Hiroshima y Nagazaki: borradas con bombas atómicas y tormentas de fuego radiactivo

Arribamos a 67 años de Hiroshima y Nagazaki
Bombas atómicas siguen matando gente en Japón y Estados Unidos
*Bolas de fuego y tormentas de fuego atómico radiactivo, con millones de grados centígrados en el centro de la explosión nuclear, convirtieron en vapor a la gente, animales y plantas vivas.


*En decenas de miles de casos, de los seres humanos impactados por el fuego nuclear  radioactivo, sólo quedaron sombras negras en los pavimentos, paredes y pisos de viviendas.

Pablo Emilio Barreto P.

Los alemanes nazis genocidas estaban ya totalmente derrotados, sus “uña y carne” fascistas italianos se habían desbandado cobardemente y los militares japoneses ya no tenían posibilidad alguna de continuar resistiendo en la Segunda Guerra Mundial, guerra de rapiña criminal imperialista y de intenciones diabólicas clasistas de eliminar el estorboso socialismo soviético, pero el gobierno genocida norteamericano, haciendo gala de sus afanes autoritarios y terroristas estatales, mandó a lanzar las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, los días 6 y nueve de agosto de 1945, hechos históricos demostrativos de que Estados Unidos siempre ha estado dispuesto a emprender matanzas humanas como éstas dos, con el fin de imponer miedo colectivo contra la Humanidad. Por eso, el Frente Sandinista en su Himno lo llama: “Yanqui, enemigo de la Humanidad”.

Han pasado 67 años desde entonces. Aquellas bolas de fuego atómico, que desencadenan tormentas de fuego radiactivo hacia el suelo, como las que mandó a lanzar Harry Spencer Truman sobre Hiroshima y Nagasaki, son sencillamente horribles, al extremo de que decenas de miles de los 130 mil muertos en Hiroshima, por ejemplo, simplemente se evaporaron por el inmenso calor de centenares de miles de grados centígrados infernales que los envolvieron al momento de la explosión atómica, mientras un Sol claro iluminaba esta Ciudad japonesa.

Hiroshima fue convertida en vapores, carbones, cenizas y escombros radiactivos el 6 de agosto de 1945. A Nagasaki le tocó el sacrificio mortal genocida, de exterminio masivo, mediante otra bomba atómica con tormenta de fuego, el 9 de agosto de 1945, tres días después.

Repito: Japón estaba virtualmente vencido. No tenía ninguna posibilidad de seguirse sosteniendo en la guerra de rapiña imperialista criminal, pero el Pentágono yanqui (Ministerio de Defensa), el Complejo Militar Industrial-versus oligarquía financiera norteamericana, y el autoritario genocida presidente Harry Truman, vieron la oportunidad perfecta de poner en práctica sus intenciones de sembrar miedo o terror colectivo en el mundo, y para ello decidieron lanzar estas dos bombas atómicas sobre dos ciudades japonesas que estaban tranquilas, dedicándose a sus labores cotidianas.

Y es que los yanquis genocidas estaban ya preparados en este momento para imponer su terror estatal de siempre. Estaban trabajando en la fabricación de estas bombas atómicas desde 1939. Tenían laborando a varios miles de científicos, encabezados por Robert Oppenheimer, en el llamado Proyecto de Manhatan, y comenzaron con ensayos de explosiones atómicas en sitios como Tenesee, Kentuky, Hanford (cerca de Washington) y Aiken, en California. Posteriormente, el Proyecto Manhatan lo trasladaron a Nuevo México, en las cercanías del Golfo de México.

Pues en estos lugares hicieron explotar decenas de veces, mediante ensayos, estas bombas atómicas o nucleares. Construyeron instalaciones fabulosas para estos ensayos en desiertos y en medio de casi tres mil condados poblados de seres humanos, y finalmente tuvieron listas dos bombas atómicas, de 15 kilotones cada una. Una era de uranio 238 y la otra de plutonio 239. Según los datos registrados en libros y reportajes, cada una de esas bombas costaba 2,000 millones de dólares en aquellos momentos.

Al Proyecto Manhatan se unieron el llamado Reino Unido (la madre colonial malvada de Estados Unidos) y Canadá. En el caso de Gran Bretaña, su dirigente principal era Wiston Churchil, un enemigo a muerte, enemigo de clase del Estado socialista soviético, cuya destrucción era una de las causas fundamentales de la agresión y ocupación militar nazifascista alemana y de los países imperialistas como Japón, Alemania, Italia; y en estos planes de agresión militar de paso se les unían secreta y abiertamente Estados Unidos, Reino Unido, Francia, etc.

