Parrales Vallejos, Parrales Vallejos y “21 de Enero”, lucha legendaria sandinista en Managua

Una lucha legendaria

Parrales Vallejos

O

“21 de Enero”

Pablo Emilio Barreto P.

Fundadores: Luis Sánchez Dávila, Donald Toledo, Ramón Ortega, Ernesto Orozco, Manuel Cajina Téllez, Julio Siles Areas, Antonio Acevedo, Manuel Arróliga, Jorge Maradiaga, Arnoldo Varela, Gonzalo García, Adolfo Aguilera Pavón…

Innovadores: Manuel García y Julio…

Los antecedentes de la Cooperativa de Transporte Urbano “Parrales Vallejos”, irónicamente, son las empresas de autobuses urbanos que “andaban al garete”, es decir en la anarquía total de funcionamiento en Managua capital durante el régimen del somocismo genocida.

En septiembre de 1979, después del Triunfo de la Revolución Sandinista, se ordenó la recuperación de todos los autobuses que habían en Managua para formar una empresa.

Por esta instructiva del gobierno revolucionario sandinista, recién instalado, oficialmente la Empresa Nacionales de Buses (ENABUS) nace en noviembre de 1980, según el Diario Oficial “LA GACETA”.

En aquel entonces los conductores de autobuses empeñaban sus licencias para echar combustible, allá donde era EMITESA, por el Cementerio Oriental, en las cercanías de la Clínica Don Bosco, porque no existía presupuesto oficial para que funcionara la nueva empresa.

Entre todo el grupo nadie tenía salario. Así comienza ENABUS, con sacrificios conscientes de que el régimen revolucionario era totalmente distinto al régimen de asesinos, saqueadores y violadores del somocismo genocida.

Los conductores recibieron pago unos seis meses después del comienzo mencionado.

En los años 80 vino la primera donación de alrededor de 60 autobuses “Pegasso”, rojos, españoles. Con esos autobuses se fundaron las Rutas 114, la 109 y la 108.

Así se fue formando, poco a poco, con los autobuses nuevos y viejos.

Se fundaron 19 Rutas.

De esta forma, la Empresa Nacional de Buses (ENABUS) se convirtió virtualmente en el monopolio de las Rutas Urbanas de Buses en Managua.

Después vinieron los 200 autobuses DINA, mexicanos. Con esta cantidad de autobuses, la Empresa Nacional de Buses (ENABUS) se estaba transformando.

Inicialmente, ENABUS cayó en manos o dominio sindical de la Central de Trabajadores de Nicaragua (CTN), cuyos dirigentes se destacaron siempre como sindicalistas al servicio de la extrema derecha, de contrarrevolucionarios proyanquis-somocistas en esos días.

Era un sindicato fuerte, tan fuerte, que prácticamente imponía a la administración del nuevo gobierno revolucionario que todo nuevo empleado debía presentar identificación o carnet de afiliación a la CTN.

La CTN era jefeada por Antonio Jarquín Rodríguez y al mismo tiempo recibía el apoyo decidido de Roberto Moreno Martínez, uno de los dirigentes principales de la Central de Acción y Unidad Sindical (CAUS), ambos haciendo coro en contra del gobierno revolucionario y contra la Central Sandinista de Trabajadores (CST).

Aún hoy, en el año 2001, Moreno Martínez es viceministro del Trabajo en el gobierno del archicorrupto Arnoldo Alemán Lacayo.

Dentro de ENABUS había todo un conglomerado de cuatro sindicatos, todos enemigos del proceso revolucionario sandinista.

Por ironía histórica de ese momento, el Sindicato de orientación sandinista, de la Central Sandinista de Trabajadores (CST), estaba en virtual minoría.

Ante esa situación desventajosa, los militantes y simpatizantes rojinegros le solicitaron apoyo al Comité de Dirección Departamental del Frente Sandinista (FSLN) para enfrentar política y sindicalmente a estos grupos de enemigos dentro de la misma ENABUS.

Enviaron a varios compañeros fogueados en la lucha sindical y militantes del Frente Sandinista, con la finalidad de fortalecer al FSLN dentro de la Empresa Nacional de Buses, ubicada desde entonces del semáforo de Rubenia unas 300 varas al norte.

 Ricardo Vallejos era el secretario político del Comité de Base del FSLN en ENABUS y Enrique Parrales el presidente del Sindicato afiliado a la Central Sandinista de Trabajadores (CST).

 El Sindicato afiliado a la CST era, no hay duda, la organización sindical más débil en esos momentos dentro de ENABUS, donde ya se libraba una lucha política e ideológica realmente tensa y frontal entre los revolucionarios, en minoría, y los contrarrevolucionarios en mayoría en aquellos primeros meses de la Revolución Sandinista, después del Triunfo el 19 de julio de 1979.

A la llegada de los militantes del Frente Sandinista, se reemprendió una lucha política y sindical francamente feroz, frontal, a muerte entre los que representaban los intereses más oscuros de la explotación oligárquica y dictatorial somocista y los defensores del proceso revolucionario sandinista.

Aquello en ENABUS parecía un campo de batalla permanente, pues estos grupos de derecha intentaban aniquilar, incluso matar como se verá más adelante, a los militantes sandinistas en desventaja en esos momentos decisivos en este centro de trabajo nuevecito como la Revolución misma.

Los militantes recién llegados y los sindicalistas sandinistas existentes unieron fuerzas, comenzaron un trabajo intenso entre las bases de trabajadores para desenmascarar a los contrarrevolucionarios de la CTN y de la CAUS.

Esgrimiendo la verdad revolucionaria, corriendo riesgos inclusive, se hablaba con los choferes, ayudantes, mecánicos, bomberos u operadores de las bombas de combustible, lavadores, personal de oficinas, aclarándoles posiciones ideológicas, políticas y sindicales, todo lo cual fue dando como resultado el crecimiento acelerado del Comité de Base Sandinista y del Sindicato afiliado a la Central Sandinista de Trabajadores.

Poco a poco se fue desenmascarando a estos elementos enemigos pertenecientes a la CTN y CAUS y ellos, al mismo tiempo, fueron sacando “las uñas ideológicas derechistas en contra de la Revolución Sandinista”.

Estos elementos expresaban “pestes” de la Revolución Sandinista. En esta situación se estuvo, en lucha ideológica y política abierta, a lo largo de los años 1980 y 1981.

Al mismo tiempo, fue creciendo el odio, por cuestiones ideológicas y políticas, entre estos elementos hacia los trabajadores organizados en el Sindicato de la CST y en el Comité de Base del Frente Sandinista

CPF asesina a Parrales y Vallejos

El problema había alcanzado tal envergadura, que el responsable del Cuerpo de Protección Física (CPF), Oscar René Cruz, adversario de los sandinistas, era denunciado por estar metiendo y vendiendo armas en el interior de ENABUS, sin autorización de los administradores ni del Sindicato de la CST.

Por estas denuncias comprobadas, Ricardo Vallejos, secretario político del FSLN, decidió convocar a una asamblea de sandinistas y trabajadores en agosto de 1982, en el comedor, para abordar este peligroso asunto de las armas por parte del responsable de los CPF.

Al verse descubierto, lleno de odio y desesperación al mismo tiempo, el CPF Oscar René Cruz se apresuró y asesinó a balazos a Ricardo Vallejos y a Enrique Parrales en el mismo comedor, antes de que se efectuara la asamblea con todos los trabajadores.

Era la hora del almuerzo y un poco más de un centenar de trabajadores (hombres y mujeres) estaban haciendo fila para recibir la comida, cuando Cruz caminó pistola en mano hasta quedar ubicado casi “a quema ropa” de los dirigentes Vallejos y Parrales.

Sin mediar palabras, cuando estuvo frente ambos dirigentes comenzó a dispararles a °quema ropa°. Vallejos y Parrales estaban en la fila para pedir el almuerzo.

Los disparos tronaron sordos como sórdidas eran sus intenciones asesinas, mientras la sangre generosa de Parrales y Vallejos salpicaban los cuerpos de sus compañeros y enrojecían el suelo interior de la Empresa Nacional de Buses (ENABUS).

Ambos cayeron abatidos a tiros en medio de sus compañeros y compañeras en el comedor, en medio de una expectación, que primero fue de asombro y luego de rabia en contra de este sujeto criminal, que de esa manera se ponía al servicio de la causa contrarrevolucionaria.

Parrales y Vallejos quedaron tendidos sin vida en el piso del comedor, mientras los mismos trabajadores capturaban al asesino Oscar René Cruz, quien fue entregado a la Policía Sandinista.

La consternación fue general por la muerte de Parrales y Vallejos. El martirio de ambos, irónicamente, consolidó al Frente Sandinista y al Sindicato de la CST en la Empresa Nacionales de Buses (ENABUS).

Al mismo tiempo, se terminaron de desenmascarar las intenciones criminales de estos grupos sindicales adversos a la Revolución Sandinista.

Fueron multitudinarios la vela y los entierros de Parrales y Vallejos, cuyos restos se ubican en el Cementerio Oriental de Managua.

Sindicato se consolida

Dos meses después de haber sido asesinados, en una asamblea general de trabajadores, se acordó fundar y bautizar el Sindicato de ENABUS como “Sindicato Parrales Vallejos” en honor a los dos dirigentes asesinados por el CPF malvado, Oscar René Cruz,  quien actuó impulsado por el odio político inculcado por los dirigentes de la CTN.

En esa asamblea de trabajadores eligieron a Ernesto López Orozco como presidente del “Sindicato Parrales Vallejos”, Anastasio Murillo secretario de organización y Luis Sánchez Dávila responsable de propaganda. En esa directiva se contaba también un compañero llamado Javier López.

El trabajo político y sindical iniciado sin vacilaciones, más la sangre y vida generosa de Ricardo Vallejos y Enrique Parrales consolidaron el dominio revolucionario en ENABUS.

Los cobardes agresores tuvieron que salir de la Empresa Nacional de Buses, derrotados sindical y políticamente. Uno de los que salió “con el rabo entre las piernas” fue un sujeto al que apodaban “Gacela Negra”, quien posteriormente se vio involucrado en actividades contrarevolucionarias somocistas en la Costa Atlántica de Nicaragua, mediante el plan de asesinatos llamado “Navidad Roja”.

Poco tiempo después, Oscar René Cruz apareció libre y como guardaespaldas de don Sergio Ramírez Mercado (¿¿??).

En 1983, al hacerse la nueva elección de la Junta Directiva Sindical, fue elegido Anastasio “Tacho” Murillo como secretario general del Sindicato “Parrales Vallejos”, ya famoso por sus luchas en defensa del proceso revolucionario sandinista.

En 1984 fue electo secretario general Luis Sánchez Dávila. En 1985 la elección favoreció a Luis Cuadra en la Secretaría General del Sindicato “Parrales Vallejos”. En 1986 asume ese cargo Noel Castillo.

Mientras tanto, ENABUS se había consolidado como Empresa Nacional de Buses, pues era apoyada por el gobierno revolucionario sandinista como una de las empresas de transporte colectivo más importantes en el país.

En 1986 ENABUS contaba con 440 autobuses urbanos e interlocales. Después vinieron los otros 220 autobuses brasileños, los cuales fueron incorporados a la flota de ENABUS.

 En ese año se fundaron varios satélites. Los dos principales en el mismo local de ENABUS, frente al Hotel Estrella, en las cercanías de lo que es hoy el Asentamiento o Barrio Georgino Andrade.

Aparecieron los Satélites 3, en Monseñor Lezcano; Satélite 7 en San Judas, el Satélite 6 en Ciudad Sandino. En el Satélite 3 la especialidad era enderezado y pintura, y por supuesto los  Satélites 1 y 2, pegados a la administración central de la Empresa Nacional de Buses.

Estos terrenos en que están los Satélites 1 y 2, más las tierras de los alrededores, donde se ubican el Barrio URSS (Unión Soviética), el Asentamiento “Parrales Vallejos” y parte del Asentamiento Georgino Andrade, eran de la Empresa Nacional de Buses.

La gente pobre tomó estos terrenos por el Oeste, Norte y Este y de esa forma se fue poblando alrededor de ENABUS.

Esta población de gente pobre ya estaba fincada allí cuando las elecciones generales de 1984. El Frente Sandinista ganó las elecciones entre los pobladores de estos Asentamientos tanto en 1984 como en 1990.

Donde se fundó el Barrio o Asentamiento “Parrales Vallejos”, en siete manzanas, iba a convertirse en una enorme cancha deportiva para siete prácticas deportivas distintas, con el fin de que les sirvieran a los jóvenes de los Barrios Orientales de Managua.

Llegó la derrota electoral del FSLN en 1990 y no se pudo lograr ese objetivo.

Es necesario relatar que centenares de unidades de autobuses de ENABUS sirvieron para movilizar  niños, mujeres, ancianos y población desvalida, de unos poblados a otros, cuando  poblaciones enteras eran bombardeadas con morteros y aviones de guerra de la contrarrevolución jefeada, financiada y dirigida por Estados Unidos contra Nicaragua en la década de los 80, de 1981 a 1989.

Esos viajes se efectuaban en forma gratuita. Cuando habían concentraciones populares en Managua, Masaya, Granada, León, Chinandega, Matagalpa, etc., allí estaban los autobuses de ENABUS trasladando a miles de pobladores de un lado a otro de la geografía nacional.

Guerra contra “Parrales Vallejos”

La derrota electoral del FSLN fue sorpresiva en 1990. Esa sorpresa invadió los predios fuertes de ENABUS, adonde el gobierno derechista, neoliberoconservador de doña Violeta Barrios de Chamorro, heredero del somocismo, mandó sus “delegados” delegados, para comenzar el desmantelamiento de la  Empresa Nacional de Buses, suerte que también corrieron otras 500 empresas estatales, de donde, al mismo tiempo, fueron echados a la calle, al desempleo, centenares de miles de trabajadores del Estado.

El cambio fue drástico, dramático, revanchista y consonante con los intereses del gobierno agresor genocida de Estados Unidos y de los  mercenarios somocistas contrarrevolucionarios.

La derecha rabiosa, deseosa de revancha política en contra de la Revolución Sandinista, con el antifaz de °por la democracia°, mandó a intervenir la Empresa Nacional de Buses con los llamados “delegados” de Don Antonio Lacayo Oyanguren, el °yernazo° convertido en °ministro de la Presidencia°.

El gobierno conservador-neoliberal, colocó “delegados” en las gerencias, en los despachos de ENABUS, porque la empresa era del Estado, regentada por  el Ministerio de Construcción y Transporte, cuyo titular, por supuesto, era también enemigo de las obras populares dejadas por el gobierno revolucionario sandinista.

Por medio de ENABUS, el gobierno revolucionario subsidiaba más del 50 por ciento del valor del transporte urbano colectivo de Managua y otras ciudades del país.

Inclusive, decenas de miles de estudiantes de secundaria y universitarios y maestros obtenían un total de 700,000 boletos gratis para subirse a las unidades de transporte colectivo de ENABUS, en la capital, Managua.

Tampoco pagaban pasaje en ENABUS los “Cachorros del Servicio Militar Patriótico”, los policías sandinistas, ancianos e inválidos, a los cuales, además, ayudaban a subir en las unidades de transporte colectivo en Managua.

Entonces el servicio de las Rutas de Autobuses Urbanas se prestaba desde las cuatro y media de la mañana hasta las once de la noche.

Inclusive, recuerdo, se estableció un servicio especial de autobuses urbanos colectivos de toda la noche, bautizado como “Rutas Nocturnas”.

Este “transporte nocturno” tenía un valor unitario de cinco córdobas (unos 75 centavos al cambio de hoy en el año 2000), y resolvía el problema de quienes trabajaban hasta media noche y de madrugada en centros nocturnos, en fábricas o que sencillamente se quedaban laborando en sus centros de trabajo para adelantar en proyectos laborales pendientes.

Al anunciarse que el Huracán “Joan” (Juana), en octubre de 1988, afectaría al territorio nacional, centenares de unidades de ENABUS fueron enviadas a evacuar pobladores de sitios como El Rama, La Gateada, de Puerto Morazán, de León, de Granada, de poblaciones de Managua, Chinandega, Carazo, etc.

En el caso de El Rama, los autobuses salieron llenos de gente de allí cuando ya caían los torrenciales aguaceros. Los pobladores evacuados fueron llevados hasta la ciudad de Juigalpa, Chontales.

En la administración de ENABUS, del Frente Sandinista y en el Sindicato “Parrales Vallejos” se habia hecho costumbre humanista y revolucionaria ayudar a sus empleados, vecinos, pobladores en general y amigos, con medicinas, donaciones para velorios y compra de ataúdes, traslado de núcleos poblacionales de un lado a otro por dificultades de orden social y económico.

Estos tres organismos patrocinaron también un equipo de béisbol, que fue campeón tres veces en la que fue la Liga de Don Bosco.

Incluso patrocinaron a un grupo numeroso de minusválidos, jugadores de béisbol, que en sillas de ruedas fueron a competir a Guatemala.

Era común, de riguroso cumplimiento, el hecho de que ENABUS ponía a disposición sus autobuses para transportar a miles de personas a las plazas públicas cuando se celebraban efemérides especiales como el 19 de Julio, la reedición anual del Repliegue a Masaya, el 14 de Septiembre y el 15 de Septiembre.

Es decir, entre centenares de trabajadores de ENABUS había una visión clara, una conciencia diáfana, acerca de que debían cumplir fielmente con el apoyo a la Revolución Sandinista y al gobierno revolucionario.

Combatientes de los BLI

De allí, del seno de ENABUS, salieron contingentes a los Cortes Voluntarios de Café, a los Batallones de Reserva y a los Batallones de Lucha Irregular (BLI) para defender la Patria agredida por los yanquis de  Ronald Reagan y los somocistas genocidas.

En estos Batallones cayeron siete compañeros, entre otros, César Beteta, Bayardo, Sandino en Waslala. Tenían una compañía completa, de destino múltiple: para la producción y defensa militar del proceso revolucionario sandinista.

Era igual para ellos cortar algodón y realizar jornadas de salud en limpieza de cauces, tragantes y predios de la misma empresa de ENABUS, por ejemplo.

Esa misma mística se ponía en práctica en las reparaciones de las unidades de buses, inclusive en innovaciones de piezas como campanas, ejes delanteros y traseros.

ENBUS fue como una escuela de formación política, ideológica, laboral y defensa de la Revolución Sandinista.

Por ese centro de trabajo pasaron, por ejemplo, la inmensa mayoría de choferes que hay ahora en las Rutas de Buses Urbanos de Managua, por ejemplo.

Allí se les enseñó a manejar autobuses y vehículos livianos a los “cachorros”, es decir, a los jóvenes que prestaban su Servicio Militar Patriótico (SMP).

Al llegar los “delegados” del pelón Antonio Lacayo Oyanguren, gran burgués al servicio del somocismo genocida y del imperialismo yanqui en ese momento, el personal de ENABUS se puso en plena disposición combativa, según recuerdan Luis Sánchez Dávila y Auxiliadora Contreras, ambos directivos de la “Cooperativa 21 de Enero”.

Esos “delegados”, enviados en 1990, intentaron y en parte lo lograron, desmantelar el Sindicato “Parrales Vallejos”, en esos momentos presidido por Carlos Palma Alvarado, hoy  (año 2001) diputado sandinista, en torno al cual hay toda una historia negativa, según vamos a ver después.

La primera medida de los “delegados” fue mandar a despedir a los dirigentes sindicales del  combativo y ejemplar Sindicato “Parrales Vallejos”.

Los “delegados” llegaron en mayo y en julio estaban despidiendo a centenares de trabajadores, entre ellos a 200 reconocidos militantes sandinistas, administradores y dirigentes sindicales.

Por supuesto, como cadáveres revividos por el noeliberalismo infernal, aparecieron los “orejas” (como en la época de la tiranía genocida del somocismo) entre los mismos empleados de la Empresa Nacional de Buses, los cuales señalaban con dedo acusador a los trabajadores más beligerantes en favor del proceso revolucionario sandinista.

Esto obligó a los trabajadores “beligerantes” a organizarse de manera distinta fuera de ENABUS, en la Central Sandinista de Trabajadores (CST), para enfrentar los embates del somocismo disfrazado ahora con frases engañosas y rimbombantes como “democracia” y “reconciliación”, mientras en realidad se producía el desmantelamiento de más de 500 empresas estatales, organizadas por el gobierno revolucionario sandinista, entre otras la misma Empresa Nacional de Buses (ENABUS), el Proyecto Lechero de Chiltepe, el proyecto industrial agropecuario de Sébaco, los ingenios azucareros, etc.

La avalancha de despidos continuó y también las presiones para desalojar completamente a los dirigentes sindicales, militantes sandinistas y administradores identificados con el gobierno revolucionario sandinista.

La situación era tensa, con manifestaciones de odio visceral, clasista evidentemente, por parte de los “delegados” de doña Violeta Barrios de Chamorro y de don Toño Lacayo Oyanguren.

Habian amenazas de encarcelamiento y de muerte por parte de los “delegados” en contra de los dirigentes sindicales y de los militantes sandinistas, especialmente.

Uno de esos “delegados” era Clarence Chamorro, un elemento francamente nocivo, ignorante y enemigo a muerte de los trabajadores y promotor de “sindicatos independientes” o “blancos”, es decir, al servicio de la burguesía.

El 17 de septiembre de 1990, a las cuatro de la mañana, los trabajadores organizados se toman militarmente las instalaciones de ENABUS.

En la toma militar de ENABUS aparecieron también todos los corridos por los “delegados”.

Esa madrugada no dejaron salir a la calle ninguno de los autobuses de las Rutas Urbanas controladas por ENABUS en las calles de Managua.

Don Toño “el pelón° Lacayo Oyanguren, “demócrata”, impulsor de la “reconciliación”, ordenó a la Policía que los desalojaran a balazos, si era preciso.

Pero centenares de trabajadores, empleados y desempleados, cercaron las instalaciones de ENABUS aquella mañana del 17 de septiembre de 1990.

Las instalaciones estaban vigiladas por ellos pulgada por pulgada. La Policía no pudo entrar a desalojarlos esa mañana. Los trabajadores demandaron negociación con ellos tanto a los “delegados” como al propio gobierno de Doña Violeta Barrios de Chamorro.

La Policía logró desalojarlos, pero se retomaron las instalaciones de ENABUS una y otra vez en el lapso de 33 días, hasta que finalmente los trabajadores implantaron un cerco que los gendarmes policiales no pudieron romper.

El asunto se le complicó al gobierno, porque varios sindicatos ramales comenzaron a solidarizarse con los “Parrales Vallejos” de ENABUS.

Los afiliados de estos sindicatos solidarios se hacían presentes, les mandaban comida, dinero y mensajes para que los “Parrales Vallejos” continuasen la lucha en contra del despojo de la ENABUS.

 “Delegados” y el Sindicato “blanco”

En ese lapso de 33 días, los “delegados” o funcionarios del gobierno habian formado su “sindicato blanco” con el apoyo resuelto, nuevamemnte, de la CTN y de otros sindicalistas oportunistas y serviles de la burguesía vendepatria.

El gobierno al “sindicato blanco” lo llamó “independiente” (¿de qué y de quiénes?), el cual, al final de toda la historia, dio origen al nacimiento de la Cooperativa Colón (Ruta 114), conocida por su lealtad al gobierno de derecha y prosomocista de don Arnoldo Alemán Lacayo, al menos año 2001..

Al darse una nueva toma con más vigor, los “delegados” se vieron forzados a permitir el reingreso de los trabajadores corridos (despedidos) y a iniciar negociaciones. Al mismo tiempo se convocó a huelga en contra de los “delegados” de doña Violeta Barrios de Chamorro y de don Toño Lacayo Oyanguren.

Al darse las negociaciones con los “delegados”, éstos metieron al escenario tirante de conversaciones a los dirigentes del “sindicato independiente”, con el fin de tenerlos como respaldo en contra de los “Parrales Vallejos”.

Los dirigentes del “sindicato independiente”, ya en las negociaciones, acusaron a los directivos del “Parrales Vallejos” de ser “terroristas”, malversadores de fondos y otros delitos, que, por supuesto, no pudieron demostrar, porque, inclusive, representaban a la minoría de los trabajadores y al entonces ministro de Transporte, Jaime Icabalceta.

Pretendieron, incluso, presentar como delito los hechos de que la mayoría de los trabajadores fuesen sandinistas y que anduvieran organizando sindicatos y a pobladores, para que la gente defendiera sus derechos sindicales y comunales.

En el trayecto de esta lucha y negociaciones, los dirigentes “independientes” fueron expulsados de ENABUS.

De los “delegados”, un tal Carlos era el más “bravucón”, se las daba de “rangers”, pero cuando los trabajadores entraron nuevamente a las instalaciones de ENABUS, este sujeto hasta se arrodilló pidiendo “no me hagan nada, por favorcito…¡yo no les hecho nada!”.

Antes de este incidente dentro de ENABUS, el tal Carlos fue sorprendido robando por uno de los trabajadores leales al Sindicato “Parrales Vallejos”.

Ya dentro los trabajadores, de todas maneras, los “delegados” de don Toño Lacayo Oyanguren y de Jaime Icabalceta, ministro de Transporte, no tenían capacidad para negociar, lo cual indicaba que hacían labor de payasos en favor de la burguesía conservadora.

Expulsan a delegados infernales

En tal caso, los dirigentes sindicales y del FSLN reunieron a todos los trabajadores, para explicarles detalladamente la situación política y de sabotaje por parte del gobierno de doña Violeta Barrios de Chamorro.

En las asambleas relámpago acordaron fortalecer al Sindicato “Parrales Vallejos” y expulsar a todos los “delegados” del gobierno.

Esta expulsión se produjo dos meses después. El Sindicato “Parrales Vallejos” tomó el control de la Empresa Nacional de Buses y, por supuesto, como revancha política comenzó el boicot económico del gobierno de “reconciliación nacional” en contra de ENABUS y el Sindicato “Parrales Vallejos”.

Por ejemplo, les boicotearon el suministro de llantas, repuestos y maniobras legales de todo tipo.

Dirigentes sindicales de ENABUS y del Sindicato se dan cuenta de que venían de fuera del país, por encargo del gobierno burgués conservador-neoliberal, tres furgones con 36 motores nuevecitos y más de 300 llantas, precisamente, del tamaño necesario para los autobuses de la ya entonces Cooperativa “Parrales Vallejos”.

Un tercer furgón traía tubos y protectores, destinados a los mismos autobuses.

Entonces, el Sindicato “Parrales Vallejos” decide tomarse los furgones.

Para realizar este objetivo, se toman un trecho de la Carretera Norte entre la gasolinera de la Shell Waspán y Ludeca, ubicada esta última en los célebres semáforos de Portezuelo.

El asalto fue espectacular. Con una disciplina casi militar, los “Parrales Vallejos” ubicaron autobuses y automóviles a lo largo de la Carretera Norte en el trecho mencionado. Andaban comunicación por radio.

Cuando los cabezales o furgones entraron por Waspán, los dejaron circular hasta los semáforos de Portezuelo, donde les cruzaron varios autobuses, simulando que estaban en malas condiciones, es decir, descompuestos.

Los cabezales fueron detenidos por sus choferes, porque la Carretera estaba obstaculizada. Numerosos dirigentes del Sindicato “Parrales Vallejos” abordaron los cabezales y obligaron a sus  choferes a dirigirse a los Planteles I y II de la antigua ENABUS.

Bajaron los motores diessell dentro de ENABUS, ya conocida entonces como Cooperativa “Parrales Vallejos”, donde todos los dirigentes y afiliados estaban llenos de alegría y al mismo tiempo estaban conscientes de los riesgos políticos y militares que corrían en esos momentos, pues el gobierno los mantenía en vilo por medio del asedio de la Policía, la cual estaba al mando de Fernando Caldera Azmitia, el mismo que después ordenó disparar contra los estudiantes el 13 de diciembre en las cercanías de la Asamblea Nacional.

Casi al mismo tiempo, montaron otro operativo relámpago, audaz, para tomarse la Aduana del Aeropuerto Augusto C. Sandino, con el fin de apoderarse también de protectores y los tubos ya mencionados.

Este operativo fue también espectacular, pues alrededor de 30 “Parrales Vallejos” se acomodaron en un camión Mercedes Benz de la antigua ENABUS y como clientes cualquieras llegaron en el vehículo hasta el interior de la Aduana Augusto C. Sandino, ubicada contiguo al Aeropuerto.

Parsimoniosamente se dirigieron hacia el interior de la Aduana, donde sin armas se tomaron las oficinas aduaneras principales, entre ellas la gerencia, a cuyo jefe le exigieron entregar los repuestos referidos.

Al jefe de la Aduana se le dijo que los “Parrales Vallejos” no estaban robando nada, pues todos estos motores, llantas y demás repuestos eran destinados para ENABUS, según planes elaborados por el gobierno revolucionario sandinista en el año de 1989.

Estaba claro, clarísimo, que el gobierno no les iba a entregar esos materiales y entonces decidieron tomárselos al riesgo que fuese, según las declaraciones de los dirigentes sindicales a medios de comunicación masiva, entre ellos el Diario BARRICADA, a cuya dirección todavía no habían llegado los vientos °reformistas° de los “ramiristas” (MRS).

Nadie cayó preso, porque los operativos fueron rápidos, bien coordinados. Cuando el gobierno quiso reaccionar, todos los motores, llantas, protectores y tubos estaban dentro de las instalaciones de la antigua ENABUS.

Además, se efectuaron acuerdos entre los “Parrales Vallejos” y unos 60 Desmovilizados del Ejército Popular Sandinista, para que éstos fortalecieran la lucha interna en la antigua ENABUS.

Los “Parrales Vallejos” les enseñaron a conducir los buses a los desmovilizados y rápido empezó una relación de pelea frontal con el gobierno chamorrista, desmantelador de más de 500 empresas estatales y propiciador de una revancha política prosomocista y yanquista que apenas empezaba.

El Sindicato “Parrales Vallejos” había participado en la huelga de julio de 1990 en contra de los desmantelamientos de empresas y por el despido de casi 400 mil trabajadores estatales en esos días.

Los trabajadores del Sindicato “Parrales  Vallejos” asumieron la empresa hasta que el gobierno oficialmente decidió convocar a una Comisión de siete ministros, para que se reuniera con ellos el 30 de diciembre de 1992.

Ministros cobardes

Y nace la Cooperativa Parrales Vallejos

Esa reunión fue en el local del Ministerio de Finanzas. Allí aparecieron entre otros ministros: Emilio Pereira, Francisco “Chicón” Rosales Argüello, Marta Palacios Fernández, Jaime Icabalceta, Rolando…en total eran siete ministros “para echarle la vaca° a los  directivos sindicales “Parrales Vallejos”.

El gobierno llevó allí una enorme batería de periodistas, casi todos ellos al servicio del gobierno o serviles del mismo, al parecer con la intención de continuar el discurso público de que los “Parrales Vallejos” eran terroristas.

Por el lado de los “Parrales Vallejos” estaban Carlos Palma Alvarado, Roberto González Gaitán, Donald Toledo, José Leiva, Luis Sánchez Dávila…

Uno de los ministros más violentos en contra de los “Parrales Vallejos” en esa reunión era Emilio Pereira, quien se las daba de ser “el más querido” por el Fondo Monetario Internacional y decía que es “rosacruz” y otras posiciones enigmáticas, que nada tenían que ver con los temas de la reunión.

El planteamiento de fondo de los “Parrales Vallejos” era la exigencia de privatizar ENABUS en favor de sus trabajadores, mientras más bien el gobierno chamorrista desmantelaba empresas estatales a toda prisa, con el fin de borrar todos los vestigios sandinistas del régimen revolucionario.

Los ministros se mostraban furibundos y demostraban profundo desprecio hacia los dirigentes de los “Parrales Vallejos”, a quienes seguían calificando de “terroristas”, “violentos” y algunos de ellos hasta decían aquella frase de Somoza: “sandinocomunistasterroristas”.

Los dirigentes sindicales del “Parrales Vallejos” advirtieron a los arrogantes e insolentes ministros que si no se firmaba la privatización de ENABUS a favor de los trabajadores, entonces no saldrían de esas oficinas del Ministerio de Finanzas, lo cual asustó a estos funcionarios en realidad muy cobardes como todo burgués.

En las afueras del Ministerio de Finanzas estaban prácticamente más de la mitad de los trabajadores de ENABUS. Estos comenzaron a disparar morteros al aire y a indicar allí afuera que nadie saldría del MIFIN sin firmar la privatización de ENABUS.

Los ministros arrogantes se ponían pálidos, verdes y temblorosos por la presión ejercida con los morteros, cuyas explosiones se escuchaban nítidas dentro de las oficinas del Ministerio de Finanzas, donde el “rosacruz”  y empleado obediente del Banco Mundial, Emilio Pereira, era uno de los más nerviosos en el quinto piso del MIFIN, frente a la Asamblea Nacional.

Se les bajaron los “zumos”. Lo de ENABUS no estaba en las discusiones de la Concertación, por medio de la cual se estaban privatizando otras empresas en favor de sus trabajadores.

Hubo una llamada telefónica del Secretario General del FSLN, Daniel Ortega Saavedra, la cual definitivamente inclinó la balanza a favor de los trabajadores de ENABUS, porque las conversaciones se agilizaron, se apresuraron.

En realidad el Comandante Ortega Saavedra incidió en que ENABUS se privatizara a favor de sus trabajadores, pues ésto no estaba, como digo, en las demandas de privatización, conocida como Concertación Fase I, II y III.

El estira y encoge siguió siendo tenso ese 30 de diciembre. La firma del acuerdo de privatización se produjo a media noche de ese 30 de diciembre de 1992.

Cuando salieron los dirigentes del Sindicato “Parrales Vallejos” con el documento rubricado por los ministros del gobierno chamorrista, frente al Ministerio de Finanzas se produjo una explosión de alegría indescriptible, mezclada con estallidos de decenas de morteros que encendían el cielo y hacían berrear el aire de los alrededores.

Era la coronación de una lucha heroica desde el mismo día de la pérdida de las elecciones presidenciales el 25 de febrero de 1990.

En realidad hasta ese momento eran doce años de lucha, desde que triunfó la Revolución Sandinista. Estaban alegres, satisfechos de haber logrado la privatización de ENABUS a favor de los trabajadores, pero los dirigentes sabían que vendrían momentos más duros todavía.

Cabe recordar, a esta altura, que el Sindicato “Parrales Vallejos” había denunciado decenas de maniobras sucias por parte del gobierno, entre otras, numerosos intentos de sabotaje a los autobuses, intenciones reiteradas de dividir al Sindicato, todo lo cual se les fue en vano.

Hubo elementos o empleados que se prestaban a ese juego sucio, pero fueron descubiertos y echados a la calle.

A partir de ese momento triunfante en los predios del Ministerio de Finanzas, comenzó una nueva etapa, inclusive allí se inició el nombre de la “Cooperativa Parrales Vallejos”.

De simples empleados, varios centenares de trabajadores de la antigua ENABUS pasaban a ser socios de la célebre “Cooperativa Parrales Vallejos”, perseguida y temida por el gobierno chamorrista.

Ahora venía la lucha dura  de sostener la Cooperativa y la lucha del Sindicato, ambos con los apellidos gloriosos de Parrales Vallejos.

Ya un poco calmados, los afiliados al Sindicato “Parrales Vallejos”, encabezados por Carlos Palma Alvarado, se reunieron en asamblea para analizar el nuevo papel que les tocaría jugar y cómo harían para sostener la flota de autobuses de la “Cooperativa Parrales Vallejos”.

Elaboraron un dibujo, o logotipo, para identificar a la Cooperativa: un mortero disparándose y una llanta quemándose, porque ambas imágenes habían sido vitales tanto en la lucha insurreccional contra la tiranía genocida del somocismo como en los enfrentamientos con el gobierno de tecnócratas arrogantes y cobardes de doña Violeta Barrios viuda de Chamorro.

“Este es un símbolo de resistencia”, explicó Luis Sánchez Dávila en esos días.

Ese símbolo se le pintó a los autobuses de las Rutas de la “Parrales Vallejos”.

Empezó la nueva etapa con vacilaciones, titubeos, tropezones, por cuanto todos tenían formidable experiencia como dirigentes del FSLN, del Sindicato y oficinistas, pero ninguno había trabajado como “empresario”.

Aquello, en los primeros momentos, parecía un juguete nuevo, pero demasiado importante como para verlo como juego.

Carlos Palma Alvarado se convirtió en presidente de la “Cooperativa Parrales Vallejos” en el mismo Ministerio del Trabajo, adonde los trabajadores habían acudido para inscribirla legalmente.

A los trabajadores se les pidió que presentaran de manera inmediata al presidente de la nueva Cooperativa, pues otra vez comenzaban las presiones y maniobras ahora del Ministerio del Trabajo, orientado por Francisco “Chicón” Rosales Argüello, otro fiel servidor del Banco Mundial mientras servía al régimen de °reconciliación nacional°.

Se levantaron las firmas de los nuevos socios de la Cooperativa y se presentaron ante la Dirección General de Cooperativas del Ministerio del Trabajo. Esto ocurrió en febrero de 1993.

Cabe recordar la huelga de 1991, protagonizada por los mismos trabajadores de la antigua ENABUS cuando el gobierno japonés donó los autobuses IZUSU, donados a nombre de la Empresa Nacional de Buses.

Pero sinvergüenzamente doña Violeta Barrios de Chamorro y Jaime Icabalceta tomaron los buses e intentaron vendérselos a la Empresa Nacional de Buses. !Clase de sinvergüenzas¡

Por órdenes de don Toño Lacayo Oyanguren, estos autobuses fueron metidos en “COMANICSA”.

Los trabajadores de ENABUS intentaron sacar los autobuses de “COMANICSA”, pero les echaron los policías antimotines, saliendo numerosos de ellos golpeados y encarcelados por las arremetidas rabiosas de los agentes policiales.

Hasta un trabajador esquimero resultó golpeado porque el pobrecito acertó pasar por COMANICSA cuando la Policía Nacional  estaba en su labor de apalear trabajadores.

Un hombre de apellido Maradiaga, de más de 60 años, también fue apaleado brutalmente por los policías enfurecidos, los cuales en realidad parecían enemigos de estos trabajadores de ENABUS.

Toman rehenes

Otro incidente serio en que participaron los trabajadores de la “Parrales Vallejos” fue cuando los incidentes del Estadio Rigoberto López Pérez, donde tomaron como rehenes a 30 policías antimotines, a los cuales, además, !desarmaron!.

Los policías fueron soltados después de negociaciones mediante las cuales se dejaba también en libertad a los trabajadores afiliados al Sindicato “Parrales Vallejos”.

Ya a esas alturas, la Policía tenía algo así como una compañía especial de la Brigada de Antimotines, dedicada especialmente a enfrentar a los trabajadores de la “Parrales Vallejos”, según se denunció en el Diario BARRICADA.

Es decir, el comandante Fernando Caldera Azmitia operaba al mejor estilo de la Escuela de Entrenamiento Básico de Somoza, ya que a éstos policías les enseñaban a odiar a los trabajadores del Sindicato y de la “Cooperativa Parrales Vallejos”.

Y es que don Fernando Caldera Azmitia tenía alguna razón, porque siempre que mandaba a los policías antimotines a garrotear maestros, pobladores u otros trabajadores, operaban a mansalva, pero les “salía la venada careta” cuando chocaban con los trabajadores del Sindicato y de la “Cooperativa Parrales Vallejos”.

En esa ocasión del Estadio Rigoberto López Pérez inclusive participó el Ejército. Por órdenes del General Humberto Ortega Saavedra fueron cercados los “Parrales Vallejos” en el Reparto San Antonio (“Palomeras”), de Managua.

En esa operación hubo sus contradicciones entre los militares, pues mientras unos estaban de acuerdo con la represión del Ejército, otros pusieron sobreaviso a los “Parrales Vallejos” y hasta les ayudaron con instrumentos militares.

Sin embargo, al final no hubo nada, porque el Ejército se retiró.

Mientras tanto los ex-militares que estaban en huelga frente a la Presidencia se liaron a tiros con la Policía.

Después vino la otra huelga contra el impuesto de tenencia vehicular, en la cual también participan los “Parrales Vallejos”.

Hubo barricadas en las calles, quemas de llantas, cruces de vehículos en los semáforos, enfrentamientos con policías antimotines.

Durante esta nueva huelga, los “Parrales Vallejos” fueron cercados en LA FANISA, adonde fueron enviados los más selectos policías antimotines para apalear a los trabajadores de la nueva Cooperativa de Transporte Colectivo Parrales Vallejos.

Este enfrentamiento fue famoso en el país, porque allí resultó muerto a tiros el comandante policial Saúl Álvarez.

Aparentemente en ese momento se pusieron de manifiesto las contradicciones entre los mandos de la Policía Nacional, pues mucho se ha especulado acerca de las posibilidades de que Álvarez cayó mortalmente herido por disparos hechos sigilosamente por uno de sus compañeros, aunque los disparos se le atribuyeron a Javier “Tigre” Velásquez, poblador de los alrededores del Barrio Santa Rosa.

Se dijo inclusive que mientras algunos mandos disparaban con balas de salva, otros estaban usando balas aceradas de verdad.

Este enfrentamiento a morterazos, tiros y golpes, fue cerca de las cinco y media de la tarde frente a LA FANISA en las cercanías de los semáforos de Portezuelo.

Fue famosa la fotografía en BARRICADA del momento en que Álvarez cae abatido por una bala, mientras dos de sus compañeros lo arrastran para subirlo a una patrulla y llevarlo al Hospital.

De nada sirvió el esfuerzo de sus compañeros, porque Álvarez murió allí mismo, mientras la Policía Nacional desató una cacería extraordinaria, pero al verdadero criminal, según se dijo en esos días, nunca estuvo en prisión ni fue acusado en los tribunales de justicia.

Los “Parrales Vallejos” disparaban con lanzamorteros caseros, mientras de esos alrededores salieron algunas armas cortas y largas.

Los dirigentes sindicales y de la “Cooperativa Parrales Vallejos” negaron sistemáticamente haber tenido en sus manos o disparado armas de guerra en la batalla campal entre pobladores y los antimotines policiales, a los cuales pertenecía en esos momentos Saúl Álvarez, quien, al mismo tiempo, no comulgaba con las formas represivas y serviles de don Fernando Caldera Azmitia y de otros oficiales policiales.

Según las investigaciones posteriores, especialmente basadas en la filmación de un periodista de Costa Rica, un tal “Chele Garand” hizo los disparos, con arma de guerra, desde el lado de “INCESA” hacia el Oeste, es decir, por donde estaba el comandante Álvarez frente a LA FANISA.

En esa filmación se vio cómo Carlos Malespín o “Chele Garand”, oficial de la Policía, además, recoge los casquillos de las balas disparadas por él en forma cuidadosa y se las echa al bolsillo, para que nadie las fuese a encontrar en ese sitio, lo cual fue denunciado por dirigentes de la “Cooperativa Parrales Vallejos°.

En la misma filmación se ve clarito cómo el “Chele Garand” inicialmente se tira al suelo, se acomoda como un paciente francotirador y dispara hacia donde estaban los mandos de la Policía dirigiendo a los antimotines.

Álvarez se derrumbaba al suelo como en cámara lenta, en medio de la electrizante confusión, llena de humos, morterazos y gritos de un lado y otro, mientras Carlos Malespín o “Chele Garand” consciente, claro de que estaba ejecutando un plan cuidado (¿venganza, revancha contra un compañero de armas?), se apresuraba a limpiar las huellas del crimen.

Ese “Chele Garand” no era el “Tigre” Velásquez ni ninguno de los directivos sindicales o de la “Cooperativa Parrales Vallejos”, según afirmaron después dirigentes de la combativa “Parrales Vallejos”.

El “Chele Garand” era o es uno de los mandos de la Policía Nacional y labora como instructor en la  Escuela Walter Mendoza Martínez, se asegura en la Cooperativa “21 de Enero” o Parrales Vallejos.

Dos acusados de la “Parrales Vallejos” por la muerte del jefe policial, Saúl Álvarez, fueron José Leiva y Sebastián Vado, quienes no portaban armas, ni dispararon armas de ningún tipo esa tarde trágica, según se demostró en los Juzgados capitalinos.

A José Leiva lo condenaron, ¿por qué?, mientras el verdadero criminal permanece aparentemente protegido por mandos policiales.

Vado fue declarado inocente casi desde el principio. Leiva tuvo que esperar que la filmación mencionada se presentara durante el Jurado de Conciencia y en presencia de los mandos de la Policía Nacional.

“No fue nuestra gente la autora de esa muerte”, sostuvo Luis Sánchez Dávila, directivo de la “Cooperativa Parrales Vallejos”, contra la cual se enfocaron todas las baterías del gobierno chamorrista, de algunos jueces y abogados al servicio de las causas más negras a favor de la oligarquía local.

Los crímenes de este tipo, al servicio de oligarcas y del imperialismo yanqui, siempre tienen el mismo color y el mismo sabor diabólico de los asesinatos de los “Escuadrones de la Muerte” tipo “Mano Blanca” de la tiranía genocida del somocismo en las calles de Managua, León, Chinandega, Masaya, Rivas, Estelí, Matagalpa o Jinotega, lo cual era común antes de que el Frente Sandinista demoliera el sistema criminal del somocismo en julio de 1979.

Odio policial planificado

A partir del crimen de Saúl Álvarez, los mandos policiales, especialmente los ubicados en la dirección de las Brigadas de Antimotines, orientan en forma planificada tratar con odio y represión selectiva a fondo contra los trabajadores y dirigentes de la “Cooperativa Parrales Vallejos”.

Es decir, algunos de estos mandos policiales cayeron en el salvajismo parecido al de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería de la Guardia Nacional del somocismo genocida, o sea, la EEBI, entrenada para matar sandinistas y bañarse con la sangre de los pobladores.

Entre los miembros de las Brigadas de Antimotines era común oírles decir: “La Parrales Vallejos” es terrorista”, “son criminales”, “son asesinos”, calificaciones típicas entre los gobernantes de ese momento. En la época de Somoza en la EEBI, el °Chigüin° les decía a sus guardias que los °sandino-comunistas son terreoristas°, es decir, casi el mismo discurso en relación a los °Parrales Vallejos°.

Entre los dirigentes de la “Parrales Vallejos”, mientras tanto, prevaleció la serenidad y la evasión permanente del conflicto con los mandos policiales, sostiene ahora, en el año 2001, Luis Sánchez Dávila.

Al mismo tiempo se sorteaban las presiones gubernamentales contra la “Parrales Vallejos”, contra la cual, sostiene Luis Sánchez Dávila, existían planes cuidadosos para reprimirla en la primera oportunidad.

Huelga y masacre de 1995

Finalmente llegó la Huelga Nacional del Transporte en mayo de 1995. Los directivos y trabajadores de la “Parrales Vallejos” estaban “acuartelados” dentro de las instalaciones de sus llamados Satélites I, II, III, IV y resto de locales en San Judas y Ciudad Sandino.

Decidieron participar en la Huelga Nacional del Transporte, pero de otra forma, esta vez concentrando todos los autobuses dentro de los  Satélites. Mandaron a los trabajadores a sus casas, mientras duraba la Huelga.

Dentro de los Satélites I y II se quedó un grupo resguardando las instalaciones de la Cooperativa.

El miércoles 16 de mayo, en la noche, pasaron grupos de vecinos arengando para que los socios de la Cooperativa salieran a las calles a sumarse a la lucha de los transportistas y de los vecindarios en contra del gobierno chamorrista.

“Los apoyamos. Estamos solidarios moralmente. No tenemos circulando ni uno de los autobuses. Nosotros estamos concentrados aquí en espera de lo que pueda ocurrir”, fue la respuesta desde dentro de la “Parrales Vallejos”, donde estaba semioscuro.

De algún modo, los pobladores de los vecindarios aledaños se molestaron por esta respuesta de los “Parrales Vallejos” acuartelados dentro de la Cooperativa.

El 17 de mayo de 1995 (era jueves) fue otro día y noche trágica para los “Parrales Vallejos”.

Otro grupo  numeroso de vecinos o pobladores, encabezados por Gadiel Arce Mairena, secretario político del FSLN en el Distrito VI, se desplazaban en manifestación, a las cinco de la tarde, por la pista frente a la “Parrales Vallejos”.

Desde la calle, estos pobladores arengaron a los “Parrales Vallejos” para que se sumaran a la marcha y posterior construcción de una “barricada” en los ya famosos semáforos de Rubenia, ubicados a unos 300 metros al Sur. Eran unos 30 pobladores en ese momento. Los “Parrales Vallejos” estaban ariscos por todo lo que ya les había pasado con la muerte de Saúl Álvarez y la persecusión sistemática del gobierno de la oligarquía conservadora-liberal-somociana proimperialista yanqui.

Sin embargo, los dirigentes de la “Cooperativa Parrales Vallejos” decidieron que un grupo de socios-trabajadores participaran en la protesta en favor de la Huelga Nacional del Transporte, porque todo se apreciaba “pacífico” en el sector cercano a los semáforos de Rubenia.

Además, sacaron seis tubos lanzamorteros caseros para alegrar el ambiente con disparos al aire.

El grupo se hizo de unos 70. En la semioscuridad y con la sensación de que nada excepcional pasaría en esa tardecita, se encaminaron hacia los semáforos de Rubenia, donde sí había iluminación por las cuatro luminarias  que iluminan este sector de Managua.

Llegaron al semáforo. De distintas calles de la Colonia Catorce de Septiembre, del Barrio Unión Soviética, del Barrio Primero de Mayo y del Reparto Rubenia, comenzaron a salir centenares de vecinos para juntarse con ellos en la protesta contra el régimen represivo y “conciliador” de doña Violeta Barrios de Chamorro, cuyo ministro de la Presidencia, Toño “Pelón” Lacayo Oyanguren, había dado orden de ahogar en sangre las protestas con los antimotines de la Policía Nacional, jefeada por Fernando Caldera Azmitia.

Ahí nomacito se organizó el montón de gente para levantar la “barricada”, símbolo de lucha desde la época de la tiranía genocida del somocismo.

De repente apareció una Brigada de Antimotines de la Policía Nacional, esta vez jefeada por el Subcomandante Manuel Lezama y un oficial Teniente llamado Juan Valle Valle, caracterizado ya por sectores populares como un sujeto muy violento.

Los policías se despliegan en posiciones de combate hacia el lado de la gasolinera (ubicada al Suroeste de los semáforos), por el lado norte y buscan también como cerrar el círculo por el Este.

Alguien, no se supo quién, disparó un mortero, que explotó muy cerca de Juan Valle Valle, entonces oficial Teniente de la Policía de Tránsito.

Allí estaba el Subcomandante Manuel Lezama, quien operaba como uno de los jefes principales de los policías antimotines. También, supuestamente, estaba allí el Subcomandante Pedro Aguilar, jefe de los llamados “boinas rojas” de la Policía Nacional.

Valle Valle toma uno de los radiocomunicadores de la Policía y le comunica a los mandos policiales que se está produciendo una agresión en gran escala en contra de los antimotines, los cuales lucían protectores especiales, pecheras y máscaras, bombas lacrimógenas, que les daban un parecido a robots y además portaban fusiles automáticos.

Los policías terminaron de tomar posiciones de combate en la gasolinera a eso de las siete de la noche.

Aquí empezó una nueva etapa mortal en las represiones policiales en Managua.

El ataque armado, a balazos, comenzó con el lanzamiento de luces de bengala sobre los que estaban protestando.

Al mismo tiempo, Valle Valle, según las denuncias de dirigentes de la Parrales Vallejos, ubicó francotiradores en sitios altos cercanos a la gasolinera

Casi al instante a los manifestantes les llovieron balas desde la gasolinera y de los flancos Oeste y Este hacia el lado del Hotel Estrella, ubicado un poco al Sureste de los portones de la “Cooperativa Parrales Vallejos”.

Francotiradores y miras telescópicas

Los manifestantes aceleraron un rápido repliegue hacia el norte, para el lado, precisamente, de la “Cooperativa Parrales Vallejos”, distante unos 300 metros del semáforo de Rubenia.

Aparentemente, ya cumpliendo las órdenes de Caldera Azmitia de cazar como fuese a los “Parrales Vallejos”, les empiezan a disparar en forma selectiva, porque hasta se dijo que los franctiradores policiales estaban usando “miras telescópicas” en sus potentes fusiles de guerra.

Los disparos eran nutridos. La desesperación se apodera de la masa de pobladores que iban en retirada hacia el norte. Los “Parrales Vallejos” al mismo tiempo iban disparando sus morteros, con el fin de detener el avance de la Brigada de Policías Antimotines.

Iban desplazándose frente a los portones del Hotel Estrella, cuando repentinamente cayó redondo Franklyn Benito Borge Velásquez. Los sesos de Borge quedan regados en el suelo, mientras su sangre generosa fluye a borbotones y salpica a varios de los pobladores reprimidos.

Enrique Montenegro Estrada estaba al otro lado de la calle. Cuando ve a Borge en el suelo, se lanza en busca de ayudarlo, porque creía que Borge estaba tan sólo herido.

Montenegro llega hasta el sitio en que Borge está virtualmente desbaratado.

En lo que se agacha para ayudar a Montenegro, el francotirador lo perfora con un disparo de aka a la altura del homóplato derecho. Enrique Montenegro cae redondo encima de Borge. El tiro no le sale y queda tendido inconciente.

Al ver ésto, todos los manifestantes reaccionan arrechos, especialmente los miembros de la  Cooperativa Parrales Vallejos”, quienes enderezan todos los morteros hacia los policías, los cuales se “paran en seco” por el temor de ser alcanzados por las explosiones.

En estos momentos son arrastrados los dos heridos hacia el portón de la “Parrales Vallejos”. Es hasta entonces que se dan cuenta de que Borge tiene los sesos desbaratados, pero todavía está vivo.

En cambio, Enrique Montenegro ya estaba muerto, porque se ahogó en su propia sangre, producto del disparo del francotirador de la Policía.

Buscaron una camioneta y llevaron a Franklyn y a Enrique hacia un hospital con intenciones de salvarlos, pero todo fue en vano, porque los balazos eran mortales.

Al mismo tiempo, pobladores y cooperados de la “Parrales Vallejos” decidieron darles una lección a los policías y les descargaron todos los morteros al mismo tiempo, porque no tenían armas.

Los policías valentones, al mando de don Juan Valle Valle, retrocedieron hacia el semáforo de Rubenia por el acoso con los morteros.

Sin embargo, en poco tiempo don Fernando Caldera Azmitia, el jefe de la represión del gobierno de Violeta Barrios de Chamorro, mandó no menos de 300 policías para someter a los reprimidos y mortalmente atacados por las balas policiales entre los semáforos y el Hotel Estrella.

La Policía rodeó a los pobladores y los desalojaron. Los miembros de la “Parrales Vallejos” se vieron obligados a meterse en las instalaciones de la Cooperativa ahora odiada a muerte por instrucciones de mandos policiales como don Fernando Caldera Azmitia.

En estos movimientos de defensa estaban cuando uno de sus compañeros cooperados llegó a confirmar la dramática y horrible noticia: Borge y Montenegro estaban muertos en el Hospital Manolo Morales Peralta.

En ese momento, cuando ya son más o menos las nueve de la noche, la Policía Nacional les echa un cerco de fuego por los cuatro costados de la “Cooperativa Parrales Vallejos”.

Además, les empiezan a disparar a mansalva desde los muros del lado Sur de la Cooperativa, es decir, por uno de los Satélites colindante con el Barrio Unión Soviética.

Numerosos policías estaban subidos en ese muro Sur y desde allí disparaban sus fusiles AKA hacia el interior de la Cooperativa, especialmente por donde veían movimientos de gente.

Parecía, en realidad, una situación de guerra de la Policía en contra de los cooperados de la “Parrales Vallejos”. Los impactos de bala daban en los ventanales de los autobuses y de las oficinas, mientras los cooperados se tiraban al suelo para no ser alcanzados por los disparos con armas de guerra.

Desde los Barrios vecinos: Georgino Andrade, Catorce de Septiembre, Unión Soviética, Primero de Mayo, Bello Horizonte, Villa Progreso y “Parrales Vallejos”, llegaron vecinos con piedras y se las tiraban a los policías antimotines por el lado del Barrio Unión Soviética.

Desde el interior de la Cooperativa se escuchaban gritos de los cooperados amenzando con usar sus armas de guerra, pero en realidad no tenían más que los lanzamorteros caseros.

En el tiroteo que arman los mismos policías antimotines, llega un momento en que ellos mismos, en la oscuridad confusa, se cruzan con balas por el lado de la entrada de la “Parrales Vallejos” y allí es donde ellos mismos matan a Pablo Ezequiel Valle Olivares, uno de los efectivos policiales.

Se matan entre policías

Ocurrió, según las valoraciones posteriores, que los policías antimotines creyeron que en realidad habían armas en la “Parrales Vallejos” y cuando llegaron al portón se acobardaron y empezaron a retroceder, mientras otros grupos de policías que estaban afuera, disparaban también hacia adentro, pegando a Pablo Ezequiel Valle Olivares.

Al ocurrir esta muerte, la Policía Nacional al parecer mandó más efectivos para someter a los “Parrales  Vallejos”.

Se tomaron todas las entradas hacia la “Parrales Vallejos”, incluyendo el paso del semáforo de Rubenia, los cauces cercanos, la entrada al Hotel Estrella y los callejones del Barrio Georgino Andrade.

Ya en ese momento estaban llegando periodistas de medios de de comunicación, una Comisión del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos y la Cruz Roja Nicaragüense les anunciaba a los “Parrales Vallejos” que iban hacia el centro del conflicto, para mediar entre ellos y la Policía.

“Aguanten..ya vamos para allá”, anunció alguien de la Cruz Roja al teléfono de la entrada o portón de la “Cooperativa Parrales Vallejos”.

La conmoción era enorme, pues en varias radioemisoras se decía que la Policía Nacional estaba haciendo una “matancina” en la “Parrales Vallejos”.

Esto encolerizó a miles de pobladores capitalinos, los cuales empezaron a condenar a la Policía por medio del teléfono hacia las radioemisoras, entre otras, La Nueva Radio Ya, Radio Sandino y Radio La Primerísima.

Comenzaron a presentarse miles de vecinos, los cuales chocaron con la Policía en los sitios en que las fuerzas policiales estaban posesionadas.

La tensión era electrizante, peligrosa, a eso de las diez y media de la noche, pues los policías a estas alturas clamaban venganza por Pablo Ezequiel Valle Olivares, aunque les valían un pito los muertos de la “Parrales Vallejos”, fulminados por francotiradores de la Policía.

En medio de la tensión llegaron el Comandante Tomás Borge Martínez, exministro del Interior y Vicesecretario General del FSLN, muy respetado por mandos de la Policía; y  Vilma Núñez de Escorcia, presidenta del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CENIDH).

El Comandante Borge Martínez logró que hubiese una tregua por parte de los enfurecidos policías.

Comenzaron las negociaciones en un ambiente de tres muertos, mucha sangre regada en los embaldosados, pisos y adoquines, centenares de casquillos por los disparos de policías antimotines, decenas de detenidos y amenazas de venganza por parte de algunos mandos policiales, entre otros, don  Fernando Caldera Azmitia y Juan Valle Valle, el iniciador de la brutal y mortal represión de esa noche en Rubenia.

Los mandos policiales pusieron como condición para desalojar el sector, que los “Parrales Vallejos” entregaran todas sus armas de guerra.

Los “Parrales Vallejos” invitaron a doña Vilma Núñez de Escorcia para que buscara armas por algún lado y pudo constatar que efectivamente sólo tenían los lanzamorteros.

Además, tenían varias pistolas reglamentarias de los vigilantes o CPF.

Los vigilantes no habían disparado esas armas cortas, porque no tenían orden de hacerlo, según explicó Luis Sánchez Dávila, uno de los directivos de la Cooperativa.

Esta afirmación de que no hubo disparos desde dentro de la “Cooperativa Parrales Vallejos” fue comprobado por el peritaje posterior.

Las demostraciones han sido claras, terminantes. Sin embargo, el odio planificado por algunos mandos policiales en contra de los “Parrales Vallejos” como en los primeros días en que se planificó ese rencor, según analiza Luis Sánchez Dávila.

El informe del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CENIDH), titulado “Informe sobre los sucesos de Rubenia el 17 de mayo de 1995”, fechado el primero de junio de 1995, dice lo siguiente:

Antecedentes.

El 1 de mayo, a éso de las nueve de la noche, los medios de comunicación informaban que la Policía había disuelto violentamente en los semáforos de Rubenia una manifestación de pobladores de los barrios orientales e integrantes de la Cooperativa Parrales-Vallejos, quienes desde las primeras horas de la noche protestaban contra el alza de los servicios de agua y de energía, etc.

Las continuas noticias que provenían del sector reportaban: Intensos disparos de bala, bombas lacrimógenas, morteros caseros y luces bengala. Que la Policía tenía rodeadas las instalaciones de la Cooperativa Parrales-Vallejos, y que se esperaba un virtual asalto policial con resultados sangrientos.

Luego se informó que resultado del enfrentamiento dos personas habían muerto, Franklyn Benito Borge Velásquez y Enrique Montenegro Estrada, integrantes de la Cooperativa Parrales-Vallejos; y que estaba gravemente herido el policía Pablo Ezequiel Valle Olivares.

Diferentes personas hicieron llamados al CENIDH por los medios de comunicación y por teléfono para que se presentara al lugar. Un equipo del Centro a eso de las once de la noche se presentó al sector  de Rubenia, con el fin de constatar lo ocurrido y contribuir a distensionar el ambiente.

Diligencias realizadas

-Visitas al Hospital Manolo Morales Peralta.

-Entrevistas al Subcomandante Manuel Lezama (ya fallecido), jefe de la Brigada Especial de la P.N. y al Capitán Luis Barrantes, Jefe de la División de Patrullas. Comunicación telefónica con el Sub-Comandante Pedro Aguilar, Jefe de la Policía de Managua.

-Entrevista con Carlos Palma, Presidente de la Junta Directiva de la Cooperativa Parrales-Vallejos.

-Se recibieron 27 testificales a pobladores de los Barrios Catorce de Septiembre, Unión Soviética y Georgino Andrade, asimismo se realizaron siete entrevistas con pobladores de los mismos sectores, y dos entrevistas a Gabriela Guevara y Jairo Cajina, periodista de Extravisión y fotógrafo del Diario BARRICADA respectivamente.

Algunos de los testimonios fueron brindados con la condición de que la identidad no se divulgara por temor a posteriores represalias.

-Se realizaron 3 Inspecciones Oculares: En las instalaciones de la Cooperativa Parrales-Vallejos; y en el sector de los semáforos de Rubenia, a la entrada de la Ferretería Santana, esta última diligencia se efectuó en compañía del fotógrafo Jairo Cajina, testigo ocular de los hechos. Asimismo se participó como observador de la Inspección Ocular que efectuó la Policía Nacional en la Cooperativa Parrales-Vallejos, los días 22 y 23 de mayo.

-Se constató en las Divisiones Cuatro, Cinco y Seis de la Policía Nacional la existencia de detenidos.

-Se estuvo presente durante algunas de las declaraciones que sobre los hechos de Rubenia brindaron cooperativistas del Parrales-Vallejos ante oficiales de Instrucción Nacional de la Policía Nacional el 23 del corriente mes.

-Obtuvimos copia de los dictámenes médicos de las tres personas fallecidas.

-Recibimos copia de los vídeos que sobre los hechos elaboró Extravisión.

-Se le recibió Testimonio a la señora Marta Moreno Guido, esposa de Enrique Montenegro Estrada.

Relación de los hechos

  1. a) Constatación de 2 civiles muertos y un policía gravemente herido.

El equipo del CENIDH llegó al Hospital Manolo Morales a las 11: 15 P.M. y luego de ser autorizado por el Fiscal General del Hospital, observó en la morgue los cadáveres de Franklyn Borge Velásquez y Enrique Montenegro Estrada, comunicándose además con los familiares de los mismos, quienes posteriormente reconocieron a sus deudos.

Asimismo indagó sobre el estado del policía Pablo Ezequiel Valle Olivares, quien fue ingresado gravemente herido y según los médicos de emergencia estaba siendo intervenido quirúrgicamente desde las 11:00 pm., falleciendo posteriormente, a la una y cuarto en el quirófano.

El Teniente Guillermo Baca Herrera, oficial del Departamento Policial No. 5, nos informó que él ya había llamado al médico forense para que examinara a los fallecidos, pero éste aún no se había presentado al hospital.

Así también el CENIDH pudo constatar que además de las muertes referidas, resultaron heridos los cooperativistas Marcos Cano, Juan Ampié, Aaron Salmerón, así como el Teniente Primero Juan Valle Valle.

b) Ambiente de tensión en el sector de Rubenia

A las 11:00 pm. el equipo del CENIDH llegó a los semáforos de Rubenia, donde observamos varias llantas quemándose y muchos adoquines desprendidos y amontonados en varios puntos de la calle.

En dicho lugar se entrevistó con el Capitán Luis Barrantes, jefe de las Brigadas Boinas Rojas, quien afirmó que el incidente se inició en los semáforos de Rubenia, que había un policía herido y que los detenidos fueron trasladados a los Departamentos Policiales.

Por su parte, el Sub-comandante Manuel Lezama, jefe de la Brigada Especial, quien se encontraba en la calle de la entrada Oeste de Rubenia, aseguró que ninguno de los detenidos trasladados se encontraba herido, que si así hubiera sido, los hubieran enviado al hospital.

500 refugiados dentro de la Cooperativa

Indicó que a esa hora los manifestantes se encontraban armados y apostados tras una barricada en la Cooperativa Parrales-Vallejos, que la situación continuaba tensa y hermética, por lo que solicitó al CENIDH hablar con los líderes de esta Cooperativa para distensionar el ambiente, para lo cual le permitió al equipo del centro avanzar con dirección a la Cooperativa.

Aproximadamente a las 12:00 am. con la aprobación de los Cooperativistas, el equipo del CENIDH se introdujo a las instalaciones del Parrales-Vallejos, entrevistando al Sr. Carlos Palma Alvarado, quien manifestó que tenían dos muertos, varios heridos y algunos detenidos; que les habían cortado el agua y la luz, y que tenían varias unidades de transporte dañadas por los disparos de la Policía.

La Dra. Vilma Núñez de Escorcia trasmitió al Sr. Palma Alvarado la petición del Sub-comandante Lezama referente a que realizaran esfuerzos por distensionar la situación, al respecto contestó que ellos siempre han estado por la distensión.

Como una prueba de ello citó que previo a estos incidentes, le habían quitado las armas a los vigilantes y las tenían guardadas; que nunca han pretendido enfrentarse a la Policía, a quienes han informado desde hace tiempo de cuantas armas y de que calibre poseen los miembros de la seguridad interna de la Cooperativa.

Asimismo manifestó su disposición de que un equipo especializado de la Policía realizara un peritaje en ese armamento para que constaten que éste no ha sido utilizado. El Sr. Palma Alvarado aseguró que “no salió ni un solo disparo del Parrales-Vallejos” y solicitó al CENIDH trasmitir esto a la Policía, lo mismo que su disposición de velar allí a los muertos.

El equipo del CENIDH pudo constatar que dentro de las instalaciones de la Cooperativa se encontraban unas 500 personas, entre niños, mujeres y hombres de diferentes edades, muchas de las cuales participaban en la protesta y otras personas que dijeron ser transeúntes y que fueron sorprendidos por los incidentes, por lo que se vieron obligados a refugiarse en este local.

Así también se comprobó que en las afueras de la Cooperativa hacia el Norte sobre la pista, como a 70 metros de la entrada habían unas 15 llantas ardiendo a lo ancho de la calle, no observamos barricadas, ni gente apostada en ellas, pero sí muchos adoquines desprendidos de la autopista. A los 100 metros en la misma dirección había una barricada de adoquines, pero sin gente.

A las 12:40 am. al salir de la Cooperativa, el equipo del CENIDH le explicó por separado tanto al Capitán Barrantes como al Sub-comandante Lezama, lo conversado con los cooperativistas y manifestantes.

También se les explicó lo que se había constatado, asegurándole que no habíamos encontrado a los hombres armados que según él estaban tras las barricadas.

Por su parte, el Subcomandante Lezama respondió que él no podía tomar ninguna decisión y que la zona continuaba tensa, por lo que mantendrían el control.

Al momento de pasar de regreso por los semáforos de Rubenia, el vehículo del CENIDH fue sometido a registro por la Policía, acción de la que se reclamó al Capitán Barrantes en el sentido de que el Centro no realiza actos ilegales, él explicó que esa medida la estaban aplicando a todos los vehículos que pasaban por la zona.

  1. c) Versiones sobre cómo y quienes iniciaron los incidentes de Rubenia

**El Director de la Policía Nacional, Comandante Fernando Caldera, en la entrevista que brindara a los medios de comunicación el día 18 de mayo, dio la siguiente información sobre la base del informe que le rindió la Brigada Especial:

Que al aproximarse los policías a la zona, escucharon disparos, por lo que enviaron dos grupos de exploración y en este momento cayó el policía herido, por lo que se vieron obligados a disparar para sacarlo.

Además indicó que tenían elementos para sospechar que la Policía no mató a los cooperativistas, lo que sustentaba en el referido informe y en los dictámenes forenses, que señalaban que los cadáveres presentaban disparos de arriba hacia abajo, lo que presumía, provenían de la planta alta de las instalaciones de la Parrales-Vallejos.

** Las declaraciones que brindaron ante la Policía 9 cooperativistas del Parrales Vallejos que participaron en los sucesos de Rubenia, son coincidentes en manifestar que estaban reconcentrados en la Cooperativa, frente a la cual a eso de las 9 p.m. pasó una manifestación que salió del Barrio Georgino Andrade con dirección a los semáforos de Rubenia, a la que se sumaron como 50 cooperativistas.

Una parte de los transportistas se ubicó en la boca calle que sita frente al Parque Rubenia y otros se fueron hasta los semáforos.

Asimismo señalaron que transcurridos unos 10 minutos de haberse integrado a la marcha, el grupo rezagado observó que frente al Parque de Rubenia se estacionó un camión de policías, cuatro taxis, que también transportaban policías y otros que llegaron a pie; que los agentes comenzaron a lanzarles bombas lacrimógenas y los del camión les dispararon con sus AK, por lo que tuvieron que huir en dirección norte.

Expresaron los cooperativistas que los policías ocuparon la referida boca calle y otro grupo de aproximadamente 20 agentes se dirigió hacia los semáforos de Rubenia, para ese momento los manifestantes venían huyendo por dentro del Barrio Unión Soviética a salir al costado Sur de la Cooperativa Parrales Vallejos.

Refirieron que la Policía abrió fuego contra ellos, respondiendo los cooperativistas con morteros caseros; que una parte de los cooperados se replegó a la acera ubicada delante del Hotel Estrella colocándose tras un poste de luz para protegerse de las balas de los policías, que los transportistas no se podían trasladar a la cooperativa, porque la Policía tiraba luces de bengala y posteriormente disparaba a lo que se moviera.

Los cooperados refieren que en esas circunstancias cae el herido con un balazo en el cuello contiguo a la oreja izquierda Franklyn Borge Velásquez, que andaba de ayudante de mortero y se encontraba semiagachado por el poste.

Borge fue trasladado primero hasta la esquina Norte del jardín del Hotel Estrella y luego a la orilla de la fábrica de materiales de construcción, instantes en que la Policía arreció su cadencia de fuego.

Posteriormente, cuando varios socios intentan sacar a Borge, entre ellos Enrique Montenegro Estrada, este último al momento de agacharse para cargarlo por las piernas, cae fulminado de un disparo que le impactó a la altura del homóplato con orificio de entrada sin salida, aclarando además que su cabeza estaba en posición de Sur a Norte al recibir el disparo.

Ambos heridos fueron trasladados a la Cooperativa y de ahí fueron llevados en una camioneta al Hospital Manolo Morales; que el resto de cooperados lograron penetrar a las instalaciones del Parrales en un momento que disminuyeron, aunque no totalmente los disparos de la Policía.

** Por otro lado, las testificales de los pobladores aledaños al sector, coinciden en afirmar que esa noche se desarrollaba una manifestación que provenía del Norte y se ubicó en los semáforos de Rubenia; que los participante sonaban cacerolas, tiraban morteros caseros al aire, quemaron llantas y arrancaron adoquines para hacer barricadas.

A la protesta se sumaron pobladores de otros barrios que llegaron de diferentes sectores. La mayoría de los testigos fueron contestes en afirmar que no vieron a manifestantes armados con otra cosa distinta a los morteros, solo una testifical indicó que dentro de los manifestantes logró distinguir a algunos que portaban armas cortas.

Los relatos indican que, tiempo después de estar plantados los manifestantes en los semáforos de Rubenia, la Policía decidió repelerlos, previo corte de la energía eléctrica en la zona, empleando simultáneamente bombas lacrimógenas, luces de bengala y disparos de fusiles.

Los manifestantes huyeron en dirección a la Cooperativa Parrales-Vallejos o bien se internaron  en los Barrios del sector. Asimismo señalan que la Policía ingresó al sector, no sólo por los semáforos de Rubenia, sino también por el propio Reparto Rubenia y por las calles interiores del Barrio Unión Soviética, que queda en el costado Sur de la Cooperativa Parrales Vallejos.

Varias testificales indican que ya en ese momento los tiros de mortero de los manifestantes hacia los policías eran en dirección horizontal, igualmente el tiroteo a alturas del Hotel Estrella fue descrito como recíproco –sin precisar de que tipos de objetos o armas se trataban–; que los disparos y detonaciones se escucharon por aproximadamente 25 ó 30 minutos, que luego hubo un cese de los mismos y que entre la 1:30 y dos de la madrugada del 18 nuevamente se escucharon disparos, aunque en menor intensidad y por poco tiempo.

Sobre la muerte del policía, un testigo, vigilante nocturno, aseguró que vio llegar hacia su caseta de vigilancia, a un policía herido, ayudado por otros policías; que oyó comentar que la herida era de bala. Que el policía había llegado hasta el punto de mayor avanzada de la ofensiva policial, y se replegó al ser herido unos cinco minutos después del inicio del tiroteo.

En ese sentido, el testigo Diego Tapia Morales manifestó que el policía cae a unas 50 varas hacia el Norte de la entrada Norte del Barrio Unión Soviética –el lugar precisado es en dirección a los dos arbolitos donde se encontraron el 23 de mayo, 16 casquillos de bala y el 28 de mayo, 2 más–; que ésto fue como una hora después que el policía avanzó solo, los otros se quedaron en la esquina; que la muerte del agente policial sucede en la última ofensiva, o sea, en los últimos disparos realizados por la Policía.

Después que cae el policía se calmaron los disparos, sólo continuaron las detenciones. Agregó que cuando el Policía fue herido gritó: “!ay¡, me pegaron!”; que al día siguiente como a las 8 ó 9 de la mañana la Policía envió a un civil a recoger el casco que dejó el policía muerto, éste se encontraba en la salida Sur de la bahía, o sea a unas 50 varas de donde estaba el grueso de policías.

  1. d) Irrespeto policial a la inviolabilidad de domicilio y detenciones arbitrarias

Las testificales coinciden en señalar que una vez que la Policía replegó a los manifestantes, invadió sin autorización de sus propietarios los patios de las viviendas y talleres ubicados en el Barrio Unión Soviética, específicamente los sectores Sur y Occidental de la Cooperativa, lugares, desde donde estuvieron disparando sus fusiles profusamente.

Dicha situación  fue protestada por los pobladores por la exposición al peligro de la que eran objeto sus familias y principalmente los niños, puesto que la mayoría  de las casas de la zona son de madera, respondiendo los policías con palabras soeces y amenazas. La referida presencia policial se prolongó hasta las primeras horas del jueves 18.

Asimismo, diversas denuncias dan cuenta que en el referido barrio la Policía se dedicó en la noche del 17 a efectuar capturas, resultando detenidos y golpeados con violencia: Manuel de Jesús Miranda, los hermanos José René y Roberto Montiel Rojas, Douglas René Flores Hernández, Martín Medina, Jaime Enrique Vásquez Pérez, Juan Esquivel Largaespada, quienes según los testigos no participaron en la protesta. También fue detenido en la mañana del 18, Ismael  Marenco Obando, quien se dirigía a su trabajo en la empresa SERVIPRIN, ubicada en el mismo barrio.

Una testifical señaló que frente a la Ferretería Santana donde existe un puesto de refrescos, los policías tenían ubicado un puesto de detención, donde se encontraban capturadas entre seis o siete personas, las que eran golpeadas violentamente, y que una vez finalizaron los disparos, igual tratamiento recibía cualquier persona que pasaba por el lugar.

Específicamente, el testigo Adolfo Estrada Ruíz, afirmó que a eso de las doce de la noche, vio cuando un picadito, incluso coto de un brazo, lo golpearon violentamente rompiéndole la boca.

El CENIDH constató en los departamentos policiales No. 4, 5 y 6 de Managua, la captura de 20 personas, de las cuales 15 fueron liberadas el 19 de mayo.

El lunes 22 de mayo, la Policía afirmó que por esos hechos habían detenido 25 personas y que todos habían sido puestos en libertad.

En la madrugada del 18 de mayo, la esposa de Emet Lang Salmerón, secretario político del partido FSLN de Managua, denunció al CENIDH que éste había sido detenido, cuando  trasladaba al Hospital Manolo Morales a familiares de los cooperativistas muertos.

El CENIDH fue informado por un oficial en el Departamento No. 5 que el señor Lang Salmerón (Emet) se encontraba en una reunión en esa unidad policial, pero posteriormente el Sub-comandante Pedro Aguilar expresó que el señor Lang se encontraba detenido y estaba siendo investigado.

En entrevista al señor Lang manifestó al CENIDH  que el referido oficial le había indicado  que sería procesado  por alteración al Orden Público. Finalmente fue liberado  a eso de las once de la mañana, pues según lo afirmado por el comandante Caldera “no existen razones para tenerlo detenido”.

  1. e) Inspección ocular desde los semáforos de Rubenia hasta la entrada de la Ferretería Santana, diligencia efectuada en compañía del testigo ocular Jairo Cajina, quien refirió:

*Cajina nos mostró  el lugar donde se encontraba desempeñando su trabajo de reportero gráfico, en el patio exterior delantero de la casa esquinera perteneciente a la Colonia 14 de Septiembre, frente al Auto-Market y gasolinera Esso Rubenia. La manifestación estaba en el cruce de los semáforos de Rubenia, la policía vino corriendo del lado Este (Ferretería Distrilum, hoy América) y empezó a disparar. Ya habían agentes en el Barrio Unión Soviética.

*El fotógrafo siguió a la Policía que avanzaba hacia el Norte, en dirección a la Cooperativa Parrales-Vallejos, habían dos heridos, mostrándonos el lugar donde se encontraban, que es a la orilla de un poste de luz y de un pequeño árbol que están sobre el boulevar, al frente del tercer callejón  del Barrio Unión Soviética (este Barrio está ubicado a la izquierda de la pista, circulando de Sur a Norte); a uno de ellos lo tenían amarrado al arbolito. El CENIDH constató la existencia de manchas oscuras en el suelo, aparentemente de sangre.

* En la primera entrada a Rubenia (Reparto ubicado mano derecha de la pista), estaba el Subcomandante Lezama al mando de los antimotines, éstos se ubicaron al costado sur del muro del Hotel Estrella.

* Frente al hotel, junto a la distribuidora de Construcción (DIMAT-CON), hay un taller de torno y soldadura, y una vulcanización, sector del cual presuntamente fue evacuado el policía.

* Los dos cooperativistas muertos cayeron a la entrada de la Ferretería y Materiales de Construcción Santana, frente al muro que separa ésta del Hotel, a dos pasos aproximadamente de un poste de luz que se encuentra en ese lugar pudimos apreciar una mancha oscura, grande, aparentemente de sangre, donde se nos dijo cayó Franklyn Borge y un rastro de sangre como de tres metros donde fue arrastrado al tratar de sacarlo, y otra macha grande oscura donde aparentemente hubo un charco de sangre, ahí nos informa el testigo, cayó Enrique Montenegro.

* En el muro del costado Norte de dicha ferretería, se encontró un oficio de bala, la que según un trabajador del lugar de nombre Salvador Castillo, la recogió otro empleado; presumiendo además que el mismo disparo quebró una paleta de vidrio en la caseta de entrada.

* Cajina respecto al orden de los sucesos, reafirmó que “los primeros que caen son los heridos del palito, después los del Parrales y en un tiroteo posterior cae el policía. Esto impide que se asalte al Parrales, él escucha a Lezama ordenar la retirada y decir: se suspende la acción, hirieron a una gacela, retirada, retirada”.

* La periodista Gabriela Guevara, quien realizaba su trabajo, en su entrevista confirma que las primeras personas detenidas que observó, son los que la Policía tenía a la orilla de un árbol sobre el boulevar, que uno de ellos presentaba una herida en la cabeza producto de un culatazo y el otro estaba amarrado.

Refirió que ella permaneció en el lugar algunos momentos a petición del herido, pues éste temía por su integridad física. Asimismo Gabriela denunció la obstaculización violenta por un antimotín de la que fue víctima el camarógrafo que la acompañaba, hecho que fue captado por la cámara.

* Agregó la periodista Guevara que después de los primeros disparos, es que ella se da cuenta que están heridos los cooperativistas del Parrales-Vallejos, que luego hubo un receso de disparos como de 20 minutos, escuchó un nuevo tiroteo y se entera de que hay un policía herido, sin precisar exactamente el lugar donde cae.

  1. f) Inspección Ocular en las instalaciones de la Cooperativa Parrales-Vallejos; Observaciones a la realizada por la Policía los días 23 y 24 de mayo e inspección del CENIDH del 28 de mayo.

*** El 18 de mayo a las 1:15 minutos de la mañana el CENIDH realizó una Inspección Ocular en las instalaciones de la Cooperativa en donde se comprobaron los siguientes daños:

–Cuatro buses (códigos No. 2069, 3037, 3057 y 3070) presentaron orificios de bala en diferentes partes, con vidrios y ventanas quebradas.

–Un camión marca IFA (placas MQ0879, utilizado de taller móvil) con perforación de bala en el guardabarro izquierdo de las llantas traseras, 2 disparos en su parte superior trasero, uno de estos disparos perforó la cabina de dicho camión.

-Un contenedor de metal que presentaba 5 perforaciones de bala.

–Al finalizar la inspección, el CENIDH fue  informado por los dirigentes de la Cooperativa Parrales Vallejos, que sus 17 cuñas telefónicas fueron cortadas, encontrándose incomunicados.

*** La inspección técnica de la Policía estuvo dirigida por el Subcomandante Sergio Cáseres y el Capitán Mauricio Rojas, jefe del Laboratorio Central de la P.N.

El primer día el equipo policial estuvo integrado por 8 agentes, que constataron los impactos de bala que tenían las unidades de buses, el camión IFA y el contenedor referidos en la inspección que efectuó el CENIDH.

También comprobaron la existencia de disparos en un palo (árbol) de mango que está contiguo al contenedor mencionado, en los lugares antes señalados los policías se limitaron a realizar tomas fotográfícas

Por nuestra parte pudimos observar que los orificios de bala descritos se ubican en el sector sureste de las instalaciones de la Cooperativa.

*Casi al oscurecer, se encontró una máscara antigás de las que utilizan los antimotines, ésta se halló en el suelo, en las afueras de la  Cooperativa, a la orilla de la malla, exactamente en la esquina sureste. Los agentes policiales procedieron a levantarla, lo que hicieron sin ningún cuidado técnico, por lo que en el acto, la señora Marta Guido, esposa de Enrique Montenegro reclamó enérgicamente, señalando que debían embalarla para conservar cualquier tipo de huella.

– El martes 23 de mayo, a las 9 am. inició el segundo momento de la inspección, ahora con la participación de 15 agentes de la Policía, asistidos de 4 perros-policías, filmador y cámara fotográfica.

* Un equipo cortó las ramas gruesas del palo (árbol) de mango referido encontrando dos balas (una ordinaria y la otra trazadora). Una de las ramas fue totalmente cruzada y cortada por el impacto de bala, lo que imposibilitó encontrarla.

En el contenedor que recibió 5 disparos se encontraron dos balas trazadoras. Al igual que los impactos en las Unidades, las balas tienen una dirección de origen, del sector sur de la Cooperativa.

* En la inspección del techo del galerón del Taller Central de la Cooperativa, que tiene dos niveles de altura, pudimos constatar que en el nivel más alto, donde hubo que hacer uso de una escalera grande, no se encontró ningún casquillo o cualquier tipo de indicio que indique que desde esa altura, se haya disparado.

En la plataforma metálica que hace de pared a ese nivel, se encontró  un orificio con entrada y salida, y con rebote final en un perlín (sin salida). El orificio está en el frente (Noreste) del galerón, a 2.68 Mts.  del primer techo.

En el nivel bajo del galerón se encontró un orificio a 81 cm.  de alero Este; hallándose una bala de AK ordinario, al interior de la bodega de repuestos Mercedes Benz. Cabe señalar que dicha bala estaba envejecida, totalmente oxidada, con sarro, haciéndose constar en la inspección.

* También se verificó impacto de bala en el penúltimo poste hacia el sureste de las instalaciones, a un metro del mismo están dos tubos metálicos que sirven de marco en el enmallado, con impactos, uno de ellos está completamente perforado; el otro no.

En ese sentido los cooperativistas expresaron que había un alambre cortado producto de una bala proveniente del exterior, hecho que los agentes desestimaron.

* En el techo de una caseta ubicada en la esquina Sureste, se encontraron tres (3) miguelitos, que claramente se observan envejecidos de estar en dicho lugar porque existe abundante sarro que marca la forma de los mismos en el techo; y así se hace notar a los agentes por parte de los cooperados que participaban en la inspección.

* En las afueras de la Cooperativa, en el sector Sureste, se encontraron unos 16 casquillos de Fusil AK, los que estaban entre dos pequeños árboles, distantes aproximadamente a 4 metros de la pista adoquinada.

*** El 28 de mayo, un equipo del CENIDH  realizó una tercera inspección en las instalaciones de la Cooperativa Parrales-Vallejos y en las afueras de la misma, en la que pudimos precisar

lo siguiente:

* Que los impactos de balas recibidos por las unidades de buses de la Cooperativa Parrales Vallejos, el contenedor, camión IFA, el árbol de mango, caseta ubicada en el Sureste de la Cooperativa; así como los recibidos por los tubos metálicos de la parte frontal del enmallado externo de las instalaciones; provenían del sector Sureste en dirección noroeste hacia la Cooperativa.

* La principal  concentración de fuego que recibieron las instalaciones de la Cooperativa se encuentra en un ángulo que cubre un espacio aproximado de 40 metros cuadrados. El fuego de fusilería provino principalmente desde el Sureste, por toda la parte frontal-sur.

Por la forma de penetración de los impactos y la altura de los mismos, que no excede las 180 pulgadas de altura, se pudo establecer que los disparos provienen de una posición de tiro en tierra horizontal.

Evidentemente no lograron desarrollar su capacidad de desplazamiento, por lo que su penetración no es profunda. Esto indica que para realizar tales disparos las fuerzas policiales tuvieron que estar a una distancia muy próxima a las instalaciones de la Cooperativa Parrales Vallejos, calculada de 40 a 80 metros.

* Esto último lo comprobó el Centro al encontrar casquillos de A.K. a 40 metros al Sureste sobre el impacto del punto inspeccionado. Además cuando se realizó esta tercera inspección los testigos Adolfo Estrada Ruíz y Diego Tapia Morales señalaron que la Policía se parapetó en 2 viviendas que están contiguo al lado Norte de la Ferretería Santana ubicadas a 80 metros del área impactada, desde donde se realizaron muchos disparos hacia las instalaciones del Parrales-Vallejos.

La dueña de una de ellas nos relató que al día siguiente recogió aproximadamente 30 casquillos, los que tiró a la basura.

* Excepcionalmente el orificio con entrada y salida que recibió la parte frontal de la plataforma metálica que sirve de pared-este al nivel más alto del galerón central de la Cooperativa, por su forma de penetración (horizontal),  y a la altura de 6.3 metros, responde a un disparo proveniente del Sureste, con una altura similar o mayor, es decir, que no se pudo haber realizado desde el suelo.

En definitiva, en las instalaciones de la Cooperativa, no se encontraron indicios que nos hagan considerar que desde este lugar se haya disparado arma de fuego.

Al respecto, es importante destacar que en dirección a los sectores en que se encontraban las fuerzas policiales, no se hallaron orificios de bala, excepto en el muro Norte de la Ferretería, en la Caseta del vigilante de la misma y en la caseta que está en el embaldosado de la entrada de dicho lugar.

Estos disparos por el curso de desplazamiento que presentan Suroeste a Noreste, no pudieron haber sido disparados del Parrales Vallejos, sino del lado oeste del By-pass, en donde según testimonios de pobladores avanzó una de las columnas de la Policía Nacional.

g) Dictámenes médicos

Los dictámenes médicos nos fueron  suministrados a petición nuestra por la Oficina de Relaciones Públicas de la Policía. En los mismos se refleja que no se practicó autopsia a ninguno de los cadáveres, únicamente reconocimiento superficial por parte del doctor Walter Cuadra Aragón, los que no son suficientes para sustentar una buena investigación.

La Teniente Primero de la Policía Nacional Marta Lorena Guido, esposa de Enrique Montenegro, quien estuvo presente durante el reconocimiento médico legal al cuerpo de su esposo, afirma que el proyectil extraído al cadáver era de trazadora, lo que también le fue expresado verbalmente por los policías que investigan  el caso y el forense mismo.

La señora Guido en el testimonio brindado al CENIDH  expresó que varios médicos forenses se negaron a presentarse al hospital a practicar el examen correspondiente, por lo que siguiendo la sugerencia del morguero fue a buscar al Dr. Cuadra Aragón, quien le cobró por adelantado sus servicios. La señora nos mostró el recibo extendido por el referido doctor por la cantidad de un mil córdobas.

 No puede dejar de mencionarse este lamentable hecho dado que los médicos legales son funcionarios de la Corte Suprema de Justicia, y es ésta quien les paga un salario de manera que no pueden cobrar por lo que están obligados a hacer.

 Conclusiones

Contexto General

1- Los sucesos ocurridos el 17 de mayo en los alrededores de los semáforos de Rubenia, se enmarcan en las acciones de protesta que desde el 8 de mayo de 1995, están desarrollando diferentes sectores de la sociedad nicaragüenses para expresar su inconformidad con el deterioro general de sus derechos económicos y sociales y exigir al gobierno de la presidenta Violeta Barrios de Chamorro que inicie un proceso de negociación alrededor de los siguientes problemas:

Altas tarifas de agua y luz, el precio del combustible, la inseguridad jurídica en la propiedad, la falta de crédito para los productores, la carga impositiva, el desempleo y los salarios insuficientes y en general el ordenamiento del sector de Transporte.

El descontento popular desarrolla en una crisis económica agudizada, con tasas de desempleo de aproximadamente 60% y la gran mayoría de la población está viviendo niveles de pobreza desconocidos en Nicaragua.

El gobierno, en vez de atender la problemática que presenta esta protesta, sigue enfrascado en una lucha interinstitucional entre los Poderes del Estado, lucha que pasa muy por encima de los intereses de la población y que, ante todo, es producto de las ambiciones políticas y personales de los protagonistas que han originado la crisis. Lejos de buscar alternativas de solución y de entrar en un proceso de diálogo y negociación con los sectores demandantes, el gobierno ha diseñado una estrategia para descalificar e impedir la protesta popular.

Nueva Estrategia de la Policía Nacional

2- Nadie duda de que es responsabilidad de la Policía Nacional preservar el Orden Público, pero en cumplimiento de este deber está también obligada a proteger la vida, la integridad física y la seguridad de las personas.

Sin embargo, las últimas actuaciones policiales para enfrentar el desarrollo de la protesta popular, reflejan una tendencia creciente a desestimar los métodos de persuación o disuación y a utilizar otras medidas que ponen en peligro la vida e integridad física de las personas, nuevas medidas que ya antes de los hechos de Rubenia se habían manifestado en varias ocasiones.

En vez de actuar para preservar el Orden Público en el momento de los hechos, la Policía recurrió a métodos de represión selectiva sobre los dirigentes del movimiento social, pretendiendo golpear a las cabezas visibles para disuadir a las bases a no participar en la protesta. Las medidas intimidatorias aplicadas van desde hostigamientos y amenazas de detención legal a dirigentes en los Barrios, hasta numerosas detenciones de los manifestantes en los lugares en que éstos se concentran.

En tal sentido, la detención del Sr. Emet Lang S., dirigente de una organización política que públicamente ha manifestado su respaldo a la protesta, constituye una franca manifestación de persecusión política.

Su detención, aunque se efectuó poco después de los hechos de Rubenia, obedeció a consideraciones ajenas a éstos, como quedó comprobado, cuando después de estar detenido por 8 horas, el jefe de la Policía Nacional expresó que fue puesto en libertad porque no existían razones para su detención, reconociendo implícitamente la violación a la libertad individual de la que fue víctima el Sr. Lang.

En la escalada de violencia descrita los incidentes ocurridos en los semáforos de Portezuelo, donde el 16 de mayo de 1995 la Policía hizo uso de armas de fuego para disolver una movilización hiriendo de gravedad a un manifestante, demuestran un significativo cambio en la forma de enfrentar este tipo de situaciones.

 Características del operativo militar en Rubenia

3- La mayoría de los testimonios recibidos y los vídeos que sobre los incidentes de Rubenia tomaron algunos medios de comunicación y que están en nuestro poder, evidencian que la Policía, después de cortar la luz en todo el sector, desarrolló un operativo militar, sin escatimar medios, al desplegar un gran número de agentes y usar luces de bengala, bombas lacrimógenas, disparos de balas de fusil AK, incluso trazadoras.

Llama la atención haber visto en los vídeos a policías portando morteros caseros, tal como si dicho artefacto fuese un nuevo armamento oficial de las Fuerzas del Orden Público. Los testigos afirman que el despliegue policial partió de tres direcciones simultáneas– semáforos de Rubenia, entrada Oeste de Rubenia y el Barrio Unión Soviética–, con lo cual lograron garantizar relativamente la libre circulación sobre la vía, y en la práctica rodear las instalaciones de la Cooperativa Parrales-Vallejos.

El operativo policial originó pánico generalizado en los pobladores aledaños a la Cooperativa, que fueron víctimas de los efectos de los gases lacrimógenos, y cuyas familias y principalmente los niños estuvieron expuestos al peligro, al ser invadidos los patios de sus casas la mayoría de madera, desde donde la Policía disparaba. La presencia policial intimidatoria perduró hasta las primeras horas de la mañana del 18 de mayo. Los testimonios reflejan que la Policía realizó en el interior del Barrio Unión Soviética detenciones arbitrarias en contra de pobladores a altas horas de la noche, resultando detenidas ocho personas quienes, según los testigos, no participaban en la protesta. También fue detenido en la mañana del 18, un trabajador de la Empresa SERVIPRIN ubicada en el mismo barrio, cuando se dirigía a su centro de trabajo.

Es sumamente preocupante que, según los testigos, en todas las detenciones la Policía actuó con violencia, cuyo ejemplo más evidente fue el maltrato que recibieron los detenidos frente a la Ferretería y Materiales de Construcción Santana, donde la Policía tenía ubicado un puesto de detención. La Policía golpeó violentamente a las personas que tenía detenidas allí; además, una vez que finalizaron los disparos, dieron igual tratamiento a cualquier persona que pasaba por ese lugar.

El carácter intimidatorio y la arbitrariedad de las detenciones de los pobladores, se demuestra claramente en el hecho de que según información de la Policía, del 22 de mayo, del total de 25 personas capturadas en los sucesos de Rubenia, a esa fecha habían sido liberadas todas.

Todo esto evidencia que en el curso del operativo la Policía violó el principio de la proporcionalidad, que deben tener las medidas policiales, al exponer al peligro la vida, integridad física y seguridad personal de los pobladores de los barrios aledaños al sector de Rubenia.

Graves Resultados

  1. Como resultado de los hechos referidos resultaron 3 personas muertas de bala: los trabajadores de la referida Cooperativa Franklyn Benito Borge Velásquez y Enrique Montenegro Estrada, que cayeron en la acera, delante de la Ferretería y Distribuidora de Materiales de Construcción Santana (contiguo al Hotel Estrella) y posteriormente el policía Pablo Ezequiel Valle Olivares, quien cayó cerca de la esquina Sureste, delante de la Cooperativa. Además resultaron heridos los cooperativistas Marcos Cano, Juan Ampié y Aaron Salmerón, así como el Teniente Primero Juan Valle Valle.

Responsabilidades

  1. Respecto al momento en que se iniciaron los disparos de armas de fuego, existen diferentes versiones:

El Director de la Policía Nacional afirma que la Brigada Especial actuó para responder a una agresión con morteros caseros de parte de los manifestantes, asegurando que éstos iniciaron los disparos de armas de fuego y que la Policía solamente respondió los disparos para defenderse y sacar al policía herido.

Tales afirmaciones se contradicen con los resultados de la presente Investigación:

Sin desestimar el ambiente que existía en la marcha, porque ya antes de que la Policía iniciara su operativo, había sido lesionado por un mortero el Teniente Primero Juan Valle Valle, la gran mayoría de los testimonios coinciden en afirmar que fueron los agentes del orden quienes dispararon sus armas, afirmando que la manifestación de pobladores y cooperativistas del Parrales-Vallejos se desarrollaba pacíficamente, hasta que algunos manifestantes comenzaron a quitar adoquines para hacer barricadas, quemar llantas y tirar morteros al aire.

De igual manera la mayoría de testigos señala que los manifestantes únicamente andaban morteros y que no portaban ningún tipo de armas de fuego. Solamente una testigo dijo haber visto a alagunas personas con armas cortas.

Los cooperativistas mismos en sus declaraciones aceptan haber lanzado morteros, pero categóricamente niegan que hayan disparado con armas de fuego y coinciden con pobladores u otras personas ajenas a la protesta, en afirmar que la Policía fue la que hizo disparos con armas de fuego.

La periodista Gabriela Guevara y el fotógrafo Jairo Cajina, que estuvieron presentes durante todo el operativo, expresaron claramente en entrevistas con el CENIDH, que primero cayeron los cooperativistas Borge y Montenegro y fue hasta después que resultó lesionado el policía Valle Olivares que luego falleció.

Esto es reafirmado por el celador nocturno del sector, quien afirma que vio abrir fuego a la Policía, del lado de los semáforos de Rubenia, la gente se replegó, otro grupo de policías salió posteriormente de la calle de Rubenia y llegaron hasta el Parrales Vallejos, y que en unos cinco minutos vio que llevaban al policía herido, caminaba todavía, ayudado por dos compañeros.

El policía fue herido cuando ya las fuerzas policiales habían pasado por el sector donde cayeron los dos cooperados, de manera que el ataque policial no respondió a la intención de sacar a su compañero.

El despliegue y ubicación de la numerosa fuerza policial y los medios empleados en el operativo militar descrito, hace pensar que la Policía no actuó tan espontáneamente y sólo para responder. Más bien parece indicar su decisión de tomarse las instalaciones de la Cooperativa, para lo cual avanzaron desde diferentes sectores.

De lo contrario, cómo se explica entonces, que los efectivos participantes en el operativo anduvieran y usaran luces de bengala y balas trazadoras, medios propios de otro tipo de fuerza y para otro tipo de situación, si la Policía misma reconoce como técnica policial: escudos, bastones, balas de goma, como los implementos debidamente autorizados para cuerpos policiales especializados, de acuerdo a los preceptos relativos a la materia.

Todo parece indicar que la operación no tenía como finalidad restablecer el Orden Público presuntamente alterado por una manifestación, sino que se trataba de un operativo planificado, en el que la Policía actuó selectivamente contra los que tenían morteros, los que previamente eran ubicados con luces de bengala. Sólo así se explica que con la cantidad de balas disparadas por la Policía, no hayan resultado mayor número de manifestantes heridos, ni se encontraran más huellas de impactos.

5b. Sobre la presunta autoría de las muertes que se produjeron, la versión del Jefe Nacional de la Policía en conferencia de prensa del 19 de mayo, presumiendo que los disparos provenían de la planta alta de las instalaciones de la Cooperativa Parrales-Vallejos, fundamentando sus afirmaciones en los dictámenes forenses que señalaban que los cadáveres presentaban disparos de arriba para abajo, no son aceptables y denotan una valoración parcial a priori.

Primero porque los dictámenes médicos son muy incompletos y deficientes, resultan poco confiables ya que no se practicó autopsia a los cadáveres, y segundo porque en el lugar donde ocurrieron los hechos, existen varios edificios de considerable altura.

Los resultados de la Inspección Ocular realizada por la Policía el 22 y 23 de mayo, en la que el CENIDH fungió como testigo, comprueba que en las instalaciones del Parrales-Vallejos no se encontraron casquillos de bala, incluyendo el techo del galerón central, que es la parte más alta; sin embargo, se constató que recibió cantidades de impacto de bala, disparadas precisamente desde donde se concentraron las tropas policiales, tanto en su parte frontal a escasos 40 metros y desde el sector Sureste, lo que además es ampliamente sostenido por los testimonios de los vecinos del lugar.

* No hay dudas de que los disparos que dieron muerte a los dos miembros de la Cooperativa Parrales-Vallejos, provenían de los sectores ocupados por los policías, desde donde les dispararon selectivamente a como ya se dijo. No encontramos evidencias de que por su parte los cooperativistas hayan utilizado armas de fuego, hecho demostrado con la inexistencia de perforaciones en los sectores en que se encontraban las fuerzas policiales.

La señora Marta Guido, esposa del cooperativista Enrique Montenegro, declaró que estuvo presente en el momento del reconocimiento médico legal, y vio que al cadáver de su esposo le fue extraído un proyectil de trazadora, de fusil AK, tipo de armas y balas que fueron utilizadas por la Policía en el operativo.

*Según los testimonios recabados por el CENIDH al respecto, el policía Valle Olivares cayó herido cerca del enmallado de la Cooperativa, a menos de dos metros del lugar en que se encontraron los 18 casquillos de bala de fusil AK señalados en la inspección de la Policía y del CENIDH; y cerca de donde fue encontrada la máscara antigás. Dicho lugar coincide con el ángulo en que la Policía, ubicada en la parte Sur frontal  y Sureste de las instalaciones, concentró fuego en contra de las mismas instalaciones. Además, según declaraciones testificales recabadas, había otro grupo de policías en la casita de enfrente, o sea, contiguo al costado Norte de la Ferretería Santana, disparando hacia la Cooperativa Parrales Vallejos.

Por consiguiente la Comisión Investigadora y la autoridad judicial correspondiente tendrán que determinar con precisión la autoría del disparo que mató al policía Valle Olivares.

Estigmatización

  1. El día y hora de los hechos, el Director General de la Policía Nacional se comunicó telefónicamente con el noticiero Extra-Visión y desde ese momento se pronunció públicamente al respecto.

Posteriormente otros altos funcionarios de Gobierno en los diferentes medios de comunicación  se refirieron a la situación  y a los miembros de la Cooperativa en términos acusatorios y ofensivos, imputándoles inclusive la comisión de delitos.

Esto resulta sumamente peligroso dado que ha implicado la estigmatización de un sector considerable del gremio de transportistas, estigma que se trasmite al plano individual.

Además de las violaciones a la Presunción e Inocencia que ello significa y en vista del poder que ostentan los funcionarios que de tal manera se han manifestado, expone a la animadversión de las autoridades, principalmente las policiales, a los miembros de esa Cooperativa Parrales Vallejos.

Las declaraciones precipitadas mencionadas dejan temer por una correcta e imparcial administración de justicia, una vez que la Comisión gubernamental constituida para investigar los hechos, haya terminado su labor.

Deficiencias en la Investigación Policial

  1. Preocupa al CENIDH la negligencia en aspectos técnicos que pudimos observar en cuanto a las primeras diligencias policiales, las que no podemos dejar de mencionar:
  2. No preservaron el lugar

b)No quisieron someter a examen de balística las armas que utilizan los vigilantes de las instalaciones del Parrales, a pesar de haberlo solicitado la misma noche de los hechos, el directivo de la Cooperativa Carlos Palma Alvarado, quien aseguró que no tenían armas y le pidió a la Dra. Núñez trasmitiera su petición al Sub-comandante Lezama, lo que efectivamente se hizo.

c)No se practicó autopsia a los cadáveres, nisiquiera se les tomaron radiografías que permitieran observar la trayectoria del proyectil, lo que resulta inexplicable dada las graves circunstancias en que perecieron las víctimas.

  1. d) No se embaló la máscara antigás encontrada frente a la maya, (hacia el Sur), de las instalaciones de la Cooperativa.

Tales deficiencias no permitirán que se establezcan con certeza algunos aspectos de vital importancia, que debieron ser aclarados en la Investigación.

Recomendación

  1. El CENIDH considera que la violencia con que se desarrollaron los incidentes de Rubenia y sus graves resultados, han creado un ambiente de tensión e inseguridad en amplios sectores de la población, por lo que se hace necesario que se efectúe una investigación con la mayor profesionalidad posible.

Para fortalecer la objetividad e imparcialidad que debe caracterizar el trabajo que desarrollará la Comisión gubernamental constituida para tal fin, éste debe ser ampliada con expertos independientes, y los funcionarios que actualmente la integran, no deben subordinarse en ejercicio de su investigación a las directrices de sus superiores jerárquicos, sino convertirse en auxiliares de la autoridad judicial competente.

Managua, 1 de junio de 1995.

Centro Nicaragüense de Derechos Humanos.

Aquí termina la investigación y valoración del CENIDH, la cual muestra, por medio de los hechos, cómo fue creciendo el odio visceral entre algunos jefes policiales y funcionarios gubernamentales en contra de la Cooperativa Parrales-Vallejos por el “delito atroz” de mantenerse sus miembros fieles al Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Veamos las versiones periodísticas de El Nuevo Diario y BARRICADA sobre estos hechos, publicadas el día 18 de mayo, un día después de esta otra masacre del gobierno chamorrista, jefeado por la “dulce señora” doña Violeta Barrios viuda de Chamorro.

El Nuevo Diario tituló a ocho columnas: “Muertos en Rubenia”, gases lacrimógenos, disparos y golpes en violenta disolución de manifestantes”.

Abajo, a seis columnas, tituló: “Atacada a balazos la “Parrales Vallejos”, A media noche, la Policía rodeaba instalaciones de la empresa busera”.

BARRICADA tituló a ocho columnas en letras grandotas: “Violeta culpable°; Dos muertos y numerosos heridos durante feroz ataque de los antimotines; Fue una fría masacre, manifestación estaba a punto de concluir”.

BARRICADA puso un asterisco bajo el título: “La protesta nacional contra el alza en las tarifas de los servicios básicos y el desempleo se tiñó de sangre anoche en Managua; policías arremetieron contra reclamantes”.

En la parte superior, BARRICADA colocó otra información sobre el mismo tema de las protestas: “Miles se toman las calles en todo el país; En El Viejo la gente se tomó la Alcaldía”.

Estas informaciones de los dos diarios nacionales estaban acompañadas de las fotografías de los muertos a tiros por la Policía.

La información principal de El Nuevo Diario, decía lo siguiente:

“Dos manifestantes murieron, un policía resultó gravemente herido y al menos cinco personas más sufrieron golpes y lesiones sangrantes a las nueve y cuarenta minutos de la noche, cuando efectivos antimotines dispararon a pobladores de los distritos Cuatro, Cinco y Seis de Managua que incendiaban llantas, lanzaban proclamas contra las medidas económicas del gobierno, y arrancaban adoquines en el cruce de Rubenia.

Enrique Montenegro Estrada, empleado de la Cooperativa “Parrales Vallejos”, y Franklyn Borge Velásquez, de 26 años, vecino de Villa José Benito Escobar, son los muertos que anoche serían velados en los garajes de la citada empresa de buses, en tanto que el policía herido fue identificado como Pablo Ezequiel Valle Olivares.

Paradójicamente, Montenegro Estrada es esposo de la Teniente Marta Lorena Guido, oficial de servicio en la Estación Cinco, quien anoche lloraba y sufría desmayos en la “Parrales Vallejos” mientras aguardaba el cadáver de su marido.

En declaraciones a medios radiofónicos, el Jefe de la Policía, comandante Fernando Caldera, dijo que la fuerza pública fue la primera en ser agredida, y que se vio en la necesidad de contestar el fuego de los manifestantes cuando un agente cayó gravemente herido.

El viceministro de Gobernación, Frank César, no ofreció ningún relato de los hechos, pero en sus declaraciones a un telenoticiero responsabilizó  de los sucesos sangrientos a la “Parrales Vallejos”, sobre cuyos directivos lanzó fuertes acusaciones.

Denuncian masacre policial

Personas que telefonearon a las radios en nombre de los manifestantes, entre ellos la comandante Mónica Baltodano (diputada) y una dirigente comunal que se identificó como Auxiliadora Urbina, calificaron los hechos como una masacre de la Policía, a la que  compararon con la guardia somocista, y dijeron que los uniformados iniciaron el ataque de manera brutal y desproporcionada.

Según estas versiones, los agentes llegaron al sitio y procedieron a ocupar la gasolinera Texaco adyacente a los semáforos, de la que apagaron las luces, lo mismo que en varias casas vecinas, antes de proceder a rodear a los manifestantes.

Al sonar los primeros disparos y bombas lacrimógenas, la pequeña multitud se replegó hacia el Norte, con dirección al Hotel Estrella, momento en el que según algunos testigos, de entre los manifestantes salieron morterazos (de bazucas artesanales) con dirección a la Policía.

Nuestros periodistas, en base a testimonios y huellas de sangre, estiman que los dos muertos cayeron frente a la entrada de un gran depósito de materiales de construcción y láminas de techo ubicado hacia el lado Norte del Hotel Estrella.

En este trayecto, además, nuestros reporteros observaron a varios ciudadanos a los que la Policía mantenía acostados en el suelo, en calidad de prisioneros.

Tomás Borge en la escena

La fuerza policial que llegó inicialmente a los semáforos de Rubenia se desplazaba en tres camionetas cerradas, dos radiopatrullas y un camión IFA repleto de agentes antimotines con máscaras antigás.

Esta agrupación estaba jefeada por un capitán o un Subcomandante de apellido Barrantes, quien poco después de los sucesos declaró que en la “Cooperativa Parrales Vallejos” había gente armada y atrincherada.

No obstante, esta versión fue refutada por la presidenta del CENIDH y por varios periodistas que penetraron a evaluar  la situación en los garajes de la citada cooperativa, donde más bien se iniciaban preparativos para velar a los muertos.

A la “Parrales Vallejos” también penetró en un momento dado el ex-ministro del Interior, Comandante Tomás Borge Martínez, quien dijo andar presentando el pésame del FSLN a los transportistas, y repitió un llamado que anteriormente había hecho a la Policía para que se abstuviera de agredir a la población manifestante”.

La otra información de El Nuevo Diario, expresaba:

“Mientras los escuadrones de antimotines, comandados por el Subcomandante Manuel Lezama, estaban desplazados desde los semáforos de Rubenia hasta el cruce de Bello Horizonte, los miembros de la “Cooperativa Parrales Vallejos” estaban refugiados dentro del plantel de dicha empresa de buses.

“Cámara no, porque mañana la Policía nos va a sacar de las casas”, fueron las expresiones de los enmascarados mientras penetrábamos al plantel para escuchar sus declaraciones sobre la situación.

La esposa de Enrique Montenegro Estrada, uno de los muertos en la balacera, entró a la Cooperativa casi junto con los medios de comunicación. Marta Guido es el nombre de la viuda que no pudo pronunciar ni una sola palabra al recibir la noticia del fallecimiento de su marido, y luego sufrió sucesivos desmayos y ataques de llanto.

Además de hombres, se podían notar rostros de niños y mujeres dentro del plantel. Según Carlos Lezama, quien invitó a comprobar su versión entre los vecinos, ningún balazo salió de la Cooperativa.

Relató que poco después que el personal de la Cooperativa Parrales Vallejos había entrado, las instalaciones sufrieron un ataque con balas trazadoras, que lograron alcanzar y dañar alrededor de cinco unidades que permanecían dentro.

La doctora Vilma Núñez, presidente del CENIDH, también se presentó en el local de la Cooperativa y llamó a la cordura a las partes en conflicto, sin embargo, a eso de las doce y media de la noche la Policía Nacional  ya estaba también rodeando la parte trasera de las instalaciones.

“Es un problema histórico y todo lo que sucede siempre nos lo van a achacar a nosotros”, subrayó Lezama, quien añadió que minutos antes del enfrentamiento ellos le habían quitado las armas de reglamento a los CPF de la Cooperativa para evitar este tipo de problemas.

Una de las secretarias de la  Cooperativa de transporte denunció que la Policía la había agarrado a la fuerza, pero que fue liberada en forcejeo por uno de los conductores.

Unos niños de los que permanecían dentro de las instalaciones dijo a El Nuevo Diario que “la guardia” (la Policía) disparaba como que estuvieran en “tiempo guerra, como que fuéramos recontras o delincuentes”.

La Policía mantenía detenida a unas seis personas en una casita cerca de la mencionada Cooperativa, los que fueron golpeados, obligados a tirarse al suelo y después los taparon con hojas secas”.

La información principal de BARRICADA, señalaba:

“Anoche, en Managua, una marcha pacífica desarrollada en el marco de la protesta nacional, fue atacada a tiros por fuerzas antimotines, que ocasionaron dos muertos y por lo menos dos heridos.

Los muertos identificados como Franklyn Borge Velásquez y Enrique Montenegro Estrada, empleados del Área de Operaciones e informática de la “Cooperativa de Buses Parrales Vallejos”.

Borge murió con la cabeza destrozada por un disparo mientras Montenegro fue acribillado a tiros que le perforaron los costados.

Ambos cayeron media cuadra al Sur del Hotel Estrella. Carlos Palma Alvarado, directivo de la Cooperativa, dijo que la marcha se desarrollaba pacíficamente cuando de pronto fueron atacados por los antimotines.

“Franklyn y Enrique cayeron muertos y varios heridos que quedaron sobre la vía fueron pateados y golpeados por los antimotines”, dijo Palma.

Un testigo de los sucesos expresó que el tiroteo comenzó inmediatamente después que la energía eléctrica fue cortada en la zona (en la gasolinera).

Los antimotines hicieron por lo menos un millar de disparos en los primeros minutos”, añadió Palma Alvarado.

El sindicalista insistió en que la manifestación se desarrollaba tranquilamente, con la quema de llantas que usualmente se estila en estas protestas.

“Yo culpo directamente a la presidenta Violeta Barrios de Chamorro por la muerte de estos dos compañeros y las heridas que sufrieron otros”, agregó molesto Palma Alvarado.

El dirigente de la “Cooperativa Parrales Vallejos” aseguró que todos los integrantes de la marcha estaban desarmados.

“Fue una verdadera masacre contra gente indefensa”, afirmó Palma Alvarado.

Hasta la media noche de ayer, la Policía no había brindado un informe oficial sobre lo ocurrido. Extraoficialmente se dijo que un efectivo policial resultó herido gravemente”.

La otra información de BARRICADA, decía lo siguiente:

“La absoluta irresponsabilidad del gobierno de Violeta Barrios al haber impartido la orden represiva que recibió la Policía Nacional, contra el pueblo que protesta por las medidas económicas, se puso de manifiesto anoche en Rubenia, cuando más de cien efectivos antimotines y boinas rojas crearon un cerco a los manifestantes y atacaron sin piedad a mujeres, jóvenes y adultos.

Eran las ocho y treinta, cuando un grupo de manifestantes del Barrio Ariel Darce recorrían pacíficamente la calle en dirección a Rubenia, y quemaban llantas.

Mientras, en el propio semáforo de la Colonia 14 de Septiembre, pobladores de ese vecindario, de los Barrios Libia, Unión Soviética y Nicarao se dedicaban a montar barricadas con adoquines, ramas y basura.

Poco después se hicieron presentes varios camiones con antimotines y tres “zarandas”. Prácticamente se tomaron la gasolinera, ordenando que apagaran las luces para montar su operativo y desplegarse en los alrededores de los barrios mencionados.

Los organizadores del sector, ante la presencia policial habian dispuesto retirarse después de realizar un mitin. Sin embargo, no tuvieron tiempo, porque  al juntarse los que llegaban del Barrio La Fuente, debieron salir en desbandada al escucharse los primeros morteros, bombas lacrimógenas y tiros desperdigados.

Los antimotines se desplegaron en avanzada contra los manifestantes en dirección  a la “Cooperativa Parrales Vallejos”, lanzando luces de bengala para hacer blanco en la gente.

Mientras, otro grupo de policías  se dedicaba a hacer una redada en contra de un grupo de espectadores que se encontraban en un callejón de la 14 de Septiembre.

Un grupo de jóvenes fue apresado violentamente y golpeado con “amansalocos”.

Sobre la pista, la Policía avanzaba disparando y posesionándose de toda la calle, mientras del otro se escuchaban morteros que estallaban en el pavimento o en el aire.

Cuando lograron replegar al grupo hasta la entrada de la Cooperativa Parrales Vallejos, la Policía fue ordenada para cambiar de planes, y unos cuarenta de ellos fueron trasladados con el fin de reubicarlos y concentrarlos desde los dos extremos de la pista, mientras el resto se cubría con los mismos muros de la Cooperativa.

La orden nuevamente fue montar una exploración, y según versiones de uno de los comandantes de la operación, identificaron una silueta para dar inicio a un fuego cruzado, según el oficial.

El mismo comandante al tener al tener conocimiento sobre los muertos por parte de los manifestantes, expresó con desdén: “Si hay muertos, fue entre ellos mismos, nosotros sólo disparamos durante la exploración”.

La orden que recibió la Policía, según captamos por los intercomunicadores, era de penetrar hasta el portón de la Cooperativa e inmovilizar totalmente a los manifestantes que se encontraban replegados dentro del edificio con los portones cerrados, lamentando la muerte de dos compañeros.

El cambio de órdenes se registró hasta que el policía boina roja Pablo Ezequiel Valle resultó con un tiro en el pecho y fue trasladado al Hospital en estado grave.

Posteriormente, las instrucciones giraron en evitar más el avance policial y la orden de no disparar más”.

Queda claro, por supuesto, que el ataque fue planificado desde el mando supremo de las Fuerzas Armadas y desde la oficina del comandante de la Policía, Fernando Caldera Azmitia, quien, al final de cuentas, se convirtió en un vergonzoso servidor de las políticas económicas del Fondo Monetario Internacional.

La presidenta Violeta Barrios viuda de Chamorro quiso que la vieran siempre con rostro y actitud angelical, pero se llenó abundantemente las manos de sangre con las masacres de los estudiantes universitarios en las cercanías de la Asamblea Nacional y de los manifestantes mencionados, más otros crímenes cometidos en otras partes del país, mientras ella desgobernó horrorosamente al país.

Otros comentarios posteriores

Cuando hay huelga de transporte público, la Policía siempre está buscando a los miembros de la “Parrales Vallejos”. Un ejemplo evidente ocurrió nuevamente al desatarse la huelga de los transportistas en 1999.

La represión gubernamental somociana de Arnoldo Alemán Lacayo volvió a alcanzar a los “Parrales Vallejos” en 1999, año en que, además, hubo dos heridos y decenas de pobladores fueron hechos prisioneros por la Policía, cuyos mandos los acusaron de alterar el Orden Público.

Se afirma que en la Policía sus mandos tienen en el corazón y la mente la “espina” de Saúl Álvarez y Ezequiel, y por este motivo están siempre dispuestos a descargar furia contenida en contra de los “Parrales Vallejos”.

Entre los socios de la “21 de Enero” y “Parrales Vallejos”, en cambio, no existe ninguna “espina”, ni rencores, a pesar de que les han matado a varios de sus hermanos desde cuando fueron ultimados a tiros los compañeros Ricardo Vallejos y Enrique Parrales.

