Huracán Mitch, derrumbe mortal del Volcán Casitas, en Posoltega

Huracán Mitch, derrumbe mortal del Volcán Casitas, en Posoltega. Entrevistas hechas por Pablo Emilio Barreto Pérez a sobrevivientes, para su libro y para uso del Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (INETER), en su página WEB,  desde 1998.

Testimonios relacionados con los ruidos e imágenes fatales,  segundos antes de la tragedia, llegada repentinamente desde el Volcán Casita a las comunidades Rolando Rodriguez y El Porvenir, el 30 de octubre de 1998

Reporte facilitado a INETER, Dirección de Geofísica por:

Pablo Emilio Barreto, Periodista, fotógrafo, Cronista de Managua.

Managua, Noviembre de 1998

Estos testimonios se basan en entrevistas hechas con los sobrevivientes pocos días después del desastre. Se presentan los testimonios de 14 personas.

Observaciones de Pablo Barreto:

La mayoría de los sobrevivientes entrevistados coinciden en afirmar que eran “entre las diez y media y las once de la mañana” del 30 de octubre, “cuando el cerro se reventó, produciéndose un desplome colosal de tierra, árboles y rocas de hasta 200 toneladas, todo lo cual pasó arrollándonos como si fuese un inmenso mar que de pronto se vino encima”.

Afirman también que llovía copiosamente, estaba oscuro, densamente nublado, y que la visión “era un poco difícil” hacia las faldas del Volcán Casitas (Apastepe).

Asimismo, son coincidentes en sostener que jamás se imaginaron que podría desencadenarse un derrumbe de proporciones tan brutales, como el o currido el 30 de octubre, pues desde 1975, año en que se fundaron estas dos colonias, nunca se había registrado ni un desprendimiento ni pequeño de las faldas empinadas y sinuosas del Volcán Casitas.

Las opiniones y relatos de los sobrevivientes adultos indican que “fuimos borrados en segundos”.

Agregan haber sentido como que una inmensa máquina trituradora, con un poder destructor colosal, los envolvió, masacró a centenares allí mismo bajo lodo, árboles y rocas, y al resto de gente la arrastró, o trasladó como sobre una sábana rauda de lodo y agua hacia las partes más bajas fuera de los cauces, donde quedaron atorados en el lodo, donde murieron o sobrevivieron como son los casos de centenares de hombres, ancianos, mujeres y niños.

Sobre este punto concreto, los sobrevivientes coinciden en haber escuchado inicialmente un ruido fuerte, como de numerosos helicópteros juntos, precisamente hacia las faldas o cúspide del Casitas.

Aseguran que unos dos minutos después de ese ruído “como de numerosos helicópteros juntos”, o dos minutos y medio, escucharon otro ruído, esta vez como “de varias brigadas juntas de caterpilar” (tractores orugas), “los cuales como que vinieran arrancando de cuajo la tierra, las rocas y los árboles”.

Este ruído lo asocian con uno típico en el campo muy parecido al cómo se oye “la quebrazón de ramas secas cuando un tractor es echado con arado o gradas en un terreno en que se han dejado las ramas y los árboles para que la máquina las triture”. Sostienen que este segundo ruído fue el preludio inmediato a la caída del alud inmenso, que arrasó casas, seres humanos, animales domésticos, ganado, fauna del mismo Volcán, maquinaria existente en los poblados, etc.

Según algunos testimonios recogidos, especialmente el del operador del motor para extraer agua del pozo comunal, indican que se vieron especies de “olas gigantescas, negras, deslizándose a gran velocidad hacia abajo”.

