Encrucijada de salud de Pablo Emilio Barreto P.

Pablo Emilio Barreto Pérez

 Encrucijada de salud de Pablo Emilio Barreto P.

Honorables familiares cercanos, amigos sinceros, conocidos, vecinos amables y corteses, sandinistas, colegas periodistas,  hermanos rojinegros con el espíritu revolucionario de  Augusto C. Sandino y Carlos Fonseca Amador…

Saludos fraternales y cordiales para todos.

Les informo en forma breve que he transitado o cruzado una encrucijada de salud de más de un año, de la cual, dichosamente, he salido airoso gracias al apoyo de mi Seguro Social  (INSS), del gobierno de Unidad y Reconciliación Nacional de apoyo resuelto y firme a sectores populares en salud,  y especialmente por el empeño que pusieron médicos, enfermeras, técnicos especializados y personal administrativo de los Hospitales Previsionales SU MÉDICO y Salud Integral, pagados por el Seguro Social para atender la salud de parte de los asegurados nicaragüenses, radicados en Managua.

Sí, una encrucijada de salud. Me asignaron a SU MÉDICO hace ya casi dos años. Sentía dolores en la espalda, algunas dificultades para orinar y un malestar como de calenturas todo el tiempo. Pedí cita con el médico general en SU MÉDICO, y de inmediato solicité me hicieran exámenes de sangre, de orina y un ultrasonido abdominal, para establecer cómo andaba los riñones, hígado, bazo, estómago, intestinos y próstata.

Los exámenes de sangre y orina mostraron que andaba un poco alterado los triglicéridos, el colesterol y también infección urinaria.

El ultrasonido reveló la existencia de una piedra o “cálculo renal” que ocupaba casi el 30 por ciento del tamaño del riñón izquierdo, una piedra muy pequeña en el riñón derecho, un quiste pequeñito en el hígado; además, un poco inflamado el hígado, e inflamada la próstata en nivel dos. “No la tiene tan inflamada, está en nivel dos, pero debe tratarse de inmediato, para que no se le siga inflamando”, me comentó el médico y técnico que me hizo el ultrasonido, pues yo le pedí que me fuese diciendo lo que iba  descubriendo con el aparato electrónico de ultrasonidos.

Estos exámenes se realizaron en SU MÉDICO en febrero y marzo del 2011.

Pedí cita con el médico urólogo, doctor Leonardo Rayo Meza, a quien le solicité que solicitara orden para operarme del riñón izquierdo, para extraerme la piedra o “cálculo renal”.

Su respuesta fue, además de recetarme medicinas para dolores y antibióticos, que debían hacerme otros exámenes para confirmar los primeros resultados del ultrasonido y de los exámenes de sangre y orina. Dio la orden para que un mes después me hicieran nuevos exámenes.

Mientras tanto, me fui al consultorio privado del doctor José Ángel Arias, médico cubano al servicio del Ministerio de Salud en Nicaragua, para que viera los resultados de los exámenes mencionados y para que me hiciera un “chequeo” más minucioso.

Me encontró la presión sanguínea alterada. Me hizo un electrocardiograma, y me dijo que tenía también el corazón un poquito inflamado como consecuencia de andar la presión subida y el colesterol y los triglicéridos igualmente elevados. Me recetó medicinas, y a las dos semanas siguientes ya estuve mejor de la presión sanguínea y del corazón mismo.

En mayo del 2011 me repitieron el ultrasonido en SU MÉDICO, el cual confirmó lo de las piedras en los riñones, el quiste en el hígado. Volví a solicitarle a Rayo Meza que ordenara o pusiera el “visto bueno” para que me operasen. Hasta entonces, Rayo me dijo en tono un poco misterioso: “Además de la piedra bastante grande, en ese riñón izquierdo veo una sombra…y también le salió elevado el PSA”.

¿Qué significan “una sombra” y “elevado el PSA?, le pregunté.  “Significa que podría haber algo más que piedra en el riñón izquierdo, y el PSA significa que debemos descartar cáncer en la próstata”, me dijo.

Le puso el “visto bueno” a la solicitud de operación, “para que se la autoricen en la Dirección de la Farmacia Simón Bolívar (del Seguro Social)”. Al mismo tiempo, Rayo Meza ordenó que me hicieran nuevamente un ultrasonido abdominal en SU MÉDICO, una radiografía de pecho y nuevos exámenes de sangre. Me advirtió: “La operación de litotripsia  que usted necesita para sacarle la piedra, no la podemos hacer en SU MÉDICO. En la Farmacia Simón Bolívar verán adonde lo mandan”.

