Parque Periodistas para seres humanos, con abundancia de árboles, grama, canchas, aves y otros animales

Parque Periodistas para seres humanos, con abundancia de árboles, grama, canchas, aves y  otros animales

Pablo Emilio Barreto Pérez*

Managua, Capital de Nicaragua, cuenta con casi 200 áreas comunales destinadas a la recreación de seres humanos capitalinos. Este tipo de espacios o suelos sin construcciones habitacionales se crean por imperio de la Ley de Urbanismo y Uso de Suelos, regida por la Alcaldía de Managua, la cual se aplica a las empresas urbanizadoras privadas, al momento de construir un reparto residencial y colonias nuevas, aunque no ha ocurrido igual cuando surgieron los 400 Asentamientos Humanos Espontáneos (ya ordenados) que tiene la Managua moderna o contemporánea.

Managua, Ciudad  Capital,  tiene un poco más de 600 vecindarios entre repartos, colonias y los 400 Asentamientos  Humanos mencionados.  En estos momentos, Managua tiene una longitud de 15 kilómetros de extensión entre el Aeropuerto Augusto C.  Sandino y los kilómetros 13 y 15 de las Carreteras Sur y Vieja a León, respectivamente.

Entre esos 600 vecindarios se encuentra la Colonia del Periodista, ubicada al Suroeste de Managua, en la orilla de la Pista de la Resistencia Sandinista (o Juan Pablo Segundo), una de las vías de circulación vehicular más importantes de la Capital nicaragüense. Tiene dos carriles en cada lado, y en su centro hay un bulevar muy pequeño o angosto, todo repleto de árboles.

En otro artículo, ubicado en mi página Web o Blogg, explico que la Managua de hoy es ya conocida como la Capital Verde de Centroamérica, debido a la enorme cantidad de árboles en sus calles, solares y los pocos espacios vacíos (sin construcción) que aún le quedan en los límites del casco urbano.

Esa arboleda de la Managua de hoy se sembró, mayoritariamente, cuando fueron Alcaldes o coordinadores de la Junta de Reconstrucción de Managua, los ingenieros Samuel Santos López (hoy Canciller de la República) y Carlos Carrión Cruz, en la década del 80.

Yo personalmente me conté entre las decenas de miles de ciudadanos que en jornadas voluntarias rojinegras dominicales nos dedicamos a sembrar arbolitos en las calles de Managua, en la década del 80 del régimen revolucionario sandinista. Quienes participamos en estas jornadas voluntarias rojinegras dominicales pertenecíamos a los Sindicatos de la Central Sandinista de Trabajadores, a los Comités de Defensa Sandinistas, CDS, hoy convertidos en Movimiento Comunal Nicaragüense; Milicias Populares Sandinistas, Asociación de Mujeres Luisa Amanda Espinoza y trabajadores de la misma Alcaldía de Managua, encabezados por los dos alcaldes mencionados.

La Colonia del Periodista comenzó a habitarse en el año 1995. Esta Colonia estaba inicialmente destinada a sólo periodistas sandinistas, porque el gobierno revolucionario sandinista dejó los terrenos donados a la Unión de Periodistas de Nicaragua, en 1990. Sin embargo, hubo un acuerdo, y las casas construidas con financiamiento del gobierno de Venezuela, se destinaron también a periodistas pertenecientes a la Asociación de Periodistas “Pedro Joaquín Chamorro Cardenal”, no sandinistas, y de derecha extrema algunos de ellos. La Colonia tiene 230 viviendas, casi todas pequeñas en construcción y en tamaño de los terrenos. Con dos tipos de casas. Un tipo costaba 11,500  dólares y el otro, 16,000 dólares. Por Ley de la Asamblea Nacional las terminamos de pagar en 2005.

Una buena cantidad  periodistas y sus familias, en 1995, cuando ya se terminaban de construir las casitas, nos opusimos a que el entonces vicealcalde Roberto Cedeño Borgen, sembrara sólo palmeras dentro del área comunal o parque, el cual tiene una extensión de un  de 300 metros de Norte a Sur, y más de 100 metros de ancho, ubicado al Oeste y Sur de la Colonia del Periodista.

