Granizo mortal, y lluvias de serpientes, sapos, peces y ratones

Granizo mortal, y lluvias de serpientes, sapos, peces y ratones

Pablo E. Barreto Pérez

Asombrados, desconcertados, sorprendidos y hasta temerosos, se mostraron varios centenares de miles de managuas cuando, repentinamente, una lluvia tormentosa y con vientos muy fuertes, provocó la caída masiva de granizo en el Suroeste y Norte de la Ciudad de Managua, capital  nicaragüense, el miércoles 27 de abril del 2011, en la tarde.

Sí, granizo de casi un centímetro de diámetro, el cual cayó mezclado con una lluvia fuerte, en medio de rayería, vientos huracanados, mientras un calor sofocante era soportado por los nicaragüenses en casi todo el país, especialmente en Managua y los Departamentos de León y Chinandega.

Sí, granizo, o agua congelada en forma de granos duros, precipitación de trozos de hielo de tamaño variable,  desde pocos milímetros hasta varios centímetros de grosor y largo, procedente de las nubes, concretamente de cumulonimbos.

Sí, granizo, fenómeno meteorológico no tan conocido en Nicaragua y por los nicaragüenses, a pesar de que sí ha caído granizo en ciudades como Jinotega, Matagalpa, León y en la misma Managua, según recuerdan algunos pobladores y se registra en periódicos nacionales, aunque, por supuesto, nunca se había registrado una lluvia tan intensa  y con los trozos de hielo cayendo masivamente en la Capital de Nicaragua.

Estando uno dentro de su casa, con techo de zinc, se escuchaba y se sentía como si la vivienda estuviese siendo apedreada desde arriba. En los techos de los automóviles, en superficies metálicas, en puentes, en las calles, en los edificios, en las aceras y en todos lados se podían escuchar los ruidos diferentes, ocasionados por las bolas de hielo, caídas desde el cielo.

Los fotógrafos particulares y de medios informativos (periódicos, televisión, INTERNET), más quienes contaban con teléfonos celulares dotados de cámaras fotográficas, registraron abundantemente este fenómeno meteorológico, ocurrido la tarde mencionada en Managua.

No se conoció de daños personales. Sin embargo, hubo derrumbe de árboles en distintos puntos de Managua, incluyendo uno que cayó, por la violencia del viento, en las cercanías del Colegio Centroamérica.

La lluvia de granizo cayó en casi todos los vecindarios o Asentamientos, Repartos, Barrios y Colonias de la Carretera Norte y en otros vecindarios capitalinos del Suroeste de Managua, como Colonia del Periodista, Bolonia, San Judas, Sierra Maestra, Altagracia, Las Brisas, Linda Vista, Monseñor Lezcano, Santa Ana, Javier Cuadra, Jhonatán González, etc. Precisamente en estos vecindarios mencionados, los pobladores y pobladoras se mostraron sorprendidos, asombrados, al ver o presenciar que estaba cayendo granizo grande en sus casas, patios, sobre sus vehículos, en las acercas, en las calles y sobre las cabezas de ellos mismos.

Abundaron las especulaciones sobre este fenómeno meteorológico de  granizos, el cual normalmente se registra en épocas secas y calientes en los trópicos, especialmente cuando hay presencia de canícula, y normalmente se ve acompañado de tormentas eléctricas violentas y sacudidas de vientos fuertes, y ocasionalmente hasta con tornados muy violentos, como ha ocurrido en sitios geográficos como Estados Unidos, Londres y la India, donde esta caídas de granizo han sido mortales, en algunas ocasiones.

Donde hay estaciones bien definidas, como Invierno y Verano, donde hace mucho frío, en el Norte y Sur del Planeta, más allá de los trópicos, la nieve y los granizos son comunes.

Según la Enciclopedia Wikipedia, el granizo se forma precisamente en medio de tormentas por gotas de lluvia sobreenfriadas, es decir, más allá de la simple condensación del vapor de agua que van formando en las nubes, hasta que las gotitas de agua se precipitan en forma de lluvia hacia el suelo. Esto ocurre en nubes tormentosas, especialmente en las cúmulonimbo.

Investigando en INTERNET me encontré que este fenómeno meteorológico del  granizo es tan antiguo como la formación de huracanes, tornados, trombas marinas y tormentas eléctricas terribles que llenaron de pánico a poblados enteros y a navegantes famosos como al mismísimo Cristóbal Colón, quien enfrentó fenómenos de este tipo en el Mar Caribe.

Además, me encontré con que este fenómeno de lluvias de granizo han sido comunes y terribles en años recientes, inclusive en 2011, en Jumilla, ciudad vinícola española de Murcia, donde las calles, túneles, azoteas, patios, etc., se repletaron de granizo y de agua de lluvia, y causaron un verdadero caos, informa un medio informativo español.