El ultrasonido nuevo confirmó lo ya sabido. Al médico que me hizo el ultrasonido le pedí que me fuera diciendo si veía “sombras” en los riñones, y me dijo: “no veo sombras, pero esa próstata la tiene un poco más inflamada”. No me habían dado medicinas o pastillas para desinflamar la próstata.

En la Farmacia Simón Bolívar me autorizaron la operación o litotripsia hasta mediados del mes de septiembre. Me remitieron al Hospital Salud Integral, y allí me pusieron a la orden del doctor Jorge Saborío Lacayo, quien ordenó hacerme un ultrasonido nuevo del abdomen y más enfocado en el riñón izquierdo, una radiografía del pecho o tórax, nuevos exámenes de laboratorio (sangre, orina,  creatinina) y una tomografía), todo lo cual en este caso debíamos (mi familia y yo) hacerlo en laboratorios clínicos y centros privados. En este caso fuimos al Laboratorio Clínico Nicaragüense y al Hospital Baustista, el sitio más barato o cómodo para hacerme la tomografía. Costó casi cuatro mil 500 córdobas.

El ultrasonido y la tomografía confirmaron plenamente todo lo antes descubierto en SU MÉDICO. Volví a preguntar por la supuesta sombra en el riñón izquierdo, lo cual también era una de las inquietudes del doctor Saborío Lacayo, pero resultó negativo nuevamente.

Si embargo, al examinar radiografías, ultrasonidos y la tomografía, el doctor Saborío Lacayo quedó pensativo en su consultorio de Salud Integral y me dijo: “Desbaratar esa piedra en tu riñón no se puede mediante litotripsia simple, tiene que ser litotripsia percutánea, porque la piedra es muy grande, ocupa casi el 30 por ciento de tu riñón izquierdo”.

Hasta entonces supe que litotripsia simple eran “ondas de choque” o golpes por encima de la piel, para quebrar las piedras de los riñones, y que la litotripsia percutánea consiste en hacer dos perforaciones desde la piel hasta el riñón, para introducir por esas perforaciones un aparato fílmico como de televisión y los instrumentos especiales para meter químicos y elementos sólidos para quebrar las piedras.

Esto significaba cambiar la orden por el tipo de operación. Saborío Lacayo solicitó por escrito esa autorización a la doctora Yamileth Bonilla de la Farmacia Simón Bolívar. Me envió a mí a realizar las gestiones. Estas gestiones duraron casi un mes.

Los dolores y calenturas continuas me continuaban persistentes.

Cuando ya todo estuvo listo, finalmente, el doctor Saborío Lacayo, uno de los urólogos más conocidos y prestigiosos de Nicaragua, me programó la litotripsia percutánea, en uno de los quirófanos del Hospital Salud Integral,  para el 25 de octubre, entre las once de la mañana y las tres de la tarde.

Me durmieron totalmente. Cuando desperté no reconocí a ninguno de mis familiares. Un poco después, el doctor Saborío Lacayo me mostró unos 20 pedazos grandes envasados de la piedra o “cálculo renal”. “Esa piedra era enorme. Guardá esos pedazos como recuerdo de un gran problema de salud”, me dijo Saborío. Me dejaron con dos sondas en las perforaciones de la piel hasta el riñón, para que orinase por ahí.  Saborío Lacayo me advirtió: “Te van a quedar saliendo desechos, arenillas, pedacitos de piedra, pedazos como de goma, después de esta operación”.

El propio Saborío Lacayo me quitó las sondas 15 días después. Continué echando desechos por medio de la uretra, y sentía frecuentemente obstáculos para orinar normalmente. Pasé con estas dificultades los meses de noviembre y diciembre del 2011.

Finalmente, una noche de los primeros días de enero del 2012 ya no pude orinar. Estaba “taqueado” y con dolores intensos en la vejiga. Me fui a Emergencia del Hospital SU MÉDICO, donde después de los registros de rigor, me atendieron de inmediato, de forma amable y diligente, y me colocaron una sonda en la uretra, para poder orinar.

De este modo, me comenzó un nuevo calvario de salud que se prolongó hasta casi finales de junio de este año 2012. Pedí cita con el doctor Rayo Meza, quien me vio a mediados del mes de enero, y ordenó me hicieran ultrasonidos nuevos, exámenes de sangre y de orina. En el ultrasonido me aparecían sanos los dos riñones, de tamaño normal, con excepción del quiste en el riñón derecho;  el hígado ya desinflamado, pero la próstata un poquito más agrandada. Todavía no estaba bebiendo ninguna medicina para desinflamar la próstata. Los exámenes de sangre mostraron que ya estaba normal  del colesterol y los triglicéridos, pero con el PSA elevado, según el doctor Rayo Meza. La conclusión era que los desechos de la operación en el riñón izquierdo o litotripsia percutánea, más inflamación de la próstata se habían juntado para taquearme la orina.