Este operador dice que “aquel oleaje espantoso de lodo, rocas y árboles, dio un salto de no menos de 200 metros al toparse con una especie de colina (ubicada en la falda baja del Casitas) colindante con las colonias Rolando Rodríguez y El Porvenir”. Su relato terrador indica que esa “ola infernal de lodo, rocas y árboles” cayó encima de las casitas de las colonias Rolando Rodríguez y El Porvenir, mientras él, cuya casa no fue alcanzada por el radio del alud, gritaba desesperadamente, en un intento infructuoso por avisarle del desplome gigantesco a los vecinos de su Colonia Rolando Rodríguez. Ante los ojos de este operador del motor, desparacieron en segundos las 360 familias de la Colonia Rolando Rodríguez.

Antes de presentar los testimonios referidos, debo decir, que quedé profundamente impresionado al ver personalmente cómo quedó el Casitas, como si hubiese sido partido por una inmensa cuchilla desde la cúspide, pasando por sus faldas bajas, hasta llegar a la carretera, ubicada a no menos de doce kilómetros. Sin haber tomado medidas exactas, calculo que en la parte inicial (en la mera cúspide) el desplome puede medir unos 200 metros de ancho. Este comienza propiamente en la plazoleta en que fueron construídas numerosas antenas de televisión, radiales, de ENITEL, del Ejército y otras instituciones.

De la cúspide un kilómetro abajo, más o menos, la falda se ve empinada, hasta llegar a una especie de lomo, donde el desplome ya alcanza aproximadamente un kilómetro de ancho. De ese “lomo” hacia abajo, por el lado Oeste, se inicia una cárcava inmensa, de unos 20 metros de profundidad, la cual, afirman campesinos tenía de cuatro a cinco metros de honda, antes del desplome. En el centro y a los lados del derrumbe, hasta más o menos dos kilómetros al sur, partiendo de la cúspide, uno camina en prácticamente pura roca firme y suelta. A unos dos kilómetros y medio al sur de la misma cúspide, uno empieza a caminar sobre una masa de lodo ya seca y fracturándose actualmente.

En esa misma distancia, quedaron intactos varios árboles altos, que en medio del arrasamiento se ven como “una islita alta y verde”, en la soledad de este Valle de la Muerte. A partir de este lugar es también notorio, por el lado Este, que después del Huracán “Mitch” metieron tractores orugas para reparar el camino, o hacer pedazos de caminos nuevos, rumbo hacia las antenas y la finca Bella Vista. A partir de este sitio, uno camina por un terreno ya invadido por el lodo (ya seco), gigantescos árboles que fueron arrancados por el derrume. No se ven señales de vida silvestre por ningún lado. A partir de esos dos kilómetros, aproximados, uno camina por una especie de “planicie”, que se prolonga hasta un terreno saliente, como un lomito, que me imagino fue la “colina” en que el alud dio el salto enorme que dice haber visto el operador del motor de extraer agua. En este sitio, calculo, ya es una distancia aproximada de un poco más de tres kilómetros a partir de la cúspide del Casitas. En este lugar, el ancho de la avanlancha de lodo y destrucción alcanza unos tres kilómetros.

Un poco más al sur, tal vez a kilómetro y medio, empezaban las casitas de las colonias Rolando Rodríguez y El Porvenir.

Ubicado uno desde esta especie de colina colindante con las colonias arrasadas, uno puede observar un panorama un poco parecido al Cañón del Colorado (Estados Unidos), porque los cauces antiguos y nuevos fueron dejados de hasta cien metros de ancho por el alúd de lodo, rocas y árboles.

Caminando por donde fueron las colonias Rolando Rodríguez y El Porvenir, Alejandro Morales Enríquez y yo pudimos ver que todavía andaban brigadas quemando cadáveres, el pasado jueves en la tarde. Ese día pudimos ver enterrado uno de los motores de uno de los cuatro tractores agrícolas que habían en la Colonia Rolando Rodríguez. Además, vimos también enterrado el motor que se usaba en el pozo comunal para extraer el agua potable que consumían las 360 familias de la Colonia Rolando Rodríguez. Un grupo de hombres buscaban afanosamente, también, el motor del que fuera el molino de la Rolando Rodríguez. Lo buscaban entre lo que fue lodo, hoy tereno ya seco y fracturándose. Lo que más nos impresionó a ambos fue ver personalmente el tamaño de no menos de 300 rocas gigantescas, algunas de hasta 30 metros de circunferencia, acomodadas en uno de los cauces a unos 500 metros del final sur de las Colonias Rolando Rodríguez y El Porvenir.

