Accidentes de tránsito: ¿Epidemia de salud pública?

Pablo Emilio Barreto Pérez

En 2009 hubo 600 muertos y 23,000 accidentes, en Nicaragua

Accidentes de tránsito: ¿Epidemia de salud pública?

*Ha habido 15,000 muertos en 30 años en Nicaragua

*En la década del 90, con gobiernos neoliberales salvajes, la cantidad de vehículos creció en un 200 por ciento

Pablo E. Barreto Pérez

Del primero al 17 de enero del 2010 ya se registran 34 muertos por accidentes de tránsito, 14 más que en enero del 2009, año en el cual se registraron 600 fallecidos en trágicas colisiones entre vehículos particulares, de pasajeros y oficiales del Estado, en todo el país, especialmente en Managua, según leí hace pocos días en periódicos nacionales, cuyos reporteros afirman sacaron esas informaciones de la Jefatura Nacional de Tránsito de la Policía Nacional.

En 2008, hubo 514 muertos por esta misma causa. Figuraban niños, adolescentes, adultos, ancianos, mujeres, motociclistas, peatones, pasajeros de autobuses, niños y adolescentes colegiales que fueron atropellados y arrastrados por autobuseros en Managua.

La cantidad de accidentes de tránsito sube y sube, igualmente la cantidad de seres humanos muertos, lesionados y la destrucción material de vehículos, los cuales, en muchos casos, quedan inservibles, y por tanto centenares o miles de familias pierdan a sus seres queridos y también sus automotores, cuyos valores en córdobas y dólares son siempre un asunto financiero difícil para centenares de miles de hogares nicaragüense.

Es decir, las muertes de seres humanos, lesiones graves y leves en miles de ciudadanos y la destrucción material por los accidentes de tránsito, son ya una virtual epidemia en Nicaragua, lo cual debe inducir a las autoridades correspondientes (gobierno central, Ministerio de Gobernación, Policía Nacional, Comisiones Comunitarias de Seguridad Ciudadana y Consejos del Poder Ciudadano) a tomar medidas de urgencia, por cuanto demasiadas vidas valiosas de seres humanos se están perdiendo en estas colisiones callejeras.

Se ha vuelto común, y resulta aterrorizante que nos estamos acostumbrando, que hayan accidentes de tránsito de pesadilla como el que hubo hace pocos días en las cercanías de Tipitapa, donde casi toda una familia pereció en un accidente de tránsito, en el cual se vieron involucrados un autobús de pasajeros y una camioneta.

Recuerdo aquel accidente horrible, de 11 muertos, ocurrido en la Carretera de Circunvalación de León, en 2007, por la imprudencia de adelantar en una curva y a alta velocidad por parte del chofer de una unidad vehicular urbana de pasajeros en la Ciudad Metropolitana de Nicaragua. Eso fue fatal, horrible, sencillamente espantoso, pues no puede estar ocurriendo que por la prisa o desesperación de un conductor de vehículos de pasajeros, estos se vean expuestos a morir por imprudencia del chofer del autobús.

El Comisionado general Alejandro Díaz, cuando abordaba el tema a finales del 2009, sostenía que la Policía está haciendo grandes esfuerzos por controlar esta situación aterrorizante de los accidentes de tránsitos mortales, graves y leves en las calles de Ciudades, Carreteras, Calles y Caminos.

Ciertamente, son visibles los esfuerzos de la Policía Nacional como institución, pero me parece que hace falta una atención más focalizada en quienes más abusan al andar conduciendo en las calles de Ciudades con mucho tráfico, como Managua, León, Chinandega y Matagalpa, por ejemplo, pues cuando uno anda conduciendo su vehículo, despacio, con cuidado, a menos de 50 kilómetros por hora, en Managua (lo señalo como ejemplo), vos te encontrás con que el autobusero violento de cualquiera de las Rutas Urbano Colectivas de la Capital, te echa encima el enorme vehículo… te lo lanza hacia la izquierda o hacia la derecha, según le resulta conveniente a él, porque en ese momento va de prisa “contra el tiempo” que le fijan en “su Terminal”, o porque va en pelea abierta con otro chofer de una Ruta de “competencia” por los pasajeros…

Si no te apartás, o te quedás detenido en media calle o contra la cuneta, sencillamente el autobusero te pasa llevando, te colisiona. Y más terrible es el asunto con la inmensa mayoría de los taxistas en Managua, pues estos, de repente se cruzan de la izquierda a la derecha, de la derecha a la izquierda…repentinamente, se detienen mientras vos vas detrás de ellos, y si chocás por detrás, vos tenés la culpa, y a veces pareciera que el choque es lo que provocan o buscan ¿para sacar dinero fácilmente?