Cuando ya tenían listas las dos bombas atómicas, las subieron a un avión B-29, el cual fue piloteado por el coronel Paúl Tibbets, para lanzar la bomba nuclear de 15 kilotones sobre Hiroshima aquella mañana hermosa del 6 de agosto de 1945, mientras los 450 mil habitantes de esta Ciudad Japonesa andaban afanados laborando en sus centros de trabajos estatales y privados; otros compraban y hacían diligencias callejeras.

El 6 de agosto, sin previo aviso a las futuras víctimas mortales, lanzaron la bomba atómica, la cual hizo su reacción nuclear o explosión en millonésimas de segundos a 650 metros por encima de Hiroshima, desde donde la bola de fuego desató una masa de calor más allá de la fundición de metales duros como el acero, a varios millones de grados centígrados en el centro de la explosión, mientras al mismo tiempo esa bola de fuego repartía enorme propagación radioactiva, y desataba también una tormenta de fuego al hacer explotar tanques de gas, combustibles como gasolina, químicos inflamables, y ardían papeles, madera, ropa…

Seres humanos evaporados

La bola de fuego de la bomba atómica, de unos 350 metros de diámetro, con su explosión atómica devastó un radio de 10 kilómetros cuadrados, en los cuales, especialmente en la parte más céntrica, los seres humanos impactados sencillamente se desvanecieron, se evaporaron, se hicieron “humo” por la reacción termonuclear.
En la mayoría de los casos, según un libro que leí de la Revista Selecciones, en el pavimento, en pisos desgarrados y ennegrecidos por la bola de fuego, sólo quedaron “sombras” pintadas de seres humanos evaporados al momento en aquel fuego infernal, de varios millones de grados centígrados en el centro, los agarró en milésimas de segundos cuando caminaban o laboraban en sus puestos de trabajo.
Al instante, se originaron también los incendios imparables por la misma bola de fuego atómica. Casi al instante, asimismo se produjo el hongo explosivo hacia el cielo, el cual llevaba consigo vapor de agua, el vapor en que se habían convertido en segundos los seres humanos, animales y plantas vivas; subían humo, carbón, etc., todo lo cual, al mismo tiempo, ascendía a la atmósfera terrestre para propagarse hacia otros sitios del Continente Asiático, especialmente hacia los lados de Indonesia, India, por el Océano Pacífico, en el Océano Índico y sus alrededores.

Hiroshima había sido fundada en 1534. Fue destruida en segundos, sin combate militar alguno, por esta bomba atómica de uranio el 6 de agosto de 1945. De otras partes de Japón, especialmente de Tokio, según he leído en libros y revistas, llegaron médicos, bomberos, militares y otros especialistas, con la misión de salvar gente.
Cuando ellos llegaron, habían virtualmente desaparecido, fueron evaporados, alrededor de 150 mil ciudadanos civiles. Una cantidad similar estaba herida y llena de un terror que nadie, humanamente, puede medir. Era una Ciudad hermosa de 450,000 habitantes. Casi la mitad de su gente había sido sencillamente desaparecida, evaporada, por una decisión militar terrífica del gobierno genocida norteamericano.
El mundo entero estaba asombrado, lleno de terror, el 9 de agosto de 1945, tres días después, cuando el mismo gobierno norteamericano, encabezado por el mismo Truman, lanzó otra bomba atómica de plutonio, de 15 kilotones, sobre Nagasaki, donde otros 80,000 ciudadanos civiles fueron también evaporados, convertidos en vapor, o carbonizados por la bola de fuego que asimismo explotó a 650 metros por encima de la Ciudad, cuyos habitantes estaban también confiados en que Estados Unidos no volvería a cometer otro crimen de lesa humanidad como el de Hiroshima, tres días antes.
Esto fue y sigue siendo sencillamente espantoso. No es posible que los seres humanos, dotados de inteligencia que no tienen otros animales de la Madre Tierra o Naturaleza, que por egoísmo, por impulsos primitivos clasistas, sí, clasistas, porque son los oligarcas y sus servidores militares de países imperialistas como Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Canadá, Italia, Alemania, quienes han impulsado las dos Guerras Mundiales de rapiña, de repartición de territorios y recursos naturales; y otras guerras de agresión militar posteriores, como actualmente en Irak, Afganistán y Pakistán, en las cuales se gastan sumas fabulosas de dinero, para mantener su dominio colonial y neocolonial en contra de los países pobres y de los pobres como seres humanos en particular.
Sí es horrible saber que aquellos médicos y bomberos que llegaron a salvar gente en el sitio de estas dos explosiones atómicas, también murieron poco tiempo después por las intensas radiaciones atómicas que recibieron en sus cuerpos, y que allí se quedaron para siempre en “forma residual”, ¿por cuánto tiempo?, ¿por miles de años?.
Y más espantoso resulta todavía que 64 años después se sabe que siguen muriendo gentes afectadas por aquellas radiaciones atómicas de Hiroshima y Nagasaki, y mucho más allá de estos territorios, pues la lluvia radiactiva, ese polvo blanco, blancuzco o amarillo, se propagó lejos por medio de la atmósfera, tal como ocurrió asimismo donde los especialistas o científicos del Plan Manhatan elaboraron las bombas atómicas en territorio norteamericano.

