Víboras: Aumentan muertes humanas por mordeduras de serpientes

700 fueron mordidos por serpientes venenosas, en 2008, en Nicaragua
Aumentan muertes humanas por mordeduras de víboras
*En Estados Unidos 7,000 son lesionados al año

Pablo E. Barreto Pérez

En los últimos meses he estado viendo en canales internacionales de televisión, y oyendo en radioemisoras locales nicaragüenses, acerca de historias cada vez más terribles acerca de personas que han sido víctimas de apretones casi mortales de anacondas y pitones, y de mordidas mortales de cascabeles, “barba amarilla”, terciopelo, corales, crótalos, cornuda, víboras marinas, cobras africanas, aspis españolas, etc.
Son alarmantes los informes suministrados por el Ministerio de Salud de Nicaragua (MINSA) acerca de que en al año 2008 hubo diez seres humanos muertos por mordeduras de serpientes venenosas, más 700 lesionados por la misma causa, especialmente en sitios geográficos como Río San Juan, en el costado Sur del Lago Cocibolca o de Nicaragua, Chontales, Jinotega, Matagalpa y Regiones Autónomas del Sur y Norte del Atlántico.
En el año 2007 hubo nueve muertos por mordidas de serpientes y 627 lesionados, lo cual indica que este fenómeno de mordeduras de serpientes venenosas a seres humanos va en aunmento, según la información suministrada por Jesús Marín, de Toxicología del Ministerio de Salud.
Algunos entendidos en esta materia del comportamiento de las serpientes y de los seres humanos poco prudentes al internarse en el campo, o en zonas rurales, los muertos y lesionados graves por mordeduras de serpientes en Nicaragua, son mucho más, pues se dan situaciones de mordidos por víboras que nunca informan nada.
Leyendo otras informaciones en INTERNET pude enterarme de que en Estados Unidos 7,000 seres humanos son mordidos por serpientes venenosas, especialmente por crótalos, una variedad de cascabel. No pude encontrar la cifra de muertos por esta causa en Estados Unidos.
En esas mismas informaciones, pude notar que donde hay más mordidos por víboras con venenos potentes es en Brasil, la India y en general en las montañas del Amazonas, en América del Sur.
Hurgando en ese mundo de INTERNET me encontré con que al Este de Brasil, en el Océano Atlántico, inclusive hay una llamada Isla de las Serpientes, en la cual hay decenas de miles de serpientes venenosas y no venenosas.
Esa Isla de las Serpientes ha sido declarada Área o Zona Protegida, un parque Nacional protegido, adonde sólo llegan científicos estudiosos de este tipo de fauna, previamente autorizados por el gobierno brasileño. ES decir, allí nadie se mete porque resulta extremadamente peligroso.
En el Ministerio de Salud de Nicaragua se asegura que la mayoría de los fallecidos por inyección de veneno de serpientes, han muerto porque sus familiares los llevaron “tarde” a las Unidades de Salud más cercanas, o sencillamente se les dificultó transportarlos para que recibieran atención médica adecuada.
Marín, del MINSA, al brindar información especializada, recordó que los síntomas de mordeduras de serpientes venenosas, son, entre otros: dolor fuerte, ardores, calor en el cuerpo, especialmente en el sitio de la mordida; cambios de color en la piel, náuseas, sudoración abundante, escalofríos, mareos, dificultad para respirar y tragar, hemorragia en el sitio de las heridas (también se puede dar por dentro, por los daños que va causando el veneno), convulsiones, visión borrosa y alteración del estado mental.
Marín recordó asimismo que las serpientes en general, incluyendo las víboras, sólo buscan alimento, y que rara vez atacan, a menos que se vean en peligro, en la necesidad de defenderse.
Cuando atacan a seres humanos, como andan mayoritariamente en el suelo, muerden en los pies, en los tobillos y rara vez a la altura de las rodillas. Las manos son alcanzadas cuando por alguna razón el ser humano se vio obligado, precisamente, a usar sus manos o porque la serpiente venenosa estaba en una rama, como es el caso de la “barba amarilla”, más “brava”, más agresiva que la cascabel. Esta “barba amarilla” es común en zonas húmedas y montañosas en el Norte y Costa Atlántica de Nicaragua.