En Jumilla cayó  granizo durante 10 minutos. En nuestra América misma, el tres de abril del 2011, hubo una situación similar a Jumilla en Buenas Aires, Argentina, donde algunas calles de la Capital Bonaerense se vieron envueltas en caos.

En noviembre del 2010, en La Paz, Capital de Bolivia, hubo una tormenta de granizo (de hasta dos centímetros de diámetro), durante 15 minutos, lo cual causó daños graves en 33 viviendas de esta ciudad andina, ubicada a más de tres mil metros de altura, en los lomos de la célebre Cordillera de los Andes, de ocho mil 500 kilómetros de largo desde Venezuela hasta la Tierra del Fuego.

“La Razón”, periódico boliviano de La Paz, señala que hubo numerosos daños materiales por la caída de granizo, incluyendo el derrumbe de un muro de contención.

En las investigaciones en INTERNET, me encontré que en una ciudad llamada Cáseres (Capital de Extramadura, en España, Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad, Ciudad de grandes monumentos antiguos) hubo una granizada fuerte que duró 20 minutos, el 16 de septiembre del 2010, y que esto ocasionó que se detuviera por completo la circulación de tránsito por unas horas, y que además quedaron taponeados túneles y sótanos.

En Wisconsin, Estados Unidos, hubo una granizada, en 2010, por más de una hora, la cual dejó dos pulgadas de espesor en las calles de esa ciudad norteamericana.

El 10 de octubre del 2008, en Madrid España, de madrugada, se enfrentó una situación parecida, y los bomberos se vieron obligados a cerrar calles, túneles, entradas a comercios y edificios, mientras quitaban de las calles los trozos de hielo que se amontonaban por todos lados.

Granizo mortal

Me encontré en INTERNET, inclusive, que en la India, en 1888, hubo una granizada terrible, mortal, que causó 265 muertos y varios miles de heridos, pues las bolas de granizo eran trozos de hielo muy grandes.

En 1925, en Estados Unidos, hubo una serie de tornados violentos, mezclados con granizo de gran tamaño, lo que provocó 700 muertos y 2,000 heridos en los Estados de Misuri, Illinois e Indiana.

En 1986, en las cercanías del Lago Nyos, en Camerún, África, se registraron 1,800 muertos y también fallecidos miles de cabezas de ganado, porque cayó una lluvia terrible de granizo o pedazos de hielo muy grandes.

Encontré que Charles Fort, un investigador inglés, en toda su vida o existencia recopiló casi 60,000 lluvias extrañas en todo el Mundo, especialmente en Europa, la India y Estados Unidos, en todo lo cual se incluyen precipitaciones colosales de granizo, caídas masivas de lluvias en las que cayeron serpientes, peces, sapos, ranas, monedas, pedazos enormes de hielo, estrellas de mar, mejillones, etc.

Vale la pena comenzar a investigar sobre este fenómeno meteorológico llamado granizo, más estas lluvias extrañas, para lo cual me pareció conveniente colocar aquí en mi Página Web o Blog, tres trabajitos muy ilustrativos:

1-      Uno de Wikipedia sobre la definición de granizo y por qué se produce; 2) Otro de Dan Costa, llamado “Charlemos”, en el cual da a conocer una serie de fenómenos meteorológicos que causaron pánico en ciudades y comunidades, una buena cantidad de ellos basados en las investigaciones de Charles Fort; y 3) un resumen de las investigaciones de Charles Fort, recogidas por Sebastián Jarré, de Alterguía, de Buenos Aires, Argentina.

A continuación esos trabajos mencionados, ilustrémonos y sigamos investigando. Espero comentarios y aportes positivos.

El granizo o pedrisco es un tipo de precipitación que consiste en partículas irregulares de hielo. El granizo se produce en tormentas intensas en las que se producen gotas de agua sobreenfriadas, es decir, aún líquidas pero a temperaturas por debajo de su punto normal de congelación (0 °C), y ocurre tanto en verano como en invierno, aunque el caso se da más cuando está presente la canícula, días del año en los que es más fuerte el calor.

El agua sobreenfriada continúa en ese estado debido a la necesidad de una semilla sólida inicial para iniciar el proceso de cristalización. Cuando estas gotas de agua chocan en la nube con otras partículas heladas o granos de polvo pueden cristalizar sin dificultad congelándose rápidamente. En las tormentas más intensas se puede producir precipitación helada en forma de granizo especialmente grande cuando éste se forma en el seno de fuertes corrientes ascendentes. En este caso la bola de granizo puede permanecer más tiempo en la atmósfera disponiendo de una mayor capacidad de crecimiento. Cuando el empuje hacia arriba cesa o el granizo ha alcanzado un tamaño elevado el aire ya no puede aguantar el peso de la bola de granizo y ésta acaba cayendo.

