El FMLN debe recuperar El Salvador para los salvadoreños

Oligarcas, terratenientes y ejército siempre lo mantuvieron vendido a los yanquis
FMLN debe recuperar El Salvador para los salvadoreños
Pablo E. Barreto Pérez
• “Las calles de El Salvador jamás serán desmemoriadas”
• “Las calles de San Salvador sí que recuerdan sus balazos y los nombres completos de sus víctimas”
• “De todas sus paredes se desprenden mensajes que llenan la ciudad de rebeldía”
• Es necesario comenzar a resolver el éxodo forzado de salvadoreños hacia el exterior por desempleo
• Es indispensable terminar con la vergüenza internacional de que El Salvador aparece respaldando el bloqueo a Cuba y el apoyo a los carniceros israelitas

• No es posible que El Salvador siga apoyando matanzas yanquis de seres humanos como la de Irak
Al conquistar, finalmente, el poder político nacional por la vía electoral, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), tiene el reto inmenso de recuperar la Soberanía Nacional, el orgullo nacional, la dignidad nacional de El Salvador, para los salvadoreños
¿Por qué digo lo anterior? Primero, es necesario dejar claro que el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional es la síntesis histórica de la lucha insobornable e inclaudicable de varios siglos del pueblo salvadoreño por su Soberanía Nacional desde la época de la resistencia de los abuelos Pipiles, y después de los nohualcos (1833), encabezados por Anastasio Aquino; pasando por los hermanos izalcos 100 años después en 1932, jefeados por el campesino indígena, Feliciano Ama; y en el mismo 1932 encabezados por los jefes revolucionarios Agustín Farabundo Martí, Miguel Mármol, Mario Zapata y Alfonso Luna, autores intelectuales iniciales de la organización posterior del FMLN, e ideólogos y políticos gestores de la Revolución popular salvadoreña.
Sí, ya con el poder político nacional en sus regazos, el sacrificado y heroico Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional tiene el desafío colosal de poner en orden este país de 21,004 kilómetros cuadrados, que siempre estuvo sometido a los intereses expansionistas del gobierno criminal de Estados Unidos, porque así lo determinaron la oligarquía local, los grandes terratenientes, el ejército gorila salvadoreño, los banqueros, los industriales grandotes, los comerciantes también grandotes, los “escuadrones de la muerte”, los órganos de inteligencia del ejército (incluyendo Guardia Nacional y Policía), todos ellos mancornados, vendidos al gobierno imperialista norteamericano.
Esta historia bárbara de explotación semifeudal y semicolonial es de viejísima data, pues comienza con la herencia del poder político y económico español al darse la Independencia en 1821.
Como es sabido por quienes pasamos por las aulas escolares, al instalarse los bárbaros colonizadores españoles en nuestras tierras, después de matar a balazos, machetazos, ahorcamientos, descuartizamientos con perros, por hambre, esclavitud y otras; a 51 millones de indígenas (nuestros abuelos) en toda América Latina, procedieron a apropiarse de las tierras comunales de nuestras comunidades originarias, las cuales (tierras) quedaban a nombre del Rey de España, quien a su vez las ponía a nombre de colonizadores, de sus familiares, encomenderos criminales y amigos de éstos genocidas rubios, trasmisores de enfermedades contagiosas, llegados de la “civilizadísima” Europa blanca y pelirroja.
En el marco de las luchas independentistas de América Latina, iniciadas por los hermanos negros haitianos en el Caribe, los colonizadores españoles de manera hábil procuraron que sus hijos “criollos”, trasformados después en “partidos conservadores”, fueran los que quedaran apropiados del poder político, ideológico, económico y militar.
Fijémonos bien: al darse la Independencia en 1821, virtualmente todas las tierras de nuestros territorios centroamericanos eran, en primer lugar, del Rey de España, y en segundo lugar, de los funcionarios, militares, familiares de españoles y “criollos”; es decir, las comunidades originarias o indígenas ya habían sido despojadas de sus tierras comunales, que eran de propiedad colectiva antes de la llegada de los hispánicos colonizadores voraces, geófagos, asesinos y ladrones.
