Se cumplen 36 años del asesinato de Félix Pedro González Urbina, dirigente campesino

Foto Pablo E

Viuda y víctimas siguen acusando a Germán Saborío Morales

Se cumplen 36 años del asesinato de Félix Pedro González Urbina

• Hombres vestidos de guardia llegaron a sacarlo a las 12 de la noche

• Cadáver fue “pasconeado” a tiros y dejado a la orilla de la carretera a Boaco

• Escenario criminal fue donde es hoy el Lago de Las Canoas, al Noreste de Tipitapa

• Saborío Morales les mandó a incendiar casas, destruyó viviendas a 300 familias campesinas con tractores y hachas

• El mismo Saborío Morales les mandaba a destruir los cultivos, les robaba el ganadito que tenían y con frecuencia los mandaba a echar preso con la guardia genocida del somocismo.

• González Urbina era el presidente del Comité de Recuperación de Tierras de Las Canoas y San Agustín

• Esto ocurrió cuando Saborío Morales era “diputado zancudo”, como consecuencia del “Kupia Kumi” de Anastasio Somoza Debayle con Fernando Agüero Rocha.

• Así eran los “tiempones sanguinarios” del somocismo genocida en Nicaragua

Pablo E. Barreto Pérez

El tres de marzo del 2009 se cumplieron 36 años del asesinato atroz del famoso dirigente campesino de Las Canoas, Félix Pedro González Urbina, miembro de un Movimiento Cristiano, conocido como “El Mártir de Las Canoas”, cuya muerte atroz le sigue siendo achacada al terrateniente, casateniente y lotificador de tierras Germán Saborío Morales por parte de la viuda y los integrantes de unas 300 familias campesinas, que entonces tenían la desgracia de tener como vecino a Saborío en las riberas del Río Malacatoya, ubicado entre las elevaciones de la Meseta de Estrada y el comienzo de la Cordillera Chontaleña.

Juana de los Angeles Castro Aburto, viuda de Félix Pedro, asegura que eran tres hombres, vestidos de guardias, armados con fusiles y pistolas, quienes llegaron a las doce de la noche en un carro rojo, cuya placa era OF3219 (eran los vehículos oficiales de la Guardia Nacional y de la Oficina de Seguridad (OSN).

Los tres supuestos guardias nacionales golpearon las puertas de la casa campesina con las culatas de sus fusiles. “Levantate, Félix Pedro… te venimos a traer preso, porque son robados los aparatos musicales que tenés aquí en tu casa”, le gritaron desde la oscuridad, mientras derrumbaban a golpes la puerta de la casita, ubicada entonces en una “faja de tierra” de varios kilómetros de largo, entre la orilla Este del Río Malacatoya y la Carretera a Boaco.

“¿Será realmente la guardia? Acordate que Saborío te ha mandado a amenazar de muerte por el problema de las tierras”, le dijo Juana de los Angeles Castro Aburto a Félix Pedro González Urbina, mientras ella se afanaba en encender el candil para alumbrar la oscuridad.

Félix Pedro, según su viuda y vecinos, era un hombre pacífico, sereno, ecuánime, juicioso, a pesar de que lo estuvieran golpeando. Tenía entonces 55 años.

Según su viuda, González Urbina acudió a la puerta descalzo mientras se acomodaba el pantalón. Dudoso preguntó: ¿Quiénes son ustedes? “Es la guardia…”, fue la respuesta. Terminó de abrir la puerta, la cual ya estaba prácticamente derribada por los culatazos.

“Enseñá los papeles de esos aparatos musicales que tenés aquí…esos aparatos son robados”, lo acusaron cuando ya se introducían dentro de la vivienda campesina, y tiraban de un lado a otro los escasos muebles de la casa.

“Duraron poco tiempo dentro de la casa, pues, seguramente, la misión concreta que traían era llevárselo secuestrado para matarlo. En la oscuridad, con la escasa luz rojiza del candil, yo no pude identificar a ninguno de los tres hombres que llegaron a sacarlo de la casa”, relata la viuda 36 años después.

“Mañana llegá a buscarlo al cuartel. Llevá los papeles de esos aparatos musicales y te lo traes de vuelta”, le dijeron los presuntos guardias a la viuda, como para infundirle “confianza”, mientras Félix Pedro era empujado hacia el interior del carro rojo Oficial.