Las deudas y el gobierno infame

Cuando se firman los acuerdos de privatización en el Ministerio de Finanzas, se deja establecido por ambas partes (gobierno y trabajadores de la antigua ENABUS) que las deudas con el Instituto de Seguridad Social (INSS) y otros compromisos con acreedores, los debía asumir el régimen infame de Doña Violeta Barrios de Chamorro, el mismo que desató represión generalizada y muertes de estudiantes y trabajadores el 13 de diciembre de 1995.

Repito: todas las deudas de 11 millones de dólares de ENABUS las debía asumir el gobierno, según los acuerdos de privatización en favor de los trabajadores.

La verdad fue otra.

Como todas las operaciones gubernamentales tramposas de somocistas, liberales y conservadores, según demostraciones históricas, esta otra no fue diferente, pues casi inmediatamente el Seguro Social procedió a demandar a la nueva “Cooperativa Parrales Vallejos” por las antiguas deudas de la Empresa Nacional de Buses (ENABUS).

 

La deuda es millonaria y la demanda no se ha resuelto. Los acuerdos firmados dicen una cosa y el régimen conservador, enemigo de los trabajadores, hizo y hace otra cosa distinta, a pesar de que sus jefes corruptos se llenan la boca hablando del apuñalado Estado de Derecho.

Además, los otros acreedores, todos relacionados con suministro de repuestos, combustibles, llantas y papelería, procedieron a demandar a la “Parrales Vallejos” por las deudas mencionadas.

Los cálculos del gobierno conservador neoliberal somocista y proyanqui (Violeta Barrios y Alemán son la misma cosa) eran de que al producirse estas demandas judiciales y de cobros, la “Parrales Vallejos” entraría en crisis inmediata y desaparecería por completo.

Esto ha sido un sueño dorado de ambos gobiernos corruptos.

Quedarse de brazos cruzados, hubiera significado, precisamente, la desaparición para la “Parrales Vallejos”, siempre perseguida por su defensa del Frente Sandinista y de las causas justas en las calles de Managua.

Entonces, sus directivos decidieron enfrentar las demandas y comenzaron a pagar esas deudas.

Inclusive, por órdenes de ambos gobiernos de derecha a la “Parrales Vallejos” y “21 de Enero” no se les da financiamiento de ningún tipo.

No les entregan, por ejemplo, ningún repuesto para los autobuses “Isuzu” y “Pegassos”.

Tuvieron que pagar una deuda “caribe” con la petrolera Shell. Esta deuda fue contraída en la época de ENABUS como empresa del Estado antes y en 1990.

Eran casi 25 millones de córdobas de deudas. El gobierno conservador liberal somocista de doña Violeta Barrios nunca quiso volverse a sentar a negociar con los “Parrales Vallejos”, lo cual refuerza la teoría de que el odio en contra de los socios de la Cooperativa fue calculado, planeado desde el régimen de derecha.

Era necesario revisar aquellos acuerdos de privatización para que el gobierno cumpliera con el pago de las deudas, pero !nada!

Esto les obligó a asumir obligaciones que no les correspondían.

Desgaste y fermento divisorio

Esto comenzó a desgastar a la Cooperativa Parrales Vallejos desde el mismo día de su privatización.

Centavo recogido, centavo que iba para los pagos no asumidos por el maldito y criminal gobierno de Doña Violeta Barrios de Chamorro.

Al mismo tiempo, los autobuses se iban deteriorando y cayendo, quedando ya sin funcionar, sin salir a las calles, mientras continúa el acoso por las deudas tanto las del Seguro Social como las particulares.

Los autobuses en mal estado servían para extraerle repuestos y ponérselos a los que todavía quedaban en mejores condiciones de funcionamiento.

Toda esta acumulación de problemas fue, al mismo tiempo, la fermentación, el caldo de contradicciones internas, acusaciones entre dos grupos que poco a poco se vinieron perfilando en los dos Satélites principales, ubicados en las cercanías del Hotel Estrella, hasta donde la Policía llega en busca de reprimir cada que hay huelga de los transportistas en Managua.

Dichosamente, las contradicciones nunca fueron de orden ideológico, pues las acusaciones generalmente se limitaron al problema de que unos decían que se debían enfrentar estos problemas para que la Cooperativa Parrales Vallejos no sucumbiera, mientras otros opinaban lo contrario.

Todo por las elecciones de 1996

Mientras tanto, llegaron las elecciones fraudulentas de 1996 (robadas descaradamente por los liberales somocistas de Arnoldo Alemán Lacayo). Los socios de la “Parrales Vallejos” postularon como su candidato a diputado departamental a Carlos Palma Alvarado, uno de sus más connotados dirigentes sindicales y uno de los forjadores de la Cooperativa Parrales Vallejos.

“La echaron toda” para ganar las elecciones, como se dice popularmente. Pusieron, una vez más, los autobuses urbanos al servicio, en parte, de la campaña electoral del FSLN en el Departamento de Managua, sin cobrar ni un centavo.

Formaron una brigada de hombres y mujeres, la cual incluía una dotación de autobuses para la campaña electoral del FSLN en todos los Municipios de Managua.

Aunque ganaron la diputación de Palma Alvarado, una parte de los socios de la Cooperativa “Parrales Vallejos” quedaron golpeados económica y políticamente.

¿Por qué?

Resulta que gastaron grandes sumas de dinero, perdieron tiempo, mientras al mismo tiempo un grupo de socios oportunistas se aprovecharon del esfuerzo político electoral del resto, según afirma Luis Sánchez Dávila.

La zizaña se introdujo entre un grupo de socios con aguijones venenosos, como los del alacrán negro, en ese período de trabajo electoral en procura de ganar las elecciones fraudulentas de 1996.

Palma Alvarado fue empujado por la “Parrales Vallejos” hasta la Asamblea Nacional. Por ese apoyo financiero incondicional a Palma Alvarado, la Cooperativa Parrales Vallejos complicó más su situación económica interna.

En esta etapa perdió otros dos de sus autobuses, porque se descompusieron, debido a que los automotores fueron metidos a caminos en pésimo estado en todo Managua y para el lado de El Rama, Chontales y Boaco.

Esto, unido a la zizaña venenosa de un grupo de socios, introdujo una especie de campo de batalla dentro de las instalaciones de los Satélites más importantes de la “Parrales Vallejos”.

Se confiaba en ganar las elecciones nacionales y municipales en la “Parrales Vallejos”, pero la derrota electoral y las intrigas internas cambiaron el rumbo de la “Cooperativa Parrales Vallejos”.

¿Los cálculos gubernamentales de destruir la Cooperativa estaban funcionando?

La verdad es que las contradicciones internas comenzaron a corroer la unidad de la “Cooperativa Parrales Vallejos”, metida en esos momentos en un pantano de acusaciones de un grupo a otro.

Uno de los dos grupos empezó a reunirse por separado, para analizar cada uno de los ejes de acusaciones internas, sus objetivos y sus dosis de inquina por intereses ajenos a los socios de la “Parrales Vallejos”.

Inicialmente, el grupo comenzó con sólo tres compañeros. Al arribar a noviembre de 1997, el colectivo ya era numeroso, de 60 hombres y mujeres, y en diciembre del mismo año estaban tomando la decisión de que para salvar la Cooperativa Parrales Vallejos era necesario dividirla.

¡Sí! Lo increíble, ¡dividirla!

A mí personalmente me pareció descabellado dividir la Cooperativa Parrales Vallejos.

En esos días yo (Pablo Emilio Barreto P.) era presidente de la Comisión de Asuntos Jurídicos y Éticos del Frente Sandinista, y Emet Lang Salmerón, secretario político del FSLN del Departamento de Managua, me planteó la necesidad de apoyar al grupo que planteaba la división de la Cooperativa.

“La división es necesaria”, me argumentó Lang Salmerón, “porque de lo contrario desaparece toda la Cooperativa y no podemos darnos ese lujo”.

Ya en enero de 1998 el grupo promotor de la división pasaba de los 100.

Este grupo argumentaba que la entonces directiva de la “Parrales Vallejos”, presidida por Ernesto Orozco Vega, tenía planes de revancha política y de despedir a todo el grupo que seguía apegado fielmente al Frente Sandinista.

Los planes de despido estaban por ejecutarse, según se argumentó en varias reuniones efectuadas entre los días 17 y 19 de enero de 1998.

Estos despidos, según los análisis, acelerarían la destrucción de la “Cooperativa Parrales Vallejos”, por cuanto dentro de ella y en el mando de ella se quedarían elementos oportunistas, como el mismo Ernesto Orozco Vega.

21 de enero en la noche

El grupo mencionado, ya de unos 120 elementos o socios, decide formalizar la división y tomarse parte de los autobuses el 21 de enero a media noche.

La tarea de movilizar los autobuses de un satélite a otro no fue tan complicada, porque una parte del personal se había ido a dormir y debido a que ambos planteles están contiguos.

Los choferes del grupo movilizaron los autobuses, mientras el resto custodiaba o vigilaba, para que no hubiesen choques entre los dos grupos.

Al amanecer del 22 de enero de 1998, 18 autobuses estaban dentro del Satélite Norte. Esta parte de la Cooperativa fue bautizada, la misma noche del 21 como “Cooperativa 21 de Enero” en homenaje al día en que se produjo esta también famosa división.

En el otro lado, en el Satélite Sur, la sorpresa fue mayúscula porque no estaban una parte de los autobuses, y debido a que los otros socios dejaron mensajes claros de que habían decidido dividir la “Cooperativa Parrales Vallejos”.

Los 18 autobuses estaban en buen estado.

Comenzó una nueva lucha. Sostener estos autobuses de manera independiente, construir una nueva administración, eligieron una nueva directiva, nombraron personal nuevo, una hoja de rutas nueva, todo nuevo.

Eso sí, todos empezaron a trabajar gratuitamente en aras de mantener en servicio esta cantidad de unidades de autobuses urbanos de Managua.

Entre todos se procuraban la comida y el combustible, extraídas del cobro de los pasajes en las calles capitalinas, donde se producían algunas refriegas verbales entre los ahora “21 de Enero” y los antiguos “Parrales Vallejos”, encabezados por Ernesto Orozco Vega.

Durante algunas reuniones efectuadas los días 22, 23 y 24 de enero, después de la división en el Satélite Sur, de la “Parrales Vallejos” se oyeron acusaciones del grupo de Orozco Vega contra el otro, las cuales parecían ser vertidas por gente de derecha, pero con una careta o fraseología “izquierdista”, comentaba Luis Sánchez Dávila.

Allí se oían reniegues de que no querían ser “quema llantas”, que dejarían de ser “violentos”, que ya no se pondrían al servicio de partido alguno. Es decir, un retroceso ideológico abismal en relación a los dos años anteriores, recordaba Sánchez Dávila

Aquellos pleitos verbales y de argumentaciones justificativas parecían interminables en contra de los ahora “Cooperativa 21 de Enero”.

Ambos grupos tuvieron reuniones juntos y separados con dirigentes del Departamental del FSLN en su local cerca de Montoya.

Finalmente, ambos grupos fueron llamados al Ministerio del Trabajo, específicamente por Roberto Moreno Martínez, viceministro de esa cartera, quien fue dirigente sindical de la CAUS (“comunista”), convertido por el arte y magia del oportunismo derechista en funcionario del gobierno neoliberal somocista de Arnoldo Alemán Lacayo.

Se presentaron los dos grupos en pugna en el Ministerio del Trabajo, respectivamente encabezados por Ernesto Orozco Vega y Luis Sánchez Dávila.

Se sentaron en la antesala de la oficina de Moreno Martínez en el Ministerio del Trabajo. Esperaron bastante tiempo esa mañana que llegaron al MITRAB.

Finalmente los hicieron pasar a eso de las once de la mañana a la sala de conferencia del Ministerio del Trabajo, donde Moreno los conminó a ponerse de acuerdo: o división o seguir con la “Parrales Vallejos”.

Estaban citados al MITRAB sólo los antiguos miembros de la “Cooperativa Parrales Vallejos”, porque legalmente la Cooperativa estaba registrada en la  Dirección correspondiente del Ministerio del Trabajo y con una directiva legalmente electa e igualmente ubicada en registros oficiales de esta instancia estatal.

Moreno sometió el asunto a discusión de todos los directivos de la “Parrales Vallejos”, los cuales se sentaron separados en dos grupos en la Sala de Conferencias del Ministerio del Trabajo.

El grupo de la “Cooperativa 21 de Enero”, en evidente mayoría, comunicó al viceministro Moreno que estaban decididos a mantener la división.

A ambos grupos los mandó Moreno a legalizar su Cooperativa por separado.

El 19 de mayo de 1998 se estaba registrando oficialmente la “Cooperativa 21 de Enero”, según los registros oficiales del Ministerio del Trabajo.

Primero se eligió una Comisión de Trabajo, encabezada por Francisco Rodríguez. Después fue electa ya la directiva formal, a cuya cabeza pusieron a  Danilo Moreno, quien en el año 2001 continúa siempre al frente de ella.

Los otros directivos son María Félix, Ramón Ortega, Leonel Silva, Donald Toledo, Octavio y Manuel Irías

Un grupo numeroso de la “21 de Enero” considera que la “Parrales Vallejos” se dividió “por la cobardía de Carlos Palma Alvarado”.

Lo acusan de haber abandonado por completo la Cooperativa  inmediatamente después de haber salido electo diputado, diputación que le costó mil problemas a la legendaria “Parrales Vallejos”.

Este abandono, se argumenta, permitió a un grupo de oportunistas tomar las riendas de la Cooperativa Parrales Vallejos con fines realmente oportunistas.

El grupo de la “Cooperativa 21 de Enero” sostuvo su apoyo a Palma Alvarado casi hasta el final, a pesar de que también se le señalaban malos manejos de fondos en la Cooperativa “Parrales Vallejos”, la cual debe ser rescatada ahora, consideran algunos directivos de la “21 de Enero”.

Después de la división, los socios de la “21 de Enero” detectaron las anomalías internas dejadas por Palma Alvarado, “pero ya no tiene caso, porque estamos divididos”, me dijo Luis Sánchez Dávila.

Se argumentó también que por encima de estas anomalías están los intereses del Frente Sandinista y que por este motivo no iniciarían acciones legales penales contra Palma Alvarado, quien en este año 2001 todavía goza los beneficios de la diputación conquistada por la “Parrales Vallejos”.

Sin embargo, lo califican como un hombre corrupto, que jugó a supuesta limpieza con los socios de la “Parrales Vallejos”.

Al final se convencieron de que Palma Alvarado los abandonó, los echó por la borda y ahora no quieren saber nada de él.

Hasta en julio del año 2000, no se vislumbraba ninguna posibilidad de juntar nuevamente a todos los socios de la antigua “Parrales Vallejos”.

Sin embargo, ya en septiembre del 2000, se ha dicho que con la ida de Ernesto Orozco del grupo “Parrales Vallejos” es posible que todos los socios vuelvan a unirse, pues se afirma que Orozco era uno de los elementos más dañinos, divisionistas y al final inclinado hacia posiciones liberales.

La Cooperativa “21 de Enero” controla las Rutas urbanas: 108, 109 y 119.

La antigua “Parrales Vallejos” tiene a su cargo: 103, 105, 116, 117 y 118.

Un dato interesante es que las Ruta 114, la 107 y la 112 se desprendieron de la flota de ENABUS y pertenecen ahora a la Cooperativa Colón, controlada por liberales.

Estas Rutas se crearon por la “magia” neosomocista de los “delegados” de Toño Lacayo y Doña Violeta Barrios de Chamorro antes de la privatización de la Empresa Nacional de Buses (ENABUS).

Es decir, mucho antes de la privatización, el gobierno derechista ya estaba repartiendo ENABUS entre sus allegados, específicamente entre los que formaron el llamado “Sindicato Independiente”, que en realidad era el “Sindicato de los “Delegados” de Don Toño Lacayo Oyanguren y de Doña Violeta Barrios de Chamorro.

Les cobran chatarra

Desde antes de la privatización y de la división de la “Parrales Vallejos”, existen en los dos Satélites decenas de chatarras de autobuses, los cuales, !asústense¡, son cobrados por el gobierno de sinvergüenzas de Doña Violeta Barrios de Chamorro y también por Arnoldo Alemán Lacayo.

¿Cómo y por qué?

Sí, son cobradas las chatarras como si fueran autobuses nuevos a las dos Cooperativas: Ahora Parrales Vallejos y “21 de enero”.

La deuda por esos buses es de casi 11 millones de dólares, los cuales siguen siendo cobrados por malvados del gobierno, con las intenciones calculadas de que ambas Cooperativas desaparezcan.

Cobran la chatarra como si los autobuses anduviesen circulando, pero son sólo chatarras viejas sin motores, sin ruedas, !sin nada¡, únicamente se trata de carrocerías completamente llenas de sarro.

Tampoco dan permiso en el Ministerio de Finanzas para deshacerse de esa chatarra, porque en el gobierno de corruptos y saqueadores dicen que “son buses que andan caminando en las calles de Managua”.

“Es una intención política. Tosudamente, estúpidamente, quieren demostrar que los trabajadores no son capaces de administrar las empresas privatizadas a su favor”, sostiene Luis Sánchez Dávila.

Este asunto de la chatarra se han planteado en cartas y despachos con los mismos ministros del gobierno, pero es como dialogar con una mole de rocas, según los dirigentes de la “Cooperativa 21 de Enero”.

Movimiento de Innovadores

Uno de los Movimientos de Innovadores más importantes de los años 1988 y 1989 estaba en ENABUS. Eran mecánicos, electricistas, enderezadores, pintores y fabricantes de piezas metálicas en los tornos.

Uno de esos innovadores era Manuel García.

Por el bloqueo económico yanqui-imperialista que sufría Nicaragua, al país no llegaban por ejemplo, las campanas para los autobuses.

Entonces, estos innovadores las fabricaban en sus tornos. Innovaban cajas de velocidades, ejes delanteros y traseros de los autobuses.

Don Clarence Chamorro, uno de los “delegados” furibundos mandados a ENABUS por la “reconciliadora” Doña Violeta Barrios de Chamorro, mandó a desaparecer todo el movimiento de innovadores, especialmente quitándoles todos los instrumentos mecánicos y eléctricos con que hacían las innovaciones dentro de la Empresa Nacional de Buses.

Capítulo especial

Registro histórico en periódicos nacionales

Los trabajadores, los sindicalistas y, especialmente, los militantes del Frente Sandinista, ubicados en la antigua ENABUS (hoy Cooperativas “Parrales Vallejos” y “21 de Enero”, siempre participaron activamente en defensa de la Revolución Popular Sandinista.

El régimen oligárquico no hizo esperar su revancha política y mandó a 300 esquiroles armados para que se tomaran las instalaciones de ENABUS, empresa estatal modelo en la época del gobierno revolucionario sandinista.

Estos esquiroles fueron sacados de las cuevas más reaccionarias de la Central de Trabajadores de Nicaragua, una de las centrales sindicales contrarevolucionarias, fieles servidoras de las políticas imperialistas en América Latina y en Nicaragua.

Estos 300 esquiroles tenían, además, la finalidad de reprimir a los sindicalistas y sandinistas de ENABUS, sacarlos de allí, es decir, borrar todo este ejemplo de lucha por el progreso y defensa de la Revolución Sandinista.

Fue el primer gran escándalo gubernamental registrado por El Nuevo Diario  y BARRICADA, pues los “angelitos” mandados a ENABUS por don Toño Lacayo Oyanguren llegaron repartiendo garrotazos y balazos y posteriormente se vieron involucrados en grandes robos y desmantelamiento de ENABUS.

“300 esquiroles contra satélites 1 y 2 de ENABUS”, decía un titular de El Nuevo Diario de septiembre de 1990.

“Les quitan escopetas y rifles 22”, expresaba otro titular del Diario BARRICADA, refiriéndose a los mismos esquiroles enviados por la pacifista doña Violeta Barrios viuda de Chamorro.

Casi al mismo tiempo, Jaime Icabalceta, ministro de Transporte, mandó a despedir a más de 200 trabajadores, entre los cuales se destacaban los dirigentes sindicales y militantes del FSLN, se denunciaba en los mismos periódicos mencionados.

“Huelga de 178 trabajadores en satélite 7”, “Paralizadas las Rutas 105 y 107”, relataba una información periodística del 19 de septiembre.

Simultáneamente, alrededor de dos centenares de trabajadores de ENABUS se tomaron cuatro satélites, paralizando siete rutas urbanas con 140 autobuses urbanos de la capital.

Con estas acciones se demandaba iniciar un proceso de “cooperativización” de ENABUS en favor de los trabajadores y demandas de repuestos para 38 unidades de esas rutas de transporte colectivo en Managua.

Se informaba que habían sido despedidos los dirigentes sindicales de las Rutas 109, 112, 116, 117, 118 y 119, todas ellas organizadas por la antigua ENABUS. Uno de los despedidos era Roberto Meynard.

En otra información periodística del 20 de septiembre ya se demanda “el cumplimiento del convenio colectivo de trabajo en ENABUS”.

Ese mismo día, más de un centenar de trabajadores se toman varios satélites de ENABUS y desalojan a los esquiroles y “delegados” enviados por el pelón Antonio Lacayo Oyanguren.

Los responsables de las tomas de estos satélites, denuncian con abundancia de detalles la farsa “democrática” del gobierno chamorrista, que en esos momentos procedía a desmantelar más de 500 empresas estatales, despedía a centenares de miles de trabajadores, intentaba también desmantelar ENABUS e inclusive “perdonaba” a Estados Unidos los 17 mil millones de dólares por haber destruido el país con su guerra impuesta, mientras a Nicaragua le habían sido negado repuestos para los autobuses de la Empresa Nacional de Buses.

Diligente y servil, como siempre fue, don Fernando Caldera Azmitia, quien  ordenó a la Policía que fuese a desalojar de manera violenta a los trabajadores de ENABUS, que habían osado tomarse los satélites 1, 2 y 6, este último ubicado en Ciudad Sandino, donde fueron heridas varias personas por los esquiroles Denis Saavedra, Carlos Molina y Eddy Canda.

Los trabajadores que se habían tomado los satélites fueron desalojados por 400 policías antimotines. Esos antimotines se hacían acompañar por 30 esquiroles, jefeados por Carlos Huembes, jefe de la CTN y de esos esquiroles.

Una de las personas heridas fue Miguel Juárez, quien relató que trabajadores y pobladores iban en una manifestación de repudio al gobierno chamorrista cuando fueron atacados a balazos por los tres sujetos mencionados, los cuales huyeron por los montes cuando los manifestantes decidieron darles persecusión.

Por supuesto, estos atacantes quedaron impunes, como impune quedó Estados Unidos por sus ataques a Nicaragua.

Ese día 22 de septiembre de 1990 fueron hechos prisioneros 20 dirigentes del Transporte y de ENABUS, entre otros, Roberto González Gaitán, Carlos Palma Alvarado, Donald Toledo, Ramón Ortega, Edwin Delgadillo, José Centeno y Víctor Leiva.

Los policías antimotines llegaron a las cuatro de la mañana para asaltar los satélites.

Los trabajadores desalojados se volvieron a tomar las instalaciones de ENABUS y de los satélites ese mismo día en la tarde, lo cual encolerizó más a don Toño Lacayo Oyanguren, el yernazo, a doña Violeta Barrios y al jefe policial, don Fernando Caldera Azmitia.

“ENABUS al rojo vivo”, decía un titular de El Nuevo Diario del 22 de septiembre de 1990. “Mecánicos y choferes retoman ENABUS” y “controlan Rutas 109, 112, 116, 117, 118 y 119”, añadían las informaciones periodísticas.

“Gerencia de ENABUS le monta trampa a Roberto Meynard con fichas de buses”, se indicaba.

“200 trabajadores apostados en el sector de Rubenia”, “Fueron capturados Roberto González, Carlos Palma Alvarado, José Leiva, Ramón Ortega, Edwin Delgado, Donald Toledo, José Centeno y Víctor Leiva”, indicaba BARRICADA.

“Trabajadores no permiten salida de los autobuses”, “Denuncian que Clarence Chamorro está saqueando ENABUS”, “Caída flota de 250 buses en ENABUS por deficiencias de Icabalceta”, expresaba otra información periodística, la cual añadía que el gobierno revolucionario sandinista había logrado un crédito español de 11 millones de dólares, destinados, precisamente, a ERNABUS, para que fuesen mejorados los autobuses de esos días y para que se compraran unidades nuevas.

“Alertan contra maniobras divisionistas en ENABUS”, titular de periódico del ocho de octubre de 1990. La información añadía: “Los invitan a “asamblea” en Polideportivo para dividirlos y para hacer sindicato fantasma”, denunciaba Roberto González Gaitán.

Paro ya cumple 20 días, No reintegran a los 90 despedidos”, y con singular descaro en el gobierno les mandaban a decir que les darían un curso sobre cómo “privatizar” empresas.

El 14 de octubre, en uno de los periódicos se titulaba: “Sindicato de ENABUS no reconoce sentencia del Ministerio del Trabajo”, información singularmente descarada referida a que el Ministerio del Trabajo (convertido en juez) “sentenciaba que los trabajadores debían desalojar los satélites retomados por centenares de trabajadores.

Los dirigentes de la Federación del Transporte y de ENABUS sostenían, en cambio, que ya se trataba de un asunto de propiedad, es decir, de la demanda de convertir ENABUS en Cooperativa de los Trabajadores.

La “sentencia” conminaba a entregar los satélites 2, 3, 4, 6 y 7. “Pero ninguno de los satélites está tomado, porque estamos laborando normalmente, ya sin la presencia de los esquiroles y de los “delegados”, fue la respuesta de los trabajadores organizados en el  Sindicato Parrales Vallejos.

El 16 de octubre se denunciaba que los “delegados” se habían robado centenares de llantas y una enorme cantidad de repuestos de ENABUS.

Otros titulares periodísticos: “Dañan tres buses en satélites de DENABUS, Fueron quemados en el Satélite 5”, ubicado en Villa José Benito Escobar Pérez, “Otra Unidad fue dañada en Reparto Schick, Fue a las 2:30 de la mañana”, se dijo que fue sabotaje del gobierno chamorrista.

Más titulares: “Se anuncia reunión para discutir privatización de ENABUS en favor de trabajadores”, “Piden destitución de los gerentes de satélites  César Mejía, Joaquín Ruíz, Evertz González, Carlos Rodríguez y del financiero Alberto Gaitán, y por supuesto la remoción inmediata de Clarence Chamorro”.

18 de octubre, más titulares: “Gobierno cede en ENABUS, accede a reuniones y a celebrar los primeros Acuerdos”. Se relataba que uno de los primeros Acuerdos es que se reintegraban 41 trabajadores del satélite 7.

“Reintegran a directivos sindicales, retornan a otros 45 despedidos”, según titulares de periódicos del 18 de octubre de 1990.

“Devuelven las oficinas del Sindicato y firman convenio colectivo”, “Por gobierno “Chicón” Rosales Argüello y por el Sindicato de Transporte y Sindicato “Parrales Vallejos”, Roberto González Gaitán y Carlos Palma Alvarado.

Otro titular del 19 de octubre: “Acuerdan organizar Comisión Tripartita de 8 miembros”, eran cuatro de los sindicatos y por el Ministerio del Trabajo, para que recibieran formalmente las instalaciones de los satélites en presencia de la Policía.

“Suscriben Acuerdos por conflictos de ENABUS”, rezaba otro titular periodístico.

“Acuerdan que solicitud de Cooperativa se haga a la Corporación de Transporte del Pueblo”, “Reconocen vigencia de convenio colectivo, firmado el 28 de noviembre de 1989”, “Respeto a las planillas, poner a los trabajadores en sus puestos originales de trabajo, queda establecida la Comisión Tripartita, mientras la CTN hizo caravana con autobuses quemados para boicotear los acuerdos”, relataba una información periodísticas con abundancia de titulares y subtítulos referidos al asunto de ENABUS.

El 20 de octubre: “Comisión Tripartita no recibe planteles de ENABUS”, “pero se le entregó a René Vivas Lugo, jefe de la Policía”, según informaciones suministrada por Carlos Palma Alvarado, quien reitera la solicitud de que se vaya de ENABUS el tal Carlos Rodríguez, administrador del plantel de San Judas.

“Población rechaza a Eddy Canda Canda en Plantel 6, de Ciudad Sandino, porque fue el autor de los disparos en contra de pobladores en una manifestación”.

Los periódicos relataban que en este “estira y encoge” se acordó en la Comisión Tripartita el traslado de Carlos  Rodríguez y Canda Canda a otros sitios del gobierno corrompido de Ña Violeta Barrios viuda de Chamorro.

Un titular del 22 de octubre: “Reubican a ocho “delegados”, a esquiroles de la CTN y se van Carlos Rodríguez y Eddy Canda Canda”.

“Administración de San Judas asumida por Hebert Gómez”. Estas noticias indicaban que el conflicto frontal, de choques directos entre enviados del gobierno del infierno derechista y los trabajadores de ENABUS, tomaba otro rumbo.

El tres de mayo de 1991, un titular periodístico decía: “Conflicto de ENABUS sin solución”, debido a que el gobierno se había ido solo en promesas en cuanto a la privatización de ENABUS en favor de sus trabajadores.

“Trabajadores echan al Sindicato “Independiente” de la CTN”, estaba metido Toño Ibarra, quien no quería negociaciones con los “Parrales Vallejos”.

“Icabalceta se niega a recibirlos”, el titular de periódico se refería a que el ministro de Transporte no quiso recibir a los delegados del Sindicato “Parrales Vallejos”.

“Hablan con pelón Lacayo”, a quien le reclamaron la entrega de 953 llantas para los autobuses de ENABUS, más 500 mil dólares para reactivar unidades caídas.

“Lacayo les ofrece negociación con Corporación de Transporte”, pero al mismo tiempo el pelón Lacayo mandó a intervenir ENBUS “para revisar cuentas”, “por 30 días trabajadores protestaron ante COTRAP”, informaba Roberto González Gaitán.

“Anuncian “estudio” para quitarle el 50% de Rutas a ENABUS”, denuncia Javier Lacayo, gerente de ENABUS.

“Trabajadores de ENABUS bloquearon Plaza España con 100 buses”.

“Comisión Tripartita acuerda reunión preliminar el 7 de junio en MITRAB. Acuerdo salarial será retroactivo a marzo”.

Con esta lucha ejemplar, mediante “estira y encoges”, continuó la lucha de los trabajadores de ENABUS, hasta que el 5 de enero de 1993 se registra este titular periodístico:

“Suspenden fichas de subsidio en ENABUS”, eran 700,000 los beneficiarios.

“Parrales Vallejos” decide crear Cooperativa de Buses con el respaldo de 300 trabajadores”, lo cual ocurrió también en los primeros días de enero de 1993.

El resto de la Historia, no completa todavía,  se las contamos en este libro.

Leyendas de fotos…

– 1- Esta chatarra, invadida de sarro, hierbas, arbustos y árboles, es cobrada, descaradamente, por el gobierno a las Cooperativas “21 de Enero” y “Parrales Vallejos”.

-2- Donald Toledo y dos mecánicos en uno de los talleres de la “Cooperativa 21 de Enero”.

– Uno de los talleres de reparaciones de baterías en la “Cooperativa 21 de Enero”.

-4- Reunión de los socios-trabajadores de la “Cooperativa 21 de Enero” al finalizar el año 2000.

-5- Directivos de la “Cooperativa 21 de Enero”.

 

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Huracán Mitch, Huracán Mitch, causó varios miles de muertos y destrozos muy graves en Centroamérica, en 1998

Mitch:

Explotó el Casitas

Relatos aterradores sobre víctimas del Huracán “Micth” en toda Nicaragua, especialmente en Posoltega.

 

 

En primer plano y al fondo, las huellas dejadas por el alud mortal del Casitas, de cuya falda rodaron lodo, árboles y rocas gigantescas como estas que demolieron las colonias El Porvenir y Rolando Rodríguez, en Posoltega, matando a casi 3,000 personas.

  Pablo E. Barreto Pérez

Julio, 2006.

 La mayor parte de las fotos de este libro, fueron hechas por su autor; otras fueron donadas por el periodista Félix Thomas, y el resto se tomaron de las páginas de El Nuevo Diario y de LA PRENSA.

Pablo E. Barreto Pérez

La mayoría de los sobrevivientes entrevistados coinciden en afirmar que eran “entre las diez y media y las once de la mañana” del 30 de octubre, “!cuando el cerro se reventó!”, hizo un “crack” explosivo,  produciéndose un desplome o desprendimiento colosal de tierra, agua, lodo, árboles y rocas de hasta 200 toneladas, todo lo cual pasó arrollándonos como si fuese un inmenso mar de lodo negro, que de pronto se vino encima”.

Llovía copiosamente, estaba oscuro, densamente nublado, y

la visión “era un poco difícil” hacia las faldas del fatídico Volcán Casitas  o Apastepe.

Tenían dos noches de no dormir por los ruidos que producían las correntadas al bajar de las faldas y cúspide del Volcán. Esto lo consideraban “normal”, aunque repentinamente esos ruidos habían aumentado y se parecían a los de una brigada de helicópteros.

Jamás se imaginaron que podría desencadenarse un derrumbe de proporciones tan brutales, como el ocurrido el 30 de octubre, pues desde 1977, año en que se fundaron estas dos colonias, nunca se había registrado ni un desprendimiento pequeño de las faldas empinadas y sinuosas del Volcán Casitas.

Las opiniones y relatos de los sobrevivientes adultos indican que “fuimos borrados en segundos”.

“Sintieron” como que una descomunal máquina trituradora, con un poder destructor colosal, los envolvió, masacró a miles allí mismo bajo lodo, árboles y rocas, y al resto de gente la arrastró, o trasladó como sobre una sábana negra de lodo y agua rauda hacia las partes más bajas fuera de los cauces, donde quedaron atorados en el lodo, y murieron o sobrevivieron como son los casos de centenares de hombres, ancianos, mujeres y niños rescatados en medio de angustiosos gritos y  lamentos de dolor muy profundo.

Los sobrevivientes coinciden en haber escuchado inicialmente un ruido fuerte, confuso, ensordecedor,

como de numerosos helicópteros juntos, precisamente hacia las faldas o cúspide del Casitas o Apastepe.

Unos dos minutos después de ese ruido “como de numerosos helicópteros juntos”, o dos minutos y medio, escucharon otro ruido, parecido a un “crack”, seguido esta vez como “de varias brigadas juntas de tractores orugas, “los cuales como que vinieran arrancando de cuajo la tierra, las rocas y los árboles, para que se nos vinieran encima”.

Este ruido lo asocian con uno típico en el campo muy parecido al cómo se oye “la quebrazón de ramas secas cuando un tractor es echado con arado o gradas en un terreno en que se han dejado las ramas y los árboles para que la máquina las triture”.

Este segundo ruido fue el preludio inmediato a la caída del alud inmenso, que arrasó casas o les enterró bajo millones de toneladas de lodo y rocas, baja cuya infernal demolición quedaron seres humanos, animales domésticos como cerdos, perros, gatos, gallinas, gallos, caballos, ganado vacuno, fauna del mismo Volcán, maquinaria existente en los poblados, los muebles sencillos, las hamacas, los taburetes, “las patas de gallina”, las tijeras (camas plegables), los televisores, los radios, los zapatos, los pantalones, los vestidos de las mujeres y las niñas, los libros, los cuadernos de la escuela, los lápices y lapiceros, los libros, las novelas, las máquinas de escribir, los platos, los vasos, las pailas de cocinar, las cucharas, los tenedores, los fósforos, los juguetes de los niños campesinos, los clavos, las tablas, las hachas, los serruchos de los carpinteros, los martillos, los cuchillos de cocina, los machetes, las cobas, las palas, los picos, las tres camionetas particulares, los cuatro tractores agrícolas, el motor del molino, el motor del pozo comunal, los recipientes con gasolina y diesel, los perfumes y los cosméticos de las mujeres…

Las paredes de las casas fueron arrancadas por la avalancha infernal, o demolidas y envueltas en un remolino demoníaco de lodo, o arrastradas por las corrientes que alcanzaron hasta seis metros de altura y raudas iban hacia Posoltega y rumbo al Océano Pacífico, cuyas aguas, seguramente, terminaron de “tragarse” lo que ya se había “tragado” el derrumbe o desprendimiento del Casitas o Apastepe.

Casi todos los hombres, mujeres, niños, niñas y ancianos estaban en sus casitas de la Rolando Rodríguez y El Porvenir, confiados… las lluvias no les permitían salir a las huertas, para continuar labores de cultivos, o no podían ir a los centros laborales fuera de las colonias.

Mujeres, hombres y niños elaboraban el almuerzo sencillo de ese día, se dedicaban a limpiar el interior de la casita respectiva, veían televisión en la sala, escuchaban la radio, recogían agua potable, lavaban la ropa, estudiaban, meditaban o sencillamente descansaban, cuando repentinamente llegó el alud demoledor y mortal.

Con el torbellino de lodo, rocas, árboles y agua se mezcló la sangre, se diluyó esa sangre generosa de más de dos mil muertos y vivos de Posoltega. Si hubiera sido un terremoto habríamos podido ver esa sangre regada en los pisos o untada en las paredes, o pegada en la ropa de las víctimas, pero en este caso, el alud mortal hasta despojó de sus vestimentas a vivos y muertos, lo cual da una idea del nivel de violencia brutal de las olas negras bajadas del Casitas aquella mañana del 30 de octubre de 1998.

Esos dos mil, o más, murieron ahogados y tragados por el lodo infernal. Quienes se salvaron, tuvieron la suerte, aparentemente, de no haber sido golpeados por rocas y árboles, y fueron tan sólo arrastrados por el lodo, como transportados sobre una alfombra a dos, tres y cuatro kilómetros de distancia.

Todos los que se salvaron, sin excepción, salieron llenos de lodo en todo el cuerpo, y parecían espantos negros, el lodo se les había metido en los ojos, en la boca y los oídos, y salieron de los fangos desnudos o casi desnudos.

Los muertos quedaron, seguramente, enterrados unos bajo las rocas y el lodo, otros, como se supo, aparecieron prensados entre ramas de árboles, soterrados en el lodo, en los cauces, en cañales de los Pellas, o a lo mejor fueron a parar hasta las aguas del Océano Pacífico.

De igual manera, las potentes correntadas bajadas del Casitas, mediante caudales pluviales alucinantes, nunca vistos en Posoltega, arrastraron consigo los enseres domésticos mencionados, animales, seres humanos y árboles, hasta el Océano Pacífico, cuyas costas están situadas a unos 50 kilómetros al sur del Casitas.

 Según algunos testimonios recogidos, especialmente el del operador del motor para extraer agua del pozo comunal, indican que se vieron especies de “olas gigantescas, negras, deslizándose a gran velocidad hacia abajo”, tal vez a unos 80 kilómetros por hora.

Este operador dice que “aquel oleaje espantoso de lodo, rocas y árboles, dio un salto de no menos de 200 metros al toparse con una especie de colina (ubicada en la falda baja del Casitas) colindante con las colonias Rolando Rodríguez y El Porvenir”.

Desplome gigantesco

Su relato aterrador indica que esa “ola infernal de lodo, rocas y árboles” cayó encima de las casitas de las colonias Rolando Rodríguez y El Porvenir, mientras él, cuya casa no fue alcanzada por el radio del alud, gritaba desesperadamente, en un intento infructuoso por avisarle del desplome gigantesco a los vecinos de su Colonia Rolando Rodríguez.

Ante los ojos desorbitados de este operador del motor, desaparecieron en segundos las 360 familias de la Colonia Rolando Rodríguez.

Antes de presentar los testimonios referidos, debo decir que quedé profundamente impresionado al ver personalmente cómo quedó el Casitas, como si hubiese sido partido por una inmensa cuchilla desde la cúspide, pasando por sus faldas bajas, hasta llegar a la carretera, ubicada a no menos de doce kilómetros al sur.

De lejos y de cerca, el Casitas ahora parece un calvo al cual le arrancaron repentinamente el pelambre del centro de la cabeza.

Sin haber tomado medidas exactas, calculo que en la parte inicial (en la mera cúspide) el desplome puede medir unos 200 metros de ancho. Este comienza propiamente bajo la plazoleta en que fueron construidas numerosas antenas de televisión, radiales, de ENITEL, del Ejército y otras instituciones.

El sitio en que se produjo el deslizamiento inicial, tiene una pared vertical quizás de unos 20 metros de altura.

Ese pedazo termina en una especie de asiento o topón, donde se supone se empezaron a acumular agua, lodo, y rocas, antes de producirse el alud hacia las desventuradas colonias Rolando Rodríguez, El Porvenir, Las Parcelas, Torrión y El Ojochal.

De la cúspide un kilómetro abajo, más o menos, la falda se ve empinada, hasta llegar a una especie de “lomo”, donde el desplome ya alcanza aproximadamente un kilómetro de ancho.

De ese “lomo” hacia abajo, por el lado Oeste, se inicia una cárcava inmensa, de unos 20 metros de profundidad, llamada del “Mono Acostado” o “Mono Muerto”, la cual, afirman campesinos tenía de cuatro a cinco metros de honda y unos tres metros de ancha, antes del desplome.

Esta cárcava bordeaba por el Oeste a las Colonias El Porvenir y Rolando Rodríguez, las cuales, al mismo tiempo, eran flanqueadas por otro cauce enorme por el Este, es decir, en el Ojochal, donde comenzaron los rescates masivos del evangélico Alonso Rueda Aráuz y su esposa Mariana Centeno González.

En otras palabras, eran dos “puyas” o correntadas, que bajan de la cúspide del Casitas.

Existe la teoría de especialistas del Instituto de Estudios Territoriales (INETER) de que fueron dos aludes: Uno de rocas, árboles, lodo y agua, y el otro, sólo de lodo y agua.

La avalancha de rocas y árboles, entonces, bajaron por el lado oeste de la colonia El Porvenir, por la cárcava del “Mono Acostado” o “Mono Muerto”, pues en este zanjón profundo quedaron semienterradas las piedras inmensas.

En el centro y a los lados del derrumbe, hasta más o menos dos kilómetros al sur, partiendo de la cúspide, uno camina en prácticamente pura roca firme y suelta.

A unos dos kilómetros y medio al sur de la misma cúspide, uno empieza a caminar sobre una masa de lodo ya seca y fracturándose actualmente. En algunas partes, pueden verse huellas de pies humanos, en el lodo seco, como si fueran las “Huellas de Acahualinca” en Managua.

En esa misma distancia, quedaron intactos varios árboles altos, que en medio del arrasamiento se ven como “una islita alta y verde”, en la soledad de este “Valle de la Muerte”.

A partir de este lugar es también notorio, por el lado Este, que después del Huracán “Mitch” metieron tractores orugas para reparar el camino, o hacer pedazos de caminos nuevos, rumbo hacia las antenas y a la finca Bella Vista, propiedad de los Callejas, de Chinandega, quienes se apropiaron de los terrenos ejidales de Posoltega en el Volcán Casitas desde la época de la tiranía genocida del somocismo.

A partir de este sitio, uno camina por un terreno ya invadido por el lodo (ya seco), fracturas anchas en lo que fue el lodo, y gigantescos árboles arrancados por el derrumbe.

No se ven señales de vida silvestre por ningún lado, ni ratas siquiera. (Mi recorrido fue en los primeros días de noviembre de 1998).

A partir de esos dos kilómetros, aproximados, uno camina por una especie de “planicie”, que se prolonga hasta un terreno saliente, como un lomito. Me imagino fue la “colina” en que el alud dio el salto enorme que dice haber visto el operador del motor de extraer agua en el pozo comunal.

En este sitio, calculo, ya es una distancia aproximada de un poco más de tres kilómetros a partir de la cúspide del Casitas.

Avalancha de tres kilómetros de ancho

En este lugar, el ancho de la avalancha de lodo y destrucción alcanza unos tres kilómetros.

Un poco más al sur, tal vez a kilómetro y medio, empezaban las casitas de las colonias Rolando Rodríguez y El Porvenir.

Ubicado uno desde esta especie de colina colindante con las colonias arrasadas, uno puede observar un panorama un poco parecido al Cañón del Colorado (Estados Unidos), porque los cauces antiguos y nuevos fueron dejados de hasta cien metros de ancho por el alud de lodo, rocas y árboles, y profundidad de hasta siete metros en algunos casos.

Caminando por donde fueron las colonias Rolando Rodríguez y El Porvenir, Alejandro Morales Enríquez, del INETER, y yo pudimos ver que todavía andaban brigadas (compuestas por nacionales y extranjeros) quemando cadáveres.

Ese día pudimos ver enterrado uno de los motores de uno de los cuatro tractores agrícolas que habían en la Colonia Rolando Rodríguez.

Además, vimos también enterrado el motor que se usaba en el pozo comunal para extraer el agua potable que consumían las 360 familias de la Colonia Rolando Rodríguez.

Un grupo de hombres buscaban afanosamente, también, el motor del que fuera el molino de la Rolando Rodríguez. Lo buscaban entre lo que fue lodo.

Lo que más nos impresionó a ambos fue ver personalmente el tamaño de no menos de 300 rocas gigantescas, algunas de hasta 30 metros de circunferencia, acomodadas en uno de los cauces a unos 500 metros del final sur de las Colonias Rolando Rodríguez y El Porvenir.

Estas rocas inmensas, y miles de ellas de diferentes tamaños, pasaron  encima de las Colonias Rolando Rodríguez y El Porvenir, arrollando y triturando a sus habitantes.

Estas rocas inmensas y el resto de distintos volúmenes, bajaron  con el lodo del Casitas, y se quedaron en medio camino, acumuladas en el cauce del Oeste, después del deslizamiento mortal.

De la familia Sandoval, de El Porvenir, se afirma murieron 80 personas entre niños, mujeres, hombres y ancianos. Por este motivo, al verse solita, Deyanira Sandoval Salgado, de 20 años, se suicidó un mes después de la tragedia. Se envenenó con pastillas de “curar frijoles”. No soportó verse sola.

Don Manuel y Francisco Sandoval Hernández eran como los jefes de esta enorme familia de El Porvenir. De todo el familión sólo quedaron José Sandoval Hernández, tío de Deyanira, y sus también sobrinas Ana Francisca Sandoval, 20 años; Yanet Sandoval Hernández, 22 años; y los niños Léster, Luís, Bayardo y Milagros, todos menores de edad.

Se me dijo en Posoltega que de los Gutiérrez, de la Rolando Rodríguez, murieron 62 y de los Narváez 60, todos ellos “tragados” por el lodo, triturados por las infernales rocas, por árboles, o arrastrados por las correntadas gigantescas hasta el Valle de Las Mayorgas, a los cañales del Ingenio San Antonio, o llevados hasta el Océano Pacífico.

De los Gutiérrez sólo quedaron vivos Alexis, Pablo Antonio y Manuel, jóvenes los tres.

Entre los sobrevivientes de estas colonias humildes de Posoltega, es raro el o la que no perdió a ninguno de sus familiares.

Testimonios aterradores

María Luisa Laguna Rueda, de la comunidad de Santa Narcisa, situada en el comienzo de la falda Este del Volcán Casitas, donde la desgracia fue menor que en la Rolando Rodríguez y El Porvenir.

Calcula que unos dos minutos antes del alud o avalancha del Casitas, ella y su marido tuvieron una discusión extraña, debido a los ruidos que se escuchaban en ese momento.

Ella sostenía que el ruido era producido por muchos helicópteros, que a lo mejor llegaban a rescatarlos de las inundaciones que ya se estaban viendo.

Su marido, en cambio, afirmaba que “esos ruidos son del volcán…algo terrible está ocurriendo. Es el cerro, es el cerro”, insistía el campesino, mientras el intenso aguacero ahogaba cualquier claridad de los ruidos en los alrededores.

“Yo tanteo, que fue en unos dos minutos, porque fue rapidísimo, cuando yo vi y oí, ya venía abajo la correntada de agua”, relata María Luisa, refiriéndose al tiempo transcurrido entre la rara discusión con su marido y la llegada de la enorme avalancha a la Rolando Rodríguez, la cual estaba ubicada colindante al Oeste de Santa Narcisa.

“Yo sólo miraba que venía (del Cerro) una cosa negra, espesa, porque traía una altura alta, pero, claro, como era alta, yo decía que eran helicópteros, pero mi marido me dijo, “no hombre, es el cerro que explotó”, fue cuando ya nos pusimos a gritar de aflicción“.

“Dicen que esa agua que venía, era caliente, porque era fuego, posiblemente al explotar…venía caliente el agua”, añade María Luisa.

Según ella, su casita está ubicada a unos doce kilómetros de la cúspide del Casitas.

“No se miraba bien, bien, por lo mismo, que estaba oscuro, no se miraba de largo, pero claro, pero al salir así lo negro, se miró, al cambiar, que ya no era neblina, sino que se miraba oscura la neblina que venía de arriba”.

Alonso Rueda Aráuz, evangélico de 54 años, salvó casi a 80 personas. Su rancho de paja, campesino, está situado a unos 40 metros al Este de donde pasó el arrasamiento de la avalancha. Ese rancho está ubicado un poco al sureste, casi de frente, de donde estuvo la Colonia Rolando Rodríguez.

Rueda Aráuz tiene varios años de vivir en ese lugar, donde tiene una finca pequeña, con reses, cerdos, gallinas, chagüite y milpas de maíz y trigo. Conoce bien la zona, incluyendo el Casitas.

Al momento del derrumbe, ¿Qué hora era, don Alonso?

“Las diez y media… calculo yo, porque usted sabe que aquí estaba yo incomunicado, tiempo no tenía, de reloj, no tenía, pero calculo bienmente que eran las diez y media…para las once”.

Sobre el ruido “de helicópteros” y con relación al derrumbe, Rueda Aráuz agrega:

“En ese caso no sólo yo oí, oyó todo el pueblo que quedó vivo, lo escuchó… lo escuchó como modo de un ruido de helicóptero…como entre varios helicópteros…pero también se oyó como modo de un bombazo, él hizo “pum”, se reventó el cerro y juntamente se vino la avalancha”.

Después que escuchó el ruido como de helicópteros, ¿Cuánto tiempo después se produce el bombazo? Un minuto, medio minuto, cuánto…?.

“Medio minuto lo más se tardó… Cuando ese disparo que hizo de esa manera, la “repunta” ya venía pasando por “Las Parcelas”.

Después que escuchó ese ruido, como de explosión, ¿Cuánto tiempo, según usted, duró en ver la corriente que “venía”?

“Fue al abrir y cerrar de ojo, como dicen, pasó… fue inmediatamente”.

Ese abrir y cerrar de ojos sería de medio minuto o un minuto?

“De medio minuto, porque si al “pum” que dio, la “repunta” del lodo estaba aquí ya pasando. No me dio lugar a mí ni de salir al camino allí, cuando ya estaba pasando…”.

¿Dónde estaba usted?

“Yo estaba aquí reposando en una hamaca”.

¿A qué distancia de aquí adónde hubo el derrumbe, allá en la cumbre?

“Pueden haber de diez a doce kilómetros”. (En realidad pueden haber entre ocho y nueve kilómetros, calculo yo).

Ud. dice que un medio minuto después de la explosión, estaba pasando la corriente?

“Sí, venía como forma de un polvasal, pringando a ambos lados que volaba el lodo, y la “repunta” traía tumbos como verbigracia el mar, que saltaban los palos, se oían ruidos de piedras, ruidos de diferentes maderas gruesas y delgadas, de todas maneras venía allí”

¿Cómo eran esos ruidos? Diferencie esos ruidos, ¿Cómo eran?

“Eran ruidos como cuando pegan piedra con piedra… ese era un ruido, y la madera que “bujaba” como que directamente lo traía un viento que caía”.

Esa parte más violenta del derrumbe, ¿Más o menos a cuantos metros la vio de alta?

“La vide como de unos ocho o nueve metros de alto… venía”.

¿Cuánto tiempo duró así, de esa altura?

“Dilató como tres segundos, lo más… De allí ya quedó “normal”, sólo en lodo, el término de una vara o dos varas de lodo en parte”.

Aunque sea necio yo, ¿Cuánto tiempo dura esa parte más violenta del derrumbe… esas olas grandotas que usted vio?

“Eso en realidad fue de pocos minutos, porque figúrese de que cuando ella pasó por aquí, ya me contaban que ya había pasado también por el lado de la carretera”.

Cuando usted vio esa masa negra, como de ocho metros de altura, ¿Qué se imaginó era éso?

Remolino de rocas, árboles y lodo

“En primer lugar yo decía, esto es un “remolín” que viene, que le decimos nosotros, de aire, que traé agua, pero no se me imaginaba que venían palos, que venían piedras, solamente, pensaba yo, que era agua lo que venía, porque sabemos que allí hay un “ojo de agua”, y ese Cerro, mucho dicen que es de agua, y yo esperaba que fuera una agua limpia, pero no fue así, sino que fue una agua sucia, puro lodo, como le digo, eran palos y piedras las que traía”.

Ud. dijo que después de la parte más violenta del aluvión, que todo quedó “normal”, sólo agua, describa éso, ¿Cómo era?

“Lodo… agua no quedó, quedó chorreando agua sí, para el lado de los criques, pero no quedó agua clara encima del lodo, quedó un lodo aguado, en el cual uno se hundía hasta el pecho y hasta dos varas en partes…”

Félix Moraga Escoto, el operador del motor del pozo comunal de las comunidades Rolando Rodríguez, El Porvenir y Santa Narcisa.

La casa de Moraga Escoto fue rosada apenas por la correntada colosal del aluvión por el lado Este de la Colonia Rolando Rodríguez.

Moraga Escoto estaba allí, en su casa, con su familia, en el momento del mortal aluvión. Vio la ola gigantesca que se movía a gran velocidad de la cúspide del Casitas hacia lo plano y gritó como enloquecido advirtiendo lo que se venía encima, pero aparte de sus familiares, nadie le oyó, porque su voz fue ahogada por el inmenso ruído que hacían las rocas, los árboles y el lodo “cuesta abajo”.

Este relato se produjo en el brocal aterrado del pozo comunal, en lo que fue la Colonia Rolando Rodríguez.

¿Qué oístes y vistes antes del aluvión?

“Antes se oyó como que venían unos diez helicópteros juntos. Se oyó el bujido. Yo venía para acá abajo, iba a ver a unos amigos, bajo el agua, pero me detuve a jugar con mi niño. Mi hijo me dijo: “Papá, vamos a jugar a la cama”, me agarró de la mano, y al final, le hice caso y nos fuimos para dentro de la casa.

“Al entrar a la vivienda, mi esposa, me dijo, con tono preocupado: “Félix, ¿Por qué no vamos a la cañada? Se oyen unos ruídos feos, como si fuesen un montón de helicópteros juntos, ¿No te parece raro? Yo nunca había oído un ruído tan extraño como ése”.

“Vamos, le dije yo… Cuando vamos saliendo por la puerta de la casa, yo me agacho instintivamente, porque de reojo veo que allá por aquella colina, donde están aquellos árboles, avanzaba una enorme avalancha de lodo, que al topar con el “lomo” de la colina dio un salto quizás como de unos 200 metros en el aire…Aquello fue en segundos.

“Al ver aquello tan horrendo y mortal, le digo yo a mi esposa, “pipita linda, el cerro se reventó!, corramos , vamos, no perdamos tiempo, los segundos cuentan para que podamos salvarnos! Imprimiéndole velocidad a las piernas, agarro al niño y lo tiro como bola por sobre un alambrado, y al mismo tiempo empujo a mi esposa para que corra.

El chavalo al caer al otro lado, comprende rápido, porque también ve la inmensa masa de lodo que se acerca a gran velocidad hacia abajo, contra las casas.

“Yo empiezo a gritar como loco, en un intento por advertirle a la gente que saliera de sus casas, que corrieran hacia donde nosotros íbamos, pero fue imposible…

Aquello fue horrible. Aquella masa de lodo tronaba sobre las casas, y al mismo tiempo pude escuchar los gritos de dolor de la gente, y pude ver cómo la inmensa masa de lodo se llevaba todo hacia el sur”.

¿Cuánto tiempo pasó entre “el ruido de helicópteros” y la llegada de la avalancha de lodo, según tus cálculos?

“Lo más dos minutos. Yo tenía unos dos minutos de haberme salido, cuando, de repente, vi la enorme masa de lodo que avanzaba como una ola gigantesca sobre las Colonias Rolando Rodríguez y El Porvenir”.

¿Vos dijistes que hubo un salto de varios centenares de metros?

“Sí, hombre. Vi los árboles enormes que rodaban en medio del lodo, y las rocas gigantescas, que parecían trituradoras al pasar sobre las viviendas de la Colonia Rolando Rodríguez”.

“Por ejemplo desde donde estaba un poco elevado, hacia el Este, pude ver cómo era arrasada la casita de Mercedes Cerda, cuya familia desapareció completamente. Del mismo modo, fueron arrasadas el resto de casitas de la Colonia.

En los primeros momentos, no hallaba qué hacer, me sentía como enloquecido, trastornado al ver semejante tragedia ante mis ojos. Unas horas después, reaccioné y ante los lamentos de la gente que estaba atrapada, comencé a rescatar a hombres y mujeres que estaban atrapados en el lodo, labor que hice hasta el día sábado, día en que ya me junté con Alonso Rueda Aráuz y su esposa Mariana Centeno González, con quienes continuamos rescatando vecinos que todavía estaban vivos, pero atrapados en el lodo, entre rocas y árboles arrastrados por las corrientes”.

Mariana Centeno González, 51 años, esposa de Alonso Rueda Aráuz, campesina, residente en El Ojochal, poblado situado al “ladito” de donde pasó el aluvión de lodo, rocas y árboles.

Perdió a 30 de sus familiares, entre ellos, tres hijos, sus padres y numerosos nietos, todos fueron “tragados” por la masa de lodo. Los hijos eran: Jaime, Rafael y Elia. Entre sus nietos: Bismarck, Pedro, Franklyn y María.

¿Qué vio usted minutos antes del aluvión?

“Teníamos seis días seguidos de aguaceros intensos, incontenibles, de día y de noche. Eran más o menos las diez y media u once de la mañana, cuando de repente se escuchó un gran bujido, como de unos seis helicópteros juntos en el aire. Tal vez unos dos minutos después, oí como que algo rodaba y trituraba cosas, como cuando uno agarra varillas secas (de árboles) y las quiebra con las manos. Mi marido dijo entonces: “Algo extraño está pasando, mejor salgámonos y vamos todos a la parte más alta”, pero la verdad es que por esta casita el lodo sólo pasó rosándonos. Todo el resto de mi familia vivía en la Rolando Rodríguez, donde todos murieron”.

Al hacer este relato, Mariana llora inconsolablemente, y según ella, jamás se imaginó que su familia entera fuese a desaparecer “en un instante bajo una inmensa masa de lodo, rocas y árboles arrancados en las faldas del Casitas”.

Salvador García Silva, 25 años, uno de los sobrevivientes del alud de lodo, recién salido del Hospital de Chinandega. Su esposa, su papá y sus tres hijos quedaron aterrados y muertos en la inmensa masa de lodo. El mismo Salvador fue arrastrado por el lodo unos tres kilómetros al sur de donde vivía. La corriente le quitó de las manos a uno de sus hijos pequeños.

Su padre se llamaba Ernesto García, Edipcia Castillo su esposa, Eddy, Rubén y Kenia eran sus tres hijitos.

Su familia habitaba una de las nueve viviendas que fueron arrasadas en la comunidad del Ojochal, donde vive Alonso Rueda Aráuz.

¿Qué oistes, antes de la corriente de lodo?

“En principio creí que eran helicópteros, pero la sorpresa fue cuando miramos venir el lodazal encima. La avalancha de lodo se produjo unos tres minutos después del ruído. Fue rápido”.

¿Esa masa negra, a qué se parecía?

“Parecía como cuando el mar está tumbeando. Los árboles saltaban como varillas de cohete para arriba. Cuando el lodo los golpeaba, saltaban hacia arriba, en medio de las “negruras” se miraban saltar”.

Germán Sánchez Hernández, sobreviviente de El Torrión, otra de las comunidades afectadas hacia el lado Este del curso del aluvión.

“Unos dos minutos después del ruido parecido al de muchos helicópteros juntos, se produjo la enorme avalancha de lodo, rocas y árboles. Esta avalancha de lodo producía otro ruido como cuando una brigada de tractores orugas va derribando árboles grandes. Era horrible”.

José Ramón Coronado, sobreviviente de la Rolando Rodríguez.

“Se oyeron unos truenos, ruidos parecidos a helicópteros, y como que venía la lava, agua, palos, piedras, gente, animales…”

¿A qué hora fue éso?

“A las diez y media u once de la mañana del viernes”.

Después de ese ruído como de helicóptero, ¿Qué vio y escuchó usted?

“Que venían el agua, el lodo… venía haciendo ruídos como helicópteros, como un fenómeno, pues…”

¿Cuánto tiempo después de los ruídos como de helicópteros, se produjo la correntada de lodo?

“Unos diez minutos… Se oyó, y luego venía como le digo…venían personas, animales dentro del agua, dentro del lodo…”

¿Usted vio todo éso?

“Sí, claro”.

¿A qué distancia se encontraba usted del Volcán, de dónde ocurrió el derrumbe?

“A unos 18 kilómetros”. (Después dijo que en realidad son unos diez kilómetros de distancia a la cúspide del Casitas).

¿Cómo se llama ese poblado en que estabas?

“Rolando Rodríguez, Santa Narcisa, El Porvenir…”

Héctor Antolín Díaz Caballero, sobreviviente de la Colonia Rolando Rodríguez, cerca del pozo comunal. Toda su familia fue muerta por las correntadas de lodo.

¿Qué oístes minutos o segundos antes de la avalancha de lodo?

“Al momento que se oyó éso, no se oyó nada, porque estábamos oyendo una corriente, sólo el ruido de la corriente y éso cuando nosotros miramos, fue de momento.

¿Qué fue lo que vistes de momento?

“El lodo que venía para el lado de donde nosotros”

¿Cómo era ese lodo?

“Era lodo aguado. Yo estaba a unos 150 metros de mi casa. Dispuse correr para el lado de donde estaban mis hijos. Los que dicen que oyeron ruídos como de helicópteros, son los que vivían aquí abajo, pero donde nosotros vivíamos, más arriba, no se oyó nada, porque se oían el ruído del agua de lluvia, de las corrientes de las cañadas cercanas que bajaban del cerro Casitas”.

¿A qué se parecía lo que vos vistes?

“Lo que yo vide venir fue una gran creciente (corriente) de lodo y en ese momento, yo creía que era agua, hasta que ya me arrastró a mí para el lado de las huertas de Santo Domingo. La corriente cayó como un oleaje sobre nosotros, en segundos, no dio lugar a escaparnos”.

Ana del Carmen Marín, sobreviviente de Las Parcelas, ubicada de Santa Narcisa al sur.

“Sí, nosotros escuchamos ese ruido como de varios helicópteros juntos”.

¿A que distancia se encontraban de la zona del derrumbe?

“Nosotros lo escuchamos cerca, bastante cerca. Cuando volvimos a ver (a unos 300 metros), miramos la negrura que venía, la punta de la corriente, y nos corrimos hacia una loma. Cuando íbamos subiendo la loma, volvimos a ver para atrás, pero ya había pasado la avalancha de lodo encima de las casas, de la gente y de los animales.

Al principio, al oír el ruído, creímos que venían a rescatarnos, pero que va”.

¿Cuánto tiempo después del ruído, vino el lodo?

“Eso fue inmediatamente. Detrás del ruído del helicòptero, como nosotros creíamos, ahí nomacito venía la corriente con lodo y árboles.

Gregoria Flores Martínez, sobreviviente de El Torrión. Perdió a casi toda su familia.

“Cuando oímos ese ruido, nosotros nos fuimos a asomar, pero no… dice una señora de allí, no, no es helicóptero, es una crecentada (correntada) la que viene.

Eso fue rápido. Unos dos minutos después del ruido, vino la avalancha… lo que a nosotros nos pasa es que una gran cantidad de muertos quedaron allí a la orilla de las casas”.

Mario Alberto Aguilar González, de la Rolando Rodríguez, perdió a su esposa, sus hijos y otros familiares.

“Yo oí el ruido, pero no me pareció como helicóptero, yo he tenido experiencia de cuando azota agua así, avión, para mí no era, sino que yo oí el ruido…”

¿Cómo era el ruído, entonces?

“Era como un silbido de avión, pero para mí no era un avión, saqué de mi inteligencia para ver qué cosa era, porque para mí, yo sé que para ese tiempo no puede andar un avión en el aire por el estado del tiempo.

Entonces yo salí, porque una loma me tapaba, para visibilizar de largo… Entonces, yo corrí así para atrás, me trepé a la loma, cuando yo trepé a la loma, fue cuando ya miré que venía éso…

Estando en el punto, en la loma, oí el silbido, cuando se desprendió, después oí como que la tierra tembló… Cuando estaba arriba vi que venía éso (la avalancha de lodo) como a unos 300 metros. Yo no pensaba salvarme allí. En ese momento sólo me acordé de Dios, dije que me diera una oportunidad más de vivir y siquiera ver la última vez a mi familia”.

Volvamos al ruido, lo oye, se a la loma, ¿Cuánto tiempo después ve el deslave que viene?

“Alrededor de unos tres minutos, porque yo corrí más de cien varas para atrás, y cuando llegué, éso ya venía encima”.

¿Cómo se veía éso desde allá arriba?

“Nunca en mi vida había visto algo similar. He pasado sustos de huracanes y todo éso… Como que era el fin del mundo el que venía. Eso venía cubriendo como varas de altura, en la imaginación mía, de altura, de la tierra para arriba”.

¿Por qué saca esa conclusión?

“Porque yo quería subirme a un árbol, pero yo miraba que los palos los agarraba y los suspendía así, ve (describe con las manos cómo los suspendía), como remolino, daba vueltas en el aire, usted, como cuando comienza un remolino, que hace “colochos” para arriba, así era esa avenida que miraba yo…”

“Todo fue rápido. Se me vino a la mente, que para dónde me podía salvar, porque yo miraba que éso me venía cubriendo a mí como a unas 300 varas. Cuando volví a ver para atrás, allí lo tuve encima y me salpeó (llenó) todo de lodo, pero seguía corriendo hacia unas lomas”.

Volvamos al remolino. ¿Cuánto tiempo ve circulando ese remolino de arriba, del Casitas hacia abajo?

 

“Ese fue como el término de un minuto. Fue rápido”.

¿Después del remolino negro, que queda?

“Después de la destrucción que venía adelante, que le platico, yo cuando estaba ya más largo, porque ya no aguantaba a correr, yo me paré para ver para atrás, y vi que venía una corriente detrás de mí, pero ya era sólo agua”.

María de la Cruz Mejía, de El Porvenir, perdió a 17 miembros de su familia, entre hijos, padres, nietos…

“Primero escuchamos unos ruidos como si anduvieran helicópteros por encima de las faldas del Volcán Casitas. Bajo la lluvia, nos salimos al patio, y unos dos minutos después pudimos ver que parte de la montaña se había desprendido y que hacía un ruido infernal desbocada hacia abajo, donde nosotros estábamos. No hubo tiempo de nada, los que pudimos, salimos corriendo hacia un lugar más alto que el terreno de la colonia.

Nos salvamos unos cuantos de la familia. Al llegar a un lugar alto, que no fue tocado por la avalancha, pudimos ver con dolor horrible, que nuestras casas y nuestra gente habían quedado completamente aterrados”.

Concepción Medina Pineda, 32 años, de la Rolando Rodríguez, igualmente perdió a casi toda su familia.

“Oímos el bujido entre las diez y media y las once de la mañana. Llovía copiosamente y estaba oscurecido el ambiente. En mi familia (unos ya muertos y otros vivos), unos decían que los ruidos eran producidos por helicópteros, y otros, en cambio, decían que algo extraño estaba pasando en el Casitas. Llena de temores, yo me salí al patio y eché la mirada hacia el oscuro horizonte del Casitas, donde pude ver, llena de horror, que hacia abajo venía una masa negra, como una inmensa correntada bajando velozmente desde la cúspide del Cerro. Apenas tuve tiempo de gritar para que mi familia saliera corriendo, cuando la masa de lodo me pasó llevando hasta dejarme dos kilómetros al sur, en El Ojochal, casi frente a la casita de Alonso Rueda Aráuz, quien me rescató con un mecate. Era horrible. Creí que iba a morir también, pues luchaba por salir del lodo y no pude, hasta que llegó Rueda a sacarme. Posteriormente, como a la una de la tarde, fue rescatada mi hija menor también en el mismo sector, pero al resto de la familia no la volvimos a ver jamás”.

Juana Acevedo López, 37 años, residente de la Rolando Rodríguez desde hacía 16 años. Diez miembros de su familia fueron “tragados” por el lodo.

Acevedo podía escuchar los ruidos típicos de las corrientes en las cañadas, las cuales flanqueaban por ambos lados (Oeste y Este) a El Porvenir y la Rolando Rodríguez.

De repente, mientras barría el interior de su vivienda, “sintió” otro ruido no escuchado antes por ella y sus vecinos.

“Tuve la impresión de que varios helicópteros juntos sobrevolaban las faldas del Casitas, al pie del cual estaban nuestras casas. “Me pareció raro, porque llovía, estaba oscuro y debido a que con este estado del tiempo, no vuelan aviones, ni helicópteros en esta zona peligrosa del Casitas.

“Reflexioné durante por lo menos un minuto, y comenté el asunto con mi mamá, Gertrudis López Morales (una de las muertas), quien me comentó que también le parecía extraño.

“Mi madre, al mismo tiempo, estaba apurada en la elaboración del almuerzo de ese día. Arrastrada por la curiosidad, salí a la puerta de la casa y dirigí la mirada hacia las faldas del Casitas. Enorme sorpresa me llevé y tremenda desesperación me agarró al ver que venía sobre nosotros una enorme masa negra, que hacía como remolinos y daba tumbos y hacía mucho ruido como quebrazón de palos muy grandes…

Apenas tuve tiempo de gritarle a mis ocho sobrinos y a mi madre, que estaban dentro de la casa, para que salieran corriendo a salvarse, pues en segundos la inmensa masa de lodo me estaba embistiendo en la entrada de la casa, y no supe nada más, hasta que aparecí a más o menos dos kilómetros al sur, donde la corriente me dejó entrampada en garras de fango movedizo”.

La embestida brutal mató a su madre Gertrudis y sus ocho sobrinos, de apellido Acevedo: Adrián, 21 años; Brenda, 16; Raquel, 12; Juan, 10; Margine, 10; Marta, ocho; Carla, ocho; Xiomara, cuatro; y Yaosca, dos años.

Se salvaron Cruz y María Patricia, ambos hijos de Juana, porque andaban estudiando fuera de la colonia.

Julio Mario Castillo Ruíz, 19 años. La avalancha le mató a ocho familiares, entre ellos su padre Santos Castillo Ruíz, 51 años; y su madre Juana Ruíz, profesora de 49 años.

Juan, uno de sus hermanos de 27 años, muerto por el infernal aluvión, estaba cocinando el almuerzo de ese día. Su madre Juana, la profesora, estaba comiendo, y el resto esperaban la comida que Juana cocinaba, mientras al mismo tiempo se discutía acerca de los ruidos extraños, como de varios helicópteros juntos, para el lado del Casitas o Apastepe.

“Todos estábamos dentro de la casa. Repentinamente, los ruidos se escucharon más fuertes, más cerca, como que venían encima. Quisimos salir a ver lo que pasaba, pero no hubo tiempo. Yo no sé qué cara pondrían mis hermanos, mi padre y mi madre, porque apenas tuve tiempo de aterrorizarme cuando vi que la inmensa masa de lodo se metía a gran velocidad dentro de la casa.

Una masa trituradora se vino encima

Aquello era una inmensa masa trituradora de lodo, rocas y palos. No sé cómo pude salir vivo, pues esa corriente infernal arrancó la casa y no me explico cómo pude salir de la armazón de la vivienda… la verdad es que aparecí enterrado en el lodo unos 800 metros al Sur de dónde era mi casa. Tenía heridas leves y muchos golpes.

Como pude, salí del lodo a rastras, andando en cuatro pies, auxiliándome de palos gruesos y fui a buscar a mis hermanos y mis padres, pero no encontré a nadie”.

Como la mayoría de las viviendas, la casa residencia de Julio Mario era grande, de muros de hierros y cemento, ladrillos, pero no soportó. Hoy, seguramente, están sepultadas como ciudades antiguas, o sencillamente las corrientes la arrastraron, en pedazos, hasta el Océano Pacífico.

Junto a la vivienda, recuerda Julio Mario, habían un guanacaste blanco alto, grueso, un aguacate, dos cocos, tres mangos elevados y un alambrado (cerco). De la casa y de los árboles, no quedó vestigio alguno.

No volvió a ver a sus hermanos Juan, 27 años;  Pedro Esteban, 21; Marvin, 16; y Fabio de 14. En segundos los perdió a todos.

Sobrevivió a la avalancha su sobrinita Shirley Magali Rueda, de cuatro años, quien fue rescatada a casi mil metros al sur de donde estaba la casita.

Leandro Acevedo López, 18 años, miembro de uno de los núcleos de la también familiona de los Acevedo. Diez seres humanos de este núcleo también fueron “tragados” (muertos) por la avalancha de lodo, rocas y árboles.

Bajo el aguacero, este joven andaba “pastoreando” el pequeño hato ganadero de la familia en un potrero cercano, ubicado en la orilla Este de la Colonia Rolando Rodríguez.

Como la mayoría de los jóvenes y niños de estas dos colonias, Acevedo López, estudiaban en la tarde y en la mañana se dedicaban a las tareas agrícolas solos o con sus padres.

“Estaba oscuro. Llovía y un viento huracanado tenía más feo el ambiente. Yo estaba con temor, porque los ruídos de las correntadas en las cañadas, que bajaban del cerro Casitas, eran cada vez más terribles.

“Yo no recuerdo haber oído esos ruidos como de helicópteros, tal vez porque estaba a campo abierto, en el potrero. Yo escuchaba clarito el ruido ensordecedor que hacían las corrientes en las cañadas.

“Pero… de repente, a pesar de la oscurana por lo nublado, vi que venía encima de las casas y de mí, una enorme correntada negra, alta, tal vez de unos diez metros de altura, no puede precisar claramente…

“Corrí hacia la cañada, ubicada por el lado Este, en la orilla del potrero, queriendo capearme de la enorme masa de lodo, rocas y palos que tronaban peor que la corriente del cauce, pero en eso vio que la avalancha venía por allí también.

“En esos instantes veo que mi primo Juan va arrastrado por la corriente. Me pide auxilio, intento ayudarle, pero un árbol me golpea por la espalda, me lanza boca abajo, como puedo lucho para salir hacia la superficie…

“Siento que rocas y palos me pasan rosando, me golpean, logro situarme encima de un árbol arrastrado. Siento que ya no tengo los zapatos, ni la camisa, ni la gorra, ni una tiradora que andaba en las manos.

“No volví a ver a mi primo Juan. En lo que voy luchando por salir, veo que mi vecino Carlos Roque va aferrado a un árbol que se desplaza veloz hacia la planicie en medio de la avalancha. Ni él, ni yo, nos pudimos auxiliar. Don Carlos Roque no volvió a aparecer, seguramente murió enterrado por el lodazal.

“En lucha feroz por sobrevivir, no sé ni cómo, no se lo puedo describir, sólo sé que luchando en medio de aquella masa de lodo, rocas y palos, logré salir a la orilla Este, para el lado del Ojochal, donde la avalancha no alcanzó. No sé cuánto tiempo duré en esa lucha por salvarme.

“Al alcanzar la orilla de un potrero, donde había vegetación no tocada por el aluvión, eché la mirada hacia las Colonias Rolando Rodríguez y El Porvenir, y pude darme cuenta que la avalancha de lodo no había dejado nada en pie. Yo estaba claro de que, seguramente, toda mi familia había muerto”.

“Me fui para el lado de la comunidad de El Torrión, donde los daños fueron menores. El domingo, al tercer día, regresé a buscar a mi familia, pero de ella y de la casa, no quedaron nada”.

Celia Vargas Ramírez, 20 años, del norte de la Rolando Rodríguez, es decir de las casas más colindantes con las faldas del Casitas.

De su familia murieron: su papá José Vargas López, su abuela Feliciana Canales Turcios y su hermanito Yeison, de siete años. El resto, siete, se salvaron.

Celia todavía no se explica cómo pudieron salvarse los siete miembros de la familia.

“El ambiente estaba oscuro, feo, lluvioso y se oían muchos ruídos ocasionados por las correntadas de las cañadas o quebradas. Estábamos preparando el almuerzo y limpiando la casa, cuando repentinamente escuchamos que unos vecinos nuestros nos gritaban: !Salgan, salgan, corran, corran… ! !¡El cerro se reventó!,¡Algo terrible viene del cerro!”…

Apenas salimos por la puerta de la casa, la inmensa masa de lodo, rocas y palos, nos embistió horriblemente. Yo llevaba en los brazos a la niña Támara Romero, dos años, y de la mano a su hermanito Hermenegildo, de cinco años.

“Ahora que reflexiono, ni yo misma sé cómo me salvé y cómo se salvaron los dos niños. De lo que sí estoy segura es  que luché denodadamente para que la masa de lodo no me los quitara de las manos. Mis otros familiares luchaban para salvar a mi hermanita Anielca, de 13 años.

“Sentí golpes terribles en todo el cuerpo. El lodo me tiraba hacia arriba y hacia abajo. Ese lodo me arrancó los zapatos y la falda, y hubo un momento en que sentí que la rama de un árbol me jalaba, porque yo iba pegada del cabello.

“Finalmente, el lodo nos dejó a casi todos juntos, con excepción de mi papá, mi abuela, Yeison y mi madre, más o menos a unos 800 metros al sur de la casa. Auxiliándonos entre todos, pasándonos ramas gruesas, salimos poco a poco hacia el Este, para el lado del Ojochal, donde nos fuimos a refugiar en una casa.

Avalancha la deja en calzón

“A esa casa, llegamos, calculo, como a las dos de la tarde. Poco tiempo después, llegó mi madre, casi desnuda, sin falda, ni blusa, !¡En calzón! ; se había salvado, pero sin mi padre, ni mi abuela, ni Yeison. Comprendimos que todos habían muerto en el lodo”.

Celia, al ser entrevistada en un refugio de Posoltega, presentaba todavía numerosos raspones en el rostro, en las piernas, en los pies, en los brazos, y se le notaba muy nerviosa, desesperada por la muerte de su padre, su abuela y de su hermanito Yeison.

María de la Cruz Mejía, de la familia Tercero, de El Porvenir. Murieron 17 miembros.

“Igual que el resto de familias de la Rolando Rodríguez, nosotros en la casa estábamos preparando el almuerzo, unos viendo televisión y otros sentados mientras pasaba la lluvia.

“Se escuchaban ruídos feos. Alguien gritó que debíamos salir, porque el cerro Casitas se estaba reventando. Pensando en salvarnos, corrimos juntos y separados hacia las faldas del Volcán, para el lado de unos cafetales, pero no habían pasado ni tres minutos, cuando de pronto se nos vino encima una inmensa masa de lodo, que hacía un ruido espantoso mientras venía desplazándose a gran velocidad.

“A todos nos embistió al mismo tiempo la masa de lodo, rocas y palos. Nos arrastró velozmente hacia abajo. En aquel torbellino horrible, sin soltar a mi hija Estela, de apenas un año, pude ver a parte de mis familiares con las vísceras de fuera, vomitando lodo o luchando entre ramas para salvarse, pero fue imposible, sólo logramos salvarnos mi marido Francisco Tercero Amador, mi hija Estela, José Luis, de 13 años; Marlon José de 14 años; María Estela Amador y Ramón Tercero (adulto). Los otros, murieron todos.

“El aluvión de lodo nos arrastró casi un kilómetro hacia el sur, donde vimos a vecinos nuestros ya muertos en el lodo. Llenos de terror y de lodo y casi desnudos, auxiliándonos mutuamente con ramas y pedazos de tabla, logramos salir hacia el lado Este, para el lado del Ojochal, donde nos pusimos a salvo del lodo infernal y de las correntadas muy fuertes, las cuales cesaron, calculo, unos diez minutos después de iniciadas desde la cúspide del Casitas”.

“Poco tiempo después, mi marido se dedicó a buscar a nuestra familia, a su padre, pero no los halló en medio del lodazal. Sí  encontró a Javier Tercero, prensado por un árbol, pero no lo pudo sacar. Encontró a su hermano Juan, ya muerto, con las tripas de fuera y prensado por una roca”.

Arlen Mayorga Arrieta, joven de 20 años, de El Torrión, perdió a su esposa Nubia Avendaño García, de 19 años, y su hijo Elmer Fernando, de nueve meses y a otros miembros de la familia de su mujer.

Todos estaban dentro de la vivienda. Ante los ruidos, Arlen salió a la puerta de la casa y dirigió la mirada hacia las faldas oscurecidas y misteriosas del Volcán Casitas.

Al instante se dio cuenta que una inmensa masa de lodo avanzaba a gran velocidad hacia las viviendas de El Torrión, la Rolando Rodríguez y El Porvenir.

“Es una corriente horrible la que viene del Casitas, !Vamos salgan rápido, corran, hombre, pero no se movieron. Le pedí el niño a mi esposa y no me lo dio. Ahí nomacito, en segundos, en medio de un ruido infernal, llegó la avalancha de lodo, rocas y árboles y nos embistió con todo y casa.

“Se produjeron gritos, llanto, hubo una confusión infernal. La casa nos cayó encima, y yo no supe cómo salí de ella. En esos mismos instantes, en segundos, me vi luchando en lodo, que raudo me arrastraba hacia el sur. No veía nada, porque los ojos se me llenaron completamente de lodo hediondo y grueso. No entiendo cómo fue que ese lodo me llevaba  de espaldas como si fuera sobre un colchón que se movía de abajo hacia arriba”.

“Finalmente, la avalancha me tiró de rodillas en un clarito, donde no había mucho lodo, más o menos 800 metros al sur. Recogí agua sucia con las manos para limpiarme de lodo los ojos y los oídos.

“Intenté regresar por la enorme masa de lodo que había quedado en el sector, pero me hundía hasta la cintura. Entonces comprendí que mi esposa, mi hijo y resto de familiares habían quedado muertos en aquella masa infame de lodo”.

Los cadáveres de su esposa Nubia y de su hijo Elmer Fernando fueron encontrados, enterrados en el lodo, cuatro días después. Nubia tenía abrazado al niño, lo cual indica que nunca lo soltó mientras ambos eran arrollados por el aluvión.

María del Carmen Marín, de la Rolando Rodríguez, vivía del pozo comunal cinco cuadras al norte, yendo hacia las faldas del Casitas o Apastepe.

Unos dos minutos antes de la avalancha, según recuerda ella, tenía una rara discusión con su marido Jesús Gómez Hernández, lo cual ocurría en la puerta principal de la vivienda de armazón de hierros y cemento.

¡Explotó el Casitas¡

“!El cerro explotó, se reventó, se está desmoronando, se está derrumbando. ¡Salgamos de aquí hacia las lomas!, Me dijo mi marido, y yo le dije: “No hombre, son helicópteros que andan por ahí… a lo mejor vienen a rescatarnos”.

“Continuamos hablando cada uno por su lado, mientras en las casas vecinas se fue formando una aglomeración de gente por el temor que imponía aquel ruído feo y extraño.

“Seguíamos en las conjeturas, cuando de pronto vimos que la masa de lodo venía avanzando hacia nosotros. En segundos nos pasó atropellando, derrumbó las casitas y arrastró a varios miembros de mi familia, entre ellos mi papá Alonso Calero y mi hermano Norwin José Calero Martínez, ambos murieron”.

“Atontados por la embestida, dificultosamente, caminando entre lodo, emprendimos marcha hacia unas lomas ubicadas al Este, en la orilla de donde pasó el aluvión. Allí nos salvamos unas 80 personas, quienes estupefactos vimos cómo la enorme masa de lodo trituraba y enterraba, en segundos, las colonias Rolando Rodríguez y El Porvenir y a nuestros familiares, cuyos cadáveres no encontramos después”.

Bladimir Juárez Rostrán, 17 años, del norte de la Rolando Rodríguez, cerca de las faldas del Casitas.

Dice que en su casa estaban solos sus hermanas Milagros, 20 años; Cándida, 11; y Luz Marina, de 13, y él.

“Cuando se oyeron los ruídos como de helicópteros, me salí a ver y me pareció ver que algo negro y feo se movía de la cúspide del Casitas hacia abajo. Entonces, saqué a mis hermanas de la casa y nos fuimos corriendo para una loma hacia el Este de la Colonia.

“Apenas íbamos llegando a la loma, cuando la enorme masa de lodo se pasó llevando a la gente y a las viviendas, a los animales y todo lo que había en las colonias. Desde allá arriba pudimos ver que nuestra casa y los árboles de nuestro patio habían desaparecido bajo el lodo, rocas y árboles”.

“En los primeros instantes, creí que estaba viviendo despierto un sueño de terror, pero para convencerme bajé a ver de cerca el lodo, a mirar detenidamente cómo aquella masa colosal de lodo, rocas y árboles, había sepultado todo lo poco que como pobres habíamos acumulado en decenas de años”.

Alonso Hurtado Núñez, 35 años, de la Colonia Rolando Rodríguez. Al ser entrevistado presentaba moretones en el rostro, brazos, en las piernas, en los hombros, es decir, tenía golpes y raspones en todo el cuerpo, más hongos en los pies y rojos los ojos por conjuntivitis.

La corriente de lodo, rocas y árboles, lo arrastró casi tres kilómetros. El mismo no se explica cómo pudo quedar vivo, y lo que más le impresionó fue el grueso de aquella infernal masa de lodo y rocas.

“Esa masa de lodo y rocas tenía unos dos metros y medio de altura. La Avalancha sepultó a tres de mis hijos, a mis tres hermanos, a mi suegra… con decirle que quedamos vivos sólo mi esposa y yo.

Igual que la inmensa mayoría de la gente de la Rolando Rodríguez, estábamos unos en el patio y otros dentro de la casita. De repente se oyeron gritos más arriba, para el lado de la falda del Volcán.

Los que estamos dentro de la casa, salimos al patio, pero apenas tuvimos tiempo de ver hacia el Volcán, cuando la masa de lodo y rocas nos pasó arrollando. Era una horrible masa de lodo de casi tres metros de altura, que bajaba a enorme velocidad del Cerro…

No hubo tiempo de nada, ni de auxiliarnos los unos a otros. Cuando percaté, en fracciones de segundo iba arrastrado por esa masa de lodo hedionda.

Iba consciente, pues recuerdo perfectamente cómo iba luchando encima y debajo del lodo, pero creo que esa lucha mía de nada valió, pues esa corriente de lodo tenía una fuerza descomunal… me salvé milagrosamente, porque, pienso, ninguna de las rocas me dio de lleno en alguna parte del cuerpo.

En poco tiempo, en unos 20 segundos tal vez, yo ya estaba como “sembrado” en el lodo, a unos tres kilómetros al sur de donde estaba nuestra casita. Quise ver a mí alrededor, pero el lodo pegajoso y hediondo a azufre  no me dejaba.

Tomé un poco de agua sucia de la que había quedado en el lodo y medio lavé mis ojos. Quise moverme, para salir del lodo, pero que va, estaba férreamente atrapado.

En esa lucha estaba, cuando escuché quejidos de otros que también estaban atrapados entre rocas, lodo y árboles. Yo podía considerarme “privilegiado”, pues me sentía atrapado por el lodo, pero no sentía que estuviera fracturado, como me imaginaba que estaban algunos de mis “vecinos” atrapados en el fango”.

Para colmo de mala suerte, Hurtado estaba hacia el Oeste del sector del alud, es decir, para el lado de la Colonia El Porvenir, por donde las labores de rescate fueron más tardadas, pues Alonso Rueda Aráuz y su mujer Mariana Centeno González estaban rescatando en el lado Este de la Colonia Rolandro Rodríguez.

Hurtado Núñez y sus “vecinos”, como él dice, pasaron enterrados en el lodo y rocas hasta el día domingo en la mañana, cuando fueron encontrados, precisamente, por Alonso Rueda Aráuz y Félix Moraga.

Todo el día sábado y las primeras horas del domingo, bebieron lodo para calmar la sed. “Tomamos el agua sucia en poquitos con las manos, para beberla”, relató Hurtado Núñez.

Ya fuera del lodo, dice Hurtado Núñez que se sintió como “recién nacido”. Le costaba caminar, pero como pudo se desplazó hasta la casa de Rueda Aráuz, donde encontró a su esposa herida, golpeada y en un mar de llantos. Para entonces, los dos estaban convencidos de que sus tres hijos, los hermanos y la madre de su esposa, habían muerto y estaban sepultados en el lodo. Nunca los volvieron a ver.

Cristina Flores Moreno, 51 años, El Porvenir. Perdió a dos sus hijos, dos nietas, a su marido Pedro Moreno, 54 años, y sólo quedó con una nieta y un hijo.

Comienza aclarando que tenían dos noches de no dormir en las Colonias Rolando  Rodríguez y El Porvenir, porque habían aumentado los ruidos “normales” de las correntadas que bajan  de las faldas y cúspide del Casitas.

Según Flores, ella piensa que el aumento de los ruidos en las cañadas, precisamente, no eran “normales”.

“El viernes, cerca de las once de la mañana, escuché un ruido feo. Me salí a la callecita, y pude ver que de las faldas del Cerro venía una corriente negra enorme, ondulante, muy ancha, que daba saltos y como que echaba humo… me llené de terror, inmediatamente me entró una temblazón en el cuerpo.

¡Pedro, nos morimos, hijo¡

!Pedro, Pedro!, Le dije a mi marido… nos morimos, hijo…viene algo espantoso del Cerro. El Cerro se reventó. Él giró la cabeza hacia el Cerro y pudo ver lo que venía. Llamamos a gritos a las niñas y cruzamos el patio hacia la calle, pero en realidad no logramos llegar a la calle, cuando la enorme correntada de lodo, rocas y árboles nos impactó brutalmente.

El impacto debió ser muy fuerte en los costados, hombros y la cabeza, pues durante los segundos en que iba envuelta en la masa de lodo, no sentí nada.

Cuando volví en sí, yo estaba con la cabeza enterrada en el lodo, el cabello pegado en unas ramas, y de la cintura para abajo entrampada completamente en la masa de lodo.

Como pude, me quité las ramas de encima, me deserendé el pelo y me eché agua sucia en los ojos, para quitarme el lodo. Por el conocimiento que tenía de ese terreno, me di cuenta que la masa de lodo me dejó a unos 800 metros al sur de donde era mi casa.

No sé cuánto tiempo, pero sí me acuerdo que empecé a girar la cabeza hacia los lados, en busca de ver a alguien, para pedirle auxilio. Al ratito, escuché los quejidos de mi nieta Concepción Beltrán Moreno, de 12 años, y casi al mismo tiempo nos gritó mi hijo Juan Baustista Flores, de 18 años.

Juan estaba a unos 25 metros al Oeste de donde yo estaba y mi nieta a unos diez metros. Juan pudo librarse del entrampamiento utilizando ramas y pedazos de palo que habían quedado cerca de él.

Después, mediante una larga lucha, Juan pudo sacar a Concepción. Luego, en medio del lodazal, ellos dos se buscaron unos pedazos de tablas y troncos, para ayudarse en sus esfuerzos por sacarme.

Finalmente, me sacaron… creo que ya eran las dos y media de la tarde. Los tres nos preguntamos una y otra vez por mis hijos Juana, de 28 años; y José de Jesús Moreno Flores, 14,  y de mis nietas Yahaira, siete años y María José de apenas seis meses.

Juan Baustista anduvo un rato buscando (encima de una tabla) en unos 30 metros a la redonda, pero no vio nada. Yo recorrí con la mirada hacia todos los rumbos del lodazal, pero tampoco vi nada.

Como pudimos, gateando sobre el lodo, acostados, arrastrándonos, o usando los pedacitos de tabla para ir encima, finalmente salimos a terreno firme por el lado del Ojochal.

Fuimos por ayuda para buscar a mis hijos, mis nietas y mi marido, pero no los encontramos. Ya estoy convencida de que mi familia ahora se reduce a mi nieta Concepción y mi hijo Juan Baustista.

Todavía no sé que será de nosotros… todo lo perdimos, entienda usted. Es muy triste perder a toda su familia, especialmente cuando tu familia es alegría, motivos de vivir, aunque la pasemos en pobreza”, y después del relato se soltó en lágrimas.

Orlando Vargas Reyes, 40 años, es ahora el padre adoptivo de su sobrina Yudelca Vargas López, una niñita de dos años, cuya familia desapareció totalmente en las correntadas odiosas del Casitas.

Al ser rescatada, Yudelca llegó diciendo al Hospital: “Me llamo Selena”, y ese nombre le han puesto ahora.

Ambos, igual que otros miles, fueron víctimas del arrollamiento horrible del alud del Casitas.

Yudelca, por esos milagros de la naturaleza, se salvó de morir en el lodo y las rocas al quedar prensada en las ramas de un árbol, según el relato de su hoy padre adoptivo y tío en primer grado.

Sus padres se llamaban: Mario Vargas Reyes y Cándida Rosa López. Según Orlando, de las dos familias sólo quedaron él, su hermano Carlos Vargas Reyes y la niña Yudelca “Selena” Vargas López.

Orlando asegura que él no supo dónde estaba Yudelca al momento del impacto del alud del Casitas. Supone que “Selena” estaba con su madre en algún rincón de la casa, tal vez ingiriendo una pacha o apurando algún bocadito elaborado por su madre en la cocina de la casa de la Colonia Rolando Rodríguez.

Avalancha la dejó encima de un árbol

“Mire, a mí me rescataron hasta el domingo. Ese mismo día, Alonso Rueda Aráuz, Félix Moraga Escoto y otros, rescataron a Yudelca no sé exactamente en qué punto del lodazal. Eso sí, me dijeron que la encontraron entrampada entre las ramas de un árbol enorme, que había quedado semidescubierto por el lodo.

Me dijeron que Yudelca estaba boca abajo, despierta y llorando, desnudita, picada por zancudos… Quizás se hubiera muerto si pasa más tiempo, porque tenía una pierna fracturada, raspones y golpes en casi todo el cuerpecito.

Según me dijeron, era imposible que la niña se escapara de allí, pues estaba entrampada entre dos ramas bastante gruesas del árbol, aunque no estaba presionada.

Me resulta asombroso que haya quedado encima del árbol, pues se trata de una niña indefensa… Lo importante es quedó viva. Mi hermano y yo, sobrevivientes, nos vamos a hacer cargo de hacerle crecer y educarla”.

Raúl Espinoza Membreño, 72 años. A su edad, sigue siendo un hombre ágil y luchador, y lo demostró en los momentos más difíciles del alud del Casitas. Toda su familia se salvó, pero las correntadas de lodo, rocas y árboles, los revolcaron como al resto de pobladores de El Porvenir y Rolando Rodríguez.

“Estaba lloviendo. El ambiente estaba oscuro en la Colonia El Porvenir, a pesar de ser pleno día. De repente, los chavalos dijeron: Oí… se oyen helicópteros. Yo me quedé escuchando atentamente, y les dije, !¡No, el Cerro se reventó! !¡Vamos!,¡Salgan corriendo todos hacia la calle, busquen para el lado de las huertas!, Pues yo sabía que ese lugar es más alto.

Pero… !¡Que va!. ¡Todo fue muy rápido! Cuando yo mismo salía al patio, ya tenía encima la inmensa masa de lodo, rocas y árboles gigantescos. El hecho de salir por detrás de la casa, fue quizás lo que me salvó de morir, a pesar de que allí no más quedé enterrado en el lodo.

Yo sentí que algo me golpeó en la cabeza y en la espalda. No supe si fue roca, o un árbol. El asunto es que caí de bruces y quedé como enrollado e hincado. Así estaba cuando volví en sí. Tal vez había pasado un minuto, dos minutos, no sé… el asunto es que no podía ver porque tenía los ojos anegados de lodo.

Me incorporé, agarré agua sucia del mismo lodo y me limpié los ojos. Pude darme cuenta que todo estaba destruído  a mi alrededor, y que los chavalos, mis hijos, la casa, los árboles, los cerdos, los perros, !¡Nada quedaba!, Toda aquella destrucción en fracciones de segundo, y el colmo es que siempre he sido ágil y esta vez no me pude escapar.

Me sentía dundo por los golpes, pero estaba razonando bien. La masa de lodo se desvió un poquito a ambos lados al chocar contra la casa y comprendí que por éso me había salvado yo de que me matara y arrastrara hacia el lado de Posoltega.

Es decir, al momento de chocar con la casa, la masa de lodo formó una especie de vacío, menos violenta en el sitio en que yo estaba en el patio. Era una casa fuerte, amigo, pero de ella no quedó nada.

Tuvimos suerte, fíjese, porque los siete chavalos estaban sepultados cerca. Como pude me dediqué a sacarlos con pedazos de palos gruesos y tablitas.

Luego nos dedicamos a sacar a mi señora, quien estaba entrampada hasta el cuello en el lodo. Ayudamos a rescatar vecinos, entre ellos a una niña, Josefa Espinoza, de seis años, la cual estaba completamente sepultada y ya muerta.

Caminamos entre cadáveres. Arrancamos unas tablas de la casa destruída y sobre ella caminamos hasta una loma al lado Oeste.

Puestos en la loma, subimos a unos árboles de jocote, para ver si desde allí podíamos llamar la atención, para que nos rescataran hacia Posoltega.

Al ver que no era posible un rescate inmediato, nos fuimos hasta la casita de Isaías Guido, la única vivienda que la masa de lodo dejó en pie en la Colonia El Porvenir.

Dormimos en esa casa el viernes, sin agua y sin comida.

Quisimos salir y era imposible hacerlo por ningún lado, porque las enormes correntadas lo impedían.

El sábado en la tarde, usando mecates y varas gruesas, logramos cruzar una de las correntadas del lado Oeste de donde fue la Colonia El Porvenir, y emprendimos viaje hacia El Tololar, donde dormimos el sábado en una casa abandonada.

Finalmente, nos rescataron el domingo en la tarde con un helicóptero”.

Ana Isabel García Ampié, 30 años, madre de cuatro niños, dos de los cuales murieron. Las muertas eran: Cristina Anabel e Isaura Marisela Gutiérrez García, de 11 y 9 años respectivamente.

“!El Cerro se reventó. Corramos, rápido, sin perder tiempo, vamos, corran!”, gritó mi marido, Pablo Antonio Gutiérrez Flores,  cuando la avalancha venia encima de las Colonias Rolando Rodríguez y El Porvenir.

¡Mamita, nos morimos¡

“Mamita, nos morimos! ¿Dónde nos metemos, mamita?, me decían las niñas grandes, mientras corríamos hacia la calle, pero ahí nomacito nos arrolló la avalancha de lodo, rocas y árboles.

Yo llevaba de la mano a la niña más chiquita, Daysi Arelys, pero la corriente me la quitó. Yo sentí golpes brutales, como cuando al mismo tiempo te dan con un bate por todos lados.

Calculo que la corriente me arrastró unos 700 metros al sur. Me imagino que estuve inconsciente al menos unos diez minutos. Al despertar, me di cuenta que tenía el cuerpo prensado entre los vástagos de dos árboles hundidos en el lodo.

Me quedaba “libre” del pecho hacia la cabeza. Empecé a gritar pidiendo auxilio, pero nadie acudía. De repente oí que algo se movía sobre el lodo. Era mi marido. Se movía encima del lodo con una tablita. “Te saco en un ratito”, me dijo, pues ando buscando a las niñas…No las encuentro. Que Dios se apiade de nosotros”.

En ese momento, escuché el llanto de un niño, y mientras permanecía entrampada entre los dos árboles, le dije: “Oí…ahí llora un niño”. Mi marido, se resbaló con la tablita hacia el oeste, a unas 25 varas, y resulta que era mi hija más pequeña. Estaba golpeada y tenía raspones y una pierna fracturada.

Su padre la rescató y después empezó él a librar una lucha terrible para sacarme de donde yo estaba entrampada. Era un asunto muy difícil, por cuanto él estaba solo y debía mover los dos árboles sembrados en el lodo, de manera que no me causara más daños.

Lo vi luchar como un titán. Se hundía hasta la cintura en el lodo, mientras palanqueaba con varas entre los dos árboles. Esa lucha duró más de dos horas el mismo viernes al medio día. Si mi marido no ha quedado vivo, mi hija pequeña y yo misma no estaríamos contando el cuento ahora, pues él nos salvó la vida.

Mi marido rescató también a dos cuñadas de él, una de ellas Johana Medina, a ocho sobrinos, entre otros, a un niño de siete meses. También rescató a varios vecinos, o sea, se portó como un héroe para nosotros en la familia. Esos sobrinos quedaron  huérfanos a cargo de nosotros, pues cuatro hermanos de mi marido, murieron”.

A Pedro Antonio también se le murieron su madre y su padre.

Asimismo, perecieron Brunilda, la esposa de Henry (hermano de Pedro Antonio) con su hijo Jackson, de tres años; su hermana Norma murió con tres de sus hijas. otras dos hermanas solteras, también tíos, primos…”mucha gente, unos 50 familiares de Pedro  Antonio, murieron sepultados por el alud del Casitas”, dice Ana Isabel Ampie con lágrimas en los ojos.

Patricio Valdivia Valdivia, 80 años, de El Porvenir, andaba en la huerta y pudo ver desde allí como la avalancha destruyó las dos Colonias.

“Al oir los ruidos del lado del Cerro, me subí a un árbol alto. Desde allí pude ver aquella enorme masa de lodo, rocas y árboles que arrasó las Colonias de El Porvenir y la Rolando Rodríguez.

La corriente de la cárcava del Mono Acostado no me dejó entrar para el lado de donde estuvo la Colonia El Porvenir. Por tanto, no sabía nada de lo que había pasado con mi familia.

Finalmente, más o menos a las seis de la tarde, apareció por donde yo estaba una de mis hijas, llena de lodo y golpeada y me dijo: “Papa, a mi mama la sepultó el lodo…no la encontramos…

Se ahogaron mi esposa Bertilda Camas Ramírez, Claudina de  diez años, Manuel de Jesús de 25 años, mis nietos: Claudio, Javier, Gricelda, Antonio, Jorlena, todos niños; dos sobrinos llamados Julián y  Agustín.

Ericka del Socorro Espinoza González, 18 años. Perecieron seis de sus familiares: Alexandra Josefa, Francisco José, Nelson, Elvin, Hexar, y fueron rescatados vivos del lodo: Verónica, Hazel, Keling, Nelson, Félix Carmen y Raúl.

“Lo nuestro fue un poco curioso, pues casi todos quedamos enterrados por el lodo en el mismo patio de la casa, tanto los vivos como los muertos.

Carmela González Madrigal, 70 años, de El Porvenir. “La corriente de lodo y rocas entró a la misma casa de Socorro Espinoza González, donde yo vivía. Me botó y arrastró, derrumbó la casa y me sacó por debajo de las tablas. Me arrastró un trecho corto. Allá quedé entrampada entre un árbol, un montón de tablas, lodo y piedras. Junto a mí dicen que habían dos personas más, las cuales murieron.

“Nos descuidamos. Yo creo que si nos han avisado del peligro, hubiéramos salido hacia lugares altos y no habría muerto tanta gente, como ocurrió en las colonias Rolando Rodríguez y El Porvenir.

“Mire este asunto es horrible. Mucha gente perdió sus piernas, manos, una oreja, un pedazo de cualquier parte del cuerpo, murieron varios miles, otros andan desesperados, pero yo no veo que el gobierno haga nada por ayudarles”.

Salvador García Silva, sobreviviente de la comunidad del Ojochal, donde fueron demolidas nueve viviendas. “Perdí a mi esposa, a mis tres hijos y mi padre murió tragado por el lodo también. Ernesto García se llamaba mi padre, Edipcia Castillo mi esposa; Eddy, Rubén y Kenia García, eran los niños”, contó García Silva.

“Vi cuando la gigantesca corriente de lodo se llevaba a Carmelo López, Alejandro González, Manuel, Juan y Armando Avendaño, Concepción (varón) Castillo, Adolfo García…Después me contaron que todos ellos murieron…eran mis vecinos hacia el Oeste, en la Colonia Rolando Rodríguez”.

“Primero, escuchamos un ruido como de helicópteros y para sorpresa nuestra, unos dos minutos después, teníamos encima la enorme masa de lodo, arrollándonos en forma horrible…parecían tumbos en el mar. Los árboles saltaban como varilla de cohetes hacia arriba, y al caer hacían ruído como de explosión”, añadió García Silva.

“No sé cómo reaccioné rápido y tomé de las manos a dos de los niños. La corriente portentosa nos lanzó al cauce cercano, de unos diez metros de profundidad. Llevando a los dos niños agarrados de las manos, a Eddy y Rubén, luché con todas mis fuerzas, pero sentía golpes terribles en todo el cuerpo, que supongo eran por las piedras, ramas y árboles. Mi idea principal era salvar a los niños, pero calculo que a unos 500 metros al sur, la corriente me los arrebató. Seguí en la lucha, ahora por salvar mi propia vida, hasta que a unos tres kilómetros y medio al sur del Ojochal, hacia Posoltega, logré agarrarme de una enorme raíz de un árbol que la corriente no había arrancado todavía. Con las fuerzas a punto de abandonarme, pude sobreponerme y logré situarme a salvo de la corriente fuerte, ubicándome hacia el Este, es decir, donde no había afectado el deslave o derrume del Casitas”, relató García Silva.

“Me subí a un árbol, para reponerme un poco. Después, regresé por la orilla del enorme cauce, con el agua hasta el pecho, buscando a mis hijos, a mi esposa, a mi padre y a los vecinos, pero no los encontré ni vivos, ni sus cadáveres”, recordó mientras dos gruesas lágrimas le surcaban las mejillas.

Arrasada familia Sandoval de 80 miembros

 Ana Francisca arrastrada 12 kilómetros

Ana Francisca Sandoval Hernández, 20 años, una de los pocos sobrevivientes de la enorme familia Sandoval, a la cual, se me dijo, le fueron matados 80 miembros por la avalancha de lodo, rocas y árboles del Casitas. Otras versiones indican que fueron 104 los miembros muertos de esta enorme familia campesina, pobre, ubicada en las dos Colonias: El Porvenir y Rolando Rodríguez.

Una de esos muertos, aunque no en la avalancha de lodo, fue Deyanira Sandoval Rodríguez, jovencita, que prefirió suicidarse cuando supo que todos sus hermanos, sus padres, tíos, abuelos, primos y parientes, habían perecido sepultados en el lodo infernal del Casitas.

Deyanira estaba trabajando en Costa Rica, de donde llegó a buscar a su familia, unos diez días después de ocurrido el derrumbe.

Ana Francisca Sandoval Hernández, también jovencita, relató: “Se oían ruidos horribles, típicos de corrientes desbocadas. Yo no creo que se parecieran a motores de helicópteros. Eran como las once de la mañana. Caminaba yo frente al Comedor Infantil Público de la Colonia Rolando Rodríguez, junto al cuadro de béisbol, donde todos los días les daban un almuerzo a los niños más pobres”.

“Ese Comedor Infantil estaba repleto de niños y niñas, más las mujeres y maestras que repartían el almuerzo. Me detuve frente al Comedor, atraída por el alboroto que hacían los niños y las niñas. Aunmentaron los ruídos hacia el lado del Volcán, hacia donde dirigí la mirada y quedé sobresaltada al ver que venía bajando a gran velocidad una masa negra, que me pareció demasiado grande para ser la corriente de los cauces”.

 

“Grité: !salgan, salgan del Comedor! !El Cerro se reventó! Algo horrible viene del Cerro! Corrí hacia la calle próxima. Iba en busca de mis hermanos y hermanas, pensaba llegar a la casa, pero no había corrido ni 50 metros hacia el norte, cuando la enorme correntada o masa negra de lodo, rocas y árboles, me embistió y me arrastró hacia el lado de Posoltega”, recordó.

El caso de Ana Francisca Sandoval Hernández es uno de los más asombrosos, pues la correntada de lodo, rocas y árboles, la arrastró doce kilómetros al Sur, sin causarle heridas, ni golpes realmente graves.

“Al ser embestida por la correntada de lodo, recuerdo, empecé a luchar…intentaba, según yo, librarme de la correntada, no sé cuánto tiempo. La verdad es que perdí el conocimiento, y me desperté, calculo, unas dos horas después sobre un pedazo de suelo parejo, sin lodo movedizo, en un lugar casi seco, casi desnuda”, añadió Sandoval Hernández.

“Las correntadas eran inmensas por todos lados, y hacían ruído infernal. Sabía que no podía caminar lejos, entonces me quedé sentada sobre un árbol arrancado por la corriente, que estaba en las cercanías. En toda la tarde, el problema no cambió en nada. Entonces, me aferré al árbol arrancado y allí medio dormí el viernes en la noche, bajo los torrenciales aguaceros”, apuntó a su relato.

 

Como pudo, usando pedazos de palos gruesos para caminar sobre el lodo, el sábado en la mañana pudo llegar hasta una casa campesina abandonada, que no había sido dañada por las correntadas.

En la casita encontró una sábana vieja y una tijera de lona, en la cual durmió completamente sola, rodeada de los ruídos infernales de las correntadas. Finalmente, fue rescatada el domingo primero de noviembre por brigadas de rescate de Posoltega.

Su hermana Yanet Sandoval Hernández, de 22 años, mientras tanto, se salvó de las correntadas porque esa mañana del 30 de octubre, bajo el aguacero se había ido a  Versalles, otra comunidad en las faldas del Casitas, a visitar a unos amigos.

De sus hermanos menores sólo se salvaron: Léster, Luis y Milagros, y dos primos llamados: Bayardo y Johana.

Supuestamente, la familia González López, de más de 100 miembros, desapareció también por completo en el caserío El Ojochal, situado en la orilla Este de la Colonia Rolando  Rodríguez, aunque no hay testimonios de sobrevivientes directos.

Sin embargo, doña Francisca González Centeno, residente en Managua, afirma que al ir a buscar a sus familiares en los alrededores del derrumbe, nadie le dio razones de ellos. Tampoco los encontró en los hospitales de Chinandega, ni en la Cruz Roja, ni en los Bomberos de SINACOI, ni en la Policía de Posoltega y Chichigalpa.

¡Tía, de nuestros familiares no quedó nadie¡

Fue hasta que se apareció en Managua un sobrino, llamado Juan, quien le dijo: “Tía, de nuestros familiares no quedó nadie. Todos murieron en la avalancha de lodo, rocas y árboles”.

Doña Francisca llegó al Ojochal y alrededores preguntando por Saturnina, su madre, una viejita de casi 80 años. El sobrino Juan le contó muy poco, porque dijo que él no estaba en su casa al momento del deslizamiento. “Cuando llegué…todos habían desaparecido”, le relató Juan a doña Francisca.

Francisca González Centeno reside en la Colonia San Jacinto, en Managua, donde un mes después del derrumbe en el Casitas hizo un altar, para rezar por su madre, sus hermanas y hermanos, hijos, nietos, sobrinos y demás parientes.

Esta familiona, según doña Francisca, eran González López, González Centeno, González Gutiérrez, Centeno González, López Mayorga y Canales González.

Un niño de apenas siete años, llamado Pablo García, fue rescatado del lodo infernal hasta el domingo primero de noviembre.

El niño campesino dijo que su madre, su padre, sus cuatro hermanos y su abuela, estaban en la cocinadera en la casa de la Colonia Rolando  Rodríguez, cuando repentinamente la avalllancha de lodo se los pasó llevando.

Según Pablina Rivas Castellón, este niño fue uno de los tantos rescatados por el evangélico Alonso Rueda Aráuz y su esposa Mariana Centeno González. Lo hallaron con el lodo casi hasta el cuello, sediento, hambriento y desnudo. No quedó nadie de su familia, y fue adoptado por Pablina Rivas Castellón, campesina de la misma zona.

¡Mamita, el cerro se nos viene encima¡

“!Mamita, nos morimos, el Cerro se reventó y se nos viene encima!”, le gritó su hija mayor, Cristina Gutiérrez García, de once años, a Dora García Ampié, 29 años, de la Rolando Rodríguez. Cristina salió corriendo a la calle, gritando: “Apurate, mamita, nos morimos todos”.

Ana Isabel tuvo tiempo sólo de tomar de la mano a la niña más pequeña, llamada Daysi, cuando la corriente de lodo los embistió. El lodo infernal le arrebató al niño, y ella quedó entrampada en el lodo y entre dos árboles unos 600 metros al sur.

“Yo gritaba desgarradoramente, pero no podía moverme, porque estaba entrampada entre dos árboles. Yo no sé, sería una media hora después cuando escuché un ruido a mi alrededor…era mi marido, Pablo Antonio Flores, quien había logrado desenterrarse él solo. Esta todo cubierto de lodo y casi desnudo. Aguantá un poco, calmate, te voy a desentrampar como pueda. De las niñas no sabemos nada”, le dijo Pablo Antonio.

Según el relato, Pablo Antonio duró casi dos horas en su lucha por desentramparla del lodo y los dos árboles. Terminaba su faena de desentrampar a su mujer, cuando escuchó el llanto de su niña chiquita, Daysi, quien estaba casi hasta el cuello enterrada en el lodo.

Apoyándose en palos gruesos y tablas, comenzaron la búsqueda de Cristina e Isaura, la otra niña de nueve años. No las encontraron ese día, ni nunca más.

En esa búsqueda en el lodo, encontraron enterrada en el lodo a Johana Medina, cuñada de Pablo Antonio, a la cual rescataron. Rescataron también a cinco sobrinos y diez vecinos de Pablo Antonio, todos los cuales estaban enterrados en el mismo sector en que había quedado Daysi.

Murieron también Jhony Henry Gutiérrez, padre de Pablo Antonio; asimismo falleció su madre, Norma su hermana con tres hijos, sus hermanos y hermanas, todos murieron: entre otros, Magdalena, Selena, Johana, unas 50 personas en total.

Patricio Valdivia Valdivia, 80 años, le dijo a un sobrino suyo: “Ve papá, mirá qué horrible los tumbos de agua, lodo y enormes árboles vienen del Cerro… !El Casitas se reventó!, hijo, se va a ahogar toda la gente de la Colonia”.

Ambos estaban en un potrero, pastoreando unas vacas, a unos 800 metros por el lado Este de la Colonia Rolando Rodríguez. Desde allí pudieron ver cómo la colonia desaparecía ante sus ojos.

“Casi todos los de mi casa murieron. Mi hija Bertilda y los chavalos, mis nietos, Claudina de 10 años, Manuel de Jesús, de 25 años; Claudia, Javier, Gricelda, Orlando y Elena, todos nietos, todos muertos”, relató Patricio mientras lloraba en uno de los refugios de Posoltega.

Beltrán Neira, un caso excepcional

Un caso que conmovió a todo el país fue el de Rigoberto Beltrán Neira, un hombre de más de 30 años, quien permaneció más de 100 horas entrampado entre árboles y el lodo “chorreado” por el Casitas desde su cúspide.

Beltrán Neira fue rescatado hasta el tres de noviembre en la tarde, cuando, al mismo tiempo, andaban varias brigadas (de nacionales y extranjeros) incineradoras de cadáveres insepultos en el lodazal infernal, tirado por el Casitas hacia el sur, derechito a Posoltega.

En esos momentos se informaba que cerdos, perros y zopilotes ya devoraban los cadáveres insepultos, especialmente aquellos que permanecían en sitios inaccesibles, como el lugar en que estaba Beltrán Neira.

Según los relatos del mismo Rigoberto Beltrán Neira, las correntadas de lodo, rocas y árboles, trituraron y mataron a toda su familia, junto a la cual, él fue arrastrado hasta quedar prensado en la masa lodosa mal oliente y aprisionado entre dos troncos de árboles enormes.

Estuvo gritando, pidiendo auxilio desde el mismo 30 de octubre al medio día,  pero nadie escuchó sus gritos desgarradores. Estaba hambriento, sediento, semidesnudo, pero su desesperación no era por estas tres cosas…!es que no podía moverse!, sentía que las piernas estaban paralizadas entre los dos troncos enormes.

Esa mañana del martes tres de noviembre por fin escuchó un ruido sigiloso cerquita de donde estaba entrampado. Era Salvador Cruz Miranda, un amigo y antiguo vecino suyo, quien andaba buscando a sus familiares tragados por el derrumbe, para lo cual utilizaba dos tablas, mediante las cuales no se hundía en el lodo.

“!Te voy a regalar este cordón de oro…!rescatame, por favor!”, le suplicó Beltrán Neira a Cruz Miranda, quien se acercó donde estaba prensado Beltrán Neira.

Cruz Miranda observó un poco el sitio del entrampamiento, y le dijo con tono sentencioso, decepcionante y terrible: “Imposible sacarte, hermano…además, ando desesperado buscando a mi familia…le voy a decir a los de Posoltega que estás aquí entrampado”, e hizo girar sus tablas hacia el lado Oeste, buscando la salida para el lado de El Tololar No.I.

Aquella presencia fortuita de Cruz Miranda,  fue clave para que Beltrán Neira salvara su vida. En la tarde de ese mismo día, se apareció una brigada de hombres del Ejército y de los Bomberos con dos sierras eléctricas, con las cuales cortaron los dos troncos de los árboles y lo liberaron.

Beltrán Neira, cuando era liberado, lloró sin cesar, como un niño asustado, enloquecido temporalmente de alegría, porque le estaban salvando la vida. Tenía ambas piernas fracturadas y raspones en todo el cuerpo, y conservaba intacto su cordón de oro grueso.

Fue subido a un helicóptero y llevado al Hospital España, de Chinandega, donde le amputaron ambas piernas porque ya las tenía engrangrenadas. Beltrán Neira no ha vuelto a ver a su amigo Cruz Miranda, gracias a quien está vivo. Tampoco se supo si Cruz Miranda encontró, al menos, los cadáveres de los miembros de su familia.

Quedamos sin familia y ¡sin nada¡

El martes tres de noviembre, Francisco Manuel y Mauro Antonio Pineda, padre e hijo, estaban sentados en el zacate, en el suelo, al Oeste de donde fue la Colonia El Porvenir.

Francisco Manuel se notaba abatido, pensativo, y Mauro Antonio estaba llorando. Ambos, con tablas y tejas de cinz, se habían dedicado a buscar a su familia de 35 miembros, durante los días sábado, domingo, lunes y el mismo martes.

“Nos quedamos solitos”, comentó Mauro Antonio, mientras sus ojos enrojecidos y suplicantes, dejaban escurrir gruesas lágrimas hacia el suelo zacatoso en que estaban sentados.

“Quedamos sin familia, sin casa, sin tierras, sin ropa, sin nuestros animalitos domésticos, sin nada, qué hacemos ahora?”, preguntó Francisco Manuel a un grupo de vecinos que lo rodeaban, lamentando la tragedia.

Ambos tenían sus rostros, manos, pies y ropas, ennegrecidos del lodo infernal del Casitas, cuyo erguimiento hacia el cielo de 1,104 metros de altura, insensible mole geológica de 200 millones de años de existencia, les parecía responsable, asesino u homicida, de sus 35 familiares.

Francisco Manuel y Mauro Antonio no fueron arrastrados por las correntadas del derrumbe del Casitas, porque ambos fueron esa mañana del viernes al casco urbano de Posoltega, a buscar unas medicinas para varios de sus familiares enfermos, entre ellos, la esposa de Francisco y madre de Mauro.

Cuando retornaban hacia El Porvenir, bajo intenso aguacero, ya no pudieron usar el camino por el cual habían circulado hasta el casco urbano de Posoltega, porque el derrumbe lo había desaparecido.

“Algo terrible pasó”, le comentó Francisco Manuel a su hijo Mauro, y efectivamente al poco andar remojados, chapaleando agua lodosa, se encontraron con la desolación mortal, y nada de la esposa, hermanos, abuelos, tíos, primos, nietos, ni las casas, ni los animales domésticos, !nada!…

Rosa Alejandra Osejo Martínez, de 31 años, perdió a tres hijas y a su madre Luisa Osejo. Sus hijas eran: Edelma, de cinco años; Guisel de tres, y Selena de dos años.

