22 de enero sangriento y asesinato de Pedro J. Chamorro C.

Recuerdos de algunos crímenes de la dictadura somocista

22 de enero sangriento y asesinato de Pedro J. Chamorro C.

*¿Cuántos fueron realmente los asesinados por la guardia somocista genocida aquel 22 de enero de 1967?

*¿Pedro Joaquín Chamorro se acercaba al FSLN?

*La sangre del doctor Chamorro salpicó a todo el país, y el incendio volcánico popular, con armas en las manos, aceleró la demolición de la dictadura terrorista, mortal y sangrienta que jefeaban Somoza Debayle, la Guardia Nacional y el gobierno genocida de Estados Unidos

• Pablo E. Barreto Pérez

La felonía o traición y los planes tenebrosos de utilizar al pueblo humilde como carne de cañón en los planes oligárquicos y dictatoriales, dejó un saldo de varios centenares de muertos en la Avenida Roosevelt (o Central) el 22 de enero de 1967.

Con esta masacre genocida llegó a su fin el caudillismo conservador de Fernando Agüero Rocha, quien como la espuma había subido a las nubes oscurantistas y retrógradas de la oligarquía, de donde bajó ese 22 de enero para convertirse en otro de los numerosos traidores de las filas de los partidos Liberal y Conservador, desde la llegada de los filibusteros yanquis en 1852 y del “Pacto del Espino Negro”, en Tipitapa, en 1927.

Agüero Rocha y demás dirigentes de la Unión Nacional Opositora (UNO) convocaron a una actividad política partidaria masiva a la Plaza de la República, y luego lanzaron a la gente convocada (la inmensa mayoría pobres de la Ciudad y del Campo) sobre la Avenida Roosevelt, rumbo a la Loma de Tiscapa (donde estaba ubicada la tenebrosa Casa Presidencial de la “Estirpe Sangrienta: los Somoza”), porque supuestamente ya estaba “arreglado” entre el Estado Mayor de la Guardia Nacional genocida y la Embajada gringa un “golpe de Estado” a Anastasio Somoza Debayle y a su Guardia Nacional genocida o ejército interventor permanente, organizado por el gobierno criminal de Estados Unidos.

Eso era lo que en supuesto “secreto” manejaban Agüero Rocha y su pandilla de traidores. A la gente se le había dicho que Somoza Debayle debía irse del poder y por ese motivo debían presionar con hacia la Loma de Tiscapa, con una manifestación masiva.

Pero en realidad lo que recibieron fue un diluvio de tiros desde el lado Sur, donde estaban ubicados el Estado Mayor de la Guardia Nacional, la Academia Militar, las cárceles de El Hormiguero, la Explanada de Tiscapa o sede de las oficinas principales de la guardia genocida y la Casa Presidencial o nido de mazmorras especiales para torturar y matar gente por parte de la tiranía opresora-terrorista del somocismo genocida.

Por un supuesto incidente o pleito entre participantes en la manifestación con el teniente G.N. Sixto Pineda, quien lanzaba agua con una manguera de una pipa hacia los manifestantes, se inició el tiroteo desde los sitios antes mencionados, quedando un río de sangre y centenares cadáveres sobre el pavimento de la Avenida Roosevelt, las cárceles llenas con unos tres mil de presos, mientras Agüero Rocha y otros traidores, corresponsables de la masacre, se refugiaban en el llamado “Gran Hotel”, ubicado en el costado Oeste del Palacio Nacional.
Hasta ese “Gran Hotel” llegó el coronel genocida Iván Alegret, con una tanqueta y cañones, para cañonear desde la misma Avenida Roossevelt a los que allí estaban refugiados.

Fue necesaria la intervención de la Embajada Norteamericana para rescatar a los que se habían refugiados en el “Gran Hotel”, la mayoría relacionados con terratenientes-latifundistas, oligarcas y, por supuesto, los que planificaron la manifestación “agüerista” masacrada por la guardia genocida.