Estas rocas inmensas, y miles de ellas de diferentes tamaños, pasaron por encima de las Colonias Rolando Rodríguez y El Porvenir, arrollando y triturando a sus habitantes. Estas rocas inmensas y el resto de diferentes tamaños, bajaron con el lodo del Casitas, y se quedaron en medio camino, acumuladas en uno de los cauces, después de su deslizamiento mortal.

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ALGUNOS DE LOS TESTIMONIOS RECOGIDOS:

María Luisa Laguna Rueda, de la comunidad de Santa Narcisa, situada en el comienzo de la falda Este del Volcán Casitas, donde no ocurrió desgracia alguna. Calcula que unos dos minutos antes del alud o avalancha del Casitas, ella y su marido tuvieron una discusión extraña, debido a los ruídos que se escuchaban en ese momento. Ella sostenía que el ruído era producido por muchos helicópteros, que a lo mejor llegaban a rescatarlos de las inundaciones que ya se estaban viendo. Su marido, en cambio, afirmaba que “esos ruídos son del volcán…algo terrible está ocurriendo. Es el cerro, es el cerro”, insistía el campesino, mientras el intenso aguacero ahogaba cualquier claridad de los ruídos en los alrededores.

“Yo tanteo, que fue en unos dos minutos, porque fue rapidísimo, cuando yo ví y oí, ya venía abajo la correntada de agua”, relata María Luisa, refiriéndose al tiempo trancurrido entre la rara discusión con su marido y la llegada de la enorme avalancha a la Rolando Rodríguez, la cual estaba ubicada colindante al Oeste de Santa Narcisa.

“Yo sólo miraba que venía (del Cerro) una cosa negra, espesa, porque traía una altura alta, pero, claro, como era alta, yo decía que eran helicópteros, pero mi marido me dijo, “no hombre, es el cerro que explotó”, fue cuando ya nos pusimos a gritar de aflicción”.

“Dicen que esa agua que venía, era caliente, porque era fuego, posiblemente al explotar…venía caliente el agua”, añade María Luisa.

Según ella, su casita está ubicada a unos doce kilómetros de la cúspide del Casitas.

“No se miraba bien, bien, por lo mismo, que estaba oscuro, no se miraba de largo, pero claro, pero al salir así lo negro, se miró, al cambiar, que ya no era neblina, sino que se miraba oscura la neblina que venía de arriba”.

Alonso Rueda Aráuz, evangélico de 52 años, salvó casi a 80 personas. Su rancho de paja, campesino, está situado a unos 60 metros al Este de donde pasó el arrasamiento de la avalancha. Esa rancho está ubicado un poco al sureste, casi de frente, de donde estuvo la Colonia Rolando Rodríguez. Rueda Aráuz tiene varios años de vivir en ese lugar, donde tiene una finca pequeña, con reses, cerdos, gallinas, chagüite y milpas de maíz y trigo. Conoce bien la zona, incluyendo el Casitas.

P.B.:Al momento del derrumbe, qué hora era, don Alonso?

“Las diez y media…calculo yo, porque usted sabe que aquí estaba yo incomunicado, tiempo no tenía, de reloj, no tenía, pero calculo bienmente que eran las diez y media…para las once”.

Sobre el ruído “de helicópteros” y en relación al derrumbe, Rueda Aráuz agrega:

“En ese caso no sólo yo oí, oyó todo el pueblo que quedó vivo, lo escuchó…lo escuchó como modo de un ruído de helicóptero…como entre varios helicópteros…pero también se oyó como modo de un bombazo, él hizo “pum” juntamente se vino la avalancha”.