Más o menos a finales de enero, el doctor Rayo Meza le ordenó a Emergencia del Hospital SU MÉDICO que me quitaran la sonda, confiado en que se iba a superar la obstrucción urinaria. Ese mismo día, hasta media noche, pasé con serias dificultades para orinar. Me volví a taquear, y fui de nuevo a Emergencia de SU MÉDICO, donde nuevamente encontré médicos y enfermeras muy amables, que procedieron a atenderme de inmediato y me colocaron una sonda nueva. Por supuesto, comencé a evacuar orines en forma abundante, pero tenía que andar cargando todo el tiempo una bolsa para que en ella se depositara la orina.

Volví a cita con el doctor Rayo Meza y también me mandaron donde una doctora internista para que me valorara. Me volvieron a hacer ultrasonidos, radiografías, exámenes de sangre y de orina, y en una nueva consulta el doctor Rayo, a petición mía, me confirmó que me operarían de la próstata, pero que era necesario hacerme una biopsia, precisamente de la próstata, para descartar un cáncer, o formación tumorosa, o descubrir si habían células cancerosas.

Aquí se reinició una gestión larga, la cual se aceleró gracias a las gestiones de Marling González, delegada del Seguro Social en SU MÉDICO y vecina de mi antigua casa en Bello Horizonte, donde habita de forma permanente mi hijo mayor, Pedro Pablo Barreto Mejía.

Me sacaron las muestras para hacerme la biopsia en un centro especializado, ubicado precisamente enfrente y por detrás de SU MÉDICO. Me metieron a una especie de quirófano y sentí como que me cortaban con un cuchillo cuando me tomaron la muestra de la próstata para la biopsia.

Dichosamente, todo salió bien. Una consulta nueva con el doctor Rayo Meza y con una doctora internista, de SU MÉDICO.

Finalmente, el doctor Rayo Meza tomó la decisión de operarme la próstata y fijó el 29 de mayo de este año 2012, para hacerme la operación. ¿Me aplicará cuchilla o bisturí?, le pregunté. “No –me respondió–. Le vamos a vaporizar o eliminar gran parte de los tejidos de la próstata, para desinflamársela, hacerla pequeña, mediante rayos láser verdes. Es un procedimiento relativamente nuevo, que evita sangrados, y por este procedimiento se restablece el flujo urinario, sin muchas complicaciones”.

Me hospitalizaron en SU MÉDICO el 28 en la tardecita. El 29, casi a las tres de la tarde, me estaban llevando al quirófano, esta vez en SU MÉDICO. En el quirófano estaban el doctor Rayo Meza, unas doctoras anestesiólogas muy amables y otros ayudantes del cirujano urólogo doctor Rayo Meza. “Le vamos a dormir totalmente la mitad del cuerpo. El resto del cuerpo lo va a tener sedado. Estará consciente, pero no debe moverse para nada”, me explicó la anestesióloga. Me inyectaron en la columna y me aplicaron un líquido mediante un suero inyectado en uno de los brazos. En poquísimo tiempo ya no sentía ni podía mover las piernas. Frente a mis ojos colocaron una gran valla de poroplas, para que no viera hacia donde me harían la operación, y de paso me ataron las manos a la camilla en que estaba colocado bajo intensas luces colgando del techo.

La verdad es que me dormí, aunque no profundamente. Una media hora después, escuché cuando el doctor Rayo Meza me dijo cerca del oído: “Ya está operado. Todo salió bien. Esperamos que se recupere pronto”. Me llevaron a una sala de observación, donde había otros pacientes ya operados también, y allí pude darme cuenta que tenía colocada nuevamente una sonda, esta vez más grande que las anteriores.

Me colocaron un líquido antibiótico, y una hora después me trasladaron a una sala de recuperación, donde estaban otros dos pacientes. A los tres días de haber ingresado, estaba saliendo de SU MÉDICO, más o menos a las once de la mañana.

Me colocaron una sonda con un  tubo más grueso y sólido que las anteriores, y una bolsa para depósito de mis orines, muchísimo más grande y pesada. Igual que en todos los meses anteriores, tuve que dormir en un sitio o cama baja, para no complicar la colocación de la bolsa para orines, los cuales salían fluidos y constantes. Rayo Meza me recetó antibióticos para diez días, más unas pastillas para combatir dolores y ardores en la uretra.

Rayo Meza me dio cita a su consultorio de SU MÉDICO para el jueves 7 de mayo, a las dos de la tarde. –¿Cómo se siente?—me preguntó y agregó—: lo veo de buen semblante, como si no le hubiéramos hecho operación de la próstata–. Efectivamente, yo pude andar caminando, con precauciones por supuesto y despacio, desde el mismo día miércoles en que salí de SU MÉDICO. No sentía dolores en la próstata ni en la uretra.