Padre fundador de oligarquía
En el caso de El Salvador, no olvidemos que Francisco Dueñas fue como “el padre fundador” de oligarcas y terratenientes, que puso a funcionar sus “habilidades” criminales matando a José Gerardo Barrios Espinoza, promotor de la Unidad Centroamericana y de la colaboración de los pueblos centroamericanos, por considerarlo un peligro para el futuro.
Barrios Espinoza se involucró directamente en los combates frontales para derrotar y eliminar a los filibusteros encarnadores de los esclavistas sureños de Estados Unidos, encabezados por William Walker y Byron Cole (entre 1852 y 1857). Parte de los planes de los esclavistas norteamericanos, apoyados por el gobierno de Estados Unidos, era apoderarse totalmente de México, Centroamérica, Panamá y Colombia, para organizar el “Imperio del Círculo Dorado”.
Francisco Dueñas acarició también esos sueños. Barrios, en cambio, los rechazaba.
Recordemos que ya en 1932, el ejército gorila salvadoreño aparece plenamente mancornado con los oligarcas, terratenientes latifundistas, banqueros, grandes comerciantes, productores de café y algodón, quienes han continuado las políticas económicas y sociales iniciadas por Francisco Dueñas cuando fue presidente de El Salvador y mandó a matar a su antecesor José Gerardo Barrios Espinoza.
¿Cuántos campesinos, obreros, pobladores urbanos e indígenas habían sido víctimas de asesinatos, represiones, desapariciones forzadas, encarcelamientos y fusilamientos desde que Dueñas mató a Gerardo Barrios hasta 1932? Esto sin echar a cuentas las matanzas ejecutadas por los españoles, con don Pedro de Alvarado a la cabeza, y los asesinatos de que fueron víctimas los también abuelos indígenas jefeados por Anastasio Aquino en 1833, cuando Aquino, precisamente, luchaba por liberar a sus hermanos acosados por los terratenientes bárbaros, que eran, por supuesto, apoyados plenamente por el ejército al servicio completo de la naciente oligarquía, proveniente de los criollos.
Cuando los campesinos organizados, obreros fabriles y los indígenas izalcos, se rebelan en enero de 1932 contra las matanzas, represiones, torturas, cárceles, continuación de los despojos de tierras comunales, ya se conocía que un puñado muy pequeño de latifundistas salvadoreños eran propietarios de alrededor de 880 mil hectáreas de tierras cultivables en todo el pequeño territorio salvadoreño.
El cuatro por ciento controla casi toda la tierra cultivable
Estos potentados latifundistas (quienes son cuerpo y alma de la oligarquía salvadoreña) representan tan sólo el 4.10 por ciento de los propietarios que controlan el 67,28 por ciento de toda la tierra cultivable, mientras el 95,90 por ciento del resto de propietarios pequeños apenas tienen en su poder el 32,72 por ciento de la tierra cultivable, según datos publicados en la década del 70 y repetidos en la década del 90, después de concluida la lucha armada de la Revolución salvadoreña, encabezada por su vanguardia el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional.
Entre otros latifundistas se mencionaban entonces a los siguientes: Dueñas, Guirola, Sol, Samayoa, Giamattei, Salvaerría, Borgonovo, Gutiérrez, Cristiani, Regalado, Deinninger, Wright, Umaña, Orellana, Sol Milet, Duke, Romero Bosque, Meardi, Pecorini, Rengifo, Bonilla, Morán, Hernández, Jerez, Dalton, Saca, Bendix, Meza Ayau, Muyshondt.

