Miguel Larreynaga Balmaceda, Miguel Larreynaga Balmaceda

Miguel Larreynaga Balmaceda, Miguel Larreynaga Balmaceda

El 28 de abril de 1847, hace 172 años, falleció en Guatemala el Prócer de la Independencia de Centroamérica Miguel Larreynaga. Fue el intelectual de mayor influencia a finales del siglo XVIII y forjó a la generación de la Independencia.

Hoy el Equipo de Barricada/Historia les trae su biografía.

Texto de Pablo Emilio Barreto Pérez

“El modo de conseguir estimación

y granjearse conceptos entre los hombres,

es trabajar asiduamente y cumplir

con exactitud e integridad lo que a uno se le encarga”.

(Miguel Larreynaga)

Don Miguel Larreynaga Balmaceda nació en León el 29 de septiembre de 1, 771 y falleció el 28 de abril de 1847, en Guatemala.

Fue bachiller, licenciado o abogado en derecho civil y eclesiástico, filósofo, matemático, amante ilustrado de ciencias, considerado un sabio como de los tiempos griegos gloriosos y Prócer de la Independencia Centroamericana.

Según Don Ignacio Gómez, biógrafo y alumno de Larreynaga Balmaceda en la Universidad San Carlos de Guatemala, éste nació en la nueva Ciudad de León, el 29 de septiembre de 1771, lo cual es confirmado por otros historiadores centroamericanos.

El mismo Don Miguel confirma ese hecho en su obra: “Memoria sobre el fuego de los volcanes”, en la cual dice que era hijo legítimo de los españoles Don Joaquín de Larreynaga y Doña Manuela de Balmaceda y Silva, los cuales, presuntamente, llegaron de España en aquellos años anteriores al nacimiento del hoy Prócer de la Independencia de Centroamérica.

Es decir, era criollo, nacido en Nicaragua, hijo de padre y madre españoles.

Fue el mismo Don Miguel Larreynaga quién relató estos datos en la Secretaría del Consejo y Cámara de España e Indias (en las Cortes de Cádiz) en 1810 y 1818, cuando, en ambas épocas, era funcionario del gobierno colonial español en Guatemala, capital del Virreinato de la colonización hispánica en Centroamérica.

Era, al mismo tiempo, funcionario fiel del régimen colonial, hasta en los últimos momentos, lo cual era todo lo contrario de la lucha frontal sostenida por el Padre Indio Tomás Ruiz, Prócer revolucionario nicaragüense, quien era el Vicerrector del Colegio San Ramón, donde se inició la Universidad Nacional de Nicaragua.

El Padre Indio Tomás Ruíz no pudo ver la Independencia, porque fue sometido a bestiales torturas por los colonizadores, a raíz de ser descubierto involucrado en un plan revolucionario, llamado Plan de Belén, para tomarse las instituciones del gobierno colonial, hacer prisioneros a los funcionarios civiles y militares coloniales, quitarles las armas, es decir, la revolución contra los opresores, saqueadores de recursos naturales y esclavizadores de nuestros indígenas o aborígenes.

Supuestamente, Ruíz, el Prócer Indio, académico, sabio, Vicerrector de la naciente Universidad Nacional, murió en México.

Refiriéndose a Larreynaga Balmaceda, Gómez dice: “Era hijo único y legítimo de don Joaquín de Larreynaga y de Doña Manuela de Balmaceda y Silva. Su nacimiento costó la vida a su madre, y antes de ver la luz, había perdido a su padre; de modo, que fue su hijo póstumo. Su abuelo paterno le recogió y crió”.

Su infancia

Al perder a sus padres, el niño Larreynaga quedó al cuido de “dos tías solteronas”, quienes lo llevaban a los entonces frondosos bosques de la orilla del Río Telica, situado un poco al Norte de la pequeña ciudad leonesa: Telica, ubicada ocho kilómetros al Norte de la Ciudad Metropolitana de León.

Por ser criollo (hijo de españoles en Nicaragua, en la época de la colonización) la educación de Don Miguel Larreynaga Balmaceda se registró en el Colegio Tridentino (San Ramón) de León, pero, seguramente, recorriendo, en caballos o a pie, todas las semanas los ocho kilómetros que separan León de Telica.

Francisco Pérez Valle, uno de los más conocidos historiadores de Nicaragua, de origen indio, confirma por su parte que don Miguel Larreynaga Balmaceda nació el 29 de septiembre de 1771.

Catedrático e intelectual

Todos los biógrafos coinciden en que Larreynaga estudió ocho años en el Colegio San Ramón, donde brilló de tal manera que a los 18 años era catedrático de filosofía y geometría, lo cual era considerado excepcional en aquellos años de oscurantismo español.

Después pasó Don Miguel a la Universidad de San Carlos de Borromeo, en Guatemala, donde en 1798 obtuvo, en forma muy brillante, su bachillerato en derechos civil y esclesiástico, cuando apenas tenía 27 años.

Allí mismo, en Guatemala, inmediatamente después de su graduación de bachiller, fue nombrado catedrático de matemáticas por la “Sociedad Económica de Amigos del País”.

En 1801, cuando tenía tan sólo 30 años florecientes, se graduó de abogado en la misma Universidad de San Carlos.

En 1800 ya había sido nombrado “Relator Interino” de la Real Audiencia Territorial (cargo del gobierno colonial español, en Guatemala), pese a que todavía no se había graduado, por lo cual fue necesario “permiso especial del Rey de España”, relata Ignacio Gómez, quien fue su discípulo en la Universidad de San Carlos de Borromeo, en Guatemala.

En el Seminario Conciliar, ubicado en León y encabezado por el Obispo Fray Antonio de la Huerta y Casso y el Padre Rafael Agustín Ayestas (este último rector del Colegio Tridentino o San Ramón en aquellos días), lo nombraron “catedrático de Retórica” y luego de Filosofía, según un documento donado al doctor Carlos Tunnerman Berheim por la biznieta del Prócer Larreynaga Balmaceda, Esperanza Larreynaga de Zeceña.

Era tal la confianza y admiración que tenían por Larreynaga Balmaceda en la Relatoría del gobierno colonial español en Guatemala, que “Noticia Biográfica” guatemalteca, según el historiador Francisco Pérez Valle, decía: “Su vasta inteligencia parecía haber sido específicamente organizada para las funciones de la Relatoría, que comprendían primariamente el hacer relación de los autos o expedientes en el tribunal, extractando y reduciendo a sus líneas esenciales el complicado edificio de los procesos. Allí brillaron su inteligencia y probidad, la Audiencia depositó en él toda su confianza y desde entonces su opinión era regla de las sentencias y acuerdos”.

Otros cargos

Fue también Asesor de Guerra del Escuadrón de Dragones de la Provincia de Sonsonate (El Salvador), designado por el Capitán General Antonio González y Saravia, en 1802.

Defensor General de los Bienes Intestados (que muere sin haber hecho el testamento), nombramiento que le fue dado por la Corona Española o Rey de España, en 1805.

En ese mismo año […] Larreynaga fue nombrado Conjuez de la Audiencia y Asesor del Presidente del Reino de Guatemala, General Antonio González Saravia.

En esos días “arregló el archivo de la Audiencia y su inmenso y complicado cedulario (registro de ciudadanos), con el orden y todo que tanto facilitó su inteligencia y manejo”, dice otro biógrafo de Larreynaga.

Fue también Relator de la Junta Superior de Hacienda. Esta era la junta que recaudaba el dinero, los impuestos que imponían los invasores españoles a los esclavizados en Centroamérica.

Uno de los cargos que desempeñó por 19 años fue el de “Relator, en propiedad, de la Real Audiencia, cargo que desempeñó por diez y nueve años “con pureza e integridad”, señala su biógrafo Ignacio Gómez.

Más o menos en 1807, catorce años antes de la Independencia, escribió su utilísimo “opúsculo (folleto) sobre “Método de extractar las causas”, que fue de uso común entre los estudiantes de Derecho de la Universidad de San Carlos de Guatemala, añade Gómez.

Este biógrafo de Larreynaga Balmaceda sostiene que gracias a los méritos de don Miguel, “fue propuesto para una plaza togada en la Real Audiencia, cargo que Larreynaga ambicionaba y por el cual hizo múltiples gestiones, que fueron apoyadas por la propia Audiencia (en Guatemala), que conocía perfectamente sus capacidades; por el Obispo de Nicaragua, Fray Nicolás García y Jerez, y por el Ayuntamiento de Guatemala.

La toga le fue conferida hasta el 29 de marzo de 1814 por las Cortes de Cádiz, pero no pudo tomar posesión de ella porque el Rey Fernando VII disolvió las Cortes y el nuevo Presidente del Reino de Guatemala, Bustamante y Guerra, lo informó a don Miguel.

[…] Larreynaga Balmaceda acudió, inmediatamente, en súplica al Rey de España para que “declarase la nulidad de su plaza togada, que se extendiera con respecto a la Audiencia de Guatemala, y que estaba en aptitud (Don Miguel) para ser destinado a otra Audiencia, cosa que la Cámara Real hizo, pues aclaró que el impedimento legal para ser Magistrado en Guatemala se debía a que era natural del mismo distrito”.

Era tal la influencia que tenía Don Miguel Larreynaga Balmaceda en estas Audiencias del Reino Español, que se daba a la tarea de hacer “aclaraciones” en su favor, debido a que era fiel servidor de la Corona Española.

Los biógrafos afirman que esta influencia de Larreynaga Balmaceda tenía orígen, fundamentalmente, en su enorme capacidad intelectual, inteligencia brillante, sus dones de organizador de los servicios que prestaba y, por supuesto, por su lealtad hacia el Gobierno Español.

Sin embargo, al mismo tiempo, los gobernadores le tenían alguna desconfianza y desprecio por su origen, pues decían de él que “es hijo de platero”, “se le creía “mulato” y que tenía relaciones con personas sospechosas”, indica Gómez, quien afirma que ésto era totalmente falso, pues Larreynaga Balmaceda siempre se empeñó en gestionar otro puesto, para lo cual decidió viajar a España en esos días.

Su viaje a España

Además, (recuerdan estos biógrafos) en 1814, Larreynaga Balmaceda fue electo diputado a las Cortes de Cádiz (españolas) por la Provincia de Nicaragua, pero su viaje a España no tuvo que ver con las Cortes, pues éstas fueron disueltas en el mismo año 1814 por Fernando VII.

El viaje tenía como principal propósito hacer que se reconocieran sus méritos como funcionario colonial e insistir en la solicitud de una plaza togada.

El Viaje tuvo lugar en febrero de 1818, tres años antes de la Proclamación de la Independencia Centroamericana, mientras ya se había dado, a partir de 1811, la Liberación anticolonialista en el Sur de América, específicamente en Venezuela, Colombia, Perú, Bolivia y Ecuador, lucha titánica y colosal encabezada por Simón Bolívar.

Recuerdan sus biógrafos, que la travesía de regreso a Guatemala, por el Atlántico, le fue muy penosa a Don Miguel de Larreynaga Balmaceda, pues la Fragata Dessireé, en que se embarcó, estuvo a punto de naufragar por causa de una terrible tormenta, de la cual Larreynaga mantuvo un tormentoso recuerdo.

Debido a ese accidente, Don Miguel se detuvo varios meses en Burdeos (Francia), de donde pasó a Madrid, España, y el 28 de marzo de 1821 salió para la Cortes de Cádiz, que eran como los juzgados en relación al poder colonial en América.

Este viaje se producía seis meses antes de la Proclamación de la Independencia de Centroamérica.

(Cádiz. En esos momentos era una Provincia, Ciudad y Puerto de España en el Atlántico. Era una salida y entrada de singular privilegio a los países más importantes de Europa, y, especialmente hacia América, donde los españoles tenían sus principales fuentes de robo y explotación de los indígenas o aborígenes. Allí funcionaban las llamadas Cortes de Cádiz).

Después de exitosas gestiones ante el reinado colonial, Larreynaga Balmaceda pudo obtener, en Cádiz, el nombramiento de “Oidor Tercero de la Real Audiencia de Guatemala”.

Es decir, Don Miguel de Larreynaga Balmaceda ambicionaba con vehemencia seguir siendo funcionario del gobierno colonial, mientras al mismo tiempo como volcanes en erupción los pueblos centroamericanos sacrificaban sus vidas en combates profundamente desiguales, pero frontales contra el imperio colonial, entre los cuales se destacaba el Padre Indio Tomás Ruiz, quien supuestamente en esos momentos moría en Chiapas, México, por las torturas propinadas en las cárceles mazmorrescas de los colonizadores.

Por las mismas gestiones mencionadas, el Rey de España, Fernando VII le hizo el nombramiento honorífico a Larreynaga de “Intendente Honorario de Provincia en atención a sus méritos y servicios”, lo cual refleja el nivel de confianza del poder colonial en Don Miguel de Larreynaga Balmaceda.

 El regreso a Guatemala

El 16 de agosto, al día siguiente de su regreso a Guatemala, Don Miguel Larreynaga Balmaceda tomó posesión de su tan ambicionada magistratura, ocupando el tercer lugar en antigüedad, según registra en su edición del tres de septiembre de 1821, el boletín “El Genio de la Libertad”, en Guatemala, señalan sus biógrafos, entre otros, el mencionado Gómez.

Esos biógrafos sostienen que fue en este carácter de “Oidor Tercero de la Real Audiencia Colonial” que don Miguel de Larreynaga Balmaceda asiste a la precipitada reunión, convocada por el Gobernador español Capitán General Gabino Gaínza, en el Ayuntamiento de Guatemala, para abordar entre personalidades, ligadas al gobierno de España, el peligro revolucionario de masas presionando por la Independencia de Centroamérica.

Unos afirman que don Miguel Larreynaga Balmaceda se echó un discurso encendido en favor de la Independencia, en esa reunión de personalidades, entre las cuales estaban, por supuesto, la crema y nata de los funcionarios del régimen colonial español.

Otros, biógrafos y articulistas, dudan de que don Miguel se haya echado ese discurso vehemente que se le atribuye, pues más bien consideran que era un hombre de tendencia conservadora, con la concepción de que los criollos (hijos de españoles nacidos en América) debían ser los nuevos jefes del gobierno, con la finalidad, al mismo tiempo, de conservar parte del poder de los colonizadores en América y garantizar la vía burguesa o capitalista que ya reinaba en Europa después de la Destrucción o “Toma de la Bastilla” en Francia.

