Tomás Ruiz, Padre Indio nicaragüense, o aborigen, Prócer de Centroamérica

Tomás Ruiz, Padre Indio nicaragüense, o aborígen, Prócer de Centroamérica

(Trabajo tomado del Ministerio de Educación y de “Héroes sin Fusil” e “Historia Básica de Nicaragua, volumen 2” del doctor Jorge Eduardo Arellano; datos de Internet,

 e investigaciones personales).

Dr. Tomás Ruiz, sacerdote indígena o aborigen revolucionario nicaragüense, Prócer de la Independencia de Centroamérica,  ha sido casi olvidado, la historia no le ha hecho justicia. Nació el padre Ruiz en Chinandega, el 10 de enero de 1777,  e inició sus estudios en el Colegio Tridentino de San Ramón en la ciudad de León, culminando éstos con honores en la Universidad de San Carlos en Guatemala. Fue el primer indio o aborigen puro centroamericano en graduarse con título universitario.El padre Ruiz fijó su residencia en Guatemala, distinguiéndose por su talento que puso al servicio de la causa de la independencia.  En su lucha libertaria contra los colonizadores españoles, Ruiz siempre planteó la necesidad de derrocar a las autoridades coloniales por la vía de las armas, pa3ra que el sistema colonial fuera desmantelado por completo.

El Padre Ruiz encarnó a los curas o sacerdotes liberales de la época que recibieron con entusiasmo los movimientos independistas de México,  encabezados por don Miguel Hidalgo y Costilla y José María Morelos y Pavón, quienes fueron los primeros en levantarse en armas y dar los primeros gritos de Independencia.

Historiadores centroamericanos relatan que Tomás Ruiz, ya graduado en Guatemala y de regreso en León, se dedicó a divulgar la corriente filosófica liberal de la ilustración, las cuales eran ideas totalmente contrarias a la posición ideológica de los criollos, quienes presionaban por la Monarquía Constitucional. Esta corriente de ilustración liberal propugnaba por Repúblicas Independientes en Centroamérica.

Fue decisiva la participación directa del Padre Ruiz, por ejemplo,  en el levantamiento de la Comunidad indígena de El Viejo, al Norte de la Ciudad de Chinandega,  en 1805, contra la extorsión impositiva de las autoridades coloniales, así como del cumplimiento de disposiciones reales que los protegían de la inicua explotación de los hacendados y latifundistas criollos (hijo de españoles, nacidos en Nicaragua) y peninsulares (españoles).

Es también el Padre Tomás Ruiz fue uno de los hombres que  lucharon sin tregua en aras de la superación del oscurantismo, la ignorancia y el analfabetismo en que se hallaban sumidos los mestizos e indígenas o aborígenes por la represión mortal, esclavización, torturas, encarcelamientos y persecución política de los salvajes y tiránicos colonizadores, que en nuestras tierras conquistadas a sangre y fuego se hacían pasar como “hombres civilizados” de la Europa medieval.

Contribuyó Ruiz a la difusión y modernización de la educación, siendo uno de los fundadores de la Universidad de León (en las instalaciones del antiguo Colegio Tridentino San Ramón), el primer Centro de estudios Superiores fundado en Nicaragua y el segundo en Centroamérica. La primera fue la Universidad de San Carlos de Borromeo, en Guatemala, donde estudiaron Miguel Larreynaga Balmaceda (criollo) y el Padre Indio  Tomás Ruiz.

Sin confirmación documental  se conoce que la participación de Tomás Ruiz en el proceso de Independencia de Centroamérica se inició con su vinculación indirecta en las rebeliones populares de San Salvador el 5 de noviembre de 1811; en Santa Ana, El Salvador, el 24 de noviembre de 1811; en Granada, 22 de diciembre de 1811; en Chiquimula, Guatemala, el 23 de febrero de 1812; y finalmente cuando el Padre Ruiz aparece jefeando directamente la llamada “Conjura de Belén”, en el Convento de Belén, en Guatemala, en diciembre de 1813.

El plan de la “Conjura de Belén” era tomarse con las armas en las manos las instalaciones militares y burocráticas, desarmar a los militares españoles y entregarles las armas a pobladores guatemaltecos, y de ese modo comenzar a proclamar la República Independiente y Soberana en vez de la Independencia acomodada que propugnaban los criollos (hijos de españoles, nacidos en Centroamérica), los terratenientes, grandes comerciantes, los encomenderos, los cobradores de impuestos, los amanuenses y funcionarios del régimen español en el Virreinato español colonizador de Guatemala.

