Tortugas tienen 245 millones de años de existencia

Foto Pablo E

Tortugas tienen 245 millones de años de existencia
*Sobrevivieron a los dinosaurios, desaparecidos hace 65 millones de años por impactos de meteoritos en Yucatán
*En Nicaragua “arriban” a desoves masivos en Chacocente y La Flor
*Las tortugas marinas conocidas en Nicaragua están en peligro de extinción
*A pesar de la prohibición, en Nicaragua se siguen consumiendo y vendiendo huevos de tortugas

Pablo Emilio Barreto P.

Las tortugas marinas, de agua dulce y terrestre: paslamas, tora, verde, carey y coguama, entre las cuales se incluyen también las Galápagos gigantes de Ecuador, tienen 245 millones de años de existir en el mundo de vida de la Tierra, es decir, son más antiguas que la Cordillera de los Volcanes Maribios en Nicaragua, la cual anda por un poco más de dos millones de años de edad, según estudios geológicos recientes.

Como seres vivos, las tortugas aparecieron en el llamado “período triásico”, comprendido en la denominada era Mesozoica.

Este triásico empezó hace 245 años y finalizó hace 208 millones de años. O sea, las tortugas existieron al mismo tiempo que los dinosaurios, los cuales desparecieron hace 65 millones de años, se supone debido a uno de los impactos de meteoritos sobre la Madre Tierra o Naturaleza, especialmente uno sobre la Península de Yucatán, en México.

Esos impactos colosales y mortales de los meteoritos mataron a los dinosaurios y otras especies de animales gigantescos, pero las tortugas quedaron como si nada sobre la superficie terrestre, y se adaptaron mediante 270 especies, agrupadas en 12 ó 13 familias, según especialistas en la temática de los reptiles.
Por el mundo son conocidas las tortugas: Galápagos gigantes de Ecuador, gigotea elegante, galápago, tortuga laúd (es muy grande), tortuga aligátos mordedora, tortuga boba (también muy grande), tortuga mora, tortuga del desierto, tortuga del fango, tortuga roja y tortuga caja de Norteamérica, por ejemplo.

La tortuga más conocida en Nicaragua es la PASLAMA, cuyos huevitos se come mucha gente en el país, sin percatarse de que este quelonio fue compañero de viaje de tortugas gigantes, que vivieron cuando existieron los llamados Dinosarios y Brontosaurios, los cuales vivieron durante 150 millones de años en la superficie de la Madre Tierra o Naturaleza.

La conclusión de los 245 millones de años se saca por los estudios que se han hecho en restos de tortugas fosilizadas, en distintas partes del mundo, según la Enciclopedia Encarta, otros estudios publicados en Internet y en Enciclopedias científicas en mi poder.

Estas tortugas marinas, sostienen algunos biólogos sólo utilizan ocho lugares en el mundo para desovar, o depositar sus huevos, entre otros los Refugios de Vida Silvestre de “La Flor” y “Chacocente”, en el Departamento de Rivas, en Nicaragua.

Estudios científicos afirman, además, que algunas tortugas logran vivir más de cien años. Se indica que alcanzan la madurez sexual a los nueve o doce años, pero están listas para reproducirse hasta cuando tienen aproximadamente 30 años.

Para llegar a esta edad, el drama que les toca vivir en esos ocho lugares de desove masivo es impresionante. Viajan desde muy lejos para llegar en “arribadas” a estos sitios de desove.

Por un instinto todavía no plenamente identificado por los estudiosos de estos animales, las tortugas salen del mar hacia esos ocho lugares mencionados, donde se internan “en arribadas” en la arena de la playa, caminan con sus patas y aletas delanteras, hasta llegar al sitio en que les parece pueden construir el hueco para desovar.

Hacen el hoyo con las aletas delanteras. Cuando ese hoyo ya está hecho, se ubican en él con una puntería increíble y depositan, aproximadamente, 100 huevos en unos 45 minutos, la mayoría de los cuales, por necesidad económica y “tradición”, han sido saqueados en Nicaragua, especialmente durante los 16 años pasados de gobiernos neoliberales.

En muchos casos, las paslamas logran desovar sin ser vistas. Al finalizar el desove, con las mismas aletas tapan el hueco y vuelven al Océano Pacífico, en el caso de “La Flor y “Chacocente”, en Nicaragua.

Entre 48 y 52 días después del desove, nacen los tortuguillos (o tortuguitas), las cuales instintivamente buscan las aguas del Océano. En ese trayecto terrestre, en la arena, son devoradas por miles por aves de rapiña y dentro del mar se las comen los tiburones y otros animales marinos.

Los especialistas o biólogos afirman que sólo el 15 por ciento de las tortuguitas nacidas, logran sobrevivir. Y les falta que en alta mar las capturen con redes de pesca, ya sea por accidente o porque las andan buscando algunos pescadores inescrupulosos, como es el caso de la tortuga verde en el Atlántico o Mar Caribe de Nicaragua.