Comunidades indígenas
Leyendo historia salvadoreña me encuentro con que a comienzos del siglo 20 eran reconocidas comunidades indígenas en, Ahuachapán: Ataco, Atiquizaya, Ahuachapán y Tacuba; Cabañas: Ilobasco; Chalatenango: Chalatenango, La Palma/San Ignacio, San Miguel de Mercedes, Las Vueltas, Arcatao, Dulce Nombre de María, Tejutla y El Paraíso; Cuzcatlán: San Pedro de Perulapán; La Libertad: San Matías, Quezaltepeque, Opico, Pueblos de la Costa del Bálsamo; La Paz: Santiago Nohualco y Talpa; Morazán: Cacaopera, Chilanga y Guatajiagua; San Miguel: San Miguel; San Salvador: Tonacatepeque y Mejicanos; San Vicente: Laguna de Santa Clara y Tablón de Santo Domingo; Santa Ana: Común de Ladinos, La Laguna, Chalchuapa y Coatepeque; Sonsonate: Dolores Izalco, Asunción Izalco, Armenia, Nahuizalco y Juayúa; Usulután: Santa Elena, Común de Ladinos de Juacuapa y Mercedes Umaña.
Todas estas comunidades originarias han sido víctimas de despojos, atropellos y represiones por parte de terratenientes, oligarcas, militares y sus agentes represivos.
Antes de continuar, me pregunto yo mismo: ¿Cuántos indígenas pipiles, nohualcos y lencas fueron asesinados por las incursiones criminales de don Pedro de Alvarado en el Valle de Las Hamacas y el Cerro de Las Pavas?
¿Cuántos indígenas y mestizos fueron asesinados por el ejército colonial español durante los levantamientos o rebeliones populares desde 1811 hasta 1821? ¿Cuántos hombres y mujeres salvadoreños fueron asesinados, encarcelados y torturados desde 1821 hasta 1932? ¿Cuántos fueron asesinados, encarcelados, torturados, desaparecidos forzosamente por el ejército, la Guardia Nacional, la Policía, sus órganos de inteligencia, sus “escuadrones de la muerte” y todos sus “orejas” o espías (como decimos en Nicaragua) entre 1932 y 1980?
“La matanza” repetida entre 1980 y 1992
Porque entre 1980 y 1992 se registró una nueva matanza de 60,000 seres humanos salvadoreños por parte del ejército, la Guardia Nacional, la Policía, los “escuadrones de la muerte”, mancornados todos con la oligarquía y los terratenientes, banqueros, comerciantes e industriales grandotes, y todos coordinados o dirigidos por la Agencia Central de Inteligencia, el Pentágono (Ministerio de Defensa) del gobierno criminal de Estados Unidos, cuyos jefes confesaron que sostener este ejército gorila y la nueva matanza de seres humanos en El Salvador les costaba, a los gringos, un millón de dólares diarios.
Este dato de los 60,000 asesinados en este período de 1980 a 1992 está en el “Informe de la Verdad” de las Naciones Unidas y de un libro titulado “Ganando la Paz con el Pueblo Salvadoreño”, de las “Comunidades Eclesiales de Base de El Salvador”.
El Informe de la “Comisión de la Verdad” de la ONU cita a su vez un informe del Instituto de Derechos Humanos de la UCA, que menciona tan sólo tres años: 1980, 11, 903 muertos; 1981, 16, 266 muertos; y 1982, 5,962 muertos.
Esto refleja el fanatismo bestial, primitivo, de los dirigentes del ejército gorila fascista, de los jefes de la oligarquía reaccionaria, de los terratenientes y del gobierno criminal de Estados Unidos, que con sus aparatos militares tenebrosos, represivos y mortales, desarrollaron políticas de extermino masivo, en su afán de “aniquilar” como decían a los “comunistas”, a los subversivos, a los que consideraban sus enemigos irreconciliables porque estos (los ciudadanos salvadoreños) siempre pidieron que se les respetaran sus derechos más elementales, como hicieron asimismo los indígenas nohualcos (1833) y los campesinos, obreros e indígenas izalcos en 1932.
En 1932, “la matanza” de seres humanos salvadoreños, fue de 32,000, y según el jefe mayor del ejército gorila fascista, “mi general Maximiliano Hernández Martínez”, dijo que los mandó a matar, con la aprobación resuelta de la oligarquía y los terratenientes-latifundistas, “porque eran comunistas”.