El peor desastre histórico ocasionado por el granizo tuvo lugar el 30 de abril de 1888 en la ciudad india de Moradabad, donde las piedras de enorme tamaño que cayeron causaron la muerte de 246 personas, en el acto o a causa de las heridas sufridas.[1]

En España, en las Comunidades de Castilla y León, Castilla-La Mancha, Comunidad Valenciana y parte de Aragón las campanas de las iglesias hacían el toque de tentenublo para alejar las tormentas de granizo.

Las bolas de granizo suelen ser pequeñas, de algunos milímetros de diámetro. Sin embargo, de vez en cuando se originan bolas mucho mayores, de varios centímetros de diámetro, debido a que en la circulación ciclónica de la tormenta, las pequeñas bolas ascienden y descienden varias veces formándose distintas capas de hielo, unas sobre otras. Dependiendo de su tamaño, las bolas de granizo pueden no ser más que una pequeña molestia, o causar daños en automóviles y estructuras de cristal, pudiendo causar heridas a las personas. Debido a su proceso de formación todas ellas tienen una estructura en forma de capas de cebolla.

El día 18 de abril de 2010, en Argentina, más específicamente en Vicente López y San Isidro, se registró una fuerte tormenta con bolas de granizo de hasta 8 cm de diámetro. El 16 de mayo del 2010 hubo una tormenta de granizo en Oklahoma City, causando daños incalculables tanto en viviendas como en vehículos de los cuales se reporto pérdida total.

¡Serpientes, sapos, ranas, peces, caracoles, además de granizo, caen del cielo¡

Dan Costas, Charlemos, Buenos Aires, Argentina.
La lluvia, la nieve y el granizo son fenómenos corrientes en la Tierra. Muchos de nosotros estamos acostumbrados al espectáculo del agua, líquida o sólida, cayendo del cielo. Además, en esta época de exploración espacial podríamos esperar la caída de un meteorito. Sin embargo nos sorprenderíamos, en cambio, si de pronto empezaran a llover animales. No obstante, éste fenómeno puede ocurrir, como lo indican varios registros históricos, algunos antiguos y otros muy recientes. Incluso en la Biblia se menciona una lluvia de sapos, como una plaga contra los egipcios por no dejar partir a los israelitas.
La lluvia de objetos extraños se puede producir cuando un tornado o un huracán pasa sobre un estanque o lago, levantando además de agua muchos anfibios y otros animales, depositándolos a muchos kilómetros de distancia del sitio original. Evidentemente, hay más probabilidades si el lugar se encuentra en una zona en la que se produzcan vientos de gran fuerza. Sin embargo, no está del todo claro el porqué en estos casos los objetos que han sido levantados juntos caen también juntos, en lugar de ser dispersados a través de grandes distancias.
No son sólo ranas y sapos los que pueden caer del cielo. Aunque aún no se tenga noticia de una lluvia de perros y gatos, se han registrado fenómenos semejantes, y muchos de ellos no han sido completamente explicados. Los siguientes son sólo algunos ejemplos:
En 1870, el tejado de una casa de ópera en Sacramento, California (EEUU) quedó cubierta por una lluvia de lagartijas acuáticas de entre cinco y veinte centímetros de longitud.
El 28 de diciembre de 1857, durante el transcurso de una fuerte tormenta, las calles de Montreal (Canadá), quedaron cubiertas por centenares de mejillones.
En 1877, la ciudad de Memphis, Tennesse (EEUU) recibió una lluvia de miles de serpientes de hasta cuarenta y cinco centímetros de largo. Se cree que fueron llevadas por un huracán lejano, pero no se ha podido explicar la enorme cantidad de animales.
En 1922, durante una tormenta de nieve en los Alpes Suizos, cayó una lluvia de orugas, arañas y grandes hormigas.
En 1956, los niños que salían de la escuela en Hanham, un suburbio de Bristol (Inglaterra), fueron sorprendidos por una lluvia de monedas de un penique.
En julio de 1961, los trabajadores de un tejado en Shreveport, Louisiana (EEUU) tuvieron que refugiarse cuando de una nube cayó una lluvia de duraznos.
En abril de 1985, sobre un patio en St. Cloud, Minnesota (EEUU), durante una tormenta cayeron varias estrellas de mar.
En febrero de 1830, en Faridpur, India, cayó una lluvia de peces pequeños, muchas especies propias de la India. Una gran cantidad fue aprovechada por los habitantes del pueblo para preparar comida. Se tiene registrada también una lluvia de peces en 1666 en Cranstead, Inglaterra, donde cayó una gran cantidad de peces marinos, a pesar de que el mar estaba a más de diez kilómetros de distancia.
El 2 y el 11 de septiembre de 1857 llovió azúcar en algunas zonas de Lake County, California (EEUU). Los lugareños aprovecharon este fenómeno para preparar sirope.
En julio de 1995, hace  16 años, un tornado pasó por Moberly, Iowa (EEUU). Poco después, a 250 kilómetros de distancia hacia el norte, los habitantes del poblado de Keokuk recibieron una lluvia de latas de soda sin abrir.

