93 siniestros en siete años Incendios: tragedias reiteradas en Mercado Oriental

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93 siniestros en siete años
Incendios: tragedias reiteradas en Mercado Oriental

1,502 tramos quemados el 31 de julio y primero de agosto del 2008. Cuatro manzanas destruidas, y 2,000 millones de córdobas en pérdidas, según informes oficiales

(Este texto forma parte de un libro que escribí en el año 2001, titulado “Mercados de Managua”, en el cual, precisamente, abordé la Historia de estos centros comerciales populares capitalinos y, por supuesto, el fenómeno trágico de los incendios y el desorden que siempre les acompañó desde que Managua fue destruida por el Terremoto de diciembre de 1972)

Pablo E. Barreto Pérez

Antes del Triunfo de la Revolución Sandinista, en 1,979, los incendios voraces, aterradores, destructores de numerosos Tramos y Tiendas comerciales fueron comunes y frecuentes en el Mercado Oriental.

En la época del gobierno revolucionario disminuyeron considerablemente, pero volvieron a ocurrir, al extremo de que hubo (y existe todavía) un sector llamado “La Zona Quemada”, ubicada por el llamado “Manguito”, colindante con el predio inmenso de los ferreteros.

Recuerdo que durante uno de los incendios pavorosos en la llamada Zona I, durante el gobierno revolucionario, hasta se agredieron mutuamente varios bomberos voluntarios y del Sistema Nacional contra Incendios (SINACOI) por “malos entendidos”.

Por falta de tiempo, no me fue posible ahondar en todos las décadas pasadas en cuanto a los incendios en el Mercado Oriental.
Dediqué el tiempo y espacio a un período entre 1,994 y 2001, durante el cual ocurrieron 93 incendios, según los registros oficiales de la Dirección General de Bomberos de Nicaragua (del Ministerio de Gobernación), gracias a la colaboración del teniente Enrique Lacayo y de Ana María Meléndez, de Informática y Oficialía.

Ubico aquí esta lista, porque será valiosa, históricamente hablando, para estudiantes y periodistas.
El listado comienza con un incendio ocurrido el martes 18 de enero de 1,994 en Importaciones Javier y Farmacia Kimberly, ubicados ambos de la Casa de los Encajes una cuadra al Norte. La causa fue por un corto-circuito y las pérdidas ascendieron a un millón 450 mil córdobas.

El sábado 5 de febrero de 1,994, a las doce del día, hubo otro voraz incendio en la Clínica Veterinaria y vivienda de Ciudad Jardín (ubicada dentro del Mercado Oriental), del Supermercado La Colonia media cuadra al Oeste.
La Dirección General de Bomberos reportó que las causas también fueron eléctricas. El propietario de la Clínica Veterinaria, Francisco Maldonado Lovo, informó que las pérdidas fueron de 39, 000 córdobas.

Dos viviendas fueron consumidas por las llamas el jueves 24 de marzo de 1,994, a las 11 y 45 minutos de la mañana, en el Barrio Los Ángeles, el cual se encuentra “zampado” dentro del Mercado Oriental, debido al crecimiento acelerado y desordenado de este centro comercial popular de Managua.

El origen de este incendio fue por llamas, es decir, fuego de candelas, candiles, fogón de cocina o fósforo, y las pérdidas ascendieron a 45,000 córdobas, informaron Alejandra Díaz Martínez y Clear Martínez, propietarios de las dos casitas.

En el mismo Barrio Los Ángeles (Mercado Oriental) se quemó parcialmente la casa de Marvin Molina González el 30 de marzo de 1,994 a las cinco y 51 minutos de la tarde. La causa fue eléctrica, de acuerdo con el informe bomberil. Las pérdidas fueron pocas, de apenas 500 córdobas.

El tres de abril de 1,994, a las siete de la mañana, se registró otro siniestro en el Colegio Andrés Castro, situado en una casa de Ciudad Jardín, de las que están dentro del radio de funcionamiento del Mercado Oriental.

Igualmente el origen fue eléctrico, detalla el informe oficial de la Dirección General de Bomberos. Raúl y Humberto Fonseca Linares informaron que las pérdidas subieron a 5, 000 córdobas.

Frente a la Estación IV de la Policía, situada en el Mercado Oriental, se quemó un automóvil marca DATSUN el 5 de octubre de 1,994 a las nueve de la noche.
El automóvil se quemó por un derrame de gasolina y según su propietario, Uriel Medina Larios, las pérdidas fueron de 1,500 córdobas.
El tramo comercial de José Ramírez Duarte, ubicado del Gancho de Caminos media cuadra al Norte, tomó fuego el 16 de octubre de 1,994 a las cuatro y 54 minutos de la mañana. El informe bomberil informaba que hubo un derrame de químicos, seguido de fuego, lo cual ocasionó pérdidas de 61,500 córdobas.

Un vehículo Nissan se convirtió en tea metálica el 28 de noviembre de 1,994 a las dos de la tarde, de la Casa de los Encajes una cuadra al Sur y una cuadra al Este. Mercedes Rivera Zapata informó que sus pérdidas fueron de tres mil córdobas. La causa fue un corto-circuito en el sistema eléctrico del automóvil.

Siempre en el Mercado Oriental, casi frente al Cine México, se quemó una camioneta Toyota el 6 de diciembre a las once de la mañana.

Según el informe bomberil, de repente la camioneta estalló en llamas, se supone debido a un derrame de combustible, informaron sus propietarios José Areas Urrutia y Eugenio Pasos. Las pérdidas fueron de 7,800 córdobas.

El 31 de diciembre de 1,994, a las ocho de la noche, explotó un portentoso incendio en la Ferretería de Gustavo Pastora, ubicada de la Iglesia de El Calvario una cuadra y media al Sur, es decir, en el corazón del llamado Sector de los Ferreteros. Las pérdidas subieron a un millón 613 mil córdobas, de acuerdo con el peritaje realizado.

Más pérdidas en 1,995

Cinco Tiendas del Mercado Oriental se quemaron el 22 de febrero de 1,995, a las ocho y 16 minutos de la mañana, de la Casa de los Encajes una cuadra al Norte, yendo hacia la Jabonería América, colindante con la Iglesia de El Calvario.

Este incendio fue tan voraz y destructor como la mayoría de los siniestros ocurridos en décadas pasadas en los Mercados Central, San Miguel y el mismo Oriental.
Una vez más se presentó como causa el corto-circuito, indica el informe extenso de la Dirección General de Bomberos. Los tramos quedaron en cenizas.
Las pérdidas materiales subieron a un millón 655 mil córdobas. Los propietarios de las tiendas eran de los pocos comerciantes que tenían o tienen seguro contra incendios en el Mercado Oriental.
Yuseef Salaan, turco o árabe, residente dentro del Mercado Oriental, en una de las tiendas de Ciudad Jardín, sufrió incendio de su camioneta Toyota el 17 de marzo de 1,995, a las doce y ocho minutos de la noche.
La camioneta se quemó por una falla eléctrica, y las pérdidas ascendieron a 2,000 córdobas.
Rosa Argentina Benavidez Tapia, de las comerciantes pobres, que no pueden pagar un seguro contra incendio, sufrió la quema de su tramo de venta de ropa confeccionada, ubicado del Gancho de Caminos una cuadra al Norte, en las cercanías de la Tienda Rolter.
Este incendio se registró el 29 de marzo de 1,995, a las once de la noche, por causas eléctricas también. No se supo a cuánto ascendieron sus pérdidas materiales.
Numerosos tramos del Mercado Oriental se quemaron a las dos y media de la mañana del 3 de mayo de 1,995, exactamente de la Iglesia de El Calvario, una cuadra al Sur, donde las tienditas son tupidas, unas encima de otras y los pasillos de paso estrechísimos, pues con dificultad camina una sola persona por ellos.
Esto puso en graves aprietos a los bomberos capitalinos, pues como pudieron arrastraron hasta allí las mangueras con agua a presión, para poder controlar el incendio.
Las causas, una vez más, fueron eléctricas y las pérdidas, según registra la Dirección General de Bomberos, fueron de 2 millones 861 mil córdobas.
Eduardo Mora, propietario de Tiendas Textiles Populares, igualmente sufrió incendio el 24 de noviembre de 1,995, a la una de la mañana. Un circuito eléctrico le destruyó casi todo en su Tienda, pero no se reportan con precisión las pérdidas en términos financieros.
El Barrio San José Oriental, también está considerado como dentro o en los límites del Mercado Oriental. Pues allí hubo un incendio voraz en la vivienda de Miriam López Castillo por llamas de candelas o candiles, provocando pérdidas de tres mil córdobas.
El Bar de Pablo Robles tomó fuego a las diez y media de la noche del 3 de diciembre de 1,995, aparentemente por una llama en el fogón.
No se supo cuánto fueron las pérdidas económicas.

Trágico 1,996 en el Oriental

El año de 1,996 fue también rudo en pérdidas para comerciantes del Oriental, debido a los incendios inesperados. Estos comenzaron el 25 de marzo, a las siete y cinco minutos de la mañana con llamaradas en las Tiendas o Tramos de Flor de María Cortez, Pablo Pérez y Cándida Rosa Fletes, ubicados en el costado Sur de la Estación IV de la Policía.
La causa fue una llama y las pérdidas registradas son de 28,500 córdobas.
La vivienda de Yolanda Hurtado Rueda, ubicada en Ciudad Jardín, se quemó parcialmente el 29 de marzo a las diez y media de la noche.
El 27 de abril, a la una y 42 minutos de la mañana, se quemaron ocho tramos de abarrotes, situados del Gancho de Caminos una cuadra al Norte. Las causas fueron eléctricas. No se conocieron los montos de los daños.

La casa de Ernesto Antonio Hernández Zamora, ubicada de la Pizza Amarilla, una cuadra al Este y media al Norte, se quemó parcialmente por una llama, aparentemente originada en la cocina de la vivienda. Este incendio fue el tres de mayo a las once de la noche.
Otros cuatro Tramos o Tiendas del Mercado Oriental se quemaron a las siete de la noche del 14 de mayo de 1,995. El incendio se registró de la Casa de los Encajes una cuadra al Norte; las causas fueron eléctricas. No quedó muy claro de cuántas fueron las pérdidas materiales.
El 24 de mayo, a las cuatro y 25 minutos de la tarde, se quemó un tramo de venta de carbón, de la Iglesia de El Calvario una cuadra al Sur. José Esteban González Gómez, el propietario, informó que una llama del fogón había ocasionado el incendio, cuyas pérdidas ascendieron a 1,500 córdobas.

Seis tramos tomaron fuego el 18 de julio, a las cinco y 15 minutos de la mañana, debido a causas eléctricas, provocando pérdidas por dos millones de córdobas, informaron Daysi Artola y Maynor Tercero, dos de los propietarios de los Tramos incendiados. Este devastador incendio, por causas eléctricas, se registró de la Casa de los Encajes, una cuadra al Norte y una cuadra al Oeste, es decir, en el corazón del Mercado Oriental.

Otra vivienda se quemó parcialmente en las cercanías de la Tienda Gloria de Araica, en Ciudad Jardín, el 8 de septiembre a las siete y 20 minutos de la noche. Este incendio se produjo por derrames químicos. No se reportaron los montos de las pérdidas.

Por causas químicas se incendió también una caseta de José Alfredo Vargas, ubicada del antiguo Cine Jardín 3 cuadras al Norte y una cuadra al Oeste. Las pérdidas fueron de 2,200 córdobas.
Un tramo de frutas de Santos Barrera Orozco tomó fuego el 30 de octubre a las diez y 25 minutos de la noche, debido a causas eléctricas, provocando daños hasta por la suma de 1,500 córdobas.
En el corazón del Oriental, por la Azucarera, se incendió el kiosco de María Eugenia cuando a las once de la noche del 14 de octubre. Se volvió a presentar la causa eléctrica. Las pérdidas reportadas son de 1,840 córdobas.
Muy cerca del Cine México, casi en el centro del Mercado Oriental, se incendiaron dos tramos y dos casas el 15 de octubre a las siete y media de la noche.
La causa fue una llama de fogón y las pérdidas reportadas son de un millón 503 mil córdobas.
En la misma dirección anterior, por causas eléctricas, se quemó la casa de Fátima García Ruiz el 21 de octubre a las siete y 15 minutos de la noche. Las pérdidas reportadas son de 15,000 córdobas.
En uno de los bordes de Ciudad Jardín en el Mercado Oriental se quemó la casa de René Martínez Münkel, lo cual ocurrió por causas químicas, según el reporte de la Dirección General de Bomberos de Nicaragua. Este incendio se registró a las diez y media de la noche del 26 de octubre.

Uno de los acontecimientos más aterradores en cuanto a incendios en el Mercado Oriental ocurrió el 21 de diciembre de 1,996, a las dos de la tarde, cuando se incendiaron 32 tramos, situados frente al Supermercado La Unión, es decir, en la fila de tiendas pequeñas que existen desde la Casa de los Encajes a la gasolinera Shell y luego con doblada a la derecha por la Calle principal de Ciudad Jardín.

Una llama causó este incendio, el cual dejó pérdidas de 510,000 córdobas.

La Farmacia Los Madrigales, ubicada de El Calvario dos cuadras al sur, en el corazón del Oriental, se quemó también el 27 de diciembre a las diez y media de la noche. El incendio se originó en defectos eléctricos internos. No se reportaron los montos de las pérdidas en dinero.

21 Tramos quemados en 1,997

El año de 1,997 se inició con la quema de otros 20 Tramos en el Mercados Oriental, ubicados de la Casa de los Encajes una y media cuadra al Oeste, es decir, donde este centro comercial es más denso de comerciantes y tiendas de ropa, calzado, mochilas, zapatos, etc.
Este incendio tiene registro histórico el 4 de mayo de 1,997 a las diez de la noche. En mercadería se perdieron un millón 815 mil córdobas. La causa fue otro corto-circuito.
Un carro Hiunday, de Henry Alegría, se quemó de los semáforos del Gancho de Caminos hacia el Norte, a las seis de la tarde del 9 de julio. El automóvil se quemó por un corto-circuito en el sistema eléctrico.
Tres tiendas de abarrotes resultaron parcialmente afectadas al incendiarse un transformador eléctrico en el costado oeste del Cine México el 22 de mayo a las doce y media del día. Las pérdidas de las Comerciantes fueron de 14,500 córdobas.

Un carro Mazda tomó fuego en las cercanías del Cine México el primero de septiembre a las doce y media del día. Al parecer fue por un derrame de combustible.
Del Gancho de Camino dos cuadras al Norte, cerca del Jardín del Calzado, se quemó parcialmente la casa de David Hogson, hecho ocurrido el 4 de septiembre. El origen fue una llama, al parecer en la cocina.
El Centro Médico Angélica García se incendió el 12 de noviembre a las tres de la tarde por causas eléctricas, ocasionando pérdidas por 15,000 córdobas.
Dos transformadores de ENEL tomaron fuego frente a ENABAS central, es decir, hacia el interior del Mercado Oriental, el 14 de diciembre a las nueve de la mañana. No se conocieron los montos de las pérdidas.

De la Casa de los Encajes media cuadra al Este, en una de las partes más nutridas del Oriental, tomó fuego una camioneta Isuzu, propiedad de Damaris Jarquín Miranda, vendedora de este centro de expendio popular. El incendio se originó por un corto-circuito y está registrado el día 25 de noviembre a las cinco y media de la tarde. Las pérdidas no se conocieron.

De la gasolinera Esso cuadra y media al Oeste, en el mismo Mercado Oriental, se incendió un carro propiedad de Camilo Argüello, debido a problemas eléctricos. Esto fue el 2 de diciembre a las tres y media de la tarde.

Una venta de pólvora, propiedad de Eduardo Morales, se quemó el 28 de diciembre por causas mecánicas, según el informe de la Dirección General de Bomberos.

48 tramos convertidos en cenizas en 1,998

1,998 se inicia con el incendio de la Tienda Leticia, ubicada casi frente al Cine México. Esto fue el 12 de febrero. Denis Hernández, el propietario, informó que sus pérdidas, en dinero, fueron de 26,000 córdobas.
Un carro Lada, propiedad de Ramón Picado, se quemó en una de las calles de Ciudad Jardín, el 21 de enero a las cuatro y 12 minutos de la tarde. Fue por un derrame de combustible.
Se volvió a quemar el Colegio Andrés Castro y varios comercios el primero de marzo a las dos y media de la mañana.
Un banco de transformadores tomó fuego casi frente al Cine México el 31 de marzo a las diez y media de la noche.

Un kiosco con venta de refrescos, propiedad de Silvia María Díaz Hernández, tomó fuego frente a la Ferretería El Novillo el primero de abril a las seis y media de la tarde. Fue por una llama, pero no se conoció de cuántos fueron las pérdidas materiales.
15 millones de córdobas fueron las pérdidas por la quema total de 40 Tramos o Módulos (Tiendas) en el centro del Mercado Oriental, de la Casa de los Encajes una cuadra al Oeste y una cuadra al Norte. Esto ocurrió el 18 de abril a la una y media de la madrugada.
El reporte de la Dirección General de Bomberos indica que el incendio se originó por un corto-circuito. Algunos de los comerciantes afectados tenían seguro comercial, otros no, lo cual es problema de la mayoría.
Otro carro Lada, propiedad de Oscar Estrada, se incendió del Gancho de Camino hacia el Norte el 7 de mayo a las siete y 40 minutos de la noche.
Un microbús, de José Luis Gutiérrez, tomó fuego del Supermercado hacia el Oeste, por complicaciones eléctricas. Esto ocurrió el 16 de mayo a las siete y 20 minutos de la noche.
Un jeeps pinolero tomó fuego en el Gancho de Caminos el 18 de mayo a las nueve de la mañana. Se quemó totalmente, y las pérdidas fueron valoradas en 20 mil córdobas por su dueño Flavio José Chavarría.
El 10 de junio se quemó otro carro en la Calle principal de Ciudad Jardín por derrame de gasolina. Enrique Saballos, el dueño, reportó 20,000 córdobas en pérdidas.
La Casa del Arroz se quemó el 19 de julio a las diez de la mañana. Este incendio se registró del Jardín del Calzado una cuadra al Oeste, donde hierve de comerciantes todos los días en el Mercado Oriental.
La Clínica Médica del doctor Héctor Morales se quemó el 21 de julio a las nueve de la noche, debido a problemas eléctricos.

Una venta de llantas, situada de la Iglesia de El Calvario un poco al Norte, se quemó el 8 de octubre a las siete y 19 minutos de la noche. Pedro Manzanares Ampié, el dueño, dijo que el fuego se registró por un corto-circuito.

La Tienda de Angela Morraz tomó fuego el 21 de noviembre a las dos de la tarde. Igual: asuntos eléctricos.

La casa del Reverendo Norman Bent, situado en los límites del Mercado Oriental, tomó fuego el 29 de noviembre a las once y media de la mañana. El origen fue una llama y las pérdidas ascendieron a 33, 210 córdobas.
Un tramo de bisutería, propiedad de Omar Almanzas Cruz, tomó fuego el 7 de diciembre a las siete y 41 minutos de la tarde o noche.

