino, más las cajas de bazukas, varios fusiles automáticos y los tres equipos médico-quirúrgicos, que estaban destinados para organizar tres hospitales clandestinos en Managua, al momento de estallar la Insurrección Sandinista, u Ofensiva Final, en los primeros días de junio de 1979.

¿Quiénes se reúnen aquí?, ¿cuándo vienen?, ¿qué hacen cuando vienen?, ¿es cierto que aquí están todas las noches haciendo cosas para los “sandinistas-comunistas-terroristas?, ¿vos también participás en eso?

“Yo no sé nada”, respondía María del Socorro, “yo me dedico a hacer el trabajo que me han encargado mis patrones, que es limpiar, lavar, planchar y cuidar a las niñas”. Pérez Sánchez no era de Managua, adonde había llegado hacía muy poco tiempo  para trabajar en la casa del matrimonio Sergio Lacayo-Lucrecia Puentes, allí en la casona, en la orilla de la Laguna de Xiloá.

“Hablá…decí lo que sabés.  Alfonso González Pasos, el jefe de ustedes, ya está muerto…los matamos a todos…y aquí vamos a barrer también si es necesario”, la amenazó el supuesto jefe de la banda de sicarios del somocismo genocida.

“La verdad es que yo sí sabía que ahí se reunían de noche y en la madrugada numerosos jóvenes  con don Sergio, pero no iba a traicionar por doble razón, porque yo no delataba a mis empleadores y debido a que yo misma  no estaba de acuerdo con la represión de la dictadura somocista”, recuerda María del Socorro 35 años después.

Afirma que allí amarrada intentaron violarla varios de los guardias y “orejas”, y que como pudo pataleó y no dejó que la violaran.

“!Soy Ricardo Orúe…aquí los guardias nos traen a matarnos¡!”

Los guardias terminaron el cateo y el robo en la casa de Lacayo y de Lucrecia Puentes.  A María del Socorro Pérez Sánchez así como estaba esposada, con moretones y heridas por la paliza que le dieron, la montaron en uno de los jeeps BECATS, o Brigadas Antiterroristas del régimen sanguinario somocista genocida.  La encapucharon, según recuerda.

Al salir al camino macadanizado se formó una caravana con todos los jeeps BECATS que andaban los guardias. Pudo notar  que en varios de los jeeps andaban a jóvenes igualmente esposados, como iba ella.  No conocía Pérez Sánchez a ninguno de los capturados que andaban los guardias en los jeeps patrullas BECATS.

Relata Pérez Sánchez que enrumbaron hacia la Finca Margarita, por donde es hoy el Club Náutico Xiloá. Al llegar a la orilla de unos barrancos, la bajaron del jeeps y la colocaron en medio del camino. Le quitaron la capucha  para que viera  la nueva masacre que iban a ejecutar allí en ese lugar mencionado. También bajaron a tres o cuatro de los jóvenes  que andaban capturados y esposados.

¿Vas a decirnos dónde están tus jefes, quiénes se reúnen en esa casa y qué hacen allí?, la volvieron a interrogar. “Yo no sé nada”, les volvió a responder.

Uno de los supuestos jefes de la pandilla de asesinos obligó a los jóvenes a situarse al borde de un barranco. Fue entonces cuando se produjo un grito: “!Soy Ricardo Orúe… aquí los guardias nos traen a matarnos¡”,  y al instante el que parecía ser el jefe disparó una ráfaga con su fusil automático y los mató.  El jefe sanguinario ordenó a su tropa que lanzaran los cuerpos sin vida hacia la hondonada vertical, cuesta abajo, hacia las aguas de la Laguna de Xiloá.

“Así te va a ocurrir a vos si no hablás”, la volvió a  amenazar  mortalmente  el supuesto jefe de la banda de asesinos. Otro oficial de la Guardia Nacional le dijo a este siniestro personaje  que era evidente que María del Socorro Pérez Sánchez no sabía nada.

Esposada, la montaron  de nuevo en uno de los jeeps BCATS  y la condujeron  a una celda estrechísima y oscura de la Oficina de Seguridad (OSN) en la Loma de Tiscapa. Puesta allí la interrogaron y torturaron de día y de noche, hasta que se convencieron de que no sabía nada y la soltaron en los primeros días de junio de 1979.

Jorge Alberto Alemán Palacios señala  que en la entrada a esa Finca Margarita llegaban los guardias, “orejas” y agentes de la Oficina de Seguridad a matar  a supuestos enemigos del régimen somocista sanguinario, ya fuesen jóvenes, viejos, niños y hasta mujeres embarazadas, y precisamente sus cadáveres los tiraban a unos zanjones, “tal como hacían en la Cuesta del Plomo  o por la Escuela de Arte (Taller del Ferrocarril), en la orilla del Lago de Managua”.

En ese sitio, ubicado al Suroeste de la Laguna de Xiloá, fue como el matadero de seres humanos de la Guardia Nacional  y sus escuadrones de asesinos, y también botadero de cadáveres de  jóvenes y adultos que habían sido asesinados en otros lados. Esto indica  que allí, en Xiloá, era un  lugar  preferido para masacres permanentes de la Guardia Nacional en contra de nicaragüenses patriotas, especialmente en Managua.

Detalles en torno a las cuatro masacres

Al conocer al instante  que la Guardia Nacional sanguinaria y mortal  estaba matando a sus familiares en Xiloá  y que ellas mismas corrían peligro de muerte, Carmen Chamorro de González y Lucrecia Puentes López  fueron a asilarse en la Embajada de México, ubicada en esos momentos en el Reparto Las Colinas, en la Carretera a Masaya.

Además, la dirigencia del Frente Sandinista clandestino ordenó que también las dos niñas, Laura y Mónica, también fuesen llevadas a las Embajada de México, pues los sicarios somocistas genocidas  podían proceder a secuestrarlas o matarlas también.

Igual ocurrió al acontecer la Masacre de Batahola, pues muchos sobrevivientes se asilaron en las Embajadas de México y Venezuela, entre otros,  Santiago “Muerto” Núñez Solís.

Lucrecia Puentes López recuerda que fue Patricia Largaespada  quien llegó  jefeando una escuadra  del FSLN clandestino para entregarle a ella y a su marido Sergio Lacayo  “las tres salas de operaciones, o equipos quirúrgicos, recuperadas en el Hospital Bautista, para organizar y montar tres hospitales clandestinos al momento de la Insurrección Sandinista en Managua”.

Explosión estremece a Xiloá

Uno de los momentos más inolvidables  para todos  los Jefes Guerrilleros y Colaboradores en Xiloá  fue cuando a finales de abril de 1979 se produjo una poderosa explosión en el lado Noroeste de la Laguna de Xiloá, en pleno día, además, recuerda Lucrecia Puentes López.

Resulta que precisamente esa tarde Ricardo Orúe se había adentrado en la Laguna de Xiloá en un botecito o lancha pequeña, en compañía de su amigo el relojero. Ambos fueron al fondo Noroeste de la Laguna de Xiloá  para probar el explosivo  que habían fabricado, con la dirección profesional de Ricardo Orúe.

“La explosión fue de tal magnitud  que las ventanas de mi casa se sacudieron y se rompieron algunos vidrios, a pesar de que el sitio de la explosión estaba a casi dos kilómetros”, señala Lucrecia Puentes López.

Seguramente, la explosión no pasó desapercibida  para los oficiales de la Guardia Nacional que  estaban acantonados en la Hacienda Tamagás, y especialmente para los “orejas” de la Oficina de Seguridad  que activamente estaban espiando en todo el sector de Xiloá.

El mismo Ricardo Orúe llegó asustado a una de las casas de seguridad, y comentó: “Qué “cagada”… la bomba casi nos explota encima…fue demasiado rápida y potente la explosión. No esperábamos semejante explosión”, según oyó Puentes López.

“A ese paso nos van a descubrir a todos, y nos van a matar”, habría comentado por su lado Cristhian “Inca” Pérez Leiva, quien  virtualmente fungía como jefe de todo este operativo político militar clandestino del FSLN en Xiloá y en la Península de Chiltepe.

FSLN clandestino abusa de “semáforos” y pantallas

El mismo Cristhian Pérez Leiva indicaba  que gente  como Sergio Lacayo, Alfonso González Pasos, Carmen Chamorro de Pasos, Lucrecia Puentes López, y otros, les servían a él y a ellos, cuadros destacadísimos del Frente Sandinista todavía clandestino, “como “semáforos”, “como pantallas”, para fingir que no atentamos contra el régimen somocista sanguinario,   para desarrollar nuestro trabajo guerrillero clandestino, porque son profesionales muy distinguidos y respetados, difícilmente sospechar de ellos… nos han ayudado a cruzar retenes de la Guardia Nacional, nos han ayudado a pasar armas y explosivos  por esos retenes, pero a la vez el Frente Sandinista está abusando de esta situación, la que se nos puede volver muy peligrosa”, habría señalado insistentemente Cristhian Pérez Leiva, precisamente por no tomar  las precauciones extremas que se requerían en esos momentos de represión  mortal por parte de la Guardia Nacional sanguinaria genocida.

Personalmente, además, Cristhian Pérez Leiva, Omar Hassan Morales y Ricardo Orúe, con sus Colaboradores  respectivos, juntos y por separado al mismo tiempo hacían investigaciones en el terreno en las Zonas Suroccidental, Noroccidental, Oriental y Nororiental de Managua, para hacer los mapas militares de la Insurrección Sandinista, experimentaban fabricando explosivos, se les vio armando y desarmando los fusiles, examinando las municiones de los mismos fusiles,  practicando el funcionamiento de las bazukas recién obtenidas, experimentando sobre cómo se instalarían los Hospitales Clandestinos con los equipos quirúrgicos recuperados, supervisaban las elaboración de las banderas y pañoletas rojinegras, ellos mismos dibujaban sobre cómo armar y desarmar fusiles automáticos o de guerras, escribían los folletos con estas instrucciones, se dedicaban a imprimir esos folletos, tomaban fotos  para las mismas publicaciones clandestinas…

Tenían varios meses de estar trabajando clandestinamente en Xiloá. Se ocupaban de todo lo antes mencionado, e inclusive comían y dormían  en las casas de seguridad descubiertas por la Guardia Nacional sanguinaria genocida. Trabajaban de día y de noche. Ocasionalmente  laboraban en este afán insurreccional toda la noche y todo el día.

Bazukas les parecieron regalo de navideño a Laura

Una de las tantas anécdotas que recuerda Lucrecia Puentes López  fue cuando Cristhian Pérez Leiva llevó las cajas en que se alojaban las bazukas, lo cual ocurrió a finales de diciembre de 1978, después de la Insurrección de Septiembre de 1978.

Ocurrió que Laura, la niña de 14 años entonces, hija del matrimonio Lacayo-Puentes, creyó  que las cajas en que se alojaban las bazukas eran regalos navideños para ella.

En la casa de seguridad del matrimonio Sergio Lacayo-Lucrecia Puentes López se mantenían casi de forma permanente cinco personas totalmente desconocidas para ellos, que eran cuadros político-militares clandestinos.  Estas cinco personas tampoco estaban en esa vivienda el 12 de mayo de 1979.

Las cuatro masacres fueron ejecutadas  por la Guardia Nacional Sanguinaria en día sábado. Lucrecia Puentes López recuerda que el jueves en la noche,  10 de mayo de 1979, casi todo el grupo, en forma sigilosa, cenaron en su casa de seguridad allí en Xiloá.

Inclusive, Puentes recuerda que ese mismo jueves o el viernes 11 ella personalmente llevó pescado para el almuerzo del grupo de hombres y mujeres guerrilleros que estaban ubicados en las “casas gemelas”. “Yo llegaba en mi vehículo, hacía sonar el pito o claxon, y alguien salía. No era permitida la entrada a eses sitio”, cuenta Puentes López.

Operativo incendiario en “Casa Amarilla”

En un día de los meses finales de 1978 el Frente Sandinista clandestino desencadenó un operativo de incendio a prostíbulos de la Carretera Norte y Mercado Oriental, porque estos eran propiedad de conocidos oficiales de la Guardia Nacional. Ricardo Orúe, relata Puentes López, regresó a Xiloá profundamente impresionado  por  lo que habían expresado algunas prostitutas cuando las instalaciones de la “Casa Amarilla”, por ejemplo, ubicada en las cercanías de la Central de Policía, del Edificio Armando Guido hacia al Oeste, en la Calle paralela a la Carretera Norte. “Hermanitos…nos están quemando nuestro medio de vida, de donde sacamos la comida de nuestros hijos”, dijo una de las mujeres “trabajadoras del sexo”.

Hubo muchos momentos, y días, en que Ricardo Orúe y Cristhian Pérez Leiva, se hacían acompañar de las dos hijas (de 12 y 10 años apenas) del matrimonio de Sergio Lacayo y Lucrecia Puentes López, con el fin de fingir de que andaban actividades familiares.

Fingían jugar al pocker

“Hubo también algunos días y noches en que nos juntábamos con naipes en las manos, efectivamente jugábamos, para fingir, para encubrir las actividades clandestinas que hacíamos, especialmente para cubrir lo que hacían Cristhian Pérez Leiva, Omar Hasan Morales y Ricardo Orúe”, recuerda Lucrecia Puentes López, quien siempre tiene presente el hecho de que Omar Hasan Morales  con demasiada frecuencia andaba transportando a Pérez Leiva en su carro.  “Era un poco contrastante verlos juntos, pues Cristhian Pérez Leiva era un hombre muy alto, mientras Hassan era pequeño, fornido, fuerte y con voz de mando muy acentuada”, añade Puentes. A Ricardo Orúe lo describe como un hombre de regular tamaña, de físico y vestir elegante, porque, además, Ricardo tenía su empleo formal en Managua.

Era común  que Omar Hasan Morales llegaba a Xiloá y se regresaba generalmente el mismo día. Era el que menos se quedaba durmiendo en Xiloá.

Dice que no conoció a Bayardo Martínez. “A lo mejor sí, el problema es que en algunos casos no nos conocíamos, ni estaba permitido andar preguntando”, señala Puentes López.

La casona-finca de Alfonso González Pasos cambió de dueños y estuvo convertida en local de una fábrica de hielo. Después fue propiedad, según vecinos, de aquel italiano de apellido Bossi, que estuvo implicado en supuestos abusos a menores. Hoy tiene otros dueños, quienes no nos permitieron el ingreso a la vivienda.

En el caso de la vivienda del matrimonio Sergio Lacayo-Lucrecia Puentes López siguen habitándola. En el caso de las “casas gemelas” tampoco se pudo conocer quiénes son ahora los dueños.

Algunos de los sobrevivientes de estas masacres somocistas en Xiloá: Elia del Socorro Sánchez Centeno,  Jorge Alemán Palacios, María del Socorro Pérez Sánchez, Sergio Lacayo, Lucrecia Puentes, Carmen Chamorro de Pasos y Francisco Figueroa.

Fuentes documentales: Diario BARRICADA del 12 de mayo de 1980, “Memoria de Chiltepe”, de Luis Carrión Montoya; “Masacres somocistas”, de Pablo E. Barreto Pérez; “20 años cumplidos. Crónicas del Triunfo y dos Repliegues Tácticos del FSLN”, de Pablo E. Barreto Pérez.

Fuentes orales:  Lucrecia  Puentes López, Sergio Lacayo, María del Socorro Pérez Sánchez, Jorge Alemán Palacios, Elia del Socorro Sánchez Centeno y varios pobladores de “Bosques de Xiloá”  que prefieren el anonimato.

 

13 de junio de 1979

Masacre en  Colina 110 y “tierra arrasada” hacia la Catorce de Septiembre

*Fueron masacrados  por la GN sanguinaria dentro de la trinchera de combate en que estaban. A vivos y muertos les echaron una pala mecánica, y los lanzaron dentro de una zanja en la Colina 110

*Eran 45  los integrantes  de la “Columna Manuel Fernández Mora”, de los cuales sólo sobrevivieron ocho, según el testimonio de César “Chino” Ampié Rivas, el segundo jefe al mando  del Estado Mayor Conjunto del FSLN en este sector insurreccionado de Managua.

Manuel Fernández Mora, militante sandinista  clandestino, había caído  en abril de 1979

*Pablo Emilio Barreto Pérez

La “Columna Manuel Fernández Mora” estaba organizada en cuatro escuadras, e integrada por 45 Combatientes Populares, todos jovencitos, jefeados por Marvin “El Viejón” Úbeda Acuña (campesino jinotegano) y César “Chino” Ampié Rivas. Cada una de las escuadras tenía una función: organización de todos los hombres del Reparto Manuel Fernández Mora, aseguramiento táctico defensivo, francotiradores en sitios estratégicos y la del Puesto de Mando, o cuartel de  operaciones, ubicado en la nombrada Colina 110, situada exactamente al Sur del Reparto o Asentamiento Humano referido, en el extremo Oriente de Managua insurreccionada en ese momento  contra la dictadura somocista.

Esta Colina 110  era una elevación  de unos 100 metros de altura, amplia  y un poco boscosa, al Sur del entonces  Reparto Los Laureles (Asentamiento), hoy nombrado Reparto Manuel Fernández Mora.

La “Columna Manuel Fernández Mora” llegó a tener casi 60 integrantes en pleno comienzo de la Insurrección Sandinista en la Zona Oriental de  Managua, y de estos  sólo sobrevivieron 25, debido a esta Masacre monstruosa, ejecutada   por la Guardia Nacional.

El ocho de junio, igual que en San Judas, esta “Columna Manuel Fernández Mora”, insurrecciona  vecindarios  como Américas Uno, Américas Tres (Villa Revolución), Américas Cuatro, Reparto Los Laureles, Villa Flor y Colonia Cinco de Diciembre.

Los jefes militares de esta “Columna Manuel Fernández Mora” eran Marvin “Viejón” Úbeda Acuña (quien cayó en la masacre) y César Augusto “Chino” Ampié Rivas, quien labora actualmente en el Aeropuerto Augusto C. Sandino. Esta “Columna Manuel Fernández Mora” llegó a tener casi 60 Combatientes Populares, cuyo plan militar esencial era impedir, o contener la posibilidad de avance de la Guardia Nacional genocida  por este lado Oriental de Managua contra la Insurrección Sandinista, ya en pleno apogeo ese 13 de junio de 1979.

César Téllez Sánchez, uno de los jefes sobrevivientes, recuerda que estaban organizados  en columna desde mediados de 1978, y que   en  esos días  cae  César Cortez,  hijo de César Cortez Téllez (ya fallecido), periodista, que después del Triunfo de la Revolución llegó a tener  distintas responsabilidad importantes  en el gobierno revolucionario sandinista.

Después cae el  ocho de abril de 1979  el propio Manuel “Colina 110” Fernández Mora  y se le pone su nombre  a la columna. César Téllez Sánchez  recuerda  que  antes y durante  los primeros días de la Insurrección Sandinista eran atendidos  por Fernando López   y William “Juan Grande” Montalván, ambos de la Tendencia Guerra Popular Prolongada. Ambos encabezaban la Columna Ulises  Tapia Roa.

Añade Sánchez Téllez  que en los primeros meses de 1979  en casas de seguridad y sitios clandestinos  fabricaban centenares de bombas de contacto diariamente. También efectuaban operativos de recuperación de armas, de dinero  y  tenían su propio sistema de seguridad. Ya en abril de 1979  tenían coordinación  con equipos de las Tendencias Proletaria y Terceristas, entre otros con César Augusto Silva, Humberto del Palacio González, José Ángel Benavidez  y Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz.

Fue conocido  inclusive  que  antes de mayo de 1979, esta Columna Manuel Fernández  Mora  hizo recuperaciones de dinero en  negocios  de la Rotonda de Bello Horizonte, en la Clínica Santa María  (ubicada  en el Sureste de Ciudad Jardín, donde, de manera casual  se les incendió   un automóvil con 100, 000  córdobas  recién recuperados  en operativos militares clandestinos y  relámpagos.

Sus integrantes también hostigaron en varias ocasiones  la Treceava Sección de Policía (“Sierra 13”, en el costado Oeste del Cementerio Oriental), en la que estaba  Alberto “Macho Negro” Gutiérrez, feroz asesino y torturador de la Guardia Nacional  somocista.

El ocho de junio de 1979, un día antes de que la Insurrección se generalizara, los Jefes  y Combatientes Populares de la Columna  Manuel Fernández Mora, en compañía de pobladores  del vecindario, habían construido barricadas  en todas las entradas al Reparto Los Laureles, para  lo cual habían utilizado  vehículos, troncos de árboles, piedras; tenían organizados tres “puestos de mando”  en  la Cañada, donde el compañero Jáen, donde Shano y Shana, y un mando central en la Colina 110, bautizada  así  en homenaje  al seudónimo “Colina 110”.

El mando  de la Guardia Nacional  y la Oficina de Seguridad (OSN), ambas somocistas  y genocidas, tenían pleno conocimiento por medio de  su “oreja” Leonel Cortez,  de que  en este Reparto Los Laureles  esta  organizada esta  Columna Manuel Fernández, y que ya tenían organizada  la resistencia  militar  en caso de que  la soldadesca  morfinómana se presentara a agredirlos.

Debido  a esto, mucho antes del nueve de junio de 1979, la GN desató  bombardeo aéreo constante  contra  la población civil, organizada  también en Comités de Defensa Civil, y que procuraba  conseguir  comida, medicinas, ropa  y pasadizos clandestinos, para Jefes Guerrilleros, Combatientes  Populares  y pobladores implicados  en la Insurrección Sandinista, la cual comenzó  el cuatro de junio  en estos sector de Reparto Los Laureles, Américas Tres, Américas Cuatro, Américas Uno  y Colonia Primero de Mayo.

Debido a este bombardeo aéreo constante, los integrantes de la Columna Manuel Fernández  Mora  se vieron obligados a trasladar  a la mayoría de la población civil a refugiarse en el local de la Cruz Roja, y otros sitios adecuados  para tal fin, mientras los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, medianamente entrenados y con muy pocas armas de guerra, o fusiles automáticos (la mayoría andaba con  escopetas  y pistolas), hicieron una especie de anillo militar en torno  al Barrio Los Laureles, con los “puestos de mando  mencionados arriba”

Desde la Colina 110 se observaba, con binoculares, casi todo el movimiento militar que tenía la Guardia Nacional en el Aeropuerto Las Mercedes (Carretera Norte o Panamericana) y en la Fuerza Aérea Nacional somocista. Inclusive, hubo un proyecto de la Tendencia Tercerista del FSLN de irse a tomar las instalaciones del Aeropuerto cuando explotara la Insurrección Sandinista en Managua, pero se abandonó por considerarlo peligroso, sin posibilidades de éxito, por la enorme cantidad de guardias y armamentos pesados, y porque el terreno es demasiado plano.

Esta “Columna Manuel Fernández Mora” inclusive tenía un plan de retirada hacia el Sur, en caso de que fuera descubierta u obligada por una ofensiva militar de la Guardia Nacional y de los “orejas” de la Oficina de Seguridad (OSN), encabezados  por Leonel Cortez, quien era  soldado de la Escuela de Entrenamiento Básico (EEBI)  y agente de la Oficina de Seguridad y al mismo tiempo  hijo de los propietarios  de las tierras en que ya se ubicaba  el Reparto Los Laureles  y hacia la Comarca Sabana Grande.

Tal como estaba previsto  por jefes insurreccionales del Estado Mayor General del Frente Interno  Ulises Tapia Roa (integrado por los Comandantes Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra Lacayo), el 13 de junio, desde muy de la mañana,  la Guardia Nacional  con sus “orejas”, “soplones” (espías voluntarios), miembros de “escuadrones de la muerte” y “jueces de mesta”, lanza desde la Comarca Sabana Grande, ubicada al Este del Reparto Manuel Fernández Mora,  una ofensiva militar enorme, con el fin de desarticular la Insurrección Sandinista de la Zona Oriental de Managua, y con el fin, por supuesto, de eliminar a estos Combatientes Populares del Reparto Los Laureles Norte.

Esta  operación  militar  de  gran envergadura  de la Guardia Nacional  estaba enmarcada  en lo que los mandos  criminales de la GN  denominaban “operación limpieza”, que era como “tierra arrasada”, es  decir, matar  gente, animales  de todo tipo, robar  y destruir  todo a su paso.

El estimado de  sobrevivientes de la Masacre de la Colina 110, entre otros: César Ampié Rivas y César Téllez Sánchez,  es que la Guardia Nacional lanzó desde la Comarca Sabana Grande (ubicada unos cinco kilómetros al Este, por un camino de tierra entonces) un contingente de aproximadamente 400 guardias   nacionales y del CONDECA, y “orejas” de la Oficina de Seguridad, con un convoy de siete camiones de la Acción Cívica GN, dos tanquetas, varias ametralladoras calibre 50 emplazadas en la parte superior de los camiones mencionados, centenares de fusiles automáticos (algunos guardias portaban dos fusiles cada uno), decenas de miles de balas, una pala mecánica para destruir barricadas y tapar zanjas o trincheras de combate, radiocomunicadores y hasta bazukas o lanzamorteros portátiles  más apoyo de la aviación FAN:  varios  push  and pull, el “Dundo Ulalio” artillado  con una ametralladora calibre 50  y un T-33  lanza  morteros.

Mientras tanto, los Jefes  Guerrilleros y Combatientes Populares   sólo contaban con  las armas de cacería mencionadas: escopetas, rifles 30-30 y 22, pistolas y revólveres. “El único fusil  automático que teníamos al inicio se lo llevó  un compañero  combatiente hacia  otro rumbo”, recuerda César Téllez Sánchez.

César Augusto “Chino” Ampié Rivas, César  Téllez Sánchez  y otros testigos presenciales  indican  que los guardias  fueron guiados  personalmente   por Leonel Cortez (era teniente de la EEBI), quien residía  en  el Reparto Los Laureles  con su familia de terratenientes  y demás  pipitos  orejas de la Oficina de Seguridad y de la Guardia Nacional.

Guardias masacran a familia Castillo

Antes, el  día anterior,  12, estos mismos  combatientes  de la Columna Manuel Fernández  Mora habían chocado  contra cinco BECATS  por el lado  de la Sur Colonia Primero de Mayo. Logran hacerle varias bajas  a los  guardias. César Téllez Sánchez  y Carlos “El Mono” Juárez  Cruz  se escapan  en una motocicleta, y para no ser atrapados juntos, se separan. Juárez  Cruz  entra  a una casa de la familia Castillo  y hasta allí legan los guardias, lo matan a él y a toda la familia. Los cadáveres fueron sepultados  allí mismo en el patio de la vivienda.

Uno de los Combatientes Populares y varios pobladores llevaron el aviso, a eso de las diez de la mañana  de ese  13 de junio, de que el contingente de guardias avanzaba por el Camino Viejo de Sabana Grande, y que además había hecho el giro un poco al Sur, hacia los caminos que llevan al Reparto Laureles Norte. El mando militar de la Columna Manuel Fernández Mora  dispuso, entonces, que los pobladores  del Barrio, especialmente  mujeres, niños y ancianos, fueran evacuados  todos hacia los lados de Villa Libertad, Américas Cuatro, Américas Tres  y Américas Uno.

Rodeados y rotas las defensas por la avalancha de sicarios somocistas

Los relatos de sobrevivientes de esta Masacre de la Colina 110 indican que cuando se percataron los Combatientes Populares, decenas de guardias ya tenían virtualmente rodeado el Reparto Manuel Fernández  Mora  más o menos a las doce del día, y que además ya también tenían colocados francotiradores por los cuatro costados.

César Téllez Sánchez, uno de los jefes de la “Columna Manuel Fernández Mora” y sobreviviente de esta masacre,  señala que los guardias como en avalancha rompieron las  defensas que los Combatientes Populares tenían en “La Cañada” y también un puesto de observación en la casa de Fanor Jáen.  Por el lado Sureste, la soldadesca morfinómana  logra  capturar al Combatiente Popular   Ernesto Pérez  Briones, a quien torturan salvajemente  y como  no les  dice  nada, entonces  lo rafaguean  y al final  le clavan una estaca  en la garganta.

Casi al mismo tiempo, cuando el contingente de  guardias va entrando  por el lado  Norte, Manuel “Válvula Quemada”  Gutiérrez, con su escopeta de mazorca  sorprende  a los soldados  y les causa numerosas bajas  antes de que el grueso  de la invasores se apodere del Barrio Manuel Fernández Mora.

Después de esto, les tendieron el cerco por el frente, por los lados derecho e izquierdo, “pero nadie creía que ya los guardias estaban a una cuadra, y subiendo la pendiente”, rumbo a la Colina 110, recuerda Téllez Sánchez.

Casi al mismo tiempo, cuando se enteran plenamente de esta situación militar, aparecen de  nuevo en el horizonte cuatro aviones Push and Pull, el “Dundo Ulalio” (avión viejo  con ametralladora calibre 50  emplazada hacia abajo)  y el Jet T33, y de inmediato les bombardean las trincheras que tienen en la propia Colina 110 y en otros sitios, lo cual indica que los guardias y pilotos hasta coordenadas precisas tenían de esas ubicaciones, nuevamente gracias a los despreciables “orejas”, “soplones” y miembros de los “escuadrones de la muerte”, del vecindario, entre otros, los Corteces.

Los aviones pasaban rasitos descargando las bombas, lo cual obligó a los Combatientes Populares a permanecer dentro de las trincheras de combate y detrás de las barricadas que habían hecho. Los casi 60 Combatientes Populares quedaron prácticamente inmovilizados.

Precisamente, estos momentos de desconcierto, provocados por el bombardeo aéreo intenso, sin cesar, fueron aprovechados por el contingente de unos 400 guardias y “orejas”  para avanzar rápido con las tanquetas, fusilería y ametralladoras montadas en jeepones.

Todo fue muy rápido. Los pilotos somocistas genocidas, al parecer con un plan cuidadosamente elaborado, cuando ya se les  acabó la carga de morteros y balas, siguieron bajando en “picada” hacia las trincheras de combate en la Colina 110, en simulacro de que iban a seguir tirando bombas, para que los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares permanecieran inmóviles dentro de ellas. Estas trincheras de combate, zanjas,  estaban cubiertas con piedra cantera, tablas y láminas de cinz, todo lo cual era parte de la vulnerabilidad que tenían como Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros.

En medio de esta situación mortal, el compañero Franklin “Negro” Hogson se las jugó  deslizándose  como felino veloz  por los barrancos  de la Colina 110 y disparándole  a cuanto guardia se acercaba. Eliminó  por lo menos  a unos 20 guardias   antes de que lo mataran a él, rememora  César Téllez Sánchez.

Los masacran en la propia Colina 110

Los guardias por montones y con una enorme cantidad de  fusiles automáticos, varias ametralladoras calibre 50, las dos tanquetas,  y la retroexcavadora, o pala mecánica cerca, les fueron formando un anillo y subieron hasta estar a escasos 15 metros de las trincheras de combate, desde donde abrieron fuego nutridísimo contra todos los Combatientes Populares que estaban fuera de las trincheras de combate.

Se entabló un combate feroz, en desventaja  total  para los pocos Combatientes Populares que estaban fuera de las trincheras de combate,  veloz, casi cuerpo a cuerpo, entre otros,  Marvin “Viejón” Úbeda Acuña, quien cae en ese instante abatido a balazos.

Fueron precisamente los Combatientes Populares que estaban fuera de las trincheras, quienes retrocedieron disparando sus armas de cacería y arrastrando algunos heridos, los que lograron salvarse de la bestial masacre  somocista genocida.