Castro Aburto, la viuda, no creyó aquella historia de que aquellos hombres buscaban papeles de los instrumentos musicales, los cuales estaban allí porque un familiar de Félix Pedro pidió donde guardarlos después del Terremoto del 23 de diciembre de 1972 en Managua.

Pasconeados a tiros

Pocos minutos después del suceso, Juana de los Angeles salió en medio de la oscuridad a informarle a los miembros del Comité de Recuperación de Tierras de Las Canoas y San Agustín lo que había ocurrido con su marido. No se supo cómo, pero precisamente, uno de los vecinos campesinos logró tomar la placa del carro rojo, presuntamente usado por Saborío Morales para ejecutar el asesinato de Félix Pedro González Urbina.

La viuda Castro Aburto, miembros del Comité de Recuperación de Tierras y vecinos campesinos comenzaron a moverse en la madrugada del 4 de marzo de 1973 para dar con el paradero de González Urbina. Fueron donde familiares de Félix Pedro en Tipitapa y Las Banderas, quienes comentaron cuando eran las ocho de la mañana: “Seguramente Saborío lo mandó a matar”, lo cual se escuchó como una premonición demasiado cruel en aquellos momentos.

Visitaron las Secciones de Policía de la Guardia en Managua, en Tipitapa, Las Banderas y Teustepe. En todas negaron haber dado orden de detener a Félix Pedro González Urbina.

Cuando eran las diez de la mañana, se apareció un sobrino de Félix Pedro, procedente de Teustepe, quien hizo un anuncio terrible frente a un montón de campesinos: “El cuerpo de mi tío está tirado en la orilla de la carretera, allá por el kilómetro 53 de esta misma carretera a Boaco”.

Efectivamente, el cuerpo de González Urbina estaba allí sobre un charco de sangre, con la cabeza “pasconeada” a tiros. “Le dispararon sobre la parte superior de la cabeza y los tiros le salieron por la boca y la barbilla”, recuerda la viuda. “Fue evidente que primero lo torturaron, pues presentaba rayones y moretones en casi todo el cuerpo, más los balazos”, añade Castro Aburto, 36 años después.

Prácticamente, todos los campesinos de la “faja de tierras” de Las Canoas y San Agustín coincidieron en enfilar sus sospechas en contra de Germán Saborío Morales, quien personalmente, en numerosas ocasiones, había amenazado de muerte a Félix Pedro, a Efraim González Reyes, a Rosa Narváez, a Rosa Elena González, a José María González Urbina, a Pabla Cano Urbina, a Isabel Blandón y Filena González por el asunto de las tierras de Las Canoas y San Agustín.

Rosa Narváez amanezada de muerte

Se recordó, inclusive, que Rosa Narváez hasta había dejado de ir a lavar y bañarse en el Río Malacatoya porque Saborío Morales amenazó con matarla a tiros en esos días, pues ella era una de las más activas en defensa del caserío de las 300 familias campesinas.

La viuda Castro Aburto relató que esa misma mañana del mismo día 3 de marzo de 1973, a las 5 de la tarde, Félix Pedro González Urbina, recibió la extraña visita de Víctor Obando y Guillermo Zamora, empleados de Saborío Morales en la Hacienda San Gabriel, la cual tenía alrededor de 2000 manzanas de extensión, según recuerdan aquellas víctimas de hace más de 30 años. (San Gabriel era una finca-eje de Saborío Morales, la cual utilizaba como punta de lanza para apropiarse de otros miles de manzanas de tierra en la zona de Las Canoas, cerca de donde estuvo después del Ingenio Victoria de Julio).

La viuda sostiene que ella escuchó el momento en que Guillermo Zamora le decía a Félix Pedro: “Así que estás solo, Félix Pedro…con tu mujer y tus niños chiquitos, nada más”. Antes de este momento, le habían propuesto, en nombre de Saborío Morales, que le fuera “a picar una leña”, pues González Urbina se dedicaba a este tipo de labor, mientras Saborío Morales sacaba enormes cantidades de leña de sus fincas de allí, de las propiedades ajenas cercanas al Río Malacatoya y de la “faja de tierra” de las 300 familias.