58 Tramos reducidos a cenizas en 1,999

El dos de enero de 1,999 se quemaron 50 Tramos o Tiendas de ropa confeccionada, cosméticos, flores, zapatos, mochilas, telas…

Este incendio, uno de los más extraordinarios de los últimos tiempos en el Mercado Oriental, ocurrió en el sector de la Casa de los Encajes y dejó pérdidas de nueve millones 520 mil córdobas.
La causa fue eléctrica otra vez, según la Dirección General de Bomberos, quienes para controlar el incendio movilizaron a centenares de sus especialistas en combatir fuego.
La vivienda de Sergio Aguilar Gómez tomó fuego el 10 de enero a las cuatro de la tarde en las mismas cercanías del Mercado Oriental. Las pérdidas fueron de 1,000 córdobas.
En el Barrio Los Angeles, parte del Mercado Oriental, se quemó la casa y bodega comercial de María Montalván, debido a la llama de un fogón. No se conocieron los montos de las pérdidas económicas.
Un taller de desarme de Ernesto Real, dentro del Mercado Oriental, se quemó el 7 de abril a la una de la tarde. Una flama o llama ocasionó el fuego, que dejó pérdidas de 25,000 córdobas.
El carro Lada, de Javier Flores, tomó fuego el 14 de abril a las ocho de la mañana, de la Cervecería Victoria hacia el Sur.

Marta Elena Rodríguez sufrió la quema parcial de su vivienda de Ciudad Jardín el 14 de abril a las doce y media del día. Una llama provocó el incendio.
Dos Módulos o Tramos de venta de ropa, situados frente a la Ferretería El Novillo, se incendiaron el 15 de mayo a las doce y media del día. La causa fue eléctrica, informó Domingo Sequeira, uno de los propietarios.
A Juan José Reyes se le quemó su carro Datsun el 23 de mayo a las once y media de la noche por un problema eléctrico. Las pérdidas fueron de 1,000 córdobas.
En el mismo Ciudad Jardín se le quemó el carro a Lidia Gutiérrez Montes el 10 de septiembre a las nueve y media de la mañana, por un derrame de combustible, ocasionando pérdidas por 5,000 córdobas.
El 30 de septiembre, a la una y 44 minutos de la tarde, se quemó un tramo de venta de ropa y productos varios, de la Casa de los Encajes una cuadra al Norte. La causa fue eléctrica y las pérdidas fueron de 25,000 córdobas.

Un tramo de golosinas, ubicado del Cine México una cuadra al Sur, propiedad de Daysi Real, se quemó el 5 de noviembre a las siete de la noche. Otra vez la causa fue eléctrica.

Cuatro Tramos o Tiendas, ubicada de la Casa de los Encajes, una cuadra al Norte, se quemaron el 11 de noviembre a las doce del día por causas eléctricas. Las propietarias, entre otras, Carla Benavidez y Reyna Isabel Turcios, reportaron pérdidas por 50,000 córdobas.

Mario Vargas sufrió la quema de su camioneta Isuzu, de la Shell de Ciudad Jardín hacia el Oeste, el 16 de noviembre a las diez y 40 minutos de la noche. La causa fue derrame de combustible y las pérdidas fueron de 5,000 córdobas.

La Sastrería El Sol, de Miguel Mora Collado, se quemó el primero de diciembre a las ocho y 38 minutos de la mañana. Una llama ocasionó el incendio y se reportaron pérdidas de 170,000 córdobas.

Otros 14 Tramos incinerados en el 2000

Los incendios comenzaron en el año 2000 con el siniestro ocurrido el 8 de febrero a la una y media de la tarde en el Restaurante Flor de Pino, ubicado en las cercanías de El Calvario, propiedad de Nely Rostrán. Una llama en la cocina ocasionó el incendio.
Un Tramo o Tienda de Elmer Blanco, situado de la Casa de los Encajes una cuadra al Norte, se quemó el 12 de febrero a las siete y 38 minutos. Causa eléctrica una vez más.

Por un corto-circuito tomó fuego la casa de Carlos Moody Velásquez, ubicada de la Caimana media cuadra al Norte, en medio de los tramos del Oriental.

Esto ocurrió 26 de febrero a las cuatro de la mañana. La causa fue eléctrica y se reportaron pérdidas de 312, 500 córdobas.
De la Iglesia de El Calvario, dos cuadra al Este, en pleno Mercado Oriental, se quemó la vivienda de Carmen Canales, el 8 de marzo a la una y 11 minutos.

Un carro Lada, de César Mercado, tomó fuego en el Barrio 19 de Julio (que es parte del Mercado Oriental) el 14 de abril a las siete y 12 minutos de la noche. El incendio ocurrió por un derrame de gasolina.

El 20 de abril, a la una y 52 minutos de la madrugada, se quemaron 11 Tramos o Tiendas, ubicadas de la Jabonería América dos cuadras al Sur, es decir yendo hacia la Casa de los Encajes. El incendio se originó en una llama y ocasionó pérdidas por un millón de córdobas.

La vivienda del doctor Larry Ubeda se quemó por causas eléctricas el dos de junio a las nueve y 48 minutos de la mañana. La casa es de Ciudad Jardín.
Una bodega de CEPAD, situada frente a la Ferretería El Novillo, se quemó el 28 de julio a las siete de la noche.

De la Fábrica de Cohetes La Caimana, una cuadra al Este, se quemó la vivienda de Arsenia Caldera y Mario Morales, lo cual ocurrió el 8 de septiembre a la una de la tarde.

Otros dos Tramos o Tiendas comerciales se quemaron el 24 de octubre a las seis y 48 minutos de la noche, de El Calvario una cuadra al Oeste y una cuadra al Sur, es decir, para el lado en que está el llamado “Sector de los Ferreteros”.

Más Tramos quemados en 2001

El 25 de febrero, a las dos y 18 minutos de la tarde, se quemó la Rosticería Rapipollo, ubicada del Gancho de Caminos una cuadra al Norte. La causa fue eléctrica, según su propietario Uriel Tijerino.
El siete de marzo, a las seis y media de la tarde, se quemó la vivienda de Marcial Cruz Plata, ubicada en Ciudad Jardín-Mercado Oriental.

El Tramo o Tienda de Vilma del Socorro Méndez Lara, situado de la Estación de Policía dos cuadra al Norte, se quemó el 29 de julio a la una y 30 de la madrugada. La causa fue eléctrica y las pérdidas reportadas fueron de 40, 320 córdobas.

Finalmente, el 9 de noviembre a las doce de la noche, se quemaron tres Tramos o Tiendas comerciales, ubicada de la Azucarera media cuadra al Este, donde abundan los centros comerciales de flores artificiales, cosméticos, ropa, mochilas. Las propietarias dijeron que una llama ocasionó el incendio y las pérdidas 483, 000 córdobas.

Causas de los incendios en el Oriental

Una explicación de la Dirección General de Bomberos indica que parte de las causas de estos incendios fueron:

Autocombustión, candil cerca de la pared, corto-circuitos en el sistema eléctrico, chispas de corte y soldadura, chispas de cables eléctricos, chispas de fogón de leña, chispas por fricción o recalentamiento, derrame de combustible, dejar cocinas encendidas, derrame de combustible en el motor del automóvil, dejar efectos eléctricos conectados, fuga de gas licuado por petróleo llama abierta de material inflamable, menores jugando con fósforo, negligencias de cónyuges, quemas de basuras en solares baldíos y sobrecarga en los sistemas eléctricos

Prólogo

Pablo Emilio Barreto es sin duda un excelente recopilador de la historia inmediata de Managua, y sabedor de muchas facetas del acontecer cotidiano. Se dispuso a escribir sobre la de los Mercados Municipales, sus anécdotas, sus personajes y en un relato atrapador nos lleva por los callejones de los Mercados viejos y nuevos, brindándonos un trozo de la Historia de Managua, para que la disfruten jóvenes y adultos, con relatos inéditos y datos apasionantes de cómo se forjó la principal actividad comercial en el Municipio de Managua.

En este año celebramos el 150 aniversario de la declaración de Capital de la Ciudad de Managua y el libro que ustedes tienen en sus manos es un homenaje importante de Pablo Emilio a los managuas, pero también un reconocimiento a las mujeres y hombres que en medio de terribles dificultades fueron creando lo que hoy conocemos como Mercados Municipales.

Podemos observar en su breve relato, la carga política y apasionada de Pablo Emilio en defensa de las y los comerciantes que es sin duda un sello importante de la trayectoria política del autor y su identificación con los sectores humildes y trabajadores de Managua.

Causa nostalgia cuando nos relata la relación de los Barrios con los Mercados y de la identificación y orgullo de los managuas autóctonos de sus Mercados y de cómo participaban de esa actividad, tan llena de vida y de sabor a pueblo.

Herty Lewites Rodríguez
Alcalde de Managua
Año 2002

Tiangues y Mercados de Managua

Pablo Emilio Barreto P.

Los Tiangues o Mercados de intercambio comercial (o trueques) eran comunes entre las comunidades indígenas del territorio nicaragüense, especialmente en Managua, donde residían poblaciones chorotegas, mangues e imabites en la costa norte del lago Xolotlán desde La Bocana de Tipitapa, frente a la Managua de hoy, en Mateare, en toda la Península de Chiltepe y al pie del Volcán Momotombo, donde fue fundado León Viejo por el conquistador español Francisco Hernández de Córdoba.

Las crónicas oficiales españolas indican que León Viejo fue fundado el 19 de junio de 1524.
Sobre la Historia oficial de la Comunidad Indígena nuestra, la de Managua, asiento de los chorotegas o mejicanos, no existe porque los españoles destruyeron nuestros libros hechos de cáscaras y cueros de animales silvestres, afirman indignados los historiaderes capitalinos Julián N. Guerrero y Lolita Soriano de Guerra en su famosa “Monografía de Managua”.
Al llegar al Lago Xolotlán o de Managua los españoles, encabezados por Francisco Hernández de Córdoba, arribaron repartiendo machetazos y balazos en nombre de Dios, las tres Divinas Personas y del Rey de España, en contra de “unas 60 mil almas” (pobladores) residentes en las riberas sureñas del Lago, entre La Bocana de Tipitapa y Managua, donde ya existían los Tiangues o lugares de trueques de productos agrícolas cultivados por los indígenas, añaden los historiadores mencionados.
Se supone, entonces, que estos Tianques también fueron destruidos por los rubios “civilizados”, que entraron por el Río San Juan, continuaron por el Lago Cocibolca, navegaron con sus embarcaciones por el Río Tipitapa y siguieron por el Lago Xolotlán hasta ubicarse frente y al pie Volcán Momotombo, donde destruyeron el poblado de los Imabites, cuyos sobrevivientes fueron esclavizados y obligados a sacar oro de los alrededores de la actual mina de El Limón, sostiene el también historiador leonés Leonte Argüello en su libro “León Viejo”.
Distintos historiadores nuestros aseguran que los indígenas nicaraos o nahuas fueron los mejores comerciantes.
Se señala que, inclusive, los indígenas chorotegas de Managua se mostraron “incómodos” por esa cualidad de los subordinados del Cacique Nicarao, pues éstos, supuestamente, le sacaban amplia ventaja comercial a la existencia de la abundancia de cacao en la región de Rivas.
Desde tiempos muy antiguos es usado el dicho (consciente o inconscientemente) de: “eso no vale ni un cacao”.
Existen narraciones acerca de que los indígenas de Monimbó sacaban a vender o intercambiar sus productos agrícolas a las orillas del poblado en que vivían.

Julián N. Guerrero y Lolita Soriano de Guerrero aseguran que los indígenas chorotegas cosechaban frijoles, maíz, frutas, pescaban mojarras, fabricaban redes de pescar, tejían petates con fibras de henequén y también tejían telas con algodón cultivado por ellos, y todo ésto lo comerciaban mediante trueques en los Tianques o Mercados en Managua, aunque no dan la ubicación en que funcionaron estas “tiendas” de las Comunidades Indígenas chorotegas.

“…especialidad que ha llamado la atención de los investigadores de nuestro pasado aborigen, es el hecho de que a los Tianques o Mercados solamente podían concurrir las mujeres y los niños “vírgenes”. Los varones adultos y los casados eran admitidos solamente cuando se trataba de forasteros y extranjeros”, añaden Guerrero y Soriano en su “Monografía de Managua”.
El poeta José Coronel Urtecho en sus “Reflexiones sobre la Historia de Nicaragua” sostiene que el Tiangue ha tenido importancia especial en el desarrollo del comercio nicaragüense, y lo señala como casi estrictamente femenino.

“El Tiangue es obra femenina. Como femenina es la pulpería, la venta, el Mercado y la economía popular”, agrega Pablo Antonio Cuadra Cardenal en “El Nicaragüense”, una obra literaria en que escribe cosas feas y “folklóricas” sobre los nicaragüenses.
En estos Tianques de Managua se efectuaban trueques con cueros de venados, tigres y lagartos y colorantes vivos extraídos de plantas y animales acuáticos, actividad comercial que los chorotegas o mejicanos del Lago Xolotlán realizaban con otras comunidades indígenas del país, señalan Julián N. Guerrero y Lolita Soriano de Guerrero.

Estas afirmaciones incluyen el señalamiento de que eran también objeto de trueques los libros indígenas escritos en cuero de venados.
En los Tiangues de los indígenas nicaraos (jefeados por el Cacique Nicarao) se usaba el cacao como moneda.
Ocho nísperos valían cuatro granos de cacao. Los “servicios sexuales” de una prostituta tenían un costo de ocho a diez granos de cacao. Un conejo se vendía en ocho granos de cacao y un esclavo (indígena) era vendido en 100 granos de cacao en el Tiangue o Mercado, asegura el doctor Rafael Urtecho Sáenz, médico, autor del libro “Cultura e Historia Pre-Hispana del Istmo de Rivas”, impreso y publicado en febrero de 1960.

Urtecho Sáenz hizo su investigación propia y a la vez cita a Oviedo y Fernández, el cronista principal de la colonización bárbara de los españoles, en torno a este asunto de los cultivos y comercio de los indígenas nicaraos.
Confirma que a los Tiangues no entraban los hombres, con excepción de extranjeros o de funcionarios del régimen indígena.

Un indígena, hombre o mujer, podía ser vendidos en el Tiangue como esclavo si había cometido un asesinato, una violación o robo, de acuerdo con las normas de la tribu.
Estos indígenas nicaraos cultivaban algodón, maíz, frijoles, henequén, calabazas, jícaros, tabaco, y frutas como jocotes, mameyes, nísperos e higos, todo lo cual servía para el consumo y para el trueque o venta en el Tiangue.

Del algodón hacían vestidos y los vendían en los Tianques, por ejemplo, señala el doctor Urtecho Sáenz, cuya obra es relativamente desconocida en el país.

Numerosos historiadores de Nicaragua: Halftermeyer, Tomás Ayón y el mismo Julián N. Guerrero refieren que en esos trueques se usaba como moneda la semilla del cacao, el cual fue falsificado en diversos lugares de Centroamérica, donde residían numerosas tribus, entre ellas las nicaragüenses, entre otras: los nahuas o nicaraos, maribios, subtiabas, matagalpas, mazagalpas, chontales, ulvas, chorotegas o mejicanos, etc.

Estas Comunidades se vieron obligadas a utilizar la piedra pómez y otras sustancias equivalentes al valioso cacao como monedas en estos Tianques.
Sin embargo, no hay rastros visibles de aquellos Tianques o Mercados Indígenas de Managua.

En la Historia nacional nuestra, después de la Independencia de Centroamérica, no se mencionan detalladamente los sitios en que se desarrollaron los Mercados, en los cuales, como se sabe, se obtienen las mercancías más elementales para la sobrevivencia humana.

A los Mercados, tiendas comerciales o pulperías, concurren desde siempre, los agricultores (o intermediarios) a vender sus cosechas de maíz, frijoles, yuca, papas, pescados, animales silvestres vivos y muertos, flores, plantas ornamentales y frutales, vasijas, aperos para caballos, bueyes y perros.

En el caso de Managua, Capital desde el 5 de febrero de 1852, se menciona con amplitud un Mercado hasta que desapareció al ocurrir el Terremoto del 31 de marzo de 1931, acontecido un Martes Santo, a las diez y 20 minutos de la mañana.

Gratus Halftermeyer, autor de “Managua en la Historia”, señala que en 1908 “fue construido el Mercado Nuevo”, sin especificar dónde.
Este Mercado se llamaba San Miguel, porque estaba ubicado en el Barrio San Miguel del centro de Managua de aquellos días aciagos (1931), de tragedia nacional, pues el país y la Capital estaban invadidos por la marinería militar estadounidense, traída por los traidores Adolfo Díaz Resinos y Emiliano Chamorro Vargas, empleados ambos de empresas mineras estadounidenses, propiedad de funcionarios del gobierno yanqui, entre otros K. Nox y Jhon Foster Dulles.

Además de derrumbarse por el Terremoto de 1931, este Mercado San Miguel quedó reducido a cenizas porque los militares yanquis le prendieron fuego a la ciudad Capital, con el pretexto de que de ese modo las llamaradas no se irían más allá de los límites del centro de Managua.

En ese Barrio San Miguel existía, inclusive, un templo del mismo nombre.
Los relatos en libros y periódicos de Managua recuerdan que en el Mercado San Miguel murieron centenares de personas, tanto compradores como comerciantes, porque a las diez de la mañana de ese Martes Santos del 31 de marzo de 1931 varios miles de capitalinos buscaban cómo acumular alimentos en sus hogares para pasar cómodamente la Semana Santa en sus casas, tanto de ricachones, como acomodados y pobres.

En esas narraciones se refiere que aquella Managua pequeña y el Mercado San Miguel quedaron derrumbados por el trepidar de las fallas geológicas y envueltos en una colosal nube de polvo por el desmoronamiento del taquezal y fuego, cuyas llamas se encargaron de terminar la obra destructora del Terremoto de 1931.

Se ha sostenido que fueron 1,000 los muertos dejados por el Terremoto de 1 931, más dos mil heridos.
¿Cuántos fueron los muertos y heridos dentro del Mercado San Miguel?, pues recordemos que el Terremoto ocurrió un poco después de las diez de la mañana, al momento en que las actividades de venta y compras eran febriles en Managua, a pesar de la presencia de la intervención armada de Estados Unidos en contra de Nicaragua, lo cual ocurría por tercera vez.

Cochero recuerda Mercados

¿En qué año fue construido el Mercado San Miguel?

Martin Rivera Valdez, Managua de 101 años en este año 2002, asegura que al ocurrir el Terremoto de 1 931, ya existían los Mercados San Miguel y el Böer.
Los Mercados San Miguel y Böer tenían unos 15 años de haber sido construidos al ocurrir el Terremoto de 1931, añade Rivera Valdez, quien reside (ya inválido) actualmente donde fue el Mercado Böer en los escombros de Managua.

Según Rivera Valdez, el Mercado San Miguel era un poco más pequeño que el Mercado Böer.
De acuerdo con este hombre de 101 años de edad, el Mercado San Miguel compartía una manzana de tierra con los pobladores del Barrio del mismo nombre y el templo católico San Miguel.

Sin embargo, Julián N. Guerrero y Lolita Soriano de Guerrero, historiadores de todos los Departamentos de Nicaragua y autores de la “Monografía de Managua”, aseguran que los mercados que existían al Terremoto de 1931 eran el Central y el Böer, los cuales habían sido construidos por el Distrito Nacional (Alcaldía o Ayuntamiento), creado por un decreto presidencial del 31 de octubre de 1929 por parte del presidente traidor José María “Chema” Moncada.

¿Hay confusión en este dato histórico del Mercado San Miguel o Mercado Central?

