Humberto Bojorge estuvo siempre ligado a la Revolución Sandinista

Humberto Bojorge estuvo siempre ligado a la Revolución Sandinista

*Era un personaje singular, popular, solidario, servicial y defensor fiel del proceso revolucionario sandinista

* Sin vacilaciones condujo siempre a periodistas y fotógrafos de BARRICADA a sitios montañosos extremadamente peligrosos cuando el régimen revolucionario se defendía de los ataques armados de la contrarrevolución

Bojorge González falleció en el Hospital Lenín Fonseca porque un joven ebrio, irresponsable, llamado Javier Antonio Sáenz, de 28 años, lo atropelló dentro de su propia vivienda, el siete de julio pasado. También atropelló, dentro de la casa, a Fabiola Bojorge Aguilar y a Juan Ramón Bejarano Huerta

* Pablo E. Barreto Pérez

Humberto Bojorge González, 75 años, fue un personaje inolvidable en aquel Diario BARRICADA, cuando éste era Órgano Oficial del Frente Sandinista de Liberación y defensor  convencido y coherente del proceso revolucionario sandinista, en la década del 80 y casi toda la década  del 90.

Era conductor, o chofer, en el Diario BARRICADA, donde laboró casi hasta el cierre de este periódico, cuyas instalaciones estuvieron primero ubicadas en las cercanías de Montoya y después en Camino de Oriente, en la orilla de la Carretera a Masaya.

Vivía Humberto Bojorge González en la vuelta peligrosa del kilómetro nueve de la Carretera Sur, en las cercanías de donde era la residencia de la admirada Norita Astorga.

Se movilizaba en una motocicleta vieja, la cual siempre funcionaba “al tiro” porque él mismo la reparaba, la limpiaba,  la socaba, le cambiaba repuestos con las llaves infaltables en una cajita metálica,  metida en la parte baja del asiento.

“El viejo Bojorge” le decía yo, cariñosamente. “Ahí viene Pablito, mi gran amigo y compañero de lucha sandinista”, me decía cada que nos encontrábamos en BARRICADA, en su casita, o en las calles de Managua.

Se ufanaba de que varias mujeres le habían tenido “unos 32 hijos”, especialmente en la Comarca Nejapa y para el lado del OPEN III, hoy conocido como Ciudad Sandino.

Dentro del Diario BARRICADA era afiliado del Sindicato de la Central Sandinista de Trabajadores y miliciano. En su comunidad, en la Carretera Sur, pertenecía a los Comités de Defensa Sandinista y al Batallón de Reserva, en el cual aprendió a manejar armas de guerra y tácticas militares. “Estoy ya viejo, decía, pero como ven ustedes me muevo rápido, disparo con soltura y me arrastro mejor que una serpiente cuando es necesario para defenderme o atacar”.

Tenía numerosos oficios

No recuerdo cuando o en qué año llegó al Diario BARRICADA. Él era fontanero, electricista, mecánico, barbero, agricultor, albañil, carpintero, campisto,  ordeñador de vacas, hacía lo que fuese, especialmente los fines de semana, para sostener la alimentación de su esposa, de varios de sus hijos en el desempleo, de numerosos nietos y de hasta algunos de sus yernos, también en el desempleo, especialmente cuando llegaron los aires neoliberales huracanados de los gobiernos derechistas y de saqueadores, después de que el Frente Sandinista perdiera las elecciones en 1990.

Humberto Bojorge González, puedo afirmarlo categóricamente, fue un personaje singular, popular, siempre dispuesto a servir aun en condiciones muy difíciles, solidario, y eternamente preocupado por la comida para su numerosa familia, la cual lo esperaba ansiosa todos los días en el kilómetro nueve de la Carretera Sur.

Casi al mismo tiempo que Bojorge llegó a BARRICADA otro conductor, o chofer, al que le decían “Espuelitas”, también se convirtió en otro personaje popular, pero que pronto se fue por las duras pruebas a que éramos todos sometidos por la Defensa de la Revolución Popular Sandinista.