César Téllez  Sánchez  recuerda  que uno de los  heridos graves (desconocido)  era  cargado por él, y que aún  así  tuvo  que correr  en “zigzag”  para  evadir  la lluvia de balazos  que los guardias seguían  disparando  contra los sobrevivientes  que iban en retirada  desesperada.

Fueron a salir  rumbo  a callejones y caminos  hacia “Los Corteces”. Téllez  Sánchez  recuerda  que lo más desesperante  para él  fue que  pidió  ayuda  en casas y en la iglesia  para atender  al herido, que llevaba casi desprendido un brazo, “pero nadie me quiso ayudar. Se desangró y murió en mis manos”.

El resto de Combatientes Populares, 35 en total, fueron masacrados con ráfagas de fusiles y ametralladoras hacia las trincheras de combate, e inmediatamente detrás, en segundos, el operador de la pala mecánica, también asesino genocida, arrancó grandes cantidades de tierra de la Colina 110 y las lanzó sobre los cuerpos ensangrentados, algunos todavía con vida, dentro de las zanjas.

No les bastó echar la tierra encima de los cuerpos que estaban dentro de la zanja, sino que la pala mecánica fue pasada encima de donde estuvo la zanja, para que quedara  compactada la tierra, como quien dice, “para que no vayan a salirse de aquí”. Los cuerpos de los 35  jóvenes, ocho de ellos desconocidos  hasta el momento,   quedaron “compactados” por la pala mecánica.

De acuerdo con César Téllez  Sánchez, 20  están plenamente identificados. El resto quedaron como desconocidos, incluyendo  al herido  grave que iba  cargado Téllez   Sánchez  cuando iban en retirada desesperada.

Los sobrevivientes  al momento de la masacre, en la zanja o trinchera de combate, es decir, los que logran  retirarse  disparando  sus armas de cacería, fueron:  César  Augusto “Chino”  Ampié  Rivas, los hermanos César  y Javier Téllez  Sánchez,  Miguel “Manito”,   Juan “Chom”  López c.,   Marvin “Válvula Quemada”  Gutiérrez  López,  José Dionisio  “Chele” Guerrero, Carlos “Papita” Acosta  y Eduardo Julio Areas.

De acuerdo con la versión del libro “Colina 110, Insurrección Los Laureles y Masacre GN”, la Columna “Manuel Fernández Mora” la integraban:

Marvin “Viejón” Úbeda Acuña, César “Chino” Ampié Rivas, Ernesto “Tito” Sánchez,  Carlos “Monito” Juárez Cruz, Lorenzo “Lencho Canilla” García,  Raúl “Marcos” Rivas Quintero, César “Mou” Téllez Sánchez, Antonio “Chino Cebolla” Cruz Gómez, Ángel “Cara de Piña” Cruz, Javier “Chintano” Martínez, Germán “Perro Mocho” Miranda Toledo,  Saturnino “Mimado” Ortiz, Víctor “Pelón” Osorio, Carlos “Carlos Tico” Tuco, Ricardo “Flaco” Flores, Omar “Judito” Téllez Sánchez,  Leonardo  Juan  Chom” López, Denis Dionisio “Chele” Guerrero, , Leonardo “Purito” Cabrales, Ernesto “Pata de Chicle” Pérez Briones, Javier “Ñato” Téllez Sánchez, José Hildebrando  “Shaquespeare” Sancho,  José Félix “Frijol” Bracamonte, Ramón “Manchón” Martínez,  Héctor “Retoita” Martínez, Carlos “Tusa” Acosta,  “Papita”, Marvin “Válvula Quemada” Gutiérrez,  Miguel “Manito”, William “El Guerrillero”, Walter “El Guerrillero”, Guátemoc “El Muco” Martínez, José Luis “El Joe” Martínez, Mario “Mario Loco” Martínez, Wilfredo Mendoza, Heberto Bonilla,  “Sapo Tuerto”,  Carlos “Meón” Vanegas, Raúl “Gato” Vanegas, Marvin “Tribilin” Vanegas, Orlando Cuéllar, Javier “Pato” Taleno, Julio Acuña Martínez, Milton “Panzón” Lezama, José “Chema” Quintero, Eduardo Julio  Arias Aguilar, Octavio “Chibolón” Pérez,  Ricardo “El Barbudo” Morales,  Ezequiel “El Canoso” Díaz,   más los colaboradores:  Salomón Monge,  Petronila Obando  y Óscar Téllez  López, quienes eran propietarios de casas de seguridad  para Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares..

Listado de caídos aquel 13 de junio de  1979

Marvin “Viejón” Úbeda Acuña, Ernesto “Tito”-“Cara de Vaca” Sánchez, Carlos “El Monito” Juárez Cruz, Lorenzo “Lencho Calilla” García, Nordia Ester “La Esteliana” González Hidalgo, Franklin “El Negro Hogson”, Martín Vargas (era un niño de 13 años), Ernesto “Pata de Chicle” Pérez Briones, Elizabeth “La Jinotegana” Méndez, Antonio “Chino Cebolla” Cruz Gómez,  Germán “Perro Mocho” Miranda Toledo, Sergio “Mimado” López O., Francisco Javier Cerda, Saturnino “El Mimado” Ortiz,  Ricardo Flores Rayo,  Carlos “Tuco” Pérez, Sebastián “El Dormido” Ríos,  Víctor “El Pelón” Osorio Meneses,   Óscar Omar “Judito” Téllez Sánchez,  José Hildebrando “Shaquespeare” Sancho .

En este listado  hay 20, y según el registro de César Téllez Sánchez,   todos están sepultados  en la Colina 110, más los Combatientes  Populares desconocidos, caídos  en esta misma Masacre del 13 de junio de 1979.  Los  desconocidos son 15, igualmente sepultados en la Colina 110.

César Téllez Sánchez  asegura que los muertos o caídos  en este sitio oriental de Managua   fueron 15 de ellos desconocidos  (porque eran de otros vecindarios de Managua), y 20  oficialmente enlistados    por la Asociación de Combatientes Históricos  y la Asociación de  Madres de Héroes y Mártires  del Barrio Manuel Fernández Mora (antes Laureles Norte).

Sin embargo, en ese listado   aparecen  20, según el listado  expuesto aquí  y cotejado  con César “El Chino” Ampié  Rivas y César Téllez  Sánchez.  César “Chino”  Ampié Rivas  era el segundo jefe de esta Columna Manuel Fernández Mora; el primer jefe  era  Marvin “Viejón” Úbeda Acuña (campesino jinotegano), y César Téllez  Sánchez  uno de los jefes de escuadras.

En los primeros días del mes de abril de 1979  había caído  Manuel Fernández Mora, uno de los fundadores de esta  Columna Manuel Fernández.

Sobrevivientes

Los  testimonios del “Chino”  Ampié Rivas y César Téllez Sánchez  indican que los sobrevivientes de  esta Masacre de la Colina 110  fueron, entre  otros:

Gustavo García Núñez y Carlos José  Portillo, caídos ambos después  en la década del 80; César “Chino”  Ampié Rivas, César Téllez Sánchez, Javier Téllez Sánchez, Marvin “Válvula Quemada” García, Raúl “Marcos” Vivas Quinteros, Leonardo “Julián Chan”  López, Ángel “Cara de Piña”  Cruz, Javier “Chintano” Martínez,  José Dionisio “Chele Guerrero”  Osorio (quedó lisiado), Carlos “Tuza”  Acosta (lisiado), Miguel “Manitos”, herido grave, no se conocen los apellidos;  “El Muco” Martínez, José Luis “El Mou” Martínez, Mario Martínez, José “El Chema”  Rivas Quinteros,  Milton “El Panza” Lezama, Javier “El Pato”   Taleno  y los tres hermanos  Marvin y dos más, apodados  “Tribilines”  y “Gatos”.

También se consideran sobrevivientes de esta Masacre de la Colina 110  el doctor Julio Acuña, responsable actual de Partidor Políticos en el Consejo Supremo Electoral,   pues su tendencia  del FSLN lo había asignado  a integrarse  en esta Columna Manuel Fernández  Mora esa misma mañana del 13 de junio, pero a la vez lo desviaron a cumplir otras tareas  militares en  rumbo al Aeropuerto Las Mercedes  (hoy Sandino)  y Juan Carlos Soza Aragón, quien igualmente  fue enviado a  otras misiones  combativas  el 12 de junio  en la y tarde. Soza Aragón es actualmente  el vicepresidente  nacional de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos  Carlos Fonseca Amador.

“Operación limpieza” o “tierra arrasada”  hacia el Oeste

Por supuesto, este contingente de guardias sembró el terror en el caserío del “Asentamiento Manuel Fernández Mora”, entonces llamado “Reparto Los Laureles Norte”, a cuyos pobladores acusaron insistentemente de “cómplices de los sandino-comunistas-terroristas”.

Este contingente de guardias sanguinarios era parte de la ofensiva enorme desatada por la Guardia Nacional y la Escuela de Entrenamiento Básico (EEBI) desde el día anterior, 12. El plan de los oficiales GN era de “operación limpieza” y  de “tierra arrasada” le llamaron descaradamente por la radio de la Central de Policía, donde quien coordinaba a esta pandilla de asesinos era el esbirro coronel Nicolás Valle Salinas.

Este jefe GN Valle Salinas sanguinario se ufanaba mediante el sistema de radiocomunicaciones de la Guardia Nacional, repitiendo con insistencia malvada: “Tenemos armas y municiones para combatir 100 años, si queremos”.

Después de masacrar a los Combatientes de la “Columna Manuel Fernández Mora”, el alto mando de la Guardia Nacional hizo girar el convoy de gendarmes un poco al Oeste y se lanzaron contra pobladores insurrectos de la Colonia Villa Libertad, donde efectivamente desataron la llamada “operación limpieza” y “tierra arrasada”, calle por calle, casa por casa..

En apoyo militar a la “Columna Manuel Fernández  Mora”, Sergio “Marcio 13” Gómez Vargas, jefe del Frente de Guerra Sandinista en la Zona de las Colonias Nicarao, Catorce de Septiembre, Don Bosco, por ejemplo, envió una columna pequeña, de 12 Combatientes Populares,  hacia donde se estaba produciendo la masacre ejecutada por la Guardia Nacional en el Reparto Los Laureles.

Esta columna estaba integrada, entre otros, por: Humberto “Cucharita” del Palacios González, Douglas “Domingo” López Niño, Ernesto Cerna, “Domingo”, “Carmen” y “Damián”, quien era entrenado en manejar bazukas RPG-2 y portaba una en ese momento.

Palacios González y López Niño eran miembros del Estado Mayor FSLN de la Tendencia Proletaria en Managua, y  subordinados militarmente de Sergio “Marcio 13” Gómez Vargas.

Guerrilla móvil contra “tierra arrasada”

También acudieron en auxilio de la “Columna Manuel Fernández Mora ” los miembros de la “Columna Juan de Dios Muñoz”,  jefeada inicialmente por Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz y como segundo jefe José Ángel  Benavídez; la cual todavía operaba militarmente en el Frente de Guerra, o Sector, del Barrio La Fuente, Asentamiento Isabel Urbina,  hasta el fondo del Reparto Schick Gutiérrez; la Columna de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares “Jorge Navarro” que jefeaba también José Ángel Benavidez desde las Colonias  Américas Uno, Primero de Mayo y Jardines de Veracruz hasta la orilla Este de la Colonia Catorce de Septiembre.

Los integrantes de la escuadra de  Palacios González lograron llegar hasta los alrededores, muy cerca de la Colina 110, y se ubicaron emboscados en uno de los callejones de Villa Libertad. Un poco después de las dos de la tarde, el convoy de centenares de guardias, continuó su marcha de “tierra arrasada” por dentro de Villa Libertad, vecindario contiguo al Reparto Los Laureles (“Manuel Fernández Mora”).

La pretensión de la columna pequeña de Humberto del Palacios González y Douglas “Domingo” López Niño era hacer una emboscada fugaz, violenta, rápida, a la “avanzada” de guardias asesinos, y al mismo tiempo emprender veloz retirada hacia la Colonia Américas Cuatro, situada, colindante, al Oeste de Villa Libertad.

Pretendían destruir  al menos una de las dos tanquetas y la pala mecánica con los morteros de la Bazuka. Pero los “orejas” y “soplones” despreciables no faltaban en estos sectores de clase media, y le informaron a los guardias que los Guerrilleros y Combatientes Populares estaban emboscados, y dichosamente los medios de inteligencia de la columna también detectaron que los habían delatado y se retiraron  a tiempo.

Entonces, coordinaron con los integrantes de las Columnas “Juan de Dios Muñoz”, la “ Jorge Navarro” de José Ángel Benavidez y otros grupos de Combatientes Populares de las Colonias Américas Cuatro y Primero de Mayo, coordinados por Augusto César “Moisés” Silva, para hacerle guerra de guerrillas al contingente de guardias asesinos que llevaban la orden de “tierra arrasada”, “arrase” que no pudieron hacer los guardias en Villa Libertad, ni en Américas Cuatro, ni en la Primero de Mayo, porque estos grupos de Jefes Guerrilleros  y Combatientes Populares los iban hostigando, les ofrecían combates relámpagos y desaparecían por entre los callejones, patios, por encima de las casas, o por zanjones dentro de los mismos vecindarios.

El contingente de sicarios del somocismo genocida era muy grande y con enorme poder de fuego de fusiles y artillería pesada, como para ofrecerles combate sostenido por parte de estas columnas y escuadras que habían estrechado la cooperación militar desde Villa Libertad hasta la Colonia Primero de Mayo, pasando también por Villa Flor y Villa Sabana, todo el Reparto Schick Gutiérrez, el Barrio “Isabel Urbina” (Pablo Úbeda-Adolfo Reyes) y Asentamiento “La Fuente” (Ariel Darce Rivera). Las columnas y escuadras jefeadas por César Augusto “Moisés” Silva también vienen de retroceso, combatiendo, haciendo guerrilla,  contra la ofensiva de la Guardia Nacional.

Los guardias vienen derrumbando barricadas, matando a gente “sospechosa” de colaborar con los Combatientes Populares, destruyendo trincheras de combates con la pala mecánica, capturando a mujeres y niños que traen como rehenes, para garantizarse que los Combatientes Populares no los ataquen de frente y sembrando terror a su paso.

Este movimiento de combates rápidos, ya de casi un centenar de Combatientes Populares, finalmente llega al Reparto Jardines de Veracruz, situado contiguo al Asentamiento Santa Emilia (hoy Omar Torrijos Herrera), y ya enfrente, al lado Norte de la Pista Sabana Grande, está el Reparto Rubenia. Pegada  a Santa Emilia, por el lado Oeste, está la Colonia Catorce de Septiembre.

En ese trajinar heroico vienen los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares cuando entran a una casa del centro del Reparto  Jardines de Veracruz y se encuentran con que están dentro de ella decenas de sicarios de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI), al parecer en “descanso” o esperando algún momento para ir a matar más ciudadanos en las calles de Managua.

Se produce un combate rápido, y los Combatientes sandinistas salen ilesos de allí, pero no así al llegar a un alambrado de púas que hay colocado en un sitio entre dos calles, una de Jardines de Veracruz y la otra del Barrio Santa Emilia. En el alambrado se enreda “El Taxista” (Combatiente Popular que viene combatiendo) y ahí lo matan con una ráfaga de tiros.

El “Chele” Zepeda está ubicado como francotirador de estas escuadras móviles en una casa del costado Sur del Reparto Rubenia, por donde los guardias sanguinarios vienen avanzando.

Ya es de nochecita, tal vez las seis y media de la tarde de ese  miércoles 13 de junio de 1979. El contingente de guardias llega hasta donde es hoy TELCOR o ENITEL, ubicado al Suroeste de Jardines de Veracruz,  al Sureste de Santa Emilia (Omar Torrijos Herrera) y al Suroeste de las casas de la Colonia Catorce de Septiembre, una de las más rebeldes en la Zona Oriental de Managua.

Los guardias se instalan allí en una especie de campamento, como en círculo, colocan cinco ametralladoras (montadas en jeepones) con los calibres hacia las boca calles de los tres vecindarios, colocan  numerosos hombres, con dos fusiles cada uno en las manos, en todas estas esquinas, sitúan en medio del círculo las dos tanquetas,  la pala mecánica y todos los camiones del convoy, y también sitúan francotiradores en el árbol de ceibo, en los muros y techos aledaños. Apagan los motores de las tanquetas, de la pala mecánica y de todos los vehículos.

Los guardias en ofensiva llegan también hasta la entrada Norte del Reparto Jardines de Veracruz, donde instalan un campamento GN en el parque infantil del vecindario, ubicado al frente de la Pista Sabana Grande y el lado Sur de Rubenia, por donde está ubicado el “Chele” Zepeda.

Situación militar similar ocurre con otro contingente de guardias que vienen ejecutando “tierra arrasada” (nuevamente, ya lo habían hecho el nueve de junio) del Este al Oeste del Reparto Schick Gutiérrez, y se habían instalado en el predio en que estaba instalado un monumento a René Schick Gutiérrez. Prácticamente todos los Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros de este Frente de Guerra Insurreccional  también han retrocedido, y están ya unidos a los Combatientes Populares, jefeados por Sergio “Marcio 13” Gómez Vargas en los sectores aledaños de la Colonia Nicarao.

Mientras tanto, la columna mencionada de Humberto del Palacios González y Douglas López Niño, deciden quedarse en una casa de seguridad del Frente Sandinista de la Colonia Catorce de Septiembre, muy cerca de donde estaban los guardias instalados en el predio mencionado.

El 12 de junio, al siguiente día de la destrucción total de la “Sierra 13” (“Treceava Sección de Policía, de “Macho Negro”, la Guardia Nacional había doblado o triplicado su cantidad de tropas y equipos artilleros pesados en todo Managua, de forma fija y móvil, más la colocación de centenares de francotiradores en edificios y árboles altos, que ese 13 de junio ya estaban matando o masacrando a mucha gente inocente, especialmente, como había ocurrido ya con el niño Poesí, en Bello Horizonte.

Francotirador genocida   bajado a tiros

Ocurrieron hechos realmente curiosos en este  enfrentamiento insurreccional del Frente Sandinista contra el enorme aparato opresor del somocismo genocida. Resulta que esta columna mencionada de Palacios González, combativa, móvil, ofensiva y defensiva, decide quedarse en esa casa de la Colonia Catorce de Septiembre.

Ya estaba bastante oscuro, y además, el tirano  Anastasio Somoza Debayle había mandado a suspender o cortar la luz eléctrica. “Carmen”, una de las integrantes de la columna, tuvo urgencia de salir al patio para hacer sus necesidades fisiológicas. Llevaba su escopeta semiautomática cargada de tiros y “bala en boca”.

Oyó un ruidito, como de alguien que se deslizaba desde arriba del árbol de almendras hacia abajo. Se quedó quieta en la oscuridad, observando hacia la cumbre del árbol. Su sorpresa fue grande  al ver que del árbol bajaba un francotirador de la Guardia Nacional, con un fusil dotado de mira telescópica y un silenciador.

Al parecer, el francotirador decidió bajarse e irse porque ya era de noche. Antes que alcanzara el suelo, “Carmen” le disparó la escopeta y el sujeto cayó moribundo al suelo, donde confirmaron que se trataba de un francotirador de la Guardia Nacional.

Es decir, se fueron a ubicar en una casa y patio que ya había sido invadida por francotiradores somocistas genocidas. Esto, al parecer, les permitió al contingente de guardias tener ubicado al grupo de Combatientes Populares en esa casa de la Colonia Catorce de Septiembre.  Del Palacios González envió un correo, o enlace, para que el Estado Mayor del Frente de Guerra, jefeado por Sergio Gómez Vargas, se enterara de lo que ya estaba pasando militarmente con la presencia del contingente de guardias al borde de la Colonia Catorce de Septiembre, y dónde estaban ubicados estos Combatientes Populares, los cuales son atacados con cañonazos de tanques muy de mañanita del 14 de junio de 1979.

Las Columnas de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares de la Columna “Jorge Navarro” de José Ángel Benavidez y la “Juan de Dios Muñoz”,  jefeada  por Ramón Cabrales Aráuz, en su repliegue finalmente se detienen y se instalan en dos casas esquineras de la Colonia Catorce de Septiembre, exactamente del semáforo del cruce de Rubenia unos cuantos metros al Este, en la orilla  de la Pista Sabana Grande. En una de estas casas de seguridad, el FSLN clandestino tiene un taller de reparación de armas de guerra y de cacería.

En aquel día 14 de junio de 1979, aquella Guardia Nacional sanguinaria continuó con las masacres del Kilocho Sur y la de Batahola el 15, al siguiente día, más la continuidad de la masacre de toda la Ciudad de Managua   con el lanzamiento de miles de bombas desde aviones push and pull y helicópteros.

Fundación Colina  110  con personería  jurídica  otorgada por la Asamblea Nacional

La Colina 110, un cerro de unos 200 metros cuadrados, fue partido   por la mitad  en la década del 80 para que en medio cruzara  una calle  cuando era el ministro de la Junta de Reconstrucción de Managua, el ingeniero Samuel Santos López. Sobrevivientes de esta Masacre de la Colina 110, las Madres de Héroes y Mártires de esta misma Colina 110  y pobladores sandinistas, se opusieron entonces  a que el cerro  fuese destruido, y juntaron esfuerzos  comunitarios  y pidieron ayuda para construir  un monumento  grande, en homenaje   a estos  caídos  en esa elevación  geológica  del Reparto Los Laureles, hoy conocido como Reparto Manuel Fernández Mora.

Durante los 19  años de embates  de  gobiernos neoliberales-conservadores-somocistas, los gobernantes  y sus mercenarios pretendieron  borrar  la memoria histórica de estos Héroes y Mártires, ante lo cual las  Madres de Héroes y Mártires y los sobrevivientes mantuvieron  esa lucha “contra vientos  y mareas”.

Al mismo tiempo, en la Colina 110 se construyó un memorial  con tumbas  simuladas (pintadas en rojinegro), se hizo un gran mural  con fotos de la mayoría de los  muchachos  asesinados, en homenaje  a estos heroicos Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares.

Un grupo de sobrevivientes de esta masacre, encabezados por César Téllez Sánchez  y “Chino”  Ampié Rivas,   han mantenido la llama ardiente del recuerdo, Memoria Histórica, de aquellos 35  compañeros suyos, combatientes todos, caídos combatiendo y asesinados  por la atroz  y sanguinaria  Guardia Nacional  aquel 13 de junio de 1979.

Tienen desarrolladas  allí   grupos culturales  del mismo Reparto Manuel Fernández Mora, mantienen y sostienen a la Asociación de Madres de Héroes y Mártires, cuya mayoría  ya falleció;   fortalecen  constantemente la “Fundación Colina 110”, creada  por decreto No.  6278  de la Asamblea Nacional en el año 2011;   también  mantienen viva  la Asociación de Madres de Héroes y Mártires, cuya mayoría ya falleció; y asimismo  fortalecen la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos del FSLN en este sector geográfico de Managua, organizaciones de las cuales son dirigentes  activos  y visibles  todo el tiempo,   César Téllez Sánchez y  “Chino”  Ampié Rivas;   mantienen actualizado  un Blog  informativo en Internet, el cual ofrece datos nuevos  sobre el quehacer de la Colina  110  y mantienen  viva  la demanda  ante la Alcaldía de Managua y del gobierno central  para que les ayuden a construir una infraestructura cultural   digna  de los Mártires caídos  en la Colina 110, “para conservar por siempre  la memoria históricas  de nuestros  Héroes y Mártires”.

Fuentes documentales: Blog  en Internet  de la Fundación Colina 110  y Asociación de Combatientes Históricos  y  Colaboradores  sobrevivientes de la Colina 110, informes históricos elaborados   por César Téllez Sánchez  y Augusto César “Chino” Ampié Rivas.  Libro “Colina 110, Insurrección Los Laureles y Masacre GN”, de la Alcaldía de Managua; “Un  Pueblo en Armas”  del Comandante  Carlos Núñez  Téllez;   “Insurrección Sandinista Victoriosa y  Repliegue Táctico de Managua a Masaya”, de Pablo E. Barreto Pérez; “Masacres somocistas”, de Pablo E. Barreto Pérez; “20 Años Cumplidos, Crónicas del Triunfo y dos Repliegues Tácticos del FSLN”, de Pablo E. Barreto Pérez.

Fuentes orales:  César Téllez  Sánchez, uno de los jefes  de la Columna Manuel Fernández Mora  y sobreviviente de la Masacr4e de la Colina 110. Reside  de la Colina 110  una cuadra al Este, una cuadra al Norte  y media  cuadra al Oeste, frente al Instituto Omar Téllez  Sánchez.  Tiene los teléfonos:  22807740  y 83880315.

César  “Chino” Ampié  Rivas, quien  era el segundo jefe  de la Columna  Manuel Fernández  Mora, sobreviviente de la Masacre de la Colina 110. Reside:  de la  Terminal  de la Ruta 118, tres  cuadras al Norte  y media al Este.  Tiene el teléfono: 22807018.

Humberto del Palacio González, quien  fue miembro del Estado Mayor  de la Tendencia Proletaria del FSLN  en Managua, y jefe  de una  de las  columnas  que  enfrentaron  a tiros  a  los oficiales  y soldados  de la Guardia  Nacional, actores  directos de la Masacre  en la Colina 110.  Responde a los teléfonos: 22782713  y 89665969.

Juan Carlos Soza  Aragón.  Fue Combatiente  Popular, integrante  de la Columna Jorge Navarro. Igualmente  le tocó  enfrentar   en la Colonia  Catorce de Septiembre a los guardias sanguinario genocidas, que  cometieron la Masacre de la Colina  110. Se le encuentra  diariamente  en el local de la Asociación de Combatientes y Colabores Históricos   Carlos Núñez  Téllez, ubicada  de la Racachaca  (Altagracia)  tres cuadras al Sur.  Tiene el teléfono: 89435872.

 

14 de junio de 1979

Masacre de  la GN sanguinaria del “Kilocho Sur”

Pablo E. Barreto Pérez

*Entre 32 y 35 jovencitos y adolescentes fueron masacrados  con artillería pesada  donde fue el Club Nocturno Tropicana

*Los cadáveres los fueron a tirar a la “Cuesta de la Gallina”, en El Crucero

*Según las versiones de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos Gabriel Cardenal Caldera, ubicada en San Judas, en el “Kilocho Sur” fueron asesinados  entre 32 y 35 jovencitos, de los cuales sólo hay identificados 15. Son ellos: Manuel  “Pequeño” Calderón, Francisco “Pancho” Martínez, Henrry “Galleta” Guerrero, Rolando “Polín”  Delgadillo, Eduardo  Mojica, Freddy “Chiripa” Mejía Zapata,  Francisco Blanco, Eduardo “Chico Dañado” Flores, Aura Lila Mendoza, Ernesto Martínez H., César Cubillo, “Pepe”, “mi compa de la Morita”, dice “Gersán Guevara Casaya en su informe, y agrega: “Domingo y Leonel, mis hermanos del OPEN TRES”.

Este día 14 de junio fue horrible en matanzas ejecutadas por  la Guardia Nacional genocida, en Managua. Iniciaron la mañana de ese 14 de junio con intenso bombardeo aéreo en las dos Zonas Insurreccionadas de Managua. Aquello, en el aire, en el espacio aéreo de Managua, parecía una zopilotera de aviones descargando una enorme cantidad de bombas mortíferas sobre la población indefensa de Managua, Capital de Nicaragua.

Era francamente horrible, pues apenas amanecía cada día,  desde el inicio de la Insurrección Sandinista el nueve de junio, se reiniciaba el bombardeo aéreo genocida del tirano  con su Guardia Nacional.

Continuaron matando a 35 jóvenes, casi todos de San Judas, en el llamado “Kilocho Sur”, en el Kilómetro ocho de la Carretera Sur, muy temprano en la mañana.

El día anterior, 13 de junio, un grupo de unos 15 Combatientes Populares, mayoritariamente con armas de cacería como escopetas 12, 16 y 20, de repetición, jefeados  por Cristóbal “Gersán” Guevara Casaya, en el “Kilocho Sur” habían sostenido un combate nocturno desigual en armas y cantidad de hombres  con un contingente de la Guardia Nacional somocista,  que fue fatídico y mortal  para más de 60 guardias que se movilizaban en cuatro camiones, con una tanqueta, varias ametralladoras emplazadas en los camiones y por lo menos  60 fusiles automáticos.

Estos guardias asesinos eran de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI), los cuales estaban tendidos, o desplegados,  con equipos móviles pesados y campamentos militares entre en el Kilómetro Nueve Sur  y el llamado “Kilómetro Siete Sur”,  de la Carretera Sur, en el Suroeste de Managua.

El “Kilocho Sur”  está, por supuesto, en el centro de los kilómetros nueve y siete de la Carretera Sur, frente a los tanques de agua potable de ENACAL, y estaba allí un famoso Club Nocturno llamado “Tropicana”.

El combate fue un poco después de las seis de la tarde, debido a que los guardias casi nunca estaban desplegados de noche, ni combatían de noche durante la Insurrección Sandinista en Managua, debido a que tenían miedo, terror, a caer en emboscadas, o en movimientos envolventes como este ocurrido en el Kilómetro Ocho de la Carretera Sur, esa noche del 13 de junio.

Al mismo tiempo el grupo de Combatientes Populares mencionados se movilizaba en ese sector del Kilómetro Ocho Sur, porque defendían las calles del Reparto San Patricio y la entrada que hay  por este vecindario hacia “Loma Linda” (Sierra Maestra) y San Judas, donde estaban ubicados la mayoría de Combatientes Populares, los Jefes Guerrilleros y el Estado Mayor Conjunto del FSLN de la Insurrección en la Zona Suroccidental de Managua, jefeado por Gabriel Cardenal Caldera.

Estos guardias habían intentado  meterse por este rumbo en varias ocasiones, hacia San Judas, pero habían sido rechazados  por un puñado de Combatientes Populares juveniles, encabezados   “Gersán”  Guevara Casaya y Víctor “Bayardo”, “Dientes de Lata” Romero Pérez.

Cuando los guardias se movilizaban con el  convoy y equipo militar artillero y pesado, los  Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares,  encabezados  por “Dientes de Lata Romero Pérez y “Gersán” Guevara Casaya, decidieron trabarles  combate  en plena Carretera Sur, con los resultados  de  más menos 60 guardias muertos  y numerosos heridos, mientras los combatientes resultaron ilesos  ese 13 de junio en la noche.

Guardias intentan meterse a San Judas por el “Kilocho Sur”

De acuerdo con el relato de Cristóbal “Gersán” Guevara Casaya, miembro del Estado Mayor Conjunto del FSLN y jefe de la columna No. 8 de la Zona Suroccidental de Managua, cumpliendo las orientaciones militares del Estado Mayor General del Frente Interno Ulises Tapia Roa, y al mismo tiempo órdenes de Gabriel “Payo” Cardenal Caldera, le orientan a él, “Gersán”  Guevara Casaya, que vuelva a ocupar y a construir barricadas y trincheras de combate en el “Kilocho Sur”, porque un contingente de guardias podría meterse por allí y encerrar a los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares de San Judas, Loma Linda (Sierra Maestra), Villa Roma y Torres Molina (Camilo Ortega Saavedra), y matarlos a todos.