Después que escucha el ruído como de helicópteros, cuánto tiempo después se produce el bombazo? Un minuto, medio minuto, cuánto…?

“Medio minuto lo más se tardó…Cuando ese disparo que hizo de esa manera, la “repunta” ya venía pasando por “Las Parcelas”.

Después que escucha ese ruído, como de explosión, )cuánto tiempo, según usted, duró en ver la corriente que “venía”?

“Fue al abrir y cerrar de ojo, como dicen, pasó…fue inmediatamente”.

Ese abrir y cerrar de ojos sería de medio minuto o un minuto?

“De medio minuto, porque si al “pum” que dio, la “repunta” del lodo estaba aquí ya pasando. No me dio lugar a mí ni de salir a la calle allí, cuando ya estaba pasando…”.

¿Dónde estaba usted?

“Yo estaba aquí reposando en una hamaca”.

A qué distancia de aquí adónde hubo el derrumbe, allá en la cumbre?

“Pueden haber de diez a doce kilómetros”. (En realidad pueden haber entre ocho y nueve kilómetros, calculo yo).

Ud. dice que un medio minuto después de la explosión, estaba pasando la corriente?

“Sí, venía como forma de un polvasal, pringando a ambos lados que volaba el lodo, y la “repunta” traía tumbos como verbigracia el mar, que saltaban los palos, se oían ruídos de piedras, ruídos de diferentes maderas gruesas y delgadas, de todas maneras venía allí”

Cómo eran esos ruídos? Diferencie esos ruídos, cómo eran?

“Eran ruídos como cuando pegan piedra con piedra… ese era un ruído, y la madera que “bujaba” como que directamente lo traía un viento que caía”.

Esa parte más violenta del derrumbe, más o menos a cuantos metros la vio de alta?

“La vi de como de unos ocho o nueve metros de alto…venía”.

Cuánto tiempo duró así, de esa altura?

“Dilató como tres segundos, lo más…De allí ya quedó “normal”, sólo en lodo, el término de una vara o dos varas de lodo en parte”.

Aunque sea necio yo, cuánto tiempo dura esa parte más violenta del derrumbe…esas olas grandotas que usted vio?

“Eso en realidad fue de pocos minutos, porque figúrese de que cuando ella pasó por aquí, ya me contaban de que ya había pasado también por el lado de la carretera”.

Cuando usted vio esa masa negra, como de ocho metros de altura, que se imaginó era éso?

“En primer lugar yo decía, esto es un “remolín” que viene, que le decimos nosotros, de aire, que traé agua, pero no se me imaginaba que venían palos, que venían piedras, solamente, pensaba yo, que era agua lo que venía, porque sabemos que allí hay un “ojo de agua”, y ese Cerro, mucho dicen que es de agua, y yo esperaba que fuera una agua limpia, pero no fue así, sino que fue una agua sucia, puro lodo, como le digo, eran palos y piedras las que traía”.

Ud. dijo que después de la parte más violenta del aluvión, que todo quedó “normal”, sólo agua, describa éso, cómo era?

“Lodo…agua no quedó, quedó chorreando agua sí, para el lado de los criques, pero no quedò agua clara encima del lodo, quedó un lodo aguado, en el cual uno se iban hasta el pecho y hasta dos varas en partes…”

Félix Moraga Escoto, el operador del motor del pozo comunal de las comunidades Rolando Rodríguez, El Porvenir y Santa Narcisa.

La casa de Moraga Escoto fue rosada apenas por la correntada colosal del aluvión por el lado Este de la Colonia Rolando Rodríguez.

Moraga Escoto estaba allí, en su casa, con su familia, en el momento del mortal aluvión. Vio la ola gigantesca que se movía a gran velocidad de la cúspide del Casitas hacia lo plano y gritó como enloquecido advirtiendo lo que se venía encima, pero aparte de sus familiares, nadie le oyó, porque su voz fue ahogada por el inmenso ruído que hacían las rocas, los árboles y el lodo “cuesta abajo”.