Vivían en El Porvenir, y según Rosa Alejandra, su madre y ella estaban afanadas en la elaboración del modesto almuerzo de ese día, en el fogón interno, cuando repentinamente oyeron que un nutrido grupo de vecinos gritaban, exigiendo que todo mundo buscara cómo ponerse a salvo, “porque el cerro se habia reventado”.

“Mi marido estaba en el patio, bajo la llovizna y también gritó: !Salgan, salgan, el cerro se reventó!, corramos hacia El Tololar!, pero no hubo tiempo, ahí nomacito se nos vino encima la avalancha de lodo, la cual nos arrastró no menos de un kilómetro al sur”, relató Rosa Alejandra.

Por esas casualidades extraordinarias de la existencia, Rosa Alejandra y su marido quedaron enterrados en el lodo casi juntos, en el lodazal horrendo.

Como pudo, su marido se liberó del lodo, y la sacó a ella también. Inmediatamente, ambos se dedicaron a buscar a las niñas y a doña Luisa Osejo, pero ni rastros, ni voces, ni manitas, ni piesitos de ellas encontraron jamás. Se las tragó el lodo infernal del Casitas.

Las brigadas de rescate e incineración habían quemado 323 cadáveres el lunes dos de noviembre, cuando Carlos Alberto Castellón seguía buscando los cadáveres de diez de sus familiares en un sector de la Colonia El Porvenir.

Avalancha los pasó arrollando

“Al reventarse el Cerro, todos salimos corriendo, para evadir la avalancha,  pero nos pasó arrollando. A mí me dejó enterrado a kilómetro y medio al sur. Me desentrampé solo, pero ya no pude encontrar a mi familiares, todos murieron”, dijo, mientras enterraba su cabeza entre sus manos húmedas por las lágrimas que le brotaban como ríos de dolor impotente e inconsolable de los pobres, siempre víctimas reiteradas de las tragedias naturales y sociales en estos países dominados por la anarquía gubernamental y corrupción burguesas.

He querido dejar por último el testimonio de la Vicealcaldesa de Posoltega, Mayra Guevara Sevilla de Cortés, quien vivía en la Colonia Rolando Rodríguez, donde murieron tres de sus hijos, su yerno, una nieta y una sobrina.

Por las obligaciones de su trabajo de Vicealcaldesa, la popular doña Mayra Guevara Sevilla había ido a la ciudad de Chinandega, donde los aguaceros la entramparon.

Intentó volver a Posoltega, o a su casa en la Colonia Rolando Rodríguez, pero las correntadas enormes se lo impidieron.

Ella estaba inquieta, desesperada en Chinandega, temiendo ocurriera lo peor a su familia y a todos los vecinos de sus amadas colonias Rolando Rodríguez y El Porvenir.

Sus hijas e hijo y su marido, Teófilo Cortés, también estaban desesperados en la Colonia Rolando Rodríguez, porque notaban el ambiente lluvioso y de correntadas muy feo y temían por Doña Mayra Guevara Sevilla.

Las hijas, el hijo y el yerno Angel Narváez, pidieron encarecidamente se fuera bajo lluvias y correntadas a buscar a Doña Mayra a Posoltega.

Teófilo Cortés salió muy de mañana de ese viernes 30 fatídico para todos los habitantes de las Colonias Rolando Rodríguez y El Porvenir.

Llegó a la  pequeña ciudad de Posoltega, donde no encontró a Doña Mayra. Le dijeron que su esposa estaba entrampada en la ciudad de Chinandega.

Intentó volver a la Colonia Rolando Rodríguez, ubicada al norte de Posoltega, rumbo al Casitas, pero cuando era medio día de ese 30, las correntadas no lo dejaron pasar, porque aquella parecía un mar desbordado encima de las huertas, los cauces, los caceríos y la misma Posoltega estaba ya inundada por los cuatro costados.

Aquel diluvio le hizo pensar en cosas terribles, tal vez en que sus hijas la estarían pasando muy mal, y entonces se reprochaba el haberlas dejado solas.

Vicealcaldesa lloraba sin cesar

Don Teófilo Cortés daba vueltas como león enjaulado en Posoltega, donde al mismo tiempo buscaba cómo ayudar en medio de aquella tragedia horrible.

Ese mismo día 30, ya de nochecita, por emisarios que lograron llegar de donde fueron las Colonias Rolando Rodríguez y El Porvenir a Posoltega, se supo que algo horrible y mortal había ocasionado el Casitas.

Como pudieron, Don Teófilo Cortés y su hijo mayor Juan Vicente Cortés Guevara se fueron el sábado muy de mañana, por veredas, en busca de su familia. Sus ojos, acostumbrados a ver los ranchos, los árboles y el ruido de los animales domésticos, esa mañana no vieron ni rastros de ninguna de las casas, ni de su vivienda.

El mundo se les vino encima. Teófilo echó a llorar, preguntó a don Alonso Rueda Aráuz si había visto por allí a sus hijas Nery Cortés Guevara, 22 años; Aracely, de 20; a su hijo Sneider, 18 años; por la nieta chiquita y por la sobrinita Angélica María Guevara.

“No, no los hemos visto durante los rescates que hicimos ayer viernes y sábado”, respondió Alonso Rueda Aráuz, el evangélico que salvó del lodo a centenares de personas.

Doña Mayra Guevara Sevilla, la Vicealcaldesa, fue la última en conocer la verdad terrible de que sus hijas, un hijo, una nieta, una sobrina y el yerno habían perecido todos bajo el lodo, y lo peor es que nadie quedó vivo para contar cómo murieron.

La Vicealcaldesa Guevara Sevilla lloraba y lloraba el sábado cuando ya supo de la muerte de sus hijos, nieta, sobrina y yerno.

Ya el domingo 1 de noviembre, Doña Mayra trataba de disimular su tragedia integrándose plenamente a las labores de rescate, a la búsqueda de cadáveres en el lodo, incluyendo los de sus familiares, y a buscar alimentos para saciar el hambre de los damnificados de Posoltega.

Juan Canales, 48 años, de la Colonia Rolando Rodríguez.

Tres hijos Celsi, Fabio y Reyna Patricia Canales Díaz, respectivamente de 15, 13 y siete años.

Médico Marlon López, ya en esos momentos del domingo 31, habían 1, 800 refugiados en la empresa “CONAGRA”, en las afueras del casco urbano de Posoltega.

“Siguen llegando refugiados de las faldas del Casitas. En El Tololar hay 300 refugiados, en la Calle Real están 250, y en Gothex otros 300”, informaba el médico, quien se quejaba de que el gobierno “no ha ayudado en nada”.

Héroes del Salvamento

Los lamentos angustiosos de “!ay, Dios mío, me muero, !socorro, socorro!, !auxilienme!”, se ahogaban por el ruído de una correntada pluvial violenta bajando del Casitas por la cárcava o cañada que virtualmente dividía la Colonia Rolando Rodríguez del caserío disperso de la comarca del Ojochal, situada al Este de la ruta seguida por el colosal derrumbe del Apastepe.

Los ecos de lamentos angustiados llegaban hasta los oídos de Alonso Rueda Aráuz, 54 años, campesino, agricultor, evangélico, y de su mujer Mariana Centeno González de Rueda, cuya familia humilde de 30 miembros, y pobre, fue virtualmente “tragada” por el aluvión infernal del viernes 30 de octubre.

Al oeste de la Rolando Rodríguez estaba situada otra cárcava, por medio de la cual pasaban raudas enormes correntadas en aquellos momentos dantescos.

Rueda y Centeno entendieron en minutos que sus familiares, amigos, simples conocidos y, en resumen, varios miles de vecinos habían quedado sepultados bajo miles de toneladas de lodo, rocas y árboles, porque ambos escucharon los ruídos, primero, y vieron los instantes, de segundos o minutos, en que el aluvión con oleajes negros desbocados bajó raudo del Casitas, a no menos de 70 kilómetros por hora.

Ambos estaban en su rancho campesino, de palmas silvestres viejas, en medio de un chagüite, cuando el aluvión de lodo, rocas y árboles bajó del fatídico Apastepe.

La correntada de lodo pasó a unos 40 metros al Oeste de este ranchito de pajas. No fue tocado, pero al escuchar los ruídos extraños “y ensordecedores”, Rueda Aráuz y su esposa Mariana se desplazaron a una lomita, desde donde presenciaron “el horrible desastre, que mató a tanta gente nuestra”.

“Esa avalancha negra de lodo, rocas y árboles, alcanzó, calculo yo, unos ocho metros de altura. Con esa altura duraría de tres a cuatro segundos, suficientes para pasar demoliendo todo el caserío de las Colonias Rolando Rodríguez y El Porvenir, las más dañadas”, considera Rueda Aráuz.

“Después de esa tumbazón veloz del aluvión, el lodo quedó emposado en un trecho larguísimo, donde se “tragó” a seres humanos, animales domésticos, casas, enseres hogareños, máquinas, árboles, piedras. En algunas partes, ese lodo tiene un espesor de hasta dos varas, casi dos metros, !imagínese que espantoso!”, añade el relato de este Héroe posoltegano.

Al paso del espantoso aluvión, e invadidos ambos por una crisis nerviosa, debido a la colosal tragedia natural y humana y comprendiendo que debían actuar sin perder tiempo, Rueda y Centeno González tomaron mecates de los que usan para amarrar sus caballos y terneros, palas y machetes, y se dirigieron hacia la orilla del cauce o cárcava, donde ya escucharon claritos los gritos desagarradores de algunos que estaban atrapados en las cercanías.

Seguía estando oscuro el ambiente, por la lluvia y la nubosidad presente, y el puente mediante el cual cruzaban hacia la Rolando Rodríguez, había desaparecido.

Habían transcurrido unos 30 minutos después del aluvión (avalancha, derrumbe, deslizamiento, desprendimiento, deslave).

Rueda Aráuz y su esposa Mariana iban pensando en rescatar a sus 30 familiares, y al mismo tiempo dispuestos a socorrer a sus vecinos, a los amigos “y a todo el que encontráramos”, relata Alonso.

Colocaron un reglón (madera) cruzado en el puente destruido, para cruzar al otro lado. Al ir caminando por la vega del cauce, hacia el norte, a la orilla del lodo, empezaron a escuchar más claro los lamentos angustiosos de una mujer, atrapada en el lodo.

“Nos hundíamos hasta más de la cintura en el lodo. Auxiliándonos mutuamente mi esposa y yo, caminamos lentísimamente hacia dónde escuchábamos los gritos desesperados de auxilio”, añade.

“Al irnos acercando, pudimos apreciar que la mujer movía los brazos y luchaba por salir, pero…Apenas se le veian la cabeza y los brazos”.

Enterrados en lodo y atrapados en alambres

Al acercarse ya a unos 50 metros, pudieron ver que junto a ella sobresalían otras tres cabezas de la superficie del lodo. El rostro de la pobre mujer, a la cual Rueda Aráuz no pudo identificar, se iluminó de alegría. Uno de sus tres acompañantes fortuitos estaba muerto, enterrado hasta el cuello en el lodo. Los otros dos, estaban inconcientes, enterrados también en el lodo.

Le tiraron uno de los mecates, para que la mujer se asiera de él, y jalarla. Al tirar fuerte del mismo, la pobre mujer lanzó un grito desgarrador, porque el cuerpo lo tenía atrapado entre alambres de púas y ramas de árboles.

Entonces, fue necesario luchar en remover lodo con las palas y machetes, para que la mujer no se siguiera hiriendo dentro del lodo infernal del Casitas.

Rescataron a la mujer, bastante joven, quien estaba  desnuda, pues la avalancha le había arrancado toda la ropa del cuerpo. Le pidieron que se sentara sobre el lodo, mientras procedían a “despertar” a los otros dos enterrados vivos, también desconocidos para el matrimonio Rueda Centeno.

Sin perder tiempo, usaron nuevamente los machetes, palas y las manos para abrir boquetes en el lodo todavía suave, con el fin de extraer los cuerpos inmóviles de los dos sepultados vivos en el fango fatídico del Apastepe. Eran dos hombres en mejores condiciones que la mujer. Dejaron al muerto allí mismo.

En medio de terribles dificultades, unos 300 metros adentro de la faja de lodo, cayéndose, entrampándose nuevamente en el lodo, finalmente salieron hacia el lado del rancho campesino, pero se toparon con la realidad terrible de cómo pasaban a los heridos por el puente ya mencionado. Había transcurrido casi una hora desde el momento en que se dispusieron a rescatar sobrevivientes.

Tuvieron que ingeniársela, y como si fueran trapecitas de circo, pasaron chineada a la mujer mientras caminaban sobre el reglón delgado colocado en el puente. Los dos hombres pasaron por su cuenta.

Esta experiencia de rescatar a los primeros tres sobrevivientes, les indicaba que debían usar otro método más efectivo, para no hundirse ellos y los rescatados en el lodo.

Rueda Aráuz fue en busca de dos láminas de cinz (de techo) y una tablita. Se acordó de sus tiempos de albañil. Mediante las láminas, cuando era albañil, caminaba sobre el cinz o tablas en el techo, para no caerse, para no pasar de paso desde la cumbre de la casa al suelo.

Eso mismo hizo sobre el lodo. Ponía una lámina tras la otra y de esa manera iban caminando de pies, de rodilla y en cuclillas él y su mujer, Mariana, en las horas siguientes.

De ese modo, el ingenio y la valentía humana se estaba poniendo en práctica nuevamente frente a la horrible tragedia.

Ya eran pasadas las doce del día de ese viernes 30. Con las láminas de cinz, los mecates, la tabla y los machetes, volvieron y caminaron dificultosamente hacia el sur unos 900 metros, es decir, hacia el lado contrario de donde habían rescatado a los anteriores.

Escucharon numerosos lamentos y gritos angustiosos en un sitio de la Rolando Rodríguez, que Rueda no precisa. Se acercaban al lugar de los lamentos, y en esa medida fueron descubriendo numerosos rostros de seres humanos, de cuyos cuerpos sólo se veían las caras llenas de lodo, las cabezas y los brazos.

20 enterrados en el lodo

Eran 20 personas, enterradas y enredadas en alambres de púas, ramas y piedras, según el relato aterrador de Rueda Aráuz y de su esposa Mariana Centeno González.

Unos seis estaban inconcientes, recuerda Rueda. El resto estaban entrampados, pero lúcidos y desesperadamente pedían auxilio. “!Ay, me muero, !ayúdeme!, no me dejen aquí, por favor!”, les gritaban unos y otros al verlos en labor de rescate.

Las láminas y la tabla ayudaban, de alguna manera, pero no resolvían la durísima tarea de evadir el infernal lodo al momento de hacer fuerza y excavar para rescatar a los entrampados.

“Nos íbamos hasta la cintura y el cuello al hacer fuerza, nos hundíamos más, al extremo de que hubo momentos en que nosotros dos casi nos quedamos también entrampados”, señala Rueda.

El mismo confiesa que ya en este segundo momento, ante los 20 sepultados, y ante tanto dolor humano, su mujer y él, no pudieron contener las lágrimas. “Lloramos, casi a grito partido”, dice.

De uno en uno, lentamente, los fueron extrayendo del lodo, haciendo esfuerzos sobrehumanos, mientras continuaba lloviendo y las correntadas de aguas pluviales, ya sin lodo, seguían bajando raudas del Casitas y sus alrededores por los cauces o cárcavas de la Rolando Rodríguez, El Porvenir y El Ojochal, hacia el Valle de las Mayorgas y Posoltega.

Aquellos hombres, mujeres, ancianos, niños y niñas, emergían como de las Ciénagas de Zapata en Cuba o en Miami, Estados Unidos, completamente cubiertos de lodo, sin ropas, sin zapatos, con los ojos, oídos y boca aterrados por la masa lodosa infernal, que los habìa conducido hasta allí y soterrado en ese lugar.

“Esa tarea de sacar a estos 20, fue agotadora para nosotros dos. Unos estaban fracturados de las piernas y no podían caminar, por supuesto. Otros, estaban raspados y golpeados en todo el cuerpo, desnudos.

“Era desesperante. Los enterrados en el lodo, todos casi al mismo tiempo, nos pedían a gritos, encerecidamente, que los sacáramos rápido, pero era imposible.

Labor  heroica y sobrehumana

“Pienso que la nuestra era una labor casi sobrehumana. Sin perder un segundo, sacamos del lodo a todos estos 20, todos vivos. Los que estaban en mejores concidiones, nos ayudaron a llevar, a paso muy lento, hundiéndonos y saliéndonos del lodo, unos, otros llevados de poco en poco en las láminas de cinz y la tabla, hasta sacarlos a tierra firme.

“Después, el grandísimo problema era cruzarlos chineados en el puente derrumbado, a los fracturados, por medio del reglón y un mecate, mediante el cual se pasaban agarrados de las manos, mientras el cuerpo  iba en el aire o en media correntada.

A todos los rescatados, los fuimos ubicando dentro de nuestro rancho de palma, donde les dimos nuestras ropas, sábanas, sacos, camisolas, todo lo que teníamos, para que se cubrieran el cuerpo.

“Mariana y yo seguimos rescatando gente del lodo. Ese día viernes 30, rescatamos 30 sobrevivientes. Dejamos de rescatar seres humanos al anochecer, porque la oscuridad total lo impedía. Se nos hacía un nudo en la garganta al no poder ir allá lejos, hacia el centro del aluvión, de donde venían los lamentos transportados por el viento, porque ya era de noche y debido a que era imposible internarse mucho hacia el Oeste en ese infierno de lodo, rocas y árboles.

Esta parte se refiere a que no podíamos cruzar en lodo hacia donde fue la Colonia El Porvenir, por la inmensa cantidad de lodo. Ese día, no encontramos a nadie, ni sobrevivientes, ni muertos, de nuestra familia”, relata Rueda Aráuz.

Al anochecer, Rueda y Mariana comprendieron que en el ranchito tenían otro horrible drama. Los fracturados, heridos y golpeados bramaban de dolores intensos, mientras allí no había pero ni una aspirina para nadie.

Ya en la noche de ese viernes, mientras seguía lloviendo, Rueda Aráuz y su mujer, Mariana Centeno, tendieron hamacas, tijeras y sacos, para que se acostaran los que más estaban sufriendo por fracturas y heridas.

Al resto, hombres, mujeres y niños, les pidieron que se acostaran en el suelo húmedo del pequeño ranchito de unos 28 metros cuadrados de radio de construcción.

os que estaban en mejores condiciones físicas, Rueda Aráuz y Mariana, esa misma noche, cocieron arroz, frijoles y guineos cortados del chagüite, sin aceite, para que todos dieran un bocadito.

Dichosamente, Rueda y Mariana habían guardado agua limpia en dos barriles, con la cual se le lavaron las fracturas y heridas a los que habían sido más maltratados por el aluvión infernal. No hubo café, sólo agua, para acompañar los bocaditos de arroz, frijoles y guineos. Encendieron un candil carretero, el cual fue colgado en uno de los horcones del rancho. Un radio pequeño, propiedad de Rueda Aráuz, daba las noticias de que algo terrible estaba ocurriendo en el país, por medio de las Radios Ya, Sandino y La Primerísima.

Con recipientes pequeños, agarraron agua de lluvia. Prácticamente nadie durmió, porque era doloroso, triturador de alma, escuchar los lamentos de los fracturados y heridos.

“Mucho menos que pudiéramos dormir nosotros, Mariana y yo, pues estábamos pendiente de lo que ocurriera con todos los 30 sobrevivientes, algunos de los cuales nosotros creíamos que podían morir esa misma noche. Además, en todo el día no pudimos obtener información sobre nuestros familiares. Estábamos claros de que habían muerto”, recuerda Rueda Aráuz, ante cuya rememoración se le brotan las lágrimas otra vez.

A las cinco de la mañana del sábado, cuando apenas clareaba, al siguiente día, Mariana y Rueda volvieron al escenario infernal, para continuar buscando sobrevivientes atrapados entre rocas, árboles y lodo.

Esta vez caminaron primero unos mil metros al norte, hacia el lado noreste de donde estuvo la Colonia Rolando Rodríguez. A esa altura, se adentraron en el lodo al escuchar ecos casi apagados de pedidos de auxilio.

Por el conocimiento anterior de la Colonia Rolando Rodríguez y adivinando un poco, creyeron ir por donde fue la llamada “Calle del Puente”.

Al poco irse hundiendo y emergiendo del lodo, a unos 500 metros al Oeste de la orilla, divisaron otras diez cabezas de seres humanos sepultados en el fangal lanzado por el fatídico Apastepe.

Unos podían ver a los demás, porque habían quedado de frente sepultados en el lodo. Otros, en cambio, no se podían ver entre sí. Sabían que estaban otros allí, cerca, sepultados, porque cada uno lanzaba gritos de dolor, o pedían !auxilio, socorro!, que se hizo de “siglos” en llegar, en este caso hasta el siguiente día.

¡Sacame de este infierno, hermanito¡

Allí estaba, hasta el cuello de lodo, su antiguo amigo Eduardo Calero, quien al verlo, jubiloso meneaba la cabeza y los brazos. “Sacame de este infierno, hermanito… sos el Angel salvador de nosotros”, dijo Eduardo, mientras las gotas de lágrimas le brotaban de los ojos cubiertos de un lodo negro y un poco hediondo a azufre.

“Todos los que estaban allí enterrados son conocidos. No recuerdo sus nombres, pero son conocidos de mi familia, de mi esposa y de mis hijos. Ellos se alegraron y lloraron al vernos, y nosotros también. No me avergüenza confesarlo. Mariana y yo lloramos una y otra vez, mientras nos dedicábamos a la labor tediosa y sofocante de rescatarlos del lodo”, sostiene Rueda Aráuz.

“Era aterrador verlos llorar, o expresar alegría así como estaban enterrados en el lodo. A pesar de que estaban heridos y muy golpeados, usted hubiera visto cómo retozaban de alegría cuando ya los habíamos desentrampado del lodo”, añade Alonso Rueda Aráuz.

En ese lugar encontraron varios muertos. “No podíamos detenernos a rescatar los cadáveres, porque perdíamos tiempo en auxiliar a los vivos”, señala Rueda.

Allí en ese lugar, estaba un niño que costó mucho tiempo desentramparlo.

La criaturita le advirtió desde el principio que él sentía que algo terrible lo aprisionaba abajo, en los pies.

Fue necesario abrir, pacientemente, un hoyo ancho y redondo en el lodo, para descubrir los pies del niño, quien efectivamente estaba virtualmente atado por varias vueltas de alambres de púas, más ramas gruesas, de árboles, que lo aprisionaban.

El niño, valiente, no lloraba mientras estaba prensado y atollado en el fango, pero cuando ya lo sacaron, estalló en llantos, que al mismo tiempo parecían llantos por dolor y júbilo.

Tenía llagados los pies, muy heridos, al extremo de que no pudo caminar. Fue necesario llevarlo chineado todo el trayecto hasta el ranchito de Rueda.

Siguieron rescatando sobrevivientes, hasta que oscureció ese sábado.

Mientras tanto, en el refugio, en su rancho, habían dejado como responsables a los que estaban en mejores condiciones, para que consolaran, al menos, a quienes estaban pasando momentos realmente horribles por fracturas, heridas profundas, raspones o golpes en todo el cuerpo.

Nadie del gobierno había llegado a rescatarlos, por supuesto.

Rueda y Mariana dejaron instrucciones para que los hombres y mujeres, en mejores condiciones físicas, cocinaran los pocos frijoles y arroz que quedaban en el rancho, para que a cada uno se le diera un bocadito.

Esa noche del sábado, los lamentos fueron más graves dentro del ranchito, pues las fracturas y heridas de los más lesionadas se estaban engangrenando, mientras Rueda y Centeno no podían hacer nada.

La existencia de arroz y frijoles en la finquita de Rueda y Centeno se había agotado. Ya no había agua en los barriles y era preciso recogerla de la lluvia que estaba cayendo.

Fueron raros los que pudieron dormir esa otra noche del sábado. Rueda y Mariana no durmieron.

Llega Escoto Moraga

Al ranchito llegaron, esa noche del sábado Enrique Santaleí y Félix Moraga Escoto, el motorista del pozo comunal, quien por su cuenta había andado rescatando sobrevivientes también por el lado norte de la Colonia Rolando Rodríguez.

Moraga Escoto había rescatado no menos de 20 sobrevivientes entre viernes y sábado, según me contó.

Ambos llegaron a juntarse con Rueda y Mariana Centeno González. El domingo, amanecieron con la novedad en el rancho de que se habían muerto tres niños y Marta Calero, hija de don Eduardo Calero.

Rueda se sintió aliviado con la ayuda de estos dos jóvenes y otros hombres que se agregaron esa misma noche del sábado.

Al clarear por el Este, el domingo en la mañana, salieron en grupo hacia el lado norte de la Colonia Rolando Rodríguez. Rueda orientó al grupo de amigos que usaran profusamente láminas de cinz y tablas, para que se adentraran en toda la faja de unos tres kilòmetros de ancho del aluvión, para buscar sobrevivientes.

Ese día mejoraron las técnicas de rescate, pues además de las láminas de cinz y tablas para caminar sobre ellas en el lodo, llevaban también baldes de agua, para aflojar el lodo en el momento en que estaban rescatando sobrevivientes y lavarles, al menos, los ojos y los oídos.

Ese domingo rescataron del lodo aterrador alrededor de 40 hombres, mujeres, ancianos y niños, todos ellos fracturados, heridos y golpeados.

Todos los rescatados estaban siendo llevados al ranchito de Rueda, donde ya habían más de 80 personas el domingo. No había un solo pedacito desocupado.

Ese mismo domingo empezaron a llegar los helicópteros de la Fuerza Aérea del Ejército Nacional, los cuales, equipados con escaleras, anduvieron rescatando gente, mientras en el rancho, ese día, sólo fue posible cocer guineos, porque ya no habían frijoles, ni arroz.

Los helicópteros bajaron para llevarse a los sobrevientes que estaban en el rancho de Rueda Aráuz, rumbo a los hospitales de Chinandega, donde muchos fueron, posteriormente, amputados de piernas porque ya las tenían engangrenadas.

Ese domingo en la anoche, Rueda y su mujer, Mariana, ya no aguantaron el profundo cansancio físico y se durmieron, a pesar de que los embargaba la angustia por sus familiares “tragados” (muertos) por el lodo infernal, rocas y árboles del Apastepe.

Este relato de Rueda Aráuz, se produjo en el escenario tenebroso en que anduvo rescatando sobrevivientes, donde el lodo ahora (noviembre de 1998) está seco y fracturándose.

“La Rolando Rodríguez tenía siete calles, de sur a norte. La primera calle, le decíamos “donde Cándida Canales”, luego El Espino, y la del Pozo, y la de Miguel Canales, la de donde la Adriana Muñoz, y la de la entrada donde Marina Rostrán, otra parada y calle llamada Marina Rostrán”, dijo.

“En la Escuela, recordó, habían más de 600 niños escolares, lo cual le da una idea de la cantidad de gente residente en estas dos colonias arrasadas por el alud del Casitas”, añadió Rueda.

Allí recordó numerosos nombres de conocidos suyos que fueron sepultados por miles de toneladas de lodo, rocas y árboles.

Una de las primeras recordadas fue Rosario Murillo, cuya casa desapareció completamente. Toda su familia fue “tragada” por el lodo infernal. Una de sus miembros más conocida, era Doris.

Como testigo mudo de la tragedia quedó en pie un árbol de almendro, el cual, milagrosamente, no fue arrancado por la avalancha de lodo.

A unos 50 metros del almendro, quedó un árbol de mango, donde estuvo la casita de Don Carlos Roque Mendoza, “de cuyo cadáver tampoco supimos nada”, comentó este héroe llamado Alonso Rueda Aráuz.

Don Roque era muy conocido en todas estas colonias, porque era uno de los que más cultivaba frijoles para la venta y su consumo personal. Su huerta estaba ubicada en El Ojochal, cuenta Rueda.

Mientras se le notaba la mirada “ausente”, iba recordando nombres: Eduardo Gutiérrez, Isidro Hernández, Napoleón Narváez, Elia Centeno, Doña Consuelo, Don Braulio Valdivia, Tino Juárez, Mauricio Vargas, Antonio Vargas, el niño Zacarías Vásquez, Luis Vásquez, Antonio Ramos y Miguel Canales, Pablo Pérez, Salvador García, Adriana Muñoz, José “Chepe” Estrada, Alberto Núñez, todos muertos.

El domingo 1 de noviembre, ya referido, la Alcaldesa de Posoltega, Felícita Zeledón Rodríguez, anduvo sobrevolando las faldas del Volcán Casitas y zonas aledañas destruídas en un helicóptero del Ejército Nacional, con la esperanza de encontrar más sosbrevivientes.

Esto ocurrió después que el presidente Arnoldo Alemán Lacayo la llamara “loca” porque había informado por medio de Radio Ya que los muertos ascendían…” a unos mil muertos…”. Con su afirmación no se acercaban ni a la mitad del total de los muertos, pero Alemán, irresponsable, la llamó “loca”.

Ese mismo domingo, un hábil piloto de la Fuerza Aérea, con sus ayudantes abordo, desplegaban una escalera metálica desde el aire hacia la masa de lodo, para que los entrampados subieran por ella.

 

Aquello fue un espectáculo increíble, doloroso, pues muchos de los que subían, estaban, al mismo tiempo, atrapados entre alambres o ramas mientras estaban entrampados en el lodo.

La búsqueda se suspendió temprano ese domingo, porque las nubes de agua negras y densas cubrieron todo el territorio cercano al Casitas, e impedían la visión normal en el ambiente.

La Alcaldesa también suspendió su búsqueda ese día.

Alemán Lacayo abandonó a los sepultados del Casitas

Arnoldo Alemán Lacayo, jefe del gobierno, abandonó desde el principio a los pobladores a su suerte, pues desde unos diez días antes se sabía que el Huracán “Mitch” se estaba desplazando en el Atlántico y tomaba rumbo al territorio nicaragüense.

Pero, con el descaro que lo caracteriza, ese día domingo emitió un mensaje repentino, mediante el cual dijo cosas como ésta: “…Estamos ante una gravísima emergencia…”, emergencia que negó antes y después como aquellos muñecos porfiados de la  Televisión.

“La situación es catastrófica…”, dijo otra vez, para agregar que los daños habían sido de…”inmensa magnitud, de efectos negativos”.

Por último, decretó tres días de duelo nacional.

Casi al mismo tiempo, la Alcaldesa Felícita Zeledón Rodríguez, daba una declaración telefónica conmovedora a Radio Ya.

“Esto impacta al corazón más duro…hay desolación completa. No quedaron casas, ni árboles, ni animales, ni los enseres domésticos, se abrieron enormes zanjones, hay unas 500 personas vivas enterradas en el lodo, que levantan sus manos, gritan pidiendo auxilio, uno los puede ver en la semioscuridad cuando uno va desplazándose en el helicóptero, que fue el único helicóptero que nos facilitaron hoy por tanta insistencia mía…

Con ese helicóptero rescatamos la primera parte de gente sobreviviente que estaba alojada en El Ojochal, donde Alonso Rueda Aráuz.

Pido más helicópteros y brigadas de rescate para sacar del lodo a hermanos que gritan desgarradoramente que los salven, pero yo no he podido hacer nada hoy, porque no tenemos con qué hacerlo…

Hemos rescatado 144 hermanos con vida del Jocote y de Santo Domingo…todos muy grave, todos están en el Hospital de Campaña de Chichigalpa…

Algunos jovencitos, heridos graves, sólo dieron sus nombres y murieron cuando llegaban al Hospital de Campaña de Chichigalpa.

Se desgarra al alma al ver destrozados a ancianos, niños, mujeres, hombres, muchos de ellos sin sus piernas, sin sus brazos… he llorado mucho al ver los cadáveres prensados en el lodo, entre los árboles y las rocas…

Creo que la mayoría de los pobladores murieron en las Colonias Rolando Rodríguez, El Polvenir, El Torrión, Santa Narcisa y El Ojochal…Se han rescatado mucho cadáveres y ya estamos haciendo fosas comunes, ya enterramos 200 en Villa Sandino y posiblmente se queme otra cantidad de cadáveres en el Valle de las Mayorgas.

El clamor de Posoltega rompe el alma. Todo el mundo llora buscando a sus muertos. Necesitamos mitigar el dolor, el hambre y la desesperación de tanta gente que ha perdido a sus seres queridos.

Se pueden burlar de nosotros sólo los que tienen corazón de roca, los que no saben qué cosa es ser hermano.

Este problema se sale de las posibilidades de poderlo resolver con recursos municipales locales, porque nuestras Alcaldías no poseen recursos ténicos especializados, para hacer rescates como en este caso, por ese motivo recurrimos al Ejército para que nos ayude a rescatar a los hermanos que se mueren lentamente entrampados en el lodo, rocas y árboles.

El gobierno no ayuda en nada, más bien ser burla de nosotros. El problema de Posoltega es nacional. Hay que entrar a los zanjones a buscar centenares o miles de cadáveres, para que no haya una epidemia.

Las fuentes de agua potable desaparecieron, las letrinas se hundieron, no tenemos comida, ni medicinas, y por eso hacemos un llamado al gobierno central, para que ayude y se dejen de hacer señalamientos burlescos y vulgares.

Hoy temprano en la tarde se volvió a poner oscuro el ambiente, y no pudimos seguir rescatando hermanos entrampados en el lodazal, o los que están heridos, pero a salvo para el lado de Santa Narcisa. Tenemos que sacar fuerza de la flaqueza y paciencia y tener fé en Dios, para ayudar a nuestros hermanos golpeados por la naturaleza”, expresaba Zeledón Rodríguez aquella noche del 31 de octubre.

Ese mismo día 31 de octubre, Josefina Ulloa Velásquez, dirigente del Movimiento de Mujeres María Elena Cuadra, de León, había logrado llegar a Posoltega, después de ir pasando sobre cadáveres en la carretera León-Chinandega y sorteando correntadas enormes con mecates en los cruces de cauces y ríos como el Telica.

“Nunca me imaginé que iba a ver tanto muerto, tan dantesca destrucción ocasionada por un derrumbe tan colosal como éste.

Aquí los niños, mujeres, hombres y ancianos lloran por sus muertos en las orillas de los cauces o zanjones, buscan a sus familiares entre las rocas, los árboles, el lodo, entre los cañales…

Hoy por la mañana encontraron a 50 cadáveres, todos entrampados entre árboles y lodo, o metidos en los cañales, hasta donde fueron arrastrados por las correntadas inmensas, bajadas del Casitas..

Las casas de la comunidad de La Vírgen quedaron todas destruidas, por ejemplo, mientras la mayoría de sus vecinos durmieron en las copas de los árboles, amarrados con mecates, o sencillamente sostenidos con las manos, pidiendo a Dios no dormirse, para no caer a las corrientes.

Esto es muy triste…no tengo palabras adecuadas para describir este horror, sólo atino a llorar con los que aquí claman al cielo por sus familiares desaparecidos o muertos.

He podido ver, al llegar aquí, 570 personas refugiadas en “La Manicera y “Conagra”…Hay un dolor tan enorme, francamente indescriptible”, añadía Ulloa Velásquez.

Doris García, de la Asociación de Trabajadores del Campo,  angustiada decía ese mismo día domingo 31: “Mi organización y yo anduvimos hoy, a pie, por el lado del Casitas. Pudimos ver centenares de cadáveres, una destrucción horrible, que jamás imaginé ver en mi vida. Las nubes se ven negras, el ambiente es oscuro y seguramente seguirá lloviendo hoy y habrán más muertos, mientras el gobierno tercarmente no decreta emergencia nacional, y más grave aún no axilia a la gente, sólo falta que Felícita Zeledón Rodríguez se ponga de rodillas ante el gobierno…es una barbaridad, uno llora al escuchar a esta Alcaldesa, mientras el gobierno se burla de ella.

Yo pude ver cómo los campesinos estaban sacando fracturados y heridos golpeados en carretas, jaladas por bueyes, en hamacas, o camillas improvisadas, pero del gobierno no vi a nadie…sólo se oyen las burlas de Alemán por la radio.

Todo el país debiera estar en Estado de Emergencia. Ojalá se sensibilice este gobierno, que no tapen el Sol con un dedo.

En forma dramática, esa misma noche del 31, Benjamín Chávez Romero, Félix Thomas Ruíz y Gustavo Bardales, periodistas los tres, trasmitían a Radio Ya, la primera lista de lesionados por el alud del Casitas, trasladados por helicópteros del Ejército Nacional de los refugios cercanos al Casitas hacia Hospital España u Hospitales de Campaña de Chichigalpa.

Fueron dos vuelos de los helicópteros: uno a las ocho y media de la mañana y el otro a las diez de la misma mañana del domingo 31 de octubre.

De Las Parcelas: Pablo Pérez, de 43 años; Manuel Flores Caballero, 13 años; Francisco J. Flores Leytón, ocho años; Adalina del Rosario Rueda, 19 años; Juan Baustista Moreno, 19 años; Ricardo Ruíz, 52 años; Omar Martínez Tercero, 19; Oscar Pichardo, Orlando Rodríguez, Lesbia Carolina Díaz, 14.

De Los Polvones: Elías Tercero Rueda, Rosa Montoya, 30; Francisco Bentura Funes, 26; María Beltrán, César Espinoza, 24; Alberto Silva, 40; Marta Velásquez, 19.

De la Rolando Rodríguez: Boris Eloy Tercero, 3 años; Bary Mitchel, 18; José Enrique Delgado, 12; Ronald J. Osejo, 23; Daysi Pineda, 6 años; Juana Velásquez, 29; Angélica Mayorga, 3 años; María de los Angeles Tercero Maradiaga, 29; Abelina Caballero, 19; Nelson Huertado, 35; Néstor Castellón, 9 años; Boris Tercero, 60; Carlos Castellón, 32; Marlon Enrique Carrión, 13; Tomás H. Carmona, 12; Léster Ramón Zapata Sandoval, 6 años; Luis Sandoval Rodríguez, 4 años; Léster Antonio Castellón, 9 años; Hdenry Luis Castellón, 13; Yader Francisco Castellón Vanegas, 21; Claudio Aburto Castellón, 22; Wilbert Castellón, 18; Aníbal Vallejos, 13; Adán Castellón, 48; Mariano Castellón, no se sabe la edad; Isidora Zapata Acosta, 48; Esmeralda Vanegas, 64.

Del Tercero vuelo del helicóptero: Darling Rostrán, 15; Eddy Martínez, 13; Marìa Urrutia Martínez, 38; Yésica Urrutia Laguna, 18; María Ester largaespada, 7 años; Ana Isabel García, 27; Miguel Rostrán, no se sabe la edad; Pablo Antonio Gutiérrez, 30; Cándida Canales, 70; José Estrada, 21; Ana García Ampié, 27; Miguel Rostrán Laguna, 42; Dominga Bejarano Posada, 57; Alina Urrutia Ramírez,  38; Rigoberto Beltrán Alaníz, 25; Alberto Gutiérrez Bone, 36; Alberto Leytón Paredes, 36; Marbelí Urrutia Canales, dos meses de nacida; Rosa Peralta Chávez, 30; Félix Pastrán Laguna, 13; Carlos Marín Urrutia, 22; Danilo Muñoz Muñoz, 48; María Escorcia, 50; Vilma Urrutia Martínez, 39; Antonia del Carmen López, 24; Ricardo García Pérez, 23; Isabel Membreño, 28; José Feliciano Obando, 54.

Cuarto Vuelo del Helicóptero del Ejército Nacional, ocurrido a las 2: 15 del domingo: Carmen González Madrigal, 70 años; Elí Humberto González, 19; José Concepción Canales, 37; Yazmina Urrutia, 16; niña desconocida de dos años;  Marina Adriana Muñoz, 41; Juan Núñez Gòmez, 36; José García, 21;

Martìn Gerardo Murillo Valverde, 64; Carlos Manuel Vargas, no se sabe la edad; Jesús Salvador Rivera Mendoza, 21.

De la Rolando  Rodríguez: Carmen Martínez Laguna, 19; Ana Francisca Obando, 59; José Roberto Ríos Gutiérrez, 25; Ramón Mondragón, 14 años; Carlos Caballero, 78; Isidro Maradiaga, 48…

Eran 112 pacientes llevados al Hospital España, Chinandega, en ese momento, según los tres periodistas mencionados.

Segundos después, Benjamín Chávez Romero informaba que los jóvenes Isaac Antonio Rostrán, 16 años, y su hermano Yader, 15, habían sido arrastrados ese mismo día por correntadas bajadas del  Casitas hacia Posoltega.

Igualmente, Gabriela Cristina Castellón, 19 años, y su hermanita Marisela, de siete años, también habían sido arrastradas por las correntadas el mismo domingo 31 de octubre.

Chávez Romero afirmaba que en los Hospitales España y Abdalah ya no tenían espacio para seguir recibiendo heridos, y que la doctora Juárez Centeno pedía desesperadamente que el Hospital Oscar Danilo Rosales (León) empezara a recibir los pacientes que estaban saliendo de otros municipios chinandeganos y leoneses como Chichigalpa, Telica, Villa Nueva, Somotillo y otros.

Estos periodistas informaban desesperadamente acerca de que habían 1, 300 personas ailadas en la Villa 15 de Julio y del Higueral, donde las correntadas del lado norte del Casitas habían causado estragos terribles en las viviendas, caminos y siembros.

Decían, ese domingo 31 de octubre en la noche, que 350 familias de Acacunca, en el extenso Valle de Villa Nueva, estaban siendo rescatadas dramáticamente en ese momento por personal de la Alcaldía, encabezado por el Alcalde Luis Felipe Guerrero Jarquín. Ese rescate se producía en lanchitas, las cuales se desplazaban por potreros y huertas completamente inundadas.

Igualmente, se rescataban esa noche a centenares de fammilia de la comunidad de El Jicote, también en Villa Nueva, por medio de tres lanchitas, que el Alcalde Guerrero Jarquín había conseguido con pescadores de El Guasaule.

Se trabajaba afanosamente en medio de las enormes correntadas en los sectores del Marimbero y Hato Grande, en el mismo sector de Villa Nueva, según lo que les pude captar esa noche a los periodistas chinandeganos.

Estos valiosos periodistas informaban esa misma noche dramática que en esos momentos se disponían a quemar cadáveres en Posoltega y en Chichigalpa, pues ya se temía el estallido de una epidemia.

Informaban que en esos momentos se movían sin cesar los  Alcaldes de estos municipios de occidente, entre ellos el de Chinandega, Rodolfo Gríos Herrera, el jefe de la Policía, Donald Scampini, los bomberos, la Cruz Roja, los miembros de la Defensa Civil, pero no aparecían por ningún lado funcionarios del gobierno de Alemán Lacayo.

En una trasmisión de ese domingo 31, Radio La Primerísima, informaba que los socorristas de Chinandega habían recuperado 360 cadáveres de entre el fango, rocas y árboles, dejados por el alud del Casitas.

En forma dramática, con un nudo en la garganta, uno de sus corresposanales afirmaba que sólo se habían salvado 92 de los 1, 100 residentes de la Colonia Rolando Rodríguez.

De esos 92, sólo unos pocos (no decía cuántos) habían resultado ilesos al evadir la muerte en la avalancha o alud del Casitas.

Con un tono de dolor profundo en su voz, el corresponsal decía que todavía no se sabía si habían muerto todos los pobladores de las las Colonias El Porvenir,  Santa Narcisa, Versalles y El Ojochal.

Esa trasmisión radial indicaba que los cálculos de muertos en Posoltega y sus alrededores andaba por los 4,000 y unos 1,000 desaparecidos.

Decía el corresponsal que aquello era dantesco, apocalíptico, y recordaba que el Terremoto de 1972 en Managua se redujo al diámetro capitalino, y que en este caso, en cambio, los muertos, heridos, golpeados y destrucción generalizada, era ahora en todo el país.

El gobierno de Alemán manejaba ese día domingo el dato de que en Posoltega habían muerto tan sólo 360 personas.

En ese momento ya se sabía de la muerte de César Castellanos, Alcalde de Tegucigalpa, Honduras, quien pereció en un accidente aéreo cuando andaba inspeccionando los daños ocasionados por el Huracán “Mitch”, lo cual, por supuesto, daba una idea totalmente contraria al “yoquepierdismo” criminal del gobierno en Nicaragua.

Castellanos andaba inspeccionando desde el aire sobre cómo, precisamente, los deslizamientos de tierra del Cerro El Berrinche habían formado diques de lodo y piedras en el Río Choluteca, lo cual amenazaba con más inundaciones a la capital hondureña.

“Cerntroamérica quedó virtualmente destruída por el paso de este brutal Huracán “Mitch”, decía ese domingo Richard Paz, un especialista en Meteorología de Estados Unidos.

“Para Honduras, esta destrucción dejada por el Huracán “Mitch” es peor que 100 golpes de Estado, ésto es devastador, significa un esfuerzo de reconstrucción de 30 a 40 años”, comentó el vicepresidente hondureño William Andel, mientras observaba los escombros en San Pedro Sula ese mismo domingo 31 de octubre.

Andel dijo ese domingo 31: “Pude ver impotente desde el helicóptero cómo se hundían tres personas en el agua. Ví cómo la corriente se las llevaba, para mí fue doloroso no poder hacer nada… No hubo forma de alcanzarlos, para salvarlos”.

Confieso que al oir estos relatos aterradores, se me rodaban las lágrimas ese día domingo en la noche.

No se me olvida un relato radial, procedente de Chilanguera, comunidad del sudeste salvadoreño. Se decía que “20 ataúdes, manchados de barro, reposaban frente al Altar de una pequeña Iglesia, la única estructura en pie entre un mar de escombros dejados por las correntadas del día anterior, el sábado 30 de octubre. Las casas fueron arrancadas por las corrientes, los animales fueron arrastrados hacia los cauces, de los árboles no quedó nada, y el suelo también quedó destruído”, decía un coronel llamado Ricardo Arango.

El coronel Arango añadía en esa trasmisión radial que “no menos de 100 personas pudieron morir, otras 60 están desaparecidas”, se lamentaba el alto militar salvadoreño, quien al mismo tiempo decía que “Chilanguera” había desaparecido completamente, así como desaparecieron decenas de comunidades en Nicaragua.

Informaba Arango que también había desaparecido la comunidad de “Chirilagua”, en el oriente salvadoreño.

En esa misma trasmisión radial se lanzaba la noticia también dramática de que 30 tripulantes estaban desaperecidos con todo y barco frente a las costas hondureñas en el Océano Atlántico.

Se decía que el Huracán “Mitch” los había atrapado en los momentos de su máximo poder, y cuando entraba por el Este en territorio hondureño.

“Esa multitud de muertos de Posoltega… ese alud de lodo, de rocas, de árboles, que vino del Casitas, se hubiera evitado si responsablmente este gobierno nacional hubiese planificado, organizado a la población nicaragüense, para recibir al fenómeno natural, se hubieran mitigado las pérdidas humanas, pero desafortunadamente no hizo nada”, acusó ese mismo día domingo el periodista leonés José Luis Calderón.

Calderón recordó que cuando el Huracán “Joan” o “Juana”, en octubre de 1988, el gobierno revolucionario sandinista responsablemente alertó a la población con varios días de anticipación, y se dedicó a organizar a los pobladores en todo el país, lo cual permitió que se salvaran miles de vidas humanas y que los daños materiales fuesen menores.

Estas afirmaciones de Calderón se produjeron en la mañanita del lunes dos de noviembre, mientras una brigada de 15 bomberos chinandeganos, al mando de Víctor Barrios y Orlando Barreda, iba subiendo las faldas del Volcán Casitas, rumbo a un sitio llamado “La Providencia”, donde se habían descubierto 130 cadáveres.

El asunto me llamó poderosamente la atención por una doble razón: iban rumbo a un sitio muy peligroso, pues “La Providencia” estaba situada en dirección del derrumbe, avalancha o alud del Casitas, en la parte más alta, y porque la comunicación telefónica con Radio Ya me parecía sensacional, si se toma en cuenta la dimensión histórica de lo que había ocasionado el Volcán  Apastepe y la audacia de los bomberos.

Al hablar por el celular, a una altura de más de mil metros, se escuchaban jadeantes, pero decididos a llegar.

“Estamos viendo desde aquí dos casitas cerca de la cúspide, por donde comenzó el derrumbe. Se ven aparentemente en buen estado…estamos a unos tres kilómetros de distancia. Vamos a llegar, cómo sea, para ver si podemos salvar vidas y de paso quemar esa cantidad de cadáveres que dicen hay allí en La Providencia”, expresaba Orlando Barreda.

En todo el trayecto, comenzado por el Oeste del Volcán, no habían encontrado señales de vida, según expresaban ellos mismos.

Eran casi las dos de la tarde cuando se produjo la llamada telefónica desde las faldas del Volcán. No hubo ninguna otra llamada telefónica, pero después se confirmó que efectivamente encontraron casi un centenar de cadáveres ya en estado de descomposición, y evacuaron a numerosos seres humanos que permanecían en la parte superior del Volcán.

Ese lunes,  los acontecimientos espectaculares menudearon, especialmente con el hallazgo de un niño de diez meses en una roca enorme, de casi tres metros de altura, situada a la orilla del lodazal del alud, según daban a conocer por Radio Ya Benjamín Chávez Romero y Félix Thomas Ruíz.

Nadie se explicaba cómo el niñito estaba ileso y sobre una roca enorme, de las que rodaron con el alud sobre las Colonias Rolando Rodríguez, El Porvenir, Santa Narcisa, El Torrión y El Ojochal.

Un sobreviviente de nombre Orlando Miranda lo había encontrado jugando encima de la roca, donde el niñito de diez meses había aguantado hambre y frío. El niño fue adoptado por Miranda, pues nadie lo reclamó días después, lo cual indicaría que murió toda la familia del pequeñito sobreviviente.

Cómo quedó encima de semejante roca? ¿Cómo logró sobrevivir? Nadie lo sabe, y posiblemente jamás se sepa. Esta noticia fue conocida a las siete de la noche desde las faldas infernales del Casitas.

Ese mismo lunes, Chávez Romero y Thomas Ruíz, por medio de un teléfono celular comunicaban a Radio Ya desde las faldas del Casitas, que no podían regresar a Posoltega, porque la oscuridad reinante, el lodo movedizo y los peligros mortales, se los impedían.

Ambos, desafiando a la muerte, habían subido a las faldas del Casitas por el lado oeste del alud, por un sitio llamado El Tololar No. 1, con el fin de trasmitir desde allí sobre aquel escenario fatídico, lleno de muertos, heridos y entrampados que lanzaban aullidos de socorro en medio del fango dejado por la avalancha de lodo, rocas y árboles.

Desde las faldas tenebrosas del Casitas, Chávez y Thomas relataban que se escuchaban “los quejidos de los atrapados en el lodo”, y denunciaban que mientras tanto, el diputado Eduardo Callejas Deshon, somocista del pasado y de ahora, se había autonombrado “presidente” del Commité de Emergencia de Chinandega, y que la Acaldesa de Posoltega denunciaba que los Callejas jamás habían pagado un solo centavo de impuesto por el uso de la cúspide del Casitas para Antenas de trasmisiones de televisión, del Ejército y otras instituciones.

Chávez Romero indicaba que la Alcaldesa Zeledón Rodríguez denunciaba que Callejas Deshon cobra 200 dólares mensuales por entrada a las Antenas mencionadas, las cuales están ubicadas, por supuesto, en terrenos estatales y municipales, de los cuales él personalmente se ha apoderado arbitraria y dictatorialmente.

“Allí, donde están las antenas, se innició el gigantesco derrumbe, que ocasionó más de dos mil muertos y destrucción colosal en las colonias de bajo”, sostuvo Chávez Romero en su trasmisión en Radio Ya.

“Por ese derrumbe del Casitas, murieron más de dos mil personas…Hay personas responsables de ésto plenamente identificadas…”, decía Chávez.

“Queremos informar que hoy hicimos un recorrido por la Bananera San Pablo, de Posoltega, donde aún permanecían insepultos 2, 000 cadáveres…de campesinos de la Rolando Rodríguez, El Porvenir, El Ojochal, Santa Narcisa, El Torrión…”, añadía Chávez Romero.

Informaba el periodista referido que el diputado sandinista José María “Che Maya” Espinoza, fue rescatado por una brigada de voluntarios de la comunidad de Los Tololares cuando estaba entrampado en la falda elevada del Casitas.

Julio Prieto, diputado suplente del FSLN, llegó a 200 metros de donde estaban “sepultados vivos” cuatro seres humanos en las faldas bajas del Casitas ese lunes dos de noviembre de 1998, pero no pudo hacer nada porque no andaba con que ayudarlos a salir del lodo movedizo, según esa misma comunicación telefónica-radial desde las oscuras laderas del Volcán Apastepe.

Chávez Romero decía que un grupo de unos 30 hombres, campesinos todos, en medio de la oscuridad seguían buscando a familiares suyos tragados por el lodo de la avalancha del Casitas.

Aquellos hombres caminaban “a tientas” a la orilla oeste del lodazal, auxiliándose con bordones de madera. No portaban nisiquiera un candil carretero o de rancho campesino, porque el aluvión había sepultado  y arrastrado todo hacia el Océano Pacífico.

Chávez Romero y Thomas Ruíz se consiguieron un candil y alumbrándose con él pudieron llegar hasta una casita todavía en pie, donde un grupo de perros descuartizaban un cadáver insepulto.

Perros y cerdos comiendo cadáveres

Allí mismo descubrieron que perros, cerdos y otros animales domésticos sobrevivientes del desplome del Casitas, se dedicaban en esos momentos a comerse los cadáveres insepultos dejados a flor de tierra por el alud en el lado Oeste del aluvión, es decir, por donde están ubicados los Tololares 1 y 2.

Chávez Romero y Thomas Ruíz durmieron esa noche en un caserío campesino situado en las faldas del Volcán Casitas, un poco al Oeste de donde se produjo el derrumbe de rocas, lodo y árboles.

Esa misma noche lúgubre del primero de noviembre, la voz del Alcalde de San Francisco del Norte (uno de los tres pueblos antiguamente mineros en el extremo norte de Chinandega, fronterizo con Honduras) rompía el espacio aéreo, por medio de Radio Ya, para informar del tétrico escenario mortal dejado por el Huracán “Mitch” en esta parte también del extenso Valle de Villa Nueva.

Al Alcalde se le escuchaba cansado, pues según decía él mismo, había caminado más de 20 kilómetros ese día lunes hasta un sitio en que había teléfono, para comunicarse con Radio Ya y de ese modo pedir auxilio para su gente sobreviviente, que en esos momentos ya padecía hambre, desesperación al verse sin nada de sus pocas pertenencias hogareñas.

El Alcalde relató por teléfono que varios aludes o avalanchas del Cerro Los Solares, en la comarca La Rastra, habían matado a una mujer, cuatro niños y niñas, y un hombre, llamados: Isabel Mendoza, 23 años; Audilina López, 11 años; Clementina López, 8 años; Rubié Cruz (varoncito), de nueve meses; y Santos Reyes, 26 años.

Todos vivían en casitas situadas en las faldas del Cerro Los Solares. El edil de San Francisco del Norte decía que las correntadas, bajadas de la cumbre del Cerro, arrancaron las viviendas campesinas el viernes 30 de octubre en la noche, mientras dormían, creyendo que estando en esas laderas elevadas no les pasaría nada.

Aquel relato era realmente pavoroso también. Era como estar oyendo sobre la avalancha del Casitas, pero en pequeño. Las corrientes de las alturas igualmente se pasaron llevando las casas, como ocurrió también en Wiwilí, al norte de Jinotega.

“El cerro se reventó allá arriba…y una inmensa corriente de lodo, rocas y palos se vinieron encima de las casitas que estaban abajo, en dirección al Valle. Cuando los vecinos quisieron reaccionar, ya estaban aterrados y sus ranchos habían desaparecido”, narró el Alcalde de San Francisco del Norte.

En esa comunidad de La Rastra quedaron 516 personas damnificadas, porque el aluvión de lodo, piedras y agua, arrasó con sus casitas, indicaba el Alcalde, quien se lamentaba de que las correntadas también habían ocasionado profundo daño a los suelos, “pues la mayor parte de la capa fértil de la tierra fue arrastrada hacia el Golfo de Fonseca”.

En el casco urbano de San Francisco quedaron 241 personas sin casas y sin enseres domésticos, añadía el edil desesperado esa noche.

Otras 360 personas en la comunidad del Zamorano, 90 en la comarca del Río Negro, 108 en El Naranjo, en El Guayabillo 108, en Nancital No. I otras 90, en El Guasimal 168, en Joco Mico 66, en El Buto 66, Nancital No. II 210, en Las Marías 140, en La Flor 90, y en la Comarca Agua Buena 127.

Esta Comarca Agua Buena queda apena a un kilómetro de Honduras, y según el Alcalde las casitas fueron arrasadas por las corrientes de los Ríos Negro, Gallo, Buto y Villa Nueva.

Total: 2,350 damnificados.

Las enormes correntadas bajadas del Cerro Los Solares y las de estos cuatro Ríos se juntaron en determinados sitios del Valle de Villa Nueva, ocsionando destrucción generalizada en los caminos,  los cuales fueron invadidos por derrumbes de los cerros aledaños. Hoy esos caminos no existen. Yo tuve que venirme a pie por huertas inundadas y con el agua hasta la cintura, relataba el Alcalde.

El Municipio de San Francisco del Norte tiene 8,020 habitantes, todos los cuales quedaron virtualmente damnificados, sostenía el Alcalde al pedir ayuda al gobierno, especialmente comida, medicinas, atención médica y reapertura de las vías de comunicación.

“Quedaron completamente en ruinas los caminos hacia Cinco Pinos (municipio chinandegano colindante), San Juan de Limay, Cusmapa y Chinandega, que son los pueblos con los cuales comerciamos, o sencillamente en ellos compramos nuestra comida”, declaró este Alcalde, quien se mostraba aterrado por el futuro negro “que nos espera”.

Wiwilí también arrasado

Francisco Flores, otro corresponsal de la Radio Ya, informaba esa mañana de “la desaparición del poblado de Wiwilí. Hoy, Wiwilí es un pueblo fantasma”, sentenciaba Flores el lunes dos de noviembre a las diez de la mañana.

Wiwilí arrasado es la cabecera municipal del municipio del mismo nombre.

Wiwilí es un pueblo con una historia excepcional, porque fue semillero de combatientes del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional del General Sandino, en la època en que el General de Hombres Libres combatía magistralmente la intervención norteamericana de 1927.

Wiwilí siempre estuvo situado en ambas márgenes de la orilla del Río Coco, confidente eterno de los campesinos de esa zona jinotegana de Nicaragua.

Somoza, los genocidas yanquis y la Guardia Nacional  somocista, asesinaron en Wiwilí a casi tres mil combatientes del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, después que asesinaron traicioneramente a Sandino en Managua, adonde lo habían invitado a “conversaciones de paz”.

“Las avalanchas de lodo y correntadas destruyeron 1, 676 casitas de Wiwilí, en la margen izquierda. Fueron evacuadas 143 familias, las cuales estaban a punto de perecer por las corrientes”, decía Flores mediante una trasmisión radial realmente dramática.

Se informaba que 1,433 familias estaban en refugios, o sea, que la inmensa mayoría se había salvado, a pesar de la destrucción total del poblado.

Se indicaba que otras 642 casitas de Wiwilí habían sido totalmente arrasadas por las corrientes en la margen derecha del Río Coco, y que dos barrios habían desaparecido completamente.

“Wiwilí estuvo situado 120 kilómetros al norte de Jinotega, colindante con el Río Coco y Honduras…Ahora Wiwilí es un desierto. Las autoridades gubernamentales se niegan a reconocer este desastre”, añadía Flores en su informe radial.

El mismo Flores decía ese lunes dos de noviembre que centenares de familias de Wiwilí estaban todavía subidas en los cerros aledaños, adonde subieron después de ser sorprendidas el 30 de octubre en la noche por correntadas bajadas de esos mismos cerros aledaños.

Subidos en los árboles

Añadía que unas 1,200 familias misquitas de las riberas “Río Arriba” del Coco estaban subidas en los árboles y en los cerros, debido a que el potente río les había arrancado sus viviendas, y que, además, las aguas del Coco arrastraban casas, furgones, camiones, camionetas, animales domésticos como vacas, caballos, bueyes, terneros, cabros, y árboles enormes hacia el Océano Atlántico.

Sobre los caseríos Mísquitos, Flores sostenía que mensajeros suyos indicaban que la inmensa mayoría: niños, mujeres, ancianos y hombres, permanecían subidos en los árboles desde el 28 de octubre, día en que presuntamente fueron arrastradas sus viviendas por las desbordadas aguas del Coco.

“Aquello era como un mar. Las aguas desbordadas del Río Coco alcanzaron no menos de tres kilómetros a ambos lados de sus riberas normales”, añadía el mensaje dramático de Chico Flores.

El asunto era realmente aterrador, pues la información indicaba que los Mísquitos miraban todo ésto mientras permanecían en las copas de los árboles más robutos y altos de las orillas del Río Coco, el cual tiene un trayecto de 780 kilómetros desde su orígen en el Departamento de Madriz hasta su desembocadura en el Océano Atlántico, casi frente a los Cayos Mísquitos, precisamente.

Estaban afectadas, al menos, las comunidades indígenas de Andrés Tara, Cayu Tigni, Raití, Walakitang, Walaihka, Siksa Yari, todas ubicadas en la ruta a Waspán, también situado a la orilla del Río Coco.

Casi al mismo tiempo, funcionarios del Ejército Nacional confirmaron que miles de personas estaban subidas en los árboles, al mejor estilo de garrobos o monos, a la espera de ser salvados.

Se aclaraba que por aire era imposible el rescate. Finalmente, fueron rescatadas 1, 845 familias, lo cual totalizó casi diez mil damnificados, los cuales perdieron prácticamente todos sus enseres domésticos.

La historia se repetió en este caso. Los rescatados se quejaron de que el gobierno no les ayudó en nada, según las denuncias hechas en Managua por el diputado liberal Stedman Fagot.

En ese recorrido de 780 kilómetros por territorio nicaragüense, el Coco recibe las aguas de los ríos Estelí, Yalí, Montecristo, Jícaro, Pantasma, Cuá, Poteca, Bocay, Waspuck, entre otros. Ya podemos imaginarnos qué cantidades extraordinarias de agua caen en este cuenca del Roco a lo largo de 780 kilómetros, en los cuales, normalmente, llueve más que en la faja del Océano Pacífico. Se le calcula una cuenca de 40 mil kilómetros cuadrados.

En ese recorrido tiene playones arenosos y selvas impenetrabables. A la orilla de los playones arenosos es donde se han ubicado centenares de comunidades, las cuales frecuentemente son invadidas por inundaciones cuando los inviernos o épocas lluviosas han sido regulares.

Sin embargo, el mismo diputado Stedman Fagot sostiene que jamás se vio una inundación parecida a la de los días 28, 29, 30, 31 de octubre y primero de noviembre de 1998, pues en esta ocasión las márgenes del río se ampliaron a no menos de tres kilómetros por ambos lados de su curso.

Los pobladores más ancianos de la orilla del Río Coco sólo recuerdan una inundación similar en 1906, año en que presuntamente un aguacero interminable ocasionó un desbordamiento parecido en el curso del Río Coco.

El Río Prinzapolka también produjo un desborde descomunal, y destruyó la mayoría de casitas de las comunidades ribereñas, dejando más de dos mil damnificados.

El Principolka igualmente afecta a comuniades mísquitas, situadas en el centro de las Regiones Atlánticas nicaragüenses, específicamente al Este de Siuna y Bonanza.

El Prinzapolka tiene una cuenca de 8,000 kilómetros cuadrados, en medio de plubioselvas copiosas y un recorrido de 301 kilómetros hacia el Este en el Océano Atlántico, lo cual da una idea, igualmente, de las cantidades de aguas desbordadas sobre estas comunidades indígenas costeñas.

Gustavo Bardales, corresponsal de la Radio Ya en Chinandega, conmovía ese lunes a la opinión pública con el hallazgo y rescate de seis niños y niñas, y una anciana de 80 años,  de las faldas del Casitas por brigadas de la Cruz Roja de Chinandega.

El dramático relato indicaba que los niños y niñas y la anciana eran sobrevivientes del alud, y que se habían subido a la faldas del Volcán, para eludir las correntadas de abajo.

Los nombres de los niños y niñas: Bayardo Valle, 14 años; David Rueda, 10; Irma Rueda, 9; Alcides Rueda, 11; Delcis (mujercita) Pichardo, 10; Belquis Espinoza, 12; y la anciana de 80 años Celia Benavidez.

Todos los niños y la anciana eran de la Colonia Rolando Rodríguez. Según dijo Bayardo Valle, todos ellos y la ancianita andaban pastoreando unas vacas un poco al noreste de la Colonia Rolando Rodríguez cuando se produjo la horrible avalancha del Casitas.

Fueron testigos presenciales de cómo aquella espeluznante avalancha destruyó totalmente a las Colonias Rolando Rodríguez y El Porvenir.

 

Vieron cómo la casita de ellos era tragada por el lodo. “Fue horrible. Nos dio miedo, pensamos que si bajábamos hacia el lado de la carretera, podiamos morir como murieron todos nuestros familiares en la corriente de lodo. Entonces, decidimos subir a la faldas del Volcán para mientras pasaban estas horribles correntadas”, dijo Bayardo.

Horror en Villa Nueva

Entierro macabro en medio de correntadas

La inmensa sabana de Villa Nueva (al norte de Chinandega), una de las víctimas principales de los fenecidos cultivos de algodón, parecía un inmenso mar por las correntadas extraordinarias, que circulaban por encima de los cultivos, de las casas, y arrancaban casas, árboles, cercos y consigo se llevaban enseres y animales domésticos hacia el cercano Golfo de Fonseca.

Alcalde de Villa Nueva, Luis Felipe Guerrero Jarquín, uno de los numerosos alcaldes sandinistas de la Región Occidental del país, hacía un relato telefónico espontáneo, que parecía sacado de un libro de horror.

El Alcalde Guerrero Jarquín hablaba por teléfono con la Radio Ya precisamente en los momentos en que en medio de la más profunda oscuridad reinante y bajo un intenso aguacero, salpicado de electrizantes rayerías y truenos, se producía el entierro del niño Raúl Ramos Escobar, quien habia sido arrastrado por una de las potentes corrientes que erosionaban sin misericordia los suelos de Villa Nueva, rumbo al Golfo de Fonseca.

El entierro macabro, en uno de los patios cercanos a la Alcaldía, era ejecutado por una brigada de 25 ciudadanos, encabezados por Gilberto, Alcides y Clariza Ramos Salgado, Ramón Rodríguez y Feliciano Osorno.

A la tumba caían paladas de lodo mezcladas con agua de lluvia. El día anterior habían sepultado también a Virgilio Morán y Anastasio Figueroa, igualmente arrastrados por las corrientes desbocadas y desbordadas de los ríos Negro, Gallo y Villa Nueva, informaba el Alcalde Guerrero Jarquín.

Aquel relato fue largo, mediante el cual Guerrero decía que la brigada mencionada utilizando balsas improvisadas, botecitos y neumáticos, había rescatado a 15 familias campesinas, las cuales estaban subidas en las cumbres de los árboles.

Entre las familias rescatadas en medio de las colosales inundaciones se contaban: Los Alvarados, Los Gutiérrez y especialmente la familia de José Ocampo, la cual tiene más de 40 personas. Todos se salvaron, “los sacamos a tiempo”, dijo el Alcalde ostensiblemente conmovido.

Esta hazaña la habían ejecutado los días 28, 29 y 30 de octubre. “Aquí las inundaciones comenzaron temprano, debido al desborde de los ríos, y tuvimos que movernos rápido a pie, chapaleando el agua hasta el pecho, para evitar que toda nuestra gente muriera ahogada”, añadía el Alcalde Guerrro.

“Ustedes saben que las extensas sabanas de Villa Nueva y Somotillo apenas tienen unos cuantos metros sobre el nivel del mar, es decir, son muy bajas, y las corrientes de las Sierras de La Botija y de estos ríos son muy violentas…por tal motivo, nosotros dispusimos lanzarnos a rescatar a nuestra gente, antes de que ocurriera una tragedia mayor”, expresaba Guerrero Jarquín.

En los 790 kilómetros cuadrados de Villa Nueva se habían perdido prácticamente todos los cultivos de frijoles, maíz, soya, sorgo y hortalizas, según el Alcalde, y ya en esos momentos de la llamda telefónica del lunes en la noche tenía valoradas las pérdidas en 68 millones de córdobas.

“Se perdieron centenares de casitas campesinas…las volvereos a construir como sea…lo importante es que salvamos a la mayoría de la población urbana y campesina, a pesar de que no tenían recursos. En el camino inventamos las balsas, los botecitos, conseguimos mecates, palas, cobas y machetes y trabajamos sin cesar hasta que dejamos rescatados prácticamente a todos los campesinos”, se ufanaba el Alcalde Guerrero Jarquín.

Durante esa llamada telefónica elogió la heroicidad de su vicealcalde Alejandro Escalante y entre otros empleados de la Alcaldía, a: Benita Reyes, Zoila Ester Méndez, Elena Laínez, Valerio Reyes, Diolinda Ríos, Danilo Avendeña, Verónica Castillo y Heriberto Ramos.

Las aguas desbocadas de las faldas del Volcán Casitas hacia el lado norte, habían arrancado las casitas campesinas de las comuniades de “Las 20”, del Higueral, Las Grietas y San Lucas, mientras brigadas de la Cruz Roja y de los bomberos se dedicaban a rescatar a estos pobladores, informaba el Alcalde de Chinandega, Rodolfo Gríos Herrera.

Los destrozos fueron especialmente alucinantes en la comunidad de “Las 20”, donde las casas, los caminos, los árboles y las rocas fueron arrancadas como trocitos de papel por las corrientes desbocadas del lado norte del Volcán Casitas.

El terror del Alcalde Gríos y de los pobladores del casco urbano de Chinandega aunmentaba porque las corrientes del Río Acome hacían saltar los barrancos en que estaban asentadas centenares de casitas en la ciudad.

Esto ocurría a pesar de que la Alcaldía había hecho desvíos de los cauces provenientes del Volcán Chonco, el cual provocó una gigantesca inundación contra Chinandega en octubre de 1960.

“Si no hubiéramos hechos esos desvíos, toda la ciudad se habría visto en mayores peligros”, explicaba el Alcalde Gríos mediante la vía telefónica.

Demostrando un nivel de responsabilidad que para nada se veia en funcionarios del gobierno central, Gríos ya adelantaba esa noche  que los pobladores de la cuatro comarcas referidas y los vecinos arrancados de los barrancos del Río Acome, serían reubicados en nuevos asentamientos más seguros.

“Vamos a tener que construir, además, una muralla de protección a la ciudad por el sitio en que circulan las aguas del Río Acome, proveniente del Volcán Chonco”, apuntó el Alcalde.

Dijo que asismismo, de inmediato iban a construir “terrazas a nivel” en las faldas de los Volcanes Chonco y Casitas, en el lado del municipio de Chinandega, para amortiguar más las caídas de agua.

¿Dos mil 500 muertos en Posoltega?

Los muertos sobrepasan los 2,500, sólo en las comunidades Rolando Rodríguez, El Porvenir, Las Parcelas, Versalles, El Ojochal, Villa Sandino, La Vírgen y el Valle de las Mayorgas, sostienen la Alcaldesa Felícita Zeledón Rodríguez, concejales y otros funcionarios de la Alcaldía de Posoltega, municipio pequeño de Chinandega.

La Rolando Rodríguez tenía un poco más de 200 familias y aproximadamente  mil 600 habitantes, El Porvenir contaba con 95 casas e igual número de núcleo familiares y unos 900 habitantes, según informes oficiales de la Alcaldía de Posoltega.

Esto indica que habían casi 300 viviendas en las dos colonias, las cuales fueron totalmente arrasadas, con todo y sus habitantes, animales domésticos, enseres hogareños, infraestructuras de agua potable, calles, cuatro tractores agrícolas, tres camionetas particulares y otras de transporte colectivo.

Si la cifra de dos mil 500 muertos es correcta, indica ésto que prácticamente el 90 por ciento de sus habitantes murieron, porque los estimados señalan que en ambas colonias existían, aproximadamente 2, 450 pobladores, entre niños, mujeres, hombres y ancianos, a los cuales se sumaron los otros muertos del resto de colonias o caseríos referidos: Las Parcelas, Ojochal, Santa Narcisa, Villa Sandino, La Vírgen, Versalles y Valle de Las Mayorgas.

La cifra es realmente pavorosa.

Una parte muy pequeña sobrevivió entre lodo o sedimentos, aguas desbocadas, rocas y árboles del aluvión (deslizamiento, derrume, avalancha, “deslave”), y la otra partecita, se salvó porque estaban trabajando en Costa Rica desde 1997 y retornaron al saber de la horrible tragedia de sus familiares queridos, o fueron rescatados vivos del lodo infernal.

En la Alcaldía se afirma que el 60 por ciento de estos pobladores eran mujeres, entre adultas y niñas.

El aluvión o desplome colosal del Casitas destruyó 18 casas en el Ojochal y cuatro en Versalles, por ejemplo. El Ojochal es una comunidad pequeña, dispersa, situada al Este de donde estuvo la Rolando Rodríguez, siempre en la parte baja y plana de las faldas del Volcán Apastepe o Casitas.

Versalles, en cambio, estaba prácticamente en las faldas del Casitas. Cerca de estas faldas, al Este de la Rolando Rodríguez, fueron afectadas también las comunidades de El Torrión y Santa Narcisa, donde los daños fueron menores. En El Ojochal y estas dos últimas comunidades se produjeron los primeros refugios para los sobrevivientes de la Rolando Rodríguez y El Porvenir, las cuales estaban ubicadas en la planicie inmediata del Casitas, en línea recta hacia el sur de donde se produjo el colosal desplome de lodo, rocas y árboles, el 30 de octubre de 1998.

Abajo, en el plan, al sur del Casitas y de la Rolando Rodríguez, yendo hacia la carretera León-Chinandega y la pequeña ciudad de Posoltega, la cabecera municipal, fueron dañados el Valle de las Mayorgas, El Tololar I, II y III, Villa Sandino, La Vírgen, Trianón y Posolteguilla.

En estas comunidades “de abajo”, los daños mayores se produjeron en el Valle de Las Mayorgas, Posolteguilla y El Tololar. Especialmente el Valle de Las Mayorgas sufrió con brutalidad la embestida de lodo, rocas y árboles, los cuales pasaron arrasando casas, depositando cadáveres de seres humanos y animales en sus patios, más destrucción salvaje en sus suelos, árboles, cercos y viviendas, gran parte de las cuales quedaron aterradas de arena y lodo.

Borrados en 20 aniversario

Las comunidades Rolando Rodríguez y El Porvenir fueron fundadas, construídas por sus pobladores entre 1977 y 1978, después de una lucha feroz en contra de los guardias genocidas de la tiranía somocista. Se afirma que ambas colonias habían cumplido 20 años de fundadas recientemente, pero el acontecimiento no fue celebrado en espera de mejorías económicas en ambos vecindarios.

Estos pobladores, jefeados por el luchador campesino Rolando Rodríguez, se tomaron esas tierras una y otra vez, alegando que ellos no tenían ni una pulgada de terrenos para cultivar sus frijoles, maíz, chagüites, y para construir sus casitas, mientras los latifundios algodoneros, especialmente de los Callejas, ya estaban subiendo hasta las faldas del Volcán Casitas, donde los despojos de las tierras ejidales en posesión de campesinos se producían al amparo de la guardia genocida del somocismo.

Fueron reprimidos y encarcelados varias veces, al extremo de que una parte de los pobladores en lucha fueron cargados en vilo en camiones de la Guardia Nacional y llevados a Nueva Guinea, adonde Anastasio Somoza Debayle, el jefe de la tiranía, desterró a todos los que estaban reclamando tierras entre 1962 y 1977.

Estos pobladores fueron juntados con los que también reclamaban tierras en las cercanías del Cerro Negro y llevados a Nueva Guinea. Las tierras cercanas al Cerro Negro las reclamaba como suyas el diputado somocista leonés Francisco “Panchito” Argeñal Papi, uno de los tantos despojadores de tierras a campesinos en el occidente de Nicaragua.

De esa forma, yendo al destierro, se formaron las colonias de Nueva Guinea, en la Costa Atlántica de Nicaragua, en esos tiempos un sitio muy inhóspito, y donde hoy ya existe un muicipio formado.

Rolando Rodríguez, obrero cortador de algodón en los latifundios algodoneros de los Callejas Deshon, de Chinandega, continuó la lucha, hasta que en 1978 lograron fundar ambas colonias: la Rolando Rodríguez y El Porvenir.

Miles de árboles arrancados

La mayoría de estas casitas destruídas eran de bloques, hierro y cemento armado. Eran pocas las viviendas construídas con palma silvestre. Es decir, eran casitas regulares, algunas tenían hasta 200 metros cuadrados de construcción, pues sus habitantes las mejoraron con el tiempo, entre 1978 y 1998.

En ambas comunidades, a pesar de la pobreza, sus habitantes habían hecho crecer miles de árboles frutales en los patios y vivían preocupados por la reforestación en las faldas del Casitas, según relata Alonso Rueda Aráuz, el evangélico que rescató a casi 80 sobrevivientes de la masa de lodo, roca y árboles.

De esos miles de árboles, sólo quedaron unos seis en medio del terreno en que estuvo la Rolando Rodríguez, como testigos mudos de la horrible tragedia natural y humana.

Uno de esos árboles es un almendro, cuya propietaria era una mujer campesina llamada Rosario Murillo. También un mango alto, que pertenecía a don Carlos Roque.

Alonso Rueda Aráuz sostiene que estos pobladores, mayoritariamente campesinos, cultivadores de la tierra en las cercanías del Casitas, eran amantes de la naturaleza, pues con esmero vivían sembrando árboles frutales en sus patios, en las huertas y en las calles de la Rolando Rodríguez y El Porvenir.

En los patios de las casas tenían mangos, almendros, naranjas dulces, limones dulces, cocos, papaturros, zapotes, nancites, toronjas, nísperos, guayabas dulces y de fresco, jocotes, naranjas agrias, e inclusive ellos mismos manejaban un proyecto de reforestación en las huertas y en las faldas del Casitas.

Colonias eran agradables

En numerosos patios abundaban los chagüites. Quienes conocieron, incluyendo la Alcaldesa de Posoltega, Felícita Zeledón Rodríguez, afirman que era un lugar agradable, fresco, a pesar del sofocante calor de Chinandega.

La Rolando Rodríguez tenía siete calles, de norte a sur, con rumbo al Casitas,  las cuales sus pobladores, con fines de comunicación colectiva, nombraban: Donde las Canales (Cándida Canales), la primera calle; La Calle del Espino o Norma Gutiérrez, la del Pozo Comunal, la de donde Miguel Canales, la Calle de la Adriana Muñoz y donde la Marina Rostrán.

No había luz eléctrica, se alumbraban con candiles y candelas, pero tenían un sistema de agua potable, gracias a que CARE de León les había construído un pozo comunal.

Este pozo comunal contaba con motor diesell para impulsar el agua hasta un tanque que estaba ubicado cerca del Torrión, de donde el agua salía por gravedad hacia las tuberías en la Rolando Rodríguez, El Porvenir, Santa Narcisa, El Ojochal y otras comunidades cercanas.

Este sistema de agua potable tenía apenas ocho meses de estar funcionando. El motor era operado por Félix Moraga Escoto, quien vio desde una lomita cómo las dos colonias eran arrasadas por el aluvión de lodo, rocas y árboles, desprendidos desde la cúspide del Casitas o Apastepe.

Existían Puestos de Salud, Comedores Infantiles, una Escuela con casi 800 alumnos hasta el sexto grado, crianzas de cerdos y gallinas, ganado, existian caballos, carretas jaladas con bueyes, entraban camionetas de transporte colectivo, a pesar de que el camino era bastante malo.

Los pobladores, hombres y mujeres, bajaban a pie o en camionetas de transporte colectivo a la pequeña ciudad de Posoltega, donde vendian sus granos básicos, compraban la comida y las pulperas asimismo llegaban en busca de mercaderías para venderlas en las dos colonias.

Llegaban a la Alcaldía de Posoltega a matricular sus fierros para sus cuatro vaquitas.

El derrumbe del Casitas dañó allí cuatro mil manzanas de tierras, las cuales estaban cultivadas de soya, frijoles, maíz, chagüites, potreros, más la ubicación de las viviendas.

Cárcavas enormes

Las tierras son prácticamente irrecuperables, porque quedaron llenas de rocas y arena, o al revés, las corrientes arrasaron su capa vegetal.

Sobre las mismas tierras se abrieron enormes cárcavas, que antes no existían.

Los cauces normales desde el Casitas tenían unos cinco metros de ancho por una profundidad de un metro, pero ahora son inmensos zanjones, que desde arriba de las faldas del Apastepe tienen algo de parecido a los Cañones del Colorado, en Estados Unidos.

En algunas partes, la capa de lodo, rocas y arena mide unos tres metros. Esto indica que será virtualmente imposible la actividad agrícola en esta zona del derrumbe. A lo sumo se podrán iniciar siembras de árboles, declararlo una zona de inicio forestal restringida.

Después del derrumbe, deslizamiento o avalancha, los campesinos le llaman “El Valle de la Muerte” al sitio en que estuvieron las Colonias Rolando Rodríguez y El Porvenir, donde, al estar allí de noche, uno tiene la sensación antojadiza de que de repente se escucharán por debajo del suelo postizo los lamentos de los muertos (niños, mujeres, hombres y ancianos), aterrados por “el deslave” del Casitas aquel fatídico 30 de octubre de 1998, a las once de la mañana.

 Brotan osamentas

Pocos meses después del derrumbe, o deslizamiento, estuvieron brotando las osamentas humanas del lodo infernal, ya fuese porque el terreno barrialoso se rajaba o por las lluvias.

Los informes señalan que en el Municipio de Posoltega fueron destruídas, o semidestruídas, cuatro mil viviendas.

El resto de comunidades: Santa Narcisa, Torrión, El Ojochal, Versalles y El Tololar, se formaron después del triunfo de la Revolución Sandinista, como parte de las actividades de Reforma Agraria en la zona.

 Un millón de toneladas demolieron colonias

Las pendientes volcánicas muy inclinadas, terrenos flojos, rocas y el suelo en proceso de ablandamiento por el paso de centenares, miles o millones de años, son parte de las causas de un deslizamiento volcánico, como el derrumbe mortal del Casitas (Apastepe) del 30 de octubre de 1998.

Estos bloques de suelos y rocas inestables en las faldas inclinadas o verticales de los volcanes, se desestabilizan más todavía por sismos locales, fallas geológicas, cambios químicos en el suelo, los que finalmente se ven empujados, con desprendimientos brutales,  hacia la planicie por la fuerza de la gravedad.

Otras causas para deslizamientos en cerros, volcanes o montañas muy empinadas, son: lluvias muy intensas y prolongadas, sismos locales fuertes y frecuentes, movimientos de las estructuras geológicas, erupciones volcánicas, cauces desbordados (desde arrriba), construcciones de puentes y carreteras en las cercanías, flujos de lodo vinculados a aberturas dejadas por trabajos con tractores o de otro tipo, terrenos arcillosos o flojos, despale y avance de la frontera agrícola, las erosiones superficiales e internas por fallas geológicas, transformaciones mecánicas y químicas en el terreno de la elevación montañosa, topografía irregular del suelo, etc.

Todo lo anterior, sumado a elevaciones verticales e irregulares, como es notorio y comprobado en los volcanes Concepción, Maderas, San Cristóbal, Telica, Mombacho y ahora el Casitas, son realmente amenazas aterradoras actuales contra poblados cercanos a estos colosos volcánicos del “Cinturón de Fuego del Océano Pacífico” en Nicaragua.

Además, los volcanes de la Cordillera de los Maribios son de formación joven, es decir no tienen un suelo y rocas consolidadas, según se desprende de las explicaciones científicas de Wilfred Strauss, uno de los especialistas del Instituto de Estudios Territoriales (INETER) al ser entrevistado sobre este tema de orden geológico.

El Casitas o Apastepe tiene     1,405 metros de altura y colinda con el San Cristóbal o El Viejo, el más alto de Nicaragua.

El Casitas es un volcán apagado y erosionado, con una base muy ancha, “ya que se encuentra montado sobre un volcán más antiguo”, según una explicación en la Geografía Básica del doctor Jaime Incer Barquero.

En la Cordillera joven de los Maribios, conocida como el “Cinturón de fuego del Océano Pacífico”, el Casitas es uno de los volcanes más antiguos, presuntamente formado primero hace unos dos millones de años.

Supuestamente, hizo erupciones muy antiguas, tan antiguas que nadie las registra en libros de historia, ni en estudios goológicos, como, al contrario, ha ocurrido con las erupciones más recientes de los volcanes San Cristóbal, Momotombo, Masaya, Mombacho y Concepción, los cuales fueron vistos en actividad eruptiva por colonizadores españoles.

Se supone que sobre el volcán Casitas original, antiquísimo, se formó otro hace un millón de años, cuyo cráter apagado y erosionado se encuentra en el lado norte, donde forma una oquedad de unas 50 manzanas, en las cuales hay pasto para ganado.

Ese cráter no tiene paredón en el lado norte y por tanto no existe laguna como se ha dicho.

Los derrumbes, o deslizamientos se registran -explica Strauss- donde hay una pendiente inclinada, y debido a que la fuerza de la gravedad incide en mover masas o suelos inestables en los volcanes, como suelos arcillosos.

Entre las capas superiores e inferiores del suelo, existe la probabilidad de un deslizamiento, porque la fuerza de la gravedad tiene la posibilidad de mover un bloque de tierra o de rocas.

Mientras más inclinada es la pendiente, más posibilidades hay de un deslizamiento o derrumbe.

“En los volcanes de Nicaragua tenemos esta condición, precisamente…son cerros jóvenes, con pendientes muy inclinadas.

Otra condición es que hay muchas fallas en los volcanes…”, sostiene Strauss.

Continúa: Los volcanes se generan donde surgen fallas en la corteza de la tierra, porque el magma tiene que subir por esas fallas, y el mismo volcán en su desarrollo, genera fallas en su interior.

Si tenemos una falla en el suelo, más una pendiente inclinada, lo más probable es que haya un deslizamiento o derrumbe.

Además, en el volcán actúan otras fuerzas de gases, que buscan salida, buscan camino por medio de las fallas y también las aguas termales presionan por salir.

El suelo en el volcán se desarrolla en miles de años, después de la formación del volcán mismo, se cambian las estructuras, se cambia el quimismo del suelo.

Una roca dura se pone blanda por la influencia del agua durante centenares de años, y propicia el derrumbe en capas de suelos también blandos.

Inclusive, tenemos en los volcanes muchos sismos locales fuertes y débiles, los cuales también pueden dar inicio a un deslizamiento o derrumbe en los cerros o volcanes.

Igualmente una explosión en el volcán puede iniciar un derrumbe.

Es decir, en los volcanes hay muchos factores que favorecen el desencadenamiento de deslizamientos o derrumbes.

En las montañas altas, las lluvias son más fuertes, inclusive.

Eso es lo que se sabe, por ejemplo, de Matagalpa y Jinotega.

El derrumbe del Casitas fue por inestabilidad en una masa de suelo y rocas, debido a bloques inestables. Nosotros nos hemos concentrado en estudiar los volcanes más peligrosos, que son los volcanes activos, porque en esos volcanes activos tenemos más factores de peligro, especialmente en el  San Cristóbal, Telica, Cerro Negro, Momotombo, Masaya y Concepción.

Para estos volcanes existen más estudios, que para los demás volcanes. Ha sido lógico. Por éso, existe un estudio detallado del Volcán Concepción sobre los derrumbes que ha tenido y la posibilidad de que ocasiones otros deslizamientos.

Un estudio como éste no existe, por ejemplo, para el Volcán Casitas, o El Hoyo y Las Pilas. Existen muchos volcanes en los cuales todavía no hemos podido trabajar por limitación de personal, falta de tiempo y otros factores.

En el Volcán Concepción se hizo un estudio, a partir de 1993, se trabajó con la población, la cual conoce bastante bien los riesgos de vivir en varias poblaciones de allí, tanto en las faldas como en las planicies inmediatas.

Saben que se dan deslizamientos o derrumbes. Los Alcaldes de allí también han recibido información del INETER acerca de qué medidas deben tomar en caso de activarse los peligros de deslizamientos o derrumbes en el Volcán Concepción, debido, por ejemplo, a lluvias fuertes. Nosotros hemos hecho las recomendaciones correspondientes.

Ya comenzamos a trabajar, en este mismo sentido, en los volcanes Telica y San Cristóbal, lo cual incluye, al mismo tiempo, realizar un trabajo con la población de los alrededores, para advertirles de estos peligros de deslizamientos o derrumbes de las faldas, o de la misma cumbre de estos colosos volcánicos.

En el Casitas, en cambio, no se había trabajado en este sentido, porque las consideraciones eran que los volcanes más peligrosos, desde varios puntos de vista, son los ya mencionados.

Hasta el momento del deslizamiento o derrumbe, teníamos poca información sobre peligros en el Casitas.

En la Biblioteca del INETER hay muchos trabajos investigativos sobre el Cerro Negro, Masaya, San Cristóbal, Concepción y Cerros “Palo Alto” y “San Pedro”, pero del Casita muy poco, debido a que no es un Volcán activo, se ha creído que no es tan peligroso.

Sí tenemos información del Casitas, pero integrada a trabajos especiales que se han hecho sobre el San Cristóbal.

El San Cristóbal y el Casitas pertenecen a un solo complejo volcánico, pues están juntos, en una sola masa geológica, el Casitas al Este y el San Cristóbal al Oeste, frente a Posoltega y Chichigalpa.

Existen mapas geológicos del Casitas, pero no son tan detallados, como al revés ocurre con los mapas del mismo San Cristóbal”, señala Strauss.

Según un comunicado del INETER, en el Casitas se produjo el deslizamiento por “una inestabilidad”, ¿qué se quiere decir con éso?

“Lo inestable significa que un objeto inestable puede caerse por un pequeño impulso del exterior…Algo inestable se cae por una influencia, inclusive pequeña de afuera, así nos podemos imaginar lo que ocurrió en el Casitas, en la cima, muy cerca de las antenas, donde hay una loma muy empinada, un poco al sur de la plazoleta, que sube hacia las antenas…

En la parte superior de esta loma alargada, hubo un pequeño campo fumarólico, donde también hay una falla geológica que pasa paralelamente. Ese sitio es una zona débil, por la falla, y más débil por la influencia de las aguas termales y de los gases que suben en forma de pequeñas fumarolas.

Esto indica que esa zona era débil. Con los años, centenares de años, no sabemos exactamente cuántos, se hizo cada vez más débil esa zona, y ahora con la influencia de la lluvia del Huracán “Mitch”, se cayó un bloque de tierra y rocas de esa loma, en esa cima del Volcán Casitas, se deslizó hacia abajo, se quebró,  cayéndose, y de ese modo se formó UNA AVALANCHA INMENSA, es decir, más bien, se formaron DOS AVALANCHAS, una avalancha pequeña que se fue hacia el Este, y la otra avalancha que se fue para el lado Sur. Esta Avalancha era muy, muy grande”.

(La Revista “TIERRA”, aÑo 3, No. 5, diciembre de 1998, sostiene que la Avalancha comenzó 200 metros al sur de la CIMA del Volcán Casitas, entre 60 y 80 metros debajo de la plazoleta de las antenas. Señala, al mismo tiempo, que el derrumbe se inició a lo largo de 500 metros de una falla geológica con rumbo norte.

 

Sostiene “TIERRA” que en esa partecita se encontraban suelos y rocas “deleznables”, fracturamientos profundos del suelo empinado y meteorización del mismo suelo, había aunmento de la humedad, incremento de la sismicidad, excesiva saturación de agua, abundante deforestación y “excavaciones al pie del talud”, lo que provoca aunmento de la gravedad y disminución de la resistencia…Todo el derrumbe debió ocurrir en aproximadamente 15 minutos”).

 

Continúa el relato de Straus:

 

En rodada, esa avalancha grande, de agua, sedimentos de lodo y rocas se llevó un montón de material del suelo del Volcán, una masa enorme…Entonces, el inicio de la avalancha fue un bloque, no tan grande, en comparación con la masa que se sumó en la caída, instantes después.

Este bloque era de 150 por 60 y por 20 metros. SON UNOS 200 MIL METROS CUBICOS, COMO UN MILLON DE TONELADAS.

El bloque de unos 150 metros de largo, se cayó en una barranca cercana, vertical, de unos 15 metros de profundidad, donde ya se amplió a unos 200 metros de ancho. Y claro, con el avanzar de la avalancha, se fue ampliando el radio hacia abajo, hasta alcanzar tres o más kilómetros de ancho”.

Se ha especulado que el deslizamiento se produjo por el desborde de una laguna, o la rotura de una represa, hay algo de cierto en esta especulación?

Strauss responde: “Una laguna no existe. Tampoco represa alguna. El derrumbe y la avalancha no tienen ninguna conexión con el cráter del Casitas.

Este cráter está en el lado opuesto, al norte de la loma mencionada, y en un nivel muy bajo en relación a la plazoleta, también mencionada.

Más bien, en el INETER nos parece que el agua se fue hacia el otro lado, por el lado de ese cráter, que no tiene un paredón en el lado norte como para formar una laguna o represa de aguas.

Hubo un poco de agua acumulada en ese cráter, pero se fue hacia el lado norte, para el lado de los poblados de Santa Cruz y El Higueral, donde hay un cauce natural que baja del Casitas.

Probablemente, el terreno y los cauces ya estaban muy llenos de agua al momento de producirse el deslizamiento de este bloque en la loma larga y empinada, antes de la avalancha.

 

El agua acumulada en el suelo y los cauces, ocasionó, probablemente, una ola de agua que se llevó arena, lodo y árboles hacia abajo, para el lado de las colonias Rolando Rodríguez y El Porvenir.

La avalancha tomó un camino sinuoso, no recto, serpenteada, cambiando su rumbo, ALCANZO UNOS 60 KILOMETROS POR HORA”.

Una explicación oficial del INETER señala que “existen otras áreas peligrosas en el Volcán Casitas”, lo cual indica el peligro de otros derrumbes tanto o más peligrosos que el ocurrido el 30 de octubre de 1998.

 

Añadía que en la cima del Volcán Casitas siguen existiendo condiciones para la formación de avalanchas de tierra y rocas, lo cual se debe a que esa cumbre está cruzada de grietas  originadas durante su proceso de formación en miles o millones de años, ocasionadas por el movimiento de las fallas geológicas locales.

A estos factores se agregan la interacción mecánica y química de los procesos hidrotermales en el Volcán Casitas.

Aclaraba el INETER que no es posible predecir dónde puede ocurrir un derrumbe, desplome o deslizamiento, pero que se puede identificar las áreas más amenzadas por este fenómero espantoso, que dejó dos mil 500 muertos en Posoltega.

DESPALE GENERALIZADO PREPARO EL DESASTRE, fue el título de una entrevista concendida por el doctor Jaime Incer Barquero al Diario LA PRENSA, el nueve de noviembre, once días después de ocurrido lo de Posoltega.

“MITCH” DESNUDA AL SISTEMA BURGUES, VENGANZA DE LA NATURALEZA, O LA NATURALEZA PASA LA CUENTA, uno de estos tres títulos debió encabezar esta entrevista al doctor Incer Barquero, geógrafo, naturalista, defensor del medio ambiente, según mi criterio personal.

 

La presento íntegra en este libro porque tiene un valor científico significativo para respaldar las afirmaciones que hago en este mismo libro, sobre las causas de la destrucción natural en el país.

“Detrás del fatídico paso de la tormenta tropical “Mitch” se escondía el verdadero instigador del desastre: el incontrolable despale que se venía propagando por todos los Volcanes, Cerros y demás elevaciones de Nicaragua, declaró a LA PRENSA el científico y geógrafo Jaime Incer, durante una entrevista sobre los desastres de los últimos días. La entrevista fue la siguiente:

¿Dr. Incer, usted nos dijo que la naturaleza le está pasando la cuenta a Nicaragua, podría explicarnos en qué forma?

“Las laderas peladas de las montañas nicaragüenses, taladas y quemadas en el verano pasado, desprovistas de protección y freno de los bosques, no pudieron contener la avalancha de las aguas que rodaron pendiente abajo por todo el territorio nacional, abriendo torrentosos cauces, engrosando centenares  de quebradas y ríos y desatando aludes de lodo e inudaciones en las llanuras, valles y zonas más bajas al paso del Huracán “Mitch”, que se estacionó por varios días en Honduras.

¿Cree que los despales ys quemas del verano pasado prepararon las condiciones para que se produjeran estos desastres?

“Las imágenes del satélite NOAA revelaron que en el verano pasado ocurrieron más de 18,000 incendios forestales sólo en Nicaragua, suma mayor que todos los incendios de la época en el resto de Centroamérica y de todos los fuegos forestales juntos ocurridos en nuestro país en los últimos ocho años.

“Como resultado, las cuencas de los principales ríos quedaron virtualmente  expuestas a la erosión, de modo que al sobrevenir el diluvio del “Mitch”, el aguano se retuvo e infiltró en los suelos desprovistos de vegetación natural. Más bien. se escurrió en la superficie, arrastrando lodo, abriendo zanjones, desbordando ríos, ensuciando lagos y costas.

“Los ríos se salieron de madre, las corrientes destruyeron puentes, caminos, huertas y los aludes sepultaron caseríos y familias como nunca antes había sucedido en la historia de Nicaragua, en tal magnitud.

¿Es posible predecir los lugares más vulnerables a estas inundaciones y desbordes?

“Ya en años anteriores las señales eran claras y las inunaciones repetitivas, especialmente en ciertas zonas zonas con suelos arcillosos saturables, donde cruzan ríos de cuencas deforestadas, como es el caso de los llanos de Somotillo y Villanueva por la deforestación de la cuenca del Río Negro, al norte de Chinandega; el Valle de Nandaime y Ochomogo; el llano de Sébaco por la deforestación en las cabeceras de los Ríos Viejo y Matagalpa; los llanos por donde cruzan los Ríos Malacatoya y Tecolostote y otros lugares similares.

 

¿Por qué el fenómeno castigó tan duramente a Occidente?

 

“Este año le tocó lo peor a Occidente, DONDE LAS LLANURAS FUERON EXTENSAMENTE DESPALADAS DURANTE EL AUGE ALGODONERO EN LAS DECADAS PASADAS. MAS RECIENTEMENTE, CONTINUARON LOS DESPALES EN LAS BASES Y FALDAS DE LOS VOLCANES MARIBIOS”.

“Despales también se han producido en los macizos montañosos centrales, como en el Kilambé, Peñas Blancas, Musún, la Sierra de Dipilto y Jalapa, donde los bosques de pinares han casi desaparecido, pero los suelos volcánicos son más sueltos y vulnerables a la erosión.

“Hay muchos cerros desprotegidos en todo el país, DONDE YA SE ESTAN GESTANDO MAS TRAGEDIAS, EN ESPERA DE LOS PROXIMOS HURACANES, QUE CADA AÑO SE HARAN MAS FRECUENTES E INTENSOS, DEBIDO A LOS CAMBIOS CLIMATICOS MUNDIALES, según afirman meteorólogos.

Y el caso del Volcán Casitas, qué fue lo que pasó?

 

“El Casitas es un Volcán extinto (apagado), cubierto de vegetación en la cumbre, cuya altura llega a los 1, 400 metros sobre el nivel del mar. El Cerro es como una esponja, donde los bosques permiten la condensación de la humedad y la infiltran en el terreno.

Por alguna razón, los indígenas precolombinos llamaron a este Volcán APASTEPE, que significa CERRO PRODUCTOR DE AGUA.

 

“El caso del CASITAS ESTABA POR REVENTAR. En 1983, varios técnicos propusimos al entonces IRERNA la creación de reservas naturales alrededor de los principales cerros volcánicos de Nicaragua para conservar sus bosques, sus vertientes, la flora y fauna.

 

“El decreto legislativo del 19 de septiembre de 1983, fijó en cada reserva el límite de 300 metros sobre el nivel del mar alrededor de todos los conos volcánicos de Occidente, para evitar el avance de la agricultura migratoria y el DESPALE PENDIENTE ARRIBA.

“Sin embargo, la Reforma Agraria de esa época, ignoró esa disposición legal e introdujo cooperativas campesinas más allá de ese límite. Pronto, ciertas “colonias” fueron asentadasn en la ladera sur de la Casitas, entre ellas la “Pikin Guerrero”, que quedó a 600 metros de altura.

“Otras, como las llamadas El Porvenir, Rolando Rodríguez y Santa Narcisa, estaban también ubicadas  en lo alto de la reserva natural. Las cuatro quedaron arrasadas por el aluvión, así como muchas comunidades a lo largo del llamado Zanjón del Mono Muerto, por donde bajó la avalancha.

“Los pobres campesinos despalaron el área para sembrar sus huertas en las laderas del Volcán, sin respetar regulaciones, ni considerar los suelos pendientes y frágiles. Sin sospecharlo, prepararon su propia sepultura.

¿Dónde más podría volver a presentarse una tragedia similar?

“Existen cooperativas agrícolas depredadoras de bosques en las laderas del Cosigüina, del San Cristóbal, del Telica, del Mombacho, del Maderas, no obstante haber sido estos volcanes        decretados como áreas naturales protegidas desde hace 15 años.

“También en los cafetales sin sombra se han producido despales, como en Las Sierras de Managua, en la Meseta de Carazo, en el propio Casitas y en las montañas de Maatagalpa y Jinotega, LUGARES PROPICIOS PARA QUE DESATEN FUTUROS ALUVIONES Y AVALANCHAS, afectando a comunidades vecinas cada vez que se presente un Huracán o una Tormenta Tropical cerca de Nicaragua.

“Poblaciones como Río Blanco, San José de Ometepe, Rama, viven bajo la Espada de Damocles, incluyendo la ciudad de Managua, que YA FUE ARRASADA POR UN ALUVION PROCEDENTE DE LAS SIERRAS EN EL SIGLO PASADO.

“Por otra parte, conviene que la Alcaldía de Managua SIEMBRE UN BOSQUE COSTANERO a orillas del Lago, que puede ser aprovechado para leña, y evitar que la gente se vuelva a asentar junto a la playa.

“La leña que se consume en Managua (que genera unos siete millones de dólares anuales) resulta más cara que el gas licuado y hay que traerla cada vez más lejos.

¿Qué se puede hacer para  evitar que se repitan estos desastres naturales en Nicaragua?

“Hay que tomar más en serio los planes de ordenamiento territorial existentes, zonificar mejor el uso agrario y forestal del suelo, reforestar las cuencas de los ríos, las costas de los lagos, CONSERVAR BOSQUES EN LAS LADERAS Y CUMBRES DE CERROS Y VOLCANES, ACABAR CON QUEMAS CAVERNARIAS Y DESPALES INMISERICORDES. DETENER LA TENDENCIA DE “AFRICANIZAR” EL TERRITORIO NICARAGÜENSE.

“Conviene  también identificar los lugares más vulnerables a los fenómenos naturales. Educar y prevenir a la gente sobre riesgos y peligros. Regular asentamientos tanto en las ciudades como en las zonas rurales. En pocas palabras: planificar, prevenir y controlar.

Y en relación con el Volcán Casitas, qué se debería hacer?

“Para la restauración del Casitas y toda la cadena volcánica de los Maribios, debería fomentarse un amplio plan de reforestación y restauración de suelos en las laderas y cumbres de algunos volcanes, conservándolos como reservas naturales, rpoductoras de fauna, de bosques, de agua y ecoturismo, verdaderos oasis en medio de ese inmenso desierto en que han convertido  las antes fértiles llanuras de Occidente.

“La cumbre del Casitas es uno de los BALCONES ECOTURISTICOS mejores de Nicaragua por los escenarios que se observan allá arriba, el clima fresco, múltiples ojos de agua, curiosas fumarolas y la vegetación de altura, entre la cual hay rodales naturales de pino, que son los más australes del Continente.

¿Por dónde hay que comenzar en el Pacífico y en los Departamentos del Norte?

“Conviene montar este verano miles de viveros, detener quemas, despales y desarrollar un serio plan nacional de reforestación a lo largo de la cadena volcánica del Pacífico, que esté listo en invierno y plantar en las zonas aledañas a los Lagos, donde la humedad del terreno lo permita.

“De la misma manera, en los Departamentos Centrales y de tierra adentro  hay que reforestar todas las cuencas deterioradas por el desborde de los ríos, deslaves de cerros y cumbres. Todo ésto daría trabajo inmediato a la numerosa población  campesina damnificada, hasta que vuelvan a cultivar áreas más seguras.

 

¿Qué experiencia podemos sacar de esta tragedia?

 

“Nicaragua no puede seguir descuidando su desarrollo territorial y dejarlo a la zumbra marumba; vivir en permanente estado de emergencia, esperando siempre ser damnificados por la ayuda internacional.

“Si seguimos como tradicionalmente hemos sido, la recuperación económica será más lenta y dolorosas, especialmente cuando se subestima la función de la naturaleza, el potencial de nuestra ecología, el crecimiento desbordante de la población  y la falta de voluntad para emprender el desarrollo sostenido.

 

“Después de todo, LA NATURALEZA NOS SEGUIRA COBRANDO EL MAL TRATO QUE DAMOS A LOS RECURSOS NATURALES, dejando entredicho las fantasiosas expectativas sociales y económicas de un futuro mejor, que así nunca logrará Nicaragua alcanzar”, concluye la entrevista con el doctor Incer Barquero.

 

En el mismo año 1998, en el verano o época seca, recordemos, se produjeron 18 mil incendios forestales en todo el país, los cuales ocasionaron daños graves en más de 150, 000 hectáreas de bosques, según denuncias reiteradas en medios de comunicación escritos, televisivos  y radiales.

El Contralor de la República, Agustín Jarquín Anaya, denunció que sólo en la Reserva de Bosawás se habían quemado casi 18 mil hectáreas de bosques, y se denunciaba, inclusive, que los incendios eran provocados, a propósito, para dejar el camino limpio para el saqueo de madera preciosa.

Casi al mismo tiempo, la Fundación para el Desarrollo (FUNCOD), denunciaba en un seminario esta barbarie de la destrucción del medio ambiente, y sostenía que ya quedaban menos de tres millones de hectáreas aptas para bosques en el país, de más de ocho millones de hectáreas existentes en Nicaragua antes de llegar la destrucción masiva de árboles por los cultivos de algodón y el saqueo de madera en sitios como el Río San Juan, los cuatro costados y centro de la Costa Atlántica de Nicaragua, en Chontales, Boaco, Matagalpa, Jinotega, los pinares de Nueva Segovia y Madríz, donde caían por millones los pinos, debido al negocio asqueroso y criminal de gusanos cubanos con Anastasio Somoza Debayle.

Se ha sostenido que Nicaragua es el país con más bosques, pero al ritmo de destrucción forestal actual, en unos quince años más, ya prácticamente no habrán bosques en Nicaragua, sostuvieron el nueve de junio de 1998 (tres meses antes del Huracán “Mitch”) los especialistas Kamilo Lara y David Ríos, cuando exponían en un seminario sobre este tema.

Suministraban los datos escalofriantes de que los bosques nacionales son destruídos a un ritmo de 150 mil hectáreas por año y a 420 hectáreas por día en todo el país.

El profesor Orlando Pineda Flores, director de la Asociación de Educación Popular Carlos Fonseca Amador, al mismo tiempo sostenía que sólo de San  Francisco Libre, al norte de Managua, salían 110 camionadas de leña diariamente hacia la capital,  y que ya sólo quedaban 2,000 manzanas de bosques después de haber existido al menos 20 mil manzanas boscosas al sur y encima de la Meseta de Estrada.

Pineda Flores pegó el grito al cielo, y exigió al Alcalde Manuel Espinoza Ramírez que parase de inmediato el corte de madera y leña, pues de lo contrario Managua se quedaría sin oxígeno.

“Tenemos una portunidad todavía, porque Nicaragua es el país que más bosques tiene en Centroamérica, pero debe pararse el rítmo de destrucción actual y al mismo tiempo emprender una labor generalizada de reforestación”, advertía Kamilo Lara en el seminario mencionado.

La preocupación es válida por cuanto se destruyen 150 mil hectáreas al año, mientras apenas se reponen, o se siembran de árboles, menos de cinco mil hectáreas al año, sostenían los especialistas mencionados.

El país ha quedado arrasado de bosques en Departamentos como León, Chinandega, Rivas, Carazo, Madríz, Nueva Segovia, Granada, Masaya, Managua, especialmente debido a los cultivos de algodón y al saqueo (robo criminal) de la madera por parte de personajes y funcionarios inescrupulosos en la época de la dictadura somocista y después con los gobiernos de doña Violeta Barrios viuda de Chamorro y Arnoldo Alemán Lacayo.

La FUNCOD ofreció emprender un programa especial para sembrados dos millones 500 mil arbolitos maderables y frutales en áreas terrestres de los Océanos Pacífico y Atlántico.

Varios aspectos merecen comentarios a la entrevista del doctor Incer Barquero.

Ciertamente, las cooperativas agrícolas y cooperados invadieron suelos como las faldas del Casitas y en otros muchos sitios geográficos de Nicaragua, lo cual tiene su causa en que las mejores tierras están en manos de latifundistas privados desde el siglo pasado, y particularmente desde hace varias décadas.

Para comenzar, los Pellas, por ejemplo, se hicieron de enormes extensiones de tierra para su Ingenio San Antonio (en Occidente), mediante guerras de exterminio a indígenas en el siglo pasado, al amparo del gobierno conservador de Joaquín Zavala. Invito a que revisemos lo que pasó en 1881, cuando este feroz (Zavala) defensor de la naciente burguesía latifundista mandó a matar por miles a los indígenas de Matagalpa, Sébaco, Telica, Posoltega y Chichigalpa, precisamente, para arrebatarles sus tierras a los indígenas, con el fin de entregárselas, en calidad de botín de guerra genocida, a los futuros dueños (propietarios privados) de plantaciones de café y caña de azúcar como los señores Pellas.

 

Más modernamente, fueron los latifundistas algodoneros, oligarcas, los miembros de la familia Somoza, generales, coroneles y mayores de la guardia genocida, más funcionarios del régimen de “La Estirpe Sangrienta”, quienes se apoderaron de las mejores tierras cercanas a los volcanes, costas marítimas y de los dos lagos, en valles, llanos, etc., para lo cual usaron el poder militar de la guardia de asesinos y truculencias legales, para arrebatarles las tierras a finqueros pequeños, medianos y a parceleros, con el fin de dar paso a lo que fue el auge algodonero.

Estos algodoneros, me acuerdo yo perfectamente, en la década del 60-70 echaban verdaderos batallones de tractores orugas para derrumbar millones de árboles que habían en bosques de tierras bajas, para dar paso a los cultivos de algodón.  En esa década habían un afan fanático por destruir árboles, porque los ricachones somocistas y conservadores tenían sed incontrolable de ganar dinero fácil por medio del algodón, aunque los bosques y vegetación en general y fauna, cayeran en  forma brutal por todos lados.

Y precisamente, los Callejas Deshon, Silvio Argüello Cardenal, los Venerios, aparecieron derrumbando millones de árboles centenarios, matorrales y hierbas de las faldas de los volcanes Cosigüina, Chonco, San Cristóbal, Casitas y Telica, y la Cordillera de La Botija, mientras al mismo tiempo la fauna silvestre era asesinada, todo lo cual puede catalogarse como genocidio natural, con el fin de dar paso a la avaricia incontrolada, propia de la burguesía y de la oligarquía, cuyos representantes no han sido castigados por estos crímenes contra la naturaleza.

Fue en esos tiempones cuando individuos inescrupulosos, como los Callejas, al amparo de la tiranía del somocismo genocida se apoderaron de las cúspides de los volcanes como el Casitas, donde construyeron sus haciendones y mansiones de retiro, lo cual, por supuesto, ha provocado el desequilibrio natural que mencionan los científicos como el doctor Jaime Incer Barquero. Quién, o quiénes, pagan en cárcel por todos los muertos de las Colonias Rolando Rodríguez y El Porvenir?

Esta tragedia comenzó en Nicaragua y América Latina desde que llegaron los españoles, pues éstos fueron los que comenzaron a echar cercos a las tierras, a apropiarse de ellas y traspasarlas en herencia a los criollos que dejaron instalados en el poder, y después los despojos continuaron por medio de los  Somoza, los Pellas, los  Zavala, los Argüello Cardenales, los Venerios, etc.

Yo recuerdo, por ejemplo, cómo llegaron los tractores orugas a las fincas de los Carvajales y Socorreños, en el  Tololar, a derrumbar centenares árboles frutales como mangos, mamones, aguacates, zapotes, zanzapotes, limones agrios y dulces, naranjas, guayabos, nancites, jocotes, marañones, mandarinas, tigüilotes, nísperos, jocotes, tamarindos, guanábanas, grosellas, mimbros, grafut, naranjas agrias, anonas, cocos, talchocotes, caimitos, más árboles maderables como cedros, pochotes, tololos, caobas, inclusive arbustos de todo tipo, todos los cuales caían sin piedad, todo para dar paso a los cultivos de algodón.

 

Aquellas fincas se volvieron áridas, y nunca más tuvieron aquellas arboledas en que se escuchaban y se podían ver miles de aves de todo tipo, las cuales compartían las frutas con los seres humanos en el campo.

Exactamente lo mismo pasó en todas las llanuras de Occidente, en Managua, en Masaya, en Granada, en Rivas, para dar paso al algodón, que inclusive propició que murieran millones de animalitos por los plaguicidas y que también se contaminaran las aguas subterráneas y las superficiales de los ríos.

Así comenzó el desastre. El colmo de todo ésto es que cuando los campesinos pobres, desplazados por los latifundistas, despalaban una área cualquiera, casi al mismo tiempo eran desalojados de esas tierras por políticos somocistas o coroneles de la guardia, como recuerdo perfectamente lo que hizo  Cornelio Hueck para el lado de Nueva Guinea. Los campesinos despalaban y él iba detrás echándoles la guardia genocida y despojándolos de esas nuevas tierras, ya peladas de árboles, arbustos y hierbas.

 

Inclusive, recuerdo perfectamente que los algodonales de Posoltega precisamente llegaban hasta las faldas del Volcán Casitas, donde algunas colonias se asentaron mucho antes de 1979.

Conocí bien esos algodonales, porque todavía estando niño anduve allí cortando algodón como mozo, jornalero. Soy testigo personal, vivo, de todo esa destrucción natural que ocasionaron la dictadura somocista, los latifundistas y oligarcas liberales y conservadores, todos los cuales quedaron con cuentas millonarias en el exterior, mientras el país está sufriendo ahora “la pasada de cuentas de la naturaleza”.

Estos campesinos muertos en Posoltega tuvieron su cuota de responsabilidad, pero la mayor cuota, inmensa, incalculable por cierto, la tuvieron, insisto aquellos latifundistas y ladrones del somocismo, los oligarcas liberales y conservadores, los cuales no han sido castigados por estos crímenes.

Sobre las conciencias de estos personajes del somocismo, latifundistas y oligarcas, sobre Arnoldo Alemán Lacayo, tan irresponsable como aquellos otros, debe caer el peso de estos muertos ocasionados por el Huracán  “Mitch”.

Lo mismo puede decirse de la destrucción natural en el resto del país, pues inclusive en 1998 se denunció sistemáticamente que los principales responsables de los despales e incendios en la  Costa Atlántica, por ejemplo, fueron funcionarios del gobierno y personajes ligados a la pacotilla de corruptos del gobierno del señor Alemán Lacayo.

En el mismo gobierno se admite que se quemaron más de medio millón de hectáreas de bosques. Esas quemas alcanzaron la Reserva de Bosawás, donde se quemaron casi quince mil hectáreas, según denunció el Contralor Agustín Jarquín Anaya.

Durante el gobierno sandinista al menos había preocupación por esta destrucción natural, pero con el régimen actual lo que parece privar entre los funcionarios guberbernamentales es más bien el aprovecharse de los cargos para hacer negocios descomunales con cortes de madera y destrucción natural por todos lados, si nos atenemos a las denuncias del diputado liberal costeño Stedman Fagot.

Un infierno de lodo y rocas se vino encima

 

“De repente vi que venía del Casitas una inmensa y oscura masa de lodo y rocas, a gran velocidad, con oleajes muy violentos, como del tamaño de ceibones…todo aquello cayendo sobre la gente y las casas de las Colonias Rolando Rodríguez y El Porvenir”.

“Pude ver, desde un ladito del aluvión, cómo aquella masa colosal de lodo, rocas y árboles, derrumbaba y enterraba las casas con todo y sus moradores, animales y enseres domésticos. Aquello fue más que dantesco, ante mis ojos fue realmente infernal”.

“Después empecé a escuchar los lamentos angustiosos de socorro de los pocos habitantes que quedaron vivos, pero atrapados entre el lodo fatídico, las rocas y los árboles…yo quedé atontado, como si también hubiera sufrido aquella avalancha del deslizamiento, derrumbe o aluvión del Casitas”.

Así vio Félix Moraga Escoto el deslizamiento mortal de materiales volcánicos y vegetales derrumbados por un desprendimiento de un bloque de tierra y rocas, que en su fase inicial se considera tenía, más o menos, un millón de toneladas de peso, deslizado aquella mañana horrenda del 30 de octubre de 1998.

Moraga Escoto, hombre joven todavía, era el operador del motor para extraer agua potable del pozo comunal. Al escuchar “los ruídos extraños” en la cúspide del Casitas, se salió al patio de su casa, desde dónde pudo ver que la masa de lodo avanzaba velozmente hacia la planicie habitada por casi tres mil seres humanos.

Tuvo tiempo de salvarse, porque su casa estaba en el lado Este, por donde sólo pasó rosándola la masa de lodo, rocas y árboles arrancados por la gitantesca fuerza del deslizamiento o aluvión desde la cúspide del fatídico Casitas.

“Escuchamos los ruídos extraños. Apenas salimos al patio de la casa, cuando ahí nomacito se nos vino encima la masa de lodo, rocas y árboles. Nosé qué cara de terror pondrían mis hermanos y mis padres, pero yo sí estoy seguro de que no tuve tiempo de aterrorizarme, pues en segundos estábamos siendo triturados con todo y casa. El lodo me arrastró más de un kilómetro”.

Este relato breve es de Julio Mario Castillo Ruíz, un joven de 19 años, quien perdió a gran parte de su familia en el portentoso aluvión del Casitas.

“Estaba oscuro. Estábamos haciendo el almuerzo y limpiando la casa, cuando vecinos nuestros gritaron: “!Salgan, salgan, corran, corran, pero a gran velocidad…!! Vean, algo horrible viene del Cerro!!”, pero apenas estábamos saliendo a la puerta de la casa, cuando !pum! el lodo y las rocas estaban desbaratando nuestra casita y arrastrándonos a todos hacia el sur, para el lado de Posoltega”.

Este otro relato corresponde a Celia Vargas Ramírez, joven estudiante de 20 años, quien al momento de la embestida brutal tenía agarrados de la mano a la niña Tamara Romero y a su herminito Hermegildo.

“Mi madre, mi padre y mi hermanito menor, Yeison, murieron, nisiquiera encontramos sus cadáveres. Los anduvimos buscando en el lodo infernal. Tamara, Hermenegildo y yo nos salvamos, tal vez, porque luché con todas mis fuerzas para que no me los quitaran las piedras, a pesar de que fuimos arrastrados casi dos kilómetros al sur, hacia el lado de Posoltega”, añade Celia, mientras gruesas lágrimas se resbalan por sus mejías.

Así son de aterradores los relatos de cada uno de los sobrevivientes del aluvión de Posoltega, donde la destrucción fue demoledora, igual o en menor dimensión de horror, que en el resto de casi todo el país al momento en que el fatídico Huracán “Mitch” desencadenaba un diluvio de aguaceros sin precedentes en Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala.

