Anàlisis y comentarios sobre la tragedia del niño escolar mordido por perros pitbull, en Managua.

Los responsables directos de estos incidentes peligrosos somos los seres humanos, ¡no los animales¡

¿Se pudo evitar mordidas del perro al jovencito Diego Vargas Rodríguez?

*En Managua, hay centenares de miles de perros, ¿cuántos existen en Nicaragua?
*Algunas familias o individuos tienen en sus casas perros demasiados feroces, sin entrenamiento alguno y sin medidas preventivas para evitar mordidas que pueden ser mortales
En la Colonia del Periodista, igual dos perros domésticos mordieron a una niña, porque los canes andaban sueltos ¡y dentro del parque¡
*Reglamento de la ley General de Salud prohíbe los perros sueltos, en aceras, calles, parques, en sitios públicos, a menos que sus dueños los anden amarrados y con Bozal puesto

Pablo Emilio Barreto P.

Dichosamente, no resultó muerto el niño escolar Diego Alexander Vargas Rodríguez al serle clavados los colmillos filosos en el cuello, en la cara, mandíbula, cabeza y otras partes del cuerpo, por los dos feroces perros pit bull el pasado 15 de septiembre, mientras este alumno del Colegio Fernando Gordillo y sus compañeritos (niños, niñas y adolescentes) le rendían homenaje a la Patria, con desfiles y marchas rítmicas ruidosas, en una de las calles del Barrio Altagracia, situado al Oeste de Managua.
Sí, uno de los perros estuvo a milímetros de perforarle las venas o arterias conductoras de sangre al cerebro y resto del cuerpo. Si uno de los colmillos caninos se hubiera clavado en una de esas arterias sanguíneas, Diego Alexander posiblemente habría muerto en pocos minutos, a pesar de que le hubiesen quitado a los canes de encima.
Afortunadamente, maestros y niños lograron separar a los perros de Diego, a quien los canes feroces, por supuesto, habían botado al suelo. Los perros le causaron heridas graves en el cuello, en la cara, en la mandíbula y otras partes del cuerpo.
Según médicos del Hospital Fernando Vélez Páiz (Hospital Materno Infantil y con la especialidad de cirugía reconstructiva), Diego Alexander va a necesitar varias operaciones especializadas para reconstruirle piel y músculos para que, especialmente en el rostro, no le queden señales visibles.
El caso casi fatídico de Diego Alexander Vargas Rodríguez es uno más de los que han venido ocurriendo en Managua y otras partes del país, mientras todos: autoridades civiles, municipales, policiales, del Ministerio de Salud y los ciudadanos comunes como yo, nos venimos haciendo “los locos”, los “cara dura”, los “idiotas” frente a problemas peligrosos como éstos.
Soy de los pocos ciudadanos de Managua que ha venido protestando porque numerosos individuos y familias ponen en peligro a los demás pobladores cuando andan con sus perros sueltos en los andenes, calles, en los Parques, y los he visto, con singular descaro y cinismo propio de criminales, pasearse con los perros sueltos dentro de Mercados capitalinos, en medio del enorme bullicio de niños, mujeres, hombres y ancianos.
Este caso de Diego me parece que ya rebalsó el vaso. El nueve de febrero de este año 2009 personalmente protesté en público porque la niña Neilcin González igualmente fue mordida por dos perros en el Parque de la Colonia del Periodista, en medio de un montón de gente que jugaba en las canchas deportivas. Eran dos perros “bravos”, feroces. Dejaron la puerta abierta en su casa, y los perros se salieron.
Neilcin, de ocho años, hija del vecino Leonel González, jugaba en su bicicleta, cuando repentinamente los dos perros le cortaron el paso. Neilcin cayó al suelo, y los perros se le lanzaron hacia el cuello, los brazos y piernas.
Neilcin lanzó gritos desgarradores e intentaba quitarse los perros de encima, pero no pudo. Dichosamente, en el Parque había casi un centenar de jugadores de básquet, quienes se lanzaron hacia los perros, los garrotearon y patearon, y finalmente libraron a Neilcin de sus garras y colmillos.
Esta niña también fue llevada al Hospital Fernando Vélez Páiz donde le hicieron numerosas puntadas en las numerosas heridas, algunas de ellas profundas porque los colmillos de los perros son grandes, y eso la mantuvo inválida por un buen tiempo.
Todos somos responsables de estos fatídicos asuntos
La noticia impactante de que los perros mordieron a Neilcin la conoció toda la Colonia del Periodista. Yo mismo escribí un artículo y lo mandé a medios informativos locales, y tengo la impresión de que ninguno de los directores de estos medios le puso la atención debida a este asunto.
Dentro de la Colonia del Periodista ocurrió lo mismo. Este hecho del ataque de los perros a Neilcin pareció, más bien, alentar a individuos y familias que se pasean “orgullosos” con sus perros feroces y violentos “de raza” por los andenes, calles y parques de la Colonia. Lo mismo veo en el resto de Managua. Además, es notorio que los perros dominan a sus amos, aunque los lleven amarrados.