Este relato se produjo en el brocal aterrado del pozo comunal, en lo que fue la Colonia Rolando Rodríguez.

Qué oístes y vistes antes del aluvión?

“Antes se oyó como que venían unos diez helicòpteros juntos. Se oyò el bujido. Yo venía para acá abajo, iba a ver a unos amigos, bajo el agua, pero me detuve a jugar con mi niño. Mi hijo me dijo: “Papá, vamos a jugar a la cama”, me agarró de la mano, y al final, le hice caso y nos fuimos para dentro de la casa.

“Al entrar a la vivienda, mi esposa, me dijo, con tono preocupado: “Félix, por qué no vamos a la cañada? Se oyen unos ruídos feos, como si fuesen un montón de helicópteros juntos, )no te parece raro? Yo nunca había oído un ruído tan extraño como ése”.

“Vamos, le dije yo…Cuando vamos saliendo por la puerta de la casa, yo me agacho instintivamente, porque de reojo veo que allá por aquella colina, donde están aquellos árboles, avanza una enorme avalancha de lodo, que al topar con el “lomo” de la colina da un salto quizá como de unos 200 metros en el aire…Aquello fue en segundos.

Al ver aquello tan horrendo y mortal, le digo yo a mi esposa, “pipita linda, !corramos, vamos, no perdamos tiempo, los segundos

cuentan para que podamos salvarnos!. Imprimiéndole velocidad a las piernas, agarro al niño y lo tiro como bola por sobre un alambrado, y al mismo tiempo empujo a mi esposa para que corra.

El chavalo al caer al otro lado, comprende rápido, porque también ve la inmensa masa de lodo que se acerca a gran velocidad hacia abajo, contra las casas.

Yo empiezo a gritar como loco, en un intento por advertirle a la gente que saliera de sus casas, que corrieran hacia donde nosotros íbamos, pero fue imposible…

Aquello fue horrible. Aquella masa de lodo tronaba sobre las casas, y al mismo tiempo pude escuchar los gritos de dolor de la gente, y pude ver cómo la inmensa masa de lodo se llevaba todo hacia el sur.

Cuánto tiempo pasó entre “el ruído de helicòpteros” y la llegada de la avalancha de lodo, según tus cálculos?

“Lo más dos minutos. Yo tenía unos dos minutos de haberme salido, cuando, de repente, vi la enorme masa de lodo que avanzaba como una ola gigantesca sobre las Colonias Rolando Rodríguez y El Porvenir”-

Vos dijistes que hubo un salto de varios centenares de metros?

“Si hombre. Vi los árboles enormes que rodaban en medio del lodo, y las enormes rocas, que parecían trituradoras al pasar sobre las viviendas de la Colonia Rolando Rodríguez”.

“Por ejemplo desde donde estaba un poco elevado, hacia el Este, pude ver cómo era arrasada la casita de Mercedes Cerda, cuya familia desapareció completamente. Del mismo modo, fueron arrasadas el resto de casitas de la Colonia.

En los primeros momentos, no hallaba qué hacer, me sentía como enloquecido, trastornado al ver semejante tragedia ante mis ojos. Unas horas después, reaccioné y ante los lamentos de la gente que estaba atrapada, comencé a rescatar a hombres y mujeres que estaban atrapados en el lodo, labor que hice hasta el día sábado, día en que ya me junté con Alonso Rueda Aráuz, con quien continuamos rescatando vecinos que todavía estaban vivos, pero atrapados en el lodo, entre rocas y árboles arrastrados por las corrientes”.

Mariana Centeno González, residente en El Ojochal, poblado situado al “ladito” de donde pasó el aluvión de lodo, rocas y árboles.