La Guardia Nacional (o ejército interventor yanqui permanente en Nicaragua) desalojó la Avenida Roosevelt esa misma noche del 22 de enero. Echaron los centenares de cadáveres (o muertos en esa Avenida Roosevelt) en camiones del Distrito Nacional y del Departamento de Carreteras, lavaron los ríos de sangre con agua lanzada con mangueras potentes como las de los bomberos, para borrar las huellas de ese nuevo genocidio planificado y ejecutado por la tiranía genocida del somocismo y los oligarcas conservadores, jefeados por Fernando Agüero Rocha.

Nunca se supo, oficialmente, cuántos muertos fueron. Unos dicen que fueron 400 y otros que los asesinados fueron mucho más. Tal vez mil. Se dijo que .la Guardia Nacional genocida, engendro mortal del gobierno genocida de Estados Unidos, fue a echar los cadáveres en una zanja o fosa común en un sitio de la Carretera a Masaya, cerca del Zoológico Nacional.

Poco tiempo después de la masacre del 22 de enero, Agüero Rocha apareció pactando el “Kupia Kumi” (“un solo corazón”) con Anastasio Somoza Debayle, hijo “heredero”, hijo dinástico, hijo genocida, parte integrante de la “estirpe sangrienta” del tirano asesino y ladrón, Anastasio Somoza García. Agüero Rocha se sentaba en su “pata de gallina” del “triunvirato” inventado por estos vendepatrias y peleles de los yanquis; y Agüero Rocha circulaba por las calles de Managua con su llamada “pitoreta”, en un carro negro largo, como “cien pies”, que le había asignado la dictadura somocista en premio por esta nueva traición de los conservadores.

Pedro Joaquín Chamorro Cardenal

En enero también recordamos al doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, abogado, periodista, escritor, editotorialista y director del Diario LA PRENSA y opositor inclaudicable contra la tiranía genocida del somocismo.

Por esto último fue asesinado (el 10 de enero de 1978) por órdenes de Anastasio Somoza Debayle, Anastasio Somoza Portocarrero y los altos mandos de la Guardia Nacional genocida.

Los encargados de ejecutar este asesinato vil, fueron: Silvio Peña Rivas, Silvio Vega, Harold Cedeño y Concepción “Concho Cara de Piedra” Acevedo Chavarría. Este último era un “matón a sueldo”, especializado en matar gente por encargo en medio de las vendetas de los López, Chavarrías, Povedas y Carvajales en las comarcas y pueblos periféricos de la Ciudad Universitaria de León, la tierra en que por ironías históricas se crió el patriota Rigoberto López Pérez, quien ejecutó justicieramente al jefe fundador de la tiranía somocista Anastasio Somoza García, quien desde muy joven era ladrón, falsificador de billetes y después servidor asesino del gobierno criminal de Estados Unidos de Norteamérica..

Estos sujetos matones, mencionados en el párrafo anterior, emboscaron al doctor Chamorro Cardenal en las cercanías solitarias (entonces) de la Asamblea Nacional, esquina Oeste-Sur opuesta, donde lo pasconearon con disparos de escopetas, armas preferidas por matones como “Concho Cara de Piedra” Chavaría y sus compinches Silvio Peña Rivas, Silvio Vega y Harold Cedeño, a quienes doña Violeta Barrios viuda de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal les dio la “libertad” cuando era presidenta de la República en los primeros años de la década del 90, época en la que también mandó a desmantelar el Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua, 550 empresas productivas del Estado, casi cuatro mil Centros Infantiles Rurales, el Proyecto Lechero de Chiltepe y le “perdonó” ilegalmente los 17,000 millones de dólares a Estados Unidos por su agresión militar criminal a Nicaragua en la década del 80.

El asesinato del doctor Chamorro Cardenal terminó de encender la mecha explosiva popular en contra de la tiranía genocida del somocismo, la cual ya se tambaleaba por los combates militares cada vez más frontales y mortales del Frente Sandinista guerrillero en su contra, en todo el país.