Chofer de misiones peligrosas

En BARRICADA habían varios jeep Toyota, cerrados, muy potentes y veloces. También un jeep NIVA, de origen soviético o ruso. En esos jeeps viajábamos los periodistas y fotógrafos en misiones periodísticas, ya fuese dentro de las ciudades, caminos, montañas, cerros y volcanes, lagos y lagunas.

En esos mismos jeeps íbamos en misiones periodísticas a acompañar operativos militares del Ejército Popular Sandinista y del Ministerio del Interior, en Defensa de la Revolución y en combate contra los contrarrevolucionarios yanqui-somocistas, tanto en el Norte, como en el Sur, en el Noroeste de Chinandega y en la Costa Atlántica.

Uno de los conductores, o choferes, preferidos para estas misiones peligrosas por periodistas y fotógrafos era Humberto Bojorge González, porque siempre estaba dispuesto a jugarse el pellejo, y era, al mismo tiempo, un servidor de primerísima categoría.

En BARRICADA siempre hubo un  servicio de radiocomunicadores.  Ese radio era eficiente en lo parejo. Cuando uno entraba a las montañas, la señal desaparecía. Humberto se llevaba este radiocomunicador con tres o cuatro baterías cargadas, un machete bien afilado, un cuchillo, una o dos lámparas o linternas de mano, su cajita de herramientas, se aseguraba de que fueran en el jeeps dos llantas de repuesto, la “gata” en buen estado, “y de ser posible, demen un fusil aka con suficientes tiros, para defenderme y defenderlos a ustedes”, decía “el viejo Humberto”.

Humberto Bojorge se convirtió en un sujeto indispensable para los periodistas y fotógrafos, especialmente para los que hicimos de “Corresponsales de Guerra” acompañando al Ejército Popular Sandinista y al Ministerio del Interior.

Cuando se iba para el Norte, Sur, a Chinandega, o para el lado de la Costa Atlántica, con periodistas o “Corresponsales de Guerra”, Humberto ya sabía que iba a misiones peligrosas. Iba a su casa en el mismo jeeps de BARRICADA, movía a su esposa para el Mercado, compraba arroz, frijoles, aceite, maíz, azúcar, sal…”Te dejo con algo de comida, hijita, porque estos viajes son siempre peligrosos. No vaya a ser que no vuelva con vida”, le decía a su mujer.

Volando por caminos montañosos

Él, Humberto, conocía bien la recomendación del Ejército y del Ministerio  para que los periodistas y él mismo no fueran a caer en una emboscada. “Viajo lo más rápido que puedo en esos caminos de las montañas, para que no nos maten a balazos”, comentaba.

Cuando viajábamos con él “al monte”, “a la zona de guerra”, Humberto se encargaba de cuidar las provisiones que llevaban los periodistas y la de él mismo. Nunca se le vio vacilar cuando andábamos en estos menesteres de Defensa de la Revolución Popular Sandinista. Los viajes eran, a veces, de hasta 15 días “enmontañados”, metidos en ríos, subiendo cerros, cruzando pantanos, y en medio de balaceras y bombardeos.

Humberto Bojorge siempre estaba atento a servirnos en lo que fuera, especialmente si se trataba de una de las mujeres periodistas o fotógrafas del Diario BARRICADA. También andaba su guitarra vieja para tocarla. “Echémonos una cancioncita, para animarnos… una de Peñaranda, una de Pedro Infante”, decía en lugares solitarios, alejados e incómodos. Si la recomendación era no hacer mucha bulla, o ruido, entonces sacaba de su bolsa un organito chiquitito, para hacerlo sonar con el aire de los pulmones expulsado a través de la boca.

Puesto en Managua, Humberto Bojorge era extraordinariamente amistoso y servicial. Si estaba desocupado en las instalaciones del Diario BARRICADA, entonces se disponía a ayudarles a las mujeres de la cocina, a las de la limpieza, y de este modo él siempre tenía comida asegurada.

Me tocó acompañarlo a su casa humilde en numerosas ocasiones. Era todo un espectáculo verlo llegar de día o de noche a esa casita en la que siempre vivió en el kilómetro nueve de la Carretera Sur. Los hijos, hijas, su esposa y numerosos nietos salían juntos a recibirlo en la entrada de la vivienda. Lo vi cargar hasta tres juntos de esos nietos, cuando llegaba. Inclusive, los perritos hacían alboroto amistoso a su llegada.