Casi al mismo tiempo el horror, la angustia, los temores de morir ahogados, arrastrados por correntadas pluviales colosales, se apoderó del país entero a partir del 28 de octubre, fecha en que ya caían diluvios de aguaceros, como aquellos que en tiempos remotos inundaron de agua toda la tierra, y que fue necesario hacer el Arca de Noé, para que unos pocos se salvaran, según relatos bíblicos llegados hasta nuestra época.

El aviso No. 21 del Instituto de Estudios Territoriales (INETER), indica que a las 21 horas locales, el “Mitch” estaba alocalizado a 100 kilómetros al noreste de La Ceiba, Honduras. A esa hora tenía vientos máximos de 220 kilómetros por hora y rachas superior a esa velocidad.

“…continúa siendo un huracán peligroso para aquellos lugares con probabilidades de impacto directo”, expresaba un boletín oficial del INETER, de esa noche del 27 de octubre.

El INETER emitió cinco avisos sobre el Huracán “Mitch” el día 29 de octubre, en el último de los cuales (el número 29) se expresaba una doble preocupación y a la vez un “consuelo”, pues se decía que el “Mitch” con categoría de “Tormenta” estaba estacionario al sur de Limón, en Honduras,  y que estaban dadas las condiciones para “el predominio de nublados con lluvias”, y señalaba que estas lluvias serían “moderadas” en las regiones del Pacífico, Central y en el Norete Atlántico.

Ese boletín, el último del día 29, fue emitido a las nueve de la noche.

Sin embargo, la realidad objetiva indica que  por influencia directa del Huracán “Mitch” se había desencadenado un verdadero diluvio de lluvias en casi todo el país, especialmente en Chinandega, Madriz, Nueva Segovia, Estelí, Jinotega, Matagalpa, Managua y Granada.

Por medio de Radioaficionados y periodistas (corresponsables) de las Radios Ya, La Primerísima y la Sandino, esa misma noche del 29 de octubre, se estaba conociendo con carácter de angustia colectiva, que la enorme tragedia humana y desastre natural se avecinaban.

Esa noche del 29 no cesaba de llover intensamente. El cielo estaba oscuro, cerrado, profundamente encapotado.

Esa noche del 29 y madrugada del 30 de octubre, comenzaron a escucharse, especialmente por Radio Ya, los llamados angustiosos de socorro por parte de poblados enteros que ya estaban siendo completamente inundados por las corrientes “que bajan raudas de los cerros”.

 

Angustia en Condega

 

Uno de los primeros llamados angustiosos de socorro los escuché provenientes de Condega, Estelí, de donde, por la vía telefónica, los vecinos denunciaban, mediante la Radio Ya, que el Río Estelí estaba completamente desbordado y que ya estaba arrastrando decenas de casas, la fábrica de puros y que centenares de vecinos huían unos hacia las lomas,  otros se subían a los árboles, mientras en la fábrica mencionada, nadie podía salir, porque las aguas desbordadas la habían rodeado completamente.

La correntada había alcanzado no menos de tres metros de altura por sobre el nivel superior del cauce del Río, lo cual no se había visto en más de 40 años.

Esto indicaba que las correntadas estaban bajando veloces, enormes, libres por falta de vegetación desde las alturas de la enorme meseta de Moroponte y de las otras mesetas de Ciarcuna, El Frayle, Manaslagua, Plan Helado, El Bonete, La Laguna, Tomabú, La Rinconada y Carbonal, donde está ubicado el encumbrado cerro Chapernal (1, 460 metros de altura).

Al Oeste de Moroponte está también la llamada Meseta de Las Tablas, dividida asimismo en las mesetas de: Pilón. Capalchizal, Carrizal, Quebrachal, Horno Grande, Arrayán, Almaciguera, Majagual, Sabana Larga y Oyanca, donde destaca el cerro Quiabú (1, 604 metros de altura).

Es decir, los estelianos tienen elevaciones, inclusive, más pronunciadas que en el Volcán Casitas.

Todas estas mesetas (de hasta 1, 500 metros de altura) están separadas por estrechos valles,  con apariencia de terracerías elevadas, en medio de los cuales (o en sus orillas) se han formado profundos cañones o cauces angostos, por medio de los cuales bajaban los torrentes violentìsimos de aguas desbordadas hacia las partes planas, específicamente en contra de la ciudades de Estelí y Condega, especialmente.

Contrariamente a los pronósticos del INETER de ese día 29, estaban cayendo diluvios de aguaceros, especialmente en estos cerros elevados y sus mesetas también muy encumbradas en relación a los valles en que están ubicadas las ciudades de Estelí, Condega, Pueblo Nuevo, San Juan de Limay y La Trinidad.

 

Mauricio Rosales Rosales, director de Meteorología del INETER, explica que en forma natural llueve más en estas alturas de cerros encumbrados, montañas y mesetas, porque a este nivel de metros hacia el cielo, las aguas en forma de vapor se “condensan” más rápido y se precipitan en forma de lluvia hacia el suelo.

 

Podemos imaginarnos, entonces, cómo se deslizaban, de arriba hacia abajo, esas gigantescas correntadas desde las cumbres y faldas de mesetas y cerros estelianos, mientras un diluvio de agua caía en esos cerros y mesetas de Estelí.

 

Arrastrados

 

Aquellas narraciones telefónicas de terror, de aquellos que estaban viviendo la angustia de verse arrastrados por las correntadas, de sentir y ver que el agua les llegaba ya al cuello, y expresar que la muerte les estaba llegando, francamente me causó impacto profundo, difícil de olvidar.

 

No se me olvida la voz de una mujer de Condega, esa madrugada del 29, que decía: “Las correntadas están arrasando con casas, muebles, animales domésticos, seres humanos…la corriente lleva enormes árboles, ya arrancó el puente, está arrancando la fábrica de puros, donde hay seres humanos atrapados..!Esto es un infierno. Vengan a ayudarnos, o iremos a parar todos al cauce enorme del Rìo Coco!”.

Esa misma noche y madrugada escuché la voz angustiada de la periodista Isidora Acuña, corresponsal de Radio Ya, quien afirmaba que las corrientes completamente desbordadas del Río Estelí estaban arrancando casas, árboles, y que las corrientes llevaban palos enormes, rocas y todo tipo de materiales destructivos hacia el lado del Río Coco.

 

Los Alcaldes de Villa Nueva y Somotillo, Chinandega, respectivamente Luis Felipe Guerrero Jarquín y Justino Quintero Monterrey, al mismo tiempo, angustiados aseguraban por la vía telefónica que ambos territorios (bajos, en planicie, casi al mismo nivel del mar) estaban ya convertidos en un extenso lago, debido a las colosales inundaciones que habían ocasionado los desbordes de los Ríos Negro, Gallo, Quesos y Guasaule, los cuales se habían juntado y mezclado sus correntadas enormes con las que bajaban violentísimas de la  Sierra Este-oriental de La Botija, donde el cerro “Alto del Cedro” alcanza los 1, 695 metros de altura.

Según registros meteorológicos del INETER, en Chinandega, en esos días trágicos, entre el 28 y 31 de octubre, cayeron 1,429 milímetros de agua, lo cual puede darnos una idea de la cantidad de lluvia caída en esta Sierra y el “Cerro Alto del Cedro”, de donde las aguas deslizaban libres, sin freno de vegetación hacia los cauces antiguos y a la vez lanzándose sobre caminos y por la enorme llanura de ambos municipios, donde iba arrancando millones de toneladas del suelo fértil, los árboles y hierbas; destruyendo puentes, alambrados, arrastrando casas, ganado, fauna silvestre, conejos, garrobos, muebles, árboles y seres humanos.

Aquello era descrito como “un diluvio” por ambos Alcaldes, pues para colmo de la desgracia que estaban viviendo el mayor desborde lo estaba produciendo la inmedible correntada del Rìo Estero Real, procedente del Valle de las Zapatas, en Malpaisillo, municipio de León.

Este Río Estero Real recoge en su largo trayecto, entre otras aguas, las producidas en las cuencas ubicadas al lado norte de los Volcanes San Jacinto (o Santa Clara) y Telica, antes de desembocar en su anegada, fangosa y enorme bocana en su desembocadura en el Golfo de Fonseca.

Horrorizados, ambos Alcaldes expresaban que además se les estaban yendo encima de sus territorios las aguas también desprendidas en enormes cantidades desde el lado norte de los Volcanes Casitas y San Cristóbal, todo lo cual estaba arrasando viviendas, vehículos, tierras, plantaciones de bananos, maní, frijoles, ajonjolí, sorgo, soya, yuca, animales, carreteras, caminos, puentes y seres humanos a su paso.

En medio de la angustia, estos Alcaldes informaban que mucha gente campesina había muerto ahogada, arrastrada por las fabulosas correntadas, y que algunos estaban ya subidos en los árboles más altos, que por cierto son raros en esta llanura (fangosa en algunas partes) del norte de Chinandega, debido a que la vegetación boscosa fue arrasada aquí desde los tiempos en que aparecieron los cultivos en latifundios algodoneros en la década 50-60.

 

Naturaleza cobra la factura

 

(En otras palabras, se puede afirmar que la Naturaleza estaba “cobrando la factura por haberla destruído desde hace mucho tiempo”. Eso sí, los responsables de esta destrucción natural, los algodoneros y aquel gobierno somocista, permanecen sin castigo).

 

El 30 en la mañana se escuchó la voz de un sacerdote, quien usando un bote de los pescadores pudo salir del pequeño caserío de Puerto Morazán (norte de Chinandega), cuyas casas habían sido completamente cubiertas por las aguas del Río Estero Real. Lo escuché hablando por la vía telefónica desde Tonalá a Radio Ya, en Managua.

Con la voz temblorosa, lleno de horror, el sacerdote informaba por la vía telefónica que los pobladores de Puerto Morazán se habían subido a dos lomas rocosas, situadas al Oeste de la fila de casitas de palma y tejas de este conocido puerto poblado chinandegano. “Hay mucho miedo, frío, hambre, y se teme que las aguas sobrepasen las lomas en que están subidos”, describía el cuadro aterrador el cura referido.

Este poblado pequeño, está exactamente en la orilla de la desembocadura del Río Estero Real en el Golfo de Fonseca. La gigantesca inundación se produjo mucho antes del 29, según informaba el sacerdote.

Los edificios más altos, de unos siete metros de altura, la Estación del Ferrocarril, la Policía y una casa particular, estaban completamente cubiertos por las aguas del Estero Real.

El problema con este Río es que recoge las aguas pluviales de gran parte de la cuenca norte de los Volcanes San Jacinto y el Telica, e inclusive lo que hacen deslizar en corrientes el Casitas, Chonco y San Cristóbal hacia el lado norte, con rumbo a Villa Nueva, Somotillo, Tonalá y Puerto Morazán, cuenca que tiene inclinación natural de desagüe hacia el Golfo de Fonseca.

 

Mar de corrientes hacia

Golfo de Fonseca

 

En Puerto Morazán no había muertos, al momento de la comunicación del cura, pero varios centenares de pobladores temblaban de frío mientras las lluvias les caían torrencialmente sin cesar, pues en el territorio chinandengano seguía lloviendo a mares desde el cielo.

A esas lomas rocosas se habían ido huyendo sin comida, sin ropa, sin camas, ni hamacas, estaban a salvo, pero el miedo crecía porque las aguas ya estaban llegando al nivel de esas lomas, según el sacerdote, quien aseguraba que el mar del Golfo de Fonseca se estaba metiendo hacia tierra firme de Chinandega.

El viernes 30 de octubre amaneció lloviendo más intensamente que en los dos días anteriores. El cielo, en general, en el país estaba “cerrado con nubes negras”, que presagiaban algo terrible.

Ese viernes 30 de octubre, los derrames colosales de agua desde el cielo, procedentes de las nubes, llegaron a su máxima expresión, por influencia directa del Huracán “Mitch” y otro fenómeno meteorológico en el Océano Pacífico, frente a las costas de Nicaragua.

En los registros electrónicos oficiales del Instituto de Estudios Territoriales (INETER) se afirma que en Chinandega, por ejemplo, al 30 de octubre habían caído 484,8 milímetros de agua, pero otros especialistas no oficiales argumentan que esas cifras son mayores en sitios como Posoltega, Chichigalpa, Villa Nueva, Somotillo, San Pedro del Norte, San Francisco del Norte y  Cinco Pinos, todos en el territorio chinandegano, el cual se convirtió como en un inmenso mar, como que de repente el Océano Pacífico había ocupado todo el suelo firme.

Pero no era el mar desbordado, !no!, eran las correntadas pluviales inmensas, desbocadas, que bajaban deslizándose de los cerros, lomas y cúspides de las Sierras de La Botija, de los volcanes Casitas, Chonco, San Cristóbal y del Cosigüina, arrastrando consigo millones de toneladas de lodo, rocas, raíces de árboles, a cuyo paso iban quedando derrumbadas las casas, arrastrados y ahogados sus habitantes, triturados el ganado, los animales domésticos, arrancados los suelos fértiles, desaparecidos los caminos y puentes, arrancadas las infraestructuras…y como huellas indiscutibles quedaron zanjones inmensos, que hoy causan terror a los mismos pobladores de la zona.

 

 

 

 

Pánico colectivo en Guasaule

 

El miedo, el horror colectivo, se apoderó de centenares de miles de familias, especialmente cuando el 29, el 30 y el 31, los ríos empezaron a juntarse unos con otros, como los casos de los ríos Gallo, Negro y Guasaule, los cuales terminaron la obra de convertir en un mar inmenso aquel suelo fértil, bastante parejo, del norte de Chinandega.

El mismo 30 se conoció la horrible noticia de la mortandad de las Colonias Rolando Rodríguez y El Porvenir, las cuales fueron virtualmente trituradas por una masa inmensa de agua, lodo, rocas y árboles, desde cuyo inicio el bloque desprendido del Casitas tuvo un peso no menor de un millón de toneladas, según especialistas del INETER.

 

Esto es indicativo del peso multiplicado y de la enorme fuerza al ir rodando “cuesta abajo” esta avalancha mortal, que consigo arrastró rocas de hasta 30 metros de circunferencia y peso de alredor de 200 toneladas cada una.

Estos colosos de la Cordillera Volcánica de los Maribios son de formación relativamente “joven”, de unos dos millones de años, y,  según estudios geológicos, son bastante porosos, absorven bastante agua de lluvia y por tanto son grandes reservorios de agua, debido a que sus suelos y rocas todavía se conservan relativamente suaves o esponjosos.

 

Agreguemos a ésto que mientras más altas son estas Sierras, Cordilleras, Cerros o Volcanes, más lluvias se producen allí encima, porque las aguas evaporadas y subidas (a las nubes) se condensan más fácilmente a esas alturas, debido a los soplos de vientos helados o frescos del Este o del Oeste.

Debe aclararse que al mismo tiempo estas cumbres volcánicas han sido profundamente dañadas al quitárseles los árboles y vegetación originales, lo que provocó erosión de los suelos, y como consecuencia son ahora proclives a los derrumbes.

Añadamos la enorme cantidad de lluvia caída sólo entre los días 28 y 31 de octubre en Chinandega: 309, mm. el 28; 422, 4 mm. el 29; 484, 8 mm. el 30; y 202, 9 mm. el 31, lo cual suma 1, 429, 7, régimen lluvioso extremadamente superior a los registros históricos del INETER.

El régimen histórico registrado indica que cuando más ha llovido, se han registrado 2,000 milímetros en el año allí en Chinandega.

Algunos ancianos chinandeganos afirman que en la década 50-60 eran comunes estos diluvios de lluvias en Chinandega y León, pero claro, en aquellos tiempos todavía era abundante la vegetación  (incluyendo hierbas y raíces) en las faldas de los volcanes, en las  Sierras y en las mismas planicies, sabanas, llanos y valles de este sector del país.

Recordemos que recientemente, entre marzo y finales de mayo de 1998, se registraron 18 mil 500 incendios forestales en el país, especialmente en estas montañas, de donde negociantes relacionados con el gobierno estaban extrayendo más madera.

Estos incendios terminaron de pelar  las faldas de los volcanes como el Casitas, lo cual propició, insisto, el derrumbe mortal sobre las Colonias El Porvenir y la Rolando Rodríguez.

Es válido recordar también que el gobierno no hizo nada por impedir, ni controlar esos incendios, pues más bien, algunos funcionarios gubernamentales se mostraron displicentes en relación al horrible desastre ecológico y natural.

Muy pronto, repito, la Naturaleza pasó la factura o cuenta, pero equivocadamente en contra de los que siempre son víctimas: los pobres y campesinos, los que se ven obligados a situarse a la orilla de las cárcavas, cauces, torres de alta tensión, en las faldas de los cerros y volcanes, metidos en los ríos o en pantanos, porque los oligarcas geófagos se apoderan de las mejores tierras, desde siempre, desde que las recibieron con el poder político por parte de los colonizadores españoles, en 1821, a lo cual se le llamó “Independencia”.

Manuel Ignacio Pereira Quintana, el fundador de la ciudad de Larreynaga-Malpaisillo, me dijo en reiteradas ocasiones que cuando él fundó este pueblo leonés, el seis de septiembre de 1936, los bosques eran espesos, de árboles enormes, en estos sectores de León y Chinandega.

Acabo de finalizar un libro sobre Malpaisillo, cuyo relato comienza precisamente indicando que cuando Malpaisillo se fundó, lo que más abundaba, precisamente, eran los árboles y matorrales cerrados en toda esta zona occidental del país.

El mismo Pereira Quintana me contó detalladamente, antes de morir en 1982, que fueron los criminales algodoneros, latifundistas algodoneros, encabezados por los Somoza, Gurdianes, Callejas, Venerios, Lang, Galo, Silvio Argüello Cardenal, quienes con maquinaria pesada y la Guardia Nacional derrumbaron los bosques y acabaron también con la abundante fauna de León, Chinandega, Managua, Granada, Masaya y Rivas, para dar paso a los latifundios-cultivos de algodón, efectuados en tierras ya peladas, porque los árboles estorbaban para que fumigasen los aviones.

Añadamos a las cualidades o explicaciones científicas de lo “poroso” del suelo y de rocas y de la abundancia de lluvias en las alturas, este asunto del despale arrasador y el avance de la frontera agrícola, ocasionado también por la existencia de latifundios como los cañales de los Pellas y enormes cantidades de tierras en manos de grandes propietarios (capitalistas, burgueses, oligarcas liberales y conservadores).

El tipo de propiedad privada, latifundista, en manos de una minoría, ha determinado que la inmensa masa de campesinos pobres busque cómo avanzar hacia las faldas de los cerros y Serranías, hacia las costas marinas, hacia las riberas de los rios, a los cauces y cañadas, como ocurre en la mayoría de poblados pobres del país, incluyendo, por supuesto, las que fueron Colonias Rolando Rodríguez y El Porvenir.

Inclusive, se debe mencionar el despale inmenso que ha habido en los últimos 50 años por parte de negociantes, al amparo, primero, del gobierno somocista y de los regímenes posteriores de 1990 a 1999.

Se derrumban, nada menos, que 150 mil hectáreas al año, mientras prácticamente no se resiembra de árboles ni una hectárea al año, con excepción de pequeños manchones sembrados por iniciativa de particulares, o de Organismos No Gubernamentales Nacionales e Internacionales, pero no por planes del gobierno.

Se ha dicho que existe una obligación de sembrar  diez arbolitos de la misma especie por cada árbol derrumbado con fines comerciales o para leña, pero dónde se cumple éso?

En el caso concreto del Casitas debo añadir que desde el pie de las faldas hasta su cúspide fueron construídos caminos con poderosos tractores orugas, lo cual provoca desequilibrio en suelos jóvenes como en este famoso y fatídico Volcán apagado de la Cordillera de los Maribios.

Inclusive, en la propia cúspide está construída una plazoleta inmensa, en la cual se cuentan casi 20 antenas de trasmisiones de televisión, de radioemisoras, del INRA, Ejército, etc.

 

La Alcaldesa de Posoltega, Felícita Lucila Zeledón Rodríguez, denuncia que días antes del colosal deslizamiento, se había construído otra plazoleta en la parte vertical, de abajo, exactamente unos 20 metros abajo de donde comenzó el derrumbe mortal del 30 de octubre de 1998.

Debo añadir que por el desempleo generalizado, a partir del año 90, los pobladores campesinos subían cotidianamente a estas Serranías, Cerros y lomos de volcanes, en busca de leña, cogollos de plantas y animales silvestres para la comida.

Esto, más el avance de la frontera agrícola, fue provocando eliminación de la vegetación en estas faldas agrestes, más aflojamiento del suelo por el uso constante y la destrucción del mismo allá en la cùspide.

Entonces, podemos imaginar cómo se acumuló  el agua y causó el desprendimiento de estas Sierras, Cerros y Volcanes, especialmente en el Casitas, donde, según especialistas del INETER, se deslizó una masa inestable de suelo y rocas, que posiblemente pesaba más de un millón de toneladas desde su inicio unos cuantos metros abajo de la plazoleta de la cúspide.

Algunos sobrevivientes de las Colonias Rolando Rodríguez y El Porvenir aseguran que las cárcavas naturales, de la cúspide del Casitas hacia abajo, habian subido extraordinariamente de nivel por las corrientes ese 30 de octubre en la mañana.

Eso era un presagio de que allá arriba la lluvia incesante estaba ocasionando un diluvio, que pronto se transformó en un alud o avalancha horrorosa y mortal.

Las correntadas desbocadas corrieron también desde la cúspide del San Cristóbal y del Telica, para el lado de Chichigalpa, Posoltega, Quezalguaque y Telica.

En el caso del Casitas, la avalancha arrancó de raíz suelo, rocas enormes, árboles también gigantescos, medianos y pequeños, y a su paso infernal fue arrancando casas, muros, más árboles, postes y arrastrando seres humanos, animales domésticos, reses, caballos, conejos, serpientes, insectos, todo hacia el sur, donde también fueron arrancados los puentes, el suelo fértil, casas, la carretera, y fueron quedando regados los cadáveres sepultados en el lodo, entre las ramas de los árboles, o tirados sobre matas de caña.

Varios centenares de sobrevivientes quedaron “enterrados vivos” en la inmensa masa de lodo, rocas y árboles, esa masa de lodo que se estancó allí encima del terreno en que estuvieron las Colonias Rolando Rodríguez y El Porvenir, esa masa lodosa infame que también circuló hasta la carretera León-Chinandega, o más allá, hacia el Océano Pacífico, pasando por los caseríos colindantes con el pueblo urbano de Posoltega, el cual milagrosamente se salvó de esa horrible avalancha.

Allí quedaron sepultados más de dos mil ciudadanos, hombres, mujeres, niños y ancianos.

Los “enterrados vivos” comenzaron, inmediatamente después del aluvión de lodo, rocas y árboles, a lanzar llamados angustiosos de auxilio, pero prácticamente nadie les oía aquellos lamentos, con excepción de Alonso Rueda Aráuz, su mujer Margarita Centeno González y Félix Moraga Escoto, quienes, una media hora después de ocurrido el desastre, se dedicaron a rescatar sobrevivientes.

Estos sobrevivientes “enterrados vivos” intentaron liberarse del lodo, rocas y árboles, pero estaban prensados de los pies, piernas o de la cintura por alambres, ramas o sencillamente el peso del lodo era demasiado pesado para quitárselo de encima.

 

Algunos sobrevivientes de este cataclismo lograron llegar hasta donde la Alcaldesa Felícita Zeledón Rodríguez, a quien le contaron la horrible tragedia del humilde pueblo de las Colonias Rolando Rodríguez y El Porvenir.

Escuché la voz temblorosa, como si tuviese un nudo en la garganta, de Felícita Zeledón Rodríguez, cuando por medio de la vía telefónica hablaba con Radio Ya, dando a conocer el espantoso magnicidio natural.

“Esos poblados desaparecieron…son no menos de mil muertos. Es horrible”, dijo, y lanzaba un SOS desesperado para que se le ayudara a su gente, pero casi inmediatamente el gobierno, por medio de Arnoldo Alemán Lacayo, se burló de ella aquel sábado 31 de octubre.

Personalmente Alemán dijo que estaba “loca”. Alemán Lacayo pareció burlarse de la gente que se estaba ahogando, de la que estaba prensada entre el lodo, rocas y árboles en el trayecto del deslizamiento del Casitas en Posoltega, y de los que luchaban en forma sobrehumana subiendo a los árboles, a los cerros, a las lomas, o sencillamente desafiando las gigantescas crecidas de las corrientes a bordo de un botecito de pescadores, como ocurrió en  el Río Viejo de San Francisco Libre.

Ese mismo día 31 se escucharon los llamados desesperados del Alcalde de Chichigalpa, Eligio Palacios Maradiaga, quien expresaba los temores acerca de que se derrumbara también el Volcán San Cristóbal, ubicado exactamente en frente de esta conocida ciudad chinandegana, colindante por el Oeste con Posoltega.

Las correntadas desbordadas del Casitas, precisamente, se lanzaron contra la ciudad de Chichigalpa, inundando numerosos vecindarios y provocando destrucción en un puente interior de la ciudad.

Palacios Maradiaga decía angustiado al medio día del sábado 31 que se tenía información ya verificada de que miles de pobladores de la Rolando Rodríguez, El Porvenir y El Ojochal, habian quedado sepultados por el lodo, y que otros estaban “enterrados vivos” y se urgía ayuda para ellos.

Casi al mismo tiempo se escuchaban las voces del Alcalde de El Viejo, Narciso Salazar Castillo, y de los concejales Jimy Zeledón Mendoza, Andrea Angeles Alvarez y Rufino Herrera Somarriba, quienes pedían a gritos que los auxiliaran, porque miles de personas se estaban ahogando en esa inmensa planicie, casi al nivel del mar, del extenso territorio de El Viejo, ubicado al Oeste-norte de Chinandega, donde está ubicado el famoso Volcán Cosigüina, de donde bajaban también enormes correntadas hacia las comarcas del sur del coloso volcánico.

 

Cosigüina se lanza sobre Potosí

 

Las correntadas inmensas, bajadas del Cosigüina (858 metros de altura), se lanzaron completamente descontroladas hacia el pequeño caserío de Potosí, donde el camino se perdió totalmente, porque el agua desbocada lo arrancó.

Fueron tan violentas las correntadas bajadas del Cosigüina hacia las aguas del Golfo de Fonseca, ubicado colindante al norte, que algunos de los conocidos farallones se desbarataron y se mezclaron con las aguas del Océano Pacífico.

En la “Punta San José”, parte de la Península del Volcán Cosigüina, el agua del Golfo se introdujo a terreno firme, lo cual da otra idea de cómo el Océano se rebalsó en esa parte por las enormes correntadas que le caían.

Por supuesto, hacia la ciudad de El Viejo se estaban yendo también enormes correntadas raudas, que bajaban de los volcanes Chonco (1, 105 metros) y San Cristóbal (1, 745 metros), especialmente sobre los ríos Viejo y Atoya.

Especialmente el Río Viejo, con cauce en medio de la ciudad, arrancó las casas de las orillas y destruyó los puentes a su paso, además de lanzarse virtualmente sobre todo el casco urbano de El Viejo, donde se formó una enorme laguna, debido al desborde del río y por las corrientes que también salían a las calles de las colonias y barrios.

Salazar Castillo decía que habían inundaciones graves en los Esteros de Aserradores, Padre Ramos, y en el balneario de Jiquilillo, cuyos habitantes tuvieron que abandonarlo y subirse a lomas cercanas, para poderse salvar de las corrientes debordadas por todas partes en esta inmensa planicie o sabana del Noroeste de Chinandega.

Del mismo San Cristóbal bajaban las inmensas correntadas que circulaban por el enorme cauce del Río Acome, dentro de la ciudad de Chinandega, provocando las graves inundaciones ya conocidas en la “Ciudad de las Naranjas”.

Una de las noticias que más me impactó la noche del 30 de octubre fue la de los ocho niños y niñas que estaban siendo velados en la casa del Alcalde Rodolfo Blanco López, de La Paz Centro, municipio de León.

El atormentado Alcalde Blanco López de este municipio del Este de León, decía esa noche que los habitantes de La Paz Centro, especialmente en las comarcas, estaban viviendo una horrible pesadilla, cuando daba a conocer que los niños, todos, habían muerto por el derrumbe de un cerro.

Ante los ojos sorprendidos del Alcalde Blanco López estaba virtualmente desapareciendo la llamada “Paz Vieja”, que es el sector más antiguo del casco urbano, especialmente hacia el lado de donde fue la Estación del Ferrocarril.

La Paz Centro, el casco urbano, es un sitio bastante plano, y el Alcalde indicaba en su llamada telefónica acongojada que la pequeña ciudad parecía un lago, mientras las corrientes corrían desbocadas hacia el norte, buscando los cauces hacia el Lago de Managua.

Hacia el norte, para el lado de Puerto Momotombo, la colosal inundación era peor. Correntadas inmensas, jamás vistas, me indicaban Felipe Padilla Silva, Eduardo Acosta Gutiérrez y Hikler Ruíz Gutiérrez, mediante una llamada telefónica desesperada el 30 de octubre a las cinco de la tarde.

Puerto Momotombo es bajo, situado a la orilla del Lago de Managua, en el extremo Noroeste, junto a las célebres Ruinas de León Viejo, las cuales resultaron casi destruídas también.

Recuerdo que este poblado fue casi arrasado en 1988 (Huracán Juana) por las correntadas que absolutamente desbocadas bajaban de las empinadas cumbres de los Volcanes Asososca (no le conozco la altura), El Hoyo (1, 050 metros), Las Pilas (983 metros) y el Cerro Montoso, cuya altura tampoco puedo señalar.

Estas correntadas colosales bajan desde las elevaciones de estos colosos volcánicos y se dirigen por cauces enormes hacia el Lago Xolotlán o Managua, situado al Este de todos ellos.

 

Según Eduardo Acosta Gutiérrez esta vez, el 30 de octubre, las correntadas alcanzaron niveles excepcionales y se desbordaron hacia los lados como si esos lados fuesen parte de las enormes cárcavas que vienen desde los volcanes mencionados.

Esas corrientes traían árboles, lodo, rocas, todo lo cual anegó completamente el poblado, situado a la orilla del Lago y frente al coloso azulado Momotombo (1, 280 metros), el cual hizo desaparecer León Viejo con un terremoto y erupciones volcánicas en 1610.

 

Momotombo subido

en árboles y tapescos

 

Las corrientes, resbaladas por inmensas cárcavas retorcidas del empinado Momotombo no hacía daño directo al poblado de Momotombo, pero empujaban las aguas del Lago !hacia (afuera) la otra orilla de enfrente! (Oeste), encontrándose con las otras descomunales corrientes que venían de los volcanes Asososca, El Hoyo, Las Pilas y Cerro Montoso.

 

El nivel de las aguas en Puerto Momotombo llegó al techo de las viviendas. Todos los pobladores, según Eduardo, debieron subirse a los techos de las mismas viviendas, a los árboles de tamarindos y el edificio más alto, el colegio, para salvarse.

En Puerto Momotombo abundan los jocotes, nísperos, tamarindos, naranjas agrias, limones, mangos y ceibones, en los cuales se subieron y se amarraron los pobladores, especialmente niños, para no caer al agua, mientras seguía lloviendo copiosamente.

El frío, el hambre y el miedo calaban en aquellas circunstancias horribles, desesperantes.

Los cerdos, las gallinas, las vacas, los caballos, los conejos, prácticamente todos se murieron ahogados por el diluvio de correntadas en este conocido pueblo Momotombo, el cual fue visitado muchas veces por José Santos Zelaya y Rubén Darío a principios de este siglo 20.

Fue el Puerto más importante de Managua, porque hasta allí llegaban el Ferrocarril, procedente de León, y anclaban los barcos de pasajeros y transporte más importantes del Lago Xolotlán.

Todos los pobladores, incluyendo Eduardo, estuvieron todos subidos en los árboles hasta el dos de noviembre, día en que las correntadas amainaron.

Como consecuencia de las enormes correntadas bajadas del Volcán Momotombo y del Cerro Montoso, hubo una llena extraordinaria de la Laguna de Monte Galán, en cuyas vecindades los árboles están cubiertos por no menos de ocho metros de agua.

Esa Laguna de Monte Galán, de interés geotérmico,  está situada al Oeste del Momotombo y al Este del Cerro Montoso, es decir, entre ambos.

Al otro lado, en Malpaisillo, al mismo tiempo se producían llamados igualmente angustiosos del Alcalde Leonel Navarro Cáseres, quien afirmaba el 30 de octubre en la noche que estaban aisladas más de 30 comunidades de este poblado de llanuras casi parejitas, pelado de árboles por los cultivos de algodón. Aquí existió, igual que en el resto del país, un inmenso bosque, antes de que los latifundios del algodón arrasasen con los árboles y destruyesen los suelos.

Precisamente, esa llanura plana, estaba convertida en un inmenso lago, mientras las correntadas aullaban bajando enormes desde las cumbres de los Volcanes de Rota (836 metros) y el Cerro Negro (700 metros), situados ambos al sur y al sureste de la ciudad y de varias comarcas de este municipio leonés.

Ya en ese momento algunos concejales como Bartolomé Acosta Narváez, Justino Fonseca Mena y Aura Estela Picado, andaban caminando con el agua al pecho, en labor de salvamento, pero no hacían mucho, debido a que no podían ir muy lejos.

Las correntadas que bajaban, por ejemplo, de Rota hacia el Valle de las Zapatas eran descritas como apocalípticas por el Alcalde Navarro Cáseres, quien dijo la noche del 30 que el poblado de La Esperanza, virtualmente había desaparecido por las correntadas.

 

Vacas ahogadas

 

Ya en ese momento estaban destruídos los puentes de El Llano, Los Escotos, El Charco, dos hacia la Mina de El Limón, para el lado de La Paz Centro.

En esos instantes ya se habían ahogado tres mil 500 cabezas de ganado, las corrientes habían dañado 1, 610 pozos comunales, dos mil 300 letrinas estaban ya dañadas, diez mil manzanas de granos básicos perdidos, todo lo cual ocurría mientras los 36 mil pobladores del municipio nadaban en agua, estaban encajados en los árboles, en techos de casas, o se habían subido a las lomas y cerros, como ocurrió en el mismo Rota.

Las correntadas bajadas de los Volcanes Rota y Cerro Negro iban por cauces curvos y casi verticales, que fueron ampliados enormemente por las fuerzas despiadadas de estos torrentes desbocados hacia el Valle de las Zapatas, donde comienza el curso del Río Estero Real, hacia Puerto Morazán (Golfo de Fonseca), en Chinandega.

Uno de los llamados más dramáticos, angustiosos, se los escuché al Alcalde de Telica, Heriberto Espinoza Meléndez, quien decía el mismo 30 que esta ciudad y sus comarcas estaban virtualmente desapareciendo por las inmensas correntadas que bajaban de los Volcanes Telica (1, 060 metros), Rota u Orota (836 metros) y el Cerro Negro (700 metros).

Recordemos que la ubicación de la ciudad de Telica es al sur del Volcán Telica, al Oeste-sur del Rota y al Oeste del Cerro Negro, cuya cuenca se resbala por una multitud de zanjones curvos enormes, verticales, impresionantes hacia Telica y la ciudad de León.

Desde la ciudad de Telica se ven las descomunales cárcavas retorcidas del sur del Volcán Telica, por medio de las cuales bajaban correntadas excepcionales hacia las comarcas y esta pequeña ciudad leonesa.

Esas correntadas se juntaban con la otra que bajaba del Rota por medio del Río Telica, el cual tiene su orígen, precisamente, en las faldas del Volcán Rota, uno de los más antiguos de la Cordillera Maribia.

 

Este río cruza el  conocido Puente de Telica, el cual desapareció, precisamente, el 30 de octubre al ser impactado con violencia inaudita por centenares de árboles gigantescos, que eran arrastrados como plumitas suspendidas por el viento a la hora de una borrasca.

Lo más terrible en este territorio teliqueño ocurrió en las comunidades llamadas La Cruz y El Apante, las cuales fueron arrasadas completamente por las correntadas que bajaban del Cerro o Volcán Rota hacia el norte, donde se juntaban con otros torrentes violentísimos, procedentes del Volcán San Jacinto o Santa Clara.

Gran parte de los 22 muertos registrados en Telica, ocurrieron en estas comunidades, cuyos habitantes, al verse rodeados complemente por correntadas se subieron a los cerros vecinos, los cuales forman parte de faldas y mesetas del San Jacinto, donde están ubicados los famosos Hervideros de San Jacinto.

Estas dos corrientes, ambas deslizadas de las cumbres de los dos Volcanes, se encuentran en el cruce de El Apante, donde formaron un nuevo y enorme cauce hacia La Cruz, y las viviendas, ubicadas en bordes altos, fueron arrancadas como pedacitos de papel y transportadas velozmente como si fuesen llevadas por vientos tornados hacia el Golfo de Fonseca.

Teresa Quintero

Antes de este cruce, el Río San Jacinto arrancó casitas en un lugar llamado El Ojochal, donde las viviendas estaban en los borden del zanjón del río, junto a enormes árboles de tamarindo, panamá, ceibones, chapernos y genízaros antiguos.

Pedro Reyes L.

“Las correntadas bujaban bajando de las cañadas del Cerro de Rota y de los cerros cercanos. Se oían despeñadas las rocas, y los árboles tronaban arrastrados como cuando una brigada de carterpilar los va empujando cuesta abajo y sobre piedras también de rodada”, me contó Pedro Reyes López, uno

 

de los pobladores de El Apante.

En el propio cruce fueron arrancadas completamente las casas de Rodimiro López y Teresa Quintero, a quien la corriente

 

también se la llevaba y lograron rescatarla tirándole mecates, mientras el río arrastraba ganado, lodo y cerdos hacia el lado del Valle de las Zapatas.

Ambas corrientes, por supuesto, se juntan en el caudal del Río Estero Real, el cual se desliza unos 70 kilómetros al noroeste, para el lado del Estero Real, en Puerto Morazán, Golfo de Fonseca, mientras acopia toda esta inmensa cuenca pluvial del lado norte de los Volcanes San Jacinto y Telica.

El Alcalde de El Sauce, Duilio Narváez Hernández, con tono de profunda angustia decía por medio de Radio Ya, el 30 en la noche, que los cerros aledaños a la ciudad de El Sauce se estaban derrumbando.

 

Agregaba que el llamado Río Grande, que circula al norte de la ciudad por un inmenso cañón hacia el lado de Achuapa, también rumbo al Golfo de Fonseca, estaba completamente desbordado y el puente arrancado, lo cual, virtualmente le impedía desplazarse a pie, nadando, hacia las comunidades norteñas de El Sauce, aisladas totalmente en esos momentos.

Estos enormes torrentes del norte de El Sauce, descendían raudos a partir de las mesetas sureñas de Estelí, especialmente del Cerro Tisey (1, 550 metros de altura), entre angostos valles y cañadas profundas y retorcidas, en los y las cuales se encuentran, precisamente, El Sauce, Achuapa, Santa Rosa del Peñón y San Nicolás, este último territorio correspondiente a Estelí.

Más angustioso resultaba el llamado de auxilio de la Alcaldesa de El Jicaral, profesora María Teresa Vélez Silva, quien afirmaba que las gigantescas correntadas del Río Sinecapa, procedentes de los elevados cerros de Santa Rosa del Peñón y de Estelí, se habían lanzado contra el casco urbano de su municipio, y que en el momento en que ella hablaba por teléfono a Radio Ya, las casas eran arrancadas por los torrentes de agua, lodo y rocas.

Este río Sinecapa baja hacia el Lago de Managua.

 

Este cauce del Sinecapa es inmenso desde hace millares de años, al extremo de que este Río fue navegable un buen trecho antes de desembocar en el Lago de Managua.

Este Río Sinecapa subió tan alto, en Santa Rosa del Peñón, que la mayoría de las casas de sus bordes (ubicadas algunas hasta doce metros de altura) fueron arrasadas completamente.

Pobladores de este caserío informaron a las radioemisoras mencionadas que se habían subido al Cerro de Santa Rosa del Peñón y otras lomas encumbradas, para salvarse, mientras desde esas alturas vieron cómo la corriente desmedida arrancaba el puente de entrada al pueblo.

Por los mismos inmensos desbordes descontrolados a partir de las mesetas sureñas de Estelí, y especialmente, del Tisey, los fértiles valles de Achuapa estaban siendo arrancados por correntadas incontenibles, que arrastraban casas, seres humanos, animales y árboles, decía con audible ansiedad el Alcalde.

 

Correntadas prodigiosas

 

Las portentosas inundaciones, mientras tanto, el 30 de octubre, estaban golpeando brutalmente a la Ciudad de León, la cual sufre las dañinas erupciones del Cerro Negro desde 1850 hasta la última más violenta en 1992.

Las correntadas prodigiosas bajaban del lado del Cerro Negro, el cual tiene cuencas naturales hacia Malpaisillo, la Ciudad de León y Telica.

 

Los caudales descomunales se deslizaban raudos, serpenteando y deslizándose recto por las huertas, caseríos comarcales, desbaratando antiguas terrazas algodoneras, arrancando suelos fértiles, ensanchando inmensamente los cauces retorcidos del Este de la Ciudad de León, mientras decenas de miles de leoneses escuchaban el rugir embravecido de las corrientes desbocadas en las calles de la Metrópoli de Nicaragua.

El cauce ancho y profundo del Río Chiquito, especialmente, uno de los más grandes de León, resultó “pequeñito” para el caudal descomunal de correntadas, que con fuerza inaudita arrancó árboles enormes, casas, paredones, pedazos de puentes y, finalmente, se lanzó sobre varios vecindarios del sur leonés.

Estas correntadas cruzaban por los caseríos de Lechecuagos, Chacraseca, rumbo a la ciudad de León, ya fuese por los cauces de los ríos Chiquito y Pochote, o desbordadas por las calles mismas, las cuales parecían lagunas los días 29, 30 y 31 de octubre.

En la parte Sur, para el lado de Guadalupe, parecía que la ciudad quedaría partida en dos por la fuerza colosal de las correntadas, que saltaban por encima de los puentes más conocidos del interior de la ciudad (de más de cinco metros de altura), se metían dentro de las viviendas como visitantes inesperados, mientras árboles de todo tamaño, arrastrados, iban derrumbando todo a su paso.

Las correntadas llevaban, además, lodo, arena, enseres domésticos, animales, gatos, pedazos de puentes y calles hacia el Océano Pacífico, distante unos 15 kilómetros al oeste y sur de la ciudad de León.

Los leoneses, encabezados por su Alcalde Rigo Sampson Granera, jamás habían visto tan amenazada por la naturaleza a la ciudad de León, la cual, recordemos, ya fue destruída una vez por erupción volcánica y terremoto del Volcán Momotombo en 1610.

Inclusive, no vaya a olvidársenos que la ciudad de León actual, la moderna (no León Viejo) ha sido castigada severa y  horriblemente por numerosas erupciones volcánicas del Cerro Negro, desde que éste nació a la historia volcánica en 1850, cuando apenas tenía menos de 50 metros de altura.

 

Leopoldo Barreto P.

Los caudales pluviales de León corren de Este a Oeste, es decir, siguiendo la lógica de la cuenca que tiene su inclinación gravitacional desde los volcanes Cerro Negro y El Hoyo hacia las bajuras cercanas del Océano Pacífico.

El ruido infernal de esas corrientes mantenía nerviosos, desesperados a los leoneses. En los barrios, repartos y asentamientos del norte, la inmensa laguna subía y subía hasta más de un metro sobre el suelo, mientras bajo los intensos aguaceros caminaban friolentos los brigadistas de los bomberos de SINACOI, Movimiento Comunal, sandinistas y de la Defensa Civil, que socorrían a la gente atrapada por este diluvio.

“Aquello era desesperante. Hacia cualquier lado de las calles de León, lejos de los cauces pluviales, sólo veíamos agua que subía y subía por las paredes de las casas, cubiertas de lodo y todo perdiéndose, mientras a uno le llegaban las aguas al pecho y a los niños al cuello”, me relató mi hermano Leopoldo Barreto Pérez, residente en uno de los asentamientos                             del norte

de León.

Hacia el Este de León, por la carretera hacia Managua, los caudales de los ríos que nacen en los aldedores del Cerro del Hoyo y Volcán Asososca, como La Leona, por ejemplo, se habían convertido en virtuales mares desbordados, que arrancaron los puentes robustos de hierros y basamentos como de fortalezas, también arrancaban los suelos, el asfalto, los ranchos vecinos, y se llevaban al mismo tiempo enseres domésticos, animales, piedras y árboles, hacia el Océano Pacífico, específicamente a sitios identificados como Salinas Grandes y El Tránsito.

 

Terrenos aledaños que antes estuvieron secos por prolongados períodos de sequía, estaban ahora convertidos en inmensos lagos y aguas que se desplazaban raudas y lentas, al mismo tiempo, hacia el declive del Océano Pacífico.

Era impresionante cómo en esos momentos las correntadas arrancaban como pedazos de papel los muros de la represa de Izapa, donde igualmente desaparecieron el puente, el asfalto, mientras el paso vehicular y peatonal quedaban completamente cortados.

Testigos presenciales me indican que aquel derrumbe del muro de la presa de Izapa pareció una explosión, seguida de un  ruido ensordecedor cuando instantes después los pedazos enormes de armazón de cementos chocaban con la estructura del puente de la carretera, que también cedió  ante la fuerza portentosa de las corrrentadas.

Antes de producirse el derrumbe definitivo de este puente en Izapa, se produjo un desborde inmenso hacia ambos lados, de no menos de 400 metros, lo cual, por momentos tenía algo de parecido con la inmensidad permanente de los ríos San Juan, Río Grande de Matagalpa,  Escondido, Rama, Wawa y el Coco.

Pero era otro el espectáculo, pues este deborde embravecido arrastraba consigo enormes cantidades de lodo, arena, árboles arrancados, muros, columnas de puentes, casas ya desbaratadas, seres humanos, animales, enseres domésticos…

Un poco más al Este, en el Puente de El Tamarindo, se producía igualmente un ruido ensorcedor al paso de las correntadas inmensas que habían sobre un colchón de rocas negras del río del mismo nombre.

El paso de las enormes correntadas sobre el lecho del Río Tamarindo, tenía un ruido particular, ensordecedor, debido a que es pura roca volcánica, negra y asentada como un inmenso colchón en un zanjón ancho y bastante recto, por lo menos en el pedazo visible en las cercanías del Puente.

 

Este original río corto nace en las cercanías de Nagarote y La Paz Centro, desde donde llevaba descomunales cantidades de lodo, arena, árboles arrancados, igualmente enseres domésticos, animales, todo lo cual producía un ruido terrible por el roce con esas rocas del lecho del Tamarindo.

El Río Tamarindo desemboca en el Océano Pacífico, muy cerca del Puerto Sandino, donde fueron quedando amontonados, en ambos lados, los árboles, rocas y suelos arrancados desde el lado de Nagarote, otra de las ciudades cabeceras municipales de León.

En el Cruce de Izapa, especialmente, quedaron detenidos miles de hombres, mujeres, niños y ancianos, debido a la portentosa correntada, la cual les amenazaba al desbordarse inmensamente hacia los dos lados.

Paso cortado entre León y Managua

 

Poco a poco fueron quedando entrampados por todos lados, pues al mismo tiempo habían caído los puentes de la Leona y otros, para el lado de León. Hacia Managua todos los puentes estaban destruídos o intransitables.

El paso quedó cortado hacia Managua y otras ciudades cercanas a León, como La Paz Centro y Nagarote, por el sureste. Esto obligó, a los que se quedaban en las carreteras, a buscar sitios altos: cerros o colinas, árboles altos y gruesos, ubicados lejos de los cauces, para salavarse. Todo ésto bajo intensos aguaceros y frío.

A estas alturas del desarrollo vigoroso del Huracán “Mitch”, la inmensa mayoría de barrios urbanos leoneses, chinandeganos, de Estelí, Nueva Segovia, Madriz, cabeceras municipales y comarcas, habían quedado completamente a oscuras, se había “ido la luz” eléctrica, panorama que volvía aterrador el ambiente dantesco imperante por las correntadas y lluvias diluvianas.

En esa oscurana, valga la repetición, las corrientes descomunales arrastraban seres humanos, millones de toneladas de suelo fértil hacia los Océanos, centenares o miles de cabezas de ganado, cerdos, gallinas, gatos, conejos, garrobos, serpientes, enseres hogareños, alambrados, postes de cercos, ropa, zapatos nuevos y viejos, televisores, camas, hamacas, radioreceptores, grabadoras, teléfonos…todo rumbo al Océano Pacífico, por ejemplo, cuyas aguas están a menos de 20 kilómetros al Oeste de León.

Con diferencia de horas, yo diría de minutos, al mismo tiempo las correntadas de lodo, bajadas de los cerros y llegadas repentinamente por el desborde inmenso de los ríos, en el mismo día 30 se estaban produciendo las destrucciones en otros poblados como Wiwilí, Ciudad Darío, Sébaco, Matagalpa, La Dalia,  San Ramón, atiguás, Jinotega, Condega, Ocotal, Jalapa, Dipilto, Ciudad Antigua,  Somoto, San Juan de Limay, Pueblo Nuevo, San Francisco Libre, El Sauce, La Paz Centro, Malpaisillo, Achuapa, Santa Rosa del Peñón, El Jicaral;  también vecindarios costeros e interiores de Managua, León, Chinandega, Chichigalpa, Posoltega, Villa Nueva,  Somotillo, San Pedro del Norte, Cinco Pinos, Santo Tomás del Norte, los puestos fronterizos de El Guasaule, El Espino y Las manos.

A pesar de que estaba oscuro y llovía copiosamente, muy pocos campesinos y pobladores urbanos sospechaban de aluviones, ocasionados por el Huracán “Mitch”, cuya llegada al país fue anunciada con anticipación por la Organización Meteorológica Internacional, el INETER, Radioaficionados nacionales y radioemisoras como la Radio Ya, Radio La Primerísima y Radio  Sandino.

Y es que la sicología humana  quizás se había costumbrado a las sequías prolongadas, ocasionadas por el Fenómeno de El Niño, durante casi toda esta década del 90.

El gobierno central, jefeado por Arnoldo Alemán Lacayo, por su lado no alertó a nadie, a pesar de las advertencias desesperadas e insistentes de Radioaficionados y de radioemisoras como Radio  Ya, La Primerísima y Radio Sandino, cuyos periodistas le dieron seguimiento al anuncio trágico y mortal de que se acercaba por el lado del Caribe hacia el interior de Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala.

No se me olvidan, ni se me olvidarán jamás los llamados desesperados de cuidadanos, hombres y mujeres, que ya se estaban viendo inundados por las enormes correntadas creciendo y creciendo a cada minuto en las cañadas y zanjones profundos y retorcidos, en las cárcavas de los cerros y volcanes, en los caminos, en los ríos, en los potreros, en las orillas de las viviendas.

El 29 y el 30 de octubre seguía lloviendo copiosamente, prácticamente sin cesar. Eran lluviones, como los que ocurrían antes de la década de los 60, debido, entonces, a que todavía quedaban bosques en los valles y en las  faldas de los cerros, según recuerdan ahora nuestros padres y abuelos.

El agua de lluvia, derramada de las nubes que se renovaban una y otra vez por la influencia del Huracán “Mitch”, caía y caía, e iba formando un mar de agua en los terrenos parejos e irregulares de todo el país, especialmente en Chinandega, León, Nueva Segovia, Madriz, Estelí, Matagalpa y Jinotega, es decir, el occidente, el norte y centro de Nicaragua.

 

El jueves 29 de octubre empecé a escuchar los llamados desesperados desde Ciudad Darío y del poblado de Las Calabazas, donde las correntadas del Río Grande de Matagalpa habían crecido tanto, que se lanzaron a más de un centenar de metros de los bordes del cauce, inundando y cubriendo hasta el techo a las viviendas con lodo.

Se afirmaba que el nivel de las aguas desbordadas dentro de los poblados había alcanzado una altura de casi cinco metros, lo cual provocó destrucción generalizada, ahogamientos de seres humanos y animales domésticos, arrastramiento de enseres hogareños, incluyendo las camas y colchones, los utensilios de cocina, la ropa, mientras centenares de seres humanos se subían a las copas de los árboles, para no ser atrapados por las violentísimas correntadas diluviales.

Estas corrientes bajan enormes y a velocidades ràpidas desde la Meseta de Estrada, la misma que en gran parte causó los desbordes destructores por el sur en San Francisco Libre y la costa norte del Lago de Managua.

La Meseta de Estrada tiene cuencas, precisamente, para el lado de ciudad Darío y Sébaco por el norte, y hacia San Francisco Libre y parte de Malpaisillo por el sur y oeste, respectivamente.

Tanto de San Francisco Libre como de Darío angustiosamente se informaba que las corrientes enormes bajaban de la Meseta de Estrada, donde a ambos lados ya se registraban no menos de 50 derrumbes de los cerros hacia las partes planas.

 

La cúspide más alta de la Meseta de Estrada, el Cerro Güsisil (1, 120 metros de altura), se levanta hacia el cielo frente a Darío, por el norte, y San Francisco Libre, por el sur. Desde allí, por supuesto, bajaron las correntadas más violentas hacia ambos lados, especialmente para el lado de Darío, donde esas corrientes bajan por caudales funestos de “colchones” de lajas o rocas lisas.

En el rumbo de estas cárcavas hacia Darío, por ejemplo, existe inclusive una comunidad llamada “Las Lajas”, precisamente por estar ubicada sobre un manto de lajas, las cuales cubren los lechos de los ríos y cañadas inmensas hacia la que fuera cuna de Rubén Darío.

En Darío y Las Calabazas (población en la entrada a Darío) hubo acontecimientos realmente dramáticos, pues las correntadas y el anegamiento de agua subieron tanto de nivel, que numerosos colchones, hamacas, muebles, ropa, sábanas y otros enseres domésticoss, quedaron “enganchados” en las cumbres de los árboles en el mismo radio de ambas comunidades.

Estas mismas correntadas de agua bajan desbocadas desde varios cerros de la Meseta de Estrada hacia la famosa Laguna de Moyuá, la cual desbordó completamente sus aguas por encima de la Carretera Norte, hasta alcanzar el pequeño lago de Tecomapa, situado un medio kilómetro al norte de Puertas Viejas.

Esta Laguna de Moyuá se había secado por las sequías prolongadas. Está situada un poco al norte de la Cuesta del Coyol, cuyas elevaciones forman parte de la Meseta de Estrada.

Para ser más preciso, a Moyuá se la conoce más como “Las Playitas”, antes de llegar a Puertas Viejas, que por Moyuá. Sus aguas se ven desde la carretera, cuando está, precisamente, llena de agua. Una vez se la quiso robar el coronel genocida somocista Levy.

Esta Meseta de Estrada tiene prolongación hasta el Valle de Sébaco, lo cual explica por qué las correntadas de su cuenca se lanzaron desbocadamente hacia Ciudad Darío, pueblo ubicado antes de llegar al célebre Valle de Sébaco.

En el Valle de Sébaco, situado entre mesetas y cerros muy elevados por el norte, oeste, sur y el Este, la tragedia natural fue de consecuencias terribles.

El cauce normal del Río Sébaco, que corre de Este a Oeste rumbo a Moyuá, abandonó su rumbo milenario y se lanzó por encima de las huertas sembradas de cebollas y tomates y fue a salir al sur, partiendo la carretera y dejando un zanjón de casi 400 metros de ancho, donde antes fue “parejito”.

Este Valle de Sébaco es uno de los más grandes del país y de procedencia original, porque en su lecho hubo un inmenso lago hace, seguramente, millones de años.

Contiene uno de los suelos más fértiles del país, pero con tan mala suerte que virtualmente todo fue arrancado por las correntadas desbocadas del Huracán “Mitch”.

Allí se siembran grandes cantidades de cebolla, quizá la mejor del país; tomates, zanahorias, rábanos, remolachas, frijoles y maíz, todo lo cual, según los relatos de testigos presenciales, flotaban o eran arrastrados por las correntadas descomunales del Río hacia la misteriosa Laguna de Moyuá, la cual al mismo tiempo extendía sus tentáculos acuáticos más al Este de la Carretera Panamericana.

Sébaco, además, fue asiento indígena, especialmente hacia el noreste y por el lado de Chagüitillo, de donde las correntadas se deslizaban embravecidas hacia el río mencionado.

Un poco al sur, hacia el lado de Managua, de las ya mencionadas Mesetas de Estrada, específicamente del Cerro San Jacinto, se desgajaban enormes  correntadas hacia la comunidad de Las Maderas, donde la tronazón en el puente era descomunal por la cantidad de “lajas” y árboles arrastrados por las aguas desbocadas.

En este sector, las correntadas rebalsadas se lanzaron unos 500 metros al sur, inundando completamente el caserío de maderas y bloques, situado a la orilla de la carretera desde hace casi 100 años.

Estos moradores o habitantes ocasionalmente vieron las aguas del río lanzándose sobre el piso superior del puente, pero jamás sufrieron una inundación tan descomunal como ese día 30 de octubre de 1998.

“El Río hacía un ruido como de un mar desbordado, como un mar que bajaba de las alturas envuelto en piedras y árboles, y que además se “arrastraba” los lamentos y miedos nuestros hacia el Lago de Managua”, me dijo Manuel Ortega Morales, un mes después de ocurrido aquel suceso horrible.

 

Las Maderas, un pueblo virtualmente olvidado de Managua, situado en la mera orilla de la Carretera Norte o Panamericana, está asentado en un pedazo de terreno largo, parejo, con un valle hacia el sur, con mesetas y cerros (Meseta de Estrada) por el Este, norte y noroeste. En la parte norte está el puente, también situado al borde de elevaciones montañosas.

Estos pobladores, todos humildes, por supuesto, buscaron las elevaciones de los cerros de la Meseta de Estrada y hacia el lado sur, yendo a Managua, porque al norte tenían cortado el paso.

En San Francisco Libre (costado norte de Managua), mientras tanto, una mujer joven paría dentro de un botecito de pescadores, azotado por un oleaje infernal producido por los encontronazos de las violentísimas correntadas en la desembocadura del Río Viejo con los tumbos enormes en esa zona del Lago Xolotlán.

La narración de este parto pareciera sacado de una novela de horror. El Río Viejo, uno de los principales afluentes del Lago de Managua, normalmente recoge colosales cantidades de aguas pluviales mediante una cuenca que se inicia en el Lago artificial de Apanás (en Jinotega), situado casi 200 kilómetros al norte.

Sus aguas pasan moviendo las turbinas de las Plantas Eléctricas Centroamérica y Carlos Fonseca Amador, y luego las aguas de este Río se desplazan veloces por un cauce muy profundo, que recoge, como digo, colosales cantidades de agua en su trayecto hacia el Lago de Managua.

Las corrientes de este Río Viejo se habían desbordado completamente unos dos kilómetros a ambos lados de su cauce, al extremo de que todo el Bosque El Limón, cerca de la desembocadura en el Xolotlán, había sido invadido completamente, con un nivel de más de dos metros sobre el suelo.

En el lado oeste del Río, en territorio leonés, había una comunidad numerosa de campesinos, agricultores y pescadores, cuyas casas ya habían sido destruídas completamente el 30 de octubre en la noche.

 

 

 

 

 

Juan Ramón Romero Flores y su esposa Jazmina García Corea.

 

 

 

Entre estos campesinos estaban Juan Ramón Romero Flores y su esposa Jazmina García Corea, una joven de 19 años, con siete meses de embarazo.

Muchos de esos campesinos se fueron navegando en sus botecitos o nadando hacia una hacienda llamada “Cuatro Palos” cuando vieron que las corrientes del Río Viejo les destruía todo el 30 de octubre en la tarde.

La situación de Romero Flores era  desesperada, por cuanto su mujer estaba embarazada, tenían cuatro niños chiquitos y a la anciana madre de Juan.

La casita campesina estaba siendo arrancada por las corrientes. No había lugar para salvarse de las correntadas. Esa misma tarde del sábado 30, Juan metió dentro del botecito de pesca  a los cuatro niños, a su mujer embarazada y a su madre, con la intención de salir de allí por medio de la Bocana del Río en el Lago de Managua, pero todos los intentos se convirtieron en  posibilidad real de morir ahogados.

 

Parto desesperado

en medio de la correntada

 

El botecito era mecido como plumita, palo seco u hoja por las portensosas correntadas, las cuales lo ponían proa arriba o al revés y al borde de hundirse con todo y los pasajeros.

“Hice 15 intentos fallidos, pero nisiquiera pude entrar a la Bocana porque los torbellinos de correntadas lo impedían”, relató cuatro días después.

Ya de noche, ese sábado 30 de octubre, haciendo malabares de trapecista, logró amarrar el botecito con un mecate en un genízaro de la orilla del Río, todavía en pie milagrosamente.

Toda la noche la pasaron bajo el intenso aguacero, acompañado de una aterradora rayería, muriéndose de frío y de miedo, mientras el botecito era mecido como pluma por el viento.

El amanecer fue tétrico una vez más, pues el intenso aguacero no cesaba y adivinaban que era de día porque el ambiente se había puesto claro, a pesar de las lluvias incesantes.

Tenían tres días de no comer nada. No habían bebido agua limpia, de pozo, pero no les hacía falta porque de alguna manera tragaban la que se les resbalaba por la boca al momento de caer del cielo, o sencillamente la recibían por medio de la piel y el frío intenso.

Romero Flores calcula que serían las siete de la mañana cuando volvió a los intentos de salir con el botecito por el lado de La Bocana del Río Viejo, para irse al casco urbano de San Francisco Libre, ubicado a nueve kilómetros al Este.

Mientras lo intentaba, saltó como libre dentro del botecito un problema que no esperaba todavía. Su mujer comenzó a retorcerse por dolores de parto, a pesar de que sólo tenía siete meses de embarazo.

 

Volvió a hacer otros dos intentos, pero sus remos y su fuerza no podían contra las portentosas embestidas de las correntadas.

Su mujer, Jazmina, ya no soportaba el dolor. Juan retornó al genízaro y volvió a amarrar allí el botecito. A continuación sacó un cuchillo de mesa que andaba en el bolsillo, alistándose para el momento cumbre del parto, el cual comenzaba a ser atendido por su madre, en medio de la expectación y el miedo de los niños, ubicados todos dentro del botecito.

Dichosamente, la niñita venía bien, de cabeza…Sin embargo, la atención del parto resultaba aterrador, porque en cualquier instante el botecito se daba vuelta.

Cortaron el cordón umbilical con el cuchillo. La niñita no lloró, no gimió, apenas abrió la boca como en ademán de súplica para que la calentaran, pero no había con qué. Fue envuelta en un pedazo de plástico negro, viejo, que todavía quedaba dentro del botecito.

No había leche, ni en los pechos de Jazmina, ni agua, nada, para darle a la recién nacida.

 

Fuera del botecito, las aterradoras corrientes se movían de manera infernal y la lluvia continuaba azotando, mientras los árboles elevados del Bosque El Limón eran testigos mudos de esta odisea y de otras centenares de tragedias que vivían los campesinos en esa zona de San Francisco Libre.

La situación se le había complicado un millón de veces  a Juan. Se ponía a prueba, entonces, su ingenio de ser humano y su fortaleza heroica.

Sabía que la niña se moriría de frío en poco tiempo. Tomó la decisión de jugarse “el todo por el todo”, y como pudo enderezó el botecito hacia el interior del Bosque del lado oeste del Río Viejo, para dirigirse por entre ese bosque hacia la Hacienda “Cuatro Palos”, ubicado a más de dos kilómetros hacia el lado del Volcán Momotombo.

Dichosamente, andaba también un machete. Remaba entre la palizada o arboleda inundada al menos dos metros de profundidad, mientras iba cortando las ramas que impedían el paso del botecito.

Según su relato, en esa travesía duró casi cuatro horas de ese domingo 31 de octubre, hasta llegar a “Cuatro Palos”, donde se encontraron a una cantidad enorme de refugiados.

En ese sitio encontraron campesinos conocidos y de inmediato la niñita fue cubierta con ropa seca y se le consiguió un poco de leche. Para los adultos no había comida. En la Hacienda “Cuatro Palos”, la niña “sietemesina” fue bautizada con el nombre de Esperanza, quien pasó varios meses comiendo y creciendo en el local de la Asociación de Educación Popular Carlos Fonseca Amador, en Managua.

Casi al mismo tiempo, Pascual Montiel, su esposa Estela Espinoza y sus cuatro hijos campesinos vivían otro drama electrizante y mortal a escaso medio kilómetro de donde estaban Juan Romero  Flores y su familia en el Río.

Era en la misma comunidad campesina, pero un poco al norte. Centenares de familias se habían subido a los árboles más gruesos y altos, para no ser arrastrados por las correntadas descomunales.

 

Pascual fajea a su mujer en el árbol

 

Pascual Montiel, su esposa y sus cuatro hijos se habìan subido a un espino negro centenario desde el miércoles 28 de octubre, en horas de la tarde, porque la casita de paja ya había sido completamente arrasada por la desborde del Río Viejo.

Dichosamente, Pascual tenía mecates, con los cuales amarró a sus hijos y a su mujer en las ramas altas del espino.  Otro tanto hizo él, “por si no aguantaba y me doblaba por el cansancio, el frío o sueño”, relató unos diez días después del Huracán “Mitch”.

Pascual había subido miel de abejas y unos pedazos de cuajada seca al árbol, las cuales se las repartió por migajas a su cuatro hijos y a su mujer.

Miércoles y jueves transcurrieron sin desesperación en las cumbres de los árboles de la zona, donde se vivían dramas parecidos a los de Pascual y su familia.

El frío intenso calaba profundamente, especialmente en los huesitos y carne de los niños pequeños, quienes lloraban por pánico, por las llagas causadas por algunas espinas y temblaban por el frío.

El viernes en la noche, los niños y su madre empezaron a manifestar desesperación incontrolada, porque no habían dormido y no podían mantenerse con los brazos y manos asidos a las ramas espinosas de los árboles, porque debido al frío y la estadía en la cumbre “del palo”, se les “estaban durmiendo”.

La primera en ponerse histérica fue la madre. Esa misma noche del viernes, mientras el diluvio de aguacero caía sin cesar sobre ellos y el Bosque El Limón, la desesperada mujer le sugirió a Pascual que soltara a los niños, los dejara caer, para que la corriente se los llevara hacia el Lago de Managua.

 

Pascual trató de calmarla en medio de la lluvia tétrica mezclada con la oscuridad de la noche, los ruídos de las correntadas con anuncios de muerte, mientras un potentísimo rayo penetraba por entre las ramas del viejo espino negro, con pocas espinas en las ramas gruesas y el árbol mismo se mecía por el viento intenso.

El espino estaba liso por el resbalar constante de la lluvia en su corteza. Aun así, Pascual se soltaba frecuentemente del mecate y con paso de mono se iba a revisar a sus hijos y a su esposa Estela, quien amaneció más histérica el sábado 30, día en que ocurrió la horrible tragedia de Posoltega.

 

Róger Trejos López

Para entonces, le pidió a Pascual que soltara a los niños y la desatara a ella también. Colérico y razonando que debía hacer algo violento y rápido, decidió darle cuatro o cinco mecatazos a su mujer, al mismo tiempo que le decía: “Nos subimos a este árbol, para salvar la vida de los niños, la tuya y la mía, no para morirnos…Hay que seguir luchando por vivir, no estés jodiendo más, pendeja”.

La esposa de Pascual se calmó, y los niños también parecieron llenarse de ánimos al ver a su padre erguido en lucha por la vida.

En la misma orilla del Río Viejo, pero más al norte en la comunidad de Monte Galán, ocurrió otro hecho espectacular el jueves 29 de octubre.

 

Mordido por víbora en la corriente

Róger Trejos López y su familia se habían subido al tabanco (una especie

 

de tapesco pegado a la parte superior interna del techo) de la casita campesina, ubicada a 100 metros al Este de la orilla del Río Viejo.

El desborde del Río Viejo había subido más de dos metros en esa zona y casi llegaba al tabanco de la vivienda de Trejos, la cual milagrosamente no había sido arrancada por la correntada, “tal vez porque ya a esa altura no era muy fuerte”, explicó Trejos.

Trejos estaba descalzo. Decidió bajar del tabanco en busca de objetos un poco abajo. Metía uno de los pies dentro de la correntada, cuando !zas! una serpiente venenosa lo mordió. Pegó un grito, quiso identificar a la víbora, agarrarla y matarla, pero sólo le vieron la sombra en la semioscuridad del medio día del 29 de octubre.

Cándido Mejía, Segundo y Melvin García y Marcos Guardados, sus hijos, esposas, padres y madres, estaban entre las centenares de familias subidas en los árboles en ambas orillas del Río Viejo y del Sinecapa, situado un poco al Oeste del Río Viejo, hacia el lado del Volcán Momotombo, por donde sufrían atrocidades naturales las comunidades de Mercedes, San Blas, Las Mojarras, Laurel Galán, La Majada, La Cenicera, San Benito, El Naranjo, Chorrera y San Miguel.

Los dramas por centenares eran similares en las riberas de los  Ríos Pacora, San Antonio y La Trinidad, todos con descomunales corrientes pluviales, bajadas de las alturas de la Meseta de Estrada, en el mismo San Francisco Libre, pero buscando hacia el Este del municipio norteño de Managua.

Los vecinos de San Ramón y San Roque, por ejemplo, comenzaron a subirse a los árboles el miércoles, en prevención de que el Río Pacora se los arrastrara hacia el cercano Lago de Managua.

En el paso de San Roque, el cauce del Río Pacora tiene una profundidad cercana a los doce metros, los cuales fueron rebasados por la correntada el jueves en la tarde.

El puente se atascó con árboles y rocas arrastradas por las corrientes y era evidente que se avecinaba un desastre colosal.

La casa de Gregorio Ordóñez López, 56 años, estaba a unos 200 metros al norte del Río. El Río comenzó a desbordarse temprano, y al ver la corriente casi encima, Goyito huyó con su familia hacia el norte, a una loma, donde  otros campesinos tienen casitas.

Durmieron allí refugiados en el alero de una casita campesina. Cuando amaneció el viernes 30, Goyito se acercó hacia donde estaba su casa, pero de ella no había absolutamente nada.

La correntada portentosa del Río Pacora se había llevado la casa, las dos vacas, los cuatro cerdos, los perros, las 20 gallinas y los dos gallos, toda la ropa, y ni el suelo era parecido, pues donde estuvo la casa había un zanjón y los árboles igualmente habían desaparecido.

En una casa campesina cercana, en la misma loma del refugio de Goyito, la pasaban también refugiadas las ingenieras Alba Luz Pineda y Carolina Orozco Zamora, de la Asociación de Educación Popular Carlos Fonseca Amador, quienes habían llegado al sitio ese jueves en la tarde, para realizar unos trabajos educativos entre los campesinos.

 

Alacranes encima

 

Se subieron la loma, precisamente, huyendo de las correntadas del Río Pacora. Se metieron en una casita semiabandonada, de cuyo techo les caían decenas de alacranes, que se desgabajan porque los chorros de la lluvia eran indetenibles en el tejado de la vivienda campesina.

Las ratas y las cucarachas también pasaban corriendo en el suelo, huyendo del agua.

 

El caserío de San Ramón, ubicado en la orilla norte del Lago de Managua, había desaparecido. Sus habitantes se salvaron buscando las lomas del lado norte, hacia una comunidad llamada El Mayro, del mismo San Francisco Libre, situada contiguo a los filones de las Mesetas de Estrada, de donde bajaban millones de toneladas de agua hacia el Lago Xolotlán.

En la comunidad de Laurel Galán, mientras tanto, 35 campesinos (hombres, mujeres y niños) habían permanecido cinco días subidos en el esqueleto del techo de un rancho en construcción.

 

El agua de las correntadas rosaba la armazón del techo de la vivienda en construcción, la cual no había sido arrancada porque los horcones contaban con arranques profundos de cemento y debido a que el rancho estaba bastante alejado de la orilla del Río Viejo.

Estaban sentados en las alfajías, sin comida, sin agua, con unos cuantos pedazos de plásticos viejos encima y con frío intenso, que los hacía temblar de pies a cabeza.

Se cuenta la anécdota de que el sábado 31 de octubre, los “refugiados” del techo mencionado, asombrados vieron que la corriente arrastraba una vaca hacia el Lago de Managua.

Varios de los hombres más jóvenes se amarraron con mecates, se bajaron del techo y con un par de cuchillo en mano detuvieron la marcha del cadáver de la vaca, a la cual le cortaron (con todo y cuero) grandes pedazos de carne, para comérselos.

 

¿Cómo? Róger Trejos López, el mordido de serpiente, contó posteriormente que allí mismo en el techo !encendieron un fogón! durante una escanpada de la lluvia, asaron la carne y saciaron el hambre de cinco días.

En la madrugada del viernes 30, Claudina Salinas López, Antonio Poveda Urbina, Domingo Urbina y Roldán Montes, entre otros centenares de jefes de familia, cuyas casitas estaban en el llamado casco urbano del sur y suroeste de San Francisco Libre, estaban saliendo llenos de pánico de sus casitas, las cuales habían sido completamente inundadas por la subida portentosa e inesperada del Lago Xolotlán.

 

Antes de esta llena inesperada, las aguas del Xolotlán estaban a casi cuatro kilómetros al sur, es decir se había secado.

Precisamente por éso, Claudina Salinas López y Antonio Poveda Urbina, por ejemplo, habían construído sus casitas en el antiguo lecho del Lago de Managua.

Claudina, inclusive, había construído su casita donde antes fue un Estero, el cual se repletó de agua por última vez durante una famosa llena del Lago de Managua en 1956.

Salinas López, mujer sola, sin marido, fue sorprendida por la invasión de agua a las dos de la mañana del viernes 30, cuando el nivel ya soprepasaba la altura de las camas de ella y de sus hijos.

Lo mismito les pasó a Poveda Urbina, a Domingo Urbina, a Roldán Montes y a otros centenares de familias, las cuales se vieron obligadas a huir hacia el comienzo de las lomas de la Meseta de Estrada en la parte Este del casco urbano de San Francisco Libre.

Salieron despavoridos de las casitas. Cuando quisieron volver, al amanecer, ya estaban completamente cubiertas, y el agua avanzaba hacia el interior del casco urbano, anegando otras 300 viviendas de la orilla. Esa inundación del Lago Xolotlán continua igual a finales de 1999.

En esos mismos momentos, el Río La Trinidad, ubicado en la parte central-norte de San Francisco Libre, estaba arrancando las casitas de la comunidad de Las Lomas, entre otros a los jefes de familia: Amada Godínez, Angela Flores, Domingo Godínez, Encarnación Moreno, José Flores, Rodolfo Núñez, Abelino Conde, Eligio Hernández, Ercilia Suárez, Ervin Conde, Guadalupe Obando, Antonio Araya, Juan J. Briceño, Milton Conde, Reynaldo Moreno, Alberto Espinoza, Alejandro Hernández, Gioconda Salinas, Jessenia Flores, José Esteban Obando, Leónidas Espinoza, Luvinia Martínez, Marta Salinas Flores, Pabla Flores y Domingo Godínez H.

Amaneció el domingo primero de noviembre, día en que un grupo numeroso de pescadores artesanales, encabezados por Antonio Poveda Urbina, Domingo Urbina y Roldán Montes, comenzaron a circular con sus botecitos en medio del Bosque El Limón y en la orilla del Río Viejo, rescatando a centenares de familias que estaban subidas en los árboles, como había ocurrido con Pascual Montiel, su esposa y sus cuatro hijos.

Este grupo de pescadores artesanales, hermanados con la Asociación de Educación Popular Carlos Fonseca Amador, habían emprendido las acciones de salvamentos en coordinación directa con el profesor Orlando Pineda Flores y la Alcaldía de San Francisco Libre.

Los pescadores rescataron, por ejemplo, a los centenares de campesinos (hombres, mujeres, niños y ancianos) que estaban subidos en las copas de los árboles, entre ellos Pascual Montiel, su esposa Estela Espinoza y sus cuatro hijos, quienes presentaban heridas y múltiples “choyaduras” en las piernas, brazos, muslos, pechos, manos y hasta en la cara, por haber permanecido cinco días subidos en el viejo árbol de espino, el salvador de sus vidas.

Desplazándose con remos y motores fueron hasta la orilla del Río Viejo, en Monte Galán, donde rescataron a Róger Trejos López, quien ya presentaba monstruoso el pie y la pierna por la mordida de serpiente, más calenturas, babazón y temblores en todo el cuerpo.

Juan Ramón Romero Flores y su esposa Jazmina García Corea, con su hijita sietemesina y otros centenares de personas fueron rescatados por los pescadores en la Hacienda “Cuatro Palos”.

 

Todos fueron llevados, de cinco en cino, de diez en diez, a las colinas del norte del casco urbano de San  Francisco Libre, es decir, donde comienzan los filones de la Meseta de Estrada en esta parte de Managua. Entre otros, venían en los botes Cándido Mejía, Segundo y Melvin García y Marcos Guardado, hasta completar una lista de casi dos mil damnificados.

Al mismo tiempo, comenzaron a aparecer en el cielo semioscuro los helicóptero del  Ejército, los cuales comenzaron a transportar rápido a los que estaban en grave situación de salud, entre otros: Róger Trejos López, quien estaba a punto de morir por el veneno de la víbora (la cual no fue identificada), la familia de Pascual Montiel y el matrimonio de Juan Romero Flores, su esposa Jazmina y la niñita nacida sobre las corrientes violensímas del Río Viejo.

Atras había quedado desolación: casi todas las casas campesinas de las orillas de los ríos fueron arrancadas, el ganado arrastrado y ahogado, también los cerdos, las gallinas, los perros, los pollos, los enseres domésticos, todo lo cual había ocurrido ante la mirada atónita de los campesinos, que veían esfumarse 20, 30, 40 y hasta 50 años de esfuerzos en medio de la pobreza impuesta por el sistema capitalista.

Volviendo en la geografía, hacia la ciudad de Matagalpa, donde las corrientes enormes parecían aullar en toda la Perla del Septemtrión, aquel 30, día trágico, espantoso en la Historia nacional.

Igual que en otros lados, las corrientes desbordadas del Río Grande de Matagalpa, nacido al norte de la Meseta de Estrada, se estaba arrastrando las casitas humildes de las riberas del río, fincadas allí porque para ellos nunca hubo terrenos adecuados para construirles sus casitas, debido a que las tierras son de propiedad privada, “sacrosanta” propiedad privada, bendecida por la Iglesia Católica en contra de la voluntad de Dios. Además, no pertenecen a la burguesía local, ni son familiares de los latifundistas cafetaleros.

Aquí, posiblemente, la Policía jugó uno de sus roles más heroicos en cuanto a labores de salvamento, y porque puso su cuota de héroes en esta tragedia nacional.

Las aguas desbocadas del Río Grande de Matagalpa, a su paso por la ciudad, rumbo a un itinerario de más de de 400 kilómetros hacia el Océano Atlántico.

Matagalpa, la ciudad, como se sabe, está situada en los bordes de elevaciones montañosas del Cerro El Apante (1,442 metros),

Chagüite Grande (1, 345 metros), El Morán (1, 090 metros) y Mayorquín (1, 142 metros), de todos los cuales bajaban prodigiosas cantidades de agua envueltas en lodo, rocas, árboles, arena y seres humanos arrastrados también.

Esto sin tomar en cuenta los caudales enormes que estaban resbalándose en el inicio de la Cordillera Chontaleña, ubicada un poco al sur de la ciudad de Matagalpa, por donde se desplaza, inicialmente, el Río Grande de Matagalpa.

En este inicio y separación con la Meseta de Estrada, están los llamados Cerros de Cumaica (1, 200 metros de altura), sin  echar a cuenta las Mesetas de Oyanca, que se levantan entre San Isidro y La Trinidad, dos sitios geográficos situados al Oeste de Matagalpa, vitales en cuanto a funcionamiento de cuencas hidroagráficas rumbo al Río Grande de Matagalpa.

 

Policías arrastrados

 

En este marco de lluvias aluviales, de corrientes descomunales se registra la tragedia en que mueren los policías….

Los policías se lanzaron, humanísticamente, a salvar a un borracho que temerariamente se lanzó a cruzarse desafiante el caudal poderoso del Río Grande de Matagalpa, que orondo arrastraba árboles gigantescos rumbo a su largo recorrido hacia el Atlántico, en medio de las cordilleras Chontaleñas y Dariense.

El Río estaba completamente desbordado por las aguas que bajaban de los cerros, serranías y Mesetas mencionadas. Los mismos policías habían declarado que las aguas se extendian unos 150 metros por encima del caudal normal del Grande de Matagalpa, a la altura de la ciudad, donde la Policía, bomberos y Cruz Roja prestaban auxilio a los pobladores pobres, ubicados en las márgenes o riberas del Río.

El bolo, no identificado, llegó cerca de donde estaban los policías impidiendo el cruce de la corriente, para evitar tragedias.

Como cuando un niño juega, el borracho sólo contempló unos segundos el inmenso caudal violento de aguas turbulentas, y osadamente se lanzó a cruzarlo de sur a norte.

Impelidos por el deseo de salvarlo y por el cumplimiento del deber imperioso, los dos policías se lanzaron tras el bolo cuando éste ya chapaleaba agua hacia dentro de la correntada, pero no lo alcanzaron y al mismo tiempo los sorprendió una “corriente fuerte” dentro de la correntada que los arrastró hacia el Este, para el lado del Atlántico, en cuyo curso murieron ahogados.

Los relatos hechos por policías y vecinos eran sorprendentes. Además de ver cómo las corrientes se llevaban a los policías, sus compañeros sobrevivientes contaban al detalle cómo frente a sus ojos sorprendidos las mismas correntadas arrancaban casas, árboles, paredones enteros, animales domésticos, etc.

En Jinotega, “La Ciudad de las Brumas”, bramaban las descomunales correntadas desgajándose de los elevados cerros que circundan el valle en que se asienta esta conocida ciudad, ubicada a 1,004 metros de altura.

Jinotega está situada como en un hoyo inmenso en relación a los cerros circundantes, lo cual nos indica cómo bajaban las correntadas de semejantes alturas hacia los cauces, las calles, casas y patios de esta conocida ciudad de Jinotega, escenrio de renombrados hechos históricos en el pasado, especialmente en la época del General Sandino.

 

En la Cordillera Isabelia, que atraviesa de Oeste a Este el Departamento de Jinotega, es prodigiosamente elevada al cielo y en ella existen cúspides como las de: Yalí (1, 542 metros), Cuspire (1, 675 metros), Chimborazo (1, 686 metros), Peñas Blancas (1, 745 metros) y Kilambé (1, 750 metros), desde todos los cuales rodaban raudas las aguas pluviales hacia la ciudad de Jinotega y a los cauces de ríos caudalosos y violentos como el Tuma, Asturias y Macontal, que trasladan descomunales cantidades de agua hacia el Lago Artificial de Apanás.

Era impresionante ver, desde las alturas y bajuras, cómo se deslizaban veloces las corrientes pluviales desbocadas desde las alturas del llamado “Nudo de Yalí”, formado por los elevados cerros de Yalí (1, 542 metros) y Cuspire (1, 675 metros).

A partir de allí cae una amplia planicie identificada como “Planicie de San Gabriel”, la cual comprende el Valle de Apanás, donde está el lago artificial del mismo nombre, y se prolonga hacia la cuenca del portentoso Río Coco, de 780 kilómetros de longitud hasta su desembocadura en Cabo Gracias a Dios, en el Atlántico nicaragüense.

Esta misma planicie cae bruscamente al norte, formando las Serranías de La Pavona y el Valle Circular de Pantasma, limitado al sur por las elavadas montañas de Danlí y Ostuma, donde se eleva hacia el cielo el Cerro del Chimborazo (1,686 metros).

Miles de campesinos jinoteganos estaban aterrados viendo cómo caían las correntadas de las elevaciones imponentes e inaccesibles del macizo rocoso de de Peñas Blancas (1,745 metros), de la montaña de Zinica (1, 365 metros), del Cerro Kum (1,400 metros) y la montaña de Babá (1,210 metros), todos en los límites del Este de Jinotega con la Costa Atlántica.

En la propia ciudad de Jinotega, la situación era realmente angustiosa. Jinotega, llamada la “Ciudad de las Brumas” por sus 1004 metros de altura sobre el nivel del mar y porque las ráfagas de nubes parecen alfombras máginas posadas o sobrevolando bajitas encima de las casas, estaba afrontando en esos momentos, una de las tragedias más terribles de existencia.

Jinotega, una de las ciudades más centrales y más altas del país, está en un valle casi redondo, rodeado por elevadas montañas. Viéndola a unos dos kilómetros, antes de bajar al valle, a uno le parece estar llegando a un anfiteatro romano, parecido a un Estadio, con graderías muy altas y el sitio de juegos o de peleas en un lugar extremandamente bajo.

En ese bajo están las casas, y hacia el cielo las montañas fracturadas por centenares de cárcavas, especialmente hacia el lado del Cerro La Cruz, por medio de las cuales bajaban las correntadas portentosos y haciendo mucho ruido hacia el valle o calles de la ciudad de Jinotega, donde causó daños graves en el mercado, a centenares de viviendas, a las pocas vías pavimentadas, a los postes eléctricos y al sistema de alcantarillado.

En Nueva Segovia, en la Serranía o Cordillera de Dipilto, la más alta de Nicaragua, las correntadas enormes, bajadas del llamado Cerro Volcán, habían partido en dos al territorio de Dipilto, antes del 30 de octubre.

 

Se parte Dipilto

 

Además de partir en dos a Dipilto, el derrumbe (deslizamiento, avalancha, “deslave”, desplome, desprendimiento) del Volcán demolió casas, todo el sistema de instalación del agua potable en las faldas del Cerro, ahogó y arrastró gente, animales, enseres domésticos y dejó incomunicados a los vecinos de Dipilto y Ocotal, cabecera del Departamento de Nueva Segovia.

Sólo imaginenos, entonces, lo que pasaba con las corrientes desbordas desde la cúspide del Cerro Mogotón (el pico más alto del país con 2,107 metros de altura) hacia valles o lugares bajos como el llamado Zanjón Alargado del Valle de Jalapa, hundido entre Serranías paralelas hacia el lado ded Honduras.

Esa zona entre Ocotal, Dipilto y Jalapa, desaparecían destrozados los caminos, a pesar de que en este sector se impone la condición de terrenos rocosos, de formación muy antigua, tal vez de miles de millones de años, lo cual es muy distinto a la formación reciente (joven) de los suelos en la Cordillera de los Maribios, donde se encuentra parte del Cinturón (o anillo) de Fuego del Océano Pacífico.

El portentoso Río Coco (de 780 kilómetros de recorrido desde El Espino hasta Cabo Gracias a Dios) circula por un gigantesco cauce al sur de Ocotal.

En su curso, va recogiendo centenares de afluentes que bajan de la Serranías o Cordillera de Dipilto y Jalapa, entre otros: Macuelizo, Dipilto, Mozonte, Quisilí, Antigua, Jícaro, Chachagua y Poteca.

 

Los campesinos y pobladores urbanos veían cómo las aguas desbordadas, mezcladas con lodo, rocas, árboles enormes, casas, enseres domésticos, animales domésticos y selváticos, eran conducidos raudos hacia el enorme caudal del Río Coco.

El Coco desbordado alcanzó hasta tres kilómetros a ambos de su cauce y debido a éso, se pasó llevando a gran parte de Wiwilí, donde destruyó totalmente 1,776 casas, dañó otras 205 y mató a 120 personas, entre adultos, ancianos y niños.

Resultaron 3,093 familias perjudicadas, las cuales fueron sorprendidas en Wiwilí cuando dormían profundamente por las enormes corrientes del Río Coco y las que bajaron a gran velocidad de las serranías locales.

Wiwilí, recordemos, fue uno de los poblados masacrados por la naciente tiranía somocista en febrero de 1934, días después de ser asesinado el General Sandino por órdenes del gobierno genocida norteamericano y por Anastasio Somoza García, la nueva hiena del imperialismo yanqui en esos días.

 

Están frescas las imágenes históricas de cómo eran asesinados en masa los pobladores de Wiwilí, como sospechosos de haber pertenecido al Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, jefeado por Sandino, y que provocó numerosas y vergonzosas derrotas al ejército (yanqui) más poderoso de la tierra hasta ese momento.

Como escarcamiento, los asesinos de la guardia nacional (ejército interventor organizado por el gobierno yanqui) y de los marines imperialistas, dejaron los cadáveres a media calle, para que se los comieran los perros.

Esta vez, el 30 de octubre de 1998, los cadáveres de Wiwilí, mayoritariamente, fueron arrastrados por las correntadas del Río Coco hacia su desembocadura en Cabo Gracias a Dios.

Prácticamente, ninguno de los once municipios de Nueva Segovia escaparon de las violentas correntadas, que cubrieron los 3,341 kilómetros cuadrados desde Jalapa, pasando por Ocotal, Ciudad Antigua, Dipilto, Macuelizo, El Jícaro, Mozonte, Murra,  Quilalí, San Fernando y Santa María.

El Alcalde de Somoto, Manuel Maldonado Lovo, y Nery Nelson Sánchez, secretario político del FSLN, por la vía telefónica

manifestaban su angustia sobre cómo las enormes correntadas bajadas del Filón de Teposomoto (1,730 metros de altura), estaban arrastrando casas, cultivos, enseres domésticos, animales silvestres y domésticos, mientras esas mismas corrientes desbordadas corrían por las calles, de sur a norte, metiéndose dentro de las viviendas, en su viaje infernal hacia el caudaol del Río Coco.

En las faldas y cúspide del Filón de Teposomoto existen numerosos hervideros y se afirmaba el 30 de octubre que las aguas bajaban calientes de las alturas siempre cubiertas de neblina o nubes en el Cerro de Somoto (1, 730 metros), cuya elevación se sitúa en el pie sur del valle de Somoto, donde está asentada la ciudad del mismo nombre.

En ese mismo Filón están situados los Cerros de Pataste (1,730 metros), Arenal (1, 637 metros) y El Horno, (1535 metros), de los cuales bajaban raudos deslizamientos de agua helada y caliente, rocas, árboles y lodo, describían Maldonado Lovo y Nery Nelson Sánchez.

 

Teposomoto contra el Río Negro

 

Estos Cerros del Filón de Teposomoto lanzaron enormes correntadas hacia el sur, al norte, al Este y al oeste, especialmente por donde baja el cauce del Río Negro, el cual s desgaja de allí por valles hacia la llanura de Villa Nueva, hasta el Golfo de Fonseca.

Al sur quedan ubicados los territorios municipales de Las Sabanas, San Lucas y San José de Cusmapa, este último el sitio geográfico más alto del país con nada menos 1,300 metros de alturas sobre el nivel del mar.

Arriba, San José de Cusmapa es como una meseta, de la cual las correntadas bajan endemoniadas hacia las partes bajas, especialmente por el oeste, hasta unirse con las corrientes del Río Negro, en cuyo recorrido pasa por el Guasaule.

Una mujer, cuyo nombre no fue posible obtener porque no lo dio, sostenía mediante la línea telefónica el 30 de octubre en la noche, que su familia y ella habían sufrido la embestida terrible de una correntada caliente inmensa, bajada del Cerro Somoto, lo cual parece confirmar que las aguas desbordadas se mezclaron con las aguas hirvientes en las alturas del Filón de Teposomoto.

Un poco al norte de Somoto, bajando de elevaciones verticales, los ríos Tapacalí, Inalí, Yarí, San Juan y Yalí, arrastraban enormes cantidades de aguas pluviales hacia el Río Coco.

En Somoto, esas inundaciones dejaron como huella terrible: 6, 922 damnificados, 11 muertos, 170 casas destruídas y 895 casas semidestruídas; cuatro mil 783 manzanas de cultivos destruídos, 2, 035 animales domésticos muertos, 71 kilómetros de caminos troncales desbaratados, según datos suministrados por los consultores Jorge A. Gutiérrez, Alfredo Aguilar B y Fernando Ardón A.

 

Los dramas horrendos se sucedían uno tras otro, sin cesar. El siempre pacífico Río de Condega, por ejemplo, se desbordó inmensamente hacia ambos lados de la pequeña ciudad, provocando destrucción generalizada en construcciones de viviendas, en la fábrica de puros, en el matadero, en la carretera, en el puente, mientras los vecinos para salvarse se subían a los árboles altos y a los techos de las casas.

Aquello era un infierno mortal en Estelí, donde la tradicional escasa corriente del Río del mismo nombre, produjo un desborde colosal, jamás visto en los últimos 40 años, que ràpidamente fue arrasando viviendas, seres humanos, animales y enseres domésticos, hasta dejar una estela de ocho muertos, cinco heridos, 33 mil personas afectadas directamente por las inundacines y un monto total en pérdidas de 14, 046, 077.00 millones de dólares, debido al arrasamiento de los cultivos agrícolas, muerte de ganado, destrucción de puentes, carreteras, caminos, sistema eléctrico y de distribución de agua potable.

El doctor Jaime Incer Barquero afirma en su Geografía Básica que “Estelí ese esencialmente una región de mesetas separadas por angostos valles”. Esas mesetas se parecen a una serie de terrazas elevadas al cielo, al oriente de las cuales se levanta la Meseta de Moroponte, subdividida por quebradas que circulan en hondos cañones, según describe Incer Barquero en su  Geografía.

Entre estas mesetas, parecidas a Terrazas que la roban espacio al cielo, están: Ciarcuno, El Carbonal, La Rinconada, El Fraile, El Bonete, Plan Helado, Manaslagua, La Laguna y Tomabú. El punto más altos en estas terrazas azuladas es el Cerro Chapernal (1,460 metros de altura).

Paralelas a estas Mesetas, al occidente de las mismas, se aprecian empinadas las también Mesetas de Las Tablas, Pilón, Copalchizal, Carrizal, Quebrachal, Horno Grande, Arrayán, Almaciguera, Sabana Grande y Oyanca, de todas las cuales rodaban colosales cantidades de agua, lodo, rocas, árboles y animales muertos hacia el Río Estelí y encima de los vecindarios estelianos, tanto en la ciudad como en el campo.

 

El Valle del Río Estelí corre en el centro de estos dos bloques de Mesetas, angostándose en el llamado Cuello de Yucusama, donde las inundacines fueron alucinantes, según las descripciones que hacían los periodistas estelianos en las noches del 30 y 31 de octubre, entre otros: Isidora Acuña Avilés, Máximo Rugama Castillo, Flor de María Ramírez, Marta Marina González y Henry Vargas.

Después de este Cuello de Yucusama el valle de Estelí se amplía y da orígen a la planicie de Condega y Pueblo Nuevo, hacia donde las descomunales correntadas se explayaron y alcanzaron hasta cinco metros de profundidad, debido a lo cual sin dificultad algunas arrasaron la tabacalera, el matadero y las casas de la pequeña ciudad de Condega.

Allí en Condega, centenares de pobladores lograron subir a tiempo a cerros aledaños, por ejemplo al que guarda los restos de un avión derribado a la guardia genocida somocista en la época de la Insurrección Sandinista de 1979.

El Río Estelí, que circula al noroeste de la ciudad de Estelí, arrancó casas, árboles, puentes peatonales, desbarató calles… mientras se escuchaban las descripciones telefónicas angustiosas de los periodistas mencionados.

En todos estos Cerros, Cordilleras, Volcanes, Colinas y Mesetas, hubo no menos de 10 mil derrumbes en esos días fatídicos del Huracán “Mitch”, según la revista especializada “TIERRA”.

 

Mortandad y Daños materiales

 

Según fuentes oficiales, hubo entre siete mil y nueve mil muertos y cantidad similar de desaparecidos, varios miles de heridos, alrededor de dos millones de seres humanos pobres damnificados en Honduras, Nicaragua, El Salvador y Guatemala, por el paso del fatídico y brutal Huracán “Mitch”.

Fuentes centroamericanas no oficiales aseguran que hubo más de 30.000 seres humanos muertos y desaparecidos. Sobre estos últimos (los desaparecidos) no quedó rastro alguno, pues, posiblemente sus cadáveres fueron arrastrados por las violentísimas correntadas hacia los Océanos Pacífico y Atlántico y a los Lagos y lagunas más conocidos de Honduras, Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Panamá y Costa Rica.

En los datos globales, no oficiales, recopilados por el Movimiento Comunal Nicaragüense, se enumeran tres millones de damnificados, cerca del 10 por ciento de la población centroamericana, y 250.000 viviendas destruídas o afectadas gravemente.

Según los datos mencionados, recogidos por el Movimieto Comunal Nicaragüense, en Honduras el brutal Huracán “Mitch” dejó 6.420 muertos, 10.072 desaparecidos, 1.932.480 damnificados, 71 puentes dañados, 169 puentes destruídos, 147.912 viviendas dañadas y 171.378 casas destruídas.

En los primeros momentos, el gobierno hondureño dijo que sus muertos eran 7,000, 11 mil desaparecidos, un millón de damnificados y 2, 000 millones de dólares en pérdidas.

Esos mismos datos del Movimiento Comunal Nicaragüense reportan 4.000 muertos en Nicaragua, 7.000 desaparecidos, 800.000 damnificados, 81 puentes dañados, 80 puentes destruídos y 16, 543 viviendas destruídas.

En Guatemala se reportan 253 muertos, 120 desaparecidos, 93.000 damnificados, 22 puentes dañados, 28 puentes destruídos y 20.000 viviendas destruídas. El Ejército de Nicaragua reporta, en su informe oficial, 23 mil viviendas destruídas y 17,000 casas dañadas.

En El Salvador el Huracán “Mitch” dejó 239 muertos, 135 desaparecidos, 58.788 damnificados, 17 puentes dañados, 3 puentes destruídos y 18.000 viviendas destruídas.

Los mismos datos no oficiales registran 7 muertos en Costa Rica, 4 desaparecidos, 5.000 damnificados, 36 puentes dañados, 3 puentes destruídos y 740 viviendas dañadas.

En Panamá 1 muerto, 7.051 damnificados y 562 viviendas destruídas.

Menos de una semana después del Huracán “Mitch”, el presidente de Honduras, Carlos Flores Facussé, reivindicó la existencia de siete mil muertos y unos ocho mil desaparecidos, pero posteriormente la cifra fue disminuída sin explicaciones realmente claras.

El régimen gubernamental de Nicaragua, encabezado por Arnoldo Alemán Lacayo, mientras tanto, en los primeros momentos negó, negó y negó que hubieran ni mil muertos, se burló de la Alcaldesa de Posoltega, Felícita Zeledón Rodríguez, por haber dicho angustiosamente (por la vía telefónica en Radio Ya) que habían muerto “casi mil” sólo en su pequeño territorio del Este de Chinandega, mientras la gente estaba sepultada en el lodo del derrumbe del Casitas.

La Alcaldesa Zeledón se había quedado “chinga” en las cifras, pues el mismo día sábado 31 de octubre empezaron a brotar macabramente los cadáveres de más de dos mil posolteganos de entre el lodo infernal, piedras, árboles y cañales en el territorio de Posoltega.

Alemán Lacayo se vio obligado a reconocer que la mortandad de pobres: campesinos, artesanos, niños, ancianos, jóvenes, hombres y mujres, era enorme, pero no admitía la existencia de miles de fallecidos.

Fue sorpresa cuando unos 20 días después del horrible suceso diluviano, el gobernante Alemán dijo antojadisamente que los muertos ascendían a cuatro mil, pero para manejo publicitario hacia el exterior, con fines propagandísticos.

Paralelamente, la Dirección de la Defensa Civil decía en su informe oficial que los muertos acendían a

2, 514.

En su informe oficial, fechado el 22 de noviembre de 1998, el Ejército de Nicaragua reporta 3,045 muertos, 304 refugios, 23, 854 casas destruídas y 17, 566 viviendas semidestruídas, 254 heridos y un total 885 desaparecidos, aunque se advierte que este último dato se trataba de “preliminares”.

 

El Ejército analiza en su informe que el 80 por ciento de los muertos se produjo en Posoltega, especialmente debido al derrumbe colosal en el Volcán Casitas o Apastepe.

Sólo en Posoltega hubo 2, 350 muertos, ocasionados por el derrumbe o desprendimiento colosal del Volcán Casita, afirman la Alcaldesa Felícita Zeledón Rodríguez y los concejales posolteganos.

Al diez de noviembre de 1998 se habían quemado 1,083 cadáveres que estaban insepultos en el lodo de la avalancha del Casita, o que los desentrampaban de entre rocas, árboles y cañales, según tetimonio de los periodistas Benjamín Chávez Romero y Félix Thomas Ruíz, quienes hicieron, a mi juicio, una labor informativa brillante, desde el comienzo de la tragedia, por medio de Radio Ya y El Nuevo Diario.

Por otros medios no oficiales se conoce que la cantidad de muertos ascendió a 2, 823 en la región occidental del país, sin incluir los desaparecidos, muchos de los cuales jamás volvieron a ser vistos, lo cual indicaría que también murieron.

Eran aterradoras, horrorosas, espeluznantes, más que dantescas, aquellas imágenes espantosas dejadas por las correntadas al siguiente día del derrumbe del Volcán Casitas, por ejemplo, el 31 de octubre.

En los cruces de los puentes de la carretera León-Chinandega era virtualmente imposible cruzar de un lado a otro, porque las correntadas eran descomunales, quizás no vistas antes en toda la historia lluviosa del país.

A lo lejos, en la semioscuridad, ocasionada por la intensa nubosidad a baja altura y los chorros inmensos de agua incensantes desde el cielo, ya se podían apreciar los zanjones dejados por los derrumbes del Casitas, cuya empinada falda parecía haber sido cortada por una inmensa sierra eléctrica, manejada por seres diabólicos y muy poderosos.

 

Los cauces naturales, antes angostos, poco profundos, estaban convertidos en zanjones descomunales, de hasta cinco metros de profundidad y en algunos casos de hasta 150 metros de ancho.

En los bordes desbordados de estos horrendos zanjones habían centenares de cadáveres de seres humanos atrapados entre los árboles, piedras y lodo. En algunos casos sólo enseñaban al aire una mano como en señal de súplica para que fuesen salvados.

En otros casos sólo se les veía una pierna, estaban boca abajo, boca arriba, de un lado, sin cabeza, sin las piernas, sin los brazos, casi todos desnudos.

Era espantoso caminar sobre miles de cadáveres de cerdos, vacas, caballos, sortear árboles enormes cruzados en la carretera, o ver cómo había desaparecido el pavimento en varios kilómetros, o no estaban los puentes donde uno los había visto hacía pocos días.

Los cadáveres estaban enredados en los alambrados, o uno quedaba boquiabierto al presenciar un árbol gigantesco, arrancado con sus ernomes raíces, tirado como cualquier plumita en un lado de los bordes de los cauces, o cruzado en uno de los puentes destruídos, lo cual le hacía pensar a uno lo portentoso que fue aquella avalancha desprendida de las cumbres del Casitas, o las corrientes bajadas de los también Volcanes San Cristótbal, Chonco, Telica, Santa Clara o San Jacinto, Rota, el Cerro Negro, El Hoyo, Las Pilas, el Asososca, el Momotombo, el Cerro Montoso, de la Península de Chiltepe, o de la Meseta de Estrada hacia San Francisco Libre o para el lado de Ciudad Darío, yendo hacia Matagalpa, o lo que pasó de la elevadísima cordillera de Dipilto hacia las bajuras de Ocotal, lo que ocurrió a los vecinos de San Isidro, donde hubo otro derrume parecido al del Casitas…

Al caminar por aquel infierno, que repito, lo siento peor que dantesco, uno se sentía como atontado, habían momento en que uno no sabía qué decisión tomar, de si seguir sorteando enormes correntadas como las del Río Telica, donde había un puente portentoso, vigoroso, fuerte, que nadie pensaba podía ser arrancado por corriente alguna, porque además las aguas del río habían desaparecido como consecuencia de los crueles despales ocasionados por los latifundistas algodoneros, tan criminales como la dictadura somocista, pues atentaron sistemáticamente contra la naturaleza.

Ir de León a Chinandega en aquellos momentos, el 31 de octubre y el primero de noviembre, era exponerse a ver una película de horror, que no se borrará jamás de la memoria de los campesinos de la zona y de los que tuvieron el privilegio y la desdicha, al mismo tiempo, de verla o de vivirla, como le ocurrió a la inmensa mayoría de pobladores del país.

Se sentía un tufo interminable en el ambiente cuando ya era el primero de noviembre, pues como digo miles de cadáveres de animales y de seres humanos estaban regados en los bordes de los cauces inmensos, en la carretera, en los árboles arrancados, entrampados entre los puentes, en los cañales, en el fango fatídico bajado del Casitas, mientras uno debía ir sorteando las correntadas y los enormes árboles cruzados en el camino.

Este panorama horrible, trágico, era prácticamente igual en casi todo el país, especialmente en León, Chinandega, Madriz, Nueva Segovia, Estelí, en el arrasado San Juan de Limay, en el destruído Wiwilí, en las horrorosamente desbordadas riberas del Río Coco, dentro de la masacrada Ciudad Darío; en Jinotega, en el seno semidestruído de Matagalpa, en las cruelmente azotadas Somotillo, Villa Nueva, en Granada y Boaco, pero jamás similares al cómo fueron vistas estas imágenes espantosas al pie y sur del Volcán Casitas, donde dos colonias enteras desaparecieron sepultadas por avalanchas descomunales de lodo, rocas enormes y árboles descomunales, que operaron como una inmensa sierra trituradora, la cual arrasó con todo, no quedando vestigio alguno de que allí hubo casi dos mil viviendas en cuyo interior habían 2, 500 seres humanos llenos de vida, a pesar de que eran campesinos sencillos, humildes.

 

No se me olvida el ruido ensordecedor de las corrientes desbocadas, las cuales parecían llevar un lenguaje de muerte en su fuerza portentosa, destructora de vidas humanas, de animales, arrasadora de suelos fértiles y de árboles llenos de vida hasta entonces.

Mi hermano Leopoldo y yo caminamos por encima de cadáveres, escalamos árboles, cruzamos corrientes inmensas, auxiliados con mecates, para llegar hasta Posoltega el primero de noviembre, en busca de nuestros familiares, los cuales, dichosamente no murieron, aunque sufrieron gravísimas pérdidas en sus casas, cosechas y por reses muertas.

Salimos a las siete de la mañana de León y llegamos a la una de la tarde a los zanjones inmensos de Posoltega, en los cuales las corrientes desbordadas rugían como animales feroces desenfrenados.

Por esos medios no oficiales (nicaragüenses, Movimiento Comunal) se conocen los siguientes datos sobre Nicaragua, a los primeros días de febrero de 1999: 156, 360 familias perjudicadas, 884, 519 personas afectadas, 23, 854 casas destruídas, 17,556 viviendas dañadas, 2, 823 muertos, 890 desaparecidos, 814 heridos (no se habla de los mutilados), 286 refugios, 76, 955 refugiados, 199 puentes destruídos, cuatro mil kilómetros de carreteras destruídos o dañados, 25 mil hectáreas de suelos fértiles fueron virtualmente arrancados por las corrientes descomunales; 197, 069 manzanas de cultivos: frijoles, maíz, arroz, chagüites, sorgo, hortalizas, yuca, papas, ajonjolí, maní, soya, fueron destruídos; unas 500 mil reses se ahogaron, desaparecieron centenares de miles de cerdos, gallinas, gallos, gatos, millones de animalitos de la fauna silvestre, aún no se sabe, exactamente, qué pasó con los peces y camarones en los ríos, desaparecieron, arrastrados, animalitos microscópicos y grandes vitales para la transformación de los suelos.

Un informe oficial de la Unión Nacional de Pequeños y Medianos Agricultores (UNAG), sostenía que se habían dañado los cultivos de granos básicos y hortalizas en 215 mil manzanas de uso agrícola, y que una buena cantidad de esas tierras habían sido semidestruídas o destruídas por las correntadas que las invadieron, especialmente en valles y sabanas extensas como en Villa Nueva, Somotillo, Malpaisillo, Posoltega, Chichigalpa, el municipio de Chinandega, los suelos cercanos a la ciudad de León, en Telica, El Sauce, La Paz Centro, Nagarote, Sébaco, Jalapa, San Fernando, Estelí, Pueblo Nuevo, Darío, San Francisco Libre, etc.

Se decía que los cultivos menos afectados en estas 215 mil manzas eran la caña, tabaco, café y bananos, pero en lo que se refiere a maíz, frijoles, soya, sorgo, maní, hortalizas en general como tomates, zanahorias, remolachas, cebollas, papas, habían quedado prácticamente inservibles por tanta lluvia, o arrasados por las correntadas como ocurrió en Sébaco, por ejemplo.

“Estamos hablando de cuatro millones y medio de quintales de producción agrícola perdidos en estas 215 mil manzanas de tierras cultivables”, sostenía Alvaro Fiallos Oyanguren, vicepresidente de la UNAG.

Esta producción de cuatro millones y medio de quintales está valorada en 567 millones de córdobas, más o menos 52 millones de dólares en cosechas, que no vamos a tener, añadía Fiallos Oyanguren.

En la Región II, León y Chinandega, se registró el 40 por ciento de estos daños en la agricultura. La Región I: Estelí, Madriz y Nueva Segovia, el 30 por ciento de los daños en suelos y cultivos; el otro 30 por ciento se ubica en Matagalpa, Jinotega, Boaco, Chontales, Granada, Carazo, Masaya y Managua, apuntaba Fiallos Oyanguren.

Los daños son realmente incalculables y no han sido evaluados en toda su dimensión todavía. Por ejemplo, el Movimiento Comunal Nicaragüense reporta que fueron totalmente destruídas 17, 246 letrinas, 5, 104 pozos comunales para extraer agua potable, 31 prescolares destruídos (de los que ellos regentan), 60 preescolares dañados.

Puedo afirmar que el 90 por ciento de los perjudicados por el Huracán “Mitch” son pobres (obreros agrícolas, campesinos sin empleo, medianos y pequeños productores, profesionales y técnicos, gente en extrema pobreza por el desempleo a partir de los “huracanes neoliberales” de 1990, porque los millonarios, los oligarcas, los burgueses connotados, los funcionarmios del gobierno actual, viven en sitios alejados de los cauces, en los mejores lugares geográficos, alejados de las posibilidades de inundaciones, mientras esos pobres han sido arrinconados a las faldas de los volcanes, a las orillas de los cauces y de los ríos, arrinconados en las costas de los Océanos, lagos y lagunas, pues los ricos se han apropiado de todas las tierras buenas y de los excelentes recursos nacionales.

Las cosas dañadas de estos pobres tienen valor enorme para ellos. Para estos pobres tienen valor sus hamacas, sus tijeras para acostarse, el “camastro”, el “tapesco”, las tazas, los tenedores, los vasos, el televisor, la casa, el terreno, el radio viejo de dos baterías, el caballo, la vaca, el gato, el perro, los cerdos, los pantalones, la camisa, pues les costó toda una vida de trabajo, y quién sabe si los puedan reponer sin ayuda del gobierno.

 

Las cifras exactas de pérdidas no se han conocido, porque el gobierno de Nicaragua nunca dio a conocer públicamente un informe oficial. Pienso que este gobierno ha manejado las cifras según conveniencias, para obtener donaciones, condonaciones, perdones de deudas, préstamos, mientras los beneficios nunca llegaron a los damnificados, según las quejas llegadas a Managua desde todos los rumbos dañados por el “Mitch”.

Sin que hubiese un informe oficial, precisamente, se llegó a afirmar que hubo 250 mil casas destruídas y no menos de 400 mil dañadas por las correntadas e inundaciones descomunales en Honduras, Nicaragua, El Salvador y Guatemala.

También se dijo que las pérdidas ascendieron a 6, 335 millones de dólares, y que estos países impactados por el “Mitch” retrocedieron 30 años, debido a que su estructura productiva fue tatalmente desarticulada por las correntadas e inundaciones.

En el caso de Nicaragua se sostiene que el Huracán “Mitch” golpeó “el corazón de la economía”, pues los golpeados en sus cultivos y muertos, desaparecidos y heridos, fueron medianos y pequeños productores agrícolas, que son quienes realmente producen el maíz, el arroz, los frijoles, el sorgo, las hortalizas, las verduras, legumbres y hasta el queso que se consume en las ciudades, pueblos, comarcas y caseríos del país, pues en realidad los latifundistas, los oligarcas y burgueses locales son sólo parásitos sociales, afirma en un descarnado anális el doctor Orlando Núñez Soto, conocido sociólogo nicaragüense.

Efectivamente, estos productores medianos y pequeños, mayoritariamente agrupados en la UNAG, son los que producen estos bienes básicos de consumo popular en el país, y según la Alcaldesa de Ocoltal, Adriana Peralta, las ciudades son “dependientes” de esta producción agrícola básica, dañada en casi un 60 por ciento por el Huracán “Mitch”.

Datos generales, obtenidos por medio del Movimiento Comunal Nicaragüense, indican lo siguiente en relación a “Datos preliminares de los efectos del Huracán “Mitch”:

CHINANDEGA. Municipio de Posoltega: 2, 763 familias afectadas, 16, 575 personas perjudicadas, 1, 752 casas destruídas, 230 viviendas dañadas, 2, 350 muertos, 256 heridos y mutilados de piernas, brazos y otras partes del cuerpo, 16 refugios y 4, 112 refugiados.

Chichigalpa: 7, 859 familias afectadas, 47, 150 pobladores afectados, 280 casas destruídas, 500 viviendas semidestruídas, 105 muertos, 15 heridos, 13 refugios y 12,000 refugiados.

Chinandega, municipio: 21, 654 familias afectadas, 129, 124 pobladores afectados, 1, 200 casas destruídas, 523 viviendas semidestruídas, 41 refugios y 1025 refugiados.

Cinco Pinos: 1, 399 familias afectadas, 5267 pobladores perjudicados, 184 casas destruídas, 4 muertos, 6 heridos, tres refugios y 1, 215 refugiados.

Corinto: 2, 977 familias afectadas, 17, 977 pobladores perjudicados, 9 casas destruídas, 21 viviendas semidestruídas, 3 refugios y 480 refugiados.

El Realejo: 1, 535 fammilias afectadas, 9, 181 personas perjudicadas, 3 casas destruídas, 3 refugios y 1, 800 refugiados.

El Viejo: 6, 112 familias afectadas, 35, 488 pobladores afectados, 145 casas destruídas, 267 viviendas semidestruídas, 4 muertos, 17 refugios y 8, 043 refugiados. Este municipio de 1, 303 kilómetros cuadrados antes de la Huracán “Mitch” tenía un déficit habitacional de 4, 310 viviendas. Perdió, por las inundaciones, más del 60 por ciento de los cultivos de granos básicos en 48, 803 manzanas cultivabvles de este extenso territorio, situado al noroeste de Chinandega, colindante conel Golfo de Fonseca.

Según el  entonmces Alcalde, Narciso Salazar Castillo, antes del Huracán se padecía un 40.7 por ciento de desnutrición infantil, un 30.7 de mortalidad infantil, y que prácticamente se perdieron los cultivos de frijoles, maíz, soya, trigo millón, lo cual agravará el probleme de dessnutrición entre la población campesina.

 

San Francisco del Norte: 1, 047 familias afectadas, 6, 850 pobladores perjudicados, 20 casas destruídas, 5 muertos y 3 heridos.

Santo Tomás del Norte: 1, 333 familias afectadas, 7, 995 pobladores perjudicados, 35 casas destruídas, 1 muerto, 6 heridos, 4 refugios y 1, 500 refugiados.

San Pedro del Norte: 766 familias afectadas, 4, 595 pobladores perjudicados, 98 casas destruídas, 120 viviendas semidestruídas, 7 muertos, 8 heridos, 3 refugios y 1, 569 refugiados.

Somotillo: 4, 174 familias afectadas, 7, 400 pobladores afectados, 368 casas destruídas, 356 viviendas semidestruídas, 5 muertos, 15 refugios y 10, 668 refugiados.

Tonalá-Morazán: 2, 081 familias afefctadas, 12, 438 pobladores afectados, 17 casas destruídas, 600 viviendas semidestruídas, 8 refugios y 4, 539 refugiados.

Villanueva: 4, 130 familias afectadas, 24, 777 pobladores perjudicados, 457 casas destruídas, 150 viviendas semidestruídas, 7 muertos, 120 heridos, 18 refugios y 5, 700 refugiados.

JINOTEGA. Wiwilí: 3, 093 familias afectadas, 17, 325 pobladores perjudicados, 1, 776 casas destruídas, 205 viviendas dañadas, 120 muertos, 9 refugios y 1, 633 refugiados.

Cuá-Boacay: 1, 088 familias afectadas, 6, 853 pobladores perjudicados, 800 casas destruídas, 60 casas semidestruídas, 1 muerto, 2 refugios y 6, 853 refugiados.

Jinotega: 1, 099 familias afectadas, 8, 465 pobladores perjudicados, 22 casas destruídas, 50 viviendas semidestruídas, 10 muertos, 7 refugios y 3, 949 refugiados.

La Concordia: 321 familias afectadas, 1, 800 poobladores perjudicados, 46 casas destruídas, 106 viviendas semidestruídas, 9 muertos, 3 refugios y 1, 300 refugiados.

San Rafael del Norte: 70 familias afectadas, 725 pobladores perjudicados, 8 casas destruídas, 8 muertos, 2 refugios y 150 refugiados.

Santa María de Pantas: 189 familias afectadas, 1, 152 pobladores perjudicados, 150 casas destruídas, 1 refugio y 321 refugiados.

Yalí: 74 familias afectadas, 416 pobladores perjudicados, 43 casas destruídas, 3 muertos, 2 refugios y 490 refugiados.

MATAGALPA. Municipio de Matagalpa: 2, 531 familias afectadas, 14, 175 pobladores prjudicados, 390 casas destruídas, 472 viviendas semidestruídas, 47 muertos (entre ellos, los dos policías) y 6 heridos.

Ciudad Darío: 2, 876 familias afectadas, 14, 365 pobladores perjudicados, 38 casas destruídas, 1, 350 viviendas semidestruídas, 26 muertos…

Bocana de Paiwas: 2, 790 familias afectadas, 14, 339 pobladores perjudicados, 206 casas destruídas, 247 viviendas semidestruídas, 3 muertos…

Tuma La Dalia: 1, 601 familias afectadas, 8, 005 pobladores perjudicados, 28 casas destruídas, 85 viviendas semidestruídas, 13 muertos, 220 heridos….

Esquipulas: 586 familias afectadas, 3, 286 pobladores perjudicados, 15 casas destruídas, 46 viviendas semidestruídas, 7 muertos…

Matiguás: 144 familias afectadas, 589 pobladores perjudicados, 27 casas destruídas, 50 viviendas semidestruídas, 1 muerto…

Muy Muy: 612 familias afectadas, 3, 526 pobladores perjudicados, 2 casas destruídas, 25 viviendas semidestruídas, 3 muertos, 1 herido…

Rancho Grande: 61 familias afectadas, 305 pobladores perjudicados, 30 casas semidestruídas…

Río Blanco: 1, 034 familias afectadas, 5, 171 pobladores perjudicados, 22 casas destruídas, 35 viviendas semidestruídas

San Dionisio: 3, 157 familias afectadas, 15, 884 pobladores perjudicados, 45 casas destruídas, 38 viviendas semidestruídas…

San Isidro: 2, 585 familias afectadas, 12, 932 pobladores perjudicados, 50 casas destruídas, 125 viviendas semidestruídas…

San Ramón: 2, 633 familias afectadas, 14, 750 pobladores perjudicados, 58 casas destruídas, 57 viviendas semidestruídas, 9 muertos, 73 heridos…

Sébaco: 5, 594 familias afectadas, 33, 006 pobladores perjudicados, 230 casas destruídas, 128 viviendas semidestruídas, 5 muertos…

Terrabona: 864 familias afectadas, 4, 324 pobladores perjudicados, 10 casas destruídas, 127 viviendas semidestruídas, 20 muertos…

Waslala: 331 familias afectadas, 1, 653 pobladores perjudicados, 26 casas destruídas, 29 viviendas semidestruídas..