En muchas partes del mundo, en numerosas ocasiones y en número monstruoso, cayeron del cielo ranas y sapos, y también caracoles marinos, gusanos y serpientes. También se ha visto gotear y aún chorrear sangre del cielo, y caer semillas y granos, así como carne de todo tipo, como si allá arriba navegaran una suerte de granjas invisibles.
Y aunque aún no se tenga noticia de una lluvia de perros y gatos, se han registrado fenómenos semejantes, y muchos de ellos no fueron completamente explicados. Los siguientes son sólo algunos ejemplos recogidos por el famoso Charles Fort y por muchos de sus seguidores en el mundo entero:

Todos los años, al comienzo de la estación lluviosa, los habitantes de Yoro, en Honduras, preparan baldes, barriles, palanganas y redes para recoger los peces que van a caer del cielo. Y todos los años, hasta donde llega la memoria, han caído sardinas por barriles. La “lluvia de pescado”, como la llama la gente del lugar, suele comenzar de cuatro a cinco de la tarde y va seguida de tormentas eléctricas y fuertes vientos. El pescado es depositado vivo y coleando sobre una pradera que hay al sudoeste del pueblo.

En 1833, una sustancia parecida a la lana cayó en trozos sobre grandes extensiones de campo cerca del pueblo francés de Montussan. En otros lugares hubo lluvia de un material que se asemejaba a seda en hilos ondulantes, como procedentes de una gran mercería.

En 1870, el tejado de una casa de ópera en Sacramento, California, quedó cubierta por una lluvia de lagartijas acuáticas de entre cinco y veinte centímetros de longitud.

El 28 de diciembre de 1857, durante el transcurso de una fuerte tormenta, las calles Montreal, Canadá, quedaron cubiertas por centenares de mejillones.

En 1877, la ciudad de Memphis, Tennesse, recibió una lluvia de miles de serpientes de hasta 45 centímetros de largo. Se cree que fueron llevadas por un huracán lejano, pero no se pudo explicar la enorme cantidad de animales.

En 1922, durante una tormenta de nieve en los Alpes suizos, cayó una lluvia de orugas, arañas y grandes hormigas.

En 1956, los niños que salían de la escuela en Hanham, un suburbio de Bristol, Inglaterra, fueron sorprendidos por una lluvia de monedas de un penique.
En julio de 1961, los trabajadores de un tejado en Shreveport, Louisiana, Estados Unidos, tuvieron que refugiarse cuando de una nube cayó una lluvia de duraznos.

En abril de 1985, sobre un patio en St. Cloud, Minnesota, Estados Unidos, durante una tormenta cayeron varias estrellas de mar.

En febrero de 1830, en Faridpur, India, cayó una lluvia de peces pequeños, muchas especies propias de ese país. Una gran cantidad fue aprovechada por los habitantes del pueblo para preparar comida. Se tiene registrada también una lluvia de peces en 1666 en Cranstead, Inglaterra, donde cayó una gran cantidad de peces marinos, a pesar de que el mar estaba a más de diez kilómetros de distancia.

El 2 y el 11 de setiembre de 1857 llovió azúcar en algunas zonas de Lake County, California, Estados Unidos. Los lugareños aprovecharon este fenómeno para preparar sirope, un líquido espeso azucarado que se emplea en repostería y para elaborar refrescos.

En julio de 1995, un tornado pasó por Moberly, Iowa, Estados Unidos. Poco después, a 250 kilómetros de distancia hacia el norte, los habitantes del poblado de Keokuk recibieron una lluvia de latas de gaseosa sin abrir.

En enero de 2002 en Soria, España, cayó un bloque de hielo de más de 16 kilos.

El 7 de julio de 1997, cerca de las costas gallegas navegaba el buque maltés Marietta II. A media tarde, con visibilidad perfecta y el mar en calma dos tripulantes vieron caer al mar y hundirse a unos 60 metros del barco lo que describieron como “un hombre verde con una especie de casco”. Salieron patrullas de rescate desde Finisterre pero no se encontró nada.
Y la lista de lluvias misteriosas y sucesos tan inexplicados como fascinantes puede seguir hasta el hartazgo. Un listado casi tan amplio como la ignorancia del hombre respecto de muchas de las cosas que lo rodean. Y, tal vez por eso, nuestro amigo Charles Fort solía repetir: “La ciencia de hoy es la superstición de mañana, y la superstición de hoy es la ciencia del porvenir”.

El Times de Londres del 5 de julio de 1842 tomaba lo siguiente del Fife Herald escocés: El miércoles por la mañana [29 de junio] fue observado un fenómeno del carácter más raro y extraordinario en las inmediaciones de Cupar [Escocia]. Hacia las doce y media, con el cielo despejado y el aire en perfecta calma, una muchacha ocupada en lavar ropa en una tina en el campo comunal, oyó sobre su cabeza un estampido fuerte y seco, seguido de una ráfaga de viento de extraordinaria violencia, y que solo duró unos instantes.