Rivera Valdez conoció, por su lado, la Managua de antes del Terremoto de 1931 y la Managua de antes del Terremoto del 23 de diciembre de 1,972.
¿Cómo? ¿Por qué conocía la Capital?
Pues resulta que primero fue soldado de los ejércitos entreguistas de la Soberanía Nacional durante la Guerra Constitucionalista en 1926 y después se convirtió en “alistado” de la “Constabularia” o Guardia Nacional, fundada, entrenada, financiada y sostenida por la intervención armada del gobierno de Estados Unidos.

No le gustó el andar de soldado represivo, al mando de los yanquis interventores y se salió de las filas del ejército, cuyo mando al final quedó en manos de Anastasio Somoza García, el fundador de la tiranía genocida del somocismo.

Rivera Valdez se dedicó, inmediatamente después de abandonar el ejército, a transportar pasajeros en un coche tirado por caballos, lo cual era común en aquellos días anteriores al Terremoto de 1931.
“En 1 931, Managua era del Barrio Böer y Mercado Böer a la Iglesia de El Calvario, amigó…El resto, hacia el sur, norte y oriente era puro bosque. Uno se movía en las pocas calles y Barrios de los alrededores del centro de Managua”, comenta el cochero.

Coincide Rivera Valdez en los relatos históricos de que antes del Terremoto del 31 de marzo de 1931 ya existían los Barrios capitalinos de:
La Parroquia, Candelaria, Santo Domingo, San Sebastián, Marcial, San Miguel, San Jacinto (hoy Cristo del Rosario), Buenos Aires, Cementerio Nuevo y el Böer.
El Barrio San Miguel era pequeño, ubicado en medio de la pequeña Ciudad Capital, cuyas casas barriales eran mayoritariamente construidas de taquezal.
Y más pequeñito, de pocas casas, era el Barrio Böer, en torno al cual ya funcionaba el Mercado Böer, según el relato de de Rivera Valdez, quien habla apasionadamente de las “dos Managua” conocidas por él.

Su labor de cochero le permitió trasladar, según él, (entre 1930 y 1972) a no menos de 15,000 personas entre los dos mercados, hacia hoteles capitalinos, rumbo al Puerto del Lago Xolotlán, al Malecón, a la Estación del Ferrocarril, a tiendas comerciales conocidas, a la casa presidencial, a prostíbulos, a cines, clubes nocturnos, “al puterío del Malecón”, “al prostíbulo de la “casa amarilla”, o sencillamente le pedían que los llevara “de paseo” a la costa del Lago de Managua, a los alrededores de las Lagunas de Tiscapa, Asososca, Acahualinca y Nejapa.

El Mercado San Miguel (o Central) se derrumbó (en parte) e incendió en 1931. Se dijo que hubo muchos muertos, entre hombres y mujeres, “pero la verdad es que a nadie dejaron arrimarse a las ruinas del Mercado”, expresa Rivera Valdez, quien a pesar de sus 101 años conserva lúcida su memoria, aunque tiene problemas de sordera.
“El Mercado Böer sufrió daños considerables, pero quedó en pie… fue reparado en poco tiempo, y se ensanchó rápido porque no habían otros mercados en Managua”, recuerda Rivera Valdez, posiblemente uno de los habitantes más antiguos de la Capital nicaragüense.

En 1931 estaba en la presidencia José María “Chema” Moncada, el traidor, firmante del Pacto del Espino Negro con los interventores de Estados Unidos.
El gobierno de “Chema” Moncada comenzó la reconstrucción de Managua, lo cual incluyó la edificación de los Mercados San Miguel y Central.
Gratus Halftermeyer en su obra “Managua en la Historia” señala que el Mercado Central fue construido en 1933, aunque no menciona fecha precisa.

Según datos históricos consultados y recuerdos de Rivera Valdez, el Mercado Central fue construido en la manzana de tierra donde estuvieron el Barrio San Miguel, el templo católico San Miguel y el Mercado San Miguel (o Central).

Esta manzana de tierra estaba ubicada de donde fue la llamada Onceava Sección de Policía (de la Guardia Nacional del somocismo genocida) hacia el norte, hasta la calle que daba de tope en la Farmacia Ramos.
El Mercado San Miguel fue construido en la manzana siguiente, más al norte, la cual colindaba con la Calle Momotombo, por donde entraban las mercancías por varios callejones hacia el interior de este centro comercial popular de la Managua “terremoteada” de 1931.

Las construcciones de ambos Mercados eran fuertes, de hierros y concreto, según afirman el propio Rivera Valdez y comerciantes antiguas como Juana “La Polvorita” López Vivas (72 años), Carmen “Chanita” Díaz, Ana Zúniga y Georgina Martínez López (65 años).
Los tres mercados: Central, San Miguel y Böer, tenían, en cierto modo, parecido a la distribución interna del Mercado Jonathan González (Periférico), pues en todos ellos existían callejones orientados de sur a norte y de este a oeste, en medio de los cuales estaban construídos los tramos entre columnas y techos de cinz.

Al reorganizarse Managua como Capital de Nicaragua, los Mercados Central, San Miguel y Böer empezaron a ejercer la función de centros comerciales populares de ciudad, departarmento, región e inclusive de importancia nacional.

No existe una descripción pormenorizada sobre cómo se efectuó el poblamiento nuevo en los tramos de los Mercados Central y San Miguel, surgidos sobre las cenizas de los escombros de la Managua de taquezal, tumbada por el poderoso Terremoto del 31 de marzo de 1931.

Mercancías bajadas del tren y barcos

Sin embargo, Martín Rivera Valdez narra que él pudo conocer que en ambos mercados fueron reubicados vendedores sobrevivientes del Terremoto de 1931 y también no menos de 3,000 comerciantes nuevos, la mayoría mujeres jóvenes, llegadas de Masaya, Granada, Carazo, Tipitapa y hasta de Chinandega.

En aquellos años posteriores al Terremoto de 1931, recuerda el soldado y cochero Rivera Valdez, se volvió común que miles de productores y comerciantes llegaran en las góndolas y vagones del Ferrocarril a la Estación de Managua con mercaderías consistentes en frijoles, maíz, trigo, cerdos, gallinas, patos, chompipes, garrobos, cusucos, codornices, huevos de gallinas, leña, madera, carbón, ayotes, pipianes, sandías, naranjas chinandeganas, zapotes, artesanías masayenses, etc., todos destinados a los tres mercados capitalinos, especialmente al San Miguel y Central, los cuales, por supuesto, estaban más cerca de la Estación del tren, situada contiguo a una bodega del Banco Nacional y en el costado norte de la Catedral de Managua.

Estas mercancías eran también bajadas de barcos de vapor y lanchas en el Puerto del Lago Xolotlán, ubicado en ese tiempo unos 250 metros al noreste de la Estación del Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua.
Los cocheros y propietarios de taxis y camionetas de acarreos se encargaban de transportar estas mercancías a los tres mercados a cambio del pago por parte de las y los comerciantes foráneos y locales.
Estos comerciantes populares y productores vendían en Managua sus mercancías y al mismo tiempo compraban otras productos comerciales dentro del Central, San Miguel y Böer, para ir a venderlas en ciudades y pueblos como Masaya, Granada, Rivas, Jinotepe, Tipitapa, Chinandega, Boaco, Juigalpa, Estelí, Matagalpa, Jinotega y Somoto, por ejemplo.

De Managua llevaban pantalones, zapatos, camisas, calzoncillos, cosméticos, fajas, mecates, relojes, radios, lapiceros, cuadernos, libros, revistas, es decir, productos que no se fabricaban en sus ciudades y pueblos.

Ya en las décadas de los años 40 y 50 era común que en estos Mercados de Managua se viera la bajada de mercancías de camiones, jeeps y camionetas, que venían del Norte y del Sur, de Chontales y Boaco, y que a la vez regresaran repletos de otras mercancías hacia sus lugares de origen.

En la historia de esos años y recientemente se ha podido establecer que, como siempre, la mayoría de los comerciantes son mujeres, unas dedicadas a este oficio por “vocación” y un porcentaje elevado por el desempleo reinante en este mundo de terratenientes o capitalismo subdesarrollado y dependiente de la tecnología y decisiones político-económicas del gobierno de Estados Unidos.

Por ejemplo, Estados Unidos impuso a Nicaragua el rol de cultivador de algodón, debido a que perdió la guerra en Corea del Norte en 1950.
Esto indujo al país a meterse en el monocultivo algodonero, que al final destruyó las tierras más fértiles por el uso indiscriminado de plaguicidas y hierbicidas, los cuales aniquilaron fauna silvestre y doméstica, mataron microorganismos, contaminaron los suelos y aguas, y en los Mercados de Managua, León, Chinandega, Masaya, Rivas y Granada se impusieron las ventas de determinados productos como los mismos plaguicidas, pantalones gruesos, camisas de manta, “zapatos burros”, sacos de bramantes, mecates, manilas…destinados a los obreros agrícolas de los cortes de algodón.

Lustrador recuerda Mercado Böer

Danilo López Hurtado, 47 años, sobreviviente del Terremoto del 23 de diciembre de 1972 lustraba zapatos en los aleros exteriores del Mercado Böer, cuyo techo frontal era una plancheta gruesa, lo cual parecía tener la intención de construirle un segundo piso.
López Hurtado tenía 17 años al Terremoto del 23 de diciembre de 1 972.
“Yo lustraba zapatos desde que tenía 10 años en el Mercado Böer. También iba de vez en cuando a lustrar a los Mercados Central y San Miguel”, recuerda.
Martín Rivera Valdez y Danilo López Hurtado residen ahora (enero del 2002) allí mismo donde fue el Mercado Böer. El Barrio Böer, en torno al Mercado Böer, ya existía antes del Terremoto de 1931, aunque era muy pequeño, afirma Rivera Valdez.

López Hurtado, el lustrador, por su lado corrobora que el Barrio Böer allí existía antes del Terremoto de 1972. “Yo vivía en el Barrio “La Tejera”, a la orilla del Lago de Managua, casi junto al Puerto del Xolotlán”, señala López Hurtado al ser entrevistado en su casita, en el mismo sitio en que estuvo asentado el Mercado Böer.

Este Mercado Böer estaba situado de la Iglesia San José y del Colegio Divina Pastora una cuadra al este. Una dirección más conocida actualmente sería: del Estadio Rigoberto López Pérez una cuadra al norte y una cuadra al este, frente al Reparto San Antonio.
Como huella visible queda allí un estacionamiento (parqueo de vehículos) largo, ubicado de oeste a este. Ocupa el largo de una manzana de tierra. Todo el terreno actual, ocupado por viviendas sencillas, fue ocupado por el Mercado Böer, recuerdan Rivera Valdez y López Hurtado.

En ese estacionamiento y en las calles del este, oeste y sur, se ubicaban los autobuses interlocales de León, Chinandega y Carazo.
Efectivamente, yo personalmente pude conocer este Mercado Böer cuando ingresé a Managua el cuatro de abril de 1970, exactamente un mes antes de comenzar a laborar como periodista del Diario LA PRENSA del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, asesinado, precisamente en ese sector del Mercado Böer por la dictadura genocida del somocismo el 10 de enero de 1978.

Allí pude ver rótulos que anunciaban las bondades de los quesos de Boaco y Chontales y de los quesillos, cuajadas y quesos de Nagarote y La Paz Centro, de las naranjas chinandeganas y de los bananos y plátanos de Carazo y de la Isla de Ometepe (“Dos Cerros”).

López Hurtado recuerda a las comerciantes Dolores Silva, vendedora de plásticos; Rosa (varón) Mercado Solís, quien vendía un tiste muy rico; Marta Teresa Orozco Silva, un grupo de siete mujeres a las cuales les decían “las masayas”, Mercedes y Blanca Acosta, esta última esposa del jugador de béisbol famoso Calixto Vargas; Josefa González, toda la familia de Marta Angélica Quezada (militante sandinista asesinada por la guardia genocida del somocismo).

Se recuerda en particular a un zapatero al que le decían “El avión”. Era uno de los mejores “reparadores” de zapatos en el Mercado Böer.
Cuando se emborrachaba y no le gustaba una afirmación de sus “compañeros de tragos”, decía: “Avión, pues, hom…”, entonces le pusieron como sobrenombre “El avión”.
Este Mercado era relativamente seguro de noche, pues sus puertas de entradas y salidas eran metálicas y corredizas, o se enrollaban hacia arriba.
En los lados y dentro habían establecimientos comerciales como la Farmacia de Lazlo Pataky, conocido periodista capitalino, defensor oficioso de la dictadura somocista.
Allí estaba una sucursal de la Ferretería Bunge y tenía negocios la familia Patiño.

Mercado de Candelaria

Juana “La Polvorita” López Vivas, de 72 años actualmente (al 2002), madre del conocido boxeador “Polvorita” Martínez López, comenzó sus labores de comerciante cuando tenía 17 años, es decir, hace 55 años.

Acompañaba a su madre o se trasladaba sola de Granada a Managua todos los días, cada tres días, o una vez a la semana, para vender plátanos, guineos, zapatos hechos a mano, verduras, frutas y legumbres, las cuales eran transportadas en las góndolas o vagones del Ferrocarril.
Unas 300 mujeres (y hombres también) como ella se bajaban en la Estación del Ferrocarril de Managua y cargaban la mercadería en canastos, sacos y panas plásticas grandes hacia el Mercado de Candelaria, ubicado entonces unos 200 metros al sureste de la “parada” del tren.
Se cruzaban los rieles del Ferrocarril y la Calle Momotombo para llegar a este Mercado Candelaria, de construcción endeble, de paredes de madera y techo de cinz, de forma casi redonda, recuerda “La Polvorita” López Vivas. “El Mesón de Candelaria” le llamaban a este Mercado.

“La Polvorita” y el resto de vendedoras sólo entregaban o vendían sus productos a otras comerciantas ubicadas en este Mercado, según narra esta famosa vendedora, quien posteriormente aparece involucrada en los Mercados Central, San Miguel y Oriental.
Este Mercado estuvo situado donde es hoy el parque de Candelaria. Allí existió el Barrio del mismo nombre. En el mismo predio había un templo católico y monumento a la Vírgen de Candelaria y al parecer esto motivó a ponerle ese nombre al centro comercial popular.

Aparentemente, en este Mercado funcionaban comerciantes que no eran “fijos”, es decir, sólo vendían y se iban. De algún modo era abastecedor de mercaderías perecederas de los Mercados Central y San Miguel, situados a cuatro cuadras al Oeste, tomando hoy como referencia lo que fue el Cine Margot hacia el sur.

Los Mercados Central y San Miguel

Al pasar el tiempo histórico, después del Terremoto del 31 de marzo de 1931, los Mercados Central y San Miguel, se convirtieron en los centros comerciales populares más importantes de la Capital, aquella ciudad pequeña, de calles estrechas, de barrios compactos, de vitrinas fulgurantes, transparentes y polarizadas, de edificios lujosos y multicolores, de clubes con olores “al dulce encanto de la burguesía”, de negocios sucios, de tráfico de influencias de la Guardia Nacional y de la familia Somoza Debayle, de los incendios famosos conocidos como “turco-circuitos”, precisamente en las orillas y dentro de los Mercados Central y San Miguel.
En el nuevo “ambiente” capitalino, en la década de 1950, ya existían Barrios como “Campo Bruce” (hoy Rigoberto López Pérez), Santo Domingo, Larreynaga, Silva, “Miralagos” (inundado por primera en 1933), San Antonio, San Sebastián, Altagracia, Monseñor Lezcano, Santa Ana, Arbolito, Santa Rosa, Largaespada, Bolonia, El Calvario, Böer, San José, Colonia Luis Somoza, La Bolsa, Pescadores (hoy Carlos Reina), Quinta Nina (Benedicto Valverde), La Tejera, Santa Clara, San Luis, San Cristóbal, Santa Bárbara (Venezuela), Blandón, San Judas, Chico Pelón, OPEN I y II, La Fuente, Torres Molina, Riguero, Rodeo, Don Bosco, La Rebusca, La Luz, Frixiones o “Barrio Maldito”, Primavera, “El Chorizo”, Acahualinca, Cristo del Rosario, Los Angeles, Paraisito, México…

Colonias como: Managua, El Carmen, Militar, Loma de Tiscapa, Dambach, Centroamérica, Máximo Jerez, Tenderí, Maestro Gabriel, Nicarao, Catorce de Septiembre, Proyecto Piloto, Salvadorita (Cristian Pérez), Primero de Mayo, Morazán…

Repartos como: Ciudad Jardín, Santa Clara, Asososca, Vista Hermosa, Bello Horizonte, Altamira, Los Robles, Bolonia, El Carmen, Bosques de Altamira, San Martín, Las Brisas y Linda Vista, entre otros.
Antes del Terremoto de 1972, ya existían las comunidades de: Sabana Grande, Brasiles, Casa Colorada (El Crucero), Cedro Galán, Cuatro Esquinas, Las Cuarezmas, Cuajachillo, Chichigualtepe, Chiquilistagua, El Edén, Esquipulas, Jocote Dulce, Los Ladinos, Las Llaves, Los Madrigales, Nandayosi, Nejapa, Las Pilas, Pochocuape, El Reventón, San Andrés de La Palanca, Santo Domingo, San Isidro Libertador, San Isidro de la Cruz Verde, Ticuantepe, Ticomo, El Tigre, La Trinidad, Valle Góthel y Viscaíno.

En ese ambiente comercial de lujo, en los alrededores de los Mercados Central y San Miguel, uno podía ver colores “rojo frenesí”, “verde lascivo”, “amarillo hepático” y “carmesí apasionado”, como escribió el poeta Manolo Cuadra Vega en su libro “Almidón”.
Había más de medio de millón de habitantes en Managua, en estos Barrios y Comunidades Rurales, lo que indica cuál era la importancia que tenían en Managua-Capital estos Mercados Böer, Central, San Miguel y Candelaria, antes del Terremoto de 1972.

Ambiente humano previo al Terremoto

Antes de este nuevo cataclismo sísmico de 1 972, en la Managua céntrica de luces de neón parpadeantes, de vitrinas exhibiendo lujos, perfumes, ropas finas, zapatos caros, de corrupción generalizada, de prostíbulos caros y “de mala muerte”, nadie pensaba en que pudiera registrarse un nuevo Terremoto como el de 1 931.
Mucho menos que se pensara en Terremoto dentro los Mercados Central, San Miguel y Böer, en cuyos interiores los y las comerciantes se movían como hormiguero, moviendo mercaderías, amasando grandes y pequeñas cantidades de dinero.

Esos Mercados “hervían” de gente. Eran abiertos a las cuatro y media y cinco de la mañana, hora en que empezaban a llegar, especialmente, los productos perecederos como verduras, legumbres, frutas, carnes de cerdo y res, leche, queso, y se preparaba el desayuno en los comedores populares internos, visitados diariarmente por centenares o miles de comerciantes, compradores y trabajadores de los alrededores.

Unos cinco años antes del Terremoto de 1972 eran famosos los incendios de la periferia inmediata de los Mercados Central y San Miguel.
Estos incendios eran objeto de burlas populares y se les conocía como “turco-circuitos”, porque ya se había descubierto que eran provocados por comerciantes turcos, chinos o árabes, los cuales, por supuesto, ya tenían “amarrado” el cobro del seguro por estos siniestros concertados con negociantes de aseguradoras, entre los cuales se contaba el propio Anastasio Somoza Debayle.
Un año antes del Terremoto, en 1971, se registró un incendio pavoroso en varios centros comerciales o tiendas aledañas al Mercado San Miguel, durante el cual hasta hubo un bombero muerto, según registran los Diarios LA PRENSA y NOVEDADES, este último propiedad del tirano Somoza Debayle.