Como jefes de la “Conjura de Belén”, según historiadores centroamericanos, aparecen: el Padre Indio Tomás Ruiz, Manuel Julián Ibarra, guarda del Almacén del Cuerpo de Artillería del ejército español; José Francisco Barrundia, alférez  (oficial del ejército español) del Escuadrón de Dragones Milicianos;  Fray Víctor Castillo, don Joaquín Yúdice, Andrés Joaquín Dardón, Fray Manuel San José, el indígena o aborigen Manuel Tot, José María Montúfar, Manuel Paggio y Mariano Bedoya.

Historiadores centroamericanos afirman que eran centenares de conjurados o rebelados contra el imperio español en la “Conjura de Belén”. Fueron traicionados o delatados por algunos elementos que habían participado en las reuniones secretas en que se hizo el plan o “Conjura de Belén”, entre otros, el leonés Prudencio de la Llana.

Todos los jefes de los alzados, más centenares de involucrados, fueron capturados el primero de diciembre de 1813, en la noche, torturados salvajemente y condenados a muerte, por ahorcamiento, a “garrote vil”, a prisión perpetua la inmensa mayoría. Unos pocos, como el Padre Tomás Ruiz, fueron condenados a cinco y más años de prisión, con grilletes y encadenados,  y confinados a cárceles o mazmorras militares-religiosas espantosas y aisladas en la misma Guatemala y en Chiapas, México.

El Padre Tomás Ruiz permaneció 5 años en prisión, sufriendo largos períodos de incomunicación, privaciones profundas y desprecios de los todavía poderosos colonizadores españoles y sus servidores arrastrados en Guatemala y Chiapas.

Se afirma que estando presos por la “Conjura de Belén”, Tomás Ruiz y otros compañeros de infortunio, se enteraron de que el Monarca o Rey de España había emitido un indulto a prisioneros, lo cual fue aprovechado por estos condenados y confinados para denunciar mediante cartas a uno de los jefes militares españoles más represivos en Guatemala y Chiapas, identificado como Capitán General José Bustamante y Guerra. Esto sirvió para que a algunos les quitaran y les disminuyeran las penas por haberse involucrado en rebeliones contra el Imperio Colonial Español.

Ya libre en 1819, dos años antes de proclamarse la Independencia en favor de los criollos (hijos de españoles en América) solicitó permiso para trasladarse a la Cuidad Real de Chiapas, en México, donde falleció casi solitario como consecuencia de los vejámenes y torturas horribles recibidas en las cárceles o mazmorras militares-religiosas de los colonizadores españoles, contra los cuales combatió sin vacilaciones para que fuesen instauradas o fundadas Repúblicas Independientes en Centroamérica. Tenía entonces 47 años.

Se desconoce dónde fue enterrado. Todos los nicaragüenses estamos en deuda con Tomás Ruiz y debemos rendirle homenaje como Prócer de la Independencia de Centroamérica. Tomás Ruiz, acompañado por centenares o miles de hombres y mujeres (mestizos y aborígenes), no vacilaron en luchar y sacrificarse en su lucha para que el imperio español fuese derrocado por la vía de las armas en América Central y de ese modo, de inmediato, pasar a fundar las Repúblicas Independientes de Centroamérica.

“Toda la vida del hombre no es más que una cobarde flor del campo, que se rinde y marchita cuando el Sol apenas comienza a disparar sus rayos”, escribió el Padre Tomás Ruiz. En las biografías y artículos consultados no se publican los nombres del padre y de la madre del Padre Tomás Ruiz.

Bibliografía consultada: Biografía brevísima del Padre Tomás Ruiz, publicada por el Ministerio de Educación; “Historia Básica de Nicaragua, volumen 2”, Jorge Eduardo  Arellano; “Héroes sin fusil”, Jorge Eduardo Arellano; Wikipedia en Internet.

Padre Tomás Ruiz, prócer centroamericano ilustrado

Revista de Historia de América © 1990

Pan American Institute of Geography and History

La Rebelión de Tomás Ruiz fue contra el imperio español y su sistema monárquico absolutista. Tras haber asimilado en su juventud las enseñanzas de Fray Matías de Córdoba, como parte fundamental de su formación, se enfrentó a la sociedad colonial luchando por los suyos y siendo obstaculizado, frustrado en sus aspiraciones personales.

Todo ello lo llevó a la acción, convencido de su enérgica pasión republicana. Así, una vez capturado y reducido a prisión, le decía en carta al rey: “… a pesar de su erróneo sistema de gobierno…” lo que constituía un atrevimiento inaudito para la mentalidad monárquica; propugnaba, por lo tanto, por otro sistema: el de la república, idea liberal que lo condujo a la independencia.

