Miguel Larreynaga Balmaceda, Prócer centroamericano

Prócer Miguel Larreynaga Balmaceda

Biografía breve

A propósito de celebrarse la Independencia de Centroamérica

Don Miguel Larreynaga Balmaceda nació en León el 29 de septiembre de 1, 771 y falleció el 28 de abril de 1847, en Guatemala. Fue bachiller, licenciado o abogado en derecho civil y eclesiástico, filósofo, matemático, amante ilustrado de  ciencias, considerado un sabio como de los tiempos griegos gloriosos y Prócer de la Independencia Centroamericana.

Según Don Ignacio Gómez, biógrafo y alumno de Larreynaga Balmaceda en la Universidad San Carlos de Guatemala, éste nació en la nueva Ciudad de León, el 29 de septiembre de 1771, lo cual es confirmado por otros historiadores centroamericanos.

El mismo Don Miguel confirma ese hecho en su obra: “Memoria sobre el fuego de los volcanes”, en la cual dice que era hijo legítimo de los españoles Don Joaquín de Larreynaga y Doña Manuela de Balmaceda y Silva, los cuales, presuntamente, llegaron de España en aquellos años anteriores al nacimiento del hoy Prócer de la Independencia de Centroamérica.

Es decir, era criollo, nacido en Nicaragua, hijo de padre y madre españoles.

 Fue el mismo Don Miguel Larreynaga  quién relató estos datos en la Secretaría del Consejo y Cámara de España e Indias (en las Cortes de Cádiz) en 1810 y 1818, cuando, en ambas épocas, era funcionario del gobierno colonial español en Guatemala, capital del Virreinato de la colonización hispánica en Centroamérica.

Era, al mismo tiempo, funcionario fiel del régimen colonial, hasta en los últimos momentos, lo cual era todo lo contrario de la lucha frontal sostenida por el Padre Indio Tomás Ruiz, Prócer revolucionario nicaragüense, quien era el Vicerrector del Colegio San Ramón, donde se inició la Universidad Nacional de Nicaragua.

El Padre Indio Tomás Ruíz no pudo ver la Independencia, porque fue sometido a bestiales torturas por los colonizadores, a raíz de ser descubierto involucrado en un plan revolucionario, llamado Plan de Belén, para tomarse las instituciones del gobierno colonial, hacer prisioneros a los funcionarios civiles y militares coloniales, quitarles las armas, es decir, la revolución contra los opresores, saqueadores de recursos naturales y esclavizadores de nuestros indígenas o aborígenes.

Supuestamente, Ruíz, el Prócer Indio, académico, sabio, Vicerrector de la naciente Universidad Nacional, murió en México.

Refiriéndose a Larreynaga Balmaceda, Gómez dice: “Era hijo único y legítimo de don Joaquín de Larreynaga y de Doña Manuela de Balmaceda y Silva. Su nacimiento costó la vida a su madre, y antes de ver la luz, había perdido a su padre; de modo, que fue su hijo póstumo. Su abuelo paterno le recogió y crió”.

Al perder a sus padres, el niño Larreynaga quedó al cuido de “dos tías solteronas”, quienes lo llevaban a los entonces frondosos bosques  de la orilla del Río Telica, situado un poco al Norte de la pequeña ciudad leonesa: Telica, ubicada ocho kilómetros al Norte de la Ciudad Metropolitana de León.

Por ser criollo (hijo de españoles en Nicaragua, en la época de la colonización) la educación de Don Miguel Larreynaga Balmaceda se registró en el Colegio Tridentino (San Ramón) de León, pero, seguramente, recorriendo, en caballos o a pie, todas las semanas los ocho kilómetros que separan León de Telica.

Francisco Pérez Valle, uno de los más conocidos historiadores de Nicaragua, de origen indio, confirma por su parte que don Miguel Larreynaga  Balmaceda nació el 29 de septiembre de 1771.

Todos los biógrafos coinciden en que Larreynaga estudió ocho años en el Colegio San Ramón, donde brilló de tal manera que a los 18 años era catedrático de filosofía y geometría, lo cual era considerado excepcional en aquellos años de oscurantismo español.