Claro, los reinados feudales como el de España, Holanda, Portugal, etc., eran un freno al nuevo empuje del nuevo sistema socioeconómico mundial del capitalismo.

 Larreynaga a favor de la independencia de Centroamérica

Especialistas centroamericanos […] califican a Larreynaga Balmaceda como un Prócer sabio, prudente, con una visión distinta de la Independencia, quizás conservadora en relación a las concepciones revolucionarias que tenía el Padre Indio Tomás Ruíz, quien siempre abogó por el derrocamiento del sistema colonial por la vía de las armas, como había ocurrido, en gran medida, en el Sur de América mediante la lucha de Simón Bolívar y millones de hombres levantados en armas también en Haití, liberado en 1804.

Se afirma también que Larreynaga Balmaceda y resto de próceres de Centroamérica con la influencia indiscutible que tenían, por el nivel de respeto hacia ellos por parte de la gente humilde, y funcionarios coloniales, lograron el objetivo de frenar la Revolución y finalmente entregar el poder civil y militar en manos de los criollos, o sean los hijos de españoles en América y en menos medida en manos de mestizos.

Sin embargo, esos mismos biógrafos sostienen que la opinión de Don Miguel Larreynaga Balmaceda en favor de la Independencia fue crucial ese día, debido a que siempre se tomaba “muy en cuenta” lo que decía para tomar decisiones colectivas o individuales.

[…]

Eran en total, aseguran historiadores “Cincuenta y cuatro personas que representaban al mundillo oficial de Guatemala”, mientras quienes atizaban la hoguera de la Independencia por parte del […] pueblo eran don Pedro Molina y su esposa Bedoya de Molina, quienes inclusive ese día inventaron ejecutar música callejera y provocar explosiones de bombas en las calles de Guatemala, para que la gente acudiera al Palacio de Gobierno, con el fin de exigir la Independencia, después de lo que acaba de ocurrir en Chiapas, donde se había producido la liberación del yugo español.

Los historiadores afirman que mientras José Cecilio del Valle (Auditor General de la Audiencia del gobierno colonial), uno de los llamados próceres, pedía la posposición o prolongación de la Independencia, el canónigo José María Castilla y el Padre Matías Delgado, don Mariano Gálvez, Molina, Barrundia, en cambio, solicitaban vehementemente la liberación inmediata del yugo español en la reunión referida.

Se afirma que Larreynaga Balmaceda fue uno de los primeros en apoyar la tesis de la Independencia inmediata.

En los instantes más agrios de la reunión, el Capitán General o Gobernador quiso mediatizar la Independencia, acomodándola al llamado “Plan de Iguala”, en México, mientras la barra encabezada por Pedro Molina y su esposa Bedoya, exigían desde adentro y afuera del Palacio que la Independencia debía ser absoluta de España, México y de cualquiera otra nación.

Gabino Gaínza se vio obligado a declarar la Independencia absoluta. El Acta de la Independencia se firmó hasta el día siguiente, el 16, en la casa del Gobernador Gaínza.

Ese mismo día, Gaínza y otros personajes fieles y proclives al gobierno colonial español, pretendieron que las sesiones de la Junta Provisional fuesen privadas, a lo cual se opuso el Prócer Miguel Larreynaga Balmaceda.

Afirman los biógrafos de Don Miguel que se impuso, finalmente, la opinión de Larreynaga Balmaceda acerca de que las sesiones debían ser públicas para que todo el pueblo se enterara de lo que se hablaba en la Junta Provisional.

Se sostiene que don Miguel Larreynaga Balmaceda redactó el reglamento correspondiente para que se diera publicidad amplia a todo lo que fuese discutido y aprobado en la Junta Provisional.

“Cierto es -señalan estos biógrafos- que Larreynaga firmó también el Acta de Anexión a México, el 5 de enero de 1822, lo cual le valió la enemistad de varios próceres que se opusieron a ese desafortunado paso”, debido a lo cual fue removido de la magistratura de la Audiencia.

[…] Larreynaga Balmaceda aceptó integrarse al Congreso Imperial (de México) como diputado, con el claro propósito de defender la justa causa de Centroamérica en el seno de este Congreso […]

La estrategia política le funcionó a Larreynaga Balmaceda, pues Centroamérica volvió a ser independiente en 1823 […]

 Nuevos cargos después de la Independencia

También aportó sus luces como filósofo moderno, reformador académico en Nicaragua y difusor del pensamiento ilustrado que proyectaba en otras provincias, como en Costa Rica, a través de sus discípulos…

En su pensamiento pueden detectarse ideas teológicas, pedagógicas, de justicia social y políticas, las primeras tradicionales y las restantes, modernas y liberales; en este sentido, su aporte es bastante considerable y representativo de la ideología revolucionaria del proceso independentista”, escribe Jorge Eduardo Arellano sobre Tomás Ruíz, a quien también he mencionado en este librito a propósito de hablar de don Miguel Larreynaga Balmaceda, quien presuntamente dejó en herencia las tierras que hoy ocupa Malpaisillo para su existencia como pueblo y municipio de León.

El mismo 15 de septiembre, don Miguel Larreynaga Balmaceda es nombrado miembro de la Junta Provisional Consultiva, creada en el Acta de Independencia, compuesta por miembros de la Diputación Provincial, más Larreynaga Balmaceda , don José Cecilio del Valle (uno de los próceres más conservadores), el Marqués de Aycinena, doctor José Valdés, el doctor Ángel María Candina y el licenciado Antonio Robles, todos ellos funcionarios del gobierno colonial español al momento de la Independencia de Centroamérica.

Después de ésto, don Miguel Larreynaga Balmaceda siguió en “las alturas”, por su indiscutible talento y servicios al régimen colonial, pues al producirse la anexión centroamericana al oportunista Imperio Mexicano de Iturbide, ocupó la diputación imperial de Sacatepéquez (Antigua Guatemala).

Destronado Iturbide, Larreynaga Balmaceda fue nombrado Magistrado de la Audiencia de Guanajuato (México), cargo que no pudo desempeñar.

Después fue Regente de la Suprema Corte de Justicia del Estado de Oajaca (Oaxaca), nombrado por el Congreso de este Estado mexicano, cargo que aceptó para acercarse, se afirma, a su querida Guatemala.

Fue Juez Letrado de Distrito del Estado de Oajaca, en 1826, cinco años después de proclamada la Independencia de Centroamérica.

Al salir de Oajaca, se añade, donó la biblioteca que había formado al Instituto de Ciencias y Artes del Estado, en México.

En 1829 fue Asesor General del Estado de Chiapas, donde residía el Congreso General de México, cargo al cual renunció por razones de edad y deseos de visitar cuanto antes Centroamérica.

En 1833 fue electo Magistrado de la Corte Suprema de Justicia de Chiapas, México, cargo ocupado por él hasta mediados de 1835.

 El retorno definitivo a Guatemala

En noviembre de 1835 regresa a la ciudad de Guatemala, donde, apuntan sus biógrafos, es visitado por intelectuales, gobernantes y literatos, para consultarle sobre diversas temáticas, debido a que lo consideraban como “una biblioteca viviente”.

En 1838 fue nombrado Presidente del Supremo Tribunal de Apelaciones de Guatemala, cargo que desempeñó hasta el llamado nuevo “Estado de los Altos” como diputado electo de Güegüetenango y Suchitepéquez.

La Asamblea Legislativa del denominado “Sexto Estado” se instaló en Totonicapán, México, de la cual fue nombrado presidente el licenciado Miguel Larreynaga Balmaceda, pero el cargo no pudo desempeñarlo porque tuvo que regresar a Guatemala.

En mayo de 1839, ya roto el Pacto Federal Centroamericano, se incorporó a la Asamblea Constituyente de Guatemala, como diputado por Cobán, cargo que desempeñó hasta abril de 1842.

En ese mismo año, organiza el Juzgado de Alzadas del Tribunal del Consulado, del cual se hace cargo.

En 1844, el Congreso de Guatemala lo designó regente de la Suprema Corte de Justicia, cargo que desempeñó durante un año.

Ese mismo año, asumió la Cátedra de Bellas Letras Latinas en la Universidad de San Carlos de Guatemala, donde la juventud sentía especial admiración por él, afirman sus biógrafos.

 Su muerte

Al morir, el 28 de abril de 1847, se desempeñaba como Juez de las Alzadas del Consulado del Comercio en Guatemala. Murió como consecuencia de un fuerte resfriado a los 65 años.

Al fallecer se le consideraba, junto a Cecilio del Valle (Prócer también), como los intelectuales más ilustrados, sabios y brillantes de su tiempo en Centroamérica, donde ambos dejaron sus huellas marcadas, especialmente por la concepción conservadora que tuvieron de la Independencia Centroamericana.

 Su legado

Los historiadores José Dolores Gámez, liberal del grupo político de José Santos Zelaya López, Eduardo Zepeda Henríquez y José Antonio Liendo Goigoechea, califican a Miguel Larreynaga Balmaceda como uno de los hombres más sabios e influyentes de aquel tiempo relacionado con la Independencia de Centroamérica, en 1821.

Era la “imagen de la sabiduría en Centroamérica en la primera mitad del siglo XIX”, escribió Eduardo Zepeda Henríquez, uno de los historiadores nicaragüenses.

“Fue el intelectual de mayor influencia a finales del siglo XVIII y forjó a la generación de la Independencia: José María Peinado, Antonio Larrazábal, Pedro Molina y José Cecilio del Valle”, añade José Antonio Liendo Goigoechea.

José Dolores Gámez agrega que Larreynaga tenía “una insaciable curiosidad enciclopédida y la afición por las ciencias”.

Se conoce que tradujo al español “Retórica” de Aristóteles, cuando ya estaba convertido en profesor del Colegio Seminario San Ramón, en León, donde al mismo tiempo estudió filosofía, matemáticas y geometría.

Escribió un llamado “Prontuario de todas las Reales Cédulas”, “El Quebrado Ganancioso”, “Memorias sobre el origen del fuego de los volcanes”, “Del Influjo del clima sobre los seres organizados”, “Nuevas observaciones sobre el fuego de los volcanes”.

Ignacio Gómez, su alumno y biógrafo guatemalteco, asegura que Larreynaga Balmaceda era “el literato más infatigable de su tiempo y que la constante de su vida radicó en buscar la verdad”.

Ante sus alumnos en la Universidad de San Carlos de Borromeo, en Guatemala, y en las mismas oficinas o despachos burocráticos del régimen colonial, Larreynaga Balmaceda escribía y decía:

“El modo de conseguir estimación y granjearse conceptos entre los hombres, es trabajar asiduamente y cumplir con exactitud e integridad lo que a uno se le encarga.

El hombre debe hacer consistir su riqueza en saber privarse de placeres inútiles, para no pasar la humillación de vender su independencia.

El verdadero decoro y esplendor consisten en no deber a nadie nada, en no oír que los acreedores llamen a la puerta, aunque las arcas estén vacías”.

Miguel de la Larreynaga Balmaceda está sepultado al pie de una de las columnas gigantescas y frontales de la Iglesia Catedral de León de Nicaragua, declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Bibliografía consultada: “Larreynaga-Malpaisillo, Pueblo Joven, arrasada por algodoneros”, Pablo E. Barreto Pérez; “Héroes sin Fusil”, Jorge Eduardo Arellano; “León Viejo y otros escritos”, Carlos Tunnerman Berheim; “Biografía de Miguel de Larreynaga”, Ignacio Gómez; “Comentarios”, Francisco Pérez del Valle; “Historia de Nicaragua”, José Dolores Gámez; “La Patria del Criollo”, Severo Martínez Peláez; y artículos y comentarios de Francisco Pérez Valle y Eduardo Zepeda Henríquez.

Texto de: Pablo Emilio Barreto

https://pabloemiliobarreto.wordpress.com/2013/09/12/miguel-larreynaga-balmaceda-procer-centroamericano/

Adaptación: Equipo de Barricada/Historia

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El testigo gráfico de la insurrección y el repliegue

Visión Sandinista — 27 junio, 2019 add comment

  • Con su cámara registró luchas, masacres y victorias que han pasado a la historia
  • Fotografió el fusilamiento del “macho negro”

David Gutiérrez López

A la orden de ¡fuego! sonaron los disparos ensordecedores que impactaron en el hombre alto, moreno, vestido de camisola parado sobre el improvisado paredón de una tapia en la entrada del barrio Monimbó, en Masaya. Era el sargento Alberto Gutiérrez, mejor conocido en las filas de la Guardia Nacional (G.N) de Somoza, como el “macho negro”, quien acababa de ser fusilado.

El periodista Pablo Emilio Barreto Pérez también disparó con su cámara fotográfica, registrando para la historia quizás el único caso de fusilamiento ocurrido durante la lucha insurreccional, luego de ser juzgado por la justicia popular por acusaciones de asesinatos, torturas y violaciones a la integridad humana, principalmente de jóvenes.

La orden de fuego y fusilamiento la dio el comandante Carlos Núñez Téllez, miembro de la Dirección Nacional del FSLN y uno de los dirigentes de la insurrección y el repliegue de Managua a Masaya, en junio de 1979.

A la izquierda de boina y fusil en mano el comandante Carlos Núñez, al frente en el paredón, el sargento somocista Alberto Gutiérrez “macho negro, a la derecha el guerrillero Sergio Gómez, en Masaya el 19 de julio de 1979.

“Su cuerpo se levantaba como en cámara lenta cuando impactaron los tiros”, recuerda Barreto ese día hace 40 años, precisamente el 19 de julio de 1979, en pleno mediodía cuando en Nicaragua se había derrocado a la dictadura de Anastasio Somoza Debayle y su ejército. Las columnas guerrilleras del sur, norte, occidente y el oriente comenzaban a desplazarse por las carreteras rumbo a Managua, a tomar por asalto el último bastión de la G.N.

Había triunfado la anhelada revolución sandinista El “macho negro,” último jefe de la treceava sección de Policía, ubicada en el Mercado Periférico de Managua, debía su apodo porque en los desfiles conmemorativos del ajusticiamiento del fundador de la dinastía, Anastasio Somoza García, (21 de septiembre de 1956) le encomendaban halar de una rienda un caballo negro sobre el cual colocaban unas relucientes  botas presuntamente que habían pertenecido al dictador.