A pesar de estas tragedias por incendios provocados, nadie sospechaba que pronto habría un Terremoto.

El límite sureste del Mercado Central era la Onceava Sección de Policía de la Guardia Nacional, encabezada por un Sargento Montalván, un tipo chele, alto, pedante, malo, vulgar, “enemigo número uno” de periodistas y comerciantes, especialmente si eran las mujeres.
Entre 1968 y 1971 este Sargento Montalván era el que personalmente dirigía los operativos de desalojo de las vendedoras ambulantes de los andenes exteriores y callejones interiores de los Mercados San Miguel y Central.

Eran centenares las víctimas frecuentes de este Sargento Montalván, entre las cuales se contaban las comerciantes Juana “La Polvorita” López Vivas, Carmen “La Chanita” Díaz, Georgina Martínez López y María Urbina Moraga.
Montalván tenía a su disposición numerosos guardias en la Onceava Sección de Policía y una pipa de agua con una manguera, que emitía un poderoso chorro de agua, el cual era dirigido hacia las vendedoras callejeras, con el fin de desalojarlas, especialmente cuando los turcos o árabes se quejaban de ellas.

“La Polvorita” cayó presa cuatro veces por órdenes de Montalván, quien la consideraba la más “revoltosa” y siempre dispuesta a defender a sus compañeras de infortunio “y por el derecho a ganarnos la vida”, afirmaba ella.
De vez en cuando, uno de los encargados de ejecutar las órdenes represivas de Montalván era Raúl “Peyeyeque”, barredor de ambos mercados, quien utilizaba la misma manguera de chorro fuerte de agua en contra de las vendedoras móviles perseguidas.

Inclusive, yo mismo fui hecho prisionero por orden de Montalván el día del Terremoto del 23 de diciembre de 1972, a las nueve de la mañana, porque me subí a un tabanco de la Sección de Policía para tomarle fotos a un bochinche de comerciantes dentro de la unidad militar.
Me bajaron a patada limpia del tabanco, me quebraron dos cámaras y una grabadora, me echaron a una celda llamada “La Chiquita” y después me remitieron a las Cárceles de El Hormiguero, ubicado donde fue el antiguo Matadero de cerdos y reses de Managua.
De esa Cárcel de El Hormiguero salí a las nueve y media de la noche del 23 de diciembre, es decir, tres horas antes del Terremoto. Los presos murieron con paredes encima o ametrallados al momento del Terremoto.

Centros comerciales y personajes

Por supuesto, la imagen viva de las comerciantes populares eran el delantal de diversos colores, de encajes, bordados, con vuelos anchos y en algunos casos llenos de dinero las bolsas delanteras o escondidas en depósitos especiales, pegados al vientre.
Las mujeres eran llamadas “Vivanderas”, “Locatarias” y “Mercaderas”, las cuales usaban sombrerones, especialmente si estaban fuera del interior de los Mercados Central y San Miguel.
Las “Vivanderas” que estaban fuera del interior de los Mercados, en la acera, permanecían bajo el Sol ardiente todo el día, lo cual les ponía curtido y ennegrecido el rostro, aunque no perdían el buen humor para llamar la atención de los clientes.

Por el uso frecuentes de sus músculos, centenares de estas “Locatarias” eran fuertes, con aspecto de atletas, pero engordecidas algunas por las comidas abundantes de grasa de cerdo.
¿Quiere queso, cuajada, leche…? !Le vendo barato, marchante! Tomates, naranjas, la comida está sabrosísima, amigos…vamos compren, que ya nos vamos!
!LA PRENSA, NOVEDADES…lea cómo descuartizaron a Milagritos Cuarezma!, eran los pregones de vendedores de periódicos, la mayoría de ellos descalzos, rotos y metiéndose en los pasillos de los mercados y las tiendas periféricas del Central y del San Miguel.
Abundaban los llamados cargadores semidesnudos, sin camisas, algunos descalzos, de aspecto campesinos, (igual que hoy), es decir, quienes ofrecían sus servicios para trasladar mercancías del interior del Mercado hacia la calle, ya fuesen éstas quintales, bolsas pequeñas, o sandías, ayotes grandes para la miel, etc., a cambio de 25 centavos, un córdoba o cinco córdobas.

“Le llevo las compras, madrecita”, era una frase común de los llamados cargadores o “bulteros”.
Dentro y fuera de ambos Mercados estaban centros comerciales como: Los Gemelos, Hotel Colón, Bacarón Salomón, Lazlo Pataky, José Musalén, Sara Keleman, Mandarín, Casa de los Encajes, Farmacias Ramos y Managua, Tienda Alicia, Casa del Sombrero, , Tienda Dreyfus, Trajes Gómez, Casa de la Novia, Kikatex, Ulises Morales, Abraam Frech, Tienda Ludeca, Tienda Lugo, Oscar Keleman, La Florida, una talabartería famosa, la Librería Argeñal en los alrededores, el Edificio Cerna con el Ministerio de Eduación dentro, la Biblioteca Nacional, en la cual leyó Rubén Darío…

“La Polvorita” López Vivas vendía en un espacio que le había cedido don Ulises Morales, frente adonde había también una gasolinera.
Dentro de ambos Mercados habían secciones de venta de carnes, quesos, verduras, frutas, ropa, zapatos, comiderías, salones de belleza, barberías, bisuterías, refresquerías, abarrotes, venta de pescados, ferreterías, tortillas…

Y allí mismo dentro de estos Mercados habían cosas famosas como “La Sopa de Cola” todos los días, adonde las comerciantes y forasteros iban a comer por dos y tres córdobas.

Raúl “Peyeyeque”, el barredor de los mercados, un tipo medio “loco”, que dormía allí mismo. Era un hombre vulgar, gritón, y se dice que “amigo” de los guardias, aunque él lo negaba y de repente se lo llevaban preso y lo ponían a barrer las calles de Managua.
Era famosa una mujer sólo identificada como Blanca “la gorda”, vendedora de manzanas y juguetes.

La Cleotilde, quien también vendía manzanas. Le pusieron el nombre de “Amorcito”, porque a todo el que veía le decía: “Que te vendo, amorcito…¿querés manzanas, peras, uvas…?
Un homosexual llamado Fernando, vendedor de uvas y manzanas. ya sonaba también “La Sebastiana”, homosexual llamado Sebastián, quien aparece posteriormente en el célebre Mercado Oriental.

Era famosa una mujer bonita, llamada “La varonesa”, alta, blanca, prostituta, porque ofrecía sus servicios sexuales mientras al mismo tiempo andaba con su “marido oficial ” o “chivo”.
La Teresa “flaca” era otra prostituta famosa, que deambulaba dentro de los Mercados ofreciendo servicios sexuales.

El “loco” Carlos, que en realidad era loco pacífico, que andaba pidiendo dinero en los pasillos del Central y San Miguel.
El “loco” Pastor, flaco, alto, quien recogía basura, pedía dinero y jincaba las costillas de los clientes en los comedores, especialmente al medio día.
“La Chavela” otro homosexual famoso en esos días dentro y fuera de los Mercados San Miguel y Central.
Eran famosos los sitios del “Atol en la Esquina 11”, “La chicha de pelo de mai”, “la chicha de mamei”, cuya propietaria pregonaba a gritos: “es mamei legítimo… les doy la prueba de mamei rico, de chuparse la lengua, de sentirlo sabroso”; “La chicha de maicillo”, “Las tortillas con cuajada de doña Moncha”, “las güirilas con cuajada de doña Tencha”, “El tiste con “cosa de horno” de donde la Melania”, “Los tacos con fresco de agua colorada de Don Armando”, quien se paseaba por los dos Mercados con un carretón de manos, en el que andaba un tonel metálico con el refresco helado dentro”, “La comida de la chela María”…

Carteristas

Eran famosos los “carteristas”, es decir, los ladrones especialistas en extraer carteras o billeteras de las bolsas de pantalones de hombres y mujeres.
Estos carteristas operaban dentro y fuera de los dos Mercados.

Fueron famosos los reportajes fotográficos realizados por los reporteros gráficos Carlos Doña y Manuel Salazar al momento en que estos “carteristas” sacaban las carteras a ciudadanos comunes y corrientes en el Mercado San Miguel o mientras iban caminando en medio de la multitud de gente en las callejuelas internas o en la apretazón de las Calles 15 de Septiembre y Momotombo, por ejemplo.
Estos reportajes se publicaron en la Página de Sucesos del Diario LA PRENSA.

Además de los autobuses y camiones que llegaban cargados de mercaderías al Central y San Miguel, también era común la presencia de unos autobuses “pelones”, sin techo, que se estacionaban a la orilla de ambos Mercados, para recoger pasajeros.

Terremoto derrumba mercados
Escenas alucinantes

El ambiente humano era crítico por los niveles de pobreza generalizada, pero poca gente andaba pensando en la posibilidad de un nuevo Terremoto.
Sin embargo, unos cinco días antes del 23 de diciembre de 1972, el ingeniero Carlos Santos Berroterán emitió declaraciones y publicó artículos sobre la posibilidad de la proximidad de un Terremoto, con el argumento de que los movimientos terráqueos de Managua tenían un comportamiento cíclico o repetitivo en cada 25 ó 30 años.

El 23 de diciembre en la noche, mientras tanto, cuando eran las diez y media de la noche, Juana “La Polvorita” López Vivas estaba con su familia en el pedazo de terreno que le había cedido don Ulises Morales, contiguo al Mercado San Miguel y frente a la gasolinera.
“La Polvorita” recordaba que ella nació, precisamente, el 31 de marzo de 1931, en Granda, cuando ocurrió el Terremoto de ese año en Managua.

Estaba influenciada, al mismo tiempo, por las declaraciones del ingeniero Santos Berroterán, quien decía que había un “silencio sísmico peligroso”, indicativo de que podría desatarse un Terremoto.
En los alrededores de los dos Mercados, en las tiendas, en los comercios de los turcos, en los clubes nocturnos como El Terraza, el Club Internacional, el Club de la burguesía, situada en el costado noroeste de la Catedral, se vivía un ambiente navideño, que aumentaba los deslumbres de luces de neón y de árboles de Navidad.

Y por ese mismo ambiente, “La Polvorita” y su familia estaban allí, vendiendo manzanas, uvas, frutas, pólvora, “candelas romanas”…
Estaban allí, con “La Polvorita”, su marido Hernán López Ortíz y sus hijos: Enrique José Martínez Vivas, Guillermo, Luis Alberto, Esperanza, Elías y Marisol.
Cuando eran las once de la noche, una mancha rojiza en el cielo nocturno de Managua se puso más intensa, mientras aunmentaba el calor.

“La Polvorita” López Vivas se inquietó. Comenzó a moverse nerviosamente de un lado a otro, mientras las luces de neón de los comercios le iluminaban el rostro con distintos colores.

“Va a ocurrir un Terremoto hoy mismo en la noche”, les dijo a su marido e hijos.
“Vos estás loca”, la reprendió su marido. “Mejor vámonos de aquí…levantemos todo y nos vamos para la casa”, insistió “La Polvorita”, pero el resto de la familia la convenció de que nada pasaría y que además debían vender las mercancías para poder comer en los próximos días.

Al ratito comenzaron los primeros corcoveos ruidosos del subsuelo de Managua, pues se estaba moviendo la llamada “falla de los bancos”, ubicada, precisamente, por debajo de los Mercados Central y San Miguel.
Después llegó el momento del “jamaqueón” fuerte, potente, tan poderoso, que la tierra se sentía saltar bajo los pies de decenas de miles de managuas ubicados en ese momento en el centro de la Capital ruidosa y luminosa por sus comercios y su gente metida en actividades nocturnas de los clubes, discotecas, el Malecón, prostíbulos, tiendas, fiestas privadas, las actividades en el Casino Militar de la Guardia Nacional…

El nerviosismo de “La Polvorita” se convirtió en pánico y en imágenes alucinantes, pues mientras las luces de neones, lámparas de tiendas y luminarias se tambaleaban y parpadeaban en el aire (antes de apagarse), pudieron ver cómo se derrumbaban las casas comerciales de los alrededores, el edificio de Ulises Morales, los postes del tendido eléctrico, como “traqueteaban” los Mercados Central y San Miguel.

Se escuchaban nítidas las explosiones y crujidos metálicos provocados por los derrumbes de edificios, casas, postes, tendidos eléctricos…
Al instante, la oscurana, los lamentos generalizados de “!ay, me muero, auxilio, ayúndenme!”, de los que habían quedado prensados por soleras y paredes de taquezal y cemento.

“La Polvorita”, su marido y sus hijos habían podido salvarse ubicándose en media calle.
Quedaron a la expectativa unos segundos interminables, cuando escucharon que desde adentro de los Mercados San Miguel y Central se producían explosiones y comenzaron a elevarse al cielo las llamaradas de los incendios.

En poco minutos tomó fuego también el edificio de la Ferretería de Ulises Morales, ubicada contiguo a uno de los Mercados.
El mundo se les derrumbaba a ellos también, a pesar de que no habían quedado prensados por ninguno de los edificios. Mientras los incendios y los lamentos de seres humanos crecían, ellos buscaron cómo salir por encima de escombros, heridos y cadáveres.
Comprendió “La Polvorita” que los Mercados San Miguel y Central dejaban de existir para siempre.

El Mercado Oriental

El Mercado Oriental es una historia especial en el comercio popular de Nicaragua.
El historiador Gratus Halftermeyer informa que su construcción comenzó en 1 933, aunque no precisa la fecha ni el mes.

Otras fuentes históricas indican que en realidad este Mercado se comenzó a construir un poco después, porque los dos edificios o galerones metálicos principales fueron edificados por la empresa constructora Lacayo Fiallos cuando ya se sobrepasaba 1940 por supuestas órdenes de Anastasio Somoza García.

En aquellos años de 1940, según Martín Rivera Maltez, el Mercado Oriental era considerado un lugar “bastante lejano”, pues fue ubicado en medio de bosques o arboledas, matorrales tupidos y hierbas llenas de víboras al sur del Barrio El Calvario.
En esa misma dirección, pero en la propia costa del Lago de Managua, ya existían “Miralagos” (inundado y destruido en l933), La Tejera y La Quinta Nina.

Se afirma que el Mercado Oriental fue construido por el gobierno somocista con la concepción de que se convirtiera en acopiador o mayorista, para abastecer de productos perecederos como cebollas, papas, plátanos, guineos chanchos, bananos, quesos, zanahorias, verduras, frutas, legumbres, repollos, ayotes, pipianes, sandías, huevos, gallinas, patos, chompipes, abarrotes…
Eran sólo dos galerones metálicos, grandes, de techo muy elevado. Uno de ellos, ubicado al sur, fue destinado a la venta de abarrotes, quesos, ropa y zapatos, por ejemplo.

El galerón del norte fue destinado al acopio y venta de perecederos como cebollas, repollos, papas, remolachas, zanahorias, las cuales eran lavadas en una pilas pequeñas a punta de agua llevada en pipas también pequeñas.

No había un estacionamiento pavimentado o adoquinado, debido a lo cual en torno a los dos galerones se fue formando un lodazal terrible.

Las mercancías llegaban en camiones, camionetas y autobuses procedentes de Estelí, Matagalpa, Jinotega, Boaco, Juigalpa, Granada, y también por medio del Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua.
El más significativo espectáculo eran las carretas jaladas por bueyes, provenientes de Las Sierras de Managua y de Ticuantepe, de donde traían cebollas, frutas, verduras, legumbres, elotes, chilotes, maíz desgranado, limones, naranjas, mangos en abundancia, mandarinas, cocos…

Diariamente ingresaban no menos de 20 carretas por el lado del Camino Viejo a Las Sierritas, el cual seguía el recorrido tradicional de Santo Domingo de Guzmán, Patrono de Managua.

Este Camino Viejo, en medio de arboledas o bosques espesos, tenía como puerta de entrada el llamado Gancho de Caminos, donde se ubicó la conocidísima fábrica de cohetes y bombas “La Caimana”.
La carretas entraban como en “desfile indio” del Gancho de Caminos hacia donde es hoy el Jardín del Calzado, rumbo al sitio en que se instaló la Azucarera, propiedad de la familia Somoza, en el sector conocido hoy como “Zona I”.
Las carretas también giraban por otro camino de donde es hoy el Jardín del Calzado hasta el sitio en que se ubica actualmente la comercial de TROPIGAS.
En ambos sectores abundaban árboles enormes de ceiba, guanacastes y genízaros viejos, bajo cuyas sombras eran colocadas las carretas y bajada la mercadería.
Por supuesto, en esa época de 1 940, de 1 950 y aún de 1960, este ambiente de alrededor de los galerones del Mercado Oriental, se mantenía lodoso en el invierno y polvoso en la época seca o de verano.
Esos árboles de ceibo, guanacastes y genízaros servían de letrinas públicas a decenas de borrachos y otras personas que llegaban al sector, especialmente de noche. Al mismo tiempo, servían de “dormitorio” a estos bolos.

Según decenas de “Vivanderas”, “Locatarias” y “Mercaderas” de hace más de 40 años, como “La Polvorita”, “La Chanita”, Georgina Martínez López y María Urbina Moraga, efectivamente el Oriental operaba entonces como un Mercado Mayorista y de minoristas al mismo tiempo.

Según estas “Vivanderas”, se construyó una calle del centro de Managua hacia el Mercado Oriental para facilitar el tránsito de vehículos como camionetas, camiones, taxis y carretas jaladas por bueyes.

“Igual que ahora, las vendedoras de los Mercados San Miguel, Central y Böer, nos íbamos a comprar productos perecederos al Oriental y los transportábamos en camionetas de acarreo, en taxis y especialmente en coches jalados por caballos, porque resultaba más barato”, relata Carmen “La Chanita” Díaz.

En la mayoría de los casos, las “Vivanderas” del Central, San Miguel y Böer, le compraban directamente a los productores de las carretas provenientes de Las Sierritas de Managua.

Llegaban, asimismo, vecinos de las comarcas vecinas de Managua a comprar al Oriental. Estos llegaban montados en caballos, mulas o yeguas.
Por este motivo y por la presencia de los bueyes, abundaban las defecaciones o cagadas de estos animales alrededor de los galerones mencionados.

¿Cómo era el ambiente en el Oriental?

A mediados de 1965 se construyeron otros dos galerones metálicos, en torno a los cuales se fueron fincando otros negocios comerciales como cantinas con “tragos de a peso”, prostíbulos, comedores populares, ventas de sopa de mondongo y tramos de ventas al aire libre, especialmente hacia el oeste de los módulos metálicos.

Una de esas cantinas era conocida como “Rancho Grande”. Efectivamente, era un rancho grande, ubicado al oeste de los galerones. Allí había numerosas prostitutas.
En el mismo sector habían “hospedajes” y cuarterías en que vivían algunos comerciantes foráneos.
Al oeste, donde se conserva un poste de tendido eléctrico muy viejo, habían un molino, un puesto de venta de carbón, una fritanga, una mujer gorda vendía chorizos de cerdo y un hombre viejo vendía los “tragos de a peso” en la cantina, donde ponían una especie de batea con aserrín para que los borrachos echaran allí las escupidas.
!Ah, claro!, allí andaba muy atento, un cobrador del Distrito Nacional o Alcaldía capitalina, aunque no prestara ningún servicio a las “Vivanderas”.