De igual manera, centenares de conductores particulares, te echan los vehículos encima, hace zigzag, circulan a gran velocidad en las calles de Managua. Ocurre también que un chofer, a sabiendo de que en un sitio hay alto”, él de todas maneras se lanza, o te encontrás con los que mecen los vehículos porque van bolos al volante. Dan vuelta en “U”, se cruzan donde hay señales amarillas dobles, se estacionan donde no deben… ¡Te imponen anarquía en las calles, querrás o querrás, hermano¡

Y es aterrorizante asimismo ver cómo los motociclistas se cruzan semáforos, “bailan” en la motocicletas metiéndose por en medio de las filas de vehículos, hasta que los ves más adelantes estrellados contra un poste, o contra alguno de los automotores.

También ocurre que repentinamente un semáforo dejó de funcionar. Entonces, todo el mundo se lanza a la anarquía en ese cruce.

Y también está de por medio el comportamiento de algunos patrulleros de tránsito. Por ejemplo, he visto personalmente que mientras el semáforo de donde fue ENEL dejó de funcionar, se armó allí el lío vehicular en el cruce, mientras a unos 100 metros al Norte estaban dos policías como “matones” esperando a quienes cometieran una “falta de tránsito”, para quitarles la licencia.

Qué era más importante, ¿dirigir el tránsito en ese cruce complicado por el apagón del semáforo, o continuar espiando “faltas de tránsito”?

Del mismo modo, he visto cómo abusan los autobuseros, los taxistas y los conductores de los microbuses interlocales hacia Granada y Carazo, allí frente a la UCA y La Nueva Radio Ya. Allí, igual, se te cruzan, te lanzan encima los vehículos enfrente de donde se colocan los policías de tránsito y…!no pasa nada¡

Además, a muchos conductores particulares prudentes, cuidadosos, que siempre andamos despacio, evitando la colisión, nos ocurren situaciones insólitas. Voy a citar tan sólo tres que me han ocurrido a mi personalmente en los últimos dos años.

Hace dos años, una vez más cruzaba con mi vehículo por debajo del semáforo situado frente adonde fue la Gasolinera Kenedy y frente a la Antigua Aduana, en la Carretera Norte, de la Planta Eléctrica Managua, dos cuadras al Este.

Era un poco después de las ocho de la mañana. Dos policías estaban a unos 200 metros al Oeste del semáforo mencionado. Yo salía despacio, del Lado Sur y doblé hacia el Oeste, como quien va para la Planta Eléctrica.

Crucé el semáforo cuando parpadeaba la luz verde, para dar el cambio a amarillo. En el ángulo en que estaban y a casi 200 metros al Oeste, sin tener de frente el semáforo, los policías me detuvieron y me acusaron de inmediato: “Se cruzó la luz roja… denos sus papeles”. Me quitaron la licencia y me impusieron el valor de la multa correspondiente a “pasarse en rojo el semáforo”.

Me han ocurrido muchas de este modo. Una segunda que deseo contar es una ocurrida en el costado Sur de la Laguna de Tiscapa, en la vuelta hacia las Universidades de Ingeniería y Centroamericana, donde hay un restaurante ahora.

Yo iba circulando en mi camioneta hacia el lado Norte, despacito siempre. Vi hacia la izquierda, y pude ver que venia una motocicleta a un poco más de 200 metros al Oeste, circulando por el lado izquierdo de la vía, hacia el Este. Giré hacia la derecha, a la orilla del borde de la calle hacia el Este. Había circulado ya unos 25 metros hacia el Este, cuando repentinamente la motocicleta que había visto, me fue cruzada en la parte delantera de la camioneta.