Perdió a 30 de sus familiares, entre ellos, tres hijos, sus padres y numerosos nietos, todos fueron “tragados” por la masa de lodo.

Qué vio usted minutos antes del aluvión?

“Teníamos seis días seguidos de aguaceros intensos, incontenibles, de día y de noche. Eran más o menos las diez y media de la mañana, cuando de repente se escuchó un gran bujido, como de unos seis helicòpteros juntos en el aire. Tal vez unos dos minutos después, oí como que algo rodaba y trituraba cosas, como cuando uno agarra varillas secas y las quiebra con las manos. Mi marido dijo entonces: “Algo extraño está pasando, mejor salgámonos y vamos todos a la parte más alta”, pero la verdad es que por esta casita el lodo sólo pasó rosándonos. Todo el resto de mi familia vivía en la Rolando Rodríguez”.

Salvador García Silva, uno de los sobreviviente del alud de lodo, recién salido del Hospital de Chinandega. Su esposa, su papá y sus tres hijos quedaron aterrados y muertos en la inmensa masa de lodo. El mismo Salvador fue arrastrado por el lodo unos tres kilómetros al sur de donde vivía. La corriente le quitó de las manos a uno de sus hijos pequeños.

Qué oistes, antes de la corriente de lodo?

“En principio creí que eran helicópteros, pero la sorpresa fue cuando miramos venir el lodazal encima. La avalancha de lodo se produjo unos tres minutos después del ruído. Fue rápido”.

Esa masa negra, a qué se parecía?

“Parecía como cuando el mar está tumbeando. Los árboles saltaban como varilla de cohete para arriba. Cuando el lodo los golpeaba, saltaban hacia arriba, en medio de las “negruras” se miraban saltar”.

Germán Sánchez Hernández, sobreviviente de El Torrión, otra de las comunidades afectadas hacia el lado Este del curso del aluvión.

“Unos dos minutos después del ruído parecido al de muchos helicópteros juntos, se produjo la enorme avalancha de lodo, rocas y árboles. Esta avalancha de lodo producía otro ruído como cuando una brigada de tractores orugas va derribando árboles grandes. Era horrible”.

José Ramón Coronado, sobreviviente de la Rolando Rodríguez.

“Se oyeron unos truenos y como helicópteros que venía la lava, agua, palos, piedras, gente, animales…”

A qué hora fue éso?

“A las diez y media u once de la mañana del viernes”.

Después de ese ruído como de helicóptero, )qué vio y escuchó usted?

“Que venían el agua, el lodo…venía haciendo ruídos como helicópteros, como un fenómeno, pues…”

Cuánto tiempo después de los ruídos como de helicópteros, se produjo la correntada de lodo?

“Unos diez minutos…Se oyó, y luego venía como le digo…venían personas, animales dentro del agua, dentro del lodo…”

Usted vio todo éso?

“Sí, claro”.

A qué distancia se encontraba usted del Volcán, de dónde ocurrió el derrumbe?

“A unos 18 kilómetros”. (Después dijo que en realidad son unos diez kilómetros de distancia a la cúspide del Casitas).

Cómo se llama ese poblado en que estabas?

“Rolando Rodríguez, Santa Narcisa, El Porvenir…”

Héctor Antolín Díaz Caballero, sosbreviviente de la Colonia Rolando Rodríguez, cerca del pozo comunal. Toda su familia fue muerta por las correntadas de lodo.

Qué oístes minutos o segundos antes de la avalancha de lodo?

“Al momento que se oyó éso, no se oyó nada, porque estábamos oyendo una corriente, sólo el ruído de la corriente y éso cuando nosotros miramos, fue de momento.

Qué fue lo que vistes de momento?

“El lodo que venía para el lado de donde nosotros”

Cómo era ese lodo?