Al mirar a su alrededor, observó que todos los manteles, sábanas, etc. estaban en el suelo formando una franja de cierta anchura sobre el verde a varios cientos de metros de distancia; pero otra parte de las prendas, cortinas y cosas más pequeñas, eran llevadas hacia arriba a una altura inmensa, de modo que ya casi se perdían de vista, y gradualmente desaparecieron por completo en dirección sudeste y no se ha vuelto a saber de ellas. En el momento de la detonación que precedió al viento, se vio el ganado del prado vecino correr asustado de un lado para otro, y durante algún tiempo después continuó amontonándose con visible terror. La violencia del viento era tal que una mujer que en ese momento sostenía una sábana fue incapaz de retenerla por miedo a verse arrastrada con ella.

Es notable que mientras incluso las prendas más pesadas eran llevadas lejos corriendo por el verde, como si dijésemos, y los lazos que sujetaban varias sábanas se rompieron, las prendas ligeras que había sueltas a ambos lados del holt [colina poblada de árboles] no se movieron de su sitio. El número del 10 de julio de 1880 del Scientific American trae esta noticia, tomada del Plain Dealer de East Kent (Ontario): Los señores David Muckle y W. R. McKay… estaban en un campo de la granja del primero cuando oyeron un súbito estruendo, como de un cañón. Se volvieron justo a tiempo para ver una nube de piedras volar hacia lo alto desde un lugar del campo. Tremendamente sorprendidos, examinaron el lugar, que era circular y de unos 45 m de diámetro, pero no había indicios de erupción ni nada que indicase la caída allí de un cuerpo pesado. El terreno estaba simplemente barrido. Están seguros de que la causa no fue un meteorito, ni una erupción de la Tierra, ni un torbellino.

TORBELLINOS Y TROMBAS MARINAS

La clásica explicación de la mayoría de las lluvias insólitas es que todo lo que cae fue antes absorbido por un torbellino o una tromba marina. Además de ser la explicación más lógica, la tesis del torbellino se basa en algunas pruebas de peso, fruto de la observación. Por la atmósfera circulan constantemente una gran variedad de pequeños organismos y restos vegetales y animales.

En muestras de aire recogidas con aspiradores especialmente diseñados se han encontrado esporas de hongo , musgo, líquenes y algas , huevos de insecto, bacterias, escamas de alas, pelos y trozos de plumas. Aunque para levantar del suelo esas pequeñas partículas no haga falta mucha energía, los grandes torbellinos, tornados y trombas marinas generan corrientes ascendentes de una fuerza enorme.

En el embudo de un tornado los vientos pueden girar a velocidades de 270 a 480 kilómetros por hora y producir una presión de más de 135 kilos por cada 10 centímetros cuadrados sobre todo cuanto encuentren en su camino. Semejante fuerza es más que adecuada para algunas de las más impresionantes estadísticas sobre tornados.

Por ejemplo, el 22 de abril de 1883, en Beuregard (Mississippi), un tornado se llevó volando a 275 metros el tornillo de 300 kilos de una prensa de algodón. En Walterborough (Carolina del Sur), una viga de madera de 270 kilos fue arrastrada 400 metros por el tornado del 16 de abril de 1875, y un gallinero de 35 kilos más de 6 kilómetros. Y en el tornado del 4 de junio de 1877, en Mont Carmel (Illinois), la aguja de una iglesia fue llevada por los aires 25 kilómetros. La acción de las trombas marinas ha sido observada con menos frecuencia que las de los torbellinos, pero también han hecho cosas extraordinarias.

Por ejemplo, en Christiansten (Noruega), el puerto fue una vez casi vaciado de ese modo, y, en menor escala se sabe de estanques que quedaron secos. Durante una tormenta en el lago Bassenthwaitre (Inglaterra) se vio como los peces eran lanzados a tierra. En la medida en que la energía generada por los torbellinos basta para levantar hasta el cielo lo que se ha visto cae de él, la explicación parece acertada, e indudablemente da cuenta de algunas lluvias insólitas. Sin embargo esta teoría suscita preguntas interesantes. Por ejemplo, ¿cómo se las arreglan torbellinos y trombas para ser tan selectivos?

Las cosas que caen del cielo suelen estar perfectamente clasificadas: en un determinado chaparrón caen solo peces, o sólo ranas, o sólo piedras, y además sólo peces de cierta especie o ranas de cierta edad. Pero torbellinos y trombas barren cuanto encuentran a su paso. ¿Por qué entonces no hay lluvia de seres y despojos surtidos, por ejemplo barro y algas junto con los peces? Si damos por supuesto algún mecanismo de selección aéreo –por ejemplo, de acuerdo con el peso y la aerodinámica de los objetos–, sería de esperar que cayesen chaparrones variados –peces aquí, barro allí, algas más allá– en la misma zona y más o menos al mismo tiempo; pero esto no sucede. ¿Cómo, entonces, sobreviven los peces y otras criaturas a los rigores del transporte por el torbellino? La teoría de los torbellinos y trombas exige creer, primero, que los peces, que a menudo caen vivos a considerable distancia de su aparente punto de origen, pueden sobrevivir por un período indefinidamente largo en la saturada atmósfera de una nube de lluvia.