Al registrarse el Terremoto del 23 de diciembre de 1972, tal vez habían unos 400 “Vivanderas”, “Locatarias” o “Mercaderas”, ubicadas al oeste de los galerones metálicos mencionados.

En realidad había también hombres, pero la inmensa mayoría eran mujeres, acompañadas de niños muy pequeños, a los cuales mantenían metidos en canastos o les improvisaban sombras con pedazos de cartones y plásticos.
Mantenían sus canastos en medio Sol y sobre el fango o el polvo, porque no había pavimento, ni adoquinado, ni tramos formales en ninguna parte.
La mayoría de estas mujeres se cubrían con unos sombreros grandes, aludos, para soportar el Sol ardiente de la Managua todavía provinciana de esos días.

En la época lluviosa, las correntadas que bajaban por el Camino Viejo de Las Sierritas, entraban raudas hacia los alrededores de los galerones del Mercado Oriental, provocando que estas pobres “Vivanderas” salieron corriendo a buscar refugio en otros sitios.
Al ocurrir el Terremoto de 1972, ya existía la bodega, conocida como “La Azucarera”. Ya estaba construido el Reparto Ciudad Jardín, en el costado sureste del Mercado Oriental. Ciudad Jardín fue uno de los primeros repartos edificados en 1969.

Para entonces, ya eran famosos los prostíbulos y cantinas de “El “Malinche”, “Las Mendozas” y “El Palo de Gato”.

“Las Mendozas” eran cuarterías con cuartos de “servicios sexuales” por donde es hoy la Zona I, es decir, al sureste de la Azucarera.
“El Malinche” estaba ubicado de donde es hoy el Cine México dos cuadras al oeste, por el sitio en que se ubica la Ferretería El Novillo.
“El Palo de Gato” estaba situado de la Azucarera cuatro cuadras al oeste, es decir, un poco al norte del famoso “Chiquero”.
El Terremoto del 23 de diciembre de 1972 cambió explosivamente la situación del Mercado Oriental, pues todas las “Vivanderas” y “Vivanderos” de los Mercados San Miguel, Central, Böer y Candelaria habían quedado sin un lugar para recomenzar sus actividades comerciales populares.

El Terremoto derrumbó todo en aquella Managua llena de lujos de los ricachones y miserias de los pobres.
Miles de “Mercaderes” estaban en “el aire”, mientras la inmensa mayoría de la fuerza laboral existente había quedado sin empleo.
Había que comenzar de nuevo, y la posibilidad a la vista era el Mercado Oriental, hacia donde se dirigieron centenares de las “Vivanderas”, las cuales se encontraron con que Anastasio Somoza Debayle había mandado a colocar guardias en los cuatro costados del Mercado Oriental, para que nadie se fincara en sus alrededores.

Al momento del Terremoto de 1972 habían “Vivanderas” regadas, al aire libre y en algunos tramos improvisados con pedazos de tablas, cartones y plásticos negros, en la calle sur, paralela al galerón de abarrotes; la calle situada al norte, de la Azucarera hacia el oeste, es decir, paralelo a los galerones de cebollas, verduras y legumbres, convertidos después en los locales para “Vivanderas” o vendedoras de carnes, comidas, mondongos, pescados, chorizos de res y cerdo, sopas de res, chancho, punches y de pescados; y la Avenida, ubicada al oeste de todos los galerones, donde estaban el Molino, “El Ranchón” (cantina con prostitutas) y la cuartería ya mencionada.

Población explosiva después del Terremoto

¿Cuántos miles de comerciantes habían quedado sin sus tramos del Central, San Miguel, Böer y Candelaria?

Al mismo tiempo, más de 100,000 trabajadores del Estado y de empresas privadas: comercios, industrias, gasolineras, periódicos, radioemisoras, clubes nocturnos, discotecas, transportes colectivos, etc., también habían quedado en el desempleo.

Los únicos trabajadores con posibilidades próximas de empleo eran los albañiles, armadores y similares, los cuales tuvieron que irse a una huelga en junio de 1973 porque Somoza Debayle les impuso 60 horas de labores semanales en vez de las 48 establecidas en el Código del Trabajo.
Había incertidumbre profunda en el “Valle de las Lágrimas” de Managua.

Por tanto, el comercio parecía ser la alternativa más inmediata para conseguir alimentos, ropa, zapatos y a lo mejor un terreno para construir una casita nueva.

Ciudad Jardín era un Reparto nuevecito, de apenas tres años, al ocurrir el Terremoto de 1972.
En la manzana de casas situadas al sureste, frente al Mercado Oriental (aunque un poco lejos de galerones) estaban apareciendo algunas tiendas de venta de telas, ropa confeccionada y zapatos.
Esta manzana de viviendas de Ciudad Jardín está ubicada del Gancho de Caminos hacia el Norte.
“La Polvorita Martínez” andaba desesperada porque su marido y sus hijos estaban sin comida.
En marzo de 1973 tomó una canasta de manzanas, uvas y ropa confeccionada, y se fue donde una amiga suya, doña Lila Bravo, propietaria de una de las tiendas recién estrenadas en las casas mencionadas de Ciudad Jardín.
Le pidió permiso para ubicarse en el andén frente a su casa, lo cual su amiga y pariente cercana aceptó en solidaridad.

Tendió una “tijera” (cama rústica), pero de inmediato reaccionó el guardia que estaba en los alrededores, presto para no dejar fincarse a nadie en los terrenos lodosos cercanos al Mercado Oriental.
“Váyase de aquí…tengo órdenes de no permitir el asentamiento de nadie en estos terrenos”, le advirtió el guardia. “Ella me dio permiso de ponerme aquí…no le estoy causando males a nadie”, respondió “La Polvorita”.

El guardia la dejó tranquila durante dos días, tres días… De repente llegaron en masa numerosas amigas suyas, antiguas “Vivanderas” de los Mercados Central y San Miguel, entre otros, Raúl Bermúdez y su esposa.
Al ver a “La Polvorita” instalada en la acera, ellas y ellos se arriesgaron también. Los guardias intentaron desalojarlas, pero cada vez eran más “Vivanderas” instalándose al aire libre, bajo el Sol ardiente, en la calle polvorienta (era época de verano) del Gancho de Caminos hacia la esquina en que posteriormente se instaló el Jardín del Calzado.

El gobierno somocista, encabezado por Anastasio Somoza Debayle, más bien se vio obligado a elaborar un plan de ubicación de las “Vivanderas” que empezaron a llegar por miles a los terrenos aledaños a los galerones del Mercado Oriental, los cuales fueron reordenados en función de un comercio mezcla de mayorista con minorista.
Hubo una especie de explosión del comercio al aire libre a medianos del año 1973.

Aparecieron por miles los tramos improvisados, especies de casitas minúsculas, sostenidas en pedazos de tablitas, cartones y plásticos, bajo los cuales eran colocados los canastos con mercancías y los niños tiernos de las “Vivanderas”, miles de ellas de Managua y otras miles provenientes de Masaya, Granada, de los Pueblos Blancos o Brujos, de Tipitapa, de La Concha, de Carazo, etc.

Ese mismo año se hizo común que muchas vendedoras se quedaran durmiendo en el tramito improvisado, o que las mercancías las transportaran diariamente en un carretón de manos hacia los sitios en que estaban posando o viviendo.
Fue adoquinada la Avenida del Gancho de Caminos hacia la Azucarera y pavimentado el pedazo de Avenida al Oeste de los galerones metálicos, construídos por la empresa Lacayo-Fiallos, se ha dicho, entre 1936 y 1940.
Cada “Vivandera” o “Vivandero” se fue quedando establecido en un pedazo de terreno, en puro suelo lodoso o polvoso, y de ese modo comenzó la defensa del “derecho ganado” de cada uno de los tramos en el ensanchamiento del Mercado Oriental, después del Terremoto de 1972.
Los adultos vendían (hombres y mujeres) y los niños tiernos dormían dentro de canastos y en el suelo.
Aparecieron el Jardín del Calzado, la Casa de los Encajes, La Carioca, decenas de negocios de comerciantes árabes y turcos en la Calle de Ciudad Jardín, situada de la esquina de la Casa de los Encajes rumbo al Cine Jardín.
Apareció el Cine México, situado del Gancho de Caminos dos cuadras al Oeste, donde no habían tramos comerciales antes del Terremoto de 1972.
En torno al Cine México había un parque o estacionamiento de vehículos, el cual fue “tragado” por el explosivo crecimiento de tramos al aire libre a partir de 1973.
Se instaló una intendencia o gerencia del Mercado Oriental en el módulo central, en representación del Distrito Nacional, para controlar a las “Vivanderas” y “Vivanderos” y cobrarles por el uso del piso e impuestos diarios por estar vendiendo en esos suelos llenos de basuras y diversos tufos por falta de limpieza.

El crecimiento de más y más tramos se fueron “comiendo” los parqueos de vehículos y carretas que estaban por donde es hoy el Jardín del Calzado, en los ceibones donde era la cuartería y prostíbulo de “las Mendozas”, de “El Malinche” y del “Palo de Gato”, pero al mismo tiempo se ensancharon estos prostíbulos y cantinas hasta convertirse en la llamada “Ciudad del Vicio”, según veremos más adelante.

El crecimiento era explosivo, desordenado, pues en todas partes se mezclaban las ventas de comida, por ejemplo, con ropa, calzado, cosméticos, verduras, legumbres, frutas, ferreterías, abarrotes, zapatos…

La Azucarera fue quedando rodeada de tramos comerciales sencillos, propiedad de gente muy pobre, y al mismo tiempo crecían las tiendas distribuidoras, mayoristas, cuyos dueños eran ya gente poderosa porque manejaban mucho dinero y se les veía con cadenas, cordones, pulseras, brazaletes carísimos, lucían ropa fina.

Los tramos se extendieron hacia la Iglesia de El Calvario, de la Casa de los Encajes rumbo a la Jabonería América, de la Azucarera al oeste, del Gancho de Caminos al Jardín del Calzado, de La Caimana hacia el Norte en una de las Avenidas de Ciudad Jardín, de donde es hoy la Estación IV de la Policía hacia los galerones metálicos, del Cine México al norte y oeste, del Cine México una cuadra al oeste y luego dos tres cuadras rumbo al norte por donde era el “Palo de Gato”.

El “Chiquero” y la “Ciudad del Vicio”

Por ese ensanchamiento veloz, voraz, violento, incontrolable, apareció también el llamado “Chiquero”, ubicado del Cine México tres cuadras al Lago, en un predio que ocupa más de una manzana.
En realidad, este “Chiquero” es como la continuidad del Mercado de Mayoreo de productos perecederos que habían en los galerones metálicos antes del Terremoto de 1972.

Al principio, a mediados de 1 974, allí se instalaban productores agrícolas o intermediarios con camiones llenos de plátanos, guineos, cebollas, ajos, papas, piñas, naranjas dulces y agrias, papayas, sandías, guayabas, zapotes, melones, tomates, pepinos, chayotes, ayotes, cañas, limones dulces, zanahorias, remolachas, bananos chinandeganos, caraceños y ometepeños.
Era el más extraordinario de los espectáculos, pues los ocupantes de estos camiones y camionetas llegaban de madrugada, por ejemplo, a las cuatro de la mañana y comenzaba una labor agitadísima de acomodar estos productos agrícolas en el puro suelo lodoso o polvoso.
Cada uno se había apropiado de un pedazo significativo o se lo había asignado el Distrito Nacional, encabezado en esos días por el somocista doctor Luis Valle Olivares.
Esos productores, además, dormían allí, cuidando sus productos comerciales, hasta que los vendían todos y se iban a traer más de lugares como Rivas, Masaya, Carazo, Sébaco, Jinotega y de los llamados “Pueblos Brujos”.

Era y sigue siendo un espectáculo agitado, agotador, lleno de angustias diarias, de madrugada, el hecho de que las “Vivanderas” de plátanos, frutas y legumbres, pagan a cargadores, “bulteros” y carretoneros para que les transporten del “Chiquero” estos productos hacia sus tramos dentro del Mercado Oriental.

Estos carretones llenos de mercancías, después del Terremoto y actualmente, se hacinaban en los callejones estrechos con compradores, provocando estancamientos que duran media hora, una hora y pleitos interminables por el derecho a paso.

En época lluviosa, los compradores llegaban a este sitio del “Chiquero” y resto del Oriental, “chapaleando” lodo, cuando los callejones ya se estaban volviendo estrechos, convirtiendo aquello en un hacinamiento cada vez más afixiante.

Los camiones con queso, abarrotes, ropa confeccionada y calzado, entraban por la Calle de donde es hoy la Estación IV de la Policía (instalada en 1981) hacia el norte, al galerón.

Ya en 1976, el Mercado Oriental ocupaba unas 40 manzanas. Se había extendido por el lado de la Iglesia de Santo Domingo, de la Iglesia de El Calvario rumbo a la Carretera Norte, de donde fue El Abanico al oeste, del México dos cuadras al oeste y al sur por el Barrio hoy llamado “19 de Julio”, de la esquina de la Ferretería El Novillo para el norte.

Todo esto en un área de terreno considerada parte de los escombros de la Capital “terremoteada”, pues este lugar está afectado por la llamada Falla de Chico Pelón, donde existe uno de los 16 volcanes activos e inactivos de Managua.

Ya en 1975 se podían ver, al mismo tiempo, tramos endebles, tramos bien construidos o “locales” sin techo alguno en pedazos de terreno resguardados, cada uno, por sus “dueñas” las “Vivanderas”, metidas en angustias por deudas con bancos, prestamistas voraces y ventas cada vez más bajas.

A la par de todo este laberinto comercial, fueron creciendo también los prostíbulos de “Las Mendoza”, de “El Malinche” y “El Palo de Gato”, bautizados por los capitalinos como “La Ciudad del Vicio”.

En “El Malinche” habían más de 50 prostitutas, con sus respectivos “chivos” (“maridos oficiales”).
Ya en 1975 eran famosos los asesinatos, asaltos a mano armada, robos en los tramos, bandas de ladrones, bandas de carteristas y también los crímenes ejecutados por guardias nacionales somocistas bajo un famoso árbol de guanacaste, ubicado para el lado del Cine México.
Se hicieron famosos los llamados “chivos” de las prostitutas en los tres sitios mencionados, pero además existían prostíbulos disimulados con rótulos como “se cose”, “se borda”, “se venden cosméticos”.

En estos lugares, en realidad, habían dos, tres, cuatro y hasta 10 mujeres prestando “servicios sexuales” sin control alguno, debido a lo cual aparecían las enfermedades de “gonorrea” y “chancro” en hombres y mujeres, inclusive en féminas decentes, porque sus maridos les trasmitían estas enfermedades venéreas.
En algunos casos, estos “chivos” eran comerciantes o delincuentes famosos. Se afirmaba en esos años que ir a la “Ciudad del Vicio” era buscarse, con seguridad, un asalto o la muerte segura.
En estas bandas de criminales estaban metidos numerosos guardias nacionales y funcionarios del Distrito Nacional, los cuales tenían dominio o eran aliados de delincuentes y amenazaban a las prostitutas con llevarlas presas por andar enfermas o debido a que no entregaban “la tajada” o “coima” por prestar “servicios sexuales”.

Cobraron fama los asaltos a “Vivanderas”, a compradores que los ladrones veían con dinero, los robos nocturnos dentro de los tramos de mayoristas.
También se formaron bandas de ladrones que protegían a comerciantes o les robaban mercancías.

Se hicieron comunes los famosos “topes”, es decir, comerciantes (hombres y mujeres) que compraban objetos robados, ya fuesen cadenas de oro, pulseras, relojes, granos básicos, repuestos de vehículos…

En medio de esta situación aparecieron también los grupos de delincuentes y comerciantes (aliados los unos con los otros) que ejercían el llamado “Mercado Negro”, que en realidad era (y sigue siendo) tráfico con determinadas mercaderías como repuestos de carros, camiones, tractores o artículos de ferreterías vendidos más baratos que en las Ferreterías formales de Managua.
Este “Mercado Negro” se hizo célebre en un predio cercano a la Iglesia de El Calvario, donde fue desarticulado varias veces por la policía somocista, pero volvía una y otra vez, alcanzando, al mismo tiempo, a otros productos como la ropa confeccionada, cigarrillos, cosméticos, medicinas y donaciones venidas del extranjero.

Se volvieron renombrados asimismo los llamados “corredores”. Esto significaba que algunos comerciantes móviles, sin tramos fijos, conseguían mercaderías escasas como los granos básicos: frijoles, maíz, arroz, sal, azúcar, cigarros, ropa fina, cosméticos de lujo o caros…
En la década del 70, después del Terremoto de 1972, ocurrieron incendios voraces en el Oriental, especialmente en aquellos sectores de ropa confeccionada y calzado.

Fueron “comunes” las apariciones de hombres o mujeres asesinados en cualquier callejón del Mercado Oriental, donde la oscuridad reinaba en casi todos los tramos. Había abundante luz sólo en las cantinas o prostíbulos de la ya mencionada “Ciudad del Vicio”, que en realidad eran tres puntos diferentes en el centro de expendio popular.

Cada que llovía fuerte en Managua se inundaban de correntadas todos los callejones, tramos y canastos del Mercado Oriental, mientras al mismo tiempo no fallaban los cobros del Distrito Nacional, encargado directo de las construcciones y reparaciones de calles en la Capital.
No habían desagües, se acumulaban la basura por decenas de toneladas, reinaba el lodo, el hacinamiento, los peligros de enfermedades por contaminación ambiental, todo lo cual se sumaba a la plaga de delincuentes reprimidos (unos) y protegidos (otros) por jefes policiales (guardias) que también tenían por negocio la prostitución y control provechoso en su favor de las bandas delictivas.

Cabe mencionar que por el ensanchamiento del Mercado Oriental se complicó también la presencia anual (del 1 al 10 de agosto) de la procesión de Santo Domingo de Guzmán, Patrono de Managua, a una de sus sedes en la Iglesia de Santo Domingo, situada, precisamente, en el extremo noroeste del Mercado.

Al rítmo de esta procesión religiosa, se movían también grupos de delincuentes o bandas de ladrones, que aunmentaban su accionar dentro y fuera del Mercado Oriental.

Al arribar a 1978, el Mercado Oriental había rodeado también al Cine México, en cuyas cercanías apareció el famoso “Callejón de la Muerte”, supuesto refugio de ladrones y de prostitutas.

El Mercado llegó al “Gancho de Caminos”, donde también se instalaron “cambistas” de dólares. Se llenó de tiendas comerciales la siguiente Avenida de Ciudad Jardín, ubicada del Gancho de Caminos una cuadra al este y luego hacia el norte.

El Mercado Periférico

Antes de continuar esta historia breve, es necesario contar sobre la aparición de los llamados Mercados Periférico y Occidental.
La edificación del Mercado Periférico estaba destinada, al parecer, para otros fines, pero el Distrito Nacional ordenó a abrir allí un centro de expendio popular, mientras al mismo tiempo la Guardia Nacional, jefeada por Somoza Debayle, mandó a instalar la tenebrosa Onceava Sección de Policía en ese mismo edificio, al mando del conocido asesino y torturador Alberto “Macho Negro” Gutiérrez.