Ese 19 de julio, día del triunfo, una multitud de combatientes y pueblo en general se aglomeró en la calle frente a la Iglesia Don Bosco desde horas tempranas a conocer y celebrar la victoria. De pronto, un hombre jineteando una bestia gritaba que él conocía donde estaba oculto el “macho negro”. Nadie le ponía atención hasta que, al insistir con sus gritos, alguien le escuchó. De inmediato formaron una escuadra de seis guerrilleros dirigida por Francisco Guzmán Fonseca, conocido como “Chico Garand” y Abraham Delgado Romero, para ir a buscarlo hasta Los Altos de Masaya, donde efectivamente se ocultaba en casa de unos parientes.

En la insurrección y el repliegue

Pablo Emilio confiesa que a él nadie lo reclutó, ni estaba integrado orgánicamente en el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Cuando estalló la insurrección en Managua el 9 de junio, él habitaba con su familia en Bello Horizonte.

Salió de su casa armado de dos cámaras y una libreta dispuesto a realizar su labor periodística, para esa época trabajaba para el Diario La Prensa. Recorrió las barricadas tomando fotografía de aquella insurrección en contra de la dictadura de Somoza con 44 años en el poder.

El colega Barreto, guiado por su instinto periodístico, pensó que la resistencia se desarrollaba en el sector de los barrios orientales, pero su sorpresa fue cuando se enteró que el diseño estaba planificado en tres grandes frentes que resistiría al menos una semana, pero que se extendió por 18 días al sumarse una inmensa cantidad de pobladores de los barrios con armas de cacería, pistolas, machetes, bombas de contacto y hasta palos. Ellos en su mayoría construyeron solidariamente las gigantescas barricadas de adoquines fabricados en una de las empresas propiedad de Somoza.

Durante sus recorridos en las zonas controladas por la guerrilla del FSLN, Pablo Emilio recuerda que el comandante Carlos Núñez Téllez estimó que los guerrilleros no superaban los 140 armados con fusiles de guerra, el resto eran combatientes populares.

El encuentro con William Ramírez

Una mañana lluviosa, cuando Barreto se encontraba en el sector de residencial El Dorado, se sorprendió al ver que su antiguo compañero de labores y colega William Ramírez era uno de los comandantes del Frente Interno de la insurrección.

Otra sorpresa que experimentó fue ver su libro “44 años de dictadura somocista”, recién publicado el 6 de junio de ese año 79 y que debido a los acontecimientos no tuvo tiempo de presentar por lo que se habían quedado guardados en una bodega de La Prensa, estaba en las trincheras donde los combatientes lo leían ávidamente. Las bodegas habían sido saqueadas y los libros tirados. El autor por supuesto no logró vender un solo ejemplar.

El bombardeo criminal de la aviación somocista

El “dundo Eulalio” fue el nombre con el que los combatientes y población bautizaron a un avión bimotor que volaba lento, pero que descargaba unas certeras bombas criminales que mataron a decenas de nicaragüenses incluyendo niños, mujeres y ancianos. El bombardeo fue un acto desesperado de Somoza ante la incapacidad de sus tropas élites de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI) de expulsar a los guerrilleros.

A este bombardero se sumaron dos aviones Push and pull. Los bombardeos indiscriminados iniciaron el día 11 de junio, cuando la guerrilla sandinista atacó y aniquiló a los guardias de la treceava sección de policía. Ese mismo día quemaron el Diario La Prensa, en la carretera norte. Unas 30 mil fotos tomadas por Barreto también quedaron incineradas, sin incluir otros tantos de fotógrafos como Cruz Flores, Manuel Salazar, Iván Cisneros, Carlos Doña, Ernesto Aburto, entre otros.

Gracias a las fotografías tomadas por Barreto se conoció y documentó los crímenes de Somoza. En la primera edición del Diario Barricada, órgano oficial del FSLN, publicado el 25 de julio de 1979, en la primera plana se publicó la foto de una mujer semienterrada que sobrevivió al caer una bomba en su casa en el barrio Ducualí.

Su pasión por la fotografía lo convirtió en el reportero gráfico de la insurrección en la capital, con la cual se pretendía restarle presión a las fuerzas insurrectas ubicadas en el Frente Sur, que mantenían una guerra de posiciones con la participación de varios miles de guerrilleros y donde la guardia somocista se sostenía con sus mejores tropas y armamento utilizando la infantería, una improvisada marina y aviación con el fin de parar la ofensiva final.

No te podés quedar, porque te quieren matar

La insurrección en Managua se extendió por 18 días. Las municiones de las armas de los guerrilleros escaseaban. La comida, el café, el pan y las tortillas comenzaban cada vez más a desaparecer de la vista de combatientes y vecinos.

En total secreto el Estado Mayor insurreccional decidió lo que inicialmente se llamó “retirada táctica clandestina”. El 27 de junio por la mañana dos jefes guerrilleros, Isabel Castillo y Norori (todavía viven) buscaron al periodista gráfico y le transmitieron la orden: “El Estado Mayor le manda a decir que usted no se puede quedar en Managua, porque lo quieren matar”.

Efectivamente, unos días antes en la Radio Nicaragua habían lanzado amenazas a Pablo Emilio y otros colegas que serían asesinados por los escuadrones de la muerte. A esas alturas él desconocía hacia dónde, cuándo y cómo saldría de ese lugar. Lo primero que expuso fue que tenía dos pequeños hijos y su esposa habitando en Bello Horizonte. Los guerrilleros le indicaron que arreglara esa situación, pero que él no se podía quedar porque su vida peligraba.

Llegó la noche y con ella la incertidumbre. Cerca de las siete, el grueso de personas entre combatientes y civiles, heridos, ancianos y niños que inicialmente se estimaban serían unos dos mil o quizás un poco más, se convirtió en una cifra que oscilaba entre seis y siete mil.

Sólo los dirigentes y cercanos guerrilleros sabían hacia dónde sería el repliegue. Les recomendaron silencio, no arrastrar los pies, no encender cigarrillos, ni lámparas. Pero la gente llevaba maletas, heridos, niños de pecho y hasta mascotas entre canes y gallinas, recuerda.

Antes de iniciar la caminata, se formaron tres grupos. Una vanguardia dirigida por el comandante Carlos Núñez Téllez, el segundo y mayoritario grupo lo dirigía el comandante William Ramírez y el tercer grupo la retaguardia, en el que estaban al frente varios jefes guerrilleros entre ellos los comandantes Raúl Venerio y Ramón Cabrales.

El casual encuentro con sus hermanos La marcha salió de la calle donde se ubica la clínica Don Bosco hacia el este buscando la gasolinera San Rafael, pasando por la Colonia 14 de septiembre y el tanque rojo, allí se produjo un breve combate con guardias que custodiaban ese objetivo, todavía predominaba la incertidumbre de ¿a dónde vamos? Cuando llegaron al cruce de Veracruz Pablo Emilio intuyó que la retirada era hacia Masaya, ciudad controlada por la guerrilla después de haber sacado del comando al general Fermín Meneses, quien protegido en una tanqueta y con prisioneros al frente salió rumbo al Coyotepe.

Fue en el camino que se topó con la grata sorpresa de encontrarse a sus hermanos Mauricio y Leopoldo, además de Josefa Briceño, esposa de este último. Se juntaron sentimientos de alegría y preocupación para continuar la marcha juntos.

De campesino y taxista a periodista

Por ser el mayor de ocho hermanos, le correspondió trabajar desde muy temprano. Aprendió las labores de siembra de frijoles, maíz y hortalizas en su natal León. Fue campista, ordeñador y arreador de ganado. Logró finalizar la primaria y alcanzar el primer año de secundaria. La pobreza y la necesidad lo condujeron a conocer el oficio de tractorista y también de taxista interlocal entre Malpaisillo y León.

Era un devorador de periódicos y libros. Los leía todos y un día, mientras conducía el taxi se propuso enviar notas de sucesos a la redacción de La Prensa. Durante una erupción del Cerro Negro que mantuvo en vilo a occidente y el país, envió varios reportes interesantes y se proyectó como reportero. Pedro Joaquín Chamorro, entonces director del diario, lo llamó para ofrecerle un trabajo de periodista de planta. Antes de este suceso, en 1969, se había convertido en reportero de cuatro emisoras leonesas, entre ellas Radios Philips, Darío y Progreso, donde se redondeaba un salario de unos mil córdobas, cuando la paridad del dólar era 7 córdobas por un dólar.

En La Prensa comenzó a trabajar en mayo de 1970, teniendo de jefes inmediatos a Anuar Hassan y Hermógenes Balladares. Años antes, un amigo le había facilitado una máquina de escribir, una vieja Remington donde aprendió a usarla guiado por un método de mecanografía que compró en la desaparecida librería Recalde.

La masacre de Piedra Quemada

Al amanecer del 28 de junio de 1979 cuando se encontraban en Piedra Quemada, cerca de Nindirí, vieron aparecer de pronto un par de aviones somocistas ametrallando y lanzando bombas sobre los replegados. Armado de su cámara Pablo Emilio se tiró al suelo y comenzó a tomar fotos de lo que sería una de las mayores masacres ordenadas por Somoza que dejaría al menos 90 muertos y decenas de heridos.

El personaje

Pablo Emilio Barreto Pérez nació el 17 de agosto de 1947 en el hospital San Vicente de León, es el mayor de ocho hermanos, del matrimonio de Octavio Barreto y Rosa Pérez (actualmente de 98 años residiendo en Managua).

De su primer matrimonio es padre de tres hijos: Pedro Pablo, Nelson y Elisa María. De su segunda relación es padre de Sofana.

En los años 80 fue representante ante el Consejo de Estado por la Unión de Periodistas de Nicaragua (UPN). Es fundador del Diario Barricada, órgano oficial del FSLN. Fue secretario del sindicato del mismo diario en los años 80.

Es autor de 22 publicaciones, entre ellas el libro “El Repliegue de Managua a Masaya”. Actualmente prepara un compendio para su edición luego de tres años de investigación que pretende ampliar y documentar la información respecto a la cantidad de muertos que dejó la insurrección y el repliegue con nombres y apellidos.

Estudió dos años en la Escuela Nacional de cuadros del FSLN, donde resultó alumno vanguardia. En los años 80 fue político de los Batallones de Reserva de la carretera norte. Fundador de los Comité de Defensa Sandinista (CDS) e integrante de las Milicias Populares Sandinistas.

Fue concejal de la comuna capitalina entre 2005 y 2009. ALMA lo declaró hijo dilecto de la capital. El presidente Daniel Ortega le otorgó la Orden Independencia Cultural Rubén Darío, el primero de marzo del 2008, Día del Periodista nicaragüense.

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Pablo Emilio Barreto, Pablo Emilio Barreto: Reportero nicaragüense narra un Éxodo posterior a la Biblia

Reportero nicaragüense narra un Éxodo posterior a la Biblia

Por Francisco G. Navarro *

Managua, (Prensa Latina) Las ansias de superación convirtieron a Pablo Emilio Barreto de ordeñador de vacas en Malpaisillo en periodista, y las circunstancias históricas de Nicaragua en reportero de la insurrección final que quebró la dictadura de Anastasio Somoza en junio-julio de 1979.

 

Reinaba la paz en el parque de la Colonia del Periodista en Managua, cuando en diálogo con Prensa Latina la memoria fílmica del corresponsal de guerra apretó en 67 minutos de fluida narración aquel Éxodo nicaragüense que pareció replicar una página de la Biblia, donde el Gran Lago Amargo cedió su lugar a la Laguna de Masaya.

En esta historia los pastores iban vestidos de comandantes sandinistas y portaban fusil por cayado mientras guiaban al pueblo reprimido de Nicaragua, y la Tierra Prometida se llamaba Masaya, una ciudad a 30 kilómetros de Managua, en poder de la insurgencia a donde el Frente Sandinista replegó las fuerzas de la guerrilla urbana capitalina entre el 27 y el 29 de junio de 1979.

Y Barreto fue parte de aquella operación táctica conocida entonces como La Retirada, en su doble condición de combatiente y reportero, sin reparar en el orden de los factores que en esa fórmula revolucionaria tampoco alteraban el producto.

Cuando el 10 de junio el Frente Interno, la guerrilla urbana sandinista, decide insurreccionar los barrios orientales de Managua el plan original fue concebido para una semana de lucha en las barricadas, hasta que las fuerzas dislocadas en el Norte, Sur, Oriente y Occidente de Nicaragua avanzaran sobre la capital y le dieran el tiro de gracia a la dictadura del clan Somoza. Pero la Batalla de Managua se extendió con su cuota de mil muertes y resistencia tenaz hasta finales del sexto mes. Barreto contabilizó 12 masacres en la capital, más los bombardeos aéreos que comenzaron el día 11 y ya no se detuvieron hasta el abandono por el Frente Sandinista de las posiciones liberadas en la calles de la ciudad.

Solo en la colonia Nicarao un ataque somocista causó 72 muertos, recuerda con precisión de cirujano.

Uno de aquellos zarpazos desde el aire incendió la sede del periódico La Prensa, donde él laboraba desde 1970, y en cuyo archivo ardieron unas 30 mil fotos que su lente había captado en la Managua anterior y posterior al terremoto de diciembre de 1972.

Poco antes la Guardia Nacional había extraído de las bodegas del diario la mitad de los seis mil ejemplares con la tinta aún fresca de su libro Cuarenta y cinco años de dictadura somocista y ahogó la historia en las aguas del lago de Managua.

Pero los otros tres mil textos, él no supo cómo, fueron rescatados de la desmemoria por milicianos del Frente y para sorpresa suya eran el best seller de las trincheras en el oriente capitalino.

LA GUERRA NO ES CIENCIA EXACTA

En su doble condición de reportero y protagonista Pablo Emilio Barreto cuenta en su haber con una copiosa obra histórico-testimonial de lo que hoy se conoce como el Repliegue Táctico a Masaya, gesta con un lugar de privilegio en el Olimpo de la guerra popular en el país más extenso de Centroamérica.

El plan de aquel movimiento operativo consistía en fortalecer la defensa de la rebelde Masaya, por entonces liberada del somocismo, y evitar que la Guardia Nacional, brazo armado de la dictadura, recuperara la plaza en cuyos mástiles ondeaba la bandera roja y negra del Triunfo.

Luego las fuerzas del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) marcharían a libertar los Pueblos Blancos de la meseta, Catarina, Niquinohomo, San Marcos, Masatepe, Diriá y Jinotepe, paso previo a la a la batalla por la ciudad colonial de Granada, entre las tres más importantes del país volcánico.

La guerra tampoco es una ciencia exacta aunque se estudie en academias, así lo probó el Repliegue, planificado por comandantes guerrilleros graduados en las aulas de las montañas y las calles insurrectas de Nicaragua.