“Dientes de Lata” Romero Pérez mientras tanto se movía  con su escuadra de 12 Combatientes Populares  en la zona Oeste de Loma Linda (Sierra Maestra)  y los bosquecitos  con zanjones acentuados  al Este y Sur del Kilómetro Ocho Sur, a la espera de la posibilidad de que los guardias  intentaran  meterse  por el camino  del Reparto San Patricio  hacia  el lado Suroeste del Barrio San Judas.

El día anterior, 13,  como hemos visto se había registrado en el “Kilocho Sur” un combate contra un contingente de guardias que, precisamente, intentaba meterse por el lado del Reparto  San Patricio hacia San Judas, utilizando el camino  accidentado del lado de Valle de Ticomo.

“Debemos mantener esa posición del “Kilocho Sur” como sea, es estratégico para nosotros, para mantener los combates móviles en el Sur de San Judas, y para que no nos vayan a matar a todos”, le dijo “Payo” Cardenal Caldera a “Gersán” Guevara Casaya.

La columna No. 8 estaba integrada, mayoritariamente,  por muchachos muy jovencitos, algunos de 15 y 16  años, tenían muy poco (o nulo)  entrenamiento militar, y en total eran  43, de acuerdo con el testimonio de “Gersán” Guevara Casaya.

“Gersán” indica que él, muy de mañanita, fue hasta dónde estaban acantonados estos muchachos “en la antena de Torres Molina”.  Allí les habló de la nueva misión encomendada por el Estado Mayor Conjunto, y entre todos analizaron que tenían muy pocos fusiles, sólo un Fal, un Galil y un Cal y, además, con pocos tiros; el resto eran escopetas, rifles 22 y pistolas.

Era una situación totalmente desventajosa, especialmente tomando en cuenta que durante la noche anterior habían obligado a huir a un contingente de guardias en ese mismo sector, y que posiblemente esta vez los guardias somocistas  llegarían a  ese mismo sitio con el triple de tropas y de equipos militares.

Sin embargo, esa era la lógica de la guerra en movimiento en la Zona Suroccidental de Managua, para que la Insurrección Sandinista se pudiese sostener más tiempo en la Zona Oriental-Norte de Managua.

Entre los Combatientes Populares subordinados  al mando de “Gersán” Guevara se cuentan Ernesto Martínez H.,  Sergio Mercado, “Tierrita”, “Vitamina”, el “Hermano Chepe Bombón”, Róger Mendoza, Manuel Calderón, Alfonso y Ramiro, Antonio Salgado Montenegro, Ramiro Córdova, Alfonso Flores, Aura Lila “Verónica” Mendoza, David Guevara Casaya (hermano de “Gersán”, César Cubillo, Juan, Domingo y Leonel (del OPEN TRES) y Polín Delgadillo.

“Gersán” Guevara Casaya llega con la columna al “Kilocho Sur” un poco después de las siete y media de la mañana. Los alrededores se ven limpios de guardias, sin embargo lo  que ocurre en pocos minutos pareció demostrar que allí mismo la gendarmería del somocismo genocida había dejado espías para que les informaran de la posible llegada de jóvenes sandinistas insurrectos.

En el “Kilocho Sur” está una entrada adoquinada, al Este, del Reparto San Patricio, que es la entrada hacia San Judas, Loma Linda, Villa Roma y Torres Molina, por donde los guardias habían intentado penetrar en numerosas ocasiones para encerrar a los Combatientes de San Judas y matarlos; también el Club Nocturno Tropicana, los tanques de agua potable de ENACAL, una antena de radiocomunicaciones en la falda vertical Oeste de la Laguna de Nejapa, el Puesto de la Guardia GN de Tránsito y Campamento de la Guardia Nacional en el Empalme (Kilómetro nueve) hacia León y, por supuesto, el paso de la Carretera Sur.

Una de las orientaciones que debía poner en práctica “Gersán” Guevara Casaya con su columna No. 8, era reconstruir las barricadas, quitar un  alambrado, instalarse allí en plan de combate para impedir la entrada de la gendarmería de asesinos de la GN  hacia San Judas.

Gigantesco aparato de guerra contra Combatientes casi desarmados

Apenas se estaban acomodando para realizar estas tareas insurreccionales, minutos antes de las ocho de la mañana, cuando repentinamente aparece un helicóptero militar que sube desde el lado Oeste del hueco de la Laguna de Nejapa, y desde que asoma “narices” comienza a dispararles morteros (de bazukas) y ráfagas de ametralladora calibre 50.

Hasta ese 14 de junio aparecen en escena de guerra, de ataques mortales a la población con morteros y ametralladoras, estos helicópteros, que hasta ese momento los tenían destinados a lanzar bombas de 500 y 1,000 libras y bombas incendiarias, en forma vertical, desde las alturas.

“Gersán” Guevara Casaya había tomado la decisión de colocar a los muchachos jovencitos y desarmados en labores de desmontar el alambrado y construir nuevamente las barricadas, todo lo cual ocurría en el predio baldío de  lado Sur del “Club Tropicana”, es decir, en el lado Este, frente a los tanques de agua potable de ENACAL, en la entrada al Reparto San Patricio.

Los Combatientes Populares más experimentados buscaban parapetos para en caso de que tuvieran que combatir frente a frente contra la soldadesca sanguinaria somocista.

La alambrada se convirtió en barrera para que los muchachos buscaran protección inmediata, y además quedaron sorprendidos por la aparición del helicóptero disparándoles morteros, y casi al instante aparecieron una tanqueta, una ametralladora calibre 50 montada en un jeepón, del lado Norte, es decir, del “Kilómetro Siete Sur”, más unos 300 guardias, todos con fusiles automáticos, que al parecer ya estaban emboscados en los bordes de la Laguna de Nejapa.

“De pronto sentimos los grandes rocketazos del helicóptero, que estallan al lado Sur de los tanques de agua. La tanqueta apenas asoma en la cima empieza a disparar en ráfagas y los adoquines salen volando como naipes. La ametralladora 50 que traen emplazada no se detiene de disparar. No nos permiten sacar ni la punta de uno de los fusiles, para responder”, relata “Gersán” Guevara Casaya en un informe escrito después del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista.

Continúa “Gersán” Guevara Casaya: “Son momentos de desconcierto. Yo no pude seguir diciendo nada. Manuel Calderón está disparando. Alfonso y Ramiro están protegidos por el torreón con los Garand.  Arriba del torreón estaba Leonel (compañero del OPEN III). Los chavalos que estaban frente a mí, corren media cuadra arriba, y se protegen en una casa, al lado derecho. Toñito Salgado Montenegro estaba disparando. Pude ver hacia el Sur y vi que muchos compas trataban de pasarse la alambrada que no se removió, ni la noche anterior ni hoy por la mañana. Esta fue una de las fallas que terminó cobrando las vidas de mis compañeros”.

“Dirigí la mirada a mi izquierda, y vi que está muerto un compa. Le digo a Manuel Calderón que tenemos que salir de aquí. Manuel se arrastra hacia mí, disparando. La barricada está muy ralita, casi derrumbada, y en ese movimiento lo impactan. No sé si está muerto, pero no se mueve. Yo no sé  nada de los otros compas en esos minutos, sólo sé que estamos muriendo. A mi izquierda está Domingo  (compa del OPEN TRES), acostado en el asfalto y cargando los magazines de mi Fal. Más allá está Juan, un compa de Loma Linda”.

“Les ordeno que salgamos corriendo para arriba, donde está el otro grupo de compañeros y nos protegemos detrás de la casa. Les ordeno a los muchachos que traten de cruzar el parque, mientras yo los protejo con disparos del Fal. Juan con un rifle 22 y   Domingo  con una 38. Estamos en la parte de atrás de la casa. Estamos en la parte de atrás de esta casa (la única del lado derecho), pegados a la pared escucho como si hubiese una trasmisión de radio, pero no sé de dónde porque los rocketazos del helicóptero, la tanqueta y las ametralladoras no permitían ninguna orientación”, relata “Gersán” Guevara Casaya en su informe  destinado  al Estado Mayor Conjunto del FSLN  todavía clandestino  en la Zona Suroccidental de Managua.

“En la esquina que se forma en el límite Noroeste de la tapia, aparece un hombre chele, grande de aspecto como de gringo, vistiendo ropa civil y camina para el Sur, pegado a la tapia. En la esquina del Tropicana (en el parqueo) están Ramiro Córdova, Alfonso Flores, Aura Lila Mendoza, mi hermano David Guevara Casaya, César Cubillo, Polín Delgadillo y otros jóvenes, resistiendo frente a la tanqueta, la infantería, el helicóptero y todo lo que el enemigo trae. La barricada está desintegrada, ya no hay nada, sólo muertos”.

“El chele (gringo) que viene caminando no porta armas, lo que me hace pensar a mí que es uno de los moradores de la vecindad. De repente en la esquina de la tapia asoma un casco de malla color oscuro, casi negro…!!Hijueputa¡¡, son los mercenarios¡¡. Le pongo el Fal y le disparo. El chele retrocede y se ampara en la esquina. Al lado Oeste ya la GN ha logrado apoderarse de la esquina Norte, o intersección de la Carretera Sur. En la esquina Este del parque, una cuadra al Este, los mercenarios se están metiendo hacia el Sur del Reparto San Patricio. Siento que nos tienen acorralados en todas direcciones. No tenemos salvación”.

Una roca salvadora en el dreno

“En estos momentos de extrema tensión, uno actúa como por instinto. No hay tiempo para la elaboración de ideas, sólo para actuar a lo que el instinto indique, si es buena la decisión te salvas, y si no, te quedas. Les ordeno a Juan y a Domingo que corramos al dreno (canal muy superficial) que se forma al final de la bajada, en la salida del lugar. El dreno es una zanjita arenosa, nada profunda  (H= 1 pie). La vegetación natural era un zacate parecido al de limón que cubría espesamente los bordes”.

“Cuando los mercenarios asiáticos y los GN nos ven lanzarnos en la zanjita, vienen rasurando el monte a punta de metralla, como una chapodadora encima de nuestras cabeza. Nosotros nos arrastramos besando el fondo del canalito, comiendo arena. Al avanzar 100 metros al Sur, ya no tenemos salida. Dichosamente, en este punto estaba una roca (D= ½ metro) en el borde superior Este. El dreno en este punto tiene su máxima profundidad (H= 2 pies máximo), es el fin, después se encuentra el borde del pavimento”.

“Estamos vencidos. Completamente acorralados. Al Sur de una fila de casas formando noventa grados con la tapia (del fondo del patio) de las casas del lado Este de la Carretera Sur.  La terminal de esta tapia está atrás de nosotros y continúa para el lado de la Carretera Sur”.

“Al Noreste la guardia nos está ganando el parque. El enemigo se está parapetando en los árboles gruesos. Al Oeste un predio vacío. La infantería con los de la tanqueta se están ocupando sólo con los compañeros que se han podido replegar por las alambradas. Alfonso, Ramiro, David y Ernesto se están logrando salir del fuego enemigo. Por eso, el enemigo no pone atención a nosotros que nos tiene al fondo de la pendiente, camuflados por el monte del canalito. La concentración del fuego enemigo permitía ver minúsculas rayas (de las balas) en el aire”.

“Estamos disparando, respondiendo, pero ya no podemos mucho. Estamos dominados en todos los flancos, solamente protegidos por la roca. Puedo apreciar que unos guardias se están cruzando para las casas del lado Sur y les espero que pretendan cruzar  a la otra. Cuando quieran cruzar, pongo en ráfaga el Fal y me los echo. Justo entonces el Fal se enconcha. Trato de destrabarlo en estos segundos que pasan, el enemigo avanza y lo tenemos encima, muy, muy cerca. Ellos son muchos, en cada uno de los árboles se encuentra uno apostado, con toda la superioridad, con inmensa superioridad en relación con nosotros”.

“Los tres nos miramos angustiados, sentimos que la muerte ya nos está abrazando. ¡Patria Libre o Morir, aquí nos quedamos¡ Juan dispara su arma y Domingo su 38. Yo finalmente logro destrabar el Fal y disparo en ráfaga. Cambio el magazine del Fal, que significa el último, y les digo: Ya no tenemos municiones. Tratemos de saltar el muro de atrás. Es nuestra última posibilidad. Yo saldré primero y los cubriré desde detrás del muro con disparos del Fal, y luego ustedes traten de saltar”.

“Cuando salgo corriendo, puedo sentir los impactos de bala en el muro como una lluvia horizontal que emite sonidos bofos, que van perforando los bloques delante de mí y detrás de mi carrera. Cuando pretendo lanzar el Fal  al otro lado del muro, me impactan en la empuñadura y me hieren en la mano izquierda. A la orilla del muro estaban unas matas de chagüite, y en el montoncito de ellas que hace más altura, tomo impulso para saltar. En la cresta del muro tiene vidrios puntudos incrustados, pero creo que no los toqué porque caí de espaldas al otro lado y quedé unos segundos sin aire en los pulmones, sin poderme incorporar. Me levanto y corro en busca del Fal. El arma (el Fal) estaba llena de lodo;  la tomo y disparo. Juan logra saltar. Yo pretendo  quedarme a la espera de  Domingo, pero Juan ya va corriendo y me hace señas de que nos retiremos. Juan me dice: “Yo no sé, pero él (Domingo) no pudo correr, le dieron. Disparo una vez más y el Fal termina de enconcharse por completo.”.

“Juan y yo corrimos para el Sur. Cruzamos unas cercas y luego caímos a una zona montosa. Corrimos no sé ni cómo, casi por reventar nos detuvimos. La maldita ametralladora 50 no cesó de disparar ni un instante en la humanidad de nuestros compañeros que se ampararon en el Tropicana. Fuimos, quizás, de los últimos en escaparnos de esta masacre. El enfrentamiento, a pesar de ser totalmente desigual en cantidad de hombres,  armamentos y entrenamiento militar, duró desde minutos antes de las ocho de la mañana hasta casi la una  de la tarde”.

“Las pérdidas humanas son casi todos los Combatientes Populares de San Judas (los de mi cuadra). Aura Lila “Verónica” Mendoza, Apolinar “Polín” Delgadillo, Ernesto Martínez H., César Cubillo, “Pepe” guerrillero inclaudicable;  “mi compa de la “Morita”, Domingo y Leonel, heroicos guerrilleros; mis hermanos del OPEN III, y otros jóvenes más de San Judas y Loma Linda”, concluye Cristóbal “Gersán” Guevara Casaya mediante un informe de lo que pasó cuando fueron masacrados por la Guardia Nacional somocista genocida, su EEBI de asesinos, mercenarios del CONDECA y mercenarios asiáticos que la Guardia  Nacional  había contratado para matar más nicaragüenses.

Otros testigos presenciales y sobrevivientes de esta masacre de la GN en el “Kilocho Sur” indican que los guardias sobrepasaban los 300. Señalan que inclusive la soldadesca criminal tenía otra tanqueta disparando desde el lado Sur (por el empalme del Kilómetro Nueve Sur), y que en realidad también fue  usado un segundo helicóptero artillado y un avión Push and Pull.

Esos mismos testigos  señalan que una vez derrumbados a tiros y morterazos la mayoría de  jovencitos Combatientes Populares, desarmados, los guardias llegaron hasta el alambrado y por detrás del Club Tropicana, disparando balazos de remate en la cabeza de todos los que ya estaban muertos, inclusive a los que estaban vivos, ni siquiera heridos.

Terminada esta obra macabra, la nueva masacre al estilo nazifascista alemán de Hitler, estos grupos de sicarios sangrientos usaron otra pala mecánica para juntar los cadáveres en un solo sitio, y después con la poderosa “cuchara” o “cuchilla” metálica mecánica amontonaron los cuerpos de los jóvenes en un solo punto, y como cualquier puñado de basura los lanzaron dentro de un camión volquete del Distrito Nacional (Alcaldía).

Lo mismo hicieron estas bestias del somocismo genocida en la Colina 110, y otra masacre mil veces peor ejecutaron al siguiente día, 15 de junio de 1979, en Batahola, a la orilla de la misma Carretera Sur, casi en los muros  del lado Este de la Embajada Norteamericana, desde donde también les dispararon a estos otros masacrados.

Ya con los cadáveres  en el tráiler del camión volquete, del Distrito Nacional, enrumbaron hacia el Sur, en la misma Carretera Sur, y lanzaron los cuerpos de los 35 jóvenes asesinados en una cuesta llamada “Vuelta de la Gallina”, en la Carretera que va del Municipio de El Crucero hacia el centro pesquero y balneario de Masachapa.

Esto fue confirmado plenamente porque el propietario de un restaurante italiano, ubicado en el mismo sector del “Kilocho Sur”, siguió a los sicarios que fueron a botar los cadáveres unos 300 metros hacia adentro de un bosquecito, en la llamada “Vuelta de la Gallina”.

Después del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista, los restos de estos heroicos jovencitos Combatientes Populares de San Judas, Loma Linda, Villa Roma y OPEN III (Ciudad Sandino), fueron encontrados dispersos en unos 500 metros cuadrados allí en la “Vuelta de la Gallina”, incluyendo una cañada profunda de este sector de  El Crucero. Esto hace suponer que los cuerpos fueron devorados por animales silvestres, incluyendo zopilotes. Así era de cruel y sanguinario el régimen del somocismo sanguinario genocida.

Guardias aniquilados  en San Patricio y en San Judas

Esta contienda militar con el somocismo genocida en este sector geográfico de Managua, “Kilocho Sur”, Colinas de San Patricio, Suroeste de San Judas y centro de San Judas, no terminó al quedar concluida la masacre de los 35 jóvenes Combatientes Populares.

Al quedar “limpia” la entrada del camino a  San Judas por dentro de San Patricio, esta gendarmería sanguinaria pretendió meterse por esta vía a San Judas, y a menos de 200 metros se toparon con un recio recibimiento balístico de la escuadra de 12 Combatientes Populares, jefeados por Víctor “Bayardo”, Dientes de Lata”  Romero Pérez  y con los Comandos Revolucionarios Cristianos (CRC), cuyos Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares habían acudido  a este sitio, precisamente, para impedir que ingresaran los  guardias  y mercenarios por el Suroeste de San Judas.

Tan sólo pudieron llegar adonde los Combatientes Populares, jefeados por “Gersán” Guevara Casaya,  habían derribado el ceibo a punta de machete, y allí en ese sitio fueron aniquilados más de 50 guardias. Similar situación militar les ocurrió a estos sicarios sanguinarios somocistas al intentar cruzar la Colina de San Patricio, igualmente hacia San Judas, pues allí se encontraron con el grupo de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares que jefeaba Miguel Ángel “Pedro” Navarrete, también miembro del Estado Mayor Conjunto del FSLN insurrecto en la Zona Suroccidental de Managua, según el relato escrito de Cristóbal “Gersán” Guevara Casaya.

La gendarmería que cometió la masacre en el “Kilocho Sur” retrocedió hacia el “Kilómetro Siete Sur”, donde también les salió disparando de forma fulminante otra columna de Combatientes Populares, enviada por “Payo” Cardenal Caldera con ese propósito.

Los  Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares atacan por detrás, costados y desde árboles, y al mismo tiempo se repliegan en forma rápida para no caer en emboscadas. Los guardias están siendo golpeados severamente con este tipo de  “guerra revolucionaria en movimiento para minar al enemigo, desmoralizarlo, cansarlo, empantanarlo”, analiza 37 años después Víctor Cienfuegos Aburto, uno de aquellos Combatientes Populares de la Zona Suroccidental de Managua.

Los gendarmes sanguinarios reciben más refuerzos del lado del Cerro Batahola y de los alrededores de la Embajada Norteamericana, y finalmente se quedan posesionados del trecho de Carretera Sur entre los kilómetros Siete Sur y Nueve Sur. El Nueve Sur es en el Empalme de las Carreteras Sur y Vieja a León.

Las otras siete columnas organizadas por el Estado Mayor Conjunto del FSLN en la Zona Suroccidental, después del Repliegue a la Comunidad Meneses bajaron nuevamente a San Judas por órdenes de ese Estado Mayor y de su jefe Gabriel Cardenal Caldera, con el fin de “Mantener la Guerra revolucionaria de movimientos, de hostigamientos constantes a los guardias sanguinarios genocidas, para que no muevan estas tropas hacia la Zona Oriental, o Zona Principal Insurreccional”, donde también en estos momentos, en la mañana y al medio día del 14 de junio de 1979, los combates contra la ofensiva de la GN son muy violentos y heroicos por parte de los Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y Milicianos recién entrenados en los patios de las casas de las Colonias, Barrios, Asentamientos y Repartos de la Zona Oriental de Managua.

Las columnas de Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y Milicianos han bajado a San Judas y entrado en choque militar violento contra la soldadesca sanguinaria que se había tomado casi todo San Judas y Loma Linda mientras los Combatientes se habían replegado hacia los Lomos de El Crucero.

La gendarmería somocista, quizás otros 500 soldados GN y mercenarios, tenían tomadas las Lomas de San Judas, el Centro Comunitario en construcción, el Aserrío de San Judas, la Colonia “Independencia” (Héroes y Mártires del Bocay), las entradas Norte de San Judas, estaban en el ZUMEN y el Centro Cívico, y avanzaban hacia el Sur con dos tanquetas, un tanque Sherman, cinco ametralladoras montadas en jeepones, la soldadesca con fusiles automáticos, nuevecitos, amparados en los camiones y en las tanquetas.

La nutridísima balacera en esta Zona Suroccidental se oía clarita en la Zona Oriental-norte de Managua. En medio de estos combates dentro de San Judas cae combatiendo heroicamente René Cisneros Vanegas, uno de los miembros del Estado Mayor Conjunto y uno de los jefes principales Jefes del Estado Mayor de la Tendencia Proletaria en esta Zona Suroccidental de Managua. Son baleados Boanerges y Adrián Meza Soza, otro de los jefes principales del Estado Mayor Conjunto del FSLN en este sector de Managua.

Al mismo tiempo, las dos Zonas Suroccidental y Noroccidental eran sometidas a la barbarie del bombardeo aéreo somocista, lo cual estaba ocurriendo con salvajismo inaudito también en la Zona Oriental-norte de Managua.

Precisamente ese día jueves 14 de junio el bombardeo aéreo fue extraordinariamente destructivo en viviendas de vecindarios como Catorce de Septiembre, Nicarao, Santa Julia, Bello Horizonte, Santa Rosa, Blandón (Costa Rica), Meneses (Venezuela), Santa Bárbara (Edmundo Matamoros), Salvadorita (Cristhian Pérez Leiva), Maestro Gabriel, Ducualí, Luis Somoza (Diez de Junio), Don Bosco, El Dorado, Larreynaga, Villa Progreso, Xolotlán, etc.

Ese día 14 ese bombardeo aéreo somocista sanguinario mató en Bello Horizonte a los niños hermanitos Gina y Pilín, en la Etapa III de Bello Horizonte, en las cercanías del Instituto Experimental México, el cual ya funcionaba como uno de los dos Hospitales clandestinos en este sector Oriental-norte de Managua.

Ambos niñitos iban agarrados de las manitos y portando un salveque de comida para familiares suyos que estaban en trincheras de combate, cerca del Instituto Experimental México, cuando fueron impactados por charneles de rockettes lanzados desde aviones Push and Pull sobre Bello Horizonte y todo el sector mencionado.

Casi al mismo tiempo, una bomba de 500 libras explotó dentro de una casa de la Etapa II, contiguo al cauce, matando a varios miembros de una familia de ciudadanos de la Costa Caribe  nicaragüense.

En el centro de la misma Etapa II, al Sur de Bello Horizonte, contiguo al Barrio Meneses (Venezuela), Salvadorita (Cristhian Pérez Leiva) y Maestro Gabriel, cayeron varias bombas de 1,000 libras dentro de viviendas, dejándolas casi totalmente destruidas.

Dichosamente esas familias, propietarias de estas viviendas, no estaban: unos habían salido a buscar comida y otras andaban laborando en la Insurrección Sandinista. Estas familias eran vecinas de Juan “Tonatiú” Rivera, uno de los Combatientes Populares de Bello Horizonte, quien llegó a ser Comisionado de la Policía.

Decenas de estos rocketazos y bombas de 500 y 1,000 cayeron en las cercanías de la Rotonda de Bello Horizonte porque los pilotos sanguinarios genocidas habían detectado allí la presencia de Brigadas y Columnas Móviles de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares insurrectos, pero jamás daban en el blanco, y las bombas caían dentro de las viviendas.

Dos de esas bombas de 500 y 1,000 libras cayeron a media cuadra Norte de la casa de Pablo E. Barreto Pérez, en la Etapa II, exactamente en el andén de la casa de Alfredo Díaz. Estas bombas cilindrícas muy pesadas fueron las únicas, caídas en Bello Horizonte, que no explotaron ese día 14 de junio. Este tipo de bombas de 500 y 1,000 libras eran lanzadas desde helicópteros (eran varios) que se ubicaban a varios miles de pies de altura, para que no los alcanzaran las balas de fusiles y armas de cacería.

A este sitio donde no explotaron estas bombas llegó Róger “Aniceto”, Camastrón” Cabezas Gómez, sandinista insurrecto especialista en explosivos, para desactivarlas, “y utilizarlas para fabricar otros explosivos que usaremos contra los guardias somocistas”.

Fue la primera vez, digamos, desde el inicio de la Insurrección Sandinista, que hubo una gran cantidad de heridos y muertos, más destrucción generalizada por el bombardeo aéreo criminal del somocismo. Los  heridos por charneles fueron llevados por miembros de los Comités de Defensa Civil, en hombros y en carretones de manos, al Hospital clandestino en el Instituto Experimental México, donde ya había varios médicos y enfermeras voluntarios. También ya estaba funcionando el Hospital clandestino Silvia Ferrufino Sobalbarro en una casa de la Etapa IV de Bello Horizonte, una cuadra al Norte y media al Este del Experimental México.

La caída de rockettes y bombas de 500 y 1,000 libras fue generalizada, durante casi todo el día, en estos vecindarios mencionados, y fue común igualmente que  miembros de los Comités de Defensa Civil y Combatientes Populares trasladaran de emergencia en hombros y en carretones de mano a centenares de heridos a otros Hospitales clandestinos en el Reparto Dorado, en la Iglesia Sagrada Familia, del Barrio Ducualí; y en el Sur del Barrio Santa Rosa, donde igualmente ese 14 de junio fueron destruidas  decenas de viviendas por las explosiones de bombas lanzadas por la Guardia Nacional.

Mientras se desarrollaba un combate feroz por los lados Este, Norte y Sur de la Colonia Catorce de Septiembre, precisamente, un rockettes cae dentro de la casa del doctor Mendoza (médico) y mata a varios miembros de su familia. Varios resultan heridos y son llevados en hombros al Hospital clandestino de la Iglesia Sagrada Familia.

La matanza de seres humanos, ejecutada por la Guardia Nacional somocista genocida, no paró allí, pues a las cinco de la tarde de ese mismo día 14 fue asesinado un niño de apellido Poesí, en el Sur de la Etapa II de Bello Horizonte. El niño, de cinco años, se cruzó la calle para visitar a un amiguito frente a su casa, cuando fue “pegado” por un francotirador GN sanguinario que estaba subido en el ceibón del lado Noreste del Barrio Meneses (Venezuela).

Los combates en la Zona Suroccidental de Managua cesan ya de noche, porque cuando es ya oscuro la soldadesca sanguinaria no se atreve a meterse a ningún lado, pues saben que los Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y Milicianos conocen el terreno como sus manos, porque allí viven, y en cambio los guardias son cazados con facilidad, especialmente en plena oscuridad.  

La ofensiva lanzada por la Guardia Nacional fue enorme en este día 14 de junio de 1979, quizás duplicada o triplicada en relación a los días 11,  12 y 13  de junio de 1979.

“El Barrio San Judas y el OPEN III (Ciudad Sandino) son cruelmente bombardeados y la población masacrada por el enemigo. Aquí comienzan a superarse los cálculos de lo que  podía durar la Insurrección en Managua, y comienzan a urgir a los miembros de la Dirección Nacional Conjunta, para que presionen a los otros Frentes de Guerra (del FSLN guerrillero clandestino), para que avancen hacia Managua”, escribe el Comandante Carlos Núñez Téllez en su libro “Un Pueblo en Armas” al referirse en parte a lo que ocurrió aquel 14 de junio de 1979.

*Fuentes documentales:  Informe sobre la Insurrección Sandinista  y Repliegue a las Haciendas de El Crucero, de Cristóbal “Gersán” Guevara Casaya, miembro del Estado Mayor Conjunto  del FSLN en la Zona Suroccidental, o Secundaria, de la Insurrección Sandinista en Managua; “El Ángel de San Judas”, libro con abundancia de entrevistas sobre Gabriel Cardenal Caldera, cuyo autor es William Agudelo; “Biografías breves de los compañeros caídos en la lucha revolucionaria”, de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos Gabriel Cardenal Caldera, del Barrio San Judas; “Un Pueblo en Armas”, del Comandante Carlos Núñez Téllez; “Insurrección Sandinista Victoriosa y Repliegue Táctico de Managua a Masaya”, de Pablo E. Barreto Pérez; “Masacres somocistas”, autor Pablo E. Barreto Pérez; “20 años cumplidos, Crónicas del Triunfo y dos Repliegues Tácticos del FSLN”, de Pablo E. Barreto Pérez.

Fuentes orales: Víctor “Bayardo”, “Dientes de Lata” Romero  Pérez, Víctor, Mario y Carlos Cienfuegos; José de Jesús “Chepe Chú” Zamora, Medardo Hurtado y  Francisco Javier Zúniga Alvarado.

 

Viernes 15 de junio de 1979

Masacre atroz  en Batahola

Más de 80 fueron asesinados al Este de Embajada yanqui

Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y pobladores iban prácticamente desarmados

Soldadesca morfinómana muestra su rostro cruel y sanguinario

*Pablo Emilio Barreto Pérez

Después de ocurridos los combates heroicos contra la “Sierra Tres” y en la Escuela San Martín, ambos en Monseñor Lezcano, la situación militar de Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares, Milicianos y pobladores implicados en la Insurrección Sandinista, es realmente crítica, “porque teníamos bastantes fusiles automáticos, pero sin tiros”, recuerda Salvador Ramiro “Salvador” García Ramírez.

Después de desalojar a la gendarmería sanguinaria de la Escuela San Martín y de combatir contra los guardias en distintos rumbos de las calles de Monseñor Lezcano, Acahualinca, Barrio Cuba, Reparto Loma Verde, Colonia Morazán y Santa Ana, fundamentalmente, y que trataron de abrir un pasadizo por el rumbo del Restaurante Tinajones, sucesos ocurridos en todo el día 14, la jefatura del Estado Mayor Conjunto del FSLN en esta Zona Noroccidental de Managua, encabezada, entre otros,  por Silvio “Israel”  Porras García, Arnoldo “Viejo Ernesto” Real Espinoza y Jorge “Roberto”  Esquivel,  estaba clara de que a este Frente de Guerra revolucionaria en estos momentos estaban llegando más tropas de la GN, tal vez otros 400 soldados, con mucho más artillería pesada  y abundante fusilería  en manos de los guardias  somocistas genocidas.

Estos  Jefes Guerrilleros  eran al mismo tiempo  jefes de la Columna Óscar Turcios  Chavarría, la cual hacía  multitud  de  operaciones  militares  para  enfrentar a la Guardia Nacional  en distintos rumbos  de este teatro de guerra  revolucionaria.