Esta leña, ganado, leche, madera y tierras eran vendidas en Managua por Saborío Morales, mientras las 300 familias estaban convertidas en un estorbo para él, recuerda Rosa Narváez, quien relata que en una ocasión tuvo que mostrar a Saborío Morales que ella tenía lista una pistola en la mano para responder ante la amenaza de matarla en su propia casa campesina por el mismo Saborío Morales.

Según Rosa Narváez, Saborío Morales llegó a su casa encabezando un numeroso grupo de hombres, los cuales llevaban la misión de desbaratarle la casa y matarla, debido a lo cual, mandó a sonar el riel para reunir a los campesinos y se puso al frente de su vivienda, esperando que ocurriera tal amenaza, pero cuando don Germán se enteró de que ella estaba armada, salió huyendo del lugar.

Mozos vestidos como guardias

Narváez recuerda que Saborío Morales tenía grandes cantidades de mozos, “los cuales vestía con uniformes de guardias, los armaba y los mandaba con tractores, hachas y machetes a derrumbarnos las casas, a las cuales, inclusive les prendían fuego frente a la impotencia de los campesinos”.

“Por este motivo, las 300 familias campesinas habían formado el Comité de Recuperación de Tierras de Las Canoas y San Agustín, presididas por Félix Pedro e integrado por numerosos hombres y mujeres como yo”, apunta Narváez.

Saborío Morales en realidad ya los había despojado de numerosos lotes de la faja mencionada entre el Río Malacatoya y la carretera al momento en que Félix Pedro González Urbina es asesinado el tres de marzo de 1973.

El Comité de Recuperación de Tierras tenía ya 10 años de venir luchando en contra de Saborío Morales, quien al amparo de ser “diputado zancudo” (conservador) lograba el apoyo descarado de la guardia genocida del somocismo para mantener la represión en contra de estos campesinos, según Efraim.

Con el asesinato atroz de Félix Pedro González Urbina, se quiso meter el miedo generalizado a los campesinos de Las Canoas, pero ocurrió todo lo contrario: las acusaciones en contra de Saborío Morales se hicieron más sistemáticas y de frente, incluso ante los organismos policiales de la guardia genocida del somocismo.

Libre el “diputado zancudo”

Saborío Morales estuvo preso sólo media hora como sospechoso del asesinato de González Urbina. “Fue puesto en libertad porque era “diputado zancudo” como consecuencia del “Pacto Kupia Kumi” o Pata de Gallina” de Anastasio Somoza Debayle con Fernando Agüero Rocha, señala la viuda Castro Aburto.

Víctor Obando y Guillermo Zamora cayeron presos “como sospechosos de haber participado en el crimen, pero poco tiempo después fueron liberados “por falta de pruebas”.

En varias ocasiones anteriores, González Urbina y otros de los miembros del Comité de Recuperación de Tierras de Las Canoas fueron acusados y llevados por la guardia ante el Jefe Político, Coronel Luis Ocón, el mismo que juzgaba a los guerrilleros sandinistas en aquellos momentos de la década del 70.

González Urbina y su Comité de Recuperación de Tierras de Las Canoas, de orientación socialcristiana, eran apoyados por el Instituto de Promoción Humana (INPRHU).

La viuda Castro Aburto era aún una mujer muy joven, de un poco más de 20 años, cuando Félix Pedro González Urbina fue asesinado.

Según Castro Aburto, el interés de Saborío Morales, geófago por naturaleza, tenía intenciones de agregar varios miles de manzanas de tierras a las más de 2000 manzanas que ya tenía en San Gabriel y cerros cercanos del comienzo de la Cordillera Chontaleña.

La “faja de tierra” ocupada por las 300 familias campesinas tenía un poco más de doce kilómetros de largo por tres de ancho, entre el célebre Río Malacatoya y la Carretera a Boaco, entre los kilómetros 51 y 63, recuerda Efraim González Reyes.

