Masacres, masacres somocistas en Nicaragua

Masacres somocistas en Nicaragua

Pablo Emilio Barreto Pérez

 Explicación muy breve. Este libro lo escribí desde 1993, mediante documentos del que fuera Ministerio del Interior del régimen revolucionario sandinista, e investigaciones que hice en diarios nacionales, e indagaciones de dos años, entre 2014 y 2016, para ampliar mi libro “Insurrección Sandinista Victoriosa y Repliegue Táctico de Managua a Masaya”, lo cual me dio como resultado establecer con claridad sobre los caídos en el Repliegue a Masaya y en torno a 12 masacres cometidas por la Guardia Nacional somocista sanguinaria genocida en Managua, durante la Insurrección de junio-julio de 1979.

 Esta última investigación me dio para escribir cuatro libros: ampliación de Insurrección Sandinista y Repliegue a Masaya, Masacres somocistas en Managua (durante la Insurrección) Caídos o Mártires del Repliegue de Managua a Masaya; y Caídos y sobrevivientes en la Batalla de Managua para derrocar a la dictadura somocista genocida.

CAPÍTULO I.

Muchos pueblos de América Latina son masacrados desde la aparición en nuestras tierras de los colonizadores españoles, quienes emprendieron las más grandes matanzas en nombre de los Reyes de España, convertidos estos en una especie de vicarios de la Iglesia Católica. Lo mismo hicieron colonizadores portugueses, ingleses, franceses y holandeses.

Con la llegada de los conquistadores,  saqueadores, violadores y verdugos,  los habitantes de nuestras tierras americanas sólo tenían dos caminos: resistir en defensa de sus tierras, sus costumbres y creencias, aún a costa de la muerte; o el sometimiento “pacífico” a costa de la renuncia a todas sus propiedades comunales (identidad inclusive) y la entrega total bajo una condena de siglos de esclavitud, tortura y muerte.

Esa fue la lógica oficial que comenzó Cristóbal Colón, el científico y ambicioso conquistador, en La Española (hoy República Dominicana y  Haití) donde  fueron masacrados los primeros millones de aborígenes o indígenas de América Latina. De esa forma inauguraron las políticas oficiales de masacres de la colonización española, hace más de 500 años, las cuales fueron profundizadas contra los pueblos peruano,  mexicano, chileno, nicaragüense, salvadoreño, hondureño, en forma particular, porque osaron enfrentar la  invasión de los supuestos “dioses”, que llegaron con armas de fuego, con cuchillos y cutachas, estas con empuñaduras en que estaba la “santa cruz”; acompañados de perros destazadores de seres humanos, montados en caballos, envueltos en metales para imponer más terror.

Al verse invadidos por el sanguinario Pedro de Alvarado, Hernán Cortés y  otros miles de criminales, sacados de las cárceles españolas como elementos indeseables, los aztecas se dispusieron a resistir, pero finalmente fueron vencidos y masacrados por los  invasores,  portadores de armas excepcionalmente superiores a las de los aborígenes o indígenas abuelos nuestros.

Destruyeron los conglomerados de México y Perú,  entonces bien organizados y limpios, sin pestes y sin las costumbres del robo y la corrupción alcanzadas en Europa,  gracias a las disputas brutales entre los imperios colonizadores. Esa destrucción, mediante masacres genocidas y sometimientos a punta de balazos y machetazos, aunque quizás con menos envergadura, se perpetró en el resto de países americanos, con el mismo tono sangriento y sádico, fue así que asesinaron a la tribu de Diriangén, en el Sur de Nicaragua. Los relatos recogidos por historiadores y ancianos indican que éste prefirió hacerse morir que dejarse capturar o dominar por estas fieras de los imperios coloniales europeos.

La misma brutalidad mortal ejecutaron los representantes del colonialismo inglés en el territorio norteamericano, particularmente el suelo del hoy Estados Unidos, donde masacraron a  más de 600 tribus, que tenían a varios millones de pobladores o seres humanos.

Fuego y Muerte.

Los invasores españoles tomaron posesión de nuestras tierras, a punta de  fuego y muerte, y comenzó también la etapa de eliminación de nuestras culturas e imposición de la suya. Al mismo tiempo impusieron su religión, su idioma, sus costumbres fatídicas y vicios sociales de los peores. Iniciaron la fundación de ciudades para dominio español, el saqueo del oro nuestro, como hicieron inmediatamente de su llegada con toneladas de este metal en Perú y posteriormente con otros recursos naturales como la madera preciosa.

Por medio de masacres, la resistencia fue vencida en Nicaragua. Después de fundar Granada y León (Viejo), por ejemplo, el Gobernador sanguinario Pedrarias de Avila, encadenó a los indígenas Imabites, con el fin de que le sirvieran en el saqueo del oro en la entonces naciente Mina del Limón. Eran azotados y asesinados si se negaban a esa tarea de doble crimen: mantenerlos a ellos como esclavos suyos y al mismo tiempo utilizarlos para saquear los recursos naturales del país. Los Imabites eran los pobladores naturales de los contornos del Volcán Momotombo, donde fue fundado León Viejo, según Leonte Herdocia.

El Descaro.

Los Imabites eran los pobladores naturales de los contornos del Volcán Momotombo, la Isla de Momotombito y los filones de Las Sierras, para el lado de Managua. Vivían en tierra firme, rodeados de las aguas del Lago Xolotlán o de Managua.

Empero,  se inventó la graciosa historia de que los Imabites fueron “tragados” por una convulsión diluviana del Lago de Managua o Xolotlán en esta zona del país, cuando en verdad fueron exterminados al levantarse contra los colonizadores brutales.

Otros invasores criminales.

Vinieron otras matanzas, menos sistemáticas que antes, hasta que llegamos a la aparición de los filibusteros yanquis, encabezados por William Walker y Byron Cole, los cuales se introdujeron al país por los pleitos de los bandos o pacotillas de conservadores y liberales, que estaban en disputa por el poder político en 1852.

Nuevamente, las políticas de masacres reaparecen con características oficiales imperialistas en 1912, cuando el gobierno norteamericano nos echa su marinería, la que dejó huellas de muertes en el suelo patrio nicaragüense.

La marinería yanqui invadió Nicaragua a través de Corinto, con el pretexto de “defender” a dos connacionales suyos que habían sido capturados por el gobierno liberal de José Santos Zelaya López, cuando saboteaban barcos nacionales en la Costa Atlántica de Nicaragua. (Véase qué “defensa” más perversa). Esto fue suficiente para que invadieran nuestro territorio y  masacraran a  patriotas a varios miles de patriotas como Benjamín Zeledón Rodríguez,  quien después de asesinado, fue pateado su cadáver en una carreta y después arrastrado con un caballo por las calles de Masaya. Por supuesto, en esta agresión e invasión  militar yanqui de 1912 jugaron su papel infame los traidores Emiliano Chamorro Vargas y Adolfo Díaz Resinos, quienes solicitaron la intervención armadas del gobierno criminal genocida de Estados Unidos.

Estos invasores (presuntos “cuidadores” de la paz) reaparecen en 1927 y con los traidores, encabezados por José María Moncada, vuelven a ensangrentar el país, cuya defensa corrió a cargo del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, jefeado por el General Augusto C. Sandino.

Los invasores norteamericanos ejecutaron masacres horribles, que serían la escuela posterior de la tiranía somocista. Los invasores yanquis  fueron vencidos por el Ejército de Sandino entre 1927 y 1934. Fueron los gringos los que fundaron y le dieron cuerpo doctrinario a la Guardia Nacional, inicialmente nombrada “Constabularia”.

Yanquis: iniciadores de matanzas del somocismo genocida.

Los mismos yanquis, según abundan los relatos escritos en libros, revistas, periódicos y en forma verbal, fueron los que iniciaron las matanzas en el Norte, Occidente y el Este del país al no poder vencer a Sandino.

 

Los yanquis fueron los maestros en criminalidad de la tiranía somocista, fueron los que instruyeron “que a los enemigos se quitan del camino a punta de plomo y bayoneta”, tal y como ellos mismos lo practicaron para usurpar los territorios de Texas y la Baja California a México.

 

En los primeros años la “Constabularia” estuvo dirigida por oficiales de la Marina Norteamericana, y después nombraron o impusieron a Anastasio Somoza García, como el jefe de la Guardia Nacional, que vino a ocupar el papel de ejército sustituto de la marinería yanqui, la que recientemente había sido derrotada por el  ejército de Sandino, compuesto en su gran mayoría por obreros mineros y campesinos del  Norte del país. Anastasio Somoza García era ladrón, hablaba inglés y era fiel defensor de la agresión norteamericana contra el país, y esto fue suficiente para poner a Somoza García al frente de la Guardia Nacional, aunque jamás hubiese estado al mando de tropas, ni ser militar de carrera.

 

 

La política de los invasores norteamericanos, como consecuencia, fue legitimar al ejército sustituto y a la vez eliminar a los opositores de éste, a los que representaban un peligro para la seguridad de dicho cuerpo armado y de la potencia imperialista norteamericana. Por ese motivo gestan el plan de asesinar a Sandino y masacrar a todos sus acompañantes, seguidores y simpatizantes.

 

En 1934, después del asesinato de Sandino, es que comienza una etapa de genocidio, de masacres sistemáticas, que culmina el 19 de Julio de 1979, el día del Triunfo Popular de la Revolución Sandinista.

 

Eliminar la resistencia sandinista.

 

A partir de aquel  21 de febrero de 1934,  se inició una cacería colosal sin cuartel de todos los nicaragüenses que opinaban por la soberanía nacional, que rechazaron la intromisión de las fuerzas armadas de Norteamérica y de su política imperialista sobre nuestro pueblo. Muchos asesinatos fueron cometidos sin la mayor explicación de causa ni proceso judicial alguno, comenzó entonces, la voluntad dictatorial y criminal de liquidar a cuanta persona significara un peligro para el régimen somocista que recién se constituía, al servicio total de la oligarquía norteamericana y de su gobierno imperialista genocida.

 

Las masacres y asesinatos cometidos contra los sandinistas inmediatamente después del asesinato de Sandino, fueron atroces y lleno de odios, sin atención alguna al proceso de paz al que se había dispuesto el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional. Muchos fueron cazados como animales, capturados, torturados, mujeres violadas, asesinatos en masa ante la presencia de pobladores de Wiwilí.

 

Fue así como se comenzó a perfilar una política de terrorismo de Estado, de eliminación sistemática de todos aquellos que fueron considerados enemigos del jefe de la “Constabularia” y sus esbirros asesinos, o simplemente “no amigos” de Estados Unidos.

 

A la matanza que se operó, inmediatamente después del asesinato de Sandino y sus generales,  Somoza le llamó “Pacificación de Las Segovias”,  frase o idea que sería esgrimida siempre por los somocistas genocidas cuando iban a emprender nuevas masacres en el país. Mientras el fundador de la tiranía somocista,  ensanchaba su poder con el apoyo directo del gobierno norteamericano, las masacres contra los que anduvieron con Sandino continuaron en el Norte de Nicaragua,  en las Segovias,  hasta más o menos 1948.

 

 

En ese año fueron asesinados el General Juan Gregorio Colindres y un grupo de hombres que andaban con él. Antes, a traición, también asesinaron en Chontales al General Pedro “Pedrón” Altamirano, por los mismos sicarios, generalmente encabezados por norteamericanos y guardias nacionales. Las rebeliones de civiles y algunos miembros de la Guardia Nacional en 1954, fueron igualmente ejecutados, masacrados.

 

Altamirano y Colindres eran dos de los generales del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, al cual le prodigaban odio muy profundo los invasores yanquis y la tiranía genocida creada y financiada por ellos.

 

Yanquis infames.

 

Fueron los yanquis, invasores y agresores militares, los que fundaron las dictaduras sangrientas en América Latina y dictaron las enseñanzas del crimen organizado y estatizado; sí,  el gobierno criminal norteamericano fue el fundador del Terrorismo de Estado en nuestras naciones latinoamericanas.

Ese terrorismo bestial, militarizado, dictatorial, lo impusieron el gobierno de Estados Unidos y sus empresas trasnacionales en masacres sistemáticas en Nicaragua por ejemplo desde cuando invadieron Nicaragua en 1912, después en 1926-1933;  en El Salvador, en 1932, cuando mandaron a asesinar a 32 mil salvadoreños, incluyendo a Agustín Farabundo Martí, por intermedio del general títere Maximiliano Hernández Martínez.

 

Similar y criminal apoyo genocida mantuvieron los gringos a las dictaduras militares de Fulgencio Batista en Cuba, donde se desarrollaron innumerables crímenes y masacres también; lo mismo ocurrió con Strosner en Paraguay, Trujillo en República Dominicana, Rojas Pinilla en Colombia, Pérez Jiménez en Venezuela, Pinochet en Chile, Papa Doc en Haití, Videla en Argentina, la de Brasil, entre otros; todas estas dictaduras recibieron apoyo descarado del gobierno de  Estados Unidos con fines de dominación imperialista. Además, fueron  el ejército agresor norteamericano y Departamento de Estado (cancillería yanqui) los organizadores, entrenadores, educadores, sostenedores de estos ejércitos gorilas en América Latina, entrenados por ellos para matar seres humanos, robar para estos militares gorilas y permitirles  a sus empresas trasnacionales saqueo despiadado de nuestros recursos naturales, como oro, bananos, metales preciosos de minas nacionales, maderas preciosas, robarnos el dinero de nuestros bancos, explotar de forma cruel nuestras manos de obras en fábricas suyas, que además no pagaban impuestos, ni se sometían a ninguno de los controles lógicos que debe tener cada Estado Soberano.

 

Plomo a los enemigos…

 

El sistema jurídico nacional respondía enteramente a la naciente dictadura militar y a su Jefe Supremo, quien decía insistentemente “yo soy el Estado, yo soy la ley” y daba órdenes sistemáticas de no dejar huellas de los enemigos. Esa fue la filosofía de gobierno y autoridad de quienes en nombre de la democracia y la lucha contra el comunismo asesinaron a miles y miles de ciudadanos nicaragüenses.

 

El mismo Somoza García popularizó un dicho propio: “Plata para los amigos, Palo y Plomo a los enemigos”; sus allegados tuvieron oportunidades sin restricción alguna para robar, asaltar y despojar a los campesinos de sus tierras y pertenencias, orquestaron innumerables trampas legales para engañar y arrebatar propiedades. A los enemigos se ofreció cárcel y muerte, torturas y violaciones.

 

 

Cuando el poeta y periodista leonés, Rigoberto López Pérez, decidió ajusticiar al fundador de la “Estirpe Sangrienta: los Somoza”, comenzando así “el principio del fin de la tiranía”,  como él mismo llamó, el 21 de septiembre de 1956, se desencadenaron olas de terrorismo y criminalidad somocista, de matanzas bajo el pretexto de hacer justicia y encontrar a los implicados o cómplices de la acción justiciera de Rigoberto. Además, de haber acribillado a balazos el cuerpo del poeta.

 

Las acciones criminales fueron recrudecidas cuando a la palestra nacional surge el Frente Sandinista de Liberación Nacional, a partir de 1961, desde su fundación desarrolla diversos intentos y acciones por el derrocamiento definitivo de la dictadura militar somocista y liberar a la nación del dominio imperialista del gobierno de los Estados Unidos..

 

La tiranía, ya en este momento jefeada por Luis y  Anastasio Somoza Debayle, ha perfeccionado su modus operandi en materia de terrorismo de Estado,  de crímenes y masacres sangrientas y brutales; con la organización de la Oficina de Seguridad Nacional (OSN), uno de los instrumentos más salvajes  de asesinatos selectivos y generalizados; el Servicio Anticomunista (SAC); la Mano Blanca o escuadrón de la muerte, jefeado por Samuel Genie Amaya, Jerónimo Linarte, Chéster Escobar y Byron Jerez, entre otros; y posteriormente la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI), dirigida personalmente por Anastasio “Chigüín” Somoza Portocarrero.

 

Escuadrones de la muerte.

 

En cuanto a los instrumentos del crimen, podemos decir lo siguiente:

 

1.-      la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI) fue entrenada específicamente para matanzas organizadas desde los puestos de mando, según confesaba “Chigüín”, Somoza Portocarrero quien pretendió heredar el poder dictatorial con “honores” de legítimo nazifascista nicaragüense;

 

2.-      en la Mano Blanca (escuadrones de la muerte) operaban asesinos por encargos puntuales y previamente analizados para matar  selectivamente, sus víctimas por excelencia fueron dirigentes sindicales o militantes del Frente Sandinista;

 

 

3.-      en la Oficina de Seguridad Nacional (OSN)  había una combinación de asesinos e investigadores,  que pasaban información directamente al tirano Somoza o a los jefes de operaciones de la guardia  somocista genocida sobre los movimientos sandinistas o que atentaban contra el régimen;

 

4.-      el Servicio Anticomunista (SAC) daba seguimiento específico a aquellos políticos opositores más cercanos a la ideología marxista‑leninista.

 

Todos los integrantes de estos cuerpos criminales, crueles y sanguinarios, tuvieron una misma finalidad: eliminar físicamente,  con torturas, asesinatos y masacres, a todos aquellos considerados enemigos del régimen o simpatizantes de la lucha antisomocista.

 

En la mentalidad infernal y diabólica del tirano Somoza Debayle y de estos sicarios sanguinarios, la nación entera debía ser como ellos: criminales, saqueadores de profesión, violadores de mujeres y de niños, usurpadores de la nacionalidad nicaragüense para entregársela a potentados extranjeros.

 

Mientras creció la lucha al interior del país, subió también el nivel de matanzas ejecutadas por el inmenso aparataje criminal genocida. Es así, que aparecen campos de concentración en Río Blanco, Matagalpa, por ejemplo; lanzamientos de obreros y campesinos desde aviones o helicópteros sobre montañas como el Cerro Musún, o tirados desde los mismos aviones a mares y océanos; que asesinan al doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal en las calles de Managua, las capturas y asesinatos por todos lados sin causa ni juicio alguno.

 

La política somocista genocida

 

Se afirma que entre 1934 y 1979, fueron masacrados o asesinados  más de 5O mil nicaragüenses por  esta pacotilla de somocistas yanquigenocidas, alimentada desde Estados Unidos, cuyo gobierno en forma descarada intentaba salvar al somocismo días antes del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista. Los muertos fueron seguramente más de 5O mil, pues nunca se contabilizaron las personas asesinadas en Las Segovias y otros sitios después del  traicionero asesinato del General  Sandino. Y en la década del 80, después del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista, los mismos guardias somocistas sanguinarios genocidas, los que lograron huir de la Justicia Revolucionaria, los “orejas” de la Oficina de Seguridad, donde se torturaba y mataba a sandinistas y opositores;  y civiles  que se sintieron desplazados del poder político y se unieron a las bandas contrarevolucionarias, jefeadas por el gobierno agresor militar, invasor y genocida de Estados, sí, todos juntos, mataron a otros 40 mil nicaragüenses entre 1980 y 1990, todo lo cual fue denunciado en la Corte Internacional de Justicia, de las Naciones Unidas, ubicada en La Haya, Holanda; cuyos jueces condenaron la matanza, destrucción generalizada y bloque económico y comercial contra Nicaragua, a la cual debieron pagarle 17 mil millones de dólares, según  la sentencia de junio de 1986.

 

Esa deuda de 17 mil millones no la ha pagado el régimen dictatorial genocida de la oligarquía de Estados Unidos, donde reina la peor de las dictaduras en la Madre Tierra, la dictadura del imperialismo, la dictadura de las empresas trasnacionales o multinacionales, y por este motivo nosotros seguimos sosteniendo que son enemigos de la Humanidad.

 

Estos siniestros personajes somocistas, asesinos y ladrones, fueron  diseminados por todos los rincones de Nicaragua, desde jueces de mestas, orejas (espías pagaos y adhonoren, efectivos militares, agentes de la OSN, esbirros oficiales GN y para-militares, asesinos despiadados y crueles “Macho Negro”, “Vulcano”, Alesio Gutiérrez, Nicolás Valle Salinas, “Chele” Aguilera, “Pipilacha” Obando, “Gato” Colindres, “Pescado Seco”, entre otros.

 

La política somocista genocida oficial era matar, sembrar terror y robar todo lo que pudieran. Se capturaba a  ciudadanos sospechosos, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, considerados enemigos del somocismo, no para enjuiciarlos por sospechas o participación en algo ilegal, sino para masacrarlos, asesinarlos.

 

 

Nicaragua, con la tiranía somocista  era un inmenso cementerio, lleno de cárceles para torturas, o un territorio lleno de fosas comunes, o tumbas totalmente desconocidas para el público como la de Sandino, la de Rigoberto López Pérez y las de centenares de guerrilleros sandinistas que fueron asesinados y tirados sus cadáveres en alguna zanjas desconocidas.

Muchos seres humanos desaparecieron sin noticia alguna, en muchos lugares de nuestros país se enterraron o depositaron cuerpos agujerados de ciudadanos, unos acusados de “sandino-comunistas-terroristas”, otros sencillamente fueron desdichados al encontrarse con alguna patrulla mortal de la Guardia Nacional.

 

Las matanzas y el terrorismo de Estaos Unidos no concluyeron con el triunfo revolucionario sandinista, sino que continuaron, esta vez,  con el financiamiento de parte del gobierno norteamericano a bandas contrarrevolucionarias, en un inicio integradas por los guardias nacionales que se desbandaron, derrotados vergonzosamente, el 19 de julio de 1979,  hacia territorio hondureño, o a la gusanera de Miami en Estados Unidos.

Un valioso resumen que debemos rescatar es el realizado por Carlos Fonseca Amador, fundador principal del FSLN en un documento escrito y titulado “Desde la cárcel yo acuso a la dictadura”, de los que uso algunos extractos:

 

“Mi circunstancia de prisionero y la prisa que exige la clandestinidad en que estoy escribiendo, me impide elaborar una lista más o menos completa de tales asesinatos; sin embargo, voy a citar al menos algunos ejemplos:

 

“Los asesinatos de campesinos y otras personas en Chinandega en 1963. El asesinato en 1963 en Río Bocay de mis queridos compañeros los estudiantes Jorge Navarro, Francisco Buitrago y Modesto Duarte y de los jóvenes Mauricio Córdoba e Iván Sánchez Argüello. El asesinato en Río Coco de los también queridos compañeros míos, Faustino Ruiz y Boanerges Santamaría.

 

“El asesinato en la ciudad de León en 1962 del joven Carlos Najar. El asesinato en 1961 de varios obreros revolucionarios en Río San Juan.

 

“El asesinato en 1961 en la ciudad hondureña de Choluteca del veterano sandinista Heriberto Reyes.

 

“El asesinato en febrero de 1961 de los patriotas Julio Alonso, Enrique Montoya y Octavo Vílchez y del estudiante Jesús López y de varios patriotas más.

 

“El asesinato en El Dorado en febrero de 1960 de los estudiantes Eduardo Medina, Víctor Arbizú, Tomás Palacios y del salvadoreño Fabricio Paz y varios patriotas más.

 


“El asesinato en 1960 de los jóvenes Ajax Delgado y Julio Óscar Romero. El asesinato de Carlos Haslam en 1959; el asesinato de los expedicionarios de Olama y los Mollejones, los patriotas Antonio Gutiérrez, Víctor Rivas Gómez, Napoleón Ubilla Baca y los costarricenses Segura y Sony Boy en julio de 1959; el asesinato de los estudiantes el 23 de julio de 1959; el asesinato de Manuel Díaz y Sotelo y varios compañeros más.

 

“El asesinato de los prisioneros Luis Armando Morales Palacios, José Rivas Montes, Ramón Orozco y Bonifacio Miranda en septiembre de 1956.

 

“El asesinato de Adolfo y Luis Báez Bone, Opstaciano Morazán, Pablo Leal, Agustín Alfaro y muchos patriotas más en abril de 1954.

 

“El asesinato del estudiante Uriel Sotomayor en la ciudad de León. El asesinato del campesino Aquileo Castillo junto a muchos campesinos y ciudadanos más en la Cuesta del Coyol en 1948.

 

“El asesinato del veterano sandinista Juan Gregorio Colindres en el año 1948.

 

“El asesinato de los patriotas Rito Jiménez Prado y Luis Scott.

 

“Y por fin, hacia atrás, en los primeros días de la tiranía, en febrero de 1934, el tenebroso asesinato de Augusto César Sandino, Juan Pablo Umanzor y Francisco Estrada y centenares de sandinistas de Wiwilí para adentro.

 

“Siendo el que esto escribe acusado de planes imaginarios y siendo mis acusadores culpables de ese rosario de crímenes, yo creo que son esos acusadores y no yo quienes merecen ser severamente castigados”.[1]

 

 

La dictadura militar somocista fue el instrumento criminal de una clase, pero fundamentalmente de una familia que mantuvo sometido al pueblo nicaragüense bajo la más cruel e injusta opresión, explotación y dolor, para la satisfacción de sus desmedidas ansias de poder y enriquecimiento. El sistema somocista fue profundamente injusto, criminal y explotador como jamás se haya conocido en la historia de Nicaragua y de muchos países de América Latina.

 

CAPÍTULO II.

 

Las masacres, ejecutadas por la tiranía somocista en 45 años de historia de genocidio, empezaron con el asesinato del General Augusto C. Sandino, asesinado por órdenes del gobierno criminal genocida yanqui y Anastasio Somoza García, fundador de la “Estirpe Sangrienta”, nombre justamente dado por el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal a los jefes de aquella banda de asesinos, agrupados en la tiranía somocista.

 

Sandino y varios de sus hombres fueron capturados por la banda de forajidos asesinos de la Loma de Tiscapa, donde el General de Hombres Libres  acudió a una cita para ultimar detalles sobre las concertaciones de paz, pero las infames víboras imperialistas y los matones somocistas despiadados estaban al acecho planificado para matarlo.  Sus hombres más cercanos, le  advirtieron a Sandino del riesgo que corría, de la naturaleza asesina de aquellos matones, agrupados en la Guardia Nacional (llamada inicialmente “Constabularia”), la que fue creada como ejército interventor por la marinería de Estados Unidos.

 

Los temores de los oficiales del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional estaban fundados en la historia vivida en nuestro país, desde la invasión filibustera de William Walker en el siglo pasado, el asesinato de Benjamín Zeledón Rodríguez en 1912, y recientemente, la intervención militar vergonzosa entre 1927 y 1934, en el Norte del país. Fue en esta región de Nicaragua donde estrenaron  la “Constabularia” como ejército intervencionista, ocupando después el lugar de los agresores e invasores norteamericanos.

 

Cuando Sandino  bajaba la sinuosa y empinada Loma de Tiscapa, después de “concertar la paz” con el cobarde presidente títere Juan Bautista Sacasa, fue interceptado por los guardias genocidas, los que con sus armas dieron cumplimiento al plan del Embajador norteamericano Arthur Blees Lane y el jefe de la naciente y tenebrosa Guardia Nacional Anastasio Somoza García, fundador de la tiranía y jefe de la “Estirpe Sangrienta”.

 

En esa sangrienta Loma de Tiscapa empezaron las masacres interminables, el terrorismo de Estado más brutal que haya conocido la historia de América Latina y la larga noche de crímenes de 45 años de la tiranía somocista.

 

 

Algunos testigos con memoria histórica, aseguran que la noche del 21 de febrero de 1934  estuvo oscura. Sandino y sus hombres fueron desarmados previamente, tal y como fue planeado, a fin de que no hicieran resistencia esa noche ante lo que les esperaba: la muerte, el asesinato a sangre fría, como toda obra de cobardes asesinos como Somoza García y los yanquis agresores genocidas.

Los asesinos sabían bien de las capacidades y habilidades de Sandino y su gente en el combate, ya lo habían demostrado en montañas y poblados del Norte, Occidente y Costa Atlántica de Nicaragua,  donde el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional hizo morder el polvo de la derrota a las numerosas tropas rubias, defendiendo la Soberanía Nacional de Nicaragua.

 

Para la mentalidad de los invasores fue inadmisible, que un indio niquinohomeño, llamado Sandino, de baja estatura, les estuviese provocando tantos problemas, que les estuviese infringiendo cadenas de derrotas humillantes ante los ojos del mundo, pues ellos representaban a la nación poderosa e invencible del mundo capitalismo y del imperialismo monopolista.

No era posible que patriotas descalzos, semidesnudos, sin grados académicos encumbrados ni diplomas de graduación de Academias Militares, les derrotaran tan contundentemente.  La soberbia bestial imperialista y la “divina inteligencia” yanqui estaban severamente laceradas por la tropas voluntarias de Sandino, tropas defensoras de la Soberanía Nacional de Nicaragua.

 

Para el gringo invasor y agresor militar, era indispensable matar a Sandino. No era posible convivir con el más grande insulto de la historia norteamericana, con el ejemplo vivo de patriotismo y dignidad nacional que representaban el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional y  el hombre de Las Segovias, el General Sandino.

 

El asesinato fue planeado y calculado en los lujosos salones del Campo de Marte y en la Embajada norteamericana. Esa noche estuvo oscura. Sandino y sus hombres, después de la cena, fueron montados en un camión y llevados a las cárceles del Hormiguero. El héroe confiado y queriendo ganar tiempo, pidió hablar con el jefe de la “Estirpe Sangrienta” y no le fue permitido. El Hormiguero estaba cercado por la banda de asesinos esa noche. Nadie ajeno a la operación criminal podía acercarse.

 

Prisionero Sandino,  pensaba “¿por que me han detenido?”.  Los guardias genocidas iban y venían; el motor del camión seguía encendido, como a la espera de una orden. Aproximadamente, una hora después, en el mismo camión montaron a Sandino y a los generales Francisco Estrada y Juan Pablo Umanzor, dos de los jefes del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional,- rumbo a la masacre en un sitio no identificado plenamente, hasta hoy.

 

Se presume que el camión se desplazó en las cercanías del antiguo Aeropuerto Xolotlán. Los detalles del asesinato permanecen en el misterio, pero se supone que los somocistas genocidas ejecutaron la acción contra alguna de las paredes de dicho aeropuerto, en los límites del lado Oeste del hoy Barrio Larreynaga, donde  aterrizaban los aviones yanquis para bombardear las posiciones del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional en el Norte del país.

 

Casi a media noche del 21 de febrero de 1934, se escucharon las descargas de tiros en los barrios Larreynaga, Paraisito, San José Oriental y Santo Domingo. La sangre de Sandino salpicó a toda Nicaragua. Su muerte llenó de luto al mundo progresista. Terminaba así, un capítulo glorioso y trascendente de nuestra historia patria, fracasaba así el intento de una paz duradera para Nicaragua.

 

Con el asesinato a Sandino y sus hombres,  comenzó una larga y dolorosa cadena de masacres de más de 5O mil nicaragüenses, que se interrumpieron en julio de 1979 y  continuaron con la agresión yanqui‑somocista a la Revolución Sandinista en 1981.

 

El cadáver de Sandino no se encontró nunca, así sucedió también con la mayoría de los patriotas y ciudadanos masacrados en una acción sistemática de violencia y crímenes. Con el asesinato del Héroe de Las Segovias empezaba el largo calvario del pueblo y se instauraba esa “Estirpe Sangrienta” durante más de 45 años de la historia nacional, que tendría como guardianes presidenciales a la Guardia Nacional (La Constabularia, fundada, educada, entrenada y sostenida por los gringos).

 

De aquella noche negra, el coronel Santos López se salvó de la muerte al enfrentar a tiros a los enviados de Somoza García para asesinarlo también. En este enfrentamiento contra los matones de Somoza García y los yanquis agresores genocidas, cae también Sócrates Sandino, coronel y hermano del General Sandino. Somoza García con su Guardia Nacional, de creación yanqui genocida,  mandó a sus matones a rodear la casa de Don Sofonías Salvatierra, donde se habían alojado Santos López y Sócrates Sandino.

Santos López fue uno de los generales que recomendó a Sandino no ir a la Loma de Tiscapa, siempre se mantuvo alerta y desconfiado ante cualquier traición o movimiento sospechoso de los guardias y los gringos. Este dormía con una fuerte dotación de tiros y su pistola al lado “por si las moscas”.

Cuando Santos López escuchó el golpeteo fuerte en la puerta de su hospedaje, comprendió que llegaban por él y por Sócrates, que algo estaba mal, que el General Sandino estaba en graves problemas, quizás muerto, y con la agilidad que caracterizó a los combatientes sandinistas se dispusieron al combate y a la fuga.

 

Santos López logró evadir la masacre, huyó herido por montes hasta llegar a las faldas del Volcán Momotombo, donde permaneció varios meses comiendo nancites y durmiendo entre tigres, cascabeles y corales venenosos. Sócrates Sandino no tuvo la misma suerte. Cayó allí mismo enfrentando a los asesinos genocidas de Estados Unidos y de Somoza García.

 

 

Con aquel magnicidio quedaron inauguradas las masacres somocistas, extendidas a una cacería infernal en Las Segovias y  Costa Atlántica del país, inaugurando así el terrorismo de Estado. Los antiguos combatientes del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional fueron perseguidos días y noches, sin tregua alguna, cuando se les encontraban eran asesinados cobardemente, violadas y asesinadas también sus mujeres, quemados sus ranchos y robados sus animales domésticos y dinero guardados en sus fincas. Sólo en Wiwilí mataron, según testigos, a mas de 3OO hombres, mujeres y niños, cuyos cadáveres eran comidos por  zopilotes en las calles, donde eran dejados despiadada y amenazadoramente.

 

Para cumplir con la llamada “Pacificación de Las Segovias”, tal y como Somoza García y el embajador Arthur Bliss Lane llamaban a estos operativos de terrorismo de Estado, se perpetraron similares matanzas en poblados o pueblos del Norte del país. Al estilo de lo que hicieron en Wiwilí, quemaron ranchos, ametrallaron a mansalva a niños, hombres y mujeres indefensos.

 

Estos mismos criminales eran los que se corrían de los ataques del General Sandino y su Ejército Defensor de la Soberanía Nacional. Esos guardias y oficiales y soldados gringos, temían se les apareciera los combatientes sandinistas en cualquier quebrada o comino con una de esas emboscadas temidas por los yanquis.

 

Después de haber mandado a masacrar a los sandinistas, a miles de campesinos inocentes, con cinismo singular, Somoza García publicó un libro  malvado, que tituló “El verdadero Sandino o el calvario de las Segovias”, en el que él (Somoza) aparece como gran “pacificador”.  Se especula que el libro lo escribió un mercenario a sueldo de los gringos y de Somoza García.

El maestro del crimen institucionalizado, el creador del terrorismo de Estado en el país, el servidor arrastrado y apátrida por excelencia de los imperialistas del Norte, Somoza García, se hacía pasar ahora como el “héroe de la patria”, en los  episodios más bochornosos de nuestra historia.

 

Los asesinados, los masacrados no fueron capturados para ser juzgados, o para discutir públicamente la razón  histórica de su proceder, no fueron interrogados sobre el por qué de su actitud y decisión de defender la patria mancillada, de combatir decididamente la agresión extranjera norteamericana.

 

Somoza y su banda de asesinos, por supuesto, no fueron castigados por este genocidio. Entre ellos, incluyendo al traidor Emiliano Chamorro y al embajador Arthur Bliss Lane, se estrecharon las manos llenas de la sangre sandinista e inocente de campesinos.

 

El intento fallido de abril de 1954.

 

Después de estas masacres yanqui-somocistas-genocidas, llegó un largo silencio, roto nuevamente por otras muy sonadas masacres, como las de los cafetales de El Crucero, Managua y  Diriamba, inmediatamente después de los intentos de eliminar al fundador de la GN por medio de una emboscada en la Carretera Sur,  en abril de 1954.

 

El jefe de la “Estirpe Sangrienta” desató, otra vez, una cacería en la cual perecieron virtualmente todos los que participaron en aquella intentona de eliminarlo. Entre los masacrados se contaron Adolfo Báez Bone, Pablo Leal, Chema Tercero y Agustín Alfaro, cuyos cuerpos fueron quemados en una finca de El Crucero, llamada “La Chiva”, según relata el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal en “Estirpe Sangrienta”.

En esta ocasión, tampoco hubo juicios, ni para disimular, pues el tirano ya tenía un dicho: “A los amigos palo, a los enemigos plomo”. Agregaba: “El que estorba, hay que quitarlo”.

 

Somoza impuso a la nación un silencio mortal, toda  manifestación de protesta era ahogada en sangre, muertes, masacres.

 

La acción del patriota Rigoberto López Pérez

 

“Yo quiero ser el principio del fin de la tiranía”, escribió el patriota leonés Rigoberto López Pérez, periodista, poeta y mecanógrafo, quien desde tiempo atrás pensaba en la posibilidad de liquidar al fundador de la tiranía, cobrarle los centenares de crímenes y masacres al pueblo, sobre todo el cometido contra los combatientes sandinistas del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional.

 

El 21 de septiembre de 1956, Rigoberto López Pérez concreta sus planes juntos a otros compañeros más, y procede a depositar sus balas justicieras en la humanidad del tirano, con una pistola calibre 38. El patriota fue ultimado en el acto, en la Casa del Obrero de la Ciudad de León. La irracionalidad de las fieras fue tal, que prefirieron acribillar a balazos el cuerpo del patriota, que su captura en vida para averiguar las causas o motivos de semejante decisión. Aquel ajusticiamiento fue histórico y heroico.

 

Asumieron a lo inmediato los herederos del tirano, Luis y Anastasio, quienes además de convertir el país en una inmensa cárcel, mandaron a asesinar a todos los considerados sospechosos de participación en la acción.

 

Fueron torturados y asesinados,  Ausberto Narváez Parajón, Edwin Castro Rodríguez  y Cornelio Silva Argüello. “Mañana, hijo mío, todo será distinto, la angustia se irá por la puerta trasera”, escribió Castro en la cárcel, antes que los masacraran los guardias genocidas.

 

 

Los herederos del tirano buscaron culpables en todas partes. El culpable fue uno, Rigoberto López Pérez, pero encarcelaron a Juan Calderón Rueda, a los conocidos políticos opositores Enock Aguado y Enrique Lacayo Farfán, a Tomás Borge Martínez (uno de los fundadores del FSLN), a Noel Jirón Balladares, Alonso Castellón, Julio Alvarado Ardil, Ramón Rosa Martínez, Emilio Borge, Benjamín Robelo y Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, Carlos Fonseca Amador, entre otros.

 

La masacre de los estudiantes universitarios.

 

Tres años después de la acción heroica de Rigoberto López Pérez, cuatro estudiantes universitarios fueron masacrados a tiros por los mismos guardias somocitas genocidas, esta vez en las cercanías de la Catedral de León. Esta masacre fue el 23 de julio de 1959, entre las cuatro y media y cinco de la tarde. La Guardia Nacional somocista genocida, comandada en León en esos días por Anastasio Ortíz, mató a los estudiantes universitarios de la UNAN, Erick Ramírez, Mauricio Martínez, José Rubí y Sergio Saldaña, e hirió gravemente a tiros a casi 70 estudiantes y civiles en las calles de León.

 

Los estudiantes pedían autonomía para la Universidad Nacional y protestaban por las represiones de la guardia somocista genocida. La respuesta a ese reclamo fueron los tiros, en vez del diálogo.

 

Esta acción somocista genocida contó con el silencio cómplice de conservadores, burgueses y oligarcas, aduciendo que muertos y heridos tenían identificación sandinista o progresista. Matar a jóvenes ciudadanos se convirtió en un estilo de los nuevos tiranos, muchos asesinatos se ejecutaron como si se tratara de animales callejeros.

 

Masacre del Chaparral

 

La masacre del Chaparral fue ejecutada en un sitio fronterizo con Honduras, llamado Chaparral, donde fueron asesinados José Manuel Aróstegui, Manuel Baldizón,  Aníbal Sánchez Aráuz, Antonio Barboza, Manuel Canelo, Adán Suárez Rivas, Enrique Morales Palacios, Onelio Hernández y Marcelo Fernández.

 

Allí, resultaron heridos el comandante Carlos Fonseca Amador, quien más tarde fuera  el jefe del Frente Sandinista y de la Revolución; Chéster Simpson, Harold Martínez y Guillermo Mejía Vélez.

 

 

Esta masacre fue ejecutada por militares yanquis, hondureños y nicaragüenses, y es ampliamente narrada por Miguel de Jesús Blandón en su libro “Entre Sandino y Carlos Fonseca”, y por Tomás Borge Martínez en su libro “Carlos, el  Amanecer ya no es  una tentación”.

 

 

Esta masacre fue ejecutada por militares yanquis, hondureños y nicaragüenses, y es ampliamente narrada por Miguel de Jesús Blandón en su libro “Entre Sandino y Carlos Fonseca”, y por Tomás Borge Martínez en su libro “Carlos, el  Amanecer ya no es una tentación”.

 

El zanjón de Posoltega.

 

Entre el Coronel GN Juan Ángel López y los latifundistas algodoneros de Chinandega, formularon un plan de eliminación selectiva de los dirigentes y representantes sindicales de los obreros agrícolas, que sobrepasaban los 300 mil, entre León y Chinandega. Cuando el Coronel GN López ordenaba matar a decenas de sindicalistas algodoneros en el Zanjón de Posoltega, lo hacía sin percatarse de nada, ni de la opinión pública ni de la justicia. Aquello era el reino de la impunidad absoluta, del crimen institucionalizado.

 

Matarlos no importaba. Eran iguales que los hombres de Sandino: animales no protegidos por leyes, y además, gran parte de la sociedad, especialmente la “alta sociedad” burguesa, era cómplice de la tiranía somocista en cuanto a estos crímenes atroces, que aun hoy permanecen sin castigo.

 

 

En las masacres del Zanjón de Posoltega se perpetraban de manera calculada, repentinamente los dirigentes sindicales desaparecían, nadie daba cuenta de ellos, cualquier búsqueda era infructuosa. Entre los obreros agrícolas y la población se sabía que las desapariciones eran obra del Coronel Juan Ángel López, quien les “daba agua” en dicho zanjón.

 

El escándalo estalló hasta que un día los guardias se metieron a la finca en que estaba empleado el mandador conservador Victoriano Arteaga, al que sacaron a patadas y después lo asesinaron. Su cadáver apareció en la morgue del Hospital de Chinandega, sin explicación alguna.

 

Antes de Arteaga, los somocistas genocidas ya habían sacado y matado en el Zanjón de Posoltega a otros empleados de la misma finca, debido a lo cual el mandador protestó y se resistió al arresto. Como los conservadores ricos, formaban parte de las “paralelas históricas”, inmediatamente armaron un alboroto nacional por el asesinato de Victoriano Arteaga, un hombre muy conocido en el Municipio de El Viejo, Chinandega. Aunque el motivo principal del escándalo no hayan sido los múltiples asesinatos realizados en el maloliente Zanjón de Posoltega, permitió descubrir los cadáveres todavía frescos  entre otros, de Eduardo Flores, Urey Navas y Luis Amador.

 

Los relatos de testigos y crónicas periodísticas del 2O de enero de 1964, indican que los guardias sanguinarios Carlos Siero y Carlos Tijerino llegaron a sacar al mandador Arteaga de la Hacienda San Carlos. En otra incursión, bajo el mando de Juan Ángel López, se llevaron de la misma Hacienda a cuatro personas, las que posteriormente aparecieron asesinadas en el Zanjón de Posoltega, añaden los relatos existentes.

 

Esas masacres constantes de obreros agrícolas, campesinos y dirigentes sindicales venían ocurriendo desde 1963, pero como nadie “grande” había caído por las balas asesinas de la “Estirpe Sangrienta”…pues nadie decía nada.  “Denles agua”, decía el cobarde asesino Juan Ángel López, lo cual constituía la orden de ejecución de un asesinato o una masacre, ejecutada por la pacotilla de matones GN y sicarios a sueldo en Chinandega.

 

A la guardia no le quedó más remedio que hacer un circo de juicio a Juan Ángel López y demás asesinos implicados, pero el resultado causó risas y arrechura generalizada. Resulta que en esa misma época era jefe de la Guardia Nacional en León el hermanastro de los Somoza, José Rodríguez Somoza, a quien se “inculpó” públicamente en parte, porque el Zanjón de Posoltega está en jurisdicción militar leonesa. Entonces, lo que discutieron los asesinos en su Consejo de Guerra, entre ellos, era que Juan Ángel “Denle Agua” López, no tenía por qué meterse en la jurisdicción de Rodríguez Somoza.

 

 

Es decir, no se discutió el fondo del asunto: las masacres y los asesinatos. Al final, “Denle Agua” López fue “castigado” por meterse en jurisdicción militar ajena, y trasladado a La Libertad, Chontales. Meses después, aparecieron numerosos asesinados en la Mina de la Libertad, y se denunció que nuevamente estaba ejecutando a balazos y puñaladas a todos aquellos que él y su banda de asesinos consideraban enemigos.

 

La suerte de Pancho Ñato.

 

Una masacre virtualmente no contada en periódicos, ni revistas, ni noticieros radiales, fue la ejecutada al momento y después de la captura de Francisco “Pancho Ñato” Juárez Mendoza, un famoso personaje que se enfrentó exitosamente a los guardias sanguinarios y matones a sueldo, bajo el mando del que fuera coronel GN Pedro Nolasco Romero, en la década 5O‑6O.

 

“Pancho Ñato” empezó a ser perseguido por los guardias somocistas genocidas, después de quitarle la vida a una persona en defensa propia, en la comarca El Hatillo, cercana a León. En los primeros meses, “Pancho Nato” se escondió, pero la persecución le obligó a entrenarse en tiro y a conseguirse un caballo, que después se hizo tan famoso como él.  En poco tiempo adquirió una fina puntería con revólveres y rifles 3O‑3O, con los cuales empezó a enfrentarse exitosamente a sus perseguidores, convirtiéndose en una leyenda en las comarcas vecinas de León.

 

“Los guardias me quieren asesinar, no capturarme”, decía convencido “Pancho Ñato” Juárez Mendoza, y no estaba equivocado. Un tal Balto Alvarado, el jefe de los guardias sanguinarios que lo perseguían, afirmaba que no descansaría hasta matarlo. No le perdonaban que en pocos meses se pareciera a Robin Hood, pues en venganza de la persecución, robaba a los ricos productores de algodón, caña de azúcar y matarifes de cerdos de la zona y entregaba maíz, frijoles, caldo de caña y atados de dulce a  campesinos más pobres de comarcas de los municipios de Telica y Malpaisillo, ambos ubicados en territorio de León.

 

Pronto se hizo una red de espías formidables, informadores de “Pancho Nato”. Cuando los guardias se aproximaban, “Pancho Nato” se enteraba y montaba cualquier jugada contra ellos. Adonde los guardias llegaban, moríanuno, dos, tres y al final, se decía que “Pancho Nato” se transformaba en tallo de chagüite, en pedazo de madera, en cualquier cosa.

 

 

Finalmente, le tendieron una celada en la Estación de Malpaisillo, donde lo guardias lograron capturarlo a traición. Lo esposaron, lo manearon y lo echaron en una góndola del Ferrocarril, donde iba la leña arpillada del Municipio leonés de El Sauce a la Ciudad de León. Apresaron, al mismo tiempo, a unos 200 amigos suyos, de los más cercanos, sus más allegados en San Jacinto, Peineta, Hatillo, Palo de Lapa, Tololar y el Zanjón de Santo Cristo. Todos fueron conducidos maneados al Comando GN León, jefeado por el cruel y despiadado asesino coronel Pedro Nolasco Romero.

Después fueron torturados en las ya famosas Cárceles de “la 21”, la cual estuvo muy cerca de la sede del Comando GN de León. Se especuló de  que todos fueron asesinados en las cárceles tenenebrosas del Fortín de Acosasco.

 

El 22 de Enero de 1967

 

La otra masacre sonada de esa década y especialmente bestial por su nivel traicionero, fue la del 22 de enero de 1967, en la Avenida Roossevetl. En este caso actuaron juntos, los dos jefes de las “paralelas históricas”, pues metieron en un callejón sin salida a miles de obreros, campesinos, intelectuales, políticos y curiosos, para que no salieran de la trampa mortal tendida por los somocistas genocidas, encabezados por Anastasio Somoza Debayle.

 

Fernando Agüero Rocha, jefe de los conservadores y de la fatídica Unión Nacional Opositora (UNO), convocó a una especie de “insurrección”  en Managua,  con gente venida de otro lado, pues todos debían arribar a la Avenida Roossevetl con su morralito, listos para recibir la guillotina de balazos que les tiraron los guardias verdugos ese día y en la noche del 22 de enero.

 

¿Era un plan de Agüero Rocha con la Embajada Norteamericana? Al parecer, la aspiración era provocar una intervención norteamericana al mejor estilo yanqui en República Dominicana, en 1965, y que mediante elecciones se escogiera a Agüero como presidente. ¿O quería Agüero allanarle el camino al tirano Anastasio Somoza Debayle para que lo eligieran presidente? ¿Cuánto costó, en dinero y sangre aquel crimen o masacre gigantesca?. Lo que en realidad hubo fue un caos, el cual fue aprovechado militar y políticamente por la tiranía somocista.

 

Nadie lo investigó a fondo, pero quedó claro desde el mismo día que Agüero Rocha nunca tuvo  intenciones de insurreccionarse contra los guardias, pues hasta la saciedad se ha dicho, que como cualquier cobarde se refugió en un salón de belleza de los alrededores de la Avenida Roossevelt.

 

¿Cuántos fueron asesinados a mansalva? Los guardias tenían ametralladoras 50 y 30, tanques, tanquetas, fusiles garand, y disparaban a la masa humana entrampada desde helicópteros, edificios altos, mientras los traicionados portaban sus morralitos de comida, el pasaje de regreso a sus ciudades o comarcas, y las ilusiones de una libertad ofrecida por Agüero Rocha, mediante la  “insurrección” tramposa , o la jugada maestra a favor de la dictadura y de los yanquis agresores genocidas, otra vez.

 

No hubo tal “insurrección”. Fue una matancina planeada, como quien dice “echó los venados al desfiladero y ahí los mató a todos”, antes que logren salir del abismo. Diversas corrientes de sangre se resbalaron hacia los desagües y de ahí, a los canales para el Lago de Managua. La muerte se escurrió en el pavimento de la Avenida Roossevetl. Nunca nadie levantó una investigación de fondo, para establecer cuántos murieron en aquella gigantesca traición al pueblo.

 

¿Masacraron a cien, 2OO, 3OO, 4OO?, nunca se supo claramente, pero las coincidencias anduvieron por los 400 muertos. Se llegó a decir que los guardias somocistas genocidas llevaron no menos de  un centenar de cadáveres a enterrarlos en una fosa común de la carretera a Masaya, la que todavía no ha sido descubierta.

 

Por supuesto, hubo complicidad mezquina de la llamada oposición en Nicaragua, pues hicieron lo que mejor pudieron para que no se investigara y publicaran las causas de esta masacre brutal y despiadada del somocismo genocida. Así, como sucedió con los del Zanjón de Posoltega.

 

Esta masacre gigantesca del 22 de enero quedó sin castigo. Los responsables de este crimen no fueron juzgados, no fueron condenados ni encarcelados; por el contrario, Agüero Rocha por “el favorcito” hecho al tirano, apareció formando parte de “la pata de gallina” (Junta de gobierno), lo que constituyó la más alta traición a los intereses populares y de la nación.

 

Los responsables directos de esta  masacre, los que dispararon a mansalva (además de Somoza), se dijo entonces, fueron los jefes de los Batallones Blindado y de Combate, la Compañía de Ingenieros, la Policía de Managua, los coroneles José Iván Alegrett, Alberto Smith, Pedro León Rivas, Sixto Pineda y el teniente Isidro Bayers.

 

Estas grandes masacres muestran cómo ha actuado el somocismo en toda su historia criminal. Desde del asesinato traicionero del General Sandino, ninguno de estos crímenes‑masacres han sido casuales. Se trató siempre de la eliminación sistemática de sandinistas y de todo ser humano con algún olor político a progresistas. Cualquier patraña o infamia fue siempre inventada para asesinarlos.

 

El 15 de Septiembre de 1978, Barrio Guadalupe, León.

 

 

Una más de las masacres, a manera de  muestrario, es la ocurrida el quince de septiembre de 1978 en el Barrio Guadalupe, León, donde 22 jóvenes fueron asesinados  espantosamente  por la pacotilla de asesinos, jefeados por el general Gonzalo “Vucalno” Everzt, uno de los criminales más inescrupulosos con que contaba la tiranía somocista. Fue en el Día de la Patria, cuando se celebra la victoria de los patriotas nicaragüenses sobre los filibusteros esclavistas.

 

A los cadáveres de los 22 jóvenes les echaron un tractor encima y después les prendieron fuego con gasolina, como para no dejar huellas de lo que habían hecho, pero todo León había sido testigo del asesinato en masa, al mejor estilo de las SS de los nazifascistas de Hitler en Europa.

 

Aquella acción diabólica se inició en pleno día, con los gritos terríficos de un guardia: “Vamos a quemar todito este barrio hijueputa…”  Acto seguido, se aparecieron como pirañas mostrando sus dientes metálicos, centenares de guardias, los cuales agregaban a sus gritos: “Vayan saliendo todos de sus casas, porque vamos a quemar esta mierda”.  Le echaron un anillo de acero, metálico, de ametralladoras y tanquetas al Barrio Guadalupe, para que nadie tuviera posibilidad de escapar. Ante el infernal alboroto y presagio de muerte, solo los pajaritos pudieron escapar de aquella acción, donde las hienas asesinas estaban apostadas en todas las esquinas del barrio.

 

Llenos de terror, empezaron a salir hombres, mujeres, niños y ancianos, portando pequeñas maletas de ropa en las manos. Un puñado de guardias amenazantes, gritaban y gesticulaban violentos, apurados, para que la gente saliera, pues ellos estaban sedientos de sangre y deseosos de matar seres humanos. “Ustedes no salen”, les decían secamente a los jóvenes y hombres que no pasaban de los 4O años. Los obligaban a ponerse en fila en las cercanías de la Iglesia Guadalupe, por donde está una Virgen pintada en un mural de la parroquia.

 

Las mujeres sollozaban y los niños también, al ver que sus hermanos, padres, primos y tíos, quedaban en el paredón de fusilamiento de la pacotilla de asesinos de León. “Salgan, apúrense, se hace tarde, tenemos mucho que hacer”, repetían insistentemente los gendarmes sanguinarios, momentos antes de cometer el asesinato masivo, o masacre.

 

Josefa viuda de González, agarró valor y se quedó escondida dentro del Barrio Guadalupe, con la curiosidad de ver aquella masacre planeada desde el comando de la GN genocida en León. Un silencio sepulcral atrapó al viento enrarecido. No se oyeron ladridos de perros.

 

Con el pretexto de registros en casas de sandinistas, los guardias robaron todo lo que pudieron antes de ejecutar la masacre, al mejor estilo calmado y planificado de los jefes de las SS alemanas de Hitler en cualquier parte de Europa, África o Asia durante la Segunda Guerra Mundial.

 

Los guardias formaron a los jóvenes en dos filas en la calle de salida hacia Managua. A  gritos, histéricos les decían: “Ustedes son terroristas, son sandinistas hijos de puta… por eso van a morir”. Efectivamente, les soltaron en sus cuerpos jóvenes una descarga de balazos, que se escuchó por todo León. La sangre generosa salpicó el pavimento, se resbaló una corriente roja hacia el cauce del Río Chiquito, donde también hubo testigos de aquella masacre ejecutada en un cerco metálico, pero su rumor se propagó como la explosión de un inmenso hilo de pólvora encendida por todo León.

 

Acto seguido, a los cadáveres les echaron encima un tractor oruga, dejándolos virtualmente triturados. Después, como quien quema basura seca, procedieron a echarles gasolina y les prendieron fuego. Quisieron borrar todo. Los restos fueron echados en una fosa común, como hacían desde la época del asesinato del General  Sandino, cuyo cadáver tampoco entregaron jamás.

 

Entre otros, los jóvenes asesinados en aquella bestial masacre fueron: Carlos y Gonzalo Hernández, Miguel Centeno, Julio, Flavio y Clemente Páiz Barreto, Pedro Vargas Álvarez, Luis Alberto Martínez Alvarado, Hilario Martínez Ramírez, Julio Álvarez, Salvador y Pedro Vílchez Poveda, Ernesto y Gonzalo Luna Ruiz, Porfirio Páiz, Víctor Torres Pineda, Pedro Róger Padilla, Luis Vargas Parajón, Róger González Benavidez, Padilla Reyes y Manuel Ceca Zalazar. Casi todos eran de la calle conocida como “El Callejón” de Guadalupe, a cuyos moradores la guardia genocida los acusaba de ser sandinistas.

 

Las casas del Barrio Guadalupe quedaron virtualmente solas aquella noche fatídica. Por el olor a carroña, algunas aves de rapiña se acercaron al atardecer. Doña  Josefa viuda de González, llena de miedo, no se atrevió a salir. Su corazón y su cerebro se encogían de tristeza por las imágenes terroríficas que vio. Una masacre más de las ocurridas en León y todo el país.

 

 

 Las Operaciones Limpieza.

 

En la década del 70 eran comunes las masacres en el Norte de Nicaragua, donde los campesinos sandinistas u opositores de otros signos ideológicos, eran subidos en helicópteros y tirados desde el cielo, a varios miles de pies de altura, hacia la tierra. Los guardias sanguinarios genocidas reían divertidos cuando lanzaban a un hombre o una mujer sandinista desde los helicópteros. Existen relatos de que  minutos antes los aterrorizaban indicándoles que iban a “volar” como los pájaros.

 

A partir de septiembre de 1978 se hicieron comunes, inclusive, las masacres a ciudades enteras, en las llamadas “operaciones limpiezas”, que en realidad la guardia somocista genocida debió llamar: “matancinas masivas organizadas, planificadas por el Estado Mayor GN criminal somocista”. Con estas masacres eran virtualmente arrasadas ciudades como Masaya, Estelí, León, Chinandega, Matagalpa, Jinotega, Rivas y la propia Managua, pues en una sola andanada les echaban tanques, tanquetas, aviones bombarderos, ametralladoras, fusilería automática, mientras los pobladores permanecían dentro de sus casas, desarmados, porque los guerrilleros sandinistas ya se habían ido. Los somocistas genocidas hacían lo del típico matón leonés, desarrollado en la época de la tiranía, pues como no podían matar a su verdadero enemigo, se empajaba en los niños, ancianos, inválidos y  mujeres.

 

En una de esas “operaciones limpieza” de Estelí, asesinaron también a los médicos Alejandro Dávila Bolaños, Selva y a una enfermera, cuando estos estaban curando heridos en el Hospital estiliano.

 

Las Mujeres del Cuá.

 

Antes de estos crímenes masivos en ciudades,  masacraron a “Las mujeres del Cuá”, violaron en masa a Amada Pineda, a los campesinos les quemaron sus ranchos por órdenes de burgueses y latifundistas, y por informes de jueces de mesta y “orejas” de la guardia y de la Oficina de Seguridad de Somoza. Estos “orejas” y “jueces de mesta” fueron mecanismos esenciales para que se ejecutaran algunas masacres genocidas.

 

 

Masacran a Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.

 

Uno de los más sonados crímenes de la dictadura somocista fue el asesinato-masacre del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, ocurrido el 10 de enero de 1978.

 

Periodista, abogado y director del diario La Prensa, tenía fama de que jamás se había doblegado a los jefes de la tiranía. Le ofrecieron cargos que siempre rechazó. Fue encarcelado varias veces y torturado personalmente por Luis y Anastasio Somoza Debayle en las cárceles  mazmorras infernales de la Loma de Tiscapa, donde escribió su famoso libro titulado “Estirpe Sangrienta: los Somoza”, en el que refiere abundantemente los métodos sanguinarios y mortales de eliminación de enemigos por parte de los jefes de la tiranía.

 

Sus editoriales, reportajes e investigaciones de La Prensa para destapar la corrupción del  somocismo, resultaron insoportables para el último jefe de la “Estirpe Sangrienta”. No lo aguantaban. Lo mandaron a asesinar, para ello contrataron a varios matones a sueldo, en un intento de que no se involucrara a la dictadura en el hecho criminal, pero les salió mal, pues las evidencias criminales fueron demasiadas claras.

 

Su cuerpo recibió un centenar de perdigones de escopeta cuando circulaba en una calle solitaria de los escombros de Managua, localizada frente a la Casa de Gobierno y Asamblea Nacional. Su asesinato terminó de encender la chispa de rebeldía popular contra los somocistas genocidas. Durante la noche de su vela fueron quemados numerosos vehículos en la Carretera Norte y una de las fábricas del tirano Somoza Debayle. Los guardias somocistas intentaron detener inútilmente a la gente desbordada en las calles, a punto de balas y bombas lacrimógenas.

 

El entierro del doctor Chamorro Cardenal fue extraordinario y multitudinario. Miles lo lloraron y acompañaron hasta el Cementerio Occidental de Managua.

 

Sabogales

 

Un ejemplo típico de cómo operaban los guardias somocistas fue lo que constituyó el inicio de la insurrección de Monimbó y la masacre en la comunidad Sabogales, vecindario ubicado al Este de la Ciudad de Masaya. La masacre ocurrió el 26 de febrero de 1978.

 

 

Todo transcurría “normalmente” durante una misa de 40 días, que se estaba efectuando en la iglesia San Sebastián de Monimbó, en memoria del Mártir de las Libertades Públicas, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, periodista y director del Diario La Prensa, a quien los mismos sicarios somocistas genocidas asesinaron el 10 de enero de 1978.

 

Dentro de la iglesia había unas 400 personas, entre hombres, niños y mujeres. De repente, unos 100 guardias llegaron a bordo de los ya famosos jeeps “Becats” y lanzaron no menos de 30 bombas lacrimógenas hacia el interior de la Iglesia de San Sebastián. Los gases de las bombas formaron un mar flotante que asfixiaba dentro de la iglesia y en sus alrededores. Muchas mujeres de los gritos, pasaron al desmayo, lo cual se extendió en forma dramática a un colegio llamado Oratorio Festivo, donde numerosos niños, entre ellos Claudia Castro (diez años), también se desmayaron.

 

El ataque GN somocista cobarde provocó una reacción inmediata entre los pobladores monimboseños, los cuales se lanzaron a las calles a incendiar vehículos, quemaron el cine Guadalajara, le pegaron fuego a la casa de la secretaria del esbirro somocista Cornelio Hüeck Sálomon, levantaron barricadas en los barrios San Miguel y Monimbó.

 

Como respuesta mucho más violenta, los guardias sanguinarios lanzaron tanquetas y tanques, ametralladoras calibre 50 y 30 y unos 300 soldados GN  contra Monimbó, que apenas contaba con pistolitas para defenderse de los ataques del enorme aparato represivo somocista.

 

Hubo muchos heridos, pero lo que más aumentó la cólera de los pobladores de Monimbó fue la muerte del joven Francisco Lorenzo López Díaz, quien se desangró dentro del Barrio Monimbó porque los guardias impidieron que la Cruz Roja lo sacara hacia el hospital. La lucha de los monimboseños arreció en las calles y también aumentó la agresión del régimen bárbaro y cavernario del somocismo genocida, pues en vista de la rebeldía decidieron bombardear por aire y tierra a los barrios insurrectos.

 

En medio de la lucha totalmente desigual, los monimboseños lograron quemar el comando de los guardias genocidas ubicado en el Barrio Indígena de Monimbó. Por esa lucha desigual, muchos combatientes populares se vieron obligados a retirarse de Monimbó hacia el lado de Sabogales, donde once fueron capturados, torturados y después asesinados brutalmente, como estilaban los somocistas genocidas en estos casos.  Caer en manos de esos guardias, era muerte segura ciento por ciento.

 

 

Allí fueron capturados y asesinados Camilo Ortega Saavedra, Moisés Rivera, Arnoldo Quant Ponce, Manuel de Jesús González, Domingo Cajina, Cástulo Chavarría, Luis Díaz, Pedro Medina, Roberto López, Luis Balmaceda y Aurelio Martínez.

 

“Orejas” y “Jueces de Mesta”

 

Los “orejas” actuaban fundamentalmente en las ciudades como informadores de la Oficina de Seguridad (OSN) y los “jueces de meta” eran también informadores y matones de cañada al servicio de la guardia somocista genocida. Estos, al mismo tiempo organizaban matanzas en las que tenían una participación directa y muy activa, en combinación con los guardias nacionales.

 

Los “jueces de mesta” condenaban a muerte a los sandinistas y a sus familias, y a cambio de su fidelidad con la guardia, recibían prebendas de todo tipo y autorización expresa de robar, matar, apoderarse de bienes de las familias perseguidas por ellos y los soldados GN genocidas.

 

“Orejas” y “jueces de mesta” son “soplones” (y “soplonas” también) de la tiranía. “Les dicen ‘orejas’ porque andaban con el oído atento a cualquier conversación callejera, en reuniones, asambleas, concentraciones en mercados, si el contenido de las mismas era político, era reportado inmediatamente a los agentes correspondientes de la Oficina Seguridad Nacional”.

 

Uno de esos “orejas” más famosos era Arnoldo Alemán Lacayo, el ahora Presidente de la República y ex-alcalde de Managua, quien en su época de estudiante de Derecho se montaba en los Becats de la guardia somocista, en León, para andar señalando los sitios de supuesta movilización de sandinistas, entre los que se encontraban Omar Cabezas Lacayo, Fanor Herrera, Gladys Baez y Marta Cranschaw.

 

Según Jacinto Suárez Espinoza, uno de los hombres con más conocimientos de estas masacres y de las torturas somocistas, señala que desde 1967 la guardia somocista genocida asesina a sandinistas como conducta política dirigida y planificada.

 

“1978 fue un año de centenares de masacres, las que se extendieron en 1979, ante la actitud desesperada de la guardia somocista y la propia tiranía, la consigna era capturar y matar, o sólo matar”, analiza Jacinto Suárez Espinoza.

 

 

Entre otro de los “orejas” famosos, Suárez recuerda a Enrique Canales Espinoza, estudiante del Instituto Ramírez Goyena, primero, y después de la Universidad Nacional (UNAN), a quien se le vincula, por ejemplo, con el asesinato del médico Casimiro Sotelo, debido a denuncias e informaciones que suministró a los agentes de la seguridad somocista; Casimiro Sotelo fue “bombeado por un soplón”. A este mismo “oreja” se le vinculó también con la muerte de Pedro Aráuz Palacios, miembro de la Dirección Nacional del FSLN. Era, según se conoce ahora, un “oreja” muy activo en el reclutamiento de otros estudiantes universitarios al servicio de los asesinos de la Loma de Tiscapa, del Campo de Marte y de todos los cuarteles del país.

 

Este sujeto, en realidad, estaba vinculado a todos los “orejas” estudiantiles en las universidades del país. Era jefe de redes de estudiantes de la Oficina de Seguridad. A muchos estudiantes, ante sus escasas posibilidades económicas para mantener sus estudios,  los conquistaban ofreciéndoles becas.

 

El “poeta carpintero”, Pedro Pablo Espinoza, era uno de los “orejas” más famosos y odiosos que existieron en Managua; era pobre, pero vicioso, vanal, lo que le permitió a la Oficina de Seguridad captarlo como informador.  El “poeta carpintero”, lanzado a la fama por el “moralista ultra-derechista” Pablo Antonio Cuadra, por medio de la obra “Mi Mujer es una prostituta”, se movía en el  ambiente periodístico, donde había numerosos “orejas”, entre otros,  Santiago Meneses Vallecillo.

 

El “oreja” en el somocismo era  una persona – hombre o mujer- que actuaba en un medio ambiente común conocido, desplazándose entre la gente con la finalidad de detectar a simpatizantes o miembros del FSLN, o bien, a aquellas personas que opinaban a favor del movimiento revolucionario en Nicaragua. Estos, tenían un carnet de la OSN y tenía como punto de atención una casa en el Barrio “Chico Pelón”, en el lado Norte de Managua.

Los y las “orejas” informaban a la seguridad (OSN) de lo que hablaba la gente en los mercados, en las calles, en los buses, en las barberías, salones de belleza, en las actividades sociales, estudiantiles, académicas o políticas. Estos personeros se encargaban de ubicar  casas de seguridad en ciudades y pueblos, a las que la Guardia Nacional les caía para catear, capturar, torturar y  matar, según el grado de interés que tuviesen los oficiales GN en las víctimas.

 

La Oficina de Seguridad Nacional, en el interés de no delatar a sus colaboradores (“orejas”), ubicaba puntos de atención alejados de los cuarteles u oficinas de los órganos represivos del somocismo.

 

 

Jacinto Suárez Espinoza revela que en los archivos, posteriores al Triunfo de la Revolución Popular Sandinista, se descubrió que existieron no menos de doce mil “orejas”, a los que usaban de cualquier modo, haciéndolos firmar documentos “comprometedores”. Allí, aparecieron algunos locutores de radio y televisión, periodistas conocidos, artistas también conocidos, estudiantes de diversos niveles, dirigentes sindicales, profesores, pulperos, barberos, enfermeras, políticos y taxistas; éstos últimos, tenían un papel muy importante, pues eran los que se movían por toda la ciudad en el día y en la noche.

 

“Por prudencia política del FSLN no se abren totalmente el contenido de estos archivos, pues medio mundo se quedaría sorprendido de la forma de reclutamiento que implementó la tiranía de cerca doce mil personas, entre los cuales, como digo, aparece gente conocida del país”,  explica Jacinto Suárez, una de las tantas víctimas de los “orejas”.

 

A mí me seguían Meneses Vallecillo y Stedman Fagot

 

Personalmente me sorprendió el hecho de descubrir que Santiago Meneses Vallecillo fue un “oreja”, periodista, que se hacía pasar como simpatizante del FSLN y quien expresaba admiración de mi trabajo periodístico en LA PRENSA , una forma que utilizó para reunir información y suministrarla a la Seguridad. De tal forma, también operó Stedman Fagot, dirigente misquito. Estos dos, Meneses Vallecillo y Stedman Fagot eran los que me daban seguimiento a mí por parte de la Oficina de Seguridad (OSN).

Estos dos sujetos, Meneses Vallecillo y Fagot, se hacían pasar como mis amigos, andaban cerca de mí cuando yo le daba cobertura a manifestaciones, actividades políticas callejeras, cuando llegaba a la UNAN-Managua, etc.

Meneses intentó tenderme una trampa relacionada con un tal Gabriel Albuerne, cubano gusano que supuestamente estaba preso en la “Casa de Piedra” del Campo de Marte. Intentó en varias ocasiones que yo fuese, por vericuetos, hasta esa “Casa de Piedra” para que entrevistase a Albuerne. Nunca quise ir, pues me “olía mal” ir a meterme sin autorización de oficiales de la GN al Campo de Marte.

Fagot por su lado me tendió una trampa en Bluefields, Capital de la Región del Atlántico Sur, pues inventó un conflicto de tierras en este sector geográfico del país y convención al doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal para que me enviara a hacer un reportaje del supuesto conflicto.

Me embarqué en el Puerto del Rama y llegué al Puerto de Blufields, donde una patrulla de guardias somocistas me estaba esperando y me llevaron preso al Comando GN, donde me sentaron en una sala, sin decirme nada, ni acusarme de nada. ¿Tenían planeado matarme ese día o en esa ocasión? El plan de matarme se confirmaría después cuando me hicieron aparecer en una lista de periodistas que eran buscado por los “escuadrones de la muerte” (“Mano Blanca”) de la Guardia Nacional y de la Oficina de Seguridad somocista.

Dichosamente, previendo lo que podía pasar durante ese viaje, antes de irme, hablé por teléfono con varios amigos de Bluefields, entre otros con Moisés Arana. Un grupo de estos amigos también me estaban esperando en el Puerto de Blufields, y de inmediato  hicieron público que los guardias me habían hecho prisionero al bajar del barco en el Puerto de Blufields. En el Comando GN no me dijeron nada, y en unas tres horas ordenaron ponerme en libertad. No había tal conflicto de tierras. En Blufields nadie sabía nada del asunto.

Otro famoso oreja de la OSN fue Iván Otero, a quien expulsaron de las filas del Partido Socialista.

 

“En realidad, los “orejas” más peligrosos fueron varios miles desconocidos y que circulaban por las calles de las ciudades del país en busca de información; estos hicieron mucho daño y fueron causantes de varias centenares o miles de capturas y asesinatos de sandinistas y personas calificadas de peligrosas o sospechosas.  El “soplo” fue uno de los culpables de la masacre de Batahola, donde fueron asesinados a mansalva 83 hombres y mujeres, el 15 de junio de 1979.

 

Estelí sangriento.

 

Durante los días 10, 11 y 12 de Septiembre de 1978, se calcula que los guardias somocistas sanguinarios mataron a no menos de 400 personas en Estelí, incluyendo a niños y mujeres.

 

Los pobladores de Estelí se atrevieron a desafiar a la tiranía con un intento de insurrección, la que fue reprimida al mejor estilo hitleriano con el lanzamiento de toneladas de bombas sobre la ciudad, ataques militares a mansalva con tanques y tanquetas, morterazos y ráfagas de ametralladoras calibre 50 y 30, más la llamada “Operación Limpieza” que la GN somocista genocida lanzaba contra las ciudades, sinónimo perfecto de asesinatos en masa.

 

 

La ciudad fue masacrada. Debido a las explosiones de bombas, muchas casas estelianas ardían y despedían gruesas columnas de humo hacia el cielo. Los cadáveres olían a quemado en las calles y dentro de las viviendas. Los llantos de niños y de mujeres era el estruendo de aquella desgracia.

 

En la ciudad se escuchaban lamentos, quejas y ayes de heridos, lágrimas de familiares en búsqueda de sus muertos bajo escombros y barricadas humeantes, aquello era un calvario. Los somocistas sanguinarios reconcentrados y gustosos en el comando GN, se emborrachaban y drogaban para continuar la saña del crimen en masas.

 

La gente  como pudo y bajo las amenazas de muerte sobre sus cabezas, enterraron a sus muertos en silencio, con procesiones fúnebres, sus rezos invocaban el deseo de justicia y eliminar el veneno de las víboras somocistas.

 

Entre los 400 muertos se cuentan con los siguientes nombres: Pablo Gutiérrez, Arnulfo Rodríguez, Óscar Rodríguez Briones, Javier Blandón, Petronila Blandón, Saturnino Mejía, Pedro Valenzuela, Leticia Hernández Gómez, Tomás Acuña, Magdalena García, Bernardo Flores Barrientos y Teodoro López.

 

El olor a sangre permaneció por varios días en las calles de Estelí. La ciudad parecía un campo de concentración nazi-fascista alemán. Ellos, los somocistas genocidas, tenían mucho de parecido a los invasores nazifascistas sanguinarios y mortales en Polonia, en Checoslovaquia, Bulgaria, Yugoslavia, Hungría, Leningrado o los desiertos de África.

El luto patrio y las masacres no terminaron con ese asesinato masivo en toda la ciudad de Estelí, pues en el mismo mes de septiembre, también fueron capturados y asesinados Orlando Pineda, Juana Vizcaya y Ramón Reyes, los que fueron denunciados por “Gabriel”, “Gripe” y Juan Bautista Moncada, todos “orejas” del somocismo sanguinario.

 

Como residuos de aquella barbarie, se registraron otras matanzas en el Barrio San Antonio, cuando los pobladores protestaban por los crímenes cometidos. La nueva víctima esteliana fue Gerardo Antonio Gómez Hernández.

 

Masacre de Waspán Sur

 

El primero de enero de 1979, cuando ya se desarrollaba la Insurrección Sandinista, u Ofensiva Final contra la tiranía somocista genocida, fueron cruelmente asesinados varios jóvenes rebeldes de vecindarios como Unidad de Propósitos, en las cercanías de la entrada al Barrio Waspán Sur, unos; y otros, en un bosquecito existente en aquellos días donde es hoy el Barrio Hugo Chávez Frías. Sobre esta masacre relato detalles pormenorizados en mi otro libro: Masacres somocistas en Managua durante la Insurrección de junio de 1979.

 

Fueron seis jóvenes los asesinados sin piedad  por esta banda cruel de morfinómanos de la dictadura somocista genocida:   Berta “Fany” Díaz Hernández (19 años), Marta Gioconda García (17),  Edgard Sandoval Mendoza (18), Mauricio Lara Detrinidad (17),   Armando Bonilla Cuarezma (19) y Ramón Sánchez Urbina (17).

Masacre de Xiloá

 

Masacre de Xiloá

 

Allí en el Balneario y Reparto de Xiloá, oficiales GN, soldados, agentes de la Oficina de Seguridad y “escuadrones de la muerte” (dirigidos por la misma GN y OSN), hicieron una orgía sangrienta extraordinaria el 12 de mayo de 1979, cuando ya estaba cerca el estallido armado de la Insurrección Sandinista, el cual comenzó el cuatro de junio en sitios como San Judas, Américas Uno y el OPEN TRES (hoy Ciudad Sandino).

 

En realidad, ese día 12 de mayo de 1979, allí en Xiloá, aquella banda cruel y sanguinaria de asesinos de la dictadura somocista genocida, ejecutaron cuatro masacres: una en la casa de don Alfonso González Pasos, una segunda en una casa de seguridad en que estaban ubicados Ricardo Orúe Navarro y otros compañeros; una tercera cuando capturan y matan a Cristhian Pérez Leiva y Omar Hasan Morales;  y una cuarta en un sitio llamado Finca Santa Margarita, en el lado Noroeste de la Laguna de Xiloá.

 

En Xiloá, un grupo pequeño, especializado, encabezados por Cristhian Pérez Leiva, Omar Hassan Morales y Ricardo Orúe Navarro, trabajaron día y noche durante varios meses elaborando el mapa insurreccional, los sitios que estaría el principal teatro de operaciones de la Insurrección Sandinista. La banda de asesinos de la Loma de Tiscapa, por labor de los soplones u orejas despreciables e infames, descubrió este trabajo revolucionario y llegó en afán de matanza despiadada y genocida.

 

En mi libro: Masacres somocistas en Managua durante la Insurrección Sandinista, abordo detalladamente esta historia de las tres masacres en Xiloá y las implicaciones que tuvo en aquel momento.

 

Según el Diario BARRICADA (Órgano Oficial del Frente Sandinista) del 12 de mayo de 1980, los asesinados atroz, desalmada y despiadadamente, fueron: Alfonso González Pasos, el jardinero Francisco, los niños  Constantino Chamorro Mejía, Juan Bosco González Chamorro y Francisco (hijo del jardinero); el jardinero  y la trabajadora doméstica Sandra Salgado Roque, en el primer caso; Ricardo Orúe, Bayardo Martínez y una muchacha de seudónimo “Sandra”, llamada Carmen,  más un niño, en el segundo caso; Cristhian “Inca” Pérez Leiva y Omar Hassan Morales, en el tercer caso; y cuatro o cinco jóvenes que fueron rafagueados en la peña de la entrada a  la Finca Santa Margarita y lanzados sus cadáveres a unos barrancos, en el lado Suroeste de la Laguna de Xiloá.

 

Masacre Camilo Chamorro

 

En esta masacre monstruosa, ejecutada  por la Guardia Nacional somocista sanguinaria, genocida, cayeron doce jóvenes: Fidel Caldera, Esmeralda Torrez, Darwin Torrez, Andrés Urbina, Luis Álvarez, César Augusto Solís, Juan Arce, Mario Díaz, dos hermanos Rivas, Carlos Ramírez Flores y Mario Ayala.

Esta otra masacre, identificada como Masacre Camilo Chamorro, ocurrió el 27 de junio de 1979, a tan sólo siete días del estallido insurreccional en Managua, y precisamente estos jóvenes estaban escondidos, en preparativos para formar columnas y escuadras para los combates contra la dictadura en las Zonas Oriental y Norte capitalino.

Como siempre, los orejas despreciables o soplones de la Oficina de Seguridad estuvieron de por medio en la denuncia y ubicación de estos muchachos, y la Guardia Nacional somocista genocida llegó a matarlos a las dos de la mañana de ese día. Sólo se salvó uno de ellos, quien me contó al detalle lo que pasó esa madrugada. Esto lo relato en mi libro ya mencionado: Masacrs somocistas en Managua.

 

La masacre de Batahola.

 

 

La bestial masacre somocista de Batahola estuvo precedida de los informes de dos o tres “soplones”, entre los cuales se mencionan al paramilitar Ramón Valle Arancibia y al oreja Gabriel Valle, quienes también participaron directamente en la matancina de los 83 jóvenes el 15 de junio de 1979, entre los destacaba una agraciada jovencita llamada Linda Graciela Barreto Orozco.

 

En ese mes de junio, en todo el país, el pueblo en general ejercía su derecho histórico a insurreccionarse contra el régimen somocista brutal, cruel y sanguinario, que venía perpetrando una cadena de asesinatos desde 1934.

 

En Managua,  la Insurrección Sandinista justiciera había estallado en tres grandes sectores geográficos capitalinos: Oriente‑norte, Sur y Oeste. En el Oeste se habían levantado los barrios Monseñor Lezcano, Santa Ana, Loma Verde, Balcanes, Linda Vista, Las Brisas y Altagracia. Para ese día 15 de junio, a este grupo de combatientes se les habían agotado las municiones, tomaron la  decisión, entonces, de replegarse hacia San Judas, yéndose en silencio por la ruta de lo que era el Banco de la Vivienda y la Embajada Norteamericana. Salieron temprano. Avanzaban recostándose a los muros, se escondían en predios montosos y cruzaban sigilosamente la calle.

 

Según se supo después, los “orejas” los detectaron mucho antes de llegar a las cercanías del Banco de la Vivienda, quienes procedieron a informar a la Guardia Nacional, la que se hizo presente con un pelotón de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI), jefeada por Anastasio “Chigüín” Somoza Portocarrero, quien les enseñó a odiar a muerte al pueblo. La zona donde fueron asesinados no estaba poblada por los asentamientos y colonias de hoy. Estaban sólo los muros de la Embajada Norteamericana.

 

Era un poco después de la una de la tarde, cuando los jóvenes en dos columnas se acercaron a la Embajada Norteamericana. La mayoría se instaló en posición de descanso, mientras otros se dedicaron a explorar la zona montosa, no llegando hasta los cerros o elevaciones de piedra y arena, ubicadas al Sur y al Oeste, donde las “bestias somocistas” se emboscaron con ametralladoras calibre 50 y 30, más fusilería automática (las que estaban emplazada en los camiones de volquetes y tractores oruga que allí estaban), lanza-morteros, tanques y armas anti-áreas.

Desde esos cerros, los guardias tenían una visión privilegiada. Además, asimismo tenían ametralladoras calibre 50 emplazadas en el Taller de la Mercedes Benz y en KOMATSU,  es decir, en la orilla de la Carretera Sur, unos 150 metros al Este de los muros de la Embajada Norteamericana y en la vuelta (esquina “punta de plancha”) hacia el Sur, donde estaban las fábricas Cementera Canal y la NICALIT,

 

Según relatos de sobrevivientes, los que participaron en aquel repliegue hacia San Judas eran unos 400 jóvenes (hombres y mujeres), aproximadamente, entre Combatientes Populares, Jefes Guerrilleros y pobladores implicados en la Insurrección, quienes en el transcurso fueron observados minuciosamente a través de binoculares por los orejas de la guardias somocista sanguinaria y agentes, u orejas, de la Oficina de Seguridad, que a su vez pertenecían a los  escuadrones de la muerte.

La muchacha delgadita, de facciones finas y distinguidas, llamada Graciela Isabel Barreto Orozco, penetró en compañía de otras jóvenes a la casa de Lucía Kely a pedir agua para beber.

 

Un anciano, cuyo nombre no se ha podido establecer, simpatizó mucho con las muchachas, especialmente con Graciela Barreto Orozco, a quienes les dijo casi suplicante: “No deben seguir, las pueden matar a todas. Los guardias, por centenares, se están moviendo en la Carretera Sur y en todos los alrededores; han sido vistos subiendo y bajando de los camiones y emboscándose”. “Sos muy bonita, no te expongás a que te maten”, le agregó el anciano a Graciela Barreto Orozco, quien se acomodó una pistola en la cintura y dirigió la mirada hacia el monte crecido por donde continuarían la marcha en unos minutos.

 

Graciela Isabel, al despedirse del anciano, respondió: “Gracias, pero debemos llegar a San Judas. No podemos quedarnos aquí, al lado de Monseñor Lezcano, pues  estamos metidos en una trampa  mortal”.

 

Retornaron los exploradores. La inmensa mayoría estaban desarmados. Portaban, a lo sumo, diez fusiles automáticos con pocas municiones. Se formaron en dos columnas para cruzar la Carretera Sur, bajo los chilamatones del lado Norte de la Carretera. Las mujeres iban en medio. Todo estaba siendo observado con binoculares por las “bestias somocistas” desde los cerros de Batahola y en los sitios, muros y árboles, en que estaban ya emboscados, esperando el paso de los jóvenes replegados de Monseñor Lezcano.

Empezaron a caminar por unos caminitos, parecidos a “carreteras de hormigas” entre las hierbas crecidas. Era plena época lluviosa y el Sol calentaba con más de 34 grados la caldera de Managua. La mayoría iban agachados, para evitar la posibilidad de ser vistos.

 

Todos habían entrado ya al escenario de campo abierto de la Carretera Sur,  cuando repentinamente se escuchó el diluvio de disparos de las no menos de ocho ametralladoras calibre 5º y 30, más centenares de fusiles automáticos, los cuales vomitaban balazos desde varios puntos planos y de los cerros ya mencionados.  Las descargas de tiros se escucharon por todo el Oeste de Managua.

Los pajaritos salían volando asustados de los chilamates, mientras miles de personas se llenaban de terror en las cercanías porque los tiros se estrellaban en muros y silbaban por el aire; entre los pobladores de los alrededores hubo inútil indignación, pues los jóvenes estaban siendo asesinados a mansalva en ese momento, y ellos sin poder hacer nada.

 

Según sobrevivientes de esta horrible Masacre de Batahola, entre otros, Leonardo Iglesias Medina (ya fallecido)…., el diluvio de balazos contra ellos y ellas comenzó cuando cruzaban el cauce paralelo a la Carretera, en el lado Sur de la Carretera, sobre el cual habían chilamatones frondosos. Numerosos replegados cayeron, precisamente, dentro de este cauce.

 

La mayoría de los 83 jóvenes abatidos fueron barridos con las primeras ráfagas, las ocho ametralladoras y fusiles automáticos fueron accionados al mismo tiempo, en dirección a las ´dos columnas caminantes de jóvenes. Los sobrevivientes, tirados al suelo, siguieron a rastras, hasta salir a la calle orillada a la Cementera Canal y NICALIT, de donde tomaron otro camino montoso hacia el barrio Altagracia.

 

 

Atrás, igual que otras centenares de masacres anteriores, un  río de sangre joven manchaba el verde de la maleza, el lodo oscuro del cauce y el pavimento de la Carretera Sur, testigos mudos de los llantos y quejidos de los que habían quedado vivos. Las bestias somocistas dispararon sus ocho ametralladoras por más de 10 minutos, según los testigos sobrevivientes de esta otra masacre somocista sanguinaria genocida. Las hierbas quedaron cortadas como con una chapadora mecánica y los troncos de los chilamates estaban perforados por miles de balas.

 

Nadie rescató los cadáveres, ni vecinos ni sobrevivientes. Después de tener seguridad de la masacre, los infames somocistas genocidas, encabezados por oficiales de alto rango de la GN-EEBI, llevaron camiones volquetes del Distrito Nacional y del Departamento de Carretera, más o menos a las dos de la tarde.

 

Muchos de los 83 masacrados estaban todavía vivos, heridos, algunos levemente. Los testimonios confirman que los somocistas genocidas procedieron a matarlos uno a uno con sus pistolas y fusiles automáticos. Graciela Isabel Barreto Orozco, por ejemplo, estaba viva. Una de las “bestias somocistas” la tomo por el pelo, la pateó y después le dio un tiro en la cabeza.

 

Terminada la obra asesina, echaron los cadáveres en camiones volquete del Distrito Nacional (Alcaldía) y fueron rumbo adonde es hoy el Centro de Convenciones Olof Palme, donde echaron los cuerpos en una fosa común. Los sobrevivientes de la masacre, mientras tanto, en su escape por el lado de Altagracia, se encontraron con el resto de Combatientes Populares, que habían tomado ese rumbo para evitar encontrarse con los genocidas.

Las “bestias del somocismo” andaban como los vampiros, con los colmillos llenos de sangre.

 

Por mi parte, mediante pláticas con sobrevivientes de la Masacre de Batahola, y tomando en cuenta el listado oficial de la Asamblea Nacional, colocados cada uno de los nombres en el monumento ubicado en la Asamblea Nacional, la investigación que hice me dio como resultado la siguiente lista:

 

Arnoldo “Viejo” Real Espinoza, Silvio Porras García, Alba Luz “Marta” Portocarrero Ramos, Soraya “Flor” Hassan Flores, Allan “Sherman” Álvarez Miranda, Antenor Aguilar, Antonio Maldonado,  Carlos Mendoza Montano, Carlos Ortiz, César Vidal Lara Tercero, Denis Argeñal, Eddy Meléndez Morales, Eduardo García, Eduardo José “Ñato” Argüello Bohórquez, Edwin Gutiérrez, Elías Alfredo Pérez, Enrique Gutiérrez Serrano, Ernesto “Franklyn” Cedeño, Fanor Gaitán, Fernando Javier Aguinaga, Francisco Hernández, Francisco Javier Zeledón López, Francisco Gutiérrez Velásquez, Francisco Rodríguez, Gerardo Omar López, Gustavo “Tortillero” González, Horacio José Lorío Hernández, Ignacio Varela, Javier Antonio Martínez Velásquez, Jorge “Bladimir” Corea Briones, Jorge Martínez, Jorge Zapata Borge, José David Rocha Hernández, José Domingo “Chanchero” Martínez, José Domingo Romero, José Enrique Bermúdez, Jorge José Esquivel Acevedo, José Gonzalo Largaespada Martínez, José Isabel Bermúdez, José Peña Gutiérrez, José Rafael Bermúdez, José Ramón Rayo Suárez, Juan Horacio Rivas Rodríguez, Juan Rafael Bermúdez, Juana María Torrez Espinoza, Julio Loáisiga, Julio Villalta, Leonel Morales, Graciela Isabel  Linda Barreto Orozco, Luis Martínez, Luis  “Bomberito” Montano, Manuel Espinoza Cabrera, María José Sáenz, Marta Olivia, Mary José Matus, Mauricio A. Gutiérrez R., Mauricio Alegría, Mauricio Mayorquín, Miguel José Matus, Miguel Velásquez López, Napoleón Lara, Nelson Berríos Parra, Noel Padilla Pérez, Orlando Núñez Hernández, Oswaldo Enrique López Alegría, Pablo Solórzano, Pedro Antonio Túkler Rugama, Raúl López Flores, René Gutiérrez, Reyna Carballo, Ricardo J. Munguía Talavera, Roberto Díaz Meza, Róger Benito Martínez, Róger Martínez Abarca, Ronaldo Antonio Velásquez Morales, Rubén Mendoza, Samuel Antonio Medal Ramírez, Samuel Samuelillo Barreto,  Víctor Manuel Aguirre Mendoza, Wilfredo Juan Rodríguez, Jazmina Bustamante Peña y Zulema Baltodano Marcenaros.

 

¿Cuántos eran realmente, entre varones y mujeres, los participantes en aquel Repliegue Táctico de Monseñor Lezcano a San Judas? ¿Cuántos fueron asesinados, o masacrados? ¿Cuántos sobrevivieron a esta balacera horrible?

 

La masacre de la Colina 110

 

Dos días antes de la masacre de Batahola, el 13 de junio de 1979, asesinaron  a 35 jóvenes en la Colina 11O, ubicada al Sur del Barrio Manuel Fernández Mora, conocido también como “Laureles Norte”. Un “oreja” despreciable, de apellido Cortez, fue quien denunció la ubicación de los jóvenes en unas zanjas de la Colina 11O. Se aparecieron unos 3OO guardias genocidas con un tanque Sherman y dos aviones Push and Pull los respaldaban con  un bombardeo sistemático e indiscriminado que duró casi todo el  día 13.

 

 

Los 35 jóvenes, ya prácticamente sin balas en los escasos fusiles que tenían en sus manos, fueron rodeados por los 3OO guardias somocistas genocidas, quienes arrojaron a las zanjas donde se ocultaban granadas de fragmentación. Fueron ametrallados dentro de las zanjas. Con el Sherman y una pala mecánica procedieron a aterrar de tierra las zanjas, en que unos 2O jóvenes estaban vivos aún.

 

Terminada la operación asesina, los guardias amenazaron a la población, a través de altoparlantes instalados en helicópteros, prometiendo el mismo destino de los jóvenes, si osaban desafiar a su jefe Anastasio Somoza Debayle.

 

35 de estos Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros fueron masacrados con ráfagas de fusiles y ametralladoras hacia las trincheras de combate, e inmediatamente detrás, en segundos, el operador, también asesino genocida, de la pala mecánica arrancó grandes cantidades de tierra de la Colina 110 y las lanzó sobre los cuerpos ensangrentados, algunos todavía con vida, dentro de las zanjas. No les bastó echar la tierra encima de los cuerpos que estaban dentro de la zanja, sino que la pala mecánica fue pasada encima de donde estuvo la zanja, para que quedara  compactada la tierra, como quien dice, “para que no vayan a salirse de aquí”.

 

Los sobrevivientes fueron ocho: César “Chino” Augusto Ampié, los hermanos César y Javier Téllez Sánchez, uno al que le decían “Patitas”, Leonardo “Purito” Cabrales,  Pájaro Azul, Miguel “Válvula  Quemada” y Eduardo Julio Areas Aguilar.

 

La Columna “Manuel Fernández Mora” la integraban, debo repetirlo, asi todos fueron asesinados:

Marvin “Viejón” Úbeda Acuña, César “Chino” Ampié Rivas, Ernesto “Tito” Sánchez,  Carlos “Monito” Juárez Cruz, Lorenzo “Lencho Canilla” García,  Raúl “Marcos” Rivas Quintero, César “Mou” Téllez Sánchez, Antonio “Chino Cebolla” Cruz Gómez, Ángel “Cara de Piña” Cruz, Javier “Chintano” Martínez, Germán “Perro Mocho” Miranda Toledo, Saturnino “Mimado” Ortiz, Víctor “Pelón” Osorio, Carlos “Carlos Tico” Tuco, Ricardo “Flaco” Flores, Omar “Judito” Téllez Sánchez, Leonardo “Julián Cham” López, Denis Dionisio “Chele” Guerrero, Leonardo “Purito” Cabrales, Ernesto “Pata de Chile” Pérez Briones, Javier “Ñato” Téllez Sánchez, José Hildebrando  “Shaquespeare” Sancho, José Félix “Frijol” Bracamonte, Ramón “Manchón” Martínez, Héctor “Retoita” Martínez, Carlos “Tusa” Acosta, “Papita”, “Válvula Quemada”, Miguel “Manito”, William “Guerrillero”, Walter “Guerrillero”, Guátemoc “El Muco” Martínez, José Luis “Joe” Martínez, Mario “Mario Loco” Martínez, Wilfredo Mendoza, Heberto Bonilla,  “Sapo Tuerto”,  Carlos “Meón” Vanegas, Raúl “Gato” Vanegas, Marvin “Tribilin” Vanegas, Orlando Cuéllar, Javier “Pato” Taleno, Julio Acuña Martínez, Milton “Panzón” Lezama,  y José “Chema” Quintero.

 

Por supuesto, este contingente de guardias sembró el terror en el caserío del Asentamiento “Manuel Fernández Mora”, entonces llamado “Laureles”, a cuyos pobladores acusaron insistentemente de “cómplices de los sandino-comunistas-terroristas”.

 

Masacre en el Kilocho Sur

 

*Según las versiones de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos Gabriel Cardenal Caldera, ubicada en San Judas, en el “Kilocho Sur” fueron asesinados  entre 32 y 35 jovencitos, de los cuales sólo hay identificados 15. Son ellos: Manuel  “Pequeño” Calderón, Francisco “Pancho” Martínez, Henrry “Galleta” Guerrero, Rolando “Polín”  Delgadillo, Eduardo  Mojica, Freddy “Chiripa” Mejía Zapata,  Francisco Blanco, Eduardo Flores, Aura Lila Mendoza, Ernesto Martínez H., César Cubillo, “Pepe”, “mi compa de la Morita”, dice “Gersán Guevara Casaya en su informe, y agrega: “Domingo y Leonel, mis hermanos del OPEN TRES”.

 

Masacre en la Hacienda El Vapor

 

*Según registros de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos Gabriel Cardenal Caldera, ubicada en el Barrio San Judas, en la Masacre en la Hacienda El Vapor, cayeron 12 asesinados:  Humberto “Tantum” Salinas, Mario  Santamaría y un hermano suyo no identificado,  Noel “Montatoros” Salinas, Freddy “El Mínimo” Téllez, Donald Cristhian “Mandril” Flores, Roberto Alvarado Flores, Julio “Peineta”, Angélica Lara, Ramiro Martínez, David “Pelón” Casaya y  Roberto “Pilinche” Álvarez Rosales.

 

El listado de caídos en San Judas, Villa Roma, Loma Linda, Torres Molina, en el “Kilocho Sur” y en la Hacienda El Vapor, es el siguiente, repito incompleto todavía:

Gabriel “Payo” Cardenal Caldera, Douglas “El Peludo” Mejía Obando, René “Horacio” Cisneros Vanegas, Roberto Vargas Batres, Ramiro Córdova, Ángela “Lucy” Largaespada, Miguel “Marcio” Fornos, Luis “La Liebre” Salgado, Mario “Raúl” Montenegro, Sergio Guevara, Sebastián “Chaca” Blanco, Rodolfo “Tito” Blanco, Manuel Guadamuz,  Ernesto  “Chino Tito” Hernández, Oswaldo “Cosa de Horno”, Segundo Samayoa, Nelson “Motorcito” Vargas, William “Niño Dios” Espinoza, Manuel “El Pequeño” Calderón, Francisco “Pancho” Martínez, José Cordero, “Grampon”, Gustavo Padilla, “Edgard”, Marvin Guerra,  René “El Pelado” Blandón, Ismael Medina, Alejandro “Palo Alto” López, Edgard “Cumba”, Bayardo Ordóñez, Armando Arce,  Franklin Grameño, “Carmen”, Marta Espinoza,  Humberto “Tatum” Salinas, Noel “Monta Toros” Salinas, dos Hermanos Santana María, Freddy “El Mínimo” Téllez,  Donald Cristhian “Mandril”  Flores,  Ismael “Kara”, Roberto Alvarado Flores, Julio “Peineta”, Ramiro Martínez, Angélica, David “El Pelón” Casaya,  Roberto “El Pilinche” Álvarez Rosales, Alejandro Jirón, Marcos Morales, Norma Guevara, Marvin Carrión y Marvin García.

El asesinato del periodista Bill Steward

 

Siete días después, el 2O de junio, las mismas bestias del somocismo sanguinario asesinaron al periodista norteamericano Bill Steeward y a su intérprete nicaragüense Francisco Espinoza.

 

El día 20 de junio hubo otra masacre en el barrio Riguero. A propósito de este hecho, numerosos periodistas, entre ellos se encontraba Steeward,  se dirigieron al vecindario para cubrir una nueva barbarie del somocismo. El grupo fue detenido en un retén militar, sin mayores explicaciones, Steeward y Espinoza fueron pateados primero, luego los obligaron a ponerse de rodillas y después los asesinaron a balazos frente al vecindario impávido del Barrio Riguero, todo el acto criminal fue filmado y publicado en todo el mundo.

 

Con el cinismo característico de siempre, los genocidas, encabezados por Anastasio Somoza Debayle, pretendieron de justificar su crimen respondiendo a un supuesto ataque de Steeward y Espinoza.

 

Masacre de la familia Mejía Sánchez

 

“!Viene un mortero…jodido!”, exclamó Mejía Sánchez. Apenas había terminado de exclamar lo anterior, cuando el mortero explotó dentro de su casa, donde estaban sus hijas, su esposa  Aura Clara Sánchez y otros familiares.

La explosión sorda hizo volar la casa en mil pedazos y al instante comenzó un voraz incendio. Se escucharon gritos desgarradores de dolor profundo. Como pudieron, Walter Mejía Sánchez y el grupo de Combatientes Populares se abrieron paso por entre las llamas y lograron sacar los cuerpos desfigurados por charneles y calcinados de Marta Elena, Ruth del Carmen, Adela Esperanza, las tres hijas de Walter; y a doña Petrona Mejía, madre de Walter Mejía Sánchez, todas muertas.

Doña Aura Clara Sánchez, esposa de don Walter Mejía Sánchez, y madre de las tres muchachas, quedó gravemente herida entre el amasijo de escombros dejados por la explosión del mortero, lanzado por los guardias sanguinarios del somocismo genocida desde el Edificio Armando Guido, ubicado en el lado Noroeste del Barrio San Luis.

Doña Aura Clara Sánchez apenas se quejaba prensada por escombros y llegándole las llamas. La lograron sacar de los escombros. Y sacaron a otros tres amigos, también muertos, que estaban dentro de la vivienda. Los nombres de estos amigos  no me fueron suministrados.

Doña Aura Clara Sánchez tenía heridas enormes en casi todo el cuerpo. Además, tenía perforado los intestinos y un pulmón. Las tres hijas de Walter Mejía Sánchez eran jovencitas, integrantes del Grupo Folklórico  y Combatientes Populares del Barrio El Edén, donde ya habían caído 14 jóvenes antes que ellas en los combates en contra de la Guardia Nacional genocida somocista. En total fueron 21 Héroes y Mártires de El Edén.

Por la explosión hubo también numerosos heridos, todos los cuales, con doña Aura Clara Sánchez, fueron llevados al Hospital México clandestino, en Bello Horizonte. Allí fue operada doña Aura Clara y aquellos médicos heroicos le salvaron la vida.

Masacre de tres familias en el Barrio El Edén

 

Esta otra masacre espantosa se produjo el 20 de junio de 1979, casi a las cinco de la tarde, en el lado Sur del Barrio El Edén, exactamente de la gasolinera que siempre estuvo frente al muro del Cementerio Oriental, 150 metros al Oeste.

Esta masacre se registró allí porque uno de los pilotos somocistas sanguinarios genocidas, de los que bombardeaban diariamente Managua, León, Chinandega, Masaya, Rivas, etc., dejó caer desde un helicóptero una bomba de mil libras, la cual explotó sobre dos casas, matando a siete seres humanos, los cuales quedaron sepultados por decenas de toneladas de tierra y millones de pedazos de materiales de construcción.

Los muertos fueron: Germán, Julio y Aura Martínez, Ileana Jarquín Palacios, esposa de Germán, dos niñas gemelitas, hijas de Germán e Ileana; y Roberto González, un niño de diez años.

La única sobreviviente de esta masacre horrenda fue doña Angélica González, quien quedó sepultada hasta el cuello, es decir, todo el cuerpo, menos el cuello y la cabeza.

La bomba de mil libras cayó exactamente sobre una bloquera, propiedad de Germán y de su esposa Ileana. Las tres familias estaban dentro de un refugio antiaéreo, donde cayó la bomba y explotó, ocasionando un hueco enorme en el sitio en que estuvieron dos casitas de tres familias.

Yo llegué casi inmediatamente al sitio y tomé fotografías, varias de las cuales se publicaron en la primera edición del Diario BARRICADA el 26 de julio de 1979. Recuerdo que los vecinos y dos miembros de la Cruz Roja Nicaragüense, ubicada en el lado Sur de la Colonia Diez de Junio, y yo también, luchamos juntos con palas y cobas en manos, para rescatar los cadáveres y desenterrar también a doña Angélica González González, quien falleció en el Reparto Bello Horizonte hace unos 10 años.

Sobre esta masacre asimismo hago un relato pormenorizado en mi nuevo libro Masacres somocistas en Managua.

 

Masacre en Linda Vista

 

Al borde del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista, el 18 de julio en la madrugada, una turba de guardias morfinómanos ejecutó la última masacre en Managua, durante la Insurrección Sandinista, en el Reparto Linda Vista, en el extremo Noroeste de Managua.

Resultó que unos mil pobladores de Monseñor Lezcano, Acahualinca, Linda Vista, Santa Ana, se juntaron a media noche del 17 de julio, cuando ya se supo que el tirano sangriento y genocida había huido del país,  y decidieron salir en marcha a celebrar la victoria para el lado de la Pista de la Refinería.

Eran más o menos las dos de la mañana. Iban lanzando vítores al Triunfo de la Revolución, después de pasar el semáforo de Linda, cuando de repente del lado del Supermercado y del Cine Linda salieron unos cien guardias y los conminaron a disolverse.

Al mismo tiempo les dispararon ráfagas de tiros Aka, matando a Danelia Hernández Artola, e hiriendo al menos a unas 20 personas, entre otros, Francisco “Salvaje” Vega, quien fue auxiliado por un médico de los alrededores.

Danelia Hernández Artola era Combatiente Popular y al mismo tiempo la esposa de Fanor Ibarra González, quien hasta ese momento había sido uno de los Jefes Insurreccionales en el Barrio Monseñor Lezcano.

Atilio Ibarra González, uno de los participantes en la manifestación y hermano de Fanor, recuerda que al escuchar los primeros disparos, la multitud buscó donde parapetarse y al mismo tiempo arrastrarse al nivel del pavimento, para evitar ser impactados por las balas.

Ocurrió también lo inesperado, pues al parecer los guardias somocistas genocidas andaban con miedo, pues dispararon y a la vez se replegaron hacia el lado Norte del Supermercado.

Danelia fue sepultada en el patio de una Iglesia que hay en el lado Norte de Monseñor Lezcano.

 

Matanza durante Repliegue Táctico de Managua

 

 

El 27 de Junio de 1979 se registra en la Historia de lucha de nuestro país, el heroico Repliegue Táctico de Managua a Masaya, cuyas columnas principales fueron masacradas desde el aire por los somocistas sanguinarios, ocasionando  83 muertos (según investigación que hice en 2014), a lo largo de todo el trayecto. Las causas del repliegue fueron la  escasez de municiones o balas, comida, medicinas,  para sostener la batalla en la Capital contra los somocistas genocidas; para evitar una masacre masiva de la GN contra todos los involucrados en la Insurrección; por la necesidad urgente de reforzar los frentes de combate en el Oriente del país; para defender y profundizar la Liberación de Masaya, y para ir al asalto, a la liberación total de Carazo y Granada, con lo cual se le quebró para siempre la iniciativa militar a la dictadura militar somocista y su Guardia Nacional de asesinos y ladrones.

 

Casi siete mil replegados, la inmensa mayoría pobladores civiles desarmados que temían ser asesinados en Managua, fueron atacados salvajemente con rockettes y bombas de 500 libras lanzadas desde aviones Push and Pull y helicópteros, exactamente en el lado Norte de “Piedra Quemada”, sitio ubicado en territorio del Complejo Volcánico de  Masaya.

 

Entre los participantes de aquella acción militar titánica, revolucionaria sandinista, aproximadamente 500 eran Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares entrenados y organizados en las estructuras militares del FSLN. El bombardeo criminal se produjo entre las once de la mañana y las cinco de la tarde.

 

El que escribe este libro, fue testigo presencial directo de esta hazaña del pueblo y de los crímenes cometidos por los somocistas genocidas durante la marcha de Repliegue Táctico de Managua a Masaya, entre el 27 de junio en la noche, todo el día 28 y llegada a Masaya el 29 de junio de 1979, en la madrugada.

Durante toda la marcha no dormimos,  cargamos heridos y mochilas, caminamos por veredas y potreros baldíos, cuando el sol rojizo, color de oro de la mañana nos sorprendió llegando a un sitio llamado Veracruz, donde una patrulla de guardias sanguinarios, con una ametralladora 50 emplazada en un camión, asesinaron a dos compañeros participantes del Repliegue. Aparentemente, aún la guardia genocida no se enteraba del Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

 

A las nueve de la mañana del 28 se formaron dos columnas inmensas con la parte central del Repliegue, jefeada por William Ramírez Solórzano y  Joaquín Cuadra Lacayo. A las diez de la mañana caminábamos por una encajonada montosa, en medio de la cual habían cauces y alambrados, arboledas y cultivos de maíz, melones, sandías, frijoles, ayotes y pipianes; cuando empezaron a sobrevolarnos aviones Push and Pull. Pasaron varias veces bajitos, casi rasantes con los árboles.

 

El plan era estar en  Masaya en las primeras horas de la mañana del 28 de junio, pero la conducción de aquella hazaña era harto difícil cuando se trataba de casi mil ciudadanos (hombres y mujeres), jóvenes, adultos y ancianos, sin disciplina militar y sin experiencia en aquel tipo de acción militar de repliegue, que por primera vez se daba en Nicaragua, un verdadero éxodo para evitar que la dictadura somocista, de feroces asesinos, ejecutaran otra gran masacre contra capitalinos nicaragüenses. Fue, sencillamente, una hazaña militar popular, conducida por el Frente Sandinista de Liberación Nacional, todavía clandestino, con Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares totalmente voluntarios y patriotas.

 

 

Los replegados marcharon sudorosos, nerviosos y ansiosos por llegar a Masaya. Mientras en el cielo no se divisaban aviones, se procedía a caminar rápidamente, y cuando reaparecían las naves aéreas, piloteadas por pilotos asesinos, intentábamos ocultarnos entre las hierbas, matorrales ralos y arboledas pequeñas, pues aquel camino no contaba con verdaderos arbustos o maleza tupida que lograra cubrirnos efectivamente de la observación aérea criminal, que rondaba nuestras cabezas con ansias de muerte y sangre.

 

Entramos a “Piedra Quemada”, una extensa sabana negra de piedras hirientes, puntiagudas, vomitadas por el Volcán Masaya hace siglos y en  muchas décadas recién pasadas. En esta zona habían más árboles y varias finquitas pertenecientes al territorio de Nindirí, en el Departamento de Masaya. Las jovencitas, especialmente, entraban a las casitas a pedir agua y frutas para comer, pues no habían ingerido alimentos desde el día anterior, cuando repentinamente empezó el diluvio de morterazos lanzados desde aviones Push and Pull. Eran tres aviones disparando rocketazos al unísono hacia el suelo pedregoso, por donde nos movíamos los replegados. Personalmente, no sentí semejante intensidad de bombardeo ni en la Capital, Managua. Los rockettes y bombas de 500 y  mil libras caían a granel y desbarataban árboles y casas en millones de pedazos.

 

Comencé a ver escenas realmente alucinantes, sanguinarias, mortales. A gritos, pedí a mis hermanos Mauricio y Leopoldo,  y a mi cuñada Chepita Briceño que se lanzaran al suelo, al pie de piedras o troncos de árboles para esquivar  un poco los charneles de los morteros y de las poderosas bombas de 500 y mil libras.

 

Yo casi introduje la cabeza en las raíces altas de un chilamate. A mi orilla caían perforados por los charneles dos, tres, cuatro, diez jóvenes, que desesperados por el ataque aéreo bestial corrían de  un lado a otro.  Pensaban que de esa manera se salvarían. Como pude, me levantaba para hacer fotos de jóvenes moribundos, a los que pedían auxilio,  mientras la sangre les brotaba por la boca, sus cabezas, del abdomen, de las piernas, de las espaldas, de los brazos o de los costados.

 

Era nuevamente, la sangre de patriotas masacrados cruel y despiadadamente, una vez más por la infernal e infame dictadura militar, fundada y entrenada por los invasores militares yanquis genocidas  y ladrones, en 1927.

Les vi las ropas partidas por los charneles y su  sangre roja mezclada con el negro de la sabana de piedras erizas y filosas.  Algunos quedaron tendidos boca abajo, otros enrollados como soportando el intenso dolor. Vi a muchachas y jovencitos tratando de salvar inútilmente a sus hermanos, mientras al mismo tiempo con arranques de furia impotente tomaban sus pistolitas y disparaban contra los aviones, de donde se seguía lanzando morteros y bombas.

 

Este intenso bombardeo duró casi dos horas en sobre “Piedra Quemada” y continuó después sobre el Camino Viejo a Nindirí, sobre la Carretera a Masaya y contra los que se refugiaron donde fue el Plantel del Departamento de Carreteras, en la misma “Piedra Quemada”, pero ya dentro del Complejo Volcánico de Masaya, en la orilla Noroeste de la Laguna de Masaya.

Allí quedaron, según se dijo después, unos cien muertos y tuvimos que llevar similar cantidad de heridos hacia Nindirí, y de aquí a  Masaya, de forma landestina, por veredas, para evitar ser emboscados por los guardias somocistas genocidas que se habían posesionado de las fortalezas de los Cerros Coyotepe y Barranca.

 

Posterior a los aviones, a como a las dos de la tarde, aparecieron sobre nosotros tres helicópteros, de donde fueron lanzadas bombas de 5OO libras.

 

 

Las bombas de 500 libras ya las conocíamos, ya sabíamos sus consecuencias, su poder de destrucción, con ellas Somoza mandó a destruir casi barrios enteros o una buena parte de ellos, como El Edén; una de esas bombas enterró viva a la familia de doña Angélica González, en el barrio Ducualí. Esto fue el 13 de junio de 1979.

 

El terror aumentó cuando se dejaron sentir esas bombas de 500 libras entre los ya menos de seis mil replegados. Mis hermanos Mauricio y Leopoldo, mi cuñada Chepita y yo, nos subimos a las raíces altas de un chilamate, en un intento de salvar nuestras vidas. El daño que nos causó fue menos que el de los aviones, pero el terror que infundían era mucho mayor. Ese estruendo no tiene comparación. En el árbol estuvimos subidos aproximadamente una hora. En medio  de los estallidos, avanzamos a rastras, agachados entre matorralitos y cuando se podía emprendíamos la carrera, rumbo a Nindirí.

 

Cuando eran las cuatro de la tarde, nuevamente los Push and Pull aparecieron como aves tenebrosas en el espacio . Se intensificó la masacre iniciada a las once de la mañana en Piedra Quemada. Todos tuvimos que acelerar  el paso para salir de aquel infierno y llegar a Nindirí, donde me enteré de la muerte de la dulce jovencita Marta Lucía Corea, a causa de los charneles de rockettes. Esta jovencita, portando su fusil galil,

combatiendo, sorteado a la muerte, había sobrevivido a aquel bombardeo en Piedra Quemada, pero charneles de un rockettes lanzando contra Nindirí la alcanzó mientras trataba de proteger a varios niños, según me contaron.

 

Fue una masacre de casi todo el día, las “hienas” asesinas de la  tiranía nunca entablaron combate, sólo se dedicaron a lanzar bombas indiscriminadamente, contra una población que en su gran mayoría estaba desarmada; los verdaderos combatientes armados andaban por los 500, quienes resguardaron aquel éxodo y defendieron hasta donde pudieron el ataque  aérea desigual y criminal.

 

Igual que en todos los casos de las masacres somocistas ocurridas en Managua, durante la Insurrección Sandinista de junio de 1979, hice una investigación de casi dos años, para establecer claramente cuántos y quiénes fueron los asesinados o masacrados en estas masacres, incluyendo la del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, ocurrida el 28 de junio de 1979.

El listado siguiente es de caídos y caídas en el Cruce de Veracruz, en “Piedra Quemada”, en el Camino Viejo a Nindirí y en el Reparto Schick Gutiérrez. Estos ya tienen biografías. La mayoría tienen fotos.

Aguilar Uzaga, Marlene de Fátima “Modesta” y “Mary”, Alvarado Aragón, Carlos José;  Amador Cisneros, Cela Patricia “Mercedes”; Areas Chamorro, Raúl “Pelito”; Barrantes Miranda, Manuel; Benavidez, Aristeo “Sebastián”; Bermúdez García, Jorge Antonio “Yorbis”; Bonilla Zúniga, Eva Margarita; Bravo Medina,  María Danelia “China Tica”; Cáseres Altamirano, Bosco Javier; Campos Escobar, Alejandra Emelina;  Canales Baltodano, Raymundo  “José”; Castellón Cerrato, Irma de Jesús; Corea Campos, Pabla “Claudia” Corea; Corea Solís,  Marta Lucía; Cuadra Pérez, Manuel Salvador; Chavarría, Daniel Enrique; Darce Rivera, Ariel “Trapito”; Dávila Sánchez, Carlos Alberto “Sobrino”; Fisher Ferrufino, Ronald; Flores Oporta, Manuel Esteban;  Fuertes Guadamuz, José Bladimir “Rigoberto”, “ Chino”; Gabuardi Castillo, Mario Ramón; Gómez Sequeira, Carlos Manuel; Gutiérrez Serrano, Óscar Antonio; Juárez Roa, Julio César “Bamba”;  Largaespada Lagos, Osvaldo Antonio;  López Mojica,  Marta Lorena “Cleo”; Macías Paredes, Mario Antonio; Maltez Delgado, Edmundo; Maltez Flores, José Dolores “Chele Ladilla”; Marín Gaitán, José Luis “Oso”; Martínez Mora, Armando;  Martínez Guzmán, Hipólito;  Martínez Rivera, Rolando José “Condorito”;  Maravilla Navas, Norman José;  Mayorga Alemán, José Santos “Cerro Negro”; Matus Méndez, Domingo “Cirilo”; Mejía Membreño, Felipa “Francis”; Mendoza Pérez, Andrés Edgard; Miranda, Carlos “Paco”; Miranda Corrales, Denis;  Morales Mayorga, Gustavo Elías “Carcache”; Navarro Jiménez, Ernesto; Ortiz Flores, César José; Ortiz Padilla, Róger; Palacios Herrera, Julián de Jesús; Palacios Morales, Juvenal Polanco Chamagua, Francisco René “Sastrecito”; Reyes Montiel, Manuel; Rizo  Huerta, Ronald “Polo”; Rizo Villagra, Juan Ramón “Ringo”; Rodríguez Rivas, Róger;  Romero Orozco, Luis Antonio “Sherman”; Sandoval Cáseres, Freddy “Buitre”;  Salgado Gómez, Francisco Iván “Perú”, “Chéster”, “Renco”; Sirias Acevedo, Roberto José; Sú Aguilar, Ricardo “J Negra”; Tapia Gutiérrez, Miguel Ángel “Burro”; Tapia Gutiérrez, Marcos Antonio “Burro”; Téllez Alvarado, José René; Valle Corea, Joaquín “José”;  Villanueva Román, Marta.

Sin datos todavía

 

En este caso, no ha sido posible encontrar a ninguna de las familias de estos Mártires, también caídos en el Repliegue a Masaya. Los he buscado una y otra vez en los vecindarios en que vivieron. Estas familias, al parecer, se fueron hacia otros lados del país, o salieron de Nicaragua. Por eso pedimos que si se conocen sus direcciones me las pasen  a los teléfonos: 22703077 y 88466187,  o al correo electrónico: pabloemiliobarreto@yahoo.com,

 

Estos 17 Mártires o caídos son de la lista original de los libros mencionados arriba: Almendárez Telica, Augusto César “Kabia”; Avilés Pérez, Rogelio de Jesús; Dávila Zeledón, Jacinto; Fajardo Pérez, Mauricio Enrique; Hernández Polanco, Luis Noel “Cachete”; Jarquín Silva, Carlos Alberto; Jiménez Pérez, Freddy Arsenio; Madriz, Valerio Antonio; Mena Peña, Marlene; Muñoz Centeno, Denis Gertrudis; Orozco Peña, María Teresa; Rocha Lugo, Gerardo Alberto; Ruiz Flores, Denis;  Sáenz Salas, Guillermo Antonio “Joroba”; Sánchez Zárate, Marcos José; Talavera Alaniz, Orlando; Zamora Loáisiga, Roberto “Pescadito”.

 

 

No se pudo establecer con precisión cuántos fueron los muertos ese mismo día 28 de junio de 1979, ya en mi libro original, titulado “Repliegue a Masaya”, ya se publican casi 50 nombres, y recientemente mediante una investigación de casi dos años pude establecer los siguientes, aunque los repita: Marta Lucía Corea, Guillermo Antonio Sáenz Salas, Marcos José Sánchez Zárate, Orlando Talavera Alaniz, Marcos Antonio Tapia Gutiérrez, Miguel Tapia Gutiérrez, José Renán Téllez Alvarado, Roberto Zamora Loáisiga, Cela Patricia Amador Cisneros, Raúl Áreas Chamorro, Rogelio de Jesús Aviles Pérez, Augusto César Almendárez Telica, Marlene de Fátima Aguilar Uzaga,  Miguel Ángel Bonilla Obando, Manuel Barrantes Aguilar, Ronald Fisher Ferrufino, Bladimir Fuentes Guadamuz, Mauricio Enrique Fajardo Pérez, Manuel Esteban Flores Oporta, Carlos Manuel Gómez Sequeira, Óscar Gutiérrez Serrano, Luis Noel Hernández Polanco, Freddy Arsenio Jiménez Pérez, Carlos Alberto Jarquín Silva, José Santos Mayorga Alemán, Andrés Edgard Mendoza Martínez, Armando Martínez Mora, José Luis Marín Gaitán, Felipe Mejía Membreño, Marlene Mena Peña, Denis Miranda Corrales, José Dolores Maltez Flores, Valerio Antonio Madriz, Denis Muñoz Centeno, María Teresa Orozco Peña, César Augusto Ortiz  Flores,  Francisco René Polanco Chamagua, Denis Ruiz Flores, Gerardo Alberto Rocha Lugo, Róger Rodríguez Rivas, Ronald Rizo Huerta, Francisco Iván Salgado Gómez, Roberto José Sirias Acevedo, Freddy Sandoval Cáceres, Martha Lucía Corea y Ricardo Siú Aguilar.

