Comités Obreros Revolucionarios (COR), Comités Obreros Revolucionarios, embriones de la Central Sandinista de Trabajadores

 

Comités Obreros Revolucionarios (COR): Embriones de la Central Sandinista de Trabajadores(CST)

 *Dirigentes de la CGT (I) y de la CTN les tenían pánico.

 *Formaron los Comandos Revolucionarios y ejecutaron emboscadas a la guardia somocista genocida en Managua

 *Integrantes de los COR seguían pasos de José Benito Escobar Pérez

 *Gabriel “Payo” Cardenal Caldera y René Cisneros Vanegas eran los instructores de los COR

 *Camilo Chamorro denunciado por un “oreja” llamado “Botitas”

                Pablo Emilio Barreto P.

 “!Esos son aventureros! No les hagan caso. No los dejen entrar. No hay condiciones para la lucha armada!”, gritaban histéricos algunos dirigentes sindicales de las Centrales Central General de Trabajadores independientes (CGT i) y de la Central de Trabajadores de Nicaragua (CTN), cuando se presentaban los representantes clandestinos de los Comités Obreros Revolucionarios (del FSLN) en los planteles laborales de la Construcción, en Fabritex, en El Porvenir, en ASA, en la SANDAK, en SOVIPE, en AISA, en la Standar Steel, en SOLECTRA, en PROCON, en Plásticos Modernos, en el Hospital del Niño, en Lacayo Fiallos, etc.

¿Aventureros? Sí, eso gritaban aquellos dirigentes “socialistas” y derechistas, en la década de los 70, ante la presencia de los dirigentes revolucionarios sandinistas en planteles laborales, especialmente en el mundo de obreros explotados y humillados de la construcción de casas, edificios, carreteras y calles, relata más de 31 años después Ricardo Robleto Espinoza, uno de los integrantes de aquellos Comités Obreros Revolucionarios (COR).

Según Robleto Espinoza (estudiante universitario en esos días), dirigentes sindicales conocidos como Carlos Salgado (que en paz descanse) y Alejandro Solórzano, se ponían nerviosos cuando los representantes de los COR se presentaban a los planteles, para plantearles a los obreros, técnicos, profesionales y oficinistas acerca de la necesidad de organizarse de forma distinta, con el fin de enfrentar a la tiranía somocista por las vías de movilización de masas y la lucha armada.

Estos plenteamientos provocaban pánico en estos dirigentes obreros oportunistas, pues, según Robleto Espinoza, él personalmente en numerosas ocasiones pudo ver cómo Solórzano sólo llegaba a los planteles a recoger las cotizaciones de los afiliados al Sindicatos de Carpinteros, Armadores y Similares (SCAAS), pero nunca incitaba a la lucha frontal para derrumbar a la dictadura militar somocista.

Nosotros propugnábamos por una organización sindical revolucionaria, consciente de su papel de clase obrera, dispuesta a luchar, inclusive mediante la lucha armada, por sus reivindicaciones sociales y económicas y, por supuesto, para liquidar la bárbara explotación impuesta por la dictadura del somocismo, sostiene hoy Robleto Espinoza.

Guiados por José Benito Escobar Pérez

En este trabajo de organización sindical, política, ideológica y de inducción hacia la formación de células propagandísticas militares clandestinas,  nosotros seguíamos los pasos de José Benito Escobar Pérez, quien era obrero de la construcción y uno de los pioneros en esta lucha sindical. José Benito Escobar era, además, uno de los fundadores del Frente Sandinista y miembro de la Dirección Nacional Histórica del FSLN.

Yo personalmente no recuerdo la fecha, pero no se me olvida que una vez se presentó un grupo de guerrilleros sandinistas, encabezados por Daniel Ortega Saavedra, a una asamblea del SCAAS en la antigua Casa del Obrero (hoy José Benito Escobar Pérez), de donde arrancaron un retrato con la imagen rechoncha y repugnante de Anastasio Somoza García, que estaba colgado en una de las paredes del fondo del auditorio.

Aquella acción, por supuesto, provocó temor en la conciencia de los dirigentes de la CGT (I), porque  ellos evadían sistemáticamente  el enfrentamiento político y militar directo con la tiranía.

Entre los más destacados integrantes de los COR en Managua, antes del Triunfo de la Revolución Sandinista, en 1979, se contaban: René Cisneros Vanegas (q.e.p.d), Gabriel “Payo” Cardenal Caldera (q.e.p.d), Ricardo Robleto Espinoza, Camilo Chamorro (q.e.p.d), Lucío Jiménez Guzmán, Douglas Duarte (q.e.p.d), Erlo Vanegas, Darmalila Carrasquilla, María Lourdes Casco, Donald Silva, Rolando López, Carlos Carrión Cruz, Francisco “Chico” Meza Rojas, Augusto Quintana, Mirna Zeledón, Carlos Borge Galeano, Pedro Rodríguez Brenes, Sergio Mendoza, Freddy Jiménez, Dagoberto Mejía, Felipa Mejía, Róger Ramos, Oscar Sandoval, Pedro Delgadillo, Daniel y Eva Téller Paz, Alfonso y Benjamín Cáseres, Marlon Sid, Janina Guerrero Robleto, Edmundo Castellón, Mirna Duarte, Mercedes Vigil, César Mayorga, Aníbal Matamoros, Álvaro Guzmán, José García, Sergio Mendoza (fallecido), Edgard Rivera Laínez, Domingo Martínez (ya fallecido), Ramón Medrano, Marcelo  Mayorga, Rosalba Carrasco, Alberto Vásquez, Mario Martínez, Ronaldo Membreño, Denis Meléndez, entre otros, según recuerdos de Robleto, Mercedes Vigil y Janina Guerrero Robleto.

Robo a damnificados

Corrían los años 1975 y 1976, época del “auge económico de la burguesía y oligarquía local”, por la reconstrucción de Managua, después del Terremoto del 23 de diciembre de 1972, y especialmente por los robos descomunales del aparato opresor genocida de la dictadura somocista, cuyo jefe principal,  Anastasio Somoza Debayle, se robó virtualmente toda la ayuda que vino del exterior para los damnificados, como ocurre hoy con el régimen inmensamente corrompido de Arnoldo Alemán Lacayo, “oreja” de la guardia genocida en León, alumno y heredero del somocismo.

En esos años se construían aceleradamente numerosas colonias y repartos en Managua, como Villa Progreso, Villa San Jacinto, Colonia Primero de Mayo, Villa Libertad, Villa Las Sabanas, Villa Rubén Darío, Villa Cinco de Diciembre, Don Bosco, Colombia, Diez de Junio (entonces llamada Luis Somoza), y se terminaba de construir Bello Horizonte, Rubenia, Altamira, parte de los Robles, el Centro Cívico (Somoza lo quería para un Hotel), etc., etc.

Al mismo tiempo se le hacía campaña mentirosa y manipuladora al Mercado Común Centroamericano, impuesto por Estados Unidos a la dictadura, con el rol de producir unos cuantos azulejos y presunto mejoramiento de las fábricas, con maquinarias ya obsoletas, especialmente en la Carretera Norte.

Somoza Debayle, la burguesía financiera, constructora, prestamista usurera, comerciantes somocistas inescrupulosos como Enrique “el Tiburón” Pereira Denueda, Ricardo Argüello Pravia, los Montealegres, Holman, Chamorros, Teranes, todos, estaban apurados en dar una imagen de preocupados por el progreso de Nicaragua, mientras en realidad se estaban robando lo poco que quedaba de recursos financieros en el país, saqueado desde siempre por el gobierno agresor genocida de Estados Unidos y la dictadura militar somocista.

“COR” asombran a oportunistas

El desempleo masivo era abrumador como hoy con este gobierno de Arnoldo Alemán Lacayo. Había un ejército de desempleados, la represión dictatorial, los asesinatos selectivos, las  masacres somocistas menudeaban, las persecusiones a estudiantes, obreros y trabajadores, eran asuntos comunes, de todos los días en el país, especialmente en Managua.

En ese marco histórico de represión bestial aparecen los Comités Obreros Revolucionarios (COR), cuya fecha exacta de fundación no se conoce, pero que causan asombro, desconcierto y pánico entre los dirigentes oportunistas tradicionales, incluyendo aquellos como un tal Roberto González, que jefeaba la Central de trabajadores oficialistas, controlada totalmente por el somocismo genocida.

Desafiando al enorme aparato opresor de la tiranía, estos hombres y mujeres, en esos días todos jóvenes, formaron los Comités Obreros Revolucionarios, Comités de Lucha de los Trabajadores, el Movimiento Sindical Pueblo Trabajador y finalmente los Comando Revolucionarios del Pueblo, señala Robleto Espinoza.

LOS COR fueron, esencialmente, formados por la tendencia “proletaria” del FSLN, jefeada por el Comandante Carlos Núñez Téllez y el Movimiento Sindical Pueblo Trabajador fue responsabilidad  de la tendencia GPP (“Guerra Popular Prolongada”), conducida por los Comandantes Tomás Borge Martínez, Bayardo Arce Castaño y Henry Ruiz Hernández.

En este caso, la formación del Movimiento Sindical Pueblo Trabajador le tocó a Denis Meléndez, quien posteriormente fue Secretario General de la Centra Sandinista de los Trabajadores, de Managua.

Análisis clandestinos

Los integrantes de los COR se reunían frecuentemente, en forma clandestina, en aulas de la Universidad Nacional de Managua, donde eran conducidos en talleres por René Cisneros Vanegas (obrero), Gabriel Cardenal  Caldera (estudiante universitario) y casi al borde de la Insurrección Final por Lucío Jiménez Guzmán, quien era sastre en esos días.

En los talleres estudiaban sobre cómo formar sindicatos, cómo conducirlos, qué temas debían abordar con los sindicalistas y trabajadores, cómo debían ir más allá de los simples reclamos salariales, cómo actuar  y qué hacer en esos  días de represión descomunal de la dictadura somocista.

Robleto Espinoza cuenta que durante numerosas visitas a la entonces “Fabritex”, Carlos Borge Galeano, actual secretario de Organización de la CST, fue incorporado a los COR.

En una ocasión tuvieron una reunión allí en “Fabritex”,  denunciada a la Oficina de Seguridad Somocista (OSN) por un sujeto apodado “Botitas”, lo cual provocó que la guardia somocista genocida capturara a Camilo Chamorro, quien fue brutalmente torturado por los genocidas del régimen tiránico somocista.

“COR” en emboscadas a guardia somocista

Ya al borde de la Insurrección Final (junio de 1979), los integrantes de los COR, Comités de Lucha de los Trabajadores y el Movimiento Sindical Pueblo Trabajador, integraban los Comandos Revolucionarios del Pueblo, del FSLN clandestino en 1979, los cuales efectuaban emboscadas a patrullas de guardias genocidas  en Managua.

Una de esas emboscadas fue en la ROCARGO, situada en  la entrada del kilómetro ocho norte hacia el Lago de Managua. Allí quedaron dos camionadas de guardias asesinos fundidos a tiros tanto dentro de los camiones como en el suelo fangoso.

Esa emboscada había sido organizada por Gabriel Cardenal Caldera y René Cisneros Vanegas (antes de ser asesinados), con la participación de Douglas Duarte, Francisco “Chico” Meza Rojas (fallecido, caído), Camilo Chamorro (fallecido), Sergio Mendoza, Freddy “Pancho Villa” Jiménez, Pedro “Panadero”, un compañero al que apodaban “Cantinflas” y otro Combatiente Popular llamado “Cristo de Lata”.

Todos estos compañeros y compañeras mencionados, con excepción de Gabriel Cardenal Caldera, René Cisneros Vanegas, “Chico” Meza Rojas, Camilo Chamorro (asesinados o caídos en la lucha final contra la tiranía), fundaron la Central Sandinista de Trabajadores (CST), cuyo embrión, a mi juicio, fueron estos organismos sindicales clandestinos del Frente Sandinista en Managua, León, Masaya, Matagalpa, Chinandega, Granada, Rivas, Juigalpa, las minas, los algodonales, los cafetales, cañales, pesca, etc.

Al Triunfo de la Revolución Popular Sandinista, el primer Secretario General de la Central Sandinista de Trabajadores (CST) fue Pedro Ortiz Sequeira, quien posteriormente fue vicecoordinador de la Junta de Reconstrucción de Managua; el segundo Secretario General fue Iván García Abarca. El tercero fue Lucío Jiménez Guzmán, y el cuarto Secretario General nacional es Roberto González Gaitán.

Escrito en 1999.

 Pablo E. Barreto Pérez

 

 

 

 

 

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Repliegue, Repliegue, Héroes y Mártires, caídos, del Repliegue Táctico de Managua a Masaya con sus biografías

Repliegue, Repliegue,  Héroes y Mártires, caídos, del Repliegue Táctico de Managua a Masaya con sus biografías

*Biografías de los Mártires, o caídos, en “Piedra Quemada”, durante el Repliegue de Managua a Masaya

*Pablo E. Barreto Pérez

Explicación indispensable:

El Repliegue Táctico de Managua a Masaya, ocurrido los días 27 en la noche, 28 en todo el día, y hasta el 29 de junio de 1979,  en la madrugada, en que participamos entre seis mil y siete mil managuas (y algunos y algunas de fuera de Managua), es un acontecimiento histórico nacional muy conocido, es una hazaña política y militar del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), todavía clandestino y en batalla militar a muerte contra el somocismo genocida en aquellos días angustiosos de los meses de marzo, abril, mayo y especialmente junio y julio de 1979, hasta que se registró la derrota total del régimen sanguinario genocida de Anastasio Somoza Debayle, de su Guardia Nacional, de su dictadura militar, la cual mató a no menos de 50,000 nicaragüenses y dejó destrozada a la Nicaragua del General Sandino y de Rubén Darío.

En la Ruta Original del Repliegue de Managua a Masaya hubo casi un centenar de muertos, y al menos un centenar de heridos, especialmente en un sitio llamado “Piedra Quemada”, situado al Norte del complejo volcánico del Volcán Masaya y al Norte de la Carretera a Masaya, la cual parte en dos, digásmolo así, la extensión de lava negra, endurecida y puntiaguda, que ha sido arrojada por este coloso volcánico en numerosas erupciones de siglos pasados.

En la primera edición de mi libro: “Repliegue a Masaya”, febrero de 1982, mayoritariamente testimonial, ya se publicaba una lista de 44 nombres de caídos o muertos, precisamente, en el lado de Norte de “Piedra Quemada” y  en el Camino Viejo a Nindirí, partiendo del kilómetro 22 de la Carretera a Masaya.

En su libro-informe “Un Pueblo en Armas”, destinado a la Dirección Nacional del FSLN, publicada su primera edición en 1982, el Comandante Carlos Núñez Téllez, el Jefe Guerrillero principal del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, indicaba que se habían registrado tan sólo seis muertos y 16 heridos en la Ruta Original que siguieron los replegados de Managua a Masaya.

En un libro elaborado posteriormente por el Departamento de Propaganda y Agitación Política del Frente Sandinista, titulado “Porque siempre vivirán entre nosotros”, se publicaban los mismos nombres registrados en mi libro.

En mi libro original, titulado “Repliegue a Masaya” (1982) y en la segunda edición de “Insurrección Sandinista Victoriosa y Repliegue Táctico de Managua a Masaya” (2009),  indico que las razones del Repliegue a Masaya fueron, entre otras, escasez de municiones, comida y medicinas; un poco desánimo entre Combatientes Populares y algunos Jefes Guerrilleros, la necesidad estratégica de evitar la posibilidad de que la Guardia Nacional somocista genocida ejecutara otra masacre, en este caso sería gigantesca, porque los combatientes estaban escasos de municiones para enfrentarlos, y también la necesidad urgente, estratégica, de defender la liberación de Masaya y fortalecer el Frente Oriental Carlos Roberto Huembes, que avanzaba encabezado por los Comandantes Luis Carrión Cruz y Henry Ruiz Hernández.

Asimismo, en ambas ediciones describo cuál fue la Ruta Original del Repliegue de Managua a Masaya; cómo empezó fue organizado en tres grandes columnas, cómo empezó a moverse en Managua el 27 de junio en la tardecita, cómo unos siete mil ciudadanos de Managua nos concentramos en la Calle de la Clínica Don Bosco (hoy Barrio Venezuela) y sobre que salimos de este lugar más o menos a las once de la noche.

Es conocida mi participación directa en la Insurrección Sandinista en Managua y en el Repliegue de Managua a Masaya, y que en ambos casos anduve tomando fotografías, registrando nombres y datos en mi libreta.

Tomé las dos fotos más famosas en que aparece el Comandante William Ramírez Solórzano, Jefe Guerrillero y uno de los tres jefes del Frente Interno,  a la cabeza del Repliegue  de Managua a Masaya, por una de las encajonadas alambradas, después de cruzar Veracruz; y en la que aparece Moisés Hassan Morales, en aquel momento de la Comisión de Propaganda insurreccional, igualmente en primer plano de una parte de la marcha del Repliegue, cuando ya íbamos llegando a un sitio identificado como “Piedra Menuda”, ya en territorio del Departamento de Masaya.

Precisamente,  durante el bombardeo aéreo somocista genocida en “Piedra Quemada”, también hice fotografías de jóvenes Combatientes Populares y pobladores capitalinos que caían fulminados mortalmente por los charneles de los morteros lanzados por aviones push and pull y bombas de 500 libras tiradas desde helicópteros.

En la edición original de mi libro “Repliegue a Masaya” digo que yo me parapetaba en huecos en “Piedra Quemada”, en troncos de árboles, en zanjas de los lados del camino, con el fin de evadir los charles de las bombas, lo cual aprendí en Managua, mientras muchos jóvenes (hombres y mujeres) corrían desesperados en busca de protección.

Recuerdo nítidamente que después que pasaban los aviones y habían estallado las bombas, yo me salía de donde estaba parapetado, y en esos instantes hacía las fotografías de jóvenes que estaban muriendo, que ya habían muerto, o que estaban gravemente heridos.

Al ocurrir estos momentos dramáticos, desesperantes, mortales, al mismo tiempo preguntaba por sus nombres y de ese modo recogí unos 35 nombres y seudónimos allí mismo   en “Piedra Quemada” y el resto los obtuve cuando ya estábamos en la Ciudad de Masaya. De ese modo, recogí muchos nombres, más los nombres que se publicaron en el Diario BARRICADA en los meses de agosto y septiembre de 1979, fundamentalmente.

Dos de los personajes que más me ayudaron en esta labor de recoger nombres de Combatientes Populares y pobladores caídos en “Piedra Quemada” fueron Alejandro “Comandante Huesito” Mairena Obando, Combatiente Popular de Managua; y Roberto González Rocha, periodista conocido de Masaya, y quien se convirtiera en el primer Coordinador de Junta de Gobierno Municipal, en plena Insurrección, en Masaya.

Al morir desangrados  Marta Lucía Corea Solís y Róger Ortiz Padilla en el Camino Viejo a Nindirí, un grupo de Combatientes Populares y pobladores capitalinos sobrevivientes de la gigantesca masacre ejecutada por la Guardia Nacional somocista genocida en “Piedra Quemada”, discutimos y valoramos acerca de la gran cantidad de muertos en ese bombardeo aéreo, y especialmente Alejandro Mairena “Comandante Huesito” afirmaba que los difuntos eran más de 100.

Yo sostenía que los muertos o caídos eran casi 100. “Huesito” Mairena Obando siempre le dijo en público al Comandante Núñez Téllez que “los muertos fueron más de cien”, y no los seis fallecidos y 16 heridos que decía el jefe revolucionario en su libro “Un Pueblo en Armas”.

La valoración mencionada, en medio de otro bombardeo aéreo somocista genocida, antes de que llegáramos al casco urbano de Nindirí, casi a las cuatro y media de la tarde, se produjo porque Róger Ortiz Padilla había fallecido en los brazos de un compañero de apellido Nicaragua; y Marta Lucía Corea Solís había muerto en brazos de  Dolores “Lola” Fonseca, ambas Combatientes Populares de Bello Horizonte. Aquella valoración agregaba que la mayoría de caídos en “Piedra Quemada” igualmente habían muerto desangrados, porque con nosotros no iba personal médico ni enfermeros para dar estos “primeros auxilios”.

Además, quienes valorábamos el asunto de la cantidad de muertos en “Piedra Quemada” habíamos participado activamente en dejar medio sepultados una gran cantidad de cadáveres, los cuales colocamos en zanjas pocos profundas y en huecos de la orilla del camino erizo de piedras. Tomamos arena, tierra, ramas, hojas secas y pedazos de trapos, y los tapamos, pensando en recuperarlos después. Una parte de los cadáveres fue recuperada. Una cantidad significativa de los cadáveres de aquellos Mártires generosos, no fueron encontrados. Hasta hoy no sabemos qué pasó realmente.

Al ampliar mi libro, editarlo e imprimirlo nuevamente en el año 2009, con nuevo título: “Insurrección Sandinista Victoriosa y Repliegue Táctico de Managua a Masaya”, pensé en que era indispensable efectuar una investigación paciente y cuidadosa para establecer, aunque fuese de forma aproximada, la cantidad de hombres y mujeres (Combatientes Populares y pobladores implicados en la Insurrección en Managua) que cayeron en “Piedra Quemada” por el bombardeo aéreo infernal, lanzado por Anastasio Somoza Debayle, su Guardia Nacional y su dictadura sanguinaria genocida, en contra de aquellos casi siete mil replegados de Managua a Masaya.

Hacer estas investigaciones históricas requiere de conocimientos directos, implicancia directa, en primer lugar, elevadísimo interés en rescatar la memoria de quienes entregaron sus vidas generosas por la causa de Revolución Popular Sandinista; se necesitan recursos financieros, aunque sean muy limitados, para dedicarse durante meses o años a descubrir los nombres de los caídos, sus historias personales, y lo que hicieron en la Batalla Militar Sandinista Revolucionaria para derrocar a la tiranía somocista genocida, en Managua, Masaya, Carazo y Granada.

Esa oportunidad histórica llegó, en mi caso personal, en el año 20013, cuando en abril fui llamado por uno de los jefes insurreccionales de Managua, el Comandante Guerrillero, Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz, quien hoy ostenta título profesional y era el Secretario Ejecutivo de la Asamblea Nacional.

Cabrales Aráuz me dio apoyo decidido para dedicarme a esta jornada de investigación de abril a octubre, en carrera maratónica, pues se hizo en homenaje a un aniversario más del fallecimiento del Comandante de la Revolución, Carlos Núñez Téllez, el Jefe Guerrillero principal de la Insurrección capitalina y del Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Mediante esa carrera maratónica logré establecer formalmente que durante el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, comenzando por los asesinados por la Guardia Nacional en el Reparto Schick Gutiérrez, en el lado Norte de “Piedra Quemada” y en Nindirí, cayeron 83 entre hombres y mujeres. Hubo 17 caídos a cuyas familias no fue posible encontrarlas para hacer la biografía de cada uno de ellos.

Esto no indica que la investigación esté terminada. Yo estoy convencido de que es posible que más hombres y mujeres hayan caídos durante el Repliegue a Masaya, y que todavía no lo sabemos. Es tarea de futuro inmediato y mediato.

Fueron fundamentales mis visitas y recorridos por decenas de barrios capitalinos, colonias, repartos y asentamientos de Managua, para recoger datos sobre caídos (Mártires) y sobrevivientes insurreccionales del Repliegue a Masaya.

En esta labor de investigación sobre los caídos del Repliegue Táctico de Managua a Masaya fueron fundamentales por la cantidad de nombres y datos aportados, Alejandro “Comandante Huesito” Mairena Obando, Frank “Machillo” González Morales, Juan Carlos “Marcial” Soza Aragón,  Isabel Aráuz Rugama, Ramiro Salvador García Ramírez, Santiago Núñez Solís, Víctor y Carlos Cienfuegos Aburto, Víctor “Bayardo”, Dientes de Lata” Romero Pérez, Arsenio “Walter” Solís González, Antonio López….todos ellos participantes directos en la Insurrección de Managua y en el Repliegue de Managua a Masaya.

“Huesito” Mairena Obando, quien siempre promovió el llamado “Replieguito” por la Ruta Original del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, cada año recogía más datos sobre los caídos en “Piedra Quemada”.

En los casos de Frank “Machillo” González Morales y Juan Carlos “Marcial” Soza Aragón son dirigentes de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos Carlos Fonseca Amador, y como tales tienen relaciones directas con una gran cantidad de quienes fueron Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares en Managua, que son quienes más conocen sobre los caídos en la Insurrección en Managua y en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Isabel Aráuz Rugama, una de las sobrevivientes de la Insurrección en Managua y del Repliegue a Masaya, fue una de las dirigentes de la Asociación de Mujeres Luisa Amanda Espinoza y de la Asociación de Mujeres Sandinistas y como tal hizo un trabajo de recolección de nombres de caídos en la Insurrección en Managua y en el Repliegue a Masaya.

El listado y las biografías (muy reducidas, deformadas  y mutiladas) de estos Mártires del Repliegue a Masaya se adicionaron en las páginas finales del libro “Un Pueblo en Armas”, en su tercera edición  e impresión, en homenaje al Comandante Carlos Núñez Téllez.

Como consecuencia de ser una adición a “Un Pueblo en Armas”, las biografías fueron reducidas drásticamente, lo cual les quita vitalidad, y la gran cantidad de datos personales relacionados con acciones heroicas que cada uno de estos Héroes y Mártires hicieron en la Batalla Militar de Managua para derrocar a la dictadura somocista genocida.

Por este motivo, me pareció justo y necesario juntar todas estas biografías en un solo libro, con el fin de que para la memoria histórica, los nombres de estos Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares, Milicianos y pobladores capitalinos heroicos, caídos, jamás sean olvidados.

Además, en la defensa sandinista revolucionaria de Masaya, después de ocurrido el Repliegue, cayó César Augusto “Moisés” Silva, un Jefe Guerrillero de primerísima calidad, de los más valientes, de los más eficientes, de los más audaces en la Batalla Militar de Managua. En mi libro “Insurrección Sandinista Victoriosa y Repliegue Táctico de Managua a Masaya”  cuento cómo y por qué cayó este legendario Jefe Guerrillero, quien era obrero de la construcción y estudiante universitario cuando estalla la Insurrección en Managua, en junio de 1979.

En la propia Ciudad de Masaya, en defensa de Masaya, caen también los Combatientes Populares capitalinos, replegados, Danilo Aguirre Aragón y Santos Sobalbarro Blandón.

También caen los compañeros Walter Mendoza Martínez, Jefe Guerrillero GPP; Frank Toruño Porras y el Combatiente Popular Ismael Castillo. Mendoza Martínez había quedado en Managua como uno de los jefes de la resistencia militar activa en contra de la Guardia Nacional y EEBI somocistas genocidas, especialmente después de producirse el Repliegue Táctico de Managua a Masaya. Los tres fueron capturados cuando se desplazaban clandestinamente por las cercanías del Cerro Barranca, donde la GN todavía tenía un contingente militar. Posteriormente los asesinan en el Cerro Coyotepe.

En la liberación de Jinotepe caen también los Jefes Guerrilleros, replegados de Managua, Rolando “Carlos”, “Cara Manchada” Orozco Mendoza, Justo Rufino Garay Mejía y Martín “Paco” Castellón Ayón.

Después del Triunfo de la Revolución, fallecen en distintas circunstancias Jefes Guerrilleros de la Batalla Militar de Managua y Masaya: Marcos Somarriba García, Walter “Chombo” Ferrety Fonseca, Sergio Gómez Vargas, William Ramírez Solórzano y el Comandante de la Revolución, Carlos Núñez Téllez, quien como miembro de la Dirección Nacional Conjunta del FSLN, era virtualmente el Jefe de la Insurrección en Managua y del Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

El listado de nombres, producto de la investigación mencionada, es el siguiente:

Marlene Fátima “Modesta”, Mary” Aguilar Uzaga, Carlos José Alvarado Aragón, Cela Patricia “Mercedes” Amador Cisneros, Raúl “Pelito” Areas Chamorro, Manuel Barrantes Miranda, Artisteo “Sebastián” Benavidez,  Carlos “Paco” Miranda, Jorge Antonio “Yorbis” Bermúdez García, Eva Margarita Bonilla Zúniga, María Daniela “China Tica” Bravo Medina, Bosco Javier Cáseres Altamirano, Ronald Fisher Ferrufino, Alejandra Emelina Campos Escobar, Raymundo José Canales Baltodano, Irma de Jesús Castellón Cerrato, Pabla “Claudia” Corea Campos, Marta Lucía “Lucy” Corea Solís, Manuel Salvador Cuadra Pérez,  Ariel “Trapito” Darce Rivera, Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez, Marta Lorena “Cleo” López Mojica, Manuel Esteban Flores Oporta, José Bladimir “Rigoberto”, “Chino” Fuertes Guadamuz, Mario Ramón Gabuardi Castillo, Carlos Manuel Gómez Sequeira, Óscar Antonio Gutiérrez Serrano, Julio César “Bamba” Juárez Roa, Osbaldo Antonio Largaespada Lagos, Mario Antonio “Ñaña” Macías Paredes, Edmundo José “Comandante Valentino” Maltez Delgado, José Dolores “Chele Ladilla” Maltez Flores, Norman José Maravilla Navas, José Luis “Oso” Marín Gaitán,  Rolando José “Condorito” Rivera, José Santos “Cerro Negro” Mayorga Alemán, Domingo “Cirilo” Matus Méndez, Felipa Mejía Membreño,  Andrés Edgard Mendoza Martínez, Denis Miranda Corrales, Gustavo Elías “Carcache” Morales Mayorga, Ernesto Navarro Jiménez,  César José Ortiz Flores, Róger Ortiz Padilla, Julián de Jesús Palacios Herrera, Juvenal Palacios Morales, Francisco René “Sastrecillo” Polanco Chamagua, Manuel Salvador Reyes Montiel, Ronald Rizo Huerta, Juan Ramón “Ringo” Rizo Villagra, Róger “Ramón” Rodríguez Rivas, Luis Antonio “Sherman” Romero Orozco, Freddy “Buitre” Sandoval Cáseres, Francisco Iván “Chéster, “Perú”, “Renco” Salgado Gómez, Roberto José Sirias Acevedo, Ricardo Sú Aguilar, Miguel Ángel y Marcos Antonio “Burros” Tapia Gutiérrez, José Téllez Alvarado, Joaquín “José” Valle Corea, Miguel Ángel Bonilla Obando, Marta Villanueva Román y Mario Ramón Jiménez.

Listado de caídos en el Repliegue de Managua a Masaya, todavía sin biografías, porque sus familiares no han sido localizados:

Augusto César “Kabia” Almendárez Telica, Rogelio de Jesús Avilés Pérez, Jacinto Dávila Zeledón, Mauricio Enrique Fajardo Pérez, Luis Noel “Cachete” Hernández Polanco, Carlos Alberto Jarquín Silva, Freddy Arsenio “Pancho Villa” Jiménez Pérez, Valerio Antonio Madriz, Marlene Mena Peña, Denis Gertrudis Muñoz Centeno, María Teresa Orozco Peña, Gerardo Alberto Rocha Lugo, Denis Ruiz Flores, Guillermo Antonio “Joroba” Sáenz Salas, Marcos José Sánchez Zárate, Orlando Talavera Alaniz y Roberto “Pescadito” Zamora Loáisiga.

 

Marlene Fátima “Modesta” y “Mary” Aguilar Uzaga.

Marlene Fátima “Modesta” y “Mary” Aguilar Uzaga. Esta muchacha de 20 años vivía con su madre y cinco hermanos, todos integrados en la Insurrección Sandinista, u Ofensiva Final,  en la Colonia Nicarao. Era uno de esos seres excepcionales en aquellos momentos durísimos de la lucha política y militar para derrumbar a la tiranía somocista.

Su vivienda en la Colonia Nicarao era Casa de Seguridad y de fabricación de explosivos de Combatientes Populares y de Jefes Guerrilleros, era uno de los tantos pasadizos clandestinos de pobladores enfrentados a la guardia somocista, y como consecuencia los mandos dictatoriales le dejaron caer desde helicópteros artillados varias  bombas de 1,000 libras, rockette lanzados desde aviones Push and Pull y constantemente era sometida a fuego de metralla por francotiradores de la Guardia Nacional del tirano Anastasio  Somoza Debayle.

Su madre Eloísa Uzaga Flores, mujer de 81 años actualmente, asegura que ya desde 1978 ella personalmente iba a dejarla y traerla al Colegio Salvador Mendieta, en la Colonia Centroamérica, porque guardias y “orejas” de la Oficina de Seguridad somocista ya la tenían amenazada de muerte por su involucramiento en trabajos clandestinos del Frente Sandinista, para derrocar a la dictadura. En el Colegio Salvador Mendieta estudiaba cuarto año de bachillerato.

Lo mismo ocurría con el resto de los hijos de Eloísa Uzaga Flores, porque todos se habían involucrado en trabajos clandestinos guerrilleros en busca afanosa de liberar Nicaragua de las garras del somocismo genocida, y de sus protectores criminales, los yanquis.

“Modesta” o “Mary” Aguilar Uzaga salía clandestinamente, con  un grupo numeroso de jóvenes, entre otros, Isabel Aráuz Rugama, Ricardo Sú Aguilar, Cela Patricia Amador Cisneros y Manuel Barrantes Aguilar, todos de la Colonia Nicarao, estudiantes de secundaria, a hacer “pintas revolucionarias” a la calle, “propaganda armada”, fogatas, emboscadas con explosivos a guardias nacionales, fabricaban bombas de contacto con otros grupos, hacían labores de correos clandestinos con sus responsables (jefes guerrilleros) Mario Barrantes Aguilar, Iván Escobar e Iván Peña (sobrevivientes del Repliegue a Masaya), aprendían arme y desarme de numerosos tipos de armas, participaban juntos en reuniones de discusiones sobre por qué motivos debía ser derrocada la dictadura somocista genocida.

Jhonatán Amador era el responsable del grupo clandestino de la Nicarao y otros vecindarios, recuerda Eloísa Uzaga Flores, quien se muestra  orgullosa del papel que jugó su hija “Modesta” o “Mary” en la Insurrección para tumbar al régimen dictatorial de Anastasio Somoza Debayle.

“Por nuestra casa pasaban jefes guerrilleros clandestinos como Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz, Marcos Somarriba García, Walter Ferrety  Fonseca y Rolando “Cara Manchada” Orozco Mendoza, por ejemplo, quienes ocasionalmente se quedaban escondidos en varias casas de la Colonia Nicarao. Los muchachos y muchachas integrados a la lucha armada, incluyendo mi hija Marlene Fátima Aguilar Uzaga, pertenecían a grupos cristianos organizados y al mismo tiempo a estructuras militares de la Insurrección”, recuerda  Eloísa Uzaga Flores, madre de “Modesta” o “Mary”.

En días previos a la Insurrección, u Ofensiva Final, Eloísa Uzaga Flores fue detenida violentamente por  patrullas de guardias somocistas, jefeados por Alberto “Macho Negro” Gutiérrez, y llevada a la que fue llamada Central de Policía de Managua, jefeada por el feroz esbirro Nicolás Valle Salinas, quien ya  durante la Insurrección se ufanaba al decir mediante la radio de la Guardia Nacional: “Tenemos armas y municiones para combatir 100 años, si queremos”.

Madre e hijos capturados y torturados por GN

Antes que ella, habían estado presos sus otros dos hijos: Jorge Douglas y Luis Rodolfo Aguilar Uzaga, porque los guardias de la Treceava Sección de Policía (“Sierra 13”), ubicada frente al Cementerio Oriental, afirmaban que andaban “alterando el orden público y en actividades Sandino-comunista-terroristas”.

Uzaga Flores fue encarcelada y torturada, debido a denuncias de “orejas” de la Oficina de Seguridad en la misma Colonia Nicarao.  Eloísa tenía algunos amigos influyentes cercanos a la estructura de la Guardia Nacional somocista genocida, y de ese modo logró salir.

Tuvo que pagar varios miles de córdobas de “multa” por sus dos hijos y ella. Ese dinero tuvo que prestarlo en un banco, “y de ese modo, quedé “enjaranada”. “Andate de esa casa de la Nicarao, con toda tu familia… si no te vas, te hacemos el “pisa y corre” (es decir, matarla de una vez), le dijeron a  Eloísa en la Central de Policía GN somocista.

Un poco después de quedar libre Eloísa, la casa le fue “cateada” por otros guardias somocistas genocidas, que afirmaban llegaban desde la Central de Policía, es decir, enviados directamente por Nicolás Valle Salinas.

Ya desencadenada la Insurrección, u Ofensiva Final, cuando Anastasio Somoza  Debayle y el alto mando de la Guardia Nacional deciden bombardear vecindarios de Managua con helicópteros y aviones artillados con rockette y ametralladoras calibre 50, la casa de  Eloísa Uzaga Flores sufre la caída y estallido de varias bombas de 1,000 y 500 libras, las cuales no mataron a nadie, “porque todos andábamos fuera; estábamos todos en labores de combate en las trincheras que estaban frente a la Fábrica Rolter, en la Carretera Norte”, recuerda la madre de “Modesta” o “Mary”.

Este grupo de la Nicarao “iba y venía” a las zonas de Bello Horizonte, Santa Rosa, Costa Rica y Larreynaga por orientaciones del jefe guerrillero Marcos Somarriba García, quien coordinaba la lucha armada contra el somocismo genocida en este Sector del lado de la Carretera Norte.

Al momento de producirse el Repliegue Táctico de Managua  a Masaya, este grupo en que iban los hijos de  Eloísa, entre ellos, “Modesta” o “Mary”, salen de la trinchera que estaba frente a la Fábrica Rolter, cruzan Bello Horizonte de Norte a Sur, atraviesan también el cauce entre “Santa Bárbara” (hoy Barrio Venezuela) y finalmente llegan a la Calle de la Clínica Don Bosco, donde se concentraron alrededor de 7, 000 managuas para iniciar el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

La salida del Repliegue a Masaya se produjo un poco después de las diez de la noche. Según Isabel Aráuz Rugama van juntos:  Marlene Fátima “Modesta” o Mary”, Cela Patricia Amador Cisneros, Manuel Barrantes, Ricardo Sú Aguilar y la propia Isabel Aráuz Rugama.

Al llegar a “Piedra Quemada”, a las once de la mañana del 28 de junio de 1979, el bombardeo aéreo con bombas de 1,000 y 500 libras, rockttes y ametralladoras calibre 50, está en lo “fino”, matando gente y animales domésticos, destruyendo casas, convirtiendo en miles o millones de pedazos los pocos árboles del lado Norte de  “Piedra Quemada”, mayoritariamente mamones, mangos, jocotes, naranjos, guanacastes,  ceibos, espinos negros y algunos chilamates.

El trayecto de bombardeo sostenido se produjo en un trecho de unos 750 metros entre el llamado Cruce Real de Caminos y el Kilómetro 22 de la Carretera a Masaya, conocido como “Piedra Quemada”, frente a la entrada antigua hacia el Volcán Masaya.

“Piedra Quemada” es un colchón de piedra volcánica, puntuda, eriza, que se prolonga más de dos kilómetros de Sur a Norte, desde los cuatro cráteres del Volcán Masaya, con rumbo Norte, cruzando la Carretera a Masaya.

Fulminado por bombas casi todo el grupo

Según Isabel Aráuz Rugama, coordinadora actual de la Asociación de Mujeres Sandinistas, el bombardeo aéreo no cesaba, ya casi a la una de la tarde, cuando el grupo decidió seguir caminando hacia la salida de la Carretera Managua-Masaya por el Kilómetro 22, cuando se encontraron con una pila en que bebía agua el ganado.

Isabel se dispuso a beber agua de la pila. Se alejó un poco. El grupo se quedó un poco atrás, cuando, una vez más, cayó otro rockette, cuya explosión y charneles, mataron en el acto a Marlene Fátima “Modesta” o “Mary” Aguilar Uzaga, a Ricardo Su Aguilar, a Cela Patricia Amador Cisneros y a Manuel Barrantes.  Es decir, casi todo el grupo cayó en ese lugar de la pila de agua para el ganado. Isabel Aráuz Rugama se salvó por haberse retirado del grupo.

Estos  cadáveres de “Modesta” o “Mary”, de Celia Patricia, de Manuel Barrantes Aguilar, de Ricardo Sú Aguilar y decenas de cuerpos ya fallecidos por el bombardeo en este trecho de unos 750 metros del lado Norte de  “Piedra Quemada”,  fueron acomodados en oquedades o zanjas muy pequeñas en los alrededores y en la orilla del camino pedregoso, y los cubrimos con piedras y arena, para que no quedaran al descubierto.

Isabel Aráuz Rugama lloró inconsolable en ese pedazo de terreno cubierto de piedras volcánicas, y hasta “renegó de Dios”, “porque cómo es posible que permita que una pandilla de asesinos somocistas estén matando a todo un pueblo”.

Doña Eloísa Uzaga Flores y su esposo Rodolfo Antonio Aguilar y un grupo numeroso de padres y madres de Héroes y Mártires caídos en “Piedra Quemada”, fueron llevados por Isabel Aráuz Rugama y otros a reconocer el sitio en que habían quedado sepultados superficialmente los cuatro inseparables amigos de lucha y revolucionarios sandinistas, incluyendo “Modesta” o “Mary” Aguilar Uzaga.

Cadáveres recuperados después del 19 de julio

Sus cadáveres fueron recuperados casi un mes después, es decir, casi a finales de agosto de 1979. Los restos de “Modesta” o “Mary” están sepultados en el cementerio pequeño de la orilla de la Casa Comunal de la Colonia Nicarao. Es precisamente doña José Eloísa quien cuida ese cementerio, donde hay sepultados 17 Héroes y Mártires de la Insurrección y del Repliegue de Managua a Masaya, todos de la Nicarao. Hay una placa en que están sus nombres.

Eloísa tiene ahora (en 2017) 81 años. Sobreviven a “Modesta” sus hermanos: Luis Rodolfo, médico; Jorge Douglas, Combatiente Histórico organizado, José del Carmen, oficinista y Mario Antonio, también oficinista.

Eloísa solicita encarecidamente que le ayuden  desde el gobierno en el arreglo y sostén del Cementerio de los Héroes y Mártires de la Colonia Nicarao, donde cayeron 72 combatientes, con el arreglo también la de la Galería de Fotos de estos  Mártires, y que a ella mismo le ayuden en el mejoramiento de su vivienda, la cual era “casa de seguridad” durante  la Insurrección y que fue bombardeada por la Guardia Nacional somocista genocida.

Uzaga Flores vive, o reside,  de la Escuela de la Colonia Nicarao dos cuadras al Norte y media al Oeste,  y tiene los teléfonos: 22481960 y 85543128.

 Cela Patricia “Mercedes” Amador Cisneros

Cela Patricia “Mercedes” Amador Cisneros era una chavala jovencita, de apenas 14 años cumplidos. Estudiaba en el Liceo Franciscano, en el Reparto Altamira. Era una revolucionaria sandinista convencida, pertenecía a grupos de centenares de jóvenes rebeldes antisomocistas, cuyos padres y ellos mismos habían sido encarcelados, torturados y amenazados de muerte por las bandas de asesinos y torturadores de la Guardia Nacional somocista genocida, especialmente los guardias de la “Treceava Sección de Policía GN” (“Sierra 13”, decían los guardias), uno de cuyos jefes era el sargento Alberto “Macho Negro” Gutiérrez, quien llegaba a la Colonia Nicarao a sembrar el terror, especialmente por las noches.

Cela Patricia “Mercedes” Amador Cisneros era hija de José Leonardo Amador y de María del Socorro Cisneros Méndez, “yunta” de Eloísa Uzaga Flores, la mamá de “Modesta” o Mary” Aguilar Uzaga.

“Mercedes” Amador Cisneros vivía en la casa número E-275 de la Colonia Nicarao, donde ahora reside su primahermana Giselle Ebans Amador, quien guarda amorosamente los recuerdos revolucionarios consecuentes de Cela Patricia “Mercedes” Amador Cisneros, guiada, de algún modo, por Eloísa Uzaga e Isabel Aráuz Rugama..

Cela Patricia Amador Cisneros era de la “pelota” de Marlene Fátima “Modesta” o “Mary” Aguilar Uzaga y de Isabel Aráuz Rugama. Se juntaban para estudiar, se unían para enfrentar militarmente a los guardias que llegaban a aterrorizar a la Colonia Nicarao, se juntaron al estallar la Insurrección, u Ofensiva Final, en junio de 1979, y andaban juntas haciendo labores de Combatientes Populares, correos clandestinos de Jefes Guerrilleros, fabricaban bombas de contacto, perfeccionaban juntas las formas de evadir a los guardias, a los “orejas” de la Oficina de Seguridad y a los informadores oficiosos del somocismo genocida en la Colonia Nicarao, y también, a escondidas,  practicaban arme y desarme de armas de todo tipo y calibre, incluyendo fusiles automáticos como los Fal, Garand, M-16  y Galil.

Además del horror impuesto por los opresores somocistas en Managua, como motivo para insurreccionarse, Cela Patricia contaba con el ejemplo de su hermano Emilio Jhonatán “Comandante Chepe” Amador Cisneros, quien había caído antes en Jinotepe, durante un asalto del Frente Sandinista clandestino en la Renta de esa cabecera departamental de Carazo. Su hermano “Comandante Chepe” le decía que era necesario enrolarse en la lucha armada, para derrocar militarmente a la dictadura somocista genocida.

“Ahí va Celita” comentaban en la Nicarao

“Ahí va Celita”, comentaban en el vecindario de la Nicarao cuando su rostro y cuerpo adolescente atravesaban sombras, huecos y callejones, rumbo a cumplir una tarea de orden militar insurreccional, sola o en compañía de “Modesta” Aguilar Uzaga y de Isabel Aráuz Rugama, actual coordinadora de la Asociación de Mujeres Sandinistas de Managua.

Las historias de boca en boca en la Colonia Nicarao y en la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos, encabezada por Frank “Machillo” González Morales, indican que Cela Patricia Amador y Marlene Aguilar Uzaga operaban juntas como correos clandestinos y portadoras de armas, municiones y bombas de contacto, ya en la Insurrección u Ofensiva Final, por encargos de sus responsables en la Colonia Nicarao, entre otros: Iván Escobar, Iván Peña y Manuel Barrantes Aguilar, quienes eran dirigidos a su vez por Jefes Guerrilleros como Ramón “Nacho”  Cabrales Aráuz y Marcos “Salvador” Somarriba García.

Cela “Mercedes” y Marlene “Modesta” se movían sigilosamente en vecindarios como la misma Nicarao, Reparto Santa Julia, Don Bosco, “Meneses” y “Santa Bárbara”, hoy Barrio Venezuela;  “Salvadorita” (hoy Cristhian Pérez Leiva), Costa Rica (antes Barrio Blandón), Bello Horizonte, Santa Rosa y por el lado del Puente Larreynaga, en la Pista de la Resistencia Sandinista.

Con Cela Patricia trabajaban también en la clandestinidad “José del Carmen Camiche”, también Mario Aguilar y “Manotas”.

Estas tres muchachas mencionadas participaban inclusive en combates contra la guardia somocista genocida en barricadas en la misma Colonia Nicarao, en el Puente El Edén y en Santa Rosa, pero en sus casas  eran pocos los familiares que sabían o conocían de las actividades clandestinas de Cela, Marlene e Isabel Aráuz Rugama.

La madre más integrada de todas ellas en la Nicarao era Eloísa Uzaga Flores, madre de “Modesta” o “Mary”, porque todos sus hijos e hijas y ella misma estaban plenamente integrados en la Insurrección y debido a que la chela Eloísa Uzaga Flores inclusive había sido hecha prisionera por la guardia, en varias ocasiones, y tuvo que pagar multas de hasta 10,000 córdobas, lo cual la dejó “enjaranada”  en el banco.

Guerrilleras clandestinas muy estudiosas

Según sus familiares, quienes se muestran orgullosos de Cela Patricia “Mercedes” Amador Cisneros, ésta nunca dijo nada acerca de las actividades guerrilleras clandestinas en que andaba metida, pues el grupo, días antes de la Insurrección, llegaba en horario correspondiente de las clases, se les veía estudiar, pero se iban, dejaban dicho que andaban haciendo “un  mandado” donde Marlene, por ejemplo.

Volvían a la hora acostumbrada para continuar estudiando. Cuando estalló  la Insurrección u Ofensiva Final, todas ellas andaban plenamente integradas, se les veía sudadas, sucias, cansadas, chimadas en los brazos y piernas, llegaban sólo a comer y cambiarse de ropas un poco oscuras. Cela Patricia no comentaba con nadie que andaba plenamente integrada en la Insurrección, comenta una familiar, aunque se sospechaba que el grupo en eso andaba.

Retirada, ¿para dónde?

Cuando llegó el momento de partir en el Repliegue Táctico a Masaya, el grupo numeroso de la Nicarao, por separado, cada uno y una, llegaron a sus casas y les dijeron a sus madres, padres, hermanos y otros familiares, que se iban en retirada (¿para dónde?), porque hacían falta municiones, aunque no sabían hacia dónde era ese Repliegue ordenado por el Estado Mayor General del Frente Interno, integrado por los Comandante Carlos Núñez Téllez, Joaquín Cuadra Lacayo y William Ramírez Solórzano.

En su casita de la Colonia Nicarao recuerdan que Cela Patricia llegó a despedirse cuando ya estaba un poco oscuro, después de las seis y media de la tarde, cuando el Sol se había ocultado en el horizonte y debido a que Anastasio Somoza Debayle, el tirano genocida, había mandado a cortar la energía eléctrica en todos los vecindarios insurreccionados en Managua.

Cela Patricia se puso una ropa oscura y zapatos también oscuros. Le ofrecieron un reloj y ella contestó que no, “porque no debemos llevar puesto nada que brille en la oscuridad, para que los guardias no nos detecten”, respondió Cela Patricia Amador Cisneros cuando ya su silueta delgadita de jovencita adolescente de 14 desaparecía en la oscuridad de las calles de la Colonia Nicarao. Iba a juntarse con “la pelota”  de compañeras y compañeros Combatientes Populares para irse rumbo a la Calle de la Clínica Don Bosco, situada en el “Reparto Meneses”, también conocido como “Santa Bárbara”, hoy Barrio Venezuela.

Su cadáver quedó cubierto con arena y cal

Cela Patricia Amador Cisneros cayó con un grupo de jóvenes Combatientes Populares en el lado Norte de “Piedra Quemada” por el feroz bombardeo aéreo somocista genocida el 28 de junio de 1979, cuando el  grueso del Repliegue Táctico de Managua Masaya se desplazaba por este sector del lado Norte del Volcán Masaya.

Las versiones de compañeros de viaje en el Repliegue indican que a Cela Patricia “Mercedes” Amador Cisneros fue “partida” por los charneles de una de las miles de bombas que lanzaron los pilotos somocistas genocidas contra el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, a la altura de “Piedra Quemada”, frente a la entrada antigua al Complejo Volcánico del Volcán Masaya.

Su cadáver, dichosamente, fue bien colocado en una oquedad de la orilla del camino pedregoso, lleno de piedras erizas o puntiagudas. Al cuerpo de Cela Patricia se le echaron piedras, arena y un poco de cal encima, pues en ese momento ni se supo de dónde salió un saco de cal.

Esto permitió que un grupo de cadáveres de caídos, incluyendo el de Cela Patricia se conservaran en buen estado.

Al retornar de Masaya a Managua con el triunfo de la Revolución Sandinista el 19 de julio en la tardecita, el grupo sobreviviente de la Colonia Nicarao fue donde las madres de Cela Patricia, de Marlene “Modesta” y de Manuel Barrantes Aguilar, a comunicarles que los tres habían caído en “Piedra Quemada”.

Los mismos jóvenes, hombres y mujeres, con las respectivas Madres y Padres de estos y estas Héroes y Mártires caídos en el célebre Repliegue de Managua a Masaya, organizaron inmediatamente un grupo, consiguieron vehículos y permisos para moverse, y el 21 de julio de 1979, mediante la localización que habían dejado los sobrevivientes, fueron a “Piedra Quemada” y rápido encontraron sus cadáveres, sepultados en oquedades poco profundas y cubiertos con piedras, arena y un poco de cal encima.

Sus cuerpos estaban casi intactos. A doña María del Socorro Cisneros no le fue difícil identificar a su hija Cela Patricia, pues el cadáver tenía sanitas las prendas de vestir que se había puesto al salir de su casa entre las sombras de la noche del 27 de junio de 1979.  Es decir, había pasado un poco menos del mes de aquel día 27 de junio de 1979.

María del Socorro, Eloísa Uzaga Flores, don Manuel Barrantes, los sobrevivientes del Repliegue de la Colonia Nicarao y dirigentes comunales, tomaron la decisión de ir a comprar ataúdes en Masaya, colocaron los cadáveres dentro de los ataúdes allí en “Piedra Quemada”, y en caravana fúnebre los condujeron a la Colonia Nicarao, en el Oriente de Managua.

La inmensa mayoría de estos vecinos siempre fueron rebeldes, opositores sólidos contra el régimen somocista genocida. Al llegar los cadáveres de Cela Patricia, Marlene “Modesta” o Mary” Aguilar Uzaga y Manuel Barrantes Aguilar, tomaron la decisión de que los 17 Héroes y Mártires de la Colonia Nicarao, caídos en la Insurrección en la Zona Oriental de Mangua y en el Repliegue de Managua a Masaya, fuesen sepultados todos en el lado Este de la Casa Comunal e Iglesia de la misma Colonia Nicarao.

Mediante una ceremonia solemne, llena de lágrimas de familiares y amigos, y al mismo tiempo de alegría por estar ya en una Patria Liberada, los cadáveres fueron colocados de uno en uno en sus tumbas, las cuales se conservan hasta hoy con sus respectivas cruces y nombres en el costado Este de la Iglesia y Casa Comunal de la Colonia Nicarao, incluyendo los nombres de Cela Patricia Amador Cisneros, Marlene Fátima Aguilar Uzaga y Manuel Barrantes Aguilar.

En el centro de este Cementerio de Héroes y Mártires, está erigido un monumento, en cuyo centro hay una placa metálica con los 17 nombres de Héroes y Mártires de la Colonia Nicarao. Esa placa se colocó,  nuevamente hace poco tiempo, con apoyo de la Embajada de Venezuela.

Eloísa Uzaga Flores, madre de Marlene “Modesta” o “Mary” Aguilar Uzaga, es quien cuida y limpia cada tres días el local y entrada de la Galería de los Héroes y Mártires y el Cementerio mencionado. Eloísa Uzaga, quien tiene ya 81 años, se queja de que tanto vecinos como personas de fuera de la Colonia Nicarao ensucian el frente de la Galería y también han dañado las instalaciones del Cementerio. Señala que no recibe apoyo de ningún tipo ni de los dirigentes comunales ni de los dirigentes políticos FSLN de la Colonia Nicarao.

Eloísa solicita ayuda y responde a los teléfonos: 22481960 y 85543128. En este caso de Cela Patricia se puede consultar más datos a Eloísa Uzaga, quien reside del portón Norte de la Escuela de la Nicarao, dos cuadras al Norte y media al Oeste. También a Giselle Ebans Amador en la casa No. 275.

Manuel Barrantes Aguilar

Manuel Barrantes Aguilar estudiaba su quinto año de bachillerato en el Instituto Franciscano, en el Reparto Altamira.  Tenía apenas 19 años, y consideraba indispensable enrolarse en la lucha armada para derrocar al régimen somocista genocida,  porque éste impedía las libertades más elementales al pueblo nicaragüense. Mario José Barrantes Aguilar, su hermano mayor, tenía la categoría de responsable de grupos en la estructura político-militar clandestina del FSLN, en la Colonia Nicarao.

Manuel era empleado  en la Farmacia Managua y Mario José ya había coronado su carrera de electricista industrial,  en el INTECNA, en Granada. No logró empleo en ninguna parte, en ese momento, porque la Insurrección estalló en esos días de junio de 1979.

La vivienda de Manuel Barrantes Rueda, el padre, y Rosa María Miranda, la madre, era “casa de seguridad” de jefes guerrilleros como Marcos “Salvador” Somarriba García, Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz y otros;  estaba convertida en buzón de armas, en paso de Combatientes Populares que hacían labor de correos clandestinos y hasta de dormitorio ocasional de Marcos “Salvador” Somarriba García, quien allí en la casa de Barrantes, en un cuarto del fondo, usaba un radio de ocho bandas de aquellos días para localizar el radio de la Guardia Nacional somocista y también el medio electrónico radial usado por la estructura político-militar del Frente Interno del FSLN, en Managua. Manuel Barrantes Rueda, padre, venía organizado desde los tiempo de Movilización Republicana. Así que él mismo era la mejor escuela de lucha para sus hijos.

También escuchaban Radio Sandino clandestina en ese radioreceptor, mencionado arriba,  de Manuel Barrantes Rueda.

Manuelito Barrantes hijo era algo así como un especialista en conseguir los materiales químicos y físicos para fabricar bombas de contacto en coordinación con otros colaboradores, entre los cuales estaban “Tigre” Pavón del Barrio Larreynaga. Pavón tenía una fábrica de bombas y cohetes del Puente El Edén tres cuadras al Oeste.

Dentro de la casa, padre e hijo y otros Combatientes Populares, tenían un hueco, en el cual colocaban materiales explosivos y las bombas de contacto, ya elaboradas para ser usadas contra patrullas de guardias somocistas genocidas en toda la Zona Oriental-norte de Mangua.

A la orilla del hueco estaba un perro bravo amarrado, llamado “Lobo”,  para que nadie se acercara. Manuelito Barrantes hijo también tenía como misión fundamental conseguir medicinas y medios para aplicar “Primeros Auxilios”  a heridos.

Lleva bombas de contacto y medicina en Repliegue

Al producirse el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, Manuelito hijo todavía llega a la casa de su padre, llena una caja con medicinas y otra caja con bombas de contacto; se puso unas botas nuevas; su madre, Rosa María Miranda, le aliñó una colcha en una bolsa, un pantalón, una camisa, varios pañuelos, un calzoncillo; y ceremonioso, antes de salir de la casa, les dijo a su padre y a su madre: “Tomen este dinero, compren comida, cuídense… vamos en Repliegue, no sé adónde, ¡volveremos¡”.

Manuel era el hijo menor. También estaban integrados a la Insurrección y se fueron en el Repliegue de Managua Masaya: Mario, Víctor y Marvin. Mario tenía responsabilidades de jefe guerrillero en la Insurrección y también en el Repliegue. Los cuatro llegaron a despedirse de sus padres, cuando eran las seis de la tarde del 27 de junio de 1979, día  y noche en que se inició el Repliegue de Managua a Masaya.

La versión de sus hermanos es que iban juntos al salir el Repliegue de Managua a Masaya. Al llegar a “Piedra Quemada”, por el feroz y mortal bombardeo de la Guardia Nacional somocista genocida, se separaron.  Manuel, debido a que era nervioso por ser el más joven, presuntamente no siguió las instrucciones que daban los jefes: Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano, Walter Ferrety Fonseca, Joaquín Cuadra Lacayo y Osvaldo Lacayo Gabuardi, de que todo mundo permaneciera “pecho en tierra” contra troncos, piedras grandes y en zanjas, para evadir un poco los charneles de las bombas, y debido a eso, posiblemente, fue impactado por los explosivos en el lado Norte de  “Piedra Quemada”.

Al llegar a Masaya, sus tres hermanos, estaban desconsolados. Víctor llegó primero a Masaya. Al volver a Managua el 19 de julio de 1979, sus tres hermanos sobrevivientes trajeron a sus padres la noticia de  la desaparición de Manuelito.

Don Manuel se fue a “Piedra Quemada” con una foto de Manuelito, para mostrársela a campesinos de ese sitio Norte del Volcán Masaya, y de ese modo, dio con su cadáver. La versión campesina indica que Manuelito iba con una muchacha ya casi cruzando hacia la Carretera a Masaya, cuando fueron descubiertos por el piloto somocista asesino, quien les descargó su carga mortal de rocktte y los mató a los dos.

El campesino no identificado tomó los cadáveres, los metió en una zanjita rocosa y los cubrió con piedras y arenas del mismo Volcán Masaya. Allí estaban los dos cuerpos. Don Manuel no supo quién era la muchacha. No tenía el dinero en el bolsillo. La colcha que su madre le aliñó a Manuel, la tenía encima, como para cobijarlo. Don Manuel, su padre, lo reconoció por el pelo y las muelas, las cuales tenían calzas recientes; por un anillo de oro, por sus botas recién estrenadas.

Don Manuel y su esposa, ambos con más de 80 años de edad, residen en la Colonia Nicarao, del llamado “Cacique Nicarao”, tres cuadras  al Lago, segundo callejón al Oeste, casa número E-447. Sus hijos sobrevivientes: Mario es mayor retirado del Ejército, Víctor Hugo es teniente retirado del mismo Ejército, y presidente de una Asociación de Militares Retirados. Tienen el teléfono: 22498269.

 Aristeo “Sebastián” Benavidez y Carlos “Paco” Miranda

Aristeo “Sebastián”  Benavidez y Carlos “Paco” Miranda se hicieron conocidos en la marcha del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, porque ambos cayeron heroicamente durante un combate contra una patrulla de guardias somocistas genocidas unos 150 metros antes del Cruce de Veracruz, en medio de un plantío de chagüites, donde los soldados GN asesinos estaban escondidos con una ametralladora calibre 50, montada en un camión. Aristeo Benavidez era cuadro orgánico o militante entrenado y probado del Frente Sandinista clandestino

El llamado Cruce de Veracruz es en realidad un cruce de caminos con la Carretera que va de la Comarca Veracruz, Municipio de Nindirí, hacia el Puente de Ticuantepe, del Municipio de Ticuantepe, en la Carretera a Managua-Masaya.

Eran un poco después de las seis de la mañana del 28 de junio de 1979. En ese sitio se desplazaba sigilosamente  el grueso del Repliegue Táctico de Managua a Masaya. Todos, sin excepción, íbamos hurgando con las miradas nerviosas por entre árboles,  chagüitales (plátanos, guineos, bananos) y matorrales en las cercanías del Cruce de Veracruz.

Aristeo “Sebastián” Benavidez y “Paco” Miranda, dos diestros Jefes Guerrilleros, formaban parte de un grupo selecto de combatientes que iban en la vanguardia, explorando, limpiando el camino de guardias somocistas genocidas, de “orejas”, “soplones” y “paramilitares”, cuando, repentinamente, explotó una balacera sonora que cortaba matorrales y ramas por centenares.

Precisamente, en ese momento, en medio del tiroteo, apareció William “Aureliano” Ramírez Solórzano, miembro del Estado Mayor General del Frente Interno, con un fusil automático en las manos, desplazándose  agachado, rápido como una gacela, dando órdenes de que todo mundo se tendiera “pecho en tierra” en el suelo, y a la vez distribuyendo a los mejores combatientes para que hicieran un anillo militar en torno al sitio en que se escuchaba que estaba vomitando balas por centenares la ametralladora calibre 50.

El combate o balacera duró unos siete minutos. Los matorrales y arboleda nutrida impedían ver lo que realmente estaba pasando, y además, todavía estaba un poco oscuro, pues el Sol  no iluminaba totalmente.

Se supo después del combate rápido que Aristeo y “Paco” Miranda estaban con sus fusiles automáticos, disparándolos, parapetados en árboles, en la primera línea de fuego en contra de los guardias somocistas genocidas.

Este combate rápido sacudió y alarmó a todos los integrantes del Repliegue Táctico de Managua a Masaya. No se supo cuántos guardias eran, pues huyeron entre los matorrales hacia el lado Norte de Veracruz.

Tres caídos y Aristeo con la cara partida

No se oyeron más disparos. Al concluir la balacera, un grupo de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares aparecieron en medio de los matorrales cargando tres cuerpos sin vida. A los Jefes y Combatientes se les notaban los ojos llenos de lágrimas y al mismo tiempo, furiosos porque habían caído heroicamente tres compañeros, dos ellos jefes  guerrilleros valiosísimos.

El tercer cadáver, perforado por las balas de la ametralladora calibre 50, era de un jovencito Combatiente Popular del Barrio Riguero Norte y de la Colonia Nicarao, llamado Juan Ramón “Ringo” Rizo Villagra.

Los tres ellos, Aristeo “Sebastián”, “Paco” Miranda y “Ringo” Rizo, se enfrentaron prácticamente a pecho descubierto a la patrulla de asesinos GN en medio del chagüital, matorrales tupidos y hierbas crecidas.

“Ringo”, “Paco” y “Sebastián”  Benavídez, con su accionar valiente y decidido evitaron, posiblemente, una matanza mayor del grueso del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, pues en ese momento, en ese sitio lleno de chagüites y matorrales, estábamos el grueso de la marcha revolucionaria hacia Masaya, quizás unos cuatro mil managuas.

Uno de ellos, Aristeo, tenía la cara partida por un balazo de la ametralladora calibre 50.  La noticia de los tres caídos se propagó como hilo de pólvora agarrando fuego. Virtualmente, todos los participantes en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya estábamos allí en ese momento, en el Cruce de Veracruz, antes de meternos en una encajonada, rumbo a “Piedra Quemada”, en el Complejo Volcánico del Volcán Masaya.

No podíamos ir cargando muertos. Esa era la orden del Estado Mayor del Frente Interno. La carga de heridos era de casi 200, entre hombres y mujeres, todos jóvenes, algunos casi niños.

Sepultados al pie de un ceibo

“Aureliano” Ramírez Solórzano ordenó que los tres revolucionarios sandinistas caídos fuesen sepultados al pie de un árbol de ceiba. Un árbol antiguo, de raíces profundas. Se hizo una zanja, de forma rápida, y ahí quedaron sepultados.

Pregunté cómo se llamaban y no fue posible saberlo en aquel momento. Casi todos los participantes del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, de los días 27, 28 y 29 de junio de 1979, no daban sus nombres, y eran conocidos sólo por seudónimos, o sencillamente, ni seudónimo, ni nombre alguno.

Fue hasta que el Diario BARRICADA del 31 de agosto de 1979, en su página tres, publicó una nota periodística sobre Aristeo “Sebastián” Benavidez, pude darme cuenta que se trataba de uno de los dos caídos en combate frontal contra la guardia somocista genocida en el Cruce de Veracruz.

Fue varios años, quizás 12 años después del 28 de junio de 1979, que Alejandro “Comandante Huesito” Mairena Obando, me dijo que el segundo caído en combate en el Cruce de Veracruz era Carlos “Paco” Miranda.

Y fue 36 años después, cuando investigaba sobre los caídos en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, que pude establecer claramente que el tercer caído fue Juan Ramón “Ringo” Rizo Villagra.

Aristeo Benavidez era de Estelí, del Barrio San Antonio; y “Paco” Miranda era de Matagalpa, supuestamente del Barrio Guanuca. Los tres cadáveres fueron recuperados, porque la inmensa mayoría de replegados sabíamos que habían sido enterrados al pie del ceibón, situado a unos 100 metros al Oeste del Cruce de Veracruz.

Aristeo era un cuadro extraordinario del FSLN en Estelí, Matagalpa y Managua

Según parte del historial publicado por BARRICADA en agosto de 1979,  Artisteo Benavidez era un cuadro orgánico o militante del Frente Sandinista clandestino,  formidablemente bien preparado desde 1971. Poseía entrenamiento militar guerrillero, preparación política e ideológica, estudiaba historia y analizaba cuidadosamente lo que ocurría en Nicaragua con la opresión militar somocista genocida.

Sin embargo, su integración plena, total a la lucha, se efectúa hasta en los primeros meses de 1977, en Estelí. En la Ciudad y en el Campo distribuye propaganda política y armada, participa en mitines relámpagos en vecindarios y dentro de autobuses urbanos e Interlocales, en Estelí, en Matagalpa y en Managua.

Participa en emboscadas a patrullas de la guardia somocista, gestiona casas de seguridad para Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares, organiza buzones de armas en Estelí, se especializa también en fabricación de explosivos, y al mismo tiempo hace labor de correo clandestino del FSLN en el Norte de Nicaragua.

En el mismo año 1977 lo meten preso en Estelí por quebrar los vidrios de una camioneta de un político somocista. Los vecinos de su Barrio San Antonio gestionan para sacarlo de la cárcel y lo logran. Después caen presos varios vecinos, y entonces es él quien se mete a realizar gestiones para que sus amigos y vecinos sean liberados de las cárceles somocistas.

La persecución de la opresión somocista en su contra, no se ha terminado. En el mismo año 1977, según el relato periodístico de BARRICADA, la guardia lo vuelve a meter preso, y ahora lo obligan a recorrer calles, preso por supuesto, para que señale dónde están escondidos el doctor Alejandro Dávila Bolaños,  Marcelino Valenzuela y Luis Irías, todos de Estelí y buscados por el somocismo genocida. No logran sacarle ninguna información vinculada al quehacer del FSLN clandestino, a pesar de la hirientes torturas que le aplican en los comando opresivos y sanguinarios de la GN somocista.

Logra salir libre. En septiembre de 1978 aparece con su hermano Rodolfo metido en la Insurrección de Estelí, precisamente, en septiembre de 1978. En esos días es nombrado por el Frente Sandinista clandestino, encabezado por el “Zorro” Rivera, como Comandante de una escuadra de Combatientes Populares, la cual él ubica en la “Ladrillería Hermanos Rayo”.

La Insurrección de Septiembre en Estelí, así como en el resto del país, fue como un gran ensayo de lo que pasaría después con la Insurrección u Ofensiva Final de junio de 1979.

Al participar en la Insurrección de Septiembre de 1978, Aristeo Benavidez aparece con el nombre de “Comandante 13”. Los participantes en esta Insurrección  se ven obligados a retirarse, pues ya habían cumplido sus objetivos de hostigar a la guardia somocista genocida, de poner a prueba el arrojo de los Combatientes Populares y los deseos de la población de lanzarse definitivamente a la lucha armada, para derrumbar a la tiranía  de Anastasio Somoza Debayle.

Con los insurrectos, encabezados por Jefes Guerrilleros antiguos, subieron a los cerros de los alrededores de la Ciudad de Estelí, para evadir a los guardias criminales.

Benavídez con dedo cercenado en asalto a la Pepsi-Cola

En enero de 1979, refiere el reportaje indicado de BARRICADA, trasladan a Aristeo Benavidez a Managua, para realizar operativos político-militares de gran envergadura.

Y efectivamente, es uno de los integrantes de la escuadra guerrillera del FSLN clandestino que asaltó la casa de José “Papa Chepe” Somoza en la Loma de “Chico Pelón”, situada de la Shell de Ciudad Jardín al tope Norte, en el barrio Los Ángeles, en Managua.

Ese asalto a la casa de “Papa Chepe” Somoza, hermano de Anastasio Somoza Debayle, dio como consecuencia una enorme recuperación de armas de guerra, incluyendo artillería pesada, más municiones y pertrechos militares.

Además, Aristeo Benavidez, en estos primeros meses del año 1979, trabajó también como agitador sindical en la Carretera Norte, en Managua,  y distribuidor de propaganda política y armada entre trabajadores fabriles y pobladores barriales.

Es nombrado jefe de varias escuadras que hacen “tomas militares y propagandísticas” relámpagos en numerosos vecindarios de Managua, entre otros Waspán, Santa Rosa, Blandón (Costa Rica), Larreynaga y Bello Horizonte.

En mayo, ya a las puertas de la Insurrección u Ofensiva, al mando de una escuadra militar del FSLN clandestino aparece Aristeo Benavidez asaltando la empresa trasnacional PEPSI-COLA, ubicada de la Shell Waspán varias cuadras al Sur. Hace recuperación económica o de dinero, y en su discurso ante los trabajadores de la PEPSICOLA afirma que esa escuadra es del “Movimiento Pueblo Trabajador”.

En la balacera en la PEPSICOLA resulta herido en una mano y pierde  un dedo, pero a pesar de eso, no ceja en el asalto y tampoco retrocede para echarse el discurso frente a los trabajadores, mientras un hilillo de sangre chorreaba de su mano hacia el piso.

Ya en plena Insurrección, tomando en cuenta sus cualidades de Combatiente extraordinario, es designado jefe de una “Unidad Móvil de Combate José Benito Escobar Pérez”, con la cual realiza combates en Ducualí, en El Dorado, en Larreynaga, en El Edén, en el Barrio Blandón (Costa Rica), y le asignaron también un papel significativo para que esta “Unidad Móvil de Combate José Benito Escobar Pérez” fuese una de las que participara en la destrucción definitiva de la superodiada “Treceava Sección de Policía”, en la que estaba el multiasesino y torturador de la guardia somocista genocida, Alberto “Macho Negro” Gutiérrez.

Aristeo era un maestro en el manejo de armas

Era un Jefe Guerrillero valiente, inteligente, intrépido, audaz, cuidadoso en su accionar combativo, y esas cualidades las demostró una vez más al ocurrir un combate feroz con la Guardia Nacional en el Barrio San Cristóbal, donde a punta de temeridad, audacia y certeza en disparos y ráfagas de ametralladora, le arrebató una tanqueta artillada a los soldados criminales de la dictadura somocista.

Entre sus compañeros de combate se decía que era como “un maestro en el manejo de armas de todo tipo, y, sobre todo, cómo disparaba con tanta certeza, sin desperdiciar municiones”.

Sus armas favoritas en los combates en la Zona Oriental de Managua eran un fusil fal y una pistola calibre 32. Se las ingeniaba para conseguir los tiros, y se ufanaba de que él, con su escuadra, le quitaba las armas y municiones a los guardias somocistas genocidas.

Con ese fusil fal y la pistola 32 se enfrentó a la patrulla de la GN, que con una ametralladora calibre 50 parecía estar emboscada en ese chagüital del Cruce de Veracruz.

El relato de BARRICADA del 31 de agosto de 1979 indica que Aristeo “Sebastián” Benavidez cayó allí, en el cruce de Veracruz, durante ese combate mencionado. Carlos “Paco” Miranda era Jefe Guerrillero de Matagalpa, y sinceramente sobre él no conseguí muchos datos en torno a su vida.

Los guardias criminales huyeron. El Repliegue Táctico de Managua a Masaya perdió en el Cruce de Veracruz a tres de sus mejores Combatientes Populares e hijos revolucionarios. Se recuperaron la ametralladora y el camión en que estaba montada sobre un trípode. El camión estaba lleno de tiros variados, especialmente para la ametralladora calibre 50. También había en el camión una enorme cantidad de paquetes de cigarrillos y monedas de distintos valores en córdobas.

Esta ametralladora calibre 50 en manos del Estado Mayor del Frente Interno y de los replegados se convirtió en un elemento valiosísimo para mantener muy elevados a los helicópteros que lanzaban bombas de 1,000 libras y a los Push and Pull, lo cual, de alguna manera, contribuyó a que hubieran menos muertos y heridos en el lado Norte de “Piedra Quemada”, frente al Volcán Masaya.

BARRICADA indicaba que los restos de Aristeo Benavidez habían sido llevados a Estelí, para sepultarlos allá con los honores correspondientes.

Sobre Aristeo Benavidez se le puede consultar al Comandante Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz y a Frank “Machillo” González Morales, coordinador de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador”, situada de la “Racachaca” cuadra y media al Sur, en el Barrio Altagracia.

 Miguel Ángel Bonilla Obando

Miguel Ángel Bonilla Obando era un intelectual universitario encumbrado, de 33 años, rebelde, revolucionario, antisomocista y educador profundo y labrador de conciencias con sus discursos conmovedores en los auditorios de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, en Managua; y en centros fabriles capitalinos y fuera de Managua.

Esto ocurría por su posición política revolucionaria contra la tiranía somocista  genocida, mientras al mismo tiempo era presidente del Frente Estudiantil Revolucionario (FER) y del Centro Universitario de la Universidad Nacional (CUUN).

Miguel Ángel Bonilla Obando era profesor de inglés en el Recinto Rubén Darío, de la UNAN-Managua. Había sido antes maestro en colegios famosos como el Miguel Ramírez Goyena,  en el Instituto Maestro Gabriel, en el Colegio Calasanz, en el Instituto Pedagógico de Managua y en el Instituto Faustino Sarmientos.

Además, como su familia era pobre y su padre había fallecido cuando él estaba en el vientre de su madre, Miguel Ángel Bonilla Obando se había graduado también como técnico básico en electricidad  y refrigeración en el Instituto Técnico Vocacional, ubicado siempre de La Subasta hacia el Norte, en la orilla del Lago de Managua.

Discursos como imanes electrizantes

Para los estudiantes luchadores de la UNAN-Managua y en León, también en la Universidad Centroamericana, era como un imán repleto de conciencia política antisomocista hacerse presente a los auditorios, especialmente el Fernando Gordillo, cuando Miguel Ángel Bonilla Obando iba a pronunciar un discurso, o sencillamente haría una disertación académica, porque siempre la convertía en un poderoso y coherente discurso político antisomocista y antidictatorial.

Miles de estudiantes universitarios y de secundaria se veían sacudidos positivamente para meterse en la lucha política y armada antidictatorial cuando escuchaban a este recio intelectual revolucionario, formado en la lucha a punta de sacrificios personales y colectivos en la Universidad Nacional Autónoma (UNAN) y en centros fabriles de Managua, León, Carazo y Chinandega, adonde también acudía invitado para pronunciar discursos encendidos en contra de la opresión-yanqui-somocista de más de 40 años en  Nicaragua.

A esos auditorios de la UNAN-Managua acudía a escucharlo y verlo el niño Mártir Luis Alfonso Velásquez Flores. Después de oírlo, Luis Alfonso Velásquez Flores se subía a un asiento para hacerse ver, e imitaba a Bonilla Obando lanzándose una arenga en medio de la multitud estudiantil universitaria, la cual se ponía de pies y los aplaudía largamente.

Recuerdo una vez que Luis Alfonso Velásquez Flores se subió a la azotea de uno de los pabellones de la UNAN-Managua, con un megáfono en mano, y desde  allí se lanzó un discurso antisomocista encendido ante centenares de estudiantes universitarios, instándolos a continuar la lucha, a organizarse, a entrenarse para enfrentar militarmente al somocismo genocida. Abajo del pabellón estaba Miguel Bonilla Obando observando a Luis Alfonso y aplaudiéndolo.

Labrador de conciencia política

Se puede afirmar que Miguel Bonilla Obando jugó un papel excepcional en elevar la conciencia política y revolucionaria de varios miles de estudiantes universitarios y de secundaria, y de obreros fabriles y de pobladores, para que éstos se integraran a la lucha antisomocista sin vacilaciones, y con las armas en las manos.

Miguel Ángel Bonilla Obando aparece en el listado oficial de Mártires del libro “Porque viven siempre entre nosotros”, del Instituto de Estudios del Sandinismo; y de “Insurrección Sandinista Victoriosa y Repliegue Táctico de Managua a Masaya”, de Pablo E. Barreto Pérez.

La Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador” ubica a Bonilla Obando como otro de los caídos en la Jornada del Repliegue de Managua a Masaya (realizado los días 27, 28 y 29 de junio de 1979) porque también cumplía misiones designadas por el Estado Mayor del Frente Interno, encabezado por los Comandantes Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra Lacayo, en torno al Repliegue de más de seis mil managuas, que iban rumbo a la “Ciudad de Las Flores” o Ciudad de Masaya.

El testimonio de la dirigencia de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador” añade que Miguel Bonilla Obando regresó a su casa el 28 de junio, después de cumplir tareas de inteligencia y militares del Repliegue de Managua a Masaya. Se había ya acostado esperanzado de que la guardia somocista genocida no llegaría a buscarlo.

Sin embargo, numerosos guardias, “orejas” y soplones del régimen somocista genocida llegaron pateando las puertas de su casa, y se metieron a sacarlo para matarlo atrozmente, como acostumbraban, dentro de su vivienda, donde lo balearon y luego de forma feroz lo remataron estampándole bloques y ladrillos en la cabeza y en todo el cuerpo. Seguramente creían que matándolo detendrían el derrumbe del régimen sanguinario somocista.

Es conocido en Managua que hay una Colonia con su nombre, ubicada en el costado sur de la UNAN-Managua. Esta Colonia antes se llamaba ZOGAIB, y sus casas eran de guardias somocistas genocidas.

Su hermano Jorge A. Bonilla Obando, residente en Estados Unidos, escribió un esbozo biográfico sobre Miguel Ángel Bonilla Obando, el cual presentamos textualmente:

Jorge A. Bonilla Obando*

Miguel Ángel nació el 31 de marzo de 1946, en Managua, en la casa número 21 de la Colonia Somoza. Fue el quinto hijo de nuestros padres: Antonio Bonilla Cárcamo, de Nandaime, líder obrero; y Zoila Sebastiana Obando Trejos, ama de casa, nacida en Managua.

Cuando nuestro padre falleció, el 3 de enero de 1946, Miguel estaba en el vientre de su madre. Pienso que este nacimiento, sin el cuido y protección de su padre, con una madre viuda, sola y con la carga ya de cuatro niños, determinó que Miguel se desarrollara en la vida como una persona capaz de todo, independiente, audaz, hábil, cariñoso, sencillo, siempre sonriente y amable.

Miguel estudió en varias escuelitas que había en la Colonia Somoza y sus alrededores. En la Escuela Normal Central de Varones terminó sus estudios de primaria, y sus estudios de secundaria los realizó en el Instituto Nocturno Miguel de Cervantes, en Managua. Paralelamente estudió electricidad y refrigeración en el Instituto Técnico Vocacional, cuando salió de este centro tenía 15 años de edad.

Su madre y su hermano mayor, Ciro, trabajaban duro para alimentar y educar a la tropa Bonilla Obando. Durante los años 1959 al 63 estudió inglés y viajó a Estados Unidos varias veces donde unos primos que vivían en Los Ángeles. Luego trabajó como profesor en los Colegios Calasanz, Maestro Gabriel, Pedagógico de Managua, y el Colegio Faustino Sarmiento.

Su filosofía se nutrió de los escritores hispanoamericanos, los clásicos del viejo mundo, y de la vanguardia, además del existencialismo de Sartre y Camus. Su mentalidad de combatiente intelectual fue marcada por su lectura, los movimientos políticos posteriores a la Segunda Guerra Mundial, y la Revolución de Fidel Castro (en Cuba).

El 21 de febrero de 1967, frente a casi 1,600 personas, en el Instituto Ramírez Goyena, dio el discurso de su graduación de bachiller, y su voz y su pensamiento político contra la tiranía de Tacho Somoza Debayle marcaron el proceso de un nuevo político e intelectual que iba a apuntalar la Revolución de Nicaragua.

Profesor de inglés en la UNAN-Managua y aglutinador de multitudes

Los años del 72 al 79 fueron acelerados para Miguel. Participó en diversas organizaciones anti-somocistas que le nutrieron políticamente.  Para esa época se convirtió en profesor de inglés en el Recinto Universitario Rubén Darío, y continuó su carrera de sociólogo que no pudo certificar por su muerte en la guerra.

Fue en este período presidente del Frente Estudiantil Revolucionario (FER) y del Centro Universitario de la Universidad Nacional (CUUN). Participó en las protestas beligerantes y peligrosas contra el régimen, viajó continuamente a los departamentos a reuniones con estudiantes, obreros y empresarios que promovían la caída del somocismo.

La familia sufría por Miguel. Su madre y su tía Felipa, pasaban días tristes y llenos de angustia, esperando que él regresara de pronto y sigilosamente a la casa de las Delicias del Volga. Para las primeras horas del terremoto del 72, desapareció de momento y volvió hasta las 6:30 a.m. a la casa de doña Tana, nuestra madre, diciendo que estaba con la Cruz Roja socorriendo a las familias de los muertos y heridos en Managua.

A partir del año 74 hasta 1979 nadie faltaba a los discursos de Miguel en la UNAN-Managua. Su voz fue el mensaje sólido, emocionante, vibrante y profundo de un líder político, con fuerza y contenido filosófico, que penetró en la comunidad estudiantil y profesorado, coadyuvando para acelerar la victoria sobre el militarismo.

El módulo Fernando Gordillo de la UNAN, fue el principal escenario de su ideología y pasión revolucionaria. Ese lugar explotó centenares de veces de júbilo, esperanzas y vigor nacionalista. Nicaragua tenía entonces un líder genuino, joven, valiente, lleno de vigor, honesto, íntegro y autóctono, con el compromiso de ver a las nuevas generaciones viviendo en un mundo social más digno y conveniente para los tiempos modernos. Continuó trabajando en el Recinto Universitario Rubén Darío hasta su muerte.

Después de la toma de la casa de Chema Castillo, estuvo con mi esposa Heidi y yo, en nuestro hogar de la Colonia Centroamérica, los agentes de la Guardia lo buscaron durante un mes. En 1979 lo miraba pocas veces, algunas veces donde mi mamá o donde Ileana Ordóñez, su compañera y madre de sus dos hijas Ilvaleska y Stuchenka. Un día había un gran tiroteo cerca de Jardines de Veracruz, yo iba caminando y él me alcanzó, no sé de dónde venía, y nos fuimos en su carro por las calles de la Colonia 14 de Septiembre, me dejó en la casa y no supe dónde fue después. Me dijo, cuídese licenciado que la cosa arde y viene la etapa final. Sus manos estaban sudadas, como siempre. Me sonrió con una preocupante expresión que venía de su alma, y sus ojos grandes y muy negros que jugaban en conjunto con su juvenil sonrisa, trataron de decirme que no me acercara mucho a él, porque el peligro estaba cerca.

Miguel y yo fuimos los pequeños de nuestra familia, siempre estuvimos muy juntos, yo canté con él en las casas de los amigos, en los cumpleaños de nuestra familia, conversábamos de la revolución que se desarrollaba, pero nunca me comunicó, con grandes detalles, qué estaba haciendo.

El 26 de junio del 79 hablé con él, eran las 8:15 pm. Me dijo que había un “cachimbeo” terrible en toda la avenida del Ejército, desde hace muchos días. Él estaba en la casa de mi mamá, ahí estaba también mi hermano Gonzalo, quien estuvo con él más tiempo en los días de la guerra.

El 28 de junio me encontraba en Juigalpa con mi familia. A las 7:30 p.m. mi cuñado, Barney Montiel, me avisó de su muerte. Desde ese momento traté de salir para Managua. Fue imposible, nadie tomaba las carreteras, yo no tenía gasolina y nadie me quiso llevar a Managua. Horas continuas lloré a mi hermano menor y no podía aceptar esta terrible verdad. El dos de julio pude, con ayuda de mi cuñado Luis Duarte, llegar a la casa de mi mamá, ella estaba destrozada, y me dijo: “Mataron a mi muchachito, fue terrible Jorgito”. Nos quedamos ese momento abrazados en el centro de la casa, yo temblaba y lloraba como un niño, sentía a mi madre profundamente desbaratada.

En la casa estaban los vecinos rezando el rosario, también estaban mis tíos Felipa y Benjamín, y mis hermanos. Yo regresé ese día a Juigalpa, mi hermano Gonzalo me dijo que no era conveniente quedarnos mucho tiempo en la casa, pues la Guardia rondaba el vecindario, pero también mis hermanos ahí corrían riesgo, quizá la idea era evitar que se agrandara nuestra tragedia.

Asesinado atrozmente por guardias crueles y sanguinarios

Según mi hermano Gonzalo, que en paz descanse, quien posteriormente reconstruyó el brutal asesinato, el 28 de junio de 1979 Miguel ya estaba acostado cuando los guardias entraron empujando la puerta. Miguel se sobresaltó y se levantó. Mi madre grita ¿Qué pasa? Miguel la aparta a un lado. La tía Felipa de 91 años, se levanta de su silla y toma su andarivel que le sirve para caminar. Los guardias preguntan si él es el profesor Bonilla, él responde que sí y los invita a sentarse, pretendiendo que esos animales dialoguen. Ellos le ordenan que se ponga la camisa y los acompañe.

Miguel trata de hacer uso de subterfugios prometiéndoles que se presentará al día siguiente donde le indiquen. No hay trato –le dice uno de ellos– ¡o se va con nosotros o lo llevamos a verga! Él se opone. Trata de alegar sus derechos. Pide incluso, el pobre, la orden de detención, sabiendo que para esta gente eso era inexistente. Uno de ellos lo hala del cabello, que usaba bastante largo. Otro lo aferra de la faja del pantalón y otros dos lo empujan con sus metralletas puestas en sus costillas, sacándolo hasta la puertecita del porche. Él se resiste, aferrado a la puerta, en un lógico momento de rebeldía ante la inevitable tragedia que está viviendo.

Ve a su mujer en la acera de enfrente y en un impulso irrefrenable se impulsa hacia atrás, en un momento se libera de los verdugos. Dos de ellos caen al piso, otros dos se abalanzan sobre él y uno de ellos dispara su arma. Él se inclina hacia delante, el balazo le penetró al lado derecho de la pelvis. Otro de los atacantes toma un bloque de concreto y le da golpes en la parte inferior de la cabeza. Él se resiste aún, otro de los esbirros toma otro bloque y con gran saña le golpea por la espalda. Luego otro le dispara en la región del brazo. Luego uno de los asesinos le da el golpe máximo, con un ladrillo en la cabeza. Ahí flaquea el Titán, y en un último esfuerzo por no salir de su casa, se libera un instante de sus agresores y corre hacia adentro, donde mi madre está tirada en el suelo, lo mismo que la tía, que han tratado de defenderlo, pero alguien penetró en la casa y se los impide, inutilizándolas con sus golpes.

Los asesinos persiguen a Miguel, uno de ellos de anteojos le dispara un balazo que se incrusta en la parte inferior de su ojo izquierdo. Este balazo fue innecesario, el gigante ya no lo necesitaba para dejarnos.

Hoy, yo soy el único hermano vivo de los Bonilla Obando. Pido a mis sobrinos y sus descendientes que recuerden a este hombre excepcional y único, que mantengan su llama encendida en sus corazones y en su vigor y decisiones, y hagan honor de su inteligencia, personalidad, carácter, alegría, humanismo, sencillez y tranquilidad.

*El autor es economista, único hermano vivo de Miguel Bonilla Obando. Vive en Estados Unidos.

 Eva Margarita Bonilla Zúniga

Eva Margarita Bonilla Zúniga era una muchacha de 15 años. Había estudiado su primaria en el Colegio Madre del Divino Pastor, en el Barrio Altagracia. Era alegre y profundamente analítica de la realidad nacional y estaba estudiando secundaria en el Colegio Teresiano.

Vivía con sus padres en el Reparto El Dorado, donde se instalaron, muy cerca de su casa,  los tres miembros del Estado Mayor General del Frente Interno del FSLN todavía clandestino en junio de 1979.

Sus padres son: Alfonso Enrique Bonilla López, catedrático universitario en la UNAN-Managua desde hacía mucho tiempo; y de la también profesora Celia Gloria Zúniga (o Celia Ráudez). La casa en que habitaban con Eva Margarita en El Dorado está alquilada actualmente.

Los datos biográficos sobre Eva Margarita Bonilla Zúniga fueron suministrados, mayoritariamente, por Josefina Bonilla, hermana mayor y profundamente admiradora de Evita; y por Francisco Javier Zúniga Alvarado, familiar cercano de los Bonilla Zúniga. Francisco Javier Zúniga Alvarado tiene los teléfonos: 86935885 y 88837592.

Le sobreviven sus hermanas mayores: Celia, Josefina y Glenda Bonilla Zúniga.

Eva Margarita cayó y desapareció durante el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, a la altura de “Piedra Quemada”, Masaya, el 28 de junio de 1979, a la hora del bombardeo aéreo mortal de la Guardia Nacional somocista contra los replegados de Managua, según testimonian algunos de sus vecinos en el Reparto El Dorado, entre otros, el ingeniero Manuel Matus Méndez, y la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador”, encabezada por Frank “Machillo” González Morales y Juan Carlos Soza Aragón.

Esta muchacha extraordinaria, era una niña de apenas 15 años  cumplidos, se integró a una escuadra de Combatientes Populares del Barrio San José Oriental, donde participó en uno de los combates memorables el 21 de junio de 1979 contra la guardia somocista genocida, la cual entró al vecindario con varias tanquetas, ametralladoras calibre 50, lanzamorteros, con un grupo de infantería de más de 500 hombres y apoyo de la aviación, pero esos Combatientes Populares, sin entrenamiento militar formal, vencieron a los soldados del régimen dictatorial, los cuales se retiraron con sus muertos y heridos. Ese combate le costó al Barrio San José Oriental y vecindarios aledaños alrededor de 40 muertos y destrucción generalizada.

Mediante un escrito biográfico, su hermana Josefina Bonilla califica a Eva Margarita Bonilla Zúniga como una jovencita profundamente inquieta por las injusticias sociales y económicas impuestas por la dictadura somocista y el sistema imperante, a pesar de que era todavía una niña de apenas 15 años  recién cumplidos en febrero de 1979.

Eva Margarita era la hija menor de este matrimonio. Después del Terremoto de diciembre de 1972, la familia fue a vivir al Barrio Altagracia, donde Evita pasó a estudiar primaria en el Colegio Madre del Divino Pastor. Posteriormente fue ubicada en el Colegio Teresiano, donde comenzó a dialogar con sus amiguitas alumnas compañeras de clase sobre las injusticias sociales, políticas y económicas que imponía el régimen somocista.

Pronto pasó de las simples conversaciones a los discursos con ideas desafiantes, que contagiaban a sus demás compañeras de estudios secundarios, lo cual preocupaba a las monjas del Colegio Teresiano, indica Josefina Bonilla en su escrito sobre Eva Margarita Bonilla Zúniga.

Josefina asegura que Eva se organizaba de diferentes formas, en el Colegio y en el vecindario donde vivía, para discutir sobre el tema de la opresión dictatorial somocista en Nicaragua. La familia se pasó a vivir en el Reparto El Dorado, y ya en 1977, Eva Margarita  seguía de cerca al liderazgo clandestino del Frente Sandinista de Liberación nacional, y ella misma buscaba cómo contactarse con gente que estuviera cerca de las labores guerrilleras sandinistas clandestinas.

Horas tras horas leía, era amante de los libros, escuchaba radio, noticias, análisis sobre la realidad política nacional, escuchaba a su padre conversar con sus amigos profesores universitarios de la UNAN, sobre la insoportable “realidad nacional”. Leía los escritos del director del Diario LA PRENSA, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, devoraba escritos cristianos de escritores famosos sobre injusticias sociales y pobreza en el mundo, especialmente en Nicaragua, señala Josefina sobre su hermana menor.

Líder juvenil revolucionaria

En ese año de 1977, cuando ya están trasladados al Reparto El Dorado (donde se instalaron el Estado Mayor del Frente y el Estado Mayor Conjunto de Managua), en la casa número 272, indica Josefina, Evita pronto se convierte en la líder juvenil, en la guía de chavalos y chavalas de su misma edad (y de mayores edades), los mete a discusiones sobre la lucha social y armada del Frente Sandinista, se conseguía comunicados clandestinos del FSLN y los leía.

A esos chavalos y chavalas, incluso mayores que Eva, les decía que debíamos tener “Patria Libre o Morir”, “tenía sed y hambre de justicia”, enfatiza Josefina en su escrito, admirada profundamente de aquel comportamiento patriótico excepcional de su hermana menor, Eva Margarita Bonilla Zúniga.

“También le escribía al Padre Gabriel, quien estaba en Roma y había tenido influencia en Eva con sus sermones”, añade Josefina Bonilla.

Cuando los miembros del Estado Mayor del Frente Interno del FSLN clandestino, encabezados por los Comandantes Carlos Núñez Téllez, Joaquín Cuadra Lacayo y William Ramírez Solórzano, se instalan en el Reparto El Dorado, muy cerca de la casa de Evita, ella se acercó a conversar con ellos por donde era la casa de Lea Guido López, donde se instaló aquel Estado Mayor libertador en Managua.

Evita: Combatiente Popular multifuncional en la Insurrección

Cuenta Josefina en su escrito biográfico sobre su hermana Eva Margarita que ella personalmente, desafiando peligros atendía a los “compas”, les servía comida, les conseguía utensilios materiales de todo tipo, cuando la Insurrección ya estaba en lo fino en junio de 1979.

Con su familia, incluyendo su padre y su madre, Eva Margarita construyó refugios aéreos en El Dorado y en vecindarios aledaños para resguardar a niños, mujeres y ancianos de los bombardeos aéreos somocistas genocidas, mientras al mismo tiempo desafiante iba de un lado a otro en ayuda de Combatientes Populares, de los vecinos, e incluso ayudando a su abuelita discapacitada, en silla de ruedas.

La misma Eva Margarita se había procurado un aprendizaje de Primero Auxilios, en los meses anteriores, como si estuviese segura de que algo así como la Insurrección viniese pronto. En medio de los bombardeos y combates recios contra la Guardia Nacional somocista genocida,  Eva Margarita andaba curando gente herida, ayudando a trasladar esos heridos a los hospitales clandestinos del mismo Reparto El Dorado, en la Sagrada Familia en Ducualí y en los hospitales clandestinos México y Silvia Ferrufino de Bello Horizonte.

Mientras tanto, por el bombardeo aéreo mortal, el mortereo de la Guardia Nacional somocista genocida desde el Edificio Armando Guido, por ejemplo, en contra de todos los vecindarios insurreccionados, la familia de Eva decidió trasladarse adonde amigos, fuera del ámbito de la Insurrección en la Zona Oriental de Managua.

Eva Margarita Bonilla Zúniga, de apenas 15 años recién cumplidos, decidió quedarse dentro de la Insurrección y correr la misma suerte de centenares de miles de nicaragüenses que estaban siendo brutalmente masacrados por el régimen somocista, y que al mismo tiempo luchaban por derrocarlo.

De ese modo, aparece integrada en escuadras de Combatientes Populares en el Barrio San José Oriental, en el Barrio El Paraisito y en el Barrio “Campo Bruce” (hoy Rigoberto López Pérez), combatiendo frontalmente contra las tropas del tirano Anastasio Somoza Debayle.

Eva Margarita desapareció en bombardeo aéreo de “Piedra Quemada”

Eva Margarita no volvió a tener contacto alguno con sus padres, ni familiares, ni amigos conocidos en El Dorado, ni en Altagracia. Es en la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos del Frente Sandinista en donde aseguran que Eva Margarita se fue en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya y que desaparece en el bombardeo aéreo mortal en el lado Norte de “Piedra Quemada”, frente a la entrada del Volcán Masaya, en el Departamento de Masaya.

“Sus padres la buscaron día tras día por rincones de Nicaragua, cercanos y no cercanos a El Dorado. La buscaron en Barrios, puestos de mando y cualquier rincón, antes y después del 19 de Julio de 1979. Los padres, ayudados por sus hijas, Celia, Josefina, Glenda y amigos, desenterraron cadáveres junto con tantos padres y familias que buscaban a sus seres queridos desaparecidos durante años 78 y 79.

Se desenterraron centenares de cadáveres en la Ruta del Repliegue y otros lugares. La decisión final de su padre, de dar por fallecida a su hija Eva Margarita, fue cuando sacaron los restos humanos de una joven quinceañera de una letrina en Masaya y le dieron cristiana sepultura. No eran los restos de Eva Margarita, pero era tanto el dolor que ya no podía soportarse más. Sus padres decidieron que deseaban que así como ellos sepultaron cristianamente los restos de una joven, alguien hubiera tomado la acción similar con los restos de Eva”, escribe emocionada Josefina Bonilla sobre su hermana menor, aquella Evita Margarita extraordinaria, patriota ejemplar, hija de Sandino y de Carlos Fonseca Amador.

“El padre de Eva, don Alfonso, pidió a sus hijas que se integraran a la Cruzada Nacional de Alfabetización y otras tareas sociales en memoria de Eva y que trabajaran doblemente para hacer lo que  ella hubiera hecho”, agrega Josefina.

En diciembre de 1979 se inauguró una calle con el nombre de Evita Margarita en el Reparto El Dorado, donde destacaron su ejemplo extraordinario, pues a pesar de que apenas tenía 15 años dejó una huella patriótica imborrable en su familia, en amigos y vecinos.

Eva Margarita Bonilla Zúniga soñaba con ser doctora en medicina y catedrática universitaria como su padre.

A Josefina Bonilla Zúniga se le puede localizar en Nicasalud, situada del PHARAHOS media cuadra al Oeste. También se puede consultar a Francisco Javier Zúniga Alvarado en la sede del Movimiento Comunal Nicaragüense en San Judas, del Ceibo una cuadra al Sur y una cuadra y media al Este. Tiene los teléfonos: 86935885 y 88837592.

 Raymundo José Canales Baltodano

Raymundo José Canales Baltodano tenía 20 años al momento de estallar la Insurrección Sandinista en Managua y al producirse el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, el 27 de junio de 1979, en la noche, en el cual se fue y cayó en los alrededores de Nindirí, por charnelazos de los bombardeos aéreos GN contra los replegados capitalinos.

Según dirigentes de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador”, encabezada por Frank “Machillo” González Morales, este joven Canales Baltodano era uno de los cuadros más importantes de los Combatientes Populares en la Zona del Barrio Riguero, Colonia Máximo Jerez, Barrio “La Luz” (hoy Isaías Gómez), Barrio México y Paraisito.

Raymundo José Canales Baltodano, además, era de la “pelota” de unos 300 estudiantes rebeldes antisomocistas del Instituto Maestro Gabriel, donde estudiaba su quinto año de bachillerato.

Según sus hermanas Carmen María, Fátima, Aura Inés y Aurora, allí en el Instituto Maestro Gabriel, situado entre los Barrios Larreynaga y San Luis Sur, Canales Baltodano entra en contacto con el grupo o tendencia de los Proletarios del Frente Sandinista en Managua, y al mismo tiempo lo ven en reuniones clandestinas con el “Machillo” González Morales, con Walter “Chombo” Ferrety Fonseca, con uno al que le decían “Muco” y otro al que llamaban “Chuga”, hijo de don Jesús Castillo, a quien también le dicen “Chuga”.

Doña Aura Lila Baltodano, de 83 años actualmente y con la memoria lúcida todavía, hace recordar que su casa, contiguo al Cine Trébol (cerca de los “Repuestos La Quince”), en el lado Noroeste del Barrio Riguero, tenía un patio enorme en el lado trasero, y  que lo mismo ocurría hacia el Oeste, Norte y Sur, lo cual permitía que su hijo Raymundo José y estos Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros se reunieran de forma clandestina en su vivienda, mucho antes de que estallara la Insurrección Sandinista en los Barrios Orientales-norte de Managua.

Recuerda esta Madre que su hijo Raymundo José convirtió su vivienda en Casa de Seguridad y Buzón de Armas, pues el grupo había acondicionado en el patio del fondo para hacer reuniones y hasta construyeron una zanja, en la cual escondían armas, municiones, bombas y propaganda escrita en mimeógrafos, pues su hijo Raymundo José hasta estos mimeógrafos llevaba a la casita, para hacer impresiones propagandísticas conspirativas.

Don José Canales Montano, ya fallecido hacía varios años, padre de Raymundo, conocía de las actividades de su hijo y se las apoyaba, afirma doña Aura Lila Baltodano.

Según Fátima Canales Baltodano, una de las hermanas menores de  Raymundo José, este y el grupo de Combatientes Populares se reunían en su casa de noche y de día, y dichosamente la guardia somocista genocida nunca detectó la Casa de Seguridad, ni el Buzón de armas, ni las reuniones que se hacían en el patio del fondo de la casa, ubicada unos 50 metros al Este de la Rotonda Cristo Rey, pegado adonde fue el Cine Trébol.

Recuerdan Aura Lila Baltodano y Fátima Canales Baltodano que ya en plena Insurrección de junio de 1979 llegaron a su casa, en compañía de Raymundo José, los Comandantes Joaquín Cuadra Lacayo y Walter “Chombo” Ferrety Fonseca.

Su madre, su padre y sus hermanas menores sabían que Raymundo José Canales Baltodano andaba cumpliendo misiones combativas en trincheras de combate, como correo clandestino, trasladando armas y municiones, y en ocasiones transportando a heridos en carretones de mano, pero ellas y su padre don José Canales Montano, ya fallecido, no sabían exactamente en qué lugares se movía Raymundo José Canales Baltodano.

Cuando el sonado combate de los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares en el Barrio Paraisito, “Campo Bruce” (hoy Rigoberto López Pérez) y el Barrio San José Oriental, contra una invasión de guardias somocistas genocidas, el 21 de junio de 1979, durante casi todo el día, Raymundo estuvo allí en ese combate, porque se los comentó cuando llegó a la casa “todo sucio, revolcado, con la ropa destruida porque se había arrastrado… se cambió de ropa, pidió comida, sacó armas y municiones del Buzón de armas y se volvió a ir… dijo que iba para el Reparto El Dorado”, relata Fátima Canales Baltodano.

Un poco antes de este combate sonadísimo, porque allí fueron destruidas tanquetas y tanques de la guardia sanguinaria, y Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez cayó herido gravemente, Raymundo José les llegó a contar cómo  la soldadesca de Anastasio Somoza Debayle había invadido el Barrio  Riguero con un contingente de más de 1,000 oficiales y soldados GN, y de cómo los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares los habían detenido y vencido en combates casa por casa en el Reparto El Dorado.

El 27 de junio de 1979, día del inicio del Repliegue Táctico de Managua a Masaya,  Raymundo  José llegó sofocado a su casa en la mañana. Comió, se bañó rápido, se vistió con una camisa camuflada o verdeolivo, se ajustó un pantalón azulón, se puso unas botas regulares que tenía, pidió comida para otros compañeros de trincheras de combate, y sólo comentó cuando salía por el patio trasero de la casa: “Se especula que vamos en retirada… no sé para dónde. Yo les aviso si me voy”.

Cuando eran las seis y media de la tarde de ese 27 de junio, su madre Aura Lila Baltodano, con las niñas menores, decidió ir a buscarlo adonde tenían una trinchera de combate en el Puente Paraisito. Ya no había nadie en ese sitio. Decidió ir a buscarlo a la Iglesia Sagrada Familia, en el Barrio Ducualí, porque ella sabía que allí había un comando sandinista. Se encontró con la novedad de que ya todos los Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros  se habían ido, pero no le dijeron hacia dónde.

Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y Civiles implicados en la Insurrección Sandinista de Managua, jefeados por los Comandantes Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano, Joaquín Cuadra Lacayo, Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz, Marcos Somarriba García, Walter “Chombo” Ferrety Fonseca, Osvaldo Lacayo Gabuardi, Mónica Baltodano Marcenaros, Raúl Venerio Granera, Rolando “Cara Manchada” Orozco Mendoza, entre otros, ya estaban llegando a la Calle de la Clínica Don Bosco, donde se produjo la salida del grueso del Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Allí en el arranque del Repliegue a Masaya estaba ya Raymundo José Canales Baltodano. Aura Lila Baltodano y sus hijas menores anduvieron indagando, en silencio, el 28 de junio en los barrios aledaños, y nadie les dijo nada. No supieron hacia dónde fue la Retirada de la que habló Raymundo José.

Al producirse el Triunfo de la Revolución Sandinista el 19 de julio de 1979, Aura Lila Baltodano fue al siguiente día 20 de julio a la Plaza de la Revolución a buscar a su hijo Raymundo José. Hurgó en miles de rostros, pero su hijo Raymundo no apareció.

Fue hasta el 22 de julio que una familiar, la tía Flor de María Montano,  le llegó a decir que unos muchachos guerrilleros le habían informado que Raymundo José Canales Baltodano había caído durante los bombardeos aéreos somocistas genocidas, en las cercanías de Nindirí, donde lo habían sepultado.

Buscaron a los informadores de la familiar mencionada, armaron una brigada en los últimos días de julio de 1979, fueron al sitio y “fue fácil encontrar el cadáver, pues hasta lo reconocimos de inmediato por la vestimenta que se puso cuando llegó a comer y bañarse el 27 de junio en la mañana”, comenta Fátima Canales Baltodano.

Su cuerpo está entre los sepulcros de los Héroes y Mártires del Cementerio Oriental de Managua, dice Fátima.

Aura Lila Baltodano, de 83 años, todavía está viva y sigue residiendo con sus hijas en la misma casa en que vivió Raymundo José Canales Baltodano, pegado adonde fue el Cine Trébol. En el sitio del Cine Trébol hoy está un Supermercado de La Colonia. Tiene el teléfono: 82744774.

 Alejandra Emelina Campos Escobar

Alejandra Emelina Campos Escobar era una muchacha de apenas 17 años, hija de un trabajador destacado en el Diario LA PRENSA, llamado Ramón Campos, ya fallecido, y de Socorro del Carmen “Coquito” Escobar Carballo, costurera y comerciante “por cuenta propia” desde siempre, en su casa del Barrio El Edén, del Cine Rex una cuadra al Norte y dos cuadras al Oeste.

Alejandra era estudiante de secundaria en la “Escuela de Comercio Patria”, de la Iglesia Santa Faz, en el Barrio Costa Rica, entonces llamado “Barrio Blandón”. No le conocieron seudónimo. Su madre se enteró de que andaba enrolada en la Insurrección Sandinista en la Zona Oriental de Managua porque le encontró apuntes en un cuaderno, en el cual argumentaba por qué razones se debía luchar con las armas en las manos, para derrocar a la dictadura somocista, y debido a que incluso mencionaba las tareas guerrilleras clandestinas conjuntas con su marido o esposo, Ronald Fisher Ferrufino, otro joven de la misma edad de ella.

Asimismo, en esos apuntes mencionaba el calvario que había sufrido el Comandante Tomás Borge Martínez cuando había sido hecho prisionero por la dictadura somocista genocida.

Ella, Alejandra,  mencionaba los seudónimos de “Aureliano” Ramírez Solórzano, “Roque” Núñez Téllez, “99” (Javier López), a “Chico Garand” Guzmán Fonseca, y por su nombre completo a Marcos Somarriba García.

Padre e hijas juntos en combates contra la tiranía somocista

Se enteró por la misma Alejandra de que también andaba en quehaceres guerrilleros clandestinos su hermana Josefa Campos Escobar, mayor que ella. Las dos salían juntas y por separado, durante la Insurrección, a cumplir tareas de correos, de combates en las trincheras y barricadas del Barrio Larreynaga, en el Puente El Edén, frente a la Fábrica Rolter y en la Esquina de Santa Rosa, frente al semáforo de  Portezuelo, en la Carretera Norte.

Su padre, Ramón Campos, también andaba integrado plenamente en tareas similares. “Así que padre e hijas andaban en la lucha armada para derrocar a la dictadura somocista, de lo cual me siento muy orgullosa”, comenta ahora “Coquito” Escobar Carballo.

Esta junta de lucha de padre e hijas, incluía al esposo de Alejandra Emelina, Ronald Fisher Ferrufino, con quien andaban juntos, combatían juntos, se repartían la poca comida que conseguían, se cuidaban mutuamente en todas las trincheras de combate en la Zona Oriental-norte de Managua, especialmente en El Edén, Blandón (Costa Rica), Larreynaga, Santa Rosa y Bello Horizonte.

Llegó el momento de la Retirada, o Repliegue Táctico de Managua Masaya,  y los cuatro, las dos mujeres y los dos varones, tomaron la decisión de irse en el Repliegue, aliñaron un poco de ropa, un poco de comida, medicinas, pastas y cepillos de dientes. No sabían hacia dónde iban, pero estaban seguros de que “era más seguro irse con los muchachos, con sus hermanos Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros, que quedarse en el Barrio El Edén y en la casa, porque sabían que los matarían. Yo también, con los niños menores, tuve que irme de inmediato hacia donde unos amigos. La casa quedó solita”, recuerda “Coquito”  Escobar Carballo, 38 años después de ocurrido el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Ramón Campos, sus dos hijas: Alejandra Emelina y Josefa y Ronald Fisher Ferrufino se juntaron con el resto de Combatientes Populares de El Edén, y marcharon hacia la Iglesia Sagrada Familia, en Ducualí (“Cuna de la Insurrección”), de donde marcharon a concentrarse en la Calle de la Clínica Don Bosco, en el Barrio Santa Bárbara (hoy Barrio Venezuela), para irse en el Repliegue a Masaya.

Junto a los seis mil replegados de Managua pasaron las peripecias de ir marchando dentro de cauces, evadiendo cuarteles y pasando por la orilla de esos mismos cuarteles de la Guardia Nacional somocista, pasaron  el combate con soldados genocidas en Veracruz, ya era 28 de junio en la mañanita, y finalmente llegaron al lado Norte de  “Piedra Quemada”, donde se registró el infernal y mortal bombardeo aéreo  contra el Repliegue Táctico de Managua Masaya, frente a la entrada antigua del Volcán Masaya.

Alejandra cae junto a su marido en “Piedra Quemada”

Ramón Campos y Josefa Campos Escobar, padre e hija mayor, contaron a “Coquito” Escobar Carballo que ellos dos se pusieron “pecho en tierra” en una zanja, para evadir los charnelazos, a eso de las doce del día, mientras Alejandra Emelina y Ronald Fisher Ferrufino, su esposo, corrían agachados en busca de otro refugio cercano,  e igualmente al pie de unas rocas, pero con tan mala suerte que, precisamente,  los charneles de una bomba de 1,000 libras los “partió” a los dos y cayeron encima de las piedras volcánicas erizas y puntudas del Volcán Masaya.

Los dos murieron casi instantáneamente. Andaban juntos, cayeron juntos, y estaban por tener un hijo, pues Alejandra Emelina estaba embarazada cuando se fue en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Según el relato de Ramón Campos y su hija Josefa, uno de los charneles le abrió el vientre a Alejandra Emelina. A Fisher Ferrufino, el rockette lo partió por la mitad del cuerpo. Como en el caso de otras decenas de caídos en “Piedra Quemada”, los cuerpos sin vida de Alejandra Emelina y Ronald Fisher Ferrufino, fueron colocados en oquedades casi superficiales y tapados con pedazos de piedras y arena volcánica regada en el sector de los 750 metros en “Piedra Quemada”, frente a la entrada antigua al Volcán Masaya, donde fue lo más horrible del bombardeo aéreo somocista genocida.

Su madre, “Coquito”, admiraba mucho a su hija Alejandra

Los restos de Alejandra Emelina y Ronald Fisher Ferrufino fueron rescatados un mes después. Según “Coquito” Escobar Carballo, parte de los huesos de Alejandra Emelina, los tiene guardados para que su hija Josefa y familiares los coloquen dentro de su ataúd, “cuando yo muera. Esa es mi voluntad. Mi hija Alejandra era admirable, extraordinaria”, dice “Coquito” Escobar Carballo.

La otra  parte de la osamenta  de Alejandra Emelina está sepultada en la misma tumba de Ronald Fisher Ferrufino, en el Cementerio Oriental de Managua. Ramón Campos y su hija Josefa se integraron plenamente a los Comités de Defensa Sandinistas, mientras el mismo Ramón continuaba entregando periódicos de El Nuevo Diario, a domicilio, para su venta cotidiana. Llegó a ser presidente de la Cooperativa, propietaria inicial de El Nuevo Diario.

Ramón Campos falleció en 1989 por insuficiencia renal y diabetes

“Coquito” Escobar Carballo vive del Cine Rex una cuadra al Norte y dos cuadras al Oeste, en el Barrio El Edén. Tiene el teléfono 22493574.

Bosco Javier Cáseres Altamirano

Bosco Javier Cáseres Altamirano.  El Diario BARRICADA del  9 de agosto de 1979 informa en un reportaje pequeño que Bosco Javier Cáseres Altamirano, jovencito, había participado activamente en la Insurrección de los Barrios Orientales de Managua, que se había ido en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, que  cayó en el bombardeo aéreo infernal de “Piedra Quemada”, frente al Volcán Masaya, donde su cadáver desapareció.

Exponía esta nota informativa del Diario BARRICADA que familiares cercanos se habían presentado en la Redacción del periódico sandinista para informar que Bosco Javier anduvo plenamente integrado a la lucha armada en trincheras de combate en la Zona Oriental de Managua, y que  se había despedido de ellos el 10 de junio de 1979, y desde entonces no lo volvieron a ver.

Mencionaba la nota informativa que Bosco Javier Cáseres Altamirano había combatido contra la guardia somocista genocida, por ejemplo, en los combates “casa por casa” en el Reparto El Dorado, cuando oficiales los soldados GN asesinos de Anastasio Somoza Debayle habían logrado penetrar al anillo insurreccional de este vecindario, de donde fueron rechazados a balazos, cuchilladas y patadas en ese mencionado combate “casa por casa”, en el que participó este jovencito Cáseres Altamirano.