Segundo, qué fuerzas lo bastante poderosas para sacar peces, ranas, sapos, anguilas y serpientes de su hábitat normal y lanzarlos al cielo no bastan para inferirles daños físicos, y que los repentinos cambios de temperatura y presión son igualmente inofensivos. Aunque tales teorías pueden apelar al sentido común, carecen de pruebas firmes que las apoyen. Queda por último la pregunta de cómo pueden los torbellinos cernerse sobre un lugar o regresar a él. Dado que la característica más permanente del viento es el movimiento, y el mover cuanto viaja en él, la teoría del torbellino no explica los numerosos casos en que las mismas cosas caen repetidamente en el mismo sitio, como si procediesen de algún lugar fijo del cielo.

Lluvias extrañas con sapos, peces y granizos enormes

Charles Fort, durante años se dedicó obstinadamente a reunir miles de datos donde cuenta de extrañas lluvias caídas en distintos sitios del planeta. Consiguió reunir más de 60 mil notas – todas extraídas de revistas y diarios muy renombrados – que daban cuenta de esas raras lluvias.

En el archivo de Fort hay comprobadas lluvias de peces sobre Londres y otras ciudades, lluvias rojas, negras y amarillas, lluvia de ranas caída de enormes bloques de hielo (¡algunos del tamaño de un elefante!), lluvias de carne, de trozos de algodón, de lodo, de arena, y también de… sangre.

“En el año 1800, en Seringapatam, en la India, se registraron (según la revista Nature del 1° de noviembre, anota Fort) una sucesión de lluvias de granizo. Durante una de ellas se encontraron dos piezas de hielo que tenían el tamaño de un elefante pequeño. Ese mismo año, informes del Instituto Smithsoniano revelan que en los EE.UU cayeron piedras de hielo de 2 y 3 kg. De  peso”.

“El 27 de febrero de 1877 en Penchloch, Alemania, cayó una espesa lluvia amarilla, color oro, cuya materia tenía 3 formas distintas: semejaban una flecha, un grano de café y un disco. No se encontraron trazas de polen y la sustancia despedía un fuerte olor animal. El análisis químico reveló la presencia de nitrógeno y amoníaco. Charles Fort – en su obra “El libro de los condenados” al hablar de esta lluvia – dice: “Tal vez fueran símbolos jeroglíficos de alguien que intentaba decirnos algo”.

“El 14 de febrero de 1870, cayó en Génova, Italia,  según el profesor Beccardo, director del instituto Genovés de Física, citado por Fort, una sustancia amarilla que cubrió las calles, al punto de que era difícil caminar. Según se estimó, la cantidad de esta materia amarilla que cubrió Génova era de aproximadamente 100 mil toneladas”.

“El 30 de abril de 1887 se produjo una lluvia densa, ardiente, negra y pestilente. El mismo fenómeno se repitió el 9 de octubre de 1907 y el 2 de marzo de 1908. La “explicación” fue que se trataba de polvo de carbón que habría flotado en el aire desde las minas de Gales.

Pero una lluvia similar se registró el 20 de enero de 1911 en Suiza y otra en el cabo de Buena Esperanza, el 5 de febrero de 1912. Según el reverendo James Rust una lluvia negra cayó en Slains, Escocia, el 14 de enero. Otra en Carluke, a 250 km. de Slains, el 1 de mayo.

Y otros dos en este sitio el 20 de mayo de 1862 y el 21 de octubre de 1863. El informe químico identificó esta sustancia no como un producto volcánico o ceniza, sino como escoria de fundición”. “Resulta imposible – dice Fort – imaginar que un producto artificial como es la escoria de hierro haya podido caer en tan grandes cantidades y en sitios tan distintos”. Y agrega un dato sorprendente: El 9 de noviembre de 1819 cayó una lluvia negra de escoria de metal sobre una vasta zona de Canadá. Esta lluvia fue acompañada de una sacudida sísmica y de una intensa oscuridad aunque era pleno día.

No sólo caen – según Fort – diversos colores desde el cielo. En ciertos momentos de la historia, y en los más variados lugares, se produjo la precipitación de sustancias realmente increíbles.

“El 13 de agosto de 1819 en la ciudad de Amherst, en Massachusetts, un objeto misterioso, recubierto de una pelusilla como la que se encuentra en la fábrica de paños, se abatió contra el suelo. Separada la pelusa apareció una sustancia pulposa de color amarillento que despidiendo un olor muy nauseabundo, se volvió de color rojo vivo por el simple contacto con el aire”.