 

Masacre de Linda Vista el 18 de julio

 

El 18 de julio de 1979, en la madrugada, fue tiroteada por guardias somocistas sanguinarios genocida, una manifestación de unos 600 hombres y mujeres, que se desplazaban del semáforo de Linda hacia el Oeste, en rumbo al Reparto Las Brisas y hacia la Refinería, ubicada al pie de la “Cuesta del Plomo” o “Cuesta de los Mártires”.

 

En la balacera fue asesinada Danelia Hernández Artola, Combatiente Popular, y resultaron unos 30 heridos, entre los cuales, el más grave, fue Francisco “Salvaje” Vega, también Combatiente Popular del Barrio Monseñor Lezcano.

 

Danelia era la esposa de Fanor Ibarra González, uno de los jefes de la batalla insurreccional en la Zona Noroccidental de Managua, particularmente de Monseñor Lezcano, donde Ibarra era el hijo del dueño del Cine León y coordinador del Grupo Musical Los Rambler. El Cine León era comando revolucionario sandinista durante la Insurrección Sandinista de junio-julio de 1979.

 

Atilio Ibarra González, hermano de Fanor y también del grupo de Combatientes Populares, indica que al conocerse la huida o fuga del tirano genocida, Anastasio Somoza Debayle, con su claque de asesinos más cercanos, numerosos grupos de Combatientes Populares y pobladores implicados en la Insurrección, decidieron juntarse y celebrar el Triunfo de la Revolución con una manifestación callejera ese 18 de julio en la madrugada, más o menos a las dos de la mañana.

 

Eran todos de los vecindarios Monseñor Lezcano, Acahualinca, Colonia Morazán, Loma Verde, Santa Ana, Linda Vista y de Las Brisas. Se congregaron en una calle de la Colonia Morazán y salieron al tope por el lado de la gasolinera, llegaron al semáforo de Linda Vista y doblaron a la derecha, para adentrarse en los vecindarios de Linda Vista, Las Brisas y Valle Dorado por medio de la pista que conduce a la Refinería y a la “Cuesta del Plomo” o “Cuesta de los Mártires”.

 

Iban lanzando vítores por el Triunfo de la Revolución. No se conocía que hubiera guardias somocistas asesinos escondidos en las instalaciones del Supermercado y Cine Linda Vista. Desde de estos dos lugares, precisamente, un contingente de guardias sanguinarios escondidos lanzaron varias ráfagas de tiros contra la manifestación de ciudadanos, quienes caminaban en media calle.

 

Como una buena cantidad de manifestantes eran Combatientes Populares experimentados, aunque desarmados en ese momento, al instante buscaron dónde parapetarse, e indujeron al resto a hacer lo mismo. Sin embargo, Danelia fue perforada mortalmente por una bala, y un poco más de 30 resultaron heridos levemente.

 

Al parecer, los guardias al mismo tiempo andaban con mucho miedo, pues inmediatamente que descargaron las ráfagas de tiros se replegaron con rapidez hacia el Norte, donde hay una calle que limita entre el Reparto Las Brisas y el complejo de edificios en que estaban el Supermercado, el Cine, Bancos y otros negocios comerciales.

 

Los sobrevivientes recogieron el cadáver de Danelia Hernández Artola, auxiliaron a los heridos y buscaron un médico para que fuesen curados.

El cadáver de Danelia Hernández Artola fue sepultado en una Iglesia de los alrededores.

 

Las masacres de Waslala.

 

Un ejemplo del papel que jugaron los “jueces de mesta” en la inmensa cacería somocista sanguinarias, una de centenares, la masacre perpetrada en Waslala, por varios de ellos, personalmente, donde capturaron a seis campesinos, incluyendo una mujer, a quienes  torturaron y asesinaron con saña propia de “bestias feroces”. Estos “jueces de mesta” fueron identificados como Secundino Gómez, Francisco Hernández,  Dolores “Lolo” Pérez,  José María y Antonio (de estos últimos no se tienen los apellidos).

 

 

Las víctimas mortales fueron: María Barrera, Tomás Sánchez Martínez,  Santos y Pedro Sánchez Barrera, Apolinar y  Cipriano Cruz López. Testigo de esta masacre fue María Catalina Martínez de Sánchez, sobreviviente de la matanza.

 

Los principales generales y coroneles somocistas genocidas

 

Finalmente, anoto lista de los principales generales y coroneles genocidas, responsables y ejecutores directos de tantas masacres y crímenes, todos ellos actuaban bajo la plena impunidad y beneplácito del jefe supremo de las fuerzas armadas y jefe de la “Estirpe Sangrienta”.

Los cuatro genocidas principales, los jefes de la “Estirpe Sangrienta”: Anastasio Somoza García, Luis Somoza Debayle, Anastasio Somoza Debayle y Anastasio “Chigüin” Somoza Portocarrero.

 

 

Además, José R. Somoza, Samuel Genie Amaya, Nicolás Valle Salinas., Pablo Emilio Salzar, Enrique Bermúdez, Franklin Montenegro, Reynaldo Pérez Vega, Armando J. Fernández, César Napoleón Suazo, Gustavo Montiel, Heberto Sánchez, Félix Guillén, Orlando Zeledón Aguilera, Rafael Lola, el chino Lau, Miguel Blessing Urroz, Ariel Argüello Valle, Flavio Morales S., Aquiles Aranda Escobar, Efraín Santamaría, Alfredo Juárez, Agustín Bodán, Carlos Salinas, Guillermo Noguera, Alesio Gutiérrez, Orlando Villalta Roa, Sebastián Flores, César Asdrúbal Briceño Corleto, Germán Bello, Bernardo Mendieta, Fermín Meneses Cantarero, Jerónimo Linarte, Adolfo Evertz, Alberto Luna Solórzano, Vidal Jarquín, Aldo Parodi Basset, Juan Lee Wong, Levy Sánchez, Iván Alegret, “Sombra” Zúniga, Coronel Ruiz, Juan Ángel López, Camilo González, Pedro Nolasco Romero, entre otros.

 

Ya fallecidos, pero igualmente famosos por sus crímenes, se encuentran: Reynaldo Pérez Vega, Enrique Bermúdez, Juan Ángel López, y un tal Camilo González.

 

El asesino del Fortín de Acosasco y de la “21 de León”, Pedro Nolasco Romero, está “vivito y coleando” en Masatepe, departamento de Masaya.

 

 

CAPÍTULO III.

 

Trataré de exponer, ahora, sucintamente cada uno de los asesinatos masivos o individuales, protagonizados por oficiales de alto rango: generales, coroneles, mayores, capitanes, tenientes y guardias somocistas, agentes de la Oficina de Seguridad Nacional, “orejas”, “jueces de meta”, miembros de “escuadrones de la muerte” (“Mano Blanca”, era el nombre elegante que le habían puesto los somocistas sanguinarios), paramilitares, o los que ejecutaron personalmente los políticos liberales del régimen como Orlando Montenegro Medrano.

 

En el departamento de Boaco.

 

Caso primero:

 

Marvin Escobar y Francisco Sánchez, fueron bajados del autobús en el empalme de Boaco, a plena luz del día, el once de julio de 1979, a ocho días del triunfo de la Revolución Sandinista. Fueron capturados por los guardias y orejas Justiniano Rivas, Freddy Castillo, Miguel Gaitán,  Santiago Aguilar y otro al que apodaban “Zanate”.

 

Después de torturarlos salvajemente en el comando G.N. de Boaco, llevaron a ambos prisioneros a la Cruz de Teustepe, donde los acribillaron a balazos y sus cadáveres fueron tirados a a predios montosos.

 

Caso segundo:

 

Por denuncias de una supuesta “oreja”, llamada Liliam Mora, fue capturado en el Estadio de Boaco el  joven Jerónimo Robles. Los guardias sacaron a patada limpia al  joven del Estadio, lo llevaron al comando GN, donde lo torturaron y lo presentaron ante la “oreja”, quien confirmó: “Ese es”. Acto seguido, lo montaron en un camión artillado con ametralladoras y lo mataron a balazos en la orilla del río de Santa Lucía,  municipio cercano a la ciudad de Boaco.

 

La familia del  joven llegó a buscarlo al Comando GN y con singular cinismo, les respondieron que les “ayudarían a buscar el cadáver”, el que finalmente hallaron a 3OO metros de la orilla del río mencionado.

 

Nunca se supo la causa de acusación de la “oreja”, sencillamente, la Guardia Nacional procedió gustosa al asesinato.

 

Caso tercero:

 

El cinco de mayo de 1978,  guardias genocidas catearon casi toda la ciudad de Boaco. Durante el día y la noche, la ciudad se convirtió en una inmensa cárcel. Capturaron a no menos de 4O personas, acusadas de “colaborar” con los “Sandino‑comunistas-terroristas”.

Al finalizar las jornadas criminales contra Boaco, procedieron a asesinar a los jóvenes Uriel Rojas, Narciso Bello, Eusebio Sequeira, uno de nombre Alexis y dos más no identificados, quienes fueron masacrados a tiros en las mismas cercanías del río de Santa Lucía.

 

En el Departamento de Carazo.

 

Caso primero:

 

Al estallar la Insurrección de febrero en Monimbó, los guardias somocistas sanguinarios también acribillaron a tiros a pobladores de Diriamba, donde asesinaron en las calles a José Francisco Rodríguez y a un desconocido. Resultaron heridos en el tiroteo a mansalva más de 3O personas, entre otras: Ester González, Juan José Acevedo, Francisco Zambrana, Bayardo Zambrana, Bayardo Cruz Valverde, Juan José Castro y Gilberto Mendieta. También fueron detenidas  más de 5O personas.

 

 Caso segundo:

 

Siete personas fueron asesinadas el 22 de septiembre de 1978 en Jinotepe. Los masacrados, fueron, entre otros: Alejandro José González, Mario Antonio López Narváez, Vicente Hernández Narváez, Francisco Medina, Jesús Ayerdis López y un joven de apellido García.

 

Los responsables de este otro crimen:  José  Logo, un paramilitar muy conocido en Jinotepe; teniente Manuel Antonio López Mendieta, y los somocistas genocidas Roberto Solórzano y Pedro Hernández Cordero; este último tenía por apodo “Mico (mono) de la pila grande”.

 

 

 

Caso tercero:

 

El primero de abril de 1978, el mayor GN genocida Ricardo Lau, jefe de los asesinos en Jinotepe, hizo desaparecer a los jóvenes Douglas e Ismael Guadamuz, quienes fueron capturados por patrullas de guardias en una de las calles jinotepinas. Nunca más nadie los volvió a ver. Y los genocidas, por supuesto,  jamás informaron dónde se encontraban sus tumbas.

 

Caso cuarto:

 

Los mismos somocistas genocidas acantonados en Diriamba,  se introdujeron a varias casas para torturar a las familias de Napoleón Molina Dávila, Socorro Dávila Molina, Carlos Vicente Mendieta Mayorga, pues los guardias se enteraron de que daban apoyo  moral y material a jóvenes que mantenían tomadas las iglesias en protesta contra la continuación de la tiranía somocista.

 

Según los informes de esos días, fueron golpeadas y torturadas no menos de cien personas en Diriamba; los somocistas, sin permiso ni orden de cateo alguno, se dieron el derecho de violación de morada y tortura de sus habitantes.

 

Caso quinto:

 

En la misma Diriamba, el 25 de abril de 1978, Miguel Urtecho García y Marvin Baltodano Silva, y otras personas, fueron sacadas de la Quinta Báez por guardias y orejas somocistas. Fueron torturados y posteriormente desaparecidos por la GN.

 

La captura la realizó una patrulla comandada por el mayor Brenes, quien supuestamente actuó por denuncias de los soplones Rolando Silva y Manolo Mendieta.

 

Caso sexto:

 

Otra masacre, con cuatro muertos, entre ellos Mario Álvarez, y numerosos heridos, se registró el siete de septiembre de 1978 en Jinotepe, donde una manifestación fue reprimida a balazos por los somocistas genocidas, jefeados por el coronel Abel Ignacio Céspedes, el teniente Ronald Sampson (cuñadísimo de Somoza) y los soldados Roberto Solórzano, Róger Méndez Torres, Evaristo  Jiménez y Marvin Vega.

 

 

 

Los muertos registrados en esta masacre fueron: Marcos Arévalo Rojas, Santiago López, Marlon Arévalo y Fanor Chévez.

 

Caso séptimo:

 

Como una muestra de lo que fueron los somocistas genocidas, aparece registrada una masacre ordenada por la entonces ministra de Educación, María Elena de Porras, quien ordenó desalojar con un convoy de guardias a los estudiantes que estaban en huelga en la Escuela Normal de Jinotepe, el 11 de julio de 1978.

 

Los muchachos estudiantes, lograron fugarse hacia unos cafetales, donde los guardias sanguinarios dispararon ametralladoras de grueso calibre en todas direcciones, a menos de un metro de altura, con la finalidad de cazarlos como animales silvestres.

Tiraron también bazucazos sobre las viviendas humildes de los cafetales, donde hirieron de bala a Enrique Brenes, Carmela Cruz Pedroza, Bayardo Munguía López, Dina Obregón, Norma Elena Sandino, Pedro Mena, Pastor Cruz Reyes, María Campos y otras personas no identificadas.

 

Milagrosamente no hubo muertos. Miles de plantas de café resultaron derrumbadas por el diluvio de balazos y numerosas casitas fueron destruidas por los bazucazos. Nadie juzgó ni condenó a estos criminales por este otro crimen.

 

 

En el departamento de Chinandega.

 

Caso primero:

 

La GN capturó a dos jóvenes ocupantes de unos lanchones, quienes fueron denunciados a la FAN por guardias acantonados en el cuartel GN de Puerto Morazán. Ese mismo día fueron asesinados y sus cadáveres aparecieron en la orilla del Río Estero Real. No fueron identificados.

 

Caso segundo:

 

En el Puente Los Cabros, Chinandega, fueron asesinados por guardias nacionales ocho jóvenes, sin ningún tipo de identificación ni conocimiento de causa. Sus cadáveres aparecieron en el hospital de Chinandega señalados como “Sandino-comunistas-terroristas”.

 

 

Caso tercero:

 

El cinco de diciembre de 1978, guardias somocistas genocidas a bordo de un BECATS mataron a los jóvenes Ricardo Velázquez y Rodolfo Herrera González. La acción se realizó en la oscuridad y el silencio de la noche, a punta de ráfagas de tiros en el Cementerio de Chinandega. Ningún vecino, ni periodista, ni curioso se asomaron por temor, pues ya suponían lo que había ocurrido.

 

Frente al cementerio quedaron los cadáveres de ambos jóvenes, helados y soplados; amanecieron tirados en la acera. Fueron asesinados sin acusación alguna, sin causa conocida. Sencillamente, fueron asesinados porque así lo quiso la Guardia Nacional en Chinandega.

 

Caso cuarto:

 

También fueron encontrados los cadáveres de los jóvenes Róger Madriz López, Juan Castillo Venerio, Cecilio Durán Santamaría y Roberto Alvarado, los que fueron capturados la noche del operativo en que le robaron 15 mil córdobas a Miriam Venerio.

 

Todos los cadáveres presentaban señales horribles de torturas y se presumió que murieron por la bestial golpiza propinada dentro del Comando GN  de los somocistas genocidas en Chinandega.

 

Caso quinto:

 

El  joven José  Francisco Largaespada fue capturado el 5 de enero de 1979 en la comarca La Grecia, Chinandega. Nadie lo volvió a ver vivo. Su cadáver fue encontrado en una  calle de la Ciudad de Chinandega. La Guardia Nacional tampoco supo dar explicaciones del caso, ni realizaron investigación alguna.

 

Caso sexto:

 

El cuerpo sin vida de Óscar Dionisio Manzanares apareció destrozado en un Barrio de Chinandega. Había sido capturado por militares  diabólicos genocidas en tres jeeps BECATS, interceptándolo cuando caminaba por  una de las calles de la Ciudad de las Naranjas.

 

 

Caso séptimo:

 

En la noche del 15 de enero de 1979, Luis Alberto Dávila Molinares, viajaba en su automóvil por una de las calles de la Ciudad de Chinandega. A los guardias de un BECATS se les ocurrió dispararle un balazo de fusil garand, acertándole en la cabeza. Dávila falleció en el Hospital de Chinandega.

 

Caso octavo:

 

El joven José López Picado fue capturado el 21 de enero de 1979, en la esquina de una Sección de Policía GN somocista. López Picado, según relatan testigos presenciales, llegó a invitar a unos tragos a un  guardia amigo suyo. Otro guardia genocida lo acusó de “sospechoso”, lo metió preso a culatazo limpio dentro del cuartel.  De aquel joven nunca más se supo nada, ni su cadáver fue encontrado por sus familiares.

 

Caso noveno:

 

El 5 de febrero de 1979 fueron capturados por guardias, en diferentes casas de Chichigalpa (Chinandega), Rolando Calero, Miguel Blandón, Justo Pastor y Carlos Solís Zamora, Carlos Solís (hijo), Rolando Altamirano, Rolando Herrera Méndez, Armando Herrera N. y Rolando Martínez Saavedra.

 

No les fue formulada ninguna acusación, pero todos aparecieron asesinados posteriormente. Sus cuerpos reflejaron señales horribles de torturas. Los responsables directos fueron los somocistas paramilitares Hernán Ramírez Sánchez, Uriel Navarrete, Jesús Dávila y un asesino apodado “Galope”.

 

Caso décimo:

 

El 10 de abril de 1979,  aparecieron cuatro cadáveres de jóvenes en el camino de Mapachin, Corinto. Solamente se identificó a Fanor Chávez. Según testigos presenciales de la captura, los jóvenes iban caminando por el mismo camino cuando fueron interceptados por  una patrulla GN-BECATS y luego aparecieron muertos a balazos.

 

Caso décimo primero:

 

 

Dos policías GN tenebrosos, de aquellos mismos asesinos, y una mujer no identificada, se aparecieron a la casa de Douglas Alonso Zamora, quien se encontraba en un salón llamado “Meléndez”, en una de las calles de la Ciudad de Chinandega.

 

Douglas fue sacado a la calle y acto seguido fue baleado sin brindar razones. El cadáver quedó tirado en un mar de sangre en el pavimento. Los asesinos, satisfechos de su obra asesina atroz, dieron la espalda y se marcharon, como si nada sucedió.

 

Caso décimo segundo:

 

El jovencito Cejo Centeno Rodríguez, quedó muerto en una calle de la Ciudad de El Viejo, Chinandega, después de la explosión de una granada. Según testigos presenciales, los feroces asesinos somocistas le tiraron el instrumento explosivo, cuando el joven caminaba por una de las vías de la tierra del Comandante  Germán Pomares Ordóñez.

 

Caso décimo tercero:

 

A Guadalupe Rivas Santelo no le sirvió de nada “hacer las cruces”, para pedir clemencia frente a guardias genocidas, quienes la asesinaron a balazos el 29 de abril de 1979, en el Barrio  San Luis, de la Ciudad de Chinandega.

 

Junto a ella fueron asesinados también Lucío Campos Martínez, Reynaldo José Gutiérrez y Félix Pablo Estrada Maradiaga. Los cuatro jóvenes fueron interceptados por una patrulla de GN genocidas en las calles de Chinandega, torturados después y finalmente asesinados.

 

Caso décimo cuarto:

 

Como tromba tenebrosa, llegaron cien guardias con ametralladoras calibre 30, fusiles automáticos y una tanqueta al sitio en que estaba el joven de 17 años, Raúl  Francisco Ramos, en el Reparto Estela, de Chinandega.

 

Todo el barrio se estremeció por la llegada de los criminales estatales, quienes además de llegar por Ramos, capturaron también a dos vecinos suyos. Los montaron a los jeeps BECATS y después aparecieron asesinados en calles periféricas de la Ciudad de Chinandega. Según versiones periodísticas y de vecinos, una mujer “oreja” de la GN-OSN denunció a Ramos y a sus amigos como “Sandino‑comunistas-terroristas”.

 

Caso décimo quinto:

 

Tres jóvenes fueron ametrallados por nueve guardias GN genocidas que bajaron de dos BECATS verde-olivo en Los Ángeles, kilómetro 127 de la Carretera Chinandega‑Chichigalpa.

 

Los tres muchachos, hermanos, estaban viendo televisión a las tres y cuarenta minutos de la tarde del día 15 de mayo de 1979, cuando fueron ametrallados en su casa, sin que mediara ni una palabra. Los asesinos feroces, crueles, sanguinarios, se bajaron, se acercaron a la puerta y descargaron las balas de sus fusiles contra la humanidad de los inocentes jóvenes. El delito: ver tranquilamente televisión en su casa.

 

Caso décimo sexto:

 

Se llamaban Rolando, Elías y Pedro Romero Bustamante. El padre, llamado Rolando, no estaba en ese momento, pero cuando escuchó la balacera en su casa se dejó ir corriendo. Encontró a los asesinos uniformados pasconeando por completo los cuerpos de los jóvenes. A don Rolando, por reclamar el crimen lo montaron al BECATS y lo amenazaron de muerte, “para que este viejo hijo de puta no se ande metiendo en estos asuntos…”

 

Caso décimo séptimo:

 

La misma Guardia Nacional arrastró a Sergio Medina y lo asesinaron el 19 de mayo de 1979, en el Puerto de Corinto, ubicado al Suroeste del Departamento de Chinandega.  Según relatos periodísticos y de vecinos, una patrulla de asesinos GN llegó de madrugada a la casa de Sergio, abriendo las puertas de la casa a punta de culatazos y patadas. Primero golpearon salvajemente a Guillermo Medina, su hermano. Después procedieron a buscar a Sergio, que se encontraba en otro cuarto de la misma casa, lo capturaron y se lo llevaron con rumbo desconocido.

 

A los tres días, se encontró su cadáver en un lugar conocido como Línea Rota, cercano al Puerto de  Corinto, con las manos y pies atados, en carne viva,  señal de que había sido arrastrado con uno de los vehículos, antes de ser asesinado.

 

Caso décimo octavo:

 

 

En una de las calles de la Ciudad de Chinandega, en horas de la noche, fueron asesinados los hermanos Eusebio Calixto y Ramón Eustacio Norori Cortez, con dos personas más no identificadas, el 22 de mayo de 1979. Se imponía la política terrorista de siempre matar, matar y matar, si a los guardias somocistas genocidas se les antojaba.

 

Caso décimo noveno:

 

Un pobre vendedor de NOVEDADES,  el periódico del tirano Anastasio Somoza Debayle, fue asesinado por una patrulla de guardias genocidas el 27 de mayo de 1979, en la noche. El  infortunado vendedor se llamaba Róger Solaris Espinoza, de 33 años. Caminaba por las calles de Chinandega con su maleta de periódicos, más una lista de clientes fijos del Diario NOVEDADES, cuya mayoría eran somocistas conocidos.

 

Los genocidas cumplieron, una vez más, la norma enseñada por los jefes de la “Estirpe Sangrienta”: primero maten y después averigüen. Pues resulta, que la causa del asesinato fue la famosa lista de clientes que portaba a diario, la que creyeron era de contactos de combatientes sandinistas, o Jefes Guerrilleros del FSLN clandestino.

 

A Pesar de ser vendedor del diario NOVEDDES, del tirano genocida, su familia no fue indemnizada.

 

Caso vigésimo:

 

El 5 de junio de 1979, en el Barrio San Agustín, Chinandega, los genocidas asesinaron a cinco miembros de la familia de María Carcha de Castro, por la denuncia “diligente” de las “orejas” María Elena “Nena” Martínez y Juana Grillo. Entre los muertos se encontraban Moisés y Francisco Velázquez.

 

Fueron, aproximadamente, 5O guardias GN los que llegaron en un camión militar, rodearon la vivienda y ordenaron salir a los ocupantes, a los que ametrallaron.  NOVEDADES después se encargó de “informar” que eran “Sandino‑comunistas-terroristas”,  “muertos en combate”.

 

Caso vigésimo primero:

 

Otro asesinado fue Gabriel Cano Téllez, el 6 de junio de 1979, en las cercanías de las puertas del Ingenio San Antonio, Municipio de Chichigalpa, en el lado Sureste del Departamento de Chinandega.

 

Caso vigésimo segundo:

 

 

El 15 de junio de 1979, entre los volcanes Chonco (apagado) y San Cristóbal,  fueron asesinados Óscar “Felipe” Martínez Rosales y otros dos compañeros suyos no identificados, lo cual ocurrió el 15 de junio de 1979.  El asesinato fue al estilo de caza de venados y matones a sueldo, pues fueron acribillados a tiros desde unos matorrales, mientras caminaban.

 

Caso vigésimo tercero:

 

Denis Leonel Selva Hurtado fue capturado por guardias sanguinarios el 29 de junio de 1979 en El Viejo, Chinandega. Fue  montado en un jeeps BECATS y posteriormente apareció asesinado en un lugar llamado “Iguana”, donde inclusive, fue sepultado por sus compañeros sandinistas.

 

Caso vigésimo cuarto:

 

Los niños Erick Gómez y Manuel de Jesús López fueron asesinados por paramilitares (“orejas”) en los primeros días de julio de 1979. Fueron de los últimos asesinados por somocistas genocidas en Chinandega, antes de producirse el Triunfo de la Revolución Sandinista el 19 de Julio de 1979.

 

Caso vigésimo quinto:

 

El propio 19 de Julio de 1979 fueron asesinados Tomás y Félix Pedro García Sánchez y Juan de la Cruz García Meza, los que fueron sacados de sus casas en Chinandega y tiroteados fríamente en la calle, en venganza por el desmantelamiento  del Comando GN genocida de Chinandega.

 

 

En el Departamento de Estelí

 

Caso primero:

 

El 16 de julio de 1969, cuando el FSLN tenía ocho años de fundado, fue asesinado Alesio Blandón Juárez por guardias somocistas genocidas en Estelí. Posteriormente una marcha de estudiantes universitarios salió a las calles exigiendo a la Guardia Nacional la devolución de su cadáver; la respuesta recibida fue una lluvia de balas sobre aquella marcha en las calles.

 

 

En la balacera unilateral contra los estudiantes desarmados, fueron asesinados los estudiantes Manuel Herrera y René Barrantes.

 

Caso segundo:

 

Denis Enrique Romero Zamorán apareció asesinado después de haber sido capturado y torturado por los sicarios de la Oficina de Seguridad somocista el 22 de noviembre de 1971. Con el cinismo característico de siempre, la Guardia Nacional informó, a través de sus voceros, que Romero Zamorán se había “tirado a un cerro”, cuando lo conducían capturado.

 

Caso tercero:

 

El 24 de noviembre de 1976 fueron asesinados Santiago Rodríguez y Abraham Zapata, en el lugar conocido como Santa Cruz, donde ambos jóvenes caminaban tranquilamente.  Sin motivo alguno fueron interceptados, torturados y masacrados a tiros por los guardias somocistas.

 

Caso cuarto:

 

En agosto de 1977, por la salida Norte de la Ciudad de Estelí, un joven estudiante no identificado, fue alcanzado por varios “orejas” y  paramilitares, disparándole varias veces por la espalda. Los asesinos estaban encabezados por  José “Chepón” Sobalbarro y acompañado por Juan Moncada (ladrón de tierras),  Magdaleno Cerrato, ex‑alcalde somocista de Condega y un tal Bigarne, entonces inspector de educación en Estelí.

 

La banda de asesinos cargó el cadáver del joven y lo lanzaron dentro de un pozo cercano al hecho criminal, cubriéndolo con numerosas piedras.

 

Caso quinto:

 

El 26  agosto de 1977, en pleno día y ante la vista de mucha gente, fueron capturados en Condega, Municipio de Estelí, en la Carretera Panamericana,  Juan de Dios Muñoz Reyes y el ingeniero Raúl González Almendárez.

 

 

En vez de un proceso judicial se les propinó una colosal golpiza,  culatazos, cuchilladas en el cuerpo y finalmente los asesinaron.  A Juan de Dios Muñoz Reyes lo asesinaron casi en el acto, pero al ingeniero González Almendárez lo torturaron durante varias  horas en el Comando GN somocista genocida. Un  tal “Perro Vergara” y un miserable conocido como Migdonio, fueron los ejecutores personales de esta masacre.

 

Caso sexto:

 

Derivado del Caso cuarto, el joven que asesinaron y sepultaron con piedras en un pozo, días después fueron asesinados el cruzrojista José Norberto Briones y el presbítero Francisco Luis Espinoza. Los autores de estos asesinatos fueron los mismos paramilitares mencionados arriba: “Perro Vergara” y Migdonio.

 

El asesinato de Briones fue a causa del hallazgo del cadáver en el pozo, cumpliendo con sus funciones cruzrojistas, que al ser extraído se emitió un dictamen de las verdaderas causas de la muerte del infortunado estudiante, cuyo nombre fue imposible conocer porque  los archivos fueron ocultados.

 

Caso séptimo:

 

El 15 de enero de 1978,  guardias somocistas genocidas y profesionales del crimen asesinaron a 40 personas, en la famosa comunidad de Estelí  conocida como “Montañita”. Los guardias sanguinarios llegaron a la “Montañita” repentinamente.  De inmediato se escuchó una lluvia de balazos contra las paredes endebles de las casitas existentes. Niños y mujeres temblaban de miedo, imploraban piedad, clemencia, pero las  feroces bestias somocistas no entendían sólo las razones humanitarias.

 

Los autores directos de esta masacre fueron aproximadamente 2OO guardias sanguinarios somocistas. Como manojos de leña o piedras  eran lanzados, en su mayoría niños y mujeres,  a los elevados tráilers de los camiones militares. Cuarenta (4O) personas iniciaron un viaje sin retorno. Desaparecieron. Poco tiempo después aparecieron sus cadáveres con señales de torturas bestiales, las mujeres y los niños además de asesinados, fueron violados.

 

Entre los asesinados se encontraron a los siguientes: Matilde Estrada Cruz (masculino), Julio César Cruz Briones, Sara Hernández,  Sabino Paz Olles, José Ramón Olles Briones y Eugenio Estrada, entre otros.

 

Caso octavo:

 

 

El 15 de julio de 1978, en una de las calles de Estelí, fue asesinado José Benito Escobar Pérez, miembro de la Dirección Nacional del FSLN. En dicha acción, también resultaron capturados los militantes sandinistas Mónica Baltodano Marcenaros y el ingeniero Almendárez.

 

El asesinato de José Benito fue posible al “soplo” de un “oreja” infiltrado en las filas del FSLN clandestino, de nombre Marvin Corrales.

 

Caso noveno:

 

El 19 de julio de 1978, en las mismas calles de Estelí, fue reprimida a punta de balazos una manifestación antisomocista; las tropas somocistas genocidas (varios camiones y 6 jeeps BECATS), iban al mando del “Perro Vergara”. Como consecuencia de esa represión fue asesinado el estudiante de 23 años, Bladimir Hidalgo.

 

Caso décimo:

 

El mismo 19 de julio son también masacradas cuatro personas en el sitio conocido como “Bajío”, adonde llegaron decenas de guardias sanguinarios, por denuncia de “orejas” despreciables, quienes calificaron a toda esta comunidad de “sandino‑comunista-terrorista”.

 

Los guardias eran encabezados por paramilitares, “jueces de mesta” y “orejas”, quienes personalmente mataron a cuatro ciudadanos, entre ellos: Gustavo Espinoza Ruiz, joven de 22 años.

 

Caso décimo primero:

 

El quince de septiembre de 1978, fueron asesinados en Condega, Estelí, el sacerdote Francisco Luis Espinoza, el capitán bombero Norberto Briones Lanuza y una mujer no identificada. Como era normal, los motivos de dichas ejecuciones fueron desconocida.

 

Caso décimo segundo:

 

 

Como consecuencia de las matanzas a propósito de la Insurrección de Septiembre, un grupo numeroso de personas, cuando daban sepultura a sus víctimas recién encontradas,  otro grupo de guardias genocidas al mando de Paco Blandón, les ordenaron “tírense al suelo”, primeramente; luego con tono macabro ordenaron “Échense a la tumba…Vamos…rápido”, siendo ametrallados a lo inmediato dentro de la zanja abierta. Las víctimas, en esta ocasión fueron: ­­­Fernando y Paula Morales, Omar Rugama, Rosario y Jorge Luis Rugama Robleto, Rodolfo Espinoza, Antonio Portillo y un hombre alto identificado como Francisco.

 

Delfina Rugama Velázquez se salvó milagrosamente de la masacre, pues al escuchar la llegada infernal de los guardias, procedió a esconderse tras una de las edificaciones de cemento del cementerio de Estelí.

 

Caso décimo tercero:

 

Después de la insurrección de Estelí, en 1978,  en la Ciudad permanecieron  1,200 guardias nacionales acantonados, que además de su nutrido armamento contaban con el apoyo de seis aviones artillados para cuando fuesen necesarios los bombardeos a barrios o caseríos de la Ciudad y otros pueblos del departamento.

 

Los 1,2OO gendarmes somocistas volvieron a masacrar la Ciudad de Estelí el 2O de septiembre de 1978. Las toneladas de bombas oscurecieron el cielo y llenaron de horror y muerte la ciudad. Al interior de las viviendas quedaban los cuerpos sin vida de niños, mujeres y hombres hasta un número de 900, según las cuentas del mismo dictador Anastasio Somoza Debayle, desde su bunker infame en Managua.

 

El terrorismo estatal somocista sembró de cadáveres los puentes, los cercos o alambrados, los patios y las calles; según Alejandro Dávila Bolaños, Estelí significa “Río de Sangre”. La sangre que salpicó los rostros de los gendarmes del régimen somocista sanguinario y que fue reivindicada el 17 de julio de 1979, el día de la liberación de la ciudad.

 

Caso décimo cuarto:

 

El dolor y la muerte llegó al Tular, una comunidad rural de Estelí donde varias decenas de familias fueron capturadas y masacradas por los mismos criminales. En dicha comunidad, aparecieron 19 cadáveres el 9 de enero de 1979.

 

A consecuencia de aquella criminalidad y de la quema generalizada de los ranchitos campesinos, huyeron del lugar variedades de pájaros, cusucos, conejos y otros animales domésticos. En el campo se vivieron tormentosos episodios, métodos fascistas de sojuzgación del pueblo y terror permanente.

 

Caso décimo quinto:

 

 

El 10 de enero de 1979, fue masacrado en la comarca “Despoblado”, el campesino José Velázquez.  Los vecinos del lugar, informaron que Velázquez trabajaba su milpa cuando fue brutalmente capturado y atrozmente asesinado.

 

Caso décimo sexto:

 

El 2O de enero de 1979, en la comunidad del Guayabo, ubicada entre Estelí y León, fueron asesinados  cuatro pobladores: Jesús Moreno Gómez, Griselda García Toruño, Reyna García Pérez y el niño Miguel García Pérez. La muerte les agarró cuando buscaban alimentos en el monte, fueron capturados y cruelmente asesinados.

 

Vinculado a los tres inmediatos anteriores casos, en el Diario La Prensa S.A.  apareció el titular “Hallan 21 cadáveres en El Tular”, el 20 de febrero de 1979. Posteriormente, salió un comunicado de la Guardia Nacional, en el que calificaban a los muertos y justificaban sus crímenes por ser “Sandino-comunistas-terroristas”.

 

Caso décimo séptimo:

 

El 9 de marzo de 1979, en un sitio conocido como “Lagunilla”, comarca del municipio de San Nicolás, en el Departamento de Estelí, 600 agentes mortales del somocismo genocida, dieron muerte a 11 campesinos.

 

De ellos se informó que habían perecido en combate con la Guardia Nacional, cuando en verdad fue otra masacre a la vista silenciosa de muchos pobladores de la comarca “Lagunilla”. Entre las víctimas se encuentran: Encarnación Jirón (75 años), Tomás Jirón,  María Elsa Hundiel, Ernestina Lanuza Jirón, Pedro Jirón Jirón, Alfonso Lanuza Mendoza, Gladys Lanuza Jirón, Juan Velázquez y Rodolfo Benavídez.

 

Caso décimo octavo:

 

El 10 de marzo de 1979, en la Fila Estrechura, cinco mujeres y cinco varones desconocidos fueron asesinados. El jefe de las bestias somocistas  fue identificado como “Pajarito”, cuyo nombre fue plenamente descubierto después del triunfo de la Revolución Sandinista.

 

Caso décimo noveno:

 

 

El 2 de abril de 1979, en la noche, guardias somocistas capturaron a Julio y Jesús López López en el cine Nancy. Posteriormente, los cadáveres de los jóvenes aparecieron descuartizados en un potrero de la finca “Tunosa”, ubicada a cuatro kilómetros al norte de la ciudad de Estelí.

 

 

Caso vigésimo:

 

El 4 de abril de 1979, en la carretera El Sauce-Estelí, tres campesinos transeúntes fueron capturados y asesinados por agentes mortales del somocismo genocida. Luego, aparecieron destrozados a golpes y balazos. Cuando sus familiares reclamaron en el comando GN de El Sauce por la masacre, fueron calificados de “locos”.

 

Los nombres de los campesinos: Dionisio Lanuza, Gilberto Selva y otro cuyo nombre nunca se supo.

 

Caso vigésimo primero:

 

El 12 de abril de 1979, fueron masacrados los médicos Alejandro Dávila Bolaños y Eduardo Selva, y la enfermera Cleotilde Moreno, cuando auxiliaban a heridos de muerte en el Hospital de Estelí, a causa de las acciones criminales y hitlerianas que el tirano genocida Anastasio Somoza Debayle ordenaba sobre la heroica ciudad de Estelí. Los asesinos estaban bajo el mando del coronel “Sombra” Zúniga.

 

Dávila Bolaños y Selva fueron salvajemente golpeados y torturados antes de ser asesinados, en las mismas instalaciones del hospital. El doctor Dávila Bolaños, además de médico, era uno de los más prestigiosos investigadores de nuestro folclore nacional y del pasado indígena nicaragüense. Su frío y atroz asesinato conmovió a la opinión pública nacional e internacional.

 

Paralelamente, también fueron asesinados en las calles de la ciudad de Estelí Juan Ramón Dávila y Enrique Zamora Bellorini.

 

Caso vigésimo segundo:

 

El 16 de abril de 1979, la guardia asesina capturó a 56 jóvenes de la Ciudad de Estelí.  Como era normal en el somocismo genocida, sin ningún trámite legal  los introdujeron a la pista de aterrizaje, donde los torturaron y asesinaron a tiros. Para no dejar rastros procedieron a quemarlos, tendidos en la pista.

 

 

Las informaciones periodísticas, en esos días, señalaron que los camiones de guardias somocistas genocidas salieron varias veces hacia fosas comunes, donde depositaron parte de los cadáveres que no se quemaron totalmente.

 

Entre los asesinados se encontraron: Javier de Jesús Mendoza, Julio César Ruiz Leiva, Aminta Reyes Olivas, Félix Castillo Blandón y Germán Flores.

 

Caso vigésimo tercero:

 

El 2 de mayo de 1979, en la madrugada, fueron masacradas atrozmente las familias Guillén y Castillo, dentro y fuera de sus viviendas en Estelí. Los agentes tenebrosos de la  muerte llegaron en varios vehículos cuando ambas familias dormían. Rompieron puertas a fuerza de patadas y balazos. Cuando penetraron en las viviendas comenzaron la masacre y la concluyeron afuera, en la calle. Durante la acción criminal robaron 200 mil córdobas y joyas.

 

Entre las víctimas se encontraron: profesor Julio César Castillo,  Vilma González de Castillo, doña Aura Velia González de Guillén, Juan Francisco Guillén; y los niños: Axel Castillo, Rebeca Isabel Guillén González (11 años)  y sus hermanitos Eduardo y Uriel Guillén González, de 15 y 13 años respectivamente.

 

Casi todos fueron asesinados a puñaladas, después de severas golpizas hasta llegar al agotamiento. Doña Aura Velia González de Guillen, según los relatos, los enfrentó hasta el final.

 

Los periodistas no encontraron palabras adecuadas para describir este crimen, pero los sicarios rápidamente justificaron la masacre calificándolos de “Sandino-comunistas-terroristas”, lo que resultaba suficiente para la “justicia somocista” sanguinaria y genocida, para el “príncipe de la Iglesia” (el tirano Somoza García y después sus hijos infames y despiadados).

 

Los jefes de esta diabólica obra asesina fueron varios “orejas” plenamente identificados, entre los cuales aparecen: Juan Bautista Moncada, Jesús Rodríguez, Filemón Rodríguez, Luis Manuel Hurtado, Ernesto Goussen Montiel, Ernesto Lira Olivas, Agustín Valle, Juan Canales y  Gabriel Moncada. Entre todos ellos, más los guardias, asesinaron a estas dos familias.

 

Caso vigésimo cuarto:

 

 

El 8 de junio de 1979, fueron asesinadas 14 personas en la comunidad de Machapa, hasta donde llegó una pacotilla de criminales al mando de unos tales Cruz Pérez Calderón, Pastor Vega y Francisco Molina, pertenecientes a la quinceava compañía de la GN somocista sanguinaria.

 

En la lista de masacrados figuran: Jaime Úbeda, Guilevaldo, Jesús, Maura, Fátima y Rosario Benavídez, José Candelario Castellón, Rosa Amelia Hernández de Suazo, Marta, Francisca, Oscar, Paulo y Saúl Suazo y Adolfo León Boza.

 

Caso vigésimo quinto:

 

A partir del 16 de junio de 1979, cercano al Triunfo Revolucionario, el jefe militar somocista Vicente “Sombra” Zúniga, ordenó lanzar bombas de 500 libras y rockettes o morteros  desde aviones push and pull, de manera sistemática, sobre la Ciudad de Estelí.

 

Adicionalmente, este mismo jefe militar asesino genocida, ordenó quemar dos manzanas a la redonda en la misma Ciudad de Estelí, porque según sus informaciones, ese lugar estaba invadido de guerrilleros sandinistas.

 

En el Departamento de Chontales

 

Caso primero:

 

Chontales no registra muchas masacres por parte de la Guardia Naional somocista genocida, pero las comenzaron nada menos que con el asesinato del General Pedro Altamirano, uno de los jefes del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional; y sus dos hijos Malesio José, Ángel y María Luisa Martínez, esta última compañera del legendario guerrillero Altamirano.

 

Pedrón Altamirano fue traicionado por el General Adrián Gómez, quien se vendió a los representantes del fundador de  la tiranía, Anastasio Somoza García. Se conoce, por versiones de los mismos ejecutores del crimen, que el General Gómez recibió dinero de un teniente yanqui-GN, llamado Ernesto Kourt.

 

Pedrón Altamirano y sus hijos pernoctaban en las márgenes del Río Grande, a la altura del Salto de Toboba, jurisdicción de Chontales. Cuando dormía Pedrón, Gómez agazapado, le disparó por la espalda, después de haberle profesado “amistad” y “lealtad”. Los asesinos, procedieron después a cortar la cabeza de Pedrón Altamirano, exhibiéndola por los pueblos de Chontales y Granada.

 

Además del traidor, los registros históricos señalan que los responsables directos de esta masacre fueron unos tales Sequeira, Ventura, Martín y Ernesto Kourt.

 

Caso segundo:

 

El 6 de junio de 1978, en la finca de Cerro Alegre, propiedad de Juan Calero, fueron capturados y masacrados  Serapio y Timoteo Amador y Luis Antonio Cisneros, a manos de los somocistas genocidas Weivi Miranda, Juan Alberto Gutiérrez, Julio Gutiérrez y Apolinar Jarquín Sevilla.

 

En el Departamento de Granada.

 

Caso primero:

 

Las masacres somocistas en este departamento comenzaron el 17 de septiembre de 1973, con los asesinatos de los miembros de la Dirección Nacional del FSLN, Ricardo Morales Avilés y Óscar Turcios Chavarría, y de los también militantes sandinistas Juan José Quezada Maldonado y Jonathán González Morales.

 

Ricardo Morales y Óscar Turcios fueron capturados el 17 en la noche, cuando se dirigían en un carro viejo a la Universidad Nacional, para distribuir propaganda política del FSLN. Como en ocasiones anteriores, Turcios Chavarría se hizo pasar como ganadero, pero la estrategia no resultó frente a los guardias y orejas somocistas genocidas del cuartel GN de Nandaime.

 

Por la mañana del día siguiente, los guardias ubicaron la casa de seguridad de  de Ricardo, Óscar, Juan José y Jonathán. Los dos últimos se encontraban limpiando sus armas, quienes en un ardid de habilidad se dispusieron a responder la agresión de los guardias, a defenderse. Jonathán resultó herido en una pierna y Juan José, conocedor de artes marciales y fortachón, lo cargó mientras huían hacia el lado de la Carretera Panamericana. Intentaron, fallidamente, detener un vehículo de pasajeros.

 

Continuaron la huida, perseguidos por varias patrullas de guardias. Al no encontrar respaldo entre los vecinos temerosos, tomaron un camino solitario que creyeron seguro, hacia un lugar  llamado “Montañita de los Mendoza”, donde fueron rodeados y capturados.

 

 

Los relatos periodísticos posteriores, coinciden en que más o menos a las doce del día del 18,  fueron llevados Ricardo Morales y Óscar Turcios al mismo lugar, donde los cuatro fueron fríamente asesinados por altos oficiales de la Guardia Nacional somocista, sanguinaria y genocida.

 

Caso segundo:

 

El 27 de agosto de 1978, en las cercanías de Diriá, municipio de Granada,  fueron masacrados Julio Fonseca Alemán y Silvio Carvallo Muñoz por varios guardias somocistas.

 

Caso tercero:

 

Dos  jóvenes identificados como Mario José y Juan José Sánchez Mendieta, fueron capturados por guardias GN cuando caminaban por una calle de la Ciudad de Granada. No aparecieron nunca más. Eran originarios de la ciudad de San Marcos, ubicada en el Departamento de Carazo.

 

Caso cuarto:

 

Eran las dos de la madrugada, cuando los agentes del terrorismo somocista,  llenó de angustia a los pobladores de la finca Santa Marta, comarca de San Blas, en Granada.

 

Los oficiales y guardias somocistas,  a bordo de dos BECATS, llegaron gritando y disparando, sacaron de su vivienda a Mercedes (varón) y a un hermano suyo, apodado “Chele”. “Estos hijueputas son tirabombas”, les gritaban histéricos, llevándolos a 60 metros de su casa, a la orilla de un corral, donde fueron asesinados a balazos.

 

En el Departamento de Jinotega.

 

Caso primero:

 

Los oficiales y guardias sanguinarios genocidas llegaron en dos helicópteros. Se bajaron desplegando fusilería de diversos tipos y calibres. Obligaron a los campesinos a concentrarse en una placita del Terrero Blanco y escogieron a los que a juicio de ellos, eran “sospechosos” de andar con el Frente Sandinista. Los subieron a los helicópteros y nunca más los volvieron a ver. Se especuló después que Anastasio Somoza Debayle y su pacotilla de generales, coroneles y mayores asesinos, lanzaron a estos campesinos desde helicópteros sobre el Cerro Musún.

 

 

Los familiares de los capturados en los helicópteros buscaron en hospitales, Cruz Roja, cárceles, comandos GN, etc., y no encontraron respuestas del paradero de aquellos campesinos. Gente cercana a la guardia, aseguraba que éstos acostumbraban a lanzarlos sobre cerros altos y tupidos de vegetación, desde aviones y  helicópteros.

 

Fueron 1O campesinos las víctimas, identificados como Trinidad Gómez Ramírez, Silvestre Ramírez Luna, Víctor Monge Ramírez, Locadio Ramírez Monge, David Martínez Lanzas, Benicio Martínez Martínez, Sergio Machado Herrera, Mercedes Bucardo Ramírez (masculino) y Pastor Valdivia Orozco.

 

La muerte se les apareció del cielo. Los informes posteriores confirmaron que todos ellos fueron lanzados al vacío desde helicópteros. Es decir,  otra forma de asesinar, de masacrar de la “Estirpe Sangrienta” genocida.

 

Aunque en el informe correspondiente no aparecen los nombres de los masacrados, se conoció,  después de los sucesos del Terrero Blanco, que 28 campesinos fueron asesinados de esa misma forma entre los municipios de El Sauce,  Achuapa y Telica, territorios ubicados en el Departamento de León. Los militares genocidas responsables de estas masacres fueron Nahum Zeledón, Benito González y Heberto Brenes Salablanca.

 

Caso segundo:

 

Un grupo numeroso de contrarrevolucionarios somocistas emboscaron y asesinaron, el 26 de enero de 1983, a Dimas Isidro Calero, Eva Francisca Centeno Zeledón (niña de ocho años), Natividad Herrera Castillo (anciana de 80 años), Silverio Irías y Miguel Zamora.

 

La emboscada se produjo en una finca, dentro de la cual las víctimas viajaban en una camioneta en labores agrícolas. Ese día, como siempre, quemaron ranchos y robaron todo lo que pudieron.

 

Caso tercero:

 

 

El 1 de mayo de 1983, fueron asesinados el médico Alberto Georg Flaun, Adelina Ortega, enfermera; Dolores López Hernández, técnico de Reforma Agraria, el campesino Ramiro Cruz y los técnicos Filadelfo Cruz Guevara, Francisco Zeledón, Álvaro Martín Traña, más cinco miembros de Juventud Sandinista 19 de Julio. Circulaban en una camioneta entre Wiwilí y Pantasma cuando eran atacados a mansalva por un grupo de contrarrevolucionarios somocistas, financiados por Estados Unidos.

 

Caso cuarto:

 

En San José de Bocay, el 18 de agosto de 1983, Vicente Montenegro, su esposa y sus tres hijos, fueron bestialmente asesinados por una pacotilla de somocistas, que según los relatos periodísticos, mataron a no menos de quince personas ese día.

 

Los diarios Barricada y El Nuevo Diario refieren, en crónicas distintas, que los asesinaron, incendiaron sus casas, tiraron bombas de fragmentación y mataron a todos los animales domésticos que tenían varias familias visitadas ese día tenebroso en Bocay. Los masacradores, después de asesinar a indefensos campesinos, huyeron a Honduras, el santuario que Estados Unidos les había organizado.

 

Caso quinto:

 

En Pantasma, el 20 de Octubre de 1983, en operación parecida a la de San José de Bocay, fueron asesinadas 32 personas, según crónicas de Barricada y El Nuevo Diario.

 

Caso sexto:

 

El 25 de Septiembre de 1984 se conmovió toda la nación. Este día fueron asesinadas ocho personas, entre ellas, madres de héroes y mártires que visitaban a sus hijos movilizados en el Servicio Militar Patriótico.

 

Las madres asesinadas en una emboscada fueron: Gladys Hernández Estrada, Cristina Talavera Picado, Socorro Guardado Talavera y Ángela Naranjo. También fueron asesinados Eddy Bayardo García Vanegas y Salomón Ortiz Cano, y los soldados del ejército sandinista Guillermo Romero Solórzano, Eddy Vanegas García y Hernán Xavier Marín.

 

 

En esos días, la campaña en contra del Servicio Militar Patriótico se había incrementado ferozmente y los comandos de la contrarrevolución ya no solamente atacaban unidades combativas del ejército, sino toda expresión de apoyo moral y político a la defensa de la revolución.

 

En el Departamento de León

 

Caso primero:

 

El 2 de febrero de 1979 fueron masacrados a tiros por oficiales y guardias GN genocidas Eleuterio Dolmus, Luis Domingo Osorio Carvallo, Santos Francisco Castillo Montenegro y Octavio Barrera, todos jóvenes.

 

Según el diario La Prensa, los jóvenes que andaban de pesca, fueron asesinados por varios guardias sanguinarios que pasaron por el lugar. La noticia fue escrita bajo el título de “Detalles de la  masacre de El Sauce”. El hecho  conmovió profundamente a los pobladores, pues era de sobra conocido que los muchachos buscaban la vida pescando en el río.

 

Caso segundo:

 

Esta masacre fue sonadísima en León y el país. Numerosos jóvenes, entre ellos estudiantes, se tomaron la iglesia del Calvario, en León, protestando y denunciando las masacres que tenían lugar en el país.

 

Los guardias genocidas entraron violentamente a la Iglesia y dentro de ella, procedieron a asesinarlos a balazos. Esos  jóvenes eran: Mauricio Díaz Müller, Julio César Ayerdis, Frank Ruiz Picado, Oswaldo Lanzas, Benito Jirón Herrera y Rubén Silva Smith.

 

Aquella masacre fue repudiada nacionalmente. En la propia “casa del Señor” fueron masacrados estos jóvenes, a la vista de todo el mundo, en el barrio del Calvario.

 

 

Se conoció, que quien ordenó la masacre fue el general genocida Gonzalo Evert y el coronel Simtn González, quienes además, fueron los máximos responsables de todas las masacres registradas en León, durante el período 1978-1979. Los ejecutores de la acción y que fueron mencionados en tribunales, son los siguientes: Luis Alberto Martínez Doña, un teniente de apellido Pavón y  José Luis Gutiérrez, a quien le decían “Muñeco”

 

Caso tercero:

 

El 16 de febrero de 1979, en el Reparto Providencia, a  media noche, asesinaron a los jóvenes Óscar Danilo Ruiz Fernández y Mario Salinas Reyes. A pesar de que por la noche se escucharon los disparos, por el estado de terror en la ciudad leonesa, nadie del vecindario se atrevió a asomarse. Esto fue, hasta el amanecer del día siguiente, cuando en el pavimento de la calle encontraron el charco de sangre y los cadáveres de estos dos jóvenes.

 

Los jóvenes asesinados regresaban de visitar a unos familiares, en otro barrio de León, cuando fueron capturados y asesinados en su propio vecindario.

 

Caso cuarto:

 

El 18 de febrero de 1979, una patrulla de oficiales y guardias GN genocidas capturó a Elías Merlo, Marcelo Araica y Mayra Hernández, en el empalme de Poneloya y Las Peñitas. Los tres fueron llevados a La Pedrera, un sitio de donde se extrae piedras para construcciones en León. En este sitio fueron torturados los tres, sin motivo alguno; a Mayra Hernández, a quien antes de matarla la violaron salvajemente.

 

Numerosos vecinos de Poneloya presenciaron la captura, sin poder intervenir. Después de escuchar las descargas de tiros y de presenciar la ida de los guardias sanguinarios genocidas, procedieron a retirar los cadáveres, los que quedaron destrozados a causa de la gran cantidad de balas que penetraron sus cuerpos.

 

Caso quinto:

 

El primero de abril de 1979, en el barrio San Felipe, fueron masacrados los jóvenes Ramón Larios Brenes y Juan Elías Laguna.

 

Caso sexto:

 

Los cadáveres de los jóvenes Alfonso Monterrey Medina y Alfonso López Brenes, fueron dejados tirados en un camino por los mismos guardias genocidas ubicados en el tenebroso comando GN de León.

 

Fue un Viernes de Dolores cuando los capturaron. Ellos caminaban por el camino hacia la finca de  Santa Ana,  en el oeste de León, cuando por mala suerte y mortal casualidad,  se encontraron con la patrulla GN de guardias y orejas genocidas somocistas, los que procedieron a detenerlos y a asesinarlos en el acto. El vehículo de las víctimas fue robado por los somocistas genocida y usado descaradamente en las calles de León.

 

Caso séptimo:

 

El 16 de abril de 1979, la Guardia Nacional efectuó la masacre somocista genocida de Veracruz,  León, la que fue posible gracias al soplo de “orejas” somocistas, quienes identificaron la presencia en una de las casas del residencial a Óscar Pérez Cassar, Edgard Lang Salmerón, Róger Deshón Argüello, Denis Aráuz, Alicia Langrand y Aracely Pérez, los que fueron rodeados, capturados y asesinados.

 

De acuerdo a las noticias de radio-periódicos y diarios o periódicos nacionales, los guardias somocistas ascendían a más de un centenar de efectivos militares, entre altos oficiales y soldados, armados de fusiles Garand, Uzi, Fal y pistolas Brownin, quienes actuaron con órdenes precisas de no dejar vida en la casa asaltada en el Reparto Veracruz, situado al Oeste de la Ciudad de León.

 

En la masacre, participaron directamente, bajo las órdenes del General Gonzalo Evert, un tal teniente Almanzas, y otros llamados Mario Pavón y Raúl Doña.

 

Caso octavo:

 

El 23 de abril de 1979, los somocistas genocidas decidieron realizar  “paseíto” de terror por el Barrio Sutiaba, en el lado Oeste de la Ciudad de León. Más de un centenar de guardias, haciéndose acompañar de varias tanquetas, ametralladoras montadas en camiones, disparaban al aire y a ras de las puertas de las viviendas. Durante tres horas el Barrio Sutiaba se convirtió en campo de concentración, parecido a aquellos nazifascistas alemanes. En el trayecto, asesinaron a Marvin Fonseca Ramírez, Mario Aguirre Chávez y Dany Leonardo Rubí Hernández, en los patios de sus viviendas respectivas, por protestar por el violento y guerrerista cateo domiciliar sin autorización judicial alguna.

 

El operativo consistió catear cada una de las casas del barrio indígena, buscaban buzones de armas de los insurgentes sandinistas.

 

El sepelio de estos jóvenes, también fue ametrallado, resultando otros dos muertos, el día 25 de abril de 1979.

 

Caso noveno:

 

El 22 de abril de 1979, fueron asesinados seis jóvenes, uno de ellos fue  Orlando Téllez Bendaña, quien fue capturado el día anterior por la guardia somocista. Esta vez, fueron “bondadosos”, pues dejaron el cadáver destrozado donde su familia, con la versión de que el joven intentó fugarse del Fortín de Acosasco, el centro GN-EEBI-OSN de torturas y asesinatos de todo León, jefeado por el general Gónzalo Evert.

 

Caso décimo:

 

El mismo día, el 22 de abril de 1979, también fueron asesinados Augusto Tiffer Cárdenas y Emilia López Castillo; Emilia caminaba tranquilamente por las calles del Barrio Sutiaba cuando fue impactada en la espalda por una bala de fusil garand.

 

Caso décimo primero:

 

El 26 de abril de 1979, fueron asesinados los jóvenes Simtn Antonio Cruz, Terencio Quintanilla, José Luis Sánchez y los hermanos Luis y Ramiro Rocha, en el Cementerio de Guadalupe, ubicado al Sureste de la ciudad de León.

 

Según reportajes periodísticos, el sepelio de estos jóvenes también fue atacado a balazos por la guardia somocista sanguinaria genocida, cuyo resultado fue otro muerto y 20 heridos.

 

Caso décimo segundo:

El mismo día del sepelio de los jóvenes del caso anterior, el Barrio Guadalupe, colindante con el Cementerio Guadalupe, fue salvajemente atacado desde el aire con bombas de 500 libras y rocketazos, lanzados por aviones push and pull.

 

Debido al ataque aéreo, murieron Marlene Vanegas de Blandón y su hijita Marcela, de apenas dos meses de edad.

 

Caso décimo tercero:

 

 

El 11 de mayo de 1979, guardias somocistas, orejas de la OSN y “jueces de mesta” al mando de “Vulcano” (General Gonzalo Evert), realizaron un cateo general en el Reparto Providencia, de la ciudad de León. Durante la invasión y agresión militar resultaron asesinados los jóvenes Orlando Arcadio Pérez, los hermanos  Manuel de Jesús, Juan Ramón, Alfonso y Carlos Rivera, todos masacrados en el patio de su casa. También, fueron asesinados: Wenceslao Rugama Contreras, quien estaba solo cuando los guardias catearon su casa, fue encontrado muerto, con su cuerpo pasconeado a tiros; también fueron ultimados a balazos Iván de Jesús Vílchez, Felipe Antonio Rodríguez, Julián Arias Sandoval y una persona no identificada.

 

Posteriormente, la Oficina de Relaciones Públicas de la Guardia Nacional (bautizada por la población como “aquí les miento”), informó que dichos jóvenes perecieron “en enfrentamiento con la gloriosa (¿¿¿???) Guardia Nacional”.

 

La nueva modalidad de los cateos y las masacres dentro de las casas se generalizaron en León, que virtualmente estaba convertido en un inmenso campamento de concentración y de asesinatos.

 

Caso décimo cuarto:

 

El 22 de mayo de 1979, igual que en el Reparto Providencia, la guardia sanguinaria, nuevamente cateó en el Barrio Sutiaba. Los oficiales y soldados GN sacaron de una de las casas a Noel Vargas Pichardo y a su yerno Raúl  Sánchez Rodríguez, obligando a los vecinos a presenciar la masacre a balazos de ambos hombres en plena calle de este vecindario popular del Oeste de la Ciudad de León.

 

“Es para que escarmienten hijueputas, pues estos dos eran “sandino-comunistas-terroristas”, les dijeron a los aterrorizados vecinos de Sutiaba, mientras la matanza somocista genocida continuaba por todo León.

 

El Diario LA PRENSA (mayo-1979) publicó que los muertos durante ese cateo fueron doce y señaló que varios miles de vecinos estuvieron como en un campo de concentración nazi durante todo un día.

 

Caso décimo quinto:

 

El 2 de Junio de 1979, se repite la matanza en el Barrio Sutiaba, donde las víctimas mortales totalizaron diez. Los somocistas sanguinarios genocidas permanentemente acusaban a todo el barrio de poseer armas peligrosas y de esconder a guerrilleros sandinistas.

 

Caso décimo sexto:

 

Dos menores de edad no identificados,  fueron asesinados cuando pasaban por las tenebrosas cárceles de “La 21″,  uno de los centros de horror, tortura y muerte del somocismo en León, organizado por el coronel Pedro Nolasco Romero, autor de muchos crímenes en dicha cárcel, entre otros, la matanza que hizo cuando la GN somocista genocida capturó a Francisco “Paño Ñato” Juárez Mendoza y 200 campesinos en las Estaciones del Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua en Rota y Malpaisillo, en 1952.

 

 

Los chavalos pasaban por allí y a los guardias sanguinarios se les ocurrió que “estorbaban”, ante la espera de un ataque guerrillero decisivo, lo que efectivamente ocurrió varios días después.

 

Caso décimo séptimo:

 

El 13 de junio de 1979, aparecieron destrozados en una de las calles de León, los cuerpos de Eliodoro y Ermícides Munguía Narváez.

 

En el Departamento de Madriz

 

Caso primero:

El 17 de junio de 1979 asaltaron a los ganaderos somoteños José Ernesto Molina Martínez,  José Dolores Contreras Muñoz,  Leonel Torrez Bellorini,  Luis Efrén Portillo González, Rigoberto Enríquez y Francisco Ortiz Zarate.

 

Estos seis ganaderos retornaban de Honduras cuando fueron hechos prisioneros en la frontera de El Espino por una patrulla GN jefeada por un matón de apellido Pavón. Al ser capturados en la guardarraya, les robaron 25O mil lempiras y trasladados posteriormente al Comando de la GN en Somoto, ante la vista de numerosos campesinos del lugar, donde fueron salvajemente torturados.

 

Al día siguiente de la captura, los llevaron al Valle de Cacaulí, cercano a la frontera, donde los guardias procedieron a matarlos a balazos. En el mismo lugar del crimen, para no dejar huellas, abrieron un hueco y los sepultaron casi a flor de tierra.

 

El 24 de agosto de 1979, el Diario LA PRENSA registró una masacre, bajo el titulo: “Exhuman cadáveres de ganaderos  asesinados por la GN”, y daba cuenta que el chofer Carlos Calix Salinas fue a mostrar el sitio donde fueron asesinados y enterrados los seis ganaderos somoteños.

 

Caso segundo:

 

 

En Madriz se registra, por parte de Tomás Borge y otros historiadores, la masacre de Luis Escalona, de los matagalpinos Reyes, Preslin y Bonnerman,  Alfredo Cutaro,  el periodista  Manuel Díaz Sotelo, Fabio  Andara y Antonio Carías, según cita Miguel de Jesús “Chuno” Blandón.

 

Los mencionados anteriormente, participaron en un movimiento antisomocista de esos días. Fueron capturados, torturados personalmente por Anastasio Somoza Debayle (el último jefe de “Estirpe Sangrienta”) y posteriormente asesinados en lugar aún no precisado, pudo haber sido en el propio territorio de Madriz o en las cárceles de la Oficina de Seguridad Nacional (policía política somocista).

 

Caso tercero:

 

El 23 de abril de 1977, Luis García Altamirano y un joven apodado “Pollo”, fueron públicamente asesinados o masacrados ante los pobladores de San Juan del Río Coco,  al  Norte de Somoto,  donde los asesinos abrieron una fosa en la calle, los introdujeron vivos, los ametrallaron y le prendieron fuego.

 

Los “orejas” responsables de esta masacre fueron Lino García Baquedano,  Luis García Altamirano y Gonzalo Rivas, quienes se ufanaban de ser colaboradores de la Guardia Nacional somocista genocida en Somoto.

 

Caso cuarto:

 

El Diario LA PRENSA del ocho de febrero, registró cómo fue masacrado el ciudadano Pastor Llanes en su propia vivienda en Somoto, por matones de Guardia Nacional.

 

Los somocista genocidas, en número de 3O, se introdujeron a la vivienda disparando en todas direcciones, pretextando que daban persecución a un guerrillero. Además de asesinar a Llanes, dejaron herida a su esposa y a un hermano de ésta.

 

El caso quedó así, sin proceso alguno ni excusas de parte la institución castrense al servicio de la tiranía somocista.

 

Caso quinto:

 

 

En Telpaneca, Departamento de Madriz, el 10 de agosto de 1983, mientras circulaba en un vehículo, fue atacado a balazos y asesinado, el técnico del MIDINRA, César Moncada.

 

Caso sexto:

 

En la comarca Matasano, fronteriza con Honduras, el 25 de agosto de 1984, una familia de ocho personas fue brutalmente asesinada. Todos fueron degollados a punto de machete, entre otros se encuentran: Gregoria, Pablo y Salvador Carazo, éste último de apenas ocho años.

 

Los relatos periodísticos indican que antes de ser degollados, fueron colocados en fila y acostados en un tapesco, como simbolizando una orgía de sangre propia de los sicarios de la “Estirpe Sangrienta”.

 

Los sobrevivientes, los que lograron salvarse al irse a los montes oscuros de las cercanías, relataron que los asesinos (unos 100 en total) limpiaron la sangre de los machetes en rajas de leña, después de haber cumplido su cometido.

 

En el Departamento de Managua.

 

Caso primero:

 

El asesinato del General  Sandino y sus hombres, el 21 de febrero de 1934, el que ocurrió, según se supone,  en las cercanías del que fue Aeropuerto Xolotlán. Esta acción fue planeada y ejecutada en combinación de Anastasio Somoza García, el embajador yanqui Arthur Blees Lane y los efectivos de la “Contabularia” o Guardia Nacional.

 

Caso segundo:

 

La masacre de El Crucero, cuando presuntamente intentaron liquidar en una emboscada al tirano. Al fracasar dicho plan, supuestos participantes de la acción fueron ejecutados bajo las órdenes personales de Somoza García en los cafetales del lugar.

 

Caso tercero:

 

 

La masacre ejecutada el 5 de mayo de 1960 (cuatro años después del ajusticiamiento de Somoza García, a manos del poeta y periodista Rigoberto López Pérez), contra los patriotas Edwin Castro Rodríguez, Cornelio Silva Argüello y Ausberto Narváez Parajón, acusados de cómplices de López Pérez, aún a pesar de que éste dejó carta donde señala su exclusiva responsabilidad de la acción. Esta masacre fue cuidadosamente planificada por los jefes de la tiranía.

 

Los tres fueron masacrados en las cárceles de La Aviación, donde se encontraban prisioneros, bajo el pretexto de una supuesta huida. En realidad, lo que sucedió fue la puesta en práctica de aquella técnica que aplicaron con el famoso caso del abogado guatemalteco  Oliverio Castañeda, en León, en 1931, que consiste en dejarlos ir y proceder luego al asesinato, argumentando luego una ejecución durante la huida de los prisioneros.

Ese mismo día de la masacre, fueron encarcelados Tomás Borge Martínez, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, Enock Aguado, Enrique Lacayo Farfán, Noel Benjamín Robelo, Juan  Calderón Rueda, Noel  Jirón Balladares, Alonso Castellón, Julio Alvarado Ardil, Ramón Rosa Martínez y Emilio Borge.

 

Caso tercero:

 

El 4 de noviembre de 1967, el esbirro Alesio Gutiérrez (gran apaleador de periodistas y de mujeres), se graduó con honores de “buen masacrador”, al capturar y asesinar personalmente al médico joven Casimiro Sotelo Montenegro (dirigente estudiantil universitario y miembro de la Dirección Nacional del FSLN), Hugo Medina Olivas, Edmundo Pérez Flores y Roberto Amaya Ruiz, todos masacrados en el Barrio Monseñor Lezcano. Todos ellos fueron denunciados por “orejas”.

 

El  esbirro despreciable Gutiérrez fue ascendido a capitán de la GN, como premio a su acción de asesino genocida.

 

Caso cuarto:

 

En abril de 1968, se comete la horrible masacre en la humanidad de David Tejada Peralta, a manos del Mayor GN somocista genocida Oscar “Moralitos” Morales Sotomayor.

 

 

En este caso se demostró con mayor crudeza, la esencia sicaria, cruel, despiadada y terrorista de la GN somocista, cuando “Moralitos” asesinó a golpe de pistolazos, patadas, golpes con pedazos de metal sólido en la cabeza, puñetazos y rodillazos en el estómago a David Tejada Peralta, quien además de Teniente en la GN., era abogado por sus propios esfuerzos.  Urdieron la especulación de que “Moralitos”  lanzó el cadáver de Tejada Peralta al Cráter Santiago del Volcán Masaya. Según Francisco “Chico Garand” Guzmán Fonseca, quien era compañero de armas y amigo personal de Tejada Peralta, en realidad el cadáver de David fue descuartizado por Morales Sotomayor y otros altos oficiales de la Guardia Nacional somocista genocida, y tirados en una zanja de la Colina Mokorón, situada al Oeste de la Universidad Nacional Autónoma, en Managua. Un poco después de este horrible asesinato en David Tejada Peralta, “Chico Garand” fue acusado por supuestas actividades de rebelión; fue condenado a prisión de varios años y alojado en las cárceles de El Hormiguero. Al ocurrir el Terremoto del 23 de diciembre de 1972, en medio de la mortandad por el Terremoto y balacera de los guardias contra los presos, “Chico Garand” Guzmán Fonseca logró evadir ambas tormentas y se fugó. En 1979 se convirtió en uno de los Jefes de la Insurrección en la Zona Oriental-norte de Managua, particularmente en los vecindarios de Bello Horizonte, Maestro Gabriel, Salvadorita (Cristhian Pérez Leiva), Edén y parte del territorio del hoy Barrio Venezuela.

 

Caso quinto:

 

De igual forma, fue capturado y torturado René Tejada Peralta (hermano de David Tejada Peralta), quien también resultó con vida después de toda la barbarie cometida contra su humanidad, lo que provocó un escándalo público en detrimento de la credibilidad de la tiranía somocista genocida.

 

La situación anterior, motivó la apertura de un proceso judicial-militar contra “Moralitos”, que resultó siendo un acto circense al haberlo condenado a varios años de cárcel y no haber ejecutado la condena. El “condenado” siempre tuvo libertad y conservando determinadas facultades para actuar en contra de la ciudadanía con amenazas y abusos. En medios periodísticos locales se afirmaba que incluso de noche salía a matar gente, o sencillamente reprimir, en numerosos sitios de Managua.

 

Finalmente, “Moralitos” se trasladó a Honduras, donde – según se dice-  es un “respetable” hacendado.

 

Producto de este caso y del anterior, la GN somocista genocida perdió mucha credibilidad, pues quedó claro que David Tejada Peralta era un joven oficial de la Guardia Nacional, que cuestionó fuertemente los procedimientos inadecuados de dicha institución contra la ciudadanía en general.

 

Caso sexto:

 

El 15 de julio de 1969, en Las Delicias del Volga, sitio ubicado en las cercanías del Cementerio Occidental de Managua, 400 guardias nacionales armados con fusiles Garand, pistolas, bombas de fragmentación y lacrimógenas, y apoyados de varios aviones artillados con morteros, tanquetas y ametralladoras, accionaron contra la casa donde se encontraban el militante sandinista Julio Buitrago Urroz y la también militante clandestina Doris Tijerino Haslam.

 

Sobre la casa hubo una descomunal tormenta de explosivos, balazos y cañonazos, donde se encontraba Julio Buitrago Urroz resistiendo heroicamente más de dos horas. El resultado final, fue la masacre que presenciaron los habitantes de los barrios Monseñor Lezcano, Santa Ana y El Arbolito. Solamente encontraron el cadáver de Buitrago, para desplante de aquel descomunal desplazamiento militar.

 

La localización de aquella casa y de la presencia del destacado militante sandinista, fue obra de los “orejas” que dieron detalles a la Guardia Nacional de su hallazgo en esa casa en que lo masacraron.

 

Caso séptimo:

 

El mismo 15 de Julio, también fueron asesinados en una de las calles del Barrio Santo Domingo de Managua, los siguientes militantes sandinista: Alesio Blandón Juárez, Marcos Antonio Rivera y Aníbal Castrillo.

 

Caso octavo:

 

En la tarde del 15 de enero de 1970, en el costado Oeste del Cementerio Oriental de Managua y por denuncias de “orejas” despreciables de la OSN, más de 2OO guardias genocidas somocistas, cayeron repentinamente en la casa donde estaban alojados el poeta Leonel Rugama Rugama, Mauricio Hernández Baldizón y Róger Núñez Dávila.

 

Los guardias rodearon toda la manzana, se tendieron en los muros del cementerio y ubicaron tanquetas por el lado de la gasolinera Esso; se introdujeron por el patio de la casa y desde allí, le gritaban “¡Ríndanse o los matamos a todos!”.  Obteniendo la famosa respuesta a gritos: “!Que se rinda tu madre¡”.

 

Por órdenes del general Samuel Genie, jefe de la seguridad somocista, se descargaron todas las armas al unísono contra la casita de madera donde se encontraban los militantes sandinistas. Similar a la masacre de Julio Buitrago Urroz, la cantidad de guardias sanguinarios somocistas fue desproporcionada, descomunal para tres hombres que se encontraban en aquella vivienda. Los testigo de aquella barbarie fueron miles; los cuerpos­ fueron destrozados a balazos y bombazos.

 

Un sacerdote de apellido Mejía fue vapuleado por los guardias somocistas genocidas por tratar de intermediar en la acción; posteriormente fue expulsado del país y amenazaron con excomulgar a los que siguieran su ejemplo.

 

Caso noveno:

 

 

El 12 de abril de 1974 apareció destrozado el cadáver del joven Ramón Antonio González Fuentes, en una calle del Barrio Santa Rosa, en Managua. La misma historia: los guardias lo capturaron y luego apareció muerto a balazos.

 

Caso décimo:

 

El 7 de noviembre de 1976, fueron asesinados los militantes sandinistas Eduardo Contreras Escobar (miembro de la Dirección Nacional del FSLN), Silvio Reñazco, Rogelio Picado y Carlos Roberto Huembes Ramírez (Suplente de la Dirección Nacional cuando apenas tenía 25 años). Los tres primeros fueron asesinados dentro de un vehículo en el Reparto Satélite Asososca, mientras tanto, Huembes fue acribillado a tiros en el Reparto El Dorado, cercano a la casa de Silvio Reñazco.

 

Todos ellos fueron víctima también, del soplo de los “orejas” Enrique Cales, Abraham González, Carlos Guillén, Antonio Baltodano y  José Espino.

 

La institución, cínicamente apareció informando en un comunicado que los militantes sandinistas fueron muertos en “enfrentamiento armados con la gloriosa Guardia Nacional”.

 

Caso décimo primero:

 

Cuatro días después de los asesinatos del caso anterior, fueron también asesinados en distintos puntos de Managua, los militantes sandinistas Pedro Aráuz Palacios (miembro de la Dirección Nacional del FSLN), José Cristhian Pérez Leiva, Ricardo Orúe Navarro, Omar Hassan Morales y Alfonso González Pasos.

Esta masacre ocurrió en el caserío de la orilla de la Laguna de Xiloá, donde el 12 de mayo de 1979 en realidad hubo tres masacres ejecutadas por altos oficiales de la Guardia Nacional, la Oficina de Seguridad y “escuadrones de la muerte” de ambas instituciones mortales, todo lo cual lo explico en un libro titulado “Masacres Somocistas en Managua”, ocurridas durante la Insurrección u Ofensiva Final contra la tiranía somocista genocida.

 

Caso décimo segundo:

 

El 14 de mayo de 1977, Angelita Morales Avilés y María Mercedes Avendaño Pérez, dos simpáticas muchachas que salieron de una casa del Barrio Larreynaga y tomaron un autobús para dirigirse al Barrio Monseñor Lezcano. En el trayecto estaban siendo perseguidas por una patrulla GN BECAT, cuyos guardias sanguinarios les dispararon un diluvio de balazos a sus cuerpos, cuando ellas se bajaron del transporte colectivo, y mientras ellas dos conversaban animadamente.

 

Angelita y María Mercedes cayeron bañadas en sangre al pavimento, mientras los transeúntes huían en todas direcciones ante la posibilidad de encontrar también la muerte.

 

Después, los jefes asesinos genocidas de la Guardia Nacional informaron en sus medios oficiales del terror, que ambas mujeres habían perecido en un enfrentamiento armado con la GN.

 

Caso décimo tercero:

 

El 17 de octubre de 1977 fueron asesinados Marta Angélica Quezada, Genoveva Rodríguez, Carlos Arroyo Pineda, Róger Langrand Hernández y Flor de Liz Robleto Vargas. Esto ocurrió en las cercanías del Instituto Maestro Gabriel, próximo a la “Central de Policía”, conocida entonces como “Aviación”, que se había convertido en un centro de torturas y asesinatos en Managua.

 

Según se conoció después, el organizador de esta masacre fue el coronel genocida Luis Abeas Cerpas, junto a un raso criminal llamado Gerardo Antonio Medina Leiva.

 

Caso décimo cuarto:

 

Una de las masacres más repudiadas en Managua fue la de SOLECTRA, ubicada en Ciudad  Sandino, la que se encontraba tomada por los obreros en protesta por las masacres que cometía sistemáticamente la Guardia Nacional y los somocistas en general. Allí los guardias somocistas genocidas asesinaron a los obreros Germán Antonio Bojorge Esquivel, Jorge Altamirano Hernández y Pablo Torrez Rivera.

 

Los responsables directos de esta acción mortal, ocurrida en abril de 1978, fueron los somocistas genocidas Miguel Cordero y Alejandro Bravo Blanco, quienes además de matar a los tres obreros, tuvieron el singular descaro de ponerles pañuelos rojinegros en sus cuellos y bombas de fragmentación en sus manos.

 

Caso décimo quinto:

 

En el mes de agosto de 1978, por denuncias de un “oreja” llamado Noel Hernández Ramírez, fueron masacrados Fernando Zúniga, Rubén Artola, Francisco,  Adán y Luis Ramírez, en un Barrio de Managua.

 

 

Caso décimo sexto:

 

El 15 de septiembre de 1978, una patrulla BECAT, en el Barrio Altagracia, asesinaron a tiros, sin motivo alguno, a la ancianita Susana Ramírez, de 74 años y a Leonel Gutiérrez, un joven del Barrio Santa Ana.

 

 

Caso décimo séptimo:

 

En la noche del 18 de septiembre de 1978, en puntos diversos de los barrios Monseñor Lezcano y Las Palmas (al occidente de Managua), los guardias sanguinarios somocistas masacraron a Manuel Olivares Rodríguez, Mariano Sediles, Rolando López, Marcos Antonio Sequeira, Urania Zelaya Úbeda y dos jóvenes más.

 

NOVEDADES, periódico de la tiranía somocista genocida, informó que en esta masacre participaron más de 300 efectivos de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI), fuerzas élites bajo el mando de Anastasio “Chigüin” Somoza Portocarrero (hijo del dictador), quienes dispararon a mansalva contra viviendas y ciudadanos que caminaban por las calles en el Reparto Las Brisas y Monseñor Lezcano.

 

Manuel Olivares era dirigente estudiantil del Instituto Técnico que hoy lleva su nombre, y se afirma que por denuncias de “orejas” del mismo centro de estudios, esa noche le montaron persecución tenaz para asesinarlo, y de paso masacraron a otros jóvenes estudiantes del mismo Instituto Técnico, ubicado, precisamente, en el Reparto Las Brisas, en el Oeste de Managua.

 

Caso décimo octavo:

 

En aquellos días de septiembre de 1978, estaba de “moda” la aparición frecuente de cadáveres de jóvenes masacrados por la Guardia Nacional, la Oficina de Seguridad y sus “escuadrones de la muerte” en la Cuesta del Plomo (hoy Cuesta de los Mártires) y en las cercanías del Teatro Popular Rubén Darío.

 

Tres de esos cadáveres fueron los de José Daniel Jarquín García, Pedro Hernández Pastrana y Manuel Hernández Velázquez, residentes en la orilla de la Pista Radial Santo Domingo o Pista David y René Tejada Peralta.

 

 

Sus familiares relataron a periodistas de medios informativos nacionales, que los tres jóvenes salieron a comprar una botella de licor a la Pista mencionada, cuando fueron capturados y obligados a abordar una patrulla BECAT. Al siguiente día estaban convertidos en cadáveres en la Cuesta de los Mártires. En el comunicado oficial de la GN sanguinaria somocista genocida informaron que habían perecido en “enfrentamiento armado con la gloriosa Guardia Nacional”.

 

Casi décimo noveno:

 

El primero de octubre, aparecieron también asesinados en la Cuesta de los Mártires los jóvenes Juan Manuel García Prado, Napoleón Altamirano Pérez y Carlos Cabrera Guevara.

 

Los tres jóvenes fueron extraídos violentamente de sus viviendas en Villa Progreso por los guardias nacionales somocistas, quienes andaban en pos de una lista de jóvenes a capturar y asesinar.

 

Este caso salió publicado como noticia en el diario La Prensa, donde hicieron toda una relatoría sobre la forma con que fueron extraídos de sus hogares. Según este reporte periodístico, los guardias asesinos aseguraron que los matarían. Al día siguiente, sus familiares preguntaron sobre el paradero de estos tres  jóvenes en las cárceles de la Policía GN (era la misma Guardia Nacional) y de la Oficina de Seguridad Nacional, donde les respondieron que los buscaran en la Cuesta del Plomo, “allí están muertos”.

 

Caso vigésimo:

 

El 3 de octubre de 1978, otros seis jóvenes fueron masacrados en OPEN TRES (hoy Ciudad Sandino) y sus cadáveres abandonados al Norte de la Laguna de Xiloá, en una zona montañosa en dirección Este de la Península de Chiltepe.

 

Estos jóvenes eran Marvin Obregón, Alfredo González Darce, Antonio Torrez Hidalgo, Mario Salguera y Ricardo Salinas Cabrera. Todos ellos, dedicados a la recolección de basura de Ciudad Sandino.

 

Inmediatamente después del conocimiento de su captura, sus familiares emprendieron la búsqueda, hasta cuando se enteraron de sus cadáveres aparecidos en la zona de  Santa Margarita, al Suroeste de la Laguna de Xiloá. Los cadáveres estaban pasconeados a balazos.

 

 

Caso vigésimo primero:

 

El 2 de enero de 1979, aparecieron como peste funesta 20 patrullas BECAT en el Barrio Waspán, aproximadamente 100 efectivos militares de la GN-EEBI, armados con fusiles automáticos y ametralladoras montadas en varios vehículos del convoy en que se desplazaban por la Carretera Norte. Comenzaron a dar persecución a un grupo de jóvenes, compuesto por Edgard Sandoval Mendoza (18), Armando Bonilla Cuarezma (19), Mauricio Lara Detrinidad (17), Ramón Sánchez Urbina (17), Bertha “Fanny” Díaz Hernández (19) y Martha Gioconda García (17).

 

El grupo juvenil, en su desesperación por salvarse de aquella persecución asesina, se refugiaron casualmente en la casa de un paramilitar somocista, quien a lo inmediato, lleno de júbilo salió al encuentro de los efectivos para reportarlos. A lo inmediato, los soldados somocistas genocidas se hicieron presentes a la vivienda del paramilitar y procedieron a expulsar a patadas y balazos a los jóvenes.

 

Varios de estos jóvenes, previo de ser asesinados, fueron llevados a una zona montañosa del hoy Barrio Hugo Chávez Frías, en la orilla de Waspán Norte y Barrio José Dolores Estrada y en frente de Waspán Sur. Puestos allí, violaron masivamente a Bertha y Marta, y posteriormente los masacraron a balazos, a todos.

 

 

El comunicado del jefe de Relaciones Públicas de la Guardia Nacional, coronel Aquiles Aranda Escobar, informó que los jóvenes habían perecido en un “enfrentamiento armado con la gloriosa Guardia Nacional”.

 

Caso vigésimo segundo:

 

El 18 de abril de 1979, en la Treceava Sección de Policía GN, donde se mantenía el tenebroso y feroz asesino Alberto “Macho Negro” Gutiérrez, fueron asesinados a manos del  esbirro somocista José Dolores Sánchez, los jóvenes Bladimir Fosher Flores, de 18 años, y  Moisés García Vargas, de 22 años.

 

Los diarios del día siguiente informaron que los dos jóvenes fueron capturados por una patrulla de genocidas en el Parque de Villa Progreso, donde se encontraban sentados en una banca;  de allí fueron conducidos, como en el resto de los casos, hacia la sección policial.  Sus cadáveres aparecieron en las cercanías del Teatro Rubén Darío, en la orilla del Lago Xolotlán o de Managua.

 

Casi vigésimo tercero:

 

 

El 2 de mayo de 1979, los jóvenes Marcos Antonio Morales Chávez (18 años) y Marvin Antonio Marín Álvarez (21 años),  fueron obligados por una patrulla de guardias a bajarse de la camioneta en que viajaban, cuando estaban detenidos obedeciendo la señal roja del semáforo, frente al ZUMEN, en la Pista de la Resistencia. Después de responder a la orden de salir del vehículo, fueron capturados y llevados a rumbo desconocido.

 

A los tres días, sus cadáveres aparecieron perforados a balazos en el llamado “Camino de Bolas”, el que también se había convertido en un botadero de cadáveres jóvenes masacrados por los guardias somocistas genocidas. El “Camino de Bolas” era un caminocauce, ubicado de la llamada “Plaza Julio Martínez” hacia donde es hoy la entrada al Parque Nacional de Ferias, en Managua.

 

Caso vigésimo cuarto:

 

Similar al caso anterior, se presentó el día 7 de marzo de 1979, cuando los jóvenes Eduardo Ibarra Sánchez y Gustavo Vargas Vega, fueron interceptados guardias nacionales, cuando circulaban  a bordo de una camioneta, frente al edificio Armando Guido, en la Carretera Norte.

 

Los jóvenes fueron asesinados sin mayor reparo dentro del vehículo, cuando ingenuamente preguntaron el motivo de su detención, dejándolos tirados.

 

Caso vigésimo quinto:

 

El 22 de abril de 1979, aparecieron en la famosa Cuesta del Plomo (o de los Mártires), los cadáveres de los jóvenes Guillermo Mendoza, Julio José y  Virgilio Calero. Ellos fueron  capturados el día anterior en el Barrio “La Fuente” (ahora Ariel Darce), por soplos del “oreja” Danilo Zeledón González, quien a su vez era efectivo de las estructuras tenebrosas de la EEBI.

 

Caso vigésimo sexto:

 

El primero de mayo de 1979, día Internacional de los Trabajadores, unos 5OO efectivos militares armados con fusiles automáticos armaron tremenda balacera en persecución de los trabajadores que celebraban su día en la pista situada frente al Mercado Carlos Roberto Huembes Ramírez. Los trabajadores fueron perseguidos como venados dentro del Centro Juvenil Don Bosco, en las calles de la Colonias Colombia y Diez de Junio.

 

 

Ese día hubo varios muertos y 32 personas desaparecidas, entre ellas: Pablo Emilio Valverde, José Ramón Sevilla, José Antonio Madrigal Silva, Manuel  Salvador Miranda y Sergio Soto. Lucío Jiménez Guzmán, quien en ese momento era sastre y militante clandestino del FSLN, logró evadir el cerco y balacera de los guardias asesinos escalando el muro de Don Bosco por el lado Oeste, por donde escapó hacia la Colonia Colombia. Después del Triunfo de la Revolución Sandinista, Jiménez Guzmán fue Secretario General de la Central Sandinista de Trabajadores (CST).

 

Caso vigésimo séptimo:

 

 “¡­Esos son!, ¡ellos son!”, gritó  un soplón en una  motocicleta. Eso bastó para abrir fuego contra tres  jóvenes que caminaban cerca de la Cuarta Sección de Policía, entonces ubicada de la Iglesia de El Calvario una cuadra al oeste.  Los nombres de estos jóvenes, respondían a Wilfredo Ruiz Sáenz, Miguel Caamaño y otro de nombre William.

 

Aparentemente, los jóvenes regresaban de hacer compras en el Mercado Oriental, cuando de pronto la acusación, el registro de sus ropas a la vista de numerosas personas y luego… fueron llevados a la morgue del Hospital Manolo Morales Peralta, donde sus familiares los retiraron, sin poder hacer efectivos sus reclamos.

 

Caso vigésimo octavo:

 

El 10 de mayo de 1979, los niños Jaime Alvarado Pérez y Arquímides Velázquez Padilla, caminaban jugueteando por la acera del Centro Comercial ZUMEN.

 

Al parecer, el juego de los niños no les agradó a los orejas somocistas que abordaban un carro Nova, color blanco, del que se bajaron con pistola en mano y dirigieron hacia ellos para capturarles. Arrancaron raudos rumbo al  Este.  Los testigos del hecho dieron aviso inmediato a los familiares de los menores.

 

Tres horas después, aparecieron los cadáveres de los  niños en un predio montoso del Teatro Rubén Darío. Sus cuerpos, además de mostrar los orificios de balas, mostraban sendas señales de torturas. (¿Qué habían hecho esos niños?. ¡Nada!. ¡Nada!. ¡Pero nada!).

 

­Caso vigésimo noveno:

 

 

En la tarde del 12 de mayo de 1979, varias patrullas de guardias, orejas y agentes de la Oficina de Seguridad, encabezados por altos oficiales de la Guardia Nacional y Escuela de Entrenamiento Básico (EEBI) somocistas genocidas hicieron un festín sangriento y mortal en las cercanías y en la orilla del Balneario de la Laguna de Xiloá, entonces perteneciente al  Municipio de Managua, en el Departamento de Managua.

Aquí masacraron a los militantes sandinistas José Cristhian Pérez Leiva, Ricardo Orúe Navarro, Omar Hassan Morales y Alfonso González Pasos; a los niños Constantino Chamorro Mejía, Juan Bosco González Chamorro, al hijo (niño también) del jardinero; al jardinero Francisco Jarquín  de la casa de Alfonso González Pasos, a la trabajadora doméstica Sandra Salgado Roque; a Bayardo Martínez y a una muchacha identificada como Sandra Delgado.

 

En realidad en Xiloá estos feroces asesinos somocistas ejecutaron tres masacres durante diferentes horas del día 12 de mayo de 1979. Primero, asesinaron a Alfonso González Pasos y a los niños mencionados, al jardinero y a la trabajadora doméstica; después capturaron y ejecutaron en un sitio llamado Santa Margarita, al Suroeste de la Laguna de Xiloá, a Ricardo Orúe, Bayardo Martínez y a Sandra Delgado.

Finalmente, continuando con su orgía sangrienta, mataron a Cristhian Pérez Leiva y Omar Hassan Morales, en una garita de entrada al Reparto Xiloá.

El operativo militar para ejecutar estas tres masacres comenzó a las dos de la mañana en las instalaciones de la Antena de una radioemisora, donde la pandilla de sicarios del régimen sanguinario somocista sometieron a los trabajadores, los obligaron a permanecer en ese sitio, o de lo contrario los mataban también.

Aquella pandilla de asesinos de la GN, EEBI y OSN, se tomaron todo el sector de Xiloá desde las dos de la mañana de ese día 12 de mayo de 1979, cerraron todas las salidas y entradas, y lo que hicieron en realidad fue ejecutar a todos estos Héroes y Mártires de forma planificada previamente.

Resulta que la Guardia Nacional descubrió que Cristhian Pérez Leiva, Omar Hassan Morales y Ricardo Orúe Navarro, tres jefes guerrilleros especialmente muy bien preparados, pues eran ingenieros los tres, en cooperación plena con varios militantes del FSLN residentes en Xiloá, habían elaborado el  mapa de la Insurrección de Managua, la cual de acuerdo con este plan se desarrollaría esencialmente en los barrios occidentales de Managua. Es decir, las zonas Suroccidental y Noroccidental serían la Zona Principal de combates contra la dictadura somocista genocida, en vez de las Zonas Oriental y Norte de Managua.

Según el Comandante Carlos Núñez Téllez, en su libro “Un Pueblo en Armas”, estos tres jefes guerrilleros con la cooperación de otro Jefe Guerrillero extraordinario, Francisco Meza Roja, y militantes de Xiloá, hicieron varios mapas, estuvieron pacientemente trabajando en barrios de Managua, en cauces, pistas, ubicaciones de árboles, muros y casas en que se iban a colocar barricadas, trincheras de combates, ametralladoras, explosivos, etc. Francisco Meza Rojas se salva, no cae en Xiloá, pero es capturado y asesinado el ocho de junio de 1979 en los alrededores del Barrio Waspán Sur, en la orilla de la Carretera Norte.

En otro libro que he titulado: “Masacres somocistas en Managua, durante la Insurrección Sandinista”, explico detalladamente todo lo que pasó en cuando a esta otra orgía sangrienta y mortal ejecutada por la dictadura somocista genocida en el Balneario de Xiloá.

 

 

Caso trigésimo:

 

El 16 de mayo de 1979, en las cercanías de la Plaza de Los Cabros, en el OPEN TRES (hoy Ciudad Sandino), los jóvenes Julio Pinell Garay, Edgard Mejía Álvarez y  Freddy Sieza, fueron abatidos por nutridas ráfagas de balas de fusiles automáticos, disparadas sin ningún sentido por integrantes de una patrulla de guardias, los cuales tenían su Comando GN en la entrada Norte del OPEN, donde es hoy ENATREL.

 

Caminaban los jóvenes por la orilla de la Plaza Cabros cuando se encontraron con la patrulla de somocistas genocidas, los que ni siquiera se bajaron para dispararles en plena calle. Esta noticia trágica corrió a lo inmediato en todo el OPEN TRES, y enlutó a los luchadores de este sector de Managua.

 

Caso trigésimo primero:

 

En la noche del 17 de mayo de 1979, tres jóvenes que caminaban por el Ceibón del Barrio San Judas, cercano al lugar donde minutos antes se había incendiado un autobús, fueron asesinados con fusiles automáticos por guardias nacionales, quienes dijeron: “Estos son, matémoslos a estos hijueputas…”. Los guardias pertenecían a la Sexta Sección de Policía, ubicada al sur de San Judas. Uno de aquellos jóvenes fue José Serrano Escobar.

Además de esta Sección de Policía GN, la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI), comandada por el “Chigüin” Somoza Portocarrero ya había instalado un campamento permanente en la Colonia Independencia (Héroes y Mártires del Bocay), desde donde salían en labores represivas hacia los vecindarios de San Judas, Loma Linda (Sierra Maestra”, “Torrez Molina” (Camilo Ortega Saavedra), Altagracia y hacia Monseñor Lezcano.

 

Caso trigésimo segundo:

 

 

En la noche del 26 de mayo de 1979, los somocistas asesinaron a nueve personas en distintos barrios y centros de estudios de Managua: el primero fue Javier Gómez, quien fue asesinado por guardias y orejas de la OSN mientras caminaba frente a la Farmacia Minerva, en el Reparto Los Robles;       el segundo fue José Marenco Izaguirre y dos personas más, que fueron ultimadas por ocupantes de un BECAT frente al cine Colonial, en las entradas de la Colonia Cristhian Pérez y el Barrio Blandón (hoy Costa Rica). Según relatos periodísticos, los tres jóvenes caminaban por la acera cuando recibieron los disparos; el tercero fue William Martínez Casco, quien fue asesinado en los escombros de Managua, donde en la actualidad queda PETRONIC; el cuarto fue Filiberto García Castillo, quien fue asesinado también, por  guardias somocistas sanguinarios, en una de las calles polvosas del Reparto o Asentamiento Torrez Molina, ahora Barrio Camilo Ortega Saavedra; el quinto fue Roberto Herrera Fonseca, asesinado esa misma noche, mientras caminaba por calles del entonces Barrio Frixiones o “Maldito”, hoy conocido como Julio Buitrago Urroz.

 

Caso trigésimo tercero:

 

En la noche del 6 de junio de 1979, con un convoy militar de casi 200 efectivos de la EEBI, jefeado por un tal Pablo Ibarra Rojas, en el Barrio San Judas, tres jóvenes fueron capturados, atados de pies y manos, rociados de gasolina y prendidos en fuegos.

 

El espantoso episodio fue relatado en los periódicos por Paula Barrios de Rivas y Telma Martínez, habitantes del Barrio San Judas y testigos de aquella incineración en vida.

 

Caso trigésimo cuarto:

 

En la noche del 5 de junio de 1979, fueron asesinadas 2O personas en distintos puntos de Managua, entre otros: Alan  Moncada,  Ricardo Sequeira y René Gutiérrez Ortiz.

 

Todos estos hechos fueron registrados por el Diario LA PRENSA, periódico que en aquel entonces, era anti-somocista.

 

Caso trigésimo quinto:

 

El 8 de junio de 1979,  fueron capturadas once personas en las cercanías del Teatro Popular Rubén Darío, donde bajo su puente frecuentaban jóvenes parejas de enamorados y caminantes en horas tempranas del día. Entre los capturados, solamente fue identificado Pablo Bendaña Cruz. También fue asesinado.

 

Caso trigésimo sexto:

 

 

El 9 de junio de 1979, en el Barrio Nuevo Horizonte, el tenebroso asesino Alberto “Macho Negro” Gutiérrez,  capturó a diez personas que circulaban por el edificio de la MENEM. Los montó a la patrulla y en menos de una hora, todos aparecieron asesinados en un predio montoso, situado de la Fábrica KATIVO cuadra y media al Norte, en un predio montosos y boscoso, donde es hoy el Barrio Hugo Chávez Frías.

 

(En este día 9 estalla la Insurrección Final en Managua contra la tiranía somocista genocida).

 

Caso trigésimo séptimo:

 

El 14 de junio de 1979, se produjo una de las masacres más crueles de los genocidas somocistas en Managua. En la Colina 110, al sur del Barrio Manuel Fernández Mora, entonces conocido como “Laureles Norte” 42 jóvenes fueron salvajemente ultimados en una de las acciones muy características de los efectivos somocistas contra la juventud y la población nicaragüense.

 

Estos jóvenes habían construido una zanja para resistir a los embates de las tropas somocistas. Un “oreja” enteró a los jefes de los aproximadamente 400 efectivos fuertemente armados, cómo llegar al refugio improvisado. Los guardias, apoyados por un tanque Sherman, ametralladoras 50  y dos avionetas artilladas se lanzaron contra el grupo de jóvenes, que se defendían con pistolas y rifles calibre 22. Desde el aire lanzaron rockette, le siguió las balas del tanque y posteriormente la infantería rodeó el lugar, donde abrieron fuego nutrido. La acción finalizó, con el aterramiento de los jóvenes en la zanja con apoyo del tanque Sherman, como toda acción realizada por nazis en plena Segunda Guerra Mundial en algún país europeo.

 

Caso trigésimo octavo:

 

El 15 de junio de 1979, las tropas del ejército somocista asesinaron a más de 80 jóvenes, en Batahola, contiguo a la Embajada norteamericana, desde donde también dispararon contra los jóvenes.

 

Caso trigésimo noveno:

 

El 16 de junio de 1979, en el Barrio San Judas, la Guardia Nacional, masacran a la doctora (médico) Erlinda López de Osorio, a su marido (médico también) Róger Osorio y al doctor José Dolores Fletes Valle (médico siquiatra). Este Barrio San Judas se mantenía permanentemente rodeado por los costados Norte, Oeste y Este.

Estos tres médicos tenían un Hospital clandestino en la Clínica Médica de la doctora López en San Judas, donde se atendían a Combatientes Populares y pobladores en plena Insurrección Sandinista en la Zona Suroccidental de Managua.

“Orejas” de la Oficina de Seguridad, los despreciables e infames orejas, fueron los que denunciaron a los tres médicos mencionados. La GN-EEBI somocistas genocidas los llegaron a sacar de la Clínica y los asesinaron en plena calle, como para escarmiento contra el resto de pobladores, del ceibón hacia el Norte. La doctor José Dolores Fletes Valle lo asesinaron a cadenazos con odio feroz. A Róger Osorio le dieron muerte a balazos, y a la doctora Erlinda López la montaron en un camión y se dijo que la llevaron a torturarla y descuartizarla a la Colina de Mokorón, donde la Guardia Nacional somocista genocida tenía ya cavadas zanjas para echar en ellas a centenares de cadáveres de jóvenes que ellos mismos asesinaban por grupos en plena Insurrección Sandinista en Managua.

Casi al mismo tiempo, asesinaron a las enfermeras Berta Calderón Roque Yolanda Mayorga Rivera, quienes igualmente tenían un Hospital clandestino en lo que fue el “Barrio Espanto”, hoy Andrés Castro. Berta y Yolanda “doctorcita” Mayorga Rivera con sus recursos propios habían montado el Hospital Clandestino en cooperación con vecinos del Barrio Espanto. Igual, fueron denunciados por “orejas” despreciables de la Oficina de Seguridad.

También fueron capturados y asesinados con Calderón y Mayorga César Alberto Jarquín los hermanos Óscar y Ramón, cuyos apellidos no fueron obtenidos.

 

Un contingente de unos 200 guardias somocistas genocidas con fusiles automáticos y ametralladoras en un camión, llegaron en operativo militar a sacarlas de la casa de Berta Calderón Roque, y las desaparecieron para siempre. Sus cuerpos no fueron encontrados por sus familiares y amigos.

 

 

Berta Calderón Roque y Yolanda Mayorga Rivera trabajaban afanosamente  atendiendo a  varios heridos civiles y sandinistas que se desangraban en  calles de los alrededores, después de combates registrados en los barrios Altagracia y en San Judas.

 

Óscar y Ramón (solo se cuenta con los nombres), fueron sorprendido en su casa donde dormían; los efectivos militares los sacaron a patadas, culatazos, bofetadas y a gritos. Después de aquella lluvia de golpes, desmayados y semidesnudos, los subieron a uno de los camiones del  convoy militar. Recobraron el conocimiento cuando el camión iba en marcha, fue para cuando quisieron saltar del camión inútilmente, pues fueron atacados de forma feroz con  bayonetazos, quedando sin vida dentro del camión. Sus cuerpos sin vida fueron  lanzados del camión en marcha.

 

Uno de los “orejas” responsables de esta masacre fue un tal Emilio Betanco.

 

Caso cuadragésimo primero:

 

Al día siguiente (19 de junio de 1979), la población acompañante de los sepelios de Óscar y Ramón se enteró con indignación de los asesinatos en la Colina de  Mokorón de los jóvenes  Uriel Casco Palma, Carlos Calderón Darce y Javier Argeñal Hernández. En esa Colina de Mokorón fueron asesinados por la GN centenares de jóvenes, incluyendo las mujeres ya mencionadas, y se sabía, inclusive, que en ese sitio los cadáveres de estos jóvenes eran descuartizados y quemados por la espantosa e infame Guardia Nacional de Nicaragua.

 

Estos jóvenes, mencionados arriba, fueron capturados cuando  circulaban en las cercanías del Recinto Rubén Darío de la Universidad Nacional y después llevados a la  Colina Mokorón.

 

Caso cuadragésimo segundo:

 

 

El 2O de junio de 1979, se registró la masacre que conmovió al mundo y al periodismo en particular. El periodista extranjero Bill Steward y su intérprete nicaragüense Francisco Espinoza, fueron cobardemente asesinados en el Barrio Riguero. Colegas de la víctima presenciaron la matanza que propiciaban efectivos de la Guardia Nacional.

 

El hecho tuvo lugar cuando un grupo de periodistas nacionales y extranjeros daban cobertura al desarrollo de la Insurrección Sandinista armada en la mayoría de  barrios de Managua; ese día, se adentraron al interior del barrio Riguero para cubrir los operativos que tropas del ejército somocista realizaba en el lugar.

Durante la labor en el teatro de operaciones, el periodista norteamericano Bill Steward fue detenido y encañonado; después de sostener un intercambio verbal con los guardias somocistas genocidas, éstos procedieron a ordenarle tirarse al suelo con las manos en la nuca y dispararle varias veces en su humanidad. La acción criminal la presenciaron y filmaron sus colegas desde puntos muy arriesgados de la calle donde se perpetraba la masacre.

 

También, el intérprete Francisco Espinoza corrió la misma suerte, uno de los somocistas genocidas se encargó de llevarlo al patio de una vivienda, donde le dieron muerte.

 

El propio Anastasio Somoza Debayle pretendió manipular el crimen, pero no logró engañar a los periodistas que lo acosaron a preguntas sobre los múltiples asesinatos ejecutados por sus subordinados en las ciudades insurreccionadas en todo Nicaragua.

 

Caso cuadragésimo tercero:

 

El 23 de junio de 1979, fueron también asesinadas por los  genocidas Francisca Delgado Nayre, su hija Dominga y su hermana Marina.

 

Caso cuadragésimo cuarto:

 

El 28 de junio de 1979, fueron asesinados ocho civiles heridos en el Barrio Paraisito de Managua. De este crimen fui testigo presencial y víctima directa de los bombardeos genocidas sobre Managua, debido a lo cual también murieron centenares de personas en vecindarios como El  Edén,  Santa Rosa, Bello Horizonte, Cristhian Pérez, Nicarao, Catorce de Septiembre, Monseñor Lezcano, Acahualinca, San Judas, Ciudad Sandino, Colonia Primero de Mayo, Barrio  Venezuela, Ducualí, Costa Rica, entre otros.

 

 

Una de las masacres que más me impactó fue la de doña Angélica González González y dos familias de siete miembros, cuyos niños y adultos quedaron sepultados por una brutal explosión de una bomba de 10OO libras, caída en una hilera de casas del Norte del Barrio Ducualí. Aquello fue infernal. Sólo doña Angélica estaba viva, pero sepultada por toneladas de tierra hasta la altura de los pechos. En esta brutal explosión se registró el 20 de junio de 1979, en la tarde, y enterrado quedó también un niño llamado Roberto González, nieto de doña Angélica González González.

 

Fue macabro presenciar cómo socorristas de la Cruz Roja y vecinos excarvaban con picos y palas, para desenterrar a todos los que habían quedado sepultados. “Por allí estaban”, dijo doña Angélica,  señalando hacia los sitios en que su nieto, niños y demás miembros de las otras dos familias quedaron enterrados, mientras dos palas quitaban la tierra que le mantenía sepultada a doña Angélica hasta el cuello.

La mayoría eran niños. Aquello provocaba arrechura inmensa e impotencia a la vez, porque no había forma de detener las masacres masivas desencadenadas por los guardias somocistas contra los pobladores de Managua.

 

Doña Angélica González González y  los vecinos caminaron en silencio hacia el Cementerio Oriental, donde sepultaron a  niños y adultos, mientras continuaba el bombardeo aéreo de la GN contra Managua. Varias de aquellas fotografías que tomé esa tarde en esta masacre, ocuparon la primera página de la primera edición del Diario Barricada, el 26 de julio de 1979.

 

El bombardeo somocista genocida provenía varios puntos considerados estratégicos: de la Central de Policía GN o Aviación, del edificio Armando Guido, de las instalaciones del Hospital Manolo Morales Peralta, del edificio del Mercado Carlos Roberto Huembes Ramírez, de los techos del ZUMEN, entre otros.

De esos bombardeos somocistas genocidas escapé “de milagro”, quizás porque siempre me tiraba al suelo cuando “sentía” que se aproximaban los rockettes y cuando veía el helicóptero encima, que parecía un pájaro dejando caer “la cagada” explosiva.

 

Caso cuadragésimo quinto:

 

En el mes de julio de 1979, hasta días antes del triunfo de la Revolución Sandinista, las masacres continuaron en Managua.

 

El siete de julio, fueron asesinados en San Judas los jóvenes Ramón Brenes Guadamuz, Danilo Martínez Carrión, Bernardo Ramón Chavarría, Francisco Javier Bermúdez y Álvaro Rojas Morales.

 

Caso cuadragésimo sexto:

 

 

El 8 de Julio de 1979, alrededor de las cuatro de la tarde, llegó la muerte sin previo aviso en varios camiones de la guardia somocista genocida a la Colonia Cinco de Diciembre. En las calles se encontraban los jóvenes Jorge Luis Toledo Ascencio, Javier Chamorro Zeledón, Juan Francisco, José y Mario Amador Gómez, Fabio  Calderón González, Silvio Pastrana Fernández, los que fueron subidos a un camión militar y nadie los volvió a ver.

 

Casi a la misma hora de este mismo día, en la misma colonia, también fueron  montados a camiones de los genocidas y desaparecidos luego, los jóvenes Juan Vicente, Fabio  Celestino y Juan Francisco Amador Monge, Gerard Mariano Martínez, Rigoberto López Mayorga y Pedro Joaquín Páramo.

 

Según testigos presenciales, la acción fue encabezada por los esbirros Luis Castillo Porras, Omar Sánchez Porras, Manuel Téllez, Ramón Solís Carcache, Elías Osorio Salazar y Carlos Morales Lanuza.

 

Caso cuadragésimo séptimo:

 

El 9 de julio de 1979 aparecieron tres cadáveres más, detrás del Teatro Popular Rubén Darío. Eran los cuerpos de Carlos Iván Hernández, una muchacha de nombre Carmenza y el esposo de ésta, identificado como Francisco. Fueron capturados en el Barrio La Primavera por los paramilitares genocidas Manuel (alias Foca) Salvador Medina y Freddy Gutiérrez.

 

Julia Morán Pérez, una de los numerosos testigos presenciales de la captura y el asesinato, relató que la joven Carmenza fue violada por varios genocidas antes de proceder a asesinarla. Los cadáveres fueron encontrados al día siguiente.

 

Caso cuadragésimo octavo:

 

El 10 de julio de 1979, aparecieron otros 3O cadáveres en la Colina de Mokorón, Managua, y “Lomas de San Judas”, al Oeste de Managua. Todos fueron sacados de sus viviendas en Américas Tres (hoy Villa Revolución), al  Oriente de  Managua, y después llevados a los dos sitios mencionados, donde los asesinaron.

 

El único cadáver que se pudo identificar correspondía al nombre de Reynaldo Díaz Dávila.

 

 

Después del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista, propiamente el 21 de Julio de 1979, se encontraron más de 5OO osamentas y cadáveres en estas colinas de Mokorón y Lomas de San Judas era, lo cual indica que la GN-EEBI somocista genocida tenían como “cementerios” grandes estos dos sitios geográficos de Managua, más la “Cuesta del Plomo”, “Escuela de Arte” o Talleres del Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua, Teatro Rubén Darío, el bosque que tenían los masacradores de “Estirpe Sangrienta: los Somoza” en un bosquecito al Norte del Barrio Waspán Sur y en los alrededores del Colegio Centroamérica.

 

Caso cuadragésimo noveno:

 

En el mismo mes de julio, pocos días antes del Triunfo de la Revolución Sandinista, Julio César Cerda Sánchez, Wilfredo Bonilla Largaespada,  Alberto García Morales, Enrique Altamirano, Adolfo Serrano, Juan Mayorga,  Pablo Adolfo Mayorga, Jorge Hernández y Carlos Sánchez, fueron sacados violentamente de sus casas del OPEN TRES (hoy Ciudad Sandino) por casi  un centenar de guardias somocistas genocidas, que se movían en varios camiones militares de la EEBI.

 

Nunca volvieron a aparecer. Fueron buscados en la  Cuesta del Plomo, por el Teatro Rubén Darío, al Norte, Sur y Oeste de la Laguna de Xiloá, en el Cráter y Laguna de Apoyeque en la Península de Chiltepe; en el Cráter del Volcán Santiago del Volcán Masaya. No fueron hallados, ni vistos nunca más, pero parte de los asesinos fueron identificados. Entre ellos se menciona a Raúl “Califa” Flores, Eddy Galán Méndez, Julio Sánchez Urbina e Ignacio Albarenga.

 

Caso quincuagésimo:

 

El 15 de julio de 1979, cuatro días antes del Triunfo de la Revolución Sandinista, aparecieron 25 cadáveres más frente al Teatro Rubén Darío, a la orilla del Lago de Managua o Xolotlán, entre ellos los de: Rodolfo Espinoza Leiva , Noel Téllez Noguera y Daniel Narváez Cárcamo.

 

Caso quincuagésimo primero:

 

Ese mismo 15 de julio de 1979, fueron asesinados otros 4O jóvenes prisioneros en la Loma de Tiscapa, la cueva de la tortura y del asesinato de “La Estirpe Sangrienta”. Después de asesinados, sus cuerpos fueron depositados en una fosa común, donde era la radio nacional de los somocistas.

 

En el Departamento de Masaya

 

Caso primero:

 

El 17 de octubre de 1977, dentro del cuartel  GN somocista genocida de la ciudad de Masaya, fueron asesinados  los  jóvenes Juan Carlos Herrera, Israel Lewites y René Carrión.

 

 

Caso segundo:

 

Se hizo archifamosa la masacre somocista de la comunidad “Sabogales”, al Este de la Ciudad de Masaya, donde fueron asesinados Camilo Ortega Saavedra, Moisés Rivera, Arnoldo Quant Ponce, Manuel de Jesús González, Domingo Cajina, Cástulo Chavarría, Luis Díaz, Pedro Medina,  Roberto López, Luis Balmaceda y Aurelio Martínez.

 

Los informes indican que la orden de masacre fue dada personalmente  por los coroneles genocidas Gonzalo Martínez y Adolfo Solís.

 

Este asesinato atroz se produjo el 26 de febrero de 1978. Todos fueron capturados y masacrados sin piedad por los guardias somocistas sanguinarios de “Estirpe  Sangrienta: los Somoza”, después de finalizada la Insurrección de Monimbó, Masaya.

 

Caso tercero:

 

El mismo 26 de febrero de 1978, fueron asesinados dentro de su casa en Pacaya, Faustina Castro Palacios y sus cinco hijos y de paso también masacraron a Norma Castillo de González  y a sus tres hijos. Asimismo, fueron asesinados a tiros un joven al que le decían Toño Chele y una viejita, cuyo nombre no se pudo obtener.

 

Caso cuarto:

 

Casi a la misma hora del 26 de febrero de 1978, eran asesinados por los sicarios somocistas genocidas de “Estirpe Sangrienta”, en el Barrio Monimbó, Miguel Vásquez Rivas, Domingo Cajina, Pedro Joaquín Pérez Calero, Juan Antonio Madriz Ruiz, Rubén Paladino Vega, Bosco Monge, Manuel de Jesús González Vivas, Lorenzo López, Carlos Balmaceda Calero, Roberto Téllez Ortíz, Santos Enrique Hernández, Agustín Andino, Vicente Salinas García,  José Ángel González, Moisés Rivera Maltez, Aurelio Dávila Putoy, Chéster Membreño, Jorge Chávez, Alonso Montalván, Julio Ortega y Auxiliadora Dávila.

 

Caso quinto:

 

El 27 de febrero de 1978, llegaron 6OO guardias nacionales desde Managua e invadieron el Barrio Monimbó, dejando un saldo trágico de 2OO personas desaparecidas. “Aquello fue realmente horrible, terrorífico, tal vez sólo comparado con lo que hacían los nazifascistas alemanes durante la Segunda Guerra Mundial”, comentó Luis Álvarez, trabajador social de la Ciudad de Masaya.

 

Caso sexto:

 

El 9 de septiembre de 1978, fueron también asesinados por los somocistas genocidas somocistas Guillermo Cortez, Carlos Donaldo Collado, Pedro Martínez y Manuel Vanegas López.

 

Caso séptimo:

 

El 17 de octubre de 1978, los guardias somocistas genocidas  coronel Pablo Emilio Reyes y Mario “Gallina” Sánchez, fueron señalados como los responsables directos de los asesinatos  de Domingo Pompilio Latino, Cruz Hernández, Marcos Medina, Cristóbal Carvallo, Demetrio López y Arturo Velázquez, muertos a tiros en distintos puntos de la Ciudad de  Masaya o de “Las Flores”.

 

Caso octavo:

 

El 11 de septiembre de 1978,  fueron masacrados también Elías Rodríguez Flores, Francisco Gaitán Espinoza, Mario López Medina, Alcides López Rodríguez, Gloria María Sequeira y su hijo de apenas año y medio, y Pedro José  Martínez Useda. Todos murieron durante  un bombardeo aéreo sobre la Ciudad de Masaya, y por la “operación limpieza” de la Guardia Nacional, la cual consistía en lanzar tropas después de un bombardeo aéreo, realizar cateos casa por casa, durante los cuales iban matando seres humanos y robando sus pertenencias, y se sumaba la destrucción de sus casas, enseres domésticos, etc.

 

Caso noveno:

 

El 12 de septiembre de 1978, los mismos guardias somocistas sanguinarios asesinaron a tiros en el Barrio Monimbó a Mario López, Manuel Gamendiz, Gustavo Vivas Dávila, Isabel Sánchez, Cristóbal Carvallo, Manuel Antonio González, Aurelio Mercado y  Alcides López.

 

Caso décimo:

 

El 19 de septiembre de 1978, un “oreja” llamado Toño, asesinó de dos en dos alrededor de 2O jóvenes en la Ciudad de Catarina, Municipio del Departamento de  Masaya; según se informó, aunque los nombres de los chavalos no fueron recogidos.

 

Caso décimo primero:

 

 

El 2 de octubre de 1978, estos mismos guardias sanguinarios asesinaron a Adán Martínez García, Humberto Rodríguez Martínez, Silvia Antonia y William Rodríguez, y otra vez aparecen involucrados directamente los esbirros despreciables Mario “Gallina” Sánchez, Rogelio Blandón y Manuel del Carmen Molina.

 

Casi décimo segundo:

 

El 25 de septiembre de 1978, en Masaya, fue asesinado por la Guardia Nacional sanguinaria el sacerdote José Francisco Sandoval.

 

Caso décimo tercero:

 

El 27 de octubre de 1978, fueron también asesinados por soldados sanguinarios los  jóvenes Bosco Mundo Gaitán López, Milton Leonel Putoy Salinas, Wilfredo Montalván López y Rodolfo Gómez López.

 

Caso décimo cuarto:

 

Entre el 13 de junio y 7 de julio de 1979, anduvieron “activísimos” en Masaya los asesinos Fermín Meneses, general somocista; Aquilino “Pescado Seco” González, Mario “Gallina” Estrada, Manuel Moreno, Rodolfo Siero y José Cristóbal Martínez, todos los cuales fueron identificados como directamente responsables de los asesinatos de Walter Mendoza Martínez, Frank Toruño Porras, Ismael Castillo Díaz, los tres fueron masacrados en las cárceles tenebrosas del Cerro Coyotepe; Juan Antonio Jiménez Conrado, Trinidad Vargas Mongalo, Francisco  José  López, Nereyda Peña Quiroz, Rubén, Rutilio y Miguel Miranda; Francisco Peña Quiroz, Dorca Peña Quiroz, Francisco López Saravia y Bosco Monge Castro, presidente del Sindicato de Taxistas; Juan Manuel y José Ramón Fonseca López, Laura Caridad e Isaías Espinoza, Eddy y Silvio Marín, Francisco Escobar, César Navarrete, Felícito Franco, Carlos Montenegro, Arnoldo Guerrero, Ricardo José Solís y Rudy Rivas.

 

Caso décimo quinto:

 

El 4 de julio de 1979, fueron asesinados por guardias sanguinarios en Masatepe, Municipio del Departamento de Masaya, los hermanos Eduardo, Evaristo y Mario Jarquín Ortiz. Los ametrallaron mientras caminaban tranquilamente por una de las calles de la Ciudad de Masatepe.

 

Caso décimo sexto:

 

El 6 de julio de 1979, fueron masacrados también Miriam Tinoco Pastrana, Paúl González y Julio César Salinas. Fueron asesinados cuando caminaban tranquilamente por el llamado Camino de Las Flores, cercano a la Ciudad de  Masaya, por donde estuvo el famoso Motel Las Flores.

 

Caso décimo séptimo:

 

El 7 de julio de 1979, fueron asesinados con saña inaudita Walter Mendoza Martínez, Frank Toruño Porras e Ismael Castillo, los cuales fueron capturados por los guardias somocistas genocidas acantonados en el Cerro Barranca y subidos a la fortaleza del Cerro Coyotepe, donde fueron torturados salvajemente y muertos a tiros después.

