Semana Santa: ¿Toro y campisto dentro de Hervideros de San Jacinto?

Foto Pablo E

¿Un Toro y un campisto dentro de Hervideros de San Jacinto?

Pablo E. Barreto Pérez

• Hervideros esconden historias legendarias y reales de León y San Jacinto. La del Toro y el campisto se relaciona con Semana Santa. Poblado de San Jacinto se originó por erupción del Cerro Negro en 1948.
• Los hervideros brotan dentro de las casas
• En estos Hervideros dormía el famoso “Pancho Ñato” Juárez Mendoza.
• Las solfataras de San Jacinto ya generan energía eléctrica

Los famosos Hervideros de San Jacinto me traen recuerdos misteriosos de Semana Santa, evocación de hechos trágicos; me vienen a la memoria imágenes del legendario Francisco “Pancho Ñato” Juárez Mendoza y la producción de energía eléctrica con el vapor de estas solfataras me recuerdan dónde dormía y andaba yo cuando todavía era un niño, precisamente, en estos casi mítico Hervideros de San Jacinto.

Los Hervideros de San Jacinto están situados en la orilla Oeste del caserío o Comunidad del mismo nombre, entre colinas y un colchón de rocas lisas enormes, llamadas “lajas de ríos”, y al pie del Volcán San Jacinto o Santa Clara, que se sitúa asimismo frente al Volcán Rota, el más antiguo de los volcanes de la Cadena Maribia.
En realidad ambos volcanes, el San Jacinto y Rota, parecieran ser una sola, una misma masa geológica, separados por la Carretera León-San Isidro, la cual les partió un pedazo, para dar paso a la cinta asfáltica y al paso de miles de vehículos de un lado a otro.

El caserío de San Jacinto a su vez se ubica en ambos lados de la Carretera León-San Isidro, a escasos nueve kilómetros de la cabecera municipal de Malpaisillo y a unos 11 kilómetros de la Ciudad de Telica, Municipio al cual pertenecen territorialmente los Hervideros de San Jacinto.

Los Hervideros de San Jacinto son, en realidad, una gran extensión de solfataras o fumarolas geológicas o volcánicas que se extienden unos cuatro kilómetros de Sur a Norte, como cráteres abiertos, entre la Comunidad de San Jacinto y la Hacienda El Tizate, que era propiedad de mi abuelo Domingo Barreto Fonseca (ya fallecido), y en la cual yo viví unos 14 años cuando era niño campesino.

Mi padre, Octavio Barreto Centeno, (recién fallecido a los 82 años de edad, en octubre del 2006) sepultado en el Cementerio de Telica, era una especie de administrador (en representación del abuelo Domingo) de las Fincas El Tololar, El Apante y El Tizate, donde la Casa-Hacienda estaba precisamente sobre uno de estos Hervideros de San Jacinto.

A un lado de la Casa-Hacienda hicimos un llamado Tapesco y Ahumadora de Quesos, que a la vez nos servía de dormitorios elevados en las noches llenas de peligros por las víboras de cascabeles y corales, murciélagos o vampiros “chupa sangre” y también huyendo de los coyotes.
Cuando estábamos excavando para poner los horcones del Tapesco y Quesera nos dimos cuenta de que allí mismo había otro Hervidero porque nos salió vapor y agua hirviente en uno de los hoyos. Se sentía el calor y un tufito como a azufre saliendo por las aberturas hechas por nosotros y por la presión del calor geológico.

Investigando el asunto, pudimos darnos cuenta, en 1968, que, precisamente, los Hervideros de San Jacinto se extendían desde donde todos los días eran notorísimas sus bocanadas eruptivas de vapores sulforosos y aguas hirvientes saltarinas, en la orilla del pueblo, hasta un sitio que le llamábamos las Lomas de El Tizate, unos cuatro kilómetros al Norte del poblado de San Jacinto.
Las investigaciones nos revelaron que en la década del 40 un grupo de científicos alemanes estuvo en esas Lomas de El Tizate, indagando si era posible producir energía geotérmica usando los Hervideros de las Lomas de El Tizate, donde dejaron clavados varios tubos, por medio de los cuales salía un vapor ruidoso.
La casa oficial de la finca de El Tizate, donde dormía yo y estaba la pequeña quesera ahumadora, estaba exactamente en el centro de este perímetro que he mencionado, y allí mismo, donde estaba la casa de tablas, tejas y piso de “puro suelo”, está ahora una de las fuentes geotérmicas principales del Proyecto Geotérmico de San Jacinto, el cual ya debe estar produciendo unos 20 megavatios de energía eléctrica.