Planes de exterminio en seis días
Esa justificación criminal era también la que usaban los Somoza en Nicaragua, donde, además, la connotación tenía otras dos palabras: “Son sandino-comunistas-terroristas”, decía Anastasio Somoza Debayle en 1979, cuando ya se derrumban para siempre su Guardia Nacional y todo el aparato opresivo, el cual incluía 12 mil “orejas” o espías de la Oficina de Seguridad (OSN), miles de “jueces de mesta” o “jueces de cañadas”, que eran también espías y miembros de los “escuadrones de la muerte”; Somoza Debayle inclusive, había organizado también en los “escuadrones de la muerte” a los militares retirados; tenía torturadores profesionales, se agenció una organización dirigida por él que llamaba “Servicio Anticomunista”, cuyos agentes especializados le “daban seguimiento” sistemático a periodistas opuestos al régimen genocida, a intelectuales, opositores y a los guerrilleros del Frente Sandinista de Liberación Nacional.
Al llegar 1979, como es sabido, se integra el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), con la participación de: Ejército Revolucionario del Pueblo, Fuerzas Populares de Liberación, Fuerzas Armadas de la Resistencia Nacional, Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos y Fuerzas Armadas de Liberación.
Para entonces (1979), el ejército gorila fascista salvadoreño, la oligarquía (en la cual están agrupados: banqueros, terratenientes-latifundistas, comerciantes importadores grandotes, industriales, empresarios cafetaleros exportadores), dirigidos todos por la Agencia Central de Inteligencia (CIA criminal), el Pentágono (Ministerio de Defensa yanqui) y el gobierno genocida de Estados Unidos, tienen organizados los “escuadrones de la muerte”; inclusive el mismo Roberto D Aubison, fundador de ARENA, tiene su “escuadrón de la muerte”; y asimismo ya tienen diseñada una estrategia de exterminio masivo, pues en sus planes aparece que se proponen “eliminar a la guerrilla” del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional “en el término de seis meses”.
Ejército y sus aparatos de inteligencia militar, oligarquía local, la CIA, el Pentágono yanqui y el gobierno norteamericano, con estos planes genocidas de exterminio masivo, convierten El Salvador, nuevamente, en una “la matanza” de seres humanos, en forma interminable, como ya lo habían hecho en épocas anteriores, y las más conocidas, posiblemente, son: 1833 y 1932.
Papel realmente tenebroso han jugado en la historia salvadoreña tanto este ejército gorila fascista como la oligarquía vendepatria. Los rebelados civiles (voluntarios todos, no pagados por nadie) contra el régimen opresor genocida fueron los mismos salvadoreños, pero en la visión de este ejército y de los oligarcas locales, tanto campesinos, obreros, estudiantes, guerrilleros, maestros, trabajadores en general y del Estado, intelectuales progresistas como los sacerdotes jesuitas de la Universidad Centroamericana y el mismo Monseñor Oscar Arnulfo Romero, eran para ellos, y el gobierno criminal yanqui, enemigos a muerte, “comunistas”, “subversivos”, que debían ser eliminados en cuestión “de seis meses”, según los planes del régimen militarista genocida salvadoreño.
Matanza de 60 mil entre 1980 y 1986
Abordar detalladamente lo que pasó entre 1979 y 1991 resultaría muy extenso; sin embargo, se pueden mencionar algunos datos elementales para ilustrar lo que quiero decir cuando afirmo que el FMLN debe recuperar El Salvador para los salvadoreños.
Según la documentación de la “Comisión de la Verdad” de las Naciones Unidas (ONU), en este período se registraron unas 167 masacres conocidas, ejecutadas por el ejército salvadoreño, entre otros lugares: El Mozote, Río Sumpul, San Pedro, Tenancingo, Las Hojas, San Sebastián, Junquillo, periodistas holandeses, Monseñor Romero, los curas jesuitas en la UCA, las monjas Mericknol, etc.
El libro mencionado de las “Comunidades Eclesiales de Bases” asegura que el ejército mató o asesinó a 60,000 seres humanos salvadoreños entre 1980 y 1986. Es decir, que pudieron ser mucho más las víctimas de esta nueva “matanza”, ejecutada por los “demócratas” del ejército, la oligarquía y el gobierno genocida de Estados Unidos.