“Lo vieron combatiendo en el Reparto Schick, en los Barrios “La Fuente” (Ariel Darce Rivera) y Ducualí”, indicaba esa nota informativa del 9 de agosto en el Diario BARRICADA.

En el Diario BARRICADA trabajaba en esos días un compañero llamado José Cáseres, y se supone que él brindó esa información mencionada. Se indicaba que el cadáver de Bosco Javier Cáseres Altamirano jamás apareció. Lo buscaron en “Piedra Quemada”, en el casco urbano de Nindirí, en fosas comunes de Masaya, en las fosas comunes que hizo la Guardia Nacional somocista genocida para lanzar a los asesinados por ellos en los  Cerros del Coyotepe y Barranca, donde mataron a varios centenares de Combatientes Populares de Masaya y de Managua.

La Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos Carlos Fonseca Amador, encabezada por Frank “Machillo” González Morales y Juan  Carlos “Marcial” Soza Aragón, confirma que Bosco Javier Cáseres Altamirano era Combatiente Popular en la Zona Oriental de Managua y que se fue en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Se supone que falleció, como muchos otros y otras, por los charnelazos en el bombardeo aéreo infernal con que la Guardia Nacional somocista genocida masacró al Repliegue a Masaya en el lado Norte de “Piedra Quemada”, el 28 de junio de 1979, al medio día.

Daniel Enrique Chavarría

Daniel Enrique Chavarría es un nombre conocido en Managua, pues existe con ese nombre un Barrio situado de la Empresa NICALIT hacia el Sur, entre el Barrio Nora Astorga y el Mercado Israel Lewites Rodríguez, en el Distrito III de Managua.

Al momento de la Insurrección Sandinista, u Ofensiva Final contra la tiranía somocista en Managua, Daniel Enrique Chavarría tenía 18 años. Era estudiante de secundaria en el Instituto Fernando Gordillo y ayudante de mecánica en los planteles Batahola y ECONS, según su madre María de los Ángeles Chavarría, quien aparece como Colaboradora  Histórica en la Asociación de Combatientes Históricos de Managua.

Su hermano Noel Ernesto dice que las primeras noticias de la integración de Daniel Enrique Chavarría a la lucha indican que anduvo con Enrique Lorente, en Estelí. Se vino a Managua y se enroló con el grupo de rebeldes que protagonizaron la Insurrección en la Zona Occidental  capitalina, en los barrios de San Judas, Sierra Maestra, Camilo Ortega, Monseñor Lezcano, Santa Ana, Altagracia, Linda Vista, Las Brisas, etc.

Su madre, María de los Ángeles Chavarría,  y su hermano Noel Ernesto, añaden que Daniel Enrique Chavarría andaba con los hijos de Blanca Estela Moreno, quienes residían en el Reparto Belmonte, cerca del Kilómetro Siete Sur y  también próximo al sitio en que vivía el mismo Daniel Enrique Chavarría. Esta familia Moreno se fue posteriormente a Estados Unidos de Norteamérica.

María de los Ángeles apunta que Daniel Enrique le hacía trabajos a esta familia Moreno, y que sus hijos andaban enrolados, primero, con guerrilleros de Estelí, encabezados por  Francisco “Zorro” Rivera, y que después, sin conocer el motivo, tanto los Moreno como Daniel Enrique Chavarría aparecen involucrados en la Insurrección de San Judas y Monseñor Lezcano.

Al ser derrotada la Insurrección por la guardia somocista en el Occidente de Managua, supuestamente, porque su mamá y sus hermanos no tienen pruebas, Daniel Enrique Chavarría logró llegar a los barrios orientales insurreccionados y se fue en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya. Ya se habían registrado las masacres de Batahola y el “Kilocho Sur” por parte de la EEBI de la guardia somocista genocida.

Daniel Enrique desapareció en “Piedra Quemada”

María de los Ángeles Chavarría, su madre, dice que de él no volvieron a saber nada. Supuestamente, como muchos otros y otras, Daniel Enrique Chavarría habría caído en el bombardeo aéreo infernal de “Piedra Quemada”, pero que nadie supo dónde quedó su cadáver.

Su madre  buscó su cadáver en muchas partes, incluyendo “Piedra Quemada” y la Ciudad de Masaya. También le dijeron que su hijo había sido capturado por la Guardia Nacional cerca de Masaya y que lo habrían torturado, trasladado a Managua y finalmente asesinado, pero que su cadáver jamás apareció.

La Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos Carlos Fonseca Amador confirma que efectivamente Daniel Enrique Chavarría fue Combatiente Popular en la Zona Suroccidental de Managua y que se fue en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, en cuyo trayecto desapareció en “Piedra Quemada”.

Le sobreviven sus hermanas y hermanos: Ángela, Rosaura, Elena, José Ángel, Uriel y Noel Ernesto.

María de los Ángeles Chavarría tiene ya más de 83 años. La afecta un padecimiento de Parkison, más otros problemas de salud. Ella vive en una casita humilde situada en el Barrio Enrique Chavarría, de la NICALIT tres y media cuadras al Sur, en la orilla de la Calle que va del Oeste del Mercado Israel Lewites a salir por el Norte en la Carretera Sur, cerca del antiguo Banco de la Vivienda.

María de los Ángeles Chavarría laboró toda la década del 80 como jefa de cocina en campamentos del Ejército Popular Sandinista cerca de Xiloá, donde le habían dado una casa para vivir con sus hijos.

En 1990 la despidieron por el revanchismo político del gobierno de doña Violeta Barrios viuda de Chamorro. Tuvo que abandonar esa casa, y solicitó que le dieran un lote en el Barrio Daniel Enrique Chavarría, el nombre de su hijo, y allí construyó su casita, en la cual vive actualmente, de la NICALIT tres y media cuadras al Sur.  Le pasan una pensión mínima.

Su hijo Noel Ernesto labora como barredor de calles actualmente en la Alcaldía de Managua, mientras los otros hacen distintas labores para sobrevivir.

 Pabla “Claudia” Corea Campos

Pabla “Claudia” Corea Campos, de apenas 17 años,  cayó en el infierno de charneles del bombardeo aéreo criminal de la Guardia Nacional somocista genocida, en contra del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, en el lado Norte de “Piedra Quemada”, el 28 de junio de 1979,  cuando eran las once y media de la mañana, testimonia Eduardo “Cuñado” Gutiérrez Chávez, quien hoy tiene 55 años, sobreviviente del Repliegue Táctico de Managua Masaya. “Cuñado” Gutiérrez Chávez tenía 15 años en 1979.

El cadáver de Pabla Corea Campos no fue encontrado después del Triunfo de la Revolución. Desapareció.

Según Gutiérrez Chávez, la política FSLN actual del Barrio “Pabla Corea Campos” y familiares de esta valiosísima muchacha del Barrio María Auxiliadora, esta tenía 17 años cuando se integró plenamente a la Insurrección Sandinista, u Ofensiva Final, en su propio vecindario (ubicado entre la Colonia Diez de Junio y el Barrio Ducualí) y en los Barrios Ducualí, El Edén y Larreynaga.

El testimonio de Eduardo “Cuñado” Gutiérrez Chávez añade que Pabla Corea Campos se había integrado plenamente a la Insurrección como Combatiente Popular en las trincheras de combate en los barrios mencionados, y que además también se había especializado en fabricación de bombas de contacto en la Fábrica de Pólvora “Tigre”, propiedad de Rosendo Pavón Estrada, quien suministró una gran cantidad de material explosivo para fabricar estas bombas y también se fue en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya. Esta Fábrica de bombas y cohetes “Tigre” estaba ubicada del Puente El Edén dos cuadra y media al Oeste, en el Barrio Larreynaga.

El testimonio  de Gutiérrez Chávez y otros familiares de Pabla Corea Campos indica que esta jovencita andaba charneleada en varias partes del cuerpo, con heridas leves, con la ropa oliente a pólvora el propio día del Repliegue de Managua a Masaya (27 de junio de 1979) en la tardecita, y que ella llegó a la casa de su familia y de ella misma, y no encontró a nadie, pues casi todos se habían marchado, unos donde amigos, los menos implicados en la Insurrección, y los otros se habían ido para el lado de la Iglesia Sagrada Familia, la cual le quedaba pocas cuadras al Este, en el Barrio Ducualí.

Tomó ese rumbo de la Sagrada Familia, según Gutiérrez Chávez, y allí se juntaron: Pabla, Felipe, Roberto y Moisés, todos del Barrio María Auxiliadora, más “Cuñado” Gutiérrez Chávez. De ese lugar, entre la multitud de Combatientes Populares, Jefes Guerrilleros y civiles implicados insurreccionales, enrumbaron hacia la Calle de la Clínica Don Bosco, conocido este lugar entonces como Barrio “Santa Bárbara”, hoy Barrio Venezuela.

De acuerdo con “Cuñado” Gutiérrez Chávez, entonces sólo conocido de Pabla Corea Campos y de su familia (porque “Cuñado” era de la Colonia Unidad de Propósitos), al momento del infernal bombardeo aéreo en el lado Norte de “Piedra Quemada”, frente a la entrada antigua del Volcán Masaya, los cuatro amigos y familiares se dispersaron por miedo, o para protegerse, para lo cual corrían sobre las piedras erizas e hirientes de “Piedra Quemada”.

Pablita desapareció en “Piedra Quemada”

Según Gutiérrez Chávez, los otros amigos y él, se reencontraron en Masaya, menos Pabla Corea Campos. Preguntaron por ella y nadie les dio razón. Desapareció. Después del Triunfo de la Revolución Sandinista, iniciaron una búsqueda intensa, que duró varios meses, sin resultado positivo alguno.

Pablita, como le decían cariñosamente, jamás volvió a aparecer. Tampoco su cadáver. No encontraron rastro. Esta versión testimonial de Gutiérrez Chávez es respaldada por Rafael Corea Jiménez, tío de Pabla Corea Campos. Marcia Corea Campos, hermana de Pabla, residente en el casco urbano del Municipio de Mateare, igualmente da testimonio parecido sobre la desaparición de su hermana Pabla durante el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

“Anduvimos desenterrando otros cadáveres durante varios meses, para ver si encontrábamos el de Pablita, pero nunca la hallamos”, expresa hoy todavía desconsolado Rafael Corea Jiménez, tío en primer grado de Pabla Corea Campos.

La Asociación de Combatientes Históricos del Frente Sandinista de Liberación Nacional, encabezada por Frank “Machillo” González Morales, por su parte, testimonia también acerca de que sí Pabla Corea Campos iba en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, y que cayó en “Piedra Quemada”, donde desapareció.

El padre y la madre de Pabla Corea Campos: Alfonso Campos y Ángela Corea Jiménez, están todavía vivos, en Mateare. Le sobreviven a Pabla sus hermanos: Marcia, Genie, Juan y Alejandro, quienes la recuerdan vivamente en su quehacer estudiantil y revolucionario cuando estudiaba secundaria en el Colegio Juan Ramón Avilés del Barrio María Auxiliadora, colindante con el vecindario en que ella vivía con sus familiares.

Hoy existe un barrio relativamente nuevo con el nombre de Pabla Corea Campos, situado entre la Colonia Diez de Junio, el Barrio María Auxiliadora y el Barrio Ducualí, considerado “Cuna de la Insurrección” en la Zona Oriental de Managua.

Eduardo “Cuñado” Gutiérrez Chávez reside en ese mismo Barrio Pabla Corea. Allí mismo reside Clara Corea, prima de Pabla Corea Campos. Responden a los números telefónicos celulares: 88608852 y 87783006. Esta dirección del Barrio Pabla Corea Campos es de la esquina Noroeste del muro del Colegio de la Colonia Diez de Junio, hacia el Oeste. También se puede consultar a su padre. Alfonso Corea al teléfono celular: 88980083. Alfonso residente en Mateare.  

 Marta Lucía “Lucy” Corea Solís

Marta Lucía “Lucy” Corea Solís, caída a las cinco de la tarde del 28 de junio de 1979, después de sobrevivir al feroz y mortal bombardeo aéreo desatado por la GN sanguinaria en el lado Norte de “Piedra Quemada” contra el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.  Marta Lucía fue alcanzada en varias partes del cuerpo por charneles de un mortero (artillería) o rockette disparado desde uno de los aviones Push and Pull del gobierno dictatorial de Anastasio Somoza Debayle.

Los charnelazos impactaron en el cuerpo de Marta Lucía Corea Solís cuando, precisamente, ella disparaba con un fusil hacia uno de los aviones cargados de bombas de 1,000 y 500 libras y de morteros, para dejarlos caer nuevamente encima de los managuas replegados, cuando ya iban en el llamado “Camino de Nindirí”, a menos de dos kilómetros del casco urbano de la pequeña ciudad de Nindirí.

Marta Lucía Corea Solís fue impactada por charneles en la ingle, en el costado izquierdo, en las piernas y en la cabeza. Varias combatientes populares que iban junto a ella, la auxiliaron, entre otras, Dolores “Lola” Mercado Fonseca, quien tenía tan sólo 16 años, y fue impactada también por charneles de rokettes.

El grupo de mujeres Combatientes Populares improvisaron, en medio del feroz bombardeo de entre las tres y cinco de la tarde, una camilla hecha de ramas del mismo camino, y fueron corriendo hasta el casco urbano de Nindirí, con la esperanza de salvarle la vida a esta valiosísima Combatiente Popular.

Por supuesto, no había un médico, ni enfermera, ni hospital que la atendiera. Igual les ocurrió a los caídos o muertos (y heridos también) en “Piedra Quemada” y otros puntos del recorrido original del Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Marta Lucía “Lucy” Corea Solís murió desangrada en brazos de Dolores “Lola” Mercado” Fonseca. “Temblaba, sólo se quejaba del dolor, pedía que le salváramos la vida para seguir combatiendo a la dictadura, se fue poniendo muy pálida en poco tiempo, y finalmente expiró en mis brazos”, relata “Lola” Mercado Fonseca.

Sepultada en ceremonia solemne en Nindirí

Cuando, finalmente, un poco después de las cinco de la tarde, todos los replegados capitalinos, de la columna inmensa bombardea en “Piedra Quemada”, estábamos en Nindirí, un grupo numeroso de hombres y mujeres, incluida Dolores Mercado Fonseca y Alejandro “Comandante Huesito” Mairena Obando, decidieron sepultar el cadáver de Marta Lucía Corea en una esquinita de la Iglesia de Nindirí, donde sus restos permanecen hasta hoy en día.

Este funeral de Marta Lucía Corea Solís fue solemne y al mismo tiempo triste, pues casi todos y todas lloramos de pesar y arrechura cada que uno de nuestros compañeros caía impactado por charneles de bombas de mil y 500 libras y de rokettes, que eran lanzados desde el aire por aviones push and pull de la Guardia Nacional de Anastasio Somoza Debayle, porque como siempre estos cobardes tuvieron miedo de enfrentar a los Jefes Guerrilleros y Combatientes Popular en tierra firme.

Este funeral triste ocurrió minutos antes de que estos varios miles de integrantes del Repliegue a Masaya,  jefeados por el Comandante Guerrillero William Ramírez Solórzano, continuaran la marcha por los desfiladeros o paredones verticales del Este de la Laguna de Masaya, hasta salir frente al Cementerio, donde esta parte del Repliegue fue recibida por miembros del Estado Mayor FSLN de Masaya, encabezados por Hilario Sánchez, Alma Luby Morales y Ramón “Macaco” Moncada Colindres.

Marta Lucía Corea Solís tenía tan sólo 21 años de edad, no cumplidos todavía. Era estudiante universitaria. Vivía con su madre, Sonia Solís de Corea, en la Tercera Etapa de Bello Horizonte,  uno de los Repartos insurreccionados en la Zona Oriental de Managua.

Hacía menos de un mes de su caída en el Repliegue a Masaya, el seis de junio de 1979, la guardia somocista genocida había matado impunemente a su hermano Javier Corea Solís en las cercanías de la Rotonda de Bello Horizonte.

Javier también era estudiante universitario y músico. Como ya había estallado la huelga general contra el régimen somocista genocida, la Guardia Nacional tenía instalado un “retén” de registros abusivos de vehículos y de todo el que pasaba a pie. Javier pasó por el andén derecho de los centros comerciales, mientras los guardias registraban afanosamente. Javier iba caminando, le gritaron “!parate¡” y al mismo tiempo le descargaron una ráfaga de metralla, matándolo en el instante.

El asesinato de su hermano Javier fue como un incendio explosivo en el ánimo antidictorial y rebelde de Marta Lucía “Lucy” Corea Solís, quien no vaciló en convertirse en Combatiente Popular al estallar la Insurrección Sandinista Victoriosa, u Ofensiva Final, en Managua contra la oprobiosa tiranía somocista.

Se le rindieron y siguen homenajes para Marta Lucía Corea

Marta Lucía Corea Solís ya estaba integrada en tareas de lucha antidictatorial desde la Insurrección de Septiembre de 1978. Desde entonces ya trabajaba en tareas sociales y organizativas de la Asociación de Vecinos y el Comité de Defensa Civil, ambos de Bello Horizonte, encabezados por los compañeros Guillermo Baltodano Serrano, Pablo E. Barreto Pérez, Gilberto Calderón, Howar Soza Castro, Benito Espinoza, Ernesto Chacón Blandón, Ivette Soza Castro, Auxiliadora Meza, Lesbia Oviedo, Raúl Munguía y Yoyce Ebans.

Le fue colocado, en la década del 80,  el nombre de Marta Lucía Corea Solís al parque deportivo e infantil del Sur de la Etapa II de Bello Horizonte y a la calle que va del tope Sur del Bulevar de Bello Horizonte hasta el semáforo del cruce Villa Progreso-Bello Horizonte. Además, se construyó un monumento a su memoria en una calle de la Etapa III, cerca de donde ella vivía con su madre Sonia Solís Bermúdez.

Asimismo, a la Escuela Primaria de la Comarca Altos de Masaya, cerca de donde cayó Marta Lucía Corea Solís en Nindirí, le pusieron su nombre en homenaje a esta heroica Combatiente Popular capitalina.

Igualmente tienen su nombre la Escuela Primaria del Ingenio Julio Buitrago, en San Rafael del Sur; un pabellón del Instituto Francés-Nicaragüense, situado en el Reparto Belmonte, en Managua, donde ella estudió su bachillerato; también se colocó su nombre a una calle de la Colonia Centroamérica, a una calle del Barrio  Primavera, en Managua y se le hicieron numerosos homenajes en Nindirí, donde cayó; en la Ciudad de Masaya y especialmente en el Reparto Bello Horizonte, de Managua, de donde era originaria.

El Diario BARRICADA, cuando era órgano oficial del Frente Sandinista de Liberación Nacional, publicó numerosas notas informativas sobre los variados homenajes a Marta Lucía “Lucy” Corea en Nindirí, Altos de Masaya y en  Managua.

Sobre Marta Lucía Corea Solís se puede hablar con su madre, Sonia Solís Bermúdez, quien sigue residiendo en la misma casa, situada de la Rotonda “Juan Ramón Amador” de Bello Horizonte, tres cuadras al Sur y  cuadra y media al Este, en la Etapa Tres. Tiene los teléfonos: 22440224 y 86984730.

Manuel Salvador Cuadra Pérez

Manuel Salvador Cuadra Pérez era parte de la “pelota” de jóvenes rebeldes antisomocistas del Reparto Schick. Tenía 19 años cuando estalló la Insurrección Sandinista en los Barrios, Repartos y Colonias Orientales de Managua.

Su familia y él mismo vivían (y viven allí todavía) a tan sólo una cuadra al Oeste de donde estaba uno de los Comandos represivos y antisubversivos de la Guardia Nacional somocista genocida, el cual estaba del Tanque Rojo dos cuadras al Oeste y media cuadra al Norte.

Las represiones constantes, los cateos dentro de las casas, la persecución sistemática a los jóvenes, más las amenazas de muerte a centenares de familias del Reparto Schick Gutiérrez por parte de guardias, “orejas” de la Oficina de Seguridad, soplones como Bismark “Sapo”, la presencia de los “escuadrones de la muerte”, todo esto labró rápido la conciencia política y revolucionaria de Manuel Salvador Cuadra Pérez, quien estudiaba secundaria en el Instituto René Schick Gutiérrez.

Su hermana Leticia Coralia Cuadra Pérez testimonia que Manuel Salvador pronunciaba discursos antidictatoriales dentro del Colegio, cuando estaban en clases, lo cual motivó para que maestros “orejas” y soplones del somocismo genocida le montaran persecución permanente, y hasta llegaban a amenazar de muerte a la familia, jefeada por don Concepción Cuadra Matamoros (fallecido hace 23 años) y Rosa Herminia Pérez (fallecida hace 15 años), quienes residían en el mismo sitio en que hoy está la familia, de la Vulcanizadora una cuadra al Norte y media cuadra al Este.

Sus padres y hermanos menores sabían que Manuel Salvador andaba metido en actividades políticas antisomocistas, pero no habían comprendido el nivel de su involucramiento hasta que el 10 de junio de 1979, el día en que estalló la Insurrección Sandinista en la Zona Oriental de Managua, cuando llegó al vecindario con un microbús lleno de jóvenes con pañuelos rojinegros en sus rostros, y portando armas cortas, todos preparados para los combates populares contra los guardias somocistas genocidas.

Inmediatamente, estos jóvenes del microbús se conectaron  con el resto de la “pelota” de jóvenes rebeldes del Reparto Schick Gutiérrez, entre otros:   Óscar Antonio Gutiérrez Serrano, Joaquín Valle Corea, “Oso” Marín Gaitán, Francisco René Polanco Chamagua, José Santos Mayorga Alemán, Domingo Matus Méndez y Osvaldo Largaespada Lagos, y comienzan a construir barricadas, pozos tiradores, refugios antiaéreos, para enfrentar a los guardias somocistas genocidas.

Familiares y vecinos estaban sorprendidos ese 10 de junio de 1979, porque jamás se imaginaron que Manuel Salvador Cuadra Pérez llegaría con un nutrido grupo de Combatientes Populares, ya dispuestos a emprender los combates libertadores contra los guardias, “orejas” y soplones del Reparto Schick Gutiérrez.

Según Leticia Coralia, en realidad esta “pelota” de chavalos rebeldes antisomocistas del Reparto Schick Gutiérrez eran muy unidos y actuaban como si tuviesen un plan cuidadosamente elaborados entre ellos y Jefes Guerrilleros, tal como se supo que así era después del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista.

Manuel Salvador Cuadra Pérez rápidamente tendió a los Combatientes Populares conforme ya tenían planeado. Al mismo tiempo también organizó a su familia, incluyendo a su padre y madre, para que pasaran a dormir en el suelo, y que dentro de la casa construyeran un refugio antiaéreo, porque era seguro que la guardia somocista genocida procedería a bombardear el Reparto Schick, y efectivamente así ocurrió los días 13, 14, 15, 16 y 17 de junio de 1979.

Leticia Coralia señala, 38 años después, que su hermano Manuel Salvador Cuadra Pérez parecía un Jefe Guerrillero consumado, pues lo vio desplegar organización, órdenes precisas, orientaciones y formas de enfrentar a la guardia somocista genocida.

En esos días insurreccionales supieron que en numerosas ocasiones, especialmente de noche, se unía al “Oso” Marín Gaitán, para irse a subir en árboles de chilamates en las orillas de las calles, para emboscar a los guardias y dejarles caer cajas llenas de bombas de contacto,  para aniquilarlos.

Parecían ardillas o felinos en emboscadas contra la GN

Parecían monos, ardillas o felinos saltando de una rama a otra, en la oscuridad, con las bombas en las manos, para dejarlas caer sobre los guardias, testimonia Leticia Coralia Cuadra Pérez.

Manuel Salvador se hizo una celebridad por estas operaciones militares de los Combatientes Populares, guiados por Jefes Guerrilleros, en el Reparto Schick.

Según la familia de Manuel Salvador Cuadra Pérez y la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador”, encabezada por Frank “Machillo” González Morales, este joven rebelde revolucionario igualmente participó en lo que se conoce históricamente como “La Jornada del Repliegue Táctico de Managua a Masaya”, pues igualmente le tocó primero explorar y vigilar a los enemigos asesinos somocistas cuando se desplazaba la Vanguardia del Repliegue a Masaya por el Reparto Schick Gutiérrez, entre las seis de la tarde y las doce de la noche del 27 de junio de 1979, y después dándole cobertura a la seguridad de la Vanguardia del mismo Repliegue a Masaya, entre la una y las cinco de la mañana del 28 de junio de 1979.

Leticia Coralia testimonia que cumpliendo otras tareas relacionadas con el mismo Repliegue a Masaya, muy de mañanita, después de las seis de la mañana del 28, fue para el lado del Centro Comercial-Managua, donde fue capturado por guardias somocistas genocidas, y desapareció también. No reapareció ni  vivo ni muerto.

Las sospechas igualmente recaen en los “orejas” y soplones del Reparto Schick Gutiérrez, pues esa misma mañanita fueron capturados y desaparecidos no menos de 20 de los jóvenes que habían estado implicados en la Insurrección y en las operaciones de seguridad del Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Su padre, su madre, sus hermanos, compañeros Combatientes Populares, sus amigos cercanos, sus vecinos, buscaron por todo Managua, en hospitales, en la Cruz Roja, en sitios en que la guardia criminal acostumbraba tirar cadáveres de jóvenes asesinados, pero no lo encontraron ni vivo ni muerto.

A Manuel Salvador le sobreviven sus hermanos: Pánfilo Alcides, Genaro Concepción y Leticia Cuadra Pérez. Esta familia reside de donde fue el Tanque Rojo del Reparto Schick tres cuadras al Oeste, una cuadra al Norte y media cuadra al Este.

 Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez

Carlos Alberto  “Sobrino” Dávila Sánchez. Tenía 24 años. A esa edad ya era Contador Público y cuadro político militar del FSLN clandestino.  Mucho antes de la Insurrección de Junio de 1979 estaba ya enrolado en “la pelota” de estudiantes de secundaria rebeldes antisomocistas y sandinistas del Instituto Maestro Gabriel, el cual le quedaba a un kilómetro de su casa.

Sus datos biográficos esenciales indican que era “un cuadro político y militar ya formado por el grupo del FSLN clandestino “Guerra Popular Prolongada” (otros aseguran que era del grupo del FSLN Proletario), una de las tres “tendencias” del Frente Sandinista de Liberación Nacional en plena Insurrección de junio de 1979.

Vivía “Sobrino” de la Fábrica de “Cohetes La Caimana” una cuadra al Este y media al Norte, en el Barrio “Campo Bruce” (Rigoberto López Pérez actualmente). En esa casa vivía con sus padres:   Antonio Dávila y Rosa Amelia Sánchez Portillo, ya fallecidos los dos hace unos 18 años.

Allí mismo “Sobrino” Dávila Sánchez habitaba la misma casa con sus hermanos: Elba,  César, ya fallecido en Estados Unidos; Lesbia, fallecida; Antonio, fallecido; y Jorge, todavía vivo y residiendo en el Reparto Bello Horizonte.

En la casita en que vivió “Sobrino” Dávila Sánchez reside ahora su cuñado viudo Ricardo Ordeñana Solórzano, quien era el esposo de Lesbia Dávila Sánchez, fallecida hace poco tiempo.

Los datos biográficos esenciales de “Sobrino” Dávila Sánchez fueron suministrados por la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador”, dirigida actualmente por Frank “Machillo” González Morales, y ubicada de la “Racachaca” cuadra y media al Sur, en el Barrio Altagracia; por la Familia Cajina, situada en “Las Cuatro Esquinas” de la Comarca “Jagüitas”, donde “Sobrino” tuvo que quedarse porque con casi 30 heridas en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, y por su cuñado viudo Ricardo Ordeñana Solórzano, quien no tiene teléfono. El “Machillo” González Morales tiene los teléfonos: 86782410 y 88417562.

Asesinado atrozmente por sanguinarios EEBI en “Cuatro Esquinas”

Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez fue asesinado vilmente por un batallón de la Escuela de Entrenamiento Básico (EEBI) de la Guardia Nacional somocista genocida, al mando de un tal Gersán Romero, el 28 de junio de 1979, en horas de la mañana, cuando el Repliegue Táctico de Managua a Masaya iba aproximándose a “Piedra Quemada”, en el lado Norte del Volcán Masaya.

“Sobrino” Dávila Sánchez tenía  24 años al momento de producirse el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, según las narraciones de Alejandro “Comandante Huesito” Mairena Obando, de Frank “Machillo” González Morales (ambos de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador”) y miembros de la familia Cajina Fonseca, residentes en “Cuatro Esquinas”, al Sur de la Comarca “Jaguitas”, por donde pasó la marcha histórica política-militar del Repliegue a Masaya.

Dávila Sánchez o “Sobrino” fue asimismo un Combatiente Popular emblemático en la Insurrección en la Zona Oriental de Managua por sus cualidades de visión estratégica en  las trincheras de combate, por su arrojo, valentía, rapidez de movimientos, puntería fina con su ametralladora calibre 30 y  con los fusiles, por su carácter afable y porque incluso le “pegó” o perforó con balazos a uno de los aviones Push and Pull que lanzaban el criminal bombardeo sobre la Ciudad de Managua, especialmente en la Zona Oriental-norte insurreccionada. Ese avión “pegado” fue a caer por el lado de la Comarca Sabana Grande, ubicada al Oriente de Managua.

“Sobrino” Dávila Sánchez era un hombre alto y un poco gordo, pesado, pero ágil y rápido. Formaba parte de la “pelota” o “manada” de estudiantes de secundaria del Instituto Maestro Gabriel, del Instituto Experimental México y de la UNAN-Managua, todos residentes en los barrios Larreynaga, Tenderí, Costa Rica (Barrio Blandón, se llamaba antes), Maestro Gabriel, El Edén, Paraisito, San José Oriental, San Cristóbal, María Auxiliadora, Santa Rosa, Ducualí y Bello Horizonte.

Casado en plena Insurrección

Inclusive, en uno de esos arranques de júbilo, la escuadra de Combatientes Populares que jefeaba Frank “Machillo” González Morales, hizo una ceremonia especial, armada, en una calle del Reparto El Dorado, colindante con la Pista Héroes y Mártires de Mayo, y casaron a Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez con su entonces novia Marta Lorena López Mojica, quien también era Combatiente Popular del Barrio “Campo Bruce” (hoy Rigoberto López Pérez), de donde también era “Sobrino” Dávila Sánchez.

Como tales, juntos, se habían integrado a la Insurrección u Ofensiva Final, donde Dávila Sánchez resultó herido por charneles en varias partes del cuerpo, incluyendo una pierna, lo que le impedía caminar por sí sólo cuando se aproximaba la fecha del famoso Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

“Sobrino” Dávila Sánchez, recuerdan “Comandante Huesito” Mairena Obando y Melba “Pinta” Orozco, era uno de los casi 200 heridos que la marcha del Repliegue silencioso y clandestino llevaba en su marcha de Managua hacia Masaya, el 27 de junio de 1979, en la noche y madrugada del 28 de junio de 1979.

Se había hecho una camilla especial para llevarlo entre cuatro Combatientes Populares. “Sobrino” Dávila Sánchez pesaba casi 300 libras. El primer gran lío fue cruzar con él en hombros por encima del puente colgante que había en el cauce de cruce de Bello Horizonte hacia “Santa Bárbara”, hoy Barrio Venezuela. El puente colgante se mecía y crujía al paso tambaleante de quienes cargaban la camilla con Carlos Alberto encima.

Entre los Combatientes Populares y Colaboradores Históricos, integrantes del Repliegue, nos turnábamos para ir cargando los heridos en medio de cauces, zanjones, barrancos, matorrales, espinas y potreros.

Cerca del Tanque Rojo, en el extremo Sureste del Reparto Schick, la guardia somocista genocida, acantonada en dos sitios distintos, asesinó a varios compañeros replegados, entre otros, a  Francisco René Polanco Chamagua, quien era de origen salvadoreño, y que se había integrado a la lucha revolucionaria antidictorial en esa zona de Managua.

Cuando el Repliegue Táctico de Managua a Masaya va pasando por las “Cuatro Esquinas”, ubicadas en el Sur del Camino de la Comarca “Jagüitas” (todavía en territorio departamental de Managua), la mayoría de los cargadores de los heridos afirman que “ya no aguantamos al Sobrino”. Eran ya  las tres de la mañana del 28 de junio de 1979.

“Sobrino” Dávila ya tampoco resistía el ritmo de ser cargado en “sangoloteo” permanente. Entonces, recuerda “Comandante Huesito” Mairena Obando, se toma la decisión conjunta con Carlos Alberto de dejarlo allí en “Cuatro Esquinas”, donde la familia Cajina, cuyos miembros conocían a su esposa Marta Lorena “Cleo” López Mojica, quien también había fungido como Combatiente Popular en los territorios de los Barrios “Campo Bruce” (hoy Rigoberto López Pérez),  Paraisito y San José Oriental.

“Sobrino” descubre presencia de guardias y “orejas” OSN

Por información de los familiares de Marta, “Sobrino” Dávila Sánchez se entera de que hay guardias somocistas genocidas y “orejas” de la Oficina de Seguridad en los alrededores de “Cuatro Esquinas”, y comunica a sus compañeros que se queda para defender la retaguardia del Repliegue a Masaya. Marta Lorena “Cleo” López Mojica, su esposa, una jovencita Combatiente Popular de 19 años, decide quedarse con él, acompañándolo y atendiéndole las heridas.

Eduardo Cajina  (ya fallecido), jefe de la familia Cajina Fonseca, consigue que Jacob Cortez, esconda a “Sobrino” Sánchez Dávila en un furgón que tenían en los alrededores de “Cuatro Esquinas”.

Según Mercedes Otilia Pineda Quiroz, de 75 años en 2013, ya ciega actualmente por enfermedades en los ojos, los guardias sospechaban o tenían información de que mucha gente había pasado de madrugada por el camino viejo hacia Masaya, y empezaron a registrar a todo mundo desde muy de mañana del 28 de junio de 1979.

A Mercedes Otilia Pineda Quiroz los guardias la obligaban a cocinarles desde hacía varios días, bajo la amenaza de matarla a ella y a los miembros de la familia Cajina (ella siempre fue parte de esta familia en “Cuatro Esquinas”.

Los descubren y los asesinan de forma atroz

Según relatan Mercedes Otilia y Efraim Rojas Urbina, los guardias descubrieron escondida a Marta Lorena López Mojica, dentro de la casa, y al registrarla le encontraron un papelito con un mensaje escrito de “Sobrino” Dávila Sánchez. Además, al registrarla minuciosamente le descubrieron chimaduras en los codos, rodillas y piernas, y de inmediato se la llevaron donde tenían instalado el comando GN-EEBI de asesinos.

La búsqueda se intensificó cuando eran un poco después de las siete de la mañana. Los guardias se dirigieron al  furgón, para registrarlo. “Sobrino” Dávila Sánchez estaba allí esperando ese momento, boca abajo, en el piso interior del furgón. Abrió fuego ante la presencia de los guardias y se armó un tiroteo que duró casi un minuto. Se quedó sin tiros, y entonces lo sacaron a culatazo limpio del furgón, tirándolo al suelo, pateándolo, tal como era el estilo bestial de la guardia somocista genocida.

Los miembros de la familia Cajina Fonseca recuerdan cómo Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez, su esposa Marta Lorena “Cleo” López Mojica  y otros desconocidos capturados en los alrededores por los guardias somocistas genocidas, fueron encapuchados con unos trapos negros, los montaron en un camión y los condujeron por un camino, hacia el lado Este, al “Camino del Río”, donde los torturaron, los arrastraron, a Marta Lorena  “Cleo” López Mojica la violaron la mayoría de los guardias, le cortaron los pechos y por último los asesinaron a balazos.

Se conoció después que al “Sobrino” Dávila Sánchez primero terminaron  de destruirle las piernas a balazos, y después le dispararon al pecho y la cabeza. A Marta Lorena López Mojica le dispararon varias veces a la cabeza y en las piernas.

Después del Triunfo de la Revolución Sandinista, después del 19 de julio de 1979, fueron recuperados sus cadáveres por sus familiares. Se hizo una gran ceremonia popular sandinista, masiva, en el Puente Paraisito (Managua), con los cuerpos inermes de “Sobrino” Dávila y Marta Lorena López Mojica, dentro de ataúdes sellados, y en esa actividad se dio a conocer cómo y dónde habían sido asesinados por guardias somocistas genocidas.

En esa activad política, que incluyó una misa campal en el Puente mencionado, se anunció que los cuerpos de “Sobrino” Dávila Sánchez y Marta Lorena López Mojica serían sepultados juntos en el Cementerio Oriental de Managua, donde reposan para siempre como Héroes y Mártires de la Revolución Popular Sandinista.

Los familiares de Carlos Alberto Dávila vivían en las cercanías de la Fábrica de Pólvora “Caimana”, en el Barrio Rigoberto López Pérez. Ya ninguno de ellos vive en esa casita en que se crió y vivió Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez. En esa casita queda residiendo Ricardo Ordeñana Solórzano, el cuñado viudo. La dirección es de la “Fábrica de Cohetes La Caima”  una cuadra al Este y media cuadra al Norte. No tiene teléfono.

Se puede consultar también a “Machillo” González Morales en la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador”, ubicados de la “Racachacha” cuadra y media al  Sur, y a los teléfonos: 86782410 y 88417562.

 Ariel “Trapito” Darce Rivera

Ariel “Trapito”, “Comandante Niño” Darce Rivera. El famoso y  antiguo Barrio Intervenido “La Fuente”, se llama hoy “Ariel Darce Rivera”, situado del Mercado Carlos Roberto Huembes hacia el Este. Este Barrio La Fuente fue un negociado de lotificación y cobros onerosos de Héctor Argüello, uno de los brutales lotificadores, aliados del somocismo genocida en Managua. A sus familiares les decían por sobrenombre “Trapos”, y como era el menor de los hermanos, entonces, a Ariel le pusieron “Trapito”.

Inmediatamente después del Triunfo de la Revolución Sandinista, en julio de 1979, en asamblea popular masiva de los Comités de Defensa Sandinistas (CDS, el Barrio La Fuente fue rebautizado con el nombre de Ariel Darce Rivera en homenaje a aquel niño o jovencito de 15 años, que parecía tener espíritu y paciencia de Santo cuando cumplía tareas guerrilleras clandestinas al llevar correos, sacos con bombas de contacto, municiones, propaganda revolucionaria agitadora del Frente Sandinista clandestino, entre el Barrio La Fuente,  la Colonia Don Bosco, la Colonia Diez de Junio, el Barrio Ducualí y el Reparto El Dorado, donde estaban ubicados inicialmente el Estado Mayor General del Frente Interno y el Estado Mayor de Managua.

Ariel Darce Rivera, muchacho alto, muy desarrollado, que parecía tener más de 15 años porque ya tenía el rostro curtido por la lucha, vivía con sus padres: Filiberto Darce Ballesteros y Rosa Rivera de Darce (ya fallecida) en la Colonia Don Bosco, exactamente en la esquina Noreste de esta Colonia, contiguo al portón posterior del Centro Juvenil Don Bosco.

Ariel Darce Rivera era el hermano menor. En orden eran: Filiberto, ya fallecido; Piedad, ya fallecida; Jaime René, Rosa Argentina, Sergio, León Isidro, Marta y Ariel Darce Rivera. Todos vivían juntos en esa misma casa cuando estalla la Insurrección u Ofensiva Final contra la dictadura somocista genocida, en Managua.

Ariel Darce Rivera se había integrado a la lucha opositora al régimen de Anastasio Somoza Debayle desde cuando tenía 12 años. A pesar de estar tan pequeño, Ariel Darce Rivera decía que era indispensable luchar para derrumbar al régimen somocista.

Estudiaba secundaria en el Instituto René Schick Gutiérrez, hoy llamado Elvis Díaz Romero (situado al Sur del Barrio Riguero y al Oeste de la Colonia Máximo Jerez), donde se había integrado a la Federación Estudiantil de Secundaria y a los Comandos Revolucionarios del Pueblo, los cuales operaban en los Barrios “La Luz” o “Rebusca”, México, Riguero y la Colonia Máximo Jerez.

Revolucionario juvenil completo, ejemplar

Antes de estallar la Insurrección Sandinista en junio de 1979, Ariel Darce Rivera actuaba en grupos con otros estudiantes de secundaria haciendo mítines propagandísticos invitando a los pobladores a integrarse a la lucha política y militar contra el régimen somocista; al mismo tiempo distribuían papeletas, hacían pintas en paredes y muros de vecindarios, dejaban colocados explosivos propagandísticos en algunos sitios, se subían a los autobuses y camionetas de transporte de pasajeros en las calles de Managua, y arengaban a organizarse en  Barrios y Colonias, y a arreciar la lucha contra los guardias somocistas.

Rosa Argentina Darce Rivera, su hermana, residente siempre en Don Bosco, relata que todos en la casa sabían que Ariel andaba metido de lleno en la lucha armada, y que recibía instrucciones de sus jefes de escuadras y de grupos políticos propagandísticos. “Todos, al mismo tiempo, estaban metidos en la lucha, pero era Ariel quien estaba de lleno, plenamente en actividades armadas en la Zona Oriental de Managua. Se sabía que participaba, inclusive, en labores de distracción para ejecutar emboscadas a patrullas de la guardia somocista”, recuerda Rosa Argentina.

Cumplía plenamente con sus estudios y las tareas políticas y militares que le daban los mandos guerrilleros del Frente Sandinista clandestino en Managua, según Rosa Argentina, pues Ariel Darce Rivera llegaba todos los días a la casa, sin perderse de las orientaciones familiares de su madre, de su padre y de sus hermanos mayores, antes de la Insurrección Sandinista de junio de 1979.  Sin embargo,  cuando estalla la Insurrección en la Zona Oriental-norte de Managua el nueve de junio de 1979, Ariel Darce Rivera, desaparece de su casa en la Colonia Don Bosco. No lo volvieron a ver, según Rosa Argentina Darce Rivera.

Por amigos, vecinos y familiares conocieron que cumplía funciones de Combatiente Popular de trinchera en trinchera en el Barrio “La Fuente”, en el “Reparto Schick”, en Don Bosco, en Ducualí, en San Cristóbal, en el Puente El Edén y hasta se informó que había participado en los combates casa por casa contra guardias somocistas genocidas en el Reparto El Dorado, donde estaba el Comando del Estado Mayor General Frente Interno, jefeado por los Comandantes Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra Lacayo.

Combatió cuerpo a cuerpo a guardias en Reparto Dorado

La guardia se había logrado meter al Reparto El Dorado a mediados de junio, y según se dijo Ariel Darce Rivera y otros combatientes jovencitos, los más ágiles, los más veloces para correr y desplazarse por encima de las casas y de los árboles, fueron quienes pusieron “locos, llenos de pánico” a los guardias que se habían logrado meter a este famoso centro habitacional de Managua.

Tampoco llegó a despedirse de sus padres y hermanos cuando se produjo el Repliegue Táctico de Managua a Masaya. Quienes lo vieron en el Repliegue aseguran que cargaba un saco de bombas de contacto y una escopeta calibre 16.

Según algunos sobrevivientes que iban con Ariel Darce Rivera, este con las habilidades aprendidas durante los combates populares y bombardeos aéreos en Managua, pudo sobrevivir al bombardeo infernal desatado por el somocismo genocida en el lado Norte de “Piedra Quemada” contra el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, pero no pudo sobrevivir a otro  lanzamiento de rockette, desde aviones Push and Pull, o morteros,  en el Camino de Nindirí,  donde fue sepultado y posteriormente recuperado su cadáver por sus hermanos, su padre y vecinos de la Colonia Don Bosco y del Barrio La Fuente.

La noticia de su caída en el Repliegue a Masaya le fue comunicada a su familia por otros replegados y sobrevivientes que iban con Ariel Darce Rivera hacia Masaya.

Ariel Darce Rivera, casi un niño al estallar la Insurrección Sandinista en Managua y darse el Repliegue a Masaya, dejó una huella impactante y profunda en la memoria popular de los pobladores del Barrio La Fuente. Inmediatamente después del Triunfo de la Revolución los vecinos, ya organizados en los Comités de Defensa Sandinistas a finales de julio de 1979, se reunieron en asamblea masiva y acordaron cambiar el nombre del Barrio  “La Fuente” por Ariel Darce Rivera. El Barrio Ariel Darce Rivera es uno de los vecindarios más famosos, ubicados en el Oriente de Managua.

Mediante las informaciones de sobrevivientes del Repliegue a Masaya, los padres, hermanos, amigos y vecinos, localizaron con facilidad el cadáver o restos de Ariel Darce Rivera, y los fueron a sepultar a Chinandega, porque todos los miembros de esta familia son originarios de Chinandega, incluyendo su mamá, ya fallecida.

Según el Diario BARRICADA, Órgano Oficial del Frente Sandinista, al recordarse la hazaña militar del Repliegue a Masaya en junio de 1980, a Ariel Darce Rivera le decían “Comandante Niño”, debido a que estaba muy jovencito, o era un niño cuando andaba metido plenamente en la Insurrección Sandinista, u Ofensiva Final, de junio de 1979.

En ese reportaje de junio de 1980, BARRICADA ubicaba a Ariel Darce Rivera como caído en Nindirí, durante el Repliegue Táctico de Managua a Masaya

Esta familia sigue siendo sandinista. Su casa está ubicada en la Colonia Don Bosco, de la Licorería Don Bosco, ocho andenes al Norte, en una casa esquinera y en la orilla del Portón trasero del Centro Juvenil Don Bosco.

Rosa Argentina Darce Rivera, su hermana mayor, responde al teléfono convencional: 22482352.

 Ronald Fisher Ferrufino

Ronald  Fisher Ferrufino. Este joven revolucionario de 18 años y su esposa Alejandra Emelina Campos Escobar protagonizaron juntos una de las páginas históricas más bellas de la Insurrección, u Ofensiva Final, en Managua. Eran esposos muy jóvenes, y Alejandra ya estaba embarazada. Ronald vivía con su madre en el Barrio Blandón (Costa Rica) y Alejandra Emelina en el Barrio El Edén, es decir, en vecindarios contiguos e integrados plenamente en la lucha armada por el derrocamiento de la tiranía somocista genocida.

Los dos eran Combatientes Populares, correos clandestinos, distribuidores de “propaganda armada”,  sostenían combates en las trincheras y pozos tiradores del Puente Larreynaga, en el Puente El Edén, dentro del Reparto Bello Horizonte, en el Barrio Santa Rosa y también mandaron a Ronald Fisher Ferrufino hasta el barrio Monseñor Lezcano, con otros compañeros Combatientes Populares, a enfrentar a tiros a “orejas”, “soplones” y a soldados somocista genocidas.

Ronald Fisher era contador. Se había graduado en la “Escuela de Comercio Patria”, en la Iglesia Santa Faz del Barrio Costa Rica, donde también había estudiado su esposa Alejandra Emelina Campos Escobar. Al estallar la Insurrección, Ronald Fisher Ferrufino laboraba como contador en la Aceitera Corona, la cual estuvo ubicada en las cercanías del Cementerio Occidental de Managua, en el Barrio Monseñor Lezcano.

Poco antes de la Insurrección, u Ofensiva Final, a Ronald Fisher Ferrufino lo dejaron solo cuidando las instalaciones de la Aceitera Corona. Los guardias somocistas genocidas se metieron dentro de la empresa, como en busca de cosas subversivas. A Ronald lo retuvieron en la calle. Tuvo miedo de que se lo llevaran preso, porque tal vez sospecharan de que ya andaba metido en operaciones armadas contra el régimen de asesinos somocistas, pero no pasó nada, lo dejaron libre.

Sermón político y militar a su madre y hermanas

En estos mismos días, Ronald se lanzó un “sermón político” ante su madre, Débora Ferrufino, 83 años en 2013,  y su hermana mayor, Juana María, dándoles a conocer que él andaba metido de lleno  en la lucha armada para derrocar al régimen somocista, para que en el país hubiesen libertades plenas, que los niños pudiesen estudiar libres al amparo del Estado, y que mujeres como su hermana ya no tuvieran temor de andar en la calle, porque los guardias te agarraban, te montaban en una patrulla, te iban a torturar, te violaban y después te asesinaban de forma atroz.

Ese día les dijo que él y su esposa Alejandra Emelina habían ya recibido entrenamiento militar en numerosas armas de guerra y que ambos andaban ya en operaciones militares contra la guardia somocista. “He aprendido también, les dijo, que no debo dejarme agarrar vivo por guardias, pues de todas maneras te matan, y por eso, en el arma siempre dejo un tiro “bala en boca”, para disparárselo al guardia o al “oreja” que intente agarrarme”.

“Esto tiene que cambiar, en cuanto Somoza Debayle sea echado a balazos del poder”, añadía Fisher Ferrufino en el “sermón político” a sus familiares.

Su madre era su apoyo para traslado de armas y bombas de contacto

Además, para disimular en muchas ocasiones, ya cuando la Insurrección estaba en lo fino después del nueve de junio de 1979,  Ronald Fisher enviaba a su madre en función de correo clandestino al Reparto  Bello Horizonte y Barrio Santa Rosa,  a dejar paquetes, mensajes y cajas con bombas de contacto, para los Jefes Guerrilleros que estaban ubicados en esta zona, entre otros, Marcos “Salvador” Somarriba García, Javier “el 99” López, Francisco “Chico Garand” Guzmán Fonseca, Isabel “Venancia” Castillo, Danilo Norori y Lucío Jiménez Guzmán.

“Una vez, en el “Callejón del Guayabo”, casi me agarran los guardias. Me iban a registrar lo que llevaba en un carretón de manos, pero se distrajeron ante una balacera hacia el lado del Barrio Larreynaga y se fueron”, relata la Madre de este Héroe y Mártir, Débora Ferrufino.

En otra ocasión, cumpliendo misión parecida de correo clandestino, le tocó irle a dejar un paquete a su propio hijo en la trinchera de combate del Barrio  Santa Rosa, y cuando iba en el camino, por el lado de la Fábrica Rolter, en la Carretera Norte, se encontró con camiones repletos de guardias. Dichosamente, en el mismo sector se encontró a un conocido del vecindario Blandón (Costa Rica), ambos disimularon conversando, se fueron alejando, mientras Ronald Fisher Ferrufino, quien sabía que su madre le llevaba bombas de contacto  y recados de Jefes Guerrilleros, temió que “la agarren”, pues se había enterado de la presencia de los guardias en ese rumbo.

Para disimulo acentuado, doña Débora siempre llevaba encima de la cabeza una toalla, y cuando los guardias le preguntaban: “Vos vieja, ¿de dónde venís?”, ella respondía: “De planchar. Me pongo esta toalla para no quedarme tiesa en la nuca”.

Los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares esperaban a doña Débora en las cercanías de la Gasolinera Shell de la Rotonda de Bello Horizonte, para que les entregara los paquetes remitidos por otros grupos de Combatientes Populares de los lados de Larreynaga, Puente El Edén y Ducualí.

“Nos vamos en Retirada, no sé para dónde”, le dijo a su madre

El 27 de junio de 1979, en la tardecita, Ronald Fisher Ferrufino llegó a su casa, donde su madre y su hermana, a despedirse. “Ya nos vamos en Retirada. No sé para dónde. Van conmigo Alejandra Emelina, su padre Ramón Campos y Josefina Campos Escobar. Vamos juntos. Volveremos triunfantes, no se preocupen, pues el triunfo contra este régimen somocista oprobioso está próximo por llegar”, les dijo a la luz de una candela, pues Somoza Debayle había mandado a cortar el agua y la luz en todos los vecindarios insurreccionados de la Zona Oriental-norte de Managua.

“¿Vas a comer, hijito?”, le preguntó su  madre, Débora Ferrufino. “No, madre, ya nos vamos”, cuando eran casi las seis y media de la tarde. Ronald Fisher Ferrufino se fue cruzando patios hasta llegar a la casa de Alejandra Emelina Campos Escobar, de donde partieron ambos, con sus armas respectivas en manos, hacia el sitio de concentración del Repliegue Táctico de Managua Masaya: en la Calle de la Clínica Don Bosco al tope Este, en la Gasolinera San Rafael, en lo que antes se conocía como Barrio Santa Bárbara, hoy llamado Barrio Venezuela.

Ronald y Alejandra Emelina combatían juntos y cayeron juntos en “Piedra Quemada”

Se fueron en el Repliegue de Managua a Masaya. Durante el bombardeo aéreo infernal del somocismo genocida contra el Repliegue en el lado Norte de “Piedra Quemada”, más o menos a las doce del día del 28 de junio de 1979, cuando estaba nutridísimo el lanzamiento de bombas de 500 y 1,000 libras, de rockettes o morteros y balas de ametralladoras calibre 50, Ramón Campos y su hija mayor, Josefina Campos Escobar, estaban “pecho en tierra” en una oquedad pequeña y protegidos por piedras a los lados.

En ese lugarcito, o zanja,  no alcanzaban los cuatro; entonces Alejandra Emelina Campos Escobar le pidió a Ronald Fisher Ferrufino, su esposo, que se trasladaran corriendo, agachados,  a otra oquedad cercana y piedras grandes para protegerse del bombardeo aéreo infernal, y en lo que corrían,  a  la corta distancia escogida, un rockette cayó junto a ellos y les destrozó los cuerpos, muriendo casi instantáneamente.

El bombardeo continuó nutridísimo por más de una hora. En ese hueco, Ramón Campos y su hija Josefa Campos Escobar lloraron desconsolados por largo rato. Los cuerpos de Ronald y Alejandra quedaron partidos. Andaban siempre juntos en la lucha armada en Mangua, se fueron juntos al Repliegue de Managua a Masaya y cayeron juntos  en “Piedra Quemada”, frente al coloso volcánico llamado Volcán Masaya.

Cuando cesó un poco el bombardeo aéreo somocista genocida, Ramón Campos y su hija Josefa, ayudados por otros Combatientes Populares, y un “juez de mesta” de la zona, se dispusieron a profundizar una oquedad en la roca volcánica, negra y eriza; colocaron los cadáveres de Ronald y Alejandra en ese hueco, los taparon con piedras y arena, y se fijaron  atentamente en el lugar de “Piedra Quemada”,  para irlos a rescatar después del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista.

El caso de estos dos Héroes y Mártires fue, de algún modo, especial, pues Ramón Campos y su hija Josefa, lograron comunicarse telefónicamente desde Masaya con “Coquito” Escobar Carballo, la madre de Alejandra Emelina, y le contaron lo que había pasado en “Piedra Quemada”, y de cómo habían cubierto sus cadáveres con piedra y arena de la misma “Piedra Quemada”, frente a la entrada del camino antiguo del Volcán Masaya, en la orilla de la Carretera a Masaya, a la altura del kilómetro 22.

Además, la trascendencia de lo especial con estos dos Combatientes Populares, esposos,  fue más allá de “lo normal”, pues hasta al “juez de mesta” de “Piedra Quemada” y a su hijo le impactaron tanto, que ellos dos se dieron a la tarea de cubrirlos bien con piedras y arenas, después de desaparecido el Repliegue de la zona de “Piedra Quemada”, lo que permitió que sus cuerpos estuviesen intactos al momento de rescatarlos en los primeros días de agosto de 1979.

Estos dos cadáveres, posiblemente, fueron los de más fácil localización, pues Ramón Campos y su hija Josefa Campos Escobar se habían fijado atentamente dónde los habían “enterrado”. Sin embargo, tuvieron que acudir donde el hijo del “juez de mesta” para que los guiara en los primeros días de agosto de 1979, para liberar los cuerpos de “Piedra Quemada” y darles “cristiana sepultura” en  el Cementerio Oriental, en Managua.

“Fuimos las dos familias a rescatar los cadáveres de Ronald y Alejandra Emelina, quien estaba embarazada al momento de morir. Juntos se enrolaron en operaciones guerrilleras clandestinas del FSLN, juntos anduvieron combatiendo en estos barrios orientales y norteños capitalinos, juntos lanzaron bombas de contacto contra los guardias, juntos  se fueron en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, juntos cayeron heroicamente en “Piedra Quemada”, en Masaya; juntos quedaron enterrados allí en “Piedra Quemada”, juntos fueron rescatados sus cadáveres por sus familias juntas, y juntos fueron sepultados finalmente, están en la misma tumba en el Cementerio Oriental, donde están los Héroes y Mártires”, expuso Débora Ferrufino, Madre de este Héroe y Mártir revolucionario.

Esta Madre de Héroe y Mártir, Débora Ferrufino, de 83 años al 2013, sigue residiendo en el mismo sitio de hace 34 años, de los “Semáforos del Colonial”, dos cuadras al Oeste, media cuadra al Sur, en el llamado “Pedazo Sur” del barrio Costa Rica.

Con ella viven Rolando y Juana María, hermanos de Ronald Fisher Ferrufino.

José Bladimir Fuertes Guadamuz

José Bladimir “Rigoberto, “Chino” Fuertes Guadamuz.  En algunos libros de historia y notas periodísticas de diarios como BARRICADA, aparece como Bladimir Fuentes Guadamuz. Su mamá, Denia Rosa Guadamuz Espinoza, de 72 años, aclara que se llamaba José Bladimir Fuertes Guadamuz, 19 años, estudiante en el Instituto Nacional Miguel Ramírez Goyena y en el INTECNA de Granada,  caído en el lado Norte de “Piedra Quemada” el 28 de junio de 1979, más o menos a las doce del día, por el infernal bombardeo aéreo desatado por el tirano Anastasio  Somoza Debayle contra el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

El papá era  Francisco Luis Fuertes Olivera, quien estuvo en Pancasán con Carlos Reyna, y conoció personalmente a José Benito Escobar Pérez, uno de los fundadores del Frente Sandinista de Liberación Nacional, en 1961.

Denia Rosa Guadamuz Espinoza vive actualmente en la Colonia Villa San Jacinto, en la casa número C-I-157, en la esquina Norte de la entrada principal de esta colonia del Distrito VI, o del semáforo de la Colonia Miguel Gutiérrez dos cuadras al Este, a mano derecha, en Managua.

“Rigoberto”, “Chino” Fuertes Guadamuz se integró como Combatiente Popular  en el Barrio  María Auxiliadora, bajo las órdenes de Rolando “Carlos”, “Cara Manchada” Orozco  Mendoza. Para disimular inicialmente sobre su integración a la lucha revolucionaria armada para derrocar a la dictadura somocista genocida, su padre,  Francisco Luis Fuertes  Olivera, lo colocó en un taller de artesanías y ebanistería española en el Mercado Oriental, de donde José Bladimir salía “chineado” con “propaganda armada”  que le entregaban Jefes Guerrilleros sandinistas  para irla a distribuir a vecindarios como los Barrios María Auxiliadora, San Cristóbal, El Edén, Larreynaga y Bello Horizonte.

Combatiente Popular y orador antisomocista dentro de autobuses urbanos

Al estallar la Insurrección, u Ofensiva Final, José Bladimir “Rigoberto”, ”Chino”, aparece integrado en escuadras de Combates Populares en el Barrio María Auxiliadora, ubicado contiguo a los vecindarios San Cristóbal, Diez de Junio y Ducualí. Además, por sus características oratorias, era enviado a subirse a los autobuses urbano colectivos, dentro de los cuales arengaba a los pasajeros a integrarse a la lucha armada para derrocar a la dictadura somocista genocida.

“Rigoberto”, “Chino” Fuertes Guadamuz era multifacético en la lucha armada, pues participaba con escuadras en emboscadas militares a los guardias somocistas genocidas y en “recupere” de armas en casas de “orejas” o “soplones” connotados en numerosos vecindarios, especialmente en la Zona Oriental-norte insurreccionada. También fabricaba explosivos o bombas de contacto.

Su hermano Óscar Javier Guadamuz, de apenas 14 años, también andaba regando “propaganda armada” en estos mismos vecindarios insurreccionados en Managua, incluso en la Colonia Morazán, en Linda Vista, Las Brisas y Monseñor Lezcano, cuando estalló la Insurrección en estos vecindarios del Noroeste de Managua, el 8 y 17 de junio de 1979.

El responsable de “Rigoberto”, “Chino” era el hoy subcomisionado Cubillo, según contaba José Bladimir a su madre, antes de irse en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya. “Rigoberto”, “Chino” Fuertes Guadamuz ya había caído preso antes, logró salir, y a raíz de eso trasladó a su madre para otro lado, el 14 de mayo de 1979, porque los habían amenazado con matarlos a todos.

Cuando ya se produjo el Repliegue a Masaya, doña Denia Rosa Guadamuz Espinoza, de 69 años en 2013, recibió emisarios de Jefes Guerrilleros de la Insurrección, u Ofensiva Final, quienes le llevaron una cajita de música para su hermanita menor y una radiograbadora, para que su madre oyera noticias y música, más el mensaje de que se había ido en un Repliegue con destino desconocido hasta ese momento.

El triunfo será muy pronto, profetizaba en carta a su madre

Dejó una carta dirigida a su madre, antes de irse en el Repliegue con destino a Masaya. En esa carta, además de pedirle que se cuidara y resguardara a su hermana menor, le decía que ya no comprara las botas, porque ya había recuperado botas, vestuario y pertrechos militares al asaltar con armas en manos a una patrulla de guardias somocistas genocidas.

“Ocupe esos realitos para la comida, madre mía”, le decía en la carta. “Nos veremos muy pronto, el triunfo revolucionario contra la dictadura llegará muy pronto”, le profetizaba a su madre en la carta. Su madre lavaba y planchaba ropa ajena, para ganarse la comida, los vestuarios de sus hijos y de ella misma.

Cuando ya se dio el triunfo revolucionario, después del 19 de julio de 1979, le trajeron la noticia fatal de que su hijo había caído en el Repliegue Táctico de Managua Masaya, en “Piedra Quemada”, enfrente del camino viejo al Volcán Masaya, cerca de la orilla de la Carretera a Masaya, en los 750 metros del infernal bombardeo aéreo somocista genocida en contra de los replegados de Managua.

Igual que a otros replegados, los charneles de las bombas de 1,000 libras y de los rockette le partieron el cuerpo a “Rigoberto”, ”Chino” Fuertes Guadamuz.

El cadáver de “Rigoberto”, “Chino” fue colocado en una oquedad pedregosa poco profunda. Se le colocaron piedras y arena encima, donde fue encontrado por su madre. Fue desenterrado el cuatro de agosto de 1979 y trasladados sus restos al Cementerio Oriental de Managua, donde están sepultados casi un centenar de Héroes y Mártires de la Revolución Popular Sandinista.

Denia Rosa Guadamuz Espinoza va todos los años a acompañar el “Replieguito por la Ruta Original” que  Alejandro “Comandante Huesito” Mairena Obando realiza todos los años en compañía de unos mil sobrevivientes del Repliegue de Managua a Masaya y jóvenes que  se suman a esta gesta histórica revolucionaria.

Le sobreviven tres hermanos: Brenda Meléndez Guadamuz,  Griselda Meléndez Guadamuz y Oscar Javier Guadamuz, quien fue a estudiar a la Unión Soviética y es abogado actualmente. Griselda ha sido secretaria política del FSLN en la Colonia San Jacinto.

Doña Denia cuida a los nietos en la casa mencionada de Villa San Jacinto y tiene el número telefónico: 22480198.

 Mario Ramón Gabuardi Castillo

Mario Ramón Gabuardi Castillo, de 21 años, fue algo especial en la “pelota” de jóvenes rebeldes antisomocistas del Reparto Schick Gutiérrez al momento de la Insurrección Sandinista y del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, por cuya seguridad en la Retaguardia cae el 28 junio de 1979.

Formaba parte de un grupo organizado en la estructura del FSLN clandestino que se encargaba inicialmente de montar operativos militares para recuperar químicos, pólvora, gasolina y candelas de dinamita para fabricar explosivos dentro de su casa F-10, ubicada en el Barrio Ángel Valentino Barrios (es parte del Reparto Schick Gutiérrez), de la Parada de Autobús Urbano “Chaparral” dos cuadras al Norte y media al Oeste.

Su madre, Emelina Castillo, de 93 años actualmente y con la mente muy lúcida, asegura que su hijo Mario Ramón Gabuardi Castillo, “mucho antes de la Insurrección ya tenía convertida esta mi casa en casa de seguridad, en buzón de armas, en fábrica de explosivos y en sitio de reuniones con jóvenes como Luis Castillo, Alfredo Canales, Javier Canales, René Polanco Chamagua, José Santos “Cerro Negro” Mayorga, Joaquín Valle Corea, con Manuel Solano y una muchacha  a la que le decían “Telma”.

Su padre era Mario Gabuardi Schitfman (este apellido es alemán), quien falleció hace más de una década. Su padre y su madre lo apoyaban sin vacilaciones. “Yo les servía de correo clandestino, en un montón de ocasiones. Mi hijo me metió de lleno en el asunto de conspirar contra la guardia somocista. Además de cuidar el buzón de armas aquí en la casa, yo les hacía comida también”, recuerda doña Emelina de 93 años ya cumplidos.

Esta madre ejemplar recuerda que su mayor calvario era que contiguo a su casa había un guardia de la Escuela de Entrenamiento Básico (EEBI) y varios “orejas” y “soplones” en la misma cuadra, lo que motivó que muy pronto la Guardia Nacional y la Oficina de Seguridad persiguieran sistemáticamente a su hijo Mario Ramón Gabuardi Castillo, quien, en realidad, se las ingeniaba para burlar a estos “orejas”.

Doña Emelina se muestra admirada por la capacidad y astucia de su hijo Mario Ramón Gabuardi Castillo para combinar su trabajo de vendedor cotidiano y callejero de licores y cigarrillos por parte de una empresa, de la cual era empleado, y a la vez participando activamente en operativos militares del Frente Sandinista clandestino, para recuperar armas y los químicos mencionados.

Ya en ese momento había abandonado sus estudios secundarios en la Escuela “Hope Portocarrero de Somoza”, en el mismo Reparto Schick Gutiérrez.

Jóvenes rebeldes contaban con buenos escondites

Su hermana menor, Marta Gabuardi Castillo, analiza que en aquellos días favorecía a estas actividades conspirativas el hecho de que en el Reparto Schick Gutiérrez habían potreros extensos y patios de fincas con matorrales nutridos y árboles altos, en los cuales estos muchachos rebeldes se escondían y espiaban a los guardias somocistas genocidas, a los “orejas” y “soplones” de la Oficina de Seguridad.

Marta relata que veía salir a su hermano cargado con sacos de bombas de contacto y bombas molotov. Mario Ramón decía que iba a reunirse con sus amigos, porque las bombas las iban a ocupar para quemar el Comando GN de la Guardia Nacional en Baterías Hasbani y la “Quinceava Sección de Policía” (cuartel de guardias), que estuvo ubicada del Tanque Rojo dos cuadras al Oeste y una cuadra al Norte, en la orilla del cauce.

Efectivamente esta Sección de Policía GN fue destruida y quemada por un grupo de Combatientes Populares del Reparto Schick Gutiérrez, en plena Insurrección Sandinista de junio de 1979, jefeados todos ellos por el Comandante Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz.

En la casa de doña Emelina Castillo se hicieron numerosas reuniones en las que estos jóvenes planearon emboscadas a BECAT (Brigadas Antiterroristas GN genocidas), a camiones repletos de guardias, quemas de casas de “orejas” y “soplones” de la Oficina de Seguridad.

Precisamente, uno de estos “soplones” lo denunció en los tres comandos que tenía la guardia en el Reparto Schick Gutiérrez. Este “soplón” (informador) se llamaba Antonio “Cara de Moto” López. Sus familiares están convencidos de que este “Cara de Moto”  López fue uno de los “soplones” que andaban el 28 de junio en la mañana con los guardias, indicando dónde se movían estos muchachos rebeldes.

Capturados y asesinados cuando garantizaban seguridad del Repliegue

Según la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador”, dirigida actualmente por Frank “Machillo” González Morales y Juan Carlos “Marcial” Soza Aragón,  Gabuardi Castillo formó parte de la llamada Jornada del Repliegue táctico de Managua a Masaya, consistente en explorar el camino para que la Vanguardia del Repliegue Táctico de Managua a Masaya pasara sin ser emboscado, y luego, después de la una de la mañana del 28 de junio de 1979, garantizar la Retaguardia del Repliegue a Masaya, para que no fuese atacado por detrás por la Guardia Nacional somocista, la cual tenía tres comandos en el Reparto Schick Gutiérrez, un Batallón en los alrededores de las “Cuatro Esquinas”, al Sur de la Comarca “Jaguitas”; una patrulla superarmada con ametralladoras calibre 50 en el Cruce de Veracruz y otra patrulla superarmada con ametralladoras calibre 30 y fusiles automáticos en la colina o Cerro Arenero en “Piedra Menuda”, unos cuatro kilómetros antes de entrar a “Piedra Quemada” por el Camino Buena Vista.

Después de este operativo militar de resguardo del Repliegue, según la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador” y Marta Gabuardi Castillo,  Mario Ramón regresa a su casa muy de madrugada, aparentemente, con el fin de agenciarse de ropa y zapatos, para seguir al Repliegue Táctico de Managua a Masaya, el cual estiman iría ya cerca de Veracruz, y es cuando lo atrapan los grupos de asesinos de la guardia somocista, y a partir de ese momento, Mario Ramón Gabuardi Castillo desaparece para siempre.

A doña Emelina le llegaron a informar que su hijo Mario Ramón y otros jóvenes rebeldes, como René Polanco Chamagua, José Santos Mayorga Alemán, “Oso” Marín, Joaquín Valle Corea, Domingo Matus Méndez, Óscar Gutiérrez Solano, entre otros, habían sido capturados mediante un operativo gigantesco montado por la Guardia Nacional con varios centenares de guardias asesinos, “orejas” y “soplones” del Reparto Schick Gutiérrez, entre los cuales se mencionan a Bismark “Sapo” Prado  y a “Cara de Moto” como los responsables de que este grupo numeroso de jóvenes haya sido capturado, asesinados y desaparecidos sus cuerpos.

Sus cadáveres fueron desaparecidos por la Guardia Nacional

Doña Emelina, repito de 93 años cumplidos en 2017, con la mente muy lúcida, sentada en una silla mecedora, relata igualmente que el cadáver de su hijo Mario Ramón y del resto de jóvenes capturados y asesinados, fueron buscados en el trayecto de la Ruta Original del Repliegue a Masaya, en “Lomas de San Judas”, por la “Escuela de Arte”, frente al Teatro Rubén Darío, en la “Cuesta del Plomo”, en el Cerro Mokorón, donde vieron centenares de cadáveres de jóvenes asesinados, pero en ninguna parte hallaron sus cadáveres.

Suponen que además de asesinarlos atrozmente, les quemaron sus cuerpos para que no fuesen reconocidos en ninguna parte. “Con esa atrocidad primitiva, brutal, sanguinaria, lo que hicieron estos asesinos implacables de la dictadura somocista fue convertir en gloriosos Héroes y Mártires de la Patria Azul y Blanca a nuestros hijos, mientras ellos (los guardias, “orejas” y “soplones”) se convertían en fango asqueroso, hediondo, que nadie quiere tener a su lado”, comentó doña Emelina Castillo.

A Mario Ramón le sobreviven sus hermanos: Carlos, Rosario, Javier, Ronaldo, Víctor Manuel, Marta, Rosa y Enrique.

Doña Emelina sigue residiendo en la misma casa F-10, situada de la Pulpería Chaparral, en el Barrio René Polanco del mismo Reparto Schick Gutiérrez, dos cuadras al Norte y media al Oeste. Tiene el teléfono:   86796998.

 Óscar Antonio Gutiérrez Serrano

Óscar Antonio Gutiérrez Serrano era del grupo de jovencitos, adolescentes, rebeldes antisomocistas ejemplares del Reparto Schick Gutiérrez, en otras palabras, de la “pelota” de José Santos Mayor Alemán, Joaquín Valle Corea, “Oso” Marín Gaitán, Osvaldo Largaespada Lagos, Domingo Matus Méndez, René Polanco Chamagua, Manuel Salvador Cuadra Pérez, etc.

Tenía 15 años de edad, era casi un niño, y estudiaba su primer año de bachillerato en el Instituto José R. Somoza, del mismo Reparto Schick Gutiérrez, cuando estalló la Insurrección Sandinista en junio de 1979.

La Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador” ubica su caída en “La Jornada del Repliegue Táctico de Managua a Masaya”, pues cayó cumpliendo misiones militares y de inteligencia popular cuando el Repliegue de Managua a Masaya de más de seis mil capitalinos se movilizaba hacia Masaya los días 27, 28 y 29 de junio de 1979.

Cuando Óscar Antonio Gutiérrez Serrano cae, su hermano Enrique Gutiérrez Serrano ya estaba convertido en uno de los Héroes y Mártires de la atroz masacre de Batahola, cometida por feroces guardias somocistas sanguinarios el 15 de junio de 1979, cuando aproximadamente unos 150 jóvenes Combatientes Populares, Jefes Guerrilleros y pobladores implicados en la Insurrección se replegaban, en pleno día, a las once de la mañana, entre el Barrio Monseñor Lezcano y el Barrio San Judas.

Esa horrenda masacre fue cometida por soldados de la Escuela de Entrenamiento Básico (EEBI, “escuela de asesinos” le llamaba la población) de la GN desde el Cerro Batahola, donde está ubicada la residencia del Embajador Norteamericano y en la orilla de las instalaciones de la Embajada de Estados Unidos, de donde también les dispararon a los jóvenes que cruzaban por predios montosos, sin parapeto alguno que los protegiera.

Allí cayó Enrique Gutiérrez Serrano, después de combatir y destruirles varios comandos a los guardias somocistas genocidas en Monseñor Lezcano, Altagracia y Las Brisas.

Mientras tanto, Óscar Antonio Gutiérrez Serrano, el hermano menor, también andaba con las armas en las manos, en compañía del grupo mencionado de jóvenes rebeldes, ejecutando emboscadas a patrullas BECAT de la Guardia Nacional y hostigando en contra de los tres Comandos que tenía el alto mando de la  dictadura somocista en el Reparto Schick Gutiérrez.

Guerrillero y orador consumado en su colegio de secundaria

Este jovencito de 15 años era ya un consumado orador arengando con discursos encendidos a sus compañeritos de clases en el Instituto José R. Somoza, en su barrio, para que se sumaran a la lucha política y militar en contra de la dictadura somocista genocida.

La casa de su madre, Andrea Serrano Gutiérrez y de su padre, Esteban Gutiérrez Escobar, estaba (y está ahí mismo) casi enfrente de uno de los tres comandos que tenía la guardia somocista genocida en el Reparto Schick Gutiérrez. Este comando GN estaba ubicado del Tanque Rojo dos cuadras al Oeste y una cuadra al Norte, donde es hoy uno de los colegios del Reparto Schick.

Doña Andrea Serrano Gutiérrez está viva y forma parte del equipo político sandinista en el sector del antiguo Tanque Rojo del Reparto Schick, conocido como “Primera Etapa”. Don Esteban Gutiérrez Escobar ya falleció hace varios años.

Fabricaba explosivos y manejaba buzones de armas

En su vecindario se cuentan numerosas historias heroicas sobre este jovencito de 15 años de edad. Se lo ubica en combates frontales contra guardias de los comandos mencionados. Fabricaba explosivos, elaboraba bombas de contacto dentro de su vivienda humilde, la cual  al mismo tiempo era casa de seguridad de Jefes Guerrilleros y de la “pelota” de chavalos rebeldes del Reparto Schick Gutiérrez y dentro de la misma casa tenía un buzón de armas y municiones.

En una ocasión, según su madre Andrea Serrano Gutiérrez, su hijo guardó un paquete de bombas de contacto en uno de los roperos, y por el calor intenso, la bomba explotó y casi la mata a ella que estaba dentro de la vivienda.

Andrea relata que su hijo mayor, Enrique Gutiérrez Serrano, varios años antes de la Insurrección de Junio de 1979, se había convertido en algo así como “la mascota de Carlos Fonseca Amador”, jefe de la Revolución Popular Sandinista, cuando este se llegaba a esconder en varias casas del Reparto Schick Gutiérrez, entre otras, donde Andrea Solano Gutiérrez y en la casa del “Oso” Marín, ambas cercanas a los comandos de la Guardia Nacional somocista genocida.

Asimismo doña Andrea recuerda cómo su hijo mayor, Enrique Gutiérrez Serrano, había convertido su vivienda en casa de seguridad, buzón de armas y centro de entrenamientos de arme y desarme de armas de todo tipo, en los cuales participaba Óscar Gutiérrez Serrano y virtualmente toda “la pelota” de jóvenes rebeldes antisomocistas del Reparto Schick Gutiérrez.

En una ocasión, relata Andrea Serrano Gutiérrez, Óscar con un grupo de chavalos fue a asaltar el Centro de Salud del vecindario, de donde sustrajeron gassas, frascos grandes mertiolate, galones de alcohol, desinfectantes varios, paquetes de algodones, etc., todo lo cual se utilizó para curar heridos cuando estalló la Insurrección u Ofensiva Final de junio de 1979, en Managua.

Capturado, asesinado y desaparecido por GN cuando andaba en misiones del Repliegue

Igual que el resto de la “pelota” de chavalos rebeldes del Reparto Schick Gutiérrez, Óscar Antonio Gutiérrez Serrano fue designado por el mando del Estado Mayor del Frente Interno, encabezado por los Comandantes Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra Lacayo, para darle protección al Repliegue Táctico de Managua a Masaya, primero, en la Vanguardia y después  en la Retaguardia.

En esas misiones combativas andaban cuando fueron capturados, torturados, masacrados, despedazados y desaparecidos por guardias somocistas y “orejas” de la Oficina de Seguridad, en la noche del 27 de junio, el 28 de junio en la madrugada, el mismo 28 de junio a lo largo del día y al amanecer del 29 de junio de 1979.

Óscar Antonio Gutiérrez Serrano desapareció. No reapareció vivo ni muerto. Fue asesinado por la dictadura somocista genocida. Su cadáver fue buscado minuciosamente en numerosos sitios de Managua, ¡y nada, no se encontró¡

Con Óscar Antonio y Enrique, los hijos de doña Andrea Serrano Gutiérrez son 12 en total: Sebastiana, Enrique, Manuel, Ricardo, Gloria, Ronald, Óscar Antonio, Blanca, Denis, Marlon, Marisol y Andrea. Esta última es la menor.

Doña Andrea Serrano Gutiérrez, madre de estos dos hermanos caídos del Reparto Schick, reside de donde fue el Tanque Rojo tres cuadras al Oeste, una cuadra al Norte y una cuadra al Este. Tiene el teléfono:   22892142.

Julio César “Bamba” Juárez Roa

Julio César “Bamba” Juárez Roa.  Este jovencito de 22 años, también era estudiante  del Instituto Miguel Ramírez Goyena cuando estalló la Insurrección, u Ofensiva Final, en Managua.  En su casa, con la complicidad de su mamá Dora Roa Medrano, fallecida hace seis años (2013), en el Barrio conocido como “La Habana”, ubicado entre los vecindarios de la Colonia Nicarao, Barrio Ducualí y Barrio Venezuela, se efectuaban reuniones clandestinas y se distribuían trabajos conspirativos en contra de la tiranía somocista.

Esta viejita, Dora Roa Medrado, participó todos los años en la reedición del Replieguito “por la ruta original”, encabezado por Alejandro “Comandante Huesito” Mairena Obando, hasta que falleció hace tan sólo seis años, cuando ya andaba en silla de ruedas, por problemas artríticos en las rodillas.

Según Marta Chavarría Roa, hermana menor de Julio César “Bamba” Juárez Roa, la casa de doña Dora en “La Habana” era buzón de armas, pertrechos militares, escondite de numerosos jefes guerrilleros, se cambiaban de ropa allí, elaboraban propaganda armada dentro de la casa, y en todo eso participaba “Bamba”, indica Marta.

Según los relatos de familiares y amigos de aquellos días, “Bamba” Juárez Roa, además, perteneció a la Columna Oscar Pérez Cassar, la que fue jefeada primero por Roberto “Zarco” Castellón y después por Walter “Chombo” Ferrety Fonseca. A esta columna asimismo se le conoció como “Caza Perros” en la Zona Oriental-norte de Managua.

En realidad era una columna móvil para combatir a los guardias nacionales somocistas genocidas, con el fin de impedirles su ingreso a la zona insurreccionada y mantenerlos “maneados”, es decir, que no pudieran tomar la iniciativa militar ni en contra de la Insurrección en la Zona Oriental-norte de Managua ni hacia otros lados del país.

En la casa de “Bamba” Juárez, casi todas eran  mujeres, y muy niñas, con excepción de doña Dora. Al saber que su hijo se había ido con rumbo desconocido y que los Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares ya no estaban en la Zona Oriental de Managua, ella, Dora, tomó la decisión de irse donde unos familiares, para evitar que los mataran a todos, pues sabía que la guardia somocista y los “orejas” buscaban a su hijo Julio “Bamba” Juárez para matarlo.

Marta asegura que efectivamente durante la “operación limpieza” de la guardia somocista, después del Repliegue de Managua a Masaya, catearon la casa, la dejaron “patas arriba”, s e robaron todo lo que había dentro, aunque no encontraron  nada de los guerrilleros y Combatientes Populares, porque éstos sacaron todo y se lo llevaron en Retirada hacia Masaya.

Julio no pudo decirles hacia dónde iban. “Vamos en Repliegue, no sé adónde”, les dijo a su madre y hermanas pequeñas. Al irse, esperanzado, “Bamba” les dijo: “!El triunfo de la Revolución está cerquita, ya viene¡”, y se alejó en la oscuridad, el 27 de junio de 1979, a las seis y media de la tarde, cargando una mochila en la que llevaba un pantalón, una camisa, una toalla, unos jabones, un cepillo de dientes, medicinas y una caja de bombas de contacto, rumbo hacia la Calle de la Clínica Don Bosco, en el entonces Barrio “Meneses” y “Santa Bárbara”, hoy Barrio Venezuela. La Calle de la Clínica Don Bosco está tan sólo a dos cuadras de donde vivía “Bamba” Juárez Roa, en el Barrio “La Habana”.

Sin embargo, nunca volvieron a verlo. Sus amigos y compañeros de columna trajeron la noticia, después del triunfo revolucionario del 19 de julio de 1979, de que Julio César “Bamba” Juárez Roa había caído durante el bombardeo aéreo mortal de la guardia somocista genocida en “Piedra Quemada” contra el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

“Quedó como desaparecido. Su cadáver nunca apareció. Mi madre  buscó su cadáver en todo el lado Norte de “Piedra Quemada” durante varios meses. Hasta se nos dijo que una bomba lo había destrozado por completo, y que los restos de su cuerpo quedaron carbonizados. Sí supimos que él se fue al Repliegue a Masaya, porque él  vino a la casa, se vistió, aliñó su mochila, comió, envolvió comida en papeles, y cuando se iba, ya en la oscuridad de la noche, dijo: “Vamos en Repliegue,  no sé para dónde”, y sus amigos y  conocidos, al regreso de Masaya, después del 19 de julio, nos trajeron la noticia de que realmente iba en el Repliegue y que cayó en “Piedra Quemada”, dice Marta Chavarría Roa, su hermana menor.

Por su parte, Alejandro “Comandante Huesito” Mairena Obando asegura que doña Dora Roa Medrano, madre de Julio “Bamba” Juárez Roa, nunca falló a las reediciones del Replieguito “por la ruta original” que la Asociación de Combatientes Históricos del Distrito IV realiza todos los años, “sin haber faltado ni una sola vez”.

Esto último es confirmado por Isabel Aráuz Rugama, sobreviviente del Repliegue de Managua a Masaya y coordinadora actual de la Asociación de Mujeres Sandinistas y de Madres de Héroes y Mártires. Isabel, inclusive, actualmente recoge datos históricos y biográficos de los Héroes y Mártires de Managua, incluyendo los del Repliegue a Masaya.

Doña  Dora Roa Medrano falleció hace tres años. Varios años, antes de morir, andaba en silla de ruedas, por dos derrames cerebrales y porque sus rodillas andaban mal. Para ir al Replieguito la llegaban a traer en un microbús. Su hija menor es quien vive en la misma casa, en el Barrio La Habana,  con varios hijos menores y su marido,  de la Clínica Don Bosco, dos cuadras al Este y media cuadra al Sur. Tiene los teléfonos: 22481263 y 88751492.

Le sobreviven a “Bamba” Juárez sus hermanas y hermano:   Elisa, Rosario, Doris,  Isabel, Vanessa, Marta, Karla,  y Jorge.

Según Marta Chavarría Roa lo que más necesitan en ayuda por parte del gobierno es en la mejora de su casita y becas para sus hijos, nietos de doña Dora Roa Medrano.

 Osvaldo Antonio Largaespada Lagos

Osvaldo Antonio Largaespada Lagos, de 21 años,  cayó en el Reparto Schick Gutiérrez en lo que la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador” denomina “Jornada del Repliegue Táctico de Managua a Masaya”.

La “Jornada del Repliegue a Masaya”, según Frank “Machillo” González Morales,  consistió en que varios centenares de jóvenes Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros fueron designados para cumplir numerosas tareas militares, conspirativas, de exploración, de vigilancia de los enemigos (guardias, agentes de la Oficina de Seguridad o “escuadrones de la muerte”, soplones, “orejas”, “jueces de mesta”), con el fin de asegurar, primero, la Vanguardia y Retaguardia del Repliegue a Masaya en la Ruta Trazada, la cual comenzó en la Calle de la Clínica Don Bosco, siguió por Rubenia, Catorce de Septiembre, cauce del Reparto Schick (donde habían tres Comandos de guardias de la Guardia Nacional) y luego continuó por la entrada del Camino Viejo de la Comarca Jaguitas, rumbo a “Cuatro Esquinas”, “Piedra Menuda” y “Piedra Quemada”.

En todo este trayecto, o Ruta, fue el trabajo de exploración y vigilancia de estos Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros, para que la masa humana de seis mil managuas no fuese emboscada a mansalva por la guardia somocista genocida, y precisamente alrededor de 20 de estos jóvenes fueron delatados por varios soplones, entre otros, Bismark “Sapo”, quien se hizo pasar por “amigo” y “compañero de lucha” de todos ellos y, precisamente, el 27 a media noche y el 28 en la madrugada, se apareció con tres camiones repletos de guardias y armas, para darle cacería a estos jóvenes rebeldes, revolucionarios sandinistas, Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros, entre ellos: Osvaldo Antonio Largaespada Lagos.

“Además, asegura Frank “Machillo” González Morales, numerosos de estos jóvenes Combatientes Populares fueron regresados a cumplir otras misiones combativas cuando el Repliegue de Managua a Masaya ya iba acercándose al Cruce de Veracruz, donde hubo otro  combate con una patrulla de la guardia somocista genocida.

Según sus hermanas vivas todavía, Yadira del Socorro y Concepción del Carmen Largaespada Lagos, residentes de donde fue el Tanque Rojo del Reparto Schick desde mucho antes de la Insurrección  Sandinista de junio de 1979, precisamente a tan sólo una cuadra al Oeste, en la orilla del cauce, estaba uno de los tres Comandos de la Guardia Nacional, a cuyos soldados vigilaban estos muchachos al momento del paso del Repliegue Táctico de Managua a Masaya. El Repliegue a Masaya, con más de seis mil ciudadanos de Managua caminando en sigilo, pasó por en medio de estos tres Comandos de guardias somocistas genocidas.

Yadira del Socorro y Concepción del Carmen Largaespada Lagos y “Machillo” González Morales, coordinador de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador”, coinciden en que gracias a esta labor de exploración y espionaje de estos jóvenes rebeldes, el Repliegue Táctico de Managua a Masaya pudo pasar en sigilo por esta Ruta Original trazada por el Estado Mayor del Frente Interno, encabezado por los Comandantes Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra Lacayo.

Capturado, asesinado y desaparecido cuando iba en busca de unirse al Repliegue

De acuerdo con Yadira del Socorro y Concepción del Carmen, Osvaldo Antonio Largaespada Lagos andaba terminando de cumplir estas tareas asignadas, muy de mañanita del 28 de junio de 1979, cuando a su casa llegaron centenares de guardias superarmados en tres camiones, a capturarlo.

Osvaldo Antonio ya no estaba en su casa, pues había llegado de madrugada, rápido, se cambió de ropas, comió un poco, y salió. Sólo dijo que iba a unirse a sus compañeros que iban “en retirada” por el rumbo de la Comarca “Jagüitas”, después de asegurar el paso de la Retaguardia del Repliegue por esta parte del Reparto Schick, donde abundaban los guardias asesinos, los “soplones”, miembros de “escuadrones de la muerte” y “orejas” de la Oficina de Seguridad (OSN).

Yadira del Socorro y Concepción del Carmen observaron que con los centenares de guardias asesinos andaban los soplones Bismark “Sapo” Prado y “Los Luchos”, quienes inicialmente se hicieron pasar como “amigos” de los chavalos rebeldes, jugaban béisbol con estos jóvenes, pero en realidad los andaban espiando, y esa noche del 27 de junio de 1979, además, los siguieron para saber qué andaban haciendo cuando, precisamente, vigilaban para que el Repliegue de Managua a Masaya pasara sin problemas entre los tres Comandos GN referidos, ubicados: uno del Tanque Rojo  tres cuadras al Oeste, en la orilla del cauce; el segundo, en la entrada al Camino de  la Comarca “Jagüitas”, o del Cine Ideal dos cuadras al Este, y el tercero era un Batallón de la EEBI ubicado en Baterías Hasbani, en la orilla del mismo cauce del Reparto Schick Gutiérrez.

Se afirma ahora que por instrucciones de Jefes Guerrilleros, las casas de estos soplones fueron incendiadas cuando la Insurrección Sandinista estaba en pleno apogeo en la Zona Oriental-norte de Managua.

Se supone que Osvaldo Antonio Largaespada Lagos fue capturado por este grupo de asesinos cuando iba rumbo a “Cuatro Esquinas”, en la Comarca “Jagüitas”, o tal vez ya estaba en “Piedra Menuda”, detrás de la marcha del Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Todos los chavalos o jóvenes capturados en ese operativo somocista gigantesco del 28 en la madrugada, y en la mañanita, fueron asesinados y desparecidos. Sus cadáveres no aparecieron nunca. Hay certeza entre familiares, amigos y vecinos de que fueron torturados, despedazados y quemados por la soldadesca bestial del somocismo genocida, jefeado por Anastasio Somoza Debayle.

Estudiaba secundaria en el Miguel de Cervantes Saavedra

Osvaldo Antonio Largaespada Lagos estudiaba quinto año de bachillerato en el Instituto Miguel de Cervantes Saavedra, en el ZUMEN, en la entrada Norte al Barrio San Judas; y al mismo tiempo laboraba en gestiones de partidas de nacimiento en Alcaldía de Managua o Distrito Nacional.

Los relatos familiares y de compañeros de combates rebeldes en contra de la dictadura militar somocista, Osvaldo Antonio Largaespada Lagos se había organizado con el grupo de los hermanos Solano en el Barrio Ducualí, Cuna de la Insurrección Oriental, y de paso se coordinaban con los Combatientes Populares de las Colonias Nicarao, Catorce de Septiembre, Don Bosco, Colombia y Luis Somoza (Diez de Junio).

Yadira del Socorro Largaespada Lagos recuerda que su hermano en media insurrección llegó a su casa, de noche, herido levemente, y que fue curado allí mismo en la casa. Las dos hermanas sabían que Osvaldo Antonio había participado en emboscadas a patrullas de la guardia somocista, en fabricación de explosivos, en traslado de los mismos explosivos de una trinchera de combate a otra en la Zona Oriental de Managua, en utilización de bombas de contacto contra convoyes de guardias, hacía labores de correo clandestino, y por último la designación para que vigilaran a los enemigos por el paso del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, por el Reparto Schick Gutiérrez.

Antes de trasladarse al Reparto Schick en 1967, Francisco Antonio Largaespada Orozco (fallecido hace 10 años) y Mercedes del  Carmen Lagos García (fallecida hace cuatro años), padre y madre respectivamente de Osvaldo Antonio Largaespada Lagos, vivían en una colonia contigua a la Estación del Ferrocarril, en las cercanías del Teatro Rubén Darío, antes del Terremoto de 1972.

Se compraron ese lotecito en que viven hoy, situado de donde fue el Tanque Rojo, una cuadra al Oeste y media cuadra al Norte, donde posteriormente la Guardia Nacional somocista genocida instaló uno de los Comandos referidos, para controlar a esta pobretería, considerada desde siempre enemiga de la dictadura somocista, jefeada por Anastasio Somoza Debayle.

En esa dirección  le sobreviven a Osvaldo Antonio sus hermanas Yadira del Socorro, Concepción del Carmen, Francisco Alberto y José Luis Largaespada Lagos, quienes tienen el teléfono convencional: 22553446. Osvaldo Antonio tenía una novia, llamada Zoila, quien estudiaba en la Escuela Nacional de Comercio.

 Marta Lorena “Cleo” López Mojica

Marta Lorena “Cleo” López Mojica. Según datos biográficos incompletos, Marta Lorena vivía con su mamá, María Adilia Mojica, en el Barrio San José Oriental, donde se conoció con Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez, mientras ambos participaban en la lucha política y militar organizada en contra de la dictadura somocista.

Marta Lorena estudiaba su quinto año de bachillerato en el Colegio Miguel Bonilla Obando. Su mamá ya falleció hace varios años y el resto de su familia ya no vive en el Barrio San José Oriental.

Ricardo Ordeñana Solórzano, cuñado viudo de Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez, indica que no se sabe qué rumbo tomó el resto de la familia de Marta Lorena “Cleo” López Mojica, después de fallecida doña María Adilia Mojica. No se conoce quién era su papá.

Frank “Machillo” González Morales y Alejandro “Comandante Huesito” Mairena Obando,  ambos de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador”, elogian abundantemente el comportamiento combativo de Marta Lorena López Mojica y su decisión valiente, audaz y solidaria de quedarse cuidando a su marido en las “Cuatro Esquinas” de la Comarca Jagüitas, “a sabiendas de que la matarían, porque un batallón de la guardia somocista genocida estaba en los alrededores”.

Marta Lorena era una muchacha jovencita de unos 19 años, bonita, graciosa, esbelta,  amable, Combatiente Popular en vecindarios como “Campo Bruce” (hoy Rigoberto López Pérez), San José Oriental y Paraisito, iba en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Ella  personalmente se había implicado en la Insurrección, u Ofensiva Final, y no podía quedarse fuera del Repliegue de Managua a Masaya por doble razón: su implicación en los combates, de trinchera en trinchera, con las armas en las manos, para derrumbar a la dictadura somocista genocida, y porque su esposo Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez había sido herido gravemente, estaba hospitalizado en el Hospital Clandestino del Instituto Experimental México, en Bello Horizonte, y era conducido en camilla durante el célebre Repliegue Táctico de Managua Masaya.

Marta Lorena López Mojica y “Sobrino” Dávila Sánchez se quedan donde la familia Cajina Fonseca, en las “Cuatro Esquinas”, al Sur de la Comarca “Jaguitas”, donde ambos eran conocidos y amigos.

Descubiertos y asesinados atrozmente por GN-EEBI en “Cuatro Esquinas”

Ambos fueron escondidos allí en una casa y en un furgón, donde los guardias somocistas genocidas de la EEBI los descubrieron y después los asesinaron a eso de las siete de la mañana del 28 de junio de 1979, unas pocas horas después del paso del Repliegue Táctico de Managua a Masaya por este sitio de  las “Cuatro Esquinas”, en el extremo Sur de la Comarca “Jagüitas”.

Existe un monumento en homenaje a Marta Lorena López Mojica, en una de las calles del Barrio Rigoberto López.

César Sánchez, periodista y hermano mayor de Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez, escribió un libro sobre parte de la gesta revolucionaria de su adorado y respetado hermano, aunque no revela detalles de cómo “Sobrino” Dávila Sánchez ingresa al Frente Sandinista, de la Tendencia Proletaria, y tampoco detalla sobre los combates en que participó en la Zona Oriental-norte de Managua.

Elogia César Sánchez a Marta Lorena “Cleo” López Mojica por haber acompañado sin vacilaciones a su marido Carlos Alberto Dávila Sánchez cuando este fue herido gravemente en un combate en el Barrio Paraisito, donde a punta de disparar con su ametralladora calibre 30 neutralizó y arrebató una tanqueta a la guardia somocista genocida. Los elogios de César Sánchez son abundantes al exponer cómo Marta Lorena López Mojica sin vacilar un instante se queda con su marido en las  “Cuatro Esquinas” para cuidarlo y protegerlo de la posibilidad de que lo asesinaran. Al final, los guardias los asesinaron a ellos dos y a otros capturados en “Cuatro Esquinas”, en la Ruta original del Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

En el libro mencionado se publican fotos del homenaje popular, u honras fúnebres, a Carlos Alberto Dávila Sánchez y a su esposa Marta Lorena López Mojica, en el Puente Paraisito, el 29 de agosto de 1979, después de haber recuperado sus cadáveres en “Camino del Río”, cerca de la Comarca Sabana Grande, en el Oriente de Managua. Fueron sepultados juntos en el Cementerio Oriental de Managua.

Esa ceremonia fúnebre y de contenido político revolucionario, con los cadáveres de ambos presentes allí, fue registrada por el Diario BARRICADA en los primeros días del mes de agosto de 1979.

Cerca de este mismo sitio, “Sobrino” Dávila Sánchez y Marta Lorena “Cleo” López Mojica, fueron casados en una ceremonia militar revolucionaria por Frank “Machillo” González Morales, Jefe Guerrillero de la Tendencia Proletaria en ese momento, con la presencia de centenares de Combatientes Populares de los Barrios Paraisito,  San José Oriental y de “Campo Bruce” (hoy Rigoberto López Pérez), antes de que se produjera el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Sobre “Sobrino” Dávila Sánchez y Marta Lorena “Cleo” López Mojica se puede consultar a Frank “Machillo” González Morales en la Asociación de Combatientes Históricos “Carlos Fonseca Amador”, situada de la Racachaca cuadra y media al Sur, en el Barrio Altagracia.

 José Luis “Oso”  Marín Gaitán

José Luis “Oso” Marín Gaitán tenía 19 años y era Técnico Electricista Industrial, graduado en el Instituto Técnico Vocacional, ubicado de “La Subasta” cinco cuadras al Norte, en la orilla del Lago de Managua.

Este joven de 19 años era ya una leyenda en el Reparto Schick Gutiérrez, pues además de trabajar en instalaciones de sistemas eléctricos en los Repartos y Colonias que se construían en la década del 70 en Managua, lo veían jugando béisbol los fines de semana, haciendo propaganda revolucionaria guerrillera en las noches en su vecindario, en otros barrios cercanos y dentro de autobuses y camionetas de pasajeros, y también organizando a la “pelota” de jóvenes rebeldes antisomocistas del Reparto Schick Gutiérrez, con el fin de enfilarlos en la lucha armada.

Se conoce que en su casa y la de los Centeno, ambas ubicadas del antiguo Tanque Rojo tres cuadras al Oeste y cuadra y media al Norte, se hospedó clandestinamente varias veces Carlos Fonseca Amador, jefe de la Revolución Popular Sandinista.

“Oso” Marín Gaitán andaba con la “pelota” de jóvenes rebeldes antisomocistas del Reparto Schick Gutiérrez, entre otros: Joaquín Valle, José Santos Mayorga Alemán, Francisco René Polanco Chamagua, Domingo Matus Méndez y Osvaldo Antonio Largaespada Lagos, todos los cuales fueron asesinados atrozmente por guardias somocistas genocidas.

Su padre, Luis Armando Marín López (de 80 años en 2013), señala que su vivienda se convirtió en casa de seguridad  de Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros, más buzón de armas y explosivos, pues “Oso” Marín Gaitán se reunía allí con la “pelota” de jóvenes rebeldes antisomocistas, y en realidad las casas de cada uno de ellos, era sitio de reuniones clandestinas, buzones de armas y lugares donde planeaban las emboscadas contra patrullas de la guardia, o ataques a los Comandos GN en el Reparto Schick Gutiérrez y Zona Oriental de Managua.

Ángela Gaitán Lezama, madre de “Oso”, fallecida hace varios años, también colaboraba en las actividades guerrilleras clandestinas de su hijo José Luis “Oso” Marín Gaitán.

Se emboscaba en ramas de árboles para lanzar bombas a BECAT

En su vecindario se afirma que “Oso” inclusive se subía, solito, a árboles  frondosos de chilamates, con cajas de bombas de contacto, en los sitios por donde pasaban patrullas BECAT de la Guardia Nacional en el Reparto Schick, les  lanzaba esos explosivos a los guardias, se bajaba velozmente y se corría. De esa forma, destruyó numerosos  jeeps BECAT en la Zona del Reparto Schick.

“Oso” Marín Gaitán entraba y salía de su casa, cuando la Insurrección Sandinista estaba en pleno apogeo en junio de 1979. Siempre procuraba que nadie lo siguiera. Le llegaba contando a su padre que había participado en enfrentamientos armados en trincheras de combate en el propio Reparto Schick, en las Colonias Nicarao, Catorce de Septiembre, en los barrios Ducualí, El Edén y para el lado de Santa Rosa.

La propia noche de salida del Repliegue Táctico de Managua Masaya, el 27 de junio cerca de las doce de la noche, el grupo de Combatientes Populares de “Oso” Marín Gaitán sostuvo un combate rápido contra guardias somocistas y “orejas” y “soplones” de las Oficina de Seguridad cerca del Cine Ideal, donde andaban operando soldados de la GN y soplones, mientras el Repliegue a Masaya ya se desplazaba por el Reparto Schick.

Resguardaba al Repliegue cuando fue capturado y asesinado

“Oso” Marín andaba en operaciones de exploración, vigilancia y controles de los enemigos somocistas, la noche del 27 y madrugada del 28 de junio, para que el grueso de casi siete mil ciudadanos capitalinos del Repliegue de Managua a Masaya pasaran sin ser emboscados a mansalva por la Guardia Nacional somocista genocida, en este sitio del Oriente de  Managua.

Este grupo de jóvenes rebeldes, como queda expresado, fue infiltrado por soplones u “orejas” de la Oficina de Seguridad y de la Guardia Nacional. Se supone que “Oso” Marín Gaitán fue capturado precisamente en la madrugada del 28 cuando se movía afanosamente en protección del Repliegue a Masaya, primero en su Vanguardia temprano, antes de la media noche, y después en la Retaguardia del mismo Repliegue cuando ya era pasada la una de la mañana del 28 de junio de 1979.

Su padre, su madre, sus hermanas menores, sus familiares, sus compañeros rebeldes antisomocistas y amigos, no volvieron a saber nada de “Oso” Marín Gaitán. Se supone que lo agarraron junto a Joaquín Valle y José Santos “Cerro Negro” Mayorga Alemán.

Su padre, Luis Armando Marín López, de 80 años al 2013, asegura que él, sus familiares y vecinos tuvieron noticias de que este grupo de jóvenes fueron capturados, por las delaciones de los soplones somocistas, la madrugada del 28 de junio, cuando aseguraban el paso de la Retaguardia del Repliegue a Masaya por la parte oriental del Reparto Schick, antes de salir al Camino de la Comarca Jagüitas, rumbo al Cruce de Veracruz,  “Piedra Menuda” y “Piedra Quemada”, en el lado Norte del Volcán Masaya.

No aparecieron ni vivos ni muertos

Don Luis Armando  Marín López indica que inicialmente creyeron que encontrarían vivos a este grupo de jóvenes revolucionarios sandinistas, pero poco a poco esa idea se fue desvaneciendo, especialmente al darse el Triunfo de la Revolución Popular Sandinista, el 19 de julio de 1979, pues en realidad la búsqueda organizada, amplia, no los encontró ni vivos ni muertos.

Marín López recuerda que numerosas familias del Reparto Schick Gutiérrez se juntaron, de forma organizada, para buscar a sus hijos vivos o muertos, durante varios meses, y no encontraron nada. Fueron a “Piedra Quemada”, recorrieron Nindirí, anduvieron en los sitios en que la guardia somocista genocida tiraba cadáveres de asesinados, entre otros: Cuesta del Plomo, Escuela de Arte, Lomas de San Judas, frente al Teatro Popular Rubén Darío, por donde es hoy el Club Terraza, en la costa del Lago de Managua, etc.

El último sitio que visitaron fue el Cerro Mokorón, frente a la UNAN-Managua, donde los jefes del naciente Ejército Popular Sandinista les mostraron las tumbas colectivas en que centenares de cuerpos asesinados fueron echados por la Guardia Nacional somocista genocida, y allí no estaban los cuerpos de sus hijos. Encontraron algunas ropas parecidas a las que andaban puestas sus hijos, nada más.

Sospechan que los cuerpos de estos jóvenes fueron quemados, como iban a hacer un grupo de guardias asesinos con el cuerpo de Manuel Matus Méndez, cuyo cadáver fue rescatado por una mujer del mismo Reparto Schick Gutiérrez.

“Oso” Marín Gaitán dejó una niña, pues su esposa estaba embarazada cuando él fue asesinado el 28 de junio de 1979, en la madrugada. Esa niña es enfermita, es discapacitada, informa el abuelo Luis Armando Marín López. La madre de “Oso” Marín Gaitán, Ángela Gaitán Lezama, falleció hace varios años.

A “Oso” Marín Gaitán le sobreviven sus hermanos menores: Sonia, Martín, Ana Julia, Petrona y Carla. Esta familia reside en el mismo sitio, de donde fue la “Casa de la Mujer”, una cuadra al Este y una cuadra al Norte, en la casa No. A-95.  Don Luis Armando Marín López tiene el teléfono celular:   86132204.

 Hermanos Martínez, o Hipólito Martínez Guzmán

Los Hermanos Martínez, o Hipólito Martínez Guzmán.  Finalmente, después de una larga búsqueda de casi un mes, encontré a Daniel Gregorio Martínez Velásquez, hermano mayor de Hipólito Martínez Guzmán, este último caído y desaparecido durante el bombardeo aéreo infernal de la guardia somocista genocida en el lado Norte de “Piedra Quemada”,  frente al Volcán Masaya, el 28 de junio de 1979, entre las diez y media de la mañana y las dos de la tarde.

Hipólito Martínez Guzmán era un niño Combatiente Popular, de apenas 14 años cumplidos, de esos chavalos excepcionales que hubo durante los combates de la Ofensiva Final contra la dictadura somocista genocida.

Este caso singular se conoció durante más de 30 años como el de los “Hermanos Martínez”, caídos en “Piedra Quemada”, durante el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, pues la madre de ambos, Victoria Guzmán Velásquez (ya fallecida hace cuatro años) siempre dijo que dos de sus hijos habían caído en el Repliegue a Masaya,  en el lado Norte de  “Piedra Quemada”.

Doña Victoria Guzmán repetía ese dicho convencido cada año que acompañaba al “Replieguito por la Ruta Original”, organizado y ejecutado por unos mil acompañantes de Alejandro “Comandante Huesito” Mairena Obando, quien lo lleva, precisamente, hasta “Piedra Quemada”,  todos los años desde 1980.

Daniel Gregorio Martínez Velásquez, quien tenía 16 años al momento del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, indica que en realidad el caído en “Piedra Quemada” fue su hermano menor Hipólito Martínez Guzmán, cuyo cadáver jamás fue encontrado.

Ocurre, según Daniel Gregorio, que doña Victoria Guzmán Velásquez hacía tal afirmación porque su otro hijo Faustino Martínez Guzmán también cayó combatiendo contra la dictadura somocista durante la Insurrección de junio de 1979, en el Ingenio San Antonio, en Chichigalpa, Chinandega.

También llegaba a “Piedra Quemada” don Simeón Donato Martínez, padre de los tres Hermanos Martínez, implicados en la lucha armada contra el somocismo genocida primero en Santa Lucía, Boaco, de donde son originarios, y después en la Insurrección Sandinista en Managua.

Organizaron buzones de armas en Reparto Amanda

Daniel Gregorio Martínez relata que los tres Hermanos Martínez estaban organizados en estructuras juveniles escolares y del Frente Sandinista guerrillero clandestino en Santa Lucía, Boaco, con Andrés Mendoza Pérez, Lucy Mayorga Obando y otros jóvenes y chavalos como Hipólito, y que como sus padres tenían casa en el Reparto Amanda (hoy Berta Díaz, cerca del Aeropuerto Sandino), entonces esto facilitó que los dirigentes guerrilleros  sandinistas los remitieran a Managua, y que se ubicaran en las dos casas de seguridad de los Martínez y de Andrés Mendoza padre.

Puestos aquí en el Reparto Amanda, recuerda Daniel Gregorio Martínez, organizaron de mejor manera las casas de seguridad, con la finalidad de que la guardia somocista, los “orejas”, “soplones”  y paramilitares no los fueran a detectar. También organizaron dos buzones de armas, municiones y bombas de contacto en los canales de los techos de ambas viviendas, ubicadas entre fincas y las cercanías del Lago de Managua.

Por disposiciones del Estado Mayor del Frente Interno, encabezado por los Comandantes Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra Lacayo, los dos Hermanos Martínez y Andrés Mendoza Pérez fueron enviados a combatir inicialmente en la Insurrección de los Barrios Occidentales, específicamente en los vecindarios Monseñor Lezcano, Santa Ana, Linda Vista, Las Brisas, Altagracia y Loma Verde.

Participaron en los violentos combates para destruir el Cuartel militar o Sección de Policía que la Guardia Nacional somocista genocida tenía en el Barrio Monseñor Lezcano. También en los enfrentamientos a balazos que hubo con soldados o guardias en el Sur de San Judas, Torres Molina, Villa Roma y Loma Linda.

Sobrevivieron en la masacre de Batahola

Participaron en el Repliegue Táctico de Monseñor Lezcano a San Judas el 15 de junio de 1979, el cual fue masacrado por la GN-EEBI en Batahola, en el lado Suroeste de la Embajada Norteamericana, ejecutada por un batallón de la Escuela de Entrenamientos Básico (EEBI) de la Guardia Nacional, cuyos efectivos militares dispararon centenares  de ráfagas de ametralladora 50 contra casi 300 combatientes replegados.

Casi 100 de esos jóvenes replegados fueron masacrados a mansalva por los guardias somocistas genocidas, quienes dispararon las ametralladoras desde el Cerro Batahola, cerca de la Residencia del Embajador gringo.

Desde dentro de los muros de la Embajada Norteamericana también dispararon contra los jóvenes que iban en Repliegue de Monseñor Lezcano a San Judas.

Los Hermanos Martínez y Andrés Mendoza Pérez sobrevivieron a la masacre de Batahola. .

Los dos Hermanos Martínez y Andrés Mendoza Pérez, sobrevivientes de la masacre, fueron enviados entonces a la Zona Oriental de Managua, donde el mando del Estado Mayor del Frente Interno se los ubicó en trincheras de combate de vecindarios como Paraisito, San José Oriental, María Auxiliadora y San Cristóbal, donde uno de los jefes de columnas combativas era Frank “Machillo” González Morales, perteneciente al Frente Sandinista Proletario clandestino.

Estos tres jovencitos participaron en el famoso combate contra contingentes de la Guardia Nacional el 21 de junio en los barrios Paraisito, San José Oriental y Rigoberto López Pérez, pues la GN intentaba romper el cerco de la Insurrección por esta vía, pero más bien fue derrotada y se le destruyeron tanques, tanquetas, camiones de transporte de infantería y municiones y se les arrebataron numerosas armas de guerra.

Ambos Hermanos Martínez se van en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya aquella noche del 27 de junio de 1979. Don Daniel Gregorio Martínez recuerda que iban en el centro de las columnas; en las que iban jefeadas por William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra Lacayo.

Hipólito desapareció en el bombardeo aéreo de “Piedra Quemada”

Sin embargo, después del Cruce de Veracruz, donde se registró un combate con una patrulla de la Guardia Nacional somocista genocida, y que hubo tres caídos del Repliegue a Masaya y se le arrebató una ametralladora 50 a los guardias, los dos Hermanos Martínez no se volvieron a ver nunca más.

Daniel Gregorio Martínez indica que Andrés Mendoza Pérez y él siguieron caminando juntos hasta “Piedra Quemada”, frente al Volcán Masaya, donde Daniel Gregorio vio caer a Mendoza Pérez partido por los charnelazos de un mortero.

No supo nada de su hermano Hipólito Martínez Guzmán. Estando ya en Masaya el 29 de junio de 1979, varios compañeros Combatientes Populares del Repliegue, originarios de Managua, le informaron a Daniel Gregorio que su Hermano Hipólito había sido partido por charneles de rockette lanzados desde aviones Push and Pull en “Piedra Quemada”.

Le dijeron también que el cadáver de Hipólito Martínez Guzmán había quedado sepultado a medias en la orilla del camino en el lado Norte de “Piedra Quemada”, y que lo habían tapado con piedras, arenas y pedazos de ramas secas.

El cadáver de Hipólito Martínez Guzmán jamás fue encontrado. Su madre y su padre organizaron brigadas de búsqueda en los meses de julio, agosto y septiembre del mismo año 1979, pero no lo encontraron.

Su madre, Victoria Guzmán, venía todos los años al “Replieguito por la Ruta original” y siempre decía que tenía la esperanza de que su hijo Hipólito algún día apareciera vivo. Dejó de venir a Managua y “Piedra Quemada” hasta que la muerte la sorprendió hace siete años, en la Santa Lucía, Departamento de Boaco.

Su padre, Simeón Donato Martínez, se ha quedado viviendo en Managua. Está muy enfermo, según Daniel Gregorio Martínez Velásquez, quien reside actualmente en la entrada a “Pajarito Azul”, en el Kilómetro Diez de la Carretera Nueva a León, en Ciudad Sandino. Tiene el teléfono:   83674359.

Cuando se registró la Insurrección Sandinista Victoriosa de junio de 1979, los tres Hermanos Martínez eran estudiantes de secundaria en Santa Lucía, Ciudad de Boaco. Estaban por bachillerarse.

Daniel Gregorio Martínez Velásquez ha tenido que aprender numerosos oficios para sobrevivir en Managua. Hace de electricista, albañil, carpintero, ebanista, fontanero, y sale todos los días de su casa, en la dirección mencionada, a realizar “trabajos por cuenta propia” y “a domicilio” también.

 Rolando José “Condorito” Martínez Rivera

Rolando José “Condorito” Martínez Rivera fue de esos Combatientes Populares multifacéticos, a quienes los Jefes Guerrilleros Proletarios ponían a hacer “mil tareas diferentes” encaminadas todas al socavamiento militar de la dictadura somocista genocida.

Hacía “pintas” en paredes y muros, en las carrocerías de los autobuses urbano colectivos, distribuía propaganda política y armada en vecindarios como Paraisito, San Cristóbal, María Auxiliadora, El Edén, Ducualí, en las colonias  Diez de Junio, en Don Bosco; trasladaba armas de un lado a otro, fabricaba explosivos y bombas de contacto, tenía a su cargo una casa de seguridad, un buzón de armas de guerra y municiones, y era un joven conectado plenamente con otros Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros como Frank “Machillo” González Morales, Alfonso “Mascota” García González, con “Bujía”, con “Indio Jerónimo”, con “el nueve dedos”, “Chelín” y Salvador “Chava ”Pérez Alemán, Bayardo Berríos (hoy Comisionado de la Policía),  por ejemplo, quienes operaban contra la guardia somocista antes y durante la Insurrección Sandinista en vecindarios como Paraisito, San José Oriental, “Campo Bruce” (hoy Rigoberto López Pérez), Larreynaga, El Edén y  Ducualí.

“Machillo” González Morales era, antes de la Insurrección Final, uno de los jefes principales de este grupo mencionado, en el cual estaba metido a fondo “Condorito” Martínez Rivera.

Al estallar la Insurrección Sandinista el nueve de junio de 1979, “Condorito” Martínez Rivera tenía 17 años, residía en el Barrio Paraisito y estudiaba secundaria en el Instituto Maestro Gabriel  (situado al Noroeste del barrio Larreynaga, contiguo a al Barrio San Luis), donde unos 300 estudiantes formaban una “pelota” revolucionaria antisomocista, incluyendo a Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez y Marta Lorena López, quienes ya en ese momento actuaban de manera organizada con el FSLN clandestino y con las armas en las manos, en Managua.