ATLANTICO NORTE, específicamente en Waspán y comunidades Río Abajo y Río Arriba del Coco: 5, 986 familias afectadas,      34, 493 personas perjudicadas, 2, 434 casas destruídas y 1,158 viviendas dañadas. El gobierno de Arnoldo Alemán Lacayo virtualmente no reconoció estos daños.

 

Atlántico Sur. Bocana de Paiwas: 1, 819 familias afectadas, 9, 095 personas afectadas, 14 casas destruídas, 27 viviendas semidestruídas y tres muertos; Desembocadura del Río Grande: 136 familias afectadas y 1, 069 personas afectadas; La Cruz del Río Grande: 2, 106 familias afectadas, 13, 506 personas afectadas, 663 casas destruídas, 86 viviendas semidestruídas y seis muertos.

 

Boaco. Municipio de Boaco: 115 familias afectadas, 613 pobladores perjudicados.

Camoapa: 56 familias damnificadas, 173 pobladores perjudicados, 1 casa destruída y una vivienda semidestruída.

San José de los Remates: 36 familias afectadas, 192 pobladores, 31 casas destruídas, 13 viviendas semmidestruídas y 5 muertos.

San Lorenzo: 22 fammilias afectadas, 633 pobladores perjudicadas, 2 casas destruídas, 17 viviendas semidestruídas…

Santa Lucía: 15 familias afectadas, 263 pobladores afectados, 41 casas destruídas, 22 viviendas semidestruídas…

Teustepe: 207 fammilias afectadas, 1, 077 pobladores perjudicados, 60 casas destruídas y 260 viviendas semidestruídas.

CARAZO. Diriamba: 8 familias perjudicadas, 69 pobladores perjudicados, 15 casas destruídas y 323 viviendas semidestruídas.

San Marcos: 6 familias afectadas, 60 pobladores perjudicados y 400 casas semidestruídas.

CHONTALES. Juigalpa: 40 familias afectadas, 200 pobladores perjudicados y 1 muerto.

Santo Tomás: 7 familias afectadas, 200 pobladores perjudicados…

ESTELI. Condega: 1, 135 familias afectadas, 5, 665 pobladores perjudicados, 541 casas destruídas, 437 viviendas semidestruídas y 3 muertos.

Estelí: 7, 477 familias afectadas, 41, 874 pobladores perjudicados, 292 casas destruídas, 1, 549 viviendas semidestruídas, 8 muertos, 8 heridos, 8 refugios y 480 refugiados.

La Trinidad: 135 familias afectadas, 628 pobladores perjudicados, 32 casas destruídas, 400 viviendas semidestruídas…

Pueblo Nuevo: 1, 138 familias afectadas, 6, 378 pobladores perjudicados, 210 casas destruídas, 330 viviendas semidestruídas, 4 muertos…

San Juan de Limay: 1, 905 familias afectadas, 6, 378 pobladores perjudicados, 210 casas destruídas, 330 viviendas semidestruídas, 4 muertos..

San Nicolás: 154 familias, 807 pobladores perjudicados, 61 casas destruídas…

GRANADA. Granada: 1, 303 familias afectadas, 8, 000 pobladores perjudicados, 42 casas destruídas, 46 viviendas semidestruídas…

Nandaime: 97 familias afectadas, 286 pobladores perjudicados y 1 muerto.

LEON. Achuapa: 510 familias afectadas, 3, 059 pobladores perjudicados, 126 casas destruídas, 3 muertos, 5 heridos…

El Jicaral: 2, 013 familias afectadas, 12, 962 pobladores perjudicados, 250 casas destruídas, 422 viviendas semidestruídas, 4 muertos…

El Sauce: 245 familias afectadas, 1, 300 pobladores perjudicados, 149 casas destruídas.

La Paz Centro: 3, 773 familias afectadas, 20,000 pobladores perjudicados, 487 casas destruídas, 185 viviendas semidestruídas…

León: 2, 082 familias afectadas, 16, 657 pobladores perjudicados, 1, 237 casas destruídas, 583 viviendas semidestruídas, 16 muertos y 60 heridos.

 

Malpaisillo: 8, 333 familias afectadas, 9, 600 damnificados,    50, 000 pobladores perjudicados, 1,234 casas destruídas, 3 muertos y 10 heridos, 1,600 pozos comunales dañados, 2, 300 letrinas hundidas, 3, 500 cabezas de ganado muertas, 10,000 manzanas de granos básicos dañados y dos puentes caídos.

Nagarote: 104 familias perjudicadas, 583 pobladores perjudicados, 3 casas destruídas, 12 viviendas semidestruídas, 3 muertos y 10 heridos.

Quezalguaque: 1, 200 familias afectadas, 6, 000 pobladores perjudicados, 260 casas destruídas, 2 muertos…

Santa Rosa del Peñón: 736 familias afectadas, 4, 122 pobladores perjudicados, 75 casas destruídas, 52 viviendas semidestruídas y 2 muertos.

Telica: 3, 451 familias afectadas, 18, 985 pobladores perjudicados, 2,454 casas destruídas, 846 viviendas semidestruídas, 22 muertos y 12 heridos.

MADRIZ. Cusmapa: 413 familias afectadas, 2, 149 pobladores perjudicados, 37 casas desstruídas, 28 viviendas semidestruídas y 3 muertos.

Las Sabanas: 320 familias afectadas, 1, 800 pobladores perjudicados, 50 casas destruídas, 200 viviendas semidestruídas…

Palacagüina: 300 familias afectadas, 1, 800 pobladores perjudicados, 76 casas destruídas, 53 viviendas semidestruídas y 1 muerto.

San Juan del Río Coco: 198 familias afectadas, 994 pobladores perjudicados, 165 casas destruídas, 36 viviendas semidestruídas..

San Lucas: 791 familias afectadas, 4, 391 pobladores sperjudicados, 204 casas destruídas, 150 viviendas semidestruídas y 2 muertos.

Somoto: 1, 198 familias afectadas, 9, 700 pobladores perjudicados, 290 casas destruídas, 403 viviendas semidestruídas y 11 muertos.

Telpaneca: 333 familias afectadas, 2, 000 pobladores perjudicados, 134 casas destruídas, 16 viviendas semidestruídas y 1 muerto.

 

Totogalpa: 155 familias afectadas, 935 pobladores perjudicados, 220 casas destruídas, 24 viviendas semidestruídas y 1 muerto.

Yalagüina: 677 familias afectadas, 4, 000 pobladores perjudicados, 59 casas destruídas, 333 viviendas semidestruídas y 3 muertos.

 

MANAGUA. Distrito I (Ciudad Sandino): 16 familias afectadas, 81 pobladores perjudicados.

Distrito II (Oeste capitalino): 473 familias afectadas y 2, 650 pobladores perjudicados.

Distrito III (San Judas, Villa Roma, Camilo Ortega…): 16 familias afectadas y 87 pobladores perjudicados.

Distrito IV (Costa del Lago de Managua): 456 familias afectadas y 2, 554 pobladores perjudicados.

Distrito V (Oriente capitalino, del Mercado Roberto Huembes hacia el Este): 2 familias afectadas y 18 pobladores perjudicados.

Distrito VI (barrios del lado del Mercado Iván Montenegro): 77 familias afectadas y 455 pobladores.

Distrito VII (El Crucero, sur de Managua, donde tiene su enorme mansión el presidente Arnoldo Alemán Lacayo, a 925 metros de altura sobre el nivel del mar): 34 familias afectadas y 293 pobladores perjudicados en las comarcas ubicadas en zanjones profundos, donde los caminos son inservibles, no se han hecho carreteras, ni se ha instalado luz eléctrica, lo que sí abunda en las fincas-haciendas del señor Alemán en el mismo sector de El Crucero.

San Francisco Libre: 1, 396 familias afectadas, 5, 621 pobladores perjudicados, 343 casas destruídas y 190 viviendas semidestruídas, casi 1,500 personas ubicadas en 11 refugios en las lomas iniciales de la Meseta de Estrada, al norte del casco urbano de San Francisco Libre..

Ticuantepe: 150 familias afectadas y 800 pobladores perjudicados. En este sitio hubo un enjambre de casi 300 temblores el fin de semana anterior al Huracán “Mitch”.

Tipitapa: 904 familias afectadas y 5, 058 pobladores perjudicados, la mayoría estaban ubicados en la llamada Bocana del Río Tipitapa y fajas costeras del Lago Xolotlán, especialmente hacia el lado de San Benito.

Villa Carlos Fonseca: 27 familias afectadas, 149 pobladores perjudicados y 2 casas destruídas.

MASAYA. Catarina: 44 familias afectadas, 206 pobladores perjudicados y 44 casas destruídas.

La Concepción: 360 familias afectadas, 2, 007 pobladores perjudicados, 46 casas destruídas y 17 viviendas semidestruídas.

Masatepe: 380 familias afectadas, 1, 760 pobladores perjudicados, 30 casas destruídas y 8 viviendas semidestruídas.

Masaya: 755 familias afectadas, 3, 870 pobladores perjudicados, 40 casas destruídas y 11 viviendas semidestruídas.

Nandasmo: 70 familias afectadas, 450 pobladors perjudicados, 40 casas destruídas y 20 viviendas semidestruídas.

Nindirí: 206 familias afectadas, 1, 230 pobladores perjudicados, 200 casas destruídas y 5 viviendas semidestruídas.

Niquinohomo: 130 familias afectadas, 690 pobladores perjudicados, 40 casas destruídas y 20 viviendas semidestruídas.

San Juan de Oriente: 40 familias afectadas, 200 pobladores perjudicados y 5 casas destruídas.

Tisma: 102 familias afectadas, 577 pobladores perjudicados, 203 casas destruídasm, 250 viviendas semidestruídas y 1 muerto.

NUEVA SEGOVIA. Ciudad Antigua: 173 familias afectadas, 865 pobladores perjudicados, 210 casas destruídas y 11 viviendas semidestruídas.

Dipilto: 2, 201 familias afectadas, 12, 768 pobladores perjudicados, 210 casas destruídas, 52 viviendas semidestruídas, 4 muertos, 20 refugios y 3, 128 refugiados.

El Jícaro: 319 familias afectadas, 1, 790 pobladores perjudicados, 260 casas destruídas y 25 viviendas semidestruídas.

Jalapa: 446 familias afectadas, 2, 500 pobladores perjudicados, 101 casas destruídas, 200 viviendas semidestruídas y 2 muertos.

Macuelizo: 163 familias afectadas, 915 pobladores perjudicados, 120 casas destruídas y 50 viviendas semidestruídas.

Mozonte: 1, 017 familias afectadas, 5, 700 pobladores perjudicados, 332 casas destruídas y 14 viviendas semidestruídas.

Murra: 38 familias afectadas, 190 pobladores perjudicados, 12 casas destruídas y 75 viviendas semmidestruídas.

Ocotal: 566 familias afectadas, 18,073 pobladores perjudicados o damnificados, 377 casas destruídas, 156 viviendas semidestruídas, 5 muertos, 33 refugios y 3, 835 refugiados.

Quilalí: 738 familias afectadas, 4, 136 pobladores perjudicados, 476 casas destruídas, 46 viviendas semidestruídas, 2 muertos, 18 refugios y 1, 193 refugiados.

San Fernando: 335 familias afectadas, 1, 980 pobladores perjudicados, 53 casas destruídas, 26 viviendas semidestruídas, 2 muertos y 5 heridos.

Santa María: 159 familias afectadas, 930 pobladores perjudciados, 105 casas destruídas, 38 viviendas semidestruídas, 15 muertos, 5 heridos, 108 refugios y 9, 128 refugiados.

RIVAS. Belén: 83 familias afectadas y 455 pobladores perjudicados.

Potosí: 47 familias afectadas y 287 pobladores perjudicados.

Rivas: 183 familias afectadas y 1, 062 pobladores perjudicados.

San Juan del Sur: 739 familias afectadas y 6, 260 pobladores perjudicados.

Tola: 1, 819 familias afectadas y 10, 908 pobladores afectados.

TOTAL GENERAL, NO OFICIAL: 156, 360 familias afectadas,

884, 519 pobladores perjudicados, 22, 789 casas destruídas, 16, 221 viviendas semidestruídas, 2, 823 muertos, 814 heridos, 286 refugios y 76, 955 refugiados; 1, 300 kilómetros de carreteras afectados, pedazos completamente cortados en algunas partes; 11, 919 kilómetros de caminos no pavimentados dañados o destruídos; 79 acueductos dañados o destruídos, como el caso de Ocotal y Dipilto que fueron destruídos completamente; 175 centros escolares dañados, 26 Centros de Salud dañados, 41 Casas Base de Salud dañadas; 74,773 metros lineales de cables de energía eléctrica dañados, 644 postes del tendido eléctrico dañados y 205 transformadores eléctricos de ENEL también dañados.

Asimismo, resultaron erosionados, destruídos  (arrancados y llevados hasta los Océanos, Lagos y Lagunas) o dañados un total de 7,925, 554 manzanas de suelos destinados a cultivos anuales y temporales, cultivos permanentes, pastos naturales, tacotales y foresta.

Mediante un informe preliminar, el Ministerio de Agricultura dijo que fueron destruídos o dañados cultivos agrícolas variados en 447, 478.246 (??) manzanas en diferentes partes del país. Entre otros cultivos: frijoles, maíz, arroz, sorgo, maní, soya, ajonjolí, hortalizadas (especialmente las de Sébaco, Jinotega, Matagalpa), repollos, yuca, papas, etc.

El mismo informe preliminar indica que se perdieron o murieron 77, 003 animales, semovientes y cerdos, estimándose las pérdidas en 108 millones 420 mil córdobas.

 

Los equinos eran 21, 509 y los porcinos 97, 121.

 

Los datos preliminares de la UNAG indican que los daños abarcaron al 62 por ciento de las cosechas agrícolas de postreras.

Analistas de suelos afirman que no menos de 50 mil manzanas de tierras fértiles, destinadas a cultivos de granos básicos fundamentalmente, fueron arrasadas por las correntadas y arrastrada su capa vegetal hacia los dos Océanos, Lagos y lagunas.

En los casos de ambos lados de los Ríos Guasaule, Gallo, Somotillo, Hato Grande y Estero Real, todos ubicados en Chinandega, las descomunales correntadas arrancaron varios metros de suelos en más o menos 200 metros a cada lado, llevándose todo ese suelo hacia el Golfo de Fonseca, en el Océano Pacífico.

Situación parecida ocurrió en las riberas de los Ríos Grande de Matagalpa, en el Coco (780 kilómetros de longitud), Tuma, Prinzapolka, Ochomogo, en cuyas orillas sembraban granos básicos varios miles de campesinos, según analistas locales.

A estos datos se agregan 17, 246 letrinas destruídas en los Departamentos más afectados, 5, 104 pozos comunales igualmente totalmente destruídos, 31 preescolares inservibles, 11 escuelas destruídas, 17 escuelas dañadas y 60 preescolares dañados, según informes del Movimiento Comunal Nicaragüense.

 

Por Departamentos, la destrucción de letrinas y pozos comunales es de la siguiente manera. León: 6, 730 letrinas destruídas y 4, 929 pozos comunales destruídos.

Matagalpa: 5, 213 letrinas destruídas y 22 pozos comunales destruídos.

Jinotega: 3, 875 letrinas destruídas.

Chinandega: 325 letrinas destruídas y 54 pozos comunales destruídos.

Estelí: 530 letrinas destruídas.

Madriz: 573 letrinas destruídas y 99 pozos comunales destruídos.

Según datos de la Unión de Medianos y Pequeños Productores (UNAG) y del Movimiento Comunal Nicaragüense, el Huracán “Mitch” sepultó las cosechas agrícolas en 197, 069 manzanas, en las cuales habían sembrados: arroz, frijoles, maíz, sorgo, soya, maní, ajonjolí, café, yuca, papas, hortalizas, viveros de café, caña de azúcar, plátanos, guineos, bananos, tomates, chiltomas, pipianes, ayotes, cebollas, repollos, quequisques, etc.

Según el desgloce por Departamentos, en Carazo se perdieron 2, 400 manzanas; en Chinandega 22, 822 manzanas; en Estelí 11, 027 manzanas; en Jinotega 57, 315 manzanas; en León 90, 887 manzanas;  y en Madriz 12, 618 manzanas.

Un informe oficial de la Alcaldía de Ocotal, presidida por su Alcaldesa Marta Adriana Peralta, indica que las descomunales correntadas que bajaban de las elevadísimas sierras o Cordillera de Dipilto-Jalapa destruyeron totalmente el sistema de agua potable, desde la represa, tuberías de conducción hacia la planta potabilizadora, las galerías…!todo!

 

Para colmo de males, algunas fuentes naturales de agua, originadas en las mismas serranías (Cordillera) elevadísimas de Dipilto, desaparecieron y los pozos dentro de la ciudad fueron aterrados por el paso de las portentosas correntadas, que aislaron a numerosos barrios de la ciudad de Ocotal.

Este informe dramático señala que al quedar destruídos los puentes, carreteras y caminos de acceso a Ocotal, también desapareció la comida en Ocotal, pues esta ciudad es casi absolutamente dependiente de la producción agrícola de territorios ubicados en municipios cercanos como Jalapa, San Fernando, Mozonte, etc.

El hambre apretó terriblemente en los días aciagos del Huracán “Mitch”. 377 de las 5, 408 viviendas del municipio de Ocotal resultaron destruídas por las correntadas, lo cual acentúa el déficit de casas en este territorio norteño de Nicaragua.

Los ocotalanos quedaron sorprendidos al presenciar cómo las portentosas correntadas del Río Coco derrumbaban el gigantesco puente, mediante el cual se cruzaban las aguas de este río caudaloso para ingresar a Ocotal.

Por encima y por debajo del puente, antes de ser arrancado, pudieron ver, según testigos presenciales, que eran arrastrados camiones, camionetas, reses, árboles enormes, casas enteras, muros, cerdos, enseres domésticos…

Ocotal quedó totalmente aislada por el lado de Managua y restos de municipios del Departamento de Nueva Segovia, porque, igual que el puente en el Río Coco, fueron arrancados los otros puentes hacia el Norte, Este y Oeste de la ciudad.

“Los deslaves de montañas y cerros (como el Cerro Volcán), desbordes de los ríos, cambiaron el paisaje y su topografía de importantes reservas forestales y tierras agrícolas…Es un desastre sin referencia en la historia para poder proyectar las repercusiones que sufriremos en los años inmediatamente venideros”, dice el informe oficial de la Alcaldía de Ocotal.

“Entre los recursos más sensibles que se prevé ha sido más afectado, es el hídrico, cuyas fuentes de reserva y abastecimiento reside en los ríos. Estos, con sus descomunales desbordes, barrieron con toda la foresta que protegía sus cauces, amplió sus playas, “comiéndose” importantes riberas agrícolas y ganaderas o cubriéndolas con arena y piedra de los deslaves de las alturas”, lamenta el informe referido de la Alcaldía de Ocotal.

Igual que las demás Alcaldías sandinistas, esta comuna dio a conocer un informe detallado desde el momento en que la tragedia se vino encima, hasta los instantes en que se repartió ayuda en Ocotal, Ciudad Antigua, Mozonte, Jalapa, San Fernando, Wiwilí…

Recibieron donados, esos días difíciles, 667 mil 466 córdobas, los cuales se gastaron de la siguiente manera: 354 mil 271 en alimentación, 87 mil 176 en herramientas, 80 mil 241 en materiales de construcción, 46 mil 93 en leche,  30 mil 627 en combustibles y lubricantes, 25 mil 860 en reparaciones de calles, 23 mil 197 en transporte y 20 mil en avituallamiento.

En donaciones internas y externas, en efectivo, se recibieron  en total de 1,852, 892 córdobas, más unos cinco millones 600 mil córdobas en materiales y otros bienes materiales.

ESTELI MUNICIPAL tiene una extensión territorial de 839 kilómetros cuadrados, con 102, 780 pobladores, casi todos los cuales, de alguna manera, fueron perjudicados por las diluviales inundaciones de octubre y noviembre de 1998, tanto en la ciudad como en el campo, según se desprende de un informe oficial, facilitado por autoridades de la Alcaldía y Léster Martínez, secretario político departamental del FSLN.

Hubo ocho muertos, cinco heridos y dos mil 100 personas quedaron sin techos, y en total 31 mil estelianos fueron perjudicados directamente por las inundaciones, añade el informe mencionado.

Sólo en Estelí hubo pérdidas económimcos por el orden de los 14, 046, 077.00 dólares por destrucción de puentes, red vial, infraestructura vial, energía eléctrica y agua potable, viviendas, sector agrícola y pecuario, enseres y animales domésticos, ropa, zapatos, electromésticos, etc.

Los valores para reconstruir o construir puentes nuevos ascendían a 1, 465, 435.00 dólares.  Estos puentes son, entre otros: Panamá Soberana, El Rosario, Michigüiste, Centenario, Los Angeles, La Chiriza y Camilo Segundo.

Los daños en el pavimento y cunetas de las calles de la ciudad de Estelí llegaron a sumar 1, 786, 509.00 dólares, mientras otros 1, 460, 000.00 dólares costaba la reparación de 148 kilómetros de caminos rurales destruídos o dañados.

Los daños a viviendas ascendieron a 1,608, 000.00 dólares. Resultaron destruídas y afectadas un total de 4,709 casas, indica el informe referido.

 

Hubo pérdidas por 133, 922.00 dólares en el sector eléctrico, alcantarillado sanitario y agua potable.

En el sector agropecuario, las pérdidas se dispararon hasta los 6, 892, 211.00 dólares, y los mayores daños se sufrieron en las cosechas de frijoles y maíz, en los cuales respectivamente se perdieron 2,535,500.00 y 1,297,800.00 dólares.

En pérdidas siguió el ganado con 2, 861 animales ahogados, valorados en 858 mil dólares.

En Estelí hubo ocho refugios: Escuela de Judo, Escuela Bertha Briones, Colegio San Francisco, Escuela Especial, Escuela Sotero Rodríguez, Preescolar Panamá Soberana e Iglesia Montesori.

En el casco urbano de Estelí fueron afectados 61 Barrios, en los cuales hubo pérdidas estimadas en 1, 134, 000.00 dólares, entre los cuales se destacan: Leonel Rugama, Miguel Angel Alonso, Oscar Benavidez, Oscar Arnulfo Romero, Filemón Rivera, Omar Torrijos Herrera, Oscar Turcios, Panamá Soberana, Punta de Plancha, Linda Vista, José Benito Escobar Pérez, Héroes y Mártires, Hermanos Cárcamo, El Calvario, etc.

En el sector Rural fueron afectadas más de un centenar de comunidades, entre otras, Agua Fría, Buenos Aires, Cana Florida, Chapernal, Despoblado, Aguacate, El Bolsón, El Cebollal, El Coyolito, El Dorado, Jazmín, El Limón, El Morronoso, El Pacorral, El Pastoreo, El Pino, El Porvenir, El Quebracho, El Regadito, El  Robledal, El Sijul, El Terrero, El Tular, El Zacatón, Facundo Picado, Jilguero y La Aceituna, La Montañita, La Campana, La Ceiba, La Comuna, Estanzuela, La Florida, Las Sirenas, Las Cuevas, Las Lagunetas, Las Mesetas de Moropotente, Las Mesitas, Las Naranjas, Las Nubes, Las Palmas, Las Pintadas, Las Tablas, Pacaya, La Pita, La Porra y Las Cámaras.

 

El Alcalde de Somoto, Manuel Maldonado Lovo y el Concejo Municipal, lamentaron profundamente el ahogamiento de 11 ciudadanos, la destrucción total de 170 viviendas, la semidestrucción de 895 casas, los daños severos a seis mil 922 damnificados, el arrastre de suelos fértiles en 1,200 manzanas a la orilla de los ríos desbordados, las pérdidas de 1, 102, 089.00 dólares en el sector agropecuario.

Un informe oficial de la Alcaldía sostiene que se perdieron 36, 622 quintales de maíz, 26, 251 quintales de frijoles, 22, 410.00 quintales de sorgo, todo lo cual acentuó profundamente los niveles de pobreza en Somoto, cabecera departamental de Madriz.

De acuerdo con ese informe oficial, hubo pérdidas por 1, 054, 138.00 de dólares en el sector de cultivos de maíz, frijoles, sorgo, yuca, plátanos, hortalizas, café y otros.

Se registraron pérdidas por 47, 950.00 dólares al ahogarse boninos, porcinos, avícolas y equinos.

Señala el informe que 2, 681,264.00 dólares son los costos totales por la destrucción en la red vial, caminos vecinales, pozos excavados, puentes, viviendas rurales y urbanas y acueductos.

Los costos por reconstrucciones y reparaciones de viviendas ascienden a 1, 592, 297.00, en comunidades como: Mancico,  Quebrada de Agua, Limón, Santa Isabel, Santa Teresa, Naranjo 1, Motuse, Santa Rosa, Aguas Calientes, Los Copales, Unile, El Chinchal, Cacaolí y El Guayabo.

Un total de 23 millones de córdobas son los costos de las reconstrucciones y reparaciones de los puentes en Santa Rosa, Aguas Calientes, Unile, Santa Isabel, Rodeo No.II, El Zapote, Naranjo No.I, Las Brisas, Tapacales e Inalí.

El costo de reparaciones de los caminos troncales tuvo un costo de 2 millones 400 mil córdobas. Estos son de Somoto a La Cruz, Somoto a Icalupe, El Portón al Tamarindo y Somoto a Uniles.

Las reparaciones de los pozos excavados, destruídos, tienen un costo de 127, 600 córdobas, añade el informe de la Alcaldía de Somoto, en el cual se mencionan los pozos de las siguientes comunidades: Santa Rosa, Los Copales, Uniles, Mancico, Santa Teresa, Rodeo No. I y El Chinchal.

Mediante otro informe oficial, la Asociación de Educación Popular Carlos Fonseca Amador, encabezada por el profesor Orlando Pineda Flores, da a conocer que en San Francisco Libre resultaron 4,231 personas damnificadas entre niños y adultos, la inmensa mayoría de sectores rurales.

 

Se reportaron 10 muertos, entre otros, Sofía Ruíz y una hija suya en las llamadas Casas Nuevas del Estero.

En los primeros días se reportaron siete desaparecidos en un lugar llamado Las Lingas, precisamente, donde el Río Viejo se desbordó, alcanzando las correntadas unos cuatro metros de profundidas, fuera del cauce o lecho, debido a lo cual fue inundado completamente el Bosque El Limón.

Los desaparecidos eran: Félix Urbina, María Hernández, María Espinoza Ramírez, Hilario Ramírez, Vìctor Urbina, Augusto Urbina y Concepción Obando.

De estos 4, 231 damnificados, en  1,369 de ellos, ubicados en refugios del casco urbano, se apreciaba el espanto en sus rostros, pues afirmaban, entre otros, Róger Trejos, Antonio Poveda Urbina y Claudina Salinas, que las correntadas desbordas de los Ríos Viejo, Pacora, San Antonio, Sinecapa y La Trinidad, en realidad parecían mares embravecidos arrancando todo a su paso, especialmente viviendas, cultivos, suelos, rocas y piedras, árboles, y llevándose el ganado y animales domésticos hacia el interior del Lago de Managua.

El informe indica que las comunidades rurales más dañadas fueron: La Conquista, Laurel Galán, Madroñito, Quebrada Honda, Las Majadas, Brasil Blanco, San Roque, San Juan, Pacora, San Ramón, San Jorge, El Mayro, Bijague, Pochotillo, Las Huertas, Las Delicias de Laurel Galán, Santa María,  Chorro, Obraje, San Miguel, Tamarindo, Las Cruces, Las Cuevas, El Valle,  Guiscanal, Las Mojarras, El Terrero y Los Mangos.

Resultaron destruídas 190 viviendas, ocho de las cuales eran del casco urbano, donde alrededor de 200 viviendas siguen en peligro de inundación total, porque los niveles de agua del Lago Xolotlán continúan subiendo.

Tres de las ocho viviendas destruídas en el casco urbano eran las de Antonio Poveda Urbina,  Roldán Montes y Claudina Salinas, quienes perdieron todos sus enseres domésticos, porque la crecida del Lago Xolotlán el 30 de octubre se lo “tragó” todo hacia su lecho contaminado.

San Francisco Libre es uno de los sitios geográficos más bajos de Nicaragua. Las corrientes violentísimas de los ríos mencionados y de otras 27 quebradas, convirtieron en  un verdadero mar embravecido todos los terrenos rurales situados al Norte, Este y Oeste del municipio, flanqueado por  las elevaciones de la Meseta de Estrada, de donde bajaban raudas correntadas enormes hacia las bajuras del Lago de Managua.

 

 

Huracanes temibles, con vientos extraordinarios

     El ojo de un Huracán

 

Los Huracanes son Ciclones terribles, a modo de torbellinos, que giran en grandes círculos en el espacio cercano a la superficie terrestre, flotando con una mezcla de aire, temperaturas calientes y heladas, nubes de agua, con vientos portentosos de hasta 250 kilómetros por horas, los cuales provocan muertes de seres humanos, animales y de árboles, y colosales destrozos en la agricultura, viviendas…todo el resto ya lo sabemos los centroamericanos, y especialamente los nicaragüenses.

“Huracán. Viento impetuoso y temible, a modo de torbellino, gira en grandes círculos cuyo diámetro crece a medida que el vórtice avanza apartándose de las zonas tropicales, donde suele tener su orígen. Viento de fuerza extraordinaria”, define el Diccionario Léxico Hispano.

“Viento violento e impetuoso, que gira como torbellino”, según defición de LAROUSSE, otro diccionario ilustrado.

Según el Diccionario Enciclopédico Guillet, “Un ciclón está constituído por dos masas de aire, separada una de la otra por un frente. Penetra hacia el centro, que es la región de presión más baja, una lengua de aire cálido dirigido generalmente de Norte a Sur en el hemisferio Sur y forma el sector caliente. Este, generalmente, cosiste en una masa de aire tropical y está rodeado por aire frío. De esta manera, el ciclón se compone de dos cuerpos de aire que contrastan tanto en su temperatura como en su desarrollo anterior”.

Continúa: “Al frente que atraviesa el ciclón se le dio el n ombre de polar, ya que muchas veces es el límite de las masas de aire de ese orígen”.

En este Diccionario se afirma que por una perturbación meterológica de esta naturaleza, un ciclón se puede desarrollar en tan sólo 12 ó 24 horas.

En el mes de septiembre (29) de 1998, los ingenieros Claudio Gutiérrez Huete y Mauricio Rosales Rosales, director del Instituto de Estudios Territoriales (INETER) y director de Meteorología de esta misma institución, hicieron una rápida descripción sobre cómo y dónde se forman estos fenómenos meteorológicos, llamados Huracanes, los cuales vienen matando seres humanos y animales desde la época en que llegaron al Caribe y Centroamérica los huracanados tenebrosos conquistadores españoles.

“Se forman en cualquier lugar de los Océanos Tropicales…Océano Atlántico, Golfo de México, Mar Caribe y Pacífico Oriental (ésto es para el lado de Filipinas y Australia), etc…

Muy frecuentemente durante junio a octubre. Menos frecuentes durante mayo y noviembre. Raramente durante los meses restantes.

Se forman un promedio de 9 ciclones tropicales, en la  Cuenca del Atlántico, Mar Caribe y Golfo de México. Y 6 ciclones en el Pacífico Oriental, frente a las costas de Centroamérica y México”, decía un documento explicativo entregado por ambos funcionarios gubernamentales en un Foro Científico, dirigido a periodistas en el mes de septiembre, ya mencionado.

 

Agregaban las explicaciones. “Condiciones favorables para la formación de un Huracán”.

 

1) Que exista una baja presión, una vaguada (un disturbio ciclónico).

 

2) Que la temperatura de la superficie del Océano sea superior a los 27 grados en el lugar del disturbio.

 

3) Que el sitio donde se encuentra el disturbio no esté cerca del Paralelo del Ecuador (para que la fuerza de rotación de la Tierra sea significativa).

 

4) Que haya variabilidad de la presión atmosférica a nivel horizontal y vertical en el sitio donde se encuentra el disturbio ciclónico.

 

5) Que haya inestabilidad de la atmósfera por efecto de la convección en el sitio del disturbio ciclónico.

 

Según las explicaciones de Gutiérrez Huete y Rosales, “la temporada de Huracanes” en el Atlántico había comenzado el primero de junio.

 

“Como es sabido, Nicaragua, por tener costas en el Mar Caribe, que es una zona ciclogenética muy activa, está expuesta con frecuencia a la amenaza de Ciclones Tropicales, los que causan en muchas ocasiones, desastres, generando grandes pérdidas económicas y muertes en la población”, expresaba Gutiérrez Huete ese día mencionado, exactamente un mes antes de la tragedia del Huracán “Mitch”.

 

“Los Ciclones Tropicales –añadía– son fenómenos que se originan en los mares tropicales y se caracterizan por ser una zona de baja presión, alrededor de cuyo centro u “OJO” giran en forma de espiral bandas nubosas (en contra de las manecillas del reloj en el Hemisferio Norte), asociadas a vientos fuertes y precipitaciones (lluviosas) intensas.

“En su desarrollo, los  Ciclones Tropicales, pasan por tres categorías determinadas, fundamentalmente por la velocidad de sus vientos. En su primera categoría se les denomina Depresión Tropical, y se caracterizan por vientos máximos sostenidos, con una velocidad menor o igual a los 62 kilómetros por hora.

“Posteriormente se les conoce como Tormenta Tropical, al alcanzar en sus vientos velocidad de entre 63 y 118 kilómetros pora hora. En esta etapa ya se les asigna un nombre por orden de aparición y en términos alfabéticos. La tercera y última categoría es la de HURACAN, cuando la velocidad de sus vientos igualan o superan los 119 kilómetros por hora.

En esta última categoría se distingue una escala de Intensidad, conocida como Escala Internacional de Huracanes de Saffir/Simpson. Esta escala de intensidad está definida fundamentalmente por el daño potencial que la velocidad de los vientos pueden ocasionar. Así se conocen cinco escalas, que se distinguen de la siguiente manera. Escala I, con vientos de 119 a 153 kilómetros por hora; Escala II, con vientos de 154 a 177 kilómetros por hora; Escala III, con vientos de 178 a 209 kilómetros pora hora; Escala IV, con vientos de 210 a 249 kilómetros por hora; y Escala V, con vientos superiores a 250 kilómetros por hora.

Los efectos de los Huracanes podemos clasificarlos en Efectos Directos, los cuales se manifiestan en zonas que experimentan la incursión del sistema. Estos son: 1) Vientos fuertes que dependen de la intensidad del Huracán, y causan daños a estructuras, bosques, etc.; 2) Mareas de tormentas afectan a barcos anclados, estructuras portuarias y erosionan las costas; y 3) Precipitaciones (lluviosas) intensas, que pueden acumular 250 mm. o más en períodos de 12 ó 24 horas, causando inundaciones en zonas bajas, erosión y deslizamiento de tierras en áreas con pendientes fuertes.

Los efectos indirectos son los relacionados a las circulación que estos sistemas ocasionan y que están vinculados a distancias mayores a los 140 kilómetros y que en el caso de Nicaragua suelen ocasionar precipitaciones más abundantes que las producidas por efectos directos, para períodos de afectación superiores a las 36 horas. Ejemplos que evidencian esto último fueron los Huracanes Fifi en 1974 y Alleta en 1982.

Para Nicaragua y el resto del Istmo Centroamericano, la temporada de Huracanes inicia en junio y finaliza en el mes de noviembre.

Según registros históricos, de 1892 a 1996, nuestro país se ha visto afectado por 40 Ciclones Tropicales, de éstos el 45 por ciento ha presentado la categoría de Huracán, el 50 por ciento de Tormenta Tropical y el 5 por ciento de Depresión Tropical.

Los estudios estadísticos demuestran que el mes de Septiembre presenta la frecuencia de incidencia más alta, con valor de un 30 por ciento, siguiéndole Octubre con el 25 por ciento, Junio con el 12.5 por ciento, Julio y Noviembre 10 por ciento, Mayo con un 7.5 por ciento y Agosto con 5 por ciento.

 

La región del Pacífico presenta menos probabilidad de impacto por Ciclones Tropicales, ya que de los 40 que han afectado al territorio nicaragüense, sólo 6 han alcanzado al litoral del Pacífico, provenientes desde el Mar Caribe.

Sin embargo, trayectorias como las presentadas por los Huracanes Fifi y Alleta, suelen ser muy peligrosas, por cuanto generan un componente del viento, sobre el Océano Pacífico, que al arrastrar humedad favorece la interacción con otros sistemas meteorológicos que ocasionan fuertes acumulados de precipitaciones (lluvias) y provocan inundaciones en diferentes partes de la llanura del Pacífico Nicaragüense”, finalizan el documento y las afirmaciones oficiales de Gutiérrez Huete y Mauricio Rosales Rosales.

El mismo INETER presenta un glosario meteorológico, mediante el cual se definen los significados de Ciclón Tropical, Depresión Tropical, Tormenta Tropical, Huracán, “Posición del Centro”, “Temporada de Huracanes” y “Marea de Tempestad”.

Ciclón Tropical: “Los Ciclones de orígen tropical tienen un diámetro de unos cuantos cientos de kilómetros (en el aire, en la atmósfera), con presiones mínimas en la superficie a veces de 900 milibares, con vientos violentos y lluvia torrencial, algunas veces acompañdas de tormentas eléctricas. Generalmente tiene una región central, conocida como el “OJO DEL HURACAN”, con diámetro de algunas decenas de kilómetros, con vientos débiles y cielos ligeramente nublados”.

Depresión Tropical: “Es un Ciclón Tropical en que la velocidad promedio de los vientos máximos de superficie son de 62 kilómetros por hora, o menor”.

Tormenta Tropical: “Es un Ciclón Tropical en que la velocidad promedio de los vientos máximos de superficie son entre 63 y 118 kilómetros por hora. En esta fase se le asigna el nombre que le corresponde”.

HURACAN: “Es un Ciclón Tropical en el que la velocidad promedio de los vientos máximos de superficie son iguales o mayores a los 119 kilómetros pora hora”.

Posición de Centro: “La localización del centro o vórtice de un Ciclón Tropical, se obtiene por medio de la penetración de aviones de reconocimiento, por observaciones de superficie, incluyendo las de radar, o imágenes de satélite”.

Temporada de Huracanes: “Epoca del año en la que se presentan los Huracanes”.

Marea de Tempestad: “Es el aumento del nivel del mar debido a la marea astronómica, más el efecto dinámico del viento y el descenso de la presión atmosférica por la presencia de un Ciclón Tropical”.

En esa misma fecha del 29 de septiembre, les fue entregado a periodistas un documento, mediante el cual se recuerdan los destrozos materiales y humanos provocados por los Huracanes “Joan” (Juana, del 21 al 23 de diciembre) y el César, los cuales, al mismo tiempo, ocasionaron, otra vez, serios daños a la ecología nacional.

“Una realidad irrefutable –sostiene este documento del INETER– es la existencia de una región ubicada entre el Caribe y las Costas Africanas (Océanos Atlántico, entre ambos), donde se originan Tormentas y  Ciclones Tropicales, que favorecidos por la circulación general de la atmósfera, pueden afectar nuestro territorio. La ocurrencia de estas afectaciones se concentran principalmente en la parte Central y Norte de la  Costa Atlántica, las cuales por sus características producen:

-Mareas de Tempestad

-Ocurrencia de Vientos fuertes

-Inundaciones

Nicaragua presenta altas posibilidades de ser afectadas por Tormentas Tropicales y Huracanes, por su situaciòn geográfica, teniéndose un rango de probabilidad que va desde el 6 por ciento al 36 por ciento en Cabo Gracias a Dios, muy cerca de la frontera con Honduras. Entre 1892 y 1996, Nicaragua ha sido afectada por 40 vórtices ciclónicos que han impactado nuestro territorio. De éstos, 2 han sido Depresiones Tropicales, 2 Tormentas Tropicales y 18 Huracanes.

Para relacionar la intensidad de los Huracanes con el daño potencial que podrían ocasionar, la Dirección de Meteorología utiliza la escala Saffir/Simpson, que se basa en la intensidad de los vientos del Huracán. La escala va de uno a cinco, y permite hacer una estimación de los posibles daños materiales e inundaciones provocadas por un Huracán en la zona afectada.

UNO: Vientos de 119-153 kilómetros por hora o Mareas de Tempestad de alrededor de 1.5 metros por encima de lo normal. Ningún daño efectivo a los edificios. Daño a arbustos y árboles. También algunas inundaciones de carreteras costeras y daños leves en los muelles.

DOS: Vientos de 154-177 kilómetros por hora o Mareas de Tempestad de alrededor de 2-2.5 metros por encima de lo normal. Provoca alguos daños en los tejados, puertas y ventanas de los edificios. Daños considerables a la vegetación y los muelles. La carreteras costeras se inundan de dos a cuatro horas antes de la entrada del centro del Huracán. Las pequeñas embarcaciones en fondeadores sin protección rompen amarras.

TRES: Vientos de 178-209 kilómetros por hora, o Mareas de Tempestad de alrededor de 2.6-7 metros por encima de lo normal. Provoca algunos daños estructurales a pequeñas residencias y construcciones auxiliares, con pequeñas fisuras en los muros de revestimiento. Las inundaciones cerca de la costa destruyen las estructuras más pequeñas y los escombros flotantes dañan a las mayores. Los terrenos planos abajo de 1.5 metros pueden resultar inundados hasta 13 metros de la costa o más.

CUATRO: Vientos de 210-249 kilómetros por hora, o Mareas de Tempestad de alrededor de 4-4.5 metros por encima de lo normal. Provoca fisuras más generalizadas en los muros de revestimiento, con derrumbe completo de toda la estructura del techo en las residencia pequeñas. Erosión importante de las playas. Daños graves en los pisos bajos de las estructuras cercanas a la costa. Inundaciones de los terrenos planos abajo de 3 metros situados hasta 10 kilómetros de la costa.

CINCO: Vientos superiores a 250 kilómetros por hora, o Mareas de Tempestad de más de 5.5 metros por encima de lo normal. Derrumbe total de los techos en muchas residencias y edificios industriales. Algunos edificios se desmoronan por completo y el viento se lleva las construcciones auxiliares pequeñas. Daños graves en los pisos bajos de todas las estructuras situadas a menos de 4.6 metros por encima del nivel del mar y a una distancia de hasta 460 metros de la costa”.

Personalmente el ingeniero Claudio Gutiérrez Huete, director del INETER, entregó también a los periodistas capitalinos un listado (historial valioso, para el conocimiento humano) de los 40 Ciclones Tropicales, entre 1892 y 1996, 18 de los cuales fueron Huracanes, todos los cuales afectaron gravemente al país.

Con el Huracán “Mitch” son 19 en total los Huracanes que han perjudicado al país. Debe quedar claro que estos datos es lo que se ha logrado recopilar, pues se presume que antes, en los siglos pasados, hubo, seguramente, numerosos Huracanes que no fueron registrados.

Otra aclaración valedera es que a estos Ciclones, categorizados como Tormentas, Depresiones y Huracanes, no les ponían nombres como ahora, lo cual ocurre a partir de octubre de 1950.

 

Historial de ciclones

 

Esos Ciclones Tropicales registrados por el INETER son:  Huracán, octubre de 1892; Huracán, julio de 1893; Huracán, octubre de 1906; Tormenta Tropical, octubre de 1908;  Huracán, septiembre de 1911; Huracán, junio de 1913; Tormenta Tropical, julio de 1916; Tormenta Tropical, septiembre de 1920; Tormenta Tropical, octubre de 1922; Tormenta Tropical, junio de 1924; Tormenta Tropical, septiembre de 1924; Tormenta Tropical, octubre de 1926; Tormenta Tropical, junio de 1931; Tormenta Tropical, mayo de 1933; Tormenta Tropical, noviembre de 1933; Huracán, octubre de 1935; Tormenta Tropical, junio de 1939; Tormenta Tropical, septiembre de 1940; Huracán, octubre de 1940; Huracán, septiembre de 1941; Depresión Tropical, noviembre de 1949; Tormenta Tropical “King”, octubre de 1950; Tormenta Tropical “Alice”, mayo de 1953; Huracán “Hilda”, septiembre de 1954; Tormenta Tropical, julio de 1961; Tormenta Tropical “Isabelle”, octubre de 1964; Hucarán, noviembre de 1964; Huracán “Alma”, junio de 1966; Huracán, septiembre de 1968; Depresión Tropical, septiembre de 1970; Huracán “Eddith”, septiembre de 1971; Huracán “Irene”, septiembre de 1971; Huracán “Fifi”, septiembre de 1974; Huracán “Alleta”, mayo de 1982; Huracán “Allen”, agosto de 1985; Huracán “Joan” (Juana), octubre de 1988; Tormenta Tropical “Bret”, agosto de 1993; Tormenta Tropical “Gert”, septiembre de 1993; Tormenta Tropical “Gordon”, noviembre de 1994; Huracán “César”, julio de 1996.

Este documento con datos históricos hace la aclaración de que el Huracán “Hilda” (septiembre de 1954) y el Hucarán “Fifi” (septiembre de 1974) no pasaron directamente dentro del territorio nacional, pero provocaron afectaciones graves en pérdidas de cosechas, destrucción de viviendas,  seres humanos y animales muertos, derrumbes de árboles, correntadas muy violentas, etc.

INETER entregó también otra lista valiosa de los “Huracanes más intensos (muy violentos), formados en la Cuenca del Océano Atlántico, Mar Caribe y Golfo de México”, entre 1928 y 1998, los cuales, por supuesto, provocaron enormes daños en vidas humanas y materiales en numerosos países caribeños, centroamericanos y latinos, incluyendo a Nicaragua.

La mayoría de estos Huracanes tienen nombres, otros no.

Huracán “Number 4”, ocurrido el 9/13/1928, con vientos máximos de 258 kilómetros por hora; Huracán “Number” 2, acontecido el 9/03/1935, con vientos de 258 kilómetros por hora; Hucarán “Greatne”, registrado el 9/20/1938, con vientos de 258 kilómetros por hora; Hucarán “Number 4”, sucedido el 9/16/1947, con vientos de 258 kilómetros por hora; Huracán “Janet”, acaecido el 9/28/1956, con vientos de 277 kilómetros por hora; Huracán “Diana”, producido del 9/04/1960, con vientos  de 258 kilómetros por hora; Huracán “Hatie”, registrado el 10/31/1961, con vientos de 258 kilómetros por hora; Huracán “Cleo”, acontecido el 8/23/1964, con vientos de 248 kilómetros por hora; Huracán “Betsy”, ocurrido el 9/10/1965, con vientos de 248 kilómetros por hora; Huracán “Camile”, sucedido el 8/18/1969, con vientos de 304 kilómetros por hora; Huracán “Edith”, acaecido el 9/09/1971, con vientos de 258 kilómetros por hora; Huracán “Davis”, ocurrido el 8/30/1979, con vientos de 278 kilómetros por hora; Huracán “Allen”, acaecido el 8/09/1980, con vientos de 285 kilómetros por hora;  Huracán “Gilbert”, sucedido el 9/14/1988, con vientos  de 194 kilómetros por hora; Huracán “Hugo”, acontecido el 9/15/1989, con vientos de 258 kilómetros por hora, y finalmente: Huracán “Mitch”, como ya sabemos registrado el 10/26/1998, con vientos de hasta 285 kilómetros por hora.

De estos datos oficiales, registrados por medio de investigaciones de especialistas nacionales, de Estados Unidos y otros países, de estos Huracanes los más violentos fueron: “Camille” con vientos de 304 kilómetros por hora, “Gilbert” con vientos de 294 kilómetros por hora y el “Mitch” con vientos de 285 kilómetros por hora.

El “Mitch”, el Huracán más reciente, no fue tan destructivo por los vientos que afectaran a Nicaragua. Su violencia infinita se manifestó por las enormes cantidades de agua que se desgajaban desde el cielo, caían sobre montañas, sabanas, valles, mesetas, y se deslizaban con paso aterrador y demoledor sobre el suelo descubierto de vegetación, debido al inmenso despale ocasionado por los latifundistas, los voraces geófagos que mantienen en su poder las mejores tierras, para conservarlas improductivas como botín feudal para exhibirlo ante sus amigotes, también oligarcas poseedores de enormes extensiones de suelos.

 

Colosal derrame de agua

 

Fue tan brutal la precipitación lluviosa en los días más intensos del Huracán, que en Chinandega cayeron 1,611.6 milímetros de agua en sólo los días 28, 29, 30 y 31 de octubre, precipitación excepcional, porque la norma histórica más alta en Chinandega es de 2,000 milímetros en el año, es decir, en la época lluviosa de cinco o seis meses.

El 28 cayeron 309.6 milímetros de agua, 422.4 el 29, 448.8 el 30 y 202.9 el 31. El 30 de octubre fue el día más lluvioso, con 448.8, precisamente el día en que se produjo el descomunal derrumbe desde la cùspide del Volcán Casitas, cuyo alud o avalancha de lodo, rocas gigantescas y árboles enormes, sepultaron completamente y trituraron a las poblaciones semicampesinas Rolando Rodríguez y El Porvenir.

Se ha llegado a sostener que en el Volcán Casitas y sus alrededores cayeron 500 milímetros de agua el 30 de octubre, día en que se produjo el “deslave” (derrumbe, avalancha, deslizamiento de tierra, etc.).

 

El director del INETER, Claudio Gutiérrez Huete, se mostró asombrado por la descomunal precipitación de agua en sitios geográficos como Chinandega, León, Madriz, Estelí, Nueva Segovia, Matagalpa, etc., porque tradicionalmente éstos han sido los sitios más secos de Nicaragua en las últimas décadas, debido a los intensos despales y a las quemas indiscriminadas de pastos, huertas, bosques, cerros, cordillera volcánica…

 

A estos sitios geográficos mencionados se les ha venido llamando “zonas secas”, debido precisamente a la ausencia de lluvias y por sequías muy prolongadas.

Celia Vargas, una de las sobrevivientes de la Colonia Rolando Rodríguez, dijo al darme su testimonio, que “del cielo parecían estar cayendo enormes chorros de agua, como si alguien los estaba tirando con mangueras gruesas, pues así se sentían al caer sobre los techos de nuestras casitas”.

 

Ruta del Huracán “Mitch”

 

Por su importancia histórica, citaremos aquí también otro documento del INETER, emitido en los primeros días de noviembre de 1998, después de la horrible tragedia provocada por el “Mitch” en casi toda Centroamérica.

Es una especie de crónica, desde el punto de vista técnico, titulada: “Características del Huracán “Mitch” y Afectación al Territorio Nicaragüense”.

 

El Huracán “Mitch” se inició, como se sabe a unos 600 kilómetros mar adentro en el Océano Atlántico, al Este de Nicaragua, como quien va de cruzada por “el charco de agua marítima” hacia Europa o al Africa.

Dice: “El día 21 de octubre, a las 12:00 hora local, el Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales, a través de la Dirección de Meteorología y sobre la base del plan institucional y de las obligaciones de vigilancia meteorológica emitió la Nota Informativa No. 1, relativa al orígen de la Depresión Tropical No. 13, al formarse ésta en los 12.8 grados de Latitud Norte y 77.9 grados de Longitud Oeste, aproximadamente a unos 580 kilómetros al sur de Kinsgton, Jamaica (Puerto del Caribe), el 22 de octubre a las 09: 30 hora local se emite el aviso No.1 cuando la Depresión Tropical No. 13 se localizó en los 12.0 grados de Latitud Norte con 78.0 grados de Longitud Oeste, a unos 660 kilómetros al Este de la ciudad de Bluefields (Costa Atlántica de Nicaragua). Inicialmente este sistema se encontró casi estacionario y con vientos máximos de 55 kilómetros por y presión de mínima de 1001 hPa.

Este sistema evolucionó muy rápidamente y se emitió el Aviso No. 2 a las 16.00 hora local alcanzó la categoría de Tormenta Tropical, adoptando el nombre de “MITCH” y se localizó en los 11.5 grados de Latitud Norte y 77.6 grados de longitud Oeste, encontrándose en ese momento a unos 704 kilómetros al Este/Sudeste de Bluefields (Sur del Atlántico nica), mostrando un nuevo cambio en su trayectoria, al tomar un rumbo hacia el Norte/Noroeste a 11 kilómetros por hora, presentando un movimiento errático y lento en su traslación, al describir una trayectoria de lazo. Sus vientos máximos sostenidos se incrementaron a 95 kilómetros por hora”.

En los Avisos Nos. 4, 5 y 6 se observa que la Tormenta Tropical “Mitch” manifestó pocos cambios en su intensidad y continuó un movimiento muy lento hacia el Norte Noroeste.

El 24 de octubre, a las 03:00 hora local, “Mitch” alcanzó la categoría de Huracán, emitiendo el INETER el aviso No. 7, cuando se localizó en los 14.3 grados de Latitud Norte y 77.7 de Longitud Oeste, aproximándose a 600 kilómetros al Este de la ciudad de Puerto Cabezas (Norte del Atlántico nica), incrementando sus vientos máximos sostenidos a 150 kilómetros por hora, manteniendo la última dirección (Norte/Noroeste) y su traslación disminuyó a 9 kilómetros por hora (casi estacionario).

Este mismo día, a las 09:00 hora local, el INETER informó en los Avisos Nos. 8 y 9 que el Huracán “Mitch” incrementó la velocidad de sus vientos sostenidos a 160 kilómetros por hora (intensidad 2 de la Escala Internacional de Huracanes Saffir/Simpson, EIH), manteniendo un rumbo muy lento hacia el Norte.

A las 03:00, hora local del día 25 de Octubre, se dio a conocer el Aviso No. 10, de que el Huracán “Mitch” alcanzó la intensidad 3 en la Escala Internacional de Huracanes, punto que se localizó en 16.0 de Latitud Norte y 79.2 grados de Longitud Oeste, sus vientos máximos sostenidos se incrementaron a 205 kilómetros por hora, y realizó en este punto un nuevo giro, hacia el Oeste/Noroeste; para esta fecha, la presión mínima de su centro bajó hasta los 949 hPa.

 

Esto fue el indicador de que el Huracán tendía a fortalecer su intensidad y adoptar características peligrosas, mientras la velocidad de su desplazamiento (traslación) continuó siendo lenta. Seis horas más tarde, en el Aviso No. 11, se informó que este sistema alcanzó la Intensidad 4 de la EIH, a 396 kilómetros al Noreste de Cabo Gracias a Dios (al norte de Puerto Cabezas, frente a territorio nicaragüense), en un punto que se localizó en 16.3 grados de Latitud Norte con 79.8 grados de Longitud Oeste.

Sus vientos máximos sostenidos se incrementaron a 215 kilómetros por hora. En este momento se formó un centro de Baja Presión en el Pacífico  (Océano) nicaragüense, el cual comenzó a interactuar con la Zona de Convergencia Intertropical (la cual se forma al sur, hacia el lado de Panamá) y una componente de viento del Sudoeste, lo que proporcionó un incremento de la humedad hacia el territorio (nica) y consecuentemente un aunmento de las precipitaciones (lluvias), tanto en intensidad como en duración temporal, con mayor incidencia en el Pacífico (“en la faja del”) del País.

Durante el día 25 y parte del 26, el Huracán “Mitch”,  mostró un nuevo cambio en su traslación y giro al Oeste, manteniendo una velocidad entre los 11 y 13 kilómetros por hora (traslación lenta); sus vientos máximos sostenidos continuaron (en cambio) íncrementándose hasta los 240 kilómetros por hora a las 03:00 hora local del día 26, lo que se dio a conocer en los Avisos Nos. 12, 13 y 14 cuando aproximadamente estaba a 185 kilómetros al Norte/Nordeste de Cabo Gracias a Dios. (Cabo Gracias a Dios es una inmensa comarca o extensión de tierra en el Atlántico Norte, colindante con el Océano, perteneciente a Nicaragua y Honduras).

 

A las 09:00 del día 26, en el Aviso No. 15 se dio a conocer que el Huracán “Mitch” alcanzó la Intensidad 5 de EIH en los 16.7 grados de Latitud Norte y 82.3 grados de Longitud Oeste, sus vientos máximos se incrementaron a 250 kilómetros por hora, y la presión mínima de su centro se estimó en 923 hPa.

Para fecha, el Huracán continuó interactuando con el centro de Baja Presión en el Pacífico de Nicaragua y el aporte de humedad, originado por la fuerte circulación de “Mitch” aunado con el centro de Baja Presión, continuó incursionando  sobre todo lo largo del Litoral del Pacífico, manteniendo las precipitaciones  sobre el territorio nacional, principalmente en Occidente. Seis horas más tarde (15:00) “Mitch” realizó un nuevo giro en su trayectoria, se desplazó hacia el Oeste Noroeste, e incrementó sus vientos máximos a 285 kilómetros por hora y su presión disminuyó a 906 hPa, según el Aviso No. 16.

Con la última intensidad de sus vientos, una velocidad de traslación que no superó los 13 kilómetros por hora y un nuevo giro de su trayectoria hacia el Oeste, el Huracán “Mitch” continuó sobre el Norte de la República de Honduras, lo cual se informó en los Avisos 18 y 19; incrementando la componente del Sudoeste sobre nuestro territorio y las precipitaciones, a partir del día 27, comenzaron a incrementarse en el Occidente del país (Chinandega, León, por ejemplo).

 

En el aviso No. 20 del día 27, a las 15:00  hora local, se informó que se observó un nuevo giro, esta vez hacia el Oeste Sudoeste, disminuyendo sustancialmente la velocidad de traslación (9 kilómetros por hora), en un punto aproximado a los 16.8 grados de Latitud Norte y 85.8 grados de Longitud Oeste, muy próximo a la Costa Norte de Honduras, a pesar de que la velocidad de sus vientos máximos en este punto disminuyeron (Avisos Nos. 21, 22 y 23), continuó siendo un Huracán con características peligrosas.

A partir del último punto referido, el Huracán “Mitch” comenzó a perder intensidad,  producto a su proximidad a la Costa Norte de Honduras; dismiuyó la velocidad de traslación, manteniéndose casi estacionario entre las 21:00 hora local del día 28 y las 18:00 hora local del día 29, lo que fue informado en los Avisos 24, 25, 26, 27, 28 y 29.

En este período, el Huracán “Mitch” se internó en tierra, llegando a ubicarse aproximadamente a 50 kilómetros al  Sur/Sudoeste de Ciudad Trujillo (Puerto de Honduras en el Océano Atlántico).

En un punto próximo a los 15.5 grados de Latitud Norte y 85.8 grados de Longitud Oeste, el Huracán “Mitch” es degradado a Tormenta Tropical.

El lento desplazamiento del sistema (ya en este momento Tormenta Tropical) fue originado por encontrarse con un fuerte anticiclón (fenómeno contrario a la formación de Ciclones) en las áreas continentales de los Estados Unidos, el cual impidió un posible desplazamiento (del Huracán) hacia las aguas del Golfo de México (situado al Sureste de México en el Océano Atlántico).

No obstante, tanto por la trayectoria mostrada, como por la intensidad y el lento desplazamiento mostrado por el sistema, los efectos indirectos ocasionados por las bandas nubosas (nubes, agua) asociadas al Huracán, originaron vientos de componentes del Sudoeste al Noreste, los cuales estuvieron provocando un fortísimo aporte de humedad, proveniente de las aguas del Pacífico (Océano, el mar al Oeste, completamente opuesto al Atlántico) hacia nuestro territorio; el aporte se incrementó desde el día 28, provocando aunmento en la intensidad de las lluvias en todo el país, particularmente en Occidente.

 

A partir del día 30, el Huracán “Mitch” continuó perdiendo intensidad, por la fricción ejercida en tierra y al perder la fuente de energía del mar, localizándose este día, a las 03:00 hora local, en los 15.4 grados de Latitud Norte y 86.1 grados de Longitud Oeste (aviso No. 30).

Sus vientos máximos sostenidos disminuyeron a 65 kilómetros por hora, mientras se desplazó hacia el Oeste/Sudoeste, muy lentamente, mientras continuó debilitándose lo que fue dado a conocer en los Avisos Nos. 31, 32 y 34, siendo degradado a Depresión Tropical el día 31, a las 12:00 hora local, cuando se localizó en los 14.4 grados de Latitud Norte con 89.3 grados de Lontitud Oeste, y continuó su debilitamiento con rumbo hacia territorio de Guatemala, siendo informado en el Aviso No. 35.

En los Avisos 36, 37, 38 y 39, comprendidos de las 18:00 horas locales del día 31 de Octubre a las 12:00 hora local del 1 de Noviembre, INETER informó  de la evolución que el “Mitch” fue presentando sobre el área centroamericana.

Para el día 1 de Noviembre, a las 15:00, hora local, se encontró pobremente definido en un punto pròximo a los 15.0 grados de Latitud Norte con 92.3 grados de Longitud Oeste, con vientos máximos sostenidos de 45 kilómetros por hora y una velocidad (traslación) hacia el Oeste de 13 kilómetros por hora. En este momento se emitió el último Aviso del INETER, el número 40″.

 

“Mitch” fue el cuarto más intenso

 

En “Comentarios Finales”, este documento señala: “Es importante mencionar que el Huracán “Mitch” fue el cuarto Huracán más intenso de la Cuenca del Atlántico Tropical, Mar Caribe y Golfo de México.

 

Por otro lado, las precipitaciones (lluvias) provocadas por el paso del Huracán “Mitch” superaron en un alto porcentaje a las ocurridas por otros Huracanes que han afectado al territorio nacional, un ejemplo puede ser el acumulado de precipitación ocurrido con la afectación del Huracán “Alleta”, en 1982, que fue de 1, 546 milímetros de agua y con el Huracán “Mitch” fue de 1, 612 milímetros.

Otro aspecto importante en mencionar es la trayectoria que mostró el Huracán “Mitch”, la cual fue bastante errática, realizando trayectoria de lazo en una escala espacial muy corta menor al grado (inferior a 110 kilómetros), por lo que los modelos de pronósticos de trayectorias mostraron diferencias substanciales a la trayectoria real del Huracán, siendo estas diferencias de hasta 165 kilómetros al encontrarse frente a las Costas de Nicaragua el día 24 de Octubre”, concluye “Comentarios”.

Resulta de algún modo asombroso también el hecho de que el Huracán “Mitch” haya pasado enfrente de Bluefields y Puerto Cabezas (Costa Atlántica) y que en ambos sitios se registrasen lluvias mucho menores que en Chinandega, León, Jinotega y Matagalpa, por ejemplo.

Entre el 21 y el 31 de octubre en Puerto Cabeza cayeron 509.3 milímetros de agua y en Bluefields apenas 158.8 milímetros. Claro, de algún modo es mucho más que las normas históricas, pero ocurre que el Huracán pasó por allí, frente a las Costas del Caribe nicaragüense rumbo a Cabo Gracias a Dios, por donde se metió a territorio hondureño, para destrozarlo en su mayor parte.

Otro dato que obliga a reflexionar es que los peores daños los causó este fenómeno meteorológico cuando había dejado de ser Huracán, y se había convertido en Tormenta Tropical y finalmente en Depresión Tropical, ambas categorías  de Ciclones mucho menos destructoras que el Huracán.

Aunque la crónica del INETER no es minuciosa en el asunto de “los aportes de humedad del Océano Pacífico”, vale decir que ésto significa que al mismo tiempo del Huracán “Mitch” se desató también lo que ya se conoce como el “Fenómeno de La Niña”, lo cual es contrario a las sequías asoladoras provocadas el “Fenómeno del Niño” en casi toda América Latina, especialmente en Brasil, Ecuador, Perú, Chile, Nicaragua y casi toda Centroamérica.

El “Fenómeno del Niño” consiste en sobrecalentamiento de las aguas del Océano Pacífico desde Australia (Oceanía, frente a las miles de Islas de Polinesia, etc) hasta nuestras tierras.

A este “Fenómeno del Niño” se le puso ese nombre porque aparece en épocas cercanas a Navidad. Todavía no se conoce exactamente por qué motivos se calientan tanto las aguas (inclusive un poco profundas) del Océano Pacífico, uno de los aportadores mayores del vapor de agua por ser casi el doble en tamaño que el Océano Atlántico.

Datos científicos de Institutos Meteorológicas especializadas indican que los dos Océanos principales (Pacífico y Atlántico) aportan 400.000 kilómetros cúbicos de agua anualmente al ciclo hidrológico de la tierra, que se da por medio de las lluvias.

Y se aclara que 65 mil kilómetros cúbicos de agua, apenas, es lo que se produce por medio de la vegetación en tierra firme, más los lagos, lagunas y ríos, incluyendo los enormes ríos como el Amazonas o el Nilo, este último con 6,000 kilómetros de recorrido desde su arranque en el Lago Victoria, en Africa.

Se afirma que en los 4 Continentes caen, aproximadamente, 100.000 kilómetros cúbicos de agua al año, de esa que se forma en la superficie de los Océanos, lagos, lagunas, ríos y en las hojas de las plantas, y que sube al cielo a formar nubes y caer posteriormente en forma de gotitas de hasta 5 milímetros de tamaño.

Volviendo a El Niño, recordemos parte de sus contrastres brutales. Mientras por un lado la sequía mataba a seres humanos, animales, doblegaba a la vegetación y a la fauna silvestre y acuática en países como Perú, Nicaragua, Honduras, toda Centroamérica, al mismo tiempo provocaba lluvias colosales en los Desiertos de Ecuador y Perú, en cuyas extensiones resecas cayeron 3,6 metros de agua en pocas lluvias de 1983.

El Niño provoca sequías profundas y mortales diluvios de agua al mismo tiempo. En unas zonas de Chile, Brasil y Bolivia, por ejemplo, habían al mismo tiempo prolongadas sequías y aguaceros imparables en otras zonas geográficas de esos mismos países.

Según un reportaje de la Revista “AMERICAS”, de la Organización de Estados Americanos (OEA), titulado “El Caprichoso Niño de la Naturaleza”,  causó 2, 000 muertos y  pèrdidas  de 18, 000 millones de dólares en todo el mundo, especialmente en América Latina, desde Argentina hasta México, entre los últimos años de la década de los 80 y gran parte de los 90.

 

En el caso de Nicaragua, recordemos, la sequía nos llevó a los extremos de que el Lago de Apanás (artificial) se secó y por tanto disminuyó la producción de energía eléctrica en las Plantas generadoras Centroamérica y Carlos Fonseca.

El nivel del Lago Xolotlán se retiró casi un kilómetro del llamado “Malecón de Managua”. Por el lado norte, en San Francisco Libre, el Lago se retiró casi tres kilómetros, al extremo de que se creía que el Xolotlán se secaría completamente.

El Paso de Panaloya, entre el Río Tipitapa, el Charco de Tisma y el Lago de Nicaragua, igualmente casi se seca. Mientras tanto crecían la cantidad de ríos grandes sin agua, ya secos, y se llegaron a contar más de 70 en esta condición lamentable, especialmente en la zona del Pacífico.

 

27 ríos secos en San Francisco Libre

 

Sólo en San Francisco Libre se secaron 27 ríos, todos afluentes del Lago Xolotlán (Managua), pequeños y grandes, entre ellos el Pacora, San Antonio, Sinecapa, La Trinidad y el mismo Río Viejo, este último vital para la producción de energía eléctrica de las plantas ya mencionadas. El Río Viejo recorre más de 150 kilómetros, de norte a sur, desde el Lago artificial Apanás hasta el Lago de Managua.

Se secaron los ríos Telica, Acome, Jicaral, el inicio de los ríos Coco, Matagalpa, Tuma, etc.

 

Y llegó “La Niña”, fenómeno contrario a El Niño, porque, según los meteorólogos, las aguas del Océano Pacífico se enfrían y se levanta mucha humedad hacia el cielo, provocando rápida condensanción en las nubes y por tanto lluvias abundantes en tierra firme.

Esta humedad del Pacífico, en el Oeste de Nicaragua, como dice el INETER, se combinó con el arrollador paso del Huracán “Mitch”, procedente del Este y con miles de kilómetros cúbicos de agua envueltos en humedad y vientos violentos, encontrándose preparado el terreno: sin vegetación, para que sus huellas fuesen aterradoras.

Con esta crónica minuciosa del Huracán, desde su nacimiento en las turbulentas aguas de “alta mar” del Océano Atlántico, específicamente en el Caribe, hasta la muerte del “Mitch” en el norte de Guatemala, el INETER, me imagino, quiso dejar claro que sí estuvo informando de la aparición y trayectoria de este acontecimiento meteorológico que dejó, se afirma, no menos de ocho mil a nueve mil muertos y unos once mil desaparecidos en Centroamérica, más destrucción generalizada.

Los Radioaficionados organizados informaron también al detalle de cómo había comenzado el Huracán”Mitch” y cómo avanzaba, hacia dónde lo hacía.

La Radio Ya, por su parte, se apuntó uno de sus éxitos periodísticos más expectaculares de los últimos tiempos al anunciar al país entero que el Huracán venía avanzando por encima de las aguas del Caribe rumbo a Nicaragua, específicamente hacia los sitios de Bluefields y Puerto Cabezas, para entrar a suelo firme nicaragüense.

Otra, muy distinta, fue la actitud del gobierno central, presidido por Arnoldo Alemán Lacayo y la de él mismo, que irresponsablemente restó importancia total a los anuncios anticipados de que se acercaba el peligroso Huracán “Mitch”, de lo cual le fue informado por el director del INETER, Claudio Gutiérrez Huete, según lo que conocemos los periodistas.

Al contrario, Alemán Lacayo se burló de las afirmaciones de la Alcaldesa de Posoltega, Felícita Zeledón Rodríguez, cuando ésta, con un nudo en la garganta, como con una soga apretada en el cuello, nerviosa, sobresaltada, llorando, informaba por medio de Radio Ya que los muertos de comunidades campesinas podían llegar a mil.

Se había quedado corta en cuanto a la cantidad de muertos y sobre la magnitud macabra de la mortandad y destrucción material. La realidad aplastante y horrenda demostró después que los muertos sobrepasaban los dos mil por el derrumbe del Casitas.

Esta llamada telefónica dramática, estremecedora, se produjo el sábado 31 de Octubre, cuando ya Felícita tenía conocimiento confirmado del derrumbe colosal del Casitas, cuya avalancha había sepultado, arrasado, demolido a los seres humanos, casas, animales y enseres domésticos de las Colonias Rolando Rodríguez, El Porvenir, Villa Sandino, Posolteguilla, Versalles, Las Mayorgas…y que las correntadas seguían arrastrando seres humanos, mientras otros estaban ya muertos sepultados por el lodo, o estaban vivos y entrampados entre el mismo lodo, rocas enormes y árboles gigantescos.

El mismo día, casi al mismo tiempo, se registró otra llamada dramática, que podía conmover hasta las rocas más duras, esta vez de Eligio Palacios Maradiaga, Alcalde de Chichigalpa, quien igualmente decía que los derrumbes del Casita habían sepultado varias comunidades, y que se requería de ayuda urgente para ver si se podían salvar seres humanos atrapados entre el lodo y en los árboles.

Las correntadas descomunales estaban pasando por el centro de Chichigalpa, donde reinaba el pánico en medio de una oscuridad total la noche del 31 de Octubre.

El municipio de Posoltega y la ciudad de Posoltega están exactamente enfrente del Volcán Casita, hacia el lado Sur.

Chichigalpa, municipio y ciudad, está enfrente de los Volcanes Casita y San Cristóbal, este último coloso volcánico activo es el más alto de Nicaragua.

Desde el momento en que los Radioaficionados y las Radioemisoras Ya, La Primerísima y la Sandino, comenzaron a denunciar que el Huracán “Mitch” avanzaba hacia Nicaragua, el gobierno perfectamente tuvo tiempo de ejecutar, de emergencia, un plan de evacuación, lo cual hubiera salvado centenares de vidas y posiblemente se hubieran registrado menos daños materiales de los que hubo.

El gobierno tuvo oportunidad preciosa, tiempo suficiente, para poner en Alerta Roja al país entero, para que la gente por lo menos hubiese buscado sitios altos, antes que las correntadas las demolieran como efectivamente ocurrió.

Una demostración histórica de que ésto se puede hacer, lo constituye el paso del devastador Huracán “Joan” (Juana), ocurrido del 21 al 23 de octubre de 1988.

Este Huracán “Joan” violentísimo pasó arrasando a lo ancho de 150 kilómetros en territorio interno de Nicaragua,  pero sólo dejó 116 muertos, once heridos, 324 mil 197 afectados y 19, 120 evacuados, debido a que el gobierno revolucionario sandinista organizó una gigantesca evacuación de las poblaciones hacia sitios de menos peligro en tiempo récords, y asumiendo sus funciones de gobierno, que son las de ponerse al frente para salvar a los pobladores cuando se aprociman desgracias.

El “Ojo del Huracán Joan” tenía 30 kilómetros de diámetros, según dijeron los especialistas. En cuanto el gobierno revolucionario, encabezado por Daniel Ortega Saavedra, supo que el Huracán “Joan” avanzaba hacia territorio nacional, todos los instrumentos gubernamentales se pusieron en función de salvar gente.

Recuerdo que las organizaciones populares, encabezadas por el Frente Sandinista, se pusieron a la cabeza para evacuar a los niños, mujeres, ancianos y a sus animales, para ubicarlos en cerros, colinas, en las escuelas, en edificios públicos, como en la misma Managua, y recuerdo que el gobierno revolucionario envió a William Ramírez Solórzano a hacerse cargo personalmente de estos menesteres en Bluefields y Puerto Cabezas, en la Costa Atlántica nicaragüense.

 

El Huracán “Joan” o Juana alcanzó 240 kilómetros en Corn Island y 217 kilómetros por hora en Bluefields, lo cual da una idea de su violencia al paso por el territorio nacional, pero los daños humanos y materiales fueron infinitamente menores que durante el “Mitch”, debido a los niveles de organización y a la responsabilidad del gobierno revolucionario sandinista, que sí se preocupaba por la gente.

Otra fue la actitud del gobierno de Estados Unidos, encabezados por Ronald Reagan, quien en forma mezquina e inhumana procuró que las ayudas internacionales hacia los damnificados de Nicaragua fuesen bloqueadas, debido al odio que siempre le dedicó este régimen norteamericano a la Revolución Sandinista.

 

INETER con 30 avisos

que Alemán  Lacayo no escuchó

 

Sobre el “Mitch”, el mismo INETER describe en sus más de 30 “Avisos” que se supo con varios días de anticipación, primero de la formación de una Depresión Tropical, después convertida en Tormenta Tropical y Huracán, en el Mar Caribe, donde se originan con demasiada frecuencia los Huracanes y Tormentas Tropicales que tanto daño han ocasionado a Nicaragua, Centroamérica, el Caribe (Cuba, Haití, Jamaica, República Dominicana, Puerto Rico), México, La Florida y otros territorios de Estados Unidos, en el pasado.

Hubo tiempo de sobra, pues la Depresión Tropical se formó el 21 de octubre, lo cual fue informado por la Dirección de Meteorología del INETER ese día a las doce meriadiano.

El fenómeno meteorológico se convierte en Huracán hasta el 24 de octubre, y para entonces ya estaba localizado a 600 kilómetros al Este de Puerto Cabezas, con dirección Norte/Noroeste, es decir, buscando el rumbo de Cabo Gracias a Dios, hacia territorio nicaragüense.

El INETER, una entidad del Estado nicaragüense, que responde al gobierno, tenía abundante información acerca de cómo evolucionaba violentamente el Huracán, pues ese 24 de Octubre, por ejemplo, ya había alcanzado la Categoría 2 de Huracanes y con vientos sostenidos de 150 kilómetros por hora.

Esto no era jugarreta para las vidas humanas de nicaragüenses. El Aviso No. 15 del INETER, emitido con preocupación, según se siente en su redacción, el 26 de Octubre a las 09.00 de ese día (en la mañana), ya informaba que el Huracán “Mitch” había alcanzado la Categoría 5, la más destructiva, con vientos de 250 kilómetros por hora.

Pero ésto no conmovió para nada al gobierno de Arnoldo Alemán Lacayo.

El Huracán “Mitch” siguió su ruta errática, violentísima, lenta, destructiva, ciega, capaz de descargar muchas decenas de miles de kilómetros cúbicos de agua como en chorros de mangueras de bomberos sobre los cerros, cordilleras, volcanes, ríos, valles, sabanas, pantanos, mesetas, faldas del Casita, todo lo cual provocaba un diluvio, que a la vez desencadenó avalanchas, derrumbes, mares de lodo desbocados, mientras el jefe del gobierno nicaragüense, Arnoldo Alemán Lacayo, porfiadamente desmentía a la Alcaldesa de Posoltega y decía que estaba loca.

 

Además, desde finales de 1997 ya se sabía que se formarían no menos de diez Huracanes en el Atlàntico y Pacífico, según pronósticos de cientíticos meteorológicos norteamericanos, rusos y de otras partes del mundo, que estaban haciendo estudios profundamente especializados y minuciosos del comportamiento del Clima.

También se anunciaba, a finales de 1997, que ya estaba virtualmente desapareciendo el sobrecalentamiento de las aguas del Océano Pacífico, lo cual indicaba que el “Fenómeno de El Niño” estaba cediendo lugar a un nuevo: “El Fenómeno de La Niña”, es decir enfriamiento de las aguas en el Océano Pacífico, de donde ahora se elevarían al cielo grandes cantidades de humedad para fertilizar a las nubes para que parieran abundacia de lluvias, en vez de las ya fatídicas sequías, o trastornos de lluviones repentinos, mientras la sequedad continuaba en el mismo país o en los vecinos.

De estos fenómenos climáticos hablaron en público, abundantemente Claudio Gutiérrez Huete, Mauricio Rosales Rosales y otros técnicos especializados del INETER, y especialmente el gobierno, en particular Alemán Lacayo, debia estar plenamente informado.

 

Inclusive, el 23 de mayo de 1998, es decir, casi cinco meses antes de que se produjera el Huracán “Mitch”,  Gutiérrez Huete, Rosales Rosales y otros especialistas del INETER, volvieron a exponer ante un nutrido grupo de periodistas sobre los pronósticos de posibles “torrenciales aguaceros” en 1998 y 1999, como consecuencia de los cambios del clima en las aguas del Océano Pacífico.

Aunque esos pronósticos eran “reservados”, de posibilidades, pero podían esperarse cambios climáticos bruscos, y especialmente estar atentos a la formación de Huracanes, anunciados con anticipación.

 

Yo personalmente me quedé asombrado del comportamiento del gobierno, pues desde el 21 de octubre los Radioaficionados y las radioemisoras Ya, La Primerísima y Sandino, comenzaron a informar, aunque tímidamente al inicio, de que una Tormenta Tropical con características peligrosas, se estaba formando en Atlántico cercano a Nicaragua.

Especialmente la Radio Ya le fue subiendo el tono a la denuncia de que el Huracán se formaba y se desplazaba rumbo a territorio nicaragüense. Las versiones de Radio Ya se vieron fortalecidas con informaciones suministradas por  Radioaficionados y por los boletines del mismo Instituto de Estudios Territoriales (INETER).

Recuerdo que en Managua el cielo tenía una inmensa alfombra negra, una masa de nubes cerradas hacia todos los puntos cardinales, aunmentaba el viento y la temperatura enfriaba, mientras en Radio Ya se escuchaba el incesante “piripiripi” de alarma y voces de Gixa Torres y Tito Leiva llamaban al gobierno central a tomar medidas.

No hubo medio de conmover al gobierno. Me acordé entonces cómo el gobierno revolucionario sandinista se puso al frente en el socorro de la gente, en 1982, especialmente en la orilla de la Costa del Lago de Managua, allá en León, Chinandega, Puerto Cabezas, Bluefields, etc.

Eran entonces las afectaciones del Huracán “Alleta”. Personalmente pude ver al entonces jefe de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, Daniel Ortega Saavedra, bajo los intensos aguaceros, caminando entre correntadas y fango, ayudando a socorrer a los perjudicados en la orilla del Lago de Managua.

Ayudando Daniel Ortega Saavedra personalmente bajo rayería y chorrones de agua desde el cielo. Sí, ayudando en el terreno, no negando ayuda, ni burlándose de las desgracias de la gente humilde.

 

Esto es todo lo contrario a lo que hizo Alemán Lacayo, hombre que, por supuesto, tiene (aparentemente) sentimientos inhumanos y no es capaz de sacrificarse por los pobres que le dieron su voto para convertirse en presidente de la República.

 

Lo que hizo y habló Alemán Lacayo es todo lo contrario a lo que hizo el gobierno revolucionario sandinista cuando se registró el Huracán “Joan” (Juana) en Octubre de 1988.

Con la actitud que asume un gobierno responsable, con características humanísticas, el régimen sandinista exigió a sus técnicos información detallada del anuncio de que se desarrollaba el Huracán “Joan” en el Atlántico.

Al conocerse que el Huracán se internaría en territorio nicaragüense, el gobierno, encabezado por Daniel Ortega Saavedra, tensó todas sus fuerzas, usó los medios de comunicación y los resortes organizativos y propagandísticos del gobierno para orientar y organizar a todo el país, en función de poner a salvo lo que más se pudiera en vidas humanas, animales, medidas especiales para proteger casas, enseres domésticos, evacuación de sitios peligrosos hacia edificios fuertes, rumbo a lomas y cerros, se orientó que era terminantemente prohibido quedarse a la orilla de cauces, en las bajuras de las faldas de los cerros, bajo cables de alta tensión…

Se orientó a que las embarcaciones grandes y pequeñas fuesen amarradas con mecates fuertes en los puertos y muelles, que los automóviles fuesen dejados en sitios en que no les cayeran ramas de árboles, ni postes, ni techos…

No se me olvida que inclusive los cuadros o funcionarios más importantes del gobierno fueron dislocados a hacerse cargo de dirigir la emergencia en sitios como Bluefields, Puerto Cabezas, Waspán en la orilla del Río Coco…

En Managua la gente fue evacuada de las zonas costeras del Lago de Managua hacia edificios fuertes, escuelas, y lo mismo se hizo en las bajuras de Tepalón y Paso de Panaloya, en Granada, por ejemplo.

Todo se hizo rápido, en pocas horas, con una demostración de poderío organizativo espectacular, que sólo puede alcanzar un gobierno con raíces populares.

Con vientos aterradores, el Huracán “Joan” pasó arrasando casi todo el territorio nacional, pero por el nivel de organización, de orientación a los pobladores, se salvaron miles de vidas, se pusieron a resguardo los animales domésticos, aunque no se pudo evitar la destrucción en los bosques, suelos, cultivos, casas, pero se salvó mucha gente, contrariamente a lo ocurrido con el Hucarán “Mitch”.

Por el paso destructor del Huracán “Joan” (Juana) sólo murieron 116 personas y 95.000 resultaron perjudicados.

 

“Almas en pena” de Posoltega persiguen a Alemán Lacayo

 

Estos muertos del Huracán “Mitch”, especialmente los de Posoltega, serán como “almas en pena” persiguiendo por siempre al gobierno de Arnoldo Alemán Lacayo, porque quedó claro que no hizo nada por salvarlos. Inclusive, debe rendir cuentas a Dios y a los Angeles del Cielo por tanto muerto…

Por el interés histórico que representan, incluyo aquí otros Huracanes registrados en el Caribe y México, ocurridos entre 1980 y 1989.

El Huracán “Allen” causó daños severos en 1980 en San Vicente, Santa Lucía, Jamaica y Haití. En Haití causó 220 muertos y 835.000 damnificados; en Santa Lucía provocó 17 fallecidos y 70.000 damnificados; y en Jamaica ocasionó 9 muertos y 10.000 damnificados.

En 1982 el Huracán “Albert” provocó 40 muertos y 105 mil damnificados en Cuba.

México sufrió 135 muertos y 10.000 damnificados por el paso del Huracán “Tico” en 1983.

 

Cuba volvió a ser impactada por el paso del Huracán “Kate”, el cual ocasionó 2 muertos y 475.000 afectados en 1985.

Jamaica fue impactada duramente por el Huracán “Gilbert”, el cual dejó una huella trágica de 45 muertos y 500.000 damnificados.

Finalmente el Huracán “Hugo” también ocasionó daños en 1989, pero no tengo a mano los datos sobre los daños humanos y materiales.

Se acuerdan de la erupción y deslizamiento (derrumbe) del Nevado del Ruíz, en los Andes de Colombia, el 13 de noviembre de 1985? Hubo 25.000 muertos en la población de Armero.

En el Nevado, ubicado en la cumbre helada de los Andes, se registró ese día una erupción infernal, cuyos ríos de lava a miles de grados centígrados, derritieron enormes cantidades de hielo o nieve eterna, lo cual provocó el derrumbe que sorprendió a los pobladores de Armero.

Colombia ha estado de mala suerte en los últimos tiempos, pues el 28 de junio de 1974, se produjo otro derrume en el Cañón de Quebrada Blanca, en el oriente del país, lo cual provocó 200 muertos.

 

Hace poco tiempo, como se sabe, hubo otros 2, 000 muertos al ocurrir un destructor terremoto en la poblaciòn de Armenia, también en Colombia.

 

 

Otras tragedias naturales y políticas en Nicaragua

 

Las tragedias naturales más conocidas en Nicaragua han dejado, en distintas épocas, gran cantidad de muertos, destrucción de casas, caminos, aniquilamientos de animales, pérdidas de enseres domésticos y transformación del panorama local.

 

Personalmente, yo ubico como la primera tragedia natural aquellas erupciones volcánicas gigantescas en cadena  en el hoy territorio de Managua, hace aproximadamente 6,000 años, y que dejaron como huella histórica las llamadas “Huellas de Acahualinca”.

Esas “Huellas de Acahualinca” eran pisadas de seres humanos, indígenas, que seguramente huían de las erupciones volcánicas de Managua, yendo de un lado a otro, caminando sobre las cenizas y otros materiales volcánicos recién caídos.

Cuáles fueron los daños? Es difícil saberlo.

 

Helman Taleno, vulcanólogo del Instituto de Estudios Territoriales (INETER), sostiene que la actividad vulcanológica de Managua tiene unos 10, 000 años de existencia.

Añade, al mismo tiempo, mediante un artículo publicado en la Revista “Riesgos y Desastres Socio Naturales”, que las fallas geológicas bajo el subsuelo de Managua, causantes de dos terremotos mortales, tienen unos 50, 000 años de estar activas.

 

Señala, además, que Managua ha sido víctima de alredor de 200 desastres naturales, entre otros avalanchas, y por su parte el INETER registra al menos 20 terremotos a lo largo del Océano Pacifico nicaragüense entre 1, 570 y 1992.

Aunque no abundan en datos sobre daños a poblaciones indígenas, los conquistadores genocidas españoles refieren en sus crónicas que al llegar ellos a Nicaragua, por ejemplo, en 1,528 encontraron en erupción a los Volcanes Momotombo, San Cristóbal y Masaya.

Se presume, entonces, que estaban siendo afectadas las poblaciones indígenas de El Viejo, encabezada por Agateyte; y la de Nindirí, con el Cacique Nindirí a la cabeza, y la de Momotombo era integrada por los indígenas Imabites, exterminados posteriormente por el Gobernador Pedrarias de Avila.

En esos días, según esos cronistas, se produjo un terremoto seguido de deslizamiento hacia el sur del Volcán Mombacho (“Cerro echado”, en lenguaje indígena), el cual mató a más de 20 mil habitantes. Por supuesto, era una tragedia que afectaba a los indígenas y por tanto no valía la pena abundar en detalles en las crónicas, porque según las concepciones esclavistas, feudalistas y capitalistas, sólo los blancos (reyes, nobles, señores feudales, burgueses, oligarcas e imperialistas de hoy) merecen vivir y ocupar espacios en los libros, periódicos, revistas y modernamente en la televisión, computadoras e internet. Así ha funcionado el sistema de bárbara explotación antihhumana.

En la misma época de 1,528 (también antes), recordemos, fueron asesinados por los genocidas invasores españoles los indígenas de Diriangén en el sector sur de Nicaragua, y casi todos los que vivían en “Matiari”, Managua y Tipitapa, los cuales habitaban en las lomas cercanas de los Filones de El Crucero, en la orilla del Lago Xolotlán, desde Mateare hasta La Bocana de Tipitapa.

Los mismos cronistas de los colonizadores confiesan que cuando Francisco Hernández… (de Córdoba) se trasladó de Granada al Lago Xolotlán (“Xolotlán”, le llamaban los indígenas), en busca de fundar León Viejo, encontraron “doce mil almas” en “Matiari”, tres mil de ellos armados con arcos y flechas.

El mismo cronista de los genocidas españoles confiesa que cinco años después, no había nadie en “Matiari”. No se sabe cuántos habían sido asesinados, encadenados o convertidos en esclavos, ofreciéndoles cárceles, cadenas perpetuas, trabajos forzados, todo en nombre de Dios, de la Cruz de los Católicos, de la Espada sagrada de la Iglesia y de las armas que vomitaban balas y fuego, usadas en ese momento también contra centenares de miles de Pipiles en Cuscatlán, El Salvador, donde la persecusión sangrienta la efectuaba el archiasesino español Hernán Cortés, el mismo que mató a millones de mexicanos, guatemaltecos y hondureños.

Igual que en El Salvador, México, Honduras, Perú o Guatemala, el mismo cronista español se quejaba porque los indígenas no obedecían a los conquistadores o a su Majestad la Reina, y en su informne decía que los indios eran “malas gentes” por hacer resistencia a las matanzas de los colonizadores.

¿Cuántos asesinaron los españoles sólo en Nicaragua? Un millón? Medio millón? Se afirma que en América Latina mataron a no menos de 50 millones de indígenas.

Por medio de los mismos cronistas de los invasores españoles se confiesa que mataron, o al menos convirtieron en esclavos a no menos de “doce mil almas” (pobladores indígenas) de “Matiari” (así se llamaban Mateare y su Cacique), cuando don Francisco Hernández… (de Córdoba) pasó en 1528 por el Lago de Managua, para fundar León Viejo al pie del Volcán Momotombo.

¿Cuántos de los indígenas del Cacique Diriangén fueron asesinados por oponerse a los invasores, ladrones y genocidas del Imperio Español? Cuántos fueron asesinados en Tezoatega (El Viejo), donde estaban jefeados por El Viejo Cacique Agateyte al pie oeste del Volcán San Cristóbal?

En el mismo León Viejo, en el lado sur del Volcán Momotombo, Pedrarias Dávila, uno de los Gobernadores más sanguinarios del régimen colonialista español, mandó a asesinar a los Indígenas Imabites, o los encadenó ya vencidos para que sirvieran de bestias de carga en el transporte de oro, a partir de la ya descubierta Mina del Limón, en territorio leonés.

En 1,610, casi un siglo después de ocurridos estos crímenes españoles (tragedias nuestras), se producen las erupciones contínuas y terremotos en el Volcán Momotombo, al pie del cual fincaron León Viejo los españoles, lo cual obliga al traslado de la población y de funcionarios coloniales genocidas de León Viejo a León actual.

No hay datos precisos de cuántas personas murieron. Sin embargo, León Viejo quedó allí sepultado, hasta que fueron descubiertas sus ruinas en la década del 60, por trabajos especializados de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua.

Tampoco hay datos de la cantidad de gente asesinada en Nicaragua por los colonizadores españoles, durante las rebeliones anticolonialistas de indígenas, mestizos y hasta criollos, especialmente al desembocar 1,800, o siglo 19, cuando empiezan a rebelarse los pueblos en León,  Granada, El Salvador, en Venezuela, Perú, Ecuador, Bolivia, México, etc.

En 1,835 se registró la portentosa explosión del Volcán Cosigüina, la más grande conocida en América Latina. Las cenizas alcanzaron hasta México y Colombia, pero no se conoce qué pasó con los pobladores cercanos en el Golfo de Fonseca, por ejemplo en Mianguera y Mianguerita, La Unión, etc. En los informes científicos de la época se afirma, inclusive, que las aguas del Golfo de Fonseca “hirvieron” por varios días, debido a la enorme cantidad de lava lanzada por el Cosigüina.

 

En estos tiempos cercanos a la portentosa erupción del Cosigüina, era permanente la tragedia de los nicaragüenses, provocada por la disputa política ambiciosa y asquerosa de los dos grupos oligárquicos de conservadores y liberales (“legitimistas” y “democráticos” se autollamaban), los cuales al final propiciaron la llegada funesta y mortal de los filibusteros norteamericanos, jefeados por Wiliam Walker, un esclavista del sur yanqui, aventurero mafioso y representante de la política expansionista e intervencionista de Estados Unidos.

 

Es bien conocido que estos delincuentes políticos, apoyados oficialmente por negociantes que codiciosamente buscaban el oro de California y el mismo gobierno yanqui, asaltaron el poder político en Nicaragua, en 1852, aprovechándose de las disputas de los “legitimistas” y “democráticos”, mataron a mucha gente nicaragüense, incendiaron Granada y  Rivas y finalmente fueron derrotados, en septiembre de 1856, por un grupo de patriotas en la Hacienda San Jacinto (territorio norteño de Managua), donde, por supuesto, no aparecieron combatiendo quienes trajeron a los filibusteros norteamericanos.

Después, el 4 de octubre de 1876, repentina e inesperadamente se produjo el llamado Aluvión de Managua, por cierto parecido al derrumbe mortal del Casitas.

Ese Aluvión se desprendió violentísimo de un sitio de Las Sierritas de Managua, y produjo una enorme cantidad de de seres humanos muertos, heridos y desaparecidos, en una Managua que apenas contaba con diez mil habitantes, según escritos publicados en aquellos días.

Supuestamente, en un sitio de los Filones de El Crucero, allí en Las Sierritas de Managua, por los intensos aguaceros de esos días, se repletó una laguna, cuyos muros de contención se reventaron, y el agua y el lodo salieron desbocados cuesta abajo, llevándose consigo seres humanos, animales domésticos, ganado, cerdos, casas, árboles enormes, rocas de todo tamaño, todo lo cual, con poder de una portentos máquina trituradora,  fue a parar al lecho del Lago Xolotlán (Managua), cuyo nivel, se afirma, llegaba entonces donde es hoy el Teatro Popular Rubén Darío.

Según viejas crónicas de Managua, incompletas por supuesto, el Aluvión (avalancha, deslizamiento, derrumbe, desplome, “deslave”, alud, etc.), indica que la enorme corriente de lodo, rocas, árboles, se desplazó principalmente por el llamado Camino de Ticomo, buscó cauce por Calle Honda, la cual posteriormente fue conocida como “Calle del Aluvión”, o “Avenida Noreste” de la vieja Managua.

Se menciona en esas crónicas que el Lago de Managua había inundado varios sectores costeros de la capital, La Bocana de Tipitapa y el lado norte del Hoy San Francisco Libre, debido a los prolongadísimos aguaceros de esos días.

Las dificultades de rescate fueron particularmente difíciles, porque entonces no habían bomberos, ni cruzrojistas, ni policías con patrullas, ni camiones, ni tractores orugas, ni existía el Ferrocarril en Managua, pues éste apenas circulaba entre León, La Paz Centro y el Puerto de Momotombo, ubicado en la orilla del Volcán del mismo nombre, en el extremo Noroeste del Lago Xolotlán.

El tráfico entre Momotombo, el hoy San Francisco Libre y Managua se efectuaba por medio de los Vapores “Amalia”, “Francia”, “El Cachete”, el “Managua”, el “Progreso” y el “Angela”, de los cuales atracaban en un muelle, cercano adonde fue después la Estación del Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua.

En aquella Managua de viviendas de taquezal, ranchos de paja y alerones, la gente se trasladaba a pie de un lado a otro, o por medio de las llamadas “diligencias”, o sean carretones de madera jalados por caballos.

Se dijo en esas crónicas que centenares de cadáveres fueron rescatados en las aguas del Lago de Managua y del lodo infernal alojado en el “Camino de Ticomo” y en “Calle Honda”, mientras otros centenares de muertos nunca fueron encontrados, como ocurrió en noviembre de 1998, después del derrumbe en el Casitas.

Esas crónicas, me recuerda el maestro periodista Mario Fulvio Espinoza, mencionan que entre los héroes de salvamentos en esos momentos del Aluvión de Managua, se destacaron los hermanos Francisco y José Santos Zelaya, quien poco tiempo después (1892) se convirtió en jefe de la Revolución Liberal y del gobierno, derrocado posteriormente fue derrocado por la intervención militar norteamericana en 1912.

 

Antes de 1912, en 1881, se produjo asimismo la matanza de los Indígenas de Matagalpa, Sébaco, Telica y Quezalguaque por parte del gobierno conservador de Joaquín Zavala, quien, en representación de la oligarquía, de los terratenientes conservadores y liberales, los mató y les arrebató las mejores tierras para los cafetales de Matagalpa y los cañales de los Pellas en el lado de Chinandega. Sobre la sangre y los cadáveres de los indígenas nacieron empresas pulpos como las de los Pellas.

En 1912 se produjo otra matanza a la familia nicaragüense, esta vez provocada directamente por los gobernanentes genocidas norteamericanos, quienes mandaron a derrocar al gobierno de José Santos Zelaya, usando para ello el pretexto de captura y fusilamiento de dos saboteadores gringos, que habían hecho explotar bombas en barcos nicaragüenses anclados en la Costa Atlántica.

Ese fue el pretexto, como han inventado miles de pretextos para agredir a centenares de pueblos en todo el mundo, como lo del Golfo de Tonkin, para inciar la agresión en gran escala a Vietnam en 1963.

 

La causa de la agresión yanqui era otra, no confesada, pero conocida públicamente en Centroamérica y gran parte del mundo, pues Zelaya había osado imprimirle algún grado de nacionalismo e independencia a su gestión gubernamental, propugnaba por la unidad centroamericana y lo peor: planteaba la construcción de un Canal Interoceánico con capital inglés, o de otros países, lo cual no podían admitir los genocidas yanquis, quienes en ese momento, además, estaban iniciando el proyecto de construcción del Canal de Panamá, estratégico para la dominación colonial de la naciente potencia imperialista norteamericana.

 

El Canal propuesto por Zelaya era, se supone, por el Río San Juan, Lago de Nicaragua, Lago de Managua, cruzar el Río Tamarindo, o llevar el zanjón de agua hasta el Golfo de Fonseca, o del San Juan y Lago de Nicaragua cruzar allí nomacito el Itsmo de Rivas.

Sin ruborizarse de ninguna manera, los yanquis genocidas enviaron su famoso Nota K. Nox y su marinería para someter a balazo limpio a quienes osaban ponerse erguidos para hacer un gobierno independiente en Nicaragua.

Otra vez, como en los años de 1852-1856, mataron mucha gente nicaragüense, la cual, por supuesto, jamás ha ido a invadir territorio norteamericano, ni matado a ciudadanos gringos en territorio de Estados Unidos, ni mucho menos meterse en sus asuntos internos.

Derrocaron a Zelaya, y el General Benjamín Zeledón Rodríguez con un puñado de hombres valientes, decidió defender el decoro nacional y les hizo frente a los invasores entre Managua y Masaya, especialmente en el Coyotepe, donde por la evidente superioridad numérica, calidad de armamentos y entrenamiento militar de los interventores genocidas, los defensores de la Soberanía Nacional fueron derrotados en un radio de pelea que se extendió entre el Coyotepe, la ciudad de Masaya y una parte del territorio de Catarina.

En ese radio de tierra poblada, los invasores yanquis asesinaron a mucha gente. Inclusive, capturaron a Benjamín  Zeledón y a otros combatientes, a los cuales, para implantar el terror entre los pobladores, los mataron a balazos, primero, y los arrastraron después a cola de caballo por las calles de Masaya.

Nadie juzgó, ni condenó a la cárcel a los invasores genocidas yanquis por estos nuevos crímenes, los cuales, por supuesto, han quedado impunes.

 

Como colorario de esta matanza o tragedia nacional, se produjeron los pactos o Tratado Chamorro-Bryan, mediante el cual los vende-patria Adolfo Díaz y Emiliano Chamorro, vendieron el territorio nacional por 99 años prorrogables al gobierno norteamericano. En ese tratado se vendía el territorio nacional, para que los yanquis, supuestamente, construyran el Canal, más una base naval en la Punta de Cosigüina.

 

Los yanquis tenían el territorio nacional ocupado cuando se produjeron nuevos pleitos entre los conservadores vende-patria y los liberales, estallando la Guerra Constitucionalista en 1926, mediante la cual se inició otra matanza interminable de nicaragüense, todo por el resguardo de los intereses de ambos grupos dominantes de la oligarquía nacional.

Como es conocido en la Historia Nacional, con la ayuda del General Sandino, los liberales vencieron a los conservadores, pero inmediatamente se produce otra venta desvergonzada del país a la misma potencia imperialista, otro pacto, bautizado por la gente como “El Pacto del Espino Negro”, donde José María Moncada, se vendió, se rindió ante las tropas gringas por un puñado de dólares y entregar los fusiles nacionales de la Guerra Constitucionalista a los genocidas norteamericanos.

Allí, bajo el Espino Negro de Tipitapa, terminó la Guerra Constitucionalista, y la patria era vendida esta vez, nuevamente, ahora por un liberal, cuyos intereses oligárquicos son igualitos a los de los conservadores.

Allí, bajo ese Espino Negro de Tipitapa, se inicia una nueva matanza de nicaragüenses humildes, que no han agredido al territorio norteamericano, una vez más ejecutada por tropas interventoras de Estados Unidos, y comienza también una de las páginas más heroicas en defensa de la Soberanía Nacional de Nicaragua, protagonizada por el grupo de hombres que integraron el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, jefeado por el General Sandino.

No vamos a contar aquí toda esa historia heroica, la cual se regó en esos días por el mundo entero. Las tropas interventoras anduvieron asesinando campesinos, a todos los que eran sospechosos de oponerse a la intervención militar gringa. Cuántos fueron asesinados por los militares genocidas invasores de Estados Unidos? Nunca se supo. Sí se conoció que “el pequeño ejército loco”, jefeado por el “General de Hombres Libres”, propinó derrotas tras derrotas al ejército invasor, hasta que fue expulsado en 1933, pero antes el gobierno de Estados Unidos dejó el nuevo gérmen de más matanzas: la fundación de la Guardia Nacional, o ejército de intervención disimulada.

Le pusieron como jefe al que fuera fundador de la tiranía genocida somocista, Anastasio Somoza García, quien puso a prueba las habilidades suyas y de la Guardia Nacional asesinando al mismo General Sandino y a la inmensa mayoría de los que habían integrado el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, especialmente allá en Wiwilí, a la orilla del Río Coco, acción de asesinato que el diabólico asesino llamó “Sandino o el Calvario de las Segovias”.

Con estos crímenes en Sandino y los miembros del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, comenzó otra era de matanzas (tragedia nacional) sistemáticas de la Guardia Nacional de la tiranía, de sus escuadrones de la muerte y de la Oficina de Seguridad, hasta que la dictadura genocida fue derrocada por la Revolución Sandinista el 19 de Julio de 1979. Los cálculos indican que entre 1934 y 1979, fueron asesinados más de 50 mil nicaragüenses.

El 31 de marzo de 1,931 se produjo el primer Terremoto de Managua, el cual dejó más de 3,000 muertos, no menos de 5,000 heridos y destruída completamente la ciudad. Managua estaba cruzada por más de 30 fallas geológicas activas, las cuales se sacudieron, se acomodaron esa mañana cuando el Sol alumbraba como nunca, pero prácticamente nadie sabía de la existencia de esas fracturas geológicas.

Según sismólogos, este Terremoto fue ocasionado esencialmente por los derrumbes producidos en el interior de la falla del Estadio.

Era una ciudad de taquezal. Managua fue, inmediatamente,  envuelta en una inmensa nube de polvo, lo cual contribuyó a que la situación se volviera más aterradora.

Para colmo del horror de los managuas ese día 31 de marzo de 1,931, los integrantes de los Batallones de Marinos Yanquis interventores de ese momento, le prendieron “un anillo de fuego” a la ciudad derrumbada por determinados rumbos geográficos de los cuatro costados, alegando que ese modo evitaban su quema total.

El incendio había comenzado en los Mercados Central y San Miguel, se dijo entonces. Además, los gringos interventores genocidas norteamericanos procedieron también a matar a balazos a todos aquellos pobladores que encontraban prensados en casas y edificios.

José María “Chema” Moncada Tapia, el vendepatria del Espino Negro, no hizo nada para impedir las matanzas que emprendieron los marinos yanquis en aquel escenario dantesco, donde la sangre de los vivos y de los muertos se mezclaba con el polvo y el lodo y se resbalan suavemente hacias las aguas del Lago Xolotlán o de Managua.

Una tragedia de grandes proporciones la ocasionó el Volcán Cerro Negro en 1947. La lava, cenizas y otros materiales volcánicos expulsados, causaron daños graves en la ciudad de León, Telica, Quezalguaque, Malpaisillo, Posoltega y Chichigalpa.

Debido a esta portentosa erupción, las casitas campesinas de poblados como El Tololar, Los Pocitos, Monte Redondo, Palo de Lapa y otros, quedaron destruídas y sus pobladores huyeron hacia el lado de los Hervideros de San Jacinto, donde nació ese poblado llamado San Jacinto, situado entre los Volcanes San Jacinto y Rota.

Tampoco hay datos sobre cuántos fueron los muertos, y tampoco existen detalles sobre la destrucción de cultivos y viviendas.

Tres años después, en 1950, cuando cumplía un siglo de su nacimiento, el Volcán Cerro Negro volvió a flagelar gravemente a la ciudad de León y a los pueblos de Telica, Quesalguaque, Posoltega y Malpaisillo.

Se sabe que dejó pérdidas gravísimas en los cultivos de maíz, frijoles, millón de maceta, sandías, pipianes, ayotes, de todo lo cual dependían los campesinos en esos días de 1950.

El Volcán Telica, ubicado frente al Cerro Negro y en la misma Cordillera de los Maribios, desató también una fuerte erupción en esos días de 1950, lo cual provocó más terror entre los habitantes del territorio leonés.

La cadena de tragedias ocasionadas por el Cerro Negro volvieron en 1957. En ese año vomitó abundante lava para el lado de Malpaisillo y sus columnas de cenizas se elevaron a 2,000 metros de altura.

Para entonces, ya estaban en su apogeo los cultivos de algodón, lo cual aunmentó las pérdidas económicas para el país. Hubo, otra vez, gran destrucción de viviendas campesinas y de la ciudad de León. No hay reportes oficiales sobre muertos, pero se afirma que murieron animales domésticos y silvestres por la influencia de las cenizas.

Una de las erupciones volcánicas más publicitadas que recuerda la Historia en Nicaragua fue la del Cerro Negro, otra vez, en 1968, cuando el apogeo de la producción algodonera estaba en su máxima expresión.

Esa erupción ocasionó daños muy graves en prácticamente todas las casas de la ciudad de León, en los cultivos de unas 150,000 manzanas de algodón, de maíz, trigo, yuca, en los árboles frutales, en los caminos…

Hubo hambruna en los poblados campesinos, y las casas cayeron por centenares, especialmente en León y las zonas campesinas más cercanas del Volcán Cerro Negro. Se dijo entonces que los algodoneros y finqueros habían tenido pérdidas muy elevadas, debido a daños en la mota blanca y porque se murieron miles de animales que no podían comer por la invasión de arena y cenizas en las plantas, las frutas y los granos.

 

No hubo reporte de muertos, pero recuerdo que los pobladores de comarcas cercanas al Cerro Negro huyeron nuevamente para el lado de San Jacinto, a Malpaisillo, a La Paz Centro, y habitantes de la ciudad de León emigraron también hacia el lado de Chinandega, o para el lado de La Paz Centro.

 

La tragedia volvió en 1971 cuando el Cerro Negro lanzó al espacio una de sus más violentas erupciones en el Siglo 20. Las cenizas y arenas se elevaron hasta 5,00 metros de altura, y cayeron sin piedad sobre la ciudad de León, en las habitaciones de Telica, Quezalguaque, Posoltega, Chichigalpa, los caseríos campesinos ubicados cerca de sus faldas.

Para entonces, esas cenizas sepultaron enormes extensiones de cultivos de algodón, maíz, frijoles, hortalizas, trigo, sorgo, y los pobladores salieron nuevamente en estampida hacia el lado de Telica, Malpaisillo, El Sauce, La Paz Centro, y los pobladores de León, según se dijo, se negaban a salir de su ciudad, a pesar del inmenso castigo que estaban sufriendo.

Recuerdo que los cultivos de algodón, maíz y demás lucían “quemados”, mientras el ganado prácticamente se negaba a comer la hierba, hojas y ramas de árboles, porque estaban llenas de arena y cenizas.

Centenares de casas de León se vinieron al suelo, y recuerdo que se cayó completamente la casa campesina en que vivimos mi madre Rosa Pérez Juárez, mi padre Octavio Barreto Centeno, mis hermanos y yo en La Lanceña, en la comarca de El Tololar, cercana a la ciudad de León.

Una de las cosas curiosas que recuerdo de ese año, es que aparecieron muertos miles o millones de palomas, conejos, cusucos y garrobos, en las cercanías del Cerro Negro, al parecer porque no encontraban qué comer.

Recuerdo que los campesinos con la cabeza cubierta por trapos se subían varias veces al día a los techos de las casitas, para botarles de encima la arena y cenizas, porque el peso amenazaba con derrumbarlas, lo que finalmente ocurría, porque la erupción no cesaba y la arena parecía una lluvia constante.

Recuerdo también que los tractores orugas de la Alcaldía y de finqueros leoneses eran usados para remover la arena en las calles de León, y al mismo tiempo esas enormes cantidades de arena fina eran montadas en los trailers que servían para transportar algodón de los plantíos a las demostadoras.

La situación de tragedia natural fue salvada por una lluvia, no muy fuerte, y llegó como milagrosa, para limpiar de arena las hojas y hierbas, comida natural de las vacas, conejos, etc.

Sin previo aviso, se movieron nuevamente las fallas más grandes del subsuelo de Managua…!y la capital nicaragüense trepidó como sacudida por un gigante y cayó de bruces al suelo!, aquel 23 de diciembre de 1,972, a media noche, cuando la inmensa mayoría de los capitalinos se aprestaban a celebrar la “Noche Buena” o Navidad.

Esta vez se sacudieron, acomodaron o movieron, las fallas geológicas de Tiscapa, Chico Pelón y de los Bancos.

Hubo más de 10.000 muertos (20 mil muertos, afirman algunos autores nacionales), 20,000 ó más heridos, destrucción casi total de la ciudad, las casas cayeron como naipes tirados al suelo, miles de seres humanos quedaron prensados de manera horrible como acontenció en los edificios del Hotel Reisel, Hotel Balmoral, Farmacia Managua, en las cárceles de El Hormiguero, donde yo estuve preso hasta la nueve de la noche de ese día 23 de diciembre.

Dichosamente salí tres horas antes del Terremoto, pues centenares de presos murieron aplastados por paredes y por las balaceras que desataron los guardias genocidas del somocismo.

Pude ver personalmente a esos seres humanos, moribundos o muertos, prensados en edificios, porque una media hora después de ocurrido el Terremoto anduve ayudando (con Guillermo Baltodano Serrano) a sacar muertos y heridos de entre los escombros, hasta el siguiente día en la tarde.

Los incendios comenzaron inmediatamente en los Mercados San Miguel y Central y se extendieron sin que nadie los pudiera controlar. Recuerdo que una nube de polvo cubrió la zona central de la ciudad, como consecuencia de que todavía exisitían centenares o miles de casitas de taquezal, las cuales fueron las primeras en derrumbarse aparatosamente.

 

Y para añadirle más tragedia, el dictador Anastasio Somoza Debayle, llamó a los marinos yanquis del Canal de Panamá, porque su guardia genocida se le había desbandado durante el terremoto.

 

Y, por supuesto, ya repuestos del susto, los guardias nacionales genocidas somocistas aparecieron en labor de saqueo en los principales centros comerciales de la ciudad, especialmente en los más surtidos de la Avenida Roossvelt, igualito a lo que hicieron los marinos invasores yanquis cuando el Terremoto de 1,931.

Después, Somoza Debayle, los generales, coroneles, mayores de la guardia genocida y funcionarios privilegiados de la dictadura, se robaron las donaciones que llegaron por miles de toneladas del exterior para los damnificados. Tiene ésto algo de parecido con la realidad que ocurre ahora, después del Huracán “Mitch”?

Me acuerdo que días antes del Terremoto de 1972, el ingeniero Carlos Santos Berroterán, especialista en asuntos sísmicos y estudioso de la historia sísmica de Managua, pronosticó que habían condiciones propicias para producirse un temblor fuerte en Managua.

Pero Somoza Debayle no le hizo caso. Acierto o no, el Terremoto se produjo y las consecuencias fueron muy graves. Santos Berroterán sostenía entonces la teoría de que los temblores grandes podían repetirse cada 25 ó 30 años, según estudios especializados hechos en otras partes del mundo.

El Huracán “Alleta” ocasionó 100 muertos a su paso por Nicaragua el 24 de mayo de 1982.

Los daños materiales fueron incalculables en todo el país, y no se me olvida que inicialmente este Huracán “Alleta”, con características de Tormenta Tropical se estacionó 72 horas en el Este, en el Océano Atlántico, mientras se llegó a contar “once días seguidos de temporal”.

Hubo 35 mil refugiados, 40 puentes fueron destruídos totalmente, centenares o miles de kilómetros de carreteras y caminos fueron barridos por las correntadas.

Trechos de centenares de metros fueron arrancados totalmente en la carretera León-Managua, por ejemplo. Igual que con el Huracán “Mitch”, las carreteras se tornaron intransitables hacia el Occidente y Norte de Nicaragua.

En el poblado de Las Calabazas, por ejemplo, hubo desastre total; en la Cuesta del Coyo se registraron  derrumbes que impidieron el paso de vehículos, en el Paso de Panaloya, recuerdo, desapareció una mujer cubana, y la gente fue refugiada en 65 colegios de todo el país.

Esta fue otra experiencia inolvidable, porque vi personalmente a los recién estrenados dirigentes gubernamentales revolucionarios trabajando bajo los intensos aguaceros incesantes de día y de noche.

Se pusieron a prueba los niveles de organización y convocatoria del Frente Sandinista y del gobierno revolucionario, que en esos momentos despertaba un nivel de solidaridad jamás visto y conocido en toda la Historia Nacional.

Pude ver, por ejemplo, en labores de evacuación, bajo los intensos aguaceros y “chapeleando” corrientes,  a los comandantes Daniel Ortega Saavedra, Tomás Borge Martínez y Luis Carrión Cruz, el entonces Alcalde Samuel Santos, el Secretario político Carlos Carrión Cruz, entre otros, quienes bajo los intensos aguaceros evacuaban a miles de personas de la costa sur del Lago de Managua.

Me acuerdo que todos cargábamos camas, trastos de cocina, niños pequeños o ancianos y caíamos con ellos al lodo o en la corriente, pero los sacábamos hasta llevarlos a refugios como el Instituto Maestro Gabriel, al Instituto Experimental México, el Instituto Elvis Díaz Romero, etc.

Por estas inundaciones nacieron los barrios René Cisneros y Jorge Dimitrov, en cuyas primeras construccines trabajamos centenares de pobladores de Managua.

A esos dos sitios llevamos gente pobre, cuyos mamarrachos viejos se les habían inundadado completamente en los predios del Mercado Oriental. Por supuesto, no vi a los burgueses y oligarcas tradicionales, ni a sus escritores, ni a sus cardenales, ni a sus obispos, cargando en brazos a la gente humilde como nosotros lo hacíamos, porque ellos tienen manitas, pies y ropas de vírgenes. Sería un pecado que ellos se ensucien como los mortales que andábamos allí entre las correntadas.

El Huracán “Joan” (Juana), atravesó el territorio nicaragüense, de Este a Oeste, rebasó los 200 kilómetros de ancho en la parte más violenta, entre los días 21 y 23 de octubre de 1988.

Tenía un “ojo” de 30 kilómetros de diámetro. Nació en las costas de Africa, en el Atlántico, y ocasionó tan sólo 166 muertos, once heridos, un desaparecido; 6, 197 damnificados, 19 mil 120 evacuados, 682 viviendas destruídas y 278 semidestruídas, porque entonces funcionaba el gobierno revolucionario sandinista, responsable, sensible a los problemas de los pobres, valorador excepcional de la vida de los nicaragüenses.

En cuanto el Centro Meteorológico de Miami y su homólogo nacional, el Instituto de Estudios Territoriales, dieron la voz de alarma de la formación del Huracán a varios miles de kilómetros al Este de las costas nicaragüenses, el régimen sandinista reunió de emergencia al gabinete de gobierno, decretó Emergencia Nacional, personalmente el jefe del gobierno, Daniel Ortega Saavedra, se trasladó a Bluefields, para organizar la evacuación allí, porque según los cálculos ese sería el sitio más golpeado por el paso del Huracán “Joan”.

Efectivamente, el Huracán “Joan” en su carrera enloquecida de 217 kilómetros por hora saltó raudo del Océano Atlántico al territorio nacional firme por  Corn Island y Bluefields, donde centenares de viviendas quedaron destruídas totalmente y dañadas, miles de animales domésticos murieron y las inundaciones fueron brutales, pero pocos murieron allí, debido a las previsiones gubernamentales de alertar a todo el país, el cual fue organizado en todos sus cuatro costados, en función de salvar vidas y evitar la destrucción generalizada.

Esta organización generalizada, me acuerdo bien, permitió a centenares de miles de personas, irse a refugios, subirse a los cerros y colinas, alejarse de los ríos, de las costas, de los cauces y de los cables de alta tensión.

Del mismo Lago de Managua, sus habitantes fueron evacuados a refugios seguros un día antes de que el Huracán “Joan” entrara al territorio nacional. Tiene algo de parecido esta organización con la actitud irresponsable de Arnoldo Alemán Lacayo y su gobierno?

Tampoco allí vi a los Pellas, ni a los Montealegre, ni a los Alemanes, ni a los Lacayo, ni a los Robelo, ni a los Chamorro Cardenal, ni a los Reagan, ni a los Bush…!no, no!, ellos “dioses” mavarillosos del dinero, que no pueden andarse mezclando con la “chusma”, a la cual diligentemente, eso sí, le chupan la sangre por medio de sus fábricas, bancos y comercios.

uando este Huracán “Joan” golpeaba al país entero, otra tragedia brutal se estaba desarrollando desde 1981, año en que el gobierno genocida de Ronald Reagan y los mercenarios del somocismo habían emprendido otra matanza en Nicaragua, que se calcula anduvo por otros 40 mil nicaragüenses.

 

Toda la inquina criminal del genocidio norteamericano, puesto en práctica al mejor estilo de hampones internacionales, se debió a que no perdonaron que la Revolución Sandinista haya derrocado y aniquilado la maquinaria genocida somocista que ellos, el gobierno invasor yanqui, organizaron como ejército interventor en 1927, como consecuencia de los pactos vende patria del Espino Negro entre José María Moncada y Míster Stimpson.

Sí, los yanquis, genocidas de siempre, invasores de tierras ajenas desde siempre, mataron a otros 40 mil nicaragüenses en Cooperativas agrícolas, poblados campesinos, en emboscadas, destrucciones de puentes, carreteras, tanques de combustible…

 

La Corte Internacional de La Haya (Organismo Judicial de las Naciones Unidas) condenó a Estados Unidos, en junio de 1986, a pagar 17 mil millones de dólares a Nicaragua por estas matanzas y daños materiales, pero como siempre estos genocidas se burlaron de la justicia internacional con la complicidad plena de Violeta Barrios viuda de Chamorro, presidenta de Nicaragua entre 1990 y 1996, y que le hizo el gran favor a los somocistas de devolverles muchas de las propiedades justamente confiscadas.

Otros 100 muertos se sumaron a la lista interminable de tragedias humanas en Nicaragua al ocurrir el Maremoto de 7.2 grados, el 2 de septiembre de 1992, a las siete y 15 minutos de la noche, en casi toda la costa del Océano Pacífico nicaragüense, desde San Juan del Sur hasta Corinto y Jiquilillo.