Yo personalmente, tengo perros en mi casa, pero siempre los saco amarrados, nunca los dejo sueltos en la calle, precisamente para evitar incidentes como estos dos casi fatídicos para dos seres humanos, todavía niños.
El Reglamento de la Ley General de Salud, del 9 de enero del 2003, en su artículo 274, dice textualmente lo siguiente: “Se prohíbe mantener perros sueltos en las aceras, calles o lugares públicos; estos (los perros) podrán circular en dichos lugares únicamente sin son sujetados (amarrados) por personas mayores y que lleven puesto un bozal”.
En la Alcaldía de Managua, durante el período (2005-2009) en que fui concejal por el Frente Sandinista de Liberación Nacional, un grupo de funcionarios edilicios y yo intentamos aprobar un Reglamento para el uso y funcionamiento de parques, en el cual se incluía la norma de que no se aceptaran perros sueltos y sin bozal dentro de los parques y otros sitios públicos de la Comuna capitalina, precisamente, para evitar hechos lamentables como los de Diego Alexander Vargas Rodríguez y Neilcin González.
Este Reglamento de los Parques y otros: sobre la anarquía de los rótulos en Managua, del Control de los Cementerios y en torno al Uso de Suelos, no fueron aprobados porque hubo concejales y funcionarios que tenían intereses contrarios a que la Ciudad funcione como la necesitan los ciudadanos comunes y corrientes.
Además, estos asunto de la existencia de los perros como mascotas familiares, como acompañantes o como instrumentos de defensa contra ladrones o intrusos en viviendas o dentro de empresas, vale la pena examinarlo un poco más, porque los perros de distintas razas, colores, tamaños, ferocidad, cariñosos, mansitos, ladradores, cazadores, Salvadores de seres humanos (como el de Terranova, Canadá) olfateadores de primerísima calidad, etc., vienen acompañando a los seres humanos de hace miles de años en todos los Continentes del Planeta, especialmente de que, según científicos, estos animalitos, hoy domesticados plenamente, se desprendieron de las manadas de lobos que todavía aullan tristes donde aún quedan un poquito de bosques, todavía no arrasados por los seres humanos voraces, especialmente aquellos que hacen negocios insaciable con lo que produce la Madre Tierra o Naturaleza.
Esos mismos especialistas en animales aseguran que los perros “no entrenados” por los seres humanos, conservan el comportamiento primitivo de lobos, cayotes y zorros. Es decir, tienen un instinto primitivo, de conservación, se comunican con gestos y sonidos, unos alegres y otros tristes entre ellos, y tienen distintas reacciones ante los ruidos múltiples que producen los seres humanos.
No sé nada acerca de si estaban o no entrenados los perros pit bull que mordieron a Diego Alexander Vargas Rodríguez. Sí pude conocer por medios informativos radiales que al momento del incidente casi fatídico, que en la calle (a la orilla de la cual está la casa en que estaban los perros) circulaba lento, ruidoso, con tambores y trompetas, el desfile patriótico del niño mordido por los canes. Los ruidos, repito, provocan distintas reacciones en los animales: puede ser miedo a sentirse atacados, tal vez sientan deseo de atacar con ferocidad, etc. Los perros, como los lobos, tigres y leones, por ejemplo, buscan aquellas parte de otros animales, que les permita someterlos rápido. Algunos perros instintivamente buscan cómo atrapar el cuello con sus colmillos.
Cuando el desfile pasaba, según el informe noticioso, las puertas de la casa en que estaban los perros, se abrieron, ¿por qué?, ¿por descuido?, y los animales se lanzaron a la calle y al primero que toparon y convirtieron en víctima fue al niño Diego Alexander Vargas Rodríguez.
De acuerdo con las versiones periodísticas, maestros y estudiantes “no hallaban qué hacer…” En los primeros segundos valiosos para defender a Diego del ataque feroz, se quedaron paralizados, impávidos… hasta que finalmente alguien reaccionó… ¿30 segundos después?, ¿un minuto después? ¿Dos minutos después? ¡No sé, el asunto es que en estos casos, maestros, alumnos, hombres y mujeres en general, debiéramos estar capacitados para tener una reacción inmediata, y no retardada, porque de acciones inmediatas puede depender la vida de una o más personas, que al final de cuentas, incluyendo la vida de los animales, es lo que cuenta en la Naturaleza o Madre Tierra.
Entrenarse para situaciones como estas, debiera ser parte de la educación integral de los seres humanos, porque los perros van a estar con nosotros siempre, “son los mejores amigos del hombre”, lo queramos o no, pues hay centenares de miles de familias que los tienen en sus casas y empresas por distintas razones.
