Managua ensangrentada por crímenes somocistas genocidas

Recuerdos de algunos crímenes de la dictadura somocista
22 de enero y asesinato de Pedro J. Chamorro C.

Pablo E. Barreto Pérez

La felonía o traición y los planes tenebrosos de utilizar al pueblo humilde como carne de cañón en los planes oligárquicos y dictatoriales, dejó un saldo de varios centenares de muertos en la Avenida Roosevelt (o Central) el 22 de enero de 1967.
Con esta masacre genocida llegó a su fin el caudillismo conservador de Fernando Agüero Rocha, quien como la espuma había subido a las nubes oscurantistas y retrógradas de la oligarquía, de donde bajó ese 22 de enero para convertirse en otro de los numerosos traidores de las filas de los partidos Liberal y Conservador, desde la llegada de los filibusteros yanquis en 1852.
Agüero Rocha y demás dirigentes de la Unión Nacional Opositora (UNO) convocaron a una actividad política masiva a la Plaza de la República, y luego lanzaron a la gente sobre la Avenida Roosevelt, rumbo a la Loma de Tiscapa (donde estaba ubicada la tenebrosa Casa Presidencial de la “Estirpe Sangrienta”), porque supuestamente ya estaba “arreglado” entre el Estado Mayor de la Guardia Nacional genocida y la Embajada gringa un “golpe de Estado” a los Somoza Debayle.
Eso era lo que en supuesto “secreto” manejaban Agüero Rocha y su pandilla de traidores. A la gente se le había dicho que Somoza Debayle debía irse del poder y por ese motivo debían presionar hacia la Loma de Tiscapa con una manifestación masiva..
Pero en realidad lo que recibieron fue un diluvio de tiros desde el lado Sur, donde estaban ubicados el Estado Mayor de la Guardia Nacional, la Academia Militar, las cárceles de El Hormiguero, la Explanada de Tiscapa o sede de las oficinas principales de la guardia genocida y la Casa Presidencial o nido de mazmorras especiales para torturar y matar gente por parte de la tiranía opresora del somocismo.
Por un supuesto incidente o pleito con el teniente G.N. Sixto Pineda, quien lanzaba agua con una manguera de una pipa hacia los manifestantes, se inició el tiroteo desde los sitios antes mencionados, quedando un río de sangre y centenares de cadáveres sobre el pavimento de la Avenida Roosevelt, las cárceles llenas con unos tres mil de presos, mientras Agüero Rocha y otros traidores, corresponsables de la masacre, se refugiaban en el llamado “Gran Hotel”, ubicado en las cercanías del Palacio Nacional.
Hasta ese “Gran Hotel” llegó el coronel genocida Iván Alegret, con una tanqueta, para cañonear a los que allí estaban refugiados.
Fue necesaria la intervención de la Embajada Norteamericana para rescatar a los que se habían refugiados en el “Gran Hotel”, la mayoría relacionados con terratenientes, oligarcas y, por supuesto, los que planificaron la manifestación “agüerista” masacrada por la guardia genocida.
La Guardia Nacional (o ejército interventor yanqui permanente en Nicaragua) desalojó la Avenida Roosevelt esa misma noche del 22 de enero. Echaron los centenares de cadáveres (o muertos en esa Avenida Roosevelt) en camiones del Distrito Nacional y del Departamento de Carreteras, lavaron los ríos de sangre con agua lanzada con mangueras potentes como las de los bomberos, para borrar las huellas de ese nuevo genocidio planificado y ejecutado por la tiranía genocida del somocismo y los oligarcas conservadores, jefeados por Fernando Agüero Rocha.

Nunca se supo cuántos muertos fueron. Unos dicen que fueron 400 y otros que los asesinados fueron mucho más. Tal vez mil. Se dijo que .la Guardia Nacional genocida, engendro mortal del gobierno criminal de Estados Unidos, fue a echar los cadáveres en una zanja o fosa común en un sitio de la Carretera a Masaya.
Poco tiempo después de la masacre del 22 de enero, Agüero Rocha apareció pactando el “Kupia Kumi” con Anastasio Somoza Debayle, hijo “heredero”, hijo dinástico, parte integrante de la “estirpe sangrienta” del tirano genocida Anastasio Somoza García. Agüero Rocha se sentaba en su “pata de gallina” del “triunvirato” inventado por estos vendepatrias y peleles de los yanquis; y circulaba por las calles de Managua con su llamada “pitoreta” en un carro negro largo, como “cien pies” que le había asignado la dictadura somocista en premio por esta nueva traición de los conservadores.