La madre de “Condorito” Martínez Rivera, Narcisa Eusebia Rivera Munguía, de 81 años actualmente, dice que su hijo era un sujeto alegre, y parecía andar divertido en sus conspiraciones organizadas en contra del régimen somocista genocida.

“Condorito” tenía buzón de armas y bombas en canal de desagüe

Recuerda que su vivienda en el Barrio Paraisito fue convertida “en casa de seguridad de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares y en buzón de armas” por su hijo “Condorito” Martínez Rivera. “No hay dónde esconder estas armas, mamá…voy a acondicionar el canal de desagüe en el techo de la casa, para esconder las armas”, le dijo “Condorito” Martínez Rivera a su madre, e inmediatamente se puso a trabajar con pedazos de zinc, y allí colocó armas, municiones, bolsas de explosivos, propaganda escrita.

Según Narcisa Eusebia Rivera Munguía, los demás Combatientes Populares, “Condorito” y sus hermanos José Ortiz Rivera y Francisco Luis Rivera, por “señas” se indicaban unos a otros dónde estaban las armas, las cuales tomaban y metían en sacos, canastos, cartones, costales de manta, etc., y salían a las calles como que iban de compras, cuando en realidad se dirigían a hacer “operativos militares con esas armas”.

Cuando todo el grupo se juntaba en la casa de Narcisa Eusebia, en el Barrio Paraisito, casi en silencio se les oía decir que estaban organizados en los  Comandos Revolucionarios del Pueblo (CRP).

“Condorito” Martínez Rivera llegaba a su casa, en medio de la Insurrección y de los tiroteos generalizados,  a comer; se cambiaba de ropas, se bañaba, y volvía rápido hacia las trincheras de combates en Paraisito, en San Cristóbal, María Auxiliadora, El Edén y el San José Oriental, que eran los vecindarios más cercanos a su casa en el Barrio Paraisito.

El 27 de junio de 1979, día o noche en que arrancó el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, su madre y sus hermanos ya no vieron a “Condorito” Martínez Rivera. “Seguramente su situación combativa se lo impidió”, comenta uno de sus hermanos, todavía vivo.

Su cadáver desapareció en “Piedra Quemada”

En la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos de Managua, brazo político histórico del Frente Sandinista, encabezados por Frank “Machillo” González Morales y Juan Carlos “Marcial” Soza Aragón, testimonian que “Condorito” se fue en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

No sobrevivió al bombardeo aéreo infernal de la guardia somocista genocida contra el Repliegue Táctico de Managua a Masaya en “Piedra Quemada”, frente a la entrada antigua del Volcán Masaya. El cadáver de “Condorito” Martínez Rivera desapareció.

Su madre, Narcisa Eusebia Rivera Munguía, vecinos, familiares y amigos, formaron una brigada de búsqueda en “Piedra Quemada”, en el Camino Viejo al casco urbano de  Nindirí, por los desfiladeros del lado Este de  la Laguna de Masaya, por donde pasó el Repliegue a Masaya en plena oscuridad y en silencio sepulcral; recorrieron también la “Ruta Original del Repliegue” hacia atrás, para el lado de “Piedra Menuda”, “Cuatro Esquinas”, el Cruce de Veracruz, Reparto Schick Gutiérrez, pero encontraron el cadáver de “Condorito” Martínez Rivera.

 Narcisa Eusebia Rivera Munguía vive con uno de sus hijos en una casita que le mandó a construir el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional, ubicada del portón del Hospital “Manolo Morales Peralta”, cinco cuadras al Sur, una cuadra al Oeste y 80 varas al Sur, en el Barrio Grenada, en Managua. Tiene los teléfonos: 89105109 y 89536940.

José Santos “Cerro Negro” Mayorga Alemán

José Santos “Cerro Negro” Mayorga Alemán  era un jovencito de 17 años, perteneciente a la “pelota” de unos 500 jóvenes rebeldes antisomocistas de los vecindarios René Schick Gutiérrez, “La Fuente” (Ariel Darce), Reparto Santa Julia y Colonia Nicarao. Estaba organizado en la “Juventud Revolucionaria”.

José Santos Mayorga Alemán aparece en los listados oficiales y no oficiales de caídos o Héroes y Mártires del Repliegue de Managua a Masaya, por ejemplo en los libros: “Porque viven siempre entre nosotros”, del Instituto de Estudios del Sandinismo; e “Insurrección Sandinista Victoriosa y Repliegue de Managua a Masaya” de Pablo E. Barreto Pérez.

José Santos Mayorga Alemán estudiaba su secundaria en el Instituto René Schick Gutiérrez, el cual pasó a nombrarse “José Santos Mayorga Alemán” después del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista. Al mismo tiempo, José Santos, a pesar de su corta edad, era obrero soldador en la Ferretería Reynaldo Hernández, donde fue contactado y organizado en la estructura guerrillera militar por el Frente Sandinista Proletario.

La familia de José Santos Mayorga Alemán vivía casi en enfrente de donde tenía un Comando la Guardia Nacional somocista genocida, específicamente del Tanque Rojo del Reparto Schick Gutiérrez, dos cuadras al Oeste y unas 60 varas al Norte, en la orilla del cauce, donde después de 1979 se edificó el Instituto “José Santos Mayorga Alemán”.

Un poco al Sureste, cinco cuadras al Sur y cuadra y media al Este, en la entrada del Camino Viejo  a la Comarca “Jagüitas”, estaba otro Comando de la Guardia Nacional. Y antes de estos dos lugares, en la orilla del cauce que va a dar al antiguo “Tanque Rojo”, en la Fábrica de Baterías Hasbani, estaba un Batallón de la Escuela de Entrenamiento Básico (EEBI) de la Guardia Nacional.

Por estos tres sitios, en sus orillas, en sus costados, pasó el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, integrado por un poco más de seis mil ciudadanos de Managua, entre Jefes Guerrilleros, Combatientes Populares y civiles implicados en la Insurrección u Ofensiva Final, entre las diez y media y las once de la noche del 27 de junio de 1979.

El Repliegue Táctico de Managua a Masaya comenzó a moverse de cada uno de los Barrios, Repartos y Colonias implicados en la Insurrección Oriental-norte, un poco después de las seis de la tarde de ese 27 de junio de 1979.

El Reparto Schick Gutiérrez (Oriente de Managua urbana)  fue parte de la Ruta Original escogida por los miembros del Frente Interno, jefeado por los Comandantes Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra Lacayo, y el Estado Mayor de Managua, integrado, entre otros, por los comandantes Osvaldo Lacayo Gabuardi, Walter Ferrety Fonseca, Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz, Marcos Somarriba García, Mónica Baltodano Marcenaros, Rolando “Cara Manchada” Orozco Mendoza, Raúl Venerio Granera, Sergio Gómez Vargas, Humberto del Palacio González, etc.

El Reparto Schick Gutiérrez fue en realidad el sitio más mortalmente peligroso para el paso del Repliegue Táctico de Managua a Masaya. Y así quedó demostrado, pues casi a media noche, cuando íbamos acercándonos al Tanque Rojo, por el cauce, se produjeron encontronazos a tiros con guardias, “soplones” y “orejas” de la Oficina de Seguridad y de la Guardia Nacional somocista genocida.

“Cerro Negro” participó en combates y ajusticiamientos de “orejas”

Además de haber participado activamente en emboscadas, en colocaciones de explosivos, ajusticiamientos de guardias y orejas, en combates en trincheras combativas de las Colonias Nicarao y Catorce de Septiembre, frente a la “Treceava Sección de Policía”, al momento en que el Repliegue Táctico de Managua a Masaya se movía hacia la Ruta Original, cargando casi 200 heridos, un grupo de jovencitos Combatientes Populares del Reparto Schick Gutiérrez fue asignado por el mando del Repliegue para que vigilaran los movimientos de los guardias en los Comandos GN mencionados arriba.

Según Freddy Mayorga Alemán, hermano de José Santos, e Isidro Collado, padrastro de “Cerro Negro”, esta tarea guerrillera la estaban desempeñando unos 12 muchachos del Reparto Schick, un poco después de las siete de la noche del 27 de junio de 1979, entre otros: Joaquín Valle, Luis Marín, Mario Masías Paredes, Domingo Matus Méndez y José Santos Mayorga Alemán.

El grupo de jóvenes rebeldes guerrilleros se habían dividido el trabajo de espionaje, para garantizar la seguridad de la Vanguardia y Retaguardia del Repliegue a Masaya. Usaban los patios, techos de sus casas, árboles altos, el cauce mismo, más disimulos y disfraces en las calles, con el fin de  observar cómo se estaban moviendo los guardias y “orejas” de la Oficina de Seguridad entre el Barrio  “La Fuente” y el Reparto Schick Gutiérrez, hasta la altura del Tanque Rojo (este ya desapareció. Estaba ubicado del Cine Ideal cuatro cuadras al Norte)

“Orejas” asquerosos facilitaron el genocidio de la GN

Sin embargo, el grupo de jovencitos no sabían que la guardia somocista genocida les había infiltrado un asqueroso agente, llamado Bismarck “Sapo” Prado, quien pasó información de cómo y en qué zonas se andaban moviendo estos muchachos.

Los testimonio de Freddy Mayorga Alemán y de isidro Collado indican que el grupo de muchachos, incluyendo José Santos, Joaquín Valle, Luis Marín, Mario Masías Paredes y Domingo Matus Méndez, fueron “cazados” de uno en uno en sus patios propios y ajenos, en las calles oscuras y entre matorrales, cuando el Repliegue de Managua a Masaya se estaba moviendo, pues “Sapo” Prado inclusive hasta había hecho un mapa, en el cual indicaba a los guardias y “orejas” cuáles eran esas rutas entre patios y calles del Reparto Schick, el cual entonces estaba todavía lleno de árboles, solares vacíos y cauces oscuros como el que usamos los casi  siete mil replegados de Managua a Masaya.

Freddy Mayorga Alemán e Isidro Collado no recuerdan al resto de nombres de los chavalos capturados por traición de “Sapo” Prado. Todos desaparecieron. Sus cadáveres nunca aparecieron, con excepción del cuerpo de  Domingo Matus Méndez, porque éste tuvo la “suerte” de que un grupo numerosos de vecinos de este sector de Managua presenció, en medio de la oscuridad, cuando estaba siendo asesinado por los guardias somocistas genocidas.

Domingo Matus Méndez descuartizado

Según doña Ana Mercedes García, de 77 años actualmente, Domingo Matus Méndez asesinado con saña inaudita, le desbarataron la cabeza a golpes y balazos, y con un machete le descuartizaron todo el cuerpo.

Domingo Matus Méndez tuvo “suerte” porque ese grupo de vecinos desafiando a los guardias se salió a la calle, y pidieron “piedad” para el cuerpo del jovencito Matus Méndez, de apenas 17 años de edad.

Ana Mercedes García llevó una bolsa plástica y un carretón de manos hasta el sitio en que los guardias inclusive se disponían a prenderle fuego, con gasolina, al cuerpo desbaratado de Domingo Matus Méndez. “No hombre, no lo quemen… Démenlo, yo le voy a dar cristiana sepultura”, suplicó Ana Mercedes a los guardias somocistas genocidas.

“Ah, con que vos sos familiar de este revoltoso, hijueputa…!Llevátelo ya, o lo quemamos¡”, le respondieron. Unas dos horas antes, en las cercanías de los Billares “Shanguello”, otro grupo de guardias había matado a balazos a un ciudadano, y frente a su casa le prendieron fuego, ese mismo día 27 de junio de 1979, en la tardecita, cuando el Repliegue Táctico de Managua a Masaya ya se movía o desplazaba hacia el lado del Reparto Schick Gutiérrez, para irse por el Camino Viejo de la Comarca “Jaguitas” hacia el rumbo de “Piedra Quemada”.

Ese fue el ambiente de terror, pánico espantoso impuesto por los guardias somocistas genocidas, era como un ejército invasor, enemigo, que andaba en labor de matanza furibunda en el Sector Oriental de los Barrios “La Fuente” y del Reparto Schick Gutiérrez, mientras el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, precisamente, se movía por su ruta original hacia la Ciudad de las Flores.

En ese ambiente de terror, de opresión dictatorial, como si estuviese allí arrasando en matanza planificada el ejército nazifascista alemán de Hitler, o de Pinochet en Chile, o de Videla en Argentina, o de Strosner en Paraguay, o del ejército boliviano ocupado por la CIA y el “Pentágono” yanqui para matar al  Guerrillero Ernesto “Ché” Guevara de la Serna, en ese ambiente capturaron y desaparecieron a José Santos Mayorga Alemán, a Joaquín Valle Corea,  a Luis Marín y a Mario Masías Paredes.

Eran un poco más de 12 jóvenes los que participaban en el operativo de seguridad de la Vanguardia y Retaguardia del Repliegue Táctico de Managua a Masaya. Además, todos ellos, incluyendo a José Santos Mayorga Alemán, esperaban el paso del grueso del Repliegue, para irse en él en el rumbo que llevara, hasta ese momento destino desconocido, pues el destino acordado sólo lo conocían los miembros del Estado Mayor del Frente Interno y del Estado Mayor de Managua.

Cadáver de “Cerro Negro” desapareció

Isidro Collado y Freddy Mayorga Alemán aseguran que su madre y su padre: Elba Alemán, ya fallecida hace 12 años; y Ariel Mayorga Ramírez, fenecido hace diez años, con amigos, familiares y vecinos, buscaron palmo a palmo el cadáver de José Santos Mayorga Alemán en sitios como el mismo Reparto Schick, en “La Fuente”, en la Comarca “Jagüitas”, en “Cuatro Esquinas” (donde también asesinaron a Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez y a su esposa Marta Lorena López Mojica), en la “Cuesta del Plomo”, en las cercanías del Teatro Popular Rubén Darío, en las Lomas de San Judas, y por último fueron a las tumbas colectivas que tenían los guardias somocistas genocidas en el Cerro de Mokorón.

Allí se encontraron vestimentas parecidas a las que andaba José Santos Mayorga Alemán la noche del 27 de junio de 1979. Doña Elba y don Ariel tenían la esperanza de encontrar vivo a José Santos y fueron al acto en la Plaza de la Revolución, el 20 de julio de 1979. Hurgaron en todos los rostros curtidos que pudieron ver, y no encontraron a su adorado hijo José Santos Mayorga Alemán. Nunca más lo volvieron a ver.

Cesaron  esa búsqueda del cadáver de José Santos hasta en octubre del mismo año 1979. Se convencieron de que su hijo José Santos fue asesinado por el accionar del soplón Bismarck “Sapo” Prado.

Parte de la familia sigue residiendo de donde fue el “Tanque Rojo” dos cuadras al Oeste, en una esquina, en la mera orilla del cauce.  Freddy Mayorga Alemán, ya retirado de la Policía Nacional, reside del Cine Salinas dos cuadras al Oeste, cuatro cuadras al Sur y una cuadra al Oeste. Tiene el teléfono: 87537765. Isidro Collado, por su parte, pone como dirección para hablar con él la Tapicería situada exactamente enfrente del Semáforo del Böer, en el Gancho de Caminos.

 Felipa Mejía Membreño

Felipa Mejía Membreño, de 20 años, cayó durante el bombardeo criminal del somocismo genocida contra los participantes del Repliegue Táctico de Managua Masaya, el 28 de junio, a las once y media de la mañana, según el testimonio de Ricardo Robleto Espinoza, quien era del grupo de los “proletarios” en la Insurrección, u Ofensiva Final, para derrocar a la dictadura oprobiosa de los Somoza.

Felipa Mejía Membreño, igual que todo el resto de los casi siete mil replegados de Managua a Masaya, intentó protegerse de los charneles de las bombas de 500 y 1,000 y de los rockett que lanzaban los aviones Push and Pull, pero varios charneles le alcanzaron el cuerpo cuando  se protegía detrás de uno de los troncos de árboles de mamones en el lado Norte de “Piedra Quemada”, cuando faltaban tan sólo 700 metros para llegar a la Carretera a Masaya, a la altura del kilómetro 22, frente a la entrada antigua (sobre el colchón de piedra quemada y puntuda) al Volcán Masaya.

El cadáver de Felipa Mejía Membreño quedó allí en “Piedra Quemada” semisepultado  en una zanja poco profunda. Se le echaron piedras, arena y pedazos de ramas encima. Fue recuperado su cadáver por sus familiares casi dos meses después del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista, según el testimonio de Ricardo Robleto Espinoza, quien fue uno de los fundadores de la Central Sandinista de Trabajadores (CST), en la cual ocupó diversos cargos, en varios períodos, fue diputado suplente a la Asamblea Nacional por el FSLN y actualmente tiene un cargo administrativo en el Distrito VI de la Alcaldía de Managua.

Felipa Mejía Membreño, indica este testimonio de Robleto Espinoza, fue reclutada por Lucío Jiménez Guzmán, Darma Lila Carrasquilla y Carlos Borge Galeano en el “Barrio La Luz”, “La Rebusca”, hoy llamado “Isaías Gómez”, cuando los cuatro eran al mismo tiempo parte de los organizadores de los Comités Obreros Revolucionarios (COR) clandestinos en Managua, y regidos por el grupo de los proletarios en el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) clandestino en aquel momento.

Felipa Mejía Membreño fue  destinada por este grupo de los proletarios sandinistas clandestinos a trabajos organizativos, políticos, militares y propagandísticos en Américas Dos (hoy Villa José Benito Escobar Pérez), donde vivía con su familia.

Era una de las mejores Combatientes Populares. Cumplió innumerables tareas revolucionarias, asegura Ricardo Robleto Espinoza. No dejó hijos. Una de las calles de Villa José Benito Escobar tiene su nombre, y en ese vecindario se la ha puesto como ejemplo de lucha inclaudicable.

Ricardo Robleto Espinoza puede ser consultado en la Delegación VI de la Alcaldía de Managua, del Hospital Alemán-Nicaragüense al tope Sur. Tiene el teléfono: 89777020.

 Andrés Edgard Mendoza Pérez

Andrés Edgard Mendoza Pérez. Tenía 17 años y era estudiante del quinto año de  secundaria al estallar la Insurrección en Managua.  Aparece en los libros de Historia: “Porque Viven Siempre entre Nosotros” e “Insurrección Sandinista Victoriosa y Repliegue Táctico de Managua a Masaya”, del Instituto de Estudios del Sandinismo y de Pablo E. Barreto Pérez, respectivamente, como Andrés Edgard Mendoza Martínez, originario de Santa Lucía, Boaco, y caído en “Piedra Quemada” durante el Repliegue a Masaya, el 28 de junio de 1979, al medio día.

Daniel Gregorio Martínez Velásquez, sobreviviente del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, paisano y compañero de lucha de Mendoza Pérez y de Lucy “Lula” Mayorga Obando, también combatiente insurreccional en Managua y originaria de Santa Lucía, Boaco, aclaran ambos que Mendoza Pérez era boaqueño y que su segundo apellido era Pérez y no Martínez.

Mendoza Pérez era un Combatiente Popular convencido de que era indispensable “jugarse el pellejo” con valentía y audacia para combatir al aparato militar opresor del somocismo genocida, para derrocarlo y de ese modo liberar a Nicaragua del dominio yanqui  por medio de la tiranía de los Somoza Debayle.

Daniel Gregorio Martínez Velásquez asegura que fue triste, muy triste para él, ver cómo el cuerpo de Andrés Edgard Mendoza Pérez quedó destrozado, hecho pedazos, por los charneles de centenares de bombas infernales lanzadas por los guardias somocistas genocidas en “Piedra Quemada”, en el frente Norte del Volcán Masaya, cerca de la orilla de la Carretera a Masaya aquel 28 de junio de 1979, entre las diez y media de la mañana y las dos de la tarde.

Numerosos boaqueños en la Insurrección de Managua

Daniel Gregorio Martínez Velásquez relata, 38 años después, que en realidad en la Insurrección Sandinista de Managua habían numerosos boaqueños, entre ellos él mismo, Lucy “Lula” Mayorga Obando, un hombre al que sólo recuerdan como “Torrez” y el mismo Andrés Edgard Mendoza Pérez.

Lucy “Lula” no participó en el Repliegue a Masaya, pero conoce parte de la historia de lo que pasó con Mendoza Pérez. Según Martínez Velásquez, Mendoza Pérez y él se fueron juntos en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Ambos aprendieron a moverse en la clandestinidad en Managua, partiendo de que vivían en el “Reparto Amanda”, hoy nombrado “Berta Díaz”, contiguo a la Colonia Las Mercedes, en la orilla de la Carretera Norte, cerca del Aeropuerto Augusto C. Sandino.

“Torrez” reclutó al grupo y lo puso a disposición de quienes dirigían las operaciones guerrilleras clandestinas, previas a la Insurrección de junio de 1979. La casa de Andrés Mendoza y Francisca Pérez (padre y madre de Andrés Edgard Mendoza Pérez) se convirtió en casa de seguridad de guerrilleros y en buzón de armas, tiros o municiones, bombas de contacto, propaganda política y armada, recuerda Lucy “Lula” Mayorga Obando, política sandinista actual de un sector del Barrio Berta Díaz.

Manejaba buzones de armas y emboscadas contra GN

Como cuadro orgánico joven, recién organizado, Andrés Mendoza Pérez, el hijo, era uno de los encargados de hacer funcionar el buzón de armas, municiones y bombas de contacto. El funcionamiento seguro de la casa de seguridad era responsabilidad de todo el grupo, señala Lucy “Lula” Mayorga Obando, quien reside de “La Subasta” tres cuadras al Norte, en el Barrio Berta Díaz.

Al grupo lo enviaron inicialmente a operar en emboscadas a la guardia somocista, a atacar las secciones de Policía que tenía la GN en los barrios Monseñor Lezcano y San Judas. Ambas secciones de Policía o de guardias nacionales fueron destruidas en ataques guerrilleros a balazos y bombazos. Allí andaba Andrés Edgard Mendoza Pérez, hace notar Lucy “Lula” Mayorga Obando.

Después de los fieros combates en la Zona Suroccidental  de Managua y de ocurridas las masacres de la Escuela de Entrenamiento Básico (escuela de asesinos) de la Guardia Nacional en Batahola, “Kilocho” y “Hacienda El Vapor”, los mandos del Frente Interno y del Estado Mayor de Managua, ordenan que un grupo de sobrevivientes de estas masacres, entre otros Andrés Mendoza Pérez, se trasladen a la Zona Oriental-norte de Managua.

Daniel Gregorio Martínez Velásquez indica que él y Mendoza Pérez fueron enviados a combatir con fusiles y bombas de contacto  en trincheras de combate en vecindarios como Paraisito, San José Oriental y San Cristóbal, y que ahí no más llegó la fecha del Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Ellos dos, Gregorio y Andrés Mendoza Pérez, se fueron en el Repliegue a Masaya. Ambos llevaban sus fusiles respectivos  y formaron parte de columnas armadas, ubicadas en el centro del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, jefeado por los Comandantes Carlos Núñez Téllez, William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra Lacayo.

Partido por charneles en “Piedra Quemada”

Puestos en “Piedra Quemada”, frente al Volcán Masaya, igual que todo el resto de los casi siete mil replegados de Managua a Masaya, fueron víctimas del infernal bombardeo aéreo desatado por la Guardia Nacional somocista en ese sitio cercano al kilómetro 21 de la  Carretera a Masaya, en un trecho de un poco más de 750 metros, donde fue lo más crudo del lanzamiento de centenares de bombas de 1,000 y 500 libras, más los morterazos lanzados desde aviones Push and Pull y las balas de ametralladoras calibre 50, disparadas desde un avión amarillo, llamado “Dundo Ulalio” por la gente.

Una de esas  bombas de 1,000 libras destrozó el cuerpo de Andrés Mendoza Pérez. Como pudo, con ayuda de otros compañeros, Daniel Gregorio Martínez Velásquez, colocó en una oquedad los pedazos de cuerpo de aquel joven boaqueño y los cubrió con piedras, arena y pedazos de palo de allí mismo de “Piedra Quemada”, territorio de Masaya.

Martínez Velásquez sobrevivió ileso al bombardeo aéreo infernal en “Piedra Quemada”, en Nindirí el mismo 28 de junio y después a los bombardeos continuos sobre la Ciudad de Masaya, hasta el 18 de julio de 1979, en la noche, cuando lanzaron desde el Cerro del Coyotepe el último ataque mortal que dejó ocho muertos a la caravana proveniente de Granada, encabezada por el Comandante Carlos Núñez Téllez, después de la liberación total de la “Gran Sultana” o sencillamente, Granada.

Su cadáver también desapareció en “Piedra Quemada”

Al retornar a Managua el 19 de julio de 1979, en la tardecita, Daniel Gregorio Martínez Velásquez se fue al Reparto Amanda (Berta Díaz hoy), donde Andrés Mendoza padre y Francisca Pérez, la mamá, a darles la noticia triste de la caída de Andrés Edgard Mendoza Pérez, en “Piedra Quemada”.

Fueron a buscar el cuerpo destrozado de Andrés Edgar Mendoza Pérez, pero no lo hallaron. Desapareció.

Lo buscaron palmo a palmo en los aproximadamente 750 metros de lo más fuerte del bombardeo, y no lo encontraron. Pasó igual que con otros cuerpos de Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros caídos allí en “Piedra Quemada”, porque cuando sus cuerpos fueron buscados, había pasado casi un mes de aquel bombardeo aéreo infernal del somocismo genocida contra el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Doña Francisca Pérez ya falleció hace cuatro años. Don Andrés Mendoza todavía vive en Santa Lucía, Boaco. Toda la familia ha retornado a Boaco. Lucy “Lula” Mayorga Obando, amiga cercana de la familia de Andrés Mendoza Pérez y política del FSLN en un sector del Barrio Berta Díaz, vive de “La Subasta” cuatro cuadras al Norte y responde a los teléfonos: 22632250,  83774359 y 85179966.

 Ernesto Navarro Jiménez

Ernesto Navarro Jiménez.  Era un jovencito de 16 años cuando se integró a grupos insurreccionales del Barrio  Waspán Sur, de las Colonias Villa Fraternidad, Américas Uno, Américas Tres (Villa Revolución) y Américas Cuatro (Villa Venezuela). Estudiaba su bachillerato en el Instituto de Unidad de Propósitos, uno de los centros educativos más beligerantes en la lucha antisomocista y a la vez más reprimido por la Guardia Nacional.

Arsenio Solís González, uno de los Combatientes Populares del FSLN en aquellos momentos insurreccionales de 1979 y miembro de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador”, agrega que Ernesto Navarro Jiménez estuvo integrado a las escuadras de combates frontales contra los guardias somocistas genocidas en el Barrio Santa Rosa y en el Reparto Bello Horizonte, donde la lucha armada era coordinada por Marcos Somarriba García, Javier “99” López, Lucío Jiménez Guzmán, Francisco “Chico Garand” Guzmán Fonseca y otros compañeros.

La madre de este joven se llama Margarita Navarro Molina,  y vive en la Ciudad de  Rivas. Quien cuidó de Ernesto en Managua es su tío Enrique Navarro, todavía vivo.  Según Enrique Navarro Somarriba, hermano menor, Ernesto Navarro Jiménez no contó en ningún momento con el apoyo de su familia, y tuvo que jugárselas solo, yéndose a juntar con los grupos antisomocistas ya mencionados.

Arsenio Solís González, perteneciente ahora a la estructura organizativa de la Asociación de Combatientes Históricos de Managua, añade que Navarro Jiménez fue uno de los mejores Combatientes Populares en Santa Rosa y Bello Horizonte, adonde fue asignado por el Estado Mayor del FSLN guerrillero que operaba en esta zona insurreccional, en junio de 1979.

Navarro Somarriba, su hermano,  indica que Ernesto se fue en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya. La información suministrada por Arsenio Solís González y el mismo

Fue herido mortalmente en “Piedra Quemada”

Navarro Somarriba indican que durante el bombardeo aéreo criminal del somocismo genocida en “Piedra Quemada” contra el Repliegue de Managua a Masaya, Ernesto y otros cuatro Combatientes Populares que iban juntos, resultaron heridos gravemente por los charneles de los rockette o de las bombas de 1,000 y 500 libras.

Estos cinco Combatientes Populares heridos gravemente, incluyendo Ernesto,  fueron subidos en microbuses recuperados en casas de guardias en la salida de “Piedra Quemada” al Kilómetro 22 de la Carretera a Masaya.

El relato suministrado a Navarro Somarriba, su hermano menor, por otros Combatientes Populares de Waspán y las Américas, incluyendo a Arsenio Solís González, indica que Ernesto Navarro Jiménez falleció en el intento de llegar al Hospital de Masaya, ya tomado por Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares de la Ciudad de las Flores.

Navarro Jiménez y otros Combatientes Populares heridos graves en “Piedra Quemada” y que eran transportados en vehículos en medio de la represión salvaje de los guardias nacionales mediante el bombardeo aéreo y los ataques a mansalva desde los Cerros del Coyotepe y Barranca y por los lados de la Fábrica de Clavos INCA y de la Hielera en Santa Rosa, y que murieron en el camino e intento de salvarles la vida, fueron sepultados en algunos sitios de Masaya.

En el caso de Navarro Jiménez, este fue sepultado en las cercanías de la Iglesia San Jerónimo, en el lado Norte de Masaya. Según su hermano Enrique Antonio Navarro Somarriba, el cadáver de Ernesto Navarro Jiménez fue recuperado sin dificultades pocos días después del Triunfo de la Revolución Sandinista, pues estaba plenamente identificado el sitio en que había sido sepultado.

Fue sepultado en el Cementerio de los Mártires de Waspán Sur

En este caso también se tomó la decisión de sepultarlo en el Cementerio de los Héroes y Mártires del Barrio Waspán Sur de Managua, donde hay enterrados 32 mártires, incluyendo el de Ernesto Navarro Jiménez.

En este Cementerio de los Héroes y Mártires de Waspán también están sepultados alfabetizadores que fueron asesinados por bandas contrarrevolucionarias somocistas-yanquis,  en la década del 80.

Este Cementerio de los Héroes y Mártires de Waspán estuvo totalmente abandonado en la década del 90. Fue hasta que se organizó la Brigada de Desarrollo Municipal de Managua, encabezada por Ramiro José Mejía, Manuel Cerpas Centeno, Arsenio Solís González y Pablo E. Barreto Pérez, en 2001, hasta entonces, este Cementerio fue limpiado, ordenado y se le construyó el muro actual, pues hasta ese año 2001 era defecadero público, centro de consumo de drogas y hasta apareció un sujeto ahorcado en uno de los chilamates.

Ahora el Cementerio de los Héroes y Mártires de Waspán se conserva dentro del muro que construyeron personalmente los miembros de esta Brigada de Desarrollo Municipal de Managua, hoy transformada en el Consejo de Fortalecimiento de la Participación Ciudadana del Municipio de Managua.

En Waspán hay una Asociación de Madres de Héroes y Mártires, entre las cuales se encuentra  Margarita Navarro Molina, madre de Ernesto Navarro Jiménez. Sin embargo, Margarita vive hasta en Rivas, desde donde viene con frecuencia a limpiar y enflorar la tumba de su hijo Ernesto.

Los familiares más cercanos de Ernesto Navarro Jiménez residen de la Shell Waspán cuatro cuadras al Sur, a mano derecha. Allí se puede consultar a Enrique Navarro Somarriba, hermano menor de Ernesto. Tienen el teléfono convencional:   22516417.

 César José Ortiz Flores

César José Ortiz Flores. Tenía 17 años y estudiaba su tercer año de secundaria. Al momento de la Insurrección, u Ofensiva Final, estaba integrado a los grupos de Combatientes Populares, propagandistas armados y fabricantes de explosivos de la Colonia Nicarao y barrios El Edén, María Auxiliadora y San Cristóbal, según su madre Josefa Auxiliadora Ortiz Vallejos, quien actualmente sobrevive “en aprietos económicos” con sus hijas, unas adultas y otras  menores de edad,  y nietas en la casa número B-242, en la calle principal de Villa Nueve de Junio, en el Distrito VI de Managua.

A esta Madre de Héroe y Mártir, Josefa Auxiliadora Ortiz Vallejos, le contaban que su hijo César José andaba en la lucha armada durante la Insurrección, en los barrios mencionados,  cumpliendo tareas de Combatiente Popular, correo clandestino, repartidor de papeletas y elaborador de bombas de contacto,  para usarlas en emboscadas contra los guardias nacionales somocistas genocidas, en sitios cercanos al Barrio Riguero y en las cercanías de la Fábrica Rolter, por el lado del Lago de Managua.

Precisamente, en esos días de la Insurrección de junio de 1979, Josefa Ortiz Vallejos vivía con su hijo César José en el asentamiento que estaba situado de la Fábrica Rolter hacia el Lago de Managua, donde hoy se conoce como Barrio Domitila Lugo.  César José se conocía “como la palma de su mano” todos los caminitos y desfiladeros, huecos, pasadizos secretos, predios abandonados, por donde podía caminar sin ser visto o localizado por los guardias somocistas genocidas.

En la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos de Managua, especialmente los compañeros Frank “Machillo” González Morales y Alejandro “Comandante Huesito” Mairena Obando, aseguran que este joven cumplió numerosas tareas de Combatiente Popular en los vecindarios referidos. Por su lado, la Asociación de Madres de  Mujeres Sandinistas, coordinada por Isabel Aráuz Rugama, una de los casi siete mil sobrevivientes del Repliegue, lo tiene en el listado de Héroes y Mártires caídos en “Piedra Quemada”, en el Repliegue a Masaya de los días 27, 28 y 29 de junio de 1979.  Ambas organizaciones indican que cayó durante el infernal bombardeo aéreo somocista genocida contra el Repliegue de Managua a Masaya.

Ella, Josefa Ortiz Vallejos, laboraba como comerciante minorista en el Mercado Oriental, para ganarse la comida de sus hijos y de ella misma. Recuerda que su hijo César José llegó a su casa el 27 de junio,  en la mañana, por veredas de la costa del Lago de Managua, comió, se cambió de ropas, y le dijo que pronto volvería.

No le mencionó nada de irse en Repliegue con destino desconocido. Al día siguiente, el 28 de junio, unos amigos cercanos le llegaron a decir a ella, alarmados, que “los muchachos se retiraron, no se sabe para dónde. Hemos quedado solos”. Sus amigos, por supuesto, no sabían nada de César José.

Josefa Ortiz Vallejos continuó yendo al Mercado Oriental, esperanzada en que su hijo volvería, como lo hacía siempre que salía de la casa.

Ortiz Flores cayó en “Piedra Quemada”, donde desapareció

Al producirse el Triunfo de la Revolución y cuando ya volvieron de Masaya los Combatientes Populares de Managua, encabezados por los 110 Jefes Guerrilleros que habían dirigido la Insurrección en Managua, a Josefa Ortiz Vallejos le llegaron a comunicar que su hijo César José había caído en “Piedra Quemada”, durante el bombardeo aéreo desatado en contra de los integrantes del Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Familiares y amigos fueron con ella a buscar el cadáver de César José en “Piedra Quemada”. “Buscamos “palmo a palmo” en toda “Piedra Quemada” durante varias semanas, anduvimos dentro de la Ciudad de Masaya,  en las cercanías de la Fábrica INCA, por la Hielera  de Santa Rosa y el Cerro Barranca… no, no encontramos el cadáver de mi hijo, quedó desaparecido para siempre, porque imagínese, han pasado ya 38 años”, dijo Josefa Ortiz Vallejos al ser abordada sobre el destino final de su hijo César José Ortiz.

Cuando anduvo buscando a su hijo, Josefa Ortiz Vallejos se pudo delgadita, no comía y enfermó.  Poco tiempo después, el régimen revolucionario sandinista, a través del Ministerio de la Vivienda y Asentamientos Humanos, le otorgó la propiedad  de su actual casa B-242 en Villa Nueve de Junio, situada en la orilla derecha de la calle principal de esta Colonia, ubicada un poco al Norte del Mercado Iván Montenegro Báez. La terminó de pagar hace casi 20 años. Sin embargo, hace falta que le den su escritura en el INVUR.

A César José le sobreviven los siguientes hermanos:  Róger Ortiz, el mayor, quien se fue a Estados Unidos;  Róger Eduardo Ortiz, Ángela, Aydalina, Rosario, Carmen y Zenita.  Róger Eduardo y las mujeres están todas con ella en la casita de la Colonia Villa Nueve de Junio.

Según esta Madre Héroe y Mártir, para vivir, comer, vestirse, movilizarse, todos hacen labores distintas, mientras al mismo tiempo estudian carreras técnicas, secundaria y primara en colegios de los alrededores.

Han sostenido durante largo tiempo también una pulpería, muy pequeña, con el fin de ganarse unos cuantos centavos para la comida.

De salud también ha estado mal. No puede caminar bien  por aparente artritis. Reside en Villa Nueve de Junio casa B-242, en la cal principal. Tiene el teléfono celular: 89686853

 Róger Ortiz Padilla                                          

Róger Ortiz Padilla, caído en “Piedra Quemada”,  perforado por charneles del bombardeo  feroz e infernal desatado por la Guardia Nacional somocista contra el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, el 28 de junio de 1979.

Los charneles de una explosión de mortero o rockette le desbarataron las dos piernas a Róger Ortiz Padilla en el trayecto de los 750 metros en que el bombardeo aéreo fue más intenso, entre un sitio llamado “Los Zanjones” y la Carretera a Masaya, a la altura del kilómetro 22.

Al ser impactado por los charneles, Róger cayó y ya no pudo seguir caminando. Entonces, uno de sus compañeros, que caminaba junto a él, identificado como Alex Nicaragua (sobreviviente del Repliegue) lo cargó en sus brazos en busca de salvarle la vida, pero Róger Ortiz Padilla, como decenas de Combatientes Populares, hombres y mujeres, murió desangrado en brazos de Alex Nicaragua.

Su hermana, Aura Ortiz Padilla, había caído antes que él un 7 de junio de 1979 durante  los combates guerrilleros y populares contra la Guardia Nacional por la toma o liberación de Diriamba, en Carazo.

Róger Ortiz Padilla se convirtió en algo parecido a una leyenda, como la de Pablo Úbeda,  de la Revolución Sandinista en el teatro de operaciones militares de la Insurrección Sandinista, u Ofensiva final, contra la dictadura somocista, en la Zona Oriental-norte de Managua, particularmente en las trincheras de combate en la Diez de Junio, en Ducualí, en El Dorado, en Santa Rosa, en Bello Horizonte, etc.

En esos días de la Insurrección en la Zona Oriental de Managua funcionaba como Correo clandestino del Estado Mayor del Frente Interno, del Comandante William Ramírez Solórzano y especialmente del Comandante Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz, quien jefeaba una de las columnas combativas más fieras de los enfrentamientos armados en contra de los guardias genocidas al momento de la Insurrección en la Zona Oriental de Managua.

Róger Ortiz Padilla iba de trinchera en trinchera, de jefe en jefe guerrillero en los pozos tiradores, burlando francotiradores de la Guardia Nacional y de “orejas” de la Oficina de Seguridad, y de matones de la “Mano Blanca” o “Escuadrones de la Muerte” del somocismo genocida.  Sí, Róger Ortiz Padilla llevaba órdenes a esas trincheras de combate y regresaba con informaciones de contenido militar y político donde Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz y resto del Estado Mayor del Frente Interno, jefeado por el Comandante de la Revolución Carlos Núñez Téllez.

Esa labor de Correo clandestino la cumplía con la eficiencia propia de un revolucionario a carta cabal.

Era como un Pablo Úbeda urbano

“Estaba flaquito, casi  no comía. Por aquí pasaba sólo diciéndonos “estoy bien, cuídense”, era un “Pablo Úbeda” en zonas urbanas, se metía por solares, cruzaba paredes, subía techos, pasaba por escondrijos sólo conocidos por unos pocos y él, con el fin de cumplir la tarea inmensa de correo clandestino que le habían dado por medio del Comandante Ramón Cabrales Aráuz, relata su hermana Yolanda, maestra actualmente, residente en la Colonia Diez de Junio, entonces nombrada “Colonia Luis Somoza”.

Su hermana Lorena Ortiz Padilla se muestra más admirada todavía, “pues era como un santo, tenía un espíritu y comportamiento casi místico para cumplir las tareas revolucionarias que le delegaban en aquellos momentos difíciles de la Insurrección en Managua”, señala mientras muestra documentos que acreditan los estudios, profesión y lugares de trabajo, más fotos de Roger Ortiz Padilla.

Mientras ya andaba integrado plenamente a la lucha guerrillera para tumbar a la dictadura somocista, Róger Ortiz Padilla laboraba como contador y auditor en la empresa “Hermoso Vigil y Caligaris”, la cual estuvo ubicada en la Carretera Sur, por donde fue el Guanacastón, en las cercanías de donde fue la Embajada Norteamericana.

Tenía 34 años al caer en “Piedra Quemada”, Masaya.  Tenía esposa, pero no dejó hijos. Su progenitora, una de las Madres de Héroes y Mártires más activas durante el régimen revolucionario sandinista, Aura Celestia Padilla, falleció en abril del 2011. Y su padre, Guillermo Ortiz, también muy activo, murió en noviembre del 2012.

Le sobreviven a Róger sus hermanos y hermanas: Luis Felipe, Guillermo, René, Yolanda, maestra, residente en la Colonia Diez de Junio; Lorena, secretaria ejecutiva, residente en el Barrio San Antonio, en Managua; y  Melba, quien tiene un negocio de comedor popular en la Carretera Vieja a León. Róger era el tercer en orden de edades y René el menor de todos.

Lorena, Melba y Yolanda Ortiz Padilla responden a los teléfonos: 86322660, 88386300 y 84101367.

Julián de Jesús Palacios Herrera

Julián de Jesús Palacios Herrera. Tenía tan sólo 16 años cuando estalla la Insurrección en los Barrios Orientales-norte de Managua. Estudiaba bachillerato en el Colegio “11 de Julio”, ubicado en un asentamiento llamado “Horizontes”, hoy   Barrio  “Óscar Lino Paz Cubas”, situado de “La Subasta” hacia el Norte, cerca del Lago de Managua.

Los Palacios Herrera eran seis hermanos integrados de lleno a las labores de Combatientes Populares, a la par de Jefes Guerrilleros, operando para hacer emboscadas mortales a la Guardia Nacional en la Carretera Norte, cuando ya estaba por estallar la Insurrección Sandinista en Managua.

Esos hermanos eran: Oscar Napoleón, Reynaldo Antonio, María Elena, Julián de Jesús, Salvador Armando e Hildebrando José, y estaban con ellos dos menores de edad, muy niñas: Sandra Isabel y Carol, todos viviendo con su madre, Hilda Herrera Zapata,  en una vivienda de “Horizontes” (hoy Barrio Óscar Lino Paz Cubas), convertida en casa de seguridad y buzón de armas, municiones, propaganda o papeletas arengadoras del FSLN clandestino, bombas de contacto, vestuarios verde olivo y candelas de dinamita; y de vez en cuando hasta un mimeógrafo estaba guardado en ese canal de la casa de seguridad.

La  casa de seguridad era posible mantenerla segura porque mientras unos andaban cumpliendo tareas operativas en la calle, los otros hermanos estaban en la casa vigilando tan sólo la posibilidad de la llegada a las cercanías de un “oreja”, un “soplón”, un “paramilitar”, un guardia somocista genocida, o una patrulla de esos guardias criminales, recuerda María Elena Palacios Herrera, 38 años después.

Hasta candelas de dinamita tenía Julián en el buzón de armas

La casa era como una casa hacienda un poco grande y un patio también grande,  tenía un canal metálico grande, por detrás, para que el agua del techo a la hora de la lluvia, se fuera hacia el fondo de un predio vacío. En ese canal estaban las armas, las municiones, las bombas de contacto, la vestimenta para cambiarse y las candelas de dinamita.

La casa de seguridad y buzón de armas en el canal de la vivienda funcionaban con el consentimiento pleno de Hilda Herrera Zapata, madre de estos seis revolucionarios sandinistas, quien para mantener el hogar humilde lavaba ropa ajena y echaba tortillas en el mismo vecindario o en otros barrios cercanos al suyo.

Palacios Herrera y todos sus hermanos mayores y menores se habían integrado a la lucha armada contra la tiranía somocista por medio de la Federación Estudiantil de Secundaria, liderados por el grupo de unos 300 estudiantes del Instituto Maestro Gabriel, donde al mismo tiempo había influencia de estudiantes universitarios de la UNAN-Managua, de la UCA y de los Comités Obreros Revolucionarios (COR), que fue el semillero para que naciera la Central Sandinista de Trabajadores.

Operaban en esta zona también el Movimiento Sindical Pueblo Trabajador, los Comités Obreros Revolucionarios y los Comandos Revolucionarios del Pueblos, los cuales eran dirigidos por las tendencias Proletaria y Guerra Popular Prolongada, encabezadas estas por los Comandantes Carlos Núñez Téllez, Luis Carrión Cruz, Jaime Weelock Román, Tomás Borge Martínez, Bayardo Arce Castaño y Henry Ruiz Hernández.

Según María Elena Palacios Herrera, en forma clandestina se reunían en esa casa dirigentes revolucionarios guerrilleros como Francisco Meza Rojas, Camilo Chamorro y Douglas López Niño, Sergio Mendoza, Freddy “Pancho Villa” Jiménez y otro al que sólo le conocían el seudónimo de “Cristo de Lata”.

Estos revolucionarios sandinistas y Jefes Guerrilleros operaban en vecindarios de la Carretera Norte y se reunían con Combatientes Populares en distintos barrios, incluyendo en la casa de seguridad mencionada.

Emboscada mortales de los hermanos Palacios

Francisco Meza Rojas fue capturado y asesinado por la guardia somocista genocida en las cercanías del Barrio Waspán Sur.

Los hermanos Palacios Herrera cumplían numerosas tareas, consistentes en emboscadas a patrullas de la guardia somocista. Una de estas emboscadas fue la ocurrida un poco antes de estallar la Insurrección, u Ofensiva Final,  en la entrada a la empresa de furgones ROCARGO, donde dos camiones de la Guardia Nacional con todo y sus ocupantes fueron destruidos con una nutrida balacera guerrillera, más bombas de contacto y explosivos de dinamita.

La ROCARGO está situada en el kilómetro ocho de la Carretera Norte, un poco hacia el Norte. En ese ataque guerrillero y de Combatientes Populares, murieron casi todos los guardias somocistas genocidas que iban en  dos camiones, los cuales quedaron destruidos en la calle, frente a ROCARGO.

En esa emboscada jugaron un rol de Combatientes Populares, fusiles y bombas de contacto en manos, los hermanos Palacios Herrera, incluyendo, por supuesto, a Julián de Jesús Palacios Herrera. También participaron en la otra emboscada a dos patrullas de la guardia somociana en la calla principal de Villa José Benito Escobar Pérez, antes llamada América Dos, en esos mismos días anteriores a la Insurrección de Junio de 1979.

Es María Elena quien se encarga de describir a su hermano menor como un revolucionario y Combatientes Popular entregado por completo a la estructura político-militar del FSLN clandestino y guerrillero, pues día y noche se la pasaba cumpliendo tareas de difundir “propaganda armada” en mitines relámpagos en vecindarios cercanos, en distribuir esas papeletas casa por casa, mientras al mismo tiempo de forma clandestina trasladaba armas y tiros de un lado a otro. “Lo mismo ocurría con bombas de contacto y dinamita, las cuales usábamos en emboscadas a patrullas de la guardia”, recuerda María Elena Palacios Herrera.

Su madre, Hilda, también fue correo clandestino

Todos los hermanos, según María Elena, eran también correos clandestinos. “Hubo muchas ocasiones en que mi madre,  Hilda Herrera Zapata, también hacía de correo clandestino de Julián, de cualquiera de nosotros, o de los Jefes Guerrilleros en la zona, especialmente cuando considerábamos que  nosotros por ser jóvenes no cumpliríamos un objetivo de pasar frente a los guardias sin ser detenidos”, señala María Elena.

Julián de Jesús Palacios asimismo tenía conexiones de coordinación de Combatiente Popular con Arsenio Solís González, del Barrio Waspán Sur, Combatiente también, sobreviviente del Repliegue Táctico de Managua a Masaya y uno de los dirigentes de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador”, de Managua.

Poco a poco, las armas, municiones, bombas de contacto, candelas de dinamita, fueron transportándose en hombros de los hermanos Palacios Herrera y de otros Combatientes Populares hacia zonas a insurreccionarse como el Barrio Santa Rosa, Reparto Bello Horizonte, barrios Blandón (Costa Rica) y Larreynaga, por ejemplo.

Con este grupo de jóvenes Combatientes Populares se juntaba Felipa Mejía Membreño, residente en Américas Dos y caída en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Al estallar la Insurrección Sandinista en la Zona Oriental de Managua, Julián de Jesús Palacios Herrera combatió en las trincheras de combate de Santa Rosa, en las cercanías de la Fábrica Rolter y hacia el lado del Barrio Larreynaga.

Al plantearse la posibilidad de replegarse, o retirarse, sin saberse adónde, Julián de Jesús Palacios Herrera, toma la decisión de irse en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, “porque no puedo quedarme, no puedo dejar solos a mis compañeros y compañeras de combate para derrocar a la dictadura somocista”.

Arsenio lo vio varias veces antes de caer en “Piedra Quemada”

Se va con “la pelota” del Barrio Santa Rosa, jefeada por Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz, lo cual es confirmado por Arsenio Solís González, de la Asociación de Combatientes y Colabor3adores Históricos de Managua. Arsenio Solís lo ve varias veces durante la marcha del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, especialmente el 28 de junio de 1979, en la mañana, después de pasar por el llamado “Cruce de Veracruz”.

En el Cruce de Veracruz cayeron en combate contra una patrulla de la guardia somocista genocida los compañeros Jefes Guerrilleros Aristeo Benavidez y Francisco “Paco” Miranda (de Estelí y Matagalpa, respectivamente), y el Combatiente Popular Juan Ramón “Ringo” Rizo Villagra. Allí fue visto Julián de Jesús Palacios Herrera cargando un fusil y un saco pequeño con bombas de contacto y candelas de dinamita.

El Repliegue de Managua a Masaya siguió su marcha por una encajonada rumbo al Sureste, y llegamos a “Piedra Menuda” y después a la Comunidad Buena Vista.

Al llegar al lado Norte de “Piedra Quemada”, frente a la entrada antigua del Volcán Masaya, en los 750 metros de bombardeo aéreo intensísimo, Julián de Jesús Palacios Herrera fue impactado por numerosos charneles  de las bombas de 1, 000 libras y de rocketazos lanzados contra el Repliegue a Masaya.

Como muchos otros hombres y mujeres jóvenes, Julián de Jesús Palacios Herrera cayó mortalmente herido y murió sobre el colchón de piedras erizas de “Piedra Quemada”, en los llamados 750 metros en que ese bombardeo infernal somocista fue particularmente intenso y mortal.

Su cadáver fue rescatado por una brigada de familiares y vecinos

Palacios Herrera fue colocado en una oquedad a un lado del camino. Fue cubierto su cadáver con piedras, arenas, ramas secas y tierras.

La noticia de la muerte de Julián de Jesús Palacios Herrera le fue informada a su madre, Hilda Herrera Zapata y a sus hermanos, al producirse el Triunfo de la Revolución Popular Sandinista, después del 19 de Julio de 1979.

Hilda Herrera Zapata y sus hijos, con vecinos, formaron una brigada de búsqueda del cadáver de Julián de Jesús. En camiones y camionetas se fueron a “Piedra Quemada”, rescataron su cadáver, lo velaron en su vecindario y después lo sepultaron en el Cementerio de los Héroes y Mártires del Barrio Waspán Sur, situado en el costado Sureste de la gasolinera Shell Waspán.

Allí fue sepultado junto a otros 35 Héroes y Mártires de la Revolución Popular Sandinista.

Este Cementerio  fue rescatado en el año 2003 por la Brigada de Desarrollo Municipal, encabezada por los compañeros Ramiro José Mejía, Pablo E. Barreto Pérez, Arsenio Solís González y Manuel Cerpas Centeno.

María Helena Palacios Herrera, una de los hermanos de Julián de Jesús Palacios Herrera, puede ser consultada para más datos, de “La Subasta” tres cuadras al Norte, una cuadra al Oeste y una cuadra al Norte, nuevamente. También se puede consultar a Arsenio Solís González, quien responde al teléfono: 86842691

Juvenal Palacios Morales

Juvenal Palacios Morales tenía 19 años, trabajaba en el INCEI (hoy ENABAS, Empresa de Alimentos Básicos) y a la vez estudiaba en el Instituto René Schick Gutiérrez. Sus padres, Juvenal Palacios Gutiérrez y Magdalena Morales López, ya fallecieron hace más de una década.

Este joven rebelde antisomocista convencido vivía en una casita humilde del Reparto Schick Gutiérrez, donde se procrearon 11 hermanos: Oilda, Odilí, Juvenal, Rosario, Hilbetia, Patricia, Silvia, Yalila, María Asunción, Rubén, Marjorie, Andrea y Juvenal junior en homenaje al Juvenal caído el 28 de junio de 1979.

La Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador”, encabezada por Frank “Machillo” González Morales y Juan Carlos “Marcial” Soza Aragón, ubica su caída en “la Jornada del Repliegue Táctico de Managua a Masaya”, el 28 de junio de 1979, en el mismo Reparto Schick Gutiérrez

Oilda Palacios Morales, la hermana mayor, dice que sus padres y ella misma se mostraban inquietos, porque varios meses antes de estallar la Insurrección Sandinista, u Ofensiva Final de junio de 1979, Juvenal ya había convertido la vivienda en Casa de Seguridad, en sitio de reuniones con René Polanco Chamagua, “Oso” Marín, José Santos “Cerro Negro” Mayorga Alemán, Joaquín Valle Corea y otros, más centro de fabricación de bombas de contacto y molotov.

Nosotros veíamos que Juvenal se reunía con estos muchachos en el fondo de la casa, en el patio, porque acuérdese que antes del Triunfo de la Revolución aquí eran potreros, fincas, caminos solitarios, mientras la guardia andaba aquí como en plan de caza de seres humanos”, recuerda Oilda Palacios Morales.

Añade: “Realmente nos enteramos plenamente de que andaba en actividades insurreccionales cuando accidentalmente se le disparó un balazo que atravesó una parte del techo de nuestra casita. Él contó, entonces, a mis padres que andaba en la lucha armada. Nos dijo que ya habían emboscado a varias patrullas de la Guardia Nacional en el camino de entrada al Reparto Schick Gutiérrez y que además tenían planes de destruir los comandos de la guardia somocista en el Reparto Schick”.

Antes de la huelga del cinco de junio de 1979, convocada por el Frente Sandinista clandestino, Juvenal Palacios Morales ya había renunciado a su trabajo de repartidor de granos por quintal por parte del INCEI. Su hermana Oilda seguía yendo a su empleo en el mismo INCEI, pero ya el 10 de junio no pudo seguir yendo porque en el mismo Reparto Schick Gutiérrez aparecieron decenas de barricadas y zanjas en el camino de entrada, para impedirle el ingreso a las patrullas BECAT y camiones de la Guardia Nacional, cargados con soldados, fusiles, ametralladoras y municiones, destinados a los tres comandos de la guardia somocistas, entre otros, la “Quinceava Sección de Policía”, la cual estuvo ubicada del Tanque Rojo dos cuadras al Oeste y una cuadra al Norte, en el borde del cauce por donde  pasó el Repliegue Táctico de Managua a Masaya el 27 de junio de 1979, entre las doce de la noche y la una de la mañana del 28 de junio del mismo 1979.

Convierte vivienda en buzón de armas, apoyado por su familia

Ya cuando los familiares descubrieron la plena participación de Juvenal Palacios Morales en la Insurrección de junio de 1979, según Oilda, se dispusieron a apoyarlo, especialmente en disimular lo mejor que podían en torno al funcionamiento de casa de seguridad, buzón de armas y fabricación de explosivos. En la misma casa almacenaban también la propaganda escrita, en forma de boletines, para distribuirlos en las casas, dentro de los autobuses o camionetas de pasajeros y en los mitines callejeros.

Oilda veía salir a su hermano cargado de bombas de contacto y bombas molotov. Él decía que sus amigos rebeldes, mencionados arriba, lo estaban esperando en algún lugar del Reparto Schick Gutiérrez, para irse juntos a una emboscada u otro operativo contra los “orejas” y “soplones” de la guardia somocista y de la Oficina de Seguridad, a cuyas casas les prendían fuego o les lanzaban bombas de contacto.

El 27 de junio en la noche desapareció por completo. No llegó a la casa como acostumbraba, pues llegaba a comer, vestirse y de paso hacía saber a sus padres: “Ando bien, estoy bien”.

Traicionados por infiltrados de la OSN

No dijo si se iba en Retirada. Lo vieron partir temprano de la tarde del 27 de junio. La versión de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador” indica que Juvenal Palacios Morales formó parte del grupo de jóvenes Combatientes Populares del Reparto Schick Gutiérrez que les fue encomendada la misión de explorar y abrir camino a la Vanguardia del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, porque eran buenos conocedores (o “guías”, “baqueanos”) del terreno y de cómo se movían los guardias, “orejas” y “soplones” del Reparto Schick, y finalmente el Estado Mayor del Frente Interno les encomendó garantizar igualmente la seguridad de la Retaguardia del mismo Repliegue de Managua a Masaya, donde iban más de seis mil ciudadanos de Managua.

Los familiares de Juvenal y dirigentes de la Asociación de Combatientes y Colabores Históricos suponen que este joven Palacios Morales fue, como en los casos de casi 20 muchachos del Reparto Schick Gutiérrez, delatado por los “orejas” y “soplones” de la Guardia Nacional y capturado en las primeras horas de la madrugada del 28 de junio de 1979, cuando ya el Repliegue de Managua a Masaya iba llegando al Cruce de Veracruz.

La grandísima verdad para Oilda es que las versiones de sus demás compañeros sobrevivientes indican que Juvenal participó activa y decisivamente en el operativo de la seguridad de la Retaguardia del Repliegue, que iba en él en la media noche del 27 y la madrugada del 28, y que en la mañanita del 28 fue capturado mediante un operativo gigantesco montado por la Guardia Nacional somocista con varios camiones llenos de guardias, “orejas” y “soplones” de la Oficina de Seguridad de la tiranía encabezada por Anastasio Somoza Debayle.

Desapareció y desaparecieron, asesinados por la GN

Juvenal Palacios Morales no apareció nunca más. Tampoco su cadáver. Oilda recuerda que sus padres, ella misma, numerosos familiares y vecinos buscaron su cadáver en todo el Reparto Schick Gutiérrez, en el Camino Viejo de la Comarca “Jaguitas” o Ruta Original del Repliegue a Masaya, en “Piedra Menuda”, en “Piedra Quemada”, en el Camino Viejo al casco urbano de Nindirí, en la “Cuesta del Plomo”, en las cercanías del Teatro Rubén Darío, en “Lomas de San Judas”, por la Escuela de Arte, en todos aquellos lugares en que la guardia somocista genocida acostumbrada tirar o botar los cadáveres de jóvenes opositores asesinados por ellos.

Fueron también a las zanjas que la Guardia Nacional tenía en la Colina o Cerro de Mokorón, frente a la Universidad Nacional en Managua. No encontraron nada. Juvenal Palacios Morales desapareció. Hay una calle con su nombre en el Barrio René Polanco Chamagua, del Reparto Schick.

Los hermanos que le sobreviven, encabezados por Oilda Palacios Morales, residen de la Pulpería  Chaparral siete cuadras al Norte, en el Barrio René Polanco, en la casa B-17, en el mismo Reparto Schick Gutiérrez. Oilda tiene el teléfono:   87401783.

 Ronald “Polo” Rizo Huerta

Ronald “Polo” Rizo Huerta. Este era un joven de 17 años realmente excepcional. Vivía en el heroico Barrio Santa Rosa. Era trabajador en la PEPSI-COLA y al mismo tiempo estudiaba su secundaria en la noche, porque durante el día andaba cargando productos gaseosos y de agua embotellada en los camiones de esta conocida empresa trasnacional norteamericana, radicada al Este del Barrio Waspán, en Managua.

Su padre era Manuel de Jesús Rizo y su madre Dora Huerta Centeno, residente en el Barrio Santa Rosa, de NABISCO  CRISTAL dos y media cuadras al Sur.

Según su madre, Dora Huerta Centeno, todavía viva, le sorprendía ver a su hijo todavía repartiendo papeletas o “propaganda armada” del Frente Sandinista clandestino durante las noches, en el Barrio Santa Rosa, aun después de regresar del trabajo en la PEPSI-COLA y del colegio en que estudiaba secundaria. Esos paquetes de propaganda también los repartía sigilosamente entre estudiantes de secundaria, en la noche.

Antes de la Insurrección, u Ofensiva Final, asimismo le sorprendía ver y oírlo en discusiones sobre la situación política y de represión generalizada en contra de trabajadores y pobladores pobres por parte de la dictadura somocista, y argumentaba que era necesario pasar a la etapa de confrontación armada para derrocar a la tiranía de Anastasio Somoza Debayle y su guardia genocida.

Recuperaron numerosas armas en SOVIPE, del “Tiburón” Pereira

Más sorprendida quedó todavía cuando una noche en su casa, en reunión con un grupo de rebeldes antisomocistas del Barrio Santa Rosa, incluyendo Juan Ramón Amador, hablaban de asaltar las instalaciones de SOVIPE Ingenieros S.A., propiedad de Enrique “Tiburón” Pereira (pipito de Somoza Debayle), para recuperar todas las armas que allí habían, con la finalidad de que al momento de la Insurrección Sandinista hubiesen suficientes armas en el Barrio Santa Rosa para enfrentar a los guardias de Somoza Debayle.

En la casa de doña Dora Huerta Centeno y de su hijo “Polo” Rizo Huerta se alojaba Pablo Ojeda, uno de los vigilantes de SOVIPE Ingenieros S.A.  Pablo Ojeda también estaba integrado al grupo de rebeldes antisomocista del Barrio  Santa Rosa.

Entonces, se pusieron de acuerdo, como en “compadre hablado”, para que cuando Pablo Ojeda estuviera de turno en SOVIPE, él facilitara el asalto y recupere de armas, y así fue. Obtuvieron casi 20 escopetas con una gran cantidad de tiros, con las cuales empezaron a armarse los Combatientes Populares del Barrio Santa Rosa.

Asaltaban camiones repartidores y distribuían la comida

Su madre, Dora Huerta Centeno, recuerda que posteriormente el mismo grupo de rebeldes de Santa Rosa asaltaron varios camiones de reparto de leche pasteurizada de Managua y de camiones cargados con verduras, frutas y legumbres, provenientes del Norte de Nicaragua, y que pusieron a la gente del Barrio en fila, para repartir esos productos.

Mucho antes de la Insurrección, u Ofensiva Final, Ronald “Polo” Rizo Huerta, según su madre, se estaba preparando y a la vez organizando la lucha armada en el Barrio Santa Rosa, vecindario situado contiguo a Bello Horizonte, en el lado Norte de Managua y en la orilla de la Carretera Norte.

Además,  también a su madre, Dora Huerta Centeno, la convirtió en su correo clandestino y de algunos Jefes guerrilleros. Cuando, según análisis práctico, consideraba que era muy peligroso para él ir a entregar propaganda, mensajes o llevar paquetes con bombas, tiros o pertrechos, entonces enviaba a su madre a cumplir esa tarea.

Doña Dora Huerta Centeno se siente orgullosa de haber desempeñado ese papel y de haber apoyado resueltamente a su hijo en esos menesteres para derrocar a la dictadura somocista.

Cuando la Insurrección estaba en desarrollo pleno, su hijo Ronald “Polo” Rizo Huerta pasó, como Combatientes Popular, a formar parte de las trincheras de combate en Santa Rosa, frente a la Fábrica Rolter, en la Carretera Norte.

Hizo refugios antiaéreos para familiares y vecinos

Al lanzar Somoza Debayle  los bombardeos aéreos genocidas en contra de la Ciudad de Managua y la población civil, y en particular Santa Rosa, Ronald “Polo” Rizo Huerta ya le tenía preparados dos refugios antiaéreos, uno dentro de la casa y otro enfrente, en la calle, para que su madre, su padre, hermanos menores, familiares y vecinos se refugiaran, evadieran los charneles de las bombas tiradas por el tirano contra seres humanos en la Capital.

Doña Dora  recuerda que efectivamente todos, familiares y vecinos, se metían en esos huecos o  refugios antiaéreos a la hora de los bombardeos incesantes contra vecindarios como Santa Rosa, Bello Horizonte, Costa Rica, El Edén, Ducualí, Diez de Junio, Nicarao, Catorce de Septiembre, “Meneses” o “Santa Bárbara”, “Salvadorita”, Maestro Gabriel, etc.

“Polo” Rizo Huerta andaba con vestimenta camuflada  mientras estaba combatiendo tras la enorme barricada del Este del Barrio Santa Rosa, ubicada frente a los semáforos de Portezuelo, donde estaban Marcos Somarriba García, Javier “99” López Lowery y Lucío Jiménez Guzmán, recuerda doña Dora Huerta Centeno, quien a ese lugar le llegaba a dejar comida a su hijo, en la mañana o en la noche.

En el Barrio Santa Rosa se establecieron varios sitios para alojar al Estado Mayor del FSLN guerrillero en esta zona de Managua, y al mismo tiempo se ocuparon varias casas de somocistas para Comandos Guerrilleros, como ocurrió con la casa del coronel GN Juan Lee Wong, quien al mismo tiempo era uno de los jefes de la Oficina de Seguridad y de la “Mano Blanca” o “escuadrones de la muerte” del somocismo genocida.

A esa casa confiscada durante la Insurrección a Juan Lee Wong iba doña Dora Huerta Centeno a dejarle comida a “Polo” Rizo Huerta y resto del Estado Mayor y Comando Guerrillero en el Barrio  Santa Rosa.

Ronald “Polo” Rizo Huerta llegaba  a su casa unas dos veces al día a conocer cómo estaban su madre, sus hermanos y demás familiares. Daba orientaciones para que al momento de un combate contra los guardias, o un bombardeo aéreo, todos se metieran dentro de los refugios. “Esos refugios nos salvaron de morir o de ser heridos”, expresa doña Dora Huerta Centeno cuando habla orgullosamente de su hijo Ronald, aunque recuerda que esos charneles le cortaron un brazo a doña Sonia.

Antes de arrancar el Repliegue Táctico de Managua a Masaya el 27 de junio de 1979, Ronald llegó a su casa unos minutos antes de las seis de la tarde. “Nos vamos en retirada. No sé para dónde”, le dijo a su madre, quien recuerda que se puso unas botas, se colocó una camisa verdeolivo encima de la que andaba, y también una gorra oscura.  Su madre le dijo que se llevara los 50 córdobas que tenía guardados, “por cualquier necesidad en el camino”.

En ese momento llegó solo. Andaba portando un fusil. Empezaba a oscurecer, y además no habían luces en las calles porque Somoza Debayle mandó a suspender la energía eléctrica, cuando doña Dora Huerta Centeno  lo vio desaparecer con pasos rápidos, rumbo al Sur, es decir, para el lado de Bello Horizonte, donde los Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros de Santa Rosa se juntaron en el Boulevar Roberto Bárcenas Terán y tomaron rumbo a la Calle de la Clínica Don Bosco, para iniciar el célebre Repliegue de Managua Masaya, aquella noche del 27 de junio de 1979.

Un charnel de rokettes le perforó mortalmente la garganta

“Polo” Rizo Huerta se fue en el Repliegue a Masaya. Según el relato de sus compañeros insurreccionales de Santa Rosa, incluyendo a Scándar Cerna Juárez, hermano del coronel retirado Lenin Cerna Juárez, cuando la lluvia infernal de bombas y rockette contra los replegados en el lado Norte de “Piedra Quemada”, “Polo” Rizo y un grupo de Combatientes se refugiaron parepetados bajo unos árboles de mamón.

Un rockette cayó y explotó cerca del grupo y mató a dos muchachas Combatientes Populares, en el famoso trecho de 750 metros en que fue más violento el bombardeo aéreo, antes de la salida al kilómetro 21 y medio de la Carretera a Masaya, frente a la entrada antigua al Volcán Masaya.

Varios de los jóvenes fueron en auxilio de las jóvenes caídas por los charneles. Pusieron sus cadáveres bajo unos árboles de mamón.  En esos movimientos defensivos estaban, protegiéndose al mismo tiempo, cuando cayó otro rockette cerquita de ellos. Uno de los charneles traspasó la garganta de Ronald “Polo” Rizo Huerta, quien se desplomó mortalmente herido. Falleció en poco tiempo, a pesar de los esfuerzos que hicieron sus compañeros por salvarle la vida.

Como en casi un centenar de casos, el cadáver de Ronald “Polo” Rizo Huerta fue colocado en una oquedad poco profunda y encima se le echaron piedras volcánicas erizas, arena también volcánica y ramas de árboles de mamón.

Sus camaradas se fijaron bien en el sitio en que quedaba el cadáver de “Polo” Rizo Huerta. El Repliegue Táctico de Managua a Masaya, con unos 200 heridos y muertos, llegó a Masaya en los días 28, una parte, la que jefeaba el Comandante Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz;  y el 29 de junio de 1979 a las dos de la mañana, las otras dos columnas jefeadas por William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra (fue la bombardeada en “Piedra Quemada”) y la que coordinaba el Comandante Carlos Núñez Téllez, jefe del Repliegue, la cual ingresó a Masaya por el lado Oestesur de la Laguna de Masaya.

Combatientes Populares dan noticia fatal a su madre

Inquietos, varios de sus antiguos compañeros Combatientes Populares, todos del Barrio Santa Rosa, entre ellos Scándar Cerna Juárez, buscaron la forma de salir de Masaya para irle a avisar a doña  Dora Huerta Centeno sobre la caída en su hijo “Polo” Rizo Huerta en “Piedra Quemada”.

Finalmente, llegaron a Managua el ocho de julio de 1979, 11 días antes de que se produjera el Triunfo de la Revolución Sandinista. Llegaron al Barrio Santa Rosa, pero no encontraban la forma de decirle a doña Dora Huerta Centeno que su hijo “Polo” Rizo Huerta había caído en “Piedra Quemada”.

Cuando finalmente le dijeron, doña Dora se soltó en llantos incontenibles. “Eso no es cierto. Ustedes son mentirosos. Mi hijo está vivo. Ronald está vivo”, les respondió en los primeros instantes en que le dieron la noticia fatal y triste.

Llegó el 19 de Julio de 1979. En la Plaza de la Revolución había júbilo incontenible por el triunfo revolucionario. Incrédula de la noticia que le habían dado, doña Dora Huerta Centeno, mientras se desarrollaban los discursos electrizantes de los Comandantes Humberto Ortega, Daniel Ortega y Tomás Borge Martínez, ella se dedicó a buscar el rostro de su hijo “Polo” Rizo Huerta entre aquella multitud delirante de aquel 20 de julio bajo el ardiente calor del Sol.

Su madre no lo vio entre rostros curtidos el 20 de julio

Pudo ver nítidas las caras, los rostros de decenas de miles de Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros sucios, hediondos a sudor acumulado, barbudos muchísimos de los hombres, con ropas arrugadas y rotas, con zapatos en harapos,  tanto hombres como mujeres, casi todos cargando fusiles, ametralladoras, rifles y pistolas, más bolsones de tiros, pero en ninguna parte de la multitud pudo ver el rostro de su adorado hijo “Polo” Rizo Huerta, aquel jovencito alegre, organizador excepcional, conspirador nato, militar guerrillero por vocación, trabajador y estudiante al mismo tiempo, siempre preocupado por su madre y sus hermanitos menores.

No, no lo encontró ese 20 de julio en la Plaza de la Revolución. Eso la hizo llorar mucho más desconsoladamente. Regresó a su querido Barrio Santa Rosa, donde su hijo “Polo” nació y luchó hasta ofrendar su vida.

En el vecindario se organizaron los familiares y vecinos, lo más rápido posible, consiguieron un camión y una camioneta doble cabina, para ir a “Piedra Quemada” a recuperar su cadáver. Fueron el 25 de julio de 1979. El cadáver de Ronald Rizo Huerta fue encontrado con facilidad porque sus compañeros Combatientes Populares se habían fijado atentamente dónde lo habían colocado.

El cadáver de “Polo” estaba debajo, en una zanja u oquedad,  bajo los cadáveres de dos de las mujeres que también cayeron allí  mismo  por charneles de rockette.

Le habían echado también cal encima, lo cual conservó el cadáver casi intacto. Doña Dora Huerta Centeno fue a  la  Ciudad de Masaya, ubicada a pocos kilómetros de “Piedra Quemada”, a comprar un ataúd para el cadáver de su hijo Ronald.

Lo trajeron al Barrio Santa Rosa, donde lo velaron una noche y lo fueron a sepultar muy de mañana al Cementerio Oriental de Managua. Allí tiene una placa de mármol con su nombre. Esta tumba siempre es limpiada y enflorada por su madre: Dora Huerta Centeno.

A “Polo” Rizo Huerta le sobreviven sus hermanos: Yamil y Roberto, Mirta, Rosario y Ángela.  La dirección en que vive esta familia, encabezada por Dora Huerta Centeno,  es la misma de junio de 1979: de NABISCO CRISTAL dos y media cuadras al Sur. Teléfono 22488085.

 Róger “Ramón” Rodríguez Rivas

Róger “Ramón” Rodríguez Rivas cayó el 28 de junio en “Piedra Quemada”, frente a la entrada antigua al Volcán Masaya. Iba en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, según una información muy breve del Diario BARRICADA, en el mes de agosto de 1979. Esa información lacónica de BARRICADA indicaba que los familiares de “Ramón” Rodríguez Rivas decían que este joven había desaparecido en “Piedra Quemada”.

Se informaba que Róger Rodríguez Rivas vivía con su familia en el “Barrio Santa Clara”, en el lado Sur de donde es hoy Villa Venezuela, antigua Américas Cuatro. De forma breve se señalaba que “Ramón” Rodríguez Rivas había participado en operativos militares en este sector de las Américas Uno,  Tres y Cuatro, en la Colonia Catorce de Septiembre y Colonia Nicarao, en contra de patrullas de la guardia somocista genocida.

Se indicaba que había sido correo clandestino de Jefes Guerrilleros y fabricante de explosivos como bombas de contacto. Dirigentes de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador”, ubicada en el Barrio Altagracia, indican por su lado que “Ramón” Rodríguez Rivas sí participó en operativos como emboscadas y combates en trincheras de combate durante la Insurrección Sandinista de  junio de 1979, y que se fue en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, que cayó en “Piedra Quemada”, pero no conocen dónde está ubicada su familia.

 Roberto José Sirias Acevedo

El nombre de este joven Combatiente Popular de 25 años aparece en los listados de caídos o muertos, en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya,  de los libros “Porque Viven Siempre entre Nosotros”, del Instituto de Estudios del Sandinismo; y de “Insurrección Sandinista Victoriosa, Repliegue a Masaya”, de Pablo E. Barreto Pérez.

También el Diario BARRICADA, Órgano Oficial del Frente Sandinista de Liberación Nacional, del mes de agosto de 1979, indica que Roberto José Sirias Acevedo, nacido el 24 de febrero de 1954,  cayó en “Piedra Quemada”, frente a la entrada antigua del Volcán Masaya, donde su cadáver  desapareció.

La nota informativa del Diario BARRICADA señala que Sirias Acevedo era un hombre multifacético, pues además de Combatiente Popular sandinista,  era barbero, mecánico, tapicero, electricista, albañil, carpintero y agricultor, “porque de mil formas se ganaba la vida” para ayudarle a sus padres: Luis Armando Sirias y Dora Haydeé Acevedo.

En la mencionada nota informativa no se informa dónde vivían Roberto José y sus padres.

Sin embargo, la nota periodística de BARRICADA señala que Sirias Acevedo durante la Insurrección Sandinista en los Barrios Orientales y norteños de Managua, hizo labores de propaganda armada, quema de llantas, arengas en mitines callejeros en vecindarios como “La Luz”, “La Rebusca”, “La Habana”, Riguero, El Dorado, Ducualí y Diez de Junio.

Durante las arengas mencionadas, en mitines públicos y rápidos para evitar ser capturado por la guardia somocista genocida, Sirias Acevedo insistía en la necesidad de juntarse, organizarse y entrenarse militarmente para derrumbar a la tiranía de Anastasio Somoza Debayle, expresaba la nota informativa periodística del Diario BARRICADA.

El Diario revolucionario sandinista exponía que Sirias Acevedo había estudiado su primaria y secundaria en varios colegios públicos. La información mencionada señalaba que desde los nueve años se fue a vivir con su abuela materna, aunque no menciona su nombre.

Tampoco señala la nota informativa acerca de con cuál de los grupos o columnas iba Sirias Acevedo en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya. Es categórica BARRICADA al afirmar que familiares y compañeros de Retirada en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya informaban que había caído durante el bombardeo aéreo infernal de la Guardia Nacional contra los replegados capitalinos en “Piedra Quemada”, donde desapareció su cadáver.

Señalaba el Órgano Oficial del Frente Sandinista que familiares, amigos, vecinos y compañeros Combatientes Históricos en brigada y equipados con palas y cobas, anduvieron buscando su cadáver en “Piedra Quemada”, en el Camino Viejo de Nindirí, en el propio casco urbano de la pequeña Ciudad de Nindirí, en los desfiladeros de la Laguna de Masaya, por donde el Repliegue pasó en dificultades y silencio profundo el 29 de junio de 1979, en la madrugada, y tampoco encontraron nada.

Ricardo Sú Aguilar

Ricardo Sú Aguilar, caído el 28 de junio de 1979, más o menos a las 11 y media  de la mañana, en el lado Norte de “Piedra Quemada”, durante el feroz y criminal bombardeo aéreo de la Guardia Nacional somocista, con sus aviones y helicópteros artillados,  contra el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Según el testimonio presencial de Alejandro “Comandante Huesito” Mairena Obando, en medio del infernal bombardeo aéreo, Ricardo Sú Aguilar y otros 11 Combatientes Populares, entre ellos los Hermanos Martínez, se parapetaron en los muritos de una pila de agua para ganado, en el perímetro de los llamados 750 metros más horribles del ataque con bombas de 1,000 y 500 libras, y rockette.

Estaban “pecho en tierra” en la orilla del muro redondo de la pila, cuando el rocktte explosivo les cayó encima. Varios de ellos murieron casi instantáneamente. El mismo testimonio señala que Ricardo Sú Aguilar aún herido estuvo atendiendo a los otros compañeros heridos mortalmente, en la orilla de la pila de agua mencionada.

Como en otras decenas de caídos en “Piedra Quemada”, (jurisdicción del Departamento de Masaya), frente al Volcán Masaya por el lado Norte, de forma presurosa el cadáver perforado por charneles de Ricardo Sú Aguilar fue colocado por numerosos Combatientes Populares y jefes guerrilleros en hondonadas o zanjas pequeñas, y encima se les echó piedras, arena y tierra para taparlos.

Sus restos fueron desenterrados varios meses después.

Ricardo Sú Aguilar ya había alcanzado categoría de conductor revolucionario por su entrega completa a la causa sandinista y de lucha organizativa, política y militar, para derrocar a la dictadura somocista.

Vivía Ricardo en la Colonia Máximo Jerez, a la cual se le puso el nombre de Ricardo Sú Aguilar. Los pobladores de Managua y los residentes de la misma colonia, la llaman por los dos nombres.

Según una biografía breve, escrita por sus hermanos y familiares, Ricardo Sú Aguilar nació en Managua el 8 de octubre de 1959. Era hijo de Leopoldo Sú Llanes y Rosa Aguilar Villagra, quienes antes de fallecer hace poco tiempo, siempre llegaban a “Piedra Quemada”, donde la familia Solano, para encontrarse con el grupo numeroso del “Replieguito”, el cual sigue la “Ruta Original de 1979”, encabezado por Alejandro “Comandante Huesito” Mairena Obando.

Textualmente la mencionada biografía dice lo siguiente:

“Hace sus estudios primarios en el Instituto hoy llamado Rigoberto López Pérez y por su propios esfuerzos se bachillera en el Colegio “Andrés Bello” de Managua. Luego ingresa en la Universidad Nacional (UNAN) en el año académico 77-78, bajo el número 774478, donde por motivo de su dedicación a la causa del FSLN, decide abandonar las aulas para dedicarse a tiempo completo a tan noble tarea.

“En el año de 1973, pasado el Terremoto, se sintió brotar con más fuerza la necesidad de las organizaciones cristianas, que pudieran canalizar todo aquel espíritu comunitario desbordado de solidaridad con los demás hermanos que padecieron en esa catástrofe natural. Con esto dábamos pasos a levantar las primeras expresiones organizadas, que más tarde servirían para hostigar a la dictadura.

“Fue en estos precisos momentos que la participación de los jóvenes se hace presente por medio de los movimientos juveniles con disfraz de clubes juveniles en el Riguero y la Colonia Máximo Jerez. Ricardo para entonces era como los demás chavalos que se acercaron a los movimientos como curiosos, con la única diferencia que portaba con su presencia más responsabilidad social, que era lo que más se necesitaba.

“Las condiciones para la presión sistemática de la dictadura apenas empezaba en el sector, y los compañeros de la noche a la mañana abandonaban la organización por miedo de ser  detectados, lo cual traía constantes crisis, en las que el compañero Ricardo insistió para seguir nuestra postura. Sus labores pasan a ser casi de tiempo completo con el movimiento revolucionario; durante su trabajo se ocupa de pasar documentos, cartas y manifiestos contra la dictadura somocista.

Uno de los fundadores de la Federación de  Movimientos Juveniles

“Desde 1974 a 1976, nuestras reuniones son para planificar mitines y tomas de iglesias; para recaudar fondos para los presos políticos y para la guerrilla sandinista, también para hostigar a la guardia, repartir comunicados del FSLN, para hacer las primeras movilizaciones en el Barrio, las primeras quemas de autobuses urbanos, levantamientos y barricadas, y hasta sumarnos al repudio por el asesinato del compañero Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, donde Ricardo Sú Aguilar participa personalmente en la quema de negocios de la zona comercial de la Carretera Norte, incluido Plasmaféresis e Hilados y Tejidos El Porvenir de Anastasio Somoza Debayle.

“En 1976 Ricardo se inicia como dirigente del movimiento juvenil de la Colonia Máximo Jerez, donde vivía. Fue uno de los fundadores de la Federación de Movimientos Juveniles de Managua (FMJMO), donde su participación es sumamente destacada en las labores de agitación y movilización por los presos políticos en 1977.

“También siendo un militante destacado de la Juventud Revolucionaria Nicaragüense (JRN) y miembro de un Comité Zona de Managua.

“En febrero de 1978 es promovido a los Comando Revolucionarios del Pueblo (CRP),realizando operativos en la Zona del OPEN III, hoy Ciudad Sandino,  en Los Brasiles y Mateare; entre otros operativos están sabotajes con explosivos al oleoducto (petróleo sin refinar) que pasa por el OPEN iii en tiempo de  la primera huelga general. También realiza sabotajes con explosivos a la subestación eléctrica de Los Brasiles, cerca de Mateare; ataques a unidades militares de la guardia al frente del Comando Revolucionario del Pueblo (CRP) “Alberto Oronte”, ataque al Cuarte GN de Los Brasiles el 8 de septiembre de 1978.

Marcos Somarriba y César Largaespada fueron sus responsables

“En ese entonces,  sus responsables eran los compañeros Marcos Somarriba García (ya fallecido) y César Largaespada Palavicini (general retirado del Ejército Nacional). En 1978 pasa a integrarse a las organizaciones de masa y a organizar los movimientos juveniles de los barrios  El Riguero y Máximo Jerez; también organiza los Comités de Defensa Civil y las combativas Milicias Populares. Después pasa a ser responsable político de las Colonias combativas Nicarao, Catorce de Septiembre, Américas Tres y Cuatro y el entonces Barrio Meses, hoy llamado Barrio Venezuela.

“Durante la Insurrección, u Ofensiva Final,  se integró al Comando del Frente Interno, y participó como Comisario Político de una columna miliciana, demostrando siempre su alta moral y disposición combativa.

“Cae heroicamente el 28 de junio de 1979 en “Piedra Quemada”, Masaya, a la hora del Repliegue de las fuerzas sandinistas, dando muestras de una gran hermandad sandinista; cae atendiendo a unos compañeros que habían caído heridos por el bombardeo de los aviones”.

En medio de la lucha tenaz contra la dictadura somocista, Ricardo Sú Aguilar escribe el 8 de marzo de 1979, a su madre,  un poema titulado: “Madre Mía”, en cuyo comienzo dice: “Desde la fría y húmeda celda quiero escribirte estos versos y decirte, madre mía, capturado, que estoy prisionero, no para hacerte sufrir, jamás ha sido mi intención. Yo no quiero verte llorar, deseara que estuvieras orgullosa de este tu “muchachito”, como yo lo estoy de ti”.

El padre y la madre de Ricardo Sú Aguilar, Leopoldo Sú Llanes y Rosa Aguilar Villagra, fallecieron hace poco tiempo. Ambos llegaban religiosamente cada año, cada 27 de junio, a encontrarse en “Piedra Quemada” con el llamado “Replieguito por la Ruta Original”, organizado y emprendido por la Asociación de Combatientes Históricos del Distrito IV de Managua y por Alejandro “Comandante Huesito” Mairena Obando.  Se encontraban siempre donde la familia Solano, una de las víctimas del feroz bombardeo aéreo somocista contra el Repliegue Táctico de Managua a Masaya en “Piedra Quemada”.

Le sobreviven a Ricardo sus hermanos:   Mirna Marlene, Manuel Salvador, Leopoldo, Juan Carlos, Guillermo Ramón, Leonardo Agustín y Rosa María.

Juan Carlos sigue residiendo en la casa No. E-277 en que se criaron los hermanos mencionados en la Colonia Ricardo Sú Aguilar, o Máximo Jerez (su antiguo nombre), donde son muy conocidos.  Juan Carlos trabaja asimismo en la Contraloría General de la República, ubicada frente al Banco Central de Nicaragua. Responde al teléfono: 22780983.

 Miguel Ángel y Marcos Antonio Tapia Gutiérrez

Miguel Ángel Tapia Gutiérrez y Marcos Antonio Tapia Gutiérrez, a quienes les decían por sobrenombre “Burros” en el Barrio La Fuente, hoy Ariel Darce, ambos caídos en “Piedra Quemada” durante el Repliegue Táctico de Managua Masaya.

Miguel Ángel y Marcos Antonio Tapia Gutiérrez vivían de los que fueron “Billares Shanguelo” ocho cuadras al Este y media al Sur, en las cercanías del actual Supermercado “Pali”. El mayor de ellos era Miguel Ángel con un poco más de 20 años. Miguel Ángel era administrador de empresas y Marcos Antonio era maestro o profesor.

Eran cuatro hermanos integrados todos a la lucha armada en este sector oriental de Managua cuando estalla la Ofensiva Final contra la dictadura somocista, en junio de 1979. Los otros dos hermanos eran: Luis Manuel y César Augusto Tapia Gutiérrez, quienes sobrevivieron al infernal bombardeo aéreo de “Piedra Quemada” contra los replegados de Managua, y después fallecieron  por enfermedades comunes, en Managua, en su Barrio Ariel Darce.

La madre de los cuatro es Rosa del Carmen Gutiérrez, quien todavía reside en el mismo sitio que vivía con  sus cuatro hijos mencionados.

Álvaro Tapia Gutiérrez, otro de sus hijos, era  buscado por la guardia somocista y los “escuadrones de la muerte” o “Mano Blanca” de la Oficina de Seguridad somocista genocida, para matarlo. Es el único hijo vivo que ha quedado con doña Rosa del Carmen Gutiérrez.

Guardias sanguinarios casi matan al tercer hermano Tapia

Álvaro es “lisiado de guerra”. Según su madre, después de producirse el Repliegue de Managua  a Masaya el 27 de junio de 1979, ella encontró a Álvaro “con las tripas de fuera donde las monjas del Reparto Schick Gutiérrez”,  porque los guardias lo habían capturado, lo torturaron y lo apuñalaron, aunque no lo mataron porque unos vecinos lo salvaron de que terminaran de asesinarlo.

“Casi todos los días venía aquí la guardia a catearme la casa, en busca de mis hijos, quienes todos andaban metidos en la lucha armada aún antes que estallara la Insurrección en la Zona Oriental-norte de Managua”, recuerda doña Rosa del Carmen Gutiérrez, con lágrimas en los ojos, mientras también vienen a su mente los “orejas” de la Oficina de Seguridad del Barrio “La Fuente”, que nos echaban a la guardia somocista”.

Antes de estallar la Insurrección en la Zona Oriental de Managua, Miguel Ángel era empleado en “Gallo y Villa”, donde ganaba bastante dinero como vendedor de productos comerciales de esta empresa en el Oeste de Managua. Marcos Antonio también trabajaba en la Tienda de Gallo y Villa. Según doña Carmen, por el  buen salario de estos dos hijos, ella vivía bien. “Hoy vivo sola con mi hijo Álvaro, lisiado, que no puede trabajar, y yo tengo que arreglármelas con 1,500 córdobas de pensión y buscarme el resto “por cuenta propia”, mientras cada vez puedo moverme menos, pues por la edad hay ocasiones en que no puedo ni caminar”, dice esta Madre de Héroes y Mártires sandinistas.

“Cuando mis cuatro hijos se fueron en el Repliegue a Masaya, yo no supe nada de inmediato. Me quedé solita. El 28 de junio de 1979 me vinieron a informar unos amigos que Álvaro, mi quinto hijo, estaba grave de muerte donde las monjitas del Reparto Schick, donde lo habían atendido, pero era necesario buscar un médico con urgencia. Al mismo tiempo, los guardias asesinos de la EEBI me llegaron a catear la casa nuevamente. Tuve que huir hacia donde amigos y familiares en el mismo Reparto Schick”, recuerda Rosa del Carmen Gutiérrez, quien actualmente tiene ya 79 años. Álvaro, herido gravemente, le contó que sus otros cuatro hermanos se habían ido en el Repliegue Táctico de Managua Masaya.

Álvaro también cumplía tareas del Repliegue a Masaya

A Álvaro, el único que queda vivo, también cumplía tareas militares en  la llamada Jornada de Exploración en la Vanguardia y Retaguardia del Repliegue de Managua a Masaya, cuando fue capturado y casi asesinado por los sicarios del régimen somocista genocida en la parte Este del Reparto Schick Gutiérrez, cerca del Tanque Rojo y del cauce de las cercanías del mismo Tanque Rojo, por donde pasó el grueso de más de seis mil managuas en el Repliegue a Masaya, entre las once de la noche del 27 y la una y media de la mañana del 28 de junio de 1979.

Todos estos muchachos Tapia Gutiérrez formaban parte de las estructuras de Combatientes Populares, de correos guerrilleros clandestinos, de fabricantes de explosivos, de propagandistas armados, de emboscadores de patrullas de guardias somocistas genocidas. Los cinco se fueron en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya el 27 de junio de 1979. Según los reportes históricos, los cuatro se integran al  Repliegue en la calle misma de la Clínica Don Bosco, en el Barrio Santa Bárbara (hoy Barrio Venezuela), donde se sumaron a las columnas jefeadas por William Ramírez Solórzano y Joaquín Cuadra Lacayo.

Al retornar a Managua el 19 de julio de 1979, Luis Manuel y César Augusto Tapia Gutiérrez, hermanos menores, le vinieron contando a su madre que Miguel Ángel y Marcos Antonio cayeron al ser partidos sus cuerpos por charneles de bombas de 1,000 libras.

Sus cadáveres no fueron encontrados

Sin embargo, al regresar  en busca de sus cadáveres, nunca fueron encontrados. Su madre, Rosa del Carmen Gutiérrez, dice que con sus hijos menores buscó “palmo a palmo” los cadáveres de sus dos hijos en “Piedra Quemada”, en Masaya, frente a la entrada antigua del Volcán Masaya.

“También anduve buscando afanosamente donde los guardias asesinos acostumbraban tirar cadáveres en Managua, como la “Cuesta del Plomo”, la “Escuela de Artes”, en las cercanías de Laguna de Xiloá, en los cráteres del Volcán Masaya, en la orilla de la Laguna de Masaya, frente al Teatro Rubén Darío, en las Lomas de San Judas, y !nada pude encontrar¡ Mis otros dos hijos aseguraban que Miguel Ángel y Marcos Antonio murieron en “Piedra Quemada”, pero sus restos nunca pudimos encontrarlos”, indica Rosa del Carmen Gutiérrez,

Mucho tiempo después del Triunfo de la Revolución,  fallecieron sus otros dos hijos: Luis Manuel y César Augusto, por causas naturales. Se ha quedado sólo con la compañía de Álvaro, quien no puede trabajar por su condición de lisiado de guerra.

Hay un monumento dedicado a Miguel Ángel y Marcos Antonio en la dirección mencionada arriba, de donde fueron los “Billares Shanguelo” ocho cuadras al Este y media al Sur.   Rosa del Carmen Gutiérrez reside en esa dirección y tiene el número de teléfono convencional: 22891862.

La casa donde vive actualmente no es de ella, alquila. Asegura que del gobierno le ofrecieron una casa nueva  y mejorarle su pensión y atenderle sus enfermedades crónicas, pero que ninguna de estas cosas ha ocurrido.

Mario Ramón Jiménez

Managua, Nicaragua, octubre del 2015.

Constancia Histórica

Según versiones históricas oficiales de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos del FSLN Carlos Fonseca Amador, Mario Ramón Jiménez, uno de los Combatientes Populares de la Insurrección Sandinista en Managua, en junio de 1979, cayó por el bombardeo aéreo  criminal durante el Repliegue Táctico de Managua de Managua a Masaya, el 28 de junio de 1979.

Efectivamente  por versiones, o relatos,  recogidos   por este servidor, se puede afirmar que esto de la caída de Mario Ramón Jiménez en “Piedra Quemada”, lado Norte del Volcán Masaya, fue verídica, pues inclusive  su cadáver  nunca apareció, hecho similar al de varias decenas de compañeros y compañeras, cuyos cadáveres no aparecieron después  en ese sector de “Piedra Quemada”.

Puedo asegurar, entonces, que Mario Ramón  Jiménez, cuya biografía  estoy elaborando, cayó allí  en “Piedra Quemada”, Masaya, el 28 de junio de 1979, un poco después de las once de la mañana.

Servidor y amigo,

Pablo Emilio Barreto Pérez,

Periodista, investigador histórico, participante directo en la Insurrección de Managua y en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya  los días 27, 28 y 29 de junio de 1979.

Colonia del Periodista No. 97, frente al portón del Parque. Teléfono 22703077 y 88466187.

María Daniela  “China Tica” Bravo Medina

María Daniela “China Tica” Bravo Medina era una jovencita enfermera y estudiante del quinto año de bachillerato, de 17 años,  al momento de caer mortalmente herida en “Piedra Quemada”, frente a la entrada antigua del Volcán Masaya, mientras al mismo tiempo iban ella y el doctor Juan Lezama atendiendo a los casi 200 heridos que iban en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, según datos aportados por la Asociación de Mujeres  y de Madres de Mártires Sandinistas, jefeada por Isabel Aráuz Rugama, una de las sobrevivientes del Repliegue a Masaya.

Su madre, doña Luisa Medina Mendoza, de 67 años en el 2013, asegura que “mi China Tica” Bravo Medina andaba plenamente integrada en la lucha política y armada, de forma clandestina, desde que tenía 14 años”.

Medina Mendoza sigue residiendo en su casita humilde de Américas I, Grupo A, Andén 10, casa No. 350, donde vivió con ella “mi China Tica” preciosa”, y de donde, según su madre, María Daniela se juntaba con el grupo guerrillero clandestino de Róger “Aniceto” Cabezas Gómez, Federico “Chato” López Argüello, el Jefe Guerrillero Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz y el doctor Lezama, quien era un médico que cooperaba clandestinamente con los grupos armados de la Insurrección Sandinista en junio de 1979.

Los datos aportados por la Asociación de Mujeres y Madres de Mártires Sandinistas y doña Luisa Medina Mendoza, indican que “China Tica” Bravo Medina se enroló con este grupo de cuadros políticos clandestinos mientras estudiaba su quinto año de bachillerato en el Instituto de Secundaria de la Colonia Primero de Mayo, donde estudiaban centenares de jóvenes (hombres y mujeres) de las Colonias Américas I, Tres y Cuadro, y que a ese Colegio llegaban “Aniceto” Cabezas Gómez y “Chato” López Argüello, quienes al mismo tiempo se coordinaban con los Jefes Guerrilleros Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz y Marcos “Salvador” Somarriba García.

“China Tica” Bravo Medina era la hija menor del médico Horacio Bravo (ya fallecido en 1983), quien tenía un consultorio privado, donde guardaba medicinas, inyecciones y material propio para curar heridos.

Según Luisa Medina Mendoza una noche, cuando ya había estallado la Insurrección, u Ofensiva Final en Managua, su hija “China Tica” Bravo Medina en compañía del también médico Juan Lezama se metieron al consultorio del doctor Horacio Bravo, en la Colonia Villa Libertad, y se llevaron todas las medicinas, jeringas, frassadas, alcoholes, desinfectantes y hasta una camilla, todo con el fin de atender los heridos que por centenares estaban siendo atendidos en los Hospitales clandestinos del Reparto El Dorado, en la Sagrada Familia del Barrio Ducualí y en los dos Hospitales de Bello Horizonte en el Instituto Experimental México y en una casa de la Etapa Cuatro, donde funcionó el   Hospital Silvia Ferrufino Sobalbarro.

Madre e hija estaban integradas en la Insurrección

Cuando la Insurrección Sandinista estaba en pleno apogeo, “China Tica” Bravo Medina se las arreglaba para ir a ver a su madre en Américas Uno. “En muchas ocasiones no me halló porque yo también andaba colaborando, haciendo de correo clandestino, trasladando comida de una trinchera a otra…Eso sí, yo siempre le dejaba comida hecha para que ella comiera y se la llevara”, recuerda su madre, mientras gruesas lágrimas resbalan de sus ojos hacia la mejillas.

Añade doña Luisa que su “China Tica” Bravo Medina le aseguraba que su labor guerrillera, revolucionaria, la desarrollaba plenamente en la atención a los heridos, colaborando con los médicos. “Nunca me dijo que estuviera en una trinchera de combate, con un fusil. Me contaba cómo se le hacía nudos el alma al ver y atender a centenares de jóvenes, niños, mujeres y ancianos destrozados por las bombas de 500 libras y por los charneles de los rockettes, y al contar esto lloraba de rabia, y decía que los guardias y Somoza Debayle debían ser eliminados todos porque eran asesinos genocidas, brutales, pues inclusive estaban desbaratando Managua con bombardeos aéreos”, recuerda doña Luisa Medina Mendoza.

Cae en “Piedra Quemada” mientras atendía heridos

Doña Luisa Medina Mendoza asegura que su hija “China Tica” Bravo Medina iba con el doctor Juan Lezama al momento en que un grupo numeroso de Combatientes Populares, entre otros Douglas Aguilar Uzaga y “Pajarito” España, al momento de ser impactada por numerosos charneles de rockettes en “Piedra Quemada”, donde ella  desafiando al peligro iba atendiendo al grupo de más de 100 heridos que llevaba consigo el Repliegue Táctico de Managua Masaya.

Según el relato de Lezama y de otros Combatientes Populares, “China Tica” Bravo Medina cayó allí en “Piedra Quemada” abatida por los charneles mencionados, y le aseguraron a doña Luisa que allí mismo fue sepultada en una zanjita poco profunda, y que le echaron piedras y arenas encima.

Su cadáver desapareció

Después del Triunfo de la Revolución Sandinista, después del 19 de julio de 1979, se formó un grupo de búsqueda de su cadáver, integrado por doña Luisa, el doctor Horacio Bravo (su padre médico, ya fallecido), familiares, vecinos, amigos y Combatientes Populares, incluyendo al doctor Juan Lezama, quienes buscaron su cadáver minuciosamente en “Piedra Quemada”, en el Camino Viejo de Nindirí, en las cercanías de los cerros del Coyotepe y  Barranca, en la propia Ciudad de Masaya, aquí en las Colonias Américas en Managua, en el Barrio Ducualí, en el Cementerio de los Mártires en Bello Horizonte, “!y nada¡ Busqué durante tres años el cadáver de mi hijita “China Tica”. No lo encontré. La hubiera querido viva aquí conmigo. Para colmo ni una foto de ella conservo, porque las que tenía desaparecieron al producirse el Repliegue a Masaya, pues todos aquí en la casa tuvimos que huir, escondernos y cuando volvimos, nuestra casita había sido saqueada, todo se llevaron, y también las  fotos de mi hijita desaparecieron”, se queja amargamente doña Luisa Medina Mendoza.

Doña Luisa tiene esperanzas de que una foto de su hija esté en la Galería de los Mártires de la Colonia Nicarao. “Mi hija estaba por graduarse de enfermera. Le gustaban el canto y el baile. Le encantaba vestirse bien. Era muy bonita. Era un encanto de muchacha. Era graciosa, educadita, nunca pronunciaba malas palabras, siempre decía: “Mejor pensémoslo bien mamá, antes de proceder”, recuerda con cariño doña Luisa de su hija “China Tica” Bravo Medina.

No tenía novio, no dejó hijos. “Me contaban que el doctor Lezama era enamorado de mi “China Tica”. Nunca lo confirmé porque ella siempre me contestaba: “No mamá, no tengo novio, ni marido… será cuando ya me haya graduado y tenga un buen empleo”, añade su madre a los recuerdos de su “China Tica” Bravo Medina.

Son hermanos de “China Tica” Bravo Medina: Sufragia (ya fallecida), Horacio y Danelia. Luisa Medina Mendoza sigue viviendo en su casita No. 350 de Américas Uno, Grupo A, Andén Diez, en las cercanías de la Escuela Secundaria. En su casa cría palomitas “de Castilla” y sobrevive con las ayudas de sus dos hijos vivos.

Manuel Salvador Reyes Montiel

Manuel Salvador Reyes Montiel, de 17 años, era uno de los casi 300 Combatientes Populares del Barrio Riguero, donde uno de los apoyos fundamentales de los pobladores insurreccionados contra la dictadura somocista en junio de 1979, eran la Iglesia Santa María de los Ángeles y su cura, o sacerdote progresista, amigo fiel de Tomás Borge Martínez, Uriel Molina Oliú. Unos oraban y cantaban dentro de la Iglesia y otros, aprendían arme y desarme en el patio del fondo.

Manuel Salvador Reyes Montiel era estudiante nocturno en el Instituto René Schick Gutiérrez (hoy Elvis Díaz Romero) y al mismo tiempo laboraba, en el día, como repartidor de hielo entre comerciantes del Mercado Oriental. De esa forma ayudaba a su madre en la manutención de sus hermanos y se pagaba sus estudios por la noche.

La familia de Reyes Montiel, encabezada por su madre Guadalupe Montiel Coca (en 2013 tenía 83 años), residía entonces de la Iglesia mencionada una cuadra al Norte y 80 varas al Este, donde funcionaban un  buzón grande de armas, era casa de seguridad, se fabricaban allí explosivos o bombas de contacto y mediante un mimeógrafo se imprimían miles de volantes o propaganda armada de la Insurrección Sandinista en los Barrios de la Zona Oriental-norte de Managua.

En ese Barrio Riguero, situado en la orilla de la Pista principal de Managua, fue donde la Guardia Nacional somocista genocida asesinó fríamente al periodista norteamericano Bill Steeward, el 20 de junio de 1979.

Ese mismo día 20 de junio fue asesinado Julio César Reyes Montiel, hermano mayor de Manuel Salvador, por un francotirador somocista, quien en el Barrio Riguero actuaba guiado por los Miranda, jefeados por Alfonso Miranda, quienes al mismo tiempo se presentaban como “amigos” de los insurrectos, cuando en realidad eran “orejas” y soplones” de la Oficina de Seguridad y de la Guardia Nacional.

Los Combatientes Populares se desplazaban por el cauce que atraviesa una parte del Barrio Riguero y cruza hacia el Barrio  Paraisito, lo cual fue descubierto por los “orejas” y soplones” mencionados.

Doña Guadalupe Montiel Corea desafiando a los francotiradores y guardias desplazándose por allí mismo, se llevó un carretón de manos al cauce y rescató el cadáver de su hijo Julio. Lo sepultó en el patio de su casa, donde funcionaban el buzón de armas y demás asuntos mencionados arriba. Julio está allí sepultado en el patio de la casa de su madre.

Dos hijos caídos y madre también estuvo insurreccionada

Según la profesora María Ester Díaz, una de esos alrededor de 300 Combatientes Populares (hoy directora de uno de los Institutos de Secundaria y Primaria de la Colonia Américas UNO), la caída de Julio desconsoló y “arrechó” más a Manuel Salvador Reyes Montiel, quien profundizó su accionar combativo y agilizó sin tregua las órdenes que daban los Jefes Guerrilleros del Estado Mayor del Frente Interno.

A pocos metros de distancia de la casa de doña Guadalupe Montiel Coca vivía María Lidia Díaz García, madre de María Ester Díaz, entonces una muchacha de 17 años, y plenamente integrada con su madre a los combates guerrilleros contra la Guardia Nacional somocista en este sector de Managua. María Lidia Díaz García era enfermera y como tal hacía funcionar botiquines para la cura de combatientes y pobladores heridos.

María Ester Díaz indica que además de todo lo señalado, un grupo de Combatientes Populares, guiados por el Jefe Guerrillero Rolando “Cara Manchada” Orozco Mendoza, entre los que estaban Manuel Salvador Reyes Montiel y la misma María Ester, ejecutaban “recuperes de armas, municiones, medicinas y camillas” para continuar la lucha armada en el mismo Barrio Riguero, en los Barrios Paraisito, Rigoberto López Pérez, San Cristóbal y Reparto El Dorado.

300 Combatientes Populares cruzan cauces, guiados por Rolando Orozco

María Ester Díaz y la propia doña Guadalupe Montiel Coca aseguran que la tardecita en que el Repliegue de Managua a Masaya empezaba a moverse, fue impresionante ver cómo alrededor de 300 Combatientes Populares (hombres y mujeres, casi todos jóvenes), jefeados por  Rolando “Cara Manchada” Orozco Mendoza, cruzaban el cauce mencionado, para dirigirse a las calles del Reparto El Dorado y de la Colonia Don Bosco.

Estos Combatientes Populares del Barrio Riguero fueron llevados hacia el Norte, hasta juntarse con los replegados de Bello Horizonte y Santa Rosa. En el grupo iban Manuel Salvador Reyes Montiel y María Ester Díaz.

Según la profesora María Ester Díaz, cuando el grupo del Repliegue de Managua a Masaya salió de la Calle de la Clínica Don Bosco, en el Barrio Santa Bárbara (hoy Barrio Venezuela), entre las diez y media y once de la noche del 27 de junio de 1979, el grupo de Combatientes Populares del Riguero, todavía iban juntos.

Reyes Montiel cayó en “Piedra Quemada”

Cuando se registró el combate con una patrulla de guardias emboscados en el Cruce de Veracruz, en ese momento ya hubo dispersión. El asunto es que unos supieron y otros no que Manuel Salvador Reyes Montiel cayó en el bombardeo aéreo de “Piedra Quemada”, frente a la entrada antigua del Volcán Masaya.

Nadie supo nada con exactitud. No hubo, al parecer, ni tumba improvisada en “Piedra Quemada” para Manuel Salvador Reyes Montiel. Su madre, Guadalupe Montiel Coca, al 2013, de 83 años, asegura que un grupo numeroso de los antiguos compañeros combatientes del Riguero fueron con ella a buscar su cadáver en “Piedra Quemada”, en el Camino Viejo a Nindirí, en las cercanías de los cerros del Coyotepe y Barranca, en la propia Ciudad de Masaya, en el Cauce del Barrio Riguero, en los vecindarios de El Dorado, en el Barrio Paraisito, en Bello Horizonte. Su cadáver no apareció, quedó como desaparecido en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Su única hermana, María del Socorro Reyes Montiel, quedó chiquita, gateando, en junio de 1979, cuando sus dos hermanos: Julio y Manuel Salvador, cayeron patrióticamente durante la Insurrección Sandinista, falleció hace poco tiempo en un accidente de tránsito. Ella le dejó varios nietos a doña Guadalupe Montiel Coca.

Doña Guadalupe Montiel Coca reside en la misma casita: de la Iglesia Santa María de los Ángeles, una cuadra al Norte, 80 varas al Este, en el Barrio Riguero. Tiene el teléfono: 84876286.

Carlos José Alvarado Aragón

Carlos José Alvarado Aragón tenía 20 años al caer  fulminado por charneles en el bombardeo infernal del lado Norte de  “Piedra Quemada”, frente a la entrada antigua al Volcán Masaya, el 28 de  junio de 1979, cuando se aproximaba la una de la tarde, según los registros oficiales de la Asociación de Mujeres y Madres de Mártires Sandinistas, coordinada por Isabel Aráuz Rugama.

Según sus hermanas Ana Cecilia y Silvia Elena, residentes siempre en la Colonia Villa Progreso (al Este del Reparto Bello Horizonte), Carlos José Alvarado Aragón fue cuadro político y Combatiente Popular del Frente Sandinista clandestino al estallar la Insurrección, u Ofensiva Final, de junio de 1979, y como tal estaba plenamente enrolado, coordinado y organizado con los Combatientes Populares de Villa Progreso, Bello Horizonte, Santa Rosa y para el lado del Barrio Blandón, hoy Barrio Costa Rica.

Doña Máxima Alvarado Salmerón, de 82 años en 2013, recuerda que su hijo Carlos José era al mismo tiempo cobrador por alquiler de tramos en el Mercado Oriental, estudiante nocturno de secundaria en la Escuela Nacional de Comercio (hoy Instituto Manuel Olivares) y luchador clandestino organizado para el derrocamiento de la dictadura somocista genocida.

Silvia Elena, quien tenía 21 años en 1979, recuerda que efectivamente su hermano Carlos José estaba organizado y coordinado política y militarmente con los grupos de jóvenes rebeldes antisomocistas de las Colonias Catorce de Septiembre, Nicarao, su propia Colonia Villa Progreso y con el grupo del Frente Sandinista Proletario en el Barrio Santa Rosa, coordinado por Marcos “Salvador” Somarriba García.

Distribuía propaganda armada dentro de autobuses urbanos

Antes de estallar la Insurrección el nueve de junio de 1979, Carlos José desaparecía en la tardecita y retornaba a su casa en Villa Progreso después de las diez de la noche, porque andaba efectuando “propaganda armada” en calles y dentro de autobuses urbano colectivos, andaba en mítines nocturnos, haciendo “pintas” antisomocistas en muros, postes, pavimentos y paredes de casas particulares; o andaba en algún operativo militar de emboscadas contra los guardias, recuerdan sus hermanas Ana Cecilia y Silvia Elena.

En la Asociación de Mujeres y Madres de Mártires Sandinistas se indica que Carlos José Alvarado Aragón fue uno de los Combatientes Populares que participó en los combates contra patrullas de guardias somocistas genocidas en el Aserrío Carlos Morales Orozco, al Norte de Villa Progreso, y al Este de Bello Horizonte,  la noche del nueve de junio de 1979.

Las comunicaciones radiales oficiales de la GN somocista, registradas por Combatientes Populares de Bello Horizonte, indican que las patrullas de la Guardia Nacional eran comandadas por un oficial llamado Bandor Bayer, allí en el Aserrío Carlos Morales Orozco, esa noche del nueve de junio de 1979.

A partir del nueve de junio,  no volvió a llegar a su casa

Los datos y recuerdos históricos de su mamá, Máxima Alvarado Salmerón, y de sus hermanas Ana Cecilia y Silvia Elena indican que, precisamente, ya esa noche del nueve de junio de 1979, Carlos José Alvarado Aragón dejó de llegar regularmente a su casa en Villa Progreso, porque ya andaba plenamente involucrado en la Insurrección antisomocista en la Zona Oriental-norte de Managua.

Los datos aportados por la Asociación de Mujeres y Madres de Mártires Sandinistas, su mamá, Máxima Alvarado Aragón y sus hermanas Ana Cecilia y Silvia Elena, coinciden en que Carlos José se fue con su grupo de Villa Progreso y del Barrio Santa Rosa en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, el 27 de junio de 1979, en la noche.

Sus familiares coinciden en que Carlos José Alvarado Aragón cayó mortalmente abatido por charneles en el bombardeo aéreo infernal de “Piedra Quemada”, el 28 de junio de 1979, al medio día o en la tarde, según la información que trajeron sus compañeros y compañeras Combatientes Populares, al retornar de Masaya a Managua el 19 de julio de 1979, en la tardecita.

Cayó en “Piedra Quemada”, pero no apareció ni vivo ni muerto

La información de sus camaradas Combatientes Populares sobre la ubicación exacta de en qué lugar de “”Piedra Quemada”, o del Camino Viejo al casco urbano de Nindirí, quedó sepultado el cadáver de Carlos José Alvarado Aragón, no fue precisa, y precisamente su madre, sus hermanas, amigos y vecinos, registraron “palmo a palmo” toda “Piedra Quemada”; también el Camino Viejo a Nindirí, frente al Cerro La Barranca, en Masaya, en la misma Managua, y ¡nada¡, Carlos José Alvarado Aragón no apareció ni vivo ni muerto. Quedó como desaparecido. “Buscamos su cadáver durante casi dos años. En algunos momentos tuvimos la esperanza de encontrarlo vivo en alguna parte”, externa con tono de pesar profundo su hermana Ana Cecilia, la menor de todos los hermanos.

Al caer en “Piedra Quemada”, Carlos José Alvarado Aragón ya tenía un hijo con la joven Rosa Calderón, llamado  Eddy José Alvarado Calderón, quien vive hoy con su madre en Estados Unidos.

Le sobreviven a Carlos José Alvarado Aragón sus hermanos: José León, Ramón, Victoria, Silvia Elena y Ana Cecilia. Ellos viven con su madre en la Calle Principal de Villa Progreso, de la Esquina Este del Estacionamiento público, 20 varas al Este, en la casa No. 163. Tienen los teléfonos:   22518156 y 87577335.

                                                                                                                                                                       

Joaquín “José” Valle  Corea 

Nació en león el 29 de marzo  de 1954, y se integra a la lucha revolucionaria en 1976. Con la tendencia G.P.P del FSLN recibe curso clandestino de preparación militar.

Participó en operaciones armadas de recuperación económica, de propagada y de hostigamiento a la G.N   y  connotados somocistas, bajo la dirección de  los compañeros Luis  “Roberto” Cortez y de José Arcadio “Túpac) Acosta.

Organiza los Comités de Acción Popular (CAP) y los Comités de Defensa Civil (CDS) en numerosos barrios orientales de Managua, durante la insurrección final  de junio del 1979  y participa en la lucha armada  insurreccional  y cae el 28 de junio de 1979, junto a los compañero José Santos “Cerro Negro” Mayorga Alemán, René “Sastrecito”  Polanco Chamagua, Mario Paredes  y José Luis “Oso” Marín  durante una operación militar  de la guardia somocista genocida, cuando se desplazaba sigilosamente el Repliegue Táctico de Managua a Masaya el 28 de junio de 1979, en la madrugada.

Según la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos, Carlos Fonseca Amador, encabezada por Frank “Machillo” González Morales y Juan Carlos “Marcial” Soza Aragón, Valle Corea fue uno de los capturados y asesinados atrozmente por la Guardia Nacional y la Oficina de Seguridad sanguinarias somocistas cuando él, Joaquín, y un grupo de jóvenes resguardaban la retaguardia del Repliegue de Managua a Masaya, el 28 de junio en la madrugada.

Su cadáver nunca apareció, pues la GN somocista genocida después de capturarlos se llevaron al grupo de jóvenes con rumbo desconocido, y nunca se supo dónde fueron asesinados y qué hicieron con sus cadáveres. Su lema: “morir por la patria… es vivir”

 Jorge Antonio “Yorbis” Bermúdez García

Jorge Antonio “Yorbis” Bermúdez García tenía tan sólo 15 años y era estudiante de secundaria en el “Centro Escolar Diriangén” de Américas III, o “Villa Revolución”, cuando cayó fulminado por charneles de rockettes en el Camino Viejo de Nindirí, el 28 de junio de 1979, en la tarde, aseguran dirigentes femeninas de la Asociación de Mujeres Sandinistas y de Madres de Héroes y Mártires, coordinadas por Isabel Aráuz Rugama;  y su cuñada Fredecinda Gutiérrez y su hermano mayor,  Armando García Bermúdez.