En Laguna de Perlas, al sur de Blufields, es común que te ofrezcan carne de tortuga verde, riquísima, suavecita, por cierto. Esta carne la venden como pan caliente en algunos poblados del sur de la Costa Atlántica. La capturan con redes o les pegan un tiro con armas de fuego.

En la época del gobierno somocista genocida, el propio Anastasio Somoza Debayle, jefe de la tiranía sangrienta, tenía una empresa pesquera en Blufields, que también se dedicaba a atrapar masivamente las tortugas verdes, para exportarlas a mercados y hoteles norteamericanos y europeos.
El gobierno revolucionario sandinista acabó con ese negocio nefasto y malvado de Somoza Debayle. Esta tortuga la siguen capturando pescadores artesanales, pero, por supuesto, en muchísimo menor escala que cuando se hacía a niveles industriales con una empresa pesquera dedicada a estos fines por parte de Somoza Debayle.

Todas estas tortugas marinas están en peligro de extinción. En los diez años del régimen revolucionario sandinista fueron protegidas mediante programas especiales del entonces Instituto de Recursos Naturales y del Ambiente (IRENA), cuyos dirigentes se combinaban con personal activo del Ejército Popular Sandinista, para evitar que las tortugas fuesen maltratadas o matadas, y al mismo tiempo, se protegían sus huevos y sus crías en los lugares de desove mencionados arriba.

Al llegar los gobiernos neoliberales en 1990, estas tortugas y otros animales en peligro de extinción, sufrieron consecuencias gravísimas por el abandono de políticas gubernamentales protectoras, lo cual dio como consecuencia de que abiertamente se vendían los huevos de tortugas en los mercados locales y en Laguna de Perlas, por ejemplo, mataron por centenares las tortugas verdes.
Este asunto de protección de las tortugas marinas, de agua dulce y terrestres, se ha retomado ahora con el nuevo gobierno sandinista, cuyos agentes o funcionarios del Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales inclusive han decomisado recientemente hasta iguanas negras pequeñas, aves de todo tipo, especialmente loros, también en peligro de extinción.

En Nicaragua nos acordamos perfectamente que hace tan sólo un poco más de año, inclusive varios diputados, liberales y sandinistas, fueron sorprendidos comiendo huevos de tortugas cuando realizaban una actividad oficial de la Asamblea Nacional en León, primera Capital de la Revolución Sandinista.

Decidí escribir sobre este asunto de las tortugas porque hace pocos días vi personalmente a un hombre humilde vendiendo huevos de tortuga en una calle cercana al Mercado Israel Lewites.

Es prohibido el consumo y venta de huevos de tortugas, le dije, ante lo cual me quedó viendo retador y me respondió: “Mire… no tengo empleo. Conseguí unas cuantas docenas de huevitos de tortuga y los ando vendiendo para comprarle comida a mis hijos”.

Ciertamente, le respondí, tenemos problemas económicos y sociales serios, pero debemos hacer esfuerzos conscientes para que algunos animalitos no desaparezcan, y que en cambio, protegiéndolos, los podamos tener para alimentos de seres humanos en el futuro. “Está bien”, me respondió, se encogió de hombros, y siguió con su venta de huevos de paslama.

Casi al mismo tiempo, me acordé de cómo un poco antes de 1990 se secó la Laguna de Nejapa, quedando al descubierto, en dificultades terribles decenas de tortugas de agua dulce. Recuerdo que un grupo de jóvenes (hombres y mujeres), biólogos y ecólogos, y yo nos metimos al lecho fangoso de la Laguna, atrapamos y rescatamos a casi un centenar de tortugas y las fuimos a echar a las aguas de la Laguna de Tiscapa.
Hace poco tiempo bajé de nuevo al lecho de la Laguna de Nejapa. Está casi llena completamente de agua, lodosa ahora, y en esa agua turbia puede ver que nuevamente hay decenas de tortugas de agua dulce.

Octubre del 2009.

Pablo E. Barreto Pérez: periodista, editor, investigador histórico, fotógrafo, Cronista de la Capital, Orden Independencia cultural Rubén Darío, Hijo Dilecto de Managua, Orden Servidor de la Comunidad del Movimiento Comunal Nicaragüense, Orden José Benito Escobar Pérez de la Central Sandinista de Trabajadores (CST nacional) y Orden Juan Ramón Avilés de la Alcaldía de Managua.
Residente en la Colonia del Periodista No. 97, frente al portón del parque, en Managua.
Teléfonos_ 88466187, 88418126 y 22703077.

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Acerca de Pablo Emilio Barreto Pérez

Pablo Emilio Barreto Pérez es: *Orden Independencia Cultural Rubén Darío, *Orden Servidor de la Comunidad e Hijo Dilecto de Managua.
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