Mientras andábamos en esas investigaciones sobre los Hervideros de San Jacinto, mi padre, Octavio Barreto Centeno, me contaba una historia misteriosa de que el Viernes de Semana Santa, supuestamente, se oían los balidos de un toro y los gritos de un campisto dentro de los Hervideros, porque ambos se habían precipitado a estos cráteres hirvientes del Volcán San Jacinto. Según mi padre, esto había ocurrido porque el campisto en épocas remotas no había respetado la santidad de Semana Santa y se puso a seguir al toro para lazarlo, precisamente entre las solfataras ardientes; lo lazó y el toro lo jaló con todo y soga y caballo dentro de los hervideros.

Otra historia impresionante, contada por mi padre y secundada por mi madre Rosa Pérez Juárez, en aquella década del 60-70, es que un personaje llamado Francisco “Pancho Ñato” Juárez Mendoza, dormía en medio de los cráteres o solfataras de San Jacinto, con la finalidad de que nadie lo persiguiera de noche, porque todo mundo le tenía miedo a los Hervideros de San Jacinto.

“Pancho Ñato” fue un personaje famoso en las cercanías de la Ciudad de León, porque se enfrentó a la guardia genocida somocista entre 1948 y 1952. Lo perseguían porque robaba a los terratenientes-latifundistas y lo robado se lo entregaba a los pobres de la zona. “Pancho Ñato” era uno de los 35 hijos fuera de matrimonio de mi abuelo Domingo Barreto Fonseca.
Finalmente, “Pancho Ñato” Juárez Mendoza fue capturado a traición por la guardia genocida somocista en Malpaisillo. Otros 200 campesinos supuestos aliados suyos fueron asimismo hechos prisioneros en la Estación del Ferrocarril en Rota (ubicada entre el Volcán Cerro Negro y Rota) y asesinados todos ellos, incluyendo “Pancho Ñato”, en el Fortín de Acosasco de León, centro de torturas y asesinatos del somocismo genocida desde la década del 60.

Otras historias reales o verídicas me las contó mi primer maestro de primaria, el profesor Roberto Poveda Carvajal, quien durante una noche de borrachera y por frío se fue acostar a la orilla de una de las solfataras, dentro de la cual cayó accidentalmente cuando estaba dormido, quemándose ambas piernas, las cuales le quedaron “blancas” para toda su vida.

Me contaba Poveda Carvajal que decenas de campesinos llegaban a los Hervideros de San Jacinto a cocer huevos y varas de guácimos. Esto lo pude ver y comprobar personalmente. Era verdad: llegaban hombres y mujeres con una especie de red fina en que metían los huevos un par de minutos dentro del hueco hirviente y sacaban ya cocidos esos huevos de gallinas. Asimismo, metían varas de “guácimo ternero”, para que tomaran un color rojizo antes de quitarles la cáscara y convertirlas en “varas de chuzo” o en sostenes para cañizos de carretas jaladas por bueyes.

Los Hervideros de San Jacinto ahora son menos potentes en aquellos sitios en que todos los días se les veía elevar columnas altas de vapores hacia el cielo. Las aguas hirvientes y saltarinas son también menos altas que antes.
Sin embargo, se ha hecho común que los hervideros o solfataras aparezcan dentro de casi todas las viviendas del caserío de San Jacinto, especialmente cuando se hacen hoyos para construcciones de casas o en el Cementerio cercano, situado hacia el Sur, por donde estuvo la Desmotadora de San Jacinto, en aquellos tiempos de la producción algodonera.

Vale recordar que el gobierno revolucionario sandinista ya había hecho planes, a finales de la década del 80, para producir energía eléctrica con el potencial geotérmico de estos Hervideros de San Jacinto.

Fue en los primeros años de la década del 90 que comenzaron los trabajos prácticos para producir energía eléctrica. Y fue el “amigazo” COSEPO de Enrique Bolaños Géyer, Ervin Krüguer, quien usando el poder del gobierno corrompido de “la nueva era” se apoderó del Proyecto San Jacinto Tizate y entró en choque con los herederos de las tierras de mi abuelo Domingo Barreto Fonseca, específicamente con mis tías Nicolasa y Teresa, a quienes todavía no les indemnizan todo lo justo por esas tierras de “mala calidad”, pero que en ellas están estos nuevos pozos-tesoros geotérmicos, que ya debieran estar produciendo más de 20 megavatios de energía eléctrica, para sumarse a la producción energética de Nicaragua.

Managua, marzo del 2007.

Pablo E. Barreto Pérez: Periodista, fotógrafo, editor, investigador histórico, Cronista de la Capital, Orden Independencia Cultural Rubén Darío, Hijo Dilecto de Managua, Orden José Benito Escobar Pérez de la Central Sandinista de Trabajadores y Orden Juan Ramón Avilés de la Alcaldía de Managua. Residente en Colonia del Periodista No. 97, frente al portón del parque, en Managua. Teléfonos: 88466187, 88418126 y 22703077.

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Acerca de Pablo Emilio Barreto Pérez

Pablo Emilio Barreto Pérez es: *Orden Independencia Cultural Rubén Darío, *Orden Servidor de la Comunidad e Hijo Dilecto de Managua.
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