“En Londres, la tarde del 5 de mayo de 1848, cayó una lluvia extrañísima. Traducida textualmente la nota de Charles Fort dice la siguiente: “A las 5 de la tarde el cielo estaba apacible sobre la ciudad de Londres. De pronto, sin previo aviso, comenzó a soplar un fuerte vendaval que hizo volar  toldos y sombreros. El sol se “apagó” y una oscuridad densa se desplomó sobre la ciudad. Apenas se podía ver a dos pasos. A partir de ese momento comenzó a caer desde lo alto un copioso chubasco de agua y peces.

Durante casi 1 hora cayeron  miles y miles de pequeños peces de una 15 cm de largo, de color plateado y grandes aletas. Examinados por los expertos no pudieron ser reconocidos. Se enviaron muestras a todas las Universidades de Inglaterra y ninguna pudo decir de que especie eran esos peces. Finalmente, una comunicación llegada desde el Cairo (Capital de Egipto)  y firmada por el decano de la facultad de ciencias naturales de esa ciudad, informó que esos peces correspondían a una especie de agua dulce que prolifera en el mar de Galilea. No se pudo explicar cómo habían caído sobre Londres esos peces que los palestinos llaman Pez de San Pedro”.

“En agosto de 1894 , miles de medusas , grandes como un chelín , fueron señaladas sobre la ciudad de Bath, en Inglaterra. En el mismo momento no lejos de ahí, en Wigan, cayó una lluvia de pequeñas ranitas.”

“En una nota tomada de Comptes Rendus, Charles Fort anota que la “sustancia negra caída en Entre Ríos, Argentina, el 30 de junio de 1880 recuerda a ciertas formas de lignito”. Es de color negro verdusco, similar a otras que se precipitaron en Francia (1868), Australia (1861), India (1867) y Portugal (1902).

Tras la muerte de Charles Fort las lluvias acontecidas fueron más insólitas que las que describió: Chaparrones de tela de araña mojando pueblos y ciudades, están desconcertando a meteorólogos del mundo entero, que no obtienen explicación a tan inusual y original fenómeno.

La caída más frecuente es la de trozos de hielo, que en algunas ocasiones pesan 45 kg. A estos le siguen las de ranas, peces y cangrejos, que parecen preferir ambientes fríos como los del Norte de Gran Bretaña,  para caer.

Cabe señalar un suceso muy raro ocurrido un atardecer de verano de 1969: los ventanales de una hostería de los Alpes alemanes,  próxima a Oberstdorf,  fueron literalmente destrozados por una lluvia de monedas antiguas, en especial rupias, maravedíes y piastras. El violento chaparrón  paleomonetario se repitió a la mañana siguiente, y atrajo a numerosos curiosos a la zona. La policía destacó en el lugar a 4 patrulleros y una unidad de perros especializados que rastrearon la zona sin encontrar pista alguna sobre el extraño ataque. Los dueños del establecimiento declararon que durante las 2 precipitaciones de monedas se oyeron voces en lenguas extrañas, que algunos huéspedes interpretaron como griego antiguo y otros como sánscrito.

Quiero hacer mención de un caso ocurrido en Argentina (Buenos Aires), hace más de 45 años – con exactitud no poseo la fecha – según testimonios de personas que presenciaron el fenómeno: “Una lluvia de ranas en estado de congelación – como dentro de cubitos de hielo – cayó sobre la Capital Federal. No sólo cayeron ranas sino también rosa y flores en el mismo estado de congelación que las ranas…”

Siguiendo un poco con más sucesos en el mundo: Durante 4 años, en la década de 1980, la población de Evans, Colorado (EE.UU), vio caer del cielo millones de granos de maíz,  semilla que nadie cultivaba en 10 km. a la redonda. El fenómeno, aunque suene increíble, tuvo antecedentes documentados en Winchester, Inglaterra, y en otras partes del mundo.

Pero si consideramos a esta lluvia insólita… ¿qué podemos decir cuando son sapos, ranas y peces los involucrados? Como el caso ocurrido el 31 de marzo de 1977: Se desató una fuerte tormenta en Ohio, en los EE.UU. Luego de la misma, todos los jardines y espacios abiertos de la ciudad aparecieron cubiertos por sapos pequeños del tamaño de una uña.

En los primeros días de julio de 1979, la agencia soviética de noticias Tass – poco amiga de dar informes sensacionalistas – comunicó que una tormenta dejó caer millones de ranas sobre un poblado llamado Dargan-ata cerca del mar Aral. En este caso, la ciencia soviética intentó explicar el fenómeno argumentando que un remolino había succionado toda clase de objetos y animales de pequeño tamaño, llevándolos hasta las nubes.

Este tipo de relatos no es nuevo. Si nos remitimos a la Biblia, la descripción del Gran Éxodo explica que el río “crió ranas”, que entraron a todas las casas y subieron a las camas y a las mesas, cubrieron toda la tierra de Egipto, hasta el palacio del Faraón.