En esa casa, enfrente, hay una pila grande. Humberto siempre exigía que esa pila estuviese llena de agua “por si se va el agua, para que podamos tener agua para bañarnos y para darle a los animalitos”, recomendaba.

Sembraba en el cauce

Además, en los fines de semana en que no “estaba de turno” en BARRICADA, se dedicaba a sembrar y cultivar tomates, chagüites, granadillas de bejuco y pipianes en un pedazo de los “guindos del cauce” de Ticomo.  La enramada de granadillas era preciosa, con abundancia de frutas amarillas y verdes colgando de los bejucos. En innumerables ocasiones me regaló refresco de esas frutas, y me regaló granadillas. “Te las podés comer enteras, crudas, o hacerlas en fresco”, me sugería.

Mantenía también su botellita de licor escondida. “Echémonos un traguito puro, antes de irnos de gira. Es bueno un traguito. Lo malo es emborracharse”, me decía.

Era admirador profundo de Norita Astorga, la famosa Combatiente Guerrillera y diplomática, quien vivía en las cercanías.

Enfrente de la casita de Humberto Bojorge González hay un genízaro, el cual, tal vez, tiene un poco más de 100 años de edad. En el centro del tronco tiene un hueco. En ese hueco con cuidadoso esmero y cariño, Humberto Bojorge, con brocha gruesa en mano, dibujó un corazón rojinegro cuando se aproximaba un 19 de julio. “Yo sigo siendo pobre, como ves, pero estoy claro de que la Revolución Popular Sandinista, el FSLN, con nosotros los humildes armados, acabamos con aquel sistema de guardias criminales que nos oprimían, y por eso yo adoro esta bandera rojinegra”, me dijo  cuando me presentó el corazón en el hueco del genízaro.

Personaje inolvidable

Con todo lo que recuerdo de este personaje humilde, inolvidable, siempre sonriente, presto a servir sin esperar nada a cambio, puedo escribir un libro sobre él.  Sólo voy a recordar algunas otras anécdotas que me ocurrieron en ocasiones en que él anduvo conmigo, solo, pues yo hacía funciones de periodista y fotógrafo al mismo tiempo en BARRICADA.

En una ocasión fuimos al Puerto de Potosí, situado al Noroeste de Chinandega, en el Golfo de Fonseca o Chorotega. Era ya en la década del 90. Mi misión periodística era recoger información sobre el tráfico de pesca de tripulaciones  y embarcaciones hondureñas, que se decía pertenecían a coroneles y generales de Honduras. Al mismo tiempo, hacer reportajes sobre las quemas del bosque en el Volcán Cosigüina y la destrucción de las colmenas de miel de jicotes en los farallones rocosos del Cosigüina y del Océano Pacífico en el Golfo perteneciente a Nicaragua.

BARRICADA ya tenía dificultades económicas y las llantas de los jeeps andaban en mal estado. Se nos dañaron dos llantas en la carretera de Chinandega hacia Potosí. El viático que nos habían dado para comer y alojarnos en Potosí se nos acabó porque debimos pagar las reparaciones de las llantas y transporte para llegar hasta el jeep embancado en la carretera.

Conseguía comida en el pueblo y en la montaña

No habíamos hecho el trabajo en Potosí y en el Cosigüina. “No tenemos para comer, ni para pagar alojamiento”, le dije. “No te preocupés, Pablito…Vos te dedicás a recoger información y yo me encargo del resto”, me respondió.

Efectivamente, yo me fui a buscar información a la Naval del Ejército, mientras Humberto quedaba en medio del pobladito de Potosí. Eran más o menos las diez de la mañana. Tenía un “olfato” único.  Se fue donde el presidente de la Cooperativa de pescadores Artesanales, le dio mi nombre y le contó lo que nos había pasado al reparar las llantas. Además, se fue donde las cocineras de la Cooperativa, y al parecer las estuvo enamorando.