Era un policía. Se bajó de la motocicleta, y me lanzó la acusación: “Se me cruzó en el carril en que yo venía circulando”. Le expliqué que yo venía circulando por la derecha, y que él venía lejos y por el lado izquierdo de la vía. No hubo explicación o argumento que valiera. Yo me le había cruzado en “su vía”, ¡eso era todo¡, y me quitó la licencia de conducir. A pagar multa, otra vez.

Y la más insólita de todas me ocurrió el 14 de diciembre del 2009, a eso de las once de la mañana. Va mi hijo Pedro Pablo Barreto Mejía conmigo. Voy siempre manejando mi camioneta. Nos detenemos en el lado izquierdo de la Pista de la Resistencia Sandinista, en el semáforo de El Edén, esperando continuar recto, hacia el Norte.

Yendo hacia el Norte, estando frente al semáforo, allí no hay giro ni a la izquierda ni a la derecha. Una cuadra al Norte, en la esquina de un Colegio religioso, hay dos policías de tránsito, con una motocicleta a la par.

Repentinamente, el chofer de una camioneta, a mi derecha, allí mismo frente al semáforo, hace un amago de girar a la izquierda desde el lado derecho en que está y exactamente a la par mía. No sé si es que le tuvo miedo a los policías, la verdad es que no entiendo por qué motivos hizo el intento de doblar a la izquierda y estando mi camioneta en el lado izquierdo.

Ese semáforo permite el cruce de Sur a Norte y de Norte a Sur al mismo tiempo. Se enciende la luz verde. El hombre de la camioneta tiene giradas las ruedas de su vehículo hacia la izquierda. Se detiene, me imagino, porque ve que de Norte a Sur los vehículos empiezan a circular.

Por prudencia, para no ocasionar un múltiple choque, yo me quedo detenido unos segundos. En eso viene uno de los policías de frente, en la motocicleta. Se dirige al de la camioneta y le señala que se vaya a estacionar al lado derecho. En esos mismos instantes, cuando veo que el peligro ya ha pasado, arranco con mi camioneta y sigo hacia el Norte, tal como llevaba mi intención o mi rumbo.

Insólito lo que me ocurrió. El otro policía me detuvo y me lanzó la acusación: “Estaba obstruyendo el tránsito”, me dijo. No valieron mis argumentos de que por prudencia, precisamente por prudencia, me detuve, porque pudo ocasionarse allí un choque múltiple por la imprudencia del sujeto de la camioneta mencionada.

El policía que me quitó la licencia allí por “obstruir el tránsito” se llama Mario José Toval. Me aplicó 300 córdobas de multa. ¡Ah¡, y no supe qué pasó con el tipo de la camioneta, quien realmente ocasionó el problema allí en el semáforo de El Edén.

“Usted me castiga por prudente. Usted sanciona a quienes tratan de evitar accidentes de tránsito”, le dije al policía Toval, pero no pareció interesarle ningún argumento de mi parte.

Es decir, también se presentan este tipo de situaciones en Managua y resto del país.
Las causas fundamentales de los accidentes de tránsito siguen siendo, según la Policía Nacional, exceso de velocidad, malas maniobras, ebriedad, invasión de carril (fue la acusación que me hizo a mi uno de los policías, sin haber más vehículos que la moto que él conducía y mi camioneta rosando la cuneta en el lado derecho de la vía), irrespeto a las señales de tránsito, etc.

A estas causas se debe agregar que virtualmente se cuadruplicó la cantidad de vehículos existentes en el país entre 1990 y el 2005. En ese año se decía que en Nicaragua había un poco más de 300,000 vehículos, y se supone que ya andamos por casi 400,000 automotores, entre camiones, autobuses, tractores, camionetas, carros o automóviles, motocicletas y hasta cuadraciclos. Las calles, en cambio, siguen siendo angostas y en muchos lugares las señales son deficientes.

Y también subió el negocio fabuloso, redondísimo de las trasnacionales del combustible, pues en Managua entre 1990 y 2005 se construyeron 40 gasolineras nuevas. En este momento hay 87 gasolineras en Managua y 280 en todo el país.