 

Walter Mendoza Martínez era estudiante de periodismo y fue, en realidad, el fundador del Diario BARRICADA, pues fue él quien publicó en la clandestinidad de Managua un boletincito que bautizó con el nombre de “Barricada”.

 

Caso décimo octavo:

 

El 6 de julio de 1979, presencié personalmente cómo la Ciudad de Masaya era bombardeada en forma inmisericorde por pilotos somocistas sanguinarios genocidas, los cuales descargaban rockettes y bombas de 5OO libras desde aviones Push And Pull y helicópteros. También disparaban con lanza morteros desde la fortaleza del Cerro Coyotepe, ubicado al norte del casco urbano de Masaya, virtualmente al pie de la Ciudad de las Flores.

 

Una de esas bombas de 5OO libras cayó en varias casitas que estaban situadas exactamente al norte de la Iglesia San Jerónimo, donde murieron hechos pedacitos 18 jóvenes, entre los que se encontraba Marvin Antonio Ferrety Cuadra, de apenas 17 años.

 

Aquello fue realmente espantoso. Los pedazos de carne y huesos de los 18 jóvenes volaron por los aires y se esparcieron por solares vecinos y el atrio de la Iglesia de San Jerónimo.

 

 

En medio de consternación y rabia de los masayas, los pedacitos de seres humanos fueron recogidos y enterrados allí mismo. De las casas, no quedó absolutamente nada, como que había pasado el mismo demonio somocista por allí. Ese día fueron bombardeado los Barrios Monimbó, San Miguel,  San Sebastián, San Jerónimo, San Juan, Santa Rosa, La Reforma,  Sabogales, el Barrio Loco; es decir, no hubo lugar de la Ciudad de Masaya que no fuera bombardeado ese día trágico, en que también cayeron bombas incendiarias o tanques de napalm en las casas, lanzadas desde los helicópteros.

 

Los masayas se defendieron como pudieron  en refugios subterráneos, pero eso no evitó que murieran ese día Abraham Zepeda, Magdalena Vega, Alberto González y Eddy Somarriba. Se calcula que ese día murieron no menos de 5O personas, algunos de los cuales fueron sepultados en los patios de casas, por temor a que los mataran desde  el Cerro Coyotepe, de donde se aprecian los movimientos humanos en las calles de la Ciudad de Masaya.

 

 

En el Departamento de Matagalpa

 

Caso primero:

 

La primera masacre somocista genocida en Matagalpa, se registra en el mes junio de 1959, cuando fueron asesinados por la GN  somocista sanguinaria genocida, Víctor Manuel Ribas Gómez, Napoleón Ubilla Baca, Sanny Boy, participantes del Movimiento armado de Olama y  Mollejones, en el que también se destacaron el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, Reynaldo Antonio Téffel, etc.

 

Este movimiento intentó derrocar a Somoza sin apoyo popular, lo que le hizo fracasar y al mismo tiempo le permitió a la Guardia Nacional somocista sanguinaria genocida asesinar a la mayoría de sus integrantes y capturar y torturar al resto.

 

Caso tercero:

 

Una tercera masacre genocida, de gran contenido histórico y político para el Frente Sandinista, fue la registrada en septiembre de 1967, en el Cerro de Pancasán, donde fueron asesinados por guardias somocistas genocidas de “Estirpe Sangrienta”, Jorge Navarro, Modesto Duarte, Silvio Mayorga, Rigoberto Cruz, Pablo Úbeda, Francisco Moreno, Otto Casco, Fausto García, el médico Oscar Danilo Rosales Argüello, Nicolás Sánchez (campesino conocido como “Tigre del Cerro Colorado”), Carlos “Profesor” Reyna, Ernesto Fernández y Carlos Tinoco.

 

Allí mismo, fueron asesinados por los guardias somocistas los campesinos Eufresino Dávila, Eucadio Picado, Felipe Gaitán, Moisés Picado, Fermín Díaz y Armando Flores, quienes primeros fueron capturados, torturados salvajemente y después muertos a tiros en el Cerro de Pancasán.

 

A esa masacre sobrevivieron los comandantes Carlos Fonseca Amador, Tomás Borge Martínez, Germán Pomares Ordóñez y  Gladys Báez.

 

Caso cuarto:

 

En Rancho Grande, Matagalpa, fueron capturados, torturados y masacrados Danislao Matus Reyes, Emiliano Luques Ruiz, Cirilo Luques Cordero, Virgilio Cordero, Plácido Luques Cordero, Filemón Cordero Orozco, Bernardino Luques Centeno y  Andrés Flores Orozco. Las denuncias indican que fueron asesinados personalmente  por los “orejas” Migdonio, Boanerges y Marcos Otero Ortuño.

 

Caso quinto:

 

El 22 de febrero, Luis y Francisco Alcántara Urbina fueron capturados por guardias somocistas en la comunidad de Wanawas, Matagalpa. Sus cadáveres fueron encontrados posteriormente en un camino solitario, con señales de tortura y baleados.

 

 

El caso fue denunciado oficialmente ante la GN genocida por Vicente Alcántara Urbina, hermano de las víctimas, pero como era costumbre no hubo respuesta positiva sobre el caso ni enjuiciamiento a los asesinos.

 

Caso sexto:

 

El 22 de enero de 1977, un grupo de asesinos de la llamada “Mano Blanca” (escuadrón de la muerte de la tiranía somocista), asesinó en Terravona, municipio de Matagalpa, a los campesinos Andrés  Torres Cárdenas, Rosa Rivas, Juana Margarita Torres, Juan Pablo y Gerardo Castillo. La única sobreviviente de la masacre fue una mujer llamada Genara Torres Rivas, porque logró huir.

 

Caso séptimo:

 

En los primeros días de septiembre de 1977, fueron también masacrados en El Tuma, Santiago, Rogelio y Roberto Picado Sánchez y Gregorio Blandón, los cuales fueron capturados, torturados y asesinados por los “orejas” María Vargas, Luciano García,  José Valdivia, Santos y Octaviano Rodríguez, Gilberto José López, Pelagio y Cleto López.

 

Caso octavo:

 

La guardia somocista, asumiendo el ejemplo nazifascista alemán  de los campos de concentración, adoptó dos similares  en Waslala y Río Blanco con 15 fosas comunes, en las cuales se descubrieron  los restos de 3,000 personas (del campo y de la ciudad) al momento del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista, en 1979.

 

Las investigaciones posteriores, según el Diario BARRICADA del 12 de noviembre de 1979, indican que esos campos de concentración eran dirigidos desde 1975 a 1979, entre otros esbirros generales genocidas: Gonzalo (“Vulcano”) Evertz y Gustavo “Tigre” Medina. Desde este campo de concentración planificaban las represiones mortales en todo el Norte del país. Las mismas investigaciones arrojaron que los capturados  eran salvajemente torturados, les echaban los perros para que los devoraran.

 

Fueron poquísimos los que lograron escapar vivos de ese infierno. Los lamentos de los torturados y asesinados se ahogaban con la distancia, quedaban impregnados en las colinas. Quien osara acercarse al lugar, era también detenido y hasta asesinado.

 

Se llegó a afirmar que el campo de concentración de Río Blanco era el más tenebroso y despiadado, pues todo aquel que entró no se le miró salir, quizás esa fue una levísima diferencia con el que se encontraba en Waslala.

 

Una vez, relataron los periódicos capitalinos de noviembre de 1979, los guardias somocistas sanguinarios genocidas obligaron a una parte de la población a que presenciara el lanzamiento de campesinos desde  helicópteros en el aire, con la finalidad de intimidarlos y escarmentarlos ante cualquier crítica al dictador Somoza Debayle  y su Guardia Nacional. Según numerosos testigos, cercano el triunfo revolucionario, estos mismos genocidas lanzaron a centenares de campesinos sobre el Cerro Musún, desde helicópteros a alturas elevadas y ante los ojos de la población de Río Blanco.

 

Cuando llegó el triunfo revolucionario del Julio de 1979 y al verse perdidos, procedieron a ubicar encima de las cárceles subterráneas pesadísimas losetas para que los 100 campesinos vivos aún, murieran asfixiados, de sed o de hambre. Inmediatamente después, se descubrieron numerosas cámaras de tortura, dentro de las cuales existían  cadáveres en estado de descomposición.

 

Caso noveno:

 

El 22 de febrero de 1975, en las comunidades de  Quililón y Quilil, de Matagalpa, fueron capturados y asesinados por unidades de la Guardia Nacional,  15 campesinos, entre los que se encontraban: Pastor Antonio y Tomás Díaz Pérez, Carlos Díaz Hernández y Paula Pérez García.

 

Según informes oficiales y periodísticos, los guardias participantes en esta masacre fueron: Roberto Pérez Centeno, Rodolfo Mendoza Parrales, Valeriano Blandón Maldonado, Heladio Martínez López, Pantaleón Martínez Pérez y Jesús Pérez Centeno.

 

Caso décimo:

 

Los “capitanes de cañada” Ernesto Larios Martínez y Juan Estrada, fueron los responsables directos de la masacre de cinco miembros de la familia González Hernández, cuyos miembros residían en La Tronca.

 

 

Las nuevas víctimas en esta nueva masacre fueron Feliciano Ochoa Díaz, Santos y Antonio Ochoa González, Euleterio Centeno y  Victoriano Centeno López.

 

Caso décimo primero:

 

Una ola represiva y de masacres fue desatada en Matagalpa entre el 20 de febrero y el 26 de marzo de 1976, período en el cual fueron asesinadas otras 15 personas, mayoritariamente campesinas.

 

Se contaron entre las víctimas a Inés López, Esteban y Tomás Suazo, Santos López Sotelo, Pastor y Sinecio López Sotelo, Eugenio y Magdaleno López Treminio, Máximo Martínez Ochoa, Santos Sánchez López, Andrés Zamora, Pedro Antonio y Santos Zamora  Murillo, Manuel Guido Leytón, Andrés Zamora hijo, José Santos y Pedro Zamora, Gonzalo Murillo, José María Jarquín y Tano Sobalbarro.

 

Todos ellos fueron capturados en distintos lugares de Matagalpa, tales como: comarca de Bilamo (entrada a San Ramón), Zapote (Esquipulas) y Río Blanco.

En esta masacre se mencionan como responsables directos a los “orejas” somocistas genocidas Carmenza Salinas, quien aparece mencionada en decenas de hechos represivos en Matagalpa; Pastor y Vicente Martínez Aráuz, Mariano Muñoz, Pablo Rocha Velázquez, Cristóbal Arteta, José María Álvarez y Crescencio Cordero.

 

Casi décimo segundo:

 

El 15 de mayo de 1976, en Wanawás, Río Blanco, un grupo de somocistas encabezados por Carmenza Salinas, capturó a Manuel, Catalino, Pablo y Jerónimo Hernández González. Con excepción de Catalino, los otros tres hermanos fueron asesinados. Catalino dijo después que se salvó “de puro milagro”.

 

Caso décimo tercero:

 

 

El 30 de agosto de 1979, en la comarca Achiote, Río Blanco, fueron capturados por la GN los campesinos Simón, Socorro, Isidoro y Germán Blandón Blandón. Posterior a su captura, no se supo nada de ellos; en el diario La Prensa del 3 de enero de 1979, constata la no aparición de las víctimas.

 

Caso décimo cuarto:

 

El 9 de julio de 1978 apareció una carta en el Diario LA PRENSA, firmada por Carmen Huerta Rosales, quien reclamaba personalmente al jefe de “Estirpe Sangrienta” (Somoza Debayle) por el paradero de Gloria Chavarría de Mairena, quien había sido capturada, con once familiares suyos,  por una banda de asesinos o sicarios del somocismo genocida en diciembre de 1976. En su carta preguntaba: ¿Dónde están?, ¿qué cosa horrible han hecho con ellos?

 

La captura de Gloria y esas once personas se produjo en la comunidad de Bilampó, municipio de San Ramón, estando en los patios y dentro de sus viviendas campesinas. Las otras personas eran: María del Rosario, Amparo, Teresa, Marcos Antonio y Francisco José Mairena Huerta.

 

Nunca le llegó respuesta sobre el paradero de sus familiares, a como nunca se supo de la suerte de ellos. Sin embargo, fue identificado el jefe de aquella patrulla como José Antonio Narváez, a quien por mal apodo le decían “Chabelo”.

 

Caso décimo quinto:

 

El primero de febrero de 1978, en la propia ciudad de Matagalpa, guardias y orejas somocistas genocidas escenificaron una nueva masacre. Según varios periodistas, ese día asesinaron a doña Margarita viuda de Amador en su propia casa, y mataron a dos niños, uno de nombre Margarito Zeledón y un estudiante de secundaria de apellido Alemán.

 

Para cerrar con “broche de oro”, estos guardias y orejas de la OSN detuvieron a cuatro periodistas en la entrada a la Ciudad de Matagalpa, entre ellos Ernesto Aburto Martínez, quien en su vida profesional laboró como editor en los Diarios LA PRENSA y El Nuevo Diario.  Los cuatro reporteros fueron llevados al comando GN, donde los interrogaron, pues al parecer también querían impedir que escribieran sobre las barbaries o matanzas que habían visto en las calles de Matagalpa.

 

Caso décimo sexto:

 

 

El 30 de septiembre de 1978, el Diario  LA PRENSA reportó cómo fue masacrada la Ciudad de Matagalpa, por aire y tierra. La ciudad fue bombardeada con rockets, bombas de 500 libras y una incalculable cantidad de tiros de ametralladoras, que se introdujeron casi a la velocidad de la corriente eléctrica por las partes más débiles de las casas, provocando la muerte a seis personas, entre las que se mencionan a Dámaso Blandón, Cecilio Castro, Bertha Vargas Cerna y Roberto Sacasa Cisne.

 

Caso décimo séptimo:

 

En la noche del 11 de diciembre de 1976, una pacotilla de guardias y orejas de la OSN llegaron a Kuskawás, jefeados por un tal Ulises. Rodearon el poblado y procedieron, como siempre, a sacar de sus casas a Santos Martínez Ramos, Martiniano Martínez López, e Irene e Inés Basilia Aráuz, ambas hermanas de Pedro Aráuz Palacios, miembro de la Dirección Nacional del FSLN.

 

Caso décimo octavo:

 

El 12 de diciembre de 1976, otra pacotilla de guardias y orejas OSN al mando de  un tal Reynaldo, se apareció en la misma comunidad de Kuskawás, (ya aterrorizada la noche anterior), para llevarse camino a la muerte a Victoriano y Juan Martínez Rodríguez, Bonifacio Martínez Fajardo, Antonio y Arnoldo Aráuz Arteta.

 

“Son colaboradores de la guerrilla sandinista”, fue la justificación para asesinarlos, según el tal Reynaldo, quien con sus compinches actuaban con total impunidad.

 

Caso décimo noveno:

 

El 10 de enero de 1977, un año antes del atroz asesinato de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, fueron capturados los hermanos Agapito y Pedro Sánchez Martínez, cuando caminaban por uno de los callejones de la comunidad del Guapotal, Matagalpa. Este fue uno de los tantos casos de desapariciones conocidas por la Comisión Permanente de Derechos Humanos.

 

Caso vigésimo:

 

 

El 30 de agosto de 1978, inmediatamente después del asesinato de Pedro Joaquín Chamorro C., guardias y orejas OSN  ejecutaron otra masacre bestial en el Hotel Soza, de Matagalpa, donde asesinaron a Tina Aráuz de Soza, al ingeniero Harold Miranda, Nubia  Miranda y Luis Alfredo Lacayo Amador.

 

Los informes periodísticos indican que los responsables directos de este asesinato atroz fueron, otra vez, los asesinos somocistas Rafael Martínez Albarenga, Octavio Castillo, Andrés Espinoza, Santos Cano, Erasmo Zeledón y Joaquín Martínez Solano.

 

Caso vigésimo primero:

 

El primero de septiembre de 1978, un día después de aquel  horrendo asesinato, se produjo una masacre en gran escala contra toda la ciudad, la que fue bombardeada con aviones y helicópteros por los cuatro costados, produciéndose esta vez, 3O muertos, de los cuales la mayoría no fue identificada.

 

Los oficiales GN, comandando a guardias y orejas OSN, se “pasearon” alegremente disparando contra la ciudad con tanques Sherman y tanquetas, mientras alrededor de 4O mil matagalpinos huían de la ciudad, huían de la posibilidad de que los somocistas genocidas los mataran. “Chigüin” Somoza Portocarrero dirigió personalmente aquella masacre y junto a él estuvieron: Augusto Flores Lovo, Andrés Espinoza, Santos Cano, Erasmo Zeledón, Joaquín Martínez Solano y Víctor Manuel Fiallos.

 

Producto de esta criminal y masiva acción, se contabilizó el 3 de septiembre  a 80 civiles muertos. Una de las víctimas conocidas fue el ingeniero Róger Miranda, a quien primero castraron.

 

Caso vigésimo segundo:

 

La barbarie somocista genocida retornó impune como siempre el 12 de mayo de 1979, día en que una patrulla de guardias mató a Ricardo Mairena, Uriel Ballesteros y  Francisco Lumbí, según el Diario LA PRENSA del 13 de mayo de 1979.

 

Los reportes periodísticos de esos días indican que en el barrio Guanuca explotó una bomba casera, a lo que acudieron de inmediato los tenebrosos guardianes de “Estirpe Sangrienta” en una patrulla BECAT. Al no encontrar  a ningún sospechoso,  decidieron dispararles ráfagas de tiros a Mairena, Ballesteros y Lumbí, quienes pasaban por allí en el momento en que los guardias sanguinarios tomaban la decisión de matar.

 

Caso vigésimo tercero:

 

El Nuevo Diario del 18 de Julio de 1980 publicó que durante los días 17 y 24 de junio de 1979,  guardias somocistas  genocidas capturaron en Sébaco, municipio de Matagalpa, a Domingo Efraín Martínez, a su hijo Aníbal, a Rosembert Miranda y Genaro Montenegro, los cuales aparecieron asesinados posteriormente,  como era común en la cada uno de estos casos de captura.

 

Caso vigésimo cuarto:

 

Al rememorar los hechos, El Nuevo Diario del 20 de junio de 1980, historió que una vez más la Ciudad de Matagalpa fue víctima de una masacre general genocida al ser bombardeada con helicópteros, aviones de reacción a chorro y desde artillería terrestre, que era paseada por las calles, para disparar hacia el interior de las viviendas.

 

Esta vez no hubo cifras de muertos oficial u oficiosamente registradas, pero se conoció que dos de las víctimas  mortales fueron dos ancianas conocidas como las niñas López, Vicente Calderón, Luis Solórzano y Máximino Senqui.

 

Lo que hubo fue un registro abundante de los responsables de esta nueva masacre en Matagalpa. Los nombres de los asesinos son los siguientes: Luis “Cuervo” Mercado García, Luis “Pichete” Solís Torres, Reynaldo Mendoza Gutiérrez, Juan Fonseca Torres, Juan Sequeira Rivas, Francisco López Cardoza, Santos Antonio Méndez Olivas, Freddy Padilla Gutiérrez, Catalino Miranda Molina, Domingo Jarquín Centeno, Pedro Castillo Castellón, Eduardo Sánchez Zeledón, Laureano Martínez Reyes, Lucas García Sánchez, Federico Velásquez Camacho, Crescencio Palacios Orozco, Salvador Gutiérrez Vega, Pablo Castro Valle, Noel Obando Gutiérrez, todos comandados por los coroneles esbirros genocidas Alfredo Juárez, Augusto Flores Lovo y Rainer Peshell.

 

Caso vigésimo quinto:

 

El 28 de Febrero de 1983, 17 jóvenes fueron asesinados a mansalva por los mismos criminales, entre los cuales se mencionan los nombres de: Dolores y Alberto Madrigal Silva, Oswaldo Manzanares, Mc Nery Pérez, Roberto Talavera Carballo, Noel Solís Ponce, Miguel Castillo Castillo, Carlos Vásquez, Henry Báez, Enrique Calderón y Ricardo Avilés.

 

 

Estos jóvenes fueron atacados con cohetes, lanza morteros, cañones y fusilería automática, accionados por más de mil guardias genocidas que atacaron al poblado, defendido en esos momentos por unos 80 jóvenes portadores sólo de fusiles automáticos.

 

El poblado de San José de las Mulas, al norte de Matagalpa, recibió un diluvio de cohetazos, morterazos y cañonazos, que ocasionaron decenas de muertos, entre los cuales estaban los 17 jovencitos, todos bachilleres y maestros de educación primaria.

 

La masacre de San José de las Mulas fue tan terrible como las de Waslala, pero a pesar de semejante superioridad militar no lograron doblegar a los pobladores ni a los jóvenes reservistas, quienes cantaron “Venceremos, mil cadenas habrá que romper”. Finalmente, los masacradores genocidas huyeron, dejando desolación y muerte en San José de las Mulas. Luego, la entrega de los cadáveres de los jóvenes donde sus familiares en Managua, fue muy dolorosa.

 

Esta masacre, como todas las otras, provocó una ola de indignación nacional, la cual fue escuchada por el Papa Juan Pablo II, quien arribó a Nicaragua en esos días.

 

Caso vigésimo sexto:

 

El 31 de enero de 1983, en Río Blanco, ocho campesinos fueron asesinados dentro de la Cooperativa agrícola Flor de Pino. Entre los asesinados se cuentan a Juvencio Martínez y su esposa, Josefa Aguilar Oporta. Las instalaciones de la cooperativa fueron destruidas, e igualmente hubo robo antes de retirarse los masacradores somocistas.

 

Caso vigésimo séptimo:

 

El 11 de marzo de 1983, en San Dionisio, Matagalpa, una agrupación de feroces asesinos,  capturaron, torturaron a cinco campesinos, a los cuales llevaron bajo un puente, donde procedieron a degollarlos con bayonetas, lo cual se hizo común durante la guerra de agresión dirigida por Estados Unidos.

 

Pablo Mendoza y Juan Pablo Flores Mairena, fueron dos de los cinco asesinados este día.

 

 

En el departamento de Nueva Segovia.

 

 

Caso primero:

 

En Nueva Segovia las masacres comenzaron con los asesinatos de numerosos de los hombres que pertenecieron al Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, que encabezaba el general Augusto C. Sandino.

 

Esas masacres duraron más de 10 años, pues el 29 de septiembre de 1948 fue asesinado también el general Juan Gregorio Colindres, uno de los hombres más audaces con que contaba el ejército en mención. Colindres fue asesinado en las cercanías de Murra,  mientras huía del nuevo ejército de ocupación yanqui, jefeado ahora por Anastasio Somoza García. Ese día, también fueron asesinados numerosos campesinos junto a Colindres, según nos cuenta Jesús Miguel “Chuno” Blandón en su libro “Entre Sandino y  Carlos Fonseca”.

 

Las patrullas o  batallones de guardias somocistas  de la GN eran todavía jefeados por militares gringos, como el caso de Andrés Paterson, quien participó personalmente en el asesinato del General Colindres, y a cuyos hombres persiguieron como animales en las selvas del Norte del país.

 

Caso segundo:

 

El 18 de octubre de 1958, fueron asesinados también el General Ramón Raudales y un grupo numeroso de campesinos que le acompañaban, en otro sitio de Nueva Segovia, según los relatos de Jesús Miguel Blandón.

 

Raudales, también fue otro de los generales del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional.

 

Caso tercero:

 

El 27 de febrero de 1960, fueron asesinados en la Hacienda El Dorado, municipio de Murra, nueve aspirantes a guerrilleros identificados como Francisco Alemán, Juan Romero, Tomás Palacios,  José Matey, Mauricio Paz, Héctor Zelaya, Víctor Arbizú y Eduardo Medina Borgen.

 

 

En esta  masacre vuelve a aparecer al archiasesino Juan Ángel López, aquel que mandaba a masacrar a  campesinos, obreros agrícolas y dirigentes sindicales en el Zanjón de Posoltega. También aparece como uno de los responsables del crimen un tal coronel llamado Jacobo Ortegaray y un raso identificado como Salvador Morales.

 

Caso cuarto:

 

El 29 de julio de 1975, fueron capturados en Macuelizo los campesinos Santiago Lagos Rodríguez, José de la Cruz y Germán Sandoval, quienes posteriormente aparecieron asesinados. “Aumentan los desaparecidos”, decía un titular del Diario LA PRENSA del nueve de diciembre de 1977, al informar de esta nueva masacre somocistas.

 

Caso quinto:

 

El 4 de agosto de 1978,  pobladores del Barrio Jicarito, Ocotal, presenciaron horrorizados cómo era brutalmente asesinado Leonardo Matute por los guardias somocistas genocidas somocistas acantonados en Ocotal.  Los guardias, a bordo de un jeeps, primero rafaguearon la vivienda de Matute, a quien sacaron de su vivienda a punto de culatazos en la cabeza, el estómago, espaldas, el pecho, los hombros, los brazos y piernas, produciéndole un fuerte desmayo.

 

Ante el asombro de los pobladores del  Jicarito, Matute fue amarrado y arrastrado con el jeeps por las calles y finalmente le dispararon varias ráfagas al cuerpo. La masacre terminó cuando los asesinos fueron a tirar su cadáver al cementerio local. No hubo ninguna explicación oficial, solamente amenazas de muerte y severas advertencias a familiares y pobladores del Jicarito.

 

Caso sexto:

 

El 20 de enero de 1979, en el Diario LA PRENSA  se publicó la noticia de que en las Mesas del Cacao, en  Paraisito y  en Mozonte, Nueva Segovia, fueron asesinados Luis Felipe Moncada, Apolonio, Gabriel, Manuel, Jaime, Fabio, Rómulo, Víctor,  Juan y Vicente Espinoza y Ronald Cáseres, todos los cuales fueron capturados por  una banda de forajidos somocistas, que aparecieron en Mozonte como anuncio fatal de muerte.

 

Caso séptimo:

 

 

El esbirro coronel genocida Asdrúbal Briceño mandó a capturar a los hermanos José Bruno y Germán Zamora, cuando ambos caminaban por lugares diferentes de Ocotal. Ambos fueron conducidos al comando GN genocida. Al reclamarlos sus familiares, los genocidas, encabezados por Briceño, respondieron el disco rayado de siempre: “Aquí no están…ustedes están locos…aquí no hemos capturado a nadie”.

 

Sus  familiares buscaron en hospitales, en otras cárceles, en caminos y montes, hasta que finalmente encontraron sus cadáveres en un sitio montoso cercano a Mozonte.

 

Caso octavo:

 

El 16 de abril de 1979, el mismo coronel somocista genocida Briceño mandó a capturar y a asesinar a Glenda Ponce Espino, Arcadia Rodas Espinales y Rosibel Ponce Espino.

 

Entre los guardias asesinos aparece un tal coronel Alberto Moreno Gutiérrez, que reía a carcajadas, cuando capturaba a campesinos, obreros y amas de casa; personalmente se encargaba de arrancarles el pellejo y aplicaba otras torturas atroces y macabras.

 

Caso noveno:

 

El 17 de julio de 1979, en la entrada de Quilalí, se ejecutó una de las últimas masacres en Nueva Segovia, cuando los guardias encabezados por Ezequiel Aguirre, ametrallaron una camioneta  matando a cinco personas, entre ellas, la niña de tres meses Katia Carolina Gurdián Payán y a su madre Sandra Payán.

 

Caso décimo:

 

El propio 19 de julio de 1979, en pleno triunfo revolucionario, unos guardias que huían despavoridos, dispararon contra una manifestación de ciudadanos que con banderas rojinegras celebraban el triunfo del FSLN sobre la dictadura somocista; entre ellos se encontraba el coronel GN Otoniel Portillo González y los “orejas” Gustavo Pallais, Gustavo Amaya y Ernesto Castellón. Hubo numerosos heridos entre los manifestantes.

 

Las últimas víctimas de Ocotal fueron Francisco Bottel Martínez, Sonia Peña, Benigno Romero, Miguel Reyes y Manuel Pérez.

 

Caso décimo primero:

 

Contrarrevolucionarios somocistas asesinan a la niña Guadalupe Ruíz, de 13 años, quien cortaba café con un grupo numeroso de campesinos que fueron atacados sorpresivamente con morteros RPG y M-79 desde el lado de Honduras, cuyo gobierno era uno de los cómplices de la agresión norteamericana-somocista a Nicaragua.

 

Ese día quedaron decenas de campesinos heridos, los cuales no tuvieron más remedio que refugiarse en zanjones o al pie de árboles gruesos, mientras el ataque traicionero pasaba.

 

Caso décimo segundo:

 

El 7 de abril de 1983, Mauricio Rocha y Jeremías Ochoa, miembros de la Unión de Medianos y Pequeños Agricultores (UNAG), fueron asesinados a machetazos y balazos por un grupo de contrarrevolucionarios que los emboscaron al Norte del Puesto Fronterizo de El Espino. Los encontraron desarmados y los asesinaron, tal como ocurría siempre que encontraban campesinos en esta zona del país.

 

Caso décimo tercero:

 

En Jalapa, el 10 de Junio de 1983, fue torturado y asesinado el maestro de Educación de Adultos Carmen González. Los criminales siempre expresaron su odio en contra de la Alfabetización.

 

Caso décimo cuarto:

 

Mediante ataque masivo por tierra y aire desde Honduras, son asesinados la niña Suyapa Gutiérrez, de cuatro años y los campesinos Luis Ordóñez Aguilar, Ramón Arce, Óscar Osorio, Felipe Rodríguez, José Abraham Artola Herrera, Marcial Ticay Carazo y José Bellorini Melgara. Todos fueron atacados repentinamente en su lugar de residencia por criminales contrarrevolucionarios apoyados por la fuerza aérea hondureña, según denunció en esos días la Cancillería de Nicaragua.

 

En el Departamento de Rivas.

 

 

Caso primero:

 

El 19 de noviembre de 1977, el Diario LA PRENSA publicó la noticia del  asesinato del joven Carlos José Aburto Zúniga, a quien le propinaron sendos culatazos y patadas, en una casa donde buscó refugio. La noticia se publicó bajo el titular: “Muerto a punta de culata…”.

 

Aburto Zúniga andaba con sus tragos la tarde en que fue asesinado brutalmente,  mientras centenares de rivenses presenciaban, impávidos, impotentes, el crimen que cometían guardias somocistas genocidas de “Estirpe Sangrienta”. La patrulla GN iba en sentido contrario al de Aburto Zúniga, quien por temor a que se lo llevaran preso o lo golpearan, se refugió en una casa cualquiera, adonde entraron los asesinos a sacarlos a culatazo limpio, hasta que lo asesinaron en plena calle, frente a centenares de personas. ¿Qué tal?.

 

 

Caso segundo:

 

El 4 de febrero de 1978, LA PRENSA publicó una noticia referida al aparecimiento de doce cadáveres de civiles en las calles de la ciudad de Rivas, después de un ataque guerrillero a la misma.

 

Los  guardias somocistas al no poder matar a los guerrilleros,  salieron a las calles a disparar indiscriminadamente a todo aquel que tuvo la suerte mortal de andar en esos  momentos en las calles de Rivas.

 

Caso tercero:

 

El 31 de diciembre de 1978, el Diario LA PRENSA publicó que los “escuadrones de la muerte”, conocidos también como “Mano Blanca” (jefeada por Chéster Escobar en esos momentos), asesinaron a Guillermo Ruiz Peña y Juan Hernández Salgado, lo cual ocurrió el 22 de julio de 1978.

 

Caso cuarto:

 

El 15 de enero de 1979,  le tocó suerte mortal a María Luisa Rojas de Zapata y a su pequeño hijo Ricardo Zapata Rojas, quienes fueron asesinados en la finca San Carlos, en el municipio de La Virgen.

 

 

El bárbaro crimen impactó a todo Rivas, pues el colmo de la ola represiva del tal Comandante “Bravo” (Pablo Emilio Salazar) es que también mandaran a matar a los niños.

 

Caso quinto:

 

A Rivas también le correspondió su dosis de genocidio con los bombardeos aéreos,  uno de ellos ocurridos el 29 de mayo de 1979, día en que resultaron más de 100 muertos,  según el Diario BARRICADA del 15 de junio de 1980. Especialmente fueron bombardeados los barrios Puebla y la Chocolata.

 

Con suma alegría, los periodistas cómplices feroces del genocidio, atrincheradas en el Diario Novedades, propiedad del tirano Anastasio Somoza Debayle, publicaron el 2 de junio de 1979 que la Guardia Nacional había liquidado a 150 insurgentes en la Frontera Sur.

 

Caso sexto:

 

Una de las masacres más perversa de los  somocistas sanguinarios genocidas fue perpetrada el 13 de junio de 1979 en el Barrio San Luis, del municipio de Belén, en el Departamento de Rivas, donde la pacotilla de asesinos del “comandante Bravo” se aparecieron luciendo pañuelos rojinegros y diciendo que “ya está  cerca el triunfo. El comandante Pastora viene para acabar …”

Subieron a la Iglesia Católica y tocaron las campanas, hicieron que se reuniera la gente en la plaza, adonde centenares de personas acudieron entusiasmadas. Cuando la gente se concentró, los asesinos somocistas les dispararon a centenares de personas, resultando  80 hombres  muertos, pero además violaron mujeres, impidieron que la gente se corriera y en presencia de ellos desollaron a los asesinados.

 

Así actuaban los guardias somocistas, los angelitos del jefe de la “Estirpe Sangrienta”, quien fue declarado “Príncipe de la Iglesia Católica”.

 

Por su perversidad, salvajismo y terror, esta masacre tuvo gran resonancia en todo el país.

 

Caso séptimo:

 

 

El 23 de junio de 1979, los mismos masacradores genocidas cometieron otra masacre horrible en la finca Santa Berta, Rivas, donde varias familias campesinas fueron asesinadas en forma atroz.  Los guardias genocidas llegaron en varios camiones y se metieron dentro de las casas, de las cuales sacaron a punta de culata y patadas a: Rosendo Alvarado Cedeño, Liliam Cedeño de Alvarado, Jorge Cedeño,  Rosa Emilia Luque, Jorge Alvarado,  Miriam Luque Pavón, Carlos Luque, William Ponce Vílchez, Guillermo Meléndez, William Alvarado  Cedeño, Pablo  Torres y Mario Celada Martín.

 

Una crónica del Diario LA PRENSA del 22 de agosto de 1979, daba cuenta que entre las víctimas se encontraban dos niños, a quienes se les quemó con combustible frente a sus padres y demás familiares, “”para que escarmienten, hijueputas”, les decían los guardias somocistas genocidas mientras reían por los llantos desgarradores de los niños y los gritos desesperados de las mujeres. Uno de los criminales que comandaba las patrullas era Erasmo Baltodano Jiménez, según reveló el Diario BARRICADA del 16 de junio de 1980.

 

Caso octavo:

 

“El camino hacia nuestra liberación”,  un folleto publicado días antes del Triunfo de la Revolución, daba cuenta de  un intenso bombardeo aéreo y terrestre de los genocidas somocistas contra el Hospital de Rivas, donde el 6 de julio de 1979, murieron hombres,  mujeres y niños, debido a las explosiones de bombas morteros y bombas de 500 libras dentro de las instalaciones del centro hospitalario.

 

Caso noveno:

 

El 9 de julio de 1979, en el barrio El Rosario, de la ciudad de Rivas, la GN genocida tendió una emboscada mortal cerca de su casa al ciudadano Noel Antonio Carcache, quien caminaba desarmado. El Diario LA PRENSA en esa ocasión tituló “Rivas recuerda caída de gran combatiente”.

 

Caso décimo:

 

 

El 15 de julio de 1979, en el Centro de Salud de Belén, Rivas, se ejecuta otra horrible masacre, caracterizada por su perversidad. El Diario LA PRENSA del 24 de julio 1979 detalla que el esbirro Agustín Morales, con engaños llevó a Ramón Silva, Carlos García, Martin Paniagua y  José Omar Cortez, hasta el Centro de Salud. El sanguinario genocida les informaba que Edén Pastora Gómez estaba entregando armas a quien las quisiera, cuando los jóvenes mencionados acudían al llamado fueron asesinados a las puertas del Centro de Salud.

 

En carcajadas y muy satisfecho se paseaba en las calle el esbirro Agustín Morales, según relata el Diario BARRICADA.

 

En el departamento de Río San Juan.

 

Caso primero:

 

El 15 de octubre de 1978, al estilo Wiwilí antes de 1940, los guardias genocidas procedieron a masacrar a los pobladores de San Carlos, Río San Juan. Capturaron y asesinaron en forma atroz en la plaza pública a Ernesto Medrano, Roberto Pichardo, Donald Guevara Silva y Elvis Chavarría, cuyos cuerpos dejaron allí mismo, para que se los comieron animales silvestres o domésticos, poniendo bajo amenaza mortal a quienes osaran tocar esos cuerpos.

 

Los cuerpos fueron devorados por perros en la plaza pública, según atestiguan decenas de pobladores de San Carlos y de acuerdo a relatos recogidos por periódicos nacionales.

 

La feroz represión de la GN somocista sanguinaria genocida  se produjo en toda la ciudad porque un grupo de hombres y mujeres audaces había osado atacar el Comando de la GN-EEBI, la cueva de los delincuentes de la dictadura militar somocista en San Carlos. Durante la represión generalizada capturaron a todo aquel que les pareciera sospechoso y después los mataban en la plaza pública o nunca aparecieron.

 

Caso segundo:

 

El Diario LA PRENSA registra también que otras 2O personas fueron masacradas en la Hacienda Esperanza, de San Carlos, aunque no se publicaron los nombres de los masacrados.

 

Caso tercero:

 

 

“Los Derechos Humanos en Nicaragua”, era el título de un informe de la Comisión Permanente de Derechos Humanos, mediante el cual se daba cuenta de la captura y asesinato de Enriqueta Silva Narváez y William Ubau Silva,  hecho ocurrido el 2O de diciembre de 1978.

 

Ambos fueron capturados por los genocidas somocistas en el Valle Guadalupe y aparecieron asesinados atrozmente en un plantío de Cacao, según el diario Barricada, tiempo después.

 

 

En el Departamento de Zelaya, Hoy Regiones Autónomas del Caribe.

 

Caso primero:

 

En el Norte de Zelaya (Región Autónoma Norte) los guardias somocistas genocidas ejecutaron masacres realmente horribles, muy parecidas a las que efectuaban al Norte de Matagalpa, donde además de asesinar a campesinos, les quemaban sus ranchos, les robaban su dinero, las gallinas, las vacas, la ropa, el maíz y los frijoles.

 

Una de esas tantas masacres fue la de Bijagüe Norte, de donde son las  “Mujeres del Cuá”, de donde desaparecieron centenares de campesinos, que eran capturados y montados en camiones,  jeeps,  helicópteros o aviones,  desde los cuales los lanzaban al vacío sobre el Cerro Musún, en la Cordillera Isabelia o allá  por las entrincadas selvas del Río Waspuck, muy cercanas al Río Coco

 

No se precisa la fecha, pero en Bijagüe Norte fueron capturados y después

asesinados, en 1970, los campesinos Porfirio Díaz Aguilar, Gregorio, Pedro y Gabino García Blandón, Pascual, Patricio, Juan, Marcelino y Silvestre  Sánchez, Aurelio y Norberto Díaz Hernández.

 

Los relatos indican que los responsables directos de esta masacre fueron los GN genocidas  Santiago Sequeira, Francisco González, Joaquín Ordóñez, René Raites, Feliciano Suazo y Roberto Montes Morales.

 

Caso segundo:

 

 

En septiembre de 1975, en San José de Las Bayas, fueron capturadas y desaparecidas por los GN genocidas las siguientes personas: Ernestina Meneses, su hijo Frutos, su yerno Claudio y Hernán Marín.

 

Caso tercero:

 

El 14 de octubre de 1975, la “suerte mortal” les llegó a  Santana Leytón, Genaro García González y  Andrés Sánchez Ochoa, quienes fueron detenidos en Boca de Piedra, Zelaya.

 

Los relatos periodísticos indican que ellos caminaban por  un camino cuando fueron capturados por guardias somocistas genocidas. Posteriormente, fueron montados en aviones y llevados al campo de concentración de Río Blanco, donde fueron asesinados.

 

Caso cuarto:

 

El 11 de noviembre de 1975, en Bocana de Piedra fueron capturados los jóvenes Gabino García, Jesús García Méndez, Samuel Ochoa García, Ruperto Mendoza, Braulia Maldonado y Dolores Aguilar Pérez. Todo aquel que era capturado por  un genocida somocista, rara vez se salvaba de ser asesinado.

 

Caso quinto:

 

El 3O de noviembre de 1975, son también capturados Santos Guido Gómez, Humberto, Guadalupe y  Modesto Castro, Apolinar y Cripriano Sánchez. Nadie volvió a saber de ellos.

 

Caso sexto:

 

Similar destino al caso anterior, corrieron Leonardo  y Clemente Cruz Díaz, Clemente Cruz López y Guadalupe Castro, quienes fueron capturados por denuncias de varios “orejas” de la comunidad de Iyas, llamados Secundino Gómez y Martin Rayo.

 

Los  vecinos presenciaron que los cuatro hombres fueron subidos a helicópteros y llevados a rumbo desconocido, posiblemente a asesinarlos en el campo de concentración de Río Blanco. Asesinar era el pasatiempo preferido de los sicarios de “La Estirpe Sangrienta”.

 

Caso séptimo:

 

El 14 de diciembre de 1979, el diario BARRICADA publicó  una amplia crónica sobre cómo fue asesinado Edgard “Gato” Munguía Báez y una mujer llamada Leoncia González, en un mes de 1976, en las montañas de Yaosca, en Zelaya.

 

Un juez de mesta y “oreja” llamado Etanislao López fue quien los denunció y ejecutor a la vez del asesinato. Munguía Báez y Leoncia fueron capturados sanitos y salvos, sometidos a brutales torturas y después asesinados como siempre ocurría.

 

Caso octavo:

 

En el mes de febrero de 1976, en un lugar llamado “Plátano”, Zelaya (Región Autónoma Caribe),  fueron capturados Agapito y Tomás Hernández Gaitán, Coronado Hernández Sánchez e Isabel Hernández Ochoa. Igual: todos desaparecieron sin dejar huella en ninguna parte.

 

Caso noveno:

 

Ni los niños pequeñitos se salvaron de las masacres genocidas en Boca Dudú, al norte de Zelaya (Región Autónoma Caribe Norte), donde fueron capturados y desaparecidos (masacrados) las niñas Josefa, de  un año; Juana de 6 años; Eduvijes, de ocho años; Miguel, de 12; Juan, 14 años y Vivian Pérez, la madre de todos ellos y Celestina Martínez.

 

“En Leyes caso de los desaparecidos”, publicó LA PRENSA del 23 de noviembre de 1976. La captura se ejecutó en febrero de 1976, o sea que ya para entonces, seguramente no existían los restos de los niños ni de su madre, pues se sospechó igualmente, que todos fueron conducidos al campo de concentración de Río Blanco, donde el tenebroso asesino Gonzalo “Vulcano” y el “Tigre” Medina eran dos de los “angelitos” encargados de asesinar a cuanto humano cayera en sus manos.

 

Caso décimo:

 

En Sofana, poblado y comunidad en montañas del Norte de Zelaya (Región Autónoma Caribe Norte), fueron capturados y asesinados Máximo Manzanares, Alejandro Martínez, Francisca Sánchez, Lucía Martínez y Pablo Martínez García, según informe el Diario LA PRENSA el 23 de noviembre de 1977.

 

 

Lo más increíble de todo esto es que los GN genocidas llevaron a sus víctima a la capilla (Iglesia Católica) de Sofana, en cuya orilla había un helicóptero estacionado. En el artefacto militar aéreo fueron subidos y llevados para el lado de Río Blanco, al campo de concentración, donde suponen sus familiares fueron asesinados.

 

Caso décimo primero:

 

Una historia periodística de horror, publicada por el Diario  LA PRENSA el 30 de marzo de 1979, indica que diez parceleros de Nueva Guinea fueron obligados a subirse en un avión por GN genocidas somocistas acantonados en dicho lugar, Zelaya Central, Región Autónoma Caribe. Uno de ellos fue identificado como Félix Gutiérrez.

 

Los guardias dijeron a los familiares que los diez campesinos eran llevados “a trabajar en Managua”. Ellos no volvieron, no se supo nada por ningún medio posible. Cuando sus mujeres preguntaron en el Cuartel GN, obtuvieron como respuesta “No estén jodiendo, busquen qué hacer, o vayan a buscar otros maridos…aquí no sabemos de nadie”.

 

Caso décimo segundo:

 

El Diario LA PRENSA del 28 de octubre de 1979, recogió otra historia realmente infame relacionada con la masacre de 62 personas, la mayoría campesinos de Toro Bayo, una comunidad de Nueva Guinea. Entre las víctimas de esta horrenda masacre se menciona al doctor Luis Felipe Moncada y  Edwin Denis Viachica.

 

Esos relatos periodísticos señalan entre los asesinos a Fausto Olivera, quien antes de matar a sus víctimas personalmente procedía a arrancarles el pellejo, castrarlos, cortarles el pene, propinarles jincones con cuchillos y por último, en esas condiciones ordenaba que los colgaran alto de los árboles,  amarrados del pescuezo, de las manos, de los dedos, de los pies.

 

De esa forma eran masacrados los campesinos. Así eran los asesinos de “La Estirpe Sangrienta”. Los relatos periodísticos  señalan que este tipo de procedimientos eran ejecutados especialmente por los integrantes de la EEBI,  jefeada personalmente por Anastasio “El Chigüin” Somoza Portocarrero.

 

Caso décimo tercero:

 

 

Sin los nombres correspondientes, el Diario BARRICADA del 30 de mayo de 1980, publicó que en “La Rampa”, mineral de Siuna, los genocidas asesinaron a más de 3O personas, a los cuales se les levantó un monumento. Esta masacre se perpetró en el mes de mayo de 1979.

 

Caso décimo cuarto:

 

En la propia ciudad de Nueva Guinea, según publicó  LA PRENSA del 9 de mayo de 1979, otras 3O personas fueron asesinadas por genocidas con ráfagas de ametralladoras, disparadas desde un helicóptero en vuelo rasantes, mientras los campesinos caminaban tranquilamente por una de las calles del poblado. El hecho ocurrió el 6 de mayo de 1979.

 

Caso décimo quinto:

 

Vuelve a  aparecer la comunidad de Sofana, esta vez con 51 campesinos masacrados, entre los cuales se menciona a Timoteo López, Paula García, Juan Pablo García, Daniel y Margarito López García y Roque Martínez García.

 

Este otro hecho fue registrado por la Comisión Permanente de Derechos Humanos, el que según informe ocurrió en el mes de  febrero de 1976 y en la que se involucró una patrulla apodada como “Tiburón”.

 

Otro informe de la misma Comisión Permanente de Derechos Humanos registra que también  fueron asesinados en Sofana los campesinos Pastor Hernández, Ermenegilda de Sánchez y Fernando García, cuyos cadáveres fueron encontrados el 24 de febrero de 1976.

 

Estos casos de Sofana y otras masacres bárbaras de la Costa Caribe Nicaragüense fueron llevados al seno del Congreso de Estados Unidos por el sacerdote Fernando  Cardenal, quien después fuera el Director de la Cruzada Nacional de Alfabetización.

 

Caso décimo sexto:

 

En agosto de 1976, fueron asesinados también en Boca Dudú, Zelaya, los campesinos Sebastián Sánchez Pérez, Benjamín Sánchez García, Guadalupe  Sánchez Mendoza, Justo Soza García, Mario Prado, Simona López; en total eran 27 personas, según  el informe de la Comisión Permanente de Derechos Humanos.

 

Caso décimo séptimo:

 

En esos mismos días fueron capturados y desaparecidos por guardias somocistas sanguinarios de “Estirpe Sangrienta”, los también campesinos de Yar: Alberto González,  Segundo  Dormos,  Antonio Dormos López, Alejandro Manzanares Díaz  y  Fidel García Martínez, refería la Comisión Permanente de Derechos Humanos.

 

Caso décimo octavo:

 

LA PRENSA del 30 de diciembre de 1977,  publicó que los campesinos Pánfilo, Santiago, Luis, Justiniano y Alejandro Hernández, fueron  capturados por gendarmes somocistas genocidas somocistas en mayo del mismo año, sin que nadie en los comandos GN de masacradores dieran razón de ellos, mucho menos que hubiesen aparecido en parte alguna.

 

Estos fueron capturados el 13 de mayo en la Comarca Bilampí por orejas, jueces de mesta y guardias somocistas, que se apropiaron o se robaron mediante la fuerza de la finca de Marcelino López.

 

Caso décimo noveno:

 

En julio de 1977  fueron capturados y desaparecidos también 9 campesinos en Yucumalí, siempre en Zelaya, Región del Caribe, entre otros: Genaro López  Sevilla,  Adrián y  José  López Granados,  Santiago Aguilar, Quintín Aguilar, Santiago López y Juan  Sánchez Urbina.

 

Caso vigésimo:

 

El caso del Ocote, ocurrido entre los meses de mayo, septiembre y octubre de 1976, fueron denunciados por la Comisión Permanente de Derechos Humanos.  Los guardias somocistas capturaron e hicieron desaparecer a otras 13 personas campesinas, entre ellas: Ernesto Hernández y Demetrio López.

 

Caso vigésimo primero:

 

En Julio de 1976, los mismos guardias genocidas capturaron a Tiburcio, Santos y Alberto Herrera en Bocana de Waslala, los cuales también desaparecieron.

 

 

Caso vigésimo segundo:

 

En Bilwás, en agosto de 1976, fueron capturados y desaparecidos por los gendarmes genocidas los campesinos Nicomedes López Baltodano, José Granados López, Pablo López Granados, Eusebio López Granados, Rosalío Mendoza López y Cruz Palacios  Morales, de acuerdo con denuncias recogidas por la Comisión de Derechos Humanos.

 

Caso vigésimo tercero:

 

Un juez de mesta y “oreja”, llamado Leopoldo Blandón, fue el autor principal de la captura y posterior asesinato de los campesinos Genaro, Daniel, Juan Francisco y Ángel Ochoa Aguilar, ocurrida en la Comunidad Silva, Waslala, según denuncia presentada por trabajadores de la  Asociación de Trabajadores del Campo (ATC).

 

El “oreja” mencionado denunció  a los campesinos como “colaboradores” de la guerrilla sandinista  ante guardias sanguinarios genocidas somocistas, lo cual fue suficiente para que fuesen capturados y posteriormente asesinados, nunca se supo nada de su paradero.

 

Caso vigésimo cuarto:

 

En Boca Dudú se produjo otra captura y desaparición de los campesinos Esteban,  Santos y  Martiniano Vargas Rodríguez, Bonifacia López, Ana González Dormos, Leandro González López, Paulino González Ramos, lo que ocurrió en septiembre de 1976. ¿Quiénes fueron?  Los mismos guardias somocistas genocidas.

 

Caso vigésimo quinto:

 

La pacotilla de asesinos que estaba en San Martín de Yaosca, Zelaya Central, Caribe de Nicaragua, capturaron en septiembre de 1976 a los campesinos Emperatriz Aguilar, Andrea Pérez Aguilar, Laura, Benjamín, Reyna, Concepción y  Esperanza Hernández Huerta, Santos Hernández y Petrona Huerta. Ellos no volvieron a aparecer. Sólo se supo después que los torturaron salvajemente, los asesinaron de forma atroz e hicieron desaparecer sus cadáveres.

 

Caso vigésimo sexto:

 

 

En Porvenir Quipo,  Zelaya, Caribe Nicaragüense, fueron capturados y desaparecidos Felícito, Irene y Pedro García Hernández, Ruperto Videa, Abraham Chavarría, Reynaldo Vallejos, Vicente Polanco y Celso Morán Hernández. Estos fueron capturados por una patrulla GN de genocidas masacradores identificada como “Garza”.

 

Caso vigésimo séptimo:

 

Una denuncia recogida por la  Comisión Permanente de Derechos Humanos, fechada en noviembre de 1976, indica que 4O personas fueron capturadas y posteriormente asesinadas en San Isidro, Costa Caribe de Nicaragua. Se identificó a la patrulla de masacradores sanguinarios como “Enrique”. No se suministraron los nombres de los asesinados.

 

Caso vigésimo octavo:

 

En el mes de noviembre de 1976, fueron también asesinados en forma atroz Dominga de Pérez, Gregorio,  Marcos, Nicasio, Santos, Claudio, Lucía, Mayra y  Santos Pérez Centeno; es decir, una familia entera, más Petronila de Rodríguez y los hermanos Pablo y  Santiago Rodríguez, todos los cuales fueron capturados por sicarios de “Estirpe Sangrienta”, que estaban ubicados en Kaskita,  Zelaya, Caribe de Nicaragua. Sus cadáveres también fueron desaparecidos por la GN de la dictadura militar somocista.

 

Caso vigésimo noveno:

 

Sacerdotes Capuchinos denunciaron que en noviembre de 1976 y enero de 1977, fueron capturados y asesinados en forma atroz 49 campesinos del Varillal, Comunidad de Waslala, Noroeste de la Costa Caribe de Nicaragua.

 

Esta masacre fue perpetrada por lo integrantes de una patrulla identificada como “Hilario” y siete jueces de mesta (“orejas”), todos representantes genuinos del crimen organizado y sistematizado desde el Estado somocista, jefeado por el tirano Anastasio Somoza Debayle.

 

Las denuncias de los Sacerdotes Capuchinos tuvieron resonancia nacional y mundial, lo cual permitió que se conocieran parte de estas barbaries somocistas genocidas publicadas en este libro, que en realidad no logra reunir la totalidad de los asesinatos y las masacres que perpetró la dictadura somocista, desde sus orígenes. Pero bien, es un esfuerzo para ilustrar la saña, la crueldad, la perversidad, lo despiadado y mortal de la  Guardia Nacional y el terror que vivieron miles de nicaragüenses en esos años negros para Nicaragua.

 

 

1.-        Desde la Cárcel yo acuso a la dictadura. Carlos Fonseca Amador.

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Insurrección Sandinista en Managua; Repliegue Táctico de Managua a Masaya, Batalla de Managua para derrocar a la dictadura en 1979.

Insurrección sandinista victoriosa en Managua

Repliegue a Masaya

Pablo E. Barreto Pérez

Presentación original de Federico López Argüello

En los últimos meses de la guerra revolucionaria del pueblo nicaragüense contra la dictadura somocista  y el imperialismo, se ubica la Insurrección armada de la Ciudad de Managua. “La Toma de Managua” ejecutada en difíciles condiciones, cuando las fuerzas de la genocida Guardia Nacional  somocista eran todavía infinitamente superiores en el terreno militar, llegó a crear una Zona Liberada que abarcaba la mayor parte de la Capital del país. Ocurrió en junio de 1979, el año de la Liberación de Nicaragua.

I

La dictadura somocista se debatía mortalmente. La Guerra de Guerrillas, de maniobras, organizada y dirigida por el Frente Sandinista de Liberación Nacional atenazaba por todos lados al régimen opresor. El Frente Norte “Carlos Fonseca Amador” había ocupado las zonas rurales y varios municipios de Jinotega, Matagalpa, Estelí, y se preparaba para el Asalto Final de las cabeceras departamentales. El Frente Occidental “Rigoberto López Pérez” libraba cruentas batallas en las zonas rurales de León y Chinandega, y preparaba la Insurrección Popular en las principales ciudades occidentales.

Había nacido el Frente Oriental “Carlos Roberto Huembes” en la zona de Chontales y Boaco, heroicos continuadores de la Columna “Jacinto Hernández”, jefeada por Iván Montenegro Báez, que habían muerto o caído en el empeño de crear ese Frente hacía muchos meses atrás. El Frente Sur “Benjamín Zeledón Rodríguez”, poderoso ejército revolucionario, tenía maniatadas al grueso de las tropas de la dictadura somocista en el Departamento de Rivas y le daba devastadoramente a sus tropas selectas: las tropas de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI).

II

La burguesía y el imperialismo habían fracasado en sus esfuerzos  por modernizar “democráticamente” su dictadura de clase. Durante los últimos tres años habían realizado ingentes maniobras para conseguir que el grupo principal de la burguesía, representado por Somoza Debayle, y los otros dos grupos explotadores de las clases dominantes llegaran al acuerdo para compartir el poder, superar sus contradicciones interburguesas y “flexibilizar” la imagen del régimen genocida. Habían fracasado. No hubo acuerdo entre las distintas fracciones de la burguesía. No habían podido crear una alternativa política fuerte para sustituir al somocismo, conservando los instrumentos fundamentales de poder (la GN y la estructura estatal y del Partido de gobierno: Partido Liberal Nacionalista). Los trabajadores nicaragüenses habían comprendido y combativo heroicamente la maniobra política. La burguesía estaba políticamente agotada.

El pueblo  había entendido y estaba dando su vida por la alternativa que representaba el Frente Sandinista de Liberación Nacional. Su objetivo estaba claro: Derrocar revolucionariamente a la dictadura somocista (destruyendo todos sus aparatos de poder, en especial la Guardia Nacional somocista: ejército interventor organizado e impuesto por el imperialismo yanqui desde el asesinato traicionero de Sandino desde 1934), y la organización de un gobierno revolucionario, hegemonizado por la vanguardia de los trabajadores, el FSLN.

Por eso, el FSLN se había transformado de una pequeña organización político-militar que era apenas hace apenas tres años, en un poderoso ejército irregular compuesto  por los sectores más avanzados de las clases trabajadores. Era un Pueblo en Armas que combatía en ciudades y montañas.

Los últimos dos años, la vanguardia había tomado pueblos y ciudades de donde salía extraordinariamente fortalecida tanto por la asimilación de muchos hijos del pueblo a sus filas como en experiencia militar a nivel de masas. Había preparado magistralmente, especialmente en septiembre de 1978, al pueblo nicaragüense para la insurrección armada, para el asalto final a las posiciones de la dictadura somocista. La Ofensiva Final contra la dictadura estaba desarrollándose.

III

En este contexto, la insurrección popular sandinista iba a ser el remate de la dictadura. Estaba llamada a desmovilizar sus fuerzas, desgastarlas y desorganizarlas, mientras que la destrucción de la Guardia Nacional la aseguraban los golpes decisivos que le descargaba el Ejército Guerrillero Sandinista, que, entonces, ya se había formado.

Managua representaba entonces para el régimen somocista su retaguardia segura y el centro de su poder. Aquí estaban sus principales medios de comunicación y abastecimiento, conservando en ella una fuerza de maniobra considerable.

Estaba en Managua su gobierno central y los principales mandos militares. Insurreccionar Managua era “golpear el corazón del enemigo”. El pueblo de Managua estaba en pie de lucha. Una vez más se manifestó la sabiduría del Frente Sandinista. Incorporar los deseos de lucha y las energías revolucionarias del pueblo, en este caso de Managua, dentro del desarrollo de la estrategia de la Victoria. Poco más de un centenar de combatientes  (“Yeicos”) del FSLN le dieron cauce a las gigantescas energías combativas de las masas de Managua, y con el apoyo total y la participación generalizada de los habitantes  se protagonizó en la toma de Managua.

Fueron ataques generalizados en toda la Ciudad Capital contra las fuerzas militares de la Guardia Nacional (GN). El Occidente de Managua insurreccionado sirvió para que las fuerzas revolucionarias en el sector oriental consolidaran y fortificaran sus posiciones militares en los Barrios de los Trabajadores. ¡Más de la mitad de Managua fue libre!

Las fuerzas revolucionarias del Occidente de la Ciudad de Managua se retiraron en encarnizados combates, primero al Sur (Repliegue a El Vapor) y después a la Zona Liberada de la Capital (de Monseñor Lezcano a San Judas- Masacre de Batahola). Fueron 23 días de sangre, al costo de cientos de muertos por el cañoneo y bombardeo genocida sobre estas poblaciones insurrectas de Managua.

Todas las fuerzas y medios con que contaban los genocidas de la Guardia Nacional fueron descargadas contra el pueblo de Managua, mal armado con pistolas y rifles 22, sin preparación militar, cercado por el hambre y la destrucción masiva, ocasionada por el fuego de morteros, uso de cañones en tanques,  ametralladoras calibre 50 y 30 y fusilería automática moderna.

Pero fueron 23 días de sacrificios y heroísmo sin límites, de resistencia revolucionaria que ni los aviones, ni los tanques y los cañones, ni las bien entrenadas y armadas tropas élites de la dictadura somocista, pudieron quebrar o doblegar en Managua.

El objetivo político fue alcanzado: la dictadura somocista se venía al suelo, su patio trasero, el de los barrios más poblados de la Capital,  lo había perdido. El objetivo militar se realizó: la dictadura ya no pudo maniobrar oportunamente concentrando sus fuerzas en ninguna de las direcciones principales de la guerra, ya sea en el Norte, el Occidente o en el Sur del país.

Había perdido la iniciativa militar completamente. Apoyados en la Insurrección de Managua, se habían consolidado las posiciones de las fuerzas revolucionarias sandinistas en todas las direcciones: se tomaban ciudades del Norte y del Occidente de Nicaragua, se afianzaban los territorios liberados del Departamento de Rivas.

Todos los Frentes de Guerra de la Guardia Nacional  pedían tropas al mando genocida ante el incontenible embate del Ejército Sandinista, pero la GN estaba al límite de sus fuerzas; la Insurrección de Managua consumía sus reservas y paralizaba la capacidad de maniobras militares de la GN somocista.

IV

La lucha en Managua tomó la modalidad de una guerra de posiciones, en que el desgaste y la resistencia a las fuerzas enemigas era el principal instrumento para el triunfo revolucionario. Se enfrentaban, por un lado, un ejército moderno, dirigido, armado, entrenado y sostenido por el imperialismo norteamericano, pero corrompido y criminal, carente por completo de moral combativa; y por otra parte, el otro ejército, el del pueblo, que, casi lo único que tenía era su moral revolucionaria y una portentosa fe en el Triunfo, y con ella la decisión de morir combatiendo por la libertad, por la Liberación Nacional, antes que seguir viviendo como esclavos en medio del terror estatal genocida.

Pero para llegar a la Victoria, al aniquilamiento total de las fuerzas vivas enemigas del somocismo, más que pistolitas transformadas en cañones por la moral y el sacrificio del pueblo revolucionario,  hacían falta verdaderas armas de guerra.

Por eso, no se podían asaltar las posiciones (verdaderos bastiones o fortalezas militares) ocupadas por el odiado enemigo en la Capital nicaragüense. Objetivo militar que por demás no se propuso la lucha militar revolucionaria en Managua. Llegó el momento en que el pueblo estaba exhausto, sin alimentos, ni armas, sin municiones. Los principales objetivos habían sido alcanzados, era necesario salvar a las masas de un sacrificio innecesarios, de una masacre, probablemente la última que cometería la dictadura somocista.

V

Eso sí, la tiranía estaba paralizada, aunque conservaba capacidad de fuego y destrucción. Ante la incapacidad para maniobrar, consciente de su derrota, el régimen genocida decidió organizar la huida de sus principales dirigentes, y la formación de un gobierno proimperialista de la “última hora”, como el que con claudicaciones fuerzas burguesas “opositoras” trató de formar en Caracas sólo unos pocos días antes del Triunfo de la Revolución.

Las fuerzas militares que tenía la guardia en las principales direcciones se transformaron así en escalones de una defensa que a nivel nacional debía asegurar la huida de los asesinos. Al primer escalón: Rivas, seguían Granada y Jinotepe; después El Coyotepe, en Masaya; León y su Fortín de Acosasco; y por último, Managua. Eran escalones defensivos que cual poderosas curvas de un resorte contraído al máximo por la ofensiva de la Revolución, había que romper en mil pedazos para cristalizar la ansiada victoria revolucionaria.

Para quebrar las posiciones del enemigo somocista en Managua era necesario concentrar poderosas fuerzas sobre ella, fuerzas que estaban empeñadas en distintas direcciones a lo largo del país. Se hacían necesario, entonces, romper la resistencia del enemigo en los escalones defensivos de la periferia (Rivas, Carazo, Granada, Masaya y Occidente), que impedían en ese momento la concentración de las fuerzas revolucionarias sobre la Capital del país.

En esta situación, la Retirada o Repliegue Táctico de las fuerzas revolucionarias sandinistas de Managua hacia Masaya, el 27 de junio de 1979, no significaba la huida en derrota. Era el desplazamiento de las fuerzas militares revolucionaria en la dirección de las acciones principales de la guerra que se libraba: sobre Masaya, Granada, Jinotepe, para crear una enorme brecha  entre el frente sur de la Guardia Nacional y el centro: Managua.

Ese es el contexto y los objetivos de la “Retirada” de Managua a Masaya, que Pablo Emilio Barreto Pérez, relata en su libro “El Repliegue Táctico de Managua a Masaya”, en cuyas entrañas como participante activo directo de este acontecimiento histórico-militar, como sobreviviente de esta hazaña del Frente Sandinista en junio de 1979, se convierte al mismo tiempo en Cronista de comienzo a fin

Es así como las fuerzas del FSLN, llegadas de Managua, asumieron casi por completo la defensa de la Ciudad de Masaya, una parte de ella se transformó en el eje de las tomas o asaltos a las ciudades de Jinotepe y Granada, allanando el paso triunfal del Frente Sur Benjamín Zeledón Rodríguez hacia la Capital de Nicaragua; casi al unísono con el avance del Frente Occidental Rigoberto López Pérez, cristalizándose con ello la victoria del 19 de julio de 1979, la Victoria de la Revolución Popular Sandinista.

En este libro “Repliegue Táctico de Managua a Masaya”, aparecen cuatro parte: una compilación monitoreada, que presenta un ángulo de la realidad, la GN “por dentro”, en las comunicaciones llenas de órdenes criminales que giraban a sus huestes asesinas por parte del tirano Anastasio Somoza Debayle y sus sicarios: generales, coroneles, mayores, capitanes, tenientes y “orejas” con enorme poder de mando; la cobarde actitud de las bestias somocistas ante el empuje revolucionario del pueblo, la angustia del enemigo ante la importancia de detener una Revolución Popular en marcha.

La segunda parte, que es una “fotografía” de la Managua revolucionaria en fiera lucha contra el enemigo, refleja la realidad cruda y heroica de aquellos días de la Insurrección Sandinista Final, en la presentación de la cual, Pablo Emilio Barreto Pérez, continúa su obra de periodismo rebelde y revolucionario: antes denunciaba en artículos y fotografías la miseria o pobreza extrema en los vecindarios capitalinos, y el saqueo de que era víctima nuestro pueblo por parte de la dictadura y sicarios; hoy, con absoluto realismo Barreto Pérez destaca la personalidad transformadora del pueblo.

En la tercera parte, Barreto Pérez incluye el relato del médico Alberto González Ortega. Este galeno  puso al servicio de la Revolución sus conocimientos médicos y su vida en el Hospital clandestino “Silvia Ferrufino Sobalbarro” y en el otro Hospital clandestino del Instituto Experimental “Méjico”, también improvisado, daba igual, ambos eran improvisados para salvar la vida del pueblo herido en combate o por los bombardeos aéreos y terrestres de la guardia somocista en contra de los pobladores capitalinos.

En la cuarta parte, Barreto Pérez hace un relato pormenorizado propiamente del “Repliegue a Masaya”, en el cual el periodista que habíamos conocido en el Diario LA PRENSA,  se ha convertido en corresponsal de guerra, de la guerra revolucionaria del pueblo de Nicaragua por su Liberación Nacional y Social.

Cabe decir por último, que en este libro no se pretende crear una obra literaria. Se Trata de un testimonio extraordinario del heroísmo del principal protagonista de nuestra Revolución: el Pueblo Nicaragüense. Tampoco  pretende ser la última palabra sobre estas históricas páginas de nuestra guerra de Liberación Nacional. Es un esfuerzo modesto por rescatar para nuestros hijos semblanzas de esta gesta heroica de los managuas y del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Federico López Argüello, 20 de febrero de 1980.

Introducción o explicación necesaria

Han transcurrido 38 años desde cuando libramos aquellas batallas epopéyicas de la Insurrección, u Ofensiva Final, contra la tiranía somocista genocida y de la ocurrencia del audaz y magistral movimiento ajedrecístico militar del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, que al final se convirtió en la marcha estratégica envolvente, para derrocar y demoler al sistema dinástico opresor, organizado, tecnificado, armado, financiado y sostenido hasta el final por el gobierno criminal de Estados Unidos, cuyas políticas exteriores de expansionismo y dominación militar en América Latina le dieron vida y convirtieron a la Guardia Nacional en ejército interventor permanente, después de asesinar vilmente al General Sandino y a casi todos los miembros del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, que era el Ejército de los Patriotas, de los que no se venden ni se rinden, ni piden nada para ellos cuando defienden la Patria.

Sí, han pasado ya 38 años. Recuerdo como si fuese hoy mismo el inicio de la Insurrección Sandinista Revolucionaria en todo el país, en aquellos primeros días de junio de 1979; el ocho de junio en San Judas, Loma Linda, Torres Molina, Vista Hermosa, Comunidad Los Meneses;  y en los Barrios Noroccidentales de Monseñor Lezcano, Acahualinca, Morazán, Santa Ana, San Sebastián, Barrio Frixiones (hoy Julio Buitrago Urroz), Mánchester, Linda Vista, Loma Verde, Las Brisas, Altagracia; y en el OPEN TRES (hoy Ciudad Sandino), y el nueve de junio en la noche en la Zona Oriental-norte de Managua, específicamente en Santa Rosa, Bello Horizonte, Maestro Gabriel, Salvadorita (Cristian Pérez Leiva), Blandón (Costa Rica), Santa Bárbara (Barrio Venezuela),  Nicarao, Colonia Catorce de Septiembre, Ducualí,  Larreynaga,  El Edén,  San José Oriental, Colonia Managua, “La Rebusca”  (14 de Junio), México, “Campo Bruce” (hoy Rigoberto López Pérez),  Paraisito, María Auxiliadora, San Cristóbal, Barrio México, Riguero, Riguero Norte, Colonia Xolotán, Villa Progreso, Américas Uno, Américas Tres, Américas Dos, Américas Cuatro, Manuel Fernández Mora, Luis Somoza (Diez de Junio), Reparto El Dorado, Don Bosco, Colonia Colombia, Santa Julia, Barrio Omar Torrijos Herrera..

No se me olvida y sigue resonando en mis oídos aquel grito  prolongado en la calle Este de Bello Horizonte, a las diez de la noche  del  nueve de junio de  1979, de jóvenes guerrilleros y Combatientes Populares, desplazándose raudos en motocicletas ruidosas: ¡!Patriaa Libre o Morir! Patria o Muerte, Venceros!¡

Y la misma noche del nueve de junio se produjeron los primeros enfrentamientos armados con patrullas móviles de la guardia somocista genocida, entre otros sitios, en el Aserrío Carlos Morales Orozco.

A las cuatro de la mañana del diez de junio un grupo de vecinos de la Etapa II de Bello Horizonte nos unimos a una tropa de jefes guerrilleros sandinistas para prenderle fuego a la Doceava Sección de Policía (“Sierra 12”), la cual había sido “hostigada” por fuerzas revolucionarias en la noche anterior. Al parecer, los guardias se llenaron de miedo y prefirieron huir a media noche.

De esa forma comenzó la Insurrección en Managua. Muy de mañana, antes de las siete, los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares se andaban moviendo en las calles de los vecindarios mencionados, invitando a los pobladores a integrarse a esta gran jornada de vida o muerte; y me quedé realmente sorprendido al ver cómo centenares de vecinos, hombres y mujeres, especialmente jóvenes, salían de sus casas y comenzaban a organizarse y ponerse a disposición de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, y de ese modo comenzaron a cavarse las zanjas, los pozos tiradores y a edificarse las barricadas con adoquines, vehículos atravesados, piedras canteras, cayeron árboles tumbados con hachas y sierras eléctricas  para cruzarlos en las calles, todo con el fin de impedir el ingreso del ejército criminal somocista.

Más sorprendido quedé cuando asimismo comenzaron a salir armas de cacería, pistolas, revólveres, rifles 30-30 y escopetas, como los aportados por mi vecino Raúl Munguía. Me causó impresión reverente ver salir a la calle a jovencitas como Marta Lucía Corea Solís, una muchacha de 17 años, que se convirtió en una de las mejores Combatientes Populares en la Zona Oriental de Managua.

Como estos dos ejemplos fueron miles los que brotaron como hongos insurreccionales  en las Zonas Suroccidental, Noroccidental y Oriental-Norte de Mangua.

Esta explosión de patriotismo, de arrechura colectiva, de convencimiento de que era necesario emprender esta tarea popular heroica para acabar con el régimen somocista genocida, me hizo recordar en aquellos momentos aquel dicho popular: “No hay mal que dure 100 años, ni cuerpo que lo resista”.

Ya eran 45 años de opresión tiránica, durante los cuales la “Estirpe Sangrienta: los Somoza”, comenzando con Anastasio Somoza García, siguiendo con su hijo Luis Anastasio Somoza Debayle y ahora Anastasio Somoza Debayle, se había dado el lujo ya de matar a casi 50,000 nicaragüenses, saquear el país de manera permanente y descarada con  sus hermanos de clase los oligarcas vende patria, terratenientes latifundistas, comerciantes e industriales grandotes;  de ponerse al mismo tiempo “por encima de las clases capitalistas-oligárquicas también opresoras” con su dictadura, y de paso ponerse como los “salvadores” de Nicaragua mientras robaban, mataban, despojaban de sus tierras y otras propiedades a los campesinos, intoxicaban los suelos y aguas del país con plaguicidas, y para entronizarse, además, hacían elecciones amañadas y usaban a los conservadores como “zancudos” en la estructura del Estado y de gobierno genocidas.

Para mantener esa opresión genocida “bien aceitada”, para que causara pánico generalizado en todo el país, el tirano y su aparataje de maleantes, fortalecieron la Guardia Nacional, organizaron la Oficina de Seguridad (policía política de torturas y muerte segura) o de persecusión sistemática con alrededor de 12 mil “orejas” y “jueces de mesta” o “jueces de cañada”, unos pagados y otros “adhonorem”; tenían el llamado Servicio Anticomunista, un cuerpo especializado de persecusión a intelectuales y periodistas; torturadores crueles, desalmados y sanguinarios, los escuadrones de la muerte (“Mano Blanca”, era el nombre elegante que los somocistas le habían puesto), los “soplones”, los AMROCS o militares retirados, la Nicolasa Sevilla, apaleadora de vecindarios y opositores al régimen; y un grupo de periodistas o intelectuales que se encargaba de la guerra sicológica por medio de NOVEDADES, la Radio  Difusora Nacional y la Estación “X”, por ejemplo, mediante las cuales situaban a los sandinistas todavía clandestinos y con las armas en las manos como “agentes del comunismo internacional” y  “sandino-comunistas-terroristas”.

Estos intelectuales o periodistas, al mejor estilo nazifacista alemán,  eran los encargados de hacer creer a la población en general que la Revolución Sandinista, el socialismo, el comunismo, o sencillamente ser opositor al régimen somocista, era “un pecado mortal”, es decir, los malos no eran los asesinos de la dictadura, los malos eran sus víctimas, los malos eran los perseguidos, los torturados, los encarcelados y los asesinados, especialmente si eran jóvenes estudiantes universitarios, estudiantes de secundaria, jóvenes campesinos…!bastaba con ser joven y pobre, para ser sospechoso de atentar contra el régimen de somocistas genocidas!

Si un joven (hombre o mujer) o un grupo de jóvenes iban caminando por la calle,  eran ya sospechosos de andar atentando contra el régimen dinástico criminal. Ese joven, o esos jóvenes, ya en 1978 era común que los guardias, “orejas”, “jueces de mesta”, agentes de la Oficina de Seguridad, o cualquiera de los integrantes de los “escuadrones de la muerte”, los obligaran a subirse a una tenebrosa patrulla BECATS (Brigadas Antiterrorista  le llamaban  los terroristas desalmados de la dictadura), sin mediar ninguna acusación formal, simplemente se los llevaban y aparecían encarcelados en la Loma de Tiscapa, en la Aviación, por ejemplo, o muertos en la Cuesta del Plomo,  en el caso de Managua, o en cualquier otro sitio en el país.

Si ese joven, o cualquier opositor, aparecía preso, entonces era normal que mostrara señales de tortura y al mismo tiempo los guardias somocistas genocidas, o la Oficina de Seguridad, informaban que “son subversivos… atentan contra el orden público…atentan contra la autoridad y sus agentes.. “son sandino-comunistas-terroristas”. Esa era la acusación, y eso era, porque “la guardia hace lo que quiere y lee como quiere”, decían algunos guardias.

Ya para el año 1977 el terror estatal somocista genocida era generalizado en todo el  país. Estar vivo, especialmente si era uno antisomocista, era ya un milagro. Somoza Debayle y su Guardia Nacional de asesinos y ladrones tenían  Nicaragua en permanente “Estado de Sitio” y “Ley Marcial”, pues en cualquier parte del país te detenían, registraban, te golpeaban o te torturaban, y si querían ahí no más te mataban.

Además, nunca hubo ningún juicio en contra de los guardias, de los agentes de la Oficina de Seguridad, o de “orejas” o de “jueces de mesta” porque habían matado a un opositor, a un antisomocista, especialmente si era joven, y peor aún  si era militante clandestino  del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Los guardias somocistas, los “orejas” de la Oficina de Seguridad, los funcionarios políticos y administrativos del Estado somocista invadían universidades, mataban estudiantes, masacraban vecindarios enteros, habían cometido unas 400 masacres conocidas en todo el país, en los caminos y montañas violaban mujeres, lanzaban a campesinos desde helicópteros sobre Cerros como el Musún, tenían campos de concentración en las montañas  y se  ufanaban por ser torturadores  oficiosos y asesinos  despiadados.

Fuera de Nicaragua nos veían como una gran cárcel, como un gran cementerio de los Somoza y su Guardia Nacional genocida, creada, sostenida y entrenada de forma permanente por el gobierno agresor y genocida de Estados Unidos.

Este terror estatal somocista, apoyado totalmente por el gobierno genocida de Estados Unidos, era sencillamente horrible.

El Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), fundado por Carlos Fonseca Amador, Tomás Borge Martínez, Jorge Navarro, José Benito Escobar Pérez, Jorge Navarro, Francisco Buitrago, Faustino Ruiz, Germán Pomares Ordóñez,  y otros, en 1961, venía luchando contra viento y marea, con unos pocos jefes y combatientes guerrilleros desde la clandestinidad más rigurosa, mostrando el camino que debíamos seguir los demás nicaragüenses patriotas, para insurreccionarnos y demoler este sistema de opresión espantosa, que ya acumulaba casi 50,000 muertos en junio de 1979.

Ya era insoportable este régimen de asesinos y ladrones. Para colmo de ruindades somocistas, cuando cualquiera de las Ciudades se rebelaba en protesta por estos crímenes mencionados, entonces Somoza Debayle, sus generales, coroneles, mayores y capitanes de la GN genocida echaban a funcionar lo que ellos mismos llamaban “operaciones limpieza”, consistentes en lanzar toda una maquinaria de guerra en contra de los pobladores, lo cual incluía tanquetas, ametralladoras calibre 50, lanza morteros, cañones de tanques, granadas de fragmentación, al mismo tiempo el bombardeo aéreo sobre las Ciudades como Estelí, León, Managua, Masaya, Rivas, Matagalpa, Chinandega, es decir, contra todo lo rebelde, y para cerrar con “broche de oro”, a la par iban robando en las casas que centenares o miles de familia sufrían o eran víctima de la represión mortal de Anastasio Somoza Debayle y su GN de exterminio en Nicaragua.

Así era de tenso el ambiente político militar al momento de esta la Insurrección u Ofensiva Final contra el somocismo genocida en junio de 1979.

Por los motivos apuntados arriba, una enorme cantidad de pobladores humildes, en la mayoría de los casos, se sumaron a estos combates bélicos populares decisivos en contra de la tiranía o dinastía somocista en todo el país.

Así ocurrió también en las zonas Suroccidental, Noroccidental y Oriental-norte de Managua. Al Estallar la Insurrección u Ofensiva Final en la Capital, los jefes guerrilleros, comandados por el Comandante Carlos Núñez Téllez, eran unos 110 y los Combatientes Populares ya entrenados un poco más de mil, todos voluntarios, sin la formación académica profesional de los militares de carrera de la GN somocista.

Ese puñado de hombres y mujeres, portando unos cuantos fusiles automáticos, unas cuantas ametralladoras calibre 30, no más de seis lanza-morteros, con una decisión determinante “de al menos resistir tres días en Managua”, y con la estrategia de obstaculizar a la soldadesca somocista genocida en los cauces, en los puentes, y fabricar barricadas, zanjas o trincheras de combate, pozos tiradores, refugios antiaéreos para los pobladores, hacerles “la vida imposible” a un ejército profesional de varios miles de hombres en Managua, donde contaban con decenas de tanques, tanquetas, numerosos aviones y helicópteros artillados, con centenares de lanzamorteros y “con armas y municiones para combatir 100 años, si queremos”, se ufanaba el coronel Nicolás Valle Salinas,  jefe de la Central de Policía y de todas 16 las secciones de policía GN, regadas por Managua, incluyendo la Treceava Sección Policía (“Sierra 13”) o la cueva del multiasesino y torturador Alberto “Macho Negro” Gutiérrez.

Tuvimos la suerte revolucionaria de que la Dirección Nacional Conjunta del FSLN guerrillero, clandestino, designara un Estado Mayor General del Frente Interno con las calidades de estrategas del Comandante Carlos Núñez Téllez (ya fallecido), William Ramírez Solórzano (ya fallecido) y Joaquín Cuadra Lacayo, y un Estado Mayor de Managua con las calidades militares de hombres y mujeres excepcionales como: Mónica Baltodano Marcenaros, Oswaldo Lacayo Gabuardi y Raúl Venerio Granera; y Jefes Guerrilleros diestros en el manejo de las armas y en la conducción de combates populares contra genocidas, maestros en el arte guerrillero para darle en el codillo o en el corazón al enemigo, entre otros: Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz, Walter Mendoza Martínez, Marcos Somarriba García, Sergio “Marcio 13” Gómez Vargas, Francisco Meza Rojas (asesinado cuando comenzaba la Insurrección en la Carretera Norte), Walter “Chombo” Ferreti Fonseca, Rolando “Cara Manchada” Orozco Mendoza, Francisco “Chico Garand” Guzmán Fonseca, César Augusto Silva, José Ángel Benavídez, Douglas “Domingo” López Niño, César Largaespada Palaviccini, Marcos  Largaespada Prado, Claudio “106” Picasso Ardito, Javier “99” López Lowery, Isabel “Venancia” Castillo, Mayra González,  Sergio Martínez Vega, Danilo Norori, Jorge “Norman” Roustan Reyes, William “Juan Grande” Montalván, Federico López Argüello, Róger “Aniceto”, “Camastrón” Cabezas Gómez, Eduardo Cuadra Ferrey, Gabriel Cardenal Caldera (asesinado  por la GN), Cristóbal “Gersán” Guevara Casaya, Víctor “Bayardo”, ”Dientes de Lata” Romero Pérez, Douglas Mejía Obando, (asesinado por la GN), René Cisneros Vanegas (caído en San Judas), Mauricio del Carmen Kiel, William Antonio “Salvadoreño” Pascasio, Justo Rufino Garay Mejía, Martin Castellón Ayón, Silvio Porras García (caído en Batahola), Arnoldo Real Espinoza (caído en Batahola), Jorge Corea Briones (caído en Batahola), Jorge Esquivel Acevedo (caído en Batahola), Alba Luz Portocarrero Ramos (caída en Batahola), Soraya Hassan Morales (caída en Batahola), Pedro “Chaparro Henry” Meza Vílchez, Efraim “Challuya” Téllez, hermanos “Piojos” Sánchez, Alejandro “Marciano” Díaz Meza, Salvador Ramiro García Ramírez, Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez, Frank “Machillo González Morales, Lucío Jiménez Guzmán, Darmalila Carrasquilla, Humberto del Palacio González, Iván García Abarca, Pedro Ortiz Sequeira, Adolfo Aguirre Estathadgen, Eva Adilia Solís, José Alexander “Pepe Loco” Estrada Fonseca, Antonio “Julio” López, Marlene Álvarez, Gustavo “Loco” Cerna González,  por ejemplo, y una comisión política- propagandística de las diligentes y hábiles calidades de Glenda Monterrey Vásquez, Lea Guido López, Moisés Hassan Morales, Julio López Campos y Marcos Valle Martínez.

Estos cuadros políticos-guerrilleros valiosos, combinados con el arrojo, valentía, audacia e inteligencia de Combatientes Populares y Milicianos barriales,  y la decidida y convencida integración de varios miles de ciudadanos capitalinos a las tareas insurreccionales en Managua, permitió mantenerse 18 días de heroicos combates contra el enemigo somocista, a pesar de la escasez de municiones y de los intentos de  romper el cerco insurreccional en la Zona Oriental-norte de Managua por parte de la soldadesca sanguinaria genocida.

El enemigo somocista superarmado no pudo evitar la Insurrección u Ofensiva Final, tampoco pudo vencerla, al revés, se vio derrotado en cada intento que hacía por desbaratar las barricadas, las trincheras de combate o los pozos tiradores en Santa Rosa, en El Dorado, en los cruces de Portezuelo y Rubenia; en los Puentes de El Edén y Larreynaga, en los Puentes Paraisito y San Cristóbal, etc. Además, la Guardia Nacional genocida se vio inclusive obligada a salir derrotada de sus 16 cuarteles GN policiales.

Algunas de estas secciones policiales fueron totalmente destruidas como “Sierra 13”, “Sierra 10” en el lado Sur de la Colonia Centroamérica, “Sierra 12”  en Bello Horizonte,  la que tenían en Las Jinotepes (Carretera Sur, kilómetro doce y medio), en Monseñor Lezcano, en San Judas, en el Reparto Schick Gutiérrez, en el Barrio Mombacho (hoy Freddy Herrera), etc.

El alto mando GN somocista genocida se vio obligado a dar la orden de que todas estas guarniciones de los 16 cuarteles mencionados, más la escuela de asesinos EEBI y otros Batallones élites del Ejército somocista, pasaran a funcionar de manera móvil en los sectores que geográficamente les habían asignado, porque dentro de sus guarniciones y en las calles fueron derrotados una y otra vez por los Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y Milicianos vecinales como queda apuntado.

Sin embargo, la Dirección Nacional Conjunta del FSLN, el Estado Mayor General del Frente Interno (Comandantes Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra Lacayo) y el Estado Mayor de Managua (Mónica Baltodano Marcenaros, Oswaldo Lacayo Gabuardi y Raúl Venerio Granera), después de 18 días combatiendo a esta pandilla de asesinos somocistas y sus mercenarios salvadoreños, coreanos y de otros lados de América del Sur, por la falta de medios de transporte y condiciones de circulación para procurarse municiones y más armas de guerra, y teniendo en el teatro de guerra la necesidad impostergable de asestarle el golpe militar final a la tiranía somocista genocida, ya acorralada y en desbandada por el empuje insurreccional sandinista en algunas  partes del  país, se vieron en la necesidad urgente, impostergable de organizar y ejecutar un Repliegue, salirse de la Zona Oriental y Norte de Managua, con las siguientes finalidades militares estratégicas:

Salvar a una masa grande de Combatientes Populares, Milicianos vecinales y a la mayoría de pobladores implicados directa o indirectamente en la Insurrección u Ofensiva Final; Mover la fuerza combatiente de Managua para fortalecer el Frente Oriental Carlos Roberto Huembes, Distribuir estas fuerzas combativas guerrilleras y populares para liberar gran parte de Carazo (Diriamba, Jinotepe y San Marcos); terminar de liberar la Meseta de los Pueblos, incluyendo Masatepe; asaltar y liberar Granada y los Municipios de Diriomo y Diriá; fortalecer la Defensa de la Ciudad de Masaya, porque los guardias genocidas, jefeados por Fermín Meneses Cantarero, como otros, ya habían huido de su cuartel GN (el cual fue destruido, quemado por la Insurrección Sandinista) y se habían encuevado en la Fortaleza del Cerro Coyotepe, en el Cerro La Barranca, dentro de la Fábrica de Clavos INCA y en la Hielera, todos  ubicados al Norte de la Ciudad de Masaya, en la orilla Norte de la Carretera Managua-Masaya-Granada; hacerse de más armas y municiones, porque en el teatro insurreccional de Managua ya estaban escasas, procurarse comida porque igualmente en las Zonas Oriental y Norte insurreccionada había escaseado y con el fin de no caer en el cansancio extremo de la tropa de Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares, Milicianos y población civil implicada en la Insurrección Sandinista.

Esta movilización popular clandestina, sigilosa, de Managua a Masaya, se convirtió en otra hazaña militar del Frente Sandinista guerrillero, y en muy poco tiempo, se demostró lo absolutamente razonable de mover estas fuerzas revolucionarias hacia el Oriente del país, porque, precisamente, con la liberación total de Jinotepe, Diriamba, San Marcos, Masatepe y resto de la Meseta de los Pueblos Blancos, se quebró para siempre toda iniciativa u ofensiva militar del somocismo genocida, y a partir de este momento comenzaron sólo a defender posiciones y a  huir desbandados por todo el país.

Esta hazaña militar revolucionaria del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, sin embargo, le costó a los pobladores rebeldes capitalinos y a Frente Sandinista de Liberación Nacional, todavía clandestino en junio y julio de 1979, casi 100 caídos o Mártires por la masacre somocista ejecutada por la Guardia Nacional genocida mediante bombardeo aéreo en “Piedra Quemada”, en el Complejo Volcánico Masaya, en el Camino Viejo y casco urbano de Nindirí y en los alrededores del Cerro Coyotepe, registrado en casi todo el día 28 de junio de 1979.

Después, los días 17 y 18 de julio, mediante golpes militares potentes con el Batallón Móvil Rolando Orozco Mendoza (de apenas 300 hombres y mujeres Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares), sin retroceso, sin darles lugar a reponerse en ningún sentido, se les cayeron también a los somocistas genocidas en los 16 cuarteles urbanos y el emblemático Cuartel La Pólvora en Granada, donde por decenas de años habían encarcelado, torturado y matado sandinistas y opositores como le había dado la gana al régimen sanguinario de los Somoza y del gobierno criminal de Estados Unidos.

El 19 de julio en la madrugada huyeron los asesinos que estaban encuevados en los cerros del Coyotepe y La Barranca, en la INCA y en la Hielera. Somoza Debayle, su hijo “Chigüin” Somoza Portocarrero, sus generales, coroneles y mayores más fieles, también ya habían huido. “El Tal Urcuyo” asimismo había subido en un avión y se fue para Guatemala.

El resto de guarditas, “orejas”, “jueces de mesta”, “jueces de cañada”, los “soplones”, los jueces civiles y penales que Somoza Debayle había puesto para condenar a todos aquéllos ciudadanos opositores, los funcionarios del gobierno dictatorial, los miembros del Partido Liberal Nacionalista somocista, los que pertenecieron a los “escuadrones de la muerte”, los AMROCS, la Nicolasa Sevilla, los torturadores, todos andaban como las ratas asustadas buscando cuevas en que meterse esa mañana del 19 de julio de 1979.

Muchos se escaparon. Otros, no. Por ejemplo, al mismísimo Alberto “Macho negro” Gutiérrez, uno de los más feroces asesinos de la tiranía, lo capturamos en su escondite, en su cueva de roedor en fuga, en los Altos de Masaya, a las siete de la mañana del 19 de julio de 1979.

Francisco “Chico Garand” Guzmán Fonseca y Abraam Delgado Romero jefearon la escuadra sandinista  que lo capturó. En Masaya y todo el país ya se celebraba jubilosamente el Triunfo de la Revolución Popular Sandinista. “Macho Negro” capturado, por primera vez con sus manos atadas con un alambre eléctrico y sujetadas a una parte metálica del jeep en que era conducido, fue llevado al centro de Masaya en medio de una alborada de juegos pirotécnicos que se elevaban al cielo y explotaban saltarines también al ras del suelo, que antes había sido herido vilmente por las balas y cañonazos somocistas contra los pobladores de la Ciudad de las Flores.

A “Macho Negro” Gutiérrez se le hizo un juicio público sumario en la entrada al Barrio Indígena de Monimbó. La gente pedía a gritos que fuese fusilado, y los Estados Mayores del Frente Interno, de Managua y de Masaya dieron la orden de que fuese fusilado por una escuadra de Guerrilleros y Combatientes en una casa esquinera, frente a Don Bosco, en la entrada al Barrio Monimbó. Este relato sobre la captura y fusilamiento de “Macho Negro” también está en el contenido de este libro sobre el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

El día anterior, 18 de julio, en Granada, había sido también capturado el “Gato” Colindres, otro de los célebres torturadores y asesinos de la Guardia Nacional y de la Oficina de Seguridad (OSN) somocista. Igualmente fue fusilado en una de las calles de Granada.

En aquellos momentos de júbilo popular, jamás vistos en la Historia Nacional, todos teníamos la sensación de haber salido de un túnel muy oscuro, tenebroso, mortal, donde estábamos con cadenas en los tobillos y en la muñecas, torturados, excluidos, hambrientos, en el desempleo, despojados de nuestros bienes materiales (suministrados por la Madre Tierra), y que, dichosamente, Carlos Fonseca Amador, Tomás Borge Martínez, Jorge Navarro, José Benito Escobar Pérez, Germán Pomares Ordóñez, Santos López, Faustino Ruiz, fundaron el Frente Sandinista de Liberación Nacional, y con un puñado de patriotas excepcionales iniciaron una lucha política y militar clandestina heroica, de epopeyas como La Ilíada y la Eneida, de grandes sacrificios, de privaciones severísimas, hasta llegar a este momento glorioso, repleto de lágrimas de alegría, de palpitares fuertes del corazón  en centenares de miles de nicaragüenses, que finalmente podían ver derrumbada a la tiranía somocista genocida, la cual formó parte integrante de la plaga de dictaduras militares impuestas por Estados Unidos en América Latina.

Los Frentes de Guerra: Occidental Rigoberto López Pérez, Norte Carlos Fonseca Amador, Oriental Carlos Roberto Huembes, Sur Benjamín Zeledón Rodríguez, el Frente Central Pablo Úbeda,  y el Frente Interno (nosotros, los de Managua, Masaya y Carazo), llenos de una alegría inmensa, sentida desde el cerebro hasta los pies, aunque teníamos ya dos meses de no bañarnos regularmente ni cambiarnos de ropa, ni comer como debíamos, ni dormir tranquilos, aunque también teníamos tristeza por los hermanos y hermanas caídas en combate, ahora, aquel 19 de julio de 1979, nos apretujábamos alegres en los camiones, automóviles, camionetas y tractores, para llegar a Managua, a darle el golpe final, el remate, el tiro de gracia, a la tiranía somocista genocida.

Para los sicarios de la tiranía somocistas, los managuas replegados a Masaya el 27 de junio de 1979, íbamos derrotados, pero el 19 de julio de 1979 retornamos triunfantes, con un Triunfo Revolucionario que demolió por siempre a una dictadura sangrienta de 45 años de años de genocidio.

Esta tercera edición Insurrección Sandinista Victoriosa y Repliegue Táctico de Managua a Masaya, la he dividido en varios capítulos: Monitoreo de las órdenes criminales de la Guardia Nacional. Es un trabajo de escucha radial que me fue facilitado por el periodista Hermógenes Balladares, quien fue mi compañero de labores en el Diario LA PRENSA; 18 Días de Heroicos Combates Insurreccionales en Managua, antes del Repliegue a Masaya; Relato del Repliegue Táctico de Managua a Masaya;  sobre los Repliegues  de San Judas a  la Hacienda El Vapor, de Ciudad Sandino a San Andrés de La Palanca, de Monseñor Lezcano a Batahola,  y del Barrio Santa Ana al casco urbano del Municipio de Mateare; un trabajo investigativo sobre el accionar de los “orejas”, jueces de mesta”, “escuadrones de la muerte” y demás “soplones” de la dictadura somocista; y una cronología de sucesos ocurridos en todo el año de 1979.

Igualito que el capitalismo saqueador salvaje, los somocistas genocidas no han pagado realmente por todos los crímenes genocidas cometidos en 45 años de matanzas y robos descarados en Nicaragua.

Managua, noviembre del 2016.

Pablo E. Barreto Pérez: periodista, fotógrafo, Cronista de la Capital, Orden Independencia Cultural Rubén Darío, Hijo Dilecto de Managua, Orden Servidor de la Comunidad del Movimiento Comunal Nicaragüense, Orden José Benito Escobar Pérez de la CST nacional, Orden Juan Ramón Avilés de la Alcaldía de Managua, participante directo, cronista, testigo y sobreviviente de la Insurrección Sandinista de Managua y del Repliegue a Masaya.

Colonia del Periodista No. 97, Managua. Teléfonos: 88466187, 86533771 y 22703077.

 

 

Insurrección  revolucionaria sandinista en Managua

Pablo Emilio Barreto Pérez

*18 días de heroicos combates liberadores en zonas oriental y occidental capitalino, entre el ocho de junio y el 27 de junio de 1979

*Desde abril de 1979 a la dictadura somocista genocida le llovían fuego de balas libertarias y explosiones de bombas de contacto

*Desde el nueve de septiembre de 1978, la inmensa mayoría de los nicaragüenses padecíamos, nuevamente,   Estado de Sitio, Ley Marcial, censura de prensa, matanza de seres humanos en calles, caminos y pueblos; secuestros masivos de campesinos, asesinatos también masivos ejecutados por “escuadrones de la muerte”, encarcelamientos masivos y torturas, lanzamiento de seres humanos desde helicópteros y aviones en el Norte de Nicaragua, todo esto en forma permanente por parte de la tiranía somocista genocida.

La opresión y represión somocista genocida eran ya insoportables, inaguantables por la población en general. La dictadura somocista era un sistema de opresión político, militar, económico, social, ideológico y propagandístico desde que fue fundada la Guardia Nacional, e instalado o impuesto Anastasio Somoza García como su jefe,  por el gobierno genocida norteamericano y su ejército interventor (agresor e invasor) en 1926, especialmente después que fueron asesinados traidoramente el General Augusto C. Sandino y casi  todos los miembros del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, en 1934.

Eran los primeros días de junio de 1979 cuando los vientos insurreccionales, guiados, dirigidos por el Frente Sandinista Guerrillero, clandestino, convertido en Ejército Liberador Revolucionario, estaban  tocando a las puertas cuartelarias y asesinas  de los opresores en Managua, León, Masaya, Estelí, Chinandega, Matagalpa, Masaya, Carazo, Rivas, Granada, Chontales, Boaco, Nueva Segovia, Jinotega, Madriz, Boaco, Chontales, Costa Atlántica, etc.

Eran ya casi 45 años de dictadura y cerca de 50 mil muertos, asesinados por la Guardia Nacional (GN), la Oficina de Seguridad Nacional o policía política somocista, sus “escuadrones de la muerte”, sus 12 mil “orejas” o espías  y “jueces de mesta”, cuyos miembros eran ya repudiados, odiados,  de forma generalizada por los pobladores de Nicaragua, y por tal motivo a la dictadura militar somocista ya le llovía fuego de balas libertarias y de explosiones de bombas de contacto en prácticamente todas las ciudades y pueblos  urbanos de Nicaragua.

El sábado 26 de marzo de 1979, un grupo numeroso de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares del Frente Norte Carlos Fonseca Amador, jefeados por el Comandante Germán “El Danto” Pomares Ordóñez, uno de los fundadores del FSLN y jefe del Frente Norte Carlos Fonseca Amador, se toman por sorpresa y temporalmente el  poblado de El Jícaro, en el Departamento de Nueve Segovia, montaña adentro, en el Norte elevado de Nicaragua.

Esta acción militar del Frente Sandinista Guerrillero, clandestino, convertido en Ejército de Liberación Nacional, fue considerada como el inicio de la  Insurrección Sandinista, u Ofensiva Final de la Revolución Popular Sandinista, para derrocar definitivamente a la dictadura somocista genocida.

El sábado siete de abril de 1979, en la noche, se había insurreccionado, nuevamente, casi toda  la Ciudad de Estelí. El “Zorro” Francisco Rivera y otros Jefes Guerrilleros del FSLN clandestino y unificado, jefeaba el estallido insurreccional esteliano.

Doscientos Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares habían bajado de las montañas de los alrededores de Estelí, e insurreccionado a centenares de pobladores estelianos, quienes por la noche se tomaron oficinas públicas del régimen somocista, hicieron mítines callejeros, chocaron militarmente con patrullas y contingentes de soldados en las calles, y anunciaron que la Huelga General y Ofensiva Final venían, y que el somocismo genocida debía pagar por sus crímenes, por más de 400 masacres, matanza de 50,000 nicaragüenses y por la robadera imparable de 45 años de la “Estirpe Sangrienta: Los Somoza” y dictadura militar somocista.

La Guardia Nacional somocista movilizó no menos de mil efectivos militares al escenario de batalla dentro de la Ciudad de Estelí, apoyados por tanques, lanzamorteros, lanzagranadas, y aún así no pudieron detener la lluvia de balas que les empezaban a ser disparadas hábilmente por hombres y mujeres, jovencitos y viejos, convertidos en guerrilleros y Combatientes Populares, y bien entrenados militarmente para darles batalla justiciera a los gendarmes de la dictadura militar somocista.

Aquellos doscientos Combatientes Populares, “chapiollos”, sin entrenamiento de las Academias Militares opresoras, llenaron de angustia y miedo a los altos mandos de la Guardia Nacional, cuyos jefes ya quedaban claros de que unos cuantos (varios cientos) Guerrilleros y Combatientes Populares desafiaban con pocas armas en las manos a no menos de mil soldados bien armados, apoyados por artillería pesada, y que se les tomaban una Ciudad como Estelí, lo cual ocurría por segunda vez en este sector urbano norteño.

Pobladores de numerosos barrios de Estelí se insurreccionaron, apoyaron sin vacilaciones la toma militar de una parte de esta Ciudad norteña, conocida ya como la “Mil veces Heroica Estelí”. Aquella Insurrección de Estelí fue como un ensayo de lo que ya venía para el mes de junio próximo:  la Insurrección Sandinista, u Ofensiva Final.

Los doscientos Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares del FSLN clandestino enloquecieron a los soldados y esbirros de la Guardia Nacional, como fantasmas se les filtraron en medio del cerco que habían tendido para aniquilarlos, y entre los mismos guardias superarmados cruzaron el anillo y se retiraron el 14 de abril en la noche a las mismas montañas, de donde habían bajado el siete de abril de 1979, también de noche.

Al mismo tiempo en que caía esta lluvia de balazos y explosiones de bombas de contacto contra la soldadesca de la Guardia Nacional en Estelí, aquella noche del sábado siete de abril, también se registraban ataques militares guerrilleros en las ciudades de Ocotal (Nueva Segovia), El Sauce (León),  Condega (Estelí) y en la Ciudad de Chinandega.

En mayo estalló la Insurrección Sandinista en Jinotega, comandada por Germán Pomares Ordóñez, uno de los fundadores del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Casi al mismo tiempo se lanzaban a la Insurrección Popular Sandinista, u Ofensiva Final, los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares de la Ciudad de Matagalpa, comandados por Bayardo Arce Castaño, uno de los miembros de la Dirección Nacional Histórica por parte de la Tendencia “Guerra Popular Prolongada” (GPP).

El cinco de Junio de 1979 se desata la Huelga General Revolucionaria contra el régimen  somocista genocida, convocada por la Dirección Nacional Conjunta del FSLN (de las tres Tendencias: GPP, Terceristas y Proletarios) como parte de la Insurrección Sandinista u Ofensiva Final, para derrocar definitivamente  por la vía de las armas a la dictadura militar somocista.

Un día antes, el cuatro de junio de 1979 se registran ataques relámpagos a cuarteles militares de la Guardia Nacional somocista  en todo el país. Se producen emboscadas a patrullas de guardias y a convoyes militares, montados en camiones, que patrullaban dentro de zonas urbanas y en caminos rurales.

En Managua aparecen las primeras barricadas, construidas con adoquines, piedras canteras, troncos de árboles y latas viejas, particularmente en las entradas a las Colonias Américas Uno, Américas Tres y Américas Cuatro (Zona Oriental capitalina), en San Judas, en la Zona Suroccidental,  y bajo el semáforo del Reparto Linda Vista, Zona Noroccidental de Managua.

Estado de Sitio y Ley Marcial, más censura de prensa, especialmente de noche, han sido impuestos  por Anastasio Somoza Debayle y su dictadura militar en todo el territorio nacional.

El cinco de junio de 1979 Nicaragua es ya  un inmenso campo de batalla en contra de la dictadura militar somocista. “Por todas partes, la hoguera revolucionaria se enciende, golpeando con fuerza al régimen y las masas se reúnen como un solo hombre, como un solo brazo, como un solo puño de acero justiciero, para alcanzar la victoria sobre sus opresores.

“La Huelga General Revolucionaria es el preludio de la Insurrección armada de las masas, la antesala de grandes jornadas; desde todos los puntos debemos lanzarnos al combate, ¡a vencer o morir¡, a la batalla final, al asalto de la fortaleza enemiga. Que ninguna organización popular se quede atrás, las organizaciones populares, obreras, juveniles, femeninas, estudiantiles, deben estar adelante, en la primera fila de combate, al frente del pueblo, en la hora que habrá que decidir su destino”, expresaba un comunicado oficial del Frente Sandinista unido, clandestino, guerrillero, convertido ya en ejército popular revolucionario para el derrocamiento del aparato opresor somocista.

“Ha llegado la hora de ajustar cuentas. Para las masas es el preludio de la Ofensiva Final, del combate definitivo. Es el momento de lanzarse al asalto de la fortaleza enemiga”, expresaba otro comunicado de la Dirección Nacional Conjunta del FSLN, trasmitido por  Radio Sandino clandestina, que hacía labor agitadora, organizadora y de guía política y militar, en trasmisiones nocturnas, desde territorio costarricense, donde había sido instalada cerca de la frontera Norte de Costa Rica con Nicaragua.

“!Es  ahora o nunca. Vamos ¡Ya¡ al asalto de los cuarteles somocistas¡”, se gritaba en mítines relámpagos populares, de propaganda militar guerrillera sandinista, en Barrios, Colonias, Repartos y Asentamientos Humanos Espontáneos en Managua.

Estados Mayores del Frente Interno y Conjunto de Managua

110 Jefes Guerrilleros jefean Batalla Militar para derrocar a la dictadura en Managua

El Estado Mayor General del Frente Interno del FSLN, integrado por los Comandantes Carlos Núñez Téllez (Proletario), William Ramírez Solórzano (GPP) y Joaquín Cuadra Lacayo (Tercerista), (uno por cada una de las tres Tendencias), da la orden al Estado Mayor Conjunto de Managua de concentrarse (ubicarse) en la Zona Oriental-norte de la Capital;  y al Estado Mayor del FSLN de Masaya (también a los Estados Mayores Conjuntos de Carazo y Granada), les ordenan  pasar de inmediato a levantar o insurreccionar  a los pobladores de estas ciudades, especialmente en Masaya,  en contra del aparato opresor somocista  genocida.

El Mando militar y político del Estado Mayor General del Frente Interno del FSLN abarcaba, en junio de 1979,  Managua,  Masaya, Granada y Carazo.

Inicialmente, el Frente Interno del Frente Sandinista Guerrillero, clandestino, abarcaba casi todas las ciudades más importantes de la faja del Pacífico de Nicaragua y también pertenecía a este Frente Interno el Comandante Bayardo Arce Castaño, uno de los miembros de la Dirección Nacional Histórica del FSLN. Por la lucha insurreccional que ya estaba dándose en los primeros  días junio de 1979, Arce Castaño tuvo que trasladarse al Frente Norte “Carlos Fonseca Amador”, para hacerse cargo de sus operaciones militares insurreccionales. El Comandante de la Revolución, Luis Carrión Cruz (Tendencia Proletaria), de la Dirección Nacional Conjunta, en esos mismos primeros días de junio, se hizo cargo del Frente Oriental Carlos Roberto Huembes.

El Estado Mayor Conjunto del FSLN en Managua estaba integrado por Mónica Baltodano Marcenaros (GPP), Raúl Venerio Granera (Tercerista) y Oswaldo Lacayo Gabuardi (Proletario). El resto de integrantes de esta estructura  guerrillera para jefear la batalla militar revolucionaria justiciera contra la dictadura somocista genocida en Managua, eran, entre otros:

Ramón Cabrales Aráuz, José Ángel Benavidez, Marcos Somarriba García, Walter Ferrety Fonseca, Rolando “Cara Manchada” Orozco Mendoza, Walter Mendoza Martínez, Javier López Lowery, César Augusto “Moisés” Silva, Marcos “Taolamba” Largaespada Prado, Francisco “Chico Garand” Guzmán Fonseca, Róger “Camastrón” Cabezas Gómez, Federico López Argüello, William Antonio Pascassio (salvadoreño), Eduardo Cuadra Ferrey, Jorge Roustan Reyes, Claudio Picasso Ardito, Edgard Guerrero, Sergio Gómez Vargas, Douglas López Niño, Humberto del Palacio González, César Largaespada Palaviccini, William “Juan Grande” Montalván, Víctor Boitano Coleman,  Sergio “Liebre” Martínez Vega, Gabriel “Payo” Cardenal Caldera, Genie  Soto Vásquez, Adrián Meza Soza, Cristóbal “Gersán” Guevara Casaya, Douglas Mejía Obando, Mauricio del Carmen “Chepe Liebre” Kiel, Justo Rufino “Andrés” Garay Mejía, Martín Castellón Ayón, René Cisneros Vanegas, Miguel Ángel y Manuel Navarrete, Víctor “Bayardo, Dientes de Lata” Romero Pérez, Boanerges Munguía  Martínez, Wiliam Díaz Romero, Víctor, Carlos  y Mario Cienfuegos Aburto, Iván García Abarca, Arnoldo Real Espinoza, Silvio Porras García, Alba Luz Portocarrero Ramos, Soraya Hassan Flores, Jorge Corea Briones, Jorge Esquivel Acevedo, Adolfo Aguirre Sthatadgen y Eva Adilia Solís.

También se distinguieron Combatientes orgánicos sandinistas, bien entrenados política y militarmente, con dotes de jefes y con cargos militares asignados (hombres y mujeres), como: Rafael Solís Cerda, Moisés Hassan Morales, Marcos Valle Martínez, Lea Guido López, Glenda Monterrey Vásquez, Julio López Campos, Aristeo Benavidez, Carlos “Paco” Miranda, Carlos Duarte, Oscar Lino Paz Cubas, Iván García Abarca, Justo Rufino Garay Mejía, Alejandro Mairena Obando,  Erick “Martín” Castellón Ayón, Frank “Machillo” González Morales, Juan Carlos Soza Aragón, Humberto del Palacio González, Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez, Lucío Jiménez Guzmán, Elizabeth Pinell,  Ibis “Negra” Hernández, Darmalila Carrasquilla, Isabel “Venancia” Castillo, Mayra González, Danilo Norori; Víctor, Mario y Carlos Cienfuegos Aburto; Pedro Ortiz Sequeira, Salvador Ramiro García Ramírez, Santiago Núñez Solís.

La Comisión Política y de Propaganda Revolucionaria la integraban:   Julio López Campos, Marcos Valle, Glenda Monterrey Vásquez, Lea Guido López y Moisés Hassan Morales. El general Humberto Ortega Saavedra, uno de los tres miembros de  la Dirección Nacional por la Tendencia Tercerista, en su libro “La Odisea por Nicaragua”, asegura que también eran miembros de esta Comisión Política y de Propaganda el profesor Pedro Ortiz Sequeira y Lucío Jiménez Guzmán. Ortiz Sequeira fue el primer secretario general de la Central Sandinista de Trabajadores (CST) y Jiménez Guzmán Secretario General de la misma CST en casi toda la década del 80.

En esos mismos días insurreccionales de junio de 1979 se había publicado en medios informativos locales que la Guardia Nacional tenía alrededor de 13 mil efectivos entre soldados y oficiales, más 12 mil “orejas” (agentes oficiales emplanillados y espías pagados y “voluntarios”) de la Oficina de Seguridad (OSN, policía política) y del llamado “Servicio Anticomunista” (SAC), centenares o varios miles de “jueces de mesta”, centenares de paramilitares, los grupos organizados de AMROCS o militares somocistas retirados, centenares de militantes del Partido Liberal Nacionalista (PLN) o partido político oficial de la familia Somoza y de la dictadura somocista, los “escuadrones de la muerte” (“Mano Blanca”, le decían los somocistas), los torturadores, ¿cuántos eran?, los matones a sueldo como aquellas bandas de asesinos llamados López, Acevedos, “Socorreños” y Chavarrías en León; las escuadras de matones de Juan Palacios en Matagalpa, por ejemplo, todos  al servicio mercenario completo del aparato dictatorial; la “Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería” (EEBI), que era casi otro ejército dentro de la Guardia Nacional, jefeada personalmente por Anastasio Somoza Portocarrero (“Chigüin”), hijo del tirano Anastasio Somoza Debayle, entrenados sus miembros para matar gente  u opositores al régimen, y convertidos en convencidos enemigos a muerte de la población nicaragüense; mercenarios coreanos, hondureños, salvadoreños, argentinos, etc., como aquel tal Echanis, quienes eran especialistas en matar seres humanos mediante degollamientos con cuchillos y bayonetas, descuartizamientos y desapariciones de cuerpos mediante incineraciones; y “turbas nicolasianas”, en realidad llamadas  “Frentes Populares Somocistas”, encabezadas por Nicolasa Sevilla, especializados en atacar gente en vecindarios y cárceles, para sembrar miedo colectivo en nombre y representación  del aparato monstruoso opresor del somocismo genocida.

Vale recordar aquí que una cantidad, seguramente mayoritaria, de soldados rasos y oficiales de rangos bajos, habían salido de las haciendas de Anastasio Somoza García y de la Familia Somoza, donde eran operarios y empleados, e incorporados como “alistados” de la Guardia Nacional. Los colocaban en entrenamientos breves en la Academia Militar del somocismo genocida y luego los ubicaban en cuarteles y patrullas móviles, mientras permanecían analfabetas.

Muchos de aquellos guardias fueron sacados de la Hacienda Montelimar, en Villa del Carmen (Villa Carlos Fonseca Amador), de los alrededores de Somoto, en el Departamento de Madriz; y provenientes de sectores humildes, aprovechándose la tiranía del desempleo reinante y de la pobreza inducida por el mismo saqueo de la dictadura somocista y de la oligarquía de terratenientes, comerciantes e industriales grandotes y banqueros de Nicaragua, todos ellos amigazos de Anastasio Somoza Debayle.

También hubo coroneles, como Alesio Gutiérrez, esbirro somocista muy malvado y extraordinariamente represivo, que no había egresado de la Academia Militar. Llegó a ese rango por su accionar represivo, de torturador y de ladrón. Igual eran los “orejas” y “soplones”, los agentes de la Oficina de Seguridad, los “jueces de mesta”, los paramilitares y los integrantes de los “escuadrones de la muerte”.

¿Cuántos eran, en realidad, la cantidad de soldados y oficiales de la Guardia Nacional e integrantes del aparato opresor del somocismo en junio de 1979?  No hay datos precisos. ¿serían unos 100,000 en total? ¿Tal vez más?

Este sistema opresor del somocismo genocida perseguía especialmente a jóvenes, ya fuesen estudiantes de secundaria y universitarios; opositores políticos al régimen, obreros organizados en sindicatos y campesinos involucrados en la lucha contra el somocismo; a todos los que fuesen “sospechosos” de atentar contra el “orden establecido”, incluyendo a niños como Luis Alfonso Velásquez Flores y Manuel de Jesús “Mascota” Rivera, asesinados ambos, respectivamente en Managua y Jinotepe. Todos, por ser “sospechosos”,  eran apresados, torturados, desaparecidos y asesinados de manera atroz por estas bandas de asesinos del engendro monstruoso del somocismo, especialmente ya en los años 1975, 1976, 1977, 1978 y, por supuesto, en 1979.

El doctor Emilio Álvarez Montalván (recién fallecido), conservador, y  miembro de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua, asegura  en su libro “Las Fuerzas Armadas en Nicaragua”, que desde su fundación formal en 1926 hasta 1975, la Guardia Nacional mediante su Academia Militar había producido 30 promociones con un total de 702 oficiales. Claro, no se contaban quienes eran oficiales que llegaban a esos cargos y rangos por medio de su demostración de verdaderos asesinos despiadados, torturadores de oficio, represores sin escrúpulos, como fue el caso de Alberto “Macho Negro” Gutiérrez,  y el esbirro coronel Alesio Gutiérrez, por ejemplo.

Además, en esos mimos días de junio de 1979, por medio de publicaciones periodísticas, se decía también que la Guardia Nacional con sus batallones élites, comandos sedes en cada una de las ciudades cabeceras departamentales y municipales, tenía centenares de toneladas de armas automáticas de guerra y municiones, y que sólo el régimen sionista criminal de Israel le había traído recientemente, en secreto, cinco mil fusiles nuevecitos, muchos de los cuales eran M-16, Galiles,  y no menos de un millar de ametralladoras calibres 50 y 30.

Otro dato publicado después del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista es que Anastasio Somoza Debayle hizo también una compra de 10,000 fusiles Galil en 1977, los cuales fueron encontrados en su bunker de la Loma de Tiscapa, después de su huida cobarde el 17 de julio de 1979. Estos fusiles, más municiones, artillería, tanques y tanquetas, le eran suministrados a Anastasio Somoza Debayle y su guardia somocista genocida por Estados Unidos y el régimen sionista racista de Israel.

Es decir, varios miles de fusiles y municiones no fueron usados para repeler la Insurrección Popular Sandinista porque no les dio tiempo, o porque, como se ufanaba el esbirro coronel Nicolás Valle Salinas: “Tenemos armas y municiones para combatir 100 años, si queremos”. Sin embargo, fueron derrotados por la “chapiollada” de Combatientes Populares, que saltaron insurrectos y disparando a las calles decididos a expulsarlos del poder político, definitivamente.

Se afirmaba en los primeros meses del año 1979 que esa misma Guardia Nacional somocista genocida tenía decenas de miles de morteros y rockettes, decenas de miles de bombas de fragmentación, varios miles de bombas de 500 y mil libras,  para lanzarlos desde aviones y edificios altos contra la población civil del país, más, ¿cuántos?, centenares de tanques  y tanquetas dotados de ametralladoras y cañones, aviones Push and Pull artillados con rockettes, aviones con ametralladoras calibres 50 y 30, instaladas en sus lados para disparar ráfagas desde arriba a las poblaciones civiles; helicópteros listos para dejar caer bombas de 500 y mil libras sobre las ciudades de Managua, León, Masaya, Jinotepe, Jinotega, Estelí, Condega, Matagalpa, Ocotal, Chinandega, Rivas, etc.

Estos aviones eran, entre otros, varios jets T33, numerosos Push and Pull, varios Douglas C-47 Dakota, decenas de helicópteros UH-1H, H34s y OH-6As, también decenas de avionetas CESNAS 337, CASAS C.212, IAI-201 Aravas, todos los cuales habían sido acondicionados para lanzar bombas, morteros, rockettes y ráfagas de ametralladoras desde el aire contra las poblaciones civiles, en contra de movimientos de guerrilleros y trincheras de combates del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Y claro por estos motivos coroneles de la Guardia Nacional somocista genocida, como Nicolás Valle Salinas, jefe de la llamada “Central de Policía”, o Cárceles tenebrosas y mortales de “La Aviación”, que en realidad eran dependencias de la misma Guardia Nacional, se ufanaban al declarar y amenazar con “tenemos armas y municiones para combatir 100 años, si queremos”, lo cual se le escuchaba decirlo mediante el sistema de radiocomunicaciones cuartelarias de la GN.

En Managua, además de la sede de los batallones, incluyendo a la “Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería” (EEBI), la Guardia Nacional tenía regados 16 cuarteles o comandos llamados “Secciones de Policía”, incluyendo la “Treceava Sección de Policía” (“Sierra 13”, le decían los guardias”), centro tenebroso de encarcelamientos masivos de pobladores del Oriente capitalino, más torturas y asesinatos ejecutados por el sargento GN Alberto “Macho Negro” Gutiérrez, uno de los personajes más odiados por la población de Managua.

Managua, Capital de Nicaragua, por supuesto era como el “corazón” del aparato opresor del somocismo dictatorial genocida desde hacía ya casi 45 años.

“La idea de la Ofensiva Final había prendido entre las masas populares; se intensifican las acciones de boicot y hostigamientos militares, la idea de la Huelga General está presente y todo el mundo espera atento su estallido”, señala el Comandante Carlos Núñez Téllez en un informe  convertido  en el libro: “Un Pueblo en Armas”, cuando la batalla insurreccional está por comenzar en Managua.

“Se hace necesario dar pasos audaces, pasos rápidos, para evitar que la dictadura concentre toda su capacidad de fuego, todo su poder de aniquilamiento, todo su aparataje militar, para desalojar de las posiciones a los combatientes del Frente Sur Benjamín Zeledón y expulsarlos fuera del territorio”, analizaba en aquellos momentos el Comandante Núñez Téllez, jefe del Estado Mayor General del Frente Interno del FSLN, cuyos miembros clandestinos tenían la misión de desencadenar la Insurrección Popular, u Ofensiva Final, en Managua, Masaya, Carazo y Granada.