Casas quemadas y derrumbadas con tractores

Saborío Morales argumentaba que esta faja de tierra le impedía unir sus latifundios del Este, Oeste, Sur y Norte, ubicados en Las Canoas. “Como se ha conocido, Saborío Morales tenía negocios de engordar ganado, ordeño de vacas, fabricación de quesos, pique y venta de leña, saque de madera de los cerros, y quería, además apoderarse del Río Malacatoya sólo para él.
“Por este motivo, intentaba sacarnos por la fuerza. Con frecuencia mandaba cuadrillas enteras de sus mozos con hachas, yuntas de bueyes y tractores, para derrumbarnos y quemarnos las casas. Decenas, tal vez un centenar de casas fueron quemadas por Saborío Morales, quien se comportaba con nosotros como un verdadero demonio”, sostiene Efraim González Reyes.

Inclusive, en muchas ocasiones Saborío Morales les mandó echar el ganado en sus cultivos de maíz, frijoles y trigo, añade Efraim González Reyes.

“Pero como nosotros estábamos organizados en el Comité de Recuperación de Tierras de Las Canoas y San Agustín, entonces enfrentamos a Saborío Morales y sus mozos armados de mil maneras, incluyendo las pedradas, machetes, palos y protestas en Managua. Por este motivo, no pudo sacarnos de esa faja de terrenos de la orilla del Río Malacatoya”. Añade González Reyes.

Sin embargo, los mismos perjudicados recuerdan que Saborío Morales personalmente se aparecía a media noche en camiones de la guardia, con soldados armados dentro, los cuales se llevaban detenidos a decenas de hombres y mujeres hacia cuarteles en Managua, en la Comarca de Las Banderas o en el Municipio de Tipitapa.

Una de las denuncias que no le gustaba a Saborío Morales era que frecuentemente Félix Pedro González Urbina informaba en público que don Germán les daba tortilla con sal en el almuerzo, desayuno y cena a los mozos de sus latifundios en Las Canoas.

“Además de que los utilizan para derrumbarnos y quemarnos las casas, esos mozos de Saborío Morales comen peor que nosotros los campesinos”, denunciaba González Urbina.

“Isabel Blandón, Filena González y yo, éramos las que íbamos frecuentemente a sacar a los hombres nuestros presos en Las Banderas, Tipitapa y en Managua, los cuales caían a prisión por órdenes de Saborío Morales”, rememora Rosa Narváez. “En esto nos ayudaba Adolfo Bonilla, uno de los dirigentes del INPRHU en esos días”, indica Rosa Narváez.

Doña Rosa Narváez es una de las mujeres que recibió amenazas de muerte directas por parte de Saborío Morales. “Quien la mata, soy yo”, decía Saborío Morales y los denunciantes afirman que estas amenazas de muerte intentaban ejecutarlas la esposa de don Germán y un hijo suyo, llamado también Germán Saborío”, asegura doña Rosa Narváez.

Después del asesinato atroz de Félix Pedro González Urbina, el conflicto se agravó, pues el sistema judicial, la Guardia Nacional, el mismo coronel Luis Ocón, jefe político de la dictadura genocida del somocismo y funcionarios del régimen sangriento de Somoza Debayle como los del Instituto Agrario (IAN), se hacían “los locos” frente al conflicto.

Este conflicto creció, pues Saborío Morales insistió en sus amenazas de asesinar a otros dirigentes campesinos, entre otros: Rosa Narváez, Efraim González Reyes, Isabel Blandón, Filena González, a Isaac González Cano, Juana Sobalbarro, Pabla Cano, José González Cano y a la misma viuda Castro Aburto, según denuncian 36 años después.

A usted también le entran las balas

La resistencia creció también entre los campesinos, pues se turnaban por grupos para cuidar la faja de tierras en las noches. En varias ocasiones intentaron asesinar, por ejemplo, a Rosa Narváez, asegura ella al ser entrevistada ahora. Ella respondió, en varias ocasiones, pistola en mano: “No me iré sola, don Germán Saborío Morales…a usted también le entran las balas”, le dijo personalmente cuando intentaban matarla en su propia casita de Las Canoas.

Somoza Debayle, el jefe de la tiranía genocida del somocismo, valoró que el asunto se le podía salir de las manos y ordenó que el Instituto Agrario (IAN), dirigido entonces por Adolfo Mejía Ubilla, que viera cómo se resolvía el asunto.