Una víbora de estas te puede caer también desde la rama de un árbol, pues se suben a los árboles en busca de comida, y recuerdo cómo una serpiente venenosa le cayó en la hamaca en que dormía a un vecino de apellido Alemán en la Comarca San José de la Cañada, en Managua. La serpiente cayó dentro de la hamaca, y al moverse el vecino, la víbora lo mordió, y le causó la muerte.
Generalmente, estas víboras comen ratas, lagartijas, garrobos, aves pequeñas, si las agarran; etc., a todas las cuales les inyectan veneno, para neutralizarlas, matarlas, y después las engullen, se las tragan. Hacen labor de caza, espían y se lanzan al ataque contra estos animales, por hambre.
En el caso de las boas (estas abundan en Nicaragua), las anacondas y pitones, estos atrapan a sus víctimas, las envuelven con su cuerpo, las aprietan hasta afixiarlas y provocarles fracturas en todo el cuerpo, lo que ha ocurrido hasta con seres humanos y animales como vacas, caballos, terneros, cabras y otros animales grandes.
Estas anacondas (en el Sur de América), pitones (en el Norte de América) y boas, igual abren la enorme bisagra de sus mandíbulas, y engullen, tragan a sus presas enteras, y después las “trituran” con sus jugos gástricos.
Las víboras generalmente son de cabeza triangular, de piel adornada de una faja ondulada longitudinal, con escamas aquilladas y de cola corta. Poseen dos dientes huecos en la mandíbula superior y a través de ellos inyectan, al morder, el veneno procedente de las glándulas venenosas. En el caso de las cascabeles, estas tienen, precisamente, un cascabel (“chischil”, dicen los campesinos nicaragüenses) en el extremo de la cola, el cual mueven agitadamente. Con este “chischil” hacen mucho ruido como para advertir que están siendo molestadas.
Estas víboras de cascabel, ante la presencia inesperada de seres humanos y animales como perros, vacas, cabras, etc., además del ruido mencionado, cuando se ven en peligro, se detienen, se enrollan, mientras mueven el “chischil”, y la cabeza queda paradita en medio del enrollado, ya sea entre el monte o en el suelo limpio. Si se “siente atacada” o “en peligro”, lanza la mordida desde dónde está enrollada.
Yo nací y me crié en el campo, en la Comarca de El Tololar, contiguo a la Ciudad de León, Nicaragua, con mis hermanos: Ángela, Julio, Mauricio, Leopoldo, Josefina, Anita y Calimela, y entre otros asuntos propios de las zonas rurales, aprendimos algo vital que mi padre, Octavio Barreto Centeno, nos recomendaba para evadir o enfrentar posibles mordeduras de víboras, específicamente cascabeles, terciopelo (“mano de piedra”, le decía mi padre) y corales.
“Cuando vayan al campo, al potrero, al camino situado entre cultivos agrícolas, a la orilla del río, en las montañas y cerros que tenemos aquí, cuando vayan a las faldas del Cerro Negro, del Volcán Momotombo y del Volcán Las Pilas, pónganse botas altas, con calcetines gruesos hasta la rodilla, más el pantalón largo y amarrado abajo como hacen los militares, hagan guantes de sacos de bramantes y pónganselos hasta la altura de los codos, vayan con un machete Cuma o bordón metálico apartando las hierbas y matorrales, fíjense dónde van poniendo los pies y vean que no haya culebras en las ramas bajas por donde van pasando y, si es de noche, lleven un buen foco (linterna) de mano y extremen las precauciones, para no ser víctimas de mordeduras de serpientes venenosas”, nos indicaba Octavio Barreto Centeno.
Agregaba: “Ustedes saben bien que parte de la comida semanal de nosotros, la conseguimos cazando de noche cusucos, conejos, guardatinajas y venados… pues siempre que nos encontremos con una cueva de cusuco, no permitamos que los perros metan sus patas ni su hocico, y nosotros tampoco vayamos nunca a meter las manos. Para eso andamos siempre una coba, machetes y pedazos de metal, para sacar estos animales sin ponernos en peligro nosotros”.