La inteligencia militar insurreccional les indica que además de los tres contingentes de guardias ubicados en la Fábrica Gadala María (Suroeste de Acahualinca), el que se mueve por el Sureste del barrio Monseñor Lezcano y el que baja del lado de la Refinería, está también  aproximándose un nuevo contingente por los lados de donde es  hoy ENACAL, en la 35 Avenida Oeste, donde había abundante  vegetación matorralosa;  por la Carretera Sur y la Embajada Norteamericana, específicamente entre el Hospital Siquiátrico  y el Guanacastón,  y la entonces Ferretería Lang y hacia adentro del Barrio Altagracia..

Santiago “Ricardo” Núñez Solís y Salvador Ramiro “Salvador” García Ramírez,  sobrevivientes, estiman que Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares eran, quizás, unos 150 en total, y a lo sumo 15 de ellos estaban realmente portando fusiles automáticos como Fal, Galil y Garand,  sólo una carabina M1  en manos de Arnoldo “Viejo Ernesto” Real Espinoza, y asimismo unos pocos andaban escopetas, rifles 22 y 30-30, pistolas y revólveres  calibre 38 y 32, más una buena cantidad de bombas de contacto.

Unos pocos  Combatientes Populares  y jefes de escuadras, como Salvador Ramiro “Salvador” García Ramírez  y Armando ”Samuel” Ibarra González, portaban  fusiles Fal  y eran al mismo tiempo Combatientes Populares  y cazadores de francotiradores  que la Guardia Nacional  somocista genocida  tenía ubicados  en árboles y edificio altos, , como, por ejemplo, en el ceibón del entonces llamado “Leprocomio”  (hoy Hospital Dermatológico Nacional), el cual fue  bajado a tiros  por estos dos  insurrectos sandinistas.

Después de los combates contra la Tercera Sección de Policía GN (“Sierra Tres”) y en la Escuela San Martín,  la escasez de tiros de todo tipo se les volvió angustiosa a Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares.

Asimismo, la situación ya era precaria por la gran cantidad de heridos en los tres Hospitales Clandestinos, tanto Combatientes Populares como civiles. Fue cuando parte del mando o Estado Mayor Conjunto contempló la necesidad urgente de efectuar un Repliegue Táctico hacia el Barrio San Judas, ubicado al Sur de Monseñor Lezcano; y separado por predios baldíos amplios, donde hoy se ubican las Colonias Batahola Norte, Batahola Sur, Héroes y Mártires de Batahola, la Carretera Sur, Asentamiento Nora Astorga, Asentamiento Daniel Enrique Chavarría y Mercado Israel Lewites; más la Pista “By Pass” y Colonia Independencia, donde los guardias estaban tendidos por centenares.

Entre el lado Norte de Monseñor Lezcano y el lado Sur de San Judas hay aproximadamente cinco kilómetros de distancia, trecho que debían recorrer los replegados  entre matorrales, cauces y muy pocas casas.

Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares se repliegan clandestinamente el 14 en la noche de Monseñor Lezcano a Acahualinca, este último ubicado en la orilla del Lago Xolotlán o de Managua. Los guardias sanguinarios se quedan quietos porque a los Combatientes Populares les tienen horror durante la noche.

Según datos recabados, el Estado Mayor Conjunto se reúne clandestinamente en Acahualinca y empieza a discutir sobre las posibilidades reales de hacer un Repliegue Táctico de  desde  distintos  puntos de Monseñor Lezcano a San Judas. El asunto se presenta muy peligroso, debido a que varios contingentes de soldados somocistas sanguinarios están ya dentro de Monseñor Lezcano y rodeándolo, especialmente por el lado de la Carretera Sur.

Es preciso considerar también  que  por el nivel de peligrosidad  en el campo de batalla, debido a que  los guardias  ya tienen  tomado Monseñor Lezcano  y rodeándolo  por el Sur  y el Oeste, era  indispensable   pedir apoyo militar urgente  al Estado Mayor  Conjunto  de la Zona Suroccidental, ubicado en San Judas, encabezado  por Gabriel Cardenal Caldera, con el fin de que estos combatientes  abrieran  una especie de “túnel”  combativo, a punta de balas y emboscadas, para  que  el proyectado Repliegue Táctico de Monseñor Lezcano  se abriese  paso hacia San Judas.

Según Salvador Ramiro  García Ramírez, uno de los Combatientes Populares heridos en ese momento, esos Jefes del Estado Mayor Conjunto se trasladan secretamente a una casa contiguo a Foto Lumington,     de Monseñor Lezcano, donde continúa la discusión, desde temprano del 14 de junio en la noche y continúa en la madrugada del 15 de junio, y finalmente toman la decisión de intentar hacer el Repliegue Táctico de Monseñor Lezcano a San Judas. Ya se sabía que la situación era muy peligrosa.

La  situación del Frente Suroccidental, jefeado por Gabriel Cardenal  Caldera, también  era extraordinariamente  difícil, pues Jefes  Guerrilleros, Combatientes Populares, Milicianos  con poco entrenamiento  y sin municiones,  y pobladores implicados en la Insurrección, estaban siendo golpeados  severa y mortalmente  desde la mañana del 14 de junio, especialmente después de la masacre  en el Kilocho Sur, donde  los guardias  somocistas mataron  a alrededor  de 35  jovencitos, mientras al mismo tiempo  la Guardia Nacional, con su EEBI de asesinos  al frente, había lanzado  más tropas  y quipos  bélicos pesados  por  los  costados Norte, Este  y Oeste de San Judas, todo  lo cual motivó  el Repliegue Táctico  también apresurado  de este Frente Suroccidental  hacia las haciendas  cafetaleras de San Pablo, San Blass  y El Vapor, en las montañas de El Crucero, precisamente  el 15  de  junio a eso de la  una de la tarde, cuando ya se estaba produciendo la Masacre de Batahola.

Las dos Colonias Batahola Sur y Batahola Norte y el Asentamiento Austria, no existían. Tampoco el Asentamiento Héroes y Mártires de Batahola, ni el Asentamiento Nora Astorga. Todos estos territorios estaban  cubiertos de matorrales, hierbas medianas y unos cuantos árboles. Sólo estaban allí, en el lado Sur de la Carretera Sur, por ejemplo,  las murallas o muros de la Embajada Norteamericana y un poco al Sur el Taller  Batahola del Distrito Nacional, ubicado al pie del Cerro Batahola, en cuya cúspide está la Residencia del Embajador Norteamericano.

En el lado Norte de la Carretera, un poco al Este de los muros de la Embajada Norteamericana, estaban unos talleres automotores mecánicos y eléctricos de la Mercedes Benz y de la KOMATSU. La Ferretería Lang estaba donde es hoy un Supermercado, frente al Guanacastón, y hacia al Noroeste de este lugar también era un sitio ocupado por matorrales, hierbas bajas y árboles no tan copiosos.

Supuestamente, el Estado Mayor Conjunto acordó efectuar  el Repliegue Táctico de Monseñor Lezcano a San Judas por los predios montosos de la hoy Batahola Norte, cruzar la Carretera Sur por el lado Oeste del muro de la Embajada Norteamericana, donde también estaba lleno de matorrales y hierbas crecidas; girar un poco al Este por el mismo muro circular de la sede diplomática del imperialismo yanqui genocida, y, además, de acuerdo con el plan trazado, una parte del Repliegue enrumbaría hacia el Este, por la orilla de la Cementera Canal, para ir a tomar el cauce a la altura del Reparto San Martín; y la otra parte iría recto, por entre matorrales, por la orilla del Cerro Batahola, a salir por el Centro Comercial Nejapa, donde funcionaron los Juzgados de Managua hasta hace poco tiempo.

El mismo  acuerdo o plan del Repliegue Táctico de Monseñor Lezcano a San Judas indicaba que comenzarían a salir de un sector de Acahualinca, de las cercanías del Cine León, de los alrededores del “Leprocomio” (hoy Hospital Dermatológico Nacional), donde también había un predio montoso, vacío, donde hoy se ubica el Reparto España; seguirían por dentro del Barrio Loma Verde, llegarían a una esquina, ubicada una cuadra al Este de la entrada al Seminario Nacional (de la Iglesia Católica), y de allí cruzarían esa calle para adentrarse por entre los matorrales rumbo al Sur mediante caminitos vecinales “de a pie”, porque allí no habían calles.

Los heridos serían reubicados clandestinamente en casas de seguridad y, si se podía, llevados al Seminario Nacional, ubicado en una loma, de donde  es  hoy ENACAL hacia el Norte, en el borde de la Laguna de Asososca, para que fuesen atendidos.

Inclusive, los Jefes del Estado Mayor Conjunto tomaron la decisión de enviar a Luis Felipe “Bomberito” Montano Blandón para que fuera como enlace  o “correo clandestino” a informarle al Estado Mayor Conjunto del FSLN para la Insurrección en el Occidente de Managua, ubicado en Loma Linda (Sierra Maestra), jefeado por  “Payo” Cardenal Caldera, que se iniciaba el Repliegue Táctico de Monseñor Lezcano a San Judas, con la finalidad de que le brindaran apoyo militar, para  que  “abrieran  el “túnel”  militar   esperado  o acordado”.

“Bomberito” Montano Blandón fue capturado por la EEBI en el cruce cercano a la Fosforera (en las cercanías de la Ferretería Lang), donde fue torturado y  asesinado igualmente de forma atroz porque se supone no les dijo nada a los guardias, e hicieron desaparecer su cadáver. “Bomberito” Montano Blandón, además de Combatiente Popular, miembro  del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Managua, era miembro del Conjunto Musical y de Canto “Los Rambler”. Nadie volvió a verlo.

Aparentemente, de acuerdo a testimonios de sobrevivientes de la Masacre de Batahola, hubo algunos desacuerdos entre Jefes del Estado Mayor Conjunto, y se produjo un fuerte altercado entre Pedro “Chaparro Henry” Meza (sobreviviente y hoy abogado) y otros miembros del Estado Mayor Conjunto de esta Zona Noroccidental de Managua. “¿Quién autorizó este Repliegue?”, habría preguntado “Chaparro Henry”. “El único que se opuso  fue “Iván” “Linotipista”. No  sé  qué se hizo”, asegura Salvador Ramiro García Ramírez, hoy Contador Público de profesión.

Varios sobrevivientes de la Masacre de Batahola suponen que además informaciones suministradas por “orejas” y “soplones” de la Guardia Nacional, esta discusión alterada pudo arrojarle mucho más información a los guardias sanguinarios.

Un contingente de guardias, mercenarios del CONDECA y asesinos feroces de la EEBI, ya estaban tendidos en la propia Carretera Sur, en los Talleres de KOMATSU y la Mercedes Benz, en la llamada “Punta de Plancha” o vuelta, o entrada, de la Carretera Sur hacia el Sur frente a los Talleres Mercedes Benz, donde tenían ya emplazadas dos ametralladoras: una calibre 50 y una calibre 30.

En la propia  Carretera Sur, de acuerdo con versiones de testigos sobrevivientes de la Masacre de Batahola,  otras dos ametralladoras eran movidas  en dos jeepones (“Camionetas  “chatas”, les decían también) de la Guardia Nacional, y en este caso específico de la EEBI, de Norte a Sur y viceversa. Esas versiones aseguran también que otra ametralladora calibre 50 estaba emplazada en la faldas del Cerro Batahola, exactamente un poco encima del Taller Batahola, en ese entonces del Distrito Nacional y de donde salían las palas mecánicas ya mencionadas arriba.

Para sumarle más angustia a los apuros militares que ya tenían, Efraim “Challuya” Téllez asegura que por descuido de varios Combatientes Populares una embestida de los guardias sanguinarios les destruye una de las barricadas principales, ubicada del Cine León una cuadra al Norte, donde al mismo tiempo estaba una zanja ancha y profunda que impedía el paso de los enemigos somocistas. Esto ocurrió un poco después de las nueve de la mañana de ese 15 de junio. “En  realidad  esta  trinchera de combate  se abandonó  porque un francotirador  de la guardia  nos estaba haciendo daño mortal  desde el ceibón del Leprocomio. Uno de los Combatientes  muertos  por este francotirador GN  fue Jorge Hernández. Tuvimos que  irlo a bajar a balazos”, recuerda García Ramírez.

Al ocurrir este desalojo militar, un grupo considerable de Combatientes Populares y pobladores quedan desprotegidos, y se ven obligados a replegarse rápidamente hacia el Sur, en rumbo al Seminario Nacional, desplazándose por patios y techos del Reparto Lomas Verde.

Son coincidentes las versiones de Salvador  Ramiro García Ramírez, Santiago “Ricardo” Núñez Solís y Efraim “Challuya” Téllez, de que los Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y Milicianos comenzaron a replegarse de Norte a Sur, caminando por entre patios, encima de techos y pegados a los muros de las calles, a eso de las once y media de la mañana del 15 de junio de 1979.

Mientras ellos caminaban clandestinamente, se fue sumando una gran cantidad de civiles: hombres, mujeres, niños y hasta ancianos, todos implicados en la Insurrección Sandinista de la Zona Noroccidental de Managua. Es decir, decenas de  civiles  implicados en la Insurrección  se enteraron  de que algo raro estaba ocurriendo  y se sumaron  a la  retirada  clandestina.

Los Combatientes Populares, Milicianos y Jefes Guerrilleros eran unos 150 en total, 15 de ellos regularmente armados con fusiles automáticos (ya prácticamente sin tiros en esos momentos). El resto portaban armas de cacería, inclusive pistolas y revólveres, ya sin municiones, especialmente después de los combates en la destrucción de la Sección de Policía GN o “Sierra Tres”, dentro de la Escuela San Martín y resto de combates móviles protagonizados los días 13 y 14 de junio en las calles de Monseñor Lezcano, Acahualinca, Colonia Morazán, San Sebastián, Balcanes, Santa Ana, Linda Vista, Las Brisas y en Loma Verde.

También son coincidentes las versiones de García Ramírez, Núñez Solís y “Challuya” Téllez de que los replegados estaban congregados más o menos a las doce del día de la esquina de entrada al Seminario Nacional, una cuadra al Este, en la vía que conduce hacia donde fue el Banco Popular, y ya cerca de la entrada de uno de los caminitos por entre los matorrales, hierbas crecidas y unos pocos árboles donde hoy está asentada la Colonia Batahola Norte.

Estas versiones indican que en ese momento estaban congregadas allí unas 400 personas en total, formadas en dos columnas. La inmensa mayoría eran civiles, desarmados, implicados en la Insurrección Sandinista.

Otro dato histórico  importante de este momento crucial es que se afirma que Silvio  Porras García (Jefe del Estado Mayor), Jorge Corea Briones, Alba Luz “Marta” Portocarrero Flores, Soraya  “Flor” Hassan Flores,  y otros tres Combatientes Populares, con sólo un fusil en manos de “Marta” Portocarrero Flores   y una subametralladora M1  en manos de Silvio, y el resto con escopetas, por decisión del Estado Mayor Conjunto se suben en una camioneta roja recuperada y toman el rumbo del Hospital Siquiátrico Nacional  (hoy Hospital Sicosocial  José Dolores Fletes) por la hoy 35 Avenida Oeste, con el fin de enfrentarse al contingente de guardias en este sector y tratar de abrirse paso a balazos, para que el Repliegue Táctico de Monseñor Lezcano a San Judas “ganara tiempo” y “espacio  vital” para cruzar la Carretera Sur.

Una segunda versión añade que en realidad se subieron a un automóvil rojo, y que  los  calibres de los fusiles y escopetas iban salidos por la ventana del carro.

Las versiones testimoniales de sobrevivientes de la Masacre de Batahola añaden que efectivamente esta escuadra trabó combate con la soldadesca GN genocida, que los mataron a todos  y que sus cadáveres fueron desaparecidos también mediante cremación.

Mientras tanto, las dos columnas del Repliegue Táctico de Monseñor Lezcano a San Judas se internaron en el predio montoso mencionado, en pleno medio día, quizás era la una de la tarde. Convencidos de que presuntamente los contingentes de guardias sanguinarios genocidas no los habían detectado, caminaron sigilosamente, despacito por entre los matorrales, procurando no hacer ruido, hablar en voz muy baja, auxiliarse unos a otros, iban pendientes de que ninguno se quedara perdido o fuera de las dos columnas.

Los testimonios añaden que una columna, en medio de los matorrales, hizo un giro un poco al Este, para salir por la Calle en que se ubicaba Gallo y Villa y el actual INVUR, frente a la Embajada Norteamericana, y ya muy cerca de los Talleres de la Mercedes Benz.

La otra columna tomó rumbo Suroeste, como si fuera a cruzar y seguir por el centro de la actual Colonia Batahola Sur.

Supuestamente, los replegados que van buscando cómo cruzar la Carretera Sur por la Calle de Gallo y Villa, envían   a la Combatiente Popular y correo clandestino, Graciela Isabel “Linda” Barreto Orozco, a indagar con familias del vecindario, para saber cómo está tendido el contingente de guardias. Graciela Isabel Barreto Orozco pidió agua en una casa familiar, y ante su pregunta, le respondieron que la situación en la Carretera Sur era realmente muy peligrosa para ellos.

Siempre se denunció que cuando esta columna de replegados estaba ya en ese sitio, fue denunciada  por los “orejas” Ramón Valle Arancibia y Gabriel Valle, quienes presuntamente se movían en los alrededores.

Inclusive, hay una versión testimonial de que un tercer grupo de pobladores replegados, en hilera india, como un cien pies,  se desplegaban pegados a los muros en la dirección de donde fue después el Banco Popular, esquina opuesta al Restaurante Tinajones, rumbo a salir a la Carretera Sur, frente a la Ferretería Lang, lo cual parecía imposible, debido a que el día anterior, 14, los guardias se habían metido a Monseñor Lezcano por esta vía, y en ese lugar, en combate de resistencia, habían resultado heridos  Salvador Ramiro García y “Ricardo” Núñez Solís.

Los relatos recogidos entre sobrevivientes de esta Masacre de Batahola indican que los replegados, hombres y mujeres, casi todos jovencitos, esperaron tendidos en el suelo por un largo rato, antes de cruzar la Carretera Sur. Se supone que ya era  después de la una de la tarde de ese día 15 de junio de 1979.

Finalmente se cruzan en fila, en columna formada. Las versiones testimoniales recuerdan que una columna, estimada en unos 300, se cruza por el lado Oeste de los muros de la Embajada Norteamericana, y la otra, también de unos 300, se atraviesa por el lado Este de los muros de la sede diplomática gringa. Esta segunda columna se cruza unos 80 metros al Oeste de donde estaban los Talleres de la Mercedes Benz, donde estaban ya emplazadas las dos ametralladoras mencionadas.

Es necesario repetir que por todos los costados de los muros de la Embajada Norteamericana no había las casas que existen hoy. Lo que existía eran  matorrales, hierbas crecidas y unos pocos árboles. Enfrente de los muros circulares de la sede diplomática yanqui genocida, al Este, en la orilla Este de una calle de tierra, estaban ubicados la Cementera Canal, la NICALIT y unos Talleres de KOMATSU. Un poco al Este de aquí se ubica un cauce, el  Reparto San Martin y hacia el Sur, otro cauce de poca profundidad, el cual es visible en la orilla Oeste del hoy Mercado Israel Lewites, el que tampoco existía en aquellos momentos del 15 de junio de 1979.

Supuestamente, los muchachos y muchachas replegados no ven guardias tendidos o desplegados en la Carretera Sur y se cruzan. Un poco al Sur de donde van cruzando había un espacio sin matorrales, como vacío, como campo de béisbol, al Este de los muros de la Embajada Norteamericana.

Cuando van caminando por allí les abren fuego balístico con todas las ametralladoras ya mencionadas, más la fusilería, quizás por centenares. Algunos sobrevivientes aseguran que también les dispararon desde encima de los muros de la Embajada Norteamericana.

Los testimonios de sobrevivientes señalan que era un diluvio de balazos de gran poder. Leonardo Iglesias Medina, uno de los sobrevivientes de esta Masacre de Batahola, fallecido hace poco tiempo, me contó antes de morir:

“Aquello fue un infierno espantoso. Cuando comenzó ese feroz ataque a mansalva, porque prácticamente todos íbamos desarmados, yo me tiré al suelo porque así lo habíamos aprendido cuando nos entrenamos para combatir a aquellos asesinos del somocismo. Al mismo tiempo, me arrastraba con la boca rosando el suelo y escuchaba y sentía que las balas me rosaban  el cuerpo y cortaban el zacate y los matorrales como si llevara yo una chapodadora poderosa encima de mí”.

“En esos momentos de angustia indescriptible, porque ves la muerte encima, yo oía cómo los balazos partían los cuerpos de mis compañeros y compañeras y los sentía caer a mi lado, o sencillamente, de reojo también veía que otros que se iban arrastrando igual que yo, y  eran impactados por las balas y ahí quedaban heridos mortalmente o ya muertos”, recordaba Leonardo Iglesias Medina, sin poder detener lágrimas que brotaban de sus ojos.

“No sé de dónde saqué y sacamos fuerzas quienes sobrevivimos a esta Masacre, porque yo recuerdo que me arrastraba y arrastraba, tal vez fueron unos diez minutos que se me hicieron eternos y absolutamente desesperantes. Incluso, a ciegas, por instinto de sobrevivencia y direccional, yo tenía la idea de ir a salir por la NICALIT y finalmente lo conseguí.  Corrí lo más veloz que pude para cruzar la calle y meterme al cauce que está para el lado Sur, y por entre ese cauce crucé la Pista  o “Bypass”, y finalmente,  un grupo de sobrevivientes llegamos a San Judas”, me contaba Iglesias Medina antes de fallecer en el año 2004. Leonardo Iglesias Medina fue concejal del FSLN en el 2001-2005, en el período de Herty Lewites Rodríguez.

Los guardias de la EEBI no cesaron de disparar en ráfagas hacia donde los Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y pobladores civiles, corrían  y se arrastraban buscando cómo llegar a San Judas, que era un anhelo angustioso por salvarse y salvar la vida y enfrentando a los guardias mensajeros infernales de la muerte.

Iglesias Medina afirmaba que fueron entre diez y 15 minutos de balacera nutridísima en contra de ellos. Otros sobrevivientes indican que quizás fueron unos 20 minutos de balacera contra una masa de jóvenes, hombres y mujeres, que no pudieron defenderse de este nuevo ataque sanguinario somocista genocida  en contra de pobladores de Managua.

Iglesias Medina decía que ninguno de los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares pudo hacerle frente a ese ataque genocida de la Guardia Nacional, pues, en primer lugar, virtualmente todos habían cruzado e ingresado al predio matorraloso, y en segundo lugar, casi todos iban desarmados y quienes llevaban fusiles automáticos, o de guerra, no portaban tiros consigo.

Leonardo Iglesias Medina  contaba que los sobrevivientes de la Masacre de Batahola al ganar la calle de la orilla de la Cementera Canal  y de NICALIT, se fueron corriendo, ya sin formación alguna de columnas, por tres vías: por el canalito que había en medio del predio, exactamente del lado Sur del muro de la Embajada Norteamericana hacia el Sur, en rumbo a pasar por la orilla del Plantel Batahola y también por el Centro Comercial Nejapa; un segundo grupo de sobrevivientes siguió por el cauce que está paralelo al hoy Mercado Israel Lewites Rodríguez y un tercero logró irse de cruzada por el Barrio Altagracia y tomar también como rumbo escondido el cauce que se ubica paralelo a las instalaciones de la Alcaldía de Managua, por el lado Este del “Centro Cívico Camilo Ortega Saavedra”.

Es precisamente en este último cauce que los guardias somocistas sanguinarios, acantonados en el Centro Cívico, detectan que Eduardo José “Ñato” Argüello Bohórquez, hermano menor de Alexis Argüello Bohórquez, cuando va corriendo por dentro del cauce y lo matan con ráfagas de fusiles por donde está el Semáforo en la Pista de la Resistencia Sandinista, entonces llamada “By Pass”.

Vecinos de los alrededores contaron después que los sicarios sanguinarios del somocismo genocida que aún así, asesinando a mansalva, los guardias inicialmente entraron con miedo al predio matorraloso (al Este y Sur de los muros de la Embajada yanqui), donde con ráfagas de fusiles y tiros de pistolas remataban a todos los que encontraban muertos, o estaban vivos todavía.

Detrás de los guardias asesinos ya venían “muy diligentes” los conductores de las palas mecánicas y de los camiones volquetes. Después de convencerse de que ya los habían rematado a todos los masacrados, entonces entre los matorrales, para esconder este otro crimen espantoso, de lesa humanidad, los guardias de la EEBI arrastraron los cadáveres hasta un punto cercano a la NICALIT, los pusieron en fila, y luego con la pala mecánica los lanzaban dentro de los tráilers de los camiones volquetes del Distrito Nacional.

Concluida esta obra macabra, espantosa, los cadáveres amontonados dentro de los camiones, fueron llevados a echarlos en una zanja que estos despreciables somocistas genocidas ya habían hecho muy cerca de donde tenían la Academia Militar y de los edificios del Banco de América y del Banco Central, y por donde después se construyó la Plaza de los No Alineados, porque estaban seguros de que iban a ocultar las huellas horribles de esta otra matanza, conocida hoy como Masacre de Batahola.

En ese sitio fue construido un monumento en memoria eterna a estos Héroes y Mártires de la Revolución Popular Sandinista. Este monumento está en el lado Este de la Asamblea Nacional, cuyas autoridades cuidan de él en forma permanente. En la parte baja, en un círculo, están 81 nombres de los que se ha confirmado cayeron abatidos por las balas disparadas a mansalva por estos asesinos del somocismo genocida.

En mi libro “Insurrección Sandinista Victoriosa y Repliegue Táctico de Managua a Masaya” ya se publicaba un listado no oficial  de los Héroes y Mártires asesinados a mansalva por aquellos sicarios sanguinarios; y en otro libro de Patrimonio Histórico de la Alcaldía de Mangua, asimismo se publicó un listado en que se afirman fueron 72 los masacrados en Batahola.

En el monumento mencionado, en memoria de estos Héroes y Mártires de la Revolución Popular Sandinista, hay colocadas 81 placas con igual número de nombres. Es posible que mediante la investigación que he iniciado, este listado de Héroes y Mártires, masacrados en Batahola, crezca en número, como ocurrió cuando hice una investigación más cuidadosa y paciente sobre los caídos en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, ocurrido los días 27, 28 y 29 de junio de 1979.

Por pláticas con sobrevivientes de la Masacre de Batahola, y tomando en cuenta el listado oficial de la Asamblea Nacional, colocados cada uno de los nombres en el monumento mencionado, tenemos la siguiente lista de Mártires o caídos:

Arnoldo “Viejo Ernesto” Real Espinoza, Silvio Porras García, Jorge “Bladimir” Corea  Briones, Alba Luz “Marta” Portocarrero Flores, Soraya “Flor” Hassan Flores, Allan “Sherman” Álvarez Miranda, Antenor Aguilar,  Carlos Mendoza Montano, Carlos Ortiz, César Vidal Lara Tercero, Denis Argeñal, Eddy Meléndez Morales, Eduardo García, Eduardo José “Ñato” Argüello Bohórquez, Enrique “Corsario” Martínez Rayo, Edwin Gutiérrez, Elías Alfredo Pérez, Enrique Gutiérrez Serrano, Ernesto “Franklyn” Cedeño, Fanor Gaitán, Fernando Javier Aguinaga, Francisco Hernández, Francisco Javier Zeledón López, Francisco Gutiérrez Velásquez, Francisco Rodríguez, Gerardo Omar López, Gustavo “Tortillero” González, Horacio José Lorío Hernández, Ignacio Varela, Javier Antonio Martínez Velásquez,  Jorge Martínez, Jorge Zapata Borge, José David Rocha Hernández, José Domingo “Chanchero” Martínez, José Domingo Romero, José Enrique Bermúdez, José Esquivel Acevedo, José Gonzalo Largaespada Martínez, José Isabel Bermúdez, José Peña Gutiérrez, José Rafael Bermúdez, José Ramón Rayo Suárez, Juan Horacio Rivas Rodríguez, Juan Rafael Bermúdez, Juana María Torrez Espinoza, Julio Loáisiga, Julio Villalta, Leonel Morales, Graciela Isabel  “Linda” Barreto Orozco, Luis Martínez, Luis  “Bomberito” Montano Blandón, Manuel Espinoza Cabrera, María José Sáenz, Marta Olivia, Mary José Matus, Mauricio A. Gutiérrez R., Mauricio Alegría, Mauricio Mayorquín, Miguel José Matus, Miguel Velásquez López, Napoleón Lara, Nelson Berríos Parra, Noel Padilla Pérez, Orlando Núñez Hernández, Oswaldo Enrique López Alegría, Pablo Solórzano, Pedro Antonio Túkler Rugama, Raúl López Flores, René Gutiérrez, Reyna Carballo Membreño, Ricardo J. Munguía Talavera, Roberto Díaz Meza, Róger Benito Martínez, Róger Martínez Abarca, Ronaldo Antonio Velásquez Morales, Rubén Mendoza, Samuel Antonio Medal Ramírez, Samuel “Samuelillo” Barreto,  Víctor Manuel Aguirre Mendoza, Wilfredo Juan Rodríguez, Jazmina Bustamante Peña y Zulema Baltodano Marcenaros.

¿Cuántos eran realmente, entre varones y mujeres, los participantes en aquel Repliegue Táctico de Monseñor Lezcano a San Judas? ¿Cuántos fueron asesinados, o masacrados? ¿Cuántos sobrevivieron a esta balacera horrible? Se  supone  que en este Repliegue Táctico o retirada  iban   más de 300 Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares, Milicianos y pobladores  implicados en la Insurrección   en los barrios Noroccidentales de Managua.

Un grupo de los mismos sobrevivientes, entre otros, Salvador Ramiro “Salvador” García Ramírez (hoy Contador Público), hicieron una investigación de varios años, mediante entrevistas a Combatientes Históricos, familiares y amigos, la cual dio como resultado este listado todavía incompleto de sobrevivientes de la Masacre de Batahola:

Salvador Ramiro “Salvador” García Ramírez, Santiago “Ricardo” Núñez Solís, Pedro Benjamín José “Chepe” Medina Solís, Francisco Javier “Machigüe” Sánchez Suazo, Ramiro “Julio” Martínez Miranda, Emilio José “Monimbó” Mercado, Alejandro “Marciano” Díaz Meza (hoy es abogado) Carlos Alberto “Corsario” Martínez Rayo (es mecánico  actualmente),  Pedro “Chaparro Henry”  Meza Vílchez, Carlos “Mago” Díaz Moreira, o Fanor  Ibarra González (ya fallecido, fue del grupo musical Los Rambler), Lombardo Márquez Reyes, Roberto Antonio “Piojo” Sánchez, Efraim “Challuya” Téllez, Mario Antonio Barrera Beteta, Domingo Ernesto “El Tuckler” Tuckler, Wilfredo Mayorquín, Róger Almendárez Román, Álvaro Antonio Pérez Morales, Bismarck “Cumbita” Sandoval Estrada, Marvin “Chorro de Humo”  Gutiérrez Mendoza, Orlando Díaz Meza,  Armando “Samuel” Ibarra González, Walter Almendárez Román, David  Lorío Hernández, Álvaro “Manteca” Espinoza, Adolfo Reyes, Armando “Mono” Mendoza (hoy es abogado), César Sediles, Óscar “El Pausado” Vargas Cruz (hoy es abogado), Roger Antonio “Gavilán” Bermúdez Morales, Chino “Braulio” Zepeda, Eduardo “Chacho”  Sánchez, Miguel Jerónimo “Chayotón” Vásquez López, Néstor “Gemelo” Castillo, William “Gemelo” Castillo, Enrique López Castillo, Gregorio Maldonado, Ricardo López Alegría, Ángela “Pata de Yuca” Vargas, Julio Paniagua, Abba “Abba” Medina, Edwin Antonio “Chicha”, “El Loco” Cabrera, César de Jesús “Cachín”  Amador Zeas, Óscar Mayorquín, Martín López, Uriel Antonio Tijerino Carrillo, Medardo Eliseo Tijerino Carrillo, Marlon José Tijerino Carrillo, Francisco “Chico Zorro” Mercado, Martín “Renco” Fonseca,   Leonardo Iglesias Medina (ya fallecido),  Eduardo “Iván”   García, y otros sólo conocidos por nombres de: Rubén, Cairo, Psinga, Henry y Fernando.