Saborío y los representantes del Comité de Recuperación de Tierras de Las Canoas fueron citados al IAN, donde a don Germán le comunicaron que el Instituto Agrario le compraría las tierras de San Gabriel y que al mismo tiempo a las 300 familias les entregarían sus escrituras por sus lotes en la famosa “faja de tierra” entre el Río Malacatoya y la Carretera a Boaco, por cuya defensa había caído Félix Pedro González Urbina.

Rosa Narváez andaba ahora lidereando al Comité de Recuperación de Tierras. Narváez tuvo un nuevo encontronazo con Saborío Morales en el IAN, donde don Germán la volvió a amenazar, pero esta vez Saborío fue advertido de que no molestara por parte de funcionarios del gobierno somocista genocida.

Hubo varias reuniones oficiales en el IAN, entre miembros del Comité de Recuperación de Tierras de Las Canoas, funcionarios del gobierno y el mismo Saborío. “Nunca supimos cuánto le pagaron a Saborío Morales por esas tierras. La verdad es que a nosotros nos dieron a firmar un documento en que se nos decía que los solares de la faja mencionada, de unas mil manzanas, era de cada una de las 300 familias de Las Canoas”, relata Rosa Narváez.

No la matan por lástima

Era en 1976. “Varios miembros del Comité de Recuperación de Tierras de Las Canoas firmamos escrituras, de las cuales todavía conservamos copias. Sin embargo, un hijo de Saborío Morales y su esposa todavía se presentaron a matarme en mi casa un poco después del Triunfo de la Revolución Sandinista. Varios hombres llegaron armados y vestidos como guardias. El encargado de matarme supuestamente no lo hizo porque yo andaba “chineando” una niña. Le dio lástima, según dijo él. Ese día fueron capturados y llevados a Las Banderas y a Tipitapa. En esos días inmediatos al Triunfo de la Revolución Sandinista, se acabó el calvario que nos imponía Saborío”, añade Narváez.

El 21 de diciembre de 1983, mientras tanto, estas 300 familias fueron trasladadas de esa famosa “faja de tierra” hacia el sitio actual de Las Canoas, ubicada ahora un poco al Oeste del poblado de Las Banderas, o sea unos 3 kilómetros al Oeste de aquella “faja de tierra” que Saborío quería para él..

El gobierno revolucionario sandinista les comunicó, previamente, que en esa “faja de tierra” se construiría el famoso Lago Artificial de Las Canoas, con la finalidad de suministrarle agua en abundancia al Ingenio Victoria de Julio.

Ese Lago Artificial de Las Canoas es hoy una inmensa masa de agua, la cual corre por canales hacia el Sur, rumbo al Ingenio Victoria de Julio, el cual prácticamente desapareció por los demantelamientos de empresas hechos por el gobierno derechista proyanqui de Violeta Barrios de Chamorro.

El Lago tiene una compuerta en el Suroeste, por donde el agua se enfila hacia los canales mencionados. En el lado Sureste, en cambio, el agua circula por un túnel hacia las turbinas que producen electricidad para el mismo Ingenio.

En Las Canos “moderna”, de casitas sólidas unas y otras construidas con maderas endebles, viven ahora 400 familias, pues aquellas 300 originales crecieron a un ritmo acelerado.

Hijos de Félix Pedro

Allí viven la viuda Castro Aburto, Josefa del Carmen, Hipólita, Esmeralda, Félix Pedro, Virginia, José Tomás, Fátima, Aura Lila, Mireya y Eliet. Esta última es la “qumiche” y estaba en el vientre de su madre cuando Félix Pedro González Urbina fue asesinado atrozmente el 3 de marzo de 1973.

Dos de sus hijos son choferes, tres son maestras, una de ellas es directora de la Escuela local y la “qumiche” vive con Juana de los Angeles Castro Aburto en la misma casa.

Pablo E. Barreto Pérez: periodista, editor, fotógrafo, Cronista de la Capital. Residente en la Colonia del Periodista No. 97, frente al portón del Parque. Teléfonos: 22703077, 88418126 y 88466187.

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Acerca de Pablo Emilio Barreto Pérez

Pablo Emilio Barreto Pérez es: *Orden Independencia Cultural Rubén Darío, *Orden Servidor de la Comunidad e Hijo Dilecto de Managua.
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