Terrenos robados por Somoza García

Este terreno en que está la Colonia del Periodista era parte de la Hacienda El Retiro, propiedad de Anastasio Somoza García y después de la Sucesión Somoza. El tirano Anastasio Somoza García le robó estas tierras a los llamados “Alemanes en Nicaragua”, cuando estalló la Segunda Guerra Mundial.

Estos terrenos robados tenían una enorme cantidad de árboles gigantescos, antiguos, fundamentalmente chilamates, guanacastes, ceibos, genízaros, “palos de hule”, “mata palos”,  tigüilotes, mangos, espinos negros, guásimos, cortés, etc.

Nosotros pedimos que en vez de palmeras, al mejor  estilo de Miami, nos dejaran dentro del parque y en los alrededores los árboles antiguos de guanacastes, espinos negros, chilamates, “palos de hule”, corteses, y que sembraran árboles nuevos  de genízaro, tigüilotes, mangos, nim, cedros, ceibos, guásimos, jocotes, etc.

Al parque se le construyeron dos canchas deportivas grandes y una pequeña, redonda esta, en el lado Norte. Se le construyó un andén asfaltado de Norte a Sur, juegos para los niños y bancas de concreto en varios sectores, más grama en todo el terreno.

Es un parque hermoso, verde, uno de los mejores de Managua. Tiene agua, luminarias para las canchas y en todo el parque. Estas luminarias ya fueron robadas una vez.

Visitantes variados

Muchos, muchísimos pobladores de Managua, gente culta, muy educativa, y también pandilleros, “amigos de lo ajeno” o ladrones, inclusive algunos y algunas (en parejas) que ven el parque como “motel”, visitan este parque de la Colonia del Periodista, especialmente todas las tardecitas (hasta las diez de la noche) y los sábados y domingos. Todos los días hay juegos o competencias deportivas en las canchas mencionadas. El parque ahora es vigilado de día y de noche por guardas de seguridad de la Alcaldía de Managua. Los sábados en la tarde, el parque recibe la visita de los disciplinados Boy Scout.

Hay sus bochinches o pleitos, discusiones fuertes, entre visitantes violentos o indisciplinados con los guardas o vigilantes. Algunos hasta han ofrecido “verguear”, “cachimbear”, “turquear” (agredir físcamente) o pegarle un par de balazos al vigilante, “¿Por qué quién sos vos para decirnos a qué hora debemos salir del parque”?. Esto ocurre, especialmente, cuando ya son las diez de la noche.

Una vez, hace más de un año, un grupo de pandilleros, eran casi 60, procedentes del Barrio René Cisneros (vecino de enfrente) entraron a la Colonia del Periodista, persiguiendo a un supuesto ladrón, el cual se había refugiado dentro del parque, de donde lo sacaron a punta de golpes contundentes con varillas de hierro. Corriendo riesgo, dos vecinos y yo se los quitamos y lo montamos en una camioneta rumbo a un hospital, antes que terminaran de matarlo.

Hoy este parque tiene casi 200 árboles, unos antiguos y la mayoría jóvenes, sembrados hace 16 años. Hay un predio vacío colindante, al Oeste, perteneciente a la Aduana de la República, donde también hay árboles antiguos y jóvenes, hierbas crecidas y “monte” vivo, donde habitan animales silvestres, entre otros, gatos monteros, conejos, ratones, serpientes, zorros, zorrillos “miones”, y también las aves del Parque de la Colonia del Periodista, etc.

Árboles existentes

Entre los árboles que identifico, con nombres comunes o populares,  están los siguientes: Nim, tigüilotes, mangos, espinos negros, guanacastes, genízaros, cortés, palmeras, “palos de hule”, cedros, mamones, cocos, guásimos, madriados, espadillos, madroños, (árbol nacional de Nicaragua),  nísperos, limones agrios, naranjas agrias, ceibos, palmas corrientes (para hacer ranchos), un guayacán, y también abundan los arbustos decorativos. La grama, las plantas decorativas y los árboles son cuidados diariamente por doña Nila, la trabajadora cotidiana del Parque por parte de la Alcaldía capitalina.