“Le voy a retirar la sonda. Es posible que después sienta dolores y ardores. Espero que esos malestares le pasen pronto…y ya verá que la orina se le normaliza”, me pronosticó el doctor Rayo. Me retiró la sonda, y me dio cita para el viernes 29 de junio, a la una de la tarde.

“Vaya al baño aquí en SU MÉDICO. Si tiene dificultades para orinar, viene de nuevo a mi consultorio”, me dijo cuando ya me iba. Fui al baño. Ciertamente oriné un poco fluido, pero con dolores y ardores  francamente horribles, como si me hubieran hecho heridas profundas dentro de la uretra. Y eso fue. Por la uretra me introdujeron las fibras del laser verde, más la camarita y otros instrumentos metálicos y plásticos, para pulverizarme  gran parte de los tejidos de la próstata.

Por medio del tubo de la sonda me salían pedazos de tejido y de algo parecido a gomas, más algunos borbotones de sangre. El mismo día jueves en que Rayo Meza me quitó la sonda, además de dolores y ardores intensos, sentí que se presentaban obstáculos para orinar, y haciendo un poco de fuerza, salían como en estampida puñitos de tejidos y pelotitas gomosas.

Poco a poco, esos obstáculos, los dolores y ardores, fueron desapareciendo, hasta, más o menos, los 20 días después de operado de la próstata. Hoy 26 de junio tengo 27 días de haber sido operado. Estoy orinando bastante bien, sin obstáculos, ya no siento dolores y ardores, y en general me siento bien de salud. Estoy esperando la cita nuevamente con el doctor Rayo Meza, este próximo viernes 29 de junio, a la una de la tarde, en SU MÉDICO.

Dichosamente, he salido bien de esta encrucijada de salud que me comenzó hace más de dos años. Me siento profundamente agradecido por las atenciones diligentes que me brindaron médicos, enfermeras y enfermeros, anestesistas, técnicos especializados en ultrasonidos, en  Rayos X, en laboratorio clínico, en la Farmacia Simón Bolívar, personal administrativo, camilleros y hasta porteros, todos del Seguro Social y empleados de SU MÉDICO y Hospital Salud Integral, para que finalmente yo pueda elogiar ese trabajo  médico y de salud abnegados, y que pueda yo decir con gratitud sincera que me estoy recuperando satisfactoriamente de la encrucijada de salud que he mencionado.

Le doy gracias a todos mis familiares cercanos,  a mis vecinos, a mis amigos y amigas sinceros, a los colegas periodistas (hombres y mujeres), a los conocidos que preguntaron por mi salud, a todos los que estuvieron pendientes de cómo iba mi encrucijada de salud. Mil veces gracias.

Un dicho popular (campesino y urbano) dice que los familiares, colegas de profesión,  compañeros de trabajo y amigos sinceros se conocen realmente cuando estás en la cárcel, en la miseria o el hambre o gravemente enfermo. Numerosos colegas periodistas, amigos  sinceros y de muchos años, familiares cercanos y lejanos y vecinos, pasaban por mi casa preguntando por cómo iba mi salud.

Recomiendo a mis familiares, amigos, vecinos, conocidos y a todos los hombres mayores de 40 años, que vayan a hacerse ultrasonidos abdominales para ver a tiempo estas complicaciones de la próstata, riñones, hígado, bazo, etc., para no lamentarse después. Lo mismo les recomiendo a mujeres, pues descubrir a tiempo estas enfermedades, nos puede salvar la vida a los managuas, a los nicaragüenses.

El Seguro Social, mi gobierno de Unidad y Reconciliación Nacional por medio del INSS, los médicos, enfermeras y enfermeros de SU MÉDICO y Salud Integral, más mis familiares cercanos, me sacaron de esa encrucijada de salud, y aquí estoy vivo, reponiéndome, para seguirle sirviendo a la Comunidad y a mi Patria Grande, la misma Patria Grande de Sandino, Carlos Fonseca Amador y del Frente Sandinista rojinegro, similar o igualito a bandera o pañuelo rojinegro que se enrollaban al cuello los guerrilleros antiimperialistas del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional.

Managua, 28 de junio del 2012.

Mil veces gracias.

Servidor y amigo: Pablo E. Barreto Pérez.

 

 

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Acerca de Pablo Emilio Barreto Pérez

Pablo Emilio Barreto Pérez es: *Orden Independencia Cultural Rubén Darío, *Orden Servidor de la Comunidad e Hijo Dilecto de Managua.
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