Según el Instituto de Estudios Territoriales (INETER), las placas submarinas de Coco y Caribe, del Círculo de Fuego del Océano Pacífico frente a Nicaragua, rompieron el silencio una vez más, y desencadenaron un Sismo de 7.2, el cual empujó las aguas marinas hasta 200 metros adentro de tierra firme, con olas de hasta 10 metros de altura,  dejando desolación y muerte en 47 poblados costeros, entre otros, San Juan del Sur, Huehuete, La Boquita, Pochomil, Masachapa, el Tránsito, Miramar, Salinas Grandes, Las Peñitas, Poneloya, Corinto, Jiquilillo, Padre Ramos, e inclusive se sintió en la vuelta de la Península de Cosigüina hacia el Golfo de Fonseca.

Los Diarios nacionales de esos días (BARRICADA, El Nuevo Diario y LA PRENSA) registran 100 muertos, 700 personas desaparecidas, 300 heridos, 15 mil damnificados, 815 casas destruídas, utensilios hogareños, electrodomésticos (televisores, refrigeradores, grabadoras, tocadiscos, planchas) y animales domésticos arrebatados por las descomunales correntadas de retorno, después de los colosales golpes de las olas marinas.

Algunas familias no volvieron a ver, ni muertos, a sus niños, padres, madres o hermanos, porque las olas marinas se los arrebataron y se los llevaron hacia dentro del mar, el cual no los “vomitó” de regreso.

Mediante un reportaje especial, el Diario BARRICADA informó que, entre otras especies marinas, habían muerto más de un millón de tortugas al ocurrir el Maremoto.

En este caso, el gobierno de Violeta Barrios viuda de Chamorro se portó “decente”, pues en forma inmedia creó un Comité de Emergencia Nacional para atender a las víctimas del Maremoto.

Otra tragedia nacional, aunque no se reportan muertos, fue la ocurrida al entrar a territorio nacional el Huracán “César” el 27 de julio de 1996, a las once de la noche.

“Pavorosa devastación”, tituló el Diario BARRICADA al día siguiente, mientras una crónica periodística y fotografías describían, realmente, la destrucción generalizada dejada por el paso del Huracán “César” en Bluefields, Corn Island y toda la zona central de la Costa Atlántica de Nicaragua. Las pérdidas fueron valoradas en 14.5 millones de dólares.

Luego vino el Huracán “Mitch”, cuyo paso devastador se unió al ya establecido, permanente, Huracán Neoliberal de los gobiernos de Violeta Barrios viudad de Chamorro y de Arnoldo Alemán Lacayo, caracterizados por el saqueo acelerado de los recursos naturales y financieros nacionales, provocación de hambruna y desempleo generalizado, desarticulación ded bancos con fines no aclarados todavía…

Y llegó también la “Temporada de Huracanes”, en 1999, la cual está  profundizando los daños humanos y materiales dejados por el Huracán “Mitch”.

 

 

Heroica labor

del Ejército

 

Las labores de salvamento del Ejército de Nicaragua fueron vitales para que miles salvaran sus vidas, mientras estaban atrapados por correntadas violentísimas, subidos en los árboles (por ejemplo, en San Francisco Libre, el Río Coco Arriba y Prinzapolka) y rodeados de masas inmensas de agua como en el norte del Lago de Managua, o por estar entrapados en la avalancha colosal del Casitas.

Un informe oficial del Ejército de Nicaragua, fechado el 22 de noviembre de 1998, indica que Unidades del mismo Ejército iniciaron evacuaciones de poblaciones afectadas por las inundaciones el día 27 de octubre, “por disposición del Comandnte en Jefe, el cual activó el Grupo de Crisis del Estado Mayor General, pasando a Elevada Disposición Combativa todas las Unidades del Ejército de Nicaragua”.

Ese mismo informe detalla que hubo 3,045 muertos, 304 refugios, 17 mil 566 viviendas dañadas y 23, 854 casas destruídas.

Calcula el informe que el 80 por ciento de los muertos se produjo en Chinandega y León, y el resto en Matagalpa, Jinotega, Nuneva Segovia, Estelí, Madríz.

La Fuerza Aérea del Ejército de Nicaragua trabajó durante 23 días seguidos en labores de rescate de niños, mujeres, ancianos, hombres y viejos, que estaban atrapados por las correntadas, o en comunidades aisladas.

Estas labores de la Fuerza Aérea comenzaron el 29 de octubre con 6 helicópteros. En los primeros dos días, 29 y 30, sólo pudieron realizar 7 vuelos, debido a que las condiciones climatológicas o lluviosas, no lo permitían. En esos dos días rescataron a solo 100 personas.

A partir del sábado 31, las condiciones del tiempo mejoraron un poquito, y se pudieron realizar 36 horas diarias de vueltos hasta el tres de noviembre, dando como resultado el rescate de 1, 800 personas, entre niños, mujeres, ancianos, inválidos.

 

Al quedar limpio el cielo de lluvias, se efectuaron 18 vuelos diarios. Al 21 de noviembre habían evacuado (rescatado) a 3, 369 personas y transportado, al mismo tiempo, 1, 534, 089 libras de alimentos, medicamentos y frazadas para los damnificados.

En los primeros días de noviembre se les incoporaron ocho helicópteros norteamericanos. Estos efectuaron traslados de alimentos y medicinas a centros de refugiados en la Zona Norte y Occidente del país.

México mandó 6 helicópteros, los cuales realizaron 106 vuelos, rescataron 413 personas y transportaron 381, 314 libras de alimentos y medicinas.

Francia mandó una Brigada de Defensa Civil, integrada por 60 personas, las cuales se dedicaron a labores de salvamento y de incineración de cadáveres en Posoltega.

Fuerzas combinadas de Inglaterra y Holanda, señala el informe del Ejército, compuesta por 1, 037 efectivos, arribaron a la Costa Atlántica el ocho de noviembre. Estas fuerzas se desplegaron con el Ejército de Nicaragua en el Atlántico Norte, en Waspán, Siksa, Yari, Tuburús, Cabo Gracias a Dios, Raití y San Andrés de Bocay, donde prestaron auxilio a comunidades indígenas, calculadas en unas 20,000 personas.

Frente a la Emergencia, el Ejército, junto a los Bomberos de SINACOI, se dispuso con sus Unidades Ingenieras de Caminos a ayudar a la gente a cruzar los puentes caídos en occidente y en el norte, a construir vados y a colocar puentes portátiles, con el fin de que el tránsito empezase a circular entre distintas ciudades  y Managua. Esto facilitó el avance de las unidades o maquinaria pesada del Ministerio de la Construcción y Transporte.

Este informe precisa que 146 localidades o pueblos quedaron incomunicadas por la vía terrestre, en 38 municipios. Asimismo, que 86 municipios (el país tiene ya 150 municipios), ciudades y poblados quedaron sin energía eléctrica a partir del 31 de octubre, debido a la destrucción de la Planta Eléctrica Santa Bárbara o Carlos Fonseca Amador.

El informe del Ejército hace mención también del problema de que los desbordes enormes de ríos provocaron el descubrimiento de minas explosivas, lo cual puso en mayor peligro a miles de personas, especialmente en el campo.

El Ejército de Nicaragua condecoró a varios de sus pilotos por haber cumplido jornadas realmente heroicas en los rescates aéreos, mediante los cuales se les salvaron sus vidas a miles de campesinos cuando éstos estaban entrampados en lodo, correntadas, o rodeados de marejadas de agua.

 

 

 

Técnico llora

Y lanza carta abierta:

 “Alemán incapaz

e irresponsable”

 

 

Así tituló El Nuevo Diario una carta del técnico Elmer Zelaya Blandón, candidato a doctor en Epidemiología, fechada el primero de noviembre de 1998, cuando ya se conocía de sobra en el país el comportamiento irresponsable, burlesco y criminal del presidente Arnoldo Alemán Lacayo, porque no mandó a prevenir la tragedia, la cual fue avisoraba al menos con diez días de anticipación, según los registros históricos de seguimiento a la Tormenta y Huracán por parte del Instituto de Estudios Territoriales (INETER) y del Centro de Huracanes de Miami.

 

Es de sobra conocido como Alemán Lacayo se burló de la Alcaldesa de Posoltega, Felícita Zeledón Rodríguez, cuando ésta informó, con “un nudo en la garganta”, el sábado 31 en la mañana, que al menos mil seres humanos habían muerto en su municipio chinandegano, lo cual hizo por la vía telefónica a Radio Ya. !La Alcaldesa se había quedado corta en sus cálculos sobre los muertos! en las Colonias Rolando Rodríguez y El Porvenir.

 

La “carta abierta”, dirigida a Alemán Lacayo, dice:

 

Dr. Arnoldo Alemán Lacayo, presidente de la República de Nicaragua.

 

Su despacho.

 

Estimado Dr. Alemán: Soy el coordinador nacional de los Hermanamientos entre Austria y Nicaragua. Cuando le escribo estas líneas estoy llorando. Lloro de indignación y lo peor, de IMPOTENCIA.

 

Le escribo en mi carácter personal amparado en los derechos que me brinda la Constitución de Nicaragua. Nací en la zona de Somotillo-Cinco Pinos, una de las más golpeadas por el Huracán “Mitch”. Le repito, le escribo en mim carácter personal, no porque me dé miedo de perder mi cargo sino porque no quiero comprometer a ninguno de los Comités en Austria y Alemania, que actualmente represento.

Durante el Huracán “Juana” en 1988 y durante la erupción del Cerro Negro de 1992 estuve coordinando  por parte del Movimiento Comunal de León con otros compañeros la evacuación y el rescate de nuestra población, la cual fue exitosa. Tengo experiencia en este tipo de desastres.

Le repito, estoy llorando como cuando era un niño. Yo creía que las lágrimas se me habían acabado en la guerra. Trataré, sin embargo, de controlar mis emociones para expresarle mis reflexiones sobre dos experiencias vividas.

Para el HURACAN JUANA de OCTUBRE 1988, con mucho tiempo de antipación habían brigadas de rescate con alta participación popular, la población conocía con tiempo las medidas a tomar, los puntos de evacuación con planes A, B, C y D dependiendo del rumbo que tomara el Huracán. Las Radios orientaban al pueblo con un mismo mensaje y se informaba a la población los datos del Centro Nacional de Huracanes de Miami, para conocer en cada momento la posición del fenómeno y los peligros que representaba.

 

Con mucho tiempo antes se controlaba la alimentación, los equipos de comunicación y salvamento. Habían estudiantes de medicina y médicos voluntarios en brigadas con medicamentos suficientes a pesar de la Guerra.  En el mensaje a la nación, se llamó a la unidad del pueblo, de los partidos políticos, de las organizaciones, de la Iglesia, etc. A pesar de la Guerra y la alta polarización política se trató de unir a la nación frente al desastre. Todo el pueblo unido y organizado enfrentó los embates de la Naturaleza. Los centros de refugio atendían  incluso la recreación  de los niños para evitar que se traumatizaran. LA SERIEDAD DE LOS GOBERNANTES, UN MENSAJE COHERENTE Y LA SOLIDARIDAD INFINITA DEL PUEBLO fueron de un valor incalculable.

 

Resultado: las pérdidas fueron enormes, las pérdidas humanas fueron reducidas a pesar de que el fenómeno nos golpeó directamente y que aún estábamos en Guerra. Para el Gobierno de ese entonces, la prioridad era SALVAR VIDAS HUMANAS.

 

Para el HURACAN “MITCH” de OCTUBRE 1998, usted no asumió con seriedad su papel como Presidente de la República. No se preparó al país con antelación ante las posibles y distintas rutas que pudiera tomar el fenómeno. En momentos como éstos la figura del Presidente, su alta investidura y su mensaje es de vital importancia para que las instituciones, las organizaciones, la comunidad internacional y sobre todo el pueblo unifiquen acciones, conceptos y recursos que permitan reducir el impacto del desastre.

 

En uno de los momenos pico horas antes de la tragedia, Usted en una vista a La Chureca declaró con muy poca seriedad y cierta chabacanería a la Televisión Nacional, subestimando al fenómeno y aseguró que según el INETER el fenómeno se alejaba y que iba con rumbo a Yucatán. En un momento de desastres naturales es VITAL que los máximos líderes del país alerten a la población  y tengan listos distintos  plantes contingentes  con los medios suficientes preparados  con antelación  donde ante cualquier  cambio repentino  de circunstancias  haya una respuesta efectiva por parte del Estado y sus instituciones.

Es muy difícil, señor Presidente, para una organización popular y un Alcalde convencer a la población a tomar medidas extraordinarias  si el presidente del país  dice que no hay peligro y que no hay una Emergencia Nacional.

La Presidencia de un país es un cargo de muy alta responsabilidad y usted no estuvo a la altura. Me quedé estupefacto cuando oí sus declaraciones pues según mi secuencia de fotos satelitales claramente el fenómeno iba variando su latitud y longitud con dirección hacia Nicaragua.

Usted dividió al país ofendiendo a sectores importantes de la nación argumentando que no declaraba la Emergencia  Nacional para evitar malos manejos de la Ayuda Internacional. El concepto EMERGENCIA NACIONAL ayuda para que la gente crea que de verdad hay un  peligro inminente. Su prioridad, Sr. Presidente, fueron los frijoles y las Papas que vinieran del exterior. Su prioridad no fue SALVAR VIDAS HUMANAS.

 

Un Huracán  con la potencia del “Mitch” es altamente destructivo y con un país con un 70% de la población en pobreza extrema y un 30% de analfabetismo es altamente vulnerable.

En este momento no hay comida en muchos lugares. Las carreteras están bloqueadas y la infraestructura sanitaria destruída. No hay medicamentos, el sistema de salud está en bancarrota y lo que es peor no hay un mensaje coherente, aglutinador y esperanzador a la Nación para enfrentar los efectos del Huracán. Probablemente hayan personas aplastadas en el lodo que pudieran aún salvarse con equipo especializado tipo 9:11 de otros países,  que se hubiera pedido a tiempo, se habría logrado.

¿Cuántas personas murieron?  ¿Cuántas personas fueron lesionadas? ¿Cuántas son las péridas materiales? En este tipo de desastres  siempre hay muertos, lesionados y pérdidas. De ese número típico de muertos no quiero culparle. ¿Pero cuántas de las muertes, lesiones y pérdidas pudieron EVITARSE y sucedieron por la enorme IRRESPONSABILIDAD e INCAPACIDAD con la que Usted y su Gobierno actuaron? Tal ésto nunca se sabrá.

 

Dr. Alemán,  no quiero seguir escribiendo porque no quiero seguir llorando. Pienso que hay que ir a trabajar ayudando a las víctimas. Le ruego me perdone si le he ofendido. Pido también disculpas a sus correligionarios por lo expresado en esta carta. Sé que muchos de ellos sufrieron las consecuencias del Huracán y se entregaron de todo corazón a salvar al pueblo. Soy testigo que la mayoría  de los alcaldes liberales y sandinistas se pusieron a la altura. Pero a Usted, permítame decirle, con todo el respeto que se merece: DESDE UN PUNTO DE VISTA TECNICO, SU ACTITUD FRENTE A ESTE DESASTRE PUSO EN PELIGRO  LA SALUD PUBLICA DE ESTE PAIS. Si ese fue su error de su parte, pídale perdón a este pueblo  y decrete ya no el Estado de Emergencia sino  al menos tres días de duelo nacional por las víctimas de Posoltega y de todo el país.

 

Si Usted no le pide PERDON por razones políticas o por arrogancia, mi humilde oipinión  no es de que Usted Renuncie como lo piden miles de personas en Nicaragua y en el exterior, sino de que Usted y algunos de sus Ministros  debieran ir a la CARCEL.

 

Sin más a que referirme, le saluda Cordialmente,

 

Elmer Zelaya Blandón, Lic. Med. Sci,  Candidato a Doctor en Epidemilogía, Universidad de Umea, Suecia.

 

Burla criminal

 

Las burlas e irresponsabilidad de Alemán Lacayo cayeron muy mal por todos lados, pues a pesar de cartas públicas como ésta, continuó diciendo que no había Emergencia y que todo “está volviendo a la normalidad”, o decía “ya está saliendo el Sol”, mientras de San Francisco Libre y del Río Coco Arriba, por ejemplo, llegaban los mensajes desesperados pidiendo auxilio, porque al menos quince mil personas estaban subidas en árboles altos, padecían hambre y ya se estaban muriendo por enfermedades.

Para colmo,  mentras la gente se ahogaba en Ciudad Darío y comunidades aledañas, el Alcalde liberal se escondió, lo cual terminó de colmar las indignaciones de las víctimas de las correntadas, las cuales casi linchan a Alemán Lacayo cuando éste llegó el cinco de noviembre de 1998, a Darío. Sus guardaespaldas, tuvieron que rodear a Alemán Lacayo y sacarlo de Ciudad Darío de forma inmediata.

Otro episodio de repudio generalizado contra Alemán Lacayo se presentó en León, donde le gritaron mil improperios impublicables y le tiraron pedradas al vehículo superlujoso en que viajaba, como siempre, con una enorme caravana de serviles rastreros detrás suyo.

Alemán Lacayo no decretó la Emergencia Nacional, pero integró un Comité de Emergencia, en el cual puso al Vicepresidente de la República, Enrique Bolaños Geyer, un ultraconservador burgués tan insensible como el mismo Alemán Lacayo.

Además, con fines politiqueros, ordenó que los Comités de Emergencia Departamentales y Municipales se integraran con sacerdotes a la cabeza,  sustituyendo de esa manera a los Alcaldes sandinistas y liberales, lo cual pareció obedecer  a una “paga política” a la Iglesia Católica, cuyo Cardenal, Miguel Obando Bravo, le hizo el favor de hacerle propaganda política electoral dentro de la Catedral Metropolitana (en 1996) cuando ya se había decretado “el silencio electoral”.

Obando Bravo, quien ha actuado como si fuera el jefe del Partido Liberal somocista, habló en la Catedral de una bívora coral (serpientes con colores rojinegro), lo cual era, en realidad, una “parábola” política en favor de los liberales.

El vaso se rabalsó cuando pocos días después, personalmente Alemán Lacayo llegó a Posoltega, donde propuso a los sobrevivientes del derrumbe del Casitas que se fueran a cortar café a los cafetales de Matagalpa y Jinotega.

Esto cayó profundamente mal entre los sobrevivientes de las Colonias Rolando Rodríguez y El Porvenir, la inmensa mayoría de los cuales habían perdido a casi todos sus familiares y lo que más esperaban era ayuda solidaria, comida, ropa, techo, tierras, cobija, consuelo por el inmenso dolor que sentían y siguen sintiendo por la pérdida sus seres más queridos, como el caso de la familia Sandoval.

Por supuesto, tal charlanatería le fue rechazada a Alemán Lacayo por los sobrevivientes y la misma Alcaldesa Felícita Zeledón Rodríguez, quien le solicitó tierras para las nuevas casas y cultivos agrícolas de los damnificados, pero nada de éso fue resuelto.

Como para completar la burla, Alemán Lacayo emitió un decreto confiscatorio, declarando parque o cementerio todo el sitio en que se produjo el derrumbe del Casitas, lo cual fue considerado por los sobrevivientes de las Colonias  Rolando  Rodríguez y El Porvenir como una maniobra sucia para terminar de despojarlos de sus tierras en Posoltega.

 

“EJERCITO RESULTA SER “EL CHAVALO” DE LA PELICULA”

 

“GOBIERNO MAL PARADO EN ENCUESTA SOBRE EL “MITCH”

 

“NO HUBO PREVISION NI ACTUACIONES OPORTUNAS”

 

De ese modo titulaba El Nuevo Diario una encuesta realizada por la Revista “Envío” días después sobre el comportamiento del gobierno antes,  durante y después del Huracán “Mitch”.

El 76 por ciento de los encuestados criticaron severamente al gobierno por la falta de previsión en relación a la presencia del Huracán, y debido a que cuando ya estaba la Emergencia, continuó actuando muy mal.

En cambio, los encuestados en general elogiaron la actuación del Ejército de Nicaragua, cuyos oficiales se pusieron a trabajar en labores de salvamento de los primeros momentos en que vieron que las correntadas estaban ahogando a la gente por todos lados.

 

 

La “incertidumbre

de seguir viviendo”

 

Después del derrumbe, deslizamiento, alud o avalancha del Casitas, ha quedado más o menos establecido que las familias Sandoval Hernández y González Centeno, fueron de las más golpeadas, pues en ambos casos los muertos oscilaron entre 80 y 100 miembros, todos “tragados” por el lodo del “deslave”.

Deyanira Sandoval, jovencita, decidió quitarse la vida (suicidarse) al saber que prácticamente toda su familia había perecido sepultada  por millones de toneladas de lodo, rocas y árboles “chorreados” hacia abajo desde la cúspide del Casitas o Apastepe.

Deyanira no soportó verse solita, después de haber tenido semejante compañía o familión, ubicado en las Colonias Rolando Rodríguez y El Porvenir.

 

Deyanira estaba trabajando esclavizada en Costa Rica, cuando ocurrió la tragedia. Inicialmente, lloró y lloró en Posoltega, donde anduvo dando vueltas, como enloquecida, y finalmente se suicidó.

Ana Francisca, joven de 20 años, una de los sobrevivientes de la misma familia Sandoval Hernández, estaba sentada en una acera, con la mirada perdida en el horizonte pavimentado y lleno de casas, cuando la encontré en Chinandega.

 

“Mi hermana Yanet y yo pasamos día y noche con temores profundos…al menor ruido, cuando se está poniendo oscuro o nublado sobre Posoltega, al llover fuerte en las cercanías del Casitas, inmediatamente vuelven los recuerdos trágicos de toda nuestra familia muerta, y nos invade la idea de que podría ocurrir otro derrumbe horrible”, responde Ana Francisca al ser preguntada sobre su futuro.

Además, Ana Francisca es atrapada aún actualmente (octubre de 1999) por la incertidumbre de cómo seguir viviendo, porque ellas perdieron a toda su familia, todos los enseres domésticos familiares, las casitas, las gallinas, los cerdos, las tierras, !todo!

“No tenemos nada, andamos posando donde amigos o conocidos, y al mismo tiempo el gobierno insensible y brutal, no nos resolvió nada a los sobrevivientes, al contrario, los gobernanentes parecieron burlarse de nuestra tragedia”, añadió Ana Francisca al ser abordaba en una de las calles de Chinandega, donde andaba en busca de ayuda para comprar medicinas.

Su familia trabajaba la tierra en El Porvenir y Rolando  Rodríguez, y de éso, más las labores productivas hogareñas, vivían en condiciones de pobres… “comíamos de alguna manera”.

Hoy ambas jóvenes recorren las calles de Chinandega en busca de trabajo como domésticas en las casas de comerciantes o de familias acomodadas.

“El futuro nuestro y de los demás damnificados de Posoltega y del país, es de incertidumbre y profundos temores, porque el gobierno se mostró insensible a resolvernos los problemas más elementales como son el asunto de la tierra y las casitas”, sostuvo Ana Francisca Sandoval Hernández.

Doña Francisca González Centeno, 60 años, es al parecer la única sobreviviente de toda la familia González Centeno, la cual estaba distribuída en las Colonias Rolando Rodríguez y El Porvenir. Doña Francisca reside en la Colonia San Jacinto, de Managua, según me dijo.

Ella asegura que murieron 100 de sus familiares sepultados bajo el lodo. Les hizo misa en la Colonia San Jacinto de Managua, donde dijo que siente temores, incertidumbres profundas, porque jamás pudo encontrar al menos uno de los cadáveres de sus hermanos, sobrinos, nietos…

 

Alonso Hurtado Muñoz,  hombre de más de 40 años, perdió a sus tres hijos, todos sus hermanos y a su suegra. “Perdimos a nuestros familiares, todos los enseres materiales, la tierra, la casa, todo lo cual nos costó 30 y más años acumularlo, y en medio de esta pobreza atenazante, no contamos con ayuda segura del gobierno, entonces imagínese usted, nos deparan sólo temores,  incertidumbres, miedo al futuro”, expresó al ser entrevistado.

“¿Adónde voy?,  ¿qué hago? El futuro se nos presenta con profundos temores, porque lo perdimos todo y del gobierno no esperamos nada, porque más bien se mostró grosero con nosotros los sobrevivientes”, son expresiones de Cristina Flores de Moreno, 56 años, quien perdió a dos hijos, dos nietas y a su marido Pedro Moreno.

“Nuestro futuro es de miedo, temores profundos, porque perdimos todo por el derrumbe del Casitas, y para colmo escasea totalmente el empleo, no hay ayuda real del gobierno”, añade Salvador García silva, 40 años, quien sufrió la pérdida de su esposa, sus hijos y su padre.

“Familias con incertidumbre de seguir viviendo donde viven actualmente”, se titula una parte del estudio realizado en abril de 1999 por CIET Internacional y publicado por la “Coordinadora Civil para la Emergencia y la Reconstrucción-Nicaragua”, con el titulo de “Auditoría Social para la Emergencia y la Reconstrucción”.

El estudio está basado en encuestas a 10,528 hogares en 152 conglomerados de 61 Municipios, 15 barrios en cabeceras departamentales, 30 cabeceras municipales; también a 179 líderes comunales, 48 Alcaldes y 82 dirigentes de Organizaciones No Gubernamentales.

En este valioso documento se señala que el 37 por ciento de los entrevistados se manifestaron con incertidumbres o temores de seguir viviendo en los mismos lugares, donde el Huracán “Mitch” los golpeó brutalmente en octubre de 1998.

Los encuestadores se encontraron en estos 10, 000 hogares que la inmensa mayoría ha quedado con conmociones emocionales profundos, debido a la horrible experiencia vivida por el Huracán “Mitch”. Estas conmociones emocionales se manifiestan con expresiones como miedo intenso, llantos incontrolables, tristezas, desesperación, ganas de correrse del sitio en que está sentado, acostado o de pies; insomnios, pesadillas al dormir relacionadas con la tragedia sufrida, pérdidas de la memoria en jóvenes y adultos, histeria personal o colectiva, desmayos, todo ésto mayoritariamente relacionado al ambiente climatológico cuando llueve intensamente, al momento en que se ven nubarrones negros intensos o cuando se escucha el “bujido de un río”.

Se encontraron en algunos poblados, afectados profundamente por las inundaciones del Huracán “Mitch”, que algunas mujeres y hombres corren a subirse a sitios altos, a cerros y colinas, especialmente cuando el cielo se está poniendo nublado.

Los dencontroles sicológicos han llegado a tal grado, que los encuestadores encontraron que algunas mujeres y hombres gritan pidiendo a los demás que busquen donde refugiarse, apenas aprecian los nubarrones en el cielo.

Entre los más afectados, según la encuesta publicada por la Coordinadora Civil para la Emergencia y la Reconstrucción”, se mencionan que los más afectados son, hombres y mujeres, entre los 20 y 40 años, seguidos de 41 hasta los 60 y más años.

En otra parte de este libro cuento cómo Estela Espinoza, campesina de San Francisco Libre, se descontroló emocionalmente, casi enloqueció, cuando ella, su marido Pascual Montiel y sus hijos tenian ya cinco días de estar subidos en un árbol de espino negro. Estela pidió a su marido que soltara a los niños y a ella misma y los dejara caer a las correntadas del Río Viejo.

La encuesta mencionada, refleja el estado animico deprimido, de temores profundos entre los que sufrieron aquel embate horrible.

En Chinandega, por ejemplo, los encuestadores, guiados por profesionales de la medicina, se encontraron con estos cuadros, descritos sólo con frases cortas o una sola palabra:

Nerviosismo, asustados, ataques cardíacos, derrame cerebral, dolores de cabeza, insomnio persistente, sicosis por las lluvias, presión alta después del Huracán “Mitch”, pesadillas frecuentes o todas las noches y tristeza.

León: Afligidas (afligidos) con ganas de llorar frecuentemente, depresión, angustia, crisis permanente de llanto, convulsiones, miedo a otro Huracán, descontrol general y nerviosismo.

Segovias (Nueva Segovia, Estelí, Madriz): Cuando duermen, sienten que el río se les viene encima; llanto, sudor helado, miedo y mucha flema sin estar padeciendo gripe; apenado, o apenada, por haberlo perdido todo; lloran y le echan la culpa al Huracán por la situación en que se encuentran; sienten que la tierra tiembla a cada rato; apenas está lloviendo, algunos dicen: “Vámonos de aquí, a otra casa”; temor a la lluvia, sufren ataques de epilepsia cuando está lloviendo o se les alborotan los nervios; histeria familiar cuando llueve, desmayos y llantos cuando empieza a llover, gritos a media noche, les parece que están viendo caer su casa y lloran en forma incontrolable; les parece que la quebrada o el río se desbordan otra vez; cuando llueve, se acuerdan de los fallecidos y les da miedo; pesadillas en las noches; por las noches se levantan gritando; desmayos al ver correntadas grandes; durante el sueño, ven ataúdes arrastrados por las corrientes.

Matagalpa y Jinotega: Algunos salen corriendo cuando escuchan las corrientes fuertes del río; lluvias los hace esconderse en los cuartos; llantos al recordar las pérdidas de seres queridos y materiales; no pueden dormir por miedo a ser arrastrados por corrientes; miedo a la lluvia, trastornos mentales, ataques al corazón y llantos apenas empieza a llover.

RAAN: Abortos por desesperación, ansiedad, ataques de frío, ceguera y sordera, desmayos, les da diarre cuando empieza a llover, dolores de cabeza después del Huracán, fobia a la lluvia, inflamación del cuerpo antes de la lluvia, miedo al invierno y el nerviosismo les produce desmayos.

 

Realidad Aplastante

Ofrecimientos del gobierno

 

Mediante un plan titulado “Programa de Lucha contra la Pobreza Extrema”, la Secretaría de Acción Social del gobierno publica que los damnificados del Huracán “Mitch” fueron: 270, 426, entre los cuales 126, 720 sufrieron daños en sus casas, nueve mil 968 hogares quedaron sin servicios de letrinas, 149 escuelas fueron dañadas, 2, 051 pozos de agua fueron destruídos, lo cual, según este organismo del régimen alemanista, agudizó la pobreza extrema en Nicaragua.

Este “Programa de Lucha contra la Pobreza Extrema” se fija plazos cortos y largos para combatir la pobreza, pero por ningún lado se ve el fomento de la producción agrícola y ganadera, base fundamental para que arranque cualquier plan socioeconómico en Nicaragua.

El “Plan” está focalizado, según los documentos oficiales, en los 60 Municipios más golpeados por el Huracán “Mitch”, en los Departamentos de Jisnotega, Matagalpa, Nueva Segovia, Madriz, Estelí, Chinandega, León, Rivas, Chontales, Río San Juan, RAAN Y RAAS.

Entre otros Municipios se mencionan: Wiwilí, Rancho Grande, Murra, Quilalí, Dipiltos, San José de Cusmapa, San Lucas, Somoto, San Juan de Limay, Posoltega, Cinco Pinos,  Somotillo,  San Pedro del Norte, Santa Rosa del Peñón, Comalapa, Santo Domingo de Chontales, Camoapa, El Castillo, San Juan del Norte, Morrito, Waslala, Siuna, Waspán,  Rosita, Prinzapolka, La Cruz del Río Grand, El Tortuguero, Bocana de Paiwas, Nueva Guinea y Muelle de los Bueyes.

Este “Plan” tiene un plazo de cinco años y un costo de 226.8 millones de dólares y serán beneficiadas 723, 325 personas en extrema pobreza.

Uno de los documentos mencionados dice que tiene como objetivos: “ampliar las coberturas de los servicios básicos más urgentes en las zonas, como son: educación básica, salud, agua y saneamiento, alimentación nutricional, empleo y créditos no convencionales”.

Ofrece “construir las viviendas destruídas por Mitch y reducir drásticamente el hacinamiento y deterioro de las viviendas rurales, mejorando 50,000 techos, 50,000 estructuras y 100,000 pisos. Generar alternativas de empleo comunitario a 270,000 personas y que coadyuven a incrementar los ingresos familiares”.

El mismo “Plan” señala que 25, 344 viviendas fueron total o parcialmente destruídas por el Huracán “Mitch”.

Ofrece también “garantizar alimentación complementaria para 1, 479, 640 personas (mujeres embarazadas y lactantes, niños de 6 meses a 2 años, preescolares y estudiantes de primaria)”.

Menciona este “Plan” gubernamental que en marzo de 1999 se efectuó un estudio, el cual arrojaría que ocho de cada diez nicaragüenses se encontraban en situación de pobreza general.

La Secretaría de Acción Social promete alfabetizar a 260,000 personas. Cómo? Van a hacer una Cruzada Nacional de Alfabetización como la efectuada por la Revolución Sandinista en 1980?

Y aclara el “Plan” que los 270, 000 “empleos comunitarios” son “temporales”, es decir, no existen tales empleos, pues éstos en realidad se conocen y funcionan como “trabajos a cambio de comida”.

 

Podría afirmarse que éste es parte del supuesto “plan de reconstrucción” del gobierno de Arnoldo Alemán Lacayo, el cual está alejado de la realidad, pues los centenares de miles de damnificados por el Huracán “Mitch” y los Alcaldes (sandinistas y liberales) han denunciado sistemáticamente que el gobierno los dejó abandonados, no les resolvió nada.

Como es sabido en toda América Latina (y seguramente en el mundo entero), la ayuda internacional generosa, proveniente de numerosos países del Planeta, destinada a los damnificados en los primeros días posteriores a la tragedia del “Mitch”, llegó en grandes vólumenes, valorados en 15 millones de dólares en especies y dos millones de dólares en efectivo, según informes de la CEPAL.

Sin embargo, también es sabido en forma abundante, las donaciones fueron embodegadas por el gobierno, se “extraviaron” cuando las mismas donaciones eran transportadas a los refugios, o se politizaron las ayudas al ser entregadas sólo a los militantes del Partido Liberal de Alemán.

¿Dónde está el dinero? ¿Dónde están esas ayudas? De forma abundante se informó por el mundo entero que las correntadas, aguaceros y vientos huracanados del Huracán “Mitch” provocaron pérdidas por más de 6, 000 millones de Dólares en Centroamérica y Panamá, especialmente en Honduras y Nicaragua.

Asimismo se ha publicitado ampliamente por el mundo que nuestros países centroamericanos empobrecidos, destruídos ambientalmente y saqueados desde siempre por oligarcas locales y transnacionales norteamericanas, sufrieron un retroceso de no menos de 30 años en relación a su economía y destrucción de sus bienes ambientales, como los bosques, suelos fértiles y también en sus propiedades sociales como las viviendas, sin echar a cuentas que varios millones de personas quedaron sin vestidos,  sin zapatos, sin enseres hogareños, sin sus animales domésticos, !sin nada!

Se ha informado que varios centenares de miles de familias de Honduras y Nicaragua, especialmente, perdieron a 10, 20, 30 y hasta 100 familiares en los derrumbes de Cerros como el Casitas,  o que se ahogaron al ser arrastrados por las correntadas, lo cual constituye un golpe severísimo a la sicología humana de niños y niñas, mujeres, ancianos y hombres enteros de vida.

Miles de esas familias golpeadas brutalmente por las muertes súbitas, inesperadas de sus seres queridos, más la pérdida de todo lo que poseían (acumulado en 30, 40 y hasta 50 años), sufren hoy congojas, miedos, temores, incertidumbres acentuadas, porque además sus gobiernos, especialmente el de Nicaragua, se mostraron insensibles, brutales, por el trato que le dieron a los damnificados.

No es necesario hacer investigaciones prolongadas o profundas para establecer estas quejas, pues las mismas siguen explotando y publicándose en los medios de información colectiva.

La Alcaldesa de Posoltega, Felícita Zeledón Rodríguez, por ejemplo, volvió a denunciar, durante el primer aniversario del Huracán “Mitch”, que el gobierno no les resolvió nada de las demandas de los damnificados, entre otras: casas nuevas, tierras para cultivar, enseres domésticos, financiamiento para trabajar en servicios y comercio, etc.

Debido a la falta de cumplimiento del gobierno central, 247 familias posolteganas sobrevivientes del derrumbe o avalancha del Casitas, se tomaron la finca El Tanque, de 700 manzanas aproximadamente, y sostuvieron que allí edificarian sus casitas y empezarían a cultivar de nuevo.

Días antes de este primer aniversario, El Nuevo Diario publicó los resultados de una encuesta de CIET Internacional, mediante la cual se afirma que la situación de al menos el 50 por ciento de los damnificados del “Mitch” ha empeorado, lo cual es ratificado por Ana  Quiróz, de la  Coordinadora Civil para la Emergencia y la Reconstrucción.

 

Esta información periodística, fechada el 23 de octubre de 1999, sostiene que sí existen proyectos de construcción de viviendas en 63 Municipios, de los 92 sitios visitados por los encuestadores, la inmensa mayoría promovidos y financiados por Organismos No Gubernamentales nacionales y extranjeros.

Sólo el 37 por ciento de los damnificados recibieron alguna ayuyda  y sólo el 44 por ciento de los perjudicados han podido reparar o reponer sus casas destruídas por el Huracán “Mitch”, sostiene la información mencionada.

Este porcentaje de damnificados han recibido el apoyo correspondiente, en el 71 por ciento de los casos, de parte de Organismos No Gubernamentales.

Otro ejemplo es Wiwilí, donde el gobierno central prácticamente no ayudó en nada. En este Municipio, ubicado a la orilla del portentoso Río Coco, 1,000 casitas de adobes las está construyendo la Organización de Estados Americas a un precio de 2, 000 dólares cada una.

El gobierno de Alemán Lacayo, mientras tanto, fue a Estocolmo (capital de Suecia) con un supuesto proyecto de reconstrucción para que la comunidad internacional donara o diera prestado     2, 600 millones de dólares, los cuales, según se ve, no llegan con la fluidez necesaria, porque el gobierno se metió a “mil enredos” y pleitos con la Comunidad Donante europea y con el Contralor de la República, Agustín Jarquín Anaya.

Lo  que sí se vio clarísimo desde los primeros momentos, posteriores a la ocurrencia del Huracán “Mitch”, es la ayuda generosa de Organismos Internacionales de las Naciones Unidas, de la Comunidad Económica Europea, y de casi 400 Organismmos No Gubernamentales nacionales y extranjeros, los cuales han prestado ayudas  rápidas y lentas al mismo tiempo

Como consecuencia, tampoco existe un “plan controlado.

Uno de esos Organismos Nacionales y Extranjeros es la Cruz Roja, cuyo personal se fajó heroicamente en las labores de rescate en todo el país, en forma silenciosa, sin protagonismos, sin esperar nada a cambio, y más bien corriendo riesgos de muerte, como ocurrió también con los bomberos de SINACOI, con el centenares de soldados del Ejército Nacional, la Policía Nacional (ésta perdió a tres de sus miembros ahogados en Matagalpa),  miles de militantes sandinistas,  maestros, trabajadores de la salud y del campo, promotores comunales y pobladores comunes, todos los cuales se fajaron en labores de salvamento.

 

Los sandinistas de pueblos remotos y ciudades, pobladores en general, integrantes del Movimiento Comunal Nicaragüense de Managua, León, Chinandega, Madriz, Estelí, Nueva Segovia, etc., se fajaron asimismo en las labores de rescate, grupos de evangélicos y de hombres y mujeres como los integrantes de la Asociación Popular Carlos Fonseca Amador, cuyo director, profesor Orlando Pineda Flores, se puso al frente de los rescates en  San Francisco Libre.

Inmediatamente después de ocurrido el fatídico Huracán “Mitch” grupos de militantes sandinistas, encabezados por Daniel Ortega Saavedra, se movilizaron con caravanas de ayudas: comida, ropa, zapatos, medicinas, etc. hacia sitios como Posoltega, Estelí, San Juan de Limay, Somoto y Wiwilí, donde Daniel denunció la mezquindad mostrada en esos momentos por el gobierno de Arnoldo Alemán Lacayo, quien mandó a politizar la tragedia y las ayudas llegadas del exterior y del interior del país.

Desde los primeros días posteriores al Huracán “Mitch”, la Cruz Roja anunció la construcción de 3,400 viviendas para damnificados, de 42 metros cuadrados, valoradas en 2, 500 dólares cada una, y en distintos municipios afectados por las inundaciones de octubre de 1998.

Anunció también la Cruz Roja la atención de 23 mil familias con alimentos por seis meses, sin meter en cuenta las donaciones de centenares de miles de dólares en ropa, zapatos, franazadas y otros enseres indispensables para seres humanos.

Estas 2, 600 viviendas se construyen en Posoltega, Solingalpa, Ranchería, Villa Nueva, Chichigalpa y Quezalguaque, por ejemplo.

El financiamiento para ejecutar estos programas de ayuda le vino a la Cruz Roja de su homóloga  internacional (España, Francia, Holanda, Béligica, Estados Unidos, Canadá) y por parte del Programa Mundial de Alimentos, uno de los primeros Organismos Internacionales de las Naciones Unidas en auxiliar a centenares de miles de damnificados, mientras Alemán Lacayo se seguía mostrando mezquino, absurdo, arrogante e inhumano, pues mandó a cortar café a los sobrevivientes de la avalancha del Casitas, en Posoltega.

Los holandeses, ejemplo, inauguraron 20 nuevas casitas en Nueva Vida (asentamiento posterior al Huracán “Mitch” en Ciudad Sandino, Managua), según crónica periodística de El Nuevo Diario, fechada el 23 de noviembre de 1999, lo cual demuestra, una ve más, que son Organismos Internacionales y No  Gubernamentales los que siguen poniéndose al frente para resolver parte del drama social de los damnificados.

Otra información periodística de El Nuevo Diario del 4 de noviembre de 1999, revela que la Agencian Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE) y catorce ONG de ese país, destinaron 54 millones de dólares para la reconstrucciónde Centroamérica, lo cual incluye, por supuesto, construcción de viviendas.

 

Se indica que COSUDE y estos OGN trabajan actualmente (1999) en 170 Municipios de Centroamérica, y ayudan a 1.2 millones de seres humanos centroamericanos.

De esos 54 millones de dólares, 22 millones son destinados a Honduras, 18 millones de dólares a Nicaragua y 300 mil dólares a El Salvador. Los 13 millones de dólares restantes se destinarán a diversas acciones de ayuda a los mismos damnificados, indica la declaración oficial de COSUDE.

Por estas ayudas de Organismos No Gubernamentales, en combinación con Alcaldías Sandinistas y Liberales, en el caso de Nicaragua, van surgiendo nuevos poblados, asentamientos o barrios en los más de 100 municipios afectados por el “Mitch”.

Por éso es común ver nuevos vecindarios en Tipitapa, Sébaco, en  Estelí, León, Nueva Viuda en Ciudad Sandino, en Wiwilí, en Posoltega, en Villa Nueva, en Santo Tomás del Norte, etc.

Según la Coordinadora Civil para la Emergencia y la Reconstrucción, integrada por 350 Organismos No  Gubernamentales, hasta finales de octubre de 1999, un año después del Huracán “Mitch”, no existía un informe oficial, detallado, por parte del gobierno sobre los distintos aspectos o dimensiones de la tragedia dejada por el fenómeno ciclónico.

Tampoco ha sido posible obtener un informe detallado, global, de las ayudas que han estado dando estos casi centenares de Organismos No Gubernamentales a varios centenares de miles de damnificados, debido a que no existe un plan coordinado entre ellos, ya que decidieron no canalizar estas ayudas por medios oficiales gubernamentales, porque la corrupción del régimen alemanista ocasiona profunda desconfianza en Nicaragua y gran parte del mundo.

La Coordinadora Civil mencionada afirma que el Huracán “Mitch” afectó a 114 Municipios en Nicaragua, de los cuales 72 fueron golpeados profundamente en sus niveles humanos, infraestructurales, en casas, caminos, suelos, destrucción de árboles, cosechas, mortandad de animales domésticos y silvestres, pérdidas de los enseres hogareños, todo lo cual ha provocado un estado sicológico de incertidumbre especialmente entre mujeres, ancianos y niños, porque se ven abandonados por el gobierno central y Alcaldías con Alcaldes liberales.

Esta Coordinadora Civil, según tres publicaciones suyas, hizo una encuesta en 10, 528 hogares de 153 conglomerados de 61 Municipios afectados, 30 cabeceras departamentales y 107 comarcas rurales, también entre 179 líderes comunitarios, 48 Alcaldes y 82 dirigentes de Organizaciones No Gubernamentales y Gremiales, a todos los cuales se les preguntó por la magnitud de sus tragedias respectivas.

En esas encuestas se abordaron aspectos sobre cómo fueron rescatados, qué organismos o personas llegaron primero, qué cosas perdieron, cómo se comportaron los Alcaldes y el gobierno central, y por supuesto, aparece “mal parado” el gobierno, porque no atendió a la gente, se burló de los pobladores que se estaban ahogando, o debido a que mandó a politizar las ayudas humanitarias.

Este asunto de lo “mal parado” del gobierno se publicó en otra encuesta realizada por el Instituto de Encuestas y Sondeos de la Revista ENVIO, publicada en su número 201 de diciembre de 1998.

En esta misma encuestra ya aparece como “el chavalo de la película” el Ejército Nacional, cuyos pilotos, oficiales de alto rango y los integrantes de la Defensa Civil, se dispusieron a rescatar gente que se estaba ahogando durante los días 29, 30 y 31 de octubre, y el primero de noviembre, día en que rescataron a centenares de seres humanos en Posoltega, Wiwilí, Río Coco, en Prinzapolka…

Días antes de esta encuesta, el 23 de noviembre, El Nuevo Diario publicó un reportaje sobre el piloto Alfredo Díaz Morales, quien rescató a 346 personas con un helicóptero de la Fuerza Aérea Nacional.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Titulares de Diarios cuando ocurría el Huracán “Mitch”

-Gigantesco  diluvio de lodo sepulta caseríos

 

-1, 500 enterrados vivos

 

-Alud mortal en Posoltega

 

-Más de 4, 000 muertos,  7,000 desaparecidos

 

-11 mil desaparecidos y un millón de damnificados

-Más de 7,000 muertos en Honduras

 

-Dramáticos Lamentos en el lodo y los árboles.

 

-“Agonizan Atrapados”

 

-Derrumbe del Volcán Casitas sepulta a centenares de personas

 

 

 

Espeluzanante

 

Más de mil muertos en Posoltega

 

! Cuadros dantescos!

Faldas del Casitas sepultan comunidades

 

END primer medio en llegar a Posoltega

 

Sólo 120 sobrevivientes

 

Entierran más cadáveres en el Casitas

Horror Interminable

 

“Mitch” se ensañó con  Ciudad Darío

 

 Matagalpa y Jinotega están sin luz

 

Damnificados en lomas miran pasar cadáveres

 

Han evacuado a más de 18 mil personas

 

Ejército echándolas todas

 

“Mitch” deja trágico recuerdo al cierre del milenio

 

 Estelí abatida y desolada

 

Exodo en el Lago

 

Nicaragua incomunicada

 

Cambia fisonomía de Tipitapa

 

Xolotlán podría arrasar la zona

Trampa mortal en Tipitapa

 

Otra vez el mismo éxodo

 

De Costa del Lago a Ciudad Sandino

 

Técnico llora y lanza carta abierta

 

“Alemán incapaz e irresponsable”

 

Ofensiva ostentación y charlatanería

 

Con leche y galletas llega indignante mensaje

 

Vulgar uso político con la ayuda

 

Salvan a Rigo con todo y su cordón de oro

 

Dramático rescate

 

Vecinos escuchan lamentos subterráneos

 

Un segundo alud en el Casitas

 

400,000 damnificados

Datos contradictorias sobre el total de fallecidos

 

Cifra de damnificados sobrepasa los 700,000

 

Temen hubo 7,000 muertos por causa

del “Mitch” en Centroamérica

 

Wiwilí y Quilalí anegados, casi desaparecen del mapa

 

Retumban cerros en León y  Estelí

 

INETER y Defensa Civil fallaron

 

Más de 10, 000 damnificados en Río Coco y Prinzapolka

 

Delegación del CEPAD visita zona del Río Coco

 

Escasea comida en occidente

 

“Mitch”, engendro del Fenómeno La Niña

 

Fuerza destructora del “Mitch”, peor que el terremoto

 

No lo dejaron reunirse con delegados de gobierno

 

Alemán insultado también en León

 

Soldados británico ayudaron a damnificados

 

Devastación fue total en Río Coco

 

END escala el Casita: más desolación y muerte

 

Escenas alucinantes

 

Dramatismo y espectacularidad

 

Al Rescate de 700 misquitos

 

Doña Francisca reza novenario masivo

Perdió más de 100 parientes

 

Sufrieron terribles daños

Pueblo Nuevo aislado, sin agua, ni comida

 

Destrucción por todos lados

 

Informan daños desde Condega

 

Impacto sicológico empieza a sentirse en la zona

 

Aves de rapiña devoran cadáveres en Posoltega

 

Argentina, Francia, Uruguay, Estados Unidos, Países Bajos

 

Sigue llegando ayuda internacional

 

Especies y efectivo

 

Ayuda Internacional pasa de los US$ 16 millones

 

Reciben de Organismo Español

 

Diputados del FSLN distribuyen ayuda

 

Un 20 por ciento de la producción nacional

 

86 mil hectáreas destruyeron el “Mitch”

 

Red vial del país destrozada

 

Cortan carretera panamericana para achicar agua

 

200 millones de dólares costará reparar infraestructura vial

 

15 muertos fue saldo del “Mitch” en Madriz

 

“Mitch” afecta 60 por ciento de postrera

 

Pobladores de Posoltega siguen clamando ayuda

 

Una tragedia que excede la “mala suerte” y denuncia a todo un sistema

 

 

Naturaleza pasa la cuenta

 

Despale preparó la tragedia

 

Río Grande sube otra vez y corta el paso en Sébaco

“Mitch” causa más lluvias

 

Nueva Segovia cuenta 27, 758 damnificados

 

Y siguen deslizamientos en poblados segovianos

 

Más temblores en  El Volcán

 

Desolación y grandes daños en San Juan de Limay

 

 

Nueve huracanes y  17 tomentas en 1999

 

Como complemento, referimos brevemente la “temporada de huracanes y tormentas” de 1999, los cuales iniciaron a comienzos de junio en las costas sureñas de Africa y en el Océano Pacífico.

 

 

“Vienen 9 Huracanes similares al “Mitch”, tituló El Nuevo Diariol en la edición del martes 15 de junio de 1999.

Antes, el nueve de noviembre de 1998, el mismo El Nuevo Diario titulaba: “Amenazas e Impactos de Vórtices Ciclónicos en Nicaragua”, con el siguiente sobretítulo: “El primero de junio empezó la temporada de Huracanes del Atlántico”, cuya información advertía que en 1999 se registrarían nueve Huracanes y 17 Tormentas.

 

Un boletín informativo, preparado por Mario Baca S., especialista del Instituto de Estudios Territoriales, publicó el 10 de febrero de 1999: “Consideraciones para “La Temporada de Huracanes del año 1999”, con el sobretítulo de: “Condiciones de un episodio de “La Niña”.

 

En todas estas informaciones se advertía a los lectores sobre los nuevos peligros de lluvias diluviales e inundaciones en 1999, lo cual, en realidad comenzó muy temprano en junio.

Las lluvias se enseñaron nuevamente en el país entero, especialmente en occidente, en Villa Nueva, León, Posoltega, Chinandega, Matagalpa, mientras, por ejemplo, siguió creciendo el Lago de Managua, cuyas aguas (en noviembre de 1999) continúan metiéndose hacia el interior del casco urbano de tipitapa y  San  Francisco Libre.

 

“Xolotlán superó nivel del “Mitch”, con el sobretítulo: “Deben tomarse más precauciones”. La información al pie de este título señalaba que con el Huracán “Mitch” el Xolotlán subió a 42 metros con 10 centímetros sobre el nivel del mar, y con las lluvias de 1999 se elevó a 42 metros con 11 centímetros sobre el nivel del mar.

 

Se ha sostenido que este nivel es similar al que el Lago de Managua alcanzó entre 1956 y 1960.

La gran realidad es que las aguas del Lago de Managua en su desvaciamiento hacia el Lago de Nicaragua provocan una corriente muy potente hacia el este, por medio del Río Tipitapa rumbo al Lago Cocibolca o de Nicaragua. Este río se había secado, y se revivió, de manera violenta a raíz del Huracán “”Mitch”.

Ya para septiembre de 1999, con la ocurrencia de huracanes y tormentas, se informó que cerca de 90 mil personas habían sido afectadas, nuevamente, por las inundaciones en casi todo el país.

Otra vez la gente volvió aser golpeada rudamente por esas inundaciones, debido a las imprevisiones del gobierno central, el cual todavía no ha sido capaz de crear un verdadero Sistema de Defensa Civil ante los desastres anunciados con muchos meses de anticipación.

“Ondas Lluviosas se Aproximan en Fila”, con el subtítulo siguiente: “Llegó la 15, se acerca la 16 y se formó la 17”, titulaba el Diario La Noticia el 14 de julio de 1999, refiriéndose al sufrimiento del país por las lluvias copiosas de ese momento en Nicaragua.

Un mes después, el 20 de septiembre de 1999, el  Diario La Tribuna titulaba: “Alarma en Occidente”, con el sobretítulo siguiente: “Continúa sufriendo los embates de la naturaleza”.

“Peligran 200 famimlias en Posoltega”, era el título principal del Diario LA PRENSA el 16 de septiembre de 1999. Esta información señalaba que esas 200 familias corrían peligro dentro del casco urbano de Posoltega, donde no se había construído un muro por negligencia del gobierno central, específicamente del Ministerio de Construcción e Infraestructura.

 

Además de describir los fenómenos meteorológicos, La Noticia mencionaba inundaciones y varias muertes en Matagalpa, debido a los torrenciales aguaceros por las mencionadas Tormentas.

La Tribuna relataba que centenares de familias estaban siendo evacuadas de Municipios de León y Chinandega, debido a los torrenciales aguaceros, cuyas correntadas amenazaban con arrastrarlos hacia el Océano Pacífico.

 

Es bien conocido que los Huracanes anunciados azotaron, especialmente, el Caribe, Guatemala, México y Estados Unidos. Entre los más devastadores se contaron los Huracanes “Floyd” y “José”, los cuales provocaron enormes destrucciones materiales y gran cantidad de muertos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Mercados, Mercados, Tiangues y Mercados de Managua, ¿cómo se originaron?

Tiangues y Mercados de Managua

Pablo Emilio Barreto Pérez

*Explicación necesaria. Este libro sobre Tiangues y Mercados de Managua lo escribí en el año 2003, en el período del Alcalde Herty Lewites Rodríguez, por encargo de la Dirección de la Corporación de Mercados de Managua (COMEMA).  Este libro se editó y se imprimieron 1,000 ejemplares. Fue ubicado en las bibliotecas de la Alcaldía de Managua, pero extrañamente fue dado por desaparecido. 

*Buscando y revisando archivos viejos en discos y mi computadora, finalmente lo encontré, aunque incompleto, pero es una historia valiosa, porque muchos estudiantes de secundaria y universitarios, y periodistas, me han preguntado por esta historia de los Tiangues y Mercados, la que finalmente pongo aquí a disposición de quienes se interesan por estas historias populares de Managua.

 

Los Tiangues o Mercados de intercambio comercial (o trueques) eran comunes entre las comunidades indígenas del territorio nicaragüense, especialmente en Managua, donde residían poblaciones chorotegas, mangues e Imabites en la costa Norte del Lago Xolotlán desde La Bocana de Tipitapa, frente a la Managua de hoy, en Mateare, en toda la Península de Chiltepe y al pie del Volcán Momotombo, donde fue fundado León Viejo por el conquistador español Francisco Hernández de Córdoba.

Las crónicas oficiales españolas indican que León Viejo fue fundado el 19 de junio de 1524.

Sobre la Historia oficial de la Comunidad Indígena  nuestra, la de Managua, asiento de los chorotegas o mejicanos, no existe porque los españoles destruyeron nuestros libros hechos de cáscaras y cueros de animales silvestres, afirman indignados los historiadores capitalinos Julián N. Guerrero y Lolita Soriano de Guerrero en su famosa “Monografía de Managua”.

Al llegar al Lago Xolotlán o de Managua los españoles, encabezados por Francisco Hernández de Córdoba, arribaron repartiendo machetazos y balazos en nombre de Dios, las tres Divinas Personas y del Rey de España, en contra de “unas 60 mil almas” (pobladores) residentes en las riberas sureñas del Lago, entre La Bocana de Tipitapa y Managua, donde ya existían los Tiangues o lugares de trueques de productos agrícolas cultivados por los indígenas, añaden los historiadores mencionados.

Se supone, entonces, que estos Tianques también fueron destruidos por los rubios “civilizados”, que entraron por el Río San Juan, continuaron por el Lago Cocibolca, navegaron con sus embarcaciones por el Río Tipitapa y siguieron por el Lago Xolotlán hasta ubicarse frente y al pie Volcán Momotombo, donde destruyeron el poblado de los Imabites, cuyos sobrevivientes fueron esclavizados y obligados a sacar oro de los alrededores de la actual mina de El Limón, sostiene el también historiador leonés Leonte Argüello en su libro “León Viejo”.

Distintos historiadores nuestros aseguran que los indígenas nicaraos o nahuas fueron los mejores comerciantes.

Se señala que, inclusive, los indígenas chorotegas de Managua se mostraron “incómodos” por esa cualidad de los subordinados del Cacique Nicarao, pues éstos, supuestamente, le sacaban amplia ventaja comercial a la existencia de la abundancia de cacao en la región de Rivas.

Desde tiempos muy antiguos es usado el dicho (consciente o inconscientemente) de: “éso no vale ni un cacao”.

Existen narraciones acerca de que los indígenas de Monimbó sacaban a vender o intercambiar sus productos agrícolas a las orillas del poblado en que vivían.

Julián N. Guerrero y Lolita Soriano de Guerrero aseguran que los indígenas chorotegas cosechaban frijoles, maíz, frutas, pescaban mojarras, fabricaban redes de pescar, tejían petates con fibras de henequén y también tejían telas con algodón cultivado por ellos, y todo ésto lo comerciaban mediante trueques en los Tianques o Mercados en Managua, aunque no dan la ubicación en que funcionaron estas “tiendas” de las Comunidades Indígenas chorotegas.

“…especialidad que ha llamado la atención de los investigadores de nuestro pasado aborígen, es el hecho de que a los Tianques o Mercados solamente podían concurrir las mujeres y los niños “vírgenes”. Los varones adultos y los casados eran admitidos solamente cuando se trataba de forasteros y extranjeros”, añaden Guerrero y Soriano en su “Monografía de Managua”.

El poeta José Coronel Urtecho en sus “Reflexiones sobre la Historia de Nicaragua” sostiene que el Tiangue ha tenido importancia especial en el desarrollo del comercio nicaragüense, y lo señala como casi estrictamente femenino.

“El Tiangue es obra femenina. Como femenina es la pulpería, la venta, el Mercado y la economía popular”, agrega Pablo Antonio Cuadra Cardenal en “El Nicaragüense”, una obra literaria en que escribe cosas feas  y “folklóricas” sobre los nicaragüenses.

En estos Tianques de Managua se efectuaban trueques con cueros de venados, tigres y lagartos y colorantes vivos extraídos de plantas y animales acuáticos, actividad comercial que los chorotegas o mejicanos del Lago Xolotlán realizaban con otras comunidades indígenas del país, señalan Julián N. Guerrero y Lolita Soriano de Guerrero.

Estas afirmaciones incluyen el señalamiento de que eran también objeto de trueques los libros indígenas escritos en cuero de venados.

En los Tiangues de los indígenas nicaraos (jefeados por el Cacique Nicarao) se usaba el cacao como moneda.

Ocho nísperos valían cuatro granos de cacao. Los “servicios sexuales” de una prostituta tenían un costo de ocho a diez granos de cacao. Un conejo se vendía en ocho granos de cacao y un esclavo (indígena) era vendido en 100 granos de cacao en el Tiangue o Mercado, asegura el doctor Rafael Urtecho Sáenz, médico, autor del libro “Cultura e Historia Pre-Hispana del Itsmo de Rivas”, impreso y publicado en febrero de 1960.

Urtecho Sáenz hizo su investigación propia y a la vez cita a Oviedo y Fernández, el cronista principal de la colonización bárbara de los españoles, en torno a este asunto de los cultivos y comercio de los indígenas nicaraos.

Confirma que a los Tiangues no entraban los hombres, con excepción de extranjeros o de funcionarios del régimen indígena.

Un indígena, hombre o mujer, podía ser vendidos en el Tiangue como esclavo si había cometido un asesinato, una violación o robo, de acuerdo con las normas de la tribu.

Estos indígenas nicaraos cultivaban algodón, maíz, frijoles, henequén, calabazas, jícaros, tabaco, y frutas como jocotes, mameyes, nísperos e higos, todo lo cual servía para el consumo y para el trueque o venta en el Tiangue.

Del algodón hacían vestidos y los vendían en los Tianques, por ejemplo, señala el doctor Urtecho Sáenz, cuya obra es relativamente desconocida en el país.

Numerosos historiadores de Nicaragua: Halftermeyer, Tomás Ayón y el mismo Julián N. Guerrero refieren que en esos trueques se usaba como moneda la semilla del cacao, el cual fue falsificado en diversos lugares de Centroamérica, donde residían numerosas tribus, entre ellas las nicaragüenses, entre otras: los nahuas o nicaraos, maribios, subtiabas, matagalpas, mazagalpas, chontales, ulvas, chorotegas o mejicanos, etc.

Estas Comunidades se vieron obligadas a utilizar la piedra pómez y otras sustancias equivalentes al valioso cacao como monedas en estos Tianques.

Sin embargo, no hay rastros visibles de aquellos Tianques o Mercados Indígenas de Managua.

En la Historia nacional nuestra, después de la Independencia de Centroamérica, no se mencionan detalladamente los sitios en que se desarrollaron los Mercados, en los cuales, como se sabe, se obtienen las mercancías más elementales para la sobrevivencia humana.

A los Mercados, tiendas comerciales o pulperías, concurren desde siempre, los agricultores (o intermediarios) a vender sus cosechas de maíz, frijoles, yuca, papas, pescados, animales silvestres vivos y muertos, flores, plantas ornamentales y frutales, vasijas, aperos para caballos, bueyes y perros.

En el caso de Managua, Capital desde el 5 de febrero de 1852, se menciona con amplitud un Mercado hasta que desapareció al ocurrir el Terremoto del 31 de marzo de 1931, acontecido un Martes Santo, a las diez y 20 minutos de la mañana.

Gratus Halftermeyer, autor de “Managua en la Historia”, señala que en 1908 “fue construido el Mercado Nuevo”, sin especificar dónde.

Este Mercado se llamaba San Miguel, porque estaba ubicado en el Barrio San Miguel del centro de Managua de aquellos días aciagos (1931), de tragedia nacional, pues el país y la Capital estaban invadidos por la marinería militar estadounidense, traída por los traidores Adolfo Díaz Resinos y Emiliano Chamorro Vargas, empleados ambos de empresas mineras estadounidenses, propiedad de funcionarios del gobierno yanqui, entre otros K. Nox y Jhon Foster Dulles.

Además de derrumbarse por el Terremoto de 1931, este Mercado San Miguel quedó reducido a cenizas porque los militares yanquis le prendieron fuego a la ciudad Capital, con el pretexto de que de ese modo las llamaradas no se irían más allá de los límites del centro de Managua.

En ese Barrio San Miguel existía, inclusive, un templo del mismo nombre.

Los relatos en libros y periódicos de Managua recuerdan que en el Mercado San Miguel murieron centenares de personas, tanto compradores como comerciantes, porque a las diez de la mañana de ese Martes Santos del 31 de marzo de 1931 varios miles de capitalinos buscaban cómo acumular alimentos en sus hogares para pasar cómodamente la Semana Santa en sus casas, tanto de ricachones, como acomodados y pobres.

En esas narraciones se refiere que aquella Managua pequeña y el Mercado San Miguel quedaron derrumbados por el trepidar de las fallas geológicas y envueltos en una colosal nube de polvo  por el desmoronamiento del taquezal y fuego, cuyas llamas se encargaron de terminar la obra destructora del Terremoto de

1 931.

Se ha sostenido que fueron 1,000 los muertos dejados por el Terremoto de 1 931, más dos mil heridos.

¿Cuántos fueron los muertos y heridos dentro del Mercado San Miguel?, pues recordemos que el Terremoto ocurrió un poco después de las diez de la mañana, al momento en que las actividades de venta y compras eran febriles en Managua, a pesar de la presencia de la intervención armada de Estados Unidos en contra de Nicaragua, lo cual ocurría por tercera vez.

Cochero recuerda Mercados

¿En qué año fue construido el Mercado San Miguel?

Martin Rivera Valdez, managua de 101 años en este año 2002, asegura que al ocurrir el Terremoto de 1 931, ya existían los Mercados San Miguel y el Böer.

Los Mercados San Miguel y Böer tenían unos 15 años de haber sido construidos al ocurrir el Terremoto de 1931, añade Rivera Valdez, quien reside (ya inválido) actualmente donde fue el Mercado Böer en los escombros de Managua.

Según Rivera Valdez, el Mercado San Miguel era un poco más pequeño que el Mercado Böer.

De acuerdo con este hombre de 101 años de edad, el Mercado San Miguel compartía una manzana de tierra con los pobladores del Barrio del mismo nombre y el templo católico San Miguel.

Sin embargo, Julián N. Guerrero y Lolita Soriano de Guerrero, historiadores de todos los Departamentos de Nicaragua y autores de la “Monografía de Managua”, aseguran que los mercados que existían al Terremoto de 1931 eran el Central y el Böer, los cuales habían sido construidos por el Distrito Nacional (Alcaldía o Ayuntamiento), creado por un decreto presidencial del 31 de octubre de 1929 por parte del presidente traidor José María “Chema” Moncada.

¿Hay confusión en este dato histórico del Mercado San Miguel o Mercado Central?

Rivera Valdez conoció, por su lado, la Managua de antes del Terremoto de 1931 y la Managua de antes del Terremoto del 23 de diciembre de 1,972.

¿Cómo? ¿Por qué conocía la Capital?

Pues resulta que primero fue soldado de los ejércitos entreguistas de la Soberanía Nacional durante la Guerra Constitucionalista en 1926 y después se convirtió en “alistado” de la “Constabularia” o Guardia Nacional, fundada, entrenada, financiada y sostenida por la intervención armada del gobierno de Estados Unidos.

No le gustó el andar de soldado represivo, al mando de los yanquis interventores y se salió de las filas del ejército, cuyo mando al final quedó en manos de Anastasio Somoza García, el fundador de la tiranía genocida del somocismo.

Rivera Valdez se dedicó, inmediatamente después de abandonar el ejército, a transportar pasajeros en un coche tirado por caballos, lo cual era común en aquellos días anteriores al Terremoto de 1931.

“En 1 931, Managua era del Barrio Böer y Mercado Böer a la Iglesia de El Calvario, amigó…El resto, hacia el sur, norte y oriente era puro bosque. Uno se movía en las pocas calles y Barrios de los alrededores del centro de Managua”, comenta el cochero.

Coincide Rivera Valdez en los relatos históricos de que antes del Terremoto del 31 de marzo de 1931 ya existían los Barrios capitalinos de:

La Parroquia, Candelaria, Santo Domingo, San Sebastián, Marcial, San Miguel, San Jacinto (hoy Cristo del Rosario), Buenos Aires, Cementerio Nuevo y el Böer.

El Barrio San Miguel era pequeño, ubicado en medio de la pequeña Ciudad Capital, cuyas casas barriales eran mayoritariamente construidas de taquezal.

Y más pequeñito, de pocas casas, era el Barrio Böer, en torno al cual ya funcionaba el Mercado Böer, según el relato de de Rivera Valdez, quien habla apasionadamente de las “dos Managua” conocidas por él.

Su labor de cochero le permitió trasladar, según él, (entre 1930 y 1972) a no menos de 15,000 personas entre los dos mercados, hacia hoteles capitalinos, rumbo al Puerto del Lago Xolotlán, al Malecón, a la Estación del Ferrocarril, a tiendas comerciales conocidas, a la casa presidencial, a prostíbulos, a cines, clubes nocturnos, “al puterío del Malecón”, “al prostíbulo de la “casa amarilla”, o  sencillamente le pedían que los llevara “de paseo” a la costa del Lago de Managua, a los alrededores de las Lagunas de Tiscapa, Asososca, Acahualinca y Nejapa.

El Mercado San Miguel (o Central) se derrumbó (en parte) e incendió en 1931. Se dijo que hubo muchos muertos, entre hombres y mujeres, “pero la verdad es que a nadie dejaron arrimarse a las ruinas del Mercado”, expresa Rivera Valdez, quien a pesar de sus 101 años conserva lúcida su memoria, aunque tiene problemas de sordera.

“El Mercado Böer sufrió daños considerables, pero quedó en pie… fue reparado en poco tiempo, y se ensanchó rápido porque no habían otros mercados en Managua”, recuerda Rivera Valdez, posiblemente uno de los habitantes más antiguos de la Capital nicaragüense.

En 1931 estaba en la presidencia José María “Chema” Moncada, el traidor, firmante del Pacto del Espino Negro con los interventores de Estados Unidos.

El gobierno de “Chema” Moncada comenzó la reconstrucción de Managua, lo cual incluyó la edificación de los Mercados San Miguel y Central.

Gratus Halftermeyer en su obra “Managua en la Historia” señala que el Mercado Central fue construído en 1933, aunque no menciona fecha precisa.

Según datos históricos consultados y recuerdos de Rivera Valdez, el Mercado Central fue construído en la manzana de tierra donde estuvieron el Barrio San Miguel, el templo católico San Miguel y el Mercado San Miguel (o Central).

Esta manzana de tierra estaba ubicada de donde fue la llamada Onceava Sección de Policía (de la Guardia Nacional del somocismo genocida) hacia el norte, hasta la calle que daba de tope en la Farmacia Ramos.

El Mercado San Miguel fue construído en la manzana siguiente, más al norte, la cual colindaba con la Calle Momotombo, por donde entraban las mercancías por varios callejones hacia el interior de este centro comercial popular de la Managua “terremoteada” de 1931.

Las construcciones de ambos Mercados eran fuertes, de hierros y concreto, según afirman el propio Rivera Valdez y comerciantes antiguas como Juana “La Polvorita” López Vivas (72 años), Carmen “Chanita” Díaz, Ana Zúniga y Georgina Martínez López (65 años).

Los tres mercados: Central, San Miguel y Böer, tenían, en cierto modo, parecido a la distribución interna del Mercado Jonathan González (Periférico), pues en todos ellos existían callejones orientados de sur a norte y de este a oeste, en medio de los cuales estaban construidos los tramos entre columnas y techos de cinz.

Al reorganizarse Managua como Capital de Nicaragua, los Mercados Central, San Miguel y Böer empezaron a ejercer la función de centros comerciales populares de ciudad, departamento, región e inclusive de importancia nacional.

No existe una descripción pormenorizada sobre cómo se efectuó el poblamiento nuevo en los tramos de los Mercados Central y San Miguel, surgidos sobre las cenizas de los escombros de la Managua de taquezal, tumbada por el poderoso Terremoto del 31 de marzo de 1931.

Mercancías bajadas del tren y barcos

Sin embargo, Martín Rivera Valdez narra que él pudo conocer que en ambos mercados fueron reubicados vendedores sobrevivientes del Terremoto de 1931 y también no menos de 3,000 comerciantes nuevos, la mayoría mujeres jóvenes,  llegadas de Masaya, Granada, Carazo, Tipitapa y hasta de Chinandega.

En aquellos años posteriores al Terremoto de 1931, recuerda el soldado y cochero Rivera Valdez, se volvió común que miles de productores y comerciantes llegaran en las góndolas y vagones del Ferrocarril a la Estación de Managua con mercaderías consistentes en frijoles, maíz, trigo, cerdos, gallinas, patos, chompipes, garrobos, cusucos, codornices, huevos de gallinas, leña, madera, carbón, ayotes, pipianes, sandías, naranjas chinandeganas, zapotes, artesanías masayenses, etc., todos destinados a los tres mercados capitalinos, especialmente al San Miguel y Central, los cuales, por supuesto, estaban más cerca de la Estación del tren, situada contiguo a una bodega del Banco Nacional y en el costado norte de la Catedral de Managua.

Estas mercancías eran también bajadas de barcos de vapor y lanchas en el Puerto del Lago Xolotlán, ubicado en ese tiempo unos 250 metros al noreste de la Estación del Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua.

Los cocheros y propietarios de taxis y camionetas de acarreos se encargaban de transportar estas mercancías a los tres mercados a cambio del pago por parte de las y los comerciantes foráneos y locales.

Estos comerciantes populares y productores vendían en Managua sus mercancías y al mismo tiempo compraban otras productos comerciales dentro del Central, San Miguel y Böer, para ir a venderlas en ciudades y pueblos como Masaya, Granada, Rivas, Jinotepe, Tipitapa, Chinandega, Boaco, Juigalpa, Estelí, Matagalpa, Jinotega y Somoto, por ejemplo.

De Managua llevaban pantalones, zapatos, camisas, calzoncillos, cosméticos, fajas, mecates, relojes, radios, lapiceros, cuadernos, libros, revistas, es decir, productos que no se fabricaban en sus ciudades y pueblos.

Ya en las décadas de los años 40 y 50 era común que en estos Mercados de Managua se viera la bajada de mercancías de camiones, jeeps y camionetas, que venían del norte y del sur, de Chontales y Boaco, y que a la vez regresaran repletos de otras mercancías hacia sus lugares de origen.

En la historia de esos años y recientemente  se ha podido establecer que, como siempre, la mayoría de los comerciantes son mujeres, unas dedicadas a este oficio por “vocación” y un porcentaje elevado por el desempleo reinante en este mundo de terratenientes o capitalismo subdesarrollado y dependiente de la tecnología y decisiones político-económicas del gobierno de Estados Unidos.

Por ejemplo, Estados Unidos impuso a Nicaragua el rol de cultivador de algodón, debido a que perdió la guerra en Corea del Norte en 1950.

Esto indujo al país a meterse en el monocultivo algodonero, que al final destruyó las tierras más fértiles por el uso indiscriminado de plaguicidas y hierbicidas, los cuales aniquilaron fauna silvestre y doméstica, mataron microorganismos, contaminaron los suelos y aguas, y en los Mercados de Managua, León, Chinandega, Masaya, Rivas y Granada se impusieron las ventas de determinados productos como los mismos plaguicidas, pantalones gruesos, camisas de manta, “zapatos burros”, sacos de bramantes, mecates, manilas…destinados a los obreros agrícolas de los cortes de algodón.

Lustrador recuerda Mercado Böer

 Danilo López Hurtado, 47 años, sobreviviente del Terremoto del 23 de diciembre de 1972 lustraba zapatos en los aleros exteriores del Mercado Böer, cuyo techo frontal era una plancheta gruesa, lo cual parecía tener la intención de construirle un segundo piso.

López Hurtado tenía 17 años al Terremoto del 23 de diciembre de  1 972.

“Yo lustraba zapatos desde que tenía 10 años en el Mercado Böer. También iba de vez en cuando a lustrar a los Mercados Central y San Miguel”, recuerda.

Martín Rivera Valdez y Danilo López Hurtado residen ahora  (enero del 2002) allí mismo donde fue el Mercado Böer. El Barrio Böer, en torno al Mercado Böer, ya existía antes del Terremoto de 1931, aunque era muy pequeño, afirma Rivera Valdez.

López Hurtado, el lustrador, por su lado corrobora que el Barrio Böer allí existía antes del Terremoto de 1972. “Yo vivía en el Barrio “La Tejera”, a la orilla del Lago de Managua, casi junto al Puerto del Xolotlán”, señala López Hurtado al ser entrevistado en su casita, en el mismo sitio en que estuvo asentado el Mercado Böer.

Este Mercado Böer estaba situado de la Iglesia San José y del Colegio Divina Pastora una cuadra al este. Una dirección más conocida actualmente sería: del Estadio Rigoberto López Pérez una cuadra al norte y una cuadra al este, frente al Reparto San Antonio.

Como huella visible queda allí un estacionamiento (parqueo de vehículos) largo, ubicado de oeste a este. Ocupa el largo de una manzana de tierra. Todo el terreno actual, ocupado por viviendas sencillas, fue ocupado por el Mercado Böer, recuerdan Rivera Valdez y López Hurtado.

En ese estacionamiento y en las calles del este, oeste y sur, se ubicaban los autobuses interlocales de León, Chinandega y Carazo.

Efectivamente, yo personalmente pude conocer este Mercado Böer cuando ingresé a Managua el cuatro de abril de 1970, exactamente un mes antes de comenzar a laborar como periodista del Diario LA PRENSA del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, asesinado, precisamente en ese sector del Mercado Böer por la dictadura genocida del somocismo el 10 de enero de 1978.

Allí pude ver rótulos que anunciaban las bondades de los quesos de Boaco y Chontales y de los quesillos, cuajadas y quesos de Nagarote y La Paz Centro, de las naranjas chinandeganas y de los bananos y plátanos de Carazo y de la Isla de Omtepe (“Dos Cerros”).

López Hurtado recuerda a las comerciantes Dolores Silva, vendedora de plásticos; Rosa (varón) Mercado Solís, quien vendía un tiste muy rico; Marta Teresa Orozco Silva, un grupo de siete mujeres a las cuales les decían “las masayas”, Mercedes y Blanca Acosta, esta última esposa del jugador de béisbol famoso Calixto Vargas; Josefa González, toda la familia de Marta Angélica Quezada (militante sandinista asesinada por la guardia genocida del somocismo).

Se recuerda en particular a un zapatero al que le decían “El avión”. Era uno de los mejores “reparadores” de zapatos en el Mercado Böer.

Cuando se emborrachaba y no le gustaba una afirmación de sus “compañeros de tragos”, decía: “Avión, pues, hom…”, entonces le pusieron como sobrenombre “El avión”.

Este Mercado era relativamente seguro de noche, pues sus puertas de entradas y salidas eran metálicas y corredizas, o se enrollaban hacia arriba.

En los lados y dentro habían establecimientos comerciales como la Farmacia de Lazlo Pataky, conocido periodista capitalino, defensor oficioso de la dictadura somocista.

Allí estaba una sucursal de la Ferretería Bunge y tenía negocios la familia Patiño.

Mercado de Candelaria

Juana “La Polvorita” López Vivas, de 72 años actualmente (al 2002), madre del conocido boxeador “Polvorita” Martínez López, comenzó sus labores de comerciante cuando tenía 17 años, es decir, hace 55 años.

Acompañaba a su madre o se trasladaba sola de Granada a Managua todos los días, cada tres días, o una vez a la semana, para vender plátanos, guineos, zapatos hechos a mano, verduras, frutas y legumbres, las cuales eran transportadas en las góndolas o vagones del Ferrocarril.

Unas 300 mujeres (y hombres también) como ella se bajaban en la Estación del Ferrocarril de Managua y cargaban la mercadería en canastos, sacos y panas plásticas grandes hacia el Mercado de Candelaria, ubicado entonces unos 200 metros al sureste de la “parada” del tren.

Se cruzaban los rieles del Ferrocarril y la Calle Momotombo para llegar a este Mercado Candelaria, de construcción endeble, de paredes de madera y techo de cinz, de forma casi redonda, recuerda “La Polvorita” López Vivas. “El Mesón de Candelaria” le llamaban a este Mercado.

“La Polvorita” y el resto de vendedoras sólo entregaban o vendían sus productos a otras comerciantas ubicadas en este Mercado, según narra esta famosa vendedora, quien posteriormente aparece involucrada en los Mercados Central, San Miguel y Oriental.

Este Mercado estuvo situado donde es hoy el parque de Candelaria. Allí existió el Barrio del mismo nombre. En el mismo predio había un templo católico y monumento a la Vírgen de Candelaria y al parecer ésto motivó a ponerle ese nombre al centro comercial popular.

Aparentemente, en este Mercado funcionaban comerciantes que no eran “fijos”, es decir, sólo vendían y se iban. De algún modo era abastecedor de mercaderías perecederas de los Mercados Central y San Miguel, situados a cuatro cuadra al Oeste, tomando hoy como referencia lo que fue el Cine Margot hacia el sur.

Los Mercados Central y San Miguel

Al pasar el tiempo histórico, después del Terremoto del 31 de marzo de 1931, los Mercados Central y San Miguel, se convirtieron en los centros comerciales populares más importantes de la Capital, aquella ciudad pequeña, de calles estrechas, de barrios compactos, de vitrinas fulgurantes, transparentes y polarizadas, de edificios lujosos y multicolores, de clubes con olores “al dulce encanto de la burguesía”, de negocios sucios, de tráfico de influencias de la Guardia Nacional y de la familia Somoza Debayle, de los incendios famosos conocidos como “turco-circuitos”, precisamente en las orillas y dentro de los Mercados Central y San Miguel.

En el nuevo “ambiente” capitalino, en la década de 1950, ya existían Barrios como “Campo Bruce” (hoy Rigoberto López Pérez), Santo Domingo, Larreynaga, Silva, “Miralagos” (inundado por primera en 1933), San Antonio, San Sebastián, Altagracia, Monseñor Lezcano, Santa Ana, Arbolito, Santa Rosa, Largaespada, Bolonia, El Calvario, Böer, San José, Colonia Luis Somoza, La Bolsa, Pescadores (hoy Carlos Reina), Quinta Nina (Benedicto Valverde), La Tejera, Santa Clara, San Luis, San Cristóbal, Santa Bárbara (Venezuela), Blandón, San Judas, Chico Pelón, OPEN I y II, La Fuente, Torres Molina, Riguero, Rodeo, Don Bosco, La Rebusca, La Luz, Frixiones o “Barrio Maldito”, Primavera, “El Chorizo”, Acahualinca, Cristo del Rosario, Los Angeles, Paraisito, México…

Colonias como: Managua, El Carmen, Militar, Loma de Tiscapa, Dambach, Centroamérica, Máximo Jerez, Tenderí, Maestro Gabriel, Nicarao, Catorce de Septiembre, Proyecto Piloto, Salvadorita (Cristian Pérez), Primero de Mayo, Morazán…

Repartos como: Ciudad Jardín, Santa Clara, Asososca, Vista Hermosa, Bello Horizonte, Altamira, Los Robles, Bolonia, El Carmen, Bosques de Altamira, San Martín, Las Brisas y Linda Vista, entre otros.

Antes del Terremoto de 1972, ya existían las comunidades de: Sabana Grande, Brasiles, Casa Colorada (El Crucero), Cedro Galán, Cuatro Esquinas, Las Cuarezmas, Cuajachillo, Chichigualtepe, Chiquilistagua, El Edén, Esquipulas, Jocote Dulce, Los Ladinos, Las Llaves, Los Madrigales, Nandayosi, Nejapa, Las Pilas, Pochocuape, El Reventón, San Andrés de La Palanca, Santo Domingo, San Isidro Libertador, San Isidro de la Cruz Verde, Ticuantepe, Ticomo, El Tigre, La Trinidad, Valle Góthel y Vizcaíno.

En ese ambiente comercial de lujo, en los alrededores de los Mercados Central y San Miguel, uno podía ver colores “rojo frenesí”, “verde lascivo”, “amarillo hepático” y “carmesí apasionado”, como escribió el poeta Manolo Cuadra Vega en su libro “Almidón”.

Había más de medio de millón de habitantes en Managua, en estos Barrios y Comunidades Rurales, lo que indica cuál era la importancia que tenían en Managua-Capital estos Mercados Böer, Central, San Miguel y Candelaria, antes del Terremoto de 1972.

Ambiente humano previo al Terremoto

Antes de este nuevo cataclismo sísmico de 1 972, en la Managua céntrica de luces de neón parpadeantes, de vitrinas exhibiendo lujos, perfumes, ropas finas, zapatos caros, de corrupción generalizada, de prostíbulos caros y “de mala muerte”, nadie pensaba en que pudiera registrarse un nuevo Terremoto como el de 1 931.

Mucho menos que se pensara en Terremoto dentro los Mercados Central, San Miguel y Böer, en cuyos interiores los y las comerciantes se movían como hormiguero, moviendo mercaderías, amasando grandes y pequeñas cantidades de dinero.

Esos Mercados “hervían” de gente. Eran abiertos a las cuatro y media y cinco de la mañana, hora en que empezaban a llegar, especialmente, los productos perecederos como verduras, legumbres, frutas, carnes de cerdo y res, leche, queso, y se preparaba el desayuno en los comedores populares internos, visitados diariamente por centenares o miles de comerciantes, compradores y trabajadores de los alrededores.

Unos cinco años antes del Terremoto de 1972 eran famosos los incendios de la periferia inmediata de los Mercados Central y San Miguel.

Estos incendios eran objeto de burlas populares y se les conocía como “turco-circuitos”, porque ya se había descubierto que eran provocados por comerciantes turcos, chinos o árabes, los cuales, por supuesto, ya tenían “amarrado” el cobro del seguro por estos siniestros concertados con negociantes de aseguradoras, entre los cuales se contaba el propio Anastasio Somoza Debayle.

Un año antes del Terremoto, en 1971, se registró un incendio pavoroso en varios centros comerciales o tiendas aledañas al Mercado San Miguel, durante el cual hasta hubo un bombero muerto, según registran los Diarios LA PRENSA y NOVEDADES, este último propiedad del tirano Somoza Debayle.

A pesar de estas tragedias por incendios provocados, nadie sospechaba que pronto habría un Terremoto.

El límite sureste del Mercado Central era la Onceava Sección de Policía de la Guardia Nacional, encabezada por un Sargento Montalván, un tipo chele, alto, pedante, malo, vulgar, “enemigo número uno” de periodistas y comerciantes, especialmente si eran las mujeres.

Entre 1968 y 1971 este Sargento Montalván era el que personalmente dirígía los operativos de desalojo de las vendedoras ambulantes de los andenes exteriores y callejones interiores de los Mercados San Miguel y Central.

Eran centenares las víctimas frecuentes de este Sargento Montalván, entre las cuales  se contaban las comerciantes Juana “La Polvorita” López Vivas, Carmen “La Chanita” Díaz, Georgina Martínez López y María Urbina Moraga.

Montalván tenía a su disposición numerosos guardias en la Onceava Sección de Policía y una pipa de agua con una manguera, que emitía un poderoso chorro de agua, el cual era dirigido hacia las vendedoras callejeras, con el fin de desalojarlas, especialmente cuando los turcos o árabes se quejaban de ellas.

“La Polvorita” cayó presa cuatro veces por órdenes de Montalván, quien la consideraba la más “revoltosa” y siempre dispuesta a defender a sus compañeras de infortunio “y por el derecho a ganarnos la vida”, afirmaba ella.

De vez en cuando, uno de los encargados de ejecutar las órdenes represivas de Montalván era Raúl “Peyeyeque”, barredor de ambos mercados, quien utilizaba la misma manguera de chorro fuerte de agua en contra de las vendedoras móviles perseguidas.

Inclusive, yo mismo fui hecho prisionero por orden de Montalván el día del Terremoto del 23 de diciembre de 1972, a las nueve de la mañana, porque me subí a un tabanco de la Sección de Policía para tomarle fotos a un bochinche de comerciantes dentro de la unidad militar.

Me bajaron a patada limpia del tabanco, me quebraron dos cámaras y una grabadora, me echaron a una celda llamada “La Chiquita” y después me remitieron a las Cárceles de El Hormiguero, ubicado donde fue el antiguo Matadero de cerdos y reses de Managua.

De esa Cárcel de El Hormiguero salí a las nueve y media de la noche del 23 de diciembre, es decir, tres horas antes del Terremoto. Los presos murieron con paredes encima o ametrallados al momento del Terremoto.

Centros comerciales y personajes

Por supuesto, la imagen viva de las comerciantes populares eran el delantal de diversos colores, de encajes, bordados, con vuelos anchos y en algunos casos llenos de dinero las bolsas delanteras o escondidas en depósitos especiales, pegados al vientre.

Las mujeres eran llamadas “Vivanderas”, “Locatarias” y “Mercaderas”, las cuales usaban sombrerones, especialmente si estaban fuera del interior de los Mercados Central y San Miguel.

Las “Vivanderas” que estaban fuera del interior de los Mercados, en la acera, permanecían bajo el Sol ardiente todo el día, lo cual les ponía curtido y ennegrecido el rostro, aunque no perdían el buen humor para llamar la atención de los clientes.

Por el uso frecuentes de sus músculos, centenares de estas “Locatarias” eran fuertes, con aspecto de atletas, pero engordecidas algunas por las comidas abundantes de grasa de cerdo.

¿Quiere queso, cuajada, leche…? !Le vendo barato, marchante! Tomates, naranjas, la comida está sabrosísima, amigos…vamos compren, que ya nos vamos!

!LA PRENSA, NOVEDADES…lea cómo descuartizaron a Milagritos Cuarezma!, eran los pregones de vendedores de periódicos, la mayoría de ellos descalzos, rotos y metiéndose en los pasillos de los mercados y las tiendas periféricas del Central y del San Miguel.

Abundaban los llamados cargadores semidesnudos, sin camisas, algunos descalzos, de aspecto campesinos,  (igual que hoy), es decir, quienes ofrecían sus servicios para trasladar mercancías del interior del Mercado hacia la calle, ya fuesen éstas quintales, bolsas pequeñas, o sandías, ayotes grandes para la miel, etc., a cambio de 25 centavos, un córdoba o cinco córdobas.

“Le llevo las compras, madrecita”, era una frase común de los llamados cargadores o “bulteros”.

Dentro y fuera de ambos Mercados estaban centros comerciales como: Los Gemelos, Hotel Colón, Bacarón Salomón, Lazlo Pataky, José Musalén, Sara Keleman, Mandarín, Casa de los Encajes, Farmacias Ramos y Managua, Tienda Alicia, Casa del Sombrero, , Tienda Dreyfus, Trajes Gómez, Casa de la Novia, Kikatex, Ulises Morales, Abraam Frech, Tienda Ludeca, Tienda Lugo, Oscar Keleman, La Florida, una talabartería famosa, la Librería Argeñal en los alrededores, el Edificio Cerna con el Ministerio de Educación dentro, la Biblioteca Nacional, en la cual leyó Rubén Darío…

“La Polvorita” López Vivas vendía en un espacio que le había cedido don Ulises Morales, frente adonde había también una gasolinera.

Dentro de ambos Mercados habían secciones de venta de carnes, quesos, verduras, frutas, ropa, zapatos, comiderías, salones de belleza, barberías, bisuterías, refresquerías, abarrotes, venta de pescados, ferreterías, tortillas…

Y allí mismo dentro de estos Mercados habían cosas famosas como “La Sopa de Cola” todos los días, adonde las comerciantes y forasteros iban a comer por dos y tres córdobas.

Raúl “Peyeyeque”, el barredor de los mercados, un tipo medio “loco”, que dormía allí mismo. Era un hombre vulgar, gritón, y se dice que “amigo” de los guardias, aunque él lo negaba y de repente se lo llevaban preso y lo ponían a barrer las calles de Managua.

Era famosa una mujer sólo identificada como Blanca “la gorda”, vendedora de manzanas y juguetes.

La Cleotilde, quien también vendía manzanas. Le pusieron el nombre de “Amorcito”, porque a todo el que veía le decía: “Que te vendo, amorcito…¿querés manzanas, peras, uvas…?

Un homosexual llamado Fernando, vendedor de uvas y manzanas. ya sonaba también “La Sebastiana”, homosexual llamado Sebastián, quien aparece posteriormente en el célebre Mercado Oriental.

Era famosa una mujer bonita, llamada “La varonesa”, alta, blanca, prostituta, porque ofrecía sus servicios sexuales mientras al mismo tiempo andaba con su “marido oficial ” o “chivo”.

La Teresa “flaca” era otra prostituta famosa, que deambulaba dentro de los Mercados ofreciendo servicios sexuales.

El “loco” Carlos, que en realidad era loco pacífico, que andaba pidiendo dinero en los pasillos del Central y San Miguel.

El “loco” Pastor, flaco, alto, quien recogía basura, pedía dinero y jincaba las costillas de los clientes en los comedores, especialmente al medio día.

“La Chavela” otro homosexual famoso en esos días dentro y fuera de los Mercados San Miguel y Central.

Eran famosos los sitios del “Atol en la Esquina 11”, “La chicha de pelo de mai”, “la chicha de mamei”, cuya propietaria pregonaba a gritos: “es mamei legítimo… les doy la prueba de mamei rico, de chuparse la lengua, de sentirlo sabroso”; “La chicha de maicillo”, “Las tortillas con cuajada de doña Moncha”, “las güirilas con cuajada de doña Tencha”, “El tiste con “cosa de horno” de donde la Melania”, “Los tacos con fresco de agua colorada de Don Armando”, quien se paseaba por los dos Mercados con un carretón de manos, en el que andaba un tonel metálico con el refresco helado dentro”, “La comida de la chela María”…

Carteristas

 Eran famosos los “carteristas”, es decir, los ladrones especialistas en extraer carteras o billeteras de las bolsas de pantalones de hombres y mujeres.

Estos carteristas operaban dentro y fuera de los dos Mercados.

Fueron famosos los reportajes fotográficos realizados por los reporteros gráficos Carlos Doña y Manuel Salazar al momento en que estos “carteristas” sacaban las carteras a ciudadanos comunes y corrientes en el Mercado San Miguel o mientras iban caminando en medio de la multitud de gente en las callejuelas internas o en la apretazón de las Calles 15 de Septiembre y Momotombo, por ejemplo.

Estos reportajes se publicaron en la Página de Sucesos del Diario LA PRENSA.

Además de los autobuses y camiones que llegaban cargados de mercaderías al Central y San Miguel, también era común la presencia de unos autobuses “pelones”, sin techo, que se estacionaban a la orilla de ambos Mercados, para recoger pasajeros.

Terremoto derrumba mercados

Escenas alucinantes

El ambiente humano era crítico por los niveles de pobreza generalizada, pero poca gente andaba pensando en la posibilidad de un nuevo Terremoto.

Sin embargo, unos cinco días antes del 23 de diciembre de 1972, el ingeniero Carlos Santos Berroterán emitió declaraciones y publicó artículos sobre la posibilidad de la proximidad de un Terremoto, con el argumento de que los movimientos terráqueos de Managua tenían un comportamiento cíclico o repetitivo en cada 25 ó 30 años.

El 23 de diciembre en la noche, mientras tanto, cuando eran las diez y media de la noche, Juana “La Polvorita” López Vivas estaba con su familia en el pedazo de terreno que le había cedido don Ulises Morales, contiguo al Mercado San Miguel y frente a la gasolinera.

“La Polvorita” recordaba que ella nació, precisamente, el 31 de marzo de 1931, en Granda, cuando ocurrió el Terremoto de ese año en Managua.

Estaba influenciada, al mismo tiempo, por las declaraciones del ingeniero Santos Berroterán, quien decía que había un “silencio sísmico peligroso”, indicativo de que podría desatarse un Terremoto.

En los alrededores de los dos Mercados, en las tiendas, en los comercios de los turcos, en los clubes nocturnos como El Terraza, el Club Internacional, el Club de la burguesía, situada en el costado noroeste de la  Catedral, se vivía un ambiente navideño, que aumentaba los deslumbres de luces de neón y de árboles de Navidad.

Y por ese mismo ambiente, “La Polvorita” y su familia estaban allí, vendiendo manzanas, uvas, frutas, pólvora, “candelas romanas”…

Estaban allí, con “La Polvorita”, su marido Hernán López Ortíz y sus hijos: Enrique José Martínez Vivas, Guillermo, Luis Alberto, Esperanza, Elías y Marisol.

Cuando eran las once de la noche, una mancha rojiza en el cielo nocturno de Managua se puso más intensa, mientras aunmentaba el calor.

“La Polvorita” López Vivas se inquietó. Comenzó a moverse nerviosamente de un lado a otro, mientras las luces de neón de los comercios le iluminaban el rostro con distintos colores.

“Va a ocurrir un Terremoto hoy mismo en la noche”, les dijo a su marido e hijos.

“Vos estás loca”, la reprendió su marido. “Mejor vámonos de aquí…levantemos todo y nos vamos para la casa”, insistió “La Polvorita”, pero el resto de la familia la convenció de que nada pasaría y que además debían vender las mercancías para poder comer en los próximos días.

Al ratito comenzaron los primeros corcoveos ruidosos del subsuelo de Managua, pues se estaba moviendo la llamada “falla de los bancos”, ubicada, precisamente, por debajo de los Mercados Central y San Miguel.

Después llegó el momento del “jamaqueón” fuerte, potente, tan poderoso, que la tierra se sentía saltar bajo los pies de decenas de miles de managuas ubicados en ese momento en el centro de la Capital ruidosa y luminosa por sus comercios y su gente metida en actividades nocturnas de los clubes, discotecas, el Malecón, prostíbulos, tiendas, fiestas privadas, las actividades en el Casino Militar de la Guardia Nacional…

El nerviosismo de “La Polvorita” se convirtió en pánico y en imágenes alucinantes, pues mientras las luces de neones, lámparas de tiendas y luminarias se tambaleaban y parpadeaban en el aire (antes de apagarse), pudieron ver cómo se derrumbaban las casas comerciales de los alrededores, el edificio de Ulises Morales, los postes del tendido eléctrico, como “traqueteaban” los Mercados Central y San Miguel.

 

Se escuchaban nítidas las explosiones y crujidos metálicos provocados por los derrumbes de edificios, casas, postes, tendidos eléctricos…

Al instante, la oscurana, los lamentos generalizados  de “!ay, me muero, auxilio, ayúndenme!”, de los que habían quedado prensados por soleras y paredes de taquezal y cemento.

“La Polvorita”, su marido y sus hijos habían podido salvarse ubicándose en media calle.

Quedaron a la expectativa unos segundos interminables, cuando escucharon que desde adentro de los Mercados San Miguel y Central se producían explosiones y comenzaron a elevarse al cielo las llamaradas de los incendios.

En poco minutos tomó fuego también el edificio de la Ferretería de Ulises Morales, ubicada contiguo a uno de los Mercados.

El mundo se les derrumbaba a ellos también, a pesar de que no habían quedado prensados por ninguno de los edificios. Mientras los incendios y los lamentos de seres humanos crecían, ellos buscaron cómo salir por encima de escombros, heridos y cadáveres.

Comprendió “La Polvorita” que los Mercados San Miguel y Central dejaban de existir para siempre.

El Mercado Oriental

El Mercado Oriental es una historia especial en el comercio popular de Nicaragua.

El historiador Gratus Halftermeyer informa que su construcción comenzó en 1 933, aunque no precisa la fecha ni el mes.

Otras fuentes históricas indican que en realidad este Mercado se comenzó a construir un poco después, porque los dos edificios o galerones metálicos principales fueron edificados por la empresa constructora Lacayo Fiallos cuando ya se sobrepasaba 1940 por supuestas órdenes de Anastasio Somoza García.

En aquellos años de 1940, según Martín Rivera Maltez, el Mercado Oriental era considerado un lugar “bastante lejano”, pues fue ubicado en medio de bosques o arboledas, matorrales tupidos y hierbas llenas de víboras al sur del Barrio El Calvario.

En esa misma dirección, pero en la propia costa del Lago de Managua, ya existían “Miralagos” (inundado y destruido en  l933), La Tejera y La Quinta Nina.

Se afirma que el Mercado Oriental fue construido por el gobierno somocista con la concepción de que se convirtiera en acopiador o mayorista, para abastecer de productos perecederos como cebollas, papas, plátanos, guineos chanchos, bananos, quesos, zanahorias, verduras, frutas, legumbres, repollos, ayotes, pipianes, sandías, huevos, gallinas, patos, chompipes, abarrotes…

Eran sólo dos galerones metálicos, grandes, de techo muy elevado. Uno de ellos, ubicado al sur, fue destinado a la venta de abarrotes, quesos, ropa y zapatos, por ejemplo.

El galerón del norte fue destinado al acopio y venta de perecederos como cebollas, repollos, papas, remolachas, zanahorias, las cuales eran lavadas en una pilas pequeñas a punta de agua llevada en pipas también pequeñas.

No había un estacionamiento pavimentado o adoquinado, debido a lo cual en torno a los dos galerones se fue formando un lodazal terrible.

Las mercancías llegaban en camiones, camionetas y autobuses procedentes de Estelí, Matagalpa, Jinotega, Boaco, Juigalpa, Granada, y también por medio del Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua.

El más significativo espectáculo eran las carretas jaladas por bueyes, provenientes de Las Sierras de Managua y de Ticuantepe, de donde traían cebollas, frutas, verduras, legumbres, elotes, chilotes, maíz desgranado, limones, naranjas, mangos en abundancia, mandarinas, cocos…

Diariamente ingresaban no menos de 20 carretas por el lado del Camino Viejo a Las Sierritas, el cual seguía el recorrido tradicional de Santo Domingo de Guzmán, Patrono de Managua.

Este Camino Viejo, en medio de arboledas o bosques espesos, tenía como puerta de entrada el llamado Gancho de Caminos, donde se ubicó la conocidísima fábrica de cohetes y bombas “La Caimana”.

La carretas entraban como en “desfile indio” del Gancho de Caminos hacia donde es hoy el Jardín del Calzado, rumbo al sitio en que se instaló la Azucarera, propiedad de la familia Somoza, en el sector conocido hoy como “Zona I”.

La carretas también giraban por otro camino de donde es hoy el Jardín del Calzado hasta el sitio en que se ubica actualmente la comercial de TROPIGAS.

En ambos sectores abundaban árboles enormes de ceiba, guanacastes y genízaros viejos, bajo cuyas sombras eran colocadas las carretas y bajada la mercadería.

Por supuesto, en esa época de 1 940, de 1 950 y aún de 1960, este ambiente de alrededor de los galerones del Mercado Oriental, se mantenía lodoso en el invierno y polvoso en la época seca o de verano.

Esos árboles de ceibo, guanacastes y genízaros servían de letrinas públicas a decenas de borrachos y otras personas que llegaban al sector, especialmente de noche. Al mismo tiempo, servían de “dormitorio” a estos bolos.

Según decenas de “Vivanderas”, “Locatarias” y “Mercaderas” de hace más de 40 años, como “La Polvorita”, “La Chanita”, Georgina Martínez López y María Urbina Moraga, efectivamente el Oriental operaba entonces como un Mercado Mayorista y de minoristas al mismo tiempo.

Según estas “Vivanderas”, se construyó una calle del centro de Managua hacia el Mercado Oriental para facilitar el tránsito de vehículos como camionetas, camiones, taxis y carretas jaladas por bueyes.

“Igual que ahora, las vendedoras de los Mercados San Miguel, Central y Böer, nos íbamos a comprar productos perecederos al Oriental y los transportábamos en camionetas de acarreo, en taxis y especialmente en coches jalados por caballos, porque resultaba más barato”, relata Carmen “La Chanita” Díaz.

En la mayoría de los casos, las “Vivanderas” del Central, San Miguel y Böer, le compraban directamente a los productores de las carretas provenientes de Las Sierritas de Managua.

Llegaban, asimismo, vecinos de las comarcas vecinas de Managua a comprar al Oriental. Estos llegaban montados en caballos, mulas o yeguas.

Por este motivo y por la presencia de los bueyes, abundaban las defecaciones o cagadas de estos animales alrededor de los galerones mencionados.

¿Cómo era el ambiente en el Oriental?

 A mediados de 1965 se construyeron otros dos galerones metálicos, en torno a los cuales se fueron fincando otros negocios comerciales como cantinas con “tragos de a peso”, prostíbulos, comedores populares, ventas de sopa de mondongo y tramos de ventas al aire libre, especialmente hacia el oeste de los módulos metálicos.

Una de esas cantinas era conocida como “Rancho Grande”. Efectivamente, era un rancho grande, ubicado al oeste de los galerones. Allí habían numerosas prostitutas.

En el mismo sector habian “hospedajes” y cuarterías en que vivían algunos comerciantes foráneos.

Al oeste, donde se conserva un poste de tendido eléctrico muy viejo, habían un molino, un puesto de venta de carbón, una fritanga, una mujer gorda vendía chorizos de cerdo y un hombre viejo vendía los “tragos de a peso” en la cantina, donde ponían una especie de batea con aserrín para que los borrachos echaran allí las escupidas.

!Ah, claro!, allí andaba muy atento, un cobrador del Distrito Nacional o Alcaldía capitalina, aunque no prestara ningún servicio a las “Vivanderas”.

Al registrarse el Terremoto del 23 de diciembre de 1972, tal vez habían unos 400 “Vivanderas”, “Locatarias” o “Mercaderas”, ubicadas al oeste de los galerones metálicos mencionados.

En realidad habían también hombres, pero la inmensa mayoría eran mujeres, acompañadas de niños muy pequeños, a los cuales mantenían metidos en canastos o les improvisaban sombras con pedazos de cartones y plásticos.

Mantenían sus canastos en medio Sol y sobre el fango o el polvo, porque no habia pavimento, ni adoquinado, ni tramos formales en ninguna parte.

La mayoría de estas mujeres se cubrían con unos sombreros grandes, aludos, para soportar el Sol ardiente de la Managua todavía provinciana  de esos días.

En la época lluviosa, las correntadas que bajaban por el Camino Viejo de Las Sierritas, entraban raudas hacia los alrededores de los galerones del Mercado Oriental, provocando que estas pobres “Vivanderas” salieron corriendo a buscar refugio en otros sitios.

Al ocurrir el Terremoto de 1972, ya existía la bodega, conocida como “La Azucarera”. Ya estaba construido el  Reparto Ciudad Jardín, en el costado sureste del Mercado Oriental. Ciudad Jardín fue uno de los primeros repartos edificados en 1969.

Para entonces, ya eran famosos los prostíbulos y cantinas de “El “Malinche”, “Las Mendozas” y “El Palo de Gato”.

“Las Mendozas” eran cuarterías con cuartos de “servicios sexuales” por donde es  hoy la Zona I, es decir, al sureste de la Azucarera.

“El Malinche” estaba ubicado de donde es hoy el Cine México dos cuadras al oeste, por el sitio en que se ubica la Ferretería El Novillo.

“El Palo de Gato” estaba situado de la Azucarera cuatro cuadras al oeste, es decir, un poco al norte del  famoso “Chiquero”.

El Terremoto del 23 de diciembre de 1972 cambió explosivamente la situación del Mercado Oriental, pues todas las “Vivanderas” y “Vivanderos” de los Mercados San Miguel, Central, Böer y Candelaria habían quedado sin un lugar para recomenzar sus actividades comerciales populares.

El Terremoto derrumbó todo en aquella Managua llena de lujos de los ricachones y miserias de los pobres.

Miles de “Mercaderes” estaban en “el aire”, mientras la inmensa mayoría de la fuerza laboral existente había quedado sin empleo.

Había que comenzar de nuevo, y la posibilidad a la vista era el Mercado Oriental, hacia donde se dirigieron centenares de las “Vivanderas”, las cuales se encontraron con que Anastasio Somoza Debayle había mandado a colocar guardias en los cuatro costados del Mercado Oriental, para que nadie se fincara en sus alrededores.

Al momento del Terremoto de 1972 habían “Vivanderas” regadas, al aire libre y en algunos tramos improvisados con pedazos de tablas, cartones y plásticos negros, en la calle sur, paralela al galerón de abarrotes; la calle situada al norte, de la Azucarera hacia el oeste, es decir, paralelo a los galerones de cebollas, verduras y legumbres, convertidos después en los locales para “Vivanderas” o vendedoras de carnes, comidas, mondongos, pescados, chorizos de res y cerdo, sopas de res, chancho, punches y de pescados; y la Avenida, ubicada al oeste de todos los galerones, donde estaban el Molino, “El Ranchón” (cantina con prostitutas) y la cuartería ya mencionada.

Población explosiva después del Terremoto

 ¿Cuántos miles de comerciantes habían quedado sin sus tramos del Central, San Miguel, Böer y Candelaria?

Al mismo tiempo, más de 100,000 trabajadores del Estado y de empresas privadas: comercios, industrias, gasolineras, periódicos, radioemisoras, clubes nocturnos, discotecas, transportes colectivos, etc., también habían quedado en el desempleo.

Los únicos trabajadores con posibilidades próximas de empleo eran los albañiles, armadores y similares, los cuales tuvieron que irse a una huelga en junio de 1973 porque Somoza Debayle les impuso 60 horas de labores semanales en vez de las 48 establecidas en el Código del Trabajo.

Había incertidumbre profunda en el “Valle de las Lágrimas” de Managua.

Por tanto, el comercio parecía ser la alternativa más inmediata para conseguir alimentos, ropa, zapatos y a lo mejor un terreno para construir una casita nueva.

Ciudad Jardín era un Reparto nuevecito, de apenas tres años, al ocurrir el Terremoto de 1972.

En la manzana de casas situadas al sureste, frente al Mercado Oriental (aunque un poco lejos de galerones) estaban apareciendo algunas tiendas de venta de telas, ropa confeccionada y zapatos.

Esta manzana de viviendas de Ciudad Jardín está ubicada del Gancho de Caminos hacia el Norte.

“La Polvorita Martínez” andaba desesperada porque su marido y sus hijos estaban sin comida.

En marzo de 1973 tomó una canasta de manzanas, uvas y ropa confeccionada, y se fue donde una amiga suya, doña Lila Bravo, propietaria de una de las tiendas recién estrenadas en las casas mencionadas de Ciudad Jardín.

Le pidió permiso para ubicarse en el andén frente a su casa, lo cual su amiga y pariente cercana aceptó en solidaridad.

Tendió una “tijera” (cama rústica), pero de inmediato reaccionó el guardia que estaba en los alrededores, presto para no dejar fincarse a nadie en los terrenos lodosos cercanos al Mercado Oriental.

“Váyase de aquí…tengo órdenes de no permitir el asentamiento de nadie en estos terrenos”, le advirtió el guardia. “Ella me dio permiso de ponerme aquí…no le estoy causando males a nadie”, respondió “La Polvorita”.

El guardia la dejó tranquila durante dos días, tres días… De repente llegaron en masa numerosas amigas suyas, antiguas “Vivanderas” de los Mercados Central y San Miguel, entre otros, Raúl Bermúdez y su esposa.

Al ver a “La Polvorita” instalada en la acera, ellas y ellos se arriesgaron también. Los guardias intentaron desalojarlas, pero cada vez eran más “Vivanderas” instalándose al aire libre, bajo el Sol ardiente, en la calle polvorienta (era época de verano) del Gancho de Caminos hacia la esquina en que posteriormente se instaló el Jardín del Calzado.

El gobierno somocista, encabezado por Anastasio Somoza Debayle, más bien se vio obligado a elaborar un plan de ubicación de las “Vivanderas” que empezaron a llegar por miles a los terrenos aledaños a los galerones del Mercado Oriental, los cuales fueron reordenados en función de un comercio mezcla de mayorista con minorista.

Hubo una especie de explosión del comercio al aire libre a medianos del año 1973.

Aparecieron por miles los tramos improvisados, especies de casitas minúsculas, sostenidas en pedazos de tablitas, cartones y plásticos, bajo los cuales eran colocados los canastos con mercancías y los niños tiernos de las “Vivanderas”, miles de ellas de Managua y otras miles provenientes de Masaya, Granada, de los Pueblos Blancos o Brujos, de Tipitapa, de La Concha, de Carazo, etc.

Ese mismo año se hizo común que muchas vendedoras se quedaran durmiendo en el tramito improvisado, o que las mercancías las transportaran diariamente en un carretón de manos hacia los sitios en que estaban posando o viviendo.

Fue adoquinada la Avenida del Gancho de Caminos hacia la Azucarera y pavimentado el pedazo de Avenida al Oeste de los galerones metálicos, construidos por la empresa Lacayo-Fiallos, se ha dicho, entre 1936 y 1940.

Cada “Vivandera” o “Vivandero” se fue quedando establecido en un pedazo de terreno, en puro suelo lodoso o polvoso, y de ese modo comenzó la defensa del “derecho ganado” de cada uno de los tramos en el ensanchamiento del Mercado Oriental, después del Terremoto de 1972.

Los adultos vendían (hombres y mujeres) y los niños tiernos dormían dentro de canastos y en el suelo.

Aparecieron el Jardín del Calzado, la Casa de los Encajes, La Carioca, decenas de negocios de comerciantes árabes y turcos en la Calle de Ciudad Jardín, situada de la esquina de la Casa de los Encajes rumbo al Cine Jardín.

Apareció el Cine México, situado del Gancho de Caminos  dos cuadras al Oeste, donde no habían tramos comerciales antes del Terremoto de 1972.

En torno al Cine México había un parque o estacionamiento de vehículos, el cual fue “tragado” por el explosivo crecimiento de tramos al aire libre a partir de 1973.

Se instaló una intendencia o gerencia del Mercado Oriental en el módulo central, en representación del Distrito Nacional, para controlar a las “Vivanderas” y “Vivanderos” y cobrarles por el uso del piso e impuestos diarios por estar vendiendo en esos suelos llenos de basuras y diversos tufos por falta de limpieza.

El crecimiento de más y más tramos se fueron “comiendo” los parqueos de vehículos y carretas que estaban por donde es hoy el Jardín del Calzado, en los ceibones donde era la cuartería y prostíbulo de “las Mendozas”, de “El Malinche” y del “Palo de Gato”, pero al mismo tiempo se ensancharon estos prostíbulos y cantinas hasta convertirse en la llamada “Ciudad del Vicio”, según veremos más adelante.

El crecimiento era explosivo, desordenado, pues en todas partes se mezclaban las ventas de comida, por ejemplo, con ropa, calzado, cosméticos, verduras, legumbres, frutas, ferreterías, abarrotes, zapatos…

La Azucarera fue quedando rodeada de tramos comerciales sencillos, propiedad de gente muy pobre, y al mismo tiempo crecían las tiendas distribuidoras, mayoristas, cuyos dueños eran ya gente poderosa porque manejaban mucho dinero y se les veía con cadenas, cordones, pulseras, brazaletes carísimos, lucían ropa fina.

Los tramos se extendieron hacia la Iglesia de El Calvario, de la Casa de los Encajes rumbo a la Jabonería América, de la Azucarera al oeste, del Gancho de Caminos al Jardín del Calzado, de La Caimana hacia el Norte en una de las Avenidas de Ciudad Jardín, de donde es hoy la Estación IV de la Policía hacia los galerones metálicos, del Cine México al norte y oeste, del Cine México una cuadra al oeste y luego dos tres cuadras rumbo al norte por donde era el “Palo de Gato”.

El “Chiquero” y la “Ciudad del Vicio”

Por ese ensanchamiento veloz, voraz, violento, incontrolable, apareció también el llamado “Chiquero”, ubicado del Cine México tres cuadras al Lago, en un predio que ocupa más de una manzana.

En realidad, este “Chiquero” es como la continuidad del Mercado de Mayoreo de productos perecederos que habían en los galerones metálicos antes del Terremoto de 1972.

Al principio, a mediados de 1 974, allí se instalaban productores agrícolas o intermediarios con camiones llenos de plátanos, guineos, cebollas, ajos, papas, piñas, naranjas dulces y agrias, papayas, sandías, guayabas, zapotes, melones, tomates, pepinos, chayotes, ayotes, cañas, limones dulces, zanahorias, remolachas, bananos chinandeganos, caraceños y ometepeños.

Era el más extraordinario de los espectáculos, pues los ocupantes de estos camiones y camionetas llegaban de madrugada, por ejemplo, a las cuatro de la mañana y comenzaba una labor agitadísima de acomodar estos productos agrícolas en el puro suelo lodoso o polvoso.

Cada uno se había apropiado de un pedazo significativo o se lo había asignado el Distrito Nacional, encabezado en esos días por el somocista doctor Luis Valle Olivares.

Esos productores, además, dormían allí, cuidando sus productos comerciales, hasta que los vendían todos y se iban a traer más de lugares como Rivas, Masaya, Carazo, Sébaco, Jinotega y de los llamados “Pueblos Brujos”.

Era y sigue siendo un espectáculo agitado, agotador, lleno de angustias diarias, de madrugada, el hecho de que las “Vivanderas” de plátanos, frutas y legumbres, pagan a cargadores, “bulteros” y carretoneros para que les transporten del “Chiquero” estos productos hacia sus tramos dentro del Mercado Oriental.

Estos carretones llenos de mercancías, después del Terremoto y actualmente, se hacinaban en los callejones estrechos con compradores, provocando estancamientos que duran media hora, una hora y pleitos interminables por el derecho a paso.

En época lluviosa, los compradores llegaban a este sitio del “Chiquero” y resto del Oriental, “chapaleando” lodo, cuando los callejones ya se estaban volviendo estrechos, convirtiendo aquello en un hacinamiento cada vez más afixiante.

Los camiones con queso, abarrotes, ropa confeccionada y calzado, entraban por la Calle de donde es hoy la Estación IV de la Policía (instalada en 1981) hacia el norte, al galerón.

Ya en 1976, el Mercado Oriental ocupaba unas 40 manzanas. Se había extendido por el lado de la Iglesia de Santo Domingo, de la Iglesia de El Calvario rumbo a la Carretera Norte, de donde fue El Abanico al oeste, del México dos cuadras al oeste y al sur por el Barrio hoy llamado “19 de Julio”, de la esquina de la Ferretería El Novillo para el norte.

Todo ésto en un área de terreno considerada parte de los escombros de la Capital “terremoteada”, pues este lugar está afectado por la llamada Falla de Chico Pelón, donde existe uno de los 16 volcanes activos e inactivos de Managua.

Ya en 1975 se podían ver, al mismo tiempo, tramos endebles, tramos bien construidos o “locales” sin techo alguno en pedazos de terreno resguardados, cada uno, por sus “dueñas” las “Vivanderas”, metidas en angustias por deudas con bancos, prestamistas voraces y ventas cada vez más bajas.

A la par de todo este laberinto comercial, fueron creciendo también los prostíbulos de “Las Mendoza”, de “El Malinche” y “El Palo de Gato”, bautizados por los capitalinos como “La Ciudad del Vicio”.

En “El Malinche” habían más de 50 prostitutas, con sus respectivos “chivos” (“maridos oficiales”).

Ya en 1975 eran famosos los asesinatos, asaltos a mano armada, robos en los tramos, bandas de ladrones, bandas de carteristas y también los crímenes ejecutados por guardias nacionales somocistas bajo un famoso árbol de guanacaste, ubicado para el lado del Cine México.

Se hicieron famosos los llamados “chivos” de las prostitutas en los tres sitios mencionados, pero además existían prostíbulos disimulados con rótulos como “se cose”, “se borda”, “se venden cosméticos”.

En estos lugares, en realidad, habían dos, tres, cuatro y hasta 10 mujeres prestando “servicios sexuales” sin control alguno, debido a lo cual aparecían las enfermedades de “gonorrea” y “chancro” en hombres y mujeres, inclusive en féminas decentes, porque sus maridos les trasmitían estas enfermedades venéreas.

En algunos casos, estos “chivos” eran comerciantes o delincuentes famosos. Se afirmaba en esos años que ir a la “Ciudad del Vicio” era buscarse, con seguridad, un asalto o la muerte segura.

En estas bandas de criminales estaban metidos numerosos guardias nacionales y funcionarios del Distrito Nacional, los cuales tenían dominio o eran aliados de delincuentes y amenazaban a las prostitutas con llevarlas presas por andar enfermas o debido a que no entregaban “la tajada” o “coima” por prestar “servicios sexuales”.

Cobraron fama los asaltos a “Vivanderas”, a compradores que los ladrones veían con dinero, los robos nocturnos dentro de los tramos de mayoristas.

También se formaron bandas de ladrones que protegían a comerciantes o les robaban mercancías.

Se hicieron comunes los famosos “topes”, es decir, comerciantes (hombres y mujeres) que compraban objetos robados, ya fuesen cadenas de oro, pulseras, relojes, granos básicos, repuestos de vehículos…

En medio de esta situación aparecieron también los grupos de delincuentes y comerciantes (aliados los unos con los otros) que ejercían el llamado “Mercado Negro”, que en realidad era (y sigue siendo) tráfico con determinadas mercaderías como repuestos de carros, camiones, tractores o artículos de ferreterías vendidos más baratos que en las Ferreterías formales de Managua.