Ese edificio fue reparado en 1973. Está situado en el costado Oeste del Cementerio Oriental de Managua.
La Treceava Sección de Policía se instaló casi al mismo tiempo que el Mercado, pues a raíz de las huelgas obreras de 1973 y el accionar del Frente Sandinista de Liberación Nacional, Somoza y su guardia genocida mandaron a abrir numerosas secciones policiales en el Oriente de Managua, como parte de la contrainsurgencia de la dictadura ante el avance del accionar guerrillero del FSLN.
En aquellos días el Mercado Periférico se llenó de “Vivanderas” y de compradores por la falta de centros comerciales en este sector oriental capitalino, hacia donde se estaba extendiendo Managua “en forma de abanico desordenado” después del Terremoto de 1972.

A él acudían pobladores de los Barrios Maestro Gabriel, Salvadorita (hoy Cristian Pérez), Edén, Ducualí, Bello Horizonte, Santa Bárbara, Don Bosco, Luis Somoza (Diez de Junio), Santa Julia, Nicarao, Catorce de Septiembre y el Barrio Costa Rica.
Fue dividido este edificio en ocho callejones orientados de sur a norte y tres callejuelas de este a oeste, entre los cuales fueron ubicados los tramos, construidos con bloques en forma de “minifaldas”.
Ha contado siempre con 6 plataformas de descargue un estacionamiento o parqueo amplio en el lado Oeste, donde se estacionan autobuses interlocales hacia Tipitapa.

Entre sus comerciantes más conocidas estaban Esmeralda Chamorro, Yolanda Téllez, Lidia Martínez, Rosabeth López, Gladis Olivares, Doña Velia Peralta (madre de David y René Tejada Peralta), Victoria Zamora, María Isabel Lanzas y Yolanda Medrano.
Algunas de estas comerciantes o “Vivanderas”, “Locatarias” o “Mercaderas” denunciaron siempre cómo se escuchaban los lamentos angustiosos de los prisioneros que eran torturados por “Macho Negro” en los sótanos de la Onceava Sección de Policía, donde todavía se ven las letras “G.N”.

Este Mercado comenzó a declinar por los centros comerciales y supermercados que aparecieron en 1975 en el Reparto Bello Horizonte y los alrededores del Cine Colonial.
Casi al mismo tiempo se instaló el Mercado Occidental, cuyos comerciantes o “Vivanderas” y “Vivanderos” eran, en la mayoría de los casos, los que habían estado en el Mercado de Candelaria en las cercanías de la Estación del Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua.

Este Mercadito se ubicó en el costado noreste del Cementerio Occidental, el más grande y viejo de Managua, para dar atención comercial a los Barrios Monseñor Lezcano, Santa Ana, El Arbolito, Altagracia, Linda Vista, Las Brisas, Acahualinca, San Sebastián y El Rosario.

El local de este Mercado es casi todo de madera. Tiene forma rectangular de sur a norte. Cuenta con dos callejones largos y tres calles cortas.
En el Periférico y el Mercadito Occidental se vendía de todo: verduras, comidas, ropa confeccionada, medicinas, frutas, legumbres, abarrotes, carnes de res, cerdo, pescado y pollo, bisuterías, lácteos, abarrotes, tortillas, cosméticos, carbón, leña, caña, dulces de rapadura…

Las “Vivanderas” de estos dos Mercados siempre reclamaron la necesidad de que les pusieran una Terminal de Autobuses Urbanos en sus estacionamientos, o que al menos pasaran cercas las rutas urbanas.

Cabe aclarar, eso sí, que en la década de 1970, antes del Triunfo de la Revolución Sandinista, eran escasas estas Rutas de Buses Urbanos, pues estaban limitadas a las llamadas TUN, 109, los autobuses de Río Sol y algunas camionetas propiedad de guardias nacionales.

Mercados y el Triunfo de la Revolución Sandinista

Una de las primeras medidas de la Junta de Reconstrucción Nacional, después del Triunfo de la Revolución Sandinista,
fue reordenar el laberinto del Mercado Oriental y desarticular la “Ciudad del Vicio”, lo cual comenzó en el mismo año de 1979.
Era una misión que parecía muy difícil, porque la delincuencia organizada, en combinación con guardias genocidas y la “chivería” de los prostíbulos de la “Ciudad del Vicio”, habían demostrado ser intrépidos, audaces, feroces y violentísimos en su accionar dentro y fuera del Mercado Oriental.
Se recuerda que, inclusive, quienes se oponían a los designios de las bandas delictivas y de los guardias mismos aparecían muertos a puñaladas, balazos o ahorcados en el guanacaste que estaba situado por donde es hoy “El Chiquero”.
La Junta de Reconstrucción Nacional nombró como jefe de la Junta de Reconstrucción de Managua a Samuel Santos López, quien con su equipo de trabajo elaboró el plan de reordenamiento del Oriental.
La inmensa mayoría de “Vivanderas”, “Locatarias” o “Mercaderas” dieron su “bendición” a los planes de limpieza social, limpieza ambiental e higiene, porque también reinaban tufos por desagües taqueados, por basura almacenada en todo el Mercado, por tramos hacinados y ubicados en el puro suelo y debido, en resumen, a que el Mercado no era lavado por el Distrito Nacional.
Se organizó el operativo. Por supuesto, éste se facilitó porque centenares de “Vivanderas” y “Vivanderos” eran Colaboradores Históricos del Frente Sandinista en la clandestinidad.

Hubo una reunión previa entre el Alcalde Samuel Santos López, funcionarios de la recién organizada Alcaldía o Junta de Reconstrucción de Managua, agentes de la Policía Sandinista, comerciantes o “Vivanderas” y militantes del FSLN.

Fue un espectáculo estremecedor, tierno, una imagen de gran solidaridad humana aquel hecho de hablar con las prostitutas y convencerlas para que abandonaran esa vida de “bajo mundo” en la “Ciudad del Vicio”, “donde la vida no valía nada”, recuerdan “La Polvorita Martínez”, Ana Zúniga y Carmen “La Chanita” Díaz.

Fue de tarde, en pleno día. Una procesión interminable de comerciantes o “Vivanderas” andaba participando en el operativo de limpieza del Oriental.
Las mujeres prostitutas fueron sacadas de los tres prostíbulos, cuyos dueños, mezclados con guardias somocistas, habían huido.

Las cuarterías o dormitorios de las prostitutas y los “cuartos de servicios sexuales” eran francamente asquerosos, hediondos, sucios, llenos de hongos y papeles viejos.

Los “servicios sexuales” eran prestados en tijeras viejas de lonas rotas o forradas de sacos “Macén”, también ya viejos, o en camastros de madera podrida.
Aquellos “cuartos de servicios sexuales”, estrechísimos, tenían como puerta una cortina de saco de bramante o cualquier trapo viejo, y al mismo tiempo estaban separados por biombos de papeles y sacos viejos.
Todos los ruidos de una pareja en movimiento por “coito sexual” eran escuchados por la otra pareja de al lado.

El piso era puro suelo. El techo era de cinz muy viejo o de cartones prensados con piedras por encima.
El precio por el “servicio sexual” dependía de si la mujer era joven, bonita o si ofrecía determinadas “habilidades” y “servicios extras”.
Esos “servicios sexuales” costaban 20 córdobas, 30 córdobas y 40 córdobas.
Una fama adicional de estos “lupanares” era que las prostitutas se ponían de acuerdo entre ellas o con sus “chivos” para robarle a los clientes, después de emborracharlos o emboscarlos a mano armada dentro o fuera del prostíbulo de “Las Mendoza”, “El Malinche” y el célebre “Palo de Gato”.
Algunos de los “chivos” y delincuentes eran espías o sencillamente estaban al servicio de la Guardia Nacional y de funcionarios del Distrito Nacional.

Aquello fue como la liberación de un campo de concentración.

Dentro del prostíbulo, a la orilla del recinto administrativo, había un estanco, en el cual se servían los “tragos de a peso”, y en las orillas, en el suelo, estaban unas bateas de aserrín para que los bolos escupieran.
El rufián, dueño o administrador del prostíbulo estaba allí mismo cobrándole a las prostitutas después que éstas habían “terminado” con el cliente en uno de los cuartuchos mencionados.
Fueron desarmados los cuartos, y muchas de las mujeres se organizaron posteriormente en grupos para participar en proyectos sociales y económicos, como ocurrió, por ejemplo, en el llamado “Barrio Maldito”, hoy llamado Julio Buitrago Urroz, militante sandinista asesinado por la Guardia Nacional en Las Delicias del Volga.

También fueron desarmados los cuartos o casitas-tramos de centenares de comerciantes, mujeres y hombres, que vivían cuidando sus mercancías dentro del Oriental.

La mayoría de estos comerciantes fueron trasladados a lotes de lo que es hoy el Barrio Progresivo Jorge Dimitrov, en las cercanías del Colegio Cristo Rey.
Además de reordenamiento del Oriental, el operativo de limpieza incluyó una campaña de forma directa y mediante medios de comunicación masiva, para neutralizar el contrabando de mercaderías, la especulación de precios con productos básicos de consumo popular como los frijoles, maíz, arroz, jabones, aceite de cocinar, carnes de todo tipo, papel higiénico, verduras, legumbres, frutas, etc.

La campaña incluía combatir los préstamos usureros de prestamistas que se hicieron millonarios por las coimas cobradas a las “Vivanderas” del Mercado Oriental.

En este operativo participaron como dirigentes sandinistas y comerciales Marcos Mejía Marenco y Nubia Sánchez, Noel Carrero Escoto, Olga Orozco, Janet Muhan, y la Chilito Martínez, quienes pocos meses después del Triunfo de la Revolución crearon una organización representativa de las “Vivanderas” y “Vivanderos” llamada Comité Central del Mercado Oriental.

Antes de 1979 no hubo organización representativa alguna, porque la Guardia Nacional y los burócratas del Distrito Nacional lo impedían.
Este Comité Central comenzó con 350 miembros, entre mujeres y hombres, todos comerciantes.
Uno de los elementos polémicos de aquellos momentos era el asunto de que dentro del mismo Oriental habían numerosos comerciantes mayoristas, que al mismo tiempo vendían “al detalle” perjudicando a los vendedores minoristas.

Influidos por el calor de la Revolución Sandinista, los integrantes del Comité Central del Oriental, apoyados por el Frente Sandinista y la Junta de Reconstrucción de Managua, comenzaron también a organizar los Comités de Defensa Sandinistas por rubros y manzanas, con el fin de tener “un canal de comunicación directo” para dar a conocer medidas económicas de distribución por parte del gobierno revolucionario.
Para sus reuniones, unas estrictamente comerciales y otras políticas y de los CDS, el Comité Central gestionó la obtención del local que actualmente ocupa en el segundo piso del galerón metálico de las carnes, comidas y artesanías.

Casi al mismo tiempo, se lanzó una campaña de limpieza a fondo en todos los tramitos comerciales, los cuales fueron lavados, fumigados y mejorados físicamente con apoyo de la Intendencia del Mercado Oriental, uno de cuyos primeros gerentes fue un hombre llamado Leonardo Minicucci.
Paralelamente se iba reordenando. El reordenamiento consistió en acomodar los tramitos de tal manera, para que las calles quedaran despejadas para la circulación de los compradores y de vehículos como camiones, camionetas, motocicletas, carretas y autobuses inclusive.
Los CDS crearon la Vigilancia Revolucionaria, consistente en evitar la presencia nocturna de delincuentes e impedir la especulación con productos comerciales escasos como los frijoles, arroz, maíz, queso, por ejemplo.

Por primera y única vez en la Historia de Nicaragua se pudo apreciar armonía organizativa, solidaridad creciente entre las y los comerciantes y de comunicaciones entre las organizaciones de vendedores minoristas y representantes del gobierno de la Junta de Reconstrucción de Managua.

Se puso de moda en el Mercado Oriental la distribución organizada de productos comerciales diversos.
Se organizó el Mercado Oriental por rubros, es decir, la ropa, calzado, cosméticos, por ejemplo, se colocaron en un solo sector.
El galerón metálico sur se destinó a los abarrotes. En el segundo galerón metálico se organizaron las vendedoras de carnes, comedores, de embutidos, las artesanías…

En coordinación del Comité Central del Mercado con la Intendencia, ya en la época de Henry Larios, fueron organizadas las Zonas I, II y III.
En la Zona I se colocaron la ropa, calzado, cosméticos, mochilas, telas…
La Zona II es la de los galerones metálicos, en los cuales se incluyen las ventas de pescados.

Y la Zona III es la de los productos perecederos como verduras, legumbres, frutas, es decir, plátanos, tomates, piñas, bananos, melones, naranjas, limones, hortalizas, repollos, cebollas…
En esta misma época es organizado el Centro de Desarrollo Infantil para que las “Vivanderas” con hijos pequeños los llevaran a ese sitio mientras permanecían en sus tramos comerciales.
A los niños se les daba comida, atención médica, educación y cuido durante todo el día, con personal pagado por la Corporación Municipal de Mercados de Managua (COMMEMA).

Se le dio un sentido de propiedad a cada tramo, para que todas las comerciantes (mujeres y hombres) lo cuidaran como su centro de trabajo.
Por primera vez en toda la Historia nacional se comenzó a celebrar el Día de las Madres entre las comerciantes, promovida esta actividad por el Comité Central del Mercado y la Intendencia del Oriental.
Asimismo, se comenzó a poner en práctica la solidaridad real cuando una de las “Vivanderas” organizadas sufría una desgracia familiar o personal.
Cuando una de las mujeres vendedoras estaba enferma, del CDS y del Comité Central iban a verla y le llevaban ayudas financieras o alimentos o medicinas.
Se efectuaban reuniones o asambleas del Comité Central y de los CDS cada ocho días, mediante lo cual los comerciantes se mantenían plenamente informados.
Al fin de año se efectuaban fiestas populares con derroche de arte desarrollado entre las mismas comerciantes o de sus hijos en el Mercado Oriental.
En la década del 80 fueron también gerentes de la Intendencia del Mercado Oriental los licenciados Enrique Murillo, Jesús Estrada, Eduardo Dolmus y Wilfredo Osejo Blandón, quienes también prestaron servicios en otros Mercados de Managua.

Asimismo, fue gerente del Oriental Carlos Irías Rodríguez, quien rotó en este cargo gerencial en todos los Mercados nuevos de Managua.
Una de las primeras directivas de comerciantes del Oriental estuvo integrada por María Urbina Moraga, Juana “La Polvorita” López Vivas, Nubia Sánchez, Rosa Cerda, Georgina Martínez, Ana Zúniga y Olga Orozco.
Además del ordenamiento mencionado, en el Oriental se comenzaron a instalar luces o energía eléctrica en los tramos en que no había este servicio público, el cual estaba limitado a los galerones metálicos y a los prostíbulos.

En los galerones metálicos había energía eléctrica porque las vendedoras de carne la necesitaban para conservar las carnes de res, cerdo, pollo, pescado y los lácteos.

La creación de COMMEMA
Fundación de los nuevos Mercados capitalinos

El 2l de abril de 1981 fue creada la Corporación Municipal de Mercados de Managua (COMMEMA) por parte de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional.

Esta tenía como objetivos esenciales organizar, administrar eficientemente y ofrecer servicios ágiles a comerciantes y consumidores en Managua.

El artículo 3 de la Ley Creadora de COMMEMA dice lo siguiente: a) La administración y control del Mercado Mayorista y de los Mercados Minoristas del Municipio de Managua; b) Coadyuvar y participar en la implantación y observancia del orden jurídico prescrito para la defensa y la protección del consumidor, y especialmente en lo relativo a las políticas de control de precios; control de calidad, pesas y medidas; abastecimiento y distribución de producto de consumo popular.
En otras palabras, por primera vez en toda la Historia del país esta actividad de los Mercados de Managua era sometida a ordenamiento y controles legales, distribución y abastecimiento ordenados en beneficio de los consumidores y comerciantes.

Ya se define a los comerciantes como Mayoristas y Minoristas. “Unos venden por cienes y quintales y los otros al detalle, uno por uno, de dos en dos”, explicaba en esos días Samuel Santos López.
Toda la Ley Creadora de COMMEMA dice lo siguiente:

Artículo 1. Créase la Corporación Municipal de Mercados de Managua, que en el texto de la presente Ley se designará COMMEMA, adscrita a la Junta de Reconstrucción de Managua (Alcaldía) con personalidad jurídica, patrimonio propio, autonomía económica y administrativa, y capacidad para adquirir derechos y contratar obligaciones.

Artículo 2. COMMEMA tendrá duración indefinida y su domicilio será el Municipio de Managua.
Artículo 3. COMMEMA tendrá los siguientes objetivos:

a) La administración y control del Mercado Mayorista y de los Mercados Minoristas del Municipio de Managua; b) Coadyuvar y participar en la implantación y observancia del orden jurídico prescrito para la defensa y la protección del consumidor y especialmente en lo relativo a las políticas de control de precios, control de calidad, pesas y medidas; abastecimiento y distribución de productos de consumo popular.

Patrimonio

Artículo 4. El Patrimonio de COMMEMA estará constituido por: a) Los bienes o ingresos que a cualquier título adquiera en el ejercicio de sus actividades;
b) Las subvenciones que al efecto le otorgue el Estado;
c) Las donaciones que a cualquier título le sean otorgadas, y
d) Los fondos provenientes de los empréstitos que contrate con personas o entes nacionales y extranjeros, de acuerdo a las normas dictadas por el Gobierno Central.

Atribuciones

Artículo 5. Para el cumplimiento de sus objetivos, COMMEMA tendrá las siguientes atribuciones:
a) Administrar los bienes que arriende, posea o adquiera a cualquier título:
b) Regular internamente las actividades que atañen directamente a su propio funcionamiento, y solicitar al responsable de la Junta de Reconstrucción de Managua, que dicte Reglamentos y Acuerdos contemplados en el artículo 8 de esta Ley.

Dirección y Administración

Artículo 6.- La Dirección y Administración de COMMEMA, estará a cargo de:
a) Un Consejo Superior, y
b) Un Director y un Sub-director
Artículo 7.- La política general de COMMEMA será atribución exclusiva del Consejo Superior, el cual estará integrado por:

1- El responsable de la Junta de Reconstrucción de Managua (Alcaldía) o su delegado, quien la presidirá.
2- Un delegado del Ministerio de Planificación Nacional.
3- Un delegado del Ministerio de Desarrollo Agropecuario.
4- Un delegado del Ministerio de Comercio Interior.
5- Un delegado del Ministerio de Transporte,
6- El Director de COMMEMA.
7- Un miembro de las organizaciones de trabajadores del campo.
8- Dos miembros de las organizaciones populares de Managua.
Los delegados a que se refieren los acápites 7 y 8 de esta disposición serán designados por la Junta de Reconstrucción de Managua.
Artículo 8.- El Consejo Superior tendrá, además, las facultades y atribuciones siguientes:
a) Solicitar al responsable de la Junta de Reconstrucción de Managua, en la esfera de su competencia, que dicte Reglamentos, Acuerdos y demás Normas generales de la Corporación;
b) Nombrar al Director y Subdirector;
c) Conocer de los informes que está obligado a rendir el Director;
d) Solicitar y aprobar el Presupuesto Anual, así como solicitar informes extraordinarios en cualquier tiempo;
e) Nombrar al Secretario del Consejo Superior, y
f) Autorizar mediante resolución expresa la suscripción de empréstitos, la constitución de gravámenes y enajenación o adquisición de bienes del quórum del Consejo Superior.
Artículo 9.- El quórum lo formarán cinco de sus miembros y las resoluciones se tomarán con el voto de la mayoría de los presentes.
Sesiones

Artículo 10.- El Consejo Superior sesionará ordinariamente una vez al mes y extraordinariamente cuando fuere convocado legalmente al efecto.
El Secretario del Consejo será el encargado de formular las convocatorias. También formulará las convocatorias de las sesiones extraordinarias cuando sea instado por el presidente o tres miembros del Consejo.