A pesar de su ideología política avanzada, en el aspecto religioso era tradicional; es lo que se deduce de sus actividades. Las ideas novedosas que, según un historiador costarricense le costaron una suspensión canónica, no fueron de carácter doctrinal. De esta manera se explica que en la relación del Deán Vílchez y Cabrera de 1807, no se hubiera hallado “procesado, suspenso, irregular, excomulgado ni entredicho”

No recibió ninguna represalia, pues, al promover el movimiento de El Viejo dos años antes. Al parecer, tampoco existió en él ningún conflicto de fe. Más bien fue un consumado teísta como lo prueban el examen de Filosofía con sus discípulos del Seminario, en el que se refutaron las doctrinas de los ateístas; y su sermón de gracias al Altísimo cuando le concedieron al mismo establecimiento poder conceder grados menores; además expresó su convicción de “ėsparcir el grano de la divina palabra”, como él mismo decía.

En el fondo era un clérigo colonial de ideas liberales. Sacerdote distinguido lo llamaba, a fines del siglo XIX, un historiador. Perteneciente al clero secular, aparece en los documentos como sacerdote y presbítero del obispado de León, Nicaragua, y desempeñaba sus funciones con auténtico celo apostólico. Bien pudo haber influido, por consiguiente, su vocación evangélica en la acción política radical que encabezaría. En él se advierte un proceso ideológico: su mentalidad ilustrada -formada en las aulas universitarias de Guatemala- era la base de su fe liberal.

Para doctorarse en Sagrados Canónes, en 1804, había hecho una apología del sistema monárquico, lo cual revela que en ese año, al menos públicamente, pasaba por un fiel vasallo. Pero pronto dejaría de serlo. Así lo probaría al año siguiente cuando realizó labor de agitación en El Viejo (Chinandega) contra las autoridades coloniales,  iniciando así su actividad política.

Ahora bien: como ya fue apuntado, no representaba a la clase indígena porque pertenecía a la capa media alta urbana: mas pensaba reivindicarla. Comprendía la situación del indio común y llegó a referir, con sus propias palabras, “el abatimiento en que se hacen subsistir (a) los indios”. Y de todo ello tenía absoluta conciencia, no obstante descender de indios nobles y ricos.

La pena que pidió el fiscal de la causa de Belén para él fue el garrote vil, patrimonio de hidalgos; en cambio la horca, el presidio y el confinamiento fueron para el resto. He aquí, pues, a este humanista -recordemos el punto que defendió según la tarja de su licenciatura-, autor de literatura sacra y orador afamado por sus pláticas morales, expositor de textos clásicos, catedrático de Filosofía y ViceRector del Seminario de León; a este fundador de la Universidad de la misma ciudad y reformista universitario, divulgador de una corriente intelectual moderna y Prócer de línea liberal de Centroamérica.

Y antes de que diga otra cosa -por emplear las propias palabras de Tomás Ruiz- permitidme que os pregunte: ¿A qué se ha consagrado este rescate definitivo de su memoria? A ningún otro objeto que a su sólida virtud. Porque, como él mismo afirma en letras perdurables, “las dignidades y la autoridad, que no van escoltadas por la virtud, podrán las más veces con repugnancia conciliarse los respetos, pero jamás conseguirán que broten en los corazones los deliciosos renuevos de un amor tierno. Las riquezas también podrán atraer a su alrededor algún número de aduladores, pero los sensatos les mirarán como unos monstruos, y los pobres los de-testarán como verdugos de la humanidad. Solamente la virtud tiene la preeminencia de conciliarse verdaderos respetos, y un amor puro; sólo ella, encontrando el secreto de conquistar los corazones, se forma imperios y erige monumentos que no tienen otros términos y duración que la eternidad”.

Y esta es la última razón por la cual erigimos un monumento de gratitud y justicia a las ejemplarísimas virtudes de Tomás Ruiz: un hombre que viviendo todas las consecuencias de sus convicciones y los ultrajes del martirio, venció a la muerte, proyectándose más allá de su tiempo. Porque, como decía un antepasado, “la posteridad, si bien tarda, llega por fin con sus serenos juicios y su imparcial justicia”.

Revista de Historia de América, 1990.

 

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Acerca de Pablo Emilio Barreto Pérez

Pablo Emilio Barreto Pérez es: *Orden Independencia Cultural Rubén Darío, *Orden Servidor de la Comunidad e Hijo Dilecto de Managua.
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