En estos árboles mencionados dentro del parque pueden verse a toda hora del día centenares de aves como: zanates, palomas alas blancas, cenzontles, guardabarrancos (ave nacional de Nicaragua), güises, gorriones sobrevolando las flores, pájaros carpinteros, chiltotas,  pijules, y otros pajaritos que no logro identificar, y que ya forman parte del hermoso escenario ecológico y medioambiental de este Parque de la Colonia del Periodista y de Managua.

Estos pajaritos, especialmente el canto madrugador de las palomas alas blancas, me despiertan todos los días a las cinco de la mañana. Parecieran un relojito preciso, pues a esa hora cantan, al parecer comunicándose entre ellas.

A las cinco y media de la mañana, yo saco a pasear a mis tres perritos al Parque, pues el portón queda situado exactamente frente a mi casa, y ya encuentro estas aves caminando sobre la grama y en las canchas buscando las semillas que los distintos árboles han  botado, y que el viento arrastra hacia distintos lugares.

Cuando una manguera del Parque está abierta, veo estas aves bañándose alegremente, mientras al mismo tiempo los pájaros carpinteros hacen tremendo ruido con su martilleo de su pico poderoso en la corteza de estos mismos árboles y en los postes de las luminarias, donde también, al parecer, buscan insectos para comérselos.

Los genízaros producen una vaina pequeña, parecida a la del carao; el tigüilote produce racimos de frutas blancas, redondas, muy dulces, deliciosas para muchos pájaros; el espino negro ofrece una fruta en vaina, parecida a una espiral, la cual es comida por las palomas alas blancas; el guásimo ofrece una fruta redonda oscura, dulce, dura, con unas puntas parecidas a espinas. Es comida deliciosa para el ganado y para seres humanos también. Los campesinos le llaman “tapaculo”, porque es buena medicina cuando hay diarrea.

El guanascaste exhibe y ofrece una fruta grande color café, con forma de espiral, un poco amarga, comida de algunos pájaros. El nim se ve amarillo cuando ya sus frutas están maduras. Esta fruta del nim se las comen muchos pajaritos, y se afirma que la semilla contiene veneno propio para control natural de plagas. En el Parque de la Colonia del Periodista veo que los hormigones bajan centenares o miles de hojas de los árboles de nim y de los espinos negros hacia sus madrigueras bajo la superficie del suelo.

Conocemos bien las frutas de los cocos, palmeras, palmas corrientes o criollas, mangos, jocotes, de los corteses y también de los mamones. Los corteses lucen bellos con flores amarillas y rosas en Semana Santa, y a algunos de ellos,  un poco después les cuelgan de las ramas centenares de vainas largas, parecidas a cañafístolas, de las cuales brotan hilos algodonados y semillas envueltas en una cascarita, las que caen sobre la grama y las canchas del Parque, o son arrastradas por el viento. Estas semillas son muy apetecidas por las palomas alas blancas, según he podido presenciar en este Parque.

En estos momentos (mes de abril), los genízaros están llenos de flores color lila, casi púrpura. Los cocos y palmeras exhiben unas flores amarillas, en forma de palma, tan olorosas y atractivas, que muy pronto están llenas de abejitas productoras de miel y cortejadas también por los gorrioncillos mencionados, los cuales con sus picos finos trasladan el polen de una flor a otra.

Todo lo que he descrito es hermoso, lleno de frescura y de vida plena en este Parque de la Colonia del Periodista, en Managua, Capital Verde de Centroamérica.

Sin embargo, hay dos árboles que me provocan admiración particular. Uno de ellos, el llamado “palo de hule”, tan o más frondoso siempre como el chilamate o el papalón montero. No le conozco flores visibles, pero en la punta de cada rama, prácticamente todos los días, brotan las hojas tiernas, largas, puntudas, delgaditas, con colores rojo encendido, púrpura y lilas. Algunas de esas ramas casi tocan el suelo y uno puede darse el lujo de observar este fenómeno a la altura del cuerpo.