Al integrarse “Yorbis” Bermúdez García en la Insurrección Sandinista de la Zona Oriental de Managua, en junio de 1979, ya había sido asesinado su otro hermano mayor, Daniel José, en la Mina del Limón (en León), donde guardias somocistas genocidas hicieron pedazos su cuerpo a punta de machetazos y balazos.

De su integración a labores insurreccionales en las Américas III y Américas I sólo sabían su madre Irma del Socorro García Somarriba y su hermano Armando José, quien al mismo tiempo se había enrolado en el grupo de Combatientes y Colaboradores Populares, guiados por el Frente Sandinista Proletario y personalmente por el Jefe Guerrillero César Augusto “Moisés” Silva (caído en Masaya), residente en Américas Uno.

Según Armando José, una de las primeras acciones combativas públicas de su hermano menor, Jorge Antonio “Yorbis” Bermúdez García, fue cuando el cuatro de junio de 1979 un grupo de jovencito Combatientes Populares aparecen construyendo una barricada (con adoquines y troncos de árboles) en la entrada Sur de la Colonia América Tres, para impedir la entrada de patrullas de la guardia somocista hacia el Norte, donde estaban operando otros grupos de Combatientes Populares.

Su casita de madera el buzón de armas y casa de seguridad

La casita de madera en que vivían con su madre en Américas III, Sector B, Andén 1, casa número 1771-72, hacía varios meses que estaba convertida en casa de seguridad y buzón de armas, además de que era visitada con mucha frecuencia por César Augusto “Moisés” Silva, relata 38 años después su hermano Armando José, quien después del Triunfo de la Revolución se convirtió en Gerente de Producción de “El Nuevo Diario”.

Un siguiente operativo público en que apareció involucrado este jovencito, al que apodaban “Yorbis”,  fue el asalto y recuperación de dinero a un camión lechero de “La Perfecta”, cuando sus despachadores estaban entregando leche en una pulpería cercana al Centro Escolar Diriangén, en Américas III.

Según Armando José, su hermano “Yorbis” Bermúdez García, de apenas 15 años, dirigió al grupo de chavalos Combatientes Populares que asaltaron y retuvieron el camión lechero. “Era ya de tardecita. Me acuerdo bien que les quitaron unos cinco mil córdobas a los repartidores de leche, y la leche que todavía se cargaba en el camión fue repartida entre el vecindario. Ese dinero recuperado se le entregó a un grupo de guerrilleros, encabezados por César Augusto “Moisés” Silva”, añade Armando José.

Siendo un  niño, jefeó asaltos a camiones repartidores

La Insurrección Sandinista, u Ofensiva Final, no se había generalizado, antes del nueve de junio de 1979, cuando el grupo de Combatientes Populares encabezados por “Yorbis” Bermúdez García efectuó otro asalto y recupere a un camión de la empresa trasnacional o multinacional imperialista Coca Cola en la entrada a la Comarca “Jaguitas”, del Cine Ideal hacia el Sureste, en el Reparto Schick Gutiérrez, donde hubo un intercambio de disparos con orejas de la guardia y “Yorbis” Bermúdez García resultó herido  en la pierna y en el pie derecho, recuerda su hermano Armando José.

Según Armando José, en este “asalto y recupere” no se repartió productos de la Coca Cola, sólo se recuperó el dinero, unos cinco mil córdobas, puesto que los repartidores de la compañía trasnacional únicamente entregaban en ese momento unos cifones y termos llenos de gaseosa, para una fiesta en la casa de uno de los guardias somocistas residentes en el sector Este del Reparto Schick Gutiérrez.

Las heridas de “Yorbis” Bermúdez García no eran graves. Fue llevado a su casa en Américas III, donde fue curado por Marta Robleto, de ANPRONAC y Colaboradora, quien operaba clandestinamente en este sector de Managua. Robleto todavía labora en el Ejército Nacional.

Después de curado, de acuerdo con el testimonio de su hermano Armando José, “Yorbis” Bermúdez García se fue con el grupo de César Augusto “Moisés” Silva hacia el Barrio Ducualí, donde se integró a una de las escuadras móviles en los sectores del Reparto  El Dorado, barrios María Auxiliadora, San Cristóbal, Paraisito, en el mismo Ducualí, en la Colonia Diez de Junio y Colonia Don Bosco.

Estuvo en El Dorado, donde estaba el Comando del Frente Interno

Puesto en ese sector combativo insurreccional se encontró allí con Fredecinda Gutiérrez, su cuñada, esposa de su hermano Armando José. Fredecinda era Combatiente Popular y le relató a su familia que “Yorbis” Bermúdez estuvo en el Reparto El Dorado, operando como Combatiente Popular, jefeado por Claudio Picasso Ardito, en operaciones militares móviles y en labores de correo clandestino.

Es Fredecinda Gutiérrez  quien le relata a su esposo Armando José y resto de familia que vio a “Yorbis” Bermúdez García durante la marcha del Repliegue Táctico de Managua a Masaya en la Comarca “Jaguitas” y en “Piedra Quemada”, donde ocurrió el bombardeo mortal de la GN somocista contra los replegados capitalinos.

Después del bombardeo aéreo en el lado Norte de “Piedra Quemada” no se volvieron a ver Fredecinda con “Yorbis”.  A Fredecinda Gutiérrez le informaron, ya puesta en Masaya, que “Yorbis” Bermúdez había caído durante la continuación del bombardeo aéreo en el Camino Viejo de Nindirí, más o menos a las cuatro de la tarde del 28 de junio de 1979.

Su madre Irma del Socorro García Somarriba, su hermano Armando José, sus otros hermanos, familiares, amigos y funcionarios del nuevo régimen sandinista revolucionario buscaron su cadáver en “Piedra Quemada”, en el Camino Viejo a Nindirí, en las zanjas o tumbas colectivas que había hecho la guardia de asesinos en los Cerros del Coyotepe y  Barranca, en las cercanías de la Iglesia San Jerónimo en Masaya y ¡nada!, el cadáver de  “Yorbis” no fue encontrado. Quedó como desaparecido, indica Armando José, mientras los ojos se le humedecen de lágrimas.

“Mi madre no cesó de buscarlo durante seis años. Finalmente, se convenció de que no era posible hallarlo”, expresa Armando José.

El padre de “Yorbis” era don Armando Bermúdez. Y Doña Irma del Socorro García Somarriba falleció hace ocho años.

Sus hermanos sobrevivientes son: Francisco José, José Antonio y Armando José, quien reside en la misma casita en que vivió “Yorbis” en Américas III, Sector B, Andén Uno, casa No. 1771-72.  Tiene los teléfonos: 83282827 y 85291179.

Gustavo Elías “Carcache” Morales Mayorga

Gustavo Elías “Carcache” Morales Mayorga tenía 27 años, era estudiante de una carrera técnica y tenía el oficio de sastre, cuando se integró plenamente a la Insurrección Sandinista en el Barrio Santa Rosa y al irse en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya el 27 de junio de 1979, en la noche.  

Según los datos oficiales de la Asociación de Mujeres y Madres de Mártires Sandinistas, presidida por Isabel Aráuz Rugama; y María Elena Rodríguez, coordinadora de las Madres de Héroes y Mártires del Barrio Santa Rosa, “Carcache” Morales Mayorga cayó fulminado por charneles durante el bombardeo aéreo criminal de la GN sobre el Camino Viejo de Nindirí, contra los replegados de Managua, el 28 de junio de 1979, en la tarde.

Esta versión es confirmada por Martín y Raúl Ulloa Mayorga, ambos hermanos menores de “Carcache” Morales Mayorga, hijo de Pedro Pablo Morales González y Consuelo Mayorga Cajina, quien todavía está viva, pero padeciendo diabetes y pérdida de la memoria.

“Carcache” Morales Mayorga cuenta con otros tres hermanos llamados: Carlos, Alejandra e Ignacio Morales Mayorga, hijo de un primer matrimonio.

Esta familia sigue residiendo del “Restaurante Perla” 75 varas al Norte, en el combativo Barrio Santa Rosa.

Sus hermanos Martín y Raúl Ulloa Mayorga indican que ellos estaban muy pequeños, de seis y siete años, cuando “Carcache” Morales Mayorga andaba en labores “guerrilleras y combativas”, en 1979, en compañía de Combatientes Populares como Ronald Rizo Huerta, Francisco Iván Salgado Gómez, Juan Ramón Amador, Felipa  “Francis” Membreño Mejía, Roberto “Pescadito”  Zamora Loáisiga, entre otros, jefeados por el Jefe Guerrillero Marcos “Salvador” Somarriba García.

“Cuando mi mamá todavía tenía buena la memoria, nos contaba que mi hermano Gustavo Elías “Carcache” Morales estaba organizado en el Frente Sandinista clandestino desde hacía varios años, y hasta nos decía que había participado en la Insurrección de septiembre de 1978”, relata Raúl Ulloa Mayorga.

Cosía ropa y banderas para Combatientes Populares

Versiones de amigos de “Carcache” Morales Mayorga en el mismo Barrio Santa Rosa señalan que era admirable ver los sacrificios de Gustavo, pues cosía pantalones y camisas por encargo, realizaba reparaciones en ropa, iba a coser en talleres ajenos, con la finalidad de  comprar la comida de sus hijos pequeños Carlos y Gustavo Morales Vallejos y de su esposa Auxiliadora Vallejos.

Esos amigos señalan, inclusive, que “Carcache” Morales Mayorga fabricaba también banderas rojinegras en tela, bolsas especiales para fabricar bombas de contacto, y hasta pantalones para algunos Combatientes Populares del Barrio Santa Rosa.

Sus hermanos menores afirman que su  madre Consuelo Mayorga les contaba que “Carcache” Morales participó en operativos de emboscadas a guardias somocistas genocidas, hacía labores de correo clandestino mientras al mismo tiempo ejercía su oficio de sastre, se encargaba de alimentar y asegurar buzones de armas en el Barrio Santa Rosa, y que durante la Insurrección de junio de 1979 lo vieron con el fusil en las manos combatiendo en las trincheras de combate del Barrio Santa Rosa, frente a la fábrica Rolter, en la Carretera Norte; en el Puente Larreynaga, en los semáforos de la Litografía Robelo, y también cargando heridos hacia los hospitales clandestinos de Bello Horizonte, ubicados en el Centro Experimental México y en una casa particular de la Etapa IV del mismo Bello Horizonte.

En plena Insurrección llegaba a preguntar por hijos y familiares

Doña Consuelo Mayorga Cajina contaba, cuando todavía tenía buena su memoria, que su hijo “Carcache” Morales Mayorga llegaba a su casa todos los días que duró la Insurrección Sandinista de junio de 1979, para saber cómo estaban su madre, sus hermanos, su esposa Auxiliadora y sus dos hijos pequeños.

Doña Consuelo siempre dijo que el día en que se produjo el Repliegue Táctico de Managua a Masaya,  “Carcache” Morales Mayorga llegó a despedirse de ella. “Vamos en Retirada. No sé para dónde. Pronto nos volveremos a ver. Cuídense. Me cuidan a los niños y a mi esposa “Chilo”, recomendó antes de irse el 27 de junio de 1979, más o menos a las cinco de la tarde.

“Carcache” Morales Mayorga se fue en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, específicamente en el grupo o columnas jefeadas por Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz, Rolando “Carlos”, “Cara Manchada” Orozco Mendoza y Mónica “Isabel” Baltodano Marcenaros, las cuales salieron de Santa Rosa, Bello Horizonte, Villa Progreso, Colonia Xolotlán, Miguel Gutiérrez, San Jacinto, Américas Uno, por ejemplo.

Cayó en el Camino  Viejo a Nindirí

Sus compañeros de lucha armada para derrumbar a la dictadura somocista genocida, sobrevivientes del Repliegue a Masaya del Barrio Santa Rosa, le trajeron a doña Consuelo y a otras Madres de Héroes y Mártires, la trágica noticia de que “Carcache” Morales había caído en el Camino Viejo de Nindirí, debido a charneles del bombardeo aéreo de la GN contra los replegados capitalinos.

Sus compañeros y compañeras de viaje en el Repliegue a Masaya sepultaron su cadáver en un lugar que fue fácilmente localizado en el mes de agosto de 1979. El cadáver fue exhumado y reconocido. Fue colocado en una caja hermética, la cual fue llenada de cal porque el cadáver estaba descompuesto. Fue velado un ratito en su casa y luego lo fueron a sepultar en el Cementerio Occidental de Managua, donde su familia tenía un lote disponible.

Uno de sus hijos, Gustavo, el menor, ya falleció. Su esposa Auxiliadora se fue a Costa Rica en busca de empleo. Y aquí doña Consuelo necesita atención médica especializada por su diabetes, por su memoria, y también requiere ayuda para mejorar su casa en malas condiciones, ubicada en el mismo sitio: del “Restaurante Perla” 75 varas al Norte, en el Barrio Santa Rosa. Tienen el teléfono:  87321475.

Armando Martínez Mora

Armando Martínez Mora era un joven de 23 años cuando participó heroicamente en la Insurrección, u Ofensiva Final, en la Zona Oriental de Managua, y en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, en cuyo recorrido cayó el 28 de junio de 1979, en “Piedra Quemada”, frente a la entrada antigua al Volcán Masaya.

Este joven cuadro político, militar y guerrillero clandestino del Frente Sandinista  de Liberación Nacional era al mismo tiempo estudiante nocturno de bachillerato y obrero de la construcción cuando se construía el edificio del actual Hospital del Niño (hoy conocido como Hospital Manuel d Jesús “Mascota” Rivera, en 1978-1979, testimonia doña Rogelia Sevilla Ramos, miembro y directiva de la Asociación de Madres de Héroes y Mártires de Nicaragua.

Sevilla añade que don Emilio Martínez, padre de Armando, le acompañaba en muchas de las actividades de correo clandestino y de transportador de armas de un lugar a otro en Managua.

Según doña Rogelia Sevilla Ramos, Armando también tenía la colaboración plena de su madre, Cecilia Mora, quien había convertido en buzón  de armas, municiones y explosivos, su casa ubicada entonces de los semáforos del Dancing, hacia el Norte, en la orilla de uno de los cauces del Barrio Primavera.

Sevilla indica que Armando Martínez Mora, además, se ubicaba también en dos casas de seguridad de la Colonia Unidad de Propósitos, ubicada cerca del Aeropuerto Internacional Augusto C. Sandino, en la orilla de la Carretera Norte.

Era compañero cercano de Jefes Guerrilleros y de la Dirección Nacional del FSLN

Esta versión de Rogelia añade que Armando era sindicalista, integrante de los Comités Obreros Revolucionarios (COR), los cuales eran promovidos por un grupo de dirigentes revolucionarios del Frente Sandinista Proletario, encabezados por Carlos Núñez Téllez, Luis Carrión Cruz, Jaime Weelock Román, Francisco Meza Rojas, Camilo Chamorro, Raúl Areas Chamorro, Ricardo Robleto Espinoza, Carlos Borge Galeano, Marcos Somarriba García, Lucío Jiménez Guzmán, Iván García Abarca, Pedro Ortíz Sequeira, entre otros.

Era albañil, carpintero, fontanero y estudiante de secundaria en la noche. Según Rogelia Sevilla Ramos, antes de la Insurrección en Managua, Armando Martínez Mora estuvo acompañando un tiempo corto a Juan José Quezada y a Ricardo Morales Avilés, en Nandaime, antes de que estos fuesen asesinados por la Guardia Nacional somocista sanguinaria y genocida.

Estuvo lado de Gaspar García Laviana y del “Zorro” Rivera

Asimismo, estuvo cumpliendo tareas revolucionarias clandestinas en el Frente Sur Benjamín Zeledón Rodríguez a la par del Sacerdote Guerrillero Gaspar García Laviana. Asegura Rogelia que Armando Martínez Mora también fue enviado un tiempo corto a cumplir tareas guerrilleras junto al “Zorro” Rivera, en Estelí.

El testimonio de Sevilla Ramos añade que Armando cumplió funciones de Guerrillero y Combatiente Popular con el grupo de Raúl Areas Chamorro, en la Carretera Norte, y que se le vio combatiendo en las trincheras de combate del Barrio Santa Rosa, en la barricada frente a la Fábrica Rolter, en la barricada de las cercanías del Cruce del semáforo de “La Robelo”, en la misma Carretera Norte.

Según Sevilla Ramos, por testimonio de sus compañeros de labores guerrilleras y de combates populares en la Carretera Norte, se supo que Armando Martínez Mora se fue en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, que combatió en el Cruce de Veracruz (cuando fue emboscado el grueso del Repliegue por una patrulla de la GN) y después fue impactado por numerosos charneles del bombardeo aéreo somocista en “Piedra Quemada”, donde murió.

Rogelia Sevilla Ramos, Madre de tres Mártires y directiva de la Asociación de Madres de Héroes y Mártires, asegura que la llamada Brigada Camilo Chamorro rescató los restos de Armando Martínez Mora, después del Triunfo de la Revolución Sandinista, y los sepultó en el Cementerio de Mártires del Barrio Camilo Chamorro, donde también fue inhumado Raúl Areas Chamorro.

Rogelia Sevilla Ramos tiene todavía en sus registros la dirección antigua en que vivían don Emilio Martínez y Cecilia Mora. La propia Sevilla y este investigador histórico buscaron a esta familia en los barrios Primavera, en “Chorizo”, en el “Freddy Herrera” (antes Barrio  Mombacho) y en el Osvaldo Manzanares, pero, aparentemente, desaparecieron, no encontramos rastros de ellos.

Sus padres eran: Emilio Martínez y Cecilia Mora, se supone ya fallecidos. Sus hermanos son: Francisco y José Ángel. Además, tenía una esposa llamada María Ángeles Betanco, con quien procreó dos hijos, quienes viven en Estelí, según la versión de Rogelia Sevilla Ramos.

Para consulta sobre este caso de Armando Martínez Mora, doña Rogelia Sevilla Ramos reside de la Bloquera una cuadra al Norte, en el Barrio La Primavera. Tiene los teléfonos:  89176490 y  85793332.

Datos de otros Mártires del Repliegue a Masaya, de la lista oficial, suministrados por Rogelia Sevilla Ramos, en base a sus datos del Registro de la Asociación de Madres de Héroes y Mártires. Son direcciones antiguas, que hoy no se encuentran:

Orlando Talavera Alaniz, caído en el Repliegue a Masaya. Tiene un hermano supuestamente llamado Elvin, quien se supone vivió o residió del Ministerio del Trabajo, cuatro cuadras al Este, en el Reparto San Antonio. No se encuentra en esa dirección.

Jacinto Dávila Zeledón, también caído en el Repliegue de Managua a Masaya. Su madre: Margarita Dávila. Su padre: José Francisco Zeledón. Los datos de Rogelia indican que esta familia residió en Estelí, de la antigua Shell tres cuadras y media al Norte.

Guillermo Antonio Sáenz Salas, caído en el Repliegue a Masaya. Su madre se llamaría María o Margarita Salas, con dos direcciones:  en  la Colonia Catorce de Septiembre y en El Barrio El Paraisito, de donde fue la P. del H. dos cuadras al Sur y media al Este.  En ambos lugares recuerdan vagamente a la Madre, pero no hay rastros ni de ella ni de sus familiares.

 Roberto “Pescadito” Zamora Loáisiga, caído en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya. Hijo de Carmen Loáisiga. Algunos vecinos del Barrio Santa Rosa recuerdan que esta familia vivió de la Iglesia Católica dos cuadras al Sur. Lo recuerdan porque en muchas ocasiones fue buscado afanosamente por el sargento asesino Alberto “Macho Negro” Gutiérrez. No hay rastros de esta familia, la cual también fue buscada en La Primavera, en el Barrio Freddy Herrera y en Villa Progreso.

Rogelio de Jesús Avilés Pérez, caído en “Piedra Quemada”. Los registros indican que su madre era Emelina Avilés. Residió esta familia en el antiguo Barrio Mombacho, hoy Freddy Herrera, donde los recuerdos son vagos. Se asegura que esta familia residió un tiempo en el Barrio Osvaldo Manzanares después del Triunfo de la Revolución.

Augusto César Almendárez Telica, caído en “Piedra Quemada”, durante el Repliegue a Masaya. Su madre: Cecilia Telica. Esta familia residió un tiempo contiguo al antiguo Cine Salinas, en el Barrio Rigoberto López Pérez. Desaparecieron. Se le anduvo buscando en los Barrios Rigoberto López Pérez, San José Oriental y El Paraisito.

Francisco René “Sastrecito” Polanco Chamagua

Francisco René “Sastrecito” Polanco Chamagua fue uno de los militantes sandinistas clandestinos del Frente Sandinista de Liberación y Combatiente Popular de los más conocidos en el Reparto Shick Gutiérrez, donde residía con su familia y sus ocho hijos pequeños.

La Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos Carlos Fonseca Amador, a través de sus coordinadores Frank “Machillo” González Morales y  Juan Carlos “Marcial” Soza Aragón, indica que Polanco Chamagua era uno de los más sobresalientes Combatientes Populares del Reparto Schick Gutiérrez y de la Zona Oriental de Managua, y que fue asesinado atrozmente por la Guardia Nacional-EEBI somocista genocida cuando cumplía tareas militares y políticas en la Retaguardia del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, el 28 de junio de 1979, en la madrugada.

Era sastre de oficio y por eso le decían “Sastrecito”. Antecedentes al nueve de junio de 1979, día en que estalla la Insurrección Sandinista en Managua, señalan que Polanco Chamagua era militante clandestino del FSLN desde hacía varios años.

Su vivienda fue casa de seguridad de Jefes Guerrilleros y centro de entrenamientos

La investigación señala que su vivienda humilde era casa de seguridad de Jefes Guerrilleros como Ramón Cabrales Aráuz, Marcos Somarriba García, Tomás Borge Martínez, César Augusto Silva, y que en varias ocasiones estuvo escondido en su hogar el Jefe de la Revolución Popular Sandinista, Carlos Fonseca Amador, quien casi al mismo tiempo se escondía temporalmente en la casa de José Luis “Oso” Marín Gaitán, distanciadas las casas unas tres cuadras, en el Reparto Schick Gutiérrez.

En el Taller de Sastrería de Polanco Chamagua, ubicado en las cercanías de la calle principal (polvorienta en esos días),  se fabricaban banderas rojinegras, pantalones y camisas verdeolivo para Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares.

Su casita, con un patio amplio, era al mismo tiempo buzón de armas, fábrica de bombas de contacto y centro de entrenamientos militares a Combatientes Populares y Milicianos. Polanco Chamagua formaba parte de escuadras del FSLN clandestino que planificaban y ejecutaban emboscadas contra patrullas BECATS y contingentes de la GN somocista genocida, cuando estas se desplazaban en labores represivas y de asesinatos por estos vecindarios de la Zona Oriental de Managua. Asimismo, participó en ataques militares a la Quinceava Sección de Policía GN, la que estaba muy cerca de su casa.

Las investigaciones realizadas indican, además, que con frecuencia, meses antes de la Insurrección de junio de 1979, y días después de iniciada la misma Insurrección en Managua, Polanco Chamagua era visitado con regularidad por Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz,  quien llegaba a dirigir y supervisar los entrenamientos militares relámpagos a jóvenes, que casi inmediatamente se convertían en Combatientes Populares de este famoso sector geográfico de Managua.

Era como un felino subiendo árboles para emboscar a la GN genocida

Algunos Combatientes Históricos recuerdan que Polanco Chamagua era un hombre pequeño, delgado, morenito, y agilísimo para subirse a árboles de chilamates, ceibones, laureles y otros, y desde sus ramas tupidas, con otros compañeros Combatientes Populares, lanzaba diluvios de bombas de contacto y ráfagas de balazos contra las patrullas BECATS de la Guardia Nacional somocista genocida.

Regresaba a su casa, a reunirse con su esposa e hijos, y continuar su labor de sastre, porque de esa función laboral dependía diariamente su familia numerosa.

Ah, pero los traidores despreciables al parecer andaban cerca de numerosos Combatientes Populares del Reparto Schick Gutiérrez, y en particular espiaban a Polanco Chamagua. Estos “orejas” de la Oficina de Seguridad y de la Guardia Nacional-EEBI somocista genocidas fueron los responsables de numerosos asesinatos en el Reparto Schick Gutiérrez y Zona Oriental de Managua.

La Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos Carlos Fonseca Amador, por medio de sus coordinadores Frank “Machillo” González Morales y Juan Carlos “Marcial” Soza Aragón, asegura que Polanco Chamagua y numerosos jóvenes Combatientes Populares del Reparto Schick fueron capturados, torturados, asesinados de forma atroz y desaparecidos sus cadáveres cuando estos, incluyendo “Sastrecito” Polanco, andaban afanados en la seguridad de la Retaguardia del Repliegue Táctico de Managua a Masaya, y por este motivo se les ubica como caídos en el Repliegue a Masaya.

Francisco René Polanco Chamagua era un hombre muy apreciado en su vecindario, era profundamente respetado por numerosos Combatientes Populares del Reparto Schick Gutiérrez y en particular por sus jefes, o responsables inmediatos, como el Jefe Guerrillero Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz.

Fue tal el cariño dispensado en su vecindario del Reparto Schick Gutiérrez, que al ocurrir el Triunfo de la Revolución Popular Sandinista, el 19 de julio de 1979, y después de búsqueda intensa de su cadáver, sin encontrarlo ni en “Piedra Quemada”, en Nindirí, ni en Masaya, ni en Managua, entonces se registró una asamblea popular, la cual bautizó con su nombre uno de los barrios del Reparto Schick Gutiérrez. Se llama René Polanco, sencillamente.

Diana Polanco escribe sobre su padre en esta carta llegada por medio de mi correo electrónico. He buscado la dirección de esta familia y no he dado con ella. A continuación la carta:

 “Me acordaba  hoy al mediodía de mi padre casualmente en esta fecha 30 de octubre, día en que empezaba a llegarle más clientela en su tallercito de sastrería, cuando la gente alistaba  los estrenos de diciembre,  su trabajo y su  participación en la lucha revolucionaria la cual, siempre supo combinar, su casa siempre a la disposición, era casa de seguridad del Frente Sandinista en los tiempos de la dictadura militar somocista.

Nunca tuvimos problemas con sospechas a pesar de que teníamos un vecino teniente de la Guardia Nacional que sólo recuerdo le decían “Don Lalo”, (la casa de Don Lalo  fue después del triunfo la Casa Sandinista). Nos enteramos que fue ajusticiado sobre los rieles del tren frente al Ajax Delgado). Y a pesar que yo pertenecía a la asociación de Estudiantes de Secundaria (AES), del Instituto Nacional Liceo Maestro Gabriel.

No sé como mi padre se integró al FSLN, si me acuerdo que en la casa se reunían algunos estudiantes universitarios. Yo tenía para ese entonces ocho años, en el año 1972, meses antes del terremoto. Se reunían  también en los años 1977, 1978 y hasta marzo del 79, después de esta fecha empezaron a cambiar las cosas, porque  la guardia se miró perdida y encrudeció  su  instinto asesino con más represión.

“Soy sandinista, estoy con Sandino”, decía Polanco Chamagua

Me acuerdo que cuando yo estaba en primer grado en el año 1971 mis compañeritas de clase hablaban de elecciones; una decía que su papá era del partido conservador, la otra del partido liberal, yo no decía nada, en mi casa no escuchaba  que mis padres hablaran de partidos, entonces una de ellas me preguntó y ¿tu papa de que partido es?, yo le dije “no sé”.

Al llegar a la casa,  a la hora de la cena le pregunté a mi padre cuál era su partido y me dijo, no se me olvida: “Yo soy sandinista, mis ideales son de izquierda, estoy con Sandino”.

Al día siguiente les dije a mis compañeritas de clase que mi papá era del partido de Sandino, una de ellas dijo “Sandino…pero ese es un bandolero”. Ese mismo día llegó el papá de una de las compañeritas en  BECATS con otro guardia, a preguntarle a mi padre que de dónde había sacado yo que él era del partido de Sandino, casi se llevan preso a mi padre por mi culpa, pero él no me  dijo que me quedara callada.

En mi casa confeccionaban mi madre y mi padre los pañuelos rojinegros que  amanecían colgados en los alambres eléctricos de los barrios;  no sé cuáles,  solo sé que en mi barrio amanecían de repente, volviendo loca a la Guardia Nacional, de la Quinceava Sección de Policía GN (Sierra 15),  la cual estaba ubicada a la orilla de la carretera o calle principal,  en la Cuarta Etapa del Reparto Schick, (Barrio Enrique Gutiérrez), antes de llegar donde estaba el Tanque Rojo, muy famoso en esos días.

Siempre recuerdo a mi padre porque soñaba con ver a Nicaragua con un Sistema Político y Social diferente al Sistema Capitalista y con aquel Triunfo soñado de nuestro glorioso Frente Sandinista, triunfo revolucionario que él no pudo ver, porque cayó en el camino a pocos días del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista. Su cuerpo nunca lo encontramos.

 Nosotros, sus hijos, honramos su memoria día a día con nuestro fortalecimiento y fidelidad al Frente Sandinista. Lucharemos toda la vida para que nuestro FSLN se mantenga por siempre en el poder, con nuestros dirigentes a la cabeza; Daniel Ortega Saavedra y Rosario Murillo Zambrana.

Acordándome de él busque en Google el nombre de mi padre  y fue así que leí la lista de caídos durante el Repliegue de Managua a Masaya, investigada por Pablo Emilio Barreto, y publicada el 20 de julio del 2013. Soy La hija mayor de Polanco Chamagua, Francisco René”.

Francisco Iván (“Chester”, “Perú”, “Renco”) Salgado Gómez.

Francisco Iván (“Chester”, “Perú”, “Renco”) Salgado Gómez  tenía 18 años, era estudiante de secundaria en el Colegio que tenía el Padre católico Luis Antonio Almendárez, en el Barrio Santa Rosa, cuando en junio de 1979 estaba ya convertido en una leyenda revolucionaria porque participaba en operativos de recuperación de armas, de municiones, de medicinas, hacía labores de correo clandestino, de fabricador de bombas de contacto, de trasladador de armas hacia distintos puntos insurreccionales en la Zona Oriental-norte de Managua, cuidaba celosamente la casa de seguridad y buzón de armas en su casa, ubicada del “Restaurante Perla” una cuadra al Sur y media al Este, en el Barrio Santa Rosa.

Con el consentimiento de su padre, Francisco Salgado, fallecido en el año 2008, más la complicidad de su hermano Higinio “Richard” Salgado Gómez, en la casa de ambos funcionaba una casa de seguridad y buzón de armas y municiones, ubicado en un túnel dentro de la vivienda y en los canales del techo de la misma.

María Graciela Gómez, su madre, de 82 años en el 2013, sospechaba sobre las implicaciones de sus dos hijos (Francisco Iván e Higinio) en los combates armados contra los guardias somocistas genocidas, porque estos no hablaban de este asunto con el resto de sus hermanos, mientras esa coordinación sí la mantenían con don Francisco Salgado, pero algo se sospechaba, pues “Chester” e Higinio se perdían todo el día, se aparecían sólo ratitos en la noche, y desaparecían por completo cuando ya estalló por completo la Insurrección Sandinista el 9 de junio en la noche, y en el mismo Barrio Santa Rosa, específicamente en el Aserrío Carlos Morales Orozco se produjo el primer combate contra una patrulla de la guardia somocista, el mismo 9 de junio en la noche.

Fue Combatiente Popular subordinado de “Nacho” Cabrales y “Salvador” Somarriba

Francisco Iván e Higinio estaban en ese enfrentamiento militar, dirigidos por los Comandantes Guerrilleros Marcos “Salvador” Somarriba García y Ramón “Nacho” Cabrales Aráuz, y acompañados por los también Combatientes Populares Ronald Rizo Huerta, Felipa “Francis” Mejía Membreño, Fernando Borge Aguilar, Ricardo Robleto Espinoza, Carlos Borge Galeano, Juan Ramón Amador, Lucío Jiménez Guzmán, entre otros.

Según María Esperanza, hermana menor de Carlos Iván, este participó también en el asalto a la empresa constructora SOVIPE (propiedad de Enrique “Tiburón” Pereira Denueda), ubicada en la orilla de la Carretera Norte y al Norte del Barrio Santa Rosa, donde mediante un operativo, coordinado por Ronald Rizo Huerta, lograron someter al vigilante de la empresa, y recuperaron numerosas armas como escopetas con abundantes municiones.

María Esperanza indica que Higinio ha contado que su hermano  Francisco Iván era uno de los más hábiles Combatientes Populares lanzando bombas de contacto y bombas incendiarias contra las patrullas móviles de la Guardia Nacional y contra las tanquetas y tanques que la soldadesca somocista sanguinaria, en número de hasta mil, se lanzaban en contra de las trincheras de combate del Barrio Santa Rosa, del nueve al 27 de junio de 1979, tiempo que duró la Insurrección Sandinista en la Zona Oriental-norte  de Managua, antes que se produjera el Repliegue Táctico de Managua a Masaya el 27 de junio de 1979, en la noche.

Después del Triunfo de la Revolución Sandinista, Higinio, su hermano mayor, contó que se sorprendía al ver a Carlos Iván Salgado Gómez cumpliendo numerosas tareas de Combatientes Populares clandestinos en plena Insurrección, inclusive el verlo con el fusil en la mano en las trincheras del Barrio Santa Rosa, en las barricadas frente a la Fábrica Rolter, frente a la Litografía Robelo, en el Puente El Edén, dentro del Barrio Blandón y  de Bello Horizonte, a pesar de que cojeaba (era renco de la pierna y muslo derecho) porque había sido víctima de poliomelitis.

Felipa “Francis” Mejía Membreño, de América Dos (Villa José Benito Escobar Pérez), era la responsable política del grupo del FSLN Proletario en el Barrio Santa Rosa, y a la vez mentora y guía muy cercana de Francisco Iván Salgado Gómez, debido a lo cual se les veía juntos en combates y misiones guerrilleras, recuerda su hermana María Esperanza, quien tenía 16 años al producirse el Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Su vivienda era casa de seguridad de Jefes Guerrilleros

A la casa de “Chester”, “Perú” y “Renco” (Francisco Iván), casa de seguridad y buzón de armas, llegaban Marcos Somarriba García, Francisco Meza Rojas  (antes que lo asesinaran en Waspán), Ramón Cabrales Aráuz, Felipa Mejía Membreño, Ricardo Robleto Espinoza, Lucío Jiménez Guzmán y Ronaldo Rizo Huerta, por ejemplo. “Una vez,  mucho antes de la Insurrección de 1979, vino también Tomás Borge Martínez”, recuerda María Esperanza.

Es de sobra conocido en la Historia de la Insurrección en Managua que la Guardia Nacional somocista genocida, jefeada directamente por Anastasio Somoza Debayle, bombardeó, masacró a la Ciudad de Managua, especialmente a los barrios occidentales y orientales, y con especial odio a vecindarios como Santa Rosa, Bello Horizonte, El Edén, Ducualí, Blandón, Larreynaga, Santa Bárbara (Venezuela), Maestro Gabriel, Salvadorita (Cristian Pérez), Villa Progreso, Nicarao, Catorce de Septiembre, Santa Julia, Santa Emilia, Don Bosco, El Dorado, Luis Somoza Debayle (Diez de Junio), Colombia, María Auxiliadora, San Cristóbal, Paraisito, “Campo Bruce” (Rigoberto López Pérez), San José Oriental.

Estos bombardeos  criminales, mortales, destructivos, los iniciaba la Guardia Nacional somocista en el Barrio Santa Rosa, todos los días, a las seis de la mañana y los terminaban a las seis y media de la tarde, e iniciaban otro bombardeo nocturno que era el lanzamiento de morteros, cuyas máquinas disparadoras las tenían ubicadas en edificios altos como “Armando Guido” y en el “ZUMEN”.

Santa Rosa era la primera víctima diaria de estos bombardeos aéreos genocidas, debido, quizás, a que en este sitio también diariamente chocaban unos mil soldados (amparados en tanquetas, tanques y cañones artillados), provenientes del Aeropuerto Las Mercedes (Sandino ahora), por la Carretera Norte, mientras eran ferozmente rechazados por decenas de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares en la esquina Noreste del Barrio Santa Rosa, exactamente frente al semáforo, donde estaba una trinchera de combate enorme, en la cual pude ver personalmente disparándole a estos guardias somocistas genocidas a hombres y mujeres como: Marcos Somarriba García, Felipa “Francis” Mejía Membreño, a Ronald Rizo Huerta, a Francisco Iván (“Chester”, “Perú”, “Renco”) Salgado Gómez, a Ricardo Robleto  Espinoza, a Fernando Borge Aguilar, a Lucío Jiménez Guzmán, a Juan Ramón Amador, a Carlos Borge Galeano, etc.

Por estos motivos del bombardeo aéreo y ataques cotidianos (de día y de noche) contra el Barrio  Santa Rosa, la familia de Francisco Iván se vio obligada a irse donde familiares en otros lados de Managua, “especialmente para salvar a los niños pequeños”, recuerda María Esperanza.

“Mi madre sorteando peligros se fue hasta a Chichigalpa, en Chinandega, en plena Insurrección de junio, para ir a socorrer a una de mis hermanas, que estaba por tener un hijo… tuvo ese hijo en medio de las balaceras entre guardias y Combatientes Populares en el casco urbano de Chichigalpa”, añade María Esperanza.

Aquí en la casa, en Santa Rosa, sólo quedaron Francisco Iván e Higinio, con su padre, y la verdad es que don Francisco Salgado se quedó solito, pues todos nos habíamos ido, mientras “Chester” e Higinio “Richard”  andaban en las trincheras de combate en la Zona Oriental-norte de Managua.

“Nos vamos en Retirada…no sé para dónde”, dijo en su casa

Según cuenta Anabelle Manzanares, una vecina nuestra, amiga desde siempre, Carlos Iván vino a la casa el 27 de junio temprano, antes de las cinco de la tarde, a informar que “nos vamos en Retirada, no sé para dónde… tenemos que irnos. Busquen ustedes cómo protegerse. Quizás sea mejor que se vayan para donde amigos y familiares en otros lados de Managua”, recomendó Carlos Iván antes de irse.

Higinio “Richard” no estaba con él. Al escuchar estas palabras de su hijo Carlos Iván, su padre, Francisco Salgado, tomó la decisión de irse, muy de mañanita del 28 de junio de 1979, para donde unos amigos por el Cine Dorado, de la hoy CST José Benito Escobar Pérez, hacia el Sur.

Las versiones recogidas por la familia indican que Carlos Iván Salgado Gómez se fue en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya con el grupo del Barrio Santa Rosa, aunque no iba con él su hermano Higinio “Richard” Salgado Gómez.

Se afirma que iban juntos: Ronald Rizo Huerta, Felipa “Francis” Mejía Membreño y Francisco Iván Salgado Gómez. Los vieron activísimos, disparando balas justicieras, en el Cruce de Veracruz, donde se produjo un combate famoso contra guardias somocistas genocidas emboscados en este sector de Managua.

Caen juntos en “Piedra Quemada”

Durante el bombardeo aéreo mortal desatado por la Guardia Nacional contra el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, en “Piedra Quemada”, el 28 al medio día, cayeron juntos Ronald Rizo Huerta, Felipa “Francis” Mejía Membreño y Francisco Salgado Gómez.

Según María Esperanza, su madre, María Graciela Gómez, inicialmente no creyó la versión de que su hijo Francisco Iván había caído en “Piedra Quemada”, frente a la entrada antigua al Volcán Masaya. Se resistió a creer durante más de 15 días. Ella, doña María Graciela, lo anduvo buscando en Managua, entre Combatientes Populares y Jefes Guerrilleros, porque ella decía: “Mi hijo está vivo”.

Finalmente, participantes y sobrevivientes del Repliegue a Masaya la convencieron de que su hijo era uno de los Mártires del Repliegue a Masaya. Dichosamente, estos tres Mártires (Carlos Iván, Felipa y Ronald) fueron vistos cuando cayeron y sus compañeros los sepultaron en zanjas pedregosas de “Piedra Quemada”, les echaron piedras, arenas, ramas y tierra encima, y dejaron señas claras para encontrar sus cadáveres.

Efectivamente, su madre, hermanos, familiares, Combatientes Populares sobrevivientes del Repliegue y amigos, se fueron en vehículos, en los primeros días de agosto de 1979, para desenterrar el cadáver de Francisco Iván Salgado Gómez. Sus hermanos lo reconocieron por la dentadura recién reparada y por la cadera deformada, debido a la poliomelitis. Lo echaron en una caja, y encima del cadáver colocaron cal, para evitar la propagación de malos olores.

Trajeron su cadáver al Barrio Santa Rosa, donde lo velaron un ratito. Condujeron sus restos al Cementerio Oriental de Managua, donde está en el Altar de los Héroes y Mártires de la Revolución Popular Sandinista.

Sus hermanos son: Carlos Alberto, Higinio Alejandro, Silvia Elena, Luz Marina,  Aquiles, Carmen Cecilia y María Esperanza, quien continúa residiendo en la misma casa, del “Restaurante Perla”, una cuadra al Sur y media al Este, en el Barrio Santa Rosa.

Domingo “Cirilo” Matus Méndez

Era un jovencito de 17 años, estudiante en el Colegio Enrique de Osó, regentado por monjitas en el Reparto Schick Gutiérrez. Formaba  parte del grupo de Combatientes Populares clandestinos del Frente Sandinista en el Reparto Schick, cuando estalla la Insurrección el nueve de junio de 1979.

Algunos de sus compañeros sobrevivientes recuerdan que “Cirilo” Matus Méndez participó en numerosas emboscadas contra la Guardia Nacional genocida, en combates para el lado del Hospital Oriental (hoy Manolo Morales Peralta), en el ataque y destrucción de la Quinceava Sección de Policía GN, la cual estuvo ubicada de donde fue el Tanque Rojo dos cuadras al Oeste, en el Reparto Schick Gutiérrez.

La Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos Carlos Fonseca Amador indica que “Cirilo” Matus Méndez fue capturado, torturado, baleado y descuartizado a machetazos por guardias somocistas genocidas y “soplones” u “orejas” de la Oficina de Seguridad (OSN) el 28 de junio de 1979, en la mañanita, al momento en que “Cirilo” y un grupo numeroso de Combatientes Populares del Reparto Schick Gutiérrez le daban cobertura y seguridad a la Retaguardia del Repliegue Táctico de Managua a Masaya.

Los “orejas”, que se hicieron pasar como “amigos” y “colaboradores”, fueron quienes dieron las ubicaciones de estos jóvenes combatientes, incluyendo por dónde andaba moviéndose “Cirilo” Matus Méndez.

Descuartizados por guardias sanguinarios del somocismo

Doña Ana Mercedes García, madre adoptiva de Domingo Matus Méndez, relató posteriormente que los guardias somocistas sanguinarios, crueles y genocidas, que capturaron a “Cirilo”, antes de amanecer el 28 de junio, inmediatamente los patearon, le dieron de culatazos, lo torturaron para que dijera para dónde iba aquel montón de gente del Repliegue a Masaya; lo balearon y finalmente tomaron un machete y lo machetearon.

“Ya se disponían a prenderle fuego con gasolina cuando yo me armé de valor y fui hasta donde los guardias a pedirles que me dieran su cadáver, pues yo era su madre…y dichosamente me lo dieron con la advertencia de que inmediatamente debía enterrarlo en el mismo sector”, recuerda doña Ana Mercedes García.

Indica que efectivamente como pudo subió el cadáver macheteado y perforado a balazos en un carretón de manos, y con la ayuda de varias mujeres fue a enterrarlo en el patio de su casa.

A “Cirilo” Matus Méndez le ocurrió algo similar que a Isidro Centeno, quien días antes del estallido de la Insurrección en Managua, el nueve de junio de 1979, tuvo la desgracia mortal de toparse con una patrulla GN genocida en las cercanías de los Billares Shanguelo, en la antigua entrada al Barrio La Fuente, donde lo capturaron, y frente a un montón de gente lo rafaguearon, lo descuartizaron a machetazos y después le prendieron fuego al cadáver con gasolina. Así eran de crueles y sanguinarios los gendarmes de la dictadura somocista genocida.

Después del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista, los restos de “Cirilo” fueron exhumados y sepultados en el Cementerio Oriental de Managua.

Domingo “Cirilo” Matus Méndez era hermano menor de Manuel Matus Méndez, ingeniero, que en compañía del periodista Álvaro Montoya Lara, fue uno de los Combatientes Populares en el Frente Sur Benjamín Zeledón Rodríguez, en Rivas.

 Irma de Jesús Castellón Cerrato

Irma de Jesús Castellón Cerrato, de 35 años al 28 de junio de 1979, es una mártir circunstancial del Repliegue de Managua a Masaya. El grueso de los replegados ya estaban en el casco urbano de Nindirí, y la Guardia Nacional somocista genocida continuaba el bombardeo aéreo contra el Repliegue a Masaya. Uno de los rockettes lanzados desde aviones push and pull cayó en el patio de la casa de Irma de Jesús Castellón Cerrato.

Los charneles del rockettes partieron la vida de Castellón Cerrato, cuya vivienda está situada en la parte posterior de la Iglesia Católica del casco urbano de Nindirí. Según familiares suyos, el rockettes explotó casi en los pies de Irma, y uno de los charneles le penetró por debajo de la quijada, dejándola casi decapitada.

Ir cayó impactada por charneles en el solar de su casa en el preciso momento en que se efectuaba una ceremonia militar solemne de los replegados de Managua para sepultar el cadáver de Marta Lucía Corea Solís, quien igualmente había caído fulminada por charneles de rockettes en el Camino Viejo a Nindirí.

Irma era costurera y vendía sorbetes en la Ciudad de Masaya. El grueso del Repliegue de Managua a Masaya se reorganizó a las seis de la tarde y continuó su marcha para llegar a Masaya el 29 de junio de 1979, en la madrugada.

El cadáver de Irma Castellón Cerrato fue velado en otra vivienda cercana a los rieles del Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua y sepultado en el Cementerio de Nindirí, bajo la vigilancia de guardias somocistas genocidas y con el acompañamiento de su familia. Su padre  fue Seferino Castellón Sánchez  y su mamá Carmen Cerrato. Irma no dejó hijos.

Marta Villanueva Román

Marta Villanueva Román tenía 18 años, era estudiante universitaria y formaba  parte de los 180 Combatientes Populares insurreccionados de la Colonia Catorce de Septiembre, ubicada en la Zona Oriental de Managua.

Cayó en “Piedra Quemada”, frente al Volcán Masaya, durante el Repliegue Táctico de Managua a Masaya, el 28 de junio de 1979, testimonian Eduardo “Ricardo Guayo” Vega Lanuza,  Silvia Morales Pérez, Omar Osorio, Cruz Luna, Marvin “Piojo” Cuadra, Danilo Ruiz y Erasmo Aguilar, todos ellos de la “pelota” de aquellos 180 Combatientes Populares durante la Insurrección, u Ofensiva Final de junio de 1979, y que hoy son miembros y directivos de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos “Carlos Fonseca Amador”, presidida por Frank “Machillo” González Morales y Juan Carlos “Marcial” Soza Aragón.

Precisamente, Frank “Machillo” González Morales afirma que esta jovencita Villanueva  Román insurreccional, era una de las mejores Combatientes Populares de la Colonia Catorce de Septiembre, que al mismo tiempo trabajaban coordinados con sus similares de la Colonia Nicarao.

Según “Ricardo Guayo” Vega Lanuza, Marta Villanueva Román se fue en el Repliegue Táctico de Managua a Masaya con todo el grupo de 180 Combatientes Populares de la Colonia Catorce d Septiembre, y asegura, inclusive, que son varios los caídos de este grupo de combatientes en el trayecto del Repliegue de Managua a Masaya.

Este grupo de 180 Combatientes Populares de la Colonia Catorce de Septiembre se coordinaban en acciones políticas y militares móviles con sus similares del Asentamiento Santa Emilia (hoy Omar Torrijos Herrera), Nicarao, Reparto Santa Julia, Colonia Don Bosco, Colonia Colombia y Colonia Luis Somoza (Diez de Junio), en cuyos territorios construyeron trincheras de combate, chocaron a balazos y bombazos contra la soldadesca somocista genocida, fabricaban explosivos y hacían labores de correos clandestinos, todo lo cual era parte de las acciones de Marta Villanueva Román.

Asegura “Ricardo Guayo” Vega  que precisamente el grupo de la Catorce de Septiembre iba más o menos compacto cuando Marta Villanueva Román cayó en “Piedra Quemada”, impactada por charneles de las bombas lanzadas desde aviones Push and Pull y helicópteros por la guardia somocista sobre los replegados de Managua.

“La vimos caer, luchamos por salvarle la vida…”

“La vimos caer, la auxiliamos, luchamos por salvarle la vida a Marta, pero no pudimos, se desangró rápido”, relató “Ricardo Guayo” durante una reunión de los directivos (de todo Managua) de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos, el jueves 14 de mayo de del 2013, en la tarde.

Recuerda que el grupo de Combatientes  Populares de la Colonia Catorce de Septiembre sepultó el cadáver de Marta Villanueva Aguilar allí mismo en “Piedra Quemada”, y que esto permitió que sus padres:  José Luis Villanueva y Bety Román, en compañía de sus antiguos hermanos y hermanas combatientes, la exhumaran después del Triunfo de la Revolución. Sus restos están sepultados en el Cementerio Oriental de Managua, donde hay inhumados decenas de Combatientes Populares de Managua.

Marta Villanueva Román no tenía novio, no dejó hijos. Ella vivía con sus padres en la casa No. 592 de la Colonia Catorce de Septiembre.  Dejó tres hermanos: Hernaldo, Lorena y Blanca. Sus padres ya fallecieron. Sus hermanos no están en Managua.

Para más información sobre Marta Villanueva Román se puede llamar a Silvia Morales Pérez, concejala del Frente Sandinista (2013-2017), a los números telefónicos: 22530766 y 89185943. Silvia Morales Pérez  vive de la Iglesia San Pablo Apóstol 50 metros al Oeste, en la Colonia Catorce de Septiembre.

Luis Antonio “Sherman” Romero Orozco

Luis Antonio “Sherman” Romero Orozco era un joven de 22 años cuando cayó en el Repliegue a Masaya. Al integrare a la Insurrección Sandinista en Managua era estudiante universitario de medicina en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, en León.

Romero Orozco era del grupo de Jefes Guerrilleros y Combatientes Populares que jefeaba Carlos Alberto “Sobrino” Dávila Sánchez y su esposa Marta Lorena “Cleo” López Mojica en los vecindarios San José Oriental, Paraisito, San Cristóbal y María Auxiliadora.

Sus datos históricos indican que vivía con sus hermanos en el lado Norte del Barrio “Campo Bruce”, hoy Rigoberto López Pérez, muy cerca de donde residían los familiares de “Sobrino” Dávila Sánchez y “Cleo” López Mojica, ambos asesinados atrozmente durante el Repliegue de Managua a Masaya el 28 de junio de 1979.

“Sherman” Romero Sánchez sobrevivió la emboscada de la Guardia Nacional somocista genocida contra el Repliegue en el Cruce de Veracruz y al bombardeo aéreo o masacre desatada por la Guardia Nacional en el lado Norte de “Piedra Quemada”, donde cayeron más de 80 jóvenes capitalinos Combatientes Populares.

Romero Sánchez fue herido mortalmente por charneles de rockettes al continuar el bombardeo aéreo sobre el Camino Viejo a Nindirí, por donde se desplazaba el grueso del Repliegue a Masaya entre las dos y cuatro de la tarde del mismo día 28 de junio de 1979.

El cadáver de “Sherman” Romero Sánchez fue sepultado superficialmente en un lado del Camino Viejo a Nindirí, en medio del bombardeo aéreo,  mientras eran cargados en brazos de sus compañeros Róger Ortiz Padilla y Marta Lucía Corea Solís, ambos impactados mortalmente por charneles de rockettes lanzados por la GN somocista genocida desde aviones push and pull.

Después del Triunfo de la Revolución, en agosto de 1979, el cadáver o restos de “Sherman” Romero fueron encontrados con facilidad por otros Combatientes Populares que iban con él y familiares suyos. Fue sepultado en el Cementerio Oriental de Managua.

Su familia sigue residiendo en una casita muy humilde del Barrio Rigoberto López Pérez, en las cercanías de la Iglesia Tolentino, por donde “Sherman” Romero participó en varios combates memorables contra los guardias morfinómanos de la dictadura somocista.

 

Colaboradores en investigación sobre Insurrección Sandinista en Managua

Arsenio “Walter” Solís González. Reside  de la KATIVO 23 andes al  Norte, 75 varas al  Oeste, en Pulpería  Mirca. Tiene el teléfono: 86842691.

Humberto del Palacio González, conocido con los seudónimos de: “Cucharita” y “Alex”. Reside en el Barrio Revolución, de la Escuela Luis Alfonso Velásquez Flores, cuatro cuadras al Este y 40 varas al Norte. Tiene los teléfonos: 22782713 y 89665969.

Frank “Machillo” González Morales. Reside en Colonia Don Bosco, de donde fue Foto Castillo una cuadra al Sur y media cuadra al Oeste.  Tiene el teléfono  86782410. Es el coordinador nacional de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos  Carlos Fonseca Amador.

Juan Carlos “Marcial” Soza Aragón. Reside en Américas Uno, andén ocho, Grupo B, casa No. 2154. Tiene el teléfono: 89435872. Es directivo de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos Carlos Núñez Téllez.

Ernesto “Agustín” Cerna.  Reside en el Barrio San José Oriental, de la Clínica Santa María cuatro y media cuadras al Sur. Tiene el teléfono: 87960162.

Rafael Antonio “Mariano” Molina Santos. Reside en la Colonia Centroamérica, de “Tacos Charro” media cuadra al Norte, casa No. A-43. Tiene el teléfono: 84031449.

José Alexander “Pepe Loco” Estrada Fonseca. Reside en Ciudad Sandino, Kilómetro 12 de la Carretera Nueva a León. Tiene el teléfono: 87781881.

Antonio “Julio” López. Reside en Ciudad Sandino, Zona Once, del Colegio Enrique  Smith  una y media cuadra al Este.

Alejandro “Huesito” Mairena Obando. Reside en el Barrio Larreynaga, del Puente El Edén una cuadra al Oeste y cuadra y media al Norte. Tiene los teléfonos: 89884938 y 88786823. Es directivo de la Asociación de Combatientes y Colaboradores Históricos del Distrito Cuatro de Managua.

Francisco “Chico Garand” Guzmán Fonseca. No tiene residencia fija. Tiene el teléfono 57959265. Fue uno de los Jefes Guerrilleros en la Zona de Bello Horizonte, Maestro Gabriel, Salvadorita, Santa Bárbara y Barrio Primero de Mayo.

Róger Sobalvarro.  Barrio  Ducualí, frente a Suministros Eléctricos. Es el secretario político del FSLN en el Barrio Ducualí.

Cristóbal “Gersán” Guevara Casaya. Residió en San Judas. Ahora reside en Estados Unidos.  No hay número telefónico.

Víctor Cienfuegos Aburto. Reside en el costado Este del Centro Comercial ZUMEN.  Tiene el teléfono: 88021418.

Carlos Cienfuegos Aburto. Reside en el costado Este del centro Comercial ZUMEN. Tiene el teléfono:  88056363.

Víctor “Bayardo”, “Dientes de Lata”  Romero Pérez. Vive en el Barrio San Judas. No tiene número telefónico. Es localizable por medio de Víctor, Mario y Carlos Cienfuegos.

José de Jesús “Chepe Chú” Zamora. Reside en el Barrio El Recreo. Falta precisar dirección y número de teléfono. Es colaborador de los Cienfuegos.

María Elena Rodríguez López. Reside en el Barrio Santa Rosa. Tiene el número de teléfono: 22443873.

Carlos Emilio “Aguja” Cuadra Rodríguez. Reside en el Barrio Paraisito. Falta precisar dirección. Tiene el teléfono: 84653159.

Santiago “Muerto” Núñez Solís. Reside de donde fue el Cine León, en Monseñor Lezcano, dos cuadras al Norte. Tiene los teléfonos: 22502455 y 83843313.

Salvador Ramiro “Pelón” García Ramírez. Reside en el Reparto Loma Verde. Tiene el teléfono: 22501389.

Lucío Jiménez Guzmán. Fue uno de los jefes de la Insurrección en el Barrio Santa Rosa. Exsecretario General de la Central Sandinista de Trabajadores (CST). Reside en el costado Este del Instituto de Fomento Municipal (INIFOM), en el Reparto Los Arcos. Tiene el teléfono: 22663230.

Ricardo “Robletón” Robleto Espinoza. Labora en la Delegación VI de la Alcaldía de Managua, en la entrada a la Colonia Xolotlán. Tiene los teléfonos: 22334196, 22632049 y 89777020.

César Augusto Ampié Téllez. Reside en el Barrio Los Laureles o “Manuel Fernández, de la Terminal de la Ruta 118  tres cuadras al Norte y 200 metros al Este. Tiene el número de teléfono:  22807018.

Fuentes documentales:

“Insurrección Sandinista Victoriosa y Repliegue  Táctico de Managua a Masaya”. Autor: Pablo E. Barreto Pérez.

“Un Pueblo en Armas”. Autor: Comandante Carlos Núñez Téllez.

“Informe sobre la Insurrección en los Barrios Suroccidentales de Managua”. Autor: Cristóbal “Gersán” Guevara Casaya.

“Pueblos en Armas”. Autora: Marta Harnecker, periodista y socióloga chilena.

“Memorias de la Lucha Sandinista”. Autora: Mónica Baltodano Marcenaros.

“Héroes y Mártires de la Masacre de Batahola”. Autor Ramón Elías Gutiérrez Torrez.

“Colina 110, Insurrección de Los Laureles y Masacre GN”. Autor: Arnulfo Agüero Aguilar.

“El rostro combativo de Managua, a la luz de Sandino”: teniente coronel retirado Douglas Bonilla López.

“El Ángel de San Judas”. Autor: William Agudelo.

“Bordes Ocultos, el entretejido de nuestra Historia, Ensayos y artículos sobre la Historia de Nicaragua”. Autor: Rafael Casanova Fuertes.

“La Odisea por Nicaragua”. Autor: Humberto Ortega Saavedra.

“Estirpe Sangrienta: los Somoza”. Autor: Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.

“Las Fuerzas Armadas en Nicaragua”. Autor: Emilio Álvarez Montalván.

“Nicaragua, Revolución en Familia”.  Autora: Shirley Christian,  Premio Pulitzer en Estados Unidos.

 

 

 

 

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Botijas, entierros legendarios de dinero de nuestros abuelos, ¿volveremos a las botijas?

¿Volveremos a enterrar el dinero?

¿Volverán las leyendas aterradoras de las botijas enterradas?

Pablo Emilio Barreto P.

(Este trabajito lo escribí a finales de 1998, cuando la robadera en las arcas del Estado, durante el gobierno neoliberal nefasto de Arnoldo Alemán Lacayo, y coincidió con una investigación periodística que hacía en Mateare y Somoto, ambas para dos libros, titulados después Mateare Misterioso y Bromistas de Somoto).

La corrupción descomunal de los gobiernos de Ña Violeta Barrios de Chamorro y Arnoldo Alemán Lacayo han sido como aquellas plagas de chapulines, que en el caso de Nicaragua arrasan hasta con los bancos estatales y privados, donde miles tienen guardado su dinerito ahorrado, obtenido mediante negocios comerciales o devengado en los empleos precarios de nuestro medio laboral.

Es esa plaga chapulinesca maldita de la corrupción de Alemán Lacayo la que induce más corrupción en el manejo de los bancos privados, en cuyas arcas relucientes de cien mil llaves quebradizas, se ha dicho una y otra vez, corre un río sucio, hediondo a lavado de dinero untado de drogas y mil maniobras fraudulentas, para hacer millonarios a unos pocos asaltantes del poder político nacional y del mundo oscuro y parasitario de la oligarquía local.

Esos intereses grupales corruptos entran en conflicto por el manejo del dinero en estos botines bancarios, porque, seguramente, cada uno busca cómo desplazar a los otros y de paso revuelcan con sus patas hediondas a los ahorrantes y depositantes honrados, a los cuales sólo les queda la libertad de pegar el grito al cielo, asombrarse hasta extremos en medio de palpitaciones aceleradas del corazón y permanecer repletos de dudas porque y, por supuesto, el gobierno alemanista no les resuelve nada.

La corrupción gigantesca del gobierno de Alemán Lacayo, seguramente, es el amparo perfecto para el desarrollo de anomalías en estos bancos privados, que el gobierno se apresura a cerrar forzosamente.

Por estas anomalías fue cerrado el INTERBANK.

Antes, don Arnoldo Alemán Lacayo mandó cerrar dos bancos estatales, y de esa forma echó al abismo una fuente gubernamental de financiamiento a productores agrícolas, comerciantes y a gente que presta servicios variados como transporte, reparaciones de equipos eléctricos, electrónicos y mecánicos, por ejemplo.

Tal como vamos, en el país sólo van a quedar ciertos bancos privados de algunos oligarcas, para guardar su dinero y el de los saqueadores del gobierno.

Para los comerciantes medianos y pequeños, para los trabajadores y todos aquellos que deseen guardar su dinerito de entre 1,000 y 50,000 córdobas, por ejemplo, al parecer ya no quedarán bancos estatales ni privados seguros, porque este tipo de clientes no cuentan con excedentes para pagar seguros por su dinero y, desde luego, por ser las sardinas del cuento, el tiburón burgués siempre se las comerá fácilmente, como dice la canción criolla nicaragüense.

Habremos de recurrir, seguramente, al entierro de cajas metálicas o botijas dentro de la casa o en los patios como en los tiempos recientes de nuestros abuelos, lo cual daba lugar a leyendas aterradoras de “almas en pena”, porque supuestamente los muertos “al salir de sus tumbas a media noche” querían indicar dónde habían dejado enterrado el dinero.

Me vienen a la memoria aquellos relatos de cómo familias leonesas millonarias como las de Gurdianes, Argüellos, Teranes, la del viejo terrateniente-casateniente Domingo Barreto Fonseca (mi abuelo) y de Moncha Juárez, enterraban botijas o cajones con fajones de billetes, monedas de oro y pedazos de diamantes, según se decía hasta hace unos 60 años antes que aparecieran los bancos en León, Managua y Granada, fundamentalmente.

Me acuerdo que hace unos 30 años eran comunes las discusiones entre chavalos “jugadores de chibolas” acerca del lugar en que una de estas familias podía tener enterrado su dinero y sus joyas.

Hace tan sólo 26 años un hombre pícaro, de un humor natural excepcional, llamado Julián Padilla Rodríguez, con el sobrenombre de “Marihuana”, inventó en Somoto, Madriz, la historia de que en la casa de un diputado de apellido Talavera había una botija llena de dinero y joyas.

Este hecho atrajo al sitio a centenares de personas somoteñas en busca de dinero, pero al final sólo era una broma.

En 1998, al escribir un librito sobre la Historia Misteriosa de Mateare (Municipio de Managua), me encontré con el relato de que Santos Linarte, Isabel Barillas, Julio Mayorga, Dolores Espino y David Blanco Mayorga, asoleaban su dinero en tijeras de lonas o en sacos viejos allá por los años de 1940, mientras en la orilla de los rieles sea paseaban los lagartos y saltaban juguetones millones de peces guapotes y mojarras.

Los bancos y el gobierno de Alemán Lacayo ya sembraron desconfianza profunda en el sistema bancario estatal y privado.

Entonces, ¿volverán estos entierros de botijas con  dinero, joyas y documentos importantes?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Incendio, Incendio criminal, incendiarios impunes: Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas Castro

 Pirómanos siguen impunes

Incendio criminal

Casa de Pablo Barreto Pérez quedó en cenizas

 Ciento ochenta (180) matones a sueldo le prendieron fuego a mi casa, y la convirtieron en cenizas, aquel 14 de abril de 1994,  a las cinco y media de la tarde, en el kilómetro 11 de la Carretera Sur, en momentos en que, precisamente, decenas de miles de familias pobres eran desalojadas de sus lotes, casas y tierras de Reforma Agraria del régimen revolucionario sandinista, y todas las víctimas nos enfrentábamos a los intentos fracasados de retorno del somocismo genocida mediante el gobierno neoliberal, o conservador,  de doña Violeta Barrios viuda de Chamorro, representante de los intereses de la oligarquía local agonizante y del gobierno criminal o genocida de Estados Unidos, cuyos jefes y sus aparatos de inteligencia, como la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y otros, nos hicieron la guerra nuevamente (década del 80) con una guerra civil organizada por ellos desde los centros de poder de Washington, con la finalidad de derrotar a la Revolución Popular Sandinista.

Sí, 180 matones a sueldo, jefeados por los foragidos o malandrines Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas Castro, con el acompañamiento de la jueza venal y descarada Ruth Chamorro Martínez, quien hasta reivindicó en periódicos locales que ella estuvo allí, en el sitio del incendio criminal, haciendo cumplir una “sentencia” de desalojo, desahucio (“Inmisión en la posesión”, le llamaron los malandrines), como las miles de “sentencias” amañadas o vendidas que emitían numerosos jueces  civiles en contra de decenas de  miles de familias pobres, beneficiarias de las Leyes 85, 86 y 88, emitidas por el régimen revolucionario sandinista entre febrero y abril de 1990.

No era casual lo que estaba ocurriendo en torno a las propiedades populares protegidas por estas tres leyes, pues de alguna manera todas estas propiedades tenían que ver con los somocistas genocidas confiscados, o intervenidos, por el régimen revolucionario sandinista, porque estas casas, lotes y tierras habían pertenecido a generales, coroneles, mayores, capitanes, tenientes, políticos liberales “nacionalistas” (¿?), y allegados a los jefes de la dictadura militar somocista, aparato opresor y terrorista, organizado, fundado, educado, financiado y sostenido con características de intervención militar permanente por el gobierno criminal de Estados Unidos, después de que el gobierno genocida norteamericano y Anastasio Somoza García (uno de los fundadores de la tiranía somocista) asesinaron al General Augusto C. Sandino y a casi todos los miembros del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, aquel 21 de febrero de 1934.

Mediante el terror militar contrarrevolucionario y mercenario, más bombardeos por aire, tierra y mares, los gobernantes yanquis impusieron una derrota electoral al régimen revolucionario sandinista en febrero de 1990, y detrás también organizaron e impusieron una contrarreforma combinada con revancha política profundamente clasista, contrarevolucionaria, encabezada por la oligarquía agonizante, sus lacayos somocistas, intelectuales vendidos y algunos “sandinistas” cobardes que dieron la vuelta apenas se perdieron las elecciones nacionales, diputadiles y municipales, en febrero de 1990.

El nuevo gobierno neoliberal, o conservador, vendido totalmente a Estados Unidos, procedió  a desmantelar más de 500 empresas estatales que había dejado el régimen revolucionario sandinista, iniciaron inmediatamente la contrarreforma Agraria y Urbana, procedieron a despedir casi un millón de trabajadores estatales, especialmente sandinistas, pusieron en marcha un plan gigantesco para desmantelar también a más de 3,000 Sindicatos Sandinistas, al Ejército Popular Sandinista, al Ministerio del Interior, a la Policía Sandinista, a la continuación de la Cruzada Nacional de Alfabetización y Educación de Adultos, iniciaron una regresión brutal y vulgar en la Educación, en la Salud, en el Transporte, en la producción agropecuaria, en la Cultura en general; comenzaron la persecusión de todos los productores medianos y pequeños, y también a campesinos que habían trabajado con el gobierno revolucionario sandinista y le doblegaron la “conciencia” a algunos vacilantes que tenían cargos de jefes en distintos estamentos del Estado y en cargos partidarios del Frente Sandinista de Liberación Nacional, incluyendo ciertos que laboraban en el Diario BARRICADA, entonces, todavía, Órgano Oficial del FSLN.

El Instituto de Reforma Agraria del Régimen Revolucionario había entregado casi cuatro millones de manzanas de Tierra a 3,151 Cooperativas y 1,200 Unidades de Producción Agropecuarias, las cuales estaban ya siendo desarticuladas y sus tierras ya eran devueltas a somocistas genocidas, ahora convertidos en “gringos caitudos”, es decir, huyeron como gusanos a Miami y en Estados Unidos fueron convertidos en “ciudadanos americanos” (¿?), truco que empezó a ser usado como presión para que el gobierno de “Ña” Violeta Barrios devolviera las tierras a los somocistas confiscados y también les dieran una enorme cantidad de dinero en pagos por esas tierras, las que de todas maneras ocupaban mediante desalojos violentos.

Además, el nuevo régimen, representante de la oligarquía vendepatria y de las empresas trasnacionales, también ya había procedido, por ejemplo, a desmantelar el Proyecto Lechero de Chiltepe, el cual tenía 10,500 cabezas de ganado, con capacidad de producir seis millones de galones de leche al año.

Cito sólo algunos ejemplos de logros de la Revolución Sandinista, entre los cuales estaban también 1,640 Centros de Desarrollo Infantil, que también fueron cerrados por el gobierno “democrático” de oligarcas locales, intereses yanquis y de somocistas genocidas.

Varios miles de familias pobres habían sido desalojadas de sus lotes, casas y tierras antes del 14 de abril de 1994, fecha en que le prendieron fuego a mi casa con gasolina con un aparatoso y violento movimiento de 180 sujetos maleantes, jefeados por Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca, Juan Pablo Rivas Castro, Jimy Najman Perezdiez y la mismísima jueza Ruth Chamorro Martínez, quien confesó su participación, dirección y presencia activa en el escenario del incendio criminal, en campos pagados de los Diarios o periódicos privados nacionales.

El mismo día del voraz incendio criminal, provocado,  en mi casa el jueves 14 de abril de 1994, el Diario BARRICADA, donde yo laboré como periodista y fotógrafo desde su fundación el 26 de julio de 1979 hasta el día de su cierre el 21 de febrero de 1998, publicaba un reportaje mío acerca de que en apenas tres meses anteriores se habían producido 300 desalojos de igual número de familias pobres de sus lotes, casas y tierras.

Asimismo, se publicaba, ese mismo día 14 de abril,  en el mismo Diario BARRICADA que otras 25 familias de la Ciudad de Masaya habían pedido apoyo popular de una Brigada Antidesalojos para impedir que jueces civiles y la Policía los echaran de sus lotes y viviendas, a pesar de que la Constitución Política del Estado garantiza el derecho a una vivienda digna para todos los ciudadanas y ciudadanos de todo el país.

Precisamente a mí me tocaba, como periodista o reportero asignado a esta temática periodística cotidiana de los desalojos y desmantelamientos de empresas del Estado, como el Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua,  darle cobertura a los desalojos que ocurrían en casi todo el país, especialmente en Managua. En total, unas 300,000 familias beneficiarias de las leyes referidas estaban siendo acosadas, lanzadas a las calles o amenazadas con lanzamientos judiciales y policiales, o sencillamente estaban sufriendo las crueldades de los mencionados desalojos.

Acababa de ocurrir, un desalojo violentísimo en Chinandega, por parte de uno de los Mánticas (personaje de familias oligárquicas: de banqueros, terratenientes-latifundistas o grandes usureros) en Chinandega. Este Mántica hasta se había dado el lujo de prenderle fuego a los ranchos de los campesinos desalojados por órdenes o sentencias de un juez, con el auxilio policial, como en los viejos tiempos del somocismo genocida.

Otro de los grandes y sonados desalojos, un poco antes de la quemada del Apartamento No. I de la Carretera Sur, ocurrió al Este de donde fue el Autocinema, pegado a la Colonia Centroamérica (en Managua), de donde fueron desalojadas violentamente alrededor de 1,000 familias pobres, sin lotes ni casas, que habían ocupado esas tierras para construir sus viviendas, donde hoy está ubicado un Reparto lujoso, llamado “Lomas del Valle”. Se había dicho que estas tierras pertenecían al Ministerio de Finanzas, pero después aparecieron en poder de empresarios privados. ¿Cómo hicieron?

 Uno de los principales impulsores de estos desalojos violentos, en que resultaban muertos (como los niños en que se inició Tierra Prometida), heridos y centenares de encarcelados, era don Arnoldo Alemán Lacayo, convertido en Alcalde de Managua en 1990, gracias a concejales traidores que se vendieron en su favor en el Auditorio de la Alcaldía capitalina, cuando se instalaba el Concejo Municipal capitalino.

Donde es hoy Tierra Prometida se asentaron, repentinamente, varios centenares de familias en octubre de 1992. Al siguiente día, en la madrugada, a eso de las dos de la madrugada, llegó un contingente de antimotines de la Policía Nacional y procedió con lujo de mucha violencia al desalojo. Como los ocupantes de los terrenos se resistieron, entonces usaron medios de presión violenta como patadas, garrotazos, culatazos y bombas lacrimógenas, cuyos gases mataron a dos niños tiernos.

Hicieron el desalojo violento, pero la gente humilde volvió nuevamente a la carga ese mismo día, se retomaron los terrenos, Tierra Prometida pudo asentarse por la vía de la resistencia de familias necesitadas de un lote, y este Asentamiento Humano Espontáneo es hoy uno de los vecindarios más conocidos en el Suroeste de Managua.

Como sabemos la inmensa mayoría de nicaragüenses, Alemán Lacayo inició su carrera de corrupto, o ladrón, en la Alcaldía de Managua, desde donde también instigaba o intrigaba para que fuesen desalojadas decenas de miles de familias pobres de sus lotes, casas y tierras en Managua y todo el país. Alemán mucho tuvo que ver en el desalojo violento de la Policía Nacional en Tierra Prometida.

Alemán Lacayo me tenía odio y me había “sentenciado” varias veces porque denunciaba sus atrocidades, latrocinios y robos en la Alcaldía de Managua, por medio del Diario BARRICADA, específicamente mediante una página titulada La Capital, que se publicaba los lunes cuando yo laboraba en este Diario BARRICADA del Frente Sandinista. 

 Con orgullo digo que laboré como periodista y fotógrafo en BARRICADA desde su fundación el 26 de julio de 1979 hasta el día de su cierre el 21 de febrero de 1998.

Ya dije aquí que en BARRICADA me habían asignado, entre otras decenas de fuentes informativas, la temática de darle seguimiento a los desalojos judiciales, policiales y de esquiroles en contra de beneficiarios de las Leyes 85,86 y 88.

Esto de que yo anduviera activamente denunciando estos desalojos violentos por medio del Diario BARRICADA, puso furiosos a algunos jueces civiles Distritales y Locales de Managua y al mismísimo Arnoldo Alemán Lacayo, quien asimismo andaba violento, en feroz campaña antisandinista, llamando “piñateros” y ladrones a todos los beneficiarios de las Leyes 85, 86 y 88.

Sí, decían que los beneficiarios de estas propiedades eran “piñateros” o ladrones y que era necesario quitarles esos lotes, casas y tierras, y efectivamente despojaron a miles de familias de sus lotes, casas y tierras, y en muchos casos metieron miedo para que cooperados y Cooperativas vendieran sus tierras “a precio de guate mojado”.

La campaña política sucia, mentirosa y deformadora de la verdad, por parte de Alemán Lacayo, del mismo gobierno de “Ña” Violeta Barrios viuda de Chamorro y toda la claque de verdaderos ladrones y saqueadores de las arcas públicas del Estado, era realmente violentísima, y la habían personalizado o focalizado en algunos de nosotros, particularmente contra el Secretario General del Frente Sandinista, Daniel Ortega Saavedra, y en el caso de BARRICADA particularmente en mi contra.

Sí, en contra mía porque andaba defendiendo a los pobres en general, pues los beneficiarios de estas Leyes 85, 86 y 88 eran familias sandinistas, liberales y hasta conservadoras. También defendía yo a Sindicatos Sandinistas, a maestros organizados, a Comités de Defensa Sandinistas, a militares expulsados del Ejército Popular Sandinista y del Ministerio del Interior del Régimen Revolucionario, defendía a los técnicos de la Alfabetización y Educación de Adultos, defendía a centenares o miles de Cooperativas Agrícolas, etc.

Defendí asimismo a los técnicos de la Cruzada Nacional de Alfabetización, Educación de Adultos, a catedráticos universitarios sandinistas que también estaban siendo perseguidos; también a ténicos especializados lanzados de cargos en que habían quedado en estructuras del gobierno.

Olga Moraga, presidenta de la Unión de Periodistas de Nicaragua (UPN), dio una conferencia de prensa el mismo día del Incendio Criminal en mi casa (en la mañana), mediante la cual denunció que un grupo de jueces civiles de Managua y el mismo Arnoldo Alemán Lacayo corrupto habían sostenido una reunión secreta, en la cual afirmaron que ya no soportaban las denuncias que yo hacía sobre los desalojos mencionados por medio de las páginas del Diario BARRICADA.

Moraga sostenía que al parecer había amenazas no confesadas públicamente en mi contra por parte de estos jueces venales, entre los cuales se mencionaban a Ruth Chamorro Martínez, Encarnación Castañeda Miranda, un tal Osvaldo Medrano y Vida Benavente Prieto, y el mismo Alemán Lacayo, quien era el Alcalde corrompido y saqueador de Managua en esos momentos.

Efectivamente, en esos días se denunció que algunos jueces y Alemán Lacayo presuntamente se reunieron para tomar la decisión de mandarme a desalojar del Apartamento No. I, del kilómetro 11 de la Carretera Sur, o sea, rumbo al Departamento de Carazo.

Además, quienes jefearon la acción criminal de quemar totalmente el Apartamento No. I y dañar parcialmente el Apartamento No. II, propiedad de Julio Alejandro Toribio Díaz, confesaban a gritos, a todo pulmón, en público, que me buscaban, que tenían como objetivo asimismo capturarme  para quemarme vivo.

 Esto último fue escuchado por casi todos los vecinos. Sostuvieron estos vecinos ante la Policía y en los Juzgados del Crimen que quienes gritaban que me buscaban para matarme eran Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas Castro, mientras Frutos Chamorro Argüello, Ruth Chamorro Martínez y un tal Jimy Najman Perezdiez (¿quién era este sujeto?) dirigían las operaciones por medio de radiocomunicadores desde la entrada Oeste a los Apartamentos mencionados, que vistos desde fuera tenían forma de Herradura.

Estos 180 matones llegaron en camiones de “Mudanza Mundiales” (¿de quién era Mudanzas Mundiales?) y carros lujosos a quemar la casa con gasolina, en los Apartamentos del Kilómetro Once Sur, situados en la orilla de la Carretera Sur, un poco después de las entradas al Colegio Calasanz y Escuela Walter Mendoza Martínez, de la Policía Sandinista, entonces, Policía Nacional ahora.

Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca, Juan Pablo Rivas Castro, Ruth Chamorro Martínez y Jimy Najman Perezdiez, jefeando a 180 matones pagados, llegaron, repito, con camiones de mudanza, dispuesto a desalojar y subir (¿o robarse?) enseres domésticos ajenos como si hubieran hecho “acuerdos” bilaterales o colectivos con nosotros para que estuviésemos listos a entregarles todo lo que teníamos dentro de los seis Apartamentos en el kilómetro 11 Sur.

 Al convertir en cenizas el Apartamento I, donde vivíamos mi familia y yo, recordé aquellos momentos angustiosos, de persecusión y mortales, cuando miles de campesinos de “Rancho Grande” (Matagalpa), por ejemplo, sufrían desalojos violentísimos y quemas de sus ranchos por parte del terrateniente-latifundista Juan Palacios, esbirro del somocismo genocida, quien hacía estas operaciones de terror usando a la Guardia Nacional de la dictadura-dinastía somociana, jefeada por Anastasio Somoza Debayle.

Juan Palacios inclusive era diputado del somocismo genocida. Usaba ese cargo, al mismo tiempo, como medio de influencia somocista poderosa, pues se iba a los cuarteles de la guardia en Matagalpa y Ciudad Darío y de allí se llevaba los soldados que quería, en camiones, con armas de guerra y hasta lanzallamas para quemar los ranchos campesinos en “Rancho Grande”.

Me acordé también de Cirama y “Punta Ñata”, en Chinandega, donde asimismo centenares de campesinos sin tierra sufrieron las quemas de sus ranchitos, en la época del somocismo genocida, igualmente por parte de terratenientes-latifundistas, quienes siempre contaron con la Guardia Nacional para estas operaciones violentas, que siempre quedaron impunes.

En ambos casos, Juan Palacios y los latifundistas chinandeganos alegaban que las tierras ocupadas por los campesinos eran suyas, procedían a efectuar los desalojos masivos y para asegurarse de que los campesinos se irían para siempre, entonces les quemaban los ranchos de paja, los metían presos y hasta los mataban.

 Esta “pelea” por la posesión de los Apartamentos del kilómetro Once Sur comenzó un poco después de 1992. Estos Apartamentos eran propiedad de una ciudadana, ya anciana, que se llamó Angélica Castillo de Argüello, y la gente del vecindario les decía o nombraba “Apartamentos Argüello”.

 Ella alquilaba estos seis apartamentos desde hacía muchísimo tiempo. En los años de la década del 80, década del régimen revolucionario sandinista; le alquiló a varios salvadoreños revolucionarios que operaban aquí cuando se preparaban condiciones para el desarrollo y triunfo de la Revolución Salvadoreña.

En los primeros años de 1990 hubo una nueva camada de inquilinos, entre los cuales apareció la mismísima Ruth Chamorro Martínez, quien ocupó por algún tiempo muy corto, precisamente,  el Apartamento No. 1, el incendiado, convertido en cenizas por los 180 malandrines, donde vivíamos mi compañera Anabelle Barrera Argueta, mi hija Sofana Orquídea Barreto Barrera, de apenas ocho meses entonces; mi suegra Ercilia Argueta Cruz (recién fallecida), Iván Ramírez Barrera, hijo de Anabelle Barrera Argueta y yo.

Eran seis apartamentos  muy viejos, tal vez de más de 30 años, construidos en “minifalda”; una “fajita” de concreto abajo y tablas delgadas y vidrios también delgados. Tienen ladrillos rojos. El Apartamento I era de la misma forma.

 Estos apartamentos estaban construidos en forma de “Herradura” (vistos desde fuera), con un espacio de estacionamiento en el centro y con un corredor o patio trasero muy estrecho, que servía sólo para tender ropa y usar los lavanderos, entre una malla-cerco-límite y las paredes frágiles, ya mencionadas. Sólo los dos apartamentos del Este tenían  (o tienen) un solo patio amplio en el fondo, donde había hierbas y árboles altos.

 Según relatos oficiales de funcionarios administrativos del entonces Ministerio de la Vivienda y Asentamientos Humanos (MINVAH), entre otros Perfecto Arróliga Flores, doña Angélica Castillo de Argüello entró en serias contradicciones con los inquilinos porque intentaba cobrarles el doble de lo convenido mediante arreglos directos entre ella (doña Angélica), los inquilinos y funcionarios encargados en el Ministerio de la Vivienda y Asentamientos Humanos.

Como doña Angélica no acataba o respetaba esos acuerdos oficiales, entonces el Ministerio de la Vivienda y Asentamientos Humanos le fijó un acuerdo obligatorio de que los inquilinos debían depositar los pagos de inquilinato en la Caja del MINVAH, donde ella retiraba esos pagos.

Doña Angélica Castillo de Argüello falleció repentinamente. No dejó herederos, y tampoco indicaciones en el MINVAH de a quiénes entregarle el dinero del inquilinato por sus seis apartamentos alquilados en el kilómetro once de la Carretera Sur.

 Yo no tengo información de si la doctora Ruth Chamorro Martínez, jueza civil, había pagado durante su corta estadía en el Apartamento No. 1. Tampoco supe cuánto tiempo vivió allí, pero sí sé que no pagó la energía eléctrica, porque después los cobros de ENEL a su nombre,  fueron interminables.

 Por esas circunstancias especiales que uno pasa con sus familiares, en 1992 mi compañera Anabelle Barrera Argueta y yo, no teníamos dónde vivir.

 El Apartamento No. 1, ubicado al Noroeste, contiguo a la Carretera Sur, estaba desocupado y sin llave. Se conocía ya entonces que doña Angélica Argüello había fallecido y que estos Apartamentos estaban intervenidos oficialmente por el Ministerio de la Vivienda y Asentamientos Humanos, según información que me confirmó Perfecto Arróliga Flores, coordinador del Comité Regional de Asuntos Habitacionales del Ministerio de la Vivienda,  en el Departamento de Managua.

Cuando nosotros llegamos, en el resto de Apartamentos ya estaban:

Julio Alejandro Toribio Díaz y su compañera Cecilia García González, Silvia de los Ángeles Ortega Rosales y su marido Jaime Aguilar Pacheco, Juan Pablo Hernández Cruz  y su esposa Brenda Henríquez Hernández,  Wilmar Suárez Bojorge y su esposa María Adilia Hernández, Boanerges Iraheta Monterrosa y su esposa Rita Mobus. Se informaba sin confirmación que estaba desocupado el Apartamento No. 4, de donde salieron numerosas agresiones posteriores  en contra de estos vecinos mencionados

 Casi inmediatamente después de nuestra llegada al Apartamento I, estos vecinos nos pusieron “al día” sobre las perturbaciones, amenazas de muerte  e intentos de desalojo por parte de un sujeto llamado Henry Núñez Abarca, quien comenzó a escandalizar y a sostener mediante esas amenazas que un tal Frutos Chamorro Argüello era el presunto dueño de los “Apartamentos Argüello”.

 Inmediatamente, desde el inicio, en 1992, estos vecinos fueron a indagar al Ministerio de la Vivienda y Asentamientos Humanos (MINVAH) sobre las afirmaciones amenazantes de estos dos personajes oscuros y extraordinariamente violentos, pirómanos, incendiarios, al parecer drogadictos, borrachos, ligados a pandilleros y delincuentes comunes, provocadores de pleitos y de escándalos, según veremos más adelante.

En el MINVAH les respondieron que no existía notificación de que doña Angélica Castillo de Argüello haya dejado  herencia destinada a este oscuro y violentísimo personaje, llamado Frutos Chamorro Argüello.

Los vecinos mencionados también procedieron a poner la denuncia por amenazas de muerte e intentos de desalojos en la Estación III de la Policía Nacional, donde fungía como jefe el Subcomandante Ernesto “Tito” Zamora, después convertido en Comisionado, el más alto rango en la Policía Nacional.

Las intrigas y conspiraciones de estos dos maleantes mencionados comenzaron desde enero de 1991 y fueron creciendo, especialmente debido a que el gobierno derechista de “Ña” Violeta Barrios viuda de Chamorro, representante de los intereses de la oligarquía local, de las empresas trasnacionales o multinacionales yanquis, del somocismo genocida y del gobierno criminal de Estados Unidos, precisamente porque se había iniciado el desmantelamiento de los logros del régimen revolucionario sandinista, entre otros, el desmantelamiento de la Ley de Inquilinato, habían comenzado la contrareforma urbana, la contrareforma agraria; estaban desmantelando en esos momentos todas las más de 500 empresas productivas estatales, habían ya desmantelado el Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua, estaban persiguiendo con la llamada “Cobra” a los productores agrícolas en todo el país, “Ña” Violeta Barrios viuda de Chamorro le había “perdonado” los 17,000 millones de dólares al gobierno genocida de Estados Unidos por su agresión militar, económica y de guerra sicológica a Nicaragua, en la década del 80;  le estaban devolviendo descaradamente  propiedades a los somocistasa genocidas (ahora convertidos en yanquis o “gringos caitudos”), etc.

 Cabe decir que en enero de 1991, personalmente Frutos Chamorro Argüello invadió el Apartamento de Wilmar Suárez Bojorge y le exigió que abandonara el Apartamento No. 5 “porque es mío”, aseguraba este maleante.

 Además, este nuevo “gobierno democrático”, “civilista”, “defensor del Estado de Derecho”, “promotor de Derechos Humanos de los más esenciales”, desde ningún punto de vista defendía a los pobres, a los beneficiarios de las Leyes mencionadas para la adjudicación de lotes pequeños, viviendas y tierras de la Reforma Agraria, pues al revés, este gobierno derechista de “Ña” Violeta Barrios viuda de Chamorro llegó a ocupar la silla presidencial (lamentablemente) para ser como una junta administradora de los intereses de la oligarquía nicaragüense, de las empresas trasnacionales saqueadoras y del gobierno criminal de Estados Unidos.

 Para “Ña” Violeta Barrios viuda de Chamorro era un asunto de clases. Ella fue puesta allí en esa silla presidencial para defender a su clase de explotadores burgueses o capitalistas salvajes o crueles. No fue puesta para defender a los pobres que todos los días buscan afanosamente el bocado de comida y se empeñan, precisamente, en tener un lotecito, una casita modesta en que vivir con su familia y un pedazo de tierra para cultivar frijoles, maíz, yuca, pipianes, ayotes, papayas, es decir, la comidita más elemental para sobrevivir como seres humanos, o como animales racionales en esta Madre Tierra o Naturaleza que suministra alimentos para todos los seres vivos.

Estaba claro, entonces, que las 300,000 familias beneficiarias de las Leyes 85,86 y 88, más las seis familias de estos “Apartamentos Argüello” del kilómetro 11 Sur, no serían defendidos por el gobierno de  Violeta Barrios viuda de Chamorro.

 Y así fue. No fuimos defendidos por ese gobierno de oligarcas, oportunistas y somocistas revanchistas como Arnoldo Alemán Lacayo, quien era el Alcalde de Managua, precisamente, todavía en abril de 1994.

 Por el contrario, supimos que ya en los  primeros meses de 1992, este grupo de maleantes, jefeados por Frutos Chamorro Argüello, ya se habían “arreglado” y coludido con los nuevos dirigentes del antiguo Ministerio de la Vivienda y Asentamientos Humanos, que había pasado a llamarse “Banco de la Vivienda de Nicaragua”, con funcionarios de la Alcaldía capitalina de don Arnoldo Alemán Lacayo y con jueces venales o “venaderos” de ese momento.

Según el historial acumulado mediante denuncias en la Estación III de Policía Nacional, ubicada desde entonces en el Suroeste del Barrio Altagracia, estos maleantes jefeados por Frutos Chamorro Argüello, al darse cuenta de que estas seis familias (cinco familias inicialmente) se habían unido para resistir sus amenazas de muerte e intentos de desalojos, fraguaron un plan meticulosamente estudiado, suponemos, con funcionarios del gobierno de  Violeta Barrios, de la Alcaldía de don Arnoldo Alemán Lacayo y algunos jueces civiles venales.

Una de las primeras maniobras fue que desde mediados de 1992 aparecieron Henry Núñez Abarca y un tal Horacio Calero, en el Apartamento No. 4 (entonces desocupado, sin una familia dentro), con el truco de que harían reparaciones de carpintería y fontanería. Nadie los había llamado o contratado en el vecindario.

Según declaración de Marta Lorena Sinclair Payán, en el Juzgado Quinto Local del Crimen de Managua, en octubre de 1993, el propio Henry Núñez Abarca, enviado de Frutos Chamorro Argüello, le propuso a ella la oferta de su jefe (Chamorro Argüello) de 10,000 dólares por la cabeza (eliminación física) de cada uno de los siguientes vecinos: Wilmar Suárez Bojorge, Julio Toribio Díaz y Jaime Aguilar Pacheco.

Es decir, matarlos por un precio de 10,000 dólares cada uno.

 Para que este plan mortal se hiciera efectivo, Núñez Abarca le propuso a Sinclair Payán que organizara una fiesta en uno de los Apartamentos Argüello, en diciembre de 1993, aprovechando el “truco” de las supuestas reparaciones. Todos los gastos de la fiesta correrían por parte de Frutos Chamorro Argüello, y al parecer los ejecutores personales del crimen serían el mismísimo Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca, tal vez Horacio Calero y quizás toda una pandilla de delincuentes contratados para tal finalidad.

Sinclair Payán emitió esta declaración jurada también ante el abogado Leonel Antonio Torres Alfaro, el 26 de enero de 1994. Aseguró que ella (Sinclair Payán) rechazó de inmediato la oferta criminal de Henry Núñez Abarca, quien la había llevado al Apartamento 4 como contratada para efectuar quehaceres domésticos.

Sin embargo, estos maleantes, encabezados por Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca y Horacio Calero, llegaron a los Apartamentos Argüello el 16 de octubre de 1993, a las cinco de la tarde, nuevamente armados con pistolas, escopetas, bayonetas, un fusil galil y un fusil fal. Llegaron a bordo de tres vehículos lujosos. Se bajaron y entraron al Apartamento No. 4, donde conminaron a Sinclair Payán a que se dispusiera a organizar la fiesta mortal exigida.

 En vista de la negativa de Sinclair Payán, Chamorro Argüello y Núñez Abarca entraron en más cólera violentísima y procedieron a ponerle una pistola en la cabeza de Sinclair, mientras Núñez Abarca le decía: “Vos tenés qué hacer lo que nosotros digamos…para eso te trajimos aquí”, denunció Sinclair Payán en el Juzgado Quinto  Local del Crimen ya referido.

Según señaló, tuvo que retirarse de allí de los Apartamentos porque comprendió que ella también corría peligro de muerte.

Empero, el día anterior, 15 de octubre en la noche y 16 de octubre en la madrugada, estos mismos sujetos (Chamorro Argüello, Núñez Abarca y Horacio Calero) efectuaron una fiesta con una discomóvil dentro del Apartamento No. 4, contra la voluntad de Sinclair Payán y de los vecinos, para lo cual llevaron los aparatos de sonido en varios vehículos, acarrearon a numerosos pandilleros y delincuentes comunes y a numerosas mujeres prostitutas, según las denuncias en la Estación III de la Policía y del Juzgado Quinto Local del Crimen de la misma Sinclair Payán y de los vecinos Wilmar Suárez Bojorge, Julio Alejandro Toribio Díaz, Silvia Ortega Rosales y Boanerges Iraheta Monterrosa.

La fiesta con discomóvil comenzó ruidosa, a esos de las siete de la noche, tal como la querían los maleantes. Por supuesto, los vecinos de los Apartamentos y residentes de los alrededores, no estaban durmiendo porque el estruendo musical y los gritos de estos sujetos, lo impedían.

Cuando ya era cerca de la una de la mañana, la fiesta fue transformada en actos totalmente delictivos y amenazas abiertas de muerte contra los vecinos.

Con bayonetas de los fusiles, cuchillos y machetes, procedieron a destrozar las llantas de los vehículos de Silvia Ortega Rosales, Jaime Aguilar Pacheco, Juan Pablo Hernández y Wilmar Suárez Bojorge.

Casi al mismo tiempo, personalmente Frutos Chamorro Argüello y Henry Núñez Abarca, ambos portando fusiles automáticos (¿de dónde los habían tomado?) y escopetas, se dedicaron a insultar a gritos a todos los vecinos, especialmente a Wilmar Suárez Bojorge, Julio Toribio Díaz, a Juan Pablo Hernández, a Jaime Aguilar Pacheco y a Iraheta Monterrosa.

Ambos maleantes, completamente borrachos, fueron hasta las puertas de los Apartamentos de Wilmar Suárez Bojorge y Julio Toribio Díaz y se las golpearon con las culatas de los fusiles; patearon las mismas puertas, los conminaban a salir, y al mismo tiempo afirmaban que  nos matarían a todos si no nos íbamos de los “Apartamentos Argüello” en esa misma semana.

Los vecinos llamaron a la Estación III de la Policía, de donde llegaron dos patrullas, pero Chamorro Argüello como que “olfateó” y se fue raudo antes que llegaran los agentes policiales, quienes lograron capturar “infraganti” todavía a Henry Núñez Abarca, Horacio Calero y otros. Les encontraron las armas, las bayonetas, cuchillos y hasta una bolsa de cocaína en uno de los vehículos.

Sin embargo, muy pronto quedaron libres, ¿por qué?,  ¿qué corona o privilegios tenían en la Estación III de la Policía?

El colmo fue que ese mismo día 16 de octubre (1993), a las cinco de la tarde, personalmente volvió a llegar armado Frutos Chamorro Argüello, con un fusil en la mano, apuntando hacia los ventanales de los Apartamentos, afirmando que nos iba a matar a todos.

A gritos exigía que todos saliéramos de inmediato de los Apartamentos.

Chamorro Argüello se revolvía en sí mismo, se movía nerviosísimo, como un drogado sin controles, vociferaba, tenía arranques violentos como de fiera herida mientras se desplazaba apuntando con un fusil galil hacia todos los Apartamentos.

La mayoría de los vecinos no habían llegado de sus labores cotidianas o funciones laborales en empresas privadas o en el Estado. Sí estaban en sus Apartamentos Julio Toribio Díaz y su esposa Cecilia, Juan Pablo Hernández y su esposa Brenda Henríquez Hernández y Rita Mobus.

Como Julio y Juan Pablo salieron al estacionamiento de los Apartamentos y le ripostaron a Frutos Chamorro Argüello que no saldríamos de allí, “porque usted no es dueño de estos Apartamentos, nadie lo ha nombrado heredero”, entonces Chamorro Argüello los encañonó en la cabeza y amenazó con matarlos en ese instante.

Ese día 16 de octubre, casi todos estos vecinos al fin conocieron personalmente a Frutos Chamorro Argüello. Un sujeto pelo rojo, chele, corpulento, violentísimo en extremo, gritón, con rostro congestionado y aspecto de drogadicto incontrolable y siempre amenazando de muerte, sosteniendo al mismo tiempo: “Yo estoy protegido…y les voy a demostrar que los voy a sacar de aquí… y por último, le pego fuego a esta mierda para que salgan de aquí como las ratas”, amenazó mortalmente una vez más cuando eran las cinco y media de la tarde de ese día.

 Finalmente, al comprender que podían llegar agentes de la Estación III de Policía, se fue, sin poder cumplir ninguna de sus dos amenazas criminales, pero igual que sus pares Juan Palacios (Matagalpa) y Mántica (Chinandega), en la época del régimen somocista genocida, don Frutos Chamorro Argüello había sembrado el terror una vez más entre los habitantes de los “Apartamentos Argüello” y en los alrededores del Kilómetro 11 de la Carretera Sur, o Carretera Panamericana, que te conduce rumbo al Departamento de Carazo y a Peñas Blancas.

Yo  nunca pude conocer personalmente a este sujeto Chamorro Argüello despreciable e infame, ni a sus tres compinches principales: Henry Núñez Abarca, Juan Pablo Rivas Castro y Jimy Najman  Perezdiez, también ruines y crueles.

 Todo lo acontecido la noche anterior (15) y ese día 16 de octubre se le puso en conocimiento a las autoridades de la Estación III de la Policía y al titular del Juzgado Quinto Local del Crimen de Managua. Los vecinos se presentaron a ambas instituciones ese mismo día, pero la sorpresa fue mayúscula cuando se supo que pocas horas después los maleantes andaban libres, y que Frutos Chamorro Argüello no fue capturado, ni molestado de ninguna forma.

La misma Estación III de la Policía levantó información oficial de los hechos, pues llegó una patrulla al momento en que todavía escandalizaban estos maleantes, y se llevó detenidos a varios.

Este servidor (Pablo E. Barreto Pérez) suministró fotos del momento en que estaban siendo capturados algunos de estos delincuentes que estaban actuando con alevosía, planificación y ventaja en todos los sentidos; en las fotos se podían ver parte de las armas que andaban. Se entregaron fotografías de los daños a los Apartamentos y a los vehículos ya mencionados, y todo esto aparece registrado oficialmente en el Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua, donde se registró el juicio formal contra estos incendiarios criminales, después de ejecutado el incendio criminal el 14 de abril de 1994, a las cinco y media de la tarde.

 Este asunto violento era de vieja data, es decir, se venía registrando mucho antes de los días 15 y 16 de octubre de 1993, pues hicieron escándalos delictivos similares, por ejemplo,  el 28 de agosto de 1992, los cuales también fueron registrados con fotografías, declaraciones de denuncias y testificales  de vecinos de los alrededores en la Estación III de la Policía y en el Juzgado Quinto Local del Crimen de Managua.

Volvieron a presentarse armados y borrachos con una turba de sujetos, el 24 de enero de 1994, a las 11:30 am., aparentemente delincuentes, en varios vehículos lujosos y nuevos; vociferando y lanzando las mismas amenazas de muerte y de convertirnos en cenizas si no abandonábamos los Apartamentos al siguiente día.

Como siempre, la banda de maleantes andaba jefeada por Frutos Chamorro Argüello y Henry Núñez Abarca. Los vecinos me contaron que Chamorro Argüello andaba con los ojos desorbitados, que actuaba como fiera herida, muy nervioso, como si anduviese “arriba de los cables”, “en el aire”, por los efectos de drogas alucinógenas.

La misma compañera trabajadora Marta Sinclair Payán relató en el Juzgado Quinto Local del Crimen de Managua que ese día 24 de enero de 1994 ella llegó por casualidad a los “Apartamentos Argüello”, y que allí mismo Chamorro Argüello amenazó con pegarle un balazo, y le dijo a ella: “…ni te conozco”.

Y fue más criminal todavía la agresión efectuada por estos sujetos en febrero de 1994, cuando ya llegaron con una pandilla de hombres armados, contratados para desalojarnos como fuese, al parecer incluyendo el uso de armas blancas y de fuego, pero fueron rechazados (dichosamente) por una Brigada Antidesalojos de casi 100 compañeros y compañeras del Movimiento Comunal Nicaragüense (MCN) de Managua y Nacional, organización popular que en ese momento asimismo libraba una batalla organizada, firme, sin cuartel, contra los desalojos a decenas de miles de familias pobres en Nicaragua.

Antes de este plan criminal de intentos de asesinatos contra Suárez Bojorge, Julio Toribio Díaz y Jaime Aguilar Pacheco, ya mencionado, el mismo Frutos Chamorro Argüello, al parecer en contubernio con funcionarios del gobierno derechista y jueces venales, sin tener declaratoria de heredero,  ni proceso judicial relativo a esta propiedad,  ni sentencia judicial alguna, como los buitres y aves de rapiña ya se habían repartido los Apartamentos, pues el nueve de febrero de 1993 un tal José Ney Guerrero (¿quién era este otro sujeto oscuro?) aparece afirmando ante el abogado y Notario Público, Ramón Gómez Rocha y la jueza Tercero Civil del Distrito de Managua, Vida Benavente Prieto (de malísimos recuerdos para miles de familias pobres en Managua), que él (Ney Guerrero) es “Apoderado Generalísimo Judicial de Inversión de Desarrollos Globales S.A.”, y que esta empresa (¿?empresa, cuál, cómo??) representada por él es “dueña” “en dominio y posesión de un lote de terreno situado como a dos leguas de distancia de esta ciudad, adyacente en la Carretera que conduce a Diriamba, con una superficie de 5,000 varas cuadras”, donde se encuentran construidos seis Apartamentos…” ¿Cuáles apartamentos?

 Sí, como por arte de magia “Desarrollos Globales S.A.”, al parecer empresa de “fachada”  en aquel momento, ya aparecía ante el Juzgado Tercero Civil de Distrito de Managua, de doña Vida Benavente Prieto y el abogado Gómez Rocha mencionado, sosteniendo que los apartamentos eran suyos, que los tenía “en dominio y posesión”, lo cual era completamente falso, pues ninguno de estos maleantes fue nunca residente formal en los “Apartamentos Argüello”. Nunca vivieron en los “Apartamentos Argüello”  ni un solo día, ni una sola mañana, ni una sola tarde3, ni una sola noche.

 Unas pocas semanas antes de este otro acto infame de José Ney Guerrero, Frutos Chamorro Argüello se había hecho aparecer a sí mismo como “dueño en posesión y dominio” de los Apartamentos y como “representante legal y Apoderado Generalísimo de Inversión de Desarrollos Globales S.A”, a cuya figura, presuntamente legal, hizo aparecer posteriormente como la supuesta dueña de los Apartamentos Argüello, al estar claro, me imagino, de que él (Frutos Chamorro Argüello) no podría contra las seis familias residentes en estos Apartamentos del Kilómetro 11 de la Carretera Sur.

Mientras iban y venían las acusaciones contra Frutos Chamorro Argüello en la Estación III de la Policía y en el Juzgado Quinto Local del Crimen, se le pidió, se le exigió por parte de los vecinos residentes en los Apartamentos, repito, que mostrara pruebas documentales y mediante sentencias judiciales firmes, de que él era el dueño o heredero de doña Angélica Castillo de Argüello, lo cual nunca pudo demostrar. No hubo  nunca una declaración de heredero a su favor. Ni siquiera un juicio suyo en los juzgados civiles de Managua, como presunto heredero.

 La incuestionable verdad es que nunca pudo probar que él fuese el dueño de los “Apartamentos Argüello”, mucho menos que probara que “Inversiones Desarrollos Globales S.A.” fuese la fantasmal dueña, por cuanto para llegar a eso se hubiera requerido de todo un proceso judicial largo, con su respectiva sentencia firme, lo cual nunca salió a luz pública.

  ¿Los Apartamentos fueron vendidos, trasladados, regalados, embargados, cómo hicieron esta magia de convertirse en supuestos dueños de los Apartamentos?

 Estos supuestos propietarios nunca fueron visibles, pero al mismo tiempo aparecían trasladándole la “propiedad” de los Apartamentos a Jimy Najman Perezdiez, un sujeto que no era nicaragüense, según vamos a ver más adelante.

 ¿Cómo era este enredo que armaron estos buitres o lagartos protegidos por jueces venales y gobernantes también vendidos?

 Este asunto es realmente insólito, pues en la misma fecha del nueve de febrero de 1993, en el Juzgado Tercero Civil de la doctora Benavente Prieto estos sujetos maleantes armaron el inicio de una supuesta legalidad para acusarnos a los vecinos de los seis Apartamentos por “comodato precario”, por supuesta rebeldía porque no habíamos acudido a supuestas citas judiciales para un juicio en contra de nosotros: Pablo E. Barreto Pérez, Julio Toribio Díaz, Wilmar Suárez Bojorge,  Juan Pablo Hernández, Boanerges Iraheta Monterrosa y Silvia Ortega Rosales.

 Armaron toda esta patraña a espaldas nuestras, en los corrillos judiciales y en los círculos de negociados sucios con propiedades en conflicto como la de los “Apartamentos Argüello”.

El escrito de este Ney Guerrero, de solicitud de desalojo, fue presentado ante la jueza Benavente Prieto a las diez y 30 minutos de la mañana de ese nueve de febrero, por “comodato precario”, y ese mismo día nueve de febrero de 1993, esta jueza emitió la “diligente” sentencia de desahucio en contra de los ya mencionados habitantes o residentes de los “Apartamentos Argüello”, sin notificación a los perjudicados de que estaban siendo enjuiciados por “comodato precario”.

La resolución de Vida Benavente Prieto, Jueza Tercero Civil del Distrito de Managua, dice textualmente:

“Por lo tanto:  De conformidad con lo considerado y artos., 434, 444 y 446 Pr., la suscrita juez resuelve: Se mantiene el Desahucio de la propiedad que pertenece a Inversiones y Desarrollos Globales S.A., descrito y deslindada en los Vistos resulta de esta Sentencia, por consiguiente el señor Pablo Emilio Barreto Pérez, deberá restituir dicho inmueble y para ello se le señala un plazo  de 30 días a partir de la correspondiente Notificación.´- Cópiese y Notifíquese.- Entrelíneas.-primero.-Vale.- Vida Benavente Prieto”.

Este párrafo final, de la mencionada resolución judicial, fue igual para todos los vecinos acusados de “comodato precario” por quienes nunca fueron dueños de nada en los “Apartamentos Argüello”, mientras en estos juzgados mencionados les admitieron todas estas ilegalidades oscuras.

En el caso de la mayoría de los residentes en los  “Apartamentos Argüello” no eran ocupantes ilegales, para comenzar, pues habían firmado contratos con doña Angélica Argüello, y además el Ministerio de la Vivienda y Asentamientos Humanos había intervenido en este asunto porque ella se negaba a recibir la cuota fijada (pago en córdobas me3nsualmente) por el Ministerio de la Vivienda por el alquiler de estos Apartamentos.

Pero estos maleantes, jefeados por Frutos Chamorro Argüello, con cómplices en el gobierno chamorrista y en la Alcaldía corrompida de don Arnoldo Alemán Lacayo, no acusaron al Ministerio o Banco de la Vivienda, sino que procedieron a acusarnos a los moradores de los “Apartamentos Argüello”, tal como se estaba haciendo contra otras 300,000 familias pobres en todo el país, por la misma causa de lotes, casas y tierras otorgadas por la Reforma Agraria del Régimen Revolucionario Sandinista.

Es decir, el nuevo gobierno derechista daba paso a todo tipo de maniobras legales sucias para que los ricachones, terratenientes, somocistas y maleantes como Frutos Chamorro Argüello se apoderaran de propiedades protegidas mediante las Leyes 85, 86 y 88; y por la Ley de Repartos Intervenidos y la nueva Ley de Inquilinato, la cual, en este caso, era aplicada a doña Angélica Castillo de Argüello mientras estuvo funcionando el régimen revolucionario sandinista.

Violento intento de desalojo en marzo de 1994

Rechazo contundente de las Brigadas Populares Antidesalojos

 Hasta este momento la defensora nuestra había sido la doctora  (abogada) Rosa María Pérez, quien en realidad no hizo lo necesario en nuestra defensa.

Por mi relación directa con el Movimiento Comunal Nicaragüense (MCN), recurrí donde sus dirigentes nacionales, entre otros: Enrique Picado Álvarez y Orlando Blandón Lagos, para plantear las sofocantes y estranguladoras amenazas de desalojo y de muerte que nos estaban lanzando jueces civiles de Managua y Frutos Chamorro Argüello con su pandilla de maleantes.

Picado Álvarez y Blandón Lagos tomaron la decisión de apoyarnos con una Brigada Popular de Apoyo Antidesalojos, integrada por más de 50 hombres y mujeres del Movimiento Comunal Nicaragüense de las comarcas de los alrededores del kilómetro 11 Sur y del Municipio de Diriamba, en el Departamento de Carazo.

Asimismo, por medio del Movimiento Comunal Nicaragüense contactamos a la abogada Dinorah Parrales, de Diriamba (Carazo), muy conocida porque, igual que yo, en esos momentos libraba batallas legales firmes, tercas y decididas a favor de centenares de familias pobres que estaban siendo desalojadas de sus lotes, casas y tierras de la Reforma Agraria del régimen revolucionario sandinista.

La doctora Parrales, aunque contradictoria en algunos momentos, agarró inmediatamente el conflicto nuestro de los Apartamentos Argüello como si fuese suyo.

Desde el comienzo, todos los días, muy de mañana, venía de Diriamba a Managua. A veces se quedaba durmiendo con nosotros en los Apartamentos, y el 14 de abril de 1994, día del incendio criminal, allí estaba enfrentando a los criminales de la pandilla de Frutos Chamorro Argüello y a la jueza venal Ruth Chamorro Martínez, quien descaradamente defendió en campos pagados de periódicos el hecho de haber llegado a intentar el desalojo con una pandilla de 180 maleantes y no acompañada por la Policía, como indica la Ley respectiva.

Los miembros de la Brigada Popular de Apoyo y Antidesalojos del Movimiento Comunal Nicaragüense de Managua, compuesta por hombres y mujeres, mientras tanto, se turnaban para apoyarnos. Unos estaban en el día y otros en la noche, incluyendo un grupo de compañeros de Diriamba, como dije.  Todos ellos y ellas, encabezados por Orlando Blandón Lagos, coordinador del Movimiento Comunal en el Departamento de Managua.

Teníamos que buscar comida para ellos, y en ocasiones lográbamos solidaridad de otros sectores sociales para sostener esta lucha que se había vuelto simbólica por su resistencia en este sector pequeño de Managua.

Sin embargo, la maquinaria judicial civil y los intereses oligárquico-somocistas-conservadores se había echado a andar en contra de nosotros, y estaba en pleno apogeo en contra de decenas de miles de familias pobres, especialmente si eran sandinistas,  en toda  Nicaragua.

La doctora Dinorah Parrales, reunida con nosotros, armó un plan legal y nos advirtió que la batalla legal frente a estos intereses judiciales y gubernamentales corrompidos, posiblemente no funcionaría, y que paralelamente debíamos organizarnos interna y externamente para resistir al desalojo lo más que pudiéramos.

Efectivamente, hicimos un plan para resistir el desalojo. Con la Brigada de Apoyo del Movimiento Comunal Nicaragüense nos turnábamos (los vecinos) de noche y de día, para resguardar los Apartamentos Argüello contra una nueva embestida de la pandilla de maleantes de Frutos Chamorro Argüello, cuya visita esperábamos de un momento a otro.

Nuestras sospechas se confirmaron, cuando el Juez Cuarto Civil del Distrito de Managua, Encarnación Castañeda Miranda, en cuyo juzgado nunca estuvimos acusados por “comodato precario”, el 24 de marzo de 1994, lanzaba una especie de ordenanza militar,  para que Frutos Chamorro Argüello entregase los Apartamentos  al otro maleante llamado Jimy Najman Perezdiez, haciéndolo aparecer como el nuevo supuesto “dueño” de los Apartamentos Argüello.

 Como dije y queda claro: en los Apartamentos nunca vivieron o residieron ni Frutos Chamorro Argüello, ni Jimy Najman Perezdiez, ni nadie de Inversiones Globales Sociedad Anónima, por tanto no estaban “en posesión y dominio” como decían ellos y las sentencias judiciales de estos jueces civiles venales.

 Esa sentencia o especie de orden militar de Castañeda Miranda, decía lo siguiente:

“-Mandamiento-Encarnación Castañeda Miranda, Abogado y Juez Cuarto Civil del Distrito de Managua, a cualquier autoridad competente a quien le fuere cometido el presente mandamiento:

Hace saber y ordena:

En virtud que el ejecutado empresa Desarrollos Globales Sociedad Anónima, representada por el Apoderado Generalísimo y Representante Legal señor Frutos Chamorro Argüello, fue requerido a las nueve y treinta minutos de la mañana del día dieciséis de marzo  de mil novecientos noventa y cuatro, para que hiciera entrega de la posesión al señor  Jimy Najman Perezdiez, del inmueble ubicado en el kilómetro once de la Carretera Sur, cuyo antecedente se encuentra inscrito bajo el número 26.527; Tomo 940; Folio76/97; Asiento 4, Columna de Inscripciones, Sección de Derechos Reales, libro de Propiedades del Registro Público de Managua, número catastral: 2952-3—07-089-03800. Que tiene construidos seis apartamentos de madera y concreto. Con los siguientes linderos particulares: norte: Predio de Ernesto Salazar; Sur: Predio general; Oriente: resto del predio general; Poniente: carretera pavimentada a Diriamba. Y como el ejecutado empresa Desarrollos Globales Sociedad Anónima, representada por el señor Frutos Chamorro Argüello, no ha entregado la posesión del inmueble descrito, decrétese inmisión en la posesión del inmueble y entréguese por esta autoridad al señor Jimy Najman Perezdiez/ o a quien le fuere cometido por Mandamiento ejecutivo/, con apoyo de la fuerza pública si fuere necesario, con base en el Arto.1834 Pr.  Y dada la posesión líbrese al posesionado certificación de las diligencias para guarda de sus derechos. Se libra este mandamiento por estar ordenado en auto solvendo de las ocho y treinta minutos de la mañana del 24 de marzo en curso. Dado en el Juzgado Cuarto Civil del Distrito de Managua a los veinticuatro días del mes de Marzo de mil novecientos noventa y cuatro. Encarnación Castañeda Miranda”.

 Así era de descarado y sucio este asunto en contra de las seis familias de los seis Apartamentos Argüello en el kilómetro 11 de la Carretera Sur.

Como vimos antes, Frutos Chamorro Argüello no demostró en ninguna parte, por ningún medio judicial o legal, ser dueño de nada en los Apartamentos. Nunca, ninguno de ellos estuvo residiendo en ninguno de los Apartamentos, por tanto no tenían nada “en dominio” ni “en posesión” como decían estos maleantes.