Después pasó Don Miguel a la Universidad de San Carlos de Borromeo, en Guatemala, donde en 1798 obtuvo, en forma muy brillante, su bachillerato en derechos civil y esclesiástico, cuando apenas tenía 27 años.

Allí mismo, en Guatemala, inmediatamente después de su graduación de bachiller, fue nombrado catedrático de matemáticas por la “Sociedad Económica de Amigos del País”.

En 1801, cuando tenía tan sólo 30 años florecientes, se graduó de abogado en la misma Universidad de San Carlos.

En 1800 ya había sido nombrado “Relator Interino” de la Real Audiencia Territorial (cargo del gobierno colonial español, en Guatemala), pese a que todavía no se había graduado, por lo cual fue necesario “permiso especial del Rey de España”, relata Ignacio Gómez, quien fue su discípulo en la Universidad de San Carlos de Borromeo, en Guatemala.

En el Seminario Conciliar, ubicado en León y encabezado por el Obispo Fray Antonio de la Huerta y Casso y el Padre Rafael Agustín Ayestas (este último rector del Colegio Tridentino o San Ramón en aquellos días), lo nombraron “catedrático de Retórica” y luego de Filosofía, según un documento donado al doctor Carlos Tunnerman Berheim por la biznieta del Prócer Larreynaga Balmaceda, Esperanza Larreynaga de Zeceña.

Era tal la confianza y admiración que tenían por Larreynaga Balmaceda en la Relatoría del gobierno colonial español en Guatemala, que “Noticia Biográfica” guatemalteca, según el historiador Francisco Pérez Valle, decía: “Su vasta inteligencia parecía haber sido específicamente organizada para las funciones de la Relatoría, que comprendían primariamente el hacer  relación de los autos o expedientes en el tribunal, extractando y reduciendo a sus líneas esenciales el complicado edificio  de los procesos. Allí brillaron su inteligencia y probidad, la Audiencia depositó en él toda su confianza y desde entonces su opinión era regla de las sentencias y acuerdos”.

Fue también Asesor de Guerra del Escuadrón de Dragones de la Provincia de Sonsonate (El Salvador), designado por el Capitán General Antonio González y Saravia, en 1802.

Defensor General de los Bienes Intestados (que muere sin haber hecho el testamento), nombramiento que le fue dado por la Corona Española o Rey de España,  en 1805.

En ese mismo año, según el doctor Carlos Tunnermann Berheim, Larreynaga fue nombrado Conjuez de la Audiencia y Asesor del Presidente del Reino de Guatemala, General Antonio González Saravia.

En esos días “arregló el archivo de la Audiencia y su inmenso y complicado cedulario (registro de ciudadanos), con el orden y todo que tanto facilitó su inteligencia y manejo”, dice otro biógrafo de Larreynaga.

Fue también Relator de la Junta Superior de Hacienda. Esta era la junta que recaudaba el dinero, los impuestos que imponían los invasores españoles a los esclavizados en Centroamérica.

Uno de los cargos que desempeñó por 19 años fue el de “Relator, en propiedad, de la Real Audiencia, cargo que desempeñó por diez y nueve años “con pureza e integridad”, señala su biógrafo Ignacio Gómez.

Más o menos en 1807, catorce años antes de la Independencia, escribió su utilísimo “opúsculo (folleto) sobre “Método de extractar las causas”, que fue de uso común entre los estudiantes de Derecho de la Universidad de San Carlos de Guatemala, añade Gómez.

Este biógrafo de Larreynaga Balmaceda  sostiene que gracias a los méritos de don Miguel, “fue propuesto para una plaza togada en la Real Audiencia, cargo que Larreynaga ambicionaba y por el cual hizo múltiples gestiones, que fueron apoyadas por la propia Audiencia (en Guatemala), que conocía perfectamente sus capacidades; por el Obispo de Nicaragua, Fray Nicolás García y Jerez, y por el Ayuntamiento de Guatemala.

La toga le fue conferida hasta el 29 de marzo de 1814 por las Cortes de Cádiz, pero no pudo tomar posesión de ella porque el Rey Fernando VII disolvió las Cortes y el nuevo Presidente del Reino de Guatemala, Bustamante y Guerra, lo informó a don Miguel.