El ejército, según la Comisión de la Verdad, en 1980 tenía 17,000 efectivos, y en 1896 ya tenía 56,000 efectivos militares.
La “Comisión de la Verdad” de la ONU dice en su informe que se recibieron 22,000 denuncias de graves hechos de violencia, ocurridos en El salvador entre 1980 y 1991. En la página 198 ese informe indica que el 60 por ciento de esas denuncias “fueron ejecuciones extrajudiciales”; más del 25 por ciento fueron desapariciones forzadas y el 20 por ciento denuncias de torturas.
Agrega ese informe que el 60 por ciento de las denuncias acusan a la “fuerza armada” (ejército), y el restante se les atribuye a los escoltas de los generalones, coronelones y “escuadrones de la muerte”, incluyendo los que dirigía personalmente el criminal confeso de Roberto D Aubison, exmayor de ese ejército, fundador de “escuadrones de la muerte” y candidato presidencial por ARENA.
Como vemos, el pueblo humilde salvadoreño ha sido víctima permanente de estos foragidos del ejército, de la oligarquía salvadoreña y del gobierno criminal de Estados Unidos, cuyos jefes siempre se entrometieron en las políticas nacionales y exteriores de El Salvador.
Estos sectores opresores o verdugos salvadoreños son los causantes de que actualmente casi dos millones de salvadoreños (según el Almanaque Mundial) hayan tenido que abandonar El Salvador hacia Estados Unidos y otros países en busca de empleo o para realizar cualquier labor en procura de dinero, para que sus hijos y familiares no perezcan por hambre.
Areneros como carniceros israelitas
Además, este gobierno de 20 años de la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) entregó cada vez más descaradamente la Soberanía Nacional a Estados Unidos, al extremo de que siempre apareció el país como “peón permanente” acompañando a Estados Unidos en sus políticas de terror por el mundo entero, ¿cómo?, votando siempre con el gobierno norteamericano e Israel para mantener el bloqueo genocida a Cuba.
El Mundo entero ha condenado ese bloqueo a Cuba, pero para el gobierno rastrero de ARENA en los últimos 20 años eso es bueno y votó siempre con Estados Unidos, en contra de la voluntad de casi 200 naciones del Planeta Tierra, que abogaron sistemáticamente en las Naciones Unidas por eliminar ese bloque a los cubanos.
Lo mismo hizo el gobierno salvadoñero cuando era condenado Israel por sus agresiones militares genocidas a Palestina, el Líbano y demás poblaciones agredidas en el Medio Oriente.
Para colmo del descaro de un régimen que se autollama “democrático”, “soberano” e “independiente”, mandó tropas, acompañando a Estados Unidos genocida, para agredir militarmente a Irak, donde el gobierno norteamericano ya ha matado a más de 100,000 seres humanos entre marzo de 2003 y abril del 2009, y se ha gastado 755,000 millones de dólares para sostener esa matanza y robos a los irakíes.
Además, Elías Antonio Saca presidente y la cancillera Argueta salvadoreña (ambos areneros vendepatria) de manera servil y descarada fueron a ofrecer el territorio salvadoreño, hace poco tiempo, en Washington, para que los gobernantes gringos lo usen como “punta de lanza” en sus políticas militaristas agresivas en contra de los pueblos centroamericanos y latinoamericanos.
La Revolución salvadoreña FMLNista fue impedida de llegar al poder por la vía de las armas. Sin embargo, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, síntesis histórica de las luchas combativas e inclaudicables de pipiles, nohualcos, izalcos y de todo el pueblo patriota salvadoreño, convertido en partido político legalizado por los “Acuerdos de Paz de 1992”, ha conquistado el poder político por la vía de las elecciones, es decir, mediante las reglas mismas de la oligarquía local vendepatria.