Se trataba de retirar a los 110 combatientes armados y con suficiente preparación militar que habían sublevado las barriadas del Este de Managua, a quienes acompañarían entre dos mil 500 y tres mil pobladores de la demarcación, cifra que a la hora de la verdad se transformó en cerca de siete mil.

Movilizar aquella multitud en la cual iban heridos, enfermos, ancianos y niños, gente que acarreaba sus enseres domésticos y alguna que otra gallina ponedora, era una tarea propia de cíclopes, pero los jefes guerrilleros no concebían dejar a la población civil a expensas de la sed de sangre del somocismo tardío.

Si el arranque de la marcha fue previsto para las cinco de la tarde del 27 de junio, no fue hasta pasadas las 10 de la noche que aquella serpiente humana logró echar a andar.

El tránsito concebido para 12 horas con la protección del manto de la noche, mientras sorteaba espinales, alambradas y bombas de mil libras, terminó por cuadriplicarse.

Barreto que cargaba cámara, filmadora, un pequeño saco con bombas de contacto y cuatro o cinco rollos de negativos, capturó en aquel vía crucis fotos que tienen un lugar propio en la iconografía de Nicaragua.

Como fue el primer plano del comandante guerrillero William Ramírez con su fusil M-16 cruzado al pecho, imagen completada con las dos hileras de personas a ambos lados de las alambradas delimitadoras de una encajonada, camino vecinal entre dos propiedades agrícolas.

POÉTICA DE LA MUERTE Y LA VICTORIA

En la narración de la epopeya, que es preciso constreñir por razones editoriales de fuerza mayor, la guerra canta con su poética de muerte que a veces escribe versos cargados de mística belleza cuando enlaza las estaciones del periplo hacia Masaya.

Y el reportero testimoniante desgrana los topónimos indígenas y españoles de la marcha espinosa: Cruce de Veracruz, Piedra Quemada, Camino de las Diligencias, cerros de Coyotepe y la Barranca, los precipicios la borde la Laguna de Masaya.

Mientras por la narración desfilan los sitios de la heroicidad, los vocablos bombas, rockets, charneles, ametralladoras 50, aviones asesinos Push and Pull, la primera sepultura al pie de un ceibo y cadáveres con la sola mortaja de unas ramas, enriquecen el lenguaje de la muerte, que en ocasiones es el idioma de la victoria de una causa.

En el prólogo de la madrugada del 29 de junio la amalgama de lo que fueron tres columnas a la salida de Managua tocó territorio libre por la zona del cementerio Norte de Masaya.

La jefatura del Frente de Masaya les dio una bienvenida salpicada de frijolitos calientes y café de palo, antes de distribuir la tropa y población acompañante en 16 albergues, incluido el colegio Don Bosco, donde una tablita en el interior del laboratorio le sirvió de lecho reponedor al corresponsal de guerra.

En lo esencial el Repliegue había cerrado su capítulo táctico, aunque a la guerra le restaban 20 días de estertores somocistas, y a Pablo Emilio Barreto suficientes emociones por vivir y luego narrar.

OBTURADOR Y GATILLOS AL UNÍSONO

Su despertar a media madrugada del 19 de julio estuvo marcado por los cohetes de la victoria y ya la fiesta no paró.

Los últimos defensores del huido Anastasio Somoza Debayle se desbandaban de la cima fortificada del Coyetepe y él dejaba evidencia gráfica de la segunda revolución armada triunfante en América Latina.

Aún le faltaba tomar otra foto preñada de escalofrío, cuando el obturador de su cámara disparó a la par de los fusiles que dictaron justicia, ante un muro del barrio indígena de Monimbó, contra el sargento Alberto Gutiérrez, alias Macho Negro, sinónimo de la garra represiva del régimen liquidado.

A media tarde del propio 19 entró en la capital liberada, donde una semana más tarde vería la luz el primer número del periódico Barricada, órgano oficial del FSLN hasta que el gobierno neoliberal lo asfixiara en 1997.

Sus fotos del último mes de gesta ilustraron la portada primigenia del diario rojinegro. Espeluznante la de una mujer semienterrada hasta el cuello que sobrevivió a la caída de una bomba sobre su casa del capitalino y rebelde barrio de Ducualí.

Pablo Emilio Barreto, el joven ordeñador y taxista de Malpaisillo, había entrado en la historia del periodismo nicaragüense por la puerta de la rebelión documentada.

arb/fgn

*Corresponsal de Prensa Latina en Nicaragua.

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Pablo Emilio Barreto Pérez, Pablo Emilio Barreto: sus libros y biografía breve

Pablo Emilio Barreto Pérez

Información breve de sus libros y biografía breve de su vida campesina, profesional y de su participación en luchas sociales

Libros ya impresos y no impresos.  Todos están depositados en la Biblioteca Nacional Rubén Darío (Palacio de la Cultura), en la Biblioteca del Banco Central  y en las cinco Bibliotecas de la Alcaldía de Managua, situadas: “Iberoamericana,” Plaza España; Mercado Oriental o “Niños Felices”, donde fue la Azucarera; Larreynaga, del Puente El Edén, una cuadra al Oeste y media cuadra al Norte; Luis Alfonso Velásquez Flores, en el Palacio de la Cultura; Mercado Iván Montenegro Báez, y en la Fidel Coloma, contiguo al Mercado Róger Deshón Argüello, en el Barrio San Judas.

“44 años de la dictadura somocista”. Fue escrito y publicado en junio de 1979, durante la Insurrección Sandinista y antes del Triunfo de la Revolución Sandinista. Es una denuncia fuertísima contra la tiranía genocida del somocismo, especialmente por la destrucción generalizada del país, las matanzas de 50 mil nicaragüenses, los robos colosales y descarados y corrupción imparables del mismo Anastasio Somoza Debayle y de sus generales, coroneles, mayores y toda la claque del Partido Liberal Nacionalista, que era “el brazo civil” de la Guardia Nacional o ejército de intervención norteamericana armada permanente: creada, entrenada y financiada por el gobierno criminal de Estados Unidos. Es un libro mayoritariamente gráfico. Una parte de este libro fue robado por la Guardia Nacional y tirado al Lago de Managua. Unos tres mil ejemplares, en cambio, fueron distribuidos entre combatientes populares en las trincheras o barricadas de combate en la Insurrección Final contra la tiranía somocista en Managua.

Insurrección Sandinista Victoriosa y Repliegue Táctico de Managua a Masaya.  Es el segundo libro de Pablo E. Barreto Pérez, impreso en la Editorial Cartago de México, y publicada su primera edición en 1982. Fue ésta la primera edición de más de 20,000 ejemplares, se informó.  Se produjo como consecuencia de su participación directa en la Insurrección Sandinista Victoriosa u Ofensiva Final contra la dictadura somocista genocida en Managua y su también participación directa en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya el 27 de junio de 1979. Narra este libro, además, sobre cómo los 6,000 ó 7,000 capitalinos replegados de Managua a Masaya participaron en la defensa de la misma Masaya, la Liberación de Jinotepe, Diriamba, San Marcos, Granada, Diriomo, Diriá, y todos los llamados Pueblos Blancos. En este libro se relata detalladamente esta hazaña histórica-militar del FSLN en su marcha para derrumbar por siempre a la dictadura genocida del somocismo. Barreto Pérez iba como combatiente, tomó notas del viaje, hizo las fotos que después se hicieron famosas en el país, y volvió triunfante a Managua con los mismos combatientes, después de permanecer combatiendo en Masaya, Granada y Carazo.  El Repliegue de Managua a Masaya sirvió, inclusive, para reforzar el Frente Oriental Carlos Roberto Huembes Ramírez, y para derrumbar a la guardia genocida en Masaya, Granada, Jinotepe, Masatepe, todos los llamados Pueblos Blancos o Brujos y la liberación posterior y definitiva de la misma Managua-Capital. Tres asuntos anecdóticos e históricos:

1)      Según se informó, de este libro (ubicado en “Testimoniales”) se imprimieron cerca de 30 mil ejemplares en México, de donde fue enviado a Venezuela, otras partes de Centroamérica y España; 2) Al llegar a Managua, le enviaron a su autor, Pablo Emilio Barreto Pérez, tan sólo 20  ejemplares. El autor pensó que eran regalados, pero a la semana siguiente también le llegó el cobro por esos 20 ejemplares; 3) Como en los casos de  todos sus libros, Barreto Pérez, en cambio, no cobró ni un centavo por escribir este valioso libro histórico-testimonial que recoge una de las hazañas militares y políticas más importantes de la Historia Moderna de Nicaragua.

2)      El “Repliegue Táctico de Managua a Masaya” fue reescrito por su autor en mayo-junio del 2009, para su tercera reimpresión en la Imprenta de la Asamblea Nacional, por órdenes del compañero René Núñez Téllez, presidente del Parlamento; y del Comandante Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz, uno de los jefes de aquel Repliegue de 1979. Barreto Pérez reescribió su libro en 25 días. Se hizo la reedición y reimpresión en homenaje al 30 aniversario de la Revolución Popular Sandinista. Ahora tiene el doble de páginas, debido a que fue ampliado, tiene muchísimos más datos sobre la Insurrección en Managua, del Repliegue, de la defensa de Masaya y los operativos militares revolucionarios sandinistas para propiciar y acelerar el derrumbe o demolición de la dictadura genocida del somocismo. El libro original del “Repliegue Táctico de Managua a Masaya” fue escrito en una semana, en febrero de 1980, debido a que Federico López Argüello, uno de los participantes en esta gesta en Managua y Masaya, dijo que era urgente llevarse a México el testimonio escrito por el único periodista participante directo, cronista y sobreviviente de la célebre Insurrección Sandinista y del Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

3)      Otra anécdota histórica importante es que Barreto Pérez tomó alrededor de 20 rollos de fotos (cuando aún eran películas, celuloides, con el revelado correspondiente) de las batallas o combates insurreccionales entre los combatientes del Frente Sandinista y los guardias genocidas somocistas en Managua; y después, varios rollos durante la marcha del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, y luego en los combates liberadores en Jinotepe, y Granada. Cuando ya se hubo registrado el Triunfo de la Revolución Sandinista, después del 19 de julio de 1979, aparecieron decenas o centenares de periodistas y escritores oportunistas, en busca o a la caza de materiales históricos sobre la Revolución Sandinista, para hacerse “estrellas”, apropiándose de la Estrella de la Revolución Sandinista. Uno de éstos, un mejicano, le solicitó fotos al Comandante Carlos Núñez Téllez, jefe de la Insurrección y del Repliegue a Masaya. El Comandante Núñez Téllez me ordenó entregarle los rollos (ya revelados) al mejicano, presuntamente “prestados”. Yo ya conocía este tipo de ardides de estos oportunistas miserables. La orden del Comandante Núñez Téllez era terminante. Pensando en lo que podía ocurrir, me guardé, aparté, tan sólo 10 rollos de las fotos de la Insurrección en Managua, del Repliegue de Managua a Masaya y de las “tomas” o liberaciones de Jinotepe y Granada. Eso fue lo que salvé, pues el estafador y ladrón mejicano, tomó los rollos en sus manos y no volvió a aparecerse por Nicaragua.

4) Después de la tercera edición, de 290 página, hice una investigación de casi tres años, debido a lo cual me resultaron ahora cuatro libros: ampliado hasta 820 páginas en dos tomos Insurrección Sandinista Victoriosa y Repliegue Táctico de Managua a Masaya; Caídos del Repliegue a Masaya con sus biografías. Es un libro de más de 300 páginas; Masacres somocistas en Managua durante la Insurrección de 1979. Es un libro de más de 300 páginas. Caídos y Sobrevivientes de la Batalla de Managua. Éste es un cuarto libro que todavía estoy completando. Mis investigaciones indican que durante la Insurrección en Managua cayeron alrededor de mil Héroes y Mártires. Sólo en la Colonia Nicarao cayeron 72.

San Francisco Resucita del Desierto.  Fue escrito e impreso en 1992. Es un librito pequeño que recoge una historia singular de Managua, específicamente del Municipio de San Francisco Libre, ubicado en el lado Norte del Lago Xolotlán o de Managua.  Es una historia particular, pues recoge los esfuerzos organizativos y participativos de la Asociación de Educación Popular Carlos Fonseca Amador, cuando ésta se dedicó a salvar el Bosque Limón, situado en la orilla de la desembocadura del Río Viejo, cuya cuenca alimentadora de agua se origina en Jinotega. Este Bosque del Limón tenía numerosas hectáreas de árboles de madera fina, para leña y frutales, unos desarrollados allí de manera natural y otros sembrados por técnicos alfabetizadores de la mencionada Asociación de Educación Popular Carlos Fonseca Amador y centenares de pobladores de San Francisco Libre.

En las páginas de “San Francisco Resucita del Desierto” se narra cómo fueron arrasados los bosques de San Francisco Libre por leñadores pobres, que aparecieron después de que el Frente Sandinista de Liberación Nacional perdió las elecciones de febrero de 1990, es decir, cuando apareció el nefasto, criminal, saqueador y genocida sistema “neoliberal”, mediante el cual las empresas trasnacionales yanquis y sus servidores vendepatrias oligárquicos de Nicaragua, pusieron en venta el país.

La Asociación de Educación Popular Carlos Fonseca Amador, la Alcaldía y centenares de pescadores y pobladores de San Francisco Libre, trabajaron juntos en proyectos ambientales, sociales, agropecuarios, de pesca, de alfabetización y de siembra de árboles, en un período que comenzó en 1991 y concluyó en los primeros años del nuevo Siglo XXI.

Este libro menciona los antiguos Barcos y marineros entre el antiguo “San Francisco  del Carnicero” y Managua-Capital, y de cómo antes de que hubiera la Carretera Panamericana Norte, los caminos carreteros llegaban hasta “San Francisco del Carnicero”, a depositar mercaderías en el Puerto, y de allí se transportaban en lanchas y barcos al Muelle capitalino, entonces situado en el llamado Malecón de Managua.

Bromista de Somoto, o Cuentos de Somoto a San Francisco Libre. Impreso y publicado en 1993. Es un librito curioso sobre un bromista singular a quien le decían “Marihuana”, en Somoto, capital del Departamento de Madriz. Este hombre, ya fallecido, se burló de todo mundo, especialmente de aquellos personajes que se las dan de “caché”. Hizo volar “Platillos voladores” sobre Somoto; echó al viento, a media noche, un repicar de campanas de la Iglesia y todo el pueblo se congregó enfrente del Templo; hizo que mendigos y gamonales hicieran el ridículo en medio de sus correspondientes insolencias en las calles de Somoto. “Marihuana” se burló de coroneles genocidas somocistas y de ambiciosos ricachones, y al final falleció olvidado en una de las calles de la Ciudad de las Rosquillas y de los Burros cargados de leña.