Pérez Valle, célebre historiador, antropólogo y paleontólogo nicaragüense, afirma que Larreynaga Balmaceda acudió, inmediatamente, en súplica al Rey de España para que “declarase la nulidad de su plaza togada, que se extendiera con respecto a la Audiencia de Guatemala, y que estaba en aptitud (Don Miguel) para ser destinado a otra Audiencia, cosa que la Cámara Real hizo, pues aclaró que el impedimento legal para ser Magistrado en Guatemala se debía a que era natural del mismo distrito”.

Era tal la influencia que tenía Don Miguel Larreynaga Balmaceda en estas Audiencias del Reino Español, que se daba a la tarea de hacer “aclaraciones” en su favor, debido a que era fiel servidor de la Corona Española.

Los biógrafos afirman que esta influencia de Larreynaga Balmaceda tenía orígen, fundamentalmente, en su enorme capacidad intelectual, inteligencia brillante, sus dones de organizador de los servicios que prestaba y, por supuesto, por su lealtad hacia el Gobierno Español.

Sin embargo, al mismo tiempo, los gobernadores le tenían alguna desconfianza y desprecio por su origen, pues decían de él que “es hijo de platero”, “se le creía “mulato” y que tenía relaciones con personas sospechosas”, indica Gómez, quien afirma que ésto era totalmente falso, pues Larreynaga Balmaceda siempre se empeñó en gestionar otro puesto, para lo cual decidió viajar a España en esos días.

Además, (recuerdan estos biógrafos) en 1814, Larreynaga Balmaceda fue electo diputado a las Cortes de Cádiz (españolas) por la Provincia de Nicaragua, pero su viaje a España no tuvo que ver con las Cortes, pues éstas fueron disueltas en el mismo año 1814 por Fernando VII.

El viaje tenía como principal propósito hacer que se reconocieran sus méritos como funcionario colonial e insistir en la solicitud de una plaza togada.

El Viaje tuvo lugar en febrero de 1818, tres años antes de la Proclamación de la Independencia Centroamericana, mientras ya se había dado, a partir de 1811, la Liberación anticolonialista en el Sur de América, específicamente en Venezuela, Colombia, Perú, Bolivia y Ecuador, lucha titánica y colosal encabezada por Simón Bolívar.

Recuerdan sus biógrafos, que la travesía de regreso a Guatemala, por el Atlántico, le fue muy penosa a Don Migue de Larreynaga Balmaceda, pues la Fragata Dessireé, en que se embarcó, estuvo a punto de naufragar por causa de una terrible tormenta, de la cual Larreynaga mantuvo un tormentoso recuerdo.

Debido a ese accidente, Don Miguel se detuvo varios meses en Burdeos (Francia), de donde pasó a Madrid, España, y el 28 de marzo de 1821 salió para la Cortes de Cádiz, que eran como los juzgados en relación al poder colonial en América.

 Este viaje se producía seis meses antes de la Proclamación de la Independencia de Centroamérica.

(Cádiz. En esos momentos era una Provincia, Ciudad y Puerto de España en el Atlántico. Era una salida y entrada de singular privilegio a los países más importantes de Europa, y, especialmente hacia América, donde los españoles tenían sus principales fuentes de robo y  explotación de los indígenas o aborígenes. Allí funcionaban las llamadas Cortes de Cádiz).

Después de exitosas gestiones ante el reinado colonial, Larreynaga Balmaceda pudo obtener, en Cádiz, el nombramiento de “Oidor Tercero de la Real Audiencia de Guatemala”.

 Es decir, Don Miguel de Larreynaga Balmaceda ambicionaba con vehemencia seguir siendo funcionario del gobierno colonial, mientras al mismo tiempo como volcanes en erupción los pueblos centroamericanos sacrificaban sus vidas en combates profundamente desiguales, pero frontales contra el imperio colonial, entre los cuales se destacaba el Padre Indio Tomás Ruiz, quien supuestamente en esos momentos moría en Chiapas, México, por las torturas propinadas en las cárceles mazmorrescas de los colonizadores.