El Frente Interno (Comandantes Núñez Téllez, Ramírez Solórzano y Cuadra Lacayo), el cinco de junio de 1979 le da orden al Estado Mayor de Masaya, jefeado por Hilario Sánchez Vásquez y  Alma Luby Morales (ya fallecida), que procedan a desatar la batalla revolucionaria libertaria en Masaya, mediante acciones militares inmediatas, para que los guardias genocidas, comandados por el general GN somocista genocida, Fermín Meneses Cantarero, con el fin de obligarlos a que se reconcentren en su cuartel, ubicado frente al parque central, para que se inmovilicen y no entorpezcan el desencadenamiento de la  Insurrección Sandinista Libertaria en Managua.

¿Cuántos Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, o milicianos, tenía el Frente andinista guerrillero, unificado, convertido en Ejército Guerrillero Libertario potente, en los primeros días de junio de 1979? ¿Cuántos hombres ( mujeres también) y armas tienen en Managua el Estado Mayor Conjunto del Frente Interno y el Estado Mayor de Managua al momento de hacer explotar la Insurrección Popular Sandinista, u Ofensiva Final, en los primeros días de junio de 1979?

Según William Ramírez Solórzano (ya fallecido), uno de los tres jefes revolucionarios del Frente Interno: “En ese momento nosotros contábamos con quinientos hombres-armas: doscientos cincuenta con armas orgánicas de guerra y doscientos cincuenta con armas de cacería, potentes.

“Las armas de guerra más eficaces que poseíamos eran cinco lanza-cohetes RPG-2 antitanques con cinco tiros cada uno, tres ametralladoras de cinta calibre 30 y dos ametralladora MAC de cinta con cincuenta tiros cada una.

“El resto eran fusiles Garand y Fal, y carabinas. Entre las armas de cacería, potentes, estaban las escopetas de repetición, los fusiles (rifles) 22 de repetición semiautomáticos y las armas con miras telescópicas.

“Existían otros quinientos hombres con armas auxiliares como revólveres, pistolas automáticas, escopetas y fusiles de tiro. Una gran gama de armas de esa naturaleza. Entre éstas no se incluían las bombas de fabricación casera. Ahora bien, es necesario aclarar que sólo el setenta por ciento de estos elementos pudieron ser concretados en la Zona principal de combate”, indicaba el Comandante Ramírez Solórzano cuando fue entrevistado sobre este tema en particular por la periodista y escritora chilena Marta Harnecker, en los primeros meses de 1980, para publicarlo  en su libro “Pueblos en Armas”.

A la cantidad de “hombres-armas” y los tipos de armas en las manos de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares ya entrenados, debe agregarse una enorme cantidad de bombas de contacto, potentes, poderosas, temibles, ya en manos de las columnas combativas y que tanto daño mortal y material le causaban a la Guardia Nacional somocista genocida y a sus agentes opresores.

¿De dónde habían salido los Jefes Guerrilleros, o militantes del FSLN clandestinos ya entrenados política y militarmente? ¿De dónde estaban apareciendo los Combatientes Populares y Milicianos en aquellos primeros días de junio de 1979?

Los Jefes Guerrilleros en rigurosa clandestinidad, después de abandonar voluntariamente comodidades, con profundo sentido patriótico y revolucionario, y dejar en sus comunidades a sus familias pobres y acomodadas, habían pasado por varios meses y años, recién pasados, entrenándose en montañas, en sitios muy aislados y aquí mismo en los Lomos de El Crucero (Cordillera Sur de Managua), en el Complejo Volcánico de Masaya y en la Península de Chiltepe, también volcánica, en cuyo interior hay numerosas fincas ganaderas, más la Laguna misteriosa de Apoyeque,  y rodeada Chiltepe por el legendario Lago Xolotlán o de Managua, por ejemplo.

Inclusive, en el mes de mayo y primeros días de junio de 1979, estos Jefes Guerrilleros ya formados, entrenaban aceleradamente en manejo de armas de guerra y de cacería a varios centenares o miles de Combatientes Populares y Milicianos dentro de centenares casas de seguridad y en sitios en que tenían buzones de armas en Managua, León, Chinandega, Masaya, Granada, Carazo, Rivas, Matagalpa, Estelí, Somoto, Ocotal, Boaco, Juigalpa, Bluefields, etc., incluyendo en casas de seguridad en pueblos como La Paz Centro, Nagarote, Tipitapa…

Cabe decir también que estos integrantes del Frente Sandinista de Liberación Nacional, revolucionario, clandestino, con el plan de derrocar a la dictadura militar somocista y establecer un nuevo sistema político, económico, de gobierno y de justicia social en favor de los oprimidos, habían salido precisamente del seno de los oprimidos: Obreros fabriles y agrícolas, campesinos pobres, estudiantes universitarios, estudiantes de secundaria, intelectuales progresistas, profesionales y técnicos, empresarios medianos y pequeños, niños como Luis Alfonso Velásquez Flores y Manuel de Jesús “La Mascota” Rivera, nicaragüenses totalmente marginados por la dictadura somocista y hasta delincuentes que también tomaron  las armas en las manos y se fundieron en la contienda militar popular, para derrocar al régimen sanguinario somocista y proyanqui instalado en Nicaragua desde 1927 por el gobierno de Estados Unidos de Norteamérica.

En esas casas de seguridad mencionadas se les enseñaba asimismo cómo desplazarse disparando, cómo disparar parapetados, cómo arrastrarse, cómo no desperdiciar los escasos tiros existentes,  formas de comunicarse con sus compañeros y compañeras de combate, cómo ir haciendo para arrebatarles armas a los enemigos somocistas.

Así de práctica, “sobre la marcha”, fue la lucha armada insurreccional revolucionaria, sandinista, en Managua, dirigida audaz, valiente y genialmente por 110 Jefes Guerrilleros en Managua,  Capital de Nicaragua. Sólo en San Judas, Suroccidente de Managua,  había 53 casas de seguridad, lo cual me dejó sorprendido cuando lo supe.

El Comandante Carlos Núñez Téllez y la Comandante Mónica Baltodano Marcenaros, respectivamente integrantes del Frente Interno y del Estado Mayor Conjunto del FSLN en Managua, coinciden en sus informes a la Dirección Nacional Conjunta de que en la toma e Insurrección de Managua participan directamente 110 Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares bien entrenados militar y políticamente, para dirigir las acciones insurreccionales en la Capital, para desarrollar el Plan Militar Insurreccional, destinado a sostenerse tres días en territorio capitalino, con el fin de empantanar a la Guardia Nacional, para que no pueda mover tropas ni al Sur, ni al Oriente, ni al Norte, ni a Occidente.

La toma de las Zonas Oriental y Occidental y resistencia insurreccional en Managua duró 18 días con combates, hostigamientos, emboscadas y persecución y ejecución sistemática a los esbirros o guardias (“orejas”, “jueces de mesta”, paramilitares, matones a sueldo),  que enloquecieron al mando militar somocista genocida, hasta que se produjo el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, el 27 de junio de 1979, en la noche.

El Comandante Humberto Ortega Saavedra, uno de los tres Comandantes de la Revolución de los Terceristas en el Frente Sandinista de Liberación unificado, informaba al momento de desatarse la Insurrección, u Ofensiva Final en todo el país,  que el FSLN tenía (en todo el país) un contingente de unos cinco mil combatientes organizados (Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares); unos dos mil con fusiles de guerra, y el resto con armas cortas y de cacería.

Como parte del aparato de guerra popular estaba también en Managua y resto de ciudades de Nicaragua el Movimiento Pueblo Unido (MPU), integrado por centenares de activistas políticos y propagandistas insurreccionales, encargados de la propaganda revolucionaria ante la población civil y para levantar la moral de los Combatientes Populares.

Se contaba asimismo con una red amplísima de correos clandestinos, de espías y colaboradores,  más varios miles de miembros de los Comités de Defensa Civil (fundados durante la Insurrección experimental de septiembre de 1978). Estos últimos eran los encargados de conseguir comida para los combatientes, de obtener medicinas para curar heridos, de trasladar los heridos de los escenarios de combates hacia hospitales clandestinos.

Y también se contaban, por supuesto, y eran vitales, los hombres y mujeres, centenares de familias enteras, que prestaban sus viviendas para convertirlas en casas de seguridad para Jefes Guerrilleros y Combatientes, y para tener escondidos buzones de armas y municiones en patios, en árboles, en paredones de cauces y dentro de las viviendas, y, al mismo tiempo, trasladar esas armas y municiones de un lugar a otro para ser usadas en los combates contra los guardias nacionales sus esbirros y sicarios.

Inclusive, se contaba también con las trasmisiones clandestinas de Radio Sandino, la cual estaba instalada en territorio costarricense, según informes oficiales del Comandante Humberto Ortega Saavedra. Radio Sandino había comenzado sus trasmisiones, mayoritariamente nocturnas, en noviembre del 1978.

Entre noviembre de 1978 y junio de 1979, por medio de Radio Sandino clandestina, se agitaba con argumentos convincentes acerca de que ya era el momento de insurreccionarse en Nicaragua para derrumbar el aparato opresor somocista monstruoso; se daban instrucciones para lanzarse a la Huelga General contra el somocismo; se trasmitían lecciones sobre manejo y desarme de armas de guerra y de cacería, y al mismo tiempo se indicaba cómo defenderse de los bombardeos aéreos del somocismo genocida, y se indicaba qué hacer al momento de la Insurrección Sandinista en todo el país.

En Radio Sandino clandestina se afirmaba que la Insurrección Sandinista contra el somocismo genocida debían protagonizarla juntos el Frente Sandinista clandestino, los Combatientes Populares y Milicianos, las masas populares organizadas o población en general y todos aquellos que voluntariamente se integraran a los combates libertarios que se avecinaban de forma irremediable.

Por medio de Radio Sandino clandestina se informaba cómo avanzaba  la organización insurreccional en todo el país. Se emitían relatos pormenorizados de emboscadas a la Guardia Nacional, de combates y hostigamientos, de ejecuciones sumarias o fusilamientos a  “orejas”, a torturadores de la Oficina de Seguridad (OSN, policía política con cárceles horribles en la Loma de Tiscapa), a “jueces de mesta”, se anunciaba la Insurrección, u Ofensiva Final, se trasmitían instrucciones  sobre cómo hacer barricadas y trincheras de combate, sobre cómo hacer bombas de contacto, y se afirmaba:  “De esta no se escapa ningún somocista”.

En Managua, por ejemplo, captábamos Radio Sandino clandestina en radios comunes, pequeños, mientras al mismo tiempo con radios de varias bandas y especiales captábamos las trasmisiones de la Guardia Nacional somocista genocida. En esas trasmisiones se daban las órdenes criminales para continuar matando gente en todo el país.

El Comandante Carlos Núñez Téllez le dijo a Marta Harnecker, periodista y socióloga chilena,  autora de “Pueblos en Armas”, que un grupo de Jefes Guerrilleros del FSLN clandestino, entre otros Cristian “Inca” Pérez Leiva,  se habían dedicado a la tarea heroica y peligrosa de hacer un mapa de los cauces de Managua, entre otros los de San Judas, Loma Linda, Torres Molina, San Patricio, Acahualinca, Santa Ana, Altagracia (Zona Occidental de Managua) y los vecindarios orientales capitalinos: Paraisito, Riguero, Larreynaga, San José Oriental, Campo Bruce, Larreynaga, El Edén, San Cristóbal, María Auxiliadora, El Dorado, Santa Julia, Jardines de Veracruz, Colonia Primero de Mayo, Omar Torrijos Herrera, Catorce de Septiembre, Nicarao, Don Bosco, Ducualí, Diez de Junio, Bello Horizonte, Santa Rosa, Blandón, Puente El Porvenir, Santa Bárbara, Maestro Gabriel, Salvadorita, Américas I, III y IV, más la descripción de edificios, Barrios, Colonias y Repartos.

También se incluían en el mapa los cauces del Barrio Los Laureles y Villa Libertad en el extremo Oriental de Managua, y los de Américas Dos, Las Mercedes, San Jacinto, Primavera, Waspán, Colonia Pedro Joaquín Chamorro y Riguero Norte, por el lado de la Carretera Norte.

Marta Harnecker es una socióloga y periodista marxista-leninista, de origen austríaco, autora de 82 libros sobre temas sociales y revolucionarios, es Directora del Centro de Investigaciones Memoria Popular Latinoamericana de La Habana y directora del Centro Internacional Miranda de Caracas, Venezuela.

Este mapa de interés militar insurreccional sandinista contemplaba sobre cómo usar los cauces como defensa natural frente a ataques de la Guardia Nacional somocista genocida, dónde ubicar barricadas o trincheras de combates, pozos tiradores, dónde hacer zanjas para impedir el paso de equipos militares pesados y livianos de la Guardia criminal.

Este equipo de revolucionarios sandinistas estuvo durante varios meses haciendo ese mapa, en el terreno de Managua, con la visión objetiva clara de dónde posesionarse en las Zonas Occidental y Oriental al momento de desatar la Insurrección, u Ofensiva Final de junio de 1979.

Estos mapas militares cayeron en poder de la Guardia Nacional somocista genocida el 12 de mayo de 1979, día en que numerosas patrullas de asesinos y sicarios hicieron una orgía de sangre en el Balneario de Xiloá, en el Oeste de Managua,  donde masacraron a Cristian “Inca” Pérez Leiva, Ricardo Orúe Navarro y a Omar Hassan Morales, y a los niños Constantino Chamorro Mejía y Juan Bosco González Chamorro. También asesinaron ese día al conocido empresario capitalino Alfonso González Pasos, a Francisco Jarquín y Sandra Delgado.

A pesar de este revés peligrosísimo para los planes militares insurreccionales, el plan militar insurreccional en Managua siguió su marcha, según los Comandantes Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra Lacayo, los tres miembros integrantes del Estado Mayor General del Frente Interno, ubicado ya en esos momentos en Managua.

Este Plan Militar contemplaba, antes de ser capturado por la Guardia Nacional genocida, que las Zonas Suroccidental y Noroccidental capitalinas serían la Zona Principal de combates insurreccionales, y que la Zona Oriental-norte quedaría como Zona Secundaria, de distracción contra la soldadesca de la dictadura somocista. Al caer el Plan Militar, o Mapa, en manos de la tiranía somocista, el Estado Mayor General del Frente  Interno cambia el Plan Militar y convierte la Zona Oriental-norte de Managua en la Zona Principal de la Insurrección Popular Sandinista.

Sobre ese Plan Militar Insurreccional, el Comandante Ramírez Solórzano expresó lo siguiente: “En primer lugar, tener una visión objetiva de la realidad, de las fuerzas con que cuenta el enemigo y de las fuerzas propias; saber cuál es la misión militar que va a cumplir cada grupo de hombres, cada lugar, dentro del plan general; tomar en cuenta fundamentalmente el papel de las masas populares.

“El problema de las armas es sin duda vital, pero más vital es el problema de las masas populares. Sin la participación de las masas, nosotros no hubiéramos triunfado. Es importante que todo movimiento revolucionario se ligue a las masas populares, que se identifique totalmente con el pueblo.

“Lo primero que hicimos, por lo tanto, al elaborar el plan militar, fue un recuento de nuestras fuerzas y del tipo de armamento que teníamos; luego señalar las particularidades de las Zonas donde íbamos a combatir; la Zona Principal y la Zona Secundaria; el tipo de combate que se iba a librar allí y la disposición de armas para este tipo de combate.

“Lógicamente, se analizó las fuerzas del enemigo, los puntos débiles nuestros; las formas internas de organización y disciplina que íbamos a poner en práctica. Asimismo, la definición correcta del plan, la explicación del plan a los jefes principales, la forma en que este plan debe bajar a los compañeros que lo van a ejecutar; tratar de garantizar el abastecimiento necesario para los combates que se iban a realizar.

“Además de esto existió un trabajo político militar anterior, de meses de por medio, del cual nosotros llegamos a tener clínicas clandestinas, depósitos o buzones de armas”, explicaba el Comandante Ramírez Solórzano.

La Insurrección Popular es un arte revolucionario

Sobre  la Insurrección Sandinista, el Comandante Humberto Ortega Saavedra, integrante del grupo de los Terceristas, en su libro “Sobre la Insurrección”,  sostiene y analiza:

“La Insurrección armada es un tipo especial de lucha política, sujeta a leyes específicas, y al igual que la guerra, es un arte. El Arte Insurreccional tiene su regla principal en la ofensiva. La Insurrección siempre es la explosión de una presión económico-política insoportable.  Su esencia reside en escoger la oportunidad propicia para volcar todas las fuerzas disponibles sobre el enemigo, asestándole golpes demoledores y decisivos”.

Continúa Humberto Ortega Saavedra: “Desde un punto de vista más práctico, la Insurrección es el hecho militar, la batalla en las calles, mediante las cuales la Revolución se apodera del Poder. Es un acto durante el cual una parte de la población impone su voluntad a otra, mediante los fusiles, las bayonetas, los cañones, es  mediante elementos extraordinariamente autoritarios”.

Añade Humberto Ortega Saavedra: “La ofensiva no es sólo la última acción para el ataque final, sino toda una serie de actividades que preparan el remate decisivo. Ésta no se desencadena en un día, por el contrario es el fruto de una preparación constante de meses y años, y viene a ser el resultado de muchos esfuerzos positivos y negativos en busca del golpe estratégico determinante. El combate será móvil y flexible, las masas populares deberán eliminar tanto a los jefes civiles como militares enemigos”.

El Plan Militar Insurreccional de Managua contemplaba desatar la insurrección contra la Guardia Nacional somocista genocida y sostenerse tres días, y luego retirarse. Sin embargo, la población insurreccionada, los Combatientes Populares o Milicianos aún sin buenas armas  de guerra, sin suficientes municiones, sí, aun  así, protagonizaron una batalla, con decenas de combates ofensivos y defensivos, que duró  18 días en Managua, la Capital de Nicaragua.

Mediante una entrevista  con la mencionada periodista Marta Harnecker, el Comandante Carlos Núñez Téllez describió el Plan Militar Insurreccional de Managua, de la siguiente manera:

“La lucha militar en Managua no podía ser pensada como una lucha insurreccional típica con sus leyes políticas y militares de permanente ofensiva, sino como una lucha de resistencia cuyo objetivo fundamental era el empantanamiento de las fuerzas enemigas. Managua sólo podía lanzarse a la ofensiva cuando las fuerzas estratégicas de los Frentes Guerrilleros avanzaran sobre la Capital. Por ello se elabora un plan militar eminentemente defensivo: resistir durante dos  o tres días hasta que se logre el avance hacia la Capital de las fuerzas estratégicas.

“El plan militar contemplaba inicialmente la concentración de nuestras fuerzas en dos áreas principales de la Ciudad (de Managua), que debían transformarse en Zonas Liberadas: el área Oriental y el área Occidental

“Posteriormente, se decide concentrar las fuerzas sólo en la Región Oriental. Lo que nos hizo adoptar esta determinación fueron varias razones, entre ellas las particularidades geográficas de la Zona, donde existían cauces que eran verdaderas defensas naturales. Por otra parte, esa Zona (Oriental) se caracterizaba  por su mayor combatividad, por más altos niveles de organización, producto de un trabajo más largo del FSLN entre sus pobladores.

“Tomando en cuenta estos cauces y las escasas entradas que debido a ello tenía esta Zona, se determinaron los puntos donde debían ser colocados los grupos armados y las trincheras defensivas.

“Estas fuerzas  disponían de fusiles y ametralladoras M-30 o MG-42.

“En la Zona Occidental (de Managua) las fuerzas sandinistas debían implementar una actividad militar móvil, de hostigamiento, de golpes fulminantes, de estancamiento de las fuerzas enemigas, basada fundamentalmente en el apoyo de combativos sectores de masas, ubicados en los Barrios”.

Despistar  y golpear a los guardias

El Comandante Joaquín Cuadra Lacayo agrega:

“La función de nuestras fuerzas sandinistas en la Zona Occidental (de Managua) era fundamentalmente despistar al enemigo y evitar que en las primeras horas descubriera cuál era nuestro movimiento principal. Mientras tanto, nosotros debíamos hacernos fuertes en el área (Oriental-norte) que habíamos escogido, debíamos atrincherarnos, organizarnos cuidadosamente para los combates que se avecinaban.

“El Plan militar de Managua fue el mejor elaborado de todos los del Frente Interno. (El Frente Interno del FSLN clandestino comprendía: Managua, León, Masaya, Carazo y Granada). Casi todos los que trabajaron en él,  están muertos.

“Era gente con una extraordinaria capacidad. Se dedicaban por la mañana a hacer el Plan Militar y por la tarde a recorrer el terreno palmo a palmo. Estudiaban dónde debía situarse cada Barricada, de qué a qué esquina, dónde estaban los cauces, el tipo de construcciones existentes allí, si había o no edificios altos, los nudos de comunicaciones, de dónde viene esta calle y para dónde va.

“Todo este estudio de planificación militar minucioso era un estudio eminentemente artístico. El Plan militar iba al detalle de determinar la cantidad de hombres y el número y el tipo de armas que se necesitaba para defender de tal punto a tal punto.

“Tenía  una parte real y una parte táctica. Allí se planteaba que para atender una determinada actividad se necesitaban determinados elementos que en ese momento no existían, pero que podían ser conseguidos posteriormente”, recuerda el Comandante Cuadra Lacayo.

Interviene nuevamente el Comandante Carlos Núñez Téllez: “Pero los hechos no ocurrieron tal como los habíamos planificado. Antes de que se lance la Huelga General se inicia la Ofensiva militar sandinista en el Frente Sur Benjamín Zeledón.

“El Frente Interno empieza a efectuar los movimientos militares planificados. El Plan militar para Chinandega en cuanto al cerco no funciona; estalla la Insurrección en León y Masaya, y luego se inicia la Huelga General.

“Una experiencia importante en el diseño del Plan Militar —añade el  Comandante Cuadra Lacayo-  fue la decisión de aguantar al máximo cada nuevo golpe propinado al enemigo, cada nueva ciudad que se insurreccionaba. La lucha en El Naranjo, Rivas, se aguanta al máximo; cuando ya no se podía, se aparece el Frente Norte, y cuando éste estaba a punto de ceder, aparece Occidente, y luego se tira (insurrecciona) Masaya.

“Por supuesto que esto significaba estar frenando a las masas populares (organizadas y no organizadas), deseosas de entrar en combate contra la tiranía somocista. Ellas, esas masas populares, no saben que el FSLN tiene un Plan  Militar de desencadenamiento  sucesivo de la Insurrección, u Ofensiva Final.

“Imaginate  cómo estaba la situación anímica de las masas populares en Managua: Occidente Insurreccionado, el Norte insurreccionado, todos los alrededores de Managua: ¡Masaya, Granada y Carazo, insurreccionados¡

“Había casi que amarrar a los Combatientes Populares, tenerles encerrados para que no se salieran fuera del Plan. Y como de  Managua salían muchos refuerzos de la Guardia Nacional hacia Occidente y Masaya, la situación se torna difícil en esos lugares.

“A pesar de que el FSLN implementa en cada lugar el Combate al enemigo en movimiento, sacando grandes contingentes de las ciudades hacia las carreteras para enfrentar allí a las fuerzas enemigas, no logra definir la guerra a su favor.

“Esto hace que se presione a la Dirección Sandinista en Managua cumpla su papel, para que impida la salida de refuerzos militares GN hacia los departamentos (o ciudades fuera de Managua).  Ésta (la Dirección de Managua) advierte que le es muy difícil realizar acciones militares en la Capital y luego replegarse, tanto por el grado de alerta en que está el enemigo (somocista) que teme que Managua se le venga encima en cualquier momento, como por la efervescencia popular (pobladores listos para lanzarse a la Insurrección) que puede interpretar esas acciones armadas como el comienzo de la Insurrección, u Ofensiva Final.

“A pesar de eso, la Dirección del Frente Interno insiste ante el Estado Mayor de Managua  en que  en la noche del ocho de junio saque al menos el 30 por ciento de sus fuerzas, a combatir en las calles. Esas fuerzas salen, pero no pueden replegarse, al día siguiente, el 9 de junio, continúan combatiendo. Se empiezan a insurreccionar numerosos Barrios Populares. Ya el pueblo no resiste más  quedarse en sus casas.

Masas populares desatan  la Insurrección

“En esos momentos, el Estado Mayor del FSLN  de Managua, como la máxima dirección del Movimiento Pueblo Unido (MPU), como nosotros, los máximos dirigentes del Frente Interno, estábamos concentrados en casas de seguridad en zonas fuera del área principal de combate.

“La Insurrección se nos había adelantado. Todo Managua estaba prendido, ya  había barricadas por todos lados, carros quemados en las calles. Ya era una situación de guerra generalizada.

“Entonces, decidimos trasladarnos a la Zona Principal. Pero como el estallido insurreccional popular se nos adelantó, no logramos concentrar la cantidad de hombres y de armas que habíamos previsto para esa Zona.

“Durante los dos días posteriores a nuestra llegada, se hacen todos los trabajos: atrincherarnos bien, cerrar los últimos huecos, disponer ordenadamente nuestras fuerzas, distribuir correctamente las armas, recorrer el lugar muchas veces. Tuvimos que presionar a muchos compañeros que estaban luchando en los barrios adyacentes para que entraran a la Zona Principal, donde, de acuerdo al Plan Militar Insurreccional, se había decidido concentrar el máximo de fuerzas combativas nuestras.

“Se resistían a venir porque eso significaba agarrar a sus hombres (y mujeres) y sus armas y dejar abandonadas a las masas populares. Esos jefes militares decían: “Éste es mi barrio, ésta es mi gente, se han pasado tres o cuatro días combatiendo, ¿cómo los voy a abandonar, ¿cómo los voy a dejar desguarnecidos frente a la represión somocista? Nosotros entendíamos que era una situación muy difícil, pero era necesario dar ese paso para asegurar el éxito de nuestro Plan Militar.

“Esto se hace evidente –continúa el Comandante Núñez Téllez—sobre todo cuando el enemigo empieza a neutralizar todas las áreas insurreccionales restantes hasta que no queda sino el área principal. Heroicos compañeros murieron en esos combates, sabiendo de antemano que esas eran áreas secundarias, que su objetivo era asegurar el  Área Principal”.

Plan insurreccional de 3  días  convertido  en 18 días

Cabe detenerse un poco en esta parte para indicar que los Comandantes Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra Lacayo, los tres miembros del Estado Mayor General del Frente Interno, se instalaron inicialmente en una casa del Barrio Paraisito, en las cercanías del Puente del mismo nombre, en la orilla de la Pista de la Resistencia Sandinista, o “By Pass”, entonces y colindante con los Barrios “Campo Bruce”, hoy Rigoberto López Pérez y San José Oriental.

La Comandante Mónica Baltodano Marcenaros relata por su lado que el Estado Mayor Conjunto del FSLN en Managua entró, ingresó, por el Barrio Riguero, de donde cruzaron al Reparto El Dorado, donde también se alojó posteriormente el Estado Mayor General del Frente Interno. Este cruce del Estado Mayor de Managua (Mónica Baltodano Marcenaros, Raúl Venerio Granera y Oswaldo Lacayo Gabuardi) se hizo por medio de un puente metálico colgante que había entre el Barrio Riguero, por el Este, y la Pista El Dorado, colindante con el Reparto El Dorado, el cual a su vez colinda con el Barrio San Cristóbal y las Colonias Diez de Junio, Don Bosco y Colombia. El Estado Mayor Conjunto de Managua  cruza del Reparto El Dorado a la Escuela María Auxiliadora, en el Barrio del mismo nombre.

“El Área Principal” de la Insurrección en Managua era la Zona Oriental-norte, donde la rebelión popular amada resistió del nueve de junio al 27 de junio de 1979, en la noche, que es cuando se produce el célebre Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Es decir, en vez de tres días de resistencia insurreccional, fueron 18 días de resistencia en trincheras, ofensivas móviles y combates en posiciones y móviles, tomando en cuenta que los choques armados comenzaron el nueve, en el día, tanto en la Zona Oriental-norte y en el Suroccidente y Noroccidente de Managua:  Entradas al Barrio La Fuente y Reparto Schick Gutiérrez; San Judas, Loma Linda, Vista Hermosa, Villa Roma y Torres Molina; Monseñor Lezcano, Acahualinca, Morazán, Loma Verde, Linda Vista, Altagracia, Santa Ana, Balcanes y OPEN III (hoy Ciudad Sandino).

“El Área Secundaria” eran las Zonas Suroccidental y Noroccidental de Managua, para distraer a la Guardia Nacional somocista genocida, para empantanarla, impedir que movilizara tropas hacia Carazo, Rivas, Masaya, Granada, León, Matagalpa, Estelí, Jinotepe, por ejemplo.

Continúa su relato el Comandante Carlos Núñez Téllez: “Gente valiosísima iba a combatir a ese lugar, sabiendo que iba encontrar la muerte porque no había capacidad de resistir. Así era de duro y terrible la realidad en estos momentos insurreccionales históricos.

“Al poco tiempo nos encontramos cercados tal como lo habíamos previsto, pero en el Plan Militar lo habíamos previsto tan sólo para tres o cuatro días, y no más. Comenzamos  a presentar un combate eminentemente defensivo, el enemigo no debía penetrar nuestras líneas defensivas, costara lo que costara”.

Papel revolucionario de  los Comités de Defensa Civil

Esta parte del relato histórico sobre estos momentos cruciales en la Insurrección Sandinista Victoriosa de Managua, lo continúa el Comandante William Ramírez Solórzano:

“Los Comités de Defensa Civil fueron los que jugaron el papel principal en la organización de las masas populares a nivel de los Barrios. Ellos prepararon los botiquines para los guerrilleros, levantaron las barricadas, construyeron refugios antiaéreos, hicieron comunicaciones de casas por dentro, incluyendo por patios; hacían las fogatas callejeras, distribuían las papeletas o propaganda revolucionaria, enseñaban la higiene para enfrentar la guerra insurreccional, conseguían y concentraban alimentos para combatientes y pobladores, racionaban el agua porque el régimen genocida la mandó a suspender o cortar; se las ingeniaban para que funcionaran correos y comunicaciones de un lado a otro”.

Cauces, pistas y trincheras convertidos en fortalezas militares

Sigue el relato del Comandante Ramírez Solórzano: “A cargo de los Comités de Defensa Civil estaban también la clarificación de la coyuntura que estábamos viviendo, los avances de los combates en las calles, la difusión de los partes de guerra, la organización interna cuadra por cuadra en el Barrio, Colonia o Reparto;  la selección e incorporación de nuevos compañeros y compañeras al FSLN guerrillero, el reclutamiento selectivo, el aunmento de la politización dentro de las masas populares, la publicación de órganos de difusión. Todo el Barrio participaba en estas tareas, pero el Comité de Defensa Civil estaba dirigido por compañeros y compañeras orientados por el FSLN.

“Mientras los combatientes y milicianos regulares estaban en los puestos de combate, donde se esperan los golpes más duros del enemigo somocista, con su desbordante espíritu ofensivo, los apoyan las masas no armadas, se dedican a estas tareas. La actividad es frenética por los deseos de combatir”.

Añade el Comandante Núñez Téllez: “En el Plan Militar habíamos contemplado la existencia de una barrera natural insalvable para la guardia, que eran los cauces producidos por el Terremoto de 1972, que servían para impedir que ésta atacara concentrada por todos los puntos geográficos. Posteriormente estaban las pistas (carreteras de circunvalación) o grandes avenidas de adoquines que dividen la Capital y separan los Barrios y es necesario pasar por ellas para llegar a determinados lugares”.

En esta parte del relato cabe indicar o aclarar que Managua, Capital, antes del Terremoto de 1972, era una Ciudad concentrada entre la orilla Sur del Lago Xolotlán (o de Managua) y la Calle Colón. Hacia el Sur, “hacia la montaña”, decía la gente,  existían Repartos, Colonias y Asentamientos Humanos de lotificadores muy dispersos, como Altamira, Centroamérica, Los Robles, ligados a la Zona Oriental, por ejemplo. Aquella Managua de antes del Terremoto de 1972 era una Ciudad pequeña, de apenas 404, 500 habitantes, con un poco más de 50 Barrios, Repartos y Colonias.

Después del Terremoto del 23 de diciembre de 1972, Managua creció en forma desordenada, en forma de abanico, y al mismo tiempo hubo una explosión demográfica inusitada. En 1973, por ejemplo, fueron construidas las Américas Uno, América Dos, Américas Tres y Américas Cuatro.

Por el fabuloso negocio posterremoto, negociado en el que estaban juntos, mancornados la burguesía, u oligarquía y la dictadura somocista, estaban en plena expansión o construcción algunos Repartos y Colonias, por ejemplo: Bello Horizonte, Altamira, Bolonia, Los Robles, Cinco de Diciembre, Primero de Mayo, Las Sabanas, Villa Libertad, El Dorado, Luis Somoza Debayle (Diez de Junio), Don Bosco, Colombia, Jardines de Veracruz, Rubenia, Santa Clara.

Y también en expansión los vecindarios o Asentamientos que lotificaban (como fabuloso negocio también) lotificadores como Héctor Argüello (“La Fuente”), Riguero con los Barrios “Riguero”; Humberto Torres Molina con los terrenos de “Torres Molina”, “Loma Linda” y “Villa Roma”, y Julio Blandón con la lotificación del “OPEN TRES”, por ejemplo.

Al mismo tiempo de aquel  desarrollo constructivo de Repartos y Colonias nuevas, estaban las construcciones de pistas y avenidas nuevas con los adoquines propiedad de la familia  Somoza. Ejemplos eran en esos momentos: Pista o “Bypass” del Siete Sur hasta los semáforos de “La Robelo” en la Carretera Norte, la 35 Avenida Oeste, Pista Larreynaga, la Pista de la hoy Plaza España hasta frente a Acahualinca, la Pista de la Colonia Centroamérica hasta Portezuelo en la Carretera Norte; la Pista Buenos Aires del Motel Dancing hasta donde es hoy el Mercado Iván Montenegro Báez; la Pista Sabana Grande, de los semáforos de Rubenia hacia el hoy también Mercado Iván Montenegro Báez, más otras pistas y calles secundarias llenas de adoquines, fabricados por una empresa de Anastasio Somoza Debayle, quien se los vendía al Distrito Nacional y al Estado, mientras él era al mismo tiempo el presidente de la República y dominaba totalmente en el Distrito Nacional y todas las instituciones del gobierno somocista.

Describamos, en relación al territorio de la Insurrección de junio de 1979, sólo las tierras de la Hacienda El Retiro, de la familia Somoza, o “Estirpe Sangrienta”, ubicadas, por ejemplo, desde donde es hoy la Rotonda Cristo Rey hasta el Kilómetro Siete Sur, colindando con el Cerro Motastepe, la Laguna  de Nejapa y la Laguna de Asososca, por el Oeste de Managua.

En estas tierras de la familia Somoza, a un lado y otro del “Bypass”, o Pista de la Resistencia Sandinista, no existían los vecindarios, Hoteles, negocios de Pizzerías, ni la Universidad de Ingeniería, ni ENEL, ni los Barrios Jorge Dimitrov, ni el Barrio Catorce de Junio, René Cisneros Vanegas, Colonia del Periodista, ni Hialeah, (“Hayalía”, dice la gente); Edgard “Gato” Munguía, ni 3-80, ni Andrés Castro, ni Tierra Prometida, ni Asentamiento anexo al Reparto Belmonte, ni el “Pali” del ZUMEN, ni el Mercado Israel Lewites, ni las instalaciones del Banco Central y de la Contraloría General de la República, ni la Biblioteca del Banco Central, ni los Asentamientos cercanos al Cerro Motastepe y el Kilómetro Siete y Medio de la Carretera Sur.

El Barrio Andrés Castro se llamaba entonces “Barrio El Espanto”. Tampoco existían las dos Colonias Batahola, ni el Asentamiento Héroes y Mártires de Batahola, ni el Asentamientos Nora Astorga, ni el Asentamiento Daniel Enrique Chavarría, ni otros vecindarios cercanos hoy al Barrio Acahualinca.

Sólo existían la Universidad Centroamericana, el Club Social de la burguesía de Managua, donde había un campo de golf para los ricachones, y por allá lejos, el Centro Comercial Nejapa, donde funcionaron los Juzgados después del Triunfo de la Revolución.

Es decir, eran tierras baldías y cuidadas por los guardias nacionales de la dictadura somocista genocida.

Además, estaban (y están allí) los dos cauces que cruzan la Pista “Bypass”,  el Barrio San Judas y Altagracia, procedentes de los Lomos de El Crucero; atraviesan Acahualinca y desembocan en el Lago Xolotlán o de Managua.

Asimismo, estaban allí  (y siguen estando) los cauces El Arroyo, en las cercanías de “Raspados Loli”, el cauce que cruza paralelo al ZUMEN, el que cruza la Pista de la Resistencia Sandinista a la altura de la Plaza Julio Martínez, llamado “Camino de Bolas”;  el de la hoy Colonia del Periodista, el que atraviesa por debajo los semáforos de ENEL, el cauce que atraviesa el lado Oeste de la Colonia Centroamérica y el Reparto Altamira; el que cruza el Este de Metrocentro y se interna en el actual Barrio Jorge Dimitrov, el que atraviesa por debajo la Rotonda Cristo Rey (David Tejada Peralta o Santo Domingo de Guzmán), el cauce que cruza el Puente Paraisito, el cauce que cruza el Puente San Cristóbal y que pasa a formar parte del Cauce Oriental (se juntan varios cauces aquí), el cual a su vez, en su viaje hacia el Lago de Managua cruza los puentes de El Edén, Larreynaga y El Porvenir, este último en la Carretera Norte, prolongándose a lo largo, paralelo, a la Colonia Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, hasta desembocar en el Lago Xolotlán o de Managua.

Por supuesto, se tomaron en cuenta también los cauces que atraviesan la Colonia Centroamérica, los que atraviesan el Reparto Schick Gutiérrez, los que atraviesan las Américas Uno, Américas Tres, Américas Cuatro, el de Jardines de Veracruz y Rubenia (por el Este de ambos Repartos), los cauces de Waspán Sur, los cauces que están entre Villa San Jacinto y Villa Progreso, etc.

35 cauces explosivos

(Managua tiene 35 cauces conocidos, grandes, entre el Puente de Ticuantepe y el Oeste del casco urbano de Mateare, todos procedentes de los “Lomos de El Crucero” o Sierras, o Cordillera Sur de Managua, y todos estos cauces van a desembocar al Lago de Managua o Xolotlán, ubicado al Norte de la Capital nicaragüense. Algunos de estos cauces tienen centenares o miles de años de existencia).

Inclusive, para elaborar el Mapa o Plan Militar de la Insurrección en Managua, por supuesto, asimismo,  fueron minuciosamente tomados en cuenta los cauces de Bello Horizonte-Santa Bárbara-Cementerio Oriental-Barrio Blandón, el cual cruza la Carretera Norte, a la altura del antiguo Restaurante Trébol; los dos cauces que atraviesan el Barrio Santa Rosa y se ubican también por donde fue el Aserrío Carlos Morales Orozco y una parte de Villa Progreso, el cauce que cruza paralelo por el lado Norte del  hoy Mercado Carlos Roberto Huembes, entonces edificándose; el cauce que cruza del lado del hoy Barrio Grenada hacia el Hospital Oriental (“Manolo Morales Peralta”).

Inclusive, en el Plan Militar de la Insurrección de Managua fueron tomados en cuenta el llamado Cauce Occidental, el que atraviesa el Barrio Altagracia, el Barrio Monseñor Lezcano, el Puente León, el Barrio Acahualinca, hasta desembocar por el Norte de Acahualinca en el Lago de Managua.

Fueron tomados en cuenta los predios baldíos en que hoy se asientan Barrios como Georgino Andrade, al Sur de Villa Progreso; Barrio Unión Soviética, al Sureste del Reparto Bello Horizonte, y los predios sin construir del mismo Reparto Bello Horizonte.

De acuerdo con esta descripción, queda claro que los Barrios Suroccidentales insurreccionados estaban separados casi totalmente de los Barrios Orientales  y de la Carretera Norte por estos predios, o tierras vacías, sin población humana ni edificaciones, propiedad de la familia Somoza. Esas tierras, además, eran cuidadas por soldados de la Guardia Nacional somocista genocida.

Esta separación, o distancia, era de más o menos dos kilómetros y medio, ubicándonos entre la actual Rotonda Cristo Rey y el  cruce del Kilómetro Siete Sur. Tampoco estaba habitado el trecho de la esquina Noreste de la Rotonda Cristo Rey hasta el Puente Paraisito, en la entrada Sur del Barrio “Campo Bruce”, hoy Rigoberto López Pérez.

Continúa informando el Comandante Carlos Núñez Téllez ante preguntas de Marta Harneker: “Se colocaron nidos de ametralladoras en los posibles puntos de entrada y a lo largo de las pistas se levantaron barricadas con adoquines y se colocaron unidades de combate. La guardia sólo entraba a la “Zona Principal” por poquísimos puntos y estos lugares estaban resguardados por unidades de combate con armas de guerra y nidos de ametralladoras, y en muchos casos hasta tenían bazukas o tubos portátiles lanzacohetes.

“Esta situación causa temor a la guardia, especialmente a la infantería que venía detrás de los tanques; por ello el combate se realizó a distancia, a unas dos o tres cuadras (Es decir, a unos 200 metros, tal vez a trescientos metros).

“Las masas se preocupaban más de protegerse contra la aviación que contra los blindados (tanques y tanquetas). Los bombardeos aéreos a veces se dirigían contra  los barrios y otras veces contra las postas (guerrilleros o combatientes populares) donde estaban las trincheras de combate, y se levantaban grandes barricadas con adoquines. También había barricadas dentro de los barrios, incluso para combatir a los francotiradores de la Guardia Nacional.

¿Cómo es eso de las trincheras y barricadas?

“Los compañeros (y compañeras) construían barricadas y detrás hacían trincheras para que cuando llegara el tanquetazo (disparo de tanqueta) sobre la barricada y saltaran los adoquines, pudieran protegerse y seguir conteniendo a la guardia. Por la noche, cuando ésta (la guardia) se retiraba, volvían a construir las barricadas. A veces se construían varias barricadas, una detrás de las otras.

¿Con qué elementos se realizaba el bombardeo aéreo?

“Con rockettes, con ametralladoras calibre 50, con morteros y con bombas de 500 libras. Las mismas experiencias de Defensa Civil que habíamos acumulado permitían que al producirse los bombardeos de la aviación, que la población se reuniera en los refugios antiaéreos, de tal modo que la onda expansiva y los charneles, o el mismo efecto del estallido del rockettes,  no los dañara.

“Existían muchísimos de estos refugios antiaéreos, ya sea dentro de las casas, en los patios, en las calles y andenes. Eran una especie de túneles con una entrada y salida.  En ellos cabía una familia entera, o más. Estos refugios antiaéreos fueron obra de los Comités de Defensa Civil (después convertidos en Comités de Defensa Sandinistas).

“Sólo sentíamos sensación de impotencia cuando los helicópteros bombardeaban con bombas de quinientas libras. Estas producían unos hoyos de un metro y medio de profundidad. La población prefería observar dónde el helicóptero iba a dejar caer la bomba antes de meterse en un refugio en el que podía morir enterrado”.

¿Cómo lograron organizar el ejército político-militar del mando de Managua, no sólo en relación con los militantes sino con el resto de población?

Responde el Comandante Núñez Téllez: “Los barrios estaban divididos en sectores, trechos de línea cuyo tamaño dependía de cada situación. Cada sector tenía un jefe (guerrillero) que debía conducir entre doscientos y trescientos Combatientes Populares. La calidad de las armas dependía del sector, de su importancia estratégica; si eran calles grandes o pequeñas, si existían o no cauces naturales. El mando se comunicaba con cada sector a través de mensajeros” (o correos clandestinos).

¿Estos jefes eran miembros del FSLN?

Comandante Núñez Téllez: “Sí, eran viejos militantes del Frente Sandinista. La comunicación con las masas de Combatientes Populares era a través de ellos. Con el resto de las masas populares la comunicación se realizaba a través de los cuadros del Movimiento Pueblo Unido. Éste tenía estructuras que llegaban hasta las barricadas o trincheras de combate. Allí se iban a dar las informaciones acerca de la evolución de la guerra, se organizaban determinados trabajos…

“El mando político del Movimiento Pueblo Unido (MPU) estaba junto a la máxima dirección político-militar: la Dirección Nacional Conjunta del Frente Interno y del Estado Mayor FSLN de Managua. También los dirigentes realizábamos visitas a los distintos sectores. Cada mañana recorríamos toda la zona de defensa. Se procuraba que alguno de nosotros les hablara directamente a los compañeros (Combatientes Populares y población involucrada”).

¿Ustedes estaban completamente cercados?

Contesta la pregunta el Comandante Joaquín Cuadra Lacayo: “Sí, completamente cercados tanto por el enemigo como por nuestras propias barricadas. Las barricadas no se convirtieron en puntos de apoyo para el avance, como habíamos pensado, sino en nuestras propias tumbas. La guardia ya estaba empezando a debilitar algunas de nuestras trincheras”.

“Por eso –agrega el Comandante Núñez Téllez—nos procuramos un instrumento que estando bajo el mando directo del Estado Mayor General, permitiera realizar pequeñas maniobras ofensivas en los puntos de mayor concentración de ataque por parte de los esbirros somocistas. Así se forma la Unidad de Combate “La Liebre” (experiencia recogida de las enseñanzas vietnamitas cuando formaron el “Batallón Invencible”), compuesta por combatientes selectos, de carácter móvil, con alto espíritu ofensivo, dotada del mejor armamento: Fusiles Fal, Galiles, Bazucas RPG2 y morteros.

“Su misión consistía en apoyar la labor de defensa en aquellas trincheras que estuvieran recibiendo el mayor peso de la ofensiva enemiga somocista, debían auxiliarla realizando operaciones comandos de acción rápida y fulminante, aún cuando esto pudiera conllevar un mayor peligro de aniquilamiento. El jefe de esta Columna fue el Comandante Walter Ferrty Fonseca (Chombo). Después de unos días, “La Liebre” se amplía.

“Se constituye la Columna Óscar Pérez Cassar, formada por cuarenta y dos combatientes selectos, muy bien entrenados, con el Comandante “Chombo” Ferrety Fonseca a la cabeza.

“Esta nueva Columna no sólo resolvía situaciones críticas en algunos puntos de resistencia, sino que fundamentalmente tenía por misión combatir fuera del Área Principal (Zona Oriental de Managua), atacando de noche al enemigo en movimiento. El paso de la defensa pasiva a la fuerza activa –sacando fuerzas a combatir fuera de nuestras líneas, pero manteniendo siempre el Área Liberada como zona de descanso, de recuperación de fuerzas, de abastecimiento–, nos dio la posibilidad de aniquilar al enemigo somocista en sus nidos y recuperar armas, especialmente municiones, que tanta falta nos hacían.

“Esto nos dio oxígeno para unos días más de combate. Después de un tiempo, el enemigo, lógicamente, descubrió nuestra táctica y tomó sus medidas: trató de fortificarse y moverse menos. El tiempo estaba, en lo táctico, a favor del enemigo somocista. La escasez de municiones se nos estaba haciendo crítica. Ya habían pasado doce días desde el comienzo de la Insurrección y la situación de guerra en el país no lograba definirse en favor de las fuerzas revolucionarias, de forma de que pronto pudiésemos contar en Managua con refuerzos provenientes de los otros Frentes de Guerra nuestros. Había que implementar rápidamente otra cosa.

“Fue entonces que decidimos suprimir en algunos lugares la defensa visible y replegar las fuerzas hasta las líneas de las casas aledañas a las pistas; es decir,  volver invisible la defensa para confundir al enemigo, obligarlo a acercarse, batirlo, infligirle fuertes golpes y combatir casa por casa si era necesario.

“Preparamos el terreno en algunos puntos donde veíamos que el enemigo estaba haciendo esfuerzos por romper nuestras defensa. Se hace un trabajo de milicias, se preparan todas las casas por dentro como un solo corredor, con huecos entre casa y casa, y salidas para otros barrios.

“Comienza el ataque enemigo, como siempre, desde la una de la tarde hasta la noche. El enemigo tira en un punto determinado. De antemano ofrecemos un mínimo de resistencia y luego lo dejamos entrar. Lo que encuentra a ambos lados de la calle es a decenas de Combatientes con bombas de contacto que se lanzan a mano y son como verdaderas granadas de fragmentación, con cocteles (bombas incendiarias) que sacaban desde las ventanas para tirarlas a la calle.

“Un combate a tan corta distancia, para el cual los medios con que contaba la guardia resultaban inadecuados. Sus hombres entran con ametralladoras 50, con un cañón, con morteros, con un camión blindado, con un tanque Sherman.

“Los encerramos cortándoles la retirada y nos “comemos” (matamos o eliminamos) el convoy entero. En ese momento se dan los actos heroicos. Decenas de compañeros subiendo al tanque, pegándole palos, pegándole fuego. Lo taparon como hormigas, le arrancaron pieza por pieza y luego lo incendiaron. Con esta operación militar, recuperamos bastantes armas y municiones”.

¿Cuántos guardias entraron?

Interviene el Comandante Joaquín Cuadra Lacayo: “Por lo menos  setenta y cinco. Fueron fusiles con bastantes municiones, un cañón de 75 milímetros, un tanque Sherman y otro carro blindado para transporte de tropas. Ellos (los guardias) fueron completamente aniquilados por fuerzas (revolucionarias) que estaban combatiendo en su propio terreno, preparado de antemano y a una distancia donde las armas populares, el puño popular es mortal.

“Los guardias estaban al alcance de las manos de las masas populares. Se desesperaron, se volvieron locos, terminaron de matarse entre ellos, al verse rodeados de tanta gente. Había centenares de personas gritando a su alrededor.

“Por supuesto que ningún otro convoy de guardias somocistas se atrevió, nuevamente, a entrar a nuestra zona de combate. Cayeron en la trampa una sola vez.

“En los días posteriores lograron penetrar algunas de nuestras defensas y usaron nuestros propios corredores, dándose combates casa por casa. Ese avance lento les producía mucho desgaste y los aterraba. Cualquiera de los Combatientes Populares podía salirles por detrás de un muro con una pistolita y los mataba.

“En medio de esta situación, el resto de la Ciudad (de Managua) comienza a normalizarse: empiezan a circular vehículos, se abren las primeras tiendas, la gente comienza a sacar la cabeza. Muchas se van de la Zona (Oriental) huyendo de los ataques enemigos concentrados en ella. Lo que más pánico causaba en la población eran los bombardeos aéreos del somocismo. Tiraron bombas de quinientas libras, rockettes…”

Además de estos ataques físicos, ¿realizó la Guardia Nacional algún tipo de acción sicológica para aislar al FSLN de la población?

Responde el Comandante Núñez Téllez: “Acompañando al inclemente bombardeo aéreo, morteros y ataques diarios a las posiciones militares sandinistas, el enemigo somocista comienza a utilizar los medios de comunicación que controla masivamente con el fin de generar zozobra en la población civil. Además de anunciar  supuestas victorias en otros frentes de guerra a través de sus órganos radiales, la dictadura  anuncia en forma insistente el comienzo de la “operación limpieza” de los Barrios Orientales, señalando horas y fechas, llamando a la población a abandonar a los sandinistas y ponerse a salvo, trasladándose a otras zonas de Managua, y prometiendo una y mil formas de vida mejor.

“Para contrarrestar esta campaña, nosotros intensificamos la labor propagandística del Movimiento Pueblo Unido (MPU) entre las masas populares, esclarecemos a la población, le indicamos las consecuencias que podría tener caer en manos del enemigo, recordándoles dolorosas experiencias de la Insurrección de Septiembre” (de 1978).

Por lo visto, ustedes no tenían un plan de emergencia en el caso de que fallara la Insurrección en Managua.

Responde el Comandante Joaquín Cuadra Lacayo: “No, no lo teníamos. El Repliegue (a Masaya) surge producto de la situación misma. Esta deficiencia fue producto, en parte, de nuestra inmadurez y, en parte, producto de que no teníamos tiempo para pensar en alternativas negativas.

“El ritmo de los acontecimientos iba tan rápido, sentías que la casa se te venía encima, que estabas viviendo una oportunidad única, que quizás no se iba a repetir. Ni siquiera en octubre de 1977 se pensó en una posible derrota. El punto de reunión de todo el mundo (de los Frentes FSLN  de Guerra  Sandinistas)  era Managua, nuestro objetivo final. En Septiembre de 1978 sólo se establecieron esos puntos de contacto de los que te hablé”.

Fogueo de masas: la mejor escuela

¿Cuál es, según tu opinión, la mejor forma de preparar a los conductores de la Insurrección?

Joaquín Cuadra Lacayo: “Creo que es fundamental el fogueo (entrenamiento, práctica). Casi todos los que dirigían sectores, los que estaban en los puntos de mayor resistencia, habían sido jefes de Unidades Tácticas de Combate, o de Escuadras Tácticas. Habían tenido una escuelita de cuatro o cinco días, estudio político, discusión de la línea… Y te hablo del fogueo no sólo en acciones armadas, sino, sobre todo,  en la conducción de las milicias (populares). Eso adquiere otra dimensión, otro carácter.

“Cada uno de los Jefes de la Insurrección debía planificar la actividad de sus milicianos que eran más masa, más desorganizados, más aventureros que los cuadros político-militares del Frente (FSLN). La experiencia exterior les permitió conducir a grupos grandes en actividades masivas violentas. También se convirtieron en agitadores”.

Y los dirigentes de mayor nivel, ¿estudiaron las experiencias insurreccionales de otros países?

Joaquín Cuadra Lacayo: “Las estudiamos, pero poco, por las limitaciones de materiales de estudio que teníamos. Sobre todo después de Septiembre (de 1978), los principales cuadros del FSLN empezamos a estudiar con gran pasión algunos textos: las cosas que leíamos ahí, acaban de pasar. Hubo dos libros que nos ayudaron enormemente: La Insurrección armada, de Neuberg; y, especialmente: Teoría de los procesos insurreccionales contemporáneos, de Emilio Lussu.

“También algunos textos de Lenin sobre la Insurrección. Estudiábamos estos textos combinándolos con la experiencia. Hicimos mucho hincapié en que los compañeros escribieran sobre las experiencias vividas. No se trataba de una cuestión académica, sino de un esfuerzo por asimilar experiencias concretas”.

¿Podrías explicarme cómo lograron tener éxito en el llamado a la Huelga General si el FSLN tenía  tan escaso trabajo a nivel sindical?

Carlos Núñez Téllez: “Lo importante es que el llamado a la Huelga General se hace en el contexto de una lucha nacional contra la dictadura y cuando ya se ha iniciado la Ofensiva Final tanto en el Frente Sur como en el Frente Interno. Por otra parte, existía previamente un trabajo propagandístico del Movimiento Pueblo Unido (MPU) en los centros de trabajo y en los Barrios y Colonias a nivel del país, y especialmente en la Capital, que fue creando condiciones  (anímicas, efervescencia sicológica popular) para que el llamado a paralizar las actividades laborales, realizado por nuestra Dirección Nacional Conjunta, fuera inmediatamente acatado por todos aquellos sectores que aún no se encontraban combatiendo. El gobierno somocista estaba en profunda crisis social, económica y política.

“Nosotros explicamos a la población que la paralización económica era el primer paso para el desencadenamiento de una lucha nacional de todo el pueblo por derrocar con las armas en las manos a la dictadura somocista. Seis o siete días después de ese llamado realizado por el FSLN todo el país se encuentra encendido en lucha. Nada valieron las amenazas de patrullas GN somocistas, en las calles, tanto a los trabajadores como a los estudiantes, para que estos se integraran a sus labores”.

¿Y cómo se pudo mantener tanto tiempo? Un mes y medio, o algo más, ¿no? ¿Cómo se aprovisionaba de alimentos la población?

Carlos Núñez Téllez: “Previamente a la Ofensiva Final se había acumulado gran cantidad de alimentos. Ese era uno de los trabajos del Movimiento Pueblo Unido (MPU). Había mentalidad de guerra. Nosotros, la Vanguardia FSLN,  habíamos comprado varios quintales de arroz, de frijol, de trigo, de sal, de azúcar, que teníamos guardados en diferentes puntos (de Managua).

“Pero eso no bastó. Hubo que improvisar ante la escasez. Comimos caballos de los carretoneros, perros…”

¿Conocieron algún plan de defensa contra la Insurrección Popular y de contraofensiva de la Guardia Nacional?

Comandante Carlos Núñez Téllez: “No conocimos ningún plan específico de defensa. Lo que sí, ellos prepararon sus tropas para el combate callejero. Por ejemplo, los polígonos que reacondicionaron a última hora eran para tiros de corta distancia, para combatir en ciudades y reprimir manifestaciones, combates cercanos de menos de doscientos metros, no el polígono de tiro típico del ejército, preparado para disparar a trescientos o cuatrocientos metros”.

¿Sabían ustedes con exactitud cuáles eran los efectivos de la Guardia Nacional concentrados en Managua?

Carlos Núñez Téllez: “No, con precisión no. Sólo una aproximación. Unos tres mil hombres provistos de elementos blindados y de aviación. Una verdadera fortaleza”. (El Comandante Núñez Téllez se refería a la cantidad de guardias en Managua).

En Nicaragua se da un proceso insurreccional victorioso que al parecer  rompe con una condición que los clásicos consideraban indispensable para que un proceso armado de este tipo triunfara:  la división del ejército enemigo. ¿Es correcta esta afirmación?

Joaquín Cuadra Lacayo: “Pienso que sí lo es. Nicaragua ha demostrado que es posible una Insurrección Triunfante contra un ejército enemigo monolítico, que muere completo en la Insurrección. Indudablemente que para que esto haya ocurrido hay que tomar en cuenta las características propias del ejército nicaragüense: nace con Somoza García y se hace a su imagen y semejanza, es su pilar de dominación y, por lo tanto,  está históricamente condenado a desaparecer junto con ella (la dictadura somocista).

“No ocurre lo mismo en el caso de las dictaduras donde el ejército tiene una cierta autonomía en relación al dictador en turno que es puesto o sacado por las fuerzas armadas, de acuerdo a los intereses de la clase dominante”.

No sé, me parece que esa afirmación de que si no se logra dividir al ejército enemigo no  puede triunfar la Insurrección es una afirmación aplicable sólo a procesos insurreccionales típicos, es decir, a levantamientos urbanos armados donde las masas populares son los principales actores. ¿No crees tú que fue justamente porque se logró dividir a la Guardia Nacional somocista que ustedes tuvieron que combinar los Movimientos Insurreccionales Urbanos con las Columnas Guerrilleras en el Campo?

Joaquín Cuadra Lacayo: “Indudablemente, porque la posibilidad de desarrollar fuerzas militares muy cohesionadas en las zonas urbanas es muy limitada”.

Volviendo al tema de la división del ejército enemigo, ¿partieron ustedes de la convicción de que la Guardia Nacional no se iba a dividir?

Joaquín Cuadra Lacayo: “En octubre del 77 nosotros pensábamos en esa posibilidad, sobre todo en el momento en que el ejército (somocista) empezara a enfrentarse a las masas directamente. Luego nos dimos cuenta de que eso no iba a ocurrir”.

¿Tenían trabajo dentro del ejército somocista?

“No. O más bien, era insigficante”

¿Por qué?

“En parte porque no nos preocupamos a tiempo y en parte porque era muy difícil de realizar. Somoza Debayle tenía un enorme control sobre su ejército. Infiltramos algunos militantes en la Escuela de Entrenamiento Básico (EEBI), pero fueron detectados y asesinados. La inteligencia del enemigo trabajaba mucho sobre sí mismo. Eso nos quitó las ganas de seguir metiendo gente allí y no encontrábamos que tuviese sentido a nivel de soldado raso”.

¿Qué papel jugó la Unidad del Frente Sandinista de Liberación Nacional para lograr la Victoria?

Carlos Núñez Téllez: “Nosotros diríamos que jugó un papel decisivo. Ningún Movimiento Revolucionario que se encuentre disperso, descohesionado, será capaz de conseguir sus objetivos políticos.

“Aunque el FSLN sufrió una crisis en octubre de 1975, las Tendencias  que surgieron de ella se mantuvieron asidas a su tronco común: el sandinismo; a un medio común: la lucha armada; y a un objetivo en común: el derrocamiento de la dictadura somocista, lo que facilitó su reunificación posterior.

“El logro de la Unidad  fue un requerimiento constante del pueblo nicaragüense. A través de cada una de sus acciones exigía la confirmación de una Vanguardia monolítica, capacitada para conducirlo al Triunfo sobre su enemigo encarnizado.

“Al conseguir su Unidad, el sandinismo se constituyó en motor imprescindible para mover a todas las fuerzas políticas democráticas, progresistas, revolucionarias de nuestro país contra la dictadura somocista.

“Si no hubiese existido la Unidad del sandinismo, no hubiera sido posible constituir el Movimiento Pueblo Unido y sin el MPU no hubiera sido posible el Frente Patriótico Nicaragüense como expresión de la Unidad de toda la Nación.

“Pero para nosotros la Unidad no fue una simple frase mágica, tuvimos que batallar muy duro para conseguirla, resolver diferencias, encontrar puntos de coincidencia basados en un Programa y un Plan Estratégicos conjuntos, que aseguró para siempre la acción unida, monolítica, cohesionada de las Tendencias del FSLN y lo decidió a lanzarse a la Ofensiva Final.

“La Unidad fue decisiva para lograr el Triunfo y es decisiva para mantener la Victoria”.

A pesar de la crisis general en la que se encuentra sumido el país y la rapidez con que se desencadenan los hechos después de la Ofensiva de Octubre del 77, ¿crees tú que hubiera sido posible el Triunfo del proceso insurreccional en Julio de 1979 si durante años el FSLN no hubiera realizado un trabajo de hormiga?

Joaquín Cuadra Lacayo: “Difícil, porque producto de ese trabajo de años existe una gran autoridad moral y política del Frente Sandinista, que suple la falta de vinculaciones orgánicas más fuertes con las masas. Sólo gracias al prestigio adquirido por el FSLN durante esos años, fue posible conducir el proceso revolucionario”.

“No cabe duda de que el Triunfo insurreccional es la culminación de toda la Historia del FSLN”, añade el Comandante William Ramírez Solórzano, y concluye:

“Nosotros sabíamos que para llegar a la Insurrección debíamos pasar por determinadas etapas. Es ahí donde se combinan los Frentes Guerrilleros con las actividades insurreccionales propiamente tales. Prácticamente los Frentes de Guerra del FSLN lo que hacen es venir a apoyar la Insurrección. El Triunfo Insurreccional no es una obra mágica, sino el resultado del trabajo político organizativo de muchos años”. (De 1961 a 1979).

Con esta explicación histórica de los tres jefes del Estados Mayor General del Frente Interno: integrado por los Comandantes Carlos Núñez Téllez (Comandante de la Revolución de la Revolución), William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra Lacayo, que abarcaban Managua, León, Masaya, Carazo y Granada, queda claro cómo estaba ejecutándose (en junio de 1979) el Plan Militar Insurreccional del FSLN clandestino en Managua al momento de desencadenar la Ofensiva Final, o Insurrección General,  para derrocar a la dictadura militar somocista, fundada u organizada como ejército de intervención militar extranjera, permanente,  por el gobierno agresor e invasor de Estados Unidos, desde 1927, por la traición de José María Moncada Tapia y del Partido Liberal, que éste jefeaba durante la llamada “Guerra Constitucionalista”, lo cual dio paso a que el gobierno yanqui instalara a Anastasio Somoza García como jefe de la Guardia Nacional después de asesinar al General Sandino y a casi todos los miembros del Ejército Defensor de la Soberanía.

Mediante la explicación histórica de Núñez Téllez, Ramírez Solórzano y Cuadra Lacayo también queda claro que para llegar a este momento cumbre de la Insurrección Popular Sandinista, del convencimiento pleno de los pobladores y Combatientes Populares de que debían lanzarse en ofensiva militar sin retroceso para derrocar definitivamente a la tiranía somocista genocida, debieron pasarse enormes sacrificios de vida y muerte por parte de la militancia sandinista clandestina y guerrillera del Frente Sandinista de Liberación, desde su fundación en 1961, hasta este momento en que el FSLN está ya convertido en un Ejército Guerrillero (todavía clandestino),   listo, preparado para librar la Batalla Final, la más importante de todo su historia de Lucha de Liberación Nacional de la Patria de Sandino.

Una sola Insurrección Sandinista, Frentes de Guerra y Combates Móviles

El Frente Interno Conjunto del FSLN y el Estado Mayor  Conjunto de Managua, y la Dirección Nacional Conjunta, toman la decisión de que  la Insurrección Sandinista en la Zona Occidental de Managua queda como secundaria, para distraer, empantanar, llenar de pánico inclusive a los guardias nacionales genocidas, impedirles que manden tropas e instrumentos militares hacia los lados de Matagalpa, León, Rivas, Masaya misma, Granada, y que incluso el accionar militar insurreccional les impida mover el grueso de las tropas hacia la Zona Oriental-norte  de Managua, con el fin de afianzar la Insurrección Sandinista en este lado capitalino por al menos tres días, según el Plan Militar original, que en realidad se convierten en 18 días de combates móviles ofensivos y defensivos heroicos tanto en las Zonas Suroccidental, Noroccidental, así como en la Zona Oriental-norte de Managua.

Desde el comienzo el Plan Militar Insurreccional sandinista deja establecido o claro que en la Zona Oriental de Managua se instalaría la Insurrección Revolucionaria sandinista con varios Frentes de Guerra, o de Combates,  en varios sectores liberados, con combates de posiciones, es decir, defensivos, y que a la vez numerosas columnas móviles le harían guerra de guerrilla a los guardias somocistas genocidas cuando estos intentaran  romper el cerco de la Insurrección en los Barrios orientales capitalinos.

Asimismo, desde el inicio  el Estado Mayor General del Frente Interno y del Estado Mayor Conjunto del FSLN en Managua, los 110 Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares entrenados militarmente dejan claro, y quedan claritos, de que al ser descubiertos los planos militares insurreccionales, la  Zona Suroccidental y la Zona Noroccidental pasan a ocupar el papel insurreccional de diversión, de provocar combates móviles, efectuar emboscadas relámpagos o rápidas, obligar  a los guardias somocistas genocidas a que persigan de forma permanente a los Combatientes, con el fin de que se empantanen allí, que no puedan movilizar tropas ni equipos militares hacia los Frente de Guerra en el Sur de Nicaragua, hacia León, Chinandega, Matagalpa, Estelí, Boaco, Chontales, Masaya y Granda, y tampoco permitirles al tirano Anastasio Somoza Debayle y su Guardia de asesinos que muevan tropas hacia la Zona Oriental de Managua, donde la Insurrección Popular Sandinista debe estar ya instalada el nueve de junio, lo cual realmente así ocurrió.

Esto deja demostrado al mismo tiempo que el Plan Militar Insurreccional del FSLN guerrillero es uno solo, que la Insurrección Sandinista es una sola, cohesionada, unida, sin retroceso, invencible, de golpes militares demoledores al régimen somocista genocida, todo destinado a derrocarlo en una sola Ofensiva militar.

Por este descubrimiento del Plan Militar Insurreccional Sandinista, los Batallones de la Guardia Nacional en Managua, especialmente los de la EEBI movilizan sus tropas,  unos tres mil hombres (o más)  con centenares de ametralladoras, varios miles de fusiles, lanzamorteros, cañones, tanques y tanquetas, se movilizan y se instalan en el Estadio Nacional, en la Central de Policía, en las instalaciones del ZUMEN (entrada al Barrio San Judas), en las instalaciones del llamado “Centro Cívico”, en la parte Sur de la Colonia Independencia, en las Lomas de San Judas, en Acahualinca, en el Plantel Batahola, en el trecho del Siete Sur al Ocho Sur y el Nueve Sur Carretera, en la Zona Occidental; en el Distrito Nacional, ubicado en Acahualinca; más tropas en todas las 16 Secciones de Policía, y también instalan tropas en el Aeropuerto Las Mercedes (hoy Aeropuerto Sandino), en distintos puntos de la Carretera Norte, en la Loma de Tiscapa, en “Camino de Oriente”, en las cercanías de la Universidad Centroamericana, en los edificios de Telcor (escombros terremoteados), en las cercanías del Supermercado de la Colonia Centroamérica y Centro Comercial-Managua, en el Edificio Armando Guido, en el antiguo edificio del Banco de América (donde funciona hoy la Asamblea Nacional); en el Palacio Nacional, en las instalaciones de la Escuela de Arte y Talleres del Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua, en el Contry Club de la burguesía capitalina, en los Hospitales Oriental, Occidental, Vélez Páiz y de la Mujer “Bertha Calderón Roque”; en las entradas al OPEN III (hoy Ciudad Sandino), en casi todo el Reparto Schick Gutiérrez y Reparto Las Colinas, en la Hacienda El Retiro, propiedad de Somoza Debayle; más patrullas y convoyes militares móviles en toda Managua, en prevención de que “los Sandino-comunistas-terroristas” hagan acciones militares en la Ciudad de Managua.

Estas Secciones de Policía de la Guardia Nacional estaban ubicadas en sectores poblacionales como: San Judas, Monseñor Lezcano, en la Colonia Centroamérica,  Las Jinotepes, en la Carretera Sur; en el OPEN III, en el Reparto Schick Gutiérrez, en Bello Horizonte, en el Edén, en Barrio Mombacho, en el Gancho de Caminos,  por ejemplo.

Plan Militar insurreccional descubierto y combatientes “rascaban” por combatir a guardias

Según el Comandante Carlos Núñez Téllez, mediante un informe oficial posterior a la Dirección Nacional Conjunta del FSLN, y publicado después en su libro “Un Pueblo en Armas”, tanto los Jefes Guerrilleros como los Combatientes Populares y pobladores organizados militarmente (y no organizados) en Columnas y Escuadras de Combate, “rascaban”, “ya no se aguantaban”, “estaban desesperados, había que detenerlos”, porque querían ¡ya irse a enfrentar a tiros con los guardias nacionales somocistas genocidas, cuyo número era calculado cercano a los cuatro mil o cinco mil en Managua, ubicados en sedes de Batallones como el Batallón Somoza, el Batallón Blindado, el Batallón Presidencial, jefeado por Humberto Corrales; los Batallones de la Escuela de Entrenamiento Básico (EEBI), en realidad escuela de asesinos que inclusive mandaban a matar también a guardias nacionales; más la Central de Policía, o “Cárceles de la Aviación”, comandada por el esbirro coronel Nicolás Valle Salinas, incluyendo las 16 Secciones de Policía, también de la GN, regadas por distintos puntos de Managua.

Ocurría al mismo tiempo que el Movimiento Pueblo Unido (MPU) hacía su labor propagandística de guerra revolucionaria en no menos de 50 Barrios, Repartos, Colonias y Asentamientos de Managua, en los cuales, de forma clandestina, llamando a la Insurrección u Ofensiva Final, se entregaban “mosquitas” en las calles, en Mercados, dentro de Tiendas Comerciales, dentro de los autobuses urbanos y camionetas del transporte colectivo, en mitines diurnos y nocturnos, dentro de las fábricas y centros laborales.

Esto ocurría al mismo tiempo que columnas y escuadras móviles del Frente Sandinista clandestino atacaban a las patrullas militares movilizándose en convoyes (camiones grandes con ametralladoras encima) y BECAT (Brigadas “antiterroristas” de los terroristas del somocismo genocida), y también estas mismas columnas y escuadras guerrilleras móviles atacaban con fusilería y bombas de contacto a las 16 Secciones de Policía de la Guardia Nacional en Managua.

En los primeros días de junio de 1979, antes de explotar formalmente la Insurrección Sandinista Revolucionaria en Managua, ya había sido destruida la Sección de Policía que estaba en “Las Jinotepes”, un poco antes de la entrada a “Monte Tabor”, en el kilómetro 12 y medio de la Carretera Sur.

En estas 16 Secciones de Policía se contaba el cuartel o comando GN que estaba en la entrada Norte del OPEN III (hoy Ciudad Sandino), la cual fue atacada ya en plena Insurrección. También había una Sección de Policía en la entrada al casco urbano de El Crucero, en una lomita, en la orilla de la calle que lleva al Hotel Las Nubes, la cual en realidad era la número 17 en Managua, pero que casi nunca se echaba a cuenta. Los guardias de esta Sección de Policía tenían dos retenes en los primeros días de junio: uno sobre la Carretera Sur misma y el otro en la Calle de rumbo a Las Nubes, por donde está ubicado el famoso Hotel Las Nubes.

Las Nubes, en El Crucero, es la parte más alta de la Cordillera montañosa sureña de Managua, llamada “Sierras de Managua”, cuya altura máxima es de 925 metros sobre el nivel del mar.

En estos momentos cruciales de la Insurrección en Managua, según el Comandante Carlos Núñez Téllez y la Comandante Mónica Baltodano Marcenaros, el Estado Mayor General del Frente Interno y el Estado Mayor Conjunto del Frente Sandinista, integrado por la misma Baltodano Marcenaros (de la Tendencia Guerra Popular Prolongada), Raúl Venerio Granera (de la Tendencia Tercerista) y Oswaldo Lacayo Gabuardi (de la Tendencia Proletaria), ambos mandos militares insurreccionales (en realidad era un solo mando) contaban con 110 Jefes Guerrilleros o Combatientes con entrenamiento militar y político, capaces de hacerse cargo de las operaciones militares insurreccionales por sectores o Frentes de Guerra en las dos Zonas: Principal y Secundaria, Oriental-norte y Occidental de Managua.

Estos 110 Jefes Guerrilleros tenían capacidad o liderazgo militar para conducir a más de 2000 Combatientes Populares y Milicianos Populares Barriales.

Según los Comandantes Núñez Téllez, Ramírez Solórzano y Cuadra Lacayo, jefes del Frente Interno, en realidad los Combatientes Populares, las Milicias Populares Barriales, se lanzan a la Insurrección, a las operaciones militares contra los guardias somocistas, aún antes de que ambos Estados Mayores se instalen en ambas Zonas: Principal y Secundaria.

Este estado de agitación y ánimo insurreccional es confirmado por Víctor Cienfuegos Aburto, uno de los jefes de las siete columnas iniciales de Combatientes Populares en San Judas, quien indica que el cuatro de junio de 1979, en la mañana, ya fue imposible detener a milicianos y pobladores organizados y desorganizados, pues por su cuenta se fueron a emboscar un camión de TELCOR en la vuelta de “Los Cocos”, en la entrada Norte de San Judas, ¡y le prendieron fuego¡

Por medio de radioaficionados identificados como colaboradores de la Guardia Nacional somocista, como “Blanca Nieves”, “Gasparín”, “Lulú” y “Tobie”, alertaban a sus jefes, por medio de radiocumunicaciones, acerca de que habían detectado movimientos guerrilleros sandinistas para “hostigar” o atacar a las 16 Secciones de Policía de la GN, lo cual ocurría también el cuatro de junio de 1979. Los jefes y soldados de la Guardia Nacional llamaban “Sierras” a estas Secciones de Policía. “Sierra Trece”, por ejemplo, era la Treceava Sección de Policía, ubicada en el Mercado Periférico, donde estaba el multiasesino y torturador Alberto “Macho Negro” Gutiérrez.

Ese mismo cuatro de junio, numerosos Combatientes Populares, milicianos y pobladores aparecieron construyendo barricadas con adoquines, piedras canteras, troncos de árboles y latas viejas en las entradas principales de las Colonias Américas Uno, Américas Tres y Américas Cuatro, especialmente en la orilla de la Pista Sabana Grande.

Según César Augusto “El Chino” Ampié,  sobreviviente de la masacre de la Colina 110, esas acciones de construir barricadas en esta zona de Managua eran parte de las orientaciones de César Augusto “Moisés” Silva y de los jefes de la Columna Manuel Fernández, radicada operacionalmente en el naciente Barrio Los Laureles, contiguo a la Colina 110.

El jueves 7 de junio de 1979 los integrantes de la Columna “Manuel Fernández”, durante todo el día y la noche, operaron de forma móvil hostigando a patrullas BECAT (Brigadas Antiterroristas somocistas, en realidad eran las que practicaban el terrorismo de Estado somocista en forma móvil)  en las Colonias Cinco de Diciembre, Américas Uno, Américas Tres y Américas Cuatro, en la Colonia Primero de Mayo, en la Colonia Catorce de Septiembre, y al mismo tiempo buscando cómo recuperar armas de guerra, armas cortas y de cacería, más municiones.

En otras palabras, la Insurrección Sandinista u Ofensiva Final estaba en marcha, y virtualmente se había adelantado a los planes militares insurreccionales del Estado Mayor General del Frente Interno y del Estado Mayor Conjunto de Managua.

Siete convoyes militares demolidos

La Comandante Mónica Baltodano Marcenaros, una de los tres integrantes del Estado Mayor Conjunto del FSLN en Managua, asegura que en esos primeros días de junio también se ejecutaron ataques militares guerrilleros, u hostigamientos, a la Guardia Nacional somocista genocida en Las Brisas, cerca de la Refinería, por la Cuesta del Plomo, en la Carretera Sur, en la Carretera Norte, concretamente al ser demolidos siete convoyes de guardias en las cercanías de la ROCARGO, en las proximidades del antiguo Aserrío Carlos Morales Orozco, en el “Camino de Bolas”, en el Aserrío del Este de San Judas, por ejemplo, con el fin de “distraer” y empantanar a los guardias genocidas mientras al mismo tiempo se desarrollaban las operaciones militares insurreccionales en las Zonas Occidental y Oriental de Managua.

El ataque militar revolucionario en la Carretera Norte fue la emboscada ejecutada contra siete convoyes de guardias en las cercanías de la ROCARGO, en el kilómetro ocho de la Carretera Norte,  por la KATIVO,  donde murieron no menos de 20 guardias somocistas genocidas. Este ataque fue ejecutado por los llamados “Comandos Revolucionarios del Pueblo”, jefeados por Gabriel Cardenal Caldera, jefe del Estado Mayor Conjunto de la Insurrección en la Zona Suroccidental de Managua.

Estas acciones militares sandinistas, clandestinas, se venían ejecutando desde hacía varios meses, anteriores a los primeros días de junio de 1979, porque el Estado Mayor Conjunto del FSLN en Managua tenía un centro de operaciones clandestinas en las faldas de la Cordillera de El Crucero (o de Managua), en las cercanías de la llamada “Casa Embrujada”, es decir, del casco urbano de El Crucero unos tres kilómetros al Norte, en la zanjonada típica de este sector montañoso y cafetalero del Sur de Managua.

Estas operaciones militares, previas, casi inmediatas, al estallido Insurreccional en Managua, fueron jefeadas, de acuerdo con la versión histórica de la Comandante Baltodano Marcenaros, entre otros, por Marcos “Will” Largaespada Prado, Marcos Somarriba García, Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz y Gabriel “Payo” Cardenal Caldera.

Según cuenta Mónica Baltodano Marcenaros en “Memorias de la Lucha Sandinista”, el Estado Mayor Conjunto de Managua se instaló inicialmente en una casa del Reparto Altamira, de  donde fue la Comercial VIKY siete cuadras al Lago (Norte) y una cuadra al Este, por donde hoy se ubica SINSA. En este lugar instalaron aparatos de radiocomunicaciones, planos o mapas sobre los escenarios de la Insurrección Sandinista en Managua, y estaban allí las unidades militares de combate, de apoyo, de seguridad para el Estado Mayor mencionado.

Baltodano Marcenaros recuerda que entre otros jefes combatientes en esa casa de Altamira tenía a Isabel “Venancia” Castillo, a Francis Araica y a “Ernesto”.

Todo esto ocurría mientras la efervescencia revolucionaria, la agitación insurreccional, los brotes de violencia antiguardias somocistas genocidas, explotaban por centenares o miles en la calles de Managua, especialmente en aquellos sitios: Repartos, Colonias, Barrios tradicionales y Asentamientos en que ya eran notorios los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares Armados, a quienes los pobladores organizados y desorganizados, les pedían armas e ir a los combates contra las patrullas, convoyes y cuarteles de los soldados o guardias nacionales.

Agitación  Popular e Insurrección se adelanta

Debido a la agitación popular, al ardor de los pobladores en busca de acción militar revolucionaria, por la exitación, el entusiasmo, por la furia e ira popular barrial contenida hasta ese momento, el Estado Mayor Conjunto del FSLN clandestino todavía, se ve obligado a meterse de inmediato “al teatro de operaciones militares” populares contra la dictadura somocista, es decir, la Insurrección planificada cuidosa y sacrificadamente por  militantes valiosísimos del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

“Había una gran efervescencia, hasta el punto que, con cualquier acción, mucha gente pensaba que ya era la Insurrección. Cuando se dan estos ataques el nueve de junio, la gente se lanza a las calles creyendo que ya es la Insurrección, y ¡empiezan a hacer barricadas¡”, relata Mónica Baltodano Marcenaros en el tomo cuatro de su libro “Memorias de la Lucha Sandinista”.

Continúa Baltodano Marcenaros: “Cabrales (Ramón, “Nacho”) me manda a decir que el asunto es incontenible, ya la gente comienza a hacer barricadas, aunque algunos les decían que se retiraran. Igual cosa reporta Marcos Somarriba García a Oswaldo Lacayo Gabuardi”.

“!Así comenzó la Insurrección en Managua¡ Todavía  no habíamos terminado de trasladar las armas que estaban en los Barrios Occidentales. Entonces, decidimos meternos al teatro de operaciones de la Insurrección el día 10 de junio por la tarde”, expresaba Baltodano Marcenaros durante una conversación sobre el tema con el Comandante William Ramírez Solórzano, a quien le agregaba:

“Vos pasaste buscándome en un vehículo de tu estructura militar; ahí metimos fusiles y subametralladoras del Estado Mayor, pero casi no pudimos usarlos, porque ahí no más ya no se podía pasar. Estaba lleno de barricadas con gente desarmada. El compañero conductor tuvo que dejar su vehículo, y luego la guardia se lo quemó”.

Continúa el relato de Baltodano Marcenaros: “Cargamos todas las armas, los radios y lo que llevábamos, y entramos a pie atravesando el Barrio Riguero; cruzamos el cauce por un puente peatonal, llegamos a la Pista de El Dorado y entramos a ese Reparto (El Dorado). La gente se puso eufórica cuando nos vio llegar, vestidos de verde olivo, con nuestros pañuelos rojinegros en el rostro y con buenas armas”.

El cauce a que se refiere Baltodano Marcenaros es el que colinda con el Barrio Riguero por el Noreste y que se une con el otro cauce situado frente al hoy Mercado Carlos Roberto Huembes, por el lado Norte. El Puente peatonal colgante estaba casi frente a los tanques de agua potable, situados en el lado Noroeste del Reparto El Dorado. Este Reparto está situado contiguo a las Colonias Diez de Junio, Don Bosco y Colombia.

En su relato ante la Comandante Baltodano Marcenaros, mediante entrevistas en Radio La Primerísima, el Comandante William Ramírez Solórzano, aseguraba por su lado: “La gente del Barrio Riguero fue increíble cómo nos recibió; cuando nosotros entramos, éramos Joaquín (Cuadra Lacayo), Carlos Núñez y yo, después vos, Oswaldo (Lacayo Gabuardi) y Raúl (Venerio Granera), que íbamos juntos todos, los pasamos llevando, más otro compañero que andaba con nosotros, en total éramos unos diez o doce personas que llegamos, que éramos los jefes de la Insurrección”.

Continúa el recuerdo del Comandante Ramírez Solórzano: “Y entonces la gente se entusiasmó, comenzó a levantar barricadas, y de allí nosotros seguimos organizando a la gente en escuadras, la gente comenzó a buscar medicamentos, y los muchachos comenzaron a entusiasmarse y a organizarse, aquello era como en las primeras escuelitas. en los Repuestos La Quince se hizo una gran barricada”. (“Repuestos La Quince” era una Ferretería que se ubicaba frente adonde es hoy la Rotonda Cristo Rey, Santo Domingo o David Tejada Peralta).

Ducualí: Cuna de la Insurrección en Barrios Orientales

Mónica Baltodano Marcenaros hace una especie de cierre sobre esta entrada del Estado Mayor General del Frente Interno Conjunto del FSLN y del Estado Mayor de Managua: “La primera noche (el 10 de junio) nosotros nos vamos a la calle central de Ducualí; en la Sagrada Familia (Iglesia Católica y Colegio en el Barrio Ducualí) nos organizamos un poco”.

Por este ingreso de los dos Estados Mayores del Frente Interno y de Managua a Ducualí se le ha bautizado a este Barrio Ducualí Oriental, contiguo a la Colonia Diez de Junio, con el glorioso nombre de “Cuna de la Insurrección en los Barrios Orientales de Managua”.

El Barrio Ducualí es uno de los vecindarios más antiguos en la Zona Oriental de Managua. Está situado al Norte de la Colonia Diez de Junio, colinda por el Norte con el Barrio El Edén y Puente El Edén, y dentro de su territorio, en el extremo Noreste estaba ubicada ola Treceava Sección de Policía (Comando superarmado de la Guardia Nacional). Esta Treceava, o “Sierra Trece”, estaba ubicada en el edificio monolítico del Mercado Periférico, una construcción sólida, gruesa, de cemento armado, convertida por Somoza Debayle en centro comercial o mercado después del Terremoto de diciembre de 1972.

Este Barrio Ducualí al mismo tiempo colinda con los muros del Cementerio Oriental y con el Barrio Venezuela por el Este y con el Asentamiento Habana por el Sureste. Por el Oeste, el Barrio Ducualí colinda con el Barrio María Auxiliadora. Además, Ducualí de algún modo fronterizo también con el Reparto Bello Horizonte por medio del Cementerio Oriental de Managua.

Estados Mayores Conjuntos en Ducualí

La Iglesia Sagrada Familia sigue ubicada en el lado Suroeste del Barrio Ducualí. Frente a esta famosa Iglesia y Colegio de la Sagrada Familia fue donde se juntaron los Estados Mayores del Frente Interno y de Managua FSLN, el mismo diez de junio de 1979, lo que dio como consecuencia el estallido formal de la Insurrección Sandinista, u Ofensiva Final, en Managua. Por este motivo, después del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista el Barrio Ducualí fue bautizado como “Cuna de la Insurrección” en los Barrios Orientales de Managua.

Era de noche. Allí estaban presentes, con fusiles en las manos, vestidos de verde olivo, con salveques de tiros fajados a la cintura, con pañuelos rojinegros ceñidos al cuello, con boinas negras o gorritas verdeolivo, los miembros del Estado Mayor General del Frente Interno y del Estado Mayor Conjunto de Managua, respectivamente: Comandantes Carlos Núñez Téllez, miembro de la Dirección Nacional Conjunta del FSLN; Wiliam Ramírez Solórzano, Joaquín Cuadra Lacayo, Mónica Baltodano Marcenaros, Raúl Venerio Granera y Oswaldo Lacayo Gabuardi, representantes respectivos de las tres tendencias del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).

En esa calle, frente a la Iglesia Sagrada Familia, donde posteriormente estuvo ubicado el Frente Interno y además se convirtió en el primer cementerio insurreccional en la Zona Oriental de Managua, sí, allí estaban los jefes principales de la Insurrección Sandinista en Managua, con los fusiles libertarios alzados en alto, sujetando hacia arriba los fusiles y puños cerrados al grito de ¡!Patria Libre o Morir, Patria o Muerte, Venceremos¡¡

Estaban allí rodeados de otras decenas de jefes guerrilleros insurreccionales, de las tres tendencias del FSLN; y de centenares de Combatientes Populares y pobladores que pedían armas de guerra y de cacería y tiros para irse a fajar en combates contra los guardias, esbirros, “orejas”, “soplones”, “jueces de mesta”, paramilitares y agentes de la monstruosa Oficina de Seguridad (policía política somocista, coordinadora de los “escuadrones de la muerte” y de torturadores).

Los Combatientes Populares y pobladores organizados y no organizados rascaban de rabia, exigían les dieran armas y tiros, para irle a cobrar las cuentas pendientes a todos los somocistas genocidas que desde hacía 45 años mataban gente, robaban sin parar, sembraban el terror, asesinaban a miles de seres humanos, secuestraban campesinos y opositores en el campo y la ciudad, y luego éstos aparecían muertos en cualquier parte del territorio nacional, sin que se conociera qué había pasado con ellos antes de perder la vida. Ya se contaban 50 mil muertos, todos asesinados por sicarios de la tiranía somocista genocida. Eran muy pocas las familias que no habían padecido esta pesadilla histórica y mortal  del somocismo genocida.

Insurrección en marcha y el parto revolucionario también en marcha

La Insurrección Sandinista Revolucionaria, para derrocar a la dictadura somocista genocida, estaba en marcha, pues la decisión colectiva consciente, nacional: obreros, campesinos, profesionales, técnicos, amas de casa o trabajadoras del hogar, empresarios medios y pequeños, e inclusive una parte de la gran burguesía explotadora, estaban ya en huelga general, nacional, en labores de sabotajes contra propiedades del Estado y particulares de los somocistas genocidas; se incendiaban vehículos del gobierno y autobuses propiedad de coroneles y generales, se construían barricadas en las calles, se asaltaban oficinas de TELCOR y del Departamento de Carreteras y equipos o maquinaria del Distrito Nacional (Alcaldía) en Managua. Esto ya ocurría también en todo el territorio nacional de Nicaragua.

Estaban ya dadas las condiciones sicológicas insurreccionales contra la tiranía somocista genocida. Las masas populares enardecidas, ya convencidas plenamente de que no podía seguir soportando un mal social, político, económico e ideológico monstruoso, de casi 45 años de existencia, ya absolutamente insoportable, porque al mismo tiempo oprimían, mataban o masacraban de forma selectiva y colectiva por medio de guardias asesinos y de integrantes de los “escuadrones de la muerte”, y se robaban virtualmente todas las riquezas nacionales de Nicaragua, mientras la población en general permanecía en la miseria, en el hambre, especialmente en el campo; en el desempleo generalizado, muy mal de salud, con el analfabetismo al 52 por ciento general y 75 por ciento en Río San Juan, más las cárceles repletas de opositores al régimen  criminal; y en especial  estos ocupantes del territorio nacional en representación del gobierno de Estados Unidos se ensañaban con particular crueldad sanguinaria en las humanidades de sandinistas perseguidos, especialmente si éstos eran ya guerrilleros del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Sí, la Insurrección Sandinista para derrocar el sistema dictatorial somocista, soñada y planificada  por el Comandante Jefe Carlos Fonseca Amador y demás  fundadores del Frente Sandinista de Liberación Nacional en 1961, estaba ya desencadenada, ardiendo fulgurante como la pólvora en todo el país y en Managua.

Sí, el parto revolucionario de la Revolución Popular Sandinista ya se estaba produciendo. Este momento Histórico del Barrio  Ducualí era ya la alborada de la Insurrección Sandinista que comenzó a gestarse en medio de represión espantosa desde 1961, pues con paciencia de santos Carlos Fonseca Amador, Silvio Mayorga, Jorge Navarro, José Benito Escobar Pérez, Francisco Buitrago, Germán Pomares Ordóñez, Santos López, Faustino Ruiz, los fundadores; el resto de miembros de la Dirección Nacional Histórica: Ricardo Morales Avilés, Pedro Aráuz Palacios, Bayardo Arce Castaño, Henry Ruiz Hernández, Eduardo Contreras Escobar, Daniel Ortega Saavedra, Humberto Ortega Saavedra y Víctor Tirado López; y resto de miembros de la Dirección Nacional Conjunta, concretada en marzo de 1979, tres miembros de cada una de las tendencias: Bayardo Arce Castaño, Henry Ruiz Hernández y Tomás Borge Martínez por la Tendencia Guerra Popular Prolongada; Daniel y Humberto Ortega Saavedra y Víctor Tirado López por la Tendencia Tercerista; y Carlos Núñez Téllez, Luis Carrión Cruz y Jaime Weelock Román por la Tendencia Proletaria, todos unidos en estos momentos con un solo Plan Insurreccional, habían trabajado sacrificadamente, en la clandestinidad rigurosa, de forma totalmente voluntaria, sin pago de nadie y en lucha abierta y mortal en defensa de la Patria humillada por los somocistas y el gobierno criminal gringo, exponiendo el pellejo y la vida frente al aparato opresor del somocismo, entrenando política y militarmente al Ejército Guerrillero todavía clandestino, llamado Frente Sandinista de Liberación Nacional, ya desplegado con armas y municiones en manos en todo el país, dirigiendo en el terreno la batalla insurreccional decisiva para cumplir el objetivo esencial del FSLN de derrocar a la dictadura somocista por la vía de las armas  y con ello dar paso a un nuevo sistema político democrático popular.

Según Carlos Núñez Téllez y William Ramírez Solórzano en ese momento del estallido insurreccional de junio de 1979 eran unos cinco mil hombres-armas, entre Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares  entrenados política y militarmente los que estaban ya desplegados, listos con sus planes militares respectivos, para dirigir la batalla insurreccional en cada una de las ciudades grandes y pequeñas, y también en las montañas y caminos, en las dos modalidades combativas, para derrumbar a la dictadura somocista genocida.

Vindicta popular por 50 mil mártires

En ese momento se decía que la dictadura somocista había matado a 50 mil nicaragüenses. De estos 50,000 muertos una gran cantidad habían sido guerrilleros sandinistas entrenados, fogueados en mil combates, entre ellos el mismísimo Jefe de la Revolución Popular Sandinista, Carlos Fonseca Amador; Ricardo Morales Avilés, Pedro Aráuz Palacios, José Benito Escobar Pérez, Germán Pomares Ordóñez, Eduardo Contreras Escobar, Arlen Siú, Claudia Chamorro, Luisa Amanda Espinoza, Angelita Morales Avilés, Luis Alfonso Velásquez Flores, Manuel de Jesús “La Mascota” Rivera, Óscar Turcios Chavarría, Leonel Rugama, Julio Buitrago Urroz, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, Jonathán González, Camilo Ortega Saavedra, Edgard Lang Sacasa, Óscar Pérez Cassar, Aracely Pérez, Alejandro Dávila Bolaños, Jacinto Baca Jerez, Filemón Rivera, Santos Medina Rodríguez, José Francisco Moreno Avilés, William Fuertes Olivares, Fausto García Aráuz, Cristhian Pérez Leiva, David y René Tejada Peralta, Carlos Roberto Huembes, …

De forma sacrificada, en la clandestinidad más rigurosa, en condiciones de hambre y sacrificios extremos, los Jefes Guerrilleros del Frente Sandinista se habían venido entrenando desde hacía  casi 20 años, en montañas, zonas rurales y dentro de ciudades, habían combatido también en numerosas ocasiones contra la Guardia Nacional y sus esbirros, habían asaltado bancos en jornadas de recuperaciones económicas, le habían arrebatado armas y municiones a los guardias nacionales,  todo de forma voluntaria, mediante el abandono de sus familias, de sus estudios y trabajos o empleos, habían pasado hambre, angustias individuales y colectivas, desnudez y enfermedades, hasta llegar a este momento cumbre, glorioso, insurreccional de junio de 1979.

Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares ya distribuidos

Los 110 Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares estaban ya distribuidos, con sus planes militares y políticos, en los sectores correspondientes de la Zona Principal y Zona Secundaria, por ejemplo: Francisco Meza Rojas (asesinado el nueve de junio, en la Carretera Norte, cuando iniciaba la Insurrección) y Marcos Somarriba García ya estaban ubicados en el lado de la Carretera Norte; Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz en el sector de Villa Progreso, Aserrío Carlos Morales Orozco, Colonia Xolotlán, Colonia San Jacinto, Colonia Miguel Gutiérrez, Barrios Mombacho y Waspán Sur, Américas Uno hasta Rubenia (inicialmente sus combates fueron en La Fuente y Reparto Schick Gutiérrez); Sergio Gómez Vargas en las Colonias Nicarao, Catorce de Septiembre, Don Bosco, Luis Somoza (Diez de Junio), Colombia, y Reparto Santa Julia; Mónica Baltodano Marcenaros del Puente Larreynaga al Puente El Edén; Rolando “Cara Manchada” Orozco Mendoza en la Zona del Puente El Edén al Puente Paraisito, Carlos Duarte del Puente Paraisito al Puente San Cristóbal; Marcos “Wil” Largaespada Prado del Puente Larreynaga a los llamados Semáforos de la Robelo, en el cruce de la Pista de la Resistencia Sandinista y la Carretera Norte; un Frente de Guerra Especial para proteger al Estado Mayor del Frente Interno, ubicado en contorno del Reparto El Dorado, especialmente por los lados Sureste y Suroeste; Javier “99” López Lowery en el centro de la tormenta en Bello Horizonte y Santa Rosa; Francisco “Chico Garand” Guzmán Fonseca en otro Frente de Guerra Revolucionario Móvil que abarcaba Bello Horizonte, Barrio Santa Rosa, Colonias Maestro Gabriel y Salvadorita (Cristhian Pérez Leiva), en el Barrio El Edén, en el Barrio Santa Bárbara (hoy Barrio Venezuela), en la Zona Oriental y Norte, por ejemplo.

Con similares o diferentes responsabilidades militares, coordinando columnas y escuadras móviles de Combatientes Populares y Comités de Defensa Civil, estaban también, en la Zona Principal, los Jefes Guerrilleros: César Augusto Silva, Walter Ferrety Fonseca, Róger Cabezas Gómez, Federico López Argüello, Jorge Roustan Reyes, Eduardo Cuadra Ferrey, Edgard “JC” Guerrero, César Largaespada Palaviccini, William “Juan Grande” Montalván, Víctor Boitano Coleman, Humberto del Palacio González, Douglas López Niño, entre otros.

Otros y otras destacados también como jefes en la Zona Oriental de Managua fueron: Rafael Solís Cerda, Walter Mendoza Martínez, Douglas Duarte, Carlos Duarte, Óscar Lino Paz Cubas, Justo Rufino Garay Mejía, Alejandro Mairena Obando, Aristeo Benavidez, Martín Castellón Ayón, Elizabeth Pinell, Isabel Castillo, Ligia Alemán, Danilo Norori, Frank “Machillo” González Morales, Carlos “Sobrino” Dávila Sánchez, Marta Lorena López Mojica…

Aquí en la Zona Principal, la Comisión Política y de Propaganda estuvo integrada por Julio López Campos, Marcos Valle Martínez, Glenda Monterrey Vásquez, Lea Guido López y Moisés Hassan Morales. Esta Comisión Política y de Propaganda se movía en torno a los sitios en que estaban ubicados el Estado Mayor General del Frente Interno y el Estado Mayor de Managua, con el fin de estar pendientes de lo que debía denunciarse frente a la población, o informar de los triunfos que se iban obteniendo en los enfrentamientos armados contra los enemigos somocistas genocidas.

En la Zona Suroccidental (parte de la Zona insurreccional Secundaria de Managua), el Estado Mayor Conjunto se había integrado por Gabriel Cardenal Caldera, Adrián Meza Soza, Víctor  “Bayardo”, “Dientes de Lata”  Romero Pérez, Genie Soto Vásquez, Mauricio del Carmen Kiel y René Cisneros Vanegas por los Proletarios; Juan y Miguel Navarrete por los Terceristas; Boanerges Munguía, William Díaz Romero, Cristóbal Guevara Casaya y Eduardo Cuadra Ferrey por  la Tendencia Guerra Popular Prolongada. Eduardo Cuadra Ferrey (“el Chele Cuadra”) se integra a este Estado Mayor cuando los combates están en pleno apogeo en San Judas.

Además, hubo dos grupos llamados “Comandos Cristianos Revolucionarios” y de Antonio “Chele” Zepeda Fonseca que no se sujetaron orgánicamente al Estado Mayor Conjunto mencionado, y que operaron de forma “independiente”, lo cual causó algunas dificultades de coordinación militar en la Insurrección de San Judas, Vista Hermosa, Loma Linda, Villa Roma, San Patricio y Torres Molina.

Este Estado Mayor Conjunto del FSLN, integrado en una reunión clandestina en la Colonia Vista Hermosa, procede inmediatamente a formar siete columnas. “En total éramos unos 300 hombres y mujeres, Combatientes Populares, con entrenamiento militar rápido, relámpago, con armas de cacería, como escopetas, rifles 30-30, rifles 22, pistolas nueve milímetros, revólveres calibre 38, mientras los fusiles automáticos y ametralladoras eran portados por los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares seleccionados por el mando debido al nivel de entrenamiento militar y político que ya tenían, más una masa popular enorme, que sobrepasaba los mil y pedían armas para irse a enfrentar con los guardias somocistas asesinos”, recuerda Víctor Cienfuegos Aburto, uno de los jefes de columnas y escuadras.

Ya para el cuatro de junio se conocían también algunos Combatientes Populares con mandos o jefaturas en columnas y escuadras de combate en esta Zona Suroccidental, , como: Julio Ruiz Flores, Víctor, Carlos y Mario Cienfuegos Aburto; Mauricio Somarriba, Yuri Valle Olivares, Johana Córdova, Franklin Montenegro, Ileana Zamora, Cintya, Aura Lila Mendoza,  Ramiro Córdova, Manuel Mendoza, Gurvin Dinarte, los hermanos Navarrete, Óscar Huezo, los Hermanos Rosales, Emma Provedor, Julio Flores, Onofre Guevara, Antonio Salgado, Bruno Lorío, Sergio González, Carlos Flores, Mario Lorío, Walter López,  Máximo López, Edgard Hernández Cruz, Wilfredo Baca, “El Vikingo”, Luis Salgado y Carlos Flores, Santiago Núñez Solís, Arnoldo Real Espinoza, Salvador Ramiro García Ramírez, Pedro Meza, Roberto y Edwin “Piojo” Sánchez  Baltodano, entre otros.

Entre más de 300 Combatientes Populares, integrantes de columnas y escuadras revolucionarias, estaban también integrados, entre otros: Francisco Javier Zúniga Alvarado, Modesto Munguía Martínez, Ronald “Pollón” López, David Hernández, Antonio Padilla, Mauricio Icaza, Ramiro Córdova, Ángela Largaespada, Miguel Fornos, Luis Salgado, Mario Montenegro, Sergio Guevara, Sebastián y Rodolfo Blanco, Manuel Guadamuz, Segundo Samayoa, Nelson Vargas, William Espinoza, Manuel Calderón, Francisco Martínez, José Cordero, Gustavo Padilla, René Blandón, Douglas Mejía, Israel Medina, Alejandro López, Bayardo Ordóñez, Felipe Rayo, Medardo Hurtado, Héctor Luis Obregón, Beatriz Narváez, José Francisco Mayorga,  Ramón López, Manuel Cruz, César Ramírez, Mario Téllez, Cristóbal Martínez, Francisco Morales Alvarado, Cruz Hernández, Camilo Membreño Zapata, Luis Rodríguez Alvarado, Óscar Vargas, Ramón Castro, Carlos Malespín, Fernando Zepeda, Tomás Rosales, Milton Rosales Lorío, Bolívar Torres Sequeira, Iván Torres, Aníbal Bendaña, Reynaldo Sevilla, Ignacio Munguía, Julio Peineta, Roberto Alvarado, Gloria González, Gustavo Meneses, Milcíades Murillo, Juan Manuel Navarrete, Roberto Lorío, Guillermo Tinoco y Roberto Salazar.

Según Víctor y Carlos Cienfuegos Aburto, todos los Jefes Guerrilleros integrantes del Estado Mayor Conjunto mencionado y los Combatientes Populares seleccionados como responsables de columnas y escuadras de combate, sí, todos estaban clarísimos de que el papel que ellos y las masas populares iban a desempeñar en las Zonas Suroccidental y Noroccidental (o Secundaria) era de distracción, de organizar combates móviles, de emboscadas veloces, de empantanamiento, de impedir que la Guardia Nacional somocista genocida se desplazara hacia el Sur de Nicaragua, para que no moviera tropas a Occidente y al Norte del país, tampoco a Masaya ni a Carazo, y con especial énfasis en que se impidiera movilización de tropas hacia la Zona Oriental de Managua, la Zona Principal en que se instalaría la Insurrección Sandinista, u Ofensiva Final, y donde estarían los  principales dirigentes revolucionarios del Frente Sandinista de Liberación Nacional, ubicados en Managua en ese momento.

Al mismo tiempo se integra en Acahualinca el Estado Mayor Conjunto del FSLN clandestino en la Zona Noroccidental de Managua: Monseñor Lezcano, Loma Verde, Acahualinca, Colonia Morazán, Santa Ana, Balcanes, San Sebastián,  Linda Vista, Las Brisas, Valle Dorado y Altagracia, integrado según testimonios de Combatientes Populares, por: Silvio “Israel” Porras García, Arnoldo “Viejo” Real Espinoza, Jorge Esquivel Acevedo, Jorge Corea Briones,  Alba Luz Portocarrero Ramos,  Soraya Hassan Flores, asesinados  por sicarios genocidas de la EEBI en la Masacre de Batahola el 15 de junio de 1979; y Roberto y Edwin “Piojo” Sánchez Baltodano, Efraín “Challuya” Téllez, Pedro “Chaparro Henry” Meza y Alejandro “Marciano” Díaz Meza, estos últimos de la Tendencia Guerra Popular Prolongada (GPP).

Además, en el caso de la Zona Noroccidental fue notorio que este Estado Mayor Conjunto del FSLN no estuvo unido en la práctica. Los más notorios durante la contienda insurreccional en esta Zona Noroccidental de Managua, fueron: Silvio Porras García, Arnoldo “Viejo” Real Espinoza, Jorge Esquivel Acevedo y Jorge Corea Briones.

“A nosotros, integrantes de la Columna “Óscar Turcios Chavarría”, en una reunión clandestina nos dijeron clarito que el papel insurreccional de los Combatientes Populares, Jefes Guerrilleros y población en general, sería de diversión, de provocar combates móviles, efectuar emboscadas rápidas, de hostigamientos también relámpagos, para empantanar a la guardia somocista, para que no saliera de Managua, para que no moviera tropas ni artillería hacia la Zona Oriental de Managua, mientras se instalaban allí los Estados Mayores del Frente Interno y de Managua y se desataba la Insurrección en la Zona Principal, según el Plan Militar Insurreccional, para atacar a los guardias de forma móvil con columnas y escuadras móviles, y al mismo tiempo haciendo resistencia a tiros y bombazos en las barricadas y trincheras de combate, también ubicados nosotros en muros, cauces y encima de árboles y techos de casas”, recuerda Ramiro Salvador García Ramírez, uno de los jefes de  escuadras en Monseñor Lezcano.

“Además, a nosotros en la Zona Noroccidental de Managua se nos asignó la tarea militar de levantar barricadas  en todas las esquinas y calles principales de Monseñor Lezcano, Reparto Linda Vista,  en el semáforo de Linda Vista, en la Pista rumbo a la Refinería, en la Colonia Morazán, en la esquina de entrada al Seminario Nacional (de la Iglesia Católica), en el Barrio Santa Ana, en las esquinas cercanas a Gadala María, por La Ceibita, en Acahualinca; todo esto después que ya en casas de seguridad habíamos embuzonado unas pocas armas de guerra y municiones, más las armas de cacería, las bombas de contacto, y que nos disponíamos a planificar cómo haríamos el ataque y destrucción de la Tercera Sección de Policía, cuyos guardias imponían terror en estos vecindarios occidentales de Managua, ubicada esa guarnición en la casa de una familia de guardias y “orejas” de la tenebrosa y mortal Oficina de Seguridad Nacional (OSN)”, añade Ramiro Salvador García Ramírez.

Según César Augusto “Chino” Ampíé y César “Mou” Téllez Sánchez, dos de los ocho sobrevivientes de la masacre en la Colina 110,  el 13 de junio de 1979, por orientaciones directas de César Augusto “Moisés” Silva, un grupo de más de 30 jóvenes Combatientes Populares ya entrenados en el Asentamiento Los Laureles, ubicados al Este de Villa Libertad, habían formado la Columna Manuel Fernández desde abril de 1979, con la finalidad de hostigar a los guardias somocistas en este sector oriental de Managua y para tener una visión privilegiada del Aeropuerto Las Mercedes desde la Colina 110, ubicada unos cinco kilómetros al Sur. También se intentaba armar un plan de asalto a la Fuerza Aérea somocista, a partir de esta Colina 110, lo cual resultaba imposible por distancia, escasez de armas de artillería y por mediar un terreno demasiado plano desde el Asentamiento Los Laureles.

Esta Columna combativa la integraban, entre otros: Marvin Luis “El Viejón” Úbeda Acuña, César Augusto “Chino” Ampié Rivas, César “Mou” Téllez Sánchez, miembros del Estado Mayor Conjunto;  Antonio “Chino Cebolla” Cruz Gómez, Ernesto “Tito” Sánchez, Lorenzo “Lencho Calilla” García, Carlos “Mono” Juárez Cruz, Raúl “Lunar” Vivas Quintero, los hermanos “Gatos” Marvin, Raúl y Carlos Vanegas y Heberto “Sapo Tuerto” Bonilla.

“Chino” Ampié Rivas y “Mou” Téllez Sánchez  relatan que desde abril de 1979 por orientaciones de César Augusto Silva y Mónica Baltodano Marcenaros, los miembros de esta Columna Manuel Fernández tenían como misión sistemática fabricar bombas de contacto para emboscadas a los guardias en Managua, hostigar con escuadras móviles a las patrullas BECAT de la GN, recoger información permanente de los movimientos de los guardias nacionales y sus esbirros en rumbo del Aeropuerto Las Mercedes, desde la Colina 110, y asimismo recoger información de inteligencia de esos mismos movimientos hacia la Comarca Sabana Grande y en rumbo a las Colonias Américas, Villa Libertad, Villa las Sabanas, Villa Fraternidad, Cinco de Diciembre, etc.

Asimismo, los integrantes de esta Columna Manuel Fernández le daban importancia especial a la  casa de seguridad que tenían donde doña Petronila  “Nila” Hernández, adonde llegaban con frecuencia a hospedarse y en labores conspirativas revolucionarias los Comandantes William Ramírez Solórzano y Mónica Baltodano Marcenaros.

También cuidaban, día y noche, un buzón de armas de guerra y de cacería, escondido en un predio montoso, donde hoy funciona el Colegio Omar Téllez. Esta Columna de Combatientes Populares Manuel Fernández jugó un papel militar importante en este extremo de la Zona Oriental de Managua, pues en ese paso de forma móvil hostigaban a los convoyes de guardias y patrullas BECATS, lo que impidió el libre paso de la Guardia Nacional somocista genocida hacia el resto de vecindarios orientales en que se asentaba la Insurrección Sandinista, u Ofensiva Final.

La Guardia masacró a la mayoría de los integrantes de esta Columna en la Colina 110 usando aviones artillados, helicópteros lanza bombas de 500 libras, tanques y tanquetas, ametralladoras, fusilería portadas todas por unos 300 guardias, más una retroexcavadora, de lo cual hablaremos más adelante.

Unos 400 guardias cierran todas las entradas al OPEN III

En el OPEN III (hoy Ciudad Sandino), ubicado 12 kilómetros y medio al Oeste del casco urbano Suroeste de Managua,  al mismo tiempo se había formado el Estado Mayor Conjunto del FSLN, integrado por Adolfo Aguirre Stathadgen, Adilia Eva Solís y  Víctor Mauricio Membreño Morales (llegó a ser coronel del Ejército); y jefes de escuadras y Comandos: José Alexander Estrada Fonseca, Nelson Romero Lanzas, Héctor Antonio Martínez, Gustavo (hijo) Cerna González, Marlene Álvarez, Pablo Alberto Selva Ortega; Carlos Vivas  y Antonio “Julio” López González, responsables de entrenamiento militar, y respaldados por casi 150 Combatientes Populares con poco entrenamiento militar y escasísima cantidad de armas de guerra.

Hubo otros Combatientes Populares destacados como: Julio César Avilés, los tres hermanos Treminio:   Amparo, José y Raúl; Carlos Morales hijo, Gerónimo Cruz Vanegas, Margarito Ocampos, Patricia Orozco, Harry Chávez, Concepción “Aldo” Pérez, Franco Vallecillo, Gerardo Vallecillo, Mercedes Duarte, Heriberto Bolaños, Juana Álvarez Herrera, Lola Norori, Isabel Aróstegui.

El cuatro de junio, día en que comienza la Huelga o Paro Nacional contra la tiranía somocista, la  Guardia Nacional y la Escuela de Entrenamiento Básico (EEBI) instalan un campamento, o Comando, en la subida de la Carretera en la Cuesta del Plomo (Cuesta de los Mártires) por la vía de la Refinería Esso, más un retén en la salida de la misma Cuesta del Plomo hacia la Carretera Nueva a León; un retén militar más Campamento en “Las Piedrecitas”, o inicio de la Carretera Nueva a León; un retén en la entrada y salida del Reparto Satélite Asososca, otros dos retenes de guardias en las dos entradas del lado Norte del OPEN III (Ciudad Sandino); un Campamento con alrededor de 60 guardias en las proximidades  del Tanque de Agua Potable, ubicado en la Colina  Oro Verde, en el lado Norte; más la propia Sección de Policía GN (“Sierra 2”) donde hoy se ubica ENATREL en el Norte del OPEN III, en la orilla de la Carretera y enfrente de la entrada principal, y, finalmente, es reforzado con más soldados el Comando GN que permanece donde fue después “Pescafrito” en una esquina de la Plaza de los Cabros.

José Alexander Estrada Fonseca, quien fue en el OPEN III uno de los jefes de escuadras, calcula que en todos estos comandos GN habían aproximadamente unos 400 guardias, dotados de dos tanquetas, en cada comando tenían fusiles y al menos una ametralladora, bazukas, camiones para transportar tropas, jeepones para montar y operar las ametralladoras, cárceles improvisadas, equipos de “orejas”, “soplones”, “jueces de mesta”, torturadores, miembros de los “escuadrones de la muerte” (“Mano Blanca”), agentes de la Oficina de Seguridad, con el fin de hacer la guerra a muerte en contra de los pobladores de este sector poblacional muy pobre, luchador social inclaudicable, y recién fundado (en 1969, con damnificados de “Miralagos”, Lago de Managua) a ambos lados del kilómetro doce de la Carretera Nueva a León.

Los Jefes Guerrilleros, encabezados por Adolfo Aguirre Estathadgen, Eva Adilia Solís y Víctor Membreño Morales, ya tenían formados dos Comandos Revolucionarios del Pueblo y las escuadras correspondientes: José Estrada Fonseca, jefe de la Escuadra “Germán Bojorge”; Nelson Romero Lanzas, jefe de la Escuadra “Mártires de Solectra”; Héctor Antonio Martínez, jefe de la Escuadra “Ulises Rodríguez”; Gustavo Cerna González (hijo), jefe de la Escuadra “Gonzalo Jarquín”, y contaban  con Antonio López González y Carlos Vivas como entrenadores de Combatientes Populares.

Se debe tomar en cuenta, para efecto de coordinaciones militares revolucionarias en la Insurrección Sandinista, que el territorio del OPEN TRES estaba separado trece kilómetros de la Zona Oriental de Managua y seis kilómetros de las Zonas Suroccidental y Noroccidental capitalino. Esto aisló totalmente a estos Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y pobladores del resto de insurreccionados en la Capital nicaragüense.

De acuerdo con los testimonios de  José Estrada Fonseca y Antonio “Julio” López González, al momento de estallar la Insurrección Sandinista en el OPEN TRES, estaban ya organizados unos 150 Combatientes Populares, de los cuales sólo 15 contaban con armamento regular: un fusil Garand, un  fusil Fal, tres escopetas de mazorca o semiautomáticas, y el resto eran rifles 22 y 30-30, revólveres y pistolas.

Estos testimonios históricos indican  que en el OPEN III se precipitan los acontecimientos militares por parte de la Guardia Nacional y de la EEBI porque los “altos mandos” de la GN estaban convencidos de que el estallido principal de la Insurrección Sandinista comenzaría en los Barrios Occidentales, especialmente en el OPEN III y que por este lado se comenzaría bloqueando la Carretera Nueva a León, para que Somoza Debayle genocida no pudiera mover tropas al Occidente de Nicaragua.

“Aquí en el OPEN III antes del cuatro de junio, antes de la Huelga Nacional, la guardia ya tiene tomados todos los cerros, las entradas al Barrio y andaban intimidando a la gente en los cuatro costados del OPEN.  El estado de terror impuesto por la GN era espantoso, angustioso, de amenazas mortales”, recuerda José Estrada Fonseca.

Por medio de Radio Sandino clandestina, mediante noticieros radiales y periódicos de circulación nacional se conocía de algunas informaciones sobre los estallidos insurreccionales de El Jícaro (Nueva Segovia), de Estelí, de Jinotega, de Matagalpa, y del accionar de una columna guerrillera sandinista móvil en Nueva Guinea en el Sur Atlántico de Nicaragua, y de que Masaya y León se alistaban para lanzarse a la Insurrección Sandinista, más  el funcionamiento pleno de la Huelga General contra el régimen somocista.

En Managua se conoce, en esos primeros cuatro días de junio de 1979, se ve claramente, que cuando estalla la Huelga General el cuatro de junio de 1979, centenares o miles de guardias y sus esbirros (“orejas”, “soplones”, “jueces de mesta”, torturadores, miembros de los “escuadrones de la muerte”, agentes de la Oficina de Seguridad, paramilitares conocidos y políticos somocistas extremistas) están desplazándose con artillería, tanques y tanquetas, ametralladoras calibre 50 y 30, lanzamorteros portátiles, camiones blindados, retroexcavadoras del Distrito Nacional o Alcaldía…. y tomando posiciones estratégicas en sitios geográficos poblados como el ZUMEN en la entrada a San Judas, en los edificios del Centro Cívico, especialmente los que ocupan actualmente el Ministerio de Educación y el Concejo Municipal de la Alcaldía de Managua;  al Sur de la Colonia Independencia, en el Plantel de Limpieza Pública conocido como “Los Cocos”, en la entrada a San Judas; en las Lomas de San Judas, están reforzando la guarnición o Sección de Policía, ubicada por el llamado “Nancite”; ya tienen tropas dentro y fuera del Estadio Nacional (sólo aquí tienen unos 500 hombres), ubican tropas en el Taller Batahola del Distrito Nacional, aunmentan tropas en torno a la Casa Hacienda El Retiro del tirano Anastasio Somoza Debayle, refuerzan la presencia de tropas en el Contry Club de la burguesía y en ENACAL, en el Plantel que el Distrito Nacional tiene en Acahualinca, en las instalaciones del Distrito Nacional en Acahualinca, en el Aserrío de Acahualinca,  en la Fábrica Gadala María, de los Somoza, contiguo a las Huellas de Acahualinca; en la Refinería Esso, en los Talleres del Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua, más conocido como “Escuela de Arte”, en la orilla del Lago de Managua; en los kilómetros Siete, Ocho y Nueve de la Carretera Sur, en las entradas principales del OPEN III, en la llamada Plaza Julio Martínez, en el conocido “Camino de Bolas” y el Aserrío Santa Fé de Heliodoro Alfaro por el Este de San Judas, tienen ya reforzadas todas las 16 guarniciones o Secciones de Policía en San Judas, Monseñor Lezcano, en el OPEN III, etc., lo cual da una idea de que ya tenían instalado un anillo militar en toda la Zona Occidental de Managua.

Al mismo tiempo es notorio un patrullaje  intenso con convoyes blindados (varios camiones altos, de barandas), en cuyos tráilers y techos de los vehículos andan ya instaladas ametralladoras calibre 50 y 30, y también se desplaza infantería por en medio de los vecindarios, con el fin de provocar miedo, terror colectivo.

En la Zona Oriental de Managua, en los primeros cuatro días de junio, antes de la instalación de los Estados Mayores Conjuntos del Frente Interno y de Managua del FSLN, especialmente el cinco de junio, cuando ya está en pleno apogeo la Huelga General Nacional, es notorísima la actividad militar de la Guardia Nacional y sus esbirros, igualmente moviéndose en convoyes de camiones de la “Acción Cívica”, del Distrito Nacional y del Departamento de Carreteras;  en tanques y tanquetas,  en  camionetas, en jeeps BECATS y a pie, e instalándose con fusilería, ametralladoras calibre 30 y 50, con lanzamorteros y lanzagranadas en sitios como el Edificio Armando Guido, en toda la Carretera Norte, en la Planta Eléctrica, ubicada contiguo al Barrio Quinta Nina; están reforzando las 16 guarniciones o Secciones de Policía como la Doceava, en Bello Horizonte; en la Treceava, entre los Barrios Edén y Ducualí;  más tropas en “16va.”, en el Barrio Mombacho, en la Carretera Norte; una Sección de Policía o Cuartel en el Gancho de Caminos, en la entrada al Mercado Oriental; en las del Reparto Schick Gutiérrez y la Colonia Centroamérica, están instalando tropas y artillerías en los edificios del Hospital Oriental, en las construcciones de lo que hoy es el Mercado Carlos Roberto Huembes, en el Aserrío Carlos Morales Orozco, en las instalaciones del Hotel Estrella,  en las instalaciones de ENACAL, contiguo a la empresa Simens; en la empresa Ludeca, frente a los semáforos de Portezuelo; instalan tropas en la Shell Waspán y la Fábrica Maber, en el Aeropuerto Las Mercedes, en La Subasta y las entradas a ROCARGO, están colocando tropas y tanquetas en las cercanías del cruce de Portezuelo, en la esquina Noreste del Barrio Santa Rosa; en la Pista Sabana Grande desde Rubenia, están instalando tropas en el parque infantil del Reparto Jardines de Veracruz, en el costado  Este de la Colonia Catorce de Septiembre, instalan tropas y francotiradores en el edificio en construcción de la Escuela de Comercio Independencia en el lado Noreste de la Colonia Nicarao; asimismo instalan tropas, ametralladoras y francotiradores en el edificio en construcción del Hospital del Niño y también se meten al Centro Juvenil Don Bosco, refuerzan con otros 40 soldados,  tanquetas, ametralladoras y fusiles en la Treceava Sección de Policía, también colocan tropas por la Clínica Santa María, en la esquina Sureste de Ciudad Jardín; llevan tropas hasta cerca del Puente El Edén, igualmente en las cercanías del Cine Colonial, en la Pista Larreynaga; y refuerzan con más soldados la Sección de Policía GN en el Gancho de Caminos, en la entrada Sur al Mercado Oriental.