A todos nosotros se nos había acusado en otros juzgados civiles por “comodato precario”. Y ya resultaba, según se aprecia en estas sentencias judiciales de Vida Benavente Prieto y de Encarnación Castañeda Miranda (ambos titulares de dos juzgados civiles diferentes), que sin terminar los juicios mañosos, sucios, en contra de las seis familias, ahora resultaba que Frutos Chamorro Argüello, sin ser dueño, sin estar en posesión ni dominio de nada, sin juicio, pero con “diligencia” impecable y al mejor estilo de ordenanza militar, Castañeda Miranda procedía mediante “sentencia judicial” sin razones da orden que en nombre y representación “generalísima” de “Desarrollos Globales Sociedad Anónima”, Frutos Chamorro Argüello recibía la orden de entregarle los Apartamentos Argüello al otro lagarto voraz y maleante llamado Jimy Najman Perezdiez.

 ¿Cómo entender todas estas infamias y suciedades judiciales mercantiles?

Veamos cómo estas infamias al parecer estaban bien planificadas y coordinadas entre jueces civiles.

Dos días antes, el 22 de marzo de 1994, la jueza Segundo Local Civil, Ruth Chamorro Martínez, le manda una notificación, en papel corriente (no membretado), al responsable de la Estación III de la Policía Nacional (era Ernesto “Tito”  Zamora), anunciándole que precisamente el 24 de marzo, en “horas hábiles” tiene que “realizar un lanzamiento en contra de los señores: Wilmar Suárez Bojorge, Pablo Emilio Barreto Pérez, Silvia de los Ángeles Ortega, Julio Alejandro Toribio Díaz, Petrona Julia Caballero Barrera, Boanerges Iraheta Monterrosa, transcríbole el auto que íntegra y literalmente dice; Juzgado Segundo Local Civil. Managua, veintidos de marzo de mil novecientos noventa y cuatro.- Las dos de la tarde.- Visto el escrito que antecede y de conformidad con el Arto. 509 Pr., Cumplase con lo ordenado por el Juez Cuarto Civil de Distrito de Managua, en el auto de la una de la tarde del día veintidos de marzo de mil novecientos noventa y cuatro, y para su debido cumplimiento señalase para el efecto el día jueves veinticuatro de marzo de mil novecientos noventa y cuatro en horas hábiles . Hagase acompañar esta Autoridad de la Fuerza Pública para su debido cumplimiento. Notifiquese.- R. Chamorro M. Lopez C. Sria”.

 Como vemos, el descaro de ambos jueces civiles es demasiado notorio, pues la orden terminante, casi militar de Encarnación Castañeda Miranda, de entregar los Apartamentos Argüello por parte de “Desarrollos Globales Sociedad Anónima/Frutos Chamorro Argüello a Jimy Najman Perezdiez” fue emitida a las ocho y media de la mañana del 24 de marzo de 1994, mientras doña Ruth Chamorro Martínez, juez Segunda Local Civil, comunica al jefe de la Estación III de Policía, el 22 de marzo, dos días antes, que hay una orden de lanzamiento, de desalojo, en contra de los vecinos mencionados, emitida presuntamente por Encarnación Castañeda Miranda, Juez Cuarto Civil de Distrito de Managua.

¿Quién de los jueces civiles de Distrito le dio la orden a Ruth Chamorro Martínez para que incluso  se adelantara en dos días, anunciándole a la Estación III de Policía que el desalojo lo haría efectivo el 24 de marzo?

 ¿Se habían puesto de acuerdo previamente para hacer circular esta documentación oficial y sobre la fecha en que harían el desalojo violento y la entrega de los Apartamentos Argüello por parte de “Desarrollos Globales Sociedad Anónima”/Frutos Chamorro Argüello a Jimy Najman Perezdiez?

 ¿Por qué si Vida  Benavente Prieto, jueza Tercero Civil de Distrito de Managua, que había emitido la sentencia de desalojo contra las seis familias, sí, por qué no efectuó ella personalmente el desalojo violentísimo, incendiario y con intento de asesinatos, en contra de nosotros?

 ¿Todo esto probaría, entonces, que hubo reuniones secretas de jueces civiles para tomar la decisión de efectuar el desalojo violento en los Apartamentos Argüello?

Algo más en esta infamia incendiaria, pues resulta que efectivamente el 24 de marzo de 1994, a las dos de la tarde, intentaron el desalojo violento, no con la presencia o auxilio de la “Fuerza Pública” o Estación III de la Policía (ubicada en el Sur del Barrio Altagracia, Distrito III), sino con alrededor de 300 pandilleros y delincuentes, contratados por Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas Castro, y se informó que allí andaba doña jueza Ruth Chamorro Martínez, según denunciaron la doctora Dinorah Parrales y  el Diario BARRICADA el 25 de marzo de 1994.

 

La denuncia de la doctora Parrales y del vecino Boanerges Iraheta Monterrosa añadió que los 300 maleantes de Frutos Chamorro Argüello utilizaron varios camiones, y supuestamente procedían de Barrios orientales de Managua y del Municipio de Ticuantepe.

 

De acuerdo con la investigación policial y vecinal, Chamorro Argüello y su banda de foragidos se bajaron en el kilómetro diez y medio de la Carretera Sur, y desde allí a los maleantes los organizaron en varios grupos, para intentar el desalojo violento.

Frutos Chamorro Argüello envió “una avanzada” de unos 100 de estos pandilleros y delincuentes, para ver si rompían la resistencia de los vecinos y de la Brigada Popular de Apoyo Antidesalojos a las familias que estaban siendo desalojadas por órdenes o sentencias amañadas de estos jueces civiles venales de Managua y del resto de Nicaragua.

 

Esa tarde del 24 de marzo de 1994 había más de 50 hombres y mujeres de estas Brigadas Populares, más algunos de los vecinos, y todos estaban armados con garrotes, machetes, piedras, tiradoras y hasta perros bravos. Además, se había colocado un cerco de alambres de púas en la entrada a los Apartamentos Argüello.

 

Los pandilleros y delincuentes intentaron meterse, pero de inmediato fueron enfrentados y rechazados con solidez, lo que llenó de miedo a los enviados infames de don Frutos Chamorro Argüello y de doña Ruth Chamorro Martínez, quienes, según se estableció, se habían quedado a medio kilómetro, observando, como “ajuchando” perros para que mordieran a sus víctimas. Algunos de estos delincuentes llegaron armados con cuchillos, machetes, navajas, botellas quebradas y bates, según establecimos los vecinos afectados ese mismo día en la tarde y noche.

 

Oficiales y agentes de la Estación III de la Policía Nacional llegaron una vez más a los Apartamentos, recogieron y verificaron información acerca de la llegada de la pandilla mencionada de Frutos Chamorro Argüello y de la jueza civil Ruth Chamorro Martínez, quien tampoco había solicitado apoyo o respaldo policial para ejecutar este nuevo intento de desalojo, confirmamos en el Puesto de Mando Nacional de la Policía.

 

Los habitantes de los Apartamentos Argüello y vecinos de los alrededores ayudaron a los oficiales de la Policía a encontrar pruebas materiales de la presencia de los pandilleros o delincuentes, encabezados por Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca, Juan Pablo Rivas Castro y Horacio Calero, además de relatos y descripciones de testigos presenciales sobre cómo llegaron estos verdugos en sus nuevos intentos de desalojo por la vía de la violencia, para lo cual recurrieron, una vez más, a la contratación de centenares de maleantes, unos del casco urbano de Managua y otros, la mayoría, originarios del Municipio de Ticuantepe, territorio perteneciente al Departamento de Managua.

 

En los alrededores se encontraron cuchillos, machetes y varillas metálicas abandonados,  tirados al suelo y “al monte” en la huida veloz de estos delincuentes, quienes al parecer creyeron que oficiales y agentes de la Policía estaban llegando al escenario en que pretendían cometer nuevos delitos.

 

Estos objetos metálicos y relatos de testigos presenciales nutrieron más el expediente voluminoso que ya tenía la Estación III de la Policía, ubicada en el Sur del Barrio Altagracia, y jefeada por el Comisionado Ernesto “Tito” Zamora, cuyo comportamiento era asimismo  un poco dual o raro para nosotros los residentes de los Apartamentos Argüello, según veremos a lo largo de este libro.

 

Los miembros de las Brigadas de Apoyo y los vecinos de los Apartamentos Argüello éramos mucho menos en número que la banda delictiva de los dos Chamorro (Frutos y Ruth-jueza venal), pero los pandilleros y el mismo Frutos Chamorro Argüello se llenaron de miedo al ver la decisión inquebrantable de rechazar a los foragidos desalojadores.

 

Algunos miembros de estas Brigadas de Apoyo (“Antidesalojos”, por solidaridad entre pobres) llegaban en la tarde y en la noche, después de sus deberes laborales de cada uno. Eran muy pocos quienes permanecían todo el día apoyándonos en los Apartamentos Argüello.

 

Fundamentalmente, eran dos grupos: Uno muy pequeño, procedente de Diriamba, cuyos integrantes venían todos los días a apoyarnos, y eran amigos de la doctora Dinorah Parrales, la abogada defensora nuestra; un segundo grupo era del casco urbano de Managua, orientado directamente por el Movimiento Comunal Nicaragüense capitalino, encabezado por Orlando Blandón Lagos y Enrique Picado Álvarez

Este último grupo era integrado, al mismo tiempo, por hombres y mujeres comunales de Comarcas de los alrededores del kilómetro 11, fundamentalmente de Nejapa, San José de La Cañada, Cedro Galán y Monte Tabor.

 

Entre los miembros de ambos grupos estaba también con nosotros un compañero salvadoreño, a quien sólo le decíamos “Don Henry, el tranquilo”. Siempre nos estaba apoyando dentro de los Apartamentos Argüello.

 

Con el gobierno central o nacional y la Alcaldía de Managua en sus manos, la oligarquía local, los antiguos somocistas confiscados de sus tierras, casas y negocios (pero sin su Guardia Nacional genocida y otros órganos de represión sangrienta y mortal) y don Arnoldo Alemán Lacayo, somocista, ladrón y teniendo como fuente de saqueo permanente la Comuna capitalina, se sentían omnipotentes para ejecutar constantemente, todos los días, desalojos masivos en contra de pobladores pobres, entre los cuales nos contábamos los residentes en los Apartamentos Argüello del kilómetro 11 de la Carretera Sur.

 

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Inician plan operativo criminal de desalojo

 

En los Apartamentos Argüello cotidianamente el ambiente era que en la casa de Julio Toribio Díaz (músico de profesión, miembro de la Banda Municipal de Músicos de la Alcaldía de Managua), su mujer Cecilia García González y él mismo Julio, horneaban donas para irlas a vender.

 

Anabelle Barrera Argueta, mi compañera y esposa, asimismo, vendía sorbetes en el Apartamento No. I (quemado totalmente), en compañía de su madre Ercilia Argueta viuda de Barrera y de su hijo Iván Ramírez Barrera, jovencito en esos días. En mi caso, yo me iba todos los días a las siete de la mañana para el Diario BARRICADA, donde hacía labores de periodista, fotógrafo, laboratorista y editor de páginas, hasta dejar todo concluido, lo cual terminaba a las seis de la tarde, a las nueve o diez de la noche, o a veces hasta las cuatro o cinco de la mañana.

 

Silvia Ortega Rosales daba clases todo el día en la Universidad de Ingeniería (UNI). Su marido Jaime Aguilar laboraba en una oficina privada.

 

Juan Pablo Hernández  Cruz laboraba en una oficina privada, mientras su esposa Brenda Henríquez Hernández, permanecía en su Apartamento. Wilmar Suárez Bojorge laboraba todos los días como uno de los funcionarios más importantes de la Cementera en San Rafael del Sur. Mientras tanto, su esposa María Adilia Hernández de Suárez, fabricaba repostería para irla a vender fuera de los Apartamentos Argüello.

 

Rita Mobus (ciudadana nicaragüense-alemana) laboraba en la Embajada de Alemania. Su marido, Boanerges Iraheta Monterrosa (salvadoreño-nicaragüense) igualmente laboraba en la sede diplomática alemana.

 

 

Víctor… policía, laboraba diariamente en la Estación III de la Policía.

 

Como era costumbre, la mayoría de los residentes andábamos fuera ejerciendo funciones laborales y unos (y unas) pocos estaban en los Apartamentos ese día 14 de abril de 1994.

 

Estaban en los Apartamentos: Anabelle Barrera Argueta, su mamá Ercilia, su hijo mayor Iván Ramírez Barrera, con Sofana Orquídea Barreto Barrera, quien apenas tenía ocho meses de vida en esos días y la trabajadora doméstica Marcia Lorena Cabrera Lacayo; Julio Alejandro Toribio Díaz y Cecilia García González, Brenda Henríquez Hernández y su marido Juan Pablo Hernández Cruz; también estaba “Don Henry, el tranquilo” y como ya era costumbre por esta batalla cotidiana Antidesalojos contra los agresores oligárquicos y somocistas, estaba asimismo la doctora Dinorah Parrales.

 

Debido a las labores cotidianas y porque no teníamos dinero para comprar la comida necesaria para tantos integrantes de la Brigada de Apoyo o Antidesalojos, eran también muy pocos los miembros (y  miembras) de la Brigada apoyándonos ese día 14 de abril  de 1994.

 

Yo estaba laborando en el Diario BARRICADA.

 

El Plan violento de desalojo y manipulado, retorcido, vengativo, revanchista e ilegal, sin embargo, estaba listo y caminando, con la complicidad plena y participante directa de la jueza Ruth Chamorro Martínez, según ella misma escribió, confesó y publicó en campos pagados de medios de comunicación privados locales, entre otros, el Diario LA PRENSA, según veremos más adelante en las páginas de este libro.

 

Según vimos en páginas anteriores, el Plan de Desalojo (casi como ordeno militar) fue fijado por Encarnación Castañeda (juez civil) desde el 24 de marzo de 1994.

 

Habían fallado varios intentos de desalojo con pandilleros y delincuentes, pero el Plan de Desalojo era mantenido vivo y con los niveles de violencia mortal inclusive que le había impreso don Frutos Chamorro Argüello desde el comienzo, pues según la denuncia de Marta Sinclair Payán, en uno de los juzgados locales, este criminal hasta había  ofrecido diez mil dólares por matar a Julio Toribio Díaz, a Wilmar Suárez Bojorge y a Juan Pablo Hernández Cruz

 

(Sí, diez mil dólares por matar a cada uno de ellos, es decir, 30 mil dólares a quien los eliminara físicamente. Estos eran los promotores del desalojo contra los residentes de los Apartamentos Argüello, en el kilómetro 11 de la Carretera Sur).

 

Entre los vecinos alrededor de los Apartamentos Argüello también se sentía la tensión, pues estos contantemente preguntaban sobre “las novedades del día”. Estaban realmente pendientes, entre otros: Don Toño Benavidez, su hija Paola Benavidez, Tamara Barreto de Narváez, Ricardo Pineda Cano, (faltan datos)….

 

 

 

 

 Ese día 14 de abril de 1994 fue soleado, caluroso, y como siempre tenso, de espera enigmática y nerviosa dentro de los Apartamentos Argüello, pues en cualquier momento era esperada la llegada de los criminales, jefeados por Frutos Chamorro Argüello, contra quien y sus compinches Henrry Núñez Abarca, Horacio Calero y Juan Pablo Rivas Castro, habían decenas de denuncias o acusaciones formales, por escrito, en la Policía y los Juzgados Locales del Crimen, pero por esas situaciones inexplicables en nuestro medio ambiente legal y judicial, ¡nunca caían prisioneros, ni eran enjuiciados¡, ¡ni cayeron presos, quedaron impunes después del incendio criminal¡ ¡Ya lo veremos también¡

 

Algunos vecinos o residentes de los alrededores del Kilómetro 11 Sur les pareció alarmante presenciar movimientos nerviosos de Frutos Chamorro Argüello y sus compinches Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas Castro, acompañados de un despliegue enorme de gente en camiones descubiertos y “de mudanzas”, un poco adelante, al Sur, del Kilómetro Siete Sur, cuando eran las cuatro de la tarde del 14 de abril de 1994.

 

Quienes los vieron en las cercanías del Kilómetro Siete Sur, describen al sujeto de pelo colorado, de rostro compulsivo, de ojos rabiosos como brotándoles de sus órbitas, de ademanes muy nerviosos y violentos, gritando, moviendo en las manos unos radiocomunicadores, señalando con las manos hacia el Sur, subiendo y bajando de un jeeps, y, finalmente, encabezando la marcha de varios camiones repletos de hombres, rodando sobre la Carretera Sur, rumbo al Kilómetro 11, a los Apartamentos Argüello.

 

Poco después, ya al borde de las cinco de la tarde, vieron al mismo sujeto Chamorro Argüello ruin y repugnante, detenido con los camiones y casi dos centenares de hombres en el Kilómetro Diez y Medio de la Carretera Sur, en la entrada al Colegio Alemán-Nicaragüense, donde ya existían varios negocios comerciales pequeños, y a tan sólo medio kilómetro del kilómetro 11 Sur.

 

A pesar de todas estas imágenes descritas, la noticia de la presencia funesta de estos maleantes, delincuentes y pandilleros, llegó realmente lenta a los residentes de los Apartamentos Argüello, quienes estaban concentrados en sus afanes laborales y domésticos habituales.

 

No hubo por ningún medio oficial, ni judicial, ni policial, notificación alguna de que ese día fuese a efectuarse “el lanzamiento”, el “desalojo por comodato precario” o “inmisión en la posesión” violentísimo e incendio criminal en contra de los vecinos de los Apartamentos Argüello.

 

Como queda expresado en páginas anteriores, estos maleantes con jueces civiles venales a su favor, planearon cuidadosamente su llegada violenta para entregarle los Apartamentos Argüello a un tal Jimy Najman Perezdiez, quien, según el reparto de buitres que hicieron, estaba en “posesión” de esos Apartamentos, lo cual era totalmente falso. Repito, esta trama ruin, infame y burda, ya quedó explicada en páginas anteriores, pues forma parte de un plan urdido, me imagino, en despachos judiciales y abogadiles mafiosos, pues Frutos Chamorro Argüello nunca pudo demostrar que fuera dueño de los Apartamentos Argüello, o al menos “heredero”, ¿cómo iba a ser “heredero”?.

 

 

Incendio criminal e intenciones de asesinato

 

De acuerdo con versiones presenciales de vecinos del kilómetro 11 Sur, los foragidos o maleantes, jefeados por Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Argüello y Juan Pablo Rivas Castro, llegaron con dos camiones cerrados, elegantes, aparentemente nuevos, con rótulos llamativos de “Mudanzas Mundiales”, más otros dos camiones descubiertos con tráilers o rastras, varias camionetas doble cabina y un jeeps, en el cual se desplazaba personalmente Frutos Chamorro Argüello.

 

Por el desplazamiento usado en el mismo sitio del Kilómetro 11 Sur, se puede afirmar que se trataba de un plan cuidadosamente elaborado, pues según los testigos presenciales, los 180 maleantes y sus jefes: Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca, Juan Pablo Rivas Castro, Horacio Calero y la jueza Ruth Chamorro Martínez, se bajaron de manera coordinada por el frente y por los lados Sur y Norte de los Apartamentos, de tal forma que una parte entró por el frente, un chorro de sujetos entró por el callejón Sur colindante de los Apartamentos y un tercer grupo, quizás el más numeroso, penetró por el portón de un Taller de Mecánica en el lado Norte, colindante con los Apartamentos No. I y II, los cuales eran habitados por las familias de Pablo E. Barreto Pérez y Julio Toribio Díaz.

 

El grupo de unos 50 hombres  del frente, jefeados por Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas Castro, se lanzaron directo, por encima de un alambrado y por la entrada frontal de los Apartamentos, hacia el Apartamento No I, colindante con la Carretera Sur, y habitado por la familia de Pablo E. Barreto Pérez.

 

Estos 50 maleantes se ubicaron rápido dentro del patio Oeste del Apartamento No. I, colindante con la Carretera Sur, repito. Al mismo tiempo, otro grupo de unos diez se lanzó también rápido hacia la puerta de entrada del mismo Apartamento No. I, donde estaban dentro: Anabelle Barrera Argueta, su madre Ercilia Argueta Cruz, su hijo Iván Ramírez Barrera, mi hija Sofana Orquídea Barreto Barrera y Marcia Cabrera Lacayo, la trabajadora doméstica,  dentro del Apartamento No. I.

 

Del mismo modo, en desplazamientos rápidos, coordinados, como en formación militar, el resto de hombres, en oleadas, portando cuchillos, machetes, varillas metálicas y garrotes en las manos, rodearon los Apartamentos  por los cuatro costados.

 

Mientras al mismo tiempo, los choferes de los camiones descubiertos y de “Mudanzas Mundiales”, hicieron maniobras en un espacio de estacionamiento que había en el llamado “Mercado del Nicarito” y de “los Chilamates” y los colocaron listos para cargarlos de  muebles, en el lado derecho, frente a los Apartamentos Argüello, con lo cual, al mismo tiempo, le ponían un “tapón” a la única entrada por el Oeste de los Apartamentos.

 

Los testigos presenciales señalan que precisamente “a una distancia “prudencial”, como para que no los identificaran plenamente, Frutos Chamorro Argüello, la jueza Ruth Chamorro Martínez, el tal Jimy Najman Perezdiez y Ney Guerrero, cerca de los mismos “Chilamates”,sí, allí se quedaron,  desde donde Chamorro Argüello dirigía el operativo criminal, incendiario, de intento de asesinato, por medio de radiocomunicadores, con los cuales se comunicaba con Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas Castro, quienes ya dirigían el operativo de desalojo dentro del Apartamento No. I.

 

De la Brigada de Apoyo o Antidesalojos eran muy pocos compañeros y compañeras presentes dentro del predio de los Apartamentos. No les quedó más remedio que replegarse hacia el fondo y luego hacia el Sur, porque la cantidad de maleantes era impresionante: 180 en total, según confirmó la Policía Nacional.

 

Yo estaba laborando en las instalaciones del Diario BARRICADA, en Camino de Oriente, contiguo a la Carretera a Masaya, a unos diez kilómetros al Este, en Managua.  Estaba en mi escritorio, ante una computadora, escribiendo precisamente sobre la enorme cantidad de desalojos violentos que estaban sucediendo en todo el país, debido a que jueces civiles estaban propiciando el despojo a seres humanos pobres de decenas de miles de lotes, casas y tierras de Reforma Agraria sandinista, a favor de antiguos somocistas y grandes burgueses y terratenientes-latifundistas, entre ellos el mismísimo Arnoldo Alemán Lacayo.

 

Fue Patricia, la secretaria del Director de BARRICADA, Carlos Fernando Chamorro Barrios, quien llegó alarmada y corriendo donde yo estaba escribiendo a decirme: “!Tu esposa Anabelle habla de emergencia de tu casa… parece que un grupo de hombres armados se están metiendo a tu casa¡”, me dijo.

 

Efectivamente, escuché por el teléfono a Anabelle desesperada, pegando gritos: “!Un grupo enorme de hombres están quebrando los vidrios de las paredes del Apartamento…están rompiendo las puertas y…ya se metieron¡”, expresaba mientras se le oía su voz de valentía enfrentando a los maleantes de Frutos Chamorro Argüello, cuando ya entraban al Apartamento No. I.

 

Alcancé a escuchar por el teléfono cuando Anabelle se dirigía a los foragidos exigiéndoles que la dejaran salir.

 

La llamada se cortó. Ya no escuché más. Le habían arrebatado el teléfono, lo arrancaron, le rompieron el cable y lo tiraron al piso, me contó ella después.

 

Inmediatamente, llamé al Puesto de Mando (al 118) de la Policía Nacional, en Plaza del Sol, donde estaba de jefe el comandante Fernando Caldera Azmitia, y les dije lo que estaba pasando en mi casa y en los Apartamentos del Kilómetro 11 Sur.

 

Asimismo, procedí a llamar a la Dirección General de Bomberos. Según los informes de la misma Policía y de la Dirección General de Bomberos el Ministerio del Interior, los efectivos de estos organismos llegaron rápido, quizás unos 12 minutos después de iniciado el desalojo criminal y el incendio.

 

Encendí mi carro (entonces tenía un automóvil rojo, viejo, necesario para mi trabajo en las calles de Managua) y salí disparado hacia la Carretera Sur. Pude llegar hasta el kilómetro 10 Sur, porque el embotellamiento automovilístico en la Carretera era total por el incendio criminal, pues la Policía Nacional y los Bomberos habían cerrado los dos lados de la Carretera Sur, con el fin de controlar a los maleantes.

 

Cuando llegué a pie a los Apartamentos Argüello, a las cinco y 20 minutos más o menos, el Apartamento No. I, donde vivíamos mi familia y yo, estaba ya totalmente quemado, en cenizas.

 

Los bomberos terminaban de apagar el fuego, que se había cruzado y dañado parcialmente el Apartamento No II, donde residían Julio Alejandro Toribio Díaz y su esposa Cecilia García González.

 

Numerosos periodistas y fotógrafos de medios informativos escritos, también reporteros de televisión y noticieros radiales, habían llegado cuando el Apartamento I todavía ardía y en los momentos en que el fuego se cruzaba al Apartamento No. II, de Julio Toribio Díaz.

 

De acuerdo con los relatos presenciales de residentes en los Apartamentos Argüello, de miembros de la Brigada de Apoyo y Antidesalojos, de vecinos nuestros en el Kilómetro 11 Sur, de la doctora Dinorah Parrales y de mi compañera Anabelle Barrera Argueta,  los sujetos que entraron por el frente se dirigieron directamente al Apartamento No I, encabezados por Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas Castro.

 

Los relatos indican que Núñez Abarca y Rivas Castro exhibían armas cortas de fuego, mientras sus aproximadamente  50 acompañantes, portaban cuchillos, machetes, varillas de hierro y garrotes gruesos, y fueron ellos los que se fueron directos a quebrar los vidrios de las paredes, derrumbar puertas a patadas y con barras metálicas, y con rapidez y decisión que parecía planificada previamente, en los mismos instantes de la entrada comenzaron a lanzar muebles hacia los lados Oeste y Sur del Apartamento No. I.

 

Los mismos testigos presenciales, incluyendo Marcia Cabrera Lacayo, la trabajadora doméstica nuestra en el Apartamento No. I, aseguran que Núñez Abarca y Rivas Castro, llevaban consigo recipientes llenos de combustible (gasolina, determinó el dictamen de la Dirección de Bomberos) y a la vez gritaban que me buscaban para matarme o quemarme vivo. “¿Dónde está Pablo Emilio Barreto…? ¡Lo vamos a quemar vivo a este hijueputa. Mucho jode con este asunto de los desalojos, en ese periódico BARRICADA”, gritaban histéricos estos maleantes todavía impunes en este año 2010, cuando ya decidí escribir este libro.

 

Mediante empujones, exigencias de “!déjenme salir¡” y gritos en medio del ambiente criminal, ya con las puertas y paredes de vidrios derrumbadas, y mientras Sofana Orquídea (de apenas ocho meses) lloraba llena de miedo, Anabelle pudo abrirse paso hacia el lado Sur del Apartamento, donde estaba invadido de maleantes. Detrás de ella, iban, desesperados, su madre Ercilia,  y adentro quedaban Marcia Cabrera Lacayo, Iván Ramírez Barrera y Sofana Orquídea Barreto Barrera.

 

En esos instantes tensos, terribles, ya comenzaba el incendio criminal. Marcia Cabrera Lacayo relató después a la Policía Nacional, ante la Jueza Sexto de Distrito del Crimen de Managua, doctora Altamirano, y a nosotros, que los dos sujetos de los recipientes de gasolina (Núñez Abarca y Rivas Castro) y otros hombres, no recuerda cuántos, llegaron hasta donde estaba ella aplanchando la ropa de la casa o Apartamento No. I.

 

Cuando estos maleantes llegaron hasta donde Marcia Cabrera Lacayo estaba ya desesperada por salir, se movían rociando el combustible en las paredes, sobre los muebles, en el piso de los pasillos internos estrechos, encima de alrededor de dos mil libros que yo tenía dentro de la casa,  y le ¡echaron gasolina también a ella (Marcia) en los pies¡

 

Marcia Cabrera Lacayo comprendió que debía salir corriendo de allí, y como pudo se abrió paso “a empujones” por entre los hombres maleantes hacia el exterior del Apartamento No. I.

 

Cuando Marcia Cabrera Lacayo apenas trasponía la puerta ya derrumbada, ¡comenzó el incendio¡ Según el dictamen bomberil, el fuego precisamente se inició por donde Marcia Cabrera Lacayo hacía el planchado.

 

¡Mientras tanto, Iván Ramírez Barrera y Sofana Orquídea (repito de apenas ocho meses), en busca de salida por detrás del Apartamento I, hacia el lado Norte, habían quedado entrampados entre los sujetos criminales incendiarios y un pasillo estrecho del fondo Norte, colindante con el Taller de Mecánica mencionado.

 

Este pasillo estrecho estaba separado del Taller por una malla metálica. Era usado para tender la ropa después de lavarla en el lavandero, precisamente ubicado en ese sector del Apartamento No I.

 

Esos momentos ya eran de aprietos, cruciales, decisivos para la vida o la muerte. Con Sofana llorando en brazos, Iván vio que un niño vecino, de unos 10 años, se acercaba a la malla lleno de miedo por la presencia de los maleantes en el patio vecino del Taller, pero también atraído por lo que estaba pasando en el Apartamento No. I..

 

A Iván no le quedó más remedio que pedirle: “!Atrapá  a Sofana en el aire…te la voy a lanzar por encima de la malla¡”. Con el cuidado correspondiente, en medio del terror impuesto por los maleantes de Frutos Chamorro Argüello lanzó a Sofana por encima de la malla, y dichosamente el niño la atrapó en el aire sin novedades, y ahí, con la malla de por medio se pusieron de acuerdo para verse en el fondo del patio grande de los Apartamentos, ubicado al Este de los mismos.

 

Era virtualmente imposible enfrentar a tanto maleante, 180 en total, por parte de hombres y mujeres residentes en los Apartamentos Argüello y por parte de los miembros de la Brigada de Apoyo o Antidesalojos.

 

¡El incendio criminal había comenzado y devoraba rápido el Apartamento No. I¡

 

 Anabelle Barrera Argueta, la doctora Parrales, doña Ercilia Argueta Barrera y los demás vecinos se replegaron hacia el lado Sur, por donde tiene una propiedad un hombre de apellido Estrada, en el lado Sur de los Apartamentos.

 

En esos momentos, a pesar de que ya el Apartamento I ardía, un grupo de los maleantes seguía sacando muebles del interior del mismo, mientras otros cuatro grupos se dirigían hacia el resto de Apartamentos para desalojar al resto de vecinos de los Apartamentos Nos.III, IV, V y VI.

 

Precisamente en estos instantes se escuchó una ráfaga de tiros, al aire, de fusil automático, que presuntamente salió disparada del Apartamento No. 6, lo cual llenó de pánico, de espanto, de miedo, al grupo de 180 maleantes invasores, los cuales retrocedieron veloces hacia la Carretera.

 

Los testigos presenciales aseguran que Frutos Chamorro Argüello, Ruth Chamorro Martínez, el tal Perezdiez y Ney Guerrero, veloces corrieron y encendieron sus vehículos o automóviles, dieron la vuelta en redondo y se pusieron en fuga hacia el Norte de la Carretera Sur, es decir, yendo hacia “el Siete Sur”, por donde habían llegado.

 

Varias Patrullas de la Estación III de la Policía Nacional, casi al mismo tiempo de estos disparos, estaba llegando al sitio del incendio criminal y mediante un despliegue rápido de tropas todavía pudo capturar a 48 de los maleantes contratados para hacer este desalojo e incendio por parte de Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca, Juan Pablo Rivas Castro y la jueza civil venal Ruth Chamorro Martínez.

 

La Policía y los bomberos llegaron casi al mismo tiempo. Sin embargo, ya Chamorro Argüello, la jueza venal Ruth Chamorro Martínez, Henry Núñez Abarca, Juan Pablo  Rivas Castro, resto de compinches y los camiones, ya se los habían llevado del sitio, incluyendo los camiones de “Mudanzas Mundiales”. ¿Cómo sacaron estos camiones de allí si la Carretera Sur estaba embotellada? ¡Lo más seguro es que escondieron esos camiones en los callejones que hay allí hacia la Comarca San José de la Cañada¡ ¡No le encuentro otra explicación¡

 

A mí se me informó que el resto de participantes en el desalojo e incendio (los capturados sólo fueron 48), precisamente huyeron a pie, corriendo, por esos callejones y por el hueco del Valle de Ticomo, y se supone que por esos callejones se fueron en fuga también Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca, Juan Pablo Rivas, Horacio Calero y la mismísima Ruth Chamorro Martínez.

 

 

¿Dónde escondieron los camiones de “Mudanzas Mundiales”? ¿Cuál era el plan de estos maleantes? ¿Desalojar a todas las familias residentes en los Apartamentos y además robarse todos los muebles y demás pertenencias? ¿Quiénes les habían pedido que llevaran camiones de mudanzas?

 

¡Que yo sepa, ninguno de nosotros había pedido mudarse a ninguna parte¡

 

Y de acuerdo con la confesión del mismo Frutos Chamorro Argüello en días posteriores, pues él mismo llamó a radioemisoras locales ufanándose del incendio, autoelogiándose por su despliegue de violencia al mejor estilo “Ku Klux Klan” nazifascista de Estados Unidos,  reportando confirmación de su llegada con 180 sujetos y amenazando con repetir su acción criminal incendiaria, y en sus “comparescencias” clandestinas, se aprecia claramente que la acción violentísima de desalojo, con intento de asesinato inclusive, fue planificada cuidadosamente en todos sus detalles. La jueza civil Ruth Chamorro Martínez defendió públicamente su participación en este evento incendiario criminal, mediante anuncios pagados en diarios locales de circulación nacional.

 

A los 48 capturados, la Policía les decomisó cuchillos, varillas de hierro, garrotes, pedazos de metal, y de inmediato los condujeron a la Estación III de la Policía Nacional, situada en el extremo Suroeste del Barrio Altagracia.

 

En pocos minutos, numerosos oficiales de la Policía Nacional y no menos de un centenar de policías de línea e investigadores, se tomaron el sector cercano y los propios Apartamentos Argüello, para que no hubiese ninguna posibilidad de nuevo intento de agresión por parte de estos maleantes.

 

Asimismo, no menos de 20 bomberos, con tres unidades cisternas para apagar fuego, de la Dirección General de Bomberos, controlaron totalmente el fuego y evitaron que se propagara al resto de Apartamentos.

 

Quedó totalmente  en cenizas, el Apartamento No. I, donde yo vivía, y parcialmente quemado el Apartamento No. II, donde vivían Julio Toribio Díaz y Cecilia García González.

 

Los jefes policiales informaron que habían hecho “una batida”, una exploración, en los callejones y calles de los alrededores y en el Valle de Ticomo, para ver si encontraban huyendo al resto de los 180 maleantes, más Chamorro Argüello, Núñez Abarca, Rivas Castro, más la jueza Chamorro Martínez, pero ya no los encontraron.

 

Después de este operativo, los jefes policiales e investigadores, se instalaron con libretas, teléfonos, radiocomunicadores, y máquinas de escribir mecánicas dentro de los Apartamentos en buen estado, para comenzar la investigación sobre el Incendio, o lo que ellos llaman “autocabeza de proceso”, por órdenes del jefe nacional de la Policía Comandante Fernando Caldera Azmitia y del subcomandante Ernesto “Tito” Zamora, jefe de la Estación III de Policía, ubicada en el Barrio Altagracia, en Managua.

 

Toda esa noche, recuerdo, pasamos todos los residentes de los Apartamentos y testigos presenciales de los alrededores, rindiendo declaraciones testificales ante los jefes policiales e investigadores, encabezados por el Capitán Márquez.

 

Los jefes policiales investigadores, encabezados por el Capitán Márquez, elaboraron esa misma noche y madrugada el Informe Policial pericial, en el cual se describía lo que habían investigado sobre el Incendio Criminal, la captura de los 48 sujetos de un total de 180 participantes; se hablaba en el informe de las botellas encontradas con mechas y gasolina, sobre las descripciones dadas por el vecindario de la llegada de los 180 matones y de cómo habían visto el Incendio Criminal, provocado por Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas Castro.

 

Mientras tanto, esa misma noche, llegaban por centenares vecinos, amigos, conocidos y pobladores solidarios, a solidarizarse con Anabelle, Ercilia, Sofana, Iván, con todos los vecinos de los seis Apartamentos, y conmigo.

 

Esa noche, vecinos y amigos,  nos llevaron comida, café, pan, ropa, colchas, sábanas y hasta unos colchoncitos, para que durmiéramos.

 

Sofana, entonces de apenas ocho meses, y su abuela Ercilia, no paraban de llorar por la impresión horrenda y desesperante que les habían causado las imágenes de 180 criminales pegándole fuego a los Apartamentos Nos. I y II. Ercilia  (ya fallecida en 2008) había vivido en el Apartamento No. I entre los primeros meses de 1992 y el 14 de abril de 1994.

 

El resto de vecinos estaban profundamente impresionados, todavía nerviosos, cuando era la madrugada del 15 de abril de 1994, al siguiente día, por lo que había pasado, pues de no haberse producido la mencionada ráfaga de tiros al aire (un fusil automático) y por la llegada rápida de la Policía, los 180 maleantes jefeados por Chamorro Argüello, Núñez Abarca, Rivas Castro y la jueza Chamorro Martínez, hubieran quemado todos los 6 Apartamentos y a lo mejor se hubiesen registrado heridos y muertos. Dichosamente, no hubo ni heridos ni muertos.

 

Igualmente, los vecinos de los alrededores estaban conmovidos, excitados, aturdidos, por el nivel de violencia que habían presenciado en semejante despliegue de 180 maleantes, y hasta comentaban que semejante movilización sólo podía producirse con el apoyo cómplice de autoridades oficiales, a lo mejor de la Alcaldía de Managua, donde estaba de Alcalde el corrupto y ladrón, don Arnoldo Alemán Lacayo, enemigo jurado de los beneficiarios de las Leyes 85, 86 y 88, a los cuales yo estaba defendiendo por medio de las páginas del Diario BARRICADA.

 

Debo recordar aquí que  Arnoldo Alemán Lacayo ya me había mandado a meter preso por la quema de la Alcaldía de Managua, en noviembre de 1991, y que de la prisión salí por amnistía, el 23 de diciembre de ese mismo año,  decretada por la presidenta Violeta Barrios viuda de Chamorro.

 

Yo nada tuve que ver con ese incendio de la Alcaldía, pero Alemán Lacayo, por revanchismo político perverso  y odio somocista suyo contra los sandinistas, me mandó a meter preso y hasta sostuvo que había un vídeo, mediante el cual se me veía jefeando a los incendiarios de la Alcaldía de Managua. Mentiras típicas de un embustero y ladrón conocido. Cabe recordar también que parte de los embustes o mentiras fabricadas, las escribió también Clemente Guido Martínez, quien fungía como concejal y director del Departamento de Cultura de la Alcaldía de Managua. Después, ambos se retractaron, pero allí, en el Departamento de Patrimonio Histórico Municipal de la Alcaldía capitalina, está ese libro escrito por Guido Martínez.

 

Ese mismo día 14 de abril de 1994, en la tardecita y en la noche, los noticieros radiales y televisivos, de Managua y resto del país, se publicaba la noticia del Incendio Criminal, hecho que provocó una ola de indignación contra estos incendiarios criminales, en todo el país.

 

Los Diarios Nacionales (BARRICADA, El Nuevo Diario, LA PRENSA y otros), destacaron a lo ancho de sus portadas la criminal acción del grupo pandillesco, de 180 matones, jefeados por Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca, Juan Pablo Rivas Castro y la jueza cómplice Chamorro Martínez.

 

El suceso criminal de este Incendio provocó también indignación entre centenares de periodistas de todo el país, especialmente en Managua, donde las Radioemisoras Nueva Radio Ya, Sandino, La Primerísima, 580, y el Canal 4, se hicieron eco de las oleadas de protesta y solidaridad conmigo y mi familia,  en sus espacios noticiosos y en programas especiales de todo el día.

 

La campaña más impactante la hizo la Nueva Radio Ya, mediante la cual las condenas de gente de todos los sectores sociales, se hicieron masivas durante varios días. Me invitaron a los estudios de trasmisión de estas y otras radioemisoras mencionadas.

 

Las posturas de coberturas, de solidaridad, de identificación plena conmigo, fueron realmente impresionantes en el Diario BARRICADA y en El Nuevo Diario, cuyas coberturas periodísticas sobre el Incendio Criminal fueron muy destacadas y con un seguimiento sistemático de varias semanas.

 

Inclusive, el Diario BARRICADA, donde yo laboraba como periodista, fotógrafo, reportajista y editor de páginas, publicó dos editoriales seguidos de condena por este hecho criminal. Además, mis compañeros de trabajo, recuerdo, de inmediato, al siguiente día, hicieron una colecta de casi 4,000 córdobas y la entregaron para que Anabelle Barrera Argueta y yo, hiciéramos frente a algunos gastos.

 

A La Nueva Radio Ya hubo gente que llegó a dejarme numerosas láminas de zinc y otros materiales de construcción, los cuales, al final, algunos “vivianes” se robaron del alero de la radioemisora.

Parte de los editoriales y textos escritos de los periódicos los presento en otra parte de este libro. Es imposible presentarlos todos.

 

Me llegaron ayudas generosas de gente humilde de los barrios de los alrededores. Martín Madriz, conocido promotor de deportes, llegó a buscarme a los Apartamentos y me llevó 100 dólares. Tamara Barreto (esposa de Ausberto Narváez), una de las vecinas nuestras en el kilómetro 12 Sur, recuerdo, la misma noche nos llevó alimentos y especialmente ropita para Sofana Orquídea.

 

La indignación nacional llegó a tal nivel de que numerosos periodistas, abogados, diputados y otros intelectuales, exigieron a la Corte Suprema de Justicia la destitución de la jueza Ruth Chamorro Martínez, pues  esta jueza venal ya tenía un rosario de abusos casi insólitos, relacionados con desalojos y abusos de su cargo judicial, antes de aparecer descaradamente apoyando a los maleantes de Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas Castro.

 

Estos trabajos periodísticos también los voy a presentar en otra parte de este libro, incluyendo la defensa hecha por la jueza Chamorro Martínez para estar allí al momento del desalojo y del incendio criminal.

 

Repito: todo el Apartamento I quedó en cenizas. Unos pocos muebles se salvaron porque los maleantes de Frutos Chamorro Argüello los habían sacado al patio Oeste, colindante con la Carretera Sur, pero la ropa, libros, ¡todo¡,  quedaron convertidos en cenizas.

 

En esos momentos, no teníamos a dónde ir. Nos refugiamos varios días en el Apartamento No. 6, habitado por Rita Mobus y su marido Boanerges Iraheta. Después, nos dio refugio en su casa del Reparto Planetarium el periodista Carlos García Castillo, lo cual terminaré de contar más adelante.

 

La Unión de Periodistas de Nicaragua (UPN), la cual ayudé a fundar en marzo de 1979 y fui uno de sus directivos, me consiguió un colchón en regular estado, más ropa asimismo usada y utensilios de cocina.

 

Los capturados en el instante en que se producía el desalojo e incendio criminal, según el listado oficial de la Policía Nacional, enviado al Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua, son los siguientes:

 

Gerardo Ramón Aburto Sevilla, César Augusto Cardenal Caballero, José Eugenio Cardenal Caballero, Carlos Alberto Cardenal Vicente, José Leoncio Cardenal Caballero, Roberto Antonio Cardenal Caballero, Salvador Enrique Cardenal Caballero, Miguel Ángel Cardenal Caballero, Julio César Cardenal Vicente, José de la Cruz Cardenal Vicente, Manuel Salvador Reyes Leiva, José Fidel Leiva López, Eduardo José Avendaño Olivares, Javier Antonio Espinoza Baltodano, Francisco José Velásquez Sánchez, Francisco José Ampié Calero, Domingo José Sinclair,  Martínez, Ulises Santos López Gómez, César Augusto López Cetín, Carlos José Velásquez Hernández, Pablo Antonio Rivera Pineda, Marlon Antonio García López, Manuel Antonio Castillo Gómez, Uriel Antonio Guido Bojorge, Alvin Antonio Cerna Gámez, José Francisco Saballos Hernández, Eduardo Alberto Jaime Sunsing, Róger Antonio Canda López, José Francisco Selva Pérez, Carlos José Murillo Álvarez, Agustín de Jesús Jarquín Castro, Luis Alfonso Flores Martínez, Ernesto Javier Ruiz Pérez, Guillermo Antonio Zelaya Guido,  Edwin José Guido Juárez, Luis Alberto Velásquez Martínez, José Enriquez  Gámez Ortíz, Eddy Armando Aguirre Amador, Justo Manuel Ruíz Sánchez, Óscar Antonio  Ramírez Galo, Miguel Antonio Jirón Pavón, Omar Antonio Ordóñez Valdivia, Sebastián Alberto  Canda Hernández, Nelson Enrique Vanegas Reyes y Sergio Antonio Velásquez Carrión.

 

No fueron capturados Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas Castro, por supuesto,  huyeron, tenían hasta planificada su huida por los callejones del Kilómetro Once Sur. Esos callejones, llenos de escondites, están ubicados al Este y Oeste de donde fueron incendiados los Apartamentos I y II, ese día 14 de julio de 1994.

 

También huyeron el resto de participantes en el desalojo e incendio criminal, según el informe oficial de la Policía Nacional, pues como confesaron los capturados, tanto Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca, Juan Pablo Rivas y los demás participantes en este hecho delictivo, emprendieron veloz carrera, en huida, hacia la Carretera Sur y por callejones del Este, cuando se produjeron los disparos al aire, presuntamente salidos del Apartamento No. 6.

 

Estos mismos capturados, mencionados arriba, relataron a la Policía Nacional que ellos son originarios de los vecindarios Juan  Ramón Padilla y La Borgoña, del Municipio de Ticuantepe, en el Departamento de Managua; y de los Barrios Reparto Schick y Pablo Úbeda, situados ambos en el Oriente del Municipio de Managua.

 

Ya convertidos en reos, encarcelados, estos capturados informaron a la Policía Nacional que estaban desempleados en esos momentos y que fueron contratados por Juan Pablo Rivas Castro, por el propio Frutos Chamorro Argüello y Gerardo Ramón Aburto Sevilla. Este último residía en Ticuantepe.

 

Según las declaraciones indagatorias de estos capturados ante la Policía Nacional, incluyendo Gerardo Ramón Aburto Sevilla, todos fueron contratados “para ir a hacer un “descargue” y “cargue” de muebles en camiones”, y por ese trabajo les iban a pagar 30 córdobas “o más”, es decir, un poco más de cuatro dólares en aquel momento de 1994.

 

No les dijeron  adonde  iban, ni de quién o quiénes eran los muebles del “descargue” y “cargue”. Gerardo Ramón Aburto Sevilla, quien actuó como “coordinador” de los “contratados en Ticuantepe”, aseguró ante la Policía que el sito de concentración fue el Parque Infantil de Ticuantepe, adonde llegó varias veces Juan Pablo Rivas Castro, a quien ya conocían como “el CPF” o jefe de vigilancia de una supuesta empresa en sociedad entre él (Rivas Castro) y Frutos Chamorro Argüello, quien habitaba una casa en el Reparto Las Colinas (donde viven ricachones o millonarios de Managua), no se sabe cómo, mientras al mismo tiempo andaba disputándole a inquilinos unos Apartamentos viejos, ya inservibles, en el kilómetro once Sur, de Managua.

 

De acuerdo con la versión de Aburto Sevilla ante la Policía y remitida a la jueza Sexto de Distrito del Crimen, doctora Rosario Altamirano López, en el Parque Infantil de Ticuantepe, reunieron casi 80 desempleados que fueron “contratados” y montados en un  camión de trailers de barandas y otros vehículos pequeños, cerrados, coordinados por Juan Pablo Rivas Castro.

 

Según el mismo Aburto Sevilla, el resto de “contratados” fueron reunidos y “contratados” directamente por Frutos Chamorro Argüello y Henry Núñez Abarca en los vecindarios “Reparto Schick y Pablo Úbeda, ubicados ambos del Mercado Carlos Roberto Huembes hacia el Este, un poco al Norte del Reparto “Las Colinas”.

 

De acuerdo con este relato de Aburto Sevilla, ya juntados los 180 “contratados” o matones, los tres maleantes principales: Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas Castro, enrumbaron con una caravana de varios vehículos (camiones, camionetas, jeeps y automóviles) hacia la Carretera Sur, donde inicialmente se detuvieron en el Kilómetro Siete y después en el Kilómetro Ocho, con el fin de revisar el convoy incendiario, cuya finalidad exacta sólo conocían los “jefes” mencionados (Chamorro, Núñez, Rivas y la jueza Ruth Chamorro), pues todo el resto de 180 hombres iban “creídos” (convencidos)  de que habían sido “contratados” para hacer un “cargue” y “descargue”, pero no sabían dónde ni qué cargamento trasegarían de un sitio a otro.

 

Ni el mismo Aburto Sevilla tenía conocimiento de los planes incendiarios siniestros de Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas Castro, según le comunicó a la Policía cuando estaba detenido en la Estación III, en el Barrio Altagracia.

 

Según las versiones de todos estos 45 capturados “infragantis” por la Policía Nacional en el propio lugar del desalojo e incendio criminal, los “jefes” mencionados inspeccionaron los camiones de “Mudanzas Mundiales” (unos dicen que eran cuatro, otros aseguran que eran 6 camiones), les repitieron a los “contratados” que iban a “cargar” unos muebles, primero, y después “descargarlos”, pero aún allí en los kilómetros Siete y Ocho Sur, no les dijeron de quiénes eran esos muebles, ni por qué harían tal operación clandestina, sin la presencia de la Policía o de otras autoridades oficialmente establecida como el Ministerio de la Vivienda y la misma Policía Nacional.

 

Las versiones de estos 45 capturados añaden que hubo una nueva “escala” de la “tropa contratada” en el Kilómetro Diez y Medio de la Carretera Sur, en la entrada hacia el Colegio Alemán-Nicaragüense, es decir, a tan sólo 500 metros de distancia del Kilómetro Once, donde están ubicados los Apartamentos Argüello.

 

Según las versiones suministradas por Aburto Sevilla y demás capturados, en ese sitio del kilómetro diez y medio, los “jefes” maleantes” ya discutieron entre ellos “el plan operativo” de asalto a los Apartamentos Argüello, pues allí la distribución fue que un grupo de unos 50 penetraría por la fuerza por el patio de un Taller de Mecánica, ubicado en el lado Norte de los Apartamentos I, II y III; un segundo grupo, de unos 60, jefeado personalmente por Henry Núñez Abarca entraría por la entrada frontal (frente a “los chilamates”), un tercer grupo, de unos 50 iría con Juan Pablo Rivas Castro por el costado Sur de los Apartamentos VI, V y IV; y el grupo final, de unos 20, se quedaría con Frutos Chamorro Argüello, la jueza Ruth Chamorro Martínez y el supuesto representante de Jimy Najman Perezdiez, quienes quedaban esperando que la avanzada pandillesca desalojara a los habitantes y los muebles de todos los seis apartamentos, más la quema de los mismos, para proceder, presuntamente, a entregarle la “posesión del inmueble” a Najman Perezdiez, quien, según sus versiones amañadas en uno de los juzgados civiles, él “residía” en los Apartamentos y estaba en “posesión” de ellos, lo cual era totalmente falso.

 

Efectivamente entraron tal como lo habían planeado, según se desprende de las declaraciones de estos capturados ante la Policía Nacional. Todos coinciden en que entraron  en tres grupos, y que ya dentro del patio frontal de los Apartamentos en forma de “U”, Henry Núñez Abarca y Juan Pablo  Rivas Castro dislocaron sus fuerzas de tal manera que entraron operando como “en tenaza”, para rodear y atenazar a los vecinos, para que nadie tuviera posibilidad de escaparse hacia ningún lado.

 

Estos relatos (están en los expedientes judiciales y policiales) indican, además, que el grupo que entró por el frente lo hizo derrumbando postes y árboles y cortando con alicates los alambres que impedían el paso entre la orilla de la Carretera Sur y los patios de los Apartamentos I y VI y el patio frontal (en “U”, mencionado).

 

Este mismo grupo, jefeado por Henry Núñez Abarca, según testigos presenciales y los “contratados” capturados por la Policía Nacional, fue el mismo que entró quebrando vidrios de paredes, puertas y ventanas, para lo cual usaron barras metálicas, varillas metálicas, mazos y martillos también metálicos, con el fin de meterse dentro del Apartamento No. I, donde estaban Anabelle Barrera Argueta, su mamá Ercilia Argueta Cruz, Sofana Orquídea Barrera (de apenas ocho meses de edad en ese momento), Iván Ramírez Barrera y Marcia Cabrera Lacayo, la trabajadora doméstica.

 

Los testigos presenciales, los “contratados” capturados, los vecinos de los Apartamentos y Anabelle Barrera Argueta describen a este sujeto como el pelón, barrigón, portador de armas de fuego, como jefe del grupo, como el que daba órdenes, como uno de los que cargaban bidones con combustible (gasolina), más un radio comunicador en las manos;  y como el que vociferaba pidiendo a gritos que me buscaran, que me amarraran, que me prendieran fuego y que me mataran, porque mucho jodía por medio del Diario BARRICADA con el asunto de los desalojos masivos de 350,000 familias en esos momentos, en casi todo el país.

 

Supuestamente, Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas Castro al mismo tiempo que dirigían los dos grupos que entraron por el frente y por el Sur de los Apartamentos, en menos de un minuto se juntaron dentro del Apartamento No. I, donde personalmente Núñez Abarca forcejeaba con Anabelle Barrera Argueta tratando de impedirle el paso hacia afuera del Apartamento.

 

Fueron momentos muy tensos, críticos y cruciales, según describen las declaraciones dadas ante la Policía y la jueza Altamirano López por doña Anabelle Barrera Argueta, por los vecinos y los mismos “contratados” capturados, pues indican que fue en pocos segundos que estos sujetos quebraron todos los vidrios, puertas y paredes intermedias, al mismo tiempo en que se movían con bidones en las manos, y rociaban el combustible (gasolina) en el pasillo interno del Apartamento No. I, donde, precisamente, la trabajadora doméstica, Marcia Cabrera Lacayo, estaba aplanchando la ropa de la casa.

 

Según la declaración de Cabrera Lacayo, estos sujetos histéricos gritaban que me buscaran para prenderme fuego y matarme, y a la vez exigían que todos salieran del Apartamentos, pero al mismo tiempo impedían la salida de la misma Marcia Cabrera Lacayo, de Anabelle Barrera Argueta y de doña Ercilia Argueta Cruz.

 

Cabrera Lacayo (ya fallecida en El Crucero, donde vivía con su mamá) asegura en sus declaraciones ante la Policía y en el Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua que era tan elevado el nerviosismo histérico de estos dos sujetos, Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas Castro, que inclusive a ella le rociaron gasolina en los pies, lo cual le hizo comprender que ella misma debía forzar su salida, como fuese, hacia el exterior del Apartamento No. I.

 

Efectivamente, logró alcanzar la salida cuando al mismo tiempo Anabelle Barrera y su madre, Ercilia, se abrían paso también a empujones hacia el patio frontal en “U” de los Apartamentos.

 

Cabrera Lacayo relató que cuando alcanzó la puerta de salida, por el incendio  comenzó a salir humo por los lados del Apartamento I, especialmente en la parte colindante con el Apartamento No. II, pues estos Apartamentos estaban “pegados” todos, eran y son como una sola pieza.

 

Mientras tanto, dentro de los Apartamentos estaban presentes apenas unos 5 miembros de la Brigada de Apoyo para impedir el desalojo, pues la mayoría andaba en sus quehaceres laborales cotidianos. Sólo estaban presentes un grupo muy pequeño de Diriamba, la doctora Dinorah Parrales, nuestra abogada, más los vecinos y algunos de los habitantes de los Apartamentos. No estaban todos, incluyéndome yo, pues estaba en el Diario BARRICADA.

 

En mi caso personal, Anabelle logró llamarme al Diario BARRICADA antes que los maleantes entraran completamente dentro del Apartamento I y le cortaran el teléfono. “Un grupo enorme de hombres están quebrando las ventanas y rompiendo las puertas… se están metiendo dentro del Apartamento…!ya entraron¡”, me dijo Anabelle por el teléfono, el cual inmediatamente quedó “mudo”.

 

Llamé yo inmediatamente al 118 del Puesto de Mando de la Policía Nacional, quienes se movieron de inmediato hacia el Kilómetro Once de la Carretera Sur, y fueron vecinos quienes también casi al mismo tiempo llamaron a la Dirección General de Bomberos del Ministerio de Gobernación, cuando comenzó el incendio criminal provocado por Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas Castro y la pandilla de “contratados” que andaban con ellos.

 

De las declaraciones formales de los 45 capturados por la Policía se desprende claramente que Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca, Juan Pablo Rivas Castro, la jueza Ruth Chamorro Martínez, los delegados del otro compinche Najman Perezdiez y la pandilla de 180 matones “contratados”, dan la vuelta, se ponen en fuga inmediata, todos salen en veloz carrera a la Carretera y los callejones mencionados, cuando se produce una ráfaga de tiros al aire, presuntamente disparada con un fusil Aka desde el interior del Apartamento No. VI.

 

Según los relatos de los 45 capturados y de testigos presenciales del vecindario (de los Apartamentos y de los alrededores) es precisamente en esos instantes de los disparos en ráfaga en que llegan varias patrullas policiales motorizadas, cuyos integrantes se despliegan inicialmente por el lado del Taller de Mecánica, ubicado en el costado Norte del Apartamento No I, y todavía encuentran  a parte de los 180 “contratados”, logrando capturar a 45 de ellos cuando ya emprendían la fuga por el portón de entrada al Taller de Mecánica, propiedad de un ciudadano alemán.

 

El resto se fuga. ¿Cómo hicieron? ¿Dónde escondieron los camiones de “Mudanzas Mundiales”? ¿Por dónde se fugaron Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca, Juan Pablo Rivas Castro, la jueza Ruth Chamorro Martínez y el delegado sinvergüenza de Jimmy Najman Perezdiez? ¿Cómo hicieron para ocultar el resto de vehículos en que andaban dirigiendo el operativo incendiario y de desalojo violento?

 

En medio de la gran tensión y confusión, ya cuando el incendio había sido provocado por estos maleantes en el Apartamento No. I, Iván Ramírez Barrera había logrado lanzar a mi hija Sofana Orquídea Barreto Barrera (niña de ocho meses) por encima de la malla divisoria del Apartamento No. I con el Taller de Mecánica, donde un niño de la familia del mecánico la atrapó en el aire. Dichosamente la atrapó sin consecuencias lamentables. Iván y el chavalo se pusieron de acuerdo para que el niño del Taller de Mecánica llevara a Sofana por el patio trasero, en el Este, de los Apartamentos, para que allí se juntaran todos los vecinos de los Apartamentos.

 

El incendio criminal ya estaba en lo fino. ¿Cuántos minutos habían pasado desde que la pandilla de 180 matones llegaron a los Apartamentos? ¡No lo sé¡ Anabelle calcula que habían pasado unos cinco minutos, pues todo fue muy rápido.

 

Anabelle, Ercilia, Iván, Sofana,  Marcia, y resto de vecinos se fueron a ubicar en el patio trasero mencionado, y de allí pasaron a refugiarse a una casa de un vecino de apellido Estrada, ubicada exactamente al Sur del Apartamento No. 4.

 

Con alrededor de 50 efectivos, la Policía rodeó todo el perímetro de los Apartamentos, después de capturar a los 45 “contratados”, ya mencionados.

 

Los bomberos se dedicaron a sofocar el voraz incendio criminal en el Apartamento No. I y a la vez, a impedir que fuese totalmente quemado el Apartamento No. II, propiedad de Julio Toribio Díaz, a quien los forajidos de Frutos Chamorro Argüello amenazaron con matarlo, porque se les opuso cuando llegaron, según se desprende de sus declaraciones ante la Policía y la jueza Sexto de Distrito del Crimen de Managua, doctora Rosario Altamirano López.

 

Por mi parte, mientras tanto, después de llamar al 118 (Puesto de Mando Nacional de la Policía), me desplacé raudo en mi automóvil viejo hacia el Kilómetro Once Sur, pero no pude llegar con el vehículo, pues el embotellamiento automovilístico ya era inmenso, no había paso. Pude llegar hasta el Kilómetro Nueve y Medio. Dejé el automóvil a un lado de la Carretera Sur, y sorteando obstáculos por el embotellamiento, fui corriendo hasta los Apartamentos en el Kilómetro 11 Sur.

 

Estimo que ya eran entre las 5:40 y las 5:45 de la tarde cuando entré por el portón de entrada a la “U” de los Apartamentos, destruido por la banda de criminales de Frutos Chamorro Argüello.

 

Mi impresión o reacción sicológica fue profundamente impactante al ver cómo todavía las llamas o fuego al rojo vivo terminaba de convertir en cenizas la parte Noroeste del Apartamento No. I, donde había vivido dos años, donde había dormido, comido, descansado, trabajado “en adelantos periodísticos”,  planificado trabajo periodístico cotidiano, leído en parte de mis casi dos mil libros; donde Anabelle había sostenido heroicamente un negocio pequeño de venta de sorbetes y comidas ligeras que nos ayudaban a complementar mi salario bajo de periodista sacrificado en labores cotidianas, pues en Nicaragua a los periodistas nos pagan salarios bajos y no acordes con los peligros que implica ejercer esta profesión sacrificada, por medio de la cual reporteros, fotógrafos, cronistas, articulistas, etc., recogen precisamente los sucesos históricos cotidianos, para que se vayan guardando en las páginas de los periódicos, con la finalidad de consultarlos después y que historiadores armen sus historias oficiales u oficiosas con datos informativos.

 

El resto del Apartamento ya estaba convertido en escombros, en cenizas, y pude ver como los chorros de agua de las mangueras de los bomberos se mezclaban con el calor calcinante todavía presente en los escombros, y cómo esto levantaba explosiones blanquecinas de humo y vapor mezclados, y de cómo un grupo numeroso de “apagafuegos” luchaban por dentro y fuera del Apartamento No. II, para que el fuego no terminara de devorarlo.

 

Al entrar al parque en “U” vi rostros cubiertos de lágrimas por cólera contenida, entre otros los de Julio Toribio Díaz, Cecilia García y  Brenda, quienes continuaban luchando con los bomberos para que el fuego no avanzara hacia el Apartamento No. Tres de Jaime Aguilar Pacheco.

 

Bomberos, vecinos y  policías se solidarizaron conmigo mientras observaba los escombros humeantes, convertidos en carbón y cenizas, debido al accionar criminal de Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca, Juan Pablo Rivas Castro, de Jimy Najman Perezdiez y la cómplice de estos, la jueza Ruth Chamorro Martínez.

 

Busqué a Anabelle, a Sofana, a doña Ercilia, a Iván, a Marcia Cabrera Lacayo, al resto de vecinos presentes a la hora del incendio criminal, quienes estaban refugiados en la casa de Estrada, donde les dieron solidaridad y les suministraron agua potable.

Anabelle y Sofana lloraban copiosamente. El susto o terror impuesto por esta banda de forajidos tenía estresados también a autoridades policiales, a los bomberos, a los vecindarios de los alrededores, a todo el país.

 

 

Llegué a los Apartamentos en el momento en que un grupo numeroso de vecinos solidarios seguían sacando muebles y pertenencias domésticas de Julio Toribio Díaz, para que no fuesen destruidos por el fuego y el agua a presión que lanzaban los bomberos.

 

Casi se me brotan las lágrimas, pues antes de ingresar corriendo a los Apartamentos, yo todavía pensaba en que el “montón de hombres está quebrando los vidrios y derrumban puertas”, de que me hablaba Anabelle en la llamada telefónica desesperada, era sólo el desalojo violento por parte de Frutos Chamorro Argüello y su pandilla de mafiosos, al amparo del poder de Arnoldo Alemán Lacayo en la Alcaldía y de la presidenta Violeta Barrios viuda de Chamorro, pues jamás me imaginé que también habían prendido fuego a los Apartamentos Nos. I y II.

 

Los enseres domésticos salvados, mayoritariamente de la casa de Julio Toribio Díaz, fueron colocados en el centro del patio o parqueo frontal en forma de “U”, de los Apartamentos. Como medida de precaución, de los otros Apartamentos, también fueron sacados muebles, ropa, electrodomésticos, etc., y colocados en la “U”.

 

La Policía necesitó varias camionetas y camiones para llevarse detenidos a los 45 “capturados” a la Estación III, situada en el Barrio Altagracia.

 

 

Incluir aquí peritaje de los bomberos y hallazgos de la Policía

 

 

La Jefatura Nacional de la Policía Nacional, en esos momentos jefeada por Fernando Caldera Azmitia y el jefe de la Estación III de la misma Policía, Subcomandante Ernesto “Tito” Zamora (todavía no eran Comisionados), ordenaron continuar la persecución de los incendiarios o pirómanos, y de inmediato fue emitido un exhorto nacional para capturar a Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas Castro.

Numerosos oficiales y agentes policiales, encabezados por el Capitán Márquez, se posesionaron de los Apartamentos, echaron un cordón alrededor de los mismos, mandaron a traer equipos para “iniciar el autocabeza de proceso”, el cual consistió en iniciar las investigaciones formales, tomar declaraciones testificales de todos los vecinos de los Apartamentos y testigos de los alrededores, en lo cual estuvieron toda la noche y pasamos nosotros, todos, despiertos toda esa noche del 14 y 15 de abril de 1994. La Policía sólo permitió que los bomberos terminaran de hacer su trabajo en los Apartamentos I y II. A nadie más se le permitió la entrada a los Apartamentos Nos. I y II, uno quemado totalmente y el otro, parcialmente.

 

Más adelante, en este libro, iré citando trozos de declaraciones completas de los 45 “capturados” por la Policía, de los vecinos de los Apartamentos, de los testigos presenciales de los alrededores, de Anabelle Barrera, de la doctora Dinorah Parrales, de la versión oficial de la Policía, de la declaración del Jefe de la Estación III de Policía, de las declaraciones de los perjudicados directos como Julio Toribio Díaz y su esposa Cecilia, de Marcia Cabrera Lacayo y de mi propia declaración ante la Policía y en el despacho de la jueza Sexto de Distrito del Crimen de Managua, doctora Rosario Altamirano López, a quien le tocó conducir el proceso judicial, especialmente al ocurrir el incendio criminal, aunque después fue sacada del juego por dos magistrados del Tribunal de Apelaciones de Managua.

 

También veremos cómo fueron estas jugadas judiciales sucias y perversas al más alto nivel en contra de las víctimas y a favor de los victimarios.

 

Comienzo con lo más esencial del informe oficial de la Dirección General de Bomberos del Ministerio de Gobernación:

 

“Los componentes estructurales de los locales combustionados presentan una mayor afectación en el Apartamento  No. 1, que era utilizado como vivienda por el Sr. Pablo Emilio Barreto. Estas afectaciones  presentan uniformidad de síntomas y huellas dejadas por el proceso ígneo, debido a las características de los elementos constructivos que conformaban dicho Apartamento”.

 

“La destrucción total de aquellos  elementos de menor resistencia al fuego como son: closets, falso techo (cielo raso), techo y muebles de madera fueron calcinados por completo, también se pudo observar que este Apartamento No. 1 fuerte descascaramiento y levantamiento del piso en las diferentes divisiones que lo conforman”.

 

“Toda la carga combustible, en un ´rea de 245 metros cuadrados, resultó con un alto grado de afectación por la combustión, reflejando dicha afectación las paredes de concreto de abajo hacia arriba”.

 

“Este Apartamento No. 1 contaba con un sistema monofásico de 110 voltios, que alimentaba el panel  térmico de tres circuitos con capacidad de 20 amperios cada uno. La red eléctrica estaba conformada  por conductores No. 10 y 12, los cuales se distribuían en líneas abiertas con castañuelas de porcelana y tubos PVC empotrados para los bajantes hacia apagadores y tomacorrientes”.

 

“En toda el área combustionada no se logró detectar ningún síntoma de cortocircuito en los conductores eléctricos, inclusive en el Apartamento No. 2, el cual fue afectado por la propagación del fuego”.

 

“De acuerdo a versiones recabadas en el lugar y lo que se logró apreciar del análisis de los rastros dejados por la combustión podríamos referir lo siguiente:

1: Los rastros encontrados en los elementos constructivos y la carga de combustión  denotan cuatro focos de incendio, apreciándose por esta razón uniformidad en la afectación de cada uno de los locales que conforma el Apartamento

 

2: En cada uno de los focos de combustión se observa que existen altos grados de destrucción, tanto del techo como del piso, con calcinación completa de objetos y muebles ubicados en estas zonas.

 

3: En cada uno de los focos de combustión se logró analizar que no existe ninguna relación que conlleve al origen de estos, lo que supone que fueron originados por separado.

 

4: La afectación a la carga combustible reafirma los efectos de la combustión y el sentido de la propagación.

 

Los aspectos anteriormente señalados inducen a pesar que la combustión se originó en cuatro puntos diferentes del Apartamento No. 1, los cuales se encuentran ubicados en los siguientes puntos del local:

  1. Dormitorio situado en el costado noroeste
  2. Sala
  3. Dos focos ubicados en el dormitorio del servicio situado en el costado Noreste”.

 

“Interrogatorio de testigos que detectaron, presenciaron y/o participaron en la extinción.

 

Observaciones de los bomberos

 

Subteniente Carlos Largaespada (jefe de pelotón, Zona 1.

 

La llamada fue recibida por el Puesto de Mando de la Dirección General de Bomberos a las 17: 49 horas,  concluyendo las labores de extinción a las 18:25 horas aproximadamente.

Al momento de la llegada de la primera técnica pude observar que la combustión había cubierto totalmente el Apartamento No. 1 y parcialmente el No. 2. La primera forma de ataque que adoptamos fue cortar la propagación del fuego y disminuir el grado de afectación del Apartamento No. 2 lo cual logramos minutos después; posteriormente se procedió a extinguir los residuos combustivos del Apartamento No. 1.

 

Una vez concluidas las  labores de extinción procedimos al escombreo retirándonos del lugar aproximadamente a las 20:50 horas”.

 

Testigos y ocupantes

 

Marcia Cabrera L. (Empleada de la familia Barreto)

 

“Mientras  estaba lampaceando entraron unos hombres violentamente y comenzaron a quebrar los vidrios de las ventanas y echando combustible con un  galón de plástico y que al único que identificó fue a Henry, del cual el apellido no se acuerda, describiéndolo de la siguiente forma: Gordo, pelo liso y dice que aneaba con un Walkie-Talkie, con una camisa roja y pantalón azul, pues lo conoce porque4 ha llegado tres veces a los Apartamentos pues él siempre se presenta como apoderado del Sr. Frutos Chamorro. También dice  que a la casa entraron como unas 60 personas y Henry  que andaba al mando del grupo. Ella escuchó decir que quemaran la casa y posteriormente vio cuando echaban combustible (gasolina) en el sector del lavandero y también en los cuartos y vio también cuando encendieron con fósforos los lugares rociados con combustible”.

 

Señor Carlos Sáenz Bellanger (vecino)

 

“Me dirigía para la Universidad Centroamericana cuando visualicé que comenzaron a bajar de un camión blanco una gran cantidad de personas y se comenzaron a dirigir a los Apartamentos específicamente al No. 1, escuché gritos de los residentes de este Apartamento y opté por acercarme y ví cuando comenzaron las personas que llegaron a en el camión  a patear las puertas, entrar violentamente y comenzaron a sacar enseres a la calle. En estas circunstancias yo traté de mediar pero fue imposible.

 

Algo que noté es que las personas vestían como gente de bajos recursos pero había uno  que vino en un carro Suzuki, al cual no pude ver la matrícula pero sí el color que era color plomo con calcomanías a los lados. Esta persona andaba con un Walkie-Talkie y era el que daba las órdenes.

 

Otra cosa que pude apreciar es que entraron algunas personas al Apartamento con recipientes (tambos de galón) supuse que quizás era combustible.

Momentos después aprecié que salían llamas del Apartamento del señor Pablo Emilio Barreto. Y asimismo logré escuchar que disparaban  al aire”.

 

Construcción y verificación de versiones

 

  • Posibilidad de surgimiento del Incendio a causa de fenómenos eléctricos:

 

Luego del análisis pormenorizado a todos los componentes de la red eléctrica se llegó a la conclusión:

Ninguno de los elementos o componentes de la red eléctrica denota síntomas de calentamiento interno.

Todos los componentes de la red denotan afectación por el fuego únicamente.

 

Por tales motivos se descartan como causa del incendio, causas técnicas como sobrecarga, resistencia transitoria, cortocircuito o cualquier otro fenómeno eléctrico.

 

  • Posibilidad de surgimiento del Incendio a causa de llama abierta

 

Los materiales de celulosa, donde la composición química de los mismos, se caracterizan por ser elementos  de relativa facilidad para combustionarse, además arden extremadamente rápido dado que poseen una elevada relación superficie/volumen. Ahora bien se aplica sobre las mismas un agente químico con propiedades acelerantes, todas las características anteriormente descritas se ven acentuadas. Es muy notorio  los síntomas de alta generación de temperatura  en las áreas  en las que se localizaron  focos de la combustión a pesar de que la carga combustible en las mismas era proporcional  al resto de áreas e inclusive en algunas (área de planchado) era mucho menor.

 

Este fenómeno  se puede explicar si en el escenario  existe participación de agentes químicos con propiedades acelerantes y más aún aquellos que son productos derivados del petróleo cuyas magnitudes de calor de combustión que generan sobrepasan los 11, 000 Kcal/Kg, y los materiales que caracterizaban la carga combustible existente en estos locales tienen una temperatura de ignición inferior  a los 300 grados Celsius y un límite de resistencia al fuego inferior a los 15 minutos.

 

En el lugar del siniestro  se localizaron cuatro focos de combustión sin ninguna relación lógica ya que se localizaron en diversos puntos del Apartamento No. 1.

 

Producto de lo cual, del lugar del siniestro fueron tomadas un total de 8 muestras para someterlas a el correspondiente análisis de laboratorio con el fin de establecer  si las mismas contienen residuos de agentes químicos con propiedades acelerantes utilizados en el escenario del Incendio. Los resultados del análisis del laboratorio expresan la presencia en siete de las ocho muestras, residuos de gasolina.  El detalle de los resultados se abordan detalladamente en el acápite: Pruebas Físicas.

 

De igual forma a través  de procedimientos matemáticos se estableció la relación de la superficie del Incendio con respecto al tiempo denotándose que los  valores obtenidos  de superficie en un incendio con las mismas características de tiempo, estructura y carga combustible como el acaecido en las viviendas-apartamentos alcanza una superficie aproximada de 112 metros cuadrados y en la realidad alcanzó una superficie de 245 metros cuadrados factor que también corroboró la posible presencia de sustancia acelerantes en el escenario del Incendio.

 

En este sentido, basados en las características de los fenómenos analizados, de los resultados de las pruebas de laboratorio efectuadas en  a las muestras recogidas y auxiliados por versiones recabadas, determinamos que la causa que originó a este Incendio es internacional, de origen químico y cuya fuente de calor es la Llama Abierta”.

 

Condiciones que favorecieron la propagación del Incendio

 

  • Las características de los elementos constructivos que componen el local combustionado se clasifican como elementos de relativa facilidad de combustión.

 

  • La existencia de un falso techo común para todas las áreas, compuesto por elementos de fácil combustión generó las condiciones para una propagación rápida.

 

  • La existencia en el escenario del incendio de sustancias químicas con características acelerantes de la combustión generaron una propagación vertiginosa.

 

  • A lo interno del Apartamento No. 1, resultó imposible establecer un  frente de propagación dado la existencia de distintos focos.

 

  • Entre Apartamentos la dirección de propagación fue en sentido de Oeste hacia Este, es decir, del Apartamento No. 1 al resto”.

 

Conclusiones

 

“De acuerdo al análisis de todos los puntos que hemos relacionado y por las características propias de este hecho se han derivado, concluimos lo siguiente:

  • Los rastros de la combustión sobre los elementos constructivos y la carga denotan la existencia de cuatro focos de Incendio, en el interior del Apartamento No. 1.
  • En cada uno de los focos se logró analizar que no existe ninguna relación que conlleve al origen de estos por lo que se supone fueron originados por separado.
  • El análisis de los lugares donde se localizaron los focos de combustión deriva que la causa del surgimiento del Incendio está relacionado con fenómenos de llama abierta, dado que no existe relación con otras causas comunes de incendio con este tipo de edificaciones.
  • Causas técnicas como cortocircuito, sobrecarga, resistencia transitoria o cualquier otro fenómeno eléctrico se descartan como posible causa del incendio en este hecho.
  • La dirección de propagación del fuego entre Apartamentos es en sentido de Oeste hacia Este, es decir, del Apartamento No. 1 a los restantes.
  • De dicho local fueron sustraídas durante el peritaje técnico siete muestras (el detalle de las mismas se abordan en el acápite: “Pruebas Físicas”) para su correspondiente análisis de laboratorio.
  • Los resultados de los análisis realizados a las muestras reflejan la presencia en distintos porcentajes de concentración (ver resultado del Laboratorio Central de Criminalística de la Policía Nacional) de sustancias combustibles correspondiendo a: 1) Bencenazonaftol, 2) componente de la gasolina.

 

Analizando los aspectos anteriormente señalados, concluimos:

Que en este hecho de incendio resalta la existencia de una fuente de calor ajena al ambiente de origen químico dada la presencia de sustancias con características acelerantes  (GASOLINA) y basados en las versiones recabadas en el lugar del hecho a testigos oculares, es clasifica como Intencional”.

 

Peritos: Teniente Primero Eugenio Zapata Chavarría, jefe de Departamento de Ingeniería.

Teniente Marvin A Macanche S., Inspector de Protección contra Incendios.

 

 

Este informe de la Dirección General de Bomberos del Ministerio indica que sus unidades y bomberos trabajaron en extinguir fuego en 245 metros cuadrados, y que usaron 10,000 galones de agua, por medio de manguera a presión de 5 atmósferas.

“Condiciones que favorecieron la propagación del fuego: , cielo raso, dirección del viento y acelerantes (gasolina)”.

Sigue: “Informe sobre la investigación: El origen del incendio reviste un hecho  intencional causado por derrame de combustible sobre objetos de madera anteriormente escrito en el punto de explicación técnica, utilizando para su origen, llama abierta”.

 

Continúa el informe de los bomberos del Ministerio de Gobernación, en el folio 611 del Expediente remitido al Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua:

 

“Descripción de las acciones extintoras:

 

“El día jueves 14-4-94, a las 17:50 horas, se ordenó a través del P.M. (Puesto de Manado) atender un incendio en vivienda del kilómetro 11 Carretera Sur. De inmediato se movilizaron las técnicas (camiones de bomberos, “apaga fuego”) M-15, C-10 y C-12 al mando del C/S C. Largaespada.

 

“Sucesivamente se movilizó los medios del Z-7, C16 al mando del  Teniente M. Briceño, del Z-5, M-11 y C-51 al mando del Cro. V. Eugarrios, del Z-3 y C-30 al mando del cro. F. Alarcón, del Z-2 y el C-21 al mando de  A. Urbina.

 

“Una vez en el lugar, se realizó una exploración visual del siniestro, pasándose de inmediato la información del mismo al P.M.  de que en el lugar se necesitaban autocisternas y tres cisternas, con personal de bomberos para la labor de extinción.

 

“La técnica del M-15 se ubicó en la parte Sureste del objetivo, desplazando una línea de tres tramos de 6mm con un pistero de 2 y medio americano, con el objetivo de corta la propagación, la que iba  de Oeste a Este. Posteriormente se desplazó otra línea de tres tramos  de 51mm con un pistero de 1 y medio  americano, ubicándolo en la parte de la vivienda con el objetivo de bajar la magnitud del incendio.

 

“Sucesivamente hizo llegada al lugar la técnica M-16, la que se ubicó  en la parte Noroeste, desplazando una línea central de 2 tramos de 6mm, ramificada a 2 de 51mm con su respectivo pistero CMP, con el objetivo de continuar la extinción del siniestro en la parte Norte de la vivienda.

 

“En esta labor de extinción el cro. Manuel Obregón, bombero del Z-7 sufrió una quemadura leve en la mano derecha, al querer esquivar una viga que venía sobre la humanidad del  compañero Obregón.

 

“Una vez  al llegar la técnica M-11, se ubicó en la parte Oeste de la vivienda, desplazando una línea de dos tramos  de 66mm ramificada a 2 de 51 mm con su pistero CMP, con la finalidad de extinguir el siniestro.

“Una vez controlado el siniestro, se procedió a regresar los medios del Z.5, Z-3, Z-7 y Z-2 a sus unidades, quedando en el lugar las técnicas M-15 y C-12, realizando labores la labor de escombreo y extinción de posibles focos de incendio”.

 

Se indica en ese mismo informe que en esta operación de extinción del incendio criminal intencional, estuvieron presentes los siguientes bomberos y jefes:

  1. Viera O., I. Tijerino, Róger Argüello, A. Mejía, R. Gutiérrez, Wilfredo Rosa, Salvador Trinidad, Francisco García, G. Aguilar, C. Largaespada, J. Juárez, A. Talavera, M. Umaña, I. Tijerino. A Flores, Omar Treminio, Alejandro Urbina, Juan Vivas, Salvador Castro, Francisco Alarcón, Juan  David Medrano, V. Eugarrios, L. Bermúdez, S. Aráuz, Guillermo Aráuz, M. Briceño, I. Díaz, E. Gómez, M. Obregón, Julio Gago, Cristino Meza y N. Silva.

 

El mismo Ministerio de Gobernación y la Policía Nacional, mediante un informe breve, ubicado en el folio 621 del Expediente del Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua, indica que el capitán José Márquez Chávez fue quien coordinó las patrullas policiales móviles números 3-071, 3-055, 3-010, más una patrulla de la Brigada Especial de la Guardia Operativa placas 3924, más un pelotón de 30 policías de la Academia Walter Mendoza, situada casi frente al kilómetro 11 de la Carretera Sur, donde ocurrió el incendio criminal intencional.

Añade ese informe que también se usó una camioneta Toyota  blanca, cuyo conductor era Danilo Solórzano.

 

En un informe, en hojas separadas, la Dirección de Bomberos del Ministerio de Gobernación (folio 622 del Expediente Judicial), presenta asimismo un informe breve sobre las pérdidas materiales en los Apartamentos Nos. 1 y 2, sin incluir, por supuesto, el valor de cada uno de los apartamentos quemados por los 180 matones de Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas Castro.

 

Apartamento No. 1, Pablo Emilio Barreto:

 

Vestuarios de 5 personas, biblioteca con 1,000 libros, utensilios de cocina, dos radios, cuatro camas unipersonales, una máquina de escribir, catorce cajillas de gaseosa, un frezzer, una grabadora, dos planchas, tres mesas de madera, , doce sillas, un juego de muebles, dos elementos de un juego de sala, un órgano electrónico,  cinco llantas de carro No. 13, una batería nueva de doce voltios, documentos personales (identificaciones), provisión de granos básicos, puertas nuevas, sesenta láminas de zinc nuevas. Valorado todo en 10,000 córdobas.

 

Apartamento No. 2, Julio Toribio  Díaz:

 

Un teléfono, juego de muebles (cuatro piezas), un comedor (5 piezas), vestuario para siete personas, utensilios de cocina, un radio, un betamax, cortinas, dos camas unipersonales,  dos mazas, un pantry nuevo, ventanas de vidrio nuevas, cuatro puertas nuevas y veinte láminas de zinc.

 

 

“Ministerio de Gobernación

Policía Nacional

Laboratorio Central de Criminalística

Resumen de informe

Asunto: Informe pericial relacionado con la investigación de sustancias combustibles.

 

En relación con las investigaciones que se practican referente a un hecho de “Incendio”, ocurrido el día 14-o4-94, en el lugar que se sita: Km. 10 ½ Carretera Sur, fueron remitidas por usted en calidad de prueba material el día 15-04-94, una (1) cortina color blanco, un (1) trozo de madera, una (1) muestra de combustible y fragmentos combustionados, a fin de que los peritos en química determinen:

  • Identificación de la sustancia combustible remitida
  • Presencia de sustancias combustibles en la cortina y en los fragmentos combustionados remitidos.

Y de conformidad con lo interesado, le informamos:

 

Examen e investigación

 

Se recibió para su investigación:

  1. Una (1) botella de vidrio con un trozo de tela como tapón presentando una etiqueta donde se lee: “Molotov ocupado en las cajillas de gaseosas que estaban cerca del lavandero de la casa de Pablo Emilio Barreto” (muestra No. 1).
  2. Fragmentos combustionados dentro de una bolsa plástica transparente presentando una etiqueta donde se lee: “Residuos d3e materiales ocupado en el foco No. 1 del lavandero 2mts. Al Sur a 50 cms. De la pared Este (muestra No. 2.
  3. Fragmentos combustionados dentro de bolsa plástica transparente presentando una etiqueta  donde se lee: “Residuos ocupados en el foco No. 2, situado  en la esquina Noroeste de la casa de Pablo Emilio Barreto” (muestra No. 3).
  4. Antorcha dentro de una bolsa plástica transparente presentando una etiqueta donde se lee: “Antorcha ocupada junto a la rosticería situada al lado Oeste de la casa de Pablo Emilio Barreto” (muestra No. 4).
  5. Trozo de algodón dentro de una bolsa plástica  presentando una etiqueta donde se lee:  “Muestra encontrada al lado al lado de la rosticería” (muestra No. 5).
  6. Fragmentos combustionados dentro una bolsa plástica presentando una etiqueta donde se lee: “Muestra encontrada en el lado Oeste de la rosticería” (muestra No. 6).
  7. Trozo de algodón dentro de una bolsa plástica presentando una etiqueta donde se lee: “Muestra tomada en el lado Oeste de la rosticería” (muestra No. 7).
  8. Una (1) cortina de color blanco presentando cuatro (4) deterioros con tizne en sus alrededores (muestra No. 8).

Que iniciadas las investigaciones, las muestras fueron  sometidas por separado a una extracción  por medio de sublimación conducente a la separación de posibles sustancias combustibles presentes, obteniendo extractos de color transparente en el que se practicó los siguientes  análisis:

 

  1. Reacción con Resorcinol para determinación  de hidrocarburos con resultados positivos y negativos.
  2. Ensayos con cromatografía en capa delgada utilizando placas de silicagel Gf-254, bajo los siguientes sistemas:
  3. hexano: Acetona (7:3).

Detección: Lámpara de luz ultravioleta (336 nm)

Aspersión con Resorcinol alcohólico al 2%.

 

Resultados:

Separación de 1-benzenazonaftol-2 activo de la gasolina mediante un hRf de: 92-93 en las muestras: 1, 2, 3, 4, 5, 6 y 7.

 

Las concentraciones se obtuvo  mediante el cálculo de área bajo la curva de absorción correspondiente a:

 

No. 2: 8, 3 PPM

No. 3: 7, 0 PPM

No. 4: 4,3 PPM

No. 5: 1,8 PPM

No. 6: 1, 6 PPM

No. 7: 1,0 PPM

 

Por todo lo antes expuesto, el perito  que suscribe arriba a las siguientes conclusiones:

 

Primera: que la muestra líquida en la botella de vidrio (muestra No. 1) se identificó como: Gasolina.

Segunda: Que se comprobó presencia de sustancias combustibles correspondiendo a: 1-benzenazonaftol-2, principio activo de la Gasolina, en:

 

Muestras               Concentración (PPM)

2                                8,3

3                                7,0

4                                 4,3

5                                 1,8

6                                  1,0

7                                  1,0

 

Tercera: que no se comprobó presencia de sustancias combustibles en la cortina color blanco (muestra No. 8) remitida.

Es todo  cuanto tenemos  que informar al respecto.

Teniente Primero René Marenco Alvarado, perito

Capitán Mauricio Rojas Acevedo, Director del Laboratorio Central de Criminalísticas de la Policía Nacional”.

 

 

Por su parte, el jefe de la Estación III  y el jefe Investigaciones Criminales de la Estación de esa misma unidad policial, Comandante Ernesto Zamora y capitán Andino, en las “conclusiones” de “relaciones de hechos” en el incendio criminal de ese 14 de abril de 1994, señalan que Frutos Chamorro Argüello. Henry Núñez Abarca, Juan Pablo Rivas Castro, Gerardo Ramón Aburto Sevilla, Sergio Velásquez Carrión y todos los 45 capturados, son autores de los delitos de incendio, exposición de personas al peligro, asociación ilícita para delinquir y otros estragos,  en contra de Pablo Emilio Barreto Pérez y Julio Alejandro Toribio Díaz.

 

Añaden que estos delitos de tipo penal fueron ejecutados con “el ánimo de causar daños a otras personas, utilizando para esto medios fraudulentos”.

 

“Se ejercitó utilizando materiales inflamables y botellas molotov, las cuales fueron llevadas al lugar con una intención premeditada de quemar los Apartamentos Argüello (“desaparecerlos”). Mediante la inspección realizada en el lugar de los hechos se logró demostrar la aparición  de dos bombas molotov, de fabricación casera, encontradas en la parte Norte del Apartamento No. 1, a la orilla de la malla”, añade el informe policial, remitido al Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua.

 

“Los hechos se limitaron a que los señores Henry Núñez Abarca, Juan Pablo Rivas Castro y Sergio Antonio Velásquez Carrión, se dedicaron a la contratación de aproximadamente cien personas de origen campesino, los cuales iban a ser dirigidos a los Apartamentos Argüello con el objeto de desalojar a los actuales moradores, manifestándoles que todo estaba en regla y que solamente  era un desalojo apoyado por un supuesto juez y la colaboración de la Policía Nacional,  y siendo todo esto falso, y creando el día jueves catorce de abril  de mil novecientos noventa y cuatro, a eso de las cinco y cuarenta minutos de la tarde, en el kilómetro diez y medio Carretera Sur, un incendio en los Apartamentos 1 y 2 de dicho Reparto, por lo que fueron repelidos por un ciudadano del Reparto con un Fusil AKA que realizó varios disparos al aire  con el objeto de calmar al violencia reinante del momento. Post2riormente se logró determinar  que el fusil No. 800095 fue ocupado por la señora Luz Marina Artola Rivera, sin culatín, arma que fue remitida al Laboratorio de Criminalística de la Policía Nacional”, agrega el informe policial.

 

Sigue indicando el informe: “De las personas contratadas por Henry Núñez Abarca, Sergio Antonio Velásquez y Pablo Rivas Castro, , que la mayoría pertenecen al Municipio de Ticuantepe y La Borgoña. El ciudadano de nombre Domingo José Sinclair Martínez, al momento de estar desalojando una de las casas, sacó del interior  del Apartamento No. 2 una pistola con siglas MAS-M18, la cual trató de llevarse, ya que estaba dándose a la fuga cuando fue capturado por la Policía con esta arma en sus manos.

 

“Al momento en que la Policía realizó la captura de varios de los participantes del desalojo se les encontraron en su poder, a: Gerardo Ramón Aburto Sevilla, un cuchillo de cocina; a Julio César Cardenal Vicente, se le ocupó un cuchillo de mesa marca Stanley; también a Carlos Alberto Cardenal Vicente  se le ocupó un cuchillo de cocina;  a José Eugenio  Cardenal Caballero se le ocupó un cuchillo marca Pastor, a Javier Antonio  Espinoza Blandino, se le decomisó una bayoneta metálica; a Luis Alberto Velásquez Martínez se le ocupó un machete “punta recortada” de color negro, y encontrándose al mismo tiempo en el lugar de los hechos un Plywood con clavos ensartados, un machete de color negro,  y un total de cuatro botellas molotov, un palo de forma de antorcha.

 

“Al realizarse las primeras capturas en la vía pública, varios de los capturados manifestaron  que ellos habían sido contratados para realizar un trabajo de cargas y descargue y por lo cual se iban a ganar 30 córdobas oro, pero al estar en el lugar  descubrieron que habían sido engañados por los señores  Henry Ernesto Núñez Abarca, Juan Pablo Rivas Castro, Sergio Antonio Velásquez, los cuales los transportaron desde los municipios de La Borgoña y Ticuantepe, hacia Managua, kilómetro 10 ½ de la Carretera Sur”.

 

Añade el informe del jefe de la Estación III y del jefe de Investigaciones Criminales de la Policía:

 

“Entre los medios de prueba que podemos señalar, tenemos: La denuncia interpuesta por los ciudadanos Pablo Emilio Barreto Pérez y Julio Toribio Díaz en contra de Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas Castro como autores del incendio; declaraciones de ofendidos de: María Cecilia García González, Brenda Enríquez de Hernández, Anabelle Erlinda Barrera Argueta, Silvia Ortega Rosales, Luz Marina Rivas y Juan Pablo Hernández Cruz, con  las declaraciones testificales de: Dinorah Parrales,  Carlos Sáenz Belanger, Concepción del Carmen García González, Julio Guillermo Collado Gutiérrez, Marcia Lorena Cabrera Lacayo y María José Yescas Víctor.

 

“Con la inspección del lugar de los hechos, por medio de la cual se logra recoger elementos de prueba como las: botellas de molotov, con líquido inflamable; con la observación de los restos de los Apartamentos quemados, por medio de la fotografía, y los cuchillos encontrados en el lugar de los hechos, con los recibos de ocupación Nos.: 273-94, 274-94, 275-94, 278-94, 085-94, 086-94, 277-94, 279-94, 280-94 y 281-94, ocupados a una parte de los detenidos y otra encontrados  en el lugar de los hechos.

 

“Con el resultado del peritaje de AVEXI del Laboratorio Central de Criminalística, el cual  nos aclara que existieron dos focos de incendio en el interior del Apartamento No. 1. Con la gráfica del recorrido que se realizó desde La Borgoña, Ticuantepe y Managua al kilómetro 10 ½ Carretera Sur, por los camiones que transportaron al personal al lugar de los hechos. Con las fotografías ilustrativas del lugar  de los hechos, divididas en dos volúmenes respectivamente

enumerados.

 

“Con las declaraciones de los 45 indiciados, quienes en sus deposiciones dan fe de haber  llegado al lugar de los hechos y haber tenido participación directa e indirecta en la comisión de los delitos. De conformidad con los artículos No. 6, título 5to. Capítulo primero artículo No. 317, de conformidad con el capítulo cuarto, artículo 154 PN, de conformidad con título once, capítulo  primero artículo No. 493, 494 y 495 del Pn, más los artículos  Nos. 496 y 497 del Pn. déjese causa abierta en contra de los ciudadanos Frutos Chamorro Argüello, autor intelectual del delito de incendio  y otros estragos, exposición de personas al peligro y asociación ilícita para delinquir; a Henry Núñez Abarca, autor material del caso, ya que dirigía, instigaba y organizó la comisión de los delitos; a Pablo Rivas Castro, autor material del delito, ya que anduvo dirigiendo junto a Henry Núñez Abarca; a Sergio Antonio Velásquez Carrión, recientemente detenido y autor material de los hechos, ya que anduvo en los municipios La Borgoña y Ticuantepe reclutando personal, enviado por Pablo Rivas Castro.

 

Parte de este mismo informe policial, ubicado en el folio 165 del expediente del Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua, se indica detalladamente que en el sitio del incendio fueron encontrados:  “Una botella de Pepsi (Molotov) conteniendo líquido amarillo oscuro y trapo. Una botella de Cerveza Victoria con el mismo líquido amarillo. Una botella de medio litro (Molotov). Una botella de envase “Mirinda” conteniendo líquido amarillo y trapo. Un trozo de madera (palo) conteniendo en uno de sus extremos un trapo envuelto con una bolsita plástica. Un bolso color gris, vacío”.

 

 

“Asimismo, déjese como diligencias pendientes los resultados  de peritajes químicos, balísticos y caninos, los cuales aún se encuentran  en el Laboratorio Central de Criminalística, y el evalúo de los daños en las viviendas de los Apartamentos Nos. 1 y 2 de los Apartamentos Argüello.

 

La presente causa es remitida al Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua”, indica el informe oficial de la Jefatura de Investigaciones de la Estación III de la Policía Nacional, el cual, en el folio 258 del expediente del Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua, dice, por ejemplo: “…el jeeps Suzuki, conducido por Henry Núñez Abarca, se regresó sobre la Carretera y volvió a pasar por los Apartamentos hasta aparcarse  a unos 50 metros de los mismos, lo mismo hicieron los camiones. Estando detenidos los vehículos, Henry Ernesto Núñez Abarca se bajó del jeeps al igual que los acompañantes, quienes cargaban un saco macén y tres bolsos grandes de colgar conteniendo objetos desconocidos, sólo que al bajarse los cuatro sujetos se dirigieron por el extremo derecho de los Apartamentos.

 

“Henry Núñez Abarca ordenó la bajada de los reclutados de los camiones y los reunió para explicarles del trabajo que iban a desempeñar en el lugar, diciendo a los mismos  que actuarían bajo las leyes y sacó un papel diciendo que era una orden de la juez Chamorro.

 

“Luego el mismo Henry Núñez Abarca guió a los hombres hasta la casa que se iba a desalojar y les dijo que empezaran a sacar las cosas. Los cargadores empezaron a sacar los muebles, mesas, camas, colchones y demás enseres, en ese momento se escuchó unos disparos de fusil  Aka, que provenían de uno de los Apartamentos de al frente, al escuchar los tiros, los hombres que sacaban enseres de la casa, salieron corriendo hasta el otro lado de la Carretera, donde están unos árboles de chilamate, pero Henry Ernesto Núñez Abarca les dijo  que no se preocuparan y haciendo uso de un radiocomunicador  que portaba en manos, hizo como si hablaba con la Policía y como para darle aliciente a los hombres, les decía que ya la Policía estaba por llegar al lugar y les ordenó que continuaran sacando las cosas de la casa. Los hombres un poco más conformes continuaron con su labor hasta terminar de sustraer las cosas y que entrara Henry Ernesto Núñez Abarca con un galón blanco en la mano a decir a los últimos cargadores que salieran de la casa (Apartamento No. 1), empezó a rociar la gasolina por toda la casa y un sujeto  de los que le acompañaban, el moreno,  alto, que usaba gorra, se puso a rellenar las botellas de cerveza con gasolina, fabricando los molotov, que una vez terminados serían lanzados por Henry Ernesto Núñez Abarca y el sujeto moreno, provocaron el incendio en la casa. Al iniciar el incendio, Henry Núñez Abarca y el moreno salieron corriendo del Apartamento hacia  afuera”.

 

Continúa el relato policial, en el folio 259:

 

“Cabe señalar que cuando se inició el incendio de la casa se escucharon otros disparos, siempre con el fusil AK, por lo que Henry Núñez Abarca volvió a utilizar el radiocomunicador,  sólo que en esta ocasión se comunicó con alguien a quien él llamaba “jefe” y le dijo que la cosa se estaba poniendo “fea” y le preguntó que si no iba a llegar, porque en ese momento llegó una Patrulla de la Policía”.

 

El mismo informe policial, más las declaraciones o interrogatorios a los 45 detenidos en la Estación III de la Policía, señalan que inmediatamente después de que Henry Núñez Abarca comunicara por radiocomunicador que “la cosa se está poniendo “fea”, los tres principales delincuentes: Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas Castro, dieron la vuelta, se subieron a sus vehículos, giraron en redondo hacia los callejones del Oeste de la Carretera Sur, les ordenaron a los choferes de los camiones que andaban “para el desalojo”, que hicieran lo mismo, ¡y desaparecieron, dejando “ensartados” a los 180 “contratados” para el “cargue” y “descargue”, traídos de La Borgoña, Ticuantepe, del Reparto Schick y Pablo Úbeda, lo cual permitió que varias patrullas de la Policía Nacional todavía pudieran capturar a 45 de los 180 maleantes “contratados” para el desalojo e incendio intencional¡

 

También desaparecieron del escenario del incendio la jueza Ruth Chamorro Martínez, quien confesó públicamente que ella estuvo allí para “entregarle la posesión de los Apartamentos a Jimy Najman Perezdiez, quien también se fugó, pues la Policía no logró capturarlo.

 

Unas dos horas después del incendio criminal, el Comandante Ernesto “Tito” Zamora Chávez, jefe de la mencionada Estación III de la Policía, dijo estar sorprendido de que la jueza Chamorro Martínez haya dicho que ella le solicitó apoyo policial a esta unidad de Policía para ejecutar el desalojo en los Apartamentos Argüello, pues la mencionada jueza más bien se había negado a que se le acompañara en días anteriores, lo cual menciono en páginas anteriores de este libro, pues hubo distintas maniobras sucias y violentas en los intentos de desalojar estos Apartamentos de manera ilegal, arbitraria y de forma revanchista, porque en esos momentos había una oleada de desalojos en contra de las 350,000 familias beneficiadas por las Leyes 85, 86 y 88, por parte del gobierno revolucionario sandinista, cuando éste abandonó el poder gubernamental en abril de 1990..

 

Casi al mismo tiempo, esa misma tarde del 14 de abril de 1994, el jefe nacional de la Policía, Comandante Fernando Caldera Azmitia, calificó el hecho del incendio criminal de “acción pandillesca y criminal”, y afirmó que los autores intelectuales y materiales serían castigados conforme los indican las leyes nacionales correspondientes.

 

Ernesto Zamora Chávez confirmó que la jueza Chamorro Martínez rechazó la participación policial precisamente el 24 de marzo de 1994, cuando se produjo “el ordeno” casi militar  del juez Castañeda para que se le entregase de inmediato los Apartamentos a Najman Perezdiez.

 

“A mí en lo personal, nunca me manifestó que además de necesitar protección ella, necesitaba apoyo de la fuerza pública, para el efectivo cumplimiento de la resolución judicial”, afirmó Zamora Chávez ante medios informativos de Managua y después ante la jueza Sexto del Distrito del Crimen de Managua, doctora Rosario Altamirano López.

 

Reveló Zamora Chávez que debido al “ordeno” de Castañeda, en marzo de 1994, la Estación III de Policía le ofreció dos agentes a la doctora Chamorro Martínez, pero que ella rechazó ese apoyo policial en forma reiterada.

 

Sin embargo, la jueza Chamorro Martínez se presentó a los Apartamentos Argüello, para ejecutar el desalojo violento (más incendio criminal), con 180 sujetos “contratados” por Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas, los cuales llegaron en camiones y armados con cuchillos, machetes, pistolas, varillas de hierro, palos, y además, con la gasolina que el propio Núñez Abarca llevaba en galones y usó para prender fuego en el Apartamento No. 1, el cual quedó totalmente quemado y de este Apartamento el fuego pasó al Apartamento No 2, quedando este parcialmente incinerado.

 

Esa misma noche del 14 de abril de 1994, la doctora Dinorah Parrales Parrales, abogada defensora de los ocupantes de los Apartamentos Argüello, hizo nuevamente un historial ante los investigadores policiales sobre todos los atropellos de que los ocupantes de los Apartamentos habían sido víctimas de estos maleantes: Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca, Juan Pablo Rivas, Horacio Calero y otros, desde 1992, cuando comenzaron los intentos de desalojo, las amenazas de muerte, el ponerle hasta precio de 10,000 dólares por la eliminación física de Julio Toribio Díaz, Wilmar Suárez y Juan Pablo Hernández, según las denuncias radicadas en la Estación III de la Policía y en varios Juzgados del Crimen de Managua.

 

La doctora Parrales Parrales en su declaración testifical de esa noche del 14 de abril de 1994, acusó ante la Policía, y después en el Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua, por los delitos de: Incendio intencional, asociación ilícita para delinquir, asonada, asesinato frustrado, lesiones, invasión de domicilio, exposición de personas al peligro, engaños a sus propios “contratados” para ejecutar el desalojo violento,  y otros estragos.

 

“Especialmente el delito de incendio intencional es un delito de orden público, que no admite ni fianzas”, advirtió la doctora Parrales Parrales en sus declaraciones testificales y de acusaciones ante los investigaciones y procesadores de la Policía Nacional, esa misma noche del 14 de abril de 1994.

 

 

 

En este relato, después de ocurrido el incendio criminal, para ilustrar a los lectores presentaré en estas páginas siguientes lo más esencial de las declaraciones ante investigadores y procesadores de la Policía de los 45 capturados (“contratados” por Frutos Chamorro para el “cargue” y “·descargue”), de las víctimas de los Apartamentos y de los testigos presenciales del violentísimo intento de desalojo e incendio en los Apartamentos 1 y 2.

 

Mientras tanto, presento aquí asimismo un resumen de los reportajes y sus titulares publicados por el Diario BARRICADA y El Nuevo Diario, al día siguiente. Cabe destacar que medios informativos radiales y televisivos publicaron inmediatamente el suceso del incendio criminal, lo que motivó una ola de condenas contra este grupo pandillesco y de mafiosos, al mismo tiempo se desató una oleada de solidaridad conmigo y con mi familia, más una condena unánime en contra de la conducta de la jueza civil Ruth Chamorro Martínez, cuya destitución le fue solicitada en forma reiterada a la Corte Suprema de Justicia.

 

Todo esto lo vamos a ver a lo largo de este librito histórico sobre este incendio criminal, cuyos autores quedaron en la impunidad total.

 

El Diario BARRICADA publicó la noticia a ocho columnas con el siguiente título: “Incendio Criminal”, más el siguiente sobretítulo: “180 hombres en violento intento de desalojo; queman casa de periodista de BARRICADA”. Se incluía este subtítulo: “Comandante Caldera: es una “acción pandillesca”; Pablo Emilio Barreto: querían asesinarme”.

 

El reportaje, firmado por Sergio Cruz y Juan José Lacayo, dice textualmente lo siguiente:

 

“Un grupo de 180 matones, contratados por Frutos Chamorro, irrumpió en los Apartamentos del kilómetro de la Carretera Sur y desalojaron con violencia a sus ocupantes. Como resultado de la brutal acción, dos casas—entre ellas la de nuestro colega Pablo Emilio Barreto—quedaron en cenizas, asimismo los enseres que habían en sus interiores.

 

“Esto es un acto criminal”, dijo Barreto al ver su casa totalmente quemada. La otra vivienda destruida pertenece a Julio Toribio, vecino de nuestro colega. La de Silvia Ortega resultó con daños parciales.

 

“De acuerdo con versiones de los testigos presenciales y vecinos, los 180 matones llegaron en dos camiones  a las cinco y media de la tarde, jefeados por Henry Núñez, un empleado de Frutos Chamorro. Estos—aseguraron los afectados—asaltaron el lugar, haciendo disparos al aire.

 

“El grueso se dirigió directamente al Apartamento donde se encontraba Anabelle Barrera, esposa de Barreto. Derribaron la puerta principal de la casa, y le gritaron que desalojara el lugar, con su hija de 10 meses.

 

“Me sacaron a empujones y empezaron  a regar gasolina por dentro y le pegaron fuego a la casa”, aseguró la señora que resultó golpeada.

 

“Frutos Chamorro, ubicado por BARRICADA vía telefónica, rechazó tajantemente que sus hombres fueran armados y rociaran gasolina adentro de la vivienda. “Que busquen casquillos en los alrededores, mis hombres no portaban armas”, dijo.

“Asimismo, aseguró que el incendio se produjo porque “alguien disparó desde adentro” de uno de los apartamentos. No voy a mandar a quemar mi propiedad”, insistió.

“Sin embargo, al filo de las nueve de la noche, en los alrededores de las viviendas, un perito policial –con el grado de Teniente y no identificado—encontró cerca de diez botellas de gaseosas y cervezas, llenas de gasolina y con un mechón. Presuntamente, en la huida las dejaron tiradas.

“Asimismo, de acuerdo con las investigaciones preliminares de los bomberos, el incendio se produjo por productos inflamables, como gasolina. Los expertos, de hecho, descartaron que ocurriera por un disparo desde el interior, lo cual tira por el suelo la versión de Chamorro.

 

Chamorro niega, los hechos refutan

 

“Cuando BARRICADA llegó al lugar, los habitantes sacaban lo que podían de sus casas. Cargaban lo más necesario, intentando salvar sus pertenencias del voraz incendio. Los habitantes y vecinos calificaron la acción de Chamorro como un crimen.

“El principal responsable de este criminal acto es el señor Frutos Chamorro, que mandó a esos salvajes a desalojarnos con fuego”, dijo Juan Pablo Hernández, habitante de los Apartamentos.

 

“Al lugar del siniestro se presentaron ocho unidades de bomberos, con un total de 32 hombres. Además, cerca de 30 cadetes de la Academia Walter Mendoza colaboraron a poner el orden y evitar el pillaje.

“Chamorro Argüello confirmó a BARRICADA que efectivamente contrató a los 180 hombres “para que fueran a desalojar a las personas que viven en mi propiedad”. A cada uno, dijo, le pagó 100 córdobas y en tono vulgar y altanero, añadió que “lo vuelvo a hacer”.

 

“Presuntamente, estos llegaron acompañados de la jueza Ruth Chamorro, “con una orden de desalojo”. Mientras tanto, afirmó que él se encontraba en una “asamblea de trabajo” en el Hotel Camino Real.

 

“Ellos (los habitantes) han desafiado las leyes y el orden de este país, esto no es nada político, es solamente el cumplimiento de la ley”, dijo Chamorro.

“Por la mañana, Chamorro envió una carta a nuestra sala de redacción, insistiendo en que las casas le pertenecen y anunciando la acción criminal… En resumen, los actuales ocupantes de los apartamentos no tienen títulos de propiedad, , no solicitaron solvencias de ley ante la OOT, y, por último, el Estado nunca confiscó ni administró cn ánimo de dueño dicha propiedad”.

“…El desalojo que próximamente estaremos realizando, se hace acorde con la ley expresada en la orden de desalojo emitida por las cortes competentes”, agregaba la misiva.

 

Caldera: grave precedente

 

Por su parte, el jefe de la Policía Nacional, Comandante de Brigada Fernando Caldera Azmitia, consideró que los incidentes ocurridos ayer fueron producto de un “estilo pandillesco de resolver las cosas, porque por mucha razón legal del reclamante, su actuación constituye una incitación a la violencia”.

Caldera afirmó que investigan minuciosamente el caso, y que no estaba clara  “la presencia de la jueza”, aunque “si se presentó, debió haber permanecido en el lugar”.

Se va a proceder, la Policía no hace desalojos, pero evita acciones violentas. Si hubo personas dentro de las viviendas al momento del incendio, es homicidio…la jueza debió acudir a la Policía”, agregó.

 

“Estos son graves precedentes y se van a tomar medidas, sentenció Caldera, al confirmar que la jueza Ruth Chamorro no solicitó la presencia policial”.

“Si se alega la existencia de una orden judicial, se debió haber solicitado formalmente la presencia de la Policía”, insistió Caldera.

 

“Las autoridades también averiguan si los matones llegaron armados y dispararon. Asimismo, si prendieron fuego a las viviendas. Se presume que hoy podrá darse una versión oficial de las investigaciones. Hasta el momento hay 45 detenidos en la Estación Tres y estos han confirmado que los contrató Núñez, empleado prófugo de Chamorro”.

 

 

Editorial del Diario BARRICADA

“Nuestra condena y solidaridad”, era el título

 

“Los actos de violencia ocurridos ayer, durante un intento de desalojo en la Carretera Sur, provocados por un grupo de 180 hombres contratados por el señor Frutos Chamorro Argüello, merecen nuestra más enérgica condena.

El incendio de las seis viviendas que puso en riesgo la vida de menores, y a la familia de nuestro compañero periodista Pablo Emilio Barreto,  constituye un acto criminal que envía un mensaje de terror a miles de familias sobre las que pende la amenaza del desalojo.

“BARRICADA se solidariza con las víctimas de la agresión, que han quedado en el desamparo, y demanda de las autoridades que realicen una investigación exhaustiva sobre todo lo ocurrido en el kilómetro once.

“Las primera evidencias recabadas en el lugar de los hechos, indican que el incendio en los apartamentos no fue provocado por disparos, sino por la acción de la gasolina aue fue rociada en el sitio. Es responsabilidad de las autoridades establecer con plena certeza cómo se produjo el incendio y quiénes son los culpables.

“Por otra parte, la utilización de fuerzas de choque, al margen de la autoridad policial, no se justifica bajo ninguna circunstancia. Ni siquiera  bajo el argumento de que se recurre a esas fuerzas para hacer cumplir órdenes judiciales. Todo uso de la fuerza, al margen de las autoridades policiales, se convierte en una incitación a la violencia. Peor aún, el vandalismo nunca podrá ser un medio legítimo para hacer cumplir leyes, y sólo provocará una respuesta igualmente violenta.

“Por eso, exhortamos también a las autoridades judiciales a investigar la actuación de los jueces que, como en el caso de la Carretera Sur, se prestan a justificar la utilización de  de medida de fuerza pandillescas, empujando a la sociedad al enfrentamiento y al desorden.

 

“El incendio provocado en los Apartamentos de la Carretera Sur representa un gravísimo precedente de violencia, que deben alertar a los pobladores para organizarse y autodefenderse. Pero a su vez, obliga al gobierno a no seguir postergando la promulgación de la ley que suspende los desalojos, y adoptar medidas adicionales para ofrecerle una protección efectiva a la ciudadanía, y evitar el caos”, concluye el Editorial de BARRICADA del 15 de abril de 1994.

 

En la edición del 16 de abril de 1990, BARRICADA nuevamente tituló a ocho columnas:

“Castigar a pirómanos”, con el sobre título de: “Ola de solidaridad con Pablo Emilio Barreto; indignación contra barbarie”.

Debajo del título principal un subtítulo: “45 detenidos, pero Frutos Chamorro sigue prófugo; Policía no ha llegado a buscarlo a su casa”.

En el centro aparecen dos fotografías, una donde se ve a cuatro ciudadanos removiendo escombros de lo que fue la casa de Pablo E. Barreto Pérez, más una foto inserta del rostro de la jueza Ruth Chamorro Martínez.

A la derecha del diario se lee otro título relacionado con el incendio:

“Doméstica salió entre las llamas.

“Queremos quemar vivo a Barreto”, aseguró uno de los pandilleros”.

 

Otro título a tres columnas: “Abogados: debe ser destituida

Con el sobretítulo: “Ruth Chamorro admite que llegó con los 180 matones”

Más un subtítulo: “Corte Suprema calla y capea el bulto. AN investigará el caso”

 

Debajo de estas informaciones y fotos, otro editorial, titulado:

“No a la impunidad”.

 

La información a ocho columnas, firmada por Juan José Lacayo y Jorge Katín,  dice lo siguiente:  “La Policía Nacional abrió causa y citó a Frutos Chamorro , Pablo Rivas Castro y Henry Núñez, como los principales responsables del violento intento de desalojo en la Carretera Sur, sin embargo, oficialmente ninguno de ellos ha sido arrestado, pese a que han transcurrido más de 24 horas desde que ocurrió el suceso.

BARRICADA se presentó anoche en la lujosa mansión que habita el señor Frutos Chamorro en la calle Los Cerros, de residencial Las Colinas, y el cuidador  confirmó que su patrón  no se encontraba. De acuerdo con una fuente cercana a la familia Chamorro, éste se encuentra oculto en casa de un familiar.

 

“Un vigilante que cuida la casa de una ciudadana italiana, vecina de Frutos Chamorro, afirmó que el matrimonio Chamorro pasó toda la noche del jueves en su casa, y que en horas de la mañana del viernes abandonaron la mansión de Las colinas, luego de leer la edición de BARRRICADA.

 

“El mismo vigilante aseguró que durante el día de ayer no se presentó ninguna patrulla de la Policía, ni ninguna otra autoridad, pese  a que el mismo Chamorro admitió en reiteradas ocasiones que fue él quien ordenó el desalojo y pagó a 180 matones para ejecutarlo.

“Se encuentra en Managua (Frutos Chamorro), donde un familiar, por temor a que le puedan llegar a hacer algo a su casa”, confió una fuente. “Está con su abogado y se presentará a la Policía cuando lo crea conveniente”, añadió.

En el Departamento Tres de la Policía ninguno de los mandos pudo precisar por qué aún no se la ha capturado.

El subcomandante Ernesto Zamora, jefe de la Estación Tres de la Policía Nacional, quien confirmó a BARRICADA que en dicha dependencia se encuentran 45 individuos que participaron en el acto vandálico, todos los cuales serán pasados a los tribunales comunes.

 

45 detenidos

 

Zamora  dijo que 36 de los 45 detenidos son originarios de Ticuantepe, los cuales fueron subcontratados por Pablo Rivas Castro, quien a su vez fue contratado por Henry Núñez, chofer y trabajador de Frutos Chamorro.