Este “Mercado Negro” se hizo célebre en un predio cercano a la Iglesia de El Calvario, donde fue desarticulado varias veces por la policía somocista, pero volvía una y otra vez, alcanzando, al mismo tiempo, a otros productos como la ropa confeccionada, cigarrillos, cosméticos, medicinas y donaciones venidas del extranjero.

Se volvieron renombrados asimismo los llamados “corredores”. Esto significaba que algunos comerciantes móviles, sin tramos fijos, conseguían mercaderías escasas como los granos básicos: frijoles, maíz, arroz, sal, azúcar, cigarros, ropa fina, cosméticos de lujo o caros…

En la década del 70, después del Terremoto de 1972, ocurrieron incendios voraces en el Oriental, especialmente en aquellos sectores de ropa confeccionada y calzado.

Fueron “comunes” las apariciones de hombres o mujeres asesinados en cualquier callejón del Mercado Oriental, donde la oscuridad reinaba en casi todos los tramos. Había abundante luz sólo en las cantinas o prostíbulos de la ya mencionada “Ciudad del Vicio”, que en realidad eran tres puntos diferentes en el centro de expendio popular.

Cada que llovía fuerte en Managua se inundaban de correntadas todos los callejones, tramos y canastos del Mercado Oriental, mientras al mismo tiempo no fallaban los cobros del Distrito Nacional, encargado directo de las construcciones y reparaciones de calles en la Capital.

No habían desagües, se acumulaban la basura por decenas de toneladas, reinaba el lodo, el hacinamiento, los peligros de enfermedades por contaminación ambiental, todo lo cual se sumaba a la plaga de delincuentes reprimidos (unos) y protegidos (otros) por jefes policiales (guardias) que también tenían por negocio la prostitución y control provechoso en su favor de las bandas delictivas.

Cabe mencionar que por el ensanchamiento del Mercado Oriental se complicó también la presencia anual (del 1 al 10 de agosto) de la procesión de Santo Domingo de Guzmán, Patrono de Managua, a una de sus sedes en la Iglesia de Santo Domingo, situada, precisamente, en el extremo noroeste del Mercado.

Al ritmo de esta procesión religiosa, se movían también grupos de delincuentes o bandas de ladrones, que aumentaban su accionar dentro y fuera del Mercado Oriental.

Al arribar a 1978, el Mercado Oriental había rodeado también al Cine México, en cuyas cercanías apareció el famoso “Callejón de la Muerte”, supuesto refugio de ladrones y de prostitutas.

El Mercado llegó al “Gancho de Caminos”, donde también se instalaron “cambistas” de dólares. Se llenó de tiendas comerciales la siguiente Avenida de Ciudad Jardín, ubicada del Gancho de Caminos una cuadra al este y luego hacia el norte.

El Mercado Periférico

Antes de continuar esta historia breve, es necesario contar sobre la aparición de los llamados Mercados Periférico y Occidental.

La edificación del Mercado Periférico estaba destinada, al parecer, para otros fines, pero el Distrito Nacional ordenó a abrir allí un centro de expendio popular, mientras al mismo tiempo la Guardia Nacional, jefeada por Somoza Debayle, mandó a instalar la tenebrosa Onceava Sección de Policía en ese mismo edificio, al mando del conocido asesino y torturador Alberto “Macho Negro” Gutiérrez.

Ese edificio fue reparado en 1973. Está situado en el costado Oeste del Cementerio Oriental de Managua.

La Treceava Sección de Policía se instaló casi al mismo tiempo que el Mercado, pues a raíz de las huelgas obreras de 1973 y el accionar del Frente Sandinista de Liberación Nacional, Somoza y su guardia genocida mandaron a abrir numerosas secciones policiales en el Oriente de Managua, como parte de la contrainsurgencia de la dictadura ante el avance del accionar guerrillero del FSLN.

En aquellos días el Mercado Periférico se llenó de “Vivanderas” y de compradores por la falta de centros comerciales en este sector oriental capitalino, hacia donde se estaba extendiendo Managua “en forma de abanico desordenado” después del Terremoto de 1972.

A él acudían pobladores de los Barrios Maestro Gabriel, Salvadorita (hoy Cristian Pérez), Edén, Ducualí, Bello Horizonte, Santa Bárbara, Don Bosco, Luis Somoza (Diez de Junio), Santa Julia, Nicarao, Catorce de Septiembre y el Barrio Costa Rica.

Fue dividido este edificio en  ocho callejones orientados de sur a norte y tres callejuelas de este a oeste, entre los cuales fueron ubicados los tramos, construidos  con bloques en forma de “minifaldas”.

Ha contado siempre con 6 plataformas de descargue un estacionamiento o parqueo amplio en el lado Oeste, donde se estacionan autobuses interlocales hacia Tipitapa.

Entre sus comerciantes más conocidas estaban Esmeralda Chamorro, Yolanda Téllez, Lidia Martínez, Rosabeth López, Gladis Olivares, Doña Velia Peralta (madre de David y René Tejada Peralta), Victoria Zamora, María Isabel Lanzas y Yolanda Medrano.

Algunas de estas comerciantes o “Vivanderas”, “Locatarias” o “Mercaderas” denunciaron siempre cómo se escuchaban los lamentos angustiosos de los prisioneros que eran torturados por “Macho Negro” en los sótanos de la Onceava Sección de Policía, donde todavía se ven las letras “G.N”.

Este Mercado comenzó a declinar por los centros comerciales y supermercados que aparecieron en 1975 en el Reparto Bello Horizonte y los alrededores del Cine Colonial.

Casi al mismo tiempo se instaló el Mercado Occidental, cuyos comerciantes o “Vivanderas” y “Vivanderos” eran, en la mayoría de los casos, los que habían estado en el Mercado de Candelaria en las cercanías de la Estación del Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua.

Este Mercadito se ubicó en el costado noreste del Cementerio Occidental, el más grande y viejo de Managua, para dar atención comercial a los Barrios Monseñor Lezcano, Santa Ana, El Arbolito, Altagracia, Linda Vista, Las Brisas, Acahualinca, San Sebastián y El Rosario.

El local de este Mercado es casi todo de madera. Tiene forma rectangular de sur a norte. Cuenta con dos callejones largos y tres calles cortas.

En el Periférico y el Mercadito Occidental se vendía de todo: verduras, comidas, ropa confeccionada, medicinas, frutas, legumbres, abarrotes, carnes de res, cerdo, pescado y pollo, bisuterías, lácteos, abarrotes, tortillas, cosméticos, carbón, leña, caña, dulces de rapadura…

Las “Vivanderas” de estos dos Mercados siempre reclamaron la necesidad de que les pusieran una Terminal de Autobuses Urbanos en sus estacionamientos, o que al menos pasaran cercas las rutas urbanas.

Cabe aclarar, eso sí, que en la década de 1970, antes del Triunfo de la Revolución Sandinista, eran escasas estas Rutas de Buses Urbanos, pues estaban limitadas a las llamadas TUN, 109, los autobuses de Río Sol y algunas camionetas propiedad de guardias nacionales.

Mercados y el Triunfo de la Revolución Sandinista

Una de las primeras medidas  de la Junta de Reconstrucción Nacional, después del Triunfo de la Revolución Sandinista,

fue reordenar el laberinto del Mercado Oriental y desarticular la “Ciudad del Vicio”, lo cual comenzó en el mismo año de 1979.

Era una misión que parecía muy difícil, porque la delincuencia organizada, en combinación con guardias genocidas y la “chivería” de los prostíbulos de la “Ciudad del Vicio”, habían demostrado ser intrépidos, audaces, feroces y violentísimos en su accionar dentro y fuera del Mercado Oriental.

Se recuerda que, inclusive, quienes se oponían a los designios de las bandas delictivas y de los guardias mismos aparecían muertos a puñaladas, balazos o ahorcados en el guanacaste que estaba situado por donde es hoy “El Chiquero”.

La Junta de Reconstrucción Nacional nombró como jefe de la Junta de Reconstrucción de Managua a Samuel Santos López, quien con su equipo de trabajo elaboró el plan de reordenamiento del Oriental.

La inmensa mauyoría de “Vivanderas”, “Locatarias” o “Mercaderas” dieron su “bendición” a los planes de limpieza social, limpieza ambiental e higiene, porque también reinaban tufos por desagües taqueados, por basura almacenada en todo el Mercado, por tramos hacinados y ubicados en el puro suelo y debido, en resumen, a que el Mercado no era lavado por el Distrito Nacional.

Se organizó el operativo. Por supuesto, éste se facilitó porque centenares de “Vivanderas” y “Vivanderos” eran Colaboradores Históricos del Frente Sandinista en la clandestinidad.

Hubo una reunión previa entre el Alcalde Samuel Santos López, funcionarios de la recién organizada Alcaldía o Junta de Reconstrucción de Managua, agentes de la Policía Sandinista, comerciantes o “Vivanderas” y militantes del FSLN.

Fue un espectáculo estremecedor, tierno, una imagen de gran solidaridad humana aquel hecho de hablar con las prostitutas y convencerlas para que abandonaran esa vida de “bajo mundo” en la “Ciudad del Vicio”, “donde la vida no valía nada”, recuerdan “La Polvorita Martínez”, Ana Zúniga y Carmen “La Chanita” Díaz.

Fue de tarde, en pleno día. Una procesión interminable de comerciantes o “Vivanderas” andaba participando en el operativo de limpieza del Oriental.

Las mujeres prostitutas fueron sacadas de los tres prostíbulos, cuyos dueños, mezclados con guardias somocistas, habían huido.

Las cuarterías o dormitorios de las prostitutas y los “cuartos de servicios sexuales” eran francamente asquerosos, hediondos, sucios, llenos de hongos y papeles viejos.

Los “servicios sexuales” eran prestados en tijeras viejas de lonas rotas o forradas de sacos macén, también ya viejos, o en camastros de madera podrida.

Aquellos “cuartos de servicios sexuales”, estrechísimos, tenían como puerta una cortina de saco de bramante o cualquier trapo viejo, y al mismo tiempo estaban separados por biombos de papeles y sacos viejos.

Todos los ruidos de una pareja en novimiento por “coito sexual” eran escuchados por la otra pareja de al lado.

El piso era puro suelo. El techo era de cinz muy viejo o de cartones prensados con piedras por encima.

El precio por el “servicio sexual” dependía de si la mujer era joven. bonita o si ofrecía determinadas “habilidades” y “servicios extras”.

Esos “servicios sexuales” costaban 20 córdobas, 30 córdobas y 40 córdobas.

Una fama adicional de estos “lupanares” era que las prostitutas se ponían de acuerdo entre ellas o con sus “chivos” para robarle a los clientes, después de emborracharlos o emboscarlos a mano armada dentro o fuera del prostíbulo de “Las Mendoza”, “El Malinche” y  el célebre  “Palo de Gato”.

Algunos de los “chivos” y delincuentes eran espías o sencillamente estaban al servicio de la Guardia Nacional y de funcionarios del Distrito Nacional.

Aquello fue como la liberación de un campo de concentración.

Dentro del prostíbulo, a la orilla del recinto administrativo, había un estanco, en el cual se servían los “tragos de a peso”, y en las orillas, en el suelo, estaban unas bateas de aserrín para que los bolos escupieran.

El rufián, dueño o administrador del prostíbulo estaba allí mismo cobrándole a las prostitutas después que éstas habian “terminado” con el cliente en uno de los cuartuchos mencionados.

Fueron desarmados los cuartos, y muchas de las mujeres se organizaron posteriormente en grupos para participar en proyectos sociales y económicos, como ocurrió, por ejemplo, en el llamado “Barrio Maldito”, hoy llamado Julio Buitrago Urroz, militante sandinista asesinado por la Guardia Nacional en Las Delicias del Volga.

También fueron desarmados los cuartos o casitas-tramos de centenares de comerciantes, mujeres y hombres, que vivían cuidando sus mercancías dentro del Oriental.

La mayoría de estos comerciantes fueron trasladados a lotes de lo que es hoy el Barrio Progresivo Jorge Dimitrov, en las cercanías del Colegio Cristo Rey.

Además de reordenamiento del Oriental, el operativo de limpieza incluyó una campaña de forma directa y mediante medios de comunicación masiva, para neutralizar el contrabando de mercaderías, la especulación de precios con productos básicos de consumo popular como los frijoles, maíz, arroz, jabones, aceite de cocinar, carnes de todo tipo, papel higiénico, verduras, legumbres, frutas, etc.

La campaña incluía combatir los préstamos usureros de prestamistas que se hicieron millonarios por la coimas cobradas a las “Vivanderas” del Mercado Oriental.

En este operativo participaron como dirigentes sandinistas y comerciales Marcos Mejía Marenco y Nubia Sánchez, Noel Carrero Escoto, Olga Orozco, Janet Muhan, y la Chilito Martínez, quienes pocos meses después del Triunfo de la Revolución crearon una organización representativa de las “Vivanderas” y “Vivanderos” llamada Comité Central del Mercado Oriental.

Antes de 1979 no hubo organización representativa alguna, porque la Guardia Nacional y los burócratas del Distrito Nacional lo impedían.

Este Comité Central comenzó con 350 miembros, entre mujeres y hombres, todos comerciantes.

Uno de los elementos polémicos de aquellos momentos era el asunto de que dentro del mismo Oriental habían numerosos comerciantes mayoristas, que al mismo tiempo vendían “al detalle” perjudicando a los  vendedores minoristas.

Influidos por el calor de la Revolución Sandinista, los integrantes del Comité Central del Oriental, apoyados por el Frente Sandinista y la Junta de Reconstrucción de Managua, comenzaron también a organizar los Comités de Defensa Sandinistas por rubros y manzanas, con el fin de tener “un canal de comunicación directo” para dar a conocer medidas económicas de distribución por parte del gobierno revolucionario.

Para sus reuniones, unas estrictamente comerciales y otras políticas y de los CDS, el Comité Central gestionó la obtención del local que actualmente ocupa en el segundo piso del galerón metálico de las carnes, comidas y artesanías.

Casi al mismo tiempo, se lanzó una campaña de limpieza a fondo en todos los tramitos comerciales, los cuales fueron lavados, fumigados y mejorados físicamente con apoyo de la Intendencia del Mercado Oriental, uno de cuyos primeros gerentes fue un hombre llamado Leonardo Minicucci.

Paralelamente se iba reordenando. El reordenamiento consistió en acomodar los tramitos de tal manera, para que las calles quedaran despejadas para la circulación de los compradores y de vehículos como camiones, camionetas, motocicletas, carretas y autobuses inclusive.

Los CDS crearon la Vigilancia Revolucionaria, consistente en evitar la presencia nocturna de delincuentes e impedir la especulación con productos comerciales escasos como los frijoles, arroz, maíz, queso, por ejemplo.

Por primera y única vez en la Historia de Nicaragua se pudo apreciar armonía organizativa, solidaridad creciente entre las y los comerciantes y de comunicaciones entre las organizaciones de vendedores minoristas y representantes del gobierno de la Junta de Reconstrucción de Managua.

Se puso de moda en el Mercado Oriental la distribución organizada de productos comerciales diversos.

Se organizó el Mercado Oriental por rubros, es decir, la ropa, calzado, cosméticos, por ejemplo, se colocaron en un solo  sector.

El galerón metálico sur se destinó a los abarrotes. En el segundo galerón metálico se organizaron las vendedoras de carnes, comedores, de embutidos, las artesanías…

En coordinación del Comité Central del Mercado con la Intendencia, ya en la época de Henry Larios, fueron organizadas las Zonas I, II y III.

En la Zona I se colocaron la ropa, calzado, cosméticos, mochilas, telas…

La Zona II es la de los galerones metálicos, en los cuales se incluyen las ventas de pescados.

Y la Zona III es la de los productos perecederos como verduras, legumbres, frutas, es decir, plátanos, tomates, piñas, bananos, melones, naranjas, limones, hortalizas, repollos, cebollas…

En esta misma época es organizado el Centro de Desarrollo Infantil para que las “Vivanderas” con hijos pequeños los llevaran a ese sitio mientras permanecían en sus tramos comerciales.

A los niños se les daba comida, atención médica, educación y cuido durante todo el día, con personal pagado por la Corporación Municipal de Mercados de Managua (COMMEMA).

Se le dio un sentido de propiedad a cada tramo, para que todos las comerciantes (mujeres y hombres) lo cuidaran como su centro de trabajo.

Por primera vez en toda la Historia nacional se comenzó a celebrar el Día de las Madres entre las comerciantes, promovida esta asctividad por el Comité Central del Mercado y la Intendencia del Oriental.

Asimismo, se comenzó a poner en práctica la solidaridad real cuando una de las “Vivanderas” organizadas sufría una desgracia familiar o personal.

Cuando una de las mujeres vendedoras estaba enferma, del CDS y del Comité Central iban a verla y le llevaban ayudas financieras o alimentos o medicinas.

Se efectuaban reuniones o asambleas del Comité Central y de los CDS cada ocho días, mediante lo cual los comerciantes se mantenían plenamente informados.

Al fin de año se efectuaban fiestas populares con derroche de arte desarrollado entre las mismas comerciantes o de sus hijos en el Mercado Oriental.

En la década del 80 fueron también gerentes de la Intendencia del Mercado Oriental los licenciados Enrique Murillo, Jesús Estrada, Eduardo Dolmus y Wilfredo Osejo Blandón, quienes también prestaron servicios en otros Mercados de Managua.

Asimismo, fue gerente del Oriental Carlos Irías Rodríguez, quien rotó en este cargo gerencial en todos los Mercados nuevos de Managua.

Una de las primeras directivas de comerciantes del Oriental estuvo integrada por María Urbina Moraga, Juana “Polvorita” López Vivas, Nubia Sánchez, Rosa Cerda, Georgina Martínez, Ana Zúniga y Olga Orozco.

Además del ordenamiento mencionado, en el Oriental se comenzaron a instalar luces o energía eléctrica en los tramos en que no había este servicio público, el cual estaba limitado a los galerones metálicos y a los prostíbulos.

En los galerones metálicos había energía eléctrica porque las vendedoras de carne la necesitaban para conservar las carnes de res, cerdo, pollo, pescado y los lácteos.

La creación de COMMEMA

Fundación de los nuevos Mercados capitalinos

El 2l de abril de 1981 fue creada la Corporación Municipal de Mercados de Managua (COMMEMA) por parte de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional.

Esta tenía como objetivos esenciales organizar, administrar eficientemente y ofrecer servicios ágiles a comerciantes y consumidores en Managua.

El artículo 3 de la Ley Creadora de COMMEMA dice lo siguiente: a) La administración y control del Mercado Mayorista y de los Mercados Minoristas del Municipio de Managua; b) Coadyuvar y participar en la implantación y observancia del orden jurídico prescrito para la defensa y la protección del consumidor, y especialmente en lo relativo a las políticas de control de precios; control de calidad, pesas y medidas; abastecimiento y distribución de producto de consumo popular.

En otras palabras, por primera vez en toda la Historia del país esta actividad de los Mercados de Managua era sometida a ordenamiento y controles legales, distribución y abastecimiento ordenados en beneficio de los consumidores y comerciantes.

Ya se define a los comerciantes como Mayoristas y Minoristas. “Unos venden por cienes y quintales y los otros al detalle, uno por uno, de dos en dos”, explicaba en esos días Samuel Santos López.

Toda la Ley Creadora de COMMEMA dice lo siguiente:

Artículo 1. Créase la Corporación Municipal de Mercados de Managua, que en el texto de la presente Ley se designará COMMEMA, incorporada a la Junta de Reconstrucción de Managua (Alcaldía) con personalidad jurídica, patrimonio propio, autonomía económica y administrativa, y capacidad para adquirir derechos y contratar obligaciones.

Artículo 2. COMMEMA tendrá duración indefinida y su domicilio será el Municipio de Managua.

Artículo 3. COMMEMA tendrá los siguientes objetivos:

  1. a) La administración y control del Mercado Mayorista y de los Mercados Minoristas del Municipio de Managua; b) Coadyuvar y participar en la implantación y observancia del orden jurídico prescrito para la defensa y la protección del consumidor y especialmente en lo relativo a las políticas de control de precios, control de calidad, pesas y medidas; abastecimiento y distribución de productos de consumo popular.

                  Patrimonio

 Artículo 4. El Patrimonio  de COMMEMA estará constituido por: a) Los bienes o ingresos que a cualquier título adquiera en el ejercicio de sus actividades;

  1. b) Las subvenciones que al efecto le otorgue el Estado;
  2. c) Las donaciones que a cualquier título le sean otorgadas, y
  3. d) Los fondos provenientes de los empréstitos que contrate con personas o entes nacionales y extranjeros, de acuerdo a las normas dictadas por el Gobierno Central.

                 Atribuciones

Artículo 5. Para el cumplimiento de sus objetivos, COMMEMA tendrá las siguientes atribuciones:

  1. a) Administrar los bienes que arriende, posea o adquiera a cualquier título:
  2. b) Regular internamente las actividades que atañen directamente a su propio funcionamiento, y solicitar al responsable de la Junta de Reconstrucción de Managua, que dicte Reglamentos y Acuerdos contemplados en el artículo 8 de esta Ley.

              Dirección y Administración

 Artículo 6.- La Dirección y Administración de COMMEMA, estará a cargo de:

  1. a) Un Consejo Superior, y
  2. b) Un Director y un Sub-director

Artículo 7.- La política general de COMMEMA será atribución exclusiva del Consejo Superior, el cual estará integrado por:

1- El responsable de la Junta de Reconstrucción de Managua (Alcaldía) o su delegado, quien la presidirá.

2- Un delegado del Ministerio de Planificación Nacional.

3- Un delegado del Ministerio de Desarrollo Agropecuario.

4- Un delegado del Ministerio de Comercio Interior.

5- Un delegado del Ministerio de Transporte,

6- El Director de COMMEMA.

7- Un miembro de las organizaciones de trabajadores del campo.

8- Dos miembros de las organizaciones populares de Managua.

Los delegados a que se refieren los acápites 7 y 8  de esta disposición serán designados por la Junta de Reconstrucción de Managua.

Artículo 8.- El Consejo Superior tendrá, además, las facultades y atribuciones siguientes:

  1. a) Solicitar al responsable de la Junta de Reconstrucción de Managua, en la esfera de su competencia, que dicte Reglamentos, Acuerdos y demás Normas generales de la Corporación;
  2. b) Nombrar al Director y Subdirector;
  3. c) Conocer de los informes que está obligado a rendir el Director;
  4. d) Solicitar y aprobar el Presupuesto Anual, así como solicitar informes extraordinarios en cualquier tiempo;
  5. e) Nombrar al Secretario del Consejo Superior, y
  6. f) Autorizar mediante resolución expresa la suscripción de empréstitos, la constitución de gravámenes y enajenación o adquisición de bienes del quórum del Consejo Superior.

Artículo 9.- El quórum lo formarán cinco de sus miembros y las resoluciones se tomarán con el voto de la mayoría de los presentes.

Sesiones

Artículo 10.- El Consejo Superior sesionará ordinariamente una vez al mes y extraordinariamente cuando fuere convocado legalmente al efecto.

El Secretario del Consejo será el encargado  de formular las convocatorias. También formulará las convocatorias de las sesiones extraordinarias cuando sea instado por el presidente o tres miembros del Consejo.

                 Director y Subdirector

 Artículo 11.- El Director de COMMEMA es el funcionario responsable de ejecutar las resoluciones  emanadas del Consejo Superior. Tendrá las facultades de un Mandatario General de Administración  y ostentará la representación legal de la Corporación.

Artículo 12.- El Subdirector será postulado por el Director  y nombrado por el Consejo Superior. Colaborará con el Director y hará sus veces en su ausencia o falta.

Disposiciones generales

Artículo 13.- COMMEMA gozará de exención  de pago de impuestos  fiscales y municipales de Managua, así como también de exención de los aforos aduaneros sobre la importación de bienes y equipos para su organización  y operación administrativa.

Estas exenciones no abarcan el pago de los impuestos de venta y selectivos de consumo.

                  Garantía

 Artículo 14.- Las obligaciones contraídas por COMMEMA estarán  garantizadas con su propio patrimonio y gozarán en su caso de las garantías que le otorgue el Estado.

Reglamento

Artículo 15.- El responsable de la Junta de Reconstrucción de Managua dictará los reglamentos y acuerdos que permitan el cumplimiento de los fines de la presdente Ley.

Artículo 16.- La presente Ley entrará en vigencia desde la fecha de su publicación  en “La Gaceta, Diario Oficial”.

Dado en la ciudad de Managua, a los 21 veintiun días del mes de abril de mil novecientos ochenta y uno.

Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional–Sergio Ramírez Mercado- Daniel Ortega Saavedra- Rafael Córdova Rivas.

Fundación de Mercados

Su primer director fue Juan José Medina, quien era uno de los militantes más conocidos del FSLN en esos años. Le sustituyó en el cargo, posteriormente, Alberto de La Barra.

Antes del Triunfo de la Revolución Sandinista se había empezado a ejecutar la construcción de varios Mercados nuevos en Managua.

Era un proyecto aprobado por la Agencia Internacional para el Desarrollo (AID) en la época final de la tiranía genocida del somocismo.

Esos Mercados estaban a medio construir o no se habia comenzado la construcción.

Estos Mercados fueron bautizados después, en asambleas de comerciantes, con los nombres de Carlos Roberto Huembes, Iván Montenegro Báez, Israel Lewites Rodríguez, Róger Deshón Argüello, el de Ciudad Sandino y el Mayoreo, este último ubicado al Este de Managua.

El primer Mercado en ser inaugurado fue el Israel Lewites Rodríguez el 17 de octubre de 1979 con una cantidad de comerciantes que permanecían vendiendo en las orillas de la Carretera a la altura del llamado “Siete Sur”.

Al acto de inauguración asistieron el comandante Daniel Ortega Saavedra, Sergio Ramírez Mercado, el Alcalde Samuel Santos López y otros funcionarios del gobierno revolucionario.

El siguiente en fundarse fue el Mercado de Mayoreo en febrero de 1981.

El resto de Mercados fueron inaugurados en abril de 1981, mediante el traslado masivo de “Vivanderas”, “Locatarias” o “Mercaderas” del Oriental hacia ellos.

En el caso del Mayoreo, funcionarios de la Junta de Reconstrucción de Managua dialogaron con comerciantes del Mercado Oriental de buenas posibilidades económicas, para que se trasladaran al Mayorista.

La meta era trasladar 5,000 “Vivanderas” del Oriental hacia estos Mercados nuevos de Managua.

Esto tenía como finalidad, al mismo tiempo, reducir de tamaño el monstruoso Oriental y descentralizar las actividades comerciales hacia distintos puntos de la Managua de 1981, la cual había crecido en forma de abanico hacia la periferia, provocando distancias muy largas entre las Colonias, Repartos, Barrios y Asentamientos Humanos.

En 1981 la Capital era completamente distinta a la Managua de antes del Terremoto de 1972. Aquella Managua Capital era pequeña, concentrada en pocas calles y avenidas.

En 1981, en cambio, es una Ciudad que de “Ciudad Sandino” a la Colonia Primero de Mayo tiene 15 kilómetros de distancia.

Con el fin de convencer y organizar a “Vivanderas” del Oriental, para que se trasladasen a los Mercados nuevos, se efectuaron numerosas asambleas explicativas, en las cuales se sostenía que debían trasladarse las vendedoras que, por ejemplo, vivían en Barrios cercanos al Mercado Carlos Roberto Huembes.

Entre estas cercanas al Huembes estaban: Cristina López Martínez, María Elena Borge, Nora Montano Avellán, Humberto Avellán, doña Lidia Martínez (ya fallecida), Santos Silva, Antonia Díaz Luna, María Morales, Lucila Sobalbarro…

Las residentes en Ciudad Sandino debían quedarse en Ciudad Sandino. Blanca Estela Castellón, por ejemplo, residía en Villa Venezuela y se le planteó su traslado al Mercado Iván Montenegro Báez.

En las asambleas explicativas con funcionarios de la Junta de Reconstrucción de Managua estaban Socorro Brenes, de Ciudad Sandino, a quien le pidieron que organizara a su gente para el traslado.

Estos trabajos de traslado los encabezaba personalmente Samuel Santos López, respaldados por miembros del Comité Central del Mercado Oriental, entre otros: Marcos Mejía Marenco, Nubia Sánchez, Noel Carrero Escoto y Olga Orozco.

Las asambleas se efectuaban en el local que ocupa hoy la Asociación de Comerciantes del Oriental.

Sorteo y traslado

 Finalmente, se hizo una especie de sorteo en torno a los tramos que cada una de las “Vivanderas” y “Vivanderos” debían ocupar en cada uno de los Mercados mencionados.

La Junta de Reconstrucción de Managua y el Comité Central destinaron a unos 200 hombres para que ayudaran a las comerciantes a arrancar sus tramos del Oriental.

Las tablas, horcones, clavos, enseres domésticos, refrigeradoras, muebles, mercancías y las mismas comerciantes fueron montadas en camiones y camionetas de la también Alcaldía nueva de Managua.

Hubo incertidumbre en muchas comerciantes. Ciertamente salían del lodo, del polvo y de peligros del Oriental, pero iban hacia algo nuevo, desconocido.

Aquel mes de abril fue agitadísimo. La meta de 5,000 comerciantes hacia estos Mercados nuevos no se cumplió, pues sólo un poco más de 2,000 vendedoras decidieron trasladarse del Oriental al Huembes, Iván Montenegro Báez, Róger Deshón Argüello y también al “Leonel Gutiérrez”, conocido también como Occidental.

Comerciantes y hombres de la Alcaldía o Junta de Reconstrucción de Managua parecían zompopos acarreando mercaderías y objetos domésticos de los estacionamientos hacia el interior de estos Mercados nuevos.

Según datos de esos días, al Carlos Roberto Huembes se trasladaron 900 vendedoras, al Iván Montenegro 500, al Róger Deshón Argüello 200, a Ciudad Sandino 300 y al “Leonel Gutiérrez” unas pocas.

Por supuesto, estos Mercados nuevos contaban con comodidades que de ninguna manera había en el Mercado Oriental.

En primer lugar eran nuevecitos. Quedaban herméticamente cerrados con puertas metálicas corredizas.

En el caso del Huembes, las abarroteras fueron ubicadas en tramos interiores del norte y este.

Las vendedoras de carne fueron situadas en tramos con instalaciones especiales para colocar las refrigeradoras y colgaderos de carne.

Los comedores quedaron dentro, en el lado sur, y afuera en un módulo especial, también en el sur. Las tiendas de ropa, zapatos y electrodomésticos fueron ubicadas en tramos cerrados en pasillos exteriores del Mercado, el cual tiene tragantes de luz en todo el interior, donde se distribuyen también los tramos de verduras, legumbres, ventas de queso, de refrescos, expendio de frutas, raíces medicinales, bisuterías, tortillas, pupusas, leña, carbón…

En un módulo ubicaron los salones de belleza, barberías, sastrerías, reparaciones de zapatos, afilado de cuchillos, y en otro, al noreste, fueron ubicadas las ventas de artesanías, una de las más famosas del país.

Sin ventas casi un año

Entre las fundadoras del Carlos Roberto Huembes se cuentan: Cristina López Martínez, Nora Montano Avellán, Isabel López, Lucila Sobalbarro, Olga Obregón, Ligia Vega, Olga García, Haydeé Vallecillo, Luisa López, Santos Sobalbarro, María López, Lucila Orozco, María Morales, Santos Silva, Mayra Cano, Ángela Aburto, Antonia Díaz Luna, Aura García, Violeta Flores, Carmen Espinoza, Luisa Tenorio, Lidia Martínez, Pastorela Martínez, Argentina Fonseca, Cornelia Zúniga, Elena Borge, Estebana Salmerón y Esmeralda Jiménez.

Cristina López Martínez, secretaria política del FSLN en el Huembes, recuerda que en ese primer año (1981) vendían muy poco. Cristina, por ejemplo, se dedicaba a vender plásticos.

Era poca la gente que llegaba a comprar al Huembes, a pesar de la limpieza, de lo nuevo, de lo atractivo con que se ofrecían los productos comerciales.

Fue necesario, relata Cristina, hacer un plan de divulgación y publicidad entre la Junta de Reconstrucción de Managua, las mismas comerciantes y medios de comunicación masiva como el Diario BARRICADA.

Integraron un Comité Central encabezado por Isabel López (ya fallecida), Blanca Estela Castellón, Ligia Vega, Nora Montano Avellán y Cristina López Martínez.

Estas iban a las asambleas barriales de los CDS en vecindarios como el Ariel Darce, Diez de Junio, Don Bosco, El Dorado, Santa Julia, Nicarao, Catorce de Septiembre y Venezuela, invitando a que fuesen a comprar al Mercado Carlos Roberto Huembes.

En ese mismo año, con el apoyo de la Alcaldía, organizaron también las llamadas “Noches de Compras”. Pasaron casi todo el año con esas ventas bajas, hasta que en 1982 comenzaron a mejorar, porque ya llegaban más los clientes en busca de ropa confeccionada, alimentos, plásticos, comidas elaboradas, zapatos, carbón, leña, tortillas, pupusas, molinos, reparaciones de zapatos, carnes, e inclusive hasta empezaron a llegar comerciantes grandes a alquilar bodegas y el frigorífico del Huembes.

Este Mercado cuenta con descargue amplio, bodegas, cuartos fríos, un estacionamiento enorme en el lado norte, una Terminal de Autobuses Interlocales, situada en el lado sur; un Centro de Desarrollo Infantil, comedores adentro y afuera, salones de belleza, barberías, sorbeterías, farmacias, ferreterías y tenía un sistema de comunicación llamado “radiobase”, un cuartel de bomberos de SINACOI, el Centro de Salud Pedro Altamirano, una oficina de correos y teléfonos, una biblioteca nacional, la Oficina del Distrito V y la sede administrativa del mismo Huembes.

Las vendedoras fundadoras en asamblea decidieron ponerle el nombre de Carlos Roberto Huembes en homenaje a este Héroe y Mártir de la Revolución Sandinista.

Poco a poco se fue convirtiendo en una especie de Tienda Diplomática el Huembes, debido a la cantidad de ropa cara o electrodomésticos lujosos y la bien surtida artesanía que tiene en el lado Noreste.

Historia similar en dificultades y algunos logros se produjeron en el Iván Montenegro Báez, en Ciudad Sandino, en el Róger Deshón Argüello y en el Mercado de Mayoreo.

Las vendedoras organizadas en la Asociación de Comerciantes y en el FSLN en este Mercado Huembes siempre celebran el Día de la Madre, el Día Nacional de la Alegría (por la huída de Somoza Debayle), el Día Internacional del Niño, el 19 de Julio, la Navidad y la despedida de cada año.

Volveremos con esta historia del Huembes. Entre otros, los y ls fundadores del Mercado Israel Lewites Rodríguez, son:

Julio César Moreira Rodríguez, Ruth Cajina, Eduardo Fuentes, Hilda Isabel Altamirano, Inocencio Orozco, Susana Hernández, Gloria Espinoza, César Escobar, Luis Medrano, Cony Guerrero, Francisco Vado, Mercedes Oviedo, Ramón Bustos, Francisco Castillo, Mario Bojorge, Miriam Membreño, Mercedes Torres, Tránsito Idiaquez, Marta Téllez,  Ofelia Rocha, Amada Arias, Anastasio Martínez y Gloria Morales de Martínez.

La primera directiva del Comité Central o Asociación fue encabezada por Luis Medrano, Mercedes Oviedo, Jaime Cardoza, Ramón Bustos y Eduardo Fuentes.

Este Mercado era el comienzo de tres galerones grandotes, más la Terminal de Autobuses Interlocales hacia Occidente. Es cerrado con mallas, cuenta con un estacionamiento amplio, está sectorizado: ropas, calzado, verduras y legumbres, comedores, ventas de quesos y otros lácteos, pescados, gaseosas, librerías, talleres de reparaciones de cocinas, radios, televisores, zapatos, equipos electrónicos, fábricas de tortillas, cosméticos, anteojos, relojes, bisuterías, botones, pantalones, camisas, es decir, tiene de todo, incluyendo ferreterías y bares en la periferia.

Blanca Estela Castellón tuvo el privilegio de ser fundadora de dos Mercados nuevos: del Huembes y del Iván Montenegro Báez, donde primero poseyó un tramo de abarrotes y ahora vende comidas y refrescos.

Entre las fundadoras del Montenegro Báez se cuentan:

Blanca Estela Castellón, Andrea Pérez Pérez, Eddy Martínez, Vilma Villalobos, Julia Palma, Luisa Flores, Gloria Gaitán, Petronila Martínez, Leticia y Ligia Granados, Aura Lila Martínez, Miguel Barahona, Ahmad Mahmaud Al Garazi, Maura Grádiz, Isabel Cruz, Richard Canales y Josefa Alemán Sánchez.

El Iván Montenegro Báez es un poco pequeño el local interno en relación al Mercado Carlos Roberto Huembes.

Sin embargo, su estacionamiento o parqueos iniciales de los lados sur y oeste eran enormes.

En sus costados tiene una biblioteca, un centro deportivo y cultural, un cuartel de SINACOI, y está rodeado de vecindarios populares como Villa Venezuela, Villa Revolución, Villa Libertad, Villa Austria, Colonia Primero de Mayo, etc.

La forma interior es parecida a la del Huembes. En los tramos interiores del sur están ubicados los abarrotes, en el centro se venden verduras, frutas y legumbres, en el lado Este se expenden carnes y quesos.

En el lado oeste, en una ristra muy larga, están situadas las tiendas en que se venden zapatos, ropa confeccionada, venta de mochilas, librerías, farmacias, los talleres de reparaciones de zapatos y de radios y televisores.

En el estacionamiento del oeste estuvo ubicada la Terminal de Autobuses del Norte, llamada COTRAN. Ahora funciona como Terminal de Autobuses hacia San Francisco Libre y otras comunidades cercanas a Managua.

En este Mercado la depresión de las ventas fue más larga, recuerda Blanca Estela Castellón. “Las ventas bajas duraron casi dos años. Tuvimos que andar visitando gente en los Barrios, invitándolos a comprar donde nosotras… finalmente, el Iván Montenegro comenzó a llenarse en 1,983”, señala Blanca Estela Castellón, quien ha sido dirigente de Asociaciones y del FSLN desde 1,981.

Mercado de Mayoreo

Juana Engracia Espinoza Potoy, de 65 años, granadina, es una de las fundadoras del Mercado de Mayoreo. Para sus actividades comerciales antes del Triunfo de la Revolución Sandinista, Espinoza Potoy se movía entre Granada y el Mercado Oriental de Managua.

Espinoza Potoy es “Vivandera” desde los 13 años en Granada y Managua. Tuvo doce hijos.

Al ser planteada la necesidad de los traslados a los Mercados nuevos, Espinoza Potoy prefirió ubicarse en el Mercado de Mayoreo, situado en la soledad reinante de este sector de Managua en 1,981, porque no habían aparecido los Asentamientos Humanos de los alrededores.

En este Mercado de Mayoreo existen comerciantes varones y mujeres. Otras de las fundadoras son:

Ada Luz Rivera, Felipa Potoy, Rosario Rodríguez y María Martínez.

Este Mercado tiene 11 módulos antiguos y seis módulos nuevos. En los primeros años de la década de 1980 era estricto el asunto de vender sólo “al mayoreo” en los módulos en que se vende cebollas, papas, plátanos, repollos, guineos, granos básicos, abarrotes, cosméticos, chayotes, naranjas, melones, sandías, quesos, cremas, venta de armas deportivas…

Hay comedores, una oficina grande para la administración, estacionamientos y zonas de descargue frente a cada uno de los módulos, los cuales son metálicos y tiene un tamaño similar a los del Mercado Oriental.

Con el paso del tiempo, aún antes de 1988, en este Mercado de Mayoreo se practica al mismo tiempo la “venta al detalle”, porque mucha gente capitalina llega en autobuses urbanos demandando este servicio.

Dentro, actualmente, existen terminales de Rutas de Autobuses urbanos, entre otras: 120 y 110.

El Mercado de Mayoreo tiene como parte de sus servicios un tanque de almacenamiento de agua potable, la cual es usada para beber, cocinar alimentos y lavar, por ejemplo, las papas, zanahoras, yuca, cebollas y otras frutas en general.

Fundación del Mercado Ciudad Sandino

Marcos Mejía Marenco y otros ex-dirigentes comerciales y de los Comités de Defensa Sandinistas, aseguran que el Mercado de Ciudad Sandino fue inaugurado también en abril de 1981.

Las “Vivanderas” más antiguas de Ciudad Sandino, entre otras, Teresa Castro Narváez, afirman:

No. Este Mercado se fundó antes, el 12 de octubre de 1980. Estuvo primero que el resto de Mercados nuevos. A la inauguración asistieron Samuel Santos López, Tomás Borge Martínez, Omar Cabezas Lacayo, Carlos Carrión Cruz y Lesbia Bermúdez, unos del gobierno y otros por parte del Frente Sandinista.

Ciudad Sandino (antes “OPEN III”) está situado al norte y este, suroeste del kilómetro doce y medio de la Carretera Nueva a León.

Hasta 1,981 fue considerado un Barrio más del Municipio de Managua. En ese mismo año fue convertido en el Distrito I de Managua mediante decreto de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, lo que vino a dar más importancia al Mercado de Ciudad Sandino.

Entre otros, las y los fundadores de este Mercado tenemos los siguientes nombres:

Dominga Socorro Brenes, Argentina Hernández, Teresa Castro Narváez, Santiago Martínez, Gloria Araya, Ángela Gómez, Isabel Cortés, Noel Antonio Moraga, Marías de los Ángeles Rodríguez, José María Sánchez, Adelita  y Yolanda Canales, Juana Silva, Dominga Noguera, Gloria Cubillo (ya fallecida), Alba Gómez, Manuel Zambrano, Isidoro Orozco, Norma Ney, Luisa Hernández, Josefa “Chepita” Salgado y Daniel “El Paisa” Durán.

Este Mercado está situado en lo que podría considerarse el centro de Ciudad Sandino, en un predio casi colindante con el local que fue primero del Distrito I de la Alcaldía de Managua y ahora sede de la Alcaldía de Ciudad Sandino, creada por la Asamblea Nacional en el año 2000.

El modelo de construcción es distinto al resto. Este tiene módulos abiertos y distintos pasillos, entre los cuales se formaron los tramos que funcionan actualmente.

Tiene 236 tramos divididos entre 155 verdureras, 55 abarroteras, 18 locales para vender zapatos, 12 tiendas de ropa confeccionada, ocho de cocinas o comedores, 16 salones de belleza, 14 expendedoras de cosméticos y varias farmacias.

Cuando este Mercado fue fundado, Samuel Santos López era uno de los que consideraba que Ciudad Sandino era subvencionada casi totalmente por la Junta de Reconstrucción de Managua y por el gobierno revolucionario.

Y era cierto. En los primeros meses, para que el Mercado funcionara, la Alcaldía o Junta de Reconstrucción de Managua ponía varios camiones de carga a disposición de las comerciantes o “Vivanderas”, para que gratuitamente trasladaran sus mercaderías del Mercado de Mayoreo hasta Ciudad Sandino.

Hubo sus contradicciones fuertes, porque algunas comerciantes reclamaban más privilegios que otras.

Las contradicciones fueron apareciendo, especialmente, con las abarroteras, porque éstas alegaban “no ganamos ni para la comida…no estamos vendiendo nada”, y se iban a buscar por su cuenta frijoles, arroz, maíz, trigo y alimento para cerdos, productos que ocasionalmente les fueron decomisados por el Ministerio de Comercio Interior (MICOIN).

Este Mercado hoy pertenece al Municipio de Ciudad Sandino, pero como queda explicado, formó parte de los Mercados del Municipio de Managua hasta comienzos del año 2002.

La Historia de estos Mercados se comenzó a desarrollar, precisamente, en medio de contradicciones profundas, originadas en la escasez de productos comerciales, provocada por el bloqueo económico, comercial y financiero dirigido por Estados Unidos en contra de Nicaragua en la década del 80 al 90.

En 1984, en los más crudo de la agresión militar de Estados Unidos en contra de Nicaragua, se inician dos fenómenos que se prolongan hasta hoy: las llamadas “especulación” con productos básicos de consumo popular y los “bisnes”.

En el primer caso, el asunto consistía en que algunos comerciantes elevaban los precios de productos como el arroz, los frijoles, el azúcar, los huevos, la carne de pollo y de res, de la ropa confeccionada, etc.

En el segundo caso, el problema era más complicado, pues se trataba de que comerciantes y trabajadores tomaban en sus manos determinados productos comerciales por medios oficiales como los Comisariatos y los iban a vender a los Mercados.

Estos productos eran donados, facilitados a precios bajos o entregados como parte del “Paquete AFA” en los centros laborales.

Claro, el “bisne” fue mucho más allá, porque se trataba de que algunas personas o comerciantes acopiaban grandes cantidades de productos como leche en polvo y se iban a “bisnearla” en forma clandestina o abiertamente en los Mercados de Managua, incluyendo el de Ciudad Sandino.

Esto es recordado por Teresa Castro Marváez. Como tenían escasez de productos en abarrotes, se iban hasta Rivas a buscar granos, por ejemplo.

“Fueron épocas duras, pero sobrevivimos hasta 1990, año en que comenzó una especie de persecusión organizada por Virginia Orozco, la delegada del Alcalde Arnoldo Alemán Lacayo en Ciudad Sandino”, recuerda Castro Narváez.

               Róger Deshón Argüello

 Son fundadoras del Mercado Róger Deshón Argüello (en el Sur del Barrio San Judas), entre otras: Teresa Bonilla Padilla, Alicia Ruíz, Mayra Gaitán, Rosa Lorente, Carmen López Salamanca, Susana Bravo y Carmen Vásquez.

Está situado en una de la parte más alta de Managua. Es una edificación sólida, pero pequeña.

Tiene varios mesones de cemento en el centro, los cuales sirven de tramos para venta de verduras. Los tramos para venta de abarrotes, carnes, quesos, cremas y abarrotes están situados en los costados interiores del Mercado.

Tiene un comedor amplio, refresquerías, tiendas de ropa confeccionada y zapatos, farmacias y una bahía para las Rutas de Autobuses Urbanos, entre otras: 105, 107, Miniruta 4 y 112.

Está rodeado por un Centro de Salud, una oficina de correos y teléfonos, un banco, una biblioteca o centro cultural, una plaza para actos públicos, una cancha deportiva, tres estacionamientos para vehículos y autobuses en los lados Este, Sur y Norte.

Jornadas de limpieza y orden

En esta nueva época, la del gobierno revolucionario sandinista, las “Vivanderas”, “Locatarias” y “Mercaderas”, comenzaron a ser llamadas “Comerciantes Minoristas” y “Comerciantes Mayoristas”.

Se habían terminado los desprecios y el lenguaje burlesco con que eran tratadas durante el régimen somocista.

Empezó una etapa de confianza, de consenso, de concertación, de opiniones y críticas mutuas entre funcionarios de COMMEMA, intendentes de los Mercados y los y las “Comerciantes Minoristas”, cuyos niveles de organización crecían en los Comités de Defensa Sandinistas, en las Asociaciones de Comerciantes y en el FSLN.

Inclusive, se inició una etapa de alfabetización entre las vendedoras que no sabían leer ni escribir en el Mercado Oriental.

Las organizaciones de los y las “Comerciantes Minoristas” comenzaron a participar como delegados en Consejos de Dirección y Técnicos de los Mercados de Managua, lo cual servía como medio de trasmisión de informaciones, decisiones, planes de acopio y distribución de mercaderías entre todos los “Comerciantes Minoristas” de Managua.

Se estrechó la cooperación de tal manera que entre todas y todos se ayudaban colectivamente en labores que le correspondían a cada uno y a la vez a todos en cada uno de los Mercados.

Las reuniones de los Consejos tenían fechas fijas o se variaban conforme se necesitaban. También eran planificadas las Asambleas Generales con los y las “Comerciantes Minoristas” afiliados y no afiliados a las organizaciones populares en los Mercados.

Las Jornadas de Limpieza e Higiene, ordenamiento, fumigaciones, reparaciones de tramos y lavado del piso, eran planificadas en las Asambleas Generales, especialmente en días sábado y domingo.

Habían roles de vigilancia revolucionaria, lo cual mantenía alejados a los ladrones de los Mercados.

Las “Comerciantes Minoristas” organizadas aportaban cuotas voluntarias para tener un fondo social, el cual servía para apoyar en gastos por familiares enfermos o muertes repentinas entre las vendedoras afiliadas.

Estos servicios sociales eran también cubiertos, en parte, con fondos de COMMEMA, las gerencias de los Mercados y por parte de la Junta de Reconstrucción de Managua.

En estos años de 1983, 1984, 1985 1986, 1987, 1988 y 1989, los Mercados se mantuvieron limpios y ordenados, aunque las ventas de algunos productos comerciales se mantenían deprimidas por el bloqueo económico y comercial impuesto por Estados Unidos.

Especialmente en los años 1987 y 1988 se generaron contradicciones fuertes entre las gerencias de COMMEMA en los Mercados, el Ministerio de Comercio Interior (MICOIN) y las “Comerciantes Minoristas” y las “Comerciantes Mayoristas” porque éstas, en algunos casos, subían los precios de productos como los frijoles, arroz, maíz y azúcar.

Hubo acusaciones ciertas, comprobadas, pero también se registraron denuncias falsas, cuya intención era causar daños a determinadas “Comerciantes Minoristas” por parte de algunas compañeras.

El gobierno revolucionario estructuró un sistema de financiamiento a las “Comerciantes Minoristas” y “Comerciantes Mayoristas”, especialmente por medio del Banco Popular, con el fin de que ellas y ellos pudieran prestar servicios comerciales en los Mercados de Managua.

En el caso del Mercado Oriental, se registraron cuatro reordenamientos hasta 1988. Cuando el último reordenamiento, varios centenares de “Comerciantes Minoristas” fueron ubicados en los sectores del “Mango” y en la “Zona Quemada”.

El Ministerio de Comercio Interior (MICOIN), dirigido por Ramón Cabrales, desarrolló distintos operativos contra los vendedores especuladores, decomisó productos comerciales en algunos sitios del Mercado Oriental, lo que generó descontento entre los perjudicados.

En esos días de 1988 se consideró que era necesario que los y las vendedores jóvenes buscasen cómo integrarse a proyectos productivos en la Ciudad y el Campo, pero ésto no cuajó. En estos años finales del gobierno revolucionario también se produjeron las llamadas “Compactaciones”, mediante las cuales algunos centenares de desempleados fueron a abrir tramos en los Mercados de Managua.

Al arribar a 1990, el Mercado Oriental estaba reducido a 14 manzanas de extensión. En 1979 el Mercado Oriental tenía casi 50 manzanas, pues los tramos en el suelo permanecían como hongos bajo el Sol y en el lodo.

Al borde de 1990 en los Mercados Huembes, Iván Montenegro Báez, Ciudad Sandino, Róger Deshón Argüello, Jonathán González o Periférico, Leonel Gutiérrez (Candelaria) y el mismo Mayoreo, la situación había cambiado, pues a pesar de la guerra impuesta, el comercio en estos Mercados creció y se habían consolidado como centros de expendio popular.

A pesar de la disminución en las cuotas de carne de res, por ejemplo, o bajas en las ventas de abarrotes y perecederos, la verdad es que en 1989, la mayoría de  estos Mercados estaban ya desbordados de “Comerciantes Minoristas” hacia los pasillos exteriores y hasta en algunos predios o áreas verdes, como los casos del Huembes, Israel Lewites Rodríguez  e Iván Montenegro Báez.

Estas áreas comenzaron a ser ocupadas, en primer lugar, por vendedores foráneos, provenientes de La Concha, de Masaya, Masatepe y Tipitapa, los cuales extendieron su accionar a las áreas comunales.

Samuel Santos López, Juan José Medina y un equipo numeroso fueron los encargados, al mismo tiempo En medio del crecimiento de ese laberinto comercial ¿Dónde fue el Mercado Candelaria antes del Terremoto del 23 de diciembre de 1,972?

¿Qué importancia tuvo en Managua? ¿Quiénes llegaban a él? ¿De dónde venían?

 

¿Cómo eran, realmente, el Central y el San Miguel?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Corea del Norte, Corea del Norte, 25 datos esenciales sobre su vida cotidiana

25 datos esenciales de Corea del Norte

*Allí en Corea del Norte, como en Cuba, funciona el socialismo científico, cuyo desempeño socioeconómico es un millón de veces mejor que el capitalismo salvaje, brutal, sanguinario, dictatorial, dogmático, genocida, porque provoca hambre, marginación social y destrucción del Medio Ambiente por todos lados.

25 datos que te pueden interesar de la vida en la República Popular y Democrática de Korea del Norte, muy similar a la Cuba socialista del Caribe. Datos extraídos de páginas en Internet.

01.- Viviendas totalmente gratuitas.
02.- Sanidad totalmente gratuita.
03.- Educación totalmente gratuita.
04.- Transporte gratuito.
05.- No pagan ningún tipo de impuestos.
06.- Tienen trabajo garantizado. No existe el desempleo.
07.- No hay drogadicción.
08.- No hay prostitución.
09.- No hay trata de blancas.
10.- No hay mafias de ningún tipo.
11.- No hay tráfico de órganos.
12.- No hay violencia policial en las calles.
13.- No hay medios de desinformación privados, como CNN, Televisa, Maimi Herald, etc..
14.- No hay bancos privados, ni banqueros ladrones, ni empresas privadas.
15.- No hay capitalistas, ni burgueses, ni terratenientes, ni especuladores.
16.- Hay elecciones cada 5 años, mediante las cuales son elegidos 685 representantes por cada distrito, como en Cuba.
17.- Los cargos públicos son revocables, no se cobran sueldos, ni se pagan sobresueldos, ni existen puertas giratorias.
18.- Todos los medios de producción pertenecen al Estado. Así es en el régimen socialista
19.- No dependen del FMI ni de las políticas agresoras, asesinas y saqueadoras de la Casa Blanca, u oligarquía y gobierno criminal de Estados Unidos.
20.- No tienen rey, ni príncipes, ni duques, ni condes, ni marqueses, ni barones, ni cargos y títulos nobiliarios ni hereditarios.
21.- En Corea del Norte, no existe la desigualdad social tan arraigada en los países capitalistas, donde la lucha de clases está siempre en todos los ámbitos socioeconómicos y políticos. Solo existe la clase trabajadora, compuesta por obreros, campesinos e intelectuales, entre los cales, no hay grandes diferencias, ni económicas, ni sociales. De hecho, los sueldos más elevados son para las clases obrera y campesina.
22.- No existen desahucios, ni hipotecas, ni especulación, ni burbujas inmobiliarias.
23.- Independientemente del sueldo, todos los ciudadanos tienen derecho a una cuota mensual de productos para el consumo cotidiano de los seres humanos.
24.- En Corea del Norte ya se fabrica prácticamente todo lo necesario para el ocio y el consumo de sus 25 millones de habitantes.  Desde ordenadores portátiles, televisores de plasma, tabletas, teléfonos táctiles, ropa, uniformes, enseres deportivos y todo tipo de productos para la alimentación.
25.- Los norcoreanos ya disponen de centros comerciales, tiendas especializadas, restaurantes y establecimientos de comida rápida, parques de atracciones, parques acuáticos, playas equipadas, estaciones de ski, hipódromos, pistas de patinaje sobre hielo, estadios y palacios deportivos, universidades, academias, teatros, hospitales, clínicas y todo tipo de fabricas y empresas modelo. Los ciudadanos norcoreanos trabajan 7 horas al día con 3 días de descanso, uno de trabajo voluntario y vacaciones pagadas. Todos los ciudadanos norcoreanos pueden practicar gratuitamente cualquier tipo de actividades artísticas y deportivas.

Por estos motivos, los políticos burgueses-oligárquicos y sus medios de comunicación privados mantienen una campaña sostenida de mentiras, como lo han hecho también por más de 50 años contra la Cuba socialista de Fidel Castro Ruz, o contra China Popular de Mao, contra Vietnam de Hochi Ming, contra Irak de Sadam Hussein y Libia y de Moamuar Kadafi, estos dos últimos, jefes de gobiernos legítimos, fueron asesinados por el gobierno de Estados Unidos y sus aliados europeos.

 

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Comités Obreros Revolucionarios (COR), Comités Obreros Revolucionarios, embriones de la Central Sandinista de Trabajadores

 

Comités Obreros Revolucionarios (COR): Embriones de la Central Sandinista de Trabajadores(CST)

 *Dirigentes de la CGT (I) y de la CTN les tenían pánico.

 *Formaron los Comandos Revolucionarios y ejecutaron emboscadas a la guardia somocista genocida en Managua

 *Integrantes de los COR seguían pasos de José Benito Escobar Pérez

 *Gabriel “Payo” Cardenal Caldera y René Cisneros Vanegas eran los instructores de los COR

 *Camilo Chamorro denunciado por un “oreja” llamado “Botitas”

                Pablo Emilio Barreto P.

 “!Esos son aventureros! No les hagan caso. No los dejen entrar. No hay condiciones para la lucha armada!”, gritaban histéricos algunos dirigentes sindicales de las Centrales Central General de Trabajadores independientes (CGT i) y de la Central de Trabajadores de Nicaragua (CTN), cuando se presentaban los representantes clandestinos de los Comités Obreros Revolucionarios (del FSLN) en los planteles laborales de la Construcción, en Fabritex, en El Porvenir, en ASA, en la SANDAK, en SOVIPE, en AISA, en la Standar Steel, en SOLECTRA, en PROCON, en Plásticos Modernos, en el Hospital del Niño, en Lacayo Fiallos, etc.

¿Aventureros? Sí, eso gritaban aquellos dirigentes “socialistas” y derechistas, en la década de los 70, ante la presencia de los dirigentes revolucionarios sandinistas en planteles laborales, especialmente en el mundo de obreros explotados y humillados de la construcción de casas, edificios, carreteras y calles, relata más de 31 años después Ricardo Robleto Espinoza, uno de los integrantes de aquellos Comités Obreros Revolucionarios (COR).

Según Robleto Espinoza (estudiante universitario en esos días), dirigentes sindicales conocidos como Carlos Salgado (que en paz descanse) y Alejandro Solórzano, se ponían nerviosos cuando los representantes de los COR se presentaban a los planteles, para plantearles a los obreros, técnicos, profesionales y oficinistas acerca de la necesidad de organizarse de forma distinta, con el fin de enfrentar a la tiranía somocista por las vías de movilización de masas y la lucha armada.

Estos plenteamientos provocaban pánico en estos dirigentes obreros oportunistas, pues, según Robleto Espinoza, él personalmente en numerosas ocasiones pudo ver cómo Solórzano sólo llegaba a los planteles a recoger las cotizaciones de los afiliados al Sindicatos de Carpinteros, Armadores y Similares (SCAAS), pero nunca incitaba a la lucha frontal para derrumbar a la dictadura militar somocista.

Nosotros propugnábamos por una organización sindical revolucionaria, consciente de su papel de clase obrera, dispuesta a luchar, inclusive mediante la lucha armada, por sus reivindicaciones sociales y económicas y, por supuesto, para liquidar la bárbara explotación impuesta por la dictadura del somocismo, sostiene hoy Robleto Espinoza.

Guiados por José Benito Escobar Pérez

En este trabajo de organización sindical, política, ideológica y de inducción hacia la formación de células propagandísticas militares clandestinas,  nosotros seguíamos los pasos de José Benito Escobar Pérez, quien era obrero de la construcción y uno de los pioneros en esta lucha sindical. José Benito Escobar era, además, uno de los fundadores del Frente Sandinista y miembro de la Dirección Nacional Histórica del FSLN.

Yo personalmente no recuerdo la fecha, pero no se me olvida que una vez se presentó un grupo de guerrilleros sandinistas, encabezados por Daniel Ortega Saavedra, a una asamblea del SCAAS en la antigua Casa del Obrero (hoy José Benito Escobar Pérez), de donde arrancaron un retrato con la imagen rechoncha y repugnante de Anastasio Somoza García, que estaba colgado en una de las paredes del fondo del auditorio.

Aquella acción, por supuesto, provocó temor en la conciencia de los dirigentes de la CGT (I), porque  ellos evadían sistemáticamente  el enfrentamiento político y militar directo con la tiranía.

Entre los más destacados integrantes de los COR en Managua, antes del Triunfo de la Revolución Sandinista, en 1979, se contaban: René Cisneros Vanegas (q.e.p.d), Gabriel “Payo” Cardenal Caldera (q.e.p.d), Ricardo Robleto Espinoza, Camilo Chamorro (q.e.p.d), Lucío Jiménez Guzmán, Douglas Duarte (q.e.p.d), Erlo Vanegas, Darmalila Carrasquilla, María Lourdes Casco, Donald Silva, Rolando López, Carlos Carrión Cruz, Francisco “Chico” Meza Rojas, Augusto Quintana, Mirna Zeledón, Carlos Borge Galeano, Pedro Rodríguez Brenes, Sergio Mendoza, Freddy Jiménez, Dagoberto Mejía, Felipa Mejía, Róger Ramos, Oscar Sandoval, Pedro Delgadillo, Daniel y Eva Téller Paz, Alfonso y Benjamín Cáseres, Marlon Sid, Janina Guerrero Robleto, Edmundo Castellón, Mirna Duarte, Mercedes Vigil, César Mayorga, Aníbal Matamoros, Álvaro Guzmán, José García, Sergio Mendoza (fallecido), Edgard Rivera Laínez, Domingo Martínez (ya fallecido), Ramón Medrano, Marcelo  Mayorga, Rosalba Carrasco, Alberto Vásquez, Mario Martínez, Ronaldo Membreño, Denis Meléndez, entre otros, según recuerdos de Robleto, Mercedes Vigil y Janina Guerrero Robleto.

Robo a damnificados

Corrían los años 1975 y 1976, época del “auge económico de la burguesía y oligarquía local”, por la reconstrucción de Managua, después del Terremoto del 23 de diciembre de 1972, y especialmente por los robos descomunales del aparato opresor genocida de la dictadura somocista, cuyo jefe principal,  Anastasio Somoza Debayle, se robó virtualmente toda la ayuda que vino del exterior para los damnificados, como ocurre hoy con el régimen inmensamente corrompido de Arnoldo Alemán Lacayo, “oreja” de la guardia genocida en León, alumno y heredero del somocismo.

En esos años se construían aceleradamente numerosas colonias y repartos en Managua, como Villa Progreso, Villa San Jacinto, Colonia Primero de Mayo, Villa Libertad, Villa Las Sabanas, Villa Rubén Darío, Villa Cinco de Diciembre, Don Bosco, Colombia, Diez de Junio (entonces llamada Luis Somoza), y se terminaba de construir Bello Horizonte, Rubenia, Altamira, parte de los Robles, el Centro Cívico (Somoza lo quería para un Hotel), etc., etc.

Al mismo tiempo se le hacía campaña mentirosa y manipuladora al Mercado Común Centroamericano, impuesto por Estados Unidos a la dictadura, con el rol de producir unos cuantos azulejos y presunto mejoramiento de las fábricas, con maquinarias ya obsoletas, especialmente en la Carretera Norte.

Somoza Debayle, la burguesía financiera, constructora, prestamista usurera, comerciantes somocistas inescrupulosos como Enrique “el Tiburón” Pereira Denueda, Ricardo Argüello Pravia, los Montealegres, Holman, Chamorros, Teranes, todos, estaban apurados en dar una imagen de preocupados por el progreso de Nicaragua, mientras en realidad se estaban robando lo poco que quedaba de recursos financieros en el país, saqueado desde siempre por el gobierno agresor genocida de Estados Unidos y la dictadura militar somocista.

“COR” asombran a oportunistas

El desempleo masivo era abrumador como hoy con este gobierno de Arnoldo Alemán Lacayo. Había un ejército de desempleados, la represión dictatorial, los asesinatos selectivos, las  masacres somocistas menudeaban, las persecusiones a estudiantes, obreros y trabajadores, eran asuntos comunes, de todos los días en el país, especialmente en Managua.

En ese marco histórico de represión bestial aparecen los Comités Obreros Revolucionarios (COR), cuya fecha exacta de fundación no se conoce, pero que causan asombro, desconcierto y pánico entre los dirigentes oportunistas tradicionales, incluyendo aquellos como un tal Roberto González, que jefeaba la Central de trabajadores oficialistas, controlada totalmente por el somocismo genocida.

Desafiando al enorme aparato opresor de la tiranía, estos hombres y mujeres, en esos días todos jóvenes, formaron los Comités Obreros Revolucionarios, Comités de Lucha de los Trabajadores, el Movimiento Sindical Pueblo Trabajador y finalmente los Comando Revolucionarios del Pueblo, señala Robleto Espinoza.

LOS COR fueron, esencialmente, formados por la tendencia “proletaria” del FSLN, jefeada por el Comandante Carlos Núñez Téllez y el Movimiento Sindical Pueblo Trabajador fue responsabilidad  de la tendencia GPP (“Guerra Popular Prolongada”), conducida por los Comandantes Tomás Borge Martínez, Bayardo Arce Castaño y Henry Ruiz Hernández.

En este caso, la formación del Movimiento Sindical Pueblo Trabajador le tocó a Denis Meléndez, quien posteriormente fue Secretario General de la Centra Sandinista de los Trabajadores, de Managua.

Análisis clandestinos

Los integrantes de los COR se reunían frecuentemente, en forma clandestina, en aulas de la Universidad Nacional de Managua, donde eran conducidos en talleres por René Cisneros Vanegas (obrero), Gabriel Cardenal  Caldera (estudiante universitario) y casi al borde de la Insurrección Final por Lucío Jiménez Guzmán, quien era sastre en esos días.

En los talleres estudiaban sobre cómo formar sindicatos, cómo conducirlos, qué temas debían abordar con los sindicalistas y trabajadores, cómo debían ir más allá de los simples reclamos salariales, cómo actuar  y qué hacer en esos  días de represión descomunal de la dictadura somocista.

Robleto Espinoza cuenta que durante numerosas visitas a la entonces “Fabritex”, Carlos Borge Galeano, actual secretario de Organización de la CST, fue incorporado a los COR.

En una ocasión tuvieron una reunión allí en “Fabritex”,  denunciada a la Oficina de Seguridad Somocista (OSN) por un sujeto apodado “Botitas”, lo cual provocó que la guardia somocista genocida capturara a Camilo Chamorro, quien fue brutalmente torturado por los genocidas del régimen tiránico somocista.

“COR” en emboscadas a guardia somocista

Ya al borde de la Insurrección Final (junio de 1979), los integrantes de los COR, Comités de Lucha de los Trabajadores y el Movimiento Sindical Pueblo Trabajador, integraban los Comandos Revolucionarios del Pueblo, del FSLN clandestino en 1979, los cuales efectuaban emboscadas a patrullas de guardias genocidas  en Managua.

Una de esas emboscadas fue en la ROCARGO, situada en  la entrada del kilómetro ocho norte hacia el Lago de Managua. Allí quedaron dos camionadas de guardias asesinos fundidos a tiros tanto dentro de los camiones como en el suelo fangoso.

Esa emboscada había sido organizada por Gabriel Cardenal Caldera y René Cisneros Vanegas (antes de ser asesinados), con la participación de Douglas Duarte, Francisco “Chico” Meza Rojas (fallecido, caído), Camilo Chamorro (fallecido), Sergio Mendoza, Freddy “Pancho Villa” Jiménez, Pedro “Panadero”, un compañero al que apodaban “Cantinflas” y otro Combatiente Popular llamado “Cristo de Lata”.

Todos estos compañeros y compañeras mencionados, con excepción de Gabriel Cardenal Caldera, René Cisneros Vanegas, “Chico” Meza Rojas, Camilo Chamorro (asesinados o caídos en la lucha final contra la tiranía), fundaron la Central Sandinista de Trabajadores (CST), cuyo embrión, a mi juicio, fueron estos organismos sindicales clandestinos del Frente Sandinista en Managua, León, Masaya, Matagalpa, Chinandega, Granada, Rivas, Juigalpa, las minas, los algodonales, los cafetales, cañales, pesca, etc.

Al Triunfo de la Revolución Popular Sandinista, el primer Secretario General de la Central Sandinista de Trabajadores (CST) fue Pedro Ortiz Sequeira, quien posteriormente fue vicecoordinador de la Junta de Reconstrucción de Managua; el segundo Secretario General fue Iván García Abarca. El tercero fue Lucío Jiménez Guzmán, y el cuarto Secretario General nacional es Roberto González Gaitán.

Escrito en 1999.

 Pablo E. Barreto Pérez

 

 

 

 

 

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Repliegue, Repliegue, Héroes y Mártires, caídos, del Repliegue Táctico de Managua a Masaya con sus biografías

Repliegue, Repliegue,  Héroes y Mártires, caídos, del Repliegue Táctico de Managua a Masaya con sus biografías

*Biografías de los Mártires, o caídos, en “Piedra Quemada”, durante el Repliegue de Managua a Masaya

*Pablo E. Barreto Pérez

Explicación indispensable:

El Repliegue Táctico de Managua a Masaya, ocurrido los días 27 en la noche, 28 en todo el día, y hasta el 29 de junio de 1979,  en la madrugada, en que participamos entre seis mil y siete mil managuas (y algunos y algunas de fuera de Managua), es un acontecimiento histórico nacional muy conocido, es una hazaña política y militar del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), todavía clandestino y en batalla militar a muerte contra el somocismo genocida en aquellos días angustiosos de los meses de marzo, abril, mayo y especialmente junio y julio de 1979, hasta que se registró la derrota total del régimen sanguinario genocida de Anastasio Somoza Debayle, de su Guardia Nacional, de su dictadura militar, la cual mató a no menos de 50,000 nicaragüenses y dejó destrozada a la Nicaragua del General Sandino y de Rubén Darío.

En la Ruta Original del Repliegue de Managua a Masaya hubo casi un centenar de muertos, y al menos un centenar de heridos, especialmente en un sitio llamado “Piedra Quemada”, situado al Norte del complejo volcánico del Volcán Masaya y al Norte de la Carretera a Masaya, la cual parte en dos, digásmolo así, la extensión de lava negra, endurecida y puntiaguda, que ha sido arrojada por este coloso volcánico en numerosas erupciones de siglos pasados.

En la primera edición de mi libro: “Repliegue a Masaya”, febrero de 1982, mayoritariamente testimonial, ya se publicaba una lista de 44 nombres de caídos o muertos, precisamente, en el lado de Norte de “Piedra Quemada” y  en el Camino Viejo a Nindirí, partiendo del kilómetro 22 de la Carretera a Masaya.

En su libro-informe “Un Pueblo en Armas”, destinado a la Dirección Nacional del FSLN, publicada su primera edición en 1982, el Comandante Carlos Núñez Téllez, el Jefe Guerrillero principal del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, indicaba que se habían registrado tan sólo seis muertos y 16 heridos en la Ruta Original que siguieron los replegados de Managua a Masaya.

En un libro elaborado posteriormente por el Departamento de Propaganda y Agitación Política del Frente Sandinista, titulado “Porque siempre vivirán entre nosotros”, se publicaban los mismos nombres registrados en mi libro.

En mi libro original, titulado “Repliegue a Masaya” (1982) y en la segunda edición de “Insurrección Sandinista Victoriosa y Repliegue Táctico de Managua a Masaya” (2009),  indico que las razones del Repliegue a Masaya fueron, entre otras, escasez de municiones, comida y medicinas; un poco desánimo entre Combatientes Populares y algunos Jefes Guerrilleros, la necesidad estratégica de evitar la posibilidad de que la Guardia Nacional somocista genocida ejecutara otra masacre, en este caso sería gigantesca, porque los combatientes estaban escasos de municiones para enfrentarlos, y también la necesidad urgente, estratégica, de defender la liberación de Masaya y fortalecer el Frente Oriental Carlos Roberto Huembes, que avanzaba encabezado por los Comandantes Luis Carrión Cruz y Henry Ruiz Hernández.

Asimismo, en ambas ediciones describo cuál fue la Ruta Original del Repliegue de Managua a Masaya; cómo empezó fue organizado en tres grandes columnas, cómo empezó a moverse en Managua el 27 de junio en la tardecita, cómo unos siete mil ciudadanos de Managua nos concentramos en la Calle de la Clínica Don Bosco (hoy Barrio Venezuela) y sobre que salimos de este lugar más o menos a las once de la noche.

Es conocida mi participación directa en la Insurrección Sandinista en Managua y en el Repliegue de Managua a Masaya, y que en ambos casos anduve tomando fotografías, registrando nombres y datos en mi libreta.

Tomé las dos fotos más famosas en que aparece el Comandante William Ramírez Solórzano, Jefe Guerrillero y uno de los tres jefes del Frente Interno,  a la cabeza del Repliegue  de Managua a Masaya, por una de las encajonadas alambradas, después de cruzar Veracruz; y en la que aparece Moisés Hassan Morales, en aquel momento de la Comisión de Propaganda insurreccional, igualmente en primer plano de una parte de la marcha del Repliegue, cuando ya íbamos llegando a un sitio identificado como “Piedra Menuda”, ya en territorio del Departamento de Masaya.

Precisamente,  durante el bombardeo aéreo somocista genocida en “Piedra Quemada”, también hice fotografías de jóvenes Combatientes Populares y pobladores capitalinos que caían fulminados mortalmente por los charneles de los morteros lanzados por aviones push and pull y bombas de 500 libras tiradas desde helicópteros.

En la edición original de mi libro “Repliegue a Masaya” digo que yo me parapetaba en huecos en “Piedra Quemada”, en troncos de árboles, en zanjas de los lados del camino, con el fin de evadir los charles de las bombas, lo cual aprendí en Managua, mientras muchos jóvenes (hombres y mujeres) corrían desesperados en busca de protección.

Recuerdo nítidamente que después que pasaban los aviones y habían estallado las bombas, yo me salía de donde estaba parapetado, y en esos instantes hacía las fotografías de jóvenes que estaban muriendo, que ya habían muerto, o que estaban gravemente heridos.

Al ocurrir estos momentos dramáticos, desesperantes, mortales, al mismo tiempo preguntaba por sus nombres y de ese modo recogí unos 35 nombres y seudónimos allí mismo   en “Piedra Quemada” y el resto los obtuve cuando ya estábamos en la Ciudad de Masaya. De ese modo, recogí muchos nombres, más los nombres que se publicaron en el Diario BARRICADA en los meses de agosto y septiembre de 1979, fundamentalmente.

Dos de los personajes que más me ayudaron en esta labor de recoger nombres de Combatientes Populares y pobladores caídos en “Piedra Quemada” fueron Alejandro “Comandante Huesito” Mairena Obando, Combatiente Popular de Managua; y Roberto González Rocha, periodista conocido de Masaya, y quien se convirtiera en el primer Coordinador de Junta de Gobierno Municipal, en plena Insurrección, en Masaya.

Al morir desangrados  Marta Lucía Corea Solís y Róger Ortiz Padilla en el Camino Viejo a Nindirí, un grupo de Combatientes Populares y pobladores capitalinos sobrevivientes de la gigantesca masacre ejecutada por la Guardia Nacional somocista genocida en “Piedra Quemada”, discutimos y valoramos acerca de la gran cantidad de muertos en ese bombardeo aéreo, y especialmente Alejandro Mairena “Comandante Huesito” afirmaba que los difuntos eran más de 100.

Yo sostenía que los muertos o caídos eran casi 100. “Huesito” Mairena Obando siempre le dijo en público al Comandante Núñez Téllez que “los muertos fueron más de cien”, y no los seis fallecidos y 16 heridos que decía el jefe revolucionario en su libro “Un Pueblo en Armas”.

La valoración mencionada, en medio de otro bombardeo aéreo somocista genocida, antes de que llegáramos al casco urbano de Nindirí, casi a las cuatro y media de la tarde, se produjo porque Róger Ortiz Padilla había fallecido en los brazos de un compañero de apellido Nicaragua; y Marta Lucía Corea Solís había muerto en brazos de  Dolores “Lola” Fonseca, ambas Combatientes Populares de Bello Horizonte. Aquella valoración agregaba que la mayoría de caídos en “Piedra Quemada” igualmente habían muerto desangrados, porque con nosotros no iba personal médico ni enfermeros para dar estos “primeros auxilios”.

Además, quienes valorábamos el asunto de la cantidad de muertos en “Piedra Quemada” habíamos participado activamente en dejar medio sepultados una gran cantidad de cadáveres, los cuales colocamos en zanjas pocos profundas y en huecos de la orilla del camino erizo de piedras. Tomamos arena, tierra, ramas, hojas secas y pedazos de trapos, y los tapamos, pensando en recuperarlos después. Una parte de los cadáveres fue recuperada. Una cantidad significativa de los cadáveres de aquellos Mártires generosos, no fueron encontrados. Hasta hoy no sabemos qué pasó realmente.

Al ampliar mi libro, editarlo e imprimirlo nuevamente en el año 2009, con nuevo título: “Insurrección Sandinista Victoriosa y Repliegue Táctico de Managua a Masaya”, pensé en que era indispensable efectuar una investigación paciente y cuidadosa para establecer, aunque fuese de forma aproximada, la cantidad de hombres y mujeres (Combatientes Populares y pobladores implicados en la Insurrección en Managua) que cayeron en “Piedra Quemada” por el bombardeo aéreo infernal, lanzado por Anastasio Somoza Debayle, su Guardia Nacional y su dictadura sanguinaria genocida, en contra de aquellos casi siete mil replegados de Managua a Masaya.

Hacer estas investigaciones históricas requiere de conocimientos directos, implicancia directa, en primer lugar, elevadísimo interés en rescatar la memoria de quienes entregaron sus vidas generosas por la causa de Revolución Popular Sandinista; se necesitan recursos financieros, aunque sean muy limitados, para dedicarse durante meses o años a descubrir los nombres de los caídos, sus historias personales, y lo que hicieron en la Batalla Militar Sandinista Revolucionaria para derrocar a la tiranía somocista genocida, en Managua, Masaya, Carazo y Granada.

Esa oportunidad histórica llegó, en mi caso personal, en el año 20013, cuando en abril fui llamado por uno de los jefes insurreccionales de Managua, el Comandante Guerrillero, Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz, quien hoy ostenta título profesional y era el Secretario Ejecutivo de la Asamblea Nacional.

Cabrales Aráuz me dio apoyo decidido para dedicarme a esta jornada de investigación de abril a octubre, en carrera maratónica, pues se hizo en homenaje a un aniversario más del fallecimiento del Comandante de la Revolución, Carlos Núñez Téllez, el Jefe Guerrillero principal de la Insurrección capitalina y del Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Mediante esa carrera maratónica logré establecer formalmente que durante el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, comenzando por los asesinados por la Guardia Nacional en el Reparto Schick Gutiérrez, en el lado Norte de “Piedra Quemada” y en Nindirí, cayeron 83 entre hombres y mujeres. Hubo 17 caídos a cuyas familias no fue posible encontrarlas para hacer la biografía de cada uno de ellos.

Esto no indica que la investigación esté terminada. Yo estoy convencido de que es posible que más hombres y mujeres hayan caídos durante el Repliegue a Masaya, y que todavía no lo sabemos. Es tarea de futuro inmediato y mediato.

Fueron fundamentales mis visitas y recorridos por decenas de barrios capitalinos, colonias, repartos y asentamientos de Managua, para recoger datos sobre caídos (Mártires) y sobrevivientes insurreccionales del Repliegue a Masaya.

En esta labor de investigación sobre los caídos del Repliegue Táctico de Managua a Masaya fueron fundamentales por la cantidad de nombres y datos aportados, Alejandro “Comandante Huesito” Mairena Obando, Frank “Machillo” González Morales, Juan Carlos “Marcial” Soza Aragón,  Isabel Aráuz Rugama, Ramiro Salvador García Ramírez, Santiago Núñez Solís, Víctor y Carlos Cienfuegos Aburto, Víctor “Bayardo”, Dientes de Lata” Romero Pérez, Arsenio “Walter” Solís González, Antonio López….todos ellos participantes directos en la Insurrección de Managua y en el Repliegue de Managua a Masaya.

“Huesito” Mairena Obando, quien siempre promovió el llamado “Replieguito” por la Ruta Original del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, cada año recogía más datos sobre los caídos en “Piedra Quemada”.

En los casos de Frank “Machillo” González Morales y Juan Carlos “Marcial” Soza Aragón son dirigentes de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos Carlos Fonseca Amador, y como tales tienen relaciones directas con una gran cantidad de quienes fueron Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares en Managua, que son quienes más conocen sobre los caídos en la Insurrección en Managua y en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Isabel Aráuz Rugama, una de las sobrevivientes de la Insurrección en Managua y del Repliegue a Masaya, fue una de las dirigentes de la Asociación de Mujeres Luisa Amanda Espinoza y de la Asociación de Mujeres Sandinistas y como tal hizo un trabajo de recolección de nombres de caídos en la Insurrección en Managua y en el Repliegue a Masaya.

El listado y las biografías (muy reducidas, deformadas  y mutiladas) de estos Mártires del Repliegue a Masaya se adicionaron en las páginas finales del libro “Un Pueblo en Armas”, en su tercera edición  e impresión, en homenaje al Comandante Carlos Núñez Téllez.

Como consecuencia de ser una adición a “Un Pueblo en Armas”, las biografías fueron reducidas drásticamente, lo cual les quita vitalidad, y la gran cantidad de datos personales relacionados con acciones heroicas que cada uno de estos Héroes y Mártires hicieron en la Batalla Militar de Managua para derrocar a la dictadura somocista genocida.

Por este motivo, me pareció justo y necesario juntar todas estas biografías en un solo libro, con el fin de que para la memoria histórica, los nombres de estos Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares, Milicianos y pobladores capitalinos heroicos, caídos, jamás sean olvidados.

Además, en la defensa sandinista revolucionaria de Masaya, después de ocurrido el Repliegue, cayó César Augusto “Moisés” Silva, un Jefe Guerrillero de primerísima calidad, de los más valientes, de los más eficientes, de los más audaces en la Batalla Militar de Managua. En mi libro “Insurrección Sandinista Victoriosa y Repliegue Táctico de Managua a Masaya”  cuento cómo y por qué cayó este legendario Jefe Guerrillero, quien era obrero de la construcción y estudiante universitario cuando estalla la Insurrección en Managua, en junio de 1979.

En la propia Ciudad de Masaya, en defensa de Masaya, caen también los Combatientes Populares capitalinos, replegados, Danilo Aguirre Aragón y Santos Sobalbarro Blandón.

También caen los compañeros Walter Mendoza Martínez, Jefe Guerrillero GPP; Frank Toruño Porras y el Combatiente Popular Ismael Castillo. Mendoza Martínez había quedado en Managua como uno de los jefes de la resistencia militar activa en contra de la Guardia Nacional y EEBI somocistas genocidas, especialmente después de producirse el Repliegue Táctico de Managua a Masaya. Los tres fueron capturados cuando se desplazaban clandestinamente por las cercanías del Cerro Barranca, donde la GN todavía tenía un contingente militar. Posteriormente los asesinan en el Cerro Coyotepe.

En la liberación de Jinotepe caen también los Jefes Guerrilleros, replegados de Managua, Rolando “Carlos”, “Cara Manchada” Orozco Mendoza, Justo Rufino Garay Mejía y Martín “Paco” Castellón Ayón.

Después del Triunfo de la Revolución, fallecen en distintas circunstancias Jefes Guerrilleros de la Batalla Militar de Managua y Masaya: Marcos Somarriba García, Walter “Chombo” Ferrety Fonseca, Sergio Gómez Vargas, William Ramírez Solórzano y el Comandante de la Revolución, Carlos Núñez Téllez, quien como miembro de la Dirección Nacional Conjunta del FSLN, era virtualmente el Jefe de la Insurrección en Managua y del Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

El listado de nombres, producto de la investigación mencionada, es el siguiente:

Marlene Fátima “Modesta”, Mary” Aguilar Uzaga, Carlos José Alvarado Aragón, Cela Patricia “Mercedes” Amador Cisneros, Raúl “Pelito” Areas Chamorro, Manuel Barrantes Miranda, Artisteo “Sebastián” Benavidez,  Carlos “Paco” Miranda, Jorge Antonio “Yorbis” Bermúdez García, Eva Margarita Bonilla Zúniga, María Daniela “China Tica” Bravo Medina, Bosco Javier Cáseres Altamirano, Ronald Fisher Ferrufino, Alejandra Emelina Campos Escobar, Raymundo José Canales Baltodano, Irma de Jesús Castellón Cerrato, Pabla “Claudia” Corea Campos, Marta Lucía “Lucy” Corea Solís, Manuel Salvador Cuadra Pérez,  Ariel “Trapito” Darce Rivera, Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez, Marta Lorena “Cleo” López Mojica, Manuel Esteban Flores Oporta, José Bladimir “Rigoberto”, “Chino” Fuertes Guadamuz, Mario Ramón Gabuardi Castillo, Carlos Manuel Gómez Sequeira, Óscar Antonio Gutiérrez Serrano, Julio César “Bamba” Juárez Roa, Osbaldo Antonio Largaespada Lagos, Mario Antonio “Ñaña” Macías Paredes, Edmundo José “Comandante Valentino” Maltez Delgado, José Dolores “Chele Ladilla” Maltez Flores, Norman José Maravilla Navas, José Luis “Oso” Marín Gaitán,  Rolando José “Condorito” Rivera, José Santos “Cerro Negro” Mayorga Alemán, Domingo “Cirilo” Matus Méndez, Felipa Mejía Membreño,  Andrés Edgard Mendoza Martínez, Denis Miranda Corrales, Gustavo Elías “Carcache” Morales Mayorga, Ernesto Navarro Jiménez,  César José Ortiz Flores, Róger Ortiz Padilla, Julián de Jesús Palacios Herrera, Juvenal Palacios Morales, Francisco René “Sastrecillo” Polanco Chamagua, Manuel Salvador Reyes Montiel, Ronald Rizo Huerta, Juan Ramón “Ringo” Rizo Villagra, Róger “Ramón” Rodríguez Rivas, Luis Antonio “Sherman” Romero Orozco, Freddy “Buitre” Sandoval Cáseres, Francisco Iván “Chéster, “Perú”, “Renco” Salgado Gómez, Roberto José Sirias Acevedo, Ricardo Sú Aguilar, Miguel Ángel y Marcos Antonio “Burros” Tapia Gutiérrez, José Téllez Alvarado, Joaquín “José” Valle Corea, Miguel Ángel Bonilla Obando, Marta Villanueva Román y Mario Ramón Jiménez.

Listado de caídos en el Repliegue de Managua a Masaya, todavía sin biografías, porque sus familiares no han sido localizados:

Augusto César “Kabia” Almendárez Telica, Rogelio de Jesús Avilés Pérez, Jacinto Dávila Zeledón, Mauricio Enrique Fajardo Pérez, Luis Noel “Cachete” Hernández Polanco, Carlos Alberto Jarquín Silva, Freddy Arsenio “Pancho Villa” Jiménez Pérez, Valerio Antonio Madriz, Marlene Mena Peña, Denis Gertrudis Muñoz Centeno, María Teresa Orozco Peña, Gerardo Alberto Rocha Lugo, Denis Ruiz Flores, Guillermo Antonio “Joroba” Sáenz Salas, Marcos José Sánchez Zárate, Orlando Talavera Alaniz y Roberto “Pescadito” Zamora Loáisiga.

 

Marlene Fátima “Modesta” y “Mary” Aguilar Uzaga.

Marlene Fátima “Modesta” y “Mary” Aguilar Uzaga. Esta muchacha de 20 años vivía con su madre y cinco hermanos, todos integrados en la Insurrección Sandinista, u Ofensiva Final,  en la Colonia Nicarao. Era uno de esos seres excepcionales en aquellos momentos durísimos de la lucha política y militar para derrumbar a la tiranía somocista.

Su vivienda en la Colonia Nicarao era Casa de Seguridad y de fabricación de explosivos de Combatientes Populares y de Jefes Guerrilleros, era uno de los tantos pasadizos clandestinos de pobladores enfrentados a la guardia somocista, y como consecuencia los mandos dictatoriales le dejaron caer desde helicópteros artillados varias  bombas de 1,000 libras, rockette lanzados desde aviones Push and Pull y constantemente era sometida a fuego de metralla por francotiradores de la Guardia Nacional del tirano Anastasio  Somoza Debayle.

Su madre Eloísa Uzaga Flores, mujer de 81 años actualmente, asegura que ya desde 1978 ella personalmente iba a dejarla y traerla al Colegio Salvador Mendieta, en la Colonia Centroamérica, porque guardias y “orejas” de la Oficina de Seguridad somocista ya la tenían amenazada de muerte por su involucramiento en trabajos clandestinos del Frente Sandinista, para derrocar a la dictadura. En el Colegio Salvador Mendieta estudiaba cuarto año de bachillerato.

Lo mismo ocurría con el resto de los hijos de Eloísa Uzaga Flores, porque todos se habían involucrado en trabajos clandestinos guerrilleros en busca afanosa de liberar Nicaragua de las garras del somocismo genocida, y de sus protectores criminales, los yanquis.

“Modesta” o “Mary” Aguilar Uzaga salía clandestinamente, con  un grupo numeroso de jóvenes, entre otros, Isabel Aráuz Rugama, Ricardo Sú Aguilar, Cela Patricia Amador Cisneros y Manuel Barrantes Aguilar, todos de la Colonia Nicarao, estudiantes de secundaria, a hacer “pintas revolucionarias” a la calle, “propaganda armada”, fogatas, emboscadas con explosivos a guardias nacionales, fabricaban bombas de contacto con otros grupos, hacían labores de correos clandestinos con sus responsables (jefes guerrilleros) Mario Barrantes Aguilar, Iván Escobar e Iván Peña (sobrevivientes del Repliegue a Masaya), aprendían arme y desarme de numerosos tipos de armas, participaban juntos en reuniones de discusiones sobre por qué motivos debía ser derrocada la dictadura somocista genocida.

Jhonatán Amador era el responsable del grupo clandestino de la Nicarao y otros vecindarios, recuerda Eloísa Uzaga Flores, quien se muestra  orgullosa del papel que jugó su hija “Modesta” o “Mary” en la Insurrección para tumbar al régimen dictatorial de Anastasio Somoza Debayle.

“Por nuestra casa pasaban jefes guerrilleros clandestinos como Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz, Marcos Somarriba García, Walter Ferrety  Fonseca y Rolando “Cara Manchada” Orozco Mendoza, por ejemplo, quienes ocasionalmente se quedaban escondidos en varias casas de la Colonia Nicarao. Los muchachos y muchachas integrados a la lucha armada, incluyendo mi hija Marlene Fátima Aguilar Uzaga, pertenecían a grupos cristianos organizados y al mismo tiempo a estructuras militares de la Insurrección”, recuerda  Eloísa Uzaga Flores, madre de “Modesta” o “Mary”.

En días previos a la Insurrección, u Ofensiva Final, Eloísa Uzaga Flores fue detenida violentamente por  patrullas de guardias somocistas, jefeados por Alberto “Macho Negro” Gutiérrez, y llevada a la que fue llamada Central de Policía de Managua, jefeada por el feroz esbirro Nicolás Valle Salinas, quien ya  durante la Insurrección se ufanaba al decir mediante la radio de la Guardia Nacional: “Tenemos armas y municiones para combatir 100 años, si queremos”.

Madre e hijos capturados y torturados por GN

Antes que ella, habían estado presos sus otros dos hijos: Jorge Douglas y Luis Rodolfo Aguilar Uzaga, porque los guardias de la Treceava Sección de Policía (“Sierra 13”), ubicada frente al Cementerio Oriental, afirmaban que andaban “alterando el orden público y en actividades Sandino-comunista-terroristas”.

Uzaga Flores fue encarcelada y torturada, debido a denuncias de “orejas” de la Oficina de Seguridad en la misma Colonia Nicarao.  Eloísa tenía algunos amigos influyentes cercanos a la estructura de la Guardia Nacional somocista genocida, y de ese modo logró salir.

Tuvo que pagar varios miles de córdobas de “multa” por sus dos hijos y ella. Ese dinero tuvo que prestarlo en un banco, “y de ese modo, quedé “enjaranada”. “Andate de esa casa de la Nicarao, con toda tu familia… si no te vas, te hacemos el “pisa y corre” (es decir, matarla de una vez), le dijeron a  Eloísa en la Central de Policía GN somocista.

Un poco después de quedar libre Eloísa, la casa le fue “cateada” por otros guardias somocistas genocidas, que afirmaban llegaban desde la Central de Policía, es decir, enviados directamente por Nicolás Valle Salinas.

Ya desencadenada la Insurrección, u Ofensiva Final, cuando Anastasio Somoza  Debayle y el alto mando de la Guardia Nacional deciden bombardear vecindarios de Managua con helicópteros y aviones artillados con rockette y ametralladoras calibre 50, la casa de  Eloísa Uzaga Flores sufre la caída y estallido de varias bombas de 1,000 y 500 libras, las cuales no mataron a nadie, “porque todos andábamos fuera; estábamos todos en labores de combate en las trincheras que estaban frente a la Fábrica Rolter, en la Carretera Norte”, recuerda la madre de “Modesta” o “Mary”.

Este grupo de la Nicarao “iba y venía” a las zonas de Bello Horizonte, Santa Rosa, Costa Rica y Larreynaga por orientaciones del jefe guerrillero Marcos Somarriba García, quien coordinaba la lucha armada contra el somocismo genocida en este Sector del lado de la Carretera Norte.

Al momento de producirse el Repliegue Táctico de Managua  a Masaya, este grupo en que iban los hijos de  Eloísa, entre ellos, “Modesta” o “Mary”, salen de la trinchera que estaba frente a la Fábrica Rolter, cruzan Bello Horizonte de Norte a Sur, atraviesan también el cauce entre “Santa Bárbara” (hoy Barrio Venezuela) y finalmente llegan a la Calle de la Clínica Don Bosco, donde se concentraron alrededor de 7, 000 managuas para iniciar el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

La salida del Repliegue a Masaya se produjo un poco después de las diez de la noche. Según Isabel Aráuz Rugama van juntos:  Marlene Fátima “Modesta” o Mary”, Cela Patricia Amador Cisneros, Manuel Barrantes, Ricardo Sú Aguilar y la propia Isabel Aráuz Rugama.

Al llegar a “Piedra Quemada”, a las once de la mañana del 28 de junio de 1979, el bombardeo aéreo con bombas de 1,000 y 500 libras, rockttes y ametralladoras calibre 50, está en lo “fino”, matando gente y animales domésticos, destruyendo casas, convirtiendo en miles o millones de pedazos los pocos árboles del lado Norte de  “Piedra Quemada”, mayoritariamente mamones, mangos, jocotes, naranjos, guanacastes,  ceibos, espinos negros y algunos chilamates.

El trayecto de bombardeo sostenido se produjo en un trecho de unos 750 metros entre el llamado Cruce Real de Caminos y el Kilómetro 22 de la Carretera a Masaya, conocido como “Piedra Quemada”, frente a la entrada antigua hacia el Volcán Masaya.

“Piedra Quemada” es un colchón de piedra volcánica, puntuda, eriza, que se prolonga más de dos kilómetros de Sur a Norte, desde los cuatro cráteres del Volcán Masaya, con rumbo Norte, cruzando la Carretera a Masaya.

Fulminado por bombas casi todo el grupo

Según Isabel Aráuz Rugama, coordinadora actual de la Asociación de Mujeres Sandinistas, el bombardeo aéreo no cesaba, ya casi a la una de la tarde, cuando el grupo decidió seguir caminando hacia la salida de la Carretera Managua-Masaya por el Kilómetro 22, cuando se encontraron con una pila en que bebía agua el ganado.

Isabel se dispuso a beber agua de la pila. Se alejó un poco. El grupo se quedó un poco atrás, cuando, una vez más, cayó otro rockette, cuya explosión y charneles, mataron en el acto a Marlene Fátima “Modesta” o “Mary” Aguilar Uzaga, a Ricardo Su Aguilar, a Cela Patricia Amador Cisneros y a Manuel Barrantes.  Es decir, casi todo el grupo cayó en ese lugar de la pila de agua para el ganado. Isabel Aráuz Rugama se salvó por haberse retirado del grupo.

Estos  cadáveres de “Modesta” o “Mary”, de Celia Patricia, de Manuel Barrantes Aguilar, de Ricardo Sú Aguilar y decenas de cuerpos ya fallecidos por el bombardeo en este trecho de unos 750 metros del lado Norte de  “Piedra Quemada”,  fueron acomodados en oquedades o zanjas muy pequeñas en los alrededores y en la orilla del camino pedregoso, y los cubrimos con piedras y arena, para que no quedaran al descubierto.

Isabel Aráuz Rugama lloró inconsolable en ese pedazo de terreno cubierto de piedras volcánicas, y hasta “renegó de Dios”, “porque cómo es posible que permita que una pandilla de asesinos somocistas estén matando a todo un pueblo”.

Doña Eloísa Uzaga Flores y su esposo Rodolfo Antonio Aguilar y un grupo numeroso de padres y madres de Héroes y Mártires caídos en “Piedra Quemada”, fueron llevados por Isabel Aráuz Rugama y otros a reconocer el sitio en que habían quedado sepultados superficialmente los cuatro inseparables amigos de lucha y revolucionarios sandinistas, incluyendo “Modesta” o “Mary” Aguilar Uzaga.

Cadáveres recuperados después del 19 de julio

Sus cadáveres fueron recuperados casi un mes después, es decir, casi a finales de agosto de 1979. Los restos de “Modesta” o “Mary” están sepultados en el cementerio pequeño de la orilla de la Casa Comunal de la Colonia Nicarao. Es precisamente doña José Eloísa quien cuida ese cementerio, donde hay sepultados 17 Héroes y Mártires de la Insurrección y del Repliegue de Managua a Masaya, todos de la Nicarao. Hay una placa en que están sus nombres.

Eloísa tiene ahora (en 2017) 81 años. Sobreviven a “Modesta” sus hermanos: Luis Rodolfo, médico; Jorge Douglas, Combatiente Histórico organizado, José del Carmen, oficinista y Mario Antonio, también oficinista.

Eloísa solicita encarecidamente que le ayuden  desde el gobierno en el arreglo y sostén del Cementerio de los Héroes y Mártires de la Colonia Nicarao, donde cayeron 72 combatientes, con el arreglo también la de la Galería de Fotos de estos  Mártires, y que a ella mismo le ayuden en el mejoramiento de su vivienda, la cual era “casa de seguridad” durante  la Insurrección y que fue bombardeada por la Guardia Nacional somocista genocida.

Uzaga Flores vive, o reside,  de la Escuela de la Colonia Nicarao dos cuadras al Norte y media al Oeste,  y tiene los teléfonos: 22481960 y 85543128.

 Cela Patricia “Mercedes” Amador Cisneros

Cela Patricia “Mercedes” Amador Cisneros era una chavala jovencita, de apenas 14 años cumplidos. Estudiaba en el Liceo Franciscano, en el Reparto Altamira. Era una revolucionaria sandinista convencida, pertenecía a grupos de centenares de jóvenes rebeldes antisomocistas, cuyos padres y ellos mismos habían sido encarcelados, torturados y amenazados de muerte por las bandas de asesinos y torturadores de la Guardia Nacional somocista genocida, especialmente los guardias de la “Treceava Sección de Policía GN” (“Sierra 13”, decían los guardias), uno de cuyos jefes era el sargento Alberto “Macho Negro” Gutiérrez, quien llegaba a la Colonia Nicarao a sembrar el terror, especialmente por las noches.

Cela Patricia “Mercedes” Amador Cisneros era hija de José Leonardo Amador y de María del Socorro Cisneros Méndez, “yunta” de Eloísa Uzaga Flores, la mamá de “Modesta” o Mary” Aguilar Uzaga.

“Mercedes” Amador Cisneros vivía en la casa número E-275 de la Colonia Nicarao, donde ahora reside su primahermana Giselle Ebans Amador, quien guarda amorosamente los recuerdos revolucionarios consecuentes de Cela Patricia “Mercedes” Amador Cisneros, guiada, de algún modo, por Eloísa Uzaga e Isabel Aráuz Rugama..

Cela Patricia Amador Cisneros era de la “pelota” de Marlene Fátima “Modesta” o “Mary” Aguilar Uzaga y de Isabel Aráuz Rugama. Se juntaban para estudiar, se unían para enfrentar militarmente a los guardias que llegaban a aterrorizar a la Colonia Nicarao, se juntaron al estallar la Insurrección, u Ofensiva Final, en junio de 1979, y andaban juntas haciendo labores de Combatientes Populares, correos clandestinos de Jefes Guerrilleros, fabricaban bombas de contacto, perfeccionaban juntas las formas de evadir a los guardias, a los “orejas” de la Oficina de Seguridad y a los informadores oficiosos del somocismo genocida en la Colonia Nicarao, y también, a escondidas,  practicaban arme y desarme de armas de todo tipo y calibre, incluyendo fusiles automáticos como los Fal, Garand, M-16  y Galil.

Además del horror impuesto por los opresores somocistas en Managua, como motivo para insurreccionarse, Cela Patricia contaba con el ejemplo de su hermano Emilio Jhonatán “Comandante Chepe” Amador Cisneros, quien había caído antes en Jinotepe, durante un asalto del Frente Sandinista clandestino en la Renta de esa cabecera departamental de Carazo. Su hermano “Comandante Chepe” le decía que era necesario enrolarse en la lucha armada, para derrocar militarmente a la dictadura somocista genocida.

“Ahí va Celita” comentaban en la Nicarao

“Ahí va Celita”, comentaban en el vecindario de la Nicarao cuando su rostro y cuerpo adolescente atravesaban sombras, huecos y callejones, rumbo a cumplir una tarea de orden militar insurreccional, sola o en compañía de “Modesta” Aguilar Uzaga y de Isabel Aráuz Rugama, actual coordinadora de la Asociación de Mujeres Sandinistas de Managua.

Las historias de boca en boca en la Colonia Nicarao y en la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos, encabezada por Frank “Machillo” González Morales, indican que Cela Patricia Amador y Marlene Aguilar Uzaga operaban juntas como correos clandestinos y portadoras de armas, municiones y bombas de contacto, ya en la Insurrección u Ofensiva Final, por encargos de sus responsables en la Colonia Nicarao, entre otros: Iván Escobar, Iván Peña y Manuel Barrantes Aguilar, quienes eran dirigidos a su vez por Jefes Guerrilleros como Ramón “Nacho”  Cabrales Aráuz y Marcos “Salvador” Somarriba García.

Cela “Mercedes” y Marlene “Modesta” se movían sigilosamente en vecindarios como la misma Nicarao, Reparto Santa Julia, Don Bosco, “Meneses” y “Santa Bárbara”, hoy Barrio Venezuela;  “Salvadorita” (hoy Cristhian Pérez Leiva), Costa Rica (antes Barrio Blandón), Bello Horizonte, Santa Rosa y por el lado del Puente Larreynaga, en la Pista de la Resistencia Sandinista.

Con Cela Patricia trabajaban también en la clandestinidad “José del Carmen Camiche”, también Mario Aguilar y “Manotas”.

Estas tres muchachas mencionadas participaban inclusive en combates contra la guardia somocista genocida en barricadas en la misma Colonia Nicarao, en el Puente El Edén y en Santa Rosa, pero en sus casas  eran pocos los familiares que sabían o conocían de las actividades clandestinas de Cela, Marlene e Isabel Aráuz Rugama.

La madre más integrada de todas ellas en la Nicarao era Eloísa Uzaga Flores, madre de “Modesta” o “Mary”, porque todos sus hijos e hijas y ella misma estaban plenamente integrados en la Insurrección y debido a que la chela Eloísa Uzaga Flores inclusive había sido hecha prisionera por la guardia, en varias ocasiones, y tuvo que pagar multas de hasta 10,000 córdobas, lo cual la dejó “enjaranada”  en el banco.

Guerrilleras clandestinas muy estudiosas

Según sus familiares, quienes se muestran orgullosos de Cela Patricia “Mercedes” Amador Cisneros, ésta nunca dijo nada acerca de las actividades guerrilleras clandestinas en que andaba metida, pues el grupo, días antes de la Insurrección, llegaba en horario correspondiente de las clases, se les veía estudiar, pero se iban, dejaban dicho que andaban haciendo “un  mandado” donde Marlene, por ejemplo.

Volvían a la hora acostumbrada para continuar estudiando. Cuando estalló  la Insurrección u Ofensiva Final, todas ellas andaban plenamente integradas, se les veía sudadas, sucias, cansadas, chimadas en los brazos y piernas, llegaban sólo a comer y cambiarse de ropas un poco oscuras. Cela Patricia no comentaba con nadie que andaba plenamente integrada en la Insurrección, comenta una familiar, aunque se sospechaba que el grupo en eso andaba.

Retirada, ¿para dónde?

Cuando llegó el momento de partir en el Repliegue Táctico a Masaya, el grupo numeroso de la Nicarao, por separado, cada uno y una, llegaron a sus casas y les dijeron a sus madres, padres, hermanos y otros familiares, que se iban en retirada (¿para dónde?), porque hacían falta municiones, aunque no sabían hacia dónde era ese Repliegue ordenado por el Estado Mayor General del Frente Interno, integrado por los Comandante Carlos Núñez Téllez, Joaquín Cuadra Lacayo y William Ramírez Solórzano.

En su casita de la Colonia Nicarao recuerdan que Cela Patricia llegó a despedirse cuando ya estaba un poco oscuro, después de las seis y media de la tarde, cuando el Sol se había ocultado en el horizonte y debido a que Anastasio Somoza Debayle, el tirano genocida, había mandado a cortar la energía eléctrica en todos los vecindarios insurreccionados en Managua.

Cela Patricia se puso una ropa oscura y zapatos también oscuros. Le ofrecieron un reloj y ella contestó que no, “porque no debemos llevar puesto nada que brille en la oscuridad, para que los guardias no nos detecten”, respondió Cela Patricia Amador Cisneros cuando ya su silueta delgadita de jovencita adolescente de 14 desaparecía en la oscuridad de las calles de la Colonia Nicarao. Iba a juntarse con “la pelota”  de compañeras y compañeros Combatientes Populares para irse rumbo a la Calle de la Clínica Don Bosco, situada en el “Reparto Meneses”, también conocido como “Santa Bárbara”, hoy Barrio Venezuela.

Su cadáver quedó cubierto con arena y cal

Cela Patricia Amador Cisneros cayó con un grupo de jóvenes Combatientes Populares en el lado Norte de “Piedra Quemada” por el feroz bombardeo aéreo somocista genocida el 28 de junio de 1979, cuando el  grueso del Repliegue Táctico de Managua Masaya se desplazaba por este sector del lado Norte del Volcán Masaya.

Las versiones de compañeros de viaje en el Repliegue indican que a Cela Patricia “Mercedes” Amador Cisneros fue “partida” por los charneles de una de las miles de bombas que lanzaron los pilotos somocistas genocidas contra el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, a la altura de “Piedra Quemada”, frente a la entrada antigua al Complejo Volcánico del Volcán Masaya.

Su cadáver, dichosamente, fue bien colocado en una oquedad de la orilla del camino pedregoso, lleno de piedras erizas o puntiagudas. Al cuerpo de Cela Patricia se le echaron piedras, arena y un poco de cal encima, pues en ese momento ni se supo de dónde salió un saco de cal.

Esto permitió que un grupo de cadáveres de caídos, incluyendo el de Cela Patricia se conservaran en buen estado.

Al retornar de Masaya a Managua con el triunfo de la Revolución Sandinista el 19 de julio en la tardecita, el grupo sobreviviente de la Colonia Nicarao fue donde las madres de Cela Patricia, de Marlene “Modesta” y de Manuel Barrantes Aguilar, a comunicarles que los tres habían caído en “Piedra Quemada”.

Los mismos jóvenes, hombres y mujeres, con las respectivas Madres y Padres de estos y estas Héroes y Mártires caídos en el célebre Repliegue de Managua a Masaya, organizaron inmediatamente un grupo, consiguieron vehículos y permisos para moverse, y el 21 de julio de 1979, mediante la localización que habían dejado los sobrevivientes, fueron a “Piedra Quemada” y rápido encontraron sus cadáveres, sepultados en oquedades poco profundas y cubiertos con piedras, arena y un poco de cal encima.

Sus cuerpos estaban casi intactos. A doña María del Socorro Cisneros no le fue difícil identificar a su hija Cela Patricia, pues el cadáver tenía sanitas las prendas de vestir que se había puesto al salir de su casa entre las sombras de la noche del 27 de junio de 1979.  Es decir, había pasado un poco menos del mes de aquel día 27 de junio de 1979.

María del Socorro, Eloísa Uzaga Flores, don Manuel Barrantes, los sobrevivientes del Repliegue de la Colonia Nicarao y dirigentes comunales, tomaron la decisión de ir a comprar ataúdes en Masaya, colocaron los cadáveres dentro de los ataúdes allí en “Piedra Quemada”, y en caravana fúnebre los condujeron a la Colonia Nicarao, en el Oriente de Managua.

La inmensa mayoría de estos vecinos siempre fueron rebeldes, opositores sólidos contra el régimen somocista genocida. Al llegar los cadáveres de Cela Patricia, Marlene “Modesta” o Mary” Aguilar Uzaga y Manuel Barrantes Aguilar, tomaron la decisión de que los 17 Héroes y Mártires de la Colonia Nicarao, caídos en la Insurrección en la Zona Oriental de Mangua y en el Repliegue de Managua a Masaya, fuesen sepultados todos en el lado Este de la Casa Comunal e Iglesia de la misma Colonia Nicarao.

Mediante una ceremonia solemne, llena de lágrimas de familiares y amigos, y al mismo tiempo de alegría por estar ya en una Patria Liberada, los cadáveres fueron colocados de uno en uno en sus tumbas, las cuales se conservan hasta hoy con sus respectivas cruces y nombres en el costado Este de la Iglesia y Casa Comunal de la Colonia Nicarao, incluyendo los nombres de Cela Patricia Amador Cisneros, Marlene Fátima Aguilar Uzaga y Manuel Barrantes Aguilar.

En el centro de este Cementerio de Héroes y Mártires, está erigido un monumento, en cuyo centro hay una placa metálica con los 17 nombres de Héroes y Mártires de la Colonia Nicarao. Esa placa se colocó,  nuevamente hace poco tiempo, con apoyo de la Embajada de Venezuela.

Eloísa Uzaga Flores, madre de Marlene “Modesta” o “Mary” Aguilar Uzaga, es quien cuida y limpia cada tres días el local y entrada de la Galería de los Héroes y Mártires y el Cementerio mencionado. Eloísa Uzaga, quien tiene ya 81 años, se queja de que tanto vecinos como personas de fuera de la Colonia Nicarao ensucian el frente de la Galería y también han dañado las instalaciones del Cementerio. Señala que no recibe apoyo de ningún tipo ni de los dirigentes comunales ni de los dirigentes políticos FSLN de la Colonia Nicarao.

Eloísa solicita ayuda y responde a los teléfonos: 22481960 y 85543128. En este caso de Cela Patricia se puede consultar más datos a Eloísa Uzaga, quien reside del portón Norte de la Escuela de la Nicarao, dos cuadras al Norte y media al Oeste. También a Giselle Ebans Amador en la casa No. 275.

Manuel Barrantes Aguilar

Manuel Barrantes Aguilar estudiaba su quinto año de bachillerato en el Instituto Franciscano, en el Reparto Altamira.  Tenía apenas 19 años, y consideraba indispensable enrolarse en la lucha armada para derrocar al régimen somocista genocida,  porque éste impedía las libertades más elementales al pueblo nicaragüense. Mario José Barrantes Aguilar, su hermano mayor, tenía la categoría de responsable de grupos en la estructura político-militar clandestina del FSLN, en la Colonia Nicarao.

Manuel era empleado  en la Farmacia Managua y Mario José ya había coronado su carrera de electricista industrial,  en el INTECNA, en Granada. No logró empleo en ninguna parte, en ese momento, porque la Insurrección estalló en esos días de junio de 1979.

La vivienda de Manuel Barrantes Rueda, el padre, y Rosa María Miranda, la madre, era “casa de seguridad” de jefes guerrilleros como Marcos “Salvador” Somarriba García, Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz y otros;  estaba convertida en buzón de armas, en paso de Combatientes Populares que hacían labor de correos clandestinos y hasta de dormitorio ocasional de Marcos “Salvador” Somarriba García, quien allí en la casa de Barrantes, en un cuarto del fondo, usaba un radio de ocho bandas de aquellos días para localizar el radio de la Guardia Nacional somocista y también el medio electrónico radial usado por la estructura político-militar del Frente Interno del FSLN, en Managua. Manuel Barrantes Rueda, padre, venía organizado desde los tiempo de Movilización Republicana. Así que él mismo era la mejor escuela de lucha para sus hijos.

También escuchaban Radio Sandino clandestina en ese radioreceptor, mencionado arriba,  de Manuel Barrantes Rueda.

Manuelito Barrantes hijo era algo así como un especialista en conseguir los materiales químicos y físicos para fabricar bombas de contacto en coordinación con otros colaboradores, entre los cuales estaban “Tigre” Pavón del Barrio Larreynaga. Pavón tenía una fábrica de bombas y cohetes del Puente El Edén tres cuadras al Oeste.

Dentro de la casa, padre e hijo y otros Combatientes Populares, tenían un hueco, en el cual colocaban materiales explosivos y las bombas de contacto, ya elaboradas para ser usadas contra patrullas de guardias somocistas genocidas en toda la Zona Oriental-norte de Mangua.

A la orilla del hueco estaba un perro bravo amarrado, llamado “Lobo”,  para que nadie se acercara. Manuelito Barrantes hijo también tenía como misión fundamental conseguir medicinas y medios para aplicar “Primeros Auxilios”  a heridos.

Lleva bombas de contacto y medicina en Repliegue

Al producirse el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, Manuelito hijo todavía llega a la casa de su padre, llena una caja con medicinas y otra caja con bombas de contacto; se puso unas botas nuevas; su madre, Rosa María Miranda, le aliñó una colcha en una bolsa, un pantalón, una camisa, varios pañuelos, un calzoncillo; y ceremonioso, antes de salir de la casa, les dijo a su padre y a su madre: “Tomen este dinero, compren comida, cuídense… vamos en Repliegue, no sé adónde, ¡volveremos¡”.

Manuel era el hijo menor. También estaban integrados a la Insurrección y se fueron en el Repliegue de Managua Masaya: Mario, Víctor y Marvin. Mario tenía responsabilidades de jefe guerrillero en la Insurrección y también en el Repliegue. Los cuatro llegaron a despedirse de sus padres, cuando eran las seis de la tarde del 27 de junio de 1979, día  y noche en que se inició el Repliegue de Managua a Masaya.

La versión de sus hermanos es que iban juntos al salir el Repliegue de Managua a Masaya. Al llegar a “Piedra Quemada”, por el feroz y mortal bombardeo de la Guardia Nacional somocista genocida, se separaron.  Manuel, debido a que era nervioso por ser el más joven, presuntamente no siguió las instrucciones que daban los jefes: Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano, Walter Ferrety Fonseca, Joaquín Cuadra Lacayo y Osvaldo Lacayo Gabuardi, de que todo mundo permaneciera “pecho en tierra” contra troncos, piedras grandes y en zanjas, para evadir un poco los charneles de las bombas, y debido a eso, posiblemente, fue impactado por los explosivos en el lado Norte de  “Piedra Quemada”.

Al llegar a Masaya, sus tres hermanos, estaban desconsolados. Víctor llegó primero a Masaya. Al volver a Managua el 19 de julio de 1979, sus tres hermanos sobrevivientes trajeron a sus padres la noticia de  la desaparición de Manuelito.

Don Manuel se fue a “Piedra Quemada” con una foto de Manuelito, para mostrársela a campesinos de ese sitio Norte del Volcán Masaya, y de ese modo, dio con su cadáver. La versión campesina indica que Manuelito iba con una muchacha ya casi cruzando hacia la Carretera a Masaya, cuando fueron descubiertos por el piloto somocista asesino, quien les descargó su carga mortal de rocktte y los mató a los dos.

El campesino no identificado tomó los cadáveres, los metió en una zanjita rocosa y los cubrió con piedras y arenas del mismo Volcán Masaya. Allí estaban los dos cuerpos. Don Manuel no supo quién era la muchacha. No tenía el dinero en el bolsillo. La colcha que su madre le aliñó a Manuel, la tenía encima, como para cobijarlo. Don Manuel, su padre, lo reconoció por el pelo y las muelas, las cuales tenían calzas recientes; por un anillo de oro, por sus botas recién estrenadas.

Don Manuel y su esposa, ambos con más de 80 años de edad, residen en la Colonia Nicarao, del llamado “Cacique Nicarao”, tres cuadras  al Lago, segundo callejón al Oeste, casa número E-447. Sus hijos sobrevivientes: Mario es mayor retirado del Ejército, Víctor Hugo es teniente retirado del mismo Ejército, y presidente de una Asociación de Militares Retirados. Tienen el teléfono: 22498269.

 Aristeo “Sebastián” Benavidez y Carlos “Paco” Miranda

Aristeo “Sebastián”  Benavidez y Carlos “Paco” Miranda se hicieron conocidos en la marcha del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, porque ambos cayeron heroicamente durante un combate contra una patrulla de guardias somocistas genocidas unos 150 metros antes del Cruce de Veracruz, en medio de un plantío de chagüites, donde los soldados GN asesinos estaban escondidos con una ametralladora calibre 50, montada en un camión. Aristeo Benavidez era cuadro orgánico o militante entrenado y probado del Frente Sandinista clandestino

El llamado Cruce de Veracruz es en realidad un cruce de caminos con la Carretera que va de la Comarca Veracruz, Municipio de Nindirí, hacia el Puente de Ticuantepe, del Municipio de Ticuantepe, en la Carretera a Managua-Masaya.

Eran un poco después de las seis de la mañana del 28 de junio de 1979. En ese sitio se desplazaba sigilosamente  el grueso del Repliegue Táctico de Managua a Masaya. Todos, sin excepción, íbamos hurgando con las miradas nerviosas por entre árboles,  chagüitales (plátanos, guineos, bananos) y matorrales en las cercanías del Cruce de Veracruz.

Aristeo “Sebastián” Benavidez y “Paco” Miranda, dos diestros Jefes Guerrilleros, formaban parte de un grupo selecto de combatientes que iban en la vanguardia, explorando, limpiando el camino de guardias somocistas genocidas, de “orejas”, “soplones” y “paramilitares”, cuando, repentinamente, explotó una balacera sonora que cortaba matorrales y ramas por centenares.

Precisamente, en ese momento, en medio del tiroteo, apareció William “Aureliano” Ramírez Solórzano, miembro del Estado Mayor General del Frente Interno, con un fusil automático en las manos, desplazándose  agachado, rápido como una gacela, dando órdenes de que todo mundo se tendiera “pecho en tierra” en el suelo, y a la vez distribuyendo a los mejores combatientes para que hicieran un anillo militar en torno al sitio en que se escuchaba que estaba vomitando balas por centenares la ametralladora calibre 50.

El combate o balacera duró unos siete minutos. Los matorrales y arboleda nutrida impedían ver lo que realmente estaba pasando, y además, todavía estaba un poco oscuro, pues el Sol  no iluminaba totalmente.

Se supo después del combate rápido que Aristeo y “Paco” Miranda estaban con sus fusiles automáticos, disparándolos, parapetados en árboles, en la primera línea de fuego en contra de los guardias somocistas genocidas.

Este combate rápido sacudió y alarmó a todos los integrantes del Repliegue Táctico de Managua a Masaya. No se supo cuántos guardias eran, pues huyeron entre los matorrales hacia el lado Norte de Veracruz.

Tres caídos y Aristeo con la cara partida

No se oyeron más disparos. Al concluir la balacera, un grupo de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares aparecieron en medio de los matorrales cargando tres cuerpos sin vida. A los Jefes y Combatientes se les notaban los ojos llenos de lágrimas y al mismo tiempo, furiosos porque habían caído heroicamente tres compañeros, dos ellos jefes  guerrilleros valiosísimos.