Al mismo tiempo, estas tropas de infantería catean casas, van en tropel dentro de los vecindarios, capturan a jóvenes (hombres y mujeres), los montan en los camiones, jeepones y jeeps patrullas BECATS; estos capturados son  torturados y aparecen asesinados en distintos sitios de Managua. El ambiente es de terror escalofriante, y por este motivo el fervor revolucionario, la arrechura colectiva de la gente es inmensa, y están exigiendo armas y municiones para ir a combatir en las calles a esta banda de asesinos de la dictadura somocista genocida.

Los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares selectos, ya organizados en columnas y escuadras, en los casos de San Judas, los Asentamientos Loma Linda, Villa Roma y Torres Molina, Reparto Vista Hermosa, en Monseñor Lezcano, en Acahualinca, Colonia Morazán, en Loma Verde, en Santa Ana y Linda Vista, Barrio Cuba, San Sebastián y Balcanes, reciben la orden del Estado Mayor Conjunto, encabezado por Gabriel Cardenal Caldera, de irse a sus sectores barriales respectivos, guardar sus armas de guerra y de cacería en buzones, y esperar la orden para salir a las calles y enfrentarse a tiros y “bombazos de contacto” con los guardias somocistas y sus esbirros.

Ya están listas, entonces, las condiciones anímicas humanas y materiales para lanzar la ofensiva insurreccional sin retroceso, con ataques móviles potentes, para causarle pánico y retrocesos al enemigo somocista, pues está la Huelga Nacional en su apogeo, la tropa militar sandinista está organizada, con planes específicos  y armada (aunque las armas y municiones eran insuficientes) y hay ya sublevación popular creciente en todo el país, y en este caso en Managua, Capital de Nicaragua.

Pobladores salen a las calles y queman camión de correos

Guardias EEBI entran asesinando en San Judas, el 4 de junio

“Mientras esta orden a los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares selectos se ejecuta en San Judas, Loma Linda, Villa Roma y Torres Molina, por ejemplo, es ya cuatro de junio de 1979, y entonces es la gente, es casi todo el Barrio San Judas, hombres, mujeres, jóvenes, niños y viejos, salen a las calles a desafiar a la guardia, nos exigen armas y municiones, proceden a fabricar barricadas en las esquinas, algunos Combatientes Populares  nos sumamos y entonces se le prende fuego a una camioneta, parecida a camioncito, de TELCOR o Correos, del Ceibo dos  cuadras hacia el Sur”, relata Víctor Cienfuegos Aburto.

Un grupo numeroso de unos 30 jóvenes detuvieron el camioncito, y no se sabe de dónde al mismo tiempo aparecieron dos latas con gasolina, se las rociaron al vehículo, y le prendieron fuego, a plena luz del día, un poco después del medio día del cuatro de junio de 1979. Centenares de hombres y mujeres, civiles, sin entrenamientos alguno, de forma espontánea, también se lanzaron  a las calles principal y adyacentes de San Judas, a darle apoyo, o respaldo moral y político a los casi 30 jóvenes (hombres y mujeres) que le habían prendido fuego al camioncito de TELCOR, o de Correos de Nicaragua.

Estos mismos pobladores comenzaron a tirar objetos a las calles para fabricar barricadas de forma improvisada, sin dirección de los Combatientes Populares… eran objetos poco sólidos y por tanto barricadas débiles.

Casi al instante, según Víctor Cienfuegos Aburto, se aparecieron unos 300 guardias de los que estaban ya acantonados en el Sur de la Colonia Independencia y en el Plantel de Limpieza Pública Municipal de “Los Cocos”, en camiones y a pie, portando fusilería y ametralladoras  calibre 30 en las manos, iban capturando a jóvenes que estaban en las calles, se metían dentro de las casas, examinaban las manos de los que tenían olor a gasolina y de inmediato  los subían a culatazo limpio en los camiones y jeeps. “Capturaron a unos 20 jóvenes, que todavía no eran Combatientes Populares, se los llevaron y desaparecieron para siempre”, relata Víctor Cienfuegos Aburto.

La soldadesca somocista, portadora de la furia antipopular de la Guardia Nacional,  del tirano Anastasio Somoza Debayle y de su hijo Anastasio “Chigüin” Somoza Portocarrero, jefe de los batallones de asesinos y mercenarios de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI), la cual estaba desplegada precisamente en toda la Zona Suroccidental de Managua, y en ese momento marchaba con tropel hiriente en el pavimento y suelo de San Judas, además procedieron a obligar a varias decenas de ciudadanos civiles, hombres y mujeres, con la amenaza de dispararles, para que removieran los objetos metálicos, piedras canteras, ramas de árboles, etc., con que habían hecho improvisadamente las barricadas mencionadas.

Secuestran a niños, ancianos y mujeres

Los colocan delante de las tanquetas y los suben donde llevaban ametralladoras

Además, usando elementos de terror colectivo, secuestraron en ese momento a casi un centenar de mujeres, niños y ancianos, a los cuales los colocaron por delante de donde ellos iban avanzando en la calle principal de San Judas, y a otros, los subieron por la fuerza encima de las tanquetas y jeepones en que llevaban montadas las ametralladoras calibre 50 y 30, con la finalidad de que los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares armados no les fueran a disparar. Así era la crueldad monstruosa de la Guardia Nacional somocista y de Somoza Debayle, su jefe asesino genocida.

En esta incursión, bautizada por los mismos somocistas como “operación limpieza”, el tropel de guardias llegó hasta las construcciones de lo que es hoy el Complejo Comunitario Róger Deshón Argüello y el Mercado de San Judas, donde ubicaron un llamado “puesto de mando móvil”, es decir, que ese era punto de reunión de donde salían y se reportaban las patrullas de soldados opresores hacia los Barrios San Judas, Villa Roma, Loma Linda, Torres Molina y otros vecindarios aledaños.

Los Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y Milicianos, unos 300 en total,  ya organizados con su Estado Mayor Conjunto del FSLN y sus siete Columnas, no podían, ni debían todavía  lanzarse al combate frontal contra los guardias por las órdenes que tenían del jefe del Estado Mayor Conjunto, Comandante Gabriel “Payo” Cardenal Caldera, quien al mismo tiempo coordinaba acciones militares y políticas con el Estado Mayor General del Frente Interno y también con el Estado Mayor Conjunto de Managua, cuyos miembros se instalaban y organizaban en esos momentos en el Barrio Paraisito, en el Reparto El Dorado, en el Barrio María Auxiliadora y en el Barrio Ducualí, Zona Oriental-norte capitalina.

Ese mismo día  cuatro de junio se conoció que la soldadesca de la EEBI también convirtió en cuartel y cárcel las aulas del Instituto Miguel de Cervantes Saavedra, ubicado en una manzana del costado Sur del Centro Comercial ZUMEN, en la entrada principal al Barrio San Judas.

Ambulancias de la muerte

Cuerpos descuartizados y quemados por guardias somocistas

Inclusive al ocurrir esto último en el Instituto Miguel de Cervantes Saavedra comenzó a circular la versión terrible y mortal de que este sitio y de la llamada Central de Policía (ubicada en las cercanías del Edificio Armando Guido, en el Barrio San Luis, Carretera Norte) empezaron a salir, o aunmentaron sus salidas, unos vehículos cerrados, de distintos colores, con una Cruz Roja en los costados y parte delantera, a los que Gabriel “Payo” Cardenal Caldera bautizó como las ambulancias de la muerte.

Y es que efectivamente después se comprobó, al menos en la Zona Occidental de Managua, que en estos vehículos los guardias y torturadores montaban a los ciudadanos capturados en diferentes partes de Managua, los torturaban dentro de estas “ambulancias de la muerte”, o los subían a estas camionetas mortales cuando ya los habían matado a balazos, puñaladas y golpes, y en estos mismos vehículos iban a tirar sus cadáveres a la “Cuesta del Plomo”, en las Lomas de San Judas, en la costa del Lago de Managua, frente al Teatro Rubén Darío, en los Lomos de El Crucero, en los llamados “Escombros de Managua”, etc.

Túneles de la muerte en Cerro Mokorón

También se conocía que centenares de jóvenes capturados, hombres y mujeres, habían sido llevados a túneles secretos  del Cerro Mokorón, ubicado en el lado Oeste de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), donde también asesinaron a centenares de ciudadanos capturados en la Capital. Uno de estos jóvenes capturados y metidos en los túneles de Mokorón fue Salvador “Chava” Pérez Alemán, quien después del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista fue coordinador de los Combatientes y Colaboradores Históricos en Managua.

Se conoció en esos días que a este sitio de Mokorón fue llevada la doctora Erlinda López Osorio, después de ser capturada en una de las “operaciones limpieza” en San Judas. El cadáver de la doctora López nunca apareció. La doctora Erlinda López Osorio curaba  en San Judas a los heridos, tanto a Combatientes Populares como civiles, que resultaban lesionados por los ataques a balazos y bombardeos aéreos de la Guardia Nacional somocista.

En ese mismo sitio del Cerro Mokorón, en 1968, se afirma que el Mayor GN asesino Óscar Morales Sotomayor  despedazó el cuerpo de David Tejada Peralta, y después hicieron circular la versión malvada de que el cadáver de Tejada Peralta había sido lanzado dentro del Cráter Santiago del Volcán Masaya.

De acuerdo con un relato escrito de Cristóbal “Gersán” Guevara Casaya, uno de los miembros del Estado Mayor Conjunto FSLN de la Zona Occidental de Managua, el tropel de guardias mencionados del día cuatro de junio, frente a la casa de la familia Toruño, atrapan a un jovencito moreno llamado Francisco Gómez Fonseca, a quien tumban a culatazos y balazos al suelo, y después le desbaratan el cráneo con una piedra.

Esto causó más indignación en la Zona Suroccidental de Managua, porque, inclusive, Anastasio Somoza Debayle y su Guardia Nacional de asesinos al mismo tiempo en las radioemisoras del Estado y en su Diario NOVEDADES acusaban a los sandinistas de “subversivos”, de “Sandino-comunistas-terroristas”, de “ladrones”, de “violadores”, de “provocadores de pánico” y de “poner en peligro la democracia nicaragüense”, y a la vez se ponían ellos, Somoza Debayle, sus guardias masacradores genocidas, sus asesinos y ladrones, como los mejores defensores de la “democracia” y de la “vida” y “seguridad” de los nicaragüenses.

Masacran y queman a Isidro Centeno

Casi al mismo tiempo, el cinco de junio en la tarde, ocurrió otro hecho espantoso, frente a los Billares Shanguelo”, en la entrada al Barrio o Asentamiento La Fuente (hoy se llama Ariel Darce Rivera), muy cerca de la calle que conduce hacia el Reparto Schick  Gutiérrez, entonces polvorienta.

Había miedo colectivo mezclado con arrechura, o cólera, también colectiva. Según las versiones que recogí esa misma tarde, una patrulla de guardias en un BECATS había capturado a un grupo de jóvenes, hombres y mujeres, cerca de la entonces Escuela Normal de formación de profesores.

Isidro Centeno estaba dentro de los Billares Shanguelo, jugando carambola, cuando se enteró de que los guardias somocistas habían hecho la redada. Se salió a la acera, donde ya había no menos de 100 personas observando. Cuando la patrulla de guardias iba pasando, preguntó por qué se llevaban prisioneros a los jóvenes y reclamó respeto para sus vidas.

Iracundos, furiosos, los guardias se bajaron de la patrulla, y se dirigieron violentos hacia donde estaba Centeno. Lo atacaron a patadas y culatazos violentísimos en su cabeza, en el rostro, en las espaldas, en el estómago. Reventado por golpes metálicos tan violentos, Centeno cayó sobre el suelo polvoso, manando abundante sangre.

Todavía no contentos del descargue de su furia mediante culatazos en el cuerpo de Centeno, esos mismos guardias lo ametrallaron en el suelo, y como para dejar muy sentado el terror mortal que andaban repartiendo en la calle, procedieron a hacer pedazos el cuerpo, le echaron gasolina encima y le prendieron fuego frente a una multitud de seres humanos que observaba estupefacta, llena de terror y furia al mismo tiempo, y sin poder hacer nada para impedir estos crímenes de lesa humanidad. Lo mismo hicieron un poco después con los cuerpos de varios jóvenes capturados por estas patrullas en el Reparto Schick Gutiérrez, entre otros, el de Domingo “Cirilo” Matus Méndez.

Esto encendía más los ánimos insurreccionales sandinistas

Se integra Estado Mayor Conjunto de Zona Noroccidental de Managua.

Al unísono, o paralelamente, se forma el Estado Mayor Conjunto del FSLN en el lado Noroccidental de Managua, específicamente de los Barrios Monseñor Lezcano, Acahualinca,  Loma Verde, Callejones del Barrio  Santa Ana, Colonia Morazán, Balcanes, Cuba (orilla costera del Lago Xolotlán), San Sebastián, Linda Vista y Las Brisas.

Según diferentes testimonios (no hay registros escritos), como ya dije antes, este Estado Mayor Conjunto lo integraron Silvio Porras García, Arnoldo “Viejo” Real Espinoza, Jorge “Roberto” Esquivel Acevedo, Jorge Corea Briones,  Alba Luz “Flor” Portocarrero Ramos,  Soraya Hassan Flores, Edwin y Roberto “Piojo”, “Chacho”  Sánchez Baltodano, Efraim “Challuya” Téllez, Pedro “Chaparro Henry” Meza y Alejandro “Marciano”” Díaz Meza; todos ellos coordinados con el Estado Mayor Conjunto, jefeado por Gabriel Cardenal Caldera, en San Judas, Loma Linda, Villa Roma y Torres Molina.

Parte de Estado Mayor Conjunto se ubicó de la Estatua Monseñor Lezcano tres cuadras al Oeste. De acuerdo con las versiones recogidas Combatientes Históricos, este Estado Mayor situado en esa dirección mencionada era mayoritariamente “Tercerista”, encabezado por Silvio Porras García, Jorge Esquivel Acevedo, Alba Luz Portocarrero Flores y Soraya Hasan Morales.

Arnoldo “Viejo” Real Espinoza se supone que era de la Tendencia Proletaria. Siempre estuvo pegado o junto a Silvio Porras García. Se me dijo  que era  notorio que no había unidad plena en este Estado Mayor, porque Roberto Sánchez Baltodano, Efraín “Challuya” Téllez, Pedro Meza y Alejandro Díaz Meza, de la Tendencia Guerra Popular Prolongada (GPP) no permanecían en el mismo  local en que estaba Silvio Porras. Ubicaron su centro de operaciones en otro sitio de la Zona Noroccidental de Managua.

Santiago “Muerto” Núñez Solís y Salvador Ramiro “Salvador” García Ramírez, quienes alternativamente fueron jefes de columnas y escuadras de Combatientes Populares, en esta Zona Noroccidental de Managua, aseguran que este Estado Mayor Conjunto organizó tres grandes columnas con un poco más de 150 Combatientes Populares, cuyo 80 por ciento no tenía armas de guerra.

La mayoría tenía en sus manos armas de cacería: escopetas, rifles, pistolas y revólveres, y desarmados. Muchos andaban machetes, cuchillos, bates, pedazos de metal, como tubos,  y bombas de contacto, a las cuales los guardias y sus esbirros ya les tenían mucho miedo.

Unos tres días antes de la Masacre de Batahola, este Estado Mayor Noroccidental del FSLN en Managua llegó a contar con casi 300 Combatientes Populares, quienes habían sido entrenados de forma acelerada por Jefes Guerrilleros en la costa del Lago Xolotlán o de Managua, en casas de seguridad de Monseñor Lezcano, en Acahualinca, en Los Balcanes y en los Callejones del Barrio Santa Ana.

Entre otros, esos Combatientes Populares, hombres y mujeres, eran: Salvador Ramiro “Salvador”  García Ramírez, Santiago Núñez Solís, Allan “Sherman” Álvarez, Antonio Maldonado Medina, Armando Ibarra González, Fanor Ibarra González (estos dos eran hermanos, integrantes del grupo musical Los Rambler y dueños del Cine León), Carlos Alberto Martínez Rayo, Carlos “Pequeño” Mendoza Montano, Carlos “Juan” Ortiz, Denis “Peludo” Argeñal, Eduardo “El Ñato” Argüello Bohórquez, Linda Graciela Barreto Orozco, Zulema Baltodano Marcenaros, Eduardo García, Edwin Gutiérrez, Edwin Sánchez Baltodano, Samuel  “Samuelillo” Barreto, Elías Alfredo Pérez, Eddy Meléndez Morales, Enrique y Marcos Gutiérrez Serrano, José Enrique Bermúdez, Ernesto Cedeño, Félix Estrada Sandoval, Francisco Hernández, Francisco  de León Gutiérrez Velásquez, Gerardo Marcos López, Gustavo González, Horacio José Lorío, Ignacio Varela, José Domingo Romero, José Ramón Rayo Suárez, José David Rocha, José Enrique Bermúdez, José Gonzalo Largaespada Martínez,  Jazmina Carballo Peña, José Peña Gutiérrez, Juan Rafael Bermúdez,  Róger Benito Martínez, Roberto Díaz Meza, Nelson Berríos Parra y Luis Felipe “Bomberito” Montano Blandón.

Montano Blandón era músico del grupo Los Rambler y bombero del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Managua. Fue el primero en ser capturado y brutalmente asesinado por guardias sanguinarios genocidas cuando el Estado Mayor Conjunto de la Zona Noroccidental buscaba desesperadamente comunicación con el Estado Mayor Conjunto de San Judas, con el fin de que estos últimos les abrieran un camino, un especie de túnel, para el Repliegue Táctico de Monseñor Lezcano a San Judas.

Organizados en columnas y escuadras, antes de comenzar en firme la Insurrección Popular Sandinista, estos Combatientes Populares ya tenían claro igualmente el papel de diversión, de ataques móviles, emboscadas, hostigamientos, persecución y aniquilamiento de esbirros, que jugarían mientras se instalaba firmemente la Insurrección en los Barrios Orientales y del Norte de Managua, debido a lo cual desde muy pronto se pusieron de acuerdo con las monjitas de Acahualinca, con algunas enfermeras y médicos amigos, para instalar dos hospitales clandestinos: uno en la Bodega de la Aceitera Corona y otro en el local que usaban, precisamente, las monjitas en Acahualinca. En otras casas de seguridad  se dispusieron acopios de comida, armas y municiones.

“Muerto” Núñez Solís y Salvador Ramiro “Salvador” García Ramírez resultaron heridos graves, jefeando combates cara a cara con la soldadesca criminal de la EBBI, horas antes de producirse la masacre de Batahola, ocurrida el 15 de junio al medio día.

Estos dos Combatientes Históricos, Núñez Solís y García Ramírez, heroicos, sobrevivientes de la masacre de Batahola, igualmente aseguran que ellos estaban listos antes del nueve de junio, pero que por órdenes del Estado Mayor Conjunto FSLN, coordinado por Gabriel Cardenal Caldera, quien a su vez recibía órdenes militares de los Estados Mayores del Frente Interno y de Managua, también permanecieron “embuzonados”, esperando la señal de ataque para lanzarse a las calles y contra la Tercera Sección de Policía, la cual estaba ubicada en Monseñor Lezcano, en la casa de una familia de guardias con rangos de oficiales, soldados y “orejas” de la Oficina de Seguridad, o policía política del somocismo genocida.

Los pobladores civiles, en cambio, no se aguantaron y salieron a las calles el ocho de junio, y comenzaron a edificar barricadas en todas las esquinas de Monseñor Lezcano, especialmente en las cercanías del Cine León; en Acahualinca, en el semáforo de Linda Vista, en las cercanías de la Refinería, frente a la Estatua de Monseñor Lezcano, en la esquina del Seminario, en el Cruce de La Ceibita, en el Puente León, en la esquina de la Iglesia de Santa Ana, por donde fue el Banco Popular, frente al Restaurante Los Tinajones y dentro de la Colonia Morazán.

Desde el cuatro de junio de 1979, recuerdan algunos Combatientes y Colaboradores Históricos de Monseñor Lezcano, la Guardia Nacional y especialmente la EEBBI, aunmentó su presencia militar con grandes cantidades de soldados y armas, incluyendo ametralladoras y lanzamorteros (bazukas), en la Carretera Sur (desde Montoya hasta el Siete Sur), en los muros del Cementerio Occidental, en la Tercera Sección de Policía, en la Refinería ESSO, en la Fábrica Gadala María, en los locales del Distrito Nacional (Alcaldía, en Acahualinca estaba su sede), en el Estadio Nacional, entonces llamado “Estadio General Somoza”;  en el llamado Departamento de Carreteras, en la Embajada Norteamericana (en la orilla de la Carretera Sur), en el Cerro Batahola (contiguo a la residencia del embajador yanqui), en el antiguo Instituto de la Vivienda, en ENACAL (contiguo a la Laguna de Asososca, única fuente de agua potable en esos momentos), dentro y fuera del Instituto o Escuela Nacional de Comercio (hoy Manuel Olivares, en Las Brisas), etc.

Cabe aquí explicar, nuevamente, que estos vecindarios Suroccidentales y Noroccidentales capitalinos estaban entonces, en junio de 1979, separados por grandes extensiones de predios vacíos y montosos. Vuelvo, recuerdo: no existían el Mercado Israel Lewites, Tierra Prometida, ni el Asentamiento Daniel Enrique Chavarría, ninguna de las dos Colonias Batahola, ni el Barrio Héroes y Mártires de Batahola, ni el Asentamiento Nora Astorga, ni el Asentamiento ubicado al Este de Batahola Norte, ni Villa Austria, es decir, todos estos vecindarios de hoy eran entonces tierras vacías y llenas de hierbas altas, o peladas. Sólo estaba  un “cuadro de béisbol” casi contiguo a la Embajada Norteamericana,  por el Sureste.

Esta condición determinó que estos vecindarios de Monseñor Lezcano, Acahualinca, Santa Ana, Linda Vista, Las Brisas, Loma Verde, Morazán, Balcanes, San Sebastián, etc., estuvieran separados por una distancia de casi dos kilómetros de la entrada Norte de San Judas, y del OPEN TRES (Ciudad Sandino) por casi siete kilómetros.

Este virtual aislamiento (por patios vacíos y presencia abundante de la guardia) fue determinante para que las comunicaciones entre los Combatientes Populares, Jefes Guerrilleros, Milicianos  y población civil involucrada, fueran prácticamente nulas, inclusive entre el Estado Mayor Conjunto FSLN, jefeado por Gabriel “Payo” Cardenal Caldera y el Estado Mayor Conjunto de este sector Noroccidental de Managua, el cual, para colmo, según Santiago Núñez Solís y Ramiro Salvador García Ramírez, no le fue designado un jefe o jefa.

Esta condición de aislamiento, quizás, fue determinante para que ocurriera la monstruosa Masacre de Batahola, ejecutada por la EEBI somocista genocida, jefeada por el “Chigüin” sanguinario Anastasio Somoza Portocarrero. Igual en el OPEN TRES (Ciudad Sandino), pues desde el cuatro de junio no lograron comunicarse con el Estado Mayor Conjunto en San Judas, ni con el Estado Mayor General del Frente Interno. No existían los teléfonos móviles de hoy.

Mientras tanto, las columnas y escuadras militares revolucionarias  móviles ya formadas en la Zona Oriental-norte de Managua, días antes del cinco de junio, entre otras las que coordinaban César “Moisés” Augusto Silva, Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz, José Ángel Benavidez y Gabriel “Payo” Cardenal Caldera, ya operaban, precisamente de forma móvil, para atacar mediante emboscadas a estas patrullas GN de asesinos en sitios como el Reparto Schick Gutiérrez, en la Pista Sabana Grande, dentro de las calles estrechas de las Colonias Américas Uno, Américas Tres, Américas Cuatro, Colonia Cinco de Diciembre, Colonia Primero de Mayo, en el Barrio Los Laureles Norte (Manuel Fernández Mora), en las Pistas que van de Portezuelo y “Dancing” (Carretera Norte) a la Pista Sabana Grande por el Sur;  en las Américas Dos (Villa José Benito Escobar Pérez), en la entrada a la ROCARGO (Km. 8, Carretera Norte), en el “Camino de Bolas” (de Plaza Julio Martínez hacia el Sur), emboscadas dentro del Reparto René Schick Gutiérrez, ataque con fuego balístico nutrido y bombas de contacto a la Sección de Policía (guardias) en la Colonia Centroamérica, ubicada en la orilla de la Carretera a Masaya, frente al llamado “Camino de Oriente”.

Columnas de Combatientes Populares atacan a guardias en el ZUMEN

El Estado Mayor Conjunto del FSLN de la Zona Suroccidental de Managua se reúne en la Colonia “Vista Hermosa” el nueve de junio muy de mañana y sus miembros deciden iniciar las acciones insurreccionales, ese mismo día 9,  con un ataque militar frontal al contingente de unos 300 guardias somocistas, instalados en los edificios frontales del Centro Cívico, especialmente los que ocupa hoy el Ministerio de Educación, frente al Centro Comercial ZUMEN, para comenzar a darle cumplimiento al Plan Militar Insurreccional.

En este momento, allí mismo en Vista Hermosa, el Estado Mayor Conjunto toma otras decisiones militares importantes: Queda como jefe Gabriel “Payo” Cardenal Caldera, las columnas de Combatientes Populares (unos 200) son jefeadas por miembros del Estado Mayor y Jefes Guerrilleros, los cuales eran aproximadamente unos 30 en total; se forman escuadras de Jefes Guerrilleros para protección del Estado Mayor Conjunto y para dirección política y militar en las columnas y escuadras de Combatientes Populares; las columnas al mismo tiempo se organizan en escuadras, a cada columna se le fija un sector de operaciones y combates contra la guardia, se establece, igual que en la Zona Oriental-norte (Zona Principal Insurreccional) de Managua, una escuadra móvil de alta capacidad combativa, movilidad y habilidades potentes para neutralizar enemigos como la “Óscar Pérez Casar”,  o la “Liebre” o la “Caza Perros”, con la finalidad de auxiliar con fuego balístico potente y especializado a las columnas y escuadras, y finalmente, el Estado Mayor fija su puesto de mando en la Escuela Cuba, en Loma Linda, con la decisión de que deba moverse rápido hacia cualquier otro punto, según necesidades militares.

También se organizan los Hospitales clandestinos, el acopio de comida, elaboración de la comida, atención a los heridos, obtención de medicinas y médicos, atención a la población civil lesionada por los tiros y bombas lanzados por los guardias, todo esto bajo la responsabilidad de los Comités de Defensa Civil, integrados por sandinistas y antisomocistas no sandinistas.

Era la ejecución del Plan de diversión militar para mientras se instalaba la Insurrección Sandinista en la Zona Oriental-norte de Managua, o Zona Principal.

En el Centro Cívico y en el Sur de la Colonia Independencia, los contingentes de guardias, eran casi todos de la EEBI, tenían desplegadas no menos de seis ametralladoras calibre 50 y 30, lanzamorteros o bazukas, centenares de fusiles automáticos, dos tanquetas,  centenares de granadas de fragmentación y patrullas móviles, en jeepones y camionetas, que ya andaban operando, con patrullas móviles,  dentro de estos vecindarios, lo repito: San Judas, Vista Hermosa, Villa Roma, Loma Linda,  San Patricio, Torres Molina y los caseríos de la Carretera Sur. También contaban con una “pala mecánica” del Distrito Nacional para desbaratar barricadas, especialmente después de lo ocurrido el cuatro de junio, cuando fue quemada la camioneta de Correos de Nicaragua.

Este centro comercial ZUMEN era entonces propiedad de dos coroneles de la Guardia Nacional, y también estaba custodiado por soldados de la GN. En el lado Oeste, frente al semáforo, había una gran “Z” dibujada en un rótulo metálico y de vidrios iluminados,  que indicaba el nombre de ZUMEN.

El ataque militar guerrillero se organizó en tres columnas. En total eran unos 120 Combatientes, entre ellos unos 15 Jefes Guerrilleros. Contaban quizás, recuerdan Carlos y Víctor Cienfuegos Aburto, con apenas  de 25 a 30 fusiles de guerra, automáticos, entre ellos varios Fal y Garand, más una ametralladora calibre 30, que era manejada por Víctor “Bayardo”, “Dientes de Lata” Romero Pérez, uno de los Jefes Guerrilleros y miembro del Estado Mayor Conjunto.

Una columna guerrillera se situó de frente, en el lado Norte del Centro Comercial ZUMEN, sólo separada por la Pista o “By Pass”. Una segunda columna llegó hasta la esquina Sureste, donde es hoy el otro semáforo, en la orilla del cauce; y la tercera columna se ubicó por el lado Este, donde ahora hay un restaurante. Allí no habían casas, sólo el cauce de por medio.

Eran más o menos las cuatro una de la tarde. Al parecer, los guardias no esperaban ser atacados tan pronto, especialmente después de la demostración terrorista (“operación limpieza”) que habían dado en las calles de San Judas el cuatro de junio recién pasado.

Por órdenes del Estado Mayor Conjunto, Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares organizados y entrenados, disparaban racionalmente, conforme necesidades militares. No se sabe si por miedo o pánico, los guardias en cambio disparaban una verdadera lluvia de balas, incluyendo de ametralladoras. “Era un diluvio de balazos, quizás millones de balas las que nos lanzaron en ese combate”, señala Víctor Cienfuegos Aburto.

El combate posicional, inicialmente, cara a cara, parapetados los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares en muros, aceras, cauces, en troncos de árboles y las edificaciones del ZUMEN, duró un poco más de dos horas. La sorpresa ya se había terminado.

Guardias “muerden anzuelo” y sufren muchas bajas

Ya para este tiempo, pasadas dos horas, la Guardia Nacional somocista genocida, recuerdan los Combatientes y Colaboradores Históricos de San Judas, movilizó hacia el Centro Cívico y “By Pass” una impresionante cantidad de tropas, que quizás sobrepasaban los 600 hombres, más varias ametralladoras, lanzamorteros, aunmentó el número de tanquetas…La balacera se hizo nutridísima.

La guardia ya tenía numerosas  bajas, entre muertos y heridos, por la efectividad de los disparos de los rebeldes sandinistas, pero la presión del fuego y cantidad extraordinaria de gendarmes somocistas genocidas, obligó a que los integrantes de las tres columnas guerrilleras comenzaran ordenadamente a replegarse hacia el Sur por la calle central de San Judas, en rumbo al Ceibo, y hacia el Este, por el “By Pass”, para el  lado de donde  funcionan actualmente los “Raspados Loli” y la Plaza Comercial Julio Martínez, en la entrada al “Camino de Bolas”.

Ya se estaba cumpliendo uno de los objetivos esenciales del Plan Militar Insurreccional de Managua, pues los mandos de la guardia somocista genocida “mordieron el anzuelo” e iba detrás de los Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros,  en territorio de San Judas, rumbo a los lomos de El Crucero, o Cordillera en arco en el Sur de Managua.

Un grupo de unos 60 Jefes Guerrilleros, Milicianos y Combatientes Populares, conocedores cuidadosos del terreno, doblaron hacia el Sur de los “Raspados Loli”, en un  callejón con tope, obligando a los guardias a trabar combate a corta distancia, de muro a muro, y entonces tenían gran efectividad las escopetas recortadas en manos de los Milicianos. Los guardias iban encima, pero a la vez iban cayendo uno tras otro, recuerda Cienfuegos Aburto. Los Combatientes y Jefes Guerrilleros, en cambio, se escabullían por los patios, por huecos abiertos en las casas, por encima de los techos, por caminitos estrechos y desconocidos para la soldadesca somocista genocida.

Los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares iban retrocediendo hacia la profundidad del Barrio San Judas, y a la vez causándoles numerosas bajas a los guardias, pues las escuadras móviles de los sandinistas les salían disparando por donde menos esperaban, al mismo tiempo que les lanzaban, de forma también nutrida, bombas de contacto.

La balacera era un verdadero infierno. Los Jefes Guerrilleros, Milicianos y Combatientes Populares, hombres y mujeres, casi todos jovencitos, ágiles y rápidos como las gacelas, retrocedían, se cruzaban de un muro a otro, se hacían invisibles, disparaban desde el ras del suelo, desde el techo o por encima de los muros, por huecos en las paredes, mientras los guardias eran casi todos visibles, fáciles blanco a corta distancia.

Los recuerdos de Combatientes y Colaboradores Históricos indican que el diluvio de balazos lanzados por la soldadesca somocista se oía como una descarga explosiva permanente de juegos pirotécnicos, y a la vez se sentían como un infierno los impactos de esas balas en los muros de las casitas de bloques y madera de la Calle Central de San Judas, la única pavimentada en ese momento.

Mientras tanto, los guardias que daban persecución a los jefes Guerrilleros y Combatientes Populares de los “Raspados Loli” hacia el Sur, se encontraron con que esos combatientes se les diluyeron, se les desaparecieron en el tope, “pues los muchachos se evadieron por dentro de las casas, porque estas ya tenían huecos para que ellos pasaran atravesando paredes, mientras si los guardias se metían por esos patios, allí quedarían fulminados por tiros a corta distancia.

De la Plaza Julio Martínez, hacia el “Camino de Bolas”, otros dos o tres centenares de guardias perseguían a balazos a otro grupo numeroso de combatientes, quienes finalmente hicieron una especie de “retén militar” y se parapetaron en los muros exteriores del Aserrío Santa Rita, propiedad de Heliodoro Flores.

Combate memorable en aserrío de Heliodoro Flores

Ya eran pasadas las siete de la tarde o de la noche. Aquí en este Aserrío de Heliodoro Flores se trabó uno de los combates militares más memorables de la lucha heroica, ejemplar y genial de los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares del Frente Sandinista de Liberación, pues unos  pocos hombres y mujeres mal armados, sin entrenamientos militares académicos, despreciados por la soldadesca de la dictadura somocista genocida, pero con una elevadísima moral combativa, combatientes voluntarios, patrióticos, los tenían ya locos furiosos, porque siendo ellos (los guardias) una enormidad en cantidad de soldados, en cantidad de fusiles, ametralladoras, lanzamorteros, tanquetas, con vehículos blindados de apoyo y hasta una pala mecánica detrás para apoyarlos; y siendo tan pocos los Combatientes Populares y mal armados, sin embargo no podían cazarlos según los planes de exterminio que tenían los mandos de la Guardia Nacional y del jefe de la tiranía, Anastasio Somoza Debayle.

Este Aserrío estaba situado unos 500 metros al Sur de la Plaza Julio Martínez, en la orilla del llamado “Camino de Bolas”, que en realidad es un cauce que atraviesa el Este de San Judas y baja desde los lomos de El Crucero, o montañas en arco de Managua.

El combate en el Aserrío, ya en las sombras de la noche, duró poco tiempo, pero fue mortal para los guardias somocistas genocidas. Los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares fueron certeros en sus disparos, causando numerosos muertos y heridos a este contingente de la Guardia Nacional, que furioso, iba en persecución de los rebeldes revolucionarios.

Los Jefes Guerrilleros, Milicianos y Combatientes Populares se parapetaban, se movían rápido, disparaban con certeza, y a la vez iban en retroceso virtualmente planificado, porque el objetivo esencial del ataque militar insurreccional a los guardias era de diversión, para empantanarlos, para que no fueran a mover más tropas hacia la Zona Oriental de Managua, donde en esos momentos estaba en pleno desarrollo organizativo el Plan Militar Insurreccional capitalino.

El repliegue escalonado sigue hacia el Sur, mientras los guardias van detrás, desesperados, y se traba otro combate de más de media hora en la Escuela de Sordomudos, ubicada al Sureste de San Judas, en la orilla del mismo “Camino de Bolas”, que lleva hacia los Lomos de El Crucero.

Mientras Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares van combatiendo frontalmente a los guardias y a la vez replegándose de manera escalonada hacia el Sur, los guardias EEBI logran instalar una ametralladora y un lanzamorteros en el Ceibo de San Judas, en la Calle principal, más una de las tanquetas, y con estos elementos de artillería pesada causan estragos en las viviendas y en los pobladores civiles, especialmente en niños y ancianos. Debido a esto, mueren varios niños y ancianos en esta calle esa noche nueve del 9  junio de 1979.

Pánico en los guardias, y abandonan la guarnición policial GN de San Judas

Repliegue Táctico hacia Comunidad Meneses

Sin embargo, era evidente que aquellos  casi 700 guardias iban lentos, llenos de miedo porque a pesar de su enorme superioridad en equipos militares y cantidades de hombres combatientes, ya estaban claros de que los Jefes Guerrilleros y los Combatientes Populares andaban una ametralladora calibre 30 y una gran cantidad de bombas de contacto, las que hacían estragos como si fueran  granadas de fragmentación, y que además, los jóvenes rebeldes lanzaban como si fueran bolas de béisbol. Por esto, los guardias procuraban ya no acercase mucho a los Jefes Guerrilleros y a los Combatientes Populares.

En medio de estos enfrentamientos militares revolucionarios contra la soldadesca somocista, se produce otro hecho, al mismo tiempo,  en que se ven involucrados más de un centenar de pobladores civiles y Combatientes Populares. Los integrantes de la guarnición que tenía la Guardia en San Judas, conocida como “la Sección de Policía”, es abandonada precipitadamente por los guardias, e inmediatamente centenares de pobladores de los alrededores intentan prenderle fuego, pero no lo consiguen  porque la soldadesca GN está todavía en los alrededores.

Esta Sección de Policía estaba en las cercanías del “Nancite”, donde había una cantina y prostíbulo, adonde llegaban muchos guardias.

Esa misma tarde y noche se producen otros dos combates entre la soldadesca criminal, ya acompañada por mercenarios salvadoreños, hondureños, argentinos, coreanos y hasta chinos, en las cercanías del Cine de San Judas, ubicado del Ceibo una cuadra al Este y media cuadra al Sur; y casi al mismo tiempo en la llamada  Tomatera, en el Barrio Loma Linda, hoy Sierra Maestra.

Uno de los combates más singulares de esa noche del nueve de junio se produjo en la llamada Laguna Negra, que en realidad era una piscina, que estuvo situada de donde es hoy el Complejo Comunitario Róger Deshón Argüello un poco al Sur.

Ese Complejo Comunitario Róger Deshón Argüello, donde hoy se ubican el Mercado, la Biblioteca Municipal, el Centro de Salud Edgard Lang Salmerón y tiendas comerciales; y allí también hubo combates o enfrentamiento militar con los guardias somocistas, pues como ya dije en ese lugar la EEBI o Guardia Nacional había instalado una especie de “puesto de mando” móvil con equipos militares pesados.

El Estado Mayor Conjunto, jefeado por Gabriel Cardenal Caldera, en medio del fragor de los combates mencionados, estaba consciente de que debían replegarse escalonadamente hacia el Sur, subiendo para el lado de los lomos de El Crucero, hasta a un lugar llamado “Los Meneses”, que en realidad es una comunidad o conjunto de casas de una misma familia, adonde llegaron replegados ya muy noche de ese nueve de junio.

Este fue el primer Repliegue Táctico, y a la vez estratégico por las características imprimidas a la lucha militar insurreccional en Managua. Allí en “Los Meneses”, en los Lomos del Crucero, se reunieron los mandos unificados de las tres tendencias del Frente Sandinista de Liberación, evaluaron lo que había ocurrido en estas confrontaciones militares con la soldadesca de la Guardia Nacional y EEBI, genocidas. Habían muerto muchos guardias, ¿cuántos?, no se pudo establecer, pero eran muchos, quizás más de 50, según los recuerdos de Combatientes y Colaboradores Históricos de San Judas.

Los caídos por parte de las fuerzas revolucionarias eran relativamente pocos, menos de diez, pero la población civil estaba sufriendo angustias profundas por el nivel de crueldad de los guardias en su “operación limpieza” que iba tras los replegados Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares en esta Zona, en las que estaban involucrados los vecindarios de San Judas, Vista Hermosa, Villa Roma, Loma Linda (Sierra Maestra) y Torres Molina (Camilo Ortega Saavedra), más la comunidad de “Los Meneses” y otras Comarcas ubicadas al pie de los  Lomos de El Crucero, entre otros: San Isidro y Jocote Dulce (Silvia Ferrufino).

Esta reunión mencionada duró desde la media noche hasta en la mañanita del diez de junio de 1979. El resto de Combatientes Populares y Milicianos cuidaban los alrededores  mientras los miembros del Estado Mayor Conjunto y demás jefes estaban reunidos en una casita rosada de la Comunidad de “Los Meneses”.

La evaluación militar insurreccional estableció que la cantidad de Combatientes Populares, más Milicianos voluntarios, había crecido a más del doble, es decir, a casi 400 hombres y mujeres dispuestos a tomar las armas en sus manos, para darle cumplimiento al Plan Militar Insurreccional Sandinista de derrocar definitivamente a la dictadura somocista genocida.

La evaluación determinó, también, que igualmente el nivel de involucramiento de la población civil era ya casi masivo, pero que no había armas de guerra y que las armas de cacería igualmente eran insuficientes. Convienen en la necesidad imperante de arrebatarles armas de guerra en combate a los enemigos y buscar más armas de cacería en los vecindarios mencionados.

Distribución de Frentes de Guerra revolucionaria

Acordaron retornar al Barrio San Judas, a Loma Linda, a Villa Roma, a Vista Hermosa y al Barrio Torres Molina, organizaron otra columna, la número ocho;  se estableció que cada una de las columnas, conducidas por un miembro del Estado Mayor Conjunto o un Jefe Guerrillero, se haría cargo de sectores geográficos ya bien definidos, por ejemplo la columna que iba para la zona del Kilómetro Ocho de la Carretera Sur (Reparto San Patricio, de burgueses), comandada por Cristóbal “Gersán” Guevara Casaya, la cual  allí libró dos combates frontales, terribles, con unos 300 guardias somocistas genocidas en diferentes fechas posteriores. Esta columna, la número ocho,  tenía como finalidad impedir el acceso de la Guardia Nacional genocida por esa vía hacia San Judas y Loma Linda, y por eso la orden de que la jefeara un miembro del Estado Mayor Conjunto, en este caso Cristóbal “Gersán” Guevara Casaya.

Los integrantes de una de las  columnas que se ubicaría en las alturas de Loma Linda y Torres Molina, se abrirían paso a tiro limpio también hacia la Lomas de San Judas, por el Oeste de San Judas; y la mayoría de las columnas de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares operarían móviles, para emboscar el patrullaje de los guardias somocistas, e irlos a combatir donde estaban acantonados, es decir, mantenerlos en movimiento, empantanados, para que no salgan de Managua, ni muevan más tropas hacia la Zona Oriental-norte, o Zona Principal Insurreccional capitalina. Uno de los objetivos esenciales era retornar al Barrio San Judas, y continuar hostigando, combatiendo y golpeando sin cuartel a los guardias somocistas genocidas, en el terreno que habían obtenido con su enorme poder de fuego.

El resto de columnas quedaron distribuidas de la siguiente manera: Una columna, al mando de Gabriel Cardenal Caldera, queda en el Colegio Cuba. Allí se ubican varios miembros del Estado Mayor, entre ellos, Genie “Tavariche” Soto Vásquez.

Esta columna era al mismo tiempo una especie de Puesto de Mando, ubicado en Loma Linda; una tercera columna se ubica en el camino viejo a la Comarca Pochocuape, en la Escuela Santa Fé, y tiene como finalidad impedir que los guardias somocistas genocidas se metan por allí y encierren al Estado Mayor Conjunto y al resto de Combatientes Populares. Quedó jefeada por Víctor “Bayardo”, “Dientes de Lata”  Romero Pérez; una cuarta se ubicaría en la calle principal, del Complejo Comunitario hacia el Norte, hacia el Ceibón, comandada por Miguel Navarrete, Mauricio del Carmen Kiel, Yuri Valle Olivares y Víctor Cienfuegos Aburto.

Una quinta columna en realidad es la mezcla de dos columnas pertenecientes al grupo de los Comando Sandinistas Cristianos y del llamado Antonio “Chele” Zepeda, acompañado de “Carlitin”, a quienes se les asigna la misión de operar de forma móvil entre el Aserrío Santa Rita, de Heliodo Flores, y la calle principal de San Judas, más en la Colonia Vista Hermosa y cercanías del Contry Club, que era prácticamente un acceso directo a la  Hacienda El Retiro, de Anastasio Somoza Debayle; una sexta columna se fija directamente para montar operativos militares antiguardias directamente en el Aserrío, en la orilla del “Camino de Bolas”, al que tanto le temían los guardias somocistas genocidas.

Esta última columna era jefeada por Mario Cienfuegos Aburto, Adrián Meza Soza y Medardo “Primo” Hurtado; una séptima columna, que en realidad son otras dos juntas, organizadas así por el Estado Mayor Conjunto, es una que operaría en las construcciones del Centro Comunitario, integrada por 25 cuadros políticos, propagandistas y militares, cuya finalidad esencial era hacer propaganda política revolucionaria armada entre los pobladores de estos vecindarios, sobre los avances de la lucha armada, y de cómo debían todos aportar cómo fuese para derrocar a la dictadura militar somocista genocida; y a la vez batirse a tiros con los guardias, si era necesario. Estas dos columnas quedaron comandadas por Mauricio Aguilar, por Aurora, por René Cisneros Vanegas y Eduardo Cuadra Ferrey.

Un dato impresionante es que este Estado Mayor Conjunto del FSLN en estos vecindarios mencionados del Suroeste de Managua, contaba con 55 casas de seguridad en toda la zona, es decir, que Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares tenían esta cantidad de locales o viviendas para esconderse, para embuzonar armas, bombas de contacto y municiones, más comida y medicinas.

En toda la jornada insurreccional, del cuatro al 16 de junio, hubo aproximadamente 40 muertos entre la población civil, Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares en esta Zona de San Judas, Vista Hermosa, Loma Linda,  Villa Roma y Torres Molina. Uno de esos caídos fue el Jefe Guerrillero proletario René Cisneros Vanegas, quien era miembro del Estado Mayor Conjunto.

OPEN TRES  insurreccionado

Un sector considerable de pobladores antisomocistas, que ya no soportan al régimen genocida, y los Combatientes Populares que ya poseen algún grado de entrenamiento militar, se adelantan, como hemos visto, a los planes militares del Estado Mayor General del Frente Interno y del Estado Mayor Conjunto de Managua.

Ya dije, por ejemplo, que en el OPEN TRES (Ciudad Sandino) la guardia se ha lanzado contra la población organizada y no organizada, pues el cuatro de junio los soldados tienen tomados los cerros, todas las entradas y salidas y  el interior del vecindario.

El Estado Mayor Conjunto del FSLN en el OPEN TRES (hoy Ciudad Sandino) estaba ya integrado por Adolfo Aguirre Estathadgen, Eva Adilia Solís, Víctor Mauricio Membreño Morales, José Alexander “Pepe Loco” Estrada Fonseca, Antonio “Julio” López, Marlene Álvarez, Gustavo “Loco” Cerna González, Nelson Romero Lanzas, Gonzalo Jarquín, Julio César Vílchez, Héctor Martínez Pacheco y Francisco Cedeño, según datos suministrados por la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos del FSLN y “Ciudad Sandino: 30 años cumplidos” de Pablo E. Barreto Pérez.

Los testimonios de José Alexander “Pepe” Estrada Fonseca y Carlos Jiménez Reyes (Combatiente Histórico) indican que además de organizar militarmente varias escuadras de combate, también en forma clandestina y acelerada trabajan en la organización de los Comités de Defensa Civil, entre cuyos miembros distribuyen responsabilidades de organizar buzones de armas, fabricación de bombas de contacto, de ubicar locales para Hospitales clandestinos, búsqueda de medicinas para curar heridos, agrupar médicos y enfermeras, acumular comida, prepararse para lanzarse a la calle para hacer barricadas y trincheras de combate.

El Estado Mayor Conjunto y los jefes de Escuadras Tácticas de Combate del OPEN III, más los dos Comandos Revolucionarios del Pueblo, se reúnen clandestinamente, de emergencia, y acuerdan que por las pocas armas y municiones que poseen, harán resistencia militar en movimientos, enfrentamientos rápidos y retiradas también rápidas, pues no tienen capacidad militar para enfrentar a casi 400 guardias superarmados.

El siete de junio empiezan a construirse barricadas y zanjas en la calle principal de entrada del OPEN TRES. Varias de las escuadras organizadas, ya mencionadas, dirigidas por el Estado Mayor Conjunto, deciden atacar simultáneamente, ese mismo día,  al comando GN que tienen los guardias por donde es hoy el Cuerpo de Bomberos y la Segunda Sección de Policía (“Sierra 2”), situada en la orilla de la Carretera, donde es hoy la Empresa de Trasmisión Eléctrica (ENATREL). Atacan y se retiran. Le causan bajas a los guardias en el comando GN por el Cuerpo de Bomberos, pero no saben de cuántos heridos y muertos han ocasionado.

En apoyo a estas acciones militares, centenares de pobladores del OPEN TRES salen de sus casas, actuando rápidamente hacen barricadas en las calles y al mismo tiempo hieren la tierra con barras, macanas y piochas, para hacer zanjas, todo lo cual se convierte en obstáculo para el paso de equipos militares de la Guardia Nacional.

Las Escuadras van en busca de los guardias, los atacan y se retiran una y otra vez, pues los Jefes Guerrilleros y los Combatientes Populares están claros, clarísimos, de que no podrán entablar combates sostenidos, porque sólo tienen dos fusiles automáticos con pocos tiros, más una cantidad escasa de armas de cacería.

La dictadura somocista y su Guardia Nacional de asesinos tiene ya tomados todos los cerros de los alrededores, todas las entradas al OPEN TRES, la entonces “Plaza de los Cabros”, la Estación del Cuerpo de Bomberos Voluntarios;  inclusive ha colocado retenes en esas entradas, en la entrada Sur de la Carretera al poblado y Balneario de Xiloá, en la entrada a la Carretera  hacia la Cuesta del Plomo (Cuesta de los Mártires), y en la propia Carretera Nueva a León, en la entrada de Satélite Asososca (Eduardo Contreras Escobar), frente al Parque Infantil “Las Piedrecitas” y el trecho de Carretera en que tiene ubicada la llamada “Segunda Estación de Policía” GN (“Sierra 2”), donde se ubica en esos momentos el contingente principal de soldados  y oficiales de la Guardia Nacional somocista genocida en este sector geográfico de Managua.

La soldadesca somocista sanguinaria lanza una arrolladora ofensiva el nueve de junio todo el día. Desbaratan barricadas, cierran zanjas, lanzan “al aire” y por entre las calles un diluvio de ráfagas  intimidatorias de ametralladoras y fusiles durante casi todo el día nueve, y al mismo tiempo, precisamente, las Escuadras de Combate del FSLN clandestino les salen por las “boca calles”, en las esquinas, por encima de las casas, y los atacan de forma relámpago, les tiran bombas de contacto, las cuales les causan destrozos en los equipos militares automáticos que andan los guardias,  y los Combatientes Populares  se baten en retirada.

A las cinco y media de la tarde, los guardias abandonan el interior del OPEN TRES, incluyendo los que antes estaban en el comando GN en la “Plaza de los Cabros”, por el Cuerpo de Bomberos, pues esta soldadesca y sus jefes ya le temen a las emboscadas y a las bombas de contacto, especialmente cuando se aproxima la noche.

Los Jefes Guerrilleros, Milicianos y Combatientes Populares, en cambio, siguen operando de noche, organizando a los pobladores, planificando lo que harán al siguiente día y al mismo tiempo recuperando armas y ajusticiando “orejas”, “soplones”, “jueces de mesta”, infiltrados, agentes de la Oficina de Seguridad y guardias somocistas genocidas.

El 10 de junio en la mañana,  la  Guardia lanza nuevamente  una ofensiva enorme, pareciera que lanzaron todos los comandos GN ubicados en la zona al mismo tiempo, y entran al interior del OPEN TRES con tanquetas, camiones blindados, jeepones con ametralladoras encima, la infantería con dos fusiles (uno en manos y el otro cruzado en las espaldas), registrando casa por casa, de las cuales sacaban a sus habitantes, los colocaban contra las paredes de sus viviendas y los amenazaban con matarlos “por ser colaboradores de los “sandino-comunistas-terroristas”.

Guardias imponen terror en todo el vecindario

Se produce Repliegue de más de dos mil hacia San Andrés de La Palanca

El registro incluye revisar si los machetes, cobas, barras, palas y piochas tienen lodo pegado o señales de haber sido usadas en la apertura de zanjas en las calles, o que alguno de los miembros de la familia tuviese lodo en la ropa.

Precisamente a una familia de la calle principal del OPEN TRES (Ciudad Sandino) le encontraron una coba y una pala llenas de lodo, y de inmediato lanzaron al jefe familiar contra una pared y lo mataron de varios balazos.

Este nuevo asesinato de la Guardia Nacional en el OPEN TRES provocó una especie de histeria colectiva, miedo colectivo, lo cual motivó a que de forma masiva, unas dos mil personas, buscaran el lado Oeste del vecindario, donde estaban replegados en ese momento los Jefes Guerrilleros, Milicianos y Combatientes Populares, y por esta propagación de terror se inició el también famoso Repliegue Táctico del OPEN TRES a los Lomos de El Crucero, a la altura de la Comarca de San Andrés de  La Palanca, un poco al Sur del casco urbano de Mateare.

El Estado Mayor Conjunto, de las tres Tendencias del FSLN en ese momento, encabezado por Adolfo Aguirre Estathadgen, Eva Adilia Solís y Víctor Mauricio Membreño Morales, queda sorprendido ante la avalancha de pobladores, ya implicados en la Insurrección, que buscan cómo salirse de sus casas “porque la guardia viene matando gente”.

Al Estado Mayor Conjunto no le queda más remedio que organizar el  Repliegue Táctico del OPEN TRES a la Comarca San Andrés de la Palanca y Filos de Cuajachillo, ubicados ambos a nueve kilómetros al Oeste en las faldas o Lomos de la Cordillera Montañosa de Managua, que precisamente termina en la orilla del Lago de Managua, o Xolotlán, y en la orilla Oeste del casco urbano del Municipio de Mateare.

Los vecinos del OPEN TRES y de la entonces Comarca Bella Cruz comenzaron a abandonar sus viviendas un poco después de las diez de la mañana. Cuando eran las doce del medio día, la romería humana iba caminando por caminos y potreros paralelos al camino carretero que conduce a la Comarca de San Andrés de la Palanca. Dichosamente no fueron perseguidos por la soldadesca somocista sanguinaria, porque los guardias les temían a las emboscadas en caminos como éste de San Andrés de la  Palanca.

En el Repliegue se fueron mujeres de distintas edades, hombres, ancianos, niños, y prácticamente todos pedían armas de guerra para enfrentarse a los guardias, pero ya dije no habían armas, y las armas de cacería eran también muy pocas.

Los guardias, mientras el Repliegue Táctico caminaba bajo Sol muy caliente, se dedicaron a invadir y registrar casas, donde iban robando todo lo que podían llevarse.

Campamento del Repliegue y ejecuciones de “orejas” y guardias en las noches

Puestos en San Andrés de la Palanca, el Estado Mayor Conjunto decidió organizar la instalación de un campamento gigante para todos los replegados del OPEN TRES, y al mismo tiempo los organizó en una especie de Asociación de Trabajadores del Campo, en varios Comités de Defensa Civil, y los más aptos para combates, pasaron a entrenarse en tácticas de combate, en arme y desarme de las armas de cacería, “porque no vamos a  quedarnos de brazos cruzados aquí.  Tenemos que luchar contra los guardias, como sea, con lo que sea, porque el objetivo esencial de esta lucha insurreccional es derrocar al régimen de asesinos que nos oprime desde hace 45  años”, les dijo Adolfo Aguirre Stathadgen cuando estaban reunidos en una especie de asamblea en el camino vecinal de San Andrés de la Palanca.

Se ampliaron las Escuadras de Combatientes Populares. El Estado Mayor Conjunto dispuso que esas escuadras ampliadas cuidarían el campamento de replegados por los cuatro costados, custodiarían a los grupos que anduvieran buscando y cocinando la comida; se organizó un grupo disciplinario, un Comité de Primeros Auxilios, un Hospital, un Comedor para todo mundo, controlado para racionar la comida, dando prioridad a niños, niñas, ancianos y mujeres embarazadas; fueron seleccionados los Combatientes Populares mejor entrenados y más hábiles en el manejo de armas de cacería para salir todas las noches hacia el casco urbano del OPEN TRES, con el fin de cazar o capturar “orejas”, soplones”, “jueces de mes”, miembros de los “escuadrones de la muerte”, agentes de la Oficina de Seguridad y guardias, para enjuiciarlos y fusilarlos por ser autores de crímenes horrendos en esta Zona Oeste de Managua.

Además, durante las noches siguientes, hasta el 19 de julio de 1979, estas escuadras se dedicaron a recuperar armas de cacería en empresas y casas particulares, una de las cuales fue la casona del esbirro general Fermín Meneses Cantarero, quien era el jefe del Comando GN derrotado por la Insurrección Sandinista en la Ciudad de Masaya.

Los contingentes de la Guardia Nacional y de la EEBI de asesinos entraban a operar de día dentro del OPEN TRES con su enorme aparato militar, virtualmente sólo en venganza por el ajusticiamiento de sus “angelitos” “orejas” y “soplones”.

Pocos días después de ocurrido el Repliegue Táctico del OPEN TRES a San Andrés de la Palanca, el Estado Mayor Conjunto toma la decisión de que su Jefe o coordinador, Adolfo Aguirre Stathadgen, vaya en busca del Comandante Carlos Núñez Téllez, en la Zona Oriental de Managua; o de Gabriel Cardenal Caldera, en San Judas, con el fin de pedirles apoyo militar, armas de guerra y municiones, para poder combatir contra la enorme cantidad de gendarmes GN sanguinarios ubicados en este lado Oeste de Managua.

Aguirre Stathadgen, muy joven, de la Tendencia Proletaria, de extracción burguesa, identificado plenamente con la clase de obreros y campesinos, toma la decisión de cumplir esa orden militar en pleno día. Empaqueta una pistola 45 entre su cuerpo y la ropa que lleva puesta. Lleva otros tres magazines con tiros, guardados en las bolsas del pantalón.

Matan a Adolfo Aguirre Estathagen, jefe del Estado Mayor del OPEN TRES

A sus compañeros y compañeras les ha dicho una y otra vez que no se dejen capturar vivos, que mueran en combate contra la guardia somocista sanguinaria genocida, “porque de todas maneras te van a matar”.

Baja de los “Filones de  Cuajachillo” y de San Andrés de la Palanca. Se interna en el camino polvoso, zanjonoso y sombroso de San Andrés de la Palanca hacia el OPEN TRES. Va caminando solo, ya dentro del OPEN TRES. Cuando sale por cada esquina de calles, se detiene a observar si hay o no hay guardias u “orejas” que lo persigan. Va caminando de la Iglesia de la Cruz Grande una cuadra al Norte y una cuadra al Oeste, cuando repentinamente desemboca por allí un contingente de guardias circulando en tres camiones llenos de sicarios del somocismo.

Le dan al “¡Alto¡ ¡Párese ahí¡” a Aguirre Stathadgen. No se corre, no huye. Desde hace mucho tiempo está claro de lo que debe hacer cuando llegara este momento crucial y mortal. Se parapeta en un murito, desenfunda su pistola y deja que los guardias se le acerquen para tenerlos a tiro efectivo de los disparos de su pistola. Como lo ven parapetado, los guardias se acercan y abren fuego balístico. Adolfo dispara calmadamente,  apuntando  cuidadosamente aún en esa situación de muerte, mata a dos guardias y hiere a varios. Entonces, rabiosos los gendarmes sanguinarios porque aquel joven rebelde, solitario en ese momento, les había disparado certeramente, desatan una balacera nutrida hasta dejarlo muerto,  en ese lugar.

Por tanto, no hubo forma, no fue posible la comunicación militar insurreccional entre el Estado Mayor Conjunto del OPEN TRES con el Estado Mayor General del Frente Interno,  y tampoco con Gabriel “Payo” Cardenal Caldera, en San Judas, quedando los replegados del OPEN TRES aislados en San Andrés de la Palanca hasta que se produjo el Triunfo de la Revolución Popular Sandinista el 19 de julio de 1979.

Se mantuvieron operando de noche, hostigando a los guardias en sus comandos, en rastreo de “orejas”, “soplones”, miembros de “escuadrones de la muerte”, todos los cuales, al ser capturados, eran sometidos a juicio popular público por sus crímenes, y fusilados también en público.

Fue necesario mantener vivo y en movimiento el campamento militar insurreccional de los replegados en San Andrés de la Palanca. Unos grupos buscaban comida y medicinas, otros iban en busca de leña para cocinar, las escuadras de combate se turnaban en el cuido del Campamento Revolucionario Sandinista, las mismas escuadras exploraban constantemente en los alrededores y hacían labor de inteligencia militar por si los enemigos intentaban infiltrárseles, y grupos de mujeres se encargaban de cuidar y controlar a los niños; se formó una unidad de salud con médicos y enfermeras a la cabeza; y una escuadra especializada en recuperar armas de cacería, municiones y reparaciones de las mismas armas.

Además, la moral combativa se mantuvo viva porque se anunció que pronto llegaría la “Columna Pedro Altamirano” con refuerzos en hombres, armas de guerra y municiones desde el lado de León, lo cual, por supuesto, nunca ocurrió, pero que mantuvo esperanzados a estos 2,000 replegados hasta que se dio el Triunfo de la Revolución Popular Sandinista, el 19 de julio de 1979.

En el mismo día 9 de junio de 1979:

Destrucción de Sección de Policía en Reparto Schick Gutiérrez

Caen El Palestino y Adolfo Reyes

Antes de que entraran a funcionar plenamente los Frentes de Guerra, o de Combates, bien definidos en la Insurrección Sandinista en los Barrios Orientales y del Norte de Managua, el nueve de junio, a las cuatro de la mañana,  salen en formación militar los doce miembros de la Columna Guerrillera “Juan de Dios Muñoz”, de la Escuela “La Salle” (Barrio La Fuente, hoy Ariel Darce Rivera) encabezados por el Jefe Guerrillero Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz (GPP), rumbo a tomarse la calle de entrada principal al Barrio La Fuente y a operar contra los guardias en todo el Reparto Schick Gutiérrez.

Cabrales Aráuz ya tenía entrenados y organizados en escuadras de combate a numerosos jóvenes del Reparto Schick Gutiérrez y del Asentamiento La Fuente, entre otros: “Palestino” Castillo, Francisco Talavera Alaníz, Adolfo Reyes, Francisco René Polanco Chamagua, Juan Carlos Soza Aragón, Joaquín Valle Corea, José Santos Mayorga Alemán, Ariel Darce Rivera, Domingo Matus Méndez, Miguel Ángel y Marcos Antonio Tapia Gutiérrez, entre otros.

38 años después, Juan Carlos Soza Aragón recuerda que “Nacho” Cabrales Aráuz ordenó que la pequeña tropa de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares se tendiera de la esquina de los actuales semáforos de entrada al Hospital del Niño hacia la entrada de La Fuente, donde todavía no había semáforo. De la entrada del Hospital del  Niño hacia el Norte ya estaba tendida la tropa revolucionaria sandinista jefeada por Sergio “Marcio 13” Gómez Vargas.

Esa mañana del nueve de junio, con el accionar operacional de esta Columna “Juan de Dios Muñoz”, en realidad se estaban iniciando los combates insurreccionales en contra de la dictadura somocista en la Zona Oriental de Managua, o Zona Principal de la Insurrección Popular Sandinista.

“Palestino” Castillo, conforme  plan militar, se dispuso a colocar una mina de explosivos en el Puente de cruce, en la Pista,  en la entrada al entonces Hospital Oriental, hoy Manolo Morales Peralta.

La Guardia Nacional genocida tenía un comando o contingente de gendarmes dentro del Centro Comercial Managua, de donde salieron un poco después de las nueve y media de la mañana, de cruzada por los predios montosos del hoy Barrio Grenada, rumbo al Hospital Oriental, cuyas edificaciones no se habían terminado de construir.

El contingente de gendarmes, quizás de unos 60 guardias, con camiones blindados y fusilería, salieron a la Pista por la orilla del “Supermercado Más X Menos”, el cual funcionaba del Hospital Oriental 200 metros al Oeste, donde al menos un centenar de ciudadanos sacaban comida, mientras Francisco Talavera Alaníz les daba protección militar.

Un grupo de guardias abre fuego balístico contra Talavera Alaniz, quien resiste varios minutos parapetado dentro de la bodega del “Supermercado X por Menos”, y finalmente lo matan. Otro grupo de gendarmes se dirige al Puente y le disparan al “Palestino” Castillo, quien ya empezaba a colocar los detonantes de la mina, cuando lo “pegan” en un costado y muere allí debajo del puente. “Palestino” era un jovencito que se había entrenado en Palestina en fabricación y colocación de explosivos. Talavera Alaniz y “Palestino”  fueron de los primeros caídos en la Insurrección de los Barrios Orientales y del Norte de Managua.

Reforzados por Combatientes Populares de la Colonia Nicarao, jefeados por Sergio “Marcio 13” Gómez Vargas, los integrantes de la Columna “Juan de Dios Muñoz” retroceden combatiendo un poco al Este de la entrada del Barrio La Fuente, donde también cae el “Chiri”, quien disparaba con una escopeta de mazorca o semiautomática.

La escopeta del “Chiri” es tomada por Juan Carlos Soza Aragón. Ya en este momento del inicio de la Insurrección se está poniendo en práctica el combate de resistencia móvil, de hostigamientos, emboscadas y retrocesos, para mantener ocupados y confundidos a los guardias sanguinarios.

Llegan más del doble de refuerzos a los guardias, incluyendo una tanqueta, dos ametralladoras montadas en jeepones, y los miembros de la Columna “Juan de Dios Muñoz” se ven obligados a ir retrocediendo en combates sostenidos, en movimientos rápidos, haciendo emboscadas, hacia el Este del Reparto Schick Gutiérrez, cuya parte final está a más de cuatro kilómetros al Este de la entrada del Barrio La Fuente (hoy Ariel Darce).

Destruyen Sección de Policía GN

Guardias rodean Reparto Schick en busca de guerrilleros

Cuando ya son casi las cuatro de la tarde de ese nueve de junio de 1979, la Columna “Juan de Dios Muñoz” tiene  más refuerzos o auxilio de otros Combatientes Populares de la Colonia Nicarao y de la Colonia Américas Uno, pero siguen retrocediendo, y llegan hasta donde está la “Quinceava Sección de Policía GN” (“Sierra 15”), la cual se ubicaba en la orilla del Cauce situado de donde fue el Tanque Rojo dos cuadras al Oeste.

Con apoyo de pobladores atacan a balazos a los guardias de “Sierra 15” y le prenden fuego a la Sección policial GN. Allí mueren cuatro guardias.  El resto, unos 15,  huyen despavoridos. El combate en movimiento sigue sin parar.

Al mismo tiempo otros cuatro contingentes de guardias, sin conocerse qué cantidades, están entrando al fondo del Reparto Schick Gutiérrez desde el “Cebollal” (predio baldío, lleno de cebollas por el lado Norte del Reparto lujoso Las Colinas), por el lado de la Terminal de Autobuses EMITESA y del Colegio de las Monjas, y desde el lado de Baterías Hasbani (lado Noroeste del Reparto Schick Gutiérrez), donde había un contingente de guardias en forma permanente; y un cuarto grupo de gendarmes entra por los predios del Barrio Isabel Urbina (hoy Adolfo Reyes), y ubican tropas donde está el Monumento a René Schick Gutiérrez.

Desde todas estas direcciones, por los cuatro puntos cardinales, en cantidades incontables en esos momentos, los guardias somocistas genocidas inician lo que llamaban ellos “operación limpieza” (“tierra arrasada”, decía el esbirro coronel Nicolás Valle Salinas), para desbaratar todas las barricadas y zanjas que habían hecho los pobladores insurrectos en las calles de este populoso vecindario del Oriente de Managua.

Guiados por Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz, los Combatientes Populares habían determinado combatir casa por casa, para darle la batalla militar revolucionaria a la gendarmería sanguinaria durante toda la noche de ese nueve de junio, si era posible. Se apostaron en muros con huecos hacia las calles, sobre techos y escondidos en árboles dentro de los patios de las casas, tal como habían realizado emboscadas contra los guardias en días anteriores.

Serían ya las cinco y media de la tarde. Dentro del Reparto Schick Gutiérrez los guardias andaban dos tanquetas, no menos de diez camiones blindados, centenares, o tal vez más de 500 soldados, varias ametralladoras montadas en jeepones, y para asegurarse de que las Columnas Guerrilleras no fueran a atacarlos a balazos, convirtieron en rehenes a centenares de mujeres, hombres, ancianos y niños, a los cuales colocaron delante de los contingentes, subidos en las tanquetas, camiones y jeepones, mientras con dos palas mecánicas iban desbaratando barricadas y rellenando zanjas.

Los Combatientes Populares se vieron obligados a retirarse por donde es hoy el Colegio Carlos Rugama, entonces llamado “Hope de Somoza No. 1”. Completan el Repliegue Táctico interno, dentro del Reparto Schick Gutiérrez, ubicándose en los cauces de la orilla del Tanque Rojo y por donde estuvo la “Sierra 15”, en espera de que la soldadesca sanguinaria los buscara allí, para  emboscarlos, pero no se atrevieron a meterse.

Llega de refuerzo la Columna de “Bertilda, “la 121”, cuyos miembros, entre otros: “Bertilda”, “Bigote”, “Negro Ebi”, “Negro Tom”, “Marvin Cucaracha”, “Venancia” o Isabel Castillo, todos con fusiles Fal, también  se tienden dentro de los cauces esa noche del nueve de junio. Los guardias se retiran de noche a sus cuarteles, pues les tenían miedo profundo a los ataques nocturnos con bombas de contacto.

El diez de junio temprano, estos grupos guerrilleros insurreccionales se vuelven a tomar las calles del Reparto Schick Gutiérrez, especialmente por los lados Este y Sur. Construyen de nuevo barricadas, zanjas, refugios antiaéreos, y se disponen a continuar los combates de forma móvil.

Al mismo tiempo, Ramón Cabrales Aráuz orienta la puesta en funcionamiento de una Escuela de Entrenamiento Militar rápido, para Combatientes Populares y Milicianos, en una casa conseguida por Francisco René “Sastrecillo” Polanco Chamagua. Santos Sobalbarro Blandón y Juan Carlos Soza Aragón se hacen cargo de los entrenamientos durante dos días. En esta Escuela, orientada también por María Linette “Rita” Martínez y María de los Ángeles “Yahoska” Cajina Rojas, se entrenaron, entre otros: Joaquín Valle Corea, Juvenal Palacios Morales, Mario Antonio Macías Paredes y Osbaldo Antonio Largaespada Lagos, caídos en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya (27, 28 y 29 de junio de 1979).

La resistencia insurreccional activa, móvil, de hostigamientos y emboscadas se pudo mantener hasta el 12 de junio, cuando la Guardia Nacional sanguinaria lanza nuevamente una ofensiva gigantesca por los lados del Cebollal, por la entrada principal (Monumento a René Schick Gutiérrez), por el Norte (desde Baterías Hasbani) y desde el lado de Villa Libertad, obligando a Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares a replegarse hacia rumbos de las Colonias Américas Uno, Américas Cuatro, Colonia Primero de Mayo, Reparto Rubenia, Colonia Catorce de Septiembre y Colonia Nicarao.

En uno de estos combates cae Adolfo Reyes, miembro de una familia humilde del entonces Asentamiento llamado “Isabel Urbina”, lotificadora, quien era precisamente una de las colaboradoras más activas del sargento GN sanguinario Alberto “Macho Negro” Gutiérrez.

En uno de estos combates, Adolfo Reyes corre para esquivar una ráfaga de metralla en su contra, tropieza accidentalmente y cae sobre el costal de bombas de contacto que portaba para lanzarlas contra los guardias somocistas sanguinarios genocidas. La explosión de la bomba le destroza el costado izquierdo y un  guardia llega a rematarlo.

Ataque a Tercera Sección de Policía GN en Monseñor Lezcano

Como queda relatado, en Monseñor Lezcano, en Acahualinca, Barrio Cuba, Balcanes, Lomas de Guadalupe, Linda Vista, Las Brisas, Callejones de Santa Ana y Barrio San Sebastián, pobladores civiles y Combatientes Populares, acompañados por apenas unos 15 Jefes Guerrilleros, también se están moviendo en columnas armadas móviles emboscando a los guardias, levantando barricadas en casi todas las esquinas, con adoquines, vehículos viejos, piedras canteras, árboles cortados para tal propósito.

El nueve de junio todavía habían comunicaciones, mediante correos clandestinos,  entre los Jefes del Estado Mayor Conjunto, coordinado por Gabriel Cardenal Caldera y el Estado Mayor de la Zona Noroccidental de Managua: Monseñor Lezcano, Acahualinca, Loma Verde, Colonia Morazán, Barrio Los Balcanes, Linda Vista, Reparto Las Brisas, etc. En cuanto a actividad insurreccional abierta, pública, están a la cabeza Acahualinca, Colonia Morazán, Los Balcanes (en la orilla Sur del Lago de Managua) y Monseñor Lezcano.

El Estado Mayor Conjunto de esta Zona Noroccidental, encabezado por Silvio “Israel” Porras García y Arnoldo “Viejo” Real Espinoza, decide atacar y destruir la Tercera Sección de Policía el 10 de junio en la mañana. Cuentan con varios fusiles automáticos y un RPG-2, o lanzamorteros, el cual estaba en poder del grupo de los terceristas.

El combate dura menos de dos horas. A la casa en que se alojaba la Tercera Sección de Policía, propiedad de una familia de oficiales, soldados y “orejas” o soplones de la Guardia nacional, le es lanzado un mortero, el cual entra derecho hasta el interior de la vivienda, y se produce una poderosa explosión que deja la casa en escombros. Parte de los guardias son capturados y fusilados posteriormente, mientras otros huyen por medio de un subterráneo que ya tenían  preparado para el escape.

10 de junio: fuerzas tensadas al máximo

Versión del Comandante Núñez  sobre levantamientos armados en Managua

“Los levantamientos en Managua se inician a partir del nueve de junio en barrios como la Nicarao, la Centroamérica, Acahualinca, hasta ir culminando el levantamiento generalizado de la población, mediante las tomas y  levantamientos de barricadas. Para el 10 de junio las fuerzas sandinistas se encontraban tensadas al máximo, los combates militares se generalizan prácticamente en los barrios y la Capital se levanta en pie de lucha”, dice el Comandante Carlos Núñez Téllez, jefe del Estado Mayor General del Frente Interno, en su libro “Un Pueblo en Armas”, en la página 85, de la segunda edición, el cual en realidad fue un informe, escrito por él, del Frente Interno  a la Dirección Nacional Conjunta, en 1979, después del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista.

“Las zonas oriental y occidental –continúa el Comandante Núñez Téllez—son tomadas por la población, se levantan barricadas, se arman trincheras, se crean las redes de abastecimiento, surgen las tropas y las unidades milicianas a combatir al enemigo”.

El Comandante Núñez Téllez indica en su libro “Un Pueblo en Armas” que en estos momentos insurreccionales en el Estado Mayor General del Frente Interno del FSLN se cuenta con 125 armas de guerra, más numerosas ametralladoras livianas para “instalar nidos de ametralladoras” en sitios estratégicos, especialmente por donde están ya levantadas las barricadas más grandes de la Zona Oriental de Managua, incluyendo unos pocos lanzamorteros, conocidos como RPG-2 o bazukas.

El mismo Comandante Núñez asegura sobre el inicio de la Insurrección en Managua: “El Frente Interno decide lanzarse a la lucha en Managua. La lucha en Managua, a diferencia de otros departamentos o de algunos Frentes de Guerra del FSLN, va dirigida a entorpecer sus fuentes de abastecimientos (a la guardia) hacia otros departamentos y a la vez, mantener la resistencia armada a la espera de que las fuerzas de los diferentes Frentes de Guerra avanzaran hacia la Capital, para tomarla”. 

“El Plan Militar de Managua perseguía en lo fundamental estos objetivos, pretendiendo hacerse fuertes sobre determinadas posiciones, y no tenía, digamos, su táctica, un espíritu ofensivo, sino más bien de obstaculizar al enemigo, dispersarlo en toda la Ciudad y desde allí batirlo con golpes militares  audaces y efectivos”, analiza el Comandante Núñez Téllez.

“La Capital –expresa el Comandante Núñez Téllez—sería un tremendo laboratorio y una tremenda escuela para poder enfrentar la lucha, haciendo uso de todos los medios y de todas las fuerzas. Sobre tres consideraciones importantísimas se basó la Dirección Nacional al del Frente Interno para poder utilizar al máximo sus fuerzas contra el enemigo y para golpearlo lo más contundentemente posible.

“En primer lugar, se expresó en la integración de un solo mando político-militar, que se sintetizaba en la autoridad que ejercían los tres compañeros que formábamos la Dirección del Frente Interno; en esta dirección se sintetizaba la conducta general de todas y cada una de las fuerzas, desde los cuadros hasta los militantes, desde los jefes hasta los combatientes, porque habíamos señalado y hasta habíamos desarrollado el principio de que para mantenerse en la zona de combate señalada por el Frente Interno era necesario lograr máximo de unidad de esfuerzos para afrontar una responsabilidad de la magnitud que tenía Managua.

“En este sentido, desde los primeros momentos se dio toda una política de difusión, toda una serie de pasos con el fin de lograr que los distintos combatientes, los distintos jefes se percataran de esta indispensable labor, de esta indispensable necesidad.

“En segundo lugar, se expresa en la articulación de un solo mando militar práctico, integrado por los compañeros Raúl Venerio, Mónica Baltodano y Osbaldo Lacayo, quienes tenían a su cargo la responsabilidad de conducir todas las operaciones militares que fueran necesarias, y en tercer lugar, se integró una Comisión Política formada por Julio López, Marcos Valle Martínez, Moisés Hassan Morales, Glenda Monterrey Vásquez y Lea Guido López, encargada de lanzar todas las orientaciones en torno al trabajo político-organizativo en la población.

“Esta última estructura tenía bajo su dirección a la Comisión de Propaganda, los equipos de agitadores, los equipos de organizaciones de masas y tenían como orientación la de trasmitir las orientaciones políticas del Estado Mayor General del Frente Interno (Núñez Téllez,  Ramírez Solórzano y Cuadra Lacayo) a todos los militantes FSLN bajo su dirección.

“Estos equipos cumplirían la importante labor de mantener muy en alto la moral combativa de todas las fuerzas, la de preparar el material propagandístico que les permitiera a todos los organismos estar informados de la marcha de la lucha insurreccional en todo el país, los movimientos que se realizaban a nivel internacional para atraer la solidaridad de todas las organizaciones hermanas y países democráticos, la orientación a la población en cuanto a las distintas formas de defensa de los bombardeos de la aviación, de los blindados y de los morteristas; en fin, andar de trinchera en trinchera llevando el mensaje y la orientación revolucionaria.

“Finalmente se cristaliza en la formación de unidades militares independientes de la tendencia a la que pertenecía. Se contemplaba más su calidad, su capacidad, su experiencia, su ímpetu combativo. Pudimos formar así unidades militares con un solo mando, cuyos jefes eran los mejores compañeros”, argumentaba el Comandante Núñez Téllez sobre cómo se organizaban los mandos superiores y combatientes al momento de producirse el levantamiento insurreccional en Managua y todo el país.

Plan Militar de Managua, de sólo tres días

Nidos de ametralladoras para repeler avance de guardias

Indica el Comandante Núñez Téllez que “el Frente Interno pasa al combate teniendo como orden general (de la Dirección Nacional Conjunta) la de sostenerse en Managua, cueste lo que cueste, durante tres días”. Ese era el Plan Militar inicial. Sin embargo, la resistencia y ofensiva al mismo tiempo duró 18 días en Managua.

Para comprender cuáles fueron las características militares esenciales de la Insurrección en Managua, es absolutamente valedero, antes de continuar relatando sobre el desarrollo de la Insurrección en la Zona Principal y la Zona Secundaria, leer lo que escribió el Comandante Núñez en “Un Pueblo en Armas” sobre estos momentos cruciales de la lucha con las armas en las manos contra la dictadura militar somocista en la Capital.

“¿Cuál era el plan defensivo de Managua”?, se pregunta el Comandante Núñez Téllez en la página 77 de la segunda edición de “Un Pueblo en Armas”, y continúa: “El Estado Mayor General del Frente Interno en su primer momento consideró todas las posibilidades en Managua. Sostenía en ese momento que de ninguna manera la lucha debía tener las características insurreccionales propias de un constante movimiento ofensivo con miras a tomarse por asalto al Capital.

“Estaba totalmente claro de que la Ciudad de Managua no podía ser tomada con las fuerzas (revolucionarias sandinistas y de pobladores armados) que en ese momento manteníamos y por consiguiente sería un error gravísimo pretender derrumbar las fuerzas del enemigo, que estaban concentradas en la Capital.

“Contempló dentro de sus fuerzas las distintas modalidades de lucha que habíamos de tener y pudo determinar cuáles iban a ser las zonas de combate principal y la zona de combate secundaria, pero marchando sobre la idea de que al enemigo había que batirlo, dispersarlo mediante la implementación de una táctica audaz que permitiera recuperar armas, integrar a nuevos combatientes, a la vez que se estancaba al enemigo sin dejarlo moverse libremente por todo el territorio de la Capital.

“Esto indudablemente tendría resultados adversos para el enemigo, expresados en una mayor desmoralización, en un mayor desgaste físico, en una mayor repercusión política y tendría para las fuerzas combatientes un mayor fortalecimiento, un mayor apertrechamiento desde el punto de vista militar y grandes avances en cuanto a la concretización del Plan Militar y los objetivos que el Estado Mayor General del Frente Interno había trazado para Managua”.

Continúa Núñez Téllez: “Los cauces que atraviesan la Zona Oriental hasta converger en la Carretera Norte, fueron, sin duda alguna, uno de los principales impedimentos, la barrera natural, con que se encontró el enemigo para desatar su actividad militar ofensiva contra las posiciones Sandinistas, puesto que desde el terreno que ellos podían dominar, al iniciar sus operaciones, indudablemente salvar el obstáculo que significa cruzar los cauces, ya de por sí los colocaría en una situación de inferioridad”.

“Contemplando a los cauces como una defensa natural, el Estado Mayor General del Frente Interno procede a ubicar los distintos puntos desde donde serán colocados los grupos armados y las trincheras defensivas para evitar la entrada del enemigo en una vasta zona, las fuerzas son dispuestas de tal forma, que mediante fusilería y ametralladoras, ya bien sea M-30 o MG-42, les imposibilitara al enemigo un avance permanente.

“De esta manera, las fuerzas nuestras comienzan a disponerse y tienen como orientación, además de tener como forma defensiva natural los cauces, la implementación de barricadas lo suficientemente fortificadas en puntos estratégicos, colocando nidos de ametralladoras que pusieran a raya al enemigo cuando este tratara de avanzar.

“La Zona de Combate Principal comprendía el territorio siguiente:  desde la intersección del Puente San Cristóbal pasando por la Pista de El Dorado hacia los Transportes Modernos, de allí doblando hacia el Este, pasando por la Intersección de Rubenia hasta desembocar en el Kilómetro 5 de la Carretera Norte (esquina del semáforo de Portezuelo), esquina arriba de SOVIPE. De SOVIPE hasta la Farmacia Esperanza (semáforo de la Robelo) había un trecho de carretera tomado, luego toda la pista que roda la Zona Oriental, pasando por el Puente Paraisito hasta culminar nuevamente con el Puente San Cristóbal.

“Esta era la Zona de Combate Principal escogida por el Estado Mayor General del Frente Interno y en su interior se encontraban todos los Barrios de la Zona Oriental y algunos de la Carretera Norte. En el Puente San Cristóbal, El Paraisito, la Pista Larreynaga, Kilómetros 4 y 5 de la Carretera Norte, en Rubenia, entradas a las Colonias 14 de Septiembre y Nicarao, en Transportes Modernos, en la Pista de El Dorado, se colocarían nidos de ametralladoras, enormes barricadas, bazucas y por lo menos una unidad de combate, para contener los intentos de la guardia somocista al tratar de penetrar por las vías de comunicación a la Zona Oriental.

Zona Secundaria para golpes militares fulminantes

“En la Zona de Combate Secundaria no habría un solo frente de lucha visible, las fuerzas Sandinistas destacadas en ese terreno implementarían una actividad militar móvil, de hostigamientos, de golpes militares fulminantes, de estancamiento de las fuerzas enemigas, basados fundamentalmente en el apoyo de sectores de masas combativos, ubicados en Barrios como San Judas, Ciudad Sandino, Monseñor Lezcano, Acahualinca, etc.

“Algunos de sus jefes, caídos posteriormente en la lucha, eran René Cisneros, Arnoldo Real Espinoza, Adolfo Aguirre. Su labor difería enormemente en relación al Plan Militar contemplado para la Zona Principal. Los aires insurreccionales, sin embargo, aceleraban cada día el estallido de la lucha, que tenía como factor agitativo constante la Huelga General y el extraordinario espíritu de combate de las masas.

“Esta predisposición de las masas era de sumo interés para nosotros. A la Comisión Política se le trazó la orientación de mantener vigente, en plena guerra insurreccional, la presencia política del Movimiento Pueblo Unido, partiendo de su configuración como alternativa revolucionaria.

“Las labores de agitación política, de propaganda, de movilización interna para auxiliar a los combatientes de las trincheras, debía ser abordada como parte de las tareas que con antelación el MPU se había propuesto realizar, aunque de previo quedaba absolutamente claro que su actividad sería dirigida por el Frente Sandinista de Liberación Nacional. Esta fue una decisión política del Estado Mayor General del Frente Interno, preocupado por asegurar la vigencia de la alternativa revolucionaria entre las masas, evitando así su sepultamiento, su estancamiento.

“Es decir, los compañeros delegados para cumplir su labor, de hecho actuarían en la Zona de Managua como representantes del Movimiento Pueblo Unido. Con esta orientación, con los organismos de dirección y mandos militares anteriormente descritos, con aproximadamente 125 armas de guerra, con una docena de ametralladoras livianas y bazukas, nos dispusimos a pasar al Combate, claramente dispuestos a hacer realidad los lineamientos de la Dirección Nacional Conjunta del FSLN y los anhelos libertarios de nuestro pueblo”.

Comienzo insurreccional angustioso y muy peligroso en Managua

Sobre este momento histórico crucial con la Insurrección Sandinista en Managua, en los primeros días de junio de 1979, la Comandante Mónica Baltodano Marcenaros en su libro “Memorias de la Lucha Sandinista”, en la página 276 del Tomo 2, relata las angustias que les tocó vivir a Jefes Guerrilleros, a Combatientes Populares y Colaboradores Históricos,  cuando los Mandos del Frente Interno y del Estado Mayor de Managua cambian la decisión de convertir la Zona Oriental en Principal de Combates, debido a que los planes y planos militares insurreccionales, elaborados por Cristhian “Inca” Pérez Leiva, habían caído en poder de la Guardia Nacional al ser masacrados en Xiloá el propio “Inca”, Ricardo Orúe Navarro, Omar Hassan Morales y otros revolucionarios del Frente Sandinista de Liberación Nacional (todavía clandestino en ese momento).

Baltodano Marcenaros (Guerra Popular Prolongada, GPP) hace el siguiente relato dramático y angustioso: “Yo originalmente coordino acciones con Rafael Solís, Tercerista, y Gabriel Cardenal “Payo” de los Proletarios. Gabriel era muy lindo, fraterno, de lo mejor como compañero.- Pero cuando se acerca la Insurrección, cambiaron los representantes, Aparece Raúl Venerio, por los Terces, y Oswaldo Lacayo, por los Proles. Juntos éramos el Estado  Mayor de Managua”.

Continúa Baltodano Marcenaros: “En la masacre de Xiloá, la Guardia Nacional asesina a los compañeros Cristhian Pérez Leiva, Omar Hasan y Ricardo Orúe Navarro, y también captura los planes de la Insurrección de Managua.

“En estos planes, el teatro principal de la Insurrección estaba en los barrios occidentales, mientras los barrios orientales serían el teatro secundario. Al caer los planos, la EEBI se acuartela en el Estadio Nacional e inicia unos patrullajes salvajes en ese sector (Noroeste capitalino). Decidimos voltear los planes, y el teatro principal estaría en los  barrios orientales; por ello iniciamos el traslado de armas y combatientes que estaban en casas de seguridad y buzones (de armas) de los barrios occidentales. Era una carrera de locos, porque era trasladar armas en medio del despliegue militar de la Guardia, en carros, en carretones (de caballos y de manos), y yo me acuerdo que decidimos trasladar toda una unidad (de combate) que teníamos en Altagracia (Barrio occidental) en medio de retenes y el guarderío  patrullando”.

Insurrección Sandinista: Sostenerse tres días en Managua, cueste lo que cueste

Dictadura somocista preparada con enormes recursos técnicos y militares

El Comandante Núñez Téllez describe: “La Ciudad (Managua) estaba quieta, como presagiando la avalancha que se avecinaba. Los esbirros dentro de sus cuarteles permanecían reconcentrados, sin atreverse a realizar sus usuales demostraciones de fuerza. Las vías de comunicación principales se encontraban vacías, con pocos vehículos, mientras en los cuarteles sandinistas, en las casas de seguridad, en los buzones (de armas), en los Barrios, en los Repartos, los Combatientes se alistaron para iniciar la lucha, y otros mientras tanto, se preparaban para rendir cuentas frente al pueblo por los crímenes cometidos.

“Sobre nuestra conciencia estaba fresca la sangre derramada por dos entrañables compañeros, asesinados hacía pocas horas: Francisco Meza Rojas, digno hijo de la clase obrera;  había sido capturado por el enemigo y asesinado, mientras realizaba tareas clandestinas de organización y preparación combativa en la Zona Norte, y Antonio Guzmán, destacado jefe militar organizador de la Insurrección, mientras coordinaba el trasiego de armamento hacia las zonas escogidas para el combate.

“Atardecía en Managua el 8 de junio, se acercaba la noche velozmente como un anuncio de los nuevos acontecimientos, como campanazo de aviso al enemigo, como advertencia de que muy pronto, dentro de pocas horas, los miles y miles de asesinados reencarnarían en los Combatientes del Pueblo, alargando sus manos para empuñar las armas.

“Por la noche, las primeras manifestaciones se presentaron. Por todas partes estallaban bombas de contacto, los gritos libertarios. Como un gigante se sentía la protesta de la población en los Barrios.

“Las fogatas populares iluminaban los Barrios combativos como si con ello estuvieran anunciando la terminación de la oscurana, soñada por Sandino y Carlos Fonseca Amador. Eran esos los únicos gritos que se oían en medio del silencio, eran los gritos de las madres, los gritos de los niños, los gritos de los jóvenes, los gritos de los ancianos recordando a sus Mártires, a sus Héroes, era el deseo contenido por mucho tiempo saliendo a flote, exigiendo castigo para sus asesinos.

“En los primeros momentos, en la Capital se generaliza la lucha armada y se expresó en el levantamiento generalizado tanto de los Barrios que se encontraban dentro del casco urbano como de Barrios combativos como Ciudad Sandino, Américas Uno, Tres y Cuatro, Acahualinca, Monseñor Lezcano, en los primeros días de la Insurrección dieron extraordinarios y eficaces ejemplos de combate. Con esta organización y con estas fuerzas combativas, el Estado Mayor General del Frente Interno pasa al combate teniendo como orden general la de sostenerse en Managua, cueste lo que cueste, durante tres días”.

 (La verdad fue que la lucha insurreccional en Managua se sostuvo en movimientos militares ofensivos y defensivos, enloqueciendo y aniquilando a los guardias somocistas genocidas, durante 18 días).

Sigue su relato el Comandante Núñez Téllez: “Es conveniente señalar que la dictadura, enemigo feroz de nuestro pueblo, al momento de darse los levantamientos populares, enfrentaba una situación irreversible que inexorablemente lo llevaba a su desaparición. Su aparato militar había sido golpeado profundamente en todas sus escalas y al probar su capacidad militar en todo el campo nacional, dejaba revelado en esos momentos su baja moral combativa, su descomposición, su espíritu de combate eminentemente defensivo y su incapacidad de contener el avance de un pueblo empeñado en destruirlo.

“Pero además de sus debilidades, la dictadura dejaba mostrado que se había preparado para la contienda, acumulando cuantiosos medios técnicos y militares, a la vez que hacía uso de los fondos públicos para procurarse arsenales de guerra definitivamente superiores a los de la Insurrección de Septiembre de 1978. Debemos señalar, sin embargo, que el Sandinismo en alguna forma subestimó la capacidad militar de la Guardia Nacional y consideró que no resistiría el embate de las fuerzas sandinistas; lo cierto fue que la resistencia de la GN, al darse los levantamientos populares, superaba todos los cálculos, presentando aunque fuera defensivamente, una tenaz resistencia a las fuerzas revolucionarias.

“Los levantamientos populares en Managua se inician a partir del 9 de junio en los Barrios la Nicarao, la Centroamérica, Acahualinca, hasta ir culminando el levantamiento generalizado de la población, mediante tomas y el levantamiento de barricadas. Para el 10 de junio las fuerzas se encontraban tensadas al máximo, los combates militares se generalizaban prácticamente en los Barrios y la Capital se levantaba en pie de lucha.

“Las Zonas Oriental y Occidental son tomadas por la población, se levantan barricadas, se arman trincheras, se crean redes de abastecimiento militar, de comida y medicinas, surgen las tropas populares y las unidades milicianas a combatir”.

Llegada del Estado Mayor del Frente Interno a Zona Principal de Combates

Orden militar revolucionaria: sostenerse tres días, “cueste lo que cueste”

Comandante Núñez Téllez: “Sabedores de que cualquier acontecimiento que pasara en la Capital de hecho debilitaba su capacidad operativa, capacidad de abastecimiento, debilitaba su capacidad de coordinar con las distintas fuerzas sandinistas que tenían ubicadas en los distintos Frentes de Guerra; pero mucho más importante todavía, le impedía su desplazamiento continuo hacia los otros departamentos, puesto que la Capital era el centro de dirección, la dictadura lanza su ofensiva en un vano intento de evitar el destino y la sepultura que las masas ya tenían cavadas.

“El lunes 11 de junio el Estado Mayor General del Frente Interno (Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra Lacayo) abandona el Cuartel en donde estaba reconcentrado y pasa a la Zona de Combate Oriental. Esto sucede al medio día. Ya en las primeras horas de la mañana, el Estado Mayor Conjunto de Managua (Mónica Baltodano Marcenaros, Raúl Venerio Granera y Oswaldo Lacayo Gabuardi) ha pasado directamente a las Zonas de Combate, a ubicarse en sus posiciones, a seleccionar su Cuartel, a establecer todas sus Redes de Comunicación con las distintas fuerzas combatientes y a construir la defensa militar en toda la Zona, de acuerdo con el Plan Militar Insurreccional elaborado.

“Para ese entonces nos encontramos con los primeros reveses tácticos en Chichigalpa y Chinandega. El enemigo ha logrado evitar el cerco de nuestras fuerzas en la ciudad y ha logrado que los compañeros se retiren (replieguen) a los alrededores, Cuando entramos a Managua, la orden que trazamos es la de sostenernos, cueste lo que cueste,  durante tres días y mantenerse a la espera del avance de las fuerzas provenientes de los distintos Frentes de Guerra sobre Managua.

“Al iniciarse las primeras escaramuzas, la primera gran lección es la disposición unitaria de las fuerzas (de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares). Nosotros fuimos hermanados por la lucha y por sus exigencias constantes en el país, a tal punto el Frente Sandinista en la Capital, aparece monolíticamente unido en torno a la lucha contra el enemigo común. Los dirigentes, los cuadros políticos y militares, los mismos militantes habían aprendido a tratarse fraternamente, a trabajar en función de la Revolución y el proceso revolucionario, a pesar de haber estado separados durante más de tres años.

“Ahí comprobamos cómo los sandinistas se unen para unir al pueblo en lucha contra el opresor que inmisericordemente les golpea la espalda y estas demostraciones unitarias del Estado Mayor General del Frente Interno y sus Mandos, son el más alto ejemplo que podíamos, en esos momentos, haber dado las tendencias. De tal forma, que en esas circunstancias, una gran cantidad de potenciales dirigentes sandinistas poseían la suficiente autoridad para dirigirse a los militantes de las distintas tendencias sin que privara el sectarismo y  el espíritu competitivo; un ejemplo claro de ello es la unidad alcanzada por el Estado Mayor Conjunto Regional de Managua que trabajando sin descanso, se habían dado a la tarea de cumplir fielmente las orientaciones que el Estado Mayor General del Frente Interno les  encomendó.

“Esta experiencia unitaria enriquecedora nos permitió posteriormente nuclear a nuestro alrededor a un grupo de militantes selectos de las distintas tendencias, que sin sectarismo de ninguna índole acataban las orientaciones de cualquiera de nosotros.

“El Estado Mayor General del Frente Interno del FSLN penetró a la Zona de Combates el lunes 11 (de junio). En cuatro vehículos entramos por el Barrio Rebusca (hoy Catorce de Junio) prácticamente cuando toda la Ciudad (Managua) estaba ya levantada. El recibimiento de ese barrio tan combativo y del Riguero no tiene precedentes; para nosotros fue realmente emocionante contemplar la confianza de nuestro pueblo en su vanguardia, el Frente Sandinista de Liberación Nacional.

“Los pobladores levantaban las barricadas para dejar paso a los vehículos y aplaudían vehementemente a la columna de Combatientes que detrás nuestro marchaban buscando la Zona Principal de Combates. Sus esperanzas, sus anhelos, sus deseos de Triunfo se expresaban en la solicitud de armas de guerra para combatir (al enemigo somocista genocida) y en sus gritos de ¡!Patria Libre o Morir¡¡, ¡Sandino Vive¡, ¡Muerte al somocismo¡¡, y en su disposición combativa contra la dictadura”.

Sigue relato del Comandante Núñez: “Luego de atravesar la Zona del Barrio Riguero nos dirigimos hacia el Reparto El Dorado; allí estaban asentados una gran cantidad de milicianos que a gritos pedían que se les proporcionaran armas y municiones para integrarse al combate. Antes de llegar a El Dorado fuimos recibidos jubilosamente por compañeros Combatientes que se encontraban en la fortificación del Puente San Cristóbal (ubicado en una de las entradas al Barrio San Cristóbal) con una ametralladora 30 (portada por Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez y su esposa Marta Lorena López Mojica) y unidades militares regulares Sandinistas que protegían la fortificación a la espera de las embestidas de los enemigos somocistas, para rechazarlos.

“Al llegar al Dorado, lo primero que hicimos fue abocarnos con los miembros del Estado Mayor Conjunto del FSLN de Managua para conocer la situación de los levantamientos insurreccionales. Al finalizar la reunión con ellos (Mónica Baltodano Marcenaros, Raúl Venerio Granera y Oswaldo Lacayo Gabuardi), procedimos a buscar un lugar adecuado para la instalación del Cuartel, lográndolo en las primeras horas de la tarde.

“A diferencia del Barrio Riguero, uno no puede sentir  más la sensación de rechazo al observar el carácter timorato, hostil e hipócrita de la pequeña burguesía: unos elogiándonos porque no tenían más remedio, otros escondidos en sus casas, sacando la cabeza con evidente temor y una minoría que amablemente ofrecían sus viviendas a los Combatientes”.

El Comandante Carlos Núñez Téllez se refiere a la conducta (tal vez mayoritaria) hipócrita y cínica de los residentes o pobladores de este Reparto El Dorado, situado contiguo a las Colonias Diez de Junio, Colombia y Don Bosco. Dichosamente, esta actitud de algún modo fue reivindicada por Eva Margarita Bonilla Zúniga, de apenas 16 años, una de las Combatientes Populares más conocidas de la Insurrección en Managua y que cayó en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya; por Manuel Matus Méndez, uno de los Combatientes selectos en el Frente Sur Benjamín Zeledón Rodríguez, y por la doctora Lea Guido López, en cuya casa de El Dorado estuvo el Estado Mayor General del Frente Interno y que además formó parte de la Comisión Política y de Propaganda del Frente Interno en Managua, en el Repliegue a Masaya y en la continuación de la Guerra de Liberación en Masaya, Carazo y Granada.

Cabe recordar aquí que el Estado Mayor General del Frente Interno del FSLN, más una columna de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, muy bien entrenados para resguardar su seguridad, jefeada por Claudio “106” Picasso Ardito, estuvo inicialmente, antes del 10 de junio de 1979, en un sitio del Barrio Paraisito, ubicado contiguo al Barrio Larreynaga por el lado Sur, y enfrente del Barrio San Cristóbal, aunque separado por la Pista de la Resistencia Sandinista, entonces llamada “By Pass”.

Una de las casas ocupadas como Cuartel y Puesto de Mando por el Estado Mayor General del Frente Interno fue una que queda exactamente detrás de la vivienda que ocupan hoy los Scout, y que por el lado Oeste colinda con los tanques de agua potable de ENACAL; otra casa que prestó servicios al Estado Mayor General del Frente Interno fue la vivienda de la doctora Lea Guido López en el Reparto El Dorado, situada en la vuelta Noreste y tope  de la última fila de viviendas colindantes con el Barrio San Cristóbal.

Además, los miembros del Estado Mayor General del Frente Interno y los integrantes del Estado Mayor Conjunto de Managua se juntaron, se ubicaron, casi al borde de producirse el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, en el local amplísimo y patio amplio de la Iglesia y Colegio Sagrada Familia, situadas ambas en la Avenida Oeste del Barrio Ducualí (“Cuna de la Insurrección en los Barrios Orientales”), la cual conduce hacia el Sur a las Colonias Diez de Junio, Colombia, Don Bosco y el Centro Juvenil Don Bosco, y por el lado Oeste Ducualí colinda con el Barrio María Auxiliadora, donde se ubicó inicialmente el Estado Mayor Conjunto del FSLN en Managua, valga la repetición: integrado por Mónica Baltodano Marcenaros, Raúl Venerio Granera y Oswaldo Lacayo Gabuardi..

En el patio de la Sagrada Familia hay decenas de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares sepultados allí después de caídos en estos combates insurreccionales en la Zona Oriental-norte de Managua.

110 Jefes Guerrilleros ya distribuidos

Aquel 9 de junio de 1979, ya estaban distribuidos en sus sectores de combates respectivos aquellos 110 Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares muy bien entrenados en el arte de la guerra insurreccional revolucionaria, según datos históricos aportados por el Comandante Carlos Núñez Téllez y la Comandante Mónica Baltodano Marcenaros, tanto en la Zona Secundaria como en la Zona Principal.

Esos 110 Jefes Guerrilleros, entrenados en rigurosa clandestinidad, sin financiamiento de nadie, con espíritu patriótico sandinista revolucionario, conocían las tácticas y estrategias guerrilleras del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, guiado por el General Sandino, sobre los ataques militares relámpagos a los enemigos y emprender la retirada de forma ordenada, cómo efectuar las emboscadas, la efectividad en los disparos para no desperdiciar tiros, la de que al momento del ataque militar mismo se debía arrebatarles armas, municiones, ropa y otras vituallas a los enemigos; nunca ser visibles a los enemigos, estar siempre alertas, tener y desarrollar un eficiente sistema de espionaje para saber o conocer con anticipación cada movimiento del enemigo somocista genocida en este caso.

Cómo parapetarse en los muros, en árboles, en piedras, en zanjas, en vehículos; cómo arrastrarse, cómo desplazarse disparando de forma eficiente… Ésto también ya lo habían  o lo estaban aprendiendo rápido los Combatientes Populares en Managua y todo el país.

La mayoría de esos 110 Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares estaban ya operando desde el 9 de junio de 1979 en zonas asignadas de la Zona Oriental y Norte de Managua. Esos Jefes Guerrilleros eran, entre otros: Walter “Chombo” Ferrety Fonseca, Marcos Somarriba García, Rolando “Carlos, “Cara Manchada” Orozco Mendoza, Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz, José Ángel Benavidez, Javier “99” López Lowery, César Augusto “Moisés” Silva, Marcos Largaespada Prado, Francisco “Chico Garand” Guzmán Fonseca, Roger “Aniceto”, “Camastrón” Cabezas Gómez, Federico “Chato” López Argüello, William Antonio “Salvadoreño” Pascassio, Eduardo “Chele” Cuadra Ferrey, Jorge “Norman” Roustan Reyes, Claudio Picasso Ardito, Edgard Guerrero, Sergio “Marcio 13” Gómez Vargas, César Largaespada Palaviccini, William “Juan Grande” Montalván, Víctor Boitano Coleman, entre otros, quienes  actuaron como jefes de columnas móviles y fijas, y en sectores de combates defensivos y ofensivos, incluyendo emboscadas y hostigamientos militares constantes contra la soldadesca somocista genocida, en la Zona Oriental y Norte de Managua.

Se destacaron también allí mismo como Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares: Rafael Solís Cerda, Walter Mendoza Martínez,  Isabel Castillo, Carlos Duarte, Óscar Lino Paz Cubas, Justo Rufino Garay García, Alejandro Mairena Obando, Aristeo Benavidez, Carlos “Paco” Miranda, Erick Castellón, Martín  Castellón Ayón, Elizabeth Pinell, Isabel Castillo, Ligia Alemán y Mayra González.

Fue muy importante la labor que efectuaron al frente de la Comisión Política y de Propaganda del Frente Interno del FSLN: Julio López Campos, Marcos Valle Martínez, Glenda Monterrey Vásquez, Lea Guido López y Moisés Hassan Morales.

Marcos Somarriba García, del grupo o Tendencia Proletaria,  ya estaba operando con su columna, escuadras móviles de combates ofensivos y defensivos,  el nueve de junio, en la Carretera Norte, desde la orilla Noreste del barrio Santa Rosa, desde el kilómetro cinco, abarcando todo el Barrio Santa Rosa, el lado Norte de Bello Horizonte, el Barrio Blandón (Costa Rica), incluyendo incursiones armadas al Barrio Riguero Norte, contiguo a la Colonia Pedro Joaquín Chamorro Cardenal (al lado Norte de la Carretera Norte) hasta la Farmacia Esperanza, ubicada en la entrada y salida Norte de la Pista o “By Pass”, en los llamados “semáforos de la Robelo”.

Este grupo de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, corajudos, intrépidos, arrojados y hasta temerarios, trabaron decenas combates contra unos 500 guardias somocistas genocidas que hicieron numerosos  intentos para romper o desbaratar las trincheras, barricadas de adoquines y árboles cruzados, más zanjas profundas y anchas, que los combatientes habían hecho, especialmente en la esquina Noreste del Barrio Santa Rosa, exactamente frente a los semáforos de Portezuelo y de la Empresa LUDECA.

Las barricadas estaban también cruzadas en la Carretera Norte, en las esquinas hacia el Sur y Oeste de Santa Rosa, en la orilla de la Carretera Norte, lo cual les impidió el paso a la soldadesca de asesinos de la dictadura somocista, más la potencia del rechazo a tiros con que siempre los recibieron los Combatientes Populares, quienes  al mismo tiempo tenían el auxilio permanente de las potentes y rápidas columnas y escuadras móviles jefeadas por el Comandante Ramón Cabrales Aráuz y Mónica Baltodano Marcenaros.

La Guardia Nacional somocista genocida, en este caso, estaba tendida a lo largo de la Carretera Norte, en la orilla del cauce que separa la última hilera de casas, por el Este del Barrio Santa Rosa, un poco al Este de LUDECA, en las instalaciones de  ENACAL (kilómetro  cinco y medio), en unas construcciones nuevas cercanas a ENACAL, en el cuartel de la “Sierra 16”, en la esquina del “Dancing” (inicio de la Pista “Buenos Aires” hacia el Mercado Iván Montenegro Báez), cerca de la antigua gasolinera Shell Waspán, en la entrada a la Empresa Rocargo de furgones (kilómetro ocho), en las instalaciones de la Fuerza Aérea (FAN) y en el Aeropuerto Las Mercedes (Aeropuerto Sandino, ahora, kilómetro 12).

El cauce mencionado está ubicado entre la última hilera de casas del Barrio Santa Rosa, por el Este, y la Calle o Pista que comienza en los semáforos de Portezuelo hacia el Sur, rumbo a los semáforos de Rubenia, es la misma Pista que divide en dos a la Colonia Nicarao, y finalmente concluye en la Carretera a Masaya.

Entre el cauce mencionado y la Calle o Pista hay unos 30 metros, que era lo que separaba a la soldadesca GN sanguinaria y las tropas revolucionarias sandinistas jefeadas por Marcos Somarriba García, en el Barrio Santa Rosa.

En todo este trayecto contaban los guardias somocistas con varios tanques, tanquetas, numerosas ametralladoras, fusilería en enormes cantidades, no menos de diez camiones blindados para transportar tropas y armas, especialmente ametralladoras con sus trípodes y cananas correspondientes; grandes depósitos de bombas de fragmentación, numerosos lanza morteros o bazukas, todos los cuales eran lanzados con demasiada frecuencia hacia este sitio del Barrio Santa Rosa, cuyas casas eran bombardeadas desde el aire  todos los días (desde el 11 de junio) por los mandos sanguinarios de la Guardia Nacional, y también atacadas con balas de los cañones de los tanques que la soldadesca criminal lanzaba desde ENACAL, Ludeca, esquina de la Empresa Siemens,  en la Carretera Norte.

Valga dejar clara la afirmación de que este Frente de Guerra Insurreccional Sandinista, comandado por Marcos Somarriba García, fue acosado todos los días, desde el inicio de la Insurrección hasta el día del Repliegue Táctico de Managua a Masaya,  porque la Guardia Nacional intentó cotidianamente romper el cerco insurreccional por la vía de la Carretera Norte, con la finalidad de liquidar a Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y Milicianos; y a la vez para tener libre la Carretera Norte para el traslado de tropas de infantería y equipos militares blindados de un lado a otro en Managua y, desde luego, tener paso libre para movilizar tropas hacia los lados de Boaco, Chontales, Matagalpa, Jinotega, Estelí, Madriz y Nueva Segovia.

Matan a Chico Meza Rojas y se producen primeros Repliegues Tácticos de la Insurrección

Este Frente de Guerra Insurreccional Sandinista jamás fue doblegado por la enorme cantidad de guardias mencionados arriba, a pesar del enorme poder de fuego balístico que tenían desplegado los gendarmes somocistas en todo el trayecto de la Carretera Norte hasta el Aeropuerto Las Mercedes (hoy Augusto C. Sandino).

Mucho antes del estallido insurreccional del nueve de junio de 1979, en el sector fabril de la Carretera Norte ya operaban los “Comités Obreros Revolucionarios”, conocidos también como “Comandos Revolucionarios del Pueblo”, organizados o fundados por la Tendencia Proletaria, específicamente por los Comandantes Carlos Núñez Téllez, Marcos Somarriba García, Francisco Meza Rojas, René Cisneros Vanegas y Gabriel Cardenal Caldera. Estos Comandos Revolucionarios del Pueblo habían hecho, antes de la Insurrección en Managua, numerosas emboscadas mortales y destructivas a la soldadesca criminal somocista, entre otras: en la ROCARGO, Carretera Norte,  y en el “Camino de Bolas”, en San Judas.

Además, funcionaban también en las fábricas y centros de trabajo, también entre pobladores barriales, los Comités de Lucha de los Trabajadores y el Movimiento Sindical Pueblo Trabajador, este último de la Tendencia Guerra Popular Prolongada (GPP), todos los cuales se habían fusionado para formar los Comandos Revolucionarios del Pueblo, que después del Triunfo de la Revolución pasaron a fundar la Central Sandinista de Trabajadores (CST).

En este sector se destacaron Combatientes y Propagandistas Populares, como: Lucío Jiménez Guzmán, Ricardo Robleto Espinoza, Carlos Borge Galeano, Iván García Abarca, Freddy “Pancho Villa” Jiménez, “Cristo de Lata”,  Felipa Mejía Membreño,  Douglas Duarte, Erlo Vanegas, Donald Silva, Pedro Ortiz Sequeira, Rolando López, Pedro Rodríguez, Sergio Mendoza, Augusto Quintana, Mirna Zeledón,  Róger Ramos, Óscar Sandoval, Pedro Delgadillo, Daniel y Eva Téller Paz, Alfonso y Benjamín Cáseres, Marlon Sid, Janina Guerrero Robleto, Edmundo Castellón, Mercedes Vigil, César Mayorga, José Dolores Maltez Flores, Gustavo Elías Morales Mayorga,  José García, Sergio Mendoza, Ronald Rizo Huerta, Juan Ramón Amador, Edgard Rivera Laínez, Domingo Martínez, Ramón Medrano, Marcelo Mayorga, Rosalba Carrasco, Alberto Vásquez, Mario Martínez, Ronaldo Membreño, Alicia Zúniga, Higinio y Francisco Iván Salgado Gómez y Denis Meléndez.

Formaban parte de este grupo de la Carretera: Darmalila Carrasquilla e Iván García Abarca, quienes cumplían tareas de dirección política y militar en los vecindarios María Auxiliadora, San Cristóbal  y Reparto El Dorado, al momento de la Insurrección Sandinista en Managua.

En este caso concreto del Barrio Santa Rosa la orden del Estado Mayor General del Frente Interno, jefeado por Núñez Téllez, Ramírez Solórzano y Cuadra Lacayo, la misión fundamental era impedir el paso de la Guardia Nacional somocista sanguinaria por la Carretera Norte, costara lo que costara.

Debido a esa orden militar revolucionaria, este Frente de Guerra Sandinista debía resistir de forma sistemática y potente, y al mismo tiempo hacer guerra de movimientos, hostigamientos, emboscadas, guerra sicológica, guerra de confusión y embustes a los guardias, simulación de que allí había una enorme cantidad de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares.

El Jefe de este Frente de Guerra, de Combates,  sería Francisco Meza Rojas, quien cae el ocho de junio. Meza Rojas era uno de los Jefes Guerrilleros más importantes de la Tendencia Proletaria, de la cual eran los jefes el Comandante Carlos Núñez Téllez, Jaime Weelock Román y Luis Carrión Cruz.

“Chico” Meza Rojas era un hombre alto, bien vestido, de camisa manga larga, de calzado presentable, muy educadito y solidario. Fue capturado por una patrulla BECAT de la Guardia Nacional de asesinos frente a la Fábrica de Pinturas KATIVO, en el kilómetro ocho de la Carretera Norte, después de salir de una reunión de planificación de la Insurrección Sandinista en el Barrio Santa Rosa, a la que asistieron, entre otros, Marcos Somarriba García, Lucío Jiménez Guzmán, Darma Lila Carrasquilla y César Largaespada Palaviccini.

Al parecer, los esbirros, “orejas” y miembros de los “escuadrones de la muerte”, lo andaban siguiendo de cerca en ese momento, precisamente, unos tres días antes de estallar la Insurrección Sandinista, u Ofensiva Final, el nueve de 1979.

Sobre esa reunión clandestina en el Barrio Santa Rosa, Lucío Jiménez Guzmán recuerda que abordaron detalladamente cómo y qué día estarían allí, en ese vecindario, los Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y Milicianos, para desatar la Insurrección Sandinista en compañía  de la mayoría de los pobladores, pues ellos estaban seguros de que este sector poblacional se insurreccionaría por el trabajo político que ellos habían hecho previamente.

Francisco Meza Roja estaría allí en el Barrio Santa Rosa dirigiendo las operaciones de combate. Lucío Jiménez Guzmán recuerda que en aquella reunión clandestina de Santa Rosa sólo quedó pendiente la hora en que se desataría la Insurrección, pues todos habían quedado de acuerdo en que sería el nueve de junio en la mañana.

“Chico” Meza Rojas traería esa información militar insurreccional precisa de la hora en que los mandos guerrilleros clandestinos (Frente Interno y Estado Mayor Conjunto de Managua) darían la orden de salir a las calles el nueve de junio en los Barrios Santa Rosa y Blandón, y el costado Norte del Reparto Bello Horizonte.

Por supuesto, “Chico” Meza Roja ya no se presentó a comandar las tropas insurreccionales porque una patrulla de guardias sanguinarios lo capturó frente a la KATIVO. Seguramente, inicialmente fue torturado y después asesinado, tal como era la costumbre cotidiana de la Guardia Nacional somocista y de sus “escuadrones de la muerte”. Su cadáver fue lanzado a predios montosos al Sur de la KATIVO, donde fue encontrado por un grupo de Combatientes Populares jefeados por Julio Acuña.

En tal situación lamentable, asume el mando insurreccional otro audaz y brillante Jefe Guerrillero de la misma Tendencia Proletaria: Marcos Somarriba García, teniendo como su segundo a “Lucas” Paz Acevedo, quien a su vez tenía a su lado Jefes Guerrilleros como Javier Meynard, Mauricio “Pigmeo” Sotomayor, Francisco “Aquileo” Luna, Ronald “Peludo” Moraga, René Ruiz y Herminio “Samuel” Guadamuz. Aquí fue ubicado también, inicialmente, Arsenio Solís González, Combatiente Popular, quien el 14 de junio pasó formar parte de la Columna “José Ángel Benavídez”, comandada por Ramón Cabrales Aráuz.

Las tres Tendencias del FSLN todavía guerrillero y clandestino tenían ya organizados a más de 200 pobladores de Santa Rosa, vecindario que siempre fue rebelde en contra de la dictadura somocista, y siempre coordinado con la estructura organizativa de Bello Horizonte, del Barrio Blandón (Costa Rica) y Riguero Norte, de donde salieron numerosos notorios Combatientes Populares como Ronald Rizo Huerta, Juan Ramón “Ringo” Rizo Villagra, Marta Lucía Corea Solís, Ronald Fisher Ferrufino y Alejandra Emelina Campos Escobar.

Lucío Jiménez Guzmán, quien después fue Secretario General de la Central Sandinista de Trabajadores (CST nacional), recuerda que Combatientes Populares eran casi 200, pero que en realidad armados con fusiles automáticos y armas de cacería tan sólo eran unos diez.

Efectivamente se lanzan a la Insurrección Sandinista el nueve de junio en la tarde, pero el mando militar sandinista, el Estado Mayor Conjunto, encabezado por Marcos Somarriba García, se da cuenta de que en esas condiciones no podrían sostener ni las más mínima embestida a balazos de la Guardia Nacional, al extremo de que ese mismo día por dentro del Barrio Santa Rosa pasa libremente un convoy (camiones blindados) llenos de guardias muy bien armados de Este a Oeste, y que precisamente no pudieron repelerlo, atacarlo, porque estaban prácticamente desarmados.

Ante esta realidad aplastante, recuerda Lucío Jiménez Guzmán, quien fungía como jefe político y propagandista revolucionario de este Frente de Guerra jefeado por Marcos Somarriba García, el mando militar toma la decisión de que los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares hagan un Repliegue Táctico en procura de armas de guerra hasta Américas Cuatro (Villa Venezuela), convirtiéndose este en el cuarto Repliegue Táctico de los primeros días de la Insurrección Sandinista: Repliegue de San Judas a la Comunidad Meneses, del OPEN TRES a San Andrés de la Palanca, de la entrada del Barrio La Fuente (Ariel Darce) al fondo del Reparto Schick Gutiérrez, y en ese mismo nueve de junio, este de Santa Rosa a Américas Cuatro.

Repliegues al “Chorizo” y Barrio Blandón

Replegados encuentran insurreccionado el Barrio Santa Rosa

Y además, dos grupos pequeños de Combatientes Populares de este mismo grupo de combatientes de Santa Rosa por cuestiones tácticas se replieguen en dos direcciones diferentes: hacia el Norte, en el Barrio “El Chorizo”, en la orilla del Lago de Managua; y un segundo hacia el interior del Barrio Blandón (Costa Rica).

Los recuerdos de Lucío Jiménez Guzmán indican que las armas de guerra y de cacería, entre ellas un Fusil de Alta Potencia (tiro a tiro, para francotiradores), se las había ofrecido un grupo de Jefes Guerrilleros y fueron a traerlas clandestinamente a Américas Cuatro (Villa Venezuela).