Pedagogía del Amor. Es una narración sobre los trabajos de alfabetización en San Francisco Libre, emprendidos por la Asociación de Educación Popular “Carlos Fonseca Amador”, presidida por el profesor Orlando Pineda Flores. Este librito califica como “apóstoles de la educación de los pobres” a este grupo de alfabetizadores, que recogieron la bandera de la alfabetización después de que el Frente Sandinista perdiera las elecciones presidenciales en febrero de 1990. Esta labor la emprendieron, y la siguen ejecutando, entre otros en esta Asociación mencionada: Orlando Pineda Flores, Guillermo Fuentes Pilarte y Adrián Cruz Santana.

Masacres somocistas en Nicaragua. Impreso y publicado en 1996. Contiene una recopilación de casi 400 masacres, de las más conocidas del régimen sangriento genocida de los Somoza, de antes del Triunfo de la Revolución. También recoge parte de las masacres ejecutadas por los mismos sicarios y mercenarios somocistas y los mismos yanquis criminales de la década del 80, hasta completar casi 100,000 muertos. A esta práctica le llamaban “democracia”, mientras a las víctimas les decían “sandinocomunistas”, “terroristas”, “verticalistas”, “antidemócratas”; al mismo tiempo, esos mismos somocistas genocidas, los oligarcas locales nicaragüenses, se mancornaban con el gobierno genocida de Estados Unidos y sus empresas trasnacionales, para seguir robándonos y matándonos por hambre y con balas, etc. Contiene relatos cortos sobre masacres conocidas y desconocidas, ejecutadas por la Guardia Nacional somocista genocida, por la Oficina de Seguridad del régimen tiránico, por “orejas”, “jueces de mesta”, “escuadrones de la muerte”, militares retirados y militantes activos del Partido Liberal Nacionalista de Somoza, a cuyos integrantes se les conocía como “el brazo civil” de la opresión sanguinaria somocista.

Ciudad Sandino, 30 años cumplidos. Es una investigación histórica sobre el nacimiento y desarrollo de Ciudad Sandino, nuevo Municipio de Managua.  Impreso y publicado en el año 2002. En él se cuenta cómo sus pobladores salieron en medio de inundaciones de “Miralagos”, en el Lago de Managua, cómo se convirtieron en Distrito I y después en Municipio del Departamento de Managua. Este libro ya fue ampliado por su autor. Tiene más del doble de páginas ahora, debido a que contiene un 400 por ciento de más información que en relación a la original. Están trabajando en su reedición y reimpresión su propio autor, Pablo E. Barreto Pérez y el exvicealcalde de Ciudad Sandino: Guillermo Antonio González. Ciudad Sandino tiene apenas 11 kilómetros cuadrados, en los cuales se alojan más de 100,000 pobladores de Managua.

Tipitapa, suelo cubierto de Historia Nacional. Impreso y publicado en el año 2002. Contiene una investigación histórica que incluye amplia documentación y relatos sobre Batalla de San Jacinto, de cómo este pueblo nació en 1777, dónde vivieron el Cacique Tipitapa y su gente, cuál era la relación que tenían estos indígenas con Managua, cómo fue construido el “Puente del Diablo” con madera gruesa por los españoles, cómo fue reconstruido ese puente por José Santos Zelaya, presidente liberal de 1893 a 1909;  cómo fueron utilizados la Bocana de Tipitapa y el Río Tipitapa como paso de los españoles entre Granada y León Viejo, cuando ambas ciudades habían sido recién fundadas en 1528, y cómo se registró en Tipitapa el llamado “Pacto del Espino Negro” entre los invasores criminales gringos y los traidores criollos, encabezados por los vendepatria José María “Chema” Moncada Tapia, Emiliano Chamorro Vargas y Adolfo Díaz Resinos. Contiene un relato pormenorizado sobre la Batalla de San Jacinto, donde fue capturado y ejecutado Byron Cole, uno de los “lugartenientes” del filibustero William Walker, represente de los esclavistas invasores y agresores militares del Sur de Estados Unidos.

Ticuantepe, suelo siempre codiciado. Impreso y publicado en el año 2002. Asimismo, contiene una investigación histórica singular que cuenta el nacimiento este pueblo y su transformación en Municipio. Ticuantepe significa “Cerro de las fieras”. Este libro cuenta cómo nació, en las faldas de Las Sierras de Managua, al oeste del Volcán Masaya, el sistema de agua potable de Masaya y del mismo Ticuantepe. Narra cómo fueron los cafetales; cuenta cómo hubo allí disputas por tierras, las cuales continúan; de cómo en el subsuelo de Ticuantepe está el lago de agua principal que le suministra 24 millones de galones de agua diariamente a la Ciudad de  Managua-Capital. Ticuantepe es un suelo rico en arqueología, producción de piñas, pitahayas, bosques, fauna silvestre abundante y seres humanos cálidos, inteligentes, diligentes, pertenecientes al Departamento de Managua.

Malpaisillo, Pueblo Joven, arrasado por algodoneros. Es una historia impactante, llena de anécdotas que retratan cómo operaba el somocismo genocida con aquellos personajes que no eran de su agrado, inclusive dentro de las filas del Partido Liberal Nacionalista de Anastasio Somoza García. Impreso y publicado en el año 2002. Es una investigación histórica sobre el papel que ha jugado este Municipio en un sector algodonero pujante, y de cómo se convirtió de un sitio boscoso a una sabana árida, golpeada profundamente cuando el Huracán Mitch. Asimismo, este libro recoge, mediante investigación, el accionar criminal del somocismo genocida en Malpaisillo, donde, inclusive, los integrantes de “escuadrones de la muerte” (“Mano Blanca”, de la Oficina de Seguridad de Anastasio Somoza Debayle). Es un libro narrador de cómo los terratenientes, oligarcas y los jefes de la dictadura somocista genocida, destruyeron los bosques, ríos caudalosos, “ojos de agua” y lagunas, para dar paso a los cultivos de los destructivos cultivos de algodón, caña y bananos, mediante los cuales, asimismo, fueron intoxicados los suelos y las aguas subterráneas y superficiales, y eliminada gran parte de la fauna local.

20 años cumplidos. Historia de tres Repliegue del FSLN en Managua. Es un librito pequeño que narra sobre los Repliegues a Masaya, de Managua a Mateare, de Monseñor Lezcano a San Judas (Masacre de Batahola) y de Ciudad Sandino a San Andrés de La Palanca, todos en 1979, durante la Insurrección u Ofensiva Final contra la tiranía somocista y antes del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista. En este librito se narra cómo la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI), que era como un ejército dentro del ejército o Guardia Nacional. Esta EEBI era una escuela de asesinos, al mejor estilo de los nazifascistas alemanes hitlerianos. Era el ejército personal de Anastasio Somoza Portocarrero, hijo de Anastasio Somoza Debayle. Con este cuerpo militar de asesinos pretendían sembrar miedo, terror, inclusive dentro de las filas de la Guardia Nacional somocista genocida.

Mercados de Managua. Impreso y publicado en el año 2002. Es una investigación histórica sobre los Mercados de Managua, especialmente de la evolución del Mercado Oriental después del Terremoto del 23 de diciembre de 1972. Este libro contiene el Decreto creador de la Corporación Municipal de Mercados de Managua y el Plan de Arbitrios de Managua. Vale la pena adentrarse en cómo eran los Mercados antes del Terremoto de 1972, y de cómo son hoy, cuando sólo el Mercado Oriental tiene casi 15,000 comerciantes en su interior todos los días. También relata brevemente la historia de cómo se organizaron y comenzaron a funcionar los Mercados de San Judas, “Periférico” o Jhonatán González, Iván Montenegro Báez, Carlos Roberto Huembes Ramírez, Leonel González o “Candelaria” y el de Ciudad Sandino.

Américas, a 30 años de la Inverosímil. Es una investigación histórica sobre el nacimiento y desarrollo de las Américas I, Américas II (Villa José Benito Escobar Pérez), Américas III (Villa Revolución) y Américas IV (Villa Venezuela), todas originadas como consecuencia del Terremoto del 23 de diciembre de 1972. Américas II se comenzó con empleados de CARNIC, empresa del tirano Anastasio Somoza Debayle, y algunos guardias nacionales. Fue impreso y publicado en 2003. En sus páginas se puede leer cómo Cornelio Hüeck Sálomon, presidente del Congreso somocista, le compró tierras al Estado en 13 mil córdobas y después se las vendió al mismo Estado en 13 millones de córdobas, precisamente, cuando se iban a construir las casitas de tablas de las Américas. Su construcción y desarrollo fue uno de los dramas humanos más conmovedores de Managua. Les invito a leer este relato. Es breve, es un libro pequeño.

“Huracán Mitch: Se reventó el Casitas, Naturaleza Implacable”.

Relatos aterradores o conmovedores de sobrevivientes del Huracán Mitch, especialmente en Posoltega, León, San Francisco Libre, Ciudad Darío, Matagalpa, Villa Nueva, Chinandega, Chichigalpa, Corinto, Condega, Villa Nueva, Chichigalpa, Telica, Malpaisillo,  etc. Es uno de los libros más dolorosos, pues contiene narraciones electrizantes y dramáticas de los propios sobrevivientes del Mitch en Posoltega y en San Francisco Libre, por ejemplo.

Este libro contiene centenares de testimonios aterradores y conmovedores sobre cómo la masa de lodo, rocas inmensas, árboles también enormes, arrastraron  a miles de personas (niños, adultos y ancianos) en Posoltega, por ejemplo. Cuenta de cómo dos hombres, Alonso Rueda Aráuz y Félix Moraga Escoto, rescataron a centenares de seres humanos que estaban enterrados en el lodo, prensados por rocas o envueltos en alambres de púas que les impedían liberarse. Indica cuántas toneladas de rocas, lodo y árboles llevaban el alud o avalancha del Casitas que arrasó las Colonias Rolando Rodríguez y El Porvenir. Tiene un relato muy amplio sobre la trayectoria del Mitch, de cuántos huracanes han afectado a Nicaragua y, por supuesto, abundancia de datos sobre la mortandad dejada por el Huracán Mitch en Centroamérica y Nicaragua

Además, lamentablemente, se relata en este libro sobre cómo Arnoldo Alemán Lacayo, vergüenza nacional como presidente de la República, se burló de los familiares de las víctimas del Huracán Mitch en Posoltega, a quienes mandó a cortar café mientras buscaban a sus familiares muertos en los pantanos, en los plantíos de caña, en los cauces y en las aguas costeras del Océano Pacífico.

Inclusive, se informa sobre cómo algunos funcionarios del gobierno de Alemán Lacayo se robaron parte del dinero donado desde el exterior para los damnificados del mismo Huracán Mitch.

Criminales sin Castigo. Es un libro también de un contenido en cierto modo aterrador porque relata la ruta seguida por el autor, desde que nació en el Hospital San Vicente de León hasta el momento en que 180 matones le prenden fuego a su casa en el kilómetro once de la Carretera Sur, el 14 de abril de 1994. Es como una biografía suya inserta en una ruta de destrucción natural masiva de los algodoneros de León, Chinandega, Managua, Masaya y Granada y de la tiranía somocista matando gente con su guardia nacional. Se ve a Barreto Pérez cayendo preso en El Hormiguero, rescatando heridos y muertos durante la madrugada del Terremoto de 1972, luchando contra los que destruyen el país y que nadie castiga, y pone como ejemplo que los Callejas hicieron carreteras en las faldas del Volcán Casitas, lo que provocó el deslizamiento mortal que ocasionó la destrucción completa de las Colonias Rolando Rodríguez y El Porvenir, pero que nadie castiga, y acusa de que los 180 matones que quemaron su casa también andan en la absoluta impunidad, gracias al sistema imperante en el país en la década del 90 y parte de la del 2000 hasta los primeros meses del 2007… Acusa asimismo a Arnoldo Alemán Lacayo, ladrón, saqueador del Estado nicaragüense, por haber intrigado para que lo echaran preso por la quema de la Alcaldía de Managua en noviembre de 1991. Alemán Lacayo, ladrón, saqueador del país, acusó a Barreto, en noviembre de 1991, de haber presuntamente jefeado la quema mencionada de la Alcaldía. Este libro narra cómo Barreto Pérez fue condenado a morir por los “escuadrones de la muerte” (“Mano Blanca”, era el nombre “inocente” que le habían puesto los somocistas genocidas), de cómo participó en la Insurrección Sandinista de Septiembre de 1978 y de cómo se integra a la Insurrección u Ofensiva Final contra la tiranía somocista en junio de 1979; cómo se va en el Repliegue Táctico a Masaya, y de cómo participa en la defensa de Masaya, y en las jornadas de liberación definitiva de Carazo y Granada, y cómo vuelve triunfante  de Masaya a Managua, el 19 de julio de 1979.

Pancho Ñato. No impreso todavía. Es un libro también curiosísimo. Es una investigación histórica que introdujo a Barreto Pérez en secretos de familia muy bien guardados por mucho tiempo. “Pancho Ñato” era un personaje legendario, popular, campesino, de las comarcas aledañas a León. Se enfrentó a tiros, exitosamente, con pandillas de guardias nacionales somocistas genocidas entre 1948 y 1952, porque lo acusaban de “roba ganado…” y otras cosas. Fue capturado con 200 campesinos en 1952 y fusilados todos en el Fortín de Acosasco de León, por órdenes directas de Anastasio Somoza García. Adentrándose en la investigación, Barreto Pérez se encontró con  que Pancho Ñato y Rigoberto López Pérez (ajusticiador de Anastasio Somoza García en septiembre de 1956) eran hijos, respectivamente, de Domingo Barreto Fonseca y Julio Barreto Fonseca. Domingo Barreto Fonseca era el abuelo paterno del autor de este libro. Julio Barreto Fonseca era médico de León, hermano de Domingo. Entre los Barreto hay muchos que todavía no quieren hablar del tema, pero el asunto fue puesto al descubierto por Octavio Barreto Centeno, padre del autor, y por Julio Barreto Fernández, hijo de Julio Barreto Fonseca.