Hubo manifestaciones callejeras, se quemaron empresas de la Sucesión Somoza como la Fábrica de Hilados y Tejidos El Porvenir y “Plasmaféresis”, un negocio vampiresco de extracción de sangre de Anastasio Somoza Debayle con el cubano gusano Pedro Ramos, quien inclusive había acusado al doctor Chamorro Cardenal en los juzgados somocistas por haber osado denunciarlo en el Diario LA PRENSA por los negocios de venta de sangre.

Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, periodista, abogado, antisomocista inclaudicable, Director del Diario LA PRENSA, denunciaba constantemente los robos, las matanzas de seres humanos opositores al régimen somocista genocida, los secuestros forzados y desapariciones de campesinos, publicaba los planes terroristas de aquel régimen tiránico sangriento y mortal impuesto por el gobierno criminal de Estados Unidos desde 1934, cuando Somoza García, su Guardia Nacional o ejército interventor yanqui y el propio gobierno norteamericano, mandaron a asesinar a Sandino y a todos los miembros del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional.

Yo trabajé al lado del doctor Chamorro Cardenal entre el 5 de mayo de 1970 hasta el 10 de enero de ese año 1978. Pedro Joaquín mandó a traerme a León, para laborar en la Redacción central de LA PRENSA.

Nos entendimos muy bien por ser ambos antisomocistas. Varios días antes de que lo mataran, habíamos tenido una reunión con él, los periodistas, en la Redacción de LA PRENSA, y le advertimos que el régimen genocida somocista posiblemente tenía planes de matarlo, y le recomendamos que se hiciese acompañar por amigos o familiares en su trayecto cotidiano de traslado entre su casa de Las Palmas y el Diario LA PRENSA, ya ubicado donde está hoy en la Carretera Norte.

Nos respondió que no le temía a la dictadura somocista, a pesar de que ya en el pasado lo habían mandado a echar preso y torturado, especialmente cuando Rigoberto López Pérez ejecutó al tirano genocida, Anastasio Somoza García, en 1956, en León. Precisamente por esa prisión en las mazmorras de Tiscapa, escribió “Estirpe Sangrienta: los Somoza”.
Al lado de la celda en que lo habían colocado y lo torturaban, también le pusieron un león al lado, con la amenaza de que se lo meterían en la celda tenebrosa.
No le daban de comer, y para burlarse del doctor Chamorro Cardenal, el propio Luis Somoza Debayle, cuando era presidente dictatorial, se situaba en una mesa con manjares, en la puerta de la cárcel en que estaba Chamorro Cardenal, para que lo viera comer viandas enormes, al mejor estilo de los cerdos burgueses dictatoriales.

Estaba confiado, me imagino, en que por ser gran burgués y Director de LA PRENSA, Anastasio Somoza Debayle, su hijo “Chigüin” Somoza Portocarrero y la Guardia Nacional genocida, especialmente la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería ( EEBI o Escuela de asesinos), no lo mandarían a matar de manera traicionera y matoneado, como efectivamente lo hicieron.

Los matones asesinos confesarían después que por encargo de los Somoza y de la Guardia Nacional genocida, los matones mencionados primero lo anduvieron siguiendo, estudiando por dónde y a qué hora circulaba, hasta que el 10 de enero de 1978, muy de mañana, le tendieron la emboscada en la esquina Oeste opuesta a la Asamblea Nacional. Allí estaban los matones somocistas con varias escopetas, para rociar de balas mortales el cuerpo de aquel luchador antisomocista, que ya resultaba un estorbo para los genocidas de la Loma de Tiscapa.

Chamorro Cardenal como siempre iba solo, conduciendo su automóvil, en el cual se traslada diariamente al Diario LA PRENSA, pues él personalmente dirigía el periódico, repartía tareas entre las siete y media y las ocho de la mañana, para que todos los periodistas y fotógrafos nos fuésemos a la calle a buscar las noticias, crónicas, reportajes, reseñas…y publicarlas en el periódico de la tarde o de en la mañana, porque LA PRENSA circuló en una época en la tarde y en otra, en la mañana.