Tampoco hubo explicación para la lluvia conjunta de sapos y ranas el 30 de junio de 1892.

La explicación de trombas que succionan los animales y los depositan a la distancia dejan sin responder cientos de preguntas, siendo la más evidente la relativa a la “selectividad” de los tornados, que parecen elegir sapos y no ranas, o al revés y, casi nunca ningún otro tipo de animal. Además, ¿de qué manera los anfibios transportados por el viento son depositados en las nubes, y desde allí, redistribuidos por la lluvia?

Hoy en día este increíble fenómeno no ha sido explicado. Si Charles Fort viviera en esta época, gracias a los avances de la tecnología, lo que siempre muchos, no todos, tomaron como una leyenda o producto de la imaginación colectiva, ahora empezaría a ofrecer testimonios concretos, como fotografías y mayormente filmaciones. Esta prueba ante fenómenos de insólita naturaleza es más que contundente por lo general.

Tal vez, luego de leer esto amigo lector, cuándo en una tormentosa lluvia observe el cielo, el recuerdo de lo que el cielo nos puede ofrecer y mostrar llenará cada rincón de su curiosa mente. Y como la frase bien dice: “Hay más cosas en el cielo y en la tierra de lo que podemos imaginar y comprender”.

Artículo publicado en el Boletín Más Allá del Contacto
editado por Carlos Alberto Iurchuk (Colaborador)
Argentina
Autor: Sebastián Jarré

Extraído de Alterguía

Otras precipitaciones extrañas documentadas

Fecha

Lugar

¿Qué precipitó?

746

Sicilia (Italia)

Cruces

989

Sajonia

Peces

1578

Bergen (Noruega)

Pequeños ratones de color amarillo

1666

Cranstead, Inglaterra

Gran cantidad de peces marinos, a pesar de que el mar estaba a más de diez kilómetros de distancia.

Febrero de 1830

Faridpur, India

Lluvia de peces pequeños, muchas especies propias de la India

30 de julio de1838

Londres (Inglaterra)

Ranas y renacuajos

2 y 11 de septiembre de 1857

Lake County, California (EEUU)

Azúcar

28 de diciembre de 1857

Montreal (Canadá)

Centenares de mejillones durante el transcurso de una fuerte tormenta

11 de febrero de 1859

Condado británico de Glamorganshire

Peces

3 de septiembre de 1969

Punta Gorda, Florida (EEUU)

Pelotas de golf

1870

Sacramento, California (EEUU) sobre el techo de una casa de ópera

Lluvia de lagartijas acuáticas de entre cinco y veinte centímetros de longitud.

1877

Memphis, Tennesse (EEUU)

Lluvia de miles de serpientes de hasta cuarenta y cinco centímetros de largo.

Enero de 1878

Lockport, estado de Nueva York (EEUU)

Lombrices

1896

Baton Rouge, Luisiana (EEUU)

Miles de pájaros. Si hubieran pertenecido a una misma especie podría pensarse que eran aves emigrando, pero el grupo estaba formado por patos, canarios, pájaros carpinteros y aves exóticas de extraño plumaje

1922

Alpes Suizos

Lluvia de orugas, arañas y grandes hormigas durante una tormenta de nieve.

1953

Bovington, Massachusetts (EEUU)

Tortuga envuelta en hielo

1956

Sobre una escuela en Hanham, un suburbio de Bristol (Inglaterra)

Lluvia de monedas de un penique.

1961

Shreveport, Louisiana (EEUU)

Lluvia de duraznos

1985

Sobre un patio en St. Cloud, Minnesota (EEUU)

Estrellas de mar

Julio de 1995

Moberly, Iowa (EEUU)

Luego del paso de un tornado unos 250 Km al sur del lugar, los habitantes del poblado de Keokuk recibieron una lluvia de latas de gaseosas sin abrir.

Vieron caer peces del cielo

Infobae.com – 26 de Julio de 2006

Aunque usted no lo crea, habitantes de Manna, un pequeño pueblito al sur de la India fueron testigos de una verdadera lluvia de peces durante 15 minutos.

Un vendedor manifestó con el mayor de los asombros : “Ví los pescados caer del cielo. Al principio no creía lo que veían mis ojos”.

Hasta un periodista dio crédito de lo que veían los pueblerinos y contó que “algunos vendedores los recogían para meterlos en vasijas”, según publicó AFP.
 
Pero toda la ilusión terminó cuando llegó la explicación de un profesor de la universidad Mahatma Gandhi, en Kottayam, que dijo que esta lluvia se debió a un minitornado que provocó que los peces salieran volando de su entorno natural.

 

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Acerca de Pablo Emilio Barreto Pérez

Pablo Emilio Barreto Pérez es: *Orden Independencia Cultural Rubén Darío, *Orden Servidor de la Comunidad e Hijo Dilecto de Managua.
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