Mateare Misterio o Cuevas del Cacique. Es un libro que recoge una investigación histórica sobre los pueblos originarios (Chorotegas) de la orilla del Lago Xolotlán o de Managua, incluyendo los que vivían al pie del Volcán Momotombo y en la Isla Momotombito, cuando llegaron los colonizadores y fundaron León Viejo en el extremo Suroeste del Lago Xolotlán.

En este libro se cuenta cómo los 12,000 pobladores indígenas, jefeados por su Cacique Mateare, Matearit o Matearot, se enfrentaron a los colonizadores españoles. Para evadir a los colonizadores, estos indígenas hicieron labor guerrillera y a la vez se replegaron o huyeron hacia los Filones de El Crucero, concretamente hacia el rumbo de San Andrés de La Palanca.

La investigación de esta Historia de Mateare la hizo Barreto Pérez en 1997 con motivo del centenario de fundación del Municipio de Mateare. Mediante la investigación mencionada, Barreto Pérez puso al descubierto la existencia de las Cuevas del Cacique en los Lomos de El Crucero, lo cual se publicó en el Diario BARRICADA. Es una  Historia apasionante, un rescate sobre cómo resistieron nuestros abuelos aborígenes las intromisiones bárbaras de los españoles en nuestras tierras. Al leer este libro modesto, se enterarán de cómo quien era Alcalde sandinista en ese momento, Benito Espinoza Betancourt, le jugó sucio a Barreto Pérez, pues no le financió la impresión del libro y además le dio por perdidas las fotos tomadas durante esta investigación histórica que le costó más de un año de trabajo.

Basura Explosiva y Mortal. Es un libro de Barreto Pérez sobre la temática siempre en debate de la Basura en Managua. El título se debe a que realmente en el Basurero o Relleno Sanitario de Acahualinca hay (había) un enorme potencial explosivo, pues la acumulación de basuras orgánicas ha generado gas metano por debajo, el cual podría explotar en cualquier momento. Este basurero, técnicamente, ya llegó a su fin. Este librito hace un recuento histórico de dónde y cómo han funcionado los basureros en Managua, cómo han muerto numerosos recogedores de basura, cómo eran los camiones y la recogida de basura en la Managua de antes del Terremoto de 1972; cuenta dónde se originaron los basureros, cómo está distribuida hoy la recogida de la basura, qué enfermedades provoca, qué consideraciones tienen los managuas sobre los recogedores de basura; cuántos camiones hay actualmente y cuántos se necesitan para que este servicio sea eficiente; cuánto se gasta en recoger la basura, cómo se acumula, cuál es el comportamiento que tienen los managuas en relación a estos desechos, y de cómo basuras de todo tipo son las principales contaminantes y destructoras del Lago Xolotlán o de Managua.

ETSALUD Heroica, escuela de luchadores rebeldes. Es un libro de más de 300 páginas, tamaño carta, que recoge una de las historias más heroicas de los trabajadores organizados de Nicaragua, en este caso sobre los trabajadores hospitalarios o de la salud.

Es, al mismo tiempo, una de las investigaciones históricas más grandes de Barreto Pérez. Es una recopilación de documentos desde el nacimiento de la Federación de Trabajadores de la Salud, inicialmente conocida como “Trabajadores Hospitalarios”, la cual se enfrentó heroicamente a la Guardia Nacional y a Anastasio Somoza Debayle en tiempos realmente fatídicos, anteriores al Triunfo de la Revolución Sandinista. Contiene entrevistas con parte de los principales protagonistas de esta historia, entre otros William Canales Argeñal, Denis Obando Sabogales, René Yescas Sánchez, doctor Abraam Delgado, doctor Gustavo Porras Cortez, Iris Montenegro Blandón. En este libro se cuenta al detalle cómo murieron, por ejemplo, Silvia Ferrufino Sobalbarro, y el doctor Manolo Morales Peralta. Cómo la guardia somocista asesinó a personajes heroicos de Fetsalud como  Albino Acosta, Luisa Amanda Espinoza, Yolanda Mayorga, Berta Calderón Roque, doctora Erlinda López, doctor Róger Osorio, doctor José Dolores Fletes. En sus más de 300 páginas se despliega parte de la historia heroica de los trabajadores en Nicaragua por sus reivindicaciones y por la Liberación Nacional en contra de la tiranía somocista genocida.

¿Por qué la Iglesia Católica prohibió a Santo Domingo de Guzmán? Lisímaco Chávez Cerda responde. Es un libro pequeño. Es una entrevista, efectuada en julio de 1997, a Lisímaco Chávez Cerda, personaje popular capitalino, relacionado directamente desde hace más de 40 años con la Fiesta Patronal de Santo Domingo de Guzmán, en Managua. La entrevista la hizo Barreto Pérez destinada a publicarse días antes del primero de agosto en el Diario BARRICADA. Chávez Cerda relata cómo se produjo el secuestro de Santo Domingo de Guzmán en 1961 y en 1963: relata cómo se lo arrebató a la Guardia Nacional dentro de la Iglesia de Las Sierritas de Managua; cómo lo metieron preso, y cómo, finalmente, la diminuta imagen religiosa de Santo Domingo de Guzmán finalmente se impuso como Patrono Popular de Managua, pues el Patrono oficial de la Iglesia Católica es Santiago de los Caballeros. Chávez fue excomulgado por el Obispo González y Robleto y murió reclamando, en 2005, porque la Iglesia Católica no le “levantó” la excomunión. Vale la pena leerlo.

Otros libros no impresos todavía

Parrales-Vallejos o historia de la Cooperativa de Autobuses Urbanos Parrales Vallejos, cuyos dos dirigentes sandinistas fueron asesinados en el comedor de la que fuera ENABUS. Es un historial legendario, relacionado con la lucha del Frente Sandinista por conservar el poder popular en Nicaragua.

Historia de la Central Sandinista de Trabajadores (CST). Es asimismo, un historial heroico de los trabajadores organizados, luchadores del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Este libro estoy pendiente de escribirlo en su totalidad.

Managua Vieja. Es una narración sobre las direcciones de la Managua Vieja de antes del Terremoto de 1972. Leyendo este librito, ubicado en mi página Web o Blog en Internet, uno puede recordar calle por calle aquella Managua Vieja del Terremoto de 1972.

Pablo E. Barreto Pérez es periodista, editor, investigador histórico, escritor, Cronista de la Capital, fotógrafo, Orden Independencia Cultural Rubén Darío, Hijo Dilecto de Managua, Orden Servidor de la Comunidad del Movimiento Comunal Nicaragüense, Orden José Benito Escobar Pérez de la Central Sandinista de Trabajadores (CST nacional) y Orden Juan Ramón Avilés de la Alcaldía de Managua.

Reside en la Colonia del Periodista No. 97, frente al portón del parque, en Managua.

Teléfonos: 88466187, 88418126 y 22703077.

Pàgina web: http://www.pabloemiliobarreto.tk

Publicado por Pablo Emilio Barreto Pérez en 15:50 No hay comentarios: 

viernes, 14 de mayo de 2005           

 

Curriculum breve de Pablo Emilio Barreto Pérez

*Orden Independencia Cultural Rubén Darío

*Orden Servidor de la Comunidad


* Hijo Dilecto de Managua

*Orden José Benito Escobar Pérez

*Orden Juan Ramón Avilés

De origen campesino. Nacido en agosto de 1947 y criado en fincas agropecuarias de las comarcas de León, donde ejerció todas las labores agrícolas, incluyendo las de arador, campisto, ordeñador de vacas, “enrejador de terneros”, entrenador de caballos y bueyes, sembrador de maíz, frijoles, trigo o millón; cultivador de yuca, pipianes, ayotes, guate, sandías, cortador de algodón, fumigador de algodón, carretero, leñador; chapodador de terrazas algodoneras y rondas de potreros; cazador de venados, cusucos, guatusas, guardatinajas para la comida de su madre y de sus siete hermanos menores, y también cazador de esperanzas, trailero, cobrador de camionetas de pasajeros, tractorista, chofer de taxis interlocales entre León y Malpaisillo…

Laboró como corresponsal del Diario LA PRENSA entre Malpaisillo y Managua y en todo Occidente (León y Chinandega) y “todo el país”, entre 1969 y 1970.

Por órdenes directas del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, pasa a trabajar como periodista, reportero y “Redactor de Planta” del Diario LA PRENSA, a partir de enero de  1970, hasta el mes de julio de 1979.

Participante directo de las luchas populares callejeras en contra de la tiranía genocida del somocismo desde 1968.

En 1971 (hasta 1988) se convierte en Secretario General de la Junta de Vecinos de Bello Horizonte, la cual enfrenta al propio Anastasio Somoza Debayle y su grupo de explotadores prestamistas agrupados en Centroamericana de Ahorro y Préstamo, VIVISA, AISA, los Teranes y el “Tiburón” Enrique Pereira Denueda.

Desde su trinchera de periodista en el Diario LA PRENSA y fotógrafo acompaña a los sindicatos luchadores como el SCAAS, la Asociación de Trabajadores del Campo, asociaciones de vecinos, a la lucha guerrillera del FSLN, a los maestros reprimidos, a campesinos masacrados y desaparecidos forzadamente, a los desalojados de tierras y casas en León, Chinandega, Matagalpa, Managua, etc.

Fue dos veces directivo del famoso Sindicato de Radioperiodistas de Managua, al cual Somoza Debayle y su pandilla de matones persiguieron sin tregua antes del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista.

Tres horas antes del fatídico y mortal Terremoto de 1972, salió de la prisión somocista de “El Hormiguero”, adonde lo llevó la guardia genocida por supuesta “invasión al cuartel” en la Onceava Sección de Policía, entonces ubicada en el costado Este del Mercado San Miguel. Esa madrugada del sismo fatídico anduvo rescatando cadáveres y  heridos de entre los escombros dejados por el Terremoto, que causó 10,000 muertos y destrucción general en la Capital nicaragüense…

En medio de lo agudo de la lucha contra la tiranía, participa en el “Periodismo de Catacumbas” en 1978, efectuado dentro de Iglesias Católicas, universidades y vecindarios, a raíz de la censura de prensa de la tiranía genocida del somocismo, cuando, al mismo tiempo, ocurría la Insurrección de Septiembre de 1978 en las Ciudades de Managua, León, Estelí, Masaya, Matagalpa y Chinandega.

Asimismo, en el mismo año 1978 participa en la fundación de la Unión de Periodistas de Nicaragua (en Granada), donde fue electo tesorero de la organización de periodistas.

Acompaña y participa en la Insurrección de Septiembre de 1978 en Managua. En este mes fueron masacradas las Ciudades de Estelí, Masaya, León, Chinandega y Managua por parte de la feroz Guardia Nacional de los Somoza Debayle y los yanquis.

Participa en la Insurrección Final del FSLN contra la tiranía somocista en junio-julio de 1979, y como consecuencia también participa en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya. Por esta participación directa escribe su segundo libro, titulado “Repliegue Táctico de Managua a Masaya”.

Antes del Repliegue Táctico a Masaya fue condenado a muerte por los “Escuadrones de la Muerte (“Mano Blanca”), jefeados por Samuel Genie Amaya y Chéster Escobar, y otros oficiales de la guardia genocida del somocismo. La denuncia la hizo pública la Radio Sandino en la clandestinidad el cinco de junio de 1979, y al mismo tiempo la Radio Difusora Nacional, del Estado somocista-yanqui-oligárquico, dirigida por Somoza Debayle, anunciaba también que los servicios de seguridad lo buscaban para matarlo por “sandino-comunista”.

En Masaya participa en las labores insurreccionales, de recuperación de armas y captura de maleantes somocistas con el fenecido y célebre periodista Roberto González Rocha, quien fue el primer Alcalde de la Revolución Sandinista, establecido en la Ciudad de las Flores.

Retorna a Managua con los guerrilleros triunfantes el 19 de Julio de 1979, y se ubica con todos los llegados de Masaya, en la Explanada de Tiscapa, donde permanecen hasta el siguiente día (20), para participar en el primer acto político y cultural de la Revolución Popular Sandinista, en la Plaza de la Revolución.

Esta su participación directa en la Insurrección Sandinista Victoriosa y Repliegue Táctico de Managua a Masaya es algo similar a lo que hizo John Reed, periodista y escritor norteamericano, quien se involucró directamente en la Insurrección Rusa o Bolchevique, en 1917 (también en la México en 1910), durante la cual combatió con armas en las manos, hizo labor de cronista y escribió un libro, titulado: “Los diez días que conmovieron al Mundo”.

El 26 de julio de 1979 se convierte en uno de los fundadores del Diario BARRICADA, donde laboró como periodista, investigador, reportajista, articulista, responsable de páginas, editor y fotógrafo hasta su cierre el 21 de febrero de 1998.

Un poco después del retorno de Masaya, en 1979, fue incorporado como militante del FSLN durante una promoción especial, efectuada por autoridades de la Dirección Nacional Conjunta del Frente Sandinista.

Al mismo tiempo, se convierte, en 1979, en cofundador de los Comités de Defensa Sandinistas, en fundador de Sindicatos de la Central Sandinista de Trabajadores, Unidades de Milicias Populares Sandinistas, en Secretario General del Sindicato en BARRICADA, en miembro del Comité de Base en el Diario BARRICADA, vuelve a ser directivo de la Unión de Periodistas de Nicaragua; también se convierte en cofundador de la Coordinadora Sindical de Nicaragua.

En Bello Horizonte se convierte, a partir de 1979 hasta 1988, en el coordinador de los Comités de Defensa Sandinistas y del Frente Sandinista, más la Vigilancia Revolucionaria. Al mismo tiempo, es uno de los dirigentes del FSLN en lo que fue la llamada “Zona Nueve” de la Carretera Norte.

Participa en cursos prolongados de Capacitación Política en la Escuela Nacional de Cuadros del FSLN, donde fue declarado “vanguardia de vanguardias”. Fue trabajador vanguardia casi todos los años de la década del 80 y 90 en el Diario BARRICADA, donde fue premiado o estimulado con viajes a Cuba, la Unión Soviética, Bulgaria, Checoslovaquia, Polonia, Alemania Democrática, Venezuela, Colombia, Costa Rica y Panamá.

Fue diputado suplente en el Consejo de Estado, en representación de la Unión Nacional de Periodista, antes que se fundara la Asamblea Nacional. Fue miembro de la Coordinadora Sindical de Nicaragua en representación de la UPN.

Fue declarado “Amigo Fraterno de AMLAE”, en 1984.