El tercer cadáver, perforado por las balas de la ametralladora calibre 50, era de un jovencito Combatiente Popular del Barrio Riguero Norte y de la Colonia Nicarao, llamado Juan Ramón “Ringo” Rizo Villagra.

Los tres ellos, Aristeo “Sebastián”, “Paco” Miranda y “Ringo” Rizo, se enfrentaron prácticamente a pecho descubierto a la patrulla de asesinos GN en medio del chagüital, matorrales tupidos y hierbas crecidas.

“Ringo”, “Paco” y “Sebastián”  Benavídez, con su accionar valiente y decidido evitaron, posiblemente, una matanza mayor del grueso del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, pues en ese momento, en ese sitio lleno de chagüites y matorrales, estábamos el grueso de la marcha revolucionaria hacia Masaya, quizás unos cuatro mil managuas.

Uno de ellos, Aristeo, tenía la cara partida por un balazo de la ametralladora calibre 50.  La noticia de los tres caídos se propagó como hilo de pólvora agarrando fuego. Virtualmente, todos los participantes en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya estábamos allí en ese momento, en el Cruce de Veracruz, antes de meternos en una encajonada, rumbo a “Piedra Quemada”, en el Complejo Volcánico del Volcán Masaya.

No podíamos ir cargando muertos. Esa era la orden del Estado Mayor del Frente Interno. La carga de heridos era de casi 200, entre hombres y mujeres, todos jóvenes, algunos casi niños.

Sepultados al pie de un ceibo

“Aureliano” Ramírez Solórzano ordenó que los tres revolucionarios sandinistas caídos fuesen sepultados al pie de un árbol de ceiba. Un árbol antiguo, de raíces profundas. Se hizo una zanja, de forma rápida, y ahí quedaron sepultados.

Pregunté cómo se llamaban y no fue posible saberlo en aquel momento. Casi todos los participantes del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, de los días 27, 28 y 29 de junio de 1979, no daban sus nombres, y eran conocidos sólo por seudónimos, o sencillamente, ni seudónimo, ni nombre alguno.

Fue hasta que el Diario BARRICADA del 31 de agosto de 1979, en su página tres, publicó una nota periodística sobre Aristeo “Sebastián” Benavidez, pude darme cuenta que se trataba de uno de los dos caídos en combate frontal contra la guardia somocista genocida en el Cruce de Veracruz.

Fue varios años, quizás 12 años después del 28 de junio de 1979, que Alejandro “Comandante Huesito” Mairena Obando, me dijo que el segundo caído en combate en el Cruce de Veracruz era Carlos “Paco” Miranda.

Y fue 36 años después, cuando investigaba sobre los caídos en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, que pude establecer claramente que el tercer caído fue Juan Ramón “Ringo” Rizo Villagra.

Aristeo Benavidez era de Estelí, del Barrio San Antonio; y “Paco” Miranda era de Matagalpa, supuestamente del Barrio Guanuca. Los tres cadáveres fueron recuperados, porque la inmensa mayoría de replegados sabíamos que habían sido enterrados al pie del ceibón, situado a unos 100 metros al Oeste del Cruce de Veracruz.

Aristeo era un cuadro extraordinario del FSLN en Estelí, Matagalpa y Managua

Según parte del historial publicado por BARRICADA en agosto de 1979,  Artisteo Benavidez era un cuadro orgánico o militante del Frente Sandinista clandestino,  formidablemente bien preparado desde 1971. Poseía entrenamiento militar guerrillero, preparación política e ideológica, estudiaba historia y analizaba cuidadosamente lo que ocurría en Nicaragua con la opresión militar somocista genocida.

Sin embargo, su integración plena, total a la lucha, se efectúa hasta en los primeros meses de 1977, en Estelí. En la Ciudad y en el Campo distribuye propaganda política y armada, participa en mitines relámpagos en vecindarios y dentro de autobuses urbanos e Interlocales, en Estelí, en Matagalpa y en Managua.

Participa en emboscadas a patrullas de la guardia somocista, gestiona casas de seguridad para Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, organiza buzones de armas en Estelí, se especializa también en fabricación de explosivos, y al mismo tiempo hace labor de correo clandestino del FSLN en el Norte de Nicaragua.

En el mismo año 1977 lo meten preso en Estelí por quebrar los vidrios de una camioneta de un político somocista. Los vecinos de su Barrio San Antonio gestionan para sacarlo de la cárcel y lo logran. Después caen presos varios vecinos, y entonces es él quien se mete a realizar gestiones para que sus amigos y vecinos sean liberados de las cárceles somocistas.

La persecución de la opresión somocista en su contra, no se ha terminado. En el mismo año 1977, según el relato periodístico de BARRICADA, la guardia lo vuelve a meter preso, y ahora lo obligan a recorrer calles, preso por supuesto, para que señale dónde están escondidos el doctor Alejandro Dávila Bolaños,  Marcelino Valenzuela y Luis Irías, todos de Estelí y buscados por el somocismo genocida. No logran sacarle ninguna información vinculada al quehacer del FSLN clandestino, a pesar de la hirientes torturas que le aplican en los comando opresivos y sanguinarios de la GN somocista.

Logra salir libre. En septiembre de 1978 aparece con su hermano Rodolfo metido en la Insurrección de Estelí, precisamente, en septiembre de 1978. En esos días es nombrado por el Frente Sandinista clandestino, encabezado por el “Zorro” Rivera, como Comandante de una escuadra de Combatientes Populares, la cual él ubica en la “Ladrillería Hermanos Rayo”.

La Insurrección de Septiembre en Estelí, así como en el resto del país, fue como un gran ensayo de lo que pasaría después con la Insurrección u Ofensiva Final de junio de 1979.

Al participar en la Insurrección de Septiembre de 1978, Aristeo Benavidez aparece con el nombre de “Comandante 13”. Los participantes en esta Insurrección  se ven obligados a retirarse, pues ya habían cumplido sus objetivos de hostigar a la guardia somocista genocida, de poner a prueba el arrojo de los Combatientes Populares y los deseos de la población de lanzarse definitivamente a la lucha armada, para derrumbar a la tiranía  de Anastasio Somoza Debayle.

Con los insurrectos, encabezados por Jefes Guerrilleros antiguos, subieron a los cerros de los alrededores de la Ciudad de Estelí, para evadir a los guardias criminales.

Benavídez con dedo cercenado en asalto a la Pepsi-Cola

En enero de 1979, refiere el reportaje indicado de BARRICADA, trasladan a Aristeo Benavidez a Managua, para realizar operativos político-militares de gran envergadura.

Y efectivamente, es uno de los integrantes de la escuadra guerrillera del FSLN clandestino que asaltó la casa de José “Papa Chepe” Somoza en la Loma de “Chico Pelón”, situada de la Shell de Ciudad Jardín al tope Norte, en el barrio Los Ángeles, en Managua.

Ese asalto a la casa de “Papa Chepe” Somoza, hermano de Anastasio Somoza Debayle, dio como consecuencia una enorme recuperación de armas de guerra, incluyendo artillería pesada, más municiones y pertrechos militares.

Además, Aristeo Benavidez, en estos primeros meses del año 1979, trabajó también como agitador sindical en la Carretera Norte, en Managua,  y distribuidor de propaganda política y armada entre trabajadores fabriles y pobladores barriales.

Es nombrado jefe de varias escuadras que hacen “tomas militares y propagandísticas” relámpagos en numerosos vecindarios de Managua, entre otros Waspán, Santa Rosa, Blandón (Costa Rica), Larreynaga y Bello Horizonte.

En mayo, ya a las puertas de la Insurrección u Ofensiva, al mando de una escuadra militar del FSLN clandestino aparece Aristeo Benavidez asaltando la empresa trasnacional PEPSI-COLA, ubicada de la Shell Waspán varias cuadras al Sur. Hace recuperación económica o de dinero, y en su discurso ante los trabajadores de la PEPSICOLA afirma que esa escuadra es del “Movimiento Pueblo Trabajador”.

En la balacera en la PEPSICOLA resulta herido en una mano y pierde  un dedo, pero a pesar de eso, no ceja en el asalto y tampoco retrocede para echarse el discurso frente a los trabajadores, mientras un hilillo de sangre chorreaba de su mano hacia el piso.

Ya en plena Insurrección, tomando en cuenta sus cualidades de Combatiente extraordinario, es designado jefe de una “Unidad Móvil de Combate José Benito Escobar Pérez”, con la cual realiza combates en Ducualí, en El Dorado, en Larreynaga, en El Edén, en el Barrio Blandón (Costa Rica), y le asignaron también un papel significativo para que esta “Unidad Móvil de Combate José Benito Escobar Pérez” fuese una de las que participara en la destrucción definitiva de la superodiada “Treceava Sección de Policía”, en la que estaba el multiasesino y torturador de la guardia somocista genocida, Alberto “Macho Negro” Gutiérrez.

Aristeo era un maestro en el manejo de armas

Era un Jefe Guerrillero valiente, inteligente, intrépido, audaz, cuidadoso en su accionar combativo, y esas cualidades las demostró una vez más al ocurrir un combate feroz con la Guardia Nacional en el Barrio San Cristóbal, donde a punta de temeridad, audacia y certeza en disparos y ráfagas de ametralladora, le arrebató una tanqueta artillada a los soldados criminales de la dictadura somocista.

Entre sus compañeros de combate se decía que era como “un maestro en el manejo de armas de todo tipo, y, sobre todo, cómo disparaba con tanta certeza, sin desperdiciar municiones”.

Sus armas favoritas en los combates en la Zona Oriental de Managua eran un fusil fal y una pistola calibre 32. Se las ingeniaba para conseguir los tiros, y se ufanaba de que él, con su escuadra, le quitaba las armas y municiones a los guardias somocistas genocidas.

Con ese fusil fal y la pistola 32 se enfrentó a la patrulla de la GN, que con una ametralladora calibre 50 parecía estar emboscada en ese chagüital del Cruce de Veracruz.

El relato de BARRICADA del 31 de agosto de 1979 indica que Aristeo “Sebastián” Benavidez cayó allí, en el cruce de Veracruz, durante ese combate mencionado. Carlos “Paco” Miranda era Jefe Guerrillero de Matagalpa, y sinceramente sobre él no conseguí muchos datos en torno a su vida.

Los guardias criminales huyeron. El Repliegue Táctico de Managua a Masaya perdió en el Cruce de Veracruz a tres de sus mejores Combatientes Populares e hijos revolucionarios. Se recuperaron la ametralladora y el camión en que estaba montada sobre un trípode. El camión estaba lleno de tiros variados, especialmente para la ametralladora calibre 50. También había en el camión una enorme cantidad de paquetes de cigarrillos y monedas de distintos valores en córdobas.

Esta ametralladora calibre 50 en manos del Estado Mayor del Frente Interno y de los replegados se convirtió en un elemento valiosísimo para mantener muy elevados a los helicópteros que lanzaban bombas de 1,000 libras y a los Push and Pull, lo cual, de alguna manera, contribuyó a que hubieran menos muertos y heridos en el lado Norte de “Piedra Quemada”, frente al Volcán Masaya.

BARRICADA indicaba que los restos de Aristeo Benavidez habían sido llevados a Estelí, para sepultarlos allá con los honores correspondientes.

Sobre Aristeo Benavidez se le puede consultar al Comandante Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz y a Frank “Machillo” González Morales, coordinador de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador”, situada de la “Racachaca” cuadra y media al Sur, en el Barrio Altagracia.

 Miguel Ángel Bonilla Obando

Miguel Ángel Bonilla Obando era un intelectual universitario encumbrado, de 33 años, rebelde, revolucionario, antisomocista y educador profundo y labrador de conciencias con sus discursos conmovedores en los auditorios de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, en Managua; y en centros fabriles capitalinos y fuera de Managua.

Esto ocurría por su posición política revolucionaria contra la tiranía somocista  genocida, mientras al mismo tiempo era presidente del Frente Estudiantil Revolucionario (FER) y del Centro Universitario de la Universidad Nacional (CUUN).

Miguel Ángel Bonilla Obando era profesor de inglés en el Recinto Rubén Darío, de la UNAN-Managua. Había sido antes maestro en colegios famosos como el Miguel Ramírez Goyena,  en el Instituto Maestro Gabriel, en el Colegio Calasanz, en el Instituto Pedagógico de Managua y en el Instituto Faustino Sarmientos.

Además, como su familia era pobre y su padre había fallecido cuando él estaba en el vientre de su madre, Miguel Ángel Bonilla Obando se había graduado también como técnico básico en electricidad  y refrigeración en el Instituto Técnico Vocacional, ubicado siempre de La Subasta hacia el Norte, en la orilla del Lago de Managua.

Discursos como imanes electrizantes

Para los estudiantes luchadores de la UNAN-Managua y en León, también en la Universidad Centroamericana, era como un imán repleto de conciencia política antisomocista hacerse presente a los auditorios, especialmente el Fernando Gordillo, cuando Miguel Ángel Bonilla Obando iba a pronunciar un discurso, o sencillamente haría una disertación académica, porque siempre la convertía en un poderoso y coherente discurso político antisomocista y antidictatorial.

Miles de estudiantes universitarios y de secundaria se veían sacudidos positivamente para meterse en la lucha política y armada antidictatorial cuando escuchaban a este recio intelectual revolucionario, formado en la lucha a punta de sacrificios personales y colectivos en la Universidad Nacional Autónoma (UNAN) y en centros fabriles de Managua, León, Carazo y Chinandega, adonde también acudía invitado para pronunciar discursos encendidos en contra de la opresión-yanqui-somocista de más de 40 años en  Nicaragua.

A esos auditorios de la UNAN-Managua acudía a escucharlo y verlo el niño Mártir Luis Alfonso Velásquez Flores. Después de oírlo, Luis Alfonso Velásquez Flores se subía a un asiento para hacerse ver, e imitaba a Bonilla Obando lanzándose una arenga en medio de la multitud estudiantil universitaria, la cual se ponía de pies y los aplaudía largamente.

Recuerdo una vez que Luis Alfonso Velásquez Flores se subió a la azotea de uno de los pabellones de la UNAN-Managua, con un megáfono en mano, y desde  allí se lanzó un discurso antisomocista encendido ante centenares de estudiantes universitarios, instándolos a continuar la lucha, a organizarse, a entrenarse para enfrentar militarmente al somocismo genocida. Abajo del pabellón estaba Miguel Bonilla Obando observando a Luis Alfonso y aplaudiéndolo.

Labrador de conciencia política

Se puede afirmar que Miguel Bonilla Obando jugó un papel excepcional en elevar la conciencia política y revolucionaria de varios miles de estudiantes universitarios y de secundaria, y de obreros fabriles y de pobladores, para que éstos se integraran a la lucha antisomocista sin vacilaciones, y con las armas en las manos.

Miguel Ángel Bonilla Obando aparece en el listado oficial de Mártires del libro “Porque viven siempre entre nosotros”, del Instituto de Estudios del Sandinismo; y de “Insurrección Sandinista Victoriosa y Repliegue Táctico de Managua a Masaya”, de Pablo E. Barreto Pérez.

La Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador” ubica a Bonilla Obando como otro de los caídos en la Jornada del Repliegue de Managua a Masaya (realizado los días 27, 28 y 29 de junio de 1979) porque también cumplía misiones designadas por el Estado Mayor del Frente Interno, encabezado por los Comandantes Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra Lacayo, en torno al Repliegue de más de seis mil managuas, que iban rumbo a la “Ciudad de Las Flores” o Ciudad de Masaya.

El testimonio de la dirigencia de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador” añade que Miguel Bonilla Obando regresó a su casa el 28 de junio, después de cumplir tareas de inteligencia y militares del Repliegue de Managua a Masaya. Se había ya acostado esperanzado de que la guardia somocista genocida no llegaría a buscarlo.

Sin embargo, numerosos guardias, “orejas” y soplones del régimen somocista genocida llegaron pateando las puertas de su casa, y se metieron a sacarlo para matarlo atrozmente, como acostumbraban, dentro de su vivienda, donde lo balearon y luego de forma feroz lo remataron estampándole bloques y ladrillos en la cabeza y en todo el cuerpo. Seguramente creían que matándolo detendrían el derrumbe del régimen sanguinario somocista.

Es conocido en Managua que hay una Colonia con su nombre, ubicada en el costado sur de la UNAN-Managua. Esta Colonia antes se llamaba ZOGAIB, y sus casas eran de guardias somocistas genocidas.

Su hermano Jorge A. Bonilla Obando, residente en Estados Unidos, escribió un esbozo biográfico sobre Miguel Ángel Bonilla Obando, el cual presentamos textualmente:

Jorge A. Bonilla Obando*

Miguel Ángel nació el 31 de marzo de 1946, en Managua, en la casa número 21 de la Colonia Somoza. Fue el quinto hijo de nuestros padres: Antonio Bonilla Cárcamo, de Nandaime, líder obrero; y Zoila Sebastiana Obando Trejos, ama de casa, nacida en Managua.

Cuando nuestro padre falleció, el 3 de enero de 1946, Miguel estaba en el vientre de su madre. Pienso que este nacimiento, sin el cuido y protección de su padre, con una madre viuda, sola y con la carga ya de cuatro niños, determinó que Miguel se desarrollara en la vida como una persona capaz de todo, independiente, audaz, hábil, cariñoso, sencillo, siempre sonriente y amable.

Miguel estudió en varias escuelitas que había en la Colonia Somoza y sus alrededores. En la Escuela Normal Central de Varones terminó sus estudios de primaria, y sus estudios de secundaria los realizó en el Instituto Nocturno Miguel de Cervantes, en Managua. Paralelamente estudió electricidad y refrigeración en el Instituto Técnico Vocacional, cuando salió de este centro tenía 15 años de edad.

Su madre y su hermano mayor, Ciro, trabajaban duro para alimentar y educar a la tropa Bonilla Obando. Durante los años 1959 al 63 estudió inglés y viajó a Estados Unidos varias veces donde unos primos que vivían en Los Ángeles. Luego trabajó como profesor en los Colegios Calasanz, Maestro Gabriel, Pedagógico de Managua, y el Colegio Faustino Sarmiento.

Su filosofía se nutrió de los escritores hispanoamericanos, los clásicos del viejo mundo, y de la vanguardia, además del existencialismo de Sartre y Camus. Su mentalidad de combatiente intelectual fue marcada por su lectura, los movimientos políticos posteriores a la Segunda Guerra Mundial, y la Revolución de Fidel Castro (en Cuba).

El 21 de febrero de 1967, frente a casi 1,600 personas, en el Instituto Ramírez Goyena, dio el discurso de su graduación de bachiller, y su voz y su pensamiento político contra la tiranía de Tacho Somoza Debayle marcaron el proceso de un nuevo político e intelectual que iba a apuntalar la Revolución de Nicaragua.

Profesor de inglés en la UNAN-Managua y aglutinador de multitudes

Los años del 72 al 79 fueron acelerados para Miguel. Participó en diversas organizaciones anti-somocistas que le nutrieron políticamente.  Para esa época se convirtió en profesor de inglés en el Recinto Universitario Rubén Darío, y continuó su carrera de sociólogo que no pudo certificar por su muerte en la guerra.

Fue en este período presidente del Frente Estudiantil Revolucionario (FER) y del Centro Universitario de la Universidad Nacional (CUUN). Participó en las protestas beligerantes y peligrosas contra el régimen, viajó continuamente a los departamentos a reuniones con estudiantes, obreros y empresarios que promovían la caída del somocismo.

La familia sufría por Miguel. Su madre y su tía Felipa, pasaban días tristes y llenos de angustia, esperando que él regresara de pronto y sigilosamente a la casa de las Delicias del Volga. Para las primeras horas del terremoto del 72, desapareció de momento y volvió hasta las 6:30 a.m. a la casa de doña Tana, nuestra madre, diciendo que estaba con la Cruz Roja socorriendo a las familias de los muertos y heridos en Managua.

A partir del año 74 hasta 1979 nadie faltaba a los discursos de Miguel en la UNAN-Managua. Su voz fue el mensaje sólido, emocionante, vibrante y profundo de un líder político, con fuerza y contenido filosófico, que penetró en la comunidad estudiantil y profesorado, coadyuvando para acelerar la victoria sobre el militarismo.

El módulo Fernando Gordillo de la UNAN, fue el principal escenario de su ideología y pasión revolucionaria. Ese lugar explotó centenares de veces de júbilo, esperanzas y vigor nacionalista. Nicaragua tenía entonces un líder genuino, joven, valiente, lleno de vigor, honesto, íntegro y autóctono, con el compromiso de ver a las nuevas generaciones viviendo en un mundo social más digno y conveniente para los tiempos modernos. Continuó trabajando en el Recinto Universitario Rubén Darío hasta su muerte.

Después de la toma de la casa de Chema Castillo, estuvo con mi esposa Heidi y yo, en nuestro hogar de la Colonia Centroamérica, los agentes de la Guardia lo buscaron durante un mes. En 1979 lo miraba pocas veces, algunas veces donde mi mamá o donde Ileana Ordóñez, su compañera y madre de sus dos hijas Ilvaleska y Stuchenka. Un día había un gran tiroteo cerca de Jardines de Veracruz, yo iba caminando y él me alcanzó, no sé de dónde venía, y nos fuimos en su carro por las calles de la Colonia 14 de Septiembre, me dejó en la casa y no supe dónde fue después. Me dijo, cuídese licenciado que la cosa arde y viene la etapa final. Sus manos estaban sudadas, como siempre. Me sonrió con una preocupante expresión que venía de su alma, y sus ojos grandes y muy negros que jugaban en conjunto con su juvenil sonrisa, trataron de decirme que no me acercara mucho a él, porque el peligro estaba cerca.

Miguel y yo fuimos los pequeños de nuestra familia, siempre estuvimos muy juntos, yo canté con él en las casas de los amigos, en los cumpleaños de nuestra familia, conversábamos de la revolución que se desarrollaba, pero nunca me comunicó, con grandes detalles, qué estaba haciendo.

El 26 de junio del 79 hablé con él, eran las 8:15 pm. Me dijo que había un “cachimbeo” terrible en toda la avenida del Ejército, desde hace muchos días. Él estaba en la casa de mi mamá, ahí estaba también mi hermano Gonzalo, quien estuvo con él más tiempo en los días de la guerra.

El 28 de junio me encontraba en Juigalpa con mi familia. A las 7:30 p.m. mi cuñado, Barney Montiel, me avisó de su muerte. Desde ese momento traté de salir para Managua. Fue imposible, nadie tomaba las carreteras, yo no tenía gasolina y nadie me quiso llevar a Managua. Horas continuas lloré a mi hermano menor y no podía aceptar esta terrible verdad. El dos de julio pude, con ayuda de mi cuñado Luis Duarte, llegar a la casa de mi mamá, ella estaba destrozada, y me dijo: “Mataron a mi muchachito, fue terrible Jorgito”. Nos quedamos ese momento abrazados en el centro de la casa, yo temblaba y lloraba como un niño, sentía a mi madre profundamente desbaratada.

En la casa estaban los vecinos rezando el rosario, también estaban mis tíos Felipa y Benjamín, y mis hermanos. Yo regresé ese día a Juigalpa, mi hermano Gonzalo me dijo que no era conveniente quedarnos mucho tiempo en la casa, pues la Guardia rondaba el vecindario, pero también mis hermanos ahí corrían riesgo, quizá la idea era evitar que se agrandara nuestra tragedia.

Asesinado atrozmente por guardias crueles y sanguinarios

Según mi hermano Gonzalo, que en paz descanse, quien posteriormente reconstruyó el brutal asesinato, el 28 de junio de 1979 Miguel ya estaba acostado cuando los guardias entraron empujando la puerta. Miguel se sobresaltó y se levantó. Mi madre grita ¿Qué pasa? Miguel la aparta a un lado. La tía Felipa de 91 años, se levanta de su silla y toma su andarivel que le sirve para caminar. Los guardias preguntan si él es el profesor Bonilla, él responde que sí y los invita a sentarse, pretendiendo que esos animales dialoguen. Ellos le ordenan que se ponga la camisa y los acompañe.

Miguel trata de hacer uso de subterfugios prometiéndoles que se presentará al día siguiente donde le indiquen. No hay trato –le dice uno de ellos– ¡o se va con nosotros o lo llevamos a verga! Él se opone. Trata de alegar sus derechos. Pide incluso, el pobre, la orden de detención, sabiendo que para esta gente eso era inexistente. Uno de ellos lo hala del cabello, que usaba bastante largo. Otro lo aferra de la faja del pantalón y otros dos lo empujan con sus metralletas puestas en sus costillas, sacándolo hasta la puertecita del porche. Él se resiste, aferrado a la puerta, en un lógico momento de rebeldía ante la inevitable tragedia que está viviendo.

Ve a su mujer en la acera de enfrente y en un impulso irrefrenable se impulsa hacia atrás, en un momento se libera de los verdugos. Dos de ellos caen al piso, otros dos se abalanzan sobre él y uno de ellos dispara su arma. Él se inclina hacia delante, el balazo le penetró al lado derecho de la pelvis. Otro de los atacantes toma un bloque de concreto y le da golpes en la parte inferior de la cabeza. Él se resiste aún, otro de los esbirros toma otro bloque y con gran saña le golpea por la espalda. Luego otro le dispara en la región del brazo. Luego uno de los asesinos le da el golpe máximo, con un ladrillo en la cabeza. Ahí flaquea el Titán, y en un último esfuerzo por no salir de su casa, se libera un instante de sus agresores y corre hacia adentro, donde mi madre está tirada en el suelo, lo mismo que la tía, que han tratado de defenderlo, pero alguien penetró en la casa y se los impide, inutilizándolas con sus golpes.

Los asesinos persiguen a Miguel, uno de ellos de anteojos le dispara un balazo que se incrusta en la parte inferior de su ojo izquierdo. Este balazo fue innecesario, el gigante ya no lo necesitaba para dejarnos.

Hoy, yo soy el único hermano vivo de los Bonilla Obando. Pido a mis sobrinos y sus descendientes que recuerden a este hombre excepcional y único, que mantengan su llama encendida en sus corazones y en su vigor y decisiones, y hagan honor de su inteligencia, personalidad, carácter, alegría, humanismo, sencillez y tranquilidad.

*El autor es economista, único hermano vivo de Miguel Bonilla Obando. Vive en Estados Unidos.

 Eva Margarita Bonilla Zúniga

Eva Margarita Bonilla Zúniga era una muchacha de 15 años. Había estudiado su primaria en el Colegio Madre del Divino Pastor, en el Barrio Altagracia. Era alegre y profundamente analítica de la realidad nacional y estaba estudiando secundaria en el Colegio Teresiano.

Vivía con sus padres en el Reparto El Dorado, donde se instalaron, muy cerca de su casa,  los tres miembros del Estado Mayor General del Frente Interno del FSLN todavía clandestino en junio de 1979.

Sus padres son: Alfonso Enrique Bonilla López, catedrático universitario en la UNAN-Managua desde hacía mucho tiempo; y de la también profesora Celia Gloria Zúniga (o Celia Ráudez). La casa en que habitaban con Eva Margarita en El Dorado está alquilada actualmente.

Los datos biográficos sobre Eva Margarita Bonilla Zúniga fueron suministrados, mayoritariamente, por Josefina Bonilla, hermana mayor y profundamente admiradora de Evita; y por Francisco Javier Zúniga Alvarado, familiar cercano de los Bonilla Zúniga. Francisco Javier Zúniga Alvarado tiene los teléfonos: 86935885 y 88837592.

Le sobreviven sus hermanas mayores: Celia, Josefina y Glenda Bonilla Zúniga.

Eva Margarita cayó y desapareció durante el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, a la altura de “Piedra Quemada”, Masaya, el 28 de junio de 1979, a la hora del bombardeo aéreo mortal de la Guardia Nacional somocista contra los replegados de Managua, según testimonian algunos de sus vecinos en el Reparto El Dorado, entre otros, el ingeniero Manuel Matus Méndez, y la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador”, encabezada por Frank “Machillo” González Morales y Juan Carlos Soza Aragón.

Esta muchacha extraordinaria, era una niña de apenas 15 años  cumplidos, se integró a una escuadra de Combatientes Populares del Barrio San José Oriental, donde participó en uno de los combates memorables el 21 de junio de 1979 contra la guardia somocista genocida, la cual entró al vecindario con varias tanquetas, ametralladoras calibre 50, lanzamorteros, con un grupo de infantería de más de 500 hombres y apoyo de la aviación, pero esos Combatientes Populares, sin entrenamiento militar formal, vencieron a los soldados del régimen dictatorial, los cuales se retiraron con sus muertos y heridos. Ese combate le costó al Barrio San José Oriental y vecindarios aledaños alrededor de 40 muertos y destrucción generalizada.

Mediante un escrito biográfico, su hermana Josefina Bonilla califica a Eva Margarita Bonilla Zúniga como una jovencita profundamente inquieta por las injusticias sociales y económicas impuestas por la dictadura somocista y el sistema imperante, a pesar de que era todavía una niña de apenas 15 años  recién cumplidos en febrero de 1979.

Eva Margarita era la hija menor de este matrimonio. Después del Terremoto de diciembre de 1972, la familia fue a vivir al Barrio Altagracia, donde Evita pasó a estudiar primaria en el Colegio Madre del Divino Pastor. Posteriormente fue ubicada en el Colegio Teresiano, donde comenzó a dialogar con sus amiguitas alumnas compañeras de clase sobre las injusticias sociales, políticas y económicas que imponía el régimen somocista.

Pronto pasó de las simples conversaciones a los discursos con ideas desafiantes, que contagiaban a sus demás compañeras de estudios secundarios, lo cual preocupaba a las monjas del Colegio Teresiano, indica Josefina Bonilla en su escrito sobre Eva Margarita Bonilla Zúniga.

Josefina asegura que Eva se organizaba de diferentes formas, en el Colegio y en el vecindario donde vivía, para discutir sobre el tema de la opresión dictatorial somocista en Nicaragua. La familia se pasó a vivir en el Reparto El Dorado, y ya en 1977, Eva Margarita  seguía de cerca al liderazgo clandestino del Frente Sandinista de Liberación nacional, y ella misma buscaba cómo contactarse con gente que estuviera cerca de las labores guerrilleras sandinistas clandestinas.

Horas tras horas leía, era amante de los libros, escuchaba radio, noticias, análisis sobre la realidad política nacional, escuchaba a su padre conversar con sus amigos profesores universitarios de la UNAN, sobre la insoportable “realidad nacional”. Leía los escritos del director del Diario LA PRENSA, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, devoraba escritos cristianos de escritores famosos sobre injusticias sociales y pobreza en el mundo, especialmente en Nicaragua, señala Josefina sobre su hermana menor.

Líder juvenil revolucionaria

En ese año de 1977, cuando ya están trasladados al Reparto El Dorado (donde se instalaron el Estado Mayor del Frente y el Estado Mayor Conjunto de Managua), en la casa número 272, indica Josefina, Evita pronto se convierte en la líder juvenil, en la guía de chavalos y chavalas de su misma edad (y de mayores edades), los mete a discusiones sobre la lucha social y armada del Frente Sandinista, se conseguía comunicados clandestinos del FSLN y los leía.

A esos chavalos y chavalas, incluso mayores que Eva, les decía que debíamos tener “Patria Libre o Morir”, “tenía sed y hambre de justicia”, enfatiza Josefina en su escrito, admirada profundamente de aquel comportamiento patriótico excepcional de su hermana menor, Eva Margarita Bonilla Zúniga.

“También le escribía al Padre Gabriel, quien estaba en Roma y había tenido influencia en Eva con sus sermones”, añade Josefina Bonilla.

Cuando los miembros del Estado Mayor del Frente Interno del FSLN clandestino, encabezados por los Comandantes Carlos Núñez Téllez, Joaquín Cuadra Lacayo y William Ramírez Solórzano, se instalan en el Reparto El Dorado, muy cerca de la casa de Evita, ella se acercó a conversar con ellos por donde era la casa de Lea Guido López, donde se instaló aquel Estado Mayor libertador en Managua.

Evita: Combatiente Popular multifuncional en la Insurrección

Cuenta Josefina en su escrito biográfico sobre su hermana Eva Margarita que ella personalmente, desafiando peligros atendía a los “compas”, les servía comida, les conseguía utensilios materiales de todo tipo, cuando la Insurrección ya estaba en lo fino en junio de 1979.

Con su familia, incluyendo su padre y su madre, Eva Margarita construyó refugios aéreos en El Dorado y en vecindarios aledaños para resguardar a niños, mujeres y ancianos de los bombardeos aéreos somocistas genocidas, mientras al mismo tiempo desafiante iba de un lado a otro en ayuda de Combatientes Populares, de los vecinos, e incluso ayudando a su abuelita discapacitada, en silla de ruedas.

La misma Eva Margarita se había procurado un aprendizaje de Primero Auxilios, en los meses anteriores, como si estuviese segura de que algo así como la Insurrección viniese pronto. En medio de los bombardeos y combates recios contra la Guardia Nacional somocista genocida,  Eva Margarita andaba curando gente herida, ayudando a trasladar esos heridos a los hospitales clandestinos del mismo Reparto El Dorado, en la Sagrada Familia en Ducualí y en los hospitales clandestinos México y Silvia Ferrufino de Bello Horizonte.

Mientras tanto, por el bombardeo aéreo mortal, el mortereo de la Guardia Nacional somocista genocida desde el Edificio Armando Guido, por ejemplo, en contra de todos los vecindarios insurreccionados, la familia de Eva decidió trasladarse adonde amigos, fuera del ámbito de la Insurrección en la Zona Oriental de Managua.

Eva Margarita Bonilla Zúniga, de apenas 15 años recién cumplidos, decidió quedarse dentro de la Insurrección y correr la misma suerte de centenares de miles de nicaragüenses que estaban siendo brutalmente masacrados por el régimen somocista, y que al mismo tiempo luchaban por derrocarlo.

De ese modo, aparece integrada en escuadras de Combatientes Populares en el Barrio San José Oriental, en el Barrio El Paraisito y en el Barrio “Campo Bruce” (hoy Rigoberto López Pérez), combatiendo frontalmente contra las tropas del tirano Anastasio Somoza Debayle.

Eva Margarita desapareció en bombardeo aéreo de “Piedra Quemada”

Eva Margarita no volvió a tener contacto alguno con sus padres, ni familiares, ni amigos conocidos en El Dorado, ni en Altagracia. Es en la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos del Frente Sandinista en donde aseguran que Eva Margarita se fue en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya y que desaparece en el bombardeo aéreo mortal en el lado Norte de “Piedra Quemada”, frente a la entrada del Volcán Masaya, en el Departamento de Masaya.

“Sus padres la buscaron día tras día por rincones de Nicaragua, cercanos y no cercanos a El Dorado. La buscaron en Barrios, puestos de mando y cualquier rincón, antes y después del 19 de Julio de 1979. Los padres, ayudados por sus hijas, Celia, Josefina, Glenda y amigos, desenterraron cadáveres junto con tantos padres y familias que buscaban a sus seres queridos desaparecidos durante años 78 y 79.

Se desenterraron centenares de cadáveres en la Ruta del Repliegue y otros lugares. La decisión final de su padre, de dar por fallecida a su hija Eva Margarita, fue cuando sacaron los restos humanos de una joven quinceañera de una letrina en Masaya y le dieron cristiana sepultura. No eran los restos de Eva Margarita, pero era tanto el dolor que ya no podía soportarse más. Sus padres decidieron que deseaban que así como ellos sepultaron cristianamente los restos de una joven, alguien hubiera tomado la acción similar con los restos de Eva”, escribe emocionada Josefina Bonilla sobre su hermana menor, aquella Evita Margarita extraordinaria, patriota ejemplar, hija de Sandino y de Carlos Fonseca Amador.

“El padre de Eva, don Alfonso, pidió a sus hijas que se integraran a la Cruzada Nacional de Alfabetización y otras tareas sociales en memoria de Eva y que trabajaran doblemente para hacer lo que  ella hubiera hecho”, agrega Josefina.

En diciembre de 1979 se inauguró una calle con el nombre de Evita Margarita en el Reparto El Dorado, donde destacaron su ejemplo extraordinario, pues a pesar de que apenas tenía 15 años dejó una huella patriótica imborrable en su familia, en amigos y vecinos.

Eva Margarita Bonilla Zúniga soñaba con ser doctora en medicina y catedrática universitaria como su padre.

A Josefina Bonilla Zúniga se le puede localizar en Nicasalud, situada del PHARAHOS media cuadra al Oeste. También se puede consultar a Francisco Javier Zúniga Alvarado en la sede del Movimiento Comunal Nicaragüense en San Judas, del Ceibo una cuadra al Sur y una cuadra y media al Este. Tiene los teléfonos: 86935885 y 88837592.

 Raymundo José Canales Baltodano

Raymundo José Canales Baltodano tenía 20 años al momento de estallar la Insurrección Sandinista en Managua y al producirse el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, el 27 de junio de 1979, en la noche, en el cual se fue y cayó en los alrededores de Nindirí, por charnelazos de los bombardeos aéreos GN contra los replegados capitalinos.

Según dirigentes de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador”, encabezada por Frank “Machillo” González Morales, este joven Canales Baltodano era uno de los cuadros más importantes de los Combatientes Populares en la Zona del Barrio Riguero, Colonia Máximo Jerez, Barrio “La Luz” (hoy Isaías Gómez), Barrio México y Paraisito.

Raymundo José Canales Baltodano, además, era de la “pelota” de unos 300 estudiantes rebeldes antisomocistas del Instituto Maestro Gabriel, donde estudiaba su quinto año de bachillerato.

Según sus hermanas Carmen María, Fátima, Aura Inés y Aurora, allí en el Instituto Maestro Gabriel, situado entre los Barrios Larreynaga y San Luis Sur, Canales Baltodano entra en contacto con el grupo o tendencia de los Proletarios del Frente Sandinista en Managua, y al mismo tiempo lo ven en reuniones clandestinas con el “Machillo” González Morales, con Walter “Chombo” Ferrety Fonseca, con uno al que le decían “Muco” y otro al que llamaban “Chuga”, hijo de don Jesús Castillo, a quien también le dicen “Chuga”.

Doña Aura Lila Baltodano, de 83 años actualmente y con la memoria lúcida todavía, hace recordar que su casa, contiguo al Cine Trébol (cerca de los “Repuestos La Quince”), en el lado Noroeste del Barrio Riguero, tenía un patio enorme en el lado trasero, y  que lo mismo ocurría hacia el Oeste, Norte y Sur, lo cual permitía que su hijo Raymundo José y estos Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros se reunieran de forma clandestina en su vivienda, mucho antes de que estallara la Insurrección Sandinista en los Barrios Orientales-norte de Managua.

Recuerda esta Madre que su hijo Raymundo José convirtió su vivienda en Casa de Seguridad y Buzón de Armas, pues el grupo había acondicionado en el patio del fondo para hacer reuniones y hasta construyeron una zanja, en la cual escondían armas, municiones, bombas y propaganda escrita en mimeógrafos, pues su hijo Raymundo José hasta estos mimeógrafos llevaba a la casita, para hacer impresiones propagandísticas conspirativas.

Don José Canales Montano, ya fallecido hacía varios años, padre de Raymundo, conocía de las actividades de su hijo y se las apoyaba, afirma doña Aura Lila Baltodano.

Según Fátima Canales Baltodano, una de las hermanas menores de  Raymundo José, este y el grupo de Combatientes Populares se reunían en su casa de noche y de día, y dichosamente la guardia somocista genocida nunca detectó la Casa de Seguridad, ni el Buzón de armas, ni las reuniones que se hacían en el patio del fondo de la casa, ubicada unos 50 metros al Este de la Rotonda Cristo Rey, pegado adonde fue el Cine Trébol.

Recuerdan Aura Lila Baltodano y Fátima Canales Baltodano que ya en plena Insurrección de junio de 1979 llegaron a su casa, en compañía de Raymundo José, los Comandantes Joaquín Cuadra Lacayo y Walter “Chombo” Ferrety Fonseca.

Su madre, su padre y sus hermanas menores sabían que Raymundo José Canales Baltodano andaba cumpliendo misiones combativas en trincheras de combate, como correo clandestino, trasladando armas y municiones, y en ocasiones transportando a heridos en carretones de mano, pero ellas y su padre don José Canales Montano, ya fallecido, no sabían exactamente en qué lugares se movía Raymundo José Canales Baltodano.

Cuando el sonado combate de los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares en el Barrio Paraisito, “Campo Bruce” (hoy Rigoberto López Pérez) y el Barrio San José Oriental, contra una invasión de guardias somocistas genocidas, el 21 de junio de 1979, durante casi todo el día, Raymundo estuvo allí en ese combate, porque se los comentó cuando llegó a la casa “todo sucio, revolcado, con la ropa destruida porque se había arrastrado… se cambió de ropa, pidió comida, sacó armas y municiones del Buzón de armas y se volvió a ir… dijo que iba para el Reparto El Dorado”, relata Fátima Canales Baltodano.

Un poco antes de este combate sonadísimo, porque allí fueron destruidas tanquetas y tanques de la guardia sanguinaria, y Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez cayó herido gravemente, Raymundo José les llegó a contar cómo  la soldadesca de Anastasio Somoza Debayle había invadido el Barrio  Riguero con un contingente de más de 1,000 oficiales y soldados GN, y de cómo los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares los habían detenido y vencido en combates casa por casa en el Reparto El Dorado.

El 27 de junio de 1979, día del inicio del Repliegue Táctico de Managua a Masaya,  Raymundo  José llegó sofocado a su casa en la mañana. Comió, se bañó rápido, se vistió con una camisa camuflada o verdeolivo, se ajustó un pantalón azulón, se puso unas botas regulares que tenía, pidió comida para otros compañeros de trincheras de combate, y sólo comentó cuando salía por el patio trasero de la casa: “Se especula que vamos en retirada… no sé para dónde. Yo les aviso si me voy”.

Cuando eran las seis y media de la tarde de ese 27 de junio, su madre Aura Lila Baltodano, con las niñas menores, decidió ir a buscarlo adonde tenían una trinchera de combate en el Puente Paraisito. Ya no había nadie en ese sitio. Decidió ir a buscarlo a la Iglesia Sagrada Familia, en el Barrio Ducualí, porque ella sabía que allí había un comando sandinista. Se encontró con la novedad de que ya todos los Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros  se habían ido, pero no le dijeron hacia dónde.

Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y Civiles implicados en la Insurrección Sandinista de Managua, jefeados por los Comandantes Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano, Joaquín Cuadra Lacayo, Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz, Marcos Somarriba García, Walter “Chombo” Ferrety Fonseca, Osvaldo Lacayo Gabuardi, Mónica Baltodano Marcenaros, Raúl Venerio Granera, Rolando “Cara Manchada” Orozco Mendoza, entre otros, ya estaban llegando a la Calle de la Clínica Don Bosco, donde se produjo la salida del grueso del Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Allí en el arranque del Repliegue a Masaya estaba ya Raymundo José Canales Baltodano. Aura Lila Baltodano y sus hijas menores anduvieron indagando, en silencio, el 28 de junio en los barrios aledaños, y nadie les dijo nada. No supieron hacia dónde fue la Retirada de la que habló Raymundo José.

Al producirse el Triunfo de la Revolución Sandinista el 19 de julio de 1979, Aura Lila Baltodano fue al siguiente día 20 de julio a la Plaza de la Revolución a buscar a su hijo Raymundo José. Hurgó en miles de rostros, pero su hijo Raymundo no apareció.

Fue hasta el 22 de julio que una familiar, la tía Flor de María Montano,  le llegó a decir que unos muchachos guerrilleros le habían informado que Raymundo José Canales Baltodano había caído durante los bombardeos aéreos somocistas genocidas, en las cercanías de Nindirí, donde lo habían sepultado.

Buscaron a los informadores de la familiar mencionada, armaron una brigada en los últimos días de julio de 1979, fueron al sitio y “fue fácil encontrar el cadáver, pues hasta lo reconocimos de inmediato por la vestimenta que se puso cuando llegó a comer y bañarse el 27 de junio en la mañana”, comenta Fátima Canales Baltodano.

Su cuerpo está entre los sepulcros de los Héroes y Mártires del Cementerio Oriental de Managua, dice Fátima.

Aura Lila Baltodano, de 83 años, todavía está viva y sigue residiendo con sus hijas en la misma casa en que vivió Raymundo José Canales Baltodano, pegado adonde fue el Cine Trébol. En el sitio del Cine Trébol hoy está un Supermercado de La Colonia. Tiene el teléfono: 82744774.

 Alejandra Emelina Campos Escobar

Alejandra Emelina Campos Escobar era una muchacha de apenas 17 años, hija de un trabajador destacado en el Diario LA PRENSA, llamado Ramón Campos, ya fallecido, y de Socorro del Carmen “Coquito” Escobar Carballo, costurera y comerciante “por cuenta propia” desde siempre, en su casa del Barrio El Edén, del Cine Rex una cuadra al Norte y dos cuadras al Oeste.

Alejandra era estudiante de secundaria en la “Escuela de Comercio Patria”, de la Iglesia Santa Faz, en el Barrio Costa Rica, entonces llamado “Barrio Blandón”. No le conocieron seudónimo. Su madre se enteró de que andaba enrolada en la Insurrección Sandinista en la Zona Oriental de Managua porque le encontró apuntes en un cuaderno, en el cual argumentaba por qué razones se debía luchar con las armas en las manos, para derrocar a la dictadura somocista, y debido a que incluso mencionaba las tareas guerrilleras clandestinas conjuntas con su marido o esposo, Ronald Fisher Ferrufino, otro joven de la misma edad de ella.

Asimismo, en esos apuntes mencionaba el calvario que había sufrido el Comandante Tomás Borge Martínez cuando había sido hecho prisionero por la dictadura somocista genocida.

Ella, Alejandra,  mencionaba los seudónimos de “Aureliano” Ramírez Solórzano, “Roque” Núñez Téllez, “99” (Javier López), a “Chico Garand” Guzmán Fonseca, y por su nombre completo a Marcos Somarriba García.

Padre e hijas juntos en combates contra la tiranía somocista

Se enteró por la misma Alejandra de que también andaba en quehaceres guerrilleros clandestinos su hermana Josefa Campos Escobar, mayor que ella. Las dos salían juntas y por separado, durante la Insurrección, a cumplir tareas de correos, de combates en las trincheras y barricadas del Barrio Larreynaga, en el Puente El Edén, frente a la Fábrica Rolter y en la Esquina de Santa Rosa, frente al semáforo de  Portezuelo, en la Carretera Norte.

Su padre, Ramón Campos, también andaba integrado plenamente en tareas similares. “Así que padre e hijas andaban en la lucha armada para derrocar a la dictadura somocista, de lo cual me siento muy orgullosa”, comenta ahora “Coquito” Escobar Carballo.

Esta junta de lucha de padre e hijas, incluía al esposo de Alejandra Emelina, Ronald Fisher Ferrufino, con quien andaban juntos, combatían juntos, se repartían la poca comida que conseguían, se cuidaban mutuamente en todas las trincheras de combate en la Zona Oriental-norte de Managua, especialmente en El Edén, Blandón (Costa Rica), Larreynaga, Santa Rosa y Bello Horizonte.

Llegó el momento de la Retirada, o Repliegue Táctico de Managua Masaya,  y los cuatro, las dos mujeres y los dos varones, tomaron la decisión de irse en el Repliegue, aliñaron un poco de ropa, un poco de comida, medicinas, pastas y cepillos de dientes. No sabían hacia dónde iban, pero estaban seguros de que “era más seguro irse con los muchachos, con sus hermanos Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros, que quedarse en el Barrio El Edén y en la casa, porque sabían que los matarían. Yo también, con los niños menores, tuve que irme de inmediato hacia donde unos amigos. La casa quedó solita”, recuerda “Coquito”  Escobar Carballo, 38 años después de ocurrido el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Ramón Campos, sus dos hijas: Alejandra Emelina y Josefa y Ronald Fisher Ferrufino se juntaron con el resto de Combatientes Populares de El Edén, y marcharon hacia la Iglesia Sagrada Familia, en Ducualí (“Cuna de la Insurrección”), de donde marcharon a concentrarse en la Calle de la Clínica Don Bosco, en el Barrio Santa Bárbara (hoy Barrio Venezuela), para irse en el Repliegue a Masaya.

Junto a los seis mil replegados de Managua pasaron las peripecias de ir marchando dentro de cauces, evadiendo cuarteles y pasando por la orilla de esos mismos cuarteles de la Guardia Nacional somocista, pasaron  el combate con soldados genocidas en Veracruz, ya era 28 de junio en la mañanita, y finalmente llegaron al lado Norte de  “Piedra Quemada”, donde se registró el infernal y mortal bombardeo aéreo  contra el Repliegue Táctico de Managua Masaya, frente a la entrada antigua del Volcán Masaya.

Alejandra cae junto a su marido en “Piedra Quemada”

Ramón Campos y Josefa Campos Escobar, padre e hija mayor, contaron a “Coquito” Escobar Carballo que ellos dos se pusieron “pecho en tierra” en una zanja, para evadir los charnelazos, a eso de las doce del día, mientras Alejandra Emelina y Ronald Fisher Ferrufino, su esposo, corrían agachados en busca de otro refugio cercano,  e igualmente al pie de unas rocas, pero con tan mala suerte que, precisamente,  los charneles de una bomba de 1,000 libras los “partió” a los dos y cayeron encima de las piedras volcánicas erizas y puntudas del Volcán Masaya.

Los dos murieron casi instantáneamente. Andaban juntos, cayeron juntos, y estaban por tener un hijo, pues Alejandra Emelina estaba embarazada cuando se fue en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Según el relato de Ramón Campos y su hija Josefa, uno de los charneles le abrió el vientre a Alejandra Emelina. A Fisher Ferrufino, el rockette lo partió por la mitad del cuerpo. Como en el caso de otras decenas de caídos en “Piedra Quemada”, los cuerpos sin vida de Alejandra Emelina y Ronald Fisher Ferrufino, fueron colocados en oquedades casi superficiales y tapados con pedazos de piedras y arena volcánica regada en el sector de los 750 metros en “Piedra Quemada”, frente a la entrada antigua al Volcán Masaya, donde fue lo más horrible del bombardeo aéreo somocista genocida.

Su madre, “Coquito”, admiraba mucho a su hija Alejandra

Los restos de Alejandra Emelina y Ronald Fisher Ferrufino fueron rescatados un mes después. Según “Coquito” Escobar Carballo, parte de los huesos de Alejandra Emelina, los tiene guardados para que su hija Josefa y familiares los coloquen dentro de su ataúd, “cuando yo muera. Esa es mi voluntad. Mi hija Alejandra era admirable, extraordinaria”, dice “Coquito” Escobar Carballo.

La otra  parte de la osamenta  de Alejandra Emelina está sepultada en la misma tumba de Ronald Fisher Ferrufino, en el Cementerio Oriental de Managua. Ramón Campos y su hija Josefa se integraron plenamente a los Comités de Defensa Sandinistas, mientras el mismo Ramón continuaba entregando periódicos de El Nuevo Diario, a domicilio, para su venta cotidiana. Llegó a ser presidente de la Cooperativa, propietaria inicial de El Nuevo Diario.

Ramón Campos falleció en 1989 por insuficiencia renal y diabetes

“Coquito” Escobar Carballo vive del Cine Rex una cuadra al Norte y dos cuadras al Oeste, en el Barrio El Edén. Tiene el teléfono 22493574.

Bosco Javier Cáseres Altamirano

Bosco Javier Cáseres Altamirano.  El Diario BARRICADA del  9 de agosto de 1979 informa en un reportaje pequeño que Bosco Javier Cáseres Altamirano, jovencito, había participado activamente en la Insurrección de los Barrios Orientales de Managua, que se había ido en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, que  cayó en el bombardeo aéreo infernal de “Piedra Quemada”, frente al Volcán Masaya, donde su cadáver desapareció.

Exponía esta nota informativa del Diario BARRICADA que familiares cercanos se habían presentado en la Redacción del periódico sandinista para informar que Bosco Javier anduvo plenamente integrado a la lucha armada en trincheras de combate en la Zona Oriental de Managua, y que  se había despedido de ellos el 10 de junio de 1979, y desde entonces no lo volvieron a ver.

Mencionaba la nota informativa que Bosco Javier Cáseres Altamirano había combatido contra la guardia somocista genocida, por ejemplo, en los combates “casa por casa” en el Reparto El Dorado, cuando oficiales los soldados GN asesinos de Anastasio Somoza Debayle habían logrado penetrar al anillo insurreccional de este vecindario, de donde fueron rechazados a balazos, cuchilladas y patadas en ese mencionado combate “casa por casa”, en el que participó este jovencito Cáseres Altamirano.

“Lo vieron combatiendo en el Reparto Schick, en los Barrios “La Fuente” (Ariel Darce Rivera) y Ducualí”, indicaba esa nota informativa del 9 de agosto en el Diario BARRICADA.

En el Diario BARRICADA trabajaba en esos días un compañero llamado José Cáseres, y se supone que él brindó esa información mencionada. Se indicaba que el cadáver de Bosco Javier Cáseres Altamirano jamás apareció. Lo buscaron en “Piedra Quemada”, en el casco urbano de Nindirí, en fosas comunes de Masaya, en las fosas comunes que hizo la Guardia Nacional somocista genocida para lanzar a los asesinados por ellos en los  Cerros del Coyotepe y Barranca, donde mataron a varios centenares de Combatientes Populares de Masaya y de Managua.

La Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos Carlos Fonseca Amador, encabezada por Frank “Machillo” González Morales y Juan  Carlos “Marcial” Soza Aragón, confirma que Bosco Javier Cáseres Altamirano era Combatiente Popular en la Zona Oriental de Managua y que se fue en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Se supone que falleció, como muchos otros y otras, por los charnelazos en el bombardeo aéreo infernal con que la Guardia Nacional somocista genocida masacró al Repliegue a Masaya en el lado Norte de “Piedra Quemada”, el 28 de junio de 1979, al medio día.

Daniel Enrique Chavarría

Daniel Enrique Chavarría es un nombre conocido en Managua, pues existe con ese nombre un Barrio situado de la Empresa NICALIT hacia el Sur, entre el Barrio Nora Astorga y el Mercado Israel Lewites Rodríguez, en el Distrito III de Managua.

Al momento de la Insurrección Sandinista, u Ofensiva Final contra la tiranía somocista en Managua, Daniel Enrique Chavarría tenía 18 años. Era estudiante de secundaria en el Instituto Fernando Gordillo y ayudante de mecánica en los planteles Batahola y ECONS, según su madre María de los Ángeles Chavarría, quien aparece como Colaboradora  Histórica en la Asociación de Combatientes Históricos de Managua.

Su hermano Noel Ernesto dice que las primeras noticias de la integración de Daniel Enrique Chavarría a la lucha indican que anduvo con Enrique Lorente, en Estelí. Se vino a Managua y se enroló con el grupo de rebeldes que protagonizaron la Insurrección en la Zona Occidental  capitalina, en los barrios de San Judas, Sierra Maestra, Camilo Ortega, Monseñor Lezcano, Santa Ana, Altagracia, Linda Vista, Las Brisas, etc.

Su madre, María de los Ángeles Chavarría,  y su hermano Noel Ernesto, añaden que Daniel Enrique Chavarría andaba con los hijos de Blanca Estela Moreno, quienes residían en el Reparto Belmonte, cerca del Kilómetro Siete Sur y  también próximo al sitio en que vivía el mismo Daniel Enrique Chavarría. Esta familia Moreno se fue posteriormente a Estados Unidos de Norteamérica.

María de los Ángeles apunta que Daniel Enrique le hacía trabajos a esta familia Moreno, y que sus hijos andaban enrolados, primero, con guerrilleros de Estelí, encabezados por  Francisco “Zorro” Rivera, y que después, sin conocer el motivo, tanto los Moreno como Daniel Enrique Chavarría aparecen involucrados en la Insurrección de San Judas y Monseñor Lezcano.

Al ser derrotada la Insurrección por la guardia somocista en el Occidente de Managua, supuestamente, porque su mamá y sus hermanos no tienen pruebas, Daniel Enrique Chavarría logró llegar a los barrios orientales insurreccionados y se fue en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya. Ya se habían registrado las masacres de Batahola y el “Kilocho Sur” por parte de la EEBI de la guardia somocista genocida.

Daniel Enrique desapareció en “Piedra Quemada”

María de los Ángeles Chavarría, su madre, dice que de él no volvieron a saber nada. Supuestamente, como muchos otros y otras, Daniel Enrique Chavarría habría caído en el bombardeo aéreo infernal de “Piedra Quemada”, pero que nadie supo dónde quedó su cadáver.

Su madre  buscó su cadáver en muchas partes, incluyendo “Piedra Quemada” y la Ciudad de Masaya. También le dijeron que su hijo había sido capturado por la Guardia Nacional cerca de Masaya y que lo habrían torturado, trasladado a Managua y finalmente asesinado, pero que su cadáver jamás apareció.

La Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos Carlos Fonseca Amador confirma que efectivamente Daniel Enrique Chavarría fue Combatiente Popular en la Zona Suroccidental de Managua y que se fue en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, en cuyo trayecto desapareció en “Piedra Quemada”.

Le sobreviven sus hermanas y hermanos: Ángela, Rosaura, Elena, José Ángel, Uriel y Noel Ernesto.

María de los Ángeles Chavarría tiene ya más de 83 años. La afecta un padecimiento de Parkison, más otros problemas de salud. Ella vive en una casita humilde situada en el Barrio Enrique Chavarría, de la NICALIT tres y media cuadras al Sur, en la orilla de la Calle que va del Oeste del Mercado Israel Lewites a salir por el Norte en la Carretera Sur, cerca del antiguo Banco de la Vivienda.

María de los Ángeles Chavarría laboró toda la década del 80 como jefa de cocina en campamentos del Ejército Popular Sandinista cerca de Xiloá, donde le habían dado una casa para vivir con sus hijos.

En 1990 la despidieron por el revanchismo político del gobierno de doña Violeta Barrios viuda de Chamorro. Tuvo que abandonar esa casa, y solicitó que le dieran un lote en el Barrio Daniel Enrique Chavarría, el nombre de su hijo, y allí construyó su casita, en la cual vive actualmente, de la NICALIT tres y media cuadras al Sur.  Le pasan una pensión mínima.

Su hijo Noel Ernesto labora como barredor de calles actualmente en la Alcaldía de Managua, mientras los otros hacen distintas labores para sobrevivir.

 Pabla “Claudia” Corea Campos

Pabla “Claudia” Corea Campos, de apenas 17 años,  cayó en el infierno de charneles del bombardeo aéreo criminal de la Guardia Nacional somocista genocida, en contra del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, en el lado Norte de “Piedra Quemada”, el 28 de junio de 1979,  cuando eran las once y media de la mañana, testimonia Eduardo “Cuñado” Gutiérrez Chávez, quien hoy tiene 55 años, sobreviviente del Repliegue Táctico de Managua Masaya. “Cuñado” Gutiérrez Chávez tenía 15 años en 1979.

El cadáver de Pabla Corea Campos no fue encontrado después del Triunfo de la Revolución. Desapareció.

Según Gutiérrez Chávez, la política FSLN actual del Barrio “Pabla Corea Campos” y familiares de esta valiosísima muchacha del Barrio María Auxiliadora, esta tenía 17 años cuando se integró plenamente a la Insurrección Sandinista, u Ofensiva Final, en su propio vecindario (ubicado entre la Colonia Diez de Junio y el Barrio Ducualí) y en los Barrios Ducualí, El Edén y Larreynaga.

El testimonio de Eduardo “Cuñado” Gutiérrez Chávez añade que Pabla Corea Campos se había integrado plenamente a la Insurrección como Combatiente Popular en las trincheras de combate en los barrios mencionados, y que además también se había especializado en fabricación de bombas de contacto en la Fábrica de Pólvora “Tigre”, propiedad de Rosendo Pavón Estrada, quien suministró una gran cantidad de material explosivo para fabricar estas bombas y también se fue en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya. Esta Fábrica de bombas y cohetes “Tigre” estaba ubicada del Puente El Edén dos cuadra y media al Oeste, en el Barrio Larreynaga.

El testimonio  de Gutiérrez Chávez y otros familiares de Pabla Corea Campos indica que esta jovencita andaba charneleada en varias partes del cuerpo, con heridas leves, con la ropa oliente a pólvora el propio día del Repliegue de Managua a Masaya (27 de junio de 1979) en la tardecita, y que ella llegó a la casa de su familia y de ella misma, y no encontró a nadie, pues casi todos se habían marchado, unos donde amigos, los menos implicados en la Insurrección, y los otros se habían ido para el lado de la Iglesia Sagrada Familia, la cual le quedaba pocas cuadras al Este, en el Barrio Ducualí.

Tomó ese rumbo de la Sagrada Familia, según Gutiérrez Chávez, y allí se juntaron: Pabla, Felipe, Roberto y Moisés, todos del Barrio María Auxiliadora, más “Cuñado” Gutiérrez Chávez. De ese lugar, entre la multitud de Combatientes Populares, Jefes Guerrilleros y civiles implicados insurreccionales, enrumbaron hacia la Calle de la Clínica Don Bosco, conocido este lugar entonces como Barrio “Santa Bárbara”, hoy Barrio Venezuela.

De acuerdo con “Cuñado” Gutiérrez Chávez, entonces sólo conocido de Pabla Corea Campos y de su familia (porque “Cuñado” era de la Colonia Unidad de Propósitos), al momento del infernal bombardeo aéreo en el lado Norte de “Piedra Quemada”, frente a la entrada antigua del Volcán Masaya, los cuatro amigos y familiares se dispersaron por miedo, o para protegerse, para lo cual corrían sobre las piedras erizas e hirientes de “Piedra Quemada”.

Pablita desapareció en “Piedra Quemada”

Según Gutiérrez Chávez, los otros amigos y él, se reencontraron en Masaya, menos Pabla Corea Campos. Preguntaron por ella y nadie les dio razón. Desapareció. Después del Triunfo de la Revolución Sandinista, iniciaron una búsqueda intensa, que duró varios meses, sin resultado positivo alguno.

Pablita, como le decían cariñosamente, jamás volvió a aparecer. Tampoco su cadáver. No encontraron rastro. Esta versión testimonial de Gutiérrez Chávez es respaldada por Rafael Corea Jiménez, tío de Pabla Corea Campos. Marcia Corea Campos, hermana de Pabla, residente en el casco urbano del Municipio de Mateare, igualmente da testimonio parecido sobre la desaparición de su hermana Pabla durante el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

“Anduvimos desenterrando otros cadáveres durante varios meses, para ver si encontrábamos el de Pablita, pero nunca la hallamos”, expresa hoy todavía desconsolado Rafael Corea Jiménez, tío en primer grado de Pabla Corea Campos.

La Asociación de Combatientes Históricos del Frente Sandinista de Liberación Nacional, encabezada por Frank “Machillo” González Morales, por su parte, testimonia también acerca de que sí Pabla Corea Campos iba en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, y que cayó en “Piedra Quemada”, donde desapareció.

El padre y la madre de Pabla Corea Campos: Alfonso Campos y Ángela Corea Jiménez, están todavía vivos, en Mateare. Le sobreviven a Pabla sus hermanos: Marcia, Genie, Juan y Alejandro, quienes la recuerdan vivamente en su quehacer estudiantil y revolucionario cuando estudiaba secundaria en el Colegio Juan Ramón Avilés del Barrio María Auxiliadora, colindante con el vecindario en que ella vivía con sus familiares.

Hoy existe un barrio relativamente nuevo con el nombre de Pabla Corea Campos, situado entre la Colonia Diez de Junio, el Barrio María Auxiliadora y el Barrio Ducualí, considerado “Cuna de la Insurrección” en la Zona Oriental de Managua.

Eduardo “Cuñado” Gutiérrez Chávez reside en ese mismo Barrio Pabla Corea. Allí mismo reside Clara Corea, prima de Pabla Corea Campos. Responden a los números telefónicos celulares: 88608852 y 87783006. Esta dirección del Barrio Pabla Corea Campos es de la esquina Noroeste del muro del Colegio de la Colonia Diez de Junio, hacia el Oeste. También se puede consultar a su padre. Alfonso Corea al teléfono celular: 88980083. Alfonso residente en Mateare.  

 Marta Lucía “Lucy” Corea Solís

Marta Lucía “Lucy” Corea Solís, caída a las cinco de la tarde del 28 de junio de 1979, después de sobrevivir al feroz y mortal bombardeo aéreo desatado por la GN sanguinaria en el lado Norte de “Piedra Quemada” contra el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.  Marta Lucía fue alcanzada en varias partes del cuerpo por charneles de un mortero (artillería) o rockette disparado desde uno de los aviones Push and Pull del gobierno dictatorial de Anastasio Somoza Debayle.

Los charnelazos impactaron en el cuerpo de Marta Lucía Corea Solís cuando, precisamente, ella disparaba con un fusil hacia uno de los aviones cargados de bombas de 1,000 y 500 libras y de morteros, para dejarlos caer nuevamente encima de los managuas replegados, cuando ya iban en el llamado “Camino de Nindirí”, a menos de dos kilómetros del casco urbano de la pequeña ciudad de Nindirí.

Marta Lucía Corea Solís fue impactada por charneles en la ingle, en el costado izquierdo, en las piernas y en la cabeza. Varias combatientes populares que iban junto a ella, la auxiliaron, entre otras, Dolores “Lola” Mercado Fonseca, quien tenía tan sólo 16 años, y fue impactada también por charneles de rokettes.

El grupo de mujeres Combatientes Populares improvisaron, en medio del feroz bombardeo de entre las tres y cinco de la tarde, una camilla hecha de ramas del mismo camino, y fueron corriendo hasta el casco urbano de Nindirí, con la esperanza de salvarle la vida a esta valiosísima Combatiente Popular.

Por supuesto, no había un médico, ni enfermera, ni hospital que la atendiera. Igual les ocurrió a los caídos o muertos (y heridos también) en “Piedra Quemada” y otros puntos del recorrido original del Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Marta Lucía “Lucy” Corea Solís murió desangrada en brazos de Dolores “Lola” Mercado” Fonseca. “Temblaba, sólo se quejaba del dolor, pedía que le salváramos la vida para seguir combatiendo a la dictadura, se fue poniendo muy pálida en poco tiempo, y finalmente expiró en mis brazos”, relata “Lola” Mercado Fonseca.

Sepultada en ceremonia solemne en Nindirí

Cuando, finalmente, un poco después de las cinco de la tarde, todos los replegados capitalinos, de la columna inmensa bombardea en “Piedra Quemada”, estábamos en Nindirí, un grupo numeroso de hombres y mujeres, incluida Dolores Mercado Fonseca y Alejandro “Comandante Huesito” Mairena Obando, decidieron sepultar el cadáver de Marta Lucía Corea en una esquinita de la Iglesia de Nindirí, donde sus restos permanecen hasta hoy en día.

Este funeral de Marta Lucía Corea Solís fue solemne y al mismo tiempo triste, pues casi todos y todas lloramos de pesar y arrechura cada que uno de nuestros compañeros caía impactado por charneles de bombas de mil y 500 libras y de rokettes, que eran lanzados desde el aire por aviones push and pull de la Guardia Nacional de Anastasio Somoza Debayle, porque como siempre estos cobardes tuvieron miedo de enfrentar a los Jefes Guerrilleros y Combatientes Popular en tierra firme.

Este funeral triste ocurrió minutos antes de que estos varios miles de integrantes del Repliegue a Masaya,  jefeados por el Comandante Guerrillero William Ramírez Solórzano, continuaran la marcha por los desfiladeros o paredones verticales del Este de la Laguna de Masaya, hasta salir frente al Cementerio, donde esta parte del Repliegue fue recibida por miembros del Estado Mayor FSLN de Masaya, encabezados por Hilario Sánchez, Alma Luby Morales y Ramón “Macaco” Moncada Colindres.

Marta Lucía Corea Solís tenía tan sólo 21 años de edad, no cumplidos todavía. Era estudiante universitaria. Vivía con su madre, Sonia Solís de Corea, en la Tercera Etapa de Bello Horizonte,  uno de los Repartos insurreccionados en la Zona Oriental de Managua.

Hacía menos de un mes de su caída en el Repliegue a Masaya, el seis de junio de 1979, la guardia somocista genocida había matado impunemente a su hermano Javier Corea Solís en las cercanías de la Rotonda de Bello Horizonte.

Javier también era estudiante universitario y músico. Como ya había estallado la huelga general contra el régimen somocista genocida, la Guardia Nacional tenía instalado un “retén” de registros abusivos de vehículos y de todo el que pasaba a pie. Javier pasó por el andén derecho de los centros comerciales, mientras los guardias registraban afanosamente. Javier iba caminando, le gritaron “!parate¡” y al mismo tiempo le descargaron una ráfaga de metralla, matándolo en el instante.

El asesinato de su hermano Javier fue como un incendio explosivo en el ánimo antidictorial y rebelde de Marta Lucía “Lucy” Corea Solís, quien no vaciló en convertirse en Combatiente Popular al estallar la Insurrección Sandinista Victoriosa, u Ofensiva Final, en Managua contra la oprobiosa tiranía somocista.

Se le rindieron y siguen homenajes para Marta Lucía Corea

Marta Lucía Corea Solís ya estaba integrada en tareas de lucha antidictatorial desde la Insurrección de Septiembre de 1978. Desde entonces ya trabajaba en tareas sociales y organizativas de la Asociación de Vecinos y el Comité de Defensa Civil, ambos de Bello Horizonte, encabezados por los compañeros Guillermo Baltodano Serrano, Pablo E. Barreto Pérez, Gilberto Calderón, Howar Soza Castro, Benito Espinoza, Ernesto Chacón Blandón, Ivette Soza Castro, Auxiliadora Meza, Lesbia Oviedo, Raúl Munguía y Yoyce Ebans.

Le fue colocado, en la década del 80,  el nombre de Marta Lucía Corea Solís al parque deportivo e infantil del Sur de la Etapa II de Bello Horizonte y a la calle que va del tope Sur del Bulevar de Bello Horizonte hasta el semáforo del cruce Villa Progreso-Bello Horizonte. Además, se construyó un monumento a su memoria en una calle de la Etapa III, cerca de donde ella vivía con su madre Sonia Solís Bermúdez.

Asimismo, a la Escuela Primaria de la Comarca Altos de Masaya, cerca de donde cayó Marta Lucía Corea Solís en Nindirí, le pusieron su nombre en homenaje a esta heroica Combatiente Popular capitalina.

Igualmente tienen su nombre la Escuela Primaria del Ingenio Julio Buitrago, en San Rafael del Sur; un pabellón del Instituto Francés-Nicaragüense, situado en el Reparto Belmonte, en Managua, donde ella estudió su bachillerato; también se colocó su nombre a una calle de la Colonia Centroamérica, a una calle del Barrio  Primavera, en Managua y se le hicieron numerosos homenajes en Nindirí, donde cayó; en la Ciudad de Masaya y especialmente en el Reparto Bello Horizonte, de Managua, de donde era originaria.

El Diario BARRICADA, cuando era órgano oficial del Frente Sandinista de Liberación Nacional, publicó numerosas notas informativas sobre los variados homenajes a Marta Lucía “Lucy” Corea en Nindirí, Altos de Masaya y en  Managua.

Sobre Marta Lucía Corea Solís se puede hablar con su madre, Sonia Solís Bermúdez, quien sigue residiendo en la misma casa, situada de la Rotonda “Juan Ramón Amador” de Bello Horizonte, tres cuadras al Sur y  cuadra y media al Este, en la Etapa Tres. Tiene los teléfonos: 22440224 y 86984730.

Manuel Salvador Cuadra Pérez

Manuel Salvador Cuadra Pérez era parte de la “pelota” de jóvenes rebeldes antisomocistas del Reparto Schick. Tenía 19 años cuando estalló la Insurrección Sandinista en los Barrios, Repartos y Colonias Orientales de Managua.

Su familia y él mismo vivían (y viven allí todavía) a tan sólo una cuadra al Oeste de donde estaba uno de los Comandos represivos y antisubversivos de la Guardia Nacional somocista genocida, el cual estaba del Tanque Rojo dos cuadras al Oeste y media cuadra al Norte.

Las represiones constantes, los cateos dentro de las casas, la persecución sistemática a los jóvenes, más las amenazas de muerte a centenares de familias del Reparto Schick Gutiérrez por parte de guardias, “orejas” de la Oficina de Seguridad, soplones como Bismark “Sapo”, la presencia de los “escuadrones de la muerte”, todo esto labró rápido la conciencia política y revolucionaria de Manuel Salvador Cuadra Pérez, quien estudiaba secundaria en el Instituto René Schick Gutiérrez.

Su hermana Leticia Coralia Cuadra Pérez testimonia que Manuel Salvador pronunciaba discursos antidictatoriales dentro del Colegio, cuando estaban en clases, lo cual motivó para que maestros “orejas” y soplones del somocismo genocida le montaran persecución permanente, y hasta llegaban a amenazar de muerte a la familia, jefeada por don Concepción Cuadra Matamoros (fallecido hace 23 años) y Rosa Herminia Pérez (fallecida hace 15 años), quienes residían en el mismo sitio en que hoy está la familia, de la Vulcanizadora una cuadra al Norte y media cuadra al Este.

Sus padres y hermanos menores sabían que Manuel Salvador andaba metido en actividades políticas antisomocistas, pero no habían comprendido el nivel de su involucramiento hasta que el 10 de junio de 1979, el día en que estalló la Insurrección Sandinista en la Zona Oriental de Managua, cuando llegó al vecindario con un microbús lleno de jóvenes con pañuelos rojinegros en sus rostros, y portando armas cortas, todos preparados para los combates populares contra los guardias somocistas genocidas.

Inmediatamente, estos jóvenes del microbús se conectaron  con el resto de la “pelota” de jóvenes rebeldes del Reparto Schick Gutiérrez, entre otros:   Óscar Antonio Gutiérrez Serrano, Joaquín Valle Corea, “Oso” Marín Gaitán, Francisco René Polanco Chamagua, José Santos Mayorga Alemán, Domingo Matus Méndez y Osvaldo Largaespada Lagos, y comienzan a construir barricadas, pozos tiradores, refugios antiaéreos, para enfrentar a los guardias somocistas genocidas.

Familiares y vecinos estaban sorprendidos ese 10 de junio de 1979, porque jamás se imaginaron que Manuel Salvador Cuadra Pérez llegaría con un nutrido grupo de Combatientes Populares, ya dispuestos a emprender los combates libertadores contra los guardias, “orejas” y soplones del Reparto Schick Gutiérrez.

Según Leticia Coralia, en realidad esta “pelota” de chavalos rebeldes antisomocistas del Reparto Schick Gutiérrez eran muy unidos y actuaban como si tuviesen un plan cuidadosamente elaborados entre ellos y Jefes Guerrilleros, tal como se supo que así era después del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista.

Manuel Salvador Cuadra Pérez rápidamente tendió a los Combatientes Populares conforme ya tenían planeado. Al mismo tiempo también organizó a su familia, incluyendo a su padre y madre, para que pasaran a dormir en el suelo, y que dentro de la casa construyeran un refugio antiaéreo, porque era seguro que la guardia somocista genocida procedería a bombardear el Reparto Schick, y efectivamente así ocurrió los días 13, 14, 15, 16 y 17 de junio de 1979.

Leticia Coralia señala, 38 años después, que su hermano Manuel Salvador Cuadra Pérez parecía un Jefe Guerrillero consumado, pues lo vio desplegar organización, órdenes precisas, orientaciones y formas de enfrentar a la guardia somocista genocida.

En esos días insurreccionales supieron que en numerosas ocasiones, especialmente de noche, se unía al “Oso” Marín Gaitán, para irse a subir en árboles de chilamates en las orillas de las calles, para emboscar a los guardias y dejarles caer cajas llenas de bombas de contacto,  para aniquilarlos.

Parecían ardillas o felinos en emboscadas contra la GN

Parecían monos, ardillas o felinos saltando de una rama a otra, en la oscuridad, con las bombas en las manos, para dejarlas caer sobre los guardias, testimonia Leticia Coralia Cuadra Pérez.

Manuel Salvador se hizo una celebridad por estas operaciones militares de los Combatientes Populares, guiados por Jefes Guerrilleros, en el Reparto Schick.

Según la familia de Manuel Salvador Cuadra Pérez y la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador”, encabezada por Frank “Machillo” González Morales, este joven rebelde revolucionario igualmente participó en lo que se conoce históricamente como “La Jornada del Repliegue Táctico de Managua a Masaya”, pues igualmente le tocó primero explorar y vigilar a los enemigos asesinos somocistas cuando se desplazaba la Vanguardia del Repliegue a Masaya por el Reparto Schick Gutiérrez, entre las seis de la tarde y las doce de la noche del 27 de junio de 1979, y después dándole cobertura a la seguridad de la Vanguardia del mismo Repliegue a Masaya, entre la una y las cinco de la mañana del 28 de junio de 1979.

Leticia Coralia testimonia que cumpliendo otras tareas relacionadas con el mismo Repliegue a Masaya, muy de mañanita, después de las seis de la mañana del 28, fue para el lado del Centro Comercial-Managua, donde fue capturado por guardias somocistas genocidas, y desapareció también. No reapareció ni  vivo ni muerto.

Las sospechas igualmente recaen en los “orejas” y soplones del Reparto Schick Gutiérrez, pues esa misma mañanita fueron capturados y desaparecidos no menos de 20 de los jóvenes que habían estado implicados en la Insurrección y en las operaciones de seguridad del Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Su padre, su madre, sus hermanos, compañeros Combatientes Populares, sus amigos cercanos, sus vecinos, buscaron por todo Managua, en hospitales, en la Cruz Roja, en sitios en que la guardia criminal acostumbraba tirar cadáveres de jóvenes asesinados, pero no lo encontraron ni vivo ni muerto.

A Manuel Salvador le sobreviven sus hermanos: Pánfilo Alcides, Genaro Concepción y Leticia Cuadra Pérez. Esta familia reside de donde fue el Tanque Rojo del Reparto Schick tres cuadras al Oeste, una cuadra al Norte y media cuadra al Este.

 Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez

Carlos Alberto  “Sobrino” Dávila Sánchez. Tenía 24 años. A esa edad ya era Contador Público y cuadro político militar del FSLN clandestino.  Mucho antes de la Insurrección de Junio de 1979 estaba ya enrolado en “la pelota” de estudiantes de secundaria rebeldes antisomocistas y sandinistas del Instituto Maestro Gabriel, el cual le quedaba a un kilómetro de su casa.

Sus datos biográficos esenciales indican que era “un cuadro político y militar ya formado por el grupo del FSLN clandestino “Guerra Popular Prolongada” (otros aseguran que era del grupo del FSLN Proletario), una de las tres “tendencias” del Frente Sandinista de Liberación Nacional en plena Insurrección de junio de 1979.

Vivía “Sobrino” de la Fábrica de “Cohetes La Caimana” una cuadra al Este y media al Norte, en el Barrio “Campo Bruce” (Rigoberto López Pérez actualmente). En esa casa vivía con sus padres:   Antonio Dávila y Rosa Amelia Sánchez Portillo, ya fallecidos los dos hace unos 18 años.

Allí mismo “Sobrino” Dávila Sánchez habitaba la misma casa con sus hermanos: Elba,  César, ya fallecido en Estados Unidos; Lesbia, fallecida; Antonio, fallecido; y Jorge, todavía vivo y residiendo en el Reparto Bello Horizonte.

En la casita en que vivió “Sobrino” Dávila Sánchez reside ahora su cuñado viudo Ricardo Ordeñana Solórzano, quien era el esposo de Lesbia Dávila Sánchez, fallecida hace poco tiempo.

Los datos biográficos esenciales de “Sobrino” Dávila Sánchez fueron suministrados por la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador”, dirigida actualmente por Frank “Machillo” González Morales, y ubicada de la “Racachaca” cuadra y media al Sur, en el Barrio Altagracia; por la Familia Cajina, situada en “Las Cuatro Esquinas” de la Comarca “Jagüitas”, donde “Sobrino” tuvo que quedarse porque con casi 30 heridas en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, y por su cuñado viudo Ricardo Ordeñana Solórzano, quien no tiene teléfono. El “Machillo” González Morales tiene los teléfonos: 86782410 y 88417562.

Asesinado atrozmente por sanguinarios EEBI en “Cuatro Esquinas”

Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez fue asesinado vilmente por un batallón de la Escuela de Entrenamiento Básico (EEBI) de la Guardia Nacional somocista genocida, al mando de un tal Gersán Romero, el 28 de junio de 1979, en horas de la mañana, cuando el Repliegue Táctico de Managua a Masaya iba aproximándose a “Piedra Quemada”, en el lado Norte del Volcán Masaya.

“Sobrino” Dávila Sánchez tenía  24 años al momento de producirse el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, según las narraciones de Alejandro “Comandante Huesito” Mairena Obando, de Frank “Machillo” González Morales (ambos de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador”) y miembros de la familia Cajina Fonseca, residentes en “Cuatro Esquinas”, al Sur de la Comarca “Jaguitas”, por donde pasó la marcha histórica política-militar del Repliegue a Masaya.

Dávila Sánchez o “Sobrino” fue asimismo un Combatiente Popular emblemático en la Insurrección en la Zona Oriental de Managua por sus cualidades de visión estratégica en  las trincheras de combate, por su arrojo, valentía, rapidez de movimientos, puntería fina con su ametralladora calibre 30 y  con los fusiles, por su carácter afable y porque incluso le “pegó” o perforó con balazos a uno de los aviones Push and Pull que lanzaban el criminal bombardeo sobre la Ciudad de Managua, especialmente en la Zona Oriental-norte insurreccionada. Ese avión “pegado” fue a caer por el lado de la Comarca Sabana Grande, ubicada al Oriente de Managua.

“Sobrino” Dávila Sánchez era un hombre alto y un poco gordo, pesado, pero ágil y rápido. Formaba parte de la “pelota” o “manada” de estudiantes de secundaria del Instituto Maestro Gabriel, del Instituto Experimental México y de la UNAN-Managua, todos residentes en los barrios Larreynaga, Tenderí, Costa Rica (Barrio Blandón, se llamaba antes), Maestro Gabriel, El Edén, Paraisito, San José Oriental, San Cristóbal, María Auxiliadora, Santa Rosa, Ducualí y Bello Horizonte.

Casado en plena Insurrección

Inclusive, en uno de esos arranques de júbilo, la escuadra de Combatientes Populares que jefeaba Frank “Machillo” González Morales, hizo una ceremonia especial, armada, en una calle del Reparto El Dorado, colindante con la Pista Héroes y Mártires de Mayo, y casaron a Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez con su entonces novia Marta Lorena López Mojica, quien también era Combatiente Popular del Barrio “Campo Bruce” (hoy Rigoberto López Pérez), de donde también era “Sobrino” Dávila Sánchez.

Como tales, juntos, se habían integrado a la Insurrección u Ofensiva Final, donde Dávila Sánchez resultó herido por charneles en varias partes del cuerpo, incluyendo una pierna, lo que le impedía caminar por sí sólo cuando se aproximaba la fecha del famoso Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

“Sobrino” Dávila Sánchez, recuerdan “Comandante Huesito” Mairena Obando y Melba “Pinta” Orozco, era uno de los casi 200 heridos que la marcha del Repliegue silencioso y clandestino llevaba en su marcha de Managua hacia Masaya, el 27 de junio de 1979, en la noche y madrugada del 28 de junio de 1979.

Se había hecho una camilla especial para llevarlo entre cuatro Combatientes Populares. “Sobrino” Dávila Sánchez pesaba casi 300 libras. El primer gran lío fue cruzar con él en hombros por encima del puente colgante que había en el cauce de cruce de Bello Horizonte hacia “Santa Bárbara”, hoy Barrio Venezuela. El puente colgante se mecía y crujía al paso tambaleante de quienes cargaban la camilla con Carlos Alberto encima.

Entre los Combatientes Populares y Colaboradores Históricos, integrantes del Repliegue, nos turnábamos para ir cargando los heridos en medio de cauces, zanjones, barrancos, matorrales, espinas y potreros.

Cerca del Tanque Rojo, en el extremo Sureste del Reparto Schick, la guardia somocista genocida, acantonada en dos sitios distintos, asesinó a varios compañeros replegados, entre otros, a  Francisco René Polanco Chamagua, quien era de origen salvadoreño, y que se había integrado a la lucha revolucionaria antidictorial en esa zona de Managua.

Cuando el Repliegue Táctico de Managua a Masaya va pasando por las “Cuatro Esquinas”, ubicadas en el Sur del Camino de la Comarca “Jagüitas” (todavía en territorio departamental de Managua), la mayoría de los cargadores de los heridos afirman que “ya no aguantamos al Sobrino”. Eran ya  las tres de la mañana del 28 de junio de 1979.

“Sobrino” Dávila ya tampoco resistía el ritmo de ser cargado en “sangoloteo” permanente. Entonces, recuerda “Comandante Huesito” Mairena Obando, se toma la decisión conjunta con Carlos Alberto de dejarlo allí en “Cuatro Esquinas”, donde la familia Cajina, cuyos miembros conocían a su esposa Marta Lorena “Cleo” López Mojica, quien también había fungido como Combatiente Popular en los territorios de los Barrios “Campo Bruce” (hoy Rigoberto López Pérez),  Paraisito y San José Oriental.

“Sobrino” descubre presencia de guardias y “orejas” OSN

Por información de los familiares de Marta, “Sobrino” Dávila Sánchez se entera de que hay guardias somocistas genocidas y “orejas” de la Oficina de Seguridad en los alrededores de “Cuatro Esquinas”, y comunica a sus compañeros que se queda para defender la retaguardia del Repliegue a Masaya. Marta Lorena “Cleo” López Mojica, su esposa, una jovencita Combatiente Popular de 19 años, decide quedarse con él, acompañándolo y atendiéndole las heridas.

Eduardo Cajina  (ya fallecido), jefe de la familia Cajina Fonseca, consigue que Jacob Cortez, esconda a “Sobrino” Sánchez Dávila en un furgón que tenían en los alrededores de “Cuatro Esquinas”.

Según Mercedes Otilia Pineda Quiroz, de 75 años en 2013, ya ciega actualmente por enfermedades en los ojos, los guardias sospechaban o tenían información de que mucha gente había pasado de madrugada por el camino viejo hacia Masaya, y empezaron a registrar a todo mundo desde muy de mañana del 28 de junio de 1979.

A Mercedes Otilia Pineda Quiroz los guardias la obligaban a cocinarles desde hacía varios días, bajo la amenaza de matarla a ella y a los miembros de la familia Cajina (ella siempre fue parte de esta familia en “Cuatro Esquinas”.

Los descubren y los asesinan de forma atroz

Según relatan Mercedes Otilia y Efraim Rojas Urbina, los guardias descubrieron escondida a Marta Lorena López Mojica, dentro de la casa, y al registrarla le encontraron un papelito con un mensaje escrito de “Sobrino” Dávila Sánchez. Además, al registrarla minuciosamente le descubrieron chimaduras en los codos, rodillas y piernas, y de inmediato se la llevaron donde tenían instalado el comando GN-EEBI de asesinos.

La búsqueda se intensificó cuando eran un poco después de las siete de la mañana. Los guardias se dirigieron al  furgón, para registrarlo. “Sobrino” Dávila Sánchez estaba allí esperando ese momento, boca abajo, en el piso interior del furgón. Abrió fuego ante la presencia de los guardias y se armó un tiroteo que duró casi un minuto. Se quedó sin tiros, y entonces lo sacaron a culatazo limpio del furgón, tirándolo al suelo, pateándolo, tal como era el estilo bestial de la guardia somocista genocida.

Los miembros de la familia Cajina Fonseca recuerdan cómo Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez, su esposa Marta Lorena “Cleo” López Mojica  y otros desconocidos capturados en los alrededores por los guardias somocistas genocidas, fueron encapuchados con unos trapos negros, los montaron en un camión y los condujeron por un camino, hacia el lado Este, al “Camino del Río”, donde los torturaron, los arrastraron, a Marta Lorena  “Cleo” López Mojica la violaron la mayoría de los guardias, le cortaron los pechos y por último los asesinaron a balazos.

Se conoció después que al “Sobrino” Dávila Sánchez primero terminaron  de destruirle las piernas a balazos, y después le dispararon al pecho y la cabeza. A Marta Lorena López Mojica le dispararon varias veces a la cabeza y en las piernas.

Después del Triunfo de la Revolución Sandinista, después del 19 de julio de 1979, fueron recuperados sus cadáveres por sus familiares. Se hizo una gran ceremonia popular sandinista, masiva, en el Puente Paraisito (Managua), con los cuerpos inermes de “Sobrino” Dávila y Marta Lorena López Mojica, dentro de ataúdes sellados, y en esa actividad se dio a conocer cómo y dónde habían sido asesinados por guardias somocistas genocidas.

En esa activad política, que incluyó una misa campal en el Puente mencionado, se anunció que los cuerpos de “Sobrino” Dávila Sánchez y Marta Lorena López Mojica serían sepultados juntos en el Cementerio Oriental de Managua, donde reposan para siempre como Héroes y Mártires de la Revolución Popular Sandinista.

Los familiares de Carlos Alberto Dávila vivían en las cercanías de la Fábrica de Pólvora “Caimana”, en el Barrio Rigoberto López Pérez. Ya ninguno de ellos vive en esa casita en que se crió y vivió Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez. En esa casita queda residiendo Ricardo Ordeñana Solórzano, el cuñado viudo. La dirección es de la “Fábrica de Cohetes La Caima”  una cuadra al Este y media cuadra al Norte. No tiene teléfono.

Se puede consultar también a “Machillo” González Morales en la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador”, ubicados de la “Racachacha” cuadra y media al  Sur, y a los teléfonos: 86782410 y 88417562.

 Ariel “Trapito” Darce Rivera

Ariel “Trapito”, “Comandante Niño” Darce Rivera. El famoso y  antiguo Barrio Intervenido “La Fuente”, se llama hoy “Ariel Darce Rivera”, situado del Mercado Carlos Roberto Huembes hacia el Este. Este Barrio La Fuente fue un negociado de lotificación y cobros onerosos de Héctor Argüello, uno de los brutales lotificadores, aliados del somocismo genocida en Managua. A sus familiares les decían por sobrenombre “Trapos”, y como era el menor de los hermanos, entonces, a Ariel le pusieron “Trapito”.

Inmediatamente después del Triunfo de la Revolución Sandinista, en julio de 1979, en asamblea popular masiva de los Comités de Defensa Sandinistas (CDS, el Barrio La Fuente fue rebautizado con el nombre de Ariel Darce Rivera en homenaje a aquel niño o jovencito de 15 años, que parecía tener espíritu y paciencia de Santo cuando cumplía tareas guerrilleras clandestinas al llevar correos, sacos con bombas de contacto, municiones, propaganda revolucionaria agitadora del Frente Sandinista clandestino, entre el Barrio La Fuente,  la Colonia Don Bosco, la Colonia Diez de Junio, el Barrio Ducualí y el Reparto El Dorado, donde estaban ubicados inicialmente el Estado Mayor General del Frente Interno y el Estado Mayor de Managua.

Ariel Darce Rivera, muchacho alto, muy desarrollado, que parecía tener más de 15 años porque ya tenía el rostro curtido por la lucha, vivía con sus padres: Filiberto Darce Ballesteros y Rosa Rivera de Darce (ya fallecida) en la Colonia Don Bosco, exactamente en la esquina Noreste de esta Colonia, contiguo al portón posterior del Centro Juvenil Don Bosco.

Ariel Darce Rivera era el hermano menor. En orden eran: Filiberto, ya fallecido; Piedad, ya fallecida; Jaime René, Rosa Argentina, Sergio, León Isidro, Marta y Ariel Darce Rivera. Todos vivían juntos en esa misma casa cuando estalla la Insurrección u Ofensiva Final contra la dictadura somocista genocida, en Managua.

Ariel Darce Rivera se había integrado a la lucha opositora al régimen de Anastasio Somoza Debayle desde cuando tenía 12 años. A pesar de estar tan pequeño, Ariel Darce Rivera decía que era indispensable luchar para derrumbar al régimen somocista.

Estudiaba secundaria en el Instituto René Schick Gutiérrez, hoy llamado Elvis Díaz Romero (situado al Sur del Barrio Riguero y al Oeste de la Colonia Máximo Jerez), donde se había integrado a la Federación Estudiantil de Secundaria y a los Comandos Revolucionarios del Pueblo, los cuales operaban en los Barrios “La Luz” o “Rebusca”, México, Riguero y la Colonia Máximo Jerez.

Revolucionario juvenil completo, ejemplar

Antes de estallar la Insurrección Sandinista en junio de 1979, Ariel Darce Rivera actuaba en grupos con otros estudiantes de secundaria haciendo mítines propagandísticos invitando a los pobladores a integrarse a la lucha política y militar contra el régimen somocista; al mismo tiempo distribuían papeletas, hacían pintas en paredes y muros de vecindarios, dejaban colocados explosivos propagandísticos en algunos sitios, se subían a los autobuses y camionetas de transporte de pasajeros en las calles de Managua, y arengaban a organizarse en  Barrios y Colonias, y a arreciar la lucha contra los guardias somocistas.

Rosa Argentina Darce Rivera, su hermana, residente siempre en Don Bosco, relata que todos en la casa sabían que Ariel andaba metido de lleno en la lucha armada, y que recibía instrucciones de sus jefes de escuadras y de grupos políticos propagandísticos. “Todos, al mismo tiempo, estaban metidos en la lucha, pero era Ariel quien estaba de lleno, plenamente en actividades armadas en la Zona Oriental de Managua. Se sabía que participaba, inclusive, en labores de distracción para ejecutar emboscadas a patrullas de la guardia somocista”, recuerda Rosa Argentina.

Cumplía plenamente con sus estudios y las tareas políticas y militares que le daban los mandos guerrilleros del Frente Sandinista clandestino en Managua, según Rosa Argentina, pues Ariel Darce Rivera llegaba todos los días a la casa, sin perderse de las orientaciones familiares de su madre, de su padre y de sus hermanos mayores, antes de la Insurrección Sandinista de junio de 1979.  Sin embargo,  cuando estalla la Insurrección en la Zona Oriental-norte de Managua el nueve de junio de 1979, Ariel Darce Rivera, desaparece de su casa en la Colonia Don Bosco. No lo volvieron a ver, según Rosa Argentina Darce Rivera.

Por amigos, vecinos y familiares conocieron que cumplía funciones de Combatiente Popular de trinchera en trinchera en el Barrio “La Fuente”, en el “Reparto Schick”, en Don Bosco, en Ducualí, en San Cristóbal, en el Puente El Edén y hasta se informó que había participado en los combates casa por casa contra guardias somocistas genocidas en el Reparto El Dorado, donde estaba el Comando del Estado Mayor General Frente Interno, jefeado por los Comandantes Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra Lacayo.

Combatió cuerpo a cuerpo a guardias en Reparto Dorado

La guardia se había logrado meter al Reparto El Dorado a mediados de junio, y según se dijo Ariel Darce Rivera y otros combatientes jovencitos, los más ágiles, los más veloces para correr y desplazarse por encima de las casas y de los árboles, fueron quienes pusieron “locos, llenos de pánico” a los guardias que se habían logrado meter a este famoso centro habitacional de Managua.

Tampoco llegó a despedirse de sus padres y hermanos cuando se produjo el Repliegue Táctico de Managua a Masaya. Quienes lo vieron en el Repliegue aseguran que cargaba un saco de bombas de contacto y una escopeta calibre 16.

Según algunos sobrevivientes que iban con Ariel Darce Rivera, este con las habilidades aprendidas durante los combates populares y bombardeos aéreos en Managua, pudo sobrevivir al bombardeo infernal desatado por el somocismo genocida en el lado Norte de “Piedra Quemada” contra el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, pero no pudo sobrevivir a otro  lanzamiento de rockette, desde aviones Push and Pull, o morteros,  en el Camino de Nindirí,  donde fue sepultado y posteriormente recuperado su cadáver por sus hermanos, su padre y vecinos de la Colonia Don Bosco y del Barrio La Fuente.

La noticia de su caída en el Repliegue a Masaya le fue comunicada a su familia por otros replegados y sobrevivientes que iban con Ariel Darce Rivera hacia Masaya.

Ariel Darce Rivera, casi un niño al estallar la Insurrección Sandinista en Managua y darse el Repliegue a Masaya, dejó una huella impactante y profunda en la memoria popular de los pobladores del Barrio La Fuente. Inmediatamente después del Triunfo de la Revolución los vecinos, ya organizados en los Comités de Defensa Sandinistas a finales de julio de 1979, se reunieron en asamblea masiva y acordaron cambiar el nombre del Barrio  “La Fuente” por Ariel Darce Rivera. El Barrio Ariel Darce Rivera es uno de los vecindarios más famosos, ubicados en el Oriente de Managua.

Mediante las informaciones de sobrevivientes del Repliegue a Masaya, los padres, hermanos, amigos y vecinos, localizaron con facilidad el cadáver o restos de Ariel Darce Rivera, y los fueron a sepultar a Chinandega, porque todos los miembros de esta familia son originarios de Chinandega, incluyendo su mamá, ya fallecida.

Según el Diario BARRICADA, Órgano Oficial del Frente Sandinista, al recordarse la hazaña militar del Repliegue a Masaya en junio de 1980, a Ariel Darce Rivera le decían “Comandante Niño”, debido a que estaba muy jovencito, o era un niño cuando andaba metido plenamente en la Insurrección Sandinista, u Ofensiva Final, de junio de 1979.

En ese reportaje de junio de 1980, BARRICADA ubicaba a Ariel Darce Rivera como caído en Nindirí, durante el Repliegue Táctico de Managua a Masaya

Esta familia sigue siendo sandinista. Su casa está ubicada en la Colonia Don Bosco, de la Licorería Don Bosco, ocho andenes al Norte, en una casa esquinera y en la orilla del Portón trasero del Centro Juvenil Don Bosco.

Rosa Argentina Darce Rivera, su hermana mayor, responde al teléfono convencional: 22482352.

 Ronald Fisher Ferrufino

Ronald  Fisher Ferrufino. Este joven revolucionario de 18 años y su esposa Alejandra Emelina Campos Escobar protagonizaron juntos una de las páginas históricas más bellas de la Insurrección, u Ofensiva Final, en Managua. Eran esposos muy jóvenes, y Alejandra ya estaba embarazada. Ronald vivía con su madre en el Barrio Blandón (Costa Rica) y Alejandra Emelina en el Barrio El Edén, es decir, en vecindarios contiguos e integrados plenamente en la lucha armada por el derrocamiento de la tiranía somocista genocida.

Los dos eran Combatientes Populares, correos clandestinos, distribuidores de “propaganda armada”,  sostenían combates en las trincheras y pozos tiradores del Puente Larreynaga, en el Puente El Edén, dentro del Reparto Bello Horizonte, en el Barrio Santa Rosa y también mandaron a Ronald Fisher Ferrufino hasta el barrio Monseñor Lezcano, con otros compañeros Combatientes Populares, a enfrentar a tiros a “orejas”, “soplones” y a soldados somocista genocidas.

Ronald Fisher era contador. Se había graduado en la “Escuela de Comercio Patria”, en la Iglesia Santa Faz del Barrio Costa Rica, donde también había estudiado su esposa Alejandra Emelina Campos Escobar. Al estallar la Insurrección, Ronald Fisher Ferrufino laboraba como contador en la Aceitera Corona, la cual estuvo ubicada en las cercanías del Cementerio Occidental de Managua, en el Barrio Monseñor Lezcano.

Poco antes de la Insurrección, u Ofensiva Final, a Ronald Fisher Ferrufino lo dejaron solo cuidando las instalaciones de la Aceitera Corona. Los guardias somocistas genocidas se metieron dentro de la empresa, como en busca de cosas subversivas. A Ronald lo retuvieron en la calle. Tuvo miedo de que se lo llevaran preso, porque tal vez sospecharan de que ya andaba metido en operaciones armadas contra el régimen de asesinos somocistas, pero no pasó nada, lo dejaron libre.

Sermón político y militar a su madre y hermanas

En estos mismos días, Ronald se lanzó un “sermón político” ante su madre, Débora Ferrufino, 83 años en 2013,  y su hermana mayor, Juana María, dándoles a conocer que él andaba metido de lleno  en la lucha armada para derrocar al régimen somocista, para que en el país hubiesen libertades plenas, que los niños pudiesen estudiar libres al amparo del Estado, y que mujeres como su hermana ya no tuvieran temor de andar en la calle, porque los guardias te agarraban, te montaban en una patrulla, te iban a torturar, te violaban y después te asesinaban de forma atroz.

Ese día les dijo que él y su esposa Alejandra Emelina habían ya recibido entrenamiento militar en numerosas armas de guerra y que ambos andaban ya en operaciones militares contra la guardia somocista. “He aprendido también, les dijo, que no debo dejarme agarrar vivo por guardias, pues de todas maneras te matan, y por eso, en el arma siempre dejo un tiro “bala en boca”, para disparárselo al guardia o al “oreja” que intente agarrarme”.

“Esto tiene que cambiar, en cuanto Somoza Debayle sea echado a balazos del poder”, añadía Fisher Ferrufino en el “sermón político” a sus familiares.

Su madre era su apoyo para traslado de armas y bombas de contacto

Además, para disimular en muchas ocasiones, ya cuando la Insurrección estaba en lo fino después del nueve de junio de 1979,  Ronald Fisher enviaba a su madre en función de correo clandestino al Reparto  Bello Horizonte y Barrio Santa Rosa,  a dejar paquetes, mensajes y cajas con bombas de contacto, para los Jefes Guerrilleros que estaban ubicados en esta zona, entre otros, Marcos “Salvador” Somarriba García, Javier “el 99” López, Francisco “Chico Garand” Guzmán Fonseca, Isabel “Venancia” Castillo, Danilo Norori y Lucío Jiménez Guzmán.

“Una vez, en el “Callejón del Guayabo”, casi me agarran los guardias. Me iban a registrar lo que llevaba en un carretón de manos, pero se distrajeron ante una balacera hacia el lado del Barrio Larreynaga y se fueron”, relata la Madre de este Héroe y Mártir, Débora Ferrufino.

En otra ocasión, cumpliendo misión parecida de correo clandestino, le tocó irle a dejar un paquete a su propio hijo en la trinchera de combate del Barrio  Santa Rosa, y cuando iba en el camino, por el lado de la Fábrica Rolter, en la Carretera Norte, se encontró con camiones repletos de guardias. Dichosamente, en el mismo sector se encontró a un conocido del vecindario Blandón (Costa Rica), ambos disimularon conversando, se fueron alejando, mientras Ronald Fisher Ferrufino, quien sabía que su madre le llevaba bombas de contacto  y recados de Jefes Guerrilleros, temió que “la agarren”, pues se había enterado de la presencia de los guardias en ese rumbo.

Para disimulo acentuado, doña Débora siempre llevaba encima de la cabeza una toalla, y cuando los guardias le preguntaban: “Vos vieja, ¿de dónde venís?”, ella respondía: “De planchar. Me pongo esta toalla para no quedarme tiesa en la nuca”.

Los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares esperaban a doña Débora en las cercanías de la Gasolinera Shell de la Rotonda de Bello Horizonte, para que les entregara los paquetes remitidos por otros grupos de Combatientes Populares de los lados de Larreynaga, Puente El Edén y Ducualí.

“Nos vamos en Retirada, no sé para dónde”, le dijo a su madre

El 27 de junio de 1979, en la tardecita, Ronald Fisher Ferrufino llegó a su casa, donde su madre y su hermana, a despedirse. “Ya nos vamos en Retirada. No sé para dónde. Van conmigo Alejandra Emelina, su padre Ramón Campos y Josefina Campos Escobar. Vamos juntos. Volveremos triunfantes, no se preocupen, pues el triunfo contra este régimen somocista oprobioso está próximo por llegar”, les dijo a la luz de una candela, pues Somoza Debayle había mandado a cortar el agua y la luz en todos los vecindarios insurreccionados de la Zona Oriental-norte de Managua.

“¿Vas a comer, hijito?”, le preguntó su  madre, Débora Ferrufino. “No, madre, ya nos vamos”, cuando eran casi las seis y media de la tarde. Ronald Fisher Ferrufino se fue cruzando patios hasta llegar a la casa de Alejandra Emelina Campos Escobar, de donde partieron ambos, con sus armas respectivas en manos, hacia el sitio de concentración del Repliegue Táctico de Managua Masaya: en la Calle de la Clínica Don Bosco al tope Este, en la Gasolinera San Rafael, en lo que antes se conocía como Barrio Santa Bárbara, hoy llamado Barrio Venezuela.

Ronald y Alejandra Emelina combatían juntos y cayeron juntos en “Piedra Quemada”

Se fueron en el Repliegue de Managua a Masaya. Durante el bombardeo aéreo infernal del somocismo genocida contra el Repliegue en el lado Norte de “Piedra Quemada”, más o menos a las doce del día del 28 de junio de 1979, cuando estaba nutridísimo el lanzamiento de bombas de 500 y 1,000 libras, de rockettes o morteros y balas de ametralladoras calibre 50, Ramón Campos y su hija mayor, Josefina Campos Escobar, estaban “pecho en tierra” en una oquedad pequeña y protegidos por piedras a los lados.

En ese lugarcito, o zanja,  no alcanzaban los cuatro; entonces Alejandra Emelina Campos Escobar le pidió a Ronald Fisher Ferrufino, su esposo, que se trasladaran corriendo, agachados,  a otra oquedad cercana y piedras grandes para protegerse del bombardeo aéreo infernal, y en lo que corrían,  a  la corta distancia escogida, un rockette cayó junto a ellos y les destrozó los cuerpos, muriendo casi instantáneamente.

El bombardeo continuó nutridísimo por más de una hora. En ese hueco, Ramón Campos y su hija Josefa Campos Escobar lloraron desconsolados por largo rato. Los cuerpos de Ronald y Alejandra quedaron partidos. Andaban siempre juntos en la lucha armada en Mangua, se fueron juntos al Repliegue de Managua a Masaya y cayeron juntos  en “Piedra Quemada”, frente al coloso volcánico llamado Volcán Masaya.

Cuando cesó un poco el bombardeo aéreo somocista genocida, Ramón Campos y su hija Josefa, ayudados por otros Combatientes Populares, y un “juez de mesta” de la zona, se dispusieron a profundizar una oquedad en la roca volcánica, negra y eriza; colocaron los cadáveres de Ronald y Alejandra en ese hueco, los taparon con piedras y arena, y se fijaron  atentamente en el lugar de “Piedra Quemada”,  para irlos a rescatar después del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista.

El caso de estos dos Héroes y Mártires fue, de algún modo, especial, pues Ramón Campos y su hija Josefa, lograron comunicarse telefónicamente desde Masaya con “Coquito” Escobar Carballo, la madre de Alejandra Emelina, y le contaron lo que había pasado en “Piedra Quemada”, y de cómo habían cubierto sus cadáveres con piedra y arena de la misma “Piedra Quemada”, frente a la entrada del camino antiguo del Volcán Masaya, en la orilla de la Carretera a Masaya, a la altura del kilómetro 22.

Además, la trascendencia de lo especial con estos dos Combatientes Populares, esposos,  fue más allá de “lo normal”, pues hasta al “juez de mesta” de “Piedra Quemada” y a su hijo le impactaron tanto, que ellos dos se dieron a la tarea de cubrirlos bien con piedras y arenas, después de desaparecido el Repliegue de la zona de “Piedra Quemada”, lo que permitió que sus cuerpos estuviesen intactos al momento de rescatarlos en los primeros días de agosto de 1979.

Estos dos cadáveres, posiblemente, fueron los de más fácil localización, pues Ramón Campos y su hija Josefa Campos Escobar se habían fijado atentamente dónde los habían “enterrado”. Sin embargo, tuvieron que acudir donde el hijo del “juez de mesta” para que los guiara en los primeros días de agosto de 1979, para liberar los cuerpos de “Piedra Quemada” y darles “cristiana sepultura” en  el Cementerio Oriental, en Managua.

“Fuimos las dos familias a rescatar los cadáveres de Ronald y Alejandra Emelina, quien estaba embarazada al momento de morir. Juntos se enrolaron en operaciones guerrilleras clandestinas del FSLN, juntos anduvieron combatiendo en estos barrios orientales y norteños capitalinos, juntos lanzaron bombas de contacto contra los guardias, juntos  se fueron en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, juntos cayeron heroicamente en “Piedra Quemada”, en Masaya; juntos quedaron enterrados allí en “Piedra Quemada”, juntos fueron rescatados sus cadáveres por sus familias juntas, y juntos fueron sepultados finalmente, están en la misma tumba en el Cementerio Oriental, donde están los Héroes y Mártires”, expuso Débora Ferrufino, Madre de este Héroe y Mártir revolucionario.

Esta Madre de Héroe y Mártir, Débora Ferrufino, de 83 años al 2013, sigue residiendo en el mismo sitio de hace 34 años, de los “Semáforos del Colonial”, dos cuadras al Oeste, media cuadra al Sur, en el llamado “Pedazo Sur” del barrio Costa Rica.

Con ella viven Rolando y Juana María, hermanos de Ronald Fisher Ferrufino.

José Bladimir Fuertes Guadamuz

José Bladimir “Rigoberto, “Chino” Fuertes Guadamuz.  En algunos libros de historia y notas periodísticas de diarios como BARRICADA, aparece como Bladimir Fuentes Guadamuz. Su mamá, Denia Rosa Guadamuz Espinoza, de 72 años, aclara que se llamaba José Bladimir Fuertes Guadamuz, 19 años, estudiante en el Instituto Nacional Miguel Ramírez Goyena y en el INTECNA de Granada,  caído en el lado Norte de “Piedra Quemada” el 28 de junio de 1979, más o menos a las doce del día, por el infernal bombardeo aéreo desatado por el tirano Anastasio  Somoza Debayle contra el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

El papá era  Francisco Luis Fuertes Olivera, quien estuvo en Pancasán con Carlos Reyna, y conoció personalmente a José Benito Escobar Pérez, uno de los fundadores del Frente Sandinista de Liberación Nacional, en 1961.

Denia Rosa Guadamuz Espinoza vive actualmente en la Colonia Villa San Jacinto, en la casa número C-I-157, en la esquina Norte de la entrada principal de esta colonia del Distrito VI, o del semáforo de la Colonia Miguel Gutiérrez dos cuadras al Este, a mano derecha, en Managua.

“Rigoberto”, “Chino” Fuertes Guadamuz se integró como Combatiente Popular  en el Barrio  María Auxiliadora, bajo las órdenes de Rolando “Carlos”, “Cara Manchada” Orozco  Mendoza. Para disimular inicialmente sobre su integración a la lucha revolucionaria armada para derrocar a la dictadura somocista genocida, su padre,  Francisco Luis Fuertes  Olivera, lo colocó en un taller de artesanías y ebanistería española en el Mercado Oriental, de donde José Bladimir salía “chineado” con “propaganda armada”  que le entregaban Jefes Guerrilleros sandinistas  para irla a distribuir a vecindarios como los Barrios María Auxiliadora, San Cristóbal, El Edén, Larreynaga y Bello Horizonte.

Combatiente Popular y orador antisomocista dentro de autobuses urbanos

Al estallar la Insurrección, u Ofensiva Final, José Bladimir “Rigoberto”, ”Chino”, aparece integrado en escuadras de Combates Populares en el Barrio María Auxiliadora, ubicado contiguo a los vecindarios San Cristóbal, Diez de Junio y Ducualí. Además, por sus características oratorias, era enviado a subirse a los autobuses urbano colectivos, dentro de los cuales arengaba a los pasajeros a integrarse a la lucha armada para derrocar a la dictadura somocista genocida.

“Rigoberto”, “Chino” Fuertes Guadamuz era multifacético en la lucha armada, pues participaba con escuadras en emboscadas militares a los guardias somocistas genocidas y en “recupere” de armas en casas de “orejas” o “soplones” connotados en numerosos vecindarios, especialmente en la Zona Oriental-norte insurreccionada. También fabricaba explosivos o bombas de contacto.

Su hermano Óscar Javier Guadamuz, de apenas 14 años, también andaba regando “propaganda armada” en estos mismos vecindarios insurreccionados en Managua, incluso en la Colonia Morazán, en Linda Vista, Las Brisas y Monseñor Lezcano, cuando estalló la Insurrección en estos vecindarios del Noroeste de Managua, el 8 y 17 de junio de 1979.

El responsable de “Rigoberto”, “Chino” era el hoy subcomisionado Cubillo, según contaba José Bladimir a su madre, antes de irse en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya. “Rigoberto”, “Chino” Fuertes Guadamuz ya había caído preso antes, logró salir, y a raíz de eso trasladó a su madre para otro lado, el 14 de mayo de 1979, porque los habían amenazado con matarlos a todos.

Cuando ya se produjo el Repliegue a Masaya, doña Denia Rosa Guadamuz Espinoza, de 69 años en 2013, recibió emisarios de Jefes Guerrilleros de la Insurrección, u Ofensiva Final, quienes le llevaron una cajita de música para su hermanita menor y una radiograbadora, para que su madre oyera noticias y música, más el mensaje de que se había ido en un Repliegue con destino desconocido hasta ese momento.

El triunfo será muy pronto, profetizaba en carta a su madre

Dejó una carta dirigida a su madre, antes de irse en el Repliegue con destino a Masaya. En esa carta, además de pedirle que se cuidara y resguardara a su hermana menor, le decía que ya no comprara las botas, porque ya había recuperado botas, vestuario y pertrechos militares al asaltar con armas en manos a una patrulla de guardias somocistas genocidas.

“Ocupe esos realitos para la comida, madre mía”, le decía en la carta. “Nos veremos muy pronto, el triunfo revolucionario contra la dictadura llegará muy pronto”, le profetizaba a su madre en la carta. Su madre lavaba y planchaba ropa ajena, para ganarse la comida, los vestuarios de sus hijos y de ella misma.

Cuando ya se dio el triunfo revolucionario, después del 19 de julio de 1979, le trajeron la noticia fatal de que su hijo había caído en el Repliegue Táctico de Managua Masaya, en “Piedra Quemada”, enfrente del camino viejo al Volcán Masaya, cerca de la orilla de la Carretera a Masaya, en los 750 metros del infernal bombardeo aéreo somocista genocida en contra de los replegados de Managua.

Igual que a otros replegados, los charneles de las bombas de 1,000 libras y de los rockette le partieron el cuerpo a “Rigoberto”, ”Chino” Fuertes Guadamuz.

El cadáver de “Rigoberto”, “Chino” fue colocado en una oquedad pedregosa poco profunda. Se le colocaron piedras y arena encima, donde fue encontrado por su madre. Fue desenterrado el cuatro de agosto de 1979 y trasladados sus restos al Cementerio Oriental de Managua, donde están sepultados casi un centenar de Héroes y Mártires de la Revolución Popular Sandinista.

Denia Rosa Guadamuz Espinoza va todos los años a acompañar el “Replieguito por la Ruta Original” que  Alejandro “Comandante Huesito” Mairena Obando realiza todos los años en compañía de unos mil sobrevivientes del Repliegue de Managua a Masaya y jóvenes que  se suman a esta gesta histórica revolucionaria.

Le sobreviven tres hermanos: Brenda Meléndez Guadamuz,  Griselda Meléndez Guadamuz y Oscar Javier Guadamuz, quien fue a estudiar a la Unión Soviética y es abogado actualmente. Griselda ha sido secretaria política del FSLN en la Colonia San Jacinto.

Doña Denia cuida a los nietos en la casa mencionada de Villa San Jacinto y tiene el número telefónico: 22480198.

 Mario Ramón Gabuardi Castillo

Mario Ramón Gabuardi Castillo, de 21 años, fue algo especial en la “pelota” de jóvenes rebeldes antisomocistas del Reparto Schick Gutiérrez al momento de la Insurrección Sandinista y del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, por cuya seguridad en la Retaguardia cae el 28 junio de 1979.

Formaba parte de un grupo organizado en la estructura del FSLN clandestino que se encargaba inicialmente de montar operativos militares para recuperar químicos, pólvora, gasolina y candelas de dinamita para fabricar explosivos dentro de su casa F-10, ubicada en el Barrio Ángel Valentino Barrios (es parte del Reparto Schick Gutiérrez), de la Parada de Autobús Urbano “Chaparral” dos cuadras al Norte y media al Oeste.

Su madre, Emelina Castillo, de 93 años actualmente y con la mente muy lúcida, asegura que su hijo Mario Ramón Gabuardi Castillo, “mucho antes de la Insurrección ya tenía convertida esta mi casa en casa de seguridad, en buzón de armas, en fábrica de explosivos y en sitio de reuniones con jóvenes como Luis Castillo, Alfredo Canales, Javier Canales, René Polanco Chamagua, José Santos “Cerro Negro” Mayorga, Joaquín Valle Corea, con Manuel Solano y una muchacha  a la que le decían “Telma”.

Su padre era Mario Gabuardi Schitfman (este apellido es alemán), quien falleció hace más de una década. Su padre y su madre lo apoyaban sin vacilaciones. “Yo les servía de correo clandestino, en un montón de ocasiones. Mi hijo me metió de lleno en el asunto de conspirar contra la guardia somocista. Además de cuidar el buzón de armas aquí en la casa, yo les hacía comida también”, recuerda doña Emelina de 93 años ya cumplidos.

Esta madre ejemplar recuerda que su mayor calvario era que contiguo a su casa había un guardia de la Escuela de Entrenamiento Básico (EEBI) y varios “orejas” y “soplones” en la misma cuadra, lo que motivó que muy pronto la Guardia Nacional y la Oficina de Seguridad persiguieran sistemáticamente a su hijo Mario Ramón Gabuardi Castillo, quien, en realidad, se las ingeniaba para burlar a estos “orejas”.

Doña Emelina se muestra admirada por la capacidad y astucia de su hijo Mario Ramón Gabuardi Castillo para combinar su trabajo de vendedor cotidiano y callejero de licores y cigarrillos por parte de una empresa, de la cual era empleado, y a la vez participando activamente en operativos militares del Frente Sandinista clandestino, para recuperar armas y los químicos mencionados.

Ya en ese momento había abandonado sus estudios secundarios en la Escuela “Hope Portocarrero de Somoza”, en el mismo Reparto Schick Gutiérrez.

Jóvenes rebeldes contaban con buenos escondites

Su hermana menor, Marta Gabuardi Castillo, analiza que en aquellos días favorecía a estas actividades conspirativas el hecho de que en el Reparto Schick Gutiérrez habían potreros extensos y patios de fincas con matorrales nutridos y árboles altos, en los cuales estos muchachos rebeldes se escondían y espiaban a los guardias somocistas genocidas, a los “orejas” y “soplones” de la Oficina de Seguridad.

Marta relata que veía salir a su hermano cargado con sacos de bombas de contacto y bombas molotov. Mario Ramón decía que iba a reunirse con sus amigos, porque las bombas las iban a ocupar para quemar el Comando GN de la Guardia Nacional en Baterías Hasbani y la “Quinceava Sección de Policía” (cuartel de guardias), que estuvo ubicada del Tanque Rojo dos cuadras al Oeste y una cuadra al Norte, en la orilla del cauce.

Efectivamente esta Sección de Policía GN fue destruida y quemada por un grupo de Combatientes Populares del Reparto Schick Gutiérrez, en plena Insurrección Sandinista de junio de 1979, jefeados todos ellos por el Comandante Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz.

En la casa de doña Emelina Castillo se hicieron numerosas reuniones en las que estos jóvenes planearon emboscadas a BECAT (Brigadas Antiterroristas GN genocidas), a camiones repletos de guardias, quemas de casas de “orejas” y “soplones” de la Oficina de Seguridad.

Precisamente, uno de estos “soplones” lo denunció en los tres comandos que tenía la guardia en el Reparto Schick Gutiérrez. Este “soplón” (informador) se llamaba Antonio “Cara de Moto” López. Sus familiares están convencidos de que este “Cara de Moto”  López fue uno de los “soplones” que andaban el 28 de junio en la mañana con los guardias, indicando dónde se movían estos muchachos rebeldes.

Capturados y asesinados cuando garantizaban seguridad del