La recomendación era igual de mi padre cuando íbamos a cortar guineos, plátanos y bananos en un pequeño plantío, que igualmente nos servía para la comida en la finquita de El Apante, un sitio cercano a los Hervideros de San Jacinto.
En esas giras nocturnas de caza familiar para la comida y de trabajos cotidianos en el día, la recomendación de mi padre era siempre la misma en relación al problema siempre presente de las víboras y otros animales.
Y cuando leía en INTERNET hace pocos días sobre este problema de los mordidos por serpientes, recordé la Serpiente Emplumada que nuestros abuelos indígenas pintaron hace no menos de dos mil años en la pared Oeste de la Laguna de Asososca, de donde Managua extrae todos los días 11 millones de galones de agua potable para los vecindarios de Monseñor Lezcano, Altagracia, Juan Emilio Menocal, Las Brisas, Linda Vista, Valle Dorado, Acahualinca, Bataholas Sur y Norte, etc.
Asimismo, recordaba que abuelos indígenas mayas dejaron patente la imagen de serpientes en sus construcciones monumentales, en los templos, en sitios funerarios, en las canchas de juegos de pelota, tanto en México como en Guatemala, Belice, Honduras y El Salvador.
Me acordaba de una anécdota extraordinaria escrita por Luis Carrión Montoya, finquero capitalino en la Península de Chiltepe (en el Lago de Managua), quien contaba que un vecino suyo, finquero también, le contó que hace más de 30 años tuvo un forcejeo casi mítico con una serpiente enorme, supuestamente una boa, que lo atacó mientras él se subía a su jeeps en las cercanías del Cráter del Volcán Apoyeque.
Resulta que él andaba inspeccionando el ganado de su finca en Chiltepe. Al volver al sitio en que tenía el jeeps, estaba la serpiente alojada debajo del vehículo. Cuando quiso subirse al jeeps, la serpiente lo atrapó por uno de los pies y se trenzó en lucha con ella, hasta que la mató con un cuchillo que logró sacar del pantalón en medio de la apretazón que le hacía la culebra.
Efectivamente, en la Península de Chiltepe abundan las boas enormes, especialmente en los paredones de bajada al Cráter profundo del Volcán Apoyeque. Yo las he visto porque he andado allí haciendo investigaciones sobre este Volcán explosivo de Managua. Son boas, pienso, muy viejas, pues se ven enormes de gruesas y largas. Nunca me atreví a agarrar una, porque sé lo peligroso que resulta ese asunto.
En los programas de televisión mencionados arriba, se indican de los esfuerzos actuales de mejorar los antídotos contra estos venenos potentes de serpientes venenosas. Y además existe la preocupación actualmente de enseñarle a campesinos y seres humanos de las ciudades a manejar eficientemente estos sueros antiofídicos para salvar a aquellos seres humanos que han sido mordidos por víboras, y lo mejor, aseguran, es tomar las medidas correspondientes para no ser mordido por serpientes venenosas.

Managua, 19 de noviembre del 2009.

Pablo E. Barreto Pérez: periodista, editor, investigador histórico, fotógrafo, Cronista de la Capital, Orden Independencia Cultural Rubén Darío, Hijo Dilecto de Managua, Orden Servidor de la Comunidad del Movimiento Comunal Nicaragüense, Orden José Benito Escobar Pérez de la Central Sandinista de Trabajadores (CST nacional) y Orden Juan Ramón Avilés de la Alcaldía de Managua.

Residente en la Colonia del Periodista No. 97, frente al portón del parque, en Managua. Teléfonos: 88466187, 88418126 y 22703077.

Anuncios

Acerca de Pablo Emilio Barreto Pérez

Pablo Emilio Barreto Pérez es: *Orden Independencia Cultural Rubén Darío, *Orden Servidor de la Comunidad e Hijo Dilecto de Managua.
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Víboras: Aumentan muertes humanas por mordeduras de serpientes

  1. Francisco Talavera dijo:

    Muy interesante el articulo, es bueno saber estos detalles de personas conocedoras del tema. Le felicito por su aporte, porque ademas la proxima semana voy a hacer turismo con toda mi familia a San Juan del sur, pensamos estar una semana por alla.

Los comentarios están cerrados.