Por las mismas gestiones mencionadas, el Rey de España, Fernando VII le hizo el nombramiento honorífico a Larreynaga de “Intendente Honorario de Provincia en atención a sus méritos y servicios”, lo cual refleja el nivel de confianza del poder colonial en Don Miguel de Larreynaga Balmaceda.

El 16 de agosto, al día siguiente de su regreso a Guatemala, Don Miguel Larreynaga Balmaceda tomó posesión de su tan ambicionada magistratura, ocupando el tercer lugar en antigüedad, según registra en su edición del tres de septiembre de 1821, el boletín “El Genio de la Libertad”, en Guatemala, señalan sus biógrafos, entre otros, el mencionado Gómez.

 Esos biógrafos sostienen que fue en este carácter de “Oidor Tercero de la Real Audiencia Colonial” que don Miguel de  Larreynaga  Balmaceda asiste a la precipitada reunión, convocada por el Gobernador español Capitán General Gabino Gaínza, en el Ayuntamiento de Guatemala, para abordar entre personalidades, ligadas al gobierno de España, el peligro revolucionario de masas presionando por la Independencia de Centroamérica.

Unos afirman que don Miguel Larreynaga Balmaceda   se echó un discurso encendido en favor de la Independencia, en esa reunión de personalidades, entre las cuales estaban, por supuesto, la crema y nata de los funcionarios del régimen colonial  español.

Otros, biógrafos y articulistas, dudan de que don Miguel se haya echado ese discurso vehemente que se le atribuye, pues más bien consideran que era un hombre  de tendencia conservadora, con la concepción de que los criollos (hijos de españoles nacidos en América) debían ser los nuevos jefes del gobierno, con la finalidad, al mismo tiempo, de conservar parte del poder de los colonizadores en América y garantizar la vía burguesa o capitalista que ya reinaba en Europa después de la Destrucción o “Toma de la Bastilla” en Francia.

Claro, los reinados feudales como el de España, Holanda, Portugal, etc., eran un freno al nuevo empuje del nuevo sistema socioeconómico mundial del capitalismo.

Especialistas centroamericanos, entre otros el doctor Carlos Tunnerman Berheim, califican a Larreynaga Balmaceda como un Prócer sabio, prudente, con una visión distinta de la Independencia, quizás conservadora en relación a las concepciones revolucionarias que tenía el Padre Indio Tomás Ruíz, quien siempre abogó por el derrocamiento del sistema colonial por la vía de las armas, como había ocurrido, en gran medida, en el Sur de América mediante la lucha de Simón Bolívar y millones de hombres levantados en armas también en Haití, liberado en 1804.

Se afirma también que Larreynaga Balmaceda y resto de próceres de Centroamérica con la influencia indiscutible que tenían, por el nivel de respeto hacia ellos por parte de la gente humilde, y funcionarios coloniales, lograron el objetivo de frenar la Revolución y finalmente entregar el poder civil y militar en manos de los criollos, o sean los hijos de españoles en América y en menos medida en manos de mestizos.

Sin embargo, esos mismos biógrafos sostienen que la opinión de Don Miguel Larreynaga Balmaceda en favor de la Independencia fue crucial ese día, debido a que siempre se tomaba “muy en cuenta” lo que decía para tomar decisiones colectivas o individuales.

 Ese día, 15 de septiembre de 1521, asistieron a la reunión urgente, las siguientes personalidades, todas ellas del gobierno colonial español o vinculadas al mismo: Brigadier Gabino Gaínza, Capitán General; Arzobispo Fr. Ramón Cassaus y Torres; el Regente de la Audiencia, Dr. Francisco de Paula Vílchez; los Oidores don Miguel Larreynaga Balmaceda y don Tomás O’Horn; el Auditor General, don José Cecilio del Valle; los miembros del Colegio de Abogados, doctores José Francisco Córdoba y José Santiago Milla; los miembros del Claustro de la Universidad, doctores Serapio Sánchez y Mariano Galvez; por el Cabildo Eclesiástico, el canónigo doctor José María Castillo, doctor Antonio García Redondo; por el Ayuntamiento de la capital del Reino, el Alcalde Primero Dr. Mariano Larrave, los Regidores don José Antonio Larrave, don Isidro del Valle y Castricciones, don Pedro de Arroyave y el Síndico don Mariano de Aycinena; por la Diputación Provincial los señores Antonio Rivera Cabezas, Mariano de Beltrana, José Mariano Calderón y los presbíteros José Matías Delgado y Manuel Antonio Molina; Dr. Mariano Pérez, prelado de los Recoletos; Fr. José Antonio Taboada, prelado de los Franciscanos; Fray Luis Escoto, prelado de los Dominicos; don Miguel Moreno y don José Valdés, miembros de la Audiencia Pretorial; el Comandante del Batallón Fijo, Coronel Félix Lagrava; don Juan Bautista Jiuregui, Capitán de Ingenieros;  y los secretarios de Gobierno, don Lorenzo de Romaña y de la Diputación Provincial, don José‚ Domingo Diéguez.