Retornaron al día siguiente, 10 de junio,  con las armas al Barrio Santa Rosa. Al regresar, se encontraron con la sorpresa de que virtualmente todo el Barrio Santa Rosa estaba insurreccionado, con barricadas y zanjas en todas las esquinas, especialmente por la orilla de la Carretera Norte. Asimismo, habían levantado dos barricadas enormes frente al semáforo de Portezuelo y en la esquina Noreste del mismo Barrio Santa Rosa, más una zanja enorme, cruzada en la Carretera, un poco al Oeste del semáforo de Portezuelo, y más zanjas y barricadas que ya cerraban el paso a la infantería, tanques y tanquetas y a los camiones y jeepones blindados de la Guardia Nacional, cuyos soldados sanguinarios, como queda señalado, estaban  acantonados o tendidos a lo largo del cauce paralelo a la última fila de casas del lado Este del Barrio Santa Rosa, en el Aserrío Carlos Morales Orozco, en las instalaciones de ENACAL, en el edificio de LUDECA, en las cercanías de la SIEMENS, en las instalaciones de la “Sierra 16”, por la Fábrica Maber, en los predios de la gasolinera Shell Waspán, en la entrada a la ROCARGO, en la Fuerza Aérea Nacional (FAN), en el Aeropuerto “Las Mercedes” y desplegados sobre la Carretera Norte.

Para los Jefes Guerrilleros y unos 200 Combatientes Populares, entre otros Juan Ramón Amador, especialista en pirotecnia, la situación militar de frente al enorme despliegue de gendarmes y artillería pesada de la Guardia Nacional seguía siendo muy difícil, porque a pesar de haber conseguido armas en Américas Cuatro, tan sólo unos 25 estaban armados con fusiles, escopetas, pistolas y sólo tenían el Fusil de Alta Potencia, para francotiradores.

Una parte de las armas de cacería, inclusive, las habían recuperado durante un operativo armado de un grupo de Combatientes Populares, encabezados por Ronald “Polo” Rizo Huerta, en SOVIPE Ingenieros, empresa de construcción, ubicada frente al Barrio Santa Rosa, pero al otro lado de la Carretera Norte.

De la misma SOPIVE Ingenieros, propiedad de Enrique “Tiburón” Pereira Denueda, empresario amiguísimo del tirano Anastasio Somoza Debayle, habían sacado un patrol (tractor grande, potente) con retroexcavadora, varios barrenos eléctricos manuales para perforar pavimentos, varios camiones, decenas de piochas, palas, barras, macanas, etc. Con estos instrumentos mecánicos y eléctricos habían hecho decenas de zanjas profundas, especialmente la que ya estaba cruzada en la Carretera Norte, frente a Portezuelo, y varios de esos camiones los habían colocado de barricadas en algunas esquinas colindantes del Barrio Santa Rosa con la Carretera Norte.

También se habían tomado las instalaciones de la Fábrica de Galletas NABISCO Cristal, donde se apoderaron de las galletas y se dio la orden de que servirían esas galletas para usarlas como comida en los próximos días; instalaron allí en la NABISCO una cocina para elaborar  la comida de los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, y en una especie de auditorio de la NABISCO ubicaron una “Cárcel del Pueblo”, en la cual comenzaron a meter presos a los “orejas”, “soplones”, agentes de la Oficina de Seguridad somocista y miembros de los “escuadrones de la muerte”, todos pertenecientes al aparato opresor mortal del somocismo genocida.

Esta cárcel y este comedor guerrillero estuvieron controlados por Ricardo “Robletón” Robleto Espinoza, quien pertenecía a los Comités Obreros Revolucionarios en la Carretera Norte. Inclusive, el mismo 10 de junio instalaron un Hospital Clandestino al Sur del Barrio Santa Rosa, contiguo al Reparto Bello Horizonte.

Ese mismo día 10 de junio, Lucío Jiménez Guzmán puso en práctica su táctica de guerra sicológica con 200 Combatientes Populares del Barrio Santa Rosa, a los cuales los hizo calzar zapatos y botas que hicieran mucho ruido al marchar sobre el adoquinado y pavimento. Los puso a marchar desde muy temprano en la calle contiguo a la última hilera de casas, ubicadas en la orilla del cauce al Este del Barrio Santa Rosa, con lo cual le daba la idea a los guardias sanguinarios de que en este vecindario Norte de Managua había un poderoso grupo militar popular que podría hacerlos trizas si se metían.

“La grandísima verdad es que éramos muy pocos los Combatientes armados, pero con esta maniobra de guerra sicológica le hicimos creer al enemigo que estaban centenares de hombres y mujeres armados en el Barrio Santa Rosa; y es que esos guardias no nos veían, estaban al otro lado del cauce, no se atrevían a cruzar el cauce, porque temían que nosotros estuviéramos esperándolos al otro lado de la fila de casas; y es verdad, los estábamos esperando, pero no en el volumen que ellos se imaginaban.

“Gracias a esta estrategia de guerra sicológica jamás se nos metieron a Santa Rosa por aquí, ni antes del nueve de junio, ni después. ¡No entraron, mano¡, porque además en sus intentos cotidianos de desalojarnos les hicimos decenas de bajas, y nuestros dos francotiradores, Mauricio “Pigmeo” Sotomayor y  Carlos “Chele Garand” Rodríguez con sus fusiles eliminaron a no menos 60 guardias de esos que querían matarnos a nosotros”, recuerda Lucío Jiménez Guzmán.

Integrantes de Columna “José Ángel Benavidez”

“Nacho” Cabrales Aráuz con más responsabilidades militares

Juan Ramón Amador, Combatiente Popular,  por su parte, en combinación con dueños de Fábricas de Pólvora, ya estaba fabricando unos tubos o morteros caseros para lanzárselos a los guardias sanguinarios cuando intentaran penetrar al Barrio Santa Rosa.

Casi al mismo tiempo, empezó a operar una Columna Móvil jefeada por la Comandante Mónica Baltodano Marcenaros en el llamado “corredor”, en esta Pista de Portezuelo a los semáforos de Rubenia, con cuyos miembros coordinaban los Frentes de Combate de  Marcos Somarriba García y Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz.

Ramón “Nacho”  Cabrales Aráuz, uno de los responsables militares de la Tendencia Guerra Popular Prolongada (GPP) en Managua,  igualmente con sus columnas y escuadras ya operaba desde los sectores aledaños a la Colonia Villa Progreso, Colonias Xolotlán, San Jacinto y Miguel Gutiérrez, Barrio Waspán Sur, especialmente en el cauce profundo que hay allí; también por el lado Norte de la Colonia Catorce de Septiembre y Reparto Rubenia hasta el cauce que atraviesa la Pista Sabana Grande en las cercanías del Ministerio de Salud; en las Colonias Américas Uno y Américas Tres hasta por el Puente Madroño; todo el lado Este del Reparto  Bello Horizonte, en la zona cercana del Aserrío Carlos Morales Orozco (por donde es hoy la Curacao), hasta la esquina Noreste del Barrio Santa Rosa, enfrente del semáforo de Portezuelo.

Los guardias tenían tomado el Aserrío Carlos Morales Orozco y el cauce paralelo a  la última fila de casas del Barrio Santa Rosa.

Desde antes del nueve de junio, el propio nueve de junio, hasta el 12 de junio, como queda relatado arriba, en el inicio de las batallas insurreccionales, Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz estuvo jefeando la contienda militar en “La Fuente”, en el Barrio Isabel Urbina (Adolfo Reyes), en el Barrio La Fuente (Ariel Darce Rivera) y el Reparto Schick Gutiérrez, contra la gendarmería sanguinaria GN.

Inclusive, el contingente de combate jefeado por Cabrales Aráuz también realizaba operaciones militares hasta en el Barrio Riguero Norte, contiguo a la Colonia Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, al lado Norte de la Carretera Norte, y coordinaba acciones militares con el contingente de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares del Barrio Santa Rosa, jefeados por Marcos Somarriba García.

Esta columna  o contingente de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, conducidos por Cabrales Aráuz,  todos (y todas) con formidable entrenamiento militar guerrillero, comenzó con 32 hombres y mujeres y ya en pleno desarrollo insurreccional sandinista llegó a tener unos 300 Combatientes Populares y Milicianos (con responsabilidades y misiones militares diferentes: correos, especialistas en explosivos), porque durante la contienda militar se fueron agregando muchos hombres y mujeres de estos vecindarios, recuerdan Arsenio “Walter” y “Rosendo” Solís González y Rafael “Mariano” Molina, quienes 38 años después todavía se acuerdan de ocho combates memorables contra contingentes de hasta 300 guardias somocistas genocidas en sitios como: Fábrica Maber y gasolinera Shell Waspán, en ENACAL, en el Aserrío Carlos Morales Orozco, en el Puente del Madroño, frente a la entrada principal de Américas Cuatro (Villa Venezuela), en el cruce de Rubenia y Catorce de Septiembre, en la Colonia Xolotlán y en auxilio permanente de los Combatientes del Barrio Santa Rosa y del Reparto Bello Horizonte.

Una parte de esta columna estuvo inicialmente al mando de José Ángel Benavidez, uno de sus más valientes y hábiles Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, quien cae en el lado Sur del semáforo de Rubenia y Catorce de Septiembre el 14 de junio, en la tarde, cuando la soldadesca somocista genocida desarrolla una contraofensiva desde la Comarca Sabana Grande, pasando por Laureles Norte (Leonel Fernández Mora), donde masacran a los integrantes de la Columna Manuel Fernández Mora en la Colina 110; la ofensiva militar dictatorial sigue con más de 500 guardias, tanques y tanquetas, varias  ametralladoras calibre 50 y 30, montadas en jeepones, bombardeo aéreo intenso con aviones Push and Pull, continuó por las Colonias Villa Libertad, Villa Fraternidad, Colonia Primero de Mayo, Reparto Jardines de Veracruz, Asentamiento Santa Emilia (hoy Omar Torrijos Herrera) y esquina Norte de la Colonia Catorce de Septiembre, donde la soldadesca criminal somocista fue detenida en seco, a punta de balas de variados calibres, con bombas de contacto y bazukazos, que les dispararon numerosas escuadras y columnas móviles provenientes de distintos sectores de combate, entre otros, el grupo jefeado por Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz.

José Ángel Benavídez era el jefe de la Columna “Jorge Navarro”, la cual operaba antes del nueve de junio desde las Colonias Nicarao y Catorce de Septiembre hasta las Colonias Jardines de Veracruz,  Primero de Mayo, Américas Uno, Américas Tres y Américas Cuatro, en combinación con la columna que jefeaba el audaz Jefe Guerrillero César Augusto “Moisés” Silva, quien era nacido en los alrededores del Barrio Ducualí y se conocía como su mano todos estos vecindarios, pues en ellos había trabajado como obrero de la construcción.

A raíz de la caída de José Ángel Benavidez, las columnas Juan de Dios Muñoz y Jorge Navarro,  móviles,  de ataques fulminantes, potentes, rápidos, mortales, de ofensiva y defensiva, se fusionan y toman el nombre de “Columna José Ángel Benavidez”, jefeada por Ramón Cabrales Aráuz, por órdenes del Estado Mayor General del Frente Interno; y sus integrantes, todos Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, continuaron librando la contienda militar contra el aparato opresor del somocismo, en la Insurrección de Managua, en el Repliegue a Masaya y en las tareas militares y políticas de Liberación Nacional en la misma Masaya, en Carazo y en Granada.

Entre otros, sus integrantes eran: Ligia “Marta” Álvarez (era la enfermera de la columna), Arsenio “Rosendo” y “Walter” Solís González, Rafael “Mariano” Molina, Argentina García, Nidia “Claudia” Castillo, Miriam Chávez, Mario Antonio “Alberto” González, Encarnación “Adán” Nicaragua García, Ernesto Pérez Romero, Ariel Bendaña Medina, Dolores Ileana “Magali” Valera Murillo, Felipe Torres Meneses, Ruth del Carmen Morales Ocampo, Salvador Alvarado, Sergio “Leo” Jiménez López, Mario Antonio González, José “Gato” Moraga  Lazo, Diana, Dominga Rivera,  Julio César  “Galil” Morales Aragón, Marta Rivera, Eduardo Robles, Yessi Huete Mejía, Eliz Alí Campos, Diego José Contreras, Mario Vega González, Juan Rivera Salgado, Juan Gutiérrez, Allan Vallecillo (actual Comisionado en la Policía), Armando Martínez Mora y José Yamil Ruiz.

(Es válido explicar aquí que entre el Reparto Bello Horizonte, Colonia Villa Progreso, del Aserrío Carlos Morales Orozco hacia el Norte y Este, Santa Rosa, el Asentamiento Santa Bárbara (Edmundo Matamoros), Asentamiento Meneses (Barrio Venezuela), Colonia Nicarao y la esquina Norte de la Colonia Catorce de Septiembre, existía una faja de terreno baldío, vacío, el cual era más ancho entre Bello Horizonte y el Aserrío Carlos Morales Orozco. La soldadesca somocista siempre trató de apoderarse de este sector de la Zona Oriental-Norte de Managua).

César Augusto “Moisés” Silva y su cuartel general

César Augusto “Moisés” Silva, dirigente obrero en la construcción, operaba con sus escuadras móviles de Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros igualmente, desde antes del nueve de junio, desde el Asentamiento Laureles Norte (Manuel Fernández Mora), Villa Libertad,  Villa Cinco de Diciembre, Villa Las Sabanas, Colonia Primero de Mayo, Jardines de Veracruz y Asentamiento Santa Emilia (Omar Torrijos Herrera), hasta las orillas Este de las Colonias Catorce de Septiembre y Nicarao. Todos estos vecindarios están situados al Sur de la Pista Sabana Grande, la cual se extiende desde el lado Este del Barrio Ducualí hasta la Comarca Sabana Grande, ubicada en el Este-Oriente de Managua.

César Augusto “Moisés” Silva tenía su cuartel general de la Clínica Don Bosco dos cuadras al Oeste, en un tope, en un callejón, donde sólo había viviendas muy humildes, dentro del Barrio Ducualí. Era un hombre muy estricto con la seguridad de todo su grupo de Combatientes Populares y la suya misma.

“Moisés” Silva era uno de los principales proveedores de tiros para distintos Frentes de Combates FSLN revolucionarios en movimiento. Con frecuencia, antes y durante la Insurrección Sandinista, se aparecía con sacos llenos de tiros, los cuales repartía entre los jefes de las columnas de Combatientes Populares.

Después de que el 14 de junio un contingente de unos 500 guardias y esbirros somocistas, contando con tanques, tanquetas, aviones Push and Pull y helicópteros artillados, cañones, lanza morteros, bombas de fragmentación, más numerosas ametralladoras, y todos con fusiles automáticos nuevecitos, rompen el cerco insurreccional desde el Reparto  Laureles Norte hasta el lado Este de la Colonia Nicarao, donde son frenados a punta de balas y bombas de contacto, a partir de ese día, las escuadras móviles muy rápidas y temerarias del Jefe Guerrillero César Augusto Silva, pasan a ser de plenos movimientos de hostigamientos a los enemigos, ataques relámpagos y emboscadas contra los guardias, especialmente en auxilio de los contingentes de Combatientes Populares de Sergio “Marcio 13” Gómez Vargas, del propio Estado Mayor General del Frente Interno, del “Cara Manchada” Orozco Mendoza  y de Mónica Baltodano Marcenaros.

Desde casi un mes antes del estallido insurreccional del nueve de junio, César Augusto “Moisés” Silva   ya operaba con José Segundo “Gato Moraga” Moraga Lovo, Cecilio Armengol “Vaca Chota” López Traña, con los hermanos Chávez y hermanos Marín en la Colonia Primero de Mayo, con Luis Torrealba; en Las Sabanas y Jardines de Veracruz, todos hombres excepcionales en combates móviles, de hostigamientos y emboscadas.

Frentes de Combate revolucionarios en Pista de la Resistencia Sandinista

El grupo numeroso de  casi 100 Combatientes Populares del Barrio Larreynaga, Barrio Blandón y Barrio El Edén,  controlaban desde la Farmacia Esperanza, el Puente Larreynaga, el Barrio Larreynaga, Barrio El Edén, incluyendo el Cauce Oriental en este trecho, hasta el Puente El Edén, donde comenzaba otro sector que corría  por la Pista o “By Pass”, abarcando el lado Noroeste del  Ducualí y las cercanías de la “Treceava Sección de Policía GN (“Sierra 13”), por el lado Oeste. Este grupo operaba entonces entre la Farmacia Esperanza, el Puente Larreynaga y el Puente El Edén, y era comandando alternativamente por la Comandante Mónica Baltodano Marcenaros, una de los jefes del Estado Mayor Conjunto del FSLN- Managua,  y un joven al que le decían “El Salvadoreño”.

En este trecho y en la barricada y pozo tirador enormes del Puente Larreynaga al Puente El Edén, comandados por Mónica Baltodano Marcenaros, estaban, entre otros Combatientes Populares:  Denis y Marcos  Sánchez, Mario Casaya, Melba Orozco, Javier Moreno, Ramón Amoretti, Miguel Antonio Barrios Gutiérrez, Óscar Sobalbarro (hoy Comisionado de la Policía), Juan Pablo Solano, Andrés Gonzalo López, Ronald Fisher Ferrufino, Alejandra Emelina Campos Escobar, Juan Bernardino Cruz, Gerardo Gallo Loáisiga, Carlos “Renco” Solís y un gordito llamado Terencio.

Del Puente El Edén al Puente del Paraisito, en la misma  Pista o “By Pass”, las tropas de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares eran comandada por el famoso Rolando “Cara Manchada” Orozco Mendoza, uno de los valientes, audaces y hábiles Jefes Guerrilleros con que contaban los miembros del Estado Mayor General del Frente Interno y del Estado Mayor de Managua.

“Cara Manchada” Orozco Mendoza  y su tropa sandinista revolucionaria tenía como misiones defender posiciones y atacar con contundencia y precisión de forma móvil  a los enemigos somocistas en este trecho entre los dos puentes mencionados y el Barrio  Ducualí, en sus lados Norte y Oeste;  todo el lado Sur del Barrio Larreynaga, especialmente la Calle Catorce de Septiembre, pasando por la “Tiendona” hasta la esquina Este de la Clínica Santa María, y de este sitio hacia el Sur hasta el Cauce Oriental; el lado Norte del Barrio María Auxiliadora y una parte del Barrio San Cristóbal, colindante con el Reparto El Dorado, donde estaban alojados en un Puesto de Mando los Jefes Insurreccionales: Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra Lacayo.

Con “Carlos”,  “Cara Manchada” Orozco Mendoza operaban numerosos Combatientes Populares intrépidos, valientes y osados, como: Jorge “Norman” Roustan Reyes, (francotirador), Alejandro “Huesito” Mairena Obando, Justo Rufino Garay García, Erick Castellón Ayón, Eduardo Gutiérrez Chávez, Pabla Corea Campos, Ernesto José Cerna, Daniel “Profeta” Aragón Sobalbarro, Luis Torrealba, José Aparicio Martínez, Denis Antonio Aragón, Rosendo Pavón, padre e hijo, (propietarios de una fábrica de pólvora, aportaron varios barriles de explosivos y eran Combatientes Populares los dos); Jairo Blandón, Antonio Pineda, Iván y Luis Alberto Cardoza, William Pérez, Carmen “Chilenita” Aguirre, José Aparicio Martínez, “Chino” Vallejos, Anselmo Solano,  Mario Casaya, Emilio “Pescado”, Ramón Amoreti, Denis Antonio Aragón Vanegas, Juan Pablo Solano y Pedro Gaitán.

En el estratégico sector del  Puente Paraisito a la entonces esquina del Puente San Cristóbal  era comandada o jefeada por Carlos “Taolamba” Duarte Orozco, quien actualmente es uno de los generales del Ejército Nacional. En esta zona, del Barrio Riguero hacia el Sur,  también operó como jefe de columnas móviles César Largaespada Palaviccini (general retirado), quien en ese momento era el Responsable Militar de la Tendencia Proletaria en Managua, y también llegó a ser general del Ejército Popular Sandinista y del Ejército Nacional de Nicaragua.

Estas columnas, con sus escuadras correspondientes, eran numerosas y contaban con Jefes Guerrilleros y Combatientes muy hábiles en el manejo de armas de guerra y de cacería, pues se estaba claros desde el comienzo que la Guardia Nacional somocista genocida intentaría romper el cerco de la Insurrección Sandinista por esta vía del “By Pass”, tal como realmente ocurrió el 17 de junio en horas de la tarde, cuando se metieron por esta vía, causaron mucho daño, pero salieron derrotados y cargando a no menos de 50 guardias muertos.

“Taolamba” Duarte Orozco tenía como responsabilidad combatir resueltamente a los enemigos en defensa de las posiciones liberadas en la propia Pista o “By Pass”, en el Barrio Paraisito, en “Campo Bruce” (Rigoberto López Pérez) y San José Oriental (situados al lado Norte de la Pista mencionada); los Barrios Riguero, La Rebusca (Catorce de Junio), Máximo Jerez y parte del Barrio México.

Aquí en estas posiciones militares sandinistas guerrilleras estaban con Carlos “Taolamba” Duarte Orozco  y Largaespada Palaviccini combatientes audaces y hábiles como Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez y su esposa Marta Lorena López Mojica; Eva Margarita Bonilla Zúniga, Frank “Machillo” González Morales, Alfonso Inés “Mascota” Mejía González, “La Dos Dientes” (nunca se supo el nombre), la familia Tercero completa, especialmente Julio, Ramón, Leonardo y Manuel Tercero; Sergio González Morales, Manuel Salvador Reyes Montiel, Julio Palma Chavarría (este cae en el Puente Paraisito),  Marta “Gorda” Meza Sánchez, Luis Hernández Jerez, José Bladimir Fuertes Guadamuz, Manuel Pinell, Freddy Aburto Ruiz, “Periquita” Pinell (fue de la Columna “Liebre” con Largaespada Palaviccini), Isabel (hombre) Mayorga, Óscar Quintana, Guillermo “Niño Dios” Rivas Maltez, Ernesto José “Nicasio” López Sandoval, Vilma Maltez (era enfermera), Patricia Rivas Maltez, Nelson “Cuyusa” Mercado Ruiz,  Guillermo Mercado Ruiz, William “Kalimán” Duarte, Ernesto José López Sandoval,  Denis “Moño” Muñoz Centeno, Enrique José “Bizco Chávez” Chávez, Miguel Antonio “Toni” Barrios Gutiérrez, Aldo Chavarría…

Sergio Gómez Vargas o “Marcio 13” al frente de Colonias Rebeldes

Asimismo, el nueve de junio igualmente ya operaba con su tropa militar sandinista revolucionaria el compañero Sergio “Marcio 13” Gómez  Vargas, Jefe Guerrillero (fallecido después del Triunfo de la Revolución), quien controlaba desde el lado del Hospital Oriental (Manolo Morales Peralta), las entradas al Barrio  La Fuente y Reparto Schick Gutiérrez, toda la faja Este hacia el Reparto Schick, las entradas por el Oeste de la Colonia Nicarao y Catorce de Septiembre, la zona en construcción del Hospital del Niño (hoy llamado “Mascota” Manuel de Jesús Rivera), el sector del Asentamiento Santa Emilia (Omar Torrijos Herrera), donde estaba ubicada  la Escuela de Comercio Independencia (donde la Guardia ya tenía francotiradores) y de lo que es hoy el Mercado Carlos Roberto Huembes, la Pista El Dorado (Pista Mártires de Mayo) y los costados Sur y Este de la Colonia Don Bosco, más el Asentamiento Santa Julia, situado al Este del Centro Juvenil  Don Bosco y colindante por el Sureste con la Colonia Nicarao.

Vale decir o relatar que entre el Centro Juvenil Don Bosco y costado Este de la Colonia Don Bosco y el Asentamiento Santa Emilia, donde hoy es el Barrio Agustín Farabundo Martí, se extendía una zona larga y ancha baldía, vacía, montosa, por donde la soldadesca somocista sanguinaria se metía y allí torturaban y mataban a opositores antisomocistas y especialmente a jóvenes sandinistas, y también violaban mujeres.

Sergio Gómez Vargas, era estudiante universitario, contaba en esa zona mencionada con los chavalos aguerridos, temerarios y audaces Combatientes Populares del Reparto Schick Gutiérrez, La Fuente, Nicarao, Don Bosco, Diez de Junio, Colombia, entre otros:  Humberto del Palacio González (del Estado Mayor de la Tendencia Proletaria), Juan Carlos Soza Aragón, Jackson Jácamo Alvarado, Manuel Salvador Cuadra Pérez, Ariel Darce Rivera, Manuel Esteban Flores Oporta, Óscar Antonio Gutiérrez Serrano, Mario Ramón Gabuardi Castillo, Oswaldo Antonio Largaespada Lagos, Julio César Juárez Roa, Mario Antonio Macías Paredes, José Luis Marín Gaitán, José Santos Mayorga Alemán, Rolando José Rivera, Domingo Matus Méndez, Juvenal  Palacios Morales, Francisco René Palanco Chamagua, Miguel Ángel y Marcos Antonio Tapia Gutiérrez, a quienes les decían “Burros”,  y Joaquín Valle Corea.

Asimismo, contaba Sergio Gómez Vargas con los  audaces y hábiles Combatientes Populares de la Colonia Nicarao, entre otros: Cela Patricia Amador Cisneros, Isabel Aráuz Rugama, Ricardo Sú Aguilar, Marlene Fátima Aguilar Uzaga, Manuel Barrantes Miranda, Julio César Juárez Roa, Denis Miranda Corrales, Juan Ramón Rizo Villagra, Danilo Aguirre Aragón, Freddy Sandoval Cáseres, Pedrito y Luis Dávila Gómez, hermanos menores de Sergio Gómez Vargas; Douglas Duarte Niño, Roberto Prado (jefe de los Comandos Revolucionarios en esta zona); Ernesto “Bujía” Cerna, “Gato Rommel” Suárez, Vilma Catón (enfermera) y Marta Villanueva Román, y el listado de Combatientes Populares sigue:

José Arcadio “Tupac”, “el 25” Acosta García, Francisco Vásquez Estrada, William Mendoza, Osbaldo Manzanares López (ya fallecido, caído en San José de las Mulas), Marcos “Porfirio” Miranda, Etanislao Cruz Luna, Eduardo González, Carlos Matamoros, Simón “Lenin” Reyes Cedeño, Marcos Gutiérrez Tapia (caído en la Insurrección), Rigo y Rodolfo Reyes Cedeño (ya fallecidos los dos), Álvaro Gutiérrez Tapia, Óscar Manuel “El Mao” López Cerda, Armando “Tiscapa”, Filemón “Juan “Negrura” Prado (ya fallecido), Guillermo “Jerónimo” Largaespada Lara, Noel “Polvasal” Hernández, Wilfredo “Macario” Canales Argeñal, Wilfredo “Wil Loco” Martínez Largaespada,  Wilfredo Aguilar, Andrés “Masayita” López Mayorga, Ricardo “Juanito” Berríos, Enrique “Bizco Chávez” Chávez Mojica, Marvin Rosales,  Esteban Zúniga,  Novack Fernando Manzanares López (ya fallecido), Juan “Tocino”, Juan Ignacio “Yango”, Mario “Mario Pelón” Altamirano, Luis “Yarol” Reyes Murillo, Luis “Roberto” Cortez del Palacio, Horacio “Flaco”, Carlos Andrés, Santos Sobalbarro Blandón, José “El Coto” Canales, Raúl “Toni” Quiroz Carrero, Wilfredo Aguilar Martínez, Wilfredo “Macario” Canales Argeñal, Raúl “Toni” Quiroz Carrero, Andrés “Masaya” González López, Juan Pablo Solano, Armando “Canoso” Juárez y Luis Torrealba.

Estos hombres y mujeres, el 90 por ciento de ellos jovencitos de entre 16 y 25 años, era la tropa jefeada por Sergio “Marcio 13” Gómez Vargas en este sector mencionado durante la Insurrección Sandinista Victoriosa, en Managua.

En este sector de Sergio Gómez Vargas hubo varios combates memorables, extraordinarios, entre otros, cuando un contingente de casi 300 guardias somocistas genocidas lanzan una ofensiva extraordinaria desde el lado de la Colonia Centroamérica, Hospital Oriental (Manolo Morales Peralta) y construcción del Mercado (Carlos Roberto Huembes, ahora), y llegaron hasta el Hospital Infantil (“La Mascota”, hoy) en construcción, donde fueron rodeados y aniquilados totalmente casi 60 de aquellos guardias somocistas y del CONDECA.

En esta misma zona se produjo el famoso combate de “Río Seco”, en el lado Noroeste de la Colonia Nicarao, donde igualmente casi 30 guardias perecieron por su atrevimiento de meterse  donde estaban estos aguerridos Combatientes Populares del potente Frente Interno del FSLN en Managua.

Columnas y escuadras móviles, jefeadas por Javier “99” López Lowery y “Chico Garand” Guzmán Fonseca

También ya estaban operando grupos militares móviles y defensores de bulevares y esquinas dentro del Reparto Bello Horizonte, la parte Suroeste del Barrio Santa Rosa, toda la zona de los Asentamientos (entonces) Meneses y Santa Bárbara (hoy Barrio Venezuela),incluido el cauce ubicado entre el lado Oeste de Rubenia y el Barrio Venezuela  hasta desembocar en Bello Horizonte; el  cauce entre el Reparto Bello Horizonte y las Colonias Maestro Gabriel y “Salvadorita” (Cristian Pérez Leiva), toda la zona de la Rotonda de Bello Horizonte hasta el entonces Cine Colonial (hoy Semáforos del Colonial), todo Bello Horizonte por la Rotonda, por el Norte y el Este; asimismo operaban hacia el lado Este del Barrio El Edén, muy cerca de la “Treceava Sección de Policía GN”; donde se hicieron notorios jefes Guerrilleros como Francisco “Chico Garand” Guzmán Fonseca, uno de los jefes del grupo de la Organización Militar del Pueblo, fusionada ya en ese momento con el Frente Sandinista de Liberación Nacional; Mauricio “Momia” Riguero, a quien recuerdo yo porque a pocos metros, tenía como casa de seguridad la vivienda de Cliffor Scott en el Sur de Bello Horizonte; Javier “99” López Lowery, Danilo Norori, Juan “Tonatiú” Rivera, Isabel “Venancia” Castillo, del grupo o Tendencia GPP, quienes operaban igualmente en esta zona mencionada. Uno de los jefes de este grupo era “99” López Lowery, quien era uno de los Jefes Guerrilleros de la Tendencia GPP.

Yo era el Secretario General de la Asociación de Vecinos de Bello Horizonte, enfrentada a Anastasio Somoza Debayle, por los robos con el asunto de las casas, y tenía conocimiento de los movimientos revolucionarios sandinistas en Bello Horizonte y sus alrededores.

Columnas móviles y defensa circular en Bello Horizonte

“Chico Garand” Guzmán Fonseca con su grupo armado se combinaba con el grupo también armado de Mauricio “Momia” Riguero Cortez. Con estos Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares eran con quienes yo más contacto diario tenía –me movía en toda la Zona Oriental y Norte insurreccionada–, porque tengo una casa en Bello Horizonte, la H-II-20, muy cercana adonde los grupos de “Chico Garand” Guzmán Fonseca  y “Momia” Riguero tenían sus casas de seguridad.

Este grupo de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares de la Organización Militar del Pueblo (OMP), jefeada en Managua por “Chico Garand” Guzmán Fonseca y Róger (“Aniceto” y “Camastrón”) Cabezas Gómez, eran, entre otros: Armando “Capiró” Oconnor Miranda, Carlos Emilio “Aguja” Cuadra Rodríguez, Salvador “Iguana” Oporta Stathagen, Adilia María Miranda,  Marta Lucía Corea Solís, Amada Pineda Aráuz, Bernardo “Toño” Aráuz, María Eugenia Solís, Denis Ayerdis Miranda (asesinado por la guardia en plena Insurrección en Managua), Mario “Pedro” Espinoza, Róger Cabezas hijo, Ausberto “Marcos” Casanova Fuertes, Silvio “Muerto” Casanova Fuertes, Luis Manuel “Muertito” Casanova Fuertes, Mauricio “Momia” Riguero Cortez, Erick “Machete” Míxter, Félix “Joaquín” Oconnor Miranda, César Núñez, Patricia Moreno Silva, Leonor “Leo” Moreno Silva, Emilio Moreno Silva (era un niño de 14 años), Marjorie Chica Larios, Dolores “Lola” Mercado Fonseca, Óscar “Asesino” Reyes, René “Nítido” Martínez, Alberto Gutiérrez, Darwin “Negro” Rosales, Víctor José “Camilo” Mercado Cortez, Hugo César “Chele” Rizo Bermúdez,  Jorge “Casimiro” Prado, Augusto César “Cheche” Ráudez,  Lissette “Negra” Ruiz y Nelson José Mercado Silva..

Varios de ellos habían recibido entrenamiento en Cuba (“Aguja”, Ausberto, Silvio “Muerto”, “Muertito”, “Camilo” y César Núñez), especialmente en fabricación de explosivos y técnicas de combate.

Eran colaboradores (correos, casas de seguridad) de esta columna de la Organización Militar del Pueblo (OMP): Jimy  “Palo Seco” Palacios González, Carlos “Pecho de Gallo” Ballesteros, Dr. Eduardo Rugama Paz, Graciela Oconnor Miranda y Edgardo Jerez Talavera.

Este grupo de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares de Bello Horizonte y Santa Rosa dispusieron (y así lo hacían) prestarle cooperación permanente con sus columnas y escuadras móviles al Estado Mayor General del Frente Interno en los distintos Frentes de Guerra insurreccionales, o sectores en la Zona Oriental de Managua, y de ese modo estuvieron en  la destrucción y eliminación total de las “Sierra 12” y “Sierra 13”, en combates sonadísimos como el del 14 de junio entre la Colonia Catorce de Septiembre y Colonia Nicarao; también en el combate del 17 de junio en el Paraisito, en San Cristóbal, en María Auxiliadora, en El Dorado, en Colonia Luis Somoza (Diez de Junio), en Colonia Don Bosco y Colonia Colombia; y también en el famoso combate de “Río Seco”, en la Colonia Nicarao.

Combatieron en repetidas ocasiones al lado de los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares comandados por Marcos Somarriba García, en la Carretera Norte, en el Barrio Santa Rosa y para el lado del Barrio Riguero Norte y de la Colonia Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.

Antes del nueve de junio, recuerdo que Francisco “Chico Garand” Guzmán Fonseca se apareció en la casa del profesor Edgardo Jerez Talavera–una de sus casas de seguridad—con cuatro sacos llenos de fusiles Garand, M-16, escopetas 12 y 16, rifles 22, rifles 30-30 con miras telescópicas, revólveres calibre 38 y pistolas, todo lo cual llegó montado en un carretón de manos y en el automóvil del profesor Jerez Talavera.

Ese automóvil del profesor Jerez se movía de un lado a otro con esas armas. “Chico Garand” Guzmán Fonseca había llegado con esas armas procedentes de León y de Chontales, donde tenía amigos que le ayudaron a juntar dinero para comprar armas, unas, y otras, habían sido arrebatadas en operativos a guardias somocistas genocidas.

Al ocurrir esto de las armas en la casa del profesor Edgardo Jerez Talavera, recuerdo, llegaron decenas de Combatientes Populares en busca de que les dieran armas para irse a combatir en las numerosas trincheras de combate contra la dictadura somocista.

Uno de los primeros operativos de estos grupos, antes del nueve y el mismo nueve en la noche, fue hostigar y finalmente prenderle fuego el 10 de junio en la tarde a la Doceava Sección de Policía que la Guardia Nacional tenía en el lado Noreste del Parque Marta Lucía Corea Solís, a tan sólo 60 metros de mi casa y en el costado Norte de la vivienda de Víctor “Juan Pequeño” Boitano Coleman.

“Chico Garand” Guzmán Fonseca jefeaba al grupo de Combatientes Populares de la “Organización Militar del Pueblo”, en Bello Horizonte y alrededores.  En esos momentos, en 1979, el jefe de la OMP, a nivel general,  era el periodista Álvaro Montoya Lara, quien ya estaba combatiendo en el Frente Sur Benjamín Zeledón Rodríguez, donde cayó enfrentando a tiros a la soldadesca somocista genocida.

Esta agrupación, bastante numerosa, era parte del Partido Socialista Nicaragüense  que estaba de acuerdo con la lucha armada, pues una parte del PSN se oponía al uso de las armas para derrocar a la tiranía somocista. Este Partido Socialista Nicaragüense desprendido fundó la “Organización Militar del Pueblo”, y al momento de la Insurrección ya estaba fusionada con el Estado Mayor General Conjunto del Frente Interno del FSLN, en Managua, comandado este por Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra Lacayo.

Expliqué arriba que antes de  tenderse y establecerse toda esta tropa de Combatientes Populares en las calles orientales y occidentales de Managua, Capital de Nicaragua, ya funcionaban numerosas columnas y escuadras móviles, fulminantes, potentes, las cuales efectuaban emboscadas relámpagos y mortíferas  en numerosos puntos geográficos de Managua, entre otros: Rocargo en el Kilómetro Ocho de la Carretera Norte, dentro de Villa José Benito Escobar, en el “Camino de Bolas”, por el Aserrío Carlos Morales Orozco, en Los Laureles, en la Colonia Primero de Mayo, en ataques relámpagos y muy violentos contra Secciones policiales (todo era Guardia Nacional somocista genocida) en San Judas, Colonia Centroamérica, en Bello Horizonte, en “Sierra 13” El Edén, en el Barrio Mombacho, en el OPEN III, en el Reparto Schick Gutiérrez, etc.

Al instalarse el Estado Mayor General del Frente Interno y el Estado Mayor Conjunto de Managua, inmediatamente forman la columna “Liebre” (móvil, de ofensiva, emboscadas, y hostigamientos muy violentos) con los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares más diestros en el manejo de armas de guerra, explosivos, lanzamorteros y de combates, para que se muevan a dar golpes violentos, mortales, en contra de la soldadesca somocista, en cualquier parte del teatro de operaciones militares insurreccionales, en la Zona Oriental de Managua.

La “Liebre” también fue conocida como “Caza Perros”, porque además de las características militares mencionadas también se dedicaban a perseguir a esbirros somocistas genocidas connotados, a capturarlos, enjuiciarlos públicamente y después fusilarlos, como efectivamente se hizo con muchos guardias, orejas, soplones, entre otros, Pedro Pablo “Poeta Carpintero” Espinoza, uno de los defensores más descarados de la tiranía somocista por medio de un su noticiero que tenía en “Estación X”, propiedad de Anastasio Somoza Debayle, ubicada sobre el Cerro de las Piedrecitas.

Posteriormente, con los mismos y nuevos integrantes de La ”Liebre” se formó la “Columna Óscar Pérez Cassar”, controlada directamente por los miembros del Estado Mayor General del Frente Interno (Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra Lacayo), con finalidades similares al inicio de la “Liebre”, pero además con funciones de inteligencia militar, para después montar y desarrollar los operativos militares fulminantes, mortales, realmente destructivos en contra del aparato militar del somocismo y de su soldadesca criminal genocida.

Con características parecidas surgieron otras columnas en el teatro de guerra Oriental y Occidental, como la de los “Perros Negros” en el Barrio San José Oriental, la cual se forma al estallar la Insurrección en los primeros días de junio de 1979, comandada por Daniel Chávez González.

Inicialmente eran tan sólo 12 jovencitos, de entre 17 y 22 años, dispuestos a morir o vencer en la contienda militar contra el somocismo genocida en Managua. Esta columna de los “Perros Negros”, llegó a tener en sus filas a 52 integrantes, hombres y mujeres, todos Combatientes Populares entrenados. 38 de ellos cayeron en combates, la mayoría dentro del mismo Barrio San José Oriental, Barrio este colindante con Ciudad Jardín por el Norte y con el Barrio Rigoberto López Pérez por el Sur.

Decidieron operar de forma móvil en su propio vecindario San José Oriental y en los Barrios: Riguero, “Campo Bruce” (Rigoberto López Pérez), Paraisito, Reparto El Dorado y el lado Oeste del Barrio Larreynaga, colindante con Ciudad Jardín y Paraisito, y se pusieron a la orden militar y política del Estado Mayor de Managua (Mónica Baltodano Marcenaros, Raúl Venerio Granera y Osbaldo Lacayo Gabuardi).

Los 38 caídos de esta columna de “Perros Negros” fueron: Marta Lorena López Mojica, esposa  de Carlos Alberto “El Sobrino” Dávila Sánchez; José Alberto Vásquez, Ricardo Membreño Morales, Jorge Luis Orozco García, Denis Alfaro López, Walter Morales Espinoza, Octavio Sandino Valle, Alfonso Alvarado Rivas, Francisco Fuertes Guadamuz, Roberto Hernández, Rolando Martínez, Isidro Montes; Rafael, Sergio y Julio Lacayo Membreño; Rosa Martínez Ubieta, Douglania Calero, José Arnoldo Hernández, Berta Martínez Ramírez, Sucre y Elena Rosales, Azucena Delgadillo Rodríguez, Moisés Rodríguez, Mauricio Briones, Jerónimo Canales, Enrique Cortez Solano, Bolívar Alberto Sequeira, Emilio Andrade González, Antonio Hernández Salmerón, Francisco Ortega García Eberando Godoy, Manuel Sánchez, Juan López García, Carlos López Gómez, Ángela Delgado Silva, Genaro Oporta, Carlos José Ramírez Bermúdez, Ricardo Oviedo Roa y Carlos Armando Sevilla.

Todos estos Frentes de Guerra Revolucionaria Sandinista Insurreccional en la Zona Principal de Combates, todos, sí todos los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, Milicianos y pobladores civiles colaboradores, estaban comandados por el Estado Mayor General del Frente Interno y por el Estado Mayor Conjunto del FSLN en Managua, integrado por Mónica Baltodano Marcenaros, Oswaldo Lacayo Gabuardi y Raúl Venerio Granera.

Estos seis Jefes supervisaban, dirigían y participaban directamente en algunos combates, por ejemplo al momento en que fue destrozada la “Treceava Sección de Policía”, en el Mercado Periférico, donde estaba el tenebroso asesino y torturador Alberto “Macho Negro” Gutiérrez, hecho ocurrido el 11 de junio todo el día y parte de la madrugada del 12.

Incendio insurreccional generalizado

El nueve de junio de 1979, como queda relatado, en el día y en la noche, Managua se encendía insurrecta por los cuatro costados en los Barrios  populares tradicionales, Asentamientos Humanos de lotificadores (como La Fuente, Loma Linda, Villa Roma, Torres Molina, OPEN Tres,  Riguero Norte, Colonias y Repartos orientales y una parte de los vecindarios situados al Norte, propiamente algunos ubicados en la orilla de la Carretera Norte.

Centenares de jóvenes, hombres y mujeres, Guerrilleros y Combatientes Populares, ancianos y hasta adolescentes (todos voluntarios, patriotas, defensores de la Soberanía Nacional y sacrificados por las libertades más elementales de la Patria), lanzándose a las calles con el grito de ¡!Patria Libre o Morir, Patria o Muerte, Venceros¡¡

Este grito prolongado, lleno de fervor patriótico y revolucionario sandinista, se produjo, por ejemplo,  en la Avenida Este del Reparto  Bello Horizonte, cuando eran un poco después de las siete de la noche. Eran jóvenes con el pecho descubierto, lleno de amor por la Patria, portando unas pocas, poquísimas, armas de guerra y los otros, la mayoría, pistolas, rifles 22 y 30-30, escopetas calibre 12, 16 y 20, unas tiro a tiro y otras con capacidad de repetición, y bombas de contacto en abundancia.

Recuerdo aquella noche del nueve de junio, estaba ya anocheciendo, como uno de los momentos más memorables de la Historia Patria de Nicaragua. Vi y vimos cómo un grupo nutrido de jóvenes desde la oscuridad callejera, con voz clara, diáfana, fuerte como un altoparlante, a pecho desnudo, desafiando el inmenso poder de fuego balístico de la Guardia Nacional genocida, invitaban al pueblo a insurreccionarse contra el inmenso aparato opresor y criminal de la dictadura militar somocista, fundada  (en 1927), educada, entrenada y financiada hasta su final (julio, 1979) por el gobierno criminal de Estados Unidos.

Los mandos superiores de la Guardia Nacional somocista genocida, enterados ya porque habían capturado los planes militares insurreccionales y por los fieros combates móviles, de ofensivas potentes y de resistencia también, muy mortales inclusive en contra de la soldadesca y oficiales somocistas genocidas, ese mismo día temprano, al medio día y en la noche del nueve de junio de 1979, habían mandado a reforzar las sedes de sus batallones élites y las 16 Secciones de Policía (guarniciones de la GN en zonas y vecindarios), y también estaban ya operando de forma móvil en convoyes, es decir, a bordo de camiones con ametralladoras calibre 50 y 30, instaladas por encima de las barandas de los camiones. En algunos casos, eran convoyes de hasta siete camiones repletos de guardias, todos armados con fusiles nuevecitos y mochilas llenas de tiros, más  bombas de fragmentación y lanzamorteros o bazukas.

Una de esas Secciones de Policía reforzada con más soldados, armas de guerra, más radiocomunicadores y comida,  era la llamada “Treceava Sección de Policía” (“Sierra 13”, le decían los oficiales de la GN), la cual estaba ubicada en el lado Suroeste del Mercado Periférico, una construcción sólida de cemento armado y hierro, y preparada anticipadamente con huecos pequeños para sacar por ahí los calibres de los fusiles y ametralladoras.

En esta Sección de Policía estaba el odiadísimo (por pobladores) torturador y asesino Alberto “Macho Negro” Gutiérrez, quien había sembrado el terror por mucho tiempo en Barrios Orientales y en casi toda Managua. Este cuartel y centro de torturas y muerte del somocismo genocida estaba entre el extremo Norte del Barrio Ducualí y en el extremo Sureste del Barrio El Edén, y de frente a los muros del Cementerio Oriental de Managua.

Todos estos 16 cuarteles habían sido reforzados ese mismo día nueve de junio, por la mañana, incluyendo la  Doceava Sección de Policía, ubicada en el lado Sur  (dentro) del Reparto Bello Horizonte, en una esquina del lado Noreste del Parque Marta Lucía Corea; los guardias salían todas las noches de esta Sección a catear casas dentro de Bello Horizonte; también la “Sierra 16” del Barrio Mombacho, cuyos gendarmes sembraban el terror en vecindarios de la Carretera Norte, en Villa Progreso, Villa San Jacinto, en la Colonia Xolotlán, en el Barrio La Primavera, en el Barrio Waspán  Sur; también  llevaron más gendarmes, soplones y paramilitares a la Sección de Policía y  otro contingente de gendarmes que tenían en dos Colegios cercanos al Tanque Rojo del Reparto Schick, donde las columnas de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares ya les habían hecho varias emboscadas nocturnas, muy mortíferas, pues los Combatientes emboscados habían usado profusamente bombas de contacto para destruirles los vehículos en que se movilizaban estos guardias asesinos.

Sábado 9 de junio

Combates Populares provocan pánico en soldados GN-EEBI

Caía una llovizna ligera al anochecer de aquel viernes 9 de junio de 1979 cuando se escuchaban aquellos gritos libertarios de “¡!Patria Libre o Morir¡¡, ¡!Patria o Muerte, Venceremos¡¡, Muerte al somocismo¡¡, ¡De esta no se salva ningún somocista¡”, por las calles de Managua, repitiéndose con ecos vibrantes de montañas en vecindarios del Oriente hacia el lado Oeste capitalino, como: Reparto Laureles Norte (Manuel Fernández Mora), Villa Libertad, Colonias Las Sabanas y Cinco de Diciembre, Américas Cuatro, Américas Tres, Américas Uno, Colonia Primero de Mayo, Reparto Santa Emilia (Omar Torrijos Herrera), Catorce de Septiembre, Colonia Nicarao, Reparto Santa Julia, Colonia Don Bosco, Colonia Colombia, Luis Somoza (Diez de Junio),  Bello Horizonte, Santa Rosa, Barrio Blandón (Costa Rica), Maestro Gabriel, “Salvadorita” (Cristian Pérez Leiva), Reparto El Dorado, Barrios Ducualí, El Edén, María Auxiliadora, San Cristóbal, Santa Bárbara y Meneses (hoy Venezuela), Barrio Primero de Mayo, Barrio Paraisito, Barrios Larreynaga y San Luis, Barrio San José Oriental, Campo Bruce (Rigoberto López Pérez), Colonia Managua, y otros vecindarios en la orilla del Lago de Managua, en la Carretera Norte, al otro lado de la Carretera, como: Riguero Norte, Colonia Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, Colonia  Américas II (Villa José Benito Escobar Pérez), Colonia Unidad de Propósitos (en las cercanías del Aeropuerto Las Mercedes, hoy Aeropuerto Sandino), etc.

Al mismo tiempo se registraban centenares de explosiones de bombas de contacto, fogatas enormes con mítines relámpagos a su alrededor, acompañados éstos por agitadores y propagandistas del Frente Sandinista de Liberación Nacional invitando a lanzarse ¡ya¡ a la lucha armada insurreccional contra el monstruoso aparato opresor somocista, marchas de centenares de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares dentro de los Barrios, Colonias, Asentamientos y Repartos residenciales; esos Combatientes (hombres y mujeres, jóvenes, adolescentes y ancianos), guerrilleros libertarios, se desplazaban con fusiles y armas de cacería cruzados en sus pechos o cargados en los hombros; lucían boinas negras, vestimentas verdeolivo, pañuelos rojinegros atados al cuello o en las cabezas, y algunos con salveques fajados en la cintura y mochilas para cargar los tiros, cuchillos y machetes para los combates contra el enemigo, los cuales se desarrollaban ¡ya¡ exitosamente en aquellos momentos en la Zona Occidental, o Secundaria de Managua, pues ese nueve de junio de 1979, como queda relatado arriba, los Jefes Guerrilleros, Milicianos y Combatientes Populares habían ya trabado numerosos combates contra la soldadesca somocista genocida, comenzando en el ZUMEN, y provocando a la EEBI-GN, que los seguía hacia el Sur, trabando combates por donde son hoy “Raspados Loli”, Plaza Julio Martínez, Aserrío de Heliodoro Flores, en “Laguna Negra”, en el Complejo Comunitario en construcción, en “La Tomatera”, en Loma Linda, es decir, “habían mordido el anzuelo” del Plan Insurreccional Sandinista en Managua, trazado por el Estado Mayor General del Frente Interno, cuyos tres jefes ya dirigían la contienda militar libertaria en Managua.

En el Noroccidente de Managua, en la misma Zona Secundaria se combatía también de forma móvil y  ferozmente esa misma tarde y noche  contra los guardias somocistas genocidas en  Acahualinca, Monseñor Lezcano, Balcanes, Colonia Morazán, San Sebastián, Repartos Linda Vista y Las Brisas, Lomas de Guadalupe y callejones del Barrio Santa Ana.

Guerra de guerrillas, hostigamientos militares desesperantes, ataques balísticos relámpagos y emboscadas mortales, más recuperación de armas de guerra, municiones y vehículos que pudieran servir para la movilización de los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, esa era la estrategia u orden dada por el Estado Mayor General del Frente Interno del FSLN guerrillero, todavía clandestino, en la Insurrección Popular u Ofensiva Final, en este teatro de operaciones militares revolucionarias sandinistas en Managua.

Especialmente al Sur de San Judas, los pobladores estaban insurreccionados ese día y noche del nueve, y le habían prendido fuego a la Sección de Policía GN y al prostíbulo, propiedad de un guardia somocista, mientras Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares habían hecho “morder el anzuelo” a los mandos militares somocistas para que casi mil soldados salieran a las calles a perseguirlos, y de ese modo se le daba cumplimiento al Plan Militar Insurreccional Sandinista de que los Combatientes de la Zona Secundaria los obligaran a “ocuparse” tras las fuerzas revolucionarias y que de esa manera se empantanaran allí para no salir de Managua ni mover más tropas hacia el Oriente y Norte capitalino, o Zona Primaria de la lucha insurreccional libertaria, donde la Insurrección, u Ofensiva Final, se estaba instalando esa noche del nueve de junio de 1979.

El mismo sistema de radiocomunicaciones de la Guardia Nacional, en este caso ubicado en la Central de Policía GN, comandada por el esbirro coronel Nicolás Valle Salinas, informaba a las dos de la tarde del nueve de junio que la Décima Sexta Sección de Policía, ubicada en el Barrio Mombacho, en el kilómetro seis de la Carretera Norte, estaba siendo atacada con fuego balístico nutrido por alrededor de 20 Combatientes Populares. El ataque relámpago  y combate duró unos 20 minutos.

A las tres de la tarde, una hora después, el mismo sistema de radiocomunicaciones de la GN reporta que un grupo numeroso de Combatientes Populares (“Yeicos”, “Sandino-comunistas-terroristas”, decían angustiados los guardias y Anastasio Somoza Debayle), armados todos, y pobladores de la Colonia Xolotlán ya insurrectos o rebelados, quemaban vehículos, levantaban barricadas callejeras, hacían zanjas en las esquinas y calles, estallaban bombas de contacto y realizaban mítines en la comunidad.

Esta Colonia Xolotlán está ubicada de la empresa Siemens (Carretera Norte) hacia el Sur, muy cerca de la “Sierra 16” de la Guardia Nacional. Los guardias, paralizados de pánico, no se movieron.

A la misma hora, tres de la tarde, los guardias de “Sierra 16” informan a su jefe, Nicolás Valle Salinas (“Sol 22”, le decían en sus radiocomunicaciones) que unos 100 jóvenes armados se desplazaban de Sur a Norte por el “Motel Dancing”, (comienzo de la Pista Buenos Aires hacia el lado del hoy Mercado Iván Montenegro Báez), ubicado este Motel a 150 metros al Este de donde estaba ubicada la “Sierra 16”, en el Barrio Mombacho (Freddy Herrera).

El mismo reporte decía que estos 100 jóvenes portaban fusiles automáticos, escopetas y una ametralladora calibre 30. A las cinco de la tarde del nueve, por medio de las comunicaciones radiales de la GN, se conoce también que ha habido al menos cinco combates durante el día dentro del Reparto Schick Gutiérrez, especialmente contra los contingentes de guardias acantonados en Baterías Hasbani, en el Colegio José. R Somoza, en la Sección de Policía y en el Colegio Hope Portocarrero de Somoza, este último situado en la entrada al Camino de las Comarca Las Jaguitas.

A las seis y 47 minutos de la tarde los gendarmes de la Tercera Sección de Policía GN (“Sierra Tres”), ubicada en Monseñor Lezcano, Zona Noroccidental de Managua, reportan que una patrulla GN sostiene un combate con unos 15 “Yeicos” (Combatientes Populares) en uno de los callejones del Barrio Santa Ana.

A las siete y 16 minutos, ya es de noche, los mismos gendarmes de la “Sierra Tres”, informan que un grupo de unos 30 “Yeicos” o Combatientes Populares atacan de manera sorpresiva al contingente de  unos 100 guardias en la Fábrica o Telar Gadala María, situado en una construcción antigua y en un predio baldío contiguo a las famosas Huellas de Acahualinca, en el Barrio Acahualinca. Esto indica que los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares ya echaron a andar  audazmente el Plan Militar Insurreccional en la Zona Noroccidental de Managua.

Este combate, fundamentalmente de hostigamiento relámpago  a la soldadesca criminal somocista, dura poco tiempo porque los Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros no tienen donde parapetarse, y pasados unos 15 minutos deciden retirarse por el Cauce Occidental hacia el Sur, específicamente por el Puente León, por donde entraron José Santos Zelaya López y su tropa de liberales triunfantes el 11 de julio de 1893.

Casi al mismo tiempo, los agentes de la GN en la Cuarta Sección de Policía (“Sierra Cuatro”), ubicada en las cercanías del “Destilatorio Nacional” (guaro lija) y Cine Blanco, cerca del Arbolito, informan por radiocomunicadores que también fueron atacados a balazos y bombazos por unos 20 “Yeicos” que se desplazaban a pie, vestidos de verde olivo, con boinas negras y pañoletas rojinegras atacadas en el cuello.

Esta “Sierra Cuatro” fue atacada con fuego balístico nutrido desde un predio de la llamada “Escuela de Arte” (Taller de reparaciones mecánicas y eléctricas del Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua). Los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares hicieron dos ataques relámpagos y después se retiraron.

Eran ya las ocho y 50 minutos de la noche cuando las columnas guerrilleras jefeadas por Sergio Gómez Vargas y César Augusto “Moisés” Silva estaban atacando de forma sostenida, con fusiles, ametralladoras y bombas de contacto, la llamada “Sierra Diez”, o Décima Sección de Policía, la cual funcionaba en el lado Suroeste de la Colonia Centroamérica, en la mera orilla de la Carretera a Masaya y de frente al Centro Comercial Camino de Oriente, contiguo al “Autocinema” y enfrente de los “Cinemas” en ese Camino de Oriente.

Para los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares aquí es una zona despoblada. No hay muchos lugares en qué parapetarse. Sin embargo, la orden del mando militar del Estado Mayor General del Frente Interno es que se actúe como una tormenta de balazos y bombazos, lo cual produce un estampido de gente civil en la zona, pues a esa hora hay gente viendo películas en el “Autocinema” y en los “Cinemas” del Camino de Oriente.

Domingo 10 de junio

Guardias cañonean calles solitarias en Monseñor Lezcano y Santa Ana

A las ocho de la mañana del diez de junio por radiocomunicaciones de la Guardia Nacional se informa que presuntamente la EEBI de asesinos retomó la Colina del Naranjo, en Rivas. Al mismo tiempo ordenan la entrega de tres cadáveres de guardias que fueron baleados por “confusión” en un tiroteo entre dos patrullas de BECATS o Brigadas Antiterroristas del Estado terrorista somocista genocida.

A las 11 y 20 minutos de la mañana la Guardia Nacional, por órdenes de Anastasio Somoza Debayle, pone en marcha sus planes de terror en contra de los vecindarios de Managua al hacer volar avionetas equipadas con altoparlantes, mediante los cuales un locutor arrastrado del somocismo conmina a los pobladores de los Barrios San Judas, Altagracia y Monseñor Lezcano a que abandonen de inmediato estos sectores geográficos porque la Guardia Nacional va a proceder a bombardearlos por la presencia de guerrilleros Sandino-comunistas-terroristas.

O sea, estaban poniendo en marcha una nueva “operación limpieza”. Así le llamaban los mandos militares somocistas al paso de 500, 1, 000 ó más guardias, acompañados de tanques, tanquetas con ametralladoras, cañones, granadas de fragmentación, aviones push and pull, ametralladoras calibre 50 y 30, todas estas armas siendo disparadas contra  pobladores civiles, más tractores o patroles que iban desbaratando barricadas y zanjas o pozos tiradores, incluyendo lo de asesinar atrozmente como había ocurrido, hacía pocos días, en San Judas, en el Reparto Schick Gutiérrez y en las cercanías de los “Billares Shanguelo”, donde habían descuartizado  a machetazos y quemado el cuerpo de Isidro Centeno, frente a centenares de pobladores del Barrio La Fuente. La crueldad de la Guardia Nacional somocista genocida era francamente inaudita, sólo comparada, quizás, con los nazifascistas alemanes de Hitler.

Cabe mencionar aquí que estas “operaciones limpieza” eran realizadas por un grupo numeroso selecto de guardias nacionales apodados “Pumas”, que en realidad eran una banda de asesinos muy crueles, sanguinarios y ladrones, pues al mismo tiempo en que hacían funcionar el aplastante aparato opresor del somocismo, iban robando joyas, dinero y todo lo que consideraban de valor lo iban arrastrando al mismo tiempo que torturaban y mataban seres humanos y animales en los vecindarios que sufrían estas “operaciones limpieza”.

A las once y media de la mañana de ese diez de junio en los callejones del Barrio Santa Ana, situado al Noroeste de Managua, los pobladores, hombres y mujeres, ya insurrectos, le prendían fuego a vehículos de “soplones” y” orejas” del somocismo, y al mismo tiempo edificaban barricadas y construían zanjas, para que los Combatientes Populares enfrentaran a tiros a la soldadesca de la Guardia Nacional y que esta no se metiera en los callejones mencionados

Un poco después, a las once y 45 minutos, según se escucha en las radiocomunicaciones de la Guardia Nacional,  envalentonados y para sembrar pánico, unos 300 soldados GN,  en camiones blindados, caminando a pie, acompañados de un tanque y dos tanquetas, ametralladoras calibre 50 y 30 montadas en jeepones y con RPG-7, o bazukas, recorren las calles de Monseñor Lezcano y Santa Ana,  y disparan sus cañones y metrallas en las calles vacías, pues la gente civil y los Combatientes Populares se habían ocultado temporal y tácticamente por orientaciones del Estado Mayor FSLN en este sector de Managua.

Sin embargo, por otro lado en las mismas radiocomunicaciones se les sale el nerviosismo, se nota que están “acalambrados”, que tiemblan de miedo, pues con voz entrecortada el radio-operador de “Sierra 16”, en el Barrio Mombacho, vuelve a informar que muy cerca, en el Aserrío Carlos Morales Orozco hay unos 100 “Yeicos” armados hasta los dientes. Recuerda el radio-operador de la GN de “Sierra 16” que este mismo grupo de Combatientes Populares los había atacado hacía poco tiempo, y recomienda irlos a enfrentar en el Aserrío Carlos Morales Orozco.  No hay respuesta de los mandos superiores de la Guardia Nacional

A las 12:30 minutos el jefe de la “Sierra Trece”, o Treceava Sección de Policía, Teniente Gaitán,  donde estaba el multiasesino y torturador Alberto “Macho Negro” Gutiérrez, informa nervioso igualmente que a unos 100 metros en contorno de la “13” se mueven unos 100 hombres y mujeres (todos jóvenes) con fusiles, ametralladoras y lanzamorteros, y cree que en poco tiempo lo estarán atacando

Adentro del cuartel de la “13” habían unos 60 guardias, todos con fusiles automáticos Galil, Garand y M-16, más tres ametralladoras (una calibre 50 y dos calibre 30), más una Bazuka, mientras en los contornos, alrededor, y hasta la esquina Norte en la “Gasolinera Salvadorita” (así la siguen llamando sus dueños, el somocismo genocida se quedó con ellos, en lo más profundo de sus almas), estaban apostados otros, más o menos, 100 guardias, los cuales inclusive tenían una tanqueta con dos ametralladoras allí frente a la Gasolinera ESSO, más algunos cañones portátiles, según los recuerdos de Melba Orozco y Alejandro “Huesito” Mairena Obando, Combatiente Popular, quien fue uno de los participantes en el combate para destruir la “13” el 11 de junio de 1979, durante todo el día y la noche.

Insurrección Popular armada se extiende como tormenta liberadora

A la 1:35  de la tarde del diez de junio, el operador de radio de la “Sierra Trece” comunica a sus superiores GN que la Sección de Policía ya está siendo hostigada desde distintos lados geográficos por los Combatientes Populares ya mencionados. Esto indica que la Insurrección Sandinista, u Ofensiva Final, sigue propagándose como tormenta indetenible en Managua.

A la 1:45 pm. Se produce un ataque armado veloz, violento, mortal, contra dos patrullas GN de una Brigada Contra Actos de Terrorismo (BECAT) en Américas Uno, en el lado Oriente de Managua, frente a la entrada de la Colonia Primero de Mayo. Las patrullas atacadas por fuego de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, jefeados por César Augusto Silva, son las nos. 1361 y 1359, según el operador de radiocomunicaciones de la llamada Central de Policía.

A la 1:55 pm. Es agitadísimo dentro del Reparto Bello Horizonte, donde centenares de pobladores, guiados por Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, andan en labores de “recuperación de armas”, haciendo zanjas profundas con una retroexcavadora recuperada, construyendo barricadas en todas las esquinas de entradas de Bello Horizonte, por el Sur, por el Norte colindante con el barrio Santa Rosa, en el semáforo de cruce de Villa Progreso y Bello Horizonte, en la Rotonda de Bello Horizonte, en los cruces del cauce hacia el Cementerio Oriental y las Colonias Maestro Gabriel y “Salvadorita” (Cristhian Pérez Leiva).

Personalmente recuerdo que entre los primeros vecinos en sacar armas de cacería a las calles  en Bello Horizonte fue Raúl Munguía, quien era vendedor de automóviles en CATERAN y cazador de venados y poseía varias escopetas. “!Vamos a la “runga” contra estos guardias, hijueputas¡”, gritó Munguía cuando iba cargando las escopetas y un salveque de tiros.

Recuerdo en estas labores insurreccionales a vecinos como Benito Espinoza, Elizabeth Mejía Rivas, Arnulfo Oviedo y su esposa Lesbia Cuadra, Edgardo Jerez Talavera, la mismísima Marta Lucía Corea Solís (caída en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya), René “Nítido” Martínez, Juan “Tonatiú” Rivera, Ivette y Howard Soza Castro, Vitalia Rojas, Guillermo Baltodano Serrano, los hermanos Ariel, Tobías y Kairo Jiménez; Marjorie Chica Larios, Ernesto Chacón Blandón, Ernestina Navarro (hermana de Jorge Navarro, uno de los fundadores del Frente Sandinista), por ejemplo.

Estos vecinos, encabezados por numerosos Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros, procedieron a prenderle fuego a la “Sierra Doce”, la cual estuvo ubicada en la esquina Noreste del Parque Infantil y Recreativo de la Etapa II de Bello Horizonte, a tan sólo 60 metros de la casa de Pablo E. Barreto Pérez.

Los guardias o soldados de estas “Sierra 12” habían huido el nueve de junio en la noche, temprano, debido a los hostigamientos y ataques militares relámpagos constantes de los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares ya mencionados.

Las instalaciones de esta “Sierra 12” eran de tablas, del mismo estilo de piezas prefabricadas con que se habían construido las Américas Uno, Américas Dos, Américas Tres y Américas Cuatro. Estas tablas, rodeadas de piedras canteras, fueron rociadas de gasolina, y ardieron muy rápido, el 10 en la madrugada, mientras centenares de pobladores, ya insurrectos, observaban de frente, en el parque, y lanzando gritos de “!Muerte al somocismo¡, ¡de esta no se escapa ningún somocista¡” Este parque de la Etapa Dos después del Triunfo de la Revolución fue bautizado con el nombre de  Marta Lucía Corea Solís.

También había estallado la Insurrección sandinista en el OPEN TRES y Bella Cruz (Ciudad Sandino al Triunfo de la Revolución Sandinista), ubicado en el kilómetro doce y medio de la Carretera Nueva a León, después convertido en uno de los Barrios occidentales, más tarde en Distrito I y finalmente es hoy Municipio del Departamento de Managua.

En el OPEN TRES o Ciudad Sandino el Estado Mayor estaba integrado el Estado Mayor por:  Adolfo Aguirre Stadthagen (caído combatiendo durante esa Insurrección), Eva Adilia Solís, estos dos eran los jefes; y eran miembros de este Estado Mayor los compañeros: José “Pepe Loco” Estrada Fonseca, Nelson Romero Lanzas, Gustavo Cerna González (hijo de uno de los fundadores de Ciudad Sandino), Marlene Álvarez, Carlos Vivas Ramírez, Mauricio Membreño, Antonio “Julio” López, Gonzalo Jarquín, Julio César Vílchez, Héctor Martínez Pacheco y Francisco Cedeño..

En Ciudad Sandino se formaron dos frentes de combate: uno en el sector llamado propiamente OPEN TRES (Ciudad Sandino) y el otro, en Bella Cruz. La guardia tenía sus destacamentos militares en las cercanías del Cuerpo de Bomberos y  en la orilla de la Carretera Nueva a León, cerca de la entrada por el lado Norte, desde donde desplazaban las tropas calle por calle, y de esa forma, el 9 y 10 de  junio de 1979, también se habían generalizado los enfrentamientos a tiros entre las fuerzas militares somocistas de la Guardia Nacional y el grupo de Jefes Guerrilleros y de Combatientes Populares de unos 300, entre hombres y mujeres, la inmensa mayoría jóvenes, en este sector Oeste de la Capital de Nicaragua, ubicado entre los kilómetros doce y 13 de la Carretera Nueva a León.

Masas insurrectas, barricadas y zanjas enloquecen a guardias GN-EEBI

2:40 pm. A esta hora, mediante radio-comunicaciones de la Central de Policía, centenares de soldados que andan en patrullas móviles, reciben orden de “limpiar de barricadas” la “Pista Media de Circunvalación”, ubicada del “Dancing, kilómetro seis de la Carretera Norte, hacia donde es hoy el Mercado Iván Montenegro Báez. Y también mandan a destruir las barricadas que pobladores insurrectos han levantado en las entradas a la Terminal de Autobuses de Masaya y Granada, ubicada al Sur de las instalaciones en construcción de lo que sería después el Mercado Carlos Roberto Huembes.

2.45 pm. Los gendarmes de la “Sierra Tres”, en Monseñor Lezcano, vuelven a informar, llenos de angustia, que están siendo atacados con fuego balístico nutrido el Telar de Gadala María, frente a las Huellas de Acahualinca, por un grupo numerosos de Jefes y Combatientes Populares del sector Noroccidental de Managua, jefeados por Silvio “Israel” Porras García y Arnoldo “Viejo Ernesto” Real Espinoza..

El contingente de soldados GN de este sector se parapetan, pero no salen de dónde están escondidos. Los Combatientes Populares efectúan el ataque relámpago durante 10 minutos y se retiran hacia el centro del Barrio Acahualinca, donde hay barricadas y zanjas en cada una de las esquinas del vecindario costero del Lago Xolotlán o de Managua.

A esta misma hora, el comando GN de Tipitapa reporta que unos 30 guerrilleros se movilizan armados en las calles de los Repartos o Asentamientos Molina y San Rafael, este último casi frente al Balneario El Trapiche.

2:55 pm. Por orden del esbirro coronel Nicolás Valle Salinas  salen varias patrullas GN de la Central de Policía (Cárceles de la Aviación, en la orilla de la Carretera Norte) hacia las Colonias Don Bosco, Luis Somoza y Colombia, y el Barrio Larreynaga, donde ya igualmente se mueven centenares de Jefes Guerrilleros, Milicianos, Combatientes Populares y pobladores insurrectos, levantando barricadas, construyendo zanjas, trasladando armas en carretones de manos, transportando comida, construyendo refugios antiaéreos y moviéndose, para emboscar a los guardias. Al parecer, los guardias llenos de miedo no llegaron a estos vecindarios, pues dentro de ellos no hubo enfrentamientos armados a esta hora del día.

3:05 pm. El lenguaje de los operadores de radiocomunicaciones de la Guardia Nacional va cambiando un poco, pues de vez en cuando las órdenes de mando no son específicas para una  o dos patrullas, sino que la orden, o alertas, es para todas las patrullas, como ocurrió al momento en que se levantaban barricadas en el Reparto Altamira, de Inmobiliaria tres cuadras al Oeste, donde alrededor de los pobladores insurrectos habían decenas de jóvenes armados con fusiles de guerra, escopetas, riflitos 22 y revólveres calibre 38. Los guardias tampoco llegaron a este lugar. ¿Tenían miedo a las bombas de contacto?

3:10 pm. En la radio de la Central de Policía, Guardia Nacional, se escucha que fue emboscada de forma fulminante una patrulla de la GN en uno de los callejones de la Colonia Tenderí por un grupo numeroso de Combatientes del Barrio Larreynaga, quienes en ese momento ya son comandados por Mónica Baltodano Marcenaros, una de los tres jefes del Estado Mayor Conjunto del FSLN en  Managua.

Como la Colonia Tenderí, ubicada al Este de Ciudad Jardín y al Oeste del Barrio Larreynaga, está cerca de la Central de Policía, pronto llegan otras patrullas en su auxilio. Por versiones de vecinos se conoció que la contundente emboscada guerrillera les dejó por lo menos dos muertos y tres heridos a la soldadesca somocista genocida. Los Combatientes Populares al enterarse de que los guardias estaban recibiendo refuerzos, se retiraron en forma ordenada hacia el lado de la hoy “Tiendona”, en la Calle Catorce de Septiembre, donde tenían ya una zona liberada. La soldadesca GN no se atrevió a seguirlos.

3:15 pm. A más o menos un kilómetro al Oeste del sitio de la emboscada en la Colonia Tenderí, se estaba registrando rebelión masiva de los habitantes del lado Noroeste del Barrio Campo Bruce (Rigoberto López Pérez), quienes levantaban barricadas y hacían zanjas en todas las calles y callejones de este sector del Gancho de Caminos, entrada al Mercado Oriental por el Sur, y por donde, además, había una Sección o “Sierra” de Policía GN exactamente donde es hoy el “Semáforo de Repuestos Böer”. Por solicitud de los guardias de esta “Sierra” (no preciso su número), llegaron varias patrullas BECATS y conminaron a la gente a retirarse de allí, pues en ese sitio no habían Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, precisamente por las cercanías de la “Sierra” policial.

3:30 pm. Desde sus radio-comunicadores, los integrantes de varias patrullas de “hombres Pumas cazadores” informan desesperados que decenas de “Yeicos” (Combatientes Populares) los están atacando de forma feroz, potente, relampagueante, en callejos de la Colonia Primero de Mayo, situada al Oriente de Managua, exactamente en la orilla de la Pista Sabana Grande y frente a la entrada de la Colonia Américas Uno.

Esta emboscada combate, relámpago, potente, dirigido a causarle siempre numerosas bajas al enemigo somocista, es coordinado por los Combatientes Populares jefeados por César “Moisés” Augusto Silva, y le causa numerosas bajas entre heridos y muertos a los fanfarrones “Pumas cazadores”, que antes de ser atacados audazmente por guerrilleros sandinistas, se creían invencibles, “intocables” por las balas.

Estos Combatientes Populares inclusive recuperan armas y municiones, y se retiran ordenadamente en menos de 15 minutos de combate demoledor. Los “Pumas cazadores” y radiocomunicadores de la GN en la Central de Policía no informan nada de los resultados de esta emboscada y combate en callejones de la Colonia Primero de Mayo. Sólo informaron que estaban siendo atacados por “Yeicos”.

3.35 pm. La radio central de la Policía informa que fue herido de bala el Teniente Juan Ignacio Arias, conocido dentro de la GN como “Químico Uno”. Aparentemente fue herido en un pie. Se encontraba patrullando por el Aserrío Carlos Morales Orozco cuando su unidad o patrulla policial BECATS fue atacada con fuego balístico nutrido de las escuadras y columnas guerrilleras combativas jefeadas por Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz.

Este Teniente Arias, o “Químico Uno”, era también farmacéutico. Ingresó a la Central de Policía a raíz de la formación del  Laboratorio Policial que comenzaría a funcionar el 23 de diciembre de 1972, el día del Terremoto que destruyó Managua. Este Arias, “enamorado” de la corrupción y de la tiranía somocista genocida, decidió quedarse en la Guardia Nacional ya como oficial de línea.

Al comienzo de su carrera militar repentina, sin preparación técnica, fue amable (asunto extraño en estos elementos) con la gente y los periodistas que le dábamos cobertura a las actividades cotidianas de la Central de Policía, incluido, por supuesto, las represiones, torturas y otras denuncias, pero después este Arias cambió, sí, y externaba de forma feroz, hiriente, su odio contra los reporteros capitalinos en general y en particular contra aquellos que éramos opositores a la “Estirpe Sangrienta: los Somoza”. Era, para colmo, propietario de cantinas y prostíbulos, y eso explicaba por qué motivos buscaba el apoyo decidido de la Guardia Nacional.

4:00 pm. A plena luz del día un grupo numeroso de Combatientes Populares, jefeados por Javier “99” López Lowery y Francisco “Chico Garand” Guzmán Fonseca, atacan de forma fulminante a balazos y bombazos a varias patrullas BECATS-GN que osaron meterse por la Pista Larreynaga hasta la Rotonda de Bello Horizonte, donde Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares los esperaron, al mejor estilo guerrillero del General Sandino, con  una sorpresa consistente en una lluvia de balas y explosiones de bombas de contacto.

Los  radio-patrullas GN móviles quedan virtualmente destruidos. Por la radio de la Central de Policía se escucha cuando les dan orden a los guardias para que destruyan los equipos de radio-comunicación que andan los jeeps, para que no caigan en poder de los Jefes Guerrilleros y Combatientes Sandinistas, a los que siguen llamando “Yeicos” y “Sandino-comunistas-terroristas”.

Cabe relatar que el combate dura unos diez minutos, y a pesar del miedo evidente de los guardias, unos 30 en total, se aprecia que manejan hábilmente sus armas de guerra mientras se van en retirada, de retroceso por entre casas y un predio montoso hacia al Norte de la Gasolinera Shell. Se escucha por la radio que van pidiendo refuerzos urgentes y anunciando que van “en guinda”, rumbo hacia el lado de la Fábrica Rolter, en la Carretera Norte, donde al mismo tiempo les salen disparando los Combatientes Populares jefeados por Marcos Salvador” Somarriba García.

4:20 pm. Aunque  los mandos GN no dicen nada por sus radio-comunicadores, por la cercanía del Reparto Bello Horizonte con la Colonia Maestro Gabriel, donde funciona una de las sucursales más grandes de TELCOR (teléfonos y correos) de Nicaragua, se escucha que hay una balacera, y de inmediato se cortan los teléfonos. Estas instalaciones de TELCOR estaban convertidas en un gran cuartel de la Guardia Nacional y en ese momento lo seguían ocupando, y lo que se supuso fue que entre los mismos guardias se lanzaron tiros.

En la radio de  la Central de Policía se reporta que andan unos 50 “Yeicos”, Combatientes Populares, armados, vestidos de verde olivo, luciendo boinas negras y pañuelos rojinegros atados en la cabeza, sí, circulando y arengando a los pobladores en el Barrio Largaespada, muy cercano a la Loma de Tiscapa, donde están concentrados los Batallones de la Guardia Nacional y de la EEBI de asesinos. No mandan a ninguna patrulla tras ellos.

Ataque fulminante a la Décima Sección de Policía GN

4:45 pm. A esta hora, un grupo numeroso de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares atacan la ”Sierra 10”, en el lado Sur de la Colonia Centroamérica, con fuego balístico nutridísimo, fulminante, violento y con bombas de contacto a granel, lo cual produce pánico terrible entre la soldadesca  (unos 50 en total) de esta Sección de Policía, desde donde piden refuerzos urgentes por radio, pero en la Central de Policía les contestan que se preparen para abandonar este otro cuartel de guardias represivos, que hasta este momento sembraban el terror en todos los vecindarios de la orilla de la Carretera a Masaya.

Este ataque fulminante fue una acción militar coordinada por varias escuadras y columnas jefeadas en este sector de Managua Oriental por Sergio Gómez Vargas, más columnas móviles especializadas en este tipo de combates relámpagos, fulminantes y violentísimos, dispuestas por el Estado Mayor General el Frente Interno del FSLN, que además de numerosos fusiles automáticos, ametralladoras calibre 50 y 30, también usaron contra esta “Sierra 10” varios disparos de Bazuka RPG-2, debido a lo cual la Sección Policial GN quedó virtualmente destruida. Se presume que varios guardias murieron, mientras la mayoría de ellos huyeron precipitadamente, aunque combatían en retirada, y procuraron llevarse a los soldados heridos y muertos y, sobre todo, los radiocomunicadores que había dentro de la “Sierra 10” y en los jeeps destruidos por el fuego balístico libertario de los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares.

Aunque el Centro Comercial Camino de Oriente y el Centro Comercial-Managua estaban cerrados por la Huelga Nacional, en los alrededores circulaba gente a pie y en vehículos en busca de transitar hacia el lado de Masaya. Estos seres humanos salieron huyendo en distintas direcciones, menos  por este sector de la Carretera a Masaya, donde las balas y las explosiones se escuchaban a granel.

Igual que el General Augusto C. Sandino y los Generales del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, estos Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares Insurreccionales en Managua, aplicaban estrategias militares similares a aquellos combatientes de entre 1927 y 1933, quienes entablaban un combate fulminante, o emboscada, relámpago, potente nutridísimo en balas y bombas, y a los pocos minutos emprendían la retirada ordenada, para evitar ser rodeados por el enemigo somocista, especialmente como en este caso que los guardias iban en retirada, lo cual podía ser una estratagema, precisamente, para hacerles una operación envolvente. Los Combatientes Populares se retiraron, mientras los guardias volvieron, posteriormente,  a ocupar las instalaciones semidestruidas de la “Sierra 10” de Policía GN, en este sector Suroriental de Managua.

A esta misma hora, a las cuatro y 45 minutos de la tarde, estaba siendo atacada también la “Sierra Tres”, en Monseñor Lezcano, igualmente con fuego de fusilería y un lanzacohete RPG-2, el cual era portado en este sector Noroccidental de Managua, en la Zona Secundaria de la Insurrección, por un compañero Combatiente Popular de la Tendencia Tercerista.

Los mandos militares superiores de la Guardia Nacional estaban acalambrados ya en ese momento, pues mientras la “Sierra Tres” estaba siendo atacada de manera potente, de frente, con fuego balístico nutridísimo, con bombas de contacto, con escopetas y rifles 30-30, más el lanzacohetes, por unos 30 Combatientes Populares, jefeados en ese ataque por Silvio Porras García, Arnoldo “Viejo” Real Espinoza, Jorge Corea Briones, Jorge Esquivel Acevedo y Alba Luz Portocarrero Ramos, desde la radio de la Central de Policía les decían que abandonaran las instalaciones de la Sección de Policía GN, que destruyeran los radio-comunicadores que estaban dentro de la “Sierra Tres” y en los jeeps y camiones de patrullaje.

En este combate guerrillero para destruir la “Sierra Tres” participan numerosos Combatientes Populares y jefes de escuadras, entre otros, Salvador Ramiro “Salvador” García Ramírez y Santiago Núñez Solís, más una columna que había llegado especialmente del Barrio Acahualinca.

Aquí en esta “Sierra Tres” no hubo posibilidad de escape por las calles aledañas, porque los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares de Acahualinca, Monseñor Lezcano, Santa Ana, Balcanes, Loma Verde, Linda Vista y Colonia Morazán, dispusieron un  anillo de fuego, que no permitió la escapada o huida por sitio conocido.

Además, un disparo certero con el RPG-2 introdujo el cohete por el centro de la casa, produciendo una explosión terrible, que destruyó la mayor parte del inmueble. Antes de este momento de la explosión del cohete, los guardias disparaban sus fusiles Garand, Galil, M-16 y una ametralladora desde distintos puntos acondicionados en la casa para sacar los calibres de las armas de guerra por allí.

Esta “Sierra Tres” estaba ubicada en una casa de una familia de apellido Ruiz, cuyos miembros, hombres y mujeres, eran todos somocistas. Uno de ellos inclusive era teniente de la Guardia Nacional, y se supone que allí estaba al momento del ataque mortífero a las instalaciones de esta otra Sección de Policía GN.

Los integrantes de esta “Sierra Tres”, incluyendo la familia Ruiz, tenían fama parecida a la de Alberto “Macho Negro” Gutiérrez en la famosa “Sierra Trece”  o Treceava Sección de Policía GN, ubicada frente al Cementerio Oriental de Managua. Estos guardias eran los que imponían terror en estos vecindarios noroccidentales, en los cuales capturaban a jóvenes estudiantes se secundaria, los torturaban y después los mataban, tal como hicieron con Manuel Olivares, días antes de la Insurrección de junio de 1979.

Estos guardias se metían dentro de los colegios Nacional de Comercio, Miguel Ramírez Goyena, San Martín, en Barrios rebeldes como Acahualinca, Loma Verde, en Balcanes, en San Sebastián, en Altagracia, en Las Brisas, en Linda Vista, donde la mayoría de los pobladores estaban aterrorizados  porque en cualquier momento del día o de la noche estos guardias se les metían a sus casas, con el pretexto de que andaban patrullando.

Esta “Sierra Tres” quedó virtualmente destruida, pero los guardias, incluyendo la familia Ruiz, ya tenían preparado su escape, se supone que por patios de otras familias cómplices. Se dijo que inclusive en esta “Sierra Tres” habían mercenarios coreanos, hondureños y salvadoreños.

Los oficiales y soldados GN dejaron abandonados allí numerosos fusiles Aka y M-16, más una cantidad considerable de tiros, otros equipos militares como botas y uniformes. La mayor cantidad de fusiles y municiones se las llevaron los Combatientes Populares de Acahualinca, según los relatos de Ramiro Salvador García Ramírez y Santiago Núñez Solís.

Espionaje como en tiempos de Sandino, ahora en zonas urbanas

La Insurrección Sandinista, u Ofensiva Final, se ha instalado en las dos Zonas: Principal y Secundaria, según el Plan Militar del Estado Mayor General del Frente Interno. Como parte del Plan Militar, funciona también a plenitud un sistema de espionaje popular, mediante correos clandestinos (hombres y mujeres, jóvenes, niños, adultos y ancianos) controlados por los dos Estados Mayores del Frente Interno y Conjunto de Managua, los Estados Mayores en San Judas y en Acahualinca, más cada uno de los Jefes Guerrilleros de sectores.

En este sentido, o rumbo insurreccional, estrechan la cooperación los correos especializados y pobladores civiles implicados en la Insurrección Sandinista. Debido a este sistema de espionaje popular, guerrillero, más algunas informaciones que los mismos mandos de la Guardia Nacional dan por medio de sus radiocomunicadores, prácticamente se conocían la mayoría de movimientos militares de la Guardia Nacional, parecido, de algún modo, a los métodos de espionaje de los Combatientes del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional (1927 a 1933) y de los campesinos que apoyaban al General Sandino en su lucha militar para expulsar a los yanquis invasores y poner en su lugar, precisamente, también a los guardias nacionales somocistas.

Este espionaje popular, ahora en junio de 1979, en zonas urbanas, mayoritariamente, perseguía tener información fresca y precisa de los movimientos de patrullajes a pie, en jeeps y en camiones de la GN, más sobre cómo al mismo tiempo se movían los “orejas”, “soplones”, agentes de la Oficina de Seguridad y quiénes se infiltraban en las filas de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares. Se capturaron centenares de estos esbirros y fueron fusilados, después de hacerles juicios públicos ante centenares de pobladores, en cada caso.

Usando las informaciones de este sistema de espionaje popular, fue posible en Managua y todo el país, ponerles centenares de emboscadas a los esbirros somocistas cuando se movían en contingentes a pie, o caminando al mismo tiempo y circulando en jeeps, camiones, camionetas, camiones volquetes del Distrito Nacional y hasta en tractores retroexcavadores del Departamento de Carreteras, equipos que usaban los guardias “pumas cazadores” en  “operaciones limpieza”, que en realidad eran operaciones para matar gente, encarcelar, torturar y robar lo más que podían mientras iban destruyendo todo a su paso.

Los Jefes Guerrilleros usaban las mismas tácticas guerrilleras móviles de Sandino: El ataque relámpago, la emboscada mortífera y la retirada inmediata para no caer en una operación envolvente del enemigo somocista genocida.

Destruida también “Sierra Seis”, en  San Judas

5:45 pm. Voceros de la radio de la Central de Policía GN dicen que sus informantes les comunican que unos 50 “Yeicos” o Combatientes Populares enmascarados se mueven en las cercanías de la Clínica Don Bosco, en el Barrio Meneses (hoy Venezuela), a tan sólo tres cuadras de la “Sierra Trece”, a cuya soldadesca de unos 60 en total les avisan que estén alertas por cualquier ataque militar. “Sierra 13” es una de las cuevas de torturadores y asesinos más odiados, precisamente, en la Zona Oriental de Managua.

Ninguno de los soldados, ni el “Macho Negro” Gutiérrez mismo se atreven a salir de sus instalaciones fortificadas con cemento armado, barricadas de piedras canteras enfrente, más decenas de fusiles, ametralladoras y lanzamorteros que asoman por ventanitas pequeñas laterales y frontales.

5:50 pm. Desde la Central de Policía informan que un grupo de “insurgentes” o Combatientes Populares atacan a balazos la casa del licenciado Manuel Centeno Cantillano, en el Reparto Altamira D Este, ubicada de Farmacia Durán una cuadra al Este y dos cuadras al Norte. Centeno Cantillano era el secretario de Anastasio Somoza Debayle, jefe tiránico genocida de la “Estirpe Sangrienta: Los Somoza”. Por radio, oficiales superiores de la Guardia Nacional ordenan custodia permanente para la vivienda de Centeno Cantillano. En este Reparto Altamira no tenía dominio la Insurrección Sandinista en el Oriente de Managua.

5:50 pm. Los integrantes desesperados de una patrulla de guardias nacionales se refugian en las instalaciones de la Aduana, ubicada en la esquina Noroeste el Barrio Santa Rosa y del Reparto Bello Horizonte y frente a la Fábrica Rolter (en la orilla de la Carretera Norte), porque eran perseguidos a tiros por una escuadra de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, jefeados por Marcos Somarriba García en este sector insurreccionado.

Por radio, instalada en la patrulla GN o BECATS, los guardias reclaman que les manden refuerzos militares, ya que están recibiendo una lluvia de balazos desde fuera, “desde todos lados”, decían, “y no podemos abandonar el edificio sin la protección debida”. Los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares precisamente a esa hora se estaban tomando militarmente esta parte de la Carretera Norte, e instalando una barricada enorme frente a la Fábrica de Zapatos Rolter. Al final, no se supo cómo salieron los guardias de la Aduana.

5:50 pm. Operadores de la radio de la Central de Policía informan que numerosos Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y pobladores civiles de San Judas, han iniciado el ataque militar insurgente contra la  “Sierra Seis”, ubicada del Ceibón hacia el Suroeste, donde también es atacado un prostíbulo propiedad de sujetos relacionados con esbirros, “orejas” y guardias somocistas genocidas en este sector Suroccidental de Managua.

El responsable de la radio en esta “Sierra 6” les reclama a los mandos en  la Central de Policía porque, afirma, ha estado pidiendo refuerzos militares desde las 5:20 pm. Y que no le han respondido ni resuelto nada.

Los guardias, finalmente, huyen, llevándose radios y todos aquellos equipos que no deben caer en manos de Combatientes Populares y de pobladores insurrectos. Son quemadas las instalaciones de esta “Sierra Seis” GN y también se le prende fuego al prostíbulo, situado cerca del llamado “Nancite”, en la orilla de un cauce de poca profundidad.

Los guardias de esta “Sierra 6” fueron los responsables de la captura y asesinato posterior de la doctora Erlinda López de Osorio y de su marido, también médico, Róger Osorio, quien fue asimismo asesinado por gendarmes de la dictadura somocista genocida y “Estirpe Sangrienta: los Somoza”. El cadáver de la doctora Osorio fue llevado por estos sicarios diabólicos a las cuevas del Cerro Mokorón, donde lo despedazaron y lo hicieron desaparecer, igual que con otros más de 200 jóvenes capturados en esta zona Sur de Managua.

La destrucción de ambos antros de corrupción somocista genocida se dio a pesar de que más de 500 guardias asesinos de la EEBI operaban en ese momento en el lado Norte de San Judas, concretamente en el Plantel Los Cocos, en la Colonia Independencia, en el ZUMEN y el Centro Cívico. Estos gendarmes criminales no pudieron  detener la ira popular del Sur de San Judas y de los vecindarios de Loma Linda (Sierra Maestra), Villa Roma y Torres Molina (Camilo Ortega Saavedra).

7:55 pm. Le son ponchadas las llantas a una ambulancia militar GN que trasladaba al Hospital Militar de la Guardia Nacional a tres lesionados, baleados, que habían sido traídos de fuera de Managua en aviones al Aeropuerto Las Mercedes. El ataque militar insurgente por una escuadra móvil, manejada directamente por el Estado Mayor General del Frente Interno, se produjo frente a ENABAS, en la Carretera Norte, en la entrada Norte del Mercado Oriental, en la propia Carretera Norte.

Mediante la radio de la Central de Policía se pedía que mandaran refuerzos militares y otro  vehículo para llevar a los heridos, miembros o soldados de la Guardia Nacional somocista genocida. Los insurgentes sandinistas  atacaron de forma relámpago, sembraron miedo en los guardias y se retiraron veloces hacia la costa del Lago Xolotlán o de Managua, para evitar caer en una emboscada.

Lunes 11 de junio de 1979

Barrios Orientales y Norteños de Managua, liberados

Combates estremecen a los mandos narcisistas de la GN, ¿agua envenenada?

En este día, 11 de junio de 1979, la mayoría de los vecindarios del Oriente y Norte de Managua están ya insurreccionados contra la dictadura somocista genocida. Ya son Zonas Liberadas. El Movimiento de Insurrectos sandinistas, de Guerrilleros, de Combatientes Populares, de pobladores civiles rebeldes, en casi todo el sector Oriental-norte, Zona Principal de la Insurrección, puede considerarse operando sin obstáculos, pues en este día 11 de junio de 1979, tienen dominio militar del Barrio o Asentamiento Laureles (Manuel Fernández Mora), al Este de Villa Libertad,  Reparto Schick Gutiérrez hasta el Barrio La Fuente, Riguero, Colonia Máximo Jerez, Asentamiento “Rebusca”, una parte del Barrio México,  Barrios Paraisito y Larreynaga, al Sureste de Ciudad Jardín, San José Oriental, Dorado, Don Bosco y por el lado Norte hasta Santa Rosa, Villa Progreso, Villa San Jacinto, Barrio Waspán Sur, Américas Uno, quedando en el centro vecindarios como Bello Horizonte, Blandón (Costa Rica), Santa Bárbara y Meneses (Barrio Venezuela), Ducualí, Colonias Nicarao y Catorce de Septiembre, Reparto Santa Emilia, Reparto Santa Julia, Barrio La Fuente, Colonias Don Bosco, Colombia y Luis Somoza (Diez de Junio); Reparto El Dorado, Barrio San Cristóbal, Barrio María Auxiliadora,  Colonias Salvadorita (Cristhian Pérez Leiva) y Maestro Gabriel; al mismo tiempo que se combatía, ferozmente, de forma móvil, con ataques balísticos  relámpagos y con bombas de contacto, en la Zona Occidental, Secundaria, de Managua.

Mientras tanto, las órdenes salvajes o criminales continuaban registrándose mediante los radio-comunicadores instalados en los cuarteles o puestos de mando de la guardia somocista genocida

6:10 am. Se registra aviso circular a los integrantes de Secciones policiales GN (“Sierras”, son  o eran 16 en Managua), indicándoles que no tomen agua de las cañerías domiciliares existentes, y el llamado es “especial” para “Sierra 13”, la que ya estaba “entrampada” por Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, quienes armados con fusiles, ametralladoras calibre 50 y 30, escopetas calibre 12, 16 y 20, rifles 30-30 con miras telescópicas, se acercan, formando una especie de anillo, cada vez más hacia las instalaciones fortificadas de la Treceava Sección de Policía.

Esta “Sierra 13”, es necesario repetirlo, estaba ubicada en instalaciones de cemento armado en el lado Suroeste del Mercado Periférico, edificio situado frente al muro del Cementerio Oriental y colindante por El Sur, el Oeste y Noreste con los Barrios Ducualí, El Edén y la esquina Sur de la  Gasolinera Salvadorita. Tenía un sótano que servía de cárcel y de centro de torturas y una azotea, también de cemento armado. Esta parte del Mercado Periférico había sido acondicionada por la Guardia Nacional somocista para que por los costados Este, Oeste y Sur, estas instalaciones tuvieran por donde observar hacia el exterior y sacar los calibres de armas de guerra, incluyendo ametralladoras y lanzamorteros.

Dentro de las instalaciones de la “Sierra 13” había dos radio-comunicadores: uno para comunicarse con los jefes de la Central de Policía, donde estaba el esbirro coronel Nicolás Valle Salinas, y el otro, con las patrullas móviles, una de las cuales era comandada por Alberto “Macho Negro” Gutiérrez, uno de los guardias infames más aborrecidos por los pobladores en Managua.

“Macho Negro” Gutiérrez casi nunca andaba él a bordo de la patrulla. Era común verlo en su carro viejo Chevrolet, el cual hacía mucho ruido, o en otros automóviles pertenecientes a la Guardia Nacional, a la Oficina de Seguridad o de instituciones del Estado o gobierno somocista. Tenía una casa cerca de la “Sierra 13”, en el Barrio El Edén, y también otra en el Asentamiento Isabel Urbina (hoy Adolfo Reyes), donde tenía familiares. Se afirma que tenía otras casas en Managua y en “Los Altos de Masaya”, donde fue capturado el 19 de julio de 1979.

Además, en los tres costados mencionados, los guardias habían colocado barricadas, edificadas con piedras canteras de varias hileras y de casi metro y medio de alto. Era muy evidente que tenían miedo a un ataque balístico violento por parte de Combatientes Populares, los cuales, como digo, esa mañanita ya se movían sigilosamente, parapetándose en muros, arrastrándose sobre el pavimento de calles y dentro de los patios de viviendas, caminando sobre techos de casas, procedentes de escuadras y columnas jefeadas por Rolando “Cara Manchada” Orozco Mendoza, Mónica Baltodano Marcenaros, Francisco “Chico Garand”  Guzmán Fonseca, más escuadras móviles comandadas personalmente por los Comandantes Carlos Núñez Téllez, Joaquín Cuadra Lacayo y William Ramírez Solórzano.

Se aproximaba, entonces, como tormenta balística huracanada, el ataque mortal a  la odiada “Sierra 13”, donde estaban “Macho Negro” Gutiérrez y sus compinches torturadores y asesinos GN.

Según “Chico Garand” Guzmán Fonseca y Alejandro “Huesito” Mairena Obando, ambos participantes directos en este ataque militar y destrucción de “Sierra 13”, los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares que se acercaban eran casi 200. Era una orden militar terminante de los Estados Mayor General del Frente Interno y del Estado Mayor Conjunto de Managua de que la “Sierra Trece” debía ser destruida ese mismo día lunes 11 de junio de 1979, para que los somocistas genocidas comenzaran a pagar por sus crímenes con esta forma justiciera revolucionaria de acabar con ellos para siempre.

Son las 6:10 am. A esta misma hora, muy de mañanita, centenares de hombres y mujeres, niños y ancianos, guiados por los Comités de Defensa Civil y dirigentes del Movimiento Pueblo Unido, siguen, con piochas, cobas, machetes y serruchos en manos, levantando barricadas, haciendo pozos tiradores y refugios antiaéreos, especialmente en las orillas de los cauces Oriental, el de Bello Horizonte, el de Santa Rosa y del Barrio Meneses, María Auxiliadora, San Cristóbal, Ducualí, Luis Somoza, Dorado, Don Bosco, etc., porque el Estado Mayor Conjunto del FSLN de  Managua ha dado la orden de hacerlo rápido, en prevención de que los guardias intenten meterse a estos vecindarios y que inicien un bombardeo aéreo masivo (con rockettes y bombas de 500 y 1,000 libras), tal como ocurrió ese mismo día  11 de junio, un poco después de las diez de la mañana, cuando ya comenzó en firme el ataque  guerrillero mortífero a la “Sierra Trece”.

El anuncio mencionado arriba de que los guardias no bebieran agua de las cañerías domiciliares fue interpretado por los pobladores en general, y también por los Combatientes Populares, como que el agua había sido envenenada por alguien, ¿por quién, por los somocistas genocidas? ¿Somoza Debayle había ordenado echar veneno al agua?

Volvamos a la cronología de la radio de la Guardia Nacional, antes de continuar con el ataque a “Sierra 13”.

6:44 am. Se imparte la orden militar de rescatar a un Cabo GN. (no dieron su nombre), que había quedado entrampado en un callejón del OPEN Tres (Ciudad Sandino), porque en ese momento de la mañana los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares del Frente Sandinista habían tomado el control de las calles de entrada, en el lado Norte, y obligado a los guardias genocidas a irse a su cuartel o Sección de Policía GN, ubicado al Norte, contiguo adonde es hoy ENATREL, en la orilla de la Carretera Nueva a León, en el kilómetro doce.

6:50 am. Voceros oficiales de la Guardia Nacional informan, alarmados, que se levantan barricadas enormes con adoquines, árboles derrumbados, piedras canteras y carros viejos atravesados, en la primera entrada del Reparto Las Colinas, donde, en ese momento, viven ricachones, oligarcas, terratenientes, grandes comerciantes, situado en el lado Norte de la Carretera a Masaya, cerca de donde la Guarda Nacional tenía la Sección de Policía en la Colonia Centroamérica.

En el Reparto Las Colinas residían también numerosos funcionarios del gobierno somocista, entre otros, el ministro de Gobernación José Antonio Mora Rostrán; el hermanastro de Anastasio Somoza Debayle, llamado José R. Somoza, apodado “Papa Chepe”; asimismo vivían allí coroneles, generales y mayores de la Guardia Nacional.

Como vemos, la actividad insurreccional masiva de los pobladores que ya no soportan al sistema opresivo somocista, incluyendo a gente que viven en Repartos de lujo y carísimos como Las Colinas, es agitadísimo, desde muy de mañana de  ese 11 de junio de 1979.

También es agitadísima, angustiosa, llena de miedo y de represión violentísima por parte de la Guardia Nacional, pues desde la Central de Policía GN, su comandante el esbirro coronel Nicolás Valle Salinas, da la orden terminante de que sean lanzadas a las calles más tropas móviles en camiones de la llamada “Acción Cívica”, “Cuartel de Ingenieros”  de la GN, con tanques y tanquetas, más equipos pesados como palas mecánicas y retroexcavadoras, porque la orden del Estado Mayor de la Guardia Nacional, encabezada por Anastasio Somoza Debayle, es desbaratar todas las barricadas y zanjas que se han levantado, desarticular y matar a los insurgentes, es decir, reiniciar otra “operación limpieza” o matanza generalizada en Managua.

Esa es la orden criminal de Nicolás Valle Salinas trasmitidas por radio en nombre de Anastasio Somoza Debayle, Jefe Director de la Guardia Nacional y jefe de la tiranía del somocismo genocida.

Sin embargo, y para ponerlos más nerviosos y llenos de miedo, en la misma radio de la  GN se informa que han visto a unos 50 “Yeicos” o Combatientes Populares muy bien armados cerca de la Central de Policía y de la “Acción Cívica”, al parecer con intenciones de emprender un ataque armado  contra ambos lugares. La Central de Policía de la Guardia Nacional estaba donde es hoy el Centro Policial Ajax Delgado, ubicado del Edificio Armando Guido dos cuadras al Oeste, y la “Acción Cívica” o “Cuartel de Ingenieros” estaba en la esquina opuesta adonde es hoy el Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales, es decir, estaban cerca.

(“Yeicos” y “Piricuacos” eran dos palabras con significado desconocido, usadas por los jefes de la Guardia Nacional para referirse despectiva y burlescamente a Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares del Frente Sandinista de Liberación Nacional, todavía clandestino).

7:40 am. Más nerviosos se ponen los mandos superiores de la Guardia Nacional cuando descubren esa mañana del 11 de que “una gran cantidad de francotiradores comunistas-sandinistas-terroristas” se estaban posesionando desde CATERAN, kilómetro cuatro y medio de la Carretera Norte hacia el Este, yendo para el lado del semáforo de Portezuelo, territorio ya totalmente tomado y liberado por las columnas y escuadras de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, comandados por Marcos “Salvador” Somarriba García.

Guardias salen “en guinda” por miedo

Se generalizan combates en la Carretera Norte y en OPEN TRES

Las mismas escuadras de Combatientes Revolucionarios, jefeados por Marcos Somarriba García, atacaron a balazos a una patrulla GN, con rótulo de tránsito en uno de los lados de un jeeps color anaranjado, y que andaba en labores represivas en los Barrios Santa Rosa, entrada a Jardines de Santa Clara y en el Barrio Blandón (Costa Rica). Aparentemente, los integrantes de esta patrulla andan en misión de exploración, viendo cómo la gente en forma masiva está en labores insurreccionales. Santa Clara está ubicada de la antigua Lechería La Perfecta hacia el Norte, en la orilla del Lago Xolotlán o de Managua.

7:50 am. Según la radio de la Central de Policía, se entabla un combate entre los miembros de esta patrulla GN de tránsito y Combatientes Populares dentro de la Colonia Salvadorita (hoy “Cristhian Pérez Leiva”). Al sentir el tableteo de metralla popular, los guardias mencionados salen “en guinda” hacia el lado de la Carretera Norte, al parecer por temor a quedar emboscados por los Combatientes Populares.

7: 57 am. Se desata un incendio en Plásticos Modernos, situado una cuadra al Este de la Farmacia Esperanza, sitio en el cual los pobladores del Barrio Blandón y escuadras móviles del FSLN tienen levantada una barricada enorme a esa hora de la mañana, suceso mencionado también en las comunicaciones de la radio de la Guardia Nacional. No mencionan si mandarán a destruir esas barricadas.

8:05 am. Operadores del radio policial  informan que ha sido atacada a balazos la patrulla GN 1249 por parte de fuerzas insurgentes sandinistas; se reporta que hay varios soldados o guardias heridos. No se dice cuántos son los guardias heridos en la balacera, ni sobre dónde fue el encontronazo con Combatientes Populares.

8.15 am. Los mandos de la Central de Policía no responden a los urgentes y continuados llamados que les hacen por radio desde la “Sierra 16”, ubicada en el Barrio Mombacho (Freddy Herrera), en el kilómetro siete de la Carretera Norte. El operador del radio afirma que los integrantes del contingente en la Sección 16 GN temen ser atacados nuevamente por un grupo numeroso de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, en este caso jefeados por Ramón Cabrales Aráuz, que andan cerquita y amenazantes con atacar a tiros las instalaciones de esta “Sierra” del somocismo genocida.

8.20 am. Sin ofrecer detalles mediante la radio policial, se reportan combates entre la soldadesca somocista y Combatientes Populares en el OPEN Tres (Ciudad Sandino), donde las tropas insurreccionales son comandadas por Adilia Eva Solís y Adolfo Aguirre Stadthagen, un joven de origen burgués, pero con elevadísimo sentido clasista proletario, igual que Gabriel “Payo” Cardenal Caldera.

La comunicación radial indica que los combates de guardias con Combatientes Populares son en el kilómetro 13 y medio de la Carretera al Balneario de Xiloá, es decir, casi a campo abierto, como yendo hacia el Aeropuerto de entrenamientos Los Brasiles, dominado plenamente en esos días por los feroces asesinos jefes de la Guardia Nacional.

8:30 am. Continúa el ataque militar insurgente a la patrulla 1249, la que fue emboscada en el kilómetro cuatro y medio de la Carretera Norte (cerca de donde es hoy El Nuevo Diario), donde tienen ya dominio del terreno las columnas jefeadas por Marcos Somarriba García. Por medio de la radio policial se dice que hay ya varios soldados heridos, entre ellos un oficial de alto rango de la GN, aunque no mencionan su nombre. Los demás ocupantes del vehículo o patrulla, y otro automotor con soldados que le seguían, han abandonado ambas unidades policiales motorizadas y a sus compañeros heridos, y buscaron refugio y facilidades de tiro en edificios  vecinos, entre otros, en el Restaurante Trébol. Finalmente, en la comunicación radial se deduce que los integrantes de las dos patrullas, huyen de ese sitio.

8:35 am. Se reporta un soldado herido en la “Sierra 16”, en el Barrio Mombacho, Carretera Norte, la que está siendo sometida a intenso tiroteo y bombardeo por varias escuadras de la columna jefeada por Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz. Este mismo operador del radio comunicador de la “Sierra 16” añadía que los atacantes eran un grupo numeroso de hombres y mujeres (“Yeicos”, decía) con poderosas armas de guerra, vestidos de verde olivo y con cintillos rojinegros atados en sus cabezas, y que andaban “merodeando” la Sección policial GN desde antes que amaneciera.

8:45 am. Desde la Central de Policía y por la misma vía radiofónica, piden, o exigen, a los soldados y oficiales GN que acompañan a la patrulla 1249, que fue atacada a balazos por fuerzas guerrilleras frente a CATERAN, Carretera Norte, de que “se las jueguen”, para recuperar el arma y el radio trasmisor que portaba el capitán GN José del Carmen Cordero Gómez, quien era el comandante o jefe de la patrulla. Cordero fue uno de los primeros heridos en los ataques de los Combatientes Populares a estas patrullas de la Guardia Nacional cuando transitaban por el kilómetro cuatro y medio de la Carretera Norte, ¡claro¡ en afanes de represión contra los pobladores que levantaban barricadas y construían zanjas antipaso de guardias.

Hasta ahora se habla, mediante la radio referida, de que Cordero es herido grave, junto a otro militar, cuyo nombre no se revela, pero en realidad como siempre, a los altos mandos de la Guardia Nacional somocista genocida no les importaban sus propios hombres, como en este caso sólo les interesaba rescatar el equipo de radiocomunicaciones. Al final, no pudieron rescatar ese radio trasmisor de la patrulla, porque el fuego balístico nutrido de los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares se los impidió.

Ataque mortífero a la “Sierra 13”, cueva del asesino “Macho Negro”

Somoza Debayle inicia la masacre aérea contra Managua este 11 de junio de 1979

9:40 am.  11 de junio de 1979.  Como una oleada de neblina desplazándose lentamente al ras del suelo, aquellos alrededor de 200 Jefes Guerrilleros, Milicianos  y Combatientes Populares capitalinos, guiados militarmente por el Estado Mayor General del Frente Interno y del Estado Mayor Conjunto del FSLN en Managua, sí, avanzan parapetados en muros de casas, en árboles, circulando por dentro de patios, caminando por encima de casas, formando una especie de anillo trunco por el lado Norte: van todos hacia las instalaciones de la “Sierra Trece” o “Treceava Sección de Policía  GN”, con la misión militar u orden de destruir este centro de torturas, encarcelamientos masivos y asesinatos de de pobladores por parte de la dictadura militar somocista genocida en la Zona Oriental de Managua, y también la orden es aniquilar toda su guarnición”.

Estos Jefes Guerrilleros, incluidos William Ramírez Solórzano, Joaquín Cuadra Lacayo, Oswaldo Lacayo Gabuardi, Mónica Baltodano Marcenaros, Rolando “Carlos”, “Cara Manchada” Orozco Mendoza, Jorge Roustan Reyes (francotirador), “Chico Garand” Guzmán Fonseca (Jefe Guerrillero y francotirador), William Antonio “Salvadoreño” Pascassio, y los Combatientes Populares van todos portando fusiles automáticos como M-16, Garand y Galiles; numerosos rifles 30-30 de alto poder con miras telescópicas, decenas de escopetas calibres 12, 16 y 20; dos ametralladoras, una calibre 50 y la otra, calibre 30; sacos llenos de bombas de contacto y una Bazuka, RPG-2, o lanzamorteros.

El estimado es que dentro de la “Sierra Trece” habían unos 60 guardias muy bien armados con fusiles automáticos, dos o tres ametralladoras calibre 50 y 30, lanzamorteros, bombas de fragmentación. Además de que la construcción del Mercado Periférico es de cemento armado, los jefes asesinos de la Guardia Nacional conociendo el odio popular infinito que había contra estas Secciones Policiales GN, en particular la “Sierra Trece”, la habían fortalecido con tres hileras de piedras canteras en los tres costados visibles: Oeste, Este y Sur. Inclusive, también habían mejorado las ventanitas por donde se sacaban los calibres de los fusiles y ametralladoras hacia las calles aledañas.

Como los mandos superiores de la Guardia Nacional estaban claros de que este momento mortífero le llegaría a la “Sierra Trece”, porque dentro de ella tenían a un multiasesino y torturador llamado Alberto “Macho Negro” Gutiérrez, entonces también dispusieron tener activos a sus esbirros, “orejas” o espías en los alrededores y también colocaron un contingente de unos 60 guardias y una tanqueta con dos ametralladoras por el lado Norte, en la esquina de la “Gasolinera Salvadorita”, cuyos dueños eran somocistas; y otras tres patrullas en el lado Sur, yendo hacia la Clínica Don Bosco, en el Barrio Meneses (hoy Venezuela).

Los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, procedentes de las columnas y escuadras que estaban ubicadas en los trechos de los Puentes Larreynaga y El Edén, del Barrio El Edén, del Barrio Ducualí,  se aproximaron por los callejones del lado Oeste, parapetándose en los muros, por dentro de patios y por encima de las casas.

Un segundo grupo avanzaba igualmente por patios y callejones de los Barrios o Asentamientos Santa Bárbara (Edmundo Matamoros) y Meneses (Venezuela), por el lado Sur, y las escuadras de Bello Horizonte cruzaron el cauce entre Bello Horizonte y las Colonias Maestro Gabriel y Salvadorita, avanzaron por dentro del Cementerio Oriental y se colocaron por detrás y encima del muro Oeste de este Cementerio, situado exactamente enfrente del Mercado Periférico, y más de frente al lado Este de la “Sierra Trece” y separados por apenas unos 60 metros.

A esa hora, 9:40 am., el Sol es muy claro. Hace calor sofocante en Managua. Las figuras humanas se ven de lejos mientras circulan temerosamente por las calles invadidas de Combatientes Populares y de guardias somocistas genocidas en esos momentos. Se oyen balaceras o combates contra los guardias hacia los lados del Barrio Santa Rosa, específicamente en Portezuelo, por donde los guardias intentan de forma permanente romper el cerco de la Insurrección; en Villa Progreso, en dirección del Aserrío Carlos Morales Orozco, en rumbo a Ciudad Jardín y para el lado del Barrio Riguero, en la orilla del “By Pass” (Pista de la Resistencia Sandinista).

Y también se oye clarito el tableteo de metrallas en el lado Oeste de Managua, en las Zonas Suroccidental y Noroccidental capitalina, en la Zona Secundaria de la Insurrección revolucionaria, donde también se libran fieros combates libertarios en contra de la  Guardia Nacional, desiguales por supuesto, porque el ejército de Anastasio Somoza Debayle y de los gringos, o yanquis, cuenta con decenas de miles de soldados, paramilitares y “orejas”, los cuales poseen, posiblemente, centenares de miles de fusiles, ametralladoras, bombas de fragmentación, tanques y tanquetas, aviones y helicópteros artillados, muchas cárceles, técnicas refinadas para matar opositores y sandinistas, porque ya lo decía en las radiocomunicaciones el esbirro coronel Nicolás Valle Salinas:

“Ternemos armas y municiones para combatir 100 años, si queremos”, repetía el esbirro coronel Nicolás Valle Salinas, mientras los Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y Milicianos eran relativamente pocos, en Managua tal vez unos  tres mil en total, mal armados y buscando cómo arrebatarles las armas a los enemigos en combates relámpagos, en emboscadas, por las huidas de estos criminales, para continuar la lucha y derrocar a este horrendo y monstruoso régimen opresor somocista”.

El operador de la radio de la “Sierra 13” logra una oportunidad para reportar a sus jefes de la Guardia Nacional que la Sección policial está completamente rodeada por elementos insurgentes armados; informa que debido al ataque con armas ligeras, ametralladoras y bombas de contacto, ya comienza a salir humo por el lado Norte del Mercado Periférico y que dentro de la “Sierra 13” hay ya un soldado herido en un pie.

Es decir, comenzó el esperado ataque guerrillero, popular, justiciero, contra la “Treceava Sección de Policía GN”, o “Sierra 13” somocista.

Es necesario explicar aquí que la Décima Tercera Sección de Policía de la  Guardia Nacional, o “Sierra Trece”, se caracterizó siempre desde su creación en 1973,  porque a ella enviaban sólo gente o guardias sanguinarios para que se hicieran cargo de su jefatura y también de las ocupaciones represivas de menos jerarquía.

Entre otros sujetos sanguinarios, torturadores y asesinos feroces, fue ubicado en la “Sierra 13” el Sargento GN Alberto “Macho Negro” Gutiérrez, un sujeto que parecía muy complacido capturando jóvenes estudiantes, opositores y sandinistas, para después torturarlos y matarlos dentro de las celdas tenebrosas que habían en sótanos de la “Sierra Trece” y de las otras 16 secciones policiales en Managua.

Esta “Sierra 13” tenía el número telefónico 40193 y ocupaba un módulo completo del Mercado Periférico de Managua, abierto al público en 1973, después del Terremoto de 1972. La creación de estas 16 seccionales policiales, precisamente, tenía la lógica de ajustar la opresión somocista a la expansión, o ensanchamiento, en forma de abanico de Managua después del Terremoto del 23 de diciembre de 1972.

Los Barrios San Cristóbal, María Auxiliadora, Reparto Schick Gutiérrez, La Fuente, Nicarao, Catorce de Septiembre, Ducualí, El Edén, Luis Somoza, Colombia, Don Bosco, El Dorado, Bello Horizonte, Santa Rosa, “Rebusca”, Riguero, Paraisito, Larreynaga, San José Oriental, “Campo Bruce”, Bosques de Altamira, Barrio Blandón, Barrio Meneses, por ejemplo, recuerdan con horror el paso aterrorizante y espeluznante de las patrullas de esta “Sección 13” policial, a la cabeza de las cuales andaba “Macho Negro” Gutiérrez, metido él dentro de un carro Chevrolet viejo, que sonaba como chatarras o latas viejas  arrastradas sobre un pedregal, mientras los calibres de los fusiles Garand salían por las ventanas de este  automotor ruidoso.

9:45 am. Mientras tanto, se reporta en la radio GN que algo raro ocurre en la Aduana, kilómetro cinco de la Carretera Norte, frente a la Fábrica de Calzado Rolter.  Una patrulla GN se aproxima para averiguar qué pasaba y con intenciones de penetrar por esa calle hacia Bello Horizonte, pero los guardias se ven obligados a dar la vuelta en redondo porque son atacados con fuego balístico nutrido por Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares que ya tenían tomado también este sector, y habían construido una barricada enorme frente a la Fábrica Rolter, en la calle paralela Sur a la Carretera Norte.

10 am. El drama, el miedo de los soldados, el terror a los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares contra la “Sierra 16”, en el Barrio Mombacho, recrudece, pues en este momento se ha intensificado el ataque militar insurgente contra esta sección policial. Todo el grupo de soldados, unos 40 en total,  de la “Sierra 16” deciden abandonar las instalaciones de la Sección, toman todas sus armas portátiles, el radiocomunicador y con armas en manos, disparándolas, retroceden, huyen, hacia las instalaciones de un bar que está en la mera orilla de la calle paralela Sur de la Carretera Norte.

Allí en ese bar, o cantina, se parapetan porque hay muros gruesos, y además, de ese modo, están a la orilla de la Carretera Norte, donde, en ese trecho, se están moviendo casi 1,000 guardias que con tanques, tanquetas, ametralladoras, fusilería, aviación artillada y bombas de fragmentación, intentan romper el cerco de la Insurrección Sandinista Revolucionaria en el cruce del semáforo de Portezuelo, o esquina Noreste del Barrio Santa Rosa.

10:40 am. El drama, el miedo o pánico de los soldados y oficiales GN, el terror a los sectores populares, recrudece en la “Treceava Sección de Policía”, o ”Sierra 13”, Los guardias encerrados y asomándose sólo por huecos en las paredes, “sienten en carne propia” por primera vez, los nutridos impactos de balas de potentes calibres, dirigidas contra ellos.

Ha aparecido una arma poderosa, es una de las primeras, una ametralladora calibre 50, colocada sobre el lado Sureste del muro del Cementerio Oriental. El Combatiente Popular que maneja esta ametralladora es quien inicia el poderoso y fulminante ataque balístico justiciero en contra de los guardias de la “Sierra 13”, dentro de la cual está “Macho Negro” Gutiérrez, según habían establecido los informadores de los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares.

Desde más o menos a las nueve de la mañana habían llegado a los alrededores, hacia el lado Sur dentro del Barrio Ducualí, un grupo de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares en un microbús, del cual bajaron otra ametralladora y una Bazuka o lanzamorteros.

El operador del radiocomunicador que está dentro de “Sierra 13” comunica a sus jefes en la Central de Policía y un batallón de la Guardia Nacional que ya no pueden detener el ataque militar de los Combatientes Populares.

10:45 am. El operador de la radio de “Sierra 13” deja escapar al reportar a sus jefes (situados cómodamente en la “Central de Policía GN”) que ha sido herido de gravedad el Cabo García. “Tiene un balazo en el abdomen y sus vísceras están de fuera”, dice alarmado el operador de la radio mencionada.

Al parecer, los jefes GN somocistas ni se imaginaban que  la “Sierra 13” era ya una isla, un cuartel acorralado y tal vez sin posibilidad de rescate en la Zona Oriental de Managua. El ataque justiciero popular estaba creciendo en cantidad de tiros de todo calibre, dirigidos hacia las ventanas donde los guardias sacaban los calibres de sus fusiles y ametralladoras (sin asomar sus rostros), más bombas de contacto lanzadas a la parte frontal y en los dos costados visibles. Este soldado, operador del radio, desesperado solicita una ambulancia, con carácter de urgencia, para sacar de allí al herido grave, mientras al mismo tiempo, informa que ya tienen un muerto y otro herido en un pie, dentro de la “Sierra 13”.