“Era lodo aguado. Yo estaba a unos 150 metros de mi casa. Dispuse correr para el lado de donde estaban mis hijos. Los que dicen que oyeron ruídos como de helicópteros, son los que vivían aquí abajo, pero donde nosotros vivíamos, más arriba, no se oyó nada, porque se oían el ruído del agua de lluvia, de las corrientes de las cañadas cercanas que bajaban del cerro Casitas”.

A qué se parecía lo que vos vistes?

“Lo que yo vide venir fue una gran creciente (corriente) de lodo

y en ese momento, yo creía que era agua, hasta que ya me arrastró a mí para el lado de las huertas de Santo Domingo. La corriente cayó como un oleaje sobre nosotros, en segundos, no dio lugar a escaparnos”.

Ana del Carmen Marín, sobreviviente de Las Parcelas, ubicada de Santa Narcisa al sur.

“Sí, nosotros escuchamos ese ruído como de varios helicòpteros juntos”.

A que distancia se encontraban de la zona del derrumbe?

“Nosotros lo escuchamos cerca, bastante cerca. Cuando volvimos a ver (a unos 300 metros), miramos la negrura que venía, la punta de la corriente, y nos corrimos hacia una loma. Cuando íbamos subiendo la loma, volvimos a ver para atrás, pero ya había pasado la avalancha de lodo encima de las casas, de la gente y de los animales.

Al principio, al oir el ruído, creímos que venían a rescatarnos, pero que va”.

Cuánto tiempo después del ruído, vino el lodo?

“Eso fue inmediatamente. Detrás del ruído del helicòptero, como nosotros creíamos, ahí nomacito venía la corriente con lodo y árboles.

Gregoria Flores Martínez, sobreviviente de El Torrión. Perdió a casi toda su familia.

“Cuando oímos ese ruído, nosotros nos fuimos a asomar, pero no…dice una señora de allí, no, no es helicóptero, es una crecentada (correntada) la que viene.

Eso fue rápido. Unos dos minutos después del ruído, vino la avalancha…lo que a nosotros nos pasa es que una gran cantidad de muertos quedaron allí a la orilla de las casas”.

Mario Alberto Aguilar González, de la Rolando Rodríguez, perdió a su esposa, sus hijos y otros familiares.

“Yo oí el ruído, pero no me pareció como helicóptero, yo he tenido experiencia de cuando azota agua así, avión, para mí no era, sino que yo oí el ruído…”

Cómo era el ruído, entonces?

“Era como un silbido de avión, pero para mí no era un avión, saqué de mi inteligencia para ver qué cosa era, porque para mí, yo sé que para ese tiempo no puede andar un avión en el aire por el estado del tiempo.

Entonces yo salí, porque una loma me tapaba, para visibilizar de largo…Entonces, yo corrí así para atrás, me trepé a la loma, cuando yo trepé a la loma, fue cuando ya miré que venía éso…

Estando en el punto, en la loma, oí el silbido, cuando se desprendió, después oí como que la tierra tembló…Cuando estaba arriba vi que venía éso (la avalancha de lodo) como a unos 300 metros. Yo no pensaba salvarme allí. En ese momento sólo me acordé de Dios, dije que me diera una oportunidad más de vivir y siquiera ver la última vez a mi familia”.

Volvamos al ruído, lo oye, se a la loma, )cuánto tiempo después ve el deslave que viene?

“Alrededor de unos tres minutos, porque yo corrí más de cien varas para atrás, y cuando llegué, éso ya venía encima”.

Cómo se veía éso desde allá arriba?

“Nunca en mi vida había visto algo similar. He pasado sustos de huracanes y todo éso…Como que era el fin del mundo el que venía. Eso venía cubriendo como varas de altura, en la imaginación mía, de altura, de la tierra para arriba”.

Por qué saca esa conclusión?