Eran en total, aseguran historiadores “Cincuenta y cuatro personas que representaban al mundillo oficial de Guatemala”, mientras quienes atizaban la hoguera de la Independencia por parte del populacho o pueblo eran don Pedro Molina y su esposa Bedoya de Molina, quienes inclusive ese día inventaron ejecutar música callejera y provocar explosiones de bombas en las calles de Guatemala, para que la gente acudiera al Palacio de Gobierno, con el fin de exigir la Independencia, después de lo que acaba de ocurrir en Chiapas, donde se había producido la liberación del yugo español.

 Los historiadores afirman que mientras José Cecilio del Valle (Auditor General de la Audiencia del gobierno colonial), uno de los llamados próceres, pedía la posposición o prolongación de la Independencia, el canónigo José María Castilla y el Padre Matías Delgado, don Mariano Gálvez, Molina, Barrundia, en cambio, solicitaban vehementemente la liberación inmediata del yugo español en la reunión referida.

Se afirma que Larreynaga Balmaceda fue uno de los primeros en apoyar la tesis de la Independencia inmediata.

En los instantes más agrios de la reunión, el Capitán General o Gobernador quiso mediatizar la Independencia, acomodándola al llamado “Plan de Iguala”, en México, mientras la barra encabezada por Pedro Molina y su esposa Bedoya, exigían desde adentro y afuera del Palacio que la Independencia debía ser absoluta de España, México y de cualquiera otra nación.

 Gabino Gaínza se vio obligado a declarar la Independencia absoluta. El Acta de la Independencia se firmó hasta el día siguiente, el 16, en la casa del Gobernador Gaínza.

Ese mismo día, Gaínza y otros personajes fieles y proclives al gobierno colonial español, pretendieron que las sesiones de la Junta Provisional fuesen privadas, a lo cual se opuso el Prócer Miguel Larreynaga  Balmaceda.

Afirman los biógrafos de Don Miguel que se impuso, finalmente, la opinión de Larreynaga Balmaceda acerca de que las sesiones debían ser públicas para que todo el pueblo se enterara de lo que se hablaba en la Junta Provisional.

Se sostiene que don Miguel Larreynaga Balmaceda redactó el reglamento correspondiente para que se diera publicidad amplia a todo lo que fuese discutido y aprobado en la Junta Provisional.

“Cierto es -señalan estos biógrafos- que Larreynaga firmó también el Acta de Anexión a México, el 5 de enero de 1822, lo cual le valió la enemistad de varios próceres que se opusieron a ese desafortunado paso”, debido a lo cual fue removido de la magistratura de la Audiencia.

Pérez Valle sostiene que Larreynaga Balmaceda aceptó integrarse al Congreso Imperial (de México) como diputado, con el claro  propósito de defender la justa causa de Centroamérica en el seno de este Congreso, “como efectivamente lo hizo. Fue lo que percibió el ojo penetrante del político y lo que sucedió al fin en la última etapa de esta infortunada aventura”.

La estrategia política le funcionó a Larreynaga Balmaceda, pues Centroamérica volvió a ser independiente en 1823, asegura Pérez Valle.

“Pese a su dilatada (larga) vida pública, Larreynaga Balmaceda no fue un político de militancia partidarista, sino un político en el elevado concepto de la palabra: un ideólogo, un maestro de civismo, un patriota, un verdadero mentor de su generación. Es, sin duda, uno de los Padres de la Patria Centroamericana”, sostiene el doctor Carlos Tunnerman Berheim en la conclusión de un extenso artículo extenso comparativo de Larreynaga con Tomás Ruiz, el Padre Indio, también Padre Prócer de la Patria Centroamericana y de Nicaragua en particular.