Director y Subdirector

Artículo 11.- El Director de COMMEMA es el funcionario responsable de ejecutar las resoluciones emanadas del Consejo Superior. Tendrá las facultades de un Mandatario General de Administración y ostentará la representación legal de la Corporación.
Artículo 12.- El Subdirector será postulado por el Director y nombrado por el Consejo Superior. Colaborará con el Director y hará sus veces en su ausencia o falta.

Disposiciones general

Artículo 13.- COMMEMA gozará de exención de pago de impuestos fiscales y municipales de Managua, así como también de exención de los aforos aduaneros sobre la importación de bienes y equipos para su organización y operación administrativa.
Estas exenciones no abarcan el pago de los impuestos de venta y selectivos de consumo.

Garantía

Artículo 14.- Las obligaciones contraídas por COMMEMA estarán garantizadas con su propio patrimonio y gozarán en su caso de las garantías que le otorgue el Estado.

Reglamento

Artículo 15.- El responsable de la Junta de Reconstrucción de Managua dictará los reglamentos y acuerdos que permitan el cumplimiento de los fines de la presente Ley.
Artículo 16.- La presente Ley entrará en vigencia desde la fecha de su publicación en “La Gaceta, Diario Oficial”.
Dado en la ciudad de Managua, a los 21 veintiun días del mes de abril de mil novecientos ochenta y uno.
Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional–Sergio Ramírez Mercado- Daniel Ortega Saavedra- Rafael Córdova Rivas.

Fundación de Mercados

Su primer director fue Juan José Medina, quien era uno de los militantes más conocidos del FSLN en esos años. Le sustituyó en el cargo, posteriormente, Alberto de La Barra.
Antes del Triunfo de la Revolución Sandinista se había empezado a ejecutar la construcción de varios Mercados nuevos en Managua.
Era un proyecto aprobado por la Agencia Internacional para el Desarrollo (AID) en la época final de la tiranía genocida del somocismo.
Esos Mercados estaban a medio construir o no se había comenzado la construcción.
Estos Mercados fueron bautizados después, en asambleas de comerciantes, con los nombres de Carlos Roberto Huembes, Iván Montenegro Báez, Israel Lewites Rodríguez, Róger Deshón Argüello, el de Ciudad Sandino y el Mayoreo, este último ubicado al Este de Managua.
El primer Mercado en ser inaugurado fue el Israel Lewites Rodríguez el 17 de octubre de 1979 con una cantidad de comerciantes que permanecían vendiendo en las orillas de la Carretera a la altura del llamado “Siete Sur”.

Al acto de inauguración asistieron el comandante Daniel Ortega Saavedra, Sergio Ramírez Mercado, el Alcalde Samuel Santos López y otros funcionarios del gobierno revolucionario.

El siguiente en fundarse fue el Mercado de Mayoreo en febrero de 1981.
El resto de Mercados fueron inaugurados en abril de 1981, mediante el traslado masivo de “Vivanderas”, “Locatarias” o “Mercaderas” del Oriental hacia ellos.
En el caso del Mayoreo, funcionarios de la Junta de Reconstrucción de Managua dialogaron con comerciantes del Mercado Oriental de buenas posibilidades económicas, para que se trasladaran al Mayorista.

La meta era trasladar 5,000 “Vivanderas” del Oriental hacia estos Mercados nuevos de Managua.
Esto tenía como finalidad, al mismo tiempo, reducir de tamaño el monstruoso Oriental y descentralizar las actividades comerciales hacia distintos puntos de la Managua de 1981, la cual había crecido en forma de abanico hacia la periferia, provocando distancias muy largas entre las Colonias, Repartos, Barrios y Asentamientos Humanos.
En 1981 la Capital era completamente distinta a la Managua de antes del Terremoto de 1972. Aquella Managua Capital era pequeña, concentrada en pocas calles y avenidas.

En 1981, en cambio, es una Ciudad que de “Ciudad Sandino” a la Colonia Primero de Mayo tiene 15 kilómetros de distancia.

Con el fin de convencer y organizar a “Vivanderas” del Oriental, para que se trasladasen a los Mercados nuevos, se efectuaron numerosas asambleas explicativas, en las cuales se sostenía que debían trasladarse las vendedoras que, por ejemplo, vivían en Barrios cercanos al Mercado Carlos Roberto Huembes.
Entre estas cercanas al Huembes estaban: Cristina López Martínez, María Elena Borge, Nora Montano Avellán, Humberto Avellán, doña Lidia Martínez (ya fallecida), Santos Silva, Antonia Díaz Luna, María Morales, Lucila Sobalbarro…

Las residentes en Ciudad Sandino debían quedarse en Ciudad Sandino. Blanca Estela Castellón, por ejemplo, residía en Villa Venezuela y se le planteó su traslado al Mercado Iván Montenegro Báez.
En las asambleas explicativas con funcionarios de la Junta de Reconstrucción de Managua estaban Socorro Brenes, de Ciudad Sandino, a quien le pidieron que organizara a su gente para el traslado.
Estos trabajos de traslado los encabezaba personalmente Samuel Santos López, respaldados por miembros del Comité Central del Mercado Oriental, entre otros: Marcos Mejía Marenco, Nubia Sánchez, Noel Carrero Escoto y Olga Orozco.
Las asambleas se efectuaban en el local que ocupa hoy la Asociación de Comerciantes del Oriental.

Sorteo y traslado

Finalmente, se hizo una especie de sorteo en torno a los tramos que cada una de las “Vivanderas” y “Vivanderos” debían ocupar en cada uno de los Mercados mencionados.

La Junta de Reconstrucción de Managua y el Comité Central destinaron a unos 200 hombres para que ayudaran a las comerciantes a arrancar sus tramos del Oriental.

Las tablas, horcones, clavos, enseres domésticos, refrigeradoras, muebles, mercancías y las mismas comerciantes fueron montadas en camiones y camionetas de la también Alcaldía nueva de Managua.
Hubo incertidumbre en muchas comerciantes. Ciertamente salían del lodo, del polvo y de peligros del Oriental, pero iban hacia algo nuevo, desconocido.
Aquel mes de abril fue agitadísimo. La meta de 5,000 comerciantes hacia estos Mercados nuevos no se cumplió, pues sólo un poco más de 2,000 vendedoras decidieron trasladarse del Oriental al Huembes, Iván Montenegro Báez, Róger Deshón Argüello y también al “Leonel Gutiérrez”, conocido también como Occidental.
Comerciantes y hombres de la Alcaldía o Junta de Reconstrucción de Managua parecían zompopos acarreando mercaderías y objetos domésticos de los estacionamientos hacia el interior de estos Mercados nuevos.

Según datos de esos días, al Carlos Roberto Huembes se trasladaron 900 vendedoras, al Iván Montenegro 500, al Róger Deshón Argüello 200, a Ciudad Sandino 300 y al “Leonel Gutiérrez” unas pocas.
Por supuesto, estos Mercados nuevos contaban con comodidades que de ninguna manera había en el Mercado Oriental.
En primer lugar eran nuevecitos. Quedaban herméticamente cerrados con puertas metálicas corredizas.
En el caso del Huembes, las abarroteras fueron ubicadas en tramos interiores del norte y este.

Las vendedoras de carne fueron situadas en tramos con instalaciones especiales para colocar las refrigeradoras y colgaderos de carne.
Los comedores quedaron dentro, en el lado sur, y afuera en un módulo especial, también en el sur. Las tiendas de ropa, zapatos y electrodomésticos fueron ubicadas en tramos cerrados en pasillos exteriores del Mercado, el cual tiene tragantes de luz en todo el interior, donde se distribuyen también los tramos de verduras, legumbres, ventas de queso, de refrescos, expendio de frutas, raíces medicinales, bisuterías, tortillas, pupusas, leña, carbón…

En un módulo ubicaron los salones de belleza, barberías, sastrerías, reparaciones de zapatos, afilado de cuchillos, y en otro, al noreste, fueron ubicadas las ventas de artesanías, una de las más famosas del país.

Sin ventas casi un año

Entre las fundadoras del Carlos Roberto Huembes se cuentan: Cristina López Martínez, Nora Montano Avellán, Isabel López, Lucila Sobalbarro, Olga Obregón, Ligia Vega, Olga García, Haydeé Vallecillo, Luisa López, Santos Sobalbarro, María López, Lucila Orozco, María Morales, Santos Silva, Mayra Cano, Angela Aburto, Antonia Díaz Luna, Aura García, Violeta Flores, Carmen Espinoza, Luisa Tenorio, Lidia Martínez, Pastorela Martínez, Argentina Fonseca, Cornelia Zúniga, Elena Borge, Estebana Salmerón y Esmeralda Jiménez.
Cristina López Martínez, secretaria política del FSLN en el Huembes, recuerda que en ese primer año (1981) vendían muy poco. Cristina, por ejemplo, se dedicaba a vender plásticos.

Era poca la gente que llegaba a comprar al Huembes, a pesar de la limpieza, de lo nuevo, de lo atractivo con que se ofrecían los productos comerciales.
Fue necesario, relata Cristina, hacer un plan de divulgación y publicidad entre la Junta de Reconstrucción de Managua, las mismas comerciantes y medios de comunicación masiva como el Diario BARRICADA.
Integraron un Comité Central encabezado por Isabel López (ya fallecida), Blanca Estela Castellón, Ligia Vega, Nora Montano Avellán y Cristina López Martínez.
Estas iban a las asambleas barriales de los CDS en vecindarios como el Ariel Darce, Diez de Junio, Don Bosco, El Dorado, Santa Julia, Nicarao, Catorce de Septiembre y Venezuela, invitando a que fuesen a comprar al Mercado Carlos Roberto Huembes.

En ese mismo año, con el apoyo de la Alcaldía, organizaron también las llamadas “Noches de Compras”. Pasaron casi todo el año con esas ventas bajas, hasta que en 1982 comenzaron a mejorar, porque ya llegaban más los clientes en busca de ropa confeccionada, alimentos, plásticos, comidas elaboradas, zapatos, carbón, leña, tortillas, pupusas, molinos, reparaciones de zapatos, carnes, e inclusive hasta empezaron a llegar comerciantes grandes a alquilar bodegas y el frigorífico del Huembes.

Este Mercado cuenta con descargue amplio, bodegas, cuartos fríos, un estacionamiento enorme en el lado norte, una Terminal de Autobuses Interlocales, situada en el lado sur; un Centro de Desarrollo Infantil, comedores adentro y afuera, salones de belleza, barberías, sorbeterías, farmacias, ferreterías y tenía un sistema de comunicación llamado “radiobase”, un cuartel de bomberos de SINACOI, el Centro de Salud Pedro Altamirano, una oficina de correos y teléfonos, una biblioteca nacional, la Oficina del Distrito V y la sede administrativa del mismo Huembes.
Las vendedoras fundadoras en asamblea decidieron ponerle el nombre de Carlos Roberto Huembes en homenaje a este Héroe y Mártir de la Revolución Sandinista.

Poco a poco se fue convirtiendo en una especie de Tienda Diplomática el Huembes, debido a la cantidad de ropa cara o electrodomésticos lujosos y la bien surtida artesanía que tiene en el lado Noreste.
Historia similar en dificultades y algunos logros se produjeron en el Iván Montenegro Báez, en Ciudad Sandino, en el Róger Deshón Argüello y en el Mercado de Mayoreo.

Las vendedoras organizadas en la Asociación de Comerciantes y en el FSLN en este Mercado Huembes siempre celebran el Día de la Madre, el Día Nacional de la Alegría (por la huída de Somoza Debayle), el Día Internacional del Niño, el 19 de Julio, la Navidad y la despedida de cada año.

Volveremos con esta historia del Huembes. Entre otros, los y ls fundadores del Mercado Israel Lewites Rodríguez, son:

Julio César Moreira Rodríguez, Ruth Cajina, Eduardo Fuentes, Hilda Isabel Altamirano, Inocencio Orozco, Susana Hernández, Gloria Espinoza, César Escobar, Luis Medrano, Cony Guerrero, Francisco Vado, Mercedes Oviedo, Ramón Bustos, Francisco Castillo, Mario Bojorge, Miriam Membreño, Mercedes Torres, Tránsito Idiaquez, Marta Téllez, Ofelia Rocha, Amada Arias, Anastasio Martínez y Gloria Morales de Martínez.

La primera directiva del Comité Central o Asociación fue encabezada por Luis Medrano, Mercedes Oviedo, Jaime Cardoza, Ramón Bustos y Eduardo Fuentes.
Este Mercado era el comienzo de tres galerones grandotes, más la Terminal de Autobuses Interlocales hacia Occidente. Es cerrado con mallas, cuenta con un estacionamiento amplio, está sectorizado: ropas, calzado, verduras y legumbres, comedores, ventas de quesos y otros lácteos, pescados, gaseosas, librerías, talleres de reparaciones de cocinas, radios, televisores, zapatos, equipos electrónicos, fábricas de tortillas, cosméticos, anteojos, relojes, bisuterías, botones, pantalones, camisas, es decir, tiene de todo, incluyendo ferreterías y bares en la periferia.

Blanca Estela Castellón tuvo el privilegio de ser fundadora de dos Mercados nuevos: del Huembes y del Iván Montenegro Báez, donde primero poseyó un tramo de abarrotes y ahora vende comidas y refrescos.
Entre las fundadoras del Montenegro Báez se cuentan:

Blanca Estela Castellón, Andrea Pérez Pérez, Eddy Martínez, Vilma Villalobos, Julia Palma, Luisa Flores, Gloria Gaitán, Petronila Martínez, Leticia y Ligia Granados, Aura Lila Martínez, Miguel Barahona, Ahmad Mahmaud Al Garazi, Maura Grádiz, Isabel Cruz, Richard Canales y Josefa Alemán Sánchez.

El Iván Montenegro Báez es un poco pequeño el local interno en relación al Mercado Carlos Roberto Huembes.
Sin embargo, su estacionamiento o parqueos iniciales de los lados sur y oeste eran enormes.

En sus costados tiene una biblioteca, un centro deportivo y cultural, un cuartel de SINACOI, y está rodeado de vecindarios populares como Villa Venezuela, Villa Revolución, Villa Libertad, Villa Austria, Colonia Primero de Mayo, etc.

La forma interior es parecida a la del Huembes. En los tramos interiores del sur están ubicados los abarrotes, en el centro se venden verduras, frutas y legumbres, en el lado Este se expenden carnes y quesos.
En el lado oeste, en una ristra muy larga, están situadas las tiendas en que se venden zapatos, ropa confeccionada, venta de mochilas, librerías, farmacias, los talleres de reparaciones de zapatos y de radios y televisores.
En el estacionamiento del oeste estuvo ubicada la Terminal de Autobuses del Norte, llamada COTRAN. Ahora funciona como Terminal de Autobuses hacia San Francisco Libre y otras comunidades cercanas a Managua.

En este Mercado la depresión de las ventas fue más larga, recuerda Blanca Estela Castellón. “Las ventas bajas duraron casi dos años. Tuvimos que andar visitando gente en los Barrios, invitándolos a comprar donde nosotras… finalmente, el Iván Montenegro comenzó a llenarse en 1,983”, señala Blanca Estela Castellón, quien ha sido dirigente de Asociaciones y del FSLN desde 1,981.

Mercado de Mayoreo

Juana Engracia Espinoza Potoy, de 65 años, granadina, es una de las fundadoras del Mercado de Mayoreo. Para sus actividades comerciales antes del Triunfo de la Revolución Sandinista, Espinoza Potoy se movía entre Granada y el Mercado Oriental de Managua.
Espinoza Potoy es “Vivandera” desde los 13 años en Granada y Managua. Tuvo doce hijos.
Al ser planteada la necesidad de los traslados a los Mercados nuevos, Espinoza Potoy prefirió ubicarse en el Mercado de Mayoreo, situado en la soledad reinante de este sector de Managua en 1,981, porque no habían aparecido los Asentamientos Humanos de los alrededores.
En este Mercado de Mayoreo existen comerciantes varones y mujeres. Otras de las fundadoras son:
Ada Luz Rivera, Felipa Potoy, Rosario Rodríguez y María Martínez.
Este Mercado tiene 11 módulos antiguos y seis módulos nuevos. En los primeros años de la década de 1980 era estricto el asunto de vender sólo “al mayoreo” en los módulos en que se vende cebollas, papas, plátanos, repollos, guineos, granos básicos, abarrotes, cosméticos, chayotes, naranjas, melones, sandías, quesos, cremas, venta de armas deportivas…

Hay comedores, una oficina grande para la administración, estacionamientos y zonas de descargue frente a cada uno de los módulos, los cuales son metálicos y tiene un tamaño similar a los del Mercado Oriental.

Con el paso del tiempo, aún antes de 1988, en este Mercado de Mayoreo se practica al mismo tiempo la “venta al detalle”, porque mucha gente capitalina llega en autobuses urbanos demandando este servicio.
Dentro, actualmente, existen terminales de Rutas de Autobuses urbanos, entre otras: 120 y 110.
El Mercado de Mayoreo tiene como parte de sus servicios un tanque de almacenamiento de agua potable, la cual es usada para beber, cocinar alimentos y lavar, por ejemplo, las papas, zanahorias, yuca, cebollas y otras frutas en general.

Fundación del Mercado Ciudad Sandino

Marcos Mejía Marenco y otros ex-dirigentes comerciales y de los Comités de Defensa Sandinistas, aseguran que el Mercado de Ciudad Sandino fue inaugurado también en abril de 1981.

Las “Vivanderas” más antiguas de Ciudad Sandino, entre otras, Teresa Castro Narváez, afirman:
No. Este Mercado se fundó antes, el 12 de octubre de 1980. Estuvo primero que el resto de Mercados nuevos. A la inauguración asistieron Samuel Santos López, Tomás Borge Martínez, Omar Cabezas Lacayo, Carlos Carrión Cruz y Lesbia Bermúdez, unos del gobierno y otros por parte del Frente Sandinista.

Ciudad Sandino (antes “OPEN III”) está situado al norte y este, suroeste del kilómetro doce y medio de la Carretera Nueva a León.
Hasta 1,981 fue considerado un Barrio más del Municipio de Managua. En ese mismo año fue convertido en el Distrito I de Managua mediante decreto de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, lo que vino a dar más importancia al Mercado de Ciudad Sandino.
Entre otros, las y los fundadores de este Mercado tenemos los siguientes nombres:
Dominga Socorro Brenes, Argentina Hernández, Teresa Castro Narváez, Santiago Martínez, Gloria Araya, Angela Gómez, Isabel Cortés, Noel Antonio Moraga, Marías de los Angeles Rodríguez, José María Sánchez, Adelita y Yolanda Canales, Juana Silva, Dominga Noguera, Gloria Cubillo (ya fallecida), Alba Gómez, Manuel Zambrano, Isidoro Orozco, Norma Ney, Luisa Hernández, Josefa “Chepita” Salgado y Daniel “El Paisa” Durán.

