Vaticano: ¿“Distinguirá” a los asesinos de Monseñor Romero?

Foto Pablo E¿Vaticano premiará a uno de los herederos de D`Aubuison?

¿Será que el Vaticano “distinguirá” a los asesinos de Monseñor Romero?

Se ha denunciado que los “escuadrones de la muerte” de El Salvador están “vivitos y coleando”, y los areneros de Antonio Saca no han rendido cuentas, todavía, por los crímenes de estos grupos de asesinos salvadoreños

Pablo E. Barreto Pérez*

El 22 de enero de 1932 hubo una gran matanza de seres humanos en El Salvador, ejecutada por “mi general Maximiliano Hernández Martínez”, jefe del Ejército y presidente de la República, un “demócrata anticomunista puro”, servidor muy leal de la oligarquía terrateniente y bancaria salvadoreña y del gobierno criminal genocida de Estados Unidos.

Todos aquellos campesinos, indígenas izalcos, obreros, estudiantes universitarios, intelectuales y mujeres salvadoreñas, 32,000 en total, eran “comunistas” y por eso debían morir tiroteados a mansalva, fusilados sin juicio alguno, torturados hasta morir y sus cadáveres llevados clandestinamente a tumbas colectivas, incluyendo al legendario Miguel Mármol.

Mataron, entonces, a Agustín Farabundo Martí, Mario Zapata y Alfonso Luna, y a otros 32,000 salvadoreños sólo porque pedían no seguir siendo reprimidos, perseguidos y asesinados por el régimen criminal proyanqui de “mi general Maximiliano Hernández Mártinez”.

Ese crimen de lesa humanidad ahí está pendiente de que el pueblo salvadoreño lo resuelva en su favor histórico, porque de todas maneras el fin les llega a los asesinos.

Se registraron otras matanzas en El Salvador, después de diciembre de 1931 y en 1932.

El pueblo se siguió organizando en sindicatos de obreros, maestros, campesinos y también en organizaciones políticopartidarias, porque en 1932 no logró sus ansiadas libertades “democráticas”.

El tiempo avanza y la Historia no se detiene, especialmente porque los oprimidos siempre están buscando cómo quitarse de encima el yugo oligárquico y de opresión militar.
Y así llegamos al 24 de marzo de 1980, cuando un miembro de uno de los escuadrones de la muerte, fundado y dirigido por Roberto D” Aubuison, le pegó un tiro en el corazón al queridísimo Arzobispo Oscar Arnulfo Romero, dentro de la Catedral Metropolitana en que el prelado oficiaba Misa.

Todo el mundo supo, no sólo en El Salvador, que D” Aubuison, exmayor del Ejército salvadoreño, estaba detrás del asesinato de Monseñor Oscar Arnulfo Romero.

D” Aubuison, fue al mismo tiempo, además de ser uno de los organizadores de los escuadrones de la muerte, también uno de los fundadores de ARENA, y se afirma que esta organización política estuvo y está ligada a los intereses más genuinos del Ejército, de la oligarquía salvadoreña, ligada a los terratenientes voraces, a banqueros y grandes comerciantes salvadoreños, ligados, inclusive, a las trasnacionales del imperialismo yanqui.

Como sabemos todos en Centroamérica, al producirse la rebelión civil armada del pueblo salvadoreño, en la década del 80, el ejército de El Salvador desarrolló una nueva matanza, bastante parecida a la de 1932, y ahora apoyada directamente por el gobierno criminal yanqui, cuyos jefes confesaron que sostener esa matanza costaba un millón de dólares diarios. ¿Por qué lo hacían los gringos? ¿Por qué son generosos y democráticos?

¡No! Es que los oligarcas, terratenientes, banqueros, comerciantes grandotes y areneros, aunque tengan distintos niveles sociales y económicos, pertenecen a la misma banda de los escuadrones de la muerte que mataron a tanta gente sencilla en El Salvador.