La sangre del doctor Chamorro Cardenal, antisomocista inclaudicable, salpicó a todo el país, cuya conciencia se vio sacudida una vez más. Este asesinato matonesco, terrorista, le mostró a todo el pueblo que la tiranía genocida somocista ya no se detendría ante nada, ni nadie, y la verdad histórica es que la sangre generosa de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal terminó de encender el fuego volcánico de la masas populares para lanzarse a las calles, a los caminos y montañas, con las armas en la mano, para finalmente, demoler al régimen tiránico el 19 de julio de 1979, un poco más un año después de este asesinato vil en una calle solitaria de Managua.

El Diario LA PRENSA no volvió a ser igual. Era Pedro Joaquín Chamorro Cardenal quien le daba personalidad o identidad de lucha antisomocista, que a lo mejor pudo escalar hacia un comportamiento revolucionario, a lo mejor cercano o integrado al Frente Sandinista de Liberación Nacional.
LA PRENSA, como ya sabemos en Nicaragua, sólo estuvo poco tiempo “de luna de miel” con la Revolución Popular Sandinista, en la década del 80. No pasó mucho tiempo, cuando ya estaban atacando al régimen revolucionario, encabezado por la Dirección Nacional del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Este periódico convirtió su antisandinismo en una industria, en un negocio jugoso, en falacias, en mentiras, y últimamente, ya al recuperar el poder político nacional el FSLN y convertirse en Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional (en noviembre del 2006), en un medio de ataques constantes, cotidianos, en defensor de causas de la oligarquía y del gobierno genocida de Estados Unidos, que es todo lo contrario de lo que hacía el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.

Yo escribí un libro, hace varios años, titulado Masacres somocistas, en el cual se relata que la dictadura somocista genocida con su Guardia Nacional, “escuadrones de la muerte” (“Mano Blanca” era el nombre elegante que le había colocado sus jefes asesinos), los 12 mil “orejas” y “jueces de mesta”, los Militares Retirados y la Nicolasa Sevilla, ejecutaron no menos de 400 masacres conocidas, en 45 años de crímenes horrendos, parecidas a las del 22 de enero de 1967 y centenares de asesinatos como este del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.

Vaya mi homenaje y recuerdo sincero para Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, quien fue uno de mis maestros de “periodismo ágil, objetivo, verídico, imposible de desmentir”, como él proclamaba diariamente cuando nos repartía tareas a las ocho de la mañana en la Redacción del Diario LA PRENSA.

Managua, enero del 2010.

Pablo E. Barreto Pérez: periodista, investigador histórico, fotógrafo, Cronista de la Capital, editor, Orden Independencia Cultural Rubén Darío, Hijo Dilecto de Managua, Orden Servidor de la Comunidad del Movimiento Comunal Nicaragüense, Orden José Benito Escobar Pérez de la Central Sandinista de Trabajadores (CST nacional) y Orden Juan Ramón Avilés de la Alcaldía de Managua.

Residente en la Colonia del Periodista, No. 97, frente al portón del parque. Teléfonos: 88466187, 88418126 y 22703077.

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Acerca de Pablo Emilio Barreto Pérez

Pablo Emilio Barreto Pérez es: *Orden Independencia Cultural Rubén Darío, *Orden Servidor de la Comunidad e Hijo Dilecto de Managua.
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Una respuesta a 22 de enero sangriento y asesinato de Pedro J. Chamorro C.

  1. Rosa Abet dijo:

    TE FELICITO PABLO UN TRABAJO A MANERA DE HOMENAJE POR LOS MASACRADOS DEL 22 DENERO Y EL POR EL MARTIR DE LAS LIBERTADS PUBLICAS , MUY BUENO Y CON MUY BUENA INFORMACION PARA LOS JOVENES DE ESTA GENERACION QUE DECONOCEN PARTE DE LA HISTORIA DE NICARAGUA. UN SALUDO .

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