En tanto, el subcomandante Pedro Aguilar, confirmó a BARRICADA que encontraron casquillos de bala en los alrededores de los apartamentos incendiados.

El sujeto Gerardo Aburto Sevilla confesó ante la Policía haber contratado a 87 de los 180 hombres que incendiaron el jueves los apartamentos de la Carretera Sur, entre ellos el del periodista de BARRICADA, Pablo Emilio Barreto.

 

Siete de los detenidos—agregó Zamora—tienen antecedentes panales, y ayer continuaban  investigando si el resto de vándalos tienen expedientes en las diferentes estaciones policiales.

 

El jefe policial confirmó asimismo que a los detenidos se les capturaron 5 botellas de gasolina con mechones, tipo Molotov, seis armas blancas –puñales–, un machete, y distintos artículos y objetos que fueron robados de los apartamentos.

 

Zamora expresó que no lograron determinar  si los sujetos, durante el acto vandálico usaron armas de fuego, pero informó que la esposa de Barreto denunció que fue amenazada con un arma corta por el sujeto Henry Núñez, quien hasta ayer al medio día estaba prófugo de la justicia.

 

El jefe de la Estación Tres indicó que “desde hace una semana estaban organizando el desalojo”.

Sobre la actuación de la jueza Segundo Local Civil de Managua, Ruth Chamorro, Zamora expresó que ésta no solicitó apoyo policial para efectuar el desalojo. “Antes de Semana Santa, pidió ayuda, pero no la aceptó porque dijo que eran muy pocos policías asignados”, indicó.

Dirigentes del Movimiento Comunal Nicaragüense exigieron a la Policía Nacional “poner el mismo empeño (en esclarecer los hechos) que han puesto cuando se trata de reprimir y capturar a los trabajadores, cuando éstos protestan en demanda de sus derechos”.

La información sobre “Doméstica salió entre las llamadas, Queremos quemar vivo a Barreto, aseguró uno de los pandilleros”, firmada por Juan José Lacayo, dice lo siguiente:

 

“La joven Marcia Cabrera Lacayo, 20 años, la doméstica que ha laborado en la casa del periodista Pablo Emilio Barreto –incendiada la noche del jueves, por vándalos—aseguró a BARRICADA que abandonó el inmueble en medio de las llamas, mientras fascinerosos rociaban las paredes con gasolina”.

 

Cabrera Lacayo relató que estaba orando en el patio trasero del apartamento que ocupaba la familia Barreto, cuando un grupo de cerca  de quince hombres, cargando bidones de gasolina de veinte litros, y botellas con mechones, irrumpió en el lugar.

“Estaban enfurecidos y gritaban: ¡Queremos al hijo de p… de Pablo Emilio Barreto, y decían que lo querían quemar vivo, yo me metí rápidamente a la casa y ellos se vinieron detrás de mi. Mi intención era sacar  a la niña (pequeña Sofana, de diez meses), pero ya la habían sacado, y entonces pensé en sacar los pañales”, dijo todavía conmocionada la doméstica.

 

“Ellos se vinieron siempre  detrás de mí cuando entré a mi cuarto y rociaban las paredes de gasolina, a la vez que sacaban de las gavetas las alhajas de doña Anabelle (la esposa del periodista), se metían cosas en las bolsas y hasta la ropa de don Pablo”, añadió la empleada.

 

Señaló que la acción era dirigida por un sujeto que portaba un radiocomunicador, que posteriormente identificó como Henry Núñez—quien actúa como chofer y guardaespaldas de Frutos Chamorro—con el cual mantenía una agitada conversación, que la doméstica no pudo precisar.

 

“Núñez –añadió Marcia—expresó este es la casa que queremos quemar y arengaba a sus hombres a incendiar el inmueble diciendo que si después preguntaban, dirían que nosotros la habíamos quemado”.

 

“Yo no lo conocía a él –a Núñez- pero después pregunté a uno de los mismos hombres”, añadió la joven que aún ayer se mantenía escondida por temor a un atentado.

 

Marcia dijo que podría identificar a uno de los que regaba la gasolina y lanzaba fósforos para que el apartamento ardiera. “Es un hombre pelo canoso, viejón, si lo miro lo reconozco”, respondió segura. Uno de los tipos detenidos en la Estación Tres de la Policía, coincide con esa descripción.

 

Por su parte, la suegra del periodista Barreto, doña Ercilia de Barrera expresó: “Nosotros les suplicamos a los hombres que nos dejaran salir, nuestra principal preocupación era la niña. Ellos respondieron: háganlo rápido que tenemos urgencia de hacer este trabajito”.

Marcia concluyó su relato indicando que los vándalos la rociaron de gasolina y dio gracias a Dios, que no haya tomado fuego.

 

Una de las informaciones del Diario BARRICADA, de ese mismo día 15 de abril, titulada: “Pablo Emilio asegura: “Querían asesinarme”,  sobretitulada: “Amarrésmolo y después  lo matamos”, dijo el cabecilla del atentado.

Esa información dice lo siguiente_

 

“El periodista de BARRICADA, Pablo Emilio Barreto Pérez, visiblemente apesarado pro los daños causados a su casa, dijo que los agresores pretendían matarlo “sólo porque he denunciado los múltiples desalojos”.

 

“!Qué barbaridad , hasta dónde hemos llegado¡”, expresó Barreto, al observar que su empleada, Marcia Cabrera Lacayo, permanecía asustada, luego de que pretendieran quemarla viva durante los incidentes de la Carretera Sur.

 

 

“Barreto agregó que los delincuentes que llegaron a su casa, para amarrarlo y después ultimarlo, rociaron de gasolina a la muchacha.

 

“Ella confirmó que un hombre alto, pelo liso, de unos 48 a 50 años, que vestía una camisa rosada y pantalón azul, le lanzó un fósforo encendido.

“El colega de BARRICADA expresó  que un sujeto de nombre Henry Núñez encabezada la multitud de esquiroles, la cual llegó a quemar las casas de ese sector. “Era a mí, específicamente, a quien querían matar”, reiteró Barreto.

 

“Elvin Navarrete y Vicente González, vecinos de nuestro colega, escucharon decir a Henry Núñez al frente de decenas de personas: “Aquí vive ese hijo de p… de Pablo Emilio, amarrésmolo y después lo matamos…también a la Dinorah Parrales”.

 

“Barreto por años se ha destacado como periodista comunitario, y ha dado a conocer en  múltiples ocasiones los problemas que sufren los pobladores del país, así como los atropellos por parte de casatenientes y de la Alcaldía de Managua. Por ello ha recibido varios reconocimientos públicos”.

 

 

La información titulada: “Abogados: debe ser destituida”, firmada por Freddy Potoy, dice textualmente lo siguiente:

“La juez Segundo Local Civil, doctora Ruth Chamorro,  admitió a BARRICADA que estuvo en el desalojo que culminó con el incendio que destruyó los apartamentos en la Carretera Sur, pero no responsabilizó por los daños y delitos cometidos durante el incidente.

 

Chamorro estuvo en el lugar del incendio con 180 matones, y no pidió apoyo de la fuerza pública, para evitar alterar el orden público.

En este incidente, según abogados y jueces consultados, hubo exposición de personas al peligro, tentativa de homicidio, asociación para delinquir, daños a la propiedad. violación de domicilio, terrorismo, perturbación de la posesión y premeditación.

 

Chamorro durante una reunión hace tres semanas con jueces Locales y de Distrito del Crimen de Managua, pidió apoyo a sus colegas, y dijo que tenía una orden de desalojo contra Pablo Emilio Barreto, que ejecutaría con mucho gusto.

 

Visiblemente alterada, Chamorro dijo a BARRICADA que a las cinco de la tarde del jueves se fue con el apoderado legal de Jimmy Najman Perezdiez –nuevo propietario del inmueble–, “para entregarle el lugar “saneado” y otorgarle el acta de posesión”.

Estos Apartamentos, supuestamente, fueron vendidos por la empresa Inversiones y Desarrollos Globales S.A., que representa Frutos Chamorro Argüello.

 

La judicial  agregó que “estando en el lugar, doy la orden de desalojo, pero en ese momento, del apartamento dos alguien dijo  otra persona del apartamento seis, que dispararan a matar… y en el mismo apartamento dos empezó a salir humo”.

La desesperación provocó que Chamorro dejara en posesión al apoderado  legal de Najman, y levantaran acta en medio del incidente. “Cuando miramos ese peligro nos fuimos, porque podía convertirse en algo más complicado”, afirmó.

Chamorro no llegó acompañada de la Policía “porque la ley no me obliga a hacerlo; además, en una ocasión ya me pusieron una pistola y el policía, en vez de protegerme, cumplió órdenes de retirarse”.

 

Colegas la recriminan

 

Respecto a este incidente, jueces, procuradores y abogados coincidieron en que la jueza Chamorro es la única responsable del incendio criminal que devoró los apartamentos en la Carretera Sur, y “si se le comprueba responsabilidad en el hecho, debe ser destituida y procesada”.

 

El juez Segundo Local Civil de Managua, doctor Osvaldo Medrano Jiménez, lamentó

“la actitud criminal de ese desalojo, que aun cuando exista una resolución judicial, es ilegal si Frutos Chamorro no llegó acompañado de la Jueza y de la Policía”.

 

Medrano afirmó  que “los jueces deben tener mucho cuidado al momento de un desalojo para evitar estas situaciones. El Juez, cuando se constituye al lugar de desalojo, tiene que ir protegido por la Policía”.

 

El Juez Primero de Distrito del Crimen de Managua, doctor Germán Vásquez Carrasco, expresó que “este es un problema serio que se nos está saliendo de la manga de la camisa, y donde cada quien hace lo que considera pertinente ante el incumplimiento de resoluciones judiciales”.

 

Vásquez consideró que la jueza Chamorro debió constituirse al lugar utilizando la fuerza pública legalmente constituida, para no permitir que se alterara el orden público.

 

El Procurador de Justicia, doctor José Antonio Fletes Largaespada, escuetamente dijo que “si a la jueza se le demuestra que ordenó utilizar la violencia, podría ser destituida y abrírsele proceso, si tiene alguna responsabilidad”.

 

La doctora Margarita Romero Silva expresó que Chamorro “tenía que calmar los ánimos y no salir corriendo. Al ver la situación y correrse, creó un colapso. Ella no midió la consecuencias del desalojo”.

 

Romero agregó que  el juicio de “inmisión en la posesión” –figura jurídica aplicada—no la podía ejecutar Chamorro, pues esa sentencia la dictó el juez de Distrito, Encarnación Castañeda, y sólo otro judicial de igual jerarquía debía cumplirla y no una jueza local”.

 

“Ruth, a estas alturas, debería estar destituida de su cargo. De sobra son conocidas las arbitrariedades que ha cometido, y yo no sé por qué está allí todavía”, manifestó Romero.

 

Editorial: “No a la impunidad”, cuyo contenido dice textualmente:

 

“Veinticuatro horas después de ocurridos los actos de barbarie en la Carretera Sur, la ola de solidaridad espontánea con nuestro compañero periodista, Pablo Emilio Barreto, ha derivado en una exigencia unánime que se resume en una sola palabra: justicia.

 

“En BARRICADA compartimos el sentimiento de indignación ciudadana, al observar cómo alguien contrata 180 matones para desalojar con violencia, amenazar de muerte, rociar gasolina en las paredes e incendiar viviendas, poniendo en peligro  vidas humanas, y al día siguiente no recibe ningún castigo por parte de las autoridades.

 

“En el ataque de la Carretera Sur, Frutos Chamorro Argüello, actuó como promotor, instigador y financiador de un atentado, incurriendo en varios delito punibles: incendio, asociación para delinquir, exposición de personas al peligro, amenazas de muerte, etc. Por todo ello podría ser acusado criminalmente. Pero independientemente de ese eventual proceso judicial, las autoridades policiales tienen la obligación de realizar una detención inmediata, para que responda a la denuncia presentada por sus víctimas.

 

“Hasta ahora los únicos capturados son una parte de los autores materiales del delito. Mientras tanto, Chamorro Argüello –contratista confeso de los matones—sigue prófugo, desafiando a las autoridades al repetir con prepotencia que volverá a realizar un acto de desalojo con fuerza, escudado en el alegato de un reclamo de propiedad.

 

“Sin embargo, ningún litigio de propiedad –ni siquiera la existencia de un dudosa orden judicial—justifica ni puede minimizar la gravedad del delito y la ilegalidad del acto de terror perpetrado el jueves.

“Igualmente grave es la responsabilidad de la jueza Ruth Chamorro, que con su presencia en el lugar del incendio, al frente de los matones, confirmó  cuánto se ha desnaturalizado la función de la autoridad judicial.

 

“La Corte Suprema de Justicia no puede seguir guardando silencio sobre la actitud de esta Jueza, que al hacerse acompañar por una fuerza de choque, se convirtió en corresponsable de la violencia y del incendio criminal.

 

“BARRICADA, que ayer demandó a la Corte Suprema de Justicia una investigación sobre la actuación de la jueza Chamorro, hoy exige su inmediata destitución. Para la Corte es una decisión crucial, pues si no sienta un precedente de autoridad, terminará de desacreditarse como un Poder incapaz de infundir confianza en la justicia para frenar la violencia.

 

“El acto de vandalismo perpetrado durante el desalojo en la Carretera Sur no debe quedar en la impunidad. Aceptarlo sería una nueva invitación a la violencia, a una verdadera Ley de la selva, que sólo generaría una respuesta igualmente violenta, para asegurar que no se repitan las casas quemadas y la barbarie”.

 

 

 

Las informaciones periodísticas anteriores, las reseñadas arriba, las publicó BARRICADA en su portada o primera plana. Toda la portada fue ocupada por estas informaciones, y el Editorial, las cuales terminaban en páginas interiores del Diario BARRICADA.

 

Asimismo, en páginas interiores, de la misma edición del 16 de abril de 1994,  fueron publicadas otras informaciones sobre el mismo incendio criminal, tituladas:

 

“Periodistas condenan violencia,  con el sobretítulo de: “Incendio de apartamentos constituye una barbarie”. Entre los entrevistados aparecen en BARRICADA: Allan Téfel Alba, William Grigsby Vado, Manuel Espinoza Enríquez y Mario Fulvio Espinoza.

 

“Implicados dicen que fueron engañados, con un sobretítulo: “Alegan que desconocían que iban a un desalojo”,  más dos subtítulos: “Henry Núñez era el jefe de pandilla de pirómanos”. “También señalan a Pablo Rivas Castro ya Gerardo Ramón Aburto como los reclutadores”.

 

“Llueve solidaridad con Pablo Emilio Barreto”, dice otra información. “Asamblea (Nacional) investigará quema de apartamentos”, con el sobretítulo de: “Parlamento publicará próxima semana Ley contra desalojos”, y un subtítulo: “Demandan sancionar a jueza Ruth Chamorro”.

 

“Llueve solidaridad con Pablo Emilio”, era otro titular en páginas interiores del Diario BARRICADA, cuya información dice lo siguiente:

 

“La Unión de Periodistas de Nicaragua (UPN) denunció nacional e internacionalmente que la agresión que sufriera el periodista Pablo Emilio Barreto “no es una acción fortuita, sino una acción que pretende callar las voces de quienes desde los medios de comunicación, acompañan la lucha de los pobladores humildes por la defensa de sus propiedades”.

 

“La UPN convocó por medio de un comunicado a todos sus afiliados a solidarizarse con el colega Pablo Emilio Barreto  y su familia, que “fueron víctimas de un acto cobarde y criminal”, el pasado jueves.

 

“La organización gremial dijo que la casa de la UPN está a disposición para albergar al periodista. Hasta el día de ayer se encontraban en la sede de la UPN  una cocina, una vajilla, colchones, comedor y una meseta de noche, para ser entregadas a Barreto.

 

“El presidente de la Asociación de Periodistas de Nicaragua, Luis Mora Sánchez, envió un telegrama a Barreto, donde se “une al repudio por la acción vandálica en su contra, le ruego acepte mi solidaridad en este momento difícil”.

 

“Por su parte, el presidente de la Fundación Augusto C. Sandino, Edwin Zablah, mostró sus actos de solidaridad con el periodista Barreto, donando materiales de construcción para contribuir a la reconstrucción de su casa.

 

“El Comité de Dirección Departamental del FSLN de Managua, condenó “enérgicamente los hechos ocurridos el jueves pasado…que representan un gravísimo precedente de violencia. Si no queremos que se desate en el país una espiral de violencia incontrolable, estamos obligados a actuar en el contexto de las leyes del país y no permitir actos criminales”.

 

 

 

El Nuevo Diario por su parte, tituló  a ocho columnas, en su portada, el 15 de abril de 1990, al siguiente día del incendio criminal:

 

“Barbarie en desalojo”, con el sobretítulo de: “Incendian casa del periodista Pablo E. Barreto”, y debajo del título tres asteriscos: “* Don Frutos Chamorro acepta que él contrató a 180 hombres para hacer el desalojo.

 

*Llevaron baldes de gasolina y la regaron para incendiar las dos viviendas.

*Perdí lo que gasté en los hombres y además lo que me costaban las viviendas”,  dicen don Frutos.

 

Además, El Nuevo Diario publicó varias fotos en que se ven todavía los bomberos apagando el fuego en el Apartamento No. 1, y de cómo algunos vecinos ayudaban a salvar muebles del Apartamento No. 2, perteneciente a Julio Toribio Díaz.

 

Esa información mencionada, del 15 de abril de 1994, decía lo siguiente:

 

“Aproximadamente “180 delincuentes” pagados por Frutos Chamorro, según versión de los vecinos y afectados, prendieron fuego a la casa del periodista Pablo Emilio Barreto y de su vecino un señor de nombre Julio, después de realizar una serie de disparos con fusiles AKA y de quebrar salvajemente las ventanas con palos y hierros.

 

“Como producto de este acto de violencia, salieron lesionados tres niños y una anciana hipertensa que ya encuentran recibiendo tratamiento en un hospital de esta capital.

“Estos sujetos armados también de palos y bayonetas, causaron el pánico entre los 50 habitantes de los apartamentos situados en el kilómetro 11 de la Carretera Sur, quienes afirmaron que desde hace dos años vienen teniendo problema con el  señor Frutos Chamorro

 

Colapso del conflicto se concretó ayer a las cinco y 40 minutos de la tarde, cuando el jefe del “comando prodesalojo”  se presentó con lujo de violencia a la casa del colega periodista.

 

Gasolina en baldes

 

“Cuando el equipo de El Nuevo Diario se hizo presente al lugar de los hechos constató todavía la presencia de la gasolina que los individuos regaron en los pies de la empleada  de Barreto, la que según dijo el combustible fue llevado en dos baldes por los sujetos que asaltaron el lugar.

 

“Marcia Cabrera, nombre de la empleada de Pablo Emilio Barreto, dijo que los sujetos además de amenazar a su patrona, a quien la hicieron salir con su hijita (Sofana) de diez meses en brazos bajo la lluvia de balas, también se robaron varias prendas de valor.

 

“El sujeto que comandaba a los delincuentes pagados por Chamorro, llegó a bordo de un Jeep Suzuki plomo, el cual llevaba una calcomanía de Rally Ecológico y portaba un Walkie talkie con el que dirigía la acción vandálica.

 

“A este individuo lo describieron como regordete, moreno y medio canoso y aseguran que vestía camiseta roja y pantalón negro. Carlos Sáenz, vecino de Pablo Emilio Barreto, manifestó que los sujetos llegaron en dos camiones y que al mirar la acción que estaban realizando, optó por salir al auxilio de la señora que salía con su tierna hija en brazos bajo las balas.

 

Llega la Policía

 

“No obstante, este ciudadano también fue encañonado por los sujetos y amenazado de muerte si insistía en estropear el operativo.

 

“Afirma este señor que los  sujetos salieron con los dos baldes en que llevaron la gasolina en la mano y se dieron a la fuga cuando empezó a hacer presencia la Policía; sin embargo aproximadamente 40 individuos fueron capturados y ya se encuentran guardando prisión.

 

Habla Pablo Emilio

 

Barreto, principal afectado de esta acción, calificó el hecho como “una venganza” en su contra por la serie de publicaciones que en su calidad de periodista ha venido realizando contra los desalojos ilegales que se han dado en todo el país”.

 

“La intención concreta era la de incinerar a toda mi familia y mi acusación principal es por intento de infanticidio ya que en estos apartamentos hay muchos niños”, señaló.

“Al sitio de los hechos se hizo también presente, además de la solidaridad periodística, Enrique Picado, Coordinador del Movimiento Comunal, quien manifestó que doña Violeta no ha sancionado la Ley contra desalojos aprobada por la Asamblea Nacional para que la ley entre en vigencia.

 

“Comentó este conocido dirigente que la presión del pueblo debe empezar ya, para que a más tardar mañana quede resuelto y se frenen los hechos vandálicos contra familias nicaragüenses como el ocurrido ayer.

 

Llamado a la Asamblea Nacional

 

“Hago un llamado también a la Asamblea Nacional para que mande a dictar la ley mañana mismo si es posible”, agregó el dirigente comunal.

“Para Picado esta acción es dirigida, con la diferencia que Chamorro, al igual que muchos más, están formando brigadas “prodesalojos” con delincuentes que recogen en el Mercado Oriental.

 

“Este dirigente comunal hace un llamado al país para que fortalezcan las Brigadas  contra desalojos, para que la población no continúe permitiendo tragedias como la ocurrida en la casa de Barreto.

 

“Recomendó también a las autoridades de Migración a no dejar salir del país a este criminal; así también hizo un llamado a la Policía para que cierre las fronteras a fin de que este hecho de violencia no quede impune.

“Agregó Picado que con la solidaridad nacional es posible restituir el hogar de Barreto y de su vecinos, los cuales fueron totalmente devorados por las llamas.

 

Habla Frutos Chamorro incendiario criminal

 

“Por su parte el señor Frutos Chamorro manifestó a END que es verdad que él  contrató a 180 hombres para que junto con la jueza Ruth Chamorro realizaran hoy el desalojo.

 

Agregó que en ningún momento hizo presencia física al lugar de los hechos, ya que asegura que él se encontraba en esos precisos momentos en el Hotel Camino Real.

“Asimismo, negó rotundamente haber enviado hombres armados y afirmó que los 45 hombres capturados por la Policía, hoy temprano saldrán libres y que mañana mismo acordará con la jueza cuándo y a qué hora vuelven a realizar, en la misma dimensión, el desalojo.

 

“Del mismo modo,  acusó a Pablo Emilio de ser el causante de la tragedia, señalando que fue él el primero en oponerse junto a un grupo de hombres para que no se consumara la acción.

 

“Agregó: “El que más ha perdido en todo este he sido yo, ya que los intentos de desalojo realizados  anteriormente me costaron 40 mil córdobas y este último 45 mil. Ahora perdí lo que me costó contratar a los 180 hombres, más el costo de las viviendas”.

 

En la edición del 16 de abril de 1994, a ocho columnas, en titulares de dos líneas con letras grandotas, El Nuevo Diario tituló:

 

“Ordenan la captura de Frutos Chamorro”, con el sobre título: Detenidos 45 secuaces del piromaníaco”. Debajo del título tres asterisco que dicen: “*Henry Núñez dirigió la quema obedeciendo órdenes que daba por Walkie talkie (radiocomunicador) don Frutos.

 

“*Fueron a Ticuantepe a contratar hombres para “el trabajito”

“*Reunieron a los 180 en el parque y les ofrecieron transporte y 30 córdobas cada uno”.

 

La información publicada por El Nuevo Diario, dice:

“La Policía Nacional decidió capturar a Frutos Chamorro, Henry Núñez y Juan Pablo Rivas, señalados de ser los responsables  del siniestro criminal en contra de los apartamentos del kilómetro 11 de la Carretera Sur, informó  el subcomandante Ernesto Zamora, jefe de la Estación Tres.

 

“Tenemos 45 personas detenidas. Falta la captura de Frutos Chamorro, Henry Núñez y Pablo Rivas, para remitir el caso a los tribunales. Estamos reuniendo los trámites legales para su detención”, expresó el subcomandante Zamora.

 

“El jefe policial dijo que la detención de los arriba mencionados se realizaría basada en declaraciones públicas de Frutos Chamorro a diferentes medios de comunicación en donde acepta haber contratado gente para realizar el desalojo.

 

Frutos dirigió incendio

 

“Mientras tanto, , los detenidos alegan que fueron contratados  por treinta córdobas para un trabajo de “cargue y descargue” y que en ningún momento les hablaron de incendiar viviendas.

 

“No obstante,  uno de los encargados para contratar gente para ese “trabajito”, Gerardo Ramón Aburto Sevilla, reveló que Frutos Chamorro daba instrucciones desde el Hotel Camino Real, a través de un Walkie talkie, a Henry Núñez, quien fue el que dirigió el incendio.

 

“Aburto Sevilla, uno de los 45 detenidos, precisó que Henry Núñez, se comunicó  durante los hechos con Frutos Chamorro, “lo trataba de jefe, le informaba todo lo que ocurría y recibía instrucciones.

 

Desalojo planificado días antes

 

Gerardo Ramón Aburto fue señalado por los detenidos y sus familiares de haber llegado a Ticuantepe días antes del incidente a buscar gente “que quiera trabajar”.

 

“El jueves, un hombre (Aburto) llegó a Ticuantepe a eso de las diez de la mañana en una bicicleta  ofreciendo 30 córdobas para un “trabajito” de dos horas en donde iban a cargar y descargar unas cosas”, dijo doña Miriam Reyes, madre de Manuel Salvador Reyes, otro detenido.

 

“La señora sostiene que el hombre reunió a la gente en el parque  a la una y media de la tarde. “Muchos llevaron pantalones cortos y hasta pichingas de agua, pero que jamás se imaginaron la clase de trabajo que harían”.

 

“Gerardo Ramón Aburto aceptó que contrató gente por instrucciones de Juan Pablo Rivas Castro, jefe de vigilantes de Las Colinas, Belmonte, Los Robles (Pancasán) y Lomas de Monserrat.

 

“El me dijo que era un trabajo de cargue y descargue. Que necesitaba por lo menos 100 hombres y nosotros logramos contratar a 87 personas, todos originarios de Ticuantepe”, dijo Aburto.

 

“Aburto expresó que el jueves salieron de Ticuantepe a las cuatro y media de la tarde en un camión y cerca de Las Colinas los esperaba otro camión y un Jeep Suzuki, conducido por Henry Núñez, quien andaba un Walkie talkie y “era el que mandaba”.

La caravana incendiaria se dirigió directamente al kilómetro 11 de la Carretera Sur en donde iniciaron la acción criminal por todos conocida.

 

45 detenidos, bombas “molotov” y armas blancas

 

“En el mismo orden, la Policía Nacional informó que como consecuencia del incendio criminal fueron capturados 45 sujetos; se encontraron  cinco bombas “molotov” (incendiarias), seis armas blancas (puñales), un machete corto y varias cosas robadas.

 

El Subcomandante Ernesto Zamora, jefe de la Estación Tres de la Policía Nacional en Managua,  dijo que  de los 45 detenidos – en su mayoría de Ticuantepe–, siete poseen antecedentes delictivos.

 

“Zamora señaló que los detenidos fueron contratados  por Juan Pablo Rivas Castro, quien a su vez fue  contratado por Henry Núñez, chofer y guardaespaldas de Frutos Chamorro.

 

Informó que en las próximas horas los detenidos pasarán a la orden del Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua, a cargo de la doctora Rosario Altamirano.

“De acuerdo al jefe policial, “tenían una semana de estar organizando el desalojo y que todos los participantes sabían a lo que iban”.

 

Los detenidos

 

Hasta el momento de redactar esta nota, los detenidos son: César Augusto Cardenal Caballero, Guillermo Zelaya Guido, José Cardenal Caballero, César Centeno López, Sebastián Canda Hernández, Pablo Rivera Pineda, Ulises López Gómez, Manuel Reyes Leiva…

Domingo Sinclair Martínez, Roberto Cardenal Caballero, Marvin Cerna Gómez, Miguel Cardenal Caballero, Ernesto Ruiz Pérez, Nelson Vanegas Reyes, Eduardo Avendaño Olivares, Salvador Cardenal Caballero, Marlon García López, Uriel Guido Bojorge, Manuel Castillo Gómez, Francisco Velásquez Sánchez.

 

 

(falta incluir el listado)

 

 

Otra información en páginas interiores del Diario BARRICADA, titulada: “Implicados dicen que fueron engañados”, con el sobretítulo de: “Alegan que desconocían que iban a un desalojo”, más dos asteriscos: *Henry Núñez era el jefe de la pandilla de pirómanos; *También señalan a Pablo Rivas Castro y a Gerardo Ramón Aburto como los reclutadores”.

 

El texto de esa información, firmada por Juan José Lacayo, dice lo siguiente:

“Los implicados en el incendio de los apartamentos del kilómetro 11 de la Carretera Sur, detenidos en la Estación Tres de la Policía afirmaron que fueron engañados porque los contrataron para cargue y descargue de un camión.

“Julio César Cardenal, Carlos José Murillo y Julio César Cardenal, algunos de los implicados, aseguraron que desconocían que  iban a un desalojo y que les habían ofrecido una paga de 30 córdobas.

 

“Esta versión fue ratificada igualmente por familiares de los detenidos que ayer estaban en las afueras de la Estación Tres, entre otras, Esperanza Treminio, Paula Ampié Ortíz, Gregoria Calero y Miriam Reyes.

 

“En tanto, Gerardo Ramón Aburto, señalado por la Policía como el reclutador  de 87 hombres de los que participaron en el incendio,  dijo que fue contratado por Pablo Rivas Castro, que tiene  una empresa de CPF que resguardan Las Colinas, Altamira y otros Repartos.

“Rivas Castro le planteó que buscara gente para cargar y descargar un camión, le pidió que le levantara una lista y ofreció pagar treinta córdobas a cada elemento.

 

El regó la bola y nos hicimos como 90 y esperamos el camión que nos llegaría a traer en el parque Juan Ramón Padilla de Ticuantepe. A cambio del reclutamiento, Rivas le ofreció a Aburto la posibilidad de un empleo fijo de CPF”.

 

“Dijo que cuando llegaron a Las Colinas estaba otro camión estacionado y un jeep Suzuki, en el cual se encontraba Henry Núñez, con un Walkie Talkie comunicándose con Chamorro.

“Cuando llegaron a los apartamentos, Núñez le dijo que el trabajo no era  descargar camiones sino sacar de las viviendas los enseres, por lo cual –según Aburto—protestaron.

 

“No obstante, Núñez aseguró que tenían orden judicial y que cumplieran con la orden si querían recibir pago.

 

“Señaló que ya algunos hombres estaban en el apartamento de Barreto sacando cosas, cuando e otro sitios comenzaron a dispararles, por lo  que salimos en desbandada. Le exigimos a Núñez que nos pagara pero se negó en medio del alboroto”.

 

“Oímos una explosión, dentro del apartamento había gente de nosotros, vimos las llamas, mientras Núñez se comunicaba con Chamorro”, dijo Aburto.

“Nosotros no nos corrimos porque no tuvimos nada que ver, fuimos engañados por Núñez y Chamorro, ellos tienen que aclarar este asunto”, replicó.

 

Mientras tanto, peritos de la Dirección General de Bomberos, adscrita al Ministerio de Gobernación, confrontaban su peritaje técnico con el de la Policía para determinar las causas del incendio.

 

“Hasta ahora los bomberos lograron determinar que el fuego comenzó en el  cuarto de la empleada de Pablo Emilio Barreto. El subteniente Marvin Largaespada informó que en el sitio recogieron muestras que estabas siendo analizadas en los Laboratorios de la Policía Nacional, para determinar si el fuego lo provocó algún combustible”.

 

En la misma edición del 16 de abril, en páginas interiores, hay otra información titulada: Garantizar seguridad ciudadana, con el sobretítulo de: FSLN exige.

Esa información señala:

 

“La Dirección Nacional del Frente Sandinista de Liberación Nacional manifestó ayer su preocupación por la “vertiginosa escalada de conflictos violentos que están aflorando en la sociedad nicaragüense, sin que hasta el momento el Gobierno de la República demuestre intenciones de hacer cumplir las normas mínimas que supone deben imperar en un Estado  que se autodefine como de Derecho.

 

“El último desalojo se convirtió en un hecho criminal, ya que además de contratar a una agrupación paramilitar, agredieron a quienes habitan en los inmuebles e incendiaron la casa del periodista Pablo Emilio Barreto”, denuncia el comunicado, añadiendo que  esto se suma  a la ola de secuestros, extorsiones y asesinatos de que son víctimas los productores”.

 

En su página tres, el Diario BARRICADA del 16 de abril, publicó numerosas informaciones, entrevistas y reportajes sobre el mismo tema del incendio criminal, entre otras, esta titulada: “Asamblea investigará quema de apartamentos”, con el sobretítulo: “Parlamento publicará próxima semana Ley contra desalojos”, más el siguiente asterisco: *Demandan sancionar a jueza Ruth Chamorro”.

 

En esa información, firmada por Jorge Katín, se lee lo siguiente:

 

“La Asamblea Nacional investigará los sucesos del jueves por la tarde, cuando una agrupación de 180 individuos atacó a varias familias, provocando un incendio que destruyó dos viviendas en el kilómetro once de la Carretera Sur.

 

“Una amplia mayoría de diputados de la Asamblea Nacional repudió la acción que culminó con la quema de dos apartamentos, uno de ellos habitado por el periodista Pablo Emilio Barreto.

 

“La Bancada Sandinista emitió un comunicado, demandando que los autores materiales e intelectuales, sean procesados y se les aplique la Ley. Asimismo, abogaron para que la Ley contra desalojos sea promulgada de inmediato por el Poder Ejecutivo.

“De igual manera, la Bancada del FSLN, demandó que la Cortes Suprema de Justicia investigue la actuación de la jueza Ruth Chamorro, quien admitió haber  estado en el lugar del incidente.

 

“La Dirección Nacional del FSLN también repudió lo que calificó  de “hecho criminal”, y denunció, además, que hechos como los del jueves se repitan en la zona de Occidente y Norte del país.

 

“Mientras se desarrollaban los debates sobre el Código del Trabajo, los parlamentarios no pudieron evadir referirse al tema, e inició la discusión el diputado Omar Cabezas, quien argumentó que sucesos como los del jueves (14 de abril), donde la justicia brilló por su ausencia, era una  clara invitación a que los ciudadanos se defiendan con sus propias manos.

 

“La parlamentaria, Azucena Ferrey, pidió cordura, y solicitó a la Junta Directiva que nombre una Comisión para que investigue  los pormenores del violento incidente.

“La Junta Directiva de la Asamblea designó a la Comisión de Derechos Humanos, para que investigue de manera imparcial lo que sucedió esa tarde, y presente un informe antes del próximo miércoles.

 

“De igual manera, los parlamentarios criticaron la actitud de la presidenta Chamorro, quien no ha sancionado la Ley  de Suspensión de Desalojos, a pesar de haber sido aprobada por el plenario desde antes de las vacaciones de Semana Santa.

“La Junta Directiva resolvió, según informó el segundo secretario, Ray Hooker, enviará a publicar dicha Ley la próxima semana.

 

“El conservador Edmundo Castillo, quien fue el diputado que más fervientemente se opuso a la aprobación de la mencionada Ley, admitió que el acto ordenado por el señor Frutos Chamorro, era “primitivo”.

 

“Independientemente de que él tenga razón, jamás debió haber recurrido a ese acto, que no puede ser sino calificado de primitivo”, agregó Castillo.

“El Movimiento Comunal envió sendas cartas a los presidentes de los poderes Legislativo y Judicial, exigiendo la destitución de la jueza Ruth Chamorro, “principal instigadora problemática”, según los dirigentes comunales.

 

“Por otra parte, el presidente de la Corte Suprema de Justicia, doctor Orlando Trejos Somarriba, se negó a pronunciarse sobre la actuación de la jueza Chamorro, aduciendo que estaba enfermo, y que con sólo preguntarle sobre ese tema “ya le estaba doliendo la cabeza”.

 

Otro de los magistrados consultados alegó que sólo se podría pronunciarse una vez que exista una queja formal contra la mencionada jueza.

“Un funcionario judicial, que pidió el anonimato, aseguró que de comprobarse la presencia de la doctora Chamorro durante el desarrollo vandálico, “le podría costar el cargo”.

 

Los Diarios BARRICADA y El Nuevo Diario publicaron decenas de informaciones y reportajes en los días siguientes, y voy colocar algunas de estas notas informativas en la medida en que vaya desarrollando sobre cómo se fueron desarrollando las investigaciones policiales y judiciales en contra de estos jefes matones, incendiarios, asesinos frustrados, alteradores del orden público, asociados para delinquir, expositores de personas al peligro, sujetos violentísimos llamados: Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas Castro, con los cuales actuó activamente y en complicidad la jueza Ruth Chamorro Martínez.

 

(Ampliación de informaciones de periódicos)

 

 

Debo explicar que en esta parte de este escrito o libro iré colocando resúmenes, lo más esencial, de declaraciones de ofendidos (víctimas del incendio criminal), de los testigos  y vecinos, de la doctora Parrales Parrales y de los 45 capturados por la Policía Nacional mientras estaban ejecutando el desalojo violentísimo, el incendio criminal y los intentos de asesinato en mi contra. Estas declaraciones se produjeron ante procesadores e investigadores de la Policía Nacional y en el Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua,  cargo de la doctora Rosario Altamirano López.

 

Cuchillos, rociado de gasolina, bombas molotov. Fósforos e ¡incendio¡

 

Comienzo con Carlos Alberto Cardenal Vicente, uno de los 45 capturados en el lugar del incendio:

 

“…agarré un cuchillo de los que andaban en el camión y también Julio César que es mi hermano agarró un cuchillo y nos metimos los cuchillos en la cintura, y miré que Richard andaba un galón color blanco con gasolina y otros que estaban con él comenzaron a llenar unas botellas de cerveza, y entró Richard a la casa y a la misma señora que estaba dentro comenzó a echarle gasolina en los pies, y en toda la casa y se fue a uno de los cuartos de en medio de la casa y con un fósforo le prendió fuego”, informó Cardenal Vicente en la Estación Tres de la Policía Nacional, según su declaración , registrada en el folio No. 247 del expediente del Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua.

 

Continúa la declaración de Cardenal Vicente: “Estábamos viendo el fuego cuando llegó la Policía y como los miré, saqué el cuchillo y lo boté en la calle para que no me lo encontraran, y mi otro hermano de los que andaban ahí como miró a la Policía botó un garrote que andaba en las manos, y ya en ese momento Richard se fue en su Jeeps y nosotros nos quedamos, quedando toda la casa quemada, y fue que ya después nos llevaron a la Unidad de Policía”.

 

Ruta de 180 matones hacia desalojo e ¡incendio¡

 

Gerardo Ramón Aburto Sevilla, uno de los 45 capturados, en los folios 186, 187, 188 y 189 del expediente:

 

“El día jueves 14 de abril del presente año, Pablo (Juan Pablo Rivas Castro) se volvió a presentar en mi casa a esos de las siete de la mañana. Como yo lo estaba esperando, hablé con él, y me dijo que había un trabajo de carga y descarga de unos camiones, pero que tenía que recoger a alguna gente que estuviera desempleada, más o menos unos cien hombres.

 

“Sobre el pago, él me dijo que a los hombres les tenía que ofrecer treinta córdobas por el rato trabajado y que se les iba a poner el transporte, y a mí como paga me ofreció los mismos treinta córdobas. Ese mismo día, yo salí de la casa como a las ocho de la mañana y me dirigí hacia el callejón a buscar a un conocido mío que es un señor que conozco de cara solamente pero que sé que está desempleado, y le dije que si quería trabajar en un cargue y descargue en Managua. El señor me dijo que sí iba a ir, pero me dijo que cuánto pagaban y le dije lo que me había dicho Pablo, que treinta córdobas, y me dijo que estaba bien.

 

También que si tenía algunos conocidos que estuvieran sin empleo, que también les avisara. Luego me fui al centro de Ticuantepe y busqué a un conocido mío que se llama Orlando. A éste le hice la misma proposición y aceptó, y además le iba a preguntar por otros conocidos suyos; entonces le dije que nos viéramos en el Parque a la una de la tarde.

 

“Así anduve en varias partes de Ticuantepe, buscando gente para el trabajo de cargue y descargue, y citándolos para la una de la tarde, en el Parque. A la una de la tarde del mismo día me fui al Parque, que está casi al frente de mi casa; ahí ya habían reunidos unos sesenta hombres. A esa hora aproximadamente llegó Pablo (Juan Pablo Rivas Castro) en un carro color celeste, que es de su propiedad, se bajó del mismo y me dijo  que había muy poca gente, y que mejor iba a regresar a las tres de la tarde para traer el camión y trasladar la gente hacia Managua.

 

“Ahí mismo me preguntó que si tenían algún cuaderno par3a anotar a la gente y así poder pagarle ordenadamente; le respondí que sí tenía y me fui a traerlo a mi casa. Comencé a anotar a los que ya estaban ahí, cuando dieron las tres de la tarde ya habían unos setenta y ocho hombres. A esa hora llegó Pablo  en un  camión blanco, marca Volvo, con cajón de tipo hielera, cerrado completamente, a excepción de la puerta trasera.

 

“Pablo se bajó del camión y dio la orden de montarse en el mismo. Yo me subí atrás con toda la gente. Salimos hacia La Borgoña (sitio en el interior de Ticuantepe) a traer a seis hombres más. Se subieron y luego nos regresamos a la ruta hacia Managua.

 

“Salimos de Ticuantepe y no nos detuvimos sino hasta llegar a la entrada de Las Colinas (Reparto de Managua). Ahí se subieron unos diecinueve hombres que había conseguido Sergio en Esquipulas. Eso fue lo que dijo Pablo.

 

“Ahí se encontraba otro camión, con gente también, pero del Reparto Schick. El camión era igual al que nos traía a nosotros pero más grande. Salimos hacia Managua los dos camiones y un Jeep Suzuki, en el que venía Henry Núñez, quien venía dirigiendo la actividad y se adelantó a los camiones para dirigirlos hasta el lugar donde se realizaría el cargue y descargue.

 

¡Jefe de matones comienza el incendio¡

 

“Henry Núñez es guardaespaldas de Frutos Chamorro. Cuando llegamos al lugar, los vehículos pasaron de viaje y como a unos quince metros de la casa dieron la vuelta, deteniéndose hasta llegar a unos cincuenta metros de la casa hacia el Norte de la misma.

 

“Ahí Henry Núñez dio la señal de bajarse a la gente. Todos nos bajamos de los dos camiones. Cuando la gente se empezó a bajar de los camiones, Henry Núñez comenzó a caminar hacia la casa, pero en el trayecto algunos le preguntaron a Henry Núñez, que dónde estaba lo que se iba a cargar, a lo que Henry respondió que lo que se iba a hacer era sencillo, que no creyéramos que era a cargar sacos ni nada por estilo, sino, íbamos a sacar los muebles de la primera casa de la izquierda, pero a la gente le dio miedo, y le dijeron a Henry que eso no lo iban a hacer porque podían haber problemas.

 

“Entonces Henry se sacó unos papeles de la bolsa de la camisa y nos dijo a todos que esos documentos eran la autorización del Juez y que no había problemas; que además, no había gente en la casa. Henry se adelantó y entró al patio del centro de la casa de los apartamentos, y nos indicó que procediéramos a sacar los muebles de la casa (de Pablo Emilio Barreto).

 

“Empezamos a sacar cosas de la casa, cuando de una de las residencias del frente, en los mismos apartamentos, oí que quebraron un vidrio y luego hicieron unos disparos en ráfagas cortas y en tiro a tiro. Los disparos venían hacia donde estábamos nosotros y hacia donde estaba Henry Núñez.

 

“Al ver eso nosotros, salimos corriendo, pero Henry Núñez ni se movía, como seguro  de que a él  no le iban a dar los tiros, e inmediatamente se puso a hablar por un radiocomunicador, y como hablaba fuerte se oía que decía que la situación se habían puesto fea y que nos estaban disparando proyectiles de AK. Esto se lo estaba comunicando a Frutos chamorro y le decía “jefe”, que la cosa estaba demasiado peligrosa y que podían herir  a algunos de los “trabajadores”.

“…pero como la balacera se había calmado, Henry Núñez dijo que continuáramos “trabajando”, que si no lo hacíamos no nos iba a pagar. Entonces, continuamos sacando cosas (del Apartamento No. 1, de Pablo Emilio Barreto).

 

“Cabe mencionar que Henry Núñez había llegado acompañado de cuatro sujetos desconocidos que viajaban con él en el Jeeps y que uno de ellos llevaba un saco macén. Esto era desconocido completamente, al igual que los otros tres sujetos, pero cada uno de ellos cargaba un bolso grande de colgar. Estos sujetos se bajaron del Jeeps y se metieron por el extremo derecho de los apartamentos, pero no me fié en realidad, dónde se metieron, porque no los volvía a ver durante el desalojo de la casa.

 

“Durante las explosiones de humo, Henry Núñez habló por el radio y como si estuviera hablando con la Policía y les estaba comunicando que habían provocado un incendio, y nos hizo creer que la Policía ya venía en camino.

 

“En ese momento, Henry Núñez nos dijo que nos íbamos a retirar y se dirigió adonde tenía aparcado el Jeeps, color plomo, marca Suzuki, con franjas de colores en los costados, sin capota, con un número en una de las puertas, pero no me fijé en el número.

 

“Henry Núñez nos dijo que nos estuviéramos ahí hasta que llegaran los camiones, que él los iba a llamar, pero arrancó y se fue, pero se detuvo cuando vio que una patrulla de la Policía había llegado, y le sacó la orden supuesta del juez y se la dio a un policía moreno, alto y le explicó que todo estaba en regla y el policía se quedó con  los papeles.

 

“Entonces, Henry Núñez se regresó hasta su Jeeps y dijo que ya regresaba y que iba a traer los camiones, pero se fue de viaje y ya no volvió, los camiones también se habían ido.

 

“Ahí fue que los policías nos dijeron que estábamos detenidos y empezaron a registrarnos a todos, encontrándonos cuchillos a algunos de que andaban en el grupo, pero no puedo precisa a quienes porque realmente no me fije  quiénes o a quiénes les hallaron cuchillos, porque como el trabajo era de cargue y descargue, yo a nadie le dije que llevara cuchillo o ninguna otra arma.

 

“Luego nos trajeron  a la Policía en un microbús, donde por olvido se me quedó el cuaderno donde había anotado los nombres de todos los hombres que venían conmigo desde Ticuantepe, y de los cuales a uno de ellos que no preciso quien sea, le fue encontrada una pistola alargada, con una cacha menuda y al parecer antigua, pero el hombre dijo que la había sacado de la casa vecina, adonde habían ido a ayudar a sacar las cosas”.

 

Esta fue parte de la larguísima declaración de Gerardo Ramón Aburto Sevilla, de Ticuantepe, quien como se ve fue quien más reclutó gente para completar los 180 matones, a quienes contrataron Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas, para efectuar el desalojo violento e incendio criminal en los apartamentos del kilómetro once Sur.

 

El mismo Aburto Sevilla en declaraciones a periodistas capitalinos y la mayoría de los 45 capturados en el momento mismo del incendio criminal, aseguraron que fueron engañados por estos vándalos criminales de apellido Chamorro Argüello, Núñez Abarca y Rivas Castro, quienes los fueron a buscar a Ticuantepe, Reparto Schick y Barrio Pablo Úbeda, bajo la condición de que estuvieran desempleados y que aceptaran una paga de 30 córdobas por cargue y descargue de unos camiones.

 

Ya indiqué que voy a colocar una resumen muy breve, lo más esencial, de las declaraciones de estos 45 capturados, de testigos y ofendidos o víctimas, para que los lectores queden claros de cómo se produjo este hecho incendiario, criminal, en medio de la campaña del gobierno derechista, neoliberal, conservador, proyanqui y prosomocista de Violeta Barrios de Chamorro, quien en alianza con antiguos propietarios somocistas confiscados por el régimen revolucionario sandinista, estaban en aquel momento (entre 1990 hasta el 2007) en abierta promoción de desalojos individuales y masivos en contra de 350,000 familias que había sido beneficiadas con lotes, casas y tierras mediante las Leyes 85, 86 y 88.

 

UN pedacito de la declaración de José Eugenio Cardenal Caballero, uno de los 45 capturados:

 

“Cuando llegamos, Henry y Gerardo, nos dijeron que nos bajáramos de los camiones y que sacáramos las cosas que se encontraban en las casas, por lo que el primero que entró a la casa de la izquierda (…de Pablo Emilio Barreto) fue Henry Núñez, quien posteriormente salió de la casa y nos dijo que no nos preocupáramos  que ellos tenían órdenes de la Policía y de la juez para sacar las cosas de la casa, y cuando nos dijo esto yo me metí al interior de la casa, en donde saqué una mesa con un compañero.

 

“Posteriormente, cuando iba sacando la mesa, escuché una ráfaga de tiros y Henry Núñez dijo que no nos corriéramos, que no tuviéramos miedo, y cuando este hombre estaba diciéndonos esto, yo lo vi que estaba con un galón de gasolina en la mano, y penetró de nuevo a la casa, y nos dijo que nos saliéramos todos del interior de la casa, que la cuestión se estaba poniendo fea, y cuando nos salimos, vi que  la casa estaba tomando fuego.

 

“Posteriormente, cuando llegó la Policía, nos dijeron  que nos encontrábamos detenidos, y cuando nos estaban registrando, logré ver que a un compañero de apellido Jarquín, conocido como “cascabel”, la Policía le halló una cámara fotográfica y la cual dice que es de él, que tiene papeles, y los cuchillos que encontró la Policía en el lugar, no sé de quiénes eran.

 

“Pero cuando estaba la balacera, Gerardo nos dijo que nos armáramos de palos y piedras, y le dije que nosotros no íbamos a pelear, sino a trabajar”.

 

Miguel Ángel Cardenal Caballero, de Ticuantepe: “Miré que dos personas, a quienes no puedo precisar,  andaban armados con cuchillos…Mirando que un sujeto pelón, que se identificó como Richard , y que estando aquí detenido me di cuenta que se llama Henry Núñez, se metió a la casa también y después que sacamos las cosas que habían dentro, él con un galón color blanco, que se lo facilitaron tres sujetos que no precisos quiénes son, pero  que sí andaban con él, , también se metieron  y como estaba yo adentro de la casa con varias personas más, miré que Henry Núñez empezó a rociar gasolina que andaba en el galón a una señora que estaba en la casa al momento que nosotros llegamos, y como miré eso de que le echaban gasolina a la mujer y después le echaba a la casa, me salí porque además de eso, se dieron unos disparos, salimos corriendo y cuando ya miré Henry iba  saliendo de la casa, corriendo, y la casa ya estaba quemándose.

 

“En ese momento llegó la Policía. Nos detuvo a los que estábamos ahí”.

 

José de la Cruz Cardenal Vicente, de Ticuantepe: “Sacamos algunas cosas y las amontonamos afuera de la casa. En ese momento se oyeron unos disparos de AK que venían de enfrente de la casa que estábamos desocupando. Eran bastantes disparos, que al oírlos me corrí hacia donde estaban los camiones. Luego vi que la casas se estaba quemando, y de pronto vi que los camiones se retiraron del lugar, igual que el pelón, quien se montó en un Jeeps color plomo”.

 

Uriel Antonio Guido Bojorge, de La Borgoña, Ticuantepe:

 

“Cuando estábamos sacando las cosas de la casa, se escucharon unos disparos y procedimos a retirarnos del lugar, ya que el hombre que estaba lanzando los tiros, se encontraba dentro de la casa que se encuentra a la par de la casa de donde estábamos sacando las cosas, y posteriormente un hombre que se encontraba dentro de la casa, pelo crespo, y que vestía una camisa blanca, estaba lanzando gasolina sobre la casa y le dijo a las mujeres que se salieran de la casa porque le pegarían fuego a la casa y luego cuando la casa tomó fuego, llegó la Policía, los cuales nos detuvieron y nos condujeron detenidos”.

 

Eduardo Alberto Jaime Suncing, del Reparto Schick, en Managua:

 

“Al momento de empezar a sacar las cosas de la casa (Apartamento No. 1), se escucharon varios disparos al aire y logré observar que un hombre que estaba encerrado en uno de los cuartos, realizó los disparos con un fusil AK. Al momento salimos corriendo hacia el  otro lado de la calle, bajo unos árboles de chilamate. Al momento, el supuesto escolta de Frutos Chamorro, andaba con un radio en la mano para comunicarse y gritó que fuéramos a sacar las cosas, ya que la Policía nos iba a apoyar y que nadie nos iba a herir a nosotros.

 

“Empecé a ver que la casa estaba tomando fuego por la parte del techo, por lo que yo salí rápidamente de la casa. Varios de nosotros andaban cuchillos y al ver el problema, dejaron los cuchillos tirados en el suelo. Luego llegó la Policía, y nos dijo que nos hiciéramos a un lado, luego llegaron los bomberos, pero a nosotros nos llevaron a la Policía, donde nos detuvieron”.

 

Róger Antonio Canda López, de La Borgoña, Ticuantepe:

 

“La otra gente comenzó a meterse a la casa y a sacar cosas como sillas, y al momento escuché unos disparos salteados, y comencé a caminar buscando la salida, y cuando llevaba unos cincuenta metros, cuando miré que de la misma casa estaba saliendo humo y me quedé asustado. En ese momento llegó la Policía, y nos pusieron como un cordón, nos registraron, estuvimos parados, y como a la media hora, me monté en una camioneta y nos trajeron a la Policía, donde estoy preso”.

 

Marlon Antonio García López, del Barrio Pablo Úbeda, en Managua:

 

“El señor calvo nos dijo a todos que entráramos a las casas a sacar los muebles y nos dijo que lo siguiéramos hasta una de las casas, la primera de la izquierda (Apartamento No. 1). De ahí sacamos todo y os íbamos poniendo afuera, cuando de pronto, en una de las casas del extremo derecho, escuché que alguien quebró unas persiana, y des dentro  comenzaron a realizar disparos al aire. Fueron unos 20 disparos. Al oír los disparos, yo salí corriendo para la Carretera, y me pasé hasta el otro lado, donde hay unos palos de chilamate. Ahí me parapeté, esto fue como a las seis de la tarde.

“Y luego vi que la casa se estaba quemando, no me fijé quién quemó la casa”.

 

Domingo  José Sinclair Martínez, de Ticuantepe:

 

“El mismo gordo, chele, les dice que se bajen del camión y que el primer trabajo era sacar todas las cosas que estaban dentro de las casas, y ponerlas en la calle, por lo que en compañía de varios se metió a la casa que estaba ubicada en el costado Norte, de primera (Apartamento No. 1). Entró y comenzó a sacar sillas, muebles, y sacó una pistola antigua, la cual colgaba de la pared. De repente escucho uso disparos, por lo que me crucé la Carretera, ya que tenía miedo de que me pegaran un tiro, y después vi salir las llamaradas de las primeras casas. El chele gordo al momento que comenzó el incendio, se fue en un Jeeps blanco, sin capota”.

 

José Fidel Leiva López, de Ticuantepe:

 

“Cuando llegamos, procedimos a sacar las cosas que se encontraban en el primer cuarto de la casa, y cuando yo me encontraba sacando una refrigeradora, me percaté de que estaba un incendio, y en este momento nosotros nos corrimos, pero el sujeto pelón nos dijo que nos regresáramos por otro lado, ya que de un lado de la casa nos estaban tirando bala, y posteriormente de habernos corrido, el sujeto que se movilizaba en un Jeeps, o sea, el sujeto pelón, se retiró del lugar cuando miró que la situación se estaba poniendo fea. Cuando nos corrimos, llegó la Policía y nos detuvo”.

 

Eddy Armando Aguirre Amador, de Ticuantepe:

 

“Cuando estaba sacando una mesa de una casa, escuché una balacera y me salí corriendo a la Carretera, y después ya no volví a  entrar, y cuando me encontraba afuera, logré ver cuando la casa estaba tomando fuego”.

 

Luis Alfonso Flores Martínez, de Ticuantepe:

 

“Yo saqué un valijín grande y lo puse en el patio donde estaban el resto de cosas. En ese momento empezaron a disparar de una de las casas de enfrente. Realizaron como seis disparos, por eso yo salí hasta la Carretera, donde habían unos palos de chilamate…ahí me refugié, se calmaron los tiros. Luego se salió todo mundo de la casa porque ya estaba completamente vacía. De pronto vi que la casa se estaba quemando, por lo que corrimos hacia abajo”.

 

Carlos José Murillo Álvarez, de Ticuantepe:

 

“Del interior de la casa salía fuego, por lo que yo empecé a retirarme del lugar, ya que no quería verme inmiscuido en este tipo de problema. En el lugar, yo sentía olor a gas propano y a la vez olor a gasolina, por lo que yo miré la zona de peligro por una explosión, y fue que inmediatamente llegó la Policía y detuvo a todos los que estábamos en el lugar”.

 

José Francisco Saballos Hernández, de Ticuantepe:

 

“Observé que uno de los que se encontraban en los primeros apartamentos, a mano izquierda, procedieron a regar gasolina en todo el piso y los cuartos y posteriormente le pegaron fuego, y a realizar varias detonaciones con una pistola makarov que portaba Sergio. Cuando el incendio, escuché que realizaron varias detonaciones con fusil AK. Una vez que estaba toda la colonia en llamaradas, todos procedieron amontarse a los camiones, los que lograron montarse, se fueron, los que no logramos montarnos en los camiones, nos quedamos, y en vista de que nos quedamos, llegó la Policía al lugar y  nos detienen”.

 

Francisco José Ampié Calero, de Ticuantepe:

 

“Un señor pelón, chele, con un Walkie Talkie, nos dijo que entráramos y sacáramos de una casa todo lo que había dentro, porque era un trabajo del señor de nombre, creo yo, Frutos Chamorro, y venimos entrando, diciendo que si  no entrábamos, no teníamos pago, y llegamos a una casa y estábamos sacando las cosas… fue cuando escuché unos disparos, y la mayoría de la gente se salió, así como lo hice yo.

“Fue cuando llegó la Policía, nos llamaron, nos pusieron en fila, nos registraron, y después llegó un Robur (autobús pequeño), montaron a una parte, después llegó una camioneta, nos montaron y nos trajeron al Comando de la Policía”.

 

Manuel Salvador Reyes Leiva, de Ticuantepe:

 

“Vi cuando la casa estaba comenzando a tomar, y luego de nuevo salimos corriendo, y el señor pelón nos enseñó un papel, y decía que con ese papel se encontraba actuando con autorización de la Policía, pero cuando vimos que la casa estaba tomando fuego, nos corrimos, nos protegimos en una casa que se encuentra al otro lado de la casa donde estábamos sacando las cosas.

Y cuando nos disponíamos a irnos, llegó la Policía y nos detuvieron”.

 

Julio César Cardenal Vicente, de Ticuantepe:

 

“Cuando estábamos sacando las cosas se escucharon unos disparos que salieron de la casa o cuarto vecino, realizados por alguien, al momento salí corriendo hacia el otro lado de la Carretera. Luego un sujeto gordo, bajo, algo chirizo, nos dijo que  regresáramos que todo estaba “bajo control” y que la Policía nos estaba apoyando.

 

“Del gordo escuché que hablaba por un radio de mano. Se comunicó con un tal señor Frutos Chamorro. El gordo le decía a Frutos Chamorro que la cosa estaba “roja” y que mandara los refuerzos, y fue que de inmediato observé que  la casa (Apartamento No. 1) de donde estábamos sacando las cosas, empezó a tomar fuego por la parte del techo. No sé cómo se originó. Dentro del grupo de los que andábamos en el lugar, varios andaban cuchillos, desconozco para qué los andaban.

 

“Inmediatamente llegó la Policía y nos dijo que nos moviéramos a un lado de la casa y que nadie intentara correrse. Luego lo de la Policía llamaron a otras patrullas, las cuales llegaron rápidamente al lugar. La persona que andaba dirigiendo toda la situación era un pelón, bajo, gordo, sin bigotes, pelo color blanco canoso; este andaba bien vestido, y era el que dirigía toda la cosa, e incluso ordenó que quemaran la casa de donde estábamos sacando las cosas. La persona responsable de este engaño, por ganarme treinta córdobas oro, es el señor Frutos Chamorro, ya que él daba las órdenes al otro lado desde la radio que andaba en las manos el otro sujeto que andaba en un Jeeps de color plomo”.

 

Salvador Enrique Cardenal Caballero, de Ticuantepe, uno de los 45 detenidos por la Policía Nacional en el sitio del incendio criminal:

 

“Empezamos a sacar las cosas del interior de la casa (Apartamento No. 1), y fue que inmediatamente escuché unos disparos que salieron del interior de una de las casas. Yo lo que hice fue replegarme para el otro lado de la calle, y esconderme detrás de unos árboles de chilamate, pero inmediatamente el sujeto gordo, que andaba con un teléfono de esos de mano, se comunicaba con otra persona, a la cual él le manifestaba que “la cosa está roja” y que le mandara los “refuerzos”.

 

“Inmediatamente, un señor gordo, pelón, que andaba en un Jeeps color plomo, manifestó que esos apartamentos eran de él y que no se los iba a entregar a nadie.

Observé que del interior de la casa salió una gente rápido, ya que se encontraba agarrando fuego, por lo que nosotros al ver esto, no seguimos realizando el trabajo, y ya los camiones se habían retirado, al ocurrir los disparos, dejándonos solos en el lugar, engañados.

 

“Inmediatamente llegó la Policía Nacional y empezó a retenernos a algunos de los que andábamos en el lugar, pero la casa siguió agarrando fuego. Ese viejo peló que se comunicaba con otra persona, era el que andaba armado con una pistola, y andaba con él otro sujeto recio, este andaba otra pistola, los cuales al ver la situación, cuando empezó a llegar la Policía, se montaron en el Jeep y se fueron”.

 

Salvador Enrique Cardenal Caballero, de Ticuantepe:

 

“Vi que la casa estaba tomando fuego, y después llegó la Policía, y nos dijeron que estábamos detenidos. Nos condujeron a la Policía. Sobre los cuchillos, únicamente los vi cuando estaban en el suelo”.

 

Roberto Antonio Cardenal Caballero, de Ticuantepe:

 

“Al terminar de sacar las cosas, el pelón, que estaña dentro, nos dijo que nos saliéramos, salimos, y despuesito miramos las llamaradas (en el Apartamento No. 1), y nos dijo que nos fuéramos a los camiones, mientras él se quedaba dentro. En ese momento, un señor de barba nos dijo que éramos unos desgraciados porque habíamos quemado la casa, pero nosotros no fuimos, a menos que haya sido el pelón, porque cuando nos pidió que nos saliéramos de la casa, él se quedó adentro y ahí no más empezó a quemarse la casa. Buscamos los camiones, pero estos ya se había ido, e incluso el pelón se montó en su Jeep y se fue, dejándonos solos en el lugar. Llegó la Policía y nos detuvieron”.

 

José Leoncio Cardenal Caballero, de Ticuantepe:

 

“En el momento en que sacábamos las cosas a la calle, de una de las casas de enfrente alguien realizó disparos en ráfaga, por lo que yo salí corriendo a la Carretera, donde estaban unos chilamates. Ahí me refugié hasta que se calmó la balacera, pero el hombre pelón nos dijo que no tuviéramos miedo porque no tardaba en llegar la Policía, entonces, cuando estábamos todos en la Carretera, el hombre de los disparos, continuó disparando, y también comenzó el incendio.

 

Nos regresamos a buscar los camiones, pero ya no estaban, se habían ido. El pelón también se había ido. Entonces, nos quedamos ahí, hasta como las cinco minutos que llegó la Policía, y nos detuvo. Nos trasladaron al Departamento Tres de la Policía, en una camioneta blanca”.

 

José León Cardenal Caballero, de Ticuantepe, al ampliar su declaración ante la misma Policía, según el folio 243 del expediente en el Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua, a cargo de la doctora Rosario Altamirano:

 

“Sobre los cuchillos encontrados a algunos hombres que andaban con nosotros, no me fijé quiénes eran de ellos, porque no los vi. Sobre la cámara, puedo asegurar que que Joaquín Jarquín la trajera desde Ticuantepe, porque yo la vi hasta que estábamos en el incendio, poco después de que sacáramos las cosas de la señora vecina al incendio. Además, en el registro que nos hicieron a todos, a uno le encontraron una pistola, pero él dijo que la había sacado de la misma casa donde fuimos a ayudarle a la señora vecina”.

 

Trampa mortal puesta por Frutos Chamorro

 

Carlos Alberto Vicente Cardenal, de Ticuantepe, otro de los 45 capturados por la Policía:

 

“Éramos aproximadamente como ochenta personas. A ese lugar nos llevaron engañados. Uno de mis tíos de nombre: César Augusto Cardenal Caballero, me dijo que nos tiráramos del camión, ya que esto era una trampa, el camión venía muy rápido, y fue ese el motivo por el cual nos tiramos del camión, ya que si lo hacíamos, nos podíamos matar al caer en la Carretera.

 

“Ya en el lugar empezamos a sacar cosas de las casas, y fue que de pronto escuché una cantidad de tiros de fusil AK. Estas balas no sé quién las disparaba, ya que salían del interior de una casa, al momento yo me crucé la calle y me escondí detrás de unos árboles, evitando que me hirieran.

 

“Luego estando detrás de uno de los árboles, al otro lado de la calle (Carretera Sur), observé que una de las casas empezó a tomar fuego por la parte del techo. El sujeto gordo hablaba por teléfono, de esos de mano, con una persona a la cual le decía que la “cosa se estaba poniendo roja”, y que se iba a retirar, ya que había llamado a los bomberos y a la Policía. Inmediatamente llegó la Policía y nos agarraron y nos llevaron a la Estación Tres de la Policía.

 

“Nos vimos engañados por este señor Frutos Chamorro, deseamos verlo para desquitarnos lo que nos hizo, ya que eso fue una acción muy mala, ya que cuando observamos la casa en llamas, había personas en su interior, y salieron corriendo, llorando, atacados de los nervios con niños heridos”.

 

Ruta de los 180 matones, descrita por “Los Hechos”, de la Policía Nacional

 

En el folio 257 del Expediente del Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua, mediante un informe oficial denominado “Descripción de los Hechos”, de la Policía Nacional, se comienza informando que en los Apartamentos se suscitó “un fuerte problema de propiedad”, porque Frutos Chamorro Argüello se presentó a juzgados civiles como supuesto dueño de los apartamentos, y que finalmente él, Chamorro Argüello, y la jueza Ruth Chamorro Martínez, con 180 matones se lanzaron al intento de desalojo violento el 14 de abril de 1994.

 

Demanda la devolución de su supuesta propiedad del “Reparto Argüello”—comienza la “Descripción de los Hechos”, de la Policía Nacional–, en contra de los actuales moradores de dicho reparto,  entre ellos el señor Pablo E. Barreto Pérez y Julio Alejandro Toribio Díaz, quienes habitan los apartamentos uno y dos del lugar.

 

“A consecuencia del mismo problema de propiedad, se ha venido desarrollando una cadena de hostigamientos por parte del señor Frutos Chamorro, consistentes en contratación de personas de bajos recursos económicos (campesinos), aprovechándose de estos para obligarlos por unos cuantos córdobas, a ejercer acciones que van en detrimento de los actuales moradores, cometiendo actos delictivos.

 

“En fecha miércoles 13 de abril de mil novecientos noventa y cuatro, el sujeto de nombre Juan Pablo Rivas Castro se presentó a la casa de Gerardo  Ramón Aburto Sevilla, quien reside en Ticuantepe, de la gasolinera media cuadra al Sur, pero al no encontrarlo, estuvo esperándolo por un  lapso de dos horas, desistiendo de hacerlo, le dejó razón con el ciudadano Mercedes Aburto, quien es el padre de Gerardo Ramón Aburto Sevilla., de que necesitaba  hablar con él urgentemente.

 

“Luego de dejarle razón, Juan Pablo Rivas Castro salió y al salir, se encontró con un sujeto de nombre Sergio, quien es subordinado directo del anterior, laborando como CPF en la Funeraria Don Bosco. Rivas Castro le propuso el mismo trabajo de reclutar unas 80 personas desempleadas para que trabajaran en un cargue y descargue, que les ofreciera treinta córdobas por persona, por sólo un rato de trabajo, cargando y descargando unos camiones en la Carretera Sur.

 

“Sergio aceptó realizar el trabajo y a la vez le solicitó a Rivas Castro que le diera “raid” hasta Managua, montó su bicicleta en la camioneta color celeste que andaba el primero y ambos se fueron rumbo a Managua.

 

“Al día siguiente, jueves 14 de abril del presente año, a eso de las siete y media de la mañana, se presentó Juan Pablo Rivas a la casa de Gerardo, quien habiendo recibido el recado de su padre, esperó a Rivas Castro, encontrándose los dos, Rivas Castro le propuso a Gerardo el trabajo de cargue y descargue de unos camiones en la Carretera Sur, pero que antes tenía que reunir a unas cien personas de Ticuantepe, preferiblemente desempleadas, a la una de la tarde, en el Parque del lugar, que ahí los llegaría a traer el camión.

 

“Recorrió algunas partes de Ticuantepe en busca de personas desempleadas para que trabajaran en el cargue y descargue, incluso ofreciendo más de 30 córdobas para los que cargaran más.

 

“Sergio por su parte realizó su labor de reclutamiento en la Comarca Esquipulas (en el Municipio de Managua) y con algunos conocidos de Ticuantepe.

“Gerardo Ramón Aburto Sevilla se reunió a la una de la tarde en el Parque con unos setenta hombres, pero llegó Juan Pablo Rivas Castro en un carro celeste y le dijo a Gerardo que había muy poca gente, que mejor postergarían la hora de salida para las tres y treinta, y que mientras llegaba más gente, que buscara un cuaderno para anotar a los hombres y así facilitar el pago de los mismos, una vez que terminaran su labor de cargue y descargue.

 

“Gerardo se fue hasta su casa y consiguió un cuaderno, comenzando de inmediato  a anotar a los hombres. Juan Pablo Rivas Castro le dijo que regresaría a las tres y treinta minutos de la tarde, y que iba a traer un camión par3a el traslado.

 

“En el transcurso de las horas, hasta la hora de partida, siguieron llegando más hombres, que Gerardo iba anotando en el cuaderno. A las tres y media de la tarde se presentó Juan Pablo Rivas Castro, a bordo de un camión blanco, marca Volvo, completamente cerrado, excepto la parte trasera, bajó del camión y revisó el cuaderno que tenía Gerardo y ya habían aproximadamente setenta y dos hombres.

 

“Entonces, dio la orden de abordar el camión, procediendo a hacerlo todos. Salieron de La Borgoña (Ticuantepe), donde se montaron seis hombres más, y luego salieron hacia Managua, sin detenerse el camión, sino hasta llegar a Las Colinas (Reparto de ricachones, lugar de residencia de Frutos Chamorro Argüello), en la primera entrada, ahí se detuvieron, donde se montó más gente, en cantidad de diecinueve.

 

“En ese otro punto de reunión se reunió la gente que el mismo Juan Pablo Rivas Castro había reclutado en el Reparto Schick y el Barrio Pablo Úbeda (ambos de la zona Oriental de Managua), los que estaba a bordo de otro camión color blanco y también cubierto completamente

 

“Además de reunirse los dos camiones, también se presentó un Jeep Suzuki, color plomo, con un letrero de “Bar Chaplin” y un número cuarenta y ocho en la puerta izquierda, que venía tripulado por Henry Ernesto Núñez Abarca y cuatro sujetos desconocidos.

 

“En ese punto de reunión se bajaron del vehículo los sujetos dirigentes del desalojo, e incluso se bajó ahí Juan Pablo Rivas Castro, y abordó un carro celeste que había dejado ahí cuando fue hasta Ticuantepe, a traer a la gente.

 

“Habiéndose quedado Rivas Castro, el Jeep Suzuki adelante y siguieron los dos camiones,  tomaron la Pista hacia Villa Fontana, y doblaron por la Pista del INE, hasta llegar al Siete Sur, tomaron la ruta de la Carretera Sur, hasta llegar a una treinta varas adelante del lugar de desalojo.

 

“Hasta este momento, los reclutados desconocían el tipo de trabajo que debían realizar. El Jeep Suzuki, conducido por Henry Ernesto Núñez Abarca, se regresó sobre la Carretera y volvió a pasar por los Apartamentos hasta aparcarse a unos cincuenta metros de los mismos. Lo mismo hicieron los camiones.

 

“Estando detenidos los vehículos, Henry Ernesto Núñez Abarca, se bajó del Jeep al igual que los acompañantes, quienes cargaban un saco macén y tres bolsos de colgar, conteniendo objetos desconocidos, sólo que al bajarse los cuatro sujetos se dirigieron por el extremo derecho de los apartamentos.

 

Núñez Abarca personalmente lanzó la gasolina

 

“Henry Ernesto Núñez Abarca ordenó la bajada de los reclutados de los camiones y los reunió para explicarles del trabajo que iban a desempeñar en el lugar, diciendo a los mismos que actuarían bajo las leyes, y sacó un papel diciendo que era una orden de la juez Chamorro, y con el respaldo de la Policía.

 

“Luego el mismo Henry Ernesto Núñez Abarca guió a los hombres hasta la casa que iban a desalojar y les dijo que sacaran las cosas. Los cargadores empezaron a sacar cosas a pesar de que una ciudadana que se encontraba en el lugar; ellos sacaron los muebles, mesas, camas, colchones y demás enseres de la casa.

 

“En ese momento se escucharon unos disparos de fusil AK, que provenían de uno de los apartamentos de al frente. Al escuchar los tiros, los hombres que sacaban los enseres de la casa, salieron corriendo hasta el otro lado de la Carretera, donde estaban unos árboles de chilamate, pero Henry Ernesto Núñez Abarca les dijo que no se preocuparan, y haciendo uso de un radiocomunicador que portaba, hizo como si hablaba con la Policía y como para darle aliciente a los hombres, les decía que ya la Policía estaba por llegar al lugar, y les ordenó que continuaran sacando las cosas de la casa.

 

“Los hombres un poco más conformes, continuaron con su labor hasta terminar sustraer las cosas, y que entrara Henry Ernesto Núñez Abarca con un galón blanco en la mano a decir a los últimos cargadores que se salieran de la casa. Empezó la rociar gasolina por toda la casa y un sujeto de los dos que le acompañaban, el moreno, alto, que usaba gorra, se puso a rellenar las botellas de cerveza con gasolina, fabricando los molotov, que una vez terminado serían lanzados por Henry Ernesto Núñez Abarca y el sujeto moreno, provocaran el incendio de la casa.

 

“Al iniciar el incendio, Henry Núñez Abarca y el moreno, salieron corriendo del Apartamento (Apartamento No. 1), y estando fuera, se presentó en el lugar abordo  de una camioneta doble cabina, el residente de la casa desalojada, Pablo Emilio Barreto Pérez, quien le reclamó a Henry Ernesto Núñez Abarca, de por qué le había pegado fuego a la casa, por lo que Henry Ernesto le respondió que la había quemado porque era de él.

 

“Cabe señalar que  cuando se inició el incendio de la casa, se escucharon otros disparos, siempre de fusil AK, por lo que Henry Ernesto Núñez Abarca volvió a utilizar el radio comunicador, sólo que en esta ocasión se comunicó con alguien al que  llamaba “jefe”, y le dijo que la cosa se estaba poniendo fea, y le preguntó que si no iba a llegar a pagar, pero al parecer el “jefe”, que es Frutos Chamorro, le respondió que no iba a llegar, porque en ese momento llegó una Patrulla de la Policía, a la que se acercó Henry Núñez Abarca, para explicarle sobre la orden de la juez Chamorro, y dejándole el documento al policía, abordó su Jeep Suzuki y con el motor en marcha mandó a los cargadores a una casa vecina de los apartamentos, donde acudieron la mayoría de los hombres, y de donde el sujeto Domingo José Sinclair Martínez sustrajo una pistola antigua yse la llevó consigo.

 

“Terminaron  los hombres de ayudar a evacuar las cosas de la vecina, y salieron hacia donde estaban aparcados los camiones, pero ya no los encontraron, pues ya se habían ido en compañía de Henry Ernesto Núñez Abarca.

 

“Cabe señalar que Henry Ernesto Núñez Abarca es guardaespaldas de Frutos Chamorro y que Juan Pablo Rivas Castro, se quedó en Las Colinas y no se presentó en el lugar del desalojo, aunque trabaja directamente con Henry Núñez Abarca y con Frutos Chamorro, pues es el encargado directo de los CPF que vigilan la casa de Chamorro en Las Colinas.

 

“En el camión que venían de Ticuantepe, habían unos diez cuchillos en el piso y que los tomaron algunos hombres, al igual que los palos y garrotes.  Cuando llegó la Policía, además de la Patrulla que llegó primero, se detuvo a los participantes del desalojo.

 

“Es de mencionar que otro de los responsables del reclutamiento de los cargadores, es el mencionado en la presente descripción de los hechos como Sergio, cuyo verdadero nombre es Sergio Antonio Velásquez Carrión, y reside en Ticuantepe, Reparto Juan Ramón Padilla, del Colegio San José dos cuadras abajo, y fue el que se encargó de reclutar a los de Esquipulas.

 

“Una vez detenidos los participantes del desalojo, fueron trasladados  al Departamento Tres de la Policía en una camioneta particular y en un microbús, también particular, donde adrede, el sujeto Gerardo Ramón Aburto Sevilla dejó el cuaderno donde aparecían todos los reclutados por él y por Sergio Antonio Velásquez Carrión”.

 

 

En los folios 263 y 264 del Expediente remitido por el Departamento Tres de la Policía Nacional al Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua, titulado “Conclusiones”, la Jefatura de Investigaciones de la PN, señala lo siguiente:

 

“Una vez concluidas las investigaciones pertinentes al Expediente No. Diez Noventa y Cuatro y Diez Noventa y Cinco, la autoridad suscribiente llega a la conclusión de que los procesados Frutos Chamorro Argüello, Henry Ernesto Núñez Abarca, Pablo Rivas Castro, Sergio Antonio Velásquez Carrión, todos de generales en autos, son autores del delito de incendio y otros estragos, exposición de personas al peligro y asociación ilícita para delinquir, en perjuicio de los ciudadanos Pablo Emilio Barreto Pérez y Julio Alejandro Toribio Díaz, y otros ciudadanos nicaragüenses.

 

“La comisión de estos delitos es un acto criminal cuyo tipo penal se fundamenta en el ánimo de ocasionar daños graves a otras personas, utilizando para esto medios fraudulentos para su consumación; se ejercitó utilizando materiales inflamables y bombas molotov, las cuales fueron llevadas al lugar con una intención premeditada de quemar los Apartamentos Argüello (desaparecerlos).

 

“Mediante la inspección realizada en el lugar de los hechos, se logró demostrar la aparición de dos bombas molotov de fabricación casera, encontradas en la parte Norte de los apartamentos, a la orilla de la malla.

“Los hechos se  limitaron a que los señores Henry Ernesto Núñez Abarca, Pablo Rivas Castro y Antonio Velásquez Carrión, se dedicaron a la contratación de aproximadamente unas cien personas de origen campesino, los cuales iban a ser dirigidos a los Apartamentos Argüello, con el objeto de desalojar a los actuales moradores, manifestándoles que “todo estaba en regla” y que solamente eran un desalojo apoyado por un supuesto juez y la colaboración de la Policía Nacional, siendo esto totalmente falso y creando el día jueves catorce de abril de mil novecientos noventa y cuatro, a eso de las cinco y cuarenta minutos de la tarde, en el Km. 10 y medio Carretera Sur, un incendio en los Apartamentos Nos. 1 y 2 de dicho reparto, por lo que fueron repelidos por un ciudadano del Reparto con un fusil AK, que realizó varios disparos al aire, con el objeto de calmar la violencia reinante del momento.

 

“Posteriormente se logró determinar que el fusil No. 800095, sin culatin, fue ocupado a la señora Luz Marina Artola Rivera. Fue remitido al Laboratorio Central de Criminalística.

 

“De las personas contratadas por Henry Núñez Abarca, Sergio Antonio Velásquez y Pablo Rivas Castro, que la mayoría pertenecen al Municipio de Ticuantepe y La Borgoña, el ciudadano de nombre Domingo José Sinclair Martínez, al momento de estar desalojando una de las casas, sacó del interior de la casa vecina al Apartamento No. 2, una pistola, con siglas MAS-M18, la cual trató de llevarse, ya que cuando se estaba dando a la fuga fue capturado por la Policía con el arma en sus manos.

 

“Al momento, la Policía realizó la captura de varios de los participantes del desalojo, se les encontraron en su poder: A Gerardo Ramón Aburto Sevilla, un cuchillo de cocina; Julio César Cardenal Vicente, se le ocupó un cuchillo de mesa, marca Stanley; también a Carlos Alberto Cardenal  Vicente se le ocupó un cuchillo de cocina, José Eugenio Cardenal Caballero se le ocupó un cuchillo de cocina marca Pastor Alemán; a Javier Antonio Espinoza Baltodano, una bayoneta metálica; a Luis Alberto  Velásquez Martínez, se le ocupó un machete puna recortada, de color negro;  y encontrándose abandonados en el lugar de los hechos, un Plywood con clavos encartados, un machete color negro  y un total de cuatro botellas molotov, un palo con forma de antorcha (listado completo en peritaje policial).

 

“Cuando se presentó Nacional al lugar de los hechos, se empezaron a realizar las primeras capturas en la vía pública, manifestaron varios de los detenidos que ellos habían sido contratados para realizar un trabajo de carga y descargue, y por lo cual iban a ganarse la suma de treinta córdobas oro (C$ 30.00), pero al estar en el lugar descubrieron que habían sido engañados por los señores Henry Ernesto Núñez Abarca, Pablo Rivas Castro y Sergio Antonio Velásquez, los cuales los transportaron desde los municipios de La Borgoña y Ticuantepe hacia Managua, Km. 10 y medio Carretera Sur..

 

“Los medios de prueba que podemos señalar: a) la denuncia interpuesta por los ciudadanos Pablo Emilio Barreto  Pérez y Alejandro Toribio Díaz en contra de Frutos chamorro Argüello y Henry Núñez Abarca como autores del incendio; b) con declaraciones de ofendidos de los ciudadanos Cecilia González García, Brenda Enríquez de Hernández, Anabelle Erlinda Barrera Argueta, Silvia Ortega Rosales, Luz Marina Artola Rivas y Juan Pablo Hernández Cruz; c) con declaraciones testificales de Dinorah Parrales Parrales, Carlos Sáenz Belanger, Concepción del Carmen García González, José Guillermo Collado Gutiérrez, Marcia Lorena Cabrera Lacayo y María José Yescas Víctor; d) con la inspección del lugar de los hechos, por medio de la cual se logra recoger elementos de prueba como las botellas molotov, con líquido inflamable, con la observación de los restos quemados, por medio de fotografías, y los cuchillos encontrados en el lugar de los hechos; e) con los recibos de ocupación Nos. 273-94, 274-94, 275-94, 278-94, 085-94, 086-94, 277-94, 279-94, 279-94, 280-94 y 281-94, ocupados una parte a los detenidos y otros encontrados en el lugar (del incendio) de los hechos; f) con el resultado del peritaje de Avexi del Laboratorio Central de Criminalística (de la Policía Nacional), el cual nos aclara que existieron dos focos de incendio en el interior del Apartamento No. 1; g)  con la gráfica del recorrido que se realizó desde La Borgoña, Ticuantepe y Managua al Km. 10 y medio de la Carretera Sur, por los camiones que transportaron el personal al lugar de los hechos; h) con las fotografías ilustrativas del lugar de los hechos, divididas en dos volúmenes respectivamente enumeradas; i) con las declaraciones de los cuarenta y cinco indiciados, quienes en sus deposiciones dan fe de haber llegado al lugar de los hechos y haber tenido participación directa e indirecta en la comisión de los delitos; j) de conformidad con el artículo  No. 6, título 5to., capítulo primero, Arto. No.317, de conformidad con el   capítulo 4to, artículo  No. 154 Pn., de conformidad con título once capítulo primero   Arto. No. 493, 494 y 495 del Pn., más los Artos. No. 496 y 497 del PN, déjese causa abierta en contra de los ciudadanos Frutos chamorro Argüello, autor intelectual del delito de incendio y otros estragos, exposición de personas al peligro y asociación ilícita para delinquir; Henry Ernesto Núñez Abarca, autor material del caso, ya que dirigía, instigaba y organizó la comisión de los delitos;

Pablo Rivas Castro, autor material del delito, ya que anduvo dirigiendo junto a Henry Núñez Abarca; Sergio Antonio Velásquez Carrión, recientemente detenido y autor material del hecho, ya que anduvo en los municipios de La Borgoña y Ticuantepe reclutando personal, enviado por Pablo Rivas Castro.

 

Del mismo modo, déjese como diligencias pendientes los resultados de peritajes químicos, balística y caninos, los cuales aún se encuentran en el Laboratorio Central de Criminalística, y el evalúo de los daños de las viviendas de los apartamentos  Nos. 1 y 2 de  los repartos Argüello.

 

La presente causa es remitida al Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua. Jefe de Investigaciones Criminales, Capitán Concepción Andino V., División Tres de la Policía Nacional”.

 

Mediante estas mismas diligencias policiales, el propio jefe de la Estación o División Tres de la Policía, subcomandante (todavía no eran comisionados) Hugo Ernesto Zamora Chávez y el capitán Concepción Andino V, jefe de Investigaciones Criminales, remitieron al Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua, a cargo de la doctora Rosario Altamirano López, un Expediente con 253 folios, con toda la investigación policial realizada a partir del mismo momento del incendio criminal, las declaraciones y confesiones de los 45 capturados, las acusaciones de las víctimas del incendio y de los testigos presenciales, más las descripciones y “conclusiones” expuestas antes en este libro.

 

En el primer folio de este Expediente, están los nombres de los 45 capturados, más los nombres de Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca, Juan Pablo Rivas y Sergio Velásquez Carrión, todos indiciados o acusados por el incendio criminal en los Apartamentos Nos. 1 y 2 de los llamados Apartamentos Argüello, ubicados en el kilómetro 11 de la Carretera Sur.

 

Repito ese listado de nombres, ubicados en el Expediente mencionado:

 

“Frutos Chamorro Argüello (prófugo), Henry Núñez Abarca (prófugo), Juan Pablo Rivas Castro (prófugo), Gerardo Ramón Aburto Sevilla, César Augusto Cardenal Caballero, José Eugenio Cardenal Caballero, Carlos Alberto Cardenal Vicente, José Leoncio Cardenal Caballero, Roberto Antonio Cardenal Caballero, Salvador Enrique Cardenal Caballero, Miguel Ángel Cardenal Caballero,  Julio César Cardenal Vicente, José de la Cruz Cardenal Vicente, Manuel Salvador Reyes Leiva, José Fidel Leiva López, Eduardo José Avendaño Olivares, Javier Antonio Espinoza Baltodano, Francisco José Velásquez Sánchez, Francisco José Ampié Calero, Domingo José Sinclair Martínez, Ulises Santos López Gómez, César Augusto López Cetín, Carlos José Velásquez Hernández, Pablo Antonio Rivera Pineda, Marlon Antonio García López, Manuel Antonio Castillo Gómez, Uriel Antonio Guido Bojorge, Albin Antonio Cerna Gámez, José Francisco Saballos Hernández, Eduardo Alberto Jaime Suncing,

Róger Antonio Canda López, José Francisco Selva Pérez, Carlos José Murillo Álvarez, Agustín de Jesús Jarquín Castro, Luis Alfonso Flores Martínez, Ernesto Javier Ruiz Pérez, Guillermo Antonio Zelaya Guido, Edwin José Guido Juárez, Luis Alberto Velásquez Martínez, José Enrique Gámez Ortiz, Eddy Armando Aguirre Amador, Justo Manuel Ruiz Sánchez, Óscar Antonio Ramírez Galo, Miguel Antonio Jirón Pavón, Omar Antonio Ordóñez Valdivia, Sebastián Alberto Canda Hernández, Nelson Enrique  Vanegas Reyes y Sergio Antonio Velásquez Carrión”.

 

Además de las remisiones mencionadas de la Policía hacia el Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua, de los folios 165 al 184 del mencionado Expediente, están referidos a las pruebas materiales encontradas en el escenario del incendio criminal, a los peritajes de la Dirección General de Bomberos del Ministerio de Gobernación y del Laboratorio Central de Criminalística de la Policía Nacional, entre otras:

 

-Una botella de Pepsi (molotov) conteniendo líquido amarillo oscuro y trapo.

-Una botella de cerveza Victoria.

-Una botella de medio litro (molotov).

-Una botella de envase de Mirinda (molotov) conteniendo líquido amarillo y trapo.

-Una botella de Coca-cola pequeña (molotov) conteniendo líquido amarillo y trapo.

-Un trozo de madera (palo) conteniendo en uno de sus extremos un trapo envuelto con una bolsita plástica.

-Un bolso color gris, vacío.

-Un cuchillo de cocina, con cacha de color café clara, sin marca.

-Un cuchillo de mesa, marca Stanley, de fabricación japonesa, color plateado, sin cacha.

– Un cuchillo de cocina con cacha color oscura, marca Stanley, de fabricación japonesa, con filo en perfecto estado.

-Una arma corta de metal, la cual presenta las siguientes siglas: MAS-M18.

-Un fusil AK  serie No. 800095, sin culatin. Cuatro cargadores del mismo fusil. Fueron remitidos al Laboratorio de Criminalística el fusil y un cargador lleno.

-Un cuchillo de cocina marca Pastor Alemán Stainless Ssteel Japan.

-Una bayoneta metálica, la cual presenta una cacha metálica y de hule.

-Un machete color negro, el cual presenta punta recortada, sin marca.

-Una cortina color blanco, la cual presenta cuatro orificios en su parte lateral, a su alrededor manchas oscuras.

 

En el Expediente referido se menciona que el Apartamento No. 1 (habitado por Pablo E. Barreto Pérez) quedó totalmente quemado, y con daños parciales el Apartamento No. 2, el cual estaba habitado por la familia de Julio Alejandro Toribio Díaz.

Indica la remisión del Expediente policial que también se remiten los peritajes de la Dirección General de Bomberos y del Laboratorio Central de Criminalística de la Policía Nacional, más un informe detallado de las pérdidas materiales en enseres domésticos, ropa, una biblioteca y electrodomésticos que estaban dentro del Apartamento No. 1, el cual ubicaremos más adelante.

 

 

En este mismo Expediente policial se mencionan las direcciones de Frutos Chamorro Argüello en la Calle Cerros, en el Reparto Las Colinas, en el Oriente de Managua; Juan Pablo Rivas Castro en Las Sierritas, de la Iglesia de Santo Domingo, cuatro cuadras al Este; la de Henry Núñez Abarca era desconocida, según los informes policiales.

 

De Juan Pablo Rivas Castro en el expediente abundan datos sobre que este sujeto era el principal responsable de una empresa de CPF o vigilantes de Frutos Chamorro Argüello y que Núñez Abarca era “guardaespaldas” de Frutos Chamorro Argüello, hombre regordete, alto, pelo amarillo, muy violento, de ojos enrojecidos como de alguien drogado de forma permanente, de lenguaje soez, farsante, y que hace gala de su poder al amparo del gobierno neoliberal-conservador, proyanqui,  prosomocista, y asimismo se ufana de su cercanía con Arnoldo Alemán Lacayo, Alcalde de Managua, en ese año de 1994, y ambos poderes, gubernamental y municipal, promotores de desalojos masivos y violentísimos, como este del incendio criminal en el kilómetro 11 de la Carretera Sur, ocurrido el 14 de abril de 1994.

 

En este Expediente policial se da a conocer que Frutos Chamorro Argüello y Henry Núñez Abarca ya estaban siendo procesados en Juzgados del Crimen de Managua por amenazas de muerte, en 1993, un año antes, precisamente en contra de los vecinos de los Apartamentos Argüello.

 

José  Eugenio Cardenal Caballero, uno de los 45 detenidos, en su historial delictivo acumulado tiene: abigeato y destace clandestino, robos con fuerza y escándalos por ebriedad en Ticuantepe.

 

Carlos José Velásquez Hernández, alias “El Bandolero”, fue procesado en 1991 por riñas conyugales.

 

Uriel Antonio Guido Bojorge, también de Ticuantepe, uno de los 45 detenidos, asimismo había sido ya procesado por robo con violencia.

Roger Antonio Canda López, de La Borgoña, había sido ya procesado por riñas callejeras.

 

Agustín Jesús Jarquín Castro, del Reparto Juan Ramón Padilla, de Ticuantepe, igualmente había sido procesado por lesiones en 1992.

Javier Antonio Espinoza Baltodano fue procesado en 1992 por robo con fuerza.  Manuel  Salvador Reyes Leiva igualmente había sido procesado por hurto con abuso de confianza y robo con fuerza, en 1990.

 

“Rociaron de gasolina mis pies, y luego prendieron fuego”: Marcia Cabrera Lacayo

 

Resumen breve de la declaración de Marcia Lorena Cabrera Lacayo (ya fallecida), brindada ante oficiales del Departamento Tres de la Policía Nacional, la noche del 14 de abril de 1994.

 

“Yo me encontraba en el Apartamento del Sr. Pablo Emilio Barreto, a quien le trabajo como doméstica, cuando en eso sujetos desconocidos penetraron a la habitación, rompiendo los cristales y la puerta principal del mismo…varios sujetos armados con palos, los cuales cuando ingresaron a la habitación me manifestaron que el objetivo de ellos era matar a Pablo Emilio Barreto, esta es la casa de él,  peguémosle fuego; antes me habían rociado de gasolina en mis pies.

 

“Cargaban la gasolina en bidones color blanco. Al verme así, yo ingresé en mi cuarto a tratar de sacar mis cosas, pero dichos sujetos prendieron fuego, una falda que yo portaba en ese momento agarró fuego, y tuve que apagarla ahí mismo.

 

“Luego empezaron a saquear los apartamentos que están contiguo al señor Pablo Emilio Barreto, habiendo tomado  dichos sujetos unas joyas de la señora Anabelle Barreto, así como las pertenencias de los hijos de dicha señora.

 

“Al salir afuera de la habitación, me dirigí hacia donde se encontraba el sujeto llamado Henry Núñez, le manifesté que iba a llamar a la Policía, empezó a llamar a la gente que lo acompañaba, marchándose. Luego llegó la Policía cuando este sujeto Henry Núñez se estaba retirando.

 

“Quiero hacer mención  que intencionalmente a mi me rociaron de gasolinas mis pies y me prendieron fuego, agarrando fuego solamente una falda que andaba puesta en ese momento. Dicho sujeto, Henry Núñez, volvió a reiterar que quería matar a Pablo Emilio Barreto”.

 

“Con Iván logré sacar a la niña (Sofana)…la tiré por encima de la malla a un chavalo vecino, del Taller Felde…la boté para ese lado, para salvarle la vida, porque estos sujetos ya habían prendido fuego a la casa”.

 

Parte de la declaración de Anabelle Erlinda Barrera Argueta,  compañera de Pablo E. Barreto Pérez, y quien fue sorprendida por la incursión criminal inesperada de los 180 matones, jefeados por Henry Núñez Abarca (folio No. 12 del Expediente policial):

 

“El día 14 de abril de mil novecientos noventa y cuatro, como a eso de las cinco y media de la tarde, nos encontrábamos mirando televisión mi trabajadora doméstica de nombre Marcia Cabrera, Ercilia Argueta (es mi mamá), mi hijo de quince años de nombre Iván Barreto, y mi tierna (Sofana Orquídea) de diez meses, cuando en eso escuchamos ruido fuerte y miramos que un grupo de alrededor de unas cien personas se introdujo de manera violenta en mi Apartamento, rompieron la puerta del negocio de una Rosticería y Sorbetería,  dañándome además todo el mobiliario.

 

“Luego procedieron a entrar por la puerta principal de la casa, los cuales andaba piedras y palos, siendo el cabecilla o que dirigía a este grupo, el sujeto de nombre Henry Núñez, quien portaba un Walkie Talkie (radiocomunicador), con el cual se comunicaba con el señor Frutos Chamorro, además, uno del grupo me encañonó con una arma grande y larga, le dije que me dejaran salir con mi niña de diez meses y con mi mamá.

 

“Al momento que les imploraba, escuché unos disparos. Al ruido de esos disparos, logré salir, pero  antes me aventaron y caí al suelo, raspándome las piernas de ambos pies, y agarré al frente de uno de los Apartamentos. Asimismo, quiero hacer mención  de que estos sujetos sacaron a la Carretera, las cuales rompían a punta de golpes con los palos que andaban, las tiraban al suelo.

 

“Yo le pedí a mi hijo de quince años que lanzara (por el aire) por el patio trasero vecino a mi hija de diez meses, para que la atrapara otro niño, para que no le hicieran daño ni la quemaran…la agarran al  otro lado. Luego mi hijo se va corriendo en U una dos cuadras, para ir a rescatar a mi hija (Sofana Orquídea) del patio mencionado.

 

“Dejo a mi madre en la casa de la familia Estrada, después de saber que mi hija ha sido rescatada. En ese momento veo que de mi Apartamento está saliendo humo, y le digo a mi mamá: “Nos quemaron el Apartamento”. No sé cuánto tiempo había pasado, pero ya oigo una sirena, una alarma, y veo un camión de los bomberos.

 

“Decido irme al Apartamento a buscar a mi trabajadora doméstica (Marcia Cabrera Lacayo), cuando ya el Apartamento se está quemando. Encuentro a Marcia, ya había salido, y me dice: “Anabelle, me rociaron de gasolina las piernas… mire, yo estaba orando en la casa, y los hombres se saltaron por el muro del tendedero, venían con bidones blancos, y me sacaron a empujones, y me dijeron: “chavala hija de la p…, salite o te quemamos, y el hombre que decía eso, le decía a los otros: “busquen en los cuartos a Barreto, lo amarran y lo queman”.

 

Ella dice que la gasolina la rociaron como echar un balde de agua desde el lavandero hacia la pared del baño, y es en este momento en que a ella la baña (con gasolina), y en lo que va saliendo, ve que rociaban de gasolina la cocina”

 

“Logré verificar de que todos mis enseres estaban quemados, tal como camas, mesas de noche, closetts con ropa, mercadería de la venta de ropa nueva, dinero en efectivo, dólares, joyas de oro, y el Apartamento No. 1 quemado en su totalidad. Reconocí a Henry Núñez, escolta de Frutos Chamorro, como el que dirigía a toda esa gente,  asimismo los acuso de asesinato frustrado en contra mía y de mi familia”.

 

Parte de la declaración de Julio Alejandro Toribio Díaz, propietario  del Apartamento No. 2, el cual fue parcialmente quemado por los 180 matones, jefeados por Henry Núñez Abarca, Frutos Chamorro Argüello y Juan Pablo Rivas Castro.

 

Ya expliqué al comienzo de este libro que los Apartamentos Argüello forma una “U” y que son, o eran una sola construcción continua, es decir, el Apartamento 2 pegado al 1, el 2 pegado al 3, el tres pegado al cuatro, el cuatro pegado al 5, etc.:

 

“Escuché una bulla… vi personas que entraban a los patios de los Apartamentos. Me asomé por la venta y miré al señor Henry Núñez, que vestía una camisa roja y pantalón amarillo, portaba un Walkie Talkie y gritaba llamando a BARRICADA (¿?)…y de pronto este dio la orden a las personas que lo acompañaban, que desalojaran el Apartamento No. 1. Algunas de esas personas portaban armas cortas, las que no puedo describir, y armas largas.

 

“Oí que el señor Henry Núñez, iba con un Walkie Talkie  en la mano, comenzó a gritarles: “agarren  a ese hijo de puta de periodista de BARRICADA, amárrenlo porque los vamos a quemar vivo…evidentemente, en ese momento yo me puse más nervioso, mientras mi esposa y mis hijos estaban gritando, entonces me di cuenta que estaban sacando a la madre de Anabelle porque ya tenía una crisis nerviosa.

 

“Después se dirigieron donde mi con palos y comenzaron a quebrarme los vidrios (de las ventanas), fue cuando yo grité que si entraban los iba a agredir fuertemente, ya que me armé de un palo, me enfrenté a estos sujetos y se retiraron un poco, y les dijimos que habían niños.

 

“Siguieron desalojando el Apartamento No. 1, y miré cuando estaban botando el muro del Apartamento No. 1 (de Pablo E. Barreto Pérez), y también miré que un sujeto con un balde  rociaba gasolina.

 

“Me salí a la puerta y comencé a gritar que estaban quemando el Apartamento No. 1, mientras Henry Núñez estaba y empezó a gritarme “salí sandinista hijo de la gran p… que te voy a matar”, fue cuando llamó a uno de los sujetos, el que andaba un pañuelo negro y portaba una pistola en la mano derecha, y le ordenó que me matara. Fue cuando me tiré al suelo. El fuego venía avanzando, se miraba el Apartamento  lleno de humo.

 

“Me salí corriendo (del Apartamento No. 2) y estos entraron a mi Apartamento y comenzaron a forzar el clossette, de donde se llevaron un dinero, siendo la cantidad de esto diez mil córdobas, la ropa en general, la mía y la de mi esposa, sacaron las cosas y se las llevaron, luego comenzó  a arder mi Apartamento, ya que el fuego del primer Apartamento (el No. 1) se cruzó al mío.

 

“Luego las turbas de personas que vinieron con Henry Núñez se cruzaron el muro del otro lado y se dieron a la fuga. Yo me refugié con mis dos niños de nombres Milton Benjamín Toribio, de cuatro años de edad, y Juan Manuel García, de seis años de edad, y mi esposa de nombre María Cecilia García, en el patio del fondo”.

 

Declaración de María Cecilia García González, esposa de Julio Alejandro Toribio Díaz, propietarios del Apartamento No. 2, quemado parcialmente:

 

 

“Yo me quedé allí observando, y vi que casi toda la mayoría de los hombres se dirigían al Apartamento Número Uno, con palos, machetes, piedras y armas recortadas, y empezaron  a arrancar el portón del negocio de la señora del Apartamento Número Uno, quebrar persianas, a botar puertas con patadas e introducirse a la fuerza al inmueble.

 

“Pude observar que Henry Núñez, que en ese momento estaba en medio del patio, con un Walkie Talkie en la mano, hablaba no sé con quién, se dirigió al Apartamento Número Uno y gritó lo siguiente: “Busquen a ese hijo de tal… para quemarlo vivo, refiriéndose a Pablo Emilio Barreto, y lo quemamos vivo, entonces me fui un momento para mi cuarto, acosté a mis hijos en el piso y como soy cristiana, empecé a orar”.

 

“Los hombres seguían ingresando a los otros apartamentos, y minutos después logré oler un tufo a gasolina muy fuerte, escuchando luego que tomó fuego la casa de habitación de Barreto. Dichos hombres estaban llegando a montones, empezaron a ingresar a mi casa de habitación, manifestándome que saliera, que íbamos a quedar tendidos sobre la calle, por lo que yo tuve que salir fuera.

 

“Dichos sujetos, creo yo,  andaban en estado de ebriedad, tuve que salirme en vista de que dichos sujetos portaban entre sus manos bidones de gasolina, antes de prenderle fuego a mi Apartamento, procedieron a sacarme de mi casa de habitación, en donde luego que pasó dicha acción, pude notar muy bien que se me había desaparecido la cantidad de diez mil córdobas en efectivo.

 

“Tuve que sacar a mis hijos fuera, a fin de que no nos quemáramos dentro del Apartamento. El fuego seguía extendiéndose hacia los otros apartamentos y la gente sacaba sus cosas, entre las personas que andaban dirigiendo dicha acción se encontraba el señor Henry Núñez, quien es el supuesto comprador de los apartamentos que Frutos Chamorro les vendió.

 

Parte de la declaración de Juan Pablo Hernández Cruz, propietario del Apartamento No. 4:

“Observé que una multitud de personas  estaba invadiendo los predios de los Apartamentos. Esta multitud procedía tanto del Norte como de la parte Sur. Al observar esto, yo salí de mi casa y sobre de mí vienen varios sujetos, a los cuales no conozco, todos con aspecto de campesinos. En ese me sale un sujeto de nombre Henry Núñez. Me manifestó que si yo daba un paso más, me iba a matar, por lo que me quedé parado.

 

Dicho sujeto habló por el Walkie Talkie, expresando quien sabe a quién, que ya encontraba en el lugar, que iba a proceder dándole la orden a los sujetos de pegarle fuego al Apartamento del Sr. Pablo Emilio Barreto, que fue donde primero incendiaron.

 

“Luego procedí a meterme dentro de mi casa, a fin de llamara telefónicamente, pero no me dio tiempo, procedimos a salir huyendo por la parte trasera de mi casa de habitación, en vista que los hombres empezaron a destruir todos los cristales (paredes-ventanas) de los Apartamentos. Al mismo tiempo ingresaban en los Apartamentos y registraban totalmente las habitaciones. Cuando tuve de frente a dichos sujetos, pude ver bien a dos que andaban armados, uno de ellos con una pistola, portaba una bolsa conteniendo supuestamente con explosivos.

 

“También observé a otro que portaba un bolso grande, donde del mismo salía un cañón de arma de fuego, larga. Hubo ráfagas de tiros al aire, pero no pude ver de donde salieron.

 

Una vez que incendiaron la habitación de Pablo Emilio Barreto, procedieron a ingresar a los apartamentos, donde desprendieron puertas, dañaron y robaron electrodomésticos, causaron daños sicológicos y mucho miedo a nuestros niños”.

 

Carlos y Virginia Estrada, familia residente en el lado Sur de los Apartamentos Argüello números 5 y 6, confirmaron a los oficiales investigadores del Departamento Tres de la Policía Nacional, que los residentes adultos y niños llegaron en tropel huyendo de los 180 matones de Frutos Chamorro Argüello al momento en que los invasores ya estaban prendiéndole fuego al Apartamento No. 1.

 

La familia Estrada tiene su casa entre una calle angosta y los Apartamentos 5 y 6, la cual se inicia en la Carretera Sur hacia el Este, rumbo a otros módulos residenciales precisamente del lado Este. Es decir, los Apartamentos números 5 y 6 ocultan la visión hacia el Apartamento No. 1.

 

Al ser preguntado por la Jueza Altamirano López y por la abogada Parrales sobre esta situación desesperante de cómo podían ver el incendio desde el asa de la familia Estrada, Juan Pablo Hernández Cruz respondió lo siguiente, según se lee en el folio739 del Expediente del Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua:

 

“Lo que logré divisar desde la casa de la familia Estrada, fueron las llamaradas de fuego que salían del Apartamento donde habita Pablo Emilio Barreto y escuchar las detonaciones de armas de fuego”.

 

A otra pregunta de la doctora Dinorah Parrales, Juan Pablo responde:

 

“El principal, el que daba órdenes, un señor algo gordo, de estómago abultado, pelo crespo, color de piel trigueño, recio…entre los otros que estaban alrededor de él, logré ver a un alto, delgado, de aproximadamente unos veintisiete años…Aclaro que en mi casa nunca me refugié, más bien busqué la forma más rápida de salir por el eminente peligro que corría mi familia. Traté de salir a refugiarme a la casa más cercana, donde la familia Estrada. Nos persiguieron alrededor de de veinte de estos pandilleros, pero se detuvieron cuando ya nosotros habíamos entrado al patio de la casa de la familia Estrada.

 

“Ese grupo fue el que entró por el Sur a invadir los Apartamentos el 14 de abril en la tarde”.

 

 

 

 

 

 

 

Retazos de la declaración de Brenda Enríquez de Hernández, esposa de Juan Pablo Hernández Cruz,  dueños del Apartamento No. 4:

 

“Unas cien personas se tiraron la cerca de alambres que tenemos en la entrada. Estos sujetos primero se colocaron en medio de un cuadro o rotonda, los cuales estaban siendo dirigidos por un sujeto chele, gordo, panzón, que andaba un Walkie Talkie en una de las manos y en la otra mano, miré que andaba un arma larga y grande, asimismo los sujetos  que estaban dentro andaban armas cortas, y además andaban botellas con gasolina y mechas.

 

“Me salí por la parte de atrás de mi casa. Fui a dejar a mis hijos a una casa vecina, detrás del Apartamento. Al regresar escuché que estaban realizando disparos al aire, y miré que ya muchos de estos sujetos ya estaban metidos dentro de los Apartamentos de enfrente, como son el uno, dos, tres y del mío se llevaron una grabadora, ropa, zapatos. Rompieron la ventana de mi casa a punta de patadas, y después de eso miré que el Apartamento No. 1 estaba en llamas, y después de eso los cuartos contiguos también tomaron fuego.

 

No preciso la cantidad o el valor en dinero de  de lo que se me llevaron dichos sujetos. Asimismo quiero manifestar de que si me presentan al sujeto chele, gordo, lo podría reconocer”.

 

Parte de la declaración de Silvia Ortega Rosales, propietaria del Apartamento No. 3, dañado porque los bomberos tuvieron que romper por dentro de los cuartos de este Apartamento, con el fin de evitar que el incendio criminal siguiera avanzando del Apartamento 2 hacia el resto:

 

Pude anotar la placa de uno de los camiones, y de una Toyota Land Crouiser, de color azul, de Frutos Chamorro, es placa MJ-0579, la cual llegó hasta donde se encuentran ubicados los apartamentos; MY-54 99 Jeep Suzuki plateado (en este llegó Henry Núñez Abarca) y un camioneta de tina Toyota, color celeste, placas MH-3608”.

 

Una parte de la declaración de Luz Marina Artola Rivera, propietaria del Apartamento No. 4:

 

“Observé  que tanto por parte  Sur como por la parte Norte, estaban ingresando a los predios de los apartamentos, una multitud de personas, todas del sexo masculino, , siendo aproximadamente unos ochenta hombres, los cuales prepotentemente empezaron a manifestar que “el que le hiciera “mates” lo iban a matar”. En eso ingresó también a los predios un sujeto moreno, recio, el cual portaba un Walkie Talkie, expresando dicho sujeto al ingresar a los predios de los apartamentos, que sacaran todas sus coscas de los apartamentos, los hombres  violentamente obedecieron la orden que dio sujeto les dio, que simultáneamente procedieron a violentar todos los apartamentos que hay, rompiendo las persianas y puertas a punta de patadas.

 

“Luego se dirigieron al Apartamento del Sr. Pablo Emilio Barreto, procedieron estos con galones de gasolina a prender fuego a la casa de habitación, produciéndose un incendio que devoró totalmente el Apartamento de dicho señor. Este incendio amenazó con extenderse hacia los otros apartamentos. Cuando llegaron los bomberos y la Policía, los sujetos se habían marchado del lugar, dejando en llamas el Apartamento de Pablo.

 

“En relación a las detonaciones de arma de fuego que hubieron en el lugar del suceso, quiero hacer mención de que yo sólo escuché disparos esporádicos hacia el aire, pero se fue arreciando hasta lograr  escuchar minutos después, ráfagas de armas de fuego, no pude observa quién estaba disparando, en vista de que tuve que correrme en compañía de mis hijos”.

 

Parte de la declaración, ante investigadores de la Policía Nacional,  de José Guillermo Collado Gutiérrez, uno de los apenas tres miembros de la Brigada Antidesalojos que se encontraba ese día 14 de abril acompañando a los residentes en los Apartamentos Argüello.

 

Ante la embestida de 180 matones, muchos de ellos armados con pistolas, machetes, cuchillos, palos y hasta combustible para prender fuego, jefeados por Henry Núñez Abarca, Frutos Chamorro Argüello y Juan Pablo  Rivas Castro, a Collado Gutiérrez no le quedó otra opción que replegarse hacia la parte posterior, en el lado Sureste, de los Apartamentos Argüello, adonde también se fueron la mayoría de los residentes de los Apartamentos, a refugiarse en los predios baldíos y en la casa de un vecino de apellido Estrada.

 

A esa casa de los Estrada fue también la doctora Dinorah Parrales Parrales, nuestra abogada, nuestra defensora en los Juzgados Civiles y Criminales mencionados en este libro, y también en la Estación Tres de la Policía Nacional, pues personalmente Henry Núñez llegó gritando, preguntando por la doctora Parrales, porque a lo mejor llevaba intenciones de matarla, como también gritaba “Busquen a ese hijo de p… de Pablo Emilio Barreto, lo vamos a quemar vivo, lo vamos a matar, mucho jode por los desalojos en ese periódico BARRICADA”.

 

“Yo me encontraba en los apartamentos del kilómetro once de la Carretera Sur, en donde yo ayudo a los moradores de dicha colonia a cuidar, cuando en eso observo que por la parte lateral de los apartamentos, a la orilla de la calle, estaban ingresando un grupo de personas, los cuales procedieron a dirigirse al Apartamento del periodista Pablo Emilio Barreto, y donde además dicho sujetos gritaban que nadie los iba a detener, que el que saliera de los apartamentos lo iban a matar.

“Acto seguido procedieron a pegarle fuego al Apartamento del Sr. Barreto, con galones de gasolina. Solamente pude reconocer a un sujeto gordo que andaba con un Walkie Talkie, el cual manifestaba por el mismo radio, no sé a quién, que ya habían quemado el primer Apartamento, que iban por el segundo. Asimismo lanzaba amenazas contra el Sr. Barreto, donde expresaba dicho sujeto gordo, que cuando lo encontraran a Barreto lo iban a amarrar y lo iban a matar”.

 

Un resumen, lo más importante, de la declaración de Carlos Sáenz Bellanger, profesor universitario, vecino, residente casi frente a los Apartamentos Argüello, habita una casa en la orillita del pavimento de la Carretera Sur, testigo presencial del incendio criminal y del momento en que llegaban los 180 matones, jefeados por Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas Castro:

 

“Al salir, miré que había una gran cantidad de personas, aproximadas a las cincuenta, las cuales estaban como distribuidas. Se regaron alrededor de uno de los apartamentos que queda a mano derecha, y un grueso de unas veinticinco entró al Apartamento, los cuales al entrar inmediatamente salían con todos los enseres de dicho Apartamento, los salían a poner a la orilla de la Carretera, entre los cuales miré: televisores, una mantenedora, ropa, muebles de sala, todo esto se dio rápidamente.

 

“Yo al mirar esta situación, procedí a parquear mi camioneta y me vine para acá a gritarles, esto debido a que estos sujetos sacaron a una señora bajita, chelita, y una niña tierna, la cual la traían a empujones, en vista de eso fue que yo les grité, en eso miré que dentro salió un señor, el cual andaba de camisa roja y pantalón negro, que portaba un radiocomunicador, como de uso cincuenta años, medio pelo corto, medio parado, , el cual me dijo que me retirara, y entonces yo seguían insistiendo en que dejaran de hacer eso, y comenzamos a discutir entre ambos.

 

“En eso comencé a mirar de que del primer Apartamento salían llamas y escuché gritos de gente, e inmediatamente miré que de otros apartamentos salían corriendo, en eso  el sujeto del Walkie Talkie comenzó a decirles al resto de gente que andaba, que se retiraran, y estos comenzaron a desfilar sobre la Carretera, a pie. Asimismo, miré que este último sujeto salió hacia fuera de la Carretera y se montó en un vehículo tipo Suzuki, de los pequeños, de color plomo, con calcomanía a los lados, de color rojo y amarillo.

 

“No logré entrar a los apartamentos debido a que el humo no lo permitía y me salí miré de que el otro grupo estaba detrás de los apartamentos, y como en eso apareció una Patrulla de la Policía, yo les indiqué dónde se encontraban estos sujetos, y esta Patrulla policial logró capturar a muchos de esos sujetos.

 

“Asimismo, logré mirar que estos sujetos andaban un bidón blanco, en el cual creo que andaban gasolina y que la utilizaron para incendiar los apartamentos. Después de eso, me dediqué a ayudarles a la gente de los apartamentos, para que no se les quemaran todos sus enseres”.