Testimonios de algunos de estos sobrevivientes de la Masacre de Batahola, entre otros Leonardo Iglesias Medina (fue concejal del Frente Sandinista en Managua) y Salvador Ramiro “Salvador” García Ramírez,  la mayoría de los sobrevivientes que lograron llegar a San Judas, les tocó vivir el siguiente episodio de la otra masacre perpetuada por la Guardia Nacional en la Hacienda El Vapor, en los Lomos o Montañas de El Crucero, al Sur de Managua, los días 15, 16  17 de junio.

Además, quienes lograron sobrevivir a esta otra masacre en la Cordillera Sur de Managua, se fueron a la Zona Oriental-norte Insurreccionada y asimismo participaron en el  Repliegue Táctico de Managua a Masaya, el cual fue también masacrado mediante bombardeo aéreo por la Guardia Nacional sanguinaria somocista en “Piedra Quemada”, Masaya, resultando más de 80 muertos o caídos, entre ellos Óscar Gutiérrez Serrano, uno de los sobrevivientes de Batahola. Su hermano Enrique Gutiérrez Serrano fue uno de los muertos en la Masacre de Batahola.

Otra masacre en Miraflores, Xiloá

Repliegue o Éxodo de Santa Ana a Mateare

El  16 de junio, un día después de la Masacre de Batahola, se produce un Repliegue, o Éxodo, bastante masivo de pobladores civiles y Combatientes Populares heridos de los vecindarios Santa Ana, Acahualinca, Balcanes y San Sebastián hacia el casco urbano de Mateare.

 Al conocerse de la Masacre de Batahola aquel 15 de junio, después del medio  día, centenares o miles de pobladores entraron en pánico, especialmente al notar que entraban más soldados sanguinarios genocidas a estos vecindarios, con más equipos de artillería pesada, al mismo tiempo que los pilotos sanguinarios seguían  bombardeando estos Barrios Noroccidentales, y en toda Managua.

Relatos testimoniales de José Dolores “Chepe Lolo” Galo Estrada y Santiago “Ricardo” Núñez Solís, ambos sobrevivientes de la Masacre de Batahola, indican que unos 1,000 pobladores se organizaron en secreto y decidieron irse hacia Mateare por medio de los rieles del Ferrocarril, el cual pasaba, cuando existía, en la orilla Norte de Acahualinca y Santa Ana.

Núñez Solís y “Chepe Lolo” Galo Estrada sobrevivieron a la Masacre de Batahola, pero no lograron cruzar hacia San Judas. Se fueron a refugiar en el Seminario Nacional, de donde partieron clandestinamente hacia el lado de Acahualinca. Núñez Solís andaba herido. ”Chepe Lolo” Galo estaba ileso, y formaba parte de los Comandos Revolucionarios Sandinistas del Pueblo, de Tendencia Proletaria. Un grupo de Combatientes de estos Comandos Revolucionarios se hicieron cargo el 16 de junio de acompañar a la multitud de gente hasta Mateare, ubicado a 21 kilómetros al Oeste de Managua, en la orilla del Lago Xolotlán o de Managua.

El testimonio de “Chepe Lolo” Galo Estrada  indica que a pesar del pánico reinante, el operativo para este Éxodo masivo a Mateare se organizó en secreto. Como en típico Repliegue de Combatientes Populares, los pobladores civiles, hombres, mujeres, ancianos y niños, salieron sigilosamente de sus casas cuando ya era de noche.

Por orientación de una escuadra de apenas seis Combatientes Populares, entre los que se contaba “Chepe Lolo” Galo Estrada, puestos en los rieles se formaron en dos columnas, una a cada lado de las hileras metálicas del Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua. Como era de noche, a los participantes en el Éxodo o Repliegue se les pidió que procuraran no hacer ruido. Tampoco debían usar ropas blancas o claras, no debían llevar cosas que brillaran en la oscuridad, no encender focos de mano, ni fósforos, con el fin de evitar ser detectados por la Guardia Nacional somocista sanguinaria.

Al llegar a la Estación del Ferrocarril en Miraflores, ubicada entre Acahualinca y Los Brasiles, ya en la madrugada del 17, decidieron descansar y reanudar la marcha muy de mañanita. Unos cuantos se acostaron en el piso de ladrillos cuarterones sucios de la Estación del Ferrocarril, otros en el puro suelo, y una minoría acompañó a los Combatientes Populares para montar guardia en prevención de que los soldados enemigos los descubrieran.

Reanudaron la marcha a eso de las seis de la mañana. Cuando iban caminando en silencio por el cauce de Miraflores, a la altura del Puente de Cruce Xiloá-Miraflores (carretera pavimentada), a eso de las siete de la mañana, se toparon repentinamente con otra sorpresa horrible, pues un grupo de guardias tenían un retén allí, y estaban torturando, primero, y luego procediendo a matar con balas a unas diez personas que tenían capturadas.

“No podíamos darnos el lujo de que la guardia nos detectara, porque podía ejecutar en nosotros, en la multitud, una nueva masacre. Nos escondimos silenciosamente entre los matorrales y en el cauce. Un grupo de los Combatientes Populares  nos reunimos para discutir un plan, y acordamos desviarnos hacia el Norte con toda la gente, para salir como a  un kilómetro hacia el lado de la Laguna Xiloá, ubicada en la Península de Chiltepe”, recuerda Santiago “Ricardo” Núñez Solís.

Ya en pleno día, con sol abundante, continuaron la marcha por entre matorrales, en rumbo al poblado de Los Brasiles. Al llegar a este punto caminaron por la orilla del Lago de Managua hasta llegar a la Estación del Ferrocarril en el casco urbano de Mateare, ubicado a 21  kilómetros  al Oeste de Managua, en la orilla de la llamada  “Carretera Nueva a León”.

Entre Managua y Mateare estos rieles estaban ubicados en la orilla del Lago Xolotlán o de Managua, y cerca de la Laguna de Xiloá a la altura del Aeropuerto Escuela de Aviación Los Brasiles.

Dichosamente fueron recibidos por el cura de la Iglesia Católica. En esa Iglesia los pobladores civiles  permanecieron refugiados hasta el Triunfo de la Revolución Popular Sandinista. Otros, como Santiago Núñez Solís, ya “quemado” como Combatiente Popular se regresó de forma clandestina y se fue a refugiar en la Embajada de México, en Managua.

Fuentes documentales:

Informe e Investigación realizada  por un grupo de ciudadanos del Reparto Loma Verde y de Monseñor  Lezcano  sobre caídos y sobrevivientes de la Masacre de Batahola; Memoria Histórica: Héroes y Mártires de Batahola, de la Alcaldía de Managua; Listado oficial  de la Asamblea Nacional sobre los caídos de Batahola; “Un Pueblo en Armas”, del Comandante Carlos Núñez Téllez;  “Insurrección Sandinista Victoriosa y Repliegue Táctico de Managua a Masaya”, de Pablo E. Barreto Pérez; “20 Años Cumplidos, Crónicas del Triunfo y dos Repliegues Tácticos del FSLN”, de Pablo E. Barreto Pérez.

Fuentes orales:

Entrevistas  a sobrevivientes, entre otros:  Leonardo Iglesias Medinasobreviviente de la Masacre de Batahola. (ya fallecido).  Iglesias  fue concejal  del FSLN en el período de Herty Lewites Rodríguez, en la Alcaldía de Managua.

Santiago “Ricardo” Núñez Solís, sobreviviente de la Masacre de Batahola. Tiene los teléfonos:  22502455  y 83843313.

Salvador Ramiro García,  sobreviviente de la Masacre de Batahola  y uno de los directivos de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos  del Distrito II de Managua. Reside  en el  Reparto Loma Verde. Tiene los teléfonos: 22501389  y 87869718.

También  los Combatientes y Colaboradores Históricos: José Dolores “Chepe Lolo” Galo Estrada, Rina Rocha Hernández, Carlos  Díaz, Andrea Serrano Gutiérrez, Gloria Portocarrero Ramos, Ángela Rafaela Hernández Mayorga, Carlos Alberto Martínez Rayo.

 

17 de junio de 1979

Masacre en la Hacienda El Vapor, en lomos de El Crucero

*Fueron 12 Combatientes Populares los asesinados en El Vapor, según informe oficial de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos  “Gabriel Cardenal Caldera”

*¿Fueron traicionados  por un grupo fuera de control?

*Eran unos 1,000 los replegados hacia la Haciendas cafetaleras de las montañas sureñas de Managua

*Muralla de fuego balístico popular detenía a sicarios

Pablo E. Barreto Pérez

Después de la horrenda y atroz Masacre de Batahola, el tirano genocida Anastasio Somoza Debayle, su Guardia Nacional y sus generales, coroneles, mayores y capitanes, incrementan, ese mismo día 15 de junio,  de manera extraordinaria la cantidad de tropas y equipos bélicos pesados en contra de la Insurrección Sandinista en Managua, en las tres Zonas: Oriental-norte, Suroccidental y Noroccidental.

Con la Masacre de Batahola, el Repliegue Táctico masivo del OPEN TRES hacia San Andrés de La Palanca y el Éxodo de Santa Ana-Acahualinca hacia Mateare, la Insurrección Sandinista en la Zona Noroccidental quedaba virtualmente desarticulada. Al menos unos 50 de estos Combatientes Populares pasaron a engrosar las filas de columnas y escuadras en la Zona Suroccidental, donde la guerra de guerrillas contra el enemigo somocista, de hostigamientos, emboscadas y retiradas rápidas, continuó sin parar todavía en la noche del 15 de junio. Igual ocurría en la Zona Oriental, o Principal Insurreccional, en Managua.

Sobre este 15 de junio de 1979  y las masacres en los barrios occidentales de Managua, el Comandante Carlos Núñez Téllez en su informe  titulado “Un Pueblo en Armas”, dirigido a la Dirección Nacional Conjunta del FSLN en aquel momento crucial de la Historia de Nicaragua, dice lo siguiente:

“Anteriormente señalábamos que al estudiar el Plan (Militar) de Managua habíamos partido de una resistencia activa de corta duración, con el objetivo de esperar el avance de los otros Frentes de Guerra (del FSLN) y todos juntos lanzarnos al asalto de la fortaleza enemiga.

“Más de seis días llevamos de estar resistiendo al máximo la acción de la guardia genocida por distintos puntos. Era una acción insistente por el Puente San Cristóbal, Transporte Modernos y Carretera Norte, acción  militar que se paralizaba solamente cuando sentían en carne propia la vigorosa respuesta de los Combatientes y Milicianos Sandinistas.

“Comenzábamos a preocuparnos. Tal ritmo de lucha militar  no podía resistirse indefinidamente, solamente con moral combativa. Se hacía necesaria la presencia de otros Frentes, de armas, de hombres experimentados, máxime que la resistencia en los Barrios Occidentales comenzaba a declinar, doblada por la ofensiva criminal del ejército somocista.

“Monseñor Lezcano, San Judas, OPEN III (Ciudad Sandino) y Acahualinca prácticamente se habían convertido en campos de concentración. La población de San Judas y Ciudad Sandino se habían visto obligados  a emigrar hacia unas montañitas aledañas, llevándose consigo a centenares de heridos y Combatientes.

“Ya para ese entonces habían caído heroicamente Combatientes como René Cisneros Vanegas, Arnoldo “Viejo” Real Espinoza y Adolfo Aguirre Stathadgen, destacados militantes sandinistas y solamente Gabriel Cardenal (Comandante “Payo”) y Eduardo Cuadra Ferrey habían logrado retirarse y ponerse en contacto con nosotros”.

Continúa el Comandante Núñez Téllez:

“Al observar el vencimiento de los tres días y notando el empuje decidido de la guardia somocista, que se apoyaba en la infantería y en los blindados, el Estado Mayor General del Frente Interno comienza a hacer llamados a los distintos Frentes de Guerra (del FSLN) para que intensifiquen la lucha, se solucione la disputa del terreno y avancen sobre la Capital (Managua).

“Esta espera a veces se volvía bastante desesperante, indudablemente porque estábamos enmarcados y convencidos de que el Plan Militar (Insurreccional) de Managua era defensivo y que de ninguna manera, a partir de los recursos materiales y de las fuerzas, podía contemplarse la toma de la Capital y más todavía, porque se trataba de una fuerza pequeña (la del FSLN) alrededor  de 150 Combatientes con armas de guerra y varios centenares de Milicianos que estaban luchando y librando batalla en la retaguardia estratégica del enemigo (Guardia Nacional), en el corazón del enemigo y por supuesto, los sandinistas no nos equiparábamos ni numérica ni técnicamente al potencial de fuerzas y volumen de fuego del enemigo.

“A partir del viernes 15, las barricadas del Barrio Riguero, defendidas por los Milicianos, comienzan a ser tomadas por las tropas somocistas y los milicianos repelidos hasta las posiciones regulares; comienzan a presentarse los primeros problemas, la concepción del combate regular es asimilada por los milicianos, pierden las perspectivas del combate callejero y comienzan a exigir armas automáticas para mantenerse.

“Esto es más grave por cuanto la guardia comienza a avanzar apoyada en su alto volumen de fuego y como es natural, las fuerzas milicianas faltas de armamento calificado, se ven obligados a abandonar las trincheras muchas veces en desorden.

“Claro, en parte nosotros somos responsables de esta situación. Esta actitud, esta conducta, es el resultado de un trabajo no concluido. También en esos  días se dan otros tipos de problemas, como es la competición entre el fusil Fal y el Rifle 22, con el consiguiente celo de los milicianos que se sentían como marginados.

“Lo cierto era que las difíciles condiciones que teníamos, que son las mismas con las que  habíamos entrado al combate, no nos posibilitaban poder armar a todos los compañeros que así lo deseaban.

“Y particularmente es más sentido porque el Miliciano era por naturaleza un Combatiente audaz y tanto más  si tomamos en cuenta que había sido fogueado en una modalidad de combate eminentemente defensivo, a  tal punto que en determinado momento llegaban a derrochar una gran audacia y arrojo en el combate.

“Su mentalidad de asalto, su capacidad de desplazamiento masiva, siempre los habilitó para combatir hasta el fin, más o menos armados. Este problema se vería posteriormente  más agudizado cuando comienza a faltarnos el parque (tiros) de los Milicianos y por las limitaciones objetivas para proporcionárselo.

“Es necesario que si bien es cierto que nosotros teníamos objetivamente delineado nuestro campo de defensa, por el mismo levantamiento general, existían focos de resistencia en el Barrio Riguero, en La Rebusca y en la Máximo Jerez desde los primeros días.

“Por allí comenzó el enemigo su actividad de cerco y aislamiento de la Zona Oriental. Sobre los barrios mencionados se hizo sentir el despliegue militar y el poder de fuego de los somocistas hasta lograr que quedara perfectamente delineado el  Teatro de Guerra Oriental.

“Es así como a partir de este momento, la acción de la guardia se concentra en la Zona que ha conseguido aislar del resto de la Ciudad, dando origen a una tónica común de los futuros días: el enemigo tratando de penetrar y los revolucionarios ceñidos a su empeño de no permitirlo, costara lo que costara.

“Eso sí, los cálculos del Estado Mayor General del Frente Interno y del Estado Mayor Conjunto de Managua eran acertados: la muralla de fuego levantada (en trincheras de combate FSLN) se interponía como un gigante entre los contendientes, las inmensas barricadas de adoquines derribadas por los tanquetazos, resurgían al día siguiente más fortificadas, las recuperaciones de armas a la guardia aunmentaban,  acompañadas de sensibles bajas (guardias muertos y heridos).

“Era como golpear una muralla impenetrable, con la diferencia de que estas barricadas habían sido levantadas con los adoquines fabricados por las empresas del dictador… el adoquín, expresión de lucha y rebeldía, se levantaban como una maldición que lo llevaría a la tumba política

“El sábado 16 (de junio) cumplíamos una semana de haber insurreccionado la Capital. Las fuerzas estratégicas (Frentes de Guerra del FSLN)  seguían sin  llegar y en todos los sectores de Managua se seguía combatiendo”, expresaba el Comandante Carlos Núñez en su informe a la Dirección Nacional Conjunta del FSLN, titulado “Un Pueblo en Armas”

15, 16 y 17 de junio de 1979

Otra Masacre de la Guardia genocida, esta vez en Hacienda El Vapor

Diluvio de balazos y cañonazos contra replegados de San Judas a Lomos de El Crucero

*Según registros de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos Gabriel Cardenal Caldera, ubicada en el Barrio San Judas, en la Masacre en la Hacienda El Vapor, cayeron 12 asesinados:  Humberto “Tantum” Salinas, Mario  Santamaría y un hermano suyo no identificado,  Noel “Montatoros” Salinas, Freddy “El Mínimo” Téllez, Donald Cristhian “Mandril” Flores, Roberto Alvarado Flores, Julio “Peineta”, Angélica Lara, Ramiro Martínez, David “Pelón” Casaya y  Roberto “Pilinche” Álvarez Rosales.

*Algunos Combatientes Históricos de la misma Asociación Gabriel Cardenal Caldera aseguran que  por lo menos fueron 17 los asesinados en la Hacienda El Vapor, en los Lomos de la Cordillera montañosa de Managua, pues había, al momento de la Masacre ejecutada por la Guardia Nacional-EEBI, una gran cantidad de  jóvenes (hombres y mujeres) que eran desconocidos, que estaban totalmente desarmados, que no tenían entrenamiento militar alguno que no pudieron evadir a los soldados somocistas sanguinarios de la GN genocida.  Han solicitado se haga una investigación histórica a fondo.

Los Batallones élites de la Guardia Nacional y del grupo de asesinos y mercenarios de la EEBI, duplicaron o triplicaron su ofensiva contra las tropas populares sandinistas insurrectas, acompañadas estas por pobladores civiles, contra la Insurrección Sandinista en las Zonas Suroccidental, Noroccidental y Oriental-norte de Managua,   y al mismo tiempo arreciaron las “operaciones limpiezas” y “tierra arrasada”, especialmente después de ejecutadas por esos guardias los genocidas las Masacres del Kilocho Sur  y de Batahola, ocurridas los días 14 y 15 de junio de 1979.

La guardia había lanzado nuevamente otra ofensiva militar de enorme envergadura contra los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, integrantes de ocho columnas con unos 300  miembros, la mayoría de ellos sin armas ni municiones, en el Frente de Guerra Insurreccional Suroccidental de San Judas, Loma Linda, Villa Roma, Vista Hermosa, Torres Molina y San Patricio.

Los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares hacían labor guerrillera de ofensiva móvil, defensiva al mismo tiempo, hostigando a los enemigos, montándoles emboscadas,  desesperándolos, poniéndolos nerviosos, pero al mismo tiempo, como afirmaba el Comandante Núñez Téllez, el volumen de fuego balístico, de artillería pesada y cantidad de hombres-infantería era impresionante, total y absolutamente desventajosa para las fuerzas revolucionarias, ante la poca cantidad de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares y Milicianos,  que además estaban prácticamente desarmados por la falta de municiones, comida y medicinas para curar a los heridos.

Era una guerrilla heroica, temeraria, audaz, y tan genial como la de Sandino contra los yanquis (1927-1933), pero esa resistencia popular tenaz ya estaba resultando virtualmente imposible de sostener en ese otro Teatro de Guerra en el Suroccidente de Managua.

De acuerdo con los testimonios de Cristóbal “Gersán” Guevara Casaya, miembro del Estado Mayor Conjunto del FSLN en la Zona Suroccidental de Managua; de Víctor, de Mario y de Carlos Cienfuegos Aburto; de Víctor  “Bayardo”, “Dientes de Lata” Romero Pérez, de José de Jesús “Chepechú” Zamora Solórzano, Modesto Munguía Martínez, Francisco Javier Zúniga Alvarado, el mismo 15 de junio al medio día, mientras la batalla era generalizada en San Judas, Loma Linda, Torres Molina y Villa Roma, el Estado Mayor FSLN Conjunto, encabezado por Gabriel “Payo” Cardenal Caldera, ya tiene planeado reiniciar un Repliegue Táctico hacia los Lomos o montañas de El Crucero porque ya la situación militar les era insostenible por la enorme ofensiva de la guardia, escasez de municiones para fusiles automáticos  y armas de cacería,  existencia de muchos heridos, tanto civiles como Combatientes; carencia de utensilios y medicinas para curar los heridos, escasez de comida, cansancio notorio entre Combatientes Populares y pobladores implicados en la Insurrección, y que la soldadesca sanguinaria los está cercando, les está formando una “U” mortal por los lados Suroeste, Norte y Este, pues ya se habían tomado toda la faja del  “Camino de Bolas” y el sector del Aserrío, en el Este de San Judas; además estaban desarrollando una ofensiva colosal del lado Norte (Colonia Independencia, Héroes y Mártires del Bocay hacia el  Sur), y estaban afanados en abrir brecha  por el lado Suroeste del Reparto San Patricio, con el fin de tomarse ese camino que permite la entrada  por Ticomo hacia “Loma Linda” (Sierra Maestra), Villa Roma, Sur de San Judas y Reparto Torres Molina (Camilo Ortega Saavedra).

Los mismos pobladores implicados en la Insurrección Sandinista están planteando la necesidad de replegarse nuevamente hacia los  Lomos montañosos de El Crucero. Gabriel “Payo” Cardenal Caldera les ordena a los jefes de las ocho columnas que resistan en posiciones claves como las lomas que comunican con el lado Oeste por San Patricio, por las Lomas de San Judas, al Oeste; y en rumbo a los sitios por donde avanzan los asesinos de la tiranía somocista; y que hagan guerrilla móvil constante, hostigamientos sorpresivos, emboscadas, golpes militares relámpagos y retiradas igualmente rápidas, para impedir el ingreso de los contingentes de guardias hacia las entradas de Loma Linda (Sierra Maestra) y las entradas al Barrio “Torres Molina” (Camilo Ortega Saavedra), y facilitar de ese modo el inicio del Repliegue Táctico hacia los Lomos de El Crucero.

“Soporten, en forma audaz y tenaz, hasta que hubiésemos salido con los heridos y pobladores”, les ordena “Payo” Cardenal Caldera a los jefes de su tropa heroica en San Judas, Loma Linda, Villa Roma y Torres Molina.

Era después del  medio  día  del 15 de junio de 1979. Este operativo militar insurreccional para salvar a la tropa guerrillera del Frente Sandinista y pobladores implicados se producía casi al mismo tiempo en que estaba produciéndose la Masacre monstruosa de Batahola.

La orden militar de Gabriel Cardenal Caldera es terminante: Deben ser transportados los heridos menos graves en el Repliegue Táctico hacia los Lomos de El Crucero; debe procederse de inmediato a dejar muy bien resguardados los heridos graves en casas de seguridad, y debe ser organizado cuidadosamente el Repliegue o Retirada de los pobladores (hombres, mujeres, niños y niñas) implicados en el apoyo directo a la Insurrección en los Barrios del Suroeste de Managua.

Uno de los heridos era Adrián Meza Soza, de la Tendencia Proletaria, miembro del Estado Mayor Conjunto en la Zona Suroccidental. René Cisneros Vanegas, miembro del Estado Mayor Conjunto, uno de los Jefes en la Tendencia Proletaria, había caído ese mismo día en los fieros combates contra los guardias frente al Cine del Barrio San Judas, del Ceibón hacia el Este.

El Estado Mayor Conjunto del FSLN y algunos miembros en particular ya habían conseguido varios jeeps y camionetas para transportar los heridos, si era posible, hasta las Haciendas Cafetaleras San Blass, San Pancho y El Vapor, todas ubicadas a más de 700 metros de altura, en el costado Sur de Managua, en la Cordillera Montañosa de Managua, la cual comienza en el Complejo Volcánico de Masaya y termina en el borde del Lago de Managua, por el Oeste del casco urbano de Mateare.

“Un diluvio de morteros, rockettes, bombas de 500 y mil libras, ráfagas interminables de ametralladoras caen sobre todo San Judas, Loma Linda, Villa Roma y Torres Molina, mientras desde un sitio alto en que estamos resistiendo las embestidas del enemigo para el lado de San Patricio, también vemos que centenares de pobladores caminan y corren hacia el Sur, buscando las entradas o salidas del Barrio Torres Molina, porque el Repliegue Táctico de San Judas a los Lomos de El Crucero, ha comenzado”, escribió en su informe Cristóbal “Hersán”, o “Gersán” Guevara Casaya, quien era miembro del Estado Mayor Conjunto del FSLN clandestino  en la Zona Suroccidental de Managua.

“Gersán” Guevara con su columna No. 8   está resistiendo  el diluvio de balazos por el lado de San Patricio, en el Suroeste; mientras Víctor “Bayardo”, Dientes de Lata” Romero Pérez,  Mauricio del Carmen “Chepe Kiel” Kiel, William Díaz, Cairo Téllez, Julio Ruiz y Justo, Jefes Guerrilleros todos, con unos 50 Combatientes Populares mal armados, están resistiendo dentro de San Judas, para el lado Sur, de forma móvil, haciendo guerrilla, atacando desde patios y techos de casas, con el fin de cumplir la orden estratégica de Gabriel Cardenal Caldera de que “debemos salvar, cueste lo que cueste, a costa de nuestras vidas si es preciso,  a los heridos, a los pobladores que nos han apoyado y a la tropa de Combatientes Populares”, así era de terminante la orden de Gabriel “Payo” Cardenal Caldera.

“Bayardo”, Dientes de Lata”  Romero  Pérez  disparaba  los contingentes de guardias, con puntería  afinada  y cuidadosa, la única ametralladora (calibre 30)  que  tenía en su poder el Estado Mayor FSLN Conjunto de la Zona Suroccidental de Managua,  para enfrentar las embestidas  de la soldadesca  criminal  del somocismo genocida.

El Plan Militar de “Payo” Cardenal Caldera para esta Retirada o Repliegue Táctico era que las oleadas humanas de pobladores y Combatientes se irían en “tres impulsos”, protegidos por la resistencia de nuestras fuerzas combativas”, habría expuesto “Payo” Cardenal  Caldera en una reunión clandestina para decidir el nuevo Repliegue Táctico de San Judas a los Lomos de El Crucero.

“La fila era un ciempiés larguísimo de patas humanas, curvo y recto en algunos momentos”, describe “Gersán” Guevara Casaya cuando habla de una fila inmensa que empezó a verse a eso de las tres de la tarde al Sur de Loma Linda y Torres Molina.

“Juan Bautista”,  “Juan Gato” Rojas y su cuñado con otro grupo de Combatientes   Populares salen por Torres Molina, rumbo a los Lomos de El Crucero. Las olas humanas se incrementan cada vez más. Allí trotaban y corrían gentes de todos los Barrios Occidentales y de todas las edades. Pedro y su gente resiste fieramente a la embestida de la infantería GN en la entrada a Torres Molina”, relata “Gersán” Guevara Casaya.

Añade “Gersán”: “El enemigo se filtró por las hondonadas que están al Oeste del Barrio San Judas y suben al camino de entrada. Los GN se apostaban en unas casitas que estaban como a 100 metros de la entrada. Nosotros, mi grupo y yo, al Noroeste desde las Colinas, amortiguando con balas para que el enemigo no se tomara la Ceiba cruzada en el camino. Esta Ceiba la pretendían utilizar de trinchera. Soportamos los rocketazos y permanecemos allí casi dos horas, con el fin de que los soldados GN no tomen nuestras posiciones, de lo contrario, San Judas y Loma Linda, por el Sur, quedarían ya totalmente indefensos. Desde estas colinas, Loma Linda presenta un panorama amplio, completo, hacia el Norte”.

Sigue “Gersán” su relato: “Entre las tres y cuatro de la tarde, el enemigo somocista que se aproxima a San Judas, estaba ya a la entrada de Loma Linda, por el “Arandú”. Nosotros sentimos la lluvia de balas muy cerca por el Noroeste. Pedro y la “Piyuca” y su escuadra retroceden. Los guardias criminales se toman la entrada a Torres Molina. A nosotros, a mi columna y a mí, también el enemigo nos gana la Ceiba. Tiburcio me comenta: Hermano, por aquí ya todo mundo pasó, el Repliegue ya va saliendo por Torres Molina. Safémonos”, ordeno que nos repleguemos en orden, buscando  el Este, para el lado de la Escuela”.

“En Loma Linda las carreras de pobladores y Combatientes Populares se dirigen del Norte al Sur. Nos detenemos para ayudar en el Puesto Médico en donde Gabriel Cardenal Caldera, Maritza Navarrete, y otras personas, estaban subiendo los últimos heridos en un vehículo. Después, yo no supe por dónde se fueron “Payo” Cardenal y la “Tavaricha” (Genie Soto Vásquez, del Estado Mayor), con estos heridos y un grupo numeroso de Combatientes Populares. A la salida del Barrio, por el Sureste de San Judas, el desplazamiento, en medio de la balacera nutridísima que nos receta el enemigo,  es rápido, cuando comienza la zona montañosa. El grupo de Combatientes y pobladores que me acompaña en ese momento es de unos 150”, recuerda “Gersán” Guevara Casaya en su informe mencionado.

En total, según los estimados, iban más de 1, 000 pobladores y Combatientes Populares en este Repliegue Táctico hacia el Sur de la Zona montañosa de Managua.

Descripciones de “Gersán” Guevara Casaya (Jefe Guerrillero), de Víctor “Bayardo, Dientes de Lata”  Romero Pérez, Víctor Cienfuegos Aburto, José de Jesús “Chepe Chú” Zamora, Aníbal Bendaña Artola, Ronald “Pollón” López, Francisco Javier Zúniga Alvarado, Verónica Cuadra y Medardo Hurtado, todos ellos Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, indican que la marcha del Repliegue Táctico de San Judas hacia los Lomos de El Crucero (Haciendas San Blass, San Pancho y El Vapor), a lo lejos y cerca se oía un eco que llegaba como golpes en los oídos de quienes iban detrás, en la Retaguardia. Eran los gritos de: “!Apúrense¡”, “!Caminen rápido¡”, “Corran”, “!No se detengan¡”, “!Tenemos que alejarnos de esos guardias asesinos¡, “!Vamos, no nos demos por vencidos¡”, “!Aligerate, vos mujer, corre, nuestras vidas dependen de que corramos en estos momentos¡”, pues el caminar era rápido, angustioso, desesperado y cuesta arriba hacia estos cafetales.

“Ya son, quizás, después de las cuatro y media de la tarde. Nosotros llevamos de punteros a un  grupo que es contante en su velocidad de caminata. Tenemos ya unos 30 minutos de marcha y no marcamos diferencia alguna en la distancia que nos separa del grupo delantero. Empiezan a producirse los calambres en las piernas, pues el miedo paraliza en dos aspectos: paraliza al extremo de no accionar, o impulsa a correr hasta que el cuerpo no responde”, comenta “Gersán” Guevara Casaya.