10:50 am. El mismo operador de radio de la “Sierra 13” hace ver al encargado oficial de la Radio Central, en la Comandancia General de la Policía, un sujeto apodado “Gayán”, de que están completamente rodeados, y que la gente, Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, ya están muy cerca de la puerta principal de la “Sierra 13”, y que no pueden ni asomarse por algunos huecos, pues les disparan hacia esos sitios de la Sección de Policía. Menciona, desesperado,  que ya anda gente sobre el techo (es techo macizo, de cemento armado también) del edificio contiguo, o sea, en la azotea del mismo Mercado Periférico.

En el mismo canal radial se escucha que los integrantes de la patrulla 1249, atacada por jefes insurgentes y milicianos populares, comandada por el Capitán Cordero, reciben la orden de ir en auxilio del contingente de guardias desesperados de la “Sierra 13”. No hubo respuesta, ni positiva ni negativa, de los patrulleros de la 1249.

A dos cuadras al Norte, mientras tanto, en la esquina de la “Gasolinera Salvadorita” y en uno de los callejones adyacentes del Barrio El Edén al Mercado Periférico, hay un contingente de unos 50 guardias con una tanqueta y varias ametralladoras que todavía no entran en acción, al parecer por miedo a caer en una emboscada al mejor estilo del General Augusto C. Sandino.

11:00 am. El operador de radio de la “Sierra Trece” con voz temblorosa, angustiado, pregunta: ¿Qué pasa?, ¿por qué nadie ha venido en ayuda de nosotros?

11:05 am. Se produce una llamada, no se sabe de quién, desde la Central de Policía, para darles “ánimos” a los soldados acantonados en la “Sierra 13”. Les aseguran que sale la ambulancia con cinco “golfos” (guardias). Los “golfos” de la ambulancia, se oye por la radio, los desconsuelan porque se convencen de que la zona o alrededores de “Sierra 13” es impenetrable, y que se necesita una tanqueta y mucha infantería para llegar hasta allí, debido a que los Combatientes Populares tienen tomado todo el sector cercano a la Sección de Policía, entre otros: el sector Sureste del Barrio El Edén, el lado Sur de la Colonia Salvadorita  (Cristhian Pérez Leiva), todo el lado Norte del Barrio Meneses (Venezuela) y todo el muro del Cementerio Oriental. Además, les dicen los “golfos” a los angustiados guardias de la “Sierra 13” que el sector está rodeado de barricadas enormes, detrás de las cuales están los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares.

11:30 am. Desesperado el operador de  radio comunicación de la “Sierra 13” reporta por su radio que los Combatientes Populares ya están encima del techo de la Sección de Policía y que les dejan caer bombas de contacto en el patio frontal y trasero. Señala que los insurgentes están a punto de entrar en las instalaciones de la Sección de Policía, por el lado ocupado por comerciantes minoristas en el Mercado Periférico, es decir, esto pudo ocurrir por los lados Norte, Este y Oeste, donde hay entradas hacia el interior del Mercado.

De la Central de Policía un sujeto no identificado les responde: “No se preocupen… que el “papalote” (avión) tratará de ayudar en el “rescate” de los soldados de la “Sierra 13”.

Mientras este acontecimiento de ataque militar insurreccional está ocurriendo, en medio de la balacera y las explosiones, incluyendo las de no menos de diez morterazos lanzados con bazukas hacia la fortaleza de la “Sierra 13”, en el techo mismo de esta maldita Sección policial, se produce un grito a todo pulmón de uno de los Combatientes Populares:

“!Ríndanse,  les vamos a perdonar la vida.

Salgan con los brazos en alto¡”.

No hubo respuesta de  los que estaban dentro de la “Sierra 13”.

11: 40 am. Por la misma radio de la Guardia Nacional se conoce que el avión artillado con ametralladoras y morteros, o rockettes, despega del Aeropuerto las Mercedes (hoy Aeropuerto Augusto C. Sandino), y va para el Cementerio Oriental, en cuyo frente Oeste está la sitiada “Sierra 13”.

Algunos minutos después, tal vez unos 10,  los pilotos de este avión, un  Jet T-36, más sus ayudantes y francotiradores de la GN, comienzan el ataque aéreo con dos ametralladoras calibre 50, cuyos disparos terribles se estrellan en los mismos muros de la Treceava Sección de Policía, en los muros del Mercado Periférico, dentro del Cementerio Oriental, sobre las casas de los Barrios y Colonias Ducualí, El Edén, Salvadorita, Maestro Gabriel y Bello Horizonte, en el pavimento y adoquinado de los de los alrededores, todo dirigido a matar a los Jefes Guerrilleros, Milicianos,  Combatientes Populares y pobladores insurrectos, pero ni siquiera hieren a ninguno de estos, sino que causan destrucción material en viviendas y pánico entre los pobladores civiles, los cuales se vieron obligados a meterse en los refugios antiaéreos que precisamente habían sido excavados en forma acelerada mientras se edificaban las barricadas en las calles y esquinas de estos vecindarios.

En pocos minutos, quizás, unos cinco, apareció también un Push and Pull lanzando rockettes en contra de las supuestas posiciones de los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, quienes, por supuesto, ya estaban preparados para estos ataques con ametralladoras y morteros, lanzados desde el aire, práctica criminal genocida que Somoza Debayle y la Guardia Nacional ya habían puesto en práctica en septiembre de 1978 cuando se insurreccionaron León, Estelí, Masaya, Chinandega, Matagalpa y Managua misma, aunque en esa oportunidad Managua no fue bombardeada Managua desde el aire.

Somoza Debayle desató masacre general en Managua

De ese modo, ese día 11 de junio de 1979, a las 11:40 am. Anastasio Somoza Debayle y su Guardia Nacional de asesinos y ladrones, iniciaron la destrucción de Managua-Capital por medio de un ataque aéreo con ametralladoras calibre 50, rockettes o morteros, y poco después también lanzaron las destructoras y mortales bombas de 500 y 1,000 libras por medio de varios helicópteros, artillados para este fin sanguinario y genocida.

Ese momento horrible era la confirmación para los pobladores insurrectos de hasta dónde podía llegar la crueldad sanguinaria y mortal de la Guardia Nacional y de su jefe genocida Anastasio Somoza Debayle.

En el área sobrevuela también otro avión Push and Pull, cuyo piloto por medio de la radio pide instrucciones, y descaradamente sugiere lanzar las bombas que carga en su avión contra los pobladores de este sector de Managua.

Y hay otro que se mete en la conversación por radiocomunicadores de la Guardia Nacional, que sugiere se usen ya las bombas de 500 y 1,000 libras, “para acabar con estos hijueputas “piricuacos” “sandino-comunistas-terroristas” (se refieren a Guerrilleros y Combatientes Populares).

Desde adentro de “Sierra 13”, por medio del radiocomunicador que todavía les funciona, le reclaman a sus jefes somocistas genocidas que los pilotos son unos “chapuceros” (inútiles), porque los rockettes y metrallas calibre 50 lanzadas por ellos, están cayendo dentro del Cementerio Oriental y no dónde están los “Yeicos” que les disparan hacia las instalaciones de la Sección policial GN.

Las bombas, o morteros, y las balas calibre 50 están cayendo también sobre centenares o miles de casas en los Barrios Ducualí, El Edén, Salvadorita, Maestro Gabriel, en los Asentamientos Meneses y Santa Bárbara (Venezuela), en el Reparto Bello Horizonte y el Barrio Santa Rosa, causando algunos muertos y heridos (pocos, dichosamente)  entre pobladores, pues la mayoría de estos estaban cumpliendo las orientaciones de meterse en los refugios antiaéreos a la hora de bombardeos criminales, y eso sí, la destrucción material en las viviendas era generalizada. Los pobladores estaban metiendo en sus refugios antiaéreos  sus perritos, cerdos, gallinas y hasta loras y chocoyos, porque francamente el bombardeo aéreo era espantoso.

Los dos pilotos se largan con sus aviones unos 20 minutos después de haber iniciado el ataque mortal y destructivo, seguramente porque ya se les habían agotado las bombas y las balas calibre 50. Ninguno de los Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y Milicianos fueron alcanzados por las bombas ni las balas, pues todos ellos sabían cómo defenderse al momento de estos ataques aéreos por los entrenamientos militares guerrilleros recibidos.

Balas y morteros mortales “en picada”

Es bueno describir un poco sobre cómo en el caso del avión Jet, el piloto criminal lo lanzaba en “picada” y de un lado, podía ser el lado derecho o el lado izquierdo, para facilitar que el criminal que manejaba la ametralladora calibre 50 pudiera disparar desde el aire sin problemas, por la puerta lateral del avión. Era uno a la vez disparando, porque el avión debía ser puesto de lado.

En el caso del Push and Pull, este se dejaba venir “a pique” y descargaba los morteros cuando ya estaba, quizás, a unos 100 metros de altura. En algunos casos, el piloto de este Push and Pull lanzaba hasta cuatro morteros de un solo disparo en “picada”. En ambos casos, los Jefes Guerrilleros les dispararon tiros con fusiles, pero no les dieron.

12: 30 pm. Ya audiblemente descontrolado, el operador de la radio de la “Sierra 13”, reclama porque no llega la ayuda militar o refuerzos militares terrestres  solicitados y al mismo tiempo critica el ataque aéreo porque había fracasado.

Exige que manden una o más tanquetas contra los Combatientes Populares que les rodean peligrosamente, y suplicante  les hace ver a sus jefes que los han abandonado, y que no hacen nada por ellos.

Reporta este operador del radio que dentro de la Sección de Policía hay otro herido. En estos momentos, por medio del radio de la propia Central de Policía, se informa que fueron  destruidos por los insurgentes sandinistas los dos vehículos de la patrulla 1249, cuyos integrantes habían recibido la orden de ir en auxilio de los soldados sitiados de la “Sierra 13”. Agregan que los soldados de esta patrulla se habían salvado del ataque de metralla y bombas de contacto por parte de los Combatientes Populares, quienes eran de las columnas y escuadras jefeadas por Marcos Somarriba García en este sector de la Carretera Norte.

Antes de huir, eso sí,  los guardias somocistas genocidas destruyeron con disparos los radiocomunicadores de los dos vehículos de la patrulla mencionada.

12: 45 pm.  Una voz llena de miedo desde la radio de la “Treceava Sección de Policía GN, o “Sierra 13”, dice: “Por favor manden los refuerzos militares, nada de darnos auxilio, ¿dónde están los refuerzos?”

12:55 pm. Se desarrolla un intenso y muy ruidoso combate en la calle, o Avenida,  frente a la Colonia Salvadorita (Cristhian “Inca” Pérez Leiva), es decir, en la vía que comienza en la Carretera Norte, a la altura de la Ferretería Reynaldo Hernández, rumbo al Mercado Periférico y Cementerio Oriental de Managua.

Combate muy ruidoso y feroz en la Avenida que conduce a la “Sierre Trece” y Cementerio Oriental

Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y pobladores del Barrio El Edén y de la Colonia Salvadorita relataron después que eran unos 300 guardias con una tanqueta por delante, dos ametralladoras montadas en jeepones, y todos los soldados GN somocistas portaban fusiles automáticos, nuevecitos,  incluidos en este contingente militar GN mercenarios del CONDECA, norcoreanos, argentinos y de otras nacionalidades, intentando penetrar por esa Calle o Avenida hacia el sector de la “Sierra 13”, con el fin de rescatar a sus soldados entrampados dentro de la Sección de Policía, según se escucha en ese momento por la misma radio de la Central de Policía. Las tanquetas portan dos ametralladoras cada una, y en este caso también andaban un lanzamorteros.

El tiroteo se oye nutridísimo, acompañado de explosiones potentes de bombas de contacto y granadas de fragmentación. Es una contraofensiva violentísima por parte de los gendarmes de la “Estirpe Sangrienta: los Somoza”, y se van a abriendo paso, se supone,  con centenares de armas de guerra y artillería pesada, inclusive, cumpliendo de algún modo lo que el esbirro coronel Nicolás Valle salinas decía por esta misma radio de la Central de Policía: “Tenemos armas y municiones para combatir 100 años, si queremos”, pero al mismo tiempo era evidente que esta trenada de guardias iban con miedo, llenos de pánico, pues temían  caer en una emboscada relámpago y mortal como ya les había ocurrido antes en varios puntos de la Zona Oriental-norte y de la Zona Suroccidental de Managua.

El operador del radio de la Central de Policía no dice por dónde va exactamente el contingente de guardias y mercenarios, pues en ese momento en esta Avenida hay varios puntos conocidos: Cine Colonial, Farmacia Manzanares, Carne Asada de la Salvadorita, Comidería de la Salvadorita, Cine Rex y Gasolinera Salvadorita, antes de llegar al Mercado Periférico y al Cementerio Oriental de Managua.

Los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares no contaban con esta cantidad de armas de guerra, ni con tanquetas, ni tanques con cañones, ni la enorme cantidad de granadas que andaban colgadas a los lados y dentro de mochilas, pero ya con mucha frecuencia estos Combatientes Populares les hacían emboscadas potentes y mortales, las cuales permitían arrebatarles precisamente este tipo de armas de guerra, para después usarlas contra los mismos guardias, tal como hacían Sandino y el Ejército Defensor de la Soberanía cuando se combatía a los yanquis agresores, invasores y opresores  entre 1927 y 1933.

La misma radio policial alerta nerviosamente a los patrulleros policiales en la Carretera a Masaya que tomen medidas especiales de precaución, porque otros grupos de pobladores han salido a la Carretera y le están partiendo el pavimento con piochas, para impedir el paso de equipos militares opresores somocistas.

Guardias de “Sierra Trece” proponen rendición

1:05 pm. Los soldados de la “Sierra 13”  siguen implorando auxilio militar, y hasta proponen a sus jefes que les ¡permitan  entregarse¡, ¡rendirse¡, a los insurgentes sandinistas que mantienen sostenido y cada vez más fuerte el ataque a balazos y bombazos contra la Sección de Policía. Añaden los operadores del radio de “Sierra 13” que los Combatientes sandinistas les han gritado que les van a respetar la vida, mientras al mismo tiempo unos 50 Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares responden gallardamente al nutridísimo tiroteo que se traen los alrededor de 300 guardias del lado de la Carretera Norte.

Según supe después, los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares de los Frentes de Guerra de Marcos Somarriba García y los grupos GPP (Guerra Popular Prolongadas) y OMP (Organización Militar del Pueblo) de Bello Horizonte les hacían guerra de guerrilla por los costados a esta trenada de guardias mencionados.

El sujeto del radio de la Central de Policía les sugiere que “aguanten otro poquito más… que ya llegan por el Norte las “fuerzas de exterminio” (¿¿??).Las “fuerzas de exterminio” eran los miembros de la patrulla o contingente de guardias y mercenarios, encabezados por una tanqueta y dos ametralladoras, que van abriéndose paso en la Calle o Avenida mencionada hacia la “Sierra 13”.

Estos integrantes de las  “fuerzas de exterminio” venían de bordear Managua por los Barrios periféricos del Sur y Oriente. Cuando les dijeron u ordenaron a la 1:00 pm., que procedieran a rescatar a los soldados de la “Sierra 13”, respondió el que comandaba este contingente, quien se identificaba como “Sol 25 (como “soles” numerados se identificaban los jefes de la Guardia Nacional en esta etapa de la Insurrección Sandinista), de que sus hombres estaban hambrientos, cansados, y que mandaran a otros, que ellos iban a la Central de Policía para cambiarse de ropas, comer y “descansar un poco”. De todas maneras fueron para el lado de “Sierra 13”, por órdenes de sus jefes sanguinarios genocidas.

Deciden bombardear LA PRENSA de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal

1:15 pm. Un reporte por radio de la tanqueta que estaba ya  por la Colonia Salvadorita, dirigido el mensaje a los jefes “soles” de la Central de Policía: “Nos hostigan desde LA PRENSA”, lo cual era falso, pues las trincheras de combates populares estaban frente a la Fábrica Rolter, en Portezuelo y de los semáforos de la Robelo hacia el Sur, ya cerca del Puente Larreynaga.

Esta comunicación radial fue la justificación de la Guardia Nacional para desatar el ataque aéreo con rockettes a las instalaciones del Diario LA PRENSA del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, provocando su destrucción casi total, ese mismo día 11 de junio.

Con ese incendio fueron destruidas la rotativa, la Redacción Central, los despachos de procesado y producción del periódico, el Laboratorio y Archivo  Fotográfico. Sólo al autor de este libro, porque yo era uno de los periodistas-redactores y fotógrafos del Diario LA PRENSA de aquellos días (de enero de 1970 al 19 de julio de 1979) le quemaron no menos de 20,000 negativos y fotos en ese incendio. Eran fotos de la Managua Vieja, destruida por el Terremoto de 1972 y de miles de acontecimientos populares en Managua, de manifestaciones callejeras contra la tiranía somocista genocida, luchas de estudiantes, campesinos, el accionar del Frente Sandinista de Liberación Nacional clandestino, etc.

Los guardias de la “Estirpe Sangrienta: los Somoza” además se metieron al resto de instalaciones del Diario LA PRENSA, por ejemplo, a las bodegas, de donde robaron la mitad de la edición del libro “44 años de dictadura somocista”, de Pablo E. Barreto Pérez. Eran unos tres mil ejemplares del libro, los cuales lanzaron a las aguas del lago de Managua. Dichosamente, antes del cinco de junio, la mitad de la edición del libro había sido llevada a mi casa en Bello Horizonte, de donde se tomó para distribuirlo entre pobladores y en las trincheras de combate.

Terminada la “obra” terrorista del incendio contra LA PRENSA, los guardias además iniciaron inmediatamente lo que llamaban “operación limpieza” en las instalaciones del periódico, donde robaron todo lo que pudieron. Inclusive, colocaron gente armada, apostada en el Restaurante Trébol, ubicado en la orilla de la Carretera Norte, mientras todavía ardían las instalaciones del Diario en que Pedro Joaquín Chamorro Cardenal trabajó, dirigiéndolo durante más de 30 años.

Muere  teniente Gaitán, jefe de la “Sierra Trece”

Operador de radio de “Sierra 13” reclama porque los han engañado

1:30 pm. Por radio se reporta la muerte del Teniente Gaitán, quien fungía como jefe de la Treceava Sección de Policía GN o “Sierra 13”, y que trabajaba de la mano con el Sargento Alberto “Macho Negro” Gutiérrez en las torturas y asesinatos dentro de esta unidad policial de la Guardia Nacional del somocismo genocida.

El relato angustiado del operador de radio indica que el Teniente Gaitán asomó la cabeza por sobre una trinchera de piedras que estaban en la entrada de la “Sierra Trece”, y ahí fue impactado en la frente por una de las balas disparadas por los Combatientes Populares desde el lado Sur. Un soldado raso que estaba al lado de Gaitán, también fue alcanzado por otra bala, y estaba herido gravemente.

El operador de radio de la “Sierra 13” deja escuchar su rabia contenida por la falta de atención a sus exigencias de refuerzos militares, para salvarlos de una muerte segura. Suplica, una vez más,  que envíen los aviones, que saquen los tanques y tanquetas, que manden tropas a rescatarlos, que saquen los “fierros” y hombres que están ensarrados en la Loma de Tiscapa.

Cuando hacían estas exigencias, el operador del radio-trasmisor exclama que ya les están cayendo bombas de fragmentación dentro de las instalaciones de la “Sierra 13”.

1:55 pm. Después de algunos minutos de silencio, el operador radial de “Sierra 13” insiste en que les envíen los refuerzos prometidos como “fuerzas de exterminio”. “!Cuidado¡, no nos vuelvan a engañar como siempre¡”, reclama con voz temblorosa.

Por otro lado, desde el radio-trasmisor de la Central de Policía se podía captar que los refuerzos de la guardia para rescatar a sus “angelitos” de la “Sierra 13” no pudieron pasar más allá de la Colonia Salvadorita (Cristhian “El Inca” Pérez Leiva), porque se los impedían a balazos y bombazos  los Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y Milicianos Sandinistas.

2:00 pm. El tiempo pasa, y la desesperación atenazante se ha apoderado de los guardias acantonados en la “Sierra 13”. Uno de ellos (se oye en el radio-trasmisor) grita a los demás que se entreguen a los Combatientes Sandinistas insurrectos, en el momento en que el operador de radio está contactando con la Central de Policía para pedirles, nuevamente, el envío de aviones y tropas. “!Ya no sirven esos jodidos¡”, gritó el mismo soldado que exclamaba o sugería rendición ante los insurgentes que tenía totalmente rodeada la Sección de Policía. El operador  radial de la Central de Policía les pide “paciencia, mucha paciencia” y les reclama diciendo que “Quien piense entregarse, es un “contrario”.

2: 30 pm. La “Sierra 13”, asediada militarmente al máximo, reporta otro herido. Además, se informa que la parte frontal del edificio ya está muy dañado por los balazos y bombazos que lanzan los insurrectos sandinistas. Uno de los que aún quedan ilesos en la “Sierra 13” pidió que les permitieran entregarse a los insurrectos, pues la situación militar se les hacía totalmente insostenible, y sostenía que a ese paso todos quedarían muertos.

El operador de la radio de la Central de Policía, el tal “Gayán”, desde la comodidad y tranquilidad donde él se encuentra sentado, sin peligro alguno,  le dijo al que hizo el reclamo que se dejara “de pendejadas”, y que si era “contrario” que las iba a pagar.

2:40 pm. Los soldados de la “Sierra 13” comunican a sus jefes que están cortos de municiones, que no han comido y tienen escasez de agua potable. El fuego de metralla de los sitiadores continúa fiero desde afuera.  Dentro de “la 13, no hallan cómo atender a los heridos, ni dónde acomodar a los muertos, que se supone sobrepasan los 20, aunque oficialmente no se reporta nada.

“Fuerzas de exterminio” somocista “paradas en seco” y “exterminadores” muertos y heridos también

También han resultados heridos numerosos guardias (“fuerzas de exterminio”, decían los mismos jefes de la Guardia Nacional) que vienen al rescate de la Sección de Policía. Estos guardias somocistas genocidas “rescatistas”, “exterminadores”, están todavía a cuatro cuadras hacia el Norte de la Sección de Policía, es decir, casi por el Cine Colonial.

O sea, han recorrido la mitad del camino desde la Carretera Norte, en la Avenida  hacia el Mercado Periférico, de  donde Reynaldo Hernández hacia el Sur, según se deduce de lo que dicen por medio del radio trasmisor de la Central de Policía. Estas son las “fuerzas de exterminio” del esbirro coronel Nicolás Valle Salinas, jefe de la Central de Policía GN.

2:45 pm. El drama que les tocó vivir a los soldados de la “Sección 13” está llegando al clímax y al final. Solamente quedan tres soldados ilesos, si nos atenemos a lo que informa el operador radial desde dentro de la Sección policial. En el instante de la comunicación radial a esta hora, los insurrectos sandinistas están rociando gasolina en todos los alrededores de la parte del edificio que ocupa la “Sierra 13” en el Mercado Periférico, ubicada frente al Cementerio Oriental de Managua.

“¡Hay cinco muertos…¡”, grita el operador de radio de la “Sierra Trece”

“!!Ríndanse¡¡ ¡!Les vamos a perdonar la vida¡¡”, les gritan Jefes Guerrilleros desde el lado Sur

“!Hay cinco muertos”¡, repiten por la radio. Todavía se escucha por la misma radio policial que desde afuera les gritan, nuevamente: “!Ríndanse.   Les vamos a perdonar la vida¡”, gritos que provienen de pechos henchidos de patriotismo revolucionario de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares de Managua, ubicados, disparando ráfagas de metralla y lanza cohetes o morteros móviles desde los Muros del Cementerio Oriental, desde el lado Sur, dentro del Barrio Ducualí y por el lado Oeste, dentro del Barrio El Edén..

Desde la radio central les mienten, otra vez, diciéndoles que las “fuerzas militares de exterminio” de la Guardia Nacional van en su rescate, “ya van a llegar”, les repiten. Vana esperanza. El operador radial de la “Sierra 13” insiste en su reclamo de que jamás les prestaron protección. Ante esto, el operador radial de la Central de Policía les dice que se “aguanten”.

“!Cayó  otro, ya estamos perdidos. Todos estamos muriendo. No tenemos apoyo de nadie¡”

Sobrevuela una avioneta la Zona y el de la Central de Policía los engaña diciéndoles que tienen informes de que los insurrectos atacantes están huyendo en desbandada. ¡Mentira enorme y descarada¡  La respuesta se la dio el mismo operador de “Sierra 13” al expresar por medio del radio: “!Otro herido, señor¡”, mientras se escuchaban los disparos y ráfagas de tiros mediante el sistema radial de la Guardia Nacional.

3:00 pm. Explota una bomba de fragmentación dentro de la “Sierra 13”, y por la radio, una vez más, exclama el operador de la radio: “!Cayó  otro, ya estamos perdidos. No tenemos apoyo de nadie¡” El sujeto del radio de la Central de Policía, desde su comodidad acolchonada, les vuelve a decir: “!Aguántense, hombre, aguántense por Nicaragua¡” (¿¿??) “No, señor”, le replica uno de los que están junto al radio dentro de la “Sierra 13”.

“…Ya no quedamos nadie. Así nos tienen desde la mañana de ayer que comenzamos a pedir refuerzos militares, y nunca los dieron”, añade el que está en la radio en la Treceava Sección de Policía GN.

El de la Central de Policía vuelve a la carga: “Así es, hermano…pero no se sabe qué es que lo pasa”. En la voz del operador de la radio de la “Sierra 13” todo es desánimo: “Nos disparan desde una camioneta. ¿Qué dice “Sol 23”? “Sol 23” es el segundo jefe de la Central de Policía, después del esbirro coronel Nicolás Valle Salinas. Añade el operador:  “Todos estamos muriendo y nadie nos ayuda. Ya estamos perdidos”.

El de la Central de Policía vuelve: “5-4, hermano.  Ahí va el “papalote” (avión). No se “agueve” que ya vuela sobre los tanques”. La clave “5-4” es algo así como “espere”. ¡Allí, dentro de la “Sierra 13” está Alberto “Macho Negro” Gutiérrez?, afuera no se sabe.

3:10 pm. “Tiraron a otro, señor, ya quedamos con vida sólo cuatro en la Sección”, se queja amargamente el hombre que está en la radio dentro de la “Sierra 13”.

3:11 pm. “Pilaron” (mataron) a otro, señor… mande al Push and Pull. ¿Ya va a venir el “chunchito”?, ¿qué pasó, ¿qué pasó?, ¡no hemos comido ni bebido nada¡ Los de aquí de la Sección están perdiendo los nervios¡”, expresa nervioso y con palabras entrecortadas el hombre del radio dentro de la “Sierra 13”. En ese momento, el piloto criminal del Push and Pull inicia un nuevo bombardeo con rockettes en contra de los insurrectos sandinistas frente a la Sección de Policía, pero vuelve a fallar completamente.

3: 20 pm.  El operador del radio de la Sección reporta: “En estos momentos acaban  de herir a otro soldado. El Teniente (era el jefe Gaitán) está muerto”.

Informa el operador del radio de la Central de Policía que está con ellos, dentro de la “Sierra 13”, un civil que fue capturado por ellos la noche anterior. Sin preguntar absolutamente nada, el de la Central de Policía le dice: “!Fusílenlo¡”.  No se supo qué pasó con este civil mencionado.

4: 00 pm. Unos 300 guardias, incluyendo mercenarios del CONDECA, apoyados con tanquetas, tanques Sherman, ametralladoras y aviones artillados y lanzando nuevamente bombas desde el aire, van, se oye por la radio de la Central de Policía, al “rescate” de la “Sierra 13”, y logran “colarse” por el lado Oeste del Cine Rex, es decir, por una calle de tope y a la vez con vuelta paralela hacia el lado Sureste del Barrio El Edén, ubicado en el lado opuesto de la calle en que se encuentra la Colonia “Salvadorita (Cristhian “Inca” Pérez Leiva).

Se escucha el intenso tiroteo  porque se desata un combate frontal entre los guardias genocidas y el grupo de insurrectos o Combatientes Populares que estaban ya sobre los muros o techos superiores de la “Sierra 13”, en los muros del Cementerio Oriental, encima de techos de las casas del lado Norte en el barrio El Edén, también parapetados en las esquinas frontales de la “Treceava Sección de Policía”, correspondientes estas esquinas a los Barrios Ducualí, Meneses (hoy Venezuela) y El Edén, que virtualmente rodean en ubicación al Mercado Periférico.

Tanqueta GN destruida con bombas de contacto frente al Cementerio

Este tiroteo intenso dura, aproximadamente, dos horas, y durante el mismo es destruida completamente una tanqueta a los guardias frente a la “Gasolinera “Salvadorita”, situada dos cuadras al Norte del Mercado Periférico. La tanqueta, desde la cual disparaban dos ametralladoras calibre 50,  fue destruida por disparos certeros de Bazuka (RPG-2), manejada por un compañero identificado como  “Chino” Mercado Cortez; más disparos hechos con un lanza-morteros “hechizo”, construido por Juan Ramón Amador, y bombas de contacto, las cuales causaban verdadero pánico a estas “fuerzas de exterminio” del régimen sanguinario de Anastasio Somoza Debayle. También fueron usadas candelas de dinamita contra la tanqueta mencionada.

Según relatos de los vecinos o pobladores, eran entre 250 y 300 guardias, quienes llegaron hasta allí con un tanque y dos tanquetas, más varias ametralladoras montadas con trípode sobre jeepones, más una retroexcavadora de esas rápidas, mientras los Jefes Guerrilleros, Milicianos y Combatientes Populares en este sector Norte eran unos pocos, con escasos fusiles automáticos, con dos ametralladoras calibre 30 en movimiento, pero eso sí moviéndose como gacelas y gatos veloces por entre los patios, encima de los techos, parapetándose en piedras, troncos caídos, arrastrándose rápidos por el  suelo, saliéndoles a los guardias de repente, disparándoles a corta distancia con armas cortas,  por un callejón o una esquina y al mismo tiempo lanzándoles racimos de bombas de contacto, debido a lo cual las explosiones se escuchaban como un verdadero infierno a la hora de este combate memorable para destruir completamente a la temida y odiada “Sierra 13”.

Un relato de Francisco “Chico” Garand Guzmán Fonseca, uno de los Jefes Guerrilleros y francotiradores en Bello Horizonte, indica que hubo un momento crucial en este combate en que los guardias formaron numerosas escuadras para abrirse paso disparando en forma de abanico, lo que produjo una especie de vacío entre la esquina del Cine Rex y la esquina Norte del Mercado Periférico, lo cual, analiza “Chico Garand” Guzmán, fue aprovechado para lanzar corriendo, veloz, a una escuadra de guardias para que intentara rescatar el radio-trasmisor y documentos que todavía estaban dentro de la “Sierra 13” o  Treceava Sección de Policía GN, repudiada en Managua por las torturas y asesinatos que ocurrían dentro de ella, de lo cual se acusaba al teniente Gaitán y al Sargento Alberto “Macho Negro” Gutiérrez

Los insurgentes sandinistas, o Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, por la potencia de fuego balístico que andaban estos casi 300 guardias de las “fuerzas de exterminio” de la “Estirpe Sangrienta”: los Somoza”, se vieron obligados a hacer un Repliegue Táctico, rápido, hacia el Sur, dentro de los Barrios Ducualí y Meneses (hoy Venezuela).

Guardias crean tormenta de fuego sólo para destruir radiocomunicador y papeles comprometedores

6:40 pm. Amparados en la copiosa balacera, una parte de los guardias, quizás una escuadra de unos cinco, lograron entrar veloces a la “Sierra 13”, al producirse el Repliegue Táctico de los Combatientes Populares hacia el Sur de la Sección de Policía. La operación de desalojo fue muy  rápida, pues al parecer, como siempre, a los altos oficiales (generales y coroneles) de la GN somocista les interesaba sólo rescatar los radiocomunicadores, documentación comprometedora, tal vez algunos fusiles,  ¡y nada más¡, porque por informaciones de los mismos Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares sandinistas, los “rescatadores” de las “fuerzas de exterminio” de la Guardia Nacional mediante este escandalosísimo operativo militar sólo lograron rescatar vivo a uno de los soldados que estaba dentro de la “Sierra 13”, pues todo el resto estaban ya muertos  cuando ellos llegaron, o ¿se habían escapado por algún túnel?, mientras la instalación de la Sección de Policía también ya había sido destruida con las bombas de contacto, bombas de fragmentación, los bazukazos y la lluvia de balas de fusiles y ametralladoras que les habían tirado los Combatientes Populares.

¿Ese soldado vivo y rescatado por estas “fuerzas de exterminio” era Alberto “Macho Negro” Gutiérrez? No se pudo conocer quién era el soldado único salvado por las “fuerzas de exterminio”, las cuales llegaron cuando ya estaba destruida  la “Sierra 13”.

El Repliegue Táctico de los Jefes Guerrilleros  y Combatientes Populares sólo duró unos pocos minutos, mientras reordenaban su fuerza combativa, especialmente, con los integrantes de columnas móviles, especialistas en golpear militarmente de forma fulminante por los costados, retaguardia, por encima de los techos y saliendo de repente por patios y huecos de las casas, para hacerles una operación envolvente a estos sicarios del régimen sangriento de Anastasio Somoza Debayle y su Guardia Nacional de asesinos.

Efectivamente, cuando los guardias de la “fuerza de exterminio” intentaron el regreso hacia el lado de la Carretera Norte, se encontraron con que un  poco al Norte del Cine Rex, les apareció, precisamente, una especie de anillo envolvente que les obligó a entablar combates feroces contra al menos 50 Combatientes Populares que los mantuvieron a sangre y fuego balístico durante más de una hora en este sector de Managua, específicamente en la Avenida que comienza en la Carretera Norte, por donde era la Ferretería Reynaldo Hernández rumbo al Cementerio Oriental. A estas llamadas “fuerzas de exterminio” les costó muchas bajas, entre heridos y muertos;  mucha destrucción material, para poder salir de esta trampa militar en que se habían metido.

Inclusive, en esa retirada, envuelta en pánico, estas “fuerzas de exterminio” perdieron una segunda tanqueta a la altura del Cine Colonial, exactamente en el cruce de los semáforos de entrada a Bello Horizonte. Igualmente fue neutralizada esa tanqueta con bombas de contacto, lanzadas por los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares ubicados en el Reparto Bello Horizonte y el Barrio Santa Rosa, encabezados por Javier “99” López Lowery y Marcos Somarriba García..

Al mismo tiempo, al desalojarse la “Sierra Trece” y quedar virtualmente destruida, una multitud de Combatientes Populares y pobladores de los Barrios El Edén, Ducualí, María Auxiliadora, Meneses, Santa Bárbara y de Bello Horizonte, procedieron a prenderle fuego por dentro y fuera a las instalaciones de lo que había sido la “Sierra 13”, uno de los sitios más emblemáticos de la opresión sanguinaria somocista genocida en Managua y una de las cárceles más odiadas por pobladores y sandinistas en el sector Oriental capitalino.

Cadáveres carbonizados frente a donde fue “Sierra 13”

Rociaron de gasolina por dentro y fuera y les prendieron fuego inclusive a los cadáveres de unos doce guardias que habían quedado muertos dentro y fuera de la “Sierra Trece”, según testimonios de “Chico Garand” Guzmán Fonseca  y de Combatientes Populares  participantes directos en este memorable combate para destruir aquella infame Sección de Policía GN, conocida simplemente como “la trece”

Yo personalmente conté ocho cadáveres carbonizados. Combatientes Populares como Alejandro “Huesito” Mairena Obando aseguran que los guardias muertos fueron no menos de 25, y que tal vez ocurrió que los guardias de las “fuerzas de exterminio” lograron llevarse algunos cadáveres.

De los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, enfrentados a los soldados de la “Sierra 13” y de las “fuerzas de exterminio”, no resultó ninguno muerto, según el reporte oficial entregado al Estado Mayor General del Frente Interno del FSLN, integrado por los Comandantes Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra Lacayo.

De la población civil, sí hubo varios heridos por el bombardeo aéreo, a pesar de los refugios antiaéreos. A raíz de este ruidoso y justiciero combate contra la “Sierra 13”, en Managua comienzan a funcionar también los Hospitales clandestinos insurreccionales en el local de la Iglesia Sagrada Familia, en el Reparto El Dorado, en el Instituto Experimental México, el Hospital Silvia Ferrufino Sobalbarro, también en Bello Horizonte; en el lado Sur del Barrio Santa Rosa, estos últimos situados  cerca de  la Cuarta Etapa de Bello Horizonte.

En San Judas, Loma Linda y Torres Molina los Hospitales clandestinos comenzaron a funcionar el cuatro de junio, uno de ellos atendido por la doctora Erlinda López Osorio y su marido Róger Osorio, ambos asesinados atrozmente por un contingente de la Guardia Nacional somocista genocida. Aquí los Hospitales clandestinos se organizaron tempranamente por órdenes de Gabriel “Payo” Cardenal Caldera, jefe del Estado Mayor Conjunto de la Insurrección en los Barrios Suroccidentales y Noroccidentales de Managua.

En el sector Noroccidental de Managua: Monseñor Lezcano, Acahualinca, Loma Verde, Barrio Cuba, Morazán, Linda Vista, Loma de Guadalupe y Balcanes, los Hospitales clandestinos empezaron a funcionar el 10 de junio en la Escuela o local de las Monjitas en el lado Noroeste de Acahualinca, en la Bodega de la Aceitera Corona y en “Las Tucas” o Aserrío, todos ubicados en el Barrio Acahualinca, donde residían los Jefes Guerrilleros Arnoldo “Viejo” Real Espinoza y René Cisneros Vanegas. Cisneros Vanegas cayó combatiendo en San Judas, frente al Cine.

Se aseguraba que cuando comenzó el combate contra la “Sierra 13” había más de 60 guardias dentro y fuera de la Sección policial. Quienes afirman esto fueron algunos Combatientes Populares que desde el nueve de junio, en la noche, habían tomado posesión, clandestinamente, de sitios estratégicos, en techos y patios de casas vecinas (de amigos, casas de seguridad), ubicadas tanto un poco al Sur dentro del Barrio Ducualí como dentro del Barrio El Edén, en viviendas situadas a unos 100 metros al Norte y Oeste del Mercado Periférico.

Estos Combatientes Populares han supuesto, inclusive, que algunos de esos guardias, cuando el combate era crudísimo contra ellos, es posible que hayan escapado por algunas de las alcantarillas pluviales madres, las cuales tienen varios manjoles exactamente enfrente por el Oeste, el Este y Sur del Mercado Periférico. Se asegura, además, que estas alcantarillas (en tubos madres) tienen entradas por el lado Norte del muro del Cementerio Oriental y salidas en el Cauce Oriental, específicamente a la altura del Puente El Edén.

Esto es muy difícil de  comprobar ahora, pues prácticamente todos aquellos guardias que estaban en la “Sierra Trece” murieron en ese combate memorable, cuya balacera y estallidos de bombas durante todo el día, fueron escuchados en todo Managua.

Olor sofocante a pólvora en todo el sector de “la trece”

Fuertísimo tufo a carne quemada

A las siete de la noche se sentía un olor intenso a pólvora, muy fuerte, casi afixiante, que provocaba escosor en las vías respiratorias como cuando uno es atacado por urticaria o alergia respiratoria, en todo el sector geográfico de los vecindarios Ducualí, El Edén, María Auxiliadora, Colonia “Salvadorita (Cristhian “Inca” Pérez Leiva), Maestro Gabriel Morales, Blandón (Costa Rica) y Bello Horizonte, debido al prolongado combate a tiros, bombas de contacto y de fragmentación, más el uso de gases lacrimógenos, entre los Combatientes Populares y los guardias genocidas, quienes,  finalmente, habían emprendido veloz huida hacia la Central de Policía, donde estaban alojados varios de los jefes sicarios del somocismo genocida.

En la orilla de las instalaciones de lo que había sido la “Sierra 13” se sentía, además, un fuertísimo olor a carne quemada. Dentro de los muros gruesos, de concreto armado, en que estuvo esta emblemática y diabólica Sección policial era francamente irrespirable, pues allí los gases lacrimógenos habían quedado pegados y mezclados con carbón en las paredes. Las paredes y el piso estaban todavía calientes por las explosiones de bombas. Antes del combate, el color de la “Sierra 13” era un blanco hueso, y al concluir la balacera casi todo era carbón por las explosiones y el incendio.

Afuera, en el parqueo o estacionamiento adoquinado en los lados Sur y Oeste, el espectáculo era dantesco, pues estaban allí los cadáveres quemados, huecos en los adoquines por los estallidos de bombas, fusiles y ametralladoras retorcidas, pedazos de metal de catres para dormir, cantimploras hechas pedazos, pedazos de zapatos regados por todo el parqueo, trapos en trizas de lo que parecieron haber sido pantalones y camisas, vasos y platos metálicos igualmente retorcidos, mecates manilas chamuscados por el fuego. Estos mecates, se asegura, eran usados por los torturadores para colgar a los presos, especialmente si eran “sandino-comunistas-terroristas”, que en realidad eran los luchadores organizados del Frente Sandinista de Liberación Nacional,  todavía clandestino en ese momento.

Era ya de noche, había peligro mortal en las calles, pero centenares de vecinos llegaron personalmente a ver cómo había quedado la “Sierra 13” después del ataque balístico mortífero hecho por Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares. El bombardeo aéreo de los pilotos somocistas genocidas sobre la Zona Oriental-norte de Managua, había cesado al caer la noche.

Alfombra de casquillos de balas de todo calibre

El pavimento y adoquinado del frente de lo que fue “Sierra 13”, la Avenida por donde entraron los guardias de las “fuerzas de exterminio”, las calles y callejones cercanos al Mercado Periférico, quedaron repletos de casquillos de tiros, inclusive yo pude ver centenares, quizás miles, de cápsulas de cañones de tanques, que también fueron disparados contra las posiciones móviles y fijas de los Combatientes Populares.

Aquello parecía una alfombra enorme, larga, color de oro y anaranjado, extendida a lo largo de las calles periféricas del Mercado Periférico y del Cementerio Oriental de Managua. Especialmente en la Avenida del Mercado Periférico hacia el Norte, rumbo a la Carretera Norte, hasta era difícil dar pasos en la calle, porque uno escapaba a caerse porque el nutrido colchón de cápsulas de tiros resbalaban bajo los zapatos de uno.

“En la toma de la “Sierra 13”, de nada sirvieron los refuerzos de infantería, ni las tanquetas, pues los esbirros prefirieron huir antes que mantener la resistencia; el local de “la 13” fue tomado, arrasado por la furia popular y sus ocupantes castigados como asesinos del pueblo. Como una cuestión premonitoria, la palabra “Yeico”, usada comúnmente como un gesto despectivo de la GN para referirse a los Combatientes Sandinistas, se estaba volviendo contra ellos; en adelante sería signo de terror, de fuerza, de valentía, de eficiencia en los combates, de victoria, de presencia Sandinista.

En adelante, “Yeicos” y “Piricuacos”, serían señal de ataque, de emboscada, desesperación, de pesadillas para los esbirros somocistas, pues por millares comenzaban a brotar de todas partes para atacarlos, aniquilarlos y castigarlos”, escribió el Comandante Carlos Núñez Téllez en su informe a la Dirección Nacional Conjunta del FSLN, en julio de 1979, al comentar sobre este sonadísimo combate en la “Sierra 13”, y publicado en la página 91 de su libro “Un Pueblo en Armas”, segunda edición.

En la dirección y supervisión del combate y destrucción de la “Sierra 13” estuvieron presentes los miembros del Estado Mayor General del Frente Interno: Núñez Téllez, Ramírez Solórzano, Cuadra Lacayo,  y del Estado Mayor Conjunto del FSLN en Managua: Mónica Baltodano Marcenaros, Oswaldo Lacayo Gabuardi y Raúl Venerio Granera.

Barricadas y trincheras por todos lados

A estas alturas del desarrollo del conflicto militar,  por el avance desafiante de los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, el asunto se le presentaba complicadísimo a la Guardia Nacional, pues desde el mismo día 10 de junio se habían construido barricadas y trincheras de combate en sitios como el cruce de Portezuelo, en el Asentamiento Laureles Norte (Manuel Fernández Mora), en la esquina Noreste del Barrio Santa Rosa, en todas las entradas del Norte del mismo Santa Rosa, en las entradas a Bello Horizonte, frente a la Fábrica Rolter;  en el cruce del semáforo de “La Robelo”, en la Carretera Norte; en el Puente Larreynaga, en el Puente El Edén, Colonia Luis Somoza (hoy Diez de Junio), en los cruces y entradas de los Barrios Paraisito, San Cristóbal, María Auxiliadora, en el Barrio Blandón a la altura del Cine Colonial,  en el cruce de Bello Horizonte y Villa Progreso, en el cruce de Rubenia, en las entradas Norte y Sur de la Colonia Catorce de Septiembre, en varias entradas a la Colonia Nicarao, en casi todas las esquinas de vecindarios como La Fuente, Reparto Schick Gutiérrez, en Américas Cuatro, Américas Tres, Américas Uno, en la entrada a la Colonia Primero de Mayo, habían varias barricadas en Ducualí, en Don Bosco, en la Pista Mártires de El Dorado, en las Colonias Colombia y Don Bosco, en el Puente Paraisito, en el Puente San Cristóbal, en todas las entradas y salidas del Barrio San Cristóbal hacia el Reparto El Dorado, en los entonces llamados Barrios Santa Bárbara y Blandón (hoy Venezuela y Costa Rica, respectivamente), habían tres barricadas en torno a los llamados “Repuestos La Quince”, otras tres barricadas dentro del Barrio Riguero, había otras numerosas en el Asentamiento Rebusca y Colonia Máximo Jerez; más barricadas cerca de donde es hoy “La Tiendona” en la Calle Catorce de Septiembre, en las cercanías de la Clínica Santa María, en algunas calles de los Barrios San José Oriental y “Campo Bruce” (Rigoberto López Pérez), entre otros sitios ya fortificados para detener a los guardias genocidas y a los “orejas” o espías, “jueces de mesta”, miembros de “escuadrones de la muerte”, AMROCS y otros sicarios de la dinastía somocista sangrienta.

Eran unas 200 barricadas, tal vez más, y unas 100 trincheras o zanjas de combate las que pude ver en mis recorridos por los vecindarios insurreccionados en la Zona Oriental-norte de Managua. Por supuesto, habían barricadas, pozos tiradores especiales y trincheras de combate también en las Zonas Suroccidental y Noroccidental de Managua (San Judas Loma Linda, Las Brisas, Villa Roma, Torres Molina, Vista Hermosa, Altagracia, Monseñor Lezcano, Linda Vista, Santa Ana, Loma Verde, Colonia Morazán y en el OPEN TRES (Ciudad Sandino).

Con esta derrota militar en la “Sierra 13” se le estaba dando un golpe político y militar muy fuerte a la dictadura somocista, que ya estaba quedando reducida, por esta Ofensiva Insurreccional Sandinista,  en Managua al Campo de Marte y al bunker en que se escondía el tirano sangriento: Anastasio Somoza Debayle con su Guardia Nacional, en las cercanías de donde fue capturado el General Sandino y después asesinado vilmente por el fundador de la dinastía: Anastasio Somoza García.

Quienes estaban dentro de refugios antiaéreos y antibalas, salieron de ellos a tomar aire fresco y a contarse unos a otros las peripecias por las que habían pasado, y de paso solicitaban información de lo que podría pasar más noche o al día siguiente.

Martes 12 de junio

Destrucción generalizada por incursión de guardias sanguinarios hasta “Sierra 13”

Queda una “alfombra” de cartuchos  por balacera y destrucción de “Sierra 13”

Guardias robaron y destruyeron negocios

Como en la noche era extremadamente peligroso andarse moviendo en medio de la contienda militar contra la dictadura, decidí volver muy de mañana el martes 12 de junio, para ver personalmente cómo habían quedado los alrededores de la “Sierra 13”.

Para circular en la noche, era necesario saberse el “santo y seña” nocturno, pues de lo contrario uno no pasaba por las barricadas y trincheras de combate. Dichosamente, yo estaba plenamente conectado con Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, porque, con raras excepciones, todos habíamos andado juntos en las luchas callejeras en contra de la dictadura somocista y, en mi caso, además, me favorecía el hecho de ser periodista de LA PRENSA de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal y porque los escuadrones de la muerte (“Mano Blanca”, decían los somocistas) habían informado públicamente que me buscaban para matarme por andar de rebelde antisomocista.

En las  calles cercanas a mi casa, en la zona Suroeste de Bello Horizonte, contiguo al cauce divisorio con las Colonias Maestro Gabriel Morales y “Salvadorita” (Cristhian “Inca” Pérez Leiva), había numerosas zanjas o trincheras de combate. En la medida en que uno caminaba hacia la Rotonda de Bello Horizonte, las zanjas y trincheras eran cada vez más profundas y más largas. En ellas estaban aquellos jóvenes valientes (hombres y mujeres), audaces, con mente y corazón de ¡Patria Libre o Morir, Patria o Muerte, Venceremos¡ decididos, con unos cuantos fusiles de guerra, con pistolitas, rifles 22, escopetas y 30-30, escopetas y una determinación de vencer o morir similar a la del General Augusto C. Sandino o la de Simón Bolívar enfrentado al ejército colonial español en el Sur de América, a comienzos del siglo 19.

Eran las 7 de la mañana del martes 12  de junio. Todavía se sentía sofocante el olor a pólvora en el ambiente cercano al sitio en que fue “Sierra 13”, después del combate popular del 11 todo el día en contra de los guardias genocidas. Comencé a recorrer la avenida del Cine Colonial a la Clínica Don Bosco, arrancando del cruce con la Pista Larreynaga.

Desde ahí mismo, frente al Cine Colonial, la Avenida parecía una alfombra larguísima color oro o bronce porque prácticamente no había un centímetro del pavimento que no estuviera cubierto de casquillos de fusiles, ametralladoras y también cápsulas o casquillos enormes de las balas de los cañones de tanques Sherman, usados por los casi 300 guardias  (eran más de 400, aseguran algunos Combatientes Históricos que estuvieron en ese combate)  en contra de los guerrilleros y combatientes que sitiaron y destruyeron la “Sierra 13” aquel 11 de junio de 1979.

Asimismo, abundaban los charneles de bombas, vidrios de negocios o casas comerciales hechos miles o millones de pedazos por las explosiones de bombas e impactos de cañonazos de los tanques y tanquetas y por las balas de ametralladoras calibre 50 y los proyectiles de fusilería de ambos lados.

Se debe tomar en cuenta que a ambos lados de esta Avenida están situadas casas o viviendas del Barrio Blandón (Costa Rica), de las Colonias Maestro Gabriel Morales y “Salvadorita” (Cristian Pérez Leiva) y una parte esquinera del Barrio El Edén, el Cine Rex, varios comedores o negocios comerciales entre el Cine Rex, Cementerio Oriental y la gasolinera Esso “Salvadorita”.

En todas esas casas o negocios no había una sola pared, muros, cunetas y orillas de techos que no estuviesen marcadas o perforadas por las balas, cañonazos y charneles de bombas  de contacto o granadas de fragmentación.

En la esquina para doblar hacia el Puente El Edén, la misma esquina de la “Gasolinera Salvadorita”, ahí, unos pocos metros al Oeste, en la calle, estaba la mayor evidencia de la derrota de la soldadesca de la Guardia Nacional: la tanqueta, destruida y quemada por los Combatientes Populares y los Jefes Guerrilleros que estaban dirigiendo exitosamente los combates de demolición a la dictadura somocista.

De esa gasolinera a la esquina Norte del Mercado Periférico, hay una cuadra. Todo igual. Incluso, por los portones sencillos de la casa en que cayeron Leonel Rugama Rugama, Mauricio Hernández Baldizón y Róger Núñez Dávila,  frente al muro del Cementerio Oriental. Todos estos sectores fueron destruidos por las metrallas. El mismo muro del Cementerio Oriental tenía agujeros pequeños y huecos grandes por todas partes.

El edificio del Mercado Periférico tiene una cuadra completa. Y el local de la “Sierra 13” estaba en el extremo Suroeste de ese edificio. En la medida en que llegaba a la parte frontal de lo que había sido la “Sierra 13”, se me tornaba insoportable un escozor irritante en las narices y los ojos por el intenso olor a pólvora, más la acumulación en el ambiente de gases lacrimógenos.

Esto me dejó claro que la soldadesca GN de “fuerzas de exterminio” para abrirse paso el día anterior, en su labor de “rescate” de sus “angelitos” asesinos, entre ellos el sargento Alberto “Macho Negro” Gutiérrez;  también usó centenares o miles de bombas lacrimógenas para que el ambiente se volviera insoportable para Jefes Guerrilleros, Milicianos sandinistas, Combatientes Populares y vecinos civiles.

Además, el testimonio de los vecinos me confirmó que algunos guardias andaban puestas máscaras antigases, y me contaron que también usaron bombas de humo, para tirar, precisamente, cortinas de humo, que les permitieran abrirse paso ya cerca de las instalaciones de la Treceava Sección de Policía (“Sierra 13”).

Efectivamente, en el pavimento y suelo había centenares de casquetes de bombas lacrimógenas, especialmente en los lados Sur, Oeste y Norte  de lo que había sido la “Sierra 13”.

Ya puesto en el propio frente de la “Sierra 13”, se respiraba una combinación de olores o tufos muy fuertes. Se mezclaban los característicos olores o tufos a pólvora, gases lacrimógenos, a quemado, a defecaciones humanas, y para colmo estaban allí todavía, en el parqueo frontal, los ocho cadáveres de supuestos guardias genocidas, muertos todos en el combate del 11 de junio de 1979.

Los cadáveres fueron enterrados esa misma mañana. La otra tanqueta destruida supuestamente la guardia genocida logró sacarla cuando iba huyendo hacia el lado de la Carretera Norte.

Allí mismo, frente a la “Sierra 13” destruida, un grupo de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, todos jefeados por el Comandante Carlos Núñez Téllez, jefe del Estado Mayor del Frente Interno FSLN, le relataron al vecindario y a mí durante un mítin esa mañana, que unas 30 veces les habían pedido a gritos a los soldados de la guarnición que se rindieran, y que al no hacerlo, el mando revolucionario libertador sandinista tomó la decisión de lanzar morteros y granadas a las instalaciones frontales y por encima de la Treceava Sección de Policía.

Esta última parte, relacionada con lanzamorteros y lanzagranadas, indica que por este motivo la soldadesca de la Guardia Nacional  se desplazó con mucho miedo por la avenida mencionada y en las cercanías de la “Sierra 13”.

Asimismo, durante el combate sostenido le habían arrebatado numerosos fusiles garand a los guardias que caían muertos, me contaron los jóvenes Combatientes Populares que habían participado en esta memorable demolición de una de las más tenebrosas guarniciones de la Guardia Nacional en Managua.

“Lo que más nos enfureció fue cuando una bala de cañón de una  de las tanquetas, desbarató a la niña Yanett Sánchez”, relató uno de los Jefes Guerrilleros. Uno de los ocho cadáveres quemados, fue el de uno de los guardias que intentó fugarse vestido de civil, y lo aniquilamos en el acto cuando iba saliendo”, añadió el guerrillero. “Hubo otro de los guardias, que igualmente vestido de civil, se nos quiso cruzar por encima del Muro del Cementerio Oriental, pero éste lo que buscaba era cómo matarnos a nosotros por la retaguardia. A ese guardia lo pasconeamos a tiros de metralla cuando intentaba ubicársenos por detrás”, agregó el Jefe Guerrillero “Chico Garand” Guzmán Fonseca.

“Nos causó repudio también que esta misma soldadesca, enviada en “rescate” de los equipos que estaban en la “Sierra 13”, se metieron a la casa No. B-36 de la Colonia “Salvadorita” (Cristian “Inca” Pérez Leiva) y descaradamente la saquearon, robaron todo, estando dentro sus dueños. Al pasar por el Bar “La Toña”, en la orilla de la Avenida por donde entraron, asimismo se hartaron todas las cervezas y robaron todo lo que pudieron, estando allí dentro sus propietarios. Es decir, entraron matando y robando esos asesinos de la dictadura somocista”, apuntó Alejandro “Huesito” Mairena Obando, uno de los Combatientes Populares de esta demolición de la “Sierra 13”, aquella mañana del 12 de junio de 1979.

A la hora de mi llegada hasta el frente de la “Sierra 13”, se hacían preparativos para sepultar los cadáveres quemados en una tumba colectiva del Cementerio Oriental. También se echaron en esa tumba colectiva otros cadáveres de otros guardias, “orejas” y “jueces de mesta” que habían muerto en combate en los alrededores de la “Treceava Sección de Policía”.

“Vos andás corriendo grave peligro aquí. La guardia genocida tiene trancotiradores ubicados en edificios, casas, árboles, se han ubicado en muros, y desde allí han estado “hostigándonos” y han logrado matar a algunos civiles. Usan fusiles poderosos, con silenciadores, de manera que no escuchamos dónde están”, me advirtió el Jefe Guerrillero “Chico Garand” Guzmán Fonseca, mientras unos 30 Combatientes Populares y él mismo recogían adoquines y piedras canteras para construir barricadas en las cercanías del Cementerio Oriental.

Las barricadas, mayoritariamente, se construían con adoquines.  Esos adoquines eran usados para la construcción de pistas, calles, callejones y avenidas en Managua y resto del  país. La fabricación de adoquines era un negocio exclusivo de la Familia Somoza”.

“Tené cuidado. No te vayas caminando a media calle. Andate recostando a los muros, a los árboles. No te pongás de “blanco” de los francotiradores de la guardia. Cuidá tus cámaras fotográficas. Seguí combatiendo en tu sector”, me recomendó el Jefe Guerrillero Guzmán Fonseca.

Estábamos allí frente a la desaparecida “Sierra 13” cuando llegó un grupo de unos 40 Combatientes Populares de los Barrios Ducualí, Blandón (hoy Barrio Costa Rica), y Meneses (Venezuela) jefeados por “Chico Garand” Guzmán Fonseca,  a contarnos que la noche anterior había entrado al Cementerio Oriental, por el lado Sur, un camión misterioso, cuyos ocupantes supuestamente llegaron a lanzar, en silencio, al amparo de la noche oscura,  numerosos cadáveres en una tumba colectiva. Hicieron ver que no les ofrecieron combate porque estaban ocupados en continuar la demolición de la odiada “Sierra 13”. Supusieron se trataba de guardias genocidas muertos en enfrentamientos a tiros con miembros del Frente Interno del Frente Sandinista en Managua.

Guardias genocidas también queman cadáveres

Al desplazarme hacia las barricadas y trincheras de combate de la Carretera Norte, me enteré de que también la soldadesca somocista estaba quemando y sepultando cadáveres en tumbas colectivas que habían improvisadas cerca de la costa del Lago Xolotlán o de Managua, en los alrededores del Teatro Popular Rubén Darío.

Era común en esos días, asimismo, que la guardia  capturarse, torturase y finalmente asesinaba a centenares de jóvenes (por el “delito” de ser jóvenes), cuyos cuerpos perforados a balazos aparecían precisamente en la orilla del Teatro Rubén Darío, en parte de la costa del Lago Xolotlán, frente a Managua, y especialmente en la orilla de la llamada “Escuela de Arte” o Taller del Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua. También aparecían por decenas los cadáveres de jóvenes asesinados por la GN en la llamada “Cuesta del Plomo”, hoy bautizada como “Cuesta de los Mártires”.

No pude llegar hasta esos sitios porque era peligroso, era dominio de los asesinos de la Guardia Nacional. Eso sí, de lejos se veían, manchando el azul celeste, bandadas de zopilotes que andaban ya a la caza de carroña, es decir, de cadáveres de seres humanos.

Aunque violando las recomendaciones del Jefe Guerrillero mencionado antes, retorné hacia el lado Sur, metiéndome al entonces Barrio “Meneses” (Venezuela)  porque allí se velaban dos de los muertos por los cañonazos y balas de ametralladoras, disparados por los guardias genocidas somocistas desde el lado Norte, durante el combate por la demolición guerrillera libertaria y por el “rescate” que intentaron los guardias somocistas en la “Sierra 13”.

Efectivamente, estaban siendo velados todavía en sus casas Francisco Flores Machado y la niña Yanett Sánchez. Sus cuerpos habían quedado destrozados por los cañonazos del tanque Sherman, los cuales asimismo desbarataron sus casas y las de centenares de vecinos, que tuvieron la dicha de que los charneles y las balas no los alcanzaron.

Tumbas en patios de  casas

En los patios de ambas casas humildes se habían hecho ya, respectivamente, las dos tumbas correspondientes. Carpinteros amigos habían fabricado los ataúdes con tablas de las mismas paredes de las casitas, porque no se podía salir hacia ningún lado a buscar ataúdes ni tablas nuevas, porque los combates con la guardia genocida lo impedían.

Las lágrimas de la madre de Yanett Sánchez, de ocho años, caían con sentimiento de cólera y pesar porque aquel luto pobre era parte de la tragedia que aún vivía el pueblo nicaragüense. Sentimientos similares habían en la casita de Francisco Flores Machado, quien había colaborado con los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares.

Antes de sepultar los cadáveres de Sánchez y Flores Machado, un grupo de Combatientes Populares hicieron guardia de honor ante los féretros. La madre de Yanett le colocó flores a la caja mortuoria y encima de la tumba en el patio trasero de la vivienda. Otro tanto se hizo sobre el ataúd de Flores Machado.

Anastasio Somoza Debayle, el jefe de la tiranía sangrienta, mientras tanto, aparecía en las pantallas de televisores y en audiciones de radio del dominio somocista y en su Diario NOVEDADES, afirmando: “Todo está bajo control… los terroristas “sandino-comunistas” ya están derrotados”, mentía este sujeto vendepatria, ladrón y asesino, dedicado a matar gente, a robarle sistemáticamente al país y a mentir descaradamente.

En estos Barrios, Asentamientos, Colonias y Repartos de los alrededores de la “Sierra 13” habían centenares de heridos y golpeados en esa mañana del 12 de junio. La destrucción material estaba presente por todos lados, pues los bombardeos aéreos  y ametrallamientos por parte de la Guardia Nacional eran constante, sistemáticos, y no importaba sobre quiénes cayeran las bombas y penetraran las balas.

No se podían llevar a los hospitales manejados por el gobierno somocista, porque ya habían dado la orden de que todo herido era sospechoso de ser guerrillero y por tanto debía ser fusilado ahí mismo dentro de los hospitales, controlados directamente por coroneles de la Guardia Nacional.

Ataques a Hospitales clandestinos

Debido a esto, el Estado Mayor General del Frente Interno del Frente Sandinista tuvo que improvisar los Hospitales clandestinos “Silvia Ferrufino Sobalbarro” y en el Instituto Experimental México. Este último se ubicó en las instalaciones del Instituto Experimental México, en la Etapa IV de Bello Horizonte. El “Silvia Ferrufino Sobalbarro” estuvo situado inicialmente en el Reparto El Dorado, de donde tuvo que ser trasladado a Bello Horizonte porque estaba siendo sometido a intensos ataques con bombazos y balazos por parte de la soldadesca genocida somocista.

El Hospital Silvia Ferrufino Sobalbarro fue ubicado en una casa, situada del Instituto Experimental México dos cuadras al Norte y media al Este.

También había un Hospital clandestino dentro de la Iglesia Sagrada Familia, donde tuvo una de sus tres ubicaciones el Estado Mayor General del Frente Interno y del Estado Mayor Conjunto del Frente Sandinista en Managua. Primero estuvo en una casa del Reparto El Dorado. Por medidas de seguridad, por el bombardeo aéreo genocida y porque los “orejas” ya lo habían descubierto, se vio precisado a trasladarse a la Iglesia Sagrada Familia. Por último, ya al borde del “Repliegue” a Masaya, se ubicó en una casa de la Colonia Don Bosco.

Al ubicarse estos hospitales clandestinos en Bello Horizonte, inmediatamente, por supuesto, la noticia era propagada por un sistema de información interno en las barricadas, trincheras de combate y entre los pobladores de los vecindarios liberados.

Con este conocimiento, los heridos y fracturados eran llevados de inmediato a estos hospitales clandestinos en carretillas, en camillas improvisadas, o sencillamente en los hombros de familiares, amigos o de Combatientes Populares. Esta coordinación de trasladar heridos de los vecindarios  a los hospitales clandestinos, conseguir medicinas, buscar comida elaborada o sin cocinar, convencer a médicos amigos para que atendiesen al pueblo herido, eran parte de las actividades realizadas por los Comités de Defensa Civil y Comités de Acción Popular, entre cuyos miembros estaba este servidor.

Recorridos por trincheras de combate en Zona Oriental

Reunión de mandos insurreccionales en Iglesia Sagrada Familia

Quise conocer personalmente lo que estaba pasando en la Zona Oriental-norte liberada por la Insurrección u Ofensiva Final Sandinista, y seguí caminando por el interior de estos vecindarios. Al atravesar callejones de los Barrios Meneses,  Santa Bárbara y Blandón, me encontré con numerosos amigos y conocidos de mi actividad reporteril o periodística, entre los cuales destacaba Sebastián Castro, uno de los más famosos sindicalistas de la entonces CGT(I) o Central General de Trabajadores Independientes, y a la vez uno de los perseguidos de manera permanente por el somocismo genocida.

Castro estaba en uno de los callejones del Barrio Meneses con Esmeralda Dávila (hoy  abogada y sandinista), Gabriela Rivera de Román e Isabel (varón) Galeano, en cooperación plena con la Insurrección u Ofensiva Final contra el somocismo genocida. Encontré a numerosos conocidos, entre otros, Ronald Paredes Villanueva, Perfecto Arróliga Flores, José Perfecto Arróliga Guerrero, Flavio Galo Montenegro, Elizabeth Galo Montenegro, Isabel Aráuz Rugama, Douglas  Aguilar Uzaga,  todos ellos de la Colonia Nicarao, moviéndose en plan militar insurreccional por este sector; y otros cuyos nombres no recuerdo. El encuentro en aquellas circunstancias decisivas para la Historia de la Patria era como preguntarse: ¿Todavía estás vivo, hermano?

Eso sí, recuerdo bien que doña Gabriela Rivera de Román me regaló un vaso de limonada, sacada de una gran baldada, que iba rumbo a una de las trincheras de combate.

El hacer este recorrido por los vecindarios insurreccionados era como ir por una gran escuela de patriotismo, pues la mayoría de la gente humilde en esos momentos sólo pensaba en cómo ayudar, cómo cooperar, cómo contribuir a la demolición definitiva del sistema dictatorial, cómo defenderse de mejor manera de los bombardeos aéreos y ametrallamientos de la Guardia Nacional genocida.

En el extremo Sur del mismo Barrio Blandón, me encontré con que un grupo de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares estaban repartiendo “productos DIANA” a los pobladores humildes de este sector insurreccionado de Managua. No supe cómo habían capturado el furgón lleno de bocadillos, granos básicos como arroz, etc.

Llegué al Barrio Ducualí en el momento en que el Estado Mayor del Frente Interno del FSLN sostenía una reunión con unos 50 Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares. Se discutía y  a la vez se daban instrucciones sobre cómo conducir los ataques y combates móviles en contra de las patrullas y contingentes armados de la soldadesca de la Guardia Nacional, de cómo enfrentar a los “francotiradores” y de cómo debía operar la Escuadra o Columna “Liebre”,  “Caza perros”, también conocida como “Óscar Pérez Cassar”, después.

En esa reunión, en un patio de la Iglesia Sagrada Familia, estaban casi todos los miembros del Estado Mayor General del Frente Interno y del Estado Mayor Conjunto de Managua, al menos los que pude identificar: Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano, Joaquín Cuadra Lacayo,  Mónica Baltodano Marcenaros, Oswaldo Lacayo Gabuardi, Raúl Venerio Granera; y además, estaban allí también otros Jefes Guerrilleros: Marcos Somarriba García, Ramón Cabrales Aráuz, Rolando “Cara Manchada” Orozco Mendoza, Carlos “Taolamba” Duarte Orozco, Sergio Gómez Vargas, César Augusto Silva, Francisco “Chico Garand” Guzmán Fonseca, Javier “99” López Lowery, Eduardo Cuadra Ferrey, César Largaespada Palaviccini, Walter Ferrety Fonseca, Jorge Roustan Reyes, William Antonio “Salvadoreño” Pascasio, Claudio Francisco Picasso Ardito, Walter Mendoza Martínez, Mayra González, Isabel “Venancia” Castillo;  dos compañeros a los que les decían “Norman” y “Sherman” y al misterioso “JC” (Edgard Guerrero), quien después del Triunfo de la Revolución seguía auto llamándose “JC”.

También pude ver Combatientes Populares conocidos para mí como: Frank “Machillo” González Morales, Alejandro “Comandante Huesito” Mairena Obando, Alfonso “Mascota” Mejía, Darma Lila Carrasquilla, Marcos Antonio “Payo Runga” Solano  y Jairo Blandón.

Asimismo, se me dijo que allí estaban los integrantes de la Comisión Política, Propaganda, Agitación y conducción del Movimiento Pueblo Unido del Frente Interno: Moisés Hassan Morales, Julio López Campos, Lea Guido López,  Glenda “Segovia” Monterrey Vásquez y Marcos Valle Martínez.

Por medio de compañeros guerrilleros o jefes, supe que Iván García Abarca (después fue uno de los primeros secretarios generales de la CST), Danilo Norori, el doctor Rafael Solís Cerda, Francisco “Chico Garand” Guzmán Fonseca y Walter “Chombo” Ferrety Fonseca, cumplían, todos ellos, misiones especiales en la Insurrección Sandinista u Ofensiva Final contra la tiranía somocista en Managua.

En esta reunión me enteré, por la confianza con Francisco “Chico Garand” Guzmán Fonseca, que él mismo jefeaba una Escuadra Móvil de Francotiradores  (caza guardias, “orejas”, “jueces de mesta”, “soplones”, paramilitares, miembros de “escuadrones de la muerte”). Esta escuadra se desplazaba a pie y en  vehículos  livianos.

La misión de los francotiradores revolucionarios era la eliminación de los francotiradores asesinos de la Guardia Nacional somocista. Uno de esos francotiradores sandinistas, revolucionario, era “Chino” Mercado Cortez, del grupo de “Chico Garand” Guzmán Fonseca. Este “Chino” Mercado y sus compañeros habían recibido entrenamiento especial, antes de integrar esta célebre columna Óscar Pérez Cassar bautizada inicialmente como “Liebre”, conducida directamente por el Estado Mayor  General del Frente Interno..

“Chico Garand” Guzmán Fonseca había pertenecido a los selectos francotiradores de la Guardia Nacional, antes de que le hicieran un juicio y lo expulsaran de la GN genocida. “Chico Garand” había sido compañero de lucha del Teniente y Abogado David Tejada Peralta, sandinista, asesinado atrozmente por la GN genocida al descubrir que trabajaba con el Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Por supuesto, yo iba haciendo fotografías y tomando “notas” de lo que iba viendo en esta travesía de participante, testigo y cronista de la Insurrección u Ofensiva Final contra la tiranía en Managua.

Asimismo, ese día llevaba como objetivo llegar a la casa de mi madre, Rosa Pérez Juárez, en la Colonia Luis Somoza (Diez de Junio), donde ella ya residía desde 1971 con el resto de mis hermanos y hermanas: Ángela, Julio, Mauricio, Josefina, Leopoldo y Anita.

Estaban bien. A la casa no le había ocurrido nada. Eso sí, me encontré con la novedad de que Josefina, Mauricio y Leopoldo Barreto Pérez, tres de mis seis hermanos menores, andaban involucrados en el Comité de Defensa Civil,  consiguiendo alimentos, medicinas, médicos y viendo cómo curaban a los heridos en las trincheras de combate. En esto les ayudaba Josefa “Chepita” Briceño Picado, la esposa de Leopoldo.

Uno de los combatientes populares más activos en la Luis Somoza (Diez de Junio) era Jackson Jácamo Vanegas, caído el 17 de junio durante un combate cuando la guardia genocida somocista intentaba introducirse a estos vecindarios por el lado de la Colonia Colombia. Jácamo cayó combatiendo de frente con una tanqueta, a la cual inutilizó con bombas de contacto y ráfagas de ametralladora, pero murió en esta acción heroica. Lo había conocido yo cuando Jackson era mecánico y chofer en el Distrito Nacional.

En las Colonias  Luis Somoza (Diez de Junio), Colombia y Don Bosco (pegadas o contiguas al Reparto El Dorado), la Insurrección era total. Las barricadas y trincheras de combate estaban  calle por calle, igual que en los alrededores del sitio en que se encontraba el Estado Mayor del Frente Interno del FSLN en El Dorado.

Crucé el Cauce San Cristóbal hacia el Barrio Riguero, donde en la entrada principal había una barricada enorme; otra barricada en las cercanías de los Transportes Modernos. Había tres barricadas seguidas en la esquina de los “Repuestos La Quince”, donde después se construyó la Rotonda David Tejada Peralta o Rotonda Santo Domingo o Rotonda Cristo Rey, en el cruce de la Pista de la Resistencia Sandinista hacia el Barrio Jorge Dimitrov.

Era peligrosa esta travesía porque si me encontraba la guardia genocida somocista, después de anunciar que yo estaba en el listado de los escuadrones de la muerte, para matarme; sin embargo, me pareció necesario para dar una idea de lo que pasaba, aunque se publicara después de ser resuelto este conflicto militar revolucionario contra la dictadura somocista.

Tomé la ruta de la Avenida principal de Altamira, rumbo a la Colonia Centroamérica, donde había una barricada grande en el tope de Lozelsa. No pude seguir hacia el Sur, porque, precisamente, la Décima Sección de Policía (“Sierra 10”), ubicada casi contiguo a los antiguos Autocinemas, en el lado Sur de la Colonia Centroamérica y frente a la Carretera a Masaya, estaba siendo atacada a balazos por un grupo de Jefes guerrilleros y Combatientes Populares sandinistas. Es decir, la “Sierra 10” estaba fuera de la Colonia Centroamérica, aunque contiguo al mismo complejo habitacional.

Debido a esto, la guardia genocida estaba tendida en la Carretera a Masaya y toda la parte comercial del Supermercado y los bancos que había allí.

No pude seguir caminando en rumbo a la Centroamérica. Supe que los guardias  tenían en su poder parte de la Pista Naciones Unidas, entre LOZELSA y el Hospital Oriental (Manolo Morales Peralta). Tampoco podía irse por ese lado. Tuve que regresar por el Riguero, tomar la Pista Mártires de Mayo (recién construida por el Distrito Nacional) y buscar la Colonia Nicarao.

Me encontré con que la entrada al Hospital Infantil (todavía no tenía el nombre de Manuel de Jesús “La Mascota” Rivera) había una barricada enorme. Algunos Combatientes Populares me reconocieron. Yo no reconocí a ninguno de ellos por sus nombres, aunque me hablaron familiarmente.

Seguí hacia la Colonia Nicarao. Por el lado de la Pista hay tres entradas a la Colonia Nicarao. Se habían hecho numerosas barricadas y zanjas o trincheras de combate, especialmente enormes las que estaban por la Escuela de Comercio Independencia, la Farmacia González y en la entrada al “Río Seco” (así se le nombraba a una calle de la Colonia Nicarao), y encontré que la mayoría de los pobladores estaban enardecidos porque varios de sus hijos habían caído en combate y otros fueron asesinados por sicarios del somocismo genocida. Estaban sepultándolos en la orilla de la Iglesia y Casa Comunal, donde para siempre quedó un cementerio pequeño en que están 17 de estos Mártires y Héroes de la Revolución Popular Sandinista.

Las condenas por estas muertes estaban dirigidas fundamentalmente en contra de Alberto “Macho Negro” Gutiérrez, quien con frecuencia llegaba por la Colonia en labor de represión en su ya conocido carro viejo Chevrollet, destartalado, sin placas y haciendo ruido como chatarra vieja. Adelante o atrás de este carro de “Macho Negro” Gutiérrez andaban no menos de 20 guardias genocidas con fusiles automáticos, montados en un camión de la Guardia Nacional, también destartalado, en el cual subían a los capturados en estos vecindarios. En ese camión eran llevados los presos a la guarnición  “Sierra 13”, ya mencionada.

En la Colonia Nicarao me encontré integrados en las barricadas y trincheras de combate a compañeros como Humberto del Palacio González, Perfecto Arróliga Flores, a Perfecto Arróliga Guerrero,  Manuel Roque, Luis Torres, Iván Pino, Iván Escobar Pereira, Isabel Aráuz Rugama, Douglas Aguilar Uzaga, “Mery” Aguilar Uzaga, Cela Patricia Amador Cisneros, Manuel Barrantes Miranda, Douglas Duarte Niño, Guillermo Antonio Navarro, Jonathán Amador Cisneros, Luis Felipe Nicaragua, Marta del Socorro Barbosa Cerda, María de los Ángeles Cajina, María Linert Martínez, María del Socorro Salablanca H., Rodolfo López Mendoza, Carlos José Solís Rugama, Julio Aráuz Rugama, Luis Alberto Duarte Talavera, Carlos Calero, Emilio Robelo Mendoza, Marta Barbosa Cerda, Julio Rodríguez Gámez, y Flavio Galo Montenegro y toda su familia.

De la Colonia Nicarao subí al Reparto Schick Gutiérrez (antes conocido como “Bariloche”) y ahí me encontré a Combatientes Populares como Elías Chévez Obando, Juan Carlos “Marcial” Soza Aragón, Santos Sobalbarro Blandón, Francisco René Polanco Chamagua, Juvenal Palacios Morales, Miguel Ángel y Marcos Antonio Gutiérrez Tapia, Joaquín Valle Corea, Óscar Gutiérrez Serrano, Ariel Darce Rivera, Manuel Esteban Flores Oporta, Manuel Salvador Cuadra Pérez, Mario Ramón Gabuardi Castillo, Domingo Matus Méndez, Osbaldo Antonio Largaespada Lagos, José Luis Marín Gaitán y José Santos Mayorga Alemán, más los compañeros  Ronald Paredes Villanueva y Enrique y Miguel “Chupa Dedo” Alvarado Torres, quienes, estos dos últimos, se convertirían, después del Triunfo de la Revolución Sandinista, en parte de la dirigencia de los Comités de Defensa Sandinistas, en Managua.

En Río Seco, un sector de la misma Colonia Nicarao, había numerosas zanjas abiertas, para que la guardia genocida no se fuera a meter por allí.  En la Esquina de la Farmacia González, en el lado Noreste de la Colonia Nicarao, numerosos Combatientes Populares esperaban, detrás de una barricada enorme, la llegada de la guardia somocista genocida.

No pude llegar hasta donde estaban en las Américas I y III los compañeros Federico “Chato” López Argüello, Róger “Aniceto” y “Camastrón”  Cabezas Orozco, Bernardo Aráuz y su esposa Amada Pineda, quienes estaban combatiendo a la guardia somocista genocida con el apoyo de numerosos estudiantes del Instituto Experimental México.

Aparecen los francotiradores de la GN-EEBI genocidas y también los infiltrados

Giré hacia el semáforo de Rubenia, donde la barricada era realmente enorme. Esta barricada tenía zanjas a los lados. Estaba convertida en una de las trincheras de combate más grandes, una verdadera fortaleza insurreccional sandinista.

La situación militar aquí era muy tensa. Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares estaban a la espera de una nueva embestida de la Guardia Nacional, pues para los soldados de la dictadura somocista era crucial, vital, romper el cerco por este sector, para golpear severamente a los insurreccionados revolucionarios en los sectores de Bello Horizonte, Santa Rosa, el cruce de Villa Progreso con Bello Horizonte, el cruce de Portezuelo, las fortalezas de barricadas en la esquina Noreste del Barrio Santa Rosa y el Barrio Blandón (Costa Rica), para hacer una operación envolvente y aniquilar el movimiento Insurreccional ascendente y consolidándose ese día martes 12 de junio de 1979

Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares ya estaban siendo “hostigados” por los francotiradores de la Guardia Nacional somocista. Todavía no tenían las ubicaciones de estos los “francotiradores” somocistas, pues esos, al parecer, se movían con la complicidad de algunos vecinos, se subían a árboles altos, edificaciones también altas, disparaban con fusiles y rifles potentes y con silenciadores.

Debido a esto, en esa barricada me encontré al grupo de francotiradores revolucionarios, jefeados por Francisco “Chico Garand” Guzmán Fonseca, quien coordinaba acciones con Jorge Roustan Reyes, uno de los mejores tiradores del Frente Sandinista clandestino en ese momento.

Seguí camino hacia donde después se instaló ENABUS. En ese sector estaba el Plantel de AISA, la compañía constructora de los Teranes, “Tiburones” Pereira, socios de Centroamericana de Ahorro y Préstamo y VIVISA, propiedad de los Somoza, para la construcción de las casas del Reparto Bello Horizonte, el cual todavía estaba en desarrollo constructivo, especialmente en las Etapas V y VI, situadas al Este.

Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares sospechaban de la complicidad de los dueños de esta Empresa AISA con los Somoza y su guardia genocida, y por tanto se pensaba  podían utilizar estas instalaciones para hacer intentos de meterse a Bello Horizonte por un sector del Barrio Primero de Mayo y los predios baldíos y montosos en este sector, situados al Este del Barrio Meneses (Venezuela) y el Sur de Bello Horizonte. Los hechos posteriores confirmaron esta sospecha.

En este sector se levantaron varias barricadas, la más grande de ellas en el cruce del semáforo de Villa Progreso y Bello Horizonte, con el fin de contener la posibilidad de una embestida militar de la guardia genocida por este lado.

Regresé a Bello Horizonte apurado porque había dejado solos a mi primera esposa, María Elizabeth Mejía Rivas, y a mis primeros dos hijos: Pedro Pablo y Nelson Alberto, de seis y cuatro años respectivamente. Me encontré con la novedad de que mi casa estaba convertida en blanco de francotiradores, ubicados dentro del mismo Reparto Bello Horizonte, pero que no habían sido localizados. Además, varias balas de ametralladora calibre 50 habían penetrado hasta el interior de la casa, dejando huecos en las paredes. Dichosamente no habían impactado en los cuerpos de los dos chavalos, ni en el de  Elizabeth Mejía Rivas.

Los impactos de balas se registraron mientras en el patio trasero de mi casa se desarrollaba una reunión de varios Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, entre otros, Glenda “Segovia” Monterrey Vásquez, Isabel “Venancia” Castillo y Juan “Tonatiú” Rivera.

Las viviendas de otros compañeros y compañeras, conocidos por su lucha antisomocista, también estaban siendo sometidas a hostigamiento de francotiradores de la Guardia Nacional genocida, entre otras, la del profesor Edgard Jerez Talavera, la de Leonardo Chamorro y la de Howard Soza Castro.

Me encontré también con la sorpresa de que dos sujetos, identificados sólo como los B-1 y B-2, ubicados en “puestos de mando” insurreccionales en Bello Horizonte, resultó que eran guardias somocistas infiltrados en las trincheras de combate.

Asimismo, se había descubierto que otro sujeto llamado Adolfo Torrez, quien se presentaba como gran “colaborador” de todos nosotros, era, en realidad, agente de la Oficina de Seguridad somocista (OSN), y se tuvo que meterlo preso, porque no fue fusilado, según supe después. Este sujeto, se supone, pasó mucha información a la Guardia Nacional sobre las ubicaciones de las barricadas, trincheras de combate, y sobre quiénes de todos los vecinos estaban participando en la Insurrección armada contra el somocismo genocida.

En la calle de mi casa asimismo me estaban esperando los vecinos Raúl Munguía, Benito Espinoza, Isabel “Shabelo” González, Arnulfo Oviedo y sus hijos, la familia de Alfredo Díaz, residentes en la esquina Norte, Miguel Ángel Muñoz, David Morales, Francisco Blanco, Rigoberto Alguera, para mostrarme cómo estaban desarmando una bomba de 1,000 libras que había caído en la orilla de la casa de los vecinos Díaz. La bomba fue desarmada y convertida en una gran cantidad de bombas pequeñas por un grupo de especialistas, que igualmente se movían de forma parecida a la escuadra de francotiradores de “Chico Garand” Guzmán Fonseca.

Se organizan Comités de Defensa Civil, convertidos en CDS al triunfo revolucionario

Ya para entonces, se habían formado numerosos Comités de Defensa Civil en Bello Horizonte. En estas estructuras de apoyo combativo aparecían compañeros y compañeras como los hermanos Tobías, Ariel y Cairo Jiménez, Gilberto Calderón, Raúl  Munguía, Howard Soza Castro, Ernesto Chacón Blandón, Ivette Soza Castro, Toña Tiffer, la familia de Esteban Solís, Leonardo Chamorro, Juan “Tonatiú” Rivera, los Coleman, Guillermo Baltodano Serrano, Fátima Echegoyen, una jovencita de 17 años llamada Marta Lucía Corea Solís, María Eugenia Solís, Vitalia Rojas y su hija Ofelia, Carlos “Aguja” Cuadra Rodríguez y  Salvador “Iguana” Oporta Stathadgen..

Los Comités de Defensa Civil, convertidos en Comités de Defensa Sandinistas después del Triunfo de la Revolución, eran los encargados directos de conseguir alimentos y medicinas para Combatientes y pobladores; eran responsables de que se construyeran los refugios antiaéreos, de la seguridad de niños, mujeres y ancianos; de llevar los heridos a los Hospitales Clandestinos, de ir en busca de los médicos y enfermeras, de contactarse con la Cruz Roja, ubicada en la Colonia Luis Somoza (Diez de Junio), si era necesario.

Estaban allí, activísimos, los Jefes y Jefas Guerrilleros Javier “99” López Lowery, Isabel “Venancia” Castillo, Mayra González y Glenda “Segovia” Monterrey Vásquez; estaban trabajando en la defensa de Bello Horizonte y detección de “orejas” o espías, francotiradores,  infiltrados y analizando por qué sector se podían meter los guardias genocidas a Bello Horizonte, por su extensión y población una verdadera Ciudadela y una fortaleza militar para los insurrectos, pues aquí habían buenas construcciones para parapetarse a la hora de un combate cuerpo a cuerpo.

Seguí camino hacia el Barrio Santa Rosa, yéndome a salir por las cercanías del Aserrío Carlos Morales Orozco, un sitio solitario, donde se habían registrado ya varios combates entre patrullas de la guardia genocida y unidades móviles de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, jefeados por Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz.

El Aserrío había sido incendiado. Gruesas columnas de humo se elevaban al cielo, mientras se decía que  un nutrido grupo de soldados ubicados  por el Este del Aserrío,  buscaba cómo meterse por ese lado a Bello Horizonte y al Barrio Santa Rosa, pero se los impedía un cauce paralelo a la última fila de casas del Barrio Santa Rosa, por el lado Este..

En las calles del Barrio Santa Rosa se sentía un penetrante olor a pólvora quemada. Todos los Barrios, Colonias y Repartos de la Zona Oriental-norte de Managua, insurreccionados,  habían sido bombardeados  durante todo el día  por la Fuerza Aérea somocista cuando se combatía por la demolición de la “Sierra 13”, especialmente los vecindarios de Santa Rosa, Bello Horizonte, El Edén, Meneses, María Auxiliadora, San Cristóbal, El Dorado y Ducualí, y lo mismo había ocurrido este día 12 de junio de 1979.

La guardia había concentrado, quizás, el mayor peso de lanzamiento de bombas de 500 y 1,000 libras, rocketts, morteros y balazos calibre 50, debido a que, a lo mejor, consideraban que era clave romper la resistencia insurreccional en las barricadas y zanjas o trincheras de combate en el cruce de Portezuelo (Carretera Norte) y la Esquina Noreste del Barrio Santa Rosa, donde varias decenas de Guerrilleros y Combatientes Populares, jefeados por Marcos Somarriba García, resistían heroicamente, sin cederles una sola pulgada de terreno al contingente de unos de 500 guardias que intentaban romper el cerco provenientes del Este por la Carretera Norte, es decir del Aeropuerto hacia el centro de Managua, pero se estrellaban una y otra vez con la poderosa resistencia de los insurrectos mencionados, a pesar de que la soldadesca somocista se hacía acompañar con varios tanques y tanquetas, numerosas ametralladoras calibre 50, centenares de fusiles automáticos, más el bombardeo aéreo incesante con aviones Push and Pull, helicópteros y el llamado “Dundo Ulalio”, desde el cual lanzaban ráfagas de ametralladoras calibre 50.

Prácticamente no había lugar en este sitio del cruce de Portezuelo y la Esquina Noreste del Barrio Santa Rosa, que uno no sintiera silbándole cerca del oído las balas de ametralladoras, de fusiles y de tanquetas, tiradas por los centenares de guardias tendidos allí  del cruce de Portezuelo, del semáforo hacia el Este, en la Carretera Norte.

Frente al semáforo de Portezuelo, donde hay un cruce con la Carretera Norte, uno que te conduce hacia una zona de empresas comerciales e industriales y bodegas de las mismas, y otro, que te conduce hacia el Sur, rumbo al  cruce de Bello Horizonte-Villa Progreso, Rubenia, colonias Catorce de Septiembre y Nicarao, Reparto Santa Julia, entrada al antiguo Barrio La Fuente, el hoy Mercado Carlos Roberto Huembes, Hospital Manolo Morales Peralta, Centro Comercial-Managua, Colonia Centroamérica y Carretera a Masaya.

LUDECA destruida por explosiones de bombas

Atacan casa de Nicolasa Sevilla

Las armas de guerra bramaban por encima de la barricada y al ras del suelo en contra de los guardias que se parapetaban en las tanquetas y camiones blindados de la Acción Cívica de la Guardia Nacional. Las bombas de 500 y 1,000 libras y los rocketts caían sobre las instalaciones de edificios de empresas conocidas, situadas a pocos metros de Portezuelo, dejando una huella de destrucción terrible. También en viviendas dentro del Barrio Santa Rosa.

Enfrente del semáforo de Portezuelo, en el lado Noreste, estaban las instalaciones de una empresa llamada LUDECA, en la cual habían caído centenares de morteros o rockettes y bombas de 500 libras, lanzados desde aviones push and pull y helicópteros, en contra de los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares ubicados en las barricadas y trincheras de combate. Los morteros y las bombas jamás cayeron en las barricadas. Siempre iban a estrellarse en las instalaciones de LUDECA. Por este motivo, en este sector era sofocante el tufo a pólvora, en forma permanente.

En la barricada de esa esquina Noreste de Santa Rosa me encontré a Lucío Jiménez Guzmán (quien fuera secretario general de la CST después),  a Marcos Somarriba García, uno de los Jefes Guerrilleros más conocidos, y a Juan Ramón Amador, Combatiente Popular autor de la fabricación de un cañón hechizo para lanzar morteros caseros contra patrullas y tanquetas de la guardia genocida. Amador cayó combatiendo unos días después.

En algunas barricadas y trincheras de combate tenían radios para escuchar las órdenes criminales de los oficiales (generales, coroneles, mayores, capitanes y tenientes) de la Guardia Nacional. De ese modo, mientras continuaba mi peregrinar por las trincheras de combate,  una unidad o escuadra móvil, guerrillera, había atacado la casa de la Nicolasa Sevilla, personaje siniestro que la dictadura somocista usaba (con turbas pagadas a su disposición) para apalear opositores a Somoza Debayle y para destruir instituciones de adversarios del régimen somociano, como le ocurrió a la Radio Mundial.

Esta casa de la Nicolasa Sevilla, situada de la Iglesia de El Calvario dos cuadras al Este, siempre estaba custodiada por guardias u “orejas” del somocismo genocida. La escuadra guerrillera sandinista atacó y se fue. Doña Nicolasa, ya viejita, quedó “muerta de nervios”, pues esta vez ella ya no podía salir a “penquear” a nadie.

Reaparece “Macho Negro” Gutiérrez, ahora con el seudónimo de “Halcón”

Era ya tarde, después de medio día. Por medio del radio de la Central de Policía se supo asimismo que Alberto “Macho Negro” Gutiérrez, el genocida de “Sierra 13”, había reaparecido ahora con el seudónimo de “Halcón”, pidieron desesperadamente que lo fueran a rescatar de las instalaciones de la Aduana, que entonces estaba ubicada frente a la Gasolinera Kenedy, contiguo a la Central Eléctrica de Managua, a tan sólo dos cuadras de la Central de Policía GN.

La comunicación radial indicaba que un grupo de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares móviles habían descubierto al genocida “Macho Negro” Gutiérrez y que le estaban disparando desde un sitio de “Loma de Chico Pelón”. “Macho Negro” estaba allí, no se sabe en que misión criminal, con otros guardias, cuando fue descubierto. De la Central de Policía GN no llegaron a auxiliarlo, y él y los otros guardias optaron por disfrazarse de “civil” para salir de las instalaciones de la Aduana, táctica cobarde que también usaron cuando ya estaba en agonía la “Sierra 13” el día anterior.

La situación de pánico y agonía de la Guardia Nacional se volvía desesperante en Managua. En su radio-comunicaciones también se oía en ese momento que el ataque de Jefes Guerrilleros y de Combatientes Populares a la “Sierra 10”, en la Colonia Centroamérica, estaba creciendo y se volvía desesperante para los guardias que todavía quedaban dentro. “No nos abandonen. No hagan lo que hicieron con la “Sierra 13”, que los abandonaron y los mataron los “piricuacos”…manden el refuerzo, manden los aviones, hijos de la gran puta”, se quejaba quien estaba manejando la radio en la Décima Sección de Policía o “Sierra 10”, al Sur de la Colonia Centroamérica, en la orilla de la Carretera a Masaya, frente al Centro Comercial Camino de Oriente.

Casi al mismo tiempo, una patrulla GN apodada “Candilejas” informa por radio que está siendo atacada por nutrido fuego de fusiles en las cercanías de las  3-F, empresa situada en la orilla Norte de la Carretera Norte y muy cerca del cruce de Portezuelo. Este ataque militar revolucionario era efectuado por las columnas y escuadras jefeadas por Marcos Somarriba García.

Guarniciones GN destruidas y abandonadas

Guardias roban “44 años de dictadura somocista”

Un poco después de estas comunicaciones radiales, se trasmite una orden militar de que algunas Secciones de Policía serán desocupadas, aunque no dicen cuáles, debido al permanente hostigamiento de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares en Managua. Ya habían sido destruidas las Secciones policiales de Bello Horizonte (“Sierra 12”), la “Sierra 13”, la del Reparto Schick Gutiérrez, la “Sierra” de Las Jinotepes, en la Carretera Sur; la “Sierra” de San Judas,  y estaba a punto de ser destruida la “Sierra 10”, en la Colonia Centroamérica.

En los límites de Santa Rosa y Bello Horizonte había numerosas barricadas, zanjas cruzadas en las calles y árboles atravesados en las vías. Incluso, los Combatientes Populares estaban preparados con grandes cargas de pólvora y dinamita por si los guardias somocistas entraban con sus equipos de guerra.

Llegué a la barricada frente a la Fábrica Rolter, ubicada la trinchera  de combate en la calle paralela a la Carretera Norte. Allí me encontré con Juan Cruz. Era uno de los jefes y combatientes en esta barricada, instalada a unos 200 metros al Este del Diario LA PRENSA, quemado  por la Guardia Nacional. Juan Cruz había sido mi compañero de trabajo o de labores en el Diario LA PRENSA.

Juan Cruz y otros compañeros de labores, y vecinos también, me habían ayudado a rescatar unos dos mil ejemplares de mi primer libro “44 años de dictadura somocista”, el cual había sido guardado en una de las bodegas del Diario LA PRENSA. El resto del libro, unos tres mil ejemplares, fueron capturados por la guardia somocista y lanzados a las aguas del Lago Xolotlán o de Managua. La guardia genocida ya había entrado a las instalaciones del Diario LA PRENSA, el cual, como dije, fue bombardeo con la aviación y le prendieron fuego también desde abajo.

Los dos mil ejemplares rescatados fueron distribuidos por guerrilleros y combatientes populares en las barricadas y trincheras de combate. Me contaron que después de ocurrido el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, centenares de vecinos de los Barrios insurreccionados enterraron mi libro en cauces y patios, para que no fuesen encontrados por los sicarios de la Guardia Nacional.

Ráfagas esporádicas de ametralladoras y de fusiles automáticos eran disparados hacia las barricadas y trincheras en que me encontraba, aunque no había un combate sostenido. Giré hacia las barricadas y zanjas que estaban construidas en la calle paralela a la Carretera Norte, frente a la Ferretería Reynaldo Hernández y en la esquina de los semáforos de La Robelo, concretamente en la Farmacia Esperanza,  ambos en territorio del Barrio Blandón (hoy Barrio Costa Rica).

Aquí todos los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, unos 30 en total, estaban a la expectativa, “chivas”, ante la posibilidad de aparición de la guardia  somocista, de manera repentina. Eso sí, sabían que estaban “en la mira”, en línea recta y a menos de un kilómetro del Edifico Armando Guido, donde los guardias sanguinarios tenían emplazado un lanzamortero y una ametralladora calibre 50.

Entre los Combatientes Populares de esta barricada reconocí a Juan García, un panadero del Barrio María Auxiliadora. “Aquí me ubicaron…estoy con este garand. En este lugar trabamos combate violentísimo con los guardias genocidas cuando huían de la “Treceava Sección de Policía”, me comentó el panadero, quien era Combatiente Popular y Colaborador  en el Barrio mencionado.

Seguí hasta la barricada enorme del Puente Larreynaga, donde, inclusive, en el propio puente se había hecho una zanja para evitar el paso de los guardias genocidas con vehículos. Hacia a ambos lados de la Pista Larreynaga, al Oeste y al Este, habían varios furgones y camiones atravesados, para impedir el acceso a la Guardia Nacional.

Aquí me encontré a un compañero sólo identificado como “Terencio”, un hombre gordo, joven, enérgico, se movía como una fiera de un lado a otro a lo ancho de la barricada, dando órdenes a sus compañeros sobre cómo debían estar listos para combatir a los soldados genocidas, si de repente se presentaban. Allí reconocí también a Alfonso “Mascota” Mejía González (ya fallecido), a Melba Orozco del Barrio Larreynaga.

La barricada había sido atacada varias veces con tanquetas desde el lado Oeste, es decir, por la Calle que da a la Colonia Tenderí y al Reparto Ciudad Jardín. En el puente había huellas de los cañonazos de tanques y balazos de ametralladoras calibre 50.

“Aquí los estamos esperando. Los recibiremos como se merecen a estos asesinos de la dictadura somocista. Les tenemos preparados hasta una dosis muy grande de explosivos TNT”, me dijo “Terencio”, con quien nos vimos después en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya. Este sector, o Frente de Combate, era jefeado personalmente por la Comandante Mónica Baltodano Marcenaros, una de los tres miembros del Estado Mayor Conjunto del FSLN en Managua.

Emblemático Puente El Edén y “Cara Manchada” Orozco Mendoza

Llegué al Puente de El Edén, donde la barricada enorme tenía réplicas hacia el Oeste por la Pista de la Resistencia Sandinista y también para el Oeste por la Calle 14 de Septiembre. Asimismo, numerosos camiones, camionetas y tractores estaban atravesados en la Pista de la Resistencia Sandinista y hacia el lado de la Calle 14 de Septiembre.

Allí encontré a Rolando “Carlos”, “Cara Manchada” Orozco Mendoza,  jefe  de este Frente de Combate entre el Puente el Edén y el Puente Paraisito. Estaban también en este sector  Walter Mejía, vecino del Barrio El Edén, entusiasta sandinista, a quien la guardia genocida del somocismo le mató a casi toda su familia con un mortero que explotó dentro de su casa.

Las barricadas y trincheras de combates, de resistencia con fusiles automáticos, armas de cacería y rifles 30-30, en los Puentes Edén, Paraisito y Larreynaga, se convirtieron en centros emblemáticos de la Insurrección Popular Sandinista porque eran constantemente bordeados por la Guardia Nacional genocida con aviones push and pull y helicópteros, que les lanzaban morteros y bombas de 500 libras, con ametralladoras calibre 50 desde el avión amarillo, que la gente bautizó como “Dundo Ulalio”, debido a que  eran muy visibles desde el aire por la Pista de la Resistencia. Además, eran bombardeados  también desde el edificio Armando Guido, ubicado de la Central de la Policía GN, una cuadra al Este, en el Barrio San Luis. El caso del Puente Paraisito era al mismo tiempo víctima de estallidos de morteros y balas de tanquetas y ametralladoras calibre 50 que eran disparadas por los guardias somocistas y sus mercenarios desde el llamado “Puente Shano” y desde los llamados entonces “Repuestos La Quince”.

Aquí me pidieron que fuera a ver personalmente un microbús y un camión quemados por una escuadra insurrecta en las cercanías de donde es hoy “La Tiendona”, en la Calle Catorce de Septiembre. Eran dos vehículos comerciales. Al ocurrir la quemada, los pilotos genocidas de la Fuerza Aérea somocista bombardearon el sector con morteros lanzados con aviones Push and Pull y bombas de 500 libras  dejadas caer desde helicópteros en vuelo muy elevado.

En este sector, colindante al Sureste, queda el Barrio Paraisito, donde también había barricadas y zanjas o trincheras de combates. Casi al final de la Insurrección se produjo en el Barrio Paraisito y en el Barrio San José Oriental, un combate memorable, en el cual cayeron numerosos Combatientes Populares, y se le inutilizaron tanques, tanquetas, camiones  y jeeps patrullas a la Guardia Nacional, y  a la vez, los soldados genocidas tuvieron que salir huyendo también de este sector de Managua, cargando muertos y heridos, y dejando abandonados los vehículos destruidos por los insurrectos sandinistas.

En el Puente “Paraisito”, colindante con la Pista de la Resistencia Sandinista, me encontré con Carlos “Taolamba” Duarte, uno de los jefes de este Frente de Guerra revolucionario, a César Largaespada Palaviccini (fue general en el EPS); a Frank “Machillo” González Morales y  Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez, Combatientes Populares ambos, quienes eran los únicos que tenían una ametralladora calibre 30 allí mismo en el Puente “Paraisito”.

¿Agua envenenada? “!Santo  y seña¡” de la noche

Cuando atardecía, en medio de un ambiente tenso, la guardia genocida lanzó el rumor de que el agua potable del Reparto Schick Gutiérrez había sido envenenada. Me imagino que los guardias estaban furiosos porque en este sector pobre de Managua, al Este del hoy Mercado Carlos Roberto Huembes, también habían sido derrotados el día anterior al entablarse un combate en una de las calles de este sector pobre de la Capital.

Esto del supuesto envenenamiento del agua potable provocó pánico en otros Barrios, Colonias y Repartos liberados en la Zona Oriental de Managua.

Al mismo tiempo, yo debía darme prisa porque la noche estaba cayendo. Recuerdo que ya de tardecita se pedía en cada retén armado, barricada o trinchera de combate, se pedía “el santo y seña” de esa noche. Esa noche, recuerdo era William Duarte, un compañero Combatiente Popular que había caído heroicamente en combate en esos días. ¿Cuál  es el “santo y seña de hoy?, era la pregunta cuando uno estaba llegando a cada “retén” guerrillero. “William Duarte”, debía ser la respuesta. Pues esa noche, numerosos compañeros y compañeras combatientes populares cayeron “presos” por no recordar la consigna de esa noche. Hasta Javier “99” López Lowery, Jefe Guerrillero GPP en Bello Horizonte, tuvo problemas esa noche.

Esa misma noche llegaron a mi casa Francisco “Chico Garand” Guzmán Fonseca y el “Chino” Mercado Cortez, a comunicarme que debía tener extremo cuidado porque se había detectado que en medio de la Insurrección andaban infiltrados supuestos guardias salvadoreños, guatemaltecos, argentinos, contratados como mercenarios por el tirano Anastasio Somoza Debayle.

La alarma había cundido ese día porque ya estaban operando de lleno los “francotiradores” de la guardia genocida, y “Chico Garand” Guzmán Fonseca llegó a recomendarme tomar precauciones extremas, porque se sabía que los “francotiradores” tenían como misión fundamental matar a los miembros del Estado Mayor del Frente Interno y del Estado Mayor Conjunto del GSLN, a Jefes Guerrilleros experimentados, a Combatientes Populares y “personajes conocidos como vos”, me dijo “Chico Garand” Guzmán Fonseca.

Había el temor generalizado de que tanto los mercenarios mencionados como los “francotiradores”, en complicidad con algunos vecinos en todo el sector Oriental-norte de Managua, estuviesen ya infiltrados dentro de los Barrios, Colonias y Repartos, lo cual se vino a confirmar un poco después.

No era posible dormirse por completo. Se dormía ratitos, y ese ratito era oculto en  la orilla de un muro, pues cada uno de los Colaboradores  y Combatientes Populares tenían que pasar alertas por una incursión repentina de guardias, “orejas”, “jueces de mesta”, los mercenarios y “francotiradores” ya mencionados.

Luces de bengala y durmiendo ratitos pegados a muros

Esa noche del 12 de junio nos juntamos un grupo grande en una de las calles de la Etapa Dos de Bello Horizonte. Estaban entre otros: Raúl Munguía, Arnulfo Oviedo, Benito Espinoza, Ernesto Chacón Blandón, Marta Lucía Corea Solís, María Eugenia Solís, Vitalia Rojas, Auxiliadora Meza, Elizabeth Mejía Rivas, Cairo Jiménez, Juan “Tonatiú” Rivera, Howard Soza Castro, Gilberto Calderón, Alfredo Díaz, Noel Salmerón, Miguel Ángel Muñoz, David Morales, Francisco Blanco, Rigoberto  Alguera, Leonardo Chamorro… todos con la misma preocupación de los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares: el asunto de los “orejas” infiltrados, los “francotiradores”, los mercenarios, y se discutía también sobre qué hacer en caso de que la guardia genocida lograra romper el cerco insurreccional de Bello Horizonte “por cualquiera de los flancos”. Todos cumplíamos tareas combativas, ya fuese con el arma en la mano, o buscando cómo cazar a los “orejas” e infiltrados, o buscando medicinas y comida para todo mundo en el vecindario. “La solidaridad es vital para que triunfemos en esta lucha”, les decía yo, para animarlos.

Con frecuencia, en la noche, la guardia genocida lanzaba luces de bengala desde aviones y helicópteros por encima de los vecindarios insurreccionados, me imagino que con la finalidad de poner nerviosos a los pobladores y de paso en búsqueda de grupos rebelados contra la dictadura somocista.

No había otra solución. Teníamos que resistir y morir si era preciso junto a los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, era la conclusión que sacábamos. Junto a nosotros, en la reunión, sentados en el suelo o en el pavimento, había dos radios por medio de los cuales captábamos las comunicaciones radiales de la GN y del propio Anastasio Somoza Debayle.

Uno de esos radios era de Benito Espinoza, el otro era mío, de 14 bandadas, muy potente. Al lado también teníamos café caliente, tibio caliente, atol caliente, hecho por las mujeres, a quienes les habíamos pedido que descansaran mientras nosotros pasábamos vigilando.

“Vos andás corriendo demasiado riesgo mortal…mañana no debieras salir a ningún lado. Te van a matar”, decía Raúl Munguía en tono de reclamo, dirigiéndose a mí. “No te preocupés, no me entran las balas, ni me hacen nada las bombas”, le respondía, aunque yo sabía que tenía razón de sobra.

Aquel martes 12:  Insurrección Sandinista sólida; enemigo incrementa ataques, consideraba Comandante Núñez

En su informe “Un Pueblo en Armas”, dirigido a la Dirección Nacional Conjunta del FSLN, un poco después del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista, el Comandante Carlos Núñez Téllez, escribe:

“Ya para el martes 12 de junio estábamos insertados dentro de la red nacional y conociendo ampliamente el desenvolvimiento de la Insurrección en todo el país;  para el revolucionario es una cuestión vital conocer la marcha de todo el movimiento en su conjunto y esto permite mover sus fuerzas dentro del marco de una dirección global.

“Durante este día (12 de junio) los embates del enemigo por desalojarnos de las posiciones tomadas y de romper el cordón defensivo, fue adquiriendo un recrudecimiento sistemático, pero las masas habían asimilado la experiencia de septiembre (1978); los morterazos constantes, el tanqueteo, el bombardeo de la aviación y la introducción de fusilería enemiga no bastaban para amilanarlas.

“Embestidas tras embestidas  no lograban conmover a las fuerzas revolucionarias que resistían heroicamente, confiadas en el pronto ingreso de las fuerzas estratégicas a la Capital, para definir de una vez por todas el conflicto nacional”.

(En esta parte, el Comandante Núñez se refiere a que Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y pobladores, o masas insurreccionadas, esperaban que los distintos Frentes de Guerra del Frente Sandinista, combatiendo fuera de Managua: Frente Sur Benjamín Zeledón Rodríguez, Frente Occidental Rigoberto López Pérez, Frente Norte Carlos Fonseca Amador, Frente Central Pablo Úbeda,  Frente Oriental Carlos Roberto Huembes, ingresaran rápido a la Capital nicaragüense después de haber derrotado a la Guardia Nacional en sus sectores respectivos, para derrotar pronto también a la Guardia Nacional en Managua).

“Desde las barricadas –continúa el Comandante Núñez Téllez—y trincheras, los milicianos con armas cortas y largas, de bajo calibre, mantenían el control de los Barrios; en este día (12 de junio) se intensificó la actividad de limpieza de toda la escoria somocista en los barrios, comenzando a aplicarse la justicia revolucionaria en las zonas tomadas (liberadas).

“De esta forma se cumplía la advertencia hecha al momento de llamar a nuestro pueblo a la huelga general revolucionaria; había llegado la hora de ajustar cuentas frente al pueblo, en este día la GN comenzó su actividad ofensiva y sus intentos por tomarse las vías de comunicación principales; comenzó por sembrar el terror en el Barrio Riguero, defendido solamente por milicianos; ubicó francotiradores en los puntos principales y desde allí comenzó sus hostigamientos y ataques (balazos, morterazos) contra las posiciones sandinistas.

“Desde este día (12) la GN no descansaría su bombardeo criminal por medio de la aviación y de la artillería. A cuatro días de la Insurrección, en la Capital las Fuerzas Sandinistas se encontraban más firmes que nunca; con la Ciudad prácticamente bajo el control del Sandinismo, a excepción de Residencial Las Colinas, Las Brisas, Los Robles, Altamira y parte de la Carretera Norte, de Portezuelo en adelante.

“El martes 12 la dictadura incrementó su ofensiva en la Capital con la clara intención de iniciar labor de limpieza, eliminando primero los focos de resistencia más fáciles, para después encargarse de los focos de mayor resistencia.

“Sus recursos humanos y materiales se tensaron al máximo y en medio del estallido de los disparos de tanquetas en las paredes de las casas, de las explosiones provocadas por el bombardeo de la aviación, del mortereo inclemente, comenzó la masacre y la carnicería ejecutada con saña por la infantería en los Barrios Occidentales.

“San Judas, Ciudad Sandino (OPEN III) y Monseñor Lezcano particularmente, sufrieron la ofensiva inclemente del ejército somocista que, como en los tiempos de Hitler, se daba a la macabra tarea de asesinar a la población indefensa, sin importarles las edades y el sexo. Miles de niños, ancianos, mujeres, adultos, jóvenes, fueron pasados por las armas genocidas, provocando éxodo masivo de los pobladores hacia campos aledaños.

“Pero a partir del estallido de la Insurrección en todo el país se intensificaron también las deserciones en la GN y entre ellos cabe anotar la valerosa acción realizada por el excapitán Armengol Lara, quien luego de bombardear los terrenos de la Fuerza Aérea (FAN), se llevó un avión Push and Pull con dirección a Costa Rica”, indicaba el Comandante Núñez Téllez.

Miércoles 13 de junio

Esbirros ajusticiados; también el “poeta carpintero”

Se forma Columna “Liebre”  demoledora de esbirros

Crece crueldad sanguinaria de la Guardia Nacional

Columna “Liebre” para golpear mortalmente a enemigos somocistas

Continúa el Comandante Núñez Téllez, páginas 96 y 97 de “Un Pueblo en Armas”, segunda edición: “El miércoles 13  nos abocamos a cumplir una serie de tareas relacionadas con el lugar donde nos encontramos acuartelados y a reconocer algunas de las líneas de combate; ya para ese momento habían sido capturados y ejecutados en el acto el “poeta carpintero” (Pedro Pablo Espinoza) y el administrador general de Aduanas.

“Era evidente que al mismo tiempo que la guardia lanzaba ataques contra la Zona Occidental, intensificaba su acción de aislamiento a la Zona Principal (Oriente y Norte de Managua). Toda la muralla de defensa, desde el Puente de San Cristóbal hasta los Transportes Modernos (dentro del Barrio Riguero), estaba sometida a una intensa acción de ablandamiento a través del bombardeo de la aviación, el mortereo desde el Polideportivo España y los ataques combinados de la infantería y los bombardeos por la tarde.

“El objetivo es obvio, se pretendía minar al máximo la Zona Oriental, aislada del resto de la Ciudad, provocar el éxodo de la población y aniquilar a los destacamentos sandinistas armados. Una de las preocupaciones nuestras, al analizar la situación, especialmente los ataques por la tarde, fue la de procurarnos un instrumento que estando al servicio de los mandos directamente, nos permitiera realizar pequeñas maniobras ofensivas en los puntos de mayor concentración de ataque por parte de los esbirros somocistas.

“Así se realiza el primer experimento con la formación “La Liebre” (columna), experiencia recogida de las enseñanzas vietnamitas, cuando se formó el “Batallón Invencible”. “La Liebre” era una Unidad de Combate integrada por Combatientes Selectos, de carácter móvil, con un alto espíritu ofensivo, dotada del mejor armamento, en donde se incluían los fusiles Fal, Galil, bazukas, RPG-2 y morteros.

“Su misión consistía en apoyar la labor de defensa de aquellas Unidades de Combate que en sus trincheras estuvieran resistiendo el mayor peso de la ofensiva de la guardia somocista; se encargaba de auxiliarnos por medio de operaciones comando de acción rápida y fulminante, aun cuando esto conllevara un mayor peligro de aniquilamiento. Su jefe era el Comandante Walter “Chombo” Ferrety Fonseca y como segundo Carlos Salgado, militante sandinista desde hacía muchos meses”, indica  Núñez Téllez en su libro “Un Pueblo en Armas”.

“La Liebre” fue integrada por Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares selectos, con un nivel de entrenamiento militar elevado, con arrojo muy ofensivo en combate, audaces, hábiles en el manejo de numerosas armas de guerra, temerarios inclusive, entre otros:  “Payo Runga” Solano, Rolando “Carlos”, “Cara Manchada” Orozco Mendoza, César Largaespada Palaviccini, Carlos “Taolamba” Duarte Orozco, Claudio “106” Picasso Ardito y Jorge “Norman”  Roustan Reyes.

“Con la formación de “La Liebre” –añade el Comandante Núñez Téllez–, además de desarrollar una nueva experiencia, pretendíamos combinar adecuadamente las formas de lucha de resistencia activa con las formas de lucha ofensiva y de esta manera desconcertar a la guardia, provocarles bajas, procurarnos armamento y lograr victorias tácticas.

“La población de El Dorado, por sus mismas características de clase, tendían a permanecer encerradas en sus casas y a no prestar ningún tipo de colaboración; más bien algunos les daban alojo a los francotiradores, quienes posteriormente eran aniquilados por los Combatientes Populares”, apuntaba el Comandante Carlos Núñez Téllez.

La Columna “Liebre”, conocida también como “Caza Perros” y “Óscar Pérez Cassar”, estuvo integrada inicialmente por 42 Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares selectos, de los mejores entrenados en manejo de armas de guerra y de todo tipo, y en el arte de la guerra de guerrillas, para hacer ataques fulminantes, potentes, aniquiladores, sin retroceso, especializados para golpear por los costados, por la retaguardia, desde los techos de las casas, atravesando paredes si fuese necesario, saliendo de cualquier rincón en cualquier instante: ese era el espíritu de combate de la Columna “Liebre”, la que inmediatamente, como dice el Comandante Núñez Téllez, pasó a ser dirigida directamente por el Estado Mayor Conjunto de Managua, y al mismo tiempo por Joaquín Cuadra Lacayo, uno de los tres miembros del Estado Mayor General del Frente Interno del FSLN.

“Liebre” en operaciones comandos mortales

De inmediato, la “Liebre” pasó a efectuar operaciones militares tipo comando en los Frentes de Guerra, o Sectores, que ya estaban siendo acosados por los intentos de la Guardia Nacional somocista genocida, más su EEBI de asesinos, de romper el  anillo insurreccional en sitios como Santa Rosa, Waspán Sur, Paraisito y la contraofensiva arrolladora que la GN había ya iniciado contra las columnas de Combatientes Populares en el Asentamiento Laureles Norte (Manuel Fernández Mora), Villa Libertad, Américas Cuatro, Américas Uno y la Colonia Primero de Mayo.

Además de que inmediatamente la “Libre” acudió en auxilio de los Frentes de Guerra FSLN en la Zona Oriental y Norte de Managua, también, sin perder tiempo, veloz, para localizar, capturar, enjuiciar públicamente y ejecutar, o fusilar, a conocidos esbirros somocistas, “soplones”, “orejas”, paramilitares, miembros de “escuadrones de la muerte”, agentes de la Oficina de Seguridad y guardias implicados en crímenes y masacres contra la población civil.

Varios días después, el Estado Mayor General del Frente Interno convirtió la Columna “Liebre” en una columna más amplia y más especializada, conocida como “Óscar Pérez Cassar”, la cual era ya más numerosa en Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, siempre móvil, altísimamente ofensiva, y al mismo tiempo dedicada a labores de inteligencia militar, para después montar los operativos tipo comando. Ambas llegaron a ser conocidas como “Caza Perros”; así identificaban los pobladores a los guardias, a “orejas” y “soplones”, a los agentes de la Oficina de Seguridad o policía política somocista.

Ese día 13 de junio la dictadura somocista genocida y su Guardia Nacional mostraron ya su grado de cobardía, su incapacidad  para enfrentar una situación militar insurreccional popular, que en sólo la entrada, tres días después, le había quitado la iniciativa, pero al mismo tiempo comenzó a mostrar su grado de crueldad sanguinaria y de implantar terror como nunca antes, mediante el incremento salvaje de los bombardeos aéreos incesantes sobre la mayoría de los Barrios Occidentales, Orientales y del Norte de Managua.

Caían, desde las cinco y media de la mañana de ese 13 de junio de 1979, centenares o miles de bombas: rockettes, bombas de 500 y 1,000 libras sobre las casas, sobre Managua-Capital, pues los pilotos genocidas casi nunca acertaron un solo mortero o una de estas bombas en las barricadas y trincheras de combate, y además ya andaban dos aviones lanzando balas de ametralladoras desde una altura de más 100 metros, lo cual producía más terror entre los ciudadanos de Managua, porque aquellas ráfagas de ametralladoras calibre 50 comenzaban, por ejemplo, en la Colonia Nicarao y en línea recta terminaban en el Barrio Santa Rosa, pasando por encima de los Barrios Ducualí, Edén, Santa Bárbara, Meneses, Bello Horizonte, Blandón, Salvadorita, Maestro Gabriel.

¿Hemos visto todos nosotros cómo dos hileras de estas balas van perforando muros, animales domésticos y silvestres, árboles, construcciones y seres humanos cuando las disparan desde aviones como estos mencionados? ¿Hemos visto esto en películas de guerra, o en documentales precisamente de las guerras de agresión del gobierno criminal de Estados Unidos, o lo que hacían los nazifascistas alemanes en Europa?  Era horrible y mortal  esta balacera desde arriba, lanzada por estos sanguinarios asesinos somocistas, sobre la Ciudad de Managua, lo cual, como digo, desde el 11 que se inició el bombardeo y ametrallamiento, ya no cesó hasta que se produjo el Repliegue Táctico de Managua a Masaya (27, 28 y 29 de junio), el que también fue bombardeado en el lado Norte de “Piedra Quemada”, en Nindirí y en la propia Ciudad de Masaya.

Este ametrallamiento con calibre 50, en línea recta o en curvas, se efectuaban una y otra vez, pues estos sanguinarios pilotos asesinos, jefeados por Anastasio Somoza Debayle y sus esbirros generales, coroneles, mayores y capitanes, utilizaban la técnica de los aviadores fumigadores, que comenzaban por el Este en el plantío y terminaban por el Oeste, haciendo los vuelos de Norte a Sur, por ejemplo, hasta que, en este caso, habían rociado de balas a toda la Zona Oriental-norte y a las dos Zonas Suroccidental y Noroccidental de Managua..

Así era la crueldad sanguinaria, infernal de la Guardia Nacional, creada por los agresores genocidas del gobierno norteamericano en 1927.

La noche anterior, como dije, empezaron también a operar los “francotiradores”, los espías o infiltrados, los “orejas” igualmente se movían para informar a los guardias sobre las posiciones y ubicaciones de las barricadas y trincheras de combate; y especialmente comenzaron a informar dónde y cómo se movían los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, sobre quiénes cooperaban con ellos, y también, como queda relatado, asimismo empezó a funcionar el sistema de espionaje guerrillero, el cual de inmediato inició las detecciones de los enemigos infiltrados, y fueron fusilados de uno en uno, de dos  en dos, de tres en tres.