El asunto es que cuando yo volví a buscarlo a la una de la tarde, el presidente de la Cooperativa de Pescadores, las cocineras y el propio Humberto me estaban esperando con almuerzo en el comedor popular de los pescadores. También había arreglado que el presidente de los pescadores nos pusieran a disposición dos guías para subir el Volcán Cosigüina para ver las quemas, ir a las colmenas de miel en los farallones y hacer un recorrido por la Punta San José, allí mismo en el Golfo de Fonseca o Chorotega.

Mientras yo hacía mi trabajo, Humberto Bojorge González, además de acompañarme a pie, subiendo y bajando, llevaba un machete, un cuchillo, un mecate, una vara larga, con los cuales iba cortando vainas de carao maduro, frutas de anonas silvestres, tomates monteros, guayabas zazonas y maduras, mangos y hasta consiguió que los pescadores le dieran varios pescados. Me sorprendió verlo con un saco casi lleno de frutas y pescados.

“Ya tenemos asegurada la comida para dos días. Vamos a hacer un festín con los compañeros pescadores”, me dijo. Cuando regresamos en la tarde al pueblo y Puerto de Potosí, volvió a juntarse con pecadores y cocineras, y en poco tiempo, ya estaba lista la comida. También arregló que en el local de la Cooperativa de Pescadores nos pusieran dos hamacas colgadas, con mosquiteros y colchas para el frío.

A las cinco de la mañana del día siguiente, Humberto ya estaba levantado y bañado. “Ya está listo el baño. Andá bañate, antes que todo mundo se levante”, me dijo quedito, para que nadie oyera.

De inteligencia y sentido común, únicos

Así era Humberto Bojorge González. No era un académico. Sí sabía leer y escribir. Y estaba dotado de una inteligencia y de sentido común únicos. Se hacía amigo de cualquiera, rápidamente. Buscaba cómo resolver en situaciones difíciles. En vez de arrecharse ante las dificultades, sonreía, se le veía quedarse meditando y luego emprendía acciones para resolver, sin andar discutiendo mucho.

Bebía licor, pero en pocas cantidades, especialmente cuando recibía visitas de amigos humildes y sencillos como él, o por os cumpleaños de sus hijos y nietos. Me gustan las cervezas, pero como ves, no bebo mucho, porque siempre ando trabajando con ustedes”, comentaba.

Una vez, cerca de su casa en el kilómetro nueve Sur, la Policía había montado un operativo para controlar a ebrios y conductores que fuesen a alta velocidad. Humberto no se había enterado. De BARRICADA lo habían llamado y le pidieron que llegara rápido. La Policía lo detuvo y le dijeron que iba a más de 60 kilómetros por hora. “Me quitaron la licencia de “puro aire”, acusó. Humberto alegó que iba a menos de 60 kilómetros por hora. “Además, voy apurado para BARRICADA…ando trabajando, no vivo de vago”, acusó ante los policías de tránsito. El jefe de los policías le demostró que sí iba a más de 60 kilómetros por hora. “Ustedes me quitaron la licencia de “puro aire”, y me joden porque mi sueldo es bajo porque soy chofer o conductor”, les alegó.

Humberto Bojorge González era un gran hombre, fiel a la Revolución Popular Sandinista. Iba los 19 de julio cargando su bandera rojinegra, en compañía de vecinos, amigos y compañeros de trabajo.

*Pablo Emilio Barreto Pérez: periodista, investigador histórico, fotógrafo, Cronista de la Capital, Orden Independencia Cultural Rubén Darío, Hijo Dilecto de Managua, Orden Servidor de la Comunidad del Movimiento Comunal Nicaragüense, Orden José Benito Escobar Pérez de la Central Sandinista de Trabajadores (CST nacional) y Orden Juan Ramón Avilés de la Alcaldía de Mangua.

Residente en la Colonia del Periodista No. 97, frente al portón del parque, en Managua. Teléfonos: 22703077 y 88466187.

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Acerca de Pablo Emilio Barreto Pérez

Pablo Emilio Barreto Pérez es: *Orden Independencia Cultural Rubén Darío, *Orden Servidor de la Comunidad e Hijo Dilecto de Managua.
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