A estas alturas, por la tensión extrema, también comienzan los dolores en el hígado, en el bazo, se producen náuseas o vómitos y finalmente, especialmente mujeres, caen de rodillas y se desmayan en plena subida.

Para colmo, los guardias sanguinarios somocistas lanzan cañonazos y morterazos desde la entrada de Torres Molina hacia donde va la multitud replegada rumbo a los Lomos de El Crucero. También les lanzan la aviación encima.

Los pobladores  que van con menos miedo, o no lo sienten del todo, y Combatientes Populares van auxiliando a los desmayados y a los que tienen dificultades en la caminata. Los apoyan en sus hombros y los animan a continuar caminando sin parar, para alejarse de los guardias genocidas de la dictadura somocista.

Los guardias se quedan detenidos en las entradas de Torres Molina y Sureste de San Judas.  No se atreven a seguir al Repliegue por miedo a ser liquidados en estos caminos montañosos, conocidos por los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, pero los soldados no conocen nada de estos vericuetos de las montañas de Managua.

El camino se va volviendo arenoso y cada vez más cuesta arriba, con barrancos y zanjones profundos. El avance se torna lento, desesperante, pero ya sin los guardias en los talones. La larga fila humana se transformó en grupos que se auxiliaban unos a otros cuando ya anochecía, y el panorama se tornaba muy oscuro, característico de zonas montañosas.

Ya entrada la noche y sin el peligro de los guardias sanguinarios, pobladores y Combatientes Populares corrían distancias cortas, ya animados. Quienes llevaban focos de mano podían ver las huellas del resto de replegados que iban delante de ellos. En un punto cercano a Las Cuchillas, a unos 700 metros sobre el nivel del mar, “Gersán” Guevara Casaya le ordenó a “Pedro” que hiciera una subdivisión en pequeños grupos para continuar la marcha.

Aunque ya sin la angustia de tener encima a los guardias, la marcha se hacía lentísima porque iban subiendo y bajando barrancos profundos, siempre auxiliándose unos a otros en la oscuridad, y de repente un haz de luz de las pocas lamparitas de mano.

Al bajar a un cañón profundo sentían un poco de calor. Cuando subían del cañón a lo alto, resultaba que estaba cayendo una llovizna, soplaba un viento muy fuerte y se sentía frío. Según “Gersán” Guevara Casaya su grupo de aproximadamente 150 personas tuvo tres estaciones un poco largas, de descanso, en el camino, y finalmente llegaron a la Hacienda El Vapor casi a la una de la mañana del 16 de junio de 1979.

El grupo de “Gersán” Guevara Casaya fue, quizás, el último en llegar. El resto, ya se habían instalado en las tres Haciendas Cafetalera: San Blass, San Pancho y El Vapor. En este momento, a la una de la mañana del 16, “Payo” Cardenal Caldera, sin descanso, como aquellos Héroes Mitológicos griegos, bajaba por guindos profundos y subía empinados barrancos, y transitaba por cañones oscuros, visitando las tres Hacienda, enterándose de cómo estaban los heridos, los Jefes Guerrilleros, los pobladores en general y los Combatientes Populares.

Al momento de la llegada de “Gersán” Guevara Casaya a El Vapor, Gabriel Cardenal Caldera estaba en San Pancho, donde estaban al menos la mitad de  los heridos, incluyendo Adrián Meza Soza, herido de bala en un pie, miembro del Estado Mayor Conjunto del FSLN. En El  Vapor estaba Genie “Tavaricha” Soto Vásquez, también miembro del Estado Mayor y en condiciones precarias de salud, pero aun en ese estado ella personalmente estaba atendiendo a los heridos que habían sido llevados en vehículos y en hombros hasta la Hacienda El Vapor.

Para sorpresa de los 150 que iban con “Gersán” Guevara Casaya, en El Vapor se encontraron con que Víctor “Bayardo” Romero Pérez  había subido con su ametralladora calibre 30 hasta ese lugar.

Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares, Milicianos y pobladores replegados a estas Haciendas Cafetaleras de los Lomos de El Crucero, no habían dormido en varios días, andaban hambrientos, sedientos, muchos andaban descalzos, sólo habían salido de sus casas con lo que andaban puesto, porque no hubo tiempo, la salida fue angustiosa, terrible, en medio de una balacera feroz de los guardias sanguinarios contra la población, y para colmo estaban al borde del desmayo por el cansancio.

Por estas condiciones, muchos de estos replegados no se explicaban de dónde sacaban tanta energía Gabriel Cardenal Caldera y Genie Soto Vásquez, pues el primero no paraba de ir y venir solo, entre montañas, zanjones y subidas, para supervisar cómo estaba la situación de todos los replegados; y por su lado “Tavaricha” Soto no cesaba de atender heridos, buscaban aunque fuesen hojas anchas para cubrirles las heridas; y pedía que le fuesen a buscar cáscaras de jiñocuabo para cocerlas y echarla como antiinflamatorio en las heridas superficiales y profundas.

“Gersán” Guevara Casaya relata en su informe que pudo notar que muchos de sus compañeros, hombres y mujeres, “cayeron dormidos como piedras en el suelo puro, recostados a las tablas de las paredes de la Hacienda El Vapor, o sentados contra los troncos de los árboles; y mientras dormían, deliraban, brincaban; y lo mismo me pasó a mí cuando me tocó dormir a las tres de la mañana, porque a las cuatro me tocaba “la posta” (vigilancia). Me tuvo que llegar a despertar “la China”, porque, me dijo ella, que brincaba  y hacía yo ademanes con las manos”.

Desorden incontrolable de grupos entre las Haciendas

Presas de crisis de nervios incontrolables,  muchos jóvenes tomaron rumbos inciertos esa misma madrugada. Desarmados tomaron rumbo a El Crucero, y de regreso a San Judas, lo cual fue mortal para muchos de ellos, pues cayeron en manos de los sicarios asesinos del somocismo, y fueron asesinados como fue el caso de Argelia Lara y otra compañera.

El grupo de mando de “Gersán” Guevara Casaya, entre otros, Boanerges, “Benitin”, “Pedro”, Justo y Franklin Montenegro, preguntaban en reunión, muy de mañana, sobre qué harían a partir de ese momento, pues estaban ya huyendo, sin municiones, sin comida, con muchos heridos, en situación muy precaria y para colmo, sin comunicación con el Estado Mayor General  del Frente Interno, en  la Zona Oriental de Managua.

Las inquietudes se acentúan muy temprano de ese 16 de junio de 1979 porque en una de las fincas cercanas, donde está “Chepe Tompson”,  matan una vaca, la descuartizan, devoran la comida, pero esta no alcanza para los que están en  la Hacienda El Vapor.  “Ni los huesos pelados nos dejaron”, comentó furioso Justo, quien fue a buscar la comida muy de mañana.  Como consecuencia de esto, Justo y su grupo, más los integrantes de los Comandos Cristianos Revolucionarios, se fueron de la Hacienda El Vapor y no se supo qué rumbo tomaron.

“En realidad la carne de una vaca era casi nada para tanta gente hambrienta. Otro irritado porque no halló comida fue Manuel Navarrete”, comenta “Gersán” Guevara Casaya en su informe.

La distancia entre San Pancho y El Vapor puede ser de 30 minutos caminando un poco rápido entre cafetales, abismos y subidas empinadas. Hay muchos árboles frutales  silvestres, unos muy viejos y altos, y otros jóvenes como parte de la renovación natural. Era notorio que por la presencia de tanta gente (seres humanos), los animales silvestres, rastreros y aéreos, habían huido, desaparecido, quizás emigraron al Este o el Oeste en la misma montaña de El Crucero o de Managua.

Muy de mañana, a pesar de haber estado delirando por el cansancio, “Gersán” Guevara Casaya ordenó una exploración circular de la Hacienda El Vapor, con el fin de estar preparados ante cualquier eventualidad militar sorpresiva, pues a pesar de su cobardía los guardias podrían llegar a buscarlos hasta ese lugar. En esa exploración fueron a dar a la Hacienda San Pancho, donde se encontraron con otros Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, entre otros: “Chepe Thompson”, “Cintya”, “Marquitos Tapa”, Víctor y Mario Cienfuegos Aburto. Allí estaban una gran cantidad de heridos, entre otros: Boanerges y Adrián Meza Soza. No había  ni una sola pastilla contra dolores e infecciones. Las heridas sólo eran lavadas o limpiadas con agua y trapos.

El propio Gabriel Cardenal Caldera y “Gersán” Guevara Casaya caminaron por entre cañones profundos hacia El Vapor y dispusieron medidas de seguridad por si acaso los guardias somocistas llegaban hasta ese lugar. Se hicieron dos filas de vigilantes o postas en torno a la Casa-Hacienda El Vapor, más un cordón a unos 500 metros de distancia.

Mientras tanto, se conoció que se formaron varios grupos no controlados de pobladores y Combatientes Populares que desde temprano en la tarde decidieron irse por su cuenta hacia los lados del Crucero, por el Oeste de la Cordillera; y en rumbo a Ticuantepe, por el Este, también sobre la montaña de Managua. Nunca se supo en realidad cuántos de los replegados el 15 en la tarde y sábado 16 en la madrugada estaban todavía ubicados en las Haciendas San Blass, San Pancho y El Vapor.

Domingo 17 de junio

Masacre en Hacienda El Vapor, más traición de “Judas” “Chele” Zepeda

Los heridos se quejaban. En general los pobladores, Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares ilesos pasaron una noche más o menos tranquila aquel 16 de junio de 1979  en las Haciendas Cafetaleras mencionadas.

Amaneció con un ambiente claro y sereno, calmado, en torno a las tres Haciendas Cafetaleras. Los rayos mañaneros del Sol se filtraban como rayones de luces por entre las ramas y las hojas. Se escuchaban las voces y risas femeninas, mientras estas, encabezadas por Genie “Tavaricha” Soto Vásquez, atendían nuevamente a los heridos, ordenaban el interior de la casona, y al mismo tiempo buscaban frutas en los árboles para comer, o hacer comida para los heridos.

Era tempranito, tal vez las ocho de la mañana del 17 de junio. Con un fusil al hombro y cargando tiros y bombas de contacto en un fajón, acompañado de un Combatiente Popular, se apareció Gabriel “Payo” Cardenal Caldera, en El Vapor. Venía de San Pancho. Llegó a convocar a una reunión urgente a los integrantes del Estado Mayor Conjunto, porque les iba a proponer un Repliegue especial hacia la Zona Oriental-norte de Managua, o marcharse también en Repliegue por los cañones, subidas y precipicios de El Crucero rumbo a Ticuantepe; y de Ticuantepe irse por veredas a Masaya.

La reunión convocada por Gabriel Cardenal Caldera no se da porque de repente la situación cambió totalmente. Al parecer “Payo” o Gabriel Cardenal descubre una delación y se va rápido por zanjones hacia el lado de San Pancho, mientras muy cerca de la Hacienda El Vapor, el propio “Gersán” Guevara Casaya, Manuel Mendoza, “Benitin” y David Guevara Casaya, descubren que por el camino escabroso de las Haciendas se oye un ruido como de motores de camiones, y todos se crispan: “¡Hijueputa¡, ya nos descubrieron, ya tenemos a la guardia encima otra vez¡”.

El asunto era parecido, o quizás, peor.  Sigilosamente se bajan a la orilla del camino cuando ven que el tal Antonio “Chele” Zepeda, cuyo grupo y él mismo andaban operando con verdadera anarquía y jamás se sometieron o subordinaron al Estado Mayor Conjunto de la Zona Suroccidental, viene manejando un camión con numerosos hombres armados, sin haber participado en el angustioso Repliegue de San Judas hacia estas Haciendas Cafetaleras de los Lomos de El Crucero, el pasado 15 de junio en la tarde y noche, y en la madrugada del 16 de junio.

Dice “Gersán” Guevara Casaya que en el camión iban también unos 15 hombres, entre otros, Carlos “Carlitin” Gómez Fonseca, “Marvin Carita”, cuñado de Zepeda; Miriam, mujer de Zepeda y “Juan Gato”. Guevara califica a este Zepeda como anárquico, mentiroso, embustero, oportunista, astuto, bocón, y sobre todo recuerda que jamás se quiso someter a los lineamientos del Estado Mayor Conjunto, y que andaba operando sin control en el teatro de operaciones de la Insurrección Sandinista en los Barrios Suroccidentales de Managua. Presuntamente Zepeda y “Carlitin” Gómez Fonseca se habían infiltrado, usando la mampara de Combatientes Populares, en la columna de Víctor “Bayardo” Romero Pérez, quien manejaba la ametralladora calibre 30.

Según “Gersán” Guevara Casaya, el Antonio “Chele” Zepeda se detuvo unos segundos y le lanzó un monólogo: “Mirá “Toby”… yo no soy mage para quedarme en este lugar.. aquí la guardia los va a reventar. Mejor sáfense de aquí. ¡Ay nos vemos, oístes¡”, y dicho esto arrancó el camión cuesta abajo y desapareció en las curvas del camino montañoso. Antonio “Chele” Zepeda conducía personalmente el camión, recuerda Guevara Casaya.

“Gersán” Guevara Casaya afirma  que esta fue la traición de Judas, pues resultó que en menos de 10 minutos ya tenían al contingente de guardias, quizás unos 250, que aparecieron por el camino y en la misma dirección en que venía el “Chele” Zepeda, prácticamente encima de las instalaciones de la Hacienda El Vapor.

Según “Gersán” Guevara, jefe de la columna No. 8 y miembro del Estado Mayor Conjunto, los guardias inclusive aparecieron desplegándose como si ya conocían sus posiciones en El Vapor. Al ocurrir esta invasión de guardias, Víctor “Bayardo” Romero  Pérez acciona su ametralladora calibre 30, que en realidad era lo único respetable que tenían como arma de guerra en ese momento en El Vapor, además de andar muy pocos tiros para la misma ametralladora, frente a lanzamorteros, varias ametralladoras calibre 30 y la fusilería de los guardias..

Se arma un nutridísimo tiroteo. Los guardias agarran al grupo de “Gersán” Guevara Casaya por sus espaldas, como si de previo, conocieran cómo y dónde estaban ubicados. “Gersán” Guevara acusa en el sentido de que seguramente “Chele” Zepeda y “Carlitin” guiaron a los guardias hasta ese sitio de la Hacienda El Vapor, “porque de otra manera el grupo de Zepeda no hubiera entrado, pues la guardia tenían cerradas las entradas a los caminos hacia estas Fincas Cafetaleras. Zepeda entró y se regresó con su camión sin tener problema alguno, ¿Cómo fue posible que eso ocurriera?, sólo mediante una traición”.

Al parecer Gabriel Cardenal Caldera había detectado, o descubierto,  a los guardias cuando iba caminando entre el bosque rumbo a San Pancho, para terminar de coordinar la reunión  urgente de jefes, mencionada arriba; y para sorpresa del grupo de “Gersán” Guevara Casaya lo ven deslizarse por barrancos cercanos a la Casa-Hacienda El Vapor y ya disparando contra los guardias el fusil automático que caminaba consigo.

Sobre este momentito crucial, “Gersán” Guevara relata: “Nos detenemos gritándole: “!Aligerate, aligerate, cruzate rápido¡ Gabriel se pasa a gran velocidad al lado por donde estamos nosotros ya disparando y replegándonos. Nos replegamos en carrera desesperada, deslizándonos por abismos y subiendo como arañas en las depresiones rumbo al Suroeste. Logramos salir a un punto en donde ya habíamos explorado anteriormente. El grupo es pequeño: “Benitín”, Manuel Mendoza, David mi hermano, Gabriel Cardenal y yo”.

Continúa “Gersán”: “En este lugar cambiamos de rumbo y nos fuimos hacia el Este. Teníamos en marcha unos 10 minutos, y nos aproximamos a una curva del sendero. De pronto, viniendo de los arbustos y del bosque salió la “Tavaricha” (Genie Soto Vásquez, miembro del Estado Mayor Conjunto) corriendo con otros compañeros y con el fusil en las manos. En esos segundos nos alegramos de vernos con vida. Todos los del grupo ignoramos el destino del resto de compañeros y compañeras que habían quedado en la Hacienda El Vapor”.

Efectivamente, unos pocos Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares tenían armas automáticas y de cacería con muy pocas municiones, entre otros Víctor “Bayardo” Romero, quien era el único que andaba una ametralladora calibre 30 (con escasos tiros), se dedicaron a resistir la ofensiva repentina de unos 250 guardias, mientras el resto de Combatientes y pobladores civiles organizaban la retirada forzada, especialmente hacia el Sur y Oeste, montaña arriba.

“Bayardo” Romero Pérez hizo labor heroica, extraordinaria, según relatan algunos de aquellos participantes de esta odisea histórica de Liberación Nacional, pues en ningún momento se desesperó en el uso racional de los pocos tiros que le quedaban en la ametralladora, precisamente pensando en dar “chance”, tiempo valiosísimo, fugaz, para que al menos la mayoría de sus compañeros y compañeras pudieran organizar la retirada desesperada, en veloz carrera, cargando a los heridos hacia los lados Sur y Oeste, cerro arriba, en medio del bosque nutrido del Sur de Managua.

Al agotarse los tiros de la ametralladora, “Bayardo” Romero Pérez también organizó su retirada veloz con un grupo de  Combatientes Populares que estaban con él en esa resistencia a balazo limpio. No fue  así, no fue esa la suerte, según testimonios de Combatientes Populares, de unos  12 jóvenes (hombres y mujeres), unos heridos graves y otros ilesos que no pudieron escapar, que fueron asesinados cruelmente como estilaban estos soldados sanguinarios del somocismo genocida.

Inclusive, cuatro de esos jóvenes desarmados se habían escondido bajo unas maletas de guate seco (pasto de ganado) que estaba dentro de una carreta. Allí los ametrallaron y después les prendieron fuego a los cuerpos. A lo mejor estaban vivos todavía. Esto ocurría, de forma atroz, sanguinaria, cuando el mismísimo Anastasio Somoza Debayle repetía ante periodistas extranjeros que estos Combatientes Populares del Frente Sandinista Guerrillero eran “sandino-comunistas-terroristas”, mientras ponía a su Guardia Nacional y a él mismo como los “más respetuosos de los Derechos Humanos” y como los mejores “demócratas” del Mundo Occidental.

“Gersán” Guevara Casaya asegura que fueron traicionados, entregados al enemigo somocista por el grupo del “Chele” Zepeda, quien después del monólogo citado antes, no lo volvieron a ver. Desapareció. Hasta después del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista lo vieron nuevamente.

Evadiendo al enemigo en plena oscuridad en montañas de El Crucero

En los dos grupos juntados en que van Gabriel Cardenal Caldera, Genie Soto Vásquez y Cristóbal Guevara Casaya, los tres son miembros del Estado Mayor Conjunto, van un total de 12.  Ninguno sabía qué había pasado con los heridos y todos los hombres y mujeres (casi todos jovencitos) que estaban en las Haciendas de San Pancho, San Blass y la misma El Vapor, pues de allí tuvieron que salir disparando sus fusiles en retirada como queda relatado. No sabían nada de “Chepe” y su escuadra, cuyos miembros estaban en San Pancho.

Suponen, y eso lo comprueban después, que la inmensa mayoría de Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y pobladores se retiraron velozmente en desorden en muchas direcciones por encima de las montañas del Sur de  Managua, más conocidas como Cordillera de El Crucero. “Gersán” Guevara supone que “Justo” y los integrantes de los Comandos Revolucionarios Cristianos ya se habían marchado de la Hacienda El Vapor, cuando este grupo de replegados fue atacado por sorpresa por la Guardia Nacional en esa Hacienda Cafetalera.

Mientras caminan por encima de la montaña con alerta máxima, pisando hojarasca seca en caminitos en medio del bosque y matorrales, se van encontrando a pequeños grupos de Combatientes Populares y heridos que van corriendo la misma suerte que estos tres miembros del Estado Mayor Conjunto de la Zona Suroccidental de Managua.

Uno de los heridos graves es  “Frank, el de la Morita” con un balazo en el estómago.  Se les van sumando grupos pequeños, que andaban dispersos, y  que a la vez traen información, aunque no precisada, de cómo andan muchos perdidos en los zanjones y cuestas empinadas del Sur de los Lomos de El Crucero.

Las montañas del Sur de Managua estaban envueltas en penumbras porque el cielo estaba nublado, caía una llovizna y también se desplazaba una neblina a muy baja altura, por entre los árboles y matorrales. En horas de la tarde se despejó el cielo y los rayos del Sol iluminaron los caminitos en lomas y cañones de El Crucero. El grupo, ya numeroso, decidió enfilar su marcha hacia el Noreste, como quien va buscando cómo bajar para el lado de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN) y a las Colinas de Mokorón, pero yendo hacia el Este, por encima de las montañas.

Para una mejor marcha y con fines de seguridad también, organizaron varios grupos: uno de avanzada, en el centro el de los heridos y desarmados, y atrás una retaguardia muy alerta, con armas de cacería. El Sol se ocultó por detrás de las montañas y quedaron en sombra total por la noche. En este caso no había linternas de manos, porque todo había quedado en la Hacienda El Vapor, por el ataque militar sorpresa de la Guardia Nacional.

En la escuadra de avanzada, en plena oscuridad, van: Gabriel, Genie “Tavaricha” Soto Vásquez, Manuel “Chino” Mendoza,  Douglas Mejía Obando, David Guevara Casaya, “Benitin” y  “Gersán” Guevara Casaya. Por orden de Gabriel Cardenal Caldera los tres grupos se separan unos 300 metros unos de otros, “por medidas de seguridad”, por si acaso caen en una trampa o emboscada.

En plena oscuridad, guiados nada más por la experiencia de haber andado antes en estas zonas montañosas y por el instinto, caminan hacia el Norte, prácticamente sólo bajando, en rumbo a la Ciudad de Managua.

Cuando eran casi las doce de la noche, mientras bajaban, se encuentran con una casa de dos pisos, prácticamente sola. Sólo un anciano estaba dentro.  El anciano los invitó a pasar. Revisaron la casa palmo  a palmo, para evitar sorpresas y se instalaron dentro de ella. El anciano les preparó café caliente y unos frijolitos también calientes con tortillas. Genie “Tavaricha” Soto estaba muy mal de salud por una hemorragia vaginal incontenible.

En cuanto se instalaron en la casona de dos pisos (no supieron de quién era), Gabriel Cardenal Caldera se mostró casi desesperado por los Combatientes heridos y pobladores desaparecidos en numerosos rumbos de la montaña Sur de Managua.

Los tres miembros del Estado Mayor Conjunto, en esas condiciones y con Genie Soto enferma, se reunieron para discutir sobre qué rumbo tomar en cuanto amaneciera el día lunes 18 de junio de 1979. En ese momento no se sabía nada del paradero de Víctor “Bayardo” Romero Pérez, de Eduardo “Chele” Cuadra Ferrey y de Adrián “Amílcar” Meza Soza, los otros tres miembros del Estado Mayor Conjunto de la Zona Suroccidental de Managua.

Había mucha incertidumbre.  Acordaron en esa reunión, en la casa de dos pisos en la cumbre de la montaña de Managua, que “Gersán” Guevara Casaya se las jugaría bajando a San Judas con los heridos, para ver si era posible burlar a los guardias y llevar a esos heridos a una o varias de las 53 casas de seguridad que tenían. Con “Gersán” Guevara van, según el acuerdo, David Guevara, Manuel Mendoza, ”Benitin” y resto de Combatientes Populares, a los cuales Guevara Casaya no les conocía ni nombres propios ni seudónimos.

“Payo” Cardenal  Caldera buscaría cómo abrirse paso por entre montañas y luego por el casco urbano de Managua, hasta llegar donde estaba el Estado Mayor General del Frente Interno del FSLN, en ese momento ubicado en el Barrio Ducualí. “Payo” se lleva consigo a Genie Soto Vásquez, a Douglas Mejía Obando, al “Chino” y Luis Felipe Rayo. Llevan consigo a “Frank”, quien presenta un balazo en el estómago y se queja por dolores intensos.

Además, acuerdan  que el grupo de “Gersán” Guevara Casaya irá en busca de los heridos que andan en esos momentos perdidos entre cañones, zanjones y subidas verticales montañosas de El Crucero. Inclusive se determina que los heridos “Boanerges” y Frank “La Morita” serán ubicados en la casas de seguridad de don Evenor Martínez. Adrián “Amílcar” Meza Soza sería buscado en el monte y ubicado, con otros heridos, en la casa de “Chilolo”, que era donde vivía el propio “Gersán” Guevara; el resto de heridos se irían ubicando poco a poco, en sigilo total, en cualquiera de las 53 casas de seguridad. Gabriel “Payo” Caldera los iría a visitar después de su gira en la Zona Oriental insurreccionada todavía.

Odisea increíble de los heridos, incluyendo Adrián Meza Soza

El ancianito de la casa de dos pisos se portó como si fuese familiar de todos estos replegados. Gabriel le agradeció una y otra vez. Eran más o menos las siete de la mañana cuando se estaban despidiendo. El grupo de Gabriel tomó rumbo Norte, mientras “Gersán” Guevara se dirigió al Noroeste, un poco en rumbo hacia las Haciendas Cafetaleras de donde los había sacado a balazos la Guardia Nacional somocista genocida.

Al poco tiempo de caminar, el grupo de “Gersán” Guevara fue encontrando a los Combatientes Populares, pobladores y heridos perdidos entre cañones profundos (algunos de más de 100 metros de profundidad o altura)  y subidas verticales de las montañas de Managua. En la medida en que se van reagrupando en media montaña, “Gersán” Guevara comienza a ser presionado sobre el rumbo que deben tomar, le piden comida y apurarse para curar a los heridos, pues es el único miembro del Estado Mayor Conjunto en buen estado allí, en ese momento.

En el fondo de un abismo muy profundo localizan a otros 20, entre los cuales está Adrián “Amílcar” Meza Soza, miembro del Estado Mayor Conjunto, quien anda casi desbaratado un pie por un balazo recibido en uno de los  combates por el Cine de San Judas, donde cayó combatiendo René Cisneros Vanegas, de la Tendencia Proletaria e igualmente miembro del Estado Mayor Suroccidental de Managua. La mayoría de los 20 encontrados en el cañón estaban heridos: unos graves y otros, leves. Entre esos 20 estaban “Boanerges”, “Cintya”, Ileana Zamora, Cairo Téllez y uno al que le decían “Payaso”, residente en las cercanías del “Nancite”, en San Judas.

“Gersán” Guevara Casaya ordenó hacer una exploración en un kilómetro a la redonda de la cañada en que estaban con doble finalidad:  ver si todavía había compañeros perdidos y para detectar la posibilidad de enemigos en esa zona. Al final, a eso de las nueve y media de la mañana, estaban casi 40  dentro del cañón.

Guevara Casaya ordenó formar dos columnas que irían en cuatro espacios diferenciados: En la vanguardia irían los que todavía andaban armas de guerra, aunque muy pocos tiros, incluyéndose el mismo “Gersán”; en el centro irían los pocos que portaban armas de cacería, en tercer lugar irían los heridos cargados en camillas y sostenidos en hombros; y finalmente una retaguardia armada, pequeña.

Dos hombres, dos heridos, gemían  alto por los dolores intensos en sus heridas: eran “Amílcar” Meza Soza, miembro del Estado Mayor Conjunto; y “Frank”, quien tenía su estómago prácticamente desbaratado. Estaban en el fondo del cañón, de paredones muy verticales. “Gersán” Guevara ordenó cortar varas de los árboles para armar varias camillas, y pidió que quienes andaban fajas, cordones, cinturones y pañuelos, los entregaran para poder sujetar las camillas improvisadas.

Colocaron a “Amílcar” Meza Soza y a “Frank” en dos de las camillas, porque eran los heridos más graves. A lo largo del barranco vertical, para subir a una especie de planicie boscosa de unos 60 metros de altura, “Gersán” colocó una fila de hombres y mujeres para que de uno en uno, de dos en dos, de tres en tres, se fueran pasando de mano en mano, por entre árboles y ramas espinosas, las camillas en que iban “Amílcar” y “Frank”.

Los cuerpos de ambos heridos, y sus heridas, por supuesto, iban rosando en ramas de los árboles, lo cual provocó que gritaran de dolor. Cuando ya estaban en la cima, fuera del cañón en que estaban heridos, pobladores y Combatientes Populares, “Amílcar” Meza Soza, al parecer por la desesperación que lo embargaba, comenzó a tratar mal verbalmente a la mayoría de hombres que lo habían subido hasta la cima, incluyendo a “Payaso”, quien en realidad había sido su mejor apoyo en esa subida.

Todos los heridos fueron subidos, de la misma forma, en las mismas camillas. Reiniciaron la marcha, muy lenta por entre el bosque, cargando heridos y a la vez alertas por si  el enemigo los descubría. Como no andaban brújulas ni conocedores del camino por esa vía, equivocaron un poco el rumbo y fueron a salir por la Comunidad de los Meneses, lo cual les obligó a subir un poco nuevamente, cuando eran las seis de la tarde del 18 de junio. Este error les costó dos horas de atraso, mientras heridos y cargadores de los mismos ya no soportaban la caminata.

Cayó una noche nublada y neblinada, oscura, en los Lomos de El Crucero. En silencio completo, auxiliándose unos a otros cuidadosamente, llegaron finalmente a una alameda de árboles de jocote guaturco, cuando eran las diez de la noche, se precisó porque uno de los heridos andaba un reloj funcionando activamente.

Junto a esa alameda había una casita campesina, una choza de palmas. “Gersán” Guevara asegura que allí, en la oscuridad, se topó con un ancianito que para caminar se apoyaba en un bastón. Nadie más vio al anciano, admite “Gersán” Guevara, porque sus compañeros se lo hicieron ver. Sin embargo, el anciano le habría indicado a “Gersán” el caminito a seguir para salir, finalmente, por el Cementerio de Loma Linda (Sierra Maestra).

Allí se encontraron un carretón de manos, en el cual metieron a “Amílcar” Meza Soza y a ”Frank”, los heridos más graves, quienes todavía venían tratando mal a sus cargadores, según el relato de Guevara Casaya. A Adrián Meza Soza lo dejaron donde amigos en la Finca Los Mamones. “Gersán” ordena dejar allí el carretón y se llevan en una camilla a “Frank” a la finca de doña Telma Martínez, Colaboradora, casa de seguridad, porque pretenden dejar a “Frank” en este sitio, pero este herido por su cuenta toma la decisión de irse para “La Morita”, lo cual les pone en riesgo de seguridad a todos.

Llegan todos al “Camino de Bolas”, de Plaza Julio Martínez hacia el Sur, y en ese punto acuerdan a  cuál de las 53 casas de seguridad van cada uno. Al mismo tiempo, entran al Reparto Martínez, para dejar a “Boanerges”, también herido, en la casa de don Evenor Martínez, al cuido de Ileana Zamora, y toman otra decisión: trasladar a “Amílcar” Meza Soza a la Panadería de “Chilolo” por mayor seguridad. Era ya media noche, quizás de madrugada del martes 19 de junio de 1979. El grupo pequeño que ha quedado con “Gersán” Guevara Casaya se aloja en las casas de Jorge Cantillano y Lyla Santos.