Este Mercado está situado en lo que podría considerarse el centro de Ciudad Sandino, en un predio casi colindante con el local que fue primero del Distrito I de la Alcaldía de Managua y ahora sede de la Alcaldía de Ciudad Sandino, creada por la Asamblea Nacional en el año 2000.
El modelo de construcción es distinto al resto. Este tiene módulos abiertos y distintos pasillos, entre los cuales se formaron los tramos que funcionan actualmente.
Tiene 236 tramos divididos entre 155 verdureras, 55 abarroteras, 18 locales para vender zapatos, 12 tiendas de ropa confeccionada, ocho de cocinas o comedores, 16 salones de belleza, 14 expendedoras de cosméticos y varias farmacias.

Cuando este Mercado fue fundado, Samuel Santos López era uno de los que consideraba que Ciudad Sandino era subvencionada casi totalmente por la Junta de Reconstrucción de Managua y por el gobierno revolucionario.

Y era cierto. En los primeros meses, para que el Mercado funcionara, la Alcaldía o Junta de Reconstrucción de Managua ponía varios camiones de carga a disposición de las comerciantes o “Vivanderas”, para que gratuitamente trasladaran sus mercaderías del Mercado de Mayoreo hasta Ciudad Sandino.
Hubo sus contradicciones fuertes, porque algunas comerciantes reclamaban más privilegios que otras.
Las contradicciones fueron apareciendo, especialmente, con las abarroteras, porque éstas alegaban “no ganamos ni para la comida…no estamos vendiendo nada”, y se iban a buscar por su cuenta frijoles, arroz, maíz, trigo y alimento para cerdos, productos que ocasionalmente les fueron decomisados por el Ministerio de Comercio Interior (MICOIN).

Este Mercado hoy pertenece al Municipio de Ciudad Sandino, pero como queda explicado, formó parte de los Mercados del Municipio de Managua hasta comienzos del año 2002.

La Historia de estos Mercados se comenzó a desarrollar, precisamente, en medio de contradicciones profundas, originadas en la escasez de productos comerciales, provocada por el bloqueo económico, comercial y financiero dirigido por Estados Unidos en contra de Nicaragua en la década del 80 al 90.
En 1984, en los más crudo de la agresión militar de Estados Unidos en contra de Nicaragua, se inician dos fenómenos que se prolongan hasta hoy: las llamadas “especulación” con productos básicos de consumo popular y los “bisnes”.

En el primer caso, el asunto consistía en que algunos comerciantes elevaban los precios de productos como el arroz, los frijoles, el azúcar, los huevos, la carne de pollo y de res, de la ropa confeccionada, etc.
En el segundo caso, el problema era más complicado, pues se trataba de que comerciantes y trabajadores tomaban en sus manos determinados productos comerciales por medios oficiales como los Comisariatos y los iban a vender a los Mercados.

Estos productos eran donados, facilitados a precios bajos o entregados como parte del “Paquete AFA” en los centros laborales.
Claro, el “bisne” fue mucho más allá, porque se trataba de que algunas personas o comerciantes acopiaban grandes cantidades de productos como leche en polvo y se iban a “bisnearla” en forma clandestina o abiertamente en los Mercados de Managua, incluyendo el de Ciudad Sandino.

Esto es recordado por Teresa Castro Narváez. Como tenían escasez de productos en abarrotes, se iban hasta Rivas a buscar granos, por ejemplo.
“Fueron épocas duras, pero sobrevivimos hasta 1990, año en que comenzó una especie de persecusión organizada por Virginia Orozco, la delegada del Alcalde Arnoldo Alemán Lacayo en Ciudad Sandino”, recuerda Castro Narváez.

Róger Deshón Argüello

Son fundadoras del Mercado Róger Deshón Argüello (en el Sur del Barrio San Judas), entre otras: Teresa Bonilla Padilla, Alicia Ruiz, Mayra Gaitán, Rosa Lorente, Carmen López Salamanca, Susana Bravo y Carmen Vásquez.
Está situado en una de la parte más alta de Managua. Es una edificación sólida, pero pequeña.

Tiene varios mesones de cemento en el centro, los cuales sirven de tramos para venta de verduras. Los tramos para venta de abarrotes, carnes, quesos, cremas y abarrotes están situados en los costados interiores del Mercado.

Tiene un comedor amplio, refresquerías, tiendas de ropa confeccionada y zapatos, farmacias y una bahía para las Rutas de Autobuses Urbanos, entre otras: 105, 107, Miniruta 4 y 112.

Está rodeado por un Centro de Salud, una oficina de correos y teléfonos, un banco, una biblioteca o centro cultural, una plaza para actos públicos, una cancha deportiva, tres estacionamientos para vehículos y autobuses en los lados Este, Sur y Norte.

Jornadas de limpieza y orden

En esta nueva época, la del gobierno revolucionario sandinista, las “Vivanderas”, “Locatarias” y “Mercaderas”, comenzaron a ser llamadas “Comerciantes Minoristas” y “Comerciantes Mayoristas”.
Se habían terminado los desprecios y el lenguaje burlesco con que eran tratadas durante el régimen somocista.
Empezó una etapa de confianza, de consenso, de concertación, de opiniones y críticas mutuas entre funcionarios de COMMEMA, intendentes de los Mercados y los y las “Comerciantes Minoristas”, cuyos niveles de organización crecían en los Comités de Defensa Sandinistas, en las Asociaciones de Comerciantes y en el FSLN.
Inclusive, se inició una etapa de alfabetización entre las vendedoras que no sabían leer ni escribir en el Mercado Oriental.
Las organizaciones de los y las “Comerciantes Minoristas” comenzaron a participar como delegados en Consejos de Dirección y Técnicos de los Mercados de Managua, lo cual servía como medio de trasmisión de informaciones, decisiones, planes de acopio y distribución de mercaderías entre todos los “Comerciantes Minoristas” de Managua.
Se estrechó la cooperación de tal manera que entre todas y todos se ayudaban colectivamente en labores que le correspondían a cada uno y a la vez a todos en cada uno de los Mercados.
Las reuniones de los Consejos tenían fechas fijas o se variaban conforme se necesitaban. También eran planificadas las Asambleas Generales con los y las “Comerciantes Minoristas” afiliados y no afiliados a las organizaciones populares en los Mercados.
Las Jornadas de Limpieza e Higiene, ordenamiento, fumigaciones, reparaciones de tramos y lavado del piso, eran planificadas en las Asambleas Generales, especialmente en días sábado y domingo.
Habían roles de vigilancia revolucionaria, lo cual mantenía alejados a los ladrones de los Mercados.

Las “Comerciantes Minoristas” organizadas aportaban cuotas voluntarias para tener un fondo social, el cual servía para apoyar en gastos por familiares enfermos o muertes repentinas entre las vendedoras afiliadas.
Estos servicios sociales eran también cubiertos, en parte, con fondos de COMMEMA, las gerencias de los Mercados y por parte de la Junta de Reconstrucción de Managua.

En estos años de 1983, 1984, 1985 1986, 1987, 1988 y 1989, los Mercados se mantuvieron limpios y ordenados, aunque las ventas de algunos productos comerciales se mantenían deprimidas por el bloqueo económico y comercial impuesto por Estados Unidos.
Especialmente en los años 1987 y 1988 se generaron contradicciones fuertes entre las gerencias de COMMEMA en los Mercados, el Ministerio de Comercio Interior (MICOIN) y las “Comerciantes Minoristas” y las “Comerciantes Mayoristas” porque éstas, en algunos casos, subían los precios de productos como los frijoles, arroz, maíz y azúcar.

Hubo acusaciones ciertas, comprobadas, pero también se registraron denuncias falsas, cuya intención era causar daños a determinadas “Comerciantes Minoristas” por parte de algunas compañeras.

El gobierno revolucionario estructuró un sistema de financiamiento a las “Comerciantes Minoristas” y “Comerciantes Mayoristas”, especialmente por medio del Banco Popular, con el fin de que ellas y ellos pudieran prestar servicios comerciales en los Mercados de Managua.
En el caso del Mercado Oriental, se registraron cuatro reordenamientos hasta 1988. Cuando el último reordenamiento, varios centenares de “Comerciantes Minoristas” fueron ubicados en los sectores del “Mango” y en la “Zona Quemada”.

El Ministerio de Comercio Interior (MICOIN), dirigido por Ramón “Nacho” Cabrales, desarrolló distintos operativos contra los vendedores especuladores, decomisó productos comerciales en algunos sitios del Mercado Oriental, lo que generó descontento entre los perjudicados.

En esos días de 1988 se consideró que era necesario que los y las vendedores jóvenes buscasen cómo integrarse a proyectos productivos en la Ciudad y el Campo, pero ésto no cuajó. En estos años finales del gobierno revolucionario también se produjeron las llamadas “Compactaciones”, mediante las cuales algunos centenares de desempleados fueron a abrir tramos en los Mercados de Managua.
Al arribar a 1990, el Mercado Oriental estaba reducido a 14 manzanas de extensión. En 1979 el Mercado Oriental tenía casi 50 manzanas, pues los tramos en el suelo permanecían como hongos bajo el Sol y en el lodo.
Al borde de 1990 en los Mercados Huembes, Iván Montenegro Báez, Ciudad Sandino, Róger Deshón Argüello, Jonathán González o Periférico, Leonel Gutiérrez (Candelaria) y el mismo Mayoreo, la situación había cambiado, pues a pesar de la guerra impuesta, el comercio en estos Mercados creció y se habían consolidado como centros de expendio popular.

A pesar de la disminución en las cuotas de carne de res, por ejemplo, o bajas en las ventas de abarrotes y perecederos, la verdad es que en 1989, la mayoría de estos Mercados estaban ya desbordados de “Comerciantes Minoristas” hacia los pasillos exteriores y hasta en algunos predios o áreas verdes, como los casos del Huembes, Israel Lewites Rodríguez e Iván Montenegro Báez.

Estas áreas comenzaron a ser ocupadas, en primer lugar, por vendedores foráneos, provenientes de La Concha, de Masaya, Masatepe y Tipitapa, los cuales extendieron su accionar a las áreas comunales.

Samuel Santos López, Juan José Medina y un equipo numeroso fueron los encargados, al mismo tiempo

En medio del crecimiento de ese laberinto comercial.

¿Dónde fue el Mercado Candelaria antes del Terremoto del 23 de diciembre de 1,972?

¿Qué importancia tuvo en Managua? ¿Quiénes llegaban a él? ¿De dónde venían?

¿Cómo eran, realmente, el Central y el San Miguel?

Algunas palabras usadas en este libro, según definiciones de diccionarios enciclopédicos.

Tiangue. Es una palabra originaria de América. En la época de la colonización española en México se decía “tianguez” y “tianguis”. Y las mismas palabras se extendieron por el resto de Centroamérica y América del Sur.
El “Diccionario Léxico Hispano” señala que “tiangue” quería decir Mercado entre los indígenas nuestros.

Mercado. Sitio público para vender, comprar o permutar (trueque) géneros o mercaderías. Concurrencia de gente en un Mercado. Plaza o país de especial importancia en un orden comercial cualquiera. Cosa o cantidad que se compra.

Mercadera. Mujer que tiene tienda en el comercio. Mujer del mercader.

Marchante. Viene de “marchantía”, del francés, que significa “mercancía”. En el caso de Nicaragua, “Marchante” es una palabra que han usado las vendedoras para establecer diálogo con los compradores. ¿Qué se le ofrece “Marchante”? ¿Qué le vendo “Marchante”?

Vivandera. Al parecer esta palabra es originaria de Italia, donde significa “persona que vende víveres a militares”. En Honduras tiene por significado: “Persona que vende en el Mercado”.

Locataria. También es una palabra latina, cuyo significado está relacionado con “arriendos” o alquileres de locales. Recordemos que los tramos son dados en arriendo por la Corporación Municipal de Mercados (COMMEMA).

Comerciante. Mujer u hombre dedicado al comercio, ya sea “al por mayor” o “al detalle”. Son comerciantes los propietarios de tiendas, pulperías, vendedoras de sopas y de zapatos en los Mercados de Managua.

“Minorista”. Comerciante que vende “al por menor”, es decir, en pocas cantidades, de uno en uno su mercadería.

Especular. Especuladores. Significa: comercio, tráfico, negocio, comercio de carácter lucrativo. Estas palabras se usaron mucho en la década de los 80, y se siguen usando, para indicar que alguien se aprovecha de la escasez de algunos productos comerciales para subirles el precio.

Bisne. Bisnero (ra). Esta palabra no aparece en los diccionarios. Fue inventada por nosotros en la década del 80 para identificar a quienes hacían cualquier negocio, ya fuese legal o ilegal. “Vamos a hacer un “bisne”, se decía, y tal vez era, en realidad, que se iba a vender una pulsera o un pantalón de propiedad personal.

Cochero. El que tiene por oficio gobernar los caballos o mulas que tiran del coche.

“Chivo”. Es un cabrito. Cría de la cabra, desde que no mama hasta que le llega la edad de procrear. En Nicaragua se aplica a los “maridos oficiales” de prostitutas, y que, además, se cogen parte de los reales ganados por los “servicios sexuales” de la prostituta.

Rufián. El que hace el infame tráfico de mujeres públicas. Hombre perverso y despreciable. En Nicaragua son rufianes, hombres y mujeres, los que venden los “servicios sexuales” de prostitutas, o que les cobran a éstas por usar cuartos de “mala muerte” para estos fines.

Puta. Prostituta. Mujer dedicada a ofrecer “servicios sexuales” a cambio de dinero o prebendas.

Lupanares. En Managua se daba ese nombre a las cantinas, especialmente si eran prostíbulos.

Tijera. En el caso de los prostíbulos, no se trataba de una tijera de cortar telas. Era una especie de cama cerrable y estirable, de bramantes o de lona, la cual se abría o se mantenía abierta en el cuarto de “servicio sexual”.

Böer. Colonos campesinos del África Austral, al norte del Cabo, en Sudáfrica. Fueron víctimas de las brutalidades de colonizadores ingleses hace varios siglos. ¿Por qué motivos se usa en Nicaragua la palabra “Böer”? Me imagino que es en homenaje a estos campesinos asesinados por el bestial coloniaje inglés, cuyo flagelo sentimos nosotros aquí en la Región Atlántica.

“Campo Bruce”. Bruce era el apellido de uno de los aviadores criminales de Estados Unidos durante la invasión militar estadounidense a Nicaragua y en contra del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, jefeado por el General Sandino.
Este piloto yanqui bombardeó poblados rurales del norte y al Ejército defensor de la Soberanía Nacional. Murió en un accidente del avión que conducía, y después los serviles, los vende-patria, los que siempre doblan las rodillas ante los yanquis, bautizaron el hoy Barrio Rigoberto López Pérez con el nombre de “Campo Bruce”.

Usureros. Se les llamaba usureros (y se les llama todavía) a los prestamistas particulares y a los bancos privados que cobran sumas elevadísimas de intereses semanales, mensuales o anuales por determinadas sumas de dinero.

Hillman. Era la marca de unos automóviles pequeños, compactos, buenos y que sirvieron mucho a la población capitalina antes del Terremoto de 1,931 y después del Terremoto de 1,972.

Neón. Luces de colores, parpadeantes, intermitentes, usadas en los comercios y plazas públicas de Managua.

“Terremoteado”. Esta palabra se puso de moda para referirse a la zona o territorio destruido por el Terremoto del 23 de diciembre de 1,972. Con la palabra “terremoteado” se identificó a los managuas que habían sido víctimas y sobrevivientes del Terremoto.

Taquezal. Es una palabra que tampoco aparece en los diccionarios españoles. Sin embargo, para nosotros significa una mezcla de materiales de construcción consistente en barro, tierra y pedazos de tabla o de bambú, edificados como paredes en las casas de antes del Terremoto de 1,931 y todavía existían varios miles de estas viviendas al ocurrir el Terremoto de 1,972.
Por esto fue que al ocurrir ambos Terremotos, en el ambiente quedó una nube de polvo inmensa y afixiante.

Silencio sísmico. Son dos palabras con un significado técnico y científico, entre geólogos, sismólogos y vulcanólogos, que tiene un significado incomprensible para la inmensa mayoría de nosotros los mortales comunes.
Pero “silencio sísmico” significa que las fallas geológicas de Managua han dejado de moverse “por un tiempito”, que supuestamente acumulan una especie de fuerza de destrucción, o que las fallas van a derrumbarse en cualquier momento.

También está relacionado esto con la hipótesis de que los Terremotos en Managua han sido “cíclicos”, es decir, con ocurrencia de cada 25 años o 30 años, lo cual no es comprobado. Lo cierto es que Managua tiene numerosas fallas geológicas por debajo y que se deben construir cada vez más sólidas las casas, con suficiente hierro y vigas coronas, para evitar que se caigan al momento de un nuevo Terremoto.

“Corcovear”. Brincar, saltar al mejor estilo de caballos o yeguas “chúcaras”.

Trepidar. Movimientos violentos de la Tierra o de las viviendas y edificios al momento de un Terremoto.

Batea. Un recipiente rectangular, hecho en madera, de poco fondo, usado por vendedoras ambulantes en lugares como León, Juigalpa, Matagalpa, por ejemplo. Esta misma batea era usada en cantinas de Managua para ponerle el aserrín a los borrachos, con el fin de que echaran allí el “escupitazo”.

Bibliografía

“Monografía de Managua”, de los historiadores
Julián N. Guerrero y Lolita Soriano de
Guerrero.

“Managua en la Historia”, de Gratus
Halftermeyer,

Historia Prehispana en el Istmo de Rivas, del doctor Rafael Urtecho.

Diagnóstico de los Mercados de la Capital,
Archivo Histórico de Managua.

“Managua en la Memoria”, de Nicolás López Maltez.

Diccionario Léxico Hispánico

Pequeño Larouse Ilustrado (diccionario).

Diario BARRICADA.

Informes de la Asociación General de Comerciantes del Mercado Oriental.

Ley Creadora de COMMEMA

Plan de Arbitrios de Managua.

Documento oficial de COMMEMA sobre las exoneraciones a las y los comerciantes de más de 60 años.

Entrevistas a numerosos personajes, entre otros: Martin Rivera Valdez, Danilo López Hurtado, Marcos Mejía Marenco, Carlos Irías Rodríguez, Francisco Alvarez Álvarez, Richa Rocha Hernández, María Elena Borge, Juana “La Polvorita” López Vivas, Georgina Martínez López, María Urbina Moraga, Carmen “Chanita” Díaz, Cristina López Martínez y Blanca Estela Castellón.

Managua, 2001.

Pablo E. Barreto Pérez:
Periodista, editor, investigador histórico, fotógrafo. Cronista de la Capital, Orden Independencia Cultural Rubén Darío, Hijo Dilecto de Managua, Orden Servidor de la Comunidad del Movimiento Comunal Nicaragüense, Orden José Benito Escobar Pérez de la Central Sandinista de Trabajadores (CST nacional) y Orden Juan Ramón Avilés de la Alcaldía de Managua.

Residente en la Colonia del Periodista No. 97, frente al portón del parque, en Managua. Teléfonos: 88466187, 88418126 y 22703077.

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Acerca de Pablo Emilio Barreto Pérez

Pablo Emilio Barreto Pérez es: *Orden Independencia Cultural Rubén Darío, *Orden Servidor de la Comunidad e Hijo Dilecto de Managua.
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