En sólo la entrada, sólo tres días después de iniciada la Insurrección u Ofensiva Final del Frente Sandinista en Managua, por ejemplo, tan sólo 110 guerrilleros (con muy pocas armas de guerra) y unos 2,000 Combatientes Populares mal armados, con pistolitas, escopetas 16 y 20, rifles 22, rifles 30-30, revólveres calibre 38 y algunas pistolas automáticas, casi todas estas armas aportadas por vecinos de los Barrios, Colonias y Repartos Insurreccionados, y ¡claro!, ¡la masividad de pueblo en la calle, insurreccionado, con machetes, cobas, barras, palas y piochas en las manos,  enfrentando a la tiranía genocida del somocismo, empantanándola, obligándola a recurrir al terror fascista de Estado.

Repito: muy de mañana del 13 de junio de 1979 se reiniciaron los ataques aéreos generalizados, no importaba dónde cayeran las bombas de 500 y 1,000 libras, no importaba en qué casas, escuelas, hospitales, centros comerciales, calles o encima de la gente, ¡no, no, no importaba!, les importaba sembrar el terror, porque las bombas y tiros de ametralladoras, cañonazos de tanques y tanquetas, morterazos lanzados desde edificios como Armando Guido, del ZUMEN, o de los edificios nuevos en las cercanías del Hospital Oriental, incluyendo el Polideportivo España, mayoritariamente no daban en los blancos de barricadas y zanjas o trincheras de combate; iban a dar esas bombas en viviendas habitadas por niños, ancianos, mujeres embarazadas, y también de paso mataban animales domésticos como perros y gatos.

Bombardeos GN aéreos mortales y desfile de muertos y heridos en carretones

Pues esa mañana del 13 de junio los bombardeos y ametrallamientos indiscriminados comenzaron encima del Barrio Waspán, donde, en días anteriores, ya la Guardia Nacional había ejecutado una masacre de más de diez managuas en las cercanías de la Fábrica Chontal.

El bombardeo se desplazaba como una lluvia mortal hacia el cruce de Portezuelo, Barrio Santa Rosa, la orilla de la Costa del Lago de Managua, Villa Progreso, San Jacinto, Colonia Xolotlán, Waspán Sur, Bello Horizonte, Barrio Blandón (Costa Rica), los puentes Larreynaga y El Edén, los Barrios El Edén, Ducualí, Meneses, Santa Bárbara, Santa Julia, María Auxiliadora, San Cristóbal, Riguero, Paraisito, “Campo Bruce” (Rigoberto López Pérez), Colonia Managua, San José Oriental; Colonias Nicarao, Catorce de Septiembre, Don Bosco, Colombia, Luis Somoza (Diez de Junio), El Dorado, María Auxiliadora, San Cristóbal, Paraisito, Larreynaga, San José Oriental, etc.

Casi al mismo tiempo del bombardeo, la Radio Difusora Nacional de Nicaragua (la Radio del Estado somocista terrorista), además de toda la propaganda venenosa contra los insurrectos “sandino-comunistas-terroristas”, publicaba un anuncio oficial del régimen genocida. Aseguraba que a partir de ese momento, podían salir “libremente” de los Barrios Orientales y Occidentales, los ancianos, los niños y niñas, las mujeres “muy adultas”, menos los jóvenes. De entrada, los jóvenes, hombres y mujeres, estaban sentenciados a muerte por este régimen de asesinos, ladrones y sicarios, quienes en su propaganda oficial decían que “defendemos la democracia” (¿¿??)

En esos mismos instantes, en muchos sitios de Managua, fuera del ámbito insurreccional, para acrecentar el terror estatal militar, detenían a los pobladores que andaban circulando en las calles, a pie o en vehículos, los obligaban a mostrar las rodillas, los codos y hombros, para ver si no andaban “en actividades terroristas con los sandino-comunistas” insurreccionados.

Como los ataques aéreos, no cesaban, entonces los heridos y muertos pasaban en desfile, cargados por familiares, amigos y vecinos, hacia los Hospitales clandestinos del Instituto Experimental México y el Silvia Ferrufino Sobalbarro, y al de la Sagrada Familia, en la Zona Oriental de Managua.

En la Zona Suroccidental los heridos eran llevados al Hospital Clandestino en la Escuela Cuba, en Loma Linda (Sierra Maestra). En la Zona Noroccidental los heridos eran llevados, en hombros, en carretones o en caballos, al local o Escuela de las Monjitas, a la Bodega de la Aceitera Corona y al Aserrío, en Acahualinca.

La Guardia Nacional, formada y desarrollada en prácticas de crímenes atroces, en genocidio y robos, se calificaba asimismo como “invicta, invencible”, aunque nunca había sostenido combates con otro ejército, por ejemplo.

Llegado este momento insurreccional se dieron cuenta de que eran suceptibles a que las balas comunes y corrientes les penetraran el cuerpo. Les quedó demostrado con la destrucción de la “Treceava Sección de Policía” (“Sierra 13”) y la derrota vergonzante sufrida cuando intentaban rescatar a sus “angelitos” criminales de la misma “Sierra 13”.

Para colmo de males, como para meterles más miedo, sólo en Managua, de manera urgente, muy de mañana, por medio de la Radio de la Central de Policía GN, se solicitaba la presencia de “la camioneta azul”, la cual estaba destinada fundamentalmente al traslado de guardias muertos en cualquier parte de la Capital. Los guardias de la radio pedían la camioneta azul al Este de Portezuelo y al Oeste del edificio Armando Guido.

Hubo combates rápidos con la guardia genocida en distintos puntos de la Zona Oriental de Managua y especialmente en Monseñor Lezcano, en San Judas, Loma Linda (Sierra Maestra), Villa Roma y Torres Molina, porque los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, unos 300 en total, convertidos ahora en ocho columnas organizadas y distribuidas en Sectores o Frentes de Combate por Gabriel “Payo” Cardenal Caldera, estaban bajando de la Comunidad Meneses (Lomos de la Cordillera del Crucero o de Managua), adonde se habían ido en Repliegue Táctico hacía muy poco tiempo. Estaban regresando a enfrentar a tiros nuevamente a los guardias que estaban posesionados de todo San Judas, del ZUMEN, Centro Cívico, Lomas de San Judas y toda la banda de la Carretera Sur.

En Zona Suroccidental  desatan más combates móviles contra GN

La orden militar del Estado Mayor Conjunto del FSLN en el Suroccidente de Managua, jefeado por Gabriel “Payo” Cardenal Caldera, Genie Soto, Adrián Meza Soza, René Cisneros Vanegas, Cristóbal “Gersán” Guevara Casaya, Eduardo Cuadra Ferrey, Víctor “Bayardo”, “Dientes de Lata”  Romero Pérez, entre otros, era volver al escenario de guerra para continuar combatiendo de forma móvil a los guardias, hostigándolos donde estuvieran, organizando y efectuando emboscas, hacerlos salir de donde estaban metidos, para que siguieran ocupados y no pudieran mover tropas a los Frentes de Guerra fuera de Managua, y especialmente impedirles movilización de tropas y equipos militares hacia la Zona Oriental, o Principal, insurreccionada.

Asimismo, las ocho columnas bajan con la instructiva militar, aunque con una relación de una arma de guerra por cada 20 Combatientes Populares, más escasez de tiros, para tomarse nuevamente el Barrio San Judas, Loma Linda, Villa Roma, Torres Molina (Camilo Ortega Saavedra) y toda la faja habitacional, de carretera y de negocios entre los kilómetros Siete Sur y Ocho Sur, donde están ubicados tanques de agua potable de ENACAL, el Club Nocturno Tropicana, el Reparto San Patricio (de ricachones y hoteles), el Puesto o Comando GN en el empalme de las Carreteras Vieja a León y Carretera Sur, más los caminos que conducen, por la Ruta del Valle de Ticomo, hacia el lado Oeste elevado de San Judas, Loma Linda, Villa Roma y Torres Molina.

La situación era tan dramática, reflejada en un informe escrito por Cristóbal “Gersán” Guevara Casaya, miembro del Estado Mayor en este Frente de Guerra Insurreccional Suroccidental, que las ocho columnas tan sólo contaban con diez fusiles Fal, cuatro fusiles Garand, una subametralladora Thompson y una ametralladora calibre 30, más numerosos rifles 22, 30-30, escopetas, pistolas y revólveres, mientras los contingentes de la Guardia Nacional, específicamente la EEBI, en este sector de Managua contaban con por lo menos 500 fusiles, no menos de 10 ametralladoras, al menos cinco tanquetas, les vieron dos tanques Sherman, numerosas bazukas con las que ya bombardeaban permanentemente estos vecindarios desde edificios altos como el ZUMEN y Lomas de San Judas, más una enorme cantidad de granadas de fragmentación, y unos 500 guardias, coinciden casi todos los Jefes Guerrilleros y Combatientes que sobrevivieron en esta contienda militar insurreccional en los Barrios Suroccidentales.

Sin embargo, la orden terminante de “Payo” Cardenal Caldera era seguir con el Plan Militar Insurreccional, enfrentar a los guardias de forma móvil, guerra en movimientos,  con lo que se tiene en las manos, a vencer o morir, porque los Frentes de Guerra del Sur (Benjamín Zeledón Rodríguez), Occidente (Rigoberto López Pérez), Norte: Carlos Fonseca Amador, Frente Oriental: Carlos Roberto Huembes, no han vencido a la guardia todavía en sus frentes respectivos, y por tanto aún no avanzan hacia Managua, donde la Insurrección, de acuerdo con el Plan Militar Insurreccional, debía durar sólo tres días, pero ya va por los nueve días, si tomamos en cuenta los estallidos populares iniciales del cuatro de junio en San Judas, las Américas Uno, Américas Tres, Américas Cuatro, Barrio Laureles Norte (Manuel Fernández Mora), Colonia Primero de Mayo, Reparto Schick Gutiérrez, Isabel Urbina (Adolfo Reyes) y los también brotes insurreccionales en Santa Rosa, Waspán Sur y Villa Progreso.

“Guerra de guerrillas en movimiento, columnas y escuadras móviles, buscando cómo asestar golpes militares fulminantes, rápidos, y emprender la retirada también de inmediato. Ese era el papel de la Zona Suroccidental de Managua.  Esa era la orden del Estado Mayor General del Frente Interno del FSLN”, recuerdan Víctor Cienfuegos Aburto y José de Jesús “Chepe Chú” Zamora Solórzano.

Este día miércoles 13 de junio de 1979 la guardia somocista genocida  ha incrementado al menos al doble su cantidad de tropas y armamento liviano y pesado, incluyendo artillería,  en las dos Zonas: Oriental y Occidental (Zona Principal y Zona Secundaria).

Es también en este día 13 de junio cuando la Guardia Nacional en Managua agiganta sus calidades sanguinarias al efectuar masacres  terribles como la del Barrio Laureles Norte, en la Colina 110, y al día siguiente en el Kilómetro Ocho Sur, y el 15 en Batahola, contiguo a la Embajada Norteamericana, en la Carretera Sur.

Destrucción de la “Sierra Tres”

Además del inicio del bombardeo aéreo muy de mañanita sobre casi toda la Capital, escuadras de la Columna “Manuel Fernández Mora”, ubicada en el Barrio Laureles Norte (Manuel Fernández Mora), en el extremo Oriental de Managua, detectan que del lado de la Comarca Sabana Grande viene entrando un contingente de alrededor de 400 guardias, los cuales traen consigo nueve camiones, de unos altotes, especiales para transporte de tropas; dos tanquetas, un tanque Sherman, cuatro jeepones con igual número de ametralladoras calibre 50 encima, más una retroexcavadora de cuchillas poderosas atrás y adelante (de esas veloces, de ruedas de hule), y cada uno de los guardias y mercenarios del CONDECA portaban en los hombros y en las manos hasta dos fusiles automáticos  cada uno, y era evidente una pesada carga de municiones dentro de los camiones. Este enorme despliegue militar somocista genocida confirmaba lo que decía con frecuencia el esbirro coronel Nicolás Valle Salinas, por medio de la radio de la Central de Policía: “Tenemos armas y municiones para combatir 100 años, si queremos”.

Este fue el preludio de la horrenda masacre de la Colina 110. Por los miserables y despreciables “orejas”, “soplones” y agentes de la Oficina de Seguridad (OSN, policía política manejada directamente por Somoza Debayle), los oficiales de la  Guardia Nacional acantonados en el Aeropuerto Las Mercedes, en la Fuerza Aérea (somocista), en el comando GN de Sabana Grande, tenían pleno conocimiento del accionar móvil de la Columna “Manuel Fernández Mora”, integrada por un poco más de 40 Combatientes Populares, jefeados por Marvin “Viejón” Úbeda Acuña y César “Chino” Ampié Rivas, y sabían asimismo en qué sitios estaban ubicados y cómo se movían desde abril de 1979.

El contingente de asesinos avanzó hasta los alrededores del Barrio Manuel Fernández, entonces conocido como “Laureles Norte”..

En Monseñor Lezcano, Acahualinca, Santa Ana, Los Balcanes, Morazán, Loma Verde y Linda Vista, la represión de la Guardia Nacional es masiva desde el día anterior, 12 de junio, e inclusive esta mañana del 13  hasta han colocado una tanqueta y dos ametralladoras disparando desde las esquinas de la Gasolinera Shell y la Iglesia Católica de Monseñor Lezcano hacia el lado del Cine León, lo cual hacen sin cesar, como en plan de implantar terror en todos estos vecindarios del Noroccidente de Managua.

Combatientes Populares que sobrevivieron a esta contienda militar aseguran que eran unos 400 guardias con varias ametralladoras, centenares de fusiles automáticos, nuevecitos, lanzamorteros y también andaban detrás con una retroexcavadora, o pala mecánica,  para desbaratar barricadas y trincheras de combate.

Los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares que portaban armas de guerra no pasaban de unos 20, incluyendo un RPG-2, lanzamorteros,  con que contaban, más escopetas, rifles 22 y 30-30, pistolas y revólveres, y eso sí, andaban una buena cantidad de bombas de contacto.

Mientras tanto, a las nueve de la mañana de ese 13 de junio de 1979, de forma mejor organizada, ya con un plan militar más cuidadoso, discutido por los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares de las tres Tendencias del FSLN,  en medio de la represión generalizada de los guardias, se lanza un nuevo ataque militar fulminante contra las instalaciones de la “Sierra Tres”, ubicada de La Ceibita un poco al Sur, en Monseñor Lezcano.

Esta Sección policial GN “Sierra 3” estaba alojada en la casa de una familia Ruiz, “la casa del Teniente Ruiz”, donde casi todos eran guardias, “orejas” de la Guardia Nacional y de la Oficina de Seguridad, paramilitares y miembros de los “escuadrones de la muerte” del somocismo genocida.

Además de los dos jefes principales del Estado Mayor Conjunto del Noroccidente de Managua, Silvio “Israel” Porras García, Arnoldo el “Viejo Ernesto” Real Espinoza, Jorge Corea Briones, Jorge Esquivel Acevedo y Alba Luz “Flor” Portocarrero Ramos, en la primera línea de ataque se ubicaron parapetados: Salvador Ramiro “Salvador” García Ramírez, Santiago Núñez Solís, Ramiro Martínez Miranda, Efraim “Challuya” Téllez, el “Chele” Richard, Antonio Pedregal, el “Negro Clifford”, José Domingo “Chanchero” Martínez,  Félix “Cumba” Estrada Sandoval, Roberto “Piojo” Sánchez, José Alejandro “Marciano” Díaz Meza, Leonardo Díaz Meza y José David Rocha Hernández.

El  “Chele” Richard, Tercerista, andaba el RPG-2. El cuartel de “orejas”, “soplones” y asesinos fue atacado sin tregua, de forma fulminante, desde las nueve y media de la mañana, mientras otras escuadras móviles le hacían guerra de guerrillas al resto de guardias que andaban en las calles de Monseñor Lezcano, para que no entraran al sitio en que estaba siendo atacada la “Sierra 3”, para destruirla definitivamente, porque allí en ese cuartel o Sección policial, igual que en la “Sierra 13”, se habían encarcelado, torturado y asesinado a centenares de pobladores de los Barrios Noroccidentales de Managua.

La “Sierra 3” fue atacada de frente, por los lados, por detrás y por encima de los techos de las casas contiguas. El “Chele” Richard había hecho ya no menos de cuatro disparos con el RPG-2, pero no habían dado donde justamente se necesitaban, hasta que a la una de la tarde tuvo la oportunidad de que se abriera por segundos una puerta, por donde metió el proyectil hasta el centro de la casona, provocando una explosión destructiva y que causó pánico completo a los guardias, quienes hicieron el simulacro de que se rendían, pero fue para ganar tiempo, porque, se presume, que unos se escaparon por un túnel que ya tenían preparado hacia otras viviendas, y otros se vistieron de civil y salieron por casas contiguas del vecindario, cuyos dueños eran cómplices a estos guardias.

En los alrededores, mediante una investigación, lograron capturar a varios de los guardias que estaban dentro de la “Sierra 3”, los llevaron a Acahualinca, donde les hicieron juicio público sobre sus crímenes en el sector con centenares de pobladores, quienes exigieron que fuesen fusilados. Se les escapó, eso sí, un sujeto de apellido Padilla, tan malo y asesino como “Macho Negro” Gutiérrez en la “Sierra 13”.

¿Cuántos guardias había en la “Sierra 3”? Algunos Combatientes Populares de aquel momento histórico extraordinario aseguran que eran unos 40. ¿Cómo pudieron escaparse casi todos?

La “Sierra 3” quedó destruida y abandonada por los guardias. Esto permitió capturar numerosos fusiles, entre otros, un Galil, pero la mayoría de ellos sin municiones. Los guardias hasta habían destruido el radiocomunicador cuando hicieron el simulacro de rendición y se escaparon. La mayoría de las armas y municiones recuperadas en “Sierra Tres” fueron conducidas hacia el Aserrío de Acahualinca.

Sin embargo, la contienda militar no terminó con la destrucción de la “Sierra 3”, pues ya en otras calles del Barrio Monseñor Lezcano, incluyendo en los muros y dentro del Cementerio General u Occidental, el resto de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, unos 100 en total, con muy pocas armas de guerra, con escasez de tiros para las pocas armas de guerra que andaban en las manos, y también escasas las municiones para las armas de cacería, andaban moviéndose en plan de emboscar a los guardias. “Teníamos bastantes fusiles arrebatados a los guardias en combates, pero muy pocos tiros”, me comentó Salvador Ramiro “Salvador” García Ramírez, Jefe de Escuadra y uno de los sobrevivientes de la Masacre de Batahola.

Los combates continuaron sin cesar hasta eso de las siete de la noche. A esa hora, aparentemente, los guardias hacen un repliegue, porque tenían terror de continuar el enfrentamiento a Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros de noche, dentro de casas y patios, porque sabían que estos, los Combatientes, les salían como gacelas en sus propias narices disparándoles armas cortas y tirándoles bombas de contacto.

Evadieron el combate pero se dirigieron a la Escuela San Martín, donde casi un batallón de la EEBI de asesinos abrió un hueco por los muros, y se metieron dentro del Colegio. Con ayuda de vecinos somocistas cómplices, un grupo de guardias también retoma el sector de la destruida “Sierra 3”. Siguen combates esporádicos y de menor escala. Un grupo de guardias somocistas genocidas encuentra herido a Reynaldo Escobar Tapia, en un callejón, y lo rematan con un disparo a quema ropa.

Masacre de la Colina 110 y “tierra arrasada” hacia la Catorce de Septiembre

Volvamos al Reparto Manuel Fernández Mora, entonces conocido como “Laureles Norte”. La Columna “Manuel Fernández Mora” estaba organizada en cuatro escuadras, e integrada por 43 Combatientes Populares, todos jovencitos, jefeados por Marvin “Viejón” Úbeda Acuña y César “Chino” Ampié Rivas. Cada una de las escuadras tenía una función: organización de todos los hombres del Reparto Manuel Fernández Mora, aseguramiento táctico defensivo, francotiradores en sitios estratégicos y la del Puesto de Mando, o cuartel de  operaciones, ubicado en la llamada Colina 110, situada exactamente al Sur del Reparto referido.

El ocho de junio, igual que en San Judas, esta columna, de algún modo influida también por el Jefe Guerrillero César Augusto “Moisés” Silva, cuya mayoría de Combatientes Populares eran de Ticuantepe, insurrecciona los vecindarios de las Américas Uno, Américas Tres, Américas Cuatro, Reparto Laureles Norte, Villa Flor y Cinco de Diciembre.

Desde la Colina 110 se observaba, con binoculares, casi todo el movimiento militar que tenía la Guardia Nacional en el Aeropuerto Las Mercedes y en la Fuerza Aérea Nacional somocista. Inclusive, hubo un proyecto de irse a tomar las instalaciones del Aeropuerto cuando explotara la insurrección sandinista, pero se abandonó por considerarlo peligroso, sin posibilidades de éxito, por la enorme cantidad de guardias y armamentos pesados, y porque el terreno es demasiado plano en esta zona Norte de Managua.

Esta Columna “Manuel Fernández Mora” inclusive tenía un plan de retirada hacia el Sur, en caso de que fuera descubierta u obligada por una ofensiva militar de la Guardia Nacional.

La ofensiva que la Guardia Nacional traía del lado de Sabana Grande era enorme, según pudimos ver en párrafos anteriores.

No se conoce exactamente qué pasó, sobre por qué no pudieron salirse a tiempo de las trincheras de combate y efectuar el repliegue que tenían planificado, en caso fuese necesario.

El asunto es que uno de los Combatientes Populares llevó el aviso, a eso de las nueve de la mañana, de que el contingente enorme de guardias avanzaba por el Camino Viejo de Sabana Grande, y que además había hecho el giro un poco al Sur, hacia los caminos que llevan al Reparto “Manuel Fernández Mora”.

Los relatos de sobrevivientes de esta Masacre de la Colina 110 indican que cuando se percataron los Combatientes Populares, decenas de guardias ya tenían virtualmente rodeado el Reparto Manuel Fernández Mora más o menos a las doce del día, y que además ya también tenían colocados francotiradores por los cuatro costados.

César “Mou” Téllez Sánchez, uno de los jefes de la Columna “Manuel Fernández Mora” y sobreviviente de esta masacre,  señala que los guardias como en avalancha rompieron una defensa que los Combatientes Populares tenían en “La Cañada” y también un puesto de observación en la casa de Fanor Jáen.  Después de esto, les tendieron el cerco por el frente, por los lados derecho e izquierdo, “pero nadie creía que ya los guardias estaban a una cuadra, y subiendo la pendiente hacia la Colina 110”, recuerda “Mou” Téllez Sánchez.

Casi al mismo tiempo, cuando se enteran plenamente de esta situación militar, aparecen cuatro aviones Push and Pull y el Jet T-33, y de inmediato les bombardean las trincheras que tienen en la propia Colina 110 y en otros sitios, lo cual indica que los guardias y pilotos hasta coordenadas precisas tenían de esas ubicaciones, nuevamente gracias a los despreciables “orejas”, “soplones” y miembros de los “escuadrones de la muerte”, del vecindario.

Los aviones pasaban rasitos descargando las bombas, lo cual obligó a los Combatientes Populares a permanecer dentro de las trincheras de combate y detrás de las barricadas que habían hecho. Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares quedaron prácticamente inmovilizados.

Precisamente, estos momentos de desconcierto, provocados por el bombardeo, fueron aprovechados por el contingente de guardias para avanzar rápido con las tanquetas, fusilería y ametralladoras montadas en jeepones.

Todo fue muy rápido. Los pilotos somocista genocidas, al parecer con un plan cuidadosamente elaborado, cuando ya se les  acabó la carga de morteros y balas, siguieron bajando en “picada” hacia las trincheras de combate en la Colina 110, en simulacro de que iban a seguir tirando bombas, para que los Combatientes Populares permanecieran inmóviles dentro de ellas. Estas trincheras de combate, zanjas con parapetos, estaban cubiertas con piedra cantera, tablas y láminas de cinz, todo lo cual era parte de la vulnerabilidad que tenían como Combatientes.

Los guardias por montones y con una enorme cantidad de fusiles automáticos, varias ametralladoras calibre 30, las dos tanquetas, el tanque, y la retroexcavadora, o pala mecánica cerca, les fueron formando un anillo y subieron hasta estar a escasos 15 metros de las trincheras de combate, desde donde abrieron fuego nutridísimo contra todos los Combatientes Populares que estaban fuera de las trincheras de combate.

Se entabló un combate feroz, en desventaja  total  para los pocos Combatientes Populares que estaban fuera de las trincheras de combate,  veloz, casi cuerpo a cuerpo, entre otros,  Marvin “Viejón” Úbeda Acuña, quien cae en ese instante.

Fueron precisamente los Combatientes Populares que estaban fuera de las trincheras, quienes retrocedieron disparando sus fusiles automáticos y arrastrando algunos heridos, los que lograron salvarse de la bestial masacre somocista genocida. Uno de los que iba retrocediendo y disparando era César “Mou” Téllez Sánchez. Fueron a salir a callejones por una Iglesia, donde también les ocurrió algo terrible. Nadie les quiso abrir las puertas para curar a uno de los heridos, que se desangraba, hasta que murió.

El resto de Combatientes Populares, 35 en total, fueron masacrados con ráfagas de fusiles y ametralladoras hacia las trincheras de combate, e inmediatamente detrás, en segundos, el operador, también asesino genocida, de la pala mecánica arrancó grandes cantidades de tierra de la Colina 110 y las lanzó sobre los cuerpos ensangrentados, algunos todavía con vida, dentro de las zanjas. No les bastó echar la tierra encima de los cuerpos que estaban dentro de la zanja, sino que la pala mecánica fue pasada encima de donde estuvo la zanja, para que quedara  compactada la tierra, como quien dice, “para que no vayan a salirse de aquí”.

Los sobrevivientes fueron ocho: César “Chino” Augusto Ampié, los hermanos César y Javier Téllez Sánchez, uno al que le decían “Patitas”, Leonardo “Purito” Cabrales,  Pájaro Azul, Miguel “Válvula  Quemada” y Eduardo Julio Areas Aguilar.

La Columna “Manuel Fernández Mora” la integraban, debo repetirlo: Marvin “Viejón” Úbeda Acuña, César “Chino” Ampié Rivas, Ernesto “Tito” Sánchez,  Carlos “Monito” Juárez Cruz, Lorenzo “Lencho Canilla” García,  Raúl “Marcos” Rivas Quintero, César “Mou” Téllez Sánchez, Antonio “Chino Cebolla” Cruz Gómez, Ángel “Cara de Piña” Cruz, Javier “Chintano” Martínez, Germán “Perro Mocho” Miranda Toledo, Saturnino “Mimado” Ortiz, Víctor “Pelón” Osorio, Carlos “Carlos Tico” Tuco, Ricardo “Flaco” Flores, Omar “Judito” Téllez Sánchez, Leonardo “Julián Cham” López, Denis Dionisio “Chele” Guerrero, Leonardo “Purito” Cabrales, Ernesto “Pata de Chile” Pérez Briones, Javier “Ñato” Téllez Sánchez, José Hildebrando  “Shaquespeare” Sancho, José Félix “Frijol” Bracamonte, Ramón “Manchón” Martínez, Héctor “Retoita” Martínez, Carlos “Tusa” Acosta, “Papita”, “Válvula Quemada”, Miguel “Manito”, William “Guerrillero”, Walter “Guerrillero”, Guátemoc “El Muco” Martínez, José Luis “Joe” Martínez, Mario “Mario Loco” Martínez, Wilfredo Mendoza, Heberto Bonilla,  “Sapo Tuerto”,  Carlos “Meón” Vanegas, Raúl “Gato” Vanegas, Marvin “Tribilin” Vanegas, Orlando Cuéllar, Javier “Pato” Taleno, Julio Acuña Martínez, Milton “Panzón” Lezama,  y José “Chema” Quintero.

“Operación limpieza” o “tierra arrasada”  hacia el Oeste

Por supuesto, este contingente de guardias sembró el terror en el caserío del Asentamiento “Manuel Fernández Mora”, entonces llamado “Laureles”, a cuyos pobladores acusaron insistentemente de “cómplices de los sandino-comunistas-terroristas”.

Este contingente de guardias asesinos genocidas era parte de la ofensiva enorme desatada por la Guardia Nacional y la Escuela de Entrenamiento Básico (EEBI) desde el día anterior, 12. El plan de los oficiales GN era de “operación limpieza” y  de “tierra arrasada” le llamaron descaradamente por la radio de la Central de Policía.

Y efectivamente después de masacrar a los Combatientes de la Columna “Manuel Fernández Mora”, hicieron girar el convoy de gendarmes un poco al Oeste y se lanzaron contra pobladores insurrectos de la Colonia Primero de Mayo, donde efectivamente desataron la llamada “operación limpieza” y “tierra arrasada”, calle por calle, casa por casa..

En apoyo militar a la Columna “Manuel Fernández Mora”, Guerrillero Sergio Gómez Vargas, jefe del Frente de Guerra Sandinista en la Zona de las Colonias Nicarao, Catorce de Septiembre, Don Bosco, por ejemplo, envió una columna pequeña, de 12 Combatientes Populares, hacia donde se estaba produciendo la masacre ejecutada por la Guardia Nacional en el Reparto Laureles Norte. Esta columna estaba integrada, entre otros, por: Humberto “Cucharita” del Palacios González, Douglas “Domingo” López Niño, Ernesto “Bujía” Cerna, “Carmen” y “Damián”,  quien era entrenado en manejar bazukas RPG-2 y portaba una en ese momento.

Palacios González era miembro del Estado Mayor FSLN de la Tendencia Proletaria en Managua, y uno de los subordinados militarmente de Sergio “Marcio 13” Gómez Vargas.

Acudieron asimismo en auxilio de la Columna “Manuel Fernández Mora” los miembros de la Columna “Juan de Dios Muñoz”,  jefeada inicialmente por Ramón Cabrales Aráuz; la cual todavía operaba militarmente en el Frente de Guerra, o Sector, del Barrio La Fuente, Asentamiento Isabel Urbina,  hasta el fondo del Reparto Schick Gutiérrez; la Columna de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares “Jorge Navarro” que jefeaba José Ángel Benavidez desde las Colonias  Américas Uno, Américas Tres, Américas Cuatro, Primero de Mayo, Santa Emilia y Jardines de Veracruz hasta la orilla Este de la Colonia Catorce de Septiembre.

Los integrantes de la escuadra de del Palacios González lograron llegar hasta los alrededores, muy cerca de la Colina 110, y se ubicaron emboscados en uno de los callejones de Villa Libertad. Un poco después de las dos de la tarde, el convoy de centenares de guardias, continuó su marcha de “tierra arrasada” por dentro de las Colonias Villa Libertad y Primero de Mayo, vecindarios cercanos al Reparto Los Laureles (“Manuel Fernández”).

La pretensión de la columna pequeña de Humberto del Palacios González y Douglas “Domingo” López Niño era hacer una emboscada fugaz, violenta, rápida, a la “avanzada” de guardias asesinos, y al mismo tiempo emprender veloz retirada hacia la Colonia Américas Cuatro, situada, colindante, al Oeste de Villa Libertad.  Pretendían destruir  al menos una de las dos tanquetas y la pala mecánica con los morteros de la Bazuka. Pero los “orejas” y “soplones” despreciables no faltaban en estos sectores de clase media, y le informaron a los guardias que los Guerrilleros y Combatientes Populares estaban emboscados, y dichosamente los medios de inteligencia de la columna también detectaron que los habían delatado y se retiraron  a tiempo.

Entonces, coordinaron con los integrantes de las Columnas “Juan de Dios Muñoz”, la “ Jorge Navarro” de José Ángel Benavidez y otros grupos de Combatientes Populares de las Colonias Américas Cuatro y Primero de Mayo, para hacerle guerra de guerrillas al contingente de guardias asesinos que llevaban la orden de “tierra arrasada”, “arrase” que no pudieron hacer los guardias en Villa Libertad, ni en Américas Cuatro, ni en la Primero de Mayo, porque estos grupos de Combatientes los iban hostigando, les ofrecían combates relámpagos y desaparecían por entre los callejones, patios, por encima de las casas, o por zanjones dentro de los mismos vecindarios.

El contingente de sicarios del somocismo genocida era muy grande y con enorme poder de fuego de fusiles y artillería, como para ofrecerles combate sostenido por parte de estas columnas y escuadras que habían estrechado la cooperación militar desde Villa Libertad hasta la Colonia Primero de Mayo, pasando también por Villa Flor y Villa Sabana, todo el Reparto Schick Gutiérrez, el Barrio “Isabel Urbina” (Pablo Úbeda-Adolfo Reyes) y Asentamiento “La Fuente” (Ariel Darce Rivera). Las columnas y escuadras jefeadas por César Augusto “Moisés” Silva también vienen de retroceso, combatiendo, haciendo guerrilla,  por la ofensiva de la Guardia Nacional.

Durante esta ofensiva de la Guardia Nacional sanguinaria causó mucha destrucción material a su paso por la Colonia Primero de Mayo, donde al mismo tiempo las columnas guerrilleras mencionadas les hicieron resistencia, les montaron emboscadas relámpagos, los hostigaron con balaceras que salían de huecos de casas, de los techos y en las esquinas de estas colonias del Oriente de Managua.

Los guardias vienen asimismo derrumbando barricadas, matando a gente “sospechosa” de colaborar con los Combatientes Populares, destruyendo trincheras de combates con la pala mecánica, capturando a mujeres y niños que traen como rehenes, para garantizarse que los Combatientes Populares no los ataquen de frente y sembrando terror a su paso. De este modo salieron de la Colonia Primero de Mayo, pero no les valió de nada porque los Combatientes Populares los atacaron por la retaguardia y por los costados.

Este movimiento de combates rápidos, ya de casi un centenar de Combatientes Populares, finalmente llega al Reparto Jardines de Veracruz, situado contiguo al Asentamiento Santa Emilia (hoy Omar Torrijos Herrera), y ya enfrente, al lado Norte de la Pista Sabana Grande, está el Reparto Rubenia. Pegada  a Santa Emilia, por el lado Oeste, está la Colonia Catorce de Septiembre.

En ese trajinar heroico vienen los Jefes Guerrilleros y Combatientes cuando entran a una casa del centro del Reparto  Jardines de Veracruz y se encuentran con que están dentro de ella decenas de sicarios de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI), al parecer en “descanso” o esperando algún momento para ir a matar más ciudadanos en las calles de Managua.

Se produce un combate rápido, y los Combatientes Sandinistas salen ilesos de allí, pero no así al llegar a un alambrado de púas que hay colocado en un sitio entre dos calles, una de Jardines de Veracruz y la otra del Barrio Santa Emilia. En el alambrado se enreda “El Taxista” (Combatiente Popular que viene combatiendo) y ahí lo matan con una ráfaga de tiros.

El “Chele” Zepeda está ubicado como francotirador de estas escuadras móviles en una casa del costado Sur del Reparto Rubenia, por donde los guardias sanguinarios vienen avanzando.

La noche frena por miedo a oficiales y soldados GN y se quedan frente a TELCOR

Ya es de nochecita, tal vez las seis y media de la tarde de ese  miércoles de junio de 1979. El contingente de guardias llega hasta donde es hoy TELCOR o ENITEL, ubicado al Suroeste de Jardines de Veracruz,  al Sureste de Santa Emilia (Omar Torrijos Herrera) y al Sureste de las casas de la Colonia Catorce de Septiembre, una de las más rebeldes en la Zona Oriental de Managua.

Los guardias se instalan allí en una especie de campamento, como en círculo, colocan las cinco ametralladoras (montadas en jeepones) con los calibres hacia las boca calles de los tres vecindarios, ubican  numerosos hombres, con dos fusiles cada uno en las manos, en todas estas esquinas, sitúan en medio del círculo las dos tanquetas, el tanque, la pala mecánica y todos los camiones del convoy, y también colocan francotiradores en el árbol de ceibo, en los muros y techos aledaños. Apagan los motores de las tanquetas, del tanque, de la pala mecánica y de todos los vehículos.

Los guardias en ofensiva llegan también hasta la entrada Norte del Reparto Jardines de Veracruz, donde instalan un campamento GN en el parque infantil del vecindario, ubicado al frente de la Pista Sabana Grande y el lado Sur de Rubenia, por donde está ubicado el francotirador “Chele” Zepeda.

Situación militar similar ocurre con otro contingente de guardias que vienen ejecutando “tierra arrasada” (nuevamente, ya lo habían hecho el nueve de junio) del Este al Oeste del Reparto Schick Gutiérrez, y se habían instalado en el predio en que estaba instalado un monumento a René Schick Gutiérrez. Prácticamente todos los Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros de este Frente de Guerra Insurreccional  también han retrocedido, y están ya unidos a los Combatientes Populares, jefeados por Sergio “Marcio 13” Gómez Vargas en los sectores aledaños de la Colonia Nicarao.

Mientras tanto, la columna mencionada de Humberto del Palacios González y Douglas “Domingo” López Niño, deciden quedarse en una casa de seguridad del Frente Sandinista de la Colonia Catorce de Septiembre, muy cerca de donde estaban los guardias instalados en el predio mencionado.

Ya dije que para el 12 de junio, al siguiente día de la destrucción total de la “Sierra 13”, la Guardia Nacional había doblado o triplicado su cantidad de tropas y equipos artilleros pesados en todo Managua, de forma fija y móvil, más la colocación de centenares de francotiradores en edificios y árboles altos, que ese 13 de junio ya estaban matando a mucha gente inocente, especialmente, como había ocurrido ya con el niño Poesí, en Bello Horizonte.

Ocurrieron hechos realmente curiosos en este enfrentamiento insurreccional del Frente Sandinista contra el enorme aparato opresor del somocismo genocida. Resulta que esta columna mencionada, combativa, móvil, ofensiva y defensiva, decide quedarse en esa casa de la Colonia Catorce de Septiembre.

Ya estaba bastante oscuro, y además, el tirano  Anastasio Somoza Debayle había mandado a suspender o cortar la luz eléctrica. “Carmen”, una de las integrantes de la columna, tuvo urgencia de salir al patio para hacer sus necesidades fisiológicas. Llevaba su escopeta semiautomática cargada de tiros y “bala en boca”.

Oyó un ruidito, como de alguien que se deslizaba desde arriba del árbol de almendras hacia abajo. Se quedó quieta en la oscuridad, observando hacia la cumbre del árbol. Su sorpresa fue grande al ver que del árbol bajaba un francotirador de la Guardia Nacional, con un fusil dotado de mira telescópica y un silenciador.

Al parecer, el francotirador decidió bajarse e irse porque ya era de noche. Antes que alcanzara el suelo, “Carmen” le disparó la escopeta y el sujeto cayó moribundo al suelo, donde confirmaron que se trataba de un francotirador de la Guardia Nacional.

Es decir, los miembros de esta Columna Guerrillera se fueron a ubicar en una casa y patio que ya había sido invadido por francotiradores somocistas genocidas. Esto, al parecer, les permitió al contingente de guardias tener ubicados al grupo de Combatientes Populares en esa casa de la Colonia Catorce de Septiembre.  Del Palacios González envió un correo, o enlace, para que el Estado Mayor del Frente de Guerra, jefeado por Sergio Gómez Vargas, se enteraran de lo que ya estaba pasando militarmente con la presencia del contingente de guardias al borde de la Colonia Catorce de Septiembre, y dónde estaban ubicados estos Combatientes Populares, los cuales son atacados con cañonazos de tanques muy de mañanita del 14 de junio de 1979.

Las Columnas de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares de la Columna “Jorge Navarro” de José Ángel Benavidez y la “Juan de Dios Muñoz”, en su repliegue finalmente se detienen y se instalan en dos casas esquineras de la Colonia Catorce de Septiembre, exactamente del semáforo del cruce de Rubenia unos cuantos metros al Este, en la orilla de la orilla de la Pista Sabana Grande. En una de estas casas de seguridad, el FSLN clandestino tiene un taller de reparación de armas de guerra y de cacería. (Estas casas esquineras desaparecieron al ser construida la Rotonda de Rubenia).

Con los Jefes del Estado Mayor General del Frente Interno, en particular con uno de sus miembros, William Ramírez Solórzano, los integrantes de estas dos Columnas Guerrilleras Móviles trazan un plan de combate cuando los guardias reinicien su ofensiva el 14 de junio en la mañana, pues los mandos sandinistas guerrilleros ya estaban convencidos de que los guardias no seguirían avanzando de noche, y que reiniciarían el ataque militar muy de mañana.

Igualmente, en el caso de la escuadra de Humberto del Palacios González, el plan militar de estos Jefes y Combatientes Populares era trabar combate rápido nuevamente con los guardias, muy de mañanita del 14, con el fin de destruir una de las tanquetas con  el RPG-2 que portaba “Damián”, Jefe Guerrillero  sandinista de la Tendencia Tercerista.

Combate violento en “Kilocho” de la Carretera Sur el 13 de junio

Mientras ocurría este combate móvil desde Villa Libertad hasta la orilla de la Colonia Catorce de Septiembre, en el llamado “Kilocho” (kilómetro ocho) de la Carretera Sur se estaba desarrollando lo que sería uno de los más violentos combates entre Combatientes Populares Sandinistas y otro contingente de unos 200 soldados de la Guardia Nacional, más EEBI, que se trasladaban, no se sabe para dónde. El choque balístico ocurre a las  ocho de la noche, exactamente frente al Club Nocturno Tropicana, los tanques del agua potable de ENACAL y en la propia entrada al Reparto San Patricio, habitado por burgueses y funcionarios del régimen somocista, por donde también se entra a los vecindarios de San Judas, Loma Linda, Villa Roma y Torres Molina, por el lado Oeste.

Como ya queda relatado, los Jefes Guerrilleros, encabezados por Gabriel “Payo” Cardenal Caldera, y unos 300 Combatientes Populares de esta Zona Suroccidental de Managua, después de replegarse a la Comunidad Meneses, se habían reorganizado en ocho columnas, y bajado a los vecindarios mencionados desde la noche del 12, y en la mañana del 13 de junio, con el fin de retomar las posiciones originales del 9 de junio, y continuar hostigando a los contingentes de guardias, obligarlos a combatir de forma móvil, para que no continuaran moviendo tropas hacia el Oriente de Managua.

“Payo” Cardenal Caldera le ordena a Cristóbal “Gersán” Guevara Casaya, miembro del Estado Mayor Conjunto del FSLN y jefe militar de la columna No. 8, que proceda a tomarse la Colina de San Patricio, paralela a la Carretera Sur por el “Kilocho Sur”, que bloquee la entrada del Reparto San Patricio y el mismo Camino Viejo (antiguo) de San Patricio hacia San Judas, Loma Linda y Torres Molina, y que además ponga barricadas en media Carretera Sur, con doble finalidad: proteger las operaciones militares insurreccionales que ya están desarrollando nuevamente el resto de columnas móviles dentro de estos vecindarios mencionados, e impedir que la Guardia Nacional mueva tropas por  la Carretera Sur hacia Carazo, Rivas y hacia León.

Allí, en el “Kilocho”,  también había una Terminal de Buses Urbanos “TUN”, unos azules, que transportaban pasajeros del “Kilocho Sur” hacia varios lugares de Managua. Enfrente está también el enorme hueco de la Laguna de Nejapa, en cuyos barrancos, por el Oeste, hay una antena parabólica de comunicaciones, que era cuidada por la Guardia Nacional.

La columna estaba formada por un poco más de 40 jóvenes, algunos casi niños, entre otros: Alfonso Flores, Manuel Mendoza, Mario Montenegro, Ramiro Córdova, Róger Martínez, Manuel Calderón, “Milocho”, Mario “Galleta”, Juan “Pelo Liso de  Loma Linda”, Sergio Mercado, Polin Delgadillo, César Cubillo, “Lico” Rubio, hijo de la Juanita Rubio; Leonel, un Jefe Guerrillero del OPEN III.

Los fusiles automáticos eran pocos y estaban en manos de los Jefes Guerrilleros y Combatientes más experimentados. Al menos, recuerda “Gersán” Guevara Casaya, tenían dos fusiles Fal, un Garand, 20 escopetas, varios rifles 30-30, varias pistolas, dos granadas de fragmentación y un costalito de bombas de contacto.

 Preparándose para combate memorable y heroico.

Gersán los organizó en tres grupos o escuadras. En un informe elaborado por “Gersán” Guevara Casaya, este indica que le ordenó al “Chino” Manuel Mendoza que bajara con un Comando Revolucionario Cristiano (eran similares a los Comandos Revolucionarios del Pueblo, de la Tendencia Proletaria) hacia el Kilómetro Siete y Medio (en la gasolinera), y que se ubicaran allí por si se trababa combate con la guardia, con el fin de atacarlos por la retaguardia.

Con toda la columna, “Gersán” Guevara Casaya llega al “Kilocho Sur” un poco después de las cinco de la tarde. Para entonces, ya han derribado un ceibón y lo cruzan en el camino de ingreso a San Judas, han conseguido cinco vehículos para hacer una retirada rápida hacia Loma Linda, en caso de necesidad. Revisan todo el sector del Reparto San Patricio, donde, por supuesto, no hay apoyo social a esta labor insurreccional, pues aquí viven burgueses y se esconden.

Arrancan los adoquines de la calle de entrada a San Patricio, edifican las barricadas de tres escalones, quitan parte del alambrado que rodea el Club Nocturno Tropicana, donde encuentran gran cantidad de comida, la cual echan en uno de los vehículos y se la mandan a Gabriel “Payo” Cardenal Caldera, para que alimente a parte de la tropa insurreccionada en San Judas.

Sin embargo, no quitan  todo el alambrado, lo cual se les convierte en una trampa mortal al día siguiente, como vamos a ver después.

En San Judas, Loma Linda, Villa Roma y  Torres Molina se escuchaban las balaceras a las siete de la noche, pues el resto de columnas móviles estaban combatiendo contra los guardias que habían ocupado estos territorios después de que Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares se habían replegado a la Comunidad Meneses.

La columna No. ocho estaba tendida en el “Kilocho Sur” a la espera de la posibilidad de que un contingente de guardias pasara por allí e intentara meterse por la calle del Reparto San Patricio hacia San Judas, Loma Linda y Torres Molina.

Efectivamente, a las ocho de la noche el contingente de guardias, en plena oscuridad, sólo con las luces a la vista de camiones en que iban las tropas, en cuatro jeepones  llevaban montadas cuatro ametralladoras, una tanqueta con dos ametralladoras y  una pala mecánica detrás.

“Efectivamente, a eso de las 8 pm.  se aproxima el animalero (guardias). Nosotros esperamos que ellos terminen de alcanzar la cima que se forma antes de llegar al Tropicana (Club Nocturno). El jeep que viene de frente trae una ametralladora 50, montada, es el que se desplaza más rápido, y cuando divisan la barricada, medio se detienen, y avanzan lentos los GN, quieren saltar del jeep, pero nosotros les caemos y quedan tirados en el pavimento”, escribió “Gersán” Guevara Casaya en su informe.

Continúa “Gersán” Guevara Casaya: “El “Chino” Manuel, en el flanco izquierdo de la Carretera les pone las escopetas. “Sam” desde el torreón tiene un ángulo perfecto y los está quebrando a todos los GN  que quieren alcanzar la 50 del jeeps que ya está vencido a unos 70 metros. Róger Mendoza y el “Chino” Manuel, junto con otros “compas” del flanco  izquierdo, impactan a las fuerzas del centro. Las luces del jeeps se mantienen encendidas, lo que no nos permite ver muy bien, pero nosotros le disparamos al bulto que se mueve, de pronto las luces explotan y la situación es más a favor nuestro”, relata “Gersán”.

Este jefe militar Guerrillero añade:  “La guardia nos responde con proyectiles de Galil. Tan concentrado era el volumen de fuego, que los tarros de gaseosas y la comida enlatada eran lanzados por todos lados. “Lico”, Leonel, Manuel Calderón, “Sam”, Ramiro, Toñito y yo, les apretamos con los fales y los garañones (fusiles Garand). El enemigo está desconcertado. Así, al mismo tiempo, de pronto suenan las escopetas nuevamente disparando de continuo cañoneo, a la velocidad del dedo en el disparador”.

Continúa “Gersán” Guevara Casaya: “El enemigo se retira en reversa. Están desesperados. Esperamos algunos instantes, luego nos dedicamos al recupere de fierros” (fusiles y municiones). El combate fue rápido, fulminante, el contingente de guardia se vio obligado a retroceder hacia el lado del Kilómetro Siete Sur, según el relato de Cristóbal “Gersán” Guevara Casaya.

De acuerdo con este informe, en ese combate rápido, los guardias tuvieron numerosas bajas, muertos, quizás unos 25, los cuales fueron sacados de allí en los mismos camiones, tanquetas y una pala mecánica que los guardias llevaban consigo. De los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares no hubo muertos ni heridos en ese combate.

“Gersán” Guevara Casaya y demás compañeros opinaron después que seguramente la misión del contingente de guardias era meterse por San Patricio hacia San Judas, Loma Linda, Villa Roma y Torres Molina, por la vía baja del Valle de Ticomo.

En su huida en reversa, los guardias dejaron tirados en el pavimento de la Carretera Sur, varios proyectiles de RPG-2 (bazukas), un fusil Cal nuevecito, “unos puñales superfilosos y extraños, nada parecidos a las bayonetas de la Guardia Nacional. Todo esto fue llevado al Estado Mayor, jefeado por “Payo” Cardenal Caldera. Cuando se analiza la procedencia de estos puñales, nos damos cuenta que son de fuerzas mercenarias del CONDECA. Nosotros en este sitio no volvimos a tener combates con los guardias esta noche del 13, pero en San Judas los combates no cesaron en toda la noche”, indica “Gersán” Guevara Casaya en su informe dirigido, precisamente al Estado Mayor Conjunto del FSLN en la Zona Suroccidental de Managua.

Además, “Gersán” Guevara Casaya concluye diciendo que después del combate con la guardia en el “Kilocho Sur”, la columna se repliega hacia dentro del camino, es decir, rumbo a San Judas, para no caer en una emboscada. A eso de las dos de la mañana del 14 de junio dejan la mitad de la columna al Este del Reparto San Patricio, hacia el Sur, con instrucciones de no dejar pasar a ningún guardia hacia San Judas.

Jueves 14 de junio

Fieros combates en Zona Noroccidental y Oriental

“Dormimos muy poco por la tensión militar en el ambiente y por el cuido permanente de las barricadas, trincheras de combate, retenes y viendo que ningún infiltrado se nos metiera por algún hueco”, indica el relato de “Gersán” Guevara Casaya..

Eso sí, los ataques aéreos volvieron a comenzar muy de mañana. No había amanecido cuando ya los estruendos de las explosiones de bombas de 500 y 1,000 libras, más los morterazos y rocketazos, eran lanzados como con un afán de matar, matar, matar y matar, y destruir de manera odiosa todo lo que estaba abajo, o no se podía vencer con el aparato militar opresor.

Esta vez, 14 de junio de 1979,  los bombardeos aéreos nutridísimos, destructivos, mortales, se centraron en una faja geográfica de Managua que abarcaba desde la entrada al Asentamiento La Fuente hasta el Paraisito, de aquí hasta el Norte del Barrio Larreynaga, de este sitio en rumbo al Este del Barrio Santa Rosa y Bello Horizonte hasta Waspán Sur, de aquí hasta el Este de la Colonia Catorce Septiembre y Colonia Nicarao, es decir un radio de unos tres kilómetros de largo por dos kilómetros de ancho, donde estaba lo más sólido de la Insurrección Sandinista en la Zona Oriental de Managua.

En la Zona Suroccidental y Noroccidental, desde Torres Molina hasta Acahualinca, el bombardeo aéreo somocista genocida igualmente inició muy de mañanita. Las bombas caían por centenares en viviendas habitadas por seres humanos, menos en las trincheras de combate, porque esos endemoniados pilotos no daban en los blancos, que según ellos mismos eran las barricadas, trincheras de combate o los sitios en que supuestamente estaban escondidos los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares. Las bombas y balas las dejaban caer desde muy alto, debido a que ya algunos de los aviones habían sido perforados a balazos desde abajo por los Combatientes.

Los guardias somocistas genocidas y su jefe sanguinario, Anastasio Somoza Debayle, consideraban estos bombardeos aéreos de “ablandamiento” de las fuerzas combativas insurreccionales y al mismo tiempo para sembrar miedo en la población, lo que asimismo tenía como objetivo que los pobladores abandonaran a los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares rebeldes, y de paso abrirse paso y romper el cerco insurreccional.

Arriba queda relatado sobre cómo fue destruida la “Sierra Tres”, en Monseñor Lezcano. Los enfrentamientos armados se generalizaron en Acahualinca, Monseñor Lezcano, Loma Verde, Barrio Cuba, Morazán, Santa Ana y Balcanes, pues mientras un grupo de Combatientes Populares procedían a demoler la Tercera Sección de Policía GN, el resto de combatientes sandinistas se batían a tiros y bombazos en las calles de estos vecindarios, cumpliendo de ese modo con el Plan Militar Insurreccional de mantener ocupada a la gendarmería somocista genocida en este sector de Managua, para que no fuese a mover más tropas y equipos militares hacia la Zona Oriental o Principal Insurreccional.

La Guardia Nacional y la EEBI, repito, habían casi triplicado la cantidad de tropas y equipos militares para el lado de la  Zona Oriental-Norte de Managua y también en las dos Zonas occidentales.

Los guardias de la “Sierra 3” habían huido, unos; y otros fueron capturados y fusilados. Otro numeroso grupo del contingente móvil de guardias que se movía en esta Zona Noroccidental de Managua abrió huecos en el muro de la Escuela San Martín y se metieron.

Para comprender la envergadura de esta situación militar, se debe decir que la Guardia Nacional, reforzada con sicarios del CONDECA y mercenarios coreanos y salvadoreños, tenían contingentes de 300, o más, soldados en la Fábrica Gadala María, cantidad similar en el Cerro Batahola, otro tanto en ENACAL (frente a la Laguna de Asososca), otros 300 ó más soldados en todo el sector de la Embajada Norteamericana (en la Carretera Sur), asimismo otro contingente que avanzaba de la Refinería hacia Linda Vista y Monseñor Lezcano.

Los Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros no eran más de 50 los que contaban con unas pocas armas de guerra, portaban armas de cacería y ya para ese 14 de junio con escasez de tiros, según afirman Salvador Ramiro “Salvador” García Ramírez, José A y Santiago “Muerto” Núñez Solís. En total los Combatientes Populares sumaron unos 300 con todos los que se sumaron durante la Insurrección, y que recibieron algún entrenamiento rápido, deficiente.

Combate violentísimo y mortal, cuerpo a cuerpo,  dentro de Escuela San Martín

Conscientes del papel histórico que estaban jugando en el rol del Plan Militar Insurreccional, y a pesar de las limitaciones balísticas ya mencionadas, el Estado Mayor Conjunto del FSLN insurreccionado en esta Zona Noroccidental tomó la decisión de asaltar la Escuela San Martin muy de mañana del 14 de junio, combatir a los guardias somocistas genocidas allí mismo donde estaban metidos. Se calcula que eran unos 70 guardias, incluyendo los sicarios y mercenarios mencionados, los que se habían metido a la Escuela San Martin, ubicada  del Semáforo de Linda Vista  cuatro cuadras al Este y dos cuadras al Sur.

Aparentemente, los guardias intentaban tomarse y convertir en cuarteles esta Escuela San Martín, otros Colegios y edificios altos en esta Zona, para atrincherarse.

Los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, entre otros, Silvio Porras García, Arnoldo “Viejo” Real Espinoza, Alba Luz Portocarrero Flores, Efraim “Challuya” Téllez, Julián Vidaurre, Henry Mayorga Torres, José David Rocha, Félix “Cumba” Estrada Sandoval, José Alejandro “Marciano” Díaz Meza, Steve “Silvio Rodríguez” Mcqueen, Rodolfo Torres y Domingo “Chanchero” Martínez, inician el ataque militar sandinista guerrillero, a las ocho de la mañana,  contra la banda de asesinos somocistas que se han metido y atrincherado dentro de la Escuela San Martin.

El resto de Jefes Guerrilleros y Combatientes, Soraya Hassan Flores, Graciela Isabel “Linda” Barreto Orozco, Samuel “Samuelin”  Barreto, Leonardo Iglesias Medina, Salvador Ramiro “Salvador” García Ramírez, Santiago “Muerto” Núñez Solís, Enrique Gutiérrez Serrano, Armando Ibarra González, Eduardo Argüello Bohórquez, José Enrique Bermúdez, José Peña Gutiérrez, Pedro “Chaparro Henry” Meza, Pedro Antonio Túkler Rugama, Roberto “Gato” Díaz Meza, por ejemplo, en grupos, en escuadras militares sandinistas móviles, les hacían frente al resto de sicarios de la Guardia Nacional en los rumbos de Acahualinca, Santa Ana, Morazán, San Sebastián, Balcanes, Lomas de Guadalupe y el hoy Barrio Cuba, para que no lograran llevar tropas y equipos militares a la Escuela San Martin.

No había por dónde entrar al Colegio San Martin, porque los guardias habían cerrado los huecos con piedras canteras. Pero cometieron un error militar que les costó la derrota, una vez más. Dejaron fuera de la Escuela la pala mecánica con que andaban desbaratando barricadas y trincheras de combate.

En medio del tiroteo, José Domingo “Chanchero” Martínez, parapetado en muros y en la misma pala mecánica (estaba en la calle) se subió a ella y la encendió. Lanzó de forma violenta la pala mecánica con la enorme cuchilla hacia un punto del muro de la Escuela, derribándolo, metiéndose al predio, mientras sus compañeros Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares también ingresan abriéndose paso a balazos con fusiles Fal, Garand, Galil, rifles 22, rifles 30-30, revólveres calibre 38  y escopetas, parte de los cuales se habían recuperado en la destrucción de la “Sierra 3” o Tercera Sección de Policía GN”, hecho ocurrido el día anterior.

Eran las ocho de la mañana de ese día 14 de junio de 1979. Al instante se trabó un combate violentísimo, en algunos momentos casi cuerpo a cuerpo, aula por aula, por encima de los techos de los pabellones escolares.

“Fue un combate heroico, de aula a aula, en donde cayeron los compañeros que aún recuerdo:  Julián Vidaurre, Henry Mayorga Torres y Rodolfo Torres, eran primos. Cuando Rodolfo Torres ve caer a Henry Mayorga Torres, se levanta a quererlo socorrer y el francotirador le pegó un balazo en la cabeza, y lo mató”, recuerda Efraim “Challuya” Téllez, uno de los Combatientes Populares participantes en ese “descomunal combate”.

“Un combate que quedó grabado para la historia, recuerdo que los últimos  disparos fueron entre las cinco y seis de la tarde. Resultado en bajas: tres compañeros caídos heroicamente, ocho guardias de la EEBI fulminados a balazos, tres mercenarios asiáticos también abatidos (muertos), varios guardias se rindieron y se entregaron a los Combatientes Populares de Acahualinca”, añade  “Challuya” Téllez.

Otros guardias, al parecer la mayoría, lograron  huir cuando se vieron derrotados por menos de 20 Combatientes Populares que les asaltaron la posición militar en que estaban atrincherados dentro de la Escuela San Martin.

Escuadra de Combatientes Populares intenta abrirse paso por “Tinajones”

Al mismo tiempo, como la guardia estaba metiendo más tropas por el lado Sureste de Monseñor Lezcano, por medio de la Pista que atraviesa el vecindario y  ubicada al lado de la Iglesia de Monseñor Lezcano y del Cementerio Occidental (o General), y ya por la necesidad de buscar cómo hacer una Retirada o Repliegue de Monseñor Lezcano hacia San Judas, el Estado Mayor Conjunto del FSLN, jefeado por Silvio Porras García y Arnoldo “Viejo” Real Espinoza le dan orden a Salvador Ramiro “Salvador” García Ramírez para que con una escuadra móvil de Combatientes Populares explore  y se abra paso a tiros y bombazos por las cercanías del Restaurante “Tinajones”, entonces ubicado  esquina opuesta donde fue el Banco Nicaragüense, en Monseñor Lezcano, en rumbo a la Carretera Sur, por donde debía pasar, al siguiente día, el Repliegue Táctico de Monseñor Lezcano hacia el Barrio San Judas.

Un contingente de guardias, más soldados de refuerzo hacia el interior de Monseñor Lezcano, Salvador Ramiro no atina a precisar cuántos, pero dice que eran más de 100 con ametralladoras, una enorme cantidad de fusiles, granadas de fragmentación y una tanqueta. Quizás eran las cuatro y media de la tarde, cuando todavía se combatía ferozmente dentro de la Escuela San Martin.

La escuadra móvil, jefeada por Salvador Ramiro García Ramírez, pequeña, choca con el contingente de guardias. Se produce otro combate feroz, absolutamente desigual, pero ponen a raya a los guardias que iban avanzando hacia el lado de la Escuela San Martín. A la escuadra le lanzan una lluvia de granadas, los Combatientes Populares se protegen en muros que hay en el sector, pero uno de los charneles impacta en la cabeza de García Ramírez. En el mismo combate hieren de bala a Santiago Núñez Solís. En medio de la contienda militar, sus compañeros logran sacarlos a los dos y los conducen al Hospital clandestino del FSLN en Acahualinca.

Según Salvador Ramiro García Ramírez, uno de los sobrevivientes de la Masacre de Batahola, la situación militar se les ha complicado a los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares por la escasez de municiones, carencia de comida y complicaciones con los heridos civiles que llegaban en abundancia a los Hospitales Clandestinos, fundamentalmente por el bombardeo aéreo genocida de la Guardia Nacional somocista. Todo el día 14, igual que en días anteriores, caía una lluvia de morteros, bombas de 500 y 1, 000 libras, más ráfagas de ametralladoras calibre 50, eran lanzados por aviones desde el aire en contra de toda las dos Zonas: Noroccidental y Suroccidental de Managua.

Salvador Ramiro indica que a los guardias les habían arrebatado decenas de fusiles automáticos, muchos de ellos nuevecitos, pero sin balas. “Ya en esos momentos del combate con la guardia por el Restaurante “Tinajones”, quienes andamos con tiros en los fusiles somos apenas unos 15 Combatientes, y éramos en total unos 300 Combatientes…!Imaginate¡ Ya era indispensable buscar la Retirada o Repliegue Táctico hacia San Judas, u otro lado”, considera Salvador Ramiro “Salvador” García Ramírez, actualmente ya jubilado.

Los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares en esta Zona Noroccidental de Managua han derrotado nuevamente a los guardias somocistas genocidas y sus mercenarios coreanos y centroamericanos, pero la situación militar se les vuelve insostenible.

Combates muy violentos y mortales en Catorce de Septiembre y Colonia Nicarao

Dije antes que la Guardia Nacional somocista había lanzado una nueva ofensiva militar (12 y 13 de junio), de enorme envergadura, con el fin de romper el cerco de la Insurrección Sandinista en los Vecindarios Orientales. Esa ofensiva la iniciaron por el lado de la Comarca Sabana Grande, la ampliaron contra los vecindarios de la Carretera Norte, metieron un tercer contingente por los llamados “Cebollales” del Reparto Schick Gutiérrez  y el Asentamiento La Fuente; un cuarto contingente que el mismo 13 de junio en la tarde había desbaratado barricadas y trincheras de combate por el lado Oeste de La Fuente, se habían metido por las construcciones del Hospital Oriental (Manolo Morales Peralta) y del actual Mercado Carlos Roberto Huembes, donde instalan, en los edificios, a decenas de francotiradores; y otro contingente de guardias que igualmente avanza por encima del  Barrio “Rebusca”, una parte del Barrio México y la Colonia Máximo Jerez, en busca de cruzar por el Barrio Riguero hacia el Reparto El Dorado.

Por el lado de Rubenia, en la orilla de la Pista Sabana Grande, el  mismo contingente que han combatido las escuadras de Humberto del Palacios González, la  Columna “Jorge Navarro” de José Ángel Benavidez, las de Ramón Cabrales Aráuz, las de  César “Moisés” Augusto Silva y la Columna “Juan de Dios Muñoz”, encabezada en ese momento por Juan Carlos “Marcial” Soza Aragón, por ejemplo, está también tendido en el lado Norte (entrada Norte) de Jardines de Veracruz, frente al Reparto Rubenia.

¿Cuántos sicarios y mercenarios del somocismo genocida eran en total? En cada uno de los contingentes de gendarmes mencionados, los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares afirmaban que eran no menos de 400 efectivos militares, dotados de tanquetas, tanques, decenas de ametralladoras, cada uno de los guardias hasta con dos fusiles automáticos, nuevecitos; al menos uno de los camiones repletos de tiros y abundancia de comida enlatada;  con radiocomunicadores en cada uno de los camiones, una enorme cantidad de bombas de fragmentación, respaldados con una o dos palas mecánicas para destruir barricadas y trincheras de combate; bayonetas superafiladas, medicinas curativas en abundancia, al menos dos ambulancias con sus paramédicos en cada contingente.

Eran seis contingentes de guardias los que estaban en movimiento ofensivo sanguinario enorme, de “tierra arrasada”, porque iban matando seres humanos y robando,  ese día 13 de junio, y para el amanecer del 14 de junio, lo cual en realidad había recomenzado el 12 en la mañana.

“Tenemos armas y municiones para combatir 100 años, si queremos”, repetía en el radio comunicador de la Central de Policía el esbirro somocista coronel Nicolás Valle Salinas, mientras los patriotas, los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares (Patriotas voluntarios como Sandino y el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional) eran pocos en esta contienda, y contaban con muy pocas armas de guerra, con escasez de tiros, sólo con unas pocas ametralladoras en la Zona Oriental y Norte, o Zona Principal, con una sola ametralladora calibre 30 en la Zona Suroccidental, teniendo que transportar sus heridos en hombros, en carretones y arrastrados; tienen que enviar mensajes a sus jefes por medio de “correos” clandestinos (estos son Combatientes), porque no poseen radiocomunicadores como los de la guardia;  ya con muy poca comida, abrumados también por la escasez de medicinas y acosados en este momento por la gendarmería sanguinaria del régimen genocida de Anastasio Somoza Debayle: tirano, déspota, dictador, opresor, ladrón.

Ya es 14 de junio de 1979.  Relataba que las columnas o escuadras de Humberto “Cucharita, Alex” del Palacios González, la “Jorge Navarro” de José Ángel Benavidez,  la “Juan de Dios Muñoz”, etc.,  venían retrocediendo y haciendo guerra de guerrillas, móvil, golpeando, sorprendiendo a los guardias desde Villa Libertad, hasta llegar de nochecita al Este de la Colonia Catorce de Septiembre, donde el grupo de Palacios González se queda en una casa, donde, además, había un francotirador GN.

Precisamente, la presencia de este francotirador GN sanguinario le permite al contingente de guardias, acantonados al Suroeste del Reparto Jardines de Veracruz, establecer que la columna o escuadra de Palacios González se ha quedado en esa casa de la Colonia Catorce de Septiembre, y algo totalmente parecido hacen otras columnas como la “Juan de Dios Muñoz”, el propio José Ángel Benavidez y otro grupo numeroso de Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros que venían combatiendo a los gendarmes sanguinarios desde Villa Libertad.

Cada uno de estos grupos militares sandinistas envían “correos” clandestinos donde sus jefes militares respectivos, para dar a conocer lo que les pasó en todo el día 13; indican dónde se han quedado y con qué propósito, y al mismo tiempo piden orientaciones militares sobre qué hacer.

Según Humberto “Cucharita, Alex” del Palacios González, Jefe Guerrillero, dirigente barrial de la Tendencia Proletaria, indica que los “correos” clandestinos regresaron con orientaciones y un poco de comida para las escuadras o columnas respectivas, las cuales estaban ubicadas en distintos puntos de la Colonia Catorce de Septiembre. Palacios González estaba en el lado Sur, Juan Carlos “Marcial” Soza Aragón y José Ángel Benavidez estaban en la esquina Norte, frente al  Reparto Rubenia y los llamados Semáforos de Rubenia.

En esta situación militar de vida o muerte, cada una de las escuadras y columnas de Combatientes Populares, en todo el ámbito insurreccional sandinista de Managua, se turnaban o alternaban la llamada “posta” o vigilancia, para no ser sorprendidos dormidos por los enemigos, y además con una contraseña para poder ingresar donde ellos estaban ubicados.

Los grupos  militares revolucionarios de Juan Carlos “Marcial” Soza Aragón y José Ángel Benavidez, por medio de un trabajo de inteligencia, establecen con alguna claridad dónde quedan acuartelados los guardias dentro de Jardines de Veracruz, Asentamiento Santa Emilia (Omar Torrijos Herrera), tendidos en la propia Pista Sabana Grande, y de cómo “Chele” Zepeda, con labor de francotirador, ha quedado herido gravemente y entrampado en el lado Sur de Rubenia. Organizan un comando sandinista para rescatarlo, un poco después de las once de la noche, pero no es posible porque la Pista Sabana Grande y Jardines de Veracruz están repletos por el guarderío sanguinario genocida que venía matando gente desde Sabana Grande, pasando por la Colina 110.

Hacen un nuevo intento de rescate a la una de la mañana del 14 de junio, pero cuando van saliendo clandestinamente ven que “Chele” Zepeda viene caminando con dificultades en la oscuridad, con las piernas vendadas con pañuelos y pedazos de su camisa. Había evadido a los guardias arrastrándose por al menos un centenar de metros.

Humberto del Palacios González y los Combatientes comandados por él, estuvieron listos a las cinco de la mañana del 14 de junio de 1979, pues estaban claros de que la gendarmería sanguinaria del somocismo reiniciaría muy de mañana su ofensiva militar contra el cerco insurreccionado.

Efectivamente, a las cinco de la mañana el guarderío asesino estaba encendiendo los motores de las tanquetas, palas mecánicas, camiones, jeepones y camionetas que tenían en el campamento provisional de su marcha de “tierra arrasada”, en el Suroeste del Reparto Jardines de Veracruz.

En ese momento, a las cinco de la mañana, la columna o escuadra de Palacios González, cada uno de sus integrantes, alertas, con fusiles y escopetas en manos, ubicados en posiciones de combate, estaban bebiéndose un cafecito hecho por ellos mismos, más comiendo unos frijolitos con tortillas que les habían mandado sus Jefes Guerrilleros con los “correos” clandestinos.

Serían las cinco y media de la mañana, ya con el alba o amanecer muy claro, cuando repentinamente el techo de la casa en que estaban recibió el impacto brutal del cañonazo de un tanque. El techo se estremeció, y una parte se vino al suelo. Dichosamente, todos estaban en posiciones de combate, fuera de la casa. ¿Cómo fue posible que el techo recibiera el cañonazo?

Los integrantes de las Columnas y Escuadras jefeadas por José Ángel Benavidez y Juan Carlos “Marcial”  Soza Aragón, en la esquina Noroeste de la Colonia Catorce  de Septiembre, contiguo a la Ferretería “Joroba”, casi al mismo tiempo saborean un cafecito caliente y frijoles fritos calientes,  frente al Semáforo de Rubenia y frente a un predio montoso, donde hoy son la Gasolinera y el Barrio Unión Soviética, cuando son atacados por la gendarmería sanguinaria con fusilería, ametralladoras y tanquetas. En este momento del 14 de junio de 1979 comenzó uno de los combates de resistencia en movimientos más heroicos de la Insurrección Sandinista en la Zona Oriental, o Principal, de Managua.

Masacre sanguinaria del “Kilocho”

Este día 14 de junio fue horrible en matanzas ejecutadas por  la Guardia Nacional genocida. Iniciaron la mañana de ese 14 de junio con intenso bombardeo aéreo en las dos Zonas Insurreccionadas de Managua. Aquello, en el aire, en el espacio aéreo de Managua, parecía una zopilotera de aviones descargando una enorme cantidad de bombas mortíferas sobre la población indefensa de Managua, Capital de Nicaragua.  Era francamente horrible, pues apenas amanecía cada día, se reiniciaba el bombardeo aéreo sanguinario genocida del tirano asesino con su Guardia Nacional.

Continuaron matando a 35 jóvenes, casi todos de San Judas, en el llamado “Kilocho Sur”, en el kilómetro ocho de la Carretera Sur, muy temprano en la mañana.

De acuerdo con el relato de Cristóbal “Gersán” Guevara Casaya, miembro del Estado Mayor Conjunto del FSLN y jefe de la columna No. 8 de la Zona Suroccidental de Managua, cumpliendo las orientaciones militares del Estado Mayor General del Frente Interno, a su vez Gabriel “Payo” Cardenal Caldera, le orienta a él, “Gersán” Guevara Casaya, que vuelva a ocupar y a construir barricadas y trincheras de combate en el “Kilocho Sur”, porque un contingente de guardias podría meterse por allí y encerrar a los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares de San Judas, Loma Linda (Sierra Maestra), Villa Roma y Torres Molina (Camilo Ortega Saavedra), y matarlos a todos.

El día anterior, 13,  como hemos visto se había registrado en el “Kilocho Sur” un combate contra un contingente de guardias que, precisamente, intentaba meterse por el lado del Reparto San Patricio hacia San Judas, utilizando el camino  accidentado del lado de Valle de Ticomo.

“Debemos mantener esa posición del “Kilocho Sur” como sea, es estratégico para nosotros, para mantener los combates móviles en el Sur de San Judas, y para que no nos vayan a matar a todos”, le dice “Payo” Cardenal Caldera a “Gersán” Guevara Casaya.

La columna No. 8 estaba integrada, mayoritariamente,  por muchachos muy jovencitos, algunos de 15 y 16  años, tenían muy poco entrenamiento militar, y en total eran unos 43, de acuerdo con el testimonio de “Gersán” Guevara Casaya.

El testimonio de “Gersán” indica que él, muy de mañanita, fue hasta dónde estaban acantonados estos muchachos “en la antena de Torres Molina”.  Allí les habló de la nueva misión encomendada por el Estado Mayor, y entre todos analizaron que tenían muy pocos fusiles, sólo un Fal, un Galil y un Cal y, además, con pocos tiros; el resto eran escopetas, rifles 22 y pistolas.  Era una situación totalmente desventajosa, especialmente tomando en cuenta que durante la noche anterior habían obligado a huir a un contingente de guardias en se mismo sector, y que posiblemente esta vez llegarían con el triple de tropas y de equipos militares.

Sin embargo, esa era la lógica de la guerra en movimiento en la Zona Suroccidental de Managua, para que la Insurrección Sandinista se pudiese sostener más tiempo en la Zona Oriental de Managua.

Entre los Combatientes Populares se cuentan Ernesto Martínez H.,  Sergio Mercado, “Tierrita”, “Vitamina”, el “Hermano Chepe Bombón”, Róger Mendoza, Manuel Calderón, Alfonso y Ramiro, Antonio Salgado Montenegro, Ramiro Córdova, Alfonso Flores, Aura Lila “Verónica” Mendoza, David Guevara Casaya, César Cubillo, Juan, Domingo y Leonel (del OPEN TRES) y Polín Delgadillo.

“Gersán” Guevara Casaya llega con la columna al “Kilocho Sur” un poco después de las siete y media de la mañana. Los alrededores se ven limpios de guardias, sin embargo lo  que ocurre en pocos minutos pareció demostrar que allí mismo la gendarmería sanguinaria del somocismo genocida había dejado espías para que les informaran de la posible llegada de jóvenes s andinistas insurrectos.

Ya queda descrito que allí en el “Kilocho Sur” está una entrada adoquinada, al Este, del Reparto San Patricio, que es la entrada hacia San Judas, Loma Linda, Villa Roma y Torres Molina, por donde los guardias intentaban penetrar para encerrar a los Combatientes de San Judas y matarlos; también el Club Nocturno Tropicana, los tanques de agua potable de ENACAL, una antena de radiocomunicaciones en la falda Oeste de la Laguna de Nejapa, el Puesto de la Guardia en el Empalme hacia León y, por supuesto, el paso de la Carretera Sur.

Una de las orientaciones que debían poner en práctica “Gersán” Guevara Casaya con su columna No. 8, era reconstruir las barricadas, quitar un alambrado, instalarse allí en plan de combate para impedir la entrada de la gendarmería de asesinos de la GN.

Apenas se estaban acomodando para realizar estas tareas insurreccionales, minutos antes de las ocho de la mañana, cuando repentinamente aparece un helicóptero militar que sube desde el lado del hueco de la Laguna de Nejapa, y desde que asoma “narices” comienza a dispararles morteros (de bazukas) y ráfagas de ametralladora calibre 50. Hasta ese 14 de junio aparecen en escena de guerra, de ataques mortales a la población con morteros y ametralladoras, estos helicópteros, que hasta ese momento los tenían destinados a lanzar bombas de 500 y 1,000 libras y bombas incendiarias.

“Gersán” Guevara Casaya había tomado la decisión de colocar a los muchachos jovencitos y desarmados en labores de desmontar el alambrado y construir nuevamente las barricadas, todo lo cual ocurría en los lados del Tropicana. Los Combatientes más experimentados buscaban parapetos para en caso de que tuvieran que combatir.

La alambrada se convirtió en barrera para que los muchachos buscaran protección inmediata, y además quedaron sorprendidos por la aparición del helicóptero disparándoles morteros, y casi al instante aparecieron una tanqueta, una ametralladora calibre 50 montada en un jeepón, del lado Norte, es decir, del “Kilómetro Siete Sur”, más unos 300 guardias, todos con fusiles automáticos, que al parecer ya estaban emboscados en los bordes de la Laguna de Nejapa.

“De pronto sentimos los grandes rocketazos del helicóptero, que estallan al lado Sur de los tanques de agua. La tanqueta apenas asoma en la cima empieza a disparar y los adoquines salen volando como naipes. La ametralladora 50 que traen emplazada no se detiene de disparar. No nos permiten sacar ni la punta de uno de los fusiles, para responder”, relata “Gersán” Guevara Casaya en un informe escrito después del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista.

Continúa “Gersán” Guevara Casaya: “Son momentos de desconcierto. Yo no pude seguir diciendo nada. Manuel Calderón está disparando. Alfonso y Ramiro están protegidos por el torreón con los Garand.  Arriba del torreón estaba Leonel (compañero del OPEN III). Los chavalos que estaban frente a mí, corren media cuadra arriba, y se protegen en una casa, al lado derecho. Toñito Salgado Montenegro estaba disparando. Pude ver hacia el Sur y vi que muchos compas trataban de pasarse la alambrada que no se removió, ni la noche anterior ni hoy por la mañana. Esta fue una de las fallas que terminó cobrando las vidas de mis compañeros”.

“Dirigí la mirada a mi izquierda, y vi que está muerto un compa. Le digo a Manuel Calderón que tenemos que salir de aquí. Manuel se arrastra hacia mí, disparando. La barricada está muy ralita, casi derrumbada, y en ese movimiento lo impactan. No sé si está muerto, pero no se mueve. Yo no sé  nada de los otros compas en esos minutos, sólo sé que estamos muriendo. A mi izquierda está Domingo  (compa del OPEN TRES), acostado en el asfalto y cargando los magazines de mi Fal. Más allá está Juan, un compa de Loma Linda”.

“Les ordeno que salgamos corriendo para arriba, donde está el otro grupo de compañeros y nos protegemos detrás de la casa. Les ordeno a los muchachos que traten de cruzar el parque, mientras yo los protejo con disparos del Fal. Juan con un rifle 22 y  Domingo con una 38. Estamos en la parte de atrás de la casa. Les ordeno a los muchachos que traten de cruzar el parque mientras yo los protejo con el Fal.  Estamos en la parte de atrás de esta casa (la única del lado derecho), pegados a la pared escucho como si hubiese una trasmisión de radio, pero no sé de dónde porque los rocketazos del helicóptero, la tanqueta y las ametralladoras no permitían ninguna orientación”, relata “Gersán” Guevara Casaya en su informe.

“En la esquina que se forma en el límite Noroeste de la tapia, aparece un hombre chele, grande de aspecto como de gringo, vistiendo ropa civil y camina para el Sur, pegado a la tapia. En la esquina del Tropicana (en el parqueo) están Ramiro Córdova, Alfonso Flores, Aura Lila Mendoza, mi hermano David, César Cubillo, Polín Delgadillo y otros jóvenes, resistiendo frente a la tanqueta, la infantería, el helicóptero y todo lo que el enemigo trae. La barricada está desintegrada, ya no hay nada, sólo muertos”.

“El chele (gringo) que viene caminando no porta armas, lo que me hace pensar a mí que es uno de los moradores de la vecindad. De repente en la esquina de la tapia asoma un casco de malla color oscuro, casi negro…!!Hijueputa¡¡, son los mercenarios. Le pongo el Fal y le disparo. El chele retrocede y se ampara en la esquina. Al lado Oeste ya la GN ha logrado apoderarse de la esquina Norte, o intersección de la Carretera Sur. En la esquina Este del parque, una cuadra al Este, los mercenarios se están metiendo hacia el Sur del Reparto San Patricio. Siento que nos tienen acorralados en todas direcciones. No tenemos salvación”.

Una roca salvadora en el dreno

“En estos momentos de extrema tensión, uno actúa como por instinto. No hay tiempo para la elaboración de ideas, sólo para actuar a lo que el instinto indique, si es buena la decisión te salvas, y si no, te quedas. Les ordeno a Juan y a Domingo que corramos al dreno (canal muy superficial) que se forma al final de la bajada, en la salida del lugar. El dreno es una zanjita arenosa, nada profunda. La vegetación natural era un zacate parecido al de limón que cubría espesamente los bordes”.

“Cuando los mercenarios asiáticos y los GN nos ven en la zanjita, vienen rasurando el monte a punta de metralla, como una chapodadora encima de nuestras cabezas. Nosotros nos arrastramos besando el fondo del canalito, comiendo arena. Al avanzar 100 metros al Sur, ya no tenemos salida. Dichosamente, en este punto estaba una roca (de ½ metro) en el borde superior Este. El dreno en este punto tiene su máxima profundidad (H= 2 pies máximo), es el fin, después se encuentra el borde del pavimento”.

“Estamos vencidos. Completamente acorralados. Al Sur de una fila de casas formando noventa grados con la tapia (del fondo del patio) de las casas del lado Este de la Carretera Sur.  La terminal de esta tapia está atrás de nosotros y continúa para el lado de la Carretera Sur”.

“Al Noreste la guardia nos está ganando el parque. El enemigo se está parapetando en los árboles gruesos. Al Oeste un predio vacío. La infantería con los de la tanqueta se está ocupando sólo con los compañeros que se han podido replegar por las alambradas. Alfonso, Ramiro, David y Ernesto se están logrando salir del fuego enemigo. Por eso, el enemigo no pone atención a nosotros que nos tienen al fondo de la pendiente, camuflados por el monte del canalito. La concentración del fuego enemigo permitía ver minúsculas rayas (de las balas) en el aire”.

“Estamos disparando, respondiendo, pero ya no podemos mucho. Estamos dominados en todos los flancos, solamente protegidos por la roca. Puedo apreciar que unos guardias se están cruzando para las casas del lado Sur y les espero que pretendan cruzar  a la otra. Cuando quieren cruzar, pongo en ráfaga el Fal y me los echo. Justo entonces el Fal se enconcha. Trato de destrabarlo en estos segundos que pasan, el enemigo avanza y lo tenemos encima, muy, muy cerca. Ellos son muchos, en cada uno de los árboles se encuentra uno apostado, con toda la superioridad, con inmensa superioridad en relación con nosotros”.

“Los tres nos miramos angustiados, sentimos que la muerte ya nos está abrazando. ¡Patria Libre o Morir, aquí nos quedamos¡ Juan dispara su arma y Domingo su 38. Yo finalmente logro destrabar el Fal y disparo en ráfaga. Cambio el magazine del Fal, que significa el último, y les digo: Ya no tenemos municiones. Tratemos de saltar el muro de atrás. Es nuestra última posibilidad. Yo saldré primero y los cubriré desde detrás del muro con disparos del Fal, y luego ustedes traten de saltar”.

“Cuando salgo corriendo, puedo sentir los impactos de bala en el muro como una lluvia horizontal que emite sonidos bofos, que van perforando los bloques delante de mí y detrás de mi carrera. Cuando pretendo lanzar el Fal  al otro lado del muro, me impactan en la empuñadura y me hieren en la mano izquierda. A la orilla del muro estaban unas matas de chagüite, y en el montoncito de ellas que hace más altura, tomo impulso para saltar. En la cresta del muro tiene vidrios puntudos incrustados, pero creo que no los toqué porque caí de espaldas al otro lado y quedé unos segundos sin aire en los pulmones, sin poderme incorporar. Me levanto y corro en busca del Fal. El arma (el Fal) estaba llena de lodo, la tomo y disparo. Juan logra saltar. Yo pretendo quedarme a la espera de  Domingo, pero Juan ya va corriendo y me hace señas de que nos retiremos. Juan me dice: “Yo no sé, pero él (Domingo) no pudo correr, le dieron. Disparo una vez más y el Fal termina de enconcharse por completo.”.

“Juan y yo corrimos para el Sur. Cruzamos unas cercas y luego caímos a una zona montosa. Corrimos no sé ni cómo, casi por reventar nos detuvimos. La maldita ametralladora 50 no cesó de disparar ni un instante en la humanidad de nuestros compañeros que se ampararon en el Tropicana. Fuimos, quizás, de los últimos en escaparnos de esta masacre. El enfrentamiento, a pesar de ser totalmente desigual en cantidad de hombres, armamentos y entrenamiento militar, duró mucho tiempo, tal vez dos horas”.

“Las pérdidas humanas son casi todos los Combatientes Populares de San Judas (los de mi cuadra). Aura Lila “Verónica” Mendoza, Apolinar “Polín” Delgadillo, Ernesto Martínez H., César Cubillo, “Pepe” guerrillero inclaudicable;  “mi compa de la “Morita”, Domingo y Leonel, heroicos guerrilleros; mis hermanos del OPEN III, y otros jóvenes más de San Judas y Loma Linda”, concluye Cristóbal “Gersán” Guevara Casaya mediante un informe de lo que pasó cuando fueron masacrados por la Guardia Nacional somocista genocida, su EEBI de asesinos, mercenarios del CONDECA y mercenarios asiáticos que la GN había contratado para matar más nicaragüenses.

Otros testigos presenciales y sobrevivientes de esta masacre de la GN en el “Kilocho Sur” indican que los guardias sobrepasaban los 300. Señalan que inclusive la soldadesca criminal tenía otra tanqueta disparando desde el lado Sur (por el empalme), y que en realidad también fue  usado un segundo helicóptero artillado y un avión Push and Pull.

Esos mismos testigos señalan que una vez derrumbados a tiros y morterazos la mayoría de  jovencitos Combatientes Populares, desarmados, los guardias llegaron hasta el alambrado y por detrás del Club Tropicana, disparando balazos de remate en la cabeza de todos los que ya estaban muertos, inclusive a los que estaban vivos.

Terminada esta obra macabra, la nueva masacre al estilo nazifascista alemán de Hitler, estos grupos de sicarios sangrientos usaron otra pala mecánica para juntar los cadáveres en un solo sitio, y después con la poderosa “cuchara” o “cuchilla” metálica amontonaron los cuerpos de los jóvenes en un solo punto, y como cualquier puñado de basura los lanzaron dentro de un camión volquete. Lo mismo hicieron estas bestias del somocismo genocida en la Colina 110, y otra masacre mil veces peor ejecutaron al siguiente día, 15 de junio de 1979, en Batahola, a la orilla de la misma Carretera Sur, casi en los muros del lado Este de la Embajada Norteamericana, desde donde también les dispararon a estos otros masacrados.

Ya con los cadáveres en el tráiler del camión volquete, del Distrito Nacional, enrumbaron hacia el Sur, en la misma Carretera Sur, y lanzaron los cuerpos de los 35 jóvenes asesinados en una cuesta llamada “Vuelta de la Gallina”, en la Carretera que va de El Crucero hacia el Balneario de Masachapa, ubicado en el Sur del Departamento de Managua.  Esto fue confirmado plenamente porque el propietario de un restaurante italiano, ubicado en el mismo sector del “Kilocho “Sur”, siguió a los sicarios que fueron a botar los cadáveres unos 300 metros hacia adentro de un bosquecito, en la llamada “Vuelta de la Gallina”.

Después del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista, los restos de estos heroicos jovencitos Combatientes Populares de San Judas, Loma Linda, Villa Roma y OPEN III (Ciudad Sandino), fueron encontrados dispersos en unos 500 metros cuadrados allí en la “Vuelta de la Gallina”, incluyendo una cañada profunda de este sector de  El Crucero. Esto hace suponer que los cuerpos fueron devorados por animales silvestres, incluyendo zopilotes. Así era de cruel y sanguinario el somocismo genocida.

Guardias aniquilados  en San Patricio y en San Judas

Esta contienda militar contra el somocismo genocida en este sector geográfico de Managua, “Kilocho Sur”, Colinas de San Patricio, Suroeste de San Judas y centro de San Judas, no terminó al quedar concluida la masacre de los 35 jóvenes Combatientes Populares.

Al quedar “limpia” la entrada del camino a  San Judas por dentro de San Patricio, esta gendarmería sanguinaria pretendió meterse por esta vía a San Judas, y a menos de 200 metros se toparon con un recio recibimiento balístico de los Comando Revolucionarios Cristianos (CRC), cuyos Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares habían acudido  a este sitio, precisamente, para impedir que ingresaran por el Suroeste de San Judas.

Tan sólo pudieron llegar adonde los Combatientes Populares, jefeados por “Gersán” Guevara Casaya,  habían derribado el ceibo a punta de machete, pues allí en ese sitio fueron aniquilados más de 50 guardias. Similar situación militar les ocurrió a estos sicarios sanguinarios somocistas al intentar cruzar la Colina de San Patricio, igualmente hacia San Judas, pues allí se encontraron con el grupo de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares que jefeaba Miguel Ángel ”Pedro” Navarrete, según el relato escrito de Cristóbal “Gersán” Guevara Casaya.

La gendarmería que cometió la masacre en el “Kilocho Sur” retrocedió hacia el “Kilómetro Siete Sur”, donde también les salió disparando de forma fulminante otra columna de Combatientes Populares, enviada por “Payo” Cardenal Caldera con ese propósito. Los  Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares atacan por detrás, costados y desde árboles, y al mismo tiempo se repliegan en forma rápida para no caer en emboscadas. Los guardias están siendo golpeados severamente con este tipo de “guerra revolucionaria en movimiento para minar al enemigo, desmoralizarlo, cansarlo, empantanarlo”, analiza 38 años después Víctor Cienfuegos Aburto.

Los gendarmes sanguinarios reciben más refuerzos del lado del Cerro Batahola y de los alrededores de la Embajada Norteamericana, y finalmente se quedan posesionados del trecho de Carretera Sur entre los kilómetros Siete Sur y Nueve Sur. El Nueve Sur es en el Empalme de las Carreteras Sur y Vieja a León.

Las otras siete columnas organizadas por el Estado Mayor Conjunto del FSLN en la Zona Suroccidental, después del Repliegue a la Comunidad Meneses, descrita antes, como dije bajaron nuevamente a San Judas por órdenes de ese Estado Mayor y de su jefe Gabriel Cardenal Caldera, con el fin de “Mantener la Guerra revolucionaria de movimientos, de hostigamientos constantes a los guardias sanguinarios genocidas, para que no muevan estas tropas hacia la Zona Oriental, o Zona Principal Insurreccional”, donde también en estos momentos, en la mañana y al medio día del 14 de junio de 1979, los combates contra la ofensiva de la GN son muy violentos y heroicos por parte de los Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y Milicianos recién entrenados en los patios de las casas de las Colonias, Barrios, Asentamientos y Repartos de la Zona Oriental de Managua.

Las columnas de Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y Milicianos han bajado a San Judas y entrado en choque militar violento contra la soldadesca sanguinaria que se había tomado casi todo San Judas y Loma Linda mientras los Combatientes se habían replegado hacia los Lomos de El Crucero.

La gendarmería somocista, quizás otros 500 soldados GN y mercenarios, tenían ya tomadas las Lomas de San Judas, el Centro Comunitario en construcción, el Aserrío, la Colonia “Independencia” (Héroes y Mártires del Bocay), las entradas Norte de San Judas, estaban en el ZUMEN y el Centro Cívico, y avanzaban hacia el Sur con dos tanquetas, un tanque Sherman, cinco ametralladoras montadas en jeepones, la soldadesca con fusiles automáticos, nuevecitos, amparados en los camiones y en las tanquetas.

La nutridísima balacera en esta Zona Suroccidental de Managua se oía clarita en la Zona Oriental de Managua. En medio de estos combates dentro de San Judas cae combatiendo heroicamente René Cisneros Vanegas, uno de los miembros del Estado Mayor Conjunto y uno de los jefes principales del Estado Mayor de la Tendencia Proletaria en esta Zona Suroccidental de Managua. Son baleados Boanerges y Adrián Meza Soza, otro de los jefes principales del Estado Mayor.

Al mismo tiempo, las dos Zonas Suroccidental y Noroccidental eran sometidas a la barbarie del bombardeo aéreo somocista, lo cual estaba ocurriendo con salvajismo inaudito también en la Zona Oriental y Norte de Managua.

Precisamente ese día jueves 14 de junio el bombardeo aéreo fue extraordinariamente destructivo en viviendas de vecindarios como Catorce de Septiembre, Nicarao, Santa Julia, Bello Horizonte, Santa Rosa, Blandón (Costa Rica), Meneses (Venezuela), Santa Bárbara (Edmundo Matamoros), Salvadorita (Cristhian Pérez Leiva), Maestro Gabriel, Ducualí, Luis Somoza (Diez de Junio), Don Bosco, El Dorado, Larreynaga, Villa Progreso, Xolotlán, etc.

Matan a niños Gina y Pilin, en Bello Horizonte

Ese día 14 ese bombardeo aéreo somocista sanguinario mató a los niños hermanitos Gina y Pilín, en la Etapa III de Bello Horizonte, en las cercanías del Instituto Experimental México, el cual ya funcionaba como uno de los dos Hospitales clandestinos en este sector Oriental y Norte de Managua.

Ambos niñitos iban agarrados de las manitos y portando un salveque de comida para familiares suyos que estaban en trincheras de combate, cerca del Instituto Experimental México, cuando fueron impactados por charneles de rockettes lanzados desde aviones Push and Pull sobre Bello Horizonte y todo el sector mencionado.

Casi al mismo tiempo, una bomba de 500 libras explotó dentro de una casa de la Etapa II, contiguo al cauce, matando a varios miembros de una familia de ciudadanos de la Costa Atlántica. En el centro de la misma Etapa II, al Sur de Bello Horizonte, contiguo al Barrio Meneses (Venezuela), Salvadorita (Cristhian Pérez Leiva) y Maestro Gabriel, cayeron varias bombas de 1,000 libras dentro de viviendas, dejándola casi totalmente destruida. Dichosamente esas familias, propietarias de estas viviendas, no estaban: unos habían salido a buscar comida y otras andaban laborando en la Insurrección Sandinista. Estas familias eran vecinas de Juan “Tonatiú” Rivera, uno de los Combatientes Populares de Bello Horizonte, quien llegó a ser Comisionado de la Policía.

Decenas de estos rocketazos y bombas de 500 y 1,000 cayeron en las cercanías de la Rotonda de Bello Horizonte porque los pilotos sanguinarios genocidas habían detectado allí la presencia de Brigadas y Columnas Móviles de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares insurrectos, pero jamás daban en el blanco, y las bombas caían dentro de las viviendas.

Dos de esas bombas de 500 y 1,000 libras cayeron a media cuadra Norte de la casa de Pablo E. Barreto Pérez, en la Etapa II, exactamente en el andén de la casa de Alfredo Díaz. Estas bombas cilindrícas muy pesadas fueron las únicas, caídas en Bello Horizonte, que no explotaron ese día 14 de junio. Este tipo de bombas de 500 y 1,000 libras eran lanzadas desde helicópteros (eran varios) que se ubicaban a varios miles de pies de altura, para que no los alcanzaran las balas de fusiles y armas de cacería.

A este sitio donde no explotaron estas bombas llegó Róger “Aniceto”, Camastrón” Cabezas Gómez, sandinista insurrecto especialista en explosivos, para desactivarlas, “y utilizarlas para fabricar otros explosivos que usaremos contra los guardias somocistas”.

Fue la primera vez, digamos, desde el inicio de la Insurrección Sandinista, que hubo una gran cantidad de heridos y muertos, más destrucción generalizada por el bombardeo aéreo criminal del somocismo. Los  heridos por charneles fueron llevados por miembros de los Comités de Defensa Civil, en hombros y en carretones de manos, al Hospital clandestino en el Instituto Experimental México, donde ya había varios médicos y enfermeras voluntarios. También ya estaba funcionando el Hospital clandestino Silvia Ferrufino Sobalbarro en una casa de la Etapa IV de Bello Horizonte, una cuadra al Norte y media al Este del Experimental México.

La caída de rockettes y bombas de 500 y 1,000 libras fue generalizada, durante casi todo el día, en estos vecindarios mencionados, y fue común igualmente que miembros de los Comités de Defensa Civil y Combatientes Populares trasladaran de emergencia en hombros y en carretones de mano a centenares de heridos a otros Hospitales clandestinos en el Reparto Dorado, en la Iglesia Sagrada Familia, del Barrio Ducualí; y en el Sur del Barrio Santa Rosa, donde igualmente ese 14 de junio fueron destruidas  decenas de viviendas por las explosiones de bombas lanzadas por la Guardia Nacional.

Morterazo mata a familia del doctor Mendoza

Mientras se desarrollaba un combate feroz por los lados Este, Norte y Sur de la Colonia Catorce de Septiembre, precisamente, un rockettes cae dentro de la casa del doctor Mendoza (médico) y mata a varios miembros de su familia. Varios resultan heridos y son llevados en hombros al Hospital clandestino de la Iglesia Sagrada Familia.

La matanza de seres humanos, ejecutada por la Guardia Nacional somocista genocida, no paró allí, pues a las cinco de la tarde de ese mismo día 14 fue asesinado un niño de apellido Poesí, en el Sur de la Etapa II de Bello Horizonte. El niño, de cinco años, se cruzó la calle para visitar a un amiguito frente a su casa, cuando fue “pegado” por un francotirador GN sanguinario que estaba subido en el ceibón del lado Noreste del Barrio Meneses (Venezuela).

Los combates en la Zona Suroccidental de Managua cesan ya de noche, porque cuando es ya oscuro la soldadesca sanguinaria no se atreve a meterse a ningún lado, pues saben que los Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y Milicianos conocen el terreno como sus manos, porque allí viven, y en cambio los guardias son cazados con facilidad, especialmente en plena oscuridad.  

Como ya dije la ofensiva lanzada por la Guardia Nacional fue enorme en este día 14 de junio de 1979, quizás duplicada o triplicada en relación a los días 12 y 13.

“El Barrio San Judas y el OPEN III (Ciudad Sandino) son cruelmente bombardeados y la población masacrada por el enemigo. Aquí comienzan a superarse los cálculos de lo que  podía durar la Insurrección en Managua, y comienzan a urgir a los miembros de la Dirección Nacional Conjunta, para que presionen a los otros Frentes de Guerra (del FSLN guerrillero clandestino), para que avancen hacia Managua”, escribe el Comandante Carlos Núñez Téllez en su libro “Un Pueblo en Armas” al referirse en parte a lo que ocurrió aquel 14 de junio de 1979.

Guardias golpeados mortalmente en Hospital del Niño

Cae José Ángel Benavidez

Recordemos aquí que la columna o escuadra de Humberto del Palacios González es atacada a las cinco y media de la mañana del 14, y casi derrumbada por un cañonazo de la GN sanguinaria la casa en que se habían quedado alojados después de combatir, y hacer guerra de guerrilla móvil, de hostigamientos permanentes a una parte de los gendarmes que efectuaron la horrorosa masacre en la Colina 110. En este mismo instante son atacadas las Columnas “Jorge Navarro” y “Juan de Dios Muñoz”, en la esquina Noroeste de la Colonia Catorce de Septiembre, en el semáforo de Rubenia, donde hoy es una Rotonda.

Un poco después de las cinco y media de la mañana se traban nuevamente los combates entre las escuadras móviles mencionadas, y también entran en el escenario otras columnas y escuadras móviles del Frente de Guerra de  Bello Horizonte, del Frente de Guerra jefeado por Marcos Somarriba García (Santa Rosa), escuadras móviles jefeadas por Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz y columnas móviles controladas directamente por el Estado Mayor Conjunto del Frente Interno del FSLN, específicamente por el Comandante William Ramírez Solórzano, quien personalmente estaba jefeando el o los combates que se libraban ya ese 14 de junio en la mañanita.

El relato de “Cucharita” del Palacios González indica que los guardias se traen una ofensiva enorme que abarca desde la Carretera Norte hasta el fondo del Reparto Schick Gutiérrez, hacia el Oeste, “lo cual buscaba cómo romper y aniquilar todo el anillo insurreccional que nosotros teníamos ya establecido y fortalecido desde el nueve de junio en la madrugada”, señala del Palacios González.

Al mismo tiempo, estaban intentando también romper el cerco insurreccional por el lado del Hospital Oriental (Manolo Morales Peralta) y por las construcciones del hoy Mercado Carlos Roberto Huembes, y por  el   Oeste, en la Pista “By Pass” (“Pista de la Resistencia Sandinista”), específicamente mediante el Barrio Riguero, el Asentamiento “Rebusca”, la Colonia Máximo Jerez y por la Colonia Managua, donde la labor militar guerrillera, de las columnas móviles auxiliares de los Frentes de Combate, les neutralizaron completamente sus intenciones.

Los contingentes de gendarmes sanguinarios avanzaban desde el lado de “Laureles Norte” y Villa Libertad hacia el Oeste, específicamente ya en la Colonia Catorce de Septiembre, donde centenares de guardias penetran precedidos y amparados en tanquetas, tanques, palas mecánicas, numerosos camiones blindados y jeepones, también blindados,  en que llevan emplazadas varias ametralladoras calibre 50.

Este feroz combate de centenares de guardias con la columna (de11, sólo ha caído el taxista) de Humberto del Palacios González se inicia por el lado del antiguo Tanque de Agua Potable de la Colonia Catorce de Septiembre, por el lado Sur, donde cae herida “Carmen”, la joven Guerrillera que había liquidado al francotirador genocida, la noche anterior.

El combate se extiende hacia el centro y lado Norte de la Colonia Catorce de Septiembre. La columna presenta combate permanente, absolutamente móvil, desde los callejones, por encima de los techos de las casas, por los patios, mientras los gendarmes se ven obligados a ir avanzando por la calle  principal, debido al enorme aparato de guerra, de artillería.

Por el otro lado, por el Semáforo de Rubenia, dentro de la Colonia Catorce de Septiembre, en la propia Pista Sabana Grande y del Semáforo de Rubenia hacia el Oeste, en predios montosos, igualmente unos 60 Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares se baten heroicamente a tiros en contra de la gendarmería sanguinaria, quizás otros 400 guardias, estima 38 años después Juan Carlos “Marcial” Soza Aragón, que estaba allí jugándose la vida como parte de la Columna “Juan de Dios Muñoz”, jefeada por Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz.

Según “Marcial” Soza Aragón, la gendarmería somocista sanguinaria por la Pista de Sabana Grande traía la mayor concentración de tropas y equipos de artillería en esta ofensiva enorme contra el cerco insurreccional, y efectivamente en este sector se armó un combate de grandes proporciones, desde las siete y media de la mañana.

Juan Carlos “Marcial” Soza Aragón y su columna, el Jefe Guerrillero José Ángel Benavidez también con su columna, estaban parapetados en las casas esquineras, exactamente enfrente del Semáforo de Rubenia, donde los guardias concentraron las artillerías de dos tanquetas, al menos cinco ametralladoras calibre 50, varias bazukas y cada uno de los guardias, como ya he dicho, portando hasta dos fusiles automáticos, nuevecitos.

Además, unos 20 metros al Este del semáforo, sobre la Pista Sabana Grande, frente a la Ferretería “Joroba”, estaba ubicada una de las barricadas más grandes de la Insurrección en la Zona Oriental de Managua, cuyo derribamiento era uno de los objetivos esenciales de la gendarmería GN sanguinaria, para que avanzaran sus equipos blindados, las tanquetas y jeepones con ametralladoras. Un poco al Oeste, había una zanja profunda, destinada a impedir el paso de los equipos motorizados de la soldadesca criminal y a la vez servía de trinchera de combate, donde estaban metidos, disparando Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares.

Las dos Columnas Guerrilleras mencionadas se empeñaron ferozmente en impedir el avance de los gendarmes sanguinarios, especialmente José Ángel Benavidez, quien con su fusil en las manos, disparándolo tiro a tiro y en ráfagas, según las necesidades combativas en segundos cambiantes, trataba de impedir que los guardias desbarataran la barricada.

De acuerdo con “Chico Garand” Guzmán Fonseca, uno de los jefes de las columnas en Bello Horizonte, esa mañana y medio día del 14 de junio de 1979 acudieron a este lugar, en la esquina de Rubenia, varias columnas móviles auxiliadoras de los Frentes de Guerra en la Zona Oriental y Norte de Managua, y atacaron a la gendarmería por los costados, de frente, desde los tejados del Reparto Rubenia y de la misma Colonia Catorce Septiembre, causándoles numerosas bajas y destrucción abundante en sus equipos blindados y de artillería pesada.

Aquí en esta esquina de la Colonia Catorce de Septiembre, efectivamente, acuden escuadras selectas de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares de Bello Horizonte, de Santa Rosa, del Puente El Edén y del Puente Larreynaga, más la Columna “Liebre”, o “Caza Perros”, cuyas operaciones militares de comando ya se habían iniciado.

A pesar de su enorme poder de fuego balístico del guardierío sanguinario, de tanques y tanquetas, numerosas ametralladoras y una cantidad impresionante de fusiles automáticos disparando en ráfagas incesantes contra las posiciones móviles de sandinistas insurrectos, los soldados de la Guardia Nacional y de la EEBI no pudieron avanzar ni 200 metros, desde las cinco y media de la mañana hasta casi al medio día, de la entrada al Reparto Jardines de Veracruz y la esquina Noroeste de la Colonia Catorce de Septiembre, en el semáforo de Rubenia.

Desde las siete de la mañana han incrementado también el ya feroz bombardeo aéreo con varios aviones Push and Pull, lanzando estos morteros hacia las casas de las Colonias Catorce de Septiembre, Nicarao y Rubenia; más las bombas de 500 y 1,000 libras dejadas caer por helicópteros, cuyos pilotos los ubicaban a gran altura.

Desde el comienzo de los bombardeos aéreos, el 11 de junio cuando justicieramente se destruía la  “Sierra 13”, guarida de “Macho Negro Gutiérrez, ya se conocía que la concepción de los esbirros jefes de la Guardia Nacional era que “el bombardeo es de ablandamiento”, para que las tropas de infantería y equipos blindados se abran paso y masacren como hicieron el día anterior en la Colina 110, en el Asentamiento Laureles Norte.

Ese enorme poder de fuego balístico GN mencionado, más el bombardeo aéreo, obligan a Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares a lanzarse por encima de mallas que servían de muros en estas casas esquineras de la Catorce de Septiembre; van retrocediendo, parapetándose en muros y piedras, cruzándose la Pista que divide en dos la Colonia Nicarao, en busca de ganar el predio montoso donde es hoy la Gasolinera.

Aquí, en esta esquina, un poco al Sur del Semáforo de Rubenia, en el adoquinado de la Pista que parte en dos la Colonia Nicarao, mientras dispara su fusil en retirada, cae combatiendo heroicamente José Ángel Benavidez.

Benavidez fue baleado en ambas piernas y quedó inmóvil, en medio de la nutridísima balacera. “Marcial” Soza Aragón recuerda que sus compañeros, incluyendo el Jefe Guerrillero Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz, intentaron rescatar a José Ángel Benavidez de allí, pero no fue posible.  El mismo Benavidez hacía señas de que no intentaran rescatarlo por lo intenso de la balacera.

Después, los guardias sanguinarios se apoderaron de su cuerpo, lo descuartizaron y lo lanzaron dentro de un manjol de la misma Pista mencionada, la cual cruza de Sur a Norte en el Semáforo de Rubenia, partiendo también en dos la Colonia Nicarao.

Los contingentes de guardias sanguinarios no pudieron continuar al frente, es decir, del Semáforo de Rubenia hacia el Oeste, Barrio Meneses, Bello Horizonte, Ducualí, Colonia Salvadorita (Cristhian Pérez Leiva), Colonia Luis Somoza (Diez de Junio), etc., pero desalojaron a los Combatientes Populares que estaban en esta esquina Noroeste de la Colonia Catorce de Septiembre, avanzaron un poco sobre la Pista que parte en dos a la Colonia Nicarao, y se metieron por la calle del Barrio Santa Bárbara (“Edmundo Matamoros”), donde está la Escuela de Comercio Independencia, donde ya los guardias tenían francotiradores, y por esta vía se meten a la parte Noreste de la Colonia Nicarao, que está al Sur de la Pista.  Es decir, no pudieron meterse al lado Norte de la Colonia Nicarao, porque la potencia de respuesta balística de las Columnas Guerrilleras Móviles y Auxiliares, se lo impidieron.

Este contingente de gendarmes se mete hasta los alrededores de la Casa Comunal de la Colonia Nicarao, que al mismo tiempo era sitio de reuniones rebeldes antisomocistas y de asambleas comunitarias populares.

En el lado Sur de la Colonia Catorce de Septiembre continúa el combate popular contra estos sicarios del somocismo. La Columna de Humberto del Palacios González, y otras escuadras de Combatientes que le auxilian por el lado Oeste, van retrocediendo hacia el lado del Hospital del Niño y el Suroeste de la Colonia Nicarao. Los guardias sanguinarios  ya atravesaron toda la Colonia Nicarao por el lado Sur, y se adentran por las últimas casas del Suroeste de la Colonia Nicarao, donde varias escuadras de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, jefeados por Sergio “Marcio 13” Gómez Vargas, hace guerra de guerrilla desde patios, desde techos de casas, en las esquinas, causándoles numerosas bajas a los guardias genocidas.

Destruyen tanqueta y matan a decenas de guardias en Hospital Infantil

“Damián”, Jefe Guerrillero entrenado en Cuba, no ha podido dispararle ni un solo bazukazo a la tanqueta, porque van retrocediendo en condiciones precarias, en callejones, cauces, canales, por encima de las casas. Cuando hace un intento de disparar la bazuka, en las cercanías de la Escuela Catorce de Septiembre, en la calle principal, lo balean y cae. Ya son tres los muertos de la Columna: el taxista, “Carmen, “La Negra” y “Damián”, especialista en el manejo de la Bazuka o lanzamorteros portátil.

En medio de la balacera, la bazuka es recogida por Douglas “Domingo” Duarte Niño. Del grupo, de esta columna, sólo “Damián” y Douglas Duarte Niño estaban preparados para disparar la bazuka. Siguen retrocediendo porque el volumen de fuego de los guardias es enorme, especialmente por las dos ametralladoras de la tanqueta, más las ametralladoras que llevan los guardias  montadas en jeepones blindados. Son ya pasadas las dos de la tarde de ese memorable 14 de junio de 1979.

La columna de Palacios González retrocede y se atrinchera en una casa esquinera, de la Colonia Nicarao, enfrente del Hospital del Niño en construcción. La tanqueta y las ametralladoras no cesan de disparar, especialmente ya en este momento en que en esta Zona del Frente de Guerra jefeado por Sergio “Marcio 13” Gómez Vargas hacen una especie de muro de contención contra el contingente de guardias.

La tanqueta se les ubica enfrente y no cesa de disparar en ráfagas contra las casas y hacia dónde están los Combatientes Populares. Douglas “Domingo” Duarte Niño está ya desesperado y molesto porque no han podido dispararle un mortero a  la tanqueta, para desbaratarla.

Están dentro de la casa mencionada, la cual está siendo atacada con las metrallas de la tanqueta y la fusilería de los guardias. “Domingo” Duarte Niño le pide a del Palacios González que le pase una silla del comedor de la vivienda.

“Ponémela encima de este muro. Sostenela fuerte, porque aquí destruiremos esa maldita tanqueta, o me matan de una vez”, le dijo Douglas a “Cucharita”  Palacios González. Duarte Niño, en medio de la balacera, acomodó la bazuka por un hueco, apuntó, disparó y le dio en el centro a la tanqueta, produciéndose un estruendo por la explosión.

La tanqueta giró violentamente hacia un lado, y quedó disparando como “loca” hacia el cielo. “No se preocupen… esa tanqueta está ya destruida. Le dimos en el centro, donde se le debe colocar un cohete a una tanqueta. La  destruimos. Va a cesar de disparar hasta que se le acaben los tiros”, les dijo Duarte Niño a sus incrédulos compañeros y compañeras, que en los primeros segundos pensaron que el disparo había sido en vano.

Al ver la tanqueta destruida y sin el respaldo de ella (porque al amparo de estos equipos de artillería pesada iban haciendo “operaciones limpieza” y de “tierra arrasada”), los guardias sanguinarios corrieron a toda velocidad a meterse dentro del Hospital del Niño en construcción.

Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y población civil de los alrededores estallaron de júbilo de ¡”Viva la Revolución, Viva el Frente Sandinista”¡ y se aglomeraron en torno a la tanqueta destruida, lo cual fue aprovechado por más de 30 guardias que se habían metido dentro del Hospital del Niño, para dispararles en ráfagas, cayendo en el acto cuatro  Combatientes Populares y pobladores, entre otros: “Carlos” y “Enrique”, pertenecientes ambos a la columna de Humberto del Palacios González.

Esto llenó de furia incontrolable a los pobladores de este sector de la Colonia Nicarao y se fueron hasta dentro del Hospital del Niño y le prendieron fuego a toda la madera, papeles y desechos que había dentro por menesteres de la construcción.

Al momento, las llamaradas eran enormes, y los guardias se estaban quemando dentro. Por el fuego, los gendarmes sanguinarios se vieron obligados a salir despavoridos del Hospital, y entonces los ametrallaron a todos. “Yo estimo que eran más de 30 guardias los que murieron allí en el Hospital del Niño. Esos eran los soldados GN  que masacraron a los muchachos de la Colina 110, y son los mismos que mataron  al taxista, a “Carmen, a “La Negra”, a “Damián”, a “Carlos”, y a “Enrique”, recuerda Humberto del Palacio González.

De la tanqueta rescatan varios fusiles Fal y Galil, una gran cantidad de tiros de ametralladora calibre 50 y descubren que los guardias andan una enorme cantidad de drogas dentro de la tanqueta.

Rescatan cadáver de “Pradito” en medio de una lluvia de balas

También había caído Roberto “Pradito” Prado en los combates en las cercanías de la Casa Comunal e Iglesia de las Comunidades Cristianas de Base  de la Colonia Nicarao, donde “Pradito” tenía escondidas armas y municiones, que no pudo recuperar.

Para sacar a “Pradito” de allí, varias Columnas Móviles al mismo tiempo lanzan una ofensiva relámpago, potente, con nutridísimo fuego contra los guardias, los cuales retroceden, y entonces los Combatientes Populares sacan  el cadáver de “Pradito” de ese sitio. Esta ofensiva potente le provoca desconcierto a los guardias, pues se ven de repente “parados en seco” por una nutrida balacera, muy ofensiva.

Ya son las 4: 30 de la tarde de día 14 de junio. Otro contingente de la Guardia Nacional, con abundancia de mercenarios del CONDECA, coreanos, salvadoreños, hondureños y argentinos, viene avanzando, como queda relatado, por el lado de los edificios en construcción, del Hospital Oriental (Manolo Morales Peralta), por el hoy Mercado Carlos Roberto Huembes, se meten también por dentro del Centro Juvenil Don Bosco (ubicado al Sur y Este de las Colonias Diez de Junio, Colombia y Don Bosco), salen por el portón trasero del mismo Centro Juvenil Don Bosco, se meten a los matorrales y árboles que habían donde son hoy los Barrios Agustín Farabundo Martí y Santa Julia, buscando cómo hacer un anillo militar o “tenaza”, para aniquilar a los Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y Milicianos por el lado Noroeste de la Colonia Nicarao.

Mientras tanto, el grueso de la tropa jefeada por Sergio “Marcio 13” Gómez Vargas, y varias columnas móviles, especializadas en guerra de guerrillas, de ataques militares relámpagos, fulminantes, traban combate sostenido, muy violento, con el contingente de guardias que se metió por los lados de la Escuela Independencia (Barrio Santa Bárbara, hoy “Edmundo Matamoros”) y la Casa Comunal de la Nicarao, hacia el punto conocido como “Río Seco”, situado en el lado Noroeste de la Colonia Nicarao, tomando en cuenta la división geográfica que  hace la Pista o Calle Principal,  a partir del sitio conocido como “Monumento del Cacique”.

En este sector cercano a “Río Seco”, en este combate, la GN pierde a alrededor de otros 30 guardias, una gran cantidad de ellos mercenarios del CONDECA.

“Río Seco” es precisamente la calle que comienza en el Monumento del Cacique hacia el Norte, por el lado Noroeste de la Colonia Nicarao. Esta calle es ancha. Aquel  14 de junio de 1979 esta calle estaba llena de hoyos y piedras de todo tamaño, y por este motivo le decían “Río Seco”. Y la siguen llamando “Río Seco”.  Ya está adoquinada. Es una calle que atraviesa de Sur  a Norte el lado Oeste de la Colonia Nicarao.

Una parte del contingente de guardias con que se enfrentaban los miembros de la columna de Humberto del Palacios González, queda prácticamente eliminado. Quedan entonces, concentrados en esta zona geográfica de las Colonias Nicarao y Catorce de Septiembre, dos contingentes de guardias: el que avanza por el lado del Centro Juvenil Don Bosco y el que ha sido “detenido en seco” en las cercanías de “Río Seco”. Este último contingente es el mismo que entró por los semáforos de Rubenia, procedente de la Pista Sabana Grande y Jardines de Veracruz.

Una parte de los guardias integrantes de esta ofensiva enorme han dejado comandos GN, con retenes, radiocomunicadores, fusilería y ametralladoras, en el Asentamiento Laureles Norte (Colina 110), en Villa Libertad, dentro del Instituto de Secundaria de  la Colonia Primero de Mayo, en el Parque y entrada a Jardines de Veracruz y en dos puntos de la Colonia Catorce de Septiembre: en la Calle Principal y frente al Centro Escolar Catorce de Septiembre.

Este combate violento cesa un poco después de las seis de la tarde. Para entonces, ya estaba claro que los guardias y sus jefes somocistas genocidas, no se atrevían a combatir de noche, por temor a ser aniquilados en callejones, en esquinas, en patios, en lugares oscuros, pues los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares conocían muy bien el terreno, a ciegas, a oscuras, mientras que para los soldados GN era desconocido, terrible, especialmente para los mercenarios.

Matan a Douglas “Domingo” Duarte Niño, por confiarse

En este escenario mortal de guerra, una parte de los sobrevivientes de la Columna de Humberto del Palacios González han quedado resguardando los alrededores del Hospital del Niño y a la vez un poco aislados del grueso del Frente de Guerra, comandado por Sergio “Marcio 13” Gómez Vargas. Ya está oscureciendo. Douglas “Domingo” Duarte Niño está por el lado de “Río Seco”, y está preocupado porque “Cucharita” del Palacios González y demás compañeros, no han llegado. Decide cruzar la Pista para ir en busca de sus camaradas, y en ese cruce un francotirador GN lo pega y lo mata.

En estos momentos de la tardecita, allí en “Río Seco” y sus alrededores están varios de los Jefes del Estado Mayor General del Frente Interno, del Estado Mayor Conjunto de Managua y varios de los Comandantes de los Frentes de Guerra o de Combates, entre otros: Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano, Joaquín Cuadra Lacayo, Oswaldo Lacayo Gabuardi, Marcos Somarriba García, Ramón Cabrales Aráuz y César Augusto Silva, con el fin de evaluar la jornada de combates de todo el día 14 de junio,  en conjunto con los jefes de columnas y escuadras, y para decidir cuál será el paso militar siguiente contra la gendarmería sanguinaria, acantonada en los alrededores y buscando cómo  aniquilar a la Insurrección Sandinista en la Zona Oriental de Managua.

Evalúan cuidadosamente, analizan cómo están en disponibilidad de Combatientes Populares, de armas de guerra y municiones, y qué posibilidades les quedan para enfrentar a la soldadesca GN sanguinaria, la cual, al atardecer de ese 14 de junio, estaban desarrollando una especie de anillo militar, o “tenaza”, en busca de matar a los todos los Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares, Milicianos y pobladores implicados en la Insurrección, precisamente, aquí en los alrededores de “Río Seco”, en la Colonia Nicarao.

La labor de espionaje del Estado Mayor General del Frente Interno y de sus escuadras móviles especializadas en esta temática militar, indican que los guardias y sus jefes asesinos, tienen miedo a combatir de noche, pero están confiados en que al amanecer continuarán la ofensiva que traen del lado Este-Oriente de Managua, para aniquilar la Insurrección Sandinista por este rumbo geográfico, a pesar de que la misma práctica de combates de este día 14  les demostró que más bien les habían sido destruido numerosos equipos bélicos pesados y, al parecer, alrededor de 100 guardias muertos.

Golpe mortal a guardiãs en “Río Seco”, en Colonia  Nicarao

La Jefatura Suprema de la Insurrección Sandinista en Managua, encabezada por el Comandante Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra Lacayo,