Otros grupos que formaban columnas y escuadras, entre otros, Víctor, Mario y Carlos Cienfuegos Aburto; Víctor “Bayardo” Romero Pérez, regresan también clandestinamente a San Judas y Loma Linda, a la espera de nuevas órdenes militares revolucionarias, y para hacer resistencia activa frente a la Guardia Nacional, especialmente después de ocurrido el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

En grupos de menos cantidades tomaron rumbo a Nagarote y La Paz Centro, en León; Ticuantepe, en Managua; y a la Zona Oriental-norte capitalina, donde se incorporaron a los combates insurreccionales y posteriormente en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Estando ahí, ya escondidos dentro de San Judas, donde la Guardia Nacional somocista genocida estaba regada en todo el Barrio, llega temprano del 19 William Díaz Romero, reclamando de por qué los heridos no estaban recibiendo la atención que necesitaban realmente, y por qué motivos Eduardo Cuadra Ferrey, Javier López Lowery y Cairo Téllez se habían llevado las armas. “Gersán” no supo responder nada, y la verdad es que Gabriel Cardenal Caldera había dado orden de recoger todas las armas de guerra, para trasladarlas a la orden del Estado Mayor General del Frente Interno en la Zona Oriental-norte de Managua, donde la Insurrección Sandinista seguía batiéndose a tiros, resistiendo heroicamente contra los embates del régimen genocida de Anastasio Somoza Debayle.

William Díaz Romero salió molesto de San Judas ese día 19 de junio. En medio del guarderío, y al parecer sin guardar medidas de seguridad elementales, se dirigió a su casa, la cual estaba ubicada de la Casa del Obrero (hoy CST José Benito Escobar Pérez) cuatro cuadras al Sur, y un poco al Este. Fue capturado y desapareció.

El heroico jefe del Estado Mayor Conjunto de  la Zona Suroccidental de Managua, Gabriel Cardenal Caldera, genial cabecilla Guerrillero, audaz, temerario, planificador cuidadoso de acciones militares guerrilleras relámpagos, previsor de primera, mientras tanto él anda personalmente trasladando  las armas de guerra y de cacería, en compañía de su fiel amigo y Jefe Guerrillero también, Douglas Mejía Obando, en un su carro viejo Volswagen y una camioneta de tina, color amarillo. Sin confirmación se asegura que logró hacer tres viajes con armas desde la Comarca San Isidro Libertador (Lomos de El Crucero), y de allí al Barrio Ducualí, donde estaban el Estado Mayor General del Frente Interno y el Estado Mayor Conjunto de Managua.

Las noticias eran confusas sobre el destino del “Comandante Payo” –así lo llamaban los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares–. Por versión de sus familiares, se conoce que el 20 de junio en la mañana, tomó nuevamente una camioneta “de tina”, manejándola él personalmente y a su lado Douglas Mejía Obando, y se fueron nuevamente a la Comarca San Isidro, donde llenaron la parte trasera del vehículo con plátanos y hojas de chagüites y en medio otra cantidad no establecida de armas de guerra y de cacería. Él, “Payo”, había ordenado que esas armas se las quitaran a los Combatientes Populares para trasladarlas a la Zona Oriental-norte de Managua.

En TELCOR de Villa Fontana (Villa Panamá) había un retén de guardias sanguinarios asesinos. Gabriel Cardenal Caldera andaba buscando un sitio para  transitar con las armas hacia el Barrio Ducualí. Presuntamente en ese retén fueron detenidos Douglas Mejía Obando y él, bajados de la camioneta, golpeados y torturados brutalmente allí mismo, montados después en un vehículo militar y llevados ambos a la Central de Policía GN, donde seguía al mando el esbirro coronel somocista Nicolás Valle Salinas.

Lo poco que se supo de Gabriel “Payo” Cardenal Caldera y de Douglas Mejía Obando después de esta captura, es que a ambos los vieron otros presos  cuando los tenían desnudos, bañados en sangre y con sus rostros desfigurados allí en la llamada Central de Policía de la Guardia Nacional, donde mataron a centenares de seres humanos en 45 años de tiranía somocista.

Hubo testigos presenciales, sandinistas que también estaban presos allí, de que a Gabriel Cardenal Caldera para ensañare más en él y burlarse de los demás presos, lo metieron precisamente, estando totalmente desnudo y desfigurado por los golpes, donde estaban los demás prisioneros, pero ni esta condición humillante y terrible detuvo el espíritu indomable de “Payo” Cardenal Caldera, “El Comandante Payo”, pues estando en esa condición sacó fuerzas de su espíritu revolucionario sandinista inclaudicable, y dio toda una charla histórica, política, ideológica y sociológica de por qué razones se debía continuar la lucha hasta el final, “para que este régimen de asesinos y ladrones desaparezca, para que los nicaragüenses puedan vivir en paz”.

“!La Revolución Popular Sandinista está ya a punto de triunfar, no lo duden ni un momento¡. Yo ya no podré verlo porque a los que ponen aquí los guardias somocistas genocidas en este estado en que ya me tienen, el siguiente paso es que los meten en las “ambulancias de la muerte”, los matan dentro de esas  supuestas ambulancias y luego sus cadáveres aparecen tirados en cualquier lado”, dijo antes de que se lo llevaran en una “Ambulancia de la Muerte”, que era parte del arsenal mortal de los “Escuadrones de la Muerte”, o “Mano Blanca” de la Guardia Nacional genocida y de la Oficina de Seguridad, o policía política de aquel régimen sanguinario.

El cadáver de Gabriel Cardenal Caldera apareció en las cercanías del actual  Club Terraza, en las cercanías del Colegio Centroamérica, por donde pasó centenares de veces en labores conspirativas del Frente Sandinista Guerrillero, a pesar de que era hijo de burgueses muy acomodados en Managua.

Listado incompleto de sobrevivientes de la Masacre en la Hacienda El Vapor:

Gabriel Cardenal Caldera y Douglas Mejía Obando, asesinados cruelmente por la guardia sanguinaria somocista pocos días después de la Masacre de El Vapor; Cristóbal “Gersán” Guevara Casaya,  Mauricio del Carmen Kiel, Víctor “Bayardo”, “Dientes de Lata” Romero Pérez, Genie “Tavaricha” Soto Vásquez, Medardo Hurtado, Aníbal Bendaña Artola, William Díaz Romero (caído después), Cairo Romero, Julio Téllez, Francisco “Chico” Javier Zúniga Alvarado, Verónica Cuadra, Justo y Franklin Montenegro, José de Jesús “Chepe Chú” Zamora, “Boanerges”, Juan “Gato” Rojas, Juan Baustista, “Chepe Tompson”, “Frank, el de la Morita”,  Manuel “Chino” Mendoza, David Guevara Casaya, entre otros. 

Los estimados indican que en la Hacienda El Vapor se habían refugiado al menos el 30 por ciento de alrededor de  mil seres humanos (Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares, Milicianos y pobladores civiles implicados) que de forma organizada se fueron en el Repliegue hacia los Lomos montañosos de El Crucero, específicamente a las Haciendas Cafetaleras de  San Pancho, San Blas y El Vapor, aquel 15 de junio de 1979, bajo un diluvio de balazos, morterazos y cañonazos lanzados por los guardias somocistas sanguinarios y genocidas. 

Impresionante cantidad de muertos en los Barrios Suroccidentales

Un registro, no completo todavía, elaborado por Carlos Cienfuegos Aburto y otros Combatientes y Colaboradores Históricos del Distrito III de Managua, pone de manifiesto una cantidad impresionante de caídos o muertos en la Insurrección Sandinista de la Zona Suroccidental de Managua.

Antes de estampar esta lista, recordemos que sólo en la Masacre de Batahola cayeron casi 100 Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y pobladores comprometidos en la lucha insurreccional de los Barrios Noroccidentales.

El listado de caídos en San Judas, Villa Roma, Loma Linda, Torres Molina, en el “Kilocho Sur” y en la Hacienda El Vapor, es el siguiente, repito incompleto todavía:

Gabriel “Payo” Cardenal Caldera, Douglas “El Peludo” Mejía Obando, René “Horacio” Cisneros Vanegas, Roberto Vargas Batres, Ramiro Córdova, Ángela “Lucy” Largaespada, Miguel “Marcio” Fornos, Luis “La Liebre” Salgado, Mario “Raúl” Montenegro, Sergio Guevara, Sebastián “Chaca” Blanco, Rodolfo “Tito” Blanco, Manuel Guadamuz,  Ernesto  “Chino Tito” Hernández, Oswaldo “Cosa de Horno”, Segundo Samayoa, Nelson “Motorcito” Vargas, William “Niño Dios” Espinoza, Manuel “El Pequeño” Calderón, Francisco “Pancho” Martínez, José Cordero, “Grampon”, Gustavo Padilla, “Edgard”, Marvin Guerra,  René “El Pelado” Blandón, Ismael Medina, Alejandro “Palo Alto” López, Edgard “Cumba”, Bayardo Ordóñez, Armando Arce,  Franklin Grameño, “Carmen”, Marta Espinoza,  Humberto “Tatum” Salinas, Noel “Monta Toros” Salinas, dos Hermanos Santamaría, Freddy “El Mínimo” Téllez,  Donald Cristhian “Mandril”  Flores,  Ismael “Kara”, Roberto Alvarado Flores, Julio “Peineta”, Ramiro Martínez, Angélica, David “El Pelón” Casaya,  Roberto “El Pilinche” Álvarez Rosales, Alejandro Jirón, Marcos Morales, Norma Guevara, Marvin Carrión y Marvin García.

Listado incompleto de sobrevivientes de la Insurrección en Zona Suroccidental:

Cristóbal “Gersán” Guevara Casaya, Genie “Tavaricha” Soto, Adrián Amílcar” Meza Soza, Eduardo Cuadra Ferrey, Víctor “Bayardo” Romero, Víctor, Mario y Carlos Cienfuegos Aburto; Medardo Hurtado, Modesto Munguía Martínez, Francisco “Chico” Javier Zúniga Alvarado, Yuri Valle Olivares, Héctor Luis “Motor” Obregón, Julio “Chano” Silva, José Francisco “Pacholo” Mayorga, Beatríz “Lesbia” Narváez, Manuel “La Rana” Morales, Fernando “Francés” Hernández M., Róger “Ratón” Ramírez, Yunin Morales, Mario “Trapito” Téllez, Juan Manuel Navarrete, Justo Navarrete, Óscar “Huesito” Navarrete, Ramón “Ramoncillo” López, César “El Renco” Ramírez, Manuel “El Llanero”  Cruz, Reynaldo “Pichón” Sevilla, Carlos “Carlitín Fonseca Gómez, Antonio “Chele”  Zepeda, René Zepeda, Marcos “Marquito” Castillo, Jazmina Obando, Mario Montenegro, Ronald “El Pollón” López,  Cristóbal “Cara de Gato” Martínez, Francisco Morales Alvarado, José de Jesús “Chepe Chú” Zamora,  Cruz Hernández, Camilo Hernández Zapata,  Luis Rodríguez Alvarado, José René “Enchilada” Martinica, José María “Chema”,  Ramón “Moncho” Castro, Óscar Vargas, Carlos Malespín, Fernando Zepeda, Tomás “Tiburcio”  Rosales, Milton Rosales Lorío, Sergio “Patita”, Bolívar Torres Sequeira, Iván “El Caimán” Torres, Aníbal Bendaña, Reynaldo “El Pichón” Sevilla, Ignacio Munguía, Julio Peineta,  Roberto “el Pelón” Alvarado, Gloria González, Gustavo “El Gordo” Meneses, Milcíades Murillo, Juan Manuel “Justo” Navarrete, Pedro  Navarrete, Roberto “Fotógrafo” Lorío, Roberto “Mecha” Tinoco y Telma “Sonia” Ramos.

Sorprendente cantidad de Casas de Seguridad, entre otras:

Leonor Fonseca, Isabel; Amalia, Virginia y Moncha Baquedano; Ramón López, Manuel Cubillo, Manuel “Gallina”, Antonieta,  Enrique Murillo, Mayra Bravo Alegría, Francisco Alvarado, Carlos Malespín, Vidal Palacios, Mercedes Torres, Yelba Murillo, Mayra Rocha, Ramón Martínez, Carmen Rodríguez, Flor Lorío, Consuelo Bermúdez, Ester Aguilar, Pedro Reyes, Francisco Narváez, Isabel y Guadalupe Guillén; “El Tío”, Mario Meza, Don Arturo, Zoila, Familia de Francisco Villarreal, Olga Martínez, Familia Fornos, Familia de Jorge y Roberto Pérez, Casa de Bonifacia Castro, Roberto Donado, Lilí, Casa de Nicolasa Aburto y Víctor Cienfuegos Aburto; Donald y Dora Ramírez; Lilí Palacios Martínez, Norma y Antonio Torres; Emilia Martínez, Familia Quiñonez, Familia de Teresa Mendoza, Familia de los Meza, Gustavo Meneses,  Casa de Don Roberto, Casa de “Pin”, Luis Mena, Ruth “Soropeta” y Casa de Martinica.

Fuentes documentales: Informe sobre la Insurrección en la Zona Suroccidental de Managua, Repliegues hacia los Lomos de El Crucero y Masacre en la Hacienda El Vapor, elaborado por Cristóbal “Gersán”  Guevara Casaya, uno de los miembros del Estado Mayor Conjunto del FSLN en esta Zona capitalina; “Ángel de San Judas“,  de William Agudelo; “Un Pueblo en Armas”, del Comandante Carlos Núñez Téllez; Insurrección Sandinista Victoriosa y Repliegue Táctico de Managua a Masaya”, de Pablo E. Barreto Pérez; “20 Años Cumplidos, Crónicas del Triunfo y dos Repliegues del FSLN en Managua”, de Pablo E. Barreto Pérez; “Masacres somocistas”, de Pablo E. Barreto Pérez; Informe oficial de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Gabriel Cardenal Caldera”, elaborado  por Víctor y Carlos Cienfuegos Aburto y José de Jesús “Chepe Chú” Zamora.

Fuentes orales: Víctor “Bayardo”, Dientes de Lata”  Romero Pérez, Medardo Hurtado, Francisco “Chico” Javier Zúniga Alvarado, Verónica Cuadra, Ronald “Pollón” López, Aníbal Bendaña Artola; Víctor, Mario  y Carlos Cienfuegos Aburto; y José de Jesús “Chepe Chú” Zamora.

 

20 de junio de 1979

Siete muertos y  varios enterrados vivos por explosión de bomba de 1,000 libras

Cuatro  familias del Barrio El Edén  fueron  víctimas  de este acto GN genocida

Doña Angélica González  González , don Carlos Gutiérrez, doña “Coco”  Gutiérrez y varios niños sepultados  vivos

Doña “Coco”  y una hija adoptiva  “corrieron como locas” al ser  desenterradas

Doña Angélica González González   quedó sepultada   viva  hasta  el cuello

Explosión de bomba  dejó  abierto un cráter  de casi 25 metros de diámetro y destruyó  totalmente  dos viviendas  y causó daños  en al menos  25  viviendas

Pablo Emilio Barreto P

Managua, Capital de Nicaragua, fue sometida  a una masacre  despiadada  todos  los días, desde las cinco de la mañana, hasta  siete de la noche  durante la Insurrección Sandinista, u Ofensiva Final,   desde  el 11 de junio, día en que la Ciudad de Managua  comenzó a ser atacada  cruelmente  desde  el aire  con bombas de 500 y 1,000  libras, morteros  lanzados desde aviones push and pull, desde edificios  altos   y con  balas  calibre 50, también  desde aviones  artillados para tal  fin, especialmente al ser  atacada  la “Treceava Sección de Policía-GN” por Guerrilleros y Combatientes Populares.

Aquel 20 de junio de   1979   fue  especialmente  fatídico  para los capitalinos, porque  la Guardia Nacional, jefeada por Anastasio Somoza Debayle, desató sobre Managua  quizás el peor de los bombardeos  aéreos  desde que  inició  la Insurrección  el nueve de junio de  1979.

A eso de las tres  y media  o cuatro de la tarde, los pilotos GN desalmados de un helicóptero dejaron caer un chorro de bombas de 500 y 1,000 libras sobre el lado Sur del Barrio El Edén  y Norte del Barrio Ducualí, exactamente de la gasolinera  y del muro del Cementerio Oriental  200 metros al Oeste, en la calle  que comunica  directamente con el Puente El Edén.

Una de esas bombas de 1,000 libras cayó y explotó sobre  tres casas  y patios  de las familias Jarquín, Martínez  y de doña Socorro “Coco” Gutiérrez  y su marido don Carlos Gutiérrez, donde habitaban numerosos  niños y adultos. Al explotar la bomba, desbarató en millones de pedazos las instalaciones de concreto, metales y madera,  y ocasionó un  hueco como un cráter  de unos  25 metros de diámetro  por unos tres metros de profundidad, como si fuese abierto por un meteorito.

Enterrados  en el enorme hueco, cubiertos de charneles, tierra, piedras y madera, quedaron los cuerpos de Germán Martínez, Julio Martínez, doña Aura Martínez (hermanos), IIeana  Jarquín Palacios  (esposa de Germán) y sus niñas  gemelitas; y  Roberto  González,  niño de quince  años de edad, sobrino  de doña Angélica González  González.

Estos  quedaron muertos  y enterrados   en las casas  y terrenos que fueron de   don Manuel Jarquín Báez  y de lo que se  conocía  como “La Fábrica de Bloques y Adoquines”, propiedad  de don Manuel  Jarquín Báez, de su yerno  Germán  Martínez  y de la esposa de éste, Ileana Jarquín Palacios.

Uno de los aspectos asombrosos  de este episodio  mortal, causado por la dictadura somocista genocida, es que doña Angélica González  González, quien  tenía  unos 60 años, quedó  viva, enterrada  hasta el cuello, es decir,  le quedaron libre  de la opresión de escombros  sólo  el cuello  y la cabeza.

Este asunto  fue  extraordinariamente dramático  porque  las cuatro familias  quedaron sepultadas  por la poderosa  explosión de la bomba  en sus refugios  antiaéreos  respectivos, los cuales tenían como finalidad   protegerse de las  ondas expansivas  y destrucción  material que producían, inclusive, los charneles de las bombas de 500 y 1,000  libras, lanzadas  en esos momentos  desde  helicópteros  contra  la población  civil y Combatientes  Populares   por  la Guardia Nacional  del somocismo genocida.

Los refugios antiaéreos  eran unas especie de túneles  pequeños, en algunos casos muy amplios, dentro de los patios  de las casas, construidos con la finalidad  de que niños y adultos  se metieran dentro de ellos, para evadir las ondas expansivas y charneles.

Explosión dejó  un hueco  de 25 metros de diámetro

En este caso, la  bomba de 1,000  libras explotó  exactamente encima  de los tres refugios, causando  el cráter mencionado de unos 25 metros de diámetros, y dejando enterrados a los miembros  de estas  cuatro familias.

Según los recuerdos de don Miguel Ángel Escobar Romero, de 83 años actualmente, y de Olivia de los Ángeles  Molina Saravia, de 53 años, la explosión  de aquella fatídica  bomba de 1,000  hizo temblar la tierra en un radio quizás de unos 300 metros, el sonido explosivo es escuchó en toda Managua  y los escombros, consistentes  en pedazos de bloques, adoquines, tablas  y varillas metálicas, volaron  en unos  150 metros a la redonda, ocasionando  daños  materiales en casi  todas las casas del sector, situado  del muro del Cementerio Oriental  200 metros al Oeste.

Lidia  Azucena Obando  Olivares, 60 años, asegura que en su casa, ubicada  150 metros al Sur de donde ocurrió la explosión, cayeron adoquines  y pedazos de bloques  que dejaron huecos grandes  en el techo de su vivienda.

Doña Rosalpina  Galo Escobar, 60 años, recuerda  que cerca  de la gasolinera, en uno de los postes  del tendido eléctrico, quedó enganchado  un lavandero semidestruido  por la poderosa  onda expansiva   de la bomba de  1,000 libras.

Vecinos   desentierran a vivos y muertos

Venciendo al miedo  a que les cayeran más bombas  encima, numerosos vecinos  acudieron de inmediato  a auxiliar  a las  cuatro  familias enterradas  en el cráter dejado por la explosión en los dos  patios  y casas, desaparecidas  totalmente   por la poderosa detonación.

Acudieron entre otros:   Alejandro Molina Ortega (falleció a los 100 años, hace poco;  Napoleón Molina  Saravia, hijo de don Alejandro; Pedro Gómez Mena (fallecido), don Miguel Escobar Romero, don Manuel Jerez (fallecido), doña Concepción Jerez  (fallecida), Natalia Sánchez Zepeda, don Guillermo Gómez Sánchez, doña Socorro, propietaria del Bar Restaurante Jardín Central, ya fallecida;  profesor Luis Sánchez, Lidia Azucena  Obando Olivares, don  Elías Cisneros, Dominga Sándigo Fernández y Cristóbal Roque Martínez (fallecido).

También llegaron al  sitio socorristas de la Cruz Roja Nicaragüense, ubicados  en el Puesto de la Colonia Luis Somoza (hoy Diez de Junio).

Los  cuerpos de niños y adultos estaban enterrados unos, y otros, semienterrados por la tierra arrancada por la potente explosión de la bomba de 1,000 libras, cuyos charneles se veían chavalos en los cuerpecitos de los niños  (y en los cuerpos de  adultos) y en los pedazos de tablas que habían quedado esparcidos en el territorio de la que habían sido  las dos  viviendas.

El mayor peso de la explosión se produjo en las casas y predios de don Manuel Jarquín, recuerda don Miguel    Escobar Romero, zapatero  y “multioficios” de 83  años, quien era uno de los miembros  del Comité de Defensa Civil  en plena Insurrección Sandinista de   junio de 1979,  y como tal acudió  en labor de  auxilio a las  tres familias  sepultadas  por la  bomba.

Don Miguel  Escobar Romero  vivía  (y reside actualmente)  en la casa esquinera del Oeste, en la calle mencionada.

En labor periodística, fotográfica  y de  apoyo pleno a la Insurrección, yo recorría  todos los días  las trincheras  de combate, y casi de inmediato  acudí  al sitio de esta explosión de la bomba de 1,000  libras  en el lado Sur del Barrio El Edén, donde  casi al mismo tiempo  ocurrió  otra explosión de mortero  que masacró a la familia Mejía Sánchez, en el centro del Barrio El Edén.

Doña Angélica enterrada  hasta  el cuello

Quedé sorprendido al ver un rostro de mujer aturdido, envuelto en lodo, emitiendo quejidos inaudibles, cuya cabeza  apenas sobresalía del ras del suelo herido por la poderosa y mortal bomba de 1,000 libras.

“!Ayúdenme.   Sáquenme de aquí. No aguanto, me estoy afixiando… quítenme el lodo de la cara, ¡ay! que dolor más horrible!”, exclamó la mujer, cuyo nombre pude establecer después: Angélica González González.

Doña Angélica González González no podía hacer nada por auxiliarse ella misma, pues todo el cuerpo lo tenía enterrado hasta el nivel del cuello. ¡Fue un milagro que estuviese viva! Es decir, no contaba con las manos, ni pies, ¡nada!, porque los tenía también enterrados¡

Como ella, había otros enterrados hasta el nivel de los hombros o la mitad del cuerpo. Los  vecinos  mencionados se unieron  para desenterrar los cuerpos sin vida y a los que todavía estaban vivos, para prestarles los primeros auxilios y después llevarlos en  carretones de manos donde los médicos del Hospital México Clandestino, situado  en el Reparto Bello Horizonte.

Socorristas  de la Cruz Roja, los vecinos mencionados y  yo, tomamos palas metálicas y con cuidado empezamos a cavar alrededor de los cuerpos enterrados, para sacarlos. Aquello era sencillamente horrible, y mostraba el grado de maldad, perversidad diabólica y crueldad mortal que habían alcanzado  los somocistas genocidas.

Rápido y a la vez de manera prudente, fueron puestos al descubierto los cuerpos de los vivos y de los muertos. Todavía faltaban sorpresas, pues en la medida en que se  fueron sacando de su entierro a vivos y muertos, también quedaba evidenciado que sus ropas estaban quemadas por la explosión de la bomba de 1,000 libras.

La misma tierra apagó el fuego que había comenzado en la ropa. Los vivos y los muertos tenían charneles clavados en sus cuerpos. Doña Angélica González González, dichosamente, tenía sólo heridas leves.

Los  cuerpos o cadáveres  fueron  colocados  en el lado Este del patio de la Fábrica de Bloques, donde fueron sepultados  temporalmente. En el caso de los vivos, entre ellos, doña Angélica González González, recibieron primeros auxilios de los socorristas  de  la Cruz Roja  y luego fueron llevados  al Hospital México clandestino  en carretones de mano, con los cuales se circulaba  por callejones, se cruzaba  el cauce de Bello Horizonte, hasta llegar a la Etapa IV, donde todavía se ubica el Instituto Experimental México.

Combatientes Populares, refugios  antiaéreos y el caso de doña Angélica

Doña Olivia Molina Saravia, de 53 años  actualmente, no estaba  ese día en su casa, ubicada  cuatro casas  al Este de donde ocurrió la explosión, pero  allí estaban su padre Alejandro Molina Ortega y su hermano Napoleón Molina Saravia, quienes le contaron  al detalle  todo lo que habían vivido y presenciado esa tarde fatídica por la explosión de la bomba de 1,000  libras.

Doña Angélica  era vecina, en casas  contiguas, de esta familia  Molina Saravia. Según don Miguel Escobar Romero, doña Angélica y su sobrino Roberto  González, de 15 años, fueron invitados  por la familia del matrimonio Jarquín Martínez    a meterse  en el refugio antiaéreo de ellos  en la Fábrica de Bloques y Adoquines, para evadir  ondas explosivas y charneles de las bombas  que estaban   siendo lanzadas  por chorros  contra los pobladores de estos vecindarios de Managua.

Escobar Romero  recuerda  que doña Angélica  no quiso meterse al refugio  antiaéreo. Se metió su sobrino Roberto González con casi toda la familia   Jarquín Martínez,  mientras ella  se quedó  a un lado de la entrada del refugio.

Quienes quedaron dentro de los refugios  irónicamente fueron sepultados por la explosión de la bomba de 1,000  libras, mientras doña Angélica  quedó  con el cuello y la cabeza  fuera  del suelo.

Escobar Romero  indica que él  personalmente, días antes de la explosión de la bomba de 1,000  libras, varios miembros  del Comité de Defensa  Civil anduvieron  en todo  el Barrio El Edén  orientando  a vecinos  y Combatientes Populares  sobre que debían  construir refugios antiaéreos, para meterse dentro de ellos, para evadir o amortiguar  las ondas expansivas  de las explosiones.

Escobar Romero  hizo este trabajo entonces   porque él era  miembro  del Comité de Defensa Civil  (convertido en CDS  después), y precisamente los miembros  de este  Comité se encargaban  de asegurar  que  niños y adultos se metieran  en refugios antiaéreos, debido  a los nutridos y crueles bombardeos  aéreos, “y con el fin de salvar  vidas”.

En el caso concreto de doña Socorro “Coco” Gutiérrez  y su marido Carlos Gutiérrez, debido a que  no tenían patio, se les orientó que construyeran  el refugio antiaéreo  en la sala de su vivienda, lo cual  así se hizo. En el caso de la familia Jarquín Martínez  hizo su  refugio antiaéreo  en el lado Este del patio de la Fábrica de Bloques y Adoquines.  Y don Julio  Martínez  tenía  el refugio  igualmente en un lado del patio, también propiedad de don Manuel  Jarquín Báez. Don Julio Martínez fue uno de los  muertos  en la explosión.

¿”Orejas”   despreciables   guiaron a los pilotos genocidas?

Según Escobar Romero, dos hijos de don Carlos Gutiérrez y su esposa “Coco”  Gutiérrez eran Combatientes Populares, que estaban  asignados a trincheras de combates  contra la GN  en el Barrio Ducualí  y el Barrio El Edén. “Y de algún modo, casi todos  los vecinos estábamos   implicados  en la Insurrección  y en el Comité de Defensa Civil”, explica Escobar Romero.

Escobar Romero  y doña Olivia Molina Saravia  afirman,  37 años después,  que el conocido deportista Ponciano Lombillo,  una mujer  “oreja” de la Oficina de Seguridad (OSN) y miembro de la  Escuela de Entrenamiento Básico (EEBI), más otro “oreja”  desconocido  en el vecindario  de El Edén y Ducualí, informaban por  radiocomunicadores  a la Guardia Nacional sobre las actividades de Combatientes Populares, y anduvieron subidos  en los helicópteros, guiando  a los pilotos somocistas genocidas, para que lanzaran  las bombas de de  1,000  y  500 libras  hacia  determinados  sitios  de barricadas,  trincheras de combate  y casas  como las de estas cuatro familias  del lado Sur de El Edén.

Molina Saravia  y Escobar Romero  indican  que esto  de los miserables  y despreciables  “orejas” de la OSN y de la Guardia Nacional  tenía  su lógica   porque casas  como la de doña Socorro “Coco” Gutiérrez  era casa de seguridad, buzón de armas, paso de correos  del FSLN   clandestino  y residencia  de dos de sus hijos, que eran Combatientes Populares, asignados a trincheras de combate  en el Puente El Edén y en Ducualí.

Esa  misma  casa de seguridad de doña “Coco”  Gutiérrez  era   sitio de reuniones  de revolucionarios sandinistas   como Cristhian “Inca” Pérez  Leiva  y otro de nombre  Julio Quinteros, quienes   llegaban  y se reunían  en el fondo de la  vivienda de 30  por  15  metros.

Al final, añade Olivia Molina Saravia, sólo fue  capturada  y fusilada  la “oreja”  especializada  de la OSN  y de la EEBI, en plena insurrección, antes de producirse  el Repliegue Táctico de Managua a Masaya. Se supo  que  era de los cuerpos  militares  élites de la EEBI, porque andaba unos tatuajes  en las piernas y los pies.

Como se sabe, Ponciano Lombillo  fue capturado después del Triunfo  de la Revolución, y permaneció preso varios años.

Don Carlos Gutiérrez, de  60 años entonces, marido de doña “Coco”, era Contador  Público  y trabajaba  en el Ministerio de Gobernación.

Escobar Romero Se acuerda  vivamente, “como si fuera  ayer”,   que al momento de rescatar  a  don Carlos, su esposa “Coco”  y a una hija  adoptiva  de ambos, del refugio sepultado por la explosión, “doña “Coco”  y esta  muchacha  de unos 12  años,  salieron corriendo  “como locas”  en rumbo del Cementerio Oriental, porque quedaron profundamente  traumadas, aterrorizadas”.  Varios  vecinos tuvieron que ir  tras  ellas, para controlarlas, porque seguía presente el peligro  de más bombas de 500  y 1,000  contra estos  vecindarios del Oriente de Managua.

“En este refugio  antiaéreo don Carlos, su esposa “Coco”  y la  hija adoptiva de ambos  quedaron vivos   porque seguramente  quedó  algún huequito, en el refugio sepultado, que dejó pasar  un poco de aire, y por la  rapidez  con que actuamos  los vecinos, Combatientes Populares y socorristas de la   Cruz Roja Nicaragüense”, considera   Escobar Romero.