Estos areneros, a los que honrosamente pertenece don Antonio Saca, son especialistas también en sembrar terror, miedo, tienen “postgrados” en manipulación para sembrar dudas; son eficientes fabricantes de mentiras, atizadores de conflictos, todo lo cual les ha sido enseñado por especialistas de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), el Pentágono (Ministerio de agresiones militares por el mundo) criminal gringo y el sucio albañal del Departamento de Estado (Cancillería) de Estados Unidos.
Don Saca está sembrado en esos genes clasistas de opresión y criminalidad salvadoreña, la cual al parecer, han heredado gustosamente de sus “padres colonizadores” Hernán Cortez y Pedro de Alvarado, quienes, en plena conquista genocida española, llegaron persiguiendo a los indígenas pipiles en territorio salvadoreño, especialmente por Suchitoto y el Cerro de Las Pavas, allá en el Valle de Las Hamacas.

ARENA está ligado a crímenes de lesa humanidad. Son recientes. Es historia reciente. Esa sangre generosa está todavía húmeda. Es sangre que todavía clama acciones justicieras en El Salvador y en el mundo.

Estos son criminales que no han pagado sus crímenes. La sangre de Monseñor Oscar Arnulfo Romero todavía corre entre el dolor de nosotros los centroamericanos y por la columna vertebral gigantesca de la Cordillera de los Andes, en América del Sur.

Me pregunto, entonces, ¿el Papa Benedicto XVI y los Cardenales de la Dirección Divina del Vaticano van a distinguir o premiar a Saca porque sus areneros políticos, sus escuadrones de la muerte y sus militares opresores mataron a Monseñor Romero y a varias decenas de miles de salvadoreños, en la década del 80?
Saca es presidente de la República de El Salvador porque ARENA (Alianza Republicana Nacionalista (¿?) lo propuso, y ganó las elecciones mediante la manipulación y el terror, impuesto de madrugada, en casi todo el país, según fue denunciado cuando se efectuaban los comicios electorales.

Se ha solicitado la canonización de Monseñor Romero al Vaticano, pero la respuesta de los honorables dirigentes católicos de Roma, ha sido el silencio.

En cambio, acuden presurosos, según se denuncia ahora, a prestarse para darle una distinción honorífica y de gran envergadura, precisamente, a uno de los seguidores más genuinos de los que asesinaron a Monseñor Romero y a decenas de miles de salvadoreños.

Espanta, aterra, amigos salvadoreños, el sólo hecho de que se anuncie de que un arenero vaya a ser “distinguido” por el Vaticano, porque las autoridades del Vaticano más bien debieran revisar la conducta de estos areneros que dicen ser católicos, porque en realidad, son escubridores de magnicidios y de genocidio en Monseñor Romero y en el pueblo salvadoreño.

Gente, cuyas organizaciones políticas y militares, han estado implicados en matanzas, magnicidios y genocidios, no pueden recibir, no deben recibir, a mi sano juicio, una distinción relacionada (!qué ironía más horrible!) con asuntos de paz y protección para los pueblos.

Me imagino que hay otros hombres y mujeres, en El Salvador y en Centroamérica, que realmente merecen ese galardón y debieran buscarlos, escogerlos, para que todo mundo quede contento.

No soy salvadoreño, soy nicaragüense, pero francamente me opongo a que el Vaticano le dé esa distinción a este arenero Saca, porque no la merece y las sospechas, como se ve, están de por medio.

*Pablo E. Barreto Pérez:

Periodista, editor, investigador histórico, fotógrafo, Cronista de la Capital, Orden Independencia Cultural Rubén Darío, Hijo Dilecto de la Ciudad de Managua, Orden Juan Ramón Avilés de la Alcaldía de Managua, Orden Servidor de la Comunidad del Movimiento Comunal Nicaragüense, Orden José Benito Escobar Pérez de la Central Sandinista de Trabajadores.

Residente en la Colonia del Periodista No. 97, frente al portón del parque en Managua. Teléfonos: 88466187 y 22703077.

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Acerca de Pablo Emilio Barreto Pérez

Pablo Emilio Barreto Pérez es: *Orden Independencia Cultural Rubén Darío, *Orden Servidor de la Comunidad e Hijo Dilecto de Managua.
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