Reto impostergable: recuperar El Salvador para los salvadoreños
Esta conquista del poder político nacional indica que toda la militancia del FMLN, sus miembros y simpatizantes, deben trabajar “codo a codo” con el aparato gubernamental que van a comenzar a dirigir en junio los compañeros Mauricio Funes Cartagena (colega periodista) y Salvador Sánchez Cerén (y todos los ministros y demás funcionarios que estos nombren, según ley nacional), para empezar a resolverle sus problemas más urgentes a los pobladores salvadoreños desde las ópticas sociales, económicas, educativas, de salud, científicas, de seguro social, de energía, de telecomunicaciones, carreteras, calles, diversiones populares, empleo, transporte, de libertades esenciales plenas, de la promoción de la Cultura, el Arte y la Literatura en todas sus facetas, se debe encumbrar al sitial de honor histórico y revolucionario que merece Roque Dalton, por ejemplo, y María Matta o “María de Cuzcatlán, quien le sacaba música a los vientos de la Naturaleza y a los cantos de los pájaros; y, especialmente, ponerle freno para siempre, al servilismo vendepatria de la oligarquía y del ejército, cuyos jefes militares deben someterse a la jefatura o comandancia suprema de la Presidencia de la República.
Porque, según el poema de Jaime Suárez:
“Las calles de San Salvador jamás serán desmemoriadas,
saben contar sus muertos
y las sombras para siempre pegadas al asfalto
todo lo televisan y lo archivan
con las fechas exactas y sus gritos,
con los cuadernos en busca de sus dueños,
con el hambre afixiada por las tanquetas,
con la incertidumbre del próximo cateo,
con la consigna que se quedó en proyecto,
con el verde muerte de los fanáticos del orden,
con la rabia secreta de un spray clandestino,
con los huesos de sus transeúntes.
Las calles de San Salvador sí que recuerdan sus balazos
y los nombres completos de sus víctimas,
con una memoria de elefante
saben llevar sus estadísticas: el nombre y el lugar,
la angustia y el motivo,
la irracionalidad de los que mandan
y hasta el último grito de los muertos.
De todas sus paredes se desprenden mensajes
que llenan la Ciudad de rebeldía
que se meten en todos los hogares
formando un ventarrón de esperanzas libertarias.
Las calles de San Salvador jamás serán desmemoriadas
porque un día hablarán serenamente justicieras,
una por una hablarán
y no habrá quien eluda sus miradas
Espontáneas
Se ofrecerán para servir de paredones
no en plan de
sino para limpiar con justicia obrera
el terreno donde construiremos el mañana”.
Al recordar a los Héroes y Mártires de El Salvador, de la Revolución salvadoreña, vienen a mi memoria también los nombres de los jesuitas de la UCA, encabezados por Ignacio Ellacuría, las monjitas Maricknol asesinadas, el luminoso Monseñor Oscar Arnulfo Romero, y los sacerdotes progresistas: Rutilio Grande, Rafael Palacios, Alfonso Navarro Oviedo, Octavio Paz, Arilio Macías, Ernesto Barreira Moto, Apolinario Serrano y Jesús Chacón
Me disculpan, amigos del FMLN, por meterme en estos vericuetos históricos salvadoreños y por sugerir que el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional debe recuperar El Salvador para los salvadoreños, porque la mayoría de nuevos gobiernos de América Latina ahora sí se parecen a sus pueblos.
Managua, 4 de mayo del 2009.

Pablo E. Barreto Pérez: periodista, editor, investigador histórico, fotógrafo, Cronista de la Capital, Orden Independencia Cultural Rubén Darío, Hijo Dilecto de Managua, Orden Servidor de la Comunidad del Movimiento Comunal Nicaragüense, Orden José Benito Escobar Pérez de la Central Sandinista de Trabajadores (CST nacional) y Orden Juan Ramón Avilés de la Alcaldía de Managua.
Residente en la Colonia del Periodista No. 97, frente al portón del parque, en Managua. Teléfonos: 88466187, 88418126 y 22703077.

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Acerca de Pablo Emilio Barreto Pérez

Pablo Emilio Barreto Pérez es: *Orden Independencia Cultural Rubén Darío, *Orden Servidor de la Comunidad e Hijo Dilecto de Managua.
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