Fue también político y entrenador de los Batallones de Reserva de la Carretera Norte, de 1984 a 1987, mientras éstos eran entrenados militarmente en los Centros de Entrenamiento político-militar de ZINICA, en la orilla de la Carretera a Boaco (en la Cordillera de Estrada, antigua Totumbla) y en el lado Oeste del Lago de Managua, contiguo a la Península o Cordillera de Chiltepe.

Fue “Corresponsal de Guerra” del Diario BARRICADA en las regiones montañosas en que se combatía a los contrarevolucionarios entrenados, financiados y dirigidos por el gobierno criminal de Estados Unidos, en la década del 80.

Estudió periodismo en la Escuela de Comunicaciones de la Universidad Centroamericana, en la década del 80.

En diciembre de 1989 fue nombrado Cronista de la Capital por Carlos Carrión Cruz, el último Jefe o ministro de la Junta de Reconstrucción de Managua, debido a que Barreto Pérez había escrito centenares o miles de reportajes (crónicas, entrevistas, noticias, relatos históricos, reseñas breves) sobre la vida y quehacer cotidiano de los managuas y de otras Regiones del país, todos publicados, primero, en el Diario LA PRENSA y en el Diario BARRICADA, después.

Barreto Pérez, al momento de ser detenido por órdenes de Alemán Lacayo, en noviembre de 1991, por ejemplo, escribía, editaba y publicada una página semanal titulada “La Capital”, dedicada a temáticas sobre Managua y el quehacer de la Alcaldía capitalina.

Laboró en BARRICADA desde su fundación hasta el día de su cierre el 21 de febrero de 1998, día en que empezó a caminar por las calles desiertas del desempleo, sin que nadie le diera empleo en ninguna parte.

En BARRICADA fue, prácticamente, el único que se enfrentó al grupo de los “ramiristas”, encabezados por Carlos Fernando Chamorro Barrios, el director eterno del periódico, entre 1994 y 1995. Por este motivo en El Nuevo Diario todavía existe la orden de no publicarle absolutamente nada.

Por considerarse leal al FSLN y parte integrante del Frente Sandinista de Liberación Nacional no se integró a la “huelga de hambre” protagonizada por periodistas, fotógrafos y otros “intelectuales”, durante el drama final o cierre del Diario BARRICADA, en los últimos meses de 1997 y los primeros dos meses de 1998.

El Comandante Tomás Borge Martínez en una asamblea pública en la UNAN, sostuvo que Pablo Emilio Barreto Pérez es uno de los hombres más fieles al Frente Sandinista, especialmente después de lo ocurrido con los “ramiristas” y por su comportamiento consecuente frente al drama de cierre en BARRICADA, en febrero de 1998.

El 11 de noviembre de 1991 fue encarcelado por órdenes de Arnoldo Alemán Lacayo, entonces Alcalde de Managua, quien lo acusó por la quema de la Alcaldía capitalina. Estuvo detenido en la Estación III de la Policía Nacional y en “casa por cárcel” desde el 13 de noviembre hasta el 23 de diciembre de 1991, día en que quedó libre por “amnistía”, dispuesta por la presidenta Violeta Barrios viuda de Chamorro. Este encarcelamiento de 1991 fue uno de tantos actos arbitrarios de Alemán Lacayo y pandilla, pues se demostró que Barreto Pérez nunca estuvo, ni en los alrededores, cuando fue quemada parte de la Alcaldía de Managua, precisamente, por abusos de don Arnoldo contra vecindarios capitalinos y por su feroz campaña antisandinista, mientras usaba o malversaba recursos financieros de la Comuna capitalina.

El 14 de abril de 1994 le fue incendiada su casa por 180 matones, jefeados por Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas, quienes se presentaron acompañados por la jueza Ruth Chamorro Martínez, quien previamente (según se descubrió) se reunió con otros jueces civiles y don Arnoldo Alemán Lacayo, para decidir el desalojo y la quema del Apartamento No. I en el kilómetro Once-Sur, en venganza porque Pablo E. Barreto Pérez andaba defendiendo, desde las páginas del Diario BARRICADA, a decenas de miles de familias que estaban siendo desalojadas de sus tierras, lotes y casas por jueces venales y la presidenta proyanqui-somocista, Violeta Barrios viuda de Chamorro. La casa y todo lo que estaba dentro, quedaron en cenizas. Los incendiarios casi queman a su hija Sofana (de apenas ocho meses, entonces), a su esposa Anabelle Barrera Argueta, a su suegra Ercilia Argueta Cruz y a su hijastro Iván Ramírez Barrera.  Los incendiarios quedaron impunes. Nunca cayeron presos, ni fueron condenados como mandan las leyes penales de Nicaragua.

Pablo Emilio Barreto Pérez es Orden Independencia Cultural Rubén Darío, máximo galardón del Estado nicaragüense para hombres y mujeres destacados en las Ciencias, Educación y la Cultura; fue declarado Hijo Dilecto de Managua por el Concejo Municipal capitalino en marzo del 2008; es Orden Servidor de la Comunidad del Movimiento Comunal Nicaragüense, Orden José Benito Escobar Pérez de la Central Sandinista de Trabajadores (CST nacional), y Orden Juan Ramón Avilés de la Alcaldía de Managua.

Ha recibido distinciones especiales de la Unión de Periodistas de Nicaragua, de la Asociación de Educadores de Nicaragua (ANDEN), del Frente Nacional de los Trabajadores, de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, de numerosas instituciones No Gubernamentales, de la Alcaldía de Ciudad Sandino, y de la Asociación de Educación Popular Carlos Fonseca Amador, con la cual ha contribuido en labores de alfabetización en Managua, San Francisco Libre, Nandasmo y otros lugares del país.

Por solicitudes de organizaciones sociales populares y de la Bancada Sandinista de Concejales, fue declarado Hijo Dilecto de Managua por el Concejo Municipal capitalino en marzo-2008.

En marzo del 2008 recibió una nueva distinción de la Unión de Periodistas de Nicaragua por ser uno de sus fundadores y ser de los periodistas que han escrito numerosos libros.

Fue presidente de la Comisión de Asuntos Jurídicos y Éticos FSLN de Managua de 1994 a 1998.

Fue secretario de propaganda del Comité de Dirección Municipal del FSLN de Managua entre 1998 y el año 2001. En ambos casos obtuvo las más altas votaciones en la Asamblea Sandinista Departamental y la Asamblea FSLN Municipal.

Obtuvo las más altas votaciones en la Consulta del FSLN de marzo del 2004, para optar al cargo de concejal sandinista en la Alcaldía de Managua, durante 4 años. Fue llamado “Concejal de los Pobres”. Desempeñó su cargo exitosamente y rindió cuentas de lo que le dieron y entregó a pobladores capitalinos mediante 14 boletines informativos entre 2005 y 2009.

Como periodista, reportajista, investigador histórico, cronista de hechos noticiosos callejeros, entrevistador, participante, sobreviviente y Cronista de la Insurrección de Managua y del Repliegue Táctico de Managua a Masaya; reportero del quehacer cotidiano de pobladores nicaragüenses, e ilustrador fotográfico de esos mismos hechos noticiosos, ha escrito centenares o miles de artículos en los dos Diarios (LA PRENSA y BARRICADA) en 28 años de labor periodística, hasta el momento del cierre del Diario BARRICADA el 21 de febrero de 1998.

Ha escrito numerosos libros: 44 Años de Dictadura Somocista, Insurrección Sandinista Victoriosa y Repliegue Táctico de Managua a Masaya; San Francisco Resucita del Desierto, Pedagogía del Amor, Bromistas de Somoto, Masacres Somocistas en Nicaragua; Masacres somocistas en Managua, durante la Insurrección de 1979; Caídos y Sobrevivientes en la Batalla de Managua, durante la Insurrección; Ciudad Sandino, 30 años; 20 Años Cumplidos y tres repliegues del FSLN; Ticuantepe, Suelo Siempre Codiciado; Malpaisillo, Pueblo Joven, Arrasado por Algodoneros; Tipitapa, Suelo Cubierto de Historia Nacional; Américas, a 30 años de la Inverosímil; Mercados de Managua, Mitch: Explotó el Casitas. Naturaleza Implacable; Basura Explosiva y Mortal; Criminales sin Castigo, Mateare Misterioso o Cuevas del Cacique; FETSALUD Heroica, escuela de luchadores rebeldes; Lisímaco Chávez Cerda: yo rescaté a Santo Domingo de Guzmán.

Tiene ya preparados para publicarse los siguientes libros:

Historia de la CST nacional; ¿Sindicalismo revolucionario en la Alcaldía de Managua?, Parrales-Vallejos, una lucha legendaria; Pancho Ñato, personaje popular que se enfrentó exitosamente a la guardia genocida somocista entre 1948 y 1952, en comarcas de León; Managua Vieja de antes del Terremoto de 1972, Memoria de Elecciones Municipales del FSLN del 2000 en Managua.

Editó BARRICADA en su etapa semanal hace cuatro años y ha editado revistas municipales.

Managua, marzo del 2008.

Vive actualmente en la Colonia del Periodista No. 97, frente al portón del parque, en Managua. Teléfonos: 88466187, 22703077

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Proletariado, proletariado, misión histórica del proletariado, para la creación del socialismo

Proletariado, proletariado, misión histórica del proletariado

Pablo Emilio Barreto Pérez

La misión histórica del proletariado es el papel especial que la clase obrera cumple en la historia mundial durante el período de transición de la sociedad de clases a la sociedad sin clases y consistente en que el proletariado, al ser combatiente de vanguardia más consecuente contra el capitalismo, encabeza la lucha revolucionaria de todos los trabajadores y explotados, realiza con éstos la revolución socialista, instaura su dictadura y dirige  la sociedad en el período de construcción  del socialismo y del comunismo.

Para cumplir estas tareas la clase obrera crea el partido revolucionario, o el partido socialista, que elabora la concepción científica del mundo y la política científica y dirige toda la actividad  del proletariado.

La doctrina de la misión histórica del proletariado se halla en el centro del comunismo científico y del marxismo-leninismo en su conjunto. “La principal de la doctrina de Marx –escribió Lenin hace más de un siglo—es el haber puesto en claro el papel histórico universal del proletariado como creador de la sociedad socialista”.

A diferencia del socialismo utópico, cuyos  exponentes no veían una fuerza social real  que efectuase la transición del capitalismo al socialismo, el marxismo descubrió esta fuerza en el proletariado. Carlos Marx y Federico Engels demostraron que la clase obrera no sólo era la parte más oprimida de la sociedad capitalista o burguesa, sino también la más revolucionaria.

En virtud de su papel decisivo en la producción industrial, en el desarrollo de las fuerzas productivas, la clase obrera es la clase más consciente y organizada. No sólo crea la inmensa mayoría de la producción de la sociedad, sino que pone en práctica directamente el perfeccionamiento técnico de la producción.

Esto requiere un crecimiento constante de su nivel cultural, y, a la vez, crea las premisas para elevar su conciencia. El trabajo en las grandes empresas con un material técnico complejo exige disciplina y organización, saber subordinar los intereses propios a los de la causa común.

El desarrollo de la industria conduce a un aunmento del número de obreros. Al mismo tiempo, como indicó Carlos Marx, el número de obreros sólo es uno de los elementos de triunfo. Este elemento “no pesa en la balanza si no está unido por la asociación y guiado por el saber”, escribió Marx hace más de 150 años.

El proletariado es consecuentemente revolucionario y se manifiesta decididamente por el derrocamiento del capitalismo, por cuanto la sociedad capitalista, como clase desprovista de propiedad sobre los medios de producción, se contrapone a todo el mundo de la propiedad privada capitalista. Cierto mejoramiento del bienestar material  de los obreros logrado últimamente en los países capitalistas desarrollados, bajo la influencia del crecimiento de la producción y de los éxitos de la lucha de clases, no cambia su situación como clase explotada, marginada de la dirección de la sociedad.

Por eso, los razonamientos de los ideólogos del capitalismo, de los reformistas, sobre la “integración” de la clase obrera contemporánea en el sistema capitalista, sobre la pérdida del papel revolucionario  por esta clase, carecen de fundamento.

Tras la victoria de la revolución socialista, la clase obrera actúa como fuerza dirigente que realiza una transformación radical de la sociedad, está vinculada con la principal forma estatal de propiedad y toma una parte muy activa en la dirección de la producción, de la sociedad y del Estado.

De esta manera, la propia situación objetiva de la clase obrera  en la sociedad  determina su peculiar  papel tanto en el movimiento emancipador como en la creación de nuevas relaciones sociales.

La misión histórica del proletariado se concreta en concordancia con las etapas de avance del capitalismo al socialismo y después al comunismo. Ante todo requiere la unión del socialismo con el movimiento obrero, la creación de un partido revolucionario que exprese científicamente  los intereses de clase del proletariado  y sus tareas históricas universales, que encabece su lucha de clases contra la burguesía.

Luego, la misión histórica del proletariado es la estrecha cohesión alrededor del proletariado, como luchador de vanguardia, de todos los trabajadores y explotados, la hegemonía del proletariado en el movimiento emancipador, la sólida alianza de la clase obrera con las masas trabajadoras no proletarias, en primer lugar con el campesinado.

En las condiciones de la revolución socialista, de la lucha directa del proletariado por el poder, la misión histórica del proletariado se expresa como la necesidad de instaurar la dictadura del proletariado, que es la condición fundamental de la victoria del proletariado sobre la burguesía y de la construcción del socialismo.

El tema de la dictadura del proletariado es el eslabón principal, el punto central de la doctrina de la misión histórica del proletariado y por consiguiente, de la doctrina marxista-leninista en general.

Hay que tener en cuenta, empero, que el tema de la dictadura del proletariado es un elemento, aunque extraordinariamente importante, de un problema más amplio, el de la misión histórica del proletariado, que el marxismo-leninismo elabora en todos los aspectos a tono con las distintas etapas de desarrollo de la sociedad y con los distintos niveles de madurez  del proletariado como clase.

En la sociedad socialista, la misión histórica del proletariado  se manifiesta también en que la clase obrera, su partido revolucionario, realiza la dirección política de la sociedad de cara al objetivo final del movimiento emancipador del proletariado: la construcción del socialismo y del comunismo.

La clase obrera continúa siendo  el dirigente de la sociedad en virtud  de condiciones objetivas, ya que está vinculada con las formas avanzadas de organización del trabajo, de su medio surgen modelos de actitud comunista ante el trabajo y ocupa el primer lugar entre los demás grupos sociales  por el grado elevado de organización y de conciencia.