 

Dra. Parrales: “Querían asesinarme a mí también”

 

Ya dije que la doctora Dinorah Parrales Parrales, originaria de Diriamba, Carazo, era y sigue siendo nuestra abogada defensora, especialmente en los momentos más difíciles, referidos a cuando esta pandilla de criminales de Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas, comenzaron a hostigar, agredir, amenazar de muerte y ponerle precio “a la cabeza” de varios de los vecinos de los Apartamentos Argüello, lo cual ya quedó contado antes en Juzgados del Crimen de Managua, y al final emprender una ola de intentos de desalojo violento, hasta culminar con el incendio criminal, “que en realidad fue intencional, planificado”, sostuvo la doctora Parrales ante oficiales de la Policía Nacional, ante medios informativos y en el Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua, a cargo de la doctora Rosario Altamirano López, en ese momento.

 

Al momento de la invasión inesperada de los 180 matones contratados para el desalojo e incendio intencional, la doctora Parrales estaba dentro del Apartamento No. 6, ubicado a la orilla de la Carretera Sur, igual que el Apartamento No. 1. Se encontraba allí la doctora Parrales trabajando en documentos para continuar las acusaciones criminales por amenazas de muerte, agresiones, destrucción material en vehículos y en los apartamentos, más intentos de asesinato en contra de Julio Toribio Díaz, Wilmar Suárez y Jaime Aguilar Pacheco, y defendernos de los intentos de desalojo, los cuales habían sido rechazados por una Brigada Antidesalojos del Movimiento Comunal Nicaragüense (MCN), en numerosas ocasiones.

 

Guillermo José Collado, uno de los miembros de  aquella Brigada Comunitaria Antidesalojos, estaba precisamente a la expectativa de la posibilidad de la llegada de matones de Frutos Chamorro Argüello, cuando vio personalmente bajarse en tropel a los 180 sujetos, jefeados por Henry Núñez Abarca, Jimy Najman Perezdiez, Horacio Calero y Gerardo Aburto Sevilla.

 

Collado ya conocía a Núñez Abarca, a Najman Perezdiez y Horacio Calero, pues estos ya habían estado durante agresiones materiales y amenazas de muertes contra los vecinos residentes, lanzadas personalmente por Frutos Chamorro Argüello, allí mismo en los patios de los Apartamentos Argüello.

 

Miembros de la Brigada Comunitaria Antidesalojo sólo habían dos, Guillermo Collado y Henry Salvador Martínez Rocha, ambos del Movimiento Comunal de Diriamba. Esta Brigada Antidesalojo, específicamente para los Apartamentos Argüello, estaba integrada por 15 delegados del Movimiento Comunal de Managua, encabezado por Orlando Blandón Lagos, y varios compañeros de Diriamba.

 

Estos delegados se turnaban por días y horas el apoyo a los residentes de los apartamentos. Ese día 14 de abril de 1994 sólo estaban los dos mencionados, más la doctora Parrales, quien hacía más o menos una hora había regresado de sus gestiones abogadiles en los Juzgados de Managua, ubicado en el Complejo Nejapa, en Managua.

 

Al ver a tantos maleantes en plan de desalojo,  Collado se convención de inmediato que Martínez Rocha y él solo, no podrían enfrentar a 180 sujetos que ya se distribuían en grupos para emprender el desalojo y el incendio criminal.

 

Entonces, abandonó la trinchera que mantenía en la entrada a los apartamentos, la cual incluía una puerta con alambres de púas. Un grupo numeroso de matones derribó la puerta, cortó los alambres con alicates, y enrumbaron hacia el interior de los apartamentos.

 

Al frente del grupo que entró por el frente iba Henry Núñez Abarca, “hecho un energúmeno, muy violento, blandiendo una pistola en las manos, un radiocomunicador, y dos o tres hombres junto a él portaban unos bidones blancos, que supongo contenían gasolina”, relató Collado ante oficiales de la Policía Nacional.

 

Al mismo tiempo, según Collado, Henry Núñez Abarca gritaba: “¿Dónde está la doctora Parrales? ¡La vamos a matar también¡ ¿Dónde está Barreto, venimos a quemar este hijo de p…vivo, mucho jode en ese periódico BARRICADA¡”.

 

Al oír estos gritos del criminal Núñez, el brigadista Collado se fue a sacar a la doctora Parrales hacia el fondo, por detrás, y la fue a refugiar a una casa vecina, donde le dieron alojamiento también a los niños y niñas de los apartamentos.

 

La doctora Parrales también había sido amenazada de muerte por el grupo criminal de Frutos Chamorro Argüello. Por este motivo, al momento de dar su testimonio ante la Policía Nacional el mismo día 14 de abril, en la noche, y después en el Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua, la doctora Parrales asegura que también a ella la buscaban para matarla.

 

Al describir los hechos del incendio criminal ante investigadores de la Policía Nacional, esa misma noche del 14 de abril en los Apartamentos Argüello, pues en ellos instaló sus operaciones de peritaje e investigaciones el Departamento Tres de la Policía, la doctora Parrales Parrales al mismo tiempo acusó a los 180 maleantes llevados por Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas, por:

 

Incendio, asesinato frustrado, alteración al orden público, asociación ilícita para delinquir, perturbación de la posesión, penetración domiciliar ilegítima, daños a la propiedad, infanticidio frustrado, lesiones, violación de domicilio, terrorismo, asonada, desalojo ilegal e incendio intencional.

 

Estas acusaciones las formuló en nombre de los habitantes residentes en los Apartamentos Argüello (hombres, mujeres, ancianos y niños) en contra de todos los 180 matones, y señalando como los principales impulsores de este crimen incendiario a Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca, Juan Pablo Rivas, Horacio Calero, Jimy Najman Perezdiez y Gerardo Aburto Sevilla, este último uno de los contratistas de los campesinos de Ticuantepe, para que fueran a hacer “un cargue y descargue”, por 30 córdobas cada uno.

 

En esa “descripción de hechos” y formulación de acusaciones criminales, la doctora Parrales Parrales le anuncia a la Jefatura de la Estación III de Policía Nacional que esas mismas figuras o delitos serían colocados en la acusación que se presentaría ante el Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua, a cargo de la doctora Rosario  Altamirano López, porque a este Juzgado le tocaba asumir jurisdiccionalmente el caso del incendio criminal en los Apartamentos Argüello.

 

Esa misma noche del 14 de abril, mientras los investigadores y peritos de la Estación Tres de Policía hacían lo suyo, la doctora Parrales Parrales, reunida con los vecinos afectados elaboró un poder  especial para acusar, en nombre de las víctimas del intento violento de desalojo e incendio criminal intencional, a todos los 45 capturados y fundamentalmente a sus jefes (autores intelectuales y materiales) Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca, Juan Pablo Rivas, Gerardo Aburto Sevilla y Horacio Calero.

 

En la acusación formal contra estos maleantes, la doctora Parrales narra que Guillermo Collado Gutiérrez la sacó corriendo del Apartamento No. 6 y la pasó al Apartamento No. 5, con el fin de sacarla rápido hacia el patio trasero y un camino hacia el Este de los Apartamentos, para llevarla, finalmente,  a  refugiarla en la casa de los Estrada, donde también fueron ubicados niños, ancianos y mujeres, debido a que precisamente Henry Núñez Abarca gritaba: “!búsquenla… la vamos a matar también¡”.

 

El escrito acusatorio de la doctora Dinorah Parrales asegura que Collado y ella misma vieron y oyeron cuando Henry Núñez Abarca amenazaba con agarrar a los niños Milton Benjamín Toribio García, a Juan Manuel y Vivian Vanesa Raudez García, mientras esgrimía en el aire un mecate, con el cual, gritaba histérico, “los voy a colgar en este árbol, les voy a echar gasolina y los voy a quemar”. Milton Benjamín y Juan Manuel son hijos de Alejandro Toribio Díaz, propietario del Apartamento No. 2.

 

En su acusación contra estos maleantes, la doctora Parrales indica que ella oyó, mientras era sacada del peligro por Collado Gutiérrez, que Henry Núñez además, gritó: “!Ya vamos a terminar con todo esto, cobramos el Seguro y que estos hijos de p…mueran quemados…así querían¡”

 

“No existe ninguna sentencia de desalojo para mis poderdantes, ni juicio ninguno que diga que deben ser desalojados, y toda autoridad para requerir lo que dice la Ley es que se auxilia de dos policías, o los que quieran, pero no dice que la autoridad vaya acompañada de pandilleros; por esto constituye un anarquismo bárbaro, en donde la misma autoridad, en este caso al haber aceptado la juez (Ruth Chamorro Martínez) la compañía de los pandilleros, estaba quebrando, estaba enturbiando la imagen del Poder Judicial, sujeto a requisitos, de justicia, moral y equidad para conservar la estabilidad del bien común y preservar los derechos de los ciudadanos”, sostiene uno de los párrafos de la acusación formulada por la doctora Parrales contra estos maleantes ante la Policía Nacional y ante el Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua.

 

Continúa la formulación de acusaciones de la doctora Parrales:

 

“Ubicadas dichas viviendas en el kilómetro  once (11)  de la Carretera Sur,  donde todos estos  señores con armas de guerra, gasolina, cadenas, palos, piedras, cuchillos, machetes, pistolas y otros instrumentos, violentaron, lesionaron, golpearon, robaron, incendiaron, robaron dinero y joyas y otros enseres, habiendo causa la muerte de animales domésticos.

 

“ Que dan Poder a la doctora Dinorah Parrales Parrales, para que lleve hasta el fin esta acusación, tanto en los trámites escritos como orales del juicio y lograr en esta forma la condena de estos señores, otorgándole facultades amplias y suficientes que la Ley otorga a las partes en el proceso criminal, ya que ella es la representante en calidad de acusadora.

 

“Así se expresaron los comparecientes a quienes explico el objeto, valor y significación de este acto, el de las cláusulas generales que aseguran su validez, el de las especiales que contienen y envuelven  renuncias y estipulaciones implícitas y explícitas y lo relativo a sus timbres de Ley”, expresa parte de la escritura acusatoria, presentada por la doctora Parrales ante la Policía y ante el Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua.

 

La doctora Parrales solicitó  a la jueza Altamirano López que fuesen examinados por el médico forense: Ercilia Argueta de Barrera, Iván Ramírez Barrera, y los niños Juan Manuel Urbina García, Milton Benjamín Chacón García y Vivian Vanesa Raudez García, Juan Pablo Hernández Enríquez,  Oscar Manuel Aguirre Artola, Carlos Daniel Aguirre Artola, Brenda  Paola Hernández Enríquez, y  a los adultos José Guillermo Collado Gutiérrez, Isidro José López Carcache y Elvis José Navarrete, porque todos habían sufrido el terror u horror provocado por los 180 matones al incendiar criminalmente los Apartamentos Argüello, y debido a que algunos de ellos presentaban lesiones físicas.

 

Este caso del incendio criminal intencional inicialmente fue remitido al Juzgado Séptimo de Distrito de Managua, a cargo del doctor Ojeada, pero casi inmediatamente pasó al Juzgado Sexto de Distrito de Managua, cuya titular era la doctora Rosario Altamirano López.

 

Casi al mismo tiempo, los criminales incendiarios impunes, prófugos, Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas Castro, presentaron, no se sabe cómo porque estaban prófugos, a un abogado de recordación nefasta en la Historia de Nicaragua, Daniel Olivas  Zúniga, quien en los viejos tiempos de la dictadura somocista genocida, anduvo defendiendo a guardias asesinos y acusando a guerrilleros del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

 

Sí, ese abogado se buscaron los criminales incendiarios impunes, como quien dice recordando los viejos tiempos del somocismo genocida.

 

Al resto de los 45 detenidos en el lugar del incendio criminal, les fueron nombrados abogados por sus familiares, o la jueza Altamirano López les asignó uno por imperio de Ley, para que no quedaran indefensos.

 

 

 

En página anteriores de este libro, referente al comienzo de estas agresiones criminales, señalo que inclusive en uno de los Juzgados del Crimen de Managua se denunció  que Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca y Horacio Calero, mediante trucos acompañados de fiestas y alteración al orden público dentro de los Apartamentos Argüello, planearon el asesinato de Jaime Aguilar Pacheco, Julio Alejandro Toribio  Díaz y Wilmar Suárez Bojorge, por cuya eliminación física ofrecían “10,000 dólares por cabeza”.

 

Esta denuncia la formuló Marta Lorena Sinclair Payán en uno de los Juzgados referidos. Sinclair Payán había sido contratada por Frutos Chamorro Argüello y Henry Núñez para hacer una labor de cómplice en el crimen planeado, y para ello, a Marta la ubicaron como responsable de las “fiestas” escandalosas, agresivas y de agresiones que hicieron dentro de los apartamentos en varios noches y sus madrugadas respectivas, durante las cuales destruyeron puertas, ventanas y techos de los Apartamentos Argüello, les poncharon las llantas a los vehículos, pero no ejecutaron el plan criminal porque  Sinclair Payán se opuso.

 

Sinclair Payán denunció estos planes ante los vecinos, especialmente las futuras víctimas, y la doctora Parrales procedió a coordinar las denuncias respectivas en los Juzgados del Crimen capitalinos.

 

Sinclair Payán tuvo que huir de los Apartamentos Argüello porque personalmente Henry Núñez le puso primero una pistola en la cabeza y después un cuchillo en la garganta, amenazándola con que si no cumplía los planes de asesinato, ella también sería eliminada.

 

Todos estos sucesos anteriores al incendio criminal intencional, fueron recordados por la doctora Parrales en el escrito de acusación mencionado, en el cual vuelve a colocar el listado de los 45 capturados por la Policía Nacional en el escenario de los hechos del kilómetro 11 Sur aquella tarde del 14 de abril de 1994.

 

Asimismo   le señala la jueza Rosario Altamirano López que ya tenga como testigos del incendio criminal a los ciudadanos: Marcia Cabrera Lacayo, Henry Salvador Martínez Rocha,  Elvis José Navarrete, Marcos Aurelio González Galo, Guillermo José Collado, Domingo Soreano, Concepción García, Carlos Sáenz Belanger y Ricardo Pineda Cano.

 

La Jefatura de Investigaciones de la Policía emitió las órdenes  de captura correspondientes en contra de los tres prófugos: Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas, cuyas direcciones se mencionaban de la siguiente forma:

 

Chamorro Argüello, residente en la Calle Los Cerros del Reparto Las Colinas, lugar de residencia de ricachones de Managua; Núñez Abarca, dirección desconocida, pero se le mencionaba como “guardaespaldas” y empleado  (¿en qué? de Chamorro Argüello y Rivas Castro, de la Iglesia de las Sierritas de Managua, cuatro cuadras al Este.

 

En una declaración ante la Policía, una mujer, que al parecer había convivido con Rivas Castro, informaba que este había sido uno de los vigilantes o CPF de la Embajada a Norteamericana en Managua.

 

También decía que Juan Pablo Rivas Castro le administraba una empresa de vigilantes o CPF a Frutos Chamorro Argüello en Las Colinas y en el Reparto Santo Domingo, en Las Sierritas de Managua. Es decir, estos dos sujetos eran empleados de Chamorro Argüello.

 

El jefe nacional de la Policía, comandante Fernando Caldera Azmitia, casi al mismo tiempo le informaba a periodistas y medios informativos nacionales y departamentales, que estos tres maleantes prófugos estaban siendo buscados por agentes policiales en Managua, en Boaco, en Masaya, en todo el país, pero, …pero mediante una investigación sencilla, simple, periodistas de los Diarios Barricada y El Nuevo Diario pudieron comprobar que ninguna patrulla policial llegó a buscar a Frutos Chamorro Argüello a su casa de habitación en el Reparto Las Colinas, al Oriente de Managua.

 

La Jefatura Nacional de la Policía asimismo emitió una orden de búsqueda de estos tres prófugos incendiarios a todo el país, y retención migratoria.

 

Además, se pudo establecer que Chamorro Argüello estuvo en su casa los días 15 y 16 de abril de 1994, dos días posteriores al  incendio criminal intencional. Lo mismo se pudo establecer con relación a Juan Pablo Rivas Castro, pues a su casa de Las Sierritas no llegaron de la Policía a buscarlo.

 

Días después pudimos establecer que Rivas Castro se había trasladado a una casa del Asentamiento Walter Ferrety, ubicado entre el Reparto Las Colinas y el Reparto Schick, es decir, por donde se movía en el negocio de la vigilancia de Frutos Chamorro Argüello.

 

Inclusive, pudimos establecer que Rivas Castro, días después del incendio criminal intencional, se dedicaba a supervisar un negocio que sigue poseyendo en una entrada del Kilómetro Diez de la Carretera Masaya, hacia el Sur.

 

Fuentes cercanas a la misma Policía Nacional me informaron que en el caso de Henry Núñez Abarca, este había huido a Nueva Guinea, donde tiene amigos y familiares, y adonde iba con frecuencia a realizar negocios personales y combinados con Frutos Chamorro Argüello.

 

Jueza Chamorro Martínez confiesa su participación

 

Mientras esto ocurría, la jueza Ruth Chamorro Martínez, involucrada directamente en el desalojo violentísimo, más incendio criminal intencional, de forma muy “diligente” e interesada, al siguiente día  (15 de abril de 1994), corrió a emitir una constancia, con su firma y sello del Juzgado Segundo Local Civil, jefeado por ella, en la cual decía lo siguiente:

 

“La suscrita juez Segundo Local civil de Managua, por medio de la presente, hago constar, que el día catorce de abril de mil novecientos noventa y cuatro, a las cinco y treinta minutos de la tarde, me presenté al kilómetro once de la Carretera Sur, a fin de darle cumplimiento a lo ordenado en el mandamiento, que dictara el juez cuarto civil del distrito de Managua, en fecha veinticuatro de marzo del corriente año, relacionado a la entrega de la posesión del inmueble número 26.527, tomo 940, folio 76/97, asiento cuatro columna de inscripciones, , sección de derechos reales, libro de propiedades del Registro Público de Managua,  número catastral: 2952-3-07-089-03800. Estando en el lugar entregué la posesión efectiva al señor Silvio González Duarte, apoderado generalísimo del propietario, señor Jimmy Najman Perezdiez.

 

“Cuando estaba procediendo a realizar el desalojo de las pertenencias de los ocupantes, del apartamento número uno (1), con personal de apoyo (¿?), comenzaron a escucharse disparos, provenientes del apartamento número seis (6) en donde se encontraban varias personas que estaban ayudando a los desalojados, y además noté que salía humo, del apartamento número dos, al cual no se había penetrado. Cabe hacer mención que el personal de apoyo del desalojo iba totalmente desarmado, y no portaban tampoco ningún tipo de material inflamable.

 

“A solicitud de parte interesada, extiendo la presente constancia, en la ciudad de Managua, a los quince días del mes de abril de mil novecientos noventa y cuatro.

 

Dra. Ruth Chamorro

Abogado y juez segundo local civil de Managua”.

 

La jueza Chamorro Martínez deja clarísimo que ella estuvo presente en el intento de desalojo violentísimo, e incendio criminal intencional. De acuerdo con esta “constancia” muy “diligente”, “informa” que fue con “personal de apoyo” para que sacaran las  pertenencias domésticas de los residentes en los Apartamentos Argüello, mientras, según dice en su “constancia”, “entregué la posesión efectiva al señor Silvio González Duarte”, a quien los vecinos jamás vimos ni en los alrededores, pero ¡claro¡ todo esto era parte de la suciedad violenta y mafiosa de donde Frutos Chamorro Argüello y de don Jimmy Najman Perezdiez, quien tampoco nunca vivió en los Apartamentos Argüello.

 

¿Más dueños? ¿Cuántos eran?

 

La jueza Chamorro Martínez, cuya destitución pidieron a la Corte Suprema de Justicia abogados, periodistas y población organizada de Managua, dice en su “constancia” “diligente” que los 180 matones, jefeados por Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas en el propio lugar del incendio criminal intencional, “iba totalmente desarmado, y no portaban ningún tipo de material inflamable”, lo cual fue totalmente desmentido por los informes oficiales del Departamento Tres de la Policía Nacional y de la Dirección General de Bomberos del Ministerio de Gobernación, según vimos en páginas anteriores de este libro.

 

Como por “arte de magia” negra y sucia, la propiedad de los Apartamentos, la cual nunca fue de Frutos Chamorro Argüello, porque ningún juez lo declaró “heredero” como él pretendía hacerse aparecer, el propio día del incendio criminal intencional, ocurría que ya los Apartamentos Argüello habían sido “vendidos” por Frutos Chamorro Argüello a un tal Jimmy Najman Perezdiez, al que los vecinos de los apartamentos nunca conocieron, y que además, como salido de un túnel misterioso, repentinamente, con 180 matones a la cabeza al mando de Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas, aparece la jueza Chamorro Martínez entregando “la posesión efectiva” a este tal Silvio González Duarte, mientras al mismo tiempo explotaba el incendio criminal intencional, de acuerdo con la descripción de esta jueza civil venal de Managua.

 

¿Quién era este Silvio González Duarte? ¿Por qué no apareció después acusado por el incendio criminal en el Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua?

 

¿Por qué huyeron también la jueza Chamorro Martínez y este Silvio González Duarte? ¿Por qué si estaban entregando algo legítimo no se encararon con las patrullas de la Policía Nacional, las cuales llegaron al momento del incendio criminal y capturaron a 45 de los vándalos que llevaron Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas, y que la jueza Chamorro Martínez dice en su “constancia” “diligente” que era “el personal de apoyo del desalojo”?

 

Esta “constancia” “diligente” de la jueza Ruth Chamorro Martínez aparece en el folio 389 del Expediente del incendio criminal en el Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua. Está con sello oficial del Juzgado Segundo Local Civil, del cual ella era su titular. Tiene su firma.

 

Y hubo otra “joya”, otro movimiento por “arte de magia” de jueces y abogados venales, casi inmediatamente después de ocurrido el incendio criminal intencional, pues en vez de disculparse ante Managua y Nicaragua por lo que hicieron, el abogado somocista Daniel Olivas Zúniga, apareció en el Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua, presentando una especie de “demanda” en representación de una tal Guillermina Chamorro de Morini (hermana de Frutos Chamorro Argüello, dice ella), el 18 de abril, tres días después del incendio criminal intencional, sosteniendo: “soy dueña en dominio y posesión de un inmueble ubicado en el kilómetro once de la carretera sur”.

 

Es decir, ¿otro “dueño”?, ¿cómo?,  ¿por  qué?, y lo peor es que dice que “soy dueña en dominio”, pero jamás la vimos en los Apartamentos Argüello. Al que sí vieron los vecinos en repetidas ocasiones, cuando amenazaba de muerte con fusiles y pistolas automáticas en mano, cuando nos hacía escándalos en el patio o estacionamiento central de los Apartamentos Argüello, cuando hizo fiestas escandalosas que incluían intenciones planificadas de Wilmar Suárez Bojorge, Julio Toribio Díaz y Jaime Aguilar Pacheco, y cuando llegó a destruirnos las llantas de los vehículos y ventanas de los apartamentos; sí, es cierto, a Frutos Chamorro Argüello y a Henry Núñez Abarca, sí fueron vistos allí amenazando de muerte, y debido a esto habían sido repetidamente acusados por los vecinos en los Juzgados del Crimen de Managua y en la Estación Tres de la Policía Nacional, según queda también demostrado en páginas anteriores de este libro.

 

Y lo peor de todo esto es la manipulación y calumnias a la Policía Nacional, pues esta  Guillermina Chamorro de Morini, dice en su “demanda”, ubicada en los folios números 391, 392 y 393 del Expediente del Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua:

 

“Al ejecutarse el lanzamiento, los comodatarios, prevenidos, según hemos sabido, previamente por la Policía, estaban armados con armas de fuego y con disposiciones para incendiar el inmueble”. Sí, eso dice Guillermina Chamorro de Morini. Y añade en el folio 395, sobre el accionar de la Policía Nacional esa tarde del incendio criminal intencional: “…llega, encarcela a los auxiliares de la justicia, desbarata la acción de cumplimiento de la Justicia y revierte las acciones: presta apoyo firme a los delincuentes, los protege, mientras a los auxiliares del Juez los detiene y los sindica como responsables de esos hechos”.

 

Esta doña Guillermina y su abogado somocista Olivas Zúniga, con las mismas mañas del somocismo genocida, hacen lo que hacían los guardias somocistas y aquellos matones famosos de León: López, Chavarrías y Acevedos, pues te matoneaban, te mataban, iban a la vela, lloraban en el entierro de sus víctimas,  y después decían que los martirizados por ellos tenían la culpa.

 

Ante estas insolencias vulgares de doña Guillermina Chamorro y su abogado somocista Olivas Zúniga, la doctora Dinorah Parrales Parrales reafirmó la acusación criminal en contra de estos 180 matones en el Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua, ante el cual tipificó los delitos cometidos durante el intento de desalojo violentísimo seguido de incendio criminal intencional, entre otros:

 

Incendio intencional, Asesinatos frustrados, usurpación de dominio privado, penetración ilegítima, robo con fuerza, violación de domicilio, ultraje a símbolos patrios, , lesiones, infanticidio frustrado,  alteración al orden público, incendio con lesiones y con personas habitando los inmuebles y asonada.

 

Este escrito acusatorio de la doctora Parrales fue introducido en el Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua, el 19 de abril de 1994, a las diez de la mañana.

 

Frutos amenaza en radioemisoras y recrimina a Director de BARRICADA

 

Periodistas de Diarios nacionales, de televisoras de Managua y reporteros de radionoticieros lograron comunicaciones telefónicas con Frutos Chamorro Argüello, prófugo, quien, según publicaron esos medios informativos nacionales y locales, el “honorable” pelirojo confirmó que efectivamente los 180 hombres del intento de desalojo violentísimo, más incendio criminal y también intentos de asesinato, los contrató él (Frutos Chamorro Argüello), para efectuar el desalojo en los Apartamentos Argüello en el kilómetro once de la Carretera Sur.

 

Chamorro Argüello, además, les dijo a esos periodistas que lo entrevistaron por teléfono que volvería a ejecutar el desalojo, tal como ocurrió, “porque yo soy el dueño”, repetía como loco desquiciado. Cuando le preguntaban por qué motivos no se presentaba a entregarse ante la Policía Nacional o en los Juzgados del Crimen de Managua, no respondía nada, guardaba silencio, según contaron los periodistas que lograron hablar con él por teléfono.

En esos mismos días, inclusive, remitió una carta suya al entonces Director del Diario BARRICADA, Carlos Fernando Chamorro Barrios, a quien le recuerda “viejos tiempos de familia” y lo recrimina por la solidaridad del Diario y del personal del periódico, más la solidaridad del mismo Carlos Fernando conmigo, debido a que yo era uno de los periodistas de BARRICADA desde su fundación oficial el 26 de julio de 1979, días después del triunfo de la Revolución Popular Sandinista.

 

Chamorro Barrios tituló esa carta “Una carta de Frutos Chamorro y su respuesta”, con el subtítulo: “Sobre el incendio de los apartamentos en la Carretera Sur”, la cual se publicó en páginas interiores del Diario BARRICADA. Aparece en el Folio 844 del Expediente, y dice lo siguiente:

 

“Estimado Carlos Fernando. Te escrito esta carta para aclarar ciertas cosas que creo son importantes. En primer lugar, quiero referirme a algo que dijiste por radio respecto de mi persona; en concreto dijiste que no me conocías, lo cual me extraña porque yo llegué a tu oficina a plantearte el problema que nos ocupa. Dijiste, sin embargo, que tu papá y el mío eran primos lejanos; quiero aclararte exactamente nuestro parentesco porque es importante establecer primero quiénes somos y de dónde venimos.

 

“Efectivamente tu papá, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, y mi papá, Julio Chamorro Coronel, eran primos en segundo grado, y según me cuentan, primos que se querían mucho, a pesar de que ambos tenían un carácter muy recio; tu abuelo, Pedro Joaquín Chamorro Zelaya, y mi abuelo, Julio Chamorro Benard, eran primoshermanos; a su vez, Filadelfo Chamorro Bolaños, tu bisabuelo, hijos ambos de don Pedro Joaquín Chamorro Alfaro, nuestro común tatarabuelo y Presidente de Nicaragua, fue el de la famosa Proclama de Masaya del 19 de octubre de 1855, contra los filibusteros de William Walker.

 

“(…) Dejemos ahora la historia y vamos a hablar de cosas más concretas y recientes. Vos sabés tan bien como yo, que tanto en tu familia como en la mía se nos inculca el amor a la verdad y el respeto a la conciencia y los valores morales. De tal manera, que tu padre mismo dio el máximo ejemplo que se puede dar al morir por defender la verdad y la justicia, lema del periódico LA PRENSA, que él con tanta valentía y dignidad dirigió.

 

“”En esa entrevista radial, vos me acusaste públicamente de ser el culpable del incendio provocado  en los Apartamentos del km. 11 de la Carretera Sur para defender a un empleado de BARRICADA. Es decir, me condenaste públicamente sin haber oído a la otra parte y con el agravante de que vos sabían perfectamente la situación de los Apartamentos de la Carretera Sur. A vos te consta que yo llegué a tu oficina del periódico, semanas, para explicarte dicho caso. Sentía que BARRICADA había venido presentando los hechos incorrectamente, y yo quería aclararlo con vos. Asimismo, vos sos testigo de que traté de convencer al periodista Barreto para que abandonara el Apartamento, quien decididamente se negó a hacerlo.

 

“Yo entiendo perfectamente que por solidaridad defendamos a nuestros colegas y compañeros de trabajo e ideología; lo que no puedo es que no defendamos la verdad que todos y sin excepción estamos obligados en conciencia a defender. Sobra decirlo, epro vos mejor que nadie comprendés la importancia y la responsabilidad que tienen los medios de comunicación en una sociedad, especialmente como la nuestra, que atraviesa un período difícil de transición y cambio, y como mejor que nadie en este país lo expresó tu padre en su Editorial el 3 de julio de 1951, Reflejo de la Verdad: “Nuestra obligación moral de periodistas, es decir primero cómo son las cosas, y agregar después cómo nosotros queremos que sean. Queremos que La Prensa sea un reflejo de la opinión pública y no una fábrica de ella”.

 

Para terminar quiero decirte personalmente no tengo nada contra vos; todo lo contrario, he admirado tu trabajo, aunque no esté de acuerdo en algunas cosas concretas como ésta. Más aún quiero que sepás que contás con mi amistad.

Sinceramente, Frutos Chamorro A”.

 

“Nota del Director

 

  1. No falté a la verdad cuando dije en Radio Ya que no conocía a Fruto Chamorro hasta hace pocos meses que se presentó en mi oficina a exponer su punto de vista sobre un litigio de propiedad.
  2. Los vínculos de parentesco que existen entre Fruto Chamorro y yo, no han incidido, ni a favor ni en contra, en la cobertura y el enjuiciamiento que dio BARRICADA al violento intento de desalojo con incendio ocurrido en los apartamentos de la Carretera Sur. Del ejemplo de mi padre aprendí a ejercer el periodismo conforme principios y convicciones.
  3. El que Pablo Emilio Barreto, uno de los habitantes de los apartamentos, sea periodista de BARRICADA, tampoco nos ha llevado a desvirtuar nuestra responsabilidad profesional en la búsqueda de la verdad. Aunque no oculto mi solidaridad personal, y la de todo nuestro colectivo, más aún al producirse una tragedia que pudo haberle costado la vida a la familia de Barreto.
  4. BARRICADA cubrió con el máximo de objetividad los hechos ocurridos, recabando incluso la versión del propio Fruto Chamorro, la noche del incendio, cuando todavía no se había declarado prófugo de la justicia.
  5. Editorialmente, he sostenido que ninguna disputa de propiedad –aun existiendo órdenes judiciales—justifica que se recurra a la fuerza de matones, amenazas de muerte y a actos de vandalismo como los provocados en la Carretera Sur. Eso fue lo que condené a través de Radio Ya.
  6. Le toca a los Tribunales de Justicia decidir quién fue el responsable del incendio que puso en peligro la vida de menores y a la familia de nuestro colega Pablo Emilio Barreto.
  7. Según testigos y el reporte de SINACOI, el siniestro fue provocado porque se roció gasolina. Si Fruto Chamorro tiene otra versión de los hechos, debería presentarse ante los Tribunales a aclarar su responsabilidad.

 

Carlos Fernando Chamorro B.

Director de BARRICADA”.

 

 

Se persona Procuradora de Justicia

 

El 19 de abril se personó la doctora Claudia Núñez Ramírez, Procuradora de Justicia, ante la jueza Sexto de Distrito del Crimen de Managua, doctora Rosario Altamirano López, refiriéndose a  la causa número 121/94, “en donde se procesa a Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez, Juan Pablo Rivas Castro, Gerardo Ramón Aburto Sevilla, César Augusto Cardenal Caballero y otros por el delito de incendio, exposición de personas al peligro y asociación para delinquir, en perjuicio de Pablo Emilio Barreto Pérez, Julio Alejandro Toribio Díaz, María Cecilia García González, Brenda Enríquez Hernández, Anabelle Barrera Argueta, Silvia Ortega Rosales, Luz Marina Artola Rivera y Juan Pablo Hernández Cruz.

 

“Por medio del presente escrito le solicito que estando en período de instrucción la presente causa se cite a declarar en calidad de testigo a la Dra. Ruth Chamorro”.

 

CENID investiga y acusa a incendiarios criminales

 

Abogados e investigadores del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CENIDH) acudieron al escenario del incendio criminal intencional, y elaboraron un documento titulado:

 

“Informe sobre el Incendio en los Apartamentos del Km. 11, Carretera Sur”, el cual comienza en el folio 695 del Expediente judicial y termina en el folio 699 del mismo Expediente del Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua.

 

 

 

“I-Antecedentes

 

  1. En febrero de 1993, el CENIDH recibió denuncia a los jefes de familia que habitan los Apartamentos del Km. 11 Carretera Sur, en contra de la Juez Tercero Civil de Distrito, Vida Benavente Prieto, quien según los denunciantes se parcializó en el proceso que por Comodato Precario les entabló el Sr. Frutos Chamorro A.

 

“En la revisión del expediente judicial realizada por el CENIDH observamos que  el Sr. Chamorro adquirió el inmueble en representación de la empresa Inversiones y Desarrollo Globales S.A., el 18 de agosto de 1992, mediante Escritura Pública de “compra-venta” al Grupo Arrendamiento S.A., pero al señor Chamorro no le hicieron entrega de la posesión del inmueble, pues estaba en poder de las 6 familias demandadas.

 

“La Juez Benavente emitió sentencia el 9 de febrero de 1993, dando lugar a la restitución del inmueble, la que fue  apelada, pasando el caso al Tribunal de Apelaciones de Managua, en donde aún continúa el proceso.

 

  1. “Al margen de que el caso se estaba ventilando por las vías legales, los habitantes de los apartamentos denunciaron nuevamente en el CENIDH, que el Sr. Chamorro contrató  el 15 de octubre de 1993 a unos 25 individuos (antisociales) que se presentaron en los apartamentos a realizar  una “fiesta” y provocaron en la madrugada del 16 de octubre un violento escándalo, daños a la propiedad y vehículos de los habitantes, con el objetivo de intimidarlos;  esto fue denunciado ante la Policía del Departamento  3, quienes capturaron a 4 individuos y los sancionaron con penas arresto conmutables.

 

“Afirmaron los habitantes  de los apartamentos que a eso de las 11 de la mañana del 16 de 1993, se presentó el Sr. Frutos Chamorro en un Jeep Mitsubishi Placa No. MJ-0579, acompañado de 2 civiles y un policía de apellido Gutiérrez, al cual el Centro  no pudo ubicar a qué unidad pertenecía. El Sr. Chamorro de muerte a los habitantes de los apartamentos y dirigiéndose a la Sra. Rita Mobus, dijo:

“Yo puedo quemar estos apartamentos con todo y ustedes, y hasta me sale mejor porque cobraré un seguro de ciento veinte mil dólares”.

 

“De acuerdo al Expediente policial No. 2824-93 del Departamento No. 3 de Policía, el Juzgado Sexto Local del Crimen recepcionó la causa el 26  de noviembre de 1993, en donde  se procesaría en ausencia al Sr. Frutos Chamorro pro los delitos de daños a la propiedad y amenazas de muerte.

 

“Después de estos , el 24 de octubre de 1993, según la misma denuncia, 4 mujeres se disponían a realizar otra “fiesta”, pero esto fue denunciado ante la Policía, quien frustró sus intenciones y no se presentaron  mayores incidentes.

 

“II.- Incendio en los Apartamentos:

 

“El 14 de abril del corriente año, a las 5:40 P.M., un grupo aproximado de 100 hombres, contratados por el Sr. Frutos Chamorro, armados de palos, bombas molotov y cargando bidones de gasolina, acompañando a la Juez Segundo Local de lo Civil Ruth Chamorro, procedieron a tratar de desalojar violentamente a los 50 habitantes de los 6 Apartamentos. Los habitantes se negaron a desocupar; entonces los acompañantes de la Juez le prendieron fuego al Apartamento del periodista del Diario BARRICADA Pablo Emilio Barreto y su familia, eso dijeron testigos presenciales en sus testimonios al CENIDH.

 

“Luego el fuego se extendió a otro Apartamento. El CENIDH en la inspección que realizó  en el lugar de los hechos, constató la quema total del Apartamento del periodista y sus enseres personales y la quema parcial del Apartamento contiguo.

 

“Esta acción de desalojo  fue ordenada por el Juez Cuarto de Distrito de lo Civil Encarnación Castañeda, a favor del Sr. Jimmy Najman P., quien demandó a Frutos Chamorro  por “inmisión en la posesión”, amparado  en una escritura pública de “compra-venta” con la que demostró haber adquirido la propiedad a Frutos Chamorro. Dicha escritura no fue inscrita en el Registro Público, quiere decir que no se había constituido en documento con fuerza ejecutiva, todavía no surtía efectos para terceros, sin embargo, el Juez Castañeda dictó auto decretando la “inmisión en la posesión”.

 

“El CENIDH presume que este juicio fue una maniobra del Sr. Chamorro, quien aparentemente  consideró el proceso en apelación prolongado y costoso, y para ahorrarse tiempo y dinero, prefabricó este juicio e instrumentalizó al Juez Castañeda, utilizando de testaferro al Sr. Najman para intentar desalojar por la vía “legal” a los habitantes de los Apartamentos, por medio de este juicio ejecutivo singular de “inmisión en la posesión”, que es sumamente rápido y eficaz, para lanzar a los ocupantes a la calle.

 

“III.- Insensibilidad del gobierno ante el problema de la propiedad

 

“El gobierno continúa sin poner fin al problema de la propiedad y ni siquiera muestra intenciones de querer hacerlo, el gobierno es indiferente ante la angustia y la zozobra de los miles de beneficiarios de las Leyes 85, 86 y 88 que exigen poner fin a este problema.

 

“Lo anterior se demuestra con el hecho de que la presidenta Violeta Barrios de Chamorro no sancionó la Ley aprobada por el Poder Legislativo, que manda suspender por 6 meses la ejecución de desalojos por cualquier causa o resolución judicial, al contrario, devolvió el Proyecto de Ley a la Asamblea, argumentando que la misma viola la Constitución.

 

“El CENIDH considera  que el gobierno está obligado a poner fin sin mayores dilaciones al problema de la propiedad, sólo así se evitará que sigan ocurriendo hechos violentos dirigidos por reclamantes de propiedades, o en el peor de los casos por jueces inescrupulosos que con su actitud generan mayor inseguridad y violencia.

 

“El CENIDH le recuerda al gobierno que está en la obligación de acatar la sugerencia del punto (E) No. 11, hecha por el Comité del Pacto de Derechos Económicos Sociales y Culturales, el 4 de enero de 1994, que dice:

 

“El Comité sugiere que el Estado  parte garantice la aplicación eficaz de las Leyes 85 y 86 de 1990, a fin de confirmar la seguridad de tenencia y los títulos de propiedad. El Comité recomienda que el Estado parte desarrolle y  aplique urgentemente una política amplia de vivienda de acuerdo con las obligaciones que ha asumido en virtud de los instrumentos internacionales.

 

“IV.- Consideraciones

 

La acción criminal en contra de esas familias sienta un precedente gravísimo, se ha dejando un mensaje de amenaza para miles de familias que habitan viviendas como beneficiarios de las Leyes 85 y 86.

 

“Es peligroso que los reclamantes de propiedades estén induciendo a la gente a la comisión de delitos para recuperar “sus propiedades”, aunmentando con ello el problema de descomposición social que existe en el país.

 

“2.- No podemos dejar de señalar la mala fe que se dio cuando el Sr. Francisco Barberena Bendaña de la Empresa Arrendamiento G de ASA, vendió al Sr. Frutos Chamorro, sin reconocer el derecho de preferencia que tienen los poseedores para comprar los apartamentos; este mismo error cometió Frutos Chamorro  al venderle al Sr. Jimmy Najman, sin ofrecer la propiedad previamente a sus poseedores.

 

“3.- El CENIDH  reconoce la función jurisdiccional como una actividad dirigida a la tutela  concreta e individualizada de intereses ajenos insatisfechos, mediante la ejecución eficaz de la sentencia, pero nos llama la atención cómo se continúan ejecutando diligentemente las sentencias favorables a sectores pudientes, mientras las sentencias que favorecen a los trabajadores y demás sectores desprotegidos, son engavetadas por los judiciales, con ellos se viola el derecho a la igualdad ante la Ley, consagrado en el Art. 27 de nuestra Constitución.

 

“Por ello resulta condenable, bajo cualquier punto de vista, la actitud de la juez Ruth Chamorro de pretender ejecutar una orden judicial, para colmo, apoyada por un  grupo de asalariados privados, pagados por el reclamante; en tal sentido la Policía informó que la judicial no les pidió  apoyo para ejecutar el desalojo.

 

“En el presente caso es indignante observar que no se la ha mayor trámite a la denuncia criminal referida en contra del Sr. Chamorro, pero sí se ejecuta el desalojo con mucha violencia e intimidación.

 

“La Juez Ruth Chamorro fue instrumento del Sr. Chamorro para cumplir sus amenazas de pegar fuego a los apartamentos. Su comportamiento omiso frente a la tragedia le crea un problema ético-jurídico y por ello es responsable moral y jurídicamente de los daños provocados por ese comportamiento.

 

La actuación de un Juez debe ser conscientemente sensible al respeto y a la garantía de los Derechos Humanos, contrariamente con esta acción criminal, se puso en peligro la vida y la integridad física de los habitantes de los Apartamentos y principalmente la de menores de edad.

 

“Conclusiones:

1.- El CENIDH ha establecido a través del seguimiento dado a este caso, que ésta fue una acción premeditada, por cuanto, ya existía una amenaza y por ello las autoridades judiciales y policiales son responsables de investigar y sancionar a los autores de estos hechos, de lo contrario se les estaría negando el derecho a la justicia a los ocupantes de los Apartamentos.

 

“2.- El CENIDH pide a la Excelentísima Corte Suprema de Justicia una exhaustiva investigación de la actuación de la Juez Ruth Chamorro en estos hechos, y al juez Séptimo de Distrito del Crimen, Boanerges Ojeda B. continuar con las investigaciones que el caso amerite”.

 

Acusadora Parrales protesta e impugna

 

Casi de manera paralela a estos señalamientos del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CENIDH), la doctora Dinorah Parrales, abogada acusadora nuestra y víctima también de intento de asesinato durante el incendio crimina premeditado, protestó e impugnó porque el comienzo del juicio criminal o penal contra estos maleantes incendiarios, algunos de los acusados, como Horacio Calero, estaba siendo citado a declarar como “testigo” en el Juzgado Séptimo de Distrito del Crimen de Managua.

 

Esta protesta aparece en los folios 701 y 702 del Expediente judicial. En su parte más esencial, este escrito de la doctora Parrales dice lo siguiente:

 

“Para el día de hoy, a las nueve de la mañana, fue citado a declarar el señor Horacio Calero, de calidades conocidas en autos, quien está acusado en el proceso que se sigue a los causantes del incendio, saqueo, robo, daños a la propiedad y otros delitos cometidos por los invasores que fueron detenidos y los que aún no han sido capturados, quienes fueron contratados por Henry Núñez, Pablo Rivas y Horacio Calero y otros quienes además participaron en los hechos que culminaron  con la quema e la casa del periodista Pablo Emilio Barreto y del músico Julio Toribio Díaz, y los destrozos de las viviendas.

 

“Todavía más: Horacio Calero participó en los hechos ocurridos  el diez y seis de octubre de mil novecientos noventa y tres, cuyo expediente está adjunto al que aquí se instruye, cuya instructiva se realizó en el Juzgado Sexto Local del Crimen de Managua, a cargo de la doctora Altamirano.

 

“También existe otro proceso abierto por Marta Sinclair en mil novecientos noventa y cuatro, en el mismo Juzgado Sexto Local del Crimen y que también ha sido anexado a la instructiva del proceso del incendio y otros delitos, y en estos procesos y otros hechos posteriores aparece Horacio Calero y ahora de manera ilegal e inmoral este sujeto circulado por la Policía Nacional junto con Frutos Chamorro, Pablo Rivas y Henry Núñez, y ahora es citado a declarar como “testigo”, por lo que no puede declarar como testigo, y desde ya impugno tal declaración y lo único que cabe es llamara a la Policía y detenerlo en vista de que está circulado y acusado y enfrenta un proceso que no es juguete, pues hubo exposición de personas al peligro, en donde habían menores de edad, que si no hubiera sido la diligencia de personas que llamaron a las instancias correspondientes, estuviéramos todos muertos.

 

“Este señor (Calero) varias veces alquiló disco-móvil para hostigar a los habitantes de los Apartamentos y llegó siempre Horacio, quien hasta la fecha es empleado de Frutos Chamorro, según lo manifiesta, y que viene como “testigo”, por lo que impugno tal cita como “testigo” y pido ordenar a la Policía la captura de Horacio Calero en cuanto entre al despacho, ya que para los habitantes de los Apartamentos del kilómetro once, significa alta peligrosidad”

 

El Capitán Concepción Andino Valdivia, Jefe de Investigaciones de la Estación Tres de la Policía Nacional, fue llamado por la Jueza Altamirano López a su despacho judicial, para que informase sobre qué vio y cómo procedió a investigar lo sucedido durante el incendio criminal premeditado, en el kilómetro 11 de la Carretera Sur, aquel jueves 14 de abril de 1994.

 

Andino Valdivia y el Capitán Márquez, segundo jefe de la Estación Tres de la Policía Nacional, en aquel momento, llegaron al escenario del incendio criminal premeditado, dirigieron el operativo de captura de los 45 detenidos, e inmediatamente iniciaron las investigaciones, y estuvieron en los Apartamentos Argüello toda la noche del 14 de abril, la madrugada del 15 y parte del 16 de abril de 1994, recopilando datos y pruebas materiales dejadas por los pirómanos, jefeados por Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas Castro.

 

Esa noche mencionada del 14 de abril (día del incendio criminal premeditado), en los Apartamentos Argüello fueron entrevistado por investigadores de la Policía todos los residentes de los apartamentos y los testigos presenciales: vecinos, miembros de las Brigadas de Apoyo contra Desalojos y amigos que pasaban al momento del incendio por el kilómetro 11 de la Carretera Sur, rumbo al Sur o al Norte.

 

La declaración de Andino Valdivia es larguísima. Sólo voy a citar lo más esencial.

 

“…Reinaba un desorden en dicho lugar, debido a la gran presencia de curiosos, vecinos, vehículos que se encontraban aparcados en la Carretera, etc. El equipo de trabajo antes mencionado y yo procedimos a buscar a los perjudicados, a fin de recepcionarles la respectiva denuncia, que conllevaba la versión de los hechos, entrevistándonos con Anabelle Barrera Argueta y Julio Alejandro Toribio Díaz, quienes nos pusieron al corriente de los hechos, procediendo posteriormente y una vez que había finalizado su labor los miembros de SINACOI (bomberos del Ministerio de Gobernación), a realizar la inspección ocular en el lugar del hecho, junto con el equipo de peritos y demás personal involucrado, así como también  la toma de declaraciones a los demás ofendidos y testigos que en ese momento  se encontraban en dicho lugar.

 

“Como resultado de la inspección ocular, encontramos un total de cinco botellas llenas de un líquido color amarillo y  con una mecha de tela. Estas fueron encontradas en el costado Norte, detrás de los Apartamentos números uno y dos, y dos en el costado Sur de los Apartamentos cinco y seis. Asimismo se encontró un mechón en el extremo Oeste, frente adonde fue el Apartamento uno. Este mechón estaba compuesto de un pedazo de madera, el cual tenía amarrada en la punta un pedazo de tela más o menos del tipo que están hechas las camisetas.

 

“Igualmente, en el mismo extremo encontramos una tabla de una regla , las que tenían una cantidad considerable de clavos pegados con las puntas hacia arriba, que no se quemaron. Asimismo, quiero manifestar que  de los apartamentos a unas cincuenta varas hacia el Norte, sobre la orilla de la Carretera, encontramos una canasta de las de Masaya de adorno, con un adorno de Navidad, siendo ocupado todo lo  antes señalado y remitido posteriormente al Laboratorio (Central de Criminalística) para su respectivo dictamen, a excepción de las tablas con clavos y de la canasta y adorno navideño. Esto no fue al Laboratorio.

 

“Una vez concluida la inspección y las tomas de declaraciones y demás diligencias que ameritan hacerse en el lugar de los hechos, como a eso de las diez de la noche nos retiramos hacia el Departamento Número Tres para continuar allí, realizando las diligencias que requiere este tipo de casos.

 

“Quiero hacer observar que al momento que yo hice presencia en el lugar, ya el personal de guardia operativa y demás miembros de la Policía que estaban en el lugar, habían realizado detenciones de un total de cuarenta y cinco personas, todos ellos varones, los que según me informaron habían sido partícipes de los hechos, objetos de investigación y que estos habían sido trasladados en calidad de detenidos al Departamento Número Tres.

 

“Asimismo fui informado por el Capitán Márquez (José Márquez Chávez) (Segundo jefe del Departamento Tres de la Policía) , que con su presencia me antecedió en el lugar, que él había ocupado un fusil AKA-M en uno de los apartamentos, y que dicho fusil lo había remitido al Departamento Número Tres.

 

“Una vez que nos trasladamos al Departamento Tres (de Policía Nacional) se asignó un equipo de instructores para realizar todas las gestiones de carácter administrativo y operativo que requería el caso, tales como toma de declaraciones, gestiones en  archivo e investigaciones complementarias, etc., estando en dicho equipo, entre otros, los siguientes: Teniente Róger Osorio, compañero Mauricio Ortíz, Sargento Francisco Paguaga, Freddy Parrales, etc.

 

“Después de haber concluido las diligencias que requiere el expediente, el día 16 de abril y siguiendo órdenes del Mando Superior (de la Policía)  y el proceso establecido fue puesto el Expediente, así como los detenidos, a la orden de la Juez Sexto de Distrito del Crimen el día 18 de abril del corriente año. Girando posteriormente la Juez Sexto de Distrito del Crimen las órdenes de captura y allanamiento en contra de los señores Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez y Juan Pablo Rivas Castro, quienes fueron señalados durante el proceso investigativo, tanto por los denunciantes como por algunos detenidos como los presuntos autores intelectuales (del incendio criminal).

 

“Allí rolan las órdenes que dictó la Juez. Se buscaron, pero resultó infructuosa la búsqueda”, indicó Andino Valdivia, jefe de Investigaciones de la Policía Nacional en el Departamento Tres de la Policía, en ese momento.

 

Parte de la declaración testifical de Arixia Sirias Zúñiga, quien tenía un cafetín-pulpería exactamente frente a los Apartamentos (de por medio está la Carretera Sur). Esta declaración está en los folios 687 y 688 del Expediente judicial. Lo más esencial de su declaración, dice:

 

“La gente que andaba allí se dedicó a robar, porque eso yo lo observé; agarraban la ropa, cervezas, gaseosas, y las llegaban a abrir donde yo tengo mi negocito… eran chavalos; después al salir estos muchachos, a la hora de la balacera, yo me tiré al suelo. Después observé que al salir estos muchachos, se dio el incendio en la parte posterior de la casa, miré humo en esa primera casa.

 

“Antes de este incendio, yo miré a este señor Frutos Chamorro con pertrechos y armas, que entró a los apartamentos con actos de intimidar a las personas. Ese día del incendio pude reconocer a Henry Núñez como uno de los que jefeaba a los invasores”.

 

Parte de la declaración de Ricardo Pineda Cano, testigo presencial de la invasión de los 180 matones de Frutos Chamorro Argüello. Ricardo vive en Monte Tabor. Se bajó del autobús en el kilómetro 11 de la Carretera Sur, a realizar unas gestiones, cuando de pronto se topó con el inicio del intento de desalojo violentísimo seguido de incendio criminal intencional:

 

“Estaban bajándose un grupo de hombres, aproximadamente ciento cincuenta, de unos camiones blancos, tipo campers, cerrados. Pude notar que una parte de ellos se fueron por la parte de atrás de los apartamentos; un grupo como de unos veinticinco se quedaron en el patio central, y otros grupo como unos cincuenta invadieron el Apartamento primero, que está en la entrada, que es el que quedó más deteriorado, y comenzaron a sacar electrodomésticos.

 

Luego sonaron unos disparos. Yo miré que unos hombres armados con AKA entraron al último Apartamento, el que está poniéndose de frente, a mano derecha, , procedían a disparar de adentro hacia afuera…luego un hombre de entre treinta y cinco y cuarenta años, recio, moreno, andaba con un Walkie Talkie en la mano izquierda, y en la derecha un revólver envuelto en un trapo amarillo, y era el que daba las órdenes a los que invadieron los apartamentos. Yo oí que uno de ellos lo llamaba por “Henry”.

 

“Luego este le dijo con palabras soeces “saquen a ese hijo de p… de Pablo Emilio, lo matan y después le pegan fuego, pero en el Apartamento Pablo Emilio no se encontraba, porque sólo había una señora como de sesenta años, que la sacaron a empujones. Luego sacaron a una niña de diez meses y un chavalo de 14 años aproximadamente, y por último salió una señora baja como de unos treinta y cuatro años, más o menos, blanquita, pelo corto, que algunos curiosos manifestaron que era la esposa de Barreto (Pablo Emilio Barreto).

 

“También se encontraba en el interior de ese Apartamento una muchacha morena, como de unos veinte años. Ella venía saliendo con un cilindro de gas pequeño, de 25 libras, porque ya se miraban las llamas en el interior del Apartamento. Entonces, uno de los hombres que portaba un bidoncito blanco, le regó algo en los pies y le dijo que le iba a prender fuego. Entonces, la muchacha forcejeó con él y logró huir hacia el patio, logró salirse del Apartamento.

 

“Después llegaron los bomberos, pero ya el fuego se había pasado al Apartamento No. Dos… También se encontraba dirigiendo un señor algo gordito, pelo chirizo con una barba blanca, camisa roja y pantalón negro como unos cincuenta años aproximadamente.

Cuando las patrullas policiales lograron llegar, en medio de congestionamiento del tránsito, uno de los hombres que se había quedado en la Carretera, gritó que llegaba la Policía, entonces salieron corriendo, una parte hacia la Carretera, otra parte por la parte trasera de los apartamentos, y los últimos se tiraron una malla de un vecino que se llama Taller Felde, y en ese enmallado la Policía capturó a unos cuarenta aproximadamente. El resto se fueron.

 

“Mientras esto sucedía, ese señor al que llamaban Henry Núñez, salió a la Carretera  y abordó un jeepito Suzuki color gris. Antes de marcharse, este sujeto le dijo a varios de los vándalos que lograron irse con él, que “la orden del jefe es que era preferible quemar antes que les quedara a estos hijos de p…llevaban unas botellas con una mechas, las cuales echaron en unas holsas, y unos galones vacío los echaron en un costal.

 

“Cuando los bomberos llegaron, prácticamente el Apartamento No. Uno se había quemado a la mitad”.

 

En su declaración testifical, Pineda Cano asegura que él, después de bajarse del autobús que lo llevaba a Monte Tabor, se ubicó detrás de los árboles de chilamate, donde Arixia tenía su negocio de cafetín y pulpería. En ese sitio vio a Horacio Calero, conocido suyo, quien le dijo que su “jefe” Frutos Chamorro Argüello traería el doble de hombres para terminar el “trabajito” de desalojo violento y de quema de todos los Apartamentos Argüello.

 

Al ampliar su declaración ante la jueza Rosario Altamirano López, Pineda Cano aseguró que después de su primera declaración testifical fue hostigado, perseguido por sujetos desconocidos hasta en su casa de habitación, situada en la orilla de la Carretera Sur, en Monte Tabor.

 

Elvin José Navarrete Pavón, de Monte Tabor, era compañero de trabajo de Ricardo Pineda Cano. Se bajaron juntos en el kilómetros 11 de la Carretera Sur, al ver el alboroto que estaba ocurriendo con la bajada de casi dos centenares de hombres, los cuales ya se dirigían hacia el interior de los Apartamentos Argüello.

 

Una parte breve de su declaración testifical, ubicada en el folio 539 del Expediente judicial:

 

“Nosotros nos quedamos viendo. Miramos que los hombres se dirigieron en tres grupos para esos apartamentos y cogieron unos para un lado, iba adelante un Jeeps, del cual se apió un hombre con un Walkie Talkie. Entraron a los apartamentos. Miramos perfectamente, pues quedamos de frente, no nos metimos porque miramos que era peligroso, nos quedamos observando detrás de unos palos…cuando miramos las llamas que salían del Apartamento de al lado de la Carretera  (Apartamento No. 1). Cuando ya llegaron los bomberos y la Policía, fuimos a ayudarle a los vecinos para que no se les quemaran todas sus cosas”.

 

 

 

Declaran ofendidos en el Juzgado Sexto de Distrito

 

El 20 de abril en la mañana, a eso de las nueve de la mañana, comenzaron las declaraciones de los vecinos ofendidos por el intento de desalojo violentísimo seguido de incendio criminal intencional.

 

Yo fui el primero en rendir declaración de ofendido ante la jueza Rosario Altamirano López. Recuerdo que esa mañana estaba lleno de periodistas el Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua, mientras se oía el cabeceo mecánico de las máquinas de escribir sobre cintas opacas y en papel tamaño legal.

 

Ese mismo día 20 de abril de 1994 nos presentamos casi todos los residentes ofendidos o víctimas del intento de desalojo violentísimo e incendio criminal intencional ante la jueza Altamirano López, citados por ella a su despacho judicial, al cual también fueron convocado los prófugos incendiarios Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas Castro.

 

Ese día 20 de abril declararon ante la jueza Altamirano: Anabelle Barrera Argueta, Julio Alejandro Toribio Díaz, Cecilia García González, Brenda, Silvia Ortega Rosales, Jaime Aguilar Pacheco, María Adilia Hernández, Wilmar Suárez Bojorge, Luz Marina Artola Rivas, Brenda Hernández, Concepción García, Carlos López, Boanerges Iraheta Monterrosa, Juan Pablo Hernández Cruz, Carlos Sáenz Belanger, Rita Mobus, Gustavo Leytón y Marcia Cabrera Lacayo.

 

También emitieron declaraciones ante la jueza Altamirano López algunos testigos presenciales del incendio criminal intencional como Ricardo Pineda Cano, Ervin José Navarrete Pavón, Domingo Soriano Martínez, Guillermo Collado, Carlos Sáenz Bellanger, José Manuel García López…

 

Parte de la declaración de  José Manuel García López ante la jueza Altamirano López, ubicada en el. Folio 610 del Expediente Judicial:

 

“Yo me desempeñaba en labores del negocio de doña Anabelle (Barrera). Noté que los tipos estos mercenarios, traían en sus manos bidones llenos de combustible, galones de cinco litros,  inclusive botellas con mechas, y este señor Henry Núñez, quien ese día andaba vestido de camisa roja, pantalón negro, portaba un radio comunicador en una mano y en su otra mano andaba una cuestión, me imagino que era algún producto inflamable…rociaron de gasolina la partes internas del Apartamento, sacando cosas inclusive que era un saqueo indiscriminado. Este señor Henry Núñez dando órdenes de que quemaran todo, inclusive buscando a Pablo Emilio Barreto y que lo mataran si era posible”.

 

 

 

Hasta el momento no entiendo cómo les fue admitido “defensor” a los tres incendiarios criminales, prófugos del mismo momento en que cometieron el rosario de delitos enumerados  por la doctora Dinorah Parrales Parrales, mediante la acusación en representación de los habitantes de los Apartamentos Argüello.

 

A los tres prófugos se les admitió como “defensor” al abogado somocista, defensor de guardias genocidas en sus viejos tiempo de la dictadura somocista, Daniel Olivas Zúniga, quien ese mismo día 20, sin presentar o entregar a sus “clientes criminales”, se dedicó a acusarnos a las víctimas mientras rendíamos las declaraciones correspondientes ante la jueza Rosario Altamirano López.

 

Ya expliqué en páginas anteriores de este libro que he puesto o colocado lo más esencial de las declaraciones de las víctimas ante oficiales de la Policía Nacional y de la jueza Altamirano López, pues cada una de estas declaraciones son muy largas y en ambos casos se repiten los datos, tanto ante investigadores policiales como en el Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua.

 

En el Expediente Judicial aparecen remisiones policiales sobre los 45 detenidos al Juzgado, órdenes de captura de la Policía y del Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua en contra de Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas Castro, cita judiciales para que se presenten al Juzgado a estos tres incendiarios criminales intencionales, órdenes a Migración y Extranjería para que estos tres sujetos maleantes no salgan del país, comunicaciones de la Policía Nacional a todas sus unidades en toda Nicaragua para que Chamorro, Núñez y Rivas sean capturados, solicitudes y órdenes de peritajes bomberil en el sitio del  incendio criminal, órdenes de investigaciones y análisis de laboratorio al Laboratorio Central de Criminalística de la Policía, citas de la jueza Rosario Altamirano López a todos los ofendidos o víctimas de los incendiarios mencionados, para que se presenten a rendir declaraciones, más los testigos presenciales de estos hechos; también cita de la judicial Altamirano a los dos jefes de la Estación Tres de Policía y a varios policías investigadores del incendio criminal, citas de la jueza Altamirano a la jueza Ruth Chamorro Martínez, involucrada directamente en el intento  de desalojo violentísimo seguido de incendio, etc.

 

Dos magistrados del Tribunal de Apelaciones en algo más repugnante

 

Lo más insólito, repugnante, odioso e infame ocurrió el mismo día 20 de abril de 1994, cuando dos magistrados del Tribunal de Apelaciones de Managua (TAM), Alfonso Dávila Barbosa, de Masaya,  A. Cuadra Lacayo y Aura Doña G., de Managua, emitieron un “mandamiento” dirigido a la jueza Rosario Altamirano López, cuando apenas comenzaba el proceso penal en contra de los 180 matones, que en su parte más esencial dice:

 

“…rinda informe a la Sala de lo Penal del Tribunal de Apelaciones, Región III, dentro de veinticuatro horas del o los motivos por el cual amenaza de detención ilegal al ciudadano Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Abarca, como se señala en el Recurso solicitado”.

 

Es realmente insólito y repugnante este “mandamiento” del Tribunal de Apelaciones de Managua, pues estos magistrados parecen o “dundos” o totalmente desinformados ¿o mal intencionados?, ¿parcializados a favor de criminales?, porque este incendio criminal intencional había ocurrido el 14 de abril de 1994, debido a lo cual el país entero estaba estremecido por semejante barbarie, como decían los periódicos nacionales en sus titulares e informaciones, pero para estos tres magistrados del Tribunal de Apelaciones de Managua pareciera que nada había ocurrido en torno al siniestro o incendio criminal del kilómetro 11 de la Carretera Sur, y que estos tres piromaníacos impunes más bien parecían estar recibiendo trato de héroes por aplicadores de la Justicia en Managua, y en medio del más alto nivel judicial de Nicaragua.

 

Es decir, estos tres sujetos criminales (Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas Castro) eran “amparados” por tres miembros del Tribunal de Apelaciones de Managua después llegado a los Apartamentos Argüello con 180 hombres armados a desalojar violentamente a las seis familias residentes en esos Apartamentos, donde prendieron fuego, y parte de los cuales (45 en total) fueron capturados por la Policía en el mismo instante del incendio criminal y en el lugar de los hechos, ocurridos ante decenas de testigos presenciales, pero, ¡ve que infamia más insólita¡, tres miembros del Tribunal de Apelaciones de Managua les dieron “amparo” y después hasta declararon nulo el juicio emprendido en el Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua.

 

Esto llegó a extremos más insólitos todavía, según veremos más adelante.

 

Jueza Altamirano inicia causa contra forajidos incendiarios

 

Ya informé que inicialmente este juicio por el incendio criminal se inició, en primeros trámites,  en el Juzgado Séptimo de Distrito del Crimen de Managua, a cargo del doctor Boanerges Ojeda, en ese momento de abril de 1994.

 

Este juez Ojeda le trasladó todo el juicio a la doctora Rosario Altamirano López, jerárquicamente subordinada del Juzgado Séptimo de Distrito del Crimen de Managua, según se dijo en aquel momento.

 

Al iniciarse la causa contra Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca, Juan Pablo Rivas Castro, Gerardo Ramón Aburto Sevilla, César Augusto Cardenal Caballero y todo el resto de los 45 detenidos en el lugar del incendio criminal.

 

Esa apertura de juicio criminal la inició Altamirano López en el folio 855 del Expediente judicial de este caso, el cual comienza de esta manera:

 

“Vista la denuncia presentada por los delitos de incendio y otros estragos, exposición de personas al peligro y asociación para delinquir, en perjuicio de Pablo Emilio Barreto  Pérez, Julio Toribio Díaz, María Cecilia García González, Brenda Enríquez de Hernández, Anabelle Barrera Argueta, Silvia Ortega Rosales, Luz Marina Artola Rivera, Juan Pablo Hernández Cruz…

 

“Se decreta el arresto provisional en contra de Gerardo Ramón Aburto Sevilla, César Augusto Cardenal Caballeros, José Eugenio Cardenal Caballero, Carlos Alberto Cardenal Vicente, José Leoncio Cardenal Caballero, Roberto Antonio Cardenal Caballero… “.

 

La jueza Altamirano López escribe en esta apertura todos los nombres de los 45 detenidos en el sitio mismo del incendio, y al final de este listado, señala:

 

“Decrétese arresto provisional en contra de Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas Castro. Gírese la respectiva orden de captura en su contra. Se pone en conocimiento de la Procuraduría Penal de Justicia el autocabeza de proceso que antecede”.

 

La jueza Altamirano hace a continuación un relato pormenorizado del incendio criminal, del informe oficial de los bomberos del Ministerio de Gobernación, del peritaje del Laboratorio Central de Criminalística de la Policía Nacional, enumera cada una de las investigaciones de la Policía en el “lugar de los hechos”, las declaraciones y confesiones de cada uno de los 45 capturados en el sitio mismo del incendio, indica una por una las declaraciones de ofendidos de las dos víctimas principales (Pablo E. Barreto Pérez y Julio Toribio Díaz), de las declaraciones de ofendidos de todas los miembros de las seis familias de los Apartamentos Argüello, declaraciones de los testigos presenciales como Marcia Cabrera Lacayo, Carlos Sáenz Bellanger, Ricardo Pineda Cano, doctora Dinorah Parrales Parrales, las peticiones de los abogados acusadores y defensores, el peritaje del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CENIDH), los apersonamientos de la doctora  Claudia Núñez Ramírez, del informe oficial presentado por la doctora Parrales al Juzgado y a la Policía Nacional; es decir, todo lo relacionado a los antecedentes y lo ocurrido durante el incendio criminal intencional ejecutado por Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas Castro, al mando de 180 matones pagados para que hicieran “el trabajito de desalojo (“de cargue y descargue”) violentísimo, seguido de incendio criminal.

 

Incendio: quemar mueble ajeno

 

El escrito de apertura de la doctora Altamirano López es largo. En la parte baja del folio 858, en “Considera”, la doctora Altamirano López define:

 

“I. Comete delito de incendio “el que incendiare cosa o mueble ajeno, con peligro de seguridad de las personas de los bienes de los demás. El que incendiare un edificio o construcción de cualquier clase si fuese morada de una familia, o sea, que el delito está previamente tipificado por la Ley, con las sanciones correspondientes del caso, aun cuando  el que incendiare lo hiciese  en cosa propia, con riesgo para las personas o bienes ajenos.

 

“II. En la presente causa el delito queda plenamente demostrado por la inspección ocular en el lugar de los hechos, complementado por el peritaje de incendio emitido por el Ministerio de Gobernación en la Dirección General de Bomberos, en que se afirma que “los Apartamentos incendiados el jueves catorce de abril del presente año y que eran edificios habitacionales, siendo sus ocupantes el señor Pablo Emilio Barreto y el señor Julio Toribio Díaz y sus familiares respectivos, presentan una mayor afectación en el Apartamento No. 1 que era utilizado como vivienda por el primer mencionado, y que rola en la presente causa del folio cuatrocientos noventa y seis al folio quinientos veintitrés; señalando en la parte conclusiva Inc 4 que:

 

“Las causas técnicas como cortocircuito, sobrecarga, resistencia transitoria o cualquier otro elemento eléctrico, se descartan como posible causa del incendio en este hecho, y en el Inc. 7 de la misma parte conclusiva se afirma claramente que “los resultados de los análisis realizados a las muestras reflejan la presencia en distintos porcentajes de concentración de sustancias combustibles correspondientes a Bencenaeonaftol-2, componente de la gasolina; concluyendo definitivamente en Inc. 8 que “en este hecho de incendio resalta la existencia de una fuente de calor ajena al ambiente, de origen químico, da la presencia de sustancias con características acelerantes (gasolina), y basadas en las versiones recabadas en el lugar de los hechos a testigos oculares, se clasifica como intencional.

 

Lo que simple y llanamente nos lleva a la conclusión por la simple lectura del peritaje en mención de que hubo en tales hechos una actitud dolosa e intencionada de parte de quienes lo cometieron y por ende un delito que debe ser sancionado de conformidad con lo establecido en las Leyes de la República de Nicaragua.

 

“III. De la lectura del Expediente, tanto por lo señalado en las declaraciones ad-inquirendum de los ofendidos señores Pablo Emilio Barreto Pérez, Julio Alejandro Toribio Díaz, Marta Cecilia García González, Brenda Enríquez de Hernández, Anabelle Erlinda Barrera Argueta,  Silvia Ortega Rosales, como por las testificales de Carlos Sáenz Bellanger, Marcia Cabrera Lacayo, Marcos Aurelio González Gazo, Elvin José Navarrete Pavón, Domingo Soriano Martínez, Concepción del Carmen García González, José Manuel García López, Ricardo José Pineda Cano, como de las mismas declaraciones de los propios encausados Gerardo Ramón Aburto Sevilla, César Augusto Cardenal Caballero, José Leoncio Cardenal Caballero, Carlos Alberto Cardenal Caballero, Roberto Antonio Cardenal Caballero, Carlos Alberto Cardenal Vicente, Salvador Enrique Cardenal Caballero, José de la Cruz Cardenal Caballero, José Fidel Leiva López, Sergio Antonio Velásquez Carrión, Manuel Salvadores Reyes Leiva, Eduardo José Avendaño Olivares, Javier Antonio Espinoza Baltodano, José Eugenio Cardenal Caballero, Francisco José Velásquez Sánchez, Domingo José Sinclair Martínez, Ulises Santos López Gómez, César Augusto López Cetino, Eddy Armando Aguirre Amador, Pablo Antonio Rivera Pineda, Carlos José Velásquez Hernández, Guillermo Antonio Zelaya Guido, Róger Antonio Canda López, Osmar Antonio Ordóñez Valdivia,  Albin Antonio Cerda Gómez, Eduardo Alberto Jaime Suncing, Uriel  Antonio Guido Borge, José Francisco Selva Pérez, Luis Alberto Velásquez Martínez, Ernesto Javier Ruiz Pérez, Miguel Antonio Jirón Pavón, Sebastián Alberto Canda Hernández, Francisco José Ampié Calero, Luis Alfonso Flores Martínez,  Edwin José Guido Juárez, Justo Manuel Ruiz Sánchez, Carlos José Murillo Álvarez, Marlon Antonio García López, Manuel Antonio Castillo Gómez, José Enrique Gámez Ortiz, Nelson Enrique Vanegas Reyes, Óscar Antonio Ramírez Gámez, Agustín de Jesús Jarquín Castro, José Francisco Saballos Hernández, Miguel Ángel Cardenal Caballero…”.

 

“Puede inferirse que los mencionados indagados llegaron al lugar de los hechos “contratados” para ejecutar un presunto trabajo, percibiendo cada uno treinta córdobas por ello; que ni los mismos contratados sabían en qué consistía, pero que todos son contestes en afirmar que quién daba las órdenes a esos contratados era el señor Henry Núñez, quien estaba a las órdenes a su vez del señor Frutos Chamorro y quien con un Walkie Talkie (radiocomunicador) en las manos, se movía de un lado a otro dando órdenes a los contratados, siendo el contratante el señor Pablo Rivas, quien los condujo hasta el lugar de los hechos y que el señor Henry Núñez ordenó la dirección del grupo en tres partes, y que los hombres dirigidos por él, portaban botellas y galones cuyo contenido aún  cuando no se especifica el contenido en las declaraciones, de los resultados del informe pericial y declaraciones de los testigos puede inferirse que era gasolina, u otra sustancia similar, o sea, de todo ello puede inferirse la responsabilidad resultante en los hechos acaecidos de los señores  Pablo Rivas, Henry Núñez y Frutos Chamorro, máxime aún si se analiza a la luz de la sana crítica y de la lógica humana la presunción resultante de las amenazas proferidas contra los perjudicados, con anterioridad y cuyas respectivas denuncias presentadas en su oportunidad rolan en autos, en donde el señor Frutos Chamorro había externado:

“Yo puedo quemar estos Apartamentos con todo y ustedes, y hasta sale mejor porque cobraré un seguro de US $120.000” (ciento veinte mil dólares), siendo que en aquella ocasión, estaba el asunto de la propiedad conociéndose por la vía civil correspondiente y en espera de fallo del Tribunal de Apelaciones, según lo aseverado por los ocupantes de los Apartamentos.

 

“IV.- Que según nuestra legislación se consideran autores de un hecho delictivo tanto los que toman parte en la ejecución del hecho mismo como a los que se valen de otros para ejecutarlo, forzando o induciendo a que lo hagan; y doctrinariamente hablando son autores los sujetos activos de un delito, bien sea inmediato mediatos según sea que ejecute el acto delictivo personalmente o que para la ejecución del mismo se valgan de otros sujetos, o sea, que comprende a todos cuantos están afectados por la comisión de un delito tanto si toman parte directamente, como si fuerzan, induzcan o conducen a otros directamente a ejecutarlo.

 

“V.- Que al hacer análisis del Expediente, a esta judicial (jueza Altamirano López) no le queda claro qué tipo de participación, si es que la hubo, tiene el señor Jimmy Najman Perezdiez, siendo su obligación comparecer ante esta autoridad y responder sobre los cargos imputados y no lo hizo tratando de sorprender al judicial con un escrito acusatorio amañado, a través  de apoderado y prestándose al juego  el doctor Daniel Olivas Zúniga.

 

“Libre de apasionamientos de ninguna índole para cada caso que debo conocer y resolver, a tal acusación no se le dio curso por no tener cabida, que lo aducido en tal escrito, además al autollamarse dueño del inmueble es asunto que no es competencia de autoridad penal sino civil, en consecuencia no es de mi competencia conocer ni decidir tal asunto, más aún cuando en su alegato se refiere a quejas en contra de la actuación de la Estación Seis de la Policía, asunto totalmente fuera de esta jurisdicción y en cuanto a su participación en los hechos del señor Jimmy Najman se necesitaría más y mejores elementos de prueba para su juzgamiento.

 

“VI.- Que rola en autos un informe dirigido al juzgador en donde la Policía Nacional del Departamento Tres  (folio 683) aun cuando la mencionada jueza en el folio quinientos noventa y seis afirma que  se hizo presente en el lugar; pero ninguno de los testigos, procesados ni de los perjudicados hace mención de su presencia, o sea, nadie la vio, no se podría saber a ciencia cierta si estuvo o no, ni es de mi incumbencia pronunciarme sobre su actuación judicial, la cual yo respeto, igualmente que respeto el actuar de la Policía en el cumplimiento de sus responsabilidades y no tengo por qué pronunciarme al respecto.

 

“VII.- Cabe señalar que cuando una autoridad judicial gira orden de captura en contra de algún ciudadano que ha sido signado como autor de un delito y no es habido durante el período de instrucción, el procedimiento a seguir está señalado taxativamente en la Ley y se conoce como “Reo Ausente” a quienes por no comparecer ante el llamado de la Justicia, sólo se les nombrará abogado defensor de oficio, una vez librado los Edictos de Ley, por lo que los escritos presentados por el abogado Daniel Olivas Zúniga no tienen ninguna validez; y se le previene al mencionado profesional que en lo sucesivo debe ajustarse a los procedimientos establecidos por la Ley, ya que tal conducta amerita amonestación por parte de esta autoridad y estando vencido el término para inquirir, sólo cabe a esta autoridad pronunciarse sobre los hechos investigados, tal como en Derecho corresponde en el cumplimiento de mi responsabilidad”.

 

Ha lugar a segura y formal prisión a pirómanos criminales

 

“Por tanto

 

“De conformidad con todo lo antes expresado y con fundamento legal en los artículos 54, 55, 63, 83, 92, 94, 184, 185, 186 In., 100 In., y siguientes artos. 317 PN y siguientes y Ley 164 de Reforma Procesal Penal, la suscrita Juez falla:

 

“I.- Ha lugar a poner en segura y forma prisión a los procesados Henry Núñez, Pablo Rivas y Frutos Chamorro Argüello, de generales en autos, por ser autores del delito de incendio y otros estragos en perjuicio de Pablo Emilio Barreto Pérez, Julio Alejandro Toribio Díaz, Jaime Aguilar Pacheco, Boanerges Iraheta Monterrosa, María Cecilia García González, Brenda Enríquez de Hernández, Anabelle Barrera Argueta, Silvia Ortega Rosales, Luz Marina Artola Rivera, Juan Pablo Hernández Cruz, de generales en autos.

 

“II.- Embárgueseles bienes suficientes para responder por las resultas del delito cometido.

 

“III.- Decrétese sobreseimiento provisional a favor de los procesados Jimmy Najman Perezdiez, Horacio Calero, Gerardo Ramón Aburto Sevilla, José Leoncio  Cardenal Caballero,  Roberto Antonio Cardenal Caballero, Salvador Cardenal Caballero, Miguel Ángel Cardenal Caballero, José de la Cruz Cardenal Vicente, Julio César Cardenal Vicente, José Fidel Leiva López, Sergio Antonio Velásquez Carrión, José Francisco Saballos Hernández, Carlos José Velásquez Hernández, Guillermo Antonio Zelaya Guido, Pablo Antonio Rivera Pineda, Eddy Armando Aguirre Amador, Eduardo José Avendaño Olivares, César Augusto López Cetino, Ulises Santos López Gómez, Róger Antonio Canda López, Omar Antonio Ordóñez,  Alvin Cerna Gómez, Manuel Salvador Reyes Leiva, Óscar Antonio Ramírez Gámez, Nelson Enrique Vanegas Reyes, Agustín Jarquín Castro, Carlos José Murillo Álvarez, Sebastián Canda Hernández, Luis Alfonso Flores Martínez, Francisco José Ampié Calero, Miguel Antonio Jirón Pavón, Ernesto Javier Ruiz Pérez, Luis Alberto Velásquez Martínez, José Francisco Selva Pérez, Uriel Antonio Guido Bojorge, Eduardo Alberto Jaime Suncing, José Enrique Gámez Ortiz, Marlon Antonio García López, Justo Manuel Ruiz Sánchez, César Augusto Cardenal Caballero,  Javier Antonio Espinoza Baltodano, Manuel Antonio Castillo Gómez, Carlos Alberto Cardenal Vicente, José Eugenio Cardenal Caballero, Francisco José  Velásquez Sánchez, Domingo José Sinclair Martínez, Edwin José Guido Juárez, todos de generales en autos por el delito de incendio y otros estragos en perjuicio de Pablo Emilio Barreto Pérez, Julio Alejandro Toribio Díaz, María Cecilia García González, Brenda Enríquez de Hernández, Anabelle Barrera Argueta, Silvia Ortega Rosales, Luz Marina Artola Rivera, Jaime Aguilar Pacheco, Juan Pablo Hernández Cruz y Boanerges Iraheta Monterrosa, todos de generales en autos, hasta tanto no hayan más y mejores elementos de pruebas en su contra.

 

“IV.- Déjese causa abierta para cualquier otro ciudadano que resultare implicado en la presente causa.

 

“V.- Siendo que los procesados Henry Núñez, Frutos Chamorro y Pablo Rivas, se encuentras prófugos de la justicia, gírense las respectivas órdenes de captura en su contra y desen los avisos de Ley. Cópiese y notifíquese. Rosario Altamirano López”.

 

Esta apertura del juicio termina en el folio 862 del Expediente Judicial del Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua, en relación al incendio criminal intencional.

 

Como se aprecia en los considerando de la jueza Altamirano López en la apertura del juicio criminal contra Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas Castro, y todos los “contratados” para el “trabajito de “cargue y descargue”, esta judicial cuestiona la forma de actuar de la jueza civil Ruth Chamorro Martínez, quien no solicitó  el apoyo oficial correspondiente de la Policía Nacional para el intento de desalojo violentísimo, no se sabe si realmente ella estuvo allí con los 180 sujetos más Chamorro, Núñez y Rivas Castro, y de paso asimismo cuestiona la conducta antiética, antiprofesional, y de violaciones a los procedimientos judiciales penales correspondientes, al aparecer “representando” como “abogado defensor” a los incendiarios prófugos de la justicia, lo cual no es admisible por Ley de Instrucción Criminal en todos los Juzgados del Crimen de Managua.

 

Por esta forma honrada, apegada a Derecho y a las leyes penales, la doctora Altamirano López, jueza Sexto de Distrito del Crimen de Managua, cuando se ventilaba en su juzgado este incendio criminal intencional, comenzó a tener, de entrada, en el inicio mismo del juicio, confrontaciones con jueces venales y al servicio de políticos corrompidos y somocistas como Arnoldo Alemán Lacayo, el mismo abogado Daniel Olivas Zúniga, ambos defensores de los antiguos somocistas confiscados (tierras, casas y otras propiedades de somocistas del círculo más cercano de la familia Somoza, de la Guardia Nacional y del Partido Liberal Nacionalista somocista) y algunos magistrados de la Corte Suprema de Justicia y del Tribunal de Apelaciones de Managua, inclinados también al somocismo genocida, todos estos enemigos declarados de los beneficiarios de las Leyes 85, 86 y 88 (casas, lotes y tierras entregados por el gobierno revolucionarios sandinista en 1990 a gente pobre), quienes, precisamente, por miles estaban siendo desalojados de casas, lotes y tierras en esos momentos de abril de 1994, con la complicidad y complacencia del gobierno neoliberal-conservador proyanqui-somocista de Violeta Barrios viuda de Chamorro, derechista, conservadora, servidora descarada del gobierno del gobierno criminal de Estados Unidos.

 

Estos personajes judiciales, el entonces Alcalde ladrón, Arnoldo Alemán Lacayo, este abogado Daniel Olivas Zúniga, la jueza Ruth Chamorro Martínez, funcionarios del gobierno de Violeta Barrios viuda de Chamorro, no ocultaban su enemistad abierta contra las 350,000 familias beneficiarias de  las Leyes 85, 86 y 88, y el haber permitido toda la impunidad con que actuaron Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas Castro, para agredir de forma sistemática a las seis familias residentes en los Apartamentos Argüello, amenazarlos de muerte con armas de guerra y armas cortas de fuego, causarles destrozos materiales en sus vehículos, ofrecer inclusive 30,000 dólares  por matar a tres de los vecinos, hacerles escándalos nocturnos, causar daños en los mismos Apartamentos, inclusive de antemano anunciar personalmente el mismo Frutos Chamorro Argüello “me sale mejor quemarlos porque así cobro 120,000 dólares de seguro”, sí formó parte de toda una conducta infame, antihumana, que finalmente llevó a facilitar que Chamorro Argüello, Núñez Abarca y Rivas Castro, le prendiera fuego a los Apartamentos Argüello el 14 de abril de 1994.

 

Órdenes de captura y edictos para prófugos

 

Dije antes que veremos aspectos más insólitos de autoridades judiciales de alto nivel, ligados por simpatías y cargos al gobierno neoliberal-conservador de ese momento, pues a partir de este momento en que la jueza Altamirano López inicia el juicio contra estos incendiarios criminales, ella comenzó a tener conflictos con este abogado Olivas Zúniga y con algunos magistrados del Tribunal de Apelaciones de Managua, y lo primero que ocurrió es que Daniel Olivas Zúniga y Ricardo Gómez Marenco, ambos abogados de parte de los 45 capturados y “compañía”, la “recusaron” por supuestos intereses suyos en el juicio por este incendio criminal, que como digo conmovió a todo el país.

 

El juicio criminal, como queda claro, había comenzado. ¡Claro¡, este juicio criminal contra estos incendiarios criminales de entrada estaba tocando intereses de propiedad de los antiguos somocistas genocidas, derrocados por el régimen revolucionario sandinista en 1979, y de otros que se mezclaban en estos intereses con ellos (los somocistas), ahora, o en ese momento instalados en el gobierno derechista, neoliberal-conservador, como el ladrón de don Arnoldo Alemán Lacayo, convertido en Alcalde de Managua gracias a algunos concejales traidores.

 

Además de los escritos mencionados antes, la jueza Altamirano López emitió las órdenes de captura correspondientes contra Chamorro Argüello, Núñez Abarca y Rivas Castro, prófugos los tres; más los edictos pertinentes, mediante los cuales la titular del Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua, citaba a presentarse a los tres maleantes incendiarios criminales, prófugos de la justicia capitalina.

 

Por ejemplo, la jueza Altamirano López y Johana Roque López, “secretaria de actuaciones”, firmaron el primer edicto y “emplazo” a los procesados Henry Núñez, Pablo Rivas y Frutos Chamorro Argüello, de generales desconocidas, para que dentro del término de quince días comparezcan al local de este Juzgado a defenderse de la causa que se les sigue por el delito de incendio y otros estragos en perjuicio de Pablo Emilio Barreto Pérez, Julio Toribio Díaz, Jaime Aguilar Pacheco, Boanerges Iraheta Monterrosa, Anabelle Barrera Argueta, Silvia Ortega Rosales, Luz Marina Artola Rivera y Juan Pablo Hernández Cruz, bajo apercibimiento de declararlos rebeldes si no comparecen; recuérdeles a las autoridades la obligación de capturarlos a los antes referidos, y a los particulares la denunciar el lugar donde se ocultan”.

 

Este escrito aparece en el folio 893 del Expediente relacionado con el incendio criminal intencional, del Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua.

 

Este mismo edicto fue colocado en murales de sitios públicos en Managua, y publicado en el Diario Oficial La Gaceta.

 

La Jefatura Nacional de la Policía, encabezada en ese momento por el Comandante Fernando Caldera Azmitia, aseguraba que mediante los “exhortos correspondientes”, “cierre de frontera para que no salgan”,  Chamorro Argüello, Núñez Abarca y Rivas Castro estaban siendo buscados afanosamente por la Policía en todo el país, pero la verdad parecía ser otra, pues por informaciones de vecinos y amigos nuestros, cercanos a las residencias de Frutos Chamorro y Juan Pablo Rivas Castro, se nos afirmaba que estos estaban escondidos, respectivamente, en el Reparto Las Colinas y en el Asentamiento Walter Ferrety. Núñez Abarca, en cambio, presuntamente se había ido donde familiares a Nueva Guinea, en el Sur de la Región Atlántica Sur de Nicaragua.

 

Después de estos edictos mencionados, la Jueza Altamirano López, “al término de quince días, de acuerdo a consulta evacuada por la corte Suprema de Justicia, sin que hasta la fecha los procesados Frutos Chamorro, Henry Núñez y Pablo Rivas, se hayan presentado y sin haber sido capturados,  se les declara rebeldes y se les nombra abogado defensor “de oficio” al doctor Ricardo Gómez Marenco, a quien se le hará saber para su aceptación y demás efectos de Ley”, según se lee en el folio 894 del Expediente judicial mencionado.

 

En el folio 895 del mencionado Expediente judicial, la jueza Altamirano López, señala y ordena: “Elévese la presente causa plenario. Pasen las primeras vistas de Ley con la parte acusadora doctora Dinorah Parrales, por el término de tres días, de conformidad con el artículo 203 de la Ley 164. Notifíquese”. Firman: Rosario Altamirano López y Johana Roque López, secretaria.

 

Truco sucio, más incendio criminal intencional

 

La doctora Dinorah Parrales Parrales, abogada de las víctimas, mientras tanto, introdujo otro escrito ante la jueza Altamirano López, el cual comenzaba de la siguiente forma:

 

“Este proceso tuvo su inicio cuando un grupo compuesto de trescientos pandilleros (así denominado porque actuaron de tal forma) armados y contratado por el señor Frutos Chamorro a través de sus agentes Henry Núñez y Juan Pablo Rivas (empleado de la Embajada Americana acreditada en nuestro país), lo cual consta en declaración de la esposa y compañera del señor Rivas, quien confiesa tal hecho y tal oficio, pues dice era el encargado de armas.

 

“Llegaron a las viviendas, en donde residen desde hace muchos años mis poderdantes acusadores y mis representados, cuando a través de un mandamiento librado por el señor juez Cuarto para lo Civil de Distrito de Managua ordena al señor Jimy Najman Perezdiez (que nunca ha vivido en los Apartamentos, ni nunca tuvo, ni tiene la posesión de tales apartamentos, en donde ni siquiera se le conoce), o sea,  que era un truco sucio para desalojar a los residentes y dueños de los Apartamentos que habitan los acusadores y mis representados.

 

“Un requerimiento no es un desalojo, jurídicamente; lo que pasó fue lo siguiente: cometieron delito de usurpación de dominio privado, penetración ilegítima, pues penetraron a domicilio que no podía ser violado de conformidad con la Ley Civil y Penal vigente. Cometieron también delito de daños a la propiedad, la que incendiaron y destruyeron y hubo también asesinato frustrado, pues hubo premeditación, alevosía y ventaja.

 

“Hubo premeditación porque los antecedentes delictivos del señor Chamorro en contra de los habitantes de los apartamentos y residentes por años en los que nunca habitó Jimmy Najman Perezdiez, demuestran a través de todos los actos de contratación de pandilleros, pago, y otros actos que ya fueron plenamente comprobados, una premeditación concatenada, dirigida, determinada y precisa, de lo cual hay suficientes pruebas,  pues la confesión es la reina de las pruebas, y los cuarenta y cinco capturados confesaron que fueron contratados por Henry Núñez, Pablo Rivas y otros, que aparecen en el voluminoso expediente, pues confiesan que no tenían trabajo y que les dijeron que les iban a hacer “un trabajito”, pero que no les dijeron los contratantes de qué se trataba, pero puestos en el lugar hicieron todo lo que sus contratantes les pidieron a cambio del pago, lo cual consta en el expediente, lo que no pudieron concluir por la intervención de la Policía, que al llamado de los vecinos y los balazos que ellos mismos dispararon, o sean los invasores, no pudieron lograr el objetivo criminal, lo cual consta en el Expediente a través de los testigos presenciales, que declararon y los cuarenta y cinco capturados.

 

“También consta en el Expediente que la Policía Nacional no fue solicitada por la señora Juez que supuestamente realizó el requerimiento (legalmente hablando, pues era lo que se le cometió, según el documento), lo que tenía que hacer es haber llamado a los habitantes y preguntar primero quién habitaba, pues Jimmy Najman Perezdiez nunca ha tenido posesión alguna, ni ha vivido allí, ni al momento del requerimiento, y luego proceder  a buscar a Najman, buscarlos en su residencia, y es uno de los principales autores de los delitos por los que aquí se acusa también, es director intelectual a través de las pruebas que rolan en este Expediente, cuyo agente también es el señor Henry Núñez, quien galantemente tiene un negocio en Managua y libremente se ríe y amenaza con llegar nuevamente a invadir y a matar a los acusadores y habitantes de los apartamentos.

 

“Es notorio también, y puede verse en el Expediente, que muchos de los capturados son reincidentes y tienen fichas policiales, lo cual consta en el Expediente y en las constancias emitidas por la Policía.

 

“Esta era una nueva modalidad, encaminada a través del crimen, aterrorizar, quemar, robar, agredir, y lanzar los restos a la calle, para recuperar la propiedad, que es el tema candente, y es el caso del señor Chamorro que después de residir en Estados Unidos, después de poner un proceso de “comodato precario” contra los habitantes de los apartamentos, emprende nuevamente un caso posesorio, e inventa que vive en los apartamentos el señor Najman Perezdiez, socio del acusado Frutos Chamorro, para a través de un proceso tergiversado y sucio por ser falso, desalojar a los verdaderos poseedores de los apartamentos del kilómetro  once Carretera Sur.

 

“El personal fue escogido y puede ver su autoridad que hay un armamento contratado, pues la señora de Pablo Rivas confiesa que su marido era y es trabajador de la Embajada Americana, consta tal hecho en el Expediente.

 

“Consta también en el Expediente que Henry Núñez es el agente contratista del señor Chamorro, y nadie de los “pandilleros” menciona ni conoce a Jimmy Najman Perezdiez, por ser también el director intelectual que es el que dirige de largo o de cerca, pero sin dar la cara, y a veces de manera solapada, pues el punto fundamental que dio origen a tan doloroso suceso fue la intervención delictiva de este señor Najman Perezdiez, quien se hace pasar de manera falsa como habitante de los apartamentos y de tener una posesión que ni por un segundo ha tenido, pues en el vecindario  nadie lo conoce, ni aún en el grupo que habita los apartamentos, por lo que no podía ordenarse un requerimiento a persona que no habita para perjudicar a los que habitan.

 

“También el señor Jimy Najman Perezdiez emprendió proceso sin ser dueño de los apartamentos por inmisión en la posesión en contra de los habitantes de los apartamentos, quienes tienen la posesión desde hace  más de diez años, y el señor Jimy Najman Perezdiez no aparece en el Registro de la Propiedad como dueño de tales apartamentos, y para efecto de terceros lo primordial y fundamental es la inscripción registral, por lo que tal hecho también es falso y a través de un documento de acuerdo con su socio Frutos Chamorro, éste le trasmite la posesión que nunca tuvo, ni tiene, pues basta ver la constancia migratorias, en donde se ve que ha vivido en los Estados Unidos y pone de dirección como residente una casa de un familiar que no son los apartamentos, contradicciones que fácilmente se notan porque son trucos supuestamente jurídicos muy bajos y de poco nivel y sobre todo fuera de toda realidad.

 

“Pero este proceso no es civil, es criminal, pero hay que conocer el trasfondo para poder conocer las consecuencias causadas por los invasores, que al margen de la Ley agredieron a mis representados, los acusadores en este proceso.

 

“Ho hay presos, pues apelaron de la sentencia y el Honorable Tribunal de Apelaciones les admitió una fianza para dejarlos libres, lo cual no se podía por ser delitos de Orden Público que no admiten fianza y plenamente comprobados, lo cual ha sido alegado por la parte acusadora, que soy yo, pero a la revocación de tal auto en la sentencia correspondiente que dicte el Honorable Tribunal de Apelaciones, de lo cual también podré recurrir de casación.

 

No es posible dejar en libertad a quien agredió a un ser humano con tal actitud delictiva, contratando pandilleros en el lugar de seguir el marco de la Ley, que establece qué autoridad debe auxiliarse de la Policía para un embargo, un requerimiento o cualquier cacto judicial y en este caso, la juez que supuestamente realizaría el requerimiento, de lo cual no fueron requeridos los habitantes de los apartamentos, requisito fundamental, se hizo acompañar de grupo de trescientos sesenta pandilleros, de los que sólo fueron capturados  cuarenta y cinco, y huyeron el resto, quienes confesaron el delito o los delitos.

 

“De manera que no hay reo detenido, todos están libres, y amenazando de nuevo, ahora que la Ley 183 que prorrogaba la Ley de no desalojo llegó a su término el catorce de septiembre. Pero están libre mediante fianza admitida por el Honorable Tribunal de Apelaciones de la III Región, de lo que esperamos la correspondiente sentencia.

 

“Otro aspecto también contradictorio del acusado Frutos Chamorro Argüello es el hecho de declararse enfermo, pero se declara enfermo mientras es procesado y muy bien cuando invade la propiedad a través de los agentes contratantes como Henry Núñez y Jimmy Najman, también dueño de la propiedad pero sin documento registral que lo acredite como tal.

 

Allí, a la hora del ataque y la invasión de los trescientos sesenta pandilleros en los apartamentos del kilómetro once, Carretera Sur, los poseedores de los mismos, andaban trabajando y sólo se encontraban la señora suegra de Pablo Emilio Barreto, adolesciendo de una grave e incurable enfermedad y tanto ella como su tierna hija (Sofana Orquídea) fueron agredidas salvajemente al igual que  todos los niños que residen en los apartamentos, pues no pudieron desalojarlos a pesar de todo porque huyeron al llegar la Policía.

 

“Allí sólo había gente indefensa, y testigos presenciales han dicho lo que vieron y oyeron a la hora de los hechos, lo cual consta en el Expediente, por lo que es un atentado que estos señor acusados se encuentren libres, porque provocarán más tragedia en cualquier parte si la Justicia no determina su ámbito, y se mantiene el auto de prisión y se amplía para lo que fueron sobreseídos, ya que han continuado amenazando.

 

“Está libre Frutos Chamorro. Fue llamado por edictos publicados en La Gaceta, y hubo un medio difusión hablada que leyó tal edicto, lo cual puede ser comprobado y este señor no concurrió al llamado de su autoridad, lo cual demuestra el irrespeto al orden y a la Justicia, al igual que los demás procesados.

 

“Pido a usted señor Juez se me tenga como parte acusadora y como tal me persono en esta fase al igual que he actuado como tal con el debido poder que me acredita como tal y en vista de que el señor Frutos chamorro está gozando de libertad bajo fianza obtenida en la apelación que interpuso a pesar de que el delito porque fue condenado es de orden público y no admite fianza, tampoco puede alegar que no se le dio intervención, pues habló y habló en los periódicos, dando explicaciones sobre la propiedad, y sabiendo que tenía proceso nunca se personó a su despacho.

 

“Pido a su autoridad, de conformidad con sentencia de las once de la mañana del diez  y siete de mayo de mil novecientos noventa y seis, se le cite nuevamente al señor Frutos Chamorro, de conformidad con el artículo 443 inciso 3º. In. En donde establece que la falta de declaración con cargos cuando hay reo presente es causa de nulidad, aunque en el caso del señor Chamorro ya se publicaron los edictos y prueba de que fue notificado es que apeló la sentencia condenatoria, apelación que le fue admitida en un solo efecto, y en tal al haberse publicado los edictos y no haber concurrido, no hay filiación, ni confesión con cargos.

 

“Pido a través de Secretaría  que ponga la correspondiente constancia: 1) De que fue enviado o que se enviaron los primeros edictos y que luego del pago fiscal fueron enviados para su publicación en La Gaceta Diario Oficial, y 2) que ponga constancia de que el edicto que antecede y que consta en el Expediente, después de ser enviando a publicación, fue publicado en La Gaceta, cuyo número y fecha debe constar. Todo esto para determinar que los quince días que se le concedieron al procesado, para que se presente a defenderse del o los delitos porque se le procesa, no fueron respetados por los acusados, al no haber atendido el mandato legal.

 

“Todo esto para que no haya nulidades sustanciales de conformidad con lo que dispone el Arto. 443 In., y repito que no puede haber inocencia del o de los acusados si existen cuarenta y cinco declaraciones de los autores del delito o de los delitos porque se les acusa como son los pandilleros que confesaron la comisión de muchos delitos por paga hecha por el principal autor, Frutos Chamorro, y la confesión es la reina de las pruebas, por lo que la impunidad no puede prevalecer sobre la Justicia y el Derecho, ya que en el proceso que culminó  con auto de prisión, no existen nulidades, pues el señor Chamorro no concurrió  a su despacho a defenderse porque no quiso porque pagó muchos miles de córdobas para hablar constantemente en campo pagado, exponiendo su punto de vista sobre el proceso, y nunca llegó a su despacho, sabiendo que se le procesaba, y nunca estuvo ni está detenido, y se le admite una fianza en la apelación interpuesta por él por los delitos de orden público que no admiten fianza; comprobado plenamente con la confesión de cuarenta y cinco capturados que confesaron haber sido contratados y enviados a cometer los delitos por lo que se acusa, por orden del señor Frutos Chamorro Argüello, de calidades conocidas en autos y el señor Jimmy Najman Perezdiez también debe ser condenado por los delitos que resulte culpable.

 

Pido a usted que continúen las vistas por el orden correspondiente.

Doctora Dinorah Parrales Parrales”, indica el escrito de nuestra defensora Parrales en el Expediente Judicial, específicamente de los folios 897 al 900.

 

En el folio 904 del Expediente mencionado aparece inserto uno de los edictos mandados a publicar por la jueza Altamirano López, quien, mediante este procedimiento judicial, conmina a Chamorro Argüello, Núñez Abarca y Rivas Castro, prófugos los tres, a que se presente en su Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua, a entregarse y rendir las declaraciones correspondientes por las acusaciones mencionadas por la doctora Dinorah Parrales P.

 

Referido a lo mismo de los edictos mencionados, la doctora Parrales presentó otro escrito ante la jueza Altamirano, el cual dice textualmente, en los folios 911 y 912:

 

“Me refiero al proceso criminal entablado en su despacho en contra d4el señor Frutos Chamorro, Henry Núñez, Pablo Rivas, Jimmy Najman Perezdiez y otros, por los delitos de incendio y otros estragos cometidos en contra de mis poderdantes y acusadores.

 

“Pedí yo que se pusiera constancia de que la Secretaría de este despacho pusiera constancia de que los edictos habían sido enviados a la Gaceta a través de Secretaría para su publicación, luego de pagar el porte correspondiente de conformidad con la Ley en dicha Oficina y también que se pusiera constancia de que había sido publicado dicho edicto.

 

“Para tal fin presento y acompaño a este escrito la Gaceta del cuatro de enero, en donde en la Sección de Procesados, es publica dicho edicto, en donde se cita al procesado Frutos Chamorro, Henry Núñez, y otros, para que dentro del término de quince días se presenten a este despacho o nombren abogado defensor, para que se defiendan.

 

“Como puede ver su autoridad, ya transcurrieron nueve meses desde que se dio dicha publicación y el señor Chamorro y demás procesados no concurrieron a su despacho para defenderse, a pesar de que se encuentran libre por fianza que introdujeron y solicitada les fue admitida por el Honorable Tribunal de Apelaciones, a pesar de ser este un delito de orden público que no admite fianza, de conformidad con la Ley, ya que fue un hecho conocido en toda Nicaragua por los estragos y violencia que ocasionó tal hecho al querer llevar a efecto un desalojo con una nueva modalidad, contratando pandilleros en número de trescientos y muchos de ellos reincidentes en la comisión de delitos, quienes confesaron que habían sido contratados y que especialmente tomó parte Pablo Rivas, empleado de la Embajada Norteamericana de conformidad con pruebas que rolan en el Expediente.

 

“Mi petición es para que este proceso no sea impugnado por nulidad, de conformidad con la Ley, ya que en este despacho se han seguido todas las formalidades legales, de fondo y de forma”.

 

Abogados y magistrados canallas

Procuradora no encuentra nulidad

 

Ya en esos momentos, los abogados canallescos, antiguos somocistas, defensores de guardias nacionales genocidas, Ricardo Gómez Marenco y Daniel Olivas Zúniga, ya se movían ante sus amigotes magistrado del Tribunal de Apelaciones de Managua, especialmente Alfonso Dávila Barbosa y Cuadra, quienes dieron amparo a estos criminales, les otorgaron fianza, mientras estaban prófugos, que no acudieron ante los edictos de la jueza Altamirano López, además que los delitos cometidos no admiten fianza, según argumenta en sus escritos la doctora Dinorah Parrales Parrales.

 

Las gestiones canallesca y mafiosas para que estos dos magistrados del Tribunal de Apelaciones nulo lo actuado por la jueza Altamirano López, estaban avanzando y lo expresa la doctora Blanca Rosa Calero C., Procuradora Auxiliar Penal, mediante el siguiente escrito, ubicado en el folio 913 del Expediente judicial:

 

“Señora Juez Sexto de Distrito del Crimen de Managua.

Soy Blanca Rosa Calero, de generales en autos y en mi calidad de Procuradora Auxiliar Penal, comparezco y expongo:

 

“Me refiero a la causa No. 120/94, en el que se sindica a Henry Núñez, Pablo Rivas y otros, por los delitos de incendio y otros estragos, en perjuicio de Pablo Emilio Barreto Pérez y otros.

 

“He sido notificada para contestar las primeras vistas de Ley, en base al art. 21 de la Ley No. 164 Reforma al Código de Instrucción  Criminal, las contesto así:

 

Estoy de acuerdo con el auto de prisión impuesto por su autoridad por los elementos existentes en la causa.

No encuentro nulidades en dicha causa

Pido correr las vistas con el abogado correspondiente.

Renuncio al resto del término

Señalo para notificaciones las Oficinas de la Procuraduría Penal.

 

Dra. Blanca Rosa Calero C.

Procuradora Auxiliar Penal”.

 

Doctora Parrales solicita ampliar declaraciones

 

Después de estos escritos señalados arriba, la doctora Parrales Parrales volvió a presentar otro escrito ante la Jueza Altamirano López, mediante el cual señala, en los folios 916 y 917 del Expediente:

 

“Se me ha notificado el auto en que su autoridad abre a pruebas el proceso incoado en contra de Frutos Chamorro Argüello y otras personas, acusadas  de haber provocado el incendio y otros delitos en el kilómetro once, en donde habitaban y habitan mis poderdantes y ofendidos, sucesos ocurridos el catorce de abril de mil novecientos noventa y cuatro, de triste recordación para los ciudadanos nicaragüenses que estuvieron al tanto de estos sucesos a través de todos los medios de comunicación y personalmente algunos.

 

“Pido a su autoridad en vista de que este incendio y la comisión de tantos delitos no fue un hecho momentáneo, ni casual, y que fue premeditado, con alevosía y ventaja, que cite a su despacho para que amplíen hechos que  no fueron ampliamente señalados en la declaraciones de ofendidos y que  deben ser analizados en esta etapa del proceso, para mejor proveer, a los señores: Pablo Emilio Barreto, Julio Alejandro Toribio Díaz, Anabelle Erlinda Barrera Argueta, Boanerges Iraheta Monterrosa, Cecilia García, o María Cecilia García González, todos de celidades conocidas en autos, para que expresen cada uno de ellos los antecedentes que culminaron con este hecho criminal.

 

“Pido a su autoridad cite  a su despacho a declarar a Gerardo Ramón Aburto Sevilla, de calidades conocidas en autos, cuya declaración aparece en el folio 271 del Expediente, para que amplíe su dicho en relación a que fue contratado por Pablo Rivas Castro, quien a su vez era o es empleado de Frutos Chamorro Argüello.

 

“Pido también a usted que cite a su despacho a aclarar puntos que son contradictorios de conformidad a los hechos y realidad del caso, al señor  Alfredo Marín Jiménez, quien en su declaración del día catorce de junio de mil novecientos noventa y cuatro, quien además dice que tiene cincuenta y dos años (lo cual rola en el Expediente), dice que a la hora del incendio el día catorce de abril, a la misma hora y fecha, él se encontraba con el señor Frutos Chamorro  Argüello en el Hotel Camino Real. Pido que  realice el “careo” correspondiente de Ley con el señor José Leoncio Cardenal Caballero, declaración que se encuentra en el folio 275 del Expediente, par3a que demuestre el señor Marín Jiménez la realidad de su dicho de conformidad a su dicho en la declaración del día catorce de junio de mil novecientos noventa y cuatro, lo que rola en el Expediente. Esta cita al señor Marín Jiménez y al señor José Leoncio Cardenal Caballero debe ser para el mismo día y hora, ya que se trata de un “careo”.

 

“Pido a su autoridad que cite a que rinda declaración complementaria el señor Sergio Antonio Velásquez  Carrión, para que diga quién lo contrató para invadir los apartamentos del kilómetro once Carretera Sur el día del incendio y cuánto le pagó el contratante, el señor Pablo Rivas Castro, empleado de la Embajada Norteamericana en Managua.

 

“Pido a su autoridad que cite a su despacho a ampliar su declaración al señor  Roberto Antonio Cardenal Caballero, cuya declaración se encuentra visible en la página 277 del Expediente, en cuanto al número de personas que andaban con el señor Chamorro la noche del incendio y la comisión de otros delitos, el día catorce de abril de mil novecientos noventa y cuatro”.

 

La doctora Parrales presentó otro escrito ante la jueza Altamirano López, solicitando se citara a otros ofendidos, acusados y testigos para ampliar sus declaraciones, por confirmaciones de hechos y dichos, en busca de más pruebas en contra de los incendiarios criminales Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca, Juan Pablo Rivas Castro, Jimy Najman Perezdiez y otros.

 

Los escritos presentados por la doctora Parrales fueron numerosos ante el Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua, para desarrollar y llevara a su conclusión el juicio 120/94, o sea, el incendio criminal intencional del 14 de abril de 1994, en el kilómetro once de la Carretera Sur.

 

Uno de esos escritos, después de los ya mencionados, dice lo siguiente:

 

“Pido a su autoridad cite a su despacho a declarar al señor Carlos Sáenz Bellanger, para que amplíe su declaración rendida a las ocho y veinte de la noche del catorce de abril de mil novecientos noventa y cuatro, en el lugar de los acontecimientos y ante la investigación policial.

 

“Esta declaración que solcito es para completar la ya rendida en cuanto a las personas que encontró dentro del primer Apartamento, si reconoció a los invasores, como él menciona que vio los bidones que portaban los invasores, para qué diga qué pasó con esos bidones y cómo fueron usados y otros detalles más (Folio 20 del Expediente).

 

“Pido a su autoridad también cite a su despacho a declarar a Marcia Lorena Cabrera Lacayo, quien era la empleada del periodista, o sea, de la casa del periodista, o en donde habitaba el periodista Pablo Emilio Barreto con su familia y que fue quemada totalmente, ya que el día anterior el señor Frutos Chamorro publicó una carta en donde injuria y calumnia a Pablo Emilio Barreto y a todos los habitantes de los apartamentos del kilómetro once de la Carretera Sur, pues al momento del incendio provocado por los invasores Pablo Emilio Barreto no se encontraba en el Apartamento (No. 1) y estaba en su trabajo, por lo cual debe declarar también la persona que estaba allí y que vivió todo lo acontecido, que complemente su declaración rendida a las nueve de la noche con cuarenta y cinco minutos del catorce de abril de mil novecientos noventa y cuatro ante el jefe de Investigación Criminal y en el lugar de los acontecimientos (Folio 24 del Expediente).

 

“Pido a su autoridad cite a su despacho a que declare en relación a Oficio girado por el doctor Boanerges Ojeda Baca, Juez de Distrito Séptimo del Crimen de Managua, con fecha veinticinco de mayo de 1994 sobre hechos que motivaron su permanencia en los Apartamentos y el contenido del Oficio firmado por el señor Juez mencionado.

 

“Pido a su autoridad cite a su despacho a declarar al señor Wilmar Suárez Bojorge en relación en relación a su declaración de las cuatro de la tarde del diez de noviembre de mil novecientos noventa y tres ante el Jefe de Investigación de la Policía Nacional y en relación a los sucesos ocurridos a las once de la noche del día quince de octubre en el Apartamento No. Cuatro, cuando fueron agredidos por el señor Frutos Chamorro, que dio lugar a abrir proceso en contra de Frutos Chamorro en el Juzgado Sexto Local del Crimen, y que fueron denunciados estos hechos ante su autoridad, y que rola su declaración en el Folio nueve del Expediente en cuestión, par3a que amplíe esta declaración y para que la reincidencia del señor Frutos Chamorro quede plasmada, ya que culminó esta constante agresión con el incendio del catorce  de abril de novecientos noventa y cuatro.

 

“Pido a su autoridad cite a su despacho a declarar a la señora María Cecilia García González en relación  a su declaración rendida a las dos con veintisiete minutos de la tarde del día diez de  noviembre de mil novecientos noventa y tres ante el Jefe de Investigación policial de Managua, que posteriormente pasó dicho caso al Juzgado Sexto Local del Crimen de Managua, en relación a las amenazas de muerte de que fueron víctimas por parte del señor Frutos Chamorro Argüello, con lo que se demuestra la reincidencia del señor Chamorro con los habitantes de los apartamentos del kilómetro once de la Carretera Sur.

 

“Pido a su autoridad envíe Oficio a la Oficina de Migración en esta Ciudad de Managua, para que diga esta Oficina el movimiento migratorio que ha tenido el señor Frutos Chamorro y el señor Jimmy Najman Perezdiez desde el mes de febrero de mil novecientos noventa y cuatro hasta la fecha de hoy, ocho de noviembre de mil novecientos noventa y cinco.

 

“Tengo casa señalada en donde oír notificaciones en esta Ciudad de Managua”.

 

Jueza Altamirano manda a ampliar declaraciones

 

Por estas peticiones o solicitudes de la doctora Dinorah Parrales Parrales, la Jueza Sexto de Distrito del Crimen de Managua, doctora Rosario Altamirano López, emitió una resolución, después de abrir “a pruebas” el juicio contra los incendiarios mencionados, que decía lo siguiente:

 

“”De oficio, amplíese el término probatorio por ocho días más. Asimismo, visto el escrito presentado  por la parte acusadora, doctora Dinorah Parrales Parrales, donde solicita sean citados los señores Pablo Emilio Barreto, Julio Alejandro Toribio Díaz, Anabelle Erlinda Barrera Argueta, Boanerges Iraheta Monterrosa, Cecilia García González, o María Cecilia García González, a fin de que amplíen sus declaraciones de ofendidos en la presente causa; accédase a lo solicitado y cítese a los señores mencionados para la audiencia del día lunes trece de noviembre del presente año, los tres primeros a partir de las nueve de la mañana respectivamente, y los otros dos últimos para el día martes catorce de noviembre del presente año, a las nueve y diez de la mañana respectivamente..

 

“Asimismo, cítese al señor Gerardo Ramón Aburto Sevilla a fin de que amplíe su declaración indagatoria en la presente causa para la Audiencia del día martes catorce de noviembre del presente año, a las nueve de la mañana.

 

“Cítese al señor Alfredo Marín Jiménez a fin de que amplíe su declaración testifical en la presente causa para la Audiencia del día miércoles quince de noviembre del presente año, a las nueve de la mañana.

 

“Asimismo, realícese “careo” entre el señor  Alfredo Marín Jiménez (testigo) y el indagado  José Leoncio Cardenal Caballero, de conformidad al art. 168 In,, para la Audiencia del día miércoles quince de noviembre del presente año, a las once de la mañana.

“Cítese al procesado Sergio Antonio Velásquez Carrión a fin de que amplíe su declaración indagatoria en la presente causa, para la Audiencia del día miércoles quince de noviembre del presente año, a las doce del medio día.

 

“Cítese al ciudadano Roberto Antonio Cardenal Caballero a fin de que amplíe sud declaración indagatoria en la presente causa para la Audiencia del día jueves diez y seis de noviembre del presente año, a las nueve de la mañana.

 

“Asimismo, el escrito presentado por la doctora Dinorah Parrales Parrales, donde solicita sea citado el señor Carlos Sáenz Bellanger a fin de que amplíe declaración testifical en la presente causa; accédase a lo solicitado y cítese para la Audiencia del día jueves diez y seis de noviembre del presente año, a las diez y treinta minutos de la mañana.

 

“Asimismo, cítese a la señora Marcia Lorena Cabrera Lacayo a fin de que amplíe su declaración de testigo en la presente causa, para la Audiencia del día jueves dieciséis de noviembre del presente año, a las doce del mediodía.

 

“Cítese al señor Wilmar Suárez Bojorge a fin de que amplíe su declaración testifical para la Audiencia del día viernes diez y siete de noviembre del presente año, a las nueve de la mañana.

 

“Gírese Oficio a Migración y Extranjería a fin de que se nos informe sobre el movimiento migratorio de los señores Frutos Chamorro y Jimmy Najman Perezdiez, todo con citación de la parte contraria.

Notifíquese. Rosario Altamirano López”.