Sí, después de provocar tan espantoso terror, el gobierno norteamericano continuó fabricando bombas atómicas y ensayándolas, esta vez más poderosísimas, de hasta 20 megatones, en territorios como Nevada, Idaho y Montana, donde se asegura que los pobladores de alrededor de tres mil condados fueron contaminados con radioactividad en la década del 50-60.

Siguen muriendo seres humanos
Igual. Los hongos de las explosiones atómicas lanzaban a la atmósfera los elementos radioactivos, y estos caían en forma lluvia radioactiva de color blanco, blancuzco o amarillento sobre las casas, cultivos, suelos, aguas, animales, plantas (árboles, matorrales y hierbas) en general y sobre los mismos seres humanos, y poco a poco esos seres humanos norteamericanos fueron muriendo de cáncer, leucemias, deformaciones genéticas, por deformaciones en la tiroides, etc.

Según leí en la Revista Selecciones, de hace poco tiempo, al menos dos generaciones de seres humanos han sido sencillamente condenados a muerte por estas prácticas criminales en los territorios mencionados, y debido a las protestas públicas, el gobierno norteamericano se ha visto obligado a indemnizar a estos hombres y mujeres contaminados por radiaciones atómicas. ¿Es justo esto? ¿Es razonable este crimen de lesa humanidad?
¿Es razonable estar fabricando bombas atómicas con el pensamiento de efectuar matanzas humanas durante guerras de rapiña y de reparto de territorios, como las que han habido en el pasado reciente?