“Porque yo quería subirme a un árbol, pero yo miraba que los palos los agarraba y los suspendía así, ve (describe con las manos cómo los suspendía), como remolino, daba vueltas en el aire, usted, como cuando comienza un remolino, que hace “colochos” para arriba, así era esa avenida que miraba yo…”

“Todo fue rápido. Se me vino a la mente, que para dónde me podía salvar, porque yo miraba que éso me venía cubriendo a mí como a unas 300 varas. Cuando volví a ver para atrás, allí lo tuve encima y me salpeó (llenó) todo de lodo, pero seguía corriendo hacia unas lomas”.

Volvamos al remolimno. )Cuánto tiempo ve circulando ese remolino de arriba, del Casitas hacia abajo?

“Ese fue como el término de un minuto. Fue rápido”.

Después del remolino negro, que queda?

“Después de la destrucción que venía adelante, que le platico, yo cuando estaba ya más largo, porque ya no aguantaba a correr, yo me paré para ver para atrás, y vi que venía una corriente detrás de mí, pero ya era sólo agua”.

María de la Cruz Mejía, de El Porvenir, perdió a 17 miembros de su familia, entre hijos, padres, nietos…

“Primero escuchamos unos ruídos como si anduvieran helicópteros por encima de las faldas del Volcán Casitas. Bajo la lluvia, nos salimos al patio, y unos dos minutos después pudimos ver que parte de la montaña se habóia desprendido y que hacìa un ruído infernal desbocada hacia abajo, donde nosotros estámos. No hubo tiempo de nada, los que pudimos, salimos corriendo hacia un lugar más alto que el terreno de la colonia.

Nos salvamos unos cuantos de la familia. Al llegar a un lugar alto, que no fue tocado por la avanlancha, pudimos ver con dolor horrible, que nuestras casas y nuestra gente habían quedado completamente aterrados”.

Celicia Vargas Ramírez, de apenas 20 años, de la Rolando Rodríguez, también perdió a casi toda su familia.

!Salgan!, !Corran, pero corran de verdad!, gritaban desesperados unos vecinos a la familia de Cecilia, que estaba dentro de la casita.

“Cuando salí al patio, puede ver una masa negra que rodaba a gran velocidad de la cùspide del Casitas hacia las colonias nuestras. Aquello producía un ruído infernal, no atino a describirlo exactamente, porque parecía como que una maquinaria colosal venía triturando algo desde arriba…No hubo tiempo, la verdad es que no supe ni còmo nos salvamos una hermanita y yo, pues cuando quisimos ponernos a salvo, la correntada nos atrapó y nos arrastró no menos de dos kilómetros. Milagrosamente nos salvamos”.

Concepción Medina Pineda, 32 años, de la Rolando Rodríguez, igualmente perdió a casi toda su familia.

“Oímos el bujido entre las diez y media y las once de la mañana. Llovía copiosamente y estaba oscurecido el ambiente. En mi familia (unos ya muertos y otros vivos), unos decían que los ruídos eran producidos por helicópteros, y otros, en cambio, decían que algo extraño estaba pasando en el Casitas. Llena de temores, yo me salí al patio y eché la mirada hacia el oscuro horizonte del Casitas, donde pude ver, llena de horror, que venía una masa negra, como una inmensa correntada bajando velozmente desde la cùspide del Cerro. Apenas tuve tiempo de gritar para que mi familia saliera corriendo, cuando la masa de lodo me pasó llevando hasta dejarme dos kilómetros al sur, en el Ojochal, casi frente a la casita de Alonso Rueda Aráuz, quien me rescató con un mecate. Era horrible. Creí que iba a morir también, pues luchaba por salir del lodo y nunca pude, hasta que llegó Rueda a sacarme. Posteriormente, como a la una de la tarde, fue rescatada mi hija menor también en el mismo sector, pero al resto de la familia no la volvimos a ver jamás”.

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Acerca de Pablo Emilio Barreto Pérez

Pablo Emilio Barreto Pérez es: *Orden Independencia Cultural Rubén Darío, *Orden Servidor de la Comunidad e Hijo Dilecto de Managua.
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