 

Canallada incendiaria en marcha

 

A pesar de estar prófugos los incendiarios criminales principales, según se aprecia de la lectura del Expediente del Juicio 120/94d el Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua, este juicio criminal o penal se aproximaba a plenario y convocatoria del Jurado para condenar a esta pandilla de maleantes, jefeada por Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca, Juan Pablo Rivas y Jimmy Najman Perezdiez.

 

Sin embargo, al mismo tiempo, casi en sigilo, caminaban también las gestiones de abogados bandidos, encabezados por Ricardo Gómez Marenco y Daniel Olivas Zúniga, para que dos magistrados del Tribunal de Apelaciones de Managua (Alfonso Dávila Barbosa y Marta Lorena Lacayo) declararan “nulo” todo lo actuado por la jueza Rosario Altamirano López.

 

En el Expediente no aparecen las razones de fondo para sabotear el juicio criminal, pero sí el desenlace expresado en documentos judiciales oficiales lacónicos, en uno de los cuales sólo menciona que no estuvo de acuerdo con esta canallada el magistrado sandinista Armengol Cuadra  Lopez, según veremos más adelante.

 

La doctora Dinorah Parrales P., en cambio, como acusadora en representación de las víctimas de los incendiarios criminales, aceleró y multiplicó sus solicitudes de orden procesal criminal ante la jueza Rosario Altamirano López, e introdujo este otro escrito en el Juzgado Sexto de Distrito del Crimen, ubicado en los folios 930, 931, 932 y 933 del mencionado Expediente.

 

“Pido a su autoridad –indica Parrales—que en vista de que INISER (Instituto de Seguros del Estado) no contestó Oficio enviado por el doctor Boanerges Ojeda en relación al Seguro que tomó el señor Chamorro y su hermana, la señora de Morine, pues el Agente de INISER el día quince de abril por la mañana, estando todavía la Policía  en el lugar de los hechos, tomó fotos, y datos en general sobre los hechos, quien al ser preguntado dijo que los apartamentos estaban asegurados.

 

“Por tal motivo, pido a su autoridad cite a su despacho a la señora María Eugenia Selva, directora de Mercadeo de INISER, para que diga si se encuentra en la sección correspondiente, que ella maneja, si fueron asegurados contra incendio  los apartamentos del kilómetro once, que estuvieron administrados por la Alcaldía de Managua, a quien se le pagaba el alquiler de los mismos por parte de todos los habitantes de los apartamentos, que pertenecían a la señora Guillermina Argüello.

 

“Pido encarecidamente a su autoridad que las citas deben darse con término de tiempo necesario para llegar a su destino y encontrar a los citados, pues en la forma en que se ha hecho, no ha sido posible entregarlos al momento, para comparecer al momento, pues la mayoría de la gente citada no vive en Managua, y la Ley da un término de un día por cada treinta kilómetros cuando se trata de recurso y en este caso no hay prisioneros, porque todos andan y han estado libres, a pesar de que todo lo que sucedió y haber desaparecido totalmente un Apartamento y estar dañados los demás.

 

“La gente citada y que trabaja, tiene que pedir permiso y debe ser con  un margen de tiempo, además de legal, dentro del margen real de la situación, pues para mejor proveer no será posible realizar ninguna prueba en esta forma, de un día para otro.

 

“Por ejemplo, el señor Carlos Sáenz Bellanger no estaba cuando se le entregó la cita, no estaba ni en su trabajo, ni en su casa, y el término que dio en la cita es de un día para otro, que habrá que citarlo nuevamente.

 

“En cuanto a los señores capturados (los 45 capturados en el lugar del incendio criminal) y muchos de ellos reincidentes, pido a su autoridad que cite a los cuarenta y cinco capturados para que amplíen sus declaraciones, cuyos nombres aparecen en el Expediente, y al señor César Augusto Cardenal  Caballero, para que amplíe su declaración, de conformidad con la que aparece en el Folio 192 del Expediente.

 

“También amplió su declaración, según rola en el Folio 243, José Leoncio Cardenal Caballero, de manera que ambas tienen y deben tomarse a favor de los ofendidos, ya que señalan y conocen perfectamente en estas ampliaciones al señor Henry Núñez, alias “pelón” (Folio 243 del Expediente).

 

“También debe tenerse como prueba a favor de los ofendidos la ampliación de la declaración que aparece en el Folio 199 del Expediente, rendida por José de la Cruz Cardenal Vicente.

 

“Debe ser ampliada la declaración que aparece en el Folio 534 del Expediente, rendida por Marcia Cabrera Lacayo, empleada de Pablo Emilio Barreto, a quien iban a quemar los invasores, de conformidad con la declaración y hechos del catorce de abril de mil novecientos noventa y cuatro.

 

“Debe ampliar su declaración el capturado y que también invadió los apartamentos, Carlos  José Velásquez Hernández, de calidades conocidas de todos en autos y que rolan sus nombres en el Expediente, casi todos los citados viven en Ticuantepe, o sea, fuera de Managua, razón por la cual le pido un margen de tiempo prudencial para su comparecencia, en vista de ser trabajadores, que a veces no se encuentran en el lugar.

 

“También amplió su declaración, que aparece en el Folio 92, Miguel Ángel Cardenal Caballero, quien vio a Henry Núñez echar la gasolina. A la mujer que dice que Henry Núñez andaba con el galón. Declaración que debe tenerse a favor de los ofendidos, ya que la confesión es la reina de las pruebas.

 

“Debe citarse a su despacho a declarar a José Fidel Leiva López, quien identifica al escolta de Frutos Chamorro. Debe citarse a declarar también a Eduardo José Avendaño, quien identifica a Henry Núñez (Folio 200 del Expediente).

 

“Yo pedí el día de ayer citar a todos los capturados y que confesaron la manera como fueron llevados a los apartamentos por contrato de los agentes de Frutos Chamorro, de manera que para mejor proveer deben ser citados estos señores para que amplíen su declaración, excepto los que ya lo hicieron, y sobre todo a la esposa o compañera de Pablo Rivas, quien aparece también declarando en la Policía, y que rola su declaración en el Expediente, quien dice que Pablo Rivas era o es empleado de la Embajada Norteamericana, y que fue uno de los más importantes agentes de Frutos Chamorro en la localización de la gente que invadiría los apartamentos, lo cual sucedió de manera premeditada y alevosa, con gran ventaja.

 

“Pedí también ya el Oficio para Migración para que diga esta Oficina el movimiento migratorio del señor Frutos Chamorro y el señor Jimmy Najman Perezdiez. Como de conformidad con la Ley, las pruebas documentales pueden presentarse en cualquier estado del proceso, presentaré pruebas documentales contundentes par3a mejor proveer.

 

“Pido que cite a su despacho a declarar a Juan Pablo Hernández, a Brenda Enríquez de Hernández, Silvia Ortega Rosales, Jaime Aguilar Pacheco y Luz Marina Artola, lo mismo que a Víctor Manuel Aguirre Baltodano, todos de calidades conocidas en autos.

 

“Pido que cite a su despacho a los señores César Augusto Cardenal, Guillermo A. Zelaya, José Leoncio Cardenal, César Augusto Centeno, Sebastián Canda, Pablo Antonio Rivera, José E. Cardenal, Ulises Santos López, Manuel Reyes Leiva, Domingo José Sinclair Martínez, Roberto Antonio Cardenal, Marvin Antonio Cerna, Miguel Ángela Cardenal, Ernesto Javier Ruiz Pérez, Nelson E. Vargas, Eduardo José Avendaño, Salvador Cardenal, Marlon Antonio García López, y reto de capturados, que en mi acusación aparecen como cómplices, todos de calidades conocidas en autos.

Doctora Dinorah Parrales Parrales, abogada acusadora”.

 

Procuradora se prepara para Tribunal de Jurados

 

Por su lado, la doctora  Blanca Rosa Calero C., Procuradora Auxiliar Penal de Managua, casi al mismo tiempo, le comunica a la jueza Rosario Altamirano López, en el siguiente documento oficial, el cual aparece en el Folio 933 del Expediente, o Juicio 120/94:

 

“Soy Blanca Rosa Calero, de generales en auto y en mi calidad de Procuradora Auxiliar Penal, comparezco y expongo: Me refiero a la causa No. 120 Henry Núñez, Pablo Rivas y otros, por el delito de incendio y otros estragos, en perjuicio de Pablo Emilio Barreto y otros.

 

“He sido notificada para contestar las segundas vistas de Ley, en base al art. 25 de la Ley No. 164, Reforma al Código de Instrucción Criminal, me persono y las contesto así:  Ante el Honorable Tribunal de Jurados haré mis alegatos sobre la responsabilidad de los procesados.

 

Pido correr las vistas con la defensa. Renuncio al resto del  término. Señalo para notificaciones las Oficinas de la Procuraduría Penal.

Dra. Blanca rosa Calero”.

 

Inmediatamente, la jueza Altamirano López, envía una comunicación oficial del Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua, cuya titulara era ella, a las doctoras Dinorah Parrales y Blanca Rosa Calero, el seis de diciembre de 1995, la cual, en forma lacónica, dice lo siguiente:

 

“Pasen segundas y últimas vistas con la parte acusadora, doctora Dinorah Parrales, por el término de tres días, de conformidad con el artículo 228 de la Ley 164. Notifíquese. R. Altamirano López, juez.— J. Roque López, secretaria”.

 

Esto indicaba que por instrucciones de la jueza Rosario Altamirano López, esta pandilla de incendiarios criminales y asesinos frustrados, iban ya para Jurado y que pronto serían condenados, aunque en el caso de Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca, Juan Pablo Rivas y Jimmy Najman Perezdiez, en ausencia, pues andaban prófugos, mientras los 45 capturados en el lugar de los hechos (casi todos del Municipio de Ticuantepe, Departamento de Managua) tenían en “libertad condicional”, porque el juicio continuaba su curso en el Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua.

 

Sin embargo, también corrían “diligentes” las gestiones de políticos somocistas y de los abogados Ricardo Gómez Marenco y Daniel Olivas Zúniga (este último fue defensor de guardias genocidas en la época de la dictadura somocista), ante dos magistrados del Tribunal de Apelaciones de Managua, para que fuese declarado “nulo” todo lo actuado por la jueza Altamirano López.

 

Uno de los argumentos presentados por políticos somocistas, para que estos abogados los llevasen a la práctica, era que la jueza Altamirano López se había “parcializado” a favor de las víctimas u ofendidos por el incendio criminal y asesinatos frustrados.

 

Ricardo Gómez Marenco y Daniel Olivas Zúniga habían sido nombrados “defensores de oficio” por la misma jueza Altamirano López para que los 45 detenidos o capturados no quedaran “indefensos” los pobrecitos cómplices de Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca, Juan Pablo Rivas y en la última etapa, Jimmy Najman Perezdiez.

 

Sin embargo, estos dos personajes desde el comienzo no ocultaron su simpatía plena y defensa a favor de los incendiarios Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas Castro. Mientras el juicio se desarrollaba normalmente en el Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua, ellos, especialmente Gómez Marenco, promovieron una acción apelación a favor de los incendiarios prófugos ante los dos magistrados del Tribunal de Apelaciones: Alfonso Dávila Barbosa y Marta Lorena Lacayo, en la Sala Penal, a pesar de que los delitos cometidos durante el incendio criminal no admiten ni apelación, ni fianza, según alegó la doctora Dinorah Parrales Parrales, quien citó los artículos de las leyes penales correspondientes.

 

Estas acciones de apelaciones se produjeron entre los meses de octubre y diciembre de 1995, mientras la jueza Altamirano López proseguía su trabajo judicial conforme los Códigos de Instrucción Criminal y Penal.

 

Y además, Ricardo Gómez Marenco apareció en el Juzgado como “defensor” de Frutos Chamorro Argüello, a pesar de que, según los alegatos de la doctora Parrales, la Ley correspondiente no admite que acusados por este tipo de delitos incendiarios y prófugos de la Justicia, no pueden nombrarse abogados hasta que se entregan ante la Policía o ante el juez correspondiente.

 

Según la doctora Dinorah Parrales, a ella nunca le notificaron ni el escrito de apelación presentado ante el Tribunal de Apelaciones de Managua, Sala Penal, integrada por tres magistrados: Alfonso Dávila Barbosa, Marta Lorena Lacayo Saballos y Armengol Cuadra López, sandinista, quien se opuso a estas maniobras sucias e ilegales de estos magistrados mencionados. Tampoco la sentencia de “fianza” a favor de Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas Castro, prófugos de la Justicia, le fue presentada a la doctora Parrales.

 

Además, celebrando esta suciedad legal, el abogado Gómez Marenco introdujo el día 22 de enero de 1996  un escrito ante la doctora Rosario Altamirano López, Jueza Sexto de Distrito del Crimen de Managua, dándole a conocer que él era poseedor de la “sentencia” de “nulidad” del juicio 120/94, emitida por el Tribunal de Apelaciones de Managua, en realidad por dos magistrados liberales.

 

En su parte más esencial el escrito de Ricardo Gómez Marenco, dice textualmente lo siguiente (Folio 937 del Expediente Judicial):

 

“De conformidad con la certificación que acompaño al presente escrito en original, demuestro que por sentencia dictada por el Honorable Tribunal de Apelaciones, Región III, Sala del Crimen, a las doce y cincuenta minutos de la tarde del día quince de diciembre de mil novecientos noventa y cinco, tal Honorable Tribunal resolvió declarar la “nulidad” de todo lo actuado dentro del juicio promovido en contra de mi defendido Frutos Chamorro y otros.-

 

“Petición”

 

Por todo lo expuesto anteriormente, le pido a usted respetuosamente “ordene suspender” la tramitación que se sigue dentro del juicio referido anteriormente, el cual estaba programado para llevarlo a Jurado.- Todo lo que le pido es con los respetos que su digna autoridad se merece y ajustado a Derecho”.

 

“Edificios quemados eran moradas de personas o familias”

 

El Tribunal de Apelaciones de Managua, o Región III, o sean los magistrados Alfonso Dávila Barbosa y Marta Lorena Lacayo Saballos, con el disentimiento del también magistrado sandinista Armengol Cuadra López, emitió, o emitieron el quince de diciembre de l995, la resolución para declarar “nulo” “todo lo actuado” por la jueza Rosario Altamirano en relación a este juicio criminal contra los maleantes incendiarios criminales y asesinos frustrados, jefeados por Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas Castro.

 

La doctora Dinorah Parrales dijo en aquellos días que a ella no le habían notificado esta “resolución”, la cual, al parecer, tuvo implicaciones políticas, pues los dos magistrados referidos tenían inclinaciones liberales, mientras Arnoldo Alemán Lacayo, conocido ladrón somocista del país, andaba en campaña por la presidencia de la República, en representación de su Partido Liberal Constitucionalista (PLC).

 

Esta “resolución” del Tribunal de Apelaciones, o de los dos magistrados referidos, le fue comunicada oficialmente a la jueza Altamirano hasta el 25 de enero de 1996.

 

Sin embargo, como vimos anteriormente, el abogado Ricardo Gómez Marenco hasta se ufana de tenerla en sus manos cuando el 22 de enero de 1996 (tres días antes de la notificación a la jueza Altamirano López) introduce la petición de “ordene suspender” la tramitación que se sigue dentro del juicio referido anteriormente, el cual estaba programado para llevarlo a Jurado”.

 

La doctora Aura Doña Gutiérrez, secretaria de la Sala Penal del Tribunal de Apelaciones Región III, emitió una certificación sin fecha de la mencionada “resolución”, y es precisamente la doctora Doña Gutiérrez quien le remite esta “resolución” a la jueza Altamirano López hasta el día 25 de enero de 1996, cuya carta de remisión aparece en el Folio 939 del Expediente de la causa judicial 120/94.

 

La misma “resolución” tuvo que admitir que el doctor Armengol Cuadra López, magistrado sandinista,  “disiente”, es decir, se opone a declarar “nulo todo lo actuado” por la jueza Altamirano y el Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua.

 

En lo más esencial de ese “disiente”, Armengol Cuadra López sostiene lo siguiente, según el texto de la “resolución”, colocada en el Folio 938 del Expediente judicial:

 

“Hay suficientes elementos de prueba, que amerita que se dicte Auto de Segura y forma Prisión en contra de los procesados. Hay testificales que corren en los Folios 272, 274,  275, 277, 286, 302, 309, 310 y 319 y demás elementos de prueba que demuestran que los hechos investigados merecen penas más que correccionales.

 

“Por consiguiente, es competente el Juez de la causa y que debió aplicar los arto. 318 y 319 inco. 1 Pn. Hay que recordar que los edificios quemados eran moradas de personas o familias. Que este hecho delictivo marca un precedente negativo para desalojar una persona o familias”.

 

En el “por tanto” ni en el “resuelven”, los magistrados mencionados no mencionan a los procesados por el incendio criminal, ni a sus víctimas, no dicen que los victimarios o incendiarios andaban prófugos de la Justicia y, por supuesto, tampoco mencionan el incendio criminal. Es precisamente en el “disiente” de Armengol Cuadra López en que queda plasmada la barbarie criminal que estos  magistrados pretendieron ocultar, al afirmar Cuadra lo que queda dicho en el párrafo anterior: “Hay que recordar que los edificios quemados eran moradas de personas o familias. Que este hecho delictivo marca un precedente negativo para desalojar una persona o familias”.

 

Lo más esencial de esa “resolución” bochornosa de los magistrados Dávila Barbosa y Lacayo Saballos, incluida el “disiente” del doctor Armengol Cuadra López, dice lo siguiente:

 

“Por tanto: Los suscritos magistrados de la Sala Penal del Tribunal de Apelaciones de Managua, resuelven:

 

I.- En base a las disposiciones pertinentes de la Constitución Política de Nicaragua y a los artos. propios de la Instrucción Criminal y 317 del Código Penal y Ley 164 de Reforma Procesal Penal, se declara de “Nulidad” todo lo actuado por no ser de la competencia del Juzgado de Distrito que conoció de la presente causa su competencia para su tramitación y resolución con el Auto de Prisión apelado; II.- Así queda resuelta la apelación formulada por el abogado defensor de autos Dr. Ricardo Gómez Marenco, y cópiese, notifíquese y devuélvanse las diligencias a su Juzgado de origen.-

 

“Disentimiento: Disiente el Dr. Armengol Cuadra López, magistrado de la Sala  Penal del Tribunal de Apelaciones de la Región III, del criterio de los doctores Alfonso Dávila Barbosa y Marta Lorena Lacayo Saballos, porque considera que hay suficientes elementos de prueba, que amerita se dicte Auto de Segura y Forma Prisión en contra de los procesados. Hay testificales que corren en los folios 272, 274, 275, 277, 286, 302, 309, 310, 316 y 319, y demás elementos de prueba que demuestran que los hechos investigados merecen penas más que correccionales. Por consiguiente, es competente el Juez de la causa y que debió aplicar  los  art. 318 y 319 inc. 1 Pn. Hay que recordar que los edificios quemados eran moradas de personas o familias. Que este hecho delictivo marca un precedente negativo para desalojar a una persona o familias”.

 

Este mismo documento o “resolución” del Tribunal de Apelaciones de Managua, o de los dos magistrados referidos, le fue remitido a la jueza Altamirano López el 25 de enero de 1996, y aparece en el Folio 939 del Expediente judicial No. 120/94, relacionado, como digo, con este incendio criminal intencional y de asesinatos frustrados.

 

Jueza Altamirano “noqueada” por sus jefes

 

Ese mismo 25 de enero de 1996, día en que la doctora Doña Gutiérrez, secretaria de la Sala Penal del Tribunal de Apelaciones, notificó la “resolución” de los dos magistrados mencionados, la jueza Altamirano López asimismo escribió una nota oficial lacónica, muy corta, ubicada en el Folio 940 del Expediente judicial, relacionado con el Incendio criminal intencional, la cual dice textualmente:

 

“Vista la trascripción resolutiva que antecede, enviada por el Tribunal de Apelaciones y recibida el día veinticinco de enero del presente año, a las once y quince minutos  de la mañana; cúmplase con lo resuelto por el Honorable Tribunal de Apelaciones, en consecuencia declárase nulo todo lo actuado, y remítanse las presentes diligencias al Juzgado Sexto Local del Crimen de Managua. Notifíquese y cúmplase. Rosario Altamirano López”.

 

Según este “cúmplase”, el juicio sonadísimo por este incendio criminal intencional, que inicialmente estuvo radicado en el Juzgado Séptimo de Distrito del Crimen de Managua, a cargo del juez Boanerges Ojeada, pasaba ahora, con el “declárase nulo todo lo actuado”, a un Juzgado Local del Crimen, es decir, un Juzgado subordinado al Juzgado de Distrito correspondiente.

 

Casación por impunidad de criminales

 

El 29 de enero de 1996, cuatro días después de la notificación oficial del Tribunal de Apelaciones a la jueza Altamirano López, la doctora Dinorah Parrales P., defensora de las víctimas y ofendidos por el incendio criminal intencional, presentó, ante la misma titular del Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua, el siguiente escrito, ubicado en los folios 943, 944 y 945.

“Fui notificada del auto en que su autoridad “anula” todo el proceso incoado en contra del señor Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez y otros, que fueron procesados en su despacho por acusación por mis poderdantes y que rola en el Expediente, por la comisión de delitos de incendio y otros, en donde declararon cuarenta y cinco detenidos en el lugar de los hechos y quienes confesaron haber sido contratados para realizar tal acción que culminó con el acto criminal realizado en contra de los habitantes de los apartamentos del kilómetro once Carretera Sur, conocida tal acción por todos los nicaragüenses que estuvieron al tanto de estos hechos.

 

“La anulación hecha por usted fue en base a la… (espacio en blanco)… dictada por el Honorable Tribunal de Apelaciones de Managua, que en su parte resolutiva declara nulo todo el proceso “por no ser competencia del Juzgado” de Distrito que conoció de la presente causa, sentencia en la que disiente el magistrado doctor Armengol Cuadra López, porque considera que hay suficientes elementos de prueba, que amerita que se dicte Auto de Segura y Formal Prisión en contra de los procesados, de conformidad con las testificales que corren en los folios 272, 274, 275, 277, 286, 302, 309, 310, 316 y 319, y demás elementos de prueba que demuestran que los hechos investigados merecen penas más que correccionales.

 

“Por consiguiente (dice textualmente el “Por lo tanto”: es competencia del jueza de la causa y que debió aplicar los artos. 318 y 319 inco. 1 Pn. Y dice más: “Hay que recordar que los edificios quemados eran moradas de personas o familias. Que este hecho delictivo marca un precedente negativo para desalojar a una personas o familias”.

 

“He recurrido de casación por no estar conforme con dicha sentencia, porque de conformidad con el Arto. 448 Pr. pido a usted reposición de auto, de las once y treinta minutos de la mañana del veinticinco de enero de mil novecientos noventa y seis, dictado por su autoridad, por las razones siguientes:

 

“I.- El Honorable Tribunal  ha dictado una sentencia en la que dos honorables magistrados declaran la nulidad de todo lo actuado y otro respetable también magistrado que conoció del caso, disiente por razones legales contenidas en el voto razonado.

 

“II.- “Yo, como parte acusadora y en representación de mis poderdantes, he recurrido ante el Honorable Tribunal de casación. De manera que el proceso no ha terminado y está pendiente de un recurso que será resuelto, si es admitido por la Excelentísima Corte Suprema de Justicia.

 

“III.- Declarar nulo el proceso en vista de la sentencia mencionada anteriormente y que fue enviada a su despacho, según expediente No. 341-94, sin que haya terminado el proceso, por estar pendiente de la resolución de un recurso como es el de casación, es improcedente por cuanto la Corte Suprema de Justicia emitirá una sentencia una vez resuelto el recurso de casación en el fondo introducido ante el Honorable tribunal de Apelaciones, Sala Penal, de esta Ciudad de Managua.

 

“IV.- La loza sepulcral  del proceso todavía no se ha cerrado y no ha muerto este proceso, porque la acción procesal penal está en función de la resolución de un recurso ante la Excelentísima Corte Suprema de Justicia y todavía no puede hablar mucho menos de “cosa juzgada”. Por lo que habiendo sido anulado el autor de prisión, se suspende por el momento la fase plenaria en espera de la resolución que dicte la Excelentísima Corte Suprema de Justicia. Pero no cabe dictar nulidad de proceso todavía porque falta el dictamen jurídico que implícitamente aparecerá en los considerando y parte resolutiva de la sentencia que se emita al final.

 

“Por lo que pido a usted que se reponga el auto en el sentido de que debe decir que se suspende la tramitación del proceso plenario mientras la Excelentísima Corte Suprema de Justicia emite una sentencia sobre este caso en base al Recurso de Casación introducido ante el Tribunal de Apelaciones de Managua,  Sala Penal, el día de hoy veintinueve de enero de mil novecientos noventa y seis.

 

Señalo para notificaciones la Farmacia San Guillermo, en esta Ciudad de Managua, que cita de los semáforos de Linda Vista dos cuadras y media arriba. Dinorah Parales Parrales”.

 

Después de recibir este escrito de la doctora Parrales, la jueza Rosario Altamirano López envió estos argumentos legales de nuestra abogada defensora a la Corte Suprema de Justicia, mediante un documento llamado “un suplicatorio”, solicitándole sobre lo aseverado por la doctora Dinorah Parrales”.

 

Después, el 27 de febrero de 1996, a las once de la mañana, la jueza Altamirano López envía una nota de tres líneas, a la doctora Parrales, la cual dice textualmente:

 

“Se cita y emplaza a las partes para que concurran ante el superior respectivo a hacer uso de sus derechos dentro del término de Ley. Notifíquese. Rosario Altamirano López.

 

Tribunal rechaza recurso de casación, ¿por qué?

 

En el Folio 947 aparece un escrito de la doctora Miriam Rubí de Solís, secretaria de la Sala Penal del Tribunal de Apelaciones de Managua (ya no es la doctora Doña Gutiérrez la secretaria, según este documento). Es una remisión oficial, dirigida a la Jueza Sexto de Distrito del Crimen de Managua, doctora Rosario Altamirano López, el día 20 de marzo de 1996, el cual dice textualmente:

 

“Expediente No. 341/94 (Este caso de incendio criminal tiene otro número en el Tribunal de Apelaciones de Managua): “Para su cumplimiento y demás efectos de Ley, le transcribo el auto que íntegra y literalmente dice:

 

“Tribunal de Apelaciones, Región III,  Sala de lo Criminal, Managua, catorce de marzo de mil novecientos noventa y seis, las tres y cuatro minutos de la tarde.-

 

“Vistos los escritos presentados por la doctora Dinorah Parrales, en su calidad de abogado acusador apelado, de fecha veintiséis y veintinueve de enero del año en curso, de las doce y veinte minutos, una; y veintiséis minutos de la tarde, respectivamente,  en el primero solicita Certificación de la Sentencia dictada por esta autoridad el día quince de diciembre de mil novecientos noventa y cinco, a las doce y cincuenta minutos de la tarde y en el segundo interpone Recurso Extraordinario de Casación en contra de la  sentencia antes mencionada; la Sala de lo Penal ordena mándese a oír dentro del  tercero día a la parte contraria de conformidad al Arto. 37 Pr. De Nicaragua, referente a la Certificación de la Sentencia precitada, sobre el pretenso Recurso de Casación, se resuelve:

 

No ha lugar al Recurso Extraordinario de Casación interpuesto por la Dra.  Parrales, por ser improcedente de conformidad a los artos. 2055 y 2072 Pr. De Nicaragua. Asimismo, visto el escrito presentado por el Dr. Ricardo Gómez Marenco, en su calidad  de abogado defensor apelante de los procesados Frutos chamorro y otros, de fecha seis de marzo del año que decursa,d e la una y cinco minutos de la tarde en el que expone:

 

“…que interpuso Recurso de Apelación de Auto dictado por el Juez Sexto de Distrito del Crimen de Managua, y el cual fue admitido indebidamente en un solo efecto; por lo que la Sala de lo Penal orden girar oficio a la Juez Sexto de Distrito del Crimen de Managua, para que envíe a este Tribunal de Apelaciones, Sala Penal, el original del Expediente No. 341/94, relativo al Juicio en contra del señor Frutos Chamorro y otros, por el supuesto delito de incendio y otros, en perjuicio de los señores Pablo Emilio Barreto, Alejandro Rodríguez y otros, para analizar y revisar lo que corresponde y dictar lo relativo a la admisión en ambos efectos de Apelación del Auto como solicita el Dr. Gómez Marenco. Notifíquese.  Alf. Dávila Barbosa. (F) M. LACARAUZ, (F) M.R. Solís”.

 

¿Impunidad total? ¿Por qué? ¿Qué hay detrás de todo esto?

 

Esta vez quien remitió este escrito a la Jueza Rosario Altamirano López fue la Dra. Miriam Rubí de Solís, secretaria de la Sala Penal del Tribunal de Apelaciones.

 

Como puede verse ,  estos otros magistrados del Tribunal de Apelaciones de Managua, o Región III, identifican el Expediente judicial sobre el juicio a los incendiarios criminales con el número 341/94, mientras en el Juzgado Sexto de Distrito del Crimen tenía la identidad de 120/94.

 

Además, era tal el descuido o negligencia de los magistrados mencionados y de la secretaria de actuaciones en la Sala Penal, que el nombre de Julio Alejandro Toribio Díaz (propietario del Apartamentos No. 2, quemado parcialmente) es identificado como “Alejandro Rodríguez” en la parte final de la resolución o sentencia de “No ha lugar” al Recurso Extraordinario de Casación, presentado por la doctora Dinorah Parrales Parrales. Esto indica que ni siquiera leyeron con atención el Expediente Judicial, y sencillamente se lanzaron a favor de los incendiarios criminales y en contra de las víctimas del incendio, del intento de desalojo violentísimo y de los intentos de asesinato en contra de varios moradores de los Apartamentos, según queda establecido plenamente en el Expediente Judicial y los intentos asimismo de matar a la doctora Dinorah Parrales, defensora de nuestra causa y acusadora en representación de las seis familias de los Apartamentos Argüello, ubicados en el kilómetro once de la Carretera Sur.

 

Además, si nos fijamos atentamente en esta “resolución” o “sentencia” del Tribunal de Apelaciones de Managua, sus magistrados sólo dicen “no ha lugar” al Recurso Extraordinario de Casación, pero no le indican a la Jueza Altamirano López hacia dónde o qué Juzgado Criminal debe enviar las diligencias del Juicio, para que continúe, pues inclusive el Juicio iba ya para plenario y Jurado, para que estos criminales incendiarios, pandilleros como dice la doctora Parrales, pues al intento de desalojo violentísimo llevaron 180 matones, 45 de los cuales fueron capturados en el propio escenario del incendio, y quedó demostrado también que Henry Núñez Abarca tenía como parte de los planes matar allí mismo a Pablo Emilio Barreto Pérez y a la doctora Dinorah Parrales Parrales.

 

¿”Declarar nulo todo lo actuado” por la Jueza Sexto de Distrito del Crimen de Managua y el “no ha lugar” al Recurso Extraordinario de Casación fue, acaso, parte de algún plan?, pues uno se queda realmente asombrado ante este comportamiento de jueces al nivel de magistrados de un Tribunal de Apelaciones, porque en este caso hubo un incendio criminal intencional, intento de desalojo violentísimo, para lo cual fueron usados casi 200 hombres, algunos de ellos armados y con antecedentes delictivos, hubo intentos de asesinato mientras desataban la quema de los Apartamentos Nos. 1 y 2, fueron capturados por la Policía Nacional 45 de los hechores en el mismo lugar de los hechos.

 

La inmensa mayoría de estos 45 capturados confesaron, inclusive, su participación en los hechos incendiarios, relataron detalladamente cómo fueron contratados, quiénes los contrataron, por qué cantidad de dinero los contrataron, la Policía les encontró armas de fuego y numerosos cuchillos, machetes, palos, botellas con combustible, en el mismo lugar de los hechos, quedó comprobado, Henry Núñez Abarca y muchos de los casi 200 hombres que conducía personalmente, amenazaron de muerte a la doctora Dinorah Parrales, a Julio Alejandro Toribio Díaz, a Juan Pablo Hernández Cruz, y gritaban histéricos que buscaran a Pablo Emilio Barreto Pérez para quemarlo y matarlo, porque mucho “jodía” defendiendo a miles de familias desalojadas (y amenazadas con desalojos en todo el país) por medio del Diario BARRICADA.

 

Hubo numerosos testigos que vieron a Henry Núñez Abarca portando bidones con combustible (gasolina). Existe la versión testifical directa de Marcia Lorena Cabrera Lacayo, quien era trabajadora doméstica en el Apartamento No. 1, en cuyo interior vio personalmente cómo Henry Núñez Abarca (a quien identificaron como “el pelón”, gordo y de camisa roja) y quienes le acompañaban, echaban o rociaban el combustible (gasolina) dentro del Apartamento.

 

Existe en el voluminoso Expediente Judicial la versión oficial de la Policía Nacional, cuyos investigadores oficiales relataron detalladamente cómo fueron atrapados los 45

Capturados, cómo y dónde encontraron las botellas con mechas y residuos de combustible.

Existen las versiones oficiales de la Dirección General de Bomberos y del Laboratorio Central de Criminalística de la Policía Nacional (ambas instituciones pertenecientes al Ministerio de Gobernación), cuyos peritos hicieron investigaciones minuciosas en lo que fue el interior del Apartamentos No. 1, donde encontraron que el incendio criminal fue provocado por el uso de combustible (gasolina), cuyo regado por parte de Henry Núñez Abarca y su grupo de compinches fue visto personal y directamente por Marcia Lorena Cabrera.

 

Además, en este voluminoso Expediente Judicial hay un relato pormenorizado de las agresiones o antecedentes, amenazas de muerte, daños graves en vehículos y Apartamentos, planes con pagos de diez mil dólares “por cabeza” para matar a los vecinos Jaime Aguilar Pacheco, a Julio Toribio Díaz, a Wilmar Suárez y a Juan Pablo Hernández Cruz. Todo está denunciado y documentado en la Estación III de la Policía Nacional y en Juzgados del Crimen de Managua, todo lo cual está escrito y relatado al detalle en este mencionado Expediente Judicial.

 

Entonces, uno como víctima de estas acciones criminales, encaminadas inclusive a intentos de asesinato, más incendio, intentos de desalojo violentísimos como la quema de los Apartamentos en el kilómetro once de la Carretera Sur,  se pregunta:

 

¿Por qué declararon “nulo todo lo actuado” en este Juicio criminal, habiendo tantas pruebas, por centenares, confesiones, testigos directos, peritajes y dictámenes oficiales irrebatibles, capturados confesos, cuando el propio autor  en declaraciones públicas a radioemisoras y cartas en los periódicos, llegó al colmo de afirmar que volvería a prender fuego a los apartamentos, si fuese necesario?

 

¿Fueron sólo “parcializaciones” descaradas a favor de los hechores o incendiarios, o hubo algo más por parte de magistrados del Tribunal de Apelaciones de Managua?

¿Por qué no se continuó el Juicio? ¿Por qué no fueron capturados los tres prófugos: Frutos chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas Castro?

 

¿Por qué siendo prófugos  de la Justicia y declarados ya en “rebeldía” después de la publicación de los edictos de la Jueza Altamirano, se les admitió Apelación y Fianza por delitos de Orden Público?

 

¿Por qué se impidió que este Juicio por el incendio criminal llegara al final?

 

¿Por qué el Tribunal de Apelaciones sólo sentenció “no ha lugar al Recurso Extraordinario de Casación” y no mandó a continuar el Juicio ya fuese en el Juzgado Sexto de Distrito del Crimen o en otro Juzgado del Crimen de Managua?

 

¿Por qué la Corte Suprema de Justicia guardó silencio sobre este encandalosísimo caso de incendio criminal intencional, intento de desalojo violentísimo con casi 200 hombres, al margen de lo que dice la Ley sobre la compañía de la Policía a un judicial (en este caso la jueza Ruth Chamorro Martínez), y además que implicó intento de asesinato mientras ocurrían los hechos incendiarios en los Apartamentos Argüello del kilómetro once de la Carretera Sur, aquel 14 de abril de 1994?

 

En aquellos momentos entre abril de 1994 y primeros meses de 1996, el gobierno chamorrista de Violeta Barrios viuda de Chamorro, derechista, conservador, neoliberal, prosomocista y proyanqui, se negaba a sancionar o aprobar la Ley Antidesalojos, mientras en Nicaragua continuaban los desalojos en contra de las 300,000 familias beneficiarias de las Leyes 85, 86 y 88 (Casas, Lotes y Tierras de Reforma Agria en Cooperativas agrícolas y agropecuarias).

 

¿Tuvo algo que ver el gobierno de Violeta Barrios viuda de Chamorro en alentar estos desalojos violentísimos e incendiarios como el emprendido por Frutos Chamorro Argüello, quien hasta decía que era “parienta” de la presidenta Barrios-neoliberal y conservadora?

 

Arnoldo Alemán Lacayo, quien había sido Alcalde ladrón en Managua, y eran en esos momentos candidato presidencial del Partido Liberal Constitucionalista, no ocultaba su felicidad con la promoción de desalojos masivos en Nicaragua, y Frutos Chamorro Argüello afirmaba que contaba con la amistad y el apoyo de Alemán Lacayo en las “lides” o acciones emprendidas contra sus víctimas en los Apartamentos Argüello del kilómetro once de la Carretera Sur.

 

Se denunció en esos días que Alemán Lacayo instigó e intrigó, y se reunió con jueces civiles venales, y alentó, supuestamente, para que se produjera el desalojo violentísimo en los Apartamentos Argüello. ¿Alemán Lacayo se involucró directamente en el intento de desalojo?

 

¿Este caso de incendio criminal fue dejado en la impunidad total? ¿Este caso es parecido a la liberación de los narcotraficantes de hace poco tiempo (2009 y 2010)?

 

¿Es posible que un acontecimiento que estremeció a la opinión pública nacional, quede impune totalmente, sin resolver? ¿Qué explicación tienen los magistrados actuales de la Corte Suprema de Justicia?

 

La doctora Parrales todavía intentó convencer a los magistrados del Tribunal de Apelaciones de Managua sobre la barbaridad que cometieron, especialmente tomando en cuenta los argumentos de “disentimiento” del magistrado  Armengol Cuadra López, quien también era miembro del Tribunal de Apelaciones de Managua, en ese momento.

 

Casación contra magistrados

 

La doctora Parrales todavía presentó el siguiente escrito:

 

“El día viernes veintiséis de enero del corriente año fui notificada personalmente de la sentencia de las doce y cincuenta minutos de la tarde del quince de diciembre de mil novecientos noventa y cinco, en la que Vos Honorable Tribunal de Apelaciones declaráis la nulidad  de todo lo actuado por no ser competencia del Juzgado de Distrito que conoció de la presente causa de conformidad según sentencia, con la apelación formulada por el abogado defensor de autos, Dr. Ricardo Gómez Marenco.

 

“Constan también en dicha sentencia, parte resolutiva, el disentimiento del Dr. Armengol  Cuadra López, magistrado de la Sala Penal del Tribunal de Apelaciones de Managua,  por considerar que hay  suficientes elementos de prueba, que amerita que se diera Auto de Prisión en contra de los procesados.

 

“Todo esto en relación al proceso que se instruyó en el Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua en contra del señor Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez y otros, por los delitos de incendio y otros, en donde hay reos confesos y abundantes pruebas.

 

“No estoy conforme con dicha sentencia dictada por Vos, Honorable Tribunal, por lo que recurro de Casación contra ella. Interpongo Recurso de Casación en el Fondo y baso mi recurso en las siguientes causales:

 

“Causal 1 del arto. 205 PR y considero como infringidos los artos. Constitucionales siguientes: 36 Cn., 44 Cn., 46 Cn., 61 Cn. Y 103 Cn.

“Causal 2 del arto. 205 Pr., y considero infringidos los artos. 48 In., arto. 20 Pn.-1117 Pr., 1115 Pr., 1127 Pr., 317 Pn., 293 Pn., 295 Pn., 493 Pn.,496 Pn., 497 Pn., y 154 Pn.

 

“Causal 2 del arto.  205 Pr. por considerar como infringidos los artos. 1200 Pr., 1203  Pr., 1233 Pr., 1236 Pr., 1262 Pr., 1263 Pr., 1273 Pr., 1274 Pr., 1295 Pr.

 

“Causal 7 del arto. 2057 Pr. Considero infringidos los artos. 1255 Pr., 54 In., 66 In., 69 In., 83 In., 92 In., y 94 In.

 

“Causal 8 del arto. 2057 Pr., por considerar como infringidos los artos. 149 In., 152 In., 170 In., 163 In., 371 In., arto. 192 In., y 1255 Pr.

 

“Causal 5 del arto.  2057 Pr. , por considerar infringidos 605 In., y 485 In.

 

“Pido de las maner3a más respetuosa admitir libremente este Recursos y hacerme el debido emplazamiento para hacer uso de mis derechos ante el Tribunal, o sea, la Excelentísima Corte Suprema de Justicia.

 

“Señalo para notificaciones la Farmacia San Guillermo, ubicada de los semáforos de Linda Vista dos  cuadras arriba, en esta Ciudad de Managua. Dra. Dinorah Parrales Parrales”.

 

Por supuesto, este escrito de Recurso de Casación ante el mismo Tribunal de Apelaciones, o los magistrados implicados en el asunto, no fue respondido a la doctora Parrales Parrales, pues no aparece ninguna respuesta en el Expediente del Juzgado Sexto de Distrito del Crimen de Managua.

 

Abordaje noticioso y titulares de diarios nacionales

 

Al relatar detalladamente cómo ocurrió el asalto gansteril a los Apartamentos, “pandillesco” como dijo el jefe de la Policía Nacional, Comandante Fernando Caldera Azmitia,  inmediatamente, casi al instante, se desató un oleaje de cobertura periodística en Managua y todo Nicaragua, pues este intento de desalojo violentísimo más incendio criminal intencional, más intentos frustrados de asesinatos, provocó un aluvión de protestas del Secretario General del FSLN, Daniel Ortega Saavedra; de diputados de todas las tendencias, de dirigentes comunitarios, de la Unión de Periodistas de Nicaragua, de profesionales, de asociaciones de abogados, profesores universitarios, estudiantes universitarios, el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CENIDH) y hasta jueces colegas de Ruth Chamorro Martínez también protestaron, y al mismo tiempo, todos estos sectores sociales, políticos y académicos, exigieron que la Corte Suprema de Justicia mandara a destituir a la jueza Chamorro Martínez, quien descaradamente, hasta con anuncios pagados en periódicos, confesó que allí estuvo, en el sitio del incendio, según ella entregando los apartamentos al “representante” de Jimmy Najman Perezdiez.

 

Al instante, cuando estaba ocurriendo el incendio criminal, llegaron periodistas y fotógrafos de los Diarios BARRICADA y El Nuevo Diario, de televisoras locales de Managua (Canales 4, Seis y Ocho, por ejemplo), reporteros de radioemisoras o radionoticieros de Radios como la Radio Ya, Radio Sandino, Radio 580, Radio La Primerísima, Radio 800, Radio Corporación, Radio Mundial, Radio El Pensamiento, y también una lluvia de llamadas telefónicas de solidaridad al Diario BARRICADA, solidarizándose conmigo y con el personal del periódico BARRICADA, donde yo laboraba y laboré desde su fundación hasta el día de su cierre el 21 de febrero de 1998.

 

Asimismo, se desató una ola de solidaridad espontánea de decenas de miles de nicaragüenses, los cuales llamaban al Diario BRRICADA, a noticieros radiales, especialmente a los de las Radios Ya, Sandino, Primerísima y 580, expresando su solidaridad con mi familia y conmigo, pues había causado espanto entre la ciudadanía en general el relato de que a mi hija Sofana Orquídea, de apenas diez meses de edad, casi fue quemada por la pandilla de 180 matones de Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas Castro.

 

Al Radio Ya, por ejemplo, acudí dos días seguidos, invitado por Denis Shwartz Galo, cuando abordaban el tema del incendio criminal intencional, mientras la gente común y corriente, profesionales, técnicos, amigos, vecinos, dirigentes comunales y del Frente Sandinista de Liberación Nacional, diputados de distintas tendencias en la Asamblea Nacional, abogados, periodistas, etc., no cesaban de llamar a los programas noticiosos y tipo revista de estas radioemisoras.

 

En estos medios informativos llovían, como aludes indetenibles, las acusaciones contra estos vándalos, gánsteres criminales, incendiarios, que además, andaban impunes, prófugos, y que al final quedaron totalmente impunes gracias a las maniobras judiciales sucias, contra ordenamiento jurídico nacional,  registradas en el Tribunal de Apelaciones de Managua.

 

Deseo dejar claro que esta ola de solidaridad ciudadana con mi familia y conmigo, dio como consecuencia que decenas pobladores capitalinos me llevaron paquetitos con comida, ropa para mi hija Sofana y para Anabelle, nos regalaron una cama, utensilios de cocina, y el colectivo del Diario BARRICADA inclusive organizó una colecta de dinero para dármelo, con el fin de enfrentar las dificultades económicas tremendas en que nos dejaron estos maleantes jefeados por Frutos Chamorro Argüello, Henry Núñez Abarca y Juan Pablo Rivas Castro.

 

En páginas anteriores mencioné titulares, informaciones detalladas y editoriales de los  Diarios BARRIADA y El Nuevo Diario los días 15, 16 y 17 de abril de 1994. Voy a repetir algunos de esos titulares de primera página o portadas. Voy también, en esta parte de este relato convertido en libro, a citar algunos de los titulares e informaciones periodísticas publicadas en páginas interiores de esos dos Diarios. Repito: los titulares e informes de primera página, los coloqué textualmente en páginas anteriores.

 

El 15 de abril el Diario BARRICADA tituló a ocho columnas, en su portada:  Criminal incendio”. El sobre título dice: 180 hombres en violento intento de desalojo; queman casa de periodista de BARRICADA. Después tiene un subtítulo: *Comandante Caldera: es “una acción pandillesca”; Pablo Emilio Barreto: “querían asesinarme”.

 

Esta información ocupó todas las ocho columnas de la parte superior del  Diario BARRICADA, incluyendo una foto a colores del incendio criminal; luego ocupó  toda la segunda página, con relato periodístico y fotos. Un poco más abajo, la Dirección de BARRICADA ubicó un Editorial, titulado: “Nuestra condena y solidaridad”, cuyo contenido está ubicado textualmente en páginas anteriores.

 

En la misma edición de BARRICADA, en páginas interiores, fue ubicada otra información sobre el incendio criminal, titulada: Pablo Emilio asegura: “Querían asesinarme”, con un sobretítulo: “Amarrésmolo y después lo matamos”, dijo cabecilla del atentado.

 

 

Ese mismo día 15 de abril de 1994, El Nuevo Diario tituló a ocho columnas en su portada o primer plana:  Barbarie en desalojo, con un sobretítulo: Incendian casa del periodista Pablo E. Barreto.

 

Un poco abajo, encima del comienzo de esta información, se leen los siguientes asteriscos: * Don Frutos Chamorro acepta que él contrató a 180 hombres para hacer el desalojo, *Llevaron baldes de gasolina y la regaron para incendiar las dos viviendas, *”Perdí lo que gasté en los hombres y además lo que me costaban las viviendas”, dice don Frutos”.

 

Esta información periodística de El Nuevo Diario se aloja en más de la mitad de la portada, con dos fotos del incendio criminal, y en más de la mitad de una página interior del periódico.

 

El mismo El Nuevo Diario del 16 de abril de 1994, titula otra vez a ocho columnas, en tres líneas con letras mucho más grandes que el día anterior: “Ordenan la captura de Frutos Chamorro”, con el sobretítulo de:  “Detenidos 45 secuaces del piromaníaco”. Al pie del título principal, a la izquierda, antes de comenzar la información, hay tres asteriscos: “*Henry Núñez dirigió la quema obedeciendo órdenes que daba por “Walkie talkie” don Frutos, *Gerardo Aburto fue el que viajó a Ticuantepe para contratar hombres para el “trabajito”, *Reunieron 180 hombres en el parque y les ofrecieron transporte y 30 córdobas a cada uno”.

 

Además, en la misma portada de El Nuevo Diario, debajo del título mencionado, aparece una foto de los 45 capturados, detenidos por la Policía cuando se desarrollaba el incendio criminal, en el mismo lugar en que las llamas devoraban los Apartamentos 1 y 2, en el kilómetro 11 de la Carretera Sur. En la parte izquierda aparece Gerardo  Ramón Aburto Sevilla, resguardado por un oficial de la Policía Nacional. Aburto Sevilla fue quien contrató parte de los 180 hombres, en Ticuantepe, para hacer el “trabajito” de desalo e incendio criminal en Managua.

 

Ese mismo 16 de abril de 1994 en su portada, a ocho columnas, el Diario BRRICADA, titula: “Castigar a pirómanos”, con el sobretítulo de: “Ola de solidaridad con Pablo Emilio Barreto; indignación contra barbarie”.

 

Antes de comenzar esta información, a la izquierda, fue colocado el asterisco siguiente: “* 45 detenidos, pero Frutos Chamorro sigue prófugo; Policía no ha llegado a su casa a buscarlo”.

 

El Diario BARRICADA ocupó toda su portada o primera plana para dedicarla al incendio criminal intencional, pues debajo del título principal colocó una fotografía de los escombros y cenizas del Apartamentos No. 1, en que aparecen vecinos removiendo escombros y una foto insertada de la jueza Ruth Chamorro Martínez, quien confesó que estuvo allí con los 180 matones.

 

Debajo de la información principal, la Dirección del Diario BARRICADA volvió a colocar otro Editorial sobre el incendio criminal, titulado: “No a la impunidad”.

Debajo de la foto mencionada, BARRICADA ubicó otra información titulada: “Abogados: “Debe ser destituida”, con el sobretítulo: “Ruth Chamorro admite que llegó con los 180 matones”. Debajo del título se ubica un asterisco: “*Corte Suprema calla y capea el bulto; AN investigará el caso”.

 

Bajo el mismo título de “Castigar a pirómanos”, en el lado derecho, BARRICADA publica otra información titulada: “Doméstica salió entre las llamas”,  con un asterisco: *“Queremos quemar vivo a Barreto”, aseguró uno de los pandilleros.

 

Dentro, en la Página de Sucesos, BARRICADA publica otras informaciones relacionadas con el mismo tema del Incendio criminal, en la misma edición del 16 de abril, una de las cuales fue titulada: “Periodistas condenan violencia”,  con el sobretítulo: “Incendio de apartamentos constituye una barbarie”. En esta información, además, aparecen fotografías de Allan Téfel Alba, William Grigsby Vado, Manuel Espinoza Enríquez y Mario Fulvio Espinoza.

 

Esa Página de Sucesos fue ocupada totalmente por informaciones relacionadas con el incendio criminal intencional. Abajo se puede leer otra información a cinco columnas, titulada: Implicados dicen que fueron engañados, con un sobre título: Alegan que desconocían que iban a un desalojo. Entre el título y el comienzo de la información hay dos asteriscos: *Henry Núñez era el jefe de la pandilla de pirómanos, * También señalan a pablo Rivas Castro y Gerardo Ramón Aburto como los reclutadores.

 

A la par de esta información hay una fotografía en la cual aparecen la mayoría de los 45 capturados por la Policía Nacional, en el propio lugar de los hechos.

 

BARRICADA hizo ese día 16, seis “Páginas de Sucesos” para darle cabida a toda la avalancha de información noticiosa sobre el incendio criminal intencional. En unos casos, las informaciones eran “pases” de la primera página y en otros era informaciones nuevas, o diferentes, por ejemplo esta titulada: Asamblea Nacional investigará quema de apartamentos. Tiene un sobretítulo: Parlamento publicará próxima semana Ley contra Desalojos. Y abajo un asterisco: *Demandan sancionar a jueza Ruth Chamorro.

 

Hay otra información, a una columna, titulada: FSLN exige: Garantizar seguridad ciudadana. En la “quinta” Página de Sucesos hay un título a seis columnas: Más testigos acusan a Chamorro,  con el sobretítulo: *Jueza Ruth Chamorro citada a declarar hoy. Tiene un asterisco: Vieron cuando vándalos saqueaban apartamentos.

 

Llueve solidaridad con Pablo Emilio era el título de otra información, a dos columnas, en la cual se precisa cómo organizaciones de periodistas y comunitarias, más la gente común de vecindarios capitalinos, continuaban solidarizándose conmigo y condenando el incendio criminal intencional.

 

Finalmente, en otras dos páginas interiores de BARRICADA aparece la carta de Frutos Chamorro Argüello, mencionada antes, dirigida a Carlos Fernando Chamorro Barrios, Director del Diario.

 

El 17 de abril, El Nuevo Diario tituló con letras grandotas, a cuatro columnas, en primera página: “Frutos Chamorro prófugo”,  con el sobretítulo: “Reclamante incendiario ni siquiera es propietario”. Debajo del título, antes de la información, El Nuevo Diario colocó los siguientes asteriscos: *Policía espera detenerlo este fin de semana, *Llevarán ante Corte, juicio de Castañeda; *Caso se encuentra de amparo contra OOT, *Chamorro usa una escritura viciada.

 

En el mismo El Nuevo Diario de ese día 17, en páginas interiores, un título de tres líneas, con letras grandes: “PEB agradece solidaridad de sus colegas”.

 

En siguientes ediciones del Diario BARRICADA se siguieron publicando informaciones periodísticas, cotidianamente o cada tres o cuatro días, según fuesen desfilando los vecinos ofendidos o víctimas del incendio criminal, más los testigos presenciales de lo que pasó aquel 14 de abril de 1994 en el kilómetro 11 de la Carretera Sur.

 

Declaran víctimas de Frutos Chamorro, era uno de los titulares de esas informaciones, el cual tenía el siguiente asterisco: *Prófugo califica a vándalos de “personal de mudanza”.

 

“Una carta de Frutos Chamorro y su respuesta”, con un asterisco: *Sobre el incendio de los apartamentos en la Carretera Sur”. Esta carta ya fue mencionada en páginas anteriores y citada textualmente.

“Inversionistas reclaman apartamentos” era otro titular con el sobretítulo siguiente: “Uno de de los ocupantes es reportero”. “Juez del  Crimen emite orden de captura y de allanamiento”, expresaba otro titular.

 

Uno de los diarios nacionales publicó, en páginas interiores, ese título impactante: ¿Frutos cobra seguro?, con un sobretítulo: “Afectados denuncian: perito de INISER husmea entre apartamentos incendiados”. Abajo aparecía un asterisco: *Juez emite orden de captura y allanamiento en contra de pirómano y de sus secuaces; Policía continúa búsqueda”. Debajo y al lado de este título aparecían una foto del jefe de la Estación Tres de la Policía, Ernesto “Tito” Zamora Chávez y de Pablo E. Barreto P.

 

Otro titular de dos líneas, a seis columnas: “Investigarán si apartamentos quemados estaban asegurados” , con el sobretítulo: “Solicitan a juez enviar oficio a INISER”.

 

“Declara Pablo Emilio Barreto como ofendido”, otro titular a cuatro columnas, en páginas interiores, con el siguiente sobretítulo: “Abogado de incendiario formula preguntas improcedentes”.

 

“Juez Chamorro rechazó protección policial”, con el sobretítulo: “En violento desalojo de apartamentos de la Carretera Sur,  con el asterisco: “Jefe de División Tres declara en Juzgados”.

 

“Más de 200 desalojos en tres meses”, era otro titular en páginas interiores. “Bancada FSLN enfrentará desalojos”, expresaba otro titular de una información del Diario BARRICADA, firmada por el periodista Guillermo Cortés Dominguez.

 

“Piden destitución de la jueza Ruth Chamorro”, era un titular de dos líneas, a cuatro columnas, del Diario BARRICADA, con el sobretítulo: “Movimiento Comunal acude a la Corte Suprema de Justicia”.

 

“Más testigos acusan a Chamorro”, expresa otro título de dos líneas, con letras grandes del Diario BARRICADA, en páginas interiores, con el sobretítulo de: “Jueza Ruth Chamorro citada a declarar hoy”. Debajo del título un asterisco: “Vieron cuando vándalos saqueaban apartamentos”.

 

Contenido de otras informaciones sobre el incendio criminal

 

Ya expliqué en páginas anteriores que hice copia textual de las informaciones principales sobre el incendio criminal, publicadas en las portadas de los Diarios nacionales de los días 15, 16 y 17, específicamente en BARRICADA, El Nuevo Diario y LA PRENSA, después de ocurrido el incendio y la captura de los 45 sujetos (eran 180 en total) que Frutos Chamorro Argüello llevó a los Apartamentos Argüello, para el desalojo violentísimo e incendio al mismo tiempo. Cité textualmente, inclusive, los dos Editoriales del Diario BARRICADA sobre el incendio criminal y su significado en aquel momento histórico en que estaban siendo perseguidas desalojadas 350,000 familias beneficiarias de las Leyes 85, 86 y 88 (casas, lotes y tierras de Reforma Agraria Sandinista).

 

No es posible reproducir todo lo que se publicó en los Diarios nacionales. Por supuesto, en este libro no cito nada de lo publicado en televisoras y radioemisoras, cuyos periodistas también hicieron reportajes amplísimos sobre estos sucesos, los cuales agradezco sinceramente.

 

Voy a citar en esta parte de este libro, unas cuantas de esas informaciones publicadas en El Nuevo Diario, BARRICADA y LA PRENSA. Ya cité algunos títulos con sus sobretítulos, más asteriscos.

 

Comienzo de algunas informaciones:

 

“Pablo Emilio asegura: “Querían matarme”, con sobretítulo: Amarrésmolo y después lo matamos”, dijo cabecilla del atentado”, firmado por Freddy Potoy.

 

“El periodista de BARRICADA, Pablo Emilio Barreto Pérez, visiblemente apesarado por los daños causados a su casa, dijo que  los agresores pretendían matarlo “sólo porque he denunciado los múltiples desalojos”.

 

“!Qué barbaridad, hasta dónde hemos llegado¡”, expresó Barreto, al observar que su empleada, Marcia Cabrera Lacayo, permanecía asustada, luego de que pretendieran quemarla viva durante los incidentes de la Carretera Sur.

 

“Barreto agregó que los delincuentes que llegaron a su casa, para amarrarlo y después ultimarlo, rociaron de gasolina a la muchacha.

“Ella confirmó que un hombre alto, pelo liso, de unos 48 ó 50 años, que vestía camisa rosada y pantalón azul, le lanzó un fósforo encendido.

 

“El colega de BARRICADA expresó que un sujeto de nombre Henry Núñez encabezaba la multitud e esquiroles, la cual llegó a quemar las casas de este sector. “Era a mí, específicamente, a quien querían matar”, reiteró Barreto.

 

“Elvin Navarrete y Vicente González, vecinos de nuestro colega, escucharon decir a Henry Núñez al frente de decenas de personas: “Aquí vive ese hijo de p… de Pablo Emilio, amarrésmolo y después lo matamos. También a la doctora Parrales.

 

“Barreto, por años, se ha destacado  como periodista comunitario, y ha dado a conocer en múltiples ocasiones los problemas que sufren los pobladores del país, así como los atropellos por parte de casatenientes y de la Alcaldía de Managua. Por ello, ha recibido varios reconocimientos públicos”.

 

Periodistas condenan violencia, con el sobretítulo de: Incendio de los Apartamentos constituye una barbarie, firmado por Freddy Potoy.

 

“Periodistas de diferentes medios de comunicación se solidarizaron con el colega de BARRICADA, Pablo Emilio Barreto Pérez, víctima de un incendio ordenado por Frutos Chamorro Argüello, que pagó a 180 delincuentes para desalojarlo.

 

“William Grigsby Vado, director de Radio La Primerísima, externó su solidaridad con Barreto y demandó que  la Corte  Suprema de Justicia (CSJ), destituya a Ruth Chamorro, Oswaldo Medrano, Oscar Danilo Barreto Terán y todos aquellos jueces que violan los procedimientos judiciales.

 

“Grigsby exigió que “en este tipo de casos, el Estado  debe actuar de oficio rápidamente y castigar a delincuentes como Frutos Chamorro”. El conocido comentarista advirtió que “si la próxima vez ocurre esto con los jueces, habrá enfrentamientos sangrientos”.

 

“En el futuro no se podrá confiar en el Estado de Derecho, según Grigsby, porque “se ha convertido en un Estado  de derecha y eso implica organización popular y defender la propiedad.

 

Responsabiliza al gobierno 

 

“Allan Téfel Alba, director de Radio El Pensamiento, considera que el principal responsable del incendio criminal contra la casa de Barreto y Julio Toribio “es el gobierno Chamorrista por la disputa que hay entre el Poder Legislativo y el Ejecutivo”.

 

“Téfel Alba indicó que se debe aplicar con toda rigurosidad la Ley a Frutos Chamorro y los que lo acompañaban. “Independientemente de la acción de la jueza, Chamorro debe ser llevado a los Tribunales”, afirmó.

 

“Reflexionó que esa situación es un precedente grave para el pueblo de  Nicaragua. “Como periodista me siento ofendido y como ciudadano me siento preocupado”, afirmó Téfel Alba.

 

Un acto de barbarie

 

“Mario Fulvio Espinoza y Manuel Espinoza Enríquez, editor de El Nuevo Diario y director de Extravisión, respectivamente,  en que “es un acto de barbarie que nos demuestra los niveles de desprotección a que hemos llegado.

 

“Fulvio Espinoza dijo que la jueza Chamorro “ha perdido la actitud moral para seguir ejerciendo su cargo, pues es un acto criminal del cual ella misma es responsable y debe responder ante la Justicia”.

 

“Indicó que la Jueza y el casateniente han violado flagrantemente el derecho a la vida, que está consagrado en la Carta de las Naciones Unidas, referida a los Derechos Humanos.

 

“Espinoza Enríquez afirmó: “Esta es una situación peligrosa que ojalá no pique y se extienda donde se toma la justicia por las propias manos. Estamos solidarios con hechos y no con palabras con Barreto.

 

Indicó que el hecho criminal ordenado por Frutos Chamorro y la jueza Ruth Chamorro contra Barreto, es una respuesta a la defensa permanente de los intereses populares.

 

“Por su parte, Omar García, director del Programa Hablemos de la Radio Ya, manifestó que este tipo de actividades deberían alertar al gobierno a resolver el problema de la propiedad, porque si no cada quien tomaría la justicia pro sus propias manos”.

 

“Polo Sevilla, periodista de este mismo medio informativo, animó al gremio periodístico a apoyar al colega Pablo Emilio Barreto, porque muchas veces somos candil de la calle, oscuridad de su casa”.

 

“El apoyo y la solidaridad para el periodista Pablo Emilio Barreto se dejó sentir en el pueblo capitalino al entregar a Radio Ya cinco láminas  de zinc, granos básicos, dinero en efectivo de parte de diversas instituciones, y condenas al hecho con llamadas telefónicas de diferentes Regiones del país”.

 

Doméstica salió entre las llamas, era uno de los titulares del Diario BARRICADA, del 16 de abril, con este asterisco: *”Queremos quemar vivo a Barreto”, aseguró uno de los pandilleros,  firmado por Juan José Lacayo.

 

“La joven Marcia Cabrera Lacayo, de 20 años, la doméstica que ha laborado en la casa del periodista Pablo Emilio Barreto –incendiada la noche del jueves por vándalos—aseguró a BARRICADA que abandonó el inmueble en medio de las llamas, mientras los fascinerosos rociaban  las paredes con gasolina.

 

“Cabrera Lacayo relató que estaba orando en el patio trasero del Apartamento que ocupaba la familia Barreto, cuando un grupo de cerca de quince hombres, cargando bidones de gasolina de veinte litros, y botellas con mechones, irrumpió en el lugar.

 

Estaban enfurecidos y gritaban: “Queremos al hijo de p… de Pablo Emilio Barreto”, y decían que lo querían quemar vivo, yo me metí rápidamente a la casa y ellos se vinieron detrás de mí. Mi intención era sacar a la niña (la pequeña Sofana, de diez meses), pero ya la habían sacado, y entonces pensé en sacar los pañales”, dijo todavía emocionada la doméstica.

 

“Ellos se vinieron detrás de mí cuando entré a mi cuarto, y rociaban las paredes de gasolina a la vez que sacaban de las gavetas las alhajas de doña Anabelle (la esposa del periodista), se metían cosas en las bolsas y hasta la ropa de don Pablo”, añadió la empleada.

 

“Señaló que la acción era dirigida por un sujeto que portaba un radiocomunicador, que posteriormente identificó como Henry Núñez—quien actúa como chofer y guardaespaldas de Frutos Chamorro—con el cual mantenía una aguda conversación, que la doméstica no pudo precisa”.

 

“Núñez –añadió Marcia—expresó ésta es la casa que queremos quemar y arengaba a sus hombres a incendiar el inmueble, diciendo que si después  preguntaban dirían que nosotros la habíamos quemado.

 

“Yo no lo conocía a él –a Núñez—pro después le pregunté a uno de los mismos hombres”, añadió la joven que aún ayer se mantenía escondida por temor a algún atentado.

Marcia dijo que podría identificar a uno de los que regaba gasolina y lanzaba fósforos para que el Apartamento ardiera. “Es un hombre pelo canoso, viejón, si lo miro lo reconozco”, respondió segura. Uno de los detenidos en la Estación Tres de la Policía, coincide con esa descripción.

 

“Por su parte, la suegra del periodista Barreto, doña Ercilia de Barrera, expresó: “Nosotros le suplicamos a los hombres que nos dejaran salir, nuestra principal preocupación era la niña. Ellos respondieron: háganlo rápido que tenemos urgencia de hacer este trabajito.

 

“Marcia concluyó su relato indicando que los vándalos la rociaron de gasolina y dio gracias a Dios, que no haya tomado fuego”.

 

Exigen destitución de jueza Ruth Chamorro

 

Ya dije que el Diario BARRICADA casi llenó sus páginas con informaciones relacionadas con el incendio criminal, en la edición del 16 de abril de 1994. Una de ellas, titulada: “Abogados: “Debe ser destituida”,  con el sobretítulo de: “Ruth Chamorro admite que llegó con los 180 matones, y debajo del título un asterisco: *Corete Suprema calla y capea el bulto; AN investigará el caso.  Esta informa información la firmaba Freddy Potoy.

 

“La Juez Segundo Local Civil de Managua, doctora Ruth Chamorro, admitió a BARRICADA que estuvo en el desalojo que culminó con el incendio que destruyó varios apartamentos en la Carretera Sur, pero no se responsabilizó por los daños y delitos cometidos durante el incidente.

 

“Chamorro estuvo en el lugar del incendio con 180 matones, y no pidió apoyo  la fuerza pública, para evitar alterar el orden público.

 

“En este incidente, según abogados y jueces consultados, hubo exposición de personas al peligro, daños a la propiedad, asociación para delinquir, terrorismo, perturbación de la posesión y premeditación.

 

“Chamorro, durante una reunión hace tres semanas con jueces Locales y de Distrito del Crimen de Managua, pidió apoyo a sus colegas, y dijo que tenía una orden de desalojo contra Pablo Emilio Barreto, que ejecutaría con mucho gusto.

 

Visiblemente alterada, Chamorro dijo a BARRICADA que a las cinco de la tarde del jueves se fue con el apoderado de Jimmy Najman Perezdiez –nuevo propietario del inmueble–, para entregarle el lugar saneado y otorgarle el acta de posesión.

 

“Estos apartamentos, supuestamente, fueron vendidos por la Empresa Inversiones y Desarrollos Globales S.A., que representa Frutos Chamorro Argüello.

 

“La judicial agregó que “estando en el lugar, doy orden de desalojo, pero en ese momento, del Apartamento dos alguien dijo a otra persona del Apartamento seis, que dispararan a matar…y en el mismo Apartamento dos empezó a salir humo”.

 

“La desesperación provocó que Chamorro dejara en posesión al apoderado legal de Najman, y levantaran acta en medio del incidente. “Cuando miramos ese peligro nos fuimos, porque podía convertirse en algo más complicado”, afirmó.

 

“Chamorro no llegó acompañada de la Policía “porque la Ley no me obliga a hacerlo; además, n una ocasión ya me pusieron una pistola y el policía, en vez de protegerme, cumplió órdenes de retirarse”.

 

Colegas las recriminan

 

“Respecto a este incidente, jueces, procuradores y abogados coincidieron en que la jueza Chamorro es la única responsable del incendio criminal que devoró dos apartamentos en la Carretera Sur, “si se le comprueba responsabilidad en el hecho, debe ser destituida y procesada.

 

“El Juez Segundo Local Civil de Managua, doctor Osvaldo Medrano Jiménez, lamentó la actitud criminal de ese desalojo, que aun cuando existe una resolución judicial, es ilegal si Frutos Chamorro no llegó acompañado de la jueza y la Policía.

 

Medrano afirmó que “los jueces deben tener mucho cuidado al momento de un desalojo para evitar estas situaciones. El Juez, cuando se constituye en el lugar del desalojo, tiene que ir protegido por la Policía.

 

Problema desborda

 

“El Juez Primero de Distrito del Crimen de Managua, doctor Germán Vásquez Carrasco, expresó que “éste es un problema serio que se nos está saliendo de la manga de la camisa, y donde cada quien hace lo que considera pertinente ante el cumplimiento de resoluciones judiciales”.

 

“Vásquez consideró que la jueza Chamorro debió constituirse al lugar utilizando la fuerza pública legalmente constituida, para no permitir que se alterara el orden público.

 

“El Procurador de Justicia, doctor José Antonio Fletes Largaespada, escuetamente dijo que “si a la jueza se le demuestra que ordenó utilizar la violencia, podría ser destituida y abrírsele proceso si tiene alguna responsabilidad”.

 

“La doctora  Margarita Romero Silva expresó que Chamorro “tenía que calmar los ánimos y no salir corriendo. Al ver la situación y correrse, creó un colapso. Ella no midió las consecuencias del desalojo.

 

“Romero agregó que el juicio de inmisión en la posesión –figura jurídica aplicada—no la podía ejecutar Chamorro, pues esa sentencia la dictó el juez de Distrito, Encarnación Castañeda, y sólo otro judicial de igual jerarquía debía cumplirla y no una jueza local”.

“Ruth a estas alturas debería estar destituida de su cargo. De sobra son conocidas las arbitrariedades que ha cometido, y yo no sé por qué está allí todavía”, manifestó Romero.

 

¿Implicados fueron engañados?

 

Varios de los 45 capturados, tienen antecedentes delictivos

 

“Implicados dicen que fueron engañados”, expresa otro de los titulares de BARRICADA del 16 de abril de 1994, con el sobretítulo de: “Alegan que desconocían que iban a un desalojo”.  Debajo hay un asterisco: *Henry Núñez era el jefe de pandilla de pirómanos, *También señalan a Pablo Rivas Castro y a Gerardo Ramón Aburto como los reclutadores, firmada por Juan José Lacayo.

 

Texto de esta información: “Los implicados  en el incendio de los Apartamentos del kilómetro 11 de la Carretera Sur,  detenidos en la Estación Tres de la Policía, afirmaron que fueron engañados porque los contrataron para cargar y descargar un camión.

 

“Julio César Cardenal, Carlos José Murillo y Julio Cardenal Caballero, algunos de los implicados, aseguraron  que desconocían que iban a un desalojo y que les habían ofrecido una paga de 30 córdobas.

 

“”Esta versión fue ratificada igualmente por familiares de los detenidos que ayer estaban en las afueras de la Estación Tres, entre otras, Esperanza Treminio, Paula Ampié Ortíz, Gregoria Calero y Miriam Reyes.

 

“En tanto, Gerardo Ramón Aburto, señalado por la Policía como el reclutador de 87 hombres de los que participaron en el incendio, dijo que fue contratado por Pablo Rivas Castro, que tiene una empresa de CPF que resguardan Las Colinas, Altamira y otros repartos.

 

“Rivas Castro le planteó que buscara gente para cargar y descargar un camión; le pidió que levantara una lista y ofreció pagar treinta córdobas a cada elemento.

 

“El “regó la bola” “y nos hicimos como 90 y esperamos el camión que nos llegaría a traer en el Parque Juan Ramón Padilla de Ticuantepe”. A cambio del reclutamiento, Rivas le ofreció a Aburto la posibilidad de un empleo fijo como CPF.

 

“Dijo que cuando llegaron a Las Colinas estaba otro camión estacionado y un Jeep Suzuki, en el cual se encontraba Henry Núñez, con un Walkie Talkie, comunicándose con Frutos Chamorro.

 

“Cuando llegaron a los apartamentos, Núñez le dijo que el trabajo no era descargar camiones sino sacar de las viviendas los enseres, por lo cual –según Aburto—protestaron.

 

“No obstante, Núñez aseguró que tenían orden judicial y que cumplieran la orden si querrán recibir el pago.

 

“Señaló que ya algunos hombres estaban en el Apartamento de Barreto, sacando cosas, cuando de otro sitio comenzaron a dispararles, “por lo que salimos en desbandada. Le exigimos a Núñez que nos pagara pero se negó en medio del alboroto.

 

“Oímos una explosión, adentro del Apartamento había gente de nosotros, vimos las llamadas, mientras Núñez se comunicaba con Chamorro, dijo Aburto.

 

“Nosotros no nos corrimos porque no tuvimos nada que ver, fuimos engañados por Núñez y Chamorro, ellos tienen que aclarar este asunto”, replicó.

 

“Mientras tanto, peritos de la Dirección General de Bomberos, adscrita a Gobernación, confrontaban su peritaje técnico con el de la Policía, para determinar las causas del incendio.

 

“Hasta ahora, los bomberos lograron determinar que el fuego comenzó en el cuarto de la empleada de Pablo Emilio Barreto. El subteniente Marvin Largaespada informó que en el sitio recogieron muestras que estaban siendo analizadas en los laboratorios de la Policía Nacional,  para determinar si el fuego lo provocó algún combustible.

 

“Asamblea investigará quema  de apartamentos”, era otro de los titulares de BARRICADA el 16 de abril, con el sobretítulo: “Parlamento publicará próxima semana Ley contra desalojos. Debajo del título aparece un asterisco: *Demandan sancionar a jueza Ruth Chamorro. Esta información aparece firmada por Jorge Katín.

 

“La Asamblea Nacional investigará los sucesos del jueves por la tarde, cuando una agrupación de 180 individuos atacó a varias familias, provocando un incendio que destruyó dos viviendas en el kilómetro once de la Carretera Sur.

 

“Una amplia mayoría de los diputados de la Asamblea Nacional repudió la acción que culminó con la quema de dos apartamentos, uno de ellos habitado por el periodista Pablo Emilio Barreto.

 

“La Bancada Sandinista emitió un comunicado demandando que los autores materiales e intelectuales sean procesados y se les aplique la Ley. Asimismo, abogaron para que la Ley contra los desalojos sea promulgada de inmediato por el Poder Ejecutivo.

 

“De igual manera, la Bancada del FSLN demandó a la Corte Suprema de Justicia a que investigue la actuación de la jueza Ruth Chamorro, quien admitió haber estado en el lugar del incidente.

 

“La Dirección Nacional del FSLN también repudió lo que calificó de “hecho criminal”, y denunció, además, que hechos como los del jueves se repitan en la zona de Occidente y Norte del país.

 

“Mientras se desarrollaban los debates sobre el Código del Trabajo, los parlamentarios no pudieron evadir referirse al tema, e inició la discusión el diputado Omar Cabezas, quien argumentó que sucesos como los del jueves, donde la justicia brilló por su ausencia, era una clara invitación a que los ciudadanos se defiendan con sus propias manos.

 

“La parlamentaria democristiana, Azucena Ferrey, pidió cordura, y solicitó a la Junta Directiva que nombre una Comisión para que investigue los pormenores del violento incidente.

 

“La Junta Directiva de la Asamblea designó a la Comisión de Derechos Humanos, para que investigue de manera imparcial lo que sucedió esa tarde, y presente un informe antes del próximo miércoles.

 

“De igual manera, los parlamentarios criticaron la actitud de la presidenta Chamorro, quien no ha sancionado la Ley Antidesalojos, a pesar de haber sido aprobada por el plenario desde antes de las vacaciones de Semana Santa.

 

“La Junta Directiva resolvió, según informó el segundo secretario, Ray Hooker, enviar a publicar dicha Ley la próxima semana.

 

“El conservador Edmundo Castillo, quien fue el diputado que más fervientemente se opuso a la aprobación de la mencionada Ley, admitió que el acto ordenado por el señor Frutos Chamorro, era “primitivo”.

 

“Independientemente de que él tenga la razón, jamás debió haber recurrido a ese acto, que no puede ser calificado sino de “primitivo”, agregó Castillo.

 

“El Movimiento Comunal Nicaragüense envió sendas cartas a los presidentes de los poderes Legislativo y Judicial, exigiendo la destitución de la jueza Ruth Chamorro, “principal instigadora problemática”, según los dirigentes comunales.

 

“Por otra parte, el presidente de la Corte Suprema de Justicia, doctor Orlando Trejos Somarriba, se negó a pronunciarse sobre la actuación de la jueza Chamorro, aduciendo que estaba enfermo, y que con sólo preguntarle sobre ese tema, “ya le estaba doliendo la cabeza”.

 

“Otro de los magistrados consultados, alegó que sólo se podría pronunciar una vez que exista una queja formal contra la mencionada jueza.

 

“Un funcionario judicial, que pidió el anonimato,  aseguró que de comprobarse la presencia de la doctora Chamorro durante el desarrollo del acto vandálico, “le podrá costa el cargo”.

 

“FSLN exige: Garantizar seguridad ciudadana”, expresa otro título de cuatro líneas, a una columna del Diario BARRICADA, del mismo día 16 de abril. El texto dice:

 

“La Dirección Nacional del Frente Sandinista de Liberación Nacional manifestó ayer su preocupación por la “vertiginosa escalada de conflictos violentos que están aflorando en la sociedad nicaragüense, sin que hasta el momento el Gobierno de la República demuestre intenciones de hacer cumplir las normas mínimas que se supone deben imperar en un Estado que se autodefine de Derecho.

 

“La Dirección Nacional del FSLN señala que en los últimos días la opinión pública ha sido sacudida por hechos  de violencia como el atentado contra el líder gremial Roberto González y los masivos desalojos de familias humildes en todo el país.

 

“El último desalojo se convirtió en un hecho criminal, ya que además de contratar a una agrupación paramilitar, agredieron a quienes habitaban en los inmuebles, e incendiaron la casa del periodista Pablo Emilio Barreto”,  denuncia el comunicado, añadiendo que esto se suma a la ola de secuestros, extorsiones y asesinatos de que son víctimas los productores”.

 

El mismo 16, BARRICADA asimismo publicó una información  a dos columnas, con el título: “Llueve solidaridad con Pablo Emilio Barreto”.

 

Esa información dice textualmente: “La Unión de Periodistas de Nicaragua (UPN) denunció nacional e internacionalmente que la agresión que sufriera el periodista Pablo Emilio Barreto, “no es una acción fortuita, sino una acción que pretende callar las voces de quienes, desde medios de comunicación, acompañan la lucha de los pobladores humildes por la defensa de sus propiedades”.

 

“La UPN convocó por medio de un  comunicado a todos sus afiliados a solidarizarse con el colega Pablo Emilio Barreto y su familia, que “fueron víctimas de un acto cobarde y criminal, el jueves pasado”.

 

“La organización gremial dijo que la Casa de la UPN está a disposición para albergar al periodista. Hasta el día de ayer se encontraban en la sede de la UPN una cocina, una vajilla, colchones, comedor y una mesa de noche, para ser entregados a Barreto.

 

El presidente de la Asociación de Periodistas de Nicaragua, Luis Mora Sánchez, envió un telegrama a Barreto, donde “se une al repudio por la acción vandálica en su contra, le ru4ego acepte mi solidaridad en este momento difícil”.

 

“Por otra parte, el presidente de la Fundación Augusto C. Sandino, Edwin Zablah, mostró sus actos de solidaridad con el periodista Barreto, donando materiales de construcción para contribuir a la reconstrucción de su casa.

 

El Comité de Dirección Departamental del FSLN de Managua condenó “enérgicamente los hechos ocurridos el jueves pasado… que representan un gravísimo precedente de violencia. Si no queremos que se desate en el país una espiral de violencia incontrolable, estamos obligados a actuar en el contexto de las Leyes del país y no permitir actos criminales”.

 

“Más de 200 desalojos en tres meses”,  indica un titular de tres líneas, a una columna del Diario BARRICADA, en páginas interiores, del 17 de abril de 1994, cuyo contenido textual es el siguiente:

 

“Directivos del Movimiento Comunal que entre noviembre del año pasado y enero de 1993 se han producido más de 200 desalojos judiciales en contra de familias beneficiadas por las Leyes 85 y 86, lo cual constituye una flagrante violación, ya que estos casos están siendo analizados por la Ofician de Ordenamiento Territorial (OOT)”.

 

“Juez Chamorro rechazó protección policial”, expresa otro titular de BARRICADA, a tres líneas, en la misma edición señalada en el párrafo anterior, con el siguiente asterisco: “*Jefe de División Tres de la Policía declara en Juzgados”.

 

Información textual: “El jefe de la División Tres de la Policía Nacional, subcomandante Ernesto Zamora Chávez, declaró en el Juzgado Séptimo de Distrito del Crimen de Managua, que le ofreció la protección de dos agentes a la Juez Ruth Chamorro, pero después me enteré que –según ella—no los iba a necesitar.

 

“Chamorro, Juez Segundo Local de lo Civil,  rechazó esta primera protección de la fuerza pública el 24 de marzo, fecha en que el jefe de Investigaciones Criminal, capitán Concepción Andino, cumpliría la orden de Zamora.

 

“Respeto al desalojo seguido de incendio en los Apartamentos de la Carretera Sur,  el alto oficial declaró que “a mí en lo personal nunca me manifestó que además de necesitar protección ella, necesitaba apoyo de la fuerza pública, parta el efectivo cumplimiento de la resolución.

 

“Zamora aclaró ante el judicial que “no sabíamos de la presencia de una autoridad en ese lanzamiento, tal vez nos hubiéramos dado cuenta si realmente se hubiera quedado la autoridad judicial cuando se llegó a la hecatombe.

 

“Agregó que la Policía Nacional detuvo a 45 personas que fueron pagados para realizar ese trabajo de desalojo,; otros andaban armas blancas que las llevaron en los camiones en que fueron transportados.

 

“El abogado defensor de Frutos Chamorro preguntó a Zamora por qué no presumió la culpabilidad de las personas desalojas y el oficial respondió: “Hasta donde yo tengo entendido, lo que se encontró en el lugar eran mujeres y niños que estaban tratando de salvaguardar lo que les había sido sustraído”.

 

Boanerges Ojeda, juez Séptimo de Distrito del Crimen de Managua, aún no se ha pronunciado sobre la recusación que presentara el doctor Daniel Olivas contra la judicial Rosario Altamirano, sin embargo el proceso sigue su curso”.

 

“Bancada FSLN enfrentará desalojos”, es otro titular a cuatro líneas y una columna en la misma edición mencionada, cuyos primeros dos párrafos dicen textualmente:

 

“La Bancada Sandinista (de diputados) prepara una verdadera batería de proyectos de Ley, algunos de ellos destinados a aliviar la dramática situación de varios de los sectores más vulnerables de la sociedad, para aprobarlos junto al Grupo de Centro-UNO, en la presente legislatura.

 

“Entre éstos, se contempla una iniciativa de reformas a la Ley para impedir que más familias nicaragüenses sigan siendo desalojadas de sus casas, bajo la figura de comodato precario”.

 

Más acusaciones contra incendiarios y sus cómplices

 

Sobre el juicio a los incendiarios criminales, en los días y semanas siguientes se continuaron publicando informaciones periodísticas en los Diarios nacionales BARRICADA, El Nuevo Diario y LA PRENSA, y también en noticieros radiales y televisivos, además de que algunos corresponsales extranjeros radicados en Managua asimismo se hicieron eco de esta barbarie ocurrida en Managua el 14 de abril de 1994. Esos medios informativos publicaban sus noticias, reportajes y crónicas en sus páginas de Sucesos e interiores, y resultaría imposible reproducirlas todas en este libro.

 

Esta barbarie incendiaria era tema constante de discusiones en Universidades, en la Asamblea Nacional, en la Policía Nacional, en las asambleas vecinales o populares, pues mientras tanto se continuaban los desalojos violentos contra decenas de miles de familias, especialmente beneficiarias de las Leyes 85, 86 y 88, todo lo cual ocurría con la complicidad de jueces venales parecidos a doña Ruth Chamorro Martínez.

 

“Más testigos acusan a Chamorro”, por ejemplo, indica un título a dos líneas, con el sobretítulo de: “Jueza Ruth Chamorro citada a declarar hoy”, con un asterisco: “*Vieron cuando vándalos saqueaban apartamentos”, publicado varios días después en páginas interiores del Diario BARRICADA.

 

“La jueza Ruth Chamorro ha sido citada a declarar hoy en el juicio que se sigue por el incendio de los apartamentos del kilómetro once de la Carretera Sur, mientras, ayer, dos testigos más acusaron a Frutos Chamorro por la acción del jueves pasado.

 

“Carlos Sáenz Bellanger, de 47 años, médico veterinario y catedrático de la Universidad Centroamericana, dijo que “cuando salía de mi casa escuché disparos cerca de los apartamentos, y miré que de un camión blanco salían unos hombres gritando”.

 

“El testigo aseguró que los individuos salían del vehículo y obedecían órdenes de un hombre fuerte, que cargaba un Walkie y Talkie. Aseguró haber visto que los individuos cargaban palos y piedras, y uno de ellos empuñaba una bayoneta  cuando penetraban al Apartamento No. 1, que habitaba el periodista Pablo Emilio Barreto.

 

Saquearon apartamentos

 

“Inmediatamente después de que un grupo de hombres entró en la vivienda, empezaron a sacar algunos enseres de la casa, aseguró Sáenz. “Yo les grité que estaba cometiendo una barbarie”, declaró el testigo que vive cerca de los apartamentos.

 

“Sáenz declaró que las llamas que ocasionaron el incendio surgieron del fondo del Apartamento uno, de Barreto, lo que contradice las afirmaciones del mismo Chamorro, quien afirma que el fuego se inició en el segundo Apartamento, donde habitaba la familia de Julio Toribio Díaz.

 

“Respondiendo a una pregunta del abogado defensor Daniel Olivas (defensor del prófugo Frutos Chamorro Argüello y antiguo defensor de guardias somocistas genocidas), en el sentido de que si había logrado identificar a una mujer con las descripciones físicas de la jueza Ruth Chamorro, Sáenz contestó: “Yo sólo miré personas del sexo masculino que llegaban a hacer el desalojo”.

 

“En otra parte de su declaración, el testigo aseguró haber visto que “muchos de los individuos –supuestamente contratados por Frutos Chamorro—cargaron con cosas que ellos mismos habían desalojado del Apartamento número uno, donde vivía el periodista Pablo Emilio Barreto.

 

Frutos llega con pandilla

 

“Otra de las personas que declaró ayer en el Juzgado Sexto de Distrito del Crimen, fue Silvia Ortega Rosales, docente de la Facultad de Arquitectura de la UNI y habitante de los apartamentos de la Carretera Sur, desde hace 10 años.

 

“En su declaración como parte acusadora, Ortega aseguró que ella no estaba en su casa el día de los acontecimientos, pues estaba trabajando en la UNI, pero enfatizó que desde 1990 ella y su familia han sido víctimas de los acosos de Frutos Chamorro.

 

“El 16 de octubre de  1993, Frutos Chamorro acompañado de unas pandillas llegó a los Apartamentos y amenazó de muerte –en esa ocasión colocándole una pistola en la cabeza—a una de los habitantes de los apartamentos”, dijo la profesional.

 

“Además, rompieron las llantas de mi vehículo, y fue ese mismo día cuando Frutos Chamorro amenazó con quemar los Apartamentos”, declaró Ortega.

 

Antecedentes judiciales

 

“En ese entonces, los agredidos por Frutos Chamorro pusieron la denuncia en la Estación Tres de la Policía y abrieron dos expedientes contra Chamorro en el Juzgado Sexto Local del Crimen, por los delitos de homicidio frustrado, amenazas de muerte y portación ilegal de armas.

 

“La doctora Dinorah Parrales dijo que los dos expedientes de Frutos Chamorro, que se encuentran en la Policía, , demuestran su reincidencia, y esos son los elementos en su contra. “Los delitos cometidos por Chamorro no admiten fianza. Mantenemos nuestra formal acusación contra ellos, añadió la doctora Parrales, que representa a las víctimas del desalojo.

 

“La doctora Parrales dice que presentarán testigos que aseguran  haber escuchado que algunos hombres gritaban: “Busquen a Pablo Emilio Barreto y a su abogada, para matarlos…”

 

“Declara como ofendido Pablo Emilio Barreto”, dice un título del Diario BARRICADA, en dos líneas, en páginas interiores, con el sobretítulo de: “Abogado

de incendiario formula preguntas improcedentes”.

 

La información textual: “El periodista Pablo Emilio Barreto declaró como ofendido en el juicio que se lleva contra 48 hombres acusados del incendio de la vivienda que ocupaba, en un fallido intento de desalojo.

 

“Barreto, conocido por sus notas periodísticas en defensa de los desalojados, recalcó que ninguno de los habitantes de los Apartamentos del kilómetro once de la Carretera Sur, se encontraban dentro de los inmuebles al momento en que se inició el fuego.

 

“Es de hacer ver que la versión del afectado es que el siniestro fue provocado por los hombres a los que prometió pagar Frutos Chamorro para que desalojaran a los residentes de la Colonia.

 

“Luego que toda esa gente se bajó de un camión, rodearon en varios grupos los Apartamentos, y algunos entraron por la parte trasera”, afirmó el colega ante la jueza Sexto de Distrito del Crimen, doctora Rosario Altamirano.

 

“Las preguntas del abogado Daniel Olivas, defensor de Frutos Chamorro y de los otros detenidos, provocaron la protesta de la doctora  Dinorah Parrales, representante legal de los ofendidos en el intento de desalojo e incendio.

 

“Se trata de un juicio criminal, no civil”, reclamó Parrales, ante insistentes interrogantes del doctor Olivas dirigidas al periodista, como: “¿Desde cuándo usted habita en ese Apartamento? O ¿Paga el alquiler?”.

 

En las mismas páginas interiores del Diario BARRICADA, se publicó esta información titulada: “Declaran víctimas de Frutos Chamorro”, con el asterisco de: “Prófugo califica a vándalos de “personal de mudanza”.

 

“Los pobladores de los apartamentos—dice esta información—del kilómetro once de la Carretera Sur, que fueron destruido por un grupo de vándalos el jueves pasado, acusaron al empresario Frutos Chamorro y su lugarteniente Henry Núñez, como los principales autores del incidente que puso en peligro la vida de seis familias, incluyendo ancianos y niños.

 

“Pablo Emilio Barreto, Julio Díaz Toribio, Anabelle Barrera y Brenda Enríquez de Hernández, comparecieron como ofendidos ante la Jueza Sexto de Distrito del Crimen de Managua, licenciado Rosario Altamirano, ante la cual relataron con lujo de detalles las amenazas de muerte y el asedio que sus familias sufrieron por parte de Chamorro y Núñez en reiteradas ocasiones.

 

Barreto dijo que el día del incidente estaba en su centro de trabajo –BARRICADA—cuando recibió una dramática llamada telefónica de su esposa Anabelle Barrera, quien le comunicó que una gran cantidad de hombres destruían el Apartamento.

 

“Ella me dijo: Están arrancando el portón en este momento, derrumban la puerta a patadas, podés oír las pedradas en las ventanas de vidrio, y se escuchaban balazos, expresó el periodista.

 

Barreto dijo que la quema de los apartamentos fue el desenlace de una serie de acciones e amenazas e intentos de desalojo, como ocurrió el pasado 22 de enero, cuando Chamorro llegó con un grupo de hombres armados de fusiles y escopetas.

 

Indicó que aunque el litigio con Chamorro se encuentra en el Tribunal de Apelaciones de Managua, éste introdujo otra serie de demandas en otros Juzgados Civiles con el afán de expulsar a la seis familias de los apartamentos.

 

“Barreto agregó que el pasado 29 de marzo Frutos Chamorro y Henry Núñez, con un grupo de 80 hombres armados de varillas, palos y otras armas, intentaron una acción parecida a la del jueves (14 de abril), pero fueron rechazados por las Brigadas de Solidaridad del Movimiento Comunal Nicaragüense.

 

Responsabilizan al gobierno

 

“Yo responsabilizo al gobierno, a la Presidencia de la República, de no actuar con la seriedad que amerita el tema de la propiedad”, sentenció Barreto.

 

“Acusó a Chamorro de ser el principal responsable del incendio “porque él lo confesó a los medios de comunicación. Él dijo que contrató a 180 hombres y les pagó 22 mil córdobas”.

 

“El periodista respondió calmadamente el interrogatorio que le formularon los abogados Daniel Olivas, Enrique Cisne Blanco y Benigno Rayo, los que se personaron como defensores de las 45 personas juzgadas por la destrucción de las viviendas.

 

“Dichas preguntas estuvieron encaminadas a que el periodista ahondara en los mecanismos legales que utilizó para adquirir el Apartamento (No. 1) y explorar sobre los otros presuntos bienes que posee.

 

“Yo quisiera que me enseñaran esas casas que dicen que tengo, para conocerlas”, comentó Barreto.

 

Rociaron gasolina en la casa

 

“Por su parte, Julio Díaz Toribio expresó que escuchó cuando Henry Núñez ordenó a los vándalos “que buscaran al hijo de p… periodista de BARRICADA, que lo iban a amarrar y a quemar vivo”.

 

“También relató que fue testigo  cuando los hombres rociaban gasolina en el inmueble, y señaló que fue de su apartamento donde se originó el incendio.

 

“Además, indicó que en una oportunidad Frutos Chamorro le puso un galil (fusil) en la cabeza, y que a consecuencia de la agresión  que sufrieron el jueves, padece de trastornos.

 

“Ayer también declaró Anabel Barrera y Brenda Enríquez de Hernández, quienes coincidieron en sus declaraciones con las de Barreto  y Díaz. Barrera señaló que no vio a la jueza  Ruth Chamorro a la hora de los incidentes y que no fue notificada por ésta del desalojo.

 

Barrera dijo que podría reconocer a uno de los vándalos que la encañonó con una pistola y le ordenó salir de su casa.

“Por su parte, la doctora Dinorah Parrales, abogada de los afectados por el incendio, informó que un equipo de especialistas estudia una acusación formal contra la jueza Chamorro por su actuación en este caso.

 

“Sobre el campo pagado que Frutos Chamorro publicó en varios medios de comunicación ayer, en el cual califica los 180 hombres que contrató para el desalojo como personal de mudanza, los afectados reaccionaron indignados.

 

Un prófugo sui géneris

 

“Frutos Chamorro es un descarado, además de que está prófugo de la justicia, se atreve a hacer esas 43 cosas—publicar un campo pagado—como queriéndose burlar de la Policía, demuestra su actitud criminal”, dijo Anabelle Barrera.

 

“Ese campo pagado salió publicado ayer, demuestra el típico comportamiento de un criminal, que agrede y se da a la fuga, es de esos criminales que matan, van a la vela y todavía salen acusando a sus víctimas”, dijo Pablo Emilio Barreto.

 

“Cómo es posible que este hombre –Chamorro—salga diciendo este tipo de cosas sobre los acontecimientos del jueves 14 de abril, si él mismo dijo que no estaba en el lugar a la hora de los acontecimientos, es un cobarde, que sabe la gravedad de su error, por eso se anda escondiendo, dijo Díaz Toribio”.

 

En esta misma edición del Diario BARRICADA, en páginas interiores, se publicó una información originada en Masaya, del corresponsal Edwin Somarriba, relacionada con el mismo problema de los desalojos judiciales masivos en contra de beneficiarios de las Leyes 85, 86 y 88.

 

Parte de esa información, dice lo siguiente: “El ex/coronel somocista, Segundo Montoya, amenazó con desalojar a 45 familias de esta ciudad porque éstas “ocupan propiedades que le fueron confiscadas por el gobierno anterior”, denunció el dirigente comunal, Luis Álvarez.

 

“Unas ochocientas personas que conforman las Brigadas Antidesalojos están listas a defender estas propiedades. “No crean que vamos a permitir lo que ocurrió con la vivienda del periodista Pablo Emilio Barreto, a quien intentaron asesinar, reiteró Álvarez.

 

“El dirigente repudió los métodos que utilizan los casatenientes y advirtió que si continúan aplicando violencia, las Brigadas Antidesalojos, actuarán de la misma manera.

 

“Otras  cuarenta familias corren el mismo riesgo con sus lotes en Masatepe de parte de la señora Concepción Solórzano de Buitrago, según se denunció. Estos lotes están ubicados en la finca Santa Eduviges de esta ciudad.

 

“Santa Eduviges fue entregada en calidad de permuta a Jesús Bendaña Flint por la administración anterior, pero la señora Solórzano entabló juicio bajo la figura de nulidad de instrumento público y el juez Pedro Pablo Barberena, desconoció  el título firmado por el ex/ministro del INRA, Jaime Wheellock Román.

 

“Omar Guevara, uno de los afectados, dijo que los lotes los compraron a Bendaña Flint hace más de dos años, a razón de mil 500 córdobas cada uno, y al menos 25 familias ya poseen sus casitas.

 

“El fallo a favor de Solórzano de Buitrago se encuentra en apelación, mientras que en la finca, según constató BARRICADA, hay civiles armados, contratados por la supuesta dueña para “resguardar” la propiedad.

 

 

 

 

 

 

Largo historial de amenazas

 

“Estas acciones violatorias las inició Chamorro el sábado 16 de octubre, precisó Barreto, cuando llevó a un grupo de prostitutas y pandilleros, a uno de los apartamentos. “Pasada la media noche ejecutaron escándalos y cumpliendo un plan elaborado destruyeron las llantas de los vehículos con cuchillos”.

 

“Barreto señaló en el mismo Juzgado que estaba declarando, existe una causa pendiente con fotografías de los capturados y confesiones de la gente que participó en dichas acciones.

 

“Señaló que Henry Núñez en reiteradas ocasiones amenazó de muerte a varios de los vecinos y de ello tiene conocimiento la Estación Tres de la Policía. “Henry Núñez estuvo preso en el Distrito Tres, pero sin explicación lo pusieron en libertad, acostó el periodista Barreto”.

 

¿Frutos Chamorro cobra seguro?

 

Cuando se estaba registrando las declaraciones acusatorias de las víctimas del incendio criminal intencional ante la Jueza Altamirano López, el Diario BARRICADA publicó en una de sus páginas interiores la siguiente información, con un título a ocho columnas: “¿Frutos cobra seguro?, con el sobretítulo de: “Afectados denuncian: perito de INISER husmea entre apartamentos incendiados”, más un asterisco debajo del título: “* Juez emite orden de captura y allanamiento en contra de pirómano y de sus secuaces; Policía continúa búsqueda”.

 

El texto de esa información dice: “El periodista Pablo Emilio Barreto Pérez y el señor Julio Díaz Toribio, quienes habitan los dos apartamentos quemados el jueves por vándalos contratados por Frutos chamorro, denunciaron que el inmueble está asegurado contra incendios, y que un familiar de Chamorro pretende cobrar la indemnización.

 

“En efecto, un ajustador del Instituto Nicaragüense de Seguros (INISER), identificado como Reynaldo  Oporta  Morales, realizó una inspección en el local, el lunes pasado y corroboró la información.

 

Cuando lo vi, le pregunté qué deseaba, y me dijo que venía a ver los daños de la propiedad quemada, y que llegaba de parte de Guillermina Chamorro de Morín, porque ella tenía tres años  de cotizar (¿¿??) una póliza y que estaban a un punto de cobrar un seguro”, relató Díaz Toribio.

 

“Yo le pregunté quién era esa señora, y él me respondió que presuntamente era la dueña de los apartamentos. El (Oporta Morales) andaba una póliza de seguros que no me quiso enseñar, y dijo que desconocía el incidente provocado por Frutos Chamorro”, añadió Díaz Toribio.

 

“El hombre tomó algunas fotografías y me dejó una tarjeta suya, indicó, al mismo tiempo  que dejó entrever que era sospechosa la intención de los hombres que pagó Chamorro para quemar los apartamentos, cuando existía de por medio un seguro.

 

“Por su parte, Barreto coincidió con Díaz Toribio en el sentido de que al existir  un seguro, las intenciones de Chamorro de incendiar los apartamentos, quedan claramente evidenciadas.

 

“BARRICADA localizó ayer al ajustador Oporta Morales. Él confirmó que realizó “una inspección de rutina en los apartamentos quemados”, pero rehusó comentar si existía una póliza de seguro a nombre de Guillermina Chamorro de Morín y tampoco sobre el monto del seguro.

 

“El ingeniero Oporta dijo que no estaba autorizado a brindar información, ni a revelar detalles de los seguros, amparándose en las normas de sigilo. Remitió a este Diario a la Oficinas de Relaciones Públicas de esa institución aseguradora.

 

“Ayer por la tarde no fue posible localizar al responsable de Relaciones Públicas de INISER, ni a ningún otro funcionario de la institución, para que confirmara o negara la versión de los afectados. En la Oficina de Relaciones Públicas ofrecieron devolver la llamada, pero la promesa no se cumplió.

 

Policía tras prófugos

 

“Mientras tanto, hoy miércoles han sido citados a declarar como parte ofendida en el incendio de los apartamentos, el periodista Pablo Emilio Barreto Pérez, Julio Díaz Toribio, Silvia Ortega, Boanerges Iraheta, Anabel Barrera, Ercilia García, entre otros.

 

“Las personas que se encontraban en los apartamentos a la hora del incidente, incluyendo los niños, serán examinados por el médico forense, para dictaminar su estado de salud”.

 

 

 

 

 

¿Otros dueños? ¿También un norteamericano?

 

El Diario LA PRENSA en su página de Sucesos, del 28 de enero de 1994, es decir, tres meses antes del incendio criminal intencional, publicó esta información, titulada, a ocho columnas: “Inversionistas reclaman apartamentos”, con el siguiente sobretítulo: “Uno de los ocupantes es reportero”.

 

Esta información dice: “La Sociedad Inversiones Globales, S.A. reclama un complejo habitacional que se encuentra actualmente ocupado, y a cuyos moradores la Oficina de Ordenamiento Territorial (OOT), les denegó, presuntamente, la Solvencia de Ley 85.

 

“La propiedad de cinco mil metros cuadrados está ubicada a la altura del kilómetro once de la Carretera Sur, cuyas estructuras comprenden seis apartamentos, “que serán remodelados”, según don Guillermo Morín, quien encabeza la sociedad.

 

El señor Morín, de origen norteamericano, quien había invertido en varios negocios en Nicaragua, afirmó, mientras mostraba un legajo de documentos, que tiene en su poder las escrituras de “compraventa” de la propiedad.

 

“También el inversionista presentó los certificados de constitución de la sociedad, y registral, así como la libertad de gravamen.

 

“Desde el nueve de febrero de 1993, la doctora Vida Benavente ordenó que se mantiene el “desahucio” de la propiedad que pertenece a Inversiones Globales S.A.

 

“Los ocupantes de los apartamentos, según confirmó el señor Morín, son: Silvia María Ortega Rosales, Julia Caballero Barrera, y los señores Julio Alejandro Toribio Díaz, Wilmar Suárez y Pablo Emilio Barreto Pérez.

 

“Morín aseguró que cinco solicitudes ante la OOT han sido rechazadas tras no llenar los requisitos establecidos por la Ley, sin embargo, aclaró, que el señor Barreto extrañamente no ha pedido Solvencia del Apartamento que ocupa,

 

“El caso se encuentra en Apelación y está detenido por el Decreto publicado en La Gaceta en julio de 1993, relacionado con la suspensión de desalojo por “comodato precario”.

 

 

 

 

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Tierra, Tierra, Madre Tierra, o Naturaleza, ¿agoniza por Cambio Climático Global?

Madre Tierra, o Naturaleza, ¿agoniza por Cambio Climático Global?

 Salvajismo y voracidad capitalista la tienen al borde del abismo

¿La Madre Tierra, o Naturaleza, agoniza?

*El equivalente a 325 mil canchas de fútbol, de bosques, desaparecen cada año en la Madre Tierra

*Gases de efecto invernadero tienen ya  atosigada la atmósfera, lo cual podría provocar al 2050 aumentó en la temperatura de hasta 6 grados centígrados, más de lo normal.

*En Nicaragua, se destruyen 150,000 hectáreas de bosques cada año

*Sólo en México, hay 297 puntos tóxicos muy peligrosos

*Varios miles de especies de animales y plantas (flora terrestre y acuática) en peligro de extinción

*Los Tercer Mundistas debemos salvar a la Madre Tierra

*Pablo E. Barreto Pérez

Pablo Emilio Barreto Pérez

Astrónomos, geólogos, paleontólogos y otros científicos especialistas, afirman casi de forma unánime que nuestra Tierra Madre tiene unos 4,500 millones de años de haberse formado alrededor del Sol, y asimismo esa cantidad sorprendente de tiempo de andar errante, desplazándose a 108 mil kilómetros por hora, halada por esa Estrella llamada Sol, el cual a su vez es arrastrado por la gravitación poderosa de la Galaxia o Vía Láctea en que andamos todo el tiempo, cuyo movimiento de traslación en el Universo es de 210 kilómetros por segundo y da una vuelta completa o revolución completa cada 200 millones de años aproximadamente.

Esta Tierra Madre en que andamos los seres humanos, animales, plantas, aguas marinas y dulces, aire y todos los 92 elementos más esenciales de la Naturaleza, se ubica a 59 millones de kilómetros de distancia del Sol; se mueve entre los Planetas Marte y Mercurio, y se desplaza en una circunferencia de 938,900,000 de kilómetros, y según nos ilustran nuestros  astrónomos en ese peregrinar eterno en el Universo, que nosotros los seres humanos no percibimos nunca, vamos desplazándonos hacia la Constelación de Hércules a velocidades fantásticas en medio, o en las cercanías (¿?), de 100,000 millones de Estrellas similares o mucho más grandes que el Sol, en la misma Galaxia o Vía Láctea, donde nuestra Estrella, el Sol, está y se mueve ubicado a 30 mil años luz, al Oeste de la Vía Láctea.

Nuestros maestros astrónomos aseguran que inicialmente la Tierra Madre era una masa gaseosa ardiente y liviana, mucho más rápida en sus movimientos que actualmente.  En la medida del paso de miles o millones de años se fue enfriando y poniendo sólida en su corteza, rocosa, llena de suelos diversos, quedando todo lo extraordinariamente caliente en las profundidades, a más de 100 kilómetros hacia el centro de ella misma.

Ese centro de la Madre Tierra, se supone a 12 mil kilómetros, es ardiente a miles o millones de grados centígrados, tan caliente como la masa gaseosa del Sol, el Astro Rey en torno al cual giramos todo el tiempo, halado por una fuerza magnética de la mecánica estelar.

Los estudios evidencian, se ha sostenido, que la actividad calórica volcánica general, en forma de cataclismos colosales, fue formando los relieves montañosos, valles, cuencas, etc., y que poco a poco los vapores en vías de enfriamiento fueron también dando lugar a la aparición de las aguas y las primeras formas de vida.

El enfriamiento siguió avanzando lento, lentísimo, se supone, hasta que de los vapores mismos fueron brotando las aguas, se supone hace unos tres mil millones de años, lo cual dio origen a las primeras formas de vida, precisamente, en el agua.

Estos científicos especialistas han dicho que aquel polvo cósmico y gases de que se formó nuestra Tierra Madre, traía consigo los genes para que con el paso de miles o millones de años se fuesen formando, primero, los animalitos unicelulares, muy pequeños, mientras el enfriamiento superficial terrestre y la aparición y desarrollo atmosférico terráqueo  iban permitiendo la evolución de esas primeras formas de vida dentro del agua, en el suelo después y en el aire posteriormente.

Otros astrónomos, geólogos y biólogos teorizan acerca de que mientras en la Tierra Madre se desarrollaban las condiciones ambientales propicias para la aparición de la vida, por enfriamiento del agua, aparición de la atmósfera y del oxígeno, se registraron choques de cometas y meteoritos gigantescos en la superficie terrestre, los cuales, presuntamente, dejaban como consecuencia pegados los genes de plantas y animales  en el suelo de nuestro Planeta Tierra, uno de los más cercanos al Sol, que desde siempre nos “hala” con su enorme poder gravitacional en el Espacio o Universo infinito, ya mencionado.

Madre Tierra más pesada

Los astrónomos, geólogos y otros especialistas sostienen que en la medida en que la Luz del Sol, los cataclismos globales o erupciones volcánicas, el agua extendida en grandes valles o cuencas, el aire u oxígeno también extendiéndose como una inmensa masa de gas, el hidrógeno, la atmósfera y los nutrientes del suelo, fueron propiciando la vida por todo lados en la Tierra Madre, al mismo tiempo nuestra Tierra Madre o Naturaleza se volvió más pesada, más lenta en su desplazamiento por el Espacio, y por tanto más fácil de ser sometida por la gravitación del Sol y por tanto de la Galaxia misma o Vía Láctea en que andamos recorriendo millones de kilómetros todos los días en el Universo infinito.

Se ha sostenido asimismo que la vida en la Tierra quizás comenzó hace unos 3,800 millones de años. La vida fue evolucionando de forma lentísima. Hace unos 300 millones de años se registraron los períodos llamados cámbrico y carbonífero, los cuales dieron paso a una abundante vegetación que dio lugar a la formación acumulada del carbón por esa vegetación sepultada y al mismo tiempo a que la Madre Tierra o Naturaleza alojara en sus entrañas terráqueas enormes acumulaciones de combustibles fósiles (petróleo), esto último debido a la acumulación de materias orgánicas y carburos gaseosos de hidrógeno quedaron aprisionados entre las piedras o rocas profundas y algunas superficiales.

Hace 250  millones de años apareció la llamada Pangea. Esto significó que todos los Continentes o masas continentales estaban juntas, unidas, mientras los océanos, mares y otras superficies acuíferas asimismo eran una sola masa.

Según mis lecturas de artículos y opiniones de astrónomos conocidos, en este período de la Pangea, hubo un millón de años continuos de fuego volcánico en toda la masa continental y bajo la superficie marina. Las poderosas o colosales erupciones volcánicas generales transformaron de forma cataclística la superficie terráquea. La Madre Tierra o Naturaleza ardía en fuego, se fracturaban los suelos, se producían las elevaciones de cordilleras volcánicas y se delinearon, quizás las llamadas 12 placas tectónicas, que mueven permanentemente a la Corteza Terrestre, produciendo desplazamientos contantes mediante movimientos como los Terremotos y las apariciones de volcanes y erupciones volcánicas.

Separación de Pangea y diamantes por fuego volcánico

Hace 100 millones de años se produjo la separación de los continentes, o fin de la Pangea, debido a las transformaciones colosales que ha habido en miles de millones y centenares de millones de años sobre la superficie de nuestra Madre Tierra.

Entre otras transformaciones, o evoluciones constantes, estas erupciones volcánicas masivas formaron  los yacimientos de diamantes, como los existentes hoy todavía en Sudáfrica, en Sierra Leona, en Brasil, en Canadá, etc.

En este nuevo período aparecieron los dinosaurios y otros animales gigantescos, los cuales crecieron de esa manera gigante como consecuencia de que la vegetación tenía nutrientes potentes para acelerar el crecimiento.

Es ya muy conocido ya por el Mundo, mediante libros, revistas, películas, comparecencias científicas, por el esforzado y finísimo trabajo sacrificado e inteligencia de arqueólogos, paleontólogos, astrónomos, biólogos, antropólogos, de que repentinamente los dinosaurios, vegetación y otros seres vivos, desaparecieron por una serie de impactos de meteoros o meteoritos que produjeron explosiones gigantescas, catastróficas, entre otros lugares, en Yucatán, México, hace 65 millones de años.

Las explosiones extendieron el fuego, cenizas y otros materiales por toda la Madre Tierra, la cual no recibió la Luz del Sol por decenas o centenares de años, y de ese modo, la vida en ella, desapareció en casi un 60 por ciento.

De otros 50 millones de años hacia acá, hasta el sitio-tiempo en que estamos, por su evolución constante, e influida por los genes traídos en meteoritos y su misma masa gaseosa y de materiales o polvos cósmicos, formados hace unos 4,500 millones de años,  por la superficie terráquea ya fría, el agua también fría, por la aparición de una capa atmosférica, por la ya existencia asimismo de una capa de ozono en formación, aparecieron los mamíferos.

En este período, se asegura, aparecieron la colisión rocosa de las placas tectónicas de África y Europa, lo que dio lugar a la formación de los Alpes. Asimismo, aparecieron en este período el Cañón del Colorado, la cordillera de los Andes, la Cordillera del Himalaya, por ejemplo.

Algunos arqueólogos, paleontólogos, geólogos, biólogos y naturalistas, indican que en este período hubo levantamientos de cordilleras y mucha erosión. La evolución permanente de la vida, de millones de especies animales y de las plantas y vegetales, la evolución de las especies, continuó sin parar hasta hoy.

Seres humanos aparecen hace dos millones de años

Aunque no hay acuerdos definitivos, numerosos investigadores (arqueólogos, paleontólogos, geólogos, astrónomos, antropólogos, etc.), aseguran que hace unos dos millones de años aparecieron los seres humanos en África (y también en Asia). Algunos investigadores polemizan y afirman que en realidad el Hombre (y la Mujer) apareció hace siete millones de años, basándose en huellas fosilizadas.

Se han hecho numerosos descubrimientos sobre asentamientos Humanos antiguos en Sidrón, España, de más de 100.000 años; en Australia, de más de 30,000 mil años.

Sí ya es probado que los seres humanos, en forma primitiva, permanecieron mucho tiempo en cuevas y en los árboles en muchos sitios de África y Asia. También se ha probado que hubo migraciones hacia Europa, hacia el Norte de la Madre Tierra en busca de suelos más hospitalarios, pasaron por el Estrecho de Bering, llegaron o dieron la vuelta hacia Alaska y México, afirman arqueólogos, hace unos 20,000 años.

Mientras tanto, estos seres humanos se agruparon en Comunidades Primitivas, cuyo quehacer comunitario fue llamado Comunismo Primitivo por Federico Engels en su libro “El Origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado”.

Estas Comunidades Primitivas Iban de un lado a otro, sobre hielo, vegetaciones inhóspitas y fuego volcánico, se asentaban a la orilla de ríos, lagunas, lagos, costas marinas o en valles, donde ponían en práctica la caza en grupos y cultivos de la tierra, más la recogida de los frutos en los bosques o montañas, para que todos comieran en la Comunidad. Vida en comunidad, vida  y trabajos compartidos.

Por supuesto, estas migraciones y Asentamientos Humanos duraron centenares o varios miles de años, tanto en África, Asia, Europa, Australia y América. Por esas migraciones, aparecen las culturas aztecas, mayas, incas, araucanas, quechuas, chipchas, etc.

Comunidades primitivas y la codicia esclavista de la propiedad privada

Estas Comunidades Primitivas se descompusieron. Apareció la codicia por la propiedad privada de unos pocos “vivianes”, quienes construyeron cárceles, se armaron, organizaron el Estado, se convirtieron en esclavistas, organizaron sus grupos armados o ejército, se impusieron a la inmensa mayoría de la Comunidad Primitiva, y de ese modo, comenzó la dominación de unos pocos sobre la mayoría y la explotación del Hombre por el Hombre.

De este modo fueron apareciendo asimismo las llamadas “civilizaciones” antiguas: Sumeria, Asiria, Babilonia, Egipcia, Griega, Persa, Fenicia, Sodoma y Gomorra, hace más de 6,000 años; y, finalmente, los romanos sanguinarios, genocidas, ladrones, cazadores de territorios ajenos (como el gobierno yanqui genocida de hoy) en la orilla del Mar Mediterráneo, hace un poco más de dos mil años.

Según los investigadores mencionados (arqueólogos, geólogos, paleontólogos, biólogos, astrónomos, etc.), mientras tanto hace un poco más de diez mil años hubo una nueva era de formaciones de hielo y glaciación en el Norte (Ártico), en el Sur (Antártida) y en cordilleras muy elevadas como los Andes e Himalaya.

La Madre Tierra o Naturaleza comenzó a ser explotada, arrasad