Y la carrera armamentista de bombas atómicas de largo alcance, en barcos cruceros, submarinos artillados, aviones “invisibles” a radares y de “ataques letales” en “cualquier rincón de la Tierra”, colocadas en plataformas de lanzamiento con cohetes de largo alcance para llevarlas hasta 12 mil kilómetros si es posible, ha continuado sin frenos, primero por los deseos clasistas desenfrenados de aniquilar a la Unión Soviética y al grupo de países socialistas europeos, asiáticos y Cuba, especialmente antes de 1992, antes de la desaparición del régimen socialista europeo.
Los países industrializados poderosos, imperialistas, le impusieron al mundo entero el terror planificado de la llamada “Guerra fría”, después de la Segunda Guerra Mundial, y debido a que la URSS (cuando todavía existía) aceleró también su carrera de armas atómicas de corto, mediano y largo alcance, con el argumento de mantener el equilibrio de fuerzas atómicas, es decir, como quien dice a los yanquis y sus aliados: “Aquí tenemos armamento similar al de ustedes… no se equivoquen”.
Esta ilusión de la superioridad atómica ha llevado al desquiciamiento de creer que se ganaría, que se tendrían “victorias” absolutas con ataques atómicos sorpresivos, mientras ambas potencias al mismo tiempo han dicho que son capaces de destruir los misiles y sus bombas atómicas en el aire.
¡Terror, horror y más horror!, pues se ha denunciado que Estados Unidos tiene tantas bombas atómicas como para aniquilar, destruir totalmente, a la Humanidad unas 100 veces, lo cual revela el nivel de esquizofrenia de los dirigentes (oligarcas y militares, dueños del Complejo Militar Industrial) del gobierno norteamericano, cuyos presidentes y jefes militares han llegado al colmo de arrogarse algo así como “el derecho a ser los únicos que tengamos armas atómicas, de destrucción masiva, para chantajear y aterrorizar al Mundo entero”.
Bombas ahora son de 20 megatones o más
Se han continuado los ensayos atómicos, desde las décadas del 50-60-70-80-90, y cada vez más terribles, más espantosas, en la profundidad de los mares, en desiertos y montañas, mientras los Tratados y Convenios de Desarmes, limitaciones de determinadas bombas atómicas, y prohibiciones de continuar construyendo estas bombas, las cuales hoy son de 20 megatones o más, lo cual te indica que la bola de fuego de la explosión de la bomba atómica tendría ahora un diámetro de cinco kilómetros y no de 350 metros como en los casos de las bombas de 15 kilotones lanzadas contra Hiroshima y Nagasaki.
Entonces, el nivel de destrucción mortal, de evaporación de seres humanos y todo aquello vivo, sería masivo, tal vez de unos 500 kilómetros a la redonda. ¡Qué horror, hermanos¡
Mediante informes especiales, dados a conocer al mundo entero, se ha venido sosteniendo que mediante Tratados Internacionales, supervisados por las Naciones Unidas y su Comisión de Energía Atómica, que se cumplan los acuerdos de desmantelamientos de los campamentos de grandes arsenales atómicos de Estados Unidos y Rusia, esencialmente estas dos potencias capitalistas, las cuales, presuntamente, han reducido estos arsenales a sólo tres mil cabezas nucleares, y que al mismo tiempo se han venido desmontando los misiles correspondientes para estas bombas nucleares.
¿Será cierto esto último? Yo, francamente, no creo, al imperialismo yanqui, mentiroso, criminal, genocida, agresor militar de siempre, no le creo absolutamente nada, pues sus jefes militares siguen agrediendo y matando gente en Irak, Afganistán y Pakistán, por ejemplo.
Según especialistas e investigadores históricos, Estados Unidos ha protagonizado casi 300 agresiones militares a otros países lejanos y cercanos de sus fronteras desde hace más de 100 años, y con esas agresiones ha matado a 23 millones de seres humanos de otras naciones, sin incluir la nueva matanza de más de 100,000 irakíes actualmente.
Esto es lo que llamo criminales sin castigo, pues destruyen países ajenos, matan gente, roban recursos naturales y financieros, mientras ellos no respetan el Derecho Internacional, se burlan de todo mundo, incluyendo sus burlas a las Naciones Unidas, la cual usan en su favor cuando así les conviene.
No queremos más guerras, no queremos más agresiones militares, no queremos más genocidio con bombas atómicas, ni ninguna arma de destrucción masiva, como la usada contra Hiroshima y Nagasaki; ano queremos armas químicas, tampoco queremos que otros países pequeños como Corea del Norte estén armando líos en esa parte de Asia.
Estos países capitalistas y socialistas que tienen arsenales atómicos de exterminio masivo, deben eliminar totalmente estos armamentos nucleares, pues de todas maneras a largo plazo, se volverán inservibles, porque los elementos para fabricarlos y darles mantenimientos, como el uranio y plutonio, son cada vez más escasos en la Naturaleza, lo cual incluye escasez para mantener plantas atómicas para producir energía eléctrica, por ejemplo. Son armas y plantas demasiado caras, insostenibles en este mundo cambiante, que ya no quiere guerras ni agresiones militares, ni que le estén robando sus recursos naturales para enriquecer a bandidos de Complejos Industriales Militares, banqueros y traficantes de estas armas de exterminio masivo.
Me inclino en reverencia ante la memoria de las víctimas mortales por las bombas atómicas lanzadas contra Hiroshima y Nagasaki y también por las decenas de miles de contaminados con radioactividad en los miles de condados en Nevada y otros territorios de Estados Unidos, y asimismo por las víctimas de Chernóbil, en Ucrania, antigua Unión Soviética.

Pablo E. Barreto Pérez: periodista, investigador histórico, fotógrafo, Cronista de la Capital, Orden Independencia Cultural Rubén Darío, Hijo Dilecto de Managua, Orden Servidor de la Comunidad del Movimiento Comunal Nicaragüense, Orden José Benito Escobar Pérez de la Central Sandinista de Trabajadores (CST nacional), y Orden Juan Ramón Avilés de la Alcaldía de Managua.
Residente en la Colonia del Periodista No. 97, frente al portón del Parque, en Managua, Nicaragua. Teléfonos: 88466187, 88418126 y 22703077.

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Acerca de Pablo Emilio Barreto Pérez

Pablo Emilio Barreto Pérez es: *Orden Independencia Cultural Rubén Darío, *Orden Servidor de la Comunidad e Hijo Dilecto de Managua.
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