Más sorprendido quedé cuando escuché que los dos perros fueron inmediatamente matados a tiros, casi en el acto, allí mismo en la calle, después de ser separados del cuerpo de Diego. ¿Fue cierto eso?
Si esto de matar a los perros fue así, es ya, inclusive, un acto de barbarie, irracional como de venganza en contra de animales que, como sabemos, actúan por instinto. En todo caso, somos los seres humanos los responsables de que los animales domésticos no estén entrenados, de que se salgan de donde deben estar, mucho menos salir sueltos y sin bozal a las calles. Nosotros mismos somos los responsables de no aplicar una Ley General de Salud vigente, cuyo reglamento se promulgó el 9 de enero del 2003.
Matar a los perros de esa manera es como proceder en pleno bosque, o en el campo, a matar una víbora de cascabel, de coral, barba amarilla, cobra, mamba negra, etc., después que haya mordido a un ser humano entre las hierbas o los árboles del campo, pues, en primer lugar, de nada sirve, porque el veneno que inoculó por medio de sus colmillos huecos, ya quedó depositado en el torrente sanguíneo de uno, y matándola no se remedia nada. Además, quienes nos metemos en el hábitat de los animales somos nosotros los seres humanos, somos quienes les hemos ido quitando su espacio natural, les hemos arrancado los bosques, los matorrales, las hierbas y las corrientes superficiales de agua, y para colmo los matamos, en la mayoría de los casos, sin razón alguna.
Al salir al campo, debiéramos andar siempre bien preparados, con botas altas y caminar con extremo cuidado, examinando el terreno, para no tropezar con un víbora, por ejemplo; y es lo mismo con el manejo de los perros, que además, los tenemos como mascotas, de compañía o para defensa de los hogares, de empresas, etc.
Inclusive, sin son mordidos por murciélagos chupa sangre (hay murciélagos insectívoros, herbívoros y “vampiros chupasangre”), los perros pueden desarrollar rabia, debido a lo cual también hay que tener cuidado, y especialmente por este motivo, lo mejor es amarrarlos y ponerles bozal cuando se los va a sacar a la calle. Si se sospecha que el perro tiene rabia, lo mejor es llamar a personal de Epidemiología del Ministerio de Salud, para que lo examinen y eliminen como se debe, en caso de contaminación con rabia.
¿Qué hacer con los llamados “perros callejeros”? Estos son animalitos que deambulan por las calles, en los Mercados, en Estacionamientos, después de que familias descuidadas dejaron abiertas las puertas y los perros se salieron. O los dejan que salgan a las calles, para que se alimenten por su cuenta, lo cual refleja otra irresponsabilidad, pues un animalito doméstico no tiene por qué estar sufriendo de hambre. Lo mejor sería no tener perros, si no hay con qué darles de comer.
En el caso de los perritos callejeros, me parece que hace falta una Perrera Municipal a cargo de la Alcaldía (y de todas las Alcaldías del país) para que se le ayude al Ministerio de Salud a controlar esa situación, porque la seguridad y salud de los seres humanos es una de las prioridades fundamentales del Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional de Nicaragua.
En la Alcaldía de Managua yo propuse, incluso, la creación de un Cementerio para Mascotas, para enterrar allí estos animales domésticos, pues lo que ocurre cuando mueren es que los tiran en calles, cauces y basureros, con lo cual se contamina más el ambiente. Más bien hubo burlas en contra de esta propuesta.
Envío mi solidaridad a la familia de Diego Alexander Vargas Rodríguez, a sus maestros y compañeríos de clases del Colegio Fernando Gordillo, en Managua, y espero que este incidente lamentable nos haga reflexionar y accionar correctamente para que hechos como este de Altagracia y la Colonia del Periodista no se repitan. Realmente necesitamos estar capacitados todos y todas en el manejo de los perros domésticos (y callejeros también), en aplicar la Ley vigente y en crear condiciones oficiales para que los perritos callejeros permanezcan en una Perrera Municipal.

Managua, 17 de septiembre del 2009.

Pablo Emilio Barreto P.: periodista, editor, investigador histórico, fotógrafo, Cronista de la Capital, Orden Independencia Cultural Rubén Darío, Hijo Dilecto de Managua, Orden Servidor de la Comunidad del Movimiento Comunal Nicaragüense, Orden José Benito Escobar Pérez de la Central Sandinista de Trabajadores (CST nacional) y Orden Juan Ramón Avilés de la Alcaldía de Managua.
Residente en la Colonia del Periodista No. 97, frente al portón del parque, en Managua. Teléfonos: 22703077, 88466187 y 88418126.

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Acerca de Pablo Emilio Barreto Pérez

Pablo Emilio Barreto Pérez es: *Orden Independencia Cultural Rubén Darío, *Orden Servidor de la Comunidad e Hijo Dilecto de Managua.
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