Tomás Ruíz fue el elemento más interesante de la Independencia política de Centroamérica, uno de sus próceres decisivos y el único que funcionó durante ese proceso en dos ámbitos: tanto en la provincia de su nacimiento (Nicaragua) como en la Capital del Reino (Guatemala). Pero también aportó sus luces como filósofo moderno, reformador académico en Nicaragua y difusor del pensamiento ilustrado que proyectaba en otras provincias, como en Costa Rica, a través de sus discípulos… En su pensamiento pueden detectarse ideas teológicas, pedagógicas, de justicia social y políticas, las primeras tradicionales y las restantes, modernas y liberales; en este sentido, su aporte es bastante considerable y representativo de la ideología revolucionaria del proceso independentista”, escribe Jorge Eduardo Arellano sobre Tomás Ruíz, a quien también he mencionado en este librito a propósito de hablar de don Miguel Larreynaga  Balmaceda, quien presuntamente dejó en herencia las tierras que hoy ocupa Malpaisillo para su existencia como pueblo y municipio de León.

El mismo 15 de septiembre, don Miguel Larreynaga  Balmaceda es nombrado miembro de la Junta Provisional Consultiva, creada en el Acta de Independencia, compuesta por miembros de la Diputación Provincial, más Larreynaga Balmaceda , don José Cecilio del Valle (uno de los próceres más conservadores), el Marqués de Aycinena, doctor José Valdés, el doctor Ángel María Candina y el licenciado Antonio Robles, todos ellos funcionarios del gobierno colonial español al momento de la Independencia de Centroamérica.

Después de ésto, don Miguel Larreynaga Balmaceda siguió en “las alturas”, por su indiscutible talento y servicios al régimen colonial, pues al producirse la anexión centroamericana al oportunista Imperio Mexicano de Iturbide, ocupó la diputación imperial de Sacatepéquez (Antigua Guatemala).

Destronado Iturbide, Larreynaga Balmaceda fue nombrado Magistrado de la Audiencia de Guanajuato (México), cargo que no pudo desempeñar.

Después fue Regente de la Suprema Corte de Justicia  del Estado de Oajaca (Oaxaca), nombrado por el Congreso de este Estado mexicano, cargo que aceptó para acercarse, se afirma, a su querida Guatemala.

Fue Juez Letrado de Distrito del Estado de Oajaca, en 1826, cinco años después de proclamada la Independencia de Centroamérica.

Al salir de Oajaca, se añade, donó la biblioteca que había formado al Instituto de Ciencias y Artes del Estado, en México.

En 1829 fue Asesor General del Estado de Chiapas, donde residía el Congreso General de México, cargo al cual renunció por razones de edad y deseos de visitar cuanto antes Centroamérica.

En 1833 fue electo Magistrado de la Corte Suprema de Justicia de Chiapas, México, cargo ocupado por él hasta mediados de 1835.

En noviembre de 1835 regresa a la ciudad de Guatemala, donde, apuntan sus biógrafos, es visitado por intelectuales, gobernantes y literatos, para consultarle sobre diversas temáticas, debido a que lo consideraban como “una biblioteca viviente”.

En 1838 fue nombrado Presidente del Supremo Tribunal de Apelaciones de Guatemala, cargo que desempeñó hasta el llamado nuevo “Estado de los Altos” como diputado electo de Güegüetenango y Suchitepéquez.

La Asamblea Legislativa del denominado “Sexto Estado” se instaló en Totonicapán, México, de la cual fue nombrado presidente el licenciado Miguel Larreynaga  Balmaceda, pero el cargo no pudo desempeñarlo porque tuvo que regresar a Guatemala.

En mayo de 1839, ya roto el Pacto Federal Centroamericano, se incorporó a la Asamblea Constituyente de Guatemala, como diputado por Cobán, cargo que desempeñó hasta abril de 1842.

En ese mismo año, organiza el Juzgado de Alzadas del Tribunal del Consulado, del cual se hace cargo.