La construcción del socialismo y del comunismo se efectúa basándose en la ideología científica proletaria, bajo la dirección del partido socialista y del Estado socialista, que llevan a cabo una política de clase y que luchan para plasmar en la vida el ideal social proletario. Con la construcción de la sociedad sin clases, la comunista, termina la misión histórica del proletariado.

Fuentes documentales: “Diccionario político breve”, “Diccionario de Filosofía”, “Diccionario de comunismo científico”,  “Vicisitudes históricas de la doctrina de Carlos Marx”, “Manifiesto de la Asociación Internacional de Trabajadores”, escrito por Carlos Marx y Federico Engels hace más de 150 años, “Alianza de la Clase Obrera”, todos de la Editorial Progreso, Moscú, Rusia; y conocimiento personal del tema.

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Ciudad y el campo, ciudad y el campo, ciudad explota al campo, sociedad burguesa contamina Medio Ambiente

Ciudad y campo

Pablo Emilio Barreto Pérez

Ciudad y campo son formas relativamente aisladas de asentamiento social de la población, que surgieron en el período de transición de la sociedad preclasista a la clasista y que en las formaciones divididas en clases antagónicas adquirieron el carácter de contradicciones.

La base objetiva de la ciudad respecto del  campo son las necesidades del desarrollo de la producción material, que en determinada etapa origina obligatoriamente  la división del trabajo en la sociedad: la separación de la industria de la agricultura al comienzo interviene como separación  de la artesanía con relación a la agricultura y la separación del trabajo intelectual respecto del manual.

El carácter concreto de las relaciones entre la ciudad y el campo es distinto en las diferentes formaciones socioeconómicas. En las comunidades de tipo asiático, que no segregaron (separaron) todavía la producción artesana, las ciudades eran centros burocráticos-militares, administrativos y religiosos, organizadores de los trabajos sociales y explotadores supracomunitarios del campo.

En la formación esclavista, la ciudad, como la concentración de la clase los esclavistas, se forma, al mismo tiempo, no sólo como centro administrativo, militar y cultural, sino también como centro de producción artesana, que domina sobre el campo en aquel momento histórico del esclavismo.

Al surgir el feudalismo, el centro de la vida económica se traslada al campo. Una parte considerable de la clase dominante se concentra en las haciendas y bienes patrimoniales del campo. Ahora bien, esto no suprime el papel de la ciudad, como eslabón que los enlaza. A medida que se desarrolla el feudalismo, va aunmentando el papel histórico y político de la ciudad, no sólo como centro administrativo, sino, también artesano, comercial y cultural.

Al mismo tiempo, crece numéricamente la población de las ciudades. Se intensifica la explotación del campo por parte de la ciudad mediante el establecimiento de los precios de monopolio de los artículos de la producción artesana gremial, el sistema de impuestos, el engaño directo por parte de los mercaderes y la usura de la ciudad.

En la formación capitalista, la contradicción entre la ciudad y el campo se convierte en base de sus interrelaciones, y en la fase imperialista adquiere un carácter particularmente agudo.  El devenir y desarrollo del capitalismo estaban enlazados  en todas partes con el arruinamiento del productor directo y la expropiación del campesinado por parte de los explotadores (mercaderes) de la ciudad.

Los trabajadores del campo experimentan una doble opresión: por parte de la burguesía (capitalistas) tanto rural como urbana, que tiene en sus manos los resortes económicos y políticos para la explotación del campo.

Cuando en la época del imperialismo (fase superior y última del capitalismo expoliador) todo el mundo se incorpora a un sistema económico único; los países industrializados obligan a las colonias (y neocolonias) y a los países independientes a convertirse en sus apéndices agrícolas y suministradores de materias primas.

El desmoronamiento del sistema colonial y neocolonial en la época contemporánea no ha conducido aún a que la mayoría de esos países a su plena independencia económica. Únicamente los países de orientación socialista, con la ayuda de los países del socialismo, adquieren las posibilidades para lograr su independencia económica respecto a los Estados imperialistas como Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Italia, Alemania, Japón…

En el contexto del socialismo, primera fase de la formación del sistema socioeconómico comunista, se suprime ya definitivamente la contradicción entre la ciudad y el campo. La liquidación de la propiedad privada y de las clases explotadoras, y más tarde, la cooperativización socialista del campesinado, permiten a la ciudad  socialista organizar  el ascenso económico, cultural y doméstico del campo.

Pero al eliminar la contradicción entre la ciudad y el campo, el socialismo no suprime aún las diferencias entre ellas, que se manifiestan en el nivel desigual del desarrollo de la base técnico-material y de la cultura, en la existencia de formas de propiedad (la estatal y la cooperativa, que prevalece en el campo), en el carácter de la organización del trabajo, en la vida doméstica, en el descanso, etc.

El papel rector de la ciudad socialista en el proceso  de edificación de la sociedad comunista se mantiene  y se manifiesta en el desarrollo de las fuerzas productivas del campo, en el ascenso de la propiedad cooperativa al nivel de todo el pueblo, en la transformación del trabajo agrícola  en una variedad de trabajo industrial y en la elevación del bienestar material y el nivel espiritual de la población rural o del campo.

Únicamente el comunismo puede resolver los problemas –engendrados por el capitalismo y reforzados por la revolución técnico-científica- de la urbanización desenfrenada  y la conversión de las ciudades en megapolis, que tienen la longitud de centenares de kilómetros, carecen de aire fresco, vegetación y sol, y ejercen una influencia destructora en todo su medio ambiente. Las experiencias modernas en países socialistas muestran ya hoy que existe la posibilidad real de resolver armónicamente los problemas modernos de la urbanización, así como superar las antiguas contradicciones entre la ciudad y el campo.

Fuentes documentales: “Diccionario político breve”, “Diccionario de Filosofía”, “Diccionario de Comunismo científico” y conocimiento personal del tema de la ciudad y del campo.

 

 

 

 

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Campesinado pobre, campesino pobre, aliado natural de obreros y de la revolución

Campesinado pobre, aliado natural de obreros y de la Revolución

Pablo Emilio Barreto Pérez

El campesinado es la clase ocupada en la producción agrícola basándose en a propiedad privada o cooperativa de los medios de producción (tierra) y que participa en ella con su trabajo personal.

El campesinado se formó como clase social durante la descomposición de la sociedad primitiva y el desarrollo de la propiedad privada sobre los medios de producción (y de la tierra), y existe hasta la instauración del socialismo y del comunismo.

Su esencia social y situación en la sociedad son determinadas por el modo de producción dominante y cambian con la sucesión de las formaciones económico-sociales y las etapas de su desarrollo.

En las formaciones presocialistas, el campesinado consta de productores agrícolas disociados y primordialmente pequeños. En el capitalismo, el campesinado, como sector de pequeños propietarios productores de mercancías agrícolas, como parte de la pequeña burguesía, inevitablemente sufre una creciente diferenciación en su seno. Se divide en tres grupos su situación de clase: pequeños campesinos (jornaleros, campesinos pobres), campesinos medios y burguesía rural (campesinos ricos o con mucho dinero).

La concentración capitalista  de la producción y la intensificación de la expropiación conducen, por un lado, a la consunción (consumo) del sector medio y la ampliación constante  de la masa de proletarios y semiproletarios en el campo, y, por otro lado, al reforzamiento de la burguesía.

La naturaleza económico-social del campesinado  es en el capitalismo dual, pues aparece como clase trabajadora y como clase propietaria (en este caso de parcelas pequeñas de tierra). Por su posición económica, por la acumulación muy poca o nula de capital, “los campesinos se ven indefectiblemente impulsados a seguir o a los obreros o a la burguesía. No hay términos medios”, escribió Bladimir Ilich Lenin, hace más de 100 años cuando se organizaba a obreros y campesinos rusos con el fin de derrocar al zarismo genocida y hacer triunfar la Revolución Rusa o Bolchevique.

Ahora bien, ya en la sociedad capitalista, los intereses fundamentales de la clase obrera y los del campesinado trabajador coinciden. “La explotación de los campesinos se diferencia de la explotación del proletariado industrial sólo por la forma. El explotador es el mismo: el capitalista”, escribió Carlos Marx hace casi 150 años en una de sus extraordinarias investigaciones sobre el desarrollo capitalista, titulado: “Las luchas de clases en Francia”.

Esto aporta  la base económica de la alianza del proletariado y del campesino trabajador. En la época del imperialismo, cuando padece una explotación cada vez más intensa por parte de los monopolios empresariales capitalistas, los impuestos crecientes, el endeudamiento a los bancos, el campesinado se convierte en aliado de la clase obrera en las luchas contra la burguesía monopolista. En los países capitalistas donde se está desenvolviendo el Movimiento de Liberación Nacional, el campesinado es la fuerza motriz del mismo más numerosa.

La revolución socialista produce un cambio radical en los destinos históricos  del campesinado. La transformación de las economías individuales en grandes economías colectivas es un cambio esencial en las relaciones económicas, en el trabajo, en la vida cotidiana, en todo el modo de vida del campesino.

En la antigua URSS, por ejemplo, la colectivización había liberado al campo (zona rural) de los kulaks, de la estratificación de clases, de la ruina. Al romper con la propiedad privada sobre los instrumentos y medios de producción, el campesinado se transforma en una clase ligada enteramente a la propiedad social, socialista.

Bajo la dirección de la clase obrera se produce su conversión socialista. El campesino, de productor individual de mercancías, se transforma en trabajador de la economía social. Esto determina la nueva condición social del campesino. En la vida del campesino tiene gran importancia la elevación del pertrechamiento técnico de su trabajo: el ascenso de la mecanización de la producción agrícola, el despliegue de la electrificación y del empleo de procedimientos químicos.

El progreso técnico en la agricultura  y el incremento  del rendimiento  del trabajo  reducen la fuerza de trabajo ocupada directamente en la producción agrícola. En el campo aparecen cada vez más especialistas del trabajo industrial, se amplía rápidamente el grupo de trabajadores técnicos e ingenieros. Es característico del campesino socialista el perfeccionamiento constante de la experiencia técnico-productiva y la elevación de la cultura y de la conciencia.

Con la realización de transformaciones socialistas en el campo aparecen rasgos comunes en los obreros y koljosianos (cooperativistas). Sobre esta base se produce la consolidación ulterior de la alianza de la clase obrera y del campesinado. Al mismo tiempo, en el socialismo subsisten aún las diferencias entre la clase obrera y el campesinado, cuya razón es la diferencia entre las formas de propiedad estatal y cooperativo-koljosiana.

En el proceso de la construcción socialista y comunista, a consecuencia del acercamiento y fusión de las dos formas de la propiedad socialista, se logra paulatinamente una homogeneidad social, se produce la eliminación de las diferencias socio-clasistas, y el campesinado, junto con la clase obrera y la intelectualidad (profesionales, científicos, ingenieros) se funden en un ejército único de la sociedad socialista y comunista, es decir, desaparecen totalmente las diferencias de clase que provoca o produce el sistema capitalista explotador.

Realidad cruda del campesinado en países capitalistas

El campesinado, hombres y mujeres, de América Latina, Centroamérica, América del Sur, Zona del Caribe y en particular en Nicaragua, es el que produce los alimentos básicos para la comida en el campo y la ciudad. Es el campesinado pobre, o mediano, de forma individual u organizado en cooperativas agrícolas, sí, el campesinado cultiva la tierra para cosechar cada año, por ejemplo: semillas como frijoles, maíz, trigo, sorgo; hortalizas: como tomates, cebollas, zanahorias, ajos, ayotes, pipianes, chayotes, yuca, frijolitos en vainas; frutas: sandías, melones, calalas, granadillas…

En sus parcelas de propiedad personal y cooperativa también producen: naranjas, limones, guayabas, mandarinas, marañones, pitahayas, zapotes, jocotes, nancites. Este tipo de producción en escala mediana y pequeña la producen campesinos pobres, poseedores de una, dos o tres manzanas de tierra, como en Masaya, donde abunda el minifundio. Asimismo, en el caso de Nicaragua propietarios pequeños y medianos (individuales y cooperados) producen, por ejemplo plátanos, guineos y bananos

Existe también la producción agropecuaria en mediana y gran escala, en fincas o haciendas ganaderas, cuyos propietarios (del campo y de la ciudad) son productores de leche, queso, crema, quesillos, cuajadas, leche agria. Igualmente existen grandes plantaciones de plátanos, bananos, mangos y guayabas, cuyos propietarios son: unos grandes propietarios capitalistas privados y otros: campesinos pobres agrupados en cooperativas agrícolas.

En todos estos casos, los campesinos pobres y medianos (hombres y mujeres) trabajan ellos personalmente sus tierras y al mismo tiempo laboran como mozos jornaleros en las plantaciones o fincas grandes, a cuyos propietarios les venden su fuerza de trabajo. El campesino pobre, especialmente, de forma individual cultiva y cosecha en su pequeña parcela en unión con sus hijos, hermanos y sobrinos; y al mismo tiempo, repito, para ganar un poco más de dinero y ajustar para la comida de la familia, él, ella y la familia venden su fuerza de trabajo en las fincas grandes de los propietarios (unos son campesinos y otros de la ciudad) de plantaciones, llamadas fincas o haciendas agrícolas y ganaderas.

Volviendo al asunto crucial: son los campesinos pobres y en algunos casos medianos, hombres y mujeres, quienes cultivando la tierra, quemándose bajo el Sol ardiente, derramando grandes cantidades de sudor por el calor, también bajo la lluvia, chapaleando fango, descalzos o con zapatos rotos, con ropa sucia y en mal estado, con frecuencia hambrientos porque no consiguieron dinero para comprar comida, a veces enfermos y sin agua en los calabazos o galones plásticos, sí, son ellos quienes producen, todo el tiempo, los alimentos que consumimos en la ciudad y en el campo.

Además, ocurre, la gran tragedia, especialmente en el caso del campesino pobre, quien tiene que prestar dinero (al banco y prestamista, explotadores salvajes ambos) para comprar las semillas mejoradas y fertilizantes, lo cual lo endeuda y de paso tiene que vender anticipadamente la cosecha de maíz o frijoles a comerciantes intermediarios, quienes se quedan con la “gran tajada” de dinero y pronto se convierten en grandes burgueses urbanos. Al final del año, al campesino pobre sólo le quedó “la gran vergueada”, como dicen en las zonas rurales campesinas.

Fuentes documentales: “Diccionario político breve”, “Diccionario de Filosofía”, “Diccionario de Comunismo Científico”, editados e impresos en Editorial Progreso, Moscú, Rusia; y dominio personal del tema del campesinado.

 

 

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