“Palo de hule” con centenares de raíces y una fruta muy particular

En el Parque de la Colonia del Periodista hay tres “palos de hule”, los cuales tienen centenares o miles de raíces regadas en todas direcciones, algunas hasta por unos 20 metros, superficiales, visibles y uno puede caminar sobre esas raíces, mientras al mismo tiempo otras centenares de raíces delgaditas brotan de las ramas más cercanas al suelo y buscan cómo clavarse en ese suelo, ávidas, seguramente, de continuar “chupando” agua para llevarla  a todas las ramas y las hojas grandotas, verdes, heladas al tocarlas.

El otro árbol que me produce admiración especial es uno cuyo nombre no conozco, y que produce una fruta con forma de pera, un poco más grande que la pera, de color cenizo, tan dura como la misma corteza del árbol, difícil de cortarla con una vara o con la mano.

No se le ve lo maduro. Llega el momento en que cae al suelo, o revienta en las ramas, allá arriba. Uno no le puede arrancar la cáscara o corteza con la mano, a menos que tome un martillo o una piedra muy fina, grande y pesada, para quebrarla.

Ella solita, esta fruta, sin embargo, después de varios días de caída al suelo, comienza a reventar formando pedazos largos, abriéndose como una flor y mostrando dentro los racimos de semillas por centenares.

Esas semillas se ven arpilladas, muy bien acomodadas, como cortes de telas bien ordenados. Los pedazos en que se divide esta fruta son trozos de madera de casi dos pulgadas de grueso, virtualmente imposible de quebrarlos o rajarlos con las manos o los dedos de una persona.

¿Por qué este fenómeno de esta fruta? Pero, por su propia naturaleza, se raja solita en varios pedazos, dejando expuestas las semillas mencionadas, para que se les coman los pajaritos, o para la germinación de nuevos arbolitos en el suelo.

El espadillo produce una flor blanca, hermosa, como cogollos en las puntas de este árbol pequeño. Es la flor nacional salvadoreña. En Nicaragua se la corta y se la come revuelta con huevos fritos.

Parecidos a este Parque de la Colonia del Periodista, hay otros en Managua muy hermosos y bonitos. Yo personalmente defiendo la Naturaleza o Vida en la Madre Tierra, cuido del Medio Ambiente y de la Ecología como la que hay en este Parque de la Colonia del Periodista. Empero, aquí mismo en la Colonia del Periodista, hay algunos seres humanos que destruyen árboles, juegos mecánicos infantiles y hasta persiguen a los animalitos que he mencionado, con tiradoras, o lanzándoles piedras.

Porquería de visitantes

Esta hermosura y frescura del Parque de la Colonia del Periodista contrata con algunas actitudes cerdas o puercas de algunos seres humanos visitantes cotidianos o frecuentes a esta área comunal capitalina, pues traen bolsas con comidas y bebidas, incluyendo cervezas, se sientan en las bancas, bajo estos árboles frondosos y bonitos, comen y beben, y dejan regada la basura, sobras de comida, a pesar de que son visibles tres barriles grandes para depositar la basura, uno de los cuales está en la propia entrada del Parque.

Cuando los vigilantes reclaman por esta conducta de dejar regada o botada la basura en el suelo, o sobre la grama, estos visitantes inconsecuentes reaccionan violentos y, para colmo, argumentan: “para eso pagamos impuestos”, y de ese modo la Managua hermosa, la Capital Verde de Centroamérica, se ve empañada por estos contaminadores del Medio Ambiente.

Managua, abril del 2012.

  • Pablo E. Barreto Pérez: periodista, fotógrafo, investigador histórico, Cronista de la Capital, Orden Independencia Cultural Rubén Darío, Hijo Dilecto de Managua, Orden Servidor de la Comunidad del Movimiento Comunal Nicaragüense, Orden José Benito Escobar Pérez de la Central Sandinista de Trabajadores (nacional) y Orden Juan Ramón Avilés de la Alcaldía de Managua.

Residente en la Colonia del Periodista, frente al portón del Parque, en Managua. Teléfonos: 22703077 y 88466187.

Anuncios

Acerca de Pablo Emilio Barreto Pérez

Pablo Emilio Barreto Pérez es: *Orden Independencia Cultural Rubén Darío, *Orden Servidor de la Comunidad e Hijo Dilecto de Managua.
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.