Pedro Joaquín Chamorro Cardenal

En enero también recordamos al doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, abogado, periodista, escritor, editotorialista y director del Diario LA PRENSA y opositor inclaudicable contra la tiranía genocida del somocismo.

Por esto último fue asesinado (el 10 de enero de 1978) por órdenes de Anastasio Somoza Debayle, Anastasio Somoza Portocarrero y los altos mandos de la Guardia Nacional genocida.
Los encargados de ejecutar este asesinato vil fueron: Silvio Peña Rivas, Silvio Vega, Harold Cedeño y Concepción “Concho Cara de Piedra” Acevedo Chavarría. Este último era un “matón a sueldo”, especializado en matar gente por encargo en medio de las vendetas de los López, Chavarrías, Povedas y Carvajales en las comarcas y pueblos periféricos de la Ciudad Universitaria de León, la tierra en que por ironías históricas se crió el patriota Rigoberto López Pérez, quien ejecutó justicieramente al jefe fundador de la tiranía somocista Anastasio Somoza García, quien desde muy joven era ladrón, falsificador de billetes y después servidor asesino del gobierno criminal de Estados Unidos de Norteamérica..

Estos sujetos matones, mencionados en el párrafo anterior, emboscaron al doctor Chamorro Cardenal en las cercanías solitarias (entonces) de la Asamblea Nacional, donde lo pasconearon con disparos de escopetas, armas preferidas por matones como “Concho Cara de Piedra” Chavaría y sus compinches Silvio Peña Rivas, Silvio Vega y Harold Cedeño, a quienes doña Violeta Barrios viuda de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal les dio la “libertad” cuando era presidenta de la República en los primeros años de la década del 90, época en la que también mandó a desmantelar el Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua, 550 empresas productivas del Estado, casi cuatro mil Centros Infantiles Rurales, el Proyecto Lechero de Chiltepe y le “perdonó” ilegalmente los 17,000 millones de dólares a Estados Unidos por su agresión militar criminal a Nicaragua en la década del 80.

El asesinato del doctor Chamorro Cardenal terminó de encender la mecha explosiva popular en contra de la tiranía genocida del somocismo, la cual ya se tambaleaba por los combates militares cada vez más frontales y mortales del Frente Sandinista guerrillero en su contra, en todo el país.
Hubo manifestaciones callejeras, se quemaron empresas de la Sucesión Somoza como la Fábrica de Hilados y Tejidos El Porvenir y “Plasmaféresis”, un negocio vampiresco de extracción de sangre de Anastasio Somoza Debayle con el cubano gusano Pedro Ramos, quien inclusive había acusado al doctor Chamorro Cardenal en los juzgados somocistas por haber osado denunciarlo en el Diario LA PRENSA por los negocios de venta de sangre. Managua, enero del 2004.

Pablo E. Barreto Pérez: periodista, escritor popular, Cronista de la Capital, editor, investigador histórico, editor, fotógrafo, Cronista de la Capital, Orden Independencia Cultural Rubén Darío, Hijo Dilecto de Managua, Orden Servidor de la Comunidad del Movimiento Comunal Nicaragüense, Orden José Benito Escobar Pérez de la Central Sandinista de Trabajadores (CST nacional) y Orden Juan Ramón Avilés de la Alcaldía de Managua.
Residente en la Colonia del Periodista, No. 97, frente al portón del parque. Teléfonos: 88466187, 88418126 y 22703077.

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Acerca de Pablo Emilio Barreto Pérez

Pablo Emilio Barreto Pérez es: *Orden Independencia Cultural Rubén Darío, *Orden Servidor de la Comunidad e Hijo Dilecto de Managua.
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