Sepultados en el patio de bloquera

Los muertos, niños y adultos, en los refugios antiaéreos  de la Fábrica de Bloques y Adoquines  y de la casa de don Julio Martínez fueron sepultados temporalmente  en el costado Este  del patio  en que  habitaba la familia Jarquín Martínez.  Las  familias Jarquín  y Martínez  estaban  vinculadas  directamente  porque Ileana  Jarquín Palacios  y Germán Martínez  eran un matrimonio relativamente, progenitores  de las gemelitas  muertas.

Don Julio Martínez  era, al mismo tiempo, propietario  y técnico  en reparaciones de radio  y televisión. Tenía   un taller   y se afirma que sus hermanos y otros familiares, también   eran  técnicos y  laboraban en el mismo taller de radio  y televisión, ubicado  en el mismo predio  de la Fábrica de Adoquines y Bloques  de don Manuel Jarquín Báez.

Doña Angélica  González  González  era vendedora  de muebles, negocio que estaba  ubicado en su casa, cerca de donde  se produjo la explosión.

Después del Triunfo de la Revolución Sandinista, los restos de todos  estos sepultados  fueron  exhumados  y enterrados  formalmente  en el Cementerio Oriental, ubicado tan sólo a   200 metros al Este de donde ocurrió la explosión.

Los restos  del niño Roberto González  fueron trasladados al Cementerio de Chichigalpa, donde  él y doña Angélica  tenía  familiares.

Olivia de los Ángeles  Molina Saravia  recuerda  que doña Angélica  fue llevada  a residir en el Reparto Bello Horizonte  por un hijo  suyo. Allí continuó vendiendo  muebles, y falleció hace tan sólo dos  años.

Hoy  existen  tres casas  con negocios distintos

La  familia de don Carlos  Gutiérrez  y su esposa “Coco”,  se fueron de Managua. Volvieron tiempo después  y vendieron  el terreno, hoy ocupado  por una farmacia llamada FARMAFER.   Después de vender  el lote de terreno, no se les volvió a ver  en el vecindario.  

La  familia  Jarquín Martínez    al poco tiempo  volvió  a  instalar la Fábrica de Bloques  y Adoquines. Como este terreno era grande, entonces  el Comité de Defensa Sandinista  (CDS) lo dividió en dos, después del Triunfo de la Revolución Sandinista. En  la parte  Este quedó la propietaria  original del terreno: familia   Jarquín Martínez.  Antes de la explosión de la bomba de 1,000  libras  la casita de Julio Martínez  estaba  en la misma área  del terreno de la Fábrica de Bloques y Adoquines de don Manuel Jarquín Báez.

El resto,  en el lado Oeste,  se le cedió a otra familia, la cual le vendió  a doña Rosalpina Galo  Escobar. Doña Rosalpina   Galo  asegura  que ella  tuvo  que echar varias  camionadas de tierra y arena en el hueco, para  emparejarlo  y construir  una vivienda.

Rosalpina  reside  en el fondo de esta  vivienda, mientras la entrada  se la alquila  a un taller de  reparaciones de  video, de  computadoras, de grabadoras   y televisores.

La familia Jarquín Martínez     igualmente  cubrió   con tierra  y arena  el enorme  hueco dejado por la bomba  infernal  en el suelo  de la Fábrica de Bloques y Adoquines. Por varios años  siguió funcionando allí la Bloquera. Actualmente  funciona un negocio de fotocopias, impresiones  y otros  asuntos gráficos, dirigido  por María de los Ángeles  Salgado Gómez, viuda  de Adonis Jarquín  Báez, quien no estaba  presente en el lugar cuando ocurrió  la explosión de la bomba de 1,000  libras  aquel  20 de junio de 1979.

En las fotografías  que tomé  esa tarde del 20 de junio de 1979, aparece  doña Angélica  enterrada  hasta el cuello, mientras a su lado, es  desenterrado   con palas el cuerpo sin vida de  su sobrino  Roberto González. En otra  fotografía  aparece el cuerpo sin vida de don Julio Martínez.

Revisando las fotografías  con doña Olivia Molina Saravia  y su hija Yaoskarla  Brown Molina, ellas  dos  identifican  a su  hermano y tío, respectivamente, Napoleón  Molina Saravia, quien aparece  con una camisa a cuadros, manga larga y con una pala  en las manos. Napoleón  era, al mismo tiempo, vecino  y socorrista de la Cruz Roja.  También aparece  Mario Saravia, flaquito entonces, con camisa manga  larga, con  un trozo de madera en las manos, ayudando  a sacar los cadáveres  de los vecinos  asesinados con la bomba de 1,000  libras. Y otro  personaje que identifican  Olivia y Yaoskarla  es a un hijo de don Manuel Jarquín, que  aparece  sin camisa, igualmente ayudando  en la labor de rescate de muertos y vivos.

Al Triunfo de la Revolución Sandinista, cuando un  grupo de periodistas, encabezados por los Comandantes Bayardo Arce Castaño y Carlos Núñez Téllez, fundamos el Diario BARRICADA (Órgano Oficial del Frente Sandinista) el 26 de julio de 1979, mis fotos de doña Angélica González González enterrada, y de los niños y adultos muertos,  ilustraron la primera página (y páginas interiores)  de la primera edición, precisamente, de BARRICADA.

Fuentes documentales:

“Un Pueblo en Armas”, del Comandante Carlos Núñez Téllez; Diario BARRICADA  del  27 de julio de 1979; “Insurrección Sandinista Victoriosa y Repliegue Táctico de Managua a Masaya”, de Pablo E. Barreto Pérez; “Masacres somocistas”, escrito por Pablo E. Barreto Pérez;  fotografías de Pablo E. Barreto Pérez.

Fuentes orales:

Don Miguel Escobar  Romero. Vive del Puente El Edén  dos cuadras al Este. Tiene  el teléfono:  22490964.

Olivia de los Ángeles Molina Saravia.  Reside del  muro del Cementerio Oriental,  200 metros al Oeste. Responde a los teléfonos: 22494089  y 57532568.

Rosalpina Galo  Escobar. Reside  en el local del Taller de Video, del Puente El Edén  dos y media cuadras al Oeste, contiguo a FARMAFER.  Tiene  el teléfono:   22401050.

Lidia Azucena Obando Olivares. Reside  del Bar Jardín Central  una cuadra al Este. Tiene el teléfono: 84174724.

Dominga  Sándigo Fernández. Reside  frente  al Taller de Video, ubicado del  muro del Cementerio Oriental  200 metros al Oeste.

María de los Ángeles  Salgado Gómez. Reside  donde fue la Bloquera. Tiene el teléfono: 22442154.

 

20 de junio de  1979 sangriento en Managua  por bombardeos aéreos

GN   masacra a la familia Mejía Sánchez, en Barrio El Edén

Cinco resultan  muertos  por mortero disparado desde edificio Armando Guido

Hospitales clandestinos sometidos a bombardeos aéreos terribles, aquel  miércoles 20 de junio

El local del Instituto Experimental México, ubicado entre las Etapas Tres y Cuatro de Bello Horizonte, convertido en uno de los principales Hospitales Clandestinos de la Insurrección Popular Sandinista en Managua, fue sometido a intensos bombardeos aéreos (con bombas de 500 y 1,000 libras, rockettes y morteros, ráfagas de ametralladoras calibre  50, barriles de gasolina y fósforo); sí, todos los días, todo el día y de noche, desde el 11 de junio hasta el 27 de junio de 1979.

Sí, repito, todos los días. Sin embargo, aquel día 20 de junio los altos mandos de la Guardia Nacional somocista genocida y su jefe sangriento Anastasio Somoza Debayle, volcaron todo su odio y deseos de venganza en contra de los médicos que generosamente trataban de salvar vidas bajo los techos endebles de este famoso Colegio de Secundaria en Managua, construido en Bello Horizonte después del Terremoto de 1972.

Dentro del México, un Colegio de secundaria de casi 3,000 estudiantes todos los días, con casi 50 aulas, habían casi 800  civiles refugiados, y alrededor de dos centenares de heridos, los cuales estaban siendo atendidos en aquellas condiciones de opresión y crueldad militar somocista, en la medida en que era posible, en medio del bombardeo aéreo incesante, sorteando charneles y balazos lanzados desde el aire, atendidos estos heridos en esas condiciones por varios médicos heroicos, entre otros:  Alberto González, Jorge Irías, Emilio Vallecillo y Oscar Aragón Valdez.

Ese día 20 fue realmente horrible en este Hospital Clandestino. El bombardeo se inició un poco después de las seis y media de la mañana. Incluso, los guardias y pilotos genocidas somocistas habían sido “generosos”, porque casi siempre el bombardeo lo comenzaban un poco antes de las seis de la mañana.

El Estado Mayor General del Frente Interno del FSLN y las escuadras de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares de Bello Horizonte habían decidido poner en el propio Instituto Experimental México una escuadra de los mejores guerreros revolucionarios, para hacerle frente a esta situación de agresión militar permanente.

Uno de los heridos era Carlos “El Sobrino” Dávila Sánchez, un hombre joven, bastante gordo, agilísimo y combatiente audaz, de los mejores en la Zona Oriental insurreccionada. Las bombas comenzaron a caer en chorro, una tras otra. Pareciera que los altos mandos genocidas lanzaron ese día 20 todas las baterías contra este Hospital Clandestino de la Insurrección Popular Sandinista en la Zona Oriental de Managua.

Las bombas de 500 libras, rockettes y morteros caían uno tras otros. Los Combatientes Populares atacaban a balazos a los aviones y helicópteros, pero no lograron bajar ni uno, debido a que cada vez se elevaban más sobre el horizonte…

Fue especialmente ese día cuando pude ver detenidamente, ubicándome con binoculares en el Bulevar de Bello Horizonte y cerca del Instituto Experimental México cómo, en el caso de los pilotos y ayudantes de los helicópteros, andaban también binoculares para ubicar los “blancos” u “objetivos”.

En el caso de los helicópteros, subían a gran altura, se quedaban “detenidos”, ubicaban los “blancos” u “objetivos” y dejaban caer la carga explosiva y mortal hacia abajo. En algunos momentos tuve la sensación de que la bombas de 500 y 1,000 libras venía sobre mí en el Bulevar o en las cercanías del Instituto  Experimental México.

Había instantes en que tres aviones Push and Pull se alineaban, uno tras otro, y de esa manera los rockettes caían como en “chorro” en las instalaciones del Instituto Experimental México y en la mayoría de las viviendas de las Etapas Dos, Tres y Cuatro de Bello Horizonte, porque los pilotos genocidas somocistas casi nunca daban en los “blancos” u “objetivos” seleccionados.

Ese día hubo más heridos y muertos en el México. Allí fue herido nuevamente Carlos Alberto “El Sobrino” Dávila Sánchez, quien después se convertiría, como herido y asesinado por la GN, en una leyenda durante del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, ocurrido los días 27, 28 y 29 de junio de 1979.

Dichosamente, el otro Hospital Clandestino Silvia Ferrufino Sobalbarro no fue bombardeado directamente porque los guardias genocidas somocistas nunca pudieron ubicar la casa en que estaba metido, allí mismo a una cuadra al Norte y media al Este del Experimental México.

El hecho de que no lo descubrieran permitió atender a los heridos mientras las instalaciones del Experimental México eran sometidas cruelmente a bombardeos y ametrallamientos mortales por la Guardia Nacional genocida.

Al final de este  día ya se contaban casi 60 muertos en el México, la mayoría de ellos  Combatientes Populares. Se hizo una tumba para cada uno de ellos en un patio del Noreste del Colegio México. “Los enterramos en el Jardín del Colegio”, contaría después el doctor Alberto González Ortega, quien actuaba como médico jefe de este Hospital Clandestino durante la Insurrección revolucionaria en Managua.

Hubo otros combates fuertísimos, otros intentos de los guardias genocidas somocistas de romper la resistencia en el anillo insurreccional de la Zona Oriental de Managua, pero ¡no pasaron otra vez! Esos intentos los hacían siempre usando tanques, tanquetas, aviación, mortereo, inclusive desde el recién estrenado edificio del Polideportivo España (ubicado al Oeste del Hospital Oriental, o Manolo Morales Peralta), desde el hoy Mercado Carlos Roberto Huembes, en busca de “ablandar” o meter miedo entre los Combatientes Populares y población en general, pero no lograron nada nuevamente.

Ese día usaron tres aviones jet artillados con rockettes, que al parecer habían estado usando sobre otras Ciudades de Nicaragua, como León, Chinandega, Masaya, Estelí, Matagalpa, Jinotega  y Rivas. Todo ese día 20 de junio intentaron meterse por el Cauce de Veracruz, que rosa los límites del Reparto Rubenia, y también hicieron intentos de romper la resistencia por lado de Villa Progreso, donde fueron rechazados una y otra vez por las Columnas Móviles de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, jefeadas por Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz.

Ese día 20 usaron ferozmente los lanzamorteros que tenían instalados en los edificios de Armando Guido, Polideportivo España, ZUMEN, Centro Cívico y Lomas de San Judas, por ejemplo.

 

20 de junio en Barrio El Edén

GN masacra  a casi toda la familia Mejía  Sánchez

Con morteros lanzados desde  el edificio Armando Guido

Los   morteros y rockettes, lanzados desde aviones push and pull  y desde sitios  como el edificio Armando Guido,  hacían un ruidito como de jet volando cuando iban disparados desde el aire a tierra.

Precisamente a las cinco de la tarde de  aquel día 20 de junio de 1979, Walter Mejía Sánchez escuchó que se acercaba a su casa velozmente un ruidito parecido al de un mortero, de los que estaba tirando la Guardia Nacional  contra  pobladores  capitalinos desde aviones push and pull y  desde el edificio Armando Guido, ubicado en la orilla de la Carretera Norte, una cuadra al Este de donde estaba la “Central de Policía” (“Cárceles de la Aviación”)  de la GN.

Mejía Sánchez estaba en la calle, frente a su casa, en el Barrio El Edén, con un grupo de Combatientes Populares que estaban examinando cómo continuarían defendiéndose de los ataques a mansalva de los soldados  del somocismo genocida.

“!Viene un mortero…jodido!”, exclamó Mejía Sánchez. Apenas había terminado de exclamar lo anterior, cuando el mortero explotó dentro de su casa, donde estaban sus tres hijas, su  madre Petrona Mejía, su esposa  Aura Clara Sánchez,  otros familiares  y amigos.

La explosión violenta hizo volar la casa en miles  de  pedazos,  y al instante comenzó un voraz incendio. Se escucharon gritos desgarradores de dolor profundo. Como pudieron, Walter Mejía Sánchez y el grupo de Combatientes Populares se abrieron paso con palas  y cobas  por entre las llamas y escombros, logrando sacar los cuerpos desfigurados por charneles y calcinados de Marta Elena (20 años), Ruth del Carmen (13 años), Adela Esperanza (14 años), las tres hijas de Walter; y a doña Petrona Mejía, madre de Walter Mejía Sánchez, todas muertas.

Doña Aura Clara Sánchez, esposa de don Walter Mejía Sánchez, y madre de las tres muchachas, quedó gravemente herida entre el amasijo de escombros dejados por la explosión del mortero, lanzado por los guardias  desde el Edificio Armando Guido, ubicado en el lado Noroeste del Barrio San Luis.

Doña Aura Clara Sánchez apenas se quejaba prensada por escombros y llegándole las llamas. La lograron sacar de los escombros. Y sacaron a otros dos visitantes  casuales, también muertos, que estaban dentro de la vivienda. Los nombres de estos visitantes   casuales  no me fueron suministrados. En la familia  no recuerdan sus nombres   ni ubicaciones de sus familiares, pues estaban allí refugiados.  Temporalmente, precisamente, por los crueles y mortales bombardeos aéreos  de la Guardia Nacional contra  los pobladores capitalinos.

Otro muerto, en la casa  vecina, también destruida

La  explosión  del mortero  también destruyó la casa  vecina, en el lado Sur, donde resultó  mortalmente herido Wiston Valverde, de 24 años de edad. Aquí  hubo varios heridos,  mientras la casa  igualmente ardía en llamas, y vecinos y Combatientes Populares  hacían grandes esfuerzos, en primer lugar, por poner a salvo  a sus ocupantes, y que  el fuego no se propagara a otras viviendas.

Doña Aura Clara Sánchez tenía heridas  en casi todo el cuerpo. Además, tenía perforados los intestinos y un pulmón. Las tres hijas de Walter Mejía Sánchez eran jovencitas, integrantes del Grupo Folklórico  y Combatientes Populares del Barrio El Edén, donde ya habían caído 14 jóvenes antes que ellas en los combates en contra de la Guardia Nacional genocida. En total fueron 21 Héroes y Mártires de El Edén.

Doña Aura Clara Sánchez, Wiston Valverde  y resto de heridos, fueron llevados de forma  presurosa, en carretones de manos,  al Hospital México clandestino, ubicado en la Etapa Tres de Bello Horizonte.

Wiston Valverde falleció  dentro del carretón  en el trayecto  entre el Barrio El Edén  y Bello Horizonte, porque sus heridas  eran  muy graves y desangró  muy rápido, recuerda  don Walter Mejía  Sánchez, de 84 años  actualmente.

A doña Aura Clara le salvan la vida  médicos del Hospital Méjico clandestino

Doña Aura Clara   fue operada  de emergencia y salvada de morir  por aquellos médicos heroicos  del Hospital México clandestino, doctor Alberto González, Jorge Irías, Emilio Vallecillo  y Óscar Aragón Valdez, quienes  ejercían su labor de  galenos  en condiciones totalmente desfavorables: sin quirófano, sin los instrumentos  adecuados para operaciones y suturaciones, sin medicinas, nisiquiera calmantes. Sin embargo, a doña Aura Clara y varios centenares de pobladores civiles y Combatientes  Populares heridos graves les salvaron la vida, usando  el ingenio  humano.

Wiston Valverde  llegó ya muerto  al Hospital México clandestino. Los médicos mencionados, Jefes Guerrilleros, entre otros, Javier López Lowery, Isabel Castillo y Francisco “Chico Garand”  Guzmán Fonseca, y Combatientes Populares de Bello Horizonte, dispusieron  hacer un Cementerio  improvisado  en el   lado Noreste del Instituto Experimental México, donde fueron sepultados  casi  60 Combatientes Populares  y civiles, entre ellos, Wiston Valverde.

En medio de gran pesadumbre  familiar y comunitaria, las  tres  jovencitas  hijas de don Walter Mejía Sánchez   y su  madre  doña Petrona Mejía, fueron sepultadas  provisionalmente  en la calle, frente  a la casa  destruida por  el mortero  lanzado por la Guardia Nacional  desde el edificio Armando Guido. Sus restos  fueron exhumados después del Triunfo de la Revolución  y sepultados formalmente en el Cementerio Oriental de Managua, ubicado  tres cuadras  al Este  de la casa de don Walter Mejía Sánchez.

Muchachas eran correos clandestinos del Frente Sandinista

“Mis tres hijas y yo éramos  correos del Frente Sandinista clandestino, de trinchera en trinchera.  Colaborábamos  con  Alejandra Emelina Campos Escobar (caída en el Repliegue a Masaya), por ejemplo”, asegura  Mejía Sánchez. Hasta hoy sigue sospechando  de que algunos orejas  fueron  quienes guiaron los disparos de morteros  hacia su casa en el Barrio El Edén.

Según   Mejía Sánchez,  Combatientes Populares de los Barrios El Edén y Ducualí se encargaron  de comunicarle la fatal noticia  a los familiares de los otros  dos  muertos  por la explosión, ocasionada  por  el mortero GN genocida.  Estos eran visitantes casuales  y habían buscado refugio  en la casa de don Walter, precisamente  porque el bombardeo aéreo sanguinario  causaba tremendo pánico  colectivo esa  tarde del 20 de junio de 1979.

Don Walter  y otros familiares   tuvieron  que dormir  donde vecinos y en refugios  antiaéreos, porque quedaron  sin la casa.

Doña Aura Clara Sánchez  duró  casi tres meses  en recuperarse  totalmente  de las heridas  y suturas  que le hicieron en el Hospital México Clandestino, para salvarle la vida.

Con grandes esfuerzos  y apoyo de la comunidad, Mejía  Sánchez y su esposa Aura Clara Sánchez, de 82  años actualmente,  reconstruyeron  con madera  la casita  destruida  por el mortero  lanzado por la GN desde el edificio Armando Guido.

Don Walter  y su esposa  doña Aura Clara  Sánchez, ya ancianos ambos,   con 84  y 82 años respectivamente, exhiben  fotografías  en las paredes de su casa, en recuerdo  de sus muchachas folkloristas.

Hace poco tiempo, el gobierno revolucionario  sandinista, presidido por el Comandante Daniel Ortega Saavedra, les mandó  a construir  totalmente la casita, y quedó  a imagen y semejanza de las “Casas para el Pueblo”. “Doña Aura Clara  y yo estamos contentos  de que Daniel  Ortega nos haya mandado a construir  la casita. Le va a quedar  a nietos y otros familiares”, indicó don Walter Mejía Sánchez.

Fuentes documentales:

“Un Pueblo en Armas”, del Comandante Carlos Núñez Téllez; “Insurrección Sandinista Victoriosa  y Repliegue Táctico a Masaya”, de Pablo E. Barreto Pérez; “Masacres somocistas”, autor Pablo E. Barreto Pérez.

Fuentes orales:

Don Walter Mejía Sánchez  y su esposa  Aura Clara Sánchez. Residen  del Puente El Edén  una cuadra al Este  y  dos cuadras  al Norte.

Frank “Machillo”  González  Morales, directivo nacional de la Asociación de Combatientes Históricos  Carlos Fonseca  Amador. Tiene los teléfonos celulares:  86782410 y 88417562.

 

En el Barrio Riguero, 20 de junio  de 1979

Asesinato atroz de William Bill Steeward y su ayudante Juan Francisco Espinoza

*Orgía sangrienta  de la GN  comenzó  tempranito, una vez  más, en Managua

En la mañana de aquel día  20 de junio de 1979, un  grupo  de guardias  de  un retén  militar  GN  ejecutó a balazos al periodista   norteamericano William Bill Steeward y a su ayudante e  intérprete Juan Francisco Espinoza, en las cercanías de los  llamados “Transportes Modernos”, en el Barrio Riguero insurreccionado.

Steeward era periodista  la de de la cadena de  televisión  norteamericana “American Broadcasting Company”, más conocida  como ABC,  de Nueva York, Estados Unidos. Esta cadena televisiva  es propiedad de  Walt Disney Company.

Steeward  era  un hombre relativamente  joven, de 38 años. Era de Virginia Occidental. Tenía  experiencia respetable  como  corresponsal de guerra, pues recientemente  había estado  en el estallido de la Revolución Islámica, en Irán, en febrero de 1979, y en varios conflictos  sociales  y militares en América Latina.

Era  periodista estrella  de la ABC, “hombre  muy capaz, profesionalmente”, se dijo después de ser  asesinado  fría  y descaradamente en Managua  por la Guardia  Nacional somocista  genocida.

Con un equipo técnico de respaldo  y medios  técnicos de grabación y filmaciones para televisión, llegó a Managua a finales de mayo de 1979, enviado  por la ABC  y atraído  él  por el anuncio de la Insurrección u Ofensiva Final contra la dictadura sanguinaria del somocismo genocida.

Su equipo  técnico lo formaban  el camarógrafo  Jack  Clark, Jim Cefalo, técnico en sonido;  Pablo Tiffer López, conductor de una furgoneta  en  q      ue  transportaban los equipos de televisión  y Juan Francisco  Espinoza, joven de 26  años, quien había sido contratado  como intérprete  por Steeward.

Bill  estuvo  en numerosos sitios  de Managua  insurreccionada:   en  la Zona Suroccidental, en la Zona Noroccidental  y en la Zona Oriental-norte  capitalino. En estos tres teatros  de guerra  revolucionaria se combatía  a sangre y fuego popular   por el derrocamiento  definitivo de la dictadura somocista.

Steeward  estuvo  con su equipo, lo más cerca posible, del nueve al  20 de junio, de donde se registraban  los combates  populares contra la Guardia Nacional, en Managua.

Había  conocido  personalmente de las masacres de la GN  en la Colina 110, en el Kilocho Sur, en Batahola, en El Vapor  y se había desplazado, como pudo, hasta lugares cercanos  de combates fieros  contra la GN, como los ocurridos   el 14 en Rubenia, el 15  en “Río  Seco”  (Colonia Nicarao)  y  el 17 de  junio entre  los puentes San Cristóbal y Paraisito, y los vecindarios San José Oriental, San Cristóbal y Riguero, muy cerca de donde lo   asesinaron, o ejecutaron, el día 20  en la mañana. En este último combate  del  17 la GN  sufrió casi  100 bajas mortales.

Su equipo fílmico y él  habían logrado desplazarse  hasta donde es  hoy  la Rotonda Cristo Rey, a pesar de la enorme cantidad de retenes  militares  que tenía  la GN  en la Pista de la Resistencia Sandinista.

Esa  mañana del 20 de junio de 1979, atraído por uno de tantos tiroteos en el Barrio Riguero,  cerca de Transportes Modernos,  Steeward decidió entrar al vecindario, acompañado por su equipo mencionado  y Juan Francisco Espinoza.  Steeward  iba con una bandera  blanca  en las manos, la cual agitaba “en señal de paz”.

Se toparon con un retén  de numerosos guardias  en media calle, por donde es hoy el Parque  Bill  Steeward. Les ordenaron detenerse, y los amenazaron  con dispararles  si continuaban. A pesar de   esta amenaza, Juan Francisco  Espinoza, nicaragüense, quien hablaba  muy bien inglés y español, se bajó de la furgoneta  y se fue  hasta donde  estaban los guardias  en el retén, con el fin de explicarles  que  en la furgoneta  andaba un equipo  periodístico de una cadena norteamericana de televisión.

Se conocía  en el ambiente de guerra  en el Barrio Riguero  que estos mismos guardias  morfinómanos, habían asesinado a tiros, hacía  pocos minutos,  a tres  jóvenes  civiles y a una maestra, o profesora, que se atrevieron a andar  circulando  en las calles del vecindario.

Según testimonio del camarógrafo  Jack  Clark, del técnico  Jimy Cefalo  y del conductor de la furgoneta, Pablo Tiffer López,   sin notarlo  ellos  mismos, Juan Francisco Espinoza  fue llevado  hacia el lado Sur  unos 30  metros, donde fríamente fue asesinado de un balazo en la cabeza. El equipo  y el mismo Steeward  no se dieron cuenta de  la ejecución   porque  se oían muchas  detonaciones de balazos en los alrededores.

Casi al instante  otro guardia  llegó hasta la furgoneta  y conminó  a Steeward  para que se bajara del vehículo. Lo condujeron  también unos 30 metros al Sur  de donde estaba la furgoneta  de la ABC, y acto seguido  lo obligaron a arrodillarse  con las manos  hacia atrás. Al mismo tiempo, en segundos, terminaron de tumbarlo al pavimento  con patadas  en las espaldas  y costados.

En pocos segundos,  el guardia  que lo pateaba  se alejó  un poco de su cuerpo, apuntó  su fusil  y le dio un balazo  detrás de la oreja derecha, matándolo  al instante. Steeward  fue  ejecutado  fríamente. Y es que  Anastasio Somoza Debayle, su Guardia Nacional genocida  y el Servicio Anticomunista  de la Oficina de Seguridad (OSN, policía política del régimen sanguinario)  habían propagado  a nivel nacional e internacional  que periodistas nicaragüenses (no somocistas)  y extranjeros  “son parte de una conspiración del “Sandino-comunismo-terrorismo”  en contra de la democracia  de mi gobierno”.

Mientras tanto, Juan Francisco  Espinoza  y William “Bill”  Steeward  eran  asesinados, o ejecutados, Jack  Clark, desde otro  vehículo (no desde la furgoneta de la ABC)  estaba filmando   sigilosamente   la represión  sanguinaria  y asesinato de sus dos compañeros de  trabajo.

Los guardias GN asesinos del retén militar  ordenaron  a Jack Clark, a Jimy Cefalo y a Pablo Tiffer López  que se llevaran  el cadáver de William “Bill”  Steeward, pero no permitieron que fueran  a tocar  el cadáver de Juan Francisco Espinoza, el cual  quedó allí  tirado  hasta que varios días después  un grupo de vecinos del Barrio Riguero  lo medio sepultaron  en una de las calles  del mismo vecindario.

Eso sí, antes de que permitieran  levantar  el cadáver de Steeward  les advirtieron  a Clark, a Cefalo  y Tiffer, que debían decir  que un “francotirador  Sandino-comunista”  lo había matado.

Clark, Cefalo  y Tiffer  llevaron el cadáver  de Steeward  al Hotel Intercontinental-Managua, donde estaban hospedados.

Al denunciarse  el asesinato despreciable, Anastasio Somoza Debayle  cínicamente  apareció  públicamente condenando  el hecho.

Mientras tanto, por gestiones de la Embajada Alemana  y de la Embajada  Norteamericana, ambas en Managua, vino a la capital nicaragüense  un avión de la Fuerza  Aérea de Estados Unidos, y puso  al equipo de la ABC  en Panamá, incluyendo  el cadáver de “Bill”  Steeward.

De Panamá se trasladaron a Estados Unidos. Puestos  en territorio norteamericano, publicaron  todo el material  fílmico de la ejecución de Steeward  y su intérprete Juan Francisco Espinoza. Steeward  fue sepultado  en Kentucky, Estados Unidos.

Los restos de Espinoza  fueron exhumados  después del Triunfo de la Revolución Sandinista, y sepultados  formalmente por sus familiares.

El presidente  norteamericano de ese momento, Jimy Carter, condenó  el crimen atroz de Steeward  y como es conocido  el gobierno gringo se vio obligado  a quitarle  apoyo  al tirano Anastasio Somoza Debayle, aunque  “por debajo”   abogaron  por salvar a la Guardia Nacional  somocista genocida, con el fin de  dejar  impuesto en Nicaragua  al somocismo sin Somoza Debayle.

Hubo un supuesto  juicio militar, mediante el cual  la Oficina de Relaciones Públicas de la Guardia Nacional  (somocista genocida), informó que el Cabo Lorenzo Brenes  había sido el responsable de esta  masacre. Este Brenes  negó  haber matado a Steeward y a Espinoza, y a la vez  dijo que  el verdadero responsable  era un tal Pedro González.

Fuentes  documentales:

“Un Pueblo en Armas” del Comandante Carlos Núñez Téllez; Biblioteca Virtual Wikipedia, en Internet;  “Masacres  Somocistas”  de Pablo E. Barreto Pérez.

Fuentes orales:

Frank “Machillo” González  Morales, directivo  nacional de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos  Carlos Fonseca Amador.  Vive de donde fue Foto Castillo  media cuadra al Oeste, en Colonia Don Bosco. Se le encuentra  también  de la “Racachaca”  tres cuadras al Sur, en la sede  de la Asociación de Combatientes y Colabores Históricos  Carlos Núñez Téllez.  Tiene los teléfonos  celulares: 86782410 y 88417562.

Juan  Carlos Soza  Aragón, responsable de la Asociación de Combatientes y Colabores Históricos  Carlos Núñez  Téllez. Se le ubica  en el día  de la “Racachaca”  tres  cuadras al Sur, en la sede de su Asociación.  Tiene los teléfonos  celulares: 84647760  y 89435872.  

 

 

 

 

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Acerca de Pablo Emilio Barreto Pérez

Pablo Emilio Barreto Pérez es: *Orden Independencia Cultural Rubén Darío, *Orden Servidor de la Comunidad e Hijo Dilecto de Managua.
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