En 1844, el Congreso de Guatemala lo designó regente de la Suprema Corte de Justicia, cargo que desempeñó durante un año.

Ese mismo año, asumió la Cátedra de Bellas Letras Latinas en la Universidad de San Carlos de Guatemala, donde la juventud sentía especial admiración por él, afirman sus biógrafos.

Al morir, el 28 de abril de 1847, se desempeñaba como Juez de las Alzadas del Consulado del Comercio en Guatemala. Murió como consecuencia de un fuerte resfriado a los 65 años.

Al fallecer se le consideraba, junto a Cecilio del Valle (Prócer también), como los intelectuales más ilustrados, sabios y brillantes  de su tiempo en Centroamérica, donde ambos dejaron sus huellas marcadas, especialmente por la concepción conservadora que tuvieron de la Independencia Centroamericana.

Los historiadores José Dolores Gámez, liberal del grupo político de José Santos Zelaya López, Eduardo Zepeda Henríquez y José Antonio Liendo Goigoechea, califican a Miguel Larreynaga Balmaceda como uno de los hombres más sabios e influyentes de aquel tiempo relacionado con la Independencia de Centroamérica, en 1821.

Era la “imagen de la sabiduría en Centroamérica en la primera mitad del siglo XIX”, escribió Eduardo Zepeda Henríquez, uno de los historiadores nicaragüenses.

“Fue el intelectual de mayor influencia a finales del siglo XVIII y forjó a la generación de la Independencia: José María Peinado, Antonio Larrazábal, Pedro Molina y José Cecilio del Valle”, añade José Antonio Liendo Goigoechea.

José Dolores Gámez agrega que Larreynaga tenía “una insaciable curiosidad enciclopédida y la afición por las ciencias”.

Se conoce que tradujo al español “Retórica” de Aristóteles, cuando ya estaba convertido en profesor del Colegio Seminario San Ramón, en León, donde al mismo tiempo estudió filosofía, matemáticas y geometría.

Escribió un llamado “Prontuario de todas las Reales Cédulas”, “El Quebrado Ganancioso”, “Memorias sobre el origen del fuego de los volcanes”, “Del Influjo del clima sobre los seres organizados”, “Nuevas observaciones sobre el fuego de los volcanes”.

Ignacio Gómez, su alumno y biógrafo guatemalteco, asegura que Larreynaga Balmaceda era “el literato más infatigable de su tiempo y que la constante de su vida radicó en buscar la verdad”.

Ante sus alumnos en la Universidad de San Carlos de Borromeo, en Guatemala, y en las mismas oficinas o despachos burocráticos del régimen colonial, Larreynaga Balmaceda escribía y decía: “El modo de conseguir estimación y granjearse conceptos entre los hombres, es trabajar asiduamente y cumplir con exactitud e integridad lo que a uno se le encarga. El hombre debe hacer consistir su riqueza en saber privarse de placeres inútiles, para no pasar la humillación de vender su independencia. El verdadero decoro y esplendor consisten en no deber a nadie nada, en no oír que los acreedores llamen a la puerta, aunque las arcas estén vacías”.

Miguel de la Larreynaga Balmaceda está sepultado al pie de una de las columnas gigantescas y frontales de la Iglesia Catedral de León de Nicaragua, declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad.

 

Bibliografía consultada: “Larreynaga-Malpaisillo, Pueblo Joven, arrasada por algodoneros”, Pablo E. Barreto Pérez; “Héroes sin Fusil”, Jorge Eduardo Arellano; “León Viejo y otros escritos”, Carlos Tunnerman Berheim;  “Biografía de Miguel de Larreynaga”, Ignacio Gómez; “Comentarios”, Francisco Pérez del Valle; “Historia de Nicaragua”, José Dolores Gámez; “La Patria del Criollo”, Severo Martínez Peláez;  y artículos y comentarios de Francisco Pérez Valle y Eduardo Zepeda Henríquez.

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Acerca de Pablo Emilio Barreto Pérez

Pablo Emilio Barreto Pérez es: *Orden Independencia Cultural Rubén Darío, *Orden Servidor de la Comunidad e Hijo Dilecto de Managua.
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