En 30 años, ha habido 15 mil muertos por accidentes de tránsito, según los informes oficiales de la Policía Nacional. Sale a un promedio de 500 muertos por año. ¿Cuánto es en pérdidas materiales? Esto debiera obligarnos a reflexionar a todos los nicaragüenses, pues no es posible que sigan muriendo hombres, mujeres, ancianos, adolescentes y niños por la imprudencia de los conductores de automotores, tanto particulares como los que andan conduciendo pasajeros en autobuses urbanos e interlocales, en taxis y en motocicletas.

A la imprudencia se suman los vehículos en mal estado mecánico y eléctrico, lo cual contribuye también a la contaminación ambiental, porque hay vehículos que andan echando chorros enormes de humo negro hacia el espacio aéreo.

En cuanto a cantidades de vehículos en Centroamérica andamos, más o menos, en cantidades similares, al 2005 (encontrado en INTERNET): Costa Rica, 700,000; El Salvador, 600,000; Honduras, 580,000; Panamá, 565,868; Guatemala, un millón 300 mil; y República Dominicana, en el Caribe, 2 millones 400,000 vehículos automotores.

Reflexionemos, salvemos vidas de seres humanos. Evitemos esos fatales accidentes de tránsito, tanto en Nicaragua como en Centroamérica y América Latina.

Febrero 2010

Pablo E. Barreto Pérez: periodista, investigador histórico, fotógrafo, Cronista de la Capital, Orden Independencia Cultural Rubén Darío, Hijo Dilecto de Managua, Orden Servidor de la Comunidad del Movimiento Comunal Nicaragüense, Orden José Benito Escobar Pérez de la Central Sandinista de Trabajadores (CST nacional), Orden Juan ramón Avilés de la Alcaldía de Managua.

Residente en la Colonia del Periodista No. 97, frente al portón del parque, en Managua. Teléfonos: 88466187, 88418126 y 22703077.

Comentario de Nelson Alberto Barreto Mejìa.

¿Qué tal Papa? Espero que muy bien y le pido me les dé saludes a mi Abuela Rosa, a mis ti@s y prim@s
y a Pedro Pablo.

Pues leyendo esta crónica suya sobre el tránsito en Nicaragua, veo muchas similitudes con las situaciones que aquí se presentan, en El Salvador. Los conductores de buses, microbuses, taxis y mototaxis (en municipios del interior del país), tienen una conducta similar y todo debido a que no se les ha impuesto estudiar o no tienen EDUCACIÓN VIAL.

Educación Vial = al cumplimiento de las normas registradas en el Reglamento General de Tránsito (de cualquier país).

Sumado a que se extienden licencias a algunos jovencitos de 18 años cumplidos y a estos se les confía el trabajo de los mencionados medios de transporte colectivo.

Un joven de 18 años, difícilmente tendrá la madurez y conciencia de una persona mayor. Te llevan a altas velocidades, con vehículos de transporte excedidos en su capacidad de carga de pasajeros y en muchos casos con aparatos de sonido en niveles de volumen excediendo la tolerancia de moderación para escuchar del oído humano.
Bueno, ¿qué más puedo escribirle sobre esto…..?

Acá se le dice a las personas, en las escuelas de manejo, que hay que aprender a manejar A LA DEFENSIVA. Es un término que acá se ocupa, no recuerdo si en Nicaragua también; y que no todas las personas lo atienden. Se les menciona, pero no hay preocupación mayor por ponerlo en práctica.

Manejar “a la defensiva” quiere decir, por ejemplo: si de repente vamos manejando en la calle y logramos ver por los espejos retrovisores o que de frente se aparece alguno de los transportes mencionados… ¡apártese lo más posible¡, dejarlos pasar, detenerse en una esquina y en los semáforos a pesar del verde (no detenerse en este caso por supuesto) pero ver rápidamente que viene a los lados, y así sucesivamente.

Y bueno, estando acá en El Salvador se puede decir que para evitar ser parte de los accidentes, podemos:
• Cumplir con el Reglamento de Tránsito
• Tener Educación Vial, y
• Manejar “a la Defensiva”.
Cuídese, y Suerte en sus proyectos,

Su hijo Nelson Alberto Barreto Mejía

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Acerca de Pablo Emilio Barreto Pérez

Pablo Emilio Barreto Pérez es: *Orden Independencia Cultural Rubén Darío, *Orden Servidor de